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BERNARDO NERI FARINA


  EL GOLPE DE 4 DE MAYO DE 1954 - Por BERNARDO NERI FARINA - Año 2013


EL GOLPE DE 4 DE MAYO DE 1954 - Por BERNARDO NERI FARINA - Año 2013

EL GOLPE DE 4 DE MAYO DE 1954

Por BERNARDO NERI FARINA

COLECCIÓN GUERRAS Y VIOLENCIA POLÍTICA EN EL PARAGUAY

NÚMERO 15

© El Lector (de esta edición)

Director Editorial: Pablo León Burián

Coordinador Editorial: Bernardo Neri Farina

Director de la Colección: Herib Caballero Campos

Diseño de Tapa y Diagramación: Jorge Miranda Estigarribia

Corrección: Rodolfo Insaurralde

Fotografías: Instituto y Museo de Historia Militar - Asunción

I.S.B.N. 978-99953-1-353-1

Hecho el depósito que marca la Ley 1328/98

Esta edición consta de 15 mil ejemplares

Asunción – Paraguay

Marzo 2013 (92 páginas)

 

 

 

 

 

CONTENIDO

 

Prólogo

Introducción

Capítulo I

EL PARAGUAY DESPUÉS DE 1947

La seguidilla de presidentes

Capítulo II

EL GOBIERNO DE FEDERICO CHAVES

La educación

Condiciones generales del país

Medidas económicas

El Convenio con Argentina

Capítulo III

CULTURA Y SOCIEDAD EN LOS PRIMEROS AÑOS 50

Alrededor de la música

A la conquista de Europa

El cine

Las letras

El teatro

Las artes visuales

Ruptura y apertura

Capítulo IV

DE LA CRISIS AL GOLPE

Se acentúa la crisis

El duelo entre Stroessner y Ferreira

El golpe y después

Conclusión

Cronología de golpes entre 1947 Y 1954

Anexos

PETIT

Carta del general Juan Domingo Perón, desde el exilio, al Tte. Cnel. Mario B. Ortega

Bibliografía

El Autor

 

 

 

PRÓLOGO

 

         El 4 de mayo de 1954, es una de las fechas que ha marcado a fuego la historia paraguaya, dicho día empezaba gobierno autoritario más prolongado del periodo independiente. El golpe encabezado por el entonces Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Gral. Alfredo Stroessner contra el Presidente de la República Federico Chaves, inauguraba un período en el cual se instauró un sistema de gobierno que sistematizó la exclusión, que limito las libertades públicas de forma sistemática con el fin de lograr el "progreso".

         Bernardo Neri Farina un destacado escritor y periodista logra con gran habilidad presentar todo el ambiente social, cultural y económico del Paraguay a comienzos de la década de 1950, con su texto sitúa al lector en aquellos convulsionados años. El autor demuestra su esclarecido conocimiento sobre uno de los períodos más desconocidos la historia reciente en el Paraguay.

         El texto comienza desde la finalización de la Guerra Civil de 1947, para ir explicando toda la inestabilidad originada en la puja entre los diversos sectores del gobernante Partido Colorado, que pretendían hacerse con el poder y excluir a los adversarios internos. La intolerancia y la persecución política con la mayoría de la población excluida de las discusiones políticas sumida en la pobreza y el aislamiento sobreviviendo en paupérrimas condiciones de vida, agravaban.

         A lo largo de la obra, el autor explica la facilidad con la que los líderes políticos y militares de la época conspiraban y se confabulaban para lograr sus objetivos en desmedro de la institucionalidad. En ese juego de poderes, es que se explican los acontecimientos acaecidos el 4 de mayo de 1954, golpe en el cual no sólo se produjo la deposición de un Presidente político, sino que a la larga implicaría el desplazamiento del sector "populista" encabezado por Epifanio Méndez Fleitas, y el predominio del ejército en la toma de decisiones a partir de ascenso al poder del general Stroessner.

         Este libro contribuye eficazmente a conocer un acontecimiento que tuvo amplias consecuencias en la vida política, económica y social de los paraguayos, pues a partir de él se estableció un régimen autoritario que duró 35 años.

 

         Asunción, marzo de 2013.

         Herib Caballero Campos

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

         En la noche del 4 de mayo de 1954, en un operativo militar relámpago, el general Alfredo Stroessner, Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación, cargo que le había delegado el Presidente de la República, acabó con el gobierno colorado de Federico Chaves, en el remate de un sucesión de hechos desencadenados tras la guerra civil de 1947.

         Aunque el gobierno de Chaves -producto también de un golpe partidario concretado el 10 de setiembre de 1949- fue el de mayor duración desde el fin de la llamada "Revolución de 1947", no escapó del caótico ambiente político que sobrevino al conflicto fratricida con la consecuente intolerancia cerril, rayana a lo criminal, y una abrumadora desorganización económica que tuvo una secuela devastadora: la pobreza atroz y una situación general de atraso que ponían al Paraguay en una posición colindante con lo marginal en Sudamérica.

         En cierto modo, en sus inicios el gobierno de Federico Chaves había calmado un poco los ánimos tras la seguidilla de golpes internos del coloradismo en 1949, año en que se sucedieron nada menos que cuatro presidentes (Natalicio González, Raimundo Rolón, Felipe Molas López y el propio Chaves). En julio de 1950, en unas votaciones con partido único, "Don Federico" fue "electo" para terminar el período de Natalicio (1948-1953). Luego, el líder del sector colorado denominado democrático fue "reelegido", en otro de los típicos comicios paraguayos sin participación de oposición alguna, para el quinquenio 1953-1958.

         Pero las peleas en la eterna interna colorada comenzaron a hacer estragos en la paz del Partido Colorado, del Gobierno y del país.

         En una carta abierta a sus correligionarios -que luego se publicaría como folleto- uno de los más connotados dirigentes colorados de todos los tiempos, el doctor Juan Manuel Frutos (padre), afirmaba en 1949 que "Cuando la lucha no se plantea de partido a partido, entonces se produce dentro del propio partido".

         Luego de la terrible guerra entre paraguayos en 1947, el coloradismo quedó como único partido y único poder en el Paraguay y en su seno se cumplió el aserto de Frutos. Cada dirigente se convirtió, en la práctica, en un líder faccioso que buscaba por todos los medios que prevalecieran sus intereses.

         Y se sucedieron los actos de felonía entre colorados, en una patética cadena de golpes y autogolpes que acentuaban la inseguridad y sumían al país en una ciénaga donde se inmovilizaba toda voluntad de progreso.

         En consonancia con lo político, lo económico sufría la falta de conducción eficiente o que por lo menos tuviera conciencia de su misión en el país. La producción era de sobrevivencia y las opciones para trabajar y prosperar eran bien pocas. No había inversión pues no existía capital ni capacidad emprendedora.

         El 2 de enero de 1953, en una comunicación a su Gobierno respecto al régimen económico de Chaves, John C. Shillock, primer secretario de la Embajada norteamericana, afirmaba:

         "Se logró alguna prosperidad durante la guerra (II Guerra Mundial), debido a los altos precios de los artículos de exportación, y así se pudo acumular saldos relativamente grandes de divisas. Estos se han dilapidado y por una serie de razones, externas e internas, el Paraguay pasa ahora a través de un período de severa recesión económica y financiera."

         Una situación contribuyó a soliviantar aún más al minúsculo sector productivo: todos los negocios posibles, legales o no, pasaban por el cedazo inevitable de Isabelita Vallejos, la amante del septuagenario presidente Chaves, ante la cual los agentes económicos debían desfilar con el fin de obtener una venia.

         A escala nacional, la infraestructura era escasa. El Paraguay era un país sin electrificación, sin caminos transitables, sin agua potable. El grueso de la producción rural estaba destinado al autoconsumo. Los rubros de renta se limitaban a unos pocos productos, como el tanino, la yerba mate y la carne.

         Una válvula de escape al problema político, económico y social paraguayo en ese tiempo, fue la migración a la Argentina, que absorbía parte importante de la mano de obra excedente en el Paraguay.

         El Paraguay dependía "fastidiosamente" de la Argentina para el mantenimiento de su economía, mientras el Brasil no lograba concretar su objetivo de hacer girar al Paraguay hacia el Este, pese a la paulatina influencia cultural y hasta militar que venía desarrollando desde los años 40; específicamente desde mayo de 1941, cuando el presidente Getulio Vargas visitó nuestro país y, luego, agosto de 1942, cuando llegó a Asunción Francisco Negrão de Lima, el primer diplomático brasileño designado con el rango de Embajador en el Paraguay, y una personalidad de singular relevancia.

         La ayuda norteamericana, sistematizada desde 1942, se estaba consolidando en aquellos primeros años 50 pero aún no era decisiva más allá de vigilar que la pobreza extrema no fundara en el Paraguay una cuña comunista entre Brasil y Argentina.

         El censo realizado en 1950 ilustraba sobre la composición de aquella empobrecida comunidad paraguaya: el 75% de la población era rural y el 25% urbana; Asunción, el centro más poblado, contaba con unos 200.000 habitantes (de una población nacional de 1.341.333 personas); la Población Económicamente Activa (PEA) ascendía a 437.000 personas, de las que 235.000, el 54%, se dedicaban a actividades agropecuarias.

         En 1953 las exportaciones alcanzaron la modestísima suma de 30.700.000 dólares. El ingreso per cápita en ese año fue de apenas de 200 dólares y monedas.

         En ese entonces, todo pasaba por Asunción, que monopolizaba la exigua producción manufacturera del país reducida a procesadoras de alimentos, elaboración de tejidos rústicos o de muebles en pequeñas fábricas. Un grave inconveniente para la producción industrial o semi industrial era la escasez de energía eléctrica.

         La fuente de empleo más segura era el Estado. La función pública era muy apetecida porque allí había un salario estable (aunque no tanto) y la posibilidad de incursionar en algunos negocios o en la venta de influencia.

         En contrapartida a ese panorama oscuro, en los primeros años 50 comenzó a avivarse un rico dinamismo en las artes y la cultura en general. En 1952, Gabriel Casaccia publicó en Buenos Aires su novela La babosa, que sacudió a la sociedad paraguaya, al mostrarle como en un espejo su acentuada decadencia, y situó a la novelística de nuestro país en la consideración literaria continental. No en balde Augusto Roa Bastos calificó a Casaccia como el padre de la novela moderna en el Paraguay.

         El movimiento artístico generalizado que asomó en esos años, que incluía también a las artes visuales, habría de sobrevivir, de algún modo, a los avatares políticos que desencadenaron el golpe de Alfredo Stroessner y la posterior ejecutoria de aquel joven General de ascendencia teutona que se quedaría -contradiciendo las propias predicciones de la diplomacia norteamericana en Asunción- por casi 35 años en el poder de la República.

         El golpe del 54, aunque tuvo una rápida cocción en la humeante caldera de la interna colorada, fue enteramente militar. Una asonada con ingrediente castrense total, pero su efecto político estremeció al Paraguay durante toda la segunda mitad del siglo XX.

         Veamos cómo se dio aquello del 4 de mayo de 1954, y qué pasaba con la sociedad paraguaya en aquel tiempo.

 

 

 

CAPÍTULO I

 

EL PARAGUAY DESPUÉS DEL 47

 

         La guerra civil de 1947 no terminó en 1947 con el triunfo de los colorados. Es que el componente principal de aquella matanza entre compatriotas fue el odio, que derivó posteriormente en un maniqueísmo degradante, causa y efecto -a su vez- de la brutalidad en la forma de relacionarse con quien pensara diferente. La guerra continuó en la conducta colectiva de vencedores y vencidos.

         El Paraguay se dividió en colorados y enemigos. Los enemigos eran todos los demás que no fueran colorados. Cuando los enemigos fueron muertos, desterrados, encarcelados, confinados o simplemente acallados, los colorados -aplicando la teoría del conflicto permanente como estrategia de unidad forzada de elementos afines- se dedicaron a enemistarse entre sí. Construyeron el enemigo interno.

         La afinidad ya no era abiertamente partidaria sino acotadamente "movimentaria". Los caudillos y movimientos internos pesaban más que el todo partidario, en especial a la hora de las pujas por el poder.

         Por eso el doctor Juan Manuel Frutos, eminente doctrinario republicano, temía tanto al partido único y abogaba constantemente por una apertura democrática.

         Pero la intolerancia, producto del odio, estaba ya plenamente instalada en el país como sistema y resultaba imposible pensar efectivamente en términos de democracia. Además, el concepto mismo de democracia se hallaba absolutamente bastardeado por todos los sectores.

         La democracia era solo proclamada por quienes quedaban fuera del poder. Apenas accedieran a dicho poder, actuarían con la misma arbitrariedad autocrática que denunciaban desde el llano. Era un círculo vicioso que se aceleró a partir de agosto del 47 cuando los colorados se quedaron solos para canibalizar la dinámica del partido.

         El Partido Colorado, que en sus años de llanura entre 1904 y 1947 luchó denodadamente por la apertura democrática y por la libertad de prensa, una vez en el poder hizo lo mismo que tanto denunció. Peor aún: sistematizó la persecución al adversario, la tortura y el despotismo.

         Al finalizar la guerra civil de 1947, en agosto, ya con el coloradismo como partido único se pensó en comicios para elegir nuevo Presidente de la República. La lucha por el mando se iba a dar desde entonces y por varias décadas exclusivamente dentro del Partido Colorado. Natalicio González, al frente del sector denominado "Guión Rojo", y Federico Chaves, líder del "movimiento Democrático", polarizaban la interna partidaria, cada uno con un movimiento fuerte y diametralmente opuesto al otro en sus métodos de acción.

         En noviembre de 1947, tras la convención colorada celebrada en el Teatro Municipal, y en la que menudearon los atropellos de las turbas del Guión Rojo, el amigo y aliado del presidente Higinio Morínigo, Juan Natalicio González, fue ungido candidato por el Partido Colorado a Presidente de la República para las elecciones de 1948. En esa convención, González, hombre de respetable caudal intelectual, desplazó a Federico Chaves.

         Con Natalicio González se iniciaba en 1947 la hegemonía del sector más duro de los republicanos, el Guión Rojo, capitaneado por el propio Natalicio y célebre por su violencia.

         Con la oposición extra partidaria totalmente anulada, los colorados polarizados en guiones y democráticos terminaron odiándose entre sí. En la convención partidaria de aquel noviembre de 1947, a pesar de que eran mayoría, los seguidores de Federico Chaves fueron totalmente desbordados por la ferocidad y brutalidad de los guiones.

         La sesión comenzó el día 16 y culminó el 18. El 17 se eligió al Presidente de la Asamblea, donde ganó el representante democrático por 77 votos contra 75. Tras conocer el resultado, los guiones rojos, que en la madrugada de ese día habían copado la sede convencional -tal como lo harían los militantes el 1 de agosto de 1987-, apedrearon a los democráticos dentro del recinto del Teatro Municipal hasta hacer que éstos huyeran del local.

         Dueños de la situación, los seguidores de Natalicio González impusieron como Presidente de la Convención a Manuel Talavera, pese a que éste había perdido en la votación cuando aún estaban los chavistas presentes.

         El atraco estaba consumado y el 18 de noviembre Natalicio era proclamado candidato a Presidente de la República por el Partido Colorado, lo que era igual a decir que ya estaba electo para la primera magistratura.

         Las hordas del Guión hicieron su campaña "electoral" asolando las calles del centro asunceno y gritando consignas agresivas que no dejaban dudas de su intención: "Reviente quien reviente, Natalicio Presidente" o "A balazos o a sablazos, Natalicio al Palacio". Y no eran simples consignas retóricas. Los guiones no tenían ningún problema en cumplir expeditivamente con sus amenazas.

         Ante tan "persuasivas" maneras, el 14 de febrero de 1948, sin oposición a su candidatura, Natalicio González fue electo Presidente de la República del Paraguay.

         Y ahí fue que ocurrió aquello tan curioso: un rápido golpe de Estado, ideado por Felipe Molas López y varios guiones rojos, derribó del poder a Higinio Morínigo, quien estaba a punto de dejar la Presidencia para entregársela a Natalicio.

         Los colorados destituyeron a la fuerza a Morínigo por el temor que tenían a su habilidad para mantenerse en el poder. Ese fue un golpe "preventivo", "por las dudas". Por si a Morínigo se le ocurriera prolongar su mandato de casi ocho años, inusual para aquellos tiempos en un Paraguay en el que los presidentes se cambiaban como si nada de la noche a la mañana.

         Otra de las razones del desplazamiento forzado de Morínigo era la dependencia que el Gobierno de éste tenía del régimen de Juan Domingo Perón, que había sido decisivo para que en 1947 los "moriniguistas", con modernas armas automáticas cedidas por los argentinos, batieran a los revolucionarios ya en las puertas mismas de Asunción.

         Existía entonces una fuerte corriente en la oficialidad militar decididamente opuesta a la influencia argentina en el Paraguay.

         También se podría pensar que el golpe contra Morínigo -encabezado políticamente por el doctor Felipe Molas López, Mario Mallorquín y Enrique Volta Gaona, entre otros- fue una especie de advertencia para el mismo Natalicio, íntimo amigo y Ministro del General defenestrado. Natalicio González habría pensado nombrar a Morínigo Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, con lo que se fortalecería y se prevendría contra los muchos adversarios que tenía en el Partido Colorado.

         Para exigir la renuncia de Morínigo, los conjurados colorados tuvieron el apoyo militar del Comandante de la Artillería, coronel Alfredo Stroessner; del capitán Roig Franco, de la Marina, y del coronel Carlos Montanaro, de la Escuela Militar.

         Tras derrocar a Morínigo, la dirigencia de la ANR nombró Presidente provisional de la República a Juan Manuel Frutos, mientras se aguardaba la asunción constitucional de Natalicio.

         Con Morínigo cayó también el coronel Enrique Giménez, Comandante de la Caballería, hombre decisivo en el autogolpe del 13 de enero de 1947 para la vuelta del coloradismo al poder; antiguo sustento del defenestrado Presidente y, por sobre todas las cosas, viejo enemigo de Alfredo Stroessner.

 

 

         LA SEGUIDILLA DE PRESIDENTES

 

         El 3 de junio de 1948 asumió como Presidente provisional de la República el doctor Juan Manuel Frutos, un hombre muy respetado por sus cualidades intelectuales y por su entereza moral. Había sido titular del Tribunal Superior de Justicia y fue quizá uno de los últimos doctrinarios del coloradismo.

         El 15 de agosto siguiente, el doctor Frutos entregó el mandato constitucional a Natalicio González. El poderoso Guión Rojo que había atracado la convención republicana en noviembre de 1947 tomaba el poder absoluto del país ya bastante debilitado, jaqueado por las divisiones internas. Es que hasta las agrupaciones internas coloradas se dividían por apetencias caudillistas.

         Felipe Molas López, el odontólogo especialista en conspiraciones, agudizó su instinto y apuntó a Natalicio. Este descubrió que la conspiración iba carcomiendo su propio entorno cercano, y entre los conspiradores aparecía Nicolás Scorza Fúster, nada menos que Jefe de Policía. Natalicio lo destituyó inmediatamente.

         Tomando la destitución de Scorza Fúster como un pretexto, el 26 de octubre de 1948 se produjo un levantamiento castrense encabezado por el director de la Escuela Militar, coronel Carlos Montanaro, a quien apoyaba el Comandante de la Artillería, coronel Alfredo Stroessner. En verdad, el movimiento tenía un fuerte componente político, pues varios referentes colorados fueron quienes se llegaron hasta Montanaro para inducirlo a movilizarse: Mario Mallorquín, Sabino Augusto Montanaro, Enrique Volta Gaona, Washington Ashwell, Eladio Montanía, entre otros. A ese movimiento se unieron militantes febreristas y comunistas, siempre listos para prenderse en cualquier entrevero político.

         La rápida reacción del propio Natalicio logró que la Caballería, comandada por el coronel Adalberto Canata, se movilizara en su favor, mientras una fuerza de Infantería encabezada por Rogelio Benítez impedía el desplazamiento de los artilleros de Stroessner desde Paraguarí.

         Montanaro se tuvo que rendir y Stroessner logró refugio en la Embajada del Brasil en Asunción para luego emprender el exilio a la Argentina, donde se encontraría con otro desterrado: Federico Chaves.

         Pese a su victoria ante los alzados el 26 de octubre, el gobierno de Natalicio estaba tambaleante. Hubo un intento de unidad entre los democráticos y el Guión Rojo. A lo que el propio Natalicio se opuso ante las exigencias de cargos y espacios de poder de los seguidores de Federico Chaves y Felipe Molas López.

         Las calles asuncenas se llenaron de manifestaciones contra González y la anarquía se impuso una vez más. Natalicio fue perdiendo poder y hasta el propio coronel Canata se le puso en contra. Ante esta situación el 30 de enero de 1949, buscó refugio en la Embajada del Brasil y presento su renuncia a la Presidencia de la República.

         Como un modo de dar oportunidad a los caudillos colorados para ponerse de acuerdo en torno a un Gobierno de unidad, el coronel Adalberto Canata propuso el nombramiento como Presidente provisional del general Raimundo Rolón, oficial de Artillería y Ministro de Defensa de Natalicio.

         El propósito original de Rolón fue llamar a elecciones generales en un plazo de 60 días. Su "mandato", sin embargo, duró nada más que unos pocos días, pues el 26 de febrero fue defenestrado por un golpe encabezado políticamente -cuándo no- por Felipe Molas López y que tuvo como eje militar al coronel Alfredo Stroessner, traído clandestinamente desde Puerto Bouvier, Argentina, para que volviera a hacerse cargo del Comando de Artillería en Paraguarí. Justamente en la sede de dicha Arma fue arrestado Rolón.

         Tras una larga serie de conspiraciones, Felipe Molas López llegó finalmente a la Presidencia de la República, luego de jurar ante la Corte Suprema de Justicia. Su primera medida drástica fue disolver la Cámara de Representantes y ratificar el llamado de elecciones presidenciales hecho por Rolón, a lo que sumó la convocatoria a elecciones legislativas.

         El gabinete ministerial quedó compuesto por una mayoría de seguidores del sector democrático, cuyo líder, Federico Chaves, ocupó la cartera de Relaciones Exteriores. Epifanio Méndez Fleitas fue nombrado Jefe de la Policía de la Capital.

         Las votaciones se llevaron a cabo en abril de 1949. Molas López fue ungido presidente constitucional el 14 de mayo del mismo año, y Federico Chaves asumió como titular de la Cámara de Representantes.

         Mientras tanto, el país sufría una asfixiante inflación alimentada por un incontrolable déficit presupuestario y el monopolio de divisas extranjeras por parte de sectores poderosos del empresariado con cuña política.

         Se vivía también un tiempo de éxodo extraordinario de personas de zonas rurales a las ciudades o al extranjero, preferentemente la Argentina.

         Molas López, quien se ocupó más de mudar la oficina presidencial a la planta baja del Palacio de López por un problema que tenía en la pierna, antes que tratar de encauzar la economía, no duró mucho tiempo en su sillón. Los democráticos, aduciendo que el Presidente conspiraba contra ellos y tenía intenciones de un autogolpe, lograron que la Junta de Gobierno del Partido Colorado le retirara su confianza, y lo dejaran a merced de otro golpe de Estado, tras el cual el poder quedaría en manos de Federico Chaves.

         No hay que olvidar que Molas López tuvo una actitud destinada a forjar la paz interna cuando decretó una amplia amnistía para varios perseguidos políticos. Su intención, debido a la corta duración de su Gobierno, no cristalizó del todo.

         Una de las últimas medidas de Molas López antes de caer definitivamente fue ascender a Alfredo Stroessner al grado de General de Brigada. Ocurrió el 15 de agosto de 1949, cuando "El Rubio", tal como era conocido Stroessner, no había cumplido siquiera los 37 años de edad. El suyo fue un caso muy llamativo de precocidad para alcanzar tal jerarquía, más aun teniendo en cuenta que los avatares políticos de aquellos tiempos cegaron varias brillantes carreras castrenses.

 

 

 

CAPÍTULO II

 

EL GOBIERNO DE FEDERICO CHAVES

 

         En la fecha del aniversario del Partido Colorado, 11 de setiembre de 1949, Federico Chaves asumió de manera provisoria como Presidente de la República. En primer lugar, su intención era la "pacificación espiritual del país".

         Dos meses después de haberse sentado en el sillón presidencial, Chaves convocó a nuevas elecciones para primer mandatario, las que se llevaron a cabo en julio de 1950, con el fin de completar el período de Natalicio González, es decir, el quinquenio 1948-1953.

         El 15 de febrero de 1953, Chaves fue reelecto, con lo que el país entró en una suerte de estabilización política tras tantos años de anarquía. Sin embargo, no hubo el más mínimo atisbo de democracia. La actividad política de los opositores continuó restringida, siguió vigente el estado de sitio y la prensa estuvo controlada por los censores oficiales.

         Mirándolo en la perspectiva del tiempo, el Paraguay de los años 50 del siglo XX era un país con mentalidad rural. Gran parte de la población vivía en extendidas regiones campestres, en rancheríos precarios de adobe y madera rústica, y pequeñas aldeas aisladas de todo, y sobrevivía gracias a una agricultura primaria en la que la tecnología más avanzada estaba representada por un arado tirado por dos bueyes.

         Se producía algodón, tabaco, madera, yerba y carne. En el Alto Paraguay se elaboraba el tanino, extracto de quebracho muy apreciado en aquel tiempo por su utilidad en el curtido de pieles y cueros. Ese producto significó durante mucho tiempo la mayor fuente de trabajo en la zona y permitió una apreciable calidad de vida para quienes se arriesgaban a ir a trabajar a esa norteña tierra del Chaco sobre el río Paraguay.

         La pobreza, por falta de productividad y de producción, era cuantiosa incluso en Asunción. Los pocos potentados lo eran gracias a la ganadería o al comercio importador, si no directamente debido al contrabando permitido en gran escala, sin problemas, a los cercanos al poder.

         Una de las pocas fuentes de empleo más o menos segura era el Estado. Pero para entrar al servicio público había que demostrar lealtad al poder y a los poderosos. Quienes manejaban los entes estatales, a su vez, no atraían al servicio a los mejores, sino a aquellos que les despertaran más confianza. Esa era la base del nepotismo existente en cuanto a los nombramientos de funcionarios en todos los entes.

         Según Paul H. Lewis, en aquellos primeros años de la década del 50:

         ... la vida privada giraba alrededor de la familia, y entre las clases educadas, que eran las únicas que contaban dentro de la política; y tenía lugar tras las blancas paredes de estuco que aislaban las casas del exterior. El concepto de familia se extendía más allá de los padres e hijos para incluir relaciones lejanas, incluso a los padrinos y ahijados. Estos nexos eran estrechos y poderosos. La mayoría de los paraguayos veía con cierta reserva, si no es que con recelo, a todo el que no estuviese conectado con su familia, salvo quizás a unos pocos amigos muy cercanos. La familia, no la comunidad en general, era su refugio, su sostén, y el objeto de su lealtad."

         Por su parte, el recordado periodista Sindulfo Martínez afirmaba que el Paraguay "es un país de parientes". Sostenía el mismo:

         "En nuestro medio éste es el vínculo imperativo y aglutinante, el más común, profuso y denso. Ni las ideas ni las pasiones revisten tanta presencia ni unen tan íntimamente como ese nexo secular, cordón umbilical con la historia. Ni tampoco ejercen gravitante influencia en la caracterología del ámbito social. No en vano Justo Pastor Benítez expresa que el Paraguay es una gran familia, donde la ley de la sangre asume todopoderoso predominio. Es así como esta realidad añeja, extraída de los tiempos de la Conquista, constituye, sin objeción posible, uno de los constructores invisibles de la personalidad de nuestro pueblo. Es una mano oculta que teje, fina pero firmemente, los hilos del destino nacional."

         De ahí también que las luchas políticas constantes, incluso dentro de un mismo partido, se dieran en el Paraguay por el afán de controlar el aparato estatal, fuente de riqueza o por lo menos de empleos para familiares, parientes, amigos y leales.

         Ese contexto influía en la vida social. Los opositores al régimen eran absolutamente radiados aun de los clubes deportivos y sociales. Éstos no eran meros adversarios políticos: eran enemigos particulares y públicos.

         El Paraguay está lleno de historias de familias divididas, dolorosa e incluso trágicamente, por culpa de las desavenencias políticas.

         En general, no existía cultura cívica ni siquiera en los sectores que poseían mejor nivel cultural. La política, entendida como el afán de manejo de la cosa pública para asegurar el futuro económico, lo obnubilaba todo. En pos de alcanzar el poder se hacían alianzas pasajeras que casi siempre terminaban en actos de traición.

         La capacidad intelectual no garantizaba nada en cuanto a calidad de civismo. Por lo demás, la política (o la dirigencia política) estaba reservada exclusivamente a los miembros de las familias más acomodadas. El resto de la población era una masa informe carente de criterio. La emocionalidad pura dominaba en el espectro político. Se era colorado o liberal no por principios doctrinarios sino por tradición familiar y como signo de prácticas atávicas heredadas en cuanto a afinidades políticas.

         Los pobladores de Asunción podían tener acceso a algún tipo de información y a mayor conocimiento de las situaciones coyunturales, pero para los habitantes de las aisladas regiones del interior la vida se desarrollaba en la más absoluta desconexión de lo que pasaba en la capital, centro de las actividades políticas, económicas y sociales. Solo los caudillos regionales estaban avisados para poder mover a sus masas cuando fuera necesario, en alguna concentración masiva del partido o los aprestos para un levantamiento armado.

         En el interior del país, dos colores predominaban y en no pocas ocasiones eran causales de muerte. Un poncho colorado en un ambiente liberal (de color azul), y viceversa, podía despertar un combate a puñaladas o un trágico tiroteo. No importaba que los portadores de las prendas de colores distintivos de los partidos políticos adversarios entre sí fuesen amigos, vecinos, compueblanos o parientes.

 

         LA EDUCACIÓN

 

         Algunos analistas de aquella era se atrevían a señalar que la mayor desgracia del Paraguay no era la pobreza sino la extrema ignorancia. En 1950 las cifras oficiales hablaban de un 40% de analfabetismo, pues solo el 60% de la población con más de 7 años de edad sabía leer y escribir.

         El analfabetismo reinaba, sobre todo, en una inmensa mayoría de las mujeres. En vastas regiones del país, la educación escolar de las mismas era considerada totalmente innecesaria pues reinaba el pensamiento primitivo de que la mujer no debía salir del hogar, tenía que dedicarse únicamente al cuidado de la casa y de los hijos, y para ello no era necesario que fuera a la escuela.

         Por lo demás, los varones iban a la escuela lo estrictamente necesario para reconocer las letras y aprender la ejecución de las operaciones matemáticas básicas: suma y resta. Pronto dejaban de asistir pues sus padres les obligaban a ayudar en la capuera. Quienes perseveraran, terminaran el ciclo primario y quisieran continuar escalando en la educación académica, debían trasladarse a Asunción, y eran muy pocos quienes tenían la posibilidad cierta de hacerlo.

         En 1954, en todo el país había solo 1.781 escuelas primarias que albergaban a 254.000 alumnos, para los cuales se contaba con 8.284 maestras. La enseñanza Media, que incluía colegios, liceos y escuelas normales, tenía 4.486 alumnos y 2.000 docentes. Es importante fijarse en la diferencia existente entre los matriculados en la primaria (254.000) y los escasos 4.486 que cursaban la secundaria. Apenas poco más del 2% de los estudiantes primarios llegaba a ingresar a la siguiente etapa.

         El nivel universitario también era sumamente pobre. En 1954 había una sola universidad con siete facultades y 2.265 estudiantes.

 

         CONDICIONES GENERALES DEL PAÍS

 

         En 1950, de acuerdo con el Anuario Estadístico de aquel año solo tres ciudades, fuera de Asunción, tenían más de 10 mil habitantes y ninguna llegaba a 20 mil. Ellas eran Concepción, Villarrica y Encarnación. Eran poblados que vegetaban en medio de la llanura y atentos a la aparición de extraños. La policía y la autoridad política local lo controlaban todo e informaban todo a la capital. No había movimiento que pasara desapercibido para el poder político, en una costumbre ancestral que ya la había sistematizado el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia y que en los años 50 del siglo XX estaba aún incólume.

         En aquel tiempo, según los censos del periodo, más del 6% de la población paraguaya estaba compuesta por peones rurales campesinos, mientras que solo 1.500 propietarios eran los dueños del 85% de las tierras cultivables. Por su parte, la industria paraguaya era casi inexistente, y solamente se elaboraban algunos bienes derivados de la producción agropecuaria. En este escenario se introdujeron varias reformas económicas que descansaron más bien en la ejecución de infraestructuras y algunos planes de desarrollo.

         Los principales cultivos se hallaban en un radio de 60 kilómetros alrededor de Asunción. El resto era selva profunda en la que era muy difícil de penetrar por falta de caminos y otros tipos de infraestructura necesaria. La falta de transporte también constituía un motivo de atraso. En 1950, el 90% de los productos era transportado desde las fincas hasta los mercados, en carretas tiradas por dos bueyes. En tanto, el comercio internacional dependía en un 94% del transporte fluvial hasta el Río de la Plata.

         No obstante la pobreza interna, el número de automóviles creció de manera notable. En 1946 se vendieron 8,25 millones de litros de combustible para autovehículos, mientras que en 1953 la cifra ascendió a 27,5 millones de litros.

         Algo notable para aquellos tiempos era la importante conectividad aérea. A comienzos de la década del 50 seis líneas aéreas conectaban Asunción con Buenos Aires, Río de Janeiro, Montevideo, Santiago de Chile, y de ahí con el resto el mundo. En 1952 se registraron 1.600 vuelos, cifra que ascendió considerablemente a 2.456 vuelos en 1953.

         En tres aspectos se exhibía la extrema pobreza del país: comunicaciones, energía eléctrica y servicio de agua potable.

         En 1953 había solo 6.000 teléfonos instalados; alrededor de 0,4 aparatos por cada 100 habitantes. Las llamadas internacionales se interconectaban por radio a Encarnación o Pilar y desde allí, a través de cables subacuáticos, al sistema de tierra de la Argentina. Por otra parte, unas 120 localidades tenían servicio de telégrafo. En cuanto a energía eléctrica, en 1950 solo el 12% de la población contaba con el servicio domiciliario; y eso, en Asunción. Fuera de la capital, las poblaciones y las industrias debían agenciarse para generar su propia energía.

         En lo que respecta al agua, esta era proveída por aljibes y distribuida por medio de carritos aguateros. Tan solo en Asunción se contaba con agua potable corriente en 1959.

 

         MEDIDAS ECONÓMICAS

 

         En 1950, para tratar de solucionar el grave drama económico del país, mediante un decreto "de Defensa de la Economía Nacional" el Gobierno estableció un control de precios y de actividades comerciales que resultó un verdadero fracaso, pues solo originó un mercado negro desastroso para la economía familiar.

         En 1951, el Gobierno decretó una moratoria de la deuda pública por su incapacidad de honrar sus compromisos. No podía acceder a préstamos extranjeros y solamente la ayuda de Estados Unidos salvó la situación. El 7 de diciembre de 1951, el Banco Mundial le otorgó al Paraguay un crédito de cinco millones de dólares para la compra de equipos de agricultura y construcción de caminos.

         La ciudadanía soportaba la falta de producción, la escasez de puestos de trabajo, el desabastecimiento y una inflación que en 1951 fue del 50% y al año siguiente trepó a 116,7%. El caos económico era angustiante y persistía un mercado negro manejado por grupos especuladores que mercaban con las necesidades de la población, abrumada por los dramas cotidianos de la supervivencia.

         En ese marco dramático, en 1952 el gobierno de Chaves creó el Banco Central del Paraguay, para que se encargara de la emisión, el redescuento, la compra y venta de divisas y monedas extranjeras y la orientación de la política cambiaría y de crédito.

         Epifanio Méndez Fleitas, uno de los más connotados dirigentes del coloradismo, fue nombrado primer presidente del ente, el 2 de noviembre del año citado. En octubre de ese mismo año, Don Federico había designado Ministro de Hacienda a Guillermo Enciso Velloso, ideológicamente coincidente con Epifanio en cuanto a la "necesaria" fuerte intervención del Estado en la economía del país.

         La investigadora Melissa Birch destaca que sobre esa base institucional y de hombres, la Comisión de Planeamiento del Fomento Económico elaboró en 1952 un primer programa de estabilización y desarrollo que incluía la reforma de los tipos de cambio, el equilibrio presupuestario, el fomento de la producción agrícola, manufacturera y de las exportaciones, restricción del crédito bancario, racionalización del control de precios y reformas de la administración central.

         En 1953 el Gobierno diseñó el denominado "Plan de Estabilización y Fomento Económicos" en otro intento por encauzar la dificilísima realidad económica del Paraguay. En ello trabajaron Richard Berhendt, experto de Naciones Unidas, Enciso Velloso y Méndez Fleitas. Por la misma disposición se creaba la Comisión de Planeamiento Económico dependiente del Consejo Nacional de Coordinación Económica. Todo eso constituía un ensayo de planificación económica con cierto atisbo de orden y sistematización.

         Méndez Fleitas sostenía que ese cúmulo de decisiones teóricas estaba destinado a originar "un proceso de cambio del que no debe prescindirse en la estimación de sus elementos constitutivos". Alegaba el Presidente del Banco Central:

         "...confrontamos las contingencias de un nuevo estado político, lo cual significa, dentro de nuestros hábitos dominantes, una total revisión de la estructura y el esquema del poder público. Esto es, la fijación de nuevos rumbos, de orientación y el relevamiento en masa del personal directivo del Gobierno."

         Creía estar en un verdadero proceso revolucionario.

         Pero los problemas económicos no retrocedieron. En marzo de 1953 el ministro de Industria y Comercio, Bernardino Gorostiaga, informaba que la existencia de harina se estaba agotando y la posibilidad de que llegaran nuevas partidas de importación de la Argentina era difícil por fallo de disponibilidad de dinero en la cuenta nacional en el país vecino. Se salvó la situación con una importación de emergencia desde el Uruguay. Esto demuestra el cúmulo de dificultades que existía en aquel tiempo para abastecer al país de los productos básicos.

 

 

 

         EL CONVENIO CON LA ARGENTINA

 

         Desde el cargo de Presidente del Banco Central, Epifanio Méndez Fleitas adquirió un gran poder y se convirtió en árbitro económico y político. Tenía carta blanca para conceder créditos y divisas y, en ese sentido, favoreció a varios militares que se convirtieron automáticamente en sus adherentes fervorosos. De pronto, se lo vio como el único político con poder militar. Eso lo tornó peligroso para los demás.

         Otro factor fundamental en Epifanio fue su cercanía con el Presidente de la Argentina, Juan Domingo Perón. Liliana Brezzo y Beatriz Figallo reproducen, en su libro La Argentina y el Paraguay, de la guerra a la integración, un informe diplomático argentino sobre Méndez Fleitas:

         "En todo momento se ha mostrado gran amigo de nuestro país y sincero admirador del general Perón, hasta el punto que se lo consideraba el Perón del Paraguay (...) es admirador de nuestro justicialismo, al que pretende implantar en el Paraguay."

         La influencia de Méndez Fleitas volcó decididamente al gobierno de Chaves hacia la Argentina. En ese marco, el 14 de agosto de 1953 se firmó en Buenos Aires el Convenio de Unión Económica Paraguayo-Argentina, del cual Epifanio fue factor fundamental.

         Mediante ese Convenio se acordó un proceso de establecimiento de tarifas aduaneras con el fin ulterior de llegar a una unión aduanera. Establecía además la coordinación de las políticas económicas de los dos países, facilidades para la inversión argentina en el Paraguay y otras medidas.

         El documento recibió no pocas críticas en nuestro país, porque mediante el mismo, supuestamente, se ataba el futuro económico del Paraguay a la Argentina de manera casi definitiva. El acuerdo era por tres años pero podía ser extensible anualmente.

         Por su parte, Epifanio lo defendió de manera apasionada. Aduciría posteriormente que aquello había posibilitado un aumento entre el 30 y el 50% de las exportaciones paraguayas a la Argentina, además de lograrse una rebaja sustancial en el precio de productos argentinos necesarios para el Paraguay, como el trigo, por ejemplo.

         Perón también fue un férreo abogado de tal Convenio -similar al que firmó con otros países sudamericanos-, y para ratificar su buena voluntad con el Paraguay, visitó nuestro país entre el 3 y el 5 de octubre de 1953. Para la Navidad de ese año, la FUNDACIÓN EVA PERÓN enviaría al Paraguay un tren con treinta vagones repletos de regalos para los niños pobres e institutos de caridad.

         Hubo además otras medidas en el ámbito educativo y cultural que sellaron un intenso estrechamiento en las relaciones entre Asunción y Buenos Aires.

         Pese a todo, la situación económica continuaba difícil y todos los sectores estaban descontentos. Epifanio comenzó a ser el centro de la críticas por parte de altos mandos militares -por su ascendencia en lo mandos medios castrenses- y de ciertos sectores empresariales que no accedían a todos los créditos y las divisas que pedían.

         Don Federico fue presionado insistentemente para desprenderse de su poderoso Presidente del Banco Central, tildado de excesivamente "argentinista" y de tener ambiciones a tal punto de conspirar contra el primer mandatario.

 

 

 

 

CAPÍTULO IV

 

DE LA CRISIS AL GOLPE

 

         Ante el constante aumento del poder del Presidente del Banco Central, Epifanio Méndez Fleitas, el propio jefe de Estado, Federico Chaves, se sintió amenazado y, para desprenderse de él, aprovechó una fuerte protesta de la Asociación Rural del Paraguay contra el administrador de la banca central.

         La puja de Méndez Fleitas con el sector ganadero cobró fuerza dado que los productores exigían un aumento que el funcionario consideraba desproporcionado. Desde 1950 hasta mediados de 1953, el kilo vivo del ganado vacuno pasó de 0,40 guaraníes a 2,20 guaraníes y, en setiembre de 1953, los ganaderos exigieron que se les pagara 5,20 guaraníes por kilo vivo, a lo cual Epifanio se opuso tenazmente. El 4 de enero de 1954 sobrevino la crisis que provocaría su posterior su salida del Banco Central.

         Previamente a la destitución de Méndez Fleitas, y tratando de asordinar tantos rumores de inestabilidad, el 5 de enero de 1954 la Junta de gobierno del Partido Colorado emitió un comunicado expresando su apoyo al Presidente. El documento fue firmado incluso por Epifanio.

         Sin embargo, hubo un apresto castrense ante el temor de que Epifanio acudiera a sus amigos militares para intentar deshacerse de Chaves. Quien más presionaba al Presidente para que se deshiciera de Méndez Fleitas era el comandante de la División de Caballería, teniente coronel Néstor Ferreira.

         Epifanio Méndez Fleitas tenía también otra enemiga temible: Isabelita Vallejos, la amante de Don Federico, quien encabezaba su propio grupo económico y encontraba en el Presidente del Banco Central un obstáculo para conseguir todas las divisas que necesitaban sus negocios.

         Cuando los adherentes a Méndez se enteraron de que estaba ya decretada su salida del Banco Central, también se aprestaron para evitar este hecho. Y lo hicieron "a lo Paraguay", con las armas. El Jefe de Policía, coronel Esteban López Martínez, ordenó un alistamiento de sus fuerzas y el Batallón 40 se mantuvo en alerta máxima. Por su parte, el teniente coronel Ferreira preparó a la Caballería, que recibió el apoyo de milicianos colorados de Luque liderados por Rosa Agustín González acérrimo adversario político de Epifanio.

         En medio de todas estas circunstancias, el emergente caudillo forjado, en las filas de la juventud colorada fue finalmente destituido de su alto cargo el 6 de enero de 1954, aunque "técnicamente" Epifanio presentó renuncia el 7 de enero.

         El joven general de División Alfredo Stroessner, en su condición de Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas -cargo en el que fue confirmado el 31 de mayo de 1951-, no estuvo ajeno al tema. No se opuso a que encumbrados jefes militares pidieran la cabeza de Méndez. Se limitó a ser un espectador alerta de los acontecimientos.

         Así como Epifanio, "presentaron renuncia" los ministros de Hacienda, Guillermo Enciso Velloso, y del Interior, Tomás Romero Pereira, quienes eran nada menos que Presidente y Vicepresidente de la Junta de Gobierno del Partido Colorado, respectivamente, y en ese entonces decididos adherentes de Méndez Fleitas. El conflicto entre Chaves y el Partido ya no tenía retorno.

         El 8 de enero, para completar el cuadro de cambios con el fin de limpiar su entorno de posibles conspiradores, Chaves nombró jefe de la Policía de la Capital a su ahijado político y una de las figuras jóvenes de mayor proyección en el coloradismo: Roberto Luis Petit Barúa, de apenas 31 años de edad.

         Este emergía como el contrapeso de Epifanio. Tenía su mismo carisma, igual inteligencia, pero parecía más cerebral y moderado.

 

         SE ACENTÚA LA CRISIS

 

         Tras el defenestramiento de Epifanio Méndez Fleitas de su cargo de titular del Banco Central, con la crisis en el gabinete más el descontento de la jerarquía militar, en aquel enero del 54 el caos se acentuó en el Gobierno del cada vez más confundido Presidente y el descontrol se aposentó en todo el país.

         Pese a su salida del Banco Central y a estar fuera del contexto estatal, Méndez Fleitas no se iba del todo. Algunos señalaban que estaba conspirando contra Chaves, aunque éste aún le consultaba cuestiones atinentes o su anterior cargo.

         Pero la posición de Méndez comenzaba a inquietar en otros frentes porque también dividía a las Fuerzas Armadas. Tenía adherentes en la Marina y en la Caballería. Entre los jinetes estaba enfrentado al comandante Néstor Ferreira, pero contaba con el mayor Virgilio Candia, Comandante de uno de los regimientos del Arma, uno de sus incondicionales y hombre de gran carisma en Campo Grande.

         Esta situación en la milicia originada alrededor de un civil disgustó al que en ese momento, dada la anarquía, emergía como el árbitro de los destinos del país: el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, general Alfredo Stroessner, quien veía que el ambiente político se enrarecía rápidamente y amenazaba con extender su caos al seno militar, lo que le resultaba inconcebible.

         El Partido Colorado era incapaz de poner orden en la República por causa de su propio desorden interno. La economía estaba desatinada, pocos trabajaban, nadie invertía, el guaraní se desvalorizaba y los políticos solo azuzaban conflictos.

         En Asunción todos comentaban que la que realmente "mandaba" en el país era Isabelita Vallejos, la amante de Don Federico, quien a sus 73 años ya no demostraba voluntad para hacerse cargo de los problemas nacionales. Únicamente quedaba la "esperanza" militar para tratar de reencauzar ese maremágnum de acontecimientos encontrados que era el Paraguay.

         Stroessner había despertado temor en el Gobierno debido a su creciente poder que amenazaba extenderse rápidamente fuera del seno de las Fuerzas Armadas.

         Quien más fuertemente se oponía a la expansión extra militar stronista era el jefe de Policía, Roberto L. Petit, quien comenzó a armar a las fuerzas policiales para prever cualquier contingencia y, sobre todo, para desarrollar la capacidad de actuar como contrapeso frente al cada vez más poderoso Alfredo Stroessner.

         Esta actitud de Petit de fortalecer el potencial bélico de su unidad policial sería, al final, totalmente inútil. Stroessner observaba desde el balcón cómo se iba desmoronando el gobierno de Chaves sumido en su descomposición interna y en la guerra de intereses en su núcleo elemental en su sustento partidario. El comandante militar pensaba que los acontecimientos irían a solucionarse entre los propios políticos en el seno colorado.

         Al principio no le importaba que reemplazaran al Presidente. Lo substancial era que más allá de los cambios de hombres en la política nacional, no se tocara a las Fuerzas Armadas, que finalmente responderían al mandatario designado si éste no agrediera a la estructura castrense que a Stroessner le había costado bastante consolidar a su alrededor.

         Pero la cosa se agravó cuando la Caballería se politizó en demasía. Su Comandante, el teniente coronel Ferreira, obraba como un operador político del chavismo en la zona de influencia de la División, la ciudad de Luque. Eso era inadmisible para Stroessner al que el Partido Colorado le importaba un ápice más allá de que tratara que la situación política volviera al equilibrio que se había ido perdiendo paulatinamente.

         Cuando los colorados luqueños hicieron de la Caballería un puesto de comando político, el comandante en jefe abandonó su observatorio para actuar, a tomar el timón del país pues la nación bogaba con el peligro de sucumbir en las procelosas aguas del desorden creciente.

 

         EL DUELO ENTRE STROESSNER Y FERREIRA

 

         La tensión entre el Presidente de la República y su Comandante en Jefe subió de punto en muy poco tiempo. Chaves se dejaba arrastrar por los acontecimientos y Stroessner lo trataba de "flojo". Además, al General le ofuscaba que el comandante Ferreira sobrepasara su autoridad y se entendiera directamente con Chaves. Se polarizaron las fuerzas públicas. Por un lado, la Caballería y la Policía a favor de Chaves, y por otra parte el resto del Ejército que respondía a Stroessner.

         Ante la inminencia de un choque, un grupo de colorados viajó a San Pedro del Paraná, donde se hallaba en su proscripción Epifanio Méndez Fleitas para interiorizarle de los últimos acontecimientos y auscultar su opinión acerca de lo que había que hacer con un país a la deriva y un partido sin timón firme.

         Ese grupo, en el que se encontraba Saturnino Ferreira Pérez, miembro del directorio del Crédito Agrícola de Habilitación y hombre de confianza de Stroessner, entendía que la mejor solución del momento era un militar en el Gobierno "para que pusiera orden".

         Por entonces, Epifanio ya pensaba en Stroessner para gobernar la República. Lo que él quizá no sabía en ese momento era que varios mandos militares no solo pensaban sino que estaban a punto de actuar para que Stroessner fuera quien mandará más allá de los cuarteles, en todo el país.

         Los propios colorados, por su parte, descontaban que habría un golpe y que Federico Chaves debía "caer". La situación política y la económica en debacle lo condenaban. El Presidente había perdido todo liderazgo y el Gobierno era prácticamente algo inexistente. El jefe de Estado no tenía ninguna autoridad.

         Los dirigentes de la ANR, seguros de que los militares golpistas irían a buscar apoyo político en ellos, querían que a Chaves lo sucediera un civil. Un grupo propuso el cargo a Ángel Florentín Peña, quien se rehusó a aceptar la posibilidad, pues no quería traicionar a su amigo Federico Chaves.

         En la estructura colorada se habló de varios candidatos para reemplazar a Don Federico, pero no se halló al hombre adecuado entre los civiles. Entonces se mencionó a un militar, el general Francisco Caballero Álvarez, el célebre Pancholo, quien no quiso saber nada del cargo porque admitía no tener condiciones de político.

         Antes de que los colorados acordaran qué hacer políticamente con el desgobierno de esos momentos, ya los militares con Stroessner a la cabeza se lanzaron a actuar.

         Un hecho precipitó las acciones. En la mañana del 3 de mayo fue detenido por orden directa del teniente coronel Ferreira, el mayor Virgilio Candia, comandante del Regimiento de Caballería 3 Coronel Mongelós, amigo de Méndez Fleitas y adherente por entonces del general Stroessner (terminaría, como otros tantos, traicionado luego). La orden de arresto pertinente no había sido comunicada al Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, general Alfredo Stroessner.

         Al enterarse de lo sucedido, Stroessner encaró a Chaves y le increpó por haber permitido que Ferreira pasara sobre su autoridad. El enfrentamiento se acentuó y en la noche siguiente decidió entrar en acción contra el Primer Mandatario, que seguía teniendo a su favor a tropas de la Caballería y a la Policía de la Capital. Previamente el General hizo detener al comandante de la División de Caballería.

 

         EL GOLPE Y DESPUÉS

 

         Poco después de las 20 horas del 4 de mayo de 1954, el Batallón 40 atacó a la Policía. El tiroteo se hizo intenso en el microcentro de Asunción, principalmente en los alrededores del cuartel central de la Policía de la Capital, donde murió su jefe, Roberto L. Petit, víctima del ataque. La Primera División de Caballería, sin su comandante, quedó maniatada y no pudo entrar en combate. Stroessner emergió como dueño de las acciones.

         El presidente Federico Chaves buscó refugio en el Colegio Militar, cuyo Director era el general Marcial Samaniego, camarada y amigo de Stroessner. Cuando Chaves quiso hacer prevalecer ante Samaniego su condición natural de Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas -cargo que había delegado en Stroessner-, el capitán de Infantería Isaías Barreto le comunicó la mala nueva: "Su excelencia, usted está preso".

         Terminaba así el gobierno de Federico Chaves, que duró bastante tiempo tras aquella seguidilla de golpes que en 1949 había hecho desfilar a nada menos que cuatro inquilinos del Palacio de López.

         Por su parte, la Junta de Gobierno del Partido Colorado deseaba desde hacía bastante tiempo la renuncia o la destitución del presidente Chaves, quien había perdido toda autoridad. Por eso apoyó finalmente el golpe de Stroessner el 4 de mayo. Se puede deducir con toda seriedad que si la ANR no apoyaba a Stroessner, éste no iba a tener ningún empacho en armar un Gobierno enteramente militar hasta tanto se conformara un movimiento civil en su entorno.

         Tras derribar a Federico Chaves, Stroessner pasó a ser dueño de la situación militar y política. Sin embargo, en un primer momento no estaba en el pensamiento de las autoridades coloradas elevar a la Presidencia de la República al General o a sustentar una posible candidatura suya.

         Por su parte, los jerarcas castrenses esperaban que Stroessner, o algún otro militar de su confianza, asumiera la primera magistratura, hastiados del descontrol impuesto por los civiles, colorados todos ellos, desde 1947. Éstos usaban constantemente a los militares para sus golpes y al final quienes perdían eran solo los hombres de armas cuya carrera estaba en peligro con cada cambio de Gobierno, mientras los políticos variaban de bando y continuaban ejerciendo su actividad; es decir, conspirando.

         Entre el 5 y el 8 de mayo de 1954, posterior a la caída de Federico Chaves, el país vivió sin Presidente y se produjo una grave crisis que hizo presagiar más derramamiento de sangre del que ya había habido en la jornada del 4 de mayo, día del golpe.

         Stroessner pidió a Tomás Romero Pereira, veterano de las luchas coloradas y Presidente de la Junta de Gobierno del Partido Colorado, que gestionara la solución política de la crisis. Los colorados creyeron entonces que Stroessner dejaba a su cargo la elección del candidato que debía concluir el período constitucional de Gobierno del "renunciante" Chaves.

         No se les pasó por la mente que Stroessner solo quería el apoyo unificado de la junta para que él fuera el candidato de consenso del Partido Colorado con miras a instalarse en la Presidencia de la República. El comité político de la junta republicana metía presión para que el Presidente sustituto de Chaves fuera José Zacarías Arza, quien en esos momentos era Embajador paraguayo en España.

         Mediante un enviado, el dirigente misionero Saturnino Ferreira Pérez -el popular Nanino-, Stroessner hizo saber a los dirigentes colorados que no aceptaría otra candidatura que no fuera la suya. Entonces entró en escena quien realmente a partir de tantos hilos sueltos armó la madeja para que Stroessner fuera aceptado como presidente de la República por parte del coloradismo: Epifanio Méndez Fleitas, el carismático caudillo cantor oriundo de San Solano, San Pedro del Paraná.

         Frente a la insistencia de los militares que exigían que Stroessner asumiera inmediatamente la primera magistratura, luego de intensas negociaciones Méndez Fleitas logró que el Partido aceptara designarlo candidato a la Presidencia para las elecciones que se celebrarían el 11 de julio de 1954, sin la participación, como era lógico en aquella era, de ningún otro partido político. Por otra parte, consiguió de Stroessner el consentimiento para que hubiera un Presidente provisional hasta tanto él se hiciera cargo del Gobierno de manera constitucional. El argumento de Epifanio fue contundente: la comunidad internacional no lo vería con buenos ojos en caso de que asumiera como Presidente de facto.

         Stroessner entendió el hecho y la Junta de Gobierno del Partido Colorado nombró a su titular, el arquitecto Tomás Romero Pereira, Presidente provisional de la República hasta el 15 de agosto de 1954.

         El Partido Colorado no tuvo más remedio que dar su apoyo institucional a un militar para que ordenara las cosas, pero esta decisión causó disgusto en buena parte de los dirigentes republicanos que desconfiaban del General, entre ellos Rigoberto Caballero, Ángel Florentín Peña, los hermanos Méndez Paiva y Crispín Insaurralde, junto con todo el grupo Guión Rojo que estaba desplazado de la conducción partidaria.

         Pero el Partido Colorado no tenía otra opción. Al haberse convertido en partido único, cumpliéndose el temor de Juan Manuel Frutos, se quedó sin enemigos externos, y entonces cada facción construyó su propio enemigo interno para sembrar una división que minó las fuerzas partidarias. La vieja ANR no tenía forma de seguir en el poder de manera institucional si no hacía lo que proclamó entonces Romero Pereira: prenderse al saco de Alfredo Stroessner.

         Y con el tiempo, se cumpliría la advertencia del doctor Frutos: al convertirse en partido único desde 1947, la lucha de predominio se instauró entre los grupos oligárquicos del propio coloradismo, para acabar fatalmente en una dictadura personalista.

         Así, el Partido Colorado terminó entregándose y entregando al país a la dictadura personal y autocrática de Alfredo Stroessner.

 

 

 

 

 

CRONOLOGÍA DE ALZAMIENTOS Y GOLPES ENTRE 1947 Y 1954

 

         20 de abril de 1948: Militares y civiles seguidores de Federico Chaves intentaron tomar la Primera División de Caballería. No lo consiguieron. Ese fallido alzamiento tenía como objetivo impedir que el presidente Higinio Morínigo continuara ejerciendo el poder y que Natalicio González -enemigo de Chaves- asumiera luego la Presidencia de la República, cargo para el cual había sido electo en febrero de 1948.

         3 de julio de 1948: La caída de Morínigo. El 14 de febrero de 1948 fue electo Presidente Natalicio González, quien debía asumir el 15 de agosto siguiente. El 3 de julio, los colorados decidieron sacar abruptamente del poder al general Morínigo, temerosos de que éste no entregara el Gobierno al elegido. Así terminaron casi ocho años de hegemonía moriniguista en el país. Lo sustituyó provisoriamente el Dr. Juan Manuel Frutos, hasta el 15 de agosto del mismo año, cuando asumió Natalicio.

         26 de octubre de 1948: Stroessner falla en un golpe. El 26 de octubre de 1948, la Escuela Militar, comandada por el coronel Carlos Montanaro, se alzó en armas contra el gobierno de Natalicio González. El comandante de la Artillería, coronel Alfredo Stroessner, también estaba en la conspiración. Triunfaron las fuerzas gubernistas y Stroessner se refugió en la Embajada del Brasil en Asunción y luego se exilió en Argentina.

         29 de enero de 1949:     Fuera Natalicio. El 29 de enero de 1949, los colorados liderados por Felipe Molas López depusieron de la Presidencia de la República a su correligionario Natalicio González quien había asumido el 15 de agosto de 1948. Lo sustituyó el general Raimundo Rolón.

         27 de febrero de 1949: Rolón cae muy pronto. El general Raimundo Rolón duró menos de un mes; estuvo solo entre el 30 de enero y el 27 de febrero de 1949. Los colorados lo sacaron muy rápidamente de en medio. Rolón apenas tuvo tiempo de hacer asfaltar la calle de su casa, entre sus obras de Gobierno. Lo sustituyó el odontólogo colorado Felipe Molas López, un conspirador de alma. Entre las "obras de Gobierno" de Molas López se recuerda el hecho de haber bajado el despacho presidencial a la planta baja del Palacio de López, debido a que un problema de movilidad le dificultaba subir las escaleras.

         11 de setiembre de 1949: Llega don Federico. Federico Chaves, caudillo del sector denominado democrático del Partido Colorado, se confabuló muchas veces con Felipe Molas López. Esa vez conspiró contra él y lo sustituyó de golpe en el poder, para cerrar el llamativo récord de cuatro presidentes en un año.

         4 de mayo de 1954: Un rubio llamado Stroessner. El 4 de mayo de 1954, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, general Alfredo Stroessner, temeroso de que la anarquía política que reinaba en el país bajo el Gobierno de Federico Chaves se instalara también en las fuerzas castrenses, pegó un cruento golpe que terminó con el régimen de poco más de cuatro años de Chaves.

 

 

 

 

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Martini, Carlos. 1997. Alfredo Stroessner. En: AA. VV. Crónica histórica ilustrada del Paraguay. Buenos Aires. Editorial Quevedo.

 

Méndez-Faith, Teresa. 1995. Antología del recuerdo. Méndez Fleitas en la memoria de su pueblo. Asunción. El Lector.

 

Méndez Fleitas, Epifanio. 1965. Diagnosis Paraguaya. Buenos Aires. Scavone Yegros, Ricardo. 2010. Guerra internacional y confrontaciones políticas (1920 - 1954). En Telesca, Ignacio (coordinador) Historia del Paraguay. Asunción. Taurus.

 

Scavone Yegros, Ricardo y Brezzo, Liliana. 2010. Historia de las relaciones internacionales del Paraguay. Asunción. El Lector.

 

Seiferheld, Alfredo y De Tone, José Luis. 1987. La caída de Federico Chaves: una visión documental norteamericana. Asunción. Editorial Histórica.

 

Szarán, Luis. 1999. Diccionario de la música en el Paraguay. Asunción. Edición del autor.

 

USAID. AID. History in Paraguay. A report on the Development Assistance Program to Paraguay by the Unites States Agency for International Development (USAID) and its predecessor agencies. 1942 -1988.

 

Vera, Helio. 2012. El gobierno del Gral. Alfredo Stroessner. Fascículo 35, capítulo 18 de La Historia del Paraguay. ABC Color.

 

Vittone, Luis. 1975. Dos siglos de política nacional. Siglos XIX y XX. Asunción. Dirección de Publicaciones de las FF.AA.NN.

 

 

 

 

EL AUTOR

 

         Bernardo Neri Farina, periodista y escritor, nació en Asunción el 21 de agosto de 1951. Se inició en el periodismo en los años 70. Ejerció el oficio en varios medios y fue director de diarios, radios, semanarios, revistas y periódicos digitales.

         Tiene varios libros publicados. En el 2003 lanzó su primer libro, El último Supremo: la crónica de Alfredo Stroessner (El Lector), que ya lleva cuatro ediciones. Este libro es hoy fuente de consulta para historiadores y politólogos y figura en catálogos bibliográficos de varias universidades del mundo.

         En el 2006 publicó Los pecadores del Vaticano (El Lector), colección de cuentos políticos. También en el 2006 dio a conocer el libro colectivo de cuentos Pecados capitales (El Lector), con Ramiro Domínguez, Renée Ferrer, Alcibíades González Delvalle, Pepa Kostianovsky, Francisco Pérez-Maricevich y Helio Vera.

         En el 2008 presentó otro libro colectivo: Los dilemas de Lugo (El Lector), con varios periodistas paraguayos.        

         Otras obras suyas son: El Paraguay bajo el stronismo (2010), en coautoría con Alfredo Boccia Paz, esta obra formó parte de la Colección La Gran Historia del Paraguay, publicada por la Editorial El Lector y distribuida por el diario ABC Color; El siglo perdido (2010), novela, Editorial Servilibro; El Partido Colorado y la dictadura de Stroessner (2011), Editorial Occidente; Paraguay democrático (2011), Editorial Occidente; José Bozzano y la guerra del material (2011), Editorial El Lector.

         Actualmente es miembro del Consejo de Calidad Editorial y editorialista del diario Última Hora. Asimismo, es director editorial del CENTRO CULTURAL EL LECTOR; responsable de Comunicación Corporativa en ERNESTO GARCÍA COMUNICACIÓN INTEGRAL; guionista de BRUNO MASI CENTRO DE COMUNICACIÓN.

 

 

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN EL DIARIO ABC COLOR SOBRE EL LIBRO 

 

 

CÓMO STROESSNER SE HIZO DEL PODER ABSOLUTO / El golpe de 1954, una historia que debe ser conocida

ABC Color y El Lector presentarán hoy el libro “El golpe del 4 de mayo de 1954”, de Bernardo Neri Farina, quien en esta entrevista habla sobre aspectos esenciales de aquel proceso histórico.

El libro es una edición de la editorial El Lector y el diario ABC que todos los domingos entrega una obra sobre nuestra historia.

–¿Qué pasó inmediatamente después de la victoria de los golpistas el 4 de mayo?

–En la madrugada del 5 de mayo, los golpistas encabezados por el general Alfredo Stroessner amanecieron pensando: “y ahora qué hacemos”. No existe ningún testimonio indubitable de que Stroessner haya golpeado para convertirse en presidente de la República. Él reaccionó contra una afrenta a su autoridad como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y provocó un vacío político.

–¿Cómo surgió la idea de hacerlo presidente?

–De los propios militares, según testimonios creíbles. De una parte de su entorno castrense, que estaba harto de la prepotencia de ciertos sectores del coloradismo y de la desestabilización constante del país. Stroessner convocó al titular del Partido Colorado, Tomás Romero Pereira, para que éste hallara una solución política a la acefalía del Ejecutivo. El Paraguay estaba sin presidente de la República.

–¿Qué pasó entonces?

–Los colorados no se pusieron de acuerdo en nombrar a alguien específicamente para el cargo de jefe del Ejecutivo. Cuando se comenzó a hablar de la posibilidad de que Stroessner fuera presidente, la oposición en el coloradismo fue bastante fuerte.

–Y entonces entró a actuar Epifanio Méndez Fleitas.

–Epifanio estaba confinado en San Solano tras haber sido defenestrado de la presidencia del Banco Central. Stroessner lo mandó llamar y encabezó una negociación muy difícil.

–¿Qué rol le cupo a Méndez Fleitas en el ascenso al poder de Stroessner?

–Le hizo entender a la dirigencia colorada que Stroessner podría dejar al partido sin el poder. También calmó la impaciencia militar para nombrar inmediatamente presidente al general Stroessner. Convenció a este de que no le convenía una asunción de facto.

–¿Y cómo se llegó a un acuerdo?

–Romero Pereira entendió la gravedad de la situación para la ANR. Para él Stroessner era la solución para el país y el partido. Él y Méndez Fleitas convencieron a los dirigentes tradicionales con una sentencia que pasó a la historia: “Seguid a Stroessner”.

–Stroessner consiguió el apoyo político.

–Stroessner era astuto y entendió que no podría gobernar sin el sustento del partido, que era fuerte en sus bases pese a que tenía una acentuada debilidad institucional. Acordaron que Romero Pereira sería presidente provisional en espera de unas “elecciones” en las que el coloradismo candidataría a Stroessner, quien asumió el 15 de agosto del 54.

–¿El Partido Colorado cayó en poder de Stroessner?

–El partido debía curar sus dolorosas heridas internas. Estaba enfermo de caudillaje y falto de un líder conductor con ascendencia como para ser respetado por todos los sectores. La ANR vio en Stroessner la posibilidad de una tregua intestina.

El libro forma parte de la colección “Guerras y violencia política en el Paraguay”, que todos los domingos entrega obras sobre acontecimientos que marcaron la historia del país.

Artículo publicado en el diario ABC COLOR

En fecha 31/Marzo/2013

Fuente en Internet: ABC COLOR DIGITAL / PARAGUAY

 

 

LA CRÓNICA DEL GOLPE MILITAR DEL 4 DE MAYO

Poco después de las 20:00 del 4 de mayo de 1954, el Batallón 40 atacó el cuartel central de la Policía. El tiroteo se hizo intenso en el microcentro de Asunción, principalmente en los alrededores del cuartel central de la Policía de la Capital. Se desataba así el golpe militar que derrocó al presidente colorado Federico Chaves.

 

El general Alfredo Stroessner en el despacho presidencial,

en sus primeros años de gobierno. / ABC Color

 

Fue el golpe que permitió a Alfredo Stroessner acceder al poder.

La crónica de este proceso es expuesta por el periodista y escritor Bernardo Neri Farina en su libro “El golpe del 4 de mayo de 1954”, que aparecerá el domingo 31 con el ejemplar de nuestro diario como volumen número 15 de la Colección Guerras y violencia política en el Paraguay, de ABC Color y la editorial El Lector.

De acuerdo con el libro, el presidente Chaves buscó refugio en el Colegio Militar, cuyo director era el general Marcial Samaniego, camarada y amigo de Stroessner. Cuando Chaves quiso hacer prevalecer ante Samaniego su condición natural de comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas (cargo que había delegado en Stroessner), el capitán de Infantería Isaías Barreto le comunicó la mala nueva: “Su excelencia, usted está preso”.

Stroessner consumó su golpe apurado como consecuencia de la debilidad notoria del gobierno de Chaves y de la anarquía reinante en el país. Lo respaldaron los militares (fue un golpe exclusivamente castrense) cansados del caos creado por los políticos y hartos de ser utilizados por los civiles para sus aventuras de poder desde la finalización de la guerra civil de 1947. Querían que un uniformado, específicamente Stroessner, tomara finalmente el gobierno.

La Junta de Gobierno del Partido Colorado deseaba la renuncia o la destitución del presidente Chaves, quien había perdido toda autoridad. Por eso apoyó finalmente el golpe de Stroessner. Se puede deducir con toda seriedad que si la ANR no apoyaba a Stroessner, este no iba a dudar en armar un gobierno enteramente militar.

Tras derribar a Chaves, Stroessner pasó a ser dueño de la situación. Sin embargo, en un primer momento no estaba en el pensamiento de las autoridades coloradas elevar a la Presidencia de la República al General o a sustentar una posible candidatura suya.

Entre el 5 y el 8 de mayo de 1954, posterior a la caída de Federico Chaves, el país vivió sin Presidente y se produjo una grave crisis que hizo presagiar más derramamiento de sangre del que ya había habido en la jornada del 4 de mayo, día del golpe.

Stroessner pidió a Tomás Romero Pereira, veterano de las luchas coloradas y presidente de la Junta de Gobierno del Partido Colorado, que gestionara la solución política de la crisis. Los colorados creyeron entonces que Stroessner dejaba a su cargo la elección del candidato que debía concluir el período constitucional de Gobierno del “renunciante” presidente Chaves. No se les pasó por la mente que Stroessner sólo quería el apoyo unificado de la Junta para él, para que él fuera el candidato de consenso del Partido Colorado con miras a ser instalado en la Presidencia de la República.

Artículo publicado en el diario ABC COLOR

En fecha 28/Marzo/2013

Fuente en Internet: ABC COLOR DIGITAL / PARAGUAY

 

 

 

 EL ASCENSO DE STROESSNER AL PODER  / EL GOLPE DE 1954 EN LA COLECCIÓN 

“El golpe del 4 de mayo de 1954”, de Bernardo Neri Farina, es el próximo volumen de la Colección Guerras y violencia política en el Paraguay, de ABC Color y El Lector. Aparecerá el domingo 31 con el ejemplar de nuestro diario. Apunta a la historia de la irrupción de Alfredo Stroessner en la política nacional.

 

Su autor, un especialista en el tema, habla sobre el contexto histórico de aquel golpe.

–¿Cuál era la situación social y económica del Paraguay en 1954?

–La pobreza era atroz. La inflación llegó al 116% en 1952. Se producía solo para sobrevivir; los especuladores dominaban el mercado negro. Había que pasar suplicios para conseguir productos de primera necesidad. En el país predominaba una mentalidad rural. No había infraestructura ni posibilidades de progreso.

–Después de la guerra civil de 1947, el gobernante Partido Colorado no logró restablecer la institucionalidad republicana. ¿Por qué?

–Por sus divisiones. Cuando quedaron como partido único y al no tener adversarios externos, los colorados crearon sus propios enemigos internos, y comenzó una era de canibalización. Cada caudillo tenía su propio movimiento y las conspiraciones no cesaban. Era un festival de traiciones. En 1949 pusieron cuatro presidentes.

–¿Cómo puede ser caracterizado el gobierno de don Federico Chaves?

–Después del 47, fue el gobierno que más duró –casi 5 años–; frenó la inestabilidad. Pero desde mediados de 1953, con una situación económica caótica, volvieron a aflorar los enfrentamientos internos que Chaves no supo manejar. Incluso se distanció de la Junta de Gobierno de la ANR y perdió sustento hasta caer por el golpe de Stroessner.

–Stroessner era comandante en jefe de las FF.AA. designado por el propio Chaves...

–Constitucionalmente, el presidente de la República era el comandante en jefe, pero podía delegar ese cargo en un militar. Stroessner había sido designado por Chaves en 1951, cuando era un general con apenas 39 años de edad.

–¿Cuáles fueron las causas de lo acaecido el 4 de mayo de 1954?

–El ambiente político estaba muy caldeado. La ANR le había retirado la confianza al presidente Chaves, a quien lo sostenía el teniente coronel Néstor Ferreira, comandante de la Caballería. Ferreira se sintió el poder tras el poder y desafió a Stroessner. Este vio su liderazgo militar en peligro y acabó con Ferreira y, por lo tanto, con Chaves.

–¿En qué circunstancias se produjo el asesinato de Roberto L. Petit?

–Petit era un brillante abogado de 31 años de edad; apuntaba a futuro líder del Partido Colorado. Chaves lo había nombrado jefe de Policía por su ascendencia moral. En la noche del 4 de mayo, el Batallón 40 atacó el cuartel central de la Policía y una bala hirió a Petit en la axila derecha. El hombre murió desangrado. Lo patético fue que el Batallón 40 estaba comandado por su amigo del alma, el coronel Mario B. Ortega, quien al saber la desgracia se pasó la madrugada entera llorando desconsoladamente.

Artículo publicado en el diario ABC COLOR

En fecha 27/Marzo/2013

Fuente en Internet: ABC COLOR DIGITAL / PARAGUAY

 

 

 

 

 

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