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SERGIO CÁCERES MERCADO


  JUSTO PASTOR BENÍTEZ, 2011 - Por SERGIO CÁCERES MERCADO


JUSTO PASTOR BENÍTEZ, 2011 - Por SERGIO CÁCERES MERCADO

JUSTO PASTOR BENÍTEZ

SERGIO CÁCERES MERCADO

Editorial EL LECTOR

COLECCIÓN PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA Nº 18

www.ellector.com.py

Tel.: 595 21 491966 // 610639

Director General: PABLO LEÓN BURIÁN

Coordinador Editorial: BERNARDO NERI FARINA

Director de la Colección: HERIB CABALLERO CAMPOS

Diseño de Tapa: DENIS CONDORETTY

Asunción – Paraguay

2011 (124 páginas)

 

 

 

CONTENIDO // PRÓLOGO // INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO I

LOS AÑOS DE FORMACIÓN

1. EMPIEZA EL SIGLO Y LA VIDA DE JUSTO PASTOR

2. LA PROMOCIÓN DE 1913

3. UNA INTERPRETACIÓN GENERACIONAL

4. LECTURAS Y FORMACIÓN ACADÉMICA

5. ENTRADA EN LA POLÍTICA POR LA PUERTA DEL PARTIDO LIBERAL

6. JOVEN PARLAMENTARIO

7. EL LOPIZMO EN SU PRIMERA OBRA

8. UN BALAZO EN EL PECHO QUE LO LLEVARÁ A EUROPA

9. EL IDEARIO POLÍTICO DE 1919

10. EL PERIODISMO

CAPÍTULO II

LA GUERIZA Y EL ASCENSO DE ESTIGARRIBIA

1. UNA CARTA A FULGENCIO R. MORENO

2. EL 23 DE OCTUBRE DE 1931

3. LA REFORMA EDUCATIVA DE 1931

4. EL COMIENZO DE UNA AMISTAD

5. BAJO EL SIGNO DE MARTE

6. LA RUTA QUE DEBEN TRANSITAR LOS NIÑOS

7. LA CARTA POLÍTICA DEL 40

CAPÍTULO III

EL LARGO EXILIO

1. UNA PEÑA NO MUY HERMOSA

2. EL EXILIO A RÍO DE JANEIRO

3. OTRA CARTA, ESTA VEZ AL HIJO DE FULGENCIO R. MORENO

4. "ESCLAVO BLANCO DE DICTADURAS GRISES"

5. LAS VUELTAS QUE DA LA VIDA

6. LA MUERTE DE POROTO

7. ÚLTIMO RETORNO PARA CUMPLIR SU SUEÑO

ANEXO I. EXTRACTO DE ALGUNOS PERFILES

ANEXO II. AL MARGEN DE LA POLÍTICA

ANEXO III. LA REVOLUCIÓN DE MAYO

FUENTES CONSULTADAS

EL AUTOR

 

 

PRÓLOGO

 

         Esta biografía de Justo Pastor Benítez, escrita por Sergio Cáceres Mercado, es una contribución más de la Colección PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA, a la historiografía paraguaya.

         Así como en la Política en la Historia hubo y hay grandes hombres olvidados. Justo Pastor Benítez formó parte de una destacada pléyade de hombres que formaron parte de la denominada Generación del Centenario, que con su labor contribuyeron a instalar nuevas ideas y a propender a una revisión de los conceptos que se manejaban en torno a la naturaleza y la existencia del Paraguay.

         Esta obra dividida en tres capítulos que se ocupan de la vida de Justo Pastor Benítez. El primer capítulo abarca desde su origen, su período de formación, así como sus primeras armas en el periodismo nacional.

         El segundo capítulo analiza el proceso por el cual Justo Pastor Benítez, se convierte en un importante político que de Diputado pasará a ocupar la cartera de Justicia, Culto e Instrucción Pública. Además este apartado analiza como Justo Pastor Benítez apoya y consolida una revisión de los principios que sustentaban al Partido Liberal primero en el gobierno y luego desde el exilio.

         Por último el tercer capítulo va desde su prisión en la cárcel militar en Peña Hermosa hasta sus últimos días en un exilio prolongado e ingrato que lo mantuvo lejos de su país y de sus familiares.

         Es importante la labor del autor, quien se ha empeñado en indagar hasta aquellos datos de un hombre que como dijimos al principio permanece olvidado al igual que otros tantos hombres y mujeres que han contribuido con su dedicación, labor e inteligencia a la construcción del Paraguay, con sus luces y sus sombras.

Asunción, junio de 2011

Herib Caballero Campos

 

 

INTRODUCCIÓN

         El historiador francés Fernand Braudel advertía sobre los peligros de "la corta duración", o sea, el narrar acontecimientos del que todavía no se tiene la suficiente distancia histórica. Una de las razones es que justamente esa insuficiente perspectiva temporal no nos permite ver a través del "humo que llena la conciencia de los contemporáneos". Sin embargo, es la misión que se nos ha encomendado, y la asumimos con todos los riesgos que acompañan a esta disciplina.

         Hablaremos de la vida y el pensamiento de una de las figuras más representativas de la historia política e intelectual paraguayas de la primera mitad del siglo XX, Justo Pastor Benítez. Testigo y al mismo tiempo actor de varios acontecimientos relevantes en esos años álgidos de la política nacional, y al mismo tiempo uno de los más lúcidos intérpretes de la cultura nacional.

         Benítez perteneció a esa raza de políticos que, al mismo tiempo, eran unos intelectuales de primerísimo nivel. Compartía esa característica con coetáneos como Natalicio González, Pablo Max Insfrán, Justo Prieto o Efraím Cardozo. Tal combinación era en realidad herencia de una generación brillante conocida como los "novecentistas", en la cual brillaron: Manuel Gondra, Fulgencio R. Moreno, Juan E. O'Leary, Manuel Domínguez y Eligio Ayala, entre otros. Lastimosamente, la continuidad de otra generación de discípulos que siga a aquellos ya no pudo lograrse porque el destierro y las dictaduras nacidas luego de la Guerra del Chaco extinguirían todo intento de gestión política honesta y trabajo intelectual riguroso.

         No fueron años fáciles los que les tocaron vivir a los políticos de aquel tiempo. Los días de exaltación superaban con creces a los de tranquilidad. Y en el medio de esas idas y venidas, entre "gallos y medianoches", elaboraban ensayos filosóficos, tratados históricos y agudos opúsculos. En el caso de Justo Pastor Benítez, narrar aspectos de su vida, será también narrar su trabajo intelectual, insoslayable en hombres como él.

         Del accionar de su generación aún nos llegan los ecos, como ondas expansivas que por su cercanía temporal tienen la capacidad de levantar fuertes pasiones aún hoy, y al mismo tiempo prohíben toda interpretación sobre ellos que estén exentas de imparcialidad y provocación. Por eso somos conscientes de que no quedaremos al margen de críticas justificadas y enojos de gente que se sentirá aludida. Solo podemos adelantarnos en un descargo diciendo que de nuestra parte no habido la menor intención de insultar la memoria de nadie, aunque esta labor tenga siempre ese riesgo inevitable.

 

 

CAPITULO I

 

LOS AÑOS DE FORMACIÓN

 

         1. EMPIEZA EL SIGLO Y LA VIDA DE JUSTO PASTOR

 

         Una Asunción que se aprestaba a entrar en un siglo XX cargado de esperanza, lo vio nacer al niño Justo Pastor el 28 de mayo de 1895. Su padre, el músico Pedro Ignacio Benítez, era hijo del Teniente Coronel Basilio Benítez, uno de los edecanes del mariscal Francisco Solano López, muerto en la batalla de Estero Bellaco el 2 de mayo de 1866. Era uno de los más queridos por López, quizá más que el propio Eduvigis Díaz. No es un dato menor indicar que don Pedro Benítez se afilió al Partido Liberal en 1890.

         Por su parte, su madre, doña Ramona Coronel, provenía de una de las tradicionales familias paraguayas desde la época de la Colonia, los Echagüe y Andía, y era hermana del afamado Dr. Adriano Coronel, muerto contagiado durante la gran epidemia de gripe de 1918 cuando salía a vacunar a la población. Por esta misma línea materna resultaba ser sobrino de Juan Silvano Godoi Echagüe y Andía. Fue en la amplia propiedad de la familia materna donde nace Justo Pastor, casa que aún se conserva en Azara casi Tacuary. Sería el único varón y el menor de tres hermanas: Carmen Dora, Francisca y Alicia.

         Una fría noche de 1902, Don Pedro desobedece la recomendación de su médico de no dormir acostado por su sobrepeso exagerado; fallece a consecuencia y Justo Pastor queda huérfano de padre a los siete años.

         Dos años después la familia se muda a Lambaré, con su nuevo padrastro de apellido Soto, con quien Doña Ramona había contraído segundas nupcias. Quizá por desavenencias con Soto u otras razones, el jovencito Justo Pastor se escapa y vuelve a la casa materna de Asunción donde vive permanentemente con su abuela, doña Clara Echagüe.

         En esa época empieza a ganarse la vida como "canillita" al mismo tiempo que estudiaba la primaria en el Colegio Nacional de la Capital. Ironías de la vida, pues ese jovencillo que llevaba el estado de periódicos bajo el brazo seguirá pocos nidos después ganándose la vida gracias a la prensa escrita, pero ya como redactor junto a varios de los que en ese momento son sus compañeros de escuela. La redacción periodística será una constante en su vida, e incluso será un importante recurso de sobrevivencia en el largo ostracismo en Brasil.

 

         2. LA PROMOCIÓN DE 1913

 

         Benítez se destacaba en los estudios. Eran los años en el que el Colegio Nacional de la Capital recibía a los alumnos desde la primaria hasta la secundaría. En medio de un grupo de compañeros con futuro igual de brillante, Justo Pastor egresa con las mejores calificaciones. Tuvo cómo directores de primer nivel como Fulgencio R. Moreno y Juan E. O'Leary.

         El historiador Rafael Eladio Velázquez menciona que los maestros más ilustres en la institución eran Juan Cancio Flecha, Cleto de Jesús Sánchez, Manuel Irala, Cleto Romero "y tal vez los de los últimos tiempos de Inocencio Franco".

         El gobierno de Italia premiaba a los alumnos sobresalientes en esa época, y el joven Benítez gana una beca para estudiar en dicho país por ser el mejor egresado. Eligió la carrera de Ingeniería, pero finalmente el proyecto no se pudo concretar porque los vientos de guerra empezaron a soplar con fuerza definitiva en Europa.

         Benítez cuenta que la política ya atraía a muchos de sus condiscípulos. Pero la guerra civil de 1911 a 1912, que tuvo como protagonista al coronel Albino Jara, frenaron las ansias prematuras de más de un osado compañero en lanzarse a la arena política. "Los cursos resultaban irregulares; el ambiente cargado repercutía sobre nuestra sensibilidad", recordará varios años después.

         En el estudio introductorio que Rafael Eladio Velázquez redacta para el libro de Justo Pastor Benítez sobre don Carlos Antonio López, este historiador lo ubica dentro de lo que llama "La generación de 1913". Como toda etiqueta histórica, esta denominación es variable y lo veremos más adelante desde otro punto de vista incluso por nuestro biografiado Benítez, quien se ocupó profusamente de describir a su propia generación. De todos modos, entendemos que Velázquez indica ese año como importante, pues es cuando egresan Benítez y varios otros jovencitos con futuro prometedor del Colegio Nacional.

         Pertenecen a esta camada figuras como: Justo Prieto, Luis A. Argaña, José Bozzano, César López Moreira, Nicolás Delgado; todos ellos salidos de las aulas del colegio. Fuera de esta institución, pero contemporáneos generacionales son Manuel Ortiz Guerrero, Federico García, Natalicio González, Roque Gaona; y los militares de las filas revolucionarias de 1912: Juan B. Ayala, Gaudioso Núñez, el ya recordado Nicolás Delgado, Romualdo Ríos y Cristino Torres, caídos estos dos en sucesivos combates en 1922, así como también Alfredo Mena, Camilo Recalde y Luis Irrazábal. Mayor que ellos en edad y en graduación, pero no demasiado, es José Félix Estigarribia, el futuro conductor militar de la guerra del Chaco.

         Esta última mención de Estigarribia por parte de Velázquez no es gratuita. La gravitación que tendrá esta figura militar sobre la vida de Justo Pastor Benítez será determinante.

         De esta época proviene su amistad con Pablo Max Insfrán, en cuya casa iba tomar tereré y pasar amenas jornadas. El padre de Pablo era Facundo Insfrán Caballero, sobrino de Bernardino Caballero, quien había heredado parte de las tierras que poseía el general en lo que actualmente es el Parque Caballero. La casa estaba situada frente a lo que es ahora la confitería EL MOLINO.

         En esas rondas de tereré, participaba el menor de los Insfrán, Facundito, quien se contagió de tuberculosis y muere en la quinta de los Insfrán en Ypacaraí. Se sabe que en esos terere jere participaba Manuel Ortiz Guerrero, quien portaba el bacilo de Kosch.

         En estas visitas a la familia Insfrán, Justo Pastor se enamoró de la hermana de Pablo Max, María Stella. Contraerán nupcias en1922. Tendrán cinco hijos: Arístides Pastor, Justo Pastor, María Elena, Marta Stella y María Mercedes.

 

         3. UNA INTERPRETACIÓN GENERACIONAL

 

         Justo Pastor Benítez se ocupó varias veces de explicar su propia generación. En total lo hizo en cinco ocasiones. La primera aparece en PERFILES DE LA LITERATURA PARAGUAYA (1935), luego lo hace en EL SOLAR GUARANÍ (1947), en La Habana amplia el tema en una conferencia pronunciada en febrero de 1952 y publicado en BAJO EL ALERO ASUNCEÑO. El 13 de marzo de 1955 retoma el tema en una disertación pronunciada en la Academia Universitaria (estaba por unos días en el país luego de 15 años de exilio), y finalmente en su libro PÁGINAS LIBRES (1956) bajo el capítulo titulado "Diagrama sociocultural".

         Hemos podido acceder a tres de estos trabajos y podemos ver un progresivo ajuste en el análisis, aunque en esencia conserva unas ideas vertebradoras e incluso párrafos similares. En 1947 concibe claramente a sus maestros -Cecilio Báez, Manuel Domínguez, Manuel Gondra- como pertenecientes a la generación del 1900, vinculados al Instituto Paraguayo. Luego ubica a Juan E. O'Leary, Eusebio Ayala, Eligio Ayala, Alejandro Guanes, Eloy Fariña Núñez, Arsenio López Decoud e Ignacio A. Pane como pertenecientes a la generación de 1911.

         Sin embargo, en posteriores trabajos fusionará las dos anteriores en una sola "Generación del 900" y los adjudicará la característica de haberse dedicado a la historiografía y al periodismo. Pero lo interesante es cuando se pone a hablar de su propia generación a la que ubica en 1915 y a la que identificará por la cuestión chaqueña, el esfuerzo de organización democrática y el nacimiento de la literatura.

         "El mensaje de mi generación debiera enunciarla un combatiente del Chaco o un poeta. Apenas me atrevería a dar los lineamientos de su actuación proyecciones", dice con una falsa modestia, pues unas líneas más abajo afirma que sobre su generación:

"ya no es crudamente positivista, ni liberal individualista en política; algunos piensan en la reforma constitucional; el modernismo y tendencias nuevas substituyen a los románticos, a los escritores de estilo peninsular como Blas Garay, Gondra y Moreno; aparecen pintores; el tema social aflora; nos alejamos de la obsesión del tirano para ensayar posturas modernas de interpretación."

         Justamente, como ejemplo de estas posturas vemos que conoce la teoría de las generaciones de Ortega y Gasset y aplicada por Julián Marías. Incluso menciona una teoría similar debida a su amigo Pablo Max Insfrán.

         Los recuerdos de su formación juvenil con sus contemporáneos los escribe ya cuando tiene sesenta años, y el exilio y la sabiduría son su segunda piel. Entonces comparte con nosotros estas bellas líneas: "Permítaseme afirmar que en el atardecer de la vida, un hombre guiado por la razón, aleccionado por los acontecimientos, no ha de aventurarse en buscar la “la fuente de Juvencia”, de Ponce de León, ni 'El Dorado' sino el mbae maera jha, la tierra sin mal, de los guaraníes, la serenidad que nos permita reconciliarnos plenamente con la vida. Más allá de la razón clasificadora está la emoción. Hay que buscarla o provocarla, en el arte, en el pensamiento, en el acto. Sus fuentes puras son la religión y el arte: si no se puede ser sacerdote de ellas, hay que ser por lo menos devoto. Por eso el hombre de sensibilidad lee con fruición todo lo que se refiera a Jesús y la Biblia, guarda en el espíritu la emoción primera recibida ante un cuadro, una estatua, un edificio o al escuchar una partitura musical. Son enriquecimientos anímicos, de los cuales un hombre de letras no puede prescindir, so pena de generar esos intelectuales secos, unilaterales, que se van en hojas o se secan sin servir para viga ni para leña. Me refiero a las emociones puras ante una obra de arte, ante una idea que ilumina, a las que conmueven al débil ser humano, como la recibida ante la madre, la amada o el hijo, o ante un acontecimiento."

 

         4. LECTURAS Y FORMACIÓN ACADÉMICA

 

         Como todo intelectual que se precie, Justo Pastor Benítez adquirió una amplia cultura. En 1914, al no poder usufructuar su beca en Europa, se matricula en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción, a la sazón casi la única opción universitaria en el país.

         Él mismo nos cuenta sus lecturas e influencias en una carta dirigida a Carlos R. Centurión:

         "Como muchos de mis compañeros, después del Quijote y los infaltable romances caballerescos o de aventuras, entramos en la lectura de los enciclopedistas, en Montesquieu, Lamartine, Edgar Quinet y los escritores franceses del siglo XIX, con contrapeso amable de Anatole France y Eca de Queiroz. Desde la adolescencia fui inclinado hacia lo que podría llamarse la literatura de ideas, y, en obediencia vocacional, los autores más frecuentados fueron Alexis de Tocqueville, Renán, Guyau, siempre en paralelo con los escritores españoles, como Giner de los Ríos, Ganivet y Galdós, y los grandes liberales americanos, como Alberdi, Montalvo, Cecilio Acosta, etc. Mi deficiente formación filosófica se basa principalmente en el positivismo."

         Este cuadro se amplia, aunque con algunas repeticiones, en su libro PÁGINAS LIBRES:

         "Los autores preferidos en ese periodo fueron Locke, Montesquíeu, Alexis de Tocqueville, Alberdi y algunos clásicos. Ideológicamente estaba influida por los enciclopedistas, de manera que creíamos en las ideas, en la ciencia y teníamos predisposición contra la escolástica y los dogmas. Fouillée y Guyau, Renán, Taine, completaron esa tendencia. De lo español teníamos noticia de Castelar, por su liberalismo, y de Ángel Ganivet, pero luego nos enteramos del pensamiento peninsular a través de Unamuno, Ortega y Gasset, Giner, Pi Margall, Costa, Pérez Galdós, Antonio Zozaya, Gabriel Alomar, y en América, Rodó, Carlos Arturo Torres y R. Blanco Fombóna, sobre todo este último con su Editorial Americana, y por la colección de la biblioteca Sampere, muy difundida en Asunción, y otros libros de la librería de Ch. Bouret. Más que con Madrid, soñábamos con París. "

         Justo Pastor conocerá ambas ciudades, por cierto. De sus maestros recuerda a Manuel Gondra y su predilección por Menéndez Pelayo, en contraste con Manuel Domínguez que lo rechazaba por sectario. De Viriato Díaz Pérez recuerda su formación en letras castellanas. A Cecilio Báez lo considera "ortodoxamente spenceriano, positivista", y lamenta que el filósofo Francisco Romero no lo haya incluido en su libro como uno de los grandes positivistas de América. También recuerda a Eusebio Ayala como profesor de la filosofía más actualizado, pues su programa seguía el texto de Bourdeau. Califica al futuro presidente del Paraguay como lamarkiano y dice que "estaba imbuido del empirismo inglés, del pragmatismo norteamericano y de las enseñanzas psicológicas de Ribot: exposición clara, ideas lógicas, pero totalmente evasivas de toda metafísica o de preocupaciones ontológicas".

         Luego de lamentarse por la prematura muerte de Ramón V. Mernes, de quien alaba su versación en Kant, Hegel y Euken tras sus estudios en Alemania, se acuerda muy bien en este campo de Eligio Ayala, "el hombre de mayor cultura de su época". Este era un introvertido, que estaba en esa época más concentrado en temas económicos y que solo a veces mostraba su versación filosófica. Una vez más culpa a la política de haberse robado un "pensador vigoroso", lo mismo que ocurriera con Gondra.

         Finalmente Benítez relata cómo ese ambiente de positivismo spenceriano liderado por Littré y Novicow fue cediendo paso a Boutroux y Bergson, "pues el crudo positivismo, eso de ver en el mundo rigiendo imperiosamente la evolución, la explicación mecanicista de los hechos, no satisfacía". Contra esta sequedad intelectual "el romanticismo fue nuestro manantial, aún en la música; tanto como Hugo, nos gustaba Lamartine".

         Efectivamente, el autor rescata esa formación ambidiestra, positivista y romántica, que le tocó vivir y de la que no puede renegar porque se ha sedimentado en el fondo de su ser y es la base sobre la cual vinieron otras lecturas pero ya no con la misma fuerza de esos primeros años mozos. En un bello párrafo nos cuenta:

         "Todavía silbo LA MARSELLESA en las mañanas triunfales y siempre la escucho como si fuera nuestro himno. La vida da lecciones, pero no seca la vocación idealista. Aunque sin pretensiones filosóficas, es menester embeberse el pensamiento teorético de los grandes pensadores, en los moralistas y en los predicadores de religiones. El hombre público debe tener un poco de aquel estilo de Cicerón, que sin ser propiamente un filósofo, debe conocer la doctrina, y sobre todo vivirla. Separar la conducta de la convicción, podría parecer obra de farsante. El ambiente tenía múltiples exigencias, que alejaban de una especialización estricta, más que un sistema, nos parecía útil tener un manojo de ideas generales, cónsonas con nuestro temperamento y nuestra falta de formación severa."

         Como algunos de sus coetáneos, y viendo la lista de autores que cita, se sabe que Benítez aprendió a leer en francés, más no a hablarlo ni escribirlo. Además del español y el guaraní, sabemos que dominaba a la perfección el portugués. Fue el único paraguayo que pudo ser miembro de la Academia de la Lengua Portuguesa, luego de haber escrito en ese idioma un estudio sobre la misión de Correa da Camara al Paraguay.

         En 1918, ya culminando la carrera de derecho, llegó a ser vicepresidente del Centro de Estudiantes de la facultad. Tu tesis doctoral versó sobre LA CONSTITUCIÓN DE 1870, y fue publicada en 1924. Será profesor en su facultad en la materia de Derecho Administrativo, así como en el Colegio Nacional, la Escuela Militar y la Escuela Superior de Guerra.

 

         5. ENTRADA EN LA POLÍTICA POR LA PUERTA DEL PARTIDO LIBERAL

 

         En una célebre carta, fechada el 21 de setiembre de 1952, dirigida al político e historiador Carlos R. Centurión, Benítez recuerda que llega al Partido Liberal en 1916. En ese año "ingresamos al Partido Liberal cerca de cuarenta jóvenes, con un caudal de ideas sociales, con preocupaciones que superaban el esquema individualista del siglo decimonono", cuenta.

         En otra parte de la misiva recuerda que en ese grupo:

         "... figuraban poetas como Molinas Rolón y Ortiz Guerrero; Lisandro Díaz León y Federico García eran marcadamente socializantes, el malogrado José Fernández sabía de memoria páginas de Montalvo de González Prada, de Blanco Fombona y hasta de Vargas Vila, Séver Marecos se inclinaba a los estudios filosóficos, y todo el conjunto sentía impulsos combativos."

         Los líderes políticos del liberalismo a quien él respondía y apreciaba en ese momento eran Manuel Gondra y José P. Guggiari, así como Gerónimo Riart y Modesto Guggiari. Apoyado por estos va ubicándose en lugares de preponderancia dentro del comité partidario.

         Así, en 1921 ya es suplente del directorio y un poco después secretario del mismo, pues, y no olvidemos que el año anterior ya había entrado al Congreso Nacional como diputado por su partido. "En tal carácter participa de las deliberaciones de ese cuerpo cuando el mismo asume el respaldo al poder civil frente al ejercito revelado", explica Velázquez refiriéndose a la inminencia de la guerra civil del 22.

         Mucho tiempo después ya será un curtido político, y en 1939 llegará a la vicepresidencia del partido, detrás de Gerónimo Riart. Cuando este renuncia por desacuerdos con la carta política del 40, Benítez asume la presidencia. En ese momento también ya era senador, luego de varios años como diputado.

 

         6. JOVEN PARLAMENTARIO

 

         Su labor parlamentaria la inicia al lado de Lisandro Díaz León en 1920, cuando el ejecutivo es presidido por Manuel Gondra. Comparte la bancada liberal con José P. Guggiari y Modesto Guggiari, así como Luis de Gásperi, Enrique Bordenave, Manuel Peña, Rogelio Ibarra, Rodolfo González, Manuel Riquelme, Federico García y otros.

Para acceder a su curul miente por unos meses su edad. Le faltaba poco para llegar a los 25 años reglamentarios, pero no podía darse el lujo de esperar. Las elecciones fueron en febrero y el cumplía años recién en mayo. Para alguien de intachable labor política, en la que él mismo se encargó de resaltar su honestidad y todos los que lo conocieron coincidieron en eso, y a ningún adversario siquiera se le ocurrió mencionar lo contrario, esta mentira piadosa en el joven político solo debe hacerse constar dentro del amplio anecdotario de nuestra política criolla.

         De su gran oratoria y elocuencia muchos se han hecho eco. De los debates parlamentarios Salvador Villagra Maffiodo recuerda dos muy importantes, aquel donde descolló "con motivo de la famosa 'clinización' del antiguo Hospital Nacional, que luego condujeron a un debate general sobre la Universidad Nacional y la cultura del país", y el otro donde defendió la creación del Arzobispado Nacional. Su discurso volcó la votación a favor de la Iglesia y le mereció un reconocimiento escrito del entonces Obispo Sinforiano Bogarín en los siguientes términos:

         "El Obispo Diocesano del Paraguay que suscribe, saluda muy atte. al Señor Doctor Justo Pastor Benítez y, habiéndosele asegurado que en la sesión de la Cámara de que forma parte, celebrada el jueves último, ha estado impagable en su brillante discurso a favor del proyecto de ley de creación del Arzobispado Nacional, se complace hacerle llegar, por la presente, sus más vivas y calurosas felicitaciones.

         Juan Sinforiano Bogarín

         Asunción, setiembre 1° de 1928"

 

         El 15 de setiembre, Bogarín envía otra atenta nota, esta vez agradeciéndole su voto, pues gracias a esto se posibilitó "la elevación de categoría de la Iglesia Paraguaya al mismo plano que las de las otras naciones satisfaciendo así los vivísimos anhelos de la casi totalidad de la población del país de cuyos intereses espirituales han tenido la más cabal comprensión los dignos representantes que han sancionado la ley de creación del Arzobispado Nacional".

         No deja de ser llamativa la defensa que hizo Justo Pastor Benítez, pues se puede tomar como ejemplo de gran conocimiento de la cultura paraguaya. Benítez era un liberal ideológicamente hablando, y las cuestiones religiosas no eran de su particular interés en cuanto a la filosofía liberal se refiere. Sin embargo, sabía de lo importante que era la religión católica para el pueblo paraguayo y que el liberalismo como ideología política defiende la libertad de culto, por lo que fue consecuente con sus creencias políticas y defendió la creación del arzobispado, siendo determinante su intervención en aquella histórica sesión. No solo primó su liberalismo doctrinario en cuanto a tolerancia religiosa se refiere, sino demostró su profundo conocimiento de la identidad paraguaya y de que históricamente estaba signada por el cristianismo romano, conocimiento de lo paraguayo que años más tarde se irán plasmando en obras memorables como EL SOLAR GUARANÍ o FORMACIÓN SOCIAL DEL PUEBLO PARAGUAYO.

         Por supuesto su defensa fue también política, pues veía con importancia que Paraguay se independice del arzobispado de Buenos Aires del cual dependía desde 1865 por orden del Papa Pio IX. Más importante aún, la creación del arzobispado implicaba que la Iglesia paraguaya tendría una diócesis en el Chaco, tema clave en esos años de disputa por aquel territorio. El proyectista era su compañero Luis de Gásperi, quien lo defendió desde el punto de vista jurídico junto con Salomoni. Sus contendientes en aquella sesión fueron un encendido Anselmo Jover Peralta y Lorenzo Codas, quienes abogaban por la total laicidad del Estado paraguayo y repudiaban el apoyo del arzobispado pues lo veían como un retroceso político. Finalmente la oratoria de Benítez fue determinante para volcar la tesis a favor de la Iglesia Católica.

         En 1961, Benítez recordará al monseñor Juan Sinforiano Bogarín con una extensa monografía titulada EL LUCERO DEL PARAGUAY, que fue publicada en MANCEBOS DE LA TIERRA. Empezaba con estas palabras memorables:

         "Monseñor Bogarín amaba el campo. Su espíritu se expandía en el paisaje. Era su sino hacer rozas, preparar la tierra, abrir surcos, sembrar. En el fondo era un labrador de almas. La imagen que guiaba sus pasos era la de Jesús cruzando los campos de Galilea, entre trigales en flor, seguido de sus discípulos, para descansar después a la sombra de los sicomoros."

         El escrito, Benítez lo dedicó a sus parientes políticos José W. Colnago y María Vicenta Valdovinos, quienes, especialmente doña Vicenta, eran unos reconocidos colaboradores y devotos de la Iglesia Católica. Dos años después, Benítez morirá en Asunción luego de un penoso exilio, y doña Vicenta se acercará al que en ese momento era el nuevo jefe de la Iglesia, monseñor Mena Porta, para pedirle que se lo pueda velar en la Catedral, teniendo en cuenta de que se trataba de una personalidad que había servido a su país, y muy especialmente al arzobispado que ahora él presidía. Pero solo obtuvo la negativa. Indignada, le recordó al Monseñor los años de militancia como católica y, además, le indicó su contradicción al negarle la entrada al templo a alguien como Benítez, y sin embargo haberlo permitido al hermano de Edgar L. Insfrán, entonces Ministro del Interior de Stroessner, que se había suicidado. Además le recordó que se trataba de su tío, pues el Ministro era sobrino directo de la difunta esposa de Benítez, doña María Stella Insfrán.

         En una parte del recordado escrito, Benítez afirma que la Iglesia paraguaya "nunca se puso al servicio de las dictaduras". Todo indicaba que la cuestión había cambiado para ese entonces.

 

         7. EL LOPIZMO EN SU PRIMERA OBRA

 

         Podemos calificar su producción en grandes grupos. Una primera, que corresponde a su estancia en Paraguay en concomitancia con su meteórico accionar político hasta 1940. Y una segunda, que se produce ya en el largo exilio iniciado en 1941 hasta su muerte en 1963. Para los estudiosos, esta segunda producción es mucho más profunda y reposada, y por lo tanto en ella podemos encontrar sus mejores trabajos.

         Su primer libro, LA CAUSA NACIONAL - CARTAS INGENUAS fue prologado por el escritor Juan S. Chaparro, y vio la luz en 1919. Según el autor, en este ensayo analiza los antecedentes de la Guerra contra la Triple Alianza. Algunos críticos, como Carlos Centurión, verán en Justo Pastor Benítez una marcada posición lopista, o sea, favorable a "la tesis de O'Leary".

         Sin embargo, Benítez no está de acuerdo con esto y responde: "Nunca fui lopista, como usted lo afirma, ni menos antilopízta". Luego explica que por la época en que publica LA CAUSA NACIONAL, compañeros suyos como Benjamín Velilla y el mismo Pablo Max Insfrán, "pensamos sacar al lopizmo del terreno polémico, para que la figura del Mariscal fuera estudiada con serenidad". Pero consigna que cuando Insfrán, en 1926, propone derogar el decreto que ponía a López como traidor a la patria, él no estaba en el país sino en Roma como encargado de negocios.

         Esta respuesta a Carlos Centurión data de 1952. En una parte, del Mariscal López dice: "Nunca he escrito una página sobre él". Sin embargo, durante su confinamiento en 1940 por orden del presidente Morínigo, se dedicó a reflexionar sobre la figura de López. Si bien no es un tratado como los dedicados al Dr. Francia, a Don Carlos o a Estigarribia, son apenas algunas páginas, ya indican una posición ante dicha figura histórica. Y su prosa se muestra una cierta inclinación hacia las tesis lopistas y otras hacia al antilopizmo, pues no deja de criticarlo dentro de lo que correspondía.

         Hay que tener en cuenta, además, que son esbozos, ideas sueltas puestas a las apuradas bajo el calor abrazador del Chaco, entre los mosquitos y la tortura psicológica, por lo tanto, sin las mínimas condiciones de producción intelectual a que estaba acostumbrado. En su confinamiento chaqueño escribirá por ejemplo:

         "No supo esperar las armas encargadas en Europa; ni siquiera las que venían a bordo del 'Esmeralda', cuando ordenó el asalto a Corrientes. Era un impaciente. Su vanidad rayaba en megalomanía trágica. No midió la fuerza de sus enemigos ni tenía conciencia de ello."

         Empero, más adelante dice:

         "Sólo la muerte podrá doblegar a aquel indomable caudillo de pueblos. Su voluntad trazaba la trayectoria histórica de un país cuyo gobierno heredara de un estadista pacífico. La sombra de López vaga por Cerro León como una interrogante, pidiendo a la historia su interpretación."

         De todos modos, si Benítez afirma no haber escrito nada sobre López dice la verdad, pues este último escrito quedó inédito hasta 1984 en que se publica póstumamente el CUADERNO DE PEÑA HERMOSA. Si estaba inédito, valía como que nunca lo hubiese escrito. Es más, posiblemente cuando escribe su respuesta a Centurión desde Río de Janeiro, ya no recuerda lo que escribió doce años antes en un cuaderno, estando en el campo de concentración. Benítez siempre dio pruebas de honestidad intelectual y nunca escondía su pluma afrontando la responsabilidad de lo que producía.

         Cuando Centurión ve en Benítez huellas de O'Leary lo dice seguramente no solo por LA CAUSA NACIONAL, sino también por el pequeño capítulo dedicado al tema en LA RUTA, el libro que le fuera encomendado por el gobierno de Paiva para la educación nacionalista de los niños en edad escolar. En el capítulo dedicado a la guerra y Solano López, no hay elogios para el gobernante, mas sí para el heroísmo del pueblo.

 

         8. UN BALAZO EN EL PECHO QUE LO LLEVARÁ A EUROPA

 

         Poco antes de la revolución de 1922, Justo Pastor Benítez es nombrado jefe Político en Villarrica. Por lo tanto le toca pelear desde esa ciudad en la revolución. En una incursión desde Villarrica, para romper el cerco revolucionario instalado en Luque, recibe un balazo en el pecho. La bala se alojará arriba del corazón y nunca se podrá se extirpar.

         Recuerda Carlos Centurión:

         "Durante la lucha armada de 1922-1923, en la que actuaba con firmeza, muchas veces le vieron sus camaradas crisparse de dolor, de súbito, al recibir la noticia de la muerte de algún conocido, fuera éste del bando amigo o enemigo. Su sensibilidad no hacía distingos ante la muerte o la desgracia; pero se torturaba, guardando la emoción. No quería mostrarla."

         Unos años después, y preocupado por la bala que seguía ahí, Eligio Ayala le permitió ir a Europa pues Benítez quería hacerse ver por especialistas del viejo continente. De paso quería ver el viejo mundo y comprender la cultura europea de ese momento. Viaja a fines de 1925. Una vez afuera, en una carta al presidente, Benítez le dice que se encuentra mejor, pero que quiere quedarse unos meses más para conocer la sociedad europea. Logra de esta manera extender su estadía hasta principios del año 1927.

         Roma fue la ciudad donde más tiempo estuvo, pues era encargado de negocios por Paraguay. Menos meses los pasará en Madrid y en París donde visitará a Juan E. O'Leary y José Félix Estigarribia, respectivamente. Centurión afirma que a su regreso cambió su comportamiento.

         "El espectáculo del mundo antiguo impresionó su espíritu hasta el extremo de modificar notablemente su carácter. Sus cualidades de escritor y orador fueron visiblemente educadas. A su regreso de Europa, apareció más obediente al sentido de la medida."

         Según el historiador, que lo trató varias veces como correligionario, Benítez tenía un carácter impetuoso en la política antes de su periplo europeo.

         Algunos afirman que su tiempo en Roma lo hizo familiarizarse y simpatizar con el fascismo de Mussolini. Él siempre lo negó. Sus impresiones sobre el Duce pueden leerse en la carta que reproducimos en el apartado "Esclavo blanco de dictaduras grises". De todos modos, el historiador Alfredo Seiferheld no ve que tal acusación sea tan grave pues "por entonces el fascismo no había exhibido, con mucho, la brutalidad de la paz sobre cadáveres de que haría gala una década después".

         Sin embargo, para sus contemporáneos adversarios políticos, la materialización del fascismo traído de Italia se dio en la CARTA POLÍTICA DEL 40. Esta acusación es muy discutida y debe ser matizada.

         Cuando tratemos más adelante el caso de la Carta Política veremos esos matices.

         Lo cierto es que durante su estancia en Europa fue electo diputado en ausencia, pero cuando vuelve es nombrado por Eligio Ayala como el primer director de la Oficina de Cambios. Esta institución había sido creada por Ley durante la presidencia de Manuel Franco, pero concretada recién en el gobierno de Ayala. Este presidente estaba decidido a organizar financieramente el país, y en esa política le ayudó Benítez. Incluso, veremos más adelante, que cuando suple a Ayala, de alguna manera continuó esa política desde la cartera de Hacienda.

         En este punto hay que mencionar que la relación entre Justo Pastor Benítez y Eligio Ayala era muy especial. En 1919, Benítez es uno de los redactores de un "ideario-programa" que luego será el programa del Partido Liberal cuando es candidato Eligio Ayala. Justo Pastor fue uno de los principales promotores de su candidatura, prefiriéndosele a él antes que a Eusebio Ayala, quien había renunciado de la Presidencia Provisional con la idea de ser el candidato en las elecciones de 1924. No hay que olvidar que en esa época Eligio tenía una gran aceptación dentro de la juventud liberal radical, más que cualquier otro de sus correligionarios. Siendo Benítez secretario de la juventud radical, estos propondrán a Eligio como candidato.

         Benítez, doctrinariamente hablando se entendía mejor con Eligio antes que con Eusebio. Este último era más ortodoxo en su liberalismo, mientras que Eligio tendía hacia un liberalismo social, idea que compartía Justo Pastor. Por algo este último había defendido con fuerza la expropiación de grandes tierras a empresas con latifundio, idea sorprendente y que fue muy combatida en la época.

 

         9. EL IDEARIO POLÍTICO DE 1919

 

         Aquel ideario político mencionado, y que en más de una ocasión recuerda posteriormente Justo Pastor Benítez, es la manifestación de la potencia política de esa juventud liberal que empezaba a gravitar con fuerza en el partido. Además de Benítez, firmaron la misma: Raúl Casal Ribeiro, Pablo M. Insfrán, Rodrigo Solalinde, Gerónimo Riart, Luis Rufinelli, Sever Marecos, Benjamín Aceval, Pacífico De Vargas, Octaviano Rivarola, Justo Prieto, Manuel Ayala, Cándido A. Clérici, Roque Gaona, Ignacio Parra, Carlos Ayala Torales y Juan León Zaldívar.

         El ideario proponía posiciones políticas de avanzada para su época, y aunque fue resistido como es natural por algunos referentes más viejos del partido, con el tiempo se fue adoptando como programa de gobierno del Partido Liberal.

         Ya al empezar, en el subcapítulo dedicado a los partidos políticos, anuncia que es la hora "en que los antiguos valores, arrastrados por el tiempo, ceden su lugar a nuevas fuerzas". La demarcación con la directiva más antigua es evidente, por eso más adelante dice que el partido "necesita renovar periódicamente su ideario político de acuerdo con las necesidades del momento". "Esta constante renovación que es su característica, es, también, la verdadera garantía de su vida y de su progreso", añadía.

         Un ejemplo de tales nuevas ideas es lo que opinan sobre la doctrina del laisser faire, que para ellos no tiene justificación en un país de organización incipiente como el Paraguay. A contramano de ella afirman que "la intervención del Estado en el Paraguay no es una teoría sino una necesidad pública".

         En otro momento el ideario justifica las revoluciones en las que se vio envuelto el Partido liberal calificándolas como "el coste del progreso". "Una condenación absoluta de las revoluciones y de los hombres que en ella intervinieron, peca de unilateral y extremista", afirma. En esta parte debemos puntualizar que todos ellos sufrieron en su niñez la revolución de 1904, en su adolescencia los tumultos de 1911 y no podían adivinar que serían protagonistas directos en 1922. No sabemos si habrán también justificado los hechos de sangre que vinieron luego de este ideario.

         Para el caso de Justo Pastor Benítez, cuyo exilio al final de su vida fue largo y doloroso, no deja de ser llamativo lo que dice el texto cuando habla del problema económico y de la inmigración: "Es muy bueno ser hospitalario, pero es también santo llamar al hermano que sufre la nostalgia de la patria". Palabras premonitorias para él y muchos otros de los redactores en ese momento.

         El ideario apoya y cita a Lisandro Díaz León y su proyecto de impuesto progresivo, y pone a Barthe, La Industrial Paraguaya y Carlos Casado como ejemplos de la "desastrosa distribución de la propiedad territorial".

         En el apartado sobre la cuestión social, mencionan a otro liberal paraguayo, Modesto Guggiari, quien proponía un seguro obligatorio para el obrero, entre otras reivindicaciones sociales como protección contra accidentes de trabajo, higiene en los establecimientos industriales y "abordar, previa una madura investigación, el estudio del régimen del trabajo en los yerbales y obrajes". Diez años después, al fin las denuncias de Barrett empezaban a ser escuchadas.

         Cuando habla de las escuelas del país el ideario propone mejoras en lo material, en los recursos humanos y en el contenido pedagógico, pero más que esto lo importante es:

         "...la escuela debe ser en el Paraguay lo que es en otras partes: lugar en que se enseña algo más útil que nociones de gramática. En ella se ha de enseñar a vivir, y sobre todo a vivir con dignidad."

         La reforma educativa de Ramón Indalecio Cardozo, bajo el gobierno de Eligio Ayala, vendrá pocos años después, y parte de estas ideas las tomará como bandera.

         Sobre la condición social y jurídica de la mujer se dedican largos párrafos en los que sin "embanderarse de un feminismo inoportuno e injustificable" proclama la igualdad de las partes en el matrimonio, el derecho de la mujer casada de administrar sus bienes, en librarla de cualquier dependencia que pueda pesar sobre ella. Se propone su "elevación intelectual y su educación profesional", pues a la larga eso será "una garantía segura de progreso social".

         Siguiendo a modelos intelectuales de la época, se proponen analizar "cuatro factores psíquicos de la nacionalidad":

la historia;

el sentimiento de nacionalidad;

la Constitución Nacional; y

el guaraní.

         En el primer punto hablan de "la funesta Compañia de Jesús", "el genio sombrío de Francia", de la "falsa versión que corre por ahí de que el Paraguay fue un pueblo cretinizado por 50 años de dictadura"; contra Cecilio Báez, fundador del Partido Liberal y maestro de todos ellos.

         Ya conociendo lo que viene dos décadas después, nos parece otra vez premonitoria la propuesta de reformar la constitución de 1870 expresada en el segundo punto. Parte de lo que luego aparecerá en la polémica Carta Política de 1940 ya se anuncia en este ideario, en especial la cuestión social, más no la idea de un Ejecutivo fuerte pues la coyuntura es otra. "Una justicia social más exacta, mejor organizada, he aquí lo que, en resumen, se pide".

         Contra Blas Garay, Cecilio Báez, Fulgencio R. Moreno y otros, los autores afirman que entre "los elementos de nuestra independencia nada tan importante como el idioma guaraní, nuestra riqueza y nuestra defensa". En este sentido, el guaraní "no es obstáculo para la cultura superior, ni para la posesión del castellano".

 

         10. EL PERIODISMO

 

         "De la cátedra de la Escuela Normal, iba presuroso a la del Colegio y por la tarde a la Universidad. Entretanto había escrito un artículo para el diario PATRIA, y luego concurría a discutir en las sesiones de la Cámara de Diputados. Ese esfuerzo cortó su existencia cuando comenzaba la granazón". EL SOLAR GUARANÍ.

         La temprana muerte de Ignacio A. Pane llevó a justo Pastor Benítez a escribir estas líneas en su recuerdo. En otra parte también dice de él: "Se quemaba por las dos puntas; su inteligencia está en constante ignición; tuvo el destino de los ríos; cruzar el mundo fecundando", escribió en LA RUTA.

         De manera muy parecida Carlos Centurión relata en su monumental HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS sobre Benítez:

         "De EL LIBERAL corría a EL DIARIO y de esta casa al recinto legislativo y de la banca a su cátedra y de ésta a alguna sesión partidaria o alguna reunión privada. Y en todas partes opinaba, actuaba, con aplomo, intuitivamente, espontáneamente, como llevado por el sino de la velocidad. Placíale mostrarse duro, recio y hasta un poco cruel; pero en el fondo era un hombre bueno que de este modo defendía su mundo interior."

         Afortunadamente, no correrá la misma suerte que Pane.

         En aquellos primeros años, Centurión lo recuerda como redactor de EL LIBERAL, órgano difusor de su partido y del cual será secretario de redacción, y EL DIARIO, decano del periodismo de la época y del que será director. Luego de la Guerra del Chaco, seguirá en estos periódicos e incluso colaborará con LA DEMOCRACIA de nuestro país, y LA PRENSA y LA NACIÓN de Argentina. En 1921 era redactor de EL LIBERAL, junto a Luis de Gásperi, Lisandro Díaz León, Manuel Peña y otros.

         "En aquel periodo de 1920-1930 -recuerda-, efectivamente, teníamos que dispersar nuestra actividad. Comenzamos con el periodismo, en que no podía haber entonces redactores especializados. Diariamente teníamos que abarcar los variados temas de ocasión."

         Justo Pastor Benítez será uno de los tantos políticos e intelectuales que tomarán el periodismo como vocación. Será esta profesión la única que asumirá sin vergüenza, además de su carrera política, pues su labor como historiador siempre la describió de forma modesta. La cantidad de artículos que escribió y que están dispersos por toda América, desde la segunda década del siglo XX, es enorme. Incluso nos atrevemos a aventurar la hipótesis de que en Brasil publicó más que en Paraguay, pues los veinticinco años finales de su vida los vivió exiliado en Rio y ganándose la vida desde un comienzo como colaborador en la prensa escrita, como por ejemplo O JORNAL. Por lo tanto, su actividad periodística en Brasil fue sistemática, y sin las interrupciones que en su momento tenía en su vida agitada como político y catedrático en Paraguay.

         Si alguna vez se acomete el trabajo de compilar los artículos periodísticos de los intelectuales paraguayos de finales del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX solo podemos vaticinar que será una tarea titánica que requerirá de una pericia pesquisidora muy fina y de una paciencia bíblica.

 

 

CAPITULO II

LA GUERRA Y EL ASCENSO DE ESTIGARRIBIA

 

         1. UNA CARTA A FULGENCIO R. MORENO

 

         "Asunción, marzo 20 del 927 (sic)

        

         Mi distinguido amigo:

         Terminado el trajín electoral me resuelvo a enviarle las gracias por su libro y por sus atenciones en Buenos Aires. La lectura de su libro me ha confirmado en la fe que tengo en los destinos de esta ilustre Asunción, alentado mi patriotismo y ratificado en el concepto que tengo de la competencia y talentos de Ud.

         El tema obligado, en estos momentos, es la cuestión boliviana. Estamos en plena crisis. La indignación púbica brota en llamaradas. El peligro se siente en carne propia. Dios quiera que esta situación nos obligue a pensar más seriamente en el asunto.

         Confieso que soy un lego en la materia. Pero tengo entendido que a los paraguayos no nos falta ni la convicción de nuestros derechos ni ardiente patriotismo: carecemos si de sistema, de método, de un plan orgánico de defensa. Casi siempre hemos concretado nuestra actitud en una acción negatoria (subrayado en el original). Entretanto las pretensiones y audacia bolivianas han crecido hasta lo increíble. Y a esta audacia debemos de oponer firmeza, a su penetración un plan decidido de defensa, a su avance vallas, a su resolución de apoderase del Chaco nuestra resolución de desalojarlos. Por mi parte desconfío de las espontaneidades, no creo en la improvisación, solo tengo fe en la acción sistematizada.

         Nuestra historia, ilustre amigo, marcha en plano inclinado, en declive. Cuán lejos estamos de aquella poderosa Asunción que Ud. eruditamente pinta. Y es menester detener esta vertiginosa marcha descendente. Y no solo detener sino contramarchar. Nos falta la resolución de vivir y la resolución de vencer. Por eso en estas horas inciertas, les toca a Uds. como los más experimentados e inteligentes presionar, si necesario fuere, trabajar la conciencia nacional hasta despertarla de su letargo. Al alma paraguaya le falta orientación, disciplina, sistema, para vencer el peligro boliviano.

         Mi carta se ha convertido en una vulgar declamación a despecho de la sencillez sincera con que me he propuesto escribirle. Pero Ud. debe perdonarme al pensar que mi sistema nervioso sufre una verdadera conmoción eléctrica cada vez que comparo el mapa del Chaco con nuestra lentitud desorganizada.

         He hablado con el Dr. Díaz León y hemos convenido en ocuparnos de su proyecto tan pronto como pasen estas horas de confusión.

         Le ruego acepte las seguridades de mi verdadero aprecio.

         Justo Pastor Benítez

         Al Sr. D. Fulgencio R. Moreno

         Buenos Aires"

 

         En esta histórica carta, Justo Pastor Benítez evidencia su preocupación ante la inminente guerra con Bolivia. Era el año 1927. El historiador paraguayo había publicado años atrás su libro LA CIUDAD DE ASUNCIÓN, y en un encuentro en Buenos Aires le dedica un ejemplar a Benítez. Hemos transcripto la carta por la cual agradece Benítez el gesto de Moreno y elogia su obra, pero la mayor parte del contenido se desvía en pintar la crisis por la que atraviesa el país. Todos presentían la tormenta en ciernes.

         Dos décadas después de esta carta escribiría recordando a su amigo:

         "Su producción literaria hubiera sido mayor a no verse absorbido por el problema chaqueño, tremendo devorador de bellas inteligencias. Quizá por eso mismo no pudo intentar una obra integral sobre la historia nacional que conocía en sus fuentes. Tres espectáculos le causaron temor inhibitorio: las Misiones Jesuíticas, el dictador Francia y Solano López. En cambio, estudió con penetrante espíritu al guaraní y al conquistador español, limpió el viejo escudo señorial de Asunción, defendió a los próceres de Mayo de tendencia liberal y señaló algunas de las obras de Carlos Antonio López, sin llegar a la síntesis ni a la interpretación. Cuidaba su juicio y su opinión; era menos versátil que Domínguez, y de mayor capacidad de comprensión que Báez. La historia ya no es en él la crónica a la manera de Blas Garay, sino una interpretación de fenómenos sociales, económicos y políticos."

 

         2. EL 23 DE OCTUBRE DE 1931

 

         La trágica muerte de Eligio Ayala en octubre de 1930, hace que el presidente José P. Guggiari ponga a Benítez a dirigir el ministerio de Hacienda que hasta ese momento encabezaba Ayala. En marzo renuncia De Gásperi por los sucesos en Samaklay y Guggiari lo nombra también como Ministro Interino del Interior. Así, en ese delicado año, Benítez tiene repentinamente a su cargo dos ministerios de gran envergadura. Mientras interinaba el Ministerio del Interior ocurrirán los lamentables sucesos del 23 de octubre de 1931.

         Las acusaciones llovieron sobre él. En una carta a su amigo Pablo Max Insfrán le cuenta de lo insostenible de la situación. Dos días antes habían apedreado la casa del Presidente -ubicada hasta hoy en MANUEL DOMÍNGUEZ y YEGROS- con la esposa enferma de cáncer terminal, hiriendo de una pedrada al hijo del Presidente. Al día siguiente igual suerte corrió el Ministerio del Interior, llegando los manifestantes hasta su propio despacho de Benítez.

         El jefe de policía, Escobar, sugirió al Presidente movilizar a la policía montada pues se sabía que se dirigían al Palacio de López. Pero Guggiari solo admite que se coloquen al costado, no enfrente como pretendía Escobar, pues quería garantizar el derecho de protesta que tenían los manifestantes. Pero todo salió mal y gente inocente murió.

         La culpa recayó sobre el Presidente y su ministro. El primero fue enjuiciado políticamente, y al salir inocente, también lo hizo Benítez. De todos modos, él renunció a su cátedra de Derecho Administrativo en la Universidad Nacional de Asunción, para ser sometido a una investigación en la que se defendió y salió también airoso.

         Carlos Centurión, testigo de esos tumultuosos días lo cuenta mejor:

         “Los intereses políticos en juego no vacilaron en señalar al presidente de la República y a su ministro del Interior como únicos responsables. El primero delegó el mando y pidió al Parlamento su propio enjuiciamiento, el segundo asumió, públicamente, toda la responsabilidad, convirtiéndose en pararrayos en medio de la tormenta. Han pasado doce años. En el momento en que escribimos estas líneas julio de 1943José P. Guggiari se halla en el destierro y Justo Pastor Benítez, de regreso de un campo de concentración - Peña Hermosa-, encuéntrase en Río de Janeiro, exiliado, sufriendo las torturas morales del extrañado. Libres, pues, nos sentimos de cualquier maliciosa sospecha para hablar claro el lenguaje de la verdad, máxime cuando hemos repudiado en su hora ese suceso, en documento dirigido al directorio del Partido Liberal, en cuyas filas militamos desde nuestra niñez. Y la verdad es que ni José Patricio Guggiari ni Justo Pastor Benítez son responsables de esa tragedia. Cuando se acallen las pasiones y se escriba la historia de aquel tiempo, podrá verse, con nitidez, cuánta injusticia encierra esa terrible acusación lanzada, irresponsable y peligrosamente, contra ambos eminentes ciudadanos."

         El suceso del 23 de octubre será uno de los tantos casos polémicos en los que se verá envuelto Benítez en su agitada carrera política, y en el cual sus enemigos siempre encontraron inspiración para denostarlo.

 

         7. LA CARTA POLÍTICA DEL 40

 

         "Todo menos el carril viejo" era la consigna, señala Benítez. Evitar la anarquía. El orden en primer lugar, para asegurar la libertad en segundo lugar. Jamás rehusó su responsabilidad en la redacción de la Carta Política de 1940, pero se defendió a capa y espada contra las distintas acusaciones que le hicieron. Fue el hecho político que más lo marcó. "Un decidido partidario de los gobiernos fuertes", lo califica el historiador Luis G. Benítez evidentemente solo mirando ese año y no toda su actuación anterior ni posterior en política.

         Apenas terminada la guerra, Paraguay parecía volver al viejo carril, el carril de las revoluciones, asonadas y cuartelazos, la vía de la anarquía que era la mancha de la era liberal. Antes del golpe de Estado del Cnel. Franco, José P. Guggiari le escribe a Benítez, a la sazón embajador en Río de Janeiro, lamentando la ausencia de un hombre como él al frente del partido. Guggiari le dice que se estaban llenando de aventureros, y que la situación era insostenible. El Partido Liberal estaba fracturado, cansado y débil, y ya no podía controlar lo que se venía. Algunos interpretan la decisión de Eusebio Ayala de enviar a Benítez al Brasil de embajador, como una manera de allanar el camino a Riart. Muchos decían que era el momento de Benítez por pugnar en las elecciones de 1936, pero lo sacaron del camino elegantemente.

         En 1936 Eusebio Ayala dejará la presidencia a la fuerza. Era la segunda vez, pues ya tuvo una experiencia similar en 1922 cuando fue Presidente Provisional. En 1935, y como presintiendo lo que se venía escribe:

         "El Paraguay ha pasado por un doloroso período de convulsiones internas. Sin entrar a discutir si ellas fueron nocivas o benéficas, cabe preguntar; ¿no habríamos podido alcanzar los mismos resultados a menor costo? Francamente, no tengo duda de que si en vez de promover guerras civiles, golpes de Estado, motines, montoneras, hubiésemos trabajado lenta y tenazmente para hacer efectiva la verdad institucional, nos encontraríamos en el presente más adelantados de los que estamos. La violencia es enemiga de la República; estéril es la sangre que se vierte en las revoluciones. Lo que hemos perdido únicamente en las calaveradas políticas, habría servido para mejorar la suerte de los ciudadanos, haciéndolos más independientes, material y moralmente, y más celosos y más capaces de defender por sí mismos sus derechos y libertades. "

         Pero el viejo carril se impuso de nuevo. El golpe de Estado se dio y el "Presidente de la Victoria" y su comandante militar cayeron presos y luego fueron desterrados. Pero Franco correrá la misma suerte al año siguiente, en 1937, y ahora le tocará a él el destierro. El regreso de Estigarribia al Paraguay fue un regreso directo a la cima, una cima que conquistará y en la que permanecerá lo que dura un parpadeo.

         La popularidad de Estigarribia era enorme. Ganó las elecciones de 1939 ampliamente y se instaló en el poder generando mucha esperanza en el pueblo. Muchos, entre ellos Justo Pastor Benítez, creían entrever el inicio de una nueva era para el Paraguay. Así como nos llevó a la victoria, así también Estigarribia nos llevaría hacia el progreso y el orden.

         Pero en febrero de 1940 la situación se vuelve insostenible otra vez. El 16 de febrero el Congreso Nacional se autodiluye y Estigarribia asume todo el poder.

         "Declaro que ya no es posible defender la paz y el porvenir de la Nación con los actuales arbitrios constitucionales. Los acontecimientos rebasan sus límites. Necesitamos nuevas normas jurídicas y nuevos vínculos de solidaridad para matar la anarquía y para realizar el progreso del país de acuerdo con el más puro nacionalismo dentro del marco de una nueva democracia reformadora y realista."

         Estas palabras fueron parte del discurso donde declara una tregua política el 18 de febrero y convoca a la reforma constitucional.

         Se conforma entonces una comisión redactora de la nueva Constitución que está presidida por el doctor Cecilio Báez y completada por Emilio Saguier Aceval, Rafael Oddone, Antonio Sosa y Carlos R. Centurión.

         Según cuenta Benítez, esta comisión presentó un anteproyecto elaborado por Báez, que fue discutido y corregido junto con Estigarribia y otros allegados al Presidente, y luego también fue sometido al consejo de ministros integrado por Benítez y otros.

         "Más de 160.000 votos consagraron el 4 de agosto aquel noble pensamiento del vencedor del Chaco, que dio a su patria nuevos moldes más humanos, más modernos y más paraguayos, porque sus disposiciones responden a la realidad nacional, están inspirados en un sano idealismo; mentes paraguayas la concibieron; manos paraguayas, profundamente paraguayas desde los remotos días del coloniaje, la redactaron. Esa 'Carta Magna' de Estigarribia tiene sangre paraguaya. "

         En este relato, tomado del libro ESTIGARRIBIA. SOLDADO DEL CHACO, Benítez omite varios detalles. Párrafos antes cuenta que dos allegados al general Estigarribia se reunían con él, de 4 a 7 de la tarde dos veces por semana, para discutir la reforma constitucional. Estas reuniones se hacían en paralelo a las que de por si tenía la comisión redactora citada. Aquellas dos personas elegidas por el presidente, con la reserva acostumbrada, eran Justo Pastor Benítez y Pablo Max Insfrán.

         Según Alejandro Marín Iglesias, en entrevista concedida al historiador Alfredo Seiferheld, el anteproyecto de la comisión redactora en realidad no fue tenido en cuenta. Él explica que la comisión pudo reunirse apenas dos veces, y ya empezaron las desavenencias entre los integrantes. Además se da que Sosa viaja a Buenos Aires y Centurión a Posadas. "Pasaban los días y Estigarribia urgía", recuerda.

         Iglesias conocía de las reuniones paralelas entre Benítez, Insfrán y Estigarribia, y de que estaban elaborando ya ellos su propio anteproyecto. "Al final me invitaron una o dos veces para examinar el documento, y yo sugerí algunos puntos que fueron incorporados, sobre todo en la parte ideológica y de los principios", explica para luego agregar a modo de justificación:

         "Una constitución debía ser moderna y flexible, muy hecha para reformas y adaptable a las necesidades del país. Se quería dar al país un gran impulso y mucho dinamismo, y la Constitución de 1870 no le permitía a Estigarribia, que era muy legalista, afrontar la situación. La Constitución tuvo así un carácter marcadamente socialdemocrático, un documento moderno con un ejecutivo fuerte, similar a la Constitución francesa de De Gaulle."

         El Partido Liberal se fracturó más de lo que ya estaba mientras se discutía y redactaba la nueva constitución. En esencia se puede afirmar que los dirigentes más viejos -con algunas excepciones- del partido no apoyaron la idea de dar tanto poder al Ejecutivo por encima de los otros dos poderes. Mientras que el ala más joven del partido -con algunas excepciones también- apoyaba un ejecutivo con más atribuciones.

         Lo cierto es que cuando se jura la Constitución, además de los tres reales redactores -que son José Félix Estigarribia, Pablo Max Insfrán y Justo Pastor Benítez- la firman también Eduardo Torreani Viera, Tomás A. Salomóni, Salvador Villagra Maffiodo, Francisco Esculies, Higinio Morínigo y Ricardo Odriosola.

         Iglesias aseguró que estuvieron de acuerdo en promulgar aquella Constitución porque confiaban plenamente en el espíritu democrático de Estigarribia. Estaban seguros, con Benítez y el resto, de que el general no cometería abusos. "Fue siempre esencialmente demócrata, no tenía la pasta, el aspecto ni las garras del Dictador", escribirá Benítez años después.

         En una carta dirigida en mayo de 1947 a sus correligionarios Higinio Arbo y Ramón Caballero de Bedoya, Benítez reconoce:

         "Verdad es que la Constitución no fue fruto de una convención, como era de desear y era deber jurídico. No se pudo convocar la convención porque el ambiente anarquizado no lo permitía. En el mejor de los casos, se hubiera conseguido una convención liberal, sin concurrencia de otros sectores, y tal asamblea llegaría difícilmente a dictar un estatuto que satisficiera a los demás sectores de opinión. Y una constitución debe ser, por sobre todo, un pacto de paz, una fórmula nacional. Era urgente contar con un estatuto orgánico para trabajar por la pacificación y dar una nueva estructura al Estado, más avanzada y socializante."

         La carta política de 1940 fue calificada de orientación nazi por Natalicio González -que luego la usará sin problemas cuando asume su presidencia- y de fascista por una gran mayoría. Cómo Justo Pastor Benítez fue uno de los cerebros creadores de la carta, se asoció su recordada estadía en Europa con un cierto acercamiento a la figura de Mussolini. Ya veremos cómo niega esto Benítez. Sin embargo, muchos historiadores atenúan las críticas a la Carta Política del 40 mirando el contexto en que se produce. Un contexto interno en el cual la anarquía política volvía a surgir con fuerza, interrumpida solo por la guerra; y un contexto externo donde el fascismo y el comunismo eran fuerzas inexorables. El mismo Benítez recuerda ese entorno previo a la creación de la Carta Política:

         "Tampoco el Paraguay podía dejar de sufrir las repercusiones de la transformación del mundo, del paso del siglo XIX al siglo XX más allá del simple límite del calendario. De derecha y de izquierda, fascismo y comunismo, partían vigorosos impulsos transformadores del Estado, de la organización social misma, el Estado individualista dejaba de regir; el liberalismo sufría fuertes embates por la necesidad de una mayor justicia social; las leyes fueron superadas por los acontecimientos; la generación del siglo XIX fue una generación doctrinaria, la del siglo XX, de hechos; a los movimientos partidarios, de organizaciones políticas sucedieron los movimientos de masas; al sufragio universal reemplaza la lucha por el salario; a los caudillismos, los sindicatos; fuera de los grandes países como Inglaterra y Estados Unidos, en casi todos capitula el régimen de la mayoría numérica ante la audacia de minorías reformadoras y violentas. No es la muerte de la democracia sino su transformación."

         Lo anterior fue escrito en 1942 aproximadamente. Pero pasados los años, las críticas fueron arreciando y Benítez seguía defendiendo su proyecto y negando toda pretensión dictatorial de la misma. El 14 de julio de 1950 escribe una carta desde Río de Janeiro al mayor Luis González, que en ese momento vivía en Cochabamba (Bolivia). (Cuando Benítez fue embajador en Bolivia en el año 1939, trabó amistad con este paraguayo excombatiente de la guerra que quedó a vivir en Bolivia luego de ser tomado prisionero; incluso se casará con una boliviana perteneciente a una importante familia local. El tratamiento que le da en la carta refleja mucho afecto).

         Era una contestación a un escrito previo del militar donde daba su parecer sobre la constitución del 40 y otras cuestiones de la política paraguaya de la época. En una parte Benítez cita los motivos de la propia Constitución que él ayudó a redactar:

         “La reforma no se endereza a la creación de un Estado totalitario, sino más bien a un perfeccionamiento del régimen democrático, puesto que por ella la soberanía sigue residiendo esencialmente en el pueblo, de cuyo voto deben emanar las autoridades. Se respetan los derechos individuales dentro del conjunto social y se vela por la dignidad del hombre sin sacrificarlos en aras de concepciones absolutistas."

         En otra parte -y en alusión indirecta a Natalicio González- afirma: "A mi modesto juicio, las declaraciones de las Naciones Unidas del 10 de diciembre de 1948 sobre derechos humanos, se encuadran perfectamente en la Carta de 1940, lo cual prueba hasta el absurdo que ella no es fascista, ni menos nazi, como aseguran algunos adversarios de sospechosa cultura y mal español". "No es fascista ni por la forma ni por el fondo; es el estatuto de una revolución jurídica y social de estructura, truncada por la desaparición del animador", les escribe con un tono de lamentación a Arbo y Caballero de Bedoya.

         Como vemos, Benítez, al igual que Marín Iglesias, siempre defendió que la Constitución no fue hecha con pretensiones dictatoriales, aunque reconocían que era un riesgo el proveer de mucho poder al Presidente. Pero además de la defensa política, aparece constantemente en él una justificación por el lado social, por decirlo de alguna manera. Veamos otra parte de la carta al mayor González donde le dice que el laizzes fairismo es dejado de lado por un intervencionismo estatal exigido por Estigarribia; así se prevé la prohibición de monopolios privados y acaparamiento; limitación de la extensión de la propiedad territorial; intervención para asegurar el libre juego económico, sin privilegios, etc., y mucho más en la vida social para proteger al obrero, para garantizar la educación de la juventud y la salud del pueblo, elevados a categorías constitucionales como fines del Estado, en idéntica manera cómo se manifiesta esa intervención para enaltecer la condición civil de la mujer.

         En fin, las defensas y ataques son innumerables. Creemos importante citar el último párrafo donde se despide del mayor González:

         "La Carta del 40 no fue una reacción para justificar la actitud tomada contra supuestas tiranías, no nació de las ruinas de la derrota, sino que vino de los cañadones del Chaco, fue un paso hacia la organización de un Estado más sólido y humano. Su inspirador ya está en el pedestal de la historia, sus colaboradores no renegamos de la actitud asumida, en que hemos arriesgado el nombre modesto y la posición política, en aras de lo que creíamos era bueno para la Patria. Puede ser que la construcción no haya alcanzado el éxito, pero al acompañar a su inspirador no hemos arrojado leña a la hoguera, ni odio en las almas, ni ejercido venganza contra adversarios. Estigarribia fue el Jefe de la Victoria, quería serlo también de la paz interna. Esa noble ambición se hundió en la mañana del 7 de setiembre de 1940. "

 

 

CAPÍTULO III

EL LARGO EXILIO

 

         1. UNA PEÑA NO MUY HERMOSA

 

         Todavía no se había recuperado de la repentina muerte de su amigo Estigarribia, el flamante presidente Higinio Morínigo confina a Benítez y Alejandro Marín Iglesias a la isla de Peña Hermosa, campo de concentración ubicado en Alto Paraguay, Chaco. Se había salvado de correr la misma suerte Pablo Max Insfrán, pues huyó a Clorinda (Argentina) antes de que lo atrapen. Estos tres eran parte del gabinete original de Estigarribia que continuó con Morínigo pero que poco tiempo después renuncian por no estar de acuerdo con este ya que las elecciones no se llamarían enseguida, tal como se pactó al principio, sino al final del mandato constitucional que vencía recién en 1943.

         Relata Benítez en aquella carta al mayor González, que Morínigo logro el poder por gestión de dos coroneles y que el Partido Liberal nunca lo apoyó institucionalmente. Si se quedaron los ministros - Benítez era el de Hacienda- fue solo por pedido de los militares y en salvaguardar la institucionalidad, pero con la promesa de que se convocaría a elecciones en el término de dos meses, los cuales se retiraron por el incumplimiento de esa promesa, porque no estuvieron conformes en prorrogarle el mandato por decreto, ni en auspiciar su candidatura, porque comenzó a rodearse de auxiliares parafascistas, algunos de ellos al servicio de la Legación alemana, que proclamaban la fórmula mussoliniana de "orden, jerarquía y disciplina".

         Morínigo, por su parte, los acusó de conspiración y los apresó. Los golpes dolorosos a la vida de Benítez solo empezaban.

         Ya exiliado en Río de Janeiro, el primero de enero de 1948 recordará parte de esos meses terribles.

         "Siete años después he procurado evocar algunos de los días vividos en Peña Hermosa, pero el esfumo, su poder curativo y acontecimientos posteriores, han diluido las líneas y los colores. Apenas queda la memoria apagada de días calurosos, y el recuerdo amable de los compañeros de prisión. No puedo olvidar entre ellos a mi antiguo condiscípulo, José de la Cruz Franco, filántropo, amigo de corazón; a Aurelio Núñez Velloso, 'el caballero más completo de la ínsula' como se le llamaba con razón; a mi antiguo compañero de los días floridos de Roma, en 1926, doctor Francisco Centurión, servidor, médico y cocinero, condecorado dos veces por su civismo: con la CRUZ DEL CHACO, por su actuación en la guerra y con la prisión en Peña Hermosa, al silencioso Cayetano Carvalho, indio concentrado; a Marín Iglesias, que logró zafarse pronto y no conoció las furias de los carceleros; a Juan Carlos Garcete, luchador desde 1911, y su espíritu de resistencia, al Capitán Godoi, ordeñador de vacas y buen cocinero, a Blas Garay y Juan B. Colunga, correctos en medio de las penurias; al viejo liberal Cabañas, que me abrazó llorando al salir de tan injusta reclusión; a Carlés, hombre de corazón de oro, sencillo como una azucena, a los líderes obreristas como Adolfo Yegros, labrado en urundey, a Coronel, listo para ayudar a los compañeros; a Marcos Zeida, luchador de temple; un grupo obrero, joven, solidario y fume, de quienes guardo la mejor impresión. No me acuerdo ya de las cosas feas, como el horario que permitía salir un cuarto de hora para el baño en el río; que obligaba a meterse bajo el mosquitero a las 7, con un calor de 40°; que nos hacían formar tres veces diarias para la lista; que prohibía que nuestra vaca lechera pastara fuera del alambrado, que se diera 'tacitas' a los loros de Carvalho y Colunga; que se le llamara por el apodo de Ovechapire al teniente (a quien Gavilán le puso el apelativo de 'pellón'), a la censura de las cartas familiares. Aquí ha terminado el 'yo opino', decía 'pellón', que se llamaba Guillermo Almada. "

         En CUADERNOS DE PEÑA HERMOSA, Benítez cuenta que escribe subrepticiamente sobre una valija, en cuyo fondo elástico esconde el cuaderno. A continuación dice que otro cuaderno "con el boceto de una novela titulada AURORA se quedó en las alambradas; en esa novelita intentaba pintar algunos cuadros de la revolución de 1922, como documentación". Pero el autor nunca escribió como quedó ese otro cuaderno entre las alambras. Fue en un intento de fuga. Confiando en el coronel Ramos, excombatiente de la guerra y ex senador liberal, le cuenta que tenía gente que le podía sacar de la isla. Ramos era el encargado de custodiar a los prisioneros, y no le gusta para nada la idea. Benítez, ingenuamente creyó que la vieja camaradería se impondría, pero se equivocó tremendamente pues Ramos estaba convencido de la nueva causa que defendía. No solo redobló la vigilancia, sino que ordenó ametrallar en las noches por encima de los prisioneros para escarmentarlos y hacerlos desistir de cualquier intento de fuga. Era una tortura psicológica tremenda pero que no se comparaba para lo que vendría después.

         La esposa de Justo Pastor, María Stella Insfrán -"amparo de mi vida", le decía-, iba a visitarlo cada dos semanas. El viaje era penoso. Un primer tramo en avión, y el siguiente adentrándose por tierra hasta llegar a la isla. En una de esas visitas, es picada por el mosquito de la malaria y cae gravemente enferma. El tratamiento en aquella época era con quinina, lo que produce un aborto -hasta ese momento no sabía que estaba embarazada- y luego un derrame cerebral. Muere en julio de 1941. Benítez siente estallar de dolor su alma; pierde en la lejanía a su esposa, madre de sus cinco hijos y en cuyo vientre se estaba gestando otro.

         Se le permite venir a Asunción para el sepelio. Sus amigos lo ayudan, y gestionan su no regreso a Peña Hermosa. El embajador del Brasil en ese entonces, Negrao de Lima, pide en nombre del gobierno de Getulio Vargas que se le permita a Benítez ir exiliado al Brasil. Morínigo le otorga la visa y a finales de ese mes viaja a Rio de Janeiro. Un desconsolado Justo Pastor Benítez empezaba, sin saberlo, un largo exilio que terminará medio siglo después con su muerte. Nunca podrá volver definitivamente al país, solo en contadas excepciones y para estadías cortas.

 

         2. EL EXILIO A RÍO DE JANEIRO        

 

         Se puede decir que a Justo Pastor Benítez le ayudaron dos elementos de su vida para que su estancia en Brasil no fuera tan mala: su condición de político y su condición de intelectual. Por el lado político se habría labrado una importante fama. En Brasil era conocido por su estancia como embajador durante el gobierno de Eusebio Ayala. Antes había sido canciller. En ese sentido no es de extrañar que el gobierno de Getulio Vargas le diese una buena acogida. Pero el prestigio político se agota con el tiempo, más aún cuando uno ya no está en actividad sino en el exilio. Digamos que le ayudo a entrar con el pie derecho.

         Sin embargo, su condición de historiador reconocido internacionalmente, de periodista de larga experiencia y sus años de catedrático fueron los que a la larga le ayudaron a ganarse el pan. Al llegar ya había sido contratado por un poderoso empresario que le dio trabajo permanente en su periódico. Podemos decir sin temor a equivocarnos, que en los veintidós años en que vivió en Brasil, lo que más hizo fue escribir para la prensa carioca, especialmente en O JORNAL.

         Cada año viajaba a Montevideo o Buenos Aires para dar conferencias. Aprovechaba para encontrar con la colectividad paraguaya, en especial sus correligionarios. El fue el único de los liberales de peso que fue a Brasil, el resto eligió Argentina o Brasil.

         Su vida fue austera durante el exilio. No tenía lujos, ni le sobraba el dinero. Fue así que yo no pudo pagar el préstamo que le había dado el Banco de Londres cuando aún vivía en Paraguay y con la cual se compró para su casa. La misma la tuvo que perder irremediablemente, y aún existe sobre la calle BRASIL casi JOSÉ BERGES.

         Tal fue su prestigio que llego a dar clases en Itamaratí. Fue posiblemente el primer paraguayo que accedió a los archivos tan celosamente guardados por los brasileños en ese recinto. Incluso dio un discurso en la capital brasileña cuando se inauguró el monumento al Barón de Rio Branco en representación de los escritores hispanoamericano, el 20 de abril de 1945.

         Su dominio de la lengua portuguesa lo demostrará al traducir los dos tomos sobre Derecho Internacional del afamado brasileño Hildebrando Accioly, un libro que por décadas fue de uso obligado en la Facultad de Derecho. También llegó a traducir el primer tomo del historiador Tasso Fragoso sobre la guerra del Paraguay. No en vano le otorgaron el título de Ciudadano Honorario de Rio de Janeiro.

         En Brasil contrajo segundas nupcias con Aracy Gafre Nogueira, importante dama de la sociedad brasileña. No tuvieron descendencia.

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

BENÍTEZ, Justo Pastor, Ensayos sobre el liberalismo, Archivo del Liberalismo, Asunción, 1988

BENÍTEZ, Justo Pastor, Páginas libres, El arte, Asunción, 1956

BENÍTEZ, Justo Pastor, Cuadernos de Peña Hermosa, Araverá, Asunción, 1984

BENÍTEZ,  Justo Pastor, Formación social del pueblo paraguayo, Nizza, Buenos Aires, 1967

BENÍTEZ, Justo Pastor, El Solar Guaraní, Nizza, Buenos Aires, 1967

BENÍTEZ, Justo Pastor, Bajo el signo de Marte, Casa-Libro, Asunción, 1976

BENÍTEZ, Justo Pastor, Estigarribia. El soldado del Chaco, Difusam, Buenos Aires, 1943

BENÍTEZ, Justo Pastor, La vida solitaria del Dr. José Gaspar de Francia, Carlos Schauman, Asunción, 1984

BENÍTEZ, Justo Pastor, Bajo el alero asunceño, Ministerio da Educacão e Cultura, Rio de Janeiro, 1955

BENÍTEZ, Justo Pastor, La Ruta, Imprenta Nacional, Asunción, 1939

BENÍTEZ, Justo Pastor, Los comuneros del Paraguay, Casa-Libro, Asunción, 1976

BENÍTEZ, Justo Pastor, Carlos Antonio López, Carlos

Schauman, Asunción, 1967

BENÍTEZ, Justo Pastor, Mancebos de la tierra, s/d, Buenos Aires, 1961

CABALLERO CAMPOS, Herib (comp.), Antología del pensamiento político y social paraguayo, Fondec, Asunción, 2009

CENTURIÓN, Carlos R., Historia de las Letras Paraguayas, T.3, Ayacucho, Buenos Aires, 1951

GONZÁLEZ, Natalicio, El paraguayo y la lucha por su expresión, Nizza, Buenos Aires, 1967

MENDONÇA, Juan Carlos, Semblanzas y ensayos breves, Intercontinental, Asunción, 2011

PAREDES, Augusto, Álbum grafico de la República del Paraguay, s/d, Asunción, 1941

RODRÍGUEZ Alcalá, Hugo, Historia de la literatura paraguaya, El Lector, Asunción, 1999

SEIFERHELD, Alfredo M., Conversaciones político-militares, Vol.1, El Lector, Asunción, 1984

SEIFERHELD, Alfredo M., Conversaciones político-militares, Vol. 4, El Lector, Asunción, 1987

 


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JUSTO PASTOR BENÍTEZ en PORTALGUARANI.COM

 

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ARTÍCULOS DE ABC COLOR SOBRE EL LIBRO DE LA

COLECCIÓN PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA Nº 18

 

LA VIDA DE JUSTO PASTOR BENÍTEZ

 

“Justo Pastor Benítez” es el título del libro que el joven filósofo y periodista Sergio Cáceres Mercado presentará, con el ejemplar de ABC Color, el domingo 3 de julio en el marco de la Colección Protagonistas de la Historia publicada por la Editorial El Lector.   



Este será el volumen número 18 de la serie y está dedicado al gran político e intelectual liberal, que tuvo una participación activa en la vida nacional durante etapas sumamente trascendentes.   

Justo Pastor Benítez, ensayista, historiador, diplomático, docente y periodista, nació en Asunción el 28 de mayo de 1895. Estudió en el Colegio Nacional de la Capital y luego en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional.   

Fue militante del Partido Liberal, pero con un nacionalismo muy acendrado. Contra el parecer de varios de sus copartidarios, se adhirió a la campaña reivindicatoria de la figura del Mariscal López que inició Juan E. O’Leary.   

Con apenas 25 años de edad ya fue parlamentario. Escribió para varios diarios y tuvo una vida agitada en medio de la política, el periodismo y la docencia. Fue también diplomático. En 1934 fue destinado como embajador en el Brasil, país al que consideró siempre su segunda patria.   

Durante la última parte del gobierno de Félix Paiva (1937-1939), ocupó el puesto de encargado de negocios en Bolivia, reiniciando así la relación con este país tras la Guerra del Chaco.

28 de Junio de 2011

Fuente digital: www.abc.com.py

 

 

JUSTO PASTOR BENÍTEZ AYUDÓ A INSTALAR VARIAS NUEVAS IDEAS

Esta biografía de Justo Pastor Benítez, escrita por Sergio Cáceres Mercado, es una contribución más de la Colección Protagonistas de la Historia a la historiografía paraguaya. Así señala Herib Caballero Campos, historiador y director de esta serie de libros, publicada por El Lector, en el prólogo de la obra que llegará al público el domingo próximo con el ejemplar de ABC Color.  

Agrega Caballero Campos que así como en la política, en la Historia hubo y hay muchos grandes hombres olvidados. Justo Pastor Benítez formó parte de una destacada pléyade de hombres que formaron parte de la denominada Generación del Centenario, que con su labor contribuyeron a instalar nuevas ideas y a propender a una revisión de los conceptos que se manejaban en torno a la naturaleza y la existencia del Paraguay.   

Esta obra está dividida en tres capítulos que se ocupan de la vida de Justo Pastor Benítez. El primer capítulo abarca desde su origen, su período de formación, así como sus primeras armas en el periodismo nacional.   

El segundo capítulo analiza el proceso por el cual Justo Pastor Benítez se convierte en un importante político que de Diputado pasará a ocupar la cartera de Justicia, Culto e Instrucción Pública. Además, este apartado analiza cómo Justo Pastor Benítez apoya y consolida una revisión de los principios que sustentaban al Partido Liberal, primero en el Gobierno y luego desde el exilio.   

Por último, el tercer capítulo va desde su prisión en la cárcel militar en Peña Hermosa hasta sus últimos días en un exilio prolongado e ingrato que lo mantuvo lejos de su país y de sus familiares.   

De acuerdo con el criterio de Herib Caballero Campos, es importante la labor del autor, Sergio Cáceres Mercado, “quien se ha empeñado en indagar hasta aquellos datos de un hombre que permanece olvidado al igual que otros tantos hombres y mujeres que han contribuido con su dedicación, labor e inteligencia a la construcción del Paraguay, con sus luces y sus sombras”.   

El autor del libro Justo Pastor Benítez, Sergio Cáceres Mercado (Asunción, 1972), es licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional de Asunción.

Ha cursado la Maestría en Historia por la misma casa de estudios, y prepara la defensa de su tesis. Se dedica principalmente a la docencia de distintas materias filosóficas en las siguientes universidades: Universidad Nacional de Asunción, Universidad Católica, Universidad Iberoamericana.

Desde el 2008 dirige un curso de filosofía hispanoamericana y paraguaya en el Centro Cultural de España Juan de Salazar. Ese mismo año se incorporó a la Dirección de Investigación del Instituto Superior de Educación, donde también es docente.

29 de Junio de 2011

Fuente digital: www.abc.com.py

 

UNA BIOGRAFÍA SOBRE JUSTO PASTOR BENÍTEZ

Esta es la biografía de un hombre que, según el propio autor de la obra, ha tenido una trascendencia notable en una etapa de la vida nacional sumamente agitada por acontecimientos políticos determinantes.   

Cáceres Mercado señala en la introducción del libro, que en el mismo se habla de la vida y el pensamiento de una de las figuras más representativas de la historia política e intelectual paraguayas de la primera mitad del siglo XX, Justo Pastor Benítez.   

Benítez fue “testigo y al mismo tiempo actor de varios acontecimientos relevantes en esos años álgidos de la política nacional y al mismo tiempo uno de los más lúcidos intérpretes de la cultura de nuestro país”, de acuerdo con el testimonio del autor del volumen que será puesto a consideración del público el próximo domingo.   

Justo Pastor Benítez perteneció “a esa raza de políticos que, al mismo tiempo, eran unos intelectuales de primerísimo nivel”.   

Compartía esa característica con coetáneos como Natalicio González, Pablo Max Insfrán, Justo Prieto o Efraím Cardozo. Tal combinación era en realidad herencia de una generación brillante conocida como los “novecentistas”, en la cual brillaron: Manuel Gondra, Fulgencio R. Moreno, Juan E. O’Leary, Manuel Domínguez y Eligio Ayala, entre otros.   

Lastimosamente –expresa Cáceres Mercado–, la continuidad de otra generación de discípulos que siguiera a aquellos ya no pudo lograrse porque el destierro y las dictaduras nacidas luego de la Guerra del Chaco extinguirían todo intento de gestión política honesta y trabajo intelectual riguroso.   

No fueron años fáciles los que les tocaron vivir a los políticos de aquel tiempo, aduce el autor del libro, quien agrega que los días de exaltación superaban con creces a los de tranquilidad. Y en el medio de esas idas y venidas, entre “gallos y medianoche”, elaboraban ensayos filosóficos, tratados históricos y agudos opúsculos.   

En el caso de Justo Pastor Benítez, narrar aspectos de su vida, será también narrar su trabajo intelectual, insoslayable en hombres como él.    Dice, además, el filósofo, docente y periodista Cáceres Mercado que del accionar de su generación aún nos llegan los ecos, como ondas expansivas que por su cercanía temporal tienen la capacidad de levantar fuertes pasiones aún hoy y al mismo tiempo prohíben toda interpretación sobre ellos que estén exentas de imparcialidad y provocación.   

“Por eso –expresa además– somos conscientes de que no quedaremos al margen de críticas justificadas y enojos de gente que se sentirá aludida”.

30 de Junio de 2011

Fuente digital: www.abc.com.py

 

 

 

 

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