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FERNANDO GUERRA
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Datos biográficos:

FERNANDO GUERRA
** (1909)
** Poeta de sustancias, sus versos, al decir de Augusto Roa Bastos, tratan de «esclarecer las conciencias de sus semejantes, fortalecer su espíritu en la lucha común por la erección de un mundo de verdad...».
** Obra: "Rumor de muchedumbre y grito de amor en Buenos Aires", 1955.
.
¡ALERTA!

Un rumor muy confuso, muy sordo, muy extraño;
algo como un torrente lejano y colosal;
una como marea, deseosa y potente;
algo que está en camino, algo que va a llegar.

Son millones, millones; su rumor se agiganta.
Organizados, firmes, se adivina en su marcha
un no sé qué de fuerza y un no sé qué de gloria
en cuyo apocalipsis se columbra y se siente
la redención humana, la abolición del mal.

Es preciso, es preciso toda la calma austera
del apóstol gigante, del que nunca tembló;
habrá manchas horribles si alguien osa oponerse.
Esas manchas horribles serán la luz del alma,
como el sol, con sus manchas, es la luz material...

Oh, vosotros, vosotros, los que hacéis de los hombres 
esas piltrafas tétricas que arrastrándose van
por la tierra escarpada de la gran sordidez;
detened vuestro carro, terrorista y soberbio,
escuchad los rumores de un ejército inmenso
que se apresta a la lucha de un combate inmortal.


LA MAREA
(Fragmentos)

II

El hombre se encontró en la faz terrestre
en una sociedad librevolente;
usó a su antojo, sin percance alguno,
de la tierra, del aire y de la fuente.

Así vivió, siglo tras siglo, libre,
sin que adviniera el amo y sus desmanes;
la fuerza de trabajo no explotaban
ni príncipes ni augures honorables...

Pero en su búsqueda afanosa el hombre,
busca, buscando, abrevió el trabajo
de obtener la materia requerida
forjando las primeras herramientas;
sus simples menesteres cotidianos,
sin mengua de su vida primitiva,
pudo colmarlos sin fatiga tanta,
y más abroquelado de las fieras.

Así que el hombre producir podía
más que la antigua proporción urgida
para el sostén de su existencia antigua,
el intercambio, como un medio, vino
a hacer aún más sencilla la existencia.

Mas con el cambio apareció el comercio;
con el comercio, explotación y abuso,
y la codicia almacenó reservas
que luego las llamaron mercancías,
y el «señor» se instaló, fundado en ellas.
Impuso voluntad, capricho y odios,
y quebrantó la natural corriente
con la incipiente propiedad surgida
en una explotación de ajenas fuerzas.

La propiedad del productor moría;
la del explotador iba naciendo.
Y la escisión de clases, como un monstruo,
mostró su faz macabra y agorera.

Así nació la clase explotadora,
y así surgió la clase proletaria.

IV

En un recodo del proceso histórico,
el lento desarrollo de los medios
de producción hizo que el vil esclavo
menguado fruto al amo cosechara.
Y un acto más del pavoroso drama
tuvo su fin para subir a escena,
en lenta transición de hipocresía,
el sainete triunfal del feudalismo.

Pálida luz de fe fue, sin embargo,
el sistema feudal para el esclavo;
el amo ya no fue dueño absoluto
y se abolió la infamia del azote...

Este señor las tierras expropiadas
distribuyolas al labriego ingenuo,
con derecho engañoso de tenencia
y relativa libertad en cuanto
a lo que a la familia se refiere.

El nuevo servidor llamose siervo,
y el usufructo fue mezquino y pobre
así como excesivos sus deberes,
que más que esto obligaciones eran.
Renta y servicio militar debían
rendir como homenaje a sus señores,
quienes, a más, para solaz y gula,
dormían con la novia de los siervos
la primer noche de la boda triste.

Con este paso transitivo aquella
antigua división se acentuaba;
la proveniente del trabajo propio
era riqueza mísera y sombría,
y la que hundía su raíz avara
en una explotación de ajenas fuerzas
era la honrada, la buena, la del noble...

V

... El sucumbir del feudalismo trajo
consigo nuevos rumbos a la historia;
abrió la industria su ardorosa marcha;
la ciencia proyectó sin cortapisas;
la monarquía, el clero y la nobleza
al borde del barranco se entrevieron
por la explosión del pueblo parisino.

... Luminoso llegó el capitalismo,
dinámico, fecundo, soberano...
Y un renovar de palmas y alegrías
brindole bienvenida jubilosa
al caballero andante que traía
cabalgadura nueva y nuevas armas:
la grande producción capitalista,
la que, no obstante, desairó a los pueblos.

Medios de producción, técnica y ciencia
en monopolio astuto iban creciendo
en dos o tres países, gobernados
por una minoría plutocrática,
que al capital lo transformara pronto
en el imperialismo financiero
que en un sistema de cadena standard
entronizó un orgullo belicista.

Pero una ley de sucesión incluye
que rompa el capital sus propios moldes.
Y así como la luz al foco rompe
en un exceso de fluir eléctrico,
estallará, violenta y ya caduca,
en un entrechocar contradictorio,
la última etapa de la humana injuria:
el gran capitalismo financiero.

Y en la medida que la gran riqueza
en menos manos a amasarse iba,
la interferencia de mercados vino,
con la codicia de materias primas,
a provocar oscuros manotones
de bélicas y grandes resonancias
a cuya solución fueron lanzados
todos los seres de la especie humana.

VI

Una moral sin dogma y altruista,
armónica, fecunda, consecuente;
sin crisis, sin calumnias, progresista;
sin el sofisma de la «libre empresa»,
nace en el siglo para bien del mundo
con la industria pacífica del átomo.

Sobre la faz terrestre, erguido y grande,
digna la frente y la mirada buena,
el hombre se ha de ver librevolente,
para gozar del bien, de las riquezas,
del aire, de la tierra y de la fuente. 

NEGRO
(Fragmento)

Yo te he visto cantar, negro irredento,
en Washington, Detroit y San Francisco...
con tus ojos de nácar y brillantes,
en los que no brillaba la esperanza:
brillaba el grito de tu pena honda.

Brillaba en tus ojos de moderno esclavo
el desdén de los blancos, de los hombres
que han fingido ayudarte para darte
la libertad oscura de explotarte
hundiéndote en las fábricas y minas
buscando plusvalías, plusvalías.

¿Tu esclavitud de antaño fue más triste?
¿Tu esclavitud de hoy es más alegre?
Yo te he visto cantar, negro irredento,
con un cantar de cólera en suspenso:
tratabas de aturdirte, de aturdirte.

Lanzaban al futuro tus cantares
mezcla de afanes, de angustias, de rencores,
en la infinita variedad de tonos
forjados en garganta tan fecunda.

Tus cantares hendían el futuro,
El futuro... qué hermoso es el futuro...
Entonces tus cantares serán libres
y tu cólera insujeta habrase visto
transfigurada en estrellas de diamantes.
.
Fuente: El trino soterrado. Paraguay : aproximación al itinerario de su poesía social. Tomo I - Autor: LUIS MARÍA MARTÍNEZ - Edición digital: Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2002 N. sobre edición original: Edición digital basada en la de Asunción (Paraguay), Ediciones Intento, [1985].



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