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  RESURRECCIÓN DE PALOMAS - Teatro de JUAN OSMAR LEGUIZAMÓN ÁVALOS (PREMIO LITERARIO GRUPO GENERAL DE SEGUROS)


RESURRECCIÓN DE PALOMAS - Teatro de JUAN OSMAR LEGUIZAMÓN ÁVALOS (PREMIO LITERARIO GRUPO GENERAL DE SEGUROS)

RESURRECCIÓN DE PALOMAS

Teatro de JUAN OSMAR LEGUIZAMÓN ÁVALOS

PRIMER PREMIO TEATRO – 3ra. EDICIÓN

PREMIO LITERARIO GRUPO GENERAL DE SEGUROS

Editorial SERVILIBRO

Dirección editorial: VIDALIA SÁNCHEZ

Foto de portada: ALEJANDRO HERNÁNDEZ

Corrección: BEATRIZ POMPA

Asunción – Paraguay

Diciembre del 2013 (119 páginas)


 

P R Ó LO G O

Quizá la más desprotegida de las artes sea, actualmente, la literatura dramática.

Los manuales señalando a la última promoción de dramaturgos, menta nombres histórico y los sitúa allá por los años 60, 70 a lo sumo.

Las editoriales publican muy raramente obras de teatro. La dramaturgia paraguaya es escasa, invisible en nuestro medio e inexistente en el exterior.

Un Premio Nacional de Teatro no existe. Se premia la poesía, la narrativa, el ensayo. El teatro, entre las bambalinas de la cultura.

Lamentablemente desaparecieron aquellos célebres concursos de Radio Caritas y aquel no menos aplaudido programa del recordado Don Luis Urbicta “Una Noche en el Teatro “, que permitía a una amplia audiencia disfrutar de las obras presentadas en el teatro Municipal y grabadas por aquel amante del arte de Talia.

Rescatemos, por vía de excepción, el Premio Cabildo del Bicentenario. Que, nos dice, salvo pruebas en contrario, entre líneas, que podríamos esperar otros cien años para celebrar nuevamente la ocasión. Voto por premios anuales a la Dramaturgia Joven.

La crítica teatral es inexistente. Los diarios la reducen a un minúsculo comentario, sino a la reproducción mínima de la ficha técnica de los estrenos. Y con ruegos o fortuitos espacios, algunas fotos.

El Gran Teatro Nacional de los López cuya construcción quedo suspendida por la Guerra Grande (1865-1870) convertida en oficinas de recaudaciones, ni sueña en recuperar su destino inicial

A falta de dramaturgos, los directores de teatro van emergiendo con propuestas escénicas, abordando textos de la narrativa, de la poesía. La oralidad, muy propia de esta sociedad, contribuye con lo suyo. No existen mallas académicas, aulas de dramaturgia. La vocación impone su propia formación, a fuerza de lecturas, de ensayos, de voluntad .Por el imperio propio de la fuerza agonística del teatro, aparecen nuevos nombres. Estos surgen de la fragua fraterna de los talleres de dramaturgia de maestros directores como Agustín Núñez, Miguel Gómez, Tito Chamorro, Wal Mayans, Hugo Robles, Nelson de Santani, Mario Santander , Néstor Amarilla, todos forzosamente obligados a escribir sus propios textos. En verdad, propuestas de montajes, pre-textos, experiencias de creación colectiva con asesoramiento de literatos. Además, pocos de ellos son recogidos en libros o por lo menos en libretos ordenados. Estos fenómenos creativos responden a la ausencia de dramaturgos profesionales. Al parecer, esta carencia se transmite a la experiencia cinematográfica, donde los guionistas locales no acaban de aparecer con perfil definido. Honran las excepciones de Galia Giménez, Ray Armele, Hugo gamarra, Agüero, el exitoso sello creador Schembor - Maneglia y algunos pocos más que en la premura de este escrito deje guardados sus nombres, involuntariamente en el tintero y a quienes ya presento mis disculpas.

En suma, mis estimados lectores y lectoras, adolecemos de incentivos para la dramaturgia paraguaya.

Estas expresiones, quizá un tanto duras, exageradas dirán otros, para un prólogo, deben ser entendidas, de modo que los aplausos resuenen fuertes, con verdadero entusiasmo y fervor, por lo atinado, inteligente y necesario de la iniciativa empresarial de Grupo General de Seguros S.A. al convocar al Premio de Teatro 2013.

Aunque con escasa participación aun, este Concurso, creemos, por la sana convicción de esta empresa, que viene para quedarse e iniciar un proceso de recuperación de energías creadoras y fortalecimiento de la literatura dramática paraguaya. Por lo menos, quede impreso aquí nuestro ruego para que así sea.

Dicho esto, y reiterando nuestro reconocimiento a los organizadores, recibamos al dramaturgo premiado y a su obra. Resurrección de Palomas, de Juan Osmar Leguizainón Avalos, Una pluma joven, un lenguaje teatral renovado, una temática poco frecuentada. Elementos enunciados que exigen no solo la obligación de publicar y difundir el texto sino el montaje, el estreno de la obra, su puesta en escena, su confrontación con el público. Es aquí donde el teatro se realiza en plenitud.

Niños enfermos, en estado terminal, dialogan cara a cara sobre la experiencia final que está allí. La muerte aguarda, como nos aguarda a todos y todas. Pero, la atmósfera, la condición de niños, presenta el absurdo de la existencia humana ante el dolor, ante la muerte.

¿Qué justificación moral ensayar ante el mal físico cuando el horizonte axiológico de nuestra sociedad es una mampostería caída, inservible, avasallada por sus propios hipócritas forjadores?

¿Qué elucubración metafísica puede explicar esta situación límite? ¿De construir la vida desde la desesperanza?

El autor es cruel y la atmósfera se vuelve irrespirable. Un bisturí doloroso penetra, y lastima, en inédita vivisección, la carne maltrecha de una sociedad afectada gravemente por la gangrena ética.

Aquellos que pretendan ir al teatro a compartir la risa fácil, absténgase. Se contagiarán con el dolor, el sin sentido que confunde y pierde las tradicionales convicciones. La existencia bovina asomada a su realidad absurda, finita, pese al sueño y a la ilusión de la inmortalidad.

Una propuesta de teatro de cámara, inicialmente, que requiere de directores, directoras actores y actrices, en fin trabajadores del teatro, una puesta al día sobre la condición humana. Una reflexión sobre el teatro, la vida en un tiempo difícil, irrespirable, por el caos, la manipulación de la subjetividad, orquestada por los amos del mundo, de la propaganda política y el ciego mercado. Comprobamos la ineficacia de los antiguos dioses para dar sustento vital y nuevos mareos de esperanza a nuestra repetida y automatizada cotidianeidad. Un texto polémico, vital que también exige al joven autor la profundización de la mirada ,el ejercicio permanente, el descenso a los infiernos y la recreación de un nuevo paisaje, revelador de los traumas, dolores y profecías de esta sociedad.

Que este libro se multiplique en interminables, múltiples y creativas funciones de la obra premiada y de otras venideras, del mismo autor, para enriquecimiento de la dramaturgia paraguaya.

Moncho Azuaga


Primer Puesto

RESURRECCIÓN DE PALOMAS

Juan Osmar Leguizamón Ávalos


DRAMATIS PERSONAE

Niño 1

Niño 2

Clown

Médico

Padre del Niño 1


Acto primero

(Un cuerpo exangüe, inanimado y sucumbiente, llevado por la vorágine de la muerte, deja en vilo el raciocinio humano en relación a qué sucede con el hombre, cuando su alma se apaga completamente. La fatalidad o sino no tiene justificación alguna en ¡a cosmovisión humana, el dolor que socaba un contrito espíritu y este a la humanidad, originario dentro de cualquier alma humana o de este mundillo perverso, que cala hondo, sin menoscabar los momentos de júbilo y exultación que nos empapa la vida. El contenido primitivo de esta obra trata sobre el acaecer de la muerte, el constante actuar de los personajes y la ruda realidad en relación al crepúsculo de la vida y la ortodoxia de vivir en un lugar de descanso, o la premonición de reencarnarse a otras vidas, o el timorato deseo de vivir en un lugar de tormento, hasta días eternos, envuelve esta dramática obra. Situaciones límites de los personajes, de estar al borde de la muerte y la simbiosis exagerada de aferrarse y huir de la vida. El escenario está a oscuras, el público no puede divisar con exactitud el espacio escénico, tampoco los elementos que forman parte del mismo, gracias al juego de luces que realiza el luminotécnico. Toda la obra transcurre en el octavo piso de un viejo hospital pediátrico de la ciudad, a veces el ulular de ambulancias, con sonidos estentóreos llega al espectador, dejando una tenue sensación de angustia, tristeza e impaciencia en escena; a uno de los costados se puede divisar una ventana con una enorme cortina gastada, atada al medio por un pedazo de hilo. En algunos momentos, desde la ventana los personajes van a observar el cementerio general, en situaciones liarán mención del mismo. La escenografía está compuesta de dos camas con sábanas de color azul con almohadones en cada cabecera. Entre estos elementos se encuentra una mesita de luz, de lo más sencilla y vetusta, con algunos medicamentos sobre ella. Un ambiente tétrico y desgarrador, cuando se ilumina todo el escenario, solo lo necesario, lo que el director de la obra crea conveniente, nada de sobrecargos con los muebles, ni mucho me/tos con los elementos a ser usados; en pocas palabras, debe ser una escenografía pobre e indigente. Al momento de iniciar la obra, el espectador no se percata que el espacio escénico es en el hospital; en este primer acto, el público todavía no se da cuenta que toda la obra se desarrollará en la sala de un hospital, recién al encenderse las luces. Los personajes principales de la obra, Niño 1 y Niño 2, ambos en último estadio de leucemia, se encuentran al frente del escenario, realizan con total realismo un pasaje bíblico, tienen dos pequeñas linternas en mano, solo sus rostros están iluminados, cada uno de ellos tiene un turbante y el vestuario al estilo hebreo, por lo menos ese detalle se puede ver; para dicho vestuario no se precisa de un diseño exquisito, sino se pueden usar sábanas de colores oscuros para envolver a los personajes, hasta que en un momento de la escena se despojan de sus respectivos atuendos. Las dos canias de la sala tampoco pueden notarse, por eso es imprescindible que la primera escena se pueda hacer en algún rincón del escenario, despejado de cualquier otro elemento escenográfico. Las luces tienen que dar un brillo neutro, deben dar una lectura murria y melancólica. Pura dar más realismo a la obra, se puede utilizar una lenta música hebrea de la época antigua; esa elección está a disposición del director. Ora pro nobis).

Niño 1 (afirmando): Jesús, esta es la tumba.

Niño 2 (con una linterna en mano): ¿Y las hermanas?

Niño 1: Vienen siguiendo nuestros pasos.

Niño 2: No veo a la multitud.

Niño 1: Es que el viento sopla y levanta retazos de polvo (señala). Mira hacia atrás, esas almas cansadas de tanto caminar, sus ojos denota la espera de un milagro.

Niño 2 (se seca la frente con la mano): ¡Qué calor!

Niño 2: ¿Qué tiene que ver la capa de ozono?

Niño 1: Los rayos ultravioleta, Señor, y la temperatura máxima.

Niño 2 (perdido): ¿Estás seguro que este es el lugar?

Niño 1: ¿Qué lugar?

Niño 2: Donde lo han sepultado.

Niño 1: Hace cuatro días hemos enterrado el cuerpo (pausa). Los gusanos ya estarán satisfechos; además, con el calor, el cuerpo ya estará descompuesto.

Niño 2: Esperaremos a la multitud.

Niño 1: ¡Señor!

Niño 2: Te escucho.

Niño 1: Cuando María habló sobre la muerte de Lázaro (pausa). De tus ojos...

Niño 2: ¿De mis ojos qué?

Niño 1: Brotaron copiosas lágrimas y usted sabe. Señor, que los hombres no lloran.

Niño 2: Simples especulaciones, chapado a la antigua. Para que veas que también nosotros los santos tenemos sentimientos.

Niño 1 (cansado): El sol que nos quema, los rayos ultravioleta, Señor.

Niño 2: ¿No quieres esperar a la multitud?

Niño 1: Podríamos empezar con la resurrección de Lázaro.

Niño 2: Paciencia, están llegando.

Niño 1 (inquieto): Tengo ganas de ir al baño.

Niño 2: ¿Te puedes aguantar?

Niño 2: No seas egoísta.

Niño 1: Simplemente tengo problemas en las vías urinarias.

Niño 2 (interesado): ¿De verdad?

Niño 1: Así es, Señor.

Niño 2: Nunca habías dicho.

Niño 1: Es de nacimiento; además, se supone que tú todo lo sabes.

Niño 2: Entonces si no quieres esperar haremos el portentoso milagro.

Niño 1: Gracias por comprender mi situación.

Niño 2 (en voz alta): ¡Lázaro!

Niño 1: ¿Lázaro está durmiendo, Señor?

Niño 2: Eso mismo.

Niño 1: ¿Y si no quiere levantarse? Porque usted ya dijo algo de la muerte.

Niño 2; Las palabras mías fueron: está durmiendo en la muerte.

Niño 1: Algunas metáforas me confunden.

Niño 2: No son metáforas (se acerca a la entrada imaginaria del sepulcro). ¡Lázaro!

Niño 1: Con este calor, el festín de los gusanos habrá llegado a su fin.

Niño 2: Nada hay imposible para el Hijo del Altísimo (con autoridad). ¡Lázaro, sal de esa tumba!

Niño 1: ¡Más fuerte, Señor!

Niño 2: Tienes razón, me voy acercar del todo a la tumba (da unos pasos).

Niño 1: ¿De qué murió Lázaro?

Niño 2 (vuelve a llamar): ¡Lázaro!

Niño 1 (ríe): Lázaro no va a resucitar.

Niño 2: ¡Verás con tus propios ojos!

Niño 1 (afirmando): Lázaro murió de leucemia.

Niño 2: No contradigas mis palabras.

Niño 1: Sus glóbulos estaban convulsionados de células cancerígenas y lo veo difícil.

Niño 2: ¡La fe mueve montañas!

Niño 1 (agotado): También los terremotos y cualquier otro fenómeno natural mueven montañas (pausa). Estoy cansado con este juego idiota (Las luces del escenario se iluminan lentamente cuando se van despojando de sus harapos, Niño 1 se saca el turbante que tiene sobre la cabeza, sábanas y retazos que lo en volvían, se puede ver al Niño 1 con una bata azul de hospital y la cabeza completamente calva).

Niño 2 (deja la linterna en la cama de Niño 1): ¡Aun no hemos terminado el juego!

Niño 1: ¿No te cansas de repetir la misma historia de siempre?

Niño 2: Lázaro es uno de mis personajes favoritos, además del hombre araña y Batman (empieza a sacarse los harapos que lo envuelve, también con una bata azul y la cabeza calva. Niño 1 ríe hasta caer al suelo). ¿De qué ríes?

Niño 1 (le toca la cabeza): ¡De esto!

Niño 2 (molesto): No tiene nada.

Niño 1: Solo imaginaba a un Jesús calvo.

Niño 2 (reflexionando): ¿No te parece buena la idea si todo el mundo fuera calvo? Nos sentiríamos reflejados en todos ellos sin sentirnos diferentes a los demás.

Niño 1 (ríe): ¿Y las mujeres?

Niño 2: También.

Niño 1: No serian bonitas, sin cabellera (se desplaza a la ventana y observa). Un nuevo día que podría ser el último, para mí sería una partida de ajedrez ganada.

Niño 2 (se desplaza a la ventana tratando de animarlo): ¿Qué estas mirando?

Niño 1: Las palomas muertas... Desde hace cuatro días en bandadas vienen a morir en este sucio cementerio.

Niño 2 (señala): ¿Ves la paloma sobre el nicho de la derecha con el arcángel sin cabeza?

Niño 1 (observa con interés): ¿Cuál de todas?

Niño 2: La que está al costado, sobre la cruz de mármol.

Niño 1: Sus pichones están acurrucados en una de sus alas. Me parece un acto de amor, la madre sin vida y sus polluelos tratando de revivirla.

Niño 2: Parece que esperan una resurrección.

Niño 1 (triste): Esperan morir. Se sienten indefensos.

Niño 2: ¿Por qué vienen a morir al cementerio general?

Niño 1: Se acerca el invierno y al norte empieza el verano.

Niño 2: Lo más lógico es que migren antes que llegue el invierno.

Niño 1: La enfermera dijo que la mayoría de los edificios coloniales de la ciudad fueron derribados para un complejo hotelero (pausa)- Ahora, las pobres palomas coincidentemente vienen al cementerio (mira al horizonte). Así como nosotros estamos al lado del cementerio.

Niño 2 (continuando): ¿Y destruyeron completamente su hábitat?

Niño 1: Era el único lugar de refugio, el campanario del viejo reloj, los pequeños pilares que se desprendían de los cascos antiguos (piensa). Se me ocurre algo.

Niño 2 (interesado): ¿Qué?

Niño 1: Juntar todas las palomas muertas y llevar en algún restaurant.

Niño 2: ¿Y eso?

Niño 1: Para que las cocinen (ríe).

Niño 2: Un comentario fuera de lugar (se desplaza por el espacio y razona). Desde hace cuatro días están muertas las palomas.

Niño 1: ¿Qué con eso?

Niño 2: Lázaro también estaba cuatro días muerto.

Niño 1: ¡Las palomas no tienen nada que ver con esos personajes bíblicos!

Niño 1 (irónico): ¿Piensas resucitar a las palomas?

Niño 2 (afirmando): Así es.

Niño 1: La quimio te hace perder el juicio.

Niño 2: Digas lo que digas, siento el deseo de hacer ese acto.

Niño 1 (ríe): De verdad perdiste la razón, ahora te crees Jesús.

Niño 2 (pensativo): Si Jesús pudo resucitar a Lázaro ¿por qué yo no puedo?

Niño 1: ¿Sabes qué día es hoy?

Niño 2: Martes.

Niño 1: ¿La enfermera no te dijo nada?

Niño 2: ¿Tenía que decirme algo?

Niño 1: Mañana nuevamente me hacen la quimio.

Niño 2 (triste): ¿Tan rápido? (pausa) ¿Por qué no te hacen la otra semana?

Niño 1: Temen que la otra semana empeore mi situación, por eso necesitan hacerme mañana.

Niño 2: Escuché cuando el doctor le dijo a tu padre que tus defensas bajaron a diez.

Niño 1 (asintiendo): ¡Es poco!

Niño 2: Pero tienes que ser fuerte, saldremos de esta.

Niño 1: Tanto sufrimiento para nada.

Niño 2: Es lo único que nos sostiene vivos.

Niño 1 (pensando): Células cancerígenas se han hospedado en nuestra sangre.

Niño 2: La quimio es una alternativa para combatirlas.

Niño 1: Estas células no conocen de grito ni dolor.

Niño 2: Tienes que ver el lado bueno de todo esto.

Niño 1: A veces pienso si los animales sufren peor que nosotros.

Niño 2: Por supuesto que sufren, cuando los golpean reaccionan al dolor.

Niño 1: Me refiero a una enfermedad a largo plazo. Si son conscientes del dolor y la muerte como redención al sufrimiento en este mundo.

Niño 2: Nunca me había hecho la pregunta. La respuesta si sufren como nosotros la tendría un veterinario.

Niño 1: ¿En algún momento mueren de asma, diabetes, pulmonía?

Niño 2: ¿O leucemia?

Niño 1 (afirmando): Como nosotros, pobres palomas, amigos indefensos de la muerte.

Niño 2: ¿Dices que pronto vamos a morir?

Niño 1: Así es (se desplaza hasta la cama del Niño 2). El tren apresura su marcha a gran velocidad y tenemos que bajar en cualquier momento, mientras que otros niños tienen que subir en el mismo tren y volver a pasar por el mismo camino (con interés) ¿Te puedo hacer una pregunta?

Niño 2: Sí.

Niño 1: Te voy a dar dos minutos para que pienses.

Niño 2: ¿Cuál es la pregunta?

Niño 1: Después de la quicio... (énfasis) Presta mucha atención.

Niño 2: Estoy atento.

Niño 1: ¿Dolor o alegría sientes después de la quimio?

Niño 2 (desconcertado): ¿Eh?

Niño 1: Con la verdad respóndeme.

Niño 2: ¿No tienes otra pregunta?

Niño 1: Quiero una respuesta.

Niño 2: Sabes bien cuál será mi respuesta.

Niño 1: No sé.

Niño 2 (dubitando): Dolor (pausa). Cualquiera diría lo mismo.

Niño 1: Ahí está el punto, cuando lleguemos al final, el dolor ya no será parte de nuestra existencia, tampoco las penas y tristezas.

Niño 2 (se desplaza a un lateral): Ya no quiero seguir escuchando.

Niño 1: ¿Tienes miedo? (lo acorrala)

Niño 2: No tengo miedo. Déjame en paz.

Niño 1: ¿Estás seguro?

Niño 1 (se desplaza hasta el interruptor, apaga la luz)' ¿Tampoco de esto?

Niño 2: Enciende las luces, sabes que no me gusta la oscuridad.

Niño 1: ¿Dijiste que no le tenías miedo a nada?

Niño 2: Pero sí a la oscuridad.

Niño 1 (irónico): Pues acostúmbrate ya a la oscuridad, porque muy pronto nuestras almas estarán en penumbras (pausa) ¿Y a los fantasmas del cementerio le tienes miedo?

Niño 2: No existen los fantasmas, te pido que enciendas las luces.

Niño 1 (ríe): ¿Miedo a los espíritus de ultra tumba?

Niño 2 (enojado): ¡Enciende las luces!

Niño 1 (enciende las luces): ¡Y se hizo la luz! (pausa) Cuéntame por qué le tienes miedo a la oscuridad.

Niño 2: La muerte y la oscuridad van juntas de la mano, desde siempre no puedo dormir con las luces apagadas.

Niño 1: Por fin reconoces que le tienes miedo a la muerte.

Niño 2: Nunca dije que le tenía miedo, pero tampoco me gusta hablar del tema.

Niño 1: Además, estás exagerando, hace un rato estábamos con las luces apagadas jugando.

Niño 2: Pero teníamos la linterna, no estábamos en completa oscuridad.

Niño 1: ¿Toda tu corta vida has dormido con las luces encendidas?

Niño 2: Desde los 5 años, es que tengo miedo de no despertar nunca más (se desplaza a la ventana).

Niño 1 (ríe): Realmente pareces un niño de cinco años.

Niño 2: ¿A qué hora te llevan al pabellón mañana?

Niño 1: Cuando venga la enfermera o, si tengo suerte, el médico de turno viene a buscarme (alegre). Tenemos poco tiempo de hora y te propongo algo.

Niño 2: Depende, ¡cada ocurrencia tuya!

Niño 1: Quiero disfrutar este momento. Y no sé si es el último.

Niño 2: ¿Tienes un juego nuevo?

Niño 1: Casi nuevo.

Niño 2: ¿En qué consiste?

Niño 1: Un viaje a la luna.

Niño 2 (piensa): Nunca lo habíamos jugado.

Niño 1: Nos adelantaremos al futuro, quiero cumplir ese deseo (pausa) ¿Te animas a acompañarme?

Niño 2: Solo esta vez porque lo pides.

Niño 1: Te prometo que las estrellas van a iluminar nuestra estadía en el espacio sideral (pausa). No tengas miedo.

Niño 2: ¿Qué hay que hacer?

Niño 1: Dejarte llevar por la ilusión ¿Estás listo? (se desplaza hasta su cama, donde ha dejado la linterna. Niño 2 abre luego uno de los cajones para sacar otra linterna pequeña) ¡Aquí está! (luego se desplaza hasta el interruptor de luz).

Niño 2 (con un poco de miedo): ¿Qué vas hacer?

Niño 1 (apaga las luces y enciende una linterna): No temas que el viaje recién inicia.

Niño 2: ¿Y si lo hacemos con las luces encendidas?

Niño 1: No sería lo mismo. Acá está la otra linterna para que la uses (enciende la otra linterna). Mira nuestras sombras en el piso, parece que estamos en la luna. Agarra esta linterna y guía tus pasos para que no te caigas (al rato cae al suelo Niño l).

Niño 2: ¿Te encuentras bien?

Niño 1: De repente se me ha nublado la vista.

Niño 2 (intenta ayudarle): Te ayudo.

Niño 1: No me hace falta (intenta levantarse).

Niño 2: ¿Puedes?

Niño 1: Tengo que poder (se levanta y vuelve a caer).

Niño 2: Voy a encender las luces (se desplaza hasta el interruptor y las enciende).

Niño 1 (continúa en el suelo, comienza a llorar): ¡Mierda! ¡Mierda!

Niño 2: ¿Estás llorando?

Niño 1: No quiero hablar con nadie.

Niño 2: ¿Estás perdiendo la vista?

Niño 1: Déjame en paz (mar de lágrimas, Niño 2 lo mira triste y apenado).

Niño 2: ¡Saldremos de esta, con la quimio de mañana estarás mejor! (lo abraza tiernamente).

Niño 1: ¿Por qué a mí? (abrazados, las luces del escenario se apagan lentamente con la música hebrea que se utilizó al inicio de la obra).

Acto Segundo

(El acto segundo comienza con una música a elección del director, nuevamente como en el acto primero Niño 1 y Niño 2 se sumergirán en el mundo del juego, como único escape a su triste penar en el hospital; esta vez, Niño 1 representará a una célula cancerígena y Niño 2 a la médula ósea. En relación al vestuario solo utilizarán retazos de telas para diferenciar a los personajes que van a representar. Al momento de encenderse las luces del escenario podría comenzar una música de suspenso, donde debajo de la cama aparecerá Niño 1 con su personaje, luego de debajo de la otra cama aparecerá Niño 2).

Niño 1 (con cierta dificultad respiratoria): Me siento un poco cansado. Tampoco es una excusa para empezar mi recorrido dentro de este sistema (piensa). Creo que olvidé dónde estoy parado... (le grita Niño 2 sin salir de escena).

Niño 2 (fuerte): ¡Circulatorio, dentro del aparato circulatorio!

Niño 1: Aaah, circulatorio, así es, me encuentro dentro del sistema circulatorio. En realidad hoy no debería de hacer mi caminata por esta zona, pero tengo entendido que la médula ósea realiza su paseo por estos lares y necesito una plática urgente, es que cuando se trata de negocios uno no puede esperar, lo mejor será ubicarme en esta esquina, en cualquier momento aparecerá (sale debajo de la cama Niño 2).

Niño 2: ¡Qué hermoso día para caminar!

Niño 1 (solo): ¿Será que es este? Seguro que sí, coincidentemente no puede haber dos personas que hagan su recorrido por aquí. Voy a preguntarle algo para entablar conversación (se acerca a Niño 2) ¿Le puedo preguntar algo?

Niño 2: Por supuesto, lo que quieras.

Niño 1: ¿Es de por aquí?

Niño 2: Estoy aquí desde los orígenes.

Niño 1: No le entiendo.

Niño 2: Soy la médula ósea.

Niño 1 (solo): ¿No me estará mintiendo?

Niño 2: Creo que nunca lo había visto por aquí.

Niño 1: Un nuevo vecino que desconoce el vecindario.

Niño 2: Un placer conocerlo, nuevo vecino.

Niño 1 (sarcástico): También el mío...

Niño 2 (afirma): ¿En qué le puedo ayudar?

Niño 1: Necesitaba saber una dirección.

Niño 2: Encontró a la persona indicada.

Niño 1: Menos mal le encuentro, ya me estaba preocupando. Pero usted sabrá decirme cómo puedo llegar a la parte blanda del interior de los huesos.

Niño 2 (ríe): ¡No necesita buscar más!

Niño 1: ¿Cómo?

Niño 2: Lo que has escuchado, porque has encontrado el lugar. Donde pisan sus pies es el lugar que busca.

Niño 1 (asombrado): ¿De verdad?

Niño 2: No tengo por qué mentirle, así como no me gustan las mentirillas no quiero que me mientan.

Niño 1: ¿Entonces usted es la famosa médula ósea?

Niño 2: Usted lo ha dicho.

Niño 2: Lo interesante que este es el lugar donde se producen nuevas células sanguíneas.

Niño 1: Más interesante aún (mira interesado) ¿Qué clase de células?

Niño 2: Glóbulos rojos, glóbulos blancos.

Niño 1: ¡Qué maravilla!

Niño 2: Y también las plaquetas, me estaba olvidando.

Niño 1: Hasta ahora no puedo creer que usted sea la médula ósea (gira en torno al personaje) ¿Y me podría hablar más de usted?

Niño 2: ¿No quiere tomar un refresco de linfocitos?

Niño 1: Si no es mucha molestia.

Niño 2: Claro que no, vamos por aquí (se desplazan a un extremo). Como le decía, mi persona consiste en...

Niño 1: La médula ósea.

Niño 2 (asiente con la cabeza): Un pequeño número de células madre sanguíneas, células productoras de sangre más maduras que ayudan al crecimiento celular.

Niño 1: ¡Sorprendente!

Niño 2: Como le decía, las células madre sanguíneas experimentan una serie de cambios para producir nuevas células sanguíneas.

Niño 1: He caído fortuitamente al lugar indicado (risita falsa).

Niño 2: Si me deja continuar para terminar, le agradeceré.

Niño 1: No se moleste, continúe.

Niño 2: Como le iba diciendo, durante este proceso, las células se desarrollan hasta convertirse en linfocitos o en otras células productoras de sangre.

Niño 1: ¡Seremos muy buenos amigos!

Niño 2: Solo que usted es un extraño para mí.

Niño 1: ¿No me he presentado?

Niño 2: Que yo recuerde, no; yo he estado hablando en todo este tiempo.

Niño 1: Mil disculpas, amigable médula ósea, a veces me distraigo fácilmente.

Niño 2: A mí me pasa lo mismo.

Niño 1: Yo soy una insignificante célula.

Niño 2: ¿Célula? Porque no lo tengo registrado.

Niño 1: Tampoco es algo importante.

Niño 2: Qué extraño, ahora que lo veo mejor, nunca lo he visto.

Niño 1 (cambiando de tono): Pero seguro seremos buenos amigos.

Niño 2: Ahora necesito saber algo.

Niño 1: ¿Qué cosa?

Niño 2: Ya me has encontrado (pausa). Supongo que necesitas o quieres algo.

Niño 1: En realidad solo quería conocerle.

Niño 2: ¿Solo eso?

Niño 1: ¿Está mal en querer conocer a alguien?

Niño 2: No precisamente, pero como me andabas buscando incansablemente, a lo mejor le urgía encontrarme.

Niño 1 (hipócrita): Solamente quería conocerlo.

Niño 2: Bueno, aquí me tienes y ya me has conocido.

Niño 1: ¿Me está echando?

Niño 1: Parece que sí.

Niño 2: Voy a ser franco con usted. Tengo mucho trabajo en este lugar, además estoy pendiente de que todas las células puedan producir y estén en buen estado.

Niño 1: ¿No necesita ayuda? (mira a su alrededor). Le puedo ser útil.

Niño 2: Conozco el trabajo desde sus orígenes y sé cómo se manejan las cosas en este lugar.

Niño 1: Por eso mismo, lo más probable es que se encuentre cansado y necesite ayuda.

Niño 2: Permítame decirle que no.

Niño 1: ¿No se siente cansado?

Niño 2 (piensa): A veces sí, pero...

Niño 1 (insistente): Entonces, no ponga resistencia.

Niño 1: Con su actitud usted me está demostrando que sí.

Niño 2: Lo que pasa es que usted es un desconocido y difícilmente...

Niño 1: Difícilmente usted va encontrar una mano amiga, no ponga firmeza en su idea de que le ayuden.

Niño 2: Me gustaría pensar estos días...

Niño 1: ¿Qué es lo que va a pensar? (labia). Estas son las oportunidades de la vida que no puede dejar pasar.

Niño 2: Pero...

Niño 1: Nada de peros y, para que vea que soy buena gente, desde hoy mismo me quedo a trabajar con usted.

Niño 2: No sé qué decirle.

Niño 1: No hace falta decir nada, a medida que pasa el tiempo se va a dar cuenta que hizo una buena inversión.

Niño 2: Creo que usted me ha comprado.

Niño 1 (solo): Y puedo seguir vendiendo mucho más.

Niño 2: ¿Me decía?

Niño 1: Decía que en este tiempo de crisis, no es fácil convencer (pausa). ¿Por dónde empezamos? Usted solo tiene que darme órdenes.

Niño 2: En realidad, lo que tiene que hacer usted es estar vigilante a los glóbulos.

Niño 1: ¿Nada más?

Niño 2: Es de vital importancia la vigilancia continua.

Niño 1: Aquí estaré presente ante los pasos de los glóbulos.

Niño 2: Vamos, te voy a mostrar el lugar (se desplazan dando una vuelta y cambia las luces del escenario para hacer notar que pasaron varios días) ¿Cómo te va en el quinto día?

Niño 1: Ya conozco a casi todas las células. Un poco fatigado pero interesante.

Niño 2: Me alegra que se sienta bien. Ahora que le he tomado confianza le voy a llevar al centro de la médula, la parte blanda del hueso, donde se forman las células.

Niño 1 (solo): Al fin voy a lograr mi propósito.

Niño 2 (otra vez se desplazan por el escenario): Por aquí ya hemos estado, ahora conocerás un nuevo camino.

Niño 1: La verdad que desconozco este camino (caminan por el escenario, cambian las luces del escenario).

Niño 2 (se detiene y enfrenta a Niño 1): ¿Qué ha pasado que algunas células están enfermas?

Niño 1 (indiferente): No sé.

Niño 2: Tienes que saber, tú estabas vigilando el movimiento aquí (insiste). No me mientas (lo agarra del brazo).

Niño 1: Suéltame, me estás lastimando.

Niño 2: Quiero que me digas qué ha pasado con las células contaminadas (confronta).

Niño 1: ¿Quieres saber?

Niño 2: Cuéntame.

Niño 1: Células cancerígenas han afectado a las demás células y pronto van a afectar al resto.

Niño 2: ¡Me has engañado vilmente!

Niño 1: ¿Y qué esperabas de mi parte?

Niño 2: Confié en ti y me has defraudado, no tienes sentimientos.

Niño 1 (afirmando): ¡A partir de ahora las células malignas van a empezar a afectar a todo el mundo!

Niño 2: ¡Quiero que te vayas de este lugar!

Niño 1: Este lugar me pertenece.

Niño 2: Mentira, aún hay tiempo.

Niño 1: ¡Resígnate, pronto el cáncer les va a matar lentamente!

Niño 2: ¡Vete de este lugar!

Niño 1 (ríe falsamente): Ya tienes que resignarte, médula ósea.

Niño 2: No me voy a dejar vencer.

Niño 1: ¿Y qué piensas hacer?

Niño 2: Luchar contra ti.

Niño 1: Soy más poderoso que tú.

Niño 2: Voy a poder.

Niño 1: El cáncer ya se está diseminando a otros órganos, la cuenta regresiva ya empezó.

Niño 2: Puedo contra ti.

Niño 1 (ríe): Qué tonto eres.

Niño 2: ¿De qué te ríes?

Niño 1: Ya no hay nada que hacer. Resígnate, la muerte viene en tu búsqueda.

Niño 2: Cállate.

Niño 1: Cállate tú (le agarra de los brazos y lo zarandea). Acepta tu realidad, no nos queda otra.

Niño 2: ¡Me estás lastimando!

Niño 1: Esta es la miserable vida que nos toca vivir.

Niño 2: ¡Suéltame, suéltame!

Niño 1: Abre los ojos, todos te pintan el panorama de color verde.

Niño 2 (encara y confronta): Sí puedo contra ti, entiéndelo.

Niño 1: Mentira, todo esto es mentira, tengo el control de tu cuerpo.

Niño 2: ¡Sí puedo contra ti!

Niño 1: No seas testarudo, tu futuro ya está marcado.

Niño 2: Me estás lastimando, suéltame.

Niño 1: No te suelto. Vayas donde vayas, siempre voy a estar contigo.

Niño 2: Eso es lo que quieres, pero no podrás vencerme.

Niño 1: ¡Ya estás vencido! (Niño 2 trata de huir) ¿Dónde piensas ir?

Niño 2: Ya no quiero jugar. Suéltame, por favor, me estás lastimando.

Niño 1: Me vas a escuchar aunque no me quieras...

Niño 2 (una lucha entre ambos): Ya no quiero seguir.

Niño 1: No seas cobarde, tienes que afrontar tu realidad.

Niño 2: ¡Déjame, te lo suplico! (se desplaza a un extremo).

Niño 1 (le sigue): ¡No te vayas!

Niño 2 (suplicante): Ya no quiero jugar.

Niño 1: Esto recién se pone interesante.

Niño 2: No me gusta, te estás pasando.

Niño 1 (se está poniendo mal físicamente): Llévame hasta la cama.

Niño 2: ¿Te sientes mal?

Niño 1: No veo nada, veo todo nubloso (Niño 2 agarra a Niño 1 y lo desplaza hasta la cama).

(Niño 1 cae al suelo).

Niño 1: Me falta aire, no puedo respirar (se siente desesperado).

Niño 2 (lo lleva hasta la cama): ¿Quieres que llame al médico? (aparece en escena el Clown, un hombre vestido de payaso).

Clown: ¿Puedo entrar?

Niño 2: ¿Puedes llamar al médico?

Clown: Por supuesto (se desplaza hasta Niño 1 y Niño 2) ¿Se siente mal?

Niño 2: Está malito.

Clown: Voy a llamar al médico.

Niño 1: No hace falta, ya me encuentro bien.

Clown: De todas maneras, puedo llamar al médico.

Niño 2 (a Niño 1): ¿Ya te sientes mejor?

Clown: Puedo ir a buscar al módico.

Niño 1 (molesto): No hace falta, ya me siento mejor.

Clown: ¿Quieres tomar un vaso de agua?

Niño 2 (a Niño 1): ¿Estás cansado?

Clown (insistente): Puedo ir a traer el vaso de agua.

Niño 1: No quiero nada.

Clown: Si necesita algo, me avisa.

Niño 2: Gracias, muy amable.

Clown: He venido para eso.

Niño 1: ¿Qué hace en este lugar?

Clown: Vine a traer un poco de alegría.

Niño 2: ¡Qué bueno!

Clown: Soy un payaso ambulante, ya he ido a todos los pabellones y me faltaba este.

Niño 1: ¿Puedo hacerle una pregunta?

Clown (en personaje de payaso): Por supuesto, niño bonito.

Niño 2 (a Niño 1): No seas agrio con el payaso.

Clown: Las palabras agrias no me afectan, con la risa y el humor todo desaparece.

Niño 1: ¿Por qué ha venido a perder su tiempo?

Clown (justificándose): Ninguna pérdida de tiempo.

Niño 2 (a Clown): A veces no piensa en sus palabras.

Clown: Entiendo, pero no hay problema.

Niño 1: Ha venido a perder su tiempo, piensa que con la nariz pintada y ese atuendo

multicolor va a alegrar nuestras vidas.

Clown: Hacemos el intento.

Niño 2: A mí me divierte, siempre me gustaron los payasos.

Clown: Todos los niños adoran a los payasos.

Niño 2: Son divertidos y simpáticos.

Clown: Queremos una sonrisa de sus labios (hace unas piruetas y cae al suelo, Niño 2 ríe).

Niño 2: Eso estuvo bueno.

Clown: Además, en mis manos no tengo nada (muestra las manos, luego esconde).

Niño 2: ¿Hace acto de magia?

Clown (muestra las manos y tienes unos naipes): ¿Qué te dice esto?

Niño 2 (sorprendido): ¡Naipes!

manos y al mostrar los naipes ya no están).

Niño 2: ¿Es complicado realizar este truco?

Clown: No mucho, forma parte de la ilusión.

Niño 2: ¿A mí me puede salir como le sale?

Clown: Claro que sí, inclusive mucho mejor.

Niño 2: Siempre quise hacer esos trucos.

Clown: Puedo enseñarte en algún momento.

Niño 2: ¿De verdad?

Clown: También te puedo enseñar otras cosas.

Niño 2 (a Niño 1): ¿No quieres aprender también?

Clown (exagerando): Es lo más fácil que existe en el mundo.

Niño 1: No me interesa.

Clown (se acerca a Niño 1): Mira, es muy fácil.

Niño 1 (frío): No quiero que me enseñes nada.

Clown: No cuesta nada.

Niño 2: Déjalo, está un poco cansado (agarra a Clown y se desplaza a un extremo del escenario). Esta semana termina el tratamiento de la quimio, solo por eso está irritado.

Clown: No sabía.

Niño 2: Más adelante, cuando siga viniendo, va a ser el primero en colgarse de tu cuello y reírse de la nariz (ríe) ¿Va a seguir viniendo?

Clown: Una vez a la semana podría venir, sino es mucha molestia para ustedes.

Niño 2: Nos vamos a divertir mucho.

Clown: ¡Les garantizo! (cambia de tono) ¿Y tú, como te sientes?

Niño 2: La semana pasada había terminado el tratamiento.

Clown: Se te ve un súper campeón (se acerca Niño 1).

Niño 1 (a Clown): ¿Se puede ir de aquí?

Niño 2 (molesto): Él está conmigo.

Niño 1: Me molesta su presencia.

Clown: No discutan por mi culpa.

Niño 2: No quiero que se vaya.

Niño 1: Yo sí quiero que se vaya.

Clown (a Niño 2): Prometo venir la próxima semana.

Niño 2 (tierno): Por favor, quédese.

Clown: Lo mejor será que vuelva la próxima semana.

Niño 1: No se moleste, no le necesitamos aquí.

Clown: Entiendo cómo se siente el amigo y hay que respetarlo.

Niño 2 (a Niño 1): Mira lo que has hecho.

Niño 1 (a Clown): Usted ni tiene idea de cómo nos sentimos por dentro.

Clown: Por eso estoy aquí, para calmar un poco la situación con alegría.

Niño 2: A mí me hace bien.

Clown: Por eso mismo vuelvo la otra semana.

Niño 1: ¿Quién le manda? ¿Cuánto le pagan? ¿Usted cree que con su presencia estrafalaria, el dolor que llevamos dentro va a calmar? Está en una equivocación, mientras no se vive la situación, difícilmente uno puede tener idea de la realidad y el dolor que se siente.

Clown: Sé que es una realidad bastante dura.

Niño 2: No le haga caso.

Clown: Deja que hable, eso le hace bien.

Niño 1: Ni me hace bien ni me hace mal, estoy aquí porque vivo y cuando deje de hablar será el día en que ya no esté en este lugar. Inútilmente uno se aferra al juego cuando uno tiene por seguro que la partida ya está perdida. Esto ya está perdido, no hay manera de revertir la situación. Simplemente estamos por inercia pendidos de un hilo, somos como marionetas que nos manejan de unas hilachas que pueden soltarse en cuestión de segundos.

Clown: No hay que ser fatalista. Tienes que ver de otra forma esta situación.

Niño 1: ¿y cómo quiere que la veamos? ¿Festejando todos los días con una fiesta de cumpleaños, celebrando con dulces y golosinas?

Clown: No precisamente.

Niño 1: Entonces, miremos las cosas tal cual como se presentan y no tratar de maquillar con un sucio barniz que a la larga se descascara con el paso del tiempo. Por eso es importante ser consciente del ahora y no mirar el mañana.

Niño 2: El mañana puede ser otro día y nos puede sorprender.

Niño 1: Con lo único que nos puede sorprender es con la muerte.

Niño 2: Solo piensas en eso.

Niño 1: ¿Y en qué puedes pensar, y más aún en nuestra situación?

Niño 2: En vivir plenamente.

Niño 1: Ya no eres un chiquillo para no darte cuenta de tu realidad.

Niño 2: Déjame vivir a mi manera.

Niño 1: Esa no es la vida que quiero vivir.

Niño 2: Con hacer el intento no perdemos nada (se desplaza a la ventana). Mira esos niños cómo se divierten, algunos con sus padres agarrados de la mano, mientras otros corretean de un lado a otro.

Niño 1: Mientras nosotros aquí, en este viejo edificio, postrados en cama con el cáncer carcomiéndonos día a día.

Niño 2 (llora): Señor, perdónale porque no sabe lo que dice (Clown se desplaza hasta la ventana).

Clown: No te pongas triste.

Niño 1: ¿Cómo no ponernos triste cuando al fin se nos presenta nuestro escenario frente a nosotros?

Niño 2 (a Clown): Pronto uno de esos nichos tendrá mi nombre (llora amargamente). Adornarán flores de agosto y velas de colores diferentes iluminarán la pequeña fotografía que mamá pondrá en el centro (Clown mira triste y aturdido).

Clown: Tranquilo, que eso no va a pasar aún (abraza a Niño 2).

Niño 1: Todo tiene un inicio y... (Niño 2 se desplaza hasta Niño 1).

Niño 2: Y un final....

Niño 1: Estamos llegando, amigo.

Niño 2: Tengo miedo.

Niño 1: Tranquilo, que esta carrera ya termina (comienza a sentirse mal). No le tengas miedo a lo que pueda venir.

Niño 2: Siempre fuimos fuertes gladiadores.

Niño 1: Realmente esa es la palabra, somos gladiadores que estuvieron en constante lucha desde que empezó esta odisea.

Niño 2: Ojalá alguna vez termine el dolor.

Niño 1: Ya está terminando.

Niño 2: A veces, hay cosas en que no encuentro lógica y explicación, la muerte es una de ellas.

Niño 1: Hay que enfrentarla cara a cara, y eso va a pasar con todos, tarde o temprano.

Niño 2: ¿Por qué tan temprano?

Niño 1: Una buena pregunta. Siempre se espera que los hijos entierren a sus padres.

Niño 2: En nuestro caso es a la inversa.

Niño 1: Son hechos incoherentes de la vida, una ley dispareja.

Niño 2: Pienso en mi familia cuando llegue el momento.

Niño 1: Yo en mi padre, es el que más ha sufrido.

Niño 2: Aunque no demuestren por dentro, están destrozados.

Niño 1: No pueden entender y aceptar la situación.

Niño 2: Mi madre piensa que no me doy cuenta de su enorme sufrimiento cuando está conmigo.

Niño 1: Hemos crecido violentamente por los golpes de la enfermedad para damos cuenta.

Niño 2: Somos adultos en miniatura antes de tiempo (ríe).

Niño 1: ¡Gigantes pequeños! (comienza a toser).

Niño 2 (se desplaza a uno de los extremos y agarra un teléfono de plástico): Llamando, llamando desde las constelaciones del planeta Tierra...

Niño 1 (con dificultad para hablar): Aquí, alistando la nave desde Marte para partir al planeta Tierra....

Niño 2: ¿Hay alguna novedad, estimado astronauta?

Niño 1: Vestigios de seres extraños.

Niño 2: ¿Cómo son sus características?

Niño 1: Androides con la cabeza calva (comienza a sentirse mal).

Niño 2: ¿Estás seguro que tienen esas características?

Niño 1 (se desespera): No me siento bien, amigo (físicamente se derrumba).

Niño 2: ¿Te sientes mal? ¿Quieres tomar agua?

Niño 1: Siento que el corazón me salta a mil por hora. Me falta aire, no puedo respirar.

Clown: Voy a llamar al médico (sale de escena).

Niño 1: Ahí fue a llamar al médico, tranquilo, que todo va a pasar.

Niño 2 (triste): Pronto va a terminar.

(La escena anterior continua directamente con el acto tercero, no se precisa de cambios escénicos ni cambios de vestuarios, con la única diferencia en que en este acto aparece la enfermera y el pudre de Niño 2).

Niño 1 (físicamente se lo ve mal): Siento una corriente de aire que entra por la ventana.

Niño 2: Voy a cerrar.

Niño 1: No hace falta, déjala así.

Niño 2: Yo también siento.

Niño 1: Es la muerte que viene a hacer su recorrido matutino.

Niño 2: No seas exagerado, te vas a poner mejor.

Niño 1: Ya lo veo difícil, el cáncer ha ganado la batalla, estamos en la recta final (pausa). Quiero que mires desde la ventana.

Niño 2 (se desplaza a la ventana): ¿Qué quieres que mire?

Niño 1: El panorama del cementerio se ve mejor desde este piso.

Niño 2: Así es, uno puede divisar todo.

Niño 1: Al principio no me gustaba este lugar, me daba una angustia terrible.

Niño 2 (resignado): Sin embargo, yo he aprendido a aceptar, creo que desde hoy.

Niño 1: Todos pasamos por ese proceso. Mira, las palomas muriendo al costado de los nichos.

Niño 1: Amigo, tú y yo somos como esas palomas.

Niño 2: Nunca había pensado en eso (pausa). Siempre me gustaron las palomas, en raudo vuelo por las plazas de la ciudad, las alas abiertas abrazando la libertad.

Niño 1: Nacimos indefensos y morimos de la misma manera.

Niño 2: Me hubiera gustado ser una paloma.

Niño 1: Estamos aquí desde hace tiempo, queriendo vivir, pero no hemos podido contra el cáncer. Como esas palomas que están muriendo, nosotros aquí, batiendo alas para alcanzar la libertad.

Niño 2: ¿Por qué somos palomas tan débiles?

Niño 1: Porque la madre naturaleza así lo quiso.

Niño 2: Parece que Dios se ha olvidado de nosotros.

Niño 1: Desde hace tiempo.

Niño 2: Ahora cambié de opinión (le mira). Ya no quiero ver resucitar a las palomas (aparece el Médico con una camilla, se desplaza hasta Niño 1) ¡Señor, quiero resucitar a mi amigo!

Médico: ¿Cómo se encuentra mi pequeña paloma?

Niño 1: Aquí, sobreviviendo.

Médico: Esa frase suena a fatalismo.

Niño 2: No se encuentra bien, doctor.

Médico: Ya se le va a pasar (le revisa si tiene fiebre). Estás con mucha fiebre.

Niño 1: Tengo frío, doctor, mucho frío.

Médico: Es la fiebre (lo ayuda a subir en la camilla). Despacio, campeón.

Niño 2 (triste): ¿Doctor, se va a poner bien? Tiene que ponerse bien (lagrimea). Porque es mi amigo, porque somos palomas y juntos tenemos que salir volando de este lugar.

Médico: Todo va a estar bien, no te preocupes (lo acuesta y lo envuelve con la sábana).

Niño 1: Doctor, llame a mi papá, por favor. Amigo, cuando ya no esté aquí, mi alma será como las palomas que vuelan y recorren la ciudad, te voy a esperar para esta nueva vida (Módico sale de manera urgente).

Clown (a Niño 2): No se ponga triste.

Niño 2 (se desplaza a la ventana): Hoy quiero ver volar a una paloma, en raudo vuelo (Clown se desplaza hasta la ventana).

Clown: Qué triste se oye el gorjear de las palomas.

Niño 2: Razones les sobran.

Clown (mira interesado el panorama): ¿Qué pasa en este lado, sobre las estatuas de mármol?

Niño 2: Hace días las palomas vienen a morir aquí.

Clown: No me había dado cuenta de este suceso. Nunca se había dado este fenómeno en la ciudad. Mira a ese costado cómo están los pichoncitos.

Niño 2: A eso llamo amor....

Clown: Mueren alrededor de los palomos.

Niño 2: ¿Te das cuenta cómo se entregan completamente a la muerte? No hacen nada, por lo menos, por instinto de supervivencia.

Clown: Qué cosa más rara, todo se debe al cambio climático (Niño 2 se desplaza hacia la cama).

Clown: Es lo que alimenta a los más grandes. La risa de un niño es lo más grandioso que puede recibir un adulto.

Niño 2: Se me gastaron las risas y alegrías.

Clown: ¿Por qué dices eso? Hace minutos estabas cargado de emociones alegres.

Niño 2: No se qué me pasa, creo ver y sentir tan de cerca mi realidad.

Clown: Tienes que vivir el momento.

Niño 2: ¿En esta situación?

Clown: Sea cual sea la situación.

Niño 2: A veces es fácil decir que todo está bien, pero muy al fondo nadie se imagina el momento en que atraviesa uno.

Clown: ¿No quieres jugar?

Niño 2: Estoy jugando.

Clown (confuso): ¿Qué cosa?

Niño 2: De un tiempo a esta parte todo ha sido un juego (se sienta en la cama). Jugar el dolor humano ha sido complicado. Siento por dentro que he perdido esta partida. Hay que saber perder y ganar, en mi caso hoy reconozco que no he podido ganar.

Clown: No digas eso.

Niño 2: Mis alegrías y agrados como hojas de papel, lentamente fueron mojándose con mis lágrimas. Hoy me he dado cuenta que mis sentimientos por dentro están como en un mar de lágrimas (llora). Extraño a mi abuela.

Clown: ¿Vive aún?

Niño 2: Ya no, creo que murió de pena al enterarse de mi situación.

Clown (para apaciguar): Seguro que solo habrá terminado su ciclo de vida.

Niño 2: Todos los domingos íbamos a misa, me enseñó a decir las primeras oraciones. Me contaba las historias bíblicas y nunca me cansaba de escuchar lo mismo.

Clown: Las abuelas son únicas en contar cuentos e historias.

Niño 2: Mi abuela fue fantástica (sigue llorando).

Clown: No te pongas triste, seguro que ella no quiere verte así.

Niño 2: Hasta ahora recuerdo los momentos gratos que pasé con ella.

Clown: Las cosas bonitas no se olvidan fácilmente.

Niño 2: Recuerdo la última vez que vino, me puso entre sus brazos y me llenó de besos (sigue llorando).

Clown: ¿No quieres tomar algo?

Niño 2: Me dijo suavemente al oído que entre su corazón y el mío siempre iba a existir una conexión que solo nosotros íbamos a saber.

Clown: Ella es como tu ángel de la guarda.

Niño 2 (se desplaza a uno de los cajones): Aún conservo una de las fotos frente a la catedral, era devota de la Virgen de las Lágrimas.

Clown: Cuentan que es muy milagrosa.

Niño 2: Mi abuela decía siempre... (pausa) Ahora ya no sé si creer en los milagros.

Clown: Todo es posible y todo puede suceder.

Niño 2: Mi abuela contaba una y otra vez la historia de Lázaro, es la que sé de memoria.

Clown: Y la más conocida por todos los creyentes. La verdad, muy poco voy a misa (pausa). Aunque en estos últimos años he ido de seguido. Lo que tienes que hacer es vivir cada momento de esta corta vida.

Niño 2: ¿Cree que no he intentado vivir al máximo?

Clown: Tienes que vivir el día a día.

Niño 2 (enfrenta a Clown): En todo este tiempo eso he tratado de hacer. Encerrado en este viejo hospital, entre cuatro paredes... ¿Cómo vivir y qué hacer con el tiempo? Mientras te das cuenta que la vida cuelga de un pedazo de hilo, tratas de atar esos retazos de hilos que están a punto de soltarse para poder continuar.

Clown: Entiendo...

Niño 2: Nadie entiende lo que sentimos dentro, cuando hay algo dentro de ti que no funciona y lo único que tratas de hacer es serenarte.

Clown: Imagino lo que sientes....

Niño 2: Solo imaginas, no vives en carne propia el dolor que llevamos dentro; mientras uno no esté pasando lo que nosotros sentimos y vivimos, es difícil entender (llora).

Clown (abraza a Niño 2): Claro que entiendo (le seca las lágrimas). Conozco el vivir diario de cada uno de ustedes.

Niño 2: Abrázame y no me sueltes.

Clown: No llores porque me harás llorar también.

Niño 2: Siempre he querido sentir el abrazo de un padre.

Clown: Calma, ya llegará tu familia y tu padre te dará un fuerte abrazo.

Niño 2: No tengo, soy huérfano (llora amargamente).

Clown: Lo siento, no sabía (signen abrazados).

Niño 2: Quisiera quedarme así por mucho tiempo.

Clown (triste): ¡Fuerza, chiquito!

Niño 2: No me sueltes.

Clown: Calma, que no va a pasar nada (un nudo en tu garganta) ¿Y con quién vives?

Niño 2: Con mi tía, hermana de mi madre.

Clown: ¿Y tu madre?

Niño 2: No sé nada de ella, con mi abuela he crecido, nunca se habló en casa de mis padres.

Clown: ¿Dónde está tu tía?

Niño 2: Solo viene de noche, de día trabaja en una fábrica de confección.

Clown: ¿Te quedas solo todo el día aquí?

Niño 2: No tan solo, aquí ya me hice amigo de las enfermeras y los médicos.

Clown: También del chico que acaba

Niño 2: Con él sí paso la mayor parle del día, siempre tenemos algo que hacer para pasar el tiempo.

Clown: Parece que no le gustó que haya venido.

Niño 2: Es un poco complicado, pero es buena gente; su padre siempre viene a quedarse con él.

Clown: Solo quería ser su amigo.

Niño 2: Con el tiempo va a lograr.

Clown (le agarra la mano): ¿Ya te sientes mejor?

Niño 2: Sí.

Clown: No tienes que ponerte triste. Seguro tienes una tía fabulosa que te quiere.

Niño 2: Cuando falleció abuela, ella quedó como tutora. Viene a la noche muy cansada y vuelve a ir temprano, hablamos muy poco.

Clown (interesado): ¿Qué juegas con el otro chico?

Niño 2: Lo que más nos gusta es dramatizar algunas cosas.

Clown: ¿Cómo qué?

Niño 2: A mí me gustan las escenas bíblicas, pero la que siempre jugamos es la resurrección de Lázaro (ríe). El Taño siempre refunfuña.

Clown: ¿El Taño es el chico?

Niño 2: Su nombre es Carlos, pero aquí le llamamos el Taño.

Clown: ¿Y tu cómo te llamas?

Niño 2: Jorge Andrés.

Clown: Bonito nombre. Y cómo te llaman.

Niño 2: Andy (interesado) ¿Y tú cómo te llamas?

Clown: Antonio, pero me dicen Toño (interesado) ¿Y por qué te gusta representar historias bíblicas?

Niño 2: De niño iba a misa con mi abuela, ella era muy devota del Cristo Redentor y de la Virgen de las Lágrimas. Siempre, antes de dormir, me leía alguna historia bíblica.

Clown: La historia de Lázaro te habrá gustado y marcado mucho.

Niño 2: Me ha marcado porque Lázaro es resucitado de la muerte (mira al horizonte). A la muerte ya no le tengo miedo.

Clown: ¿Tienes miedo?

Niño 2: Hoy aprendí a no tener miedo.

Clown: ¿Qué paso?

Niño 2: Desde siempre me había dado miedo la oscuridad, por eso dormía con las luces encendidas. El Taño me enseñó a hacerle frente a la oscuridad.

Clown: ¿Cómo es eso?

Niño 2: Pude jugar en medio de la oscuridad, tenía miedo al principio, al final el desasosiego se disipó.

Clown: A veces tenemos miedo a algo y con el tiempo superamos.

Niño 2: ¿Y usted le tiene miedo a algo?

Clown: Le tenía miedo a algo. Pude superar. ¿Por qué temía a la oscuridad?

Niño 2: Asociaba con la muerte.

Clown: A veces pasa (pausa). Veo que utilizan la imaginación para hacer divertida la vida.

Niño 2: No fue fácil, el tiempo pudo empujarnos a cometer cosas que nunca hicimos.

Clown: ¿Tu infancia como fue?

Niño 2: No tengo muchos recuerdos.

Clown: ¿O simplemente no quieres recordar?

Niño 2: Podría ser, pero acabo de salir de ella.

Clown: Algunos no siempre tiene gratos recuerdos de la infancia.

Niño 2: ¿Usted sí los tiene?

Clown: No fue fácil, tampoco tan duro, pero la mejor etapa siempre se recuerda que fue en la infancia.

Niño 2: Solo sé que he crecido prematuramente. Toda esta situación hizo madurar mi ciclo vital.

Clown: Me gusta como hablas, eres muy inteligente. De verdad te expresas como un adulto (pausa). Me recuerdas a...

Niño 2: ¿A quién? (Clown se dirige hacia la ventana).

Clown: A nadie.

Niño 2: ¿Estás llorando?

Clown: Una emoción me sobrevino de repente.

Niño 2: Con el recuerdo de mi abuela suele pasar (se desplaza a la ventana).

Clown: Creo que he estropeado el maquillaje.

Niño 2: Nunca había visto llorar a un payaso.

Clown: Para que veas que también tenemos sentimientos.

Niño 2: Nunca dije que no tenían sentimientos (aparece en escena el Padre del Niño 1, inconsciente y melancólico). Hola, señor, menos mal vino porque el Taño no se sentía bien.

Padre del Niño 1: Ya lo sé.

Niño 2: ¿Ya lo vio?

Padre del Niño 1: Sí.

Niño 2: ¿Se encuentra mejor? Sabía que pronto se repondría (Padre del Niño 1 se desplaza hasta la cania de su hijo y comienza a juntar los bártulos del niño).

Padre del Niño 1: ¿No sabe dónde puso el bolso?

Niño 2: La enfermera había llevado a la lavandería (Padre del Niño 1 coloca las cosas de su hijo sobre la cama) ¿Lo puedo ayudar?

Padre del Niño 1: Es poca cosa (abre una de las gavetas de la mesita y saca una bolsa de plástico). Lo voy a llevar en este polietileno.

Niño 2 (extrañado): ¿Ya van a dejar el hospital?

Padre del Niño 1 (mira a Niño 2): Así es, hijo, ya no hay nada que hacer aquí.

Niño 2: El Taño hoy comienza la fase final de su tratamiento, no pueden ir.

Padre del Niño 1 (llora): El Taño ya no va a necesitar ningún tratamiento.

Niño 2: ¿Cómo, señor?

Padre del Niño 1 (se sienta en la cama): El Taño acaba de dejarnos.

Niño 2: ¿Murió?

Padre del Niño 1: Me siento tan culpable. Estaba solo cuando más me necesitó.

Niño 2: Lo recordará siempre, como un buen padre.

Padre del Niño 1: Tenía algunas diligencias que resolver todo el día, por eso no pude llegar más temprano.

Niño 2: No se sienta culpable de nada.

Padre del Niño 1: Me siento un miserable.

Niño 2: No diga eso, el Taño lo tendrá en su memoria.

Padre del Niño 1 (llora)-. Mi único hijo, juntos estábamos superando todo esto.

Niño 2: Pudieron llegar hasta aquí y eso es importante, señor.

Padre del Niño 1: ¿Por qué Dios se ha olvidado de mí?

Niño 2: Difícil de entender algunas cosas.

Padre del Niño 1: Ahora todo mi mundo se viene abajo.

Niño 2: Tiene que seguir, por la memoria del Taño.

Padre del Niño 1: Tengo que comunicarme con la madre.

Niño 2: Fortaleza ante todo, no puede agotar sus fuerzas ante tal situación.

Padre del Niño 1: ¿Qué le ha dicho mi hijo de mí?

Niño 2: Que es un buen padre.

Padre del Niño 1: Hice todo lo que estaba a mi alcance.

Niño 2: Hizo mucho y no se ponga así.

Padre del Niño 1: El Taño siempre me habló muy bien de usted.

Niño 2: ¿Qué decía?

Padre del Niño 1: Usted era el hermano que siempre quiso.

Niño 2: ¿Eso decía?

Padre del Niño 1: Y contigo se hizo más ligera la carga en este lugar.

Niño 2 (llora): Nunca había conocido a un chico fabuloso como el Taño.

Padre del Niño 1: Hacían el dúo perfecto. A veces contaba las travesuras que hacían en este submundo.

Niño 2: Gratos momentos y únicos.

Padre del Niño 1: Permítame recoger sus cosas.

Niño 2: Lo voy a ayudar (Niño 2 ayuda a poner en Ia bolsa de plástico).

Padre del Niño 1: Ahora que terminó nuestra estadía aquí, tú tienes que seguir adelante.

Niño 2: El Taño y yo pronto volveremos a encontrarnos.

Padre del Niño 1: Así es, la muerte es un gran misterio para todos (con la bolsa en mano, dispuesto a salir). Cuídate, hijo, y no te dejes rendir. Un ganador se hace cuando gana su última batalla.

Niño 2: Hasta siempre.

Padre del Niño 1 (abraza a Niño 2 y caen en un mar de lágrimas): Un placer conocerte, campeón (mutis).

Niño 2 (se desplaza a la ventana): Y las palomas siguen muriendo y nadie hace nada.

Niño 2: Si tenemos el poder suficiente podemos detener.

Clown: No entiendo.

Niño 2 (observa triste desde la ventana): Solo yo me entiendo. Mira cómo los pichones quedan huérfanos y cómo algunas palomas están recostadas al lado de sus pichones muertos.

Clown: Qué pena lo del Taño.

Niño 2: Mira cómo ha pasado el tiempo y un viento oscuro empuja a las palomas al cementerio.

Clown: Su padre, se notaba que lo amaba.

Niño 2: Era su centro de vida.

Clown: Está completamente destrozado.

Niño 2: Cualquiera estaría en esa situación.

Clown: Difícilmente uno puede reponerse a una pérdida.

Niño 2: La muerte es la otra cara de la vida.

Clown: Inexplicable, por cierto.

Niño 2 (pausa): ¿Puede dejarme solo?

Clown: Si quiere puedo quedarme, no tengo nada que hacer.

Niño 2: En este momento no quiero estar con nadie (pausa). Y no necesita venir más a este lugar.

Clown: Quedamos que iba a venir por lo menos....

Niño 2: Ahora ya no quiero que venga.

Clown: ¿Tan rápido cambió de opinión?

Niño 2: Es un asunto mío.

Clown: Como le dije, yo podría seguir viniendo....

Niño 2 (interrumpe): ¿Usted no entiende? Ya no quiero que venga (enfrenta) ¿En su casa no tiene nada que hacer por eso viene a perder su tiempo en este viejo hospital? ¿Quién le manda? ¿Recibe algo a cambio?

Clown: Estoy por voluntad propia.

Niño 2: ¿No tiene familia? Con esa cara pintada, recorriendo estos pasillos, no va a conseguir nada.

Clown: Consigo la alegría de ustedes.

Niño 2: Mentira, la alegría no existe en este lugar. Cuando los músculos de la boca dibujan una sonrisa es pura ilusión, igual que su personaje.

Clown (sorprendido): ¡Andy!

Niño 2: Estoy bastante grandecito para darme cuenta de cómo es la vida. Desde que nacemos estamos cargados de penas y condenas.

Niño 2: Por supuesto que hablo con la verdad. Usted es peor que un infante pensando que vivimos entre pétalos de rosas.

Clown: Me sorprende todo lo que estás diciendo, Andy.

Niño 2: ¿Qué le sorprende, decirle cosas que nunca quiere aceptar como adulto? Y aún tengo muchas cosas más que decir...

Clown: Déjame hablar....

Niño 2: ¿Me va a decir que todo está bien y que aquí no ha pasado nada?

Clown: No es eso, sino...

Niño 2: ¿Encontró la fórmula de la alegría, con un ocurrente chiste? Lo veo difícil que pueda cambiar el panorama en este lugar (mira a Clown). Solo espero escuchar decir que puedes resucitar palomas.

Niño 2 (imperativo): ¡Habla!

Clown: Conozco este lugar desde hace mucho tiempo, antes de que vinieras. Conozco cada pabellón de este hospital y sé lo que sientes en este momento.

Niño 2: Todos dicen lo mismo, pero mientras no sientas en carne propia.

Clown: He sentido en carne propia como tú lo estás sintiendo ahora (pausa). Mi hijo mayor ha pasado por tu misma situación, su dolor era el mío, su angustia también, cómo no estar ajeno a un pedazo de mí.

Niño 2 (tranquilo): ¿Su hijo ha estado en este lugar?

Clown: Mucho tiempo hemos recorrido los pasillos de este hospital (se sienta cabizbajo en la cuma).

Niño 2: ¿Qué ha pasado con tu hijo?

Clown: Igual que el Taño, no pudo  soportar el tratamiento, su cuerpo se había desgastado mucho.

Niño 2 (se sienta a su lado): Lo siento, creo que he perdido la calma.

Clown: Le gustaban los payasos, eso alegraba su sufrimiento. En una tarde había ido a comprar pintura para la cara y con la cara pintarrajeada y embadurnada de bloques de colores llamativos, entro a la sala (recordando). Después de mucho tiempo había visto sonreír a mi hijo (llora). Fue lo más lindo ver en todo ese tiempo crítico que estábamos pasando.

Niño 2: No se ponga triste, y perdóneme porque he sido muy duro con usted.

Clown: ¿Ahora entiende por qué vengo a este lugar?

Niño 2: Ahora sí.

Clown: En aquel entonces no era común que una cara pintada entrara a un hospital.

Niño 2 (arrepentido): Si quiere seguir viniendo está en su derecho, pero...

Clown: Gracias.

Niño 2: Está en su derecho de hacer reír a niños y grandes. Muchos necesitan sonreír en este lugar, aunque no sé cómo.

Clown: Enfrentando la realidad.

Niño 2: El Taño decía que a la muerte hay que mirarla de frente y aplastarla con el talón.

Clown: No hay quien pueda contra la muerte, pero si el Taño dijo que hay que aplastarla, pues lo haremos.

Niño 2 (se desplaza a la ventana): Qué extraña está la tarde, lentamente va muriendo, con la diferencia de que vuelve a nacer con el amanecer.

Niño 2: Solo viene a dormir, a veces ya estoy dormido, ni siento sus pasos (pausa) ¿Ya tienes que ir?

Clown: No tengo apuro; si quieres, puedo seguir quedándome.

Niño 2: No quiero retenerlo, pero si quiere quedarse lo puede hacer.

Clown: ¿Estás cansado?

Niño 2: Un poco.

Clown: Puedo dejarte descansar. Ha sido un día bastante pesado.

Niño 2: Un día inevitable. El día ha pasado a ser parte de mi memoria histórica.

Clown: Trataré de volver mañana a primera hora para que no te sientas solo.

Niño 2: Probablemente vendrá un nuevo paciente.

Niño 2: Difícilmente alguien podría ocupar el lugar de mi amigo.

Clown: Con el tiempo uno recupera el ánimo.

Niño 2: ¿Usted ya se ha recuperado?

Clown: Creo que no.

Niño 2: Entonces no hablemos de recuperar, porque lo que se pierde ya no vuelve (aparece en escena el Médico).

Clown (a Niño 2): Llegó el momento de retirarme (Médico se desplaza hasta Niño 2).

Médico: ¿Cómo te sientes físicamente?

Clown (interrumpe): La pérdida de un amigo es muy dura.

Médico: Por lo que veo ya se han enterado de la triste noticia.

Clown: Cuando el padre vino a buscar las cosas del hijo, nos contó la triste pérdida.

Niño 2: ¿Doctor, no pudo salvarle?

Médico: Hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance.

Niño 2: ¿Y el tratamiento no valió la pena?

Médico: Ya depende de cómo el tratamiento actúa en el cuerpo; cada organismo es diferente al otro (mira a Clown) ¿Es algún pariente tuyo?

Niño 2: Un amigo.

Médico (a Clown): El horario de visita ya ha terminado.

Niño 2: Fue mi culpa, doctor, yo insistí que se quedará.

Clown: Ya me estaba despidiendo del chico (a Niño 2). Prometo venir mañana.

Niño 2: Gracias y nuevamente disculpe por la mala racha que le di.

Clown: Olvidemos aquello y miremos el presente (Abraza a Niño 2).

Niño 2: Gracias por ser un ser humano noble.

Clown: Para eso estamos. Cuídate. Hasta luego, doctor.

Médico: Hasta luego (Clown, cuando se encuentra en la puerta, regresa).

Clown: Esto es para ti (saca el payaso de nariz y le da). Con esto muchos sonreirán.

Niño 2: ¿Para mí?

Clown: Para que recuerdes que una sonrisa puede generar otra sonrisa y hacer feliz a otras personas, es contagiosa.

Niño 2: Gracias, Toño.

Clown: Sonríe siempre porque es lo único que nunca muere. Porque cuando recordamos a alguien, la primera imagen que se nos viene es su sonrisa (mutis).

Niño 2: Nuevamente esta nariz pintada hizo resucitar la alegría de vivir.

Médico: ¿Se conocen de hace tiempo?

Niño 2: Apenas nos conocimos hoy, pero parece que nos conociéramos toda la vida.

Médico: Desde este momento no tienes que comer nada, mañana a primera hora te haremos unos análisis (pausa) ¿Cómo te sientes físicamente?

Niño 2: La quimio está haciendo su trabajo dentro de mí.

Médico: Te veo mucho mejor de cuando viniste.

Niño 2: Cuando había llegado decía que no iba a soportar el tratamiento.

Medico: Eso es lo que pasó con el Taño. Se dejó llevar por la desesperanza.

Niño 2: Aunque no es fácil, doctor.

Médico: Sé, pero tenemos que poner de nuestra parte.

Niño 2: El Taño puso mucho de su parte para sobrevivir.

Médico: Creo que no fue lo suficiente, tenía que haber seguido luchando.

Niño 2: Además tenía claro el panorama (silencio).

Médico: ¿Por qué este momento de silencio?

Niño 2: El Taño ya no temía a la muerte. Estaba dispuesto a enfrentarla.

Médico: Estaba resentido con la vida.

Niño 2: No es fácil llevar a cuesta mucho dolor.

Médico: Me alegra verte anímicamente bien.

Niño 2: Gracias, doctor, usted siempre le hace sentir bien a uno.

Médico: Esa es mi misión en este lugar.

Niño 2: Un trabajo noble que no se compara con cualquier trabajo.

Médico: A veces un poco difícil también.

Niño 2: ¿Por qué?

Médico: Uno sacrifica muchas cosas en la vida. Y cuando uno se da cuenta ya es tarde.

Niño 2: Estar con los amigos.

Médico: No solo los amigos, sino la familia que está pendiente de cuándo vas a darle un minuto de tu tiempo.

Niño 2: ¿Usted tiene hijos?

Médico: Una niña.

Niño 2: ¿Ya está grande?

Médico: Cinco años.

Niño 2: El centro de su vida.

Médico: Así mismo, a veces me duele no estar todo el tiempo con ella.

Niño 2: ¿Qué haría si ella estuviera en uno de estos pabellones?

Médico: ¿Aquí en el hospital?

Niño 2: Sí.

Médico: Ni me imagino, ni quiero pensar.

Niño 2: Pero podría suceder. Eso he aprendido en este tiempo.

Médico: ¿Qué has aprendido, Andy?

Niño 2: Que en la vida se presentan cosas que nunca antes te hubieras imaginado.

Médico: Tienes razón.

Niño 2: Y ante esa situación uno tiene que buscar algún mecanismo de defensa para subsistir.

Médico: De acuerdo, y no creas que este lugar es un laboratorio para nosotros.

Niño 2: ¿Laboratorio?

Médico: En relación a las historias de vida de cada uno de ustedes.

Niño 2: ¿Qué tiene que ver un laboratorio con nuestras historias?

Médico: Son historias que conmueven y las llevamos en otro plano de nuestras vidas.

Niño 2: Sigo sin entender.

Médico: A ver, cómo me explico (piensa). Cuando siento cierta desolación, pienso en el sufrimiento de cada uno de ustedes y hago esa comparación. Más allá del dolor humano siempre buscan darle sentido a sus vidas con cualquier nimiedad.

Niño 2: Es nuestro mecanismo de defensa, doctor.

Médico (mira su reloj): ¡Qué tarde se ha hecho! Ahora, muchacho, tiene que descansar porque mañana será otro día que nos espera. Acuéstate, te voy a poner la manta (Niño 2 se acuesta y el Médico extiende la manta). Que tengas buenas noches y me alegra saber que te encuentras bien.

Niño 2: Gracias, doctor (el Médico se desplaza para salir) ¿Doctor?

Médico: ¿Sí?

Niño 2: Esta noche quiero dormir con las luces apagadas.

Médico (sorprendido): ¿Estás seguro?

Niño 2 (afirmando): ¡Muy seguro!

Y si puede cerrar la ventana también (el Médico se desplaza hasta la ventana y antes de hacer mutis apaga la luz. Mientras la sala del teatro se encuentra a oscuras se oye una lenta música a elección del director).

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