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JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI

  LOS GOBIERNOS DE HERNANDARIAS - Por JUAN B. RIVAROLA PAOLI


LOS GOBIERNOS DE HERNANDARIAS - Por JUAN B. RIVAROLA PAOLI

LOS GOBIERNOS DE HERNANDARIAS

Por JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI

 

Hernandarias de Saavedra, fue varias veces Gobernador de la Provincia del Paraguay, desde 1522 en que fue electo por el voto popular, hasta 1619 en que abandonó por renuncia del cargo, llenando en todo ese espacio la escena del Río de la Plata. Profesaba "amor de patria" a su ciudad natal, la Ciudad de la Asunción, siendo notable la nutrida correspondencia legada.

Efraím Cardozo, expresa sobre Hernandarias: "El Triunfo de los Mancebos. Hernando Arias de Saavedra nació en Asunción en 1560, de padres españoles. Fue el primer criollo que llegaba al gobierno en las Indias. Su ascensión representó el triunfo final de la población mestiza, en que principalmente se apoyó durante su carrera política. Los "mancebos de la tierra" se habían apoderado primeramente de los oficios municipales en las ciudades dependientes, con sobresalto de los viejos españoles y de las lejanas autoridades virreinales, para luego imponer en el mando superior de la provincia a su más importante caudillo. En Lima se creyó perdida "tierra tan libre y separada", en manos de los "soberbios e inquietos mozos criollos y rnestizos". Pero ni Fernando de Zárate ni Juan Ramírez de Velasco, nombrados gobernadores por el Virrey, pudieron prescindir de Hernandarias, sin cuyo concurso ningún orden era viable en el revoltoso Paraguay. A 4 muerte de Ramírez de Velasco, en 1597, el caudillo paraguayo fue nuevamente electo por el voto popular, designación poco tiempo después confirmada por el Virrey, disipados los recelos en torno a la supremacía de los "mancebos" gracias a las virtudes ejemplares de Hernandarias".

"Apoteosis en Asunción. Con grandes solemnidades, –prosigue Cardozo–, el vecindario recibió en 1598 a Hernandarias y a su hermano, fray Hernando de Trejo, obispo de Tucumán, otro criollo triunfante. Las ciudades filiales enviaron delegaciones, y Asunción fue el asiento de asambleas y concilios donde se resolvieron materias de gobierno y se deslindaron jurisdicciones. Coincidió el apogeo político con los primeros atisbos de grandeza económica, merced a la utilización del puerto de Buenos Aires como centro de exportación de los productos de la vasta Provincia al Brasil y a España. Asunción comenzaba a resarcirse de los expendios y sacrificios que le ocasionara la obra fundadora" (706).

"Por la ausencia del Adelantado (Juan de Torres de Vera y Aragón), se juntó la ciudad de la Asunción, y en virtud de la cédula del señor emperador Carlos Quinto, hicieron elección de gobernador, y por pluralidad de votos, fue preferido entre todos, Hernandarias de Saavedra, nacido en la Ciudad de la Asunción, de padres muy calificados. Su padre fue Martín Suárez de Toledo, aquel que gobernó la provincia del Paraguay antes del adelantado Ortiz de Zárate y su madre doña María de Sanabria, hija del adelantado del Río de la Plata, Juan de Sanabria; sirvió a su Magestad desde tierna edad en todas las facciones que se ofrecieron con crédito de valeroso y ennobleció este valor con tan rara prudencia, que fue uno de los héroes más ilustres que han producido las Indias, de suerte que por esclarecido en las artes de la paz y de la guerra, hicieron los Ministros de la casa de contratación de Sevilla, se colocase su retrato en lugar honorífico entre los varones notables del nuevo mundo que adornaban unas de las salas de dicha casa. Sus hazañas, su valor, su celo, su cristiandad y su prudencia, pueden dar copiosa materia a una historia igual a la de muchos siglos".

"Fue padre amantísimo –prosigue el Padre Pedro Lozano–, y grande factor de las familias religiosas; pero nuestra compañía de Jesús, le debió un singularísimo afecto, favoreciendo con empeño nuestras cosas, que miraba como propias, dando en todas ocasiones señales del subidísimo aprecio que hacía de nuestro Instituto, y procurando el establecimiento de nuestras casas, para el colegio de la Asunción hizo varias mercedes de tierras en que fundar haciendas para su manutención, en el de Santa Fe, asistía personalmente para la fábrica, y no desdeñó el gran ejemplo del gran Constantino, de sacar en persona acompañada de sus hijas la tierra de los cimientos para nuestra Iglesia: tan lejos de abatir en el humilde ejercicio su decoro, que antes, se grangeó mayor estimación con esta acción religiosa. El colegio de Buenos Aires le debió también el mayor fomento de sus principios, las floridísimas misiones de los guaraníes que son la corona más gloriosa de esta provincia, y aun de toda la compañía, por sus ruegos y comisión, las emprendieron los jesuitas".

Su segundo Gobierno, desde el año 1612, lo tomó viviendo en Santa Fe, en donde según el P. Lozano, evidente admirador del Gobernador, renunció a todas las encomiendas de indios que tenía. Mandó cumplir las Ordenanzas de Alfaro y entró en ejercicio de su empleo por tercera vez de Gobernador por Cédula Real del 2 de mayo de 1615 (707).

"Sea en el gobierno o fuera de él, la influencia de Hernandarias –nos dice Prieto– se hace sentir durante más de treinta años (desde 1590 a 1620). Es el precursor y prototipo de político criollo –dictador o caudillo–, que es dueño de vidas y haciendas en razón de poseer el monopolio de la vida económica gracias a un rudimentario "aparato estatal" cuyos principales fundamentos estaban en sus vinculaciones con la Corte lejana, el apoyo jesuítico y su dinamismo, tenacidad y pocos escrúpulos sumados a su habilidad demagógica. Con certera intuición adivinó las futuras consecuencias de la creciente impopularidad de las "encomiendas" y planeó un "nuevo orden" que aseguraría el triunfo de sus ambiciones. Para ello Hernandarias se valió de los jesuitas y los jesuitas se valieron de él".

"Nada más favorable para el hábil gobernador que combatir aquellas costumbres dando a su política el sentido de un plan para reconstituir el hogar y defender la propiedad privada, convirtiendo el derecho de "vaquear" en un monopolio a su favor".

En otro orden, –prosigue el Dr. Prieto–, la confusión no era menos grande. Los extranjeros eran perseguidos en mil formas. De esta manera el acaudalado gobernador favoreció también el propio monopolio de la producción, venta y tráfico fluvial de la yerba mate. Por manos de este infatigable, inteligente y dinámico mercader, el Paraguay quedó aislado del comercio extranjero y éste, como organización permanente, quedó dentro de la férrea órbita de los jesuitas".

La caída de Hernandarias al cabo de treinta años de poder, fue un golpe a la política monopolista que se desarrollaba en la Colonia en perjuicio de los intereses generales".

"Decisivo fue el viraje que comportaron para la historia de América aquellas medidas económicas precursoras del cercenamiento de la Provincia Gigante a cuyo rededor se había trazado ya el cinturón de hierro que debía formar un pequeño Paraguay asfixiado en la mediterraneidad. Hernandarias pasó a la posteridad como un gran gobernante. Los intereses que sirvió le habían asegurado una propaganda y un prestigio secularmente perdurables" (708).

Arturo Bray, uno de sus biógrafos, da cuenta de que Hernandarias entre otras cosas prestaba su concurso incondicional a los religiosos de San Francisco y con especialidad a la labor catequizadora de Fray Luis de Bolas. Tampoco negó Hernandarias su apoyo a los religiosos de la Compañía de Jesús, si bien en este caso parece haber existido algún interés material de por medio.

"Con todo, no es el señor Hernán un espejo de cartuja austeridad –prosigue Bray–. Su respetable fortuna –era dueño de estancias y propiedades urbanas, cofres cargados de joyas y metales preciosos, una bonita suma en patacones de oro y plata y sesenta y cuatro esclavos– hacía de él todo un señor de horca y cuchillo, no desprovisto de un acendrado espíritu mercantilista, factor que contribuiría en no escasa medida a su ulterior proceso y encarcelamiento, sin duda a raíz de celos y envidiejas".

"Muy de acuerdo con su mentalidad de conquistador, el ideal no estaba reñido con Hernandarias con el enriquecimiento temporal; tampoco tuvo reparos en obtener pingües beneficios del tráfico negrero, cuyo emporio de renombre continental era Buenos Aires, por donde pasaban los esclavos africanos para ser subastados en Potosí como contrabando humano, pues ese comercio se hallaba rigurosamente prohibido –en teoría– por las leyes en vigor. Su propio hermano –el obispo Trejo y Sanabria– era uno de los traficantes de esclavos, según se desprende de un real oficio fechado en 1603. Escasas dudas existen asimismo de que fue uno de los primeros en comercializar la yerba mate, negocio que compartió con los hijos de Loyola" (709).

Hernandarias "fue alternativamente gobernador cinco veces, hasta el 10 de noviembre de 1618; tres veces como gobernador provisorio y dos con el cargo efectivo, designado por la Corona. Sus gobiernos escalonados sumaron, en total, casi veinte años".

"En premio a sus largos y valiosos servicios –narra Carlos Zubizarreta –, el rey ordenó la inclusión de su retrato en la Sala de Ilustres Varones de Indias de la Casa de Contratación en Sevilla y le otorgó el real privilegio de poseer "casa con cadenas". Esto significaba que a su morada no podía penetrar la justicia por la fuerza ni prender en ella a quienes se refugiasen".

"Hernandarias murió el año 1643, septuagenario, en su "casa con cadenas" de la ciudad de Santa Fe. La historia recuerda a este criollo asunceno como una de las más ilustres figuras de la época colonial" (710).


EL COMERCIO PORTUARIO Y EL CONTRABANDO

LA CLAUSURA DE BUENOS AIRES


Desde la Fundación de Buenos Aires en 1580, la intención de los "mancebos de la tierra" era buscar una salida al mar, con un puerto que sería el mayor de Indias.

Un curioso anticipo de la codicia de los ingleses, se tiene, en la Relación de Hernando de Zárate a S.M. sobre la real hacienda y la defensa contra probables estragos de corsarios ingleses. Buenos Aires, abril 25 de 1594. Además se refiere a la pobreza del fuerte del Río de la Plata; comercio y tráfico de esclavos de Brasil con Perú, Buenos Aires, y Potosí (711).

Sin embargo, poco tiempo duraron estas vanas ilusiones y la suerte de la Nación paraguaya está indisolublemente unida a la historia del Puerto de Buenos Aires. Al respecto opina Cardozo: "Los comerciantes del Perú no vieron con buenos ojos que despuntara una grandeza rival y obtuvieron sigilosamente la clausura del puerto de Buenos Aires.

Si el Paraguay deseaba comerciar con España, tenía que hacerlo por el largo trayecto terrestre a través del lejano puerto de Portobelo. Fue en vano que autoridades y poblaciones clamaran contra la medida. Ella fue mantenida hasta casi los finales de la edad colonial. Al mismo tiempo revivieron los recelos por la preponderancia de los nativos en el gobierno".

"La postración económica del Paraguay fue grande como resultado del cierre del puerto de Buenos Aires. Hernandarias que reconocía "amor de patria"a Asunción, procuró remediarla, pero por paradojal prejuicio se esforzó en trabar la expansión de la naciente industria de la yerba que podía salvar a la Provincia de la crisis, pues pronto se propagó su consumo por gran parte de América, y era el Paraguay el único país que la producía".

(712). En otra de sus obras E. Cardozo opina: "El viejo encono peruano revivió con fuerza. Como un rayo cayó sobre Asunción y Buenos Aires la noticia de que se le prohibía al Río de la Plata, comerciar por el mar, como no fuera en navíos pequeños que cada año podían venir desde el Brasil (713). Y juntamente con los rescriptos reales, sigilosamente diligenciados en la Corte por emisarios peruanos, mantenidos en secreto durante varios años, sólo comunicados en 1598, y crudamente fundamentados en los muchos daños que producía al Perú la contratación por el Río de la Plata, llegaron nada menos que seis oidores de la Audiencia de Charcas, quienes con sañuda energía, pusieron en ejecución la cruel medida. Si Asunción quería comerciar con el Perú y España, tenía que hacerlo por Potosí, único centro habilitado para el comercio rioplatense, a través de los desiertos y de las enormes distancias. Era condenada a la asfixia con el sarcasmo".

"Los directores de Asunción no se avinieron a este brutal descuajamiento de sus esperanzas de opulencia. Si Buenos Aires podía contrarrestar los efectos de su clausura, siquiera en parte, mediante el contrabando y el pequeño comercio permitido cor. el Brasil, al Paraguay, lejos de la ruta oceánica, sólo le restaba poner el grito en el cielo. Un emisario, Tomás de Garay, fue despachado a Lima y en vano trató de persuadir al Virrey de lo injusto de la medida: Buenos Aires había sido sustentada por Asunción CON EL MAYOR TRAVAXO, POBREZA Y NECESIDAD QUE SE A SUSTENTADO CIUDAD EN ESTOS REYNOS y era cerrada al comercio marítimo AGORA QUE (sus fundadores) COMENCABAN A TENER ALGUNA MANERA DE APROVECHAMIENTO DE LOS FRUTOS DE LA TIERRA MEDIANTE SU TRAVAJO Y YNDUSTRIA, PARA ABRIGO Y ORNATO DE SUS PERSONAS, MUGERES E HIJOS" (714). Oídos sordos puso el Virrey a las súplicas paraguayas que tampoco encontraron eco en la Corona, ni cuando el obispo de Tucumán se erigió en oficioso defensor de la desventurada provincia. SI EL PUERTO DE BUENOS AYRES Mecía – SE CIERRA DEL TODO ANDAREMOS DESNUDOS O VESTIDOS DE PELLEJOS COMO SOLIAN (LOS INDIOS) PORQUE NO TIENE SUSTANCIA LA TIERRA PARA COMPRAR LAS COSAS QUE POR EL PERU VIENEN POR SER DE PARTES TAN LANGUINGUAS TRAER TAN EXCESIVO COSTO Y MAS ESSA POBRE TIERRA DEL PARAGUAY" (715).

"Todo fue en vano –prosigue Cardozo–. El Paraguay, después de renunciar a la quimera áurea de sus primeros tiempos, también debía abandonar la esperanza de convertirse en el emporio de las Indias. Proveedor pan y la carne, del Brasil, del resto de la América y aun de la Metrópoli. Sólo interesaban el oro y la plata. El Paraguay únicamente ofrecía víveres. La tacha de la pobreza volvió a infamar el nombre paraguayo",

"La clausura del puerto de Buenos Aires, no significa la muerte de la economía paraguaya, por más que así trataran de juzgarla las indignadas protestas emitidas desde Asunción, pero sí un impedimento fatal para cualquier plan de expansión y grandeza material. "Es tanta la pobreza que el dia de oy tienen los vecinos y moradores de la dicha mi parte, que si se caen sus casas no las pueden alsar y remediar ni tienen posible para ello, "exageraba patéticamente la Probanza levantada en 1605, por el procurador de Asunción a efecto de conmover a la lejana, impasible y fría Corona para obtener la derogación de la absurda prohibición de comerciar por el Río de la Plata y el mar" (716).

De allí que "Ellos llevaban en sus venas sangre de una raza de hombres que no tienen ninguna codicia de hacienda porque todo el tiempo gastaban en prevenciones de guerra según declararon en 1612 viejos caciques guaraníes de Guairá (717). Y para ellos todo cuanto apetecían sus padres europeos, lujos y ornatos, paños finos y joyas, eran cosa sin sentido ni significación. Se hallaban felices en su tierra, en su pobreza opulenta, sin codicias corruptoras, libres de las vilezas del oro. Les era indiferente ser ricos o pobres. No comprendían el afán de los antiguos conquistadores de exponerse a los mayores peligros en la búsqueda de la riquezas. El móvil económico no guiaba sus pasos. Al fracaso de la búsqueda de la Sierra de la Plata siguió el fracaso de la explotación del "agro del mundo", pero la comunidad paraguaya no capituló. La economía no basamentaba su historia que tenía sus raíces en sí misma, no en las necesidades y apetencias suscitadas por el mundo exterior" (718).

"En 1602, se emitió finalmente un decreto real –expresa Magnus Mörner–, que concedía a los porteños el derecho de comerciar, mediante sus propias naves, con el Brasil y las colonias portuguesas del Africa durante seis años: no obtuvieron empero, autorización para comerciar con España. En estas condiciones se mantuvo el comercio hasta 1618 cuando un nuevo decreto autorizó la partida –únicamente– de dos barcos por año con bienes del país para su venta en Brasil, cuyas mercaderías debían transportar a Sevilla, donde adquirían productos europeos de acuerdo con sus necesidades. Los comerciantes peruanos juzgaron que aun estas concesiones eran excesivas y siguieron exigiendo la total prohibición del comercio en el Río de la Plata" (719).

"Por entonces –prosigue Magnus Mörner–, sin embargo, el comercio ilegal entre Buenos Aires y ciertos países extranjeros había alcanzado proporciones tales que resultaba sumamente difícil suprimirlo. Con la sola excepción del inusitadamente honesto Hernandarias, todos los gobernadores permitieron el contrabando que era llevado a cabo abiertamente, en especial por barcos portugueses a instancias de comerciantes de la misma nacionalidad establecidos en Buenos Aires, pese a la ocasional intervención de las autoridades. A menudo ocurría, asimismo, que un comerciante dedicado al contrabando denunciaba un cargamento de esclavos que las autoridades confiscaban y vendían en pública subasta, donde precisamente el mismo comerciante los compraba y recibía una licencia para venderlos en el Perú. El alcance del comercio ilegal practicado a través de Buenos Aires entre los portugueses y el Alto Perú puede ser deducido del hecho de que, durante la década de 1620, el contrabando confiscado constituyó la principal fuente de ingresos de la CAJA REAL DEL RIO DE LA PLATA" (720).

"Muy importante en nuestro territorio –dice Zorraquín Becú– fue el problema del contrabando y para evitarlo se dictaron –especialmente a principios del siglo XVII– varias disposiciones represivas que dieron una activa intervención al gobernador rioplatense. Francisco de Alfaro le otorgó competencia en 1611 para realizar conjuntamente con los oficiales reales las visitas de los navíos que entraban o salían del puerto bonaerense (721), y la real cédula de febrero 7 de 1622 y otras posteriores dispusieron que todos ellos podían y debían averiguar el tráfico ilícito y sentenciar las causas de contrabando".

"En 1595 el virrey envió un juez de comisión para que investigara el comercio clandestino de Buenos Aires, facultándolo además, para secuestrar esclavos y mercaderías entrados sin licencia. Otra averiguación análoga fue dispuesta por la Audiencia en 1604, la cual volvió a nombrar un Juez pesquisidor en 1616 con el mismo propósito de combatir el tráfico ilícito.

Para cortarlo, el rey hizo fundar una aduana en Córdoba, que fue instalada en 1623 por un oidor de la Audiencia. Otro enviado de ésta suspendió en 1628 al gobernador Céspedes, acusado de favorecer el contrabando y de realizar negocios personales (722).

Si bien es cierto que los Gobernadores se hallaban muy constreñidos en la esfera del comercio, sin embargo, lograron realizarlo parcialmente autorizando el tráfico marítimo que era la única posibilidad de riqueza existente. Es cierto que en muchas oportunidades lo hicieron para lucrar personalmente, pero en otras esa admisión del comercio fue una necesidad impuesta por las circunstancias, que el propio gobernador apareciaba comunicando su decisión a la corte".

"En este sentido fueron notables –y son suficientemente conocidos– los abusos que cometieron en el Río de la Plata, Diego de Góngora, Diego Páez de Clavijo, Francisco de Céspedes, Pedro Esteban de Avila, Jacinto de Láriz, Pedro Baigorri Ruiz, Andrés de Robles y Manuel de Velazco y Tejada. En cambio, debe destacarse que otros gobernadores persiguieron activamente el contrabando, como Hernando Arias de Saavedra, José Martínez Salazar, Bruno Mauricio de Zavala, Miguel de Salcedo, José de Andonaegui y algunos más" (723).

Levillier da cuenta del importe de los derechos abonados por las mercancías introducidas en Buenos Aires en los primeros años, entradas en forma legal de tan escasa cuantía, durante los años 1599, 1600 y 1607, lo que hace presumir que el contrabando y el fraude se practicaban en gran escala (724).

"No se conoce la fecha exacta de la clausura comercial del Río de la 4a. Los escritores españoles de los siglos XVII y XVIII, nuestra principal fuente de información en esta materia, no traen el dato; y la RECOPILACION DE LAS LEYES DE INDIAS guarda silencio sobre el particular. Es probable que no existiese el principio prohibición especial como muchas que más tarde se darían (y figuran en aquella recopilación) para reprimir transgresiones. Lo es asimismo que la clausura resultase, pura y simplemente de la real cédula del 16 de junio de 1561, que organizaba en forma definitiva las flotas y la armada real de la carrera de las Indias".

"La navegación en conserva y la prohibición de navíos sueltos estaban reglamentadas desde los primeros tiempos de la conquista. Una real cédula del 19 de octubre de 1526, incluida en la ordenanza 217 de la Casa de Contratación, confirmada sucesivamente en 1561, 1562, 1564, 1573, 1575, 1591, y 1626, dispuso que ningún navío pudiese ir a las Indias ni venir de ellas sino en conserva de flota, bajo las penas que en las mismas se establecían".

"La real cédula mencionada del 16 de junio de 1561, que organizó en forma permanente y definitiva el sistema de las flotas, implicaba la clausura de todos los puertos de España y las Indias que no quedaron especialmente habilitados en el derrotero de aquéllas. Porque en dicha cédula se disponía expresamente que en cada año se hiciesen y formasen "en el río de la ciudad de Sevilla y puertos de Cádiz y San Lúcar de Barrameda dos flotas y una real armada que fuesen a las Indias" (Recopil., IX, 30, 1).

"Quedaba, pues, entendido con arreglo a las prohibiciones mencionadas, que todo barco que fuese a las Indias sólo podría navegar en conserva de flota. No hay duda, por consiguiente, que desde 1561 no hubo más puertos habilitados que los de Sevilla y Cádiz, en España, y los de Tierra Firme y Nueva España, en América" (725).

Más adelante el mismo Gondra expresa que "Sería inexplicable que las reales cédulas de 28 de enero de 1594 y de 20 de agosto de 1602, de que se trata más adelante, no contengan referencia ninguna a la de 1587 citada por Pinelo, no obstante tratarse de un precedente tan cercano. De los términos de la de 1594 se infiere sin duda alguna que el Río de la Plata estaba clausurado y que el tráfico que por aquella parte de las Indias se realizaba era ilegal. "He sido informado –decía, que por el río de las Plata se mete en esas provincias (del Perú) hierro y otras mercaderías del Brasil sin que haya quien mire en ello ni se lo impida". Términos éstos inconciliables con la supuesta Cédula de 1587".

"La de 1594 tenía por mira impedir transgresiones a lo dispuesto con anterioridad sobre clausura general de comercio, dentro de la cual estaba comprendido el Río de la Plata.

Más adelante continúa Gondra: "Desde 1586 a 1592 el movimiento comercial de Buenos Aires fue el que se consigna en el cuadro inserto. Llaman la atención la irregularidad de las cifras anuales y la enorme diferencia entre las importaciones y las exportaciones. Tales saldos desfavorables no correspondían, como puede suponerse, a las pobrísimas provincias del Río de la Plata y Tucumán, sino a las del Perú, que pagaban en efectivo con el producido de sus minas de plata, como se infiere de la correspondencia d los oficiales reales".

Años

Importaciones

Exportaciones

1586

6.883

9.671

1587

____

____

1588

70.673

800

1589

69.868

6.440

1590

73.917

150

1591

429.589

____

1592

73.094

____



Fuente: Trelles, Registro Estadístico de Bs. As. En reales plata.

"A mayor abundamiento, como suele decirse –y nunca tan propia la expresión–, el hecho demostraba que la función de Buenos Aires era servir de puerto a las riquísimas provincias altoperuanas".

"Denunciada tal vez por los comerciantes de Lima –prosigue Gondra–, la apertura clandestina a todas luces ilegal, del Río de la Plata, dióse la real cédula de 28 de enero de 1594, ya referida, por la cual se dispuso mantener en todo su rigor la prohibición general de comercio que para todos los puertos de Indias no habilitados especialmente regía desde 1561".

"Era costumbre, cuando de reales cédulas se trataba, como consta en el ceremonial y trámite de ellas, besarlas con respecto, ponerlas sobre la cabeza en señal de acatamiento y no cumplirlas, según la fórmula "obedezco pero no cumplo", que la hipocresía burocrática había discurrido para eludir con pretextos lo que dañaba sus intereses".

"Algo así debió de ocurrir con la de 1594, puesto que en mayo de 1595 llegaba a conocimiento del virrey, que, a pesar de lo dispuesto, "habían venido a la provincia del Paraguay y Río de la Plata, algunos navíos cargados de esclavos y mercaderías de la Corona de Portugal y de Castilla, sin licencia de su magestad y de la casa de contratación de Sevilla contra la orden que su magestad tiene dada y da por la dicha real Cédula".

"Dispuso, pues, el virrey encomendar al licenciado Antonio Gutiérrez de Ulloa, inquisidor apostólico del Perú y visitador de la Real Audiencia de Charcas para que practicase las averiguaciones del caso y embargase si fuere menester, las mercaderías que por el Río de la Plata hubiesen entrado a la gobernación del Paraguay, a la villa de Potosí y donde quiera que ese. Hay que reconocer que el virrey del Perú, con celo digno de mejor empleo, prescribía para el caso toda clase de garantías" (726).

"Alguna diligencia mostraban, sin embargo, las autoridades locales para perseguir los descaminos del contrabando, como lo revelan las cifras del cuadro inserto, correspondiente al período 1586-1655. Las fuertes fluctuaciones de las cifras, de un año a otro, prueban cuánto influían sobre la corriente del contrabando los azares de la navegación y de las llegadas a puerto, el humor y la codicia de las autoridades locales, y hasta el desacuerdo obre la repartija de beneficios, tal cual vez, entre aquéllas y los contrabandistas".

 

1586-1596

92.878

1596-1605

64.604

1606-1615

3.654

1616-1625

5.041.149

1626-1635

952.907

1636-1645

1.250.094

1646-1655

1.339.926


En reales plata. Fuente: M. R. Trelles.

"A las cifras del cuadro deben agregarse los ignorados valores de los comisos no cobrados (no quiero, no quiero, échamelo al sombrero) y de los contrabandos no descubiertos. La exportación fraudulenta no era menos valiosa. "Las naves españolas –dice el padre Gervasoni, citado por J.A. García– cargaban a su regreso cuarenta y cincuenta mil cueros y mucho más de contrabando los ingleses y portugueses".

"El cuadro inserto contiene las cifras de importación y exportación durante la primera mitad del siglo XVII. El saldo de este intercambio se pagaba en plata que se traía de las provincias altoperuanas, con violación de las prohibiciones en vigor. "Eran los mercaderes del Perú los que compraban los artículos importados a Buenos Aires; y los pobres pobladores de esta ciudad (debió agregar, aunque se sobreentiende: su inmensa mayoría) estaban reducidos a la miserable condición de recoger las migas del festín comercial que celebraban los mercaderes del Brasil con los mercaderes del Perú y otras partes". El cuadro descripto es, con alguna rectificación de detalles, el de la condición mercantil de aquella ciudad. Es evidente que sin la mediación de los mercaderes porteños, a que alude Azcárate de Bizcay, el intercambio no era posible.

 

Periodo - años

Importación

Exportación

1586-1596

1.810.314

84.758

1596-1605

1.411.282

753.436

1606-1615

7.533.123

1.151.678

1616-1625

7.957.579

360.904

1626-1635

1.792.427

255.974

1636-1645

1.708.204

288.196

1646-1655

1.875.537

98.500


En reales plata. Fuente: Mr. R. Trelles (727).

Siendo gobernador Diego Marín de Negrón –expresa José Torre Revello–, declarada, en una carta del 15 de junio de 1610, que el contrabando se hacía en su distrito en gran escala y que se encontraba imposibilitado de evitarlo porque "no hay hombre que no esté convertido en insaciable tanto que prometo a V.M. que no le conozco de quién fiarme ni pienso que lo hay". Enseguida agregaba en su defensa. "El Gobernador es hombre sólo. Los Oficiales de Real Hacienda lo son. Las ocasiones son muchas. Los favores de ministros de unas partes y otras son más. Juzgue V.M. cual andará su servicio por cristiano celoso que sea el que aquí estuviere" (728).

Sin embargo, a pesar del aparente candado legal, impuesto a la geografía y a la Suerte de la provincia del Paraguay, el ingenio y los hechos demostraron muy pronto que las cosas sucedían de otro modo. Bien lo dice Vizge F. López: "Esto nos demuestra que treinta y siete años después de repoblada, Buenos Aires, conspiraba ya, por la fuerza de las cosas, a echar por tierra el régimen que la España había impuesto a toda la América. Su puerto era la amenaza más seria que se cernía, momento a momento, sobre la cabeza del monopolio colonial. Buenos Aires había nacido, pues, con los apetitos y con las necesidades de libertad".

"El comercio de Cádiz y el del Perú –continúa López–, no cesaban entretanto de insistir ante el gobierno del Rey en que era indispensable suprimir estas licencias excepcionales por el enorme perjuicio que de ellas resultaba para la negociación general que se hacía por tierra firme".

"Pero era tan notoria la imposibilidad de que Buenos Aires y las provincias (sic) se surtiesen por el Perú, que a pesar de otros mil incesantes reclamos de los virreyes de Lima, consulados y tribunales, el asunto quedó sin resolución definitiva; y el Río de la Plata, bastante frecuentado ya, de 1660 a 1680, por naves portuguesas, holandesas, inglesas y francesas, había venido a ser un canal de contrabando sumamente provechoso para los moradores: y también para los funcionarios que aunque encargados de impedirlo, encontraban rico provecho en cerrar los ojos, y poco riesgo personal por lo apartado y lo oscuro del lugar en que se dejaban cohechar. Así es que por más que las leyes prohibían de una manera absoluta y con penas terribles que se extrajesen metales por Córdoba y se introdujesen hasta allí pasajero alguno que no mostrase licencia especial del Rey, sucedió no pocas veces que las autoridades mismas se hiciesen conniventes de la violación, extrayendo metales y entendiéndose para mantener ocultos a uno u otro de los extranjeros con quienes habían negociado cargamentos de internación y retorno".

"Felipe IV –prosigue F. López–, continuó para con el Río de la Plata, la misma conducta vacilante que su padre: ni cerró el comercio de registro que éste había permitido, ni lo regularizó tampoco haciéndolo del todo orgánico y legal, por las graves razones que alegaban el Consulado de Cádiz, los virreyes y las corporaciones de Lima. Con todo, en ningún tiempo fue más favorecido el puerto de Buenos Aires por el comercio clandestino y por las licencia.: de registro, que de 1622 adelante".

Más adelante prosigue V. F. López: "La Regencia que tomó el gobierno España a la muerte de Felipe IV en 1665, bajo la influencia de la reina X e sus consejeros alemanes, creyó que creando una Audiencia Real en nos Aires se conseguiría levantar la categoría colonial de esta ciudad, fomentar su población y contener al mismo tiempo el desorden de las internaciones y contrabandos. Creyóse que con la erección de ese cuerpo jurídico, se conseguiría hacer efectivas, y de práctica aplicación, las Cédulas s que hasta entonces sólo habían tenido entre nosotros una vigencia puramente nominal en manos de las autoridades administrativas que procuraban explotar sus puestos más bien que gobernar".

"Los portugueses –nos sigue informando Vicente López–, habían sido en su mayor parte los agentes del comercio clandestino, no sólo por la mayor proximidad de sus puertos, y por su aficción por la navegación, sino porque, aunque mal avenidos con su sumisión a la corona de España, se habían aprovechado de ella no obstante para establecerse en Buenos Aires, y habían hecho del riacho de las CONCHAS la guarida de los buquecillos y botes que traficaban con los buques de ultramar en la isla de San Gabriel. Cuando se insurreccionaron en 1640 y el Portugal se hizo independiente, hubieron de ser expulsados; mas, como no sólo eran ricos, sino que estaban casados y avecindados, la medida, muy ruidosa al principio, quedó al fin en mero aparato" (729).

El viajero francés Azcárate de Biscay (730), vio en el puerto de Buenos Aires a 22 buques holandeses cargando cueros, nos dice José María Rosa. Y prosigue: "Desde 1680 la colonia constituyó un verdadero nido de contrabandista".

"Tan tolerado fue el contrabando, tanto se lo consideró un hecho real, que la aduana no fue creada en Buenos Aires sino en Córdoba –la llamada Aduana seca de 1622– para impedir que los productos introducidos por ingleses y holandeses en Buenos Aires compitieran con los industrializados en el norte. Y que el oro y los metales preciosos no emigrasen hacia el extranjero por la boca falsa del Río de la Plata".

"Hubo así dos zonas aduaneras –prosigue Rosa–, en la América hispana: la monopolizada y la franca. Aquélla con prohibición de comerciar, y ésta con libertad –no por virtual menos real– de cambiar sus productos con los extranjeros".

"Y aquella zona –la monopolizada– fue rica; no diré riquísima, pero sí que llegó a gozar de un alto bienestar. En cambio, la región del Río de la Plata vivió casi en la indigencia. Aquí donde hubo libertad comercial, hubo pobreza, allí, donde se lá restringió prosperidad ".

"Y eso que Buenos Aires tenía una fortuna natural en sus ganados cimarrones que llenaban la pampa. Los contrabandistas se llevaban los cueros de estos cimarrones –necesarios como materia prima en los talleres europeos– dejando en cambio sus alcoholes y sus abalorios (fue entonces cuando los holandeses introdujeron la ginebra).

"El dinero –a no ser el oro y la plata filtrados por Córdoba– entraba muy poco en estas transacciones. Los cueros se cotizaban en reales, pero se pagaban en especie: de más está decir que los reales pagados por cada cuero eran harto insuficientes, mientras que los abonados por cada litro de ginebra o cada metro de paño inglés, sumamente considerables. Azcárate de Biscay (731) dice en 1658, que cada cuero valía de 7 a 8 reales (un peso de a ocho en la moneda de entonces). Pero es posible una exageración (732), ya que en el siglo XVIII cuando el ganado cimarrón se había terminado, el precio de cada cuero de vaca doméstica, pocas veces pasaba de 9 reales" (733).

"Buenos Aires entregando los cueros de su riqueza pecuaria por productos extranjeros, no podía tener –y no tuvo– industrias dignas de consideración. Era tan poco rica, que el Cabildo empeñaba sus mazas de plata para dar un enviado a España (734). ANTONIO DE LEON PINELO, escribiendo en 1629, se quejaba de la enorme miseria de la zona bonaerense: Buenos Aires era para él, la ciudad "Tan remota como pobre" (735). Indudablemente el virtual libre cambio no reportaba provecho alguno".

"Todo lo contrario –nos sigue diciendo José María Rosa– No solamente no hubo industrias a causa de la fácil introducción de los productos europeos, sino que los contrabandistas acabaron por extinguir el ganado cimarrón, la gran riqueza pampeana. Los "permisos de vaquerías" otorgados en un principio liberrimamente por el cabildo a todo vecino ACCIONERO que trocaba cueros por mercaderías contrabandeadas acabaron por ser mezquinados". Numerosa son las prohibiciones en distintas épocas sobre la suspensión de los permisos de vaquerías por parte del Cabildo.

"El contrabando había terminado con la única riqueza bonaerense. Y en 1725, cuando se instala en Buenos Aires el "asiento de negros" a raíz del tratado de Ultrecht, con la facultad de cambiar negros exportados de Angola por los cueros famosos de la pampa, encontráronse los negreros sin la riqueza que esperaban: los contrabandistas ya se la habían llevado" (736).


LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI 

DECADENCIA DE LOS HABSBURGO Y APOGEO DE FRANCIA


La mayor parte del siglo XVI presenció la hegemonía de los Habsburgos en Europa. Pero en el último cuarto de siglo se advierten con claridad los signos anunciadores de la decadencia. Diversos factores –políticos, religiosos, económicos– concurrieron para que esta se produjera.

La Monarquía Hispánica (el nombre oficial de España no era oficial todavía), se mantenía gracias a la habilidad de los Reyes Católicos primero y de Carlos I después, salpicándole la cuestión religiosa que obligara a la defensa intransigente del Catolicismo en Europa.

En cuanto a la situación económica de los Habsburgo, es importante recalcar lo endeble de su estructura, escasos de población y de recursos, donde el espejismo del oro americano rápidamente hipotecado a los banqueros europeos antes de su llegada de América a costas de Europa, en tiempos de Carlos I, y las bancarrotas del Estado con Felipe II, que nos encargamos de analizar más detenidamente en la última parte de este libro.

La Guerra concertada contra los Habsburgo desde todas las direcciones posibles, encabezada por Turquía, Inglaterra y especialmente la ascensión de Francia, hará que la decadencia de los Habsburgo traiga tremendas consecuencias para la Monarquía Hispánica, y por qué no decirlo, para las Colonias allende los mares, rezagadas y olvidadas por funcionarios venales que poco o nada les importaba de su suerte.

Luego se suceden los Reyes de España, provenientes de la Casa de Austria y que fueron:

Felipe III - 1598-1621

Felipe IV - 1621-1665

Carlos II - 1665-1700

Guerra de Sucesión - 1701-1714

Felipe III, era hijo de Felipe II y de su cuarta esposa, Ana de Austria. Era hombre bueno, piadoso, de cortas luces, y extremadamente débil de carácter. Su propio padre confesaba el temor de que se dejaría gobernar, y confiaba poco en él. "Dios que me ha dado tantos reinos, me niega un hijo capaz de gobernarlos", solía exclamar. A pesar de todo, por ley inexcusable de sucesión fue jurado rey.

La política autoritaria iniciada por los Reyes Católicos, con Felipe II, había tomado un carácter decididamente absolutista basado en principios de derecho divino –el rey era representante de Dios– que experimentó su apogeo en el Siglo XVII. Era la consecuencia natural de la implantación de la Contrarreforma católica en España.

"Ahora bien, en seguida fue evidente que Felipe III carecía de voluntad por lo que su poder absoluto pronto perteneció a los ambiciosos que supieron acapararlo. Su primer valido –nombre que en España recibía el favorito– fue el Duque de Lerma. Sobre este aristócrata, tan incapaz como el rey para gobernar, pesaba la agravante de su absoluta carencia de escrúpulos. Hasta 1618, –Año en que su corrupción se hizo tan notoria que halló prudente pedir el capelo cardenalicio–, no buscó otra cosa que favorecer su codicia y ejercer el nepotismo. Sus actividades engullían dinero sin tregua. De modo que paradójicamente, en estos años, que registran un retroceso en la belicosidad de las naciones, se extorsionó al pueblo español con más impuestos que nunca, y se dictaron ruinosas medidas financieras, cuyo único propósito era desgravar pasajeramente el apremiante derrumbamiento de la Hacienda".

"Esta política inoperante y esclava de intereses particularistas no fue fruto exclusivo del valido. Por una parte, el rey hacía y deshacía bajo la influencia del Consejo Secreto (camarilla compuesta por sus familiares más próximos, el propio valido, su confesor, etc). Por otra parte, la ejecución del poder dependía de tres secretarios y los asuntos se decidían en los Consejos (el Real, de Estado, de Aragón, de Indias, de Inquisición, de Hacienda, etcétera). Con los reyes anteriores la función de estos organismos había sido puramente consultiva; ahora en cambio, actuaron como oligarquías absolutas e independientes, reductos inaccesibles de la aristocracia, indiferentes a la prosperidad del país y desarticulados entre sí. Las Cortes –las pocas veces que se reunía era para votar subsidios– habían perdido su facultad y energía medieval para enfrentárseles. Este régimen de Consejos constituía lo que se denomina la "polisinodia".

Felipe III, puesto que no lograba imponerse por la fuerza de las armas, pretendió conservar la hegemonía española convirtiéndose en tronco común de una gran dinastía europea unida por lazos matrimoniales.


HABSBURGOS Y BORBONES


Como descendiente directo de Carlos V, Felipe III, era el Jefe de la Casa de Habsburgo, tanto en la rama española como en la austríaca. Es más, los miembros de ambas ramas se casaban entre sí con frecuencia. Con tanta frecuencia, que los enlaces entre parientes carnales condujo a la extinción de los Habsburgo españoles tras la penosa existencia de Carlos II (1700).

Felipe III supo manejar bien los hilos matrimoniales. Casó a su heredero Felipe VI con Isabel de Borbón, y a sus hijas Ana y María Ana, respectivamente con el Rey de Francia Luis XIII, y con el Emperador de Alemania, Fernando III. De este modo se convertía en suegro de media Europa, con gran orgullo de ésta, y con la envidia de los rezagados, entre los que se contaba a Jacobo I de Inglaterra, que ya en el reinado de Felipe IV pretendió unir a su hijo con una princesa española.

La gran preocupación de la política interior española era obtener dinero, que serviría, sobre todo, para que se gastara en la Corte y se diluyera entre innumerables departamentos de la Administración. Como en España había un Capitalismo estatal –los grandes recursos, las Indias, estaban monopolizados por el Estado– la burocracia era incontable. Un quinto de la población –cortesanos y funcionarios– vivía a expensas de la Hacienda Pública.

La población, entre 1600 y 1700 disminuyó en dos millones de habitantes (de ocho millones, a seis). Hay historiadores que niegan dicho descenso y lo limitan a la población activa: como los censos de estos siglos son escasos e irregulares, no se puede precisar. Como sea, decayeron la agricultura (siempre pospuesta a la ganadería) y la artesanía. La guerra del siglo anterior y la emigración a América, la antipatía al trabajo y al comercio, y la explotación de los recursos nacionales por los prestamistas extranjeros, hizo que los españoles confiaran en la importación de manufacturas de otros países, antes que elaborarlas ellos. Lo peor fue que se habían clausurado las industrias pañeras de México y Perú, para no estorbar el mercado de las de la Península.

El régimen fiscal era oneroso para el pueblo, y muchos, para librarse de impuestos, ingresaban en las filas del clero, aumentando de este modo las clases improductivas.

Como los gastos crecían en proporción inversa a los ingresos y muchos galeones portadores de plata eran asaltados por piratas antes de llegar a Cádiz, en 1607 se produjo una bancarrota: el Estado canceló sus deudas.

Para hacer frente a esta situación desastrosa, en 1609, y nuevamente en 1618, el propio Rey elevó unas consultas al Consejo de Castilla, donde los principales economistas de la época (Sancho de Moncada, Fernández de Navarrete, Lisón, etc), vertieron sus opiniones sobre las causas de la decadencia. La riada humana a América y a los frentes centroeuropeos, los impuestos asfixiantes, el latifundio, los mayorazgos y la centralización fueron señalados como determinantes de la miseria. Corregirlos hubiera requerido una transformación radical de las estructuras sociales, del sistema político, y de la mentalidad española. Lo que se hizo fue lo contrario: endurecer el centralismo e incrementar los impuestos.

Felipe III intentando capear la tormenta recurrió a la depreciación de la moneda como recurso financiero. Así en 1599, emitió en Castilla por primera vez, moneda de vellón (o sea, cobre en su totalidad), y con un valor nominal superior al doble del que en realidad poseía. Con este procedimiento, la Corona se sacaba casi de la nada el dinero para pagar a los acreedores.

En 1602, el Estado hizo otro negocio emitiendo e! vellón con la mitad de su anterior peso en cobre, pero doblando el valor nominal. En 1603, lo premioso de la situación motivó otro recurso de emergencia: la gente debió entregar el vellón emitido en 1599, lo resellaron al doble de su valor, y devolvieron a sus dueños la cantidad nominal, pero con la mitad del peso en cobre. El Estado se quedaba la otra mitad con un beneficio neto. A pesar de las protestas de las Cortes, en 1621, por cuarta vez se puso cobre en circulación.

Luego advino al trono, Felipe IV, (1621-1665), donde España empezó a deslizarse hacia el despeñadero. Sin embargo, en 1621, España a pesar de su decadencia económica, se hallaba en la primera línea internacional. Felipe IV era un Habsburgo, y ello significaba un gran poderío parental.

Felipe IV, ocupó el trono a los 16 años, y era hijo de Margarita de Austria. Era culto, inteligente, amante del teatro, de las bellas artes, pero sus buenas cualidades de nada valieron frente a una falta absoluta de voluntad y una proclive inclinación a los placeres sexuales.

A pesar de lo último, lo cual no es infrecuente en el espíritu religioso de la Contrarreforma, el monarca era sumamente piadoso por lo que alternaba el pecado con la penitencia más rigurosa y la dolida y sincera confesión. Exactamente como nuestros modernos y engalanados hombres del Siglo XX.

En política era incapaz de actuar, por lo que declinó en el Conde-Duque de Olivares (Gaspar de Guzmán y Pimentel), fue el español con mayor personalidad en esta primera mitad del siglo XVII. Pero despertó el odio de los humildes y la antipatía de los poderosos, por lo que se hizo odioso al pueblo español.

La malograda guerra con Holanda e intervención en la guerra de los treinta años, encontró a una España agotada y azotada por querellas intestinas allá por 1637; 1640; 1643 y 1648.


LA ECONOMÍA EN LA EPOCA DE FELIPE IV


La política imperialista del conde-duque, desembocó en un estrepitoso fracaso. Las minas de México y Perú agotaron sus reservas, que recién fue superado por el descubrimiento de los yacimientos brasileños en 1680.

A la merma de metal contribuyeron los ataques de los corsarios y piratas ingleses y sobre todo holandeses desde 1620. Los pesados galeones españoles no podían esquivar a las mucho más ligeras y modernas naves de sus encarnizados enemigos.

El comercio colonial, desde sus comienzos, había sido centralizado en Sevilla por la Casa de Contratación o Ministerio Indiano. Esta ciudad, a lo largo del siglo XVI se convirtió en la primera de España (150.000 h.). En ella vivían y negociaban –con una enorme secuela de parásitos– nutridas colonias de extranjeros: franceses, genoveses, portugueses, ingleses, holandeses, hanseáticos... Finalmente, éstos acabaron por controlar el comercio y en los últimos años del siglo XVII, de 53 millones de libras de mercancías llegadas a la Península, sólo 2,5 estaban consignadas a mercaderes españoles. Esto se debía a la incapacidad industrial del país. España importaba productos manufacturados por un valor doble de los que exportaba. El negocio lo hacían los extranjeros, que vendían y se llevaban la plata. En consecuencia, la escasa producción española resultaba mucho más cara que la extranjera, pues incluso llegaron a importarse materias primas como la lana y al no poder soportar la competencia de los precios, los gremios languidecieron y desapareció la pequeña industria.

En resumen: por la debilidad industrial y debido al monopolio castellano-andaluz fijado por el Estado (política mercantilista), el dinero americano se lo guardaban los comerciantes extranjeros, y el que ingresaba en las arcas se lo embolsaban los prestamistas y los mercenarios que peleaban en los frentes.

En España los problemas eran los mismos que en el reinado anterior, pero agravados al máximo. Las leyes de los soldados y la pobreza del campo que empujaba a la emigración (a América, o a la picaresca del gran Madrid y de Sevilla) o al bandidaje determinaron la despoblación. En Andalucía había que andar a veces 20 Kms. para encontrar un pueblo de casas apiñadas. En Valencia, de las 453 poblaciones abandonadas por los moriscos, quedaban más de doscientas deshabitadas en 1630.

Esencialmente faltaba la agricultura. No se había producido ningún adelanto técnico, y el uso de abonos industriales no aparece hasta el siglo XIX. Se servían del arado romano tradicional y las tierras se dejaban en barbecho de tres a cuatro años. Lo normal era que un campo rindiera del 2 al 4 por ciento. Los campesinos trabajaban las secas tierras de la Meseta para pagar sus rentas a los señores y sus impuestos –cada vez más elevados– al Estado. Si la cosecha era mala surgía el hambre. Si era buena, el transporte se presentaba casi como obstáculo infranqueable, y, además, los antiguos reinos estaban cruzados de aduanas. No había contacto entre la Periferia y el Centro. Así, una carga de sardinas de Galicia a Valladolid debía pasar y pagar ocho aduanas. Por añadidura, el gobierno tasaba el pan –"pan barato"–, con perjuicio de los agricultores, a quienes el cultivo resultaba caro.

Finalmente, señalemos que, como siempre, la Agricultura debió someter sus intereses a los de la Mesta –sociedad de ganaderos nobles–, la cual aliada a la Monarquía porque le prestaba dinero consiguió en 1633 el restablecimiento de sus viejos privilegios. Entre éstos, los más perjudicados eran la prohibición de cercar los campos, y la estabilización del precio de os pastos, a pesar del encarecimiento de los costos de producción. Sin embargo, la ganadería declinó y a fines del siglo XVII, había sólo dos millones de cabezas de ganado ovino.

Asimismo, la inflación monetaria produjo un fuerte aumento de los salarios, con la consiguiente reducción de beneficios para los empresarios, a quienes faltó estímulo para impulsar sus industrias.

Pesó mucho también la mentalidad hidalga. Para el español de estos siglos, trabajo equivalía a deshonra, y por añadidura, los nobles –de hidalgo para arriba – y el clero no pagaban impuestos directos. Por lo tanto, todo perchero o contribuyente, aspiraba a cambiar de clase social... y así realizaban el ideal del español del seiscientos: ascender de rango social.

En busca de 1a solución y pasada la exaltación del "austracismo", y aun durante la misma, no es que a los responsables del gobierno les pasara inadvertida la ruina nacional. Sin embargo, no era posible atajar el mal de raíz, puesto que lo inmediato hubiera sido arrancar el egoísmo, el afán de lucro de los privilegiados, y de la burocracia, y, luego, borrar la manía de la deshonra del trabajo mecánico, o por lo menos, de que invertir capital en empresas industriales atacaba el honor.

Respecto a la Hacienda, la falta de numerario se contrarrestó con idénticas medidas anteriores: aumento de los impuestos directos, nuevos impuestos indirectos (consumos), venta de "juros" (o títulos de deuda del Estado) con asientos o préstamos de banqueros, a quienes se concedían rentas fijas o monopolios del país. Y haciendo nuevas emisiones de vellón, seguidas de inflaciones y deflaciones de su valor, que hacían caer los precios de modo brutal (en 1680 descendieron de golpe un 45 por ciento).

Adviene luego al trono Carlos II. (1665-1700), muy enclenque, torpe, enfermizo y sujeto a repetidos ataques de nervios. Con él se cierra la Casa de los Habsburgo en España. Sin embargo, no puede sorprendernos que este rey tuviera una naturaleza tan mezquina; baste decir que su madre, Mariana de Austria, era sobrina carnal de Felipe IV, y que las dos ramas de la familia Habsburgo casaban habitualmente entre sí a sus vástagos. Por lo cual en la sangre del "Hechizado", se encontraban multiplicadas todas las taras de esta familia (sobre todo, la debilidad de carácter).

El gran triunfo del momento fue ver reconocido su derecho a comerciar con América en un plano de igualdad con los castellanos. Esto abrió un enorme campo de posibilidades para los mercaderes levantinos.

"En 1692, fue creada en Barcelona una Junta de Comercio a semejanza de la que existía en Madrid. Del dinamismo que en pocos años alcanzó la economía catalana nos ofrece una muestra el hecho de que, de 1605 a 1699 el tráfico del puerto de Barcelona aumentó en un 90a, mientras que el de Sevilla –primera sede de las relaciones con América– se contrajo a la décima parte de lo que era.


LAS DESVENTURAS ECONÓMICAS DE LA EPOCA DE CARLOS II


El año 1680, es la fecha concreta donde en la historia económica de España, ya que al aumentar el valor nominal de la moneda muy por encima del valor de su contenido en metal: esto se hizo quitándole peso o mezclándole metal bajo; al final sólo circulaba "vellón". Este proceso constituye la llamada "revolución del cobre". Sobrevino la inflación. Los precios se pusieron por las nubes. La plata –metal que servía de patrón–, alcanzó una prima sobre su valor del 277%. Y ya en el último extremo, en 1680 se decretó la deflación oficial, quizás la más drástica que se haya producido jamás, pues los precios descendieron en un 45% de golpe.

Esta fue la primera de una serie de reformas absolutamente necesarias para la recuperación efectuada en el Siglo XVIII. Se ha comparado la deflación del año 1680 con la extirpación quirúrgica de un tumor: dolorosa pero inexcusable. Un año se fundó en 1679 en Madrid, una Junta de Comercio y Moneda, organismo destinado a la regeneración económica del país.

No debemos pensar que las anteriores reformas fueron definitivas. La economía continuó en pésimo estado. Pero a sus autores hay que reconocerles el mérito de haber visto la realidad con ojos distintos: con los de Colbert, ministro del Rey Sol (737).

"Pocas veces, el genio natural de una raza vigorosa, y el espíritu público de una gran nación, han pasado por un eclipse más triste, ni más sombrío, que el que cubrió a la España durante el reinado de Carlos II, último vástago de la Casa de Austria, expresa Vicente F. López. Todas las vergüenzas de la miseria yde la humillación, parece que se hubieran dado cita para condensarse sobre la cabeza decrépita de este rey infeliz: sobre quien, diríase, que la providencia hubiera querido hacer pesar el castigo, que merecían las torpezas y los abusos que sus antecesores habían hecho del poder absoluto, del fanatismo religioso y de la fuerza contra los sacrosantos derechos de las libertades humanas".

"Su reinado fue una larga minoridad de treinta y cinco años, en que toda la administración del reino y de sus colonias flotó en la indolencia y en el abandono, entregada a los aventureros que se apoderaban del palacio. El interior del reino estaba cubierto de bandas de ladrones que dominaban todo el territorio como señores suyos; y allí en el confín de los mares americanos, eran diarias las depredaciones y los atentados de los filibusteros y piratas, que como aves de rapiña, devoraban las carnes corrompidas de aquel cuerpo muerto. Barquichuelos insignificantes tripulados por forajidos de todas las nacionalidades, apresaban allí las naves españolas de guerra, y se apoderaban de los convoyes de galeones que navegaban cargados con las riquezas americanas. El ejército, reducido a diez o quince mil hombres era un cuerpo de mendigos que se repartía por las calles y los caminos, exigiendo una limosna forzada a los transeúntes y a los vecinos; y no pocas veces los asaltaba también y los saqueaba (738).

"Desde 1640 –prosigue López–, los portugueses habían pedido el carácter de súbditos del Rey de España, a cuyo favor habían explotado mercantilmente el Río de la Plata. Considerado primero como rebeldes y enemigos, y después de la paz que consumó su independencia como estranjeros se veían alejados de nuestras costas por las leyes fiscales; y aunque no dejaban por eso de hacer expediciones clandestinas, sufrían dificultades y riesgos que les hacían muy incómodo este estado; y aspiraban por lo mis a poner un pie más seguro estableciéndose en un mercado propio, desde donde pudieran aprovecharse a mansalva del río y de sus afluentes para contrabandear los géneros europeos con interés de los mismos traficantes de la ciudad de Buenos Aires".

Favorecíalos mucho para esto la política habilidosa con que la Inglaterra protegía los intereses comerciales y marítimos de Portugal: que eran idénticos a los suyos contra el monopolio colonial de Cádiz. Esta eficaz protección, unida a la miserable decadencia que de día en día había postrado más a la España, tan grande y poderosa medio siglo antes, le daba al Portugal no sólo audacia, sino impunidad, para proceder sin miramientos ni temores en el desarrollo y ejecución de sus miras" (739).

No entraremos a analizar en detalles cómo se posesionaron los portugueses de la Colonia de Sacramento frente a Buenos Aires, cuya vergonzosa negociación de devolución formal a Portugal como si fuere de su legítima propiedad, no hace sino hablar de la declinación moral de la España de la época.

"Un diluvio de restricciones y un monopolio celoso por una parte; –opina Clarence H. Haring–, por la otra, un creciente tráfico de contrabando ejercido por extranjeros, ora a través de Sevilla o de Cádiz, o directamente con los puertos coloniales, tal es la historia del comercio hispanoamericano en los siglos XVI y XVII. La Corona de Castilla quiso dilatar el poderío español y monopolizar todas las riquezas de las Indias mediante un rígido y complicado sistema mercantil, pero vio al fin pasar el comercio del Nuevo Mundo a manos de sus rivales; su marina reducida a una sombra del poderío que tuvo antes, con tripulantes y bajeles suministrados por comerciantes de tierras extrañas y sus riquezas desviadas en la propia fuente" (740).


SIGUE LA POBREZA DE ASUNCIÓN


Bernardino de Espíndola. Petición del procurador general de Asunción quejándose del dominio de Buenos Aires en el comercio y autos correspondientes. Asunción, marzo 28 de í612. También se refiere a los precios altos y escasez debido al monopolio conveniente a Buenos Aires (741).

Manuel de Frías. Carta a S.M. sobre la gran falta de ropa, herramientas, armas, municiones de la Provincia del Río de la Plata. ¿1618? Petición para el comercio directo con Brasil y España. Administración de Arias de Saavedra (742).

Cabildo de la Ciudad Real de Guairá. En carta a S.M. sobre la extrema pobreza de la ciudad. Noviembre 6 de 1628 (743).

Sebastián de León. Carta a S.M. sobre la pobreza de los españoles en el Paraguay. Asunción, setiembre 7 de 1639. Se refiere además a la ausencia de metales preciosos, encomiendas insignificantes (744).

Pedro de Lugo Ibarra. Decreto sobre que la información relativa a la pobreza de los vecinos del Paraguay se mande a S.M. Asunción, ¿1640? (745).

Cabildo Eclesiástico de Asunción. Información al Procurador General sobre la pobreza de los vecinos del Paraguay, hecha por los padres religiosos. Asunción abril 3 de 1643 (746).

Francisco Jiménez. Memorial a S.M. quejándose de su pobreza, Asunción, marzo 20 de 1678 (747).

Melchor Liñan y Cisneros, Arzobispo de Lima. Carta a S.M. sobre el estado precario del obispado de la Asunción. Lima, julio 24 de 1681. Propuesta de unión con Obispado de Buenos Aires (748).

En Carta del Cabildo Asunceno al Rey, quejándose de la "suma miseria" en que se hallaban los prebendados a causa de haberse aminorado las rentas decimales. De tal manera habían disminuido los diezmos que no bastaban para la congrua sustentación del obispo; aquel estado se hacia más penoso en los canónigos foráneos por serles preciso pagar casa, proveerse de alimentos y atender al decente vestuario; así que pedía, para remediar estos males, la unión de la provincia del Paraguay con la del Río de la Plata, como estaba antes" (749). A.G.I. Audiencia de Charcas 141. Carta del Cabildo Eclesiástico. Asunción, 20 de marzo de 1678.

Antonio Gevera Mojica. Carta a S.M. en que da noticia del estado miserable de la provincia del Paraguay después de la división de la de Buenos Aires, y la pérdida de cuatro ciudades de españoles. Santa Fe de la Vera Cruz, marzo 18 de 1686 (750).

Francisco de Monforte. Carta a S.M. sobre el estado miserable de la provincia y la prosperidad de las misiones. Asunción, setiembre 20 de 1688. También incluye nueva misión jesuita en Ibarotí (751).

Francisco de Monforte. Carta a S.M. sobre el estado de la provincia y la pobreza en que él personalmente se encuentra. Asunción, noviembre 22 de 1688 (752).

Sebastián Féliz de Mendiola. Carta a S.M. sobre la pobreza de los ornamentos de la reedificada catedral. Asunción, junio 23 de 1692. (753).

Cabildo de Asunción. Carta a S.M. sobre el miserable estado económico de la provincia. Julio 16 de 1714. También peticiona para la suspensión del excesivo impuesto sobre la yerba del Paraguay (754).

Rafael de Torre de la Moneda. Carta a S.M. en que anuncia toma de posesión del gobierno de la Provincia su estado de abatimiento; solicita armas, y pide exención de media anata. Asunción, noviembre 20 de 1740 (755).

Consejo de Indias. Oficio a José de la Quintana transmitiéndole la carta del Gobernador del Paraguay, Rafael Torre de la Moneda en que pide que se le releve de la paga del derecho de la media anata. Madrid, octubre 9 de 1741 (756).

Rafael de Torre de la Moneda. Carta a S.M. sobre el infeliz estado en que se halla la provincia por la guerra continuada que están haciendo los indios bárbaros. Asunción, julio 7 de 1745. Dificultades en obtener armas desde Buenos Aires (757).

Lorenzo de la Torre y Espínola. Carta al gobernador sobre el estado de la reducción a su cargo. Reducción de Nuestra Señora del Rosario y San Carlos del Timbó. Noviembre 2 de 1767 (758).

Consejo de Indias. Oficio en que transmite a S.M. la representación relativa al tributo que se debe imponer a los indios de las reducciones de San Joaquín y San Estanislao. Madrid, abril 13 de 1769 (759).

Agustín Fernando de Pinedo. Representación del Gobernador a S.M. sobre la petición para recibir grados en la provincia a causa de la extrema pobreza sin necesidad de pasar a Córdoba. Asunción, ¿1772? (760).

Joaquín de Alós. Relación del tiempo experimentado en los seis primeros meses de este año y además particularidades. Asunción, junio 30 de 1789. Incluye datos sobre el clima, epidemias y agricultura en la provincia (761).

Joaquín de Alós. Relación del tiempo experimentado en los seis últimos meses del año próximo pasado y demás particularidades. Asunción, diciembre 31 de 1789. Además, se refiere al cultivo del tabaco, algodón, yerba, mandioca y azúcar en la jurisdicción de Asunción, Villa de Curuguatí, Villa del Espíritu Santo, Población de Concepción, Ñeembucú, Remolinos y Misiones (762).

El mismo Joaquín de Alós, en una Relación del tiempo experimentado en los seis primeros meses de este año y demás particularidades. Asunción, junio 30 de 1790. Producción de tabaco, mandioca, papas, batatas, algodón, azúcar y yerba en Asunción, y demás pueblos (763).

Comercio de la Provincia del Paraguay ¿,1796? Comercio entre provincias en tabaco, azúcar, carne, granos, vinos, brandy y minerales (764). Precios corrientes de los productos del Paraguay ¿,1796? Precios en lista de yerba, tabaco, azúcar, algodón, etc. (765).


DIVISIÓN DEL PARAGUAY EN DOS GOBIERNOS


Francisco de Alfaro, en Carta a S.M. informa sobre la necesidad de dividir en dos gobiernos el Río de la Plata y Paraguay. La Plata, febrero 15 de 1613. También se refiere a aspectos prácticos de la división (766).

Manuel de Frías, en carta a S.M. presenta cinco causas adicionales para que se efectúe la división de las provincias del Río de la Plata y Paraguay, Madrid (?) mayo 27 de 1614 (?). También se refiere al estado de abandono del Guairá y la tendencia de su población de integrarse al control de los portugueses; jurisdicción del gobierno independiente de Paraguay; uso de la yerba mate (767).

El mismo Frías, formula Auto sobre la carta en que pide la división de la gobernación que se provea gobernador y que en el ínterin se nombre a Hernán Arias de Saavedra (1614). También incluye inspección por Francisco de Alfaro; recomendación para separar gobernación para Asunción. Guairá, Jerez, Espíritu Santo y Corrientes (768).

Consejo de Indias. (?). Dictamen sobre división de las provincias del Río de la Plata y Paraguay, Madrid, setiembre 14 de 1617. Además incluye sumario de antecedentes, opinión del Virrey del Perú; lista de candidatos y méritos de cada uno para el oficio de Gobernador (769).

Pedro Esteban Dávila. Carta a S.M. sobre males originados de la división de la gobernación del Río de la Plata. También se refiere al abandonamiento de 3 ciudades en Paraguay; ventajas de subsistencia de la Provincia unificada (770).

Cabildo de Asunción. Carta a S.M. informando sobre el mal estado de la Provincia desde la división de las dos gobernaciones a instancias de Hernando Arias de Saavedra. Marzo 11 de 1782 (771).

"Pero estos anhelos – dice Fulgencio R. Moreno, refiriéndose a la expansión del comercio – no podían prosperar dentro del férreo engranaje de la política colonial. Y mucho menos cuando a orillas del Plata se asentó la población que atrajo desde el primer momento la atención de la Corte".

"Los gobernadores fijaron allí su residencia por recomendación expresa del rey, alejando, con gran perjuicio de las demás ciudades, el centro administrativo y judicial de la Provincia" (772).

Por Cédula Real, dada en Madrid, el 16 de diciembre de 1617, el Rey Felipe, "por la gracia de Dios, rey de Castilla, de León, de Aragón. Por cuanto habiendo entendido que algunas de las ciudades de las Provincias del Río de la Plata se hallaban en peligro de ser destruidas por los indios Guaycurús-Payagués, naciones que están rebeldes y aunadas y hacen grandes daños; y que para remedio y reparo de esto convenía se dividiera aquel! gobierno que tiene más de 500 leguas de distrito y en él ocho ciudades muy distantes sin poderse socorrer las unas a las otras, particularmente las tres de ellas que son de la provincia del Guairá, las cuales jamás han podido ser visitadas de gobernador ni obispo, ni administrádose en ellas el sacramento de la confirmación, consultándose mi parecer, HE TENIDO POR BIEN QUE EL DICHO GOBIERNO SE DIVIDA EN DOS, que uno sea del Río de la Plata con Buenos Aires, Santa Fé, Corrientes y Concepción del Bermejo; y el otro gobierno se intitule de Guairá, con Asunción cabeza de gobierno, Villa Real, Vi]la Rica del Espíritu Santo y Santiago de Jerez.".

"Como el Rey no dividía sino el gobierno del Paraguay, la cédula no se refiere a territorios y poblaciones menores, que se hallaban incluidos dentro de las ocho ciudades nombradas, ni fija límites precisos, pero geográficamente la línea divisoria de los dos gobiernos era el Río Bermejo y el Paraná Central".

"Cuando don Diego de Góngora –prosigue Cecilio Báez–, se recibió del cargo de gobernador del Río de la Plata, declaró ante el cabildo de Buenos Aires (Acta del 17 de noviembre de 1618): Que por disposición real se constituye gobernador de las provincias del Río de la Plata y pueblos del gobierno que se ha separado. (Memoria del ministerio de relaciones exteriores de la Argentina. Pág. 721, año 1877)".

"Atribúyese ice más adelante C. Báez –, generalmente a la influencia de los jesuitas el hecho de que Manuel de Frías y Martín de Negrón incitaran insistentemente al Consejo de Indias dividiera la Provincia del Paraguay en dos gobernaciones independientes de manera que las MISIONES de aquellos religiosos quedaran desligadas de una y otra autoridad civil. El obispo fray Tomás de Torres escribió a este propósito:"Que Manuel Frías había engañado a su Magestad en la división del gobierno que originó la ruina del Paraguay; que engañó también a los Paraguayos sacando de ellos 30.000 ducados bajo el especioso pretexto de que se trasladaba a España para gestionar la revocación de las Ordenanzas de Alfaro".

"Pero el verdadero autor del proyecto fue Hernando Arias de Saavedra. La corte de Madrid expidió en consecuencia la real cédula de 1617, por la cual creaba la gobernación de Buenos Aires, independiente de la de Asunción. Esta medida no se llevó a efecto sino en 1620; desde entonces se bifurca la vida de la Gran Provincia del Paraguay, política y económicamente, la vida nacional sufre un ritmo, lo cual da nacimiento a dos corrientes históricas distintas, paraguaya la una, y argentina la otra. Buenos Aires –prosigue C. Báez–, comienza a recibir los africanos arrojados a sus playas por barcos negreros y establece relaciones con las provincias del interior y de los Andes, de origen chileno-peruano. Tal desvío producirá el divorcio moral de Buenos Aires y Asunción, como un siglo más tarde la fundación de Montevideo creó una rivalidad comercial y política entre esa plaza y la de Buenos Aires" (773).

"El vigilante Hernandarias conoció evidentemente que la vasta extensión de su gobierno era un grande embarazo para atender a sus ciudades pina Aguirre –, aunque en cuanto a población se puede creer no compondrán una mediana (774). Buenos Aires, único puerto del gobierno, ofrecía frecuentemente negocios de gravedad y como primera comunicación con España estaba Arias ocupado con él a menudo. Exigía ser capital de Gobierno y así lo representaba Arias al Rey desde el año de 1607. Propuso por límites la natura1 demarcación del Río Paraná con el Paraguay, cuya división aprobó el Rey, se cumplió el año 1618. El documento de estos linderos no he visto".

"Cuantos han escrito entre ellos el P. Techo, lib. 6, Cap. 6 (775) de la división del Gobierno del Río de la Plata, dicen que aconteció el año de 1620 en que también se erigió el obispado de Buenos Aires. En la primera parte se equivocaron. El decreto judicial que puso Hernandarias aprobando la citada información de Juan Caballero Bazán ante Cristóbal Ramón, escribano público dice así: "En la ciudad de Trinidad, puerto de Buenos Aires, en 18 de enero de 1619, Hernando Arias de Saavedra, gobernador y capitán general de la ciudad de la Asunción, Guairá, é las demas agregadas á su gobierno que se dividió del de esta provincia del Río de la Plata y puerto de Bueno /Aires é habiendo visto la información y Cia".

"El documento –dice Aguirre– es original para la prueba de la división del Gobierno del Río de la Plata, lo más tarde a primeros de 1619 (776). Hace honor a Hernandarias pues por el bien público pretendió desprenderse de tan considerable jurisdicción de su mando, a más que en el arreglo y esclarecimiento de las dificultades que se ofrecieran, sería el principal instrumento como lo fue en erigir capital a Buenos Aires en cuya gloria se interesaba, siendo uno de sus fundadores y conquistadores".

Quedaron la división independiente los gobiernos del Paraguay y Río de la Plata. En Buenos Aires se estableció la caja principal de la Real Hacienda y la de la Asunción subalterna. La nueva erección de Obispado, fue el motivo porque se ocurrió arbitrar ventas extraordinarias para que subsistiesen las dos iglesias porque siendo poca la población y pobre, serían las ordinarias, escasas o no alcanzarían a mantenerlas. Poco tiempo antes de dividirse se lamentaba la de la Asunción de su poca renta".

Y Juan Francisco Aguirre termina con estos acertados juicios: "podría legítimamente aspirar el Paraguay, entre otros comunes que lo merece al suyo antiguo de cabeza de estas provincias del Río de la Plata, habiendo sido cerca de un siglo con la singular preeminencia de refugio y madre de ellas. Sería un privilegio puramente honorífico que recordaría los buenos servicios que hizo el estado y lo mucho que le deben las citadas provincias q las que a los menos, sino las daba el nombre, las sería menos disonantes su expresión" (777).

Justo Prieto resume las consecuencias del cercenamiento de la Provincia del Paraguay, diciendo que el destino de la colectividad comenzó a definirse con los siguientes resultados:

1. La paz entre los indios y los españoles dio lugar a una nueva raza, resultado de la fusión étnica, la cual sería en adelante la base demográfica de un nuevo país.

2. El desvanecimiento de la quimera del oro marcó el género de vida, el papel de la colectividad en la economía futura del Río de la Plata y señaló su destino agrícola-ganadero.

3. La introducción del ganado provocó una enorme y súbita evolución, en primer lugar porque se introdujo un sistema de locomoción desconocido. El caballo aceleró el ritmo de la vida, caracterizado hasta entonces por el infatigable andar indígena y el deslizarse de las piraguas. El ganado vacuno dio nacimiento a una nueva fuente de riqueza y a importantes actividades industriales.

4. La introducción de diversos utensilios, entre ellos la rueda, aceleró el proceso industrial y cultural del nativo y el aprovechamiento de sus capacidades.

5. El ensayo de una organización colectiva del trabajo –las encomiendas–, aparte la compulsión que implica, tanto en el orden personal como w la explotación a que somete al indio, como en el orden lucrativo como lo es en el monopolio, le enseñó prácticamente el valor de la coordinación y de la solidaridad.

6. La proclamación clara y reiterada del grito de LIBERTAD y la experiencia de su eficacia al ser abatida la tiránica prepotencia de Alvar Núñez.

"Estos trascendentales resultados ponen de resalto, y con nitidez, como frutos de este período histórico, el lamentable fraccionamiento de la Provincia Gigante en dos porciones desvinculadas entre si, pero dependientes de la Audiencia de Charcas".

"Hernandarias, al promoverlo en aras de intereses subalternos tronchó el destino de su propia patria: Asunción. Ningún otro gobernador ha cometido un acto tan perjudicial para nuestro destino".

"Termina –dice Prieto–, pues, este ciclo de la historia paraguaya con la determinación de un sino fatal, la Provincia Gigante ya no existe; la madre de ciudades quedará sometida a la tutela de una de sus hijas" (778).

"La importancia de la cédula divisionaria de 1617 es enorme en la historia y la geografía de nuestro país, –dicen Zabala y Gandía–. La Cédula fue promulgada a instancias de Hernandarias, que de este modo creyó luchar con más éxito contra las importaciones y exportaciones clandestinas. En realidad, Hernandarias –tan elogiado por las autoridades españolas, que veían en él un ciego instrumento de sus disposiciones y un servidor fiel como ninguno por lo honrado y cumplidor– fue un sucesor de Irala en lo que se refiere a su política de asilamiento. El Paraguay le debe su enclaustramiento y la Argentina la pérdida del Paraguay. La segunda fundación de Buenos Aires y el traslado automático del centro comercial desde la Asunción a esta ciudad habían comenzado a minar el progreso del Paraguay. A ello se agregaron las misiones jesuíticas y, por último, la cédula de 1617".

"Desde el año 1617 Buenos Aires estuvo separada del Paraguay por barreras jurídicas; pero el comercio, como veremos siguió sus rutas naturales. Sin embargo, tuvo que transcurrir un largo tiempo antes de que la ciudad llegase a desenvolverse con la libertad que necesitaban sus pobladores (779).

Al respecto, bien opina don Fulgencio R. Moreno, de esta época de después del Siglo XVI, "cerróse el período denominado de la conquista para abrirse otro, que fue de lenta restauración económica y afianzamiento interno dentro de su comprensión. Pero este período no pudo, en ciertos órdenes, diferenciarse mucho del anterior, por la persistencia de los factores predominantes en el origen de la colonia. El hecho se destacó sobre todo en las relaciones con los aborígenes, que continuaron cada vez más peligrosas, ocasionando igualmente la persistencia de aquella campaña, cuyo centro directriz fue la ciudad de la Asunción. Y donde ella se manifestó en forma más ímproba y tenaz fue en la banda occidental del río, teatro de sangrientas e incesantes luchas, que han pasado a la historia con la denominación de "exacciones al Chaco".

"Y así –continúa Moreno–, entre las numerosas trabas que embarazaban la vida asuncena, la hostilidad indígena aparecía como la más opresiva e intolerable".

"Para resguardar esas poblaciones, que constituían el sostén económico de la colonia, el gobierno y el Cabildo procuraron afanosos todas las medidas a su alcance. Se establecieron guardias en la costa del río, se mudaron los antiguos fortines, a sitios más aparentes, se erigieron castillos y presidios al norte y al sur de la ciudad, y se creó una contribución especial, que con el nombre de "Ramo de Guerra", duró hasta después de la dominación española" (780).

Moreno afirma, que cada poblador no sólo cuidaba sus chacras sino vivía con el arma siempre lista a defender su tierra. Y da cuenta de las "continuas expediciones emprendidas contra los indios del Chaco, que continuaron sin interrupción, casi a razón de una expedición cada dos años" (781).


CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DE LA SEPARACIÓN DE BUENOS AIRES


"El primer gobernador del Paraguay mutilado fue don Manuel Frías, quien inicia la era de los gobernadores sedentarios y perezosos. Cesaron desde entonces las grandes empresas como las realizadas por los creadores de la Gran Provincia, DOMINGO DE IRALA, JUAN DE GARAY, LOS ADELANTADOS ORTIZ DE ZARATE Y TORRES DE VERA Y ARAGON Y HERNANDO ARIAS DE SAAVEDRA. Por el contrario –sigue Cecilio Báez– a la desmembración autorizada por la Corte de Madrid sigue la destrucción de la Guaira decretada por el Gobierno de Lisboa. Los pueblos de esta región fueron barridos por los paulistas, con el intento de esclavizar a los indios reducidos y de ocupar territorios en nombre de los rey de Portugal. Cuentan las crónicas de la época que cuando un FAZENDEIRO paulista casaba una hija, le daba en dote no menos de cien indios esclavos".

"Y en consecuencia de haberse establecido las Misiones, nacen las querellas entre los religiosos y los obispos, entre éstos y los gobernadores y funcionarios municipales. Fueron varias sus causas –explica C. Báez–. Los jesuitas sonsacaban a los indios encomendados, privando así a los españoles de sus peones o siervos, explotaban todas las riquezas del país y mercaban con ellas sin pagar impuestos, les estaba prohibido ejercer el comercio por un Breve del Papa Clemente IX, expedido en 1669; pero ellos eludían su cumplimiento, valiéndose de procuradores laicos, hacían pues una concurrencia ventajosa a los hacendados y comerciantes paraguayos que abonaban todas las gabelas fiscales. Además, monopolizaban los matrimonios, misas, responsos y demás servicios eclesiásticos, dejando sin rentas a los obispos y curas párrocos; por todo eso y por muchas otras causas se concitaron el odio universal. Los gobernadores no eran ajenos a dichas querellas, pues se mezclaban en ellas, ya como partidarios de los religiosos, ya como caudillos del pueblo contra la Compañía. Los obispos franciscanos eran generalmente rivales de los jesuitas. Los verdaderos representantes del pueblo eran los magistrados municipales. Estos caudillos fueron perseguidos por los virreyes, como lo fueron en España los comuneros de Castilla" (782).

Carlos Pastore, opina sobre el particular: "Este acto de Gobierno, imputado por error histórico a Hernando de Arias Saavedra –pues la Corona se apartó del dictamen del gobernador criollo de celebrada memoria–, produjo inmediatos y permanentes efectos en la posición de las naciones europeas que luchaban por imponer su predominio en los territorios de la zona del Plata. La Cédula Real de 1617 no consultó las necesidades de la colonización española que la habían inspirado, y su aplicación produjo resultados contrarios a los previstos. En efecto, la acción de los nativos no pudo ser neutralizada, tanto por el gobierno de Asunción, como por el de Buenos Aires, que quedó bajo la jurisdicción de la Provincia del Río de la Plata, cuando que por su posición geográfica debió formar parte de la Provincia del Paraguay; y tampoco fueron detenidos los bandeirantes con base en Paulo, en sus avances sobre las poblaciones organizadas en los territorio de la región del Guairá, en procura de brazos guaraníes para ser vendidos como esclavos en los ingenios del Brasil. La corona española se negó a autorizar la destrucción de aquel centro de expediciones de malocas reclamada por Hernandarias" (783).

"Buenos Aires, dice el Dr. Juan Agustín García, fue comerciante desde su origen: nació con el instinto robusto y enérgico que se afirmó durante el siglo XVII, en una lucha curiosa, llena de incidentes, trágica a veces,l se llevaban las cosas a sus últimos extremos".

"Así fue ciertamente –prosigue F. R. Moreno–. Al amparo de los errores económicos de la época y de una intervención fiscal (o municipal) opresiva y funesta, el egoísmo de las ciudades –reflejo del interés de unos pocos– trabajaba por aniquilar su recíproca expansión en el sentido del proyecto inmediato a costo de la miseria ajena" (784).

"En esa lucha desigual, el Paraguay, por su posición, acabó por ser una víctima permanente. Los hechos se produjeron casi inmediatamente y llegaron a su colmo desde que el Río de la Plata se segregó del Paraguay" (785).


EL OBISPO FRAY BERNARDINO DE CARDENAS


"El conflicto suscitado entre los jesuitas y el Obispo Cárdenas –dice Magnus Mörner– de Asunción, que constituye un factor dominante en la historia de la provincia jesuítica del Paraguay durante el período 1644-1648, tuvo su origen en el antagonismo, característico de las colonias, que enfrentaba a obispos y gobernadores, encomenderos y misioneros y aun a las Ordenes misioneras entre sí" (786).

"En 1649, fue nombrado obispo del Paraguay, Fray Bernardino de Cárdenas (787), destinado a servir de conductor y apóstol a la causa popular, –dice Justo Pastor Benítez".

"Movido del celo apostólico, comenzó a visitar los pueblos y las reducciones del interior. Intentó penetrar en las Misiones Jesuíticas, propósito que no pudo realizar por la tenaz resistencia de la Companía enemiga de las intromisiones en sus ricos dominios".

Del mismo rememora el Padre Lozano, nombrando a un Obispo, sin citar de quién se trataba. Parcialismo evidente que surgirá más tarde en forma más despectiva al tratar de Antequera.

Lo cierto es –dice J. P. Benítez–, que "al llegar Cárdenas a Yaguarón, 800 indios incitados por los jesuitas y conducidos por el ex-gobernador Gregorio de Hinestrosa, invadieron el pueblo y sitiaron al obispo que tuvo que refugiarse en el templo y buscar la protección del Santísimo para escapar de la impiedad (788). La furia siguió al obispo hasta la capital.

Gregorio de Hinestrosa que había sido un dócil instrumento de la Compañía, y el Capitán Sebastián de León, le sitiaron e "hicieron que se abriese el Convento y fueron derecho a la celda de Cárdenas, vendáronle los ojos y le sacaron arrastrado desnudo a la calle, y en una mala canoa le desterraron de la ciudad". Asunción fue dominada por la fuerza y el obispo desterrado".

"Su exilio duró dos años".

"La veneración que la colonia tenía por su obispo, provenía tanto de las virtudes personales como de las simpatías que profesaba a franciscanos y dominicos, verdaderos guías de aquella sociedad cristiana. En sus luchas contra la influencia política de los jesuitas, encontró en el elocuente caudillo un defensor de su causa. Cárdenas era un temperamento combativo, amante de la polémica. Su espíritu de justicia le llevó a la lucha apasionada hasta provocar un levantamiento popular. Repuesto en su cargo por la Audiencia de la Plata, volvió Cárdenas a continuar su apostolado. A pesar de las dificultades y obstáculos que le pusieron los jesuitas, Asunción lo recibió como su jefe natural".

"Para combatirlo, León de Carabito, reunió 4.000 indios, que se dispersaron movidos de un horror natural como era el echar a un Obispo".

"El 26 de febrero de 1649, falleció el gobernador Diego de Escobar y Osorio, fuertemente vinculado al partido de los jesuitas. El pueblo de Asunción, en uso de la facultad que le concedía la cédula de 1537, aclamó como gobernador al obispo Cárdenas".

"Cárdenas declinó en honor; pero el Cabildo insistió. Entretanto subía el oleaje de la opinión. La agitación fue creciendo. Detrás de Cárdenas estaba el Cabildo y detrás del Cabildo, el vecindario. Estalló un nuevo tumulto. La revolución continuaba en grandes marejadas. El Cabildo pedía, además, a Cárdenas la expulsión de los jesuitas, medida radical y temeraria que fue cumplida el 25 de abril de 1649, como una resolución suprema".

"En vista de la nueva subversión, fue designado gobernador el capitán León Garabito con el mandato expreso de someter la rebelde provincia. Armó un ejército de 4.000 indios, secundado por los jesuitas y se dirigió hacia la capital. La ciudad se aprestó a la defensa".

Garabito, vengativo y cruel, se negó a aceptar arreglo alguno. La batalla tuvo lugar en Santa Catalina. La defensa de la ciudad fue hecha por los principales vecinos a la cabeza de 300 infantes y caballeros y 400 indios amigos. "Murieron 22 de los más nobles de la República, dice un documento de la época".

"Cárdenas se encerró en la Catedral durante diez días. Los sitiadores deseaban dejarle morir de hambre, pero a pesar de la prohibición "una mulata muy vieja, andaba por la ciudad pidiendo limosna de comida para el sustento del obispo, y se la daban los fieles cristianos con el riesgo de la vida", el enardecido pastor de almas y caudillo popular fue expulsado de la provincia".

"Le han arrojado de la ciudad después de ensayar con él trazas de la humillación y el vejamen. Sus lapidadores de ahora son los mismos que avasallados por su mano, se alebraron a sus pies un día, y luego de vuelta el azar de la guerra y de la intriga, alzáronse en su contra y lo vencieron. Allí estaban, atronando con su bullicio la barranca, mientras la descalabrada aladía en que se debate el fraile, parece a punto de zozobrar en el oleaje. Y es entonces cuando el proscripto empinando su ascética figura, se descalza una tras otras las sandalias franciscanas, las golpea con solemnidad de rito contra la borda de la embarcación y ruge con toda la fuerza de voz: ¡Maldita, maldita sea esta tierra...! Ni el polvo de su suelo quiero llevar en mis sandalias" (789) (790).

"Desde que el obispo Bernardino de Cárdenas llegó a Asunción en 1642 –opina Magnus Mörner– él y el Gobernador Gregorio de Hinestrosa un criollo chileno – estuvieron en conflicto, probablemente originado en la tradicional rivalidad por el poder y en un antagonismo personal antes que diferencias de principios. Cárdenas, sin embargo, que durante variasdécadas había sido activo misionero franciscano en el Alto Perú –donde nació en 1579:, aparece como una personalidad extraordinariamente ambiciosa, enérgica y despiadada".

"Inicialmente sus relaciones con los jesuitas fueron amistosas. Tiempo después, durante su permanencia en un pueblo de indios –Yaguarón– próximo a Asunción, su actitud hacia los jesuitas se reveló del todo diferente: prometió allí a los monjes franciscanos y a los sacerdotes seculares –que su presencia había congregado– que les entregaría las misiones de los "herejes" jesuitas. Según fuentes jesuíticas, el vano intento del obispo de apoderarse de una estancia que el colegio de Asunción poseía en las proximidades de Yaguarón, había sido el origen de la enemistad entre él y la Orden. Sea como fuere, –comenta Magnus Mörner–, resulta natural que Cárdenas, al comparar los pueblos relativamente pobres de los franciscanos y los sacerdotes seculares, y sus indios –que servían en encomiendas–, con los privilegiados y sin duda prósperos de los jesuitas, compartiera con párrocos y frailes la envidia y la desconfianza que sus competidores les inspiraban. También es probable que los recursos materiales de la diócesis de Asunción fueran, al menos, aparentemente, mucho más modestos que los del colegio jesuita" (791).

"Los enemigos del prelado habían triunfado. Detenida la evolución política de la Provincia, la hegemonía virreinal gravitaba, multiplicando sus agravios. El pueblo amordazado, sin voz ni rango, saturado de amenazas, excluido y repudiado por la clase gobernante, impermeable a sus sentimientos más recónditos, se vio constreñido a retornar a la virginidad de sus campiñas y de sus selvas".

"Con su Cruz Misionera sobre el pecho y sus largos rosarios sobre sus sayales desteñidos, los hijos del Santo Francisco de Asís, despertaban en la colonia veneración y respeto, confortando males morales y materiales, sin mezquinar palabras de fe y de esperanza en los momentos en que el pueblo gritaba su indignación contra los absolutismos o contra la Compañía de Jesús de tendencia dominadora en el régimen colonial" (792).

Y Justo Pastor Benítez con certera visión de los acontecimientos nos dice: "Entretanto la rivalidad entre la Colonia y las Misiones Jesuíticas, siguió latente; continuaron los motivos de quejas y quedaron los rescoldos de la protesta popular contra los errores del absolutismo. Bien lejos estaba el Rey para hacer justicia a tiempo o disminuir las injusticias del régimen. Para llegar hasta S.M. había que pasar hartas instancias. Las reclamaciones naufragaban en el mar de papeles del expedienteo colonial. El Paraguay se fue formando en sus selvas a orillas de su río, en la lucha, en el dolor y en el desamparo de las autoridades reales. Así plasmó su carácter".

Carecía de riqueza minera; vivía de la agricultura y del comercio de yerba y madera. Pero dentro de esta restricción económica, conservaba el recuerdo orgulloso de su misión en la primera época de la conquista".

"El Cabildo no era una simple institución municipal, sino un amparo jurídico, judicial y hasta político. Asunción conoció ya en el 1600, los cabildos abiertos, es decir, la reunión plenaria de miembros titulares y vecinos de la ciudad, en los cuales tenemos que ver una forma primitiva pero directa de la democracia. Es forzoso tener en cuenta tales antecedentes para enjuiciar con equidad la revolución de los comuneros" (793).

"Cárdenas intentó embarcarse con rumbo a España para alcanzar justicia del propio Felipe IV, pero se vio atajado en su empeño por el oidor Andrés Garabito de León, primo de Sebastián de León, nombrado visitador del Paraguay con amplios poderes de la Audiencia de Charcas para consolidar la victoria jesuítica sobre el Cabildo. Así se desató la primera revolución comunera que debía ser seguida por otras".

"En ese año (1663), fray Bernardino de Cárdenas era trasladado al obispado de Santacruz de la Sierra, donde murió en olor de santidad a muy avanzada edad" (794).

Numerosos fueron los altercados suscitados con motivo de la salida de Fray Bernardino de Cárdenas del Paraguay. Cuando todo parecía haber terminado con su salida, sin embargo, el pleito recién comenzaba. Una de las cuestiones suscitadas era la posición de los curas jesuitas ante el patronato real. La incursión de nuevas Bandeiras que asolaron las misiones. Así las cosas, los jesuitas luchaban fanáticamente en Chuquisaca por preservar sus derechos en contra de los designios del partido de Cárdenas. "Tanto en América como en España –dice Magnus Mörner–, el conflicto resultó muy costoso; el pago de sobornos, y la confección de las interminables series de documentos acumulados en cada instancia, exigían considerables sumas de dinero: según el procurador jesuita de Chuquisaca, durante los años 1650 y 1651, la provincia jesuítica de Paraguay envió no menos de 38.000 pesos a España" (795).

Uno de los golpes asestados a los jesuitas fue la cuestión de la permanencia de sus miembros extranjeros en las reducciones. En 1651, el virrey y la audiencia recibieron sendas cédulas donde se ordenaba el inmediato regreso a España de todos ellos. En 1654, el Rey, en vista de que los jesuitas no observaban lo dispuesto en las reglas del Patronato Real, serían reemplazados por sacerdotes seculares u otros regulares. Otra de las cédulas prohibía el envío de jesuitas extranjeros a América. Prohibía además el recurso de designar un Juez conservador contra un obispo o contra un arzobispo, del que se habían valido los jesuitas, no sólo en Paraguay sino también en México. No obstante en junio de 1654, varias de estas medidas quedarían sin efecto.

Pero como expresa Magnus Mörner: "La cédula del 15 de junio, en consecuencia no cambió fundamentalmente la posición de los curas jesuitas, pero en tanto, mostraba que las acusaciones de Cárdenas y Mancha y Velasco estaban justificadas, privó a los críticos de uno de sus más eficaces argumentos" (796).

"La abundante bibliografía adversa a las misiones jesuíticas del Paraguay –expresa Efraim Cardozo– se inicia con la publicación, en 1632, del MEMORIAL Y DEFENSORIO que Fray Juan de San Diego Villalón elevó al Rey, en réplica al MEMORIAL del Padre Julián de Pedraza, Procurador General de la Compañía de Jesús, en que formulan graves cargos contra el obispo del Paraguay, Fray Bernardino de Cárdenas. Esta publicación, como las demás relacionadas con el tema, son de positiva importancia documental. Aunque de tono polémico y contradictorio entre ellas, sirven para ilustrar los puntos de vista de los bandos en que se dividió la provincia del Paraguay cuando el famoso obispo Cárdenas y la Compañía de Jesús se declararon la guerra, no solamente desde los púlpitos sino también en las tribunas y finalmente en los campos de batalla, desde 1641 en que se hizo cargo del gobierno Gregorio de Hinestrosa hasta 1649 en que Cárdenas fue depuesto de su dignidad episcopal por un Juez conservador, después de haber él, designado gobernador por el voto popular, expulsado a los jesuitas de la ciudad de Asunción. También la producción bibliográfica en torno de los pleitos entre Cárdenas y jesuitas continúa con "DISCURSOS JURIDICOS", debido al Licenciado Don Alonso Carrillo, abogado e historiográfico, contiene la discusión en un plano meramente jurídico y canónico, de la validez de la consagración episcopal del obispo Cárdenas, uno de los puntos más controvertidos por los jesuitas". Luego siguen otras publicaciones del mismo interés" (797).


EL TRANSPORTE EN EL SIGLO XVII


En un primer momento, la navegación paraguaya, se hallaba condicionada fuertemente a ataduras reales, que provenían de la misma Corte. Esta constricción en cuanto a su desenvolvimiento, no impidió, empero, que los "géneros de la tierra", desciendan a las "provincias de abajo", Santa Fe, Corrientes y Buenos Aires, o que algunos privilegiados llegaran hasta Charcas a litigar o a Córdoba a estudiar, o a la propia España a litigar, como Martín de Orué en los días de la conquista, o Manuel de Frías a comienzos del siglo XVII, o del propio genovés Jusepe Servín, en 1661. También, en ese intercambio –mediante la navegación–, es posible que hayan arribado libros de todas clases, armas y pólvora, para la defensa incipiente de ciudades, villas y poblaciones, pero todo ello de una manera aislada, sin orden de continuidad, persistencia, lo que sólo hacemos a título de rememoración.

La circunstancia de que se haya construido la primera embarcación en América que cruzó el Océano y llegó a Europa, la carabela o bergantín llamado "Comuneros", no nos autoriza de ninguna manera a generalizar el uso de construcciones navales en forma ordenada, programada y con cierto auge que despertara el intercambio aunque sea interprovincial entre los escasos habitantes de la Provincia del Paraguay. Poco o casi nada, es la documentación que hemos hallado en el Archivo Nacional de Asunción, respecto a esta época. Pero, es cuando el Paraguay librado a su propia suerte, con la división de la separación del Río de la Plata, del 16 de diciembre de 1617, el aislamiento del Puerto de Buenos Aires, que examinamos en otra parte; el cierre de la ruta a Lima, cuando más solitario y aislado, es cuando más tenazmente persigue sus objetivos de expansión colonizadora.

Es así que por una Real Cédula del 26 de junio de 1595, y sin comprensión razonable posible, se conceden dos viajes anuales, mediante los llamados "navíos de registro" o "de permisión", y cuyo sistema duraría siglo y medio. Hasta en la Recopilación de Leyes de Indias, Ley 30, tít. 42, lib. IX se disponía en 1618 que el tonelaje permitido lo compartiesen en igualdad las exportaciones del Paraguay y del Río de la Plata.

En los "Navíos de registro", que viajaban a Europa, carecían de escolta eran veloces y de escaso tonelaje.

En el título que dedicamos a la "permisión de 1602", nos referimos extensamente a los productos transportados, entre los cuales pueden citarse como una de las más importantes, los envíos de armas y municiones para defensa de la provincia, y que era riesgoso hacerlo por la ruta del itsmo de Panamá y Callao.

Es importante destacar, el fenómeno de la "saca" de indios (ya sea como marineros, ya como cargadores de arrieros), muchos de los cuales no regresan a sus lugares de origen. En 1605, Juan Bautista Corona, en una presentación, habla de una cantidad superior a las 4.000 "piezas de servicio", refiriéndose a los permisos otorgados por los gobernadores a encomenderos o mercaderes que necesitan del auxilio de cargadores y marineros indígenas. De allí, que desde el año 1600, los protectores de indígenas de Asunción comienzan a exigir de los gobernadores la obligación de que los comerciantes y patrones de barcas AFIANCEN los indios que llevan como marineros (798). Se sabe por documentos de fechas aproximadas a la anterior, que este flujo de hombres fueron llevados hacia las provincias de abajo. Pero como hemos visto, al estudiar las Misiones Jesuíticas, cuando estos indios eran llevados a Buenos Aires o Santa Fe, ya no regresaban con las mismas embarcaciones, sino que se integran a grupos étnicos similares que poblaban aquellas regiones.

En los años 1738 y 1739, en los registros de las barcas que realizan la carrera entre Asunción y las provincias de abajo, se determina que el 41 por ciento de los marineros de las barcas corresponde a indígenas de las misiones escapadas de sus pueblos. Muchos de estos indios poseen un apellido español, e incluso uno de los barqueros otorga su apellido a uno de los indígenas llamada Santiago Mieres (799).

Capítulo aparte merecen los diversos viajes de los jesuitas que siempre encontraron salida – ya sea por Santa Catalina, en el Brasil, o por el mismo Río de la Plata con permiso de la Corte. En cuanto a los diferentes tipos de embarcaciones utilizadas dependía del uso que de las mismas se les daba. Así las principales fueron las "Barcas" y las "Balsas".

Las BARCAS no tenían cubiertas, y eran lo más sencillas posibles, protegiendo sus cargamentos con cueros vacunos, y contaban con un pequeño camarote a popa.

Es de suponer la lentitud de los viajes y la larga duración por las distancias recorridas.

Sin embargo, las BALSAS, eran las más usuales por su menor costo, y consistían en una plataforma asentada sobre botes o canoas, que era impulsada a remo y a la toa. Por sus características, solamente eran aptas para navegación aguas abajo, con la corriente a su favor y es de suponer desde luego, que nuestros productos en su capacidad de carga era muy grande y llegaban hasta los puertos de Corrientes, Santa Fe o Buenos Aires, donde eran vendidas recuperándose sólo los clavos y alguno que otro material servible para volver a construirlas de vuelta.

Según testimonio del año 1614 de una visita de balsas hechas por el General Francisco González de Santa Cruz, y que venía de la zona de Mbaracayú a Asunción, se encuentran balsas construidas con seis y hasta de ocho canoas (800).

Es indudable que estos sistemas de transportes, eran productos del medio geográfico en donde se elaboraban los productos de la tierra a ser comercializados hacia las provincias de abajo. Nuestros ríos interiores –especialmente del Norte–, transportaban hasta Asunción, llamados Puertos de las Barcas y de las Balsas, según el investigador Benjamín Velilla, en los bajos de la actual calle Montevideo y el Palacio de Gobierno.

Juan Francisco Aguirre, da cuenta de varios tipos de embarcaciones según su tonelaje, como los Botes, las "Garandumbas", calificadas de verdaderas bateas, que podía transportar hasta 30.000 arrobas de yerba, así como las Piraguas, Canoas, Jangadas o catres, utilizados en el transporte de maderas en rollos atados con cables de güembé o calabrotes, y utilizados hasta no hace mucho tiempo en nuestro Río Paraná (801).

Nos remitimos al Capítulo referente a Construcciones Navales y Maderas, que forma parte de este libro, para ampliar la información respecto a los transportes.


LOS NAVIOS DE REGISTRO


El desajuste producido por la Guerra de Sucesión, y del contrabando francés e inglés, determinó que la Corona de España, dicte la ordenanza conocida como "Proyecto de Galeones", dictada en 1720. Su objeto era establecer el comercio, asegurar la puntualidad en el movimiento de las flotas, darles la protección contra las naves enemigas y establecer comunicaciones normales mediante "avisos" o naves de correo. Con estas medidas se esperaba intensificar el comercio con las colonias y facilitar así el restablecimiento de las fábricas de España. Reglamentó además, la existencia de los navíos de registro, nombre que recibían los barcos que navegaban independientes de las flotas y que se dirigían a determinados puertos con permiso especial y con el objeto de atender necesidades que no podían satisfacerse mediante el sistema regular de comercio, como era el caso de Buenos Aires. En adelante aumentó –dice Villalobos–, el despacho de los registros y, en ese sentido, el "Proyecto para galeones" significó una reforma trascendental que, en lugar de asegurar la existencia de las flotas, dio el resultado opuesto: el envío de naves sueltas contribuyó a mantener regularmente provisto el mercado americano y, por lo mismo, a hacer innecesario el envío de las flotas" (802).

El puerto de Buenos Aires, hasta entonces concurrido por muy escasos navíos de registro, comenzó a gozar de un tráfico más intenso y de mayor cantidad de mercaderías. Inmediatamente comenzaron a extenderse licencias: en 1721 se concede una a Salvador García Pose, en 1722 a Francisco de Alzaibar y en 1725 a Cristóbal de Urquiju (803). En los años posteriores se incrementaron la actividad portuaria ya que en 1752, ingresaron 12 naves a sus playas.

La esfera de influencia del puerto de Buenos Aires, se extendió de manera considerable, acompañadas del contrabando inglés y francés, llegando hasta Chile y al Alto Perú.

En 1724, el Consulado de Lima exponía al Virrey que los comerciantes "hallándose con la mayor parte de la ropa que compraron en la pasada feria de Portobelo (1722), habiendo llegado con parte de ellas a esta ciudad antes de que entrasen las últimas, llegó noticias de haber dado fondo en Buenos Aires los navíos de registro con permisión de S.M. de poder internar sus ropas a todo el distrito de la Audiencia de la Plata y lo que comprende la jurisdicción de la Audiencia de Chile, cuyo permiso comprende todo el reino del Perú, y siendo el único y principal consumo de las ropas que se compran en la feria de Portobelo en las provincias de arriba, estando éstas abastecidas del permiso de Buenos Aires, llora este comercio su perdición". En otro documento el Consulado expresaba que las mercaderías enviadas desde el Perú a Chile y Alto Perú se mantenían sin expendio "por haberse abastecido aquellas partes con las que vinieron en notable abundancia en los navíos de Buenos Aires" (804).

Para proteger a los comerciantes monopolistas que no podían vender sus mercaderías a precios de mercado, se dictó el real despacho del 21 de enero de 1735: "que borraba con el codo lo escrito quince años antes en el asendereado proyecto".

Lo primero era suspender el despacho de galeones de Tierra Firme, hasta tanto, se tuviesen noticias ciertas de que los afligidos monopolistas hubiesen concluido enteramente la salida de aquellos abominables rezagos. Lo segundo, enviar navíos de registro, en este "intermedio de tiempo", con ropas a Cartagena para el solo abasto de la provincia de Santa Fe y demás de aquel departamento. Este punto se lo dejaba reservado "el real arbitrio, con las limitaciones y prohibiciones necesarias".

"La disposición siguiente tenía el visible propósito de reventar a los contrabandistas, para que éstos no se aprovechasen de la ya proverbial demora de los galeones.

"A los seis años cabales, otro garrotazo al proyecto y su desdichado remiendo del real despacho. Un nuevo capricho del real ánimo concedía, el de setiembre de 1714, a Tomás Navarro, por 24.000 pesos de a 128 cuartos, que al parecer venían de perlas "para las presentes urgencias", permisión para conducir a Buenos Aires dos navíos de 300 toneladas cada uno, con negros cargados de Guinea. Los barcos debían de ser de banderay tripulación neutral, a excepción de los maestres, que serían españoles".

"A mediados del siglo –prosigue Gondra–, el número e importancia de los registros sueltos con destino a Buenos Aires era tal, que su puerto llegó a ser uno de los más importantes de las Indias. El comercio de Lima, tradicionalmente hostil al de aquella ciudad, que consideraba funesta para el tráfico de Tierra Firme, del cual principalmente se alimentaba, obtuvo del virrey de Lima, conde Superunda, una orden arbitraria y opuesta en todo a los registros o permisiones de Su Magestad".

"Por esa orden se hacía saber al gobernador Andonaegui, el 12 de abril de 1749, que debía disponer la inmediata expulsión de todos los factores o encomenderos residentes en Buenos Aires, con todas las mercaderías llegadas a consignación de los mismos, así de las destinadas a consumo local como de las que se internaban tierra adentro, conforme a las reales autorizaciones" (805).

Hemos visto en otra parte de este libro los pormenores sobre la imposibilidad de dar cumplimiento a la orden de limpiar el comercio de Buenos Aires.


EL PARAGUAY A MEDIADOS DEL SIGLO XVII


"En 1650 y 1651, en la mitad misma del siglo XVII, el Paraguay –dice Rafael Eladio Velázquez–, se hallaba en trance de superar un período de intensa agitación, de pacificarse después del movimiento comunero de fray Bernardino de Cárdenas. Gradualmente, se iban aquietando las pasiones, reconciliando los habitantes, reintegrando a la vida pública los proscriptos".

"Nada sencilla resulta la empresa. Los pleitos y actuaciones judiciales del Obispo-Gobernador y sus oponentes. Los jesuitas, se arrastrarán por casi veinte años. Aún después de muerto aquél, se ha de formar un expediente sobre sus milagros y santidad".

"Por otra parte –continúa Velázquez–, los conductores más influyentes de la actividad social, los principales vecinos del Paraguay han estado de alguna manera comprometidos todos ellos en lo que se quiere entonces presentarse como una rebelión contra el Rey. En tal situación se hallan los dos Juan de Vallejo Villasanti, padre e hijo, el general Diego de Yegros, primero de su linaje en el país, don Luis de Céspedes Xeria, Alférez Real e hijo de un Gobernador, don Gabriel de Cuéllar y Mosquera, los franciscanos, parte del clero secular, los encomenderos, el Cabildo en pleno. Varios de ellos han de comparecer ante la justicia o verse por años bajo la amenaza de procesos e intimaciones. Algunos como el citado Cuéllar y Mosquera, Regidor que había sido, abjurará en el momento de la muerte de cuanto ha obrado, ante el riesgo de verse privado de la absolución, y firmará lo que los enemigos de la causa comunera, prevalecidos de la desesperación de un agonizante, le presentan".

"Del otro lado, están los religiosos de la Compañía de Jesús con antiguas vinculaciones y notable actuación en la provincia, los dominicos directamente perjudicados, por el Obispo, el Cabildo de la Catedral de Asunción que encabeza el licenciado Gabriel de Peralta, y el maestre de campo general Sebastián de León y Zárate, criollo paraguayo de largos y valiosos servicios emparentado con mucha gente de pro que le presta su apoyo".

"En la emergencia, la corona recurre a un procedimiento extraordinario: confiere el gobierno de la provincia a un Oidor de la Audiencia de Charcas, el supremo organismo judicial de esta región, y le encarga la visita general. Dos veces se toma una medida de esta naturaleza en la década inmediata a 1650. Así y con el intervalo de la gestión de don Cristóbal de Caray y Saavedra, se han de suceder en el mando el licenciado Andrés Garavito de León y el doctor Juan Blásquez de Valverde. El propósito de tales gobiernos a cargo de togados, es traer un orden jurídico estable a la convulsionada provincia, asentar de modo definitivo la convivencia sobre las leyes vigentes".

"Las controversias entre eclesiásticos, en las que toma partido el vecindario todo, no cesan con el extrañamiento del Obispo Cárdenas. En la época a que hacemos referencia, se ve el enfrentamiento del doctor Adrián Cornejo, Gobernador Eclesiástico e ignorado campeón de la causa del indio, con el Cabildo de su Catedral, cuya principal figura es el ya mencionado licenciado Gabriel de Peralta, Dean, al que apoyan sucesivamente los gobernadores Blásquez de Valverde y Sarmiento de Figueroa".

"Los infieles del Chaco –continúa Velázquez– y del Norte tampoco permanecen quietos. Sus acechanzas y depredaciones son permanentes. En la segunda década, obligarán sucesivamente a evacuar la precaria Villa del Jejuí, y los pueblos del Itatín, y finalmente también Atyrá, Ypané y Guarambaré, reduciendo de este modo al Paraguay a la mayor miseria y retracción.

"No es firme tampoco la sumisión de los indios agrupados en pueblos. Practicando el oidor Blásquez de Valverde la visita en el de Yuty, como hemos de ver, sus moradores se alzan amenazantes, con las armas en las manos, y solamente la estudiada benevolencia y el mucho tacto de aquel magistrado, únicos recursos de quien carece de un ejército permanente, evitan una explosión sangrienta.

"En 1660, con otro Gobernador, de mano y cabeza duras, ha de estallar la conflagración en el pueblo de Arecayá. Aunque grande el peligro corrido en esa oportunidad por el Gobernador Sarmiento de Figueroa y su séquito, la crueldad de la represión resulta desmedida, aun para los usos de la época, como valientemente lo señalan el doctor Adrián Cornejo y otros sacerdotes y el capitán Pedro Sánchez de Vera, Protector de Naturales. Se hallan en juego principios de justicia expresa y reiteradamente proclamados por los soberanos españoles y el abuso será rectificado".

"Otro problema, que desde la década de 1630 preocupa a los asunceños es el de las armas de fuego en poder de los indios de las reducciones jesuíticas. Ya en 1639 y por boca del sargento mayor Francisco de Rivas Gavilán, su Procurador General (806), han protestado contra esta situación expresadamente prohibida por normas legales en vigencia".

"La amenaza portuguesa es sensible desde 1614. Los despiadados MAMELUCOS paulistas avanzan sin tregua, rebasando largamente la línea de Tordesillas. Su nombre y su presencia desasosiegan a los vecinos de la Villa Rica del Espíritu Santo, que tanto han sufrido y sufrirán todavía por la acción de aquéllos".

"Los crecientes problemas de la defensa determinan –prosigue Velázquez– que los magistrados judiciales cedan paso a los hombres de capa y espada. Es así como de 1659 en adelante, se transmiten el gobierno del Paraguay don Alonso Sarmiento de Figueroa y don Juan Díez de Andino, veteranos ambos de rudas campañas europeas".

"No todo es negativo en este cuadro histórico. En Asunción y en los valles y pagos de su contorno, bulle una población de criollos y mestizos asimilados, que no quieren rendirse a la adversidad, que afirman con hechos su voluntad irrenunciable de subsistir como grupo social. Estos criollos y mestizos, asociados a los pocos forasteros que se les incorporan, y con la cooperación de los indios cristianos, son los constructores de los precarios fuertes que guarnecen las costas y de las canoas y balsas y barcos que patrullan las aguas del río para evitar sorpresas destructivas. Son ellos los soldados de las ENTRADAS al Chaco y de la permanente guardia contra infieles y portugueses, los tripulantes y armadores de las embarcaciones del comercio, los empresarios de la explotación yerbatera, los encomenderos del comercio, y los labradores, los dignatarios del Cabildo, los oficiales y los clérigos, que mantienen vivo el Paraguay y preparan una próxima recuperación".

"Tal a muy grandes rasgos el Paraguay en la época de la gran rebelión de los indios de Arecayá", termina Velázquez (807).

Es importante destacar aunque someramente la Rebelión de Arecayá, producida en el pueblo de Indios conocidos como el de Nuestra Señora de la Concepción de Arecayá y que había sido establecido en 1630. A raíz de una visita efectuada en octubre de 1660 a dicha población por el Gobernador Sarmiento de Figueroa, a los efectos de una visita general y empadronamiento de indios, se produjo la rebelión y la consiguiente represión de los indígenas, el 5 de noviembre ordenada por Sarmiento, realizándose muerte por ahorcamiento de varios de ellos, diezmando prácticamente la dicha población, desapareciendo de la faz de la tierra.

En 1674, anotaba Fernández Ruano, Escribano de entonces, la existencia de 156 encomenderos en Asunción, algunos del tiempo de Felipe de Cáceres en 1572 y 59 en Villa Rica del Espíritu Santo, y cuya población indígena desapareció por la acción de las malocas de 1676. En Asunción había 32 encomiendas vacantes, o declaradas tales por Corvalán en la visita practicada poco antes, en tanto que en la Villa Rica seis se hallaban en esa situación (808).


ASENTAMIENTO DE VILLARRICA


Ante la invasión portuguesa, en 1676, Villa Rica, la comunidad errante, tuvo que abandonar su noveno asiento sobre el Curuguaty, donde se beneficiaba" con la extracción de la yerba y emprender un nuevo éxodo.

Intentaron varios asentamientos en el antiguo asiento del San Pedro de Ypané, pero entonces ya despoblado, y luego en Ajos y Espinillo, pero finalmente en 1682, recalaron en forma definitiva, en el paraje del Ybyturuzú, al Sur de Curuguaty, y allí se encuentran hasta la fecha.

Fernando José de Haro y Monterroso, en Carta a S.M. dando relación de las vicisitudes porque pasó Villarrica desde 1676 para establecerse en Ybyturuzú. ¿1700? También se refiere a la Administración de Martín de Ledesma, Felipe Reje Corvalán, Nicolás de Pesoa, Juan Díez de Andino, Sebastián de Mendiola, Francisco Monforte y Juan Rodríguez Cota; traslado de Ubay y Curuguati; incursiones de portugueses desde San Pablo; ataques de indios a Xalendaria, Asunción e Itapé, epidemia en Espinillo; trabajo de Faustino de las Casas, Juan de Astorga, Lorenzo del Villar, y Juan de Vargas (¿Machuca?); colonización por el Atini y Guachica tribus; Guarnición de Yutí y Caazapá (809).

Felipe V. (Cédula Real aprobando la fundación de Villarrica en Ibitiruzú). Buen Retiro, marzo 12 de 1701 (810).

Consejo de Indias. (Dictamen sobre la fundación de Villarrica del Espíritu Santo en el paraje Ibicurú (¿Ibituruzú?). ¿Madrid? mayo 15 de 1705. También se refiere a la aprobación de la mudanza; provisión para el envío de armas. Miembros del Consejo: Castro, Solís, Ibáñez, Gamarra, Laguna, y Casas (811).

Antonio Santos de Prado. Carta a S.M. sobre la inconveniencia de la nueva fundación de Villarrica del Espíritu Santo) Villarrica del Espíritu Santo del Paraguay, ¿1705? También se refiere a la necesidad para que los pueblos sean protegidos contra los Portugueses e Indios, Cultivos de Yerba; Indios de Chiquitos (812).

Cabildo de la Villarrica del Espíritu Santo. (Carta sobre las muchas opresiones que padecen los vecinos de esta villa). Villarrica, noviembre 30 de 1717 (813).

El mismo Cabildo de Villarrica, (Carta a S.M.) quejándose del Gobernador Bazán que obligó a reproblar la antigua Villarrica para que algunos personajes de Asunción se apropiasen tierras excelentes para la ganadería. Villarrica, noviembre 30 de 1717. Se refiere además, a la invasión portuguesa de Villarrica (814).

Diego de los Reyes Balmaceda. Carta a S.M. en que da cuenta de los vecinos de Villarrica, tributarios de la Asunción que habían solicitado ir a repoblar Curuguatí. Asunción, julio 24 de 1719. Opina sobre la administración de Juan Gregorio de Pedraza (815).

 

 

Documento 1087.- Nº. 4. S.P.T.- Año 1546.

Domingo Martínez de Irala otorga 66 indios en Encomiendas,

según se especifica en el libro de repartimientos de encomiendas. A.N.A.

 

Trascripción del texto precedente:

«El Capitán Domingo Martínez de Irala Gobernador por su Majestad en estas Provincias del Río de la Plata acatando que vos Juan Delgado sois uno de los conquistadores e pobladores dellas y aveis servido a su Majestad XV años E mas tiempo con vuestra persona y armas a vuestra costa e mensión desde que venistes con el gobernador Cabeza de Vaca con todas las cosas que se an ofrecido por el rio y tierra en las entradas y descubrimientos que se han hecho en las guerras que ha abido contra los indios que se han revelados en estas provincias hasta ser reducidos a la obediencia y servicio de su Majestad en todo lo cual y en todas otras cosas que se han ofrecido lo aveis hecho como bueno y leal vasallo de su Majestad padeciendo en todos estos tiempos grandes y execivos trabajos calamidades y miserias e por evitar (roto) a que no se declaran atento a lo qual y en remuneraciones e otras justificación de los usos servicios y trabajos y por la presente yo en nombre de su Majestad vos reparto aplico e adjudico e pongo en vuestra encomienda sesenta y seis indios que Antonio de la Trinidad y Pedro Antonio empadronaron en sus partidas como se especifica y declara en el libro del repartimiento e encomienda de los dichos indios y en el dicho padrón donde se escribieron e asentaron a quienes en el dicho libro se hace mención a que me refiero par que los dichos indios vos sirvan e con (roto) gan acaten y tengan y reconozcan por la persona a quien son encomendados y hagan todas aquellas cosas que vos les mandaredes guardando e cumpliendo las hordenanzas que sobre el dicho repartimiento y encomienda de los dichos indios fueren hechas y publicadas al presente y de aquí adelante encargando vos sobre ello y en el buen tratamiento y doctrina de los dichos indios vos encargo vuestra conciencia descargando la de su Majestad e mia en su real nombre e desde agora para quando tomaredes la posesión de los dichos indios o de qualquier dellos vos pongo e amparo en ella para en todo tiempo del qual dicho repartimiento y encomienda de los dichos indios y de los que mas ay remanecieren y nuestro Señor criare e multiplicare aveis de gozar por la vida o vidas que en los reynos e provincias del Peru y Nuestra España esta en uso y constumbre, sin embargo del más largo poder o merced que su Majestas a estas provincias conquistadores y pobladores dellas aya o hecho o hizieren de aquí adelante. En testimonio e firmeza de lo qual di la presente firmada de mi nombre y refrendada del escribano publico y del Cabildo y uso escrito ante quien paso el dicho repartimiento y encomiendas de indios ques fecha en la ciudad de la Asunción cabeza desta provincia del Paraguay. A diez dias del mes de (roto) 20 año del nascimiento de nuestro Salvador Jhesu Cristo de mill e quinientos cincuenta y seis años va escrito entre renglones do dize (roto) e do dize aya hecho vala pra testado do dizia algunas e do dezia es no vala y va entre renglones do dize y Pedro Antonio e do dize zon Vala

Domingo de Irala

E por mandado del dicho Señor Gobernador

Bartolome Gonzalez escribano

publico y del Cabildo» (816)


 

 

NOTAS DE LA SEGUNDA PARTE

CAPITULO I


706) CARDOZO Efraím. Breve Historia del Paraguay. Buenos Aires: EUDEBA. Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1965. p.18 ss.

707) LOZANO, Pedro. Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán. Buenos Aires: Imprenta Popular, 1874. T 3. p. 286 ss.

708) PRIETO, Justo. Paraguay, la Provincia... Ibídem, ib. pp. 70, 71.

709) BRAY Arturo. Hombres y épocas del Paraguay. 4ed. Asunción: El Lector, 1983, T 2. pp. 18, 19.

710) ZUBIZARRETA, Carlos. Cien Vidas Paraguayas. Ibídem, ib. pp. 51.

711) AGI 74-6-21 (MG 1798).

712) CARDOZO, Efraim. Breve Historia del Paraguay. Buenos Aires: EUDEBA. Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1965. pp. 19, 20.

713) 1 RR.CC., de enero 28, 1594 (A.G.I. 74,2 c) y de junio 26, 1595. Colec. Cop. Arch. G. Ind. Bib. Nac. Buenos Aires, Nº. 78.1163, cit. por CARDOZO, Efraím, en "El Paraguay Colonial." Ib. ib. p. 90.

714) Memoriales de julio 4, agosto 17, setiembre 10, 1598, en Colec. Cop. Arch. G. de India. Bib. Nac. Bs. As. Nº. 75. 1593/1. Cit. por CARDOZO, Efraím, en "El Paraguay Colonial", ib. ib. pp. 90, 91.

715) Carta de mayo 2, 1600, en Arc. G. de Indias, 74-6, 21. O. Cit. por CARDOZO, Efraím, en "En el Paraguay..." ib. ib. p. 91.

716) Probanzas de Bernardo de Spínola, cits. en CARDOZO, Efraím, en "El Paraguay..." ib. ib. pp. 91, 92.

717) Carta del Gobernador Fernando de Zárate, de mayo 1594, Colec. Cop. Arch. G. de Ind. Bib. Nac. de Bs. As. Nº. 2992.

718) CARDOZO, Efraím. El Paraguay Colonial. Ibídem, ib. pp. 92, 93.

719) HARING, Clarence H. Comercio y Navegación entre España y las Indias en la época de los Habsburgos. Traducción México, 1939, pág. 178-179; CANABRA, Alice Piffer. "O Comércio portugués no Rio da Prata (1580-1640)". São Paulo, 1944. pp. 49-56.

CANABRA, Alice. "O Comercio..." Caps. VI-X. Según una afirmación del jesuita Diego de Torres (1623), anualmente llegaban a Buenos Aires más de 1.500 negros (Pastells, I, 298); ROMERO, Emilio, "Historia Económica del Perú". Bs. As., 1949. pp. 220-221.

720) MORNER, Magnus. Actividades Políticas y Económicas de los Jesuitas en el Río de la Plata. Versión castellana de Dora D. de Halperín. Buenos Aires: Paidos. pp. 25-26. (Biblioteca América Latina).

721) 1 Ordenanzas para los Oficiales reales de Buenos Aires, sancionadas por Alfaro en julio 4 de 1611, en GANDIA, Enrique de. Francisco de Alfaro y la condición social de los indios. Buenos Aires, 1939.

722) RECOP... VIII. xix 5 y VIII xvii. 14.

723) ZORRAQUIN BECU, Ricardo. La organización... ib. Ibídem, p. 163.

724) LEVILLIER, Roberto. Antecedentes de política económica en el Río de la Plata. Madrid: Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, T II, pp. 370-408.

725) GONDRA, Luis Enrique. Historia Económica de la República Argentina. Buenos Aires: Editorial sudamericana, 1943, pp. 150, 151.

726) GONDRA, Luis Enrique. Historia económica... Ibídem, ib. pp. 152-157.

727) GONDRA, Luis Enrique. Historia económica... Ibídem, ib. pp. 173, 174.

728) TORRE REVELLO, José. La Sociedad Colonial. Buenos Aires entre los siglos XVI y XIX. Buenos Aires: Ediciones Pannedille, 1970, p. 33.

729) LOPEZ, Vicente F. Historia de la República Argentina. Su origen. Su revolución y su desarrollo político hasta 1852. Buenos Aires, 1883, T I. pp. 168-180.

730) La Revista de Buenos Aires. T. XII. Pág. 19 ss.

731) Relaciones de los viajes de monsieur Ascárate de Biscay al Río de la Plata (La "Revista de Buenos Aires". T. XIII. pp. 19 ss.

732) Emilio Coni, en su bien informada "Historia de las vaquerías", llama a Azcárate, aunque por otros motivos, Tartarán vasco-francés.

733) Emilio Coni, ob. cit.

734) D. L. Molinari. La representación de los hacendados de Mariano Moreno. p. 57. Esta importantísima obra – dice Rosa –, me ha servido de guía para el estudio del expediente de 1809, por el cual se abrió el puerto de Buenos Aires al comercio con Inglaterra.

735) A. de L. Pinelo. Tratado de Confirmaciones reales.

736) ROSA, José María. Defensa y Pérdida de nuestra Independencia Económica. Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor S.R.L. pp. 19-21.

737) ENCICLOPEDIA UNIVERSAL MARIN, Ibídem, ib. T 4. pp. 69 ss.

738) WEISS. L’ESPAGNE SOUS LES BOURBONS. Cit. por LOPEZ, Vicente F. en "Historia de la República..." Ibídem, ib. pp. 188, 189.

739) LOPEZ, Vicente F. Historia de la República... Ibídem, ib. pp. 188-190.

740) HARING, Clarence H. El Comercio y la Navegación entre España y las Indias en época de los Habsburgos. Versión Castellana de Leopoldo Landaeta. París-Brujas: Desclée, de Brouwer, 1939. pp. 134-140.

741) AGI 74-6-21-U (MG 1443).

742) AGl 74-6-21-LL (MG 549g).

743) AGI 74-4-15-A (MG 210a).

744) AG1 74-4-15-J (MG 209a).

745) AGI 74-4-15-A (MG 209b).

746) AG1 74-4-15-J (MG 209c).

747) AGI 74-6-47-GG (MG 220).

748) AGI 74-6-50-K (MG 285).

749) AGI Audiencia de Charcas 141. Carta del Cabildo Eclesiástico. Asunción, 20 de marzo de 1678.

750) AGI 76-3-9 (MG 496).

751) AGI 76-3-8-P. (MG 1028).

752) AGI 76-3-8-P. (MG 1029).

753) AGI 74-4-15-LL (MG 215).

754) AGI 76-l-37-A (MG 1493a).

755) AGI 76-1-34-1 (MG 996).

756) AGI 76-4-49-G (MG 1035c).

757) AGI 76-1-34-H (MG 981a).

758) AGI 123-3-4-B (MG 1556f).

759) AGI 123-3-4-A (MG 587).

760) AGI (MG 242).

761) AGI 122-7-12-B (MG 1837).

762) AGI 122-7-12-C (MG 853).

763) AGI 122-7-12-D (MG 856).

764) AGI 122-3-21 (MG 835).

765) AGI 122-3-21 (MG 594).

766) AGI 74-6-21-Y (L?) (MG 1412)

767) AGI 74-6-21-CC (MG 1417a).

768) AGI 74-6-21-CC (MG 1417c).

769) AGI 74-6-21-GG (MG 1422).

770) AGI 74-5-2-A (MG 1257).

771) AGI 124-1-3 (MG 1687).

772) El Capitán Manuel de Frías en su MEMORIAL sobre la división del Paraguay dice en 1615: "...el gobernador de aquella gobernación de ordinario asiste en el puerto de Buenos Aires porque V.M. manda en sus reales cédulas en la provincia de Guairá que son tres vengan los españoles y naturales a pedir su justicia en lo que se le ofrece quinientas leguas donde está el dicho gobernador y vuelvan otras quinientas hasta sus casas gastando sus haciendas, y un año ó dos de tiempo... y cuando llegan hallan acabada de perder la poca hacienda que dejaron que toda es poca por ser aquellas ciudades muy pobres y es necesario tornar á trabajar de nuevo", cit. en MORENO, Fulgencio R. "Páginas de Historia Económica del Paraguay", en Revista "El Economista Paraguayo", 12 de marzo de 1910. Año II - Nº. 26, p. 2.

773) BAEZ, Cecilio. Historia Colonial del Paraguay y Río de la Plata. Asunción: Imprenta Zamphirópolos y Cía., 1926. pp. 79, 80.

774) 1 La obra da bastante idea de lo que eran las más de las poblaciones del Gobierno Santa Fe nunca ascendió con fundamento. Corrientes a los 40 años de su creación sólo tenía 60 vecinos.

775) 2 Escribió el P. TECHO su historia del Paraguay, empezando por un breve compendio [sobre] Rui Díaz y después hace lo mismo de otros jesuitas, manuscritos, que todos se refieren a sus grandezas. La escribió en un tomo en latín que se imprimió en Leiden año 1673. No obstante el P. Techo es menos molesto que otros, más breve y elegante.

776) 3 El primer gobernador de Buenos Aires, fue Don Diego de Góngora y su primer obispo Don Fray Pedro Carranza Carmelita.

777) AGUIRRE, Juan F. Diario de... Ibídem, ib. T II Segunda Parte. pp. 373-377.

778) PRIETO, Justo. Paraguay... Ibídem, ib. pp. 72, 73.

779) ZABALA, Rómulo y GANDIA, Enrique de. Historia de la Ciudad de Buenos Aires. Tomo I. (1536-1718). Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. IV Centenario de su fundación. MCXXXVI. pp. 209-211.

780) MORENO, Fulgencio R. La Ciudad de la Asunción. Ibídem, ib. pp. 171-176.

781) Los informes acerca de esas expediciones constan en numerosos manuscritos del Archivo Nacional. "Moreno. ib. p. 176.

782) BAEZ, Cecilio. Historia Colonial del Paraguay y Río de la Plata, Ibídem, ib. p. 81.

783) PASTORE, Carlos. Introducción a una historia económica del Paraguay en el Siglo XIX. En "Revista Historia Paraguaya". Vol. XVI. 1978. Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia, p. 103 ss.

784) El Gobernador o el Cabildo intervenían no sólo en la economía interna de la ciudad, fijando precios, evitando acaparamiento, etc., sino que regulaban el intercambio comercial con las otras ciudades, de acuerdo con lo que consideraban su interés. A veces prohibía la exportación, en ocasionas la importación.

En 1597 los vecinos de Córdoba pidieron que las mercaderías del Paraguay no pudieran entrar en Buenos Aires sino después que hubiesen introducido las suyas los comerciantes de aquella ciudad (Cervera. HISTORIA DE LA CIUDAD Y PROVINCIA DE SANTA FE).

En 1613 el Cabildo de Buenos Aires prohibió la introducción de harinas de Córdoba y Tucumán (id. id.). En otra ocasión prohibió la exportación del mismo producto a Santa Fe (CIUDAD INDIANA por García). Otras veces se determina en provecho de una ciudad las mercaderías que iban para otro destino, como lo hizo Santa Fe respecto de las embarcaciones que se dirigían al Paraguay, (Cervera, obra citada).

785) MORENO, Fulgencio R. Estudio sobre la independencia... Ibídem, ib. p. 339. Cit. 1.

786) MORNER, Magnus. Actividades de los jesuitas... Ibídem, ib. p. 61.

787) Nació en Chuquisaca. Estudió en el convento de los franciscanos de Lima. Ordenado en el año 1596, dedicóse a la evangelización. Sus prendas personales y sus dotes le valieron la silla episcopal. Murió en el año 1663.

788) Defensorio y Memorial - 3 Nº. 36. Cit. por Justo P. Benítez, en "Los Comuneros". Ibídem, ib. pp. 12 ss.

789) RODRIGUEZ ALCALA. El Anatema de Fray Bernardino de Cárdenas. Revista de las Fuerzas Armadas de la Nación. Números 49-50 Año V. Asunción.

790) De acuerdo a Fray Córdoba Santa Clara, "La Orden Franciscana en las Repúblicas del Plata", p. 78, "la tradición ha conservado el recuerdo de que en la última década del siglo XVI, pasó por Salta, sembrando la semilla de la evangelización el esclarecido apóstol de América, San Francisco Solano. También la tradición ha transmitido que el Santo, al abandonar Salta en el lugar denominado Potezuelo sacudió sus sandalias contra el suelo diciendo: "De Salta ni el polvo"

Dice el Nuevo Testamento, según San Mateo, Capítulo X, Versículo 14, "Vocación de los doce Apóstoles". "Y todo el que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, al salir fuera de la casa, y de la ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies".

791) MORNER. Magnus. Actividades de los Jesuitas... Ib. ib. p. 63.

792) RIVAROLA BOGARIN, Juan Bautista. La Ciudad de la Asunción y la Cédula Real del 12 de setiembre de 1537. Una Lucha por la Libertad. Asunción: Imprenta Militar. Setiembre de 1952. pp. 130, 131.

793) BENITEZ. Justo Pastor. Los Comuneros del Paraguay (1640-1735). Ibídem, ib. pp. 11 ss.

794) ZUBIZARRETA, Carlos. Cien Vidas Paraguayas. 1ed. Editorial Nizza. 2ed. Asunción: Editorial Araverá, 1985. pp. 59-62. (Serie Biografías. Nº. 1.)

795) Ya el 1 de julio de 1652, el virrey había dispuesto que, al menos provisionalmente, reducciones de los jesuitas no serían transferidas por decisión de las autoridades subordinadas, medida ésta que fue reiterada por la Audiencia de Charcas el 23 de enero de 1653. Más tarde, el 20 de octubre de 1654, la Audiencia emitió un decreto que protegía a las reducciones del proyecto de Mancha y Velasco de entregarlas a los sacerdotes seculares (ANH, Mata Linares, F. 56. f. 107). La crónica citada en la nota 17 cuenta como el rector jesuita de Chuquisaca, con grandes dificultades, impidió la expulsión de los jesuitas de las reducciones paraguayas, que la audiencia proyectaba, instigada por Cárdenas.

796) MORNER, Magnus. Actividades de los jesuitas... Ibídem ib. pp. 68, 69.

797) CARDOZO, Efraim. HISTORIOGRAFIA PARAGUAYA. I. Paraguay Indígena, español y jesuita. 2ed. México: Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1979. p. 366.

798) Volumen Nº. 543. S.N.E. fs. 36, 37. Solicitud de Diego González, protector de naturales sobre la exigencia de "afianzar" los indios barqueros. As. 6/7/1600. A.N.A.

799) Volumen Nº. 353. S.N.E. fs. 142. A.N.A.

800) Volumen Nº. 291. S.N.E. A.N.A.

801) AGUIRRE, Juan Francisco. Diario... T. I. Ibídem, ib. pp. 354-381.

802) VILLALOBOS, Sergio R. Comercio y... Ibídem, ib. p. 38.

803) LEVENE, Ricardo. Investigaciones acerca de la historia económica del... Ibídem, ib. Tomo II.

804) MOREYRA PAZ-SOLDAN, Manuel. El Tribunal del Consulado de Lima. Tomo II. Lima, Perú, 1959. Doc. 33.

805) GONDRA, Luis Roque. Historia económica... Ibídem, ib. pp. 234-236.

806) El Sargento Mayor Francisco de Rivas Gavilán, estaba casado con doña Mariana de Rojas Aranda, hija de Juan de Rojas y Francisca de Aranda. Don Francisco de Rivas Gavilán casó a una de sus hijas con el genearca de la familia Rivarola en el Paraguay, Juan Bautista Rivarola, nacido en Génova y bautizado en la Iglesia de San Marcelo, en 1610, y contrajo matrimonio alrededor de 1664, en Asunción con Mariana de Rivas Gavilán. (Nota del autor).

807) VELAZQUEZ, Rafael E. Rebelión de los Indios de Arecayá, en 1660, Reacción indígena contra los excesos de la Encomienda en el Paraguay", en Revista Paraguaya de Sociología. Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos. Año I - Número 2 - Enero-Abril de 1965, pp. 21 ss.

808) Charcas, 30 - Reseña de Encomiendas de 1674, cit. por Velázquez en "Rebelión de los indios de..." Ibídem, ib. pp. 55, 56.

809) AGI 76-1-33-B (MG 1024).

810) AGI 76-1-33-B (MG 1139).

811) AGI 76-1-50 (MG 500c).

812) AGI 76-1-50 (MG 500a).

813) AGI 76-l-37-A (MG 1494a).

814) AGI 76-1-37-A (MG 1494b).

815) AGI 76-1-33-S (MG 1159).

816) Volumen 1087. Nº. 4. S.P.T. Año 1546. Domingo Martínez de Irala otorga 66 indios en Encomiendas, según se especifica en el libro de repartimientos de encomiendas. A.N.A.

 

 

 
 
Asunción, Paraguay, 1986.
 
 
 
 

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LA ECONOMIA COLONIAL

Por  JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI

COLECCIÓN: Tratado de Historia Económica del Paraguay.

Se acabó de imprimir el 12 de abril de 1986

en los Talleres gráficos de Editora Litocolor.

 

 

 

 

 

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