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BERNARDO GARCETE SALDÍVAR


  CARTAS DANESAS Y OTROS TEMAS, 1994 - Por BERNARDO GARCETE SALDIVAR


CARTAS DANESAS Y OTROS TEMAS, 1994 - Por BERNARDO GARCETE SALDIVAR

CARTAS DANESAS Y OTROS TEMAS

Por BERNARDO GARCETE SALDIVAR

Tercera Edición. Enero 1994

Diseño de tapa: Celeste Prieto

Impreso en Imprenta Salesiana

Asunción - Paraguay



INDICE

A manera de introducción

PRIMERA PARTE

1. Tres enfoques sobre Dinamarca

2. Tívoli

3. La calle más larga del mundo... para caminar 

4. Un barrio pintoresco: Puerto Nuevo “Nyhavn”

5. El autor del tango “Celos”

6. Sóren Kierkegaard: El solitario de Copenhague

7. “Ombudsmand” o el Mandatario Parlamentario

8. El Rey Federico IX cumple 70 años

9. S.M. Margrethe II: Reina de Dinamarca

SEGUNDA PARTE

10. La verdad sobre el éxito de la música paraguaya en Europa

11. Barboza e Yberá en el otoño escandinavo

12. Audiencia colectiva con Paulo VI. Recordando al Pa’í Lévera

13. Encuentro con Juan Pablo II

14. El Premio Nobel

15. Solzhenitsyn y el mito del paraíso soviético

16. Suecia 1958: Paraguay en el VI Campeonato Mundial de Fútbol

17. Mi personaje inolvidable

18. Seis de Enero y Don Emilio

19. Nochebuena en “Te’yí”

20. El heroe de Wolverhampton

21. Don Enrique Scavenius: Guaraní-Vikingo

22, Un hombre que se va: Maurice Chevalier

a, Poncho Para’í al Príncipe Bernardo de Holanda

23. Líbano: Quiere decir esplendor

24. Laponia

25. ¡Oh, Jerusalén!

26. “Cuando uno empieza a sentarse...”

TERCERA PARTE

27. Preguntas a Luis Alberto del Paraná

28. Paraguay, Paraná y el Campeonato Mundial de Fútbol en Suecia

29. Otra vez Pa’í Pérez

30. Luis A. del Paraná: “Para el 8 de diciembre pensamos estar en Asunción-Caacupé”

I, La fantasía desbordante de Luis Alberto del Paraná

32. Paraná también era una fiesta

a. “Aquellos que siempre me han alentado”

(Documento escrito por Luis Alberto del Paraná).

Referencias sobre los artículos

Traducción (Del Guaraní al Castellano)

Índice Onomástico



A MANERA DE INTRODUCCIÓN

El escritor español José María Gironella dice con relación a los escritores anónimos —el subrayado es mío— que éstos escriben por dos motivos, a saber: soledad y narcisismo. Puede ser, ya que él lo dice, ¿verdad? Ahora bien: ¿Por qué motivo escribe Gironella? De todas maneras, creo que habrá un tercero, cuarto, quinto, etc., motivo para llenar cuartillas y echarlas al viento. Por ejemplo, por egoísmo.

Por eso, y sin considerarme escritor, conocido ni desconocido, coincido más con nuestro excelente y polifacético periodista y crítico de arte, José Bernabé, cuando, al dirigirse al lector en su interesante libro: “Hombres y Símbolos (*) acota lo siguiente: “La determinación de instrumentar este libro germinó en el autor a instancia de egoísmo excusable, por lo humano, fueron rescatados del olvido: trabajitos elaborados en diversos años y desperdigados en diarios y revistas”.

Ni más ni menos.

El autor


NOTA

(*) Edit. Escuela Técnica Salesiana, Asunción, Paraguay. lí»77.




SEGUNDA PARTE

(10) LA VERDAD SOBRE EL EXITO DE LA MUSICA PARAGUAYA EN EUROPA

Muchas personas, artistas sobre todo, esperarán con interés este ensayo, en que se verá si goza realmente de un prestigio “arrollador” o de aceptación con “lentitud”, la música paraguaya. Antes de perdemos por las “ramas”, diremos, para calmar esa expectativa, que existe en realidad un prestigio largamente trabajado en el Viejo Continente. Y que, en el presente, fruto de la evolución propia del tiempo que vivimos, necesita nuevas fuerzas (nuevas técnicas) para ir manteniendo este pedestal.

¿Por qué gusta la música paraguaya? Sin lugar a dudas (para este gusto), son factores preponderantes el arpa paraguaya y la guarania, apuntaladas naturalmente por las polkas y las galopas. El arpa paraguaya (quien tenga este instrumento en las manos, en cualquier parte del mundo se le dirá que es paraguayo); arpa que, con sus treinta y seis cuerdas, sin el apoyo del pedal mecánico, deja prácticamente embelesado al público europeo, y acaso no exagero si digo “a todo el mundo”.

Como es lógico suponer, los versos de un “solo” de arpa pueden escucharlos el chino, el ruso o el japonés, pues, como se diría, en ese “solo” cántase en “idioma universal”. Radica en esto su poderoso influjo, cuando menos virtualmente. El rock norteamericano, para ejemplificar, gusta a nuestra juventud, no por los versos, escritos en inglés, apenas entendidos, sino por el ritmo impetuoso que lo caracteriza. Así, “Cascada”, “Isla Sacá” (3), “Güyrá Campana”(4), son familiares en Beirut o en Moscú, es decir que la persona que las escucha, enseguida las encasilla (en la distinción) de música paraguaya. Y (por curiosidad) consulta el globo terráqueo.

De aquí la gran obra de nuestros artistas. Difundir el nombre de la Patria hasta por donde jamás, ni por asomo, se ha escuchado. Y dignificarla (a la Patria) en los lugares donde nos conozcan.

Yendo otra vez a lo primero, diré que en esa dificultad idiomática estriba que la Guarania no “arrase”, de manera fulminante, tal continente (o los continentes), aunque no nos podemos quejar de lo que se ha conseguido. Sin embargo, siempre en este terreno, en los Países Bajos y nórdicos (léase Holanda, Bélgica, Suecia, Finlandia, Dinamarca, etc.), donde la gente “no se apura” por nada, es decir, que siempre está tranquila, la Guarania representa un éxito razonable, por más que no entiendan los versos en castellano o en guaraní, sino por el ritmo cadencioso y hasta triste, que fluye de lo consignado en el pentagrama. Amalgamadas estas cualidades (¿cabe la expresión?) encontramos que se ha verificado una tarea sencillamente extraordinaria en el difícil y vasto arte musical, tan cultivado en Europa y adyacencias.

Y ello es bastante, sin olvidar, claro está, que dormir sobre los laureles repercutirá en forma desfavorable en esta conquista lograda. Conquista llamo, porque la música paraguaya mayoritariamente, y en particular la Guarania, “no se baila”. Y sus galopas y polkas “no se entienden” en la lengua (española-guaraní) en que cantan. Tangos, rumbas, cha-cha- chas, han conseguido triunfar porque se bailan. Y esto es un trampolín para la aceptación.

Cuando se ha logrado que un determinado público que, en conjunto, suma ya millones de unidades, se interese en música nueva agradable a sus oídos, supone, sin género de duda, éxito, un “prestigio”, cual se apuntara más arriba.

En tal sentido y ya incursionando en tren de citar nombres (harto difícil nombrarlos a todos) no podremos evitar traer a la punta de la pluma la mención del conjunto—me refiero al original— de “Los Guaraníes” (Cristóbal Cáceres, Francisco Marín, Ángel Sanabria y Gerardo Servín); al conjunto “Olímpico”, de Eladio Martínez (con el arpa paraguaya de Albino Quiñonez y Emigdio Ayala Báez), que fueron los primeros (la actuación del eximio guitarrista y compositor Agustín “Mangoré” Barrios en Europa —1935, en España, Bélgica, etc.—, creo que cae dentro de otro campo; más tarde, en otra oportunidad, daré mi opinión sobre el mismo), en llegar a esas remotas playas, hace ya bastante tiempo, para efectuar la inicial seducción de ese público tan exigente. Hoy día (1958) hay más de treinta músicos paraguayos diseminados por todos los continentes y señaladamente el europeo. Por la grieta abierta por tales “conquistadores”, irrumpió un trío que apuntaló de manera definitiva la hermosa conquista. Este trío: “Los Paraguayos” (jamás se invirtieron tan bien los dólares indispensables para el cumplimiento de la noble misión que auto-asignábanse e, innegablemente, fue el aporte del Gobierno un impulso de catapulta al arte musical nativo); este trío —señalo— integraban, primero, Luis Alberto del Paraná, Agustín Barboza y Digno García. Dicho trío realizó el prodigio de que sus discos de larga duración se vendieran a millones y, lógicamente, reportando millones, justo cuando a tal altura del tiempo, “Los Guaraníes” desintegrábanse y el elenco de Eladio Martínez retomaba al terruño.

Lastimosamente, el trío “Los Paraguayos”, asimismo, desintegróse y cada uno llegó a constituir su conjunto que, dicho sea de paso, obtuvo —y continúan obteniendo— halagadores éxitos.

Paraná integró el suyo, entrando a formar parte de él su hermano menor, Reynaldo Meza, el compositor Rubito Medina y el arpista José de los Santos González. Todo lo que digo, debo asentar indefectiblemente —como testigo— para que se revista de veracidad, como cuadra, este modesto ensayo.

Más de uno dirá que nos entretuvimos por las “ramas”, que estampar la realidad de algo sobre lo que posiblemente estamos, o parcial o malamente, informados.

Al finalizar, señalo una vez más que, tocante a la música paraguaya, allende sus fronteras, existe realmente prestigio, no un espejismo deslumbrante. La época que atravesamos exige a este respecto, nuevas fases; ya que hay que convenir que estamos en puerta de transformaciones, tanto para los intérpretes, como para los autores de composición musical y de letrilla.

El conjunto que pretenda realizar una gira por el exterior, debe hallarse perfeccionado cuando no fuere más que al mínimum. Que todos sepan leer una partitura y culturalmente posean nociones básicas. Y sepan, por lo menos, la correcta articulación del idioma. Esto, referente a los intérpretes. Los autores deben profundizar más su trabajo; pulir sus obras, antes de lanzarlas a los vientos.

Y es necesario que ya no elaboremos una canción de “oído”. Es indispensable —y esta paz bendita de que gozamos lo permita— que estudiemos y trabajemos con ahínco en beneficio de nuestra música. Solamente así habrá de consolidarse la conquista que nos enorgullece.

Asunción, agosto 1958

 

 

(11)   BARBOZA E YBERA EN EL OTOÑO ESCANDINAVO

Con una de las llamadas “lanchas voladoras” (Aliscafo), en solo treinta minutos llegamos a esta ciudad sueca —tercera en importancia en Suecia— que está frente a Copenhague. Algo así como Buenos Aires-Montevideo.

Aquí están dos conocidos y prestigiosos artistas paraguayos: Yberá y Agustín Barboza. Habían llegado de Estocolmo, después de actuar durante un mes en el restaurante “El «Sombrero”, destacado lugar de atracción en la capital sueca. El dueño de este restaurante, el señor Williams Clausson, también es artista, y se dedica exclusivamente a cantar canciones hispano-americanas, con preferencia las mexicanas. Con un estilo a lo “Nat King Colé”, ha obtenido considerable éxito; por lo menos, en Escandinavia... Dos artistas paraguayos colaboran con él: el arpista villarriqueño Sergio Cuevas (*) y el requinto Emilio Bobadilla Cáceres (h), hijo de nuestro estimado amigo don Emilio Bobadilla Cáceres, figura señera del arte paraguayo. Emilio, hijo, es un excelente ejecutante de la guitarra.

Bien. Entre arte y negocios, al señor Clausson se le ocurrió abrir otro restaurante aquí, en Malmoe, siempre con el nombre de “El Sombrero”. Lo hizo con toda pompa, trayendo todo el material directamente de México, situándolo en la parte más céntrica de la ciudad, al lado de un aristocrático hotel, “El Kramer”. Para inaugurar este lugar, el señor Clausson contrató a Yberá y Agustín Barboza como principal atracción. Aquí están ellos. La charla en guaraní aflora sin esfuerzo alguno. Alguien dijo que “el paraguayo siempre piensa en guaraní... y habla en cualquier otro idioma...”. ¿Será cierto? Lo primero que nos enteramos es que el dúo se llama “Los Barboza”, hecho que se explica, ya que toda la ganancia va a una sola caja.

—¿Contenta? —preguntamos a Yberá.

—¡Contentísima! Es un sueño. Voy viendo ya tantos países. Sin embargo, y como me preguntas sobre el techaga’ú (5), debo confesar que extraño mucho a nuestra hijita Diana Beatriz, que está en Asunción con su abuela. También el sol; en fin, quisiera ver todo el mundo en un mes; rápido y volver al terruño. ¿Qué, cómo ando con los idiomas? Con mi poco inglés me defiendo bien. Necesito más práctica. Como Agustín habla perfectamente el francés, no tenemos problemas. Y hablando de idiomas: nuestro dulce guaraní; qué satisfacción tan grande escucharlo lejos del “tapÿ-ï”(24). Aun estando en círculos de habla española, como en París, por ejemplo.

Tenemos también algunas preguntas para Agustín Barboza, “palabra mayor” del folklore paraguayo, como nos dijo una vez Luis Alberto del Paraná.

—¿Cuál es la situación actual de la música paraguaya en Europa?

—El sitial de privilegio que ocupa la música paraguaya en Europa, se debe al esfuerzo de todos y cada uno de los artistas paraguayos que han llegado hasta aquí. Puedo asegurar que nuestros intérpretes han ganado aún más terreno con nuestra música: Medio y Lejano Oriente, África, también Rusia y los países que se encuentran detrás de la Cortina. Ahora bien, para que este éxito sea completo, me permito sugerir e insistir nuevamente que es urgente y necesario el acuerdo o convenio de Autores Paraguayos Asociados con otra entidad similar que recaude los derechos autorales internacionales. De esta manera, el beneficio llegaría a nuestros autores y compositores, como también a la entidad que los ampara. Y recalco que se debe hacer lo más pronto posible, pues YA VAN MAS DE QUINCE AÑOS que continuamente se interpreta y se sigue grabando en distintos países, como Francia, Bélgica, Grecia, Japón, Rusia y otros países; y se debe tener en cuenta que nuestra música no es grabada e interpretada solamente por artistas compatriotas, sino también por intérpretes de las naciones que he citado. Así, pues, pienso que esto representa el éxito amplio de nuestra hermosa música, que se debe, repito, a sus intérpretes, que han dejado sus hogares, sus arroyos, sus valles, para hacer conocer y difundir nuestras románticas guaranias y alegres polkas paraguayas.

—¿Situación final del caso “Reservista Purajhéi”(6) y “La Mamma” (Charles Aznavour, al parecer, había plagiado la canción paraguaya, bgs.)?

—Después de varias conversaciones con el cantante y compositor Charles Aznavour, llegamos a un mutuo y feliz acuerdo sobre el caso. Desde un principio él ha reconocido el parecido de la “Mamma” con “Reservista Purajhéi”, y ha manifestado claramente que en ningún momento hubo intención de plagio, y que podría ser solamente una reminiscencia de aquella canción que le había impresionado bastante cuando estuvo en Paraguay y que, por lo tanto, él estaba dispuesto a darle mejor solución al caso. En Resumen: me ha dado satisfacción moral y material en el caso de la “Mamma”. Y la obra que tenemos con Félix Fernández, "Reservista Purajhéi”, será editada en las “Ediciones Charles Aznavour”. Pienso que hemos llegado a un buen acuerdo, gracias a la espontánea colaboración y asesoramiento de mis buenos amigos don Miguel Ángel Duarte Barrios, Cónsul del Paraguay en

París, el Dr. Rubén Talavera, el Dr. Rafael Ferrat (francés) y el querido artista Pedro Leguizamón, quienes, desde el inicio de las gestiones, me han acompañado en todo momento. No puedo dejar de mencionar la eficaz ayuda de mi abogado en París, el Dr. Roger

Hild, quien tuvo la asesoría general del caso. También deseo hacer público mi reconocimiento a mis queridos amigos en el Paraguay, quienes me alentaron espiritual y materialmente para poder llegar hasta Europa; ellos son: Elizardo Benítez, el Dr. Salim Girala, el señor Gerardo Halley Mora, el Dr. Gustavo De Gásperi, el señor Manuel Galindo, y todas las firmas comerciales amigas.

—¿Planes?

—Felizmente, hasta el momento, mis planes se fueron realizando poco a poco como yo lo había previsto en Asunción. Con la venida a Europa de mi esposa, Yberá, nuestra situación artística lógicamente se amplió formidablemente, y ya ves tú donde nos encontramos ahora, cerca del Polo Norte, gracias a la fe y a la suerte. Después de terminar por estos magníficos países escandinavos, tenemos ofertas de ir a cantar a Inglaterra, Alemania Occidental, Suiza, Italia, España, y también Norteamérica.

Malmoe (Suecia), octubre 1968

 

 

(12)   AUDIENCIA COLECTIVA CON PAULO VI. RECORDANDO AL PA’I (7) LEVERA

“¡Hombre de poca fe! ¡Tú puedes llegar hasta ver al mismo Santo Papa!”, así, de esta forma, entre paternal y autoritario, el Rvdo. Padre Arnaldo Levera, procuraba entusiasmarme para aprender a nadar, mientras me tenía entre sus brazos tendidos, y yo, llorando a mares. El lugar era en la piscina-tajamar que existía, no se si todavía existe, en la Escuela de Agronomía “Don Bosco”, en Ypacaraí. No era yo uno de los alumnos internados, sino el hijo de la cocinera-jefa de la escuela, Doña “Rey” (*), pero eso no era inconveniente para que, con mis escasos 6-7 años de edad, fuera el tema permanente de aquella institución. Ya sea por mi sonambulismo; recoger huevos del mejor gallinero que he visto en mi vida (con plantas de mandarinos: ¡eireté yeynte! (10); carreras sobre burros; comerme las ciruelas de la huerta privada de uno de los padres..., o en el tajamar. Muy a menudo el Pa’í (7)Lévera iba a nadar allí, y yo siempre mirando..., hasta que, poco a poco, me fui metiendo. Entre tibias protestas accedí

Hemos solicitado al Cura Párroco, P. Carlos Heyn Schupp sdb., gran conocedor de las obras salesianas en Paraguay, nos haga una semblanza del Padre Lévera. He aquí su escrito:

BREVE SEMBLANZA DEL PADRE ARNALDO LEVERA, sdb.

El Padre Arnaldo Lévera, en los setenta años que vivió sobre la tierra-1905 a 1975- fue uno de los sacerdotes más conocidos y apreciados del Paraguay.

Preclaro hijo de Don Bosco, fue uno de los grandes salesianos con que contó el país: sacerdote apostólico, trabajador insigne, orador de lúcida inteligencia y encendida palabra, director y organizador de numerosas obras, ex-concejal municipal de Asunción, constructor de varios edificios, vicario inspectorial de los salesianos, y amigo de incontables familias de la sociedad paraguaya.

Tenía una robusta personalidad, rica y contagiante y una gran simpatía que irradiaba desde el hontanar de sus cualidades espirituales.

Asunceno de nacimiento, exalumno del famoso "Colegio Lasagna", junto a los célebres Padres Queirolo, Pérez Acosta (Paí Pérez), Tavarozzi, Emilio Sosa Gaona -después obispo de Concepción y Chaco-, Elizeche, Preciozo, Zorrilla y tantos otros... Recibió su excelente formación en el Uruguay y en Italia. Ordenado sacerdote en la Basílica de María Auxiliadora de Turín, en 1931, pasó toda su vida en el Paraguay, en medio de ímprobos trabajos e importantes cargos en beneficio del pueblo y de la juventud de su patria.

Fue consejero y director de la Escuela Agrícola de Ypacaraí. Después, Director y Párroco del Salesianito, donde construyó el Santuario Nacional del Sagrado Corazón de Jesús e inició heroicamente los talleres de la gran Escuela Técnica Salesiana: En todo era el centro de la vida y movimiento en aquel Salesianito, bullente de afectos, amistades, deportes y construcciones materiales, que crecería hasta lo que es hoy. Trabajó también varios años y dejó hermosas obras, construyendo la iglesia parroquial, la casa de retiros "Betania" y el Panteón de los salesianos, en la casa del Domingo Savio (Fernando de la Mora). Ocupó el cargo de ecónomo y de vicario inspectorial en la sede central de Asunción.

Posteriormente fue el incansable defensor y organizador de las Obras Sociales del Mercado N9 4, en el barrio Pettirossi, de Asunción. Con justicia, hoy, una de las abigarradas calles de dicho Mercado de la Capital lleva el nombre del P. Lévera.

De él dijo con razón el Paí (7)Rogelio Duarte: "Vivió con las manos abiertas para morir con las manos llenas", a que me llevara más adentro..., y, de repente, largarme. Vengan llantos, pataleos... y hasta improperios de que nuestra amistad quedaba rota para siempre, de por vida (todo esto en guaraní-castellano, a lo Emiliano-ré (11). Luego, iba directo a la cocina de la escuela y contaba todas mis penas a doña “Rey”; quien, acostumbrada a estas quejas, risueñamente escuchaba, para luego darme una mandioca recién cocinada con sal y aceite de oliva, diciéndome, para mi esperado consuelo: “Ya vamos a arreglar la cuenta a ese Pa’í...”. Sin embargo, al día siguiente era yo el primero en estar en la piscina..., esperando al maestro. Venía; se hacía el desentendido, como si no me viera, y él nadando, nadando..., y, de repente, como sorprendido al verme, gritaba. “Y, Bernardo, ¿vamos a nadar hoy?”, y yo, mirando al suelo, claro, pynandí(12). “Pero no tan al fondo... ¿oima-pá Pa’í?”. “Eyú catú Bernardo-í”(14), entonces venía mi condición: “Si no, no te voy a hablar más..., ni a nadie en la escuela... ¿Oima-pá Pa’í?(15)”. Y así fue que entre tragando agua, entre susto y alegría, entre risas y lagrimones, yo le dije que no le iba a ver ni hablar más, etc., viniera la respuesta que transcribo al comienzo de este comentario-recuerdo.

Viendo al Papa

¿Y ahora? Mayo de 1978, en la Santa Sede, Ciudad del Vaticano, en esta Italia “cuyo horno no está para bollos”, pude ver muy de cerca —escasos 50 centímetros— al Vicario de Cristo, y justo al recibir su bendición, mi pensamiento se encuentra, se reencuentra con el Pa’í Lévera.

Corporalmente ya no está con nosotros, pero, seguro estoy, que vive espiritualmente en el recuerdo cariñoso de muchas personas. Porque Pa’í Lévera —rubio, de corpulencia respetable, pero incapaz de aplastar un gusano—, era el representante genuino de los necesitados en este valle de lágrimas.

Apologías ni adjetivos no bastarían para calibrar su estatura humana, de proyección profundamente cristiana. Así que me ahorro de extenderme en este punto, que es como le hubiera gustado al Cura bueno que luchó siempre por más justicia, por los enfermos, por los que sufren... No anduvo en vano el camino.

Gracias a una generosa y gentil invitación del Grupo Estudio Arquitectura del Paraguay (*), que estuvo de visita por Escandinavia, y que me dio la oportunidad de “tratar” de que fuese grata la estadía de ellos por aquellas lejanas tierras vikingas, pude estar presente (aprovechando unos días festivos en Dinamarca) con ellos, en la audiencia con el Papa Paulo VI. Mi recibimiento, en la famosa sala Nervi, con la impresionante escultura de Vanzini, se realizó el miércoles 24 de mayo (día de María Auxiliadora), a las 11.30 horas, y podemos señalar — ahora hablo en plural, con mucho gusto— que el Santo Padre nos recibió magníficamente. ¡Su bendición fue inolvidable! ¡Y qué grato era escuchar, en los alto-parlantes de la gran sala, el nombre de PARAGUAY!

Previamente, el Padre Esteban Kosan, conocido en nuestro país, ofició una misa especial para la delegación paraguaya, que en brillantes parábolas, exhortó a los futuros arquitectos a trabajar por el bienestar de sus semejantes. Estuvo muy emotivo el Padre Kosan.

Luego de la audiencia, salimos a caminar y llegamos a la Plaza de San Pedro. Cielo claro, viento juguetón; cuarajhy- atá-porá(16); miradas de peregrinos del mundo entero, el espectáculo es imponente. Sin embargo, nada puede apartar de mi pensamiento la figura y la presencia humilde, poderosa e inolvidable del Rvdo. Padre Arnaldo Levera.

Respiro profundo, y a solas me digo: Un amigo, un maestro..., un camino.

Ciudad del Vaticano, mayo 24 de 1978

 

 

(16) SUECIA 1958: PARAGUAY EN EL CAMPEONATO MUNDIAL DE FUTBOL*

Evocación para revivir gestas que no van al olvido

Desde que el fútbol hizo su aparición en Paraguay, a remolque de Inglaterra, donde nació en la época victoriana, e inflamado aquí por un Williams Paats inolvidable, nunca el balompié guaraní tuvo una oportunidad tan grande como aquella vez en Suecia, mes de junio de 1958. Nunca una coyuntura tan magnífica, para que sus merecidos quilates brillaran con amplitud mundial, en aquellas jornadas en tierras nórdicas. La albirroja había ya conquistado jornadas de glorias y laureles, que resonaron alto y potente en Montevideo, por los años 30. Más tarde, en Río de Janeiro, Lima, Medellín, se escribieron páginas inolvidables. En la misma Asunción, aquella tarde en que ganamos a los argentinos por la copa “Chevalier Boutell”, en el viejo estadio de Puerto Sajonia, por 5 a 1, con goles —si mal no recordamos— de Pedro Fernández, D. Benítez Cáceres, Francisco Sosa (Leocadio Marín, el titular, se había quedado lesionado en los primeros minutos del primer tiempo), Vicente Sánchez y Juan Bautista Villalba. Es decir, con goles de la delantera completa.

Nuestra propia participación en las eliminatorias, para el VI Campeonato Mundial de Fútbol de 1958, que iba a celebrarse en Suecia, era ya doblemente singular: Una tarde de sol brillante, y en juego arrollador, pronunciamos nuestra concurrencia al ganarle limpiamente a Uruguay —campeón mundial de 1950— por un tanteador que no admitía réplica alguna: CINCO A CERO.

La revancha de rigor, que se jugó en Montevideo, ya no tuvo interés y recordamos haber visto el partido —en el viejo Centenario— en una tarde gris y lluviosa, donde los uruguayos procuraban de alguna manera encajar con buen humor la amarga realidad de que la celeste no iba a volver a la tierra de sus triunfos primeros, es decir, Europa. Tendrían que esperar hasta el 66 para volver a la “Catedral” del fútbol, en Londres, (claro, Uruguay ya volvió en el mundial celebrado en Chile en 1962).

Y ahora: junio de 1958, en Suecia. El equipo paraguayo era bueno. Agrupación de excelentes muchachos formaban una alineación compacta, capaz, optimista, cuyos méritos indudables quedaban ya bien probados.

Recordamos todavía nuestra llegada a Suecia, donde tuvimos la suerte de formar parte de los seguidores de la albirroja, para después alojarnos en el castillo de Sunbyholm, cerca de Eskiltuna. Recordamos las amables rubias suecas que venían de todas partes, y que eran el tormento mayor de don Aurelio González, nunca mejor llamado el Gran Capitán. El más popular era, naturalmente, Cayetano Ré (“Cayé”) y Ramón Mayeregger, el villamorrense jovial e inquieto de siempre (que se iniciara en el General Genes, el club de nuestros amores...). La formación de nuestro primer equipo para el compromiso inicial frente a Francia (que había llamado apresuradamente a Koppa, quien jugaba por el Real Madrid), era aproximadamente la misma que venía cosechando triunfos ininterrumpidos.

Sin embargo, a última hora, ocurrió lo imprevisto. Pequeño detalle al parecer, pero problemático, vital para nuestras aspiraciones: en el último entrenamiento, Eligió Echagüe tropezó y una de sus piernas quedó resentida. Y aunque se dijo que aquello no era de suma importancia, se decidió probablemente de común acuerdo, prescindir de él, por la importancia del encuentro. Su suplente no era malo, ni mucho menos regular, Agustín Miranda, de Cerro Porteño, quien, haciéndose cargo de la situación, entró en el campo con renovado optimismo para suplir a su compañero. Algo sin importancia, tal vez, pero para algunos pocos, como nosotros, trascendental. Vital, porque Echagüe tenía a su costado y detrás a sus propios compañeros del Olimpia, del “Bosque”: Achucarro, Lezcano, Arévalo..., con quienes se entendía a las mil maravillas, a ojos cerrados podríamos decir. Era como un cuerpo incapaz de recibir otro cuerpo. Y como endoso: chaparrones antes de comenzar el partido. El equipo paraguayo entró así: R. Mayeregger, E. Arévalo (capitán) y V. Lezcano, I. Achucarro, S. Villalba y A. Miranda, J. B. Agüero, J. Parodi, J. Romero, C. Ré y F. Amarilla.

A las siete en punto del atardecer del 8 de junio de 1958, comenzó el partido Paraguay-Francia (países cuyas banderas tienen los mismos colores), en el estadio de Norkoping, que tiene una capacidad para unas treinta mil personas. No estaba lleno. Entre el público habían unos pocos paraguayos, dirigentes, artistas y periodistas, en su mayor parte, con Luis Alberto del Paraná* a la cabeza, enarbolando su poncho para’í(21) (mal llamado de 60 listas).

El sol había estado brillando tímidamente la mayor parte del día, pero, en aquel mismo momento, se volvió gris plomizo. ¡Cómo deseábamos que hubiese sol, que calentase el medio ambiente entre 25 y 35 grados! Y comenzó nuestro “bautismo de sangre”, porque hasta aquel entonces, jamás un seleccionado paraguayo de fútbol había cruzado el Atlántico, mucho menos el Mediterráneo... y ni pensar el Báltico.

Habían transcurrido solamente algunos minutos de juego, cuando nuestros temores se justificaron: Venía el balón, solitario, rebotado sin dirección hacia Miranda, éste, atento, se apresuró como para devolver el esférico hacia adelante, sin parar, y justo cuando alzaba la pierna... la pelota pasó de largo sin haberle tocado. Koppa, no lejos, aprovechó la oportunidad para iniciar una carga francesa que no tuvo resultado positivo. Pero, ¿qué pasó entonces? Nada extraordinario. Y no vamos ahora, a varios años en la distancia, cargar toda la culpa de nuestra derrota a la espalda de Miranda. De ninguna manera. Trataremos de demostrar más adelante que esto obedecía a otro factor capital. Miranda, todo un caballero, además de ser un excelente jugador, estaba en su mejor momento, y el resto del encuentro realizó una labor normal, buena.

La verdad es que había un cierto temor hacia esa banda. Achucarro, siempre múltiple, venía en ayuda de su compañero, dejando muchas veces su puesto al descubierto. Arévalo, también se iba al puesto de Achucarro. Lezcano no sólo tenía encima encima a Just Fontaine, sino también a otros jugadores. Mayeregger también estaba contagiado de esa nerviosidad que parecía extenderse a toda nuestra defensa. Sólo la delantera estaba trabajando a pleno pulmón e inteligencia. José Parodi era el cerebro que movía todo aquello. Ré era un diablillo que se escurría por cualquier parte. Y los botines de Florencio Amarilla, digno émulo de “Piola” Mendoza. Un furibundo tiro libre desde casi treinta metros hizo levantarla red francesa y las gargantas de los pocos paraguayos, sumado a los imparciales suecos, hicieron vibrar el pequeño estadio. Terminó el primer tiempo con un empate de dos a dos.

El comienzo del segundo período fue el desastre. Vimos aquella carrera de dos hombres, que hasta hoy todavía ha quedado clarísima en nuestra retina: Lezcano y Fontaine. Estaban más o menos a 25 metros del arco paraguayo, y la pelota frente a ellos, teniendo el francés el control de la misma. Se inició la carrera hacia la meta del gol. Era increíble lo que veíamos, a décimas de segundos, el francés adelantaba más y más al guaraní, quien parecía extrañar el suelo. Terreno verde lodo, ligeramente mojado, peculiar suelo nórdico. Mayeregger intentó en vano detener el esférico, un verdadero “cañonazo” que se fue a morir en el fondo de las mallas. No vaya a creerse que Fontaine era más veloz que el paraguayo. No, lo que pasaba era que Lezcano, como todo nuestro equipo, extrañaba el suelo, la gramilla era diferente. Además (consuelo de tontos, se dirá), faltaba ese público formidable de Puerto Sajonia, la liaba ese sol de nuestra tierra. Sí, faltaba algo.

Vinieron más goles —diez en total— y luchamos como pudimos, pero siempre caballerosamente, con altura. Estaba visto que nuestro adversario ocasional, digno adversario (que finalmente ocuparía el tercer lugar en dicho campeonato mundial), iba a lo suyo. Después de estar tres a tres, lleco la debacle, o, lo que parecía el desastre definitivo, total, porque después, como el ave Fénix, Paraguay se volvió a recuperar. Siete goles a favor de Francia, y tres para la albirroja, era injustificado a todas luces, pues, aunque la victoria correspondía merecidamente a los galos, el resultado era muy abultado, desmedido. Se comprenderá entonces la tristeza con que regresamos al hotel. Pero pasó lo de siempre: la anécdota busca siempre su momento propicio. Alguien lanzó un grito, cortante como un machete en la selva guaraní, de ¡Viva el Paraguay...!. Fue un español residente en Suecia, de apellido Fernández. Bastó eso para que nuestros corazones retornaran por los caminos de la esperanza.

Se cantaron canciones paraguayas, con gritos de “se ha perdido una batalla, no la guerra...”, volvieron otra vez a elevarse los ánimos.

A Escocia le ganamos holgadamente, aunque el resultado no hablase por sí solo, pues fue solamente por 3 a 2, y el último gol escocés se produjo cuando faltaban escasos minutos para finalizar el encuentro, y habíamos perdido, por otra parte, innumerables ocasiones de aumentar el resultado. Paraguay se iba consolidando paulatinamente. El último era también de mucho cuidado.

Yugoslavia —ganador de Francia— seguía en aquel entonces la misma línea de Hungría, temible por algún tiempo, hasta que se le fueron Koscis, Puskas, Kubala y otros tantos. Era un choque en que teníamos que ganar para ir a las finales, un empate o una derrota no nos valía para nada. Debíamos ganar. Con una derrota y una victoria en nuestras manos, entramos otra vez a la cancha con renovados bríos. Ni victoria ni derrota. Empate a tres goles por equipo, en un encuentro inolvidable. El encuentro fue brusco, y los yugoeslavos parecían gigantes al lado de los nuestros; y aunque ellos entraron menoscabando nuestra valía, muy pronto se dieron cuenta que debían hacer uso de todas sus fuerzas, si querían salir con la suya, o por lo menos, aguantarnos. Paraguay era un hueso duro de roer.

La progresión del marcador fue aleccionador: cuando un equipo conquistaba un tanto, el otro, iba como un toro sin control hacia el otro campo, para conquistar el tanto de paridad. Había entonces como una tregua de respiro de fuerzas contenidas, que en cualquier momento podía romperse, arrollando al adversario.

Hacía ya tiempo que José Parodi, el estilista luqueño del balón, estaba jugando con la cabeza vendada, como otros jugadores, extenuados.

Era sorprendente cómo ya en esta tercera jornada, la albirroja estaba jugando téte-a-téte con su oponente europeo. La cancha era casi la misma en que jugamos los dos partidos anteriores. El lodo se quedaba en las taquillas; los alumnos paraguayos habían aprendido rápidamente la enseñanza, la lección de jugar en campos del norte de Europa. Sí, no lejos del Polo Norte.

Y para terminar acerca de aquel último encuentro, vamos a recordar otro capítulo más, no como plañidera empedernida, pero sí como una nota singular que siempre cargaremos a cuenta del destino, como lo quiere el tango. Faltaban diez minutos —o algo así— para terminar el partido Paraguay- Yugoeslavia. En otras canchas de Suecia se jugaban, al mismo horario, otros encuentros. Uno de ellos era el que jugaban Francia-Escocia, el primero ganando en forma precaria, dos a uno, cuando se produjo un penal a favor de Escocia. Un empate podría abrir una posible victoria escocesa, en cuyo caso Paraguay se clasificaba con su empate actual. Es más, si Escocia empataba y nosotros ganábamos a Yugoeslavia, también nos claudicábamos. Miramos esto en un enorme tablero que había en el estadio, como en todos los otros estadios, y teníamos la clave para entender sus movimientos. Nuestros ojos se clavaron en aquel tablero salvador..., pero se produjo una extraña alteración, y en lugar de aparecer los signos familiares, emergió una desconocida letra... que nunca habíamos leído en el tablero. Era la letra Y, que significaba simplemente que el penal... ¡fue errado! Nunca nos pareció tan fea, antipática, insípida, tan deforme la letra Y.

Pero, todavía nos esperaba otro golpecito más, un tironcito más a nuestras emociones, cuya escena, a los que amamos el deporte por el deporte, y aún más, el “rey” de los deportes, no se olvidará fácilmente. Nuestros cansados ojos se volvieron (con nuestras miradas podríamos haber fulminado, derretido, aquella letra pomposamente llamada griega), otra vez al campo de juego, donde veintidós deportistas pugnaban ardorosamente, unos para defender el empate —Yugoeslavia— y otros — Paraguay— para desnivelar el tanteador. Faltaban pocos minutos para llegar a esos 45', que parecía acercarse a una velocidad más rápida que el sonido. En eso, Achucarro (que se iniciara, sobre todo, en el Club Tigre, del Barrio Recoleta, cerca del Mburicaó(22) legendario) corta un avance yugoeslavo y, de inmediato, pasó el esférico a Agüero. Este, sin dilación, a Parodi quien, elevándose un tanto en el aire, dio a otro luqueño, Jorgelino Romero (jugaba en aquel entonces en el club Sol de América); éste de cabeza bajó para Amarilla, da a Cayetano Ré. De la izquierda vuelve, otra vez, a cruzar el balón hacia la derecha. Ahí está otra vez Parodi quien, con un pase magistral, “sirve” a Romero.

Hay dos defensas en su frente, amaga hacia la derecha, se mete por el medio, y emprende una rauda carrera, avanza solo..., diez metros —?— del arco; siete, el guardapalos no sabía qué hacer, Jorgelino, con dominio total, increíble por el calor de la lucha, amaga tirar hacia la izquierda, el guardameta se va hacia allí, inclusive resbala... Romero tira hacia la derecha, el arco libre..., la pelota mojada tropieza con algo en el terreno, el tiro es débil, se desvía un poco, nada más que un poco..., fuera. Todo esto, habrá llevado 40 segundos, ¿un minuto?, parecían siglos.

Con aquella se fue también nuestra última oportunidad para pasar a las finales. En nuestro grupo (II) se clasificaron precisamente Francia y Yugoeslavia. Nuestro primer ganador, Francia, ocupó un dignísimo —como ya dejamos señalado— tercer puesto en la ronda final, detrás de Suecia y Brasil (el Brasil de Pelé, Garrincha...).

Pero, ahora recapitulemos nuestra participación en aquellas jornadas memorables. ¿Por qué fue eliminado Paraguay? El potencial futbolístico guaraní era, indudablemente, el mejor que se podía haber formado en muchos años, después de aquel seleccionado que, con justicia, quedó en el calendario deportivo como los Campeones de Lima. En efecto, desde aquel año 1953, Paraguay no pudo encontrarse en forma, principalmente por la venta de sus mejores jugadores, cuyos méritos indiscutibles van envueltos en el nombre de Manuel Fleitas Solich, director técnico de nuestra selección.

En los campeonatos sudamericanos de los años 55 — Santiago— y 56 —Montevideo— (este último fue llamado Extraordinario), ocupamos un precario quinto lugar; inclusive, en la capital oriental... estuvimos en la cola. Recién a principios del año 57, se pudo volver a llevar aquel vacío gracias a la cantera inagotable, generosa, de nuestros barrios y las ligas regionales. ¡Larga vida para ellos! Llegamos a Suecia con la plenitud de nuestras fuerzas, con aquel estilo peculiar de las puntas veloces y la picardía de nuestros jugadores (Arsenio Erico, César López Fretes, Eulogio Martínez, José Parodi, etc., siempre fueron excepciones). Lo nuestro, indudablemente, y esto con el permiso de los expertísimos de nuestro popular deporte, es Martín Flor, Delfín Benítez Cáceres “El Machetero”, Aldio Mellone, Dionisio Arce. Por qué, preguntamos otra vez, ¿por qué se perdió entonces aquella oportunidad? A un factor fundamental, creemos nosotros, se debe busca la respuesta ecuánime, serena, desapasionada: falta de experiencia de nuestro equipo en campos europeos. ¿Por qué no se jugaron dos o tres partidos en Europa, antes de llegar a Suecia? ¿Factor económico, temor a que se lastimaran, se cansaran nuestros jugadores? Hasta hoy no lo sabemos.

También, queremos agregar, pudiendo haberse originado por otros fallos menores (se habló de que nuestro guardameta Aguilar no veía bien); pero reiteramos: nuestra falta de experiencia en las canchas europeas fue fatal. Lo pagamos caro. Tan caro que hasta hoy, a quince largos años (y estamos escribiendo estos recuerdos en el año 1973), no pudimos levantar cabeza en forma visible que digamos. Nuestras esporádicas victorias actuales, chispazos aquí y allá, meritorias y sacrificadas todas ellas, quedan chiquitas, ya que éstas, casi siempre se producen en canchas sudamericanas. Los chispazos ocasionales no producen, por lo menos en nuestro caso, una llama permanente. Y no se olvide esto: ya van tres campeonatos mundiales en que Paraguay no participa en la ronda final. No fuimos a Chile —1962—, a Inglaterra —1966— y a México — 1970—. Algo para pensar. Sin embargo, creemos sinceramente que Paraguay volverá. Su tiempo volverá. Esa ocasión perdida aquí, en Suecia, hace quince años, volverá a presentarse.

Como colofón final, queremos dedicar esta modesta recordación, precisamente al que llevara la carga más pesada, el Gran Capitán, don Aurelio González, nuestro conductor técnico de aquel entonces, en reconocimiento de su magnífica labor.

Junio 1973, Norkoping, Suecia


NOTAS

* Sergio Cuevas murió el 23 de noviembre de 1987, a la edad de 50 años, en la ciudad de Estocolmo (Suecia), donde residía en forma permanente, de un paro cardíaco. Era un excelente intérprete del arpa paraguaya, y buen compositor. Siempre hizo culto de la amistad, de la cual me reconozco, humildemente, como uno de sus numerosos amigos.

A dos semanas de su fallecimiento, y para ser más preciso, el 6 de diciembre do 1987, y gracias a intensas gestiones nuestras, sus restos mortales ya descansaban en su querida ciudad, Villarrica. Debo resaltar que esta operación-traslado, no causó gastos a sus familiares en Suecia- donde dejó algunos hijos-; igualmente en Paraguay, ni un centavo. Para el traslado del féretro desde el aeropuerto de Asunción a la ciudad de Villarrica, quiero destacar la actitud altamente solidaria de otro excelente artista, entonces funcionario del gobierno, el Sr. Antonio Barrios, quien fuera integrante de aquel famoso dúo Barrios-Espinola.

También quiero mencionar al artista compatriota Gerónimo Rojas, residente entonces en Gotemburgo (Suecia), cuya asistencia me fue de mucha ayuda; y el claro, también doy las gracias a la hija mayor de Sergio, Eva (con relación a esta temática, leer otro comentario en las págs. 90 y 91).

UN COMENTARIO AL MARGEN, SIN ÁNIMO DE POLEMIZAR:

Los restos mortales del eximio intérprete-creador, el arpista Digno García, quien falleciera el 4 de Febrero do 1984, en la ciudad belga de Grammont (en lengua francesa) o Geraardsbergen (en lengua neerlandesa u Holandesa) donde descansan sus restos. Digno tenía 60 años).

La Vela, de García, de nacionalidad belga, se opuso, al parecer, al traslado do los restos de Digno al Paraguay… pero era una negativa, digamos, frágil, y esto con todo el respeto del mundo por su amable Sra. esposa; pero no sé, creo que eso hubiese podido revertir esa decisión, que vuelvo a recalcar, es y era, respetable. Y así puedo señalar, no sin cierta tristeza, que por una increíble desidia, lo menos que se puede decir de algunos funcionarios públicos de aquel entonces, en Asunción (Palacio de Gobierno), perfectamente  individualizados, descansan hoy los restos del autor inmortal de «Cascada», lejos, muy lejos, de su amada, siempre añorada tierra luqueña. Legalmente, de acuerdo a las leyes belgas, deben pasar por lo menos 20 años para que se pueda volver a gestionar dicho traslado. A estos «sacrificados», mal llamados funcionarios públicos, debemos que con los hechos se demuestra ser patriota, y no con la figuración de infatuados pavo reales, ni los autobombos de pacotilla, al tiempo de prenderse de los cargos públicos como voraces cliatebuces (garrapatas). ¡He dicho!

(*) CUÑA-YMA(8). Doña Raimunda Saldívar Vda. de Garcete, gastrónoma fuera de serie. Fue cocinera, entre otros, de: Anselmita Heyn (Reina del Paraguay por mucho tiempo), “Casa Argentina”, “Hotel Bristol”, Manuel y Arturo Uray, Casto Neri Huerta, Flia. Apezteguía, Manuel Ferreira, Pa’í Pérez, Noneco Norton “Pastelí”(9), Mr. Kent, Mr. Evans, Cnel. Rafael Franco, General José Félix Estigarribia, Dr. Luis A. Algalia, Dr. R. Silva Alonso, Don Rigoberto Caballero, Tte. Cnel. y Embajador Enrique Garda de Zúñiga, Luis Alberto del Paraná, y otros tantos. Hago constar que ella trabajaba con estas personas —y establecimientos— cuando estaban al “tope” de sus carreras, tanto en el poder como en otros campos. Era socia de la Liga Marítima, que en su tiempo era la asociación más respetada y prestigiosa con que contaba el país, pues allí un agrupaban los mejores profesionales de la gastronomía internacional. Doña “Rey", con sus 74 años de edad, vive modestamente en su casita en el barrio Recoleta, rodeada su gallinero, sus flores, su mandiocal, bananas, plantas medicinales, jazmín paraguay, romero jha(13) resedá, rodeado del afecto de sus hijos, nietos y amigos. Es una figura popular y querida del barrio.

No hace mucho, la Primera Dama de la Nación paraguaya, doña Eligía Mora de Stroessner, la invitó a cenar en la casa de su hija, la Sra. Graciela..., pero esta vez doña “Rey” no cocinó..., ¡era la invitada de honor! Sí, doña “Rey” es fuera de serie, cuñá- ymá(8), además, es mi madre.

** En la lluviosa mañana, mansa y cálida, del día jueves, 26 de diciembre de 1991, luego de una recaída, falleció Doña «Rey», dos semanas antes de cumplir 91 años de edad (era oriunda de Caraguatay).

Su entierro, en el cementerio de la Recoleta, fue una demostración de hondo pesar de los vecinos de Asunción, especialmente de los barrios de San Blas, Recoleta y Villa Morra, donde no sólo fue respetada, sino también muy querida por sus valores humanos.

Se puede repetir lo que escribiera el gran poeta granadino Federico García Lorca: «No hay cáliz que la contenga».

El primer Grupo de Estudio de la Facultad de Arquitectura que viajó a Europa, fue en el año 1978, y lo integraban las siguientes personas, hoy flamantes arquitectos: Diluvio Ondea, Jorge Vera, Carlos Cataldi, Agustín Cubillas, Jorge Solís, Ana Insaurralde, Gladys Semidei, Teresa Lichi, Myrian Díaz, Myrian Pascottini, Lidia Lesme, Oscar Centurión, Alcides Zelada, Orlando Machuca, Julio Cacace, Sixto Santacruz, Miguel Torres, y el Profesor Carlos Cabo de Vila.

* Cuatro periodistas fueron a Suecia, a saber: Alejandro Cáceres Almada, Ovidio Javier

Talavera, Jaime Arditti y el que escribe este libro, quien fue el único que pudo enviar algunos boletines a través de Radio Nacional de Suecia, en su emisión de onda corta, sin pagar ni un centavo, al Paraguay. Los boletines eran grabados en Asunción por don Pedrito García, quien los difundía por su organización “Corporación Deportiva Fénix”.

* “Los Paraguayos” lo integraban entonces, aparte de su director, Luis Alberto del Paraná, su hermano, Reynaldo, el arpista José de los Santos González y Rubito Medina. El único que sobrevive es Reynaldo —año 1988— quien continúa con éxito con el conjunto que renueva periódicamente.

Algunos de los integrantes esporádicos del grupo dirigido por Paraná, fueron, entre otros: Julio Jara, Arsenio Jara, Alejo Pérez, Adrián Barreto, Dionisio Villamayor, Antonio Martínez, Carlos Zenón Espinoza, Rodolfo Ortiz, Fausto Franco, el arpista Oscar Ramos, y dos excelentes artistas argentinos, “medio-paraguayos”: el bandoneonista Alfredo Marcucci y el requintista Ángel “Pato” García (de padre argentino y madre paraguaya).









TERCERA PARTE

(27) PREGUNTAS A LUIS ALBERTO DEL PARANA

¿Piensa casarse? ¿Busca una estancia? ¿Enfermó de nostalgia? No cabe duda de que el actual comentario del ambiente lo constituye la subyugante figura del “triunfador de los triunfadores”: Luis Alberto del Paraná. Se han tejido en tomo a él los más variados y antojadizos comentarios, dando muchas veces cuerpo a cosas y hechos que nada tienen que ver con él.

Con el fin de aclarar algunas de las muchas preguntas que se formula el hombre de la calle, “La Mañana” lo entrevistó en su residencia, calle Artigas Nº 522, donde, con el ameno ir y venir de un “tereré” (63), se fueron hilvanando preguntas y respuestas. He aquí la relación de este reportaje, que reproduzco extractado, por haber perdido interés y actualidad —por el largo tiempo transcurrido— alguna de las preguntas (BGS).

***

—¿Qué grado de estudio tiene?

—Tercer grado primario. El primero lo hice en Ypacaraí, y los otros dos en Fernando de la Mora; también estudié en la Escuela Perú, en Sajonia.

—¿Vivió algún tiempo en Ita Yurú (64), en las Misiones?

—Efectivamente. En ese lugar, hoy se levanta una hermosa iglesia. Pienso ir a visitarla.

—¿Es cierto que tiene una cuenta bancaria en Suiza, más específicamente en Zurich?

—No sólo en Zurich, sino también en Nueva York y Montevideo.

¿Es verdad que su venida al Paraguay le ha costado la friolera suma de 16.000 dólares?

—Exactamente.

_¿Piensa recuperar esa suma con sus actuaciones?

—Pensaba.

—Circulan rumores de que a usted le debe algunos mi les de dólares Waldemar Morínigo, ¿por aquel sonado belga?

—Él no me debe nada. Es un gran amigo.

—¿Tartamudea?

—Sí, cuando estoy nervioso, en muy raras ocasiones. Cuando estoy cantando o romántico, no.

—¿Cómo ve al artista ideal?

—El artista ideal es el natural, sin artificio.

—¿Cuál es su frase favorita, preferida?

—¡Fantástico!

—¿Quiénes son los compatriotas que han colaborado más efectivamente con usted en Europa?

—Pocos, pero buenos amigos: Waldemar Morínigo, Federico Chávez, Víctor Garcete, César Urbieta López y todos aquellos que con buena fe me acompañaban.

—¿Cree usted que algunos de ellos pueden ser trasladados a otros lugares para que sus gestiones sean más efectivas?

—Lastimosamente ya algunos de ellos se encuentran de vuelta a la Patria. Pero, de los que quedan, me parece que se podría trasladar a Nueva York o Tokio a Luis Mesquita Chavárri con su maravillosa exposición permanente a cuestas. Es un funcionario diplomático ejemplar. Creo, además, que se le podría honrar con alguna distinción del Gobierno, por su invalorable servicio prestado.

—¿Quiénes son los extranjeros que más han colaborado con usted en su último recorrido por Europa y Medio Oriente?

—Siempre, en cada país, encontramos alguien que nos sigue como verdadero enamorado. Tenemos así, en Francia, a Johnny Stark; en Bélgica, a Uber Smith y John Deckw; Melle Wesrma y E. Garretsen, en Holanda; J. Griffins, en Londres; Nicolai Sivor, en Sofía (Bulgaria); a Robert F. Lee (Jr.) en Nueva York; a la bella empresaria italiana Fiorenza Pinali, en Milán (Italia); y por último al dinámico árabe Boujikan, por todo el Medio Oriente. Estas personas, desde distintas esferas, han colaborado con nosotros en un sólo haz de corazones. ¡Ah...! me olvidaba de una persona muy importante: se trata de don Carlos E. Jacobsen, en Copenhague (Dinamarca). Al entrar por el Mar Báltico, hacia la costa escandinava, se divisa una hermosa bandera paraguaya en lo alto de un edificio vetusto y señorial es la casa de don Carlos.

—Tenemos entendido que vino con usted, hace poco, el señor Johnny Stark, que es su empresario en el mundo entero. ¿Cuál fue su impresión al retornar a su país, Francia?

—Efectivamente, vino a pasar la Navidad y el Año Nuevo con nosotros, a expresa invitación mía. Su impresión fue sintética: “Volveré muy pronto”, fue lo que nos dijo cuándo hace pocos días lo despedimos en el aeropuerto, con lágrimas en los ojos. Conviene destacar que Johnny Stark es también apoderado de muchos artistas famosos, como ser: Luis Mariano, Caterina Valente, Mariano Marín, Maurice Chevalier, Brigitte Bardot y otros muchos. Tiene gran prestigio internacional.

—Aunque le parezca indiscreta, queremos que usted nos dé respuesta a una pregunta un tanto íntima: ¿Sus relaciones con la bella Soraya?

—Es una amiga (luego, una pausa).

—Queda corta la respuesta, Paraná...

—Hummm...

—¿Cuántos años más piensa cantar?

—Si la suerte lo permite, cinco años.

—¿Cree que su hermano Reynaldo será su heredero?

—Sí, cuento con él.

—¿Por qué no se casa?

—Ya lo estoy pensando.

—¿Por aquí?

—Creo que sí.

—¿Nos puede decir el color de sus ojos?

—Color del tiempo... ¿Podemos pasar a otro tema?

—Con mucho gusto, Paraná. Cuando se deje del canto, ¿a qué piensa dedicarse? ¿administrar sus dólares?

—En el momento oportuno lo pensaré. Lo único que puedo señalar es que la profesión de cantante es maravillosa, a pesar de su inmensa ingratitud y continuo sacrificio.

—¿Cuántas veces estuvo cerca de la muerte?

—(Paraná piensa un momento)... Desde muy cerca la vi, once veces, y espero que en mucho tiempo no la vuelva a ver. Me creo una persona de suerte.

—¿En qué lugar del mundo encontró el espectador más difícil?

—Aún no lo he encontrado, gracias a Dios.

—¿Nos puede citar someramente los nombres de algunos de sus amigos artistas, de fama mundial?

—Con mucho gusto. Ahí están Caterine Valente, Edith Piaf, Doménico Modugno, Sofía Loren, Nat King Colé, Maurice Chevalier, Charles Chaplin, Brigitte Bardot, Paul Anka, Gina Lollobrigida, . Juan Manuel Fangio, Dominguín, Fernandel, Los Diamantes, Los Plateros, Los Panchos, Dr. Roque Carbajo, Luis Mariano, Josefina Baker, y otros tantos. Entre los futbolistas: Distéfano, Just Fontaine y, naturalmente, todos los jugadores compatriotas que se encuentran en el continente, es decir, Europa.

—¿Le robaron alguna vez?

— Los ladrones nunca me quisieron robar. No sé por qué...

—¿Por qué no le roban?

—Tal vez porque yo jamás robé a nadie.

—¿Es cierto que hace pocos días recibió una carta- telegrama de la revista TIME-LIFE, desde Nueva York, para un reportaje?

—La verdad es que yo no la recibí, sino el corresponsal de dicha empresa periodística, señor Oscar F. Birks, quien de inmediato concurrió a mí, para dar cumplimiento al pedido. El cable venía ya pago para contestar, hasta un monto de 300 dólares.

—¿Sabe usted, que TIME tira semanalmente 3.000.000 de ejemplares?

—No lo sabía.

—¿Nos puede decir qué es lo que querían saber las gentes de Nueva York?

—Muchas preguntas, que casi no recuerdo ahora. Le recomiendo leer el TIME de esta semana.

—Bonita idea. Pasemos a otro punto. Se dice que usted ya no canta tan “alto”, como en sus primeros discos.

—Si la canción lo exige, lo hago, pero es más saludable cantar un poquito más bajo. Es más romántico... y se canta por mucho tiempo más.

—¿Trajo usted un aparato estereofónico desde Europa, especialmente para sus actuaciones en América?

—Sí. Es un aparato alemán de "sensibilidad" extraordinaria, y tiene un sistema de eco.

—¿Nos puede decir su valor?

—Exactamente 4.000 dólares.

—¿De aquí, adonde irán?

—Hay muchos proyectos y ofertas, pero posiblemente mi itinerario sea este: Sao Paulo, Río, Lima, Caracas, México, Nueva York, París, Tokio. Veremos cómo se presentan las cosas. Pero, para julio de este año, debemos indefectiblemente estar en el Japón.

—¿Y la película “Burrerita”?

—Nada más que ya estamos esperando a Armando Bó e Isabel Sarli para rodarla.

—¿La volverán a bañar a Isabel?

—Lastimosamente, no.

—Pasando a otro tema. La separación de Agustín Barboza y Digno García, ¿cómo fue?

—Nosotros teníamos un contrato de actuación por el término de un año, y una vez que aquello se cumplió, hicimos nuestros propios conjuntos. La separación fue amistosa, y ellos son siempre amigos míos. Prueba de ello es nuestra actuación en el Teatro Municipal en ocasión de festejarse el “Día del Autor”, en la fiesta organizada por APA.

—A propósito de este festival, ¿qué porcentaje de la recaudación le correspondió a su agrupación? Si no nos equivocamos, sus integrantes cobran una fuerte suma por cada actuación, ya sea para beneficencia, demostración o compromisos contraídos.

—Nuestra actuación fue gratuita, y hasta hemos llevado nuestro aparato estereofónico-eco para que todos lo utilicen.

—¿Cuántas actuaciones lleva en el país, en forma de adhesión gratuita?

—Cuatro. En la cárcel, para los recluidos, en Santa María (Villarrica), para los alumnos del Pa’í (7) Pérez, en el Ministerio de Defensa Nacional, y en ocasión del “Día del Autor” en el Teatro Municipal. Se suman a esto las tres presentaciones hechas en el Estadio Comuneros en adhesión a los festejos del Sesquicentenario de la Independencia Nacional.

—Es decir que actúa más para beneficencia, que por otra cosa.

—Parece que sí.

—Entonces, eso de que usted vino a su país a explotarlo, ¿no es verdad?

—Pensar y hablar es un derecho sagrado de cada persona. Pero todos son mis hermanos, y yo los quiero a todos.

—Volviendo a otro tema, ¿qué nos puede decir de Rubito Medina?

—Había sido que cuando yo lo mandé llamar desde Europa, él fue con la idea de formar un conjunto, lo que me participo cuatro años después. Cuando lo supe, accedí inmediatamente

—¿Tuvo algo que ver con la fundación de la Asociación de Paraguayos en Francia?

—Sí, Soy socio fundador. Ocupo el cargo de Vice-Presidente

—Se dice que usted sigue aportando regularmente muchos dólares para el sostenimiento de la Asociación, ¿es verdad?

—En parte sí, y en parte no. Es una pregunta que podemos dejar de lado.

—Circula una versión que dice que usted está muy enfermo.

—Mi mayor enfermedad era la nostalgia de no ver a mi patria querida por tan largo tiempo. Eso sí, estoy un poquito agotado. Me vendrá muy bien un descanso reparador por el interior, si fuera posible en una estancia.

—¿Ya encontró la estancia?

—Ando buscando.

—Definitivamente, ¿cuándo vuelven a partir?

—Aproximadamente dentro de un mes.

—Esto ya no es una pregunta Luis Alberto, sino es el momento de agradecerle su cordial deferencia por habernos brindado estos preciosos minutos. En nombre de “La Mañana”, muchas gracias. ¿Quiere agregar algo más?

—Nada más me resta agregar, sino un fuerte apretón de manos y un muchas gracias, y hasta cuando ustedes quieran, amigos periodistas.

La tarde cae. La noche avanza. El titilar de las estrellas ya se distingue en el firmamento. Con los brazos en alto non despide Luis Alberto, con su eterna sonrisa, la sonrisa del artista, del hombre humilde, del triunfador. Avanza la noche y la mañana próxima, da una nueva tonalidad a la vida.

Asunción, enero 1961

(28)   PARAGUAY, PARANA Y EL CAMPEONATO MUNDIAL DE FUTBOL EN SUECIA (*)

Más tarde, Luis Alberto del Paraná recibe en Milán (Italia) al periodista compatriota B. Garcete Saldívar (que iba para cubrir el Campeonato Mundial de Fútbol en Suecia, en representación de Corporación Deportiva Fénix), y, juntos, recorren los países escandinavos. Este viajero le entusiasmó a Luis Alberto para ver el desarrollo de dicho campeonato. No olvidemos que Luis es un gran amante del fútbol, y en cuantos países haya visitado, no ha dejado de jugar algún encuentro, generalmente contra los mozos de los hoteles donde se hospedaban. Viene aquí el caso de resaltar un hecho por demás risueño y simpático. Estaban actuando en uno de los hoteles más lujosos de la costa escandinava: “Kystens Perle” (La Perla de la Costa), a treinta y cinco kilómetros al norte de Copenhague, capital de Dinamarca. El éxito iba creciendo día a día. El 8 de junio de 1958, el seleccionado paraguayo de fútbol iba a debutar contra la poderosa escuadra francesa en Norkóping (Suecia). Al dueño del hotel, señor Oscar Pedersen (más tarde, Cónsul General Honorario del Paraguay en Copenhague), aunque aficionado al deporte, no le agradaba la idea de que su máxima atracción artística dejara de actuar un solo día, pues el contrato era solamente por 15 días. Para Luis Alberto, tampoco era el caso de desbaratar el contrato, porque en esos países, casi confederados digamos, un proceder de esta naturaleza hace perder para siempre el área de países nórdicos. Pero... Paraná se las ingenió (¡cuando no!). Su actuación terminaba diariamente pasada la medianoche. Nada mejor entonces que tener su Cadillac (ya había regalado su legendario y vetusto Studebreaker, si mal no recordamos al nadador Luis Gilberto Ruiz) listo a la puerta. Fue, vio el partido (con su conjunto) y volvió para la noche siguiente, actuando como siempre... orondamente. El excelente amigo Ovidio Javier Talavera, otro de los periodistas que concurrió a Suecia, escribió un pequeño artículo sobre aquel hecho, y relata de paso algo del encuentro. Conviene reproducir entonces —aunque sea un poco largo, no tiene desperdicio- lo que publicó el diario “La Tribuna” (12-06-1958), y dice así:

Música, alegría y tristeza en Suecia

“Lentamente el negro manto del pesar y de la desilusión va desapareciendo en Sundbyholms. El rudo golpe recibido fue tremendo. Es que abundaron factores para que la primera caída trajese consigo tristeza. Antes del partido se vivieron instantes de inmenso regocijo. Sana y confortable alegría, que fue indiscutiblemente poderoso tónico para la moral de nuestros jugadores.

“En Norkoping, cuando el arribo de la delegación al mediodía, constituyó para todos una gratísima sorpresa encontrarnos con Luis Alberto del Paraná y su famoso trío ‘Los Paraguayos’ que ya aguardaban a nuestros muchachos, dispuestos a alegrarlos con su música y canciones. Algo más de 300 kilómetros cubrieron en automóvil, durante toda la madrugada, deseosos de cumplir con esta cita de honor. Deleitando durante el almuerzo a los jugadores con sus mejores canciones, interpretándonos música paraguaya. Fueron instantes inolvidables. Al conjuro de un día maravilloso. Porque el sol parecía también deleitarse en lo alto de la sana alegría de los paraguayos.

“Sin embargo, amarga sorpresa nos tenía reservada la caprichosa naturaleza. Sobre las 18.00 horas comenzó a cubrirse el cielo, y su color plomizo pareció anticiparnos algo de la tristeza que el destino nos tenía reservado para más adelante, Media hora antes del partido, una tenua llovizna comenzó a caer sobre el estadio. Fue el primer golpe para nuestro optimismo. Todos permanecimos callados, mirando el cielo, sin decir palabras, aunque adivinando cada uno lo que en esos momentos cruzaba por nuestras mentes. Nueve hermosos globos y luego otros más se elevaron hacia el cielo, perdiéndose en el infinito, Y, a poco el ingreso de los dos equipos. La formación en el mediocampo y la entonación del Himno Patrio de los dos países en una ceremonia tocante y emotiva, que sólo puedo comprenderlo en toda su inmensa magnitud y profundo significado quien alguna vez, lejos de la Patria, ¡haya escuchado las notas maravillosas y sublimes de nuestro Himno...! Lo que ocurrió después está reseñado en un comentario aparte. La alegría se trocó en angustia. La euforia en llanto. La tenue noche que acentuaba el cielo plomizo entró también en el corazón. Y ya en el ómnibus, un silencio de muerte pareció extender su dominio. Cuando se dejó oír el grito ronco y vibrante de Fernández, un español que hace 6 años vive en Suecia, y que desde el primero momento se constituyó en gran “hincha” de los paraguayos. “¡A ver muchachos, una derrota no puede matar a los paraguayos! ¡Viva el Paraguay!”. Y con el viva tradicional de nuestra raza, pareció como si brotara de nuestros pechos el grito animador, escapando a esa tristeza de vencidos que parecía querer aprisionar nuestros corazones. Luego, en el hotel, y en plena calle, donde nuestros muchachos bailaron con algunas bellísimas y siempre gentiles suecas, otra vez la música paraguaya, con las canciones de Luis Alberto del Paraná y su trío ‘Los Paraguayos’. Lo peor comenzaba a disiparse. Y en la larga senda del regreso, comenzó a aflorar la firme decisión de una rehabilitación. Que, sinceramente, confío podrá llegar...”.

De esta manera terminaba aquel sentido escrito del talentoso periodista Ovidio Javier Talavera. Convengamos, para satisfacción nuestra, que, desde ese encuentro conl.ni Francia, Paraguay ya no volvió a perder más m el campo europeo. El optimismo había logrado el milagro..., la fe había vuelto a los corazones.

Paraná y sus muchachos aportaron algo para esto.., el tiempo lo ha dicho: ¡SI!

Asunción, enero 1961

 

 

(29)   OTRA VEZ PA’I (7) PEREZ*

Pasa el tiempo... ¿y ahora qué? Su corazón está todavía en busca del gran amor de su vida. ¿Cuándo vendrá? Nadie lo sabe. Pero vayamos tras el hilo de nuestra historia. Paraná y su agrupación siguen actuando por todas partes.

En Israel, obtienen el éxito más asombroso de toda su carrera artística, sólo comparable a su actuación en Bulgaria, Japón, o a su recibimiento en Asunción. En Tel-Aviv, consiguieron llenar cuatro veces consecutivas un teatro. Éxito sin precedentes. Paraná aprendió una canción en hebreo y la cantó maravillosamente. El nombre de esa canción es algo así como “Chelschamin”; ahí también filmaron un documental en colores —en cinemascope—cuya duraciones de una hora y veinte minutos. Su título: “Paraná y su Trío ‘Los Paraguayos’ en la Tierra Santa” (sin embargo, por desacuerdos económicos, la película, ya terminada, nunca pudo ser lanzada al mercado. BGS).

Estando en Palma de Mallorca (España), el Príncipe Alberto de Bélgica con su esposa Paola(**), la exótica italiana, se sorprenden con una serenata al “estilo Paraguay”, llevada por Paraná. De esa serenata quedan varias fotografías, y sirven en gran parte para la liberación de Rolando Waldemar Morínigo, que estaba condenado a veinte años de trabajos forzados en Lovaina, Bélgica. Paraná retorna a París a descansar, y en eso se entera que el maestro de su infancia del Batallón “Rojas Silva”, el Pa’í (7 )Pérez, venía a Europa. Era la hora de agasajarlo y se las ingenia. Dejemos, pues, esta narración a cargo del propio Padre Ernesto Pérez Acosta:

“A pesar del tiempo y la distancia, Luis Alberto nunca olvidó a su antiguo maestro... Desde el lugar donde se encontraba me hacía llegar sus saludos de Año Nuevo, que siempre eran retribuidos con algunos infaltables consejos para continuar a la distancia la influencia de su primera educación salesiana.

“Cuando, en el año 1958, fui elegido para representar a los Salesianos del Paraguay en la Gran Asamblea Mundial que se reuniría en Turín, le anuncié al dilecto amigo el gustazo que tendríamos de volvernos a ver y quedó convenido desde entonces un encuentro en “alguna parte de Europa”.

“Según mi itinerario, debía yo estar en Milán el 25 de agosto de dicho año 58. Por intermedio del común amigo Víctor Garcete, segundo secretario de nuestra embajada en París y perfecto conocedor de los recorridos de Luis Alberto y lugares de su hospedaje, se concretó nuestra entrevista para el 25 de agosto en Milán.

“Efectivamente, a la hora de dicha cita, fue llegando en su célebre “Cadillac”, junto con Rubito Medina y los demás componentes de su conjunto, al mejor hotel de la ciudad de Milán, muy cerca del Duomo, la celebérrima Catedral. No me fue difícil encontrarlo en aquella gran ciudad, pues conocía la costumbre de Luis de hospedarse en lo mejor del lugar para darlo jerarquía y asegurar el éxito. Imposible describir el emocionante encuentro y los mil recuerdos aprisionados en el fuerte y prolongado abrazo al queridísimo exalumno y actual cotizadísimo artista y a los demás compatriotas del elenco.

Enseguida quedó concertada una visita al Colegio Salesiano de Milán para el día siguiente. Alberto del Paraná con conjunto y los renombrados “Tres Diamantes Mexicanos”, que estaban también en Milán. Cordialísima fue la recepción que nos tributó el Reverendo Padre Bassi, Director del Colegio. De sobremesa, los artistas dedicaron varias piezas de su repertorio a los amables anfitriones que, con inmensa expectativa, se dispusieron a escucharlo. “Los Diamantes Mexicanos” interpretaron tren de sus más emotivas canciones y, luego, Luis Alberto del Paraná, con su conjunto, nos deleitó con tres canciones paraguayas. Como número final, entre los siete artistas paraguayos y mexicanos interpretaron magistralmente la típica “Galopera”, que fue estruendosamente aplaudida, como todas las anteriores, por tan distinguido auditorio. En las palabras de agradecimiento pronunciadas por el Director del Colegio, expresó su admiración por el arte sudamericano representado por el Paraguay y México, y por el espíritu de tanta cordialidad de los exalumnos paraguayos con su antiguo maestro. Como demostración del interés con que fueron escuchados, nos hizo oír una grabación efectuada de algunos de los números musicales interpretados momentos antes”.

Así termina la narración del Padre Pérez. Elocuente, ¿verdad? Es interesante señalar que al finalizar este encuentro Luis Alberto regaló un cheque al Pa’í (7)Pérez para que con él comprara todos los instrumentos musicales, para sus nuevos retoños del Batallón “Rojas Silva”. ¡Vaya uno a saber si entro estos pequeños, no habrá otro nuevo Paraná!

Es nada más y nada menos que otro de los gestos característicos de Luis Alberto. Prosigue el conjunto cosechando éxitos por doquier. Viajan a España por dos o tres meses. Ahí traban amistad con otro gran paraguayo: Luis Mesquita Chavarri, el dinámico Cónsul General del Paraguay en Barcelona. Luis Alberto señala orgullosamente a Mesquita Chavarri como su

“asesor cultural”. Es tal vez el único compatriota a quien él respeta de verdad por esas latitudes. Sus pasos por tierras españolas, con la llave mágica de Mesquita Chavarri, es brillante.

Como prueba de este éxito, reproducimos (especialmente para los amargados congénitos que restan, hasta ahora, méritos a la brillante carrera de Paraná) a continuación un artículo aparecido en una cotizada revista española: “DESTINO” (entonces la de mayor tiraje en España), de fecha 27 de junio de 1957, que dice así: “LUIS ALBERTO DEL PARANA y su Trío “Los Paraguayos”. Este es el mejor conjunto vocal sudamericano que uno ha visto y oído en Barcelona. Este número constituye el documento más cautivador con que soñar se pudiere desde el punto de vista étnico, y es al propio tiempo una fuente de embelesos musicales de la más alta calidad, hasta tal extremo, es imperiosa y absoluta la necesidad interior con que los pueblos de la América del Sur secretan la música. ‘Los Paraguayos’ se acompañan con guitarra, material del ritmo y esa arpa cristalina de treinta y seis cuerdas, adaptadas por los indios de los instrumentos europeos importados por los jesuítas. Los cuatro artistas interpretan con ardorosa pasión y una soberbia intensidad de vida, canciones extraídas del folklore o del repertorio popular del Paraguay, de México, y del norte de la Argentina. Sus cuatro voces forman un todo multiforme, áspero, sonoro, mordiente, velado vigoroso o infinitamente delicado que adquiere una robusta presencia carnal.

“Una suave melancolía impregna sus canciones. De vez en cuando, un fulgor ardiente de pasión o de protesta y, de nuevo, el encanto fascinador de la melodía sabiamente destilada cual un opio. Quedan grabadas a fuego en los oídos esa ‘Galopera’, sutilmente nostálgica y que tiene la prístina substancia tomada del pueblo, y la gracia primitiva, una gracia fresca y espontánea, o las cascabeleras ‘Malagueñas’ mexicanas, que tienen algo de esas serenatas nocturnas cuya irresistible seducción hace zozobrar a las bellas oyentes.

“Pero lo que más honda impresión causa con trastornadora desnudez, con su búsqueda desesperada del hombre por fin restituido en un destino digno de él, es ‘India’, claro exponente de la raza guaraní, un canto punzante, como el lamento de un herido. Merece destacarse, asimismo, el maravilloso solo del arpa india ya citada, una página decorativa, descriptivo y pletórica de gracia jugosa, de color y vitalidad: ‘Pájaro Campana’, que reproduce con sabrosa armonía imitativa el canto del ‘guyrápong’ ”(65).

Asunción, enero 1961

(30)   LUIS A. DEL PARANA; “PARA EL 8 DE DICIEMBRE PENSAMOS ENCONTRARNOS EN ASUNCION-CAACUPE(66)”

“El domingo actuaremos en la cárcel. Te invitamos”. Era Paraná, que nos llamaba desde Malmoe a Copenhague, separado por el Báltico, a 30 Kms. de distancia. Al recorrer el mundo hemos recibido muchas clases de invitaciones, pero ésta de ir a la cárcel era la que menos esperábamos; y, a decir verdad, pocas ganas tuvimos de aceptarla. Pero luego, el extrovertido Paraná nos tranquilizó. Iba a actuar a pedido de los reclusos suecos y como una deferencia especial a la solicitud formulada por el Ayuntamiento de Malmoe. Y fuimos.

El solo de arpa interpretado por Fausto Franco, “Guyrá Campana”(67), arreglo de nuestro inolvidable Félix Pérez, Cardozo, fue la página musical más aplaudida de los agradecidos y emocionados reclusos suecos. Los fotógrafos querían tomar secuencias con el conjunto, pero las autoridades no lo permitieron, por temor a perjudicar, en el futuro, a los encarcelados. De espaldas, sí. Al término de la velada se entregó al director de la Penitenciaría, señor H. Andersson, el último LP de “Los Paraguayos: “Extasis Tropical”, donde está la hermosa canción “Melodías de Verano”, de Paraná, que la compuso pensando en la Semana Mundial de la Amistad.

“Pensamos encontrarnos para el 8 de diciembre en Asunción-Caacupé”, nos dijo el director del conjunto trotamundo, estando sentado en la celda Nº 157 de esta cárcel sueca, pero sentado como invitado privilegiado, de honor. “De aquí iremos a Estocolmo, luego a Halsingborg (Suecia). En octubre, gira por Inglaterra, noviembre en Irlanda...”. ¿No tienen miedo de la delicada situación creada allí, especialmente en Belfast, en particular Londonberry o Dublín?! “Uno se acostumbra. Bajo el peligro está la ganancia. Además, soy fatalista. Si pasa, pasa; si no..., ¡adelante! Nunca pararse. El movimiento es ley de la vida”.

A la pregunta de: ¿Cuál es su comentario, al saber que hay actualmente en Europa cerca de 43 músicos paraguayos, algunos conocidos, otros menos, es decir, quieren a conciencia pasar desapercibidos? Dice Luis Alberto: “¡Excelente! Quiera Dios que todos puedan sobrevivir. Trato de ayudar con lo que puedo a estos muchachos, a esta nueva generación. Mientras, nosotros vamos metiéndole duro; cosechando lo que se pueda. En esta última gira alrededor del mundo, hace cuatro años, hemos vuelto a ganar algunos trofeos, cassette de oro, el primer globo de oro que se da a un artista, etc”.

Philips International C., reconoció oficialmente en marzo de este año, en nuestro Consulado General en Hamburgo (RFA) que ha vendido discos de Paraná y “Los Paraguayos”, hasta ese momento, más de 20 millones de LP. ¡Algo es algo!, ¿ayépa...?( 1)

Malmoe, octubre 1971 


NOTAS

(*) De la Serie: “LUIS ALBERTO DEL PARANA: PERSISTENCIA Y VALOR PARA EL TRIUNFO” (11/17).

*        Da la serie: “LUIS ALBERTO DEL PARANA: PERSISTENCIA Y VALOR

PARA EL TRIUNFO”.

**      Hoy, enero de 1994, son los reyes de Bélgica

 

 

 

 

 

 

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LUIS ALBERTO DEL PARANA en PORTALGUARANI.COM

 

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Fuente imagen: CARTAS DANESAS Y OTROS TEMAS. Por BERNARDO GARCETE SALDIVAR

Tercera Edición. Enero 1994. Diseño de tapa: Celeste Prieto

Impreso en Imprenta Salesiana. Asunción - Paraguay

 




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