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DOMINGO REGALADO PÉREZ


  CHE VALLE YKUA DURÉ (Letra: DOMINGO REGALADO PÉREZ)


CHE VALLE YKUA DURÉ (Letra: DOMINGO REGALADO PÉREZ)

CHE VALLE YKUA DURÉ

EL DOLOR DE NO IR MÁS A MENUDO

Letra: DOMINGO REGALADO PÉREZ

Música: PAPI (JUSTO) MEZA

 

 

CHE VALLE YKUA DURÉ

El "vergel luqueño" tiene encantos únicos. Cuando parece que ya todo fue cantado y vuelto a cantar, siempre aparecen poetas y músicos dispuestos a decir algo más con respecto a los diversos lugares que forman parte del universo material y espiritual de Luque.

El disco "Homenaje a Luque", editado por la Agremiación de Poetas y Otras Artes de Luque (Apoal), da fehaciente testimonio del rico cantero de producciones dedicadas a ese terruño orgulloso de su identidad.

En ese material, Domingo Regalado Pérez (escritor, actor y sobre todo, activo trabajador cultural), tiene una obra dedicada a su tierra natal. Che valle Ykua Duré se llama la poesía musicalizada por Papi (Justo) Meza. El poeta había nacido en el lugar    -que antiguamente se llamaba Cañada de Mongelós- al que dedica su inspiración, el 20 de diciembre de 1940.

"Vine al mundo dentro de una casa con larga tradición artística. Mis abuelos eran de la Cañada Garay -Kilómetro 20 o Bínder, como también se lo conoce-, compañía de Luque. Mi madre era de la familia Núñez. Eran de la Orquesta de los Hermanos Núñez, dirigida por el recordado Bernardo'i. A los cinco años, mi hermano Carlos Pérez me había regalado un violín que aunque nunca aprendí a tocar me abrió el camino de la música. En mi casa, papá tenía en su biblioteca obras de Esquilo, Euripides y Sófocles, entre otros", cuenta Domingo a modo de introducción. "Desde Ykua Duré -prosigue- yo venía a pie a Luque. Entraba en la escuela General Aquino. En 1950 nos mudamos al pueblo. Terminé la primaria y pasé al Colegio Nacional de la Capital para la secundaria. A los 16 años, recordando a mi hermano Félix Germán Pérez, escribí La canción del exilio. Lo habían llevado primero a Peña Hermosa preso y luego salió al destierro, muriendo en el famoso abordaje del barco Bahía Negra en Corrientes, al inicio de las operaciones del movimiento guerrillero '14 de mayo' ".

En cuanto a sus afanes teatrales -es autor de 20 piezas para representar-, los mismos comenzaron cuando estaba en el cuarto curso. "En la casa de mi tío Rufo Galeano -estaba casada con mi tía Isidora Pérez- veía los ensayos de `Los hombres de antes no usaban gomina', `El puñal de los troveros' y otras obras. Ahí fue que me enamoré de la escena. La primera obra de la que tomé parte fue `El juicio de Mary Dugan'. Actuaban Ramón Parra, Simeón Escobar y otros", agrega.

El dramaturgo, en medio de las actuaciones y el ejercicio de su profesión de escribano, también se dedicó a escribir letras musicalizadas por el mismo -"con un viejo acordeón", precisa- o por otros.

"En el 2007, después de haberle escrito ya a otros lugares como Santiago, Piribebuy Villa de San Pedro y, por supuesto a Luque, creí llegado el momento de recordar también a Ykua Duré. Por eso fue que en la oficina y en mi casa, de madrugada, fui modelando lo que titulé Che valle Ykua Duré. No se sabe el nombre del Duré, pero lo cierto es que fue propietario de una renombrada fuente de agua de la comunidad. Papi Meza, de Maramburé, le puso la música.", sigue relatando.

"El arroyo ayer límpido y hoy basural al que aludo es el Itá Cajón syry. Menciono también que muchos de mis amigos de ayer, de la infancia, ya no están. Y lamento no poder irme más a menudo a ese sitio donde viví con dicha mi niñez", comenta, a modo de conclusión.

 

 

CHE VALLE YKUA DURÉ

 

Che valle Ykua Duré

aiguĩete aime ndehegui

hi'ãva rohechami

taipo'a jevy che rekove.

 

Hesatĩva'ekue ysyry

ne mbyte rupi okrusa,

ko'ãgã ramo guarã

ahecháma yky'apa.

 

Mamo piko pehopa

yma che mitã irũngue

ko'ãgã ramo guarã

mbovymíntema potopa.

 

Hi'ãnte chéve ajuhu

kuehe guare mborayhu,

tekojoja, kunu'ũ

tambogue techaga'u.

Oñopũ ko che ñe'ã

chembohasýva gueteri

ndaikatúigui asẽ aha

jepiveguáicha rohecha.

 

Kuehe asẽmi aha,

ajehekýi sapy'ánte

upépe chéve guãrãnte

yvágape ajetopa.

 

Letra: DOMINGO REGALADO PÉREZ

Música: PAPI (JUSTO) MEZA

 

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Fuente / Enlace:

LAS VOCES DE LA MEMORIA
HISTORIAS DE CANCIONES POPULARES PARAGUAYAS - TOMO X
Autor y ©: MARIO RUBÉN ÁLVAREZ
Edición del autor y Julián Navarro Vera
Dibujo de tapa: ENZO PERTILE
Diseño de tapa: MANUEL MORÍNIGO
Editora Litocolor S.R.L.
Asunción-Paraguay 2009



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LECTURA RECOMENDADA:


CUENTOS DE RAFAEL BARRETT

 

 

 

 

**/**

 

 

 

 

 

 

 

SOÑANDO

 

 

 

 

 

 

** Era como un inmenso baile de personas y de cosas. Figuras de todos los siglos pasaban en calma o se precipitaban girando. Animales fantásticos y objetos sin nombre se mezclaban a los mil espectros de un carnaval delirante. El espacio infinito parecía iluminado por la fiebre. No había piso ni techo. Se adivinaba la noche más allá de la luz.

 

 

 

 

** Yo me trasladaba de un punto a. otro sin esfuerzo. Nada resistía ni entorpecía a nada. Flotábamos en un ambiente suave como el polvo de las mariposas. El inundo estaba vacío de materia y lleno de vida.

 

 

** De un racimo de seres agitados se desprendió hacia mí un caballero vestido de frac. Venía tan de prisa que atravesó en su carrera el cuerpo de una desposada melancólica. Cuando llegó a mi lado observé la angustia de su rostro contraído.

** -¿Qué le sucede, señor profesor? -pregunté.

** -El chimpancé se ha vuelto loco. Ya sabe usted que era mi mejor sirviente. Hasta fumaba mis cigarrillos. Un mono admirable, superior al hombre, puesto que ojo hablaba. Imitaba perfectamente mis movimientos y aprendía cuanto se le enseñaba. Usted recordará mi última conferencia sobre los simios antropoides. Él la inspiró. Pues bueno: ayer me entretuve tirando al blanco en el jardín delante del mono. ¡Nunca lo hubiera hecho! He querido meterme ahora en casa porque se hace tarde. ¿Creerá usted que el maldito chimpancé me ha recibido a tiros, confundiendo mi pechera con el blanco? Por poco no me acierta. ¿Cómo entrar en mi casa, Dios mío?

** De lo alto del firmamento llovían pétalos rosados. Cerca de nosotros una niòa rubia decía que no a un banquero.

** -¡Una idea! -exclamó de pronto un poeta lírico que nos había, quizás, escuchado. Su cabellera larguísima y sucia olía mal. Los mechones semejaban serpientes, y de cada uno colgaba un volumen, de modo que el hombre llevaba siempre consigo su biblioteca. A la cintura ostentaba un cuchillo envainado. Lo desnudó con gestó teatral.

** -¡No tembléis! Esto no es un puñal, sino una pluma, y mis venas son mi tintero. Por ellas no corre sangre, sino tinta.

** Se hundió el arma varias veces en el corazón y embadurnó la pechera del profesor con el negro líquido, gritando.

** -¡Lo salvé! ¡Lo salvé!

** Sin comprender cómo me hallé de repente acostado sobre la arena fría de una playa. El mar, de un azul luminoso, extendía su oleaje brillante bajo el cielo borracho de sol. Una adolescente, más bella que Venus, vagaba por la orilla, mojando sus pies de nácar en la lisa lámina de cristal que se deslizaba cantando. Su túnica era casta como la espuma. Sus ojos de ángel estaban penetrados de bondad y de amor. Una nube de pájaros alegres y puros revoloteaba en torno. Noté que la encantadora virgen los cogía y les arrancaba las alas.

** -¿Por qué, por qué? -gemí dolorido.

** -Les arranco las alas-suspiró su voz melodiosa-para que no se cansen volando.

** Caían lentamente las tinieblas espesas como cae el légamo al fondo de un charco, y distinguí a enorme  distancia el resplandor confuso de la fiesta aérea. Me propuse alcanzarla, mas un abismo de una profundidad espantosa me detuvo. Subía de él un silencio más horrible que el trueno. En el opuesto borde se alzaba un peñasco siniestro que dibujaba su silueta de azabache, cortando el horizonte sombrío, y sobre el peñasco una mujer harapienta se retorcía los brazos mirando el precipicio.

** -¿Qué? ¿Qué hay? ¡Oye! -clamé. ¡Oye!

** Ella no oía y seguía mirando. La sombra se hizo más densa aún, y fue borrando aquel gesto de agonía. Ya no quedaba más que la noche insondable, y el resplandor lejano y confuso de la fiesta aérea. El resplandor se fue transformando en una nebulosa, y la nebulosa en la luna, luna serena y plácida.

** Deseé ir a ella, y desperté. La luna era el globo de mi lámpara encendía. Sobre mi mesa de trabajo dormían mis libros.

 

 

 

**/**

 

 

 

 

 

 

EL HIJO

 

 

 

 

 

 

** Hace muchos años, vivía un matrimonio. Eran muy pobres, él leñador, ella lavandera. Eran muy feos, casi horribles; ella con su enorme nariz y sus cejas de carbón, parecía una bruja; él, con su áspera pelambre, parecía un oso. Pero se amaban tanto, tanto, que tuvieron un niño más bello que la aurora.

 

 

 

 

** No se atrevían a acariciar con sus rudas manos aquella carnecita en flor. Adoraban al hijo como a un Jesús. Le pusieron una riquísima cuna, le alimentaron con la leche de la mejor cabra del valle. Creció, y le vistieron y ataviaron lujosamente. Besaban la huella de sus pies, y se embriagaban con el eco de su voz. Necesitaron oro para el ídolo. El padre cortaba leña de día, y de noche se dedicaba a faenas misteriosas, hasta que le sorprendieron en ellas y le ahorcaron. La madre, cuando no lavaba en el río, pedía limosna. A veces, a lo largo del camino, encontraba señores, que se detenían al verla, y se reían de la enorme nariz y de las cejas de carbón. “! Bruja, móntate en este palo, y vuela al aquelarre!". Entonces la mujer hacía bufonadas, y recogía monedas de cobre.

 

 

** Entretanto, el hijo se había transformado en un arrogante doncel. Ocioso y feliz, paseaba su esbelta figura adornada de seda y de encajes. En sus talones ágiles cantaban dos espuelas de plata, y sobre su gorro de terciopelo se estremecía una graciosa pluma de avestruz. Si le hablaban de la lavandera, respondía:

** -No la conozco; no soy de aquí.¿Mi madre, esa vieja demente? Y todavía sospecho que es ladrona.

** Sin embargo, iba en secreto al hogar, donde encontraba siempre un puñado de dinero, una mesa con sabrosos manjares, un lecho pulcro y dos ojos esclavos.

** Una vez pasó la hija del rey de la comarca, y se enamoró del mozo.

** -¿Cuál es tu familia? -preguntóle.

** -Soy el príncipe Rubio -contestó-. Mi patria está muy lejos, a la derecha del fin del mundo.

** La niña le creyó y se casó con él. Hubo grandes fiestas, y fueron enviados a la derecha del fin del mundo embajadores que no volvieron. La madre hubiera muerto de orgulloso placer si no hubiera pensado que aún podía, por algún azar, ser útil a su hijo.

** Un año después se supo que el príncipe había caído enfermo de una enfermedad contagiosa y horrible. La princesa había huido de su lado, y nadie se atrevía a socorrerle. El príncipe agonizaba a solas.

** Entonces la madre se arrastró hasta las puertas del palacio, y tanto hizo que la dejaron entrar como enfermera. Su hijo estaba en un soberbio lecho de damasco, bajo un dosel de púrpura. Su rostro desparecía, devorado por una lepra monstruosa.

** -Hermoso mío -dijo la madre-. Yo te salvaré.

** Y lo besó y cuidó amorosamente hasta la noche.

** Pero a medianoche vino la Muerte por el príncipe.

** -Muerte, ten compasión de mí -suplicó la madre-. Lleva a esta anciana decrépita, y no a este joven lleno de vigor. Permítele vivir, y engendrar para ti nuevos mortales.

** -¿Cuál de los dos? -preguntó sonriendo la Muerte al leproso.

** El príncipe alargó su diestra descarnada y señaló a su madre, que lanzó un grito de alegría.

** -¡Gracias, hijo mío!

** Y la Muerte la tomó en brazos, y la arrebató sin esfuerzo, porque pesaba menos que un fantasma.

** Al día siguiente, el príncipe apareció sano y robusto ante su corte. Más tarde fue rey, y reinó mucho tiempo, y tuvo muchos hijos, y gozó de todos los deleites de la tierra.

** Pero su barba blanca alcanzó a sus rodillas, y sus huesos se secaron. Le llegó su hora, y llamó a su madre.

** -¿Qué quieres, niño mío? -suspiró en silencio.

** -¡Salvarme!

** -Hijo mío, yo fui; ya no soy nada, sino un dolor sin cuerpo. Quizá me oíste gemir en el viento y llorar con la lluvia en tus cristales. En mí no quedó sustancia ni energía. Soy menos que el recuerdo de una sombra. Ni siquiera puedo reunir mis lágrimas para ti. Soy tu madre muerta.

** -¡Madre cruel, madre amarga, maldita seas mil veces! -exclamó el moribundo.

** -¿Cuál es mi crimen? -sollozó el silencio.

** -¿Para qué me diste la vida, si no me diste la inmortalidad?

 

 

 

**/**

 

 

 

 

 

 

Fuente: CUENTOS BREVES de RAFAEL BARRETT

 

 

 

(BIBLIOTECA POPULAR DE AUTORES PARAGUAYOS Nº 1)

© de esta edición Editorial El Lector /

© de la introducción Francisco Pérez-Maricevich

Director editorial: Pablo León Burián

Coordinador editorial: Bernardo Neri Fariña



 

 




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