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JERRY W. COONEY


  EL PARAGUAY BAJO LOS LÓPEZ - ALGUNOS ENSAYOS DE HISTORIA SOCIAL Y POLÍTICA - Compiladores JERRY W. COONEY y THOMAS L. WHIGHAM - Año 1994


EL PARAGUAY BAJO LOS LÓPEZ - ALGUNOS ENSAYOS DE HISTORIA SOCIAL Y POLÍTICA - Compiladores JERRY W. COONEY y THOMAS L. WHIGHAM - Año 1994

EL PARAGUAY BAJO LOS LÓPEZ

ALGUNOS ENSAYOS DE HISTORIA SOCIAL Y POLÍTICA

Compiladores JERRY W. COONEY y THOMAS L. WHIGHAM

Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos

Asunción - Paraguay

1994 (172 páginas)

 

 

ÍNDICE

 

PRÓLOGO

 

INTRODUCCIÓN. Thomas L. Whigham

 

ROSA DOMINGA OCAMPO: UNA CUESTIÓN DE HONOR EN EL PARAGUAY. -Thomas L. Whigham 

 

LA ABOLICIÓN DE LA ESCLAVITUD EN EL PARAGUAY - Jerry W. Cooney 

 

LA RECONSTRUCCIÓN DE LA IGLESIA PARAGUAYA, 1841-1850. Jerry W. Cooney 

 

RELACIONES MATRIMONIALES Y EXTRAMARITALES EN PARAGUAY EN EL SIGLO XIX. - Bárbara Potthaat-Jutheit

 

EL RESURGIMIENTO DEL COMERCIO DEL TABACO: EL ALTO PLATA, 1940-1970. Thomas L. Whigham

 

EL ACUERDO PARAGUAYO-NORTEAMERICANO. LA CONTROVERSIA DE 1859: UNA REVALUACIÓN. Thomas O. Flickema

 

CONCLUSION. Thomas L. Whigham & Jerry W. Cooney

 

 

 

 

LA "NUEVA HISTORIA" DEL SIGLO XIX PARAGUAYO

 

En momentos en que la producción historiográfica local enfrenta una seria crisis, esta compilación de artículos de historia social, política y económica del período de Don Carlos realizado por grupo de investigadores norteamericanos y europeos plantea caminos nuevos a esta vieja ciencia.

Nuevos temas no "historizables" anteriormente, nuevos métodos, fuentes previamente inexistentes o no utilizadas, nuevos principios historiográficos: todos los elementos de la "Nouvelle Histoire" fueron empleados para el análisis de un período que parecía ya agotado por nuestros historiadores. Los resultados, llenando lagunas importantes en la investigación del Siglo XIX paraguayo, nos muestran al mismo tiempo lo vasto del campo a investigar.

Vida cotidiana, mentalidades, condiciones de vida de esclavos, hábitos y costumbres de las diferentes clases sociales, relaciones maritales y extramaritales, producción y comercialización de cultivos, interacciones de la Iglesia y el Estado sustituyen a las polémicas y desgastadas biografías de nuestros héroes, a la tediosa enumeración de "Obras del Superior Gobierno", al registro acrítico y desarticulado de la retórica dictatorial o presidencial. Con los nuevos "objetos" de observación, con esta aggiornada temática, la historia puede ahora convocar de un modo vivido, tangible, próximo, a nuestro pasado.

Fuentes hasta ahora subutilizadas o poco accesibles -Archivos del Vaticano, Actas parroquiales de bautismos y casamientos, documentos clasificados en la Sección Criminal del Archivo Nacional, Series demográficas de la Sociedad Genealógica de Utah, Diarios de navegantes norteamericanos- se agregaron, en estos trabajos, a la bibliografía secundaria tradicional autobiografías, investigaciones de historia, recopilaciones de Decretos, artículos de periódicos extranjeros, etc.

La "serialización" de información cuantitativa tampoco es muy conocida por la metodología clásica de nuestras investigaciones, basadas más bien en la recuperación y exégesis de fuentes cualitativas. Los números -revisados, ordenados, agrupados, estudiados en sus variaciones- nos narran eventos de larga duración sobre los cuales las palabras escritas no saben decirnos demasiado.

         Pero lo más llamativo en estos trabajos son quizá los presupuestos historiográficos diferentes, la perspectiva teórica utilizada. La historia paraguaya es percibida- e indagada- no ya como una serie de eventos / épocas que se suceden en el tiempo y provocan o comportan cambios más o menos abruptos, sino en la más elemental de sus características: la pesantez, la resistencia a las transformaciones, la tendencia a permanecer igual a pesar -o a través- de sus aparentes variaciones.

Historia profunda o de "longue durée", parsimoniosa, lenta, cargada de lastres, que parecería buscar -en su devenir- apenas la pervivencia de sus formas seculares. Es esa la historia sospechada, entrevista, recreada en estos artículos.

De algún modo, nuestra experiencia histórica reciente nos habituó a percibir de un modo peculiar las relaciones entre el Estado y la Sociedad. Aquel parecía actuar en ésta como sobre una masa lábil, pasiva y moldeable, vertiendo en continentes "vacíos" y receptivos sus políticas estructuradoras y ordenativas.

Los trabajos aquí compilados parten de presupuestos radicalmente distintos. Eso que dio en llamarse "sociedad civil", a través de sus distintos componentes -iglesia, campesinos, comerciantes, intelectuales, mujeres, trabajadores urbanos- es portadora de una historia que obedece a leyes, a hábitos, a tradiciones propias. Con derechos adquiridos, con espacios particulares. Sociedad que ignora o acepta, adapta o rechaza las propuestas de un Estado menos omnipresente de lo que un lector contemporáneo podría suponer.

Varían así los énfasis y los matices: la política no es ya una fuerza autónoma, forjadora o moldeadora de lo social o de lo económico. El Estado independiente se ve él mismo presionado, arrastrado por fuerzas seculares. No puede escapar a "leyes" anteriores, a tendencias insertas en la sociedad y en la economía tradicional sobre las que él pretende actuar.

La misma lógica tradicional es vista, no sólo en sus componentes coercitivos y estáticos, sino también como una estructura "natural", aprovechable -y aprovechada- por los paraguayos del siglo diecinueve para la defensa de sus intereses y la realización de su vida cotidiana.

Solo podemos esperar que esta prolífica corriente de la "Nueva Historia" continúe dando sus frutos. Y que nuestros historiadores -los europeos, los americanos y los paraguayos sepan encontrar un espacio común de discusión y de trabajo donde esto sea posible.

 

Milda Rivarola

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Al hablar de mediados del siglo diez y nueve, notamos qué los escritores de la historia del Paraguay se han concentrado casi exclusivamente en el carácter de los dos López. Ese énfasis es poco sorprendente. La política cultural del Paraguay había enfatizado por mucho tiempo la omnipresencia en modos de liderazgos y comportamientos autoritarios. Sin embargo, la historia de los paraguayos no puede concentrarse exclusivamente en los actos de sus gobernantes. Por más de tres siglos, echó raíces firmemente en el país, una modalidad de gobierno conservador y tradicional, meramente rural. La pasiva aceptación de esta situación fue tan agobiante, que la política de los gobernantes afectó poco el tenor de vida del ciudadano paraguayo. Los estudiosos que deseen una comprensión completa del Paraguay durante el siglo XIX, necesariamente tienen que mirar más allá de los acontecimientos políticos de las figuras representativas.

Con mucha frecuencia, los historiadores han supuesto que los cambios notables en la sociedad paraguaya han ocurrido durante el gobierno de Carlos Antonio López y su hijo. Sostenemos que dicha suposición refleja una tendencia común entre los historiadores de atribuir nociones de progreso del siglo XX a Carlos A. López, un hombre comprometido en muchos aspectos con patrones de política y decoro social más antiguos. Cuando los escritores citan como ejemplos el ferrocarril, la fundición de hierro de Ybycuí y los astilleros, proyectos de gran importancia asociados con el régimen de Carlos Antonio López, pasan por alto el hecho de que estos programas no ejercieron mucha influencia sobre la sociedad paraguaya tradicional. Tal "modernización" tuvo como objetivo principal la expansión del poder estatal comparado con otras naciones y básicamente, la protección del poder de López. Pensándolo bien, nos preguntamos si realmente estos proyectos han alcanzado siquiera al paraguayo de nivel medio.

La polémica que rodea a la persona de Francisco Solano López oscurece aún más el planteamiento. Su visita a Europa en el año 1850, lo expuso a una realidad muy diferente a la del Río de la Plata y nos cuentan que este hecho lo llevó a soñar innovaciones aún mayores para su país. Sin embargo, aun cuando la Guerra de la Triple Alianza no hubiese obstaculizado tales planes, dudamos que muchos de estos adelantos hayan podido realizarse, simplemente porque el Paraguay no era Europa y López no era Bismark o Napoleón III. Los estudios de otras sociedades latinoamericanas del siglo XIX han demostrado que los patrones tradicionales tenían vida propia y no es fácil desecharlos. Es necesario que los estudiosos reconozcan que el futuro siempre está ligado al pasado.

En ninguna parte esto es más obvio que en el ensayo de Whigham sobre Rosa Dominga Ocampos, una joven de Capiatá que enfrentó un desafío a su honor y encontró un tradicional - y no tan tradicional- modo de oponerse al desafío. Los procedimientos legales establecidos obraban a su favor, tanto que nos preguntamos si debería alguien acusara la antigua legislación de estar atrasada en el trato a las mujeres.

La fuerza de la tradición en el Paraguay puede también verse reflejada en la cuestión de la esclavitud. El ensayo de Cooney sobre la abolición de la esclavitud revela que, antes de ofrecer alguna ruptura radical del pasado, los estadistas prefirieron un enfoque extremadamente cauto. El gradualismo y paternalismo inherentes se manifiestan en la Ley de la Libertad de Vientres de Esclavas de 1842. Después de todo, la institución de la esclavitud estuvo tan profundamente arraigada en el Paraguay como lo estuvo en el Brasil. Y aunque el trabajo de esclavos no fue el sistema dominante como lo fue en el Brasil, tal servidumbre siempre fue aceptada por el pueblo como parte del orden natural de las cosas. Con poca presión externa o interna para eliminarla, la esclavitud duró más tiempo en el Paraguay que en cualquier otra república hispanoamericana.

El ensayo de Cooney acerca de la Iglesia paraguaya demuestra que la tradición fue activamente reforzada por el Estado en los años de 1840. Dicha institución, parte integral de la sociedad paraguaya desde su fundación, había decaído bajo el régimen del Dr. Francia. Después de su muerte, se convirtió de nuevo en la clave de la sociedad y en la fuerza espiritual en el Paraguay. Su rejuvenecimiento sirvió a los intereses del autoritario gobierno y al mismo tiempo, restituyó a las masas paraguayas, un respetado aspecto de su vida diaria.

Los intentos por reforzar la tradición, sin embargo, no siempre son exitosos, especialmente cuando una tradición choca con otra. Como en la mayoría de las sociedades, las costumbres amorosas practicadas en el Paraguay difirieron enormemente del ideal aceptado. Como Bárbara Potthast señala en su ensayo, la campaña del Dr. Francia contra la Iglesia y las élites locales debilitó la institución del matrimonio en el país. El concubinato y las uniones consensuales se volvieron más comunes, quizás hasta en el gobierno. Los intentos de Carlos Antonio López por restaurar el matrimonio como un baluarte del orden social resultaron menos exitosos de lo deseado. En este ejemplo, una actitud común entre las clases más bajas fue adoptada por las demás clases.

El Paraguay no permaneció indiferente a las influencias externas, particularmente en el aspecto económico. El país no tenía una real devoción por el aislacionismo, como Carlos Antonio López y su hijo bien lo sabían. Sin duda, la economía del Paraguay había estado ligada de modo directo a la mayor economía regional. Las ganancias provenientes de las exportaciones sostuvieron las actividades del gobierno al final del período colonial y habían enriquecido a una importante élite de comerciantes. Viendo el Paraguay retrospectivamente, notamos que los renovados contactos con el exterior a mediados del siglo XIX, no sólo fueron inevitables, sino realmente aconsejables en ese entonces y se oponían poco o nada a lo tradicional. Si la soberanía paraguaya hubiese sido respetada, el comercio pudo haber crecido sin ningún inconveniente, como se señala en el ensayo de Whigham sobre el comercio del tabaco de la zona Alta del Plata.

Casi al mismo tiempo, el Paraguay experimentó en 1850 los crecientes desafíos externos. Estos tomaron generalmente la forma de disputas fronterizas, agravios comerciales y tontos malentendidos diplomáticos. El episodio del Wáter Witch por ejemplo, ciertamente perturbó las relaciones del Paraguay con los Estados Unidos. Incluso, como Thomas Flicklema indica en su ensayo, la política moderada de Carlos Antonio López logró mejores resultados para su país que la obstinación abrupta y enfermiza de su hijo. Los preceptos que guiaron el comportamiento diplomático de López padre, reflejó claramente un modo tradicional de acción y un inminente éxito.

Cada uno de los ensayos siguientes ofrece un significativo y original panorama de la naturaleza de la vida tradicional paraguaya de mediados del siglo XIX. Ninguno en sí es definitivo; la historia social del Paraguay de esa era aún queda por ser escrita. Reuniéndolos, sin embargo, estos ensayos ofrecen una prueba elocuente de que el Paraguay tradicional funcionó de una manera sutil e intrínsecamente interesante.

 

 

 

LA ABOLICIÓN DE LA ESCLAVITUD EN EL PARAGUAY

Por JERRY COONEY 

 

La muerte del Doctor Francia en 1840 dejó al Paraguay en un estado de confusión, hasta que se formó en los primeros meses del año siguiente un Consulado. Este Consulado, políticamente dominado por el miembro civil, Don Carlos Antonio López, duró hasta el año 1844, fecha en que López alejó de su lado a su socio cogobernante, el oficial de ejército Mariano Roque Alonso; redactó una Constitución para la República y se proclamó presidente. Un análisis del pensamiento del Presidente López revela en él una mezcla del humanitarismo y autoritarismo español, un neo mercantilismo en los asuntos económicos y una cauta actitud reformista a los cambios tanto social como económicos (1). Esa cautela se revelaba en su actitud hacia el tema de la esclavitud en la República.

Durante el Consulado, la política tradicional de rehusar la devolución de los esclavos llegados al Paraguay como fugitivos a sus amos extranjeros pronto fue reafirmada y los esclavos del difunto Dictador fueron liberados (2). Pero éstas fueron consideraciones menores comparadas con la medida consular adoptada en 1842. En ese año, López convocó a un Congreso Extraordinario para aprobar diversas acciones del nuevo gobierno y durante dicha convocatoria informó a los delegados sobre un nuevo e importante decreto, por medio del cual los niños nacidos de madres esclavas ya no serían considerados esclavos.

Los primeros artículos de la nueva ley expresaban:

"Desde el primero de Enero del año entrante de mil ochocientos cuarenta y tres, serán libres los vientres de las esclavas y sus hijos que nacieren en adelante serán llamados libertos de la República del Paraguay. Quedan en la obligación los libertos de servir a sus señores como patronos de los libertos hasta la edad de veinte y cinco años los varones y las mujeres hasta los veinte y cuatro años".

Los tres artículos siguientes tratan de la obligación de los curas párrocos de bautizar gratuitamente a los libertos, proporcionarles funerales gratis y pasar al gobierno la lista de libertos pertenecientes a sus parroquias. Los artículos Seis a Nueve se refieren al trato que debía proporcionarse a las madres esclavas con niños libertos pequeños. En los mismos, se expresaba que era responsabilidad del patrón proveer de instrucción religiosa y si éste faltare a su deber de proporcionar un buen ejemplo moral o si tratare duramente a los libertos, se trasladarían los esclavos a otro amo. Los artículos Diez al Catorce regulaban el trabajo y el servicio que debía prestar el liberto a su anterior patrono luego de su emancipación, declaraban fuera de ley el comercio internacional de esclavos, regulaban la condición de los esclavos que entraban al Paraguay con sus amos y prohibían cualquier posterior admisión de esclavos extranjeros fugitivos (3).

El artículo que proscribía el comercio internacional de esclavos fue especialmente significativo. No existía una presión extranjera directa sobre el Paraguay, sin embargo, el artículo de la Ley de Libertad de Vientres pudo estar íntegramente inspirado en el ejemplo de las naciones vecinas. Por otro lado, es más bien sugestivo que Gran Bretaña en ese momento buscara implacablemente poner fin a este tráfico internacional. Don Carlos era probablemente consciente de la postura inglesa y preparaba las relaciones diplomáticas y comerciales con esa gran potencia. De cualquier manera, esta acción costó muy poco al Paraguay.

Casi al mismo tiempo que la promulgación de la Ley de Libertad de Vientres, el rechazo de asilo paraguayo a esclavos fugitivos estuvo sin lugar a dudas motivado por el deseo de evitar fricciones con su vecino país, el Brasil. Este era mucho más poderoso que el Paraguay y continuaba siendo, además, una importante nación esclavista. De cualquier manera, como habían entrado pocos esclavos fugitivos al Paraguay durante la dictadura de Francia, y la asimilación racial y cultural del negro había avanzado bastante hacia el año 1840, la eliminación del comercio internacional de esclavos y el rechazo a futuros asilos, significaba que la población paraguaya iba en pos de una creciente homogeneidad.

Junto con la promulgación de la Ley de Libertad de Vientres, el gobierno anunció que ciertos esclavos, patrimonio de la Tesorería Nacional (aquellos que habían sido confiscados anteriormente a las órdenes), fueran liberados inmediatamente, independientemente de la nueva ley. La república no tuvo intención de ignorar a estos "hombres libres" ni deseó que ellos se defendieran por sí mismos. En lugar de eso, éstos fueron mantenidos en las estancias donde habían trabajado anteriormente. Don Carlos demandó un trato humanitario a dichos esclavos, debido a la ya avanzada edad de los mismos (4). Luego de ese anuncio, el Congreso aprobó la Ley de Libertad de Vientres y los observadores extranjeros coincidían en que esta ley fue, en la generalidad de los casos, respetada.

Las disposiciones de la Ley de Libertad de Vientres reflejaban la política gradualista de Don Carlos, pero podía esperarse menos, teniendo en cuenta su cautela en esta cuestión. Su posición, sin embargo, fue más avanzada que el interés general del pueblo paraguayo en cuestiones de esclavitud y/o abolición. Alfred Demersay, un historiador francés que escribió sobre el Paraguay durante esta época, indicaba que el número relativamente escaso de negros y su no-participación durante la lucha por la independencia, no había alentado al gobierno ni a la población paraguaya a tomar mayores medidas para mejorar su suerte legal (5). . La participación de los negros en los movimientos de la independencia en otras áreas del Río de la Plata había conducido más rápidamente a la abolición.

Mas, ¿qué porcentaje de paraguayos fueron beneficiados con los reglamentos que concernían a la esclavitud en ese momento? ¿A qué número ascendían? Aún hoy existe mucha discusión acerca del número de la población de la nación en vísperas de la Guerra de la Triple Alianza, pero una cifra razonable podría acercarse aproximadamente a 400.000 paraguayos en 1864. Esa cifra fue extrapolada de un censo nacional realizado en 1846, que registro unos 240.000 paraguayos. Del mismo censo podemos identificar 17.181 negros o pardos (cerca del siete por ciento de la población total) en la República, del cual 7.866 (cuarenta y seis por ciento de la población negra) eran esclavos y 519 libertos, el resto obviamente eran pardos libres (6). En vísperas de la Gran Guerra, vivían en la república 23.000 a 25.000 negros de diferentes categorías civiles.

La disminución del porcentaje de negros en contraposición al resto de la población paraguaya de los últimos días de la era colonial (en 1782, los negros constituían cerca del once por ciento de la población total, treinta y siete por ciento de esa población negra eran esclavos) no se debió a la ausencia de inmigración de negros ni a una mayor tasa de mortalidad entre los mismos, sino más bien a su asimilación en la población paraguaya (7).

El aumento en el porcentaje de esclavos sobre otros negros fue resultado de una disposición gubernamental, según la cual los pardos libres o amparados de la vieja Iglesia, pertenecientes a las antiguas tierras de las comunidades religiosas, pasaban de ahí en más a ser esclavos del Estado.

A fines del año 1850, el término "pardo libre" había desaparecido del uso oficial. Algunos murieron simplemente de vejez; otros se habían mezclado en la población. Después de la independencia no se produjeron más casos de "amparados". Pero la mayoría de antiguos amparados y sus descendientes, aquéllos pertenecientes al Estado después de la confiscación de las propiedades monásticas por Francia, fueron simplemente considerados como esclavos del Estado durante el período de López. Los documentos oficiales de la época revelan el cambio en el uso de los términos "negro del estado" y "esclavo del estado" y constituyeron colectivamente la "esclavatura" de las distintas estancias estatales. (8)

El mayor dueño de esclavos o patrono de libertos fue la Tesorería Nacional Paraguaya, lo cual no era sorprendente dada la confiscación estatal anterior de las propiedades de la Iglesia y la promesa de Don Carlos de mantener la economía estatal heredada del Dr. Francia. Las estancias nacionales suministraban caballos, ganado vacuno, yerba mate, y otros productos agrícolas para la economía interna y el comercio exterior, mientras que en los obrajes del Estado los esclavos se dedicaban a la fundición de hierro, la fabricación de ladrillos, textiles y a la elaboración de artículos de madera. Tanto las estancias como los obrajes empleaban a los esclavos del Estado y a los libertos. Por otra parte, los ciudadanos particulares utilizaban a los esclavos y libertos en las tareas domésticas, como artesanos, jornaleros comunes y también en actividades agrícolas y de pastoreo. Aunque en una pequeña proporción de la economía paraguaya, el negro desempeñó un rol económico útil en esta nación durante la administración de Carlos Antonio López y dicha utilidad fue quizás otra razón para que la emancipación completa fuese dilatada.

Durante la década de 1840, Don Carlos abrió las puertas del Paraguay a los viajeros extranjeros y éstos coincidían en que la esclavitud en el país era más bien una institución social que económica. Aprobaron unánimemente el proceso de la Ley de Libertad de Vientres, aun cuando manifestaban serias críticas acerca de otros aspectos del gobierno de López. No obstante, mientras podría afirmarse que el tratamiento de esclavos y libertos en el Paraguay fue generalmente humano, se dieron algunos casos de amos muy violentos que maltrataban a sus esclavos, causando la huida de los mismos. (9) Podría haberse mejorado muchísimo el trato a los esclavos paraguayos, que recibían sin embargo un trato liviano comparado con la severa condición de la esclavitud en los Estados Unidos, Cuba o el Brasil durante el mismo período.

En el año 1850 el Paraguay confirmó de nuevo su rechazó al comercio internacional de esclavos en un tratado comercial firmado con Gran Bretaña en 1853. (10)    

Un aspecto internacional aún más importante de la esclavitud tuvo lugar en la misma década e involucró al Cónsul de Estados Unidos en Asunción, Eduardo A. Hopkins. Favorecido en un principio por Don Carlos, Hopkins provocó posteriormente las sospechas de este último y encontró trabas en sus planes con respecto al empleo de trabajadores paraguayos en sus variados proyectos de negocios. Después que el gobierno recibiera quejas concernientes al trato del americano hacia los trabajadores, Hopkins solicitó la compra de los esclavos del Estado. Esta solicitud fue la excusa que López había estado buscando para la cancelación inmediata del exequátur de Hopkins y su consecuente partida del Paraguay (11)

El presidente aprovechó este conflicto para delimitar conceptos sobre la esclavitud en el Paraguay. Declaró que ningún extranjero podía comprar esclavos en esta nación, que todos aquellos esclavos propiedad de extranjeros serían redimidos por la Tesorería Nacional y los mismos serían completamente libres. Unos días después, el gobierno explicó su proceder por sus "ardientes votos por el bien de cuantos tienen derecho a su protección paternal" y declaró que cada esclavo tenía en el Paraguay el derecho de solicitar un cambio de amos-lo cual sin duda había sido siempre la ley y la costumbre. Si el gobierno debía comprar la libertad de un esclavo, en vez de disponer un cambio de amos, nadie podría objetar, en ese caso, el buen uso del dinero público. (12) El gobierno de López procedió entonces a comprar y liberar esclavos de propiedad extranjera.

A principios de 1860, la impresión generalizada reinante entre los extranjeros fue que la esclavitud paraguaya era una institución decadente. Sin embargo, aún existía legalmente, mientras que todas las otras Repúblicas Hispano-americanas la habían ya abolido en una u otra forma. Esta dilación se debió en gran medida al enfoque gradualista de Don Carlos hacia los asuntos sociales. En la cuestión de la esclavitud, como en los asuntos de gran importancia durante los primeros sesenta años de la independencia, la política reinante fue, en la generalidad de los casos, conservadora; ya determinada anteriormente y con una escasa opinión pública (o con una uniforme opinión de la élite) que afectara las decisiones gubernamentales.

Carlos Antonio López murió en el año 1862 y fue sucedido por su hijo, Francisco Solano López. En un plazo de tres años la República se vio envuelta en una guerra contra Brasil, Argentina y Uruguay (13). Luego de algunos éxitos iniciales, el Ejército Paraguayo fue forzado a retroceder a la línea del Río Paraná en el año 1866. Comenzó entonces a experimentarse una severa escasez de hombres en estado de portar armas. A fines de la primavera de ese año, fueron canceladas las exenciones al servicio militar para diversos funcionarios del Estado y se ordenó a todos los oficiales locales incrementar el reclutamiento. En ese entonces, en respuesta a un oficial local, el Vice Presidente del Paraguay ordenó que no se aplique la política de reclutar esclavos pertenecientes a ciudadanos particulares (y aparentemente tampoco debían ser libertos que estuviesen bajo la autoridad de patronos privados). (14)

La situación militar del Paraguay empeoró rápidamente. Posteriormente, en 1866, el gobierno ordenó a sus funcionarios que nuevamente aceptaran en el servicio militar a esclavos y libertos. Los oficiales locales recibieron la orden de proceder "al enrolamiento de todo y cualquier hombre capaz de portar las armas" y enviar inmediatamente reclutas al ejército (15). De nuevo surgió la pregunta de si los esclavos estaban incluidos en este decreto, a lo que el Vice Presidente respondió:

"...se hace saber a las autoridades de campaña encargadas del cumplimiento de dicha orden que quedan comprendidos en ella los libertos todos, y los esclavos serán libertados por el Tesoro Nacional; a cuyo efecto los mismos funcionarios públicos formarán listas nominales de dichos siervos; con expresión nominal de sus dueños y las remitirán a la Secretaria del Gobierno para mandar abonar sus importes... "(16)

El alistamiento de los esclavos (que aseguraban así su emancipación) y los libertos, prosiguió con tanta prisa que frecuentemente los oficiales locales los presionaban a alistarse al servicio sin notificación a sus amos y sin consideración de las exenciones en los casos en que los esclavos fuesen necesitados por las familias al hallarse ya el sostén de ella en el frente (17). Como se deduce del alistamiento de esclavos y libertos en el partido de Villa Rica, probablemente pocos amos solicitaron compensación al gobierno por la "liberación" militar de estos negros. Consentimiento patriótico (forzado o no), los amos renunciaron formalmente a cualquier reclamo a la Tesorería Nacional y de esta manera vinieron de ese partido sesenta negros en tan sólo tres meses (18).

 Al mismo tiempo, alrededor de 6.000 esclavos y libertos de las estancias del Estado se alistaron también en el ejército (19). Indudablemente, los soldados negros compartieron el desastre que acarreara a la población esa guerra en la que tantos paraguayos perecieron. En realidad, es posible que cayeran proporcionalmente más negros que otros soldados, ya que existen indicios de que el Mariscal López los empleaba para las tareas más peligrosas (20).  Cuando, en 1870, el remanente del Ejército Paraguayo fue rodeado finalmente en Cerro Cora, López recibió valientemente la muerte exclamando "¡Muero con mi patria!" Lo mismo hubiera podido exclamar el negro paraguayo.

Durante la guerra, la población masculina de negros fue casi totalmente destruida en combate. Muchas de las viejas concentraciones de libertos o esclavos en los distritos rurales fueron también desarraigadas y dispersas. Si bien no existe una adecuada información que revele la magnitud del desastre que sobrevino a la población del Paraguay, un historiador ha compilado algunas estadísticas incompletas acerca de las tasas de mortalidad de los libertos en cuatro partidos rurales en 1868. Presentan un cuadro espantoso --tasas que oscilan de tres a uno hasta nueve a uno-- de muertes en relación a los nacimientos (20). Lejos de la zona de combate, la alta tasa de mortalidad entre los civiles se debió probablemente tanto a las enfermedades como al hambre. En enero de 1869, el Ejército Brasileño ocupó Asunción y lo que quedaba del ejército de López se retiró hacia el interior del país. El Alto Mando Aliado consideró que había logrado ya la victoria y entonces surgió la controversia sobre la política del Paraguay de la posguerra. El consejero José María da Silva Paranhos (posteriormente Vizconde de Rio-Branco) llegó a Asunción para solucionar los asuntos civiles del Paraguay ocupado, y posteriormente arribó el Comandante en Jefe, Conde d´Eu (esposo de la heredera al trono del Brasil) quien asumió el mando del ejército aliado. Ambos hombres jugaron un importante papel en la abolición de la esclavitud en el Paraguay.

La ocupación de la capital por los brasileños también significó el regreso de ciertos prominentes anti-Lopistas paraguayos. Algunos se habían opuesto, incluso antes la guerra, al régimen de López durante el exilio. Los otros eran individuos bajo libertad condicional y prisioneros de guerra liberados. Algunos fueron alistados en la Legión Paraguaya, una unidad de anti-Lopistas paraguayos que se unieron al Ejército Aliado. Estos grupos que regresaban formaron una comisión con el fin de obtener permiso de los vencedores para establecer un gobierno provisional. En Junio de 1869, los aliados permitieron la formación de dicho gobierno que reconocía completamente los derechos de los vencedores. Y el 5 de Agosto de 1869 se realizó en Asunción una reunión en la que se formó un Triunvirato para gobernar la república.

Mientras tanto, el Conde d´Eu eliminó lo que quedaba del ejército de López. En el interior del país notó que la esclavitud todavía existía; viejos, muchachos jóvenes y mujeres de todas las edades todavía seguían unidos legalmente a sus amos, ya sea como esclavos o libertos, aunque en ese momento los desastres de la guerra habían tornado ineficaz la esclavitud. Durante la campaña de los brasileños, no pocos paraguayos se presentaron ante los vencedores para declararse esclavos y pedir su libertad. A fines de 1869, el Conde d´Eu informó al Triunvirato sobre sus observaciones, afirmando en la misma carta que era el momento de que el nuevo gobierno iniciara un trato civilizado y humano, aboliendo la esclavitud (22).

El Triunvirato no tardó en someterse a los deseos del Conde, con la adhesión de Paranhos. Por supuesto, no podría suponerse que el Triunvirato se opusiera a esta medida--sino todo lo contrario. La presencia y la influencia de los paraguayos educados en el extranjero en los años 1850 y 1860 fueron resaltantes en este gobierno y la mayoría de ellos consideraba arcaica e inmoral la esclavitud. Un paraguayo prominente, opositor a López, y en exilio en Buenos Aires antes de que se iniciaran las hostilidades, había utilizado al comenzar la guerra el problema de la abolición para atacar al gobierno de Asunción. Este se refería a los negros de las extinguidas comunidades religiosas que habían sido puestos en libertad como "nuevamente esclavizados" por Carlos Antonio López (en realidad, por Dr. Francia). Exigía la "libertad a los esclavos particulares que sufren el repugnante yugo de la esclavitud, haciéndoles gozar los dones de la libertad a la par que los demás ciudadanos (23). Con la formación del Gobierno provisional en 1869, este afirmó en un ataque a los dos López que "El sistema bárbaro de la esclavitud, fue en vez de abolido, afianzado en toda su horrible condición" (24). El Triunvirato sostuvo naturalmente que la esclavitud era una reliquia del pasado perverso, anti-democrático y decretó:

"Desde hoy queda extinguida totalmente la esclavitud, en todo el territorio de la República. A los seis, meses de la promulgación del presente Decreto, será igualmente libre todo individuo cualquiera sea su condición anterior por el solo hecho de pisar el territorio paraguayo.

Abrase Registro en el Juzgado Civil de esta Capital, en que se consignará el sexo, edad, salud y aptitudes de los libres todos paraguayos, para ser justa y oportunamente indemnizados, los amos que se creyeron damnificados por el presente decreto.

Iguales Registros se abrirán en los Juzgados de Paz de los departamentos de campaña, con sujeción al de la Capital (25).

Aunque los libertos no fueron específicamente mencionados en el decreto, se deducía que ya no estaban sujetos a sus patronos y también quedaban completamente libres. Sin embargo, podría sospecharse que la aparente contradicción entre la primera y la segunda sentencia del primer artículo fue- premeditada, con el propósito de permitir a los brasileros que temporalmente poseían esclavos en la república el traslado de estos al Brasil. En ese entonces, la esclavitud se había extinguido en el Paraguay de modo trágico, así como casi todos los negros paraguayos de sexo masculino. Dada la confusión en los distritos rurales en 1869 y 1870, es simplemente imposible determinar cuántos paraguayos esclavizados fueron afectados por tal decreto. El Gobierno Provisional informó al Conde d´Eu de su acción, agradeciéndole su sugerencia de abolición y asegurando al comandante brasileño que ningún otro acto pudo haber complacido más al Triunvirato (26). Diversas celebraciones tuvieron lugar en Asunción para festejar el fin de la esclavitud. Los Registros establecidos de acuerdo al tercer artículo del decreto fueron abiertos en la capital y en los distritos rurales, con el resultado de que no hubo dueños de esclavos que solicitaran indemnización (27)

La institución de la esclavitud, como tantas otras instituciones paraguayas, fue destruida por la guerra y el Triunvirato no hizo más que emitir el acta de defunción. No obstante, ésta había sido la actuación de un gobierno provisional y fue considerada como acertada al reafirmarse la abolición en la nueva Constitución Paraguaya al año siguiente. El artículo 25 de la Constitución de 1870 expresaba:

"En la República del Paraguay no hay esclavos, si alguno existe queda libre desde la jura de esta Constitución, y una Ley especial reglará las indemnizaciones á que diere lugar esta declaración. Los esclavos que de cualquier modo se introduzcan, quedan libres por el solo hecho de pisar el territorio paraguayo (28).

Gran parte del lenguaje utilizado en este artículo fue copiado de la Constitución Argentina; y como aconteció con el Decreto del gobierno provisional de 1869, ningún propietario de esclavos se presentó a pedir indemnización.

La institución de la esclavitud en la República del Paraguay, luego de una existencia de 300 años en esta región, había muerto.

 

 

NOTAS

 

(1)Justo Pastor Benítez, Carlos Antonio López (Estructuración del estado paraguayo) (Buenos Aires, 1949), passiin y Julio César Chaves, El Presidente López: vida y gobierno de don Carlos (Buenos Airee, 1966), passiin.

(2)Cónsules de la República al Comandante de Itapúa, Asunción, 22 de julio de 1841 en José Antonio Vázquez, El doctor Francia, visto y oído por sus contemporáneos; (Buenos Aires, ef.), p. 841; y "Deliberaciones del congreso del año 1841", Asunción, 16 de marzo de 1841 en Héctor Francisco Decoud, La convención nacional constituyente y la carta magna de la república (Buenos Aires, 1934), pp. 11-16.

(3) Decreto sobre libertad de vientre de las esclavas, Asunción, 24 de noviembre de     1842 en República del Paraguay, Repertorio Nacional. 1842-1845 (Asunción, 1845?), No. 24, pp. 1-4.

(4)Mensaje del supremo gobierno de la República del Paraguay al soberano congreso nacional, Asunción, 24 de noviembre de 1842 y Aprobación del mensaje del    supremo gobierno de la República del Paraguay, Asunción, 26 de noviembre de 1842, ambos en República del Paraguay, Repertorio Nacional, 1842-1845 (Asunción, 1845), nro. 26 y 21, respectivamente.

(5) Alfred Demersay, Histoire physique, économique, et politique du Paraguay et des établissements des Jesuites (Paris, 1860-1865), 1, pp. 339-340.

(6) John Hoyt Williams, the Rise and fall of the Paraguayan Republic, 1800-1870 (Austin, Texas, 1979), p. 116.

(7) Anneliese Kegler Krug, "La población del Paraguay a través de los censos de Azara y Aguirre (1782-1792)", Revista Paraguaya de Sociología, 11:30 (1974), p. 199.

(8) Razón de trabajos en obrajes del estado en Tacumbú, 1852, en ANA-SH 305.

(9) Josefina Plá, Hermano negro: la esclavitud en el Paraguay (Madrid, 1972), pp. 157-158.

(10) Tratado entre Inglaterra-Irlanda y el Paraguay, Asunción, 4 de marzo de 1853 en Juan J. Livieres Argaña, Con la rúbrica del mariscal: documentos de Francisco Solano López (Asunción, 1970), II, p. 111.

(11) Harold F. Peterson, "Edward A Hopkins: A Pioneer Promoter in Paraguay", Hispanic American Historical Review, 22:2 (May, 1942), passim. Decreto del Presidente López, Asunción, 1 de septiembre de 1854 en El Semanario, 2 de septiembre de 1854, p. 2 y "Motivos de esta providencia", El Semanario, 2 de septiembre de 1854, pp. 1-2.

(12) Decreto del Presidente López, 29 de agosto de 1854 en El Semanario, 2 de septiembre de 1854, p. 2.

(13) Para el mejor estudio de los orígenes de esta guerra, ver Pelhan Horton Box, The Origins of the Paraguayan War (Urbana, I 11, 1927), dos volúmenes, passim. Para la guerra en sí, ver Augusto Tasso Fragoso, Historia da Guerra entre a Triplice Allanca e o Paraguay (Rio de Janeiro, 1956-60) cinco volúmenes, passim; y Efraím Cardozo, Hace cíen años (Asunción, 1971-1982), trece volúmenes, passim.

(14) Vice Presidente Francisco Sánchez al Comandante de Villa Rica, Asunción, 30 de mayo de 1866 y 8 de junio de 1866, ambos en ANA-CRB I-30, 6, 75.

(15) Vice Presidente Sánchez a todos los comandantes de partidos, Asunción, 6 de septiembre de 1866 en ANA-CRB I-30, 6,75.

(16) Vicepresidente Sánchez a todos los comandantes de partidos Asunción, septiembre de 1866 en ANA-CRB I-30, 6, 76.

(17) Juan Crisóstomo Centurión, Memorias o reminiscencias históricas sobre la Guerra del Paraguay (Asunción, 1944), II, p. 126 y Plá, Hermano negro, pp. 163-165.

(18) "Libertad a esclavos para ir al ejército", Villa Rica, septiembre-diciembre de 1866 en ANA-SH 349.

(19) Pla, Hermano negro, pp. 163-165.

(20) George Thompson, The War in Paraguay; with a historical sketch of the country and its people and notes upon the military Engineering of the War (London, 1869), pp. 119-120.

(21) Williams, Rise and fall of the Paraguayan Republic, p. 221.

(22) Marechal Conde d´Eu al Triunvirato del Paraguay, Arecutacuá, 12 de septiembre

De 1869 en Luis da Cámara Cascado, Conde d'Eu (Sao Paulo, 1933), pp. 106-108.

(23) Manuel Pedro de la Peña a Francisco Solano López, Buenos Aires, 29 de enero de 1866 en Manuel Pedro de la Peña, Cartas del ciudadano paraguayo Manuel Pedro de la Peña dirigidas a su querido sobrino Francisco Solano López, exmo. Señor presidente de la República del Paraguay (Buenos Aires, 1866), p. 39.

(24) Manifiesto del Gobierno Provisorio, Asunción, 10 de septiembre de 1869 en República del Paraguay, Registro oficial del gobierno provisorio de la República del Paraguay, años de 1869 y 1870 (Asunción, 1871), pp. 6-12.

(25) Decreto del gobierno Provisorio", Asunción, 2 de octubre de 1869 en República del Paraguay, Registro oficial, pp. 36-36.

(26) Gobierno Provisorio del Paraguay al Conde d'Eu, Asunción, 2 de octubre de 1869 en Campanha do Paraguay, Commanclo en Chefe de S. A. Sr. Marechal Exercito Conde d'Eu, Diario do Exercito (Rio de Janeiro, 1870), pp. 242-243.

(27) Héctor Francisco Decoud, Sobre los escombros de la guerra, 1869-1880 (Asunción, 1925), 1, pp. 386-387.

(28) Juan Carlos Mendonca, Constitución de la República del Paraguay y sus antecedentes. Constituciones de 1844, 1870 y 1940 (Asunción, 1967), p. 37. Todas las constituciones paraguayas han repetido desde entonces la prohibición de la esclavitud.         

(29) Félix Paiva, Estudios de la constitución del Paraguay (Asunción, 1926), 11, pp. 260-261.

 

 

 

RELACIONES MATRIMONIALES Y EXTRAMARITALES EN PARAGUAY EN EL SIGLO XIX

Por BÁRBARA POTTHAST-JUTKEIT

 

"En el fondo el drama paraguayo es un problema demográfico y, en su aspecto formal, un problema económico"(Benítez, 1959, 31). Esta frase de Justo Pastor Benítez entraña la creencia de que varias de las características actuales de la sociedad paraguaya son consecuencia de la "Gran Guerra", acaecida desde 1864 hasta 1870. La mayoría de los hombres paraguayos y numerosas mujeres'' y niños perecieron durante esta guerra, en la que Brasil, Argentina y Uruguay formaron un frente aliado contra Paraguay. La nación quedó en ruinas y según un censo de las fuerzas aliadas, solamente sobrevivieron 221.000 paraguayos, de los que 106.254 eran mujeres, 86.079 niños y sólo 28.746 varones (1). Paraguay llegó a ser conocido como "el país de las mujeres", no sólo por la superioridad numérica de la población femenina, sino también porque éstas realizaban la mayor parte -cuando no la totalidad- del trabajo; y al menos en opinión de varios visitantes masculinos, hacían todo lo posible para retener al hombre. El estereotipo del hombre paraguayo perezoso y la mujer laboriosa y disoluta persiste hasta hoy. La siguiente cita puede servirnos de ejemplo típico de tal imagen, que no sólo sustentan los extranjeros, sino también la mayoría de los paraguayos acerca de su propia sociedad:

"La historia apenas menciona a la mujer paraguaya, pero fue ella quien hizo del Paraguay una nación extraordinaria y quien la mantuvo unida cuando sus hombres casi habían conseguido destruirla.... La relación entre hombres y mujeres, tal como existe todavía hoy en día, es en gran parte el resultado de las condiciones provocadas por la guerra paraguaya.... El país estaba en bancarrota; incluso las vías normales del comercio estaban destrozadas y no había lugar para conseguir dinero vendiendo las cosechas. Ninguna industria sobrevivió. La anarquía política impedía incluso cualquier parecido á una recuperación económica. Las mujeres eran las únicas que trabajaban para alimentar a sus hijos o a los ancianos sobrevivientes. Cuando los muchachos crecieron y se convirtieron en hombres, la preponderancia de las mujeres sobre los hombres condujo a la actual, aunque no declarada, competencia por los pocos varones disponibles. Las mujeres se daban por satisfechas con trabajar para mantener a un hombre, incluso si éste lo único que hacía era columpiarse todo el día en su hamaca. ... Es así como el hombre rural paraguayo perdió el hábito de trabajar... Por esto no es sorprendente encontrar todavía una marcada evidencia de una sociedad matriarcal en el Paraguay-resultado de la historia y no de la sobrevivencia de costumbres primitivas." (Raine, 1956, 16/17) (2).

Los sociólogos y antropólogos modernos se muestran cuidadosos en no repetir esos estereotipos euro centristas acerca de la vagancia de los hombres, pero consideran, no obstante, diversos fenómenos tales como el machismo paraguayo, la estructura actual de la familia, caracterizada por gran cantidad de hogares encabezados por mujeres, nacimientos ilegítimos y uniones consensuales, atribuyendo todo ello -principalmente- al detrimento de la familia y la sociedad experimentado después de la Gran Guerra (Mendoza, 1970, 28; Rivarola, 1971, 88; Irala Burgos s.a., 53/54,.62/68). Incluso si algunos estudiosos reconocen que "un estudio sobre la composición social de nuestro país tiene que ser fundamentalmente una tarea de orientación histórica" (Castagnino, s.a., 17), la bibliografía sobre la historia social y demográfica, del Paraguay es escasa. Poro demás, la polémica„ discusión sobre la debacle producida durante la guerra ha dirigido su atención más hacia las pérdidas, globales de la población que hacia las estructuras familiares. A pesar de la existencia de algunos estudios cuidadosos, sobre la historia demográfica de Paraguay, sobretodo de finales del siglo XVIII, la cuestión del cabeza de familia y de la estructura familiar en los siglos XVIII y XIX en Paraguay está aún esperando una investigación detallada. Especialmente, el rico material que proporciona, el censo de 1846, crucial para la comprensión de la sociedad paraguaya de la preguerra, no ha sido suficientemente, investigados (3). Si, queremos, indagar más, acerca de los cambios producidos por la guerra paraguaya, es preciso saber cómo estaban constituidas la sociedad y la familia antes del cataclismo.

Este estudio sostiene que las estructuras familiares en Paraguay no son ni exclusiva ni principalmente el resultado de la confrontación militar o del consiguiente desequilibrio de los sexos. Ciertamente, la destrucción del Estado y de la sociedad de la preguerra agravó ciertas "irregularidades" en la estructura de la familia y reforzaron la importancia del papel desempeñado por las mujeres, pero éstas también tienen que haber dispuesto de una cierta independencia económica y social antes de la guerra. De otro modo, no hubieran podido conseguir salir adelante tan efectivamente durante y después de la epopeya nacional. Actitudes respecto al matrimonio y a la sexualidad están profundamente arraigadas y no resulta fácil removerlas con transformaciones económicas o demográficas y mucho menos sirviéndose de medidas políticas. Este estudio se centra en las décadas comprendidas entre la independencia paraguaya en 1811/1813 y el comienzo de la Guerra en 1864. La cuestión de posibles continuidades del período colonial no puede ser considerada en este contexto. Los cambios políticos, económicos y sociales por los que atravesó el país después de la independencia fueron tan profundos, que dado el estado de la investigación de la historia social y demográfica del- Paraguay, cualquier intento de comparación temporal resulta bastante arriesgado. No obstante, hay contundentes indicios que denotan continuidades, tal como se mostrará a continuación (4). Este estudio examina normas jurídicas y realidades sociales del matrimonio y de la sexualidad extramarital en el siglo XIX en Paraguay. Investiga los efectos producidos por tentativas de carácter político para modificar las estructuras familiares, examinando una muestra del material del censo de 1846, así como los registros bautismales y matrimoniales y las peticiones de dispensa de los impedimentos matrimoniales en años seleccionados. Utiliza registros de los tribunales y otras fuentes narrativas para ilustrar y ampliar los datos estadísticos.

 

TRASFONDO COLONIAL

 

A fin de comprender las condiciones existentes en Paraguay en el siglo XIX, resulta indispensable hacer un breve recuento de las peculiaridades de la conquista y del período colonial.

La colonización de la cuenca del Río de la Plata no partió del puerto de Buenos Aires, sino de Asunción, en el centro mismo de Sudamérica. Ello se debe principalmente al hecho de que en las fértiles riberas del río Paraguay, amigables indios guaraníes, semi-sedentarios, mostraron buena disposición para cooperar con los intrusos españoles, ganando así un aliado contra otras tribus indias de la zona.

De acuerdo a sus costumbres, los guaraníes cimentaron su alianza con los españoles entregando sus hermanas e hijas a los conquistadores. Ya que las mujeres guaraníes tenían a su cargo la mayoría de los quehaceres agrícolas, la "adquisición" de mujeres implicó igualmente obtener una fuerza laboral, asegurando la propia subsistencia. Así pues, los españoles intentaron "adquirir" tantas mujeres como fuera posible. Estos hechos, junto con las actitudes naturales de la población autóctona respecto a la sexualidad y los desarraigos propios de la conquista, contribuyeron a que en seguida el país llegara a ser conocido como "el paraíso de Mahoma". Como escribió un sacerdote,

"Es el... caso muy en favor de Mahoma y su alcoran y avn me paresce q vsan de mas libertades pues El otro no se estiende mas de asiete mugeres yaca tienen algunos ASetente digo a Vra. Sª ill. Mª q pasa ansi q el Cristiano qsta contento con quatro yndias espor q no puede aver ochco y el q con ocho por q no puede aver diez yseys" (5).

La explotación sexual de las mujeres conquistadas no era en absoluto una excepción. Lo que sí era excepcional, es el hecho que esta forma de mezcla racial estaba socialmente aceptada y persistió incluso entre las clases altas durante varias generaciones. El ejemplo más conocido es el del conquistador y durante largo tiempo gobernador Martínez de Irala, quien casó a sus hijas mestizas ilegítimas con sus oficiales. Posteriormente las mencionó tanto a ellas como a sus madres en su testamento, un acto que equivale a la legitimación.

Contrariamente a Hernán Cortés o los hermanos Pizarro, los conquistadores del Paraguay no tuvieron la oportunidad de enriquecerse y progresar socialmente, casándose con la nobleza española, ya que el país carecía de metales preciosos u otros bienes exportables. Así pues, la mayoría de los conquistadores del Paraguay permanecieron en América. Debido a que muy pocas mujeres españolas se aventuraron a trasladarse a la ruda sociedad fronteriza, a los españoles residentes en el Paraguay no les quedaba otra alternativa que vivir o casarse con indias o con mujeres indio españolas. Este proceso condujo a la formación de una aristocracia local que difícilmente podía responder a los requisitos españoles de pureza de sangres (6).

Esta élite criolla, fortalecida con unos escasos comerciantes peninsulares establecidos allí, permaneció en el poder hasta la independencia. Por supuesto que se amoldaban superficialmente a las actitudes sociales y morales españolas, pero parece que éstas no estaban profundamente arraigadas. Debido a la proximidad de las mujeres guaraníes, las costumbres indias se incorporaron a la sociedad hispano-paraguaya, de las que la lengua guaraní es la más obvia. Además, la situación fronteriza contribuyó a superar la rigidez de la sociedad española de castas. Un oficial español que inspeccionó el país a finales del siglo XVIII describió la situación como sigue:

"Hemos visto en el capítulo XII que uno de los medios empleados por los conquistadores de América para reducir y sojuzgar a los indios fue hacerlos españoles. Estos mestizos se unieron en general los unos con los- otros porque iban a América muy pocas mujeres europeas, y son los descendientes de esos mestizos los que componen hoy en el Paraguay la mayor parte de los que se llaman españoles. ... Los indios sometidos o convertidos no ponen para sus alianzas, ninguna atención en el color, ni en el estado del pretendiente, ni en su libertad o esclavitud. Aunque los negros, los mestizos y los mulatos se encuentran casi en el mismo caso, se observa, no obstante, que recíprocamente se dan alguna preferencia y que de la raza india es de la que hacen menos caso, salvo cuando se trata de esclavos, que prefieren las indias, porque así sus hijos son libres..."

El observador español, después de mencionar lo que en su opinión era una completa decadencia moral de las mujeres indias y mulatas, describió la situación en una estancia rural.

"Cada rebaño tiene un capataz, acompañado de un jornalero por cada millar de vacas. El capataz es ordinariamente casado, pero los otros son muchachos, a no ser que se trate de negros, de gentes de color o de indios cristianos desertores de algún pueblo, porque éstos están generalmente casados y sus mujeres y sus hijas sirven de ordinario para consolara los que no lo están. Se da tan poca importancia a este asunto, que yo no creo que ninguna de estas mujeres conserve su virginidad pasada de ocho años. Es natural que la mayoría de las mujeres consideradas como españolas que viven en los campos, entre los ganaderos, usen de igual libertad, y también ordinariamente el padre y toda la familia duermen en la misma habitación". (Azara, 1943, 169/0, 188)

 

EL MATRIMONIO BAJO EL RÉGIMEN DEL DR. FRANCIA

 

A comienzos del siglo XIX y como consecuencia de las guerras napoleónicas en Europa, Paraguay, al igual que otros países de la América española, proclamó su independencia. En el caso de Paraguay la independencia tuvo que ser defendida no tanto contra España, sino más bien contra Buenos Aires que reclamaba la soberanía sobre todas las provincias del virreinato. Al principio el poder estaba en manos de la Junta, cuyos miembros provenían de la élite criolla. Sin embargo, en 1814, en un momento crítico del movimiento independentista, un miembro provisional de la Junta, el abogado Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, de origen más humilde que la mayoría de sus colegas, fue proclamado Dictador de la república. En un principio se trató de una medida provisional para asegurar la independencia, pero después de dos años en el poder, Francia se hizo proclamar Dictador perpetuo y gobernó el país firmemente hasta su muerte en 1840. El fascinante y polémico Dr. Francia dio absoluta prioridad a la custodia de la independencia por encima de todo objetivo político. Esto significó, entre otras cosas, la ruptura con el poder de la élite de comerciantes, orientada a la exportación y dominada por españoles y porteños y, por lo menos en opinión del ilustrado Dr. Francia, la reducción del poder de la Iglesia Católica. A fin de lograr el primer objetivo, el Dictador clausuró los puertos del país y sólo permitió un comercio y una emigración limitada y controlada en uno de ellos. (Chaves, 1958; Kahle, 1962; White, 1978).

Sin embargo, más importante para lo que nos concierne, fue la medida que tomó mientras era todavía uno de los dos cónsules de la República. El 1 de marzo de 1814 prohibió a todos los europeos casarse con mujeres de origen europeo, es decir, de descendencia española, indistintamente, sean de las clases más bajas o más altas. En caso de infringimiento, tanto los europeos como los sacerdotes que hubieran celebrado tal enlace, estaban amenazados con la confiscación de sus propiedades y el encarcelamiento. El mismo castigo se aplicaría en caso de seducción entre europeos si este acto implicaba el obligarse al matrimonio. A los españoles se les prohibió también actuar como padrinos (Kahle, 1962, 283-87; Chaves, 1958, 158; Rengger, 1835, 92 f, 140). Si los españoles querían contraer matrimonio estaban obligados a hacerlo con mujeres indias, mulatas o negras, lo que equivalía al completo desmoronamiento de su posición social, ya que el honor de un español en la sociedad latinoamericana todavía dependía en gran medida de su matrimonio con una mujer blanca (Konetzke, 1983, 112-120) (7). Al principio esta ley sólo se aplicaba a los europeos recién llegados a Paraguay, pero después concernió a todos los europeos, independientemente de cuánto tiempo hubiesen residido en América e incluso a personas de otros países latinoamericanos.

Aparte de esto, la vieja ley española que prohibía el matrimonio entre las castas sin una licencia especial siguió vigente. Si consideramos que hasta 1825 los miembros del ejército paraguayo también tenían que solicitar un permiso del Dictador si deseaban casarse, resulta evidente que Francia ejerció un cierto control sobre la formación de las nuevas familias, no sólo de la élite local, sino sobre la mayor parte de la población en general. El matrimonio se convirtió en un asunto fastidioso y complicado.

Por otra parte, la política eclesiástica de Francia agravó la situación. Rompió las relaciones con Roma y con la arquidiócesis de Buenos Aires y en 1819 depuso al último obispo colonial, Pedro García Panés (8). Cinco años después suprimió todas las órdenes religiosas y confiscó sus propiedades. Al mismo tiempo clausuró el Colegio Seminario de San Carlos, la única institución de educación superior que formaba en todo el país al clero nacional:

"Se mofaba y menospreciaba a la iglesia, tachándola de institución corrupta e inútil y apenas la toleraba como un instrumento del Estado, pero hizo poco para convertirla en un instrumento efectivo. En los últimos años de su régimen ésta carecía de dirección y estaba completamente subordinada al antojo del Dictador, desmoralizada e incapaz de proporcionar el clero a incluso la mitad de las parroquias de la nación" (Cooney, 1984, 239).

Esto significa que incluso las personas que deseaban contraer matrimonio y a quienes les estaba permitido hacerlo de acuerdo  con la ley de Francia, tropezaban con diversos obstáculos si querían llevar a la práctica su propósito. Sin embargo, a la mayoría de la gente de las clases bajas esto le resultaba indiferente. La procreación y el entrecruzamiento racial se habían estado llevando a cabo durante mucho tiempo fuera del matrimonio. Más allá de los pueblos de las Misiones, la incidencia de la Iglesia nunca había sido significativa en el Paraguay. El aspecto económico del matrimonio, probablemente el factor más importante del decreto de Francia para los europeos, no preocupaba a los paraguayos que no pertenecían a la élite nacional. Estos eran demasiado pobres para ocuparse de problemas hereditarios o de cómo enriquecerse a través de un ingenioso enlace matrimonial (9).

Otro factor importante que debilitó la institución del matrimonio era la ausencia transitoria de la mayoría de los hombres paraguayos de sus hogares y el hecho que las mujeres tuvieran que ocuparse de sacar adelante a la familia y a los hijos. Los hombres que trabajaban en las estancias permanecían fuera durante largas temporadas ocupándose del ganado. Otros trabajaban en los inaccesibles yerbales recogiendo y procesando el té paraguayo, el más importante -si no el único- producto de exportación. Por lo demás, la mayoría de los hombres tenía que servir en el ejército. Las mujeres, casadas o solteras, nunca tenían la certeza que después de tales ausencias sus hombres regresarían o que entretanto no hubiesen tomado otras mujeres.

Se alega que Francia, a cambio de haber debilitado el matrimonio eclesiástico, estableció algo similar al matrimonio civil, cuando en 1824 decretó que todos los matrimonios celebrados únicamente por un sacerdote sin la aprobación de una autoridad civil quedaban declarados inválidos. Yo no interpreto el decreto en tal sentido. El matrimonio siguió siendo una cuestión religiosa y la medida estaba más dirigida contra el desobediente clero paraguayo que contra la institución religiosa (Kahle, 1962, 291; Chaves, 1958, 309; Báez, 1908, 400; Wisner, 1957, 120/121).

Como quiera que sea, es claro que la política anticlerical (no antirreligiosa) y la xenofobia del Dr. Francia, tuvo el efecto secundario de debilitar la institución matrimonial. Esto puede verse claramente en el rápido crecimiento del ya alto porcentaje de ilegitimidad durante este período. En la parroquia de la Encarnación, una de las cuatro de la capital, el porcentaje de hijos naturales alcanzó el 51% en 1818 y 1819. En los dos años siguientes aumentó al 56% y 64% respectivamente. En 1835/36 se elevó a más del 79%. En otros lugares los porcentajes no eran tan extremos, pero aumentaron también drásticamente. A la muerte del Dictador la ilegitimidad se elevó del 37% al 54% en Villa Rica, del 33% al 50% en el septentrional pueblo de Horqueta y en la antigua misión de Santa Rosa del 28% en 1818 llegó al 35% (Véase más adelante el cuadro 3).

El matrimonio y la legitimidad también se vieron afectados, entre la élite, aunque el intento de Francia de destruirlos sólo tuvo un éxito parcial. Económicamente sí obtuvo éxito, aunque no en sus intenciones de completar el ya intenso entrecruzamiento racial de la población paraguaya. Numerosos miembros de la vieja "aristocracia", si no estaban encarcelados, habían sido desterrados por el Dictador a las regiones remotas o se retiraron voluntariamente a las estancias en el campo, intentando vivir allí lo más discretamente posible. En vez de casarse con muchachas indias o mulatas, vivían simplemente en uniones consensuales o visitando a las mujeres con las que no les estaba permitido casarse. Una vez más, el concubinato llegó a ser aceptado incluso entre las clases altas de la sociedad paraguaya.

Aparentemente la élite criolla también asumió esta norma. Les estaba permitido casarse entre sí, pero pertenecían al mismo grupo social que los europeos. Así pues, la cantidad del ya escaso número de posibles contrayentes matrimoniales aceptables disminuyó. Por lo demás, la mayoría de ellos podían contarse entre los enemigos políticos del Dictador. Por tal motivo y a fin de no llamar la atención de ningún tipo, probablemente prefirieron no solicitar licencias matrimoniales.

Los efectos de la política del Dr. Francia pueden verse en las reacciones de la élite local después de su fallecimiento, en 1840, cuando los antiguos enemigos del Dictador "salieron a la luz" de nuevo y solicitaron autorización para ocupar sus anteriores funciones y para casarse (10).

En 1847, es decir, varios años después de la muerte de Francia, un jesuita que llevaba en el país algunos años intentando rehacer las viejas Misiones, defendió ante su superior a un joven paraguayo que deseaba ingresaren la orden, con las siguientes palabras.

"Pertenece a una de las familias más distinguidas, y en la que el Dictador Francia había prohibido todo matrimonio. La madre murió viviendo aún el Dictador, por cuyo motivo no se pudieron legitimar los hijos. En el Paraguay hay muchos casos semejantes, y he observado que ni en lo civil ni en la opinión del pueblo son notados tales hijos" (11).

 

LA PROMOCIÓN DE LA MORAL PÚBLICA DURANTE LA PRESIDENCIA DE LÓPEZ

 

Después de la muerte de Francia en 1840 y de año y medio de un confuso gobierno militar, un congreso en Asunción eligió a dos cónsules para gobernar el país durante tres años. El representante militar, coronel Mariano Roque Alonso, fue rápidamente puesto a un lado por el talentoso civil Carlos Antonio López. López había estudiado filosofía y teología en el entonces Colegio de San Carlos, habiendo recibido las órdenes eclesiásticas menores. Sin embargo, nunca fue ordenado y prudentemente contrajo matrimonio dentro de una de las familias más pudientes del país, aunque su origen era más humilde. Después de practicar jurisprudencia durante algunos años en Asunción, López se retiró a las propiedades de su esposa en el campo, regresando a la capital al fallecer el Dictador. Elegido cónsul, su educación y formación pronto, resultaron indispensables para los inexpertos oficiales militares y rápidamente se convirtió en el dirigente de facto. Al final de su consulado en 1844, López se hizo elegir presidente vitalicio por otro congreso. Como, su predecesor Francia, dominó con firmeza la política paraguaya durante dos décadas hasta su muerte en 1862, aunque guardando las apariencias constitucionales a lo largo de todo su mandato.

La política de López podría caracterizarse como de mesurada modernización. Reabrió el país al comercio y a la inmigración y contrató a expertos extranjeros para la construcción de uno de los primeros ferrocarriles en Sudamérica, de una fundición de hierro y para revitalizar las instituciones intelectuales y culturales en Asunción. En diversos aspectos de la vida política y social, López introdujo en la sociedad paraguaya las ideas liberales por entonces en boga. Decretó la libertad de vientres, el primer paso para la abolición de la esclavitud, y revocó el status especial de las comunidades indias (12).  El proyecto de modernización también incluyó la promoción de lo que usualmente se llamaba la "moral pública", la normalización de las relaciones con la Iglesia y la reorganización de la educación superior (Mensajes, s.a.; Pérez Acosta, 1948; Chaves, 1955; Cooney, 1983; Peters, 1984).

Sin embargo, esta política no significó una disminución del poder estatal sobre la sociedad. La política de López con la Iglesia insistió siempre en que ésta estuviera bajo los auspicios nacionales y en su sumisión a la autoridad estatal (13). Reanudó las relaciones con Roma, pero se aseguró que su hermano Basilio fuera nombrado obispo. También revitalizó el seminario, de modo que nuevamente pronto hubo sacerdotes paraguayos a disposición, y él y su hermano, el obispo Basilio, intentaron poner fin a los peores abusos e irregularidades entre el clero de moral relajada y teológicamente ignorante o indiferente (14).

No obstante, el matrimonio siguió siendo un asunto político. Carlos Antonio López no abolió las leyes matrimoniales de su predecesor Francia, ni las antiguas leyes españolas referentes al matrimonio entre distintas castas. Únicamente las modificaba cuando permitía a los extranjeros casarse con paraguayos, si éstos estaban en poder de una licencia otorgada por el presidente (15). La diferencia principal era que ahora casi todas las solicitudes recibían una respuesta positiva.

El 27 de junio de 1842 Carlos Antonio López emitió un curioso decreto que pretendía fomentar la moral pública. Aconsejó a las autoridades en las áreas rurales, es decir, los jueces de paz, los oficiales militares y los celadores, que velaran por las "buenas costumbres" en sus distritos. Esto implicaba expulsar a los intrusos, residentes de otros distritos que no estuvieran en posesión de una licencia para cambiar de localidad o cuya licencia hubiese caducado y poner a trabajar a todos los vagos y mal entretenidos". Finalmente, y lo más importante para el tema que nos ocupa, indujo a las autoridades a que obligasen a todos los "amancebados públicos" a cambiar su vida escandalosa (16).  A los jueces también se les instó a que reunificaran a los esposos que vivían separados sin haberlo solicitado o que no hubiesen obtenido de la iglesia una separación oficial. A finales de septiembre de 1842 y desde entonces regularmente, se obligó a las autoridades a informar dos veces al año acerca de la ejecución de este decreto (17).

Estas medidas del cónsul y después presidente Carlos Antonio  López fueron concebidas para "reparar" los efectos de la política de Francia. A la vez que López reconstruía las iglesias deterioradas del país y establecía leyes para una administración más moderna de la justicia, trató de contrarrestar los efectos de la política de Francia respecto a la iglesia y la familia. Como hemos visto en el caso de las leyes matrimoniales del Dr. Francia, sus medidas tuvieron consecuencias de gran alcance para esta institución y la actitud respecto al matrimonio, incluso en aquellos sectores de la sociedad que quedaban al margen de tales medidas. Aunque Francia no pretendió atacar al matrimonio en sí, sus medidas promovieron la unión libre y otros tipos de relaciones sexuales extramaritales. El decreto de Carlos Antonio López estaba directamente dirigido a solucionar estos problemas, pero mi hipótesis es que resultaba mucho más difícil imponer en Paraguay la idea cristiana de toda una vida en monogamia que el debilitar tal norma.

¿Y qué pensaban los paraguayos de este decreto altamente moral que se oponía a tantas costumbres de su país? Desafortunadamente, la opinión de las mujeres sobre esta medida debe dejarse a la pura especulación, (18) pero disponemos de un interesante informe de un juez local, que sentía que él y la autoridad del Estado resultaban minados por los comentarios irrespetuosos de algunos hombres, quienes a pesar de la tradición autoritaria del país, cuestionaban tal disposición y bromeaban acerca de sus extrañas medidas. El juez comisionado general y jefe de urbanos en San José de los Arroyos, un pequeño pueblo en el centro del Paraguay, informaba:

"Por cuanto el diez y siete del corriente mes de Julio, ocho días después de haber publicado el Supremo Decreto circular de veinte y siete de Junio próximo pasado en una reunión, que de nuevo hice para determinar, y activar la observancia del citado Supremo Decreto, amonestando entre los contenidos de los otros artículos en presencia del concurso a los Celadores, Sargentos y Cavos la intolerancia, y vigilancia sobre los amancebados públicos, para darme cuenta de ellos, levantó osadamente la vos Juan Crisóstomo Campos, y profirió las palabras siguientes `mire Usted, Señor, que hay muchos mozos honrados, y servidores de la Patria; no quiera Usted no mas por dicho de los Celadorcillos ignorantes proceder contra estos, pueda que no entiendan cuales sean los amancebados públicos, y muy bien pueden por pasión denunciar'.

El juez respondió que eso era asunto suyo y que él era suficientemente competente. Ordenó disolver la asamblea. La gente entonces empezó a comentar que "Estos Cavos son muy tontos, y peor es andar con alguna burra,... se nos prohibe tratar con mugeres; pero es peor, que nos denuncien de haber tratado con bacas... Ya sabemos cómo hemos de andar. Saltaremos en ancas de cualquier yegua" (19). Estos y comentarios similares provocaron la risa general que el juez interpretó como escandalosa y sediciosa. Pero no todo eran bromas acerca tales medidas tontas. Juan de Dios Enciso estaba preocupado: "Esto está muy mal. Si tienen orden de denunciarnos han de acabar de fundir." La reacción de estos hombres que, de alguna manera, constituían las autoridades del pueblo, muestra lo extraño que les parecía tal decreto y hasta qué punto las relaciones sexuales extramaritales formaban parte de la vida paraguaya.

Al discutir sobre la "estupidez" de algunos "zeladorcillos" los hombres de San Juan de los Arroyos hicieron una pregunta inteligente que es crucial para entender el problema del concubinato y las uniones de visitas en este país. Preguntaron al juez qué quería decir exactamente amancebados públicos. Cuando éste respondió "aquellos que tienen sus amigas en sus casas, o por mes ó por semanas", la mayoría de ellos pareció satisfecha. Estaban preocupados porque muchos de los "mozos honrados" podrían ser denunciados por celadores "mal informados" aunque habían sido discretos en sus asuntos y ahora caerían en deshonra. Estaban asustados porque un celador había ordenado confeccionar una lista de todas las mujeres solteras que tenían hijos "hasta las que tuviesen solo, una , diciendo que aun estas debían ya conceptuarse por amancebadas públicas".

Estas reacciones dejan entender que la mayoría de los hombres paraguayos tenían algún tipo de relaciones extramaritales, pero que el concubinato, es decir, la residencia permanente de una pareja bajo un mismo techo sin estar casados, no estaba muy extendido (20). El análisis del censo paraguayo de 1846, que a continuación se tratará, corrobora esta hipótesis. Este muestra un gran porcentaje de hogares encabezados por mujeres que vivían con sus hijos y sus nietos y otro tipo de familias incompletas, tales como hermanas adultas que vivían juntas, a veces con sus correspondientes retoños.

Es preciso señalar que estos datos podrían ser considerados como una consecuencia del decreto en cuestión, asumiendo que muchas personas en vez de casarse, bajo la presión de las autoridades, se separaron. En tal caso, el efecto del decreto matrimonial habría sido contraproducente. Algunos hombres ciertamente abandonaron a sus concubinas e hijos. Sin embargo, en la mayoría de los casos la gente acabó casándose si el juez les urgía a ello, o sr el juez ponía a la mujer "en depósito", es decir, en otra familia que cuidaba de su comportamiento, y para la que por supuesto, tenía que trabajar. A los hombres sólo se les "amonestaba" y, en caso de desobediencia, eran enviados a vivir a otro lugar (21). Las siguientes citas pueden servir de ejemplos típicos de los informes de las autoridades. Después de explicar las medidas tomadas contra los jugadores, ladrones y vagabundos, el juez de Ajos hace el siguiente recuento:

"Con igual vigilancia, y zelo hé activado las Providencias conducentes al remedio de los publicos amancebados, amenazandolos con el supremo desagrado en caso de alguna renuencia. El auxilio de los Sargentos, Cabos, y Celadores ha cooperado bastante á depurar el Partido de este crimen, pasando á matrimoniarse los más de los comprenhendidos en él".

Otros jueces no se preocupaban de atemorizarlos primero. José María Ibáñez, juez de paz en Quiquió informaba:

"Há resultado que solamente se me denunciaron algunos amancebados, que inmediatamente mandé separar de esta mala vida, apartando a las mancebas de la ocasión próxima, y entregándolas á personas de buena conducta" (22).

Durante los veinte años siguientes los jueces siguieron dando parte al Estado en sus informes semestrales (y más tarde trimestrales), haciéndose mención a la moral pública en sus distritos. Sin embargo, a dos o tres años de emitida la provisión, estos informes se referían normalmente a ladrones, vagabundos o al estado de las cosechas y apenas aludían a los concubinatos. Cuando lo hacían era más bien una referencia general de que la ley y el orden prevalecían en el distrito. Parece que la medida de 1842 sólo tuvo efectos limitados.

 

MATRIMONIO E ILEGITIMIDAD

 

Actitudes profundamente enraizadas hacia el matrimonio y la sexualidad no pueden erradicarse con meras medidas políticas o legales. Sin embargo, supongo que una política como la llevada a cabo por el Dr. Francia, que debilitó la presión institucional sobre la población (23) y favoreció la promiscua actitud paraguaya hacia la legitimidad, pudo ser más efectiva que la de Carlos Antonio López, que intentó oponerse o corregir tales disposiciones. Si esto es cierto, el crecimiento del porcentaje de ilegitimidad, como se ha observado durante el período del primer dictador, tendría que disminuir por cierto tiempo durante la presidencia de Carlos Antonio López, pero no tan rápidamente como creció anteriormente, ya que el número de matrimonios debería haber aumentado. También tendríamos que poder observar una diferencia entre las estructuras familiares y el porcentaje de ilegitimidad en distintas regiones del país, especialmente entre la capital y algunas zonas fronterizas y los antiguos pueblos de las Misiones, donde la influencia de los jesuitas todavía podría dejarse sentir.

Debido a la situación irregular de la Iglesia en el Paraguay, tanto los registros matrimoniales como los bautismales presentan varias deficiencias. Los registros matrimoniales-están muy mal conservados. Esto puede ser debido a la escasez del clero en la primera mitad del siglo XIX, que sólo se preocupó de los bautismos, más importantes, pero también corrobora la escasa importancia y el bajo prestigio que el matrimonio tenía. El otro problema es que sin disponer de datos sobre la totalidad de la población, resulta difícil deducir cambios en las uniones "de visitas" o libres.

Se ha comprobado la cantidad anual de matrimonios en cuatro registros locales. En Asunción (parroquia de la Encarnación) y (en menor grado) en Villa Rica, las dos ciudades más importantes del país, se observa un ligero incremento en 1840, inmediatamente después de la muerte de Francia. En la segunda mitad de los años 1840, las cifras disminuyen a los niveles anteriores (cuadros 1, 2). Esto ratifica la reflexión de que los miembros de la vieja élite tan sólo esperaban la muerte del Dictador para poder volver a casarse. Villa Rica era el centro del Paraguay rural, donde numerosos miembros de la vieja élite de comerciantes poseían tierras y a donde se retiraban si no podían permanecer en la capital. En Santa Rosa y Concepción no se verificó ningún aumento en esos años. Concepción era una remota ciudad fronteriza, un lugar para exiliados, cazadores de fortuna y pobladores inducidos por el Estado. Santa Rosa, en Misiones, se vio más afectado por la abolición del status privilegiado de los pueblos indios que por cualquier otra medida política de la época, tal como se desprende del rápido incremento de la ilegitimidad. Así y todo, no quiero fiarme demasiado de estas fuentes ya que parecen ser deficientes y los resultados no, son tan inequívocos como para ignorar sus fallas.

Los registros de bautismo ofrecen resultados más consistentes, aunque también son incompletos. Por ejemplo en Villa Rica entre 1821 y 1830, el cura residente no podía celebrar el sacramento porque se quedó sin óleo bendito y la sede obispal que se lo suministraba estaba vacante (24). La falta de sacerdotes en los años cruciales de mediados de siglo condujo a que en algunas parroquias se efectuaran bautismos en masa una o dos veces al año cuando un sacerdote de una parroquia vecina iba de visita, como en Horqueta a principios de los años 1840. En muchas de las otras parroquias, el registro y la confirmación de los bautizos, que normalmente tenían lugar en la casa inmediatamente después del nacimiento, se llevaban a cabo a menudo un año o más después. De todas formas, a finales de la década la situación se normalizó.

No obstante, los resultados que proporcionan los datos de los bautismos son tan obvios, que podemos desechar estas imperfecciones. En Santa Rosa, anteriormente una Misión jesuítica, la ilegitimidad creció del 28% en 1820 a cerca del 36% en los años 1840, y al abolirse la condición de -pueblos indios, las cifras finalmente alcanzaron el 56% en 1858. En la ciudad fronteriza de Horqueta las cifras fueron desde un principio más elevadas.; Del 33% en 1818-1821 se elevaron hasta el 57% en 1862-63. Y en los centros urbanos de Villa Rica y Asunción empezaron respectivamente con el 37% y el 51%, para aumentar incluso más abruptamente en las décadas siguientes.

Estas cifras no indican ningún cambio significativo que pudiera relacionarse con el decreto de 1842. Sólo en Asunción el porcentaje de ilegitimidad decayó durante los años posteriores a la medida en cuestión, para ascender de nuevo a finales de la década. En Villa Rica el ascenso se aminoró pero en términos generales, el porcentaje de nacimientos ilegítimos en vez de disminuir, continuó aumentando durante los veinte años siguientes. Sin embargo, el ritmo y la proliferación difieren en las distintas regiones. Incluso si tomamos en consideración las deficiencias de los registros, éstos corroboran claramente la hipótesis de que las actitudes hacia el matrimonio y la sexualidad no se ajustaron a las medidas políticas a corto plazo. Si los paraguayos siempre se habían mostrado reacios a formalizar sus "relaciones" con un matrimonio eclesiástico, el decreto emitido por Carlos Antonio López en 1842 no cambió esta  actitud y sólo afectó a la manera libre y fácil en que se hacían públicas las uniones.

El hecho que el porcentaje de ilegitimidad no sólo no se estancara, sino que aumentara, podría deberse a la creciente eficiencia de la Iglesia, que entonces inscribía en sus registros a más hijos naturales, los cuales anteriormente quedaban sin bautizar o sin registrar. Probablemente la política de López hacia la Iglesia, que aseguró que las Iglesias en ruinas fueran reconstruidas y que las parroquias vacantes fueran ocupadas por sacerdotes paraguayos, tuvo más incidencia sobre la institución del matrimonio que su decreto sobre la "moral pública".

Esta opinión resulta todavía más consolidada con otra fuente que puede servir igualmente de indicador para la cuestión, de la actitud hacia la sexualidad extramatrimonial y el efecto producido por el decreto de 1842. Me refiero a la dispensa de impedimentos matrimoniales concedida por el obispo o un vicario con facultades especiales.

Las peticiones para la exención están normalmente acompañadas de un informe del cura local, especificando el impedimento y enumerando las razones por las que debe concederse la autorización. Las razones alegadas en él suelen coincidir con las expuestas por los propios peticionarios. Aunque algunos pueden haber estado aconsejados por el párroco acerca de los argumentos indispensables, como el deseo de "servir mejor a Dios", hasta aproximadamente 1845 las declaraciones no dan la impresión de seguir un modelo determinado. Hay una diferencia manifiesta tanto en el estilo como en los argumentos entre las peticiones procedentes de miembros de la clase alta y aquéllas de la clase baja, constituyendo éstas últimas la gran mayoría de los informes. De todas formas, en 1843/44 el nuevo obispo Basilio López estableció normas generales para la administración de los asuntos de jurisdicción eclesiástica e incluyó reglas indicando cómo elaborar una solicitud de dispensa de los impedimentos matrimoniales (Heyn Schupp, 1982,176/77; Pérez Acosta, 1948, 613/14). No obstante, hasta los primeros años de la década de los cuarenta, los sacerdotes redactaban las peticiones en la manera que ellos consideraban adecuada. Aquí la ignorancia y negligencia del clero paraguayo resultan ventajosas para el historiador, ya que estos informes pueden servir como fuente para la evaluación de los motivos que inducían al matrimonio.

Al analizar 146 peticiones del año 1842 y parte de 1843 encontré 123 casos en los que los solicitantes enumeran los argumentos a favor del matrimonio. Treinta, entre ellos, o el 24,4% reconoce haber decidido casarse bajo la presión del juez (cuadro 4). Otros dieciséis, o el 13%, menciona que la relación con la mujer en cuestión ya había- sido causa de escándalo público. Este grupo ciertamente incluye parejas que todavía no habían sido reprendidas, pero que temían serlo en el futuro (corno algunos lo expresan explícitamente) y otros que no querían admitir que habían tenido conflictos con las autoridades. Él cuadro 5 muestra que el 85% de los peticionarios alegaba haber tenido relaciones sexuales (amistad ilícita) con la novia y el 52% ya tenía uno o más hijos con ella o ésta estaba encinta (no siempre del primer hijo de ese novio). Por otra parte, sólo el 5% menciona explícitamente como motivo la legitimación de los hijos. Si consideramos que los peticionarios aludían a las relaciones sexuales y a los hijos porque ambos motivos constituían para la Iglesia razones importantes para conceder la dispensa, aunque éstos no implicaban para los paraguayos el obligarse al casamiento, de acuerdo con esta fuente, el motivo principal para el matrimonio era la intención de proteger a la pretendida y ayudarla en su lucha diaria por la sobrevivencia (64%). La mayoría de los hombres afirma que la pretendida apenas podía mantenerse así misma y a sus hijos con su trabajo o que vivía con sus padres, pobres, o con su madre, quienes también tenían varios hijos que alimentar. Así pues, declaran que para ella era preferible casarse, pero que probablemente no encontraría otro pretendiente sin un impedimento matrimonial. En las dos décadas estudiadas (cuadro 4, 5) esta escena ofrece pocos cambios.

Únicamente tres de los argumentos más generales muestran una clara tendencia al cambio. Mientras que en 1842 sólo un cuarto de los peticionarios expresaban explícitamente que querían "reparar" el daño causado al honor de su novia, este porcentaje se elevó a un tercio en 1845 y en 1864 comprendía la mitad de los casos. Lo mismo puede decirse del argumento referente al deseo de casarse para legitimar los hijos y mejorar su conducta moral. En 1842 sólo el 20% se preocupaba de alegar el último argumento, mientras que en 1845 eran el 43% y en 1864 el 54%. Sin duda, tal cambio se debe principalmente a la creciente intervención de los sacerdotes en la formalización de las peticiones. Por otra parte, el argumento "el amor que se profesan mutuamente", utilizado por el 22% de los peticionarios en 1842, y que haría difícil una separación, disminuye constantemente. En 1845 sólo el 15% y menos del 10% en 1864 declaran el amor como un motivo para el matrimonio. A mi juicio, este hecho también se debe a la creciente formalización de las peticiones y a la circunstancia de que sólo el amor no era argumento suficiente para conceder una licencia matrimonial en caso de que existieran impedimentos.

Con todo, lo que nos muestran estas cifras es que las relaciones prematrimoniales o extramatrimoniales estaban ampliamente extendidas en Paraguay en el siglo XIX. El matrimonio podía suceder a una tal relación, pero muy raramente se iniciaban éstas con ese propósito (25). Por lo demás, las oportunidades de encontrar otro hombre para casarse no disminuían demasiado si la mujer tenía uno o más hijos naturales. Su riqueza o mejor dicho, el grado de su pobreza, parecen haber tenido más importancia (26).

 

HOGARES ENCABEZADOS POR MUJERES

 

El análisis del censo de 1846, es decir, cuatro años después que Carlos Antonio López emitiera el decreto reprendiendo a todos los amancebados públicos, permite hacerse una idea de cómo eran las estructuras familiares en el Paraguay decimonónico. Se han seleccionado cuatro muestras de este censo teniendo en cuenta la representatividad de la localidad, así como la calidad del material. La parroquia de la Encarnación es, junto con la Catedral, uno de los distritos más antiguos y mayores de la capital. La segunda ciudad del Paraguay, Villa Rica, fue, seleccionada por su importancia como capital tradicional de la zona rural en el Este del país y debido a la buena calidad que ofrecen los datos de su censo en, el que contrariamente a otros distritos, se indica la edad y distingue entre la zona rural y la urbana... Las otras dos muestras corresponden a pueblos indios, la anteriormente misión jesuítica de Santa Rosa (Misiones) y el, secular pueblo de Itá, en las cercanías de Asunción.

Sumándolos cuatro distritos se observa una ligera mayoría de hogares encabezados por mujeres con un 46%, junto con un 45% de hogares bajo los auspicios de una pareja (presumiblemente casada) y el 8% de hogares a cargo de un hombre soltero. De los hogares encabezados por mujeres un tercio dicen ser viudas y el 62% son solteras. El estado civil del 5% restante no resulta claro (27).

De esas mujeres sólo el 7% vivía sola, el 58% vivía sola con sus hijos, el 24% con los hijos y los nietos y el 11% con hermanas (incluyendo sobrinos y sobrinas). En contraste, sólo en un 2% de los hogares regenteados por parejas vivían también hermanos y sólo en el 12% vivían también con ellos los nietos. Los tres cuartos restantes vivían con sus hijos en núcleos familiares o por cuenta propia (11%). Los hijos adultos que vivían en la familia eran tanto varones como mujeres, pero sólo las hijas también tenían con ellas a sus hijos.

Sin embargo, estas estructuras familiares generales encubren marcadas diferencias entre las distintas regiones (cuadro 6). Resaltan las diferencias entre la "ciudad" y el "campo", así como entre comunidades "seculares" y "religiosas". En la antigua Misión jesuítica de Santa Rosa en cuatro quintos de los hogares las parejas dicen estar casadas y apenas hay alguna cabeza de familia que diga no haber estado nunca casado. La mayoría de la población vivía en núcleos familiares. La zona rural de Villa Rica y la comunidad india de Itá muestran rasgos similares. En estas áreas rurales poco más de la mitad de las familias se adhiere a la norma de la pareja casada que vive con sus hijos. Por el contrario en las dos ciudades la mayoría de los hogares estaban encabezados por mujeres (57% y 64%), muchas de las cuales nunca habían estado casadas. Al mismo tiempo, el tamaño del hogar común, así como el tamaño de la familia común, era menor que en otras regiones. Esta estructura puede atribuirse a la abundancia de madres que no eran viudas, cuya descendencia normalmente es menor que la de las mujeres casadas. En las cuatro parroquias mencionadas la cifra común de hijos que vivían con madres solteras (incluyendo aquéllas cuyo estado civil no resulta claro pero que aparentemente estaban solteras) se elevaba a 2,67, mientras que la cifra general usual para todos los grupos era de 3,25 y para las parejas 3,85. En general la fertilidad en Paraguay era elevada y la población era bastante joven. Aunque ciertamente se produjo alguna omisión de niños muy pequeños, un tercio de la población estaba constituida por párvulos, niños menores de 6 u 8 años (antes de la edad de la primera comunión) (Cuadro 7).

Los hogares encabezados por mujeres son comunes en las ciudades latinoamericanas del siglo XIX, aunque no tan frecuentes como en Paraguay. Esto ha sido asociado con la modernización de la economía y los cambios en el modo de producción. (28). En nuestro caso esto difícilmente puede aplicarse, ya que los primeros pasos dados en Paraguay hacia la industrialización sólo tuvieron lugar en la década de 1840 y éstos fueron demasiado aislados para haber producido un impacto general en la población. Ahora bien, en Paraguay, al igual que en otros países latinoamericanos, a las mujeres les resultaba más fácil ganarse su sustento en las ciudades trabajando en el servicio doméstico y ejerciendo un pequeño comercio que en los distritos rurales, donde la mayoría de la población practicaba una agricultura de subsistencia. A esto se sumaba en Asunción la existencia de grandes cuarteles militares en las cercanías de la ciudad. Las mujeres se trasladaban a la ciudad para ocuparse de un hermano, un hijo o un tío que estaba sirviendo en el ejército. Se establecían en un pequeño rancho, a menudo situado en terrenos que anteriormente habían pertenecido a los conventos y que el Estado había confiscado, donde podían alquilar pequeñas parcelas por un precio casi simbólico. A partir de ahí empezaban a cocinar, lavar y planchar no sólo para su propia familia, sino también para otros hombres que no tenían quien se ocupase de ellos. Esos otros hombres pronto se convertían en mancebos o viceversa, el mancebo pasaba a ser un cliente que pagaba a la mujer por sus servicios domésticos. Paulatinamente la relación se convertía en algo intermedio entre el concubinato y una unión libre. El hombre iba a comer, hacer la siesta y pasarla tarde en casa de esta manceba, pero no residía allí permanentemente. O como Victoriano Ceballo de San Salvador, que vivía y comía con su madre, pero normalmente dormía la siesta en la casa de su manceba, María de la Cruz Canteros. Ella, por su parte, lavaba la ropa para Don Carlos Lara y a cambio recibía una comida en su casa (29).

Además del servicio doméstico, especialmente en las áreas urbanas, las mujeres ejercían un pequeño comercio vendiendo frutas y productos lácteos principalmente. La preparación y la venta de chipa o de dulces hechos en casa representaban también una ocupación típicamente femenina (30). Cualquier viajero que visitaba Asunción describía vívidamente el bullicioso mercado dominado por mujeres vestidas con tipoys blancos que vendían todo tipo de comidas y fumaban grandes cigarros. El liado de cigarros era otra ocupación femenina tanto en la ciudad como en el campo. No obstante, en las zonas rurales esta ocupación no les alcanzaba a las mujeres para ganarse su propio sustento y allí la fuente típica de ingresos era el trabajo agrícola y el tejido.

 

CONTINUIDADES

 

La abundancia de tierras baratas en el campo para la agricultura y de pequeñas parcelas en la capital, más rural que urbana, brindó a las mujeres paraguayas la oportunidad de mantenerse por sí mismas en hogares independientes. Esto condujo a que las Mujeres dispusieran de una considerable libertad social y de campo de acción. El ideal paternalista de la mujer protegida, que permanece en el hogar donde los miembros varones de la familia velan por su comportamiento, sólo era factible para una ínfima minoría de la clase alta paraguaya. La necesidad y la posibilidad de ganarse su propio sustento desde muy temprana edad, no sólo exponían a las muchachas y a las mujeres a un contacto diario con hombres sin ser observadas por sus padres; sino que también les proporcionaba cierta independencia. A esta independencia se sumaba la muy extendida ausencia de los hombres en los yerbales o en el ejército, que también contribuyó a que las mujeres, a menudo solas, garantizasen la continuidad y la estabilidad tanto para la familia como para la sociedad. Las mujeres paraguayas se acostumbraron a contar consigo mismas y a ser casi las únicas responsables de su prole.

Sin embargo, esto no significa que los padres no se ocupasen de sus hijos. Pese a que los hombres generalmente sentían escasa necesidad de reconocer legalmente a sus hijos  naturales, no dudaban en aceptar su paternidad. Algunos también contribuían a la crianza de sus hijos, como un tal Paulino Agüero que entregó a la madre de sus hijos naturales: algún ganado. La relación con la madre se había acabado hacía algunos años y el ganado era considerado propiedad de los hijos (31). Los altercados respectó a la contribución del padre para sus hijos naturales sobrevenían normalmente cuando éste decidía casarse con otra mujer. A partir de ese momento, aparentemente los hombres suponían que podían desentenderse de su descendencia bastarda, pero a veces la amante abandonada recurría al juez eclesiástico para obtener algún tipo de recompensa. En estos casos por lo general se les concedía a las mujeres una retribución (32). Como Elisabeth Kuznesof ha mostrado para Sao Paulo, en Paraguay también "la población ilegítima no carecía en absoluto de vínculos familiares" y "la condición de ilegitimidad existía dentro de un rango continuo con algunos nacimientos aparentemente más ilegítimos que otros" (Kuznesof, 1989, 9; véase también Laslett, 1981, 461-471). Muchas uniones paraguayas tienen que ubicarse en una situación intermedia entre la tricotomía matrimonio legítimo, ley común y uniones "de visita". Sólo si se presta más atención a estas alternativas podrán entenderse la familia, la organización doméstica y el tipo de relaciones en sociedades que no siguen el modelo occidental europeo, o donde coexisten distintos tipos de matrimonio. Por lo demás, sólo entonces será posible llevar a cabo una verdadera historia comparativa de este fenómeno (Cf. Lalett, 1980, 9).

Este estudio confirma otro aspecto de la ilegitimidad que ha llamado la atención de los estudiosos, a saber, una continuidad regional del tipo de descendencia ilegítima que no puede ser explicado únicamente en base a las estructuras económicas (33). El ejemplo paraguayo ilustra la importancia del factor institucional especialmente de la Iglesia. Una de las razones del gran porcentaje de nacimientos ilegítimos en Paraguay es el hecho de que fuera de las Misiones, la Iglesia nunca fue muy poderosa. A pesar de que el Paraguay decimonónico estuvo gobernado por jefes enérgicos con poderes dictatoriales, la presencia institucional del Estado debe calificarse también de relativamente débil. Se ha demostrado que la laxitud del control institucional bajo el mandato del Dr. Francia contribuyó al aumento de la sexualidad extramarital, mientras que los intentos administrativos y legales de Carlos Antonio López para promoverla moral pública no obtuvieron éxito.

Actualmente, la organización doméstica y las estructuras familiares paraguayas muestran en el transcurso del tiempo una mayor estabilidad que la que sugieren los datos demográficos y las relaciones históricas. A pesar de las inmensas pérdidas de población durante la Guerra de la Triple Alianza y de una turbulenta historia a finales del siglo XIX y principios del XX, las estructuras familiares paraguayas todavía presentan rasgos similares a los de 1846. Al analizar el tamaño común de los hogares en el Paraguay rural y urbano entre 1926 y 1962 D. Rivarola afirma que "por un largo período histórico la magnitud del tamaño familiar se ha mantenido en torno a las cifras anteriormente mencionadas <5,5> lo que sugiere a la vez, la persistencia de ciertas pautas y valores determinantes de esta estructura familiar." Podemos añadir que en nuestra muestra de 1846 el tamaño común de la familia también era de 5,5 aunque las diferencias entre la ciudad y el campo eran más marcadas (34).

En 1982 el censo paraguayo proporcionó un porcentaje del 18% de hogares encabezados por mujeres (inferior al 21% de una década antes), lo que en comparación con otros países latinoamericanos puede calificarse de moderadamente alto. Un análisis del estado civil de la población adulta mayor de 15 años reveló un 40% de parejas casadas, un 10% viviendo en uniones libres y un 46% de adultos solteros (República del Paraguay, 1975, 1985. Centro Paraguayo de Estudios de la Población, 1975). Si comparamos el porcentaje de uniones libres y el de nacimientos ilegales con 40% al 45% en los años comprendidos entre 1960 y 1974, éste resulta relativamente alto. De todas formas, es inferior al de hace un siglo (35). Datos recientes muestran un modelo de estructura familiar y comportamiento sexual similar al del censo de 1846 y los informes parroquiales del siglo XIX. Tanto en el siglo XIX como en el XX las relaciones sexuales extramatrimoniales desempeñaron un papel destacado. Durante generaciones los paraguayos mantuvieron relaciones "de visita" y las mujeres proporcionaron continuidad y estabilidad a la familia y la sociedad (36).

Esto no es el resultado de la "Gran Guerra" y el subsiguiente desequilibrio de los sexos, sino de modelos de comportamiento tradicionales.

 

 

 

NOTAS

 

(1) La demografía histórica de Paraguay siempre ha sido un tema exigente y polémico, especialmente en lo que se refiere a la población antes y después de la "Gran Guerra". Aunque recientemente se has realizado varios trabajos científicos sobre el tema, distintos interrogantes todavía permanecen abiertos y algunos de ellos probablemente lo estarán para siempre. Respecto al debate acerca de las pérdidas de población durante la Guerra de la triple Alianza y sus consecuencias, véase: Reber, 1988; Ganson de Rivas, 1985; Whigham/Potthast, 1990. Para los estudios sobre la población del Paraguay en el período colonial y la primera mitad del siglo XIX, véase la nota nº 4.

(2) Para otros ejemplos véase Falk-Rynne, 1970, 174/5; Krier, 1982, 42; Área Handbook for Paraguay, 1979, 56/57. No me ha sido posible encontrar una cita tan explícita de un autor paraguayo, si bien, la tradición oral en, el país sobre este tema es muy abundante. La historiografía paraguaya todavía se concentra en la historia política y militar y en los "héroes nacionales". Muchos autores prefieren escribir acerca de la epopeya nacional o sobre algunas profesoras" que llegaron a ser prominentes en los años de la posguerra, pero no sobre temas sociales (Flores de Zarza, 1987, 290-98). Sin embargo, la prensa de entonces y decretos gubernamentales aluden a los problemas del trabajo femenino y la indolencia masculina (El Pueblo 4, 5.8.1871 sobre el "Decreto imponiendo la siembra de tabacos a los habitantes omisos de la campaña"; El Fénix, 18.5.1873).

(3) Cf Williams, 1976; Kegler de Galeano, 1976. El período colonial está mejor estudiado en las siguientes obras: Kegler Krug, 1974; Maeder, 1975; vives Azancot, 1980 y 1982.

(4) A excepción de los trabajos mencionados anteriormente, apenas hay otros estudios que puedan servir de referencia. Mora Mérida, 1973, trata más bien las estructuras generales de la sociedad paraguaya que las domésticas o familiares. Solamente Juan Carlos Garavaglia, 1987, investiga acerca del medio doméstico y el cabeza de familia. En el pueblo de Pirayú, que él califica de típico, Garavaglia halla que en 1780 el 18% de los hogares están encabezados por mujeres. En Santa Tecla (nueva colonización) y La Cordillera (lugar fronterizo) los porcentajes son considerablemente inferiores con un 13% y un 7% respectivamente.

(5) Carta de Francisco González de Paniagua al Cardenal Tavira, 3.3.1545, Documentos históricos y geográficos, 1941, vol., 2,449 ff. Véase también Francisco Andrade al Consejo Real de Indias, 1.3.1545, ibíd. 417 ff, así como cartas similares de la misma colección. Respecto a una introducción general sobre las relaciones con la población india y el problema del trabajo forzado, véase Service, 1954; Saeger, 1981; Garavaglia, 1983, 288-311.

(6) Legalmente sólo estaba prohibido el matrimonio entre negros con blancos y con indios, pero no entre blancos e indios. Sin embargo, en la mayoría de los casos sólo la primera generación de conquistadores contrajo matrimonio con la "aristocracia" india. Posteriormente la élite española intentó imponer una estricta endogamia y pureza de sangre que se entendía como exenta de todo tipo de mestizaje. Esta " circunstancia que repercutía principalmente en menoscabo de la posición social de los mestizos en la América Latina colonial, hizo que la mayoría de ellos nacieran fuera del matrimonio. Mestizos o cruces entre mestizos y blancos si eran el fruto de un matrimonio legitimado, estaban incluidos entre la gente limpia, mientras que a todo tipo de entrecruzamientos con negros se les llamó castas. El sistema de castas hispano-americano ha sido caracterizado como la transposición de una "sociedad hierática, basada en el estado y corporativa de una Castilla de finales del medievo <...impuesta> a una situación colonial multirracial" (Mörner 1967, 54 véase también McAlister, 1963). En base a estudios detallados de casos regionales Chance, 1978 y Taylor, 1977 han criticado este concepto, (véase también Mörner, 1983). Este sistema era rígido, pero no era imposible exceder la propia casta. Riqueza y poder tenían principalmente una influencia decisiva en la posición social e igualmente, en la casta de la persona. Aúnales del período colonial los matrimonios entre las diferentes castas aumentaron en todas las provincias de Hispano-América, si bien castas y limpieza de sangre siguieron siendo importantes puntos de referencia ideológicos para la elite española. Cf. El título anteriormente citado así como Israel, 1975, 60-78. Para Paraguay véase Garavaglia, 1983, 204-215, 340-359; Krüger, 1979, 109-111 demuestran que la élite pura, descendiente de la primera generación de conquistadores y que dominaba el cabildo de Asunción, también intentó asumirlas normas de la madre patria y sus miembros se casaban entre sí o con los pocos emigrantes españoles.

 (7) Sobre el término "honor" y sus cambios en relación con el matrimonio y la sexualidad, véase Seed, 1988.

(8) La real o supuesta enfermedad mental del obispo Panés dio motivo a este acto. Después Francia ordenó al deán de la catedral actuar como Vicario General (Cooney, 1975).

(9) Una de las descripciones más ilustrativas de la general pobreza del Paraguay rural sigue siendo el diario de Francisco de Aguirre, quien visitó la provincia a finales del siglo XVIII (Aguirre, 1948-1950). Véase en particular los vol. XVIII, pág. 367, 391 y vol. XIX, pág. 226, 232.

(10) Existe una gran cantidad de tales peticiones en el Archivo Nacional de Asunción (en lo sucesivo abreviado como ANA), Sección Nueva Encuadernación (NE), especialmente en los volúmenes 1932, 1954, 2007, 2121, 2140, 3008, 3013 y 3022.

(11) Carta del P. Parés al Superior, 18.12.1846, Archivum Romanorum Societas Iesu (en lo sucesivo citado como ARSI), Arg.-Chilensis 1001, fase. XII, f. 26.

 

(12) Los privilegios especiales consistían principalmente en el respeto de las propiedades y tierras comunitarias y en la exención de impuestos directos como la alcabala, si bien tenían que pagar un tributo.

(13) Carta del P. Parés al Asistente del Superior, 31.8.1843, A.RSI, Arg.-Chilen. IV y Cooney, 1982.

(14) Mientras que al inicio de su gobierno cuatro de cada cinco parroquias estaban vacantes, en 1857 López pudo informar al Congreso que de las 84 parroquias 64 habían sido ocupadas (Mensajes, s.a., 131; Cooney, 1984; Pérez Acosta, 1984, 604637).

(15) Este decreto inicialmente pretendía permitir el matrimonio a los numerosos correntinos que habían llegado al Paraguay durante esos años, escapando de las guerras civiles argentinas, pero también se beneficiaron de ello todos los demás "extranjeros".

(16) El término amancebado público es difícil de determinar. Diccionarios modernos como el Diccionario Larousse, París/Buenos Aires/México 1974, explica la palabra "amancebamiento" como sigue: "vida en común del hombre y mujer no casados". De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia, 16. ed. (1939), 74, significa: "trato ilícito y habitual de hombre y mujer", y el clásico Sebastián Covarrubias en su Tesoro de la lengua Castellana o española, Barcelona, 1943 (1. ed. 1611), 109 dice acerca de "amancebado": "El que trata de asiento con la que no es su legítima mujer- amancebamiento- en tal ilícito ayuntamiento...". Como se mostrará en el siguiente estudio, estas anticuadas explicaciones son también válidas para el Paraguay decimonónico. Aquí la persona denominada como mancebo o manceba significa una persona con la que se tiene una relación sexual sin que necesariamente se cohabite. Por esta razón, el presente estudio utilizará el término original de "amancebados públicos" aunque no resulta suficientemente claro a qué tipo de unión se refiere-De otro modo se hablará de unión libre y concubinato o unión de visitas.

(17) Añadió un decreto correspondiente regulando el cumplimiento de esta medida y emitió instrucciones generales para la administración de la justicia, la policía, etc. El decreto de la "moral pública" no ha sido encontrado, pero por las referencias a la aplicación del decreto como por las preguntas de los jueces y de las medidas administrativas, se puede obtener suficiente información al respecto. Véase ANA, Sección Histórica (S H), vol. 251, 252, 256, 257, 414.

(18) Si se asume que el matrimonio era interés de las mujeres, esta norma podría ser interpretada como precursora de las exigencias feministas. Sin embargo, parece más razonable pensar que el decreto tuvo sus orígenes más bien en las ideas generales del Presidente respecto a la moral y normas sociales, que en un interés por la situación de la mujer.

(19) Todas las citas de la ley correspondiente provienen de ANA, Sección Judicial y Criminal (SJC), vol. 1444.

(20) Se dan algunos casos entre los impedimentos matrimoniales y loe informes judiciales en los que testigos afirman que una pareja vive en una casa "como en matrimonio legítimo", pero la manera como se menciona indica que esto se consideraba excepcional y escandaloso.

(21) Sobre este tema véanse más adelante las referencias acerca de los impedimentos matrimoniales.

(22) La primera cita proviene de un informe de José María Varela, juez dé Ajos, la segunda del juez de Quiquió, fechadas ambas el 29 de septiembre de 1842, ANA-SH 414. Este volumen contiene todos los informes de ese año sobre el mencionado decreto.

(23) Aunque Francia es conocido como un dictador firme y autoritario, esto se refiere principalmente a los asuntos políticos, económicos y militares. Estos afectaron más a la élite que a la mayoría de los paraguayos. Debido a que Francia debilitó el poder de la Iglesia, supervisor tradicional de la conducta moral, y gobernó casi sin una burocracia que hubiera podido haber asumido las funciones de ésta, la vigilancia social y moral disminuyeron bajo su mandato.

(24) Normalmente las criaturas se bautizaban en casa inmediatamente después del parto. Más tarde un sacerdote registraba y confirmaba el bautismo con una unción de óleo bendito.

(25) Otro indicador al respecto son los casos de rapto y los casos de violencia entre parejas no casadas por asuntos amorosos. En los juicios por rapto o desfloración de muchachas jóvenes, los hombres siempre tratan de defenderse diciendo que la muchacha estaba de acuerdo, lo que en algunos casos parece ser cierto. Sin embargo, en sólo dos de cincuenta y dos casos el hombre también afirma que prometió casarse. Al analizar veinte casos de violencia contra la manceba (como por ejemplo cortarle el pelo, o castigos difamatorios a menudo utilizados por amantes celosos) sólo hay dos casos en los que la pareja tenía la intención de casarse y esta intención fue la consecuencia, pero no un prerrequisito, de una relación sexual.

(26) Véase mi próximo estudio sobre la mujer y la familia en Paraguay en el siglo XIX.

(27) La mayoría del material suministrado por el censo no explicita el estado civil, es decir, si una pareja estaba casada o no, pero normalmente dice: "casa de fulano de tal, su mujer mengana...", También podemos asumir que algunas de las parejas empadronadas de tal modo no estaban casadas legalmente. No obstante, he considerado a estas parejas como casadas. Si una mujer encabezaba el hogar, el censo a veces indica su estado, pero en otros sólo lo especifica si la mujer era viuda. En estos casos, he tomado el apellido de los hijos como indicador, ya que las relaciones familiares dentro de un mismo hogar están siempre bien definidas. Si los niños tenían el mismo apellido que la madre, he estimado que era soltera, si éste no se especificaba, las he incluido en el apartado de desconocido.

(28) Johnson, 1987; Kuznesof, 1980 a y b. En los países del Caribe predomina una configuración similar. Aquí ésta se considera normalmente como un legado de la esclavitud (Massiah, 1983; Roberts 1953). Sin embargo, en el caso, de Paraguay, la esclavitud no puede servir de explicación ya que había pocos esclavos y la mayoría era propiedad del Estado. Afín de comprender esta forma de estructura " social se precisan más estudios de casos detallados acerca de los problemas de ilegitimidad y hogares encabezados por mujeres en los distintos países.

(29) Proceso contra Victoriano Caballo y María de la Cruz Canteros, 1860, ANA-SJC 1507.

(30) Este aspecto de la vida femenina ha sido principalmente reconstruido en base a los informes judiciales del ANA, Sección Judicial y Criminal.

(31) La dificultad surgió cuando el vendió el ganado y la madre lo demandó ya que pensaba que no tenía derecho a hacerlo. Desafortunadamente desconocemos la resolución de los tribunales, pues el juez de Asunción, a quien apeló Estefana, ordenó a la justicia de paz local decidir sobre el caso. Estefana Agüero contra Paulino Agüero, 1860, ANA-SJC 1340. Véase también el caso de Antonio José Castro acerca de la libertad de sus hijas naturales, 1849, ANA-SJC 1363.

(32) De los cinco casos de este tipo registrados en los años 1850 en los informes de los jueces eclesiásticos, sólo una mujer mencionó que era virgen antes de iniciar la relación con el padre de sus hijos y que éste le había prometido casarse con ella. Por lo general las otras afamaban explícitamente que no querían interferir en el pretendido matrimonio sino que sólo trataban de obtener ayuda para sus hijos. No han sobrevivido muchos de estos informes eclesiásticos, así que sólo he podido encontrar cinco casos de esta clase. En todos ellos se les concedió a las mujeres algún tipo de recompensa. Archivo de la Curia, Asunción, Juzgado Eclesiástico, Informes de los casos de reconciliación, 1844-52, 1853-65.

(33) Introducción de Ad van der Woude a los estudios sobre la ilegitimidad y el mercado matrimonial en Dupaquier, 413-420. Van der Woude concluye que no hay ninguna correlación aparente entre ilegitimidad y casamiento en general pero que se da una asombrosa persistencia en modelos regionales. "Todo el tema es complicado y sugiere más bien la persistencia de modelos de comportamiento establecidos que la importancia decisiva que esas cifras demográficas pudieran tener''.

(34) Rivarola, 1971, 92. Estudios generales del censo de 1846 sólo calculan el tamaño de los hogares que oscila entre 5,32 y 7,98, según Kegler de Galeano, y entre 4,48 y 15,85, según Williams. No obstante, la cifra de 15,85 se debe a un error de Williams. Por tal motivo su promedio del tamaño del hogar de 6,98 debería reducirse y el tamaño del hogar de nuestra muestra de 6,41 parece claramente representativo. Sobre el estudio de los hogares paraguayos en el censo de 1846 véanse Reber, 1988, 299-305, Whigham/Potthast crítica a ella, 1990, Kegler de Galeano, 1976; Williams, 1976.

(35) Rivarola, 1971 halla que los nacimientos ilegítimos oscilan entre el 42-44% en 1960-1968, descendiendo al 39% en 1969. Fincher laird da el 44,5% para 1974 (Fincher Laird, 1978,10), el Anuario Estadístico del Paraguay indica un porcentaje del 35,65% para 1978 (Ministerio de Hacienda, 1979).

(36) Véase Helms, 1970. Helms compara razones de matrilocalidad entre los misquitos, los mbayá del Chaco paraguayo y los apaches. Aunque no son directamente comparables sus argumentos aportan una visión interesante para el caso hispano-paraguayo.

 

 

 

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CONCLUSIÓN

 

El desafío que enfrentara el Paraguay a mediados del siglo diecinueve no tuvo mucho que ver con la modernización en sí. Estuvo más bien relacionado con el modo en que una sociedad conservadora, expuesta a las presiones externas, preserva muchas de sus características. Los líderes paraguayos y la mayor parte de la población no encontraban razones para alterar las relaciones sociales. La vida tradicional del país --y en ese aspecto, también la de Asunción--había sido por mucho tiempo aceptada como un valor y funcionaba bien. No había necesidad de cambiarla.

Con bastante frecuencia, los historiadores latinoamericanos han analizado a las sociedades como la paraguaya de mediados del siglo XIX, denunciando la falta de modernismo. Nosotros suponemos que esta crítica proviene de un concepto intelectual que depende excesivamente del análisis liberal contemporáneo o marxista. Sólo recientemente, los científicos sociales iniciaron la investigación de las sociedades tradicionales utilizando metodologías adaptada a los valores de las mismas. El orden tradicional enarbola una justificación obvia, su longevidad: ¿no revela esto un valor o una fuerza intrínseca digna de la atención de los estudiosos?

Desde la posición ventajosa de hoy día, ciertamente todos nosotros podemos encontrar motivos para criticar al Paraguay durante la era de López. No obstante, un perspicaz investigador observó una vez que "el pasado es un país diferente" recordándonos que debemos juzgar a las sociedades e individuos de épocas pasadas de acuerdo a sus términos y no a los nuestros.

Los ensayos incluidos corroboran claramente este punto. El Paraguay de mediados del siglo XIX tuvo que enfrentarse a un mundo exterior que continuamente se reinterpretaba a sí mismo. La República Guaraní, sin embargo, deseó aceptaren todas sus formas únicamente aquello que era necesario para confirmar el orden tradicional como siempre había existido. En la mayoría de los casos tuvo éxito.

Rosa Dominga Ocampos, por su parte, descubrió que el orden existente satisfacía sus necesidades. Ella se mostró claramente satisfecha con el juicio que se le diera. ¿Fue ella, en ese aspecto, radicalmente diferente de otras paraguayas? Probablemente no. Las evidencias presentadas en el ensayo de Potthast sugieren que las costumbres de relacionamiento entre hombres y mujeres, heredada de la era anterior, mantuvieron todo su vigor a pesar de las objeciones gubernamentales.

No obstante el Estado Paraguayo rara vez interfería en los asuntos de las instituciones existentes. Cooney demuestra que la Iglesia, por ejemplo, no fue transformada de modo fundamental. En lugar de ello, fue fortalecida para servir a las necesidades de la sociedad y a la del mismo presidente. Y la esclavitud, pese a estar destinada a una segura extinción, sobrevivió décadas después de su abolición en otras partes de Hispanoamérica. Los paraguayos se dieron cuenta que no era necesario apurarse.

En cuanto a las relaciones del Paraguay con el exterior, el comercio presentaba claramente la clave para el contacto. Por ejemplo, la exportación del tabaco se incrementó enormemente durante la década de 1850. Sin embargo, dicho incremento en la exportación, no representó una ruptura con el pasado, sino una reafirmación de las exitosas estructuras comerciales anteriores. Como Whigham lo indica, los parámetros comerciales de la década son fácilmente comparables con aquéllos de fines de la era colonial. Mientras muchos han visto en este nuevo intercambio comercial una prueba del desarrollo económico, nosotros vemos la restauración de un patrón de vida  ancestral.

Esta dependencia de pasados precedentes también se revela en el estilo diplomático de Carlos Antonio López. El reconoció que el Paraguay tenía que establecer su propio lugar en el mundo, pero también sabía que su país actuaba desde una posición de debilidad. Su política fue en consecuencia modesta, pragmática y enfocada hacia "lo posible". Cuando la diplomacia no daba buenos resultados, López reaccionaba cautelosa pero eficazmente, como lo indica Flickema en su estudio del incidente del Wáter Witch. El presidente no era un aventurero ni un testarudo radical. Como buen administrador tradicional, el conocía los límites de su poder.

Ésta compilación de ensayos sugiere que un análisis orientado hacia la historia política del Paraguay es insuficiente. Los historiadores deben hablar no sólo de política, sino también de sexualidad, mentalidades, cultura popular, estructura económica y de las instituciones sociales. Careciendo de tales investigaciones, ninguna conclusión referente a la historia social paraguaya de mediados del siglo XIX es completa en sí misma. Estos seis ensayos demuestran que el Paraguay tradicional tuvo vida propia, más allá de los límites establecidos por la política. Aquí se halla la clave para otras investigaciones.

 

 

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Asunción-Paraguay  1991 (152 páginas)
 

 

 

 

 

 

 

 

 

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