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Artesanía Ñanduti

  DOÑA ANASTACIA CANTERO ROMERO Y SUS DECHADOS - Por REINA CÁCERES – GLORIA MARECOS


DOÑA ANASTACIA CANTERO ROMERO Y SUS DECHADOS - Por REINA CÁCERES – GLORIA MARECOS

DOÑA ANASTACIA CANTERO ROMERO Y SUS DECHADOS

REINA CÁCERES – GLORIA MARECOS

© ARTEPAR 2011

Diseño de tapa: LOURDES SOSA BARRIENTOS

Documentación gráfica: ARCHIVO ARTEPAR

Diagramación: ANÍBAL RIVEROS ARCE

Asunción – Paraguay

Abril 2011 (113 páginas)

 

AGRADECEMOS LA AUTORIZACIÓN DE LA

SEÑORA REINA CÁCERES

PARA LA INCLUSIÓN ÍNTEGRA DEL DOCUMENTO

A LA BASE DE DATOS DEL PORTALGUARANI.COM

 

 

ÍNDICE

Prólogo

Introducción

Trama de caminos, de vidas y de historias

CAPÍTULO I

Capturando susurros ancestrales

 CAPÍTULO II

Doña Anastasia... desde las entrañas del tiempo

CAPÍTULO III

Doña Anastasia Cantero Romero y su familia

CAPÍTULO IV

Dichos y dichas de doña Anastasia Cantero Romero

Una muñeca... su primera y última muñeca

Vida que echó raíces en el ñandutí eterno

Recordación y gratitud

Doña Anastasia Cantero Romero y sus dechados

Anexo

Carta abierta al Intendente de Itauguá


 

PRÓLOGO

Itauguá, desde su fundación aquel 27 de junio de 1728, por el gobernador del Paraguay, el español Martín de Barúa, va dejando a su paso un tendal de acontecimientos, en busca de la dignidad de este pueblo, que nació, en un terruño de tierra roja, acunada por la savia de sus habitantes, tejiendo hilo tras hilo los pilares de su historia, sustentando con afán el presente y esculpiendo con fortaleza y responsabilidad el fu­turo.

Desde aquel más humilde, hasta el más encumbrado, sem­bró su semilla y la regó con paciencia en su suelo fértil, con­virtiéndola en una ciudad visitada y admirada por propios y extraños, recordada y ensalzada en maravillosos versos que surgieron del amor, de quienes la vieron y se prendaron de su belleza.

Famosa por su Ñandutí, tejido que se caracteriza por la deli­cadeza de sus formas y el contenido de sus temas nativos; de la flora, de la fauna y de la morfología folklórica que le crea una personalidad simbólica de nuestra nacionalidad.

Itaguá, es también conocida, por su riqueza cultural, cuna de hijos e hijas ilustres, entre los que se destaca, la Tejedora de Ñandutí "Doña Anastacia Cantero", cuyas habilidosas ma­nos, emulaban con maestría los prodigios de la naturaleza.

Esta sacrificada y abnegada mujer itaugüeña, de admirable sencillez y humildad, era amante de su pueblo, de su tradi­ción y de su estirpe.

Con destreza y paciencia, con hebras donairosas iba tejiendo primorosos ñandutíes y formó una familia con tesón y entere­za.

Mujer digna que se distinguió por su sapiencia en el tejido más bello, trascendiendo fronteras con su trabajo decoroso y artístico.

Su hogar era muy visitado por paraguayos y extranjeros. Y fue asíprecisamente que conoció a la Sra. Reina Cáceres. Con ella, compartió una hermosa amistad, basada en la calidez humana, razón por la cual surge la loable iniciativa de estampar en este libro, sus vivencias compartidas, páginas llenas de recuerdos, fragmentos de vida de una dama, a cuya sombra crecimos varias generaciones y la recordamos con cariño y devoción.

No pretende, la autora de este material, ser exhaustiva, ni querer decirlo todo ante tantas anécdotas. Gracias al com­promiso adquirido por ella, las ideas han tomado cuerpo, con una estructura sencilla y con ese entusiasmo que lo caracteri­za, el presente libro está en nuestras manos, para conocer a una señora, cuyos ñandutíes acrecentaron nuestra indómita cultura guaraní.

Deseo expresar los reconocimientos más emotivos a la Sra. Reina Cáceres, quien enfrentando continuamente desafíos y por su ilimitada capacidad de trabajo, nos proporciona pince­ladas de la historia itaugüeña, recordando a nuestra querida "Doña Anastacia", enalteciendo a las incansables Tejedoras de Ñandutí, cuyos trabajos propician el desarrollo de una de las hermosas artesanías del país. Primoroso tejido que guar­da el misterio de su aparición, la bondad en su esencia y la dulzura en sus dechados.

Reina: ¡Mil gracias! Por tu inestimable colaboración con la Capital del Ñandutí. Te deseo todo lo mejor y aliento por el éxito en todas tus realizaciones.

A Usted Lector/a: Valoro el hecho de destinar parte de su va­lioso tiempo para hojear este libro.

Estamos renovando Nuestra Gratitud ante la memoria de "Doña Anastacia", personaje ilustre de nuestro Bicentenario. Cada uno de nosotros, desde el lugar que nos toca desenvol­vernos, constituimos un eslabón insustituible de nuestro país.

 

Lourdes Jacqueline Villlalba Regúnega

Directora de Cultura de la

Municipalidad de Itauguá

Marzo de 2011


INTRODUCCIÓN

Por esas razones profundamente misteriosas que no tienen explicación, aunque uno trate de justifi­carlas con mil argumentos inventados, en una con­fluencia de circunstancias y tramas caprichosas en las que el destino, a su albedrío nos involucra, la vida me arrancó un día, aún en tierna edad, de las gredas y gramas de mi paraje querido, "Roque de mis sueños" (San Roque González de Santa Cruz), nombre que até a los relatos y consejos de "abuela Martina", lo acomodé en un arcón escon­dido en mi garganta hacia adentro y lo llevé con­migo como el tesoro más preciado o como el sue­ño del que nunca debía despertar.

El raudal de la vida me arrastró con sus correnta­das y remolinos, hasta encallarme sorprendida entre las monstruosas moles de cemento que las ciudades civilizadas del mundo me ofrecían.

Ya lejos de mi terruño querido, entre esos colo­sos soberbios de mirada indiferente, fría e incré­dula y con las únicas armas que la naturaleza me brindó: Mi juventud, mí gracia morena, mi talento innato para el baile, el orgullo sano y profundo de sentirme parte indisoluble de mi tierra nativa y el coraje salvaje y púrpura de mi sangre guaraní, me erguí con osadía y desafié al mundo de la mejor manera que mi corazón me dictaba: Bailando.

Y entre bailes y bambalinas lejanas, el tiempo, que es un tren sin estación, fue pasando implacable, dejando en mis ojos y en mi alma las cicatrices de experiencias y emociones extremas, el aroma agridulce de la añoranza eterna y la promesa ínti­ma y profunda de "volver".

Con la certeza de que el mar siempre arroja a sus náufragos hasta una playa, yo fijaba mi horizonte en la única arena roja donde la vida debía devol­verme. Ese mismo remolino que me llevó por es­cenarios tan lejanos, que me hizo catar el vino agridulce del éxito y los aplausos, se encargó de traerme mil veces a la única playa donde yo que­ría encallar: Mi Paraguay, mi "Roque de mis sue­ños".

Y en uno de esos lapsos en que mis persistentes ansias de retorno vencían a los propósitos del destino, comienza esta historia de vida, en que las tramas inexplicables de la providencia, hicie­ron que yo conociera a Doña Anastasia Cantero Romero.

Reina Cáceres

 


TRAMA DE CAMINOS, DE VIDAS Y DE HISTORIAS

 

"Trama y urdimbre.

Maraña de sendas

que van trazando formas,

hurgando en la geometría

de las peregrinas existencias.

Caminos que son ríos...

Caminos que son sueños..."

 

Cada existencia tiene marcado un rumbo que de­fine su propio norte, y en el andar hacia ese desti­no, se van trazando formas, diseños, arabescos y tramas en el cruce con otras existencias, que a su vez van entretejiendo su propio manto.

En esta magnífica urdimbre de sendas que con­forman la mía, surgió una, con su mochila de via­jera cargada de sueños nativos, de historias de su tierra, de personajes antiguos, simples, sencillos, pero profundamente humanos y rebosante de una pasión contagiante por todo lo auténticamente nuestro.

En mi cruce con esta señora viajera, que tiene un nombre, Reina Cáceres, obstinada en su sentir de que nuestras antiguas raíces no deben morir, sino reverdecer como brotes nuevos en planta vieja; se detuvo mi caminar, para escuchar con los oí­dos y con el corazón sus relatos de viejos artesa­nos, que sonaron como músicas ancestrales a mis oídos, tal vez porque son las mismas notas que aún tintinean muy lejanamente en mi profunda in­terioridad.

Por esta razón, quise ser yo la escribiente retratis­ta de uno de esos muchos personajes de sus his­torias.

En esta obra, no hice más que transcribir parte de la extensa sabiduría nativa que doña Reina guar­da en su corazón en su mente y en sus recuerdos. Y con este trabajo, presentando la vida de doña Anastasia Cantero Romero y sus finos, casi eté­reos dechados de ñandutí, pretendo unirme a los deseos de Reina Cáceres, de resaltar, además de la belleza mágica de toda obra artesanal, la fortaleza y el valor sin límites de la mujer campe­sina paraguaya, siempre la mejor y más digna artesana de nuestra historia.

Gloria Marecos

 


CAPITULO I

CAPTURANDO SUSURROS ANCESTRALES

En una de esas veces en que la marea de la añoranza me depositó nuevamente dentro de los límites de esta tierra de mis amores, me sumergí como siempre, en su interioridad, hurgando en sus entrañas ancestrales, llamando a los espíritus de su auténtica tradición, buscando captar las voces aún audibles de sus últimos pregoneros.

Esta vez, mi obsesión por rastrear los latidos de mis raíces, me llevó a la antigua y hermosa ciu­dad de Itauguá, a 30 kilómetros de Asunción. Allí, de un sorbo aspiré su aroma colonial, acaricié con mis pasos sus callejuelas de tierra roja y pasto y me dejé envolver por el mágico encanto que se desprende de todo lo que se mira y se toca.

La increíble filigrana policromática de sus ñandu­tíes, un cortejo largo de simétricos diseños engar­zados en telas multicolores, conforman una ale­gre pasarela de bienvenida al visitante.

En ningún rincón del vasto mundo que me tocó recorrer sentí tanta plenitud, sin desmerecer las bellezas majestuosas e impresionantes de otros países, con sus soberbias montañas y sus mares bravíos, que anegan los ojos de quien los mira con su imponderable grandeza.

Pero... Aspirar este aire, embriagar los ojos con lo que se ama, es otra cosa... es sumergirse en la sabia del tiempo, remar en la intimidad del destino y comprender la misteriosa infinitud del alma... y ser feliz.

Atrapada por la belleza de este pintoresco pano­rama y buscando conectarme a los principios de la historia del ñandutí, averigüé quien era la arte­sana más antigua de la ciudad.

Sin dudar, me dieron un nombre: Doña Anastasia Cantero Romero.

Con su dirección en mano, mis pasos exploraron las añejadas callejuelas de tierra roja, bordeadas por humildes casas, que aún conservan bajo sus aleros, el aliento del tiempo pasado, tan distan­te... y tan ante mis ojos.

Grabando en mis ojos más que en mis cámara fotográfica este trayecto, me detuve ante una hu­milde vivienda, que yo suponía, era la de mi bus­cada artesana. Allí, sin embargo, también vivía una dama de avanzada edad, tejedora de ñandutí, como lo eran casi todas las mujeres de edad de la ciudad, pero doña Anastasia vivía en la casa de al lado.

Hacia allí me dirigí, era un típico rancho, humilde, rodeado de plantas, jazmines, naranjos y azuce­nas.

Ante mi corazón, más que ante mis ojos, se pre­sentó un cuadro digno del mejor pintor costum­brista.

Bajo las sombras de un jazminero en flor, sentada en un viejo sillón desvencijado de madera, con remiendos de tablillas y clavos, estaba una anciana, pequeña, encogido su cuerpo como un ovillo, con los hombros encorvados hacia delante y un rostro con mil historias tatuadas en su piel, por la dureza implacable de la vida que le tocó vivir.

Aún así, era un rostro extrañamente bello, fino y delicado, que no delataba caracteres indígenas. Esto me hizo suponer íntimamente, que tal vez, algún distinguido linaje había incrustado su natu­raleza, en su lejana raíz.

Ante mi saludo desde lo que pretendía ser un por­tón, la anciana me miró extrañada y lentamente irguió su encogido cuerpo hasta donde pudo, aban­donó su vetusto sillón y con pasos lerdos, arras­trados y cansinos, como si los apuros del tiempo ya no existieran para ella, llegó hasta mí y con una jovial sonrisa me dio la bienvenida.

La miré con el corazón, más que con los ojos y observé de cerca, que bajo su rostro apergamina­do, un par de ojitos vivaces, pícaros y risueños, todavía bailaban la más pura y auténtica polka nativa de la vida, como burlándose de los latiga­zos del tiempo.

Después de las explicaciones pertinentes de quién era yo y de dónde venía y ante la expresa aclara­ción de que buscaba a doña Anastasia Cantero Romero, le pregunté si era ella la famosa artesa­na. Las chispitas de su mirada cobraron intensi­dad y sin sacar de su boca una vieja pipa humeante que se mantenía en admirable equilibrio en un costado de sus finos labios, me dijo con voz pau­sada y clara, manteniendo su amable sonrisa: "Che ha'é Anastasia Cantero, ñandutí apoháminte co che. Ehasá ñañemonguetá" (yo soy Anastasia Cantero, soy apenas tejedora de ñandutí, pasa y conversaremos).

Y entre el humo y el aroma acre del tabaco, suavi­zado por el perfume dulce de los jazmines, inicia­mos una larga conversación, relatos de sucesos que seguían latiendo silenciosos entre la urdim­bre de los recuerdos y que iban cobrando vida nueva en la vos pausada y temblorosa de doña Anastasia.

Esta es la imagen física, que en un instante pude percibir, de la más antigua artesana del ñandutí. Una rara conjugación de lentitud, sociego y vitali­dad, de invierno en el cuerpo y primavera en la mirada.

Esta es Doña Anastasia Cantero Romero, la más antigua tejedora del auténtico ñandutí original, entretejido delicada y artísticamente con finos hi­los de seda de 200 yardas.

 


 

CAPITULO II

DOÑA ANASTASIA… DESDE LAS ENTRAÑAS DEL TIEMPO

Para tener una imagen interior y comprender la personalidad de esta prodigiosa tejedora de ñan­dutí, debemos adentrarnos con ella hasta las vís­ceras del tiempo. Y de allí, del origen mismo, ex­traer la auténtica sabiduría de lo que debe perma­necer.

Desde sus lejanos, pero aún nítidos recuerdos, sur­ge su relato.

Su mirada se torna vaga, lejana, ausente de este momento y de ese lugar. Así, desde un pasado sumergido en su consciencia, desde las más pu­ras imágenes de sus vivencias, surge la memoria de su principio y de su caminar por la vida, como único documento indeleble y válido, que avala su existencia, pues según expresa, jamás tuvo un documento de identidad.

Como un susurro surgido de lejos, con voz calma y lenta, cuenta con su expresivo guaraní (ella nun­ca habló el español) que nació un 11 de mayo de 1891, en la compañía Mboi'y de Itauguá. Sus pa­dres fueron don Valeriano Cantero y doña María Trinidad Romero de Cantero.

Cuando apenas tuvo uso de razón ya se inició en el aprendizaje del encantador arte de tejer ñandu­tí, pues era esa la actividad cotidiana de las muje­res de su familia.

Con acento tembloroso por la emoción, recuerda que más o menos por los años 1897, cuando te­nía apenas 6 años, fueron sus maestras dos lumi­narias de la época, doña Josefa y doña Escolásti­ca Morales, con quienes dio sus primeros pasos en el manejo del bastidor, las agujas y los hilos. Entonces, en su párvula mente, empezó a vislum­brar la magia y los secretos del ñandutí.

Posteriormente, fue doña Gertrudis Sosa de Can­tero, innata creadora y diseñadora de varios de los dechados que conforman el ñandutí, quien le transmitió su sabiduría y su entusiasmo creativo. En esta etapa de su vida, fue descubriendo y de­sarrollando su capacidad creadora para visualizar nuevas formas e imaginar nuevos dechados en todo lo que la naturaleza le ofrecía en su entorno, formas que más tarde irían enriqueciendo la gama de dechados que conforman el maravilloso ñan­dutí.

A partir de allí, su vida fue tejiendo y entretejiendo historias de alegrías y tristezas, entre dechados y dechados.

Sigue recordando con tristeza, que más o menos en el año 1909, quedó huérfana, 15 días después de haber nacido su hermana menor, su madre había muerto a raíz de complicaciones que se pre­sentaron después de un parto natural.

A raíz de esta tragedia familiar, se mudaron al pueblo de Itauguá, donde fueron criadas por su abuela materna, a quien ella recuerda con inmen­so cariño.

Su infancia no conoció una escuela, jamás apren­dió a leer ni a escribir. Tampoco disfrutó de los juegos típicos propios de las niñas, nunca tuvo una muñeca, tal vez su único juguete infantil, hayan sido siete bolitas de mbokajá apí (coco pelado), los que la acompañaban en sus juegos de tíqui­chuela, durante algunas siestas de verano, en las que la abuela dormía y ella y sus hermanos apro­vechaban para disfrutar del único juego que esta­ba a su alcance.

Con un dejo de tristeza en su voz, expresó: "Ndo­roguerekói va'ekue juguete, porque rojapo ará la ñandutí rovende haguá. Rojapo mantilla, mantel, sobrecama, ha abanico, umía la ojejuruvéva oré­ve" (No teníamos juguetes porque debíamos tejer el ñandutí para vender, tejíamos mantillas, man­teles, sobrecamas y abanicos, que era lo que más nos pedían).

Siguió contando: "Ore kuñatái roguare ndorogue­rekói va'ekue mávandi pa roséta rojeroky, che jaryi ningo iguainguima. Entonces pyharekue, romboty ore roké ha roñeno ha roke" (Cuando éramos jóvenes no teníamos con quien ir a bailar, nuestra abuela ya era muy anciana. Entonces, cerrábamos la puerta y nos íbamos a dormir).

Mientras su mente desenredaba el ovillo de sus recuerdos, sus manos delgadas y pequeñas ro­zaban continuamente los hilos de un bastidor que descansaba en su regazo.

De vez en cuando, acomodaba un resto de ante­ojos que ataba a su cabeza con un hilo, ya soló tenía los vidrios, pues no sabemos cuándo ni en qué circunstancia perdió las dos manijas que ten­drían que sujetarse a sus orejas. En ese instante, como si de repente, al contacto con su anteojos tomara cuenta de la realidad, expresó un pedido: "Aipota che lenterá ikatuhagúa amba'apo poráve" (quiero para mis anteojos para poder trabajar mejor).

Luego de este justo pedido, del que tomé nota con el sincero propósito de prontamente materializar su deseo, Doña Anastasia siguió contando que cuando era señorita, tuvo muchos pretendientes, tantos que no recuerda sus nombres, tampoco recuerda cuántas veces se enamoró, pero de esos amores, nacieron 8 hijos, 6 niñas y 2 varones, pero... "La che ménagüi ndaikua'ai iparadéro"(de mi marido no conozco su destino), dijo jocosamen­te con una pícara sonrisa en sus finos labios y una chispa divertida en su profunda mirada.

Y con el mismo tono divertido y levemente orgu­llosos, contó que se mantuvo soltera porque "la ñemenda yyroreírá"(casarse termina en dispara­te), que todos sus hijos llevan su apellido y que para criarlos realizó todo tipo de tareas y esfuer­zos; trabajó en la chacra, crio chanchos, vendió carne, hizo embutidos y entre uno y otro trabajo, tejió siempre el ñandutí.

Volviendo a su presente, comentó con un leve tono de suave orgullo: "Che mbaretemí güeteri, che güapa, amba'apo la cherógapyrupi" (yo todavía soy fuerte, soy guapa, aún trabajo dentro de mi casa).

Contó que su día comienza con el despertar del sol, a las 4,30 de la mañana, primero toma su mate, riega las plantas de su jardín, que ella misma cul­tivó y cuida cada día. Cocina; dice que su alimen­tación es sana: "Upéare che resái güeteru (por eso todavía estoy saludable), por último y con las ta­reas del hogar cumplidas, se sienta tranquila a tejer sus hermosos dechados, afirmando que es ésta su gran pasión.

Y como tomando consciencia del bastidor que re­posaba en su regazo, lo acarició con ternura, como a un hijo que empieza a latir en su interior.

Acomodó el resto de anteojos que dificultosamen­te se mantenía firme y en equilibrio sobre su na­riz, tomó nuevamente la aguja con hilo y siguió tejiendo mientras contaba que en su juventud, la época más floreciente de su labor de tejedora, había creado sus propios dechados, copiando de los diseños que la naturaleza le ofrecía.

A partir de este primer encuentro con la tejedora viviente más antigua de Itauguá, mis visitas fue­ron sucediéndose periódicamente y al finalizar cada una de ellas, mi espíritu volvía fortalecido, enriquecido y alegre.

De este modo, durante un tiempo largo, cada en­cuentro se convertía en una rara conjunción de generaciones, en un acontecimiento esperado siempre con ansias, en una explosión enriquece­dora de alegría, en un instante en el que siempre había algo que mostrar y mucho que contar, por un lado y tanta sed de saber, por el otro.


CAPITULO III

DOÑA ANASTASIA CANTERO ROMERO Y SU FAMILIA

Doña Anastasia fue el más claro ejemplo de la matrona, alma, espíritu y eje de la familia matriar­cal, tan propia de nuestra cultura campesina.

Es la imagen femenina que más allá de su frágil figura, despliega el monumento de su fortaleza en el sostenimiento de su prolífica familia y en su cons­tructividad como guardiana de la vida.

Esta mujer artesana que atrapó para sí la belleza del ñandutí, también destinó las mismas manos finas y delicadas para el arte, a las tareas más rudas y ásperas de la supervivencia.

En esta marcha de la vida, con ritmo bruto y duro, doña Anastasia deslizó sus pasos y su cuerpo con agilidad malabar, buscando las melodías más sua­ves dentro de la polka desenfrenada de las cir­cunstancias que la vida expuso ante ella. Y así y allí amó, se entregó a los sueños de los que nin­gún ser humano puede escapar.

Y de estos sueños, amores y desamores nacieron ocho hijos, que fueron recibidos todos y cada uno con el más infinito amor... pero en soledad.

De estos ocho retoños, que fueron criados por doña Anastasia desafiando todas las tempestades, sobreviven cuatro:

Pabla, de 89

Eligia, de 87

Carmen, de 72 años

Casimira, de 70

Por el camino, abandonaron la vida: Trinidad, Ve­rónica, Anacleto y Mateo Valencio.

32 nietos

48 bisnietos

18 tataranietos

Continúan dando vida a la herencia dejada por doña Anastasia, sus nietos, bisnietos y tataranie­tos, que son muchos (dicen que una tercera parte de la población de Itauguá) quienes han aprendi­do el arte de tejer ñandutí, aunque algunos, im­pulsados por la fuerza de la vida, ya tomaron otros caminos, pero en sus corazones y en su sangre siguen y seguirán tejiendo y entretejiendo decha­dos milenarios de ñandutí.

 


CAPITULO IV

DICHOS Y DICHAS DE DOÑA ANASTASIA CANTERO ROMERO

Cierto día, con motivo de la clausura de los talleres de ñandutí, que habitualmente se dictaban en ARTEPAR, Institución creada por mí para la investigación, rescate y difusión de la artesanía paraguaya, he decidido, junta­mente con las alumnas y la profesora, orga­nizar una gran fiesta en la ciudad de Itauguá., donde sería doña Anastacia la evaluadora de los trabajos finales y la que entregara los cer­tificados a los participantes de los talleres.

Para el efecto, como fundadora y Directora de ARTEPAR, solicité la colaboración de la Municipalidad de esa ciudad, del entonces intendente de Itauguá, señor Luciano Cabre­ra, del Director de Cultura Prof. Miguel Ángel Caballero Romero, de los colegios, de las ar­tesanas y de sus vecinas, quienes con mu­cho gusto y espíritu de servicio se dispusie­ron a ayudar.

.Acudí a los medios de comunicación y toda la prensa respondió a mi pedido y se hizo pre­sente en el gran festejo.

.En ese gran día, una feliz doña Anastasia, sentada en un cómodo sillón recibió a las alumnas, a las autoridades, a los vecinos, fa­miliares y a casi toda la ciudad.

.Hizo entrega de los certificados de asistencia a los talleres de ARTEPAR y aplaudió entu­siasmada los bailes y músicas que en su ho­nor y a su pedido se presentaron.

.En todo momento y con su habitual alegría y buen humor se prestó para las fotografías y preguntas de los periodistas de todos los medios de comunicación.

.En un momento de este acto, cuando el se­ñor intendente Luciano Cabrera se paró fren­te a ella para darle su saludo, doña Anasta­sia lo miró fijamente, con el rostro serio y una pizca de enojo en el fondo de sus pupilas, expresó: `... Eeeh, mba'éiko nde rejapó ko'ápe Luchi, re jugá vaekue pelota de trapo, pynan­di, kállepe, che roga renondepe, ha re jupí riré de intendente nda che kua'a vei vaekué. Ha koãgã ña Reina oú riré che rendapente ne manduá ite che rehé (Eeeh, ¿qué haces tú aquí? Antes, jugabas descalzo a la pelota, en la calle, frente a mi casa y después de subir de intendente, te olvidaste. Sólo ahora, que doña Reina ha venido junto a mí, simulas que te acuerdas de mí).

•        En ocasión de una entrevista que le hiciera una periodista, doña Anastasia expresó su preocupación por los jóvenes desocupados, y dijo: "La tekoreí ndo güerui mba'e porá"(la holgazanería no trae nada bueno)

•        Una singular característica del trabajo de doña Anastasia era la aguja que ella usaba, no era la común, sino una siempre curvada, porque según ella, era la mejor.

•        Contaba que sólo trabajaba con hilos finos de seda N° 40, de 200 yardas y mercerizado argentino, porque así el trabajo salía fino y delicado, expresaba con su natural sentido de estética y su misterioso conocimiento de la auténtica belleza.

.A partir de la primera fiesta, doña Anastasia tuvo que recibir a innumerables periodistas nacionales e internacionales, canales de te­levisión y radio, que querían saber de su vida y de su hermoso trabajo.

.Fue invitada por Nila López a su programa "Buenos días Paraguay" que se emitía por canal 13.

Rosaly Ucedo, la entrevistó en guaraní, para canal 9.

.En 1988, el director de Radio Ñandutí, Hum­berto Rubín y señora Gloria Rubín, le obse­quiaron "Aguja de oro", máxima distinción a la artesana viviente más antigua del ñandutí.

.En 1989, la productora argentina Ana Mon­tes, juntamente con el director paraguayo de cine Hugo Gamarra, fue elegida como una de las protagonistas de la película "Las tejedo­ras de ñandutí", financiada por la embajada argentina, con texto de Josefina Plá, Gusta­vo González y Delia Millán de Palavecino, como un homenaje a las mujeres paragua­yas, argentinas y latinoamericanas, quienes con el trabajo de sus manos sostienen la vida.

 

 

 

 

"LAS TEJEDORAS DE ÑANDUTI"

 

 

Homenaje a las mujeres paraguayas, argentinas y latinoamericanas que

con el trabajo de sus manos sostiene la vida.

 

"LAS TEJEDORAS DE ÑANDUTI"

23 min. -1987/88

16 mm. - color

Dirección, guión, grabaciones documentales

ANA MONTES de GONZÁLEZ

Texto basado en

GUASTAVO GONZÁLEZ - JOSEFINA PLÁ

DELIA MILLAN de PALAVECINO

Cámara y Fotografía

HUGO GAMARRA

Montaje

FERNANDO GUARINIELLO

Sonido

JOSÉ GRAMMATICO - NITO GONZÁLEZ

Asistentes de Producción

VIRGINIA GUTIÉRREZ CARBO - NUNY MEZA

Música

CELSO PEDROSO: Zarzuela Ñandutí Rerecuá con músicos y cantores de Itauguá

JUAN CARLOS MORENO - MANUEL FRUTOS:

Lindos Pañuelitos

 

La grácil labor del tejido de ñandutí que tiene actualmente su centro en Itauguá, Paraguay, abarcó hasta hace poco una extensa área de irradiación en nuestras provincias guaranítícas de Formosa, Corrientes y Misiones. El film es un homenaje a la laboriosidad de las mujeres que como creadoras de belleza en medio de difícil historia y circunstancias, sostienen la vida con el trabajo de sus manos. El ñandutí es un milagro folklórico de crea­ción y factura femenina en cuyos rasgos se evidencia el carác­ter de la mujer, depositaria durante milenios de un aspecto del tesoro cultural de la humanidad. Mientras el hombre luchaba y mataba, ella construía para los suyos, inventando las artes do­mésticas. Para crear conciencia del lugar que ocupamos las mujeres en estos críticos tiempos que vivimos, establecemos un agudo contraste entre la actividad masculina, destacando la constructividad de las mujeres como guardianas de la vida. 1988

 

"Lindos Pañuelitos"

 

¿Quiere usted comprar señor

este lindo ñandutí?

Con los sueños de mi amor

para usted se lo tejí...

 

 

Colaboraciones:

República Argentina:

Embajada Argentina en Paraguay

Instituto Nacional de Cinematografía

Dirección Nacional de Antropología y Folklore

Dirección de Cultura de la Provincia de Formosa

República del Paraguay:

Dirección Nacional de Turismo

Museo Militar

Museo del Barro

Museo Parroquial "San Rafael" Itauguá

ArtePar - Artesanía Paraguaya

 

Día del Artesano paraguayo

•        1988. En celebración del "Día del Artesano Paraguayo" instituido en virtud de la Resolu­ción N° 509/88 del Ministerio de Industria y Comercio y como un merecido homenaje a nuestros artesanos hombres y mujeres, anó­nimos y abnegados cultores de nuestra rica tradición artesanal, organizado por el Minis­terio de Industria y Comercio y el Servicio de Promoción Artesanal (SPA), en esa ocasión doña Anastasia fue ovasionada por el público en general, siendo elegida "Artesana del año".

.La televisión española llegó hasta su humilde rancho para hacerle una entrevista exclusiva. .Rafael Paeta, director del conjunto musical "Los indianos" le llevó una conmovedora se­renata y le dedicó su canción "Itauguá poty".

.Contaba doña Anastasia que siempre le gus­tó bailar, que era una experta y hábil bailari­na, que no se perdía los bailes importantes y que a sus hijas siempre las acompañaba a las fiestas del pueblo.

.En todas las entrevistas y a todos los perio­distas que la visitaban, sólo les hacía un pe­dido: Para sus anteojos. Pedido que tuvo in­mediata respuesta.

.En cierta ocasión le preguntaron cuál era el secreto de su larga vida, a lo que ella contes­tó: "El buen tabaco, el cocido, el mate... y nin­gún remedio de farmacia".

 

 

UNA MUÑECA... SU PRIMERA Y ÚLTIMA MUÑECA

 

A esta fiesta popular y cultural, se sumó más tar­de, otra más familiar y más íntima, con la presen­cia de sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos: SU CUMPLEAÑOS, SUS 98 AÑOS que se cele­bró en su casa, rodeada del pueblo de Itauguá.

En este acto, entre aplausos y vivas de alegría de sus seres queridos, doña Anastasia recibió su más preciado y largo tiempo esperado regalo, que ella misma había pedido cuando le preguntaron qué deseaba que le regalaran: UNA MUÑECA... SU PRIMERA Y ULTIMA MUÑECA.

 

VIDA QUE ECHÓ RAÍCES

EN EL ÑANDUTÍ ETERNO

 

"No llores a los muertos,

que no son ya sino jaulas vacías,

de las que se han ido los pájaros".

(Saadi)

 

La última vez que estuve con doña Anastasia, sentí en mi interior una rara angustia, pues tenía el pre­sentimiento, por no decir la seguridad, de que era mi última comunicación con ella. Comunicación que ya no era de palabras ni de sonidos (ella ye no hablaba), sino de miradas y de contactos.

Yo debía viajar al día siguiente y quería verla an­tes de partir, pues mi retorno no tenía fecha.

Ella ya era apenas un manojo de huesos quietos acurrucados en su vieja cama. Su mirada fija, ya no tenía el brillo pícaro de siempre, se ocultaba tras una intrusa niebla que venía a cumplir los designios de la vida. Pero por momentos... sólo por momentos, sus ojitos hundidos y lejanos se posaban en mí y renacía en ellos una chispa de alegría silenciosa. Era la señal que ella me envia­ba de que agradecía mi presencia.

Tomé sus manitas suaves, ella apretaba apenas las mías, como diciéndome con ello lo de siempre: "a vy'aite pico ña Reina la rejú haguere che recha­mívo" (qué alegría me da ña Reina porque viniste a verme), yo las acaricié con infinita ternura, la miré fijamente a los ojos. No me atrevía ni siquiera a parpadear para no perder un solo instante de su última imagen.

Pero yo debía partir. Acomodé sus manos sobre su cuerpecito, la abrigué con un poyví, la miré por última vez, sabía que estaba dejando para siem­pre a la abuelita de corazón que la vida me regaló. Y con la angustia que ahoga al corazón ante las partidas, salí afuera.

En el patio estaban todos sus hijos, familiares y tal vez algún vecino. Los miré y les pedí que no me buscaran para comunicarme su muerte. Algún día, cuando retorne a mi tierra, volveré a esta casa.

Y partí con una rara sensación que no podía defi­nir exactamente, porque yo sé que la muerte no me impresiona ni la temo. No tengo de ella el mis­mo concepto que la generalidad. Sé que la muer­te es necesaria como parte de la vida, por lo tanto, no acostumbro a llorar a mis muertos. La sensa­ción de angustia que me invadió al abandonar ese lugar, no era por la muerte de doña Anastasia, sino tal vez por la ausencia física que ésta representa. Y así partí, sabiendo que allí dejaba una jaula va­cía, donde el pájaro que ya partía, sólo dejaría el recuerdo de sus trinos, dibujados en dechados de ñandutí.

Estamos seguros de que doña Anastasia Cantero Romero ha transitado con autenticidad por los senderos que le ofreció la vida y con la certeza de haber aprisionado la eternidad entre los hilos de 200 yardas de cada dechado del ñandutí nacido de ella.

Su existir ha sido un ejemplo de autenticidad, de simplicidad, de humildad y de coraje frente a la

vida, En ella se conjugan los caracteres más valiosos que adornan a la auténtica mujer campesina paraguaya que sus­tenta los cimientos de toda una raza.

Doña Anastasia Cantero Romero sigue y seguirá viviendo, como brote en planta nueva, mientras cada persona que ame       , ser paraguayo, mire y admire la belleza mágica y sutil de los dechados por ella creados.

Partió lenta y serenamente, un 7 de diciembre de 1997.

 

 

RECORDACIÓN Y GRATITUD

 

a las maestras artesanas que pasaron por

ARTEPAR para transmitir la técnica de los dechados del Ñandutí,

en especial a:

Sra. Sady Carnibella,

Sra. Teresa Castro,

Sra. Blásida Hermosilla,

Sra. Chiquita Martínez y

Sra. Catalina Carnibella Amarilla.

 

MUJER PARAGUAYA

 

Tiene el alma de un guerrero,

tormenta y sol hay en su piel;

y no le importan las espinas

que encontrará en su camino.

 

Y no le espanta ni la muerte

porque en su alma hay dignidad,

sufre en silencio y no protesta

porque en su grito hay redención.

 

Y le duele lo que sucede alrededor,

sobre sus hombros levantó nuestra nación,

le pide al cielo que ilumine su corazón,

porque ella tiene el poder para cambiar.

 

Tantos lamentos, tantos pesares,

han castigado a nuestro pueblo,

y de sus manos la ternura,

atendió enfermos, curó sus heridas.

 

Sacrificada sembró las semillas,

y de su sangre nativa,

formó la estirpe de todos sus hijos

y se levantó de sus cenizas.

 

Caminó valles de miseria sin final,

con el coraje y su instinto de abnegación,

rasgo sublime de amor maternal,

ella es heroica, mujer del Paraguay.

 

ANÍBAL RIVEROS ARCE


DOÑA ANASTACIA CANTERO ROMERO

Y SUS DECHADOS

 

 

ARAPAJÓ / TACURÚ IRRÁMOBA

 

ARASAPE / CERRITO

 

CABARA RUGAY YOBAI / PANAMBÍ GUAZU

 

CANASTO CARE / FILIGRANA

 

CAREY JUPUY / FILETE YOBAY

 

CARÉ YOA / PIQUY YOA

 

CEBADA / CANASTITO

 

CORBATITA / SILLA RETYMÁ

 

CURUZU POTY / MBOCAYA POTY

 

ESTRELLA / CABARA RUGUAY

 

FAROLITO POTY / HACHITA

 

GUAVIRA POTY / VACA PYPORE

 

JESÁ 4 CON ARASAPÉTO

 

MBOCAYA MATA / GUYRA´I

 

MOÑITO / CANASTITO

 

OVALITO CON RANDA

 

PENSAMIENTO / OVEJITA

 

PINDÓ MATA / CAÑOTO

 

PIQUY / ÑAJATI

 

ROMERO / KURUZÚ RAMO

 

TACURÚ IÑAPOKYTA / TACURÚ FILETE

 

TACURU TEJIDO / PIÑA

 

TRES LETRAS / TACURÚ CARÉ

 

 

 

ANEXO

 

Agradecimientos a los medios de comunicación por la difusión de aquellos acontecimientos:

Dario HOY

PATRIA

ÚLTIMA HORA

EL DIARIO

CRÓNICA

Revista CORDILLERA

ABC Color


 

 

 

 

CARTA ABIERTA

AL INTENDENTE, AUTORIDADES EN GENERAL Y PUEBLO DE ITAUGUA

 

Señor

Luis Alberto Salinas Tanasio

Intendente Municipal de Itauguá

 

Presente:

En mi carácter de investigadora de los asuntos populares autóctonos y artesanales de la cultura de mi país y con el propósito de enaltecer y honrar las personalidades de las trabajadoras del ñandutí, hasta el momento anónimas, y con el anhelo, además, de darles el respetuoso y justo pedestal que humildemente se han ganado, construyendo con paciencia artesanal la historia de ese pueblo, la fama y el prestigio de que goza ante el mundo, expongo cuanto sigue:

Siendo el ñandutí el símbolo y el escudo distintivo de toda la ciudad de Itauguá, me pregunté siempre y me sigo preguntando: ¿Cómo es posible que las calles de esta ciudad no lleven el nombre honroso de sus artesanas? ¿Cómo es posible que las calles de esta ciudad, cuna de la más bella y sutil trama que el mundo conociera, no lleve el nombre pintoresco, fresco y único de sus dechados? ¿Acaso no sería hermoso, orgullo para sus habitantes,. honra para sus

trabajadoras y atractivo para los visitantes, que todas las calles y avenidas de la ciudad, o por lo menos, que las calles de un barrio completo llevaran el nombre de "Arapajó" o "Arasapé" o “Curuzú ramo", por ejemplo, o el de cualquiera de los cientos de dechados creados por la imaginería pintoresca de sus artesanas?

íQué mejor manera de brillar ante el mundo, de honrar a su gente, a su arte y a toda su cultura!

En pocas palabras, señor Intendente, autoridades en general y pueblo todo de Itauguá, este es el sueño largamente acunado de una apasionada de su patria, orgullosa de sus raíces y trabajadora incansable por la defensa y la honra de los anónimos y silenciosos artesanos, que conforman los huesos, la conciencia y el alma de la raza guaraní.

Esta razón sustenta la siguiente solicitud formal, que la expreso ante todo el pueblo itaugüeño y ante todos los paraguayos que "aman ser paraguayos":

Que como parte de este sueño-proyecto, una de las calles de la ciudad de Itauguá lleve el nombre de Doña Anastasia Cantero Romero.

Ojalá, señor Intendente, que a través de usted y de su gestión, este sueño se torne realidad.

Estoy segura de que esta acción patriótica será memorable y hará historia.

En sus manos deposito el honor de tomar la iniciativa y la acción de estampar este hecho en los anales de la ciudad de Itauguá y dejar a todo el Paraguay (y a los paraguayos) un testimonio de "amar y de honrar lo que se tiene y lo que se conoce".

Será justicia.

REINA CÁCERES

 

 

 

 

 

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