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LUIS SZARÁN


  DOMENICO ZIPOLI - UNA VIDA UN ENIGMA - Autor: LUIS SZARÁN


DOMENICO ZIPOLI - UNA VIDA UN ENIGMA - Autor: LUIS SZARÁN

 DOMENICO ZIPOLI

UNA VIDA UN ENIGMA

Autor: LUIS SZARÁN

312 páginas, fotografías y documentos.
 
Es la biografía del organista y compositor italiano
 
Domenico Zipoli (1688 – 1726)
 
acerca de su vida en Italia y  luego como misionero en las
 
Reducciones Jesuíticas de América del Sur.
 
Edición de la
 
Fundación Paraquaria Missions Prokur S.J.
 
Nurenberg, Alemania.
 
 
 
 

DOMENICO ZIPOLI

(1688-1726)

 

UNA VIDA, UN ENIGMA


LUIS SZARÁN




UN AGRADECIMIENTO A LUIS SZARÁN


         El 12 de setiembre de 1707, un "joven pobre estudioso, de buen espíritu y de buena expectativa", "encaminado en los estudios de la música", "deseando avanzar en ella", obtenía de las Limosnas de su ciudad, una institución fundada tres siglos antes para "los pobres de Cristo" del rico comerciante de Prato, Francesco Datini, una modesta beca de estudio "para mantenerse en Florencia y capacitarse en la profesión y ejecución de la música".

         El joven, hijo de campesinos, tenía entonces 19 años y debía de haber ya cursado una parte importante de los estudios musicales en la escuela del maestro de capilla de la Catedral de Prato.

         La beca de estudio o, como se denominaba en ese tiempo, el "subsidio caritativo" y el humilde trabajo de un mucamo, el hermano mayor Giuseppe, le permitieron ir a Florencia donde habían "muchos maestros, y comodidades" para realizar cursos de perfeccionamiento.

         Pero aún la estadía florentina pronto fue insuficiente para el joven "digno y capaz", con voluntad "de estudiar y capacitarse"; y él, "para lograr mantenerse en otra ciudad y perfeccionarse y volverse hábil para poder ejercer un cargo de maestro de capilla u organista", solicitó y, gracias al apoyo de las autoridades cívicas de Prato, obtuvo la confirmación de la beca de estudio.

         A comienzos de junio del 1708 partió para Roma, donde pensaba encontrar un ambiente más de acuerdo a sus expectativas. Para los gastos del viaje había proveído el hermano Giuseppe que desde hacía tiempo se encontraba en Roma al servicio del abad Filippo Baldocci. Para obtener la colaboración del hermano fue asumido en calidad de "servidor" en la casa del abad con el sueldo de cinco escudos romanos al mes.

         Pudo frecuentar así la escuela de Alessandro Scarlatti; a inicios de noviembre sin embargo debió seguir al compositor a Nápoles, donde había sido llamado por el Virrey austriaco, el cardinal Grimani, para retomar el cargo de maestro de capilla.

         No logró entenderse mucho con Scarlatti: muy diferente había sido la formación musical que había absorbido en la escuela de la Catedral de Prato. De ahí provenía su espíritu de rebelión hacia el maestro, "del cual escapó por aguda diferencia" luego de dos meses de permanencia en la ciudad partenopea. "Se llevó a Bolonia el año 1709", luego volvió nuevamente a Roma, donde se estableció, junto al hermano Giuseppe, al servicio del abad Baldocci.

         Por casi siete años fue "servidor" del prelado, y juntamente a un Pasquini, a un Corelli, a un Caldara, a un Fornari, a un Pitoni, y a muchos otros nombres ilustres, fue músico influyente, laborioso y, sobre todo, muy apreciado. Pocas son sus obras que han sido transmitidas; pero entre estas pocas una tiene un grandísimo valor. Hablo de aquellas "Sonate d'intavolatura ", publicadas sin indicación de impresor "el primero de enero de 1716" y "dedicadas a la ilustrísima y excelentísima señora Doña María Teresa Strozzi, princesa de Forano".

         Desde aquella fecha su nombre desaparece completamente. Una anotación confiada a los registros contables de casa Baldocci nos relata la explicación "1716. El día 21 de abril. Para alimentación de Domenico (Zipoli) de tres meses y medio, desde enero a todo este, habiendo partido el mismo con los Jesuitas para Génova para luego Sevilla y de ahí al Paraguai, escudos 10.50".

         Su posterior carrera, humanamente inexplicable, y su arte "de excepcional amplitud prospectiva" no pertenecen al modesto investigador de su ciudad, la cual, lastimosamente, se olvidó hasta de la fecha del nacimiento de un artista tan importante, y debió tomar de labios extranjeros la primera noticia de un conciudadano tan genial.

         Y sin embargo su ciudad, en aquellos años todavía encerrada dentro de las murallas del trescientos y despreciada por la orgullosa y vecina "Real Dominante", había entendido el mérito del joven; lo había mantenido en sus estudios; le había dado las primeras experiencias musicales en sus iglesias, en los teclados de sus órganos construidos por Matteo degli Organi, por ser Piero Dondi, por Giovanni del Barba, por el Galloria, por los Bolcioni, también ellos de Prato y de no poca fama.

         Le había permitido ir a perfeccionarse con los más insignes maestros de la época a Florencia, luego más lejos a Roma: una ciudad de laneros, de artesanos, de operarios, pero por supuesto una ciudad que sabía apreciar junto a los nobles Verzoni, Vai e Casotti, y al burgués Bianchini, a un muchacho de pueblo que nutría en sí la pasión irresistible por la música. En su ciudad, Domenico Zípoli transcurrió los años de su primera formación teórica y estética. Bajo las bóvedas de la Catedral, descoloradas por las esplendorosas luces radiantes de los vitrales de Filippo Lippi, plantaron y acrecentaron en el alma del muchacho los primeros brotes de aquella arte que en pocos años lo habrían de llevar a una gloria lejana, ignorada por dos siglos, y no solamente por su ciudad.

         En Prato, sin embargo, su gloria no quedó ignorada por los contemporáneos. El conde Giuseppe María Casotti (1679-1740), "muy estudioso de las memorias patrias", en una obra suya titulada "Despojos de familias de Prato", custodiada en la más grande biblioteca ciudadana, la Roncioniana, luego de haber descrito las familias ilustres y potentes de la patria, no pudieron omitir nombrar a una humilde familia de campesinos - de "trabajadores" como se decía entonces -, aquella de los Zipoli, que se volvió "célebre" por un muchacho que en pocos años se había vuelto un gran artista.

         Bajo el árbol genealógico de los Zipoli, a página 935 del manuscrito n° 105, escribió efectivamente estas breves noticias de los hijos de Sabatino d'Agnolo Zipoli: "Giuseppe tuvo por esposa a Anna Minuti, ciudadana florentina, fue maestro de casa Baldocci, especialmente del prior de San Lorenzo, Giovan Battista, de 17 años fue maestro del Seminario episcopal de Prato, luego maestro de la escuela mayor, después pasó a ser rector del Seminario episcopal de Volterra, donde murió, con el añadido de ser también maestro de aquel Público. Antón Francesco, vivo, es capellán de la Catedral de Prato, ha sido maestro en casa Mannucci, luego pasó a ser rector por muchos años de nuestro Seminario episcopal, a lo que renunció por haber sido nombrado confesor de monjas. Domenico fue célebre maestro de capilla en el Jesús de Roma de los padres Jesuitas, luego vistió la sotana de San Ignacio, y murió jesuita. Arcangelo Andrea se hizo observante Menor, donde eligió el nombre de padre Ángelo, y murió siendo sacerdote a tierna edad".

         Ni el conde Casotti, ni los ciudadanos de Prato de aquél entonces ni los sucesivos llegaron a saber que aquel "célebre maestro de capilla en el Jesús de Roma" se había hecho misionero y había iluminado con su Arte el Nuevo Mundo.

         La inesperada como radical decisión del Zipoli de abandonar la brillante carrera romana y su dramática elección de hacerse jesuita y de enrolarse con las Misiones que estaban implantando y ampliando su obra en Argentina, Bolivia y Paraguay, no puede ser racionalmente justificada ni, mucho menos, se deben buscar motivaciones románticas. Pensándolo bien, encuentra explicación en la profunda religiosidad de su familia y, sobre todo, en el alma límpida y humilde del compositor y organista, "llamado" con su arte al servicio del Evangelio.

         Su biógrafo, el padre Lozano, ha legado un retrato luminoso de Zipoli: "Fue de carácter y de costumbres sumamente agradables, y por eso fue amado por Dios y por los hombres".

         Y "amado" serán aún hoy Domenico Zipoli por todos aquellos que leerán su biografía escrita con tanta pasión y mérito por Luis Szarán.

         A Luis Szarán, compositor y maestro insigne de orquesta, un agradecimiento afectuoso, un necesario y sincero reconocimiento por esta valiosa obra, que recuerda a los habitantes de Prato y a aquellos que no lo son, que la prosperidad de los comercios y de las industrias no es el único título de honor de la ciudad de Prato.


         Don Renzo Fantappié

         Prato, 17 de abril de 2000




MÚSICA EN LAS REDUCCIONES


         El comienzo fue hace mucho tiempo y como primera actividad se inició con la excavación de los muros de piedra de la Misión Trinidad, testigos mudos del grandioso pasado de las misiones jesuíticas en el Paraguay. La Missionsprokur de Nürenberg decididamente, a partir de 1975, apoya los trabajos de restauración de las Reducciones Jesuíticas en el Paraguay y su entorno actual, que se llevan a cabo en todas las áreas desde la historia a la arquitectura, antropología, restauración, música y desarrollo comunitario.

         Así poco a poco las viejas y olvidadas ruinas recobran vida.

         A partir de ello fue posible implementar la segunda etapa, consistente en la restauración de las miles de imágenes de santos, dispersas en la región, para que recobren sus colores brillantes originales. Las polifacéticas figuras de santos, en su gran mayoría, de tamaño natural, volvieron a sus lugares originales, en las iglesias, oratorios, capillas y museos. Son testimonios de ese pasado y sobre todo de la fe viviente de los indígenas.

         La Música de las Reducciones resuena ahora en las ruinas de Trinidad y en las iglesias de la región, llenas de vida. El descubrimiento de las partituras de Zipoli y otros importantes autores anónimos e indígenas en las misiones de Chiquitos, su reconstrucción, así como la publicación y reestrenos de las composiciones que encierran él millar de hojas de pentagrama en manuscrito, bajo la dirección de Luís Szaran constituye un trabajo importante para la conservación de la herencia cultural del Paraguay. Es música barroca europea que llevaron a Sudamérica, los numerosos misioneros músicos, entre estos el conocido compositor y jesuita Domenico Zipolí. Sin embargo, los Guaraníes, con el tiempo, transformaron esa música y aprendieron a interpretarla a su manera. Así, gracias a la música, las antiguas misiones recobraron vida y atestiguan en Latinoamérica y Europa la maravillosa experiencia humana de las misiones jesuíticas en América del Sur.

         La Missionsprokur agradece la oportunidad que tuvo de poder acompañar y sostener ese maravilloso proceso que comenzó en los silenciosos muros, pasando por las polifacéticas imágenes, llegando hasta el cantar de los Guaraníes. No es posible llevar a Alemania las piedras de las Reducciones para contemplarlas, pero si la música, para que los europeos puedan participar en la revivida herencia cultural del Paraguay.


         Nürnberg, 16. März 2005


         Peter Balleis SJ





PRESENTACIÓN


         Una vez más, en coincidencia con treinta años de actividad orientada a colaborar con el rescate del valioso patrimonio histórico cultural del Paraguay, tengo el placer de presentar este nuevo aporte bibliográfico, el más significativo de los últimos tiempos, en el área de la música. Esta labor de investigación musical, realizada por Luis Szarán, se suma al gran esfuerzo comunitario de recuperación y conservación del patrimonio histórico, arquitectónico y artístico de las Misiones Jesuíticas de América del Sur que estamos apoyando, cada vez con mayor convicción. Los primeros pasos no fueron fáciles debido a la necesidad de crear conciencia y valor de esta herencia jesuítica; el abanico de actividades es tan amplio que me permito recordar, resumidamente los puntos más resaltantes de este proceso.

         A principios de los años 70, el Gobierno del Paraguay se dirigió a la UNESCO con el pedido de asistencia para salvar del abandono y de la destrucción definitiva el acervo cultural jesuítico de las Antiguas Reducciones de la Provincia del Paraguay, en latín Paracuaria, de los siglos XVII y XVIII.

         Accediendo al pedido, la UNESCO solicitó en préstamo a un alto funcionario de las Naciones Unidas, Dr. Paul Frings, sobrino del Cardenal Joseph Frings de Colonia, amigo personal del Papa Benedicto XVI quien lo llamó como teólogo personal para el Concilio Vaticano II, para que se ocupara del proyecto. Frings organizó en Asunción tres reuniones internacionales con distintos expertos sobre el tema de La Ruta Jesuítica que tuvieron lugar en 1971, 1973 y 1975. Teniendo en cuenta que la UNESCO no disponía de fondos para financiar proyectos de esa dimensión, el Dr. Frings, a título exclusivamente personal y motivado por el alto valor de las obras, se puso en campaña para la obtención de los recursos necesarios para comenzar los trabajos. Como aporte a la campaña la UNESCO hizo acuñar medallas alusivas en oro, plata y bronce con el título de "Orbis Guaraniticus". Gracias a la oportuna intermediación del padre general de la Compañía de Jesús, Pedro Arrupe, en Roma, el Dr. Frings pudo relacionarse con el Padre Josef Übelmesser S.J., Missionsprokurator de la Compañía de Jesús en Nürnberg (RFA) y con él organizó en 1977 la Fundación Paracuaria en Frankfurt (RFA) con el activo apoyo del Padre Antonio González Dorado, entonces provincial de los jesuitas del Paraguay y el Director de Turismo del Paraguay Dr. Patricio Escobar Genes. Como primera actividad Paracuaria promovió la filmación de dos documentales para la televisión, que fueron producidos por la Segunda Cadena de TV de Alemania: "La Ruta Jesuítica" y "Las Campanas de Chiquitos".

         En estrecha colaboración con la Iglesia Católica del Paraguay se rescataron y restauraron 572 imágenes, además de objetos litúrgicos, altares y frescos, todo ello distribuido ahora en 5 museos catequísticos diocesanos, iglesias parroquiales y 5 capillas en los pueblos misioneros jesuíticos de origen: San Ignacio Guazú (1609), La Encarnación del Verbo Divino de Itapúa (1615), San Cosme y San Damián (1632), Santa María de Fe (1647), Santiago (1651), Santa Rosa (1698), Jesús del Tavarangué (1685) y Santísima Trinidad del Paraná (1706).

         Es sabido que las misiones jesuíticas realizaron en la práctica un nuevo modelo de integración de los pueblos de la región del que participaron los principales pueblos originarios: Guaraníes, Guayanás, Mbayás, Chiquitos y otros.

         Se puede mencionar que mucho antes de tomar conocimiento de la existencia del Archivo Musical de Concepción (Bolivia), la difusión del repertorio musical de las Reducciones Jesuíticas tuvo su comienzo con la llegada a Asunción (Paraguay) en 1980, del eminente musicólogo norteamericano P. Clemente McNaspy S.J. El P. González Dorado, provincial de los jesuitas del Paraguay en 1980 presentó el P. McNaspy a la Sra. Gisela von Thümen y en ese encuentro "renació" la música de Doménico Zipoli. Cabe señalar que desde el principio, el Missionsprokurator de Nürnberg, el P. Joseph Übelmesser S.J., acompañó y solventó este emprendimiento musical. A partir de ahí tomaron la punta del ovillo histórico, que los condujo al Archivo Musical de la ciudad de Heidelberg (Alemania), donde descubrieron las primeras partituras, las célebres "Sonate d'Intavolatura per Organo e Cimbalo" de Doménico Zipoli (1688-1726). Siguió la búsqueda en toda Europa a fin de encontrar algunas grabaciones de las obras de ese músico italiano. Mientras tanto continuaba la difusión del repertorio musical de las Reducciones jesuíticas con conferencias ilustradas del musicólogo P. Clemente McNaspy S.J. y la presentación de su premiada película documental: "La República Jesuítica del Paraguay", con el Gloria de Zipoli como banda sonora.

         En 1986 fue posible conseguir copias de la Misa en Fa Mayor de D. Zipoli con una transcripción del musicólogo Kurt Lange y otra del musicólogo boliviano Carlos Seoane Urioste. En ese momento nació el grupo "Los Amigos de Zipoli", formado por Gisela von Thümen, el P. Clemente McNaspy, Luis Szarán, Isis de Bárcena Echeveste y Alicia Parkerson bajo cuya iniciativa se organizó el primer gran estreno de la Misa en Fa de Doménico Zipoli, en las ruinas jesuíticas de Trinidad (Paraguay), el 25 de mayo de 1986, día de la Santísima Trinidad. Actuó la Orquesta Arcos conducida por el Maestro Luis Szarán con el Coro Hispano-Americano bajo la dirección de Isis de Bárcena Echeveste y con la presencia de Carlos Seoane Urioste en calidad de invitado. Después del estreno de la Misa en Fa en 1986 y no sin visitar previamente la ciudad de Prato (Italia), lugar de nacimiento de D. Zipoli, la investigación se dirigió gracias a la invitación de la Missionprokur S.J. de Nürnberg, al archivo musical en Concepción, Vicariato de Ñuflo de Chávez (Bolivia). Peregrinaron hasta allí, P. Clemente McNaspy S.J., el P. Frank Kennedy S.J., Luis Szarán, Gisela von Thümen, Jesús Ruiz Nestosa y el Dr. José Antonio Perasso, donde constataron la existencia de más de 5.000 páginas manuscritas de música. En 1958 don Plácido Molina Barbery había informado sobre una probable existencia de partituras musicales en Chiquitos. Pero sólo en 1972 empezó su rescate, conservación e inventario por el arquitecto restaurador suizo Hans Roth, legado que quedó a disposición de los estudiosos en la biblioteca de Concepción.

         En una entrevista concedida a Jesús Ruiz Nestosa para el diario ABC color, de Asunción, en fecha de 28 de abril de 1996 el arquitecto Hans Roth relata los detalles de lo que resultó ser el "hallazgo musical del siglo en América del Sur". Recordó al hablar de ese tesoro musical que "hay diferentes versiones sobre este hallazgo y se dan diferentes informaciones, pero lo que yo encontré se remota al primer mes de mi trabajo en la restauración del templo de San Rafael, es decir en mayo de 1972. Allí encontré ese cajón que tenía las partituras y del que conservo una fotografía del estado en que se encontraba. Era un desorden completo. Era prácticamente basura. Había, sin embargo, algunos libros más o menos intactos que los indígenas utilizaban en el coro. Más tarde me di cuenta de que los indígenas utilizaban las partituras para las misas solemnes. Ellos no leían música ni comprendían para qué servían tales páginas. Pero habían visto que se ponían en el atril mientras se interpretaba la música y así siguieron haciéndolo. Vale decir que era todo parte de un ritual. Un año más tarde encontré otro lote de papeles, esta vez en la Iglesia de Santa Ana, con un grupo de instrumentos musicales de la época".

         La revalorización de este repertorio que, a más de Zipoli, contiene también composiciones del P. Martín Schmid S.J. y de autores anónimos, se debe a la investigación de muchos musicólogos. Comenzó con la catalogación del alemán Burkhard Jungcurt, seguido por los especialistas como el profesor Kurt Lange, Carlos Seoane Urioste, los Padres Clemente McNaspy S.J. y Frank Kennedy S.J., Luis Szarán, Leonardo Waissman, Bernardo Illari, Waldemar Axel Roldán, Gabriel Garrido y finalmente el P. Piotr Nawrot SVD. Fue Luis Szarán quién en Paraguay inició la recopilación, reconstrucción y primera edición de varias composiciones de Doménico Zipoli.

         A partir de entonces se sucedieron hasta hoy centenares de conciertos dentro y fuera del Paraguay, en sus inicios por Argentina, Brasil y Uruguay y más adelante por ciudades de Europa. Especial relieve tuvieron los conciertos en conmemoración del Cuarto Centenario de la llegada de la Compañía de Jesús al Paraguay con motivo de la visita del P. General, Peter Hans Kolvenbach S.J. de Roma, el 11 de setiembre de 1988; el ofrecido en las Ruinas de Trinidad en honor a la visita del SS.MM. los Reyes de España el 23 de octubre de 1990 y en la Exposición Universal de Sevilla en 1992. El maestro Luis Szarán dirigió también en primera audición mundial el Ciclo integral de las Vísperas Solemnes, en Madrid en 1995, transcritas por el P. Piotr Nawrot.

         A partir de mediados de los noventa se inicia la difusión sistemática, a nivel internacional, a través del vínculo de Luis Szarán con el Ensamble Zipoli de Venecia, integrado en sus inicios por Giorgio Fornasier (tenor), Roberto Antonello (órgano) y Michele Antonello (oboe), ampliado luego a un complejo instrumental de mayores proporciones con la participación, en primera instancia de la Capella Civica de Trieste y luego a partir del año 2000 con la Academia Ars Canendi, fundada por Manuela Meneghello. Este prestigioso grupo de artistas, de ambas partes del mundo, lleva la música de las reducciones a los más variados escenarios, desde la propia Roma, con más de seis presentaciones hasta la sede del Palacio de las Naciones Unidas y el Victoria Hall de Ginebra y otros sitios de alto prestigio. La intensa actividad de conciertos se complementa con la edición internacional de partituras, grabaciones y conferencias ilustradas.

         En forma paralela a esta intensa labor se suman los más de cincuenta coros y orquestas juveniles del Paraguay, a través del proyecto Sonidos de la Tierra, creado y dirigido por Luis Szarán, tomando como fuente de inspiración el revolucionario concepto de la "educación por el arte" introducido por los jesuitas, en estas tierras. En miles de niños, no solo renacen las esperanzas de un mundo mejor, sino también, potencian su autoestima conociendo los valores de su propia cultura.


         Gisela Von Thümen

         Representante en el Paraguay de la Fundación Paracuaria

         Missionsprokur S.J., Nürnberg, Alemania





INDICE


INTRODUCCION

Un tal Hermano Domingo Zipoli


PRATO

Ciudad Secreta


LA FAMILIA ZIPOLI

DOMENICO DI SABATINO DI ANGIOLO ZIPOLI


MÚSICA EN PRATO

Los sonidos de la tierra


FLORENCIA

El nacimiento de un compositor


ROMA

Esplendor musical del 700


CONGREGACION DE SANTA CECILIA

Corelli, Tartíni, Scarlatti, Zipoli: Cada uno con su voz


SOCIEDADES SECRETAS

Melindo Esculapiano y Melanio Arateo


LA PRINCESA DE FORANO

Celebración barroca


ORGANISTA EN LA IGLESIA DE JESUS

Los tubos de alegres de Hermans    


ZIPOLI EN LAS IGLESIAS ROMANAS

San Carlo ai Catinari

Santa María a Valicella

San Girolamo della Caritá

Iglesia de Jesús


SONATE D'INTAVOLATURA

y otras obras


UNA OBRA

Tres destinos


REDUCCIONES JESUITICAS

El triunfo de la humanidad


LA REPÚBLICA DE DIOS

Vida cotidiana


NICOLÁS I

Rey del Paraguay


ARTE EN LAS MISIONES

Alabanza a Dios a todas horas


ITALIANOS EN LA UTOPIA

mucho en el trabajo y son de mucha virtud y ejemplo


ZIPOLI A LAS REDUCCIONES

Domingo Zipoli, mediano, dos lunares en el carrillo izquierdo


ALTA MAR

Escuela de la paciencia


CORDOBA DE TUCUMAN

excede a todas e iguala o excede a muchas buenas de allá

Navegación por tierra


MÚSICA EN LAS REDUCCIONES

Concierto en la chacra

Pedro Comentale

Pablo Annesanti

Jean Vaisseau

Luis Berger

Anton Sepp

El genio de las Reducciones

Martin Schmid - Juan Messner - Florian Paucke


ZIPOLI EN CORDOBA

Hermano para siempre

Iglesia de la Compañía de Jesús en Córdoba


ESTANCIA SANTA CATALINA

La música callada

"Quién haya oído una sola vez algo de la música de Zipoli, apenas habrá alguna otra cosa que le agrade"


LA MISA DE SUCRE

de la América Meridional, Lima le eran pedidas


MOXOS Y CHIQUITOS

Hallazgo musical del siglo XX

Reducción de Chiquitos


CINCO MIL PÁGINAS DE MÚSICA

La verdadera historia


CREACIONES DE ZIPOLI EN SUDAMERICA

BIBLIOGRAFÍA

INTRODUCCIÓN


Un tal Hermano Domingo Zipoli


         Doscientos diecisiete años permaneció en el olvido, desapareciendo misteriosamente del universo musical europeo aún tratándose de uno entre los grandes creadores de la música y principal representante de la excelsa tradición italiana en el órgano. Domenico Zipoli, una vida, un enigma que continúa, a pesar de las asombrosas revelaciones, gracias al reciente descubrimiento de sus manuscritos y la reconstrucción parcial de su perfil biográfico.

         Su extraña partida de Roma, en 1716, donde ocupaba una posición privilegiada como organista de la Iglesia de Jesús -la Iglesia madre de los jesuitas y a la vez compositor venerado en toda Italia- hacia un incierto futuro en las tierras de Sudamérica para trabajar con los indígenas en las Reducciones Jesuíticas es el inicio de un proceso que resume dos siglos de indiferencias y omisiones.

         Bastó una mención al paso, en 1933, a cargo del historiador argentino Guillermo Furlong SJ al referirse a "un tal Hermano Domingo Zipoli, organista que fuera de la Iglesia de los Jesuitas de Córdoba, Argentina" para despertar una cadena de acontecimientos que condujeron a restaurar las omisiones; este simple dato avivó el interés de musicólogos, de ambos lados del Océano, dándose inicio a una lenta pero oportuna recuperación de la mayor parte de su valiosa producción europea y latinoamericana.

         "Domingo Zipoli, mediano, dos lunares en el carrillo izquierdo; filósofo, natural de Prato, Obispado de Florencia, 28 años" es la única descripción física existente sobre este insigne creador de música del 700; la acotación corresponde a los documentos de embarque para la partida definitiva al nuevo mundo, en 1717.

         "Fue de carácter y costumbres muy placenteros y por eso querido por Dios y los hombres. Su mirada se hallaba siempre dominada por una apariencia castísima, de manera que mal la fijaba en el rostro de un varón, cuanto menos en el de una mujer. Con diversas devociones y culto honraba a su ángel Custodio y se cree que por medio de este ángel obtuvo aquella piedad que le fue como innata. Encuadraba todas sus acciones dentro de la voluntad de sus Superiores a los cuales pedía licencia hasta de las cosas más diminutas. Cuando hablaba era de asuntos divinos y tenía pendientes a los compañeros que lo escuchaban".

         Este luminoso trazo delinea los rasgos más llamativos de su personalidad armoniosa; el texto es un legado del gran historiador oficial de la Compañía de Jesús, Pedro Lozano, quién tuvo la oportunidad de conocer muy de cerca al compositor compartiendo habitación y la intimidad de sus pensamientos. Lozano no había recibido instrucción alguna de sus superiores para describir de manera angelical a los misioneros, como es posible corroborar en otros casos.

         Fuera de estas breves señales, sólo se disponen de escasas imágenes externas de su paso por la vida; los centros de la música europea y los polvorientos y descuidados archivos de las antiguas reducciones, encierran sólo olvidos.

         Despojado de las glorias mundanas de los salones de la aristocracia, a las que renunció por motivos hasta hoy ignorados con su castidad y su devoción, su utopía y su música, se alejó para siempre una calurosa siesta del enero tropical en la Estancia "Santa Catalina de Alejandría" la misma a quien honrara con su Oratorio, en Roma, doce años atrás.

         La de Zipoli es una historia llena de contradicciones, desencuentros y rectificaciones pendientes; una vida de interrogantes, confusa y esquiva hasta para el más sagaz de los investigadores. Unos lo hacen venir al mundo en Nola, otros en Nápoles, algunos en Rieti, Nueva Castilla, Etruria o Roma. Su desaparición sin dejar rastros fue acompañada por el mismo extrañamiento en diccionarios y enciclopedias, hasta bien entrada la década de 1950.

         Los propios cronistas de las reducciones contribuyen al desconcierto histórico convirtiéndolo en organista de San Juan de Letran, la Casa Profesa de Roma o el Colegio Romano, y candidato a Maestro de Capilla en Sevilla.

         Se lo considera por un lado el sucesor de Frescobaldi y último representante de la gran tradición organística italiana, y por el otro, historiadores de su propia nación lo impulsan hacia el anonimato, especulando incluso sobre su real existencia; así también en la actualidad, aún ya reconocido el valor universal de sus creaciones, la moderna musicología ha llegado tardíamente, a la demostración de un interés franco y justiciero.

         Afortunadamente, en las últimas décadas fueron abundantes los aportes que otorgaron mayor claridad al conocimiento de su vida y su obra, multiplicándose de manera considerable los estudios e investigaciones. La mayor parte de estos trabajos fueron publicados en forma de folletos, esbozos biográficos, artículos en revistas especializadas, conferencias, libretos de grabaciones discográficas y programas de conciertos.

         Desde la bien lejana primera biografía escrita por el Padre Giovan Battista Martini en Bolonia, en 1757, hasta los actos del Convenio Internacional de Prato, de 1988, conmemorando el Tricentenario de su nacimiento, mucho se ha dicho, atribuido, examinado, analizado, divagado y sentenciado acerca de la verdadera dimensión de su aporte a la evolución del arte musical.

         La primera y escueta mención de Furlong tuvo sus continuadores en una legión de investigadores de primera línea como Lauro Ayestarán, Victor de Rubertis, Francisco Curt Lange, Robert Stevenson, Luigi Ferdinando Tagliavini, Renzo Fantappié, Pedro Grenón SJ, seguidos por Hans Roth, Carmen García Muñoz, Clemente McNaspy SJ, Frank Kennedy SJ, Carlos Seoane Urioste, Roberto Becheri, R.Giorgetti, Anna Maria Flusche, Pier Paolo Donati, Umberto Pineschi, Eleonora Simi Bonini, Bernardo Illari, Gabriel Garrido, Leonardo J. Waisman, Waldemar Axel Roldán, Píotr Nawrot, Mila de Santis, Roberto Giuliani, Giorgio Fornasier, Roberto Antonello y otros.

         Sin embargo no se debe olvidar a los verdaderos héroes de esta historia, los anónimos músicos indígenas, maestros de capilla de la selva, que sin iglesia, sin instrumentos y por siglos -desde la expulsión de los jesuitas en 1767 de las tierras de Sudamérica- guardaron como secreto de estado las notas musicales del humilde y querido maestro"Zipuli" como lo recordaban; pasando de mano en mano el cuidado de ese tesoro musical y transmitiendo a sus hijos, de generación en generación, él respeto a sus maravillosas creaciones.

         Todos ellos han contribuido a este despertar musical; desde las más apartadas regiones del mundo y los más diversos puntos de vista, pasando de Prato, con la solitaria labor de algunos, a las fastuosas puestas en escena de sus composiciones en festivales internacionales contraponiéndose el paciente y silencioso estudio de otros, en los precarios archivos eclesiásticos y estatales de América del Sur a las incursiones, no siempre decorosas de unos cuantos, en el mercado discográfico mundial.

         El poderoso atractivo que ejerce la música de Zipoli y los contornos de su vagabunda existencia, mueven hoy a una multitud de continuadores. La intención de este libro responde al deseo de reunir en un solo volumen la mayor cantidad de datos posibles sobre el compositor gran parte de ellos, esparcidos por el mundo. Se arriman el aporte de las fuentes propias de su autor, obtenidas en los sitios de su derrotero, así como en archivos y bibliotecas de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Estados Unidos, España, Francia, Italia y Alemania, a lo largo de unas dos décadas.

         A los nuevos datos acerca de sus primeros años en Europa, se ha sumado el valioso descubrimiento para la musicología universal su producción jesuítica, aquella escrita e interpretada en medio de la floresta sudamericana, con protagonistas indígenas y esclavos negros, bien diversos al de sus contemporáneos, el público y los músicos de las cortes y el clero europeos.

         Con el propósito de facilitar la lectura de este libro, hemos consignado al final, en notas complementarias, los datos históricos detallados, así como la reproducción de los documentos tomados de sus fuentes originales.

         Especiales agradecimientos para quienes han colaborado de una u otra manera para este trabajo. Quienes me alentaron y guiaron, en su momento, y ya no están: Carmen García Muñoz, Francisco Curt Lange, Clemente McNaspy SJ, Isis de Bárcena Echeveste y Hans Roth. Mis colaboradores en los archivos de Italia: Michele Antonello, Roberto Antonello y Padre Cristoforo Sirom SJ, Alemania: Prof. Arntrud Schimdt Lein y en especial a: Giorgio Fornasier, Jesús Ruiz Nestosa, Rufo Medina, Bartomeu Meliá SJ; a Elena Di Martino, por las traducciones; a los queridos amigos de la Missions Prokur SJ de Nürenberg, Alemania, padres Joseph Übelmesser SJ y padre Peter Ballais SJ por su apoyo permanente.

         Mención especial a mis amigos de Prato Dr. Roberto Benelli y Gennaro Brandi, quienes impulsaron la organización de varios conciertos para dar a conocer la monumental obra de Zipoli en su ciudad natal, promoviendo la primera edición en italiano de esta obra, con los auspicios de la Diócesis de Prato, el Gobierno de la Provincia de Prato, la Orden de los Caballeros del Santo Sepulcro y el Lions Club Prato Datini.

         Rincón de honor para Gisela von Thümen, alma y vida de esta apasionante cruzada cultural.


         Luis Szarán




Nota del Editor: El 18 de marzo de 1999 el autor de este libro recibió, de parte del Director de Cultura del Municipio de Prato, la distinción de visitante honorario consignándole la réplica de la primera moneda confeccionada en Italia. El 6 de mayo del 2000, en el marco del Concierto del Año del Jubileo, en Roma, en la Iglesia de Jesús, donde Zipoli fuera organista en sus años de esta romana, el Lions Club Prato Datini, consigna al autor el "Premio Internacional a la Cultura 1999/2000" por el valioso aporte brindado al conocimiento y la difusión del artista pratense.












LA FAMILIA ZIPOLI


Domenico di Sabatino di Angiolo Zipoli


         Domenico Zipoli nació en Prato en el seno de una familia bastante numerosa -siete hermanos- cuyos progenitores eran campesinos.3 La casa natal se encontraba extramuros, dependiendo del distrito parroquial de San Esteban, y su padre Sabatino Zipoli trabajaba en el campo al frente de la finca San Martino, propiedad de Domenico Andrea Naldini, cabeza de una de las más florecientes familias de la zona. La finca se ubicaba en las afueras de la ciudad, inmediatamente después de la Puerta del Serraglio; su madre, Eugenia Varrocchi, dio a luz a Domenico, el 16 de octubre de 1688 a las 7 de la noche. Hasta 1750 en el Gran Ducado de Toscana los días y las horas se contaban de otra manera, por lo que se logró determinar que el nacimiento sería el día 17 de octubre (no el 16) a las 1:30 de la mañana, siendo bautizado el mismo día en el Catedral de Prato. (R. Fantappié. "Aggiunte alla biografía..." Op. cit.)

         El Libro de Bautizados de la Catedral de Prato, en el sitio correspondiente al mes de octubre de 1688: "El día 17 -Domenico di Sabatino di Angiolo Zipoli de la Cura de la Catedral y de Eugenia di Sebastiano Varrocchi su esposa nació a la hora 7 del día precedente siendo traído en el presente día a la Catedral donde fue por mí atendido y bautizado. Comparece Antonio di Francesco Giullari"5

         En tanto que en el Índice de los Bautizados se agrega claramente la procedencia de los alrededores de Prato "1688 - Domenico di Sabatino Zipoli de Sobborghi- lí 17 ottobre detto".

         El nacimiento de Domenico Zipoli así como su vida misma fueron ignorados por siglos. A pesar de su gran importancia, la historia de la música ha registrado las más increíbles y absurdas noticias acerca de su nacimiento y posterior desarrollo.6

         La familia de Zipoli estaba integrada por Giuseppe nacido en Prato el 18 de marzo de 1676 también músico en un momento de su vida; Giovan Battista que fue sacerdote, poeta y profesor de humanidades y retórica; Anton Francesco también sacerdote y menor que Domenico - llegó a ser Capellán de la Catedral y falleció en 1767-; sus hermanas María Magdalena nacida en 1686, monja de la Tercera Orden del Carmelo, fallecida en 1716; María Caterina y Margherita (aparentemente hermana gemela de Giuseppe).

         En 1702, cuando Domenico contaba con catorce años de edad, sus padres fijaron residencia en una casa próxima al centro de la ciudad, probablemente mediante el soporte económico del hermano mayor Giuseppe quien ya se encontraba en Roma desde 1701 al servicio del abate Filippo Baldocci y quien se ocupó generosamente de sus hermanos y sus padres.

         La situación económica, en esos años, no era de lo más favorable para la familia. Su hermano Giovan Battista tenía dificultades para continuar sus estudios y suplicó un subsidio caritativo al Gran Duque de Toscana, obteniendo como resultado un cargo de maestro substituto en la escuela mayor de la comunidad de Prato, remunerado con apenas cincuenta escudos al año.

         Otros documentos de la época reportan el pago de una vestimenta para Domenico con trabajos de costura hechos por sus hermanas María Magdalena y María Caterina. El propio Domenico debería recurrir años más tarde a la solicitud de un subsidio caritativo para continuar sus estudios musicales.

         Su padre vivió hasta 1720 y su madre falleció en 1721.7

         En 1699 el Obispo de Prato y Pistoia Monseñor Leone Strozzi tuvo a su cargo el acto de confirmación de Domenico.

NOTAS


3Principal fuente de consulta acerca de los primeros años de Zipoli en Prato y su entorno familiar son los trabajos de Renzo Fantappié (Prato Storia e Arte XI. Domenico Zipoli, Aggiunte alla biografía. Azienda Autonoma di Turismo, 1970 y "Nuove Giunte alla biografía" en "Atti del Convegno Internazionale di Prato Domenico Zipoli 1988". Leo S. Olschki Editore. Florencia 1994.). En el mencionado trabajo R. Fantappié menciona el registro del Estado de las Almas de Prato, que documentaba a las personas durante la Pascua para organizar la comunión. En las anotaciones correspondientes a 1688 aparecen: Agnolo Zipoli (su abuelo) de 80 años, Sabatino de 50, Eugenia de 37 (padres de Domenico), Margherita de 14, Giuseppe de 14 (hermanos gemelos), Maria Magdalena y Arcangelo de 2 y 5 años respectivamente. En tanto que el Estado de las Almas de 1700 registra: Estado de almas. Catedral y suburbios.

Caserío de los señores Naldini habita Sabatino d'Agniolo Zipoli 56 años 56, Eugenia su esposa (50), Giovan Battista su hijo (20), María Maddalena su hermana (15), Domenico su hermano (12), María Caterina su hermana (8), Antón Francesco su hermano (6). En tanto que en el Estado de las Almas de 1702, de la Catedral de San Esteban se incluyen: Sabatino d'Angnolo Zipoli (63), esposa Eugenia hija de Bastiano Varocchi (52), María Magdalena (17) Domenico (14). Resulta curioso el poco rigor en la documentación de la edad de las personas. El padre de Domenico, Sabatino, en 1688 contaba con 50 años, en 1700 56 (en vez de 62) y en 1702 63 y así sucesivamente los demás. El registro del Estado de las Almas marca la presencia de los padres de Zipoli hasta 1712 con 73 años el padre y 60 la madre. Quedaban viviendo con ellos María Magdalena, María Caterina y Anton Francesco.


5Este documento de extraordinario valor fue publicado por primera vez, siglos después del nacimiento de Zipoli, por el musicólogo argentino Víctor de Rubertis en la revista "La Silurantte Musicale" (Buenos Aires, Argentina, 1946). En su artículo "La patria y la fecha de nacimiento de Domenico Zipoli" De Rubertis, basado en la noticia publicada en 1933 por el historiador jesuita Guillermo Furlong acerca de un "tal Hermano Domingo Zipoli, organista que fuera de la Iglesia de los jesuitas", llegado al Río de la Plata y fallecido en Córdoba en 1726 y gracias a los primeros aportes biográficos debidos al musicólogo uruguayo Lauro Ayestarán en su trabajo "Domenico Zipoli, el gran compositor y organista romano del 1700, en el Río de la Plata". Revista Histórica del Museo Histórica Nacional, 13. (Montevideo. Uruguay, 1941), decidió escribir al alcalde de Prato obteniendo la primera copia del acta de fe de bautismo de Zipoli resguardada entonces en el archivo de la Catedral de Prato. Documento que se encuentra actualmente en el Archivo del Estado de Prato. (Libro de Bautizados de la Catedral de Prato N° 3026 y mención en el Índice de Bautizados D 2971). La nueva organización del Archivo del Estato de Prato consigna dichos códigos actualmente, quedando sin efecto los anteriormente señalados en los estudios de Ayestarán, De Rubertis, Francisco Curt Lange y otros.


6Publicaciones de los propios jesuitas contribuyeron desde la muerte de Zipoli en 1726 a crear confusión acerca del sitio de su nacimiento. Otros cuestionaron su existencia, como se podrá ver. En la "Biliothéque de la Compagnie de Jesús" publicada por Carl Sommervogel entre 1890 y 1909 figura el nacimiento de Zipoli en Prato, Nueva Castilla, España. En la corrección a dicha publicación, a su vez basada en la confeccionada con anterioridad por Auguste y Alois De Backer en Lieja en 1856, Ernest Riviére en 1911 lo remonta a la ciudad italiana de Rieti. Según el "Historisch-Biographisches Lexikon der Tonkunstler" de Ernst Ludwig Gerber (1790-2) y la edición de "Biographisch-Bibliographisches Quellen Lexicon" de Robert Eitner (1959) Zipoli nació en 1675 en Nola cerca de Nápoles, donde supuestamente estudió en el Conservatorio della Pietá dei Turchini, dirigiéndose finalmente en l696 a Roma para completar sus estudios y donde en 1716 fue organista de la Iglesia de Jesús; en dicho año publicó sus "Sonate d’Intavolatura per Organo e Cimbalo", ignorándose dónde y cuando terminaron sus días. El historiador jesuita José M. Peramás en su libro "De vita et Moribus tredecim virorum Paraguaycorum", publicado en Faenza en 1793, lo ubica como "otrora músico romano".


7Los documentos eclesiásticos y los archivos de contabilidad constituyen la mayor fuente de información acerca de la actividad desarrollada por los familiares de Zipoli. Renzo Fantappié ("Aggiunte alla biografia" Op.cit.) reporta nuevamente valiosa información al respecto: El hermano mayor de Domenico, Giuseppe, nacido en Prato el 18 de marzo de 1676 vivió por 35 años en Roma como doméstico de confianza del Abate Filippo Baldocci. Con su trabajo y sus buenas cualidades, logró elevarse socialmente pasando de simple "camarero" a ser "el señor Giuseppe" y fue con este título que lo encontramos mencionado, a partir de 1729, en los documentos que lo relacionan. Proveyó de sustento continuo a toda su familia, y sobretodo protegió a su hermano Domenico y lo introdujo en el ambiente artístico de la Roma del primer setecientos. El mismo fue músico y perteneció a la Congregación de Santa Cecilia de Roma. Entre 1738 y 1741 su nombre aparece en listas de instrumentistas o "profesores" contratados para "tocar la música tanto en los Oratorios como en otras solemnidades" en la Iglesia de los padres de la congregación de Saín Filippo Neri, de Florencia. Se debe señalar también que en aquellos años en Florencia fueron de nuevo representados tres Oratorios de Domenico Zipoli. El desconocido instrumentista falleció en Florencia el 16 de setiembre de 1743. Con toda probabilidad, con él desaparecieron también no pocas composiciones romanas dejadas en manuscrito por su hermano Domenico. Otro hermano más viejo de Domenico, Giovan Battista, fue sacerdote. Crescimbeni escribió sobre él "cultivó la poesía y compuso con óptimo buen gusto; fue maestro de humanidades y retórica de la Escuela Pública de su ciudad, luego del Seminario de Volterra y al más tarde del Pubblico Sanminiato al Tedesco, donde murió en sus mejores años floridos". Sacerdote se hizo también Anton Francesco, hermano menor de Domenico. Fue Capellán de la Catedral, rector del Seminario, Gobernador de la Compañía del Pellegrino y confesor de las monjas de S. Margherita. Murió en 1767. Una hermana, María Maddalena, fallecida en 1716, con apenas treinta años de edad, se consagró a Dios en el Terz’Ordine del Carmelo.

El apellido Zipoli no es bastante común. Francisco Curt Lange ha ubicado a un Domenico Zipoli (1665-1748) que fue maestro de baile en Bayreuth, Alemania, y posteriormente funcionario de la Corte del Margrave de Augsburgo y Renzo Fantappié encontró a otro Domenico Zipoli, sacerdote en 1704 quien tampoco guarda relación con el organista y compositor.









ZIPOLI A LAS REDUCCIONES


Domingo Zipoli, mediano, dos lunares en el carrillo izquierdo



         La decisión de ingresar a la Compañía de Jesús y partir para las Reducciones sin la certeza de poder regresar, es uno de los aspectos más complejos en la vida de nuestro compositor.

         Los misioneros construían un nuevo sistema de organización social en el medio de la selva y gozaban de enorme reputación, pero era sabido además que en la mayoría de los casos, si es que se lograba llegar a destino -la navegación por los mares no era aún segura- o sobrevivir a las numerosas pestes, era imposible pensar en un retorno al sitio de origen.

         Zipoli dejaría una de las posiciones más envidiables como músico, considerando su prestigio y actividades en Roma, y acerca de tal decisión surgen varias hipótesis.

         La primera, fruto de la imaginación de los historiadores, sería el del supuesto romance con su mecena María Teresa Strozzi, Princesa de Forano, y el consiguiente desengaño debido a las diferencias sociales o el sacrificio en aras de la imagen social. El apasionado texto de la dedicatoria a la Princesa en las "Sonate d'Intavolatura" alimentan la fantasía con respecto a esta hipótesis.

         La otra interpretación resulta del propio entorno familiar del compositor, entorno caracterizado por la vocación sacerdotal y la profunda religiosidad.

         De sus tres hermanos varones dos fueron religiosos: el mayor, Giovan Battista, que trabajó muchos años en Seminario de Volterra, y el menor de ellos, Anton Francesco, quien llegó a desempeñarse como capellán de la Catedral de Prato, rector del Seminario y gobernador de la Compañía de San Pellegrino. Igualmente su hermana, María Maddalena, se consagró a la Tercera Orden del Carmelo. Asimismo Domenico realizó sus primeros estudios en la Catedral de Prato; vivió ligado, durante su corta carrera europea, a las congregaciones religiosas y al servicio de las Iglesias de Roma, peregrinar que culminó con su actividad de organista en la Iglesia de Jesús, hecho que le posibilitó un mayor contacto con la utopía jesuítica.47

         La posibilidad de una gran desilusión en sus expectativas de llegar a convertirse en Maestro de Capilla, hecho que no se había dado hasta el momento, no se debe descartar. La gran competencia y el juego político en el ambiente musical de Roma, y en los que se movían con sagacidad sus contemporáneos, no debía ser fácil para un joven tímido, venido de padres campesinos, llegado a la gran urbe de una pequeña ciudad, viviendo de miserables subvenciones y apoyo económico no permanente. El estipendio mensual de tres escudos que recibía mensualmente en sus tiempos de estudiante, de parte del Gran Duque, eran equivalentes al precio de una oveja.

         En su carta solicitud de apoyo, escrita a los 19 años de edad, ya reflejaba esa ambición: "para poder mantenerse en otra ciudad y perfeccionarse y poder ejercer el cargo de maestro de capilla u organista".

         Maestro di Cappella era el máximo cargo al que se podía aspirar en aquellos tiempos. La función de los organistas se limitaba al servicio litúrgico, dar los tonos al coro y acompañar en el continuo en las grandes ejecuciones, en tanto que el Maestro di Cappella tenía a su cargo el conjunto coral, los músicos, los encargos de composición para las grandes festividades y la dirección general de la música en la Iglesia.

         En noviembre de 1714 Zipoli se presentó al concurso para ocupar el cargo de Maestro di Cappella en la Iglesia San Girolamo della Caritá. El resultado negativo pudo haber contribuido a sembrar en su espíritu la búsqueda de un nuevo espacio. Un año y cuatro meses más tarde abandonaría para siempre Roma.

         A la suma de estas hipótesis, que vistas globalmente podrían encerrar la clave de esta decisión, se debe considerar el espíritu de aventura, entendido en el sentido de proyección hacia nuevos ideales.

         La fuerte propaganda de los jesuitas acerca de la creación de una nueva sociedad con seres puros, extraordinariamente aptos para las artes, sensibles y capaces de vivir en un estado de armonía, orden y felicidad plena, llegaba a todos los círculos sociales de Europa.

         Gráficos ilustrando a los "salvajes" en posición angelical ante la poderosa Iglesia; cuentos y relatos fantásticos venidos de las plumas más refinadas, alimentaban las fantasías y los sueños de los jóvenes -principalmente artistas e intelectuales- cansados de los vicios y la decadencia social y afanosos de encontrar un nuevo mundo, con nuevas leyes, nuevos hombres y retornar a los principios y reglas de la naturaleza.

         La gran ola de misticismo que invadió Europa a partir de la colonización y la evangelización llegaba al éxtasis con el proyecto de las Reducciones Jesuíticas.

         Zipoli debía conocer los promocionados resultados de sus colegas en las Reducciones como: Melgarejo, Vaisseau, Berger, Sepp y otros sobre cuya labor se informaba acerca de los formidables conservatorios de música, las extraordinarias fábricas de instrumentos, la natural aptitud de los indígenas para la música, los indios virtuosos en los más diversos instrumentos, los grandes complejos corales y orquestales que se presentaban con la música barroca europea en las principales festividades y "que nada tenían que envidiar a las grandes catedrales de Europa"

         De seguro habrá leído los fantásticos relatos, casi en forma de cuentos y publicados en varios idiomas, de las cartas del Padre Anton Sepp, editadas en 1696 como: "Relación de Viaje a las Misiones Jesuíticas" y en 1709 el siguiente como: "Continuación de las Labores Apostólicas".

         El estilo literario, fluido y la visión apasionada del misionero tirolés de lo que se vivía y sentía en el nuevo mundo, contribuyó a la difusión masiva de sus escritos, a la captación de ayuda y voluntarios. Sepp recibió numerosas críticas por el relato exageradamente idílico sobre la vida en las Reducciones.

         Los italianos que partieron con Zipoli eran de su misma generación -algunos probablemente amigos- y todos fueron contactados en Roma, en la misma época.

         Zipoli contaba con 26 años, Bandiera y Palozzi 20, Primoli 23, Querini 26, Bianchi 34.

         Los únicos aceptados en carácter de estudiantes, en el marco de toda la historia de las Reducciones, Domenico Zipoli, Carlo Fabenensi y Jose Lavisaro, estos dos últimos de Roma, fueron de seguro conocidos del compositor.

         La relación de estos dos últimos con la Compañía de Jesús no fue de lo mejor. Fabenensi, con 19 años, se embarcó y fue compañero de estudios teológicos y filosóficos de Zipoli en Córdoba; su desempeño era discreto y en 1724 se lo ubica en La Rioja, luego en Santiago del Estero donde fue despedido de la Compañía en 1725, sin conocerse los motivos. Igualmente el estudiante Lavisaro de 19 años ingresa directamente a la Compañía en 1717 y sus rastros se pierden luego de su estadía en Córdoba en 1720.

         ¿Habrían encontrado estos jóvenes italianos lo que buscaban o se embarcaron tal vez con otras intenciones?

         El 1 de junio de 1716 el gran organista y compositor toscano, Domenico Zipoli, ya es parte de la Compañía de Jesús.48

         De Roma se traslada a Sevilla, España, donde todos los misioneros debían pasar por un período de entrenamiento, estudiando lógica, aprendiendo las bases de las lenguas indígenas y aguardando el embarque.

         Algunos historiadores jesuitas como Peramás han hecho notar la participación de Zipoli como organista en la Catedral de Sevilla, y otros como Cardiel, sobre el ofrecimiento del cargo de maestro de capilla, lo que según el historiador no aceptó para partir con los jesuitas.49

         En los archivos de la Catedral de Sevilla no quedan rastros de sus obras, ni acotaciones acerca de su presencia. Sin embargo, a la cita de tan calificados biógrafos, se suma, por deducción, la presencia de un organista de su talla en su sitio natural.

         No es de descartar las ejecuciones, durante la larga espera para el embarque, de sus más connotadas piezas, conmoviendo a los fieles.

         La ciudad de Sevilla fue testigo del paso de los 1565 misioneros que en total habían partido hacia las Reducciones, para lo cual, desde la fundación de la Provincia Jesuítica, se organizaron en 22 expediciones.

         Otra referencia acerca de la presencia de Zipoli en Sevilla se observa en los Documentos de Embarque donde se asentaban los gastos de manutención de los misioneros mientras duraba su estadía en Sevilla. Zipoli aparece en una lista oficial entre otros 52 jesuitas que residían esperando el viaje. El documento del 19 de setiembre de 1716 señala:

         "Estos son el gasto que han de hacer los Colegios de donde salieron hasta llegar a Sevilla que se les ha de considerar a siete Reales de Vellón por día, contado por rectificación de los Superiores de los Colegios de donde salieron y regulando a ocho leguas por día".

         Zipoli ocupaba el número 26 en la lista con las siguientes indicaciones:

         "Domingo Tipoli, filósofo; de Prato, obispado de Florencia: veintiocho años".50

         Llama la atención, tanto el error de anotación del apellido, así como su profesión: filósofo y no organista, lo que refleja claramente el motivo de su viaje. No partió como músico, sino como estudiante. Habría sido una estrategia de los propios jesuitas para ocultar el paso de profesionales y técnicos o simplemente las señas claras de la decisión de Zipoli de abandonar sus aspiraciones musicales por los hábitos.

         El medio centenar de jesuitas embarca en el puerto de Cádiz el 5 de abril de 1717.

         Se daba inicio a una de las más imponentes expediciones; por la experiencia de viajes anteriores se viajaba en tres grandes naves que iban juntas y equipadas con unas 60 piezas de artillería.

         En las tierras de Sudamérica aguardaban con entusiasmo la presencia de los arquitectos Primoli y Bianchi para la construcción de las colosales iglesias, expresión máxima del esplendor alcanzado, al joven historiador español Pedro Lozano, quien narraría los logros de las reducciones y otros asignados a importantes misiones como Bernardo Nussdorrffer, futuro Superior y Provincial de Paraquaria e historiador de la Guerra Guaranítica; Segismundo Aperger, famoso médico y farmacéutico; Juan Wolff, quien continuó con la construcción de la Iglesia de San Ignacio en Buenos Aires; José Schmidt, escultor, ebanista y arquitecto; José Klausner, estañero; y otros.

         En el documento que registra la partida se lee por última vez en tierra europea el nombre de Zipoli. La breve frase nos ofrece la única descripción física disponible hasta el momento acerca del compositor: "Domingo Zipoli, mediano, dos lunares en el carrillo izquierdo".51



NOTAS


47Sobre esta hipótesis Renzo Fanttapié ("Nuove giunte alla" Op. cit.) concluye: "La repentina como radical decisión de Zipoli de abandonar la brillante carrera romana y su dramática elección de hacerse jesuita y de enrolarse con las Misiones que estaban organizando y ampliando su obra en Argentina, Bolivia y Paraguay, no puede ser racionalmente justificada ni, mucho menos, si se deben buscar motivos románticos. Reflexionando seriamente, encuentra explicación en la profunda religiosidad de su familia y, sobre todo, en el alma límpida y humilde del compositor y organista, "llamado" con su arte al servicio del Evangelio".


48Los catálogos de la Compañía de Jesús registran dos fechas diferentes del ingreso de Zipoli a la Compañía. El catálogo trienal del Paraguay de 1720 indica el 1 de julio de 1716 y el Catálogo de 1724 marca 1 de junio de 1716 (G. Furlong. "Domenico Zipoli. Músico Eximio en Europa y América". Archivum Historicum Societatis Iesu. Roma, 1955).


49Acerca de la presencia de Zipoli en la Catedral de Sevilla se refirieron José Manuel Peramás en 1793 "dejó bastante espécimen de si en el órgano de la catedral de Sevilla" (transcripto por G. Furlong en "José Manuel Peramás y su Diario del Destierro". Buenos Aires, 1952) y José Cardiel, en su "Carta-relación al Padre Pedro de Calatayud" (1747). Archivo de la Provincia de Toledo de la Compañía de Jesús, dice: "le ofrecieron la plaza de maestro de capilla, en la catedral de esa ciudad, pero él no aceptó por entrar en la Compañía".


50Las citas acerca de estos documentos hemos tomado de P. Pastells y F. Mateos ("Historia de la Compañía de Jesús en la Provincia del Paraguay". Madrid, 1946) y Curt Lange ("Domenico Zipoli Storia di una riscopérta" Op. cit.) sobre la base de fuentes del Archivo General de Indias. La indicación de Tipoli y no Zipoli se debe evidentemente a un error del documento.


51Citado por Curt Lange en Domenico Zipoli. Storia Op. cit. sobre la base de documentos del Archivo General de Indias. Contratación de Sevilla 1717.







CREACIONES DE ZIPOLI EN SUDAMÉRICA


         En los archivos de Bolivia como el Nacional, San Ignacio de Moxos y Musical de Chiquitos existen ya numerosas composiciones de Zipoli, plenamente identificadas y catalogadas, pero así también un número considerable de piezas vocales e instrumentales que se pueden atribuir al compositor, como ocurre con el álbum cuyas piezas para órgano y clave, sin nombre de autor, aparecen algunas correspondientes a las "Sonate d'Intavolatura" y en otras motivos tomados de sus salmos vesperales como: Beatus vir, Laudate Dominum y otros.



         MISAS


         "Misa a quatro voces", en fa mayor (copiada en Potosí en 1784).

         "Misa a San Ignacio", en fa mayor.

         "Misa Apóstoles" o "Misa Brevis" o "Misa Zipoli", en fa mayor (con partes de la "Misa a quatro voces").

         Estas tres composiciones emplean un mismo material para el Credo y el Sanctus y constan solamente de: Kyrie, Gloria, Credo y Sanctus.


         VÍSPERAS


         Deus in adjutorium, Domine ad adjuvandum, Dixit Dominus (dos), Confitebor, Laudate Pueri, Beatus vir, Laudate Dominum (dos), 5 Antifonas (atribuidas).


         HIMNOS, CÁNTICOS Y OTROS


         Ave Maris Stella, Tantum Ergo, Letanías en Do y Fa, Te Deum laudamus, Jesu Corona, Tedeum Laudamus, Ad Marian, Sacris solemnes, 9 motetes mencionados en los inventarios realizados en 1768 en la Reducción de San Pedro y San Pablo (perdidos).

         30 motetes, mencionados en los inventarios, de San Ignacio (perdidos)


         MÚSICA INSTRUMENTAL


         "Principia seu Elementa ab bene pulsandum Organum et Cimbalum".

         Este método de improvisación y ejecución de órgano y clave, contiene un centenar de piezas de dichos instrumentos, entre las cuales se han identificado 6, que corresponden al primer volumen (órgano) de las "Sonate d'Intavolatura" y 3 del segundo, con marcadas diferencias, principalmente de simplificación en el contrapunto. Otro grupo emplea material de las vísperas.91

         Francisco Curt Lange, colosal figura de la musicología mundial especialista en la música colonial de América, siguió los pasos de Zipoli con particular obsesión. En 1979 lo acompañamos en exhaustivas búsquedas en el Archivo Nacional de Asunción, con resultados bastante provechosos. Recorrió apartadas regiones, visitando archivos, bibliotecas y lo que quedan de las viejas reducciones, a la búsqueda de la mínima referencia, al milagro de encontrar una sola hoja de música de Zipoli.

         Lange llevó a su nuevo destino, ya no en este mundo de los mortales, más dudas que revelaciones acerca de la misteriosa, oscura y enigmática vida de Domenico Zipoli.

         En recordación a su extraordinaria tarea de investigador, concluimos este libro, escrito con el deseo de unir los esfuerzos internacionales por la búsqueda de la verdad en la atribulada vida de Zipoli. El pensamiento de Curt Lange, se sintetiza en uno de sus últimos escritos:

         "Creemos que raras veces pueda haberse producido, en la Historia de la Música, un caso similar, renunciando a un camino de gloria para entregarse a la salvación de almas indígenas. El contraste entre la mayor capital musical del mundo tiene que haber causado en Zipoli reflexiones en la soledad de su celda del Convictorio de Córdoba, no sabemos si tomadas con resignación o con la firmeza de quien sabe enfrentarse a la realidad.

         Córdoba era una aldea; las condiciones sanitarias acusaban grandes deficiencias, el estado de los pocos órganos fue precario, debido a la imposibilidad de contar con organeros establecidos en la ciudad. Estos tenían que trasladarse desde uno de los muy distantes pueblos de Misiones o Reducciones de Indios donde la laboriosidad indígena aprendió a construir instrumentos de porte relativamente reducido; el servicio musical en la propia capital fue harto deficiente; se confió exclusivamente a negros esclavos poco letrados en música incumbidos de otras obligaciones u oficios.

         El suministro de música a los Pueblos de Misiones, donde los Padres habían logrado un nivel sorprendente, tenía que ajustarse de cualquier manera a las posibilidades técnicas que variaban de Pueblo en Pueblo. En este sentido, Zipoli fue pródigo, dentro de las normas de una cierta limitación propia de la capacidad interpretativa.        

         Aún contando con los hallazgos que nos fueron posibles, en circunstancias particularmente dramáticas, el caudal de obras salvadas no nos puede mostrar sorpresas en la creación zipoliana, sino por el contrario, limitaciones".92



NOTAS


91Para una mayor profundidad en el estudio de estas piezas, recomendamos los Actos del Convenio sobre Zipoli en 1988 (Op. cit.) y para el estudio de las partituras las ediciones críticas de Luis Szarán y Roberto Antonello: "I Vespri di San Ignacio". Domenico Zipoli (P.279 E. Pizzicato. Edizioni Musicali. Udine, 1997), "Misa a San Ignacio". Domenico Zipoli 8 P.433 E. Pizzicato. Edizioni Musicali. Udine, 1998) y "Principia seu Elementa ad bene Pulsandum Organum e Cimbalum". Música para Órgano y Clave en las Reducciones Jesuíticas con obras de Domenico Zipoli y otros (Ed. Missions Prokur Nürnberg. Asunción, 2000). Algunas de las composiciones mencionadas de Zipoli integran la colección de Música de vísperas en las reducciones de Chiquitos-Bolivia (1691-1767) "Obras de Domenico Zipoli y maestros jesuitas e indígenas anónimos" de Piotr Nawrot, s.v.d. (Edición de la Secretaría Nacional de cultura, Compañía de Jesús y Misioneros del Verbo Divino de Bolivia) y "Misa Zipoli" (Apóstoles) edición del autor (Santa Cruz de la Sierra, 1996). "La Misa en fa" (copiada en Potosí) fue editada por Robert Stevenson en Inter-American. Music Review (IX, 1988).


92Francisco Curt Lange ("Domenico Zipoli en Roma...", Op. cit.).






BIBLIOGRAFÍA


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