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LUIS AGÜERO WAGNER


  LA GUERRA DEL CHACO - Por LUIS AGÜERO WAGNER


LA GUERRA DEL CHACO - Por LUIS AGÜERO WAGNER

LA GUERRA DEL CHACO

Por LUIS AGÜERO WAGNER


 

LA GUERRA DEL CHACO: SANGRE Y PETRÓLEO


Los treinta mil que allá cayeron

Señalando

Con el ramaje roto de sus huesos

La ruta de la pólvora la senda del rugido

El mapa de la sed y la fatiga

Donde no falta un grito ni un gemido

Ni una gota de sangre

Ni un latido

 

Están todos aquí blanqueadas sus heridas

Reavivado el color del verde olivo

Porque vienen de adonde

En la sombra renuevan sus arco iris

Las banderas

 

De las indestructibles primaveras

Josefina Plá en “Los treinta mil... ausentes”

(elegía a los caídos del Chaco)


Dos países miserables, expoliados y mediterráneos de América del Sur se vieron enfrentados de 1932 a 1935 en lo que René Zavaleta llamó “guerra de los soldados desnudos”. Paraguay y Bolivia, en la inmensidad desértica del Chaco, sangraron por las venas de sus soldados que luchaban por tierra sin tener tierra. El humilde labriego paraguayo, parasitado y desnutrido, se convirtió en combatiente cambiando sus rudimentos de labranza por el fusil. En Bolivia el indio quechua, el aymará y el minero explotados a través de siglos de dominación colonial y neocolonial, bajaron a un territorio del cual ninguna noción tenían. Ambos se enfrentaron sin odios, sin conocerse. El soldado boliviano que no había poseído nunca tierra propia, fue obligado en esta guerra fantástica a luchar por algo que le resultaba abstruso: el concepto de frontera. Para los paraguayos, la lucha se desarrollaba inevitablemente en ‘el patio de los Casado’, la principal empresa latifundista que reinaba en aquellos dominios. Los barones del estaño de Bolivia y la oligarquía taninero-ganadera del Paraguay observaban a la distancia un conflicto que habían importado desde lejanos centros de poder imperialista. Por encima de la realidad palpable, que aparecía casi como una visión metafísica, hizo su aparición un nuevo elemento, llamado a convertirse en el más importante factor de poder económico del siglo: el petróleo.

Descubierto hacia 1920 el combustible fósil en Bolivia, este país había concedido en exploración y explotación a la empresa estadounidense Standard Oil una extensión de tres millones de hectáreas en varios departamentos de su geografía, entre ellos Tarija, territorio vecino al Chaco en disputa.

El Paraguay, bajo la dominación imperialista anglo-argentino desde su derrota en 1870 ante las fuerzas del imperio inglés, iría al matadero en defensa de la empresa británica Shell.

En su obra “El dictador suicida” el escritor boliviano Augusto Céspedes se refirió a la guerra del Chaco como un “simiesco ensayo imperialista del que fueron víctima las juventudes de Paraguay y Bolivia en una matanza que se consumó durante tres años ante la indiferencia del continente y con el aplauso de la opinión porteña, dirigida por su gran prensa democrática”.

En una esquina, el imperio del anglo-holandés Henri Deterding, sir de su majestad. Del otro, el imperio de los Rockefeller.

“Pensad un momento -escribió el estadounidense Theodore Drieser- en esas decenas de miles de infelices bolivianos y paraguayos que se mataron unos a otros en aquel infierno, nada más que para decidir si Deterding o Rockefeller habrían de llevarse el petróleo. Nada más que para eso”.



 

EL PODER OMNÍMODO DE LOS TRUST. LA STANDARD OIL

 

«La avaricia es como la llama,

cuya violencia aumenta en proporción al incendio que la produce».

Séneca, en De Beneficiis


Luego de la guerra civil norteamericana, los victoriosos yanquees habían usurpado las materias primas del sur sin el menor remordimiento, pena ni excusa: el trust Duke se apropió del tabaco de Carolina del Norte y la industria del hierro y carbón, que era propiedad de la Tennessee Coal and Iron Co., cayó en poder de la United States Steel. Alabama, Georgia, Louisiana y otros estados pronto terminaron de confirmar que las causas morales habían sido invocadas en el norte por ambiciones más bien espúreas.

La United States Steel Corporation, del grupo Morgan, es un ejemplo de la fusión de empresas industriales independientes en sociedades federadas o centralizadas. Este proceso se generó durante la guerra civil norteamericana y tomó impulso después de la década de 1870, al darse cuenta los grandes capitalistas de que si podían reunir las firmas competidoras en una sola organización podrían controlar a la vez la producción y los mercados. La “corporación” y el “trust” se desarrollaban con la finalidad de lograr tal objetivo.

Las corporaciones, que hacían posible disponer de una mayor reserva de capitales e infundían a las empresas de negocios una vida permanente y la comunidad del control, atrajeron inversionistas tanto por los beneficios que se anticipaban como por lo limitado de los riesgos en caso de fracaso. A su vez los trust, que en realidad constituían combinaciones de corporaciones en las cuales cada uno de los accionistas confiaba sus acciones a los directores que se encargaban de manejar todos los negocios, hacían posible efectuar combinaciones en gran escala, centralizaban control y administración y usaban las patentes para beneficio común. Sus recursos más grandes de capital les daban posibilidades de extenderse, de competir con las organizaciones comerciales extranjeras a

Estados Unidos, y de imponer leoninas condiciones a los trabajadores, en un tiempo en que los sindicatos estaban aún en gestación y carecían de poder.

Podían, asimismo, obtener términos favorables de quienes manejaban las comunicaciones y ejercer sin mucho pudor una gran influencia en la política.

La Standard Oil Company, una de las primeras y más poderosas empresas, no tardó en ser acompañada por otros complejos en el aceite de semilla de algodón, el plomo, el azúcar, el tabaco y el caucho. El fundador de esta empresa, John Davison Rockefeller, había nacido en Richford, New York, el 8 de julio de 1839 y se había educado en las escuelas públicas de Cleveland, Ohio, donde trabajó como contador desde la edad de 16 años. En 1867 se había asociado con Samuel Andrews, el inventor de un poco costoso proceso para el refinamiento de petróleo crudo. Con su hermano William y otros asociados había organizado en 1870 la Standard Oil Company. En alianza con la “South Improvement Company”, un conglomerado de las principales refinerías de Cleveland, Rockefeller obtuvo en 1872 arbitrarios privilegios en materia de ferrocarriles, transporte e impuestos y en medio de turbulentas protestas populares, sus competidores fueron forzados a venderle sus refinerías a precio de remate.

Para 1878 Rockefeller tenía un control absoluto sobre el 90% de las refinerías de petróleo de Estados Unidos y ejercía un virtual monopolio en el negocio. En 1882 se constituía el primer trust corporativo, la Standard Oil Trust, que sería declarado ilegal y disuelto por la suprema corte de Ohio en 1892. En 1899 se establecía la Standard Oil Company de New Jersey, que en 1911 se separaría en varias corporaciones por una decisión anti-trust de la Suprema Corte de los Estados Unidos. A partir de 1913, la Standard Oil empezaría a infiltrarse en el mismo gobierno estadounidense. Una de las filiales de la Standard Oil, el American Cordage Trust, era en gran parte responsable, ya en tiempos de la famosa revolución mexicana de Zapata y Villa, de un ignominioso genocidio de indígenas mayas y yaquis en las plantaciones de henequén de Yucatán, propiedades de la empresa que constituían verdaderos campos de exterminio.

A nivel mundial, el negocio del petróleo había caído ya para 1928 en manos de un cártel todopoderoso, cuando la Standard Oil de New Jersey, la Shell anglo-holandesa y la Anglo-Iranian, luego British Petroleum, se dividieron el planeta. Hacia 1930 la Standard Oil era la mayor empresa industrial del mundo capitalista y fuera de los EUA no existía ninguna empresa industrial más poderosa que la Royal Dutch Shell. Ambas imponían y destronaban en países periféricos a próceres de opereta y eran capaces de decidir, en todas las latitudes y todos los idiomas, el curso de la guerra y la paz.

La Standard Oil controlaba ya desde 1888 a través de su primera filial en el extranjero, la “Anglo-American Oil Co. Limited”, la distribución de kerosene en el Reino Unido, además de poseer en un 50% a la “Humble Oil and Refining Co.” de Texas. Desde mediados de la década de 1920, explotaba y producía gas y aceites en las posesiones coloniales y holandesas y en América Latina, donde desde 1928 se había apoderado del inagotable petróleo venezolano por medio de una de sus filiales, la “Creóle Petroleum Corporation”. Para 1933 la Standard Oil había acordado con la “Socony-Vacuun Corporation” combinar sus acciones en África, sur y sureste asiático, China, Japón, Australia, Nueva Zelanda y las islas del Pacífico. La Standard controlaba también la Ethyl Gassoline Co., que manejaba la distribución de nafta de alto octanaje en Estados Unidos, mantenía acuerdos con la I.G. Farben de Alemania para el control común de todos los procesos de refinación, entre ellos la producción de caucho sintético a partir del petróleo, y su poder se extendía al campo bancario mediante el control del Chase National Bank, el Equitable Trust y el American Cordage Trust, entre otros.



LA GUERRA DEL CHACO LLEGA A WASHINGTON

 

«En sus efectos morales se parece la guerra

quizá más que nada al descubrimiento de una mina de oro».

Gladstone


Ya en 1927 el internacionalista argentino León Suárez había realizado observaciones reveladoras sobre la tragedia que se asomaba cuando escribió:

“Me consta que hay más de 20 yacimientos petrolíferos en la zona occidental del Chaco Boreal, explotables, que necesitaban de oleoductos por donde derramarse en el río Paraguay. Los que están a la altura geográfica de Bahía Negra (20°) podrían salir arriba de Fuerte Olimpo. De no facilitar esa salida el Paraguay, vendrá la guerra con Bolivia, es decir, con la Standard Oil Company”.

También antes de la conferencia antiguerrera de Montevideo de 1929 el delegado de la Unión Obrera del Paraguay, Rufino Recalde Milessi, había denunciado que “Una guerra entre Paraguay y Bolivia sería un gran crimen cuyas víctimas resultarían, al fin de cuentas, los trabajadores de ambos países. El litigio por el Chaco Boreal es una cuestión en la que entran en juego los intereses imperialistas. La región por donde pasa la línea del statu-quo es eminentemente petrolífera y en ella posee grandes concesiones la poderosa Standard Oil”. Un tal ingeniero Green, cateador de petróleo en el Chaco, había hecho por la misma época, según Alfredo Seiferheld, las siguientes revelaciones:

“En la zona que se dilata entre el meridiano 60° de Greenwich y el 29°30’ y 40’ debajo del paralelo 20° hasta el 23° y 38°, la Standard Oil Co. cateó y comprobó la existencia de 19 yacimientos petrolíferos. Diez de ellos están entre los paralelos 20° y 21°. Los otros entre el 21° y 24° al oeste del meridiano de Greenwich”.

Apunta el historiador Humberto Rosales: “Entre tanto, los gobiernos oligárquicos de ambas naciones, Paraguay y Bolivia, al servicio de los intereses petroleros del imperialismo, agitaban mentirosas banderas de reivindicaciones patrióticas para enfervorizar a la juventud camino a la matanza”.

El investigador brasilero JJ. Chiavenato lo simplifica de la siguiente manera: “Los paraguayos eran el arma de la Shell, aliada a la Argentina. Los bolivianos el arma de la Standard Oil, que tuvo la ayuda del Brasil”.

“En Bolivia -sigue Chiavenato- se unieron los intereses de las oligarquías que necesitaban mantener el orden feudal, salvar al gobierno y conquistar un territorio, a los de la Standard Oil que, indiferente a cualquier motivo, quería -lo obtuvo- el petróleo del Chaco... El Paraguay, una nación tan pobre como Bolivia, estaba igualmente sujeto al proceso del imperialismo brutal que se había impuesto en América del Sur. La Royal Dutch Shell, el trust petrolero inglés, estaba aliado a la Argentina -que dominaba al Paraguay con un subimperialismo grotesco y eficiente- y armó al Paraguay para la guerra”. En efecto, en los años treinta entre las cinco principales empresas que dominaban la economía paraguaya, una de ellas, la “Liebig’s Extract of Meat Company” era de capital netamente inglés, tres de las demás eran de capital anglo-argentino: Carlos Casado, La Industrial Paraguaya y Nicolás Mihanovich, contra solo una de capital estadounidense: la International Products Corporation. La balanza, obviamente, se inclinaba en favor del imperio británico.

El factor decisivo que actuaría de detonante para la guerra, sería el alto costo de los fletes ferroviarios para el petróleo boliviano -de la Standard Oil- en Argentina, país que al integrar la constelación de neocolonias británicas se veía en la obligación de favorecer a la Shell. Según Alfredo M. Seiferheld: “La situación variaría, sin embargo, si Bolivia poseyera un puerto sobre el río Paraguay, para exportar petróleo inclusive a Estados Unidos”. En el mismo contexto pueden citarse las apreciaciones del boliviano Alipio Valencia Vega: “El gobierno de Daniel Salamanca, como una salida a la crítica situación económica que afligía a Bolivia y tratando de satisfacer la insinuación de la Standard Oil sobre el puerto fluvial sobre el río Paraguay, se lanzó a la guerra sin mayores consultas ni preparativos”. Los rumores que involucraban a la Standard Oil con la guerra del Chaco ya circulaban en Paraguay cuando la ofensiva paraguaya era contenida en los campos de Saavedra, obligando a un desmentido del ministro norteamericano en Asunción, Mr. Post Wheler:

“La Standard Oil -afirmaba el comunicado diplomático- es la única compañía petrolera americana que opera en Bolivia y ella no ha suministrado fondos ni créditos de ninguna clase al gobierno boliviano, ni tiene conocimiento siquiera de la adquisición de camiones y aeroplanos por parte de dicho gobierno. La citada empresa no posee ni camiones ni aeroplanos de su propiedad en Bolivia. Esta compañía no ha efectuado un solo pago a Bolivia desde el año 1928, fecha en que vencieron sus últimos impuestos”.

Puede resultar llamativa está encendida defensa de la empresa de Rockefeller por el servicio exterior de los Estados Unidos a quien no tenga en cuenta que ya para entonces la Standard tenía sólidos vínculos con el gobierno norteamericano.

Por motivos en cierto modo misteriosos, la empresa estadounidense buscaría sofocar los rumores sobre su participación en la guerra aún ante la opinión pública de los Estados Unidos. El 26 de enero de 1933 la Standard Oil hacía conocer un extenso descargo por intermedio del diario “The New York Times” de New York:

WASHINGTON, 25 de Enero. Los rumores que circulan en ciertos países sudamericanos en el sentido de que la Standard Oil Company (New Jersey) ayuda a Bolivia económica y materialmente en su guerra del Chaco con el Paraguay, fueron traídos hoy a consideración del Gobierno de Washington a raíz de la manifestación formulada por la Compañía Norteamericana negando enérgicamente todo fundamento a tales rumores.

En la declaración presentada por la Standard Oil Company (New Jersey) al Secretario de Estado Stimson y Subsecretario de Estado White, se hace pública la denegación y se explica el origen infundado de los rumores. Mr Stimson dice no haber hallado fundamento alguno a las acusaciones y aceptó la negativa como completa y concluyente.

La declaración de la Standard Oil Company dice parcialmente:

«No existe asomo de verdad en los rumores y sueltos periodísticos que han circulado en el sentido de que entidades o personas vinculadas con la Standard Oil Company (New Jersey), apoyan a la República de Bolivia financiera y materialmente en la disputa del Chaco contra la República del Paraguay. Ni esta Compañía, ni ninguna de sus “filiales” ha ayudado directa ni indirectamente, ni procurado influenciar en forma alguna a los bolivianos en esta controversia.

La Standard Oil Company of Bolivia, “filial” de la Standard Oil Company (New Jersey), posee una concesión de terrenos petrolíferos en la región Sud-Este de Bolivia, pero todos los terrenos incluidos en la concesión se hallan fuera del territorio disputado».

El desmentido publicado en el periódico de Nueva York sería reproducido en la prensa paraguaya como “solicitada” el 8 de marzo de 1933 bajo el título de “resultan infundados los rumores de que la Standard Oil ayuda a Bolivia en el Chaco”, con un párrafo adicional que decía: “es interesante recordar el hecho de que aunque la Standard Oil Co. of Bolivia en cierto tiempo poseía o tenía en arrendamiento los derechos sobre el suelo y el subsuelo de 3.257.500 hectáreas, hace dos años abandonó la mayoría de dichos terrenos, para no verse obligada a pagar al gobierno boliviano los impuestos correspondientes, conservando en la actualidad tan solo 590.000 hectáreas”.

Sin embargo, pocas semanas después de esta publicación “EL DIARIO” de Asunción se hacía eco de la captura por parte del ejército paraguayo de chaquetillas cuyos botones llevaban el escudo estadounidense. Según la confesión de prisioneros bolivianos 20.000 de estas prendas habían sido facilitadas al ejército de Bolivia por la Standard Oil. La legación de los Estados Unidos en Asunción se abstuvo de dar explicaciones a respecto de esto. Por la misma época, pacifistas bolivianos en el exilio emitían una violenta declaración: “Aunque el estado mayor boliviano lo niegue vehementemente, es innegable que la Standard Oil proporciona ayuda al gobierno boliviano, y si no ¿quién entrega los 300.000 bolivianos diarios gastados en la guerra? No se ha recurrido a empréstitos extranjeros porque no hay país que quiera fomentar una matanza estéril. Los ingresos de la nación solo alcanzan para cuatro meses de guerra. ¿Entonces? ... Solo hay una respuesta: Standard Oil”.

Los trascendidos también cruzaban el Atlántico. El “Daily Herald” de Londres, en su edición del 14 de mayo de 1934, no dudaba en hacer alusión a los intereses petroleros estadounidenses en el conflicto sobre el Chaco:

“¿Por qué no se pone término a esta guerra? -cuestionaba el diario británico-. La intervención de la Sociedad de las Naciones y de los gobiernos que están representados en la entidad ginebrina no lograron restablecer la paz.

... “Los beligerantes compran armas en Europa y EUA, reciben tanques de Gran Bretaña, aviones de Italia y se tiene entendido que los intereses petroleros norteamericanos no dejan de facilitar, de otras maneras, la continuación de las hostilidades”.

En la Unión Soviética, la prensa comunista no dudaba en presentar a la guerra del Chaco como una pugna entre los capitales inglés y de EUA”. Pero a pesar de que se acumulaban indicios que alimentaban la controversia, todo permanecía para muchos sumergido en la nebulosa de las especulaciones. Como uno de esos grandes cataclismos que dieron forma al mundo, el 30 de mayo de 1934 la guerra llegaba al templo sagrado del imperio: el congreso de los Estados Unidos. Huey Pierce Long Jr., representante de Louisiana, sacudía el Senado norteamericano con una proclama de incendiario anatema contra la Standard Oil. La guerra del Chaco dibujaba su tenebrosa sombra sobre Washington:

 

30 DE MAYO DE 1934. SESIÓN DEL CONGRESO DE LOS ESTADOS UNIDOS EN WASHINGTON

 

Mr. Long. Sr. Presidente, deseo discutir esta cuestión de la tarifa en relación con nuestros problemas latino-americanos y las complicaciones cubanas.

Hace unos pocos días se nos presentó una resolución que buscaba impedir el embarque de municiones y elementos de guerra para el Paraguay y Bolivia. Estoy convencido de que esa resolución estaba respaldada por un buen propósito y que se la presentó con buena intención. Aprobamos la resolución con muy poco debate.

Pocos meses antes de que se presentara esa resolución, estábamos interesados en la revolución cubana, y tanto el Congreso como nuestro departamento ejecutivo habían tomado medidas de consideración con motivo del enredo cubano.

Deseo que se me oiga respecto a lo que implica la guerra paraguayo-boliviana. Como ocurre habitualmente, son hoy las fuerzas de las finanzas imperialistas las responsables de la guerra entre Bolivia y Paraguay, como son los intereses financieros de este país (Estados Unidos) los responsables, en gran parte, de las condiciones que prevalecen en Cuba.

Tengo ante mí un breve memorándum que muestra lo que implica la presente guerra entre el Paraguay y Bolivia. Solo recientemente ha tenido lugar una explotación considerable de petróleo en lo que se conoce por “área de Chaco” del Paraguay. El Paraguay está bañado por un río navegable, conocido por “Río Paraguay”, que corre a lo largo de la línea fronteriza de la Argentina, el Brasil y el Paraguay, y que desemboca en el Océano Atlántico.

La Standard Oil Co. de New Jersey, corporación norteamericana, promotora de revoluciones en la América Central, Sud América y México desde que ha deseado obtener concesiones de petróleo, ha encontrado necesario poseer el territorio del Chaco. El territorio del Chaco ha sido declarado de pertenencia paraguaya y ha sido conservado por el Paraguay por tanto tiempo, que prácticamente no hay persona razonable que pueda abrigar duda alguna acerca de quien sea el propietario del Chaco.

Ya en 1874 surgió una controversia entre la Argentina y el Paraguay sobre quién era dueño del territorio del Chaco, y se pidió a los Estados Unidos que mediaran en la disputa. El Presidente de los Estados Unidos en aquella época, Mr. Rutherford B. Hayes, dio un dictamen, en que el Paraguay -para usar sus propias palabras- “tiene justo y legal título al territorio del Chaco”. Esto no solamente fue reconocido por la Argentina, no solamente fue reconocido por el Paraguay; fue reconocido por Bolivia, y se ha considerado que es la base sobre la cual los Estados Unidos lo han proclamado todo en relación a las controversias sudamericanas referentes al territorio del Chaco. Se nos dice que está hoy en vigencia un acuerdo que reconoce el territorio del Chaco como parte del dominio paraguayo.

Pero, Sr. Presidente, se ha descubierto petróleo en el Chaco y en Bolivia. Parece que costará mucho dinero alcanzar la parte profunda del río con el petróleo de la Standard Oil Co. que se ha descubierto en Bolivia, y Bolivia, por eso, se encuentra necesitada de un oleoducto hacia las aguas paraguayas navegables, que no quiere adquirir en los términos y condiciones que serían exigidos por el Gobierno paraguayo.

No solamente eso, sino que el territorio del Chaco es rico en sí mismo en recursos naturales y probablemente en depósitos minerales. De modo que se ha desencadenado una guerra: ¿financiada por quién? La guerra es entre Bolivia, país con unos 3.000.000 de habitantes, emprendida contra el Paraguay, país con una población probablemente inferior a 1.000.000 de habitantes, aunque parte de su población es en gran medida transitoria; muchos de sus pobladores se emplean en la época apropiada (seasonally) en algunos de los países que rodean al Paraguay para sembrar y recoger las cosechas. Pero la Standard Oil Co. de los Estados Unidos y otros intereses afiliados son culpables de promover esta guerra y proveer fondos a Bolivia, sin otro propósito bajo el sol de Dios que arrebatar ese territorio de aquel pequeño país sudamericano que ya fue declarado por Norte América como dueño del Chaco. Una vez tras otra, Norte América ha juzgado las diferencias y sostenido que era territorio paraguayo, y Bolivia lo ha reconocido, la Argentina lo ha reconocido, y los Estados Unidos lo han reconocido, Sr. Presidente, por un período casi de 60 años. No obstante ese hecho, nos hemos reunido aquí el otro día para considerar una resolución con la que pretendíamos declarar nuestra neutralidad.

¿Qué sucede? Sucede, me lo informan así fidedignamente personas que tienen razones para saberlo, que Bolivia, mediante la ayuda de la Standard Oil Co., se ha equipado abundantemente con municiones de guerra y otros combustibles necesarios para emprender su guerra ofensiva contra el Paraguay. El Paraguay no ha penetrado un pie en territorio boliviano. Cada pie de avance ha sido hecho por el ejército boliviano.

Tengo en mis manos un documento oficial publicado por el Gobierno boliviano. En un contrato celebrado por la Standard Oil Co. de New Jersey, corporación norteamericana, por el que ésta acuerda suministrar el petróleo y la gasolina que necesita Bolivia para poder llevar adelante su guerra ofensiva contra el Paraguay. El documento está en castellano, pero voy a leer la traducción de parte de él.

Cuatrocientos mil litros de gasolina (aproximadamente 100.000 galones) para aviación y 800.000 para camiones mensualmente. (Aproximadamente 200.000 galones). Reproducimos a continuación el Decreto respectivo del gobierno boliviano, que tomamos de “El Diario” de La Paz, edición del 14 de marzo ppdo.:

El Ejecutivo, ha dado el siguiente decreto supremo:

Vistos y Considerando:

La necesidad de consumir preferentemente gasolina nacional para las necesidades de la campaña (guerra) con mayor razón dentro del considerable aumento de consumo que ocasionará la adquisición de nuevas unidades motrices y de aviación; Que se ha llegado a convenir un punto de equidad con la Standard Oil Co. de Bolivia.

Se sabe, Sr. Presidente, que ella pretende siempre ser una compañía y un producto del país mismo o de parte del país que expolia, exactamente como cuando congelaba el territorio de Louisiana, la Standard Oil Co. de Louisiana pretendía ser allá el producto de nuestro territorio nativo, contra cuyos ciudadanos en ese tiempo dirigía un embargo por un oleoducto.

Que se ha llegado a convenir un punto de equidad con la Standard Oil Co. de Bolivia, al fijar un precio para la gasolina de camiones y de aviación y para el kerosene, debiendo en tal virtud (debido a la fijación del precio) la Compañía aumentar la destilación de estos productos...

Ella aumentará el precio, Sr. Presidente, porque lo necesitan allá para la guerra en este momento.

-hasta llenar la casi totalidad del consumo fiscal reembolsándose con dichos precios de los gastos en que incurra con motivo de las nuevas instalaciones.

No voy a leer más. He leído suficientemente para que el Senado pueda saber que mis observaciones a este respecto están fundadas, y envío a la presidencia el texto castellano y la traducción, Sr. Presidente, y pido que a la conclusión de mis observaciones ambas piezas se publiquen en el Diario (de Sesiones del Congreso) en columnas paralelas.

El Presidente. (Mr. Clark ocupa la mesa). Si no hay objeción, así se ordena.

Mr. Long. Sr. Presidente, los Estados Unidos son parte prácticamente en esta guerra emprendida en nuestros días contra el Paraguay en la América Latina. Este Gobierno, que se ha afirmado como protector; este Gobierno, que se ha declarado a sí mismo como hermano mayor; este país, que siempre ha juzgado la disputa y ha adjudicado al Paraguay el título y la propiedad de este territorio del Chaco, consistente en un área aproximadamente del tamaño del Estado de Louisiana; -ha permitido que un interés capitalista, por el hecho de tener un campo de petróleo en Bolivia y porque esa parte del territorio paraguayo es rico en depósitos minerales y otros recursos naturales- por todos esos hechos ha permitido que este equipo de la Standard Oil fuera a aquél país, corrompiendo al Gobierno boliviano ya que no pudo corromper al Gobierno paraguayo, y que se emprendiera una guerra agresiva; y que ese equipo proporcionara las municiones y elementos para conducir la guerra hoy día.

El Gobierno de los Estados Unidos, después que Bolivia se hubo aprovisionado de las municiones de guerra y de los combustibles necesarios para emprender una guerra agresiva en el territorio del Paraguay, en territorio que los Estados Unidos, como jueces, han adjudicado al Paraguay -territorio reconocido por la Argentina, reconocido por el Brasil, reconocido por Bolivia, de acuerdo con el fallo de los Estados Unidos,- se cruza ahora de brazos y declara su neutralidad, mientras sus intereses capitalistas procuran allá robar ese territorio al pobre pequeño Paraguay, que solo cuenta con una población de 850.000 almas.

Estos criminales han sido allí y han alquilado sus asesinos. A este mismo elemento, que no conoce esa cosa que se llama propiedad humana, que explota a este pueblo en revolución tras revolución, siempre que tenga a su lado a los grandes intereses capitalistas de Wall Street, se le importa nada de la decisión judicial del Presidente de los Estados Unidos. Para ese elemento la decisión no vale un ardite; no vale ni el papel en que está escrita. Y lo mejor que hemos hecho es cruzarnos de brazos en una majestuosa y beatífica neutralidad, después que Bolivia fuera financiada por la Standard Oil Co. y celebrara un contrato por el que esta empresa le suministraría los combustibles necesarios para la guerra, y Norte América va ahora a encerrar al pequeño Paraguay, que no ha obtenido el dinero, país invadido por Bolivia, mediante la financiación de la Standard Oil Co. de los Estados Unidos.

Sr. Presidente, ese es el beatífico género de política de Gobierno que hemos adoptado el otro día, y nuestros diarios y el pueblo generalmente fueron engatusados por la proposición en que nos declarábamos neutrales, en la creencia de que somos un maravilloso país amante de la paz, mientras la Standard Oil Co. financia en aquel país un ejército extranjero, importa soldados en ese país, les da municiones, procura arrancar una comarca del Paraguay porque el Paraguay no se deja corromper por la Standard Oil Co., y la Standard Oil Co. tiene a Bolivia bajo sus talones.

Si permitimos que una cosa de este género siga adelante, si este país (Estados Unidos) permite que los amos imperialistas de las finanzas sigan adelante, los enredos en los cuales este país se verá envuelto serán insuperables.

Han intentado pretender que cierto interés extranjero se está entrometiendo en el asunto; que la Duteh Shell Oil Co. es una empresa británica y está interesada. ¿Por cuánto tiempo piensan que podrán engañar al pueblo con esa manifestación?

Sr. Presidente, la Dutch Shell Oil Co., que ellos llaman compañía británica, se ha afiliado allá con la Standard Oil Co. demasiado frecuentemente para que nadie lo discuta. Hay allá demasiadas propiedades conjuntas de acciones de compañías que explotan los países latinos-americanos, para que alguien se engañe con esa declaración que ella pretende hacer tragar al pueblo norteamericano. No hay absolutamente nada de lo que sostiene en esa declaración.

Sr. Presidente, aquí está el fallo de Norte América. Aquí está la decisión judicial dada por los Estados Unidos 60 años atrás. Aquí está el territorio que fue adjudicado al Paraguay. Es territorio del Paraguay. Siempre ha sido territorio del Paraguay.

El Presidente. Ha expirado el tiempo del Senador sobre la enmienda.

Mr. Long. Tomaré 20 minutos sobre el proyecto.

Leo un informe sobre esta materia.

Bolivia ha invadido la zona...

Sr. Presidente, de acuerdo con este informe... que el Presidente Hayes adjudicó al Paraguay... que no está en discusión... y ha tomado posesión de ella “manu militari”.

Esto es, por la fuerza de las armas.

Bolivia no solamente ha violado el fallo Hayes sino también el pacto de statu quo que firmó con el Paraguay en Buenos Aires en 1907. Bolivia ha hecho esto a pesar de haber reno-vado en cinco protocolos sucesivos el pacto de statu quo de 1907. Y lo que es más, el pacto de 1907 está en plena vigencia legal aún hasta el mismo día de hoy.

Todo lo cual estaba basado en la decisión tomada por el Presidente Rutherford B. Hayes en 1874, con motivo de una controversia entre la Argentina y el Paraguay en aquella época, y el gran país argentino quiso arrebatar este territorio de esa pequeña potencia, el Paraguay. Pero ella (la Standard Oil Co.) ha ido a Bolivia, país de 3.000.000 de habitantes, donde ha adquirido todas las concesiones de petróleo, y es casi tan fácil para ella, Sr. Presidente según yo entiendo la topografía de ese país, llevar su oleoducto el mar; como lo es llevar el oleoducto a través del Paraguay hasta el Río Paraguay, que es navegable y que conduce al Océano Atlántico, y probablemente el territorio del Chaco como parte del Paraguay es igualmente tan valioso que pueda volverse importante para los negocios de la Standard Oil Co...

Aquí están los Estados Unidos, con el azúcar que se vende dentro de sus fronteras más barato que el azúcar que se vende en cualquier otro país, empeñándose en desarrollar un negocio doméstico de azúcar; aquí están los intereses de Wall Street que han ido a Cuba y han colocado centenares de millones de dólares a la disposición del Gobierno cubano y de los intereses privados en Cuba. Han adquirido, de una vez aproximadamente todo cuanto Cuba posee por dentro; y ahora, con ese elefante blanco en sus manos, para salvaguardar al Chase National Bank y sus afiliados, se proponen venir a decir al agricultor americano: “tienes que favorecer la agresión que debe perpetrar nuestro capital doméstico invertido en un país extranjero; debemos arruinar el mercado; debemos arruinar el comercio, no solo de los cubanos, no solo de los paraguayos, sino debemos arruinar los negocios de los norteamericanos para que algo pueda obtenerse de ello, que probablemente salve las inversiones que hemos hecho”.

¿Cuánto tiempo toleraremos esta agresión al Paraguay? ¿Va a permanecer ocioso el Gobierno americano y permitir que la Standard Oil Co. promueva una guerra, por intermedio de Bolivia, contra el Paraguay, por un territorio que los Estados Unidos ya han reconocido, y con mucha justicia, como parte del Paraguay? ¿Vamos a sentamos aquí y permitir eso bajo el pretexto de nuestra neutralidad? Si es así, ¿por qué no hemos entrado nunca en acuerdo con los países más pequeños, como hermano mayor, para arbitrar la integridad territorial de los mismos e impedir rompimientos como el que tenemos ahora? ¿Por qué Norte América se muestra tan silenciosa? Norte América nunca ha estado tan beatíficamente neutral en ninguna otra guerra que tuvo lugar en aquel territorio; Norte América está ahora silenciosa, más silenciosa que una tumba. No decimos nada porque el “papá grande” del sistema capitalista americano ha ido allá a robar al Paraguay de los 850.000 naturales que son dueños de ese país. Norte América está perfectamente silenciosa, beatíficamente silenciosa.

Observo que mi buen amigo M, Vincent Aslor, a quien nunca he visto, tiene mucho que hacer con algunos de estos intereses. Es gracioso, Sr. Presidente, cómo Ud. los vincula a todos. Todo lo que Ud. tiene que hacer es mirar bajo el barril y Ud. encontrará el móvil cada vez que Ud. mira. Mr. Vincent Astor es uno de los directores del Chase National Bank, y allí Ud. encuentra todo el interés que es menester encontrar. El Chase National Bank, Sr. Presidente, es conocido como el “Banco Rockefeller”; el Banco Rockefeller es el Banco Standard Oil; el Chase National Bank es la Standard Oil Co.; el Chase National Bank es Rockefeller; es la Standard Oil Co.; la Standard Oil Co. es Rockefeller y viceversa; todos en la misma “clique”. Aquí está Rockefeller, con un ejército, robando al Paraguay, tomando el Chaco, metiéndose como agresor y tomando un territorio fallado como parte del Paraguay hace 60 años; y aquí está el mismo Chase National Bank, otra institución Rockefeller, cogiendo bonos ilegales, dándoles validez y vendiéndolos al Gobierno de Cuba; y aquí está Norte América, beatíficamente silenciosa, en constante retiro mientras las municiones privadas de guerra son suministradas a esos países Latino Americanos. Esa es la agresión imperialista de los Rockefeller y del Chase National Bank y de la Standard Oil Co.

Sr. Presidente, si los Estados Unidos contemplan impasibles que sigan adelante estas cosas, si los Estados Unidos permiten que esa clase de alianza use los elementos de este país contra sus propios tratados más allá de sus fronteras, si los Estados Unidos toleran que la Standard Oil lleve a cabo este género de designio ilegal, sin conciencia, criminal, imperialista, -entonces debemos empezar a comprenderlo hoy, Día conmemorativo, hora de luto, para que por primera vez el Día conmemorativo tenga su verdadero espíritu y alcance como día de luto del pueblo americano, no tanto por lo que se ha perdido en el pasado -no enteramente por eso- sino por el hecho de que los principios imperialistas, la dominación de la Standard Oil Co. y la combinación de Vincent Astor, los Rockefeller y el Chase National Bank, se han vuelto más poderosos que los solemnes tratados y pronunciamientos del mismo Gobierno de los Estados Unidos.

 

7 DE JUNIO DE 1934.

SESIÓN DEL CONGRESO DE LOS ESTADOS UNIDOS EN WASHINGTON

 

El día 7 de junio de 1934 Huey Pierce Long se refiere nuevamente a la injerencia de la Standard Oil Company en la guerra del Chaco, probada a través del empréstito Dillon Reed, obtenido por Bolivia a través de las filiales bancarias de la empresa de Rockefeller. Posteriormente, el senador Long trae a colación el Fallo del presidente Rutherford Hayes, quien en 1878, en la controversia argentino-paraguaya sobre el Chaco Boreal, había otorgado en un acuerdo reconocido por Bolivia el territorio a la república del Paraguay. Concluía señalando que:

“Existe una sola manera de impedir que jamás la Standard Oil Co. disponga de armas y ella consiste en que el gobierno de los Estados Unidos se apodere de este criminal, de este culpable, de este asesino llamado Standard Oil Co. a quien me refiero. La garganta de este bandido que hemos bautizado debe ser acogotada diciéndole: ‘Asesino doméstico, asesino de extranjeros, conspirador internacional, banda de ladrones y salteadores que habéis desafiado el fallo pronunciado bajo la bandera de los Estados Unidos y que reclamáis la existencia bajo sus leyes, vándalos de este continente, alejaos de Sudamérica cuando la bandera del gobierno de los Estados Unidos atestigua un fallo que debe ser insultado para justificar vuestra agresión’. ‘La Standard Oil Co. está financiando la guerra del Chaco, en la esperanza de obtener dos millones cuatrocientos mil y tantos acres de territorio que hoy explota, esforzándose en obtener el derecho de abrirse camino a través de este territorio laudado en favor del Paraguay por los Estados Unidos y reconocido como paraguayo por otros países interesados’ y mientras tanto el ladrón favorecido, el asesino favorecido, se aprovecha de esa pobre pequeña raza que hoy solo cuenta con 850.000 personas, con decenas de millares que yacen en sus tumbas”.

“La Standard Oil -proseguía Mr. Long- puede contestar, valiéndose de uno de los ministros bolivianos para escribirme diciéndome que yo no comprendo por qué ellos hacen esto o aquello, pero tenemos presente sus declaraciones en las que expresan que ellos no prestan ninguna atención al laudo Hayes y que se apoderan de ese mismo territorio laudado a favor del Paraguay por Hayes. No es posible extraviarse. La cuestión es si el gobierno de los Estados Unidos tolerará semejante insulto o si cumplirá con su deber, es decir llamar al orden a los culpables, exigiendo que cesen de inmiscuirse en los asuntos extranjeros”.

 

 


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