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BERNARDO NERI FARINA


  HERIBERTO HERRERA – EL SARGENTO DE HIERRO - Por BERNARDO NERI FARINA - Año 2013


HERIBERTO HERRERA – EL SARGENTO DE HIERRO - Por BERNARDO NERI FARINA - Año 2013

HERIBERTO HERRERA – EL SARGENTO DE HIERRO

Por BERNARDO NERI FARINA

Colección GENTE QUE HIZO HISTORIA N° 17

© El Lector (de esta edición)

Director Editorial: Pablo León Burián

Coordinador Editorial: Bernardo Neri Farina

Director de la Colección: Herib Caballero Campos

Diseño de Tapa y Diagramación: Jorge Miranda Estigarribia

Corrección: Rodolfo Insaurralde

I.S.B.N.: 978-99953-1-394-4

Asunción – Paraguay

Esta edición consta de 15 mil ejemplares

Agosto, 2013 (109 páginas)



CONTENIDO

Prólogo

Introducción       

Capítulo I

Guarambaré

Los Udrizar        

Capítulo II

El Paraguay en 1926

La debacle de la Selección

El país pobre

Se acrecienta el peligro en el Chaco

El Paraguay Tecnológico

Capítulo III

Los inicios en el fútbol grande        

Compañero de Erico

Sin convocatoria en la Selección

Capítulo IV

Un año crucial: 1953

Ni pensar en un Sudamericano       

Condiciones generales del país

A Lima

El Perú de Odría

Llega Paraguay   

El campeonato

El partido más largo del siglo

Uruguay, Bolivia y después

La Gran Epopeya

Capítulo V

Europa, Atlético de Madrid y el inicio de una nueva historia

Su amistad con Di Stefano

Heriberto en la selección española

El doloroso adiós del jugador

Bienvenido, entrenador

La hazaña con el Tenerife

Valladolid, la gloria en dos partidos        

El tercer ascenso consecutivo

Un Elche con calidad paraguaya

Capítulo VI

Nuevos vientos para la Vecchia Signora

Los duros comienzos en la Juve

El Movimiento

El hostigamiento de los milaneses

El duelo con Sívori

Sívori se va y llega la Copa Italia

El fútbol más moderno del mundo  

Por fin, el Scudetto      

El decálogo de Heriberto

Capítulo VII

De la Juve al Inter

El Testimonio de Jorge Rubiani

Capítulo VIII

La vuelta a España

En el Valencia con Diarte

El Elche, su último equipo

Cronología

Anexo       

El gran maestro Fleitas Solich

Bibliografía

El autor




PRÓLOGO

Bernardo Neri Fariña, a través de su pluma, brinda está Amena y documentada biografía sobre don Heriberto Herrera, uno de los más destacados futbolistas paraguayos que triunfó en el campeonato italiano en su calidad de entrenador del Juventus, con el cual logró el célebre Scudetto.

Así, el autor logra describir con gran maestría lo que acaecía en el país en la época en que Heriberto nació en Guarambaré, el inició su carrera deportiva en el club Teniente Fariña, de su localidad natal, y su paso a la Primera División del campeonato paraguayo en el club Nacional. Tras su participación en la selección paraguaya, que logró el campeonato sudamericano en 1953, Herrera fue transferido al Atlético de Madrid, donde jugó varias temporadas, y llegó a defender los colores de la selección española en las eliminatorias para el Campeonato Mundial de Suecia 1958.

Después, por un problema físico, Heriberto debió forzosamente dejar las canchas y se dedicó a entrenar. Desde un primer momento la disciplina y el estilo de juego que imponía a los equipos bajo su dirección dio sus resultados, a tal punto que logró el ascenso a la Primera División Española de varios equipos españoles consecutivamente durante tres años. Por ello fue apodado por la prensa del país Ibérico como el "Hombre Milagro".

Tras su prodigiosa cosecha de lauros en la Segunda División, dirigió al Elche por primera vez en "la Primera" española, para luego ir a Italia a dirigir a la Juventus, equipo al que llevaría a obtener el Campeonato Italiano.

Después dirigiría el Inter de Milán para luego regresar a tierras hispanas, y finalmente, debido a un problema de salud, regresar al Paraguay, en donde lamentablemente nunca ocupó la dirección técnica de ningún equipo.

Esta biografía es un justiciero homenaje a un gran paraguayo que se destacó en uno de los campeonatos de fútbol más competitivos y prestigiosos del mundo y tiene el lauro de ser el único paraguayo que hasta la fecha dirigió al Juventus de Italia.

La vida de Heriberto Herrera es la demostración de que la constancia, la disciplina y el estudio sumados al talento son los requisitos para cosechar éxitos y superar las barreras más difíciles.

Cabe agradecer a don Bernardo Neri Fariña por esta magistral biografía que de seguro los lectores disfrutaran y que permite a los aficionados del fútbol colocar en su justo sitial a un grande como realmente lo fue Heriberto Herrera.

Agosto de 2013.

Herib Caballero Campos



INTRODUCCIÓN

Si uno se acerca hoy a un muchacho joven y trata de contarle que no hace demasiado tiempo un entrenador paraguayo fue campeón de la Liga italiana al frente de la célebre Juventus de Turín -la Vecchia Signora- y que después pasó a dirigir al Inter de Milán -donde fue vicecampeón- y que también entrenó a otros equipos italianos y españoles, y que más antes aún de eso -tras ser campeón de América con la selección paraguaya en 1953- había integrado la selección de España al lado de Di Stefano y otros grandes de todos los tiempos, y que es venerado en la     memoria de muchos clubes de Europa, tal vez logre que ese muchacho termine observándolo a uno con una mirada entre conmiserativa y burlona, que se podría traducir en estas palabras: "Vos estás loco. De qué paraguayo me hablas. No existe".

Sin embargo, la historia es real. Y fue protagonizada por un guarambareño que adoptó para su vida tres atributos con los que se hizo universal: liderazgo, carácter y competitividad. Ese guarambareño se llamó Heriberto Herrera, un nombre no muy recordado, aún en el ámbito del periodismo deportivo paraguayo que "no lo registra" totalmente y que no lo tiene, quizá, en el top of mind de los héroes deportivos del Paraguay.

Es que la vida de Heriberto, aún con su fantástica carrera deportiva, transcurrió en el marco de lo que en la actualidad se especifica como "perfil bajo". A Heriberto nunca le sedujo el ruido. Ni cuando fue campeón en Italia. El único allenatore paraguaiano (entrenador paraguayo) campeón en el riquísimo y competitivo calcio.

Lo que hizo Heriberto Herrera en Europa fue asombroso, porque al comienzo tuvo que luchar contra el descreimiento de los europeos respecto a su capacidad, pues no lo conocían. Al contrario de otros entrenadores mediáticos e histriónicos, como el argentino Helenio Herrera (HH1) por ejemplo, Heriberto era flemático y vivía alejado de la popularidad. No tenía glamour, pero sí eficacia.

Nacido en Guarambaré el 24 de abril de 1926, Heriberto Herrera Udrizar comenzó a jugar al fútbol en el club Teniente Fariña, de su pueblo. En 1945, cuando tenía 19 años, se trasladó a Asunción, donde en 1946 fichó por el club Nacional, que ese año fue campeón de la Liga Paraguaya. Heriberto jugó esa temporada en la Cuarta Especial del club. Debutó en la Primera División en 1947.

En 1953 fue campeón de América con la selección paraguaya en el campeonato sudamericano organizado por el Paraguay pero jugado en Lima (Perú) dado que en nuestro país no existía infraestructura suficiente para un torneo internacional de tamaña magnitud.

Ese mismo año fue transferido al Atlético de Madrid, de España, donde jugó hasta 1959, cuando se retiró por una lesión. En 1957 jugó con la camiseta de la selección española en las eliminatorias para el Mundial de Suecia de 1958.

En 1960 comenzó su carrera de entrenador, en España. Desechó la idea de entrenar al Atlético, tal como se lo habían ofrecido los dirigentes del club de la capital española. Prefirió comenzar con clubes de la Segunda División.

Ahí cumplió un ciclo prodigioso, porque durante tres temporadas consecutivas, los equipos que dirigió sucesivamente (Tenerife, Valladolid y Espanyol de Barcelona) lograron el campeonato y su ascenso a Primera. Pero, cosa rara Heriberto se negaba a "subir" con los clubes a los cuales había ascendido.

Esos tres años de títulos seguidos en "la Segunda" española le valieron el mote de "Hombre Milagro", en España.

En 1963 aceptó dirigir por primera vez en la División principal. Tomó al modesto Elche y logró otra hazaña: un quinto puesto inédito en la historia del club, que nunca más la entidad lograría alcanzar.

Al año siguiente, el gran salto de la Península Ibérica a la Península Itálica. Vittore Catella, presidente de la Juventus, seducido por la llamativa historia de Heriberto y acosado por la falta de títulos del club de Turín, pese a contar en su equipo con grandes luminarias del fútbol mundial, fue a buscarlo a España. Lo convenció tras una dura negociación.

Heriberto llegó a Turín y sus inicios no fueron auspiciosos. La prensa turinesa incluso llegó a referirse a él en forma irónica. Las estrellas del equipo lo miraban casi con sorna. El vestuario de Juventus era liderado nada menos que por Enrique Ornar Sívori, la gran estrella del club; idolatrado por los tifosi (hinchas), el crack argentino era un intocable. Pero así como era extraordinario jugando -era lo que hoy es Messi en el Barcelona-, tenía una indisciplina que arrastraba al grupo. La Juve poseía un plantel excepcional pero desde 1961 no lograba el Scudetto (campeonato).

Entonces comenzó la leyenda del "Sargento de Hierro". Con el apoyo del presidente Catella, quien a su vez tenía la protección de Gianni Agnelli, el todopoderoso capo de la FIAT, Heriberto puso orden y disciplina antes de comenzar a cambiar la historia futbolística del club.

Herrera llegó al extremo: enfrentó a la ira de la afición turinesa y lo sacó de la Juve al mítico Sívori, quien fue a parar a la Nápoli. Aguantó todo con un carácter inconmovible. Nada parecía alterarlo. Ganó la Copa Italia y con eso también ganó tiempo ante la afición en el intento de obtener el campeonato de la Liga.

Para peor, mientras la Juve vivía un duro proceso, el rival clásico, el Inter de Milán, ganaba todo de la mano de Helenio Herrera. La prensa italiana jugaba con las iniciales de ambos. Helenio era "HH1" y Heriberto, "HH2".

Hasta que llegó la temporada 1966-1967. Tras una tenaz puja entre los dos HH, que se definió en los últimos minutos de la última fecha, Juventus ganó el Scudetto. El Sargento de Hierro pasó de ser resistido a ser venerado. Turín se rindió a sus pies. Vivió lo que suelen vivir los héroes en las películas: primero deben sufrir lo indecible para alcanzar el triunfo final. Heriberto se impuso con su filosofía en un medio que al principio le fue tremendamente hostil. Un ejemplo de liderazgo.

Heriberto Herrera entró en la historia eterna de la gran Juventus, el club más exitoso de Italia y uno de los colosos del fútbol mundial, no solo por ese título sino por cómo lo logró; cómo supo imponer disciplina en un grupo de superestrellas futbolísticas contra el cual ni los propios dirigentes se animaban.

Heriberto Herrera entró en la historia eterna de la gran Juventus, el club más exitoso de Italia y uno de los colosos del fútbol mundial, no solo por ese título, sino porque es el segundo entrenador que dirigió más partidos a la Juve: 162 veces. Solo lo supera otra leyenda futbolística mundial: Giovanni Trapattoni, con 402 partidos. Y también por cómo llegó a dominar la actitud de sus jugadores para que aceptaran -finalmente- su estilo.

A Heriberto no le interesaron las estrellas ni los nombres figurantes mientras él, el entrenador, era casi un desconocido. Todos tuvieron que adoptar el novedoso concepto de fútbol total que él llevó a Turín. Los periodistas lo denominaron "El Movimiento". Todos jugaban por igual. Nadie era más que nadie. La solidaridad en acción.

Gianni Agnelli llegó a describir con espléndida lucidez lo que Herrera logró: "Heriberto hizo de la Juventus un equipo militista".

Pero en ese socialismo futbolístico los jugadores alcanzaron su máximo rendimiento individual. Y muchos que no habían destacado antes, llegaron -de la mano de Heriberto- a jugar en la Nazionale (la selección).

Luego de su triunfo con la Juventus, se lo llevó el eterno rival de la "Vieja Señora": el Inter de Milán, otro grande del mundo. Y su historia continuó hasta su retiro y su retorno al Paraguay, donde nunca entrenó a equipo alguno. Y a pesar del pedido de los hinchas para que maneje la selección, los dirigentes de aquel tiempo -acostumbrados a manejar a técnicos y a armar los equipos- temían la legendaria autoridad del Sargento de Hierro.

Recuerdo a Heriberto Herrera en sus últimos años. Alto, delgado, elegante, con una sonrisa apenas dibujada pero suficiente para exteriorizar su paz interior. Llegaba siempre solo al estadio de Puerto Sajonia los domingos a la tarde para ver los partidos, especialmente los de Nacional. La gente lo saludaba con afecto, con el acento de respeto con que uno se dirige a los grandes de verdad, con la admiración que se les debe a los triunfadores. El respondía a todos con la sencillez que no perdió jamás.

Heriberto Herrera. Allí donde estuvo dejó su marca. Pero fue en Turín donde alcanzó la gloria mayor. Tanto que es el único deportista paraguayo sobre el cual se hizo un libro en Europa: el periodista italiano Enzo Sasso escribió una obra espléndida titulada La Juventus di Heriberto. La Vecchia Signora atesora su memoria para siempre.

Señoras y señores, ingresemos a las páginas de este modesto libro para conocer a un paraguayo que hizo "Historia", un guarambareño ejemplar, un tipo del cual nos debemos sentir orgullosos. Leamos esto para que cuando le contemos a alguien acerca de sus hazañas deportivas, y nos salgan con que "Vos estás loco; de qué paraguayo me hablás; no existe", despleguemos una sonrisa socarrona y le respondamos sobradoramente: sí, existió; fue un tal Heriberto Herrera.

BNF



CAPÍTULO I

GUARAMBARÉ

 

Esta es la historia de un líder. De un paraguayo que impuso su liderazgo en un -ámbito como el europeo, donde es muy difícil hacerlo si no se es propio de ese continente.

Esta es la historia de un muchacho que nació en Guarambaré, "pueblo florido, bello jardín vy'a renda", como dicen 1os versos de don Rogelio Quintana a los que le puso música otro guarambareño ilustre, don Carlos Bordón, insigne bandoneonista y director de orquesta.

Esta es la historia del único director técnico paraguayo campeón en la Liga Italiana, y en Europa, algo que no se consigue si no se tiene capacidad de liderazgo, si no se cuenta con el carácter suficiente para imponerse en un medio que por lo general es hostil al extranjero.

Esta es la historia de un hombre llamado Heriberto Herrera Udrizar. Un paraguayo al que Europa bautizó como "El Sargento de Hierro", y a quien también conoció como "HH2", teniendo en cuenta sus iniciales, parecidas a las de otro sudamericano ilustre en la dirección técnica: Helenio Herrera, "HH1".

Heriberto, quien vino al mundo el 24 de abril de 1926, es un producto de Guarambaré, esa "cuna de amor y de leyendas”; donde nació, también, Emiliano R. Fernández.

En aquel tiempo regía en el Paraguay la división política territorial derivada de la ley del 25 de agosto de 1906. El país se dividía en dos regiones: la Occidental y la Oriental. La Occidental o Chaco, dependiente del Ministerio de Guerra y Marina, y que a su vez se hallaba clasificada en comandancias militares -la guerra del Chaco seguía incubándose-. La Oriental, que dependía del Ministerio del Interior y estaba compuesta por Departamentos -once en total-, a su vez constituidos por partidos, y éstos, por compañías. El partido de Guarambaré formaba parte, en aquella época, del Departamento de Paraguarí.

De acuerdo con los datos proporcionados por el doctor Andrés Avelino Escobar, Heriberto fue hijo natural, producto de la unión de Jovellano Herrera y Hortensia Udrizar.

Heriberto, a quien de niño llamaban Tití, fue criado por su madre, con quien llegó a tener una relación de afecto muy intensa. Tuvo varios hermanos, tanto de padre como de madre. Asimismo, el doctor Escobar habla de un hijo de Heriberto, de nombre Lorenzo.

Heriberto Herrera permanecería soltero toda su vida, porque su vida la dedicaría al fútbol, su gran pasión, tanto como futbolista así como director técnico.

Guarambaré es una tierra futbolera. Forma parte de la célebre Liga Central, potencia futbolística en el Interligas; ahí también nacieron otros futbolistas que trascendieron internacionalmente.

El primer paraguayo transferido propiamente desde nuestro país a un club italiano fue Leongino Unzaín (también de Guarambaré). El mismo fue a la Lazio (1950/51), donde 15 partidos y convirtió un gol. Antes, Attila Sallustro había jugado en la Nápoli, pero él no fue transferido, sino que se incorporó al club cuando su familia se trasladó a Italia.

Unzaín nació en Guarambaré el 26 de mayo de 1925. Allí jugó por el Luis Alberto de Herrera. Tuvo una carrera verdaderamente meteórica. El 8 de mayo de 1950 jugó la final del Interligas, por la Liga Central, que ganó a Villarrica por 3 goles a 1. Apenas finalizado el torneo del interior, llegó a Nacional. Y ya lo encontramos debutando con la albirroja el 30 de abril de ese mismo año, 1950, en un partido en el que Paraguay le ganó a Uruguay por 3 a 2 por la “Copa Trompowski". El partido se celebró en Río de Janeiro. Semanas después, ese mismo equipo uruguayo sería campeón Mundial en el Brasil.

Su último partido con la selección, fue el 2 de julio de 1950 en San Paulo, por el Mundial del Brasil. Ese día Paraguay perdió 2 a 0 contra Italia, pero Unzaín hizo un gran partido lo que le representó su contrato con la Lazio.

Tras su paso por Italia, Unzaín emigró a Francia, donde militó en el Toulon, el Bordeaux, el Béziers, Rúan y Grenoble. Se retiró en 1959 y falleció el 23 de marzo de 1990.

Otro futbolista guarambareño que jugó por la Selección fue el pintoresco Milner Ayala, quien en Asunción militó en el River Plate. Fue compañero de Heriberto en la Albirroja campeona de América en Lima, en 1953. Ahí, Ayala protagonizó un hecho curioso: agredió al árbitro inglés Richard Maddison, en aquel célebre juego contra Perú, que Paraguay empató 2 a 2 pero perdió en protesta.

Con todo, Milner Ayala fue transferido al fútbol francés, donde jugó en el Racing de Estrasburgo, el CA Paris y el Red Star. Después de abandonar el fútbol, Ayala se quedó un tiempo en Europa y se dedicó a varias actividades. Fue extra de cine y terminó como chofer de nada menos que la actriz Sophía Loren.

Los Udrizar

En su libro Crónicas y semblanzas de Guarambaré, del médico guarambareño doctor Andrés Avelino Escobar Tintel habla de las migraciones que hubo hacia Guarambaré tras la Guerra contra la Triple Alianza. Se refiere sobre los Udrizar, la rama materna de Heriberto Herrera, que poseían un pequeño establecimiento ganadero en la zona de Humaitá.

De acuerdo con el doctor Escobar, Maurice Udrizar y Maríe Patelau, una pareja de suizos, se había establecido en aquella zona a mediados del siglo XIX. Tuvieron dos hijos varones: Constancio y Mauricio, que eran mellizos.

Mauricio, según la narración que recibió Escobar, fue llegado hacia el Brasil siendo niño, en la posguerra del 70 por un militar de alta graduación que sintió simpatía por el ejemplar de belleza europea y nunca más se supo de él.

Constancio, en cambio, siguió en la actividad ganadera en la propiedad familiar. Sin embargo la incursión violenta de unos malvivientes con fines de robo acabó con la vida de su esposa y de un hijo púber. Posteriormente emigró hacia la capital por razones de seguridad y se ubicó luego en Guarambaré, donde se dedicó al faenamiento de reses. Le acompañaban sus hijos: Constancio (h), Rodolfo (Lolí), Hortensia, Dolores, Mercedes y Vicenta, Mauricio, Aurelio y Ricardo.

Rodolfo fue socio fundador del club Herrera de Guarambaré; Hortensia será madre de Heriberto Herrera; Dolores se casó con Pedro Zunini, primer presidente de la Junta Municipal de Guarambaré; Mauricio migró luego Inicia Paraguarí; y Aurelio y Ricardo, en cumplimiento del Servicio militar, fallecen durante la revolución de 1904. Vicenta fue desposada en los años treinta por don Albertano Molinas.



CAPÍTULO III

LOS INICIOS EN EL FÚTBOL GRANDE

 

Tras haber fichado en 1945 por el club Teniente Fariña de su comunidad natal de Guarambaré, en 1946, un año muy movido políticamente, Heriberto Herrera, a quienes sus íntimos conocían como Tití, llegó al club Nacional de Asunción. Con 20 años de edad jugó en la cuarta especial y comenzó un ciclo que lo llevaría a la selección paraguaya y luego a Europa.

Ese año, la primera de Nacional tenía jugadores que hicieron historia en el fútbol paraguayo y en el internacional: el arquero Dionisio Ríos, Héctor Oxilia, César Santomé, José "Mariscal" Ocampos (el hombre que estructuró futbolísticamente al Nacional de Quito, el equipo de las Fuerzas Armadas ecuatorianas), Doroteo Coronel, Vicente Sánchez, Alejandrino Genes (de fútbol exquisito estos dos últimos) y otro legendario: Sabino "Comí" Villalba, entre tantos nombres. El director técnico del equipo campeón fue José de la Cruz Franco.

Ese campeonato de Nacional causó gran alegría en las altas esferas gubernamentales, puesto que el presidente de la República, general Higinio Morínigo, era reconocido hincha de "La Academia".

En 1947, pese a la tragedia de la guerra civil, se jugó el campeonato de la Liga Paraguaya de Fútbol en forma intermitente. Heriberto comenzó a aparecer en la primera de Nacional, en su puesto entonces conocido como centre half (en la jerga popular, "halve centro”). Era el mediocampista que habitaba el centro de la cancha, con una función más defensiva. Heriberto fue básicamente un defensor y así se proyectaría en la selección nacional y más tarde en el Atlético de Madrid.

Ese año de 1947 el campeón fue Olimpia, con un equipo de grandes estrellas como César López Fretes, Leocadio Marín, Martín Goretta, Eulalio Granje, Marcial Barrios, Enrique Berni, Castor Cantero y Luis Montebruno.

Compañero de Erico

En 1949 Herrera se había afianzado totalmente en el equipo titular de Nacional. Aquel fue un gran año para La Academia. Había vuelto nada menos que Arsenio Erico para jugar y para dirigir técnicamente al equipo.

Su primer partido por el torneo oficial de ese año, Nacional lo jugó contra Asunción, en el Estadio de la Liga Paraguaya de Fútbol, el 2 de junio. Ganaron los albos por 4 a 0. Erico convirtió tres goles y se abría la esperanza de un gran campeonato. Ese día, Nacional formó con Gunset; Duarte y Estigarribia; Coronel, Heriberto Herrera y Santomé; Vidovich, Vicente Sánchez, Arsenio Erico, Insfrán y Valdés; el viejo sistema de 2 - 3 - 5.

En la segunda fecha, otra vez con un Erico inspirado, Nacional goleo a Guaraní por 3 a 0. En todo el año, el club de Barrio Obrero hizo una gran campaña, estaba para campeón, pero se quedó en las últimas fechas.

Fallando tres partidos por jugarse, Nacional llevaba tres puntos de ventaja sobre Guaraní; entonces el partido ganado valía solo dos puntos. En la antepenúltima fecha empato con Presidente Hayes y los aurinegros acortaron la diferencia a dos puntos.

En la penúltima fecha, para enfrentar a Sportivo Luqueño, Nacional sufrió las bajas de Estigarribia, Heriberto Herrera y Santomé, por lesión, y perdió de manera catastrófica por 6 a 0. A su vez, Guaraní gano a River Plate por 7 a 1.

Nacional y Guaraní llegaron a la última fecha igualados en 25 puntos. Nacional, ya con todos sus titulares, incluí yendo a Heriberto Herrera y Arsenio Erico, empató en un partido dramático con Sol de América. Los hinchas albos pedían a gritos que se les diera un incentivo económico a los "solenses" para que dejaran de oponer tanta resistencia.

Por su parte, Guaraní venció a Atlántida por 4 a 0 y se quedó con el campeonato de 1949, logrado 26 años después de su último título hasta entonces. Nacional quedó segundo con Arsenio Erico en sus filas; un Erico que había vuelto con 34 años de edad y muy duras lesiones que le impedían ya ser lo que había sido tiempo atrás con la camiseta del Independiente de la Argentina.

Sin convocatoria en la Selección

Heriberto Herrera ya era, en ese equipo vicecampeón, una figura destacada y titular indiscutido. Sin embargo, la selección nacional tardaría aún en llamarlo. En ese sentido, su compueblano guarambareño Leongino Unzaín le "ganó de mano".

El 8 de enero de 1950 Unzaín ganaba el campeonato nacional de fútbol con la Liga Central de Deportes, constituida por Guarambaré, Itá, Itauguá y Yaguarón. Inmediatamente después fue transferido a Nacional y en abril de ese año estaba ya debutando con la Albirroja en un partido contra Uruguay. Ese partido jugado en el Brasil como preparatorio para el Mundial de ese año, lo ganó Paraguay por 3 a 2, y pocas semanas después Uruguay sería campeón mundial. A poco de finalizado el Mundial del Brasil, Unzaín era ya transferido a la Lazio de Italia.

Hay que aclarar también en cuanto a Herrera y la selección, que en esa época había muy buenos jugadoras. Además que jugaban pocos partidos internacionales. Después del mundial del Brasil en 1950, hubo que esperar hasta el Sudamericano de Lima, en 1953, para que se conformara de nuevo la selección paraguaya con miras a una competencia.



CAPITULO IV

UN AÑO CRUCIAL: 1953

 

Llega Paraguay

Paraguay llegaba con cierta expectativa. En los últimos torneos sudamericanos jugados en la década de los años 40, había tenido actuaciones esperanzadoras. En el campeonato de Buenos Aires, en 1946, había sido tercero. En ese torneo descolló uno de los más grandes arqueros paraguayos de todos los tiempos: Sinforiano García.

En 1947 Paraguay fue segundo en Guayaquil, después de Argentina -que logró el título- en un torneo jugado luego de la cruenta guerra civil ocurrida ese año en nuestro país. En 1949 Paraguay fue vicecampeón en Río de Janeiro, tras ganarle al mismísimo Brasil en su casa; aunque en el partido final de desempate los brasileños nos propinaron un doloroso 7 a 0.

En 1950, el seleccionado paraguayo participó en el Mundial del Brasil, y aunque no pasó la primera ronda, su actuación fue considerada aceptable.

El campeonato

Si bien Paraguay venía con buenos antecedentes de los últimos Sudamericanos -dos vicecampeonatos al hilo: 1947 y 1949, el favorito era Brasil, que tenía grandes jugadores que habían jugado el Mundial del 50 y habían sufrido el Maracanazo que les propinó Uruguay. Perú, como dueño de casa, también tenía su aspiración al título. Argentina no Participó en el torneo.

Pero los peruanos quedaron muy desilusionados en su primer partido. Había preparado l apertura del torneo para ganarle fácil a una muy débil selección de Bolivia. Sin embargo, los bolivianos dieron la gran sorpresa y triunfaron inesperadamente por 2 a 1.

Paraguay debutó el 25 de febrero, en un partido que le ganó a Chile por 3 goles a 0, con tantos de Ángel Berni y Rubén Fernández. Heriberto Herrera no entró en ese partido. Aún no era titular en el equipo. En su segundo partido, el 4 de marzo, la Albirroja apenas empató a cero contra Ecuador. Herrera seguía en el banco de suplentes.

El partido más largo del siglo

El 8 de marzo se jugó un partido que se prefiguraba como decisivo. Había que enfrentar al local: Perú. Fue tremendo; un verdadero festival de patadas en medio de un pésimo arbitraje del inglés Richard Maddison, que perjudicó notoriamente a Paraguay. Tan patética fue su actuación, que Milner Ayala, guarambareño que jugaba en River Píate, le propinó al referee una trompada y un puntapié.

En ese partido hubo de todo. Los dos defensores centrales paraguayos, Robustiano Maciel y Antonio Cabrera, así como el arquero, Adolfo Riquelme, quedaron lesionados a raíz de las patadas peruanas. Eso posibilitó la entrada dé Heriberto Herrera, quien a partir de ahí se tornaría titular del equipo.

Por otra parte, en una extraña actitud, Paraguay hizo cuatro cambios (Noceda, Herrera, Ayala y Arce) en lugar de los tres permitidos. Eso hizo que luego le concedieran la victoria (y los puntos) a Perú, en una decisión tomada tras el partido.

Pero por si todo fuera poco, a raíz de los incidentes y el retiro del campo de juego del equipo paraguayo por todos los incidentes, el partido fue suspendido por el árbitro cuando Perú ganaba 2 a 1. Sin embargo, ya pasada la medianoche, dirigentes peruanos, azuzados por el público que pedía la continuidad del encuentro, decidieron que se siguiera jugando. Ahí empató Paraguay.

A continuación, una brillante crónica del partido hecho por el periodista peruano Efraín Trelles, un modelo que difícilmente los periodistas deportivos de hoy puedan emular.

El partido más largo del siglo: Perú Paraguay en 1953

Bienvenidos al encuentro más extraño y peleado de la Copa América 1953. Peruanos y paraguayos escribieron una página épica de este historial la brumosa noche del 8 de marzo de 1953, cuando el Perú respiraba bajo el dictado del general Manuel Odría.

El conjunto paraguayo tenía a Adolfo Riquelme en los tres maderos, Maciel, Cabrera y Hermosilla eran los recios zagueros del cuadro guaraní. Leguizamón y Gavilán formaban el medio campo. El cotizado Leguizamón era el patrón del medio campo y los creativos, López por derecha y Romero por izquierda. Berni salía como puntero derecho, Fernández como centro delantero y Gómez como wing izquierdo.

En el arco Sur se cuadraba Rafael Asea. Por entre humos que no se sabía si eran de bombardas o pura niebla veraniega se podía ver a la defensa habitual, con Allen, Delgado y Calderón. En el medio terreno Villamares, en gran momento, acompañaba a Cornelio Heredia. La verdadera novedad era la inclusión, por fin, del Gringo Terry, aunque lo habían puesto de centro delantero, seguramente para no modificar un sistema en el que Tito por derecha y Barbadillo por izquierda eran las salidas naturales. Adelante Lucho Navarrete por derecha y Huaqui Gómez Sánchez por izquierda completaban la oncena bicolor

Sueño de una noche de verano

A los 7 minutos se produjo la primera exclamación de júbilo, Terry logró escaparse peligrosamente por el centro y el ‘grandazo’ Maciel apeló a una infracción al borde mismo del área. Pero Tito desvió el tiro libre.

Maciel había samaqueado a Terry y la banca, previsora, le aconsejó retroceder mientras Tito ocupaba de momento su puesto en la ofensiva. Para qué. A los 15, el fortachón Gavilán sorprendió al polluelo Terry y le aplicó un soberano cabezazo en la nuca, luego Huaqui Gómez Sánchez con 17 años entró en acción. Midió el centro hacia atrás para encontrarse con un Villamares totalmente adelantado que puso a prueba al meta Adolfo Riquelme, gran figura de esa Copa América.

A los 18 minutos una mano de Delgado, a tres metros del área congeló las almas. El miedo empezó a extenderse en las graderías al ver a Berni tomar carrera, pero felizmente el balón salió muy alto. Y con el marco delirante de la afición limeña disfrutando su novísima luz artificial, ambos cuadros ponían esmero en cada acción honrando una longeva tradición de amor y respeto por la Copa América.

Inflar la red rival

El reloj de la felicidad marcaba el minuto 22 cuando el Perú se sacudió de toda frustración y por primera vez ese fútbol peruana afloró en su dimensión de gol. Tito Drago, cerebral, puso en juego a Navarrete que tras una estupenda corrida alcanzó a sacar buen centro. Terry en inteligente jugada engañó a los adversarios con un movimiento de cuerpo para inmediatamente rematar con un cañonazo a media altura que dejó sin opción al arquero paraguayo. El público rompió en una delirante ovación.

El propio Terry habría de pedir, declarando camino a camarines, que no se fueran a ofender los espectadores pero que en su opinión el engaño había sido tan certero que la bola ya estaba en el arco y parte de la gente no se había dado cuenta todavía de que era gol. Poses de goleador sin duda, porque décadas después Alberto Terry no tuvo reparo en reconocer que él mismo no se acordaba del gol, que claro que lo vivió pero ese golpe de Gavilán lo había hecho perder la memoria y que incluso en el camarín le preguntaba a Tito quién había hecho el gol. Igual, a la hora de la hora, el Gringo había gritado su gol junto a todo el Perú.

La presión de la ofensiva prosiguió hasta que se produjo un lamentable accidente, Adolfo Riquelme, el arquero sensación que había llegado invicto al golazo de Terry, chocó con Lucho Navarrete y quedó seriamente sentido. No pudo seguir Riquelme y salió entre aplausos. Se cumplía la media hora de juego cuando ingresó al campo Noceda, el arquero suplente a quien sus compañeros apodaban 'Pollerita' porque enamoraba a todas en el Hotel Mauri.

El partido seguía encendido. A los 33 minutos el bravo Maciel trabó malamente a Barbadillo sin que el árbitro Maddison cobrase nada. A los 40 minutos Gomes, puntero izquierdo de Paraguay, logró vulnerar la valla de Asca, aunque el juez cobró posición adelantada. Pero el gol de ellos se venía. El aleonado equipo bicolor que había vulnerado la valla paraguaya cedía posiciones agobiado por el cansancio. Después de sucesivas fallas de Joe Calderón, Cornelio Heredia y Guillermo Delgado el centro delantero guaraní Rubén Fernández consiguió marcar el empate a los 43, sin lucimiento pero de manera contundente.

Un segundo tiempo para la historia

Reyes ingresó a pilotear el quinteto ofensivo y salió Huaqui. A los 4, Tito se fue por la derecha aprovechando que su compadre, Toto, jalaba las marcas y Reyes distraía a los centrales. Casi desde la altura del banderín derecho y viendo desubicado al meta Noceda, Tito Drago sacó un bello remate, de esos que dan la impresión de salir y luego buscan el arco contrario con veneno. Apenas unos centímetros evitaron la caída de la valla paraguaya.

A los 15, Terry tirado a la izquierda sacó preciso centro Reyes pero la demora del receptor permitió la recuperación de Noceda. Los ataques se hacían más espaciados. Paraguay volvió a realizar otro cambio, salió Hermosilla e ingresó Olmedo.

El trajín era intenso y resultaba preciso mover las fichas de recambio. A los 20 Barbadillo quedó sentido y Bassa ocupó su lugar. Y luego Terry se quedó sin fuerza y tuvo que ser reemplazado por Gilberto Torres. Cuando se cumplían los 32 minutos de un segundo tiempo, más trabado y sin cuartel, el Gringo abandonaba el campo. Años después reconoció ante un servidor que no recordaba nada después del golpe en la nuca que le aplicó Gavilán. "Incluso en el segundo tiempo salimos del camarín y yo me fui de frente a la banca. Tito me insistía para entrar al campal y yo le gritaba que no, que a mí me habían cambiado. Casi nos vamos a las manos, imagínate. La gente no entendía nada".

Por fin otro gol peruano

Entonces se cobró un tiro libre y el que se perfiló fue Villamares que andaba bien. Y dicen que la mandó con toda la precisión imaginable y que todo fue un solo movimiento. El ingresar la bola en un extremo alto del arco del meta Noceda, explotar las tribunas en un incontenible grito de júbilo y verse de pronto a Toto Terry salir nuevamente del camarín, arrastrando sus dolencias para intentar abrazarse con sus compañeros de gloria.

Corrían los 34 minutos de la complementaria cuando se reinició el partido y se notaba en los paraguayos la disposición de atacar desesperadamente. Delgado fue ‘fauleado' pero el jugo continuó. El balón iba, el balón venía. Ya nadie jugaba, todo se había vuelto una lucha intensa.

A los 37, le dieron con todo a Joe Calderón y el sustituto Bassa intentó castigar al agresor siendo contenido por todos. La niebla dio paso a una trifulca generalizada. Los paraguayos perdieron los papeles y mientras se atendía a Calderón, Ayala pateó al árbitro. Se produjo la reacción violenta de todos.

El árbitro inglés Mr. Maddison amenazó con terminar el cotejo, los paraguayos abrazaron a los peruanos e intentaron retirarse. En tanto en el centro del campo todos mandaban y nadie hacia entrar en razón a nadie. Pero había una realidad: los paraguayos se negaron a jugar y los peruanos se marcharon a su camarín a festejar el triunfo. Incluso muchos se bañaron, aparte que consumieron buena cantidad de bebidas refrescantes celebrando un triunfo por 2 al sobre el Paraguay.

Pesadilla en el tercer tiempo

Y de pronto ocurrió lo que nadie hubiera soñado. El señor Ricardo Valdivia, delegado del equipo peruano, obligó a nuestra oncena a salir y reiniciar el match que ya reglamentariamente había concluido. Los mismos dirigentes paraguayos dirían al día siguiente en su alegato, que qué querían, si el propio público peruano ejercía presión para que el equipo volviese al campo y el partido se reanudó. La multitud era un elemento adicional que obligaba al retorno al césped pues no hacía más que exigir la reanudación, acompañando con las palmas el grito de "¡otro gol, otro gol!".

Increíble. Faltaba apenas media hora para la una de la madrugada y el partido lejos de haber concluido volvía a reanudarse contra toda previsión. Eran solamente ocho los minutos que faltaban y la tribuna, privada de la fiesta cuando más la disfrutaba, saludó el retorno del partido, esperando disfrutar "¡otro gol, otro gol!". Y lo coreaba con la certidumbre propia de los antiguos romanos, seguros de que los leones se comerían a los cristianos Pero no. A los 5 minutos de ese inédito tercer tiempo una lamentable falla de Asca fue aprovechada por Berni que remató y nos condenó al empate sumiéndonos a todos en la bruma de una inolvidable noche de marzo, cuya verdadera clave no se puede entender hasta el final.

Ocurre que el acompasado grito y aplauso que en cualquier estadio de habla hispana solía acompañar las exclamaciones de "¡otro gol, otro gol!", se parece compás por compás a la así llamada maquinita aprista: “¡Haya sí otro no!". Se parecía, digo, al modo de aplaudir acompasado y prohibido de las multitudes apristas, las multitudes proscritas que esa noche y tras el golazo de Villamares le hacían saber al general Odría que existían, que estaban allí y que el APRA nunca muere, compañeros.

Jugadores ganaron el partido, dirigentes incapaces lo empataron. Ese era el tenor de la prensa hasta que alguien se acordó de la lesión del arquero Riquelme. En aquella época el cambio de arquero era un cambio más, con lo cual Paraguay perdió los puntos por haber hecho cuatro modificaciones. Odría, 'el general de la alegría', había al mismo tiempo evitado un mitin aprista y un penoso empate que, en bicolor alquimia, trocó en triunfo peruano el desenlace del partido más largo del siglo XX. Vivazo el general. Gracias por la atención.

Hasta aquí la deliciosa reseña de Trelles que nos reveló cosas que los paraguayos habíamos olvidado de aquel Célebre partido, o que simplemente no conocíamos porque nunca nadie nos lo contó bien. Primero perdimos porque nos retiramos del campo cuando el marcador era favorable a Perú por 2 goles a 1; luego empatamos en una extraña reanudación. Por último, perdimos en protesta porque hicimos más cambios que los permitidos reglamentariamente.

En este partido épico debutó con la Albirroja el guarambareño Heriberto Herrera.


 


CAPITULO V

EUROPA, ATLETICO DE MADRID Y EL INICIO DE UNA NUEVA HISTORIA

 

Heriberto en la selección española

Sus grandes actuaciones en el Atlético de Madrid, le valieron a Heriberto ser llamado a jugar por la selección española. En aquel tiempo no había el impedimento actual, de que no se podía vestir la camiseta de otra selección una vez vestida una primera.

Heriberto Herrera jugó un partido por la selección española. Fue contra la selección de Suiza, el 10 de marzo de 1957, por las eliminatorias europeas para el mundial de Suecia 1958. El partido se disputó en el estadio Santiago Bernabeu, de Madrid, y terminó empatado a dos goles.

España formó entonces con: Ramallets, Canito, Garay, Heriberto Herrera, Orué, Maguregui, Di Stefano, Gento, Kubala, Luis Suárez y Miguel. La selección roja no clasificó para ese Mundial.

Heriberto fue uno los tres únicos paraguayos que jugaron por la selección española. Los otros dos fueron Anastasio Jara (en 1966), un jugador que se inició en Guaraní y luego pasó a Sol de América antes reemigrar a España (Córdoba, Valencia y Sabadell), y Eulogio Martínez.

Martínez, jugador procedente de Libertad, jugó 8 partidos por la selección española y convirtió seis goles. Jugó el Mundial de Chile (1962) por España, también al lado de Alfredo Di Stefano, a quien muchos historiadores del fútbol siguen señalando como el jugador más completo de la historia.

De los tres citados, Jara fue el único que no jugó en la selección paraguaya.

El doloroso adiós del jugador

La historia española de Heriberto, según el periodista Sasso, es también una historia de meniscos. En el verano boreal de 1956 sufrió la extracción del otro menisco. Luego de la operación vino al Paraguay para pasar unas breves vacaciones. Estuvo quince días en Guarambaré, lejos del mundo.

Algunos parientes, incluso, le dijeron que si quería quedarse en Guarambaré había trabajo para él y no necesitaba volver a España. A una de esas proposiciones respondió que el fútbol era su vida y que en España él era muy popular. Mostró diarios y revistas que hablaban de él. Las publicaciones, por ejemplo, decían que Heriberto era recio en el campo pero que nunca fue expulsado y que no daba fastidio a los árbitros.

A Heriberto le apasionaba todo lo relativo al fútbol. En 1954 había comenzado el curso de entrenador. En 1956 lo retomó ya con el propósito de terminarlo. Asistía a las clases incluso renunciando a las vacaciones. Pensaba seriamente en dedicarse a la dirección técnica. Sin embargo, seguía jugando.

Pero el 5 de enero de 1959 sucedió algo que le cambiaría la vida. Era un domingo muy frío. El Atlético juega en provincia. El campo de juego no estaba en muy buenas condiciones. Y de pronto... la rodilla izquierda de Heriberto cedió. Debía operarse de nuevo. El doctor fue claro: Heriberto aceptó operarse, pero le quedaba algo más que le dijo el médico. Saliera como saliera la operación, no podía pensar en volver a jugar al fútbol. Fue duro, pero el guarambareño aceptó su destino con estoicidad.

Los dirigentes del club estuvieron a su lado. Sabiendo que había seguido el curso de entrenador, le dieron la oportunidad de entrenar a un equipo filial, el Rayo Vallecano, que entonces militaba en la categoría C.

Heriberto aceptó, pero primero pasó por el quirófano. Decía que para ser entrenador se precisaba correr y moverse. Con una rodilla lesionada, la cosa sería imposible. No fue un inicio glamoroso, pero fue un inicio al fin. El Rayo estaba en un mal puesto; Heriberto gritaba estrepitosamente para hacerse entender. Después de pocos meses, cuando se fue, los jugadores del Rayo parecen transformados. Pero nadie en España se daba cuenta de ello.

Bienvenido, entrenador

Pronto tuvo Heriberto la oportunidad de iniciar decididamente su carrera de entrenador. Lo llamaron del club Tenerife, de la segunda división, que a mitad del campeonato 1959-1960, estaba en la cola de la tabla de posiciones, y con la posibilidad cierta de bajar a la categoría C.

Heriberto llegó a la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, en las paradisíacas Islas Canarias. Habló con los dirigentes y tuvo largas conversaciones con los jugadores. También habló con la prensa, a la que expuso sus ideas futbolísticas nuevas y revolucionarias.

Con 30 grados de calor a la sombra, dirigía entrenamientos que duraban dos horas y más. Los jugadores comenzaron a quejarse. Entonces, llamó al capitán y le preguntó cuánto duraba un partido. El hombre entendió y les transmitió a sus compañeros la idea del entrenador.

En la segunda etapa del torneo el equipo mejoró. En el campo, Heriberto les gritaba a los jugadores, estos trababan de entenderlo pero no le discutían. El Tenerife se salvó y los dirigentes le confirmaron al entrenador por otra temporada más e incluso le confiaron la dirección de la Escuela de Entrenadores de las Islas Canarias.

Herrera agradeció y no se tomó vacaciones. Trabajó muy duro con miras a la temporada 1960-1961. Los dirigentes solo le pedían que mantuviera al equipo de Tenerife en la División B. Pero lo que habría de lograrse superaría todo lo imaginado en Santa Cruz de Tenerife.


 


CAPITULO VI

NUEVOS VIENTOS PARA LA VECCHIA SIGNORA

 

Por fin, el Scudetto

La perseverancia de Vittore Catella en mantenerlo a Heriberto como entrenador, con el apoyo de toda la familia Agnelli, tuvo su fruto en el campeonato 1966-1967, que vio, por demás, una final infartante. Se definió solo en los últimos minutos de la última fecha, con resultados inesperados.

Antes de disputarse esa última fecha, el 18 de junio de 1967, el Inter de Helenio Herrera tenía un punto más que la juventus de Heriberto Herrera.

Los milaneses del Internazionale tenían un teórico fácil enfrentamiento ante el Mantova, y el partido parecía un simple trámite hacia el tricampeonato, que sería humillante para la Juventus. Los juventinos estaban casi resignados a quedarse otra vez con un segundo puesto, detrás del gran rival.

Pero un terrible error de su guardameta, Sarti, les condenó a una derrota casi insólita a los interistas. Por su parte, la Juventus de Heriberto jugaba contra la Lazio, de Roma, a la que venció, con una squadra conformada por: Anzolin, Gori y Leoncini; Castaño, Bercellino y Salvadore; Favalli, Del Sol, Zigoni, Cinesinho y Menichelli.

Heriberto no tenía en cuenta lo que ocurría en el partido entre el Inter y el Mantova, y solo cuando terminó el encuentro contra la Lacio se enteró de que los milaneses Habían sido derrotados y que la Juve era el campeón.

No lo podía creer. Y ahí, el hombre atildado, sereno, tan flemático que parecía un inglés, desató su inmensa euforia, festejó apasionadamente la conquista. No era para menos: había triunfado; había llegado a la cima, a la gloria, campeón en la Liga italiana, en el fútbol más competitivo de la Europa de entonces.

Corrió a abrazarse con sus jugadores. Mientras, los tifosi juventinos invadían la cancha y entre los más buscados estaba Heriberto. Lo despojaron de su saco, de su corbata; lo alzaron en andas y lo pasearon por todo el campo mientras coreaban su nombre.

Aquel título, porque fue tan esperado y quizá porque se ganó con una angustia que duró hasta el mismo final del campeonato, desató una euforia pocas veces vista en la ciudad de Turín.

Heriberto había impuesto su teoría: el fútbol moderno basado en lo colectivo, en lo atlético, en la preparación física perfecta. Heriberto se ocupaba de todo eso.

Nunca trabajo con preparador físico. Él era entrenador y preparador atlético. Un entrenador integral.

Ya en el vestuario, luego de la victoria final, Heriberto siguió demostrando su enorme alegría, sus jugadores recordaban que incluso estando él todavía vestido, se abrazaba con sus campeones bajo la ducha.

Toda la familia Agnelli fue a reconocerle y a rendirle el homenaje que se merecía.

Heriberto Herrera acababa de ganar el Scudetto más dramático de toda la historia de la Juventus de Turín.

El decálogo de Heriberto

El periodista italiano Enzo Sasso, que lo conoció muy bien, resume en diez puntos el pensamiento de Heriberto Herrera como entrenador de fútbol. He aquí su decálogo.

1. Vida sana y controlada del atleta fuera del campo; premisa indispensable para un buen rendimiento.

2. Entrenamiento conducido con seriedad y aplicación; un entrenamiento hecho sin convicción no sirve para nada.

3. Necesidad de parte del entrenador de dar el ejemplo al jugador durante el entrenamiento y fuera del campo. Un entrenador no puede exigir disciplina ni pretender respeto del jugador si no hace mérito para ganárselo.

4. Máxima precisión en el horario. La seriedad se ve en las cosas que aparentemente son insignificantes.

5. Cuidado de cada cosa. Heriberto tenía como hábito estudiar bien el campo donde debía jugar su equipo. Solo una vez no lo hizo, en Lisboa, antes de una partida por la Copa de las Ferias, y por dicho olvido, se automultó.

6. Respeto al compañero y al adversario.

7. Carácter firme y decidido para afrontar los acontecimientos. Heriberto decía: al hombre se lo ve en los momentos difíciles; y fue en esos momentos difíciles cuando la Juve del paraguayo demostró que estaba formado no solo por buenos jugadores sino por buenos hombres.

8. Juego colectivo intenso en el verdadero sentido del término. Quien no corra, no puede jugar en la Juventus de Heriberto.

9. Colaboración con los dirigentes y con los médicos. Herrera era contrario del empirismo. Si un jugador debía tomar una píldora, tenía la obligación de informar al médico. Un simple dolor de cabeza puede derivar en algo que solo el médico puede determinar.

10. Colaboración leal con la prensa. Heriberto nunca se negó a hablar con los periodistas y ha sido muy respetuoso de las exigencias del trabajo periodístico.

Según Sasso, en la historia blanconegra, "este paraguayo honesto y competente tiene derecho a un puesto de relevancia".



CRONOLOGÍA

1926: Nace en la localidad de Guarambaré, el día 24 de abril.

1945: Ficha por el Club Teniente Fariña de Guarambaré.

1946: Ficha por el Club Nacional. Ese año juega en la cuarta especial. Ese mismo año, Nacional logra el campeonato de la entonces Liga Paraguaya de Fútbol.

1947: Debuta en la primera división de Nacional.

1949: Se consagra vicecampeón de la Liga Paraguaya de Fútbol con Nacional, en el equipo en el que era entrenador y jugador nada menos que Arsenio Erico.

1953: El 8 de marzo, debuta con la selección paraguaya en el Sudamericano de Lima, en el partido que Paraguay igualó con Perú 2 a 2. Entró en el segundo tiempo y a partir de ahí fue titular en todo el torneo.

1953: Campeón sudamericano. El 1 de abril Heriberto Herrera integra como titular el equipo que venció por segunda vez consecutiva a Brasil en ese torneo para ganar la copa organizada por Paraguay pero jugada en Lima.

1953: Es transferido al Atlético Madrid, de España, junto con el arquero Adolfo Riquelme y el delantero Atilio López, ambos también campeones en Lima.

1954: Inicia el curso de entrenador de fútbol, pero lo abandona pronto.

1956: Reinicia sus estudios para entrenador de fútbol.

1957: El 10 de marzo, poco antes de cumplir 31 años de edad, juega su único partido como titular de la selección española, contra Suiza. El partido fue por las eliminatorias del Mundial de Suecia 1958 y terminó 2 a 2. Ese día España formó con: Ramallets; Canito, Garay y Heriberto Herrera; Orue y Maguregui; Miguel, Di Stefano, Gento, Kubala y Luis Suárez.

1959: Termina su vínculo en el Atlético de Madrid, debido a una lesión. Juega un breve tiempo en el Rayo Vallecano, donde también ejerce la dirección técnica.

1960-1961: Es contratado como entrenador por el Tenerife de la segunda división del fútbol español y lo asciende a la división A por primera vez en la historia del club. Al término del torneo, se niega a entrenar al equipo en la división superior.

1961: Dirige al club Granada por pocos meses.

1962: Dirige al Real Valladolid, también de la segunda división, en los partidos de promoción contra el Español de Barcelona; una vez más logra el título y su equipo sube a la A. Una vez más, se niega a dirigir en Primera.

1962: Es contratado por el Español, de Barcelona. Otra vez campeón de la B. La prensa española lo bautiza como "El hombre milagro". Por primera vez dirige a un equipo en la Primera División del fútbol español, al Elche.

Esta entidad, sumamente modesta frente a los grandes Real Madrid y Barcelona, hade la mejor campaña de su historia y llega al quinto puesto. Alfredo Di Stefano, ídolo del Real Madrid y amigo de Heriberto, afirma: "El Elche de Heriberto demuestra lo que es el fútbol moderno. Dentro de unos años esto se confirmará".

1964: Es contratado por nada menos que la Juventus, de Turín.

1965-1966: Gana la Copa Italia dirigiendo a la Juventus.

1967: Gana la Liga Italiana dirigiendo a la Juventus, club en el que se quedará hasta el año 1969.

1969-1970: Dirige al Inter de Milán.

1971-1973: Dirige al Sampdoria, de Génova.

1974-1975: Entrena al Atalanta de Bérgamo, Italia.

1975-1976: Dirige a Las Palmas, de España.

1976-1977: Dirige al Valencia, de España.

1977-1978: Dirige al Espanyol, de Barcelona

1978-1979: Dirige a Las Palmas, de España, y luego abandona la dirección técnica.

1996: Fallece el 26 de julio, a los 70 años de edad.

 

Bibliografía

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Viola, Alfredo. Eligió Ayala. Presidente Constitucional 1924-1928. Tomo III. Publicado con apoyo de FONDEC. Asunción, Paraguay. 2010.

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EL AUTOR

Bernardo Neri Fariña es periodista y escritor.

Nació en Asunción el 21 de agosto de 1951. Es director editorial de El Lector; guionista de Bruno Masi Centro de Comunicación; responsable de Comunicación Corporativa en Ernesto García Comunicación Integral y miembro del Consejo de Calidad Editorial del diario Ultima Hora.

Incluyendo la presente biografía, tiene doce libros publicados. En el 2003 lanzó El último Supremo: la crónica de Alfredo Stroessner (El Lector), que es hoy fuente de consulta insoslayable para historiadores y politólogos y que figura en catálogos bibliográficos de varias universidades del mundo.

En el 2006 publicó Los pecadores del Vaticano (El Lector), colección de cuentos. También en el 2006 dio a conocer el libro colectivo de cuentos Pecados capitales (El Lector), con Ramiro Domínguez, Renée Ferrer, Alcibíades González Delvalle, Pepa Kostianovsky, Francisco Pérez-Maricevich y Helio Vera. En el 2008 presentó otro libro colectivo: Los dilemas de Lugo (El Lector), con varios periodistas paraguayos.

Otras obras suyas son: El Paraguay bajo el stronismo (2010), en coautoría con Alfredo Boccia Paz, que forma parte de la Colección La Gran Historia del Paraguay, publicada por El Lector y distribuida por el diario ABC Color; El siglo perdido (2010), novela, Editorial Servilibro; El Partido Colorado y la dictadura de Stroessner (2011), Editorial Occidente; Paraguay democrático (2011), Editorial Occidente; José Bozzano y la guerra del material (2011) El Lector; El golpe del 4 de mayo de 1954 (2013) El Lector; Empresas y empresarios (2013) Álvaro Ayala Producciones.

Ejerció el oficio de periodista en varios medios y fue director de diarios, radios, semanarios, revistas, periódicos digitales. Sus trabajos periodísticos más conocidos los hizo en el diario HOY, donde llegó a director. Fue también director del semanario LA OPINIÓN y de Radio Chaco Boreal, así como editor de varias revistas y colaborador del Suplemento Cultural del diario ABC Color.

En misiones periodísticas y de estudios, viajó a Argentina, Brasil, Uruguay, Perú, Chile, Colombia, Panamá y Estados Unidos (América); Italia, Alemania y España (Europa); Senegal (África); China y Japón (Asia).

En 1984, seleccionado entre periodistas del Paraguay, participó del Curso Anual de Economía organizado por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, en Montevideo (Uruguay).

En 1988 fue uno de los dos únicos periodistas paraguayos que acompañó desde Italia al Papa Juan Pablo II como parte de su comitiva periodística en la gira que abarcó Uruguay, Bolivia, Perú y Paraguay. Esta cobertura la realizó para la Cadena HOY (Diario HOY, diario La Tarde y Radio Chaco Boreal) y la Red Privada de Comunicación (Diario Noticias y Canal 13).

También en 1988 visitó los Estados Unidos de América ante una invitación del Departamento de Estado de ese país. Fue recibido en las ciudades de Washington, Nueva York, Hartford (donde fue ungido ciudadano honorario de esta ciudad, capital del estado de Connecticut), Buffalo (Minnenssotta), Minneapolis, Saint Paul, San Francisco, Los Angeles, Dallas, Fort Worth, Nueva Orleans, Baton Rouge y Miami.

En 1990 fue invitado por el Gobierno de la República Federal de Alemania para vivir la experiencia de la reunificación alemana tras la caída del Muro de Berlín. En esta oportunidad visitó las ciudades de Berlín, Colonia, Sttutgart, Munich, Frankfurt y Bonn.

Entre las distinciones que obtuvo se hallan la de Ciudadano Honorario de la ciudad de Hartford, capital del Estado de Connecticut (EE.UU.); el premio Revelación Cultural 2003 otorgada por CVC Cablevisión; la Medalla Adolfo Riquelme a la trayectoria periodística y varios premios en concursos literarios.

 

 

 

 

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN EL DIARIO ABC COLOR SOBRE EL LIBRO

 


UN GRAN FUTBOLISTA CIERRA LA COLECCIÓN LIBRERA DE BIOGRAFÍAS

La Colección Gente que hizo Historia, de ABC Color y la editorial El Lector, entrega hoy, con el ejemplar de nuestro diario, el último volumen de la serie, el número diecisiete, “Heriberto Herrera”, una reveladora biografía de uno de los deportistas paraguayos más importantes que haya existido, escrita por Bernardo Neri Farina.

En esta entrevista el autor habla del libro y de la personalidad del llamado “Sargento de Hierro”.

–¿Por qué escogió escribir la biografía de Heriberto Herrera?

–Porque Heriberto fue un líder cuya memoria se proyecta más allá de lo futbolístico, y su historia contribuye a elevar nuestra autoestima de paraguayos. Mucha gente que no lo conocía hoy podrá saber que fue entrenador nada menos que de la Juventus de Italia, club al que llevó al campeonato, y del Inter de Milán.

–No le habrá sido tan fácil imponerse en el fútbol italiano.

–Todo le fue doblemente difícil, más en Italia. Cuando llegó a Turín para entrenar nada menos que a la Juventus, no lo conocían. Había sido exitoso entrenando en la Segunda División española y luego dirigiendo al modesto Elche en la Liga Mayor de España. Pero aquel salto a la élite italiana fue para él una prueba extrema.

–¿Qué ambiente encontró en Juventus?

–Llegó en 1964. Juventus era un conglomerado de estrellas que no ganaba nada desde 1961, debido a la indisciplina del grupo. El presidente del club, Vittore Catella, había ido a España justamente a buscar a Heriberto, a quien llamaban ya el Sargento de Hierro, para que hiciera eso que nadie pudo: poner orden.

–Tuvo un célebre enfrentamiento con Sívori. ¿Quién era Sívori?

–Enrique Omar Sívori, argentino, era un jugador fantástico, idolatrado por los juventinos. Un genio; se lo podría comparar con lo que hoy es Messi en el Barcelona. Sin embargo, también era célebre por su indisciplina y por constituirse en un líder negativo.

–Y vino el choque con Heriberto.

–Era inevitable. Sívori había mandado echar a varios entrenadores. Los dirigentes le temían. Él se “lesionaba” de martes a sábado y el domingo jugaba. Con Heriberto no pudo hacer eso. Pese la furia de la afición, a la larga lo borró del equipo y Sívori terminó vendido al Nápoles. El presidente Catella y Gianni Agnelli, capo de la Fiat y verdadero dueño de Juventus, lo sostuvieron al entrenador contra la ira de las gradas.

–Hasta que llegó el título.

–Debieron pasar primero dos temporadas en las que Heriberto aguantó tormentas, sostenido por Catella y Agnelli, hasta que llegó el campeonato 1966/1967. La puja con el Inter fue tremenda y se definió a favor del equipo de Heriberto.

Publicado en fecha: 1 de Setiembre 2013

Fuente en Internet: www.abc.com.py - ABC COLOR

 


Heriberto Herrera, Clab Nacional, década de 40 (Paraguay)

 

 

HERIBERTO HERRERA, UN DT EN EUROPA

“Esta es la historia de un líder. De un paraguayo que impuso su liderazgo en un hábitat, como el europeo, donde es muy difícil hacerlo si no se es propio de ese continente”. Así expresa el capítulo inicial del libro “Heriberto Herrera”, de Bernardo Neri Farina, que aparecerá el domingo 1 de setiembre, con el ejemplar de nuestro diario, para cerrar la Colección Gente que hizo Historia, de ABC Color y El Lector.

Heriberto Herrera Udrízar (1926-1996), llamado Tití por sus íntimos; es el único director técnico paraguayo campeón en la Liga Italiana (dirigiendo a la Juventus), y en Europa, algo que no se consigue si no se tiene capacidad de liderazgo, si no se cuenta con el carácter suficiente para imponerse en un medio que por lo general es hostil al extranjero. En Italia entrenó también al Inter de Milán y otros clubes.

A Herrera, por su absoluta lealtad a la disciplina, Europa bautizó como El Sargento de Hierro, y en todos los clubes que dirigió, tanto en España como en Italia, dejó su sello.

El libro de Bernardo Neri Farina narra todas las etapas de la vida deportiva de Heriberto Herrera. El primer gran hito en su carrera fue conseguir el título de Campeón Sudamericano integrando la selección paraguaya en el torneo disputado en Lima, Perú, en 1953.

Aquel torneo tuvo ribetes memorables para nuestro país en muchos sentidos. Fue la segunda vez que al Paraguay le tocaba organizar el Sudamericano (hoy llamado Copa América), sin que pudiera llevarlo a cabo en su territorio. En 1924 lo realizó en Montevideo. Y en 1953 en Lima.

Eran tiempos en que en nuestro país reinaba una pobreza generalizada. Aquí no había infraestructura de ningún tipo, menos de las deportivas. No existía un estadio verdadero. Las canchas eran potreros sin comodidades.

La selección, antes de su partida a Lima, se concentraba debajo de las graderías del viejo estadio de Sajonia. Los jugadores debían dormir afuera, por el calor sofocante (ni pensar en aire acondicionado o cosas por el estilo); comían en un barcito de la avenida Carlos Antonio López, que cruzaba ese barrio que entonces era un suburbio asunceno. Todo ese cúmulo de precariedades valorizó aún más lo que se logró luego en Lima: el primer título sudamericano para el fútbol paraguayo.

Publicado en fecha: 30 de Agosto 2013

Fuente en Internet: www.abc.com.py - ABC COLOR


 

HERIBERTO HERRERA, EL PARAGUAYO QUE LE HIZO CAMPEÓN AL JUVENTUS

La Colección Gente que hizo Historia presentará el domingo 1 de setiembre, con el ejemplar de nuestro diario, su último volumen, el número 17: “Heriberto Herrera”, la biografía del excepcional entrenador de fútbol paraguayo que le dio un campeonato al club Juventus de Turín y un subcampeonato al Inter de Milán, en una trayectoria asombrosa y nunca igualada por técnico compatriota alguno.

Esta obra escrita por Bernardo Neri Farina describe la vida de quien los europeos llamaron El Sargento de Hierro, por la disciplina que impuso en los equipos que dirigió.

Como entrenador hizo una gran carrera en España e Italia, pero fue en Juventus, en el campeonato 1966/1967, donde alcanzó la gloria con el título de la Liga Italiana al frente de uno de los equipos más poderosos del mundo.

Heriberto Herrera (1926-1996) nació en Guarambaré, donde comenzó a jugar por el club Teniente Fariña.

Ya en Asunción, militó en Nacional. En 1949 fue compañero de Arsenio Erico en dicho club, a la vuelta de este a Asunción tras su fulgurante paso por la Argentina.

En 1953, Heriberto fue campeón sudamericano (lo que hoy es la Copa América) con Paraguay en el torneo disputado en Lima, Perú. Fue luego transferido al Atlético de Madrid, de España, donde jugó hasta 1959, año en que se retiró debido a una lesión.

Al año siguiente comenzó su carrera como entrenador, actividad en la cual demostró tres atributos que lo llevaron a la mayor consideración en el fútbol europeo: liderazgo, carácter y competitividad.

Publicado en fecha: 29 de Agosto 2013

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