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Andrés Guevara


  GUA’I RATAYPY - Por LEÓN CADOGAN - Ilustaciones de ANDRÉS GUEVARA y OLGA BLINDER


GUA’I RATAYPY - Por LEÓN CADOGAN - Ilustaciones de ANDRÉS GUEVARA y OLGA BLINDER

GUA’I RATAYPY

FRAGMENTOS DEL FOLKLORE GUAIREÑO

LEÓN CADOGAN

EDICION PREPARADA POR

BARTOMEU MELIÀ

 

 

Primera edición:

León Cadogan, Guahi Rataypy. Editorial Guarania,

Asunción del Paraguay, 1948. 78 pp.

Segunda edición: Asunción, 1998

© Fundación "León Cadogan"

Tapa e ilustraciones: Andrés Guevara y Olga Blinder.

Composición: Angélica Otazú

Revisión y corrección: Rogelio Cadogan y Demetrio Núñez

Coeditores:

Fundación "León Cadogan".

Centro de Estudios Paraguayos "Antonio Guasch".

Calle Francisco Martín Barrios 2256

Casilla 1072. Tel.: 333 962.

Asunción, Paraguay.

Hecho el depósito que prescribe la Ley.

Derechos reservados conforme a la Ley.

Impreso en el Paraguay

Printed in Paraguay

 

 

EL PRESENTE MATERIAL ES COPIA ÍNTEGRA DEL LIBRO

GENTILEZA DE LA FUNDACIÓN "LEÓN CADOGAN"

 

 

FUNDACIÓN «LEÓN CADOGAN».

Tel.: 595 21 673702

Correo: fundac­_cadogan@hotmail.com

 

 

ÍNDICE

 

Advertencia preliminar

Al lector

l. Ko mombyry apyta hápe

2. Urutau

3. Guapo'y

4. Korochire

5. Guembe

6. El jaguarete burlado

7. Yvytyrusu

8. Guyra Kampána

9. Lorito perõ

10. El Halconcito y el Zorro

11. El Bendito-sea-Dios.

12. El Pitogue

13. El Ypaka'a y la Escarcha

14. Ka'imi Rekovekue I

14. Ka'imi Rekovekue II

15. Peru Rima Káso -El Yryvu adivino

15. Peru Rima Káso -El Japepo milagroso

15. Peru Rima Káso -El Pa'i burlado

16. Pychãi káso

17. Ñe'ẽnga

18. Maravilla

19. Plata Yvyguy

20. Paje (Mba'ekuaa-Ñepohãno)

21. Tradición e Historia

22. Un villancico guaraní

23. Mimbypu Jahakuevogua

24. Ynambu Tataupa

25. Apéndice I

26. Apéndice II

Vocabulario

Referencias bibliográficas

Epílogo, por Bartomeu Melià

 

Retrato de León Cadogan - Obra de Olga Blinder

 

 

ADVERTENCIA PRELIMINAR:

 

            Esta obra de León Cadogan que se presenta todavía bajo el título de Gua'i rataypy, más que una segunda edición de la que apareciera en 1948, es en realidad un texto nuevo.

            El doctor Egon Schaden, en una de las frecuentes visitas que le hacía en São Paulo, sabiendo que yo había quedado como albacea de don León Cadogan, tuvo la bondad de entregarme cartas y papeles de su gran amigo, que obraban en su poder. Estaba entre ellos un manuscrito cuyo título era GUA'I RATAYPY (Fragmentos del Folklore Guaireño y de Etnografía Guaraní). Le había sido enviado años atrás por el propio don León con la esperanza de que la Universidad de São Paulo se lo publicara, como había hecho con Ayvu Rapyta (1959), lo que en realidad nunca se concretó. Este es el texto que hoy publicamos. Para mayores explicaciones véase el Epílogo.

            Estas páginas vienen acompañadas -más que simplemente ilustradas- por los dibujos y grabados de dos artistas que casi en la misma época veían el Paraguay tradicional con una mirada nueva y lo expresaban con un nuevo lenguaje. A la señora Olga Blinder que nos cedió gentilmente los dibujos de Andrés Guevara, y los suyos propios, en espíritu de homenaje a su amigo don León Cadogan, nuestro mayor reconocimiento y gracias.

 

Bartomeu Meliá

mayo 1998

 

 

 

Hombre tomando mate - Andrés Guevara 

 

AL LECTOR

 

            "...Es preciso que denunciemos todavía una grave causa de confusión y de errores, está en las tituladas Leyendas Guaraníes. Esta rama tan interesante de los estudios sociológicos, se ha vuelto en estos países un verdadero sport literario. Es que muy pocos conocen el aprecio cada día mayor en que las ciencias históricas tienen a la leyenda, y el valor científico que las verdaderas leyendas tienen. De las más obscuras y fabulosas, de las más absurdas en apariencia, el análisis llevado a cabo por hombres entendidos puede sacar documentos valiosos, deducciones importantes... Pero es a condición de que se recojan en las fuentes más antiguas o más puras, y se anoten con minuciosa exactitud. Seguramente no es censurable que el recolector les dé una agradable forma literaria; pero es imperioso evitar toda alteración o agregado... Es necesario que los estudiosos, dándose exacta cuenta de la importancia del asunto, aprovechen la mina que nuestras campañas y la ancianidad nos ofrecen..."

 

            Moisés S. Bertoni, La Civilización Guaraní,

            Puerto Bertoni, 1,922, p. 18.

 

 

 

            "Nuestros trabajos de folklore, para ser satisfactorios, han de estribar, cada vez más, en investigaciones cuidadosas y pormenorizadas. Las hermosas construcciones teóricas, por sí solas, son insuficientes, para la justa comprensión de la realidad".

 

            Francisco S. G. Schaden, "Indios e caboclos; páginas de etnografía e folclore", 

Revista do Arquivo Municipal CXXV, São Paulo, 1949.

            (En la edición de 1963, p. 7).

 

 

            De pretensiones literarias carecen estas páginas, pues se deben a la pluma de un autodidacta que asimiló, en un rincón apartado del Paraguay, simultáneamente con el inglés, la lengua de la tierra; y leyendo posteriormente un poco en alemán y en francés, aprendió el castellano en revistas y diarios. Pero, aunque el ropaje en que he vestido estos mitos, cuentos y leyendas del Guairá deberá influir adversamente aun en el ánimo de quienes sólo buscan en ellas un poco de ciencia, a los que duden de mi veracidad les invito a visitar este "centro de la tierra" del mito guaraní, en la seguridad de que tanto nuestros campesinos como nuestros indios atestiguarán de mi calidad de fiel cronista. Y en cuanto a las tradiciones autóctonas anotadas puedo agregar -con un poquito de orgullo que no trataré de disimular- que, habiéndolas leído en la revista Cultura, un eminente especialista en etnología sudamericana, quien me dispensa el inmerecido honor de llamarme "prezado colega", me invitó a colaborar en una revista de la que es director, impresionado, dijo, por la importancia de mis publicaciones.

            Fue hace treinta años que consigné al papel, hallándome en Buenos Aires, la mayoría de los cuentos y leyendas "criollos" contenidos en este volumen; les puse por prólogo: Ko mombyry apyta hápe (que es verídico, por inverosímil que parezca) y los guardé en mi karameguã-baúl-. Mucho después, instado por Federico Riera, fundador de El Pueblo, "el primer diario del interior de la República", y Evaristo Zacarías Arza, los publiqué en revistas y diarios de la capital y del Guairá. Pero habiéndome un indio Mbyá, con la leyenda de la luna, despertado curiosidad insaciable por las tradiciones de la raza autóctona, abandoné el folklore "criollo", dedicando todas mis horas de ocio -y robando muchas que debiera haber dedicado a tareas más lucrativas- al estudio del acervo cultural mbyá-guaraní. Los mitos y tradiciones contenidos en este volumen constituyen los primeros frutos de mis incursiones por este campo tan vasto y ameno y, hasta ahora, tan imperfectamente explorado, pese a la nutrida bibliografía a que ha dado origen.

            Un opúsculo del padre de mi eminente amigo el Profesor Dr. Egon Schaden, catedrático éste de la Facultad de Filosofía de São Paulo, titulado Indios, Caboclos e Colonos; páginas de etnografía, sociología e folklore (São Paulo, 1963) fue el que me impulsó a reunir en un volumen estos mis primeros trabajos dispersos, expurgados previamente de inexactitudes, y agregándoles las notas contenidas en el apéndice. El resultado, lo reconozco, es una mezcolanza algo engorrosa; y debo pedir al lector benévolo, parafraseando al poeta inglés:

            Be to my faults a little blind,

            And to my virtues very kind.

 

            O sea, se juzgue con benevolencia los defectos de que adolece el trabajo, y que no se pretende disimular; teniéndose presente que su único objeto es el aportar un granito de arena a la obra de reconstruir el edificio de la cultura americana, tarea a la que se hallan abocados eminentes investigadores en ambos hemisferios.

            Lo que más me llamó la atención en el trabajo de Schaden -a que se debe esta recopilación- fueron el mito del fuego de los Tupinambá y la leyenda del Sací (nuestro Chochĩ). El lector que quiera compararlos con los datos que he logrado reunir referentes al Chochĩ, la parábola titulada Ynambu Tataupa y los mitos Guachu Ja Ete y Ñandyta, se convencerán de que nuestros Indios Guaireños -cuyo estudio por separado es imposible- pueden aportar mucho material interesante para el investigador especializado. Lo que me impulsó, sin embargo, a dedicarme de pleno a la recopilación de los mitos mbyá-guaraníes fue el haber hallado, en la leyenda o mito de Jasy Ra'y, prueba de la tenaz lucha por la supervivencia, en el alma de nuestros campesinos, de lo autóctono. Del triunfo del espíritu de la raza, a pesar de cuatro siglos de incomprensión y desprecio de que viene siendo objeto el indio guaraní de parte de su descendiente el criollo, hallará múltiples pruebas el psicólogo que posea perseverancia suficiente para leer estas cuartillas hasta el final.

            Pondré fin a estas líneas con la confesión de una culpa grande: al referirme al Búho, he comparado la posición destacada que ocupa esta ave en la mitología guaraní con la que ocupa en la mitología clásica; he dicho que el rejuvenecimiento del Arapachái trae a la memoria el mito del Fénix; que el mito del fuego guarda cierta semejanza con el de Prometeo. Sabrá el lector tolerarme estas divagaciones, y otras; pues comparando la leyenda del Jakavere Guasu (en Jy Perú!) con la de Ícaro; el culto clásico a los árboles con la posición del Pindovy y el Lapacho (en Yvyra Ju'y); la destrucción del alma del homicida con el aniquilamiento del alma del perverso en ciertas religiones orientales, podrá apreciar las tentaciones que debe vencer el novel recopilador de leyendas para no incurrir en especulaciones de esta naturaleza; especulaciones que, en el estado actual de la ciencia, sólo pueden calificarse de temerarias.

 

 

 

1

 

KO MOMBYRY APYTA HÁPE...

 

            Me hallaba solo, en Buenos Aires. Sé lo que significa hallarse solo, perdido, en la selva, cuya inmensidad huraña hace estremecer el alma, con el jaguar en acecho, la traidora jarara escondida en la maleza, y el errante Guayaquí listo para disparar su formidable kuarepoti barbado contra el primer intruso. Y aquello parecía preferible a mi alma doliente de exiliado, al aislamiento entre aquella inmensa muchedumbre indiferente que me rodeaba.

            Solo; y para neutralizar el efecto irritante del ruido de tranvías y autos que se mezclaba al grito de canillitas y de vendedores de mariscos y el rumor de la multitud que remolineaba por el Paseo de Julio como aguas de río embravecido por la creciente, abrí al azar un pequeño tomo pobremente encuadernado que yacía sobre mi mesa, dando con aquellos versos de Rosicrán dedicados al desterrado:

 

Ko mombyry apyta hápe

Che valle ahechaga'u;

Mba'éícha tamo nga'u,

Aveve aguejy hendápe...

 

 

Lejanas ansias de ver

los valles de mi desvelo

me llevan en raudo vuelo

allí mismo a descender.

 

            Y el perfume de niño asoté y de azahar y la fragancia de "quemado" nuevo que exhalaban los versos, actuaron como narcótico sobre mi mente enferma de nostalgia, haciendo que lo circundante perdiera paulatinamente sus perfiles; los agudos gritos del canillita se trocaron en cantos de korochire y volví a ver extenderse ante mi vista las amenas campiñas ondulantes de la patria lejana.

            Era una tarde de verano. Tío Tivú carpía el mandiocal contiguo a su rancho y, al ver que me acercaba, bajó la azada y vino a abrirme la tranquera. Me saludó, me palmoteó, me escudriñó de pies a cabeza, me preguntó si gustaba de mate, de piñas, de terere..... -Rohecha jevy va'erãnipo ra'e, amano'ỹmboyve, che ra'y; ha querido el destino que te volviera a ver antes de morir, mi hijo -exclamó con la voz trémula de emoción-. Y espero que estés cansado de vagar por tierras extrañas y que hayas vuelto para hacer el nido en el valle.

            - De eso ya hablaremos -le respondí-, pero, primero, manda llamar a Purí; que venga a cantarnos algunos de aquellos compuestos que sólo él sabe cantar. Mañana, saldremos a hacer visitas a los amigos y, por la noche, sabrás de algún mandi'o kyty o mollenda en donde podremos ver reunidos a todos los del valle.

            La expresión de Tío Tivú, mientras me escuchaba, denotaba sorpresa, estupefacción.

            - ¿Será que estoy loco o es cierto que aún hablas de esas cosas? -me interrumpió- ¿No sabes, acaso, que ya no se canta en guaraní; que los mandi'o kyty, mollendas y kochesa son cosas del pasado; que el almidón, el hu'itĩ-la harina de maíz- y la miel hoy en día ya no se elaboran en rueda de amigos sino en grandes fábricas dirigidas por técnicos que se volverían furiosos oyendo tañer una guitarra en sus establecimientos?

            Le mire estupefacto.

            - ¿Quieres decirme acaso...?

            - Sí, mi hijo -gritó excitado el anciano-. Ya te digo que nuestro Paraguay apacible se ha trocado en un país lleno de máquinas mal olientes; ya no se ven bueyes ni carretas; uno ni puede bañarse ya en el Tebicuary debido a las lanchas que apestan las aguas. Y solamente unos doctores de Asunción saben el guaraní y lo enseñan en una escuela que llaman la Universidad; las rúas y jejuvykue jera son cosas del pasado.            Gritos de "Nación", "Prensa", "última Hora", me despertaron. Una multitud ruidosa, heterogénea remolineaba por el Paseo de Julio; y la voz excitada de Tío Tivú se trocó en el agudo pregón de un vendedor de camarones.

            Las palabras de Tío Tivú que acababa de escuchar me hicieron reflexionar. El Paraguay forzosamente tendría que cambiar con el avance de la civilización y con el advenimiento de tractores y camiones desaparecerían los jasy jatere y los tuguaiguyra'i; en lugar de mollendas y mandi'o kyty y kochesa adonde todos los vecinos del valle acuden para trabajar y divertirse, vendrán los cines y teatros; la radio desplazará a Peru Rima, Pychãi y Ka'imi, cuyas aventuras y picardías han alegrado a tantas generaciones y llenarían varios volúmenes; serán cosas del pasado aquellas veladas que acortan las largas noches invernales, en que el helado viento sur aúlla imponente alrededor del rancho, enfurecido por el desafío que le lanza el alegre chisporroteo de los tata'y -tizones del fogón-; veladas en que aún son narradas las leyendas y las tradiciones y los "casos", frutos de la fantasía creadora de la raza.

            Por esto es que me atrevo a ofrecer esta humilde recopilación a los amantes de lo nuestro; unas pocas piedras sin pulir de la mina intacta de nuestro folklore guaireño, que aún espera a quien ha de explotarla para deleite de futuras generaciones.

 

 

 

2

 

URUTAU

 

            "Subiendo por el Pilcomayo... el indio guaraní llegaba a regiones cuajadas de plata" (Manuel Domínguez: El Alma de la Raza).

            "El contacto con la cultura incaica, dio a conocer a los guaraníes el uso del oro y la plata... Y se inicia la gran aventura erizada de riesgos y de terribles obstáculos..." (J. Natalicio González: Proceso y Formación de la Cultura Paraguaya).

 

            Los acordes de la sinfonía selvática vespertina iban decreciendo en intensidad a medida que los matices y relieves del monte alto se esfumaban en la media luz del crepúsculo; las últimas vibraciones argentinas del guyra kampána se habían extinguido, cesado las estridentes notas del sarĩa, callado arpegios, trinos y corcheas del chopĩ, del suruku'a, del tingasu y del chochĩ, cuando, obedeciendo al parecer a una señal esperada, sonó el redoble del ypekũy contestándole en sonoro contrabajo el guyra tóro cuyas broncas notas retumbaron en lo más recóndito de la selva, escuchóse por último el agudo "Fli i in" del kagua, y sobrevino el silencio.

            La quietud, sin embargo, fue fugaz, siendo interrumpida de pronto por otras notas melodiosas, cargadas de inefable tristeza: era el Urutau quien, con lamento casi humano, evocaba al anónimo puraheihára, la protagonista de cuyo poema es cantada aún por los compuesteros de nuestros valles, ha sido tema de poetas y es comentada por todos los que escuchan su triste melodía.

            El momento y el ambiente eran propicios para evocar el poema, y el Cacique Emeterio me habló en voz baja de la doncella cuya castidad y hermosura incomparables habían atraído al mismo Sol, quien, descendiendo a la tierra metamorfoseado en ser humano, la enamoró y volvió al cielo tras breves minutos de placer... Y es ella que, trocada por Tupãen avecilla al morir, sigue con su vista incansable al Sol, su amante, en su trayectoria por el espacio hasta qué, al desaparecer éste tras el horizonte, prorrumpe en lamentos inconsolables que se repiten hasta que reaparece el astro y, volviendo a clavar en él sus pupilas, olvida sus penas y acalla sus quejidos.

            Las tristes notas del Urutau se repitieron y, a su conjuro, los montículos incrustados en la pradera ondulante que se extendía ante nuestro rancho, asumieron, en la penumbra del crepúsculo, contornos de pétreas moles: eran las estribaciones de la gran cordillera que defendía al Imperio del Inca a cuyos pies, en un anochecer de la prehistoria como éste, habían llegado las indómitas huestes guaraníes en busca de oro y de plata; las lucecillas parpadeantes de moãe ysoindy, eran las fogatas del vivac de los batallones incansables; y, el grito del urukure'a noctámbulo, el ¡quién-vive! del centinela de los titanes que, afrontando penurias sin fin en las inhóspitas llanuras, habían venido a medir sus fuerzas con el único rival digno de su coraje legendario.

            Volvió a escucharse el canto doliente del Urutau, rememorando un episodio de aquellas homéricas irrupciones: bella leyenda de amor de doncella guaraní y de hijo del Sol o del Inca, perpetuado mediante la fantasía genial de un bardo desconocido, anónimo cantor de las hazañas de la raza...

            NOTA que aparece en la 1ª. edición: Según la tradición recogida por E. Morales en sus "Leyendas Guaraníes", Urutau es la reencarnación de una doncella guaraní que, enamorada perdidamente de un guerrero tupí es sacrificada por su padre para evitar su unión con el enemigo proverbial de la tribu. -En "Aves de Ñandejára", de Horacio Riveros Sosa (Esquina-Corrientes), el kuarahy mimby desempeña el papel asignado por nuestros bardos del Guairá a Urutau, prueba de que en los anales de todas las parcialidades guaraníes eran cantadas las expediciones al país del Inca o del Sol. El valor relativo de las diversas leyendas será posible objeto de controversia para nuestros nietos: para nosotros la versión auténtica es la que canta aún el "compuestero" de nuestros valles en sus rústicas coplas, legada por los auténticos guardianes de nuestro acervo folklórico guaireño.

            [Esta nota no aparece en el nuevo manuscrito que seguimos para esta edición].

 

 

Lavandera - Olga Blinder

 

 

3

 

GUAPO'Y

 

            Un artículo del distinguido escritor brasileño Raimundo Moraes referente a la flora parasitaria sudamericana, aparecido en "La Prensa" de Buenos Aires, me recuerda la historia -leyenda, dirán algunos-de un árbol de nuestras selvas: el Guapo'y o higuera silvestre. La escuché en época y lugar lejanos: en Ka'a Jovái, a orillas del Monday, durante la revolución del 22. Me la narró el anciano cacique de los restos de una tribu kaỹgua, el Cacique Emeterio.

            Dijo:

            - A orillas del campichuelo que lleva el nombre de nuestra tribu, el Tajy, en los albores del tiempo sembró Tupã, según la tradición, una semilla. De ella germinó una plantita que al cabo de muchos ara aguyje se convirtió en hermoso árbol y su sombra en lugar de reunión de los jefes de la raza más poderosa de la tierra, adoptándose como símbolo de una de sus ramas más fuertes, que era nuestra tribu del Tajy. Al Tajy conducían todos los caminos de la tierra y a él se encaminaban, cuando el majestuoso árbol anunciaba la terminación de los fríos cubriéndose con un manto de hermosas flores, delegaciones de todas las tribus guaraníes para tratar en asamblea asuntos de interés para la raza.

            - Traída por el viento, depositada por una avecilla o por la mano de Aña, venida de no se sabe dónde, germinó entre las ramas del Tajy, en una rugosidad de su corteza, una semilla. Humedecida por el rocío y calentada por el Sol, creció, se convirtió en árbol y, echando raíces que envolvieron al Tajy, lo estrangularon como el kuriju estruja a su víctima entre sus pliegues... Hoy, a orillas del campichuelo del Tajy se eleva un enorme Guapo'y de fofas carnes y, entre las ramas del monstruo, sólo se ven sobresalir pequeñas astillas del antaño poderoso Tajy, símbolo de mi raza y gloria de la selva..."

            Los últimos rayos del sol poniente herían las facciones del anciano indio, trocándole en estatua de bronce. Emitió un suspiro apenas perceptible y prosiguió:

            - Mi nación, la más fuerte de la tierra, no reconocía otro señor que Tupã; lo dominaba todo desde el agua sin fin de la que sale el Sol, hasta la Cordillera inaccesible tras la que se hunde de noche. Y, al parecer surgida de esa misma agua de la que surge el Sol enviado por Tupãpara fecundar la tierra, llega un día el Jurua (extranjero "bigotudo") y, como semilla de Guapo'y, echa raíces en la tierra guaraní. Con sus tentáculos lo envuelve todo, como el Guapo'y al poderoso Tajy, como el kuriju a su presa; absorbió la vida, la savia, de nuestra raza como el Guapo'y absorbió la savia de nuestro Tajy, y los miserables restos de mi nación desaparecen, como desaparecen las últimas astillas del Tajy entre las fofas maderas del Guapo'y que lo aniquiló".

 

 

 

 

4

 

KOROCHIRE

 

            - El tajy cubierto de flores anunciaba que no habría más escarchas aquel año y que llegaba la época de la primera siembra, y todo el mundo, hombres, mujeres y niños, se dedicaban entusiastas y alegres a las faenas agrícolas. Había quienes desbrozaban la maleza; otros manejaban el yvyra hakua y otros echaban en los hoyos abiertos por éstos, maíz, kumanda tupi, semillas de kurapepẽy otras de la estación. Todos trabajaban, menos un mozo esbelto, quien al levantarse, ya alto el Sol, había tomado el mimby y empezado a tocar, sólo interrumpiendo las bellas melodías que dedicaba a su prometida, a la hora de comer.

            - Llegó la época en que el cogollo del maíz se endurece -hu'ãratá- y las guías de los andai y jety comenzaban a tapizar el suelo de verdes alfombras Y a fin de evitar que el ñuatĩpytãy otras malas hierbas perjudicaran la futura cosecha, todo el mundo se encamina a las capueras para efectuar los trabajos de limpieza; todos, menos el esbelto mozo del mimby, quien se afana en seguir arrancando a su instrumento melodiosas notas de amor.

            - Luego, llegan los días de calor; florece el yvyrapytãy madura la fruta del guembe para que los hijos de la selva no se olviden de la segunda siembra. Todo el mundo se dedica con ahinco a preparar parcelas para el avati mitã, kumanda ñũy manduvi, a fin de que no falten alimentos durante los días fríos y lluviosos del invierno que se aproxima. Todos trabajan, menos el esbelto mozo del mimby, quien, sin preocuparle las actividades de los demás, sigue entonando melodiosos cantos de amor a su prometida.

            - Pero Tupãquiso que el hombre diera de comer a su mujer y a sus hijos, no pudiendo, por eso, cantar sin trabajar. Por lo mismo, seguramente, desapareció el esbelto mozo del mimby. Y escucháronse en la selva, en las cercanías del tapýi, los melodiosos trinos de una avecilla hasta aquel entonces desconocida: es el korochire que, aun de noche, cuando despierta, entona cantos de amor.

            Este es el cuento que narró el Cacique Emeterio a un grupo de jóvenes en un atardecer de agosto, al comenzar la época de la primera siembra.

 

            NOTA: Según otra versión de la leyenda, que me contó don Gaspar Villalba, de la Colonia Natalicio Talavera, fue después de una larga sequía que el mozo ocioso fue convertido en pájaro cantor, por cuyo motivo se le encuentra en las cercanías de los arroyos. Hay una especie de zorzal llamado korochire arrójo - el korochire de los arroyos-. En sus trinos se escuchan nítidamente las palabras: aratiku -chirimoya; guavira - otra fruta apetecida -; avatiky -maíz choclo-.

 

 

Selva - Andrés Guevara 

 

5

 

GUEMBE

 

            El majestuoso yvyrapytãque se erguía cerca de mi rancho estaba cubierto de un manto de flores doradas que anunciaba a los moradores de la selva la llegada de la época de la segunda siembra; y el esbelto guembe que se prendía de sus ramas, brindaba su sabrosa fruta a una ruidosa multitud de avecillas e insectos.

            El hermoso árbol y la epífita que albergaba, evocaban el cuadro de una mujer en brazos de su amante, y curioso por saber la reacción que semejante idea fantástica produciría en la mente de un indio, me dirigí a mi compañero, el Cacique Emeterio, preguntándole si el yvyrapytãno se le asemejaba a un musculoso guerrero, el guembe a una frágil doncella, y el canto de aves e insectos a los acordes de mimby y guarambáu, amenizando la ceremonia nupcial...

            Creí descubrir una fugaz expresión de sorpresa en las impasibles facciones del cacique cuando, en vez de contestarme, me dirigió la siguiente pregunta:

            - ¿Quien te enseñó a ti la historia de Chi'y y Guapoty?"

            Contestándole que ignoraba tal historia, me hizo el siguiente relato:

            - Contaban mis antepasados, a quienes Tupãhabía divulgado muchas cosas que los de hoy hemos olvidado, que en la antigüedad había una hermosa doncella, hija de un poderoso cacique, novia de Chi'y, de la tribu de Ykua Porã, que la amaba perdidamente. Pero aun en la antigüedad existía la perfidia entre los hombres y el padre de la doncella, buscando alianza ventajosa, se perjuró y la prometió en matrimonio a otro poderoso cacique de las costas del Paraná.

            - Habíase fijado ya la fecha de la ceremonia nupcial y no tardaron en llegar a oídos de Chi'y noticias de la traición de que era víctima. Abandonó el tapýi de sus padres y, pocos días después, merodeaba como un fantasma por los alrededores de la táva de su prometida. Tras larga y paciente espera se le presenta la oportunidad anhelada: logra verse con la doncella y, aprovechando la oscuridad de la noche, se fugan rumbo a Ykua Porã.

            - La desaparición de la doncella no tardó en ser descubierta; tras corto rastreo se hallaron pistas de los fugitivos; y los guerreros del Paraná, encabezados por su despechado cacique, se lanzan a la persecución.

            - Hacia medianoche llegó la enamorada pareja a un claro en la selva iluminado por la luna llena, rodeado de helechos y pindo en donde nace la fuente de cristalinas aguas que conoces y que da su nombre a la comarca: Ykua Porã. Aquí abrevaron la sed y, al sentarse para descansar, escuchóse el grito estridente de uru alarmado, seguido del siniestro tris tris de pasos sigilosos; estaban rodeados. Hubo una lluvia de flechas, y los guerreros se arrojaron sobre sus víctimas. Pero no encontraron nada; a orillas del Ykua Porãse erguía un majestuoso yvyrapytãy, abrazada a su tronco, sostenía a una frágil planta de guembe, cual tierna doncella en brazos de su amante.

            Y cuando el yvyrapytãse cubre de flores y el guembe brinda su deliciosa fruta a los hijos de la selva, en el mes en que sembramos el avati mitã, a medianoche, al llegar la luna llena al cenit, un guerrero guaraní habla de amor a una hermosa doncella a orillas del Ykua Porã.

 

 

 

6

 

EL JAGUARETE BURLADO

 

            (El cacique Emeterio, quien me hizo el siguiente relato, no pudo haber sabido de Esopo, Lafontaine o Iriarte; me atrevo, pues, a brindarlo como guaraní).

 

            - Soy el más fuerte y el más inteligente entre los animales -decía vanagloriosamente el Jaguarete -. No hay quien me iguale en astucia ni cuya fuerza y resistencia puedan compararse con las mías. Verdaderamente, soy mburuvicha (monarca) de la selva y no en balde todos los seres me temen.

            Un Ñakyrã-cigarra- que desde su asiento en una rama, observaba al Jaguarete y que había interrumpido su agudo silbido para escuchar sus jactanciosas palabras, díjole maliciosamente:

            - Quizás seas el más fuerte entre los animales, por más que el hermano Tapir afirme lo contrario; pero en cuanto a inteligencia y resistencia a la fatiga, hay muchos que te igualan, y algunos te sobrepasan.

            - ¡Insignificante insecto! -rugió enfurecido el Jaguarete- Deberás probar la veracidad de tus palabras, o haré que te destierren para siempre de la selva.

            - Conforme -respondió la cigarra-Yo misma soy más resistente que tú, y te lo probaré si estás conforme en que nos sometamos a una prueba durante el tiempo necesario. El que se duerma primero o que se entregue al hambre o la sed, será el menos resistente. Luego te probaré que soy más inteligente que tú. Aquí están Ka'imi -mono- y Aka'ẽ-urraca- quienes nos podrán servir como testigos.

            Aceptó el Jaguarete el desafío y comenzó la prueba de resistencia, debiéndose turnar el Mono y la Urraca como observadores y testigos.

            Después de largas horas de vigilia, la Cigarra, aprovechando un instante en que el Jaguar se esforzaba por librarse de un enjambre de moscas que lo volvían loco, se escurrió del carapacho, el que, como es sabido, lo cambia periódicamente y lo dejó colgado de su asiento en la rama mientras ella se retiró a refrescarse con el jugo de la fruta de un pakuri cercano. Luego volvió con la misma cautela y precaución, se escondió detrás de su propia piel y echó a dormir la siesta.

            El tiempo transcurría, y el Jaguarete se moría de hambre y de sed, pero su rival, o mejor dicho, su carapacho vacío, continuaba mirándole imperturbable sin pestañear ni demostrar el menor indicio de debilidad ni de cansancio. Por fin el Jaguarete se dio por vencido, y desapareció furtivamente en la maleza.

            Desde aquel entonces, el Jaguarete jamás se atreve a mostrarse a la luz del día, por temor a las burlas del Mono y la Urraca, y permanece oculto en la maleza hasta desaparecer el Sol.

 

 

Campesino - Andrés Guevara 

 

7

 

YVYTYRUSU

 

            Estaba explorando la región de Piquete kue, situada detrás de nuestra cordillera, en busca de yerba, que en aquella época -era durante la revolución del 22- había alcanzado precios fabulosos debido a la falta de comunicaciones con la zona yerbatera del norte.

            Mi guía, el Cacique Emeterio, me había narrado cosas espeluznantes acerca de la zona que explorábamos: relatos de Guayakíes errantes que flechaban a cazadores incautos; del horripilante Teju Jagua con cabeza de perro y cuerpo de caimán, que vive en cavernas inaccesibles de la cordillera; de serpientes y de sapos monstruosos; de víboras que vuelan; del terrible Ao Ao y el misterioso Pytajovái, que tienen sus moradas en la cordillera milenaria.

            Un día habíamos llegado al cañadón de Desgracia kue sobre la antigua ruta yerbatera a través de la cordillera. Era tarde; y en vista de que nos habíamos alejado mucho de nuestra base, la toldería de Tahyirẽ, le sugerí al Cacique que pernoctáramos en aquel mismo paraje. Presentí que al Cacique no le gustaba mi sugestión, pero, antes de poderme él contestar, retumbó entre los peñascos que nos rodeaban un grito que me puso los pelos de punta; algo tenía de humano, pero más se asemejaba al aullido de una bestia feroz. Miré al Cacique quien, advirtiéndome con el índice alzado que guardara silencio, me hizo a la vez seña para que le siguiera y se internó en la selva por nuestro "pique" de descubierta, rumbo a Tahyirẽ.

            A pesar de llegar a nuestro rancho a medianoche y rendidos de cansancio, le acosé a mi compañero con preguntas acerca del aullido que habíamos oído, hasta obtener de él me narrara la siguiente historia:

            - Cuentan que a dos cazadores, entusiasmados en la persecución de un mborevi (tapir) herido, les sorprendió la noche en un lugar oculto de la cordillera. Encendieron una gran fogata para mantener alejadas a las fieras y asaron para su cena un tatu (armadillo) que habían cazado. Apenas lo hubieron retirado del fuego, el silencio de la noche fue interrumpido por un aullido que retumbó de cerro en cerro. El más experimentado de los cazadores hizo ademán de advertencia a su compañero.

            - ¿Qué es? -preguntó éste.

            - Por amor de Dios, calla, y no contestes -respondió en voz baja el otro.

            - ¡No me vengas con cuentos! - exclamó el más joven e, irguiéndose, lanzó un pi i pu u con todas la fuerza de sus pulmones.

            Al rato escucháronse crujidos de ramas secas y un enorme cuerpo velludo con facciones humanas, se precipitó sobre los cazadores.

            - Queréis, seguramente, que os acompañe a cenar -rugió con voz de trueno. Y tomando el tatu asado, se lo engulló. Luego, arrancó un árbol de regular tamaño, le quitó ramas y hojas y, empleándolo como asador, ensartó en él al más joven de los cazadores. Chamuscándolo sobre las brasas de la lumbre, lo devoró con voracidad de fiera famélica, se limpió la cara con un puñado de hojas de helecho, y volvió a desaparecer entre los peñascos

            - Yo ignoro si las cosas sucedieron tal como cuentan, pero no conviene descuidarse de noche en la cordillera.

 

 

8

 

GUYRA KAMPÁNA

 

            Decepcionado por no haber hallado nada en el riquísimo repertorio de leyendas y tradiciones del folklore guaireño dato alguno referente a ave tan destacada y de tan hermoso canto como lo es el guyra kampána; y habiendo repasado inútilmente los innumerables casos de metamorfosis: aguyje amboae, de nuestros indios, en un esfuerzo por llenar está laguna en mis apuntes, recurrí, como último recurso, a un amigo radicado desde hace muchos años en la campaña y amante también de estas cosas intranscendentes, a quien comuniqué mi desengaño.

            - El hermetismo de los indios referente al origen del guyra kampána, o guyra itapu, como le llaman ellos -dijo don Evaristo (pseudónimo que le doy a mi amigo por no herir su susceptibilidad de hombre modestísimo, haciendo aparecer su nombre en letras de molde) -se debe, indudablemente, a la leyenda cristiana según la cual este pájaro habría cantado por primera vez al exhalar su último suspiro el santo varón Roque González de Santa Cruz, martirizado por los indios guaraníes del Ka'aró a las órdenes del Cacique Ñesũ.

            - Esta leyenda exótica, afrentosa para ellos, habrá llegado a sus oídos y, siendo en extremo delicados en estos asuntos, habrá sido motivo para que nunca divulgaran la tradición guaraní del guyra kampána. Por consiguiente, aunque sus casos de metamorfosis o aguyje amboae, de seres humanos transformados en seres irracionales por transgresiones al código moral guaraní, explican el origen de sinnúmero de animales, aves e insectos, nada nos enseñan respecto al origen de pájaro tan notable como lo es el guyra kampána.

            - Y a este hecho, seguramente, se debe el que nuestro folklore guaireño carezca de datos referente a esta ave, pues nuestras leyendas y tradiciones se basan, en su mayoría, en las autóctonas.

            - El guyra kampána, sin embargo, aunque ignoramos el lugar asignádole en las tradiciones guaraníes por anónimos poetas y filósofos de la raza aborigen, vivirá eternamente en el folklore guaireño.

            Al pronunciar estas palabras, Don Evaristo hizo señas a un anciano que desgranaba maíz en la "culata" contigua al espacioso ogaguy, en donde nos hallábamos sentados, diciéndole:

            - Músico ite niko ndahekóvai, Karai Pule; erúna la nde árpa, ñahendu uka ko ñanamígope umi nde polka yma ite guare (Los músicos de verdad no se hacen rogar, Karai Pule; trae, pues, tu arpa y hagamos escuchar a nuestro amigo aquellas tus viejas polkas de antaño).

            El anciano salió a los pocos minutos; se sentó frente a nosotros y, empezando a tocar, arrancó a su instrumento el lamento de una de aquellas viejas "polkas" cuyas notas parecen ser el mismo dolor hecho música: el llanto de un pueblo enlutado. Tocó otra y, tras breve intervalo, otra; todas tristes, cargadas de dolor, cual endecha de urutau.

            Terminado que hubo la tercera pieza, le pidió don Evaristo ejecutara guyra kampána "a lo antiguo". Volvió a pulsar las cuerdas y, aunque bien poco sé de música, el contraste entre las primeras tres piezas y la última, fue sorprendente: las primeras, cargadas de melancolía, lamento de un pueblo desesperado; la última, melodiosa encarnación del optimismo, himno de un pueblo que comienza a recobrar la fe en el porvenir.

            - Cuando nuestro país se asemejaba a un enorme camposanto después de la hecatombe del 70 -dijo don Evaristo, retomando la palabra- me tocó, siendo aún criatura, hacer un viaje al Brasil en compañía de mi padre, veterano de la guerra.

            - Un día, al ponerse el sol, llegamos a las cercanías de Cerro Corá, en donde pernoctamos. Lo único que interrumpía el silencio impresionante de la noche, fue el lamento del urutau, cargado de desesperación; y aunque yo era, como he dicho, criatura a la sazón, pasé la noche en vela, pensando en el reciente martirio de mi patria.

            - Pero por fin, llegó el alba; callaron las notas del ave fatídica y, tras breve intervalo, al herir los primeros rayos del sol la cúspide de los montes, disipando la niebla en los valles, llenaron el ámbito las argentinas notas del guyra kampána, anunciando las resonancias de sus acordes optimistas que la noche de agonía había terminado y presagiando días más felices.

            - Las piezas que tocaba mi padre, arpista él también, eran, en su mayoría, semejantes a las tres primeras piezas que escuchaste, tristes lamentos de un pueblo enlutado; pero poco después de nuestro regreso del Brasil, escuché por primera vez los acordes de guyra kampána, cargados de euforia, de optimismo en el porvenir. De dónde surgió, no lo sé; podrán averiguarlo los eruditos; pero estoy íntimamente convencido de que algún genial músico anónimo criollo, bebiendo inspiración en el canto del guyra kampána, lo ha compuesto como expresión de su fe en la resurrección de la patria aniquilada... como sin duda también se inspiró en él aquel poeta extranjero, pero con alma de paraguayo, que cantara por la misma época:

 

            Por la solitaria alfombra

            de la arboleda sombría,

            como lejana armonía

            el eco se fue perdiendo,

            dulcemente repitiendo:

            No llores más, patria mía...

 

            NOTA: Guyra kampána fue compuesto por Carlos Talavera, de Caazapá, quien me informó haberse internado en la selva expresamente para escuchar a este pájaro. La versión tan conocida de esta polka es una modificación de la original de Talavera.

 

 

Ñanduti - Olga Blinder 

 

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LORITO PERÕ

 

            En el Oxford Book of English Prose, compilado por el eminente folklorista inglés Sir A. T. Quiller-Couch, figura un cuento de un anónimo autor inglés del siglo XIV, titulado "The Magpie and the Eel" (La Urraca y la Anguila) que, en apretada síntesis, dice:

            Un granjero tenía una hermosa anguila que cebaba en el estanque de su casa con el objeto de brindarla asada, una vez bien gorda, a unos amigos.

            Pero he aquí que su mujer, hallándose ausente el amo, propuso a su criada:

            - Aderecemos la anguila y comámosla; y yo, cuando vuelva mi marido, le diré que se la llevó la nutria.

            Y así hicieron.

            Empero, al volver el dueño de casa, una urraca parlera que tenía, le narró lo ocurrido, y se produjo, como es de suponerse, una violenta disputa entre marido y mujer, de la que ésta salió maltrecha.

            En venganza, al volver el hombre a ausentarse, la mujer y su criada tomaron la urraca y, arrancándole todas las plumas de la cabeza, dejándola completamente calva, le dijeron:

            -Esto es en castigo por haber tú descubierto lo de la anguila.

            Y desde aquel entonces la urraca, a la llegada de cualquier persona calva o de frente muy ancha, exclama:

            - Y tú, ¿también delataste lo de la anguila?

            Y del repertorio nativo de aventuras del Ava -prototipo del bobalicón ingenuo en las tradiciones nativas- extraigo el siguiente caso:

            Un ava había aderezado una cantidad de so'o piru (charque) para provisiones de viaje y, dejándolo colgado de una cuerda de ysypo (bejuco), expuesto a los rayos del sol para que se secara, encomendó a su mujer lo cuidara mientras él terminara unos trabajos en la capuera.

            Apenas se hubo perdido de vista nuestro buen hombre, camino a la chacra, apareció el renombrado Peru Rima, quien lo había estado espiando. (Quien conozca la fama de tenorio de que goza Peru, podrá adivinar las intenciones que le traían a la cita). Al despedirse Peru la mujer le cargó en el voko (petaca) el charque de su esposo, conviniendo en que diría a su esposo que lo habían llevado los aka'ẽ(urracas) en un momento de descuido. Pero, al regresar nuestro ava, un loro parlero que tenía, le gritó que su mujer había regalado el charque a Peru.

            De la camorra motivada por la indiscreción del loro, resultó maltrecha la mujer y, en venganza, desplumó al pobre pájaro, dejándolo cubierto únicamente de la fina capa de plumón que suelen tener los loros debajo del plumaje.

            Dolorido y amedrentado, el loro se refugió en un tatakua (horno) contiguo a la casa, en el que se introdujo también, al ponerse el sol, una clueca con su nidada de polluelos que, recién salidos del cascarón, acababan de dar su primer paseo.

Viendo a tanto polluelo carente de plumas como él y, como él, cubierto solamente de plumón, exclamó el loro:

            - Aichejára anga; peẽpiko pemombe'u avei, Perúpe ome'ẽhague pe so'o piru. Pobrecitos míos, ¿vosotros también divulgasteis que a Peru le regaló el charque?

 

            Este caso lo escuché en los confines de Carayaó, pueblo que, según la tradición debe su nombre al hecho de haber vivido antiguamente en aquella comarca un señor que, todos los años, repartía prendas de vestir entre los indígenas necesitados, de donde: Karai Ao (el señor de la ropa).

            ¿Será cierto, como lo dicen algunos, que era inglés el Karai Ao? Y en caso afirmativo, ¿tendría este hecho alguna relación con la similitud existente entre la idea central de nuestro "caso" y la del antiquísimo cuento inglés, recogido por Quiller-Couch? ¿O será otro "caso" cuyo origen debe buscarse en las leyendas guaraníes de Parakáo Ñe'ẽngatu, el loro del discreto hablar, cuyo recuerdo venimos conservando a través de los siglos en nuestros cuentos y leyendas nativos?

            Interesante problema folklórico, cuya solución encomiendo a los estudiosos de la pintoresca comarca del "Señor de la Ropa": Karai Ao.

 

 

 

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EL HALCONCITO Y EL ZORRO

 

            Cuenta una fábula clásica, por todos conocida, que a un zorro que llevaba en la boca un gallo, para comérselo, le apostrofó el dueño del ave:

            - Dile que se calle -dijo el gallo-, pues ya nadie puede, con diatribas insensatas, salvarme.

            Y, al abrir el zorro la boca para contestar a quien le increpaba, se escapó el gallo, burlándose en esta forma de su enemigo.

            Nuestro folklore guaireño contiene una fábula idéntica en sus lineamientos generales, pero con un aditamento interesante: la de Aguara (zorro), y Halconcito, vistosa avecilla de la familia Falconidae. Posee este pájaro una habilidad notable que le caracteriza: batiendo rápidamente las alas, puede sostenerse en el aire, sin moverse del lugar, a fin de atisbar los contornos en busca de alguna presa. Y a este ejercicio se dedicaba Halconcito cuando le divisó Aguara.

            - Ma'ẽke, nde, ha resẽjevy nipo ra'e nde ru amyrỹi rupi (¡Pues mira, tú has heredado la habilidad de tu finado padre!) Y, ¿como él también, sabes bailar el chopĩcon los ojos cerrados?

            Halconcito, halagado, para demostrar que, efectivamente, era tan habilidoso como su progenitor, descendió a tierra, dio unas piruetas con los ojos cerrados, y fue atrapado por Aguara (el Zorro). Al internarse éste en el bosque con su presa, le divisó una doncella, quien exclamó:

            - ¡Aí che jára, anga! (¡Dios mío, pobrecito mío!). ¡Mirad aquel zorro sinvergüenza que se lleva a Halconcito!

            - Díle que no se meta en lo que no le concierne -dijo Halconcito-, pues sus lamentaciones inútiles no me salvarán.

            Aguara abrió la boca y Halconcito se escapó volando.

            Aguara se internó en el bosque, cabizbajo y meditabundo hasta dar con un nido de tahýi pytã, hormigas de color rojizo y de picadura sumamente dolorosa; metió en el hormiguero el hocico y dejándolo allí hasta cubrirse labios y lengua de hormigas, exclamó con sorna:

            - Péva he'u, juru nde rovatavy hague rehe. (¡Toma, boca, en castigo de tu insensatez!)

 

            NOTA: En otra versión de esta misma fábula, el rol de Halconcito lo desempeña el Hornero -Alonso García- ; y en otra, mucho más larga, aparece una Paloma, Jeruti, uno de cuyos huevos ha comido el Zorro y, amenazando subir a llevarse el otro huevo si la paloma no se lo entrega, le dice Jeruti que sabe, de boca de Alonso, que el Zorro no es trepador. La última versión es, seguramente, un préstamo, habiendo sido recogida una versión casi idéntica en el norte argentino.

 

            Nota complementaria en la edición de Fragmentos del folklore guaireño: Aguara: Zorro. A un zorro le persigue un perro, y queda prendido de la cola entre las espinas de un jukeri (mimosa). Logra zafarse y se introduce en una cueva de tatu (armadillo) en el preciso momento en que el perro lo está por alcanzar.

            - Me he escapado mediante mis ojos, que me permitieron ver la cueva del tatu; mediante mi oído, que me permitió oír a mi perseguidor; mediante mis patas, que me permitieron correr. Tú, cola miserable, me traicionaste, quedando prendida entre las ramas del jukeri: ¡que te castigue el perro!

            Diciendo esto, saca fuera la cola para que la muerda el perro, siendo ultimada por éste. Mboaguara es verbo empleado en el guaraní paraguayo contemporáneo con el significado de “adular, lisonjear” (con miras a sacar provecho), como lo hace el zorro en esta fábula. Es de empleo cotidiano en el Guairá, e indudablemente tenga su origen en esta fábula y otras similares, porque el equivalente en guaraní clásico es: che mboavivo'o, palabra que prácticamente ha desaparecido del léxico popular, aunque a veces -raramente- puede escucharse en boca de algún anciano guaireño. (Mbo, el prefijo que aparece en ambos verbos es, según Montoya, "partícula de composición, que hace hacer lo que importa el verbo, y que hace del verbo neutro, activo..."; según la definición del P. Antonio Guasch, en "prefijo factitivo").

            Halconcito: El nombre guaraní de este pájaro, como el del loro, el pájaro campana y otros, ha desaparecido. En el dialecto chíripá se llama apere'agua, “comedor de apere'a”, roedor de color gris, del tamaño de una rata.

 

 

Ñanduti - Olga Blinder

 

 

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EL BENDITO-SEA-DIOS

 

            Es avecilla tan conocida el Chesyhasy o Chingolo y ha servido de tema a tantos folkloristas, que pareciera una temeridad ocuparse de ella. Pero ninguno de los trabajos que sobre el Chesyhasy he consultado -y varios de ellos se deben a la pluma de especialistas de fama- menciona el hecho de que en el Guairá esta avecilla lleva el nombre de Bendito-sea-Dios. Hay algunos campesinos guaireños -pocos- que le aplican el sobrenombre de Ñandejára Preso (“el preso de Dios”); reminiscencia de una leyenda oriunda de lejanas comarcas, según la cual el Chingolo, en su forma humana, es decir, antes de haber sufrir la metamorfosis en ave, habría derribado a patadas una iglesia, por cuyo hecho sacrílego fue preso y engrillado, y debido a lo cual camina hasta hoy día a saltitos. Pero, como queda dicho, el nombre genuinamente guaireño del Chingolo o Chesyhasy es Bendito-sea, o Bendito-sea-Dios. Y aseguro a mis lectores que bien merece el nombre; y, si al caer la noche, se presta atención durante algunos minutos a su reclamo, escucharán, pronunciadas con perfecta nitidez, las palabras: bendito sea, bendito sea, BENDITO SEA DIOS.

            Así como el nombre Chesyhasy (“mi madre está enferma”), lo explica el folklore de aquellas regiones en donde el Chingolo lleva aquel nombre, lógico sería presumir que estas tradiciones nos ilustrasen sobe el nombre Bendito-sea. Y, en efecto, tras mucho buscar, he logrado dar con esta leyenda, la que me fue narrada no hace mucho en un mandi’o kyty (cosecha de mandioca) en Natalicio Talavera, por mi buen amigo don Leandro Cabrera, y es como sigue:

            Un día sábado, a la hora de comer, dijo un campesino a sus hijos:

            - Esta tarde saldréis a divertiros, y os encontraréis con Fulano, Zutano y Mengano, quienes nos están debiendo cada uno una semana de trabajo.

            - Les diréis que se preparen para ayudarnos desde el lunes próximo. En cuanto terminemos de corpir (desbrozar), sembraremos maíz.

            Un pajarito que buscaba rora (afrecho de maíz) al pie del mortero cerca de la mesa en donde comía la familia, escuchó afligidísimo las instrucciones que el padre acababa de dar a sus hijos; justamente en medio de la parcela a ser corpida tenía él el nido, y poco días antes habían nacido sus pichoncitos. Fue volando inmediatamente junto a Ñandejára con sus cuitas.

            - ¿Qué dijo el hombre?"- preguntó Ñandejára.

            - Ved junto a Fulano, Zutano y Mengano y decidles que se preparen para ayudarnos a corpir. En cuanto terminemos de corpir, sembraremos maíz.

            - Vuelve a tu nido y permanece tranquilo -dijo Ñandejára, sonriendo bondadosamente-, la semana entrante no se sembrará maíz.

            Efectivamente, el lunes amaneció lloviendo; siguió la lluvia hasta el martes de tarde; el miércoles sopló un viento huracanado; y el jueves no se pudo empezar por haberse indispuesto uno de los que debían ayudar a los hermanos. Pero el sábado al mediodía, el dueño de casa se dirigió nuevamente a sus hijos:

            - Ya estamos en condiciones de iniciar la tarea; poneos de acuerdo nuevamente con nuestros amedia kuéra (colaboradores). Lune ñañepyrũmane katu ete (el lunes comenzaremos sin falta).

            El pajarito, ocupado como de costumbre en recoger rora al pie del angu'a, escuchó la conversación; voló apresuradísimo junto a Ñandejára contándole lo ocurrido, y diciéndole que sus pichones aún no estaban en condiciones de defenderse.

            - ¿Qué dijo el hombre?" -preguntó Ñandejára.

            - Lune ñañepyrũmane katu ete, dijo -contestó el avecilla.

            - No te preocupes; vuelve junto a tus hijos; el lunes no comenzarán -contestó Ñandejára.

            El lunes amanecieron el dueño de casa y uno de sus hijos enfermos de una peste -epidemia- que asolaba la comarca, y que les tuvo postrados durante varios días. El sábado, ya restablecidos, dijo el padre:

            - Ved, hijos, junto a Fulano, Zutana y Mengano, y decidles que se preparen para ayudarnos. El lunes, si Dios quiere y la Virgen, empezaremos a corpir nuestro kokuere (parcela que ya fue sembrada anteriormente) para sembrar maíz.

            El pajarito, que se hallaba ocupado en sus labores acostumbradas al pie del mortero, voló a dar parte a Ñandejára de lo que acababa de escuchar.

            - ¿Qué dijo el hombre?- preguntó Ñandejára.

            - Decidles a nuestros amedia kuéra que se preparen para ayudarnos, porque el lunes, si Dios quiere y la Virgen, corpiremos nuestro kokuere para sembrar maíz.

            - Pues debes abandonar el kokuere el lunes de madrugada, a más tardar, porque el lunes comenzará el trabajo -respondió Ñandejára-. Pero tus hijitos ya sabrán defenderse porque ya saben volar, ajépa (¿no es así?)

            - Sí, ya saben volar, bendito sea, BENDITO SEA, BENDITO SEA DIOS -respondió la avecilla.

            Y son éstas las palabras que repite hasta el presente... al menos en mi valle, el Guairá; como puede comprobarlo quien quiera prestar atención a su reclamo cuando se apresta a dormir.

 

 

 

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EL PITOGUE

 

            Guyra takate'ỹha ko péa, óyese a menudo en el Guairá, al referirse las ancianas al Alonso García u Hornero: "es pájaro digno de ser amado, de ser protegido". Y con igual frecuencia, siendo tema de comentarios el Pitogue o Bienteveo, dícese: Tekove jurumby'ỹi, ruguy vai, mba'e mombe'uha, “ser chismoso, antipático, que divulga las cosas”.

            Explican nuestras campesinas que goza de fama de antipático, porque, no solamente adivina cuando una mujer está embarazada, sino se empeña en divulgar el hecho con sus estridentes gritos "a los cuatro vientos", especialmente cuando, por tratarse de una mujer soltera u otro motivo cualquiera, desea ocultar su estado. Y cuando en las cercanías de alguna vivienda se escucha repetir con insistencia el enfático ¡pip, pip, pip!, seguido del estridente ¡ápe oĩ, ápe oĩ! (aquí está, aquí está), o según lo interpretan otros: ichugui, ichugui (es de él, es de él), es prueba irrefutable de que en tal vivienda hay alguna mujer embarazada que, por algún motivo u otro, desea ocultar su estado.

            El hecho de poseer esta habilidad el pitogue y de abusar de ella -embarazosa para muchas personas- , lo conocen los estudiosos del folklore guaraní. El por qué fue dotado de tal habilidad -que le con vierte en pájaro antipático- , sin embargo, se ignora por ser poco conocidas las tradiciones guaireñas, riquísima mina para el folklorista; y lo explica una simpática leyenda regional narrádame por doña Francisca Riveros, de Borja'i (hoy Natalicio Talavera), y que es como sigue:

            San José, la Virgen y el Niño, perseguidos de cerca por los esbirros de Herodes, se internaron en una isla de monte situada a la vera del camino que conducía a Egipto, a fin de despistar a los soldados cuya misión era degollar al Salvador. Pitogue, quien tenía en la isla su casa -un rancho mal construido, típico del campesino holgazán- hizo sonar los dedos: pip, pip, pip, al divisar a los fugitivos, y puso el grito en el cielo, queriendo traicionar su presencia a sus perseguidores con su estridente grito de ¡ápe oĩ, ápe oĩ! (¡aquí están, aquí están!). Pudo, sin embargo, ser salvado el Niño, introduciéndolo Alonso García en la culata de su casita, bien construida y aseada. Simultáneamente, se desencadenó un violento temporal, arrasando con la casa de Pitogue, pero resultando indemne la casita que había albergado al Niño.

            Desde entonces el nido de Alonso resiste los embates de los elementos, pareciendo que fuera indestructible; el nido de Pitogue, en cambio, es a menudo derribado por el viento, y su prole expuesta a la voracidad de tucanes y aka'ẽ(urraca). Y él suscita hasta hoy la animadversión de las mujeres, pues, cuando grita en las proximidades de una vivienda, es para denunciar la presencia de un ser cuya existencia se desea ocultar.

            Alonso García es ave preferida. Guyra takate'ỹha; Pitogue, un sujeto delator, antipático: mba'e mombe'uha, ruguy vai.

 

 

 

En el mercado - Andrés Guevara 

 

 

13

 

EL YPAKA'A Y LA ESCARCHA

 

Ypaka'a ipyratã Heládape.

 

-Mba'évapa, Heláda, nde

pu'aka itéva! -he'i-.

Ko ro'y che pykytĩva.

 

-Che katu nda che valéi:

Kuarahy ko che mbohykúva.

 

-Mba'évapa, Kuarahy, nde valetéva!

 

Heláda rembohykúva;

ha Heláda che pykytĩva.

 

-Che katu nda che valéi:

Arai ko che mo'ãva.

 

-Mba'évapa, Arai, nde valetéva!

 

Ko Kuarahype remo'ãva,

Heládape Kuarahy ombohykúva;

ko Heláda che pykytĩva.

 

-Che katu nda che valéi:

Yvytu ko che reraháva.

-Mba'évapa, Yvytu, nde valetéva!

 

Ko Arai remboguatáva;

ko Arai Kuarahype omo'ãva;

ko Kuarahy Heládape ombohykúva;

ha Heláda che pykytĩva.

 

-Che katu nda che valéi:

Tápia Mbyky ko che jokóva.

 

-Mba'évapa, Tápia Mbyky, nde valetéva!

Ko Yvytúpe rejokóva;

Araípe Yvytu omboguatáva;

ko Arai Kuarahype omo'ãva;

Heládape Kuarahy ombohykúva;

ko Heláda che pykytĩva.

 

-Che katu nda che valéi:

ko Anguja ko che mbokuáva;

 

-Mba'évapa, Anguja, nde valetéva!

ko Tapia Mbyky rembokuapáva,

Ko Tápia Mbyky Yvytúpe ojokóva;

ko Yvytu araípe omboguatáva;

ko Arai Kuarahýpe omo'ãva;

ko Kuarahy Heládape ombohykúva;

ko Heláda che pykytĩva.

 

-Che katu nda che valéi:

Mbarakaja ko che juka che'úva.

 

-Mba'évapa, Mbarakaja, nde valetéva!

 

Ko Angujápe rejuka re'úva;

ko Anguja Tápia Mbyky ombokuapáva;

ko Tápia Mbyky Yvytúpe ojokóva;

ko Yvytu Araípe omboguatáva;

ko Arai Kuarahype omo'ãva;

ko Kuarahy Heládape ombohykúva;

ko Heláda che pykytĩva.

 

-Che katu nda che valéi:

ko Jagua ko che mbojupíva yvate.

 

-Mba'évapa, Jagua, nde valetéva!

 

Ko Mbarakajápe yvate rembojupíva;

ko Mbarakaja Angujápe ojuka ho'upáva;

ko Anguja Tápia Mbyky ombokuapáva;

ko Tápia Mbyky Yvytúpe ojokóva;

ko Yvytu Araípe omboguatáva;

ko Arai Kuarahype omo'ãva;

ko Kuarahy Heládape ombohykúva;

ko Heláda che pykytĩva.

 

-Che katu nda che valéi:

Garrote ko che mopẽmbáva.

 

-Mba'évapa, Garrote, nde valetéva!

 

Ko Jaguápe remopẽmbáva;

ko Jagua Mbarakajápe yvate ombojupíva;

ko Mbarakaja Angujápe ojuka ho'úva;

ko Anguja Tápia Mbyky ombokuáva;

ko Tápia Mbyky Yvytúpe ojokóva;

ko Yvytu Araípe omboguatáva;

ko Arai Kuarahype omo'ãva;

ko Kuarahy Heládape ombohykúva;

ko Heláda che pykytĩva.

 

-Che katu nda che valéi:

Tata ko che rapypáva.

 

-Mba'évapa, Tata, nde valetéva!

 

Ko Garrótepe re hapypáva;

ko Garróte Jaguápe omopẽmbáva;

ko Jagua Mbarakajápe yvate ombojupíva;

ko Mbarakaja Angujápe ojuka ho'úva;

ko Anguja Tápia Mbyky ombokuapáva;

ko Tápia Mbyky Yvytúpe ojokóva;

ko Yvytu Araípe omboguatáva;

ko Arai Kuarahype omo'ãva;

ko Kuarahy Heládape ombohykúva;

ko Heláda che pykytĩva.

 

-Che katu nda che valéi:

ko Y ko che mboguéva.

 

-Mba'évapa, nde Y, nde valetéva;

 

Ko Tatápe remboguéva;

ko Tata Garrótepe ohapypáva;

ko Garróte Jaguápe omopẽmbáva;

ko Jagua Mbarakajápe yvate ombojupíva;

ko Mbarakaja Angujápe ojuka ho'úva;

ko Anguja Tápia Mbyky ombokuapáva;

ko Tápia Mbyky yvytúpe ojokóva;

ko Yvytu Araípe omboguatáva;

ko Árai Kuarahype omo'ãva;

ko Kuarahy Heládape ombohykúva;

ko Heláda che pykytĩva.

 

-Che katu nda che valéi:

Guéi Tuja ko che'upáva.

 

-Mba'évapa Guéi Tuja nde valetéva

 

Ko Y nde re'upáva;

ko Y Tatápe omboguéva;

ko Tata Garrótepe ohapypáva;

ko Garróte Jaguápe omopẽmbáva;

ko Jagua Mbarakajápe yvate ombojupíva;

ko Mbarakaja Angujápe ojuka ho'úva;

ko Anguja Tápia Mbyky ombokuapáva;

ko Tápia Mbyky Yvytúpe ojokóva;

ko Yvytu Araípe omboguatáva;

ko Arai Kuarahype omo'ãva;

ko Kuarahy Heládape ombohykúva;

ko Heláda che pykytĩva.

 

-Che katu nda che valéi:

ko Kyse Apĩko che jukáva.

 

-Mba'évapa, Kyse Apĩ, nde valetéva!

 

Ko Guéi Tujápe rejukáva;

ko Guéi Tuja ko Ýpe ho'upáva;

ko Y Tatápe omboguéva;

ko Tata Garrótepe ohapypáva;

ko Garróte Jaguápe omopẽmbáva;

ko Jagua Mbarakajápe yvate ombojupíva;

ko Mbarakaja Angujápe ojuka ho'úva;

ko Anguja Tápia Mbyky ombokuapáva;

ko Tápia Mbyky yvytúpe ojokóva;

ko Yvytu Araípe omboguatáva;

ko Arai Kuarahype omo'ãva;

ko Kuarahy Heládape ombohykúva;

ko Heláda che pykytĩva.

 

-Che katu nda che valéi:

Herréro ko che apóva.

 

-Mba'évapa Herréro nde valetéva!

 

Ko Kyse Apĩnde rejapóva;

ko Kyse ApĩGuéi Tujápe ojukáva;

ko Guéi Tuja ko Ýpe ho'upáva;

ko Y Tatápe omboguéva;

ko Tata Garrótepe ohapypáva;

ko Garróte Jaguápe omopẽmbáva;

ko Jagua Mbarakajápe yvate ombojupíva;

ko Mbarakaja Angujápe ojuka ho'úva;

ko Anguja Tápia Mbyky ombokuapáva;

ko Tápia Mbyky yvytúpe ojokóva;

ko Yvytu Araípe omboguatáva;

ko Arai Kuarahýpe omo'ãva;

ko Kuarahy Heládape ombohykúva;

ko Heláda che pykytĩva.

 

-Che ko nda che valéi:

la Muerte ko che reraháva.

 

-Mba'évapa, la Muerte, nde valetéva!

Ko Herrérope reraháva;

ko Herréro Kyse Apĩojapóva;

ko Kyse ApĩGuéi Tujápe ojukáva;

ko Guéi Tuja ko Ýpe ho'upáva;

ko Y Tatápe omboguéva;

ko Tata Garrótepe ohapypáva;

ko Garróte Jaguápe omopẽmbáva;

ko Jagua Mbarakajápe yvate ombojupíva;

ko Mbarakaja Angujápe ojuka ho'úva;

ko Anguja Tápia Mbyky ombokuapáva;

ko Tápia Mbyky Yvytúpe ojokóva;

ko Yvytu Araípe omboguatáva;

ko Arai Kuarahype omo'ãva;

ko Kuarahy Heládape ombohykúva;

ha Heláda che pykytĩva.

 

-Che katu nda che valéi:

Ñandejára ko che mboúva.

 

-Ñandejára nipora'e, ko ivaléva:

Ha'e la Muértepe omboúva;

ha la Muerte Herrérope ogueraháva;

ha Herréro Kyse Apĩme ojapóva;

ha Kyse ApĩGuéi Tujápe ojukáva;

ha Guéi Tujape ho'upáva;

ha Y Tatápe omboupva,

ha Tata Garrótepe ohapypáva;

ha Garróte Jaguápe omopẽmbáva;

ha Jagua Mbarakajápe yvate ombojupíva;

ha Mbarakaja Angujápe ojuka ho'úva,

ha Anguja Tápia Mbykype ombokuapáva;

ha Tápia Mbyky Yvytúpe ojokóva;

ha Yvytu Araípe ombokuapáva;

ha Arai Kuarahype omo'ãva;

ha Kuarahy Heládape ombohykúva;

ha Heláda che pykytĩva!

 

 

 

Al Ypaka'a se le entumecieron las patas en la Escarcha.

-¿Cómo es, Escarcha, que eres tan potente? -dijo-.

Ves que el frío me quema las patas.

 

-No soy yo el potente;

pues el Sol a mí me suele derretir.

 

- ¿Cómo es, Sol, que eres tan potente?

Pues tú derrites la Escarcha;

y la Escarcha me quema las patas

 

- Pues no soy yo el potente:

porque la Nube me suele cubrir la cara.

 

-¿Cómo es, Nube, que eres tan potente?

Pues al Sol tú le cubres la cara;

y el Sol a la Escarcha la derrite;

y la Escarcha a mí me quema las patas.

 

- Pues no soy yo el potente,

porque el Viento a mí me lleva.

 

- ¿Cómo es, Viento, que eres tan potente?

Pues tú te arreas a la Nube;

y la Nube le cubre la cara al Sol;

y el Sol derrite la Escarcha;

y la Escarcha me quema las patas.

 

- Pues no soy yo el potente,

porque la Tapia Baja a mí me ataja.

 

- ¿Cómo es, Tapia Baja, que eres tan potente?

Pues tú atajas al Viento;

y el Viento se lleva a la Nube;

y la Nube le cubre la cara al Sol;

y el Sol derrite la Escarcha;

y la Escarcha que me quema las patas.

 

- Pues no soy yo el potente:

porque he aquí que la Rata me llena de agujeros.

 

- ¿Cómo es, Rata, que eres tan potente?

Tú que llenas la Tapia Baja de agujeros;

y la Tapia Baja que ataja al Viento;

y el Viento que se lleva a la Nube;

y la Nube que le cubre la cara al Sol;

y el Sol que derrite la Escarcha;

y la Escarcha que me quema las patas.

 

- Pues no soy yo el potente:

porque el Gato me suele matar y devorar.

 

- ¿Cómo es, Gato, que eres tan potente?

Tú que matas y devoras a la Rata;

y la Rata que llena de agujeros la Tapia Baja;

y la Tapia Baja que ataja al Viento;

y el Viento que se lleva a la Nube;

y la Nube que le cubre la cara al Sol,

y el Sol que derrite la Escarcha;

y la Escarcha que me quema las patas.

 

- Pues no soy yo el potente:

porque el Perro me obliga a subirme a los árboles (arriba).

 

- ¿Cómo es, Perro, que eres tan potente?

Tú que obligas al Gato a subirse a los árboles;

y el Gato que mata y devora a la Rata;

y la Rata que llena de agujeros la Tapia Baja;

y la Tapia Baja que ataja al Viento;

y el Viento que se lleva a la Nube;

y la Nube que le cubre la cara al Sol;

y el Sol que derrite la Escarcha;

y la Escarcha que me quema las patas.

 

- Pues no soy yo el potente:

porque el Garrote me rompe los huesos.

 

- ¿Cómo es, Garrote, que eres tan potente?

Tú que al perro le rompes los huesos;

y el Perro que le obliga al Gato a subirse a los árboles;

y el Gato que mata y devora a la Rata;

y la Rata que llena de agujeros la Tapia Baja;

y la Tapia Baja que ataja al Viento,

y el Viento que se lleva a la Nube;

y la Nube que le cubre la cara al Sol;

y el Sol que derrite la Escarcha;

y la Escarcha que me quema las patas.

 

- Pues no soy yo el potente:

pues el Fuego me reduce a cenizas.

 

- ¿Cómo es, Fuego, que eres tan potente?

Tú que reduces a cenizas el Garrote,

y el Garrote que al Perro le rompe los huesos;

y el Perro que le obliga al Gato a subirse a los árboles;

y el Gato que mata y devora a la Rata;

y la Rata que llena de agujeros la Tapia Baja;

y la Tapia Baja que ataja al Viento;

y el Viento que se lleva a la Nube;

y la Nube que le cubre la cara al Sol;

y el Sol que derrite la Escarcha;

y la Escarcha que me quema las patas.

 

- Pues no soy yo el potente:

pues he aquí que el Agua me apaga.

 

- ¿Cómo es, tu, Agua, que eres tan potente?

Tú que apagas el Fuego;

y el Fuego que reduce el Garrote a cenizas;

y el Garrote que le rompe al Perro los huesos;

y el Perro que obliga al Gato a subirse a los árboles;

y el Gato que mata y devora a la Rata;

y la Rata que llena de agujeros la Tapia Baja;

y la Tapia Baja que ataja al Viento;

y el Viento que se lleva a la Nube;

y la Nube que le cubre la cara al Sol;

y el Sol que derrite la Escarcha;

y la Escarcha que me quema las patas.

 

- Pues no soy yo el potente:

porque el Buey Viejo me bebe toda.

 

- ¿Cómo es, Buey Viejo, que eres tan potente?

Tú que te bebes el Agua toda;

y el Agua que al Fuego le apaga;

y el Fuego que al Garrote reduce a cenizas;

y el Garrote que al Perro le rompe los huesos;

y el Perro que obliga al Gato a subirse a los árboles;

y el Gato que mata y devora a la Rata;

y la Rata que llena de agujeros la Tapia Baja;

y la Tapia Baja que ataja al Viento;

y el Viento que se lleva a la Nube;

y la Nube que le cubre la cara al Sol;

y el Sol que derrite la Escarcha;

y la Escarcha que me quema las patas

 

- Pues no soy yo el potente:

porque he aquí que el Cuchillo Gastado me mata.

 

- ¿Cómo es, Cuchillo Gastado que eres tan potente?

Tú que al Buey Viejo le matas;

y el Buey Viejo que al Agua se la bebe toda;

y el Agua que al Fuego le apaga;

y el Fuego que al Garrote lo reduce a cenizas;

y el Garrote que al Perro le rompe los huesos;

y el Perro que al Gato le obliga a subirse a los árboles;

y el Gato que a la Rata la mata y la devora;

y la Rata que llena de agujeros la Tapia Baja;

y la Tapia Baja que ataja al Viento;

y el Viento que se lleva a la Nube;

y la Nube que le cubre la cara al Sol;

y el Sol que derrite la Escarcha;

y la Escarcha que me quema las patas.

 

- Pues no soy yo el potente:

porque es el Herrero quien me hace

 

- ¿Cómo es, Herrero, que eres tan potente?

Tú qué haces el Cuchillo Gastado;

y el Cuchillo Gastado que al Buey Viejo lo mata;

y el Buey Viejo que al Agua la bebe toda;

y el Agua que al Fuego lo apaga;

y el Fuego que al Garrote lo reduce a cenizas;

y el Garrote que al Perro le rompe los huesos;

y el Perro que al Gato le obliga a subirse a los árboles;

y el Gato que a la Rata la mata y la devora;

y la Rata que a la Tapia Baja la llena de agujeros;

y la Tapia Baja que al Viento lo ataja;

y el Viento que a la Nube se la lleva;

y la Nube que al Sol le cubre la cara;

y el Sol que a la Escarcha la derrite;

y la Escarcha que me quema las patas.

 

- Pues no soy yo el potente:

porque la Muerte se me lleva.

 

 - ¿Cómo es, Muerte, que eres tan potente?

Tú que te llevas al Herrero,

y el Herrero que el Cuchillo Gastado fabrica,

y el Cuchillo Gastado que al Buey Viejo lo mata;

y el Buey Viejo que al Agua se la bebe toda;

y el Agua que al Fuego lo apaga;

y el Fuego que al Garrote lo reduce a cenizas;

y el Garrote que al Perro le rompe los huesos;

y el Perro que al Gato le obliga a subirse a los árboles;

y el Gato que a la Rata la mata y la devora;

y la Rata que a la Tapia Baja la llena de agujeros;

y la Tapia Baja que al Viento lo ataja;

y el Viento que a la Nube se la lleva;

y la Nube que al Sol le cubre la cara;

y el Sol que a la Escarcha la derrite;

y la Escarcha que me quema las patas

 

- Pues no soy yo el potente:

porque es Dios quien me envía.

 

- Pues, he aquí que Dios es el potente:

El es quien a la Muerte la envía;

y la Muerte se lleva al Herrero;

y el Herrero el Cuchillo Gastado fabrica;

y el Cuchillo Gastado al Buey Viejo lo mata,

y el Buey Viejo que al Agua se la bebe toda;

y el Agua que al Fuego le apaga;

y el Fuego al Garrote le reduce a cenizas;

y el Garrote que al Perro le rompe los huesos;

y el Perro que al Gato le obliga a subirse a los árboles;

y el Gato a la Rata la mata y la devora;

y la Rata a la Tapia Baja la llena de agujeros;

y la Tapia Baja al Viento lo ataja;

y el Viento a la Nube se la lleva;

y la Nube al Sol le cubre la cara;

y el Sol a la Escarcha la derrite,

¡y la Escarcha me quema las patas!

 

 

 

14-I

 

KA'IMI  REKOVEKUE

 

Las aventuras de Ka'imí, el monito

 

            Ka'imi, pensativo y triste, estaba sentado sobre un tronco caído a orillas del Tebicuary, mirando un frondoso pakuri cargado de jugosas frutas doradas que se erguía en la barranca opuesta. Ka'imi estaba famélico, pues no había tenido suerte en sus correrías aquella mañana, y daba lástima verlo acurrucado en su asiento, rascándose de vez en cuando la cabeza y emitiendo voces plañideras cada vez que miraba la fruta codiciada.

            Iba perdiendo toda esperanza de desayunarse, cuando vio asomarse a la superficie del agua el lomo rugoso de un jakare, lo cual le sugirió una brillante idea. Dio un brinco de fingida alegría y en voz alta saludó efusivamente al saurio.

            - ¿Cómo estás, señor Jakare? -le dijo- ¡Cuánto me alegra verte esta mañana! ¡Qué belleza la tuya! Sólo aquellos que no te conocen a ti pueden ensalzar la belleza del mainumby -colibrí- y la esbeltez del guyratĩ-garza blanca-...

            El jakare, halagado por las lisonjas del artero mono, abrió de par en par la enorme boca, emitiendo un gruñido horrible capaz de atemorizar al más valiente.

            - ¡...Y qué hermosa voz! Después de oírte cantar a ti, pierden para mí todos sus encantos el cantar del korochire y las notas del guyra kampána. ¿Cómo podré demostrar mi agradecimiento por el placer que me has proporcionado, amigo Jakare? ¿Quizás te agradaría comer, algunas jugosas frutas de pakuri? Allá en la orilla opuesta, hay un pakuri cargado de hermosas frutas; si te gustan los pakuri, hazme cruzar a cuestas el río y te echaré al agua toda la fruta que quieras. Yo, lastimosamente, he tenido que contentarme con las que crecen en esta orilla, de frutos chicos y agrios, porque, como no poseo tu habilidad, no he podido cruzar el rio.

            El jakare, a quien gustaban mucho los pakuri, pero que solamente comía algunos cuando, sacudidos los árboles por el viento, caía la fruta al agua, aceptó gustoso el ofrecimiento de Ka'imi, y en un abrir y cerrar de ojos lo hizo pasar a la otra orilla.

            Trepándose el mono al árbol, empezó a comer lentamente y con fruición, y entre bocanadas decía burlonamente al jakare, que abría de par en par las enormes fauces cada vez que el pícaro amagaba tirarle un pakuri.

            - Vete, pues, Rey de los feos -Vai ruvicha-, y busca ranas para tu desayuno; cuando hayas aprendido a trepar a los árboles, comerás pakuri.

 

 

 

14-II

 

KA'IMI  REKOVEKUE

 

            Cansado Ka'imí de buscar las frutas, las nueces y los insectos que habitualmente le servían de alimento, se había subido a un árbol alto y frondoso, desde cuya copa escudriñaba el maizal que se extendía a sus pies, en espera del momento propicio para introducirse en él y arrancar algunas espigas para su desayuno.

            Hallándose convencido de que no acechaba ningún peligro, estaba por bajar, cuando oyó ruido de pasos y vio acercarse a un extraño grupo compuesto de una oveja, un gallo y un pato, quienes, orillando el cerco pa’a -cerco de ramas- de la capuera, hicieron alto debajo del árbol entre cuyas hojas se hallaba oculto Ka'ímí. Éste les saludó y les preguntó adónde se iban, contestándole al unísono los recién llegados que se iban sin rumbo, con el solo objeto de alejarse lo más pronto posible de la casa de sus amos, a quienes habían oído decir que el día siguiente, que era Jueves Santo, serían sacrificados los tres y asados en el tatakua -horno- con andai, kurapepẽ-zapallo- y batatas dulces para el karu guaso -banquete- que es de estilo hasta en el rancho más humilde en aquella solemne función.

            - Esperadme un ratito, y os guiaré a un lugar en donde estaréis seguros -díjoles Ka'imi. Y descendió del árbol; trepó por sobre el cerco introduciéndose en la capuera, arrancó una cantidad de espigas de maíz, haciendo de ellas un manojo o apesã, y cargando esto sobre el lomo de la oveja, se introdujo en la selva, seguido por la extraña comitiva.

            Poco tardaron en llegar a un claro entre los árboles en donde, a juzgar por los rastros, se había producido una lucha entre fieras, y en donde yacía en el suelo, el cadáver de una pantera o león, fiera reconocida por todos los animales como mburuvicha o monarca de la selva. Ka'imi llevaba consigo un pequeño cuchillo de madera con el que, tras grandes esfuerzos, logró separar la cabeza de la pantera. Agregando este sangriento trofeo a la ya pesada carga de la pobre oveja, siguieron viaje y llegaron, al ponerse el sol, a una casita situada a orillas del monte.

            Pueden imaginarse el susto que se llevaron nuestros viajeros, cuando, en respuesta a su Maiteimípa -¿Cómo estáis?-, saliéronles al encuentro tres enormes tigres; el aspecto feroz de aquel que los encabezaba, realzado por el hecho de ser kolí o rabón. Las tres fieras se relamían de satisfacción, pensando en la fácil presa que se les presentaba. Pero, cuando Ka'imi empujó hacia delante a la pobre oveja, muerta de terror, y vieron los tigres la carga que ella llevaba, su satisfacción se trocó en temor y se apresuraron a ofrecer, con toda cortesía alojamiento y alimentos a los viajeros.

            - Provisiones tenemos de sobra -respondió Ka'imi -, pues debéis saber que nosotros nos alimentamos exclusivamente de carne de pantera, y hemos cazado por el camino. Sólo pedimos permiso para dormir bajo techo.

            Y bajando al suelo la cabeza de león, repartió trozos de carne a sus compañeros, al ver lo cual los dueños de casa se retiraron, encerrándose en su cuarto, y dejando el espacioso ogaguy a disposición de sus huéspedes.

            El gallo se colocó en el mojinete de la casa, Ka'imi se trepó al sobrado que había, como los hay en la mayoría de nuestras casas de campaña; y, tras ímprobos esfuerzos logró, mediante una cuerda de guembepi con la que enlazó a la oveja de los cuernos, alzar a ésta a su lado, quedando el pato solo, parado en el umbral.

            La cantidad de carne de pantera que había ingerido Ka'imi, seguramente le había hecho mal; lo cierto es que, cuando el gallo cantó, lanzando su primera sonora clarinada desafiante, estaba nuestro viajero soñando con los terribles dueños de casa. Y el canto del gallo, lo creyó en su pesadilla ser el grito triunfante del Jaguarete koli que se arrojaba sobre él. Presa de pánico, se echó sobre la oveja, gritando en su desesperación:

            -¡Ku Jaguarete kolí, comadre! (¡Ese tigre rabón, comadre!).

            Y la oveja, despertando sobresaltada, dio un brinco que rompió las tacuaras de que estaba construido el sobrado, cayendo con estrépito ambos compañeros al suelo.

            Los amos de casa, acurrucados en una esquina de la pieza, comentaban en voz baja la llegada de sus terribles visitantes, que decapitaban panteras y se alimentaban de su carne, cuando oyeron estremecidos el canto del gallo, cosa desconocida para ellos. Cosa nunca oída por los tigres, el sonoro to-ko-ko-ro-o semejábaseles una incitación a los demás componentes de la feroz gavilla para cortarles las cabezas: peñakã'o -decapitadlos-: y como ésta, al parecer, terminante orden, era seguida inmediatamente por el grito angustioso de Ka'imi quien, presa de atroz pesadilla, imaginábase a punto de ser devorado por el tigre kolí, gritando en su terror: ¡Ku Jaguarete koli, comadre! -¡Ese tigre rabón, comadre!, creyó el aludido que era ya la orden de atropellarle y decapitarle, creencia confirmada por el estrépito producido por Ka'imi y la oveja al precipitarse al suelo.

            Y cuando al pato, parado en el umbral, le despertó el alboroto y, alarmadísimo, batía las alas en un desesperado esfuerzo por levantar vuelo y escaparse, emitiendo el característico graznido de su familia: hue-hue-ho, creyeron los tigres que espetaba con voz ronca: ¡Pe hyekue'o! (¡destripadlos!). Un terror pánico se apoderó de los tigres, y encabezados por el Jaguarete kolí, se abalanzaron contra la puerta, derribándola, y desaparecieron en la selva, quedando su casita a disposición de nuestros cuatro viajeros.

 

            NOTAS: Ka'imi = mono pequeño. Este simpático protagonista de tantas aventuras era, originariamente, un chico akãhatã-travieso-. Estando un día comiendo arara -guayabas- en compañía de otros chicos, vieron pasar a una señora montada en un burro y llevando un niño de pecho en brazos. El grupo, de común acuerdo, comenzó a tirotearla con frutas; el asno tropezó y la señora y su hijito cayeron al suelo. Los chicos traviesos fueron convertidos en monos: la señora era la Virgen con el Niño en brazos (Leyendas Guaraníes, de E. Morales).  

            Estando ka'imi de paseo con su amigo kavara -cabra- en compañía de sus respectivas novias, llegaron a un naranjal. El mono, en un santiamén, subió a un naranjo y eligiendo las frutas más hermosas, las tira a su novia, sin acordarse de sus compañeros. Kavara no se inmuta; busca un naranjo de tallo delgado, retrocede uno pasos y lo embiste con tal fuerza que el suelo se cubre de naranjas, de las que recoge las más hermosas para brindarlas a su compañera.

            - ¡Bah! eso es un juego de niños" -exclama Ka'imi; e intentando la misma hazaña embiste un naranjo, y cae fulminado con el cráneo destrozado por el golpe.

            Otra versión de la muerte de Kaimi es como sigue:

            Un chacarero a quien las depredaciones de los monos amenazaban dejarlo sin maíz, hizo trato con un rocín, el que se comprometió a librarlo de la plaga a cambio de unas arrobas de maíz.

            Hecho el convenio, el matungo se acostó en el carril utilizado por los monos para introducirse en el maizal, fingiéndose muerto. Llegó la bandada de monos e inmediatamente se pusieron de acuerdo para alejar la carroña, pues, discurren, no tardará ésta en descomponerse, haciendo insoportable la vida en los alrededores. Con este objeto, se proveen de sendos ysypo -bejucos-, atando el extremo de cada tira al pescuezo y las patas del "cadáver", y se cinchan con el otro extremo, anudándolo fuertemente para poder tirar mejor. Ka'imi sube a un árbol con la consigna de actuar como vigía y, a su voz de mando, todos los monos empiezan a tirar, pero, sacudiéndose el mancarrón, se pone de pie y se dirige a toda la velocidad de que es capaz hacia la casa de chacarero, arrastrando tras sí la sarta de monos. Al ver este desenlace desesperado, Ka'imi exhorta a sus compañeros, gritándoles con todas las fuerzas de sus pulmones:

            “¡Pejepytasóke, lo mitá! -¡Esforzaos, muchachos!” (literalmente: buscad apoyo para los talones, e inclinaos hacia atrás, para poder tirar con más fuerza). Y, con cada grito que lanza, él mismo se inclina más y más hacia atrás, afloja la agarradera, empujando con los talones contra la rama que le sostiene hasta que pierde el equilibrio y, cayendo al suelo, se desnuca en el preciso momento en que sus desdichados compañeros son ultimados a garrotazos por el chacarero.

 

 

 

Arriero - Andrés Guevara 

 

 

15-I

 

PERU RIMA KÁSO

 

EL YRYVU ADIVINO

 

            Peru Rima tenía un yryvu -buitre- que había tomado siendo pichoncito y que era tan manso y dócil que, al hacerle su dueño una seña, daba un salto, posándosele en el hombro, y graznaba hasta que le diera de comer. Con este pajarraco al hombro, se encaminó Peru a la casa de un rico cuya hija estaba por casarse.

            Fue recibido Peru a su llegada por una sirvienta, a quien preguntó sobre el contenido de un enorme karamegua -baúl- que había en el espacioso ogaguy, contestándole la doncella que contenía pasteles y otras golosinas para la fiesta de bodas. En aquel momento salió el dueño de casa y, llamándole la atención el buitre, preguntó a Peru qué hacía con semejante pajarraco.

            - Es feo, por cierto -respondió Peru- pero lo aprecio muchísimo por el don que tiene de adivinar.

            - Si lo que dices es cierto -dijo el rico-, podrás decirme qué contiene aquel karamegua.

            - Cómo no -exclamó Peru-.

            Y colocando el pájaro en el suelo, le amagó con el puño. Como es de suponer, el buitre se asustó y retrocedió, emitiendo el característico graznido: he he he, muy similar a la voz he -sabroso-.

            - Este baúl contiene comestibles -dijo Peru-, pues mi buitre adivino me dice que lo que hay dentro es sabroso. Pero espera un momento y veremos -continuó; y, alzando el pájaro a su sitio acostumbrado, lo acarició alisándole el plumaje revuelto del susto que se había llevado diciéndole que le contara en voz baja, qué había dentro del karamegua. El yryvu, nervioso aún, se retorció varias veces, emitiendo leves sonidos apenas perceptibles.

            - Dentro del baúl dice que hay pasteles y sopa muy sabrosos" -dijo Peru; y encantado el dueño de casa con la habilidad del buitre adivino, lo compró en el acto, pagando por él una fuerte suma en monedas de oro.

            Peru se marchó enseguida a la casa de su hermano Vyro -Zonzo-, en donde se puso a contar su dinero. Y como las relaciones entre los hermanos no eran del todo cordiales, cuando Vyro le preguntó de dónde había sacado tanto dinero, resolvió Peru hacerle una jugada, y le contestó que había vendido el yryvu al rico cuya hija estaba por casarse, el que compraba todos estos pájaros que se le llevaba, pagándolos a precios fabulosos.

            Creyendo Vyro que se le presentaba una excelente oportunidad para hacerse de fortuna, arreó al campo la única lechera que tenía, la carneó y armando en los alrededores decenas de ñuhã-trampas-, no tardó en cazar numerosos buitres, los que aseguró con cuerdas y, cargándolos en su carreta, se encaminó hacia la casa del rico.

            Hallábanse reunidos en la casa de éste numerosos amigos que habían acudido con motivo de la fiesta de bodas. El dueño de casa, muy ufano, les contaba que acababa de comprar un maravilloso pájaro adivino.

            - Cuenta, mi hijo -dijo nuestro hombre dirigiéndose al yryvu- quién viene llegando.

            E imitando las acciones de Peru, amagó al pájaro con el puño. El buitre estaba nervioso debido a la presencia desacostumbrada de tanta gente y, al amenazar un extraño con castigarle, echó a correr graznando atemorizado: he hũ, he hũ, oyendo lo cual afirmó su amo que venía llegando algo negro y sabroso (he significa sabroso, y hũ, negro). Luego ordenó se tomara al buitre y se lo colocara sobre el hombro. Hecho esto ordenó al pájaro le dijera en voz baja quién venía. Por toda respuesta, recibió un feroz picotazo en la oreja y, fuera de sí, ordenó a su servidumbre buscasen inmediatamente al pícaro vendedor de buitres.

            En el mismo instante venía apareciendo Vyro con su carretada de yryvu, "negros y sabrosos"; se le condujo ante la concurrencia y se le aplicó una buena tanda de rebencazos.

 

 

 

 

15 –II

 

PERU RIMA KÁSO

 

EL JAPEPO MILAGROSO

 

            Sospechando Peru que su hermano no volvería muy contento del viaje que había hecho, creyó prudente ausentarse por una temporada.

            Para guisarse las comidas por el camino, cargó en sus alforjas un japepo, artefacto de barro utilizado en aquella época por ser desconocidos los utensilios de hierro y otros metales.

            Habiendo hecho alto al mediodía para aderezar el almuerzo, apenas empezaba a hervir el japepo lleno de jopara -guiso de locro y porotos-, vio Peru asomarse un hato de ganado, arreado por un tropero. Peru quitó y enterró leña, brasas y ceniza, y como había hecho fuego en un arenal, no quedaron rastros de lumbre. Al llegar el tropero llegó al lugar donde estaba acampado Peru, vio con asombro que el japepo con comida hervía sin fuego, pues el grueso artefacto de ñai'ũ-arcilla-, como la arena, conservaban el calor durante horas enteras.

            El tropero entró en conversación con Peru, y le informó éste que se trataba de un artefacto "de virtud" fabricado especialmente para los viajeros, pues, como veía, guisaba las comidas sin fuego. Y tanto le agradó al tropero que lo compró en el acto, entregando a Peru en pago la tropa que arreaba.

 

 

15-III

 

EL PA'I BURLADO.

 

            Llegó Peru a la casa de un cura y, un poquito arrepentido de sus innumerables picardías, resolvió confesarse.

            - Indudablemente has hecho muy mal -díjole el padre-, pero algo de culpa parecen también haber tenido los que se han dejado engañar por ti, pues estoy seguro que serías incapaz de engañar a una persona inteligente.

            - Y ¿si te engañara a ti, padre?

            - En tal caso, te perdonaría los pecados sin imponerte penitencia -dijo el padre.

            En aquel mismo instante llegó uno que venía apuradísimo en busca del cura para que fuera a administrar los sacramentos a un moribundo e interrumpió la conversación.

            El cura y Peru montaron a caballo y se encaminaron a la casa del enfermo, adelantándose Peru por si encontrara alguna perdiz por el camino. La perdiz o ynambu, como saben los que viven en el campo, se esconde detrás de un matorral al darse cuenta de la presencia en las cercanías de algún extraño y, si el cazador, sin parar la marcha, describe un círculo alrededor de ella y sigue caminando, estrechando cada vez más el círculo, puede acercarse hasta llegar a tiro de rebenque de la presa y matarla con el látigo o echarle encima el poncho o el sombrero.

            Y Peru, hallando a la vera del camino una bosta fresca de vaca aún caliente, efectúo la maniobra descripta, no sin antes haber hecho señas al cura para que no se acercara y espantara la "perdiz". Luego, se echó del caballo cubriendo el excremento con el sombrero y gritó al padre que viniera a extraer la presa. Éste se acercó al galope, haciéndosele agua la boca al pensar en el suculento plato que haría guisar. Metió la mano debajo del sombrero de Peru que éste sujetaba cuidadosamente del ala, y la volvió a sacar inmediatamente bien embadurnada de estiércol caliente.

            Comenzaba a recriminar acerbamente a su compañero de viaje, cuando se acordó del trato que habían hecho, y echó a reír de la jugada de que había sido víctima.

 

 

 

Ñanduti - Olga Blinder 

 

 

16

 

PYCHÃI KÁSO

 

            Cuentan que en la antigüedad había una señora sumamente pobre quien, en compañía de sus tres hijos se mantenía, como todas nuestras gentes del agro, cultivando su pequeña capuera y criando animales domésticos.

            Ninguna de las crónicas de la época habla de su esposo, por lo que es de suponer que era viuda; tampoco ninguna de nuestras tradiciones menciona el nombre de sus hijos mayores: omisión ésta, sin embargo, que carece de importancia, por cuanto solamente la fama del menor ha llegado a nuestros días, ocupando lugar destacadísimo en nuestros anales.

            Este hijo menor, era un muchacho pobremente desarrollado que, en invierno, solo abandonaba el fogón cuando a ello le obligaba la naturaleza; y el verano lo pasaba hamacándose en un kyha o hamaca tejida de fibras de yvíra; o, acostado a la sombra del frondoso naranjal que rodeaba el rancho materno, disparaba bodoques contra los guyra japu y havías con su arco de dos cuerdas que le habían hecho sus hermanos. Y como a menudo le faltaban hasta energías para extraerse los piques - que en aquella remotísima época, también, parecen haber abundado en el Paraguay - y a su madre no siempre le sobraba tiempo para dedicarse a esta tarea un tanto repugnante, desde su tierna infancia llevaba el mancebo el apodo de "Pychãi" que significa literalmente: pies infestados de piques, o pies deformes. Y tal es la fuerza con que un mote despectivo aplicado a una persona con objeto de ridiculizarla se le pega al prójimo, que hasta hoy se ignora el verdadero nombre de este muchacho, protagonista de tanta historia maravillosa y amena; historia que, narrada bajo el título de Pychãi Káso, o Pychãi Rembiapokue -las hazañas de Pychãi-, le han convertido en amigo predilecto de la niñez de confín a confín de la República.

           

            Un año, habiéndose dado término a las tareas de carpida y limpieza de las sementeras y hallándose sumamente necesitada la familia de Pychãi, se resolvió que el hijo mayor emprendiese viaje en busca de alguna "changa" o trabajo a destajo a fin de remediar tal situación afligente, hasta tanto llegase la época de la cosecha. Cuentan algunos que, tras corto viaje, llegó el mozo a la casa de un rey; otros, que llegó a la casa de un gigante. Pero lo más verosímil, en vista de que carecemos de datos fidedignos referentes a la existencia de reyes y gigantes en nuestra tierra, es que el propietario del establecimiento adonde llegara, haya sido un agricultor próspero de los llamados en la vernácula mboriahu ryvatã. Lo cierto es que, tras un viaje no muy largo, llegó nuestro mozo a una casa grande rodeada de capueras y naranjales habitada por un hombre que vivía en ella en compañía de su anciana madre, y, tras los saludos de práctica, nuestro caminante pidió trabajo.

            - Yo te daré trabajo -dijo el dueño del establecimiento- pero te advierto que no a todos les gustan mis condiciones. Si nos entendemos y das satisfacción en la ejecución de tus tareas, te abonaré un buen jornal; pero si llegas a discutir mis órdenes o a enojarte por cualquier motivo, me reservo el derecho de matarte. En cambio, si yo me enojo, tendrás el mismo derecho y, además, te convertirás en dueño de mis riquezas.

            Tras corto cavilar, aceptó el muchacho la propuesta del patrón, y al día siguiente de madrugada, inició la primera tarea que se le asignó, cual era la de corpir o desbrozar una parcela de tierra destinada a la siembra de porotos tardíos u otra semilla de la estación. Trabajó varias horas sin que nadie apareciese con el desayuno, pero como era joven y robusto, apretó el cinturón y continuó trabajando, y habiendo terminado su tarea hacia mediodía, volvió a la casa del patrón. Tanto éste como su madre estaban durmiendo la siesta o, al menos, no se los veía por ninguna parte; y no hallando ni comida ni lumbre en la cocina, descolgó el muchacho el poncho chara del clavo del solero y se encaminó a la tranquera, maldiciendo en su corazón al extraño dueño de casa. Pero éste que había estado espiándo a través de una rendija en el estaqueo, le gritó que se parara, preguntándole adónde iba.

            - Me marcho, patrón -le dijo éste-; yo no acostumbro trabajar sin comer.

            - Estás enojado, sí, tunante -gritó el patrón; y abriendo la puerta, soltó un enorme perro que tenía encerrado, el que se arrojó sobre el pobre muchacho y lo devoró.

            Transcurrido el plazo fijado para el regreso del hijo mayor sin que apareciese y pensando la madre de Pychãi que posiblemente se habría enamorado o metido en otras aventuras propias de su edad, dio permiso al segundo hijo para que emprendiese viaje en su búsqueda. Tomó éste idéntico camino que aquél y fue a parar a la misma casa en donde tan triste suerte había corrido su hermano mayor. Y aceptando las mismas condiciones propuestas a aquél por el dueño de casa, asignósele la tarea de horquillar y quemar el rastrojo en la parcela que había corpido su malogrado antecesor y, terminada la tarea, murió en la misma trágica forma que aquél.

            De los tres hijos de la pobre señora solo quedaba ahora Pychãi, y éste, aunque adolescente, era de cuerpo endeble y conservaba el andar característico de aquellos que tienen los pies infestados de los molestos insectos a los que debía su apodo, no siendo, por consiguiente, de extrañar que la buena señora se opusiese vehementemente cuando Pychãi le manifestó su intención de abandonar el valle e ir en busca de sus hermanos y de fortuna. Inútiles, sin embargo, fueron súplicas y amenazas; Pychãi tomó su poncho poyvi (tejido casero), cargó en el voko un puñado de maní tostado y maíz y se marchó, no tardando en llegar al establecimiento en donde sus hermanos habían hallado muerte tan cruel. El desalmado patrón le propuso las mismas condiciones que a sus hermanos, y aceptándolas Pychãi, le asignó como primera tarea la de amelgar la pieza que habían corpido y horquillado aquellos desdichados. Bien de madrugada unció una yunta de bueyes al yugo y, dirigiéndose a la capuera, inició su trabajo.

            Pasaban las horas y Pychãi empezaba a sentir apetito pero nadie aparecía con el desayuno. Pensando que posiblemente su patrón esperaba que volviera a la casa para desayunarse, se dirigió allá, pero hallando dormidos tanto al dueño de casa como a su anciana madre, volvió a su trabajo, el que concluyó a mediodía. Encontró dormidos a los amos y apagado el fuego en la cocina; volvió pues a la capuera, pialó y derribó el más gordo de los bueyes, se hartó de un suculento asado y, empezó a conducir la carne a la casa del patrón. Como el enorme perro encerrado en la pieza comenzara a inquietarse al olfatear la carne fresca, Pychãi le tiró toda la cantidad que pudiera engullir, y alzando el resto, preguntó al patrón sobre sus tareas para el día siguiente.

            Después de reflexionar un rato, ordenó el patrón a Pychãi que cambiara el cerco de palos a pique de la capuera, colocando en lugar de los postes existentes, otros completamente derechos, aseados y sin un solo nudo que afeara el aspecto de la obra. Pychãi no vaciló, a pesar de lo difícil que parecía la tarea -por no calificarla de imposible-. Se dirigió a la capuera, en donde había un hermoso bananal, dedicándose inmediatamente a derribar las hermosas plantas y cortarlas sobre medida. Sabido es que el banano es una planta derecha como una palmera, completamente lisa, carente de ramas. Aunque es una de las plantas más fofas que se conocen, nada había ordenado el patrón acerca de la clase de madera a emplearse en la construcción del cerco; y no le costó mayor trabajo a Pychãi alistar unos centenares de postes derechos como velas, con los que pudo dar término holgadamente a su tarea antes de mediodía.

            El amo, seguramente, se habrá sorprendido al informársele que el cerco estaba terminado; y también se habrá sentido molesto al ver la obra de su peón; pero tuvo que reprimir su indignación, limitándose a decirle:

            - Veo que eres un mozo inteligente, y me agrada tu comportamiento. Esta tarde te quiero encomendar una tarea algo más difícil: me molesta mucho el continuo mugir de las vacas alrededor de la casa de noche y te encargarás de obtener que se retire el ganado de las cercanías en cuanto se ponga el sol.

            Pychãi se limitó a responder:

            - Iporãite: está muy bien, patrón.

            En un perchel de maíz contiguo a la cocina, había visto una enorme piel de tigre e inmediatamente resolvió utilizarla para la ejecución de la tarea que se le acababa de encomendar. Enlazó un ternero al que pialó cubriéndolo con la piel de tigre y cosiendo esta con lonjas de cuero de caballo para evitar que no se escurriese, y al ponerse el sol, soltó el pobre animalito. Como es de suponer, éste corrió como loco en busca de su madre. La vaca, creyéndose perseguida por un tigre, echó a correr como endemoniada; no tardó en cundir el pánico entre el ganado, que emprendió atropelladamente la fuga. Pero como el ternerito les seguía a toda carrera balando lastimeramente, no paró la tropa hasta llegar a una profunda laguna en la que penetraron precipitadamente, perseguidos siempre por el "tigre", y se ahogaron gran número de reses ante los ojos estupefactos del patrón.

            La serie de jugadas de que venía siendo víctima le hizo pensar al patrón en la forma de deshacerse de Pychãi, y al día siguiente le llamó, diciéndole amablemente que se había dado cuenta de que era un mozo hábil e inteligente y que sin duda alguna se entenderían; y que, deseoso de que no le abandonara nunca, quería saber si había algo en el establecimiento que lo molestase o no fuese del todo de su agrado, a fin de poderlo remediar y así asegurar que Pychãi estuviese feliz y contento en su servicio.

            - No te preocupes, patrón -respondió Pychãi; yo me hallo a gusto en tu casa. Desde luego, sólo hay dos cosas en el mundo que me enfadan y son los arcos para disparar bodoques y el grito del ñakurutũ-búho-, ambos desconocidos en tu establecimiento. Pues debo decirte que, siendo yo aún muy niño, un muchacho con quien jugaba, me acertó con un bodoque en la cabeza, dejándome medio loco. Y a menudo, cuando yo de noche no podía dormir y lloraba, me decía mamá que el ñakurutũera el cuco o pyharegua que venía en busca de criaturas lloronas, obligándome con ello a callar. Y hasta hoy no puedo ver un arco sin volverme furioso, ni oír el ñakurutũsin salir disparando, tan grande es el temor que les tomé siendo niño.

            El amo, convencido de que por fin se le presentaba la oportunidad de deshacerse de Pychãi, enseguida hizo un arco, al que le puso gruesas cuerdas de mbokaja ryvi, colgándolo juntamente con un voko lleno de bodoques, en un lugar visible. Y hacia el oscurecer, hora en que Pychãi debía volver de la capuera, acomodó a su anciana madre a la horqueta de un naranjo, ordenándole ocultarse entre el frondoso ramaje y remedar el grito del ñakurutũen cuanto llegara el pícaro peón.

            Apenas hubo regresado Pychãi de sus tareas en la capuera, hiciéronse escuchar en el naranjal las roncas voces de la anciana que, desde su incómodo asiento, imitaba lo mejor que podía el grito estridente del búho. Pychãi, presa al parecer de una gran excitación, miró por todos lados y, hallándo el arco, lo tomó y disparó unos cuantos bodocazos hacia el lugar de donde provenían los gritos, con tan buena puntería que la anciana se vino al suelo de un bodocazo en la cabeza. El amo, enfurecido por el fracaso de sus tan bien meditados planes, salió corriendo del escondite desde donde observaba los acontecimientos, azuzó a su perro para que se arrojara sobre Pychãi. Pero éste pudo salvarse fácilmente arrojando al can los huesos y carne del buey que había carneado para su desayuno. Luego se dirigió al amo, y gritándole: Trato es trato, lo ultimó a tiros de arco, quedando en su poder el establecimiento.

 

 

 

Ñanduti - Olga Blinder 

 

 

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ÑE'ẼNGA

 

Sentencias - proverbios - refranes

 

            Nuestro ñe'ẽnga -sentencias y proverbios en los que campean el ingenio y la sutileza del mestizo -constituyen elementos básicos del guaraní; y así como puede afirmarse ser indispensable haber captado el sentido íntimo de nuestras polkas y guaranias para poder penetrar en el alma del paraguayo, así también nadie que desconozca nuestros ñe'ẽnga, puede jactarse de haber penetrado en el espíritu íntimo de la lengua vernácula. Rosicrán, en sus Mil Refranes Guaraníes, ya se ha ocupado de los proverbios nativos; queda, sin embargo, mucho que decir referente al tema; y espero que las pocas líneas que siguen serán de alguna utilidad para el que quiera dedicarse al estudio de esta faceta de la cultura nativa.

 

            Cáustico y lacónico como todas las sentencias guaraníes es Ta'yrase, ñaimo'ãchopĩ-se asemeja al chopĩen lo de querer (o, ser considerado como padre de) hijos-; ñe'ẽnga que sirve para satirizar a aquellos que, no teniendo hijos propios, se consuelan mimando a los ajenos, como también a los que, condenados por la naturaleza a la esterilidad, se atribuyen la paternidad de hijos que no les pertenecen (cosa rara por cierto, pero en ninguna manera desconocida); empleándose también para poner en la picota a las víctimas de la infidelidad conyugal.

            Tiene su origen esta sentencia en el hecho de que en el nido del chopĩ-como en el de otros pájaros también- a menudo deposita sus huevos el guyraũo kambapo'i, avecilla proverbial por su pereza, pues ni nido construye, sino utiliza el primero que encuentra sin custodia para depositar sus huevos y cuyo dueño, ignorando la treta de que ha sido víctima, los empolla y, una vez incubados, se desvive en busca de lombrices para alimentar al voraz intruso.

            Esto lo han aprendido a su costa aquellos que, habiendo logrado treparse tras ingentes esfuerzos hasta el nido del chopĩ, se han incautado del pichón objeto de los desvelos del insigne cantor, creyendo ingenua mente solazarse en sus momentos de ocio con sus melodiosos trinos, y se han encontrado, después de alimentarlo y cuidarlo asiduamente durante meses, ante un vulgar guyraũsin valor alguno.

 

            La sentencia: Alonso raitýpe ombo'a guyraũ: -en nido de Alonso pone sus huevos el guyraũ-, recogida por Rosicrán en sus Sentencias Guaraníes, y aplicada a nuestros tenorios, tiene también su origen en la costumbre del guyraũde dejar la cría de su prole a cargo del primer ingenuo que encuentra en su paso por la vida.

            El valor de este ñe'ẽnga -y se asemejan todos en cuanto a conocimientos de ornitología y otras ciencias naturales se refiere- puede aquilatarse comparando las tres palabras de que se compone, con los capítulos de Pájaros del Paraguay del gran Azara dedicados al guyraũy al chopĩ. En el primero de ellos dice Azara, influidos por los argumentos de su amigo el ornitólogo Noceda, de que el guyraũno es más que un chopĩque aún no ha llegado a la plena madurez: "...En fin, dejando al tiempo que aclare la duda, pondré aquí a los dos pájaros juntos..." Posteriormente, sin embargo, y en su capítulo dedicado al chopĩ, dice: "Yo que sé lo mucho que Noceda ha observado a este pájaro no debo dudar que la especie anterior o tordo común (guyraũ) es un chopĩque no cumplió el segundo año de vida. Los dejaré sin embargo separados, porque todavía puede quedar alguna duda en el particular..." Cita a continuación cinco puntos en que funda su opinión de que el chopĩy el guyraũpertenecen a dos especies distintas. Y el veredicto de nuestro anónimo satirista autóctono, expresado en mordaz sentencia de tres palabras, es que al gran Azara le asiste la razón, y que el guyraũno es chopĩ, aunque por él haya sido criado, y por mucho que se le asemeje.

           

            Henda piru, ñaimo'ãmanteca: es esta otra sentencia que confundirá a quienes no conocen las sutilezas de la vernácula aplicándose a aquél cuya cabalgadura, a semejanza del inmortal Rocinante, obliga a lástima debido a su extremada flacura.

            Al poroto manteca se le coloca un sostén consistente en una rama grande y frondosa -oñemohenda-, ésta, paulatinamente, va perdiendo las hojas y la savia, de donde :henda piru -tiene sostén seco-; y como henda, además de "tiene sostén", significa "está enjuto, flaco", el ingenio nativo ha aprovechado el doble sentido para acuñar la mordaz chanza popular que tanta mortificación ha causado a aquellos cuyos caballos no alcanzan el standar exigido por el gaucho criollo.

 

            Jetytygue ha a va py'arasy ndopávai -la parcela sembrada de batata dulce siempre producirá tubérculos, y el ava nunca olvidará una ofensa-. Y la emplea nuestro campesino refiriéndose a aquellas ofensas o agravios cuyo recuerdo permanece imborrable en las almas de las personas rencorosas, como el ava tradicionalmente vengativo; y afloran en el momento menos oportuno a pesar del tiempo transcurrido de haberse inferido. La semejanza entre el rencor del ava y la parcela sembrada de batatas o jety, la puede constatar quien se ha dedicado al cultivo del suculento tubérculo pues éste, a pesar de haberse abandonado durante años su cultivo, limpiado en repetidas ocasiones el terreno, arado y vuelto a sembrar con otra semilla, vuelve a brotar: pareciera indestructible, como el recuerdo de una ofensa es inolvidable para una persona rencorosa.

 

            Añeko'õi, he'i ano: estoy fastidiado, molesto, dice el Ano. Otro ñe'ẽnga que el conocedor superficial de nuestras cosas calificará de onomatopeya pueril (el Ano -Crotophaga ani, L.-, parece repetir el estribillo: añeko'õí -estoy disgustado, estoy disgustado-). El entendido, en cambio, hallará en ella confirmada la afirmación de los estudiosos, de que nuestros antecesores eran profundos observadores; también hallarán en ella otro ejemplo típico de su modo de sintetizar en mordaces sentencias, el fruto de sus observaciones para satirizar las flaquezas humanas.

            La Píririta (pírírigua o pilincho, Guira guira), que tiene fama de ser la más desgreñada entre las aves, llevando el plumaje siempre desordenado y revuelto; y el ano, lerdo, negro y feo -compañeros inseparables, pues hasta el mismo nido utilizan para empollar y criar la prole se preparaban para asistir a una gran fiesta de los pájaros. Durante largas horas trabajó piririgua en un esfuerzo por alisarse el plumaje enmarañado el que, cuanto más se peinaba, más se erizaba. Su compañero el Ano se embadurnaba con tovatĩ-caolín - a fin de blanquearse y evitar se le aplicara el mote de kamba -negro-; solo consiguiendo se le pegara un poco del polvo en las comisuras del pico humedecidas por la saliva y otro poco en las patas mojadas por el rocío, y logrando únicamente aumentar lo grotesco de su apariencia. El resultado de tantas horas dedicadas al afeite fue no solamente hacer resaltar las imperfecciones de los compañeros, sino también, impedir que llegaran a tiempo para asistir al baile; pues tanto tiempo habían perdido en sus vanos esfuerzos por embellecerse, que cuando llegaron, ya se disolvía la concurrencia. Como suele acontecer en semejante casos, Piririgúa y Ano comenzaron a recriminarse acerbamente, echándose el uno al otro la culpa por lo ocurrido; hasta que por fin salió airosa Piririgúa, quien le echó en cara a Ano la poca diligencia que ésta había puesto en la construcción del nido común.

            - Mientras yo me desvivía en busca de materiales para el nido -gritó airada cuando hubo callado su contrincante, -tú no hacías más que recorrer desmañadamente los kokuere (parcela que ha sido cultivada, y abandonada) en busca de langostas saltonas, único insecto que eres capaz de cazar por lo lerdo que eres, pues son notorias tu falta de agilidad y tu pereza; o buscabas algún lugar abrigado y te exponías a los rayos del sol a fin de no morirte de frío, pues otro pájaro tan enclenque y friolento como tú, sería imposible encontrarlo...

            Sintiendo perdida la partida, el Ano prorrumpió en lamentaciones, emitiendo el lastimero: añeko'õi, añeko'õi, que, recogido por el cronista nativo, sagaz observador y cáustico satirista, le sirve para fustigar a aquellos que, a raíz de la más insignificante rencilla doméstica, levantan tempestades.

           

            Imboriahuve kurusu léguagui: es más pobre que la cruz que señala las leguas, equivale a nuestro "pobre como ratón de iglesia". Kurusu legua es la cruz que, en vez de poste miliar, se colocaba en los caminos reales. La última que conocí, lastimosamente ya desaparecida, fue en Cosme Paso sobre el Río Tebicuarymi, en el trayecto Villarrica-Caaguazu. -Este ñe'ẽnga tiene su origen en la piadosa costumbre de engalanar las cruces que señalan el lugar donde murió alguien, con ofrendas de piedras, paños, flores, etc. Pero raras veces se ha visto una kurusu légua así adornada.

           

            Mboriahu ha karaguata oñemoñáva: los pobres y los karaguata (Bromeliáceas) se multiplican, son prolíficos. Si proverbial es la fecundidad del pobre, también lo es la rapidez con que se extiende por todas partes el karaguata.

 

            Apukase, ha che juru'i, he'i karaja: quisiera reírme pero tengo la boca chica, dice el macaco. Para descifrar el significado de esta indirecta, empleada para llamar la atención hacia algún defecto que el que lo padece desea ocultar, es necesario haber visto al Karaja -animal que es "todo boca"- y haber oído el ruido atronador que emite cuando está contento.

 

            Vyro ha yvyra karẽndopa va'erãi - siempre habrá zonzos y árboles (y arbustos) torcidos-, no requiere explicaciones ni comentarios.

            Ipotĩ, ñaimo'ãmanduvi tygue -está limpio, como parcela de la que se ha levantado cosecha de maní-, dice nuestro campesino refiriéndose a aquel cuya indumentaria, por su lujo, no está de acuerdo con su situación económica. El maní es uno de los cultivos que más empobrece la tierra, dejándola exhausta y limpia de vegetación si se la siembra en el mismo lugar repetidas veces. Y como potĩ-limpio- también significa aseado, bien vestido, ha dado origen a la mordaz chanza empleada para satirizar a los que todo lo sacrifican por vestirse a la moda, vicio tan común en nuestro medio ambiente.

 

 

 

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MARAVILLA

 

 

1. Maravilla, maravilla, mba'e motepa:         

yvyra pyhare hi'áva,  

ha ko'ẽvove hi'a kúi páva.

 

Ryguasu keha

 

Maravilla, maravilla, adivina lo que es.

árbol que de noche se cubre de frutas,

y que al amanecer se le caen todas.

 

Pértiga de gallinero.

 

2. Maravilla, maravilla, mba'e motepa:         

hete yvyráva, 

iñaká yvýva,

iñapytu'ú tatáva.

 

Cachimbo.

 

Maravilla, maravilla, adivina lo que es:

tiene cuerpo de madera,

cabeza de tierra,

sesos de fuego.

 

Cachimbo (pipa de fumar).

 

 

3. Maravilla, maravilla, mba'e motepa:         

karai karapãmi, carnicero      

 

Ñuhãoakãvo

 

Maravilla, maravilla, adivina lo que es:

un viejito encorvado, carnicero.

 

Trampa para pájaros (hecha de un arco y un lazo).

 

 

4. Maravilla, maravilla, mba'e motepa:         

ojeroky hápe  

hyeguasúva.   

 

He’ỹ

 

Maravilla, maravilla, adivina lo que es:        

queda embarazada

 (con la barriga grande) bailando.

 

Huso.

 

 

5. Maravilla, maravilla mba'e motepa:          

omburea, ha ndaha'éi tóro;    

o'yvy'o, ha ndaha'éi tatu;

oveve, ha ndaha'éi guyra

 

Lembu.

 

Maravilla, maravilla, adivina lo que es:

muge, y no es toro;

escarba la tierra, y no es tato;

vuela, y no es ave.

 

Escarabajo.

 

 

6. Maravilla, maravilla, mba'e motepa:         

óga teha ihorkón irundýva.   

 

Tatu

 

Maravilla, maravilla, adivina lo que es:

casa de tejas con cuatro horcones.

 

Tatú (armadillo).

 

 

7. Maravilla, maravilla, mba'e motepa:         

tóro yvyguýpe,          

laso yvy ape rehe.

 

Jety bembo reheve.

 

Maravilla, maravilla, adivina lo que es:

el toro debajo de la tierra,

y el lazo (para enlazarlo) en la superficie.

 

La batata y sus guías.

 

 

8. Maravilla, maravilla, mba'e motepa:         

karaimi hetyma kurupáva,     

ipysãja'úva.

 

Mandi'o, ráma

 

Maravilla, maravilla, adivina lo que es:

un buen señor con las piernas

cubiertas de granos, cuyos dedos de los pies los comemos.

 

Las ramas de la mandioca.

 

 

9. Maravilla, maravilla mba'e motepa:          

henonde animal,        

hapykue yvyra,

ijapyte cristiano?

 

Karréta

 

Maravilla, maravilla, adivina lo que es:

su parte delantera es animal;

su parte trasera madera;

su médula, un ser humano?

 

La carreta.

 

 

10. Maravilla, maravilla, mba'e motepa.       

karai pirumi, oike ha osẽva,   

ysypo hevi rehe.

 

Ju.

 

Maravilla, maravilla, adivina lo que es:

un señor flaquito que entra y sale

con un bejuco prendido a las nalgas.

 

La aguja.

 

 

11. Maravilla, maravilla, mba'e motepa:       

oikovéva ári omanóva,          

ha omanóva ári jevy, oikovéva.

 

Kavaju ensillado arigua.

 

Maravilla, maravilla, adivina lo que es:

encima de un vivo, un muerto

y encima de ese muerto, nuevamente un vivo.

 

Jinete montado en caballo ensillado.

 

 

12. Maravilla, maravilla, mba'e motepa:       

kamba rye guasu,       

hetyma mbohapýva.

 

Olla.

 

Maravilla, maravilla, adivina lo que es:

negra embarazada

con tres piernas.

 

Olla (de hierro de tres patas).

 

 

13. Maravilla, maravilla, mba'e motepa:       

karameguã'imi poráite           

yvyguýpe

 

Manduvi.

 

Maravilla, maravilla, adivina lo que es:

baulcito hermoso

enterrado bajo tierra.

 

Maní.

 

 

14. Maravilla, maravilla, mba'e motepa:       

hesakuápe ñapo'ẽramo mante

okarúva.

 

Jetapa.

 

Maravilla, maravilla, adivina lo que es:

come únicamente cuando le

metemos los dedos en los ojos.

 

Tijeras.

 

 

15. Maravilla, maravilla, mba'e motepa:       

iñakãmokõi, hesa irundy,     

huguái peteĩ.

 

Kavaju arigua.

 

Maravilla, maravila, adivina lo que es:

tiene dos cabezas, cuatro ojos,

una cola.

 

Jinete (montado a caballo).

16. Maravilla, maravilla, mba'e motepa:       

kuñakarai po'i puku,  

akãrague sarambi

ovevéva yvytúpe.

 

Mbokaja.

 

Maravilla, maravilla, adivina lo que es:

señora alta y delgada,

con la cabellera desgreñada

volando al viento.

 

Cocotero.

 

 

 

Mujeres de mi tierra 

 

 

19

 

PLATA YVYGUY

 

            Entre el alboroto de los lobos marinos que salen a retozar a orillas de la Laguna hũóyese, en cierta época del año, el grito estremecedor de un alma en pena: es el guardián de los tesoros de Varela que yacen en el fondo del turbio riacho, condenado a custodiar el lugar hasta que las riquezas de su amo sean rescatadas o persona piadosa, con limosnas y oraciones, obtenga paz para su espíritu atormentado.

           

            Una carreta que salía por la tranquera era la única señal de vida en Karachi, población principal de las estancias de Varela. El bullicio de una numerosa muchedumbre que habitualmente llenaba la estancia de vida y alegría, se había apagado, y reinaba en su lugar un silencio impresionante, interrumpido de rato en rato por el retumbar de lejanos truenos. Y el resplandor de los relámpagos que a intervalos hendían el espacio, anunciando una noche tempestuosa, prestaba un aspecto tétrico al caserío abandonado y sumido en la penumbra.

            Tres veces el tajasu guyra había volado sobre Karachi pronosticando, con su fatídico graznar, desgracias inminentes; y el lúgubre aspecto de la estancia abandonada era prueba de que se cumplía el presagio del agorera ave a quien el destino revela sus secretos; pues la carreta que se dirigía lentamente hacia el norte en dirección de la misteriosa.

            Laguna hũ, morada de mbói jagua y kuriju, y otros monstruos, llevaba en cofres bien seguros, los tesoros en metálico de Varela, entre ellos las cuatro piñas de oro que habían adornado el lecho del hacendado, y el banano de plata con frutas de oro, que habían constituido la maravilla de la comarca. Y el jinete que seguía la carreta, era el mismo Varela, dueño hasta la víspera de aquellas llanuras y los hatos que contenían y quien ahora, reo de lesa patria y condenado a morir, los abandonaba para siempre, esperando eludir el castigo que el destino le tenía deparado.

            Cuando llegó a Karachi la comisión destacada para prender al fugitivo, halló una carreta abandonada en medio del campo, no encontrando otros rastros por haberlos obliterado la tempestad de la víspera. Y si aún se conservan el recuerdo de las piñas de oro y el banano de plata de Varela, es debido al anciano esclavo cuyo cuerpo, según la tradición, fue arrojado junto con los tesoros al fondo del mismo remanso, con un puñal clavado en el corazón para que no revelara su secreto. Y cuyo espíritu atormentado eleva al cielo el grito estremecedor en el aniversario de su muerte, pidiendo misericordia.

            Como esta tradición de la Laguna hũ, la tiene cada valle; y difícil sería dar con una población que carezca de su leyenda plata yvyguy: casos de llamas deslumbrantes que, surgiendo de las entrañas de la tierra, alumbrando con luz fantástica los alrededores, desaparecen misteriosamente sin chamuscar el pasto; cuentos de fantasmas, póra, perros sin cabeza, condenados a merodear por los lugares que ocultan tesoros, mientras éstos no sean hallados.

            Y si en tal tapera situada a la vera del camino, estas apariciones espeluznantes ya no inspiran terror al tímido transeúnte nocturno, haciéndole emprender precipitada fuga persignándose estremecido, es porque algún atrevido buscador de oro, arrostrando impávido furiosas arremetidas de caballería extra-terrenal, se ha incautado del tesoro oculto y rezado por el alma de su dueño.

            Y si en aquel sombrío naranjal situado sobre la ruta de la residenta -sublime tragedia de heroísmo y dolor- ya callaron los lamentos que helaban la sangre del viajero trasnochado, es porque el afortunado que hallara entre la tupida raigambre la vasija cargada de joyas y monedas, ha hecho celebrar misa por el descanso del alma del quien la ocultara.

 

            NOTAS: Varela no es, como podría suponerse, personaje legendario. Fue miembro de la asamblea reunida para aprobar el testamento de don Carlos Antonio López, designando a su hijo Francisco Solano como sucesor suyo en el gobierno del Paraguay. Varela se opuso, alegando que la presidencia del país no podía considerarse como cosa hereditaria, por cuyo motivo fue ajusticiado. Karachi forma parte de la actual Colonia Nueva Australia.

            Así como Varela ha dejado sus huellas en el folklore paraguayo, también las ha dejado un último amigo y compadre suyo, don Luis Homem, caballero portugués radicado en Villarrica antes de la guerra grande. Creyendo López que Homem influenciaba a Varela, hizo apresar también a aquél, y no se supo más de él. Su esposa y dos hijas al estallar la guerra, fueron confinadas en el extremo norte de la república, muriendo la madre a efectos de las privaciones que sufrió. Las hijas fueron rescatadas por un pariente, oficial del ejército brasileño; una de ellas sucumbió, a pesar de los cuidados que se le dispensó, a consecuencia del hambre; la otra casó con un señor Riviezzi, fundando en Villarrica la familia de este nombre de quien obtuve estos datos. Acerca de don Luis Homem se hicieron circular, en su época, los rumores más fantásticos, recogidos por Ramón I. Cardozo en sus Tradiciones Guaireñas (publicadas en el semanario guaireño EL DEBER). Según la leyenda, Don Luis era dueño de un monstruo que se alimentaba de carne humana: un Teju jagua, especie de dragón. Este monstruo, encadenado durante todo el día, lo soltaba de noche para que fuera al cementerio a alimentarse. La especie, al difundirse, se iba deformando; hasta tal punto que la palabra lobisón -nombre de un ogro necrófago y Luisome (Luis Homem) han llegado a ser sinónimos; mejor dicho, para designar a este monstruo se emplea, no ya aquella palabra, sino ésta.

 

 

20

 

PAJE

 

Mba'ekuaa - Ñepohãno

 

            Durante más de una hora Pa'i Fermín, el capataz tropero, había mantenido absorto a su auditorio de mensú y mineros, quienes le escuchaban embelesados sentados en círculo alrededor del fogón del campamento de yerbateros, con relatos de las hazañas de Pedro Anzoate, personaje semi legendario del Alto Paraná quien, mediante sus conocimientos de las artes ocultas habría explotado, en época no muy remota a los Guayanás, primitivos habitantes de aquellas regiones. Narró la forma en que habría embrujado a un cacique, haciendo brotar de su ombligo un okengua o tubito de cera, por el que salían y entraban un enjambre de abejitas apynguarei, y para sanar el embrujado, habría exigido Anzoate a los afligidos y atemorizados allegados del embrujado la entrega de una enorme cantidad de yerba canchada. Narró con lujo de detalles la forma en que Anzoate habría tragado fuego en presencia de la tribu para que, atemorizados, trabajaran gratuitamente en descubiertas y abertura de picadas hasta los yerbales más ricos; éstas, e innumerables hazañas diabólicas por el estilo que, por fin, enfurecen a los mansos Guayanás hasta tal punto que resuelven eliminar a su opresor y, sublevándose, persiguen al hechicero obligándole a echarse al Paraná, salvándose mediante un cascarón de huevo que llevaba consigo y en el momento oportuno lo convierte en canoa que le permite cruzar la caudalosa corriente, y ponerse a salvo. Y después de describir minuciosamente la desaparición del mago, quien le arrebata en vida el diablo en persona con acompañamiento de truenos, terremoto y densas nubes de humo sulfuroso, desabrochó Pa'i Fermín su vokó de cuero de koati, extrajo chala y torcido y, armando cuidadosamente un cigarrillo, se reclinó contra un horcón del rancho y miró a la comitiva con la expresión satisfecha de quien acaba de cumplir a satisfacción una ardua tarea.

            - Ko'ãgagua iñarandúva, los eruditos de hoy en día -comenzó diciendo un mozo oriundo de Itapé,- pretenden que no existe el paje; ignoran lo que es, por tratarse de cosa que no se aprende en las escuelas, y van desapareciendo los que practican estas artes. Pero todos sabemos del mba'ekuaa -la sabiduría oculta-; y yo, siendo jovencito, llegué a conocer a un médico paje a quien pocos pueden haber igualado. Se llamaba Juan Báez y tenía su casa en la compañía Ferreira, de Itapé. Mi finado padre, que era sargento de López, y hombre serio como él solo, contaba casos de sus hazañas que parecen increíbles. Tenía un hijo de nombre Juan de la Cruz a quien había enseñado un poco de su ciencia, el que se hizo famoso en los alrededores. En toda la región era Juan de la Cruz el único que curaba a los embrujados. Recuerdo que un cuñado mío a quien se robaba continuamente mandioca y otros frutos de su capuera, recurrió a él para individualizar al ladrón. Juan de la Cruz llegó a la casa de mi cuñado ya de noche, a fin de que no lo viesen extraños; hizo su mba'ekuaa, y se acostó a dormir tranquilamente. Al día siguiente amanecieron en la capuera dos mujeres que habían arrancado sendas bolsas de mandioca y que no pudieron salir de la chacra, dando vueltas y más vueltas alrededor del cerco pa'a en busca de una salida, completamente atontadas. Y no recobraron el juicio hasta que Juan de la Cruz no hubiera pronunciado el exorcismo correspondiente.

            - Era notable, también, la forma en que mataba las víboras: al encontrar una en el camino, le miraba fijamente y daba tres vueltas alrededor de ella. En el acto quedaba fulminada, y no se retorcía hasta la puesta del sol como lo hacen las víboras que se matan a golpes, sino se volvía rígida enseguida.

            - En cuanto a su padre, Juan Báez, hizo embrujar a toda la compañía de Yakãmi por intermedio de su discípulo Juan Benítez, y él curó después a los hechizados mediante elevados pagos, que se repartió con su socio; y llegaron a tal extremo las cosas que tuvieron que intervenir las autoridades. En el apogeo de la alarma producida por las diabólicas hazañas del médico paje y su discípulo, llegó a Itapé Monseñor Aponte, hijo del pueblo; los hizo citar a ambos por intermedio del jefe político, Mayor Céspedes quien, después de mandarles aplicar en el pueblo una buena tanda de tejuruguái -azotes- los hizo encerrar en el templo a disposición de Monseñor. Allí estuvieron dos días en ayunas; fueron exorcizados por el obispo, volvieron a recibir el bautismo y la comunión, y con estas medidas se puso fin a sus fechorías.

            - Para mí -interpuso el kuke, cocinero de la comitiva, un viejo tuerto de apellido Medina,- no hay quien iguale a los de Acahay y Caazapá en estas cosas de magia. Recuerdo que, trabajando en una estancia de Caazapá, un día que parábamos rodeo vi a un peón dejar el lazo en el corral; y poco después, sin que nadie lo tocara, vino por sí solo el lazo a enrollarse en el clavo de madera del que solía colgarlo su dueño. Yo, naturalmente, enseguida me hice del enfermo, pedí arreglo de cuentas y me marché de aquellos parajes por temor a los paje. Fui a Acahay en donde me conchavé en el establecimiento de un sujeto que trabajaba en grande escala en agricultura. Un día de gran calor, hallándonos todos los peones reunidos en espera de la comida vimos pasar, siguiendo el camino real y a unos doscientos metros de la casa, a un jinete montado en un zaino grande.

            - Páguenme diez mazos de cigarros, muchachos, y detengo desde aquí a aquel que va pasando, dijo el patrón; y apenas le hubimos prometido lo pedido, se empacó el zaino, no pudiendo conseguir el jinete que diera un paso más hacia adelante. Tuvimos que pagar diez mazos de cigarros más para que nuestro patrón deshiciese el encanto: ojora omba'ekuaa, y el viajero pudiera seguir camino. Apenas terminamos de comer, pedí arreglo, alegando que estaba enfermo, y.....

            Ojogua nunga japúpe la Medina Sakuape káso: se asemeja mucho a una sarta de embustes el caso del Tuerto Medina, -interrumpió un "ajeño" (un oriundo de Ajos, hoy Coronel Oviedo). - Cuenta tú, Caceré, lo que sabes de paje, continuó diciendo, dirigiéndose a un mozo moreno quien no había despegado los labios en toda la velada.

            - Ya es tarde, y tengo sueño, dijo el aludido; y, levantándose, se ajustó faja y facón y se encaminó hacia su rancho.

            - El hermano de aquel Caceré se llama Juan León, continuó diciendo el que había interrumpido a Medina. Era mozo trabajador y guapo, y estaba por casarse por la muchacha más linda de su valle. Ya se habían hecho todos los preparativos para la boda; se había contratado a los mejores músicos y gastado una fortuna en aparejar las cosas en forma cuando, un buen día, creo que en la misma víspera del día fijado para la boda, amaneció Juan León cavando trincheras entre las palmeras karanda’y que abundan en Plácido, su valle, completamente loco. De las palabras que pronunciaba, colegíase que se consideraba traicionado por su prometida. Y hasta hoy día, en las noches de luna nueva, vaga solitario por entre las palmeras y las islas de Plácido, quejándose de su destino con lamentos que desgarran el alma.

            - Poco después de la desgracia de Juan León, se fugó su prometida con un arribeño, llegándose a saber que éste había mandado embrujar: oipohỹnõuka, al desdichado. Pero Caceré, quien quería entrañablemente a su hermano, se encontró poco después con el arribeño en una carrera, y allí mismo lo cosió a puñaladas.

            - Hay quienes dicen que las astillas de la cruz que se levantó para señalar el lugar de su muerte poseen virtudes mágicas; pero de esto no puedo hablar con certeza, por no haberlo probado...

 

            NOTAS: Paje, mba'ekuaa, ñepohãno = hechicería, magia, embrujamiento. Así como en la medicina aborigen -de la que me ocupo someramente en Síntesis de la Medicina Racional y Mística mbyá-guaraní- existe la ciencia oculta lícita y la vedada, así también existen para nuestros campesinos dos categorías de imba'ekuaáva -los que poseen ciencia-; v.g., quienes emplean sus conocimiento en detrimento de sus prójimos, y los que se dedican a conjurar los maleficios y sanar a los embrujados, víctimas de aquellos. Las creencias populares, en este respecto, constituyen un notable caso de amalgama de medicina mística guaraní y supersticiones occidentales. El "brujo" criollo prepara filtros y pócimas a pedido de personas mal intencionadas y vengativas, los que inflaman hasta tal punto las pasiones que a menudo producen la locura o la muerte de sus víctimas, pudiendo también las substancias que producen el "embrujamiento" ser introducidas en un cigarro o una flor. Otro paje muy temido es el introducir en las vísceras de la víctima, escarabajos u otros insectos, o una tortuga. Los que se dedican a estas prácticas corresponden a quienes "hieren furtivamente" de la medicina mística guaraní; quienes los combaten sanando a sus víctimas, desempeñan el rol de "los que poseen la buena ciencia", v.g., los médicos agoreros guaraníes. Pero, mientras éstos se sumen en trances médium místicos para que sus dioses tutelares les divulguen el origen del mal, el médico paje criollo recurre a los santos de su predilección; echa manos del pindo karai y tarope karai (hojas de palmera y de Dorstenia brasiliensis bendecidas durante el festival del Domingo de Ramos); administran agua y sal benditas; y, si es especialista de fama, no ha de faltar en su guajaka -petaca- alguna hostia consagrada y pedazos de algodón empapado en el óleo consagrado utilizado en el crisma, etc., obtenidos mediante Dios sabe qué medios tortuosos.

            Estas prácticas, naturalmente, van desapareciendo paulatinamente al elevarse el nivel cultural del pueblo; pero deben de haber alcanzado su apogeo bajo la férrea dictadura de Francia, el que clausuró escuelas, persiguió al clero y suprimió comunidades religiosas (entre otras, el convento franciscano de Villarrica, cuyos bienes confiscó). El sucesor de Francia, don Carlos Antonio López, se empeñó en una lucha por desterrar el paje; y en un proceso fechado 24 de Junio de 1854 amonestó seriamente al Provisor y Vicario General del Obispado, P. Juan Gregorio Urbieta, por la falta de celo de los curas de campaña en la custodia de la sagrada hostia y otros elementos del culto. Este proceso fue instruido por el Juez de Paz de Atyrá a Eustaquio Caivá y Antonio Guaracá por robo de hostias, y López al remitirlo al Obispo, dice:

            "Visto el proceso; reparándose (en) la extraña conducta de los Curas de Caacupé y Tobatí en lo actuado: pase al Juzgado de S.S. el Provisor y Vicario Gral., con el cargo que expida brevemente una circular a los curas de la campaña con las instrucciones concernientes a las cualidades y circunstancias que deben recomendar a las personas que se destinen para las funciones de sacristán, y del cuidado y delicadeza que se deben emplear en la formación de hostias, que deben presenciar, recoger y guardar los mismos curas, expidiéndose previamente orden al Juez de Paz de Atyrá para la remisión de los reos Eustaquio Caivá y Antonio Guaracá a la Cárcel de esta Ciudad, con noticia al Juez de la Instancia que ha consultado el curso de la causa después de haberse entrometido en ella por un trámite indebido. López. José Falcón, Secretario Interino del Superior Gobierno".

 

 

Ñanduti - Olga Blinder 

 

 

21

 

TRADICIÓN E HISTORIA

 

            Los familiares del presbítero José Inocencio Gauto, de larga actuación como párroco de Coronel Oviedo, Yataity y Mbocayaty, le atribuían manifestaciones referentes a una leyenda muy difundida antaño, relacionada con la imagen de Nuestra Señora de la Concepción actualmente en la catedral de Villarrica. Según la tradición mencionada, dicha imagen habría sido trasladada a la Iglesia de Mbocayaty, pese a las protestas unánimes de la población de Villarrica, cuyas súplicas y reclamaciones alegando mejor derecho sobre la imagen, habrían contestado burlonamente aquellos: -La imagen de Nuestra Señora no volverá a Villarrica mientras no florezca nuestra asta de bandera.

            Y, según la misma leyenda, el mástil de lapacho situado frente a la Iglesia de Mbocajaty amaneció un buen día ostentando en la cima un vástago cubierto de tierno follaje, en prueba de la voluntad de Nuestra Señora de que su imagen, objeto de la rivalidad entre los fieles de Villarrica y los de Mbocayaty, volviera a la iglesia Matriz de aquella Villa.

            Comentando esta tradición entre un grupo de personas amantes de estas cosas, llegué a saber que un vecino expectable de Villarrica, ya fallecido, habría tenido en su poder nada menos que una hoja del milagroso retoño; e informado de que la familia del extinto conservaba unos documentos referentes al asunto, impulsado por la curiosidad los he buscado, pudiendo constatar que, efectivamente, se había suscitado un conflicto muy acalorado entre los fieles de Mbocayaty y los de Villarrica a raíz de la posesión de la imagen, cuestión que fue resuelta por don Carlos Antonio López. Los documentos mencionados consisten en un expediente de doce fojas formado a raíz de un pedido del Juez de Paz y Jefe de Urbanos de Mbocayaty, que dice:

            "¡Viva la República del Paraguay!

            "Excmo. Señor: El infrascrito Juez de Paz y Jefe de Urbanos de Mbocayaty pone presente a V. E. con el debido respeto, que hallándose concluido el nuevo templo que por orden de V. E. se ordenó construir en dicho partido de mi cargo, y estando en estado de hacerse uso de él, y hallándose enteramente desprovistos de ornamentos sagrados, campanas, una imagen que ha de servir de patrón y demás necesidades de aquel templo, suplica de V. E. para cuando sea de la aprobación Suprema, se sirva mandar se le entregue todos los ornamentos, vasos sagrados, campanas y demás útiles que fueron pertenecientes a la Virgen de la Concepción, Patrona de la iglesia de este nombre que se derribó en Villarrica, cuyos ornamentos y demás útiles expresados fueron de otra iglesia de la Concepción y existen hasta hoy en la iglesia matriz de otra Villa por traslación que se ha hecho, suplicando igualmente a V. E. que se sirva también mandar se le entregue la expresada imagen de la Virgen de la Concepción que fue y sirvió de Patrona de la predicha iglesia derribada, para que siendo de la aprobación de V. E. se traslade al templo nuevo concluido de Mbocayaty, para igual fin. Dios guarde la importante vida de V.E. muchos años. Asunción, Diciembre 18 de 1856. (Firmado): Felipe Chamorro".

            En fecha 19 de Diciembre de 1856, en decreto refrendado por su escribano de gobierno y hacienda, don Francisco Sánchez, ordena el Presidente López al mayordomo de la iglesia parroquial de Villa Rica, la entrega bajo inventario de la mencionada imagen con sus ornamentos, orden que se cumplió el día 24 del mismo mes y año, según oficio firmado por el mayordomo de Villa Rica, Juan José Barros y los testigos

Francisco Valdez y Dionisio Barreto, que también transcribo:

            "¡Viva la República del Paraguay! En la Villa Rica, a los veinte y cuatro de Diciembre de mil ochocientos cincuenta y seis habiendo recibido acatamiento al Excmo. Señor Presidente de la República el antecedente Supremo Decreto, en su puntual cumplimiento se procedió al inventario y entrega de los intereses denunciados al ciudadano Juez de Paz y Jefe de Urbanos de Mbocayaty; y también el número y peso de las campanas, en la siguiente forma:

            "Primeramente, una imagen de Nuestra Señora de la Concepción de siete cuarta de alto, recientemente afeitado, y toda su vestimenta dorada de oro fino, nicho de madera con vidriera también todo recién pintado y dorado que sirvió de patrón a la iglesia de la Concepción y hoy colocada en uno de los altares colaterales por la adjudicación que de orden de V. E. se hizo a esta iglesia con los siguientes aderezos (sigue una lista detallada, que abarca una hoja y media, de adornos y ornamentos).

            "Con lo cual se concluyó la saca de los haberes perteneciente a la iglesia parroquial a mi cargo, de los que se ha recibido el ciudadano Juez de Paz y Jefe de Urbanos de Mbocayaty. Y para constancia firma con testigo sin el recipiente en esta Villa a treinta y uno de Diciembre de mil ochocientos cincuenta y seis. (Firmado): Juan José Barros. Testigo: Francisco Valdez. Tgo.: Dionisio Barreto".

            A pesar del "debido acatamiento al Excmo. Presidente de la República" con que fuera recibido el Supremo Decreto ordenando la entrega al Juez de Paz y Jefe de Urbanos de Mbocayaty de la imagen y sus ornamentos, la escena que se produjo con tal motivo fue en extremo violenta, como puede colegirse del informe del Mayordomo Barros, el que también transcribió in extenso:

            "¡Viva la República del Paraguay! El infrascrito Mayordomo de Fábrica de la Iglesia Matriz de esta Villa doy cuenta, con el debido respeto a V. E., que el ciudadano Juez de Paz y Jefe de Urbanos de Mbocayaty me puso presente el Supremo Decreto de V. E. del 19 cte., proveído a continuación del pedimento que hizo sobre los ornamentos, vasos sagrados, campana y demás útiles que fueron pertenecientes a la derribada iglesia de la Concepción, que ha dicho haberse pasado en la traslación a la Iglesia Matriz; siendo así que los denunciados haberes fueron pasados a la Iglesia a mi cargo para servicio de ella por Supremo Decreto del 23 de marzo del año pasado de 1854 para que lo que no haga falta en esta iglesia, se adjudique a otras iglesias, como se ha verificado adjudicando a la Capilla de Yataity y Hy'aty, quedando lo restante en esta Iglesia. Yo, Excmo. Señor, en virtud del arriba citado respetable Supremo Decreto, hice la entrega de lo contenido en el adjunto inventario, que violentamente ha arrebatado a su paladar, llevando todo lo mejor, y en grandes porciones, como son los vasos sagrados y principales ornamentos que sirven a esta iglesia desnuda de alhaja, que anteriormente no la habían. No obstante las observaciones que le hice al recipiente, que para qué era aglomerar en esa capilla tantos vasos sagrados y demás ornamentos; pero nada pudo convencerle; antes al contrario, con más escándalo público y con un acto violento, echó mano de todo lo que pudo hasta avanzarse a mandar abrir de noche sin conocimiento mío la sacristía y sacado lo que se había separado para él, cometiendo profanaciones en el lugar sagrado y con cosas sagradas, que para extenderme minuciosamente me repugna para chocar con el honor; pues hasta el ciudadano Cura tuvo finalmente que encerrarse en su cuarto, al extremo de haberme visto en la indispensable necesidad de recurrir al Comandante y Juez sustituto, pidiendo protección, y para comunicación de lo que llevo referido a V. E. tan luego ejecutó los inauditos hechos se retiró a su vecindad sin cuidar del inventario que debía formarse como notará V. E. en que no se halla firmado el recipiente, y viendo el poco aprecio con que se mira la Suprema disposición de V. E. y en fin de no retardar en mi poder el inventario, he creído elevarlo a V. E. En cuanto a las campanas son muy precisas para esta Iglesia porque la grande se halla destinada para las señas de queda en calidad de reservada. Me es harto sensible Excmo. Señor, el presente recurso motivando quizás momentos de desazón a V. E. pero el caso parece a mi ver me obliga a lo que llevo referido a V. E. Dios guarde a V. E. muchos años. Villa Rica Diciembre 31 de 1856. Excmo. Señor. (Firmado): Juan José Barros. Excmo. Señor Presidente de la República del Paraguay".

            No dice este documento que el Juez de Paz y Jefe de Urbanos de Mbocayaty, en un arrebato de soberbia, habría exclamado altanero: "La imagen no volverá a Villa Rica cuando florezca nuestra asta de bandera" (refiriéndose a un mástil de lapacho recientemente levantado frente a la iglesia nueva de Mbocayaty). Pero así lo afirma la tradición, legádanos por personas respetables. Y lo cierto es que el Presidente López, informado de la verdad de las cosas, ordena en fecha 10 de setiembre de 1857 la devolución de la imagen a Villa Rica, con todo lo que le corresponde, y la conducción "con toda decencia y solemnidad" a Mbocayaty, de otra imagen de cinco cuartas de alto, costeada por el vecindario de Villa Rica para sustituirla, según reza la orden que transcribo:

            "Asunción, Setiembre 10 de 1857. Llévese (el expediente) al Mayordomo de la Iglesia Parroquial de Villarrica para que con conocimiento del Cura Interino y con citación del Juez de Paz de Mbocayaty, haga conducir con decencia y solemnidad a colocar en el nuevo templo de dicho partido la imagen de la Concepción con todo el aderezo que ofrece el vecindario de Villa Rica en lugar de la que sirvió de patrona a la arruinada Iglesia Matriz, para que esta la vuelva a traer a colocar en la Iglesia Parroquial de Villa Rica, como lo ha solicitado dicho vecindario; alegando que con mi aprobación se colocó allí en Marzo de 1854; que han costeado muchos aderezos a la imagen; que la veneran con función mensual a más de la gran solemnidad del día propio; que al efecto se ha instituido un compromiso entre los devotos y que sin recordarme estas circunstancias el citado Juez de Paz obtuvo que le destinara dicha imagen para Patrona de la referida nueva Iglesia. Y en cuanto a los ornamentos y vasos sagrados que se llevaron para esa iglesia, se dejarán allí los muy necesarios y se restituirán los demás a la Iglesia Parroquial de Villa Rica. (Firmado): López. Francisco Sánchez, Escribano de Gbno. y Hacienda. - En el mismo día diez de Setiembre dirigí este expediente con nueve fojas bajo cubierta al Señor Mayordomo de la Iglesia Parroquial de Villa Rica a los efectos del Decreto Supremo antecedente, dejando constancia en el conocimiento, de que doy fe. Sánchez".

            Esta orden de don Carlos Antonio, poniendo fin al ya largo litigio entre las parroquias de Villa Rica y Mbocayaty, se cumplió en fecha 19 de Setiembre del mismo año, según informe que dice:

            "En Villa Rica, a diciembre del mismo mes y año en cumplimiento del antecedente Supremo Providencia de fecha diez del corriente, con conocimiento del ciudadano Cura Interino y con citación al Señor Juez de Paz de Mbocayaty, hice conducir con decencia y solemnidad a colocar en el nuevo templo de dicho partido la imagen de Nuestra Señora de la Concepción ofrecida por el vecindario de esta Villa en lugar de la imagen que sirvió de Patrona a la arruinada iglesia de Nuestra Señora de la Concepción con los ornamentos siguientes:

            "Primeramente la imagen de cinco cuartas de alto con mucho afeite (sigue la lista de los ornamentos).

            "Restituyéndose a colocar en la Iglesia Parroquial de esta Villa la solicitada imagen de Nuestra Señora de la Concepción con los aderezos, ornamentos y vasos sagrados siguientes: Primeramente la imagen citada de Nuestra Señora de la Concepción de siete cuarta de alto, con corona de plata (sigue el inventario de ornamentos, etc.).

            "Con lo cual se concluyó todas las diligencias que el Excmo. Señor Presidente de la República se sirvió confiarme. Y para constancia de todo firmó con el señor Cura Interino, el ciudadano Juez de Paz de Mbocayaty y testigos; de que certifico. (Firmado): Juan José Barros -José Inocencio Gauto- Felipe Chamorro. Tgo. Franco. Valdez. Tgo. José de la Cruz Chamorro".

            Ninguna mención hallamos en el expediente a que dio origen el conflicto entre las dos parroquias, del florecimiento milagroso del mástil situado frente a la iglesia de Mbocayaty que, según la tradición se produjo el 9 de Setiembre de 1857 o sea, la víspera de firmarse el Supremo Decreto ordenando la devolución de la imagen a la Iglesia Parroquial de Villa Rica; no por eso, sin embargo, es menos digna de conservarse. Y a los que me critiquen por perder el tiempo desenterrando leyendas les contestaré, con un poquito de la sorna que inflamará al Mayordomo Barros al informar a Don Carlos Antonio sobre lo ocurrido durante la entrega de la imagen, que comparen este hecho de un sabor bien nacional y profundamente espiritual, con la vulgaridad de nuestra vida presente amasada de materialismo... y que no traten de arrebatarnos los ornamentos de nuestras leyendas y tradiciones que constituyen los adornos típicos de nuestra nacionalidad...

 

            NOTAS: El expediente original citado lo conserva don Juan Grassi, yerno de un señor Almirón, de quien se asegura haber arrancado un gajo del milagroso retoño; el Señor Almirón habría conservado en su poder este gajo hasta su destrucción por la polilla. - En cuanto al florecimiento del asta de bandera de Mbocayaty, no puede descartarse la posibilidad de que haya efectivamente ocurrido: existen varias clases de madera, que utilizadas como postes en cierta época del año, echan brotes y algunos como el timbo, yvyrapytãy otros, también echan raíces. Trátase, por consiguiente, de un fenómeno fácilmente explicable.

            Varias personas de edad - entre ellas las señoritas Pires - que han oído relatar los sucesos esbozados, aseguran que en Villarrica, cuando se efectuó el traslado de la imagen de la Virgen desde Mbocayaty, no quedaron en aquella más que los tullidos y dos o tres gravemente enfermos, tal fue el entusiasmo reinante entre los guaireños con motivo de su triunfo. La familia de Pires también conserva tres largos "poemas" atribuidos a Francisco Valdez (cuya firma aparece en el expediente); uno de ellos llora el traslado de la imagen de Villarrica a Mbocayaty; otro canta su devolución; el último, el retorno de la Virgen. La calidad de estos versos, seguramente, no autorizaría a su autor a utilizarlos como pasaporte al Parnaso; pero a pesar de su rusticidad, merecen ser citados como documento que refleja el estado de ánimo de la población con motivo del largo litigio.

 

Día de tristeza y duelo,

el veinticuatro de Diciembre;

justo es que la Virgen tiemble

en su mayor desconsuelo.

Todos a gritos el pueblo

hombres y niños y mujeres;

con indecibles sollozos,

con suspiros dolorosos

Entre tantas amarguras

se vio entrar unos hombres

con palancas y torzales;

señas claras y figuras

para aumentar las ternuras

a los muchos que sentían.

También por la Sacristía

unas andas las metieron

que para el efecto formaron

¡cuánto dolor sentirían!

 

Ya os asomáis a la villa

pura, limpia Concepción;

camina sin detención

con estas nobles familias

que te cantan de rodillas,

como a divina princesa,

conociendo la firmeza

que demuestran tus amados

pues a pedir por ti han osado

con energía y firmeza.

Alégrate, pueblo feliz,

ya tenemos la mediadora

sosiégate pues en fin

que tu gloria será sin fin

y tu triunfo memorable

y se escribirá en los anales

como para eterno recuerdo

de este general acuerdo

de este notable suceso.

 

Salid, salid pajarillos,

de esas selvas a trinar,

a este pueblo a secundar

con vuestros picos doradillos;

pues vosotros jilguerillos sois

sois testigos de la alegría

con melodías a porfía,

como avecillas inocentes

justificaréis por las gentes

cuán festivos traen a María.

 

Rendid todos homenaje

criaturas inanimadas,

esta Virgen Inmaculada

que viene por estos lugares,

a quien los ángeles en el aire,

se sorprenden al mirar,

dejando de cantar,

absortos y enmudecidos,

se embelesan con vosotros

esa belleza a contemplar.

Ya estáis en vuestra casa,

hermosa Palma de Cadés,

el pueblo por ti se avanza,

concédele eterna esperanza

de no abandonarlo jamás

y que su protección serás

y segura mediadora

como Madre redentora

nunca de él te olvidarás.

 

 

* (Compárese con los "inauditos sucesos" denunciados por el Mayordomo Barros en el expediente).

 

 

 

Marchante - Olga Blinder 

 

 

22

 

UN VILLANCICO GUARANÍ

 

            La última vez que estuve en Potrero Garcete, escuché el siguiente "villancico" entonado por un grupo de niños reunidos alrededor de un pesebre que representaba el Nacimiento:

 

            I

 

Yvyku'i porãjeko raka'e       

Niño Jesu oñembosarái hague

 

Coro:

           

Oe, oe; oñembosaráima Niño Jesu.   

 

II

 

Espartilloty sakãjeko raka'e  

Niño Jesu oñemimi hague.

 

Coro:

 

Oe, oe; oñemíma Niño Jesu.

 

 

            III

Ykua rovymi jeko raka'e

Niño Jesu ojepyhéi hague.

 

Coro:

 

Oe, oe; ojepyhéima Niño Jesu.

 

            IV

Pindo máta mbohapymi jeko raka'e

Niño Jesu opytu'umi hague.

 

Coro:

Oe, oe; opytu'úma Niño Jesu.

 

            V

Silla de oromi jeko raka'e

Niño Jesu oguapymi hague.

 

Coro:

Oe, oe; oguapýma Niño Jesu.

 

 

 

            I

Dicen que fue en un lugar cubierto de

arena donde jugaba el Niño Jesús.

 

Coro:

Oé, oé; ya juega el Niño Jesús.

 

            II

Dicen que fue un lugar cubierto de

ralas matas de espartillo donde el

Niño Jesús jugaba al escondite.

 

Coro:

 

Oé, oé; se oculta el Niño Jesús.

 

            III

Dicen que fue en una pequeña fuente

de aguas azules

que el Niño Jesús se lavaba los pies

 

Coro:

 

Oé, oé; el Niño Jesús ya se lava los   pies

 

            IV

Dicen que había tres pequeñas

palmeras

en donde el Niño Jesús solía descansar

 

Coro:

 

Oé, oé; ya descansa el Niño Jesús.

 

            V

Dicen que era en una pequeña silla de

oro que el Niño Jesús solía sentarse

 

Coro:

 

Oé, oé; ya se sienta el Niño Jesús.

 

            Potrero Garcete es un largo cañadón situado en el corazón de la selva, distante unas siete leguas de la Colonia Mauricio José Troche. Rodean el cañadón, que desde tiempo inmemorial es la morada de tribus indígenas, numerosas chozas de Mbyá, pero en el cañadón mismo hállanse establecidas siete u ocho familias paraguayas que se dedican a la ganadería en pequeña escala y la agricultura e incrementan sus ingresos en los obrajes - explotaciones forestales - de los alrededores. Es a Potrero Garcete que me encamino cada vez que se me presenta ocasión para ello, acuciado por el afán de ir hurgando cada vez un poco más en el alma indígena e ir descorriendo el velo que cubre sus secretos milenarios. Sírveme de base de operaciones en estas excursiones la casa de mi dilecto amigo don Vicente Benítez, patriarca de Potrero Garcete, cuyo establecimiento está situado a distancia relativamente corta de varias chozas de Mbyá. Esta circunstancia, unida a la exquisita hospitalidad del dueño de casa, la convierten en lugar ideal para mis investigaciones. Y fue allí mismo, en el pesebre preparado por la hija de don Vicente en honor del Niño Jesús, que escuché las estrofas transcriptas.

            La noche de marras, tenía yo la cabeza demasiado llena de un descubrimiento que acababa de hacer, para prestar atención detenida al villancico entonado por el grupo juvenil en honor del Niño: mi buen amigo Tomás, de Yvytuko, acababa de divulgarme los himnos sagrados referentes a la milenaria creencia guaraní en la resurrección del cuerpo, mencionada en las crónicas de la Conquista y subrayada por el escritor Ramón I. Cardozo, asunto del que me ocupo en otro capítulo. Pero quiso la casualidad que, de regreso a Villarrica y buscando algo que leer, tropezara, en un viejo ejemplar de Cultura, con los siguientes versos:

 

            "Y si hablaba el lenguaje de bronce de Castilla

            y si al pálido Cristo ofrendaba su culto;

            en la selva, a la orilla

            florida de los ríos, en el grave tumulto

            de su alma, en un impulso violento e imprevisto

            destronaba Tupãal magro Jesucristo... "

 

            La lectura de estos versos dedicados por J. Natalicio González al Mestizo me impulsó a obtener una copia del villancico transcripto al comienzo de estas líneas; y de que se trata de una canción infantil genuinamente cristiana me convenció el hecho de haberme proporcionado versiones idénticas amigos radicados en la Colonia Mauricio José Troche, en Natalicio Talavera y en Villarrica. Pero, ¿qué relación puede haber entre "los impulsos violentos e imprevistos" del alma del mestizo, y nuestro villancico? Un somero análisis de las estrofas del villancico bastará, creo, para demostrar que existe tal relación.

            Dice nuestra canción que "fue en un lugar cubierto de arena donde jugaba el Niño Jesús". Las Sagradas Escrituras no dicen que el Redentor, cuando Niño, jugaba en un lugar cubierto de arena; pero el mito que describe el origen de la raza guaraní, transcripto en la leyenda titulada Ñande sy juka hare dicen que las huellas de nuestra abuela, progenitora de la raza, se conservan aún intactas en las arenas que circundan el Ykua Yvu o fuente situada en el centro de nuestro Jardín de Edén.

            Dice también el villancico que el Niño Jesús se lavaba los pies "en una fuente de aguas azules". De este hecho no hablan tampoco las Escrituras; pero en el Jardín de Edén guaraní, según la misma leyenda citada, existe una fuente en cuyas aguas cristalinas abrevaban la sed Papá Mirĩy su mujer, padres de la raza.

            Según nuestro villancico, el Niño jugaba a la sombra de tres palmeras pindó, hecho que tampoco figura en los Evangelios. Pero si el lector quiere dar un vistazo al mito de la creación titulado Yvyra Ju’Y, verá el papel destacadísimo que desempeña la palmera pindo en la mitología guaraní; y en Ñande Sy Juka Hare verá que en el Jardín de Edén guaraní existía una palmera milagrosa cuyas flores libaba el avecilla Piri'y riki.

            "Dicen que fue en una pequeña silla de oro que el Niño Jesús solía sentarse", dice nuestro villancico, circunstancia de la que tampoco hallamos mención en las Escrituras. Pero el mito guaraní de la Creación, cuya traducción figura en estas páginas bajo el título de Yvyra Ju’Y dice que el Creador surgió a la actividad, en medio de las tinieblas originarias, sentado en apyka -silla-.

            Y siendo de opinión -como creo que convendrá conmigo el lector- que los comentarios huelgan, pondré fin a estas líneas dando por agotado el tema.

 

 

 

23

 

MIMBYPU  JAHAKUEVOGUA

 

            Es la hora del crespúsculo, hora de los recuerdos. El Cacique Emeterio, recostado contra el tronco del majestuoso yvyrapytãque se yergue sobre nuestro rancho, toma el mimby y toca: melodía salvaje, primitiva, que evoca cosas semi-perdidas en los nichos de la memoria.

            Es un día de primavera. Dos criaturas, sentadas a la sombra de un naranjo al borde de un alegre arroyuelo, se extasían ante las bellezas de la creación. Perfume de flores y hierbas; entre el espartillar de la loma silban alegres las martinetas, chopĩ, korochire y chochĩ, todos los alados cantores de la estación primaveral, entonan salmos de glorificación al Creador. Banquete de los sentidos, que llena el alma inocente de arrobamiento.

            Sigue la melodía salvaje, monótona; el mismo ritmo lento acompasado; pero, en su esencia sutil, de una manera indescriptible, tiene que haber variado, pues hace vibrar otras células de la memoria.

            Es el mismo hermoso día de primavera: alfombras de flores, perfume de niño-azote y azahar; gorjeo de innumerables avecillas entre las ramas cargadas de tierno follaje. Pero el silbido del ynambu guasu en el espartíllar y el gorjeo del zorzal y del chopĩ, han tomado otro timbre, la sonora llamada del kogoe ha cambiado: ya no elevan plegarias inspiradas en los esplendores de la primavera, sino entonan cantos de amor, del amor del macho por la hembra; las flores exhalan fragancias afrodisíaca y el mismo arroyuelo canturrea melodías incitantes al pasar. La naturaleza toda, con sus colores, armonías y perfumes, incita al amor y el hombre y la mujer sentados a la sombra del naranjo al borde del arroyo, dominados por la mágica sugestión del ambiente, se dirigen tiernas miradas y se juran amor eterno.

            Ha tomado otro ritmo la melodía salvaje del mimby, y la escena que resucita es distinta...

            La brisa susurra tristemente entre las hojas de frondosos árboles, cuyas siluetas en la luz crepuscular semejan fantasmas de amores muertos; melancólico es el murmullo del arroyo, que huye lleno de espanto en busca de escenas más alegres; ha callado el coro alado que otrora entonara himnos de felicidad y de amor; la triste endecha de karãu llega al alma dolorida del hombre sentado solo al pie del naranjo; y el urutau eleva al cielo su lamento desgarrador por el amor traicionado.

 

 

 

Mujeres de mi tierra - Andrés Guevara 

 

 

24

 

YNAMBU  TATAUPA

 

            Ynambu Tataupa es el nombre con el que nosotros, los paraguayos, designamos la pequeña perdiz de los "capuerones", de color violáceo; cuyo canto, comenzando en un silbido agudo y prolongado, como llamando la atención de todos los que se hallen dentro del alcance de su reclamo, va aumentando en intensidad y ritmo hasta alcanzar su nota culminante, para luego ir decreciendo en volumen hasta terminar en una serie de gorgojeos suaves a los que debe el nombre que le aplican los Mbyá: inambu tororõi -la pequeña perdiz que gorgojea-.

            Nada tiene la Ynambu tataupa -designación que equivale a: perdiz portadora de lumbre o, quizás: perdiz de los fogones- que justifique el nombre que se le ha dado y que hasta hoy utilizamos; su color no tiene semejanza con el del fuego, tampoco con el de las cenizas si exceptuamos un pequeño mechón de plumas grisáceas en la sentadera. En cuanto a la onomatopeya, salta a la vista que debe descartarse para el estudio del nombre, siendo en cambio voz onomatopéyica el que le aplican los Mbyá. Tampoco entre los cuentos y leyendas de nuestros campesinos puede hallarse nada que arroje luz sobre el origen de la palabra; pues aunque con singular ingenio describen las características y virtudes de un sinnúmero de aves, entre ellas varias especies de ynambu o perdices, no he dado con ninguno que explique a la especie que nos ocupa, se le atribuya la virtud de ser portadora o dueña del fuego.

            Pero, así como espero haber demostrado que son las tradiciones guaraníes, olvidadas por la inmensa mayoría de nosotros, las que han dado origen a locuciones y figuras de empleo cotidiano en el lenguaje íntimo de nuestro pueblo, así también he llegado a la conclusión de que debe ser una de estas tradiciones la que encierra la explicación del nombre que encabeza estas líneas, ante cuya etimología debe haberse sentido perplejo más de un estudioso de nuestra ornitología. Y, si la parábola que transcribo no explica en forma amplia y satisfactoria el origen del vocablo tataupa, al menos nos enseña que es en las tradiciones guaraníes que debemos buscar su génesis. Dice textualmente la parábola, narrádame hace poco por Tomás, de Yvytuko.

            Erase una señora que vivía en compañía de su único hijo y un huerfanito a quien había adoptado. Al llegar el hijo a la edad viril, se marchó acompañando a los de su tribu a una excursión a tierras lejanas. Meses después de haberse ausentado, escuchóse en las cercanías de la vivienda el grito del Urukure'a -lechuza- y al oírlo exclamó la mujer:

             - ¡Oh, Urukure'a! ¿Me dices que mi pí’a -hijito- está sano y salvo, o qué noticias me traes de él?

            Al anochecer del día siguiente, volvió a cantar el ave, exclamando otra vez la mujer:

            - ¡Oh, avecilla que resguardaste a Ñande Ru; dime que mi hijo está sano y salvo y que pronto lo volveré a ver! (Nota: en el mito de la Creación, la Lechuza aparece resguardando al Creador).

            Aquella noche, en sueños, se le apareció su hijo, diciéndole:

            - Si aprecias tu vida, no vuelvas a preguntar por mí al ave que resguardó a Ñande Ru en medio de las tinieblas.

            Pero cuando por tercera vez se escuchó el grito del Urukure'a en las cercanías del tapýi la pobre mujer, presa de irrefrenable emoción, volvió a gritar:

            - ¡Oh, avecilla bienaventurada -guyra marangatu-! Tráeme noticias de mi hijo, a quien quiero más que la vida.

            Apenas hubo pronunciado estas palabras, llamaron a la puerta: había vuelto su hijo, pero del reino de las sombras, pues había caído en combate. La madre le miró y, al darse cuenta de que se hallaba en presencia de un espíritu, cayó muerta al suelo.

            El huérfano, atemorizado, huyó, internándose en la selva. Hacía un frío intenso y él ni fuego ni abrigo tenía, pero en el camino se le presentó una inambu tororõ, diciéndole que ella tenía lumbre; más como era inseparable de su cuerpo, no se le debía atizar sino, una vez encendido el fuego, dejar que los tizones fueran consumiéndose, apenas soplándolos de vez en cuando. El huérfano recogió leña que, puesta en contacto con la brasa que llevaba la perdiz, se encendió; se acostaron y durmieron. Después del primer sueño profundo se despertó el niño, tiritando de frío; olvidó la advertencia que había recibido y en su afán de avivar el fuego lo más pronto posible, atizó la lumbre mágica contenida en el cuerpo de la perdiz; ésta, despertándose asustada, se alejó volando, el fuego se apagó, y el niño murió de frío.

            Volvió al amanecer inambu tororõi, cubrió el cuerpecillo del niño muerto con hojarasca y pronunció sobre él un soliloquio fúnebre, preguntándose por qué no habría seguido los consejos desinteresados de un benefactor, quien le había demostrado caridad y amor.

            Más interesado en la etimología de tataupa que en la poesía y filosofía contenidas en la parábola, pregunté a mi interlocutor si entre las leyendas y tradiciones que conocía figuraba alguna que explicaba por qué la inambu tororõi es considerada por los Mbyá como portadora o dueña del fuego: tata ja (jára), informándome que él lo ignoraba; pero de que esta perdiz es portadora de fuego mágico -tata marane’ỹ- es un hecho conocido por todos.

            Y de esta tradición, olvidada no solo por nosotros sino, al parecer, imperfectamente conocida por los mismos indios, conservamos el recuerdo en el nombre que utilizamos para designar a la pequeña perdiz de nuestros kokuere que, con su alegre silbido y suave tororõ, ameniza los crepúsculos de nuestras campiñas.

 

            NOTAS: El mito de Charĩa, contiene la solución de este problema lingüístico. Cuando publiqué las antecedentes líneas en la revista CULTURA, ignoraba los detalles que explican la posesión de fuego divino por la perdiz. Para mayores datos referentes a la perdiz, en la mitología autóctona, ver “Mitología Clásica y Mitología Guaraní”, que aparecerá en otro volumen.

 

 

Ñanduti - Olga Blinder 

 

 

25

 

APÉNDICE I

 

            Aka'ẽ: Al descubrir algo anormal, este pájaro inmediatamente da la voz de alarma; y su costumbre de meterse en todas partes, se halla descrita en forma pintoresca en un "compuesto" que tiene por tema, un gran baile:

 

Ijatypa pe guyra kuéra

oho haguãojeroky,

Aka'ẽheko tujápe,

oguahẽre opoyvy.

 

Upérae ipochy Ano:

"Nde reiko ñane motĩ"

"ko'ãga ite niko ñaguahẽ,

"ha oiméma queja nde hegui".

 

 

Se reunieron todos los pájaros

para ir a bailar;

Aka'ẽ, siguiendo su vieja costumbre

se puso a hurgar.

 

Por eso se enfadó Ano:

"Pues tú nos causas vergüenza;

"apenas hemos llegado,

y ya se quejan de ti.

 

 

            Ano: En los compuestos, Ano y Pirincho son, como es de suponer, compañeros inseparables y, generalmente, marido y mujer. En la medicina popular, una infusión de carne de Ano carbonizada, suele recetarse en el ahógo (asma). Los indios Mbyá dicen que si canta el Ano de noche, es para anunciar desgracias.

 

            Chochĩ: "Chochĩmi nombre -tengo el nido- bien escondido- en el matorral", dice el cancionero popular. Y tan bien escondido lo tiene que pocos son los que pueden afirmar haber encontrado nido de Chochĩ, avecilla tímida y de cantar ameno pero melancólico. Chochĩ, según el compuesto, amaba perdidamente a una mujer, olvidándosele hasta pedir la bendición de su madre, motivo por el cual sufrió la metamorfosis en pájaro. Chochĩno muere ni procrea; se convierte en gusano que, en cierta época del año, vuelve a asumir la forma de pájaro. (Indudablemente, lo difícil que es hallar el nido de Chochĩ, ha dado origen, a estas supersticiones). Dice nuestro compuestero:

 

Oguahẽvove Agosto

oñepyrũojahe'o;

ha oñelamenta asy

oiko peve chugui yso.

 

En cuanto llega Agosto

comienza a llorar;

se lamenta amargamente,

hasta convertirse en gusano.

 

 

            Ka'imi: Estando Ka'imi de paseo con su amigo Kavara (cabra) acompañados de sus respectivas novias, llegaron a un naranjal. Ka'i subió a un naranjo y, eligiendo las frutas más hermosas, las echó a su prometida, sin acordarse de Kavara. Este, sin embargo, no se inmutó; buscó un naranjo de tallo delgado, retrocedió unos pasos y lo embistió con tal fuerza que el suelo se cubrió de naranjas, de las que ofrece las mejores a su novia.

            - Eso es juego de niños -exclamó Ka'imi-, para hacer eso, no se necesita más que fuerza bruta, mientras que para trepar, se necesita habilidad.

            E intentando la misma hazaña, cayó fulminado al suelo, el cráneo destrozado por el golpe.

            Otra versión de la muerte de Ka'imi, es la siguiente:

            Un chacarero a quien las depredaciones de los monos amenazaban dejarlo sin maíz, hizo trato con un rocín, el que se comprometió a librarlo de la plaga a cambio de unas arrobas de grano, durante el invierno que se aproximaba.

            El matungo se acostó en el carril utilizado por los monos para introducirse en la capuera, fingiéndose muerto. Llegó la bandada a la capuera e inmediatamente se pusieron de acuerdo para alejar la carroña pues, decían, no tardará ésta en descomponerse, haciendo insoportable la vida en los alrededores. Con este objeto, se proveyeron de sendos ysypo (bejucos) atando un extremo de cada tira a las patas y pescuezo del caballo y cinchándose con el otro extremo, anudándolo fuertemente para poder tirar libremente. Ka'imi se trepa a un árbol con la consigna de actuar como centinela, y, a su voz de mando, todos empiezan a tirar. Pero, sacudiéndose el mancarrón, se puso de pie, dirigiéndose a toda la velocidad de que era capaz hacia la casa del chacarero, arrastrando tras sí la sarta de monos.

            Al ver este desenlace inesperado, Ka'imi exhortó a sus compañeros, gritándoles con toda la fuerza de sus pulmones:

            - Pejepytasóke, lo mitã! - buscad apoyo para los talones e inclinaos hacia atrás -y, con cada grito que lanzaba, él mismo se inclinaba más y más hacia atrás; aflojó su agarradera, empujando con los talones contra la rama que tenía asida, hasta que perdió el equilibrio y, cayéndose al suelo, se desnucó en el preciso instante en que sus desdichados compañeros eran ultimados a garrotazos por el chacarero.

 

 

            Karãu: Ave negra de triste cantar que ha inspirado, quizá, tantos compuestos como Urutau. Karãu, hallándose en un baile, recibió aviso de que su madre estaba gravemente enferma. Despreocupado, siguió bailando, hasta que llegó un mensajero y dijo:

 

            - Disculpe, Señor Karãu,

            anivéna rejeroky;

            aru ko ndeve la noticia,

            oimeha omano nde sy.

 

            Disculpe, Señor Karãu,

            pero no bailes más;

            yo te traigo la noticia,

            de haber muerto tu madre.

 

            Y Karãu, convertido en ave, prorrumpe en lamentaciones que repite hasta el presente.

 

 

            Kogoe: (Ynambu Kogoe) Perdiz grande de los bosques. A la esposa de Kogoe, hallándose el ausente, la mató un cazador. Volvió a casarse y, temeroso que la segunda esposa corra la suerte de la primera, nunca se separa de su lado; y, si por cualquier motivo ella se aleja, o él, hallándose ella en el nido, se ausenta en busca de alimentos, la llama continuamente, repitiendo en su canto las palabras: Mamópa reho. Reimépa kuña. -¿adónde te fuiste? ¿estás, mujer?-. Según otra versión, grita: "¡Don Juan Cazador!", para que su mujer no se descuide.

 

 

            Kagua: Un amuleto de plumas de Kagua, ahuyenta las serpientes; y una infusión de las plumas chamuscadas es sedante en la epilepsia. Existen dos largos compuestos dedicados exclusivamente a Kagua, describiendo su caída en una trampa armádale por un anciano cazador:

 

            Ynambu heko tujápe

            osẽoguata guata;

            ha upéinte oñemboty

            ipy rehe pe nuhãsã.

 

            Pe jave pe karai tuja

            ijypýpe iñapysẽ.

            Tuvichaite anga opuka!

            Oitýko ivorirã!

 

            Ojora hápe ñuhãsã,

            operere ynambu kagua;

            ipóguima oho jevy;

            hakykuere rehe omoña!

 

            Siguiendo perdiz su vieja costumbre

            a dar un paseo;

            se le anudó por la pata

            el lazo de la trampa.

 

            En este momento el anciano

            apareció en las cercanías.

            ¡Qué manera de reírse!

            Había cogido una presa para su vori!

                                   (vori: plato criollo).

 

            Al desatar el lazo de la trampa

            batió las alas ynambu kagua;

            de entre las manos se le escapó.

            ¡En vano le siguió corriendo!

 

 

            Guyra tóro: (o jaku tóro) llamado por los indios mbyá jayru y, en el lenguaje religioso jaku sãngue -lazo que fue del jaku-. Cuenta la leyenda que Pa'i Rete Kuarahy y Jasyrã-futura luna- los dos grandes héroes de la raza, fueron un día a cazar pájaros. Vivían los héroes en casa de los Mba'e Ypy (los seres primitivos) a quienes ellos consideraban como a sus parientes más cercanos, pero que en realidad eran los que habían devorado a su madre. Al disparar Jasyrãcontra un loro, este esquivó la flecha, exclamando:

            Pende sy u hare,

            peiporaka.

 

            A los que devoraron a vuestra

            madre sustentáis

            (con productos de la caza).

 

            Pa'i comprendió el significado de estas palabras, y ordenó a Jasyrãdevolviera la vida a todos los pájaros que habían cazado y los pusiera de nuevo en libertad. Un lazo de corteza de guembepi (philodendron) que habían utilizado para atar un jaku -faisán-, lo tiró al aire convirtiéndolo en pájaro, Jaku sãngue, lazo que fue del Jaku, siendo este el nombre que lleva hasta el presente en las tradiciones religiosas guaraní mbyá. El guyra tóro o jaku o sãngue, lleva en el pecho el rojo oscuro de la corteza de guembepi de la que fuera creado.

 

 

            Guyra japu: Llamado también jakurréi es pájaro negro de pecho rojo y pico amarillo, muy ruidoso. Vive en bandadas, y todas las parejas construyen sus nidos, que semejan cestos colgantes, en un mismo árbol, dando origen al ne'ẽnga:

            Hóga sarambi,

            ñaimo'ãjakurréi raity.

 

            Tiene la casa desordenada

            como nidos de jakurréi;

 

aplicado a los que tienen casas con muchas dependencias separadas unas de otras.

 

 

            Loro: El que llamamos loríto sa'yju -parakáo en guaraní-mbyá- ocupa lugar destacado en los anales guaraníes. Fue Parakáo el que reveló a los futuros dioses Pa'i Rete Kuarahy y Jasyrã, que su madre había sido devorada por los Mba'e Ypy (seres primitivos). Temeroso Pa'i de que revelara a los hombres también, los secretos del destino, lo desterró a Parakáo al Paraiso; siendo Parakáo el que resuelve si el que solicita admisión al Yva, merece o no entrar. (v. guyra tóro).

 

 

            Chopĩ. El valor de nuestro ñe'ẽnga puede aquilatarse comparando las cuatro palabras de la sentencia: Ta'yrase, ñaímo'ãchopĩ-se parece al chopĩen eso de querer hijos-, con los capítulos de Pájaros del Paraguay, dedicados al guyraũy al chopĩ. En el capítulo dedicado al guyraũdice Azara, influido por los argumentos de su amigo Noceda, de que este pájaro no es más que un chopĩque aún no ha llegado a la plenitud del desarrollo:

            "...En fin, dejando al tiempo que aclare la duda, pondré aquí a los dos pájaros juntos..."

            Posteriormente, sin embargo, y en su capítulo dedicado al chopĩ, dice:

            "Como que sé lo mucho que Noceda ha observado a este pájaro, no debo dudar que la especie anterior o tordo común -guyraũ)- es un chopĩque no cumplió el segundo año de vida. Los dejaré sin embargo, separados porque todavía puede quedar alguna duda en el particular...

            Cita a continuación cinco puntos en que funda su opinión de que el chopĩy el guyraũpertenecen a dos especies distintas; y el veredicto de nuestro satirista autóctono, expresado en mordaz sentencia de cuatro palabras, es que a Azara le asiste la razón, y que el guyraũno es chopĩ, aunque haya sido criado por éste, y por mucho que se le asemeje.

 

 

            Korochire: Según otra leyenda, el cantor ocioso fue convertido en pájaro después de una larga sequía que hizo malograr la cosecha, padeciéndose hambre a causa de los que no tenían provisiones de reserva. Es por eso que nunca abandona las cercanías de los arroyos -en partes se le llama Korochire arroyo-; y en su canto pide abundancia de guavira, aratiku, avatiky, aquéllos, especies de frutas silvestres, y éste, maíz choclo. Estas palabras se le oye pronunciar nítidamente en sus trinos.

 

 

            Guajaki: Raza muy tímida que rehúye todo contacto con la civilización. Según la mitología guaraní-mbyá, los Guajaki fueron favoritos de los dioses pero, presentándose desnudos a una danza ritual, fueron esparcidos por las selvas y condenados a vivir eternamente errantes en castigo de su sacrilegio. Según las mismas tradiciones, los guajaki constituyen la familia humana más antigua, denominándoseles iñaruka tuja, las costillas viejas. Los Mbyá son "las costillas del medio", y los cristianos "las costillas nuevas".

 

 

            Mainumby: Matar un colibrí o destruir su nido, trae desgracias; y el hecho de buscar su alimento en las flores, ha dado origen al sobrenombre que se le aplica, v. g., yvoty jára, dueño (o creador) de las flores. Estas creencias vienen de lejos, pues Mainumby ocupa lugar destacado en la teogonía guaraní, siendo él, el que alimentaba al Ser Supremo durante la creación:

 

            Guyra yma, Maino i

            Ñande Ru yvarakaha.

 

            Fue el pájaro antiguo,

            el colibrí el que sustentó a Nuestro Padre.

 

            Siendo Maino el nombre guaraní-mbyá de colibrí; y yvaraka equivalente, en el vocabulario religioso, de poraka -sustentar-.

 

            Mimby: Los indios tienen dos clases de flautas, la larga y la corta. La flauta corta, mimby miri. La flauta corta, dicen los caciques, engendra la ociosidad; no así la larga, mimby puku, de notas más sonoras. A las mujeres les es lícito tocar la mimby miri, no la larga, que se reserva para los hombres. Kuarahy mimby, flauta del sol, es nombre que se aplica a una especie de garza por semejar su canto las notas de una flauta.

 

 

            Mba'e kuaa: La miel de las abejas Kua-ñeti suele, a veces, ser tóxica, debido seguramente al hecho de haberse elaborado de néctar de flores narcóticas u otras sustancias nocivas. Estas abejas, eran brujos, imba'ekuaáva, y sufrieron la metamorfosis en insectos por haber abusado de su ciencia en perjuicio de sus semejantes. La toxicidad de la miel que elaboran, recuerda el poder que poseían en su existencia anterior.

 

 

            Piririgua (pirincho, pilincho). Hemos visto (v. Aka'ẽ) que Aka'ẽfue amonestado por Ano por su costumbre de meter las narices en todas partes; esto basta para que comience un tumulto:

 

Chopĩma katu ipochy,

osẽoñeremanga:

- Ni porãi niko, chamígo,

Mba'eve'ỹ rehe jajotacha

 

Kuruvita ave ipochy,

heta oje plaguea:

- Che resa'i ha che arruinado,

pero ku avivorea!

Pirincho oñemondýi

oñani ogana koty,

oikekuévo, nipo ra'e,

ikygua jepe oity.

Opa rire la pochy

Pirincho ojejuhu

kygua’ỹgui hague pu'ã,

 

iñaká chara guasu.

 

He i kuchuiguyguy:

- ¡Imposible, che ryke!

¡eñeha'ãeñakãpytĩ

¡pe ne akãivai ete!"

 

 

También Chopĩse enojó,

salió arremangándose:

- No es bueno, amigos,

tacharse mutuamente sin motivo

para ello".

Kuruvita también se enfadó,

mucho rezongó:

- Soy chico y enclenque,

pero ágil, ¡eso sí!"

Pirincho se asustó,

corriendo se introdujo en un

cuarto; y, al entrar

hasta el peine lo perdió.

Una vez terminada la pelea,

Pirincho se encontró

con el cabello en desorden por

falta de peine

y la cabeza toda desaliñada.

 

Dijo el kuchuiguyguy:

- Imposible, mi hermana mayor!

¡Trata de atarte los cabellos,

tan fea está tu cabeza!

 

 

            Urutau: Llamado también Guaimingue -la que fue una anciana. Según otra leyenda, Urutau, el ave fantasma, es la reencarnación de una anciana: guaimi, enviada a la capuera con un grupo de jóvenes para recoger maíz y porotos, con el encargo de volver antes de llegar el sol al cenit. Dedicándose los demás a las tareas que se les habían asignado, la anciana se trepó a un tronco a fin de observar y avisar en cuanto se

aproximara al cenit: kuarahy mbyte. Pero, quedándose dormida, no se despertó sino al desaparecer el astro y haber regresado todos sus compañeros, siendo ella convertida en ave, urutau, ave fantasma; o guaimíngue, la que fue una anciana.

 

 

            Ynambu guasu: La perdiz grande de los prados. Erase una señora muy pobre que mantenía su familia con el producto de cien trampas para cazar pájaros: ñuhãopyvo. Un día, antes de salir a hacer su recorrido habitual, y mientras tomaba el mate, se quejaba amargamente de su destino. Aquel día, halló en el primer lazo, una perdiz; en el segundo, otra; en el tercero, otra; y así sucesivamente hasta verse obligada a arrancar ysypo (bejucos) para asegurar tanta presa. Y, al agacharse para coger la perdiz de la última trampa, levantaron vuelo las perdices, arrastrando consigo a la señora. Tras mucho buscar, sus afligidos hijos dieron con ella, hallándola detrás de un enorme takuru -hormiguero-, rodeada de la bandada de perdices.

            - Ndéiko, mamita -¿eres tú, mamita?-, gritaron los hijos, acercándosele corriendo para pedirle la bendición.

            - Che, ha nda chéi -soy yo y no soy yo-, exclamó la señora, al ser metamorfoseada en ave para escarmiento para los que no se conforman con su destino; siendo éstas las palabras que pronuncia hasta el presente.

            Ynambu guasu, llamada por los Mbyá ynambu pytã-perdiz roja- figura, según la teogonía guaraní, entre los primeros seres que poblaron la tierra:

 

            Mbói yma, tatu i, ynambu pytã,

            Ñande Ru yvy mongyaha ypy hare.

 

            La víbora antigua (ñandurie),

            el pequeño armadillo, la perdiz roja,

            son los que originariamente

            ensuciaron la tierra de Nuestro Padre.

 

 

 

26

 

 

APÉNDICE II

           

            Índice alfabético de temas. Los números corresponden a los capítulos en que aparecen las palabras enumeradas (entre paréntesis, los de las páginas respectivas); el material presentado en este Apéndice no figura en el texto.

 

            Aguara: 10 (p. 46) En el tratamiento del ahógo (asma) se utiliza orina de zorro, y caldo del bofe. En el lumbago se utiliza la grasa y la piel, aquella en fricciones y ésta como faja. Un caldo de corazón de zorro es mentado en el histerismo. -Aún siendo tú el ladrón - dijo el zorro al Eira (Taira barbata) -, siempre es a mí a quien se me acusa de hurto. "Si aúlla un zorro en las cercanías, es de mal agüero: mbora'u". "Si sales de casa y un zorro cruza tu camino, vuelve sobre tus pasos y no salgas aquel día". "A un zorro le persigue un perro, y aquel queda prendido de la cola entre un espinoso Jukeri. Logra por fin zafarse y se mete en la cueva de un tatu en el mismo instante en que el perro le da alcance". "Me he escapado mediante mis ojos, que me permitieron ver la cueva del tatu; mediante mi oído, que me permitió oír a mi perseguidor; mediante mis patas, que me permitieron correr. Y tú, cola miserable, me traicionaste, quedando prendida entre las espinas del jukeri... ¡Que te castigue el perro!" Diciendo esto, saca la cola fuera de la cueva para que la muerda el perro; éste la toma, arrastra fuera de la cueva al zorro y lo mata.

            - Mboaguara: verbo que significa adular, lisonjear (con miras de sacar provecho). Como en muchos cuentos en que figura el zorro éste emplea la lisonja para conseguir sus fines; seguramente hay que buscarse el origen de la palabra en este hecho. Che mbo'aguara - hace conmigo lo que hace el zorro-, significa: me lisonjea, me adula. El equivalente en guaraní clásico es: che mbovivo'o (ijavivo'o), palabra que va cayendo en desuso, reemplazada por aquella.

           

            Aka'ẽ: 6 (p.55). Especie de urraca -Corvidae-. De las distintas variedades, la más renombrada por su natural curioso, característica que la convierte en centinela de la selva, es el Aka'ẽpara -Cyanocóra C. Chrysops. Al descubrir este pájaro algo anormal en las inmediaciones, da la voz de alarma, poniendo sobre aviso a todo ser viviente que se halla al alcance de sus estridentes gritos. Esta característica llamó la atención de Azara, quien la menciona en Pájaros del Paraguay. La costumbre del Aka'ẽde meterse en todas partes (y robar) se halla descripta en forma pintoresca en un "compuesto" que tiene por tema un gran baile de los pájaros:

            Ijatypa pe guyra kuéra

            oho haguãojeroky;

            Aka'ẽ, heko tujápe,

            oñemoi opoyvy.

            Upéare ípochy Ano:

            - Nde reiko ñanemotĩ;

            agãite niko ñavahẽ,

            oiméma queja ndehegui.

 

            Se reunieron todos los pájaros

            para ir a bailar;

            Aka'ẽ, según su costumbre,

            se puso a hurgar.

            Por eso se enfadó Ano:

            - Pues tu nos haces pasar vergüenza;

            apenas hemos llegado,

            y ya hay quejas contra ti.

 

            Aka'ẽpara apytépe jepe jahecha’ỹva: cosa nunca vista, persona totalmente desconocida; literalmente: cosa o persona que ni entre los Aka'ẽse suele ver. Locución muy empleada, que tiene su origen en la curiosidad insaciable de los Aka'ẽque, en bandadas, rodean a todo animal u objeto extraño que encuentran. - Un cocimiento de lengua de Aka’ẽsuele recetarse en el ceceo y la mudez; pero debe tenerse la precaución de administrarse en pequeñas cantidades, por el peligro de que la criatura resulte demasiado habladora.

 

            Alonso: 10, 12, 17. (p. 47, 54, 94) El Hornero (Alonso García), llamado también, según algunos autores (pero no en el Guairá): ogaraity.

            Amor, para conciliar: V. Karaguata’i, karãu, Urutau.

            Amuletos: (p. 146). V. Abogado, relique.

            Andai: (p. 25, 71). Zapallo o calabaza dulce. La semilla se utiliza muchísimo en la medicina popular, en "horchatas" para provocar la transpiración, y en combinación con febrífugos. Recétanse "las cuatro semillas", v.g., las de andai, de zapallo común, de sandía y de melón. -Los Mbyá utilizan el zumo entibiado de flores de andai para curar el dolor de oídos. -Sembrar semilla de andai al compás del croar de las ranas asegura una buena cosecha (hay una especie llamada andai kururu, a. del sapo).

            Angu'a: (p. 52). Mortero (en mbyá-guaraní y guaraní clásico, también tambor).

Existen aún algunos ejemplares, tallados de enormes trozos, con cuatro columnas que unen el "depósito" para el maíz con el pedestal. El mueble es "enterizo", es decir, ha sido labrado de un solo trozo, inclusive las columnas, siendo digno de admiración por el trabajo que ha requerido su fabricación. Las siguientes creencias relacionadas con el Angu’a -artefacto indispensable en el hogar campesino- fueron facilitadas a América Brítez Caballero para una monografía, publicada en los anales del Centro de Estudios Antropológicos del Paraguay: Para que se aquerencie un animal (vaca o caballo) se le da de beber salmuera, con preferencia un día viernes, preparada en el angu'a y utilizando éste como bebedero. Se le salpica después la cara con restos de la salmuera. -tratándose de un perro, se le toma la medida exacta desde el hocico hasta la punta de la cola, con una cuerda de yvíra -Pseudoananas macrodontes- ocultándose esta cuerda debajo del angu'a. -Para que no se extravíe una gallina recién adquirida, basta con cortarle unas plumas de la cola y esconderlas debajo del angu'a. -Si se le permite a un niño sentarse sobre un angu’a, será glotón. -Si al mudarse una familia lleva consigo el angu'a, cambiará constantemente de domicilio. -Para evitar que los hijos se alejen de la casa paterna, antes de servirse la comida debe colocarse la olla, conteniéndola en el angu'a. -Para evitar la llegada de una tempestad la dueña debe echar al suelo, con estrépito, el angu'a, con la boca mirando hacia el punto de donde se espera el viento. Es un recurso infalible si la mujer se recuesta sobre el angu'a, con la cabeza sobre el pedestal y las nalgas descubiertas apuntando en dirección a la tormenta. -La idea de estabilidad, apego al hogar, se debe al hecho de que, siendo muy pesado, raras veces es movido de su lugar.

 

            Anguja: (p. 60) Rata, laucha. En la medicina popular utiliza el excremento de laucha como disolvente de los cálculos renales. El empleo de esta substancia -como el del excremento de otros animales- creo que no se debe a la ciencia médica aborigen, sino que fue importado de Europa; pues en más de una medicina manuscrita -una de ellas atribuida al célebre Mandouti- se elogian las propiedades terapéuticas del excremento de palomas y otros animales. Durante mi contacto con los Mbyá nunca he oído mentar tales substancias.

 

            Ano: 17 (p. 98, 99, 143). V. también Aka'ẽ. Suele recetarse una infusión de Ano carbonizado en el ahógo -asma. -El ano es mbora'u -ave de mal agüero- pues, cuando llora de noche, anuncia desgracias. No es así, sin embargo, a fines de octubre y comienzos de noviembre, porque el Ano sabe que el Día de los Difuntos es alrededor de esa época, y es de su obligación lamentarse. Los Mbyá creen que no hay forma de conjurar el infortunio que anuncia el Ano llorando de noche: se trata de una desgracia inevitable. -Ano resakue -¡Demonio!- (lit.: ojo de Ano), y ¡Ano raitýpe guare -¡que te parta el rayo!- (lit.: procedente del nido del Ano) -locuciones expletivas empleadas para evitar el empleo del nombre de Aña, -el Demonio-.

            Anzoate, Pedro: 20 (p. 11). Hechicero.

            Aña (Añang, añay): (p. 23). Nombre, en la vernácula, del Demonio. En el Paraguay, uno de los peores insultos es : Ne (nde) aña memby -tú, hijo de la diablesa-. Ne aña ra’y - tú, hijo del diablo-, significa, más o menos: tú, tunante; tú, pillo.   -Entre los Mbyá y Apapokuva, Aña es nombre del rival del padre de la raza. -En la vernácula (y en mbyá-guaraní) empléase, con el significado de Demonio, Mba'e Pochy -el Ser Furioso-; pero al referirse al Demonio bíblico, generalmente se dice Lucifer, Sataná(s).

            Ao ao: 7 (p. 35). Monstruo antropófago de la mitología guaraní y del folklore paraguayo, cubierto el cuerpo de lana y las largas garras unidas con membranas. -Cuéntase que un cazador perseguido por Ao ao subió a un pindo. Los monstruos derribaron el pindo, pero el cazador cayó entre las ramas de un árbol que albergaban una planta de Guembe (Phylodendron). Una hoja de guembe se desprendió al chocar la palmera contra la epífita; cayendo al suelo, fue destrozada y devorada por un Ao ao. El monstruo, atacado de náuseas, se alejó del lugar, se revolvió por el suelo y murió. Al ver el efecto producido por la hoja sobre el Ao ao, el cazador echó otras, con idéntico resultado, y en esta manera logró aniquilar a sus perseguidores y ponerse a salvo.

            Aponte, Obispo: 20 (p. 113).

            Apynguarei: 20 (p. 111). Pequeña abeja del género Trigona. -Si anida en un horcón de la casa, la familia permanecerá siempre pobre. -La miel (que la elabora en una cantidad muy pequeña) es muy empleada en medicina, especialmente en colirios; de la cera se fabrica una vela y se coloca detrás de un cedazo; la persona afectada de nube o debilidad de la vista mira la vela al ponerse el sol, colocándose al este del cedazo, v.g., dirigiendo la vista hacia el poniente.

            Ava: 9 (p. 44). Pintoresco personaje del folklore paraguayo, prototipo del bobalicón ingenuo. En los dialectos vivo: hombres, macho.

            Avati: (p. 25, 30). Maíz. Debe ser sembrado y cosechado en menguante. Los marlos cuyos granos han sido utilizados para semilla deben ser esparcidos por la chacra o, mejor, arrojados a una corriente de agua. (Las espigas desgranadas reemplazan al papel higiénico; si a este uso se destinan aquellos cuyos granos han sido sembrados, muchas espigas de la nueva cosecha se enmohecerán y pudrirán). -La barba de maíz tupí (duro) es muy mentado como diurético.

            Aves agoreras: V. Ano, Tajasu guyra.

            Báez, Juan: 20 (p. 112). Hechicero.

            Banano: (p. 88). V. Pakova.

            Batata: (p. 97, 102). V. Jety.

            Bendito-sea-Dios; chingolo: 11 (p. 151).

            Benítez, Juan, hechicero: 20 (p. 113).

            Bienteveo: (p. 54). V. Pitogue.

            Búho. (p. 90). V. Urukure'a.

            Buitre: (p. 77). V. Yryvu.

            Colibrí: V. Mainumby.

            Comadreja: V. Mykurẽ.

            Compuesto, compuesteros: 1 (p. 16, 18) Balada; canción; trovador.

            Culata: (p. 38) Habitación, generalmente en forma redondeada, que constituye una continuación del "lance" o cuerpo principal de la casa. El "lance" generalmente carece de paredes, constituyendo el ogaguy: (p. 38). La culata, resguardada por paredes, constituye la habitación principal. Si hay culata en cada extremo del lance, la casa se llama culata jovái -culatas opuestas-. A veces existe una prolongación de la pared de la culata, para proteger una parte del ogaguy del viento sur; no pasa de metro y medio de altura, y raramente tiene más de dos metros de largo; llámase tapia mbyky: pared corta.

            Chesyhasy (chingolo): V. Bendito-sea-Dios.

            Chingolo. V. Bendito-sea-Dios.

            Chochĩ(p. 18, 133, 144). Tapera naevia, Vieill. "Chochĩmi nombre, tengo el nido bien escondido en el matorral", dice el cancionero popular. Es una licencia del compuestero, porque esta ave deposita sus huevos en nidos ajenos. -Según otro compuesto, Chochĩamaba locamente a una mujer, olvidándosele hasta el pedir la bendición de su madre, siendo por ello metamorfoseado en pájaro. -El Chochĩni muere, ni tiene prole: se convierte en gusano que, en primavera, vuelve a asumir la forma de pájaro. El hecho de ser parasitario, seguramente, ha dado lugar a esta creencia (difundida también en el Brasil). Dice el compuestero: -Ovahẽ- vove agosto, oñepyrũojahe'o; oñembyasy asy, oiko peve chugui yso -en cuanto llega agosto, comienza a llorar; se lamenta amargamente hasta convertirse en gusano-. V. Jasy jatere.

            Chopĩ: 17 (p. 18, 46, 95) Gnorimopsar chopi Vieill. Con este nombre se designa también un baile típico paraguayo, muy animado.

            Dentadura: V. Mbopi.

            Desgracia kue: 7 (p. 35). Lugar situado sobre la antigua ruta a los yerbales, en donde fueron asesinados un yerbatero y su mujer, logrando escaparse un hijo de ellos de corta edad. Otro yerbatero que halló los cadáveres y dio parte a las autoridades fue procesado por el crimen y remitido a la cárcel. Providencialmente poco tiempo después el menor que logró fugarse reconoció al verdadero autor del asesinato, el que fue aprehendido, y el otro puesto en libertad.

            Eira: Tayra barbata. V. Aguara.

            Eíra. miel. Eirete, miel de abejas, empleada en medicina, nombre aplicado generalmente a la miel de abejas silvestres, especialmente la de Jate’i y Apynguarei. La miel de la Apis mellifica: eíra alemán, no es empleada por los curanderos, salvo como alimento.

            Espunjia: V. Guapo’y.

            Fábulas: 6, 10 (p. p. 31, 46).

            Gua’i: Apodo aplicado a los guaireños, naturales del Guairá (Villarrica), nombre del actual departamento y de la antigua extensísima Provincia. -Según me informó el Cacique Vera, existieron dos poderosos caciques, Paraguá y Guairá; al primero, cuya gente se estableció en las márgenes del Río Paraguay, se debería el nombre Paraguay (Paraguá -habitante del mar-; y -agua-; o y -mástil, columna-); al segundo, el de la Provincia y actual departamento.

            Guaikuru. Tribu chaqueña muy temida. Reminiscencia del respeto que inspiraban la constituyen los enmascarados en los juegos de San Juan y San Pedro (V. Rúa de San Juan). Guaíkuru kanílla kuápe: locución que da a entender que el objeto de que se trata está fuera del alcance de quienes hablan, irremisiblemente perdido. La traducción es: dentro de la tibia del Guaikuru. Pero como existe una especie de paja llamada Guaikuru kanílla -y penetrar en estos pajonales es tarea poco menos que imposible, también podría traducirse por: en un agujero o escondite en el pajonal.

            Guaimingue: V. Urutau.

            Guayaná: 20 (p. 111). Tribu no-guaraní del Alto Paraná, cuyos restos se encuentran (o se encontraban hace treinta años, cuando fue escrito este trabajo) en los Puertos de Paranambu y Pirapytã. Se cuenta que durante la guerra grande algunos desertores se refugiaron entre los Guayaná y, uniéndose con mujeres de la tribu, tuvieron numerosa descendencia.

            Guapo'y: 3 (p. 23) Higuera silvestre, Ficus. En la medicina es empleado también un emplasto del látex para curar el lumbago. El nombre mbyá de este árbol es kuachingy o koachingy -el árbol -y- del coatí -koachi-.

            Guarambáu: Instrumento musical consistente en un arco de 60 ctms. con una cuerda. Se toca golpeando la cuerda con una varilla, colocada aquella frente a la boca abierta, y modulando el sonido con el aliento.

            Guavira: (p. 29). Campomanesia xanthocarpa, Berg. -Una infusión de los brotos tiernos se emplean en los cólicos. -La fruta es muy apreciada y la comen todas clases de animales y aves, especialmente las iguanas que, en época de guavira, suelen estar muy gordas. -Arando la tierra con un arado con diente de madera de guavira se evita la aparición de urupe, hongos que causan la putrefacción de los tubérculos de la mandioca. -Guavirami, Campomanesia obsversa, se emplea como diurético y estomáquico; la cáscara seca de la fruta, para impartir un sabor agradable a la caña, y en la fabricación de licores.

            Guembe, 5 (p. 35, 29). Philodendron selloum. Según otra leyenda que me narró el Mayor Cristino, de Potrero Garcete, el Guembe es una hija de Pa'i Rete Kuaray, metamorfoseada en epífita por su rival Charĩa. La versión "ortodoxa", sin embargo, dice que esta planta fue creada por Pa'i simultáneamente con otros árboles frutales. El fruto maduro es muy apreciado; el verde se come tostado; de la corteza de las rizomas: guembepi, se fabrican cuerdas, adornos para canastas, y se utiliza en la fabricación de flechas. Es tal su importancia en la economía guaraní que entre los frutos dedicados a Dios en el festival de tembi'u aguije -perfección o madurez de los alimentos-, siempre se incluyen frutos de guembe. -En la medicina criolla se emplea un cocimiento de las hojas como enema en los cólicos, y como vermífugo. V. Ao ao.

            Guyra kampána: 8 (p. 37). Procnias nudicollis.

            Guyra tóro: (p. 147). Jayru o jakuchangue.

            Guyraũ: 17 (p. 96). Tordo común.

            Guyra japu: (p. 147). Nombre guaireño de una especie de pájaros de cesto. Constituyen sus nidos en forma de cestos, cada uno en una hoja de la misma palmera, formando una colonia.

            Halcón: (p. 46).

            Havía. (p. 85). Especie de zorzal Consume excremento humano, dando lugar a la expresión: ¡Tepoti ty reheve! he'i havía -¡excremento con orina!, dice el havía-; equivalente vulgar de nuestro: ¡Qué barbaridad!

            Hechiceros: 20 (p. 111).

            Homen, Luís: 19 (p. 109).

            Hongos que perjudican la mandioca: V. Urupe, Guavira.

            Hormigas: V. Tahýi.

            Kagua: (p. 18, 146, 147). Ynambu kagua -Tinamus solitarius-, llamada Inambu guachu por los Mbyá. -Un amuleto de plumas de kagua ahuyenta a las víboras; en casos de mordeduras de serpientes, se administra un cocimiento de molleja y plumas; una infusión de plumas chamuscadas es sedante en las convulsiones.

- Existen dos largos compuestos dedicados al kagua, describiendo su caída en una trampa: Ynambu heko tujápe, osẽoguata guata; upéinte oñemboty hetymáre ñuhãsã. Pe jave karai tuja ijypýpe iñapysẽ: !tuvicháite anga opuka! Oityko ovorirã. Ojorahápe ñuhãsã, operere ynambu kagua; ipóguima oho jevy; hakykuere rehéma omoña. -Siguiendo la perdiz su vieja costumbre, salió a dar un paseo, y de repente se le anudó por la pata el lazo de una trampa. En aquel momento el anciano asomó el hocico en las cercanías: ¡qué manera de reírse! Había cogido una presa para su vori (plato a base de harina de maíz y carne). Al desatar el lazo de la trampa, ynambu kagua batió las alas: de entre las manos se le escapó, y ya en vano le siguió corriendo.

            Ka’imi: 14, (p. 17, 32). Mono pequeño. Un mono encontró una gama que comía porotos en una chacra. -Si no me permite ensillarte y utilizarte como montado, te delataré al dueño de la chacra, quien te matará-, dijo el mono. Atemorizada la gama, permitió al mono colocarle la silla, pero se opuso a que la apretase con la cincha, porque estaba preñada. -Si no permites que te aprete con la cincha, te delataré y se te matará-, volvió a decir el mono. Accedió la gama a que la cinchase, y el mono ordenó le condujese a una fuente en donde una chica a quien festejaba, pero a quien no le caía en gracia, lavaba ropa. -Yo le pediré una calabaza -hy'akua- de agua, y en cuanto haya bebido, fingirás haberte asustado, y caracolearás-, dijo el mono. Llegaron a la fuente, el mono pidió agua; la chica le alcanzó una calabaza llena; bebió el mono, momento en el cual dio un brinco su montado. El mono, aparentemente obligado a ello por el brusco movimiento de su montado, alzó en alto la calabaza aún casi llena y la rompió contra la cabeza de la doncella. El ruido de la calabaza al romperse contra la cabeza de la doncella asustó a la gama; partió a toda carrera y, al pasar por debajo de un jukeri -mimosa- para introducirse en el monte, el mono quedó prendido de un garfio que le atravesó un párpado, escapándose la gama. Gritó Ka'imi pidiendo socorro, pero todos los animales, aves e insectos se mofaron de él. La hormiga, sin embargo, se le acercó, le comió un párpado, con lo que se desprendió de la espina de la que estaba colgado y se salvó. –Ka’i invitó a su pariente Karaja -Alouata- a salir a visitar a unas chicas, y aceptó Karaja. Al acercarse el dúo a la casa, exclamaron las chicas: Amóna ou Kai Karaja reheve -¡Allá viene el mono acompañado de Karaja! -Se burlan de nosotros, -dijo Karaja-, regresemos. -No seas zonzo -respondió Ka'imi-, lo que dicen es: Móna ou Pa'i hovaja reheve -Allá viene el cura acompañado por su cuñado. -Una locución empleada en el Guairá es: Ika’i kyra -tiene grasa de mono-, equivalente a: posee algún hechizo o talismán. Puede deberse a que el mono es de carnes muy magras, en cuyo caso equivaldría a decir que la persona a que se alude posee alguna virtud muy rara. Véase también "Notas sobre los funerales en el Paraguay", de Irma Isnardi, VII Serie de Publicaciones del Centro de Estudios Antropológicos del Paraguay.

            Kamba po'i: 17 (p. 96). Nombre guaireño del guyraũo tordo.

            Kamba ra'anga: V. Rúa de San Juan.

            Karaguata. 17 (p. 100) Bromeliáceae. Las raíces dan una fibra resistente para fabricar sogas y brochas. La fruta madura se emplea como laxante en el empacho. Karaguata'i: planta pequeñísima que crece en los campos, parecida a un karaguata en miniatura, entre cuyas hojas se encuentran a veces unas gotas de rocío. Debe mascarse la planta, en ayunas; la saliva resultante se echa en un recipiente conteniendo caña, agregándose las gotas de rocío halladas entre las hojas. Se administra como filtro a la persona cuyo amor se quiere conciliar.

            Karajao. 9 (p. 44). La etimología de la palabra parece ser: karaja -mono grande-; o -casa-; pero hay muchos que afirman que es Karai ao -el señor de la ropa (o: la ropa del señor).

            Karãu: (p. 134, 145, 146). Aramus scolopaceus. Es demasiado conocida la leyenda para ser reproducida. Consérvase en el Guairá el Karãu compuesto, que comienza: Disculpe Señor Karãu, anivéna rejeroky aju romomarandúvo oimeha omano nde sy: disculpe, Señor Karãu, no bailes más, por favor; vengo a avisarte que ha muerto tu madre. - Entre los Indios, una yerba conocida como karãu ka'a -la hierba del karãu-, es considerada como filtro amatorio eficaz. Dicen también que el karãu vierte lágrimas si se le toma, las que constituyen un medio infalible, aplicadas a hurtadillas, para conciliar el amor de una doncella.

            Karaja: 17 (p. 100). Mono del género Alouata. V. Kaimi (nota).

            Koachingy: V. Guapo'y.

            Kochésa: 1 (p. 16). Cosecha de caña y elaboración de miel. Antaño, y hasta ahora en los lugares apartados, la mayoría de los trabajos se realizaban en forma cooperativa. Los kamáda moĩha acomodan las cañas en haces y las trasportan al trapiche; el trapiche -mongaruha- alimenta el trapiche (los de madera van siendo remplazados por los de hierro, pero se afirma que la miel producida en aquéllos es más sabrosa); el gaváso rekyiha extrae el bagazo; y el gaváso momboha lo tira. En la cocción interviene el tisonero, quien alimenta el fuego, trasvasa el mosto y ordena sacarlo de la olla cuando está a punto. La kaséra o eíra mboro’yha, se ocupa en extraer porciones del líquido en ebullición, elevarlo hasta cierta altura en el "caso" [cazo], y lo vuelve a verter en la olla para evitar que la miel se derrame. La kachái pe'aha, con cazos llenos de pequeños agujeros, quitan la espuma del mosto. Abundan los voluntarios que relevan a los trabajadores, cobrando su trabajo con el consumo de grandes cantidades de mosto frío y caliente y de kachái, la espuma fina que sobrenada al alcanzar el mosto el punto de ebullición. V. Haru.

            Kogoe, mokõi kogoe, ynambu kogoe: (p. 146). Cuenta que a la esposa de kogoe, hallándose él ausente, la mató un cazador. Volvió a casarse y, temiendo que la segunda esposa pueda correr la misma suerte que la primera, nunca se separa de ella; y si por cualquier motivo se aleja ella o, si hallándose ella encobando, él va en busca de alimentos, la llama continuamente con silbido melancólico y penetrante, repitiendo incesantemente: Mamópa reho; o: Reimépa, kuña: ¿Adónde te fuiste? ¿Estás, mujer? Según otra versión, dice: ¡Don Juan, cazador!, refiriéndose al cazador que mató a su primera esposa.

            Korochire: 5 (p. 133, 149). Zorzal.

            Kurusu légua: 17 (p. 99). Cruz que señala leguas.

            Kurusu ygáu: Musgo de las cruces. El musgo que se cría en las cruces se recoge en día viernes, después de haberse pronunciado una plegaria al pié de la cruz cuyo musgo se va a utilizar. A este musgo se añaden tres kyvu kyvu –mirmelones- recogidos en el patio de la iglesia o los alrededores de la casa de un hombre casado virtuoso; se prepara de todo ello un cocimiento que se administra en el mate a los esposos adúlteros, o amancebados, para reformarlos.

            Lapacho: 3 (p. 25, 119). Tecoma ype.

            Laucha: V. Anguja.

            Lechuza: V. Urukure'a.

            Lembu: (p. 102). Nombre en la vernácula del escarabajo; ene en guaraní clásico y mbyá.

            Loro, lorito: (p. 44). Tujuju, la Cigüeña, encomendó a su compadre el Loro, que era sastre, la confección de un par de pantalones. A Lorito se le perdieron las medidas de las piernas, pero apurado por terminar su trabajo, hizo los pantalones utilizando las proporciones de su propio cuerpo. Al ponérselos Tujuju, y viendo Lorito que le quedaban ridículamente cortos, dijo: Los hice así, compadre, para evitarte el trabajo de remangártelos continuamente, pues sé que pasas la mayor parte de tu vida en los esteros y bañados.

            Luisón (lobisón): (p. 109). V. Plata yvyguy, 19, Notas.

            Luna: V. Jasy.

            Lluvias, manera de atraerlas, y otras creencias y prácticas relacionadas con el tiempo. Para que llueva, hay que esconder el cachimbo -pipa de fumar- de una anciana. También suele hurtarse una olla perteneciente a una persona colérica y que posee una sola, sumergiéndola en un arroyo o manantial. En cuanto haya llovido, debe devolverse la olla. - Matar un sapo y colocarlo panza arriba atrae lluvias.

- Cuando una lluvia coincide con la muerte de alguien suele decirse: Oñembopiro'y lasánima -se refresca el alma (del difunto). - Si una sequía se prolonga, la práctica más en boga es bañar una cruz; si no produce resultado esta operación, se sumerge la cruz en un arroyo, asegurándola con una cuerda para que no sea arrastrada por la corriente. He visto hacer la misma cosa con una imagen de San Vicente Ferrer. - Entre los Mbyá, en casos de sequía prolongada clavan la vara (yvyra'i, emblema del poder) en una corriente de agua, en posición horizontal-. En Villarrica existen varias cruces con fama de milagrosas, destacándose entre ellas, hace décadas, la Kurusu Bartólo, erigida al borde del arroyo en que muriera ahogado, en tiempo del Dictador Francia, un cura muy popular. Ramón I. Cardozo, en sus Tradiciones Guaireñas, publicadas en "El Deber", le dedica un trabajo que termina con estas palabras: "La mencionada cruz es milagrosa. Cuando la sequía se hace prolongada y las rogativas del pueblo no obtienen el favor del cielo de enviar una lluvia bienhechora, se recurre como supremo medio a Kurusu Bartólo, haciéndole una novena y llevándola cada tarde al Arroyo Bartolo para darle un baño. Al terminar el noveno día, infaliblemente el cielo se nubla, la atmósfera se refresca, y la lluvia bienhechora cae piadosamente devolviendo a la tierra agrietada y desesperada, la vida". -Para que sople viento norte, que trae lluvias, se golpea el cráneo de un caballo. -Para que escampe, el hijo menor se agacha sobre el fogón y arroja puñados de cenizas por entre las piernas. -También, da vueltas al tata’y -tizón principal del fogón, introduciendo en el fuego la punta sin quemar. -Para que amaine una tormenta, se echan al fuego un puñado de yerba bendecida con unas astillas de asta de vaca y hojas de pindo karai. - Para que sople viento sur, que despeja el cielo, se adorna el parante principal de la tranquera o el portón con ramilletes de flores.

            Maino (mainomby o mainumby): Colibrí: 13 (p. 150). Hay una especie llamada Kuarachy'a -fruto del Sol- por los Mbyá, designación que destaca el lugar que ocupa en la mitología aborigen. -Según una creencia guaireña, cuando entra un colibrí en una casa en donde ha muerto una criatura de corta edad, es el alma del "angelito" que vuelve; hay que saludarla con las palabras: Noticia porãogueru: trae buenas noticias. - A una señora muy devota, amiga de adornar el altar de la iglesia de su barrio (Ybaroty, Villarrica), la he oído exclamar, observando un colibrí que revoloteaba en su jardín de planta en planta: Embopotýke, mainumby, che jardín, Tupãsy meguãrã: adorna, colibrí, mi jardín, con flores para la Virgen.

            Magia, 20, (p. 113, 115).

            Maíz: V. avati

            Mandi'o: Mandioca: (p. 102). Una especie, la mandi’omi, alta y frondosa pero que produce pocos tubérculos, es empleada en medicina, administrándose un cocimiento de los tubérculos en kachái -espuma de mosto de caña- para combatir las sevo’i tatĩ-oxiuros-. Mandi'okyty: cosecha de mandioca y elaboración de almidón, tareas realizadas en forma cooperativa y generalmente acompañadas de música y, a veces, baile. Huguáita -tendrá cola-, dícese de la cosecha cuando habrá baile.

            Manduvi: (p. 88, 100). Maní: Debe ser sembrada en menguante, arrojándose las cáscaras en una encrucijada para asegurar una buena cosecha. - El valor que para el Indio tenía el maní, lo demuestra un pasaje de la leyenda transcripta en "Mitología Clásica y Mitología Guaraní".

            Manteca: (p. 97). Poroto manteca. "Manteca ohenduse plagueo: a la manteca le gusta oír rezongar a las personas", dicen los campesinos; es decir, debe sembrarse en las cercanías de la vivienda, donde generalmente la tierra se halla bien abonada con residuos y desperdicios!

            Maravilla: 18 (p. 101). Adivinanza.

            Mboaguara: V. Aguara.

            Mbokaja: 18 (p. 90). Cocotero.

            Mensú y mineros: 20 (p. 111). Peones a sueldo mensual y aquellos que cosechan a destajo la yerba.

            Mimby: 4 (p. 133). Flauta. Los Mbyá tienen tres clases, la larga, la corta y la de Pan. La corta, mimby mirĩ, engendra la ociosidad; no así la larga, mimby puku, de notas más sonoras. A las mujeres no les es lícito tocar la larga, sí la corta y la de Pan.

            Mollenda: (p. 16, 17). Molienda de maíz para chipás y sopa. Cuando se realiza con motivo de Kurusu ára -la Invención de la Santa Cruz, u otro festival o ñembo'e paha - último día de una novena, la molienda suele asumir las proporciones de un acontecimiento social importante. Se reúnen las mujeres de la vecindad en un tiempo muy corto, considerado los métodos primitivos empleados, muelen enormes cantidades de maíz, amenizando la tarea con casos, cuentos y chismes. Es admirable la destreza de las que manejan los mbisoka -manos de mortero; tres y cuatro en un mortero sin estorbarse ni permitir que se entrechoquen sus implementos.

            Mba'ekuaa: 20 (111). Ciencia, conocimiento; empléase a menudo para designar las ciencias ocultas.

            Mba'e Pochy. 3 (p. 23). El Demonio; lit.: el ser furioso.

            Mbói: 20 (p. 152). Víbora, serpiente. Cuando vivía Dios en la tierra, proveyó a cada animal, ave e insecto de una yerba. Próximo a ascender a los cielos, todos acudieron junto a Él para recibir instrucciones acerca de su futura conducta. "Cuando os

sintáis indispuestos" -les dijo-, "comeréis cada uno de vosotros de la yerba que os he dado; tú, venado, de la Guasu ka'a; tú, iguana, de la Teju ka'a; tú, tigre, de la Jaguarete ka'a…" Hasta la garrapata, Jatevu, tuvo su yerba que le conservaría la salud. Por último se presentó la víbora. Ella se había portado mal, no dominaba su temperamento irascible, y ya se decía de ella: oñeme'ẽAñáme: se entrega al Demonio. La víbora se dirigió a Dios. "¿Y qué deberé hacer yo cuando me duela la cabeza?" Dios respondió: "Cuando te sientas indispuesta y te duela la cabeza, deberás extenderte al sol en un camino frecuentado por el hombre". Porque haciendo esto, el hombre la mataría, evitando que se multiplicara excesivamente. - Dios se paseaba por el mundo poblándolo de seres vivientes; Aña le seguía tratando de imitarle en todas sus obras. Dios creó un ñuaso, víbora inofensiva; lo que creó Aña fue la Jarara, la más venenosa de todas. Mbói chini: víbora de cascabel. El cascabel se introduce en una guitarra para impartirle sonoridad. Mbói chumbe: se cree que tiene el veneno en la cola. Mbói jagua: según el Diccionario de Gatti, Bertoni y Rojas es el Enectes murinus, L.A. -Acerca de esta serpiente se cuenta un sinnúmero de leyendas fantásticas. Mbói sy: madre de las víboras (llamado también jaguarete rymba -animal del jaguar-, por la manera de colocar las patas delanteras, en actitud de un jaguar que se yergue contra un hombre, nombre común a los insectos ortópteros de la familia de los Mántidos. Este nombre, según un autor citado por Coluccio en su Diccionario se debe a la creencia según la cual de los esqueletos de los Mántidos se engendran serpientes. Esta explicación es parcial: la verdad es que los Mántidos -como también otros insectos ortópteros- son huéspedes de parásitos filariformes del grupo Mermis, los que alcanzan un largo hasta de 10 ctms. Se los observa a menudo en el momento de abandonar el insecto moribundo que les ha servido de huésped. (V. Fiebrig-Gertz: Guarany names of Paraguayan plantas and animals, Revista del Jardín Botánico, Tomo II, Asunción 1923). - Para el Indio, como para el campesino paraguayo, este helminto parásito o nemátodo es una víbora embrionaria; el ortáptero que lo albergó, su madre; de ahí el nombre Mbói sy -madre de la víbora-. Mbói tata: víbora del fuego, serpiente ígnea. Según el Vocabulario de Gatti-Bertoni-Rojas es el Elapomorphus tricolor D. et B. Sin embargo, he escuchado varias anécdotas referentes a un reptil que emitiría luz fosforescente y que se designa con este nombre. -Mbói veve: serpiente voladora. Se dice que tiene una púa en medio del pecho y que es ciega; que al percatarse de algún movimiento en las cercanías, o escuchar cualquier ruido, se lanza furiosa al ataque. Si acierta al intruso, lo mata inmediatamente con el veneno de su púa, y lo devora. Pero a menudo, siendo ciega, acierta un árbol; lo penetra profundamente en la madera y la serpiente, siéndole imposible extraerla, muere. El árbol en que se incrusta, envenenada la savia, se seca. Mbora'u: de mal agüero. V. Aguara, Ano, Áraku.

            Mboriahu ryvatã: 16 (p. 86). Nombre aplicado a los campesinos prósperos. Mboriahu -pobre-; ryvatã-harto, satisfecho-.

            Mburuvicha: (p. 31, 72). Jefe, cacique. Che ruvicha -mi jefe-; huvicha: -su jefe.    Niño asoté: (p. 15). Calliandra brevicaulis, pequeña planta rastrera que crece en las lomas, cuyas flores, agradablemente perfumadas, son empleadas como antiespasmódico.

            Ñakyrã: 6 (p. 31). Cigarra.

            Nandejára: 11 (p. 51). Nuestro Dueño (Dios, en la vernácula).

            Ñe'ẽnga: 17 (p. 95). Proverbios, sentencias, refranes.

            Ogaguy. V. Culata.

            Ogaraity: V. Alonso.

            Paje: 20 (p. 111). Magia, hechicería.

            Pakova: Banana. El zumo de una especie, la pakova hũ, es muy empleada en la ictericia, y como laxante.

            Pakuri: (p. 32, 69). Rheedia brasiliensis, árbol alto y frondoso de fruto muy apreciado. La cáscara de éste, en infusión, se emplea como anti diarreico.

            Perchel: (p. 89). Troj en que se almacena el maíz en espigas, y el maíz así almacenado.

            Perdiz: V. Ynambu.

            Peru Rima: 15 (p. 77). Rosicrán pretende demostrar en Ñande Ypy Kuéra, que Peru es de abolengo guaraní. Es cierto que su fama ha llegado hasta las tolderías, pues a un indio mbyá he oído hablar de los tres hermanos Peru, Vyro (zonzo) y Ruka (Lucas) Rima. Pero es indiscutible el hecho de que Peru es de origen europeo, aunque se ha naturalizado trocando su nombre Pedro en Peru y su apellido Urdemales en Rima. Lástima que la gran mayoría de sus hazañas son "para hombres solamente"; las transcriptas, sin embargo, darán una idea de su habilidad.

            Pindo karai: (p. 115). Hojas de palmera bendecidas durante la ceremonia del Domingo de Ramos. -Un relique - amuleto- de las hojas trenzadas inmuniza al portador contra los maleficios. - Un poderoso remedio contra todas clases de dolores lo constituye una infusión de cenizas de hojas de pindo karai. - Protege la casa contra las tempestades. - Para proteger a los animales contra el Pombéro, basta con quemar unas hojas en los lugares frecuentados por aquellos, esparciendo el humo en forma de cruz. -Si el Jasyjatere molesta a los terneros recién nacidos puede ahuyentársele con la misma operación. - V. Haru.

            Piquete kue: 7 (p. 35). Paraje situado detrás de la Cordillera de Villarrica en donde antiguamente había un destacamento de soldados para proteger a los mineros contra los ataques de los indios. - Según una versión "criolla" de esta leyenda, fueron dos mineros quienes habían ido a Piquete kue en busca de yerba los protagonistas del drama. Según esta versión, el sobreviviente volvió a su hogar en estado de demencia.

            Piririgua; pilincho; piririta: 17 (p. 98, 151). Guira guira Gm. Su desaliño es tema de unos versos del Ynambu compuesto, poema que describe un baile en que desfilan decenas de pájaros. En las estrofas dedicadas a Aka'ẽ, la urraca fue amonestada por Ano; esto basta para que se arme la camorra:

            Chopĩma katu ipochy,

            osẽma ojetyvyro:

            - Niporãi niko, chamígo

            mba'eve’ỹrehe jajotacha.

            Kuruvíta ave ipochy

            ha heta ojeplaguea:

            - Che resa’i ha che arruinado,

            ¡pero ko che katupyry!

            Pilincho oñemondýi,

            oñani ogana koty;

            oike kuévo, nipo ra'e,

            okygua jepe oity.

            He'i kuchu'iguyguy:

            - ¡Imposible, che ryke!

            eñeha'ãeñakãpytĩ,

            pe nakãivai ete.

 

            Ya se enoja chopĩtambién

            y sale sacudiéndose (echando chispas)

            - No es lícito, amigo,

            culparnos sin motivo.

            Kuruvíta también se enojó,

            y mucho refunfuñó;

            - Soy chico y enclenque,

            ¡pero soy ágil, eso sí!

            Pilincho se asustó,

            corriendo, se encerró en el cuarto;

            y he aquí que, al entrar,

            hasta el peine se le perdió.

            Dijo Kuchu'iguyguy:

            ¡Imposible, hermana mía!

            trata de atarte los cabellos,

            tan fea está tu cabeza.

 

            La Piririgua, como el Kirikiri y el Yvy ja'u, posee una piedra de virtud. El que desea apoderarse de ella debe ocultarse debajo del árbol entre cuyo follaje suele dormir la bandada y, al tercer canto de gallo, hacer sonar un turu: cuerno, cuyo ruido hará que alguna de las aves desembuche la piedra.

            Pitogue: 12 (p. 54). Bienteveo, bichofeo. - A pesar del ropaje cristiano de esta leyenda, es también de origen autóctono, porque los Mbyá afirman que el Ñai-ñai, ave de la misma familia y que se le asemeja muchísimo, adivina y divulga con sus estridentes gritos la presencia de una mujer embarazada en el tapýi.

            Plata yvyguy: 19 (p. 107). Tesoros escondidos (enterrados).

            Pychãi: 16 (p. 85). El "Ceniciento" del folklore nativo.

            Pyta jovái: Habitante fabuloso de la selva que, en vez de dedos en los pies, tiene dos talones (pyta -talón; jovái -opuesto), por cuyo motivo es imposible seguirles los rastros. En un "Estudio de las principales maderas del Alto Paraná"; separata de la Revista de la Sociedad Científica del Paraguay, Vol. VI, N° 2, publicado en Asunción en 1943, Bertoni menciona los Pĩhtãyowai del Mborore al oriente del territorio de Misiones... tribu guaraní descubierta por Fructuoso d'Utra-. Pero no los menciona en su Civilización Guaraní.

            Póra: (p. 108). Fantasma, aparición (en guaraní contemporáneo). Otra palabra como Tupã-Dios-, y Angue -alma de difunto-, de la que se ha abusado, utilizándose para expresar conceptos que originariamente no encerraba. En la vernácula, aunque su acepción más común es fantasma, también se emplea en: yvypóra -habitante de la tierra- ser humano. Esta acepción concuerda con las que da Montoya, v.g., habitante, lo contenido en; como también con el significado que tiene la palabra en mbyá-guaraní, en cuyo dialecto nunca se emplea para designar a seres incorpóreos.

            Rata: V. Anguja.

            Roque González de Santacruz, San: V. Guyra Kampána, 8.

            Rúa de San Juan, la: Rúa, palabra empleada en la vernácula para designar las fiestas o juegos nocturnos celebrados en la víspera y las noches de San Juan y San Pedro. Orrua -participa de dichos juegos-; orruáva -el participante-. Con mazos de paja encendidos amagan chamuscarse a los gritos de: ¡Viva Señor San Juan! ¡Viva Señor San Pedro! Los jugadores son atacados por los Kamba ra'anga, jóvenes enmascarados armados de vejigas infladas, varillas y bolsas de cenizas; por el Toro Candil, hombre cubierto de un cuero de vaca o toro, con el cráneo y las astas intactas, llevando cada cuerno una antorcha encendida; por los Guaikuru, jóvenes disfrazados de indios; por el Ñandu Guasu, el avestruz. A veces intervienen el Teju y las lechiguanas, aquél un disfrazado de iguana, y éste representando un nido de lechiguana (Nectarina mellifica), que el teju intenta comer. Estos juegos han sido descriptos en la III Serie de Publicaciones del Centro de Estudios Antropológicos del Paraguay, Agosto 8, 1951.

            Sarĩa: V. Charla.

            San Juan: v. Rúa.

            Suruku'a: (p. 18). Trogonorus surucora, ave de plumaje vistosa que emite una serie de notas en escala descendente. - En el folklore nativo no lo he oído mencionar, pero se le invoca en una canción infantil de los Mbyá: Churuku'a ju oguau achy, oguau achy...: el Suruku'a eterno se lamenta tristemente, se lamenta tristemente...; mientras TupãChy Ete, la madre de los Tupã, se dedica a la danza ritual.

            Tahýi: hormiga. V. Ka'imi. - Las hormigas se regocijan cuando nace un varón, porque en sus viajes dejará caer migas y restos de comida que les servirán de alimento. -Un huevo de tahyi pytã-hormiga colorada- se envuelve en algodón y se introduce en el oído en la sordera. El Tarakuchĩ, especie de hormiga negra grande, es llamada "sembradora de Guembe (Phylodendron)" por los Mbyá. La semilla de la epifita que acarrea esta hormiga, a menudo germina en las rugosidades de la corteza del árbol habitado por las hormigas; de ahí su sobrenombre.

            Tapado: V. Plata yvyguy.

            Tapia mbyky: V. Culata.

            Tarope: (p. 115). Dorstenia brasiliensis. Se recoge un día viernes y se hace bendecir juntamente con las hojas de palmera el Domingo de Ramos. Se usa como relique para protegerse contra los sortilegios; también cura la melancolía. - Si alguien se ha ahogado y desapareciendo el cadáver, se echa al agua una hoja de Tarope karai, la que flotará inmóvil sobre el lugar en donde se halla el cadáver. Para el mismo fin se utiliza también una hostia consagrada: mbujape karai.

            Tatu: 18 (p. 136). Tato, quirquincho.- La grasa empleada para curar diviesos e hinchazones. - Evacuar el vientre en una cueva de tatu cura los furúnculos jati’í-. De las salpicaduras de sangre de tatu nacen verrugas.

            Tajasu guyra: 19 (p. 107). Ave nocturna de la familia Ardeidae, cuyos gritos anuncian infortunios. Si vuela graznando en dirección al cementerio, alguien morirá; si vuela graznando sobre la casa de un enfermo, éste morirá. - En el folklore indígena, anuncia la caída en una trampa de un cerdo montés (tajachu - marrana; guyra -ave); es decir, anuncia un festín. Cuando el indio le oye croar, dice: Oh! Tajasu guyra, ¿hoy comeremos cerdo?

            Tesoros: V. Plata yvyguy.

            Teju: (p. 113). Iguana. El teju se sitúa en las proximidades del nido de lechiguanas -Nectarina mellifica-, lo atropella, asestándole golpes con la cola, la que queda embadurnada de miel; la iguana se aleja corriendo, lamiéndose la cola. Esta escena se reproduce en los juegos o rúa en las fiestas de San Juan.- La grasa o aceite de iguana se emplea para madurar diviesos y furúnculos. Teju ruguái: rebenque con látigo forrado, parecido a la cola de teju (ruguái -cola-).

            Teju jagua: 7 (p. 35). Iguana-perro, monstruo comparable a nuestro dragón.          Tigre o jaguar: V. Jaguarete.

            Tingasu: (p. 18). Paya cayana macroura. Cuando canta en las cercanías de la vivienda anuncia la llegada de un viajero.

            Torcido: (p. 112). Tabaco en rollo fabricado torciéndose y juntando las hojas aún frescas, llamada también petỹhũ-tabaco negro-; se usa para mascar y hacer cigarrillos. Una infusión en caña se emplea para curar los dolores reumáticos.

            Tordo: V. Guyraũ.

            Toro Candil: V. Rúa de San Juan.

            Tuguái yvyra'i: (p. 17). Duende que asume la forma de gato con cola tiesa: Tuguái -cola-; yvyra'i -palito-. Persigue, maullando, a la persona a quien quiere espantar, la que debe sentarse en forma que sus pies no toquen el suelo, rezando y haciendo la señal de la cruz a fin de que el bicho se aleje. Si logra introducirse entre las piernas de su víctima, adquiere proporciones monstruosas.

            Tupã: (p. 19, 23, 24). En guaraní "clásico": Dios; en mbyá guaraní, el dios de las lluvias. Más de un investigador autorizado se ha ocupado del abuso que de este nombre se ha hecho, designándose con él al Creador, y utilizado en la mitología de varias parcialidades guaraníticas solamente para designar a deidades secundarias.- En el Guairá utilizan los campesinos la palabra Ñandejára para designar a Dios, empleando Tupãsolamente en interjecciones.

            Urukure’a: (p. 19, 138). Lechuza. A Palas Atenea se la representa a veces acompañada de un búho.

            Urupe: Hongo que ataca los tubérculos de la mandioca; V. Guavira.

            Urutau: 2. Según la leyenda recogida por E. Morales en sus "Leyendas Guaraníes"; Urutau es la reencarnación de una doncella guaraní que, enamorada de un guerrero tupí, fue sacrificada por su padre; pero en "Aves de Ñandejára", de Horacio Riveros Sosa (Corrientes) el Kuarahy Mimby desempeña el papel asignado por nuestros compuesteros del Guairá a Urutau, indicio de que en los anales de más de una parcialidad guaraní se cantaban las irrupciones de éstos al país del Inka.

            Varela: 19 (p. 107).

            Víboras: V. Mbói.

            Voko: (p. 44). Petaca.

            Jaguarete: 6 (p. 31). Jaguar. La grasa se emplea en los dolores reumáticos.

            Jakare: 14 (p. 69). Caimán. La piel, chamuscada, empleada para curar las mataduras, llagas de los lomos de los caballos. La carne es buen depurativo y cura las almorranas. - Una infusión de la piel se administra en la leucorrea. -El aceite se administra en la bronquitis.

            Jakusangue: (p. 147). Nombre religioso del Jayru o Guyra-tóro.

            Jety: 17 (p. 25, 97). Batata dulce. Un cocimiento de hojas de jety, salado empleado para curar el py sevo'i - Larva migrans-, parásito que ataca los pies.

            Jejuvy, jejuvykue, jejuvykue jora: (p. 17). Palabras cuyo significado literal es: atar fuertemente, ahorcar; el resultado de dicha atadura; el desatar tal nudo. Se dice ojejuvy, refiriéndose a una persona a quien se ha arrancado la promesa de costear un baile, en la siguiente forma: dos complotados se presentan ante la persona a quien se quiere comprometer, sea en su cumpleaños o en el Día de Todos los Santos. Una de ellas entrega a la persona elegida un regalo dentro del cual se ha introducido una cruz de oro (hoy en día se sustituye a veces con un anillo). Al entregar el regalo al dueño de casa (o la persona a quien se quiere comprometer), exclama el dador: "¿Quién le fía?" Su compañero responde: "Yo le fío". Con esta ceremonia, el recipiente queda comprometido a costear un baile para "desatar" -jora- el compromiso. Se fija la fecha, se baila; propone el comprometido que "se desate -tojejora-". La cruz o anillo se asegura con un nudo corredizo, utilizándose una cinta nueva especialmente comprada para el efecto; los "fiadores o sus representantes toman las extremidades de la cinta; les rodean sus "socios" o acompañantes, v.g., aquellos que sugirieron se "enlazase -ojejora-" al anfitrión. A menudo, un grupo de niñas se visten de blanco especialmente para el efecto, y rodean a los enlazadores con velas encendidas en las manos. Cantan los músicos unos versos utilizados exclusivamente para esta ceremonia, siendo el nombre de la tonada karrétaguy, derecho y cruzado". A las niñas con velas, se le ordena bailar con ellas en las manos: perojerokýke pene rataindy; y gritan los músicos que aquella cuya vela se apagare, no se casará. Al terminar la música, se disparan armas de fuego, cohetes y "bocabichos" o petardos.

            Ynambu (inambu, en mbyá-guaraní): 15 (p. 81). Perdiz. V. también Kagua, kogoe. -Según un cuento guaireño, el origen de la perdiz grande de las praderas es como sigue: Érase una señora sumamente pobre que mantenía a su numerosa familia con el producto de cien ñuhã-trampa- Un día, antes de hacer su recorrido diario, y mientras tomaba el mate, se quejaba de su destino, diciendo que a veces ni de perdices le proveía la Providencia en cantidad suficiente para satisfacer las necesidades de sus hijos. Salió, y en la primera trampa encontró una perdiz; en la segunda otra; y así sucesivamente hasta verse obligada a arrancar bejucos para asegurar tanta presa. Al agacharse para coger la centésima perdiz, las aves batieron alas simultáneamente, levantaron vuelo y arrastraron consigo a la señora. Tras mucho buscar, sus afligidos hijos dieron con ella detrás de un enorme takuru –hormiguero-, rodeada de su bandada de perdices. - Ndéiko, mamita: ¿eres tú mamita?-, gritaron, acercándosele corriendo. Su progenitora respondió: -Che ha nda chéi: soy yo, y no soy yo-, al ser metamorfoseada en ave para escarmiento de los que no se conforman con su destino. Según una leyenda indígena, Inambu pytã, nombre de esta perdiz en el dialecto mbyá, adquirió el don del habla al tropezar con el cadáver de Jachyrã, futura Luna, muerto por Aña, y gritó asustado: Jachy rete e!: ¡cuerpo de Luna!

            Ypaka'a: 13. La leyenda es asunto trillado, pero dos motivos me impulsaron a incluirla en esta recopilación; primero, el héroe de la versión transcripta -la más usual en el Guairá- es el Ypaka'a, ave de la familia Rallidae. En la mitología aborigen, todas las aves de esta familia son aves agoreras, o mejor dicho, los espíritus se encarnan en ellas, trasladándose por el espacio sentados en apyka -silla-. En nuestro folklore, un emisario de Satanás asume la forma de un ave de esta misma familia. Segundo: en otra versión que me contó no hace mucho Fortu Núñez, en Natalicio Talavera, el protagonista es Jakavere Guasu, llamada también Guyra Socorro. Según esta versión, Jakavere se queja de la escarcha; llega por fin hasta Ñandejára (Dios); y Él en castigo le condena, diciéndole. -Nde repytáma descomulgado: tu ya quedas excomulgado- Jakavere, al escuchar estas palabras; se precipita a tierra, gritando: Socorro, socorro. Compárese con la leyenda autóctona de Ji peru.

            Yryvu: 15 (p. 77). Buitre, cuervo (uruvu, en mbyá-guaraní). En el folklore, Yryvu era originariamente una paloma de blanco plumaje. Noé la envió, terminado el Diluvio, en busca de un lugar en donde desembarcar los habitantes del Arca. Acosada la paloma por el hambre, comió de la carne de un cadáver de los que yacían por todas partes, siendo convertida en buitre. Prueba de su origen la tenemos en el hecho de nacer estas aves negras cubiertas de blanco plumón! -Tener un yryvu doméstico ahuyenta las enfermedades, y en las recetas de nuestros curanderos a menudo se recetan plumas de yryvu. Son especialmente valiosas las plumas de yryvutĩ, el buitre blanco, de los huesos de cuyas alas también se fabrican bombillas. En la viruela la grasa de yryvutĩes considerada infalible. - El yryvu común se emplea también en el tratamiento de la lepra y la demencia, en cocimiento y en emplastos, respectivamente. - Estando harto el buitre; v.g., el convidado se ausenta en cuanto ha terminado de comer, sin quedarse a hacer la siesta, charlar, etc.

            Ysoindy: (p. 19). Bichito de luz.

            Yvyrapytã: 5 (p. 25). V. Guembe. Peptophorium dubium. La floración de este árbol anuncia que ha llegado la época de la segunda siembra. - La corteza se utiliza para curtir pieles; un cocimiento de la misma, para lavar úlceras.

            Yvyturusu: 7. La Cordillera de Villarrica.

 

 

 

VOCABULARIO

 

 

aka'ẽ: urraca

aña: demonio

andai: calabaza (término despectivo)

ao-ao:  monstruo mitológico

ava: hombre

avañe'ẽ: guaraní

avati mitã: maíz temprano

Carlos IV: moneda de oro

cerco pa'a: cerco de ramas

chopĩ: pájaro cantor

compuesto: verso, canto

guajaki            : indio

guajayvi: árbol

gualambáu: instrumento musical

guapo’y: higuera silvestre

guembe: epífita

guembepi: cuerda de guembe

guyra japu: pájaro

guyra kampána: pájaro campana

guyra tóro: pájaro

guyratĩ: garza

hu'itĩ: harina de maíz

jaguareté: jaguar

jahakuevogua: de despedida

jakare: caimán

japepo: cacharro

jarara: serpiente ponzoñosa

Jasyjatere: duende

jety: batata

jopara: guiso de porotos y locro

juru'a: extranjero (que tiene bigote)

ka’i: mono

kagua:             gallinácea

karãu: ave negra ("crispín")

karu guasu: banquete

kochesa: cosecha de caña

kogoe: especie de perdiz grande de los bosques

kokuere: extensión de tierra que ha sido cultivada

korochire: zorzal

kuarahy jere: año

kuarepoti: flecha

kuku: fantasma

kumanda hũ: frijol temprano

kurapepẽ: zapallo

kuriju: boa constrictora

Machu: abuelita

mainumby: colibrí

mandi'o kyty: cosecha de mandioca

manduvi: maní

mba'e kuaa: magia

mbaraka: guitarra

mbói jagua: serpiente con cabeza de perro

mbokaja ryvi: fibra de hojas de cocotero

mborevi: tapir

mensu: peón yerbatero

mimby'i: flauta pequeña

mimbypu: música de flauta

moã: cocuyo

molienda: molienda de maíz

ñai'ũ: arcilla

ñakurutũ: búho grande

ñakyrã: cigarra

ñe'ẽnga: proverbio, sentencia

ñepohãno: embrujamiento

ógaguy            : espacio techado pero sin paredes

paje: encantamiento

pakuri: fruta silvestre

pindo: palma

póra: espíritu errante

poyvi: tejido casero

puraheihára: cantor

Pychãi: pies deformes

pyharegua: fantasma nocturno

pyta jovái: ser mitológico

rekovekue: vida, aventuras

suruku'a: pájaro

tajasu guyra: ave nocturna

tajy: lapacho

tapýi: habitación - rancho

tatakua: horno

tatu: tato, armadillo

táva: pueblo

teju jagua: dragón

tejuruguái: rebenque

tingasu            : pájaro

tuguái guyra'i: ser mitológico

tuku yvy: langosta saltona

tupã: dios

urukure'a: lechuza

urutau: ave nocturna

voko: petaca

ykua: manantial

ykua yvu: fuente

ynambu guasu: perdiz grande

ypekũ: carpintero (pájaro)

yryvu: cuervo, buitre

ysoindy: luciérnaga

yvyrakua (yvyrahakua): implemento agrícola

Yvytyrusu: Cordillera del Guairá

yvyguy: enterrado

 

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

AGUIRRE, Cap. de Fragata Juan Francisco. Diario. (En: Revista de la Biblioteca Nacional. Buenos Aires, 1949-1951).

AYALA, Eligio. Migraciones. Santiago de Chile, 1940.

CADOGAN, León. El culto al árbol y a los animales sagrados. En: América Indígena, X/4/1950.

CARDOZO, Ramón I. Curuzu Bartolo, El Deber, Villarrica, 1933.

CARVALHO NETO, Paulo de. Folklore y psicoanálisis. Buenos Aires, 1950.

            Folklore del Paraguay. Quito, Ecuador, 1961; Asunción, 1996.

CENTURIÓN, Carlos R. Martín de Goicoechea Menéndez. (En: La Prensa, Buenos Aires, 8/XI/1961).

CODAS, Silvio. Curuzu Pesebre. (En: Yvytyrusu, Villarrica, 1/1962).

GOYCOECHEA MENÉNDEZ, M. de. Cuentos de los héroes y las selvas guaraníes. Asunción, 1905.

GONZÁLEZ, J. Natalicio. Proceso y formación de la cultura paraguaya. Buenos Aires, 1940.

GUASCH, Antonio, S. J. El idioma guaraní. Buenos Aires, 1947. 1ª. ed.

MOYA, Ismael. Aves Mágicas. En: Revista de Educación, Suplemento X, La Plata, 1958.

RUIZ DE MONTOYA, Antonio. Tesoro de la Lengua Guaraní. Edic. Platzmann, Leipzig, 1876.

SCHADEN, Egon. Aspectos fundamentais da cultura guaraní. São. Paulo, 1954.

 

 

 

EPÍLOGO

 

            A principios de 1996 surgió la propuesta de publicar de nuevo la obrita de León Cadogan, Guahi rataypy, según su primera edición de 1946, hoy naturalmente agotada en librería y rara aun en las buenas bibliotecas.

            De hecho se trata de un texto que se lee con sumo gusto y con provecho. En toda la literatura folklórica paraguaya no haya tal vez un escrito que lo iguale ni en contenido ni en forma.

            Pero ese texto, tal como apareció en su primera edición, adolece de algunas fallas tipográficas, propias de las limitaciones de la época. Y la ortografía de la lengua guaraní usada entonces no era tampoco de lo más coherente.

            Una nueva edición de ese texto suponía, pues, un no pequeño y cuidadoso trabajo filológico de revisión y corrección.

            Tenía ya bastante avanzada la preparación de la nueva edición, cuando me acordé que un día en una de mis frecuentes visitas al doctor Egon Schaden, en su casa de São Paulo, me deparó éste con la agradable sorpresa de entregarme, ya encuadernado en forma de volumen, un manuscrito original de Cadogan -son inconfundibles los caracteres de su mítica máquina de escribir de marca Mercedes alemana- que en sus 315 folios contenía nada menos que una serie de textos bajo el título de Gua'i rataypy (Fragmentos del Folklore Guaireño y de Etnografía Guaraní), dispuestos y preparados para la que debía ser una nueva edición.

            Trátase de hecho de una nueva obra, con 43 capítulos, divididos en dos partes. La primera responde adecuadamente a Fragmentos del Folklore Guaireño, estando dedicada la segunda a recoger Fragmentos de etnografía mbyá-guaraní.

            En ese manuscrito Cadogan modificó el orden de los capítulos, incluyendo además en la primera parte algunos nuevos capítulos que no figuraban en la 1ª. edición. Estos son:

10. El Halconcito y el Zorro

11. El Bendito-sea-Dios.

12. El Pitogue.

13. Ypaka'a ha Helada

22. Un villancico guaraní

 

            Por otra parte hemos retenido aquí el relato de Ynambu tataupa, ya que figura en la 1ª. edición, si bien en el nuevo manuscrito está en la segunda parte.

            Pero lo más importante es que todos y cada uno de los textos fueron retocados, casi diríamos burilados, con extremo cuidado y atención. Hay en su estilo tanta creatividad, tanta justeza en la selección de la palabra, tanta cadencia en el ritmo de la frase, que lo declaran sin ambages como uno de los grandes prosistas paraguayos en lengua castellana; con lo cual hay que relegar al campo de una humildad excesiva sus continuas declaraciones respecto a su falta de dominio de la lengua de Castilla, si no es que hay que ver en ello un guiño un tanto malicioso y socarrón en dirección a los "letrados" que tienen sus libros solamente en la punta de lengua, nunca de la pluma.

            El primer Guahi rataypy -con esta grafía- era una colección de diversos relatos, tradiciones y leyendas revividos por el autor cuando en una estadía en Buenos Aires decidiera trabajar -mente enferma de nostalgia- esa inmensa mina por entonces casi intacta del folklore paraguayo. Es lo que nos cuenta en las palabras iniciales Al Lector. Firmándose como Arribeño, Cadogan comenzó a publicar algunos de esos "fragmentos" entre 1940 y 1944 en el periódico El Pueblo, de Villarrica, y en la revista Cultura, de Asunción.

            A partir de 1944 se produjo una verdadera revolución copernicana en el modo como Cadogan iba a abordar en el futuro la cultura paraguaya. Es lo que puedo leer en su primera correspondencia con el profesor de la Universidad de São Paulo, Egon Schaden, fechada en Villarrica el 29 de setiembre de 1948.

            "Para evitar equívocos, debo confesar que mis conocimientos de antropología y disciplinas afines son en extremo rudimentarias. Lo que me impulsó a dedicarme a las investigaciones lingüísticas entre los Mbyá fue el haber hallado, por una casualidad providencial, en sus tradiciones religiosas, el origen de una sentencia de empleo cotidiano en el guaraní contemporáneo: Jasy ra'ynte ko ojovahéi hina -no es más que la luna nueva que se lava la cara- (Revista Cultura, Asunción, Oct. 1945, transcripta posteriormente en el Boletín Indigenista, México). A este tema de la influencia desapercibida, oculta de las creencias religiosas autóctonas en el habla de nuestro pueblo -a pesar de más de cuatro siglos de Cristianismo y tenaces y esfuerzos por borrar todo vestigio de estas creencias- dediqué una serie de artículos, publicados casi todos ellos en la revista mencionada, desaparecida ya debido a los vaivenes de nuestra política. Estos trabajos no estaban exentos de errores; en cuanto termine un trabajo que tengo entre manos, pienso corregir y ampliarlos, para su eventual publicación".

            Ese episodio realmente crucial consta también en sus memorias: León Cadogan; extranjero, campesino y científico. (Asunción, 1990, p. 68).

            En el párrafo citado se refiere Cadogan sin duda al manuscrito que efectivamente le había de enviar a Schaden, pero que nunca llegaría a ser publicado.

            De hecho Egon Schaden aconsejó amigablemente a don León Cadogan que fuera dejando de lado la re-creación literaria del folklore y se dedicara con prioridad al rescate de la palabra de los Mbyá desde una perspectiva de autenticidad y de fidelidad; folkloristas siempre los podría haber, no personas tan capaces como él para escuchar y poder etnografiar la palabra mbyá. Y tenía razón. Cadogan por otra parte ya había iniciado este tipo de trabajo, del que un día salió a luz esa obra clásica de la antropología americana que es Ayvu rapyta; textos míticos de los Mbyá-Guaraní del Guairá.

            La presente edición de Gua'i rataypy recoge solamente la primera parte del manuscrito.

            No hay que decir que he respetado al máximo el manuscrito original. Sólo se han corregido algunos errores manifiestos. Alguna información de la primera edición que no había sido retenida en el nuevo manuscrito, pero que me ha parecido interesante, la he conservado en ésta, dejando la debida constancia de ello. Esto sí; se ha actualizado la ortografía, según el sistema que actualmente está generalizado en la mayoría de los escritos en guaraní.

            Dejamos para una publicación posterior la segunda parte. Esa nueva publicación tendrá que venir acompañada de un comentario sobre la manera como don León Cadogan trabajaba sus textos y el modo como los fue publicando, sin temor de repeticiones, correcciones y retoques.

 

 

            Bartomeu Meliá

            mayo 1998

 

 

 

 

 

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