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JUAN FRANCISCO RECALDE
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JUAN FRANCISCO RECALDE


Datos biográficos:

JUAN FRANCISCO RECALDE : Hijo de Juan Francisco Recalde y Tomasa Valdez, nació en Asunción en 1885. Hizo el bachillerato en el Colegio Nacional, y medicina inicialmente en Bs. As. y luego en la Universidad de Florencia, Italia, egresando en 1911. Y aprendió italiano, francés, inglés, alemán, portugués; naturalmente el español y fluidamente el guaraní. A su regreso, dedicóse a múltiples actividades, además de su profesión de médico cirujano; desempeñó la docencia en el Colegio Nacional y en la Facultad de Medicina. Y tuvo activa y calificada actuación en las instituciones culturales de la época; fue de los fundadores del Gimnasio Paraguayo y Presidente del Ateneo Paraguayo. Periodista ágil e incisivo, orador de alto vuelo, su banca de parlamentario fue una verdadera cátedra de cultura, y fue Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública en el gabinete del Dr. Paiva. Radicado en el extranjero por cuestiones políticas, se presentó a ofrecer sus servicios cuando advino la Guerra del Chaco; actuó en el frente de operaciones para luego bajar a la capital con motivo de su designación como Diputado, desarrollando activa función en la organización y atención de hospitales auxiliares. La labor científica del Dr. Recalde se desenvolvió en dos campos específicos: la investigación médica, desarrollada con motivo de sus funciones; sus cátedras en la Facultad, sus trabajos en la Dirección del Hospital Nacional, hoy de Clínicas, en la jefatura de la I Zona Sanitaria y en la Dirección del Departamento Nacional de Higiene y Asistencia Pública, antecedente del Ministerio del ramo; sus trabajos académicos presentados a simposios internacionales, sobre Exostosis Bursata, la Buba o Leishmaniosis, la Vermiosis intestinal, entre otros.

El Dr. Recalde fue el primero en practicar el tratamiento quirúrgico de la Ieishmaniosis, y fue empecinada su campaña periodística para sensibilizar al gobierno en favor de medios y tratamientos adecuados de los males que azotaban nuestra población: la anquilostomiasis, la diarrea, el tifus, la lepra, la tuberculosis, el tétanos, el paludismo. Y en mucho contribuyeron sus campañas e importantes vinculaciones, para que la Fundación Rockefeller destinara importantes medios para una masiva campaña nacional contra la anquilostomiasis, precisamente cuando el país, en vísperas de la Guerra del Chaco, iba a necesitar de una población en las mejores condiciones físicas posibles. Y fue importante su contribución al estudio de nuestra civilización autóctona. JFR falleció en el exilio en 1947; casado con Clementina Ammiri enviudó, y casóse en segundas nupcias con María Sara Moreno González; dejó descendencia.

Fuente: BREVE HISTORIA DE GRANDES HOMBRES. Obra de LUIS G. BENÍTEZ. Ilustraciones de LUIS MENDOZA, RAÚL BECKELMANN, MIRIAM LEZCANO, SATURNINO SOTELO, PEDRO ARMOA. Industrial Gráfica Comuneros, Asunción – Paraguay. 1986 (390 páginas)

 

 

RECALDE. JUAN FRANCISCO : Médico, parlamentario y periodista. Nació en Asunción el 9 de marzo de 1885, hijo de Juan Francisco Recalde y Tomasa Valdez.

Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de la Capital y los universitarios primero en Buenos Aires para terminarlos luego en la Universidad de Florencia, graduándose en 1911.

Con motivo de su fallecimiento inesperado acaecido en la ciudad de São Paulo durante su destierro en 1947, se escribió el siguiente juicio "Era un ave de tempestad, necesitaba los vientos agitados para extender las alas de poderosas remeras. En las horas pacíficas ejercía la medicina, cultivaba la música, era pródigo en cordialidad y estudiaba guaraní. Pero apenas se nublaba el horizonte, limpiaba su adarga, afilaba la espada para ir a la lucha, que era el caldo de cultivo de su personalidad."

En efecto, siendo aún estudiante del Colegio Nacional se embarcó a bordo del "Sajonia", durante la revolución de 1904 y participó activamente de la refriega.

Al año siguiente viajó a Italia donde permaneció hasta 1914. En Florencia aprendió no sólo la medicina, sino a amar la ciencia, la belleza y la libertad. Forjó su carácter en aquella ilustre ciudad, cuna del Renacimiento. Humano en sus gustos, apasionado en sus pensamientos y decisiones, hizo un culto del ideal libertario.

A su regreso, se dedicó a la profesión médica y fue designado director de la Asistencia pública. En el Colegio Nacional ejerció la docencia de Anatomía, Fisiología e Higiene, asimismo reabierta la Facultad de Medicina en 1918, realizó similar empleo.

Desde 1922 incursionó en el campo periodístico. Fue un eximio esgrimista del debate, discurría y hablaba con claridad y excelente labia. Escribía con bizarría y fervor. Afiliado al Partido Liberal, participó en las asambleas de 1921 con singular prestancia. Su temperamento radical que no admitía medias tintas lo obligó a marcharse del país. En 1924, se estableció en São Paulo, ciudad en la que permaneció varios años. Allí se dedicó a la filología y escribió su libro "ORTOGRAFÍA GUARANÍ" y "LAS MIGRACIONES DE LOS GUARAYOS".

Al estallar la Guerra del Chaco, volvió de inmediato y se presentó como soldado voluntario, prestó grandes servicios en la primera fase del litigio, desde Boquerón hasta Gondra y más tarde en el sector de Toledo. En el transcurso de la contienda ocupó asimismo una banca en la Cámara de Diputados, donde llegó a ser vice-presidente de la misma. Con su apoyo pecuniario y el de sus colegas parlamenta-rios, fundó el Instituto Ortopédico y el Hospital San Roque.

En 1934 se fusionaron dos centros culturales de gran prestancia en la vida intelectual paraguaya como ser el Instituto Paraguayo y el Gimnasio Paraguayo, dando nacimiento al Ateneo, entidad presidida con gran prestigio por Recalde. Como parlamentario sostuvo interesantes y célebres debates. Discutía con elegancia, pero a veces con mordacidad e ironía. Planteaba los problemas con habilidad y proponía soluciones prácticas y viables. Defendía sus juicios con portentosa firmeza. Cuando le cupo ocupar la cartera de Justicia, Culto e Instrucción Pública, durante la presidencia de Félix Paiva, animó y apoyó fervientemente la instrucción pública. Aunque permaneció en esa función por breve tiempo, realizó una adquisición histórica para la cultura paraguaya: la Biblioteca Americana y el Museo Godoy.

Su formación académica le habilitaba a actuar con dignidad en cualquier escenario o tribuna donde se lo requiriera. Se expresaba con bastante soltura y hablaba correctamente seis idiomas. Si los cambios políticos de la década del '40 hubiesen sucedido de otra manera, Recalde hubiera dado mucho más de sí. Diez y siete años de su vida transcurrieron en el exilio forzoso o voluntario, pero cuando regresaba se tomaba apasionadamente del terruño patrio, aunque constantemente le obligaban a soltarlo.

A los sesenta años, su figura vigorosa y erguida presentaba el brillo de las canas y arrugas del dolor sufrido en tiempos difíciles vividos en el destierro. Volvió a su amada tierra en 1946 y nuevamente se impuso su recia personalidad en la Convención de su partido que lo llevó a la presidencia de esa agrupación política. Actuó con bravura, como un paladín de la democracia en la revolución estallada al año de su retorno, situación que motivó otra vez su salida -la última- del país.

Sus alocuciones, conferencias y escritos se hallan difundidos en varias publicaciones culturales y científicas, especialmente en la revista de la Sociedad Médica del Paraguay, fundada por el mismo Recalde en enero de 1920.

Dejó además una obra titulada "LA LEYENDA DE LA CREACIÓN Y JUICIO FINAL DEL MUNDO COMO FUNDAMENTO DE LA RELIGIÓN DE LOS APAPOKUVA-GUARANÍ", traducida también al alemán y al portugués. Su primera edición ilustrada apareció en São Paulo en 1944.

Falleció exiliado en Buenos Aires el 12 de diciembre de 1947.

Fuente: “FORJADORES DEL PARAGUAY – DICCIONARIO BIOGRÁFICO” Realización y Producción Gráfica ARAMÍ GRUPO EMPRESARIAL. Alberdi 2831 c/16 Pytda. Tel. (595-21) 373 594, fax (595-21) 391 136 - e-mail: arami@rieder.net.py. Coordinación General: Ricardo Servín Gauto. Direccion de la Obra: Oscar del Carmen Quevedo. Asunción, Paraguay.

 

 

 

JUAN FRANCISCO RECALDE, médico, político, filólogo, prosador y orador, nació en la Asunción en 1885.

Educóse en el Colegio Nacional y obtuvo diploma de doctor en medicina y cirugía en la Universidad de Florencia, Italia, en el año 1911. Sin descuidar su profesión, en la cual era brillante, especialmente en cirugía, dedicóse a la cátedra, al periodismo y a la política. Enseñó anatomía, fisiología e higiene en el Colegio Nacional y fue catedrático en la Facultad de Medicina de la Asunción.

En 1922 revelóse en la prensa como escritor de estilo cáustico y en las asambleas hizo gala de una oratoria vibrante. Eran aquellos días de lucha cívica ardorosa, precursora de una guerra civil prolongada y sangrienta.

Desde  El Liberal y  El Diario, su pluma de polemista desprendía chispas. Antes, habíase mostrado también como un animador de cultura. El Gimnasio Paraguayo contóle entre sus fundadores.

Hallándose en San Pablo, Brasil, ciudad en la que permaneció varios años, se dedicó a la filología. De ese tiempo data su libro intitulado  ORTOGRAFÍA GUARANÍ.

Con motivo de la guerra del Chaco, donde actuó con eficacia y brillo, regresó al Paraguay. Poco tiempo después ocupó una banca en la Cámara de Diputados, de la cual llegó a ser vicepresidente primero. Las actividades políticas no fueron óbice para que Juan Francisco Recalde cumpliera sus deberes humanitarios y patrióticos, primeramente en los hospitales del frente, después en los de la capital y, finalmente, como director del "Hospital San Roque", fundado por el mismo Recalde, con el apoyo pecuniario y personal de todos sus colegas parlamentarios.

También en esta época, en 1934, actuó en la fusión del "Instituto Paraguayo" con el "Gimnasio Paraguayo", fusión que dio vida al "Ateneo Paraguayo", instituto de cultura del que fue presidente y gran mantenedor.

-. Durante su estada en la Cámara de Diputados, mostróse un orador sagaz. Discutía con elegancia y era mordaz cuando en sus frases iba combada una intención irónica. Planteaba los problemas con habilidad y defendía sus opiniones con tenacidad extraordinaria. Cuando levantaba una tesis, la llevaba enhiesta, como bandera, contra vientos y mareas, hasta enclavarla, triunfante, en el minarete de sus propósitos. Y al sentirse victorioso, dejaba traslucir una desdeñosa sonrisa, medio en serio y medio en broma, pero picante para su ocasional contendor.

Los sucesos políticos que dieron en tierra con el gobierno de Eusebio Ayala, el 17 de febrero de 1936, llevaron a Juan Francisco Recalde por los senderos del destierro. En San Pablo reabrió su consultorio médico. Pero el político no pudo resignarse. Desde aquella lejana costa atlántica combatió sin treguas al régimen imperante en su patria. En la prensa, en la tribuna, en cartas privadas, en todas las formas legales, a toda hora, oponíase a sus adversarios victoriosos.

Es de esta época su trabajo SOBRE  LA LEYENDA DE LA CREACIÓN Y JUICIO FINAL DEL MUNDO EN LA RELIGIÓN DE LOS GUARANÍES, traducción del libro de Unkal.

El 13 de agosto de 1937, ese régimen se desplomó. Félix Paiva, llamado para ocupar la Presidencia de la República, constituyó un gabinete con representantes de la universidad y del ejército. No pasó mucho tiempo antes de verse a Juan Francisco Recalde transitando por las calles de la Asunción. Regresaba del exilio para intervenir en la vida cívica como acostumbraba hacerlo: abierta y valientemente. Se le confió la cartera de justicia, culto e instrucción pública. No permaneció al frente de ese departamento de Estado sino breve tiempo. Fue en los últimos meses del gobierno del presidente Paiva. Pero le bastó ese lapso a este obrero de la cultura para hacer una adquisición histórica para el país: la de la Biblioteca Americana y Museo Godoy.

Durante el gobierno del general José Félix Estigarribia ocupó una banca en el Senado y presidió el "Unión Club" y el "Ateneo Paraguayo".

Es de aquella época su conferencia sobre  LAS MIGRACIONES DE LOS GUARAYOS, leída en el salón de actos de la entidad citada últimamente.

Juan Francisco Recalde era liberal por temperamento, por tradición y por convicción. Y así como el ave requiere la amplitud del espacio para batir el vuelo, este bayardo del civilismo necesitaba de la libertad para cumplir su destino.

Falleció, inesperadamente, en San Pablo, en 1947, hallándose en el destierro. Hacía pocas semanas que había regresado de Concepción, después de haber actuado varonilmente en la revolución estallada en aquella ciudad el 8 de marzo del mismo año. Con motivo de la desaparición de aquel gallardo demócrata y esclarecido patriota, Justo Pastor Benítez escribió el juicio que se transcribe a continuación y que intituló  JUAN FRANCISCO RECALDE – EL PALADÍN LIBERAL DE 1946-1947.

"Era un ave de tempestad – dice Benítez –. Necesitaba los vientos agitados para extender las alas de poderosas remeras. En las horas pacíficas ejercía la medicina, cultivaba la música, era pródigo en cordialidad y estudiaba guaraní. Pero, apenas se nublaba el horizonte, limpiaba su adarga, afilaba la espada para ir a la lucha, que era el caldo de cultivo de su personalidad.

"A los 17 años embarcó a bordo del "Sajonia", al iniciarse la revolución de 1904. Su adolescencia despertó con la diana. Terminada la contienda por el Pacto del Pilcomayo, Recalde se marchó a Florencia a estudiar Medicina y Cirugía. Allá permaneció de 1905 a 1914, con un paréntesis que hizo para regresar al país a intervenir en el  juri que juzgaba a los autores de la muerte de su padre, el Diputado D. Juan Francisco Recalde, luchador liberal, descendiente de un prócer de 1811.

"Su juventud maduró bajo el sol de oro de las mañanas florentinas, en la Piazza de la Signoria. En esa ciudad aprendió la ciencia, amó la belleza y forjó su temperamento de varón del renacimiento, humano en sus gustos, capitoso de jugo, apasionado y culto. De regreso a la Patria se dedicó a la profesión; llegó a ser Director de la Asistencia Pública, y uno de los prestigiadores de la nacionalización del Hospital de Caridad (Ley Montero). Reabierta la Facultad de Medicina, ocupó una cátedra en la Institución. Su temperamento, esencialmente combativo, estaba aguardando una ocasión.

"Su liberalismo laico y tradicional necesitaba el ejercicio: era un eximio esgrimista del sable y del debate. Hablaba con claridady escribía con altivez. Detrás de sus palabras había un pecho y también un sable. Intervino en las asambleas liberales de setiembre de 1921 con singular prestancia; se acercó a las multitudes para verificar su destino. Recalde era un paladín, pero le faltaba todavía, en aquella época, la serenidad para ser un jefe completo; su radicalismo no admitía matices, el fervor le nublaba la vista en ocasiones; no era intolerante, sino vehemente. Por eso se marchó a San Pablo, donde llegó a conquistar prestigios eminentes como médico y como periodista. En ese gran centro de trabajo vivió ocho años, añorando las cosas de la tierra. En Florencia como en San Pablo había días en que se rebelaba el sampedrano, clamando por sus naranjales, su bagual enjaezado, y su pañuelo azul. Los hombres de su contextura jamás se extranjerizan, porque tienen metido en las venas jugo de la tierra y en el corazón los 430.000 kms. del mapa de la Patria. Se vengaba de la ausencia hablando un guaraní purísimo. Cuando estalló la guerra del Chaco cerró su consultorio y se presentó en Asunción, dispuesto a ir a ella como soldado o médico. Prestó grandes servicios en la primera etapa de la campaña, desde Boquerón a Gondra, y más tarde en el sector Toledo; fundó el Instituto Ortopédico y el puesto sanitario de San Roque, bajo el patrocinio de la Cámara de Diputados. La política le atraía como una sirena; era un liberal de vieja estirpe, individualista, con una especie de idolatría por la Constitución del 70. Con qué énfasis pronunciaba las palabras: la doctrina, los principios, la libertad. Su lenguaje no parecía el de un médico experimental de males humanos, sino el de un idealista teórico de la democracia. Su culto se sintetizaba en esa estatua que se levanta frente a la Policía, como un contraste y una esperanza. Por ella había ido a Villeta en 1904; cuarenta y tres años después fue a defenderla en Concepción; por su amor concurrió a dos revoluciones, sufrió tres exilios y conoció la cárcel.

"Su temperamento de lucha no le impedía ser fecundo en la paz. Era un hombre de sociedad; presidió con prestigio el "Ateneo Paraguayo" y el "Unión Club"; como parlamentario sostuvo interesantes debates, y cuando le cupo la oportunidad de ocupar el Ministerio de Educación, al llamado imperioso de sus amigos, alentó la instrucción pública, expropió el museo Godoy, realizó labor útil al borde de la anarquía, que era como un foso oscuro donde gruñían los lobos que no dejaban trabajar. Su formación le habilitaba a actuar con dignidad en cualquier escenario; poseía una vasta cultura, hablaba con propiedad seis idiomas; había viajado bastante. En un ambiente ordenado hubiera dado mucho más. Un tercio de su vida transcurrió en el extranjero por diversas razones. Cuando regresaba se agarraba al terruño, pero le obligaban a soltarlo, porque lo temían. Además, Recalde no tenía esa cobardía biológica que se llama mimetismo y que permite adaptarse a todas las situaciones. Vivía erguido. Su intransigencia alcanzaba a los amigos; tenía las aristas y los empujes del luchador.

"Su figura de sesentón tenía ya la pátina de las canas; cicatrices de arañazos; arrugas de dolor sufrido; había atravesado horas difíciles y vivido diecisiete años en un exilio forzoso o voluntario cuando regresó al país en 1946, su año cenital. En el ambiente gris y silenciado por la dictadura se destacó, entre otras, su figura recia, de boca fuerte, para capitanear el liberalismo; no sólo era la tradición, sino que encarnó la esperanza. En pocos meses asumió sin mandatos la jefatura natural del Partido; los liberales necesitaban un señero y lo eligieron en esos días confusos en que, más que por las armas, se intentó derribar al tirano por el empuje de la opinión. En la agitación creció y se afirmó; su casa era un blocao. Le faltaba serenidad, pero le sobraba bravura. El dicho popular le llamó "el león azul". Tan grande fue su prestigio que obtuvo en la Convención partidaria el mayor número de los votos. Juan Francisco Recalde fue, sin duda alguna, el paladín del liberalismo en 1946-47. Algo de D’Artagnan tenía este paraguayo esculpido en Florencia. Su voz, esparcida desde su baluarte de "La Casa de la Libertad", llevaba la consigna a cien mil liberales y a la República entera, que reclamaba días de restauración y de vida digna. Interpretó en un momento el ansia democrática de la Nación. Para esto le sobraban virtudes varoniles, pureza de vida, gallardía de luchador. Era un gladiador de las arenas cálidas, un agitador de conciencias, un general de la ciudadanía, como lo fueron Machaín, Taboada, Riquelme y Díaz León, a cuya estirpe cívica pertenecía.

"Cada clima histórico requiere un temperamento, cada batalla el conductor adecuado. Así, surgió Recalde en su hora. Era el resurgimiento liberal en la llanura, en el ambiente anarquizado, como una esperanza de restauración democrática. El Partido Liberal, disuelto por un decreto herético, con sus jefes en el destierro y sus caudillos perseguidos, brotaba lozano como vegetación natural de nuestra tierra. En momentos todavía inciertos se escuchó la ronca voz de mando de un jefe natural, que venía a desempeñar la misión que le cupo a Vera en 1891, a Taboada en los atrios, a Riquelme en 1911, a Díaz León en 1922. Voz de orden y clarinada de lucha. Estaba tallado para la función: era expansivo y ardoroso; se transfundía; su casa, era un comicio permanente; practicaba la caridad a manos llenas; su coraje cívico era padrón y ejemplo. Así cruzó las calles asuncenas, con la enseña azul enarbolada por sus robustos brazos, para enrostrar a la tiranía su ignominia, para mostrar cómo resurgen y florecen los grandes Partidos golpeados en el yunque del sacrificio.

"Juan Francisco Recalde fue en esa hora el adalid del liberalismo. ¡Viva Recalde!, clamaban las multitudes. Y aquel conductor de masas, que se sentía tocado por la mística de 50 años de lucha, contestaba "¡Viva la Libertad!" Era digno de tomar asiento en la bancada de los Girondinos de 1789 y de llevar el estandarte de Adolfo Riquelme en las manos.

"La vida pública implica responsabilidades; él sabía asumirlas con coraje sin resquicio. Cuando estalló el movimiento de Concepción, el adolescente revolucionario de 1904 que dormía en el pecho del médico eminente, del intelectual ilustrado, del hombre de salón, despertó; ensilló su caballo, atravesó 500 kms. por el Chaco y se presentó a su puesto. Su juventud reflorecía en el campamento; su risa franca y sonora revelaba que estaba en el ambiente. Era su última jornada. Los hombres de su temple, como los grandes árboles, mueren por el hacha o por el rayo. A él le alcanzó el rayo en el atardecer de una derrota esplendorosa, cuando el oleaje le empujó de nuevo a playas extranjeras, a sufrir por su liberalismo impenitente, a pagar su tributo a la democracia, que fue su credo, a sentir la nostalgia de la Patria. Un jefe ha de superar en sacrificio; así, Juan Francisco Recalde, el paladín liberal de 1946-47, completó su destino de luchador, para legar a su Partido un tesoro moral que enaltece y vivifica".

Fuente: HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS – TOMO III. Por CARLOS R. CENTURIÓN. ÉPOCA AUTONÓMICA. EDITORIAL AYACUCHO S.R.L.. BUENOS AIRES-ARGENTINA (1951), 500 pp. – Versión digital en: BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY (BVP)



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