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JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI


  EL PRÓCER JUAN BAUTISTA RIVAROLA - SU VIDA MILITAR Y CÍVICA (Obra de JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI)


EL PRÓCER JUAN BAUTISTA RIVAROLA - SU VIDA MILITAR Y CÍVICA (Obra de JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI)

EL PRÓCER JUAN BAUTISTA RIVAROLA

SU VIDA MILITAR Y CÍVICA

Obra de JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI

Diagramación y diseño de tapa: RUBÉN RIVEROS.

Ediciones y Arte S.A.

Asunción – Paraguay

2011 (82 páginas)

 

ÍNDICE

PRÓLOGO

COMIENZO DE LA VIDA MILITAR DEL PRÓCER

SUS ESTUDIOS  EL ENTORNO FAMILIAR

ASCENDENCIA DE LOS CABALLERO BAZÁN Y AÑAZCO

LA PRETENDIDA INJERENCIA PORTUGUESA

LA CASA DE LA INDEPENDENCIA

LA TOPOGRAFÍA EN LA ÉPOCA DE LA INDEPENDENCIA DE "NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN"

EL CALLEJÓN HISTÓRICO

EL PARENTESCO DEL CAPITÁN CABALLERO CON LOS MARTÍNEZ SÁENZ

EL TRINOMIO DE ORO

PREPARATIVOS Y ESTALLA LA REVOLUCIÓN 

LAS CARTAS ENTRE CABALLERO Y VELAZCO  TENTATIVA DE VELAZCO Y SU DESTITUCIÓN

EL PREGONERO PÚBLICO

LOS CONGRESOS Y LA NOTA DEL 20 DE JULIO DE 1811

HOMBRES DEL CAMPO E INTELECTUALES  EL CABILDO Y LOS "OFICIOS CONCEJILES" 

EL RETIRO A SU VIDA PRIVADA

EL PROYECTO DE CONSTITUCIÓN 

EL SABIO EDUARDO MUNCK CON LA FAMILIA DEL PRÓCER

EL FIN DEL PRÓCER

APÉNDICES

 

 

PRÓLOGO

El propósito de este libro es poner a conocimiento del público en general, aspectos resaltantes de la vida militar y cívica de uno de los principales autores del movimiento revolucionario de la noche del 14 y 15 de mayo de 1811.

Constituye una obligación sentida por familiares y amigos, del prócer Juan Bautista Rivarola, que en diversas ocasiones me han exigido la divulgación de su historia, y más que nada la verdad acontecida en esa noche memorable y días subsiguientes a la Revolución.

Es así, que examinamos los comienzos de su vida militar, el entorno familiar, y su conexión y parentesco, con otros actores como el Cap. Pedro Juan Caballero, Iturbe, Troche, los Yegros, y los hermanos Acosta, quienes representan la acción propulsora de la gesta libertadora de Mayo.

Y es precisamente la Casa de la Independencia, el lugar de encuentro y conspiración de estos patriotas, por la vecindad de estos entre ellos, como queda fehacientemente demostrado en este libro, lo que propicio el golpe de cuartel de la noche libertadora.

Para interpretar estos eventos ha sido necesario compulsar con preferencia los documentos familiares guardados en los Títulos de Propiedad, Testamentos y Demandas del Archivo Nacional y de los Tribunales, así como la Dirección de Registros Públicos, y otros archivos gubernamentales, así como la consulta de los autores más connotados que se ocuparon del tema.

"Tenemos el conocimiento, bien dilucidado ya de que el glorioso pronunciamiento del 14 de Mayo tuvo como sus protagonistas más notorios a los Capitanes de Urbanos Pedro Juan Caballero, Vicente Ignacio Iturbe y Juan Bautista Rivarola, los tres que dirigieron la acción de los cuarteles aquel día", expresa uno de los historiadores. “Hoy ya no se puede dudar de que gran parte del mérito de los momentos iniciales de la Revolución, se deben a la conjunción de esfuerzos, sin costas de otros, pero con expreso reconocimiento de ellos, de Pedro Juan Caballero, Vicente Ignacio Iturbe y Juan Bautista Rivarola”.

Nunca se lamentará bastante el que no nos hayan quedado de la Revolución de mayo, documentos en que podamos informarnos con entera certeza, para saber quiénes fueron los que le prestaron su concurso. Son muy pocos los nombres que se nos han transmitido... decía quejumbroso Blas Garay, a fines del Siglo XIX.

Sin embargo, la labor posterior de Fulgencio R. Moreno, Juan Francisco Pérez Acosta, Julio César Chaves, Efraím Cardozo, Roberto A. Romero, sobre los acontecimientos de Mayo trajo más luz, cuando se agregaron los nombres de don Benjamín Velilla, Benigno Riquelme García y otros, en las décadas pasadas y a la luz de los documentos devueltos por el Brasil, y que forman parte de la Colección Río Branco, en nuestro rico Archivo Nacional de Asunción.

En la reunión de los principales investigadores de este acontecimiento, que me cupo conocerlos personalmente, surgió una versión más completa a la luz, de nuevos aportes, que hoy por hoy resulta indiscutible.

Al publicar este libro, no hacemos sino propiciar la divulgación de hechos poco conocidos, que darán brillo a los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo.

"En heredad familiar de Barrero Grande "Typychaty, nace en 1785, uno de los más auténticos próceres de mayo libertario y sin lugar a dudas, figura civil de mayores merecimientos de nuestros años iniciales de vida independiente" - dice el recordado historiador Benigno Riquelme García (1). En realidad la fecha exacta de su nacimiento, es el año 1782, según el Censo practicado por el Obispo Basilio López, en toda la República en 1846 (Ver Apéndice I).

Siguiendo los pasos de su padre, no podía sino dejar un retoño que siguiera sus pasos con notable ejemplaridad. Fue así. El Comandante Juan Baptista Rivarola, de destacada actuación en combates contra los portugueses e indígenas rebeldes, Comandante militar de Villa Real de la Concepción y como tal sostuvo logísticamente la fundación del Fuerte Borbón (Olimpo), 2° Comandante del Regimiento de Dragones de la Cordillera, en el Partido de Aparipy el 13 de abril de 1790, y propietario en Capital, Barrero Grande, Villa del Rosario, Villa Concepción, Villa de San Pedro y Tobatí (2).

 

(1) Riquelme García, Benigno.- "JUAN BAUTISTA RIVAROLA- Prócer de Mayo y de nuestra civilidad".- Especial para "La Tribuna", Suplem. Dominical. Asunción, 9 de octubre de 1961. "A la memoria de mi amigo del alma, doctor Coronel, Juan Bautista Rivarola, descendiente del prócer en cuyas manos no vaciló una herencia magnífica van estas líneas que pretenden implantar en el tiempo, unos ya imposible diálogos que hubieron de realizar en su refugio idílico de Areguá". A su vez es el padre de quien escribe estas líneas.

(2) Cuadros demostrativos del estado de las milicias en la Provincia del Paraguay. Volumen 155. N. 5. S.H.- A.N.A.

 

COMIENZO DE LA VIDA MILITAR DEL PRÓCER

En Villa Real de Concepción, Enero 20 de 1802, firmado por Juan Manuel Gamarra, encontramos a Juan Bautista Rivarola y a su suegra Rosa Cortázar que "hacen entregas de mulas de su propiedad, para las tropas de mi mando dirigidas contra la Nación Lusitana" (3).

No nos queda la menor duda de que Juan Bautista Rivarola Recalde, revistaba en el Ejército desde su más temprana juventud. En un cuadro denominado "Relación de los Oficiales, Sargentos y Cadetes que tiene el Regimiento con expresión de la fecha de su último Real Despacho de servicio", hemos encontrado que el mismo, recibió su despacho el 2 octubre de 1803 (4).

Posteriormente, revistaba en el 20 Regimiento de Voluntarios de Caballería de costa arriba del Paraguay en la Plana Mayor, y cuya fecha es el 31 de Diciembre de 1805 (5).

El 10 de enero de 18o8, en la Villa Real de la Concepción aparece como testigo en un Bando del Comandante, José Espínola lo que nos prueba su residencia en Concepción en carácter permanente (6).

 

(3) Volumen 187. S.H. Donativos para la guerra contra Portugal. A.N.A.

(4) Volumen 196. Año 1805.-S.H.- Relación de servicio del regimiento de caballería de costa arriba del Paraguay.

(5) Volumen 196. Año 1805.-S.H.- Relación de servicio del regimiento de caballería de costa arriba del Paraguay. Puede verse en el libro: "El Régimen Jurídico de la Tierra". As. 1993 PP. 301 Y 303.

(6) Volumen 203. No 3. Correspondencia del Gobernador Bernardo de Velasco.

 

SUS ESTUDIOS

"Inicia su instrucción en la humilde escuela de la localidad cordillerana -prosigue Riquelme-, y posteriormente pasa a ingresar en el Colegio Seminario de San Carlos de Asunción, que por ese entonces -1804-, cobijaba bajo sus añejos aleros, todo lo que de mejor juventud tenía el país, y cuyas resultancias aflorarían en la primera promoción de auténtica formación política paraguaya, gestora y propiciante de la revolución del 14 de mayo de 1811".

"Dicente es recordar que eran alumnos Caballero, Iturbe, Molas y profesores José Gaspar Rodríguez de Francia, Carlos Antonio López, Francisco Javier Bogarín, en pronto y mal citar".

"Rivarola sale o egresa, aún no lo hemos podido develar, de su venerable seno. Pues por 1810, figura autorizado por las autoridades para ejercer las funciones de "apoderado" ante los jueces comisionados, o "pedáneo", de su partido -Barrero Grande -, como consta en expediente de la época". Todo de conformidad con el régimen del derecho indiano, entonces de raíz hispánica vigente en América (7).

"En una presentación correcta -aclara el acucioso investigador Benjamín Velilla-, hay que tener en cuenta que, ni Caballero, ni Iturbe, ni Rivarola fueron militares profesionales, sino de la clase entonces llamada de "Urbanos", equivalente a nuestra actuales reservistas en caso de guerra o más propiamente a la Guardia Nacional que hemos tenido hasta no hace mucho tiempo todavía. Actuaron en esta calidad convocados por la movilización contra Belgrano, hecha en octubre de 1810, capitaneando las "Compañías de Urbanos" de sus respectivos Partidos administrativos, de acuerdo a las leyes de la Colonia: Caballero, con la compañía de Tobatí; Rivarola, con la de Barrero Grande; e Iturbe, con la de San Pedro de Ycuamandyyú" (8).

"Ante la inminencia de la invasión porteña- continua Riquelme García-, del General Manuel Belgrano, como muchos otros compatriotas, concurre a la movilización general de diciembre de 181o, dispuesta por el Gobernador Velazco, ante la emergencia señalada. Por disposición de quien entonces interinaba la gobernación de la Provincia Coronel Pedro Gracia, es nombrado oficial de la Compañía de Urbanos de Barrero Grande, bajo el mando de su cuñado, José Fortunato Acosta".

"A mediados de enero de 1811, las milicias paraguayas se concentran en Paraguarí para un urgente ejercitar de gimnasias guerreras. En aquella concurrencia masiva, Rivarola desempeña el cargo de Capitán -ayudante del comandante de ella - tío suyo -, teniente coronel Manuel Atanasio Cabañas, jerarquía con la que desempeñaría, enseguida en los combates de Paraguarí (19 de enero) y de Tacuarí (9 de marzo), con notoria ejemplaridad".

"Se han hecho expectables por su valor, intrépido y prudencia, escribía sobre el campo de batalla uno de los actores, el general de división don Juan Manuel Gamarra, y asimismo se ha distinguido... el capitán de caballería don Juan Bautista Rivarola..." (9).

Poco después de las batallas de Paraguarí y Tacuarí, lo encontramos en el pueblo de Jesús, cumpliendo instrucciones militares como lo revela la presente misiva: "Yo el Capitán del 2° Regimiento, de costa arriba Dn. Juan Bautista Ribarola en cumplimiento del oficio del 19 del presente que me dirigió Sr. Gral. de División Dn. Juan Manuel Gamarra pase a este Pueblo de Jesús, a efecto de hacer publicar una proclama del Escribano del Virrey D. Dn Javier de Elizalde, a los naturales de este pueblo y sus vecinos y con fecha hoy día 22 de marzo de 1811, hice que comparecieran los naturales de este pueblo con su Corregidor... y por el buen éxito de nuestras armas como mandó dar por mi amado y feliz Jefe Dn. Bernardo de Velasco, sus Generales y demás oficiales, e individuos que, componen el Exercito del Paraguay echando muchas vivas y otras demostraciones de alegría y en prueba y para las constancia de todo ello firmaron conmigo el Corregidor, Cavildo. Sr. Cuxa, y Mayordomo de este pueblo de Jesús.- Francisco Javier Subichapotá- Juan Antonio de Toca y Mira. Juan Tabaraguá. Pascual Alvarez- Mariano Axaesati. Por los demás del Cavildo qe.no saben firmar lo hago yo=Dionisio Axendi. Secretario del Cavildo" (10).

El 3 de abril del año 1811-narra Carlos Zubizarreta-, llegaron a la Asunción, las milicias desmovilizadas después de Tacuarí. El Capitán Pedro Juan Caballero con la Compañía de Tobatí, el capitán Juan Bautista Rivarola, con las de Barrero Grande, el Teniente Vicente Ignacio Iturbe, con las milicias de San Pedro de Ycuamandyyú, el Teniente Mauricio José Troche con el contingente de San Isidro de Curuguaty, que era el más numeroso" (11).

El tercer miembro del glorioso trinomio revolucionario, el capitán Juan Bautista Rivarola, hospedaba habitualmente también en la casa de su suegra, la viuda del regidor don Blas de Acosta, sita a la vera del antiguo callejón, en el lugar que hoy ocupa el almacén "La Perla", de Ruggero Hermanos, sobré la calle Palma (hoy "Cambios S.A. y aledaños).

 

(7) Riquelme García, Benigno. "JUAN BAUTISTA RIVAROLA. Prócer de

Mayo y de nuestra civilidad", Ibidem.

(8) Velilla, Benjamín.- "La Casa de la Independencia. El glorioso pronunciamiento del 14 y 15 de mayo tuvo como protagonista notorios a Caballero, Iturbe y Rivarola". En "última Hora", Correo Semanal, 18 de mayo de 1999

(9) Moreno, Fulgencio R. "Estudio sobre la Independencia del Paraguay". Biblioteca Clásicos colorados. Vol. 3. Instituto Colorado de Cultura. Asunción, Casa América, 1975, p. 440.

(10) Volumen N° 187.S.H. ANA. Donativos para la guerra contra Portugal.

(11) Zubizarreta, Carlos.- "Historia de mi Ciudad". Editorial Emasa. Asunción, 24-III-1964, P. 256.

 

EL ENTORNO FAMILIAR

El prócer Juan Bautista Rivarola estaba, en 1811, casado con doña Gregoria Acosta, de linajuda familia, hija del regidor Blas de Acosta y Rosa Cortázar, y tuvo a: María Inés, Manuel María, Juan Vicente, Mercedes, Marcelina, Juan Bautista, José León y Juan José.

En dicho matrimonio tuvo Rivarola -siete hijos; y viudo, en 1824 volvió a casarse con Felipa Acosta, hermana de su primera esposa, con quien tuvo otros cinco hijos, que fueron: Cirilo Antonio, Fernando, Juan Blas, Rosa Catalina e Isabel. La estrecha relación con los familiares de sus dos esposas, de una misma casa, fue así larga.

 

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EL TRINOMIO DE ORO

Tenemos el conocimiento, bien dilucidado ya, de que el glorioso pronunciamiento del 14 de Mayo tuvo como sus protagonistas más notorios a los Capitanes de `Urbanos Pedro Juan Caballero, Vicente Ignacio Iturbe y Juan Bautista Rivarola, los tres que dirigieron la acción de los cuarteles aquel día,

Los tres eran ex-alumnos del Colegio de San Carlos, opina Velilla, en el trabajo citado más arriba.

Por su parte Riquelme García, en otra parte de la publicación arriba señalada afirma: "hoy ya no se puede dudar de que gran parte del mérito de los momentos iniciales de la Revolución, se deben a la conjunción de esfuerzos, sin costas de otros, pero con expreso reconocimiento de ellos, de Pedro Juan Caballero, Vicente Ignacio Iturbe y Juan Bautista Rivarola".

Al respecto Efraím Cardozo opina que El Capitán Pedro Juan Caballero y los principales conjurados entre ellos, los hermanos Vicente Ignacio y Juan Manuel Iturbe, Juan Bautista Rivarola, Juan Bautista Acosta, Carlos Arguello, acordaron el momento oportuno en la residencia de Juan Francisco Recalde en la casa solariega de los Martínez Sanz, a cuadra y media del cuartel (32).

"Pues bien -apunta Velilla-, para los tres, el sitio más cómodo y disimulado donde reunirse debe haber sido la casa de los Martínez Sáenz. El Capitán Pedro Juan Caballero era sobrino de la dueña de casa doña Petrona Caballero de Martínez Sáenz, y él hospedaba en la misma residencia las veces que venía a la capital, desde su pueblo natal, Tobatí" (33).

 

(32) Cardozo, Efraím. "Efemérides de la Historia del Paraguay". "Hoy en nuestra Historia". Ediciones Nizza. Asunción - Buenos Aires. 1967, p. 183.

(33) Velilla, Benjamín.   "La    Casa  de      la ...",   ob. cit.

 

PREPARATIVOS Y ESTALLA LA REVOLUCIÓN.

Una ocasión extremadamente propicia al pensamiento común se ofreció ese día. En el Cuartel de Caballería, antiguo local del Escuadrón de Granaderos y a la vez Guardia policial, situado entre el Cabildo y la Catedral (edificación hoy inexistente ya), entró de guardia el teniente Juan Bautista Acosta, cuñado del capitán Rivarola, urbano de Barrero Grande como éste pero todavía en servicio activo, hermano también del capitán Gervasio Acosta muerto en la batalla de Tacuarí.

Para Riquelme García, el hecho de que Juan Bautista Acosta fungiera de comandante de cuartel en la noche del 14 de mayo de  1811, en el más importante de la provincia, el del regimiento de caballería" cuartel de la Ribera", posiblemente decidió que esa fuera la fecha del glorioso pronunciamiento que constituyó nuestra natividad política" (34).

Al mismo tiempo, -prosigue Velilla-, en el cuartel de la Artillería, situado enfrente, Plaza Real de por medio, entró de guardia ese mismo día el alférez Juan Manuel Iturbe, hermano del capitán Vicente Ignacio Iturbe.

Presumiblemente esta feliz coincidencia de guardias favorables, fortuita o provocada de algún modo, determinó la decisión de acelerar el estallido revolucionario. Es evidente que corresponde al capitán Pedro Juan Caballero todo o la mayor parte del plan, pues se reconoció su jefatura en todo el proceso consecutivo.

Aquella noche del 14 entraron en los dos cuarteles los conjurados, que no fueron sino los tres capitanes desmovilizados, y prepararon la insurrección emancipadora. En la Caballería habían treinta y dos soldados, con el teniente Acosta y el sargento Carlos Argüello como comandante de guardia; en la Artillería veinticuatro hombres a cargo del alférez Iturbe.

Otro cuartel era el denominado "del Colegio", por haber sido anteriormente asiento del colegio de los jesuitas y luego del Real Colegio de San Carlos hasta la movilización de 181o. En él se hallaban esa noche los urbanos de Curuguaty, a cargo del capitán Mauricio José Troche, en espera de embarcaciones para Villa del Rosario, por donde debían regresar a su partida.

El Dr. Pedro Somellera, que era secretario del gobernador Velasco y conocedor de la acción revolucionaria- como es de suponer, dice textualmente en el apéndice de la obra de Rengger y Longchamp: "Estaba de guardia en el cuartel el Teniente Rivarola, que era uno de los amigos que nos juntábamos en casa de don Francisco Recalde (paraguayo)" (35).

Marchó -dice Chaves-, pues el corto grupo por las actuales calles 14 de Mayo y Buenos Aires a ocupar el cuartel de artillería custodiado por Juan Manuel Iturbe. Allí debe haber quedado alguno de los principales, probablemente Juan Bautista Rivarola. Cruzaron los otros -con Pedro Juan a la cabeza- llegándose al cuartel de la plaza cuya guardia les fue entregada por el alférez Troche.

El tercer cuartel, llamado "del Colegio" se plegó también al movimiento.

Mariano Antonio Molas refiere que la señal de alarma para ocupar el cuartel de la plaza fue "un repentino e intempestivo toque de campanas en la Catedral". En seguida, como un reguero corrió por la ciudad el grito de ¡alboroto! ¡alboroto en la plaza! (a). (36). Es muy significativo destacar, que los documentos originales de la Revolución de Mayo se encontraban en el Brasil después de la Guerra de la Triple Alianza, con un total de 50.000 documentos y que recién fueron devueltos cien años después. Entre ellos el Volumen 213 A y 213 B, y otros documentos del Archivo Nacional de Asunción, que son los únicos originales que existen, y que han traído nueva luz para comprender la raíz de nuestra nacionalidad "Pedro Juan Caballero, a los 25 años, "en la noche del 14 de mayo de 1811, apareció como el brazo armado de la revolución. Se apoderó del Cuartel de la Ribera, juntamente con Juan Bautista Rivarola, Vicente Ignacio Iturbe y otros compañeros, escribe Carlos R. Centurión (37).

En opinión de don Fulgencio R. Moreno, se lee: Otros campeones de inquebrantable decisión, iban a surgir bien pronto hasta colocarse al frente del primer acto trascendental de la independencia paraguaya: Pedro Juan Caballero, Vicente Ignacio Iturbe, Mauricio José Troche, Juan Bautista Rivarola...".

"En la Capital dirigían los preparativos de la revolución el capitán don Pedro Juan Caballero, a quien secundaban activamente otros oficiales, que como los capitanes don Juan Bautista Riva rola y don Vicente Ignacio Iturbe habían tenido una brillante participación en la última victoria. El Dr. Don Pedro Somellera, asesor del Gobernador Velasco, estaba también en el secreto de la conspiración" (38).

Por su parte, Sánchez Quell, relata que: "En la mañana del Domingo 14 de Mayo, el síndico procurador de la ciudad, don Juan Antonio Fernández, advirtió al Capitán Vicente Ignacio Iturbe, su pariente y amigo, que el Gobernador estaba ya enterado de cuál era el objeto de las frecuentes reuniones en la casa de los Martínez Sáenz.

Iturbe dio de inmediato aviso a Caballero de que la conspiración estaba descubierta. Y éste resolvió, sin pérdida de tiempo, dar esa misma noche el golpe. Pero ¿cómo avisar a los demás patriotas la hora y el santo y seña? Una mujer se prestó admirablemente a cumplir la misión. Doña Juana de Lara viuda de Bedoya fue a la Catedral y arrodillada junto a la pila de agua bendita iba transmitiendo a los conjurados la hora y el santo y seña, que era: "Independencia o muerte".

Era la noche del 14 de Mayo. Después del toque de queda, que sonaba a las nueve, el Capitán Pedro Juan Caballero, secundado por los demás conjurados, dirigióse hacia el cuartel. La ciudad dormía. Saliendo del callejón contiguo a la casa de los Martínez Sáenz, pasaron sigilosamente entre la Real Factoría de Tabacos (después Colegio Militar) y la Casa del Gobernador (frente al actual Correo Central) y luego, cruzando la Plaza Mayor frente al Cabildo (hoy Palacio Legislativo), siguieron ya resueltamente hacia el Cuartel de la Ribera, que fue tomado sin resistencia y Caballero proclamado Jefe de la Revolución. "Una ola de entusiasmo -dice Moreno-rompió inesperadamente, en ese momento, la rigidez de la disciplina, en medio del solemne silencio de aquella noche memorable: fue la aclamación general de los soldados, espontánea explosión del alma nacional, que saludaban el advenimiento de la independencia con frenéticos mueras al viejo régimen moribundo" (39).

 

(34) Riquelme García B. "Juan Bautista Rivarola...",  ob. cit.

 (35) Rengger Johan Rudolf y Longchamp, Marcelin. "Ensayo histórico sobre la revolución del Paraguay y el gobierno dictatorial del doctor Francia", Paris, 1828-Montevideo 1846; Asunción, 1862; Buenos Aires, 1883; Asunción, 1887.

(a) Poco o nada ha quedado escrito sobre aquel suceso trascendental. De todos los que tuvieron solo Molas y Somellera dejaron unas cortas líneas. Fue providencial que el teniente José de Abreu estuviera esa noche en Asunción: su extenso informe, publicado por primera vez por Cecilio Báez, es el único testimonio con que contamos para reconstruir el golpe del 14 y 15.

(36) Chaves, Julio César. "La Revolución Paraguaya...", ob. cit. p. 35.

(37) Centurión, Carlos R. "Precursores y Actores de la Revolución de la Independencia del Paraguay". Inédito.

(38) Moreno, Fulgencio R. Estudio sobre la Independencia del Paraguay.", en Instituto Colorado de Cultura. Asunción, 1975, pp. 472 Y 485.

(39) Sánchez Quell, Hipólito. "Pedro Juan Caballero y otros ensayos". Editorial e imprenta casa América. Asunción, 1984. p. 18.

 

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EL FIN DEL PRÓCER

Refiere ciertamente Riquelme García: "En Paso Pucú, había de morir anciano y adolorido, no sin antes dejar un mensaje al preferido de sus hijos Cirilo Antonio que pronto se alejaría de todos ellos, pero que antes de emprender el gran viaje, le pedía prosiguiese en su camino. ¡Menuda herencia! ¿Cuánto, la civilidad actual debe a aquel mensaje de ante muerte que no vaciló en manos de quien fuera dejado? La Constitución de 1870 fue, es y será el más dignificante documento que se haya suscrito en cualquier hora de nuestra angustiada historia. Los derechos humanos por los que decimos aún pelear, nunca estuvieron mejor salvaguardados.

"Ese día -prosigue Riquelme García- el 9 de octubre de 1867, en sus 82 años de edad y de resultas del inaudito esfuerzo que pidiera a su cansino corazón Rivarola 'inclinó el hocico' y se confundió con su primer y única constante amada, la tierra: su tierra".

"Entre nosotros orgullo y desmedro de los Rivarola, es el de consignar que ni siquiera, poco y tanto se dice con este despropósito hemos sabido ni han sabido, poner en férrea custodia herencia tan magnífica".

"Juan Bautista Rivarola, en su última aparición en los estrados de nuestro civismo, fue miembro del Congreso de 1862, que proclamara Presidente al General Francisco Solano López. Casi octogenario, cerró allí más de medio siglo de ardoroso batallar sin suerte por fidelidad a los principios de redención moral y ciudadana que abrazara en su lejana y esplendorosa juventud".

"Los restos del venerable 'urundey' de nuestra raza recibieron cristiana sepultura en el oratorio de su estancia en "Typychaty", sita en el lugar comúnmente llamado "Acosta Ñu", que tiempo después sería teatro de una de las epopeyas inigualables de la guerra grande: el combate de los niños-héroes de "Acosta Ñu".

"En 1893, sus descendientes los exhumaron e hicieron efectivo el traslado de los mismos al cementerio público de Barrero Grande". "No obstante, la tumba del prócer continuó siendo fácilmente identificable, y que en nuestros días gracias a las informaciones de Enriqueta Rivarola Vda. de Melgarejo, en 1956, y cuando ella, hija del ex-Presidente de la República Cirilo Antonio Rivarola, y por consiguiente nieta del prócer, a pesar de los no escasos años que contaba (98) lúcidamente pudo identificar el lugar luego de abundosa información y detalles ante autoridades nacionales y vecinos expectables del lugar que suscribieron un acta en el que, puntillosamente se dejaba pública constancia del evento" (Riquelme García, Benigno. "Juan Bautista Rivarola. Prócer de ...", ibídem.).

En el año 1878, se promueve ante los Tribunales de la República del Paraguay, la sucesión ab-intestato, del único prócer que legara a la posteridad no sólo su nombre, como símbolo de eternidad, sino que además cuantiosos y valiosos bienes adquiridos por sus padres y acrecentados por él, pero también diezmados en gran parte por la guerra grande que años antes les tocara vivir junto a aquellos incomparables antepasados. La lectura de tales instrumentos públicos -lamentablemente no podemos hacer una publicación por la extensión de más de 100 folios-, por evidente acuerdo de los únicos sobrevivientes en línea directa, se procedió sencillamente a la venta conjunta de todos los bienes inmuebles que pertenecían al prócer y que según testimonio de Escritura Pública, del 8 de agosto de 1878, ante el Escribano don Carlos Couland, doña Catalina Rivarola de Vignatti, acompañada de su esposo don Antonio Vignatti -ambos vecinos de Barrero Grande-, dio y vendió en enajenación perpetua a favor del señor Adolfo Saguier, para él y sus herederos, todos los derechos y acciones que dicen tener y puedan corresponderle a los bienes indivisos dejados por fallecimiento de sus finados padres don Juan Bautista Rivarola y doña Felipa Acosta, le correspondían en la suma de 300 pesos fuertes.

Lo cierto es que don Antonio Vignatti pronto viajó a Europa, sin saberse más de su paradero. Debemos tener presente que a fines de ese año, el 31 de diciembre de 1878, se cometía el más bárbaro y alevoso crimen político de que se tenga memoria en los anales de la historia del Paraguay, como veremos más adelante en la persona de don Cirilo Antonio Rivarola. Muerto éste, qué podía esperarse de las autoridades de la época, cuyo crimen quedara impune, sino acelerar la sucesión antes de que los buitres caigan sobre las pertenencias privadas de sus legítimos dueños. Así, el 7 de enero de 1879, a una semana del crimen, doña María Inés, Marcelina e Isabel Rivarola, otorgan poder a don Víctor Martín Soler, para que las representen en la sucesión. Lo mismo lo hicieron el 6 de febrero de 1879, Jacinto y Octaviano Rivarola, otorgándole poder a su hermano don Salvador Rivarola. El 12 de febrero de 1879, los menores hijos de doña Catalina Bedoya de Rivarola, por sus menores hijos Juan Bautista y Josefina, solicita al Juzgado el discernimiento de tutela que recayó en don Elías Noce, en carácter Curador. La sucesión se da inicio así formalmente el día 19 de febrero de 1879, con una celeridad digna de todo encomio.

La lista de bienes y algunas piezas procesales se publican en el Apéndice 7.

Lo lamentable y de suceso común en la historia patria, es el poco respeto a nuestras reliquias del pasado. Ubicada que fue la tumba del prócer Juan Bautista Rivarola (Apéndice 8), el intendente Municipal de Eusebio Ayala, Cap. Cipriano Martínez, procedió a ampliar el área urbana de la ciudad, ordenando el traslado de los restos de parte del cementerio a otra parte. Conocedor de esta disposición el Dr. Carlos Taichman que visitaba frecuentemente dicha ciudad, pues se hallaba construyendo el Homenaje con el artista Pollarolo a los niños mártires de Acosta Ñu, resuelve juntar los restos del prócer en una caja de zapatos. Dichas cenizas, fueron traídas a Asunción y mostradas al Prof. Juan Boggino, entonces titular de la Cátedra de Anatomía de la Facultad de Ciencias Médicas en busca de su identificación. Este lo derivó en el Prof. Carlos Alberto Pusineri Scala, quien refirió que él vio dichos restos pero que no podía certificar su autenticidad, según testimonio formulado personalmente al autor de este libro. En el año 1957, fallece el Dr. Taichman, y sin dejar herederos, se apersonan por mandato judicial, el Director del Colegio Nacional, Dr. Víctor N. Vasconcellos y siendo Secretario el Sr. Echauri, hoy ambos lamentablemente fallecidos, y trasladan todas las pertenencias del Prof. Dr. Taichman, al Colegio Nacional de la Capital, biblioteca y piezas arqueológicas, ese mismo año de 1957, según referencias brindadas por el señor Roberto Neu, en cuya casa paterna habitaba el Prof. Taichman. Nada se sabe desde entonces.

(*) El túmulo con unas alas que se hallaban en el Panteón de los Rivarola, y una lápida con dos antorchas que simbolizan la libertad, rescatadas de la demolición del Cementerio de Barrero Grande (Eusebio Ayala), se encuentran en la Casa de la independencia.

 

 

APÉNDICE 4

PRONUNCIAMIENTO DEL CUARTEL

(Se respeta la escritura original)

El Comandante y Oficiales del Cuartel General de esta Plaza a todos los Habitantes de la Provincia = Uno de los motivos que han apurado el sufrimiento de las Tropas y de muchos distinguidos vecinos de la Provincia hasta obligarlos a tomar la generosa determinación de arrojar el pesado yugo que la tenía oprimida y tiranizada: ha sido el concepto a que la voz divulgada y las circunstancias mismas dieron lugar de que los Depositarios de la autoridad y sus viles secuaces maquinaban el detestable proyecto de someterla a una Dominación Extrangera, o valerse de sus fuerzas para sorprenderla con el simulado aparato de auxilio, tenerla en una dura y rigurosa sugesión y de este modo formar y asegurar una especie de Señorío y posesión para ellos mismos, sacrificando a su orgullo, codicia y ambición la libertad de la Provincia, los Derechos más esenciales de sus Naturales y los vínculos que la unen con las demás de la Nación = La aproximación de Tropas Portuguesas hacia los Límites de esta Provincia a saber al Norte en los Establecimientos de Coimbra y al Leste en el Pueblo de San Borja al mando del Capitán General de San Pedro: la venida del Teniente de Dragones Don José de Abreu enviado por dicho General a esta Ciudad: la misteriosa reserva con que se disfrazaba el verdadero objeto de su Comisión; la determinación de mandar de aquí un Oficial hacia dichos Establecimientos del Norte asegurada por la voz pública con el pretexto totalmente inverosímil de pasar: hasta el Matogroso buscando auxilio de dinero, daban no poco valor aquel juicio, y sobrado fundamento a los temores. Después de nuestra feliz Revolución se han ido notando y descubriendo otros hechos tan circunstanciados que no hacen ya dudable aquel concepto. Ha sido público que el Pliego de contestación a dicho General estaba ya cerrado, y que el Teniente Abreu debía partir el mismo día de este acontecimiento. Sin embargo Don Bernardo de Velasco solo manifestó a los Consocios del Gobierno por contestación, preparada un abrevísimo y frívolo pregón que no condice con los planes y demás que contiene el Oficio del General de San Pedro = La fuga precipitada del Coronel Don Pedro Gracia abandonando el mando de la Población que estaba a su cargo después de estar noticiado del suceso de nuestra Revolución, llevando su Ruta a dichos Establecimientos Portugueses del Norte que en el día se tiene averiguada ya con certeza, es otro accidente que induce algo más que una vehemente presunción = Pero lo que Remueve toda duda en el particular, es la Carta interceptada por el Jefe de Nuestras Tropas Patrióticas Don Blas José de Rojas escrita de la Bajada al propio Don Bernardo Velasco por Don Carlos Genovés que como es notorio iva enviando por él a Montevideo. En esta carta encarga Genovés a Don Benardo Velasco que redoble sus contestaciones con los Portugueses, que estos cubran inmediatamente la costa Oriental del Paraná, y que los del Norte caigan también inmediatamente sobre el Paraguay, que nuestras fuerzas de Mar, cubran igualmente aquel punto y de este modo teniendo la costa Occidental (concluye diciendo Genovés a Don Bernardo Velasco) somos los Reyes de la América del Sur. No ha habido ni habrá un verdadero Patriota, que no se sienta horrorizado al oír y comprehender la enorme criminalidad, que descubre tan excecrable lengua. Este Moro desconocido e inepto que sin otro oficio, mérito, ni carrera que la de un vulgar escribiente, por una consecuencia del poder abusivo y de la arbitrariedad y despotismo de un Gobierno desastroso, se vio repentinamente adornado aquí, ya con el Título de Capitán, ya con el de Comandante de Villa Real con abandono de tanto Patricio honrrado, distinguido y benemérito; que de este modo por el favor del mismo Gobierno se ha hecho visible en el Paraguay, y por adquirida consideración y una regular fortuna, es el que ahora intenta despedazar el seno donde ha recibido nueva vida queriendo con insolencia y descaro que los Portugueses del Norte caigan inmediatamente sobre el Paraguay para que Don Bernardo Velasco, él, y sus viles parciales y colgados Tiranos de la libertad de la Patria sean los Reyes de esta parte de la América = Pero es preciso explicar la verdad y mirar las cosas en su verdadero punto de vista. Las producciones de Genovés son partos originales de la abundancia de su corazón dañado. El no hace más que repetir el mismo funesto proyecto de que era sabedor y cómplice, instando y

apurando por su pronta ejecusión, y de aquí mismo es natural deducir, que la marcha de Don Pedro Gracia a los Establecimientos Portugueses del Norte ha sido dispuesta por los Tiranos luego al punto de vuestra Revolución o un resultado de la misma maquinación anterior pues que aún mucho tiempo antes ya se sabía que se prevenía y se preparaba a hacer una larga jornada = Aquellas expresiones que se oían anteriormente en boca de los Tiranos de que ya tenían Paraguayos que les trabajasen la Yerba a dos reales arroba, y las voces que aún al presente procuran esparcir de que nuestra Revolución puede todavía quedar en nada, y que dentro de dos meses se compondrá todo, explican muy bien y dan a este entender el fondo de la nueva Tiranía premeditadas y la esperanza y disposición en que se hablan de llevar adelante sus perversas ideas hasta realizar la inicua obra que han proyectado = No por eso haremos los reclamos, que lleguen a verse puestas en ejecusión disposiciones algunas dirigidas a semejantes fines. Una cosa es, que los Jefes, o Comandantes Portugueses se presenten a una oferta voluntaria lisonjera en apariencia a los intereses de su Magestad fidelísima, y otra muy diversa el que a fuerza de armas intenten invadir nuestro Domicilio con reluctancia y oposición de la Provincia y su Gobierno. Tales no son los Justos y Magnánimos pensamientos de Su Alteza Real el Principe Regente de Portugal. La Carta de su Ministro de Relaciones Exteriores el Excelentísimo Señor Conde de Linares a la Excelentísima Junta de Buenos Aires basta para convencer y disuadir a los que sin conocimientos y sin reflexión sobre los verdaderos intereses de ambas Naciones, aventuran un juicio contrario. Su Alteza Real muy distante de tomar semejantes medidas violentas con los Pueblos que reconoce al Señor Don Fernando Séptimo, manifiesta que se limitará únicamente a elevar sus votos para que las disenciones intestinas entre Vasallos de un mismo Príncipe tengan una pronta y feliz conclución y predisponer lo conveniente; para que el fuego de la guerra civil no se encienda en las fronteras de sus propios estados. Además sabemos por noticias ciertas y segura que las Tropas Portuguesas que se habían reunido en el Pueblo de San Borja volvieron a retirarse hacia la Campaña de Montevideo en los dias diez y nueve, veinte y uno y veinte y cuatro del mes próximo pasado = De nuestra parte ya se han pasado anteriormente los Oficios correspondientes así al Capitán General de San Pedro, como al Comandante del Fuerte de Coimbra significándoles igualmente nuestra adhesión a los Derechos del mismo Señor Don Fernando, y nuestros sinceros deseos de terminar por medios pacíficos las diferencias ocurridas con la Ciudad de Buenos Aires, y de continuar al propio tiempo, conservando amistad, buena armonía y correspondencia con todos los Jefes y Paises de la Dominación de su Magestad fidelísima; pero si contra toda justicia, violando la paz en que nos hallamos y el mismo Derecho de Gente, por las ocultas tramas y maquinaciones de los Tiranos opresores de nuestra Patria y de nuestros Derechos llegase el caso de ponerse en planta sus amenazas, conocerán muy a su costa nuestros invasores, sean los que fuesen, cual es la constancia cuales los esfuerzos, y cuales los recursos, de un Pueblo grande que ha tenido valor para recobrar su libertad y está empeñado en defenderla a expensas de su propia vida = La conclusión natural de todo esto es que el empeño de don Bernardo Velasco y de los Individuos del Cabildo en sostener la total división de esta Provincia sin querer arbitrar o tentar un medio de consiliar su reunión con su libertad, y sus Derechos, y sin querer reducirse a embiar sus Diputados al Congreso General de las Provincias con el objeto de formar una asociación Justa, Racional fundada en la equidad y en los mejores principios del Derecho natural y que son comunes a todos, y que no hay motivo para creerse que hayan de abandonar u olvidarse por un Pueblo tan ilustrado y generosos como el de Buenos Aires, ha sido una conducta imprudente, opuesta a la prosperidad de la Provincia y común felicidad de sus naturales y dirigidas más bien por sus fines particulares = La Provincia ha tenido que sufrir los muchos males y daños consiguientes a una guerra civil, y el comercio de sus muchas producciones y frutos, ha quedado obstruido y aniquilado; se han consumido y desaparecido más de cien mil pesos de la Real Hacienda; las Tropas se han dejado privadas del justo y devido estipendio de muchos meses; y por último ha llenado la seguedad al extremo de querer aumentar nuestras cadenas, y reducirnos a la más dura exclavitud, haciendo cada vez más inciertos y dudosos el destino y la suerte de nuestra Provincia. Los Individuos del Cabildo que en las críticas circunstancias del día debían concentrar toda su atención en la felicidad general, y en conservar ilesos los Derechos de todos los ciudadanos, se ve que menos han pensado en esto que en perpetuarse en el mando, y proporcionarse nuevas consideraciones. Cuanto se ha dicho, la conspiración últimamente descubierta contra la pública libertad, y la continuación de sus Oficios por medio de una casi general escandalosa Reelección contraria a las Leyes del propio Soberano, que se aclamaba, son unos hechos que afianzarán siempre esta verdad = Habiendo pues tornado a nuestro cargo y de nuestras Tropas el poner en libertad nuestra amada Patria y a nuestros Conciudadanos para que puedan deliberar y resolver francamente el partido que deban abrazar y jusguen más conveniente, creeríamos faltar a nuestra principal obligación si consultando la tranquilidad y seguridad general de la Provincia contra la perniciosa influencia y maquinaciones de los que se hallan más que indiciados de autores o cómplices en la determinación de valerse de fuerzas extrañas para oprimirla, no tomásemos al mismo tiempo las más oportunas medidas. Por eso ha sido preciso tener por ahora suspensos de sus oficios y en un lugar la seguridad a Don Bernardo Velasco e Indivíduos del Cabildo hasta la Resolución de la Junta General que ya está próxima a celebrarse. Entre tanto y hasta la misma Resolución ejercerán la Jurisdicción de Gobierno Interino, y unidamente los mismos consocios con quienes se actuaba el Despacho, y por lo mismo serán también los Presidentes de la Junta General. Y para que llegue a noticias de todos se publicará este Manifiesto por Bando en la forma ordinaria fijándose los correspondientes ejemplares. Fecho en el Cuartel General del Paraguay a nueve de Junio de mil ochocientos once = Pedro Juan Cavallero = Fulgencio Yegros = Antonio Tomás Yegros = Mauricio José Troche = Juan Bautista Rivarola = Vicente Ygnacio Yturbe = Francisco Antonio González = Juan Manuel Yturbe = Mariano del Pilar Mallada = Pedro Alcántara Estigarribia = José Joaquín León = José Agustín Yegros = Blas Domingo.

 

 

 

 

 

 

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