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  DEL PARAGUAY PROFUNDO Nº 5 - REVISTA DIGITAL FA-RE-MI


DEL PARAGUAY PROFUNDO Nº 5 - REVISTA DIGITAL FA-RE-MI

DEL PARAGUAY PROFUNDO Nº 5

LA ALBORADA DEL PARAGUAY PROFUNDO,

UNA METÁFORA DE LA ESPERANZA

 

 

EL MÁGICO AMANECER COMPESINO  (x)

por: Andrés Colmán Gutiérrez

Fotos: Mario Valdez/Alberto Duarte

 

No es lo mismo. Nunca será lo mismo despertarse entre las desnudas paredes de cemento, ver la alborada coloreando las matálicas espinas de pescado de las antenas de televisión, contemplar el horizonte erizado de cables, escuchar a los pájaros sobrevivientes luchando en vano para hacer prevalecer su canto por encima del estruendo de motores y bocinas.

No, no es lo mismo. Nosotros, los nacidos en el interior del país, los campesinos exiliados en el maremágnum de la gran ciudad, no nos resignaremos nunca a evocar esos nostálgicos amaneceres de nuestra infancia, esa fiesta visual de colores desbordados, ese concierto musical de la naturaleza, esos rituales folklóricos y populares que saludan el día que nace.

No odiamos ni despreciamos el amanecer de la ciudad. Seres urbanos adoptivos, también hemos acabado por enamorarnos de las últimas luces de neón contratadas por el reflejo del sol que asoma sobre el espejo de la bahía. Nos hemos vuelto adictos al aroma del pan recién horneando mezclándose con el olor picante de la basura amanecida, al eco de los ladridos de perros callejeros junto a la música agónica de los bares, al paisaje de los bohemios trasnochados cruzándose con la prisa de los obreros madrugadores.

Pero, definitivamente, no es lo mismo. Hay algo mágico en los amaneceres del campo. Una plenitud de maravilla en el silencio roto por los cantos del gallo, en la sinfonía de las aves trinando sin censuras, en la colección de perfumes que regalan las flores cuajadas de rocío, en el espectáculo panorámico del cielo pintado como para una fiesta de cumpleaños infantil.

Y luego está el prodigioso encanto de los rituales cotidianos. El show de los troperos arreando al ganado. Las mujeres montadas sobre burros marchando hacia el mercado. El desfiles de las carretas en cámara lenta por la calle principal del pueblo. La leche espumosa del ordeñe en un pequeño corral doméstico.

Es el Paraguay profundo que despierta, una y otra vez. El amanecer campesino es la metáfora siempre viva de la esperanza. La certeza renovada de que- por más larga y oscura que sea la noche – siempre habrá un nuevo día. Siempre habrá una oportunidad para volver a empezar.

Muchos poetas y músicos populares han tratado de capturar la magia del ”amanecer campesino” en sus obras. Quizás el que más lo ha logrado sea el gran Emiliano E. Fernández, quien recurrentemente describe en sus canciones los paisajes del alba, asociando el estallido de la naturaleza del día que despierta con la romántica expresión de una serenata a la mujer amada.

A modo de ejemplo, aqui están – convenientemente traducidos – los versos de ”Ko’etï jave” (Al amanecer), de Emiliano musicalizados por Emilio Bobadilla Cáceres.

KO´ETÏ JAVE

Ko´ëmbapotáma, tupãsy rekéva
epu´ã ehecha nde raihuhamï
peina ma oguahë ñande resapéva
yvaga apype ko´ë morotï

Nde ryke aurora che mohenondéva
peina ombogue pa tupã rataindy
epáy che kamba rohechasetéva
to rohetümi ha taha jevy

(Ya está amaneciendo, virgen que duermes,
levantate a ver a tu amado
ya está llegando, alumbrándonos
en el extremo cielo la blanca alborada)

(Tu hemana la aurora se me adelanta
y está apagando los hogueras de Dios
despierta mi amada que deseo verte
darte un beso y volver a marcharme)

Guyramï maymarö o´purahéipáma
ha ipotyjera rosa pytãite
ka´aguy mbytére ku guyra campana
peina o´repika ko´etï jave

Calandria para kuiñe´ë asyva
enramada ari peina operere
nde moirü avei ku oñe´ëjoyvyva
músico estero guyraü chore

(Todas las avecillas ya cantan
y la rosa roja se abre en flor
en medio del bosque el pájaro campana
está repicando, al amanecer)

(La calandria con su canto triste
aletea frenética sobre la enramada
también te acompañan, cantando a dúo,
los pájaros músicos del estero)

Cabrilla ojaivyma kuarahy reikére
ha estrella ova mombyry mbyry
pe ne rovetãme mboraihu apytepe
che puraheimíme romongue rasy

Jazmín Paraguay hy´akuã mombyryva
yvytu jurúpe peina ma oguahë
nardo morotï  ky´akuã yvagapyva
nde róga rokára oguenyhete

(Las cabrillas ya se ocultan en el horizonte
y las estrellas se mudan a lo lejos
mientras en tu ventana, lleno de amor,
yo con mi canto perturbo tu sueño)

(El jazmín Paraguay de profunda fragancia
ya trae su aroma en boca del viento
el nardo blanco que huele como el cielo
llena los alrededores de tu casa)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(x) Del diario ÚLTIMA HORA (El Correo Semanal), 28 de febrero de 1998 (Asunción, Paraguay)
(xx) Más información sobre Emiliano R. Fernández, haga click lo subrayado.
(xxx) Vuelva a la página principal (en la segunda parte; Real Audio) y escuche esta canción en la voz de Reynaldo Meza y su conjunto Los Paraguayos. 

 

 

 

UN AYER CULTURAL REVIVIDO EN  OCARA POTY CUE MÍ (x) 

 por: Néstor Romero Valdovinos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Poseo una colección de ejemplares de  ”Ocara Poty cue-mí” del número 1 al 50. Sus páginas amarillentas, ya quedradizas por los años, me han conducido por agrestes senderos campesinos; me han llevado de la mano por la verde geografía de lejanos valles. Tendría que decir que siguen haciendo de voluntariosos e insustituibles guías de mi curiosidad. Los versos que pueblan sus páginas, frescos, tiernos, puros, son valiosos material para antropólogos en la medida que delatan formas de vivencias colectivas, hábitos, costumbres.

Sirven también para darnos un rumbo en cuanto a la técnica (merece ser llamada así) de incorporar al verso castellano, palabras, frases, giros, guaraníes sin que en ningún momento aquello parezca una resultante híbrida. ”Sobre la espalda dos trenzas sueltas/cual negras sierpes jugando están;/son las cadenas, lazos traidores/de la graciosa kyguá verá”. O bien: ”Graciosa, esbelta, pura, sencilla/cual aleteo del maimunby/al brazo lleva su canastilla/la tejedora de ñanduti”. Pero estos experimentos apenas si estaban preanunciando el advenimiento del verdadero maestro del género: Emiliano R. Fernández.

Entretanto…sigamos hojeando. He aquí un ”personaje” de raíz juglarezca: el ”compuesto”. Uno de los más famosos, comienza así: ”Amigos y camaradas/a todos les suelo amar/voy a contarles el caso/que le sucedió al caräu..” ”Su madre ya estaba enferma/remedio salió a buscar..”  Sabido es lo que luego sucedió. El mozo halló ”una concurrencia” y ya no pudo pasar. Al parecer, bailó toda la noche ”con la dama más mejor”, hasta que vino llegando un amigo suyo quien le dio la triste noticia: omanó jhagüé nde sy”. Y él responde: ”No importa mi buen amigo (y se puso a zapatear) Pembopú catu la polca, hay tiempo para llorar”.

En el No. 7 me regala, en su primera página con ”Ne rendape ayú” con la advertencia de que los versos deben ser cantados con la música de la polca ”Take-mí nde pojhéi”. En nada difiere esta letra de la que actualmente se canta con la hermosa guarania de José Asunción Flores, salvo que dos de sus estribillos ya no figuran en la versión actual. Uno de ellos dice precisamente: Take-mí nde pojhéi/ una noche mí/ anicheme voí/ che kera vaí”, indudable licencia festiva en la que se permitió incurrir su autor…que modestamente firma O.G.

No todos los versos que publica la revista son dignos de permanecer. Hay algunos que denotan la dureza de principiante: casi siempre un conscripto que en las horas muertas de la vida cuartelera aventura el trazo de unas cuartetas dedicadas (con audacia que en su valle no tendría) a la remota lugareña a quien nunca osará confesarle su amor. Hay también versos festivos, irónicos. Los hay también hermosamente descriptivos. Leyéndolo se puede tener una base para reconstruir formas culturales ya modificadas en la actualidad. Cuando se dice descriptivo, se alude, no sólo a referencias acerca del paisaje, sino a vestimenta, viviendas, utensillos. El antropólogo Klyde  Kluckhohn afirma al respecto que ”una humilde olla para preparar alimentos es un producto cultural de igual grado que una sonata de Beethoven”. Es casi un principio de antropología y puede resultar válido para quien se decida a hurgar en las páginas de ”Ocara Poty cue-mí”, cosa nada difícil pues los herederos de su fundador, don Teodoro S. Trujillo poseen, según referencias, la colección completa de la extraordinaria revista.

Conozco gente que, pese a su cultura, se resiste a tolerar una aproximación a la búsqueda de vestigios culturales en esta revista. Suponen que la persona culta es la que puede hablar (cito de nuevo a Kluckhohn) sobre James Joyce, Scarlatti y Picasso, y agrega: ”Sin embargo, para el antropólogo, ser humano equivale a ser culto”. Otra de sus definiciones expresa que ”la cultura es una manerade pensar, sentir, creer”. Pues bien ”Ocara Poty cue-mí” en algún aspecto se convierte en un testimonio de maneras de creer, pensar y sentir de nuestro pueblo. Poco importa que lo que aparentemente predomine en los versos que incluye en sus  páginas, sea el amor. El cantor campesino difícilmente se abstrae del contorno físico. Al ofrecerse a la amada, se acompaña de su medio…no importando que al hacerlo recree ese hábitat y allí donde, en la vida real, sólo moran estrecheces y penurias, instala el rancho florido a la vera de un arroyo y rodeado de un júbilo de pájaros y una fiesta de verdor.

Curiosamente, los primeros versos de Emiliano que publica la revista (”A la purísma Concepción de Caacupé”) son místicos y en castellano. ”Salve Virgen, oh, dulce amparo!. Oh, Reina, brillante faro, que alumbra noches y días..” Más allá, están los versos de Noches del Paraguay… pero de Emiliano. ”Todo es encanto, toda hermosura cóicha yaé rö ndiyaé pái. El bello éter con su pintura en esas noches del Paraguay..”. Algunos números después, lo que parece una crónica policial. Se titula ”Un espantoso crimen”, e incluso tiene un ”copete” que reza: ”José del Pilar Villalba asesinodo el 30 de enero de 1927 en el paraje denominado Tarumandy, Departamento de Luque entre Yuquyry”. Desde luego el relato (un ”compuesto”) no desperdicia detalles a lo largo de sus diez estrofas. Estos ”compuestos” se cantaban en el marco de un tenso auditorio en tanto los versos y la imaginación del auditorio revivía nuevamente la dramática escena…-

(x) Del diario HOY (El Dominical de HOY),

23 de agosto de 1981 (Asunción, Paraguay)

 

 

 

FOLKLORE Y SU LUGAR EN NUESTRO TIEMPO  (x)
Un concepto manoseado

                   por: Mario Rubén Álvarez

Quizá no haya palabra tan manoseada como folklore. El artista que regresa de Europa luego de haber triunfado – nadie fracasa, en el Viejo Continente, aun cuando los escenarios sean plazas y parques, nada más – es siempre ”un genuino representante” de él. Ese baile de fin año para los abuelos, tías, vecinos y demás incondicionales, presentado por la Academia, pertenece también al largo listado de las ”manifestaciones folclóricas profundamente arraigadas en nuestra tierra”.

En realidad, desde que el arqueólogo inglés Williams John Thorms, en 1.846, utilizo por primera vez esa expresión, el termino rodó por el mundo para designar algunas expresiones humanas, con determinadas características. Como su ámbito es tan vasto, siempre los límites imprecisos, a menudo el vocablo es utilizado incorrectamente.

Lo más elemental es que proviene de dos palabras: folk, gente, pueblo; y lore, conocimiento, sabiduría. Es la sabiduría del pueblo, de la masa, de la gente anónima. Es ese mba’e kuaa, ese arandu ka’aty si se quiere, que pertenece a todos y no es de nadie, en particular. A ese saber colectivo se incorporan los que permiten que el folklore continúe respirando con vida plena.

Y cúal es su universo ? Qué realidades abarca ? Sin pretender agotar su territorio de influencia, en la lista hay que incluir canciones, casos, leyendas, mitos, ñe’enga, adivinanzas, costumbres, usos, creencias, superticiones, técnicas, etc.etc.

Hay características bien precisas que permiten determinar si una expresión humana puede ser incluida o no en la categoria de folklórica. El anonimato es una de ellas. No se conoce al autor. Alguien tuvo que existir en el inicio de un hecho dado. Sin embargo, desaparece y sólo queda el rastro vivo. Es el caso del Compuesto Mateo Gamarra, que relata el asesinato de un hombre. Delfina Servín le descarga un revólver en una fiesta en Puerto Guaraní, Alto Paraguay, en 1.931. Quién escribió los versos que sirven de crónica del suceso ? Quién, le puso música ? Poeta y músico fueron uno solo ? No hay respuesta.

Lo cierto es que la polca se sigue cantando. El o los autores quedaron ya borrados para que la obra forme parte, sin obstáculos, del folklore. Que sea tradicional, es decir que esté en la memoria y en la conducto colectiva, transmitiéndose de generación en generación. Los casos de Pychai oVi’o relatados de padres a hijos pueden servir como ejemplo.

Si algo - un refrán, una música, un baile- pertenece al folklore, significa también que  está vivo en el pueblo, en la gente que no pide ni da explicaciones, pero vive determinadas situaciones.

La creencia de que la carreta en la que se transportó un cadáver no debe ser usada para las labores habituales durante nueve días puede servir como muestra.

(x) Del diario ÚLTIMA HORA (El Correo Semanal),

22 de agosto de 1995 (Asunción, Paraguay).

 

 


Los comentarios de HOY

BIOGRAFÍAS IGNORADAS  (x)

por: Néstor Romero Valdovinos

  Pobres de solemnidad suelen ser, salvo una que otra excepción, los ”datos biográficos” de nuestros folkloristas. A lo más, algunas fechas y nombres de composiciones. Luego, entre un acontecer y otro del artista, del creador, extensas lagunas de sombras. En definitiva, lo que generalmente no aparece por ningún lado es la auténtica personalidad de ese autor, de aquel intérprete. Incluso cuando más de una fuente es consultada al respecto, no coinciden  las referencias principales.

Podríamos aludir también al daño tremendo que implica deformar las letras, cambiar, con el pretexto de audaces ”arreglos” hasta la esencia misma de la página creada. No habiendo suficiente celo en las esporádicas publicaciones que ven luz en el país dedicadas a reproducir letras, éstas se van poblando de defectos de concordancia, de palabras que no estaban en el original. La transmisión oral, que sigue siendo el gran vehículo de comunicación para estas creaciones, provoca paulatinos deterioros de las composiciones. La tendencia tan nuestra a la ingratitud condena al olvido a figuras que fueron cifras en el folklore.

Alguna vez alguien recuerda, en evocación de perfiles, al dúo integrado pro Dora y Elba del Cerro ?

Merece la indiferencia (que ya va siendo definitiva) de los músicos la memoria de un Emilio Biggi, que nos supo regalar joyas como Teresita, Guapo che rymba güey, Jha mboriajhú, Minero sapucái ? Además, está aún la posibilidad remota de que podamos reunir los datos biográficos de tan inspirado creador ? Hay un largo paréntesis de tiempo sumergido en el misterio de lo incógnito, referido a la vida de un Prudencio Jiménez, de un Luis Escobar. Sabemos acaso, por qué caminos, por qué largos y nocturnos caminos pudo llegar Félix Pérez  Cardozo  al sorprendente dominio del folklore argentino ? Con personal estilo, con un rico caudal de inspiración, compuso zambas, cuecas, vidalas, gatos, estilos, chacareras…Se repite lo archisabido cuando se recuerda que su cueca ”Los sesenta Granaderos” se canta en todas las escuelas del país hermano. Pulsando el arpa en la ejecución de tangos, también era inigualable. Cuando Atahualpa Yupanqui escribe aquello de ”..por eso te canto con voz de guarania, por la vidalita que cantaste tú..” no está haciendo verso por compromiso: rinde su homenaje de gratitud, paga con lírica moneda el regalo de música argentina que Pérez Cardozo le hiciera a la tierra donde transcurrieron muchos años de su vida y donde le sorprendió la muerte mientras ensayaba en su arpa andariega.

Venero inagotable es el anecdotario de nuestros intérpretes y letristas. Muchas de esas existencias alentaron bajo otros cielos. Citemos en ejemplo entre tanto: Demetrio Ortiz. Citemos otro: Antonio Ortiz Mayans, el diurno, circunspecto y parco corrector de pruebas de ”La Razón” de Buenos Aries; le quedaba la noche para escribir sus hermosas letras. También es remota la posibilidad de que alguna vez dispongamos de la biografía de un José Asunción Flores, de un Herminio Giménez.Decididamente somos una extraña dualidadnos enamora la música, nos seducen las bellas letras, pero no nos preucupa tener ante los ojos el perfil exacto de esos creadores que así siguen deleitandonos desde la lejanía geográfica en que viven o desde la eternidad en que moran.

(x) Del diario HOY, 7 de mayo de 1981 (Asunción, Paraguay)

 

Acerca del Dr. José Gaspar Rodriguez de Francia, el Supremo Dictador

   

Casa de la Independencia (Asunción - Paraguay)

 

 

ANÉCDOTAS DEL DOCTOR FRANCIA (x)

 

por: Roberto A. Romero

 

La tradición oral ha transmitido importantes datos sobre la personalidad del Dictador, mostrándole como un hombre de carácter jovial que acostumbraba gastar bromas con la gente del pueblo (1).

Habiendo fallecido un vecino de Trinidad, padre de numerosa descendencia, su concubina no consiguió del cura de la iglesia de la Recoleta el correspondiente permiso para enterrar cristianamente al difunto padre de sus hijos, porque, según el mencionado sacerdote, el mismo había muerto amancebado sin haber cumplido con el sacramento del matrimonio. La mujer recurrió entonces al señor obispo Panés para obtener la revocación de dicha resolución, que consideró injusta. El obispo confirmó la disposición del cura de la Recoleta porque dijo: ”El alma del difunto está en el infierno. No se puede dársela sepultura religiosa porque falleció en estado de concubinato”. La acongojada viuda apeló finalmente ante el Doctor Francia – la máxima autoridad de la Iglesia Paraguaya -, cuyas opiniones favorecían siempre al interés de la gente humilde. El Supremo Dictador providenció: ”Demuestre el Señor Obispo que el alma del difunto está en el Infierno. En caso contrario, désele sepultura cristiana”.

Era conocida la aficción del Doctor Francia por el mate, la bebida nacional (ilex paraguaiensis). La tomaba caminando, según los hermanos Robertson. Parecía que se inspiraba succionando lentamente la yerba mate, mientras que los visitantes permanecían sentado en su despacho. La empleada Mercedes era la encargada de cebarle el mate al Supremo. Siempre bien espumoso, y caliente el agua de la pava. Era ella especialista en ese menester.

Justo Pastor Benitezla cita en su libro ”La vida solitaria del Dr. José Gaspar de Francia – Dictador del Paraguay”. Carlos Schauman Editor. Asunción, Paraguay, 1984.

Doña Mercedes, mujer de color, falleció en Acahay en el año 1902, trabajando como cebadora de mate. Solía referir que el Doctor Francia acostumbraba a hacer bromas con la gente del pueblo. Cuando ya el agua de la pava estaba tibia, el Supremo suspendía la toma de mate. ”Iporãntema Mercedes – le decía-. cuña jha ca’ay nda jhacuvéima ramo, re poïntema vaerã ichuguy” (cuando las mujeres y el mate comienzan a entibiarse, hay que dejarlas nomás). Era una frase conocida del Supremo Dictador.

José Gaspar Rodríguez de Francia  había nacido, según una versión, en Asunción el 6 de enero del año 1766 y, según otra, en 1755, también en Asunción. En el primer caso habría fallecido a los 74 años de edad y en el segundo a los 85, el 20 de setiembre de 1840. No se conoce un Certificado de Bautismo Parroquial referente al Doctor Francia. No existe certidumbre alguna sobre la fecha de su nacimiento. No hay más que conjeturas al respecto.

El comandante Regalado Zorrilla era delegado y jefe militar del pueblo de Arazapé – Misiones-, llamado después Virgen del Carmen, en tiempos del Doctor Francia. Allí tenía uno de sus establecimientos ganaderos el general Fulgencio Yegros, cuyos bienes fueron confiscados cuando la conspiración del año 1820.

El Dictador ordenó a Zorrilla que proceda a marcar los animales vacunos de la estancia de Yegros. Se enteró luego Francia de que su delegado había marcado los animales con su propia marca. Cuando Zorrilla fue procesado por tan grave delito declaró: Nde nico Dictador eré chéve a marcá jhaguã pe animal-cuéra, pero nderéi chéve mba’é marca pepa” (Usted me dijo, dictador, que marque los animales, pero no me especificó con qué clase de marca debía hacerlo). El Doctor Francia le perdonó la vida y Zorrilla retornó a Arazapé para proceder a marcar los referidos anmimales con el hierro de las estancias del Estado. A Zorrilla, hombre pícaro y autoritario, se le llamaba ”El Dictador-í de Arazapé”, por el rigorismo con que actuaba, casi rivalizando con el propio Dictador de Asunción. ”Ya jhechá mba’épa jhe’icá chéve Dictador Paraguaÿ-guá” (A ver qué me ordena el Dictador de Asunción), decía al leer las notas recibidas del Doctor Francia. Regalado Zorrilla sobrevivió al Supremo Dictador. Algunos de sus descendientes viven todavía en San Miguel de las Misiones.

Arazapé se había convertido en una estancia de la Patria muy importante. En tiempo del Doctor Francia había 170 estancias del Estado, según el historiador norteamericano Richard Alan White en su libro ”La primera revolución radical de América (1811-1840)”. Ediciones La República. Asunción, 1984.

En Europa, los periódicos y otros medios de información proporcionaban sensacionales noticias sobre el doctor Francia y su exótico país. Así, por el ejemplo, el ”Memorial Bordelais” y ”L’echo du Midi”, diarios franceses, publicaron en el año 1835 lo siguiente:

”La joven reina del Paraguay:El conocido doctor Francia, el singular anciano que ha despóticamente reinado en el Paraguay desde la emancipación de la América, acaba de casarse a la edad de 65 años con una joven francesa de San Salvador, hija de Monsieur Durand, comerciante de Bayona…Por el contrato de matrimonio se estipula que la joven esposa hibía de suceder a la autoridad política de su marido en caso de muerte, sin dejar heredero directo o legítimo. Es, pues, muy probable que una francesa vendrá a ser un día llamada a gobernar una de las provincias más bellas y ricas de la América del Sud” (Antonio Zinny, ”Historia de los gobernadores del Paraguay, 1536-1887”, Buenos Aires, 1887, p. 386).

Verdad o leyenda, pero que dan la idea de las tracendencia que tuvo en el mundo la imagen del Doctor Francia como hombre de su siglo.

NOTA: (1) ”Francia no apresa a los pobres” era vox pópuli, escrita hasta por las tapias blancas de las casas. Un antecedente del periodismo mural de nuestros días. Los hijos del pueblo eran los privilegiados del régimen francista.

 (x) Del diario ÚLTIMA HORA (El Correo Semanal),

5 de noviembre de 1988 (Asunción, Paraguay.)

 

 

  Los ñe´enga recopilados por el doctor R. Masi Pallarés


EL LENGUAJE PARAGUAYOITÉ (x)

 

El paraguayo tiene formas de expresión auténticas que son parte de la propia idiosincrasia de nuestro pueblo. Entre dichas formas se encuentran lo Ñe´ënga, cuya definición sería muy difícil dar en un solo concepto.

Los ñe´ënga son sentencias picarescas que apelan generalmente a una matáfora rayana en lo absurdo. Específicamente son dos sentencias unidas por una palabra copulativa: he´i (dice, en castellano). Algunos ñe´ënga son verdaderamente creativos e imaginativos.

-Iva'i la cuadro, he´i kururu omañáro espéjope.
-Sangre de mi sangre, he´i kure ho úramo mbusia.
-Para que vos veas, he´i lente vende ha.
-Que se vean ellos, he´i ijespejo ompeñavaekue.
-Me mantendré duro, he´i gallo tuja oñemominóiva.
-No hay forma, he´i angu´ape oñenoseva.

RECOPILACIÓN

El doctor Rafael Masi Pallarés escribió recientemente un libro, ”Ñe´ënga y otras yerbas” en la cual recopila una buena cantidad de ñe´ënga, a los que agrega proverbios, analogías, expresiones y enumera algunos apodos (los populares marcantes) que son otra forma de ingeniosidad paraguaya a la hora de ”marcar” la personalidad de un individuo.

Algunos ñe´ënga de los recopilados por el doctor Masi Pallarés son muestra del fastidio ante situaciones casi irreversibles (Nada que ver, he´i lente vacapi va). Otras expresan una consuetudinaria resignación, muy paraguaya ante ciertos tipos de adversidades (Pero i buena, he´i hembireko vaíva).

El doctor Masi Pallarés no sólo recopila ñe´ënga y todo tipo de dichos con alguna connotación foklórica sino que también explica sus orígenes y la posible interprertación que tienen. Porque  esta es una situación que se da muchas veces con los ñe´ënga: Tienen la posibilidad de ser interpretados en varios sentidos.

LO ILÓGICO

 El doctor Masi Pallarés reproduce un pensamiento de monseñor SaroVera sobre el origen de los ñe´ënga. Así, según el presbítero gran estudioso de lo paraguayo, la mayoría de los ñe´ënga está compenetrada de lo ilógico. Y lo ilógico se plasma en la concepción de los mismos debido a una idiosincrasia particular del nativo que se caracteriza por: a) Un determinismo que lo ciñe a un modus vivendi invariable. No ve mayores horizontes, b) Se trata de un hombre observador y conoce la naturaleza, por lo cual hace hablar a plantas y animales. c) Por la pobreza que vive, sus costumbres son atávicas y superticiosas, compenetradas de una marcada ignorancia. d) En contradicción, es un hombre risueño y se conduce con hilaridad notable gracias a una lengua (el guaraní) que le facilita la reproduccción de los sonidos reales (lo onomatopéyico). A la palabra del fonema global le permite inventar las suyas propias.

LA IDEA

El doctor Rafael Masi Pallarés señalo a LA OPINIÓN que se le ocurrió escribir este libro recopilatorio de la voz popular tras escuchar algunos programas radiales de Sabino Giménez, el popular Aravo´i.De hecho, este cultor de las formas folclóricas colaboró en mucho para la elaboración del material, según cuenta el doctor Masi.

En el prólogo de la obra, el autor señala que ”finalmente, insistimos en que nuestro principal propósito es poner de resalto esta sabiduría popular inagotable, brotada del sustrato popular que indirectamente ayudará en parte a un mejor aprendizaje de esta lengua, el guaraní, así como al conocimiento de la idiosincrasia, muy particular, por cierto, del compueblano”.

OTROS GENEROS

Luego de los ñe´ënga, el doctor Masi acomete con los refranes y proverbios en guaraní. Estos son de innegable ascendencia española, pero que en nuestro idioma vernáculo tienen una gracia singular.

-Jagua kare ha kuña resay, aníke reguerovia.
-Sandía ha kuña retovada, mbokapupemante re´úva.
-Tuja ha pava lata ijurupente hakúva.
-Peón ha tata, rehejante ha oguema.

Luego están las analogías o comparaciones, que tienen su gracia singular en guaraní, a pesar de que algunas son hasta tétricas.

-I triste ve jaguá trótegui.
-I pecho labrado, kavaju pirúicha.
-I ky´a ve carcelero baraja-gui.
-I vaivé sapatú albañil-gui.
-Guaimi ha guaripola, ndikatúi ja´u ñemi.

Masi Pallarés trae también en su libro una serie de expresiones en guaraní muy comunes, con sus respectivas traducciones, que hacen al hablar cotidiano de nuestra gente. Esto es sumamente ilustrativo para observar la idiosincrasia del paraguayo en su relacionamiento con los demás. Luego, para el deleite, están los marcantes. Leyendo el libro, quizá encuentre usted el suyo y el significado real del mismo.

En suma, el libro del dcotor Rafael Masi Pallarés viene a engrosar la bibliografía de esta que ya es una verdadera ciencia con muy buenos cultores: la paraguayología.

(x) Del  semanario LA OPINIÓN,

2 de febrero de 1995 (Asunción, Paraguay)

 

 

 MEMORIA VIVA

A MI PUEBLO SAN JOSÉ

 Tierra con ”fragancia de azahar” (x)

 

por: Mario Rub én Álvarez
(Poeta y periodista)

 

No durmió dos noches escribiendo y borrando, avanzando y deteniéndose; quería algo que expresara la identidad de su pueblo amado.


Era el 15 de setiembre de 1974. En Londres moría Luis Alberto del Paraná. Mientra la patria empezaba a ponerse de luto aquel domingo, por haber perdido a su cantor más universal, la poetisa sanjosiana – sin saber aún la triste noticia – Hermas Cáceres Acuña  vivía uno de los días más emotivos e inolvidables de su vida: recibía el disco en el que Los Folkloristas de América – conjunto del arpista Enrique Samaniego – le habían grabado por primera vez un tema: No me olvides. La música había salido de la inspiración del compositor y músico sanlorenzano Darío Benítez Ferrari.

Un tiempo después, hubo un festival en San José. Allí estuvieron Los Folkloristas de América, junto a Benítez Ferrari. En medio de la fiesta, en que la música paraguaya era la estrella que brillaba con luces propias a través de los intérpretes convocados para esa reunión de la cultura popular, en un momento dado, Darío le sugirió a Hermas que escribiera unos versos a su pueblo. La música quedaría a su cargo.

-Y qué es lo que yo puedo decir ? – le preguntó ella, sorprendida, aunque animada por la posibilidad que le abría la propuesta del que empezaba a conocer esa tierra, sobre todo desde el amor de una mujer del lugar.

-Está el ”Ykua ka’aguy”, que tenés que mencionar  - le contestó. De ahí en más, Hermas puso manos a la obra: al poema, mejor dicho. No durmió dos noches escribiendo y borrando, avanzando y deteniéndose. Quería algo que expresara la identidad de su pueblo amado, y que, al mismo tiempo, estuviera vinculado a su historia personal.

El Ykua ka’aguy, que está en el barrio San Antonio, en una altura, se ubicó en un lugar privilegiado. El korochire de la comarca, con su canto inconfundible, también quedó a orillas del final de estribillo octosilábico.

Al tercer día, cuando ya la obra estaba concluida, le llamó a Darío Benítez Farrari y le contó que la poesía estaba lista. Entusiasmado, el compositor escuchó su lectura desde el otro lado de la línea telefónica.

-Hacéme llegar inmediatamente para que le ponga la música- le pidió.

Al poco tiempo, A mi pueblo San José tenía ya el ropaje con el que empezó a conquistar a los sanjosianos, primero – porque se sentían retratados en los versos y, además, les llegaba la música-, y a extenderse en el afecto de muchos no oriundos del lugar. Los intérpretes empezaron a grabarlo también.

Hermas Cáceres Acuña es también autora de Ako ñande Yhaguy, Maerã che mboyke, Ahakuetévo ndehegui, Joayhu ñemihapemi y Bellos sentimientos, entre otra obras, con diversos coautores.

A mi pueblo San José alcanzó el éxito que otras composiciones dedicadas a la misma comunidad por otros autores, no pudieron lograr, pese a sus esfuerzos. La canción tiene su propio ángel y vuela sola.

 

 A MI PUEBLO SAN JOSÉ

Pueblo mío San José de los Arroyos
mientra viva con amor te cantaré
cuna humilde y tan feliz donde inocente
reposaba entre fragancias de azahar.
Te contemplo sosegada en la distancia
arrullado por la tarde que se va
y por sones quejumbrosos de los ejes
de carretas que regresan al hogar.

Cuánto añoro aquel ykua
del sombrío ka’aguy
cuyas aguas cristalinas
me brindaban su dulzor
y el melódico cantar
del galán korochiré
festejando tu alborada
pueblo mío San José.

Sueño a veces con mis padres dondadosos
expresiones de nativa sencillez
bajo el rancho que abrigara mi niñez
por doquiera que la suerte me llevase
mi nostalgia San José por ti será,
recordando iré tu numbre donde sea
sitio afable de mi bello Paraguay.

Letra: Hermas Cáceres Acuña
Música: Dario Benitez Ferrari

 

(x) Del diario ÚLTIMA HORA (El Correo Semanal),

11-12 de diciembre de 1999 (Asunción, Paraguay)

 

 

EL BAR "JUVENTUD", DE PANUNCIO ESPÍNOLA

EL PARANINFO DE LA BOHEMIA  (x)

Historias que pasarán a la noche eterna pero al olvido jamás…


           Panuncio Espínola


  

por: ROVISA

 Con el bar ”Juventud” creció un barrio. Se pobló la noche, se sembró de amores el jardín de la madrugada y la entonces única empresa cervecera del país sus beneficios, y las destillerías cañeras también dieron un espectacular brinco.

El símbolo del canto y la guitarra unió a los hombres. Los desencadenó de oscuras y agrias pasiones. En el Panuncio jamás la política fue invitada a una mesa. Los remolones y soberbios eran corregidos con un simple chorro de cerveza en la cara, con un catálogo de improperios que calaba hasta la raíz del árbol genealógico o alguna que otra sonora bofetada que abonada el terreno para el puntapié final. Los inadaptados y díscolos eran penados temporalmente con la indiferencia, hasta de los mozos, y el condigno castigo capital de lo más terrible: los músicos ya no cantaban en sus mesas.

Aquello tenía las orlas celestes de un apartado universo de buenos amigos. Todos, en la misma rosca de la noche profunda, sin distinción de apellidos, de razas, de idiomas, de ideologías políticas. El linaje, las credenciales, las jerarquías y los cargos se dejaban en el umbral. La noche era entera, igual y libre para todos. Saberla vivir, fue el axioma que impusieron los puristas y filósofos de la bohemia.

La gerencia, a cargo de un mártir de nombre Zacarías, tenía terminantemente prohibido molestar a un juerguista por una llamada teléfonica desde su casa, hecho que era considerado rotundamente indecoroso por las incorruptibles leyes morales de la bohemia. Tampoco le era permitido al gerente intervenir en las grescas, entuertos y generalizadas sopapeadas que siempre terminaban con un ”borrón y cuenta nueva” en la imperterrita contabilidad cajera de don Zacarías.

El ”Panuncio” fue una cantera inagotable de bríos para escribir un ”bestseller”. Fue, quizá, la época gallarda en que las esposas dormían tranquilas en el mágico reposo de la madrugada, pensando en que ”mi marido se está divirtiendo con sus amigos…gracias a Dios no se les ocurrió organizar la farra en casa…quizá ahorita venga cayendo con una serenata..”

Jamás una serenata terminó en los brazos de una novia o una esposa. Nacían en Panuncio y terminaban en Panuncio, muchas veces con la presencia de la agraciada compartiendo el rito de ”beber amaneceres”.

Las bocazas del bar ”Central” y ”El Rubio”, despóticos delfines de la noche, que también abrían las 24 horas, eran la tenaz competencia de Panuncio. La resta valiosa, la sangría de los noctámbulos ”de élite” que arrasaban con esos dos antros de ruidosas tragantonas, era perversa y cruel para Panuncio.

Había otros focos menores de chunguistas, como el ”Polo Norte”, bar ”Ideal”, ”Punta del Este”, ”Germania”, ”Palmar”, ”Los Choferes”, considerados de ”tiro corto” por su angosto trecho en la noche, de ninguna manera peligraban la salud atlética del bar ”Juventud”. Ni aún cuando se destapó el auge torrencial de las parrilladas-show, tambaleó su insomne estabilidad.

Porque, los ”peces dorados”, los augustos manilargos de la francachela que frecuentaban ”La Campana”, ”La Querencia”, ”El Triángulo”, ”El Rosedal”, ”El Gordo”, ”La Calandria”, ”Rincón Guaraní”, ”Che Roga”, ”El Criollo”, ”Paraguay”, ”Diagonal”, ”El Jardín de la Cerveza”, la famosa parrillada ”España”, ”El Bosque” (respetando épocas, por supuesto), todos, absolutamente todos, venían a terminar duros en una mesa de Panuncio. Inclusive, uno de los más temible faraones de la noche, Fermín González, que había anexado ruleta a los chinchulines y rabadilla de ”El Triángulo”, terminaba su gloriosa hegemonía trabucando y seco en el mostrador de Panuncio.

Nadie se resistía al poder y la atracción de ”El Paraninfo de la Bohemia”. Aquellos que eran desplumados en el garito de Ña Matute”, o por las ”vestales” del bar ”Hermandarias”, ”El Tropezón”, ”Flamingo”, ”El Tupí” o ”Carrousel”, igual volvían a lo de Panuncio, a recuperarse de los ”golpes”, a ver nacer el día compartiendo el vaso y el plato generoso de algún amigo, que nunca faltaba…La generosidad, ahí, era espontánea, fértil y solidaria.

LA PROCLAMA DE PANUNCIO

Es que nadie podía sustrarse a las ”Noches de Benegas”, al dúo de requintos Carlitos Vera-Nino Palacios o Arsenio Jara-Guaí Torales, ni a una peña exclusiva en la mesa de los mellizos Churí y Sergio Ganzález, ni a un recitado gauchesco de Kike Lagrave, ni a un joropo interpretado con registro de barítono por Von Prieto, el abogado de los sueños…

El verdadero desquite y despunte de Panuncio se inició allá por el 60, cuando todos los que quisieron pelearle el predominio, se fueron al mazo. Con el pase a retiro de los bares, el ”Central”, y las taquicardias de ”El Rubio” que se deslizaba tenuamente por una barranca de embolia económica, Panuncio, al fin, levantó la guitarra y el asador y lanzó su proclama como legítimo heredero de la bohemia asuncena.

Copiado, decía: 1) Declarar convicto y terrorífico el pago con cheques; 2) Abolir la ”raya”; 3) Inflar el tamaño del bife a caballo; 4) El, su socio don Zacarías, mozos, cocineras y todas las fuerzas de apoyo, se declaran extranjeros en cualquier batahola o batalla campal con botellas y arpas que pudieron desatarse entre los cuchipanderos; 5) Prohibido hablar de política; 6) Nadie podia ser apresado dentro de ese sagrado recinto, salvo que se haya ”alzado” con la caja, pisoteado un contrabajo o acuchillado un bandoneón; 7) Todos los jaraneros eran iguales entre sí y ante la sordo-ciega-muda caja de don Zacarías8) Ante cualquier señal de sospecha, el mozo podía ”retener” en garantía cualquier reloj, pulsera, cadena, cédula de identidad, bajas y/o credencial; 9) Nadie estaba facultado a amoratarle un ojo al compañero por el simple motivo de discrepancias en la elección del repertorio de los músicos parlantes; 10) Todo el mundo tenía que amarse y respetarse entre sí, de acuerdo al código de la bohemia que estipula, en su preámbulo, que la alegría sin maldad y la tristeza sin odios, siempre ahorran bendiciones para el alquiler de una bohardilla en el cielo.

…Y de pronto, ”Cardel”

Aunque no tan pronto. Pasaron 42 años

…pero, como si quisiera borrarse de la pizarra de esa esquina de 22 de Setiembre y Eusebio Ayala la figura de una guitarra en camiseta, de pronto, hace 2 meses, aparece ”Cardel”, el nuevo, entalcado, requintadísimo restaurante de Panuncio Espínola.

Hay cambio de etiqueta. Ya no invaden el humo de la cocina ni el vaho guitarrero y transnochado de antes los espléndidos salones de ahora. Las familias se sientan, usan almidonadas servilletas, beben el vino en copas de cristal, disfrutan de una suave orquesta de cuerdas desde un ultra-equipo de sonidos japonés. Y, naturalmente, sobrios y antes de irse, pagan obedientemente la adición, como es la sana costumbre de cualquier negocio.

Panuncio factura en el nuevo restaurante y en su hotel de la vuelta. Tiene gerente, secretaria y chofer. Viste de riguroso traje y corbata. Atiende y llena sus papeles del banco a máquina en una oficina con salita de espera en el segundo nivel del edificio.

Pero…lo noté como vacío y lejano. Como si su pan y su tiempo estuvieren rígidos en el perenne madero de ayer. Busca, extraña, quiere quizá tocar ese ”millón de amigos” que está escondido en aquella ”casa de la amistad”, que él levantara con el cemento de sus músculos y pintara con la cal de sus ensueños.

Serafín de la noche, en sus noches de hoy ya nadie le canta.

Pero las serenatas de amor que entre todos le habíamos cantado a la vida, sobre el pecho de un amanecer cualquiera, ha quedado como en clavel en el lienzo, como un remedo de huellas estrangulado en un quebrado espejo de arena.

EN LA VIDRIERA DE LA LUNA

Chequeado los datos computados en su memoria, Panuncio Espínola otorga diploma de honor a los siguiente duendes de la noche:

Benjamín Cabañas (medalla de oro), caudillo de la rochela y médico de las angustias; Coco Amigo, Humberto León Rubín Schaurtzman, Kike Krona, Chile Ortiz Aquino, Papote de Dios y de los Santos Fretes Da Silva, Lulú Ortiz, Víctor Raúl Lezcano, ”mayor” Ayala, Farola, René Riveros, Oscar Cuevas (no el abogado), Petoto López Camperchioli, Yiyo Arce y Luis Gallardo (los ”Corleones” de las serenatas), Elpidio Ramón Benegas, Hilario ”Totito” Cibils, Juan y ”Yoryi” Lohman, Papi Meza, Jhonny Torales, ”Pitogué” Burián, el poeta Amado Nery Farina, el urólogo Andresito Villalba, lo mejor que tuvo la zarzuela paraguaya, Oscar Barreto Aguayo, Carlos y Necho Pettengil, César ”Bolidote” García, Eduardo Rayo, Eduardo Rivas, Santi Medina, Rafael Rojas Doria y César Álvarez Blanco, Lionel Enrique Lara, Rodolfo Ortiz, las hermanitas Lima, Luis Bordón, Pirulo Acevedo, el maestro Ronald Cantero, aquel pituso comisario de bigotitos y anteojos cariñosamente llamado Ayalita, la hermosa Pochi Dos Santos, las grandes damas del teatro Teresa Montórfano y Mirian Celeste, el arquitecto Malatesta, Martín Leguizamón, Papi Dos Santos, Enrique Samaniego, Los Kirios, Los Tres del Paraguay, Lito Ortiz, Julio Agustín Cartasso y su inseprable Francisco De Paula López, Silvio Paciello, ”Lote” Villa Cabañas, José Luis Appleyard, Marciano Ravetti y su socio el Dr. Bernal, Dr. Oscar Stark Rivarola, Celestino Álvarez, el falso comisario Melgarejo (hoy morador del Este), mi compadre Yurrita, Fiorello Botti, Fernando Cazenave, el tano Bianchi, Horacio Pusineri, Oscar Faella, el ”pato” Hugo Aguero, ”mesié” Florentín, Sindulfo Martínez, Chono Duarte, Ing. Tucho Gómez, Tabaquito Argüello, Juan Carlos Miranda, Miguel Augusto Carlés, los hermanos Orrego, dúo Peña-González, Taní Domínguez, HDD, Marciano Lobo, Rubén Enciso Yegros, Alberto Herrera, el buen papá de Liza Bogado, Félix de Ypacaraí, Cirilo R. Zayas (medalla de oro), Rogelio Silvero (medalla de uranio), Crescencio Rejala, ”Revolvito” Salerno, su papá, el capitán Salerno, ”Ñoca” Arrúa Vinader, varias veces condecorado.

"NOS FUNDIÓ EL EDICTO"

Panuncio Espínola, 64 años, asunceno. Pudo haber sido gastroenterólogo, pero eligió la gastronomía . Pudo haber sido director de una banda de músicos, pero se quedó con el humilde guitarrero como compañero de ruta. Pudo haber sido cineasta, perio prefirió retener la fresca acuarela de un aurora en el celuloide de sus recuerdos…

”Abrí el bar ’Juventud´ en plena revolución del 47, con un cartelito que decía ”HAY SOYO CON TORTILLA”. Detrás de aquel gancho que atrajo a los primeros parroquianos, impuse el pastelito, el bife coyguá, el guiso carretero, el asado a la olla, el tallarín casero de los domingos…y, por supuesto, la cerveza bien helada. Pero la verdadera innovación del boliche fue la apertura durante las 24 horas.

Entre sus primeros distinguidos clientes, que incorporaron al conjunto musical a la casa, Panuncio recuerda al coronel ”Chavetón Doble V.”, Roberto L. Petit (dicen que hábil picoteador de asados), ”Pancholo” Caballero Álvarez (maestro de ceremonias de las primeras peñas), Marcos Samaniego (insigne creador de la ”Aristócrata” siendo gerente de APAL), Juan Bernabé, el recitador y arpista comandante Mario B. Ortega, Teodoro S. Mongelós, Epifanio Méndez, Guillermo Enciso Velloso, Natalicio González, Sila Godoy, Jacinto Herrera, Ezequiel González Alsina, Ernesto Báez, Carlos Gómez, Diosnel Chase, Carlos Miguel Giménez, Neneco Norton, Chocho Benítez, Arsenio Erico, Saverio Ricciardi, Rubito Medina, Aparicio de los Ríos, María Teresa Márquez y Demetrio Ortiz, Félix Pérez Cardozo, los hermanos Larramendia, Andrés Cuenca Saldívar, Teófilo Escobar, Tito Estigarribia, el maestro Luis Cañete, Fausto González, Lorenzo Leguizamón, el bardo y bailarín ”Tacho” González, Agustín Barboza, Aníbal Lovera, Carlos Bordón, Hilarión Correa, Marcelino Paredes, Neneco Lanieri… ’Pero yo le rindo mi homenaje al Caballero de la Noche, el universal don Carlitos Vázquez, y al mejor bohemio conquistador del mundo, Luis Alberto del Paraná’, completa Panuncio Espínola.


        Una postal de veinte años atrás. Entre otros, Luis Alberto del Paraná, Andrés Cuenca Saldivar, Carlitos Vera, Yiyo Arce, Miguel Angel Espínola, en una noche a puro folclore en el "Panuncio Bar".

 

 

 

 

 

 

 

"A mí me fundió el Edicto No. 3. Tuve que abandonar las transnochadas musicales y modernizar el local, esperando a otra clase de clientela. Justo, ahora que se levantó el edicto y que los muchachos ya tienen su ”oficina serenatera” ahí enfrente…No sé qué hacer. Añoro todo aquello”, repite con nostalgia el otrora magnífico rector de las barullentas y románticas noches asuncenas.

 

(x) Del EL DIARIO (Revista), 14 de mayo de 1989 (Asunción, Paraguay).

Gentileza del maestro de los periodistas populares,

de barricadas; amigo de FA-RE-MI, ROVISA.

 

 

 

 

Viñetas de la Asunción de antaño, y no tanto… (fragmentos)

 

ASUNCIÓN DE MIS AMORES (x)

por: Luis Verón

 

EL MBURICAÓ

Tal vez el Mburicaó sea el más famoso de los arroyos asuncenos, que incluso inspiró a poetas y músicos. El verdadero Mburicaó actualmente llamado Mburicaó-mí, tiene sus nacientes cerca de la avenida República Argentina, en los alrededores de la plaza donde estuvo el Colegio de Policía. Recorre en dirección este-oeste, paralelo a la avenida Mariscal López y es llamado así porque pasaba cerca del corral donde la empresa tranviaria del Dr. Morra guardaba sus mulas y caballos, en tiempos en que el servicio de tranvías era de tracción a sangre.

Frente a la escuela República de Panamá, en el lugar donde estaban los famosos baños de Villa Morra o termas de Cara-Calla, como eran pintorescamente llamados, varias nacientes aportan sus aguas al arroyo que luego de cruzar la avenida Santísimo Sacramento se unen con el otro Mburicaó cuyo antiguo nombre era Tembetary y que nace en las proximidades de la avenida Dr. Eusebio Ayala y recorre paralelo a la avenida Choferes del Chaco.

El Mburicaó, en su recorrido, recibe las aguas de otros afluentes y  desemboca en el río Paraguay por el riacho Ysoró, luego de cruzar la vía férrea, la avenida Gral. Artígas, el barrio Tablada Nueva, recorriendo el antiguo curso del extinguido riacho Cará Cará y pasando por los bañados del Ysoró.

LA ÚLTIMA NAVIDAD 

La última Navidad antes de la guerra contra la Triple Alianza fue la de 1863.

Esa noche, madama Lynch ofreció una magnífica cena a 36 invitados, en su mayoría ingleses, médicos militares, ingenieros y técnicos.

La mesa estuvo presidida por madama Lynch quien tuvo a su derecha al obispo Palacios y a su izquierda al Gral. Robles, ascendido el día anterior.

Según el editor inglés Miguel G. Mulhall, uno de los comensales, la cena fue ”soberbia”: Se sirvieron una veintena de platos diferentes y un enorme budín de ciruelas al estilo inglés. Los vinos servidos eran Sauterne, Madeira, Jerez y champaña. Al los postres, el Dr. Guillermo Steward propuso un brindis por la salud de la dueña de casa y el Gral. Robles brindó por la salud del presidente López.

 A la diez de la noche, una banda militar empezó a tocar piezas inglesas, escocesas y holandesas. Luego de retirarse el obispo Palacios, la hermana del Presidente junto al Gral Robles y madama Lynch con el Gral. Barrios abrieron el baile. Afuera, la gente de pueblo se agolpaba en las ventanas para mirar a las elegantes parejas.

LOS BIFES TRIUNFALES

Uno de los más célebres establecimientos gastronómicos de la Asunción de años atrás fue el bar Triunfo, ubicado en Estrella y 15 de Agosto. Conformaba con El Rubio, sobre la calle Colón y el Central frente a la Plaza Uruguaya, la trilogía del ”bife a caballo”. Según relata el recordado ”Kostia”, en sus ”Comentarios Ligeros y Desprolijos”, el ”a caballo” del Triunfo era ”un triunfo, un verdadero triunfo de la plebeya gastronomía asuncena”. Cuenta el ligero y desprolijo comentarista que el ”a caballo” de estos bares consistía en ”una abundante porción de lomo de novillo sometida el tiempo nada más que indispensable al calor de una plancha condenada al fuego eterno y con dos huevos estrellados que la cubrían hasta lamer el jugo que exudaba y el que al confundirse con las yemas invitaba a humedecer el pan hasta dejar el plato blanco, impoluto”.

Según el autor, el Triunfo fue el único bar y restaurante trasnochador, es decir, el único al que Asunción podía derivarse luego de una juerga a reparar energía o donde disfrutar de una larga sobremesa de amigos.

LAS PERIPECIAS DE UN ORATORIO

En las calles Palmas y Chile, durante casi setenta años, el inconcluso Oratorio ofrecía un lastimoso aspecto de abandono, agravado por un irreverente guapo’y que echaba raíces entre los ladrillos de la cúpula.

En el atrio funcionaba una florería del señor Fukuoka, el primer japonés llegado al país; el negocio se llamaba ”Jardín Japonés”, con un letrero en frente en donde se ofertaban ”coronas, canastas, cruces, bouquetes y flores sueltas”.

La construcción, cuyos planos fueron diseñados por el italiano Ravizza, estaba rodeada de antiguos edificios, lo que explica su ubicación a un costado de la plaza. Sobre la calle Nuestra Señora de la Asunción, a pocos metros de la calle Estrella, funcionaba la estación del trencito que venía de San Lorenzo.

En agosto de 1937, el nuevo gobierno del presidente Dr. Félix Paiva decidió entronar en el lugar a la patrona del Paraguay y mariscala del Ejército nacional.

Desde ese entonces el edifício se llama Panteón Nacional de los Héroes y Oratorio de la Virgen de Asunción.

UN MISTERIOSO PINTOR

A mediados de los años ’20, llegó hasta la iglesia de La Encarnación un joven italiano alto, buen mozo, de unos treinta años, que se ofreció a pintar la bóveda posterior a la cúpula del templo.

La obra estuvo terminada en unos ocho días y representa a ”Jesús en el huerto”. El joven artista desapareció misteriosamente como había llegado. No dejó ni su firma.

CONTRA RUIDOS MOLESTOS

El 3 de diciembre de 1796, fue publicado un decreto del gobernador Lázaro de Rivera, por el que se prohibían los juegos de truco, barra y otros ”antes de misa mayor en día de trabajo ni  de fiesta”. El mismo documento estipulaba, entre otras cosas, que ”ninguna persona de cualquier estado, calidad o condición que sea, ande por las calles después del toque de queda, y si lo ejecutara, si siendo conocida sea hasta las once, con farol en noches oscuras. Que ningún pulpero tenga la puerta abierta de las diez de la noche en adelante,  y tocadas las Aves Marías ponga farol”. Asimismo mandaba que ”todas las carretas que entren en esta ciudad traigan el eje retobado en cuero y bien encerado, para evitar el incómodo y molesto ruido que con sus chillidos ocasionan por la omisión de esta fácil diligencia, inquietando a todas horas al vecindario”.

LA ”SOCIEDAD DEL CUARTETO”

En 1889 se fundó en Asunción la sociedad filarmónica denominada ”Sociedad del Cuarteto”, cuyos objetivos eran, entre otras cosas, establecer una escuela de música instrumental con la finalidad de formar un archivo artístico, contratar profesores de música, etc.

Los fundadores de esta entidad cultural fueron miembros destacados de la sociedad asunceña, entre los que se encontraban Emilio Aceval, Baudilio Alló (constructor del actual Teatro Municipal), Silvio Andreuzzi, Guido Boggiani, Bernardino Caballero, Juan Bautista Gaona, Federico Scarpa, Juan Crisóstomo Centurión, Leopoldo Cerrutti, Tonini del Furia, Saverio Chirriani, Christian Heisecke, Nicolás Parducci, Francisco Terlizzi, Santiago Zambonini y Ramón Zubizarreta.

El distintivo de la ”Sociedad del Cuarteto” era ”un estandarte blanco de seda y en su centro una lira bordada en oro”. El primer concierto dado por la Sociedad se realizó el 1 de agosto de 1889.

(x) Del libro ”ASUNCIÓN, RECUERDOS DE ENTRECASAS”,

de Luis Verón; editado por la Municipalidad de la Ciudad de Asunción (Paraguay),

en el año 1998.


Iglesia Santísima Trinidad (Trinidad - Paraguay); edificada en 1856. 
Foto gentileza del Diario Noticias.

 


 

  LOS ADMIRADORES (x)

por: Elvio Romero   

Mi padre sentía admiración por los artistas. Siempre que pudo los ayudó a salir de sus menesteroso estado, o a paliar su miseria. A Carlos Miguel Giménez lo mantuvo a su manera, y jamás declinó el recuerdo de su amistad juvenil con Emiliano E. Fernández, a quien conoció en Pinasco.

Siempre abrigué el deseo de escribir sobre estos hombres, amigos devotos de los creadores. La de ellos es un admiración simple y cándida, un acercamiento a un ser que les parece superior, o no, al que simplemente  admiran por sus cualidades de cantor, de poeta o actor. Quiero creer que es algo que les llega de la infancia, de alguna motivación artística que lo exaltó. Por ejemplo, la presencia del circo en las adyacencias del pueblo. El payaso y el domador de animales son estampas mitológicas fijas en la mente infantil. La mujer más bella del mundo no se borrará de la memoria del niño que la contempló. El hechizo es completo. Cuando el circo se marcha, hay quienes lo siguen y terminan incorporándose al elenco sin retornar jamás.

”!Cómo va ser buen cantor, si es mi vecino!”, suele disminuirse al triunfador en algunos países. En el nuestro, no. Se admira a quien creció a nuestro lado y sobresalió, poeta o cantor, o lo que fuere. Luis Alberto del Paraná me buscó en París apenas supo de mi llegada, y pasamos una hermosa noche de recuerdos. Podría citar infinitos casos.

 


Carlos Miguel Giménez

En 1944, Carlos Miguel Giménez gozaba de un lozano prestigio como poeta. Soñaba con un Paraguay distinto al que vivíamos, que a menos de 10 años de finalizada la Guerra del Chaco enseñaba profundas heridas de pobreza. Verla renaciendo era un sueño; joven, entusiasta, Carlos Miguel paseaba su elegante traje blanco hasta ubicarse en el Felsina, donde bebía sus primeros peligrosos tragos. Luego la vista se le tornó infausta. La revolución de Concepción partió al Paraguay en dos, y deshizo muchas vidas, muchas amistades. Pasaron los años y lo perdí de vista. Supe que estaba ciego, y que siempre un lazarillo, un admirador ocasional del autor de ”Mi patria soñada”, lo guiaba por las calles, dispuesto a acompañarlo hasta el fin del mundo. Nos perdimos en los largos años ominosos.

Mi padre, que tenía un bar en el Barrio Obrero, le atendió diariamente, lo sentaba en una mesa y puso toda su diligencia en que tuviera al alcance su botella de ”naranjín” cargadita de buena caña. Un día recibí una carta suya, con tal cariño que podía hacer llorar a cualquiera. No me engañé con esa carta. Sabía que detrás estaba el aliento de mi progenitor.

Admirador de artistas, repito, mi padre guardaba entre sus mejores recuerdos su amistad juvenil con Emiliano, en Puerto Pinasco, donde ambos trabajaban como alambradores. Juntos prepararon una jaula para arrojar al río al administrador inglés, bajo cuyo oprobio trabajaban. Descubierta la conjura, Emiliano huyó a Concepción y mi padre a Puerto Max; pero éste recibió el regalo de un primer poema del trovador inspirado, que ya tenía su futuro estilo:

Che  michï jha che arruinado
pero che co mitã letrado,
y cuando llega la noche
che cu´í kuñá recavo

Estos admiradores eran modestos y sencillos, capaces de abandonarlo todo rastreando a su ídolo. No fue eso lo que le sucedió al porquero Sancho Panza, quien veía espejismos y alucinaciones en las aventuras de su señor Don Quijote ? No fue ése el máximo trastorno que haya sufrido un ser mortal! ?

Recuerdo que cierta noche, en la mesa que solía tender Rolando Larrosa, un compatriota notable, en su amplio patio, para agasajar a sus amigos, artistas nocturnos en su mayoría, se acercó un desconocido para nosotros, de estatura más bien baja, quien, dando un saludo casi inaudible, se  aproximó y estrechó la mano del Maestro José Asunción Flores, quien lo invitó a sentarse a su lado. El hombre desplegó una inefable sonrisa y se acomodó para la cena. El hombre tenía un chambergo, que no se quitó en ningún momento. Uno de los contertulios, no muy gracioso y en estado semietílico, se le acercó y lo convidó a sacarse el sombrero. El hombre lo miró fijamente y nada contestó. El dueño de casa siguió atentamente la escena y le dijo en voz baja al indiscreto: Es amigo mío, un embarcadizo. Éste, en voz alta: !Pero que saque el sombrero! El forastero se levantó, se dirigió al impertinente y le replicó:

-Co che sombrero, nde mitã, che plata repycué, jha che acãme oïvaerã. Ndaipori caria´y…(1). Y se detuvo, volviendo a su sitio, junto al Maestro, para seguir la velada con el sombrero puesto. Nuestro anfitrión, temiendo una catástrofe, tomó del brazo al imprudente y lo alejó cautelosamente hacia la calle.

El admirador siguió conversando con el Maestro, como si nada hubiera pasado

(x) Mire, joven, con mi plata se compró este sombrero y en mi cabeza va a estar. Y no hay varón que…

 

(xx) Del diario ÚLTIMA HORA,

20 de julio de 1996 (Asunción, Paraguay)

 

 

Fuente digital:

PARAGUAY PROFUNDO NRO.5

Para información:


Correo electrónico (Email)

arpapu@yahoo.com

 

 

 

 

 



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