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JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI


  LA PRIMERA MERCADERIA AMERICANA: EL ESCLAVO ABORIGEN - Por JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI


LA PRIMERA MERCADERIA AMERICANA: EL ESCLAVO ABORIGEN - Por JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI

LA CONQUISTA - EL ESCLAVO ABORIGEN

Por JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI



LA PRIMERA MERCADERIA AMERICANA:

EL ESCLAVO ABORIGEN

Así titula Juan Carlos Bedoya, los primeros escarceos entre españoles e indios en las tierras conquistadas, en donde fueron sometidos a viva fuerza y muertos sin contemplación alguna en las primeras expediciones. Sin embargo pronto, el mismo Bedoya nos da cuenta de que: "La creación del Consejo de Indias, nominalmente realizado en 1511, no puso remedio ni suprimió el tráfico esclavista sino aplicó una política intermedia y conciliatoria entre los dos sectores de la opinión y los intereses peninsulares: "la crudamente práctica" y "la cristiana humanitaria". Ahora, por su intervención, la existencia del esclavo indígena se circunscribió con exclusividad al territorio americano, y se prohibió, simultáneamente y en los términos más graves, su introducción en España. El consejo se volvió netamente antiesclavista en la Península, mientras cerraba los ojos a la existencia de la institución en las Indias". Con la dualidad de esta política –continúa Bedoya–, quiso evitar que los vendedores de esclavos en Andalucía se enriquecieran "con moneda española" y la hicieran emigrar del reino; en tanto, en el intento de invertir la corriente económica, se quería "arraigar a su suelo al aborigen americano" para que arrancase, de minas y yacimientos, el oro y la plata que se creía a pie juntillas, con su sola presencia, suficiente para construir la riqueza y el esplendor de España" (327).

Sin embargo, al comienzo de la colonización, en el Paraguay, por providencia tomada por Alvar Nuñez, que salió en defensa de los naturales, prohibió que ningún español pueda contratar directa o indirectamente una india sin licencia del gobernador; que nadie sea osado de dar ni rescatar a los indios; ropas, ni paño, ni lienzo, ni machetes, puñales, etc.; los españoles no podían tener en sus casas dos hermanas, ni madre e hija, ni primas hermanas "por el peligro de las conciencias", se prohibía ausentarse de la ciudad; e ir a casa de los indios sin licencia, andar de noche por el pueblo después de tocada la prima; que los lenguas no se entrometan ni directa ni indirectamente en cosas de indios. Prohibió que se quitasen a los indios guaraníes los esclavos que tomaron... por ser vasallos de su Majestad, deben ser como siempre lo han sido, bien tratados y mirados y favorecidos, los españoles no deben tomar a esos guaraníes sus esclavos" (328).

En cuanto al Guaraní en sí, Efraim Cardozo nos da una visión panorámica bastante amplia diciendo: "El Guaraní que surge de los primeros relatos de Schmidel, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Staden, Thevet, Lery, d’Evreu, d’Abbeville, Vasconcellos, Ruiz Díaz de Guzmán, Montoya, Techo y centenares de Cartas Anuas (329), no siempre es el mismo: o está lleno de magníficas cualidades humanas, u ocupa el último lugar en la escala de la cultura material y espiritual.

"La Literatura etnográfica moderna del Paraguay –continúa Cardozo–, sin comprender todavía que los antagonismos fueron las características esenciales de la personalidad guaraní, ha optado casi siempre por algunos de los extremos valorativos. Así, para Garay (330) y Báez (331), sobre todo para el último, las tribus guaraníes, yacían en un atraso deplorable en la época del descubrimiento, pero según Pane (332) y Bertoni (333) especialmente para éste, habían llegado a constituir una auténtica civilización. Cualquiera sea la posición que se adopte –termina Cardozo–, no se puede sino estar contestes en algunas conclusiones porque ellas surgen del examen de los documentos y de las investigaciones sobre las escasas parcialidades sobrevivientes" (334).

"EL GUARANI-COLONIAL, es la historia de un enfrentamiento más que de un mestizaje; en contacto con el español, se producen cambios en la organización social, económica, cultural, que acabaran por absorber al indio en un sistema desintegrantes, que hará de él un peón sumiso y pusilánime. (334).

Gracias a las importantes y valiosas investigaciones realizadas por la Dra. Branislava Susnik, hoy por hoy podemos conocer nuestro pasado prehispánico, de una manera más clara y cierta.

En cuanto al trabajo del indígena en sí o "trabajo-subsistencia", hemos hablado de algunos aspectos del mismo al hacerlo sobre el "trabajo-trueque", cuando los indígenas prestaban el servicio de sus brazos dentro de los límites de "servicio-trueque".

"Los Payaguáes fueron los primeros que en lugar del trueque preferían la venta por dinero –una olla por un real, una manta de 12 varas de largo por 4 pesos– ya que su interés adquisitivo orientóse hacia los nuevos bienes sólo "vendibles" en el ambiente criollo". Más adelante, la Dra. Susnik, explica que "la compra-venta a base de dinero provoca una plena disfunción de las antiguas pautas económicas de los indígenas".

"La guerra intertribal o interétnica como medio de adquisición económica caracteriza a todas las tribus ecuestres de la época colonial: Mbayaes, Abipones, Mocovíes, Tobas, Enimagá-Cochaboth, y los mismos canoeros Payaguáes. Ya antes de la conquista hispana, los "guaycurúes" atacaban a los Guaraníes de la orilla oriental del R. Paraguay, asegurándose algunos cautivos que luego servían de "medio" de trueque por maíz, mandioca y maní, fue el impacto violento entre los papeolíticos chaqueños y los neopolíticos guaraníes. La violencia económica también fundamentaba las relaciones entre los Chanés, cultivadores pacíficos, y los impositivos cazadores –guerreros mbayáes. En la época colonial desplegóse la violencia "botinera" a caballo, la violencia sancionada por el mismo mitologema originario de los Guaycurúes. (336).


EL "PARAYSO DE MAHOMA"


Había de tocarle a Domingo de Irala, no el más brillante ni el más linajudo del séquito del Adelantado don Pedro de Mendoza, pero sí el más sagaz, paciente y obstinado de sus cabos, la gloria de descubrir la clave del secreto de la Conquista. A los recios Guaraníes, señores de la tierra, reacios en el laboreo de la tierra y reacios en la guerra, no había que conquistar únicamente con la fuerza de las armas sino también, y sobre todo, con la pujanza dulce pero irresistible del amor". La mujer constituía para los guaraníes el lazo y la prenda de unión. "El agasajo principal de los caciques a las personas de respeto notó el Padre Lozano, el más autorizado cronista jesuítico – era enviarles una o dos de sus mujeres (337). Las indias se prestaban gustosas a este trato, ya que según Alvar Núñez: DE COSTUMBRE NO SON ESCASAS DE SUS PERSONAS Y TIENEN POR GRAN AFRENTA NEGARLO ANADIE QUE SE LOPIDA Y DICEN QUE PARA QUÉ SE LO DIERON SINO PARA AQUELLO" (338). Y como además eran bellas, tan bellas que se diferenciaban de las lejanas esposas y novias europeas, sólo en que andaban desnudas, gusto a delicias celestiales aquella singular manera de conquistar una tierra. Los clérigos cerraron los ojos, las armas fueron puestas sobre el pavés, y bajo la dirección y con el ejemplo de Irala, se inició en el Paraguay la más extraordinaria campaña de captación recíproca de dos razas por el camino del amor libre y sin trabas. La poligamia fue la ley constitutiva del primer Paraguay, que pronto mereció el título de "Parayso de Mahoma" (339).

Numerosos son los testimonios de cronistas e historiadores sobre la unión hispano-guaraní, como las narradas por Pedro Hernández en sus "Mlemorias", o las del Padre Francisco González Paniagua, quien decía: "Mahoma y su alcorán –decía muy escandalizado– no permitían más de siete mujeres, y acá tienen algunos setenta, pues el cristiano questá contento con cuatro yndias es por que no puede aver ocho y el que con ocho porque no puede aver diez y seys, y ansí de aqui arriba". Y más adelante abunda en el parentesco creado por esas uniones diciendo: "Los hermanos que tienen las yndias de cualquier cristiano –prosigue el Padre Paniagua– "no los llama el tal cuñados suegros y suegras, con tanta desvergüenza como sy en muy legitimo matrimonio fuesen ayuntados a las hijas de los tales yndios e yndias que ansi de suegros yntitulan" (340).


LAS "INDIAS MONEDA"


Al responder el Gobernador Irala al requerimiento de Dorantes, decía: "Que ha procurado no ocuparse ni embararse en el repartimiento de esta tierra y encomienda de los indios y asimismo lo ha dejado de hacer, por ser tierra miserable y de muy poca y derramada población y gente sin señor y principal a quien obedezcan, ni tener que dar de rescates ni tributos a los conquistadores sino solamente el servicio de sus personas". Esta anomalía excepcional de la falta de encomiendas en los inicios de la conquista y hasta poco antes de la muerte de Irala, se sustentaba en el delirio de las autoridades "en sustentar armadas" "para descubrir y conquistar tierras en que tenía noticia y tiene de haber riqueza de oro y plata", con lo cual se explican la ausencia de encomiendas en el Paraguay inicial, en primer lugar por la carencia de un producto tributable por parte de los indígenas y la fiebre del oro que padecían los conquistadores.

De allí, surgió el apoderamiento de las indias, ya mediante rescates, por la fuerza o por medio del parentesco. La consecuencia fue la prestación del servicio personal de las indias al español, y éste a considerarla una simple mercancía, objeto de su propiedad, que podían ser vendidas de uno a otros españoles. Fray Bernardo de Armenta en octubre de 1544, fundamentaba este razonamiento diciendo: "se ha usado y usa que después de haber habido las indias que más pueden de los indios de la tierra para su servicio, las tales indias las torna luego a vender y contratan por muy excesivos precios unos cristianos entre otros como si fuesen esclavas". Según Moreno: "en el Paraguay, el precio del indio esclavo, disputado a veces a sangre y fuego, no alcanzaba a 4 pesos" (341).

Ciertos historiadores de prestigio sientan la disculpa de la compraventa de indias, contrariando la prohibición de las Leyes de Indias, argumentando la costumbre "gentilicia" de los indios de entregar sus mujeres, para exculpar la conducta de los españoles, y que también obedecían a rencillas políticas, las denuncias que sobre el particular se hacían a S.M. el Soberano de España. Sin embargo, existen innúmeras denuncias del maltrato sufrido por las indias, del propio Alvar Núñez, cuando hablaba de los pobladores de Asunción expresaba de que "tenían acceso carnal con madre e hijados, hermanas, tías y sobrinas, y otras parientas, y las indias libres cristianas vendían, trocaban y cambiaban unos con otros como si fueran esclavos " (342).

"En una tierra sin moneda corriente y donde todos "enseñaban con el ejemplo" –dice Juan Carlos Bedoya–, seguramente siguiendo a la letra la Bula de Paulo III de 1537, es difícil comprender cómo se aplicó el Breve de Composición del 3% que Felipe II tuvo de la Silla Apostólica para, mediante esa pequeña restitución, facilitar a los conquistadores el perdón de los agravios que hicieron a los naturales tomándoles sus personas y haciendas sin su voluntad. Vista la generalidad de los agravios que fueron cometidos en el Paraguay contra la persona de las indias, no deja de causar perplejidad el pensar cómo aquellos hombres habrían de componérselas para tasar y restituir un 3% de todos los ayuntamientos realizados y conservar de este modo la tranquilidad de sus conciencias" (343).

Enrique de Gandía, en el MEMORIAL de Martín González, dice sobre la venta de indias: "úsase hacerlo lo mismo entre los clérigos por la mala costumbre y abuso que hay en esto, y ha venido la cosa a tales términos San Vicente escribía: "los que los traen, dicen y prueban, que los han dado por esclavos el capitán Domingo Martínez de Irala, juntamente con Felipe de Cáceres y Antón Cabrera y Andrés Fernández, el Romo, y Dorantes, factor". Tres años después Antonio de la Trinidad refería la frecuentación que los portugueses hacían de la Asunción para comprar indios –según lo cita don Enrique de Gandía en LA CIUDAD DE LOS CESARES–, y concreta dos casos. El primero de un fulano Fariña y ciertos hombres que iban con él, a quienes "dieron lugar que llevasen indias de la tierra. y aún les vendieron ellos otras y las llevó a San Vicente y las vendió a los otros portugueses y pagó su décima a los oficiales del rey por esclavos", el segundo, de otro portugués que se dice Diego Diaz, al cual "diole el gobernador licencia que le vendiesen en el pueblo muchos indios crocotoquis y de otras naciones los cuales habían traído de una entrada, y llevólos a San Vicente, como las indias que en el camino tomó, donde los vendió por esclavos y pagó los derechos a su rey". Y el ejemplo debió cundir rápidamente, pues en el mismo documento se agrega a continuación: otros tres o cuatro cristianos, viendo que esto se consentía, se salieron de aquí y llevaron cada uno su media docena a vender, y venidos, ninguna cosa le dijeron" (344)

"San Vicente fue, pues el mercado esclavista para los indios paraguayos y razón tenía Felipe II cuando escribía en 1557 al rey de Portugal para intimarle la devolución de 200 indios paraguayos que habían llevado por esclavos a aquella posesión. Pero conviene aclarar, para conservar imparcialidad, que aparte del mero lucro perseguido por algunos, la venta de indios se realizó también, como en Tucumán para solucionar apremiantes necesidades de los pobladores, abandonados a su destino por la Corona y sus altos funcionarios. Diego de Tellez de Escobar, por ejemplo, documenta que mediante ese tráfico, la Asunción obtenía el hierro y las herramientas que le eran indispensable para sobrevivir a un cierto nivel civilizado y hacer persistir la conquista. Desgraciadamente, este sobrevivir, como toda la documentación lo prueba, se logró a expensas de la vida del indio paraguayo, vendido sistemáticamente como esclavo a los españoles de Charcas y a los portugueses de San Vicente. Este fue, en realidad, el excelente sistema de colonización que los españoles utilizaron en el Paraguay" (345).

"El autor tenía también, mucha parte en esos odios; pero no debe olvidarse que, salvo rara excepción, las indias que compartían el lecho del conquistador eran asimismo AGENTES DE PRODUCCION (en la agricultura) y OBJETOS de comercio. El clérigo Martín González refiere que la venta de indios era tan activa que "se usaba de ellas como en estos REINOS LA MONEDA" (346).

Los tratos y cambalaches, expresa Gondra, en los que se vendían indias libres y cristianas por esclavas a cambio de capas, sayos, colchas y otros objetos de uso común, se multiplicaron, instituyéndose un régimen de ocupación y explotación de la tierra y de intercambio, en el que las indias eran mancebas de sus amos castellanos y trabajaban la tierra y hacían las veces de moneda corriente, como muchos otros objetos de uso común, empleados para los rescates con los indígenas" (347).


FUNDACIÓN DE SAN VICENTE


EI inicio de la acción colonizadora y administrativa del portugués Martín Afonso de Sousa, ocurrido en San Vicente en 1582, fue singularmente narrado por su hermano en su "Diario de Navegación de Pero López de Sousa" (1530/1532) en los siguientes términos: "A todos nos pareció tan buena esta tierra, que el Capitán mi hermano determinó poblarla, y dio a todos los hombres tierras para hacer fazendas o estancias; el fundó una villa en la Isla de San Vicente y otra a nueve leguas dentro de la región, al costado de un río que se llama Piratininga; y repartió gente en estas dos villas y puso en ellas oficiales" (348).

Fundó pues Martín Afonso dos Villas; la primera denominada San Vicente, en la isla del mismo nombre en lugar abrigado, que es el actual centro de la ciudad paulista, su sucesora; y la segunda en una elevación, a nueve leguas de distancia, en la margen del Río Piratininga.

"Os carijós do Sul –denominacao que abrangia todos os guaranís que se localizabam nessa direcao– foram declarados inimigos desde o tempo de Martin Afonso de Sousa, quando esse lhes atribuiu a destrucao da entrada de Cananéia enviada en 1531, talvez ao sertáo, a procura de ouro e prata", nos dice el historiador brasileño Helio Vianna. Y prosigue: "Foram, por tanto, apresados e escravizados, como também aconteceu a outros indigenas adversos, ribeireinhos do Anhembi ou Tiete, nesse primero século" (349).

"...en 1541/1542 um Gobernador do Paraguái, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, tendo desembarcado em Santa Catarina, daí conseguiu penetrar por terra, até á sede de seu governo".

"Tornándose conocida esa posibilidad –nos dice Vianna–, otros viajantes de ambas nacionalidades utilizaron esa misma vía terrestre en el decenio siguiente. A pesar de la prohibición con que luego procuró impedir esa comunicación el Gobernador Tomé de Sousa, acentuándose el tráfico entre Asunción y San Vicente. Así, a propósito de la llegada ahí, del alemán Ulrico Schmidl, viniendo del Paraguay, en 1553, registró Capistrano de Abreu los siguientes viajes: en 51 de Cristoval Saavedra, por el mismo camino de Cabeza de Vaca; en 52 de Hernando de Salasar por el Río Itabuca e Hubay; en 54 llegan al Paraguay cartas y avisos de San Vicente; en 55 Irala, recibió cartas de San Vicente y Francisco Gambarrota fue del Paraguay a San Vicente; en 56 llegan al Paraguay Juan de Salazar y Cipriano de Góis" (350).

"A los españoles les cupo la primera tentativa de fijación del actual oeste paranaense. Como vimos en la unidad anterior, desde 1554 habían fundado, próximo a Siete Quedas en el Río Paraná, una precaria población de Ontiveros, en 1557, transferida para montante, cerca de Foz de Piquiri, como Ciudad Real del Guairá. En 1576, en Ivaí, se fundó Villa Rica del Espíritu Santo. No tardaron que pronto, a fines del Siglo XVI e inicio del XVII en la región entonces denominada Guairá, se establecieran los jesuitas españoles, que allí organizaron reducciones de indígenas destinados a catequizarlos. Localizáronse éstas, incialmente entre el Río Tibagí al Oeste, el Parapanema al Norte, el Río Paraná al Oeste, y el Río Iguazú al Sur".

"A pesar de que fuesen amistosas las relaciones entonces iniciadas ciertamente previó el Gobernador Tomé de Sousa que en el futuro llegaríana originar conflictos entre la jurisdicción española y portuguesa en el interior de América del Sur, motivo por el cual prohibió la continuidad del uso de esa vía de acceso terrestre del Paraguay, a través del Brasil" (351).

Sin embargo, la historia de estas relaciones será provechosa sólo para el Brasil, quien en un principio alrededor de 1570, se registraron en sus territorios nada menos que 60 ingenios de azúcar, de los cuales 4 de ellos se hallaban ubicados en San Vicente, con una producción anual de 70.000 arrobas (352). Años más tarde en 1587, Gabriel Soares de Sousa subió la producción a 466.000 arrobas (353).


LOS ESPAÑOLES EN EL GUAIRA


Así titula el historiador brasileño Helio Vianna, lo que seguidamente pasamos a transcribir: "Alvar Núñez Cabeza de Vaca pretendió crear una Provincia Paraguaya de Vera en las regiones hoy catarinenses y paranaenses que recorrió. No el hecho y el plan español de dominar casi toda esa zona que actualmente es gaucha y uruguaya, hasta el Río de la Plata, apareció de nuevo, en el proyecto gubernamental de Jaime Rasquin, felizmente fallado, como veremos, en cuanto a la parte costera".

"En el interior, entretanto, otro Gobernador del Paraguay, está un poco más realizador, Domingo Martínez de Irala, había dado un paso decisivo para el aposentamiento de las tierras que constituyen el actual oeste paranaense, donde transitoriamente existió el Territorio Federal de Iguacú. En 1533 exploró él el Río Paraná, subiendo y probablemente hasta recorrió el Jupiá, próximo a Foz do Tieté" (354).

El Segundo Adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca, al llegar a tierras de América ratifica los derechos de la Corona sobre los territorios ya conquistados, llegando a la Isla de Santa Catalina. El mismo nos relata en sus "Comentarios" ... y tomó posesión de él en nombre de su magestad, como tierra que nuevamente descubría, y dejó en la isla de Santa Catalina ciento y cuarenta personas para que se embarcasen y fuesen por la mar al río de la Plata, donde estaba el puerto de Buenos Aires... en nombre de su magestad, el gobernador tomó la posesión, como tierra nuevamente descubierta y la intituló y puso por nombre la provincia de Vera, como paresce por los autos de la posesión que pasaron por ante Juan de Araoz, escribano de su magestad; y hecho esto, á los 29 de noviembre partió el Gobernador y su gente..." (355). No cabe la menor duda de la presencia de Alvar Núñez y la fundación de la isla de Santa Catalina, pues en otro documento, que transcribe Manuel Domínguez dice textualmente: "Yo Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Gobernador Adelantado, Capitán de la Provincia del Río de la Plata y de la Isla de Santa Catalina" (356).

Insistimos en los elementos probatorios de la Corona de España sobre la región Atlántica, pues como veremos más adelante será de fundamental importancia para el curso de la historia de esta parte de América. Al respecto, Blas Garay, inserta en su ya famosa "Colección", XXI, la C y Descripción del Río de la Plata y Brasil por el piloto Juan Sánchez de Vizcaya (1539) "...cuando llegó a la dicha isla de santa catalina el dicho cabeza de baca convirtiendo y dotrinando alos dichos yndios desta laguna" (357). Y otro documento importante es el "Pedimento y Requerimiento del embaxador Lope Hurtado de Mendoca al Rey de Portugal en nombre del Rey de Castilla (¿1531?), quien dice... "Por ende en la mejor forma y manera que puedo y de derecho debo pido... que no mande enviar armada ninguna a los dichos Ríos de Solís y de la Plata ni Parana ni Paraguay ni tierras adentro dello assy ala vanda del sus como del norte y assy mismo a otras cualesquier sus capitanes y subditos y otras gentes y subditos delas dichas sus armadas y al dicho capitan martin afonsso y a cualquierea dello." (358).

La clarividencia del insigne conquistador Domingo Martínez de Irala surge de sus insistencias y persistencia en poblar la costa Atlántica entre las islas de San Francisco y Santa Catalina. En una de esas cartas Irala recomendaba "Primeramente mandar enbiar en la armada que enbiare hasta cincuenta hombres casados y estos que pueblen en San Gabriel..." (359).

En otro documento Irala, da cuenta del maltrato que sufren los indios de parte de los portugueses y dice: "Del capitán Salazar o delos que vinieron de Santa Vicente con el se ha entendido que los portugueses pretenden ver la ysla de Sant Francisco suia y estan en propiso de no dexarla poblar... posible seria que ellos lo quisiese hace antes que su magestad proveyese la población della y seria aver confusión sino se proveyese declaracion dello. Paresceme que su mag. debria dar alguna larga en esto para que si los porgugueses estubiesen poblados o lo quisiesen hazer los pudiesen echar della como de tierra de su mag. no queriendo estar debaxo de su obediencia y bandera...". Y más adelante recomienda: "Si acaso su mag. probeyere y fuere servido que las dichas poblaciones de Sant Francisco y Sant Gabriel se hagan para que mejor se puedan hazer y de aca puedan ser socorridos y se tenga certesa de lo que su Magestad en esto probee mi parecer es que su magestad mandase a su exbaxador que esta en Portugal una cedula o provisión mandando expresamente alas justicias dela costa del brasil en especial Sant Vicente que diesen todo el fabor e ayuda." (360).

Se estima que las recomendaciones de Irala fueron dadas poco antes de su muerte. Sobre la carta al Marqués de Mondejar –nos dice Ricardo Lafuente Machain–, nos presenta al Gobernador Irala como hombre de larga visión y mejor criterio para precisar y juzgar la situación de lo que comenzaba a ser una colonia. En ella no habla el conquistador ni el explorador, sino el hombre de gobierno que desarrolla planes para el porvenir como fruto de las observaciones realizadas durante largo número de años..." (361).

Julio César Chaves, nos recuerda, sobre otra fundación: "Cumpliendo lo establecido en la capitulación, a 20 leguas al Sur de la Cananea fundóse e Puerto de San Francisco, hecho tan importante como la fundación del dé Buenos Aires por Mendoza. San Francisco era el primer enclave español en la costa del Sur Atlántico, un hito en salvaguardia de la línea de Tordesillas, un estribo para saltar al Sur y al Oeste".

Más adelante Chaves da cuenta de la partida de Salazar para San Vicente quedando los Sanabria en San Francisco aguardando el socorro de Asunción, o un barco, que venido de España, pudiese trasladarlos al Río de la Plata" (362).

"En consecuencia resolvió fomentar la población –dice de Irala, el historiador Helio Vianna– española también en el curso medio del gran río, mandando al año siguiente, que se propuso a García Rodríguez de Vergara fundase, a montante del Salto de las Siete Caídas, la precaria población de Ontiveros. Mudóse en 1557 para tres leguas arriba, cerca del foz de Piquiri, otro auxiliar de Irala, Ruiz Díaz de Melgarejo. Lo hizo, sin embargo, con mayores objetivos y con una nueva y más pomposa denominación de Ciudad Real del Guairá, viniendo el último nombre de un jefe indígena de la región de aquellas cataratas del Río Paraná".

"Penetrando para el interior –prosigue Vianna–, en la confluencia del Ivaí con Corumbataí fundó el mismo Melgarejo, en 1576, Villa Real del Espíritu Santo. Formaba con la Ciudad Real, la base de la futura provincia paraguaya del Guairá".

"En 1588 allí estuvieron, venidos de Asunción, los jesuitas Ortega y Filds, que planearon la reunión en grandes aldeas, por los ignacianos del Paraguay, los numerosos indígenas de la región. Hiciéronse activamente a fines del Siglo XVI como los primeros años de la centuria siguiente. Trece fueron esas misiones que alcanzaron al Oeste del Río Tigabí, al Norte del Parapanema, al este del Río Paraná, y al Sur de1 Iguazú".

"No consiguieron organizarlas los jesuitas sin entrar en choque con los moradores de aquellas anteriores ciudades y villas, que ahí pretendían aplicar, en cuanto a los indígenas, el régimen de las ENCOMIENDAS vigente en otros dominios españoles. Contra ellos consiguieron mantener los padres sus reducciones, a pesar de todo lo mismo no consiguieron poco después, cuando comenzaron a ser atacados y destruidos por los bandeirantes vicentinos depredadores de indígenas ya afincados en aldeas" (363).

Para mayor abundamiento Ruiz Díaz de Guzmán, nos relata que Irala, encomendó al Capitán García Rodríguez de Vergara para que fuese a fundar Ontiveros. "...y juntando sesenta soldados en su compañía con todos os pertrechos necesarios, salió de Asunción en el año 1554 y considerando el puesto más acomodado para el asiento de una población tuvo por conveniente hacerla una legua más arriba de aquel gran salto, en un pueblo de indios llamado "Canindeyú". A1 jefe de la hueste parecióle el lugar acomodado por estar en el camino hacia el Brasil y le puso por nombre Ontiveros, de donde era natural el Capitán García de Rodríguez" (364).

Ruiz Diaz de Melgarejo fue el fundador de Ciudad Real, por orden de Gonzalo de Mendoza". ...pasó a la otra parte de aquel río, a los pueblos que llaman del Guayrá; y consideradas las partes y disposición de aquella tierra, hizo su fundación tres leguas más arriba de la Villa de Ontiveros, y l llamó Ciudad Real, donde agregó y redujo la gente que en ella había, por estar mal situada y tan cerca y vecina de aquel peligroso salto" (365).

La Fundación de estas dos ciudades, por su posición estratégica constituía sin lugar a dudas, puntos de escala o apoyo logístico para el adentramiento de los conquistadores hacia tierra adentro en busca de las Sierras del Plata, y a la par de una salida directa por el Mar Atlántico hacia Europa. Lamentablemente, como veremos más adelante la presión portuguesa sobre esa extensa área pudo más desde sus comienzos, cuya diplomacia siempre sigilosa y oculta en sus designios, logró plenamente sus objetivos, y el Paraguay perdió el litoral empujado al interior por las fuerzas de las circunstancias. En otras palabras, no supo consolidar las ciudades fundadas, dejándolas en la estagnación y la miseria. Tiempo después se lamentará la pérdida de las Misiones Jesuíticas del Guairá, e incluso la desaparición de Ciudad Xeres.


EL ESTANCAMIENTO DE LA CONQUISTA DEL PARAGUAY


Al no poder sobrevivir, por no superar sus niveles económicos, la conquista del Paraguay fue pasible de un estancamiento. La causa del fenómeno fue la falta de un producto comercializable que pudieran tributar los indígenas, cuya impronta fue la mantenciónde una economía de simple subsistencia. Y esa falta de tributo –que se corregiría años más tarde–, dejó sin alimento al comercio, y en consecuencia la moneda metálica no existía en manera alguna. De ahí, que para procurar obtenerla se persistiera al recurso de la venta de indios en Potosí, productor de mineral de plata, y en el Brasil, exportador considerable de azúcares, obtenidos en "entradas" en un todo semejante a las realizadas por los famosos "bandeirantes".

Este hecho originó una gran disminución de la población indígena debido a dos causas: reducción de los varones y caída de las tasas de natalidad. en 1594, según denunciaban los oficiales reales Juan de Rojas Aranda y Francisco García de Cuna, "la comerca de indios que solía servir a esta ciudad (de Asunción) está menoscabada en gran manera porque no hay la décima parte de los que solía haber", y más adelante agregaban: "por la falta de los primeros pobladores y de aver sacado mucho gente della para darlos principio a nuevas poblaciones" (366). Y si esto ocurría con los indígenas "de servicio", es fácil imaginar la disminución y el menoscabo que habría ocurrido en las generaciones de "indios esclavos". El propio Hernandarias describía el fenómeno diciendo: "se ve que los repartimentos se van acabando y consumiendo en esta provincia por el desorden que los encomenderos han tenido en SACAR LAS PIEZAS de ellos contra lo que su Magestad manda" (367). Esta situación se agravaba por el estancamiento económico que padecía la producción sin salida. En efecto, el escaso crecimiento de los diezmos, se atribuía a que aunque el ganado va en aumento, los vecinos tienen ganado, pero no hay saca, y los precios se iban menoscabando. Esto ocurría alrededor de 1580.

Otro aspecto negativo fue la fuga de españoles de Asunción. Se sabe que a la llegada de la expedición de Ortiz de Zárate huyeron al Tucumán cuarenta arcabuceros apostados en la nueva población de San Salvador. El bergantín que despachó Garay con 18 soldados desde Santa Fe también fugaron. El Tesorero Montalvo escribía al rey: "cada día hay menos gente porque los viejos conquistadores hay pocos de ellos, los hijos también y los otros SE VAN AL PERU por la vía de lo de Tucumán... y aun los mancebos hijos de la tierra se van". El resultado era de suponer ya que los embarcados en España venían en busca de fortuna y no de privaciones en la colonización del Paraguay. De allí, que los vecinos encomenderos no tenían sino dos soluciones: hallar los metales preciosos que tanto ansiaban o volcarse hacia el Río de la Plata, como efectivamente sucedería décadas más tarde. Entre tanto se trabajaba la idea de "abrir puertas a la tierra".

Varios fueron en ese sentido los intentos de los Oficiales reales, como los oficiales Adame de Olaberriaga y Gerónimo Ochoa de Eyzaguirre, en carta fechada en Asunción el 11 de marzo de 1573, refieren cómo el Gobernador Felipe de Cáceres, cuando salió al encuentro del adelantado Ortiz de Zárate, "aunque no halló la dicha armada", no dejó de hacerse fruto y provecho en el dicho viaje", y en tomar algunas noticias de la población de los españoles que está hecha en Tucumán, para cuando dios fuere servido tener trato y comedio con ellos especialmente haciéndose, como entiendo hacer, y que se hará, siendo nuestro señor servido, la población de Santi Spiritus, a donde tuvo su asiento Sebastián Gaboto, de que podía seguir gran servicio a Dios nuestro Señor y a su Magestad: ABRIENDO PUERTAS Y ESCALA tan importante y segura para el trato y comercio de la mayor parte de los reinos del Perú y de todas estas provincias, embocando las armadas de navíos por el Río de la Plata, excusándose muchos gastos y navegaciones peligrosas hasta el Mar del Sur (Océano Pacífico) y llegar a Lima".

Esto demuestra que aun antes de fundarse Córdoba, los españoles buscaban "trato con ellos y fundar una población, en Santi Spiritus que sirviera de "comedio importante" en e1 comercio del Perú y "todas estas Provincias" con España. A este proyecto los oficiales reales llamaban "abrir las puertas" al trato y comercio de todas las provincias y los reinos del Perú. Tiempo más tarde, al llegar Garay a la Asunción, se juntaron en acuerdo el teniente de Gobernador Martin Suárez de Toledo y los oficiales reales y resolvieron encomendarle la fundación del pueblo, al decir del fundador: "por el calor que yo puse en decir que ABRIESE MAS PUERTAS A LA TIERRA y no estuviéramos encerrados que se presumiría que queríamos la tierra de vuestra Alteza".

Los proyectos de Ortiz de Zárate, contenidos en su "capitulación de traer cierta cantidad de ganados a Asunción en el término de dos años" tenía juntos en su crianza en la provincia de las Charcas y valle de Tarija", hablaba de fundar una ciudad-escala, por la cantidad de indígenas rebeldes que existían en el camino del Plata a Asunción a fin de asegurar el comercio por el antiguo camino de Santa Cruz de la Sierra, y realizar un comercio regular entre Potosí, Charcas y la Asunción. Al fundarse años más tarde Concepción del Bermejo en 1585, por Torres de Vera y Aragón, o de Ortiz de Zárate, no tenía otro objeto que el de unir Potosí con Asunción y hacer de esta ciudad un puerto para comunicar con el Mar del Norte.

"La fundación de Santa Fe, como salida comercial para Tucumán, su cierre como entrada comercial de la Asunción a esa Provincia, la falta de tráfico del Río de la Plata, son todas circunstancias que permiten asegurar que Santa Fe fue fundada para contener la expansión de Tucumán sobre el litoral, en tanto éste era indispensable para asegurar a la Asunción su futuro como puerto de salida de la provincia de Charcas y, por ende, del comercio que alentaría la plata de Potosí. En este sentido podría cumplir la función de puerto de escala, que le asignaría el cumplimiento de la "capitulación" de Ortiz de Zárate, en la cual lógicamente, se conjugaban los intereses muy particulares del adelantado y de la provincia de Charcas. Pero estos intereses tenían el inconveniente de olvidar los intereses inmediatos y urgentes de los pobladores de la Asunción, cuyo estancamiento debía encontrar una salida al más breve plazo".

"Los antiguos proyectos de los oficiales reales –sigue Vedoya–, de poblar un puerto en el Río de la Plata –fracasados por el abandono que Mendieta hizo de San Salvador–, se reconocieron como la solución más apropiada para el problema asunceno. Cierto que esa expansión hacia el extremo sur del litoral NO NACIO, DE LAS NECESIDADES DE LA PROPIA PRODUCCION paraguaya, pero eso no significa que no representara perentorias necesidades de índole económica, en este caso asentadas en su estancamiento y fracaso económico-social. DE ESTA CONTRADICCION, DONDE LA ASUNCION AL EXPANDIRSE SE NEGABA A SI MISMA, NACIO LA REPOBLACION DE BUENOS AIRES" (368).


SISTEMA DE PESAS Y MEDIDAS


El Acta que se transcribe, del Cabildo asunceno es uno de los primeros documentos que se refiere a las pesas y medidas.

En la ciudad de Asunción, a veinte y un días del mes de abril de mil quinientos noventa y siete, se juntaron en su Cabildo y Ayuntamiento, como es de uso y costumbre, y conviene a saber la Justicia mayor y ordinaria y de la hermandad, alguacil mayor y capitulares que de suyo firmarán sus nombres, y habiendo hablado de cosas tocantes al bien, pro y utilidad de esta ciudad y república dijeron, que como es público y notorio en este Cabildo antiguamente solía y siempre ha habido un sello con que señalan las varas de medir y las medidas con que se vende el vino y las demás cosas que es necesario medir para el buen gobierno de esta ciudad. el cual se perdió o quebró, y ahora Sus Mercedes acordaron y mandaron a Francisco de Ganbo, fiel que fue de esta ciudad, el cual se descuidó en la guarda de dicho sello, hiciese otro semejante al que le fue entregado. Y en este día, mes y año, fue presentado en este Cabildo, y fue recibido y mandaron se ponga en este libro figurado y que se dé y entregue a Antonio Fernández, vecino de esta ciudad y persona en quien se remató el oficio de fiel del peso y medidas, para que con él señale y marque las varas y medidas que se ofrecieren sellar y marcar. El cual sello es semejante a éste qpe eStá Señalado en el margen, y lo firmaron de sus nombres.

Hernandarias de Saavedra – Diego Núñez de Prado – Diego de Olavarrieta – Luis de Acevedo – Pedro Hurtado – Antonio de La Madrid – Alonso de los Ríos – Juan Fernández – Pedro Sánchez Balderrama – Diego I,ópez de Ayala. Ante mí: Juan Cantero. Escribano Público y del Cabildo.

En el dicho Cabildo se dio y entregó el (roto) Antonio Fernández. Fiel de la Ciudad (369)

 

 

En el año 1797, se realizó una visita a fin de verificar las pesas y medidas en las casas de comercio de la Ciudad. Los Fieles Ejecutores informaron de la existencia de 40 tiendas, 5 pulperías, 3 platerías y 2 tiendas y pulperías (370).

En verdad existía una Real Orden que don Pedro de Cevallos comunicó al Consejo Real de Castilla, por la que "manifestó ser la voluntad del rey que se llevara a efectos la igualación de los pesos y medidas en todos los reinos y señoríos" (371). La fecha de esta comunicación fue el 26 de enero de 1801. El sistema de pesos y medidas que pasamos a enumerar, no eran nuevas, pues ya existían en Castilla, y su uso en el Paraguay encontramos en la mayoría de la documentación referente al período colonial:

a). MEDIDAS DE LONGITUD. Según Juan Alvarez, la unidad – o "raíz", como la llamaba la Real Orden – era el PIE, al que se le atribuían 16 dedos o 12 pulgadas. La pulgada era de 12 líneas. Al dedo se le dividía en 1/2, 1/4, l/8, 1/16. El valor del pie sería actualmente de 0,28 metros.

Múltiplos debían ser: LA VARA y la LEGUA. La vara tenía 3 pies. A su vez tenía múltiplos y submúltiplos. Múltiplos de la vara era el ESTADAL, cuyo valor era de 12 varas, según la Real Orden, o 4 varas, según Alvarez. La legua equivalía a 20.000 pies ó 6.666,66 varas (372).

En los Mapas se indicaba la legua con un valor de 6.540 VARAS CASTELLANAS, medida que estuvo en vigencia en la Argentina hasta 1880. Según Agustín Balbín, el "cuadro de las pesas y medidas, visado por el señor Ministro y el Jefe del Departamento Topográfico", eran:

Múltiplos:              40 cuadras.

cuadra:                150 varas.

Unidad:                 Vara: 3 pies o tercias o 4 cuartas.

Submúltiplos: pie:   12 pulgadas

cuarta:                  9 pulgadas

pulgada:                12 líneas (373).

b) MEDIDAS DE SUPERFICIE. La medición de tierras era costumbre hacerlas por medio de los PIES, VARAS, CUERDAS, CUADRAS o LEGUAS. Pero había según Alvarez, había dos medidas especialmente dedicadas a las superficies: la ARANZADA, que era un cuadrado de 20 estadales por lado, es decir, 5.760 varas cuadras (o 6.400 según Alvarez). La otra medida de tierra era la FANEGA DE TIERRA o FANEGADA, que equivalía a un cuadrado de 23 estadales por lado, o sea 8.294,4 varas, contra las 9.216 que le atribuye Alvarez. De acuerdo a la Real Orden la fanegada se dividía en 12 CELEMINES y el celemín en 4 CUARTILLOS.

c) MEDIDAS DE ARIDOS: (374). Según la Real Orden, dice que la "raíz" era el CAIZ, que tenía 12 fanegas. LA FANEGA contenía 12 CELEMINES. Este se dividía en 2 MEDIAS y en 4 CUARTILLOS. Según Alvarez, la unidad era la CUARTILLA DE FANEGA. La FANEGA equivalía a 56,40 litros, aunque Azara sostiene que 100 fanegas de Castilla sólo hacían 46,5 litros en Buenos Aires (375).

Hay que destacar que el CELEMIN, no era otra cosa que el llamado ALMUD, más conocido en la Provincia del Paraguay.

d) MEDIDAS DE LIQUIDOS: La unidad era la ARROBA o CANTARA, que equivalía a 16,13 litros actuales. Como submúltiplos de la arroba figuraban según la Real Orden, la MEDIA CANTARA, CUARTILLA, AZUMBRE, MEDIA AZUMBRE, CUARTILLO, MEDIO CUARTILLO Y COPA. Estas medidas eran extrañas en el R! o de la Plata y sólo era conocida el AZUMBRE, que se utilizaba en la venta de miel.

e) PESOS: La unidad era la LIBRA, que pesaba 460,08 gramos. La Real Orden indicaba que la libra tenía 16 ONZAS y se dividía en: MEDIA LIBRA, CUARTERON, y MEDIO CUARTERON. La onza, a su vez, se dividía en 2 MEDIAS, 4 CUARTAS, 8 OCHAVAS O DRACMAS y 16 ADARMES. El adarme equivalía a 3 tomines, y el tomín a 16 gramos. La ARROBA DE PESO tenía 25 libras, y el QUINTAL 4 arrobas. De estas medidas las únicas utilizadas eran en realidad la libra y el quintal (376).

Es de destacar que existían también algunas medidas complementarias siendo de interés de destacar que los "TERCIOS DE YERBA", que equivalía de 7 a 8 arrobas.


LA POBLACIÓN DEL PARAGUAY EN 1600


"Los primeros datos que se conocen –dice Raúl Mendoza A.– sobre la población civilizada del Paraguay datan de 1570 y se refieren a la Ciudad de Asunción. Juan López de Velazco, geógrafo español, en memoria al Soberano dice: "...pueblan esta ciudad 800 vecinos, casi todos encomenderos y más de 2.900 hijos de españoles y españolas nacidos en la tierra" (377).

Roberto Quevedo, publicó un trabajo titulado: "La Asunción del mil seiscientos en dos Padrones inéditos", primer trabajo de investigación histórica referente a la Población del Paraguay que se conoce. Por su extraordinaria importancia incluimos en este trabajo parte del mismo. Dice Quevedo al respecto: "La fecha del primero de los padrones no podemos asegurar, pues en el encabezamiento donde se estampa el año está roto. El expediente está caratulado como del año 1615 con letras posterior al original, y podría servir como una anotación hecha al margen donde se hace referencia a un contrato del año 1615. Creemos que el expediente no está completo porque no lleva firma y concluye al final de una hoja sin referencia a su fin. De la fecha del segundo no hay duda que data del 21 de marzo de 1622 por afirmación de su autor el General Juan Resquín en el encabezamiento. Por deducción llegamos a la conclusión que el autor del primer padrón fue el escribano Juan de Montenegro".

"Más importante para la historia social, es el de Montenegro, por ser más detallado y estar anotados los oficios de la mayoría de los vecinos y moradores. En la clase elevada, los vecinos feudatarios que tenían grados militares y ejercían cargos en el Cabildo suman 27. Con título de "don" en el primer padrón hay solamente uno, el General Gabriel de Vera y Aragón, vecino opulento que vivía en forma señorial, dentro de las proporciones del país. Como curiosidad anotamos que tenía contratado un administrador para su hacienda; en el año 1622 ya son 9 personas que tienen antepuesto el "don". En el segundo padrón están anotados 27 eclesiásticos incluyendo los conventos. Los comerciantes o tratantes eran 27 y 29 los estudiantes. Labradores y agricultores son los más numerosos: suman 55, les siguen 17 carpinteros y 8 aprendices, 9 herreros y 2 aprendices, 12 zapateros, 8 sastres y 1 aprendiz, 3 oficiales de hacer sillas de montar, 1 tornero, 1 oficial ollero, l latonero, 1 vinajero-sardinero, 1 cordonero y 1 oficial sedero. Uno vivía de "ternear" y otro dice que hacía "vaquerías en las ganaderías". La Ciudad tenía un oficial platero que se llamaba Diego Velázquez, contemporáneo y homónimo del gran pintor sevillano, y si hubiese llegado a nosotros un platillo o una tembladera salida de sus manos, sería hoy pieza excepcional para un museo paraguayo".

Quevedo, en forma breve hace un comentario de cada vecino que ha identificado, anotando el nombre de sus padres, hijos y en algunos casos sus descendientes.

El título o carátula del Archivo Nacional reza: "Padrón de las familias españolas y criados en esta Ciudad hecho por el señor Don Hernandarias de Saavedra, Gobernador y Capitán General de esta Provincia, Año 1615, o 232, fojas 24". Luego viene un subtítulo que dice: "REGISTRO de todos los vecinos y moradores (roto) y de sus familias y criados (roto) de Señor Gobernador Hernandarias de Saavedra, fecho en veinte de octubre de mil seiscientos (roto).

Luego viene el Padrón hecho por el Gral. Juan Resquin, que expresa: "En la ciudad de la Asunción en veinte y un dias del mes de marzo de mil cientos y veinte y dos años el General Juan Resquin, Alcalde ordinario por su Magestad (roto) guarde. Por cuanto el Cabildo Justicia y Regimiento de esta ciudad le cometió el hacer la lista y padrón de los vecinos y moradores de ésta dicha ciudad para despachar en el puerto de Buenos Aires para que por ella se hagan repartición de la permisión que Su Magestad servidole conceder a ésta Provincia a cuyo cumplimiento lo hace en la forma y manera siguiente" (378).


EL MONOPOLIO COMERCIAL


Desde la fundación de la Casa de Contratación en Sevilla, en 1503, cuyo objeto era centralizar el comercio, otorgar las licencias a los armadores, regular las salidas de las naves, controlar el paso de la gente, inspeccionar las mercaderías y los barcos, cobrar los impuestos, recibir los tesoros de las indias, administrar la justicia comercial, velar por el progreso de la náutica, y preocuparse de los adelantos en el conocimiento geográfico, se sentaron las bases de las relaciones entre el Nuevo Mundo y la madre patria. "Desde España debían partir las mercaderías y regresar a ella las naves cargadas con los productos intercambiados; solamente los nacidos en la península podían dedicarse al tráfico y nada más que sus barcos tocar en los puertos americanos; los diferentes dominios ni siquiera podían comerciar entre ellos, salvo pocas excepciones. Las manufacturas americanas fueron muchas veces sacrificadas en beneficio de las metropolitanas y algunos cultivos prohibidos para asegurar el mercado a los productores españoles. El papel de América, según la doctrina mercantilista, era el de retribuir el comercio con metales preciosos y materias primas" (379).

La organización del monopolio y de la navegación entre España y América no fue establecida desde el comienzo sobre bases rígidas, sino que fue adquiriendo fisonomía en un paulatino desarrollo que abarcó todo el Siglo XVI (380).

Otra medida importante, fue la prohibición establecida en el año 1526 para que los barcos no navegasen aisladamente, debiendo hacerlo en adelante en flotas convoyadas por naves de guerra; en 1543 se dispuso la salida periódica de dos flotas cada año, finalmente en 1573, se otorgó la exclusividad del comercio a Sevilla, y con algunas trabas, a Cádiz.

Había pues dos flotas: una partía en abril, denominada de Nueva España y llegaba al Caribe, tocaba Santo Domingo y anclaba en Santacruz. La otra llamada flota o "galeón" de Tierra Firme partía en agosto: tocaban algunas Cartagena y Portobelo, Panamá y concluidas las ferias, las naves dispersas se juntaban en La Habana y emprendían el regreso (381).

Pero como bien afirma el historiador chileno, Sergio Villalobos: "Esta compleja organización estaba calculada para hacer efectivo el más riguroso monopolio y centralizar el control mediante conductos que desembocaban en Sevilla. Pero la existencia del monopolio, para que éste se cumpliese adecuadamente, exigía una serie de factores sin los cuales el sistema sería una simple ilusión. Debía la metrópoli, en primer lugar, tener una flota mercante y de guerra poderosa a fin de asegurar la atención del comercio y su resguardo; poseer una industria desarrollada con que responder a las necesidades de los dominios; competir en un plano de igualdad o de superioridad en el comercio con otras potencias; mantener sus colonias aisladas interferencias extrañas, etcétera. En el caso de España, ninguna de estas condiciones se cumplió, y por eso el régimen establecido distó mucho de la realidad; su crisis tenía que producirse tarde o temprano".

"En cuanto al Río de la Plata –prosigue Villalobos–, la subordinación a Lima significaba un entorpecimiento increíble en el comercio, un aumento desmedido en los precios y la imposibilidad de dar salida a los frutos de la región".

Al mismo tiempo se consolidó el comercio a través de las flotas y Lima adquirió importancia como plaza distribuidora de las mercaderías europeas (382). Posteriormente, la maraña de intereses creados por los armadores Je las flotas, los traficantes de Sevilla y los comerciantes peruanos, impidió ver con objetividad el problema de Buenos Aires y a pesar de las posibilidades y beneficios que acarrearía su comercio directo con España, la oposición fue tan cerrada y la política de la corte tan miope que pasarían dos siglos, hasta la segunda mitad del siglo XVIII, antes de que Buenos Aires igual que Chile, fuese liberado de la cadena que lo ataba a Lima" (383).

De allí el antagonismo entre Lima y Buenos Aires, que no se limitaba a la simple cuestión de la navegación desde el Río de la Plata, sino que implicaba el comercio con las provincias interiores como Salta, Tucumán, Paraguay, y Charcas o Alto Perú, por donde cómodamente saldría la plata de Potosí haeia el Puerto de Buenos Aires.

Sin embargo, con el fin de morigerar un tanto, esta verdadera iniquidad e injusticia contra Buenos Aires, la Corona intentó paliar en algo su aislamiento, para que no fuese tan absoluto y otorgó algunas franquicias esporádicas, como veremos en el título siguiente (384).


LA PERMISIÓN DE 1602


"La permisión de buques sueltos denominados "navíos de registro", para el Río de la Plata comenzó, según Antonio de León Pinelo, en 1579, esto es, un año antes de fundarse la ciudad de Santísima Trinidad, expresa Luis Roque Gondra. En un memorial de 1623 –prosigue el mismo autor– se afirma que el 1 de julio de aquel año "fue la primera permisión que tuvo el Río de la Plata, como consta por real cédula de 20 de noviembre de 1587, de dos navíos de Sevilla o Cádiz". La referencia no es segura; se trata quizás de una errata. No parece lógico suponer que se acordasen permsiones de navíos de registro para el Río de la Plata, cuando no había población en ninguna de sus márgenes, y poco después apenas fundada Santísima Trinidad en el puerto de Buenos Aires, se insistía enérgicamente en la prohibición de comerciar por ella. Conocemos, por otra parte, circunstanciadamente, la historia de las provincias del Río de la Plata y Tucumán en 1579 y en los documentos referentes a ella no hay la menor alusión a tales permisiones. Sólo existía en los pobladores y gobernadores de estas el deseo expresado al rey en cartas que no fueron atendidas, de que se abriese la vía del Río de la Plata, como acabamos de ver".

"Según Manuel Ricardo Trelles (Apuntaciones y documentos para la historia del puerto de Buenos Aires), la primera permisión se otorgó en 1581, pero esta referencia tampoco merece crédito. Lo cierto es que cinco o seis años después de la fundación empezó de manera espontánea el tráfico mercantil entre el Río de la Plata y la costa del Brasil, que desde 1580 dependía de la Corona de España (cartas del tesorero Hernando de Montalvo, de fecha 20 de marzo de 1590, y del contador Hernando de Vargas Machuca, de 8 de julio de 1596) (385).

Un autor argentino, Vicente F. López, nos pinta el cuadro de la Permisión de 1602 diciendo: "Más adelante, en 1602, sobrevino también otra circunstancia que hizo que prevalecieran las leyes de la naturaleza sobre las que había impuesto la razón de Estado. Los establecimientos portugueses de Guinea, de Angola y del Brasil, se vieron expuestos a una escasez afligente de víveres, por la larguísima guerra que los holandeses, aliados con los ingleses y franceses, le hacían a la España en el mar. Esa guerra había comenzado en el reinado de Felipe II, cuando la España declinaba ya de su prepotencia: y cuando, agobiada de deudas a pesar de los tesoros de la América, veía desfallecer su marina, y doblaba poco a poco su cerviz delante de las otras naciones europeas; que si no habían tenido las Minas de México y del Perú, habían tenido, en su propio seno, la libertad política y religiosa que vale muchísimo más que las minas como elemento de poder y de riquezas".

"En manos de Felipe III la decadencia era ya notoria. Las colonias, tanto de la Africa como de la América, se veían de día en día más abandonadas a si mismas, no sólo por las dificultades y por la pobreza que pesaban sobre la madre patria, sino por la incurable indolencia del Rey mismo, que no era capaz de gobernar ni de escoger hombres superiores que lo desempeñaran".

"La triste situación de los súbditos portugueses de Guinea y del Brasil, dio ocasión por lo mismo a que se relajase un tanto la estricta prohibición de comerciar que se le había impuesto al naciente establecimiento colonial de Buenos Aires. Y por una cédula de 1602, se permitió que durante seis años, sus moradores pudieran embarcar" (386).

Por Real Cédula del 20 de agosto de 1602, debido a los esfuerzos del obispo de la diócesis de Buenos Aires, Fray Martín Ignacio de Loyola, le fue acordada la permisión a los habitantes de dicha ciudad, asignándoles 2.000 fanegas de harina, 500 quintales de charque o cecina y 500 arrobas de sebo, para exportar al Brasil, y permitía entrar géneros de retorno siempre que se consumiesen en Buenos Aires, únicamente (387).

Se sabe también que estas permisiones en forma de cupos, existió evidentemente en Buenos Aires. "Y queremos acotar –dice Vedoya–, que Hernandarias presumiblemente el autor del reparto. era Juez duro e imparcial, porque él personalmente no debió simpatizar con la permisión, ya que era sabido que de retornos se traerían azúcares y confituras brasileña y éstas competirían con el comercio que los santafecinos hacían con el interior de los mismos productos paraguayos. En 1606 gente de Asunción y Santa Fe visitó al gobernador, para pedirle la introducción de azúcar, vino, y cera desde Brasil, pues competían con los que ellos vendían en Buenos Aires; ese mismo año, por Real Cédula del 29 de enero, se había prohibido la introducción al interior de géneros y comestibles desde Buenos Aires. El interés de Hernandarias en esta política se evidenció en vigilar los caminos y secuestrar diversas carretas que introducían retornos al interior" (388).

Recuerda Fulgencio R. Moreno sobre Buenos Aires: "Estas débiles corrientes que se imponían a las artificiosas trabas legales, tenían forzosamente que crecer, con aprobación del Rey, ante la imposibilidad de aprovechar las ferias de portobelo por la vía terrestre hacia Potosí. Delineábase, pues, ya el predominio económico de la futura Capital del Virreinato, que lo ejerció desde el principio con un egoísmo cruel".

"Buenos Aires, dice el Dr. Agustín García, fue comerciante desde su origen: nació con el instinto robusto y enérgico que se afirmó durante el siglo XVII, en una lucha curiosa, llena de incidentes, trágica a veces, porque se llevaban las cosas a sus últimos extremos". Así fue ciertamente. Al amparo de los errores económicos de la época –y de una intervención fiscal (o municipal) opresiva y funesta el egoísmo de las ciudades – reflejo del interés de unos pocos– trabajaba por aniquilar su recíproca expansión en el sentido del provecho inmediato a costo de la miseria ajena. (389)

"En esa lucha desigual –prosigue Moreno–, el Paraguay, por su posición, acabó por ser una víctima permanente. Los hechos se produjeron casi inmediatamente, y llegaron a su colmo desde que el Río de la Plata se segregó del Paraguay".

"Era en verdad una lucha curiosa, llena de incidentes trágicos a veces, porque m llevaban las cosas a sus últimos extremos", como dice el autor de la CIUDAD INDIANA".

"En 1621 obtuvo el Paraguay permiso para exportar por el Puerto de Buenos Aires hasta cien toneladas de sus productos con derecho a importar mercaderías por igual cantidad. Pero cuando la Provincia se dispuso a aprovecharlo, se levantaron en contra del Gobernador y el Cabildo de Buenos Aires, impidiendo el transporte por la vía fluvial, que era la única posible (390). En 1629 continuaba todavía el Cabildo de la Asunción gestionando el cumplimiento de la Real Cédula. Dirigióse al Consejo de Indias, protestando de aquella interdicción, pero cuando los pliegos llegaron a Buenos Aires, se prohibió que fuesen remitidos a España. Después de seis meses de esfuerzos inútiles los pliegos volvieron a la Asunción, y el Cabildo resolvió enviarlos por medio de dos comisionados por la vía del Brasil. Estos comisionados tenían que ir por tierra. Para el envío de una carta era necesario renovar la odisea de Alvar Núñez!

"Entre tanto –sigue Moreno–, esa clausura había reducido al Paraguay la mayor miseria. Los descendientes de aquellos conquistadores que fundaron Santa Fe y Buenos Aires se vieron obligados a implorar la caridad de o pueblos de indios para abastecer la ciudad. Y en ese mismo año, tratándose de amueblar la casa de un Gobernador, no se encontró un vecino que Pudiera proporcionar seis sillas y una mesa".

Cuánta razón tiene don Fulgencio R. Moreno, cuando haciéndonos partícipes de su honda inquietud manifiesta: "Cuando se lee en los Archivos esos papeles apolillados y borrosos, parece sentirse todavía la honda inquietud que los dictó, inmensa angustia palpita entre esas líneas ya descoloridas, donde nuestros pobres antepasados vaciaban sus impotentes ansias económicas, en medio del desorden, de la pobreza, de los afanes sin término de una lucha permanente y cruel" (391).

Luis Roque Gondra, pinta el cuadro de las permisiones diciendo: "No habían transcurrido dos años de aquella permisión, cuando los hechos ponían en evidencia las graciosas y sutiles maniobras con que la castiza picardía, inmortalizada por Cervantes y otros novelistas contemporáneos suyos, burlaba las precauciones con que se había de asegurar el estricto cumplimiento de aquella cédula".

Las reales cédulas del 2 de junio de 1604, y la provisión real del 7 de febrero de 1605, para impedir como estaba sucediendo, que muchas personas embarcasen en los puertos del Paraguay y Río de la Plata "a los reinos de España y otras partes", llevando mucha cantidad de oro y plata sin quintar ni registrar, de que se había defraudado y continuaba defraudándose la real hacienda.

"Las reales cédulas de 19 de octubre de 1608 y 19 de julio de 1614 prorrogaron la permisión de 1602 por otros cinco años, con las mismas limitaciones. La del 8 de setiembre de 1618 la prorrogó nuevamente por tres años más. Los productos sacados debían venderse en la costa del Brasil, donde, a cambio de ellos, debía cargarse palo de azúcar y otras cosas que conviniesen a los beneficios de la prórroga. Estas mercaderías debían venderse en Sevilla y con su producto adquirirse "la ropa y demás cosas" de que carecieran las provincias del Río de la Plata, en cuya denominación ya se comprendían el Paraguay, el Río de la Plata y Tucumán, con las ocho ciudades existentes en ellas".

"De retorno, los navíos de la permisión no podrían tocar en Brasil ni en otro puerto alguno, bajo penas dispuestas en las ordenanzas sobre descaminos. Los navíos habían de navegar en derechura hacia el Río de la Plata".

No obstante, las prohibiciones impuestas por cédula real del 19 de abril de 1649, prohibiendo el comercio de las islas Canarias con las Indias e islas de Barlovento, comunicándose al gobernador de Buenos Aires, don Jacinto Lariz, los contrabandistas volvieron con éxito a las andadas.

El tratado de paz con las Provincias Unidas de Holanda (1648) había concedido a los naturales de éstas el derecho de introducir a las indias cierto número de esclavos y mercaderías. Esta concesión fue nuevo pretexto de contrabando, sin despacho ni registro de la Casa de Contratación.

"Otro de los medios –da cuenta Gondra–, con que se burlaban las prohibiciones eran los barcos que entraban maliciosamente a puertos de Indias "de arribada forzoza" y en demanda de auxilio que por motivos de humanidad no podía negarse a los de banderas amigas. Estos barcos pagaban los derechos de almojarifazgo y avería, pero entraban también cargamentos de negros y mercaderías, que disminuían los retornos de la carrera de las Indias. El abuso debió ser muy grande para que la real cédula del 26 de agosto de 1654 dispusiese se informara todos los años el número de navíos que arribasen en tal forma a los puertos de las Indias y los descaminos que hicieran.

"Todas estas referencias demostraban la efectividad del tráfico de contrabando entre los puertos de Amsterdam y Rotterdam, y el de Buenos Aires en las Indias, con escalas muy lucrativas y consiguientes transbordos en Las Canarias, en Río de Janeiro y Santos. En Buenos Aires, cargaban y despegaban las urcas holandesas. Dejaban tejidos, ropa, muebles, quincalla, hierro y acero, que pasaban luego al Perú; y cargaban plata, piña y barras, de procedencia altoperuana, añil, grana y otros géneros preciosos, además de cecina, cueros y sebo de la tierra".

"El rey, oído su real Consejo, a pedido del fiscal aprobó lo actuado por el gobernador de Tucumán, pero prohibió de nuevo bajo apercibimiento de severas penas a éste, todo comercio de vasallos o de extranjeros por el puerto de Buenos Aires que no fuese autorizado por permisiones especiales. Así lo dispuso la real cédula del 16 de abril de 1658. Otro tanto dispusieron las reales cédulas de 16 de febrero de 1659, 5 de febrero y 13 de diciembre de 1660, 20 de junio y 4 de noviembre de 1661. Todas ellas repetían: no se comercie por Buenos Aires ni se extraiga por su puerto plata ni oro; expúlsense todos los extranjeros que allí residan; los delincuentes sean presos y confiscados sus bienes, et sic de coeteris. Pero todo resultaba inútil. Ni los delincuentes eran habidos ni sus bienes confiscados" (392).

Pedro Fernández de Castro, suplica del Cabildo de Buenos Aires a S.M. pidiendo prórroga de la permisión de comerciar con el Brasil, fechada en julio 14 de 1608 (393).

Pedro Fernández de Castro, consigue una Real Cédula prorrogando por dos años más el permiso otorgado en 1602 para comerciar con el Brasil, Guinea y otras islas circunvecinas, dada en San Lorenzo, el 19 de octubre de 1608. Además contiene la Cédula del 20 de agosto de 1602 sobre algunas subordinaciones. Prohibición de comerciar con oro, plata, esclavos o viajeros (394).

Real Cédula prorrogando el permiso concedido para el comercio por 2 años entre el Río de la Plata, Brasil y Guinea. San Lorenzo, octubre 19 de 1608. Se debió al trabajo de Martín Ignacio de Loyola; exclusión de esclavos; uso del puerto de Buenos Aires y La Trinidad; cédula de agosto 20, 1602, provisión por unos 6 años más de el comercio permitido; Juan de Ibarra; Antonio Díaz de Naverrete (395).

Real Cédula al Marqués de Montesclaros, virrey de las provincias del Pe, sobre que mandase prorrogar la merced para que en cada año pudiese sacar de las provincias los frutos de sus cosechas hasta dos mil fanegas de harina... y llevarlo al Brasil, Guinea y otras islas circunvecinas. Dada en San Lorenzo, Noviembre 1, de 1608 (396).

Diego de Marín Negrón, que sería Gobernador del Paraguay en Carta a S.M. pide prórroga de la permisión del comercio con el Brasil y Guinea, desde Buenos Aires, 15 de junio de 1610 (397).

El mismo Diego Marín de Negrón, envía Carta a S.M. sobre la pobreza " provincia y cortedad de ánimo, y el asunto de permisión comercial de Buenos Aires, abril 25 de 1611. Petición de la extensión del permiso del comercio con Brasil; petición de Manuel de Frias (398).

Fernando de Trejo y Sanabria y Luis de Quiñones Osorio, formulan el parecer del Obispo de Tucumán y del gobernador de la misma provincia sobre que deba S.M. continuar la merced de contratar con el Brasil. Dado en Santiago del Estero, 7 de marzo de 1612. Además se refieren a la pobreza de Tucumán y Paraguay (399).

El Cabildo de la Ciudad de Asunción, en Carta a S.M. se dirige el 20 de abril de 1612, sobre cosas tocantes al buen gobierno de las provincias del Río de la Plata y Paraguay. Entre ellas al comercio con el Brasil, introducción de negros; pobres resultados de las Ordenanzas de Alfaro; elogios de Manuel de Frías; la misiva está firmada por los miembros del entonces Cabildo asunceno (400).

Diego Marín Negrón, se dirige en Carta a S.M. sobre el asunto de la permisión comercial, desde Buenos Aires, el 25 de junio de 1612. Además se refiere al comercio con Brasil y Angola; y la inspección por Alfaro (401).

El Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires, se dirige en Carta a S.M. sobre la permisión de comercio y observaciones acerca le las Ordenanzas de Alfaro, el 2 de julio de 1612, y firmado por Francisco de Trejo, Fray Miguel Delgado, Fray Sebastián Lozano, Fray Diego de Zárate, y Francisco Gómez. El mismo Cabildo aprueba el Memorial enviado al rey, el 2 de julio de 1612, peticionando para el permiso para continuar el comercio con Brasil y firmado por Francisco de Trejo, Miguel Delgado, Sebastián Lozano, Diego de Zárate y Francisco Gómez (Santo Oficio); Dominicos, Franciscanos, Mercedarios y Jesuitas. Avalada por Cristóbal Remón, Juan de Vergara, Francisco Pérez de Burgos (402).

El Cabildo de Buenos Aires, se expresa en un documento: "Las razones que alega esta ciudad... para que su magestad se sirva hazerles merced de prorrogar la permisión... de poder llevar al Brasil cierta cantidad de los frutos de sus sementeras y ganados y traer en rretorno las cosas que an menester. Julio 17 de 1612. Además se refiere el Cabildo a la dificultad de expedirse sobre el resultado de las Ordenanzas de Alfaro; ruego por sacerdotes; y firmando la misiva los miembros del Cabildo nombrado (403).

Días más tarde el mismo Cabildo de Buenos Aires, se dirige por carta a S.M. en que pide prórroga de la permisión concedida para el comercio con Brasil y Guinea y facultad de introducir esclavos en la Gobernación. Además se refiere a la plaga de 1605-1606; pobreza de la provincia (404).

Simón de Valdés y Tomás Fernández, se dirigen en carta a S.M. sobre prórroga de la permisión de comercio. e introducción de negros, desde Buenos Aires, 23 de octubre de 1612 (405).

Diego Marín de Negrón, Copia de dos capítulos presentados por el Procurador general del Río de la Plata y Paraguay en el Consejo Real de Indias, y lo a ellos decretado. Trinidad, 1612. Además contiene permisión del comercio con Brasil y España directamente (406).

Manuel de Frías. Justificación del... procurador general de las provincias del Río de la Plata y Paraguay sobre la permisión para el comercio de los frutos de la tierra: ¿1614? También se refiere a la pobreza de las colonias del Río de la Plata; dificultades de comercio vía Perú; necesidad para comerciar directamente con Brasil, España y Angola; requisito para trabajo del negro (407).

Manuel de Frías. Carta a S.M. suplicando permiso para que a trueco de Jps frutos de sus cosechas puedan llevar del Brasil o Angola alguna cantidad de negros con que ayudar para la labor de las tierras: (¿1617?) (408).

Solicitud de Frías. sobre la necesidad de introducir negros africanos para los trabajos de la colonia: (Bs. As.). ¿1617? Además, se refiere a la oposición de Hernandarias; comercio con Brasil y Angola; y Francisco de Alfaro (409).

Juan de Salazar. Carta a S.M. sobre permisión para navegar y contratar los frutos de sus cosechas con el Brasil. Noviembre 17 de 1618; además se refiere a la política de Manuel de Frias (410).

Manuel de Frías. Carta a S.M. sobre que se prorrogue y amplíe la merced y permisión de poder navegar los frutos de la tierra al Brasil, Angola e islas circunvecinas sin limitación de tiempo, cantidad, ni géneros; ¿1618? Además se refiere al comercio en ganado, granos, cueros y esclavos (411).

El mismo Manuel de Frías, en Carta a S.M. suplica hiciese merced de dar licencia y permisión a los moradores de las dichas provincias para navegar y contratar los frutos de ellas con el Brasil y España y en su retorno llevar ropa y otras cosas de que tienen necesidad: ¿1618? (412),

Manuel de Frías, en carta a S.M. sobre los papeles y pedimentos tocantes a la permisión de poder navegar los frutos de aquellas provincias y a trueque de ellos proveerse de ropa y negros de que tienen necesidad. ¿1618?. También se refiere en su carta al Marqués de Montesclaros; Antonio Fernández de Lebas; transporte de negros desde Angola y comercio con Santa Catalina y Vera Cruz (413).

Manuel de Frías. Carta del Procurador General de las Provincias del Río de la Plata y Paraguay sobre prórroga para navegar al Brasil y otras islas circunvecinas y a la ciudad de Sevilla; ¿1618? También se refiere a una revisión de las ventajas del comercio intercolonial; necesidad de esclavos; Hernandarias (414).

Vicente F. López, recuerda que "De la lectura de las Leyes del lib. 9, tít. 14 de Indias, se infiere caramente que el gobierno real había continuado acordando a los moradores de Buenos Aires los mismos permisos comerciales de los años anteriores (415). Mas, como estos permisos tenían el carácter de gracias, no podían menos que llevar el sello del favoritismo de a arbitrariedad, y lo que es peor todavía –la mancha inmoral del cohecho y de la explotación sobre los consumidores". Luego, prosigue López, sobre 4 imposibilidad de España de cerrar el comercio interior hacia el Perú, y dejar las puertas del Puerto de Buenos Aires abiertas para que no muera de asfixia, concediendo las permisiones de tiempo en tiempo, prolongando así indefinidamente su comercio portuario. "Y los gobernantes del Paraguay se vieron obligados a residir con más asiento en las orillas del Plata, que en la Asunción: hasta que en 1617, reinando ya Felipe III se le erigió en capital de Provincia y de gobernación separada" (416).


COMERCIO DEL PARAGUAY CON SEVILLA


Juan de Salazar, envía Carta a S.M. pidiendo por parte de las Provincias del Paraguay y Río de la Plata para que en dos navíos de cien toneladas cada año por tiempo de tres años puedan navegar los frutos de sus cosechas a la ciudad de Sevilla. Madrid, Noviembre 17 de 1618 (417).

Felipe II, emite Cédula Real deliberando y reglamentando el comercio entre las ciudades del Río de la Plata y la metrópoli por representación hecha por Manuel de Frías. Madrid, Diciembre 10 de 1618. Además contiene permiso para que dos barcos al año viajen a Sevilla por 5 años regulación del comercio (418).

Manuel de Frías. Carta del Procurador General del Río de la Plata y Paraguay a S.M. que se sirviese mandar despachar su Real Cédula o provisión para que en el Brasil y demás partes de la Corona de Portugal se mandase guardar y cumplir una cédula de licencia y permisión a los moradores de las dichas provincias del Río de la Plata para que pudiesen en dos navíos navegar los frutos de sus cosechas a la ciudad de Sevilla: ¿1618? (419).

El mismo Frías, escribe Carta a S,M. para que las provincias a su cargo puedan en dos navíos embarcar sus productos a Sevilla. 1618 (420).

El Procurador General de las provincias del Río de la Plata y Paraguay, Manuel de Frías, escribe carta sobre prórroga para navegar al Brasil y otras islas circunvecinas y a la ciudad de Sevilla: ¿1618? Además formula las ventajas del comercio intercolonial (421).

"Los comerciantes de Sevilla –dice W. Parish–, que habían obtenido un monopolio para el surtimiento tanto del Perú como de México, por medio de las ferias que de tiempo en tiempo se abrían en Portobelo, sobre las que predominaban completamente, fijando los precios no sólo de lo que ellos vendían sino de lo que compraban, miraron con extremados celos y envidia la apertura al comercio por el Río de la Plata; y haciendo uso de sus empeños e influencia lograron con el mejor éxito que se dictasen por la Corte disposiciones prohibitivas contra todo tráfico con Buenos Aires, evitando de este modo que se abriese por esta ciudad un camino a la internación de artefactos europeos al Perú, cosa que los perjudicaba en la venta de los cargamentos que remitían periódicamente en sus galeones al istmo de Panamá".

Las exportaciones fueron tan magras, que las mismas se limitaban a la "permisión" en 1618 a dos buques por año, que no debían de conducir más de 100 toneladas de carga cada uno; "y por temor, –según Azara–, de que aún esta miserable concesión propendiese a la introducción de manufacturas destinadas al Perú por más insignificante que fuese su cantidad, como necesariamente debía serlo, establecióse una aduana en Córdoba, en la que se cobraba un derecho de 50 por ciento sobre todos los efectos que se internasen por esa vía, y que además debía impedir toda extracción de plata y oro del Perú a Buenos Aires. Los consulados de Sevilla y Lima hicieron la más fuerte oposición a que se extendiese más allá dicho tráfico, logrando al fin cumplir sus deseos (422). Prohibióse bajo las más severas penas toda relación mercantil con las demás colonias de España en el mismo hemisferio, y con excepción de uno que otro buque que en provecho de alguna persona favorecida obtenía licencia especial para conducir allí un Cargamento, continuó el tráfico del Río de la Plata restringido por los ruines reglamentos y aduana ya citados, por casi todo el primer siglo desde la fundación de Buenos Aires, creyéndose suficientes dos buques para suplir las necesidades de tres provincias populosas" (423).

Más adelante refiere W. Parish: "Después de la captura de Portobelo por los ingleses, permitióse por la primera vez que los buques de registro, como se les llamaba entonces, diesen la vuelta por el Cabo de Hornos para surtir a los habitantes de las costas del Pacífico, que de este modo reportaban un inmenso beneficio. No por esto se concedió franquicia alguna a las vastas provincias del Río de la Plata, en donde se continuaron las mismas restricciones sobre el comercio, aunque ya había desaparecido la principal razón que se había alegado para imponerlas en su principio, es decir, la continuación del monopolio que las ferias de Portobelo aseguraban a los comerciantes de Sevilla y Lima (424).

El Procurador de Villa Rica presenta el permiso concedido por S.M. para la exportación de frutos de la tierra a Sevilla durante 3 años. "Sepan cuantos qta. carta de poder general viezen como nos el Cab. Justa. y Regimiento de la Villa Rica del Esp. Sto. de las probincias del guayrá asaber el Cap.Yo. Ortiz Melgarejo,Ten. de gobernador y Jusa mayor... otorgamos y conosemos po sta gente carta que damos y otorgamos poder cumplido libre genero y bastante segun unos o abemos y tenemos vendero mas puede... a favor de Manuel de Frias y al Cap. Francisco Benitez. Dado en Villa Rica del expu. Sto. a 19 de abril de 1621. Posteriormente el Capitán Fco. Benitez, Tte. de la Villa Rica, como procurador desde poder de aquella Villa tengo de que... comparezca ante Vuesa Señoria y digo que su mag. fue servido conceder a estab probincias mi dia permisión por tiempo de tres años pa nabegar los ha las dellas a la Ciudad decebilla y porque en razonbien y utilidad dela..." (425). Conforme a estas últimas disposiciones elaboró una "Lista de los vesinos y moradores de la Villa Rica del espíritu santo", que arrojaron la cantidad de 165 pobladores.


LA ADUANA SECA DE CORDOBA


A raíz del régimen de la permisión de 1602, que analizamos en otra parte, sabemos que los navíos de retorno de Sevilla se detenían en el Brasil, pretextando arribadas porzosas, para cargar más géneros; embarcaciones portuguesas se acercaban a corta distancia de Buenos Aires donde agregaban, o reponían efectos y mercaderías, en los navíos permitidos. Las doscientas toneladas que cargaban apenas era lo preciso para el abasto de las provincias favorecidas; la importancia del contrabando se hizo visible por 4 introducción de esas mismas ropas en el Perú. El comercio monopolista de Lima protestó airadamente ante el rey, viendo perderse de sus manos los mercados de consumo de todo el interior argentino y el Alto Perú, hasta donde habían llegado los géneros portugueses de contrabando, y con crecidas utilidades".

"Este enunciado constituye el nudo del problema. Los mercados del ini y norte del Plata, eran motivos de una explotación insaciable por P del comercio limeño. Algunos precios de artículos, descubren en todos sus términos, este hecho. En 1596, Ramírez de Velasco, escribía al rey, p re pidiéndole diera licencia para que en cada año enviara un navío a Buenos Aires, con derecho de internación, para escapar a los precios excesivos del comercio alto peruano".

"El rey apoyó las gestiones del Perú contra Buenos Aires y el 7 de febrero de 1622 fundó la aduana seca de Córdoba, una muralla de incomunicación entre el litoral y el interior, pues sólo pagando un 50 por ciento de los aforos mandados hacer por la Audiencia de Charcas se permitía la internación de géneros" (426).

"Este hecho económico que lo conceptuamos de excepcional importancia. Termina la primera etapa en la historia económica del Plata, que como se ha visto, fue de difíciles luchas con el medio y las razas hostiles, de aislamiento de la metrópoli, que casi significó tanto como de desenvolvimiento natural para la colonia. Fue un período de libertades relativas de comunicaciones con el Brasil y de activas relaciones del litoral con el interior".

"La fundación de la aduana de Córdoba incomunicó legalmente a Buenos Aires con el resto del país, y como la medida había sido adoptada a petición de Lima, a partir de entonces toda concesión a favor del Plata había de ser observada y protestada por el Perú. Se inicia así una segunda etapa. Las provincias debían quedar aisladas, y para evitar en absoluto la salida, por Buenos Aires, de metales, en moneda o en barra, se prohibió la introducción de monedas de toda la jurisdicción del litoral el 25 de marzo de 1623" (427).

Clarence H. Haring, formula al respecto los siguientes juicios: "Por consiguiente, en setiembre de 1618 se renovó el antiguo sistema y los habitantes de Buenos Aires quedaron reducidos a la mísera concesión de dos barcos anuales, que no excedieran de cien toneladas cada uno. De la escasa importación que podía hacerse en esta forma, una parte debía ser conducida por tierra al Perú, pagando en las fronteras de Córdoba un derecho aduanero de 50 por ciento, además del almojarifazgo y de la avería ya satisfechos en Sevilla y en Buenos Aires, gracia que probablemente no agradecían los colonos de La Plata" (428).

"Los consultados de Sevilla y Lima –opina por su parte Woodiae Parish –, hicieron la más fuerte oposición a que se extendiese más allá dicho tráfico, logrando al fin cumplir sus deseos (429). Prohibióse bajo las más severas penas toda relación mercantil con las demás colonias de España en el mismo Hemisferio, y con excepción de uno que otro buque que en provecho de alguna persona favorecida obtenía licencia especial para conducir allí un cargamento, continuó el tráfico del Río de la Plata restringido por los ruines reglamentos y aduana ya citados, por casi todo el primer siglo desde la fundación de Buenos Aires, creyéndose suficientes dos buques para suplir las necesidades de tres provincias populosas" (430).


 

 

NOTAS - CAPITULO V


327) VEDOYA, Juan Carlos. La expoliación de América. Buenos Aires: Ediciones La Bastilla, 1973. p. 83.

328) As. 5-IV-1542. A.G.I. (B), Nº. 909.

329) Para la vasta Bibliografía motivada por la Cultura Guaraní, T. l, introducción, remitimos a los índices del vol. IV, del Handbook of South American Indians, publicado por el Bureau of American Ethnology de la Smithsonian Institution. Washington, 1948. Las monografías de Alfredo Metraux: The Guaraní y The Tupinanbá, contenidas ni este volumen, representan el más comprensivo resumen del estado actual de los estudios sobre la familia guaraní

330) GARAY, Blas. Breve Resumen de la Historia del Paraguay. Madrid, 1897.

331) BÁEZ, Cecilio. Resumen de la Historia del Paraguay. Asunción, 1910, ídem, Estudios Americanos, Asunción, 1923.

332) PANE, Ignacio A. Cuestiones paraguayas. Asunción, 1914.

333) BERTONI, Moisés S. Resumen de prehistoria y protohistoria de los países guaraníes, Asunción, 1914; La Civilización Guaraní, Part. I. Etnología. Puerto Bertoni, 1922; La Medicina Guaraní, Puerto Bertoni, 1927.

334) CARDOZO, Efraím El Paraguay Colonial. Buenos Aires: Ediciones Nizza, 1959. Con posterioridad a estos trabajos existen numerosos libros y monografías sobre el tema.

335) MELIA, S.J. Bartomeu y PALAU, Tomás. Producción sociológica sobre el Paraguay. Asunción, 1975. Estudios Paraguayos. Revista de la Universidad Católica "Ntra. Sra. de la Asunción". Vol. III. Nº. 1. 150 p.

336) Entre las publicaciones de la Dra. Branislava Susnik, pueden citarse: 1964. "El indio guaraní en la vida socio-económica colonial". Revista Paraguaya de Sociología, I, 1 (setiembre-diciembre) 30-48. 1965. "El indio colonial del Paraguay. El guaraní colonial." Volumen I. Asunción: Museo Etnográfico "Andrés Barbero". 1966. "El indio colonial del Paraguay. Los trece pueblos guaraníes de las Misiones 1767-1803". Vol. II. Asunción: Museo Etnográfico "Andrés Barbero". 1968. "Chiriguanos. Dimensiones etnosociales". Vol. I. Asunción: Museo Etnográfico "Andrés Barbero". 1969: "Chamacocos. Cambios Culturales". Vol. I. Asunción: Museo Etnográfico "Andrés Barbero". 1971. "El indio colonial del Paraguay. El chaqueño: guaycurúes y chanésarawak". Vol. III. Asunción: Museo Etnográfico "Andrés Barbero". Serie "Los Aborígenes del Paraguay que comprende: T. 1: Etnología del Chaco Boreal y su periferia (Siglos XVI y XVII). T. 2: Etnohistoria de los Guaraníes (Epoca Colonial). T. 3: Etnohistoria de los Chaqueños (1650-1910). T. 4; Cultura Material. T. 5: Estructura Social. T. 6: Creencias y Mitología T. 7: Tribus actualmente sobrevivientes. Adaptación cultural. T. 8: La problemática sociolingüística. Reseña analítica de las fuentes bibliográficas.

337) LOZANO, P. Pedro. Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, Buenos Aires, 1874, T. I, p. 385.

338) NUÑEZ, Alvar. Comentarios. p. 132.

339) Carta del Arcediano Barco de Centenera.

340) Memorial de Marzo 3, 1545, en Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. T. I. p. 470.

341) MORENO Fulgencio R. Páginas de Historia Económica del Paraguay. En Revista "El Economista Paraguayo". Asunción. Año II. Nº. 25. 5-III-1910. p. 3.

342) CABEZA DE VACA, Alvar Núñez. "Los Comentarios", Ibídem, ib.

343) VEDOYA, Juan Carlos. La expoliación... Ibídem, ib. pp. 191, 192.

344) GANDIA, Enrique de. La Ciudad de los Césares. Bs. As.

345) VEDOYA, Juan Carlos. La expoliación... pp. 192-197.

346) Carta de Martín González al Emperador D. Carlos en 1556. Apéndice de la historia de Schmidel. edición de 1881.

347) GONDRA, Luis Roque. Historia Económica de la República Argentina. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1943, p. 78.

348) Diario de Navegação de Pero Lopez de Sousa (1530-1532), 2a. ed. critica do Comandante Eugénio de Castro (Rio de Janeiro, 1940), vol. I, p. 35-352.

349) VIANNA, Helio. "Historia do Brasil". Período Colonial, Monarquía y República. 12ed. São Paulo: Edições Melhoramientos. Editora da Universidade de São Paulo, 1975. Cap. XX. p. 191.

350) J. CAPISTRANO DE ABREU. Nota á Historia Geral do Brasil, do Visconde de Porto Seguro. 3ed. São Paulo: Ed. integral, 1927. Tomo I. p. 324.

351) VIANA, Helio. Historia do Brasil... Ibídem, ib. pp. 192, 200.

352) PERO DE MAGALHÁES GANDAVO. Tratado da Terra do Brasil. Rio de Janeiro, 1924. pp. 29 ss.

353) SOARES DE SOUSA, Gabriel. Noticia do Brasil. São Paulo, 1945.

354) Não o fez o Salto do Avanhandava, no Tieté, como depois asegurou o demarcador espanhol do limites Félix de Azara, mas conseguiu desmentir Eduardo Prado em "Os espanhóis no Salto de Avanhandava no seculo XVI", trabalho de 1899, incluido en COLETANEAS, Vol. III (São Paulo, 1906). pp. 145-171.

355) CABEZA DE VACA, Alvar Nuñez. Comentarios de... pp. 11, 12.

356) DOMINGUEZ, Manuel. En Revista del Archivo Nacional. Documento LX, 121.

357) GARAY, Blas. Colección de documentos... pp. 193-198, en Revista del Instituto Paraguayo - Año II. Nº. 21 Octubre-Diciembre de 1899.

358) GARAY, Blas. Colección de Documentos... Ibídem, ib. pp. 198, 199.

359) GARAY, Blas. Colección de Documentos... Ibídem, en "Revista del Instituto Paraguayo". Año III - Nº. 30. Agosto de 1901. "Relación vrebe con parescer de Domingo de Yrala Gobernador de la Probincia del Rio dela Plata por su mag. para el ITTmo señor Marques de Mondejar del Consejo de su Mag. e su Presidente ni el Consejo de las Indias (sin fecha), pp. 26-34.

360) GARAY, Blas. Colección de Documentos... Ibídem, ib.

361) LAFUENTE MACHAIN, Ricardo. El Gobernador Domingo Martínez de Irala. Bs. As. p. 356.

362) CHAVES, Julio César. Historia General del Paraguay. Ibídem, ib. pp. 224, 225.

363) VIANNA. Helio. Historia do Brasil. Ibídem, ib. p. 192.

364) RUI DIAZ DE GUZMAN. Anales del Descubrimiento, Población y Conquista del Río de la Plata. Asunción: Ediciones Comuneros, 1980, pp. 201, 202.

365) RUI DIAZ DE GUZMAN. Anales... Ibídem, ib. pp. 220.

366) LEVILLIER, Roberto. Correspondencia de los Oficiles Reales de Hacienda en cl Río de la Plata con los Reyes de España. Madrid, 1915. pp. 435-437.

367) Ordenanzas de Hernandarias. 29 de Diciembre de 1603, en Asunción.

368) VEDOYA, Juan Carlos. La expoliación... Ibídem, ib. pp. 203-214.

369) Actas del Cabildo. Carpeta Nº. 1. p. 125.

370) A.N.A. S. H. Volumen 171. Nº. 1. Contraste de pesas y medidas en las casas de Comercio.

371) CANGA ARGUELLES, José. Diccionario de Hacienda con aplicación a España. 1833-1834. 2ed. 2 Tomos. Madrid, T. II, 401.

372) ALVAREZ, Juan. Monedas, pesos y medidas. En Historia de la Nación Argentina, IV. 1ª. Sección, Buenos Aires, 1940, p. 247.

373) BALBIN, Valentín. Sistema de medidas y pesas de la República Argentina. Buenos Aires, 1881, pp. 219, 220.

374) ARIDO: Granos, legumbres y otras cosas sólidas a que se aplican medidas de capacidad Diccionario Enciclopédico Ilustrado. T. I. Ed. Ramón Sopena. Barcelona. p. 303.

375) AZARA, Félix de. Memorias sobre el estado rural del Río de la Plata en 1801... Madrid, 1847.

376) Según Alvarez, Juan, ya citado, los mismos pesos tenían vigencia en 1880, pero agregó la TONELADA, que equivalía a 20 quintales. Después venía el quintal, igual a 4 arrobas; arroba, igual a 25 libras; libra, igual a 16 onzas; onza, igual a 16 adarme; adarme, iguala 3 tomines o 36 gramos; tomín, igual a 12 gramos, según BALBIN, Valentín, cit., pp. 219, 220.

377) MENDOZA, Raúl A. Desarrollo y evolución de la población paraguaya. Cap. I. en "Población, Urbanización y Recursos Humanos en el Paraguay". 2ed. Asunción: D. M. Rivarola - G. Heisecke, editores. Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos, 1970, p. 12.

378) QUEVEDO, Roberto. La Asunción del mil seiscientos en dos padrones inéditos, en Revista "Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia". 1963-1965. Volúmenes 8-9-10. Asunción, Paraguay. pp. 96 ss.

379) VILLALOBOS R., Sergio. Comercio y Contrabando en el Río de la Plata y Chile -1700-1811. Buenos Aires: EUDEBA. Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1965. p. 13.

380) HARING, Clarence H. Comercio y Navegación entre España y las Indias en la época de los Habsburgos. México, 1939.

381) CESPEDES DEL CASTILLO, Guillermo. La avería en el comercio de Indias. Sevilla, 1945.

382) Al referirnos a mercaderías europeas lo haremos incluyendo tanto las españolas como la de otros países. Adoptamos este criterio teniendo en cuenta que los cargamentos enviados desde España se componían en dos tercios, más o menos, de productos extranjeros, afirma Villalobos.

383) VILLALOBOS, Sergio. Comercio y... Ibídem, ib. p. 15.

384) MOLINA, Raúl A. Una historia desconocida sobre los navíos de registro arribados a Buenos Aires en el Siglo XVII. Buenos Aires, en Revista "Historia", Nº. 16, abril-junio de 1959.

385) GONDRA, Luis Roque. Historia Económica de la República Argentina. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1943, pp. 151, 152.

386) LOPEZ, Vicente F. Historia de la República Argentina. Su origen, su revolución y su desarrollo político hasta 1852. Tomo I. Buenos Aires: Carlos Casavalle Editor. pp. 169 ss.

387) GUTIERREZ DE RUBALCAVA, José. Tratado histórico, político y legal del comercio de las Indias Occidentales. Cádiz, 1750.

388) VEDOYA, Juan Carlos. La expoliación... Ibídem, ib. pp. 386, 387.

389) El Gobernador o el Cabildo intervenían no sólo en la economía interna de la ciudad fijando precios, evitando acaparamiento, etc., sino que regulaban el intercambio comercial con las otras ciudades, de acuerdo con lo que consideraban su interés. A veces prohibía la exportación, en ocasiones la importación.

En 1597 los vecinos de Córdoba pidieron que las mercaderías del Paraguay no pudieran entrar en Buenos Aires sino después que hubiesen introducido las suyas los comerciantes de aquella ciudad (Cervera. "Historia de la Ciudad y Provincia de Santa Fe").

En 1613 el Cabildo de Buenos Aires prohibió la introducción de harinas, de Córdoba y Tucumán (id. id.). En otra ocasión prohibió la exportación del mismo producto a Santa Fe. (Ciudad Indiana por García). Otras veces se determina, en provecho de una ciudad, las mercaderías que iban para otro destino, como lo hizo Santa Fe respecto de las embarcaciones que se dirigían al Paraguay (Cervera, obra citada), en MORENO, Fulgencio R. "Estudio sobre la Independencia del Paraguay". Asunción: Casa América, 1976, p. 339.

390) M.S. del Archivo Nacional. Acta Capitular sobre recepción del Gobernador Xeria.

391) MORENO, Fulgencio R. Estudio... Ibídem, ib. pp. 340, 341.

392) GONDRA, Luis Roque. Historia económica... Ibídem, ib. pp. 160-168.

393) Impreso LBA I, 273-AGI 74-6-21-A (MG 1478 a).

394) Impreso: LBA I, 274-7; ZGP 53-55 (cédula de 1602); PC XVIII, 223-326. (Cédula de 1602), AGI 74-6-21-A. (MG 1478b).

395) Impreso: LBA I, 302-305. AGI 74-6-32 (MG 1424).

396) Impreso: LBA I, 278. AGI 74-6-21-A (MG 1478c).

397) AGI 74-6-21-B (MG 1429)

398) Impreso: LBA I, 291-292. AGI 746-21-J (MG 1441b).

399) Impreso: LBA I, 295-296. AGI 74-6-21N. (MG 1440).

400) AGI 74-6-21-E. (MG 1442).

401) LBA I, 292-293. AGI 74-6-21-J. (MG 1441a).

402) AGI 74-6-21-M (MG 1438b).

403) Impreso: LBA I, 345-349. AG1 74-6-21 (MG 1438a).

404) Impreso: LBA I, 344-345, solamente el texto. AGI 74-6-21-R (MG 1434).

405) AGI 74-6-21-L (MG 1437).

406) Impreso: LBA II, 85-86. (MG 549f).

407) Impreso: LBA III, 68-77. AGI 74-4-78 (MG 1828).

408) Impreso: LBA. I, 378-379. AGI 74-6-21 (MG 1326d).

409) Impreso: LBA II, 87, 88. AGI 74-6-21-KK. (MG 38a).

410) Impreso: LBA II, 136-137. AGI 74-6-21-MM (MG 1432a).

411) Impreso: LBA. AGI 74-6-21-LL (MG 549e).

412) LBA II, 84 - AGI 74-6-21 LL (MG 549d).

413) Impreso: LBA II, 81-83. AGI 74-6-21-LL (MG 549c).

414) Impreso: LBA II, 56-64. AGI 74-6-21-LL (MG 548).

415) Las permisiones concedidas, y que se concedieren á los vecinos del Río de la Plata y Paraguay, se repartan con igualdad, con assitencia del Governador del Rio de la Plata, y del Prelado, y dos Regidores, ó los que de ellos se pudieren hallar presentes, á los quales encargamos, que la hagan con toda justificación, de tal suerte que los vecinos no reciban agravio, y el dicho Gobernador lo haga assi cumplir y executar (L. 33 tit. 14. Lib. 9).

Con los Navíos que llegaren al Puerto de Buenos Ayres sin nuestra licencia y permission, mandamos que se guarde lo ordenado por las leyes de arribadas, y penas en ellas contenidas, con apercibimiento, que de cualquier excesso que se entendiere haver en razon de lo referido por parte de los governadores, y Oficiales Reales, se les pondrá muy gran culpa, sin admitir ninguna excusa que den para su descargo, y procederá por todo rigor de derecho hacien en el caso la demonstración que convenga conta sus personas, y bienes guardando las Reales, y sus prohibiciones y penas sobre las cosas prohibidas de entrar, ó hacer de estos Reynos, y las de esta Recopilación (L. 31 del mismo tít. y Lib.).

416) TRELLES: Rev. de B.A. v. IX y X. en "Historia de la República Argentina de Vicente F. López". Ibídem, ib. pp. 173-175.

417) AGI 74-6-21-MM. (MG 1423b).

418) AGI 74-6-32 (MG 1410).

419) AGI 74-6-21. (MC 549b).

420) AGI 74-6-21. LL. (MG 549a).

421) AGI 74-6-21-LL. (MG 548).

422) Memorias históricas sobre la legislación y gobierno del comercio de los españoles con sus colonias, etc., por RAFAEL ANTUNEZ Y ACEVEDO, ministro del supremo consejo de las Indias, Madrid, 1797.

423) PARISH, Woodine. BUENOS AIRES y las Provincias del Río de la Plata. Buenos Aires: Librería Hachete, 1957, pp. 102-104.

424) "Es de advertir, que extinguidos los galeones en 1740, y no restablecidos con las flotas en 1754, subsistió, sin embargo, la navegación de Buenos Aires con las mismas limitaciones que antes, no obstante haber faltado los dos poderosos motivos que las causaban, esto es, el fomento de las ferias de Portobelo por los comerciantes de España, y el interés de los del Perú, en que no hubiese otra puerta que aquélla para la contratación con sus provincias". ACEVEDO, fol. 128. Cit. por PARISH B, "BUENOS AIRES y las provincias del Río de la Plata", ibídem, ib p. 105.

425) A.N.A. S.H. Volumen Nº. 17. Nº. 2. fs. 29-34.

426) RECOPILACION DE INDIAS DE 1680, ley I, tit. XIV, lib. VIII. No decimos que la incomunicación fue absoluta en la realidad de los hechos, pues el contrabando se encargó de buscar sendas escondidas para escapar a las garras del fisco. De todos modos la fundación de la aduana de Córdoba representa un punto de concentración alrededor del cual giraron por mucho tiempo los hechos de la colonia.

427) LEVENE, Ricardo. Obras de Ricardo Levene. Buenos Aires: Academia Nacional de la Historia, 1962. Tomo III. pp. 152-154.

428) HARING, Clarence H. El Comercio y la Navegación... Ibídem, ib. p. 163.

429) Memorias históricas sobre la legislación y gobierno del comercio de los españoles con sus colonias, etc., por RAFAEL ANTUNEZ Y ACEVEDO, ministro del supremo consejo de las Indias. Madrid, 1797.

430) PARISH, Woodbine. Buenos Aires y las Provincias del Río de la Plata. Buenos Aires: Librería Hachete, 1958, pp. 103, 104.

 

 

 

 
 
Asunción, Paraguay, 1986.
 
 
 
 

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LA ECONOMIA COLONIAL

Por  JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI

COLECCIÓN: Tratado de Historia Económica del Paraguay.

Se acabó de imprimir el 12 de abril de 1986

en los Talleres gráficos de Editora Litocolor.

 

 

 

 

 

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