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MARCO ANTONIO LACONICH


  EL PARAGUAY MUTILADO, 1939 - Por MARCO ANTONIO LACONICH


EL PARAGUAY MUTILADO, 1939 - Por MARCO ANTONIO LACONICH

EL PARAGUAY MUTILADO

Por MARCO ANTONIO LACONICH

Editorial PARAGUAY

Imprenta RECLUS

Montevideo – Uruguay

Noviembre de 1939 (94 páginas)

 

 

"Llegaba el día. Y ante el ejército que se aprestaba a la pelea, el Mariscal saludó por última vez el estandarte, entretanto que el Aquidabán mugía a la distancia entre sus rocas centenarias, como sí llevara a los mares lejanos y rumorosos, el alarido de protesta con que se desplomaban un ideal, una patria y una raza”.

GOYCOECHEA MENÉNDEZ. (Argentino)


INTRODUCCIÓN

En acto público realizado en la Academia Nacional de la Historia, institución oficial argentina, el Dr. Don Ramón J. Cáncano disertó, el mes de Octubre último, sobre el estallido de la guerra del Paraguay. En el fragmento de la conferencia que -La Nación- ofreció a sus lectores, volvimos a leer, reeditados por el renombrado hombre de letras argentino, viejos argumentos ya definitivamente destruidos por la investigación y crítica desapasionada de aquellos sucesos.

Removida la cuestión por el Dr. Cáncano, y no ciertamente en términos amistosos y justicieros para la causa histórica del Paraguay, el Dr. Luis Alberto de Herrera rebatió documentadamente, desde -El Debate—, los puntos salientes de la aludida conferencia.

Como es natural, la ventilación de este capítulo de historia americana tiene y tendrá que terminar siempre en lo que fue su desenlace predeterminado: la desmembración, territorial del Paraguay por la Triple Alianza. Con un mapa ilustrativo de los territorios paraguayos anexados por los aliados cerró el Dr. de Herrera -lo entendemos nosotros así- la defensa que de nuestro país hiciera, una vez más, llevado por convicciones y simpatías de antigua data.

Dicho artículo, que en otro lugar reproducimos, motivó la original desautorización entregada a la prensa por el Encargado de Negocios del Paraguay en Montevideo, Sr. José Dalhlquist, siguiendo expresas instrucciones de su gobierno. El texto de este documento, también se reproduce más adelante.

No es necesario hacer constar que "El Debate” no era ni es órgano oficial u oficioso del gobierno paraguayo. Como todos los diarios uruguayo había abrazado, eso sí, con desinteresado entusiasmo, la sagrada causa que nuestros soldados defendían en el Chaco. El artículo en cuestión no comprometía al gobierno paraguayo, de lejos ni de cerca, directa ni indirectamente. Nada le obligaba a producir declaraciones en un asunto periodístico en que no tenía arte ni parte, donde su representación no había sido invocada ni expresa ni tácitamente.

La pretendida desautorización carecía de explicación, razonable, no mediando responsabilidades que cubrir, y se empleaba con torpeza inaudita contra un leal amigo del Paraguay, a quien se infería el más inmerecido de los agravios, sin consideración a tantos como conocidos antecedentes que hacen del Dr. de Herrera acreedor a la gratitud de nuestro país.

La presurosa obsecuencia de los hombres del actual gobierno paraguayo salta a la vista. ¿Es que todas las veces que aparezcan, en el Paraguay o el extranjero, artículos de periódicos de la misma naturaleza -en contestación a libros y conferencias hirientes para nuestro país- aquel gobierno se pondrá, por ventura, a extender certificados de que los señores del despojo podrán disfrutar de sus conquistas territoriales, sin ser nunca molestados, por los siglos de los siglos, por recuerdos retrospectivos de tanta injusticia?

La verdad es que el Paraguay, como si las mutilaciones del pasado no bastasen, sigue perdiendo nuevas porciones de su territorio. Es el país americano que más ha sufrido en ese orden de cosas, a pesar de su profundo respeto a los tratados y su política de conciliación internacional. Desgraciadamente, la cordialidad del débil se confunde las más veces con incapacidad hasta para defender la propia dignidad. En este vicioso extremo caen fatalmente los gobiernos que dejan de lado la propia estimación para entregarse al triste oficio de agradar a los extraños, aún con riesgo de herir respetables sentimientos nacionales.

Tal es, cabalmente, el caso en que se encuentra la declaración de Cancillería que nos ocupa. Por mucho que se la quiera presentar como reiteración de fidelidad a ciertos principios -que por lo demás nadie ponía en tela de juicio- no es sino un sombrerazo, inelegante e inútil, para prodigar, satisfacciones extemporáneas, que bien podían ahorrarse por respeto a las profundas huellas que aún sangran en el corazón del pueblo paraguayo.

Porque es nuestra intención exhibir ante el mundo la desmembración territorial de nuestro país por la Triple Alianza, todas las veces que se le agravie con deformaciones tendenciosas de la verdad histórica, escribimos en "El Debate ' la serie de artículos recopilados en el presente folleto. Se trata de un apretado resumen de las negociaciones diplomáticas que fijaron las fronteras del Paraguay con los países vencedores de la guerra, llevada para “libertarle”. Aprovechamos gustosos la oportunidad que nos ofrecía el citado periódico para exponer, a nuestra vez, la verdad sobre ciertos tratados, que más bien debieran llamarse “dictados”. Dichos artículos aparecieron en “El Debate” casi diariamente, desde el 6 de Noviembre hasta el 17 del mismo mes. En el folleto hemos agregado algunas anotaciones, que se omitieron en el diario por no distraerle mayor espacio del que sus necesidades de información podían permitirle, y también porque no considerábamos conveniente recargar la atención del lector de periódicos con la acumulación excesiva de datos.

En realidad, este trabajo es solo un esquema, esbozado bajo el apremio de las necesidades cuotidianas, de una obra de más aliento que haremos alguna vez, con las comodidades y tiempo que nuestras actuales circunstancias no nos permiten disponer.

Debemos agradecer finalmente al Dr. Luis Alberto de Herrera la defensa que hiciera de la causa paraguaya y a “El Debate” la distinguida acogida que dispensara a nuestros artículos.

M. A - L.

Montevideo, Noviembre 25 de 1939.

 

 

INDICE

INTRODUCCIÓN

PRIMERA PARTE

El Paraguay Mutilado. - Justísimos Reclamos

Comunicado de la Legación del Paraguay en Montevideo

La Voz de la Verdad

Carta del Encargado de Negocios, Sr. Dahlquist

La Voz de la Verdad

Carta del Coronel Rafael Franco

SEGUNDA PARTE

I - Reparación Histórica cumplida por la Revolución Paraguaya

II - Dos Mapas y una sola Verdad

III - Intervención del Paraguay en la unificación de la Nación Argentina

IV - La Frase que Mitre no pronunció

V - Los intereses del Imperio y la expansión territorial acordada a la Argentina por el Pacto Secreto

VI - Ocupación de la Villa Occidental por tropas argentinas

VII - Resistencias del Paraguay a ceder la Villa Occidental. -- Misión de Mitre a Río de Janeiro. Tejedor y su política

VIII - Misión de Tejedor a Río de Janeiro. - Divergencias con el Imperio. - Plenipotenciario paraguayo desautorizado por su gobierno

IX - Tratado de Límites del 3 de Febrero de 1876. -¬Los "reconocimientos" del Paraguay. - Conquista pura y simple de extensos territorios

X - Laudo del Presidente Hayes. - Opiniones de argentinos ilustres. -- Lo que dijo Don Hipólito Irigoyen

TERCERA PARTE

I - Paraguay frente a otro conflicto de fronteras. -¬ La cuestión del río Pilcomayo

II - Ocupación de una sección del Chaco paraguayo por fuerzas militares argentinas

III - La ocupación militar explicada por la Cancillería argentina

IV - El Tratado complementario de Límites del 2 de Junio de 1939

EPÍLOGO

Historia que se repite

Del mismo autor

El Espíritu de Chuquisaca - Asunción 1933.

La Paz del Chaco. - Un Pueblo Traicionado. Montevideo 1939.

 


PRIMERA PARTE

EL PARAGUAY MUTILADO

 

JUSTÍSIMOS RECLAMOS

Cobra cuerpo en el Paraguay el movimiento nacional pro reivindicación de los territorios arrebatados por la Triple Alianza, como fruto maldito de su victoria sobre las minas de un pueblo heroico y hermano, al que se dijo que se iba a "1iberar"... ¡Si, a "liberar”, de su patrimonio!

Si claro es el derecho argentino a la reivindicación de las Malvinas, todavía más claro resalta el título de la república sacrificada a zonas territoriales que siempre fueron suyas.

Sólo con hechos realmente fraternos se podrá la fraternidad continental.

El mapa que arriba reproducimos muestra hasta qué extremos fue mutilado el Paraguay por los aliados del 65. Todo el Chaco se lo adjudicaba uno, y si no se lo llevó fue porque el otro, luego de servirse copiosamente su porción se opuso a la voluntad devoradora del asociado.

Había dicho, en efecto, el tratado inicuo, en su Art. 16: "Para evitar las disensiones y guerras que se suelen derivar de las cuestiones de límites, queda acordado que los aliados exigirán del gobierno del Paraguay la celebración de tratados definitivos de límites con los respectivos gobiernos sobre las bases siguientes...

"Servirá de límite entre el Brasil y la República del Paraguay"..

"Del lado de la margen izquierda del Paraguay, el río Apa desde su desembocadura hasta sus fuentes".

Sigue: "La República Argentina quedará separada del Paraguay por los ríos Paraná y Paraguay, hasta encontrar los linderos del Brasil, siendo éstos del lado de la margen derecha del río Paraguay la Bahía Negra”.

De manera que consumado quedaba el despojo, y zarpazo diplomático -con cuatro palabras- de todo ese Chaco por el que acaba de batirse desesperada y victoriosamente la raza guaraní.

Todas las precauciones estaban adoptadas al efecto :"Art: 18. Este tratado se conservará secreto hasta que se consiga el fin principal de la alianza”... - que era apoderarse del bien ajeno y extirpar a una nacionalidad!

Por eso gotea ignominia la Triple Alianza; por eso la simpatía de América acompaña a la opinión pública paraguaya en el justísimo reclamo de lo suyo que hoy la enciende!

("El Debate- de Montevideo, 29 Octubre 1939).

 

COMUNICADO DE LA LEGACION DEL PARAGUAY EN MONTEVIDEO

A propósito del artículo titulado "El Paraguay Mutilado ', aparecido en el diario "El Debate”, de fecha 29 de Octubre último y siguiendo expresas instrucciones de la Cancillería paraguaya, esta Legación desautoriza dicha publicación y hace constar que el Gobierno y el pueblo del Paraguay hacen y harán, siempre honor a las firmas pues al pie de los Tratados y no serán factores de perturbación dé la paz americana. - Montevideo, 6 de Noviembre de 1939.

***

LA VOZ DE LA VERDAD

Como es sabido, en la Conferencia de Panamá los delegados de la Argentina, Guatemala, Ecuador y otros, por su orden, aludieron a muy justificados reclamos territoriales de sus respectivos gobiernos y pueblos.

Con tal motivo, recordamos otros despojos que están en pie y que también reclaman reparación de derecho y de justicia; que también algún día vendrá, porque hay ciertas cosas que ni prescriben ni mueren... Si necesario fuera probarlo, ahí estaría, palpitante, el caso conmovedor de Polonia, en el otro hemisferio.

Y bien: la República del Paraguay es la Polonia de América. A pretexto de libertarla, la Triple Alianza, por abominable pacto previo y secreto, acordó su descuartizamiento. Según rezara el contrato ignominioso, "para evitar las disenciones y guerras que se suelen derivar de las cuestiones de límites". ..

El mapa que publicáramos es más que contundente. Un lastimoso comunicado de cancillería pretende acallar aquella verdad, a fin de no disgustar a los del despojo, quizás a su pedido... Pero, gracias a Dios, la voz, a menudo meliflua y artificiosa dé las cancillerías no es la voz dé los pueblos. Así en el caso ocurrente.

Fuera de que como ciudadanos de América y hombres, libres a nadie tenemos que pedirle permiso para opinar sobre asuntos continentales; y fuera de que el despedazamiento de la patria tres veces heroica, por los aliados, constituye la mayor iniquidad internacional consumada en el Nuevo Mundo.

Por lo demás, imaginemos el efecto que causaría, oír o un polaco prometer respeto a la letra del: tratado que viene de sancionar el martirio de su patria!..

(El Debate, Nov. 8 :de 1939)

***

CARTA DEL ENCARGADO DE NEGOCIOS, Sr. DAHLQUIST

Con motivo de la antecedente réplica al comunicado de la Legación del Paraguay, el Sr. Encargado de Negocios dirigió en fecha 8 de Noviembre una carta al S r. Director de "El Debate", carta que días después apareció publicada en otros diarios, por "la circunstancia de haberle negado el diario destinatario hospitalidad en sus columnas".

Transcribimos a continuación el texto de la mencionada carta

"En la edición de hoy, de su difundido diario, se registra un suelto titulado "La voz de la verdad", en el que se hacen algunas manifestaciones que esta Legación no puede pasar por alto. Se dice, en efecto,  en el artículo, .referido, que el Gobierno del Paraguay, al discrepar con la campaña revisionista de los Tratados de límites paraguayos con la Argentina y con el Brasil, emprendida por "El Debate”, ha obedecido al Propósito de, no disgustar a estos países vecinos, o al pedido de éstos. Al manifestar aquella discrepancia, el Gobierno paraguayo no ha buscado halagar a ningún otro Gobierno ni ha obrado bajo una presión extraña. Lo hizo en el único y legítimo interés de poner, una vez más, de resalto la tradicional política paraguaya de respeto a sus compromisos internacionales y de dejar claramente establecido que el Paraguay es un país pacífico, incapaz de alterar la paz americana con violación de su palabra empeñada. De este modo, el Gobierno ha interpretado el sentir de la Nación. Termina el artículo mencionado con este párrafo: "Por lo demás, imaginemos el efecto que causaría oír a un polaco prometer respeto a la letra del tratado que viene de sancionar el martirio de su patria!"... Me releva del trabajo de comentarlo la seguridad de que el amigo Director sabe perfectamente que ni el Gobierno ni ciudadano alguno de Polonia hablará jamás de respeto a aquel acuerdo, por la sencilla razón de que ni éste ni aquél lo autorizaron con su firma."

("El Plata”, Nov. 15/1939).

En buen romance : no hubo legionarios polacos...

***

LA VOZ DE LA VERDAD

Completamente inexacto. Como lo revela el propio texto, no se registra una sola palabra en sentido de pedirnos hospitalidad.

Pero vamos más lejos: tampoco hubiéramos reproducido el tal comunicado, aunque así se nos hubiera pedido, por la sencilla razón de no reconocer a ninguna Legación,  sea la que fuere, el derecho de dirigírsenos, en tono impertinente, a título de que "no puede pasar por alto" lo que se escribe en el país libre de que se es huésped.

¡Tendría que ver!...

Por otra parte, la apreciación de sucesos históricos,  tales como la nefanda Triple Alianza contra la república mártir del corazón de América, nadie puede vedarla y, guste o no guste, hemos de decir y repetir, cuantas veces lo creamos necesario, lo que nos parezca sobre aquel enorme delito internacional.

El nuestro, en el caso, consistiría, ante los solícitos agentes de enmienda verbal,  en haber publicado un mapa qué muestra gráficamente cómo fue descuartizado el. Paraguay, en 1865, por sus "libertadores".

Cientos de miles de kilómetros arrancados del acervo inmemorial e indiscutido de la nación hermana, a pretexto, inicuo, de "evitar ¡oh sarcasmo! las discusiones y guerras que se suelen derivar de las cuestiones de límites"...

Esa fue la obra maldita del Imperio y de Mitre y por más que se intente lo contrario, nadie conseguirá apagar en nuestra garganta la voz de la verdad.

Antes, tenían curso "las mentiras convencionales" inventadas para ocultar la evidencia y engañar a los pueblos. Ahora, a plena luz, todo eso se desploma.

Desde que tuvimos uso de razón y pusimos la mirada en el tremendo drama guaraní, nos rebelamos contra las mistificaciones acumuladas para hacer creer lo que no es cierto.

Si odiosísima fue la guerra y destrucción del Paraguay heroico, más odiosa, aún fue la conjuración de columnas tejidas sobre el nombre inmortal del caído para disimular el crimen de sus verdugos.

¡Desventurado del paraguayo que moje la pluma para ponerla al servicio de causa tan renegada!

(El Debate", Nov. 15/1939).

***

CARTA DEL CORONEL D. RAFAEL FRANCO AL Dr. D. LUIS ALBERTO DE HERRERA

El muy distinguido amigo, coronel don Rafael Franco. ex-presidente del Paraguay, nos honra con las expresivas palabras que siguen y que mucho agradecemos. A la vez, hacemos la salvedad de que nosotros, cual corresponde somos completamente ajenos a las diferencias internas de la república hermana.

Dr. don Luis Alberto de Herrera. - Ciudad - Distinguido amigo: La Triple Alianza no dejó en el Paraguay solamente ruinas. Dejó algo peor para perpetuar ésas ruinas: el régimen legionario. Por profundas que fuesen las heridas recibidas por el Paraguay, las grandes virtudes de su pueblo y las riquezas de su suelo eran suficientes , para permitir, a esta fecha, la reconstrucción más o menos completa del país. Más de medio siglo ha pasado y esta es la hora que nuestra heroica Nación sólo puede ofrecer a sus hermanas de América; en el orden de los progresos materiales, un estado desolador.

La causa? Yo respondo: el régimen legionarista! Por acción de ese régimen, las fuentes de nuestras riquezas naturales fueron entregadas a extranjeras manos y hasta el derecho de venerar a nuestros héroes y aprender nuestra Historia nos fue negado. Envilecer el espíritu nacional, para disponer sin inquietudes de la economía del país esa ha sido siempre la política de los legionarios y su descendencia histórica, el Partido llamado "Liberal"; tal la misión y el destino que recibieron de la Alianza.

En época que para nosotros los paraguayos era un delito de rebelión hacer justicia a nuestros héroes, a los que cayeron en defensa de la Patria, la voz de usted nos llevó las simpatías del pueblo uruguayo, con los primeros destellos de una reparación histórica que tuve el honor, y a Dios lo agradezco, de sancionar desde un gobierno integralmente paraguayo, aboliendo los infames decretos que pesaban como una vergüenza nacional sobre la memoria del Mariscal Francisco Solano López.

Nuestro pueblo, que no conoce de ingratitudes, sabe que Ud. es un reivindicador de sus glorias y un ardiente obrero de la amistad de dos naciones que tantos motivos tienen para marchar juntas por los caminos de la vida.

Además, le hemos visto a usted llegar a nuestro lado en los campos de batalla del Chaco, heraldo siempre del amor de este pueblo hermano e infatigable cruzado de la rehabilitación histórica que consideramos indispensable para nuestra resurrección nacional.

Su personalidad de Ud. está por eso, en la conciencia del pueblo paraguayo, en un plano por completo ajeno a todo sectarismo político, pues para nosotros el pueblo uruguayo es una sola y gran familia.

He tenido la satisfacción, como Jefe del Gobierno Revolucionario, de expresarle el reconocimiento de mi país confiriéndole "La Cruz del Defensor". Sobre ningún pecho luce con más justicia esa condecoración! Tanto esa distinción como otras a que Ud. se hizo acreedor tienen en su respaldo la aprobación y el aplauso de todos los paraguayos que aman a su Patria y a los amigos de su Patria. Por esa razón, no puede causarnos sino la más penosa impresión la pretendida "desautorización" emanada en estos días del gobierno legionarista que avergüenza a nuestro pueblo con repetidos ultrajes a la dignidad nacional.

Hace tiempo que la reparación histórica propugnada por Ud. ha triunfado definitivamente en el Paraguay, pese a la extemporánea "desautorización". No puedo menos de hacerle llegar, ante el agravio gratuito y escandaloso que le ha sido inferido por gobernantes que carecen de toda representación popular, las seguridades de que los paraguayos libres rechazamos con toda energía aquella declaración de cancillería.

Sin motivo alguno que lo justifique, el aludido comunicado se refiere a respeto a los Tratados y a paz continental, dejando entre líneas la sospecha insidiosa de que el movimiento nacionalista paraguayo se orientase hacia la violencia y la guerra. Falta de honestidad que se inspira en captar fuera del país, recurriendo al chantaje, el arraigo que no puede tener dentro del mismo. Un movimiento de opinión como el nuestro, inspirado en la justicia, solo puede formar fila en el ideal de los pueblos americanos: la armonía basada en el respeto de los derechos propios y ajenos.

La inopinada declaración del gobierno legionario guarda estrecha correspondencia con la política tradicional del régimen, que jamás permitió que se defendiese al Paraguay contra la iniquidad de la Triple Alianza. Un ejemplo bastará para penetrar el espíritu de la aludida “desautorización".

En febrero de 1873, don José Falcón, erudito conocedor de nuestras cuestiones de límites y acendrado patriota, publicó en un periódico de Asunción un trabajo titulado: "De la conquista del Paraguay por el Tratado de la Alianza". De inmediato el Ministro del Interior, Benigno Ferreira, -ex ayudante del general argentino Paunero en guerra contra el Paraguay- envió una carta al Director desautorizando al periódico y ordenando la suspensión de cualquier otra publicación que pretendiese hacer el Sr Falcón.        .

"El Gobierno de la República" -decía la carta- "que tiene otras convicciones, que mira a la Alianza bajo otro punto de vista, y nacido el mismo día que la libertad; se implantó en el Paraguay, no puede hacerse solidario de esas publicaciones que comprometen su seriedad y sus buenas relaciones".

La libertad que nació... pero que no permite a los paraguayos defender la causa de su Patria. Así fue ayer, así es hoy. Con esta agravante: que ahora la Cancillería legionarista va más lejos, pretendiendo desautorizar hasta a diarios que se editan en el extranjero. Extraordinario celo que proviene del vacío que se abre en torno a un régimen, que necesita aprovechar cualquier oportunidad, aún las más improcedentes, para arrimarse al calor de sus amos extranjeros, cuyas "buenas relaciones" no permiten que se hable de justicia ni de verdad histórica.

Tengo la certeza de interpretar los verdaderos sentimientos de todos los paraguayos patriotas, al felicitar y agradecer a Ud. por la nueva defensa de nuestros derechos pisoteados por el Tratado de la Triple Alianza. Aprovecho esta oportunidad para saludarle con mi más distinguida consideración. - RAFAEL FRANCO.


SEGUNDA PARTE

DESMEMBRACIÓN TERRITORIAL DEL PARAGUAY POR EL TRATADO SECRETO

DE LA TRIPLE ALIANZA por MARCO ANTONIO LACONICH

 

I

REPARACIÓN HISTÓRICA CUMPLIDA POR LA REVOLUCIÓN PARAGUAYA

En mal momento, y en forma poco feliz, el doctor don Ramón J. Cárcamo se ha puesto a remover un asunto de penoso recuerdo: los orígenes de la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay. La verdad es que si de evocar glorias argentinas se trataba, otros temas eran más a propósito y se ofrecían más a la mano que los episodios de un triste drama, que el pueblo argentino, en realidad, deplora en el fondo de su corazón.

El doctor Luis Alberto de Herrera asumió al instante la defensa del Paraguay y puso las cosas en su lugar.

Nada hay que agregar a los decisivos artículos publicados en "El Debate", reducidas a polvo como quedaron en ellos las afirmaciones principales de la conferencia del doctor Cárcamo. No obstante, sería poco edificante que los paraguayos asistiésemos como testigos cómodos e indiferentes a una cuestión que, por fuerza, debe interesarnos fundamentalmente. Y habiendo "El Debate" comenzado a hacer, con generosa espontaneidad, lo que era nuestro deber, a sus calumnias , recurrimos para exponer ciertos datos omitidos por el doctor Cárcamo en su disertación y que, con seguridad, tampoco figuran en su reciente obra.

Como se recordará, uno de los primeros actos de la Revolución Paraguaya, posesionado del poder en febrero de 1936, fue derogar los decretos legionarios que pusieran fuera de la Ley al Mariscal Francisco Solano López, declarándolo además "traidor a la patria'. Los restos del Mariscal fueron traídos del silencioso valle del Aquidabán, donde el mártir de Cerro Corá esperó más de medio siglo la resurrección de su pueblo. Descansan hoy en el Panteón Nacional de los Héroes; magnífico monumento erigido por la Revolución para honrar la memoria de los beneméritos de la Patria. El desagravio nacional quedó así cumplido de una vez y para siempre!

La rehabilitación histórica de la personalidad del Mariscal López era una necesidad patriótica que la Revolución llevó a efecto sin propósitos agresivos para ninguna nación extranjera. Sin embargo, se la recibió con desagrado y casi como acto inamistoso en los círculos argentinos influenciados por el mitrismo. Desde entonces se ha podido notar una intensa literatura argentina dirigida, al parecer, a contrarrestar la revisión histórica operada en el Paraguay. Los contados legionarios paraguayos, caídos en el más profundo desprecio, ya no pueden servir de elementos para desacreditar el pasado de su propia patria. Preciso es que el veneno antilopizta entre ahora, allá como artículo de importación. No sería extraño que la conferencia y los tres tomos del Dr. Cárcano formen parte de algún plan, en pleno desarrollo, con miras a influir desde afuera sobre el espíritu público paraguayo, en sentido contrario a su nacionalismo triunfante. Pareciera que las sombras de Cerro –Corá infundiesen cierto temor misterioso allende las fronteras paraguayas, temor, inexplicable y sin fundamentos, por cuanto el culto de que son objeto nace del derecho que tienen todos los pueblos libres de venerar a sus héroes, para fortalecer su propia identidad.

Por más plumas que se movilicen para desnaturalizar la verdad, lo que está a la vista de todo el mundo es que sobra las ruinas de un pueblo próspero y feliz, cuyo territorio se repartieron metódicamente los "libertadores", se escribió una frase que goteaba sangre : "La Victoria no da Derechos".

Y vamos a ver si la historia es como la cuenta él Dr. Cárcano o como la presenta "El Debate". Queremos advertir, antes de entrar en materia, que las reivindicaciones históricas paraguayas para nada afectan la cordialidad que sentimos por todos los pueblos, cuyos lazos amistosos no son incompatibles con el culto que cada uno de ellos puedan hacer de sus propias glorias, sin venia ni visto bueno de otras potencias.

II

DOS MAPAS Y UNA SOLA VERDAD

Es harto elocuente el mapa de "El Debate" mostrando los territorios paraguayos anexados por los aliados en virtud del Tratado de la Triple Alianza. Para mejor interpretación del dibujo, se transcribían en el texto explicativo disposiciones de ese Tratado;  relativas a la desmembración, territorial pactada previa y secretamente, mientras se proclamaba en todos los tonos la mentira que aun hoy se repite con frecuencia que la alianza se concertaba "contra el tirano del Paraguay y no contra su pueblo".

La Legación del Paraguay en Montevideo, siguiendo expresas instrucciones del gobierno, Montevideo, Asunción, desautorizó dicha publicación por comunicado entregado a la prensa el 6 del corriente mes. ¡Extraña actitud la de aquel gobierno, que se apresura a intervenir donde no le llaman ni la oportunidad ni la discreción! Esa declaración en el vacío, trae a los puntos de la pluma el mensaje que hace poco tiempo enviara, ese mismo gobierno al grupo de Oslo, haciendo votos por el triunfo de la justicia y el derecho contra la agresión en Europa. Tomar posición ante el grupo de Oslo contra la política de agresión, y desautorizar a quienes en el Uruguay, nos defienden en una controversia no provocada sobre una agresión pretérita, que dejara a nuestra Patria reducida a un montón de escombros y con su territorio mutilado, es asunto que no se compagina ni con la lógica ni con la necesaria consecuencia con la verdad histórica.

La condonación de la deuda de guerra y la devolución de los trofeos antecedentes que explican perfectamente la posición de la opinión uruguaya en punto a la cuestión que un criador argentino pretende presentar en forma agraviante para el Paraguay. La tradicional simpatía que los paraguayos sentimos por un pueblo que comparte nuestro profundo repudio por las conquistas territoriales que nos ocupan, no nos permiten dejar pasar en silencio la salida de tono de la Cancillería de Asunción.

Afortunadamente -como lo ha expresado muy bien "El Debate" al comentar el comunicado de referencia¬ ''gracias a Dios, la voz, a menudo meliflua de las Cancillerías no es la voz de los pueblos. Así en el caso ocurrente".

Cuestión aparte de la improcedencia de tal comunicado, desde el punto de vista de la seriedad, existen antecedentes diplomáticos auténticamente paraguayos que, a su vez, desautorizan la desautorización pretendida.

En 1878 el Paraguay concurrió a Washington para exponer ante el árbitro, Presidente Hayes, sus derechos sobre la sección del Chaco que se excluyó de la conquista, previa a la compulsa de títulos. En esa oportunidad, nada menos, el abogado paraguayo; Dr. Benjamín Aceval, dijo en su alegato irrebatible

"A fin de que V. E. se forme idea exacta de los inmensos e importantes territorios que el Paraguay, en su calidad de vencido se ha visto obligado a ceder a los aliados victoriosos, es decir, al Brasil y a la Argentina -al 1º por el Tratado de 1872 y al 2º por el Tratado de 1876- cesiones que han disminuido notablemente la extensión territorial de mi Patria, me permito entregarle un-mapa de los más exactos, que he separado dé la obra de Benjamín Poucel, antes citada, dónde están marcadas esas desmembraciones de territorio con fajas de colores”.

El mapa que publicara “El Debate" no es pues, en resumidas cuentas, sino uno parecido o del mismo estilo del que se entregará oficialmente al Presidente, Hayes, con idéntico objeto: ilustrar gráficamente los despojos territoriales sufridos por el Paraguay. Lo único que falta; son los colores!

¿Es- que la Cancillería de Asunción, al desautorizar a “El Debate", pretende desautorizar también el mapa presentado al árbitro y las palabras con que lo acompañara el abogado  que nos defendió victoriosamente en 1878? Porque, ¿qué de más ni de menos hay substancialmente diferente entre los comentarios, de, "El Debate", y los dichos del Dr. Aceval en Washington?. Se decía asimismo en el alegato paraguayo:

“Esto dará a V É. (al árbitro nociones de los sacrificios inmensos a que se ha sometido a una nación casi totalmente arruinada en una larga guerra de cinco años, en que se le cortó toda comunicación, con el exterior ¿No será eso bastante? ¿No habrá llegado aún el Paraguay al término de sus infortunios?"

Igual pensamiento hace 61 años, en el espíritu del Dr. Acevál y hoy en el ánimo de "El Debate" ; recurrir a un mapa que haga entrar por los ojos el mutilado territorio de un país asesinado por sus "libertades”; pero el comunicado aludido revela muy claramente que el Paraguay no ha llegado aún al término de sus infortunios. Preferimos no ocuparnos aquí de los ciento diez mil kilómetros cuadrados del Chaco, perdidos en el ajuste con Bolivia, ni de los cuatro mil más que se perderán por el Protocolo negociado recientemente en Buenos Aires sobre demarcación de fronteras en la región del río Pilcomayo.

Se explica qué cancilleres tan generosos con el territorio de su país reciban como actos de hostilidad un examen de las injusticias del pasado y que pierdan fácilmente la serenidad ante la sola idea de que las añoranzas del pueblo paraguayo puedan detenerse sobre las tierras que fueron suyas, secularmente suyas. Por supuesto, eso no conviene a los señores del despojo. Pero, ¿quién puede penetrar, ni siquiera en comunicados de cancillerías, los arcanos del porvenir?

III

INTERVENCION DEL PARAGUAY EN LA UNIFICACION DE LA NACION ARGENTINA

El convenio de paz del 10 de noviembre de 1859, llamado de San José de Flores, realizado bajo la mediación del General Francisco Solano López y garantizado por el Gobierno del Paraguay, puso término al largo conflicto entre la Confederación Argentina y la Provincia de Buenos Aires. Dice el art. 1º de este convenio: "Buenos Aires se declara parte integrante de la Confederación Argentina y verificará la incorporación por la aceptación y jura solemnemente de la Constitución Nacional". Era la unificación de la nación argentina. Las partes desavenidas expresaron al mediador su "eterno reconocimiento" y Buenos Aires cubrió de flores al joven general, que once años más tarde caerá en Cerro - Corá, al frente de sus últimos soldados, puesto fuera de la ley y de la humanidad por aquellos a quienes había reunido en paz y concordia.

¡Contrastes del destino! En un documento suscrito por los representantes de la Confederación se lee : "Debe la República Argentina, debe la causa de la humanidad un voto de profundo reconocimiento al digno representante del gobierno paraguayo, el Excmo. Sr. Brigadier General D. Francisco Solano López, por su afanosa dedicación desempeñada imparcial y hábilmente para acercar las partes disidentes; y en cuanto a nosotros, nos honramos en reconocer la influencia benéfica de su consejo para la remoción de las dificultades inherentes a un debate de familia sostenido sobre un terreno enrojecido con la sangre de hermanos". (Oficio de noviembre 17 de 1859, al Dr. Victorica, Secretario de Guerra de la Confederación).

Este mismo mensajero de paz, que cautivó a la sociedad argentina por la finura de sus modales y los encantos de su cultura, se transforma en la propaganda de sus detractores en un bárbaro de tierra adentro, en el "tirano que viene como Yugurta", "una tromba repentina y gigantesca que arrasa el suelo, los pueblos y los hombres", como acaba de pintarlo el Dr. Cárcano, en reciente conferencia. ¿Con esos anatemas sé podrá borrar lo que se ha escrito en otro tiempo, en testimonio de gratitud? "Debe la República Argentina, debe la causa de la humanidad un voto de profundo reconocimiento al digno representante", etc., etc.... Menos mal, el Dr. Cárcano reconoce que "en las provincias la guerra es impopular y odiosa", pues en ellas se resiste "a Buenos Aires y al Imperio" dado que el Paraguay "es el vecino y amigo histórico, mediador afortunado de la paz de Noviembre, después de Cepeda".

Agrega el Dr. Cárcano : "No saben (los argentinos ) que los paraguayos, durante largos años, han preparado la guerra". En realidad, la guerra era impopular y odiosa al pueblo argentino, porque el Paraguay había preparado otra cosa la pacificación argentina.

¡Preparado la guerra! ¿Concurriendo a resolver las discordias internas de la Argentina, en vez de fomentarlas, como ha sido en todo tiempo la práctica preliminar en las agresiones? ¿Fortalecer al futuro enemigo, para atacarle luego, por el puro gusto de encontrar mayor resistencia? No; el Mariscal no era ningún Caballero de la Triste Figura..

¿Con qué objeto complicar lo que se explica por los acontecimientos mismos? Habla el doctor Cárcano de un plan político y militar, lentamente elaborado por el Paraguay, para la conquista de una costa de mar a expensas del Brasil, que "no lo sospecha el Imperio anacrónico, desconfiado y suspicaz, con famosos embajadores encapuchados en .Asunción". Estaría más cerca de la verdad el Dr. Cárcano si dijese que habría más bien motivos para creer en la repartija del territorio uruguayo, lo que hubiese dejado el estuario del Plata, de costa a costa, en poder de un solo país, el cual vendría a tener por ese modo en sus manos la vida misma de la nación mediterránea.

El "tirana" contra quien se concierta la Alianza, para "libertar" al pueblo paraguayo, había cometido, pues, estos nefandos delitos: 1° Consolidar la unidad de una nación amiga; 2° Desenvainar la espada por los agravios inferidos por un vecino más poderoso a otro pueblo hermano. La sangre que el Mariscal ahorró a los argentinos, la pagará más tarde con su propia sangre. Y su preocupación por que fuese respetada la integridad del territorio oriental, desviará a los dos colosos hacia las tierras de donde vienen voces de orden, de respeto a la soberanía de los pueblos. ( 1 ).

Por lo demás, cuando se firmó el Tratado Secreto, hacía tiempo que el Imperio y Buenos Aires habían llegado a una inteligencia para "libertar" al pueblo paraguayo, empresa que no era, en el fondo, sino un acuerdo para resolver por la fuerza los conflictos de límites según las pretensiones territoriales de los aliados.

El plan de "salvataje" es por demás conocido.

"No siendo la guerra contra el pueblo del Paraguay, sino contra su gobierno, los aliados podrán admitir en una Legión Paraguaya, todos los ciudadanos de esa nacionalidad que quieran concurrir a derrocar a dicho gobierno, y le prestarán todos los elementos que necesitaren", etc. ' (Art VII del pacto secreto). La técnica de siempre, hoy de moda más que nunca. Y hubo traidores que combatieron contra su Patria cantando el conocido Himno de la Ignomia: "Paraguayos, República o Muerte!    Triple Alianza nos da Libertad. - Largos años, cual Febo entre nubes. - Vese oculta la perla del Sud, - Mas hoy Mitre grandioso aparece. - A realzarla de gloria y virtud", etc.

Como en muchos casos parecidos, esos legionarios fueron impuestos por las armas extranjeras en el gobierno del país vencido. Tal el origen del legionarismo paraguayo, cuyo acento aun vibra, a 69 años de la tragedia, en el comunicado de cancillería que hemos comentado.

Y ahora viene el reparto del botín, el famoso artículo 16: se adjudica a la Argentina todo el territorio de la margen derecha del río Paraguay hasta la Bahía Negra, y las Misiones en la margen izquierda del Paraná. El Imperio se reserva los territorios ubicados al Norte del río Apa.

Era la primera vez que las pretensiones argentinas pasaban arriba del río Bermejo, reconocido en el Tratado de 1852 por la divisoria de los dos países en esa parte, de conformidad con tres siglos de Historia. En cuanto a los territorios comprendidos entro los ríos Apa y Blanco, habían sido neutralizados en espera de una inteligencia pacífica sobre el mejor derecho a ellos. Un arbitraje juris no fuera, ciertamente, adverso a los títulos del Paraguay sobre el Chaco Central (región comprendida entre el Bermejo y el Pilcomayo), sobre las Misiones y sobre las tierras de Xerez, altura del río Mbotetei. Pero, "para evitar las discusiones, las guerras que traen consigo las cuestiones de límites", quedó establecido en el pacto de alianza que se exigiría del Paraguay la celebración de tratados definitivos de límites sobre aquellas bases.

A pesar de estas precauciones, hubo discusiones y hasta amenazas de guerra con motivo de los límites prefijados a la víctima; pero esta vez entre los dos aliados.

El imperio dio jaque mate y en interés propio detuvo en el río Pilcomayo la expansión argentina, cuyos propugnadores tuvieron que marcar el paso a gusto “de los famosos embajadores encapuchados del Imperio anacrónico”.

IV

LA FRASE QUE MITRE NO PRONUNCIO: "LA VICTORIA NO DA DERECHOS"

En Abril de 1869, un año antes de cae el último soldado paraguayo en Cerro -Corá, los legionarios expresaron a los gobiernos aliados el deseo de constituir un gobierno provisional en Asunción. Esta petición fue considerada por plenipotenciarios de los gobiernos coaligados contra el Paraguay, en conferencias realizadas en Buenos Aires. El Protocolo suscrito en fecha 2 de junio de eso año resolvió las condiciones sobre las cuales sería reconocido, el gobierno legionario, condiciones que importaban, en el fondo y en la forma, la constitución de un cuarto gobierno aliado.

“El gobierno provisorio" -dice la base 6º- "además de su acción política y administrativa, prestará todo el concurso que le sea posible para las operaciones militares de los aliados, ya en personal y material de guerra, ya en víveres o forrajes". El estatuto del gobierno provisorio era, pues, el Tratado de la Triple Alianza, como en la condición tercera se declara expresamente, por cuanto “se obligará a proceder de entero acuerdo con los aliados hasta la terminación de la guerra con arreglo a las prescripciones del referido Tratado".

Vale decir, quedaban aceptadas por el gobierno legionario, en todas sus partes y sin reservas, las estipulaciones del Tratado Secreto respecto de la repartija del territorio paraguayo. Con tales hombres van a tratar los plenipotenciarios brasileños y argentinos, después de la muerte del Mariscal Francisco Solano López las condiciones de paz que serán impuestas a la República guaraní.

¿Eran, podían serlo, mandatarios autorizados del pueblo paraguayo los traidores legionarios, “que hacen parte los ejércitos Aliados", como exactamente se lee en el Protocolo del 2 de junio de 1869, del cual nacen los poderes del gobierno provisional? Los aliados, tratando con los legionarios, trataban consigo mismo. Dicen las ciencias jurídicas y el buen sentido que en todo Tratado son dispensables, por lo menos, dos partes, dos voluntades.

Los que podían representar al Paraguay, la otra parte interesada, habían muerto combatiendo por su Patria, ataban prisioneros o perseguidos a sangre y fuego. El pueblo paraguayo había sido completamente "libertado"! . Y aquí no resistimos a la tentación de reproducir una gran verdad que encontramos en la conferencia del doctor Cárcano, a quien se la pedimos prestada para aplicarla en un caso más verdadero: "En todas las épocas de la historia, la fuerza no respeta nada. Sólo tiene un criterio: derribar a quien se opone".

Plenipotenciarios argentinos, brasileños y legionarios se reúnen en conferencia el 24, el 26 y el 28 de Mayo de 1870, para arreglar los preliminares de la paz "que se va a declarar entre las Naciones Aliadas y el Paraguay". El 20 de Junio se suscribe otro Protocolo, que insinúa inesperadas grietas en la alianza, pues la anterior aceptación pura y simple se modifica en esta forma:

"El Gobierno provisorio de la República ratifica una vez más las declaraciones que hizo al aceptar el Protocolo del dos de junio del año próximo pasado, y por consiguiente acepta en el fondo el Tratado de la Triple Alianza celebrado en Buenos Aires el 1° de Mayo de 1865, reservándose para los arreglos definitivos con el gobierno permanente, las modificaciones  de este mismo Tratado, que puede proponer el Gobierno Paraguayo en interés de la República".

Este Protocolo es un nuevo triunfo de la diplomacia imperial. Había mar de fondo en las relaciones de Río Janeiro y Buenos Aires con motivo de las cuestiones territoriales. Los "encapuchadas embajadores del imperio anacrónico" --que dice Cárcano- maniobran ahora hacia otro objetivo: limitar la expansión territorial asegurada a la Argentina por el Art. 16 del pacto secreto. El Chaco es la manzana de la discordia!

Las cuestiones sobre límites quedan replanteadas en el Protocolo del 20 de Junio de 1870 conforme con la acción futura de Itamaratí : los representantes legionarios declaran que entendían dejar al gobierno permanente en libertad para defender las fronteras definitivas según los derechos de la República, no pudiendo deducirse de la aceptación de fondo antedicha "que queda resuelta esta Importante cuestión territorial en los términos del Tratado de la Triple Alianza". El plenipotenciario argentino depone que, no obstante la ocupación militar de la Villa Occidental, "está bien explicado que el gobierno argentino no quería usar de sus derecho de vencedor para resolver la cuestión de límites", etc. Y el plenipotenciario del Imperio confirmó que "no siendo intención de los gobiernos aliados conquistar territorios por el derecho de la victoria", se proponían respetar la integridad territorial del Paraguay y solamente exigir "lo que es de su perfecto derecho".

Sobre estas bases, decoradas por frases que brillan mucho nada más que para ocultar un duelo diplomático, se firma el mismo día 20 de Junio el Protocolo Preliminar, de Paz que puso fin a la guerra. Se organiza, siempre con legionarios, el gobierno permanente para negociar con los aliados los ajustes definitivos de Paz y Límites. Las tropas de ocupación siguen en la capital paraguaya para sostener a un gobierno repudiado por el pueblo, pero cuya firma se necesita para sancionar los despojos por consumarse.

El imperio, que domina el campo, decide por sí mismo lo que entiende "su perfecto derecho", en los Tratados de 1872; pero cuando la Argentina pretende proceder en la misma forma, se encuentra con una raya, el río Pilcomayo, que su aliado no le consiente pasar. Entre tanto, la frase "La Victoria no da Derechos" ha sido pronunciada varias veces sin significación alguna en aquellas negociaciones, en que sólo prevalecieron la fuerza y la voluntad de los vencedores. Con el correr de los años se atribuye al general Mitre la paternidad de la frase, que él rechazo con energía :

"Se dice más: que es esta la doctrina argentina, nosotros, en nombre del pueblo argentino, la negamos renegaremos hoy como siempre”, etc. (Ver “La Nación” Bs. Aires, Diciembre de 1880),

Lo cual no impide que se siga repitiendo como del General Mitre la frase que no pronunció :

“Las únicas grandes guerras contra países que eran nuestros hermanos fueron guerras para libertar pueblos oprimidos. En este punto Mitre sale de la Historia, para pronunciar luego del triunfo de las armas, la frase sublime que condensa todas las tradiciones de generosidad de nuestro pueblo:  “La Victoria no da Derechos". (Canciller Saavedra Lamas, discurso en la Cámara Argentina de Comercio. Ver “La Nación", Nov. 28 de 1936 ).

Así resulta, con perdón del Dr. Saavedra Lamas, que el General Mitre no es de su misma opinión ...

V

LOS INTERESES DEL IMPERIO Y LA EXPANSION TERRITORIAL ACORDADA A LA ARGENTINA POR EL PACTO SECRETO

La expansión territorial hasta la Bahía Negra, adjudicada a la Argentina por el Art. 16 del Tratado Secreto, no era más que una promesa del Imperio hecha en un momento difícil y apremiante, para contar con un aliado decisivo; pero sin intención alguna de darle satisfacción, en cuanto las circunstancias se lo permitiesen.

Firmado el Tratado del 1º de mayo de 1865, pasó a dictamen de la Sección de Negocios Extranjeros dé Concejo de Estado, en consulta sobre los límites atribuidos por el pacto a la Argentina. El dictamen explica toda la política del Imperio en el arregló de los actuales límites argentino - paraguayos :

“De ahora en adelante" -reza el documento producido- "el Brasil quedará dependiendo de la Confederación ( Argentina) en todo lo que concierne a la navegación hasta la Bahía Negra o hasta el Yguazú. Nuestra frontera de Coímbra y Miranda sólo tenía que temer la invasión paraguaya, de ahora en adelante temer también la argentina . . . Lo que convenía al Brasil, aunque por necesidad consintiese en la cesión de la margen del Paraná, es que la Confederación no tuviese un palmo de costa en el Paraguay, encima del Pilcomayo; que de ahí hasta el Pan de Azúcar perteneciese al Paraguay y que encima de ese punto fuese atribuida a Bolivia, no porque ésta cuenta con mejor título, sino porque así lo exigen los intereses de la navegación, comercio y seguridad del Brasil". (Noviembre 30 de 1865).

Quedaba así definida la acción futura del Imperio respecto del Chaco: después de servirse del gobierno de Buenos Aires para destruir al Paraguay, la intención es traer a Bolivia para contrarrestar las concesiones hechas a la Argentina. En ambos casos, el precio ofrecido son tierras paraguayas. El 5 de mayo de 1866, el Canciller Saraiva instruye en estos términos al agente diplomático en Buenos Aires, Octaviano de Almeida Rosa :

"El Gobierno Imperial propone que el argentino, conservando el territorio de la margen derecha del Paraguay, de la boca de éste río hasta la del Pilcomayo, reconozca desde luego, como de entera propiedad de Bolivia la región que se extiende desde este segundo punto hasta la Bahía Negra" (2).

Son estas mismas ideas las opiniones del Emperador, Don Pedro II: “A condción del arrasamiento de las fortificaciones, es importante y conviene que Bolivia sea también ribereña del río Paraguay en esa parte (Chaco Boreal ) para que más fácilmente se mantenga la libre navegación”. (Carta al Barón de Cotegipe, mayo 9 de 1869).

Los estadistas más influyentes del Imperio preparan terreno al plan. Discurso de Pimenta Bueno en el senado : "Pues bien, del Fuerte Olimpo hasta Bahía Negra, vecina del Fuerte de Coímbra, hay en la margen derecha del Paraguay un extenso territorio; dese a Bolivia o todo o parte de ese territorio”. En compensación sostenía, -tendríamos “un gobierno más interesado en la navegación de aquellos ríos”.

Tavares Bastos encuentra "justo adjudicar a Bolivia por lo menos toda la extensión del gran Chaco comprendida entre la desembocadura del río Apa y la Bahía Negra, donde comienza la posesión del Brasil sobre una y otra margen del río Paraguay". ("Valle del Amazonas", 1866).

Pereira Pinto aconsejaba: “Usemos de nuestra influencia para que la misma República (de Bolivia) sea definitivamente incorporada al territorio del Chaco, al que se juzga con derecho y que disputa con buenos títulos a las Repúblicas de la Argentina y del Paraguay". (Apontamento para o Direito Internacional, 1866).

Y Joaquín Nabuco aclara que "deseaba el gobierno brasileño que el argentino limitase sus pretensiones en el Pilcomayo, reconociendo a Bolivia la propiedad entre dicho río y la Bahía Negra".

Sin embargo, este Chaco que los estadistas del Imperio parten y reparten según sus conveniencias, había sido reconocido por el Brasil como indiscutiblemente paraguayo, en convenios libremente consentidos. En uno de ellos se lee que el Plenipotenciario del Brasil, Vizconde de Río Branco, "concordaba perfectamente con la declaración que acababa de oír. Que nunca hubo contestación entre el Imperio y la República (del Paraguay) sobre el territorio de la margen derecha del río Paraguay, reconociendo ambos gobiernos la Bahía Negra como límite de los dos países por ese lado". (Protocolo del 12 de febrero de 1858 ).

Pero es fácil interesarse por la incorporación de un tercero en discordia en el asunto del Chaco, toda vez que los territorios en juego son ajenos. Con criterio muy diferente, desde el punto de vista de la generosidad, el imperio rechaza las pretensiones de Bolivia de tener una salida sobre el río Paraguay arriba de la Bahía Negra, en el litoral de su posesión.

La guerra es una coyuntura favorable que se ofrece al Imperio para descansar de las demandas bolivianas, desplazándolas para el futuro hacia el sur de la Bahía Negra, con todas las ventajas más arriba apuntadas.

¿Pero el artículo 16 del Tratado secreto, los compromisos con el aliado argentino?

VI

OCUPACION DE LA VILLA OCCIDENTAL POR TROPAS ARGENTINAS

Puesto en funciones el gobierno provisional instalado en Asunción según las condiciones del Protocolo del 2 de junio de 1869, tropezó con una pequeña dificultad en el cobro de impuestos, a un ciudadano norteamericano residente en la Villa Occidental (hoy Villa Hayes). El 17 de noviembre de 1869 recibió del comandante en jefe del ejército argentino en campaña, general Emilio Mitre, una nota haciéndole presente “que el Chaco es exclusivamente argentino y que en él nada tienen que hacer las autoridades paraguayas”. Detrás de la nota fue la ocupación militar.

Pero he aquí que aquel remedo de gobierno, que había aceptado sin condiciones ni reservas las cláusulas del Tratado de Alianza, contesta protestando contra el derecho que se le niega de ejercer jurisdicción "en una antigua población, frontera o departamento de esta Capital de la República, creada por los esfuerzos y capitales de la Nación Paraguaya”. Y no sólo eso, sino que espera "que los gobiernos aliados pesarán bien si es justo y político el acto que así le priva de una jurisdicción tan antigua como el mismo Paraguay, llamando desde ya la atención de los gobiernos aliados sobre lo que se deja expuesto, y además de eso, sobre los peligros que las poblaciones de la margen oriental del Paraguay han de correr si se hiciese electiva la negación de su jurisdicción en el otro lado llamado Chaco". (Nota del 25 de noviembre de 1869). Los estadistas del Imperio están operando desde la sombra; sus manos no se ven, pero se sienten en todas partes.

Copia de esta comunicación fue pasada al agente diplomático del gobierno argentino en Asunción, en la duda de que el General estuviese obrando por su propia cuenta, al margen de ciertas cosas convenidas entre brasileños y argentinos; pero el 27 de diciembre 1869 el gobierno argentino respondió aprobando la conducta del jefe de sus ejércitos, si bien es posible encontrar en la nota declaraciones tan ambiguas como estas:

"Sin embargo, el gobierno argentino ha sostenido hace muy poco tiempo, en discusiones con el Representante de S. M. el Emperador del Brasil, que la victoria no da derechos a las Naciones Aliadas para declarar por sí límites suyos los que el tratado (de la Alianza) señala….

Así, al ocupar el Chaco, la República Argentina no resuelve la cuestión de límites : toma por el derecho de la victoria lo que cree ser suyo, dispuesto a devolverlo si el Paraguay presenta pruebas que venzan a las nuestras cuando la cuestión de derecho se trate".

Es decir, se toma y no se toma...

El gobierno provisorio replica el 12 de enero de 1870, "salvando el derecho de la República del Paraguay al dominio que, desde la fundación de esta Provincia, ha ejercido hasta hoy en el territorio últimamente ocupado por las fuerzas de la República Argentina".

Instalado el Gobierno permanente, se reúnen en Asunción los representantes de la Alianza para tratar "la cuestión de derecho", esto es, las fronteras definitivas. Contando siempre con la asistencia de los estadistas del Imperio, el Paraguay defiende sus derechos al Chaco contra las pretensiones argentinas de llevar sus límites hasta la Bahía Negra. En ese momento aprovecha lo que se le había acordado en el Tratado Preliminar de Paz del 20 de junio de 1870, de proponer las modificaciones de los límites fijados en el pacto de Alianza, que considere convenientes al interés del país. La mesa estaba preparada y los diplomáticos del Imperio, impecables en su elegante trabajo, siguen desarrollando su política ( 3 ).

Las resistencias paraguayas a desprenderse del Chaco rompen las negociaciones conjuntas con el alejamiento del plenipotenciario argentino; pero las conversaciones continúan sin dificultades con los diplomáticos del Brasil. El 9 de enero de 1872 se concluyen con el Imperio el Tratado definitivo de Paz y el de Límites. En este último son aceptadas, sin hesitaciones, las cesiones territoriales previstas en el Tratado de Alianza a favor del Brasil (4).

La firma de estos ajustes importa una ruptura del Pacto Secreto, por cuyo artículo VI los aliados se comprometían solemnemente a "no negociar con el enemigo común separadamente, ni firmar tratados de paz, tregua, armisticio ni convención alguna, para poner fin, o suspender la guerra, sino de perfecto acuerdo de todos".

El gobierno argentino apela a la vía de hechos y trata de obtener por la fuerza los territorios que el Brasil quiere escamotearle. El 31 de enero de 1872 dicta el Decreto creando una gobernación en la Villa Occidental. El 18 de febrero, el Paraguay eleva el tono de su protesta anterior:

"El Gobierno de la República del Paraguay dice en el deber de salvar los legítimos derechos de la Patria, usurpados por un acto arbitrario del gobierno argentino, en que, por medio de un Decreto, se apodera del territorio del Chaco, apelando a las fuerzas de las armas que emplea contra quien no puede resistir, hace su protesta ante el mundo civilizado y ante todas las naciones amigas contra el procedimiento incalificable del gobierno argentino"

Después de dejar bien establecida nuestra secular pertenencia del Chaco, la nota pregunta: "¿Cómo, pues, el gobierno argentino, sin oír al Paraguay, da la sentencia a su favor declarando territorio nacional al Chaco, cuando este territorio está disputado, y avanzando su injusticia hasta nombrar gobernador?"

"El Gobierno de la República del Paraguay- -continúa la protesta- "ve en el Decreto del gobierno argentino una amenaza a su existencia política, un desconocimiento de sus derechos como nación soberana, independiente y libre; un ataque directo a su integridad territorial; y por último, mira como una conquista que hace, prevalido de la fuerza, a falta de títulos

Finalmente, adelanta que "no reconocerá el Chaco por territorio argentino, hasta que no se presenten mejores títulos que los que él posee"..

¿Quiénes alientan estas rebeldías del vencido a someterse a la ley del vencedor? Los estadistas del imperio “anacrínico", los "encapuchados embajadores" -que dice el Dr. Cárcano. Ellos habían dicho: no conviene el Brasil que la Argentina tenga un palmo de costa del río Paraguay arriba del Pilcomayo. Y no la tendrá. En es parte, la Argentina se apropiará de lo que el Brasil le consiente: el Chaco Central, tan legítimamente paraguayo como el otro Chaco, el Boreal.

VII

RESISTENCIAS DEL PARAGUAY A CEDER LA VILLA OCCIDENTAL. - MISION DE MITRE A RIO DE JANEIRO Y ASUNCION. - TEJEDOR Y SU POLITICA

El gobierno de Buenos Aires mantenía la ocupación militar del Chaco, pero la interposición del Imperio le impedía reducir las resistencias paraguayas a ceder el territorio de la margen derecha del río Paraguay más al norte del Pilcomayo.

Nótese que las dificultades para el arreglo de los límites con la Argentina se producen respecto del territorio chaqueño. Sobre las omisiones, también adjudicadas a la Argentina por el Tratado de Alianza, donde igualmente los títulos del Paraguay son incontrovertibles, no se oyen alegaciones ni protestas de consideración por parte del gobierno asunceno. ¿Dudas sobre la legitimidad de los derechos de la República? No. Es que el interés del Brasil, especificado antes, no radica en esa parte y el Paraguay no puede contar allí con la ayuda diplomática brasileña. No le queda otro recurso que seguir al director de orquesta, el Imperio, para no perderlo todo.

Después del alojamiento poco amistoso del plenipotenciario argentino de Asunción, en 1872, creóse entre los ciliados una situación irregular que no podía seguir indefinidamente sin grandes riesgos para sus relaciones pacíficas. El mismo año el general Bartolomé Mitre es comisionado a Río de Janeiro para limar las asperezas y obtener, si es posible, el cumplimiento de los compromisos del pacto de alianza. Sus gestiones se concretaron en el Protocolo del 19 de noviembre, comprometiéndose el Brasil a prestar a la Argentina su asistencia moral para la remoción de las dificultades con el Paraguay; pero este convenio sólo cubre aparentemente una ficción: que el pacto de alianza, pese a los Tratados firmados separadamente por el Imperio con el Paraguay en 1872, se mantiene en vigor en todas sus partes.

De vuelta de Río de Janeiro, en Marzo de 1873 el General Bartolomé Mitre es acreditado ante el gobierno del Paraguay para reanudar las conferencias interrumpidas el año anterior. También es destacado a Asunción el Sr. Magalhaes, Barón de Araguaya, con el fin de prestar al plenipotenciario argentino la ayuda moral prometida en el Protocolo del 19 de noviembre.

Sobre el alcance de esta ayuda moral arroja mucha luz lo que el Barón manifestó al general Mitre cuando fue explorado en ese sentido

"El Sr. Magalhaes me replicó, con viveza y casi interrumpiéndome, que ciertamente no debíamos contar con la cooperación del Brasil en esta cuestión, sino hasta cierto punto; que en ningún caso nos apoyaría en nuestras exigencias para pretender todo el Chaco hasta Bahía Negra, agregando que si tales hubieran sido las disposiciones del Gobierno, él no se hubiese encargado de ejecutarlas por ser de todo punto contrario a ellas (a esas pretensiones)". Nota confidencial del Mitre al Canciller Tejedor, fechada en Asunción el 30 de junio de 1873 (5 ).

Las bases presentadas por el general Mitre para un acuerdo sobre las fronteras definitivas se concretan en los siguientes puntos: 1º Las Misiones para la Argentina. 2º La Isla del Cerrito o Atajo, ídem; 3º El Chaco Central, entre los ríos Bermejo y Pilcomayo, ídem. 4º Desde el Pilcomayo hasta la Bahía Negra, a decidirse por comisarios nombrados de común acuerdo o sometido al arbitraje.

"El Plenipotenciario paraguayo" -dice el Dr. Aceval en su alegato- "atendiendo a las circunstancias especiales en que se encontraba el Paraguay en su calidad de vencido y destruido por la Alianza, después de muchas citaciones y aunque firmemente. convencido de los derechos del Paraguay a todo el territorio que siempre ha poseído, se consideró obligado a hacer las mayores concesiones posibles en obsequio a la paz y armonía con sus sanos, y se resignó, con el dolor del patriota, a acordar la cesión a la República Argentina: 1º del territorio de las Misiones a la izquierda del Paraná; 2º de la isla del Atajo o Cerrito; 3º de la parte del Chaco paraguayo comprendido desde el Bermejo hasta el río Pilcomayo, en el brazo que desemboca casi frente a la Asunción, debiendo quedar lo demás del Chaco, al Norte de este río hasta la Bahía Negra, reconocido como paraguayo; y para el caso de no arreglarse así por transacción, propuso que se sometiera al arbitraje todo el territorio del Chaco discutido, desde el Bermejo hasta la Bahía Negra”.

El general Mitre tenía el ánimo dispuesto para aceptar la línea transaccional del Pilcomayo, convencido de que será inútil pretender más; pero en Buenos Aires, el Canciller Tejedor, tenaz y agresivo, tiene sus pensamientos fijos como un enfermo en la Villa Occidental. Seguramente no le parecía bastante, como frutos de la victoria, la conquista lisa y llana de las Misiones, la Isla del Cerrito y el Chaco Central..

Nada hay nuevo bajo el sol. La teoría de la "necesidad", disculpa con que hoy se atropella a tantos pueblos, asoma sin timideces en los pensamientos de Tejedor. Su contestación a los puntos de vista de Mitre es toda una reprimenda : “La margen derecha del río Pilcomayo" –le notifica el 9 de Julio de 1873- "que V. E. propone, en su brazo principal frente a Asunción por los 25º 20º según el mapa de Mouchez, nada garante porque esa línea importaría abandonar la Villa Occidental, único punto poblado de aquellas regiones, y los desiertos no se defienden con desiertos. De aquí la ocupación de la Villa Occidental y de aquí también la insistencia de conservarla".

Las divergencias producen un choque desabrido entre el General diplomático y su Canciller. Reproducimos varios de los conceptos de Mitre, copiados de sus notas confidenciales.

l. - "La Villa Occidental es una población originariamente paraguaya, que siempre estaría presente ante los ojos de este país como un despojo hecho en nombre de la fuerza".

Refiriéndose al derecho que nace de las glorias militares -aducidas por Tejedor- Mitre replicaba que debió pensarse n eso "cuando se proclamó que las armas triunfantes no daban ningún derecho y cuando se declaró que la Villa Occidental se conservaba a título de depósito para - entregarla al Paraguay si probaba que era suyo".

2.-"A la penetración de V. E. no puede ocultarse, que someter al fallo arbitral la Villa Occidental es lo mismo que hacer abandono de ella".

Esta previsión, que el fallo Hayes confirmó después plenamente, era también aplicable a las Misiones, la Isla Atajo y el Chaco Central. Por esa razón no fueron discutidos jurídicamente!

Varadas las conversaciones con el Paraguay debido al incidente Mitre-Tejedor a propósito de la Villa Occidental, el plenipotenciario argentino regresó a Buenos Aires quedando nuevamente interrumpidas las negociaciones, sin lazo fijo.

Por nota del 2 de setiembre de 1873 el gobierno paraguayo se permite advertir al Canciller Tejedor que "no pudiendo la República, ceder más de lo que ha cedido, ni voluntariamente decretar por un tratado su propia ruina", espera una contestación de parte del gobierno argentino hasta el día 30 de noviembre venidero, "pues fenecido ese termino se considerará sin efecto y sin ningún valor las concesiones a que el Paraguay vencido se resignaba no por reconocer derecho alguno a la República Argentina al territorio que ella exige, sino tan sólo por la fuerza de las circunstancias y por el íntimo deseo de vivir en paz y buena armonía con una vecina República”.

Tejedor contesta, en su estilo: "el Gobierno argentino no está dispuesto a cambiar sus anteriores proposiciones comunicando lo mismo al Gobierno Imperial".

Se propone obtener él mismo lo que Mitre no pudo "Padecía un poco -al decir del general- de la enfermedad de la Villa Occidental".

VIII

MISION DE TEJEDOR A RIO DE JANEIRO. - DIVERGENCIAS CON EL IMPERIO. - PLENIPOTENCIARIO PARAGUAYO DESAUTORIZADO POR SU GOBIERNO

Despuésdel fracaso de la misión Mitre, de 1873, la negociaciones fueron trasladadas a Río de Janeiro. Tejedor en persona inviste ahora la representación de la República Argentina. El Imperio confía la defensa de su política a dos Vizcondes: el de Río Branco y el de Caravellas; el Paraguay manda a Jaime Sosa.

Tejedor, que algo tiene aprendido del modus operandi de la diplomacia imperial, se asegura antes de emprender viaje la cooperación del plenipotenciario paraguayo. Una carta confidencial de Sosa, escrita desde Río de Janeiro en fecha 1° de abril de 1875, lleva a Tejedor este importante secreto: "Cúmpleme manifestar a Vuestra Excelencia con sincera franqueza, que tanto Vuestra Excelencia como su Gobierno pueden contar con mi humilde contingente y buena voluntad en todo aquello que de mí dependa para la consecución de sus grandes y elevados propósitos".

Ya sabemos en qué consisten, en último término, esos grandes y elevados propósitos: en la apropiación definitiva de la Villa Occidental, clave de la batalla diplomática en desarrollo desde hacía cinco años. Agregaba Sosa en su referida carta que, si bien esos grandes y elevados propósitos no son los que abrigan los hombres de su gobierno, en cambio son "con toda seguridad los de la Nación paraguaya, y en particular de aquellos que, como elementos más inteligentes, combatieron al lado de la alianza al tirano López y a los verdugos del pueblo paraguayo”.

Tras proporcionarle consejos, "con conocimiento de causa”, el diplomático legionario define su papel en las próximas conferencias: '"Creo que con lo dicho basta para que Vuestra Excelencia conozca la disposición en que me encuentro respecto a la persona de Vuestra Excelencia y su gobierno'".

Con esta cooperación que llega al campo de la complicidad, Tejedor espera meter en un zapato, en la misma Corte de San Cristóbal, a los "encapuchados embajadores del Imperio anacrónico”. En la tercera reunión presenta sus bases para finiquitar las cuestiones con el Paraguay por transacción, por arbitraje o por transacción y arbitraje combinados. La solución transaccional dispone la cesión a la Argentina de las Misiones, la Isla del Cerrito Atajo, del Chaco Central y de la Villa Occidental " "con un territorio de dos leguas al Sur, cuatro al Norte y cuatro al Oeste'". A cambio de estas concesiones del Paraguay, la República Argentina daría por cancelada la indemnización por los gastos de guerra.

La diplomacia imperial no se aviene a prestar su conformidad con esas pretensiones, que siempre había rechazado, y por tercera vez se rompen las negociaciones Entonces Tejedor ensaya su jugada maestra, a lo Cotegipe el año 1872 en Asunción: prescinde del aliado y firma separadamente con Jaime Sosa el Tratado de Límites del 20 de Mayo de 1875 y la Convención adicional, de la misma fecha, sobre daños y perjuicios de la guerra. El ajuste de límites registra todas las pretensiones de la transacción citada. Fija la divisoria en la parte del Chaco en la desembocadura del arroyo Verde, "situada inmediatamente al Norte de la Villa Occidental, continuando por el brazo principal del mismo arroyo hasta distancia de cuatro leguas en línea recta por su margen derecha y desde este punto por una línea paralela al río Paraguay hasta encontrar el río Pilcomayo". A todas luces, el Sosa éste tenía título para contarse entre los legionarios "más inteligentes”….

Pero la creencia de Tejedor, de que ha conquistado al fin la Villa Occidental, es solamente una ilusión. Pronto el Imperio toca otros resortes de su mecanismo diplomático. Si “los elementos más inteligentes que combatieron al lado de la Alianza” respondían a la Argentina, los "menos inteligentes" -según la auto clasificación de Sosa- respondían al Brasil. Y como estos estaban en el gobierno, no se hizo esperar una resolución estrepitosa de Asunción.

Fue el Decreto del 17 de junio de 1875: "No pudiendo ni debiendo el gobierno continuar depositando su confianza en don Jaime Sosa por la manera como se ha conducido en su misión de Plenipotenciario, desviándose de sus instrucciones y defraudando profundamente aquella confianza al celebrar el Tratado de Límites ad-referéndum entre esta República y la Argentina en Río de Janeiro, Decreta: 1º Cesa don Jaime Sosa en el carácter de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en misión especial cerca del Gobierno de Su Majestad el Emperador del Brasil".

El mismo día son desaprobados por otro Decreto los Tratados de Río de Janeiro, por haberse contrariado en ellos las instrucciones del Gobierno y porque desconocen y perjudican “no ya los intereses que la dignidad y el buen deseo de arribar a un arreglo le habían permitido a la República sacrificar, sino también sus derechos vitales".

Ambos aliados seguían manteniendo hasta entonces en el Paraguay sus fuerzas militares de ocupación. Evidentemente, la permanencia de las tropas brasileñas después de los ajustes de 1872 tenía una sola razón de ser: respaldar la intervención de la diplomacia imperial en el arreglo de los límites de la Argentina y el Paraguay en la parte del Chaco. Comprendiéndolo así, el Canciller Tejedor deseaba eliminar ese estorbo, interesándose especialmente por la evacuación de las tropas de ocupación, para descontar ventajas; pero el Brasil tenía otro punto de vista; primero, el arreglo de las fronteras paraguayas y la desocupación, después.

Por otra parte, el gobierno legionario, que contaba con las tropas extranjeras para su estabilidad política, tenía interés en que la ocupación continuase. La aludida carta de Jaime Sosa a Tejedor revela que "por orden de mi gobierno debo solicitar por escrito (y solicité ya verbalmente en varias conferencias) del Gobierno Imperial, la permanencia de sus tropas en territorio paraguayo por el mayor espacio de tiempo posible”. (6).

IX

EL TRATADO DE LÍMITES DEL 3 DE FEBRERO DE 1876. LOS "RECONOCIMIENTOS" DEL PARAGUAY A FAVOR DE LA ARGENTINA. - CONQUISTA PURA Y SIMPLE DE EXTENSOS TERRITORIOS.

La presencia de un hombre de temperamento más moderado al frente de la Cancillería argentina, como lo era don Bernardo de Yrigoyen, atenuó aquella política inspirada por Tejedor de conservar la Villa Occidental "por conveniencias políticas y militares", como un trofeo más de la victoria.

Una propuesta confidencial del nuevo Canciller insistió, no obstante, por última vez, en las mismas pretensiones; pero una contra propuesta paraguaya en sentido contrario fue aceptada en principio. Delineadas las bases generales para un acuerdo, el Imperio, que comenzaba a in-quietarse ante un posible entendimiento directo sin su intervención, fue invitado para hacerse representar en las conferencias conjuntas, que esta vez radicarían en Buenos Aires.

Las negociaciones tuvieron comienzo en enero de 1876, actuando en representación del Paraguay y la Argentina sus respectivos Cancilleres y en nombre del Imperio su Ministro en Montevideo, Barón Aguiar D'Andrada. El Tratado de la Triple Alianza sirvió como punto de partida de las conversaciones. Prescindiendo de detalles que no interesan a lo fundamental, esta cuarta tentativa de solución dio por resultado la firma del Tratado del 3 de febrero de 1876, que puso término a la cuestión de límites en la siguiente forma

Art. 1° :el Paraguay cede, pierde por su sola condición de vencido, su antiquísimo territorio de Misiones, en la margen izquierda del río Paraná.

Art. 2º: el Paraguay cede, pierde por su sola condición de vencido, su tres veces secular territorio del Chaco Central, entre los ríos Bermejo y Pilcomayo, que reconoce como argentino.

Art. 3º: el Paraguay cede, pierde por su sola condición de vencido, su nunca discutida isla del Cerrito, verdadera llave o "tranca", -empleando el término de Barones y Vizcondes del Imperio- de los ríos Paraguay y Paraná.

Art. 4º: el Chaco Boreal, entre la Bahía Negra y el Pilcomayo, es dividido en dos secciones. El gobierno argentino renuncia definitivamente a toda pretensión o derecho sobre la primera sección, entre la Bahía Negra y el río Verde. La propiedad o derecho sobre la segunda, comprendida entre el río Verde y el Pilcomayo, inclusa la Villa Occidental, queda sometida a un fallo arbitral. (7).

Este es el Tratado que se quiere exhibir ante América y el mundo como génesis de una nueva doctrina : que "la victoria no da derechos". Todo porque, gracias a la acción de un tercer país que frenó las pretensiones de su aliado en interés propio y donde le convenía, se concedió al vencido el arbitraje sobre una parte de su mismo territorio, previo el despojo de las Misiones, la isla del Cerrito y el Chaco Central...

Con toda razón pudo decir, el general Mitre, cuando con el correr de los años rememoró los hechos, que tal doctrina “ni es doctrina argentina ni doctrina de ninguna parte”.

Y cómo lo sería? El artículo segundo del Tratado de 1876 habla ciertamente del reconocimiento del Chaco Central como territorio argentino; pero el único título que la Argentina podía exhibir para ello era el Tratado de la Triple Alianza. El Dr. Benjamín explica en su alegato ante el árbitro que "si se consintió en que se usaran tales palabras, fue sólo por el deseo de concluir los tratados definitivos y por la presión moral del vencedor y fuerte sobre el vencido y débil, como patentemente se trasluce de toda la negociación".

El Protocolo de la cuarta conferencia de las negociaciones de 1876 registra el alcance de ese reconocimiento :

"En cuanto al temor manifestado por S. E. el Sr. Machaín de que el reconocimiento hasta el Pilcomayo por parte del Paraguay, colocase a esa República en una situación desventajosa ante el árbitro, manifestó S. E. el Sr. Irigoyen que salvaba toda duda declarando que el gobierno argentino no alegaría esto como argumento a su favor”. Pero como la fuerza no respeta nada, -como dice Cáncano- el Paraguay se obligó también "a no aducir por su parte argumento análogo, por renuncia de derechos territoriales que pudiera hacer el gobierno argentino". Reza esto con la sección del Chaco entre la Bahía Negra y el río Verde.

Así, pues, la Argentina renunció a lo que no podía renunciar, porque nunca le perteneció, y el Paraguay reconoció como argentino lo que siempre había sido paraguayo. El despojado reconoce y el conquistador renuncia. . .

Pero todo esto tal vez podría callarse, en homenaje a la confraternidad de estos pueblos, si en esto del callarse diesen el ejemplo los señores del despojo, ¿Han de ser siempre las víctimas del crimen los que deban callarse?

¿Existe el derecho de agraviar al Paraguay, a la vista de su territorio desmembrado, como lo hiciera recientemente el Sr. Cárcano en conferencia realizada en un instituto oficial? ¿Y nosotros los paraguayos deberemos callarnos? Demasiado tiempo nos hemos callado ya, sin resultado alguno.

X

LAUDO DEL PRESIDENTE HAYES. - OPINIONES DE ARGENTINOS ILUSTRES. - LO QUE DIJO DON HIPOLITO IRIGOYEN.

El 12 de noviembre de 1878 se produjo el fallo del árbitro sobre el mejor derecho a la zona del Chaco comprendida entre el río Verde y el Pilcomayo. Laudo breve y conciso, que resolvió la cuestión a favor del Paraguay. Es en homenaje al juez que hizo justicia a nuestro país que la Villa Occidental cambió de nombre para llamarse como hoy: Villa Hayes.

Don Miguel Mallarin, colaborador del Dr. Manuel R. García en la preparación del alegato argentino, cuenta que de haber conocido este último la existencia de ciertas cédulas reales de la aplastadora documentación paraguaya, “el arbitraje no se habría hecho, porque era una cuestión perdida”. (Carta publicada en "El Diario", de Buenos Aires. Enero 9 de 1895).

Bien se lo había prevenido Mitre a Tejedor, en 1873: "A la penetración de V. E. no puede ocultarse, que someter al fallo arbitral la Villa Occidental es lo mismo que hacer abandono de ella".

Mitre tampoco conocía aquellos documentos; pero ¿qué más título que la Villa misma? Con este mismo criterio razonaría el doctor Juan Bautista Alberdi cuando, en tren de confidencias con el señor Mallarin, no ocultó que de someterse también al arbitraje el Chaco Central y las Misiones “era muy fácil su pérdida”. (Carta citada). Y aunque amigo ilustre del Paraguay, el Dr. Alberdi tuvo elogiosas palabras para el Canciller Yrigoyen, negociador del Tratado de 1876, que adjudicó a su país esos territorios. Vivía entonces en París, desterrado por amar demasiado la justicia.

La opinión de Alberdi no es un caso aislado, pues lo mismo pensó otro gran argentino, don Carlos Pellegrini: "La frase (la victoria no da derechos) no fue una realidad ni en el momento que se la lanzaba, puesto que nuestras fronteras hasta el Pilcomayo, aunque para nosotros fuera una reivindicación, para el Paraguay fue una imposición de la victoria, y la sentencia del árbitro sobre la pequeña porción de territorio que sometimos a juicio, vino a comprobarnos que nuestro título no era tan incuestionable como lo pretendíamos”. (Carta a Indalecio Gómez, julio 21 de 1902).

Podríamos hacer desfilar en el mismo sentido otras opiniones de argentinos descollantes en la vida pública de su Patria; pero basta saber que en todas partes la verdad tiene defensores. Un espíritu tan representativo de su nacionalidad, como don Hipólito Yrigoyen, consideró la obro de la Alianza con este criterio americanista:

“Estuve en el Paraguay el setenta y tanto, muy adolescente, y he visto sus ruinas. Juré entonces en mi corazón que si alguna vez llegara a influir en los destinos de mi Patria, contribuiría a cicatrizar las heridas que causó la guerra infausta". (Manuel Domínguez, Conferencia en el cincuentenario del Laudo Hayes).

Es necesario recordar sentimientos tan elevados a quienes hasta hoy siguen predicando, ciegos ante la luz, que la Triple Alianza fue a libertar al pueblo paraguayo, cuyo territorio fue mutilado a punta de espada, amén de las famosas deudas de guerra que ni la Argentina ni el Brasil han cancelado aún.

Y no sólo eso. En la frontera del Pilcomayo, que un Tratado y un laudo arreglaron para siempre, el Paraguay perderá nuevamente, según todos los indicios, unos cuatro mil kilómetros cuadrados más de territorio, que pasarán a engrosar el "espacio vital' de la Argentina. Asunto que se presta a la reflexión de los que no se explican las expansiones territoriales en un continente donde lo que sobra son los desiertos (8).

Escribimos estas líneas convencidos de que no se puede aspirar a la justicia de mañana si se aceptan las injusticias pasadas y presentes. Donde y cuando las circunstancias lo permitieron, en el Paraguay o en el destierro, así hemos hablado siempre, sin pensar jamás en agradar a los que no respetan la verdad histórica ni los infortunios de un pueblo como el nuestro, a quien se le robó valiosos territorios y se le sumió en la ruina por un Tratado Secreto, de infame memoria, que ninguna dialéctica ni sofisma podrá nunca justificar.

Para cerrar estas notas, nada mejor que reproducir aquí un párrafo del alegato que hizo triunfar nuestros derechos en el arbitraje de 1878.

"Pero los pueblos que saben morir por su independencia no desaparecen, y el pueblo paraguayo tiene la firme y decidida voluntad de vivir; por lo que abrigo profunda convicción que, a pesar de sus actuales desgracias y dificultades, nuevas generaciones vendrán a inocular savia fecundante en sus agotadas venas, y que lucirán para él días más felices, en que podrá cumplir dignamente la misión reservada a las jóvenes nacionalidades de América".

FIN

 

LA VERDAD HISTÓRICA

 

Mucho nos felicitamos de que nuestra decidida actitud en defensa de la verdad histórica sobre la Triple Alianza y sus inicuos despojos territoriales, haya dado ocasión al doctor Marco Antonio Laconich, paraguayo de talento y de envergadura, para romper viejas mistificaciones tejidas alrededor de sucesos de repercusión continental.

Para nosotros, es cuestión secundaria, inexistente, la afinidad política del distinguido escritor y formidable polemista. Idéntica hospitalidad habríamos ofrecido a colaboradores de cualquier otra filiación, capaces de recoger el verbo del gran pueblo sacrificado y de condenar, en su augusto nombre, las "mentiras convencionales" de los que, diciéndose sus "libertadores" lo descuartizaron.

La resistencia guaranítica al invasor, en cuadrilla, constituye la mayor epopeya sudamericana. Se acumularon calumnias por los Aliados para rebajarla, llegándose al colmo de decir, en serio -dándose por aserto válido- que los paraguayos habían peleado como inconscientes, porque el mariscal -presidente les prometía que resucitarían en la Asunción! ...

Todas esas enormidades verbales ya ruedan en escombros.

En cuanto a las mutilaciones territoriales practicadas, sin piedad, por el mitrismo y por el Imperio, el valiente doctor Laconich -documento en mano- viene de ponerlas a la vista, en toda su cruda evidencia. ¡Noble servicio prestado a la causa eterna de su país y de la justicia en América!

¡Lean eso nuestros estudiantes de Derecho, a la vez de pensar en ambas Polonias!

Para "El Debate", tribuna de democracia, es motivo de honor haber contribuido al éxito de tan hermosa jornada de reparación.

("El Debate". Nov. 20 de 1939 )

 

 

NOTAS

( 1 )     Parte del General José Antonio Correa da Cámara dando cuenta de la muerte del Mariscal Francisco Solano López en Cerro Corá "Campamento en la izquierda del Aquidabán-niguí. 1° de Marzo de 1870. Ilmo. y Excmo. Señor: Escribo a V. E. desde el campamento de López, en medio de la Sierra. El tirano fue derrotado y no queriendo rendirse, fue muerto a mi vista. Intímele orden de rendirse, cuando ya estaba completamente derrotado y gravemente herido, y no queriendo, fue muerto. Doy los parabienes a V. E. por la terminación de la guerra” etc., etc.

Ningún jefe de Estado murió así, antes ni después, al frente de sus últimos soldados, que faltos de víveres, habían comido correas de cañones y morriones de cuero dos días antes de la postrer batalla. El Mariscal había escrito: "Si la Patria se salva, todo se habrá salvado. Mas si cae, yo caeré con ella”. Juramento sellado con la muerte! Don Rufino Blanco Fombona, actual Ministro de Venezuela en el Uruguay, ha dicho del Héroe: "Fue el Mariscal López un hombre magnífico y potente, acero y oro, una de las más férreas voluntades, una de las llamas psíquicas de más lumbre y lucimiento, uno de los yo más resistentes y deslumbradores de que la historia humana tiene notició". ¿Desautorizará también al ilustre venezolano el legionarista gobierno de Asunción?

(2)       “El recurso ideado por Saraiva para evitar que toda la margen derecha del Paraguay pasase a manos de los argentinos, fundábase entre tanto, en el derecho, o en las pretensiones de Bolivia". - Joaquín Nabuco, "A guerra do Paraguay".

( 3 )     "El resultado de estos errores políticos (modificación del pacto secreto en lo referente a límites por el tratado preliminar de paz) es bien conocido. El Paraguay se negó a todo arreglo que no le reconociese dominio en el Chaco y especialmente en la Villa Occidental; la Alianza quedó rota y el CASUS BELLI para sostenerse recíprocamente los aliados se desvirtuó, y por último sometimos a arbitraje lo que pudimos obtener por el legítimo derecho de la victoria, perdiendo ridículamente el pleito y perdiendo hasta el mérito de la generosidad espontánea". - Bartolomé Mitre, artículo citado.

(4) El Tratado de Límites con el Brasil fijó como divisoria, hacia el Norte., el río Apa. Era 1873, al hacerse la demarcación de las fronteras, se planteó un conflicto entre los comisionados de ambos países en relación con la horqueta formada por aquel río y el Arroyo Estrella, su afluente. La Comisión paraguaya sostenía, como era la verdad, que el brazo norte, como corriente principal, debía ser considerado por el verdadero río Apa y que por su curso debía seguir, hasta sus nacientes, la línea demarcatoria. La Comisión brasileña defendía el brazo Sud, no obstante la evidencia de que se trataba solamente de un afluente, conocido con el nombre de Arroyo Estrella. La divergencia se solucionó por el acuerdo del 7 de Enero de 1874, suscrito por el Canciller Miranda y el Ministro Gondim. Y la línea siguió por donde lo quería el Brasil, no por el río aceptado en el Tratado, sino por el Arroyo de última hora. Nueva pérdida de territorios, cien leguas de ricos yerbales... El Jefe de la Comisión paraguaya se retiró dignamente.

( 5 )     "Enviado el General Mitre por Sarmiento a la Asunción, para celebrarlos (los tratados de paz y limites ) encontró un cambio de frente en la diplomacia brasileña. Desconocía el Tratado de Alianza, en la parte de los límites, y lanzaba al Paraguay a resistirnos en la cuestión del Chaco. Presidía el gabinete brasileño, sin embargo, el mismo vizconde de Río Franco que en 1870 - 71 había suscrito los protocolos de Buenos Aires, obligándose a apoyarnos en dicha cuestión; el mismo que en 1872 había negociado en Río de Janeiro con el General Mitre, conclusiones análogas", etc. - Estanislao S. Zeballos, polémica con el Barón de río Branco. (Ver "La Prensa", setiembre 8 de 1908 ).

(6) Como ejemplo ilustrativo de tan anormal período, hacemos aquí cita del pedido de apoyo moral y material hecho por los gobernantes legionarios al General Mitre y al Barón de Araguaya, para dominar, con el concurso de las tropas aliadas, una rebelión del pueblo. '"Por encargo especial del ciudadano Jefe del Poder Ejecutivo de la Nación” -dice una nota del 20 de Mayo de 1873, firmada por el Ministro de Relaciones Exteriores- “tengo el honor de dirigirme a V. E. para comunicarle que las fuerzas revolucionarias al mando del General D. Bernardino Caballero, se han internado nuevamente, en la campaña de la República, hallándose ahora actualmente más acá de los partidos de Tebicuary, como ha expuesto el Sr. Vice -Presidente en la conferencia que ayer tuvo con V.E (Mitre) y con el Sr. Plenipotenciario del Brasil, PIDIENDO AL MISMO TIEMPO EL APOYO MORAL Y MATERIAL DE LOS ALIADOS EN CASO DE NECESIDAD, el cual le fue prometido como un deber de humanidad", Seguidamente la nota expresa que el gobierno cree que podría sofocar la rebelión con las fuerzas al mando del Ministro del Interior, don Benigno Ferreira; "PERO NO PUDIENDO PREVER A QUIEN SEA DADA LA VICTORIA", termina pidiendo "una confirmación formal de que la seguridad pública y el orden de esta Capital se hallan protegidos por las banderas de los aliados, de manera a impedir la invasión de los revoltosos" confirmación formal se produjo el mismo día. (Ver "La Nación Paraguaya”, de Asunción, Julio 24 de 1873 ).

( 7 )     Tocando las negociaciones a su término, el gobierno de Asunción despache a Buenos Aires nuevas instrucciones para el Canciller Machaín, por las que el Paraguay cedería a la Argentina la totalidad del Chaco Boreal, hasta la Bahía Negra, a cambio de un Tratado comercial por diez años. Afortunadamente, el comisionado portador de estas instrucciones- llegó a destino al día siguiente de firmado el Tratado de límites. El Presidente Gil, el mismo que descalificara con tanta energía a Jaime Sosa por el ajuste con Tejedor, iba más lejos que el desautorizado plenipotenciario de 1875: estaba dispuesto a ceder, no ya la Villa Occidental, sino que hasta la Bahía Negra. Cambio desconcertante que tal vez podría explicarse por las alternativas de la política interna, dependientes de las encontradas influencias de los ex-aliados. No creemos que, aún en el caso que aquellas instrucciones hubiesen llegado a tiempo, la diplomacia imperial consintiese a lo que se había opuesto en las conferencias de Asunción, dos veces, y en las de Río de Janeiro, después.

(8)       En la tercera parte se reproducen dos artículos que sobre esta cuestión hemos escrito para “El País”, de Montevideo,

 


 

TERCERA PARTE

I

PARAGUAY FRENTE A OTRO CONFLICTO DE FRONTERAS

 

Los límites en el río Pilcomayo con la Rep. Argentina

Las informaciones telegráficas registran, con alguna frecuencia, noticias de Asunción referentes a "la cuestión del río Pilcomayo". ¿En qué consiste esta nueva controversia de límites que amenaza evolucionar hacia otra mutilación del territorio paraguayo? Deseamos explicarla, siquiera fuese en forma resumida.

El río Pilcomayo, límite internacional

Por el Tratado del 3 de Febrero de 1876 y del laudo Hayes, que se dictó el 12 de Noviembre de 1878 en virtud de aquel, la divisoria entre el Paraguay y la Argentina es, en la parte del Chaco, "el canal principal del río Pilcomayo".

Nociones geográficas de la época

Los conocimientos relativos a este río eran muy incompletos e imprecisos en los años que tuvieron lugar los citados actos diplomáticos. Demuestra esta realidad la representación de su curso en la cartografía de la época, completamente distinta de la que se observa en los mapas trazados en estos últimos tiempos con el auxilio de los procedimientos modernos. Se admitía sí, como un hecho indudable, que su corriente se ramificaba en varios brazos, dos cuando menos, para desaguar en el río Paraguay. Los mapas de Mouchez y de Brayer, tenidos entonces por los más exactos, consignan esta noción concordante con la existencia de un delta.

Con el fin de evitar confusiones futuras, se determinó con precisión en el Tratado de 1876 la desembocadura del canal principal, o sea el límite meridional de la zona sometida al arbitraje del Presidente de las Estados Unidos de América. Así se asentó en el Art. 2° que este canal principal "desemboca en el río Paraguay en los 25° 20' de latitud Sud, según el Mapa de Moachez y 25° 22' según el de Brayer".

Opinión coincidente del General Mitre

En las negociaciones con el General Bartolomé Mitre, iniciadas en Asunción en 1873, la Cancillería paraguaya propuso que el límite definitivo en el Chaco fuese el brazo más austral del Pilcomayo, "la corriente de agua que desemboca en el río Paraguay frente a Angostura". (Nota de Mitre a su Cancillería, Junio 8 de 1872 ). El Plenipotenciario argentino, cuyas instrucciones tenían miras de llevar la frontera argentina hacia el Norte tanto como fuera posible, sostuvo que el canal más importante era el que desemboca en el río Paraguay "frente al Cerro Lambaré". (Ver Memoria de la Cancillería Argentina, 1874).

La tesis de Mitre fue la que finalmente quedó en pie, pues el punto de referencia señalado por él, el Cerro Lambaré, caracteriza el mismo canal que menciona el Tratado de 1876, con especificación de grados y minutos. Lo que evidentemente interesaba a las altas partes contratantes era localizar, de un modo cierto e inconfundible, la desembocadura del río que delimitaba Hacia el sud el territorio arbitrado. No ha de entenderse por eso el giro “brazo principal" en el sentido de que el límite se reduce al tramo de dicho brazo, a un canal de desagüe, lo que sería absurdo. Incorporado al texto del Tratado el dato decisivo, con citas de sus coordenadas geográficas, compromiso arbitral reunía todos los elementos necesarios para su justa inteligencia. Por profundas que fuesen las variaciones de la naturaleza en aquella región, un hito eterno permitirá distinguir aún de aquí a mil años el cruce del río Pilcomayo que el Paraguay y la Argentina concertaron fijar por límite internacional. A menos que el Cerro Lambaré se desplace de su sitio, la cuestión parece terminada para siempre...

Desplazamiento de un concepto

Cuatro años después de producido el fallo del Presidente Hayes, que fue favorable al Paraguay, el ingeniero Fontana descubrió las juntas que hoy llevan su nombre : una horqueta de existencia completamente ignorada cuya importancia desplazó hacia aquella parte la antigua expresión de "brazos del Pilcomayo". Desde entonces, en efecto, cuando se dice “brazo Sud" y "brazo Norte" del Pilcomayo no se alude ya a los canales de desagüe que los negociadores del Tratado de 1876 tuvieron en cuenta, sino a los descubiertos por Fontana en su expedición de 1882.

Sin embargo, no faltan quienes creen ingenuamente que el Laudo, con decir "brazo principal del Pilcomayo" quiso referirse a los que en esa fecha eran todavía un misterio geográfico. Como una prueba de este error generalizado puede citarse una reciente nota editorial de "La Nación", de Buenos Aires. ("La cuestión del Pilcomayo tendrá debida solución". Enero 25 de 1939). Esa debida solución parece consistir, para los argentinos, según todos los indicios, en la transformación del río Confuso en "el brazo principal del río Pilcomayo", lo que pondría en quiebra, también en América, el valor de los Tratados y los fallos arbitrales. Baste saber que el río Confuso en desagua en el río Paraguay varias leguas al Norte de Asunción.

Creación de una Comisión Mixta de peritos

El importante descubrimiento de Fontana hizo notoria la necesidad de demarcar la frontera resuelta por el arbitraje. El problema consistía principalmente en la verificación de cuál de aquellos brazos era el verdadero río y cuál el afluente, pues al Oeste de los esteros de Patiño (Pilcomayo superior) la existencia comprobada de un solo cauce simplificaba la cuestión. No obstante, las dificultades actuales, cuya gravedad sería inútil disimular, han surgido en esa parte.

El 11 de Setiembre de 1905 los gobiernos del Paraguay y la Argentina suscribieron un convenio por el cual se creó "una Comisión doble con el encargo de determina cuál es el brazo o canal principal del río Pilcomayo que sirve de límite entre ambos países". De conformidad con este convenio fueron designados dos peritos por cada parte, número que se redujo a uno posteriormente, por el protocolo del 1° de Febrero de 1907. Integraron la Comisión. Paraguaya los ingenieros Elías Ayala y Augusto Cálcena, y la Comisión Argentina el Ingeniero Domingo Krausse y el Comandante de Marina, Tomás Zulueta. Al tiempo de escribir estas líneas, el Capitán de Navío retirado Don Elías Ayala, ejerce en el Paraguay las funciones de Canciller de la República.

Conclusiones de la Comisión de Peritos

La Comisión Mixta de Técnicos hizo el relevamiento completo de los dos brazos del río Pilcomayo, del estero Patiño, arroyos, lagunas y pantanos de la región, así como de una parte del río Confuso. Este trabajo, notable por la magnitud del esfuerzo realizado y sus aportes científicos, fue llevado a cabo en dos etapas, entre los años de 1906 y 1908.

La documentación producida por los Comisionados confirmó lo qué numerosas exploraciones privadas había demostrado: la mayor antigüedad, longitud y profundidad del cauce del brazo Sud, llegándose a la conclusión de que su caudal de agua era diez veces superior que el del trazo Norte.

Negociación trunca

Consta en el Acta del 5 de Marzo de 1908 la resolución de los Comisionados de reunirse en Buenos Aires, al finalizar la temporada de dicho año, con el fin de terminar la confección de los planos, diario oficial, cálculos, cómputos e informe -memoria circunstanciada de los estudios hechos, para ser elevados a los respectivos gobiernos, firmados y sellados por los peritos, según lo previsto en el Convenio de 1905.

De acuerdo con el Art. 3° de este último compromiso los dos gobiernos determinarían, por medio de sus representantes reunidos en la capital argentina, el brazo que debía considerarse como el canal principal del río Pilcomayo, a la vista de los expresados documentos.

Diversas circunstancias impidieron hasta el ahora cumplimiento de esta cláusula del convenio de 1905, quedando trunca la demarcación. Sin embargo, las conclusiones de la Comisión Mixta fueron aceptadas de hecho, reconociéndose el brazo Sud como frontera regular. Nunca se puso en duda, por ejemplo, la legitimidad de la posesión y jurisdicción paraguayas en el territorio comprendido entre los mencionados brazos del Pilcomayo, donde existen poblaciones, fortines y establecimientos ganadero paraguayos muy antiguos. Los mapas oficiales de la República Argentina, así como otros documentos del mismo carácter, posteriores todos a los trabajos de la Comisión Mixta, hacen correr la línea divisoria por el curso del brazo Sud. Solamente mapas argentinos muy recientes ( 1935) lucen sobre el río Confuso esta novedosa leyenda : "Río Pilcomayo, que los paraguayos denominan Confuso".

Parece claro que las dificultades en el Pilcomayo solo pueden resolverse con justicia sobre la base de los trabajos cumplidos por la Comisión Mixta. Este criterio lo enunció el Presidente Roque Saenz Peña en un Mensaje al Congreso argentino al afirmar que "era en presencia de ese trabajo que los dos gobiernos deberían determinar límite divisorio sobre el río Pilcomayo".

Cambio de rumbo

Inesperadamente la Cancillería argentina enunció, en la época que la dirigía el Dr. Honorio Pueyrredón, una tesis radicalmente opuesta. Se contenía ella en una "Exposición de Motivos" sobre el asunto de límites, comunicada a la Cancillería paraguaya en 1921. Sus conclusiones pueden sintetizarse en los siguientes puntos: 1° Los 'Protocolos de 1905 y 1907, referentes a la Comisión doble Especial, deben considerarse, de hecho, sin efectos. 2° La única solución que corresponde sería saber cuál fue el brazo principal del Pilcomayo en la época del Tratado (como si el Tratado no lo determinara expresamente ), "replanteando" sobre el terreno los viejos mapas de Muochez y de Brayer, "pues la cuestión no es geográfica como por error lo entendieron los que firmaron los convenios de 1905 y 1907".

La "Exposición de Motivos" apuntaba, sin mayores rodeos, a una resurrección de supuestos derechos emanados del tristemente célebre Tratado Secreto de la Triple Alianza contra el Paraguay, que los negociadores argentinos del Tratado de 1876 habrían renunciado sin razón. A 45 años del Tratado que fijó la desembocadura del canal principal en la época de su concertación; a los 43 de pronunciado el fallo arbitral que determinó la frontera definitiva por medio de ese canal; trece años después de verificado sobre el terreno, de común acuerdo, el curso de una sección considerable del río divisorio, la Cancillería argentina salía a sostener que Tratado, Laudo y Protocolos estaban en un error...

Contestación paraguaya

En 1925 el Plenipotenciario especial del Paraguay, don Manuel Gondra, elevó a la Cancillería argentina su magistral "Memoria sobre la cuestión del río Pilcomayo”, contestación a la citada "Exposición de Motivos".

La "Memoria" destruye minuciosamente los puntos de vista contrarios. Sostiene "que carece de todo fundamento la aserción de que el Convenio del 11 de Setiembre de 1905 haya quedado de hecho sin efecto, pues ambos gobiernos lo han corroborado y cumplido en todas sus partes, faltando tan solo finiquitarlo". Consiguientemente invitaba al gobierno argentino a "acordar la apreciación definitiva del informe técnico de la Comisión Mixta y producir en consecuencia, en la forma de estilo, el instrumento diplomático que consigne la declaración correspondiente".

Destaca también la “Memoria" la inconsistencia del "replanteo" propuesto, por cuanto implicaría acomodar el curso de un río a mapas que ni siquiera habían sido levantados sobre el terreno y señala perfectamente que el Tratado de 1876 solo había tomado de las referidas cartas hidrográficas los grados y minutos de la desembocadura del canal principal y no el curso imaginariamente figurado del mismo río.

En punto a los supuestos derechos cuya revisión se bosquejaba en la "Exposición de Motivos", el documento paraguayo anota que el debate había sido cerrado definitivamente por el fallo arbitral de 1878, que reconoció el “legal y justo título del Paraguay".

En mi concepto, si ese debate fuese reabierto, y se discutiese libremente los derechos de las partes, con prescindencia de la relación de vencedores y vencidos que existía en 1876, ciertamente la frontera paraguaya no estaría en el río Pilcomayo, como está hoy, sino en el río Bermejo, o mas abajo, en el riacho Antequera, cuando menos.

Sin respuesta

El Sr. Gondra terminaba su Memoria haciendo saber que tenía de su gobierno la autorización y poderes necesarios para finiquitar las negociaciones y rogaba al Canciller argentino que recabara los suyos del Sr. Presidente de la República. Trece años han transcurrido desde entonces. El memorial del plenipotenciario paraguayo nunca fue contestado. En opinión de algunos, este alegato parece tener un defecto : el de ser aplastante y dejar sin argumentos a la parte contraria. A decir verdad, la respuesta no dejaría de producirse por falta de tiempo...

En esta última década, y especialmente durante la guerra del Chaco, ocurrieron hechos dignos de ser conocidos por la opinión americana, por lo que nos proponemos historiarlos en otros artículos para los lectores de "El País".

(Publicado en “El País”, de Montevideo. Febrero 16 de 1939)

 

 

II

 

OCUPACION DE UNA SECCION DEL CHACO PARA¬GUAYO POR FUERZAS MILITARES ARGENTINAS

Es sabido que la primera etapa de la penetración boliviana en el Chaco Paraguayo se cumplió a lo largo de la margen izquierda del río Pilcomayo, por medio de un sistema de fortines escalonados desde Villa Montes hasta los Esteros de Patiño. Este obstáculo , natural, insalvable hasta hace algunos años, desvió el avance hacia el Norte. (Fortines Muñoz, Cuatro Vientos, Tinfunké, Alihuatá, Arce, etc. ).

En los comienzos, la invasión altiplánica se efectuaba operando a través del territorio argentino. Tropas bolivianas partían de Tarija, cruzaban la frontera argentina, bajo el amparo de los desiertos, y vadeaban el río Pilcomayo a la altura del fortín Guachalla. Lo reveló en su hora un Canciller argentino, el doctor Estanislao S. Zeballos "Al mismo tiempo llegaban avisos de movimientos de soldados bolivianos en el Alto Pilcomayo, que habían marchado a las veces por territorio argentino" ( 1906 ). Véase polémica entre Río Branco y Zeballos a propósito de la mediación argentina que produjo el ajuste Soler - Pinilla.

Es probable que el tránsito clandestino aludido cesara tan pronto como el gobierno argentino se percatara de ello; pero durante muchos años el sistema de fortines bolivianos del Pilcomayo tuvo su base de aprovisionamiento en la colonia Buenaventura, ubicada frente al fortín Ballivián. Después de construido el ferrocarril Formosa - Embarcación, del Estado argentino, la base de aprovisionamiento se trasladó a Formosa, originándose un intenso tráfico entre Puerto Irigoyen y Fortín Linares.

Antes de la existencia del citado ferrocarril fue siempre precaria la ocupación boliviana en el territorio invadido. El problema relativo al abastecimiento de importantes núcleos de tropas en esa región sólo pudo resolverse gracias a ese moderno medio de transporte, que los bolivianos siguieron utilizando durante el primer año de la guerra. Los intereses creados por las grandes adquisiciones de víveres en Salta y en el territorio de Formosa impidieron cortar de inmediato el servicio boliviano de abastecimiento, organizado en función de un ferrocarril perteneciente a un Estado neutral, interesado en las gestiones pacifistas intentadas para impedir la guerra.

Con la cita de estos antecedentes, dejamos dicho que el gobierno argentino nunca promovió pretensiones respecto de los fortines del Pilcomayo mientras los bolivianos permanecieron en ellos. Esa actitud varió tan pronto como el Paraguay pudo, gracias a los sacrificios que todo el mundo conoce, recuperar la posesión de esa zona de su territorio.

En efecto, cuando las tropas paraguayas se hicieron presentes en la región del Pilcomayo superior, encontraron ocupados por guarniciones argentinas varias de las posiciones que los bolivianos se habían visto obligados a abandonar ante el victorioso avance guaraní. Los invasores, antes de replegarse, habían invitado a los tropas argentinas a cruzar el río divisorio para hacerles entrega de algunos fortines. Los convidados aceptaron complacidos el regalo y se instalaron en Horqueta, Chañar y Sorpresa, para citar casos concretos.

Pruebas al canto, la confesión hecha por la misma Cancillería argentina: "En los meses de Setiembre y Octubre de 1933, las tropas argentinas que guarnecen la frontera Norte procedieron a ocupar los fortines Horqueta y Chañar, situados en la región del Pilcomayo, zona del Estero Patiño. Ambos fortines habían sido abandonados por Bolivia ante el avance paraguayo. Del llamado fortín Horqueta hizo entrega el Coronel boliviano". (Nota de la Cancillería, de fecha 17 de Setiembre de 1934, a las embajadas argentinas en Washington y Río, transcripta en el texto de unas declaraciones del Dr. Saavedra Lamas, a raíz de los comentarios de la prensa paraguaya sobre este asunto. (Ver “La Prensa", edic. del 29 de Octubre de 1935).

El Coronel a quien se refiere la nota, sin citar nombre, es el Coronel Walter Méndez, que después cayó prisionero en la batalla de cañada El Carmen. Aun cuando la prueba anterior hace innecesarias otras, no estaría de más reproducir también la información que diera sobre el particular el difundido rotativo “La Prensa", cuyo párrafo más ilustrativo canta: “Hemos logrado averiguar que el hecho que provoca los mencionados comentarios en Asunción (la ocupación argentina de varios fortines), se produjo hace alrededor de dos años, en circunstancias en que iniciaron un movimiento de retroceso, los jefes de las tropas bolivianas que ocupaban dichos fortines pusieron en posesión, de los mismos a los del destacamento argentino que prestaban servicios en esa zona". (Ver edic. del 27 de Octubre de 1935).

Más sorprendente aún que todo esto es la justificación de un hecho manifiestamente anormal, ensayada por un órgano de opinión tan caracterizado. "En realidad -decía "La Prensa",-- tales fortines eran de Bolivia, desde que los ocupaban sus fuerzas, y al retirarse éstas no podía asegurarse que fuesen paraguayos, ya que se trataba de construcciones hechas en un terreno que estaba en litigio y que ha de resolverse a quién pertenece”.

"No podía asegurarseque fuesen paraguayos" …

"Que ha de resolverse a quién pertenecen"... ¿Y el Tratado de límite de 1876 y el Laudo Hayes, de 1878, que estipulan como límite definitivo entre el Paraguay y la Argentina, en esa parte, el río Pilcomayo? “Terreno que estaba en litigio" ... La zona Hayes, donde se produjo la ocupación argentina, no estaba en litigio con nadie. La cuestión con la Argentina finiquitó con el arbitraje de 1878 y no bastaba la sola pretensión de Bolivia para convertir en litigioso un territorio que había sido reconocido a otro país por un laudo de derecho. En cualquier caso, es preciso convenir en que la ocasión elegida por el gobierno argentino para entrar en posesión de los mencionados fortines se parece mucho a aquella de  “en río revuelto, ganancia de pescadores".

Naturalmente, la situación de guerra en que se encontraba el Paraguay no le permitía enredarse en otro conflicto con la Argentina y aceptó los hechos, obligado por las circunstancias. Las tropas paraguayas recibieron órdenes de evitar todo incidente con los nuevos ocupantes, al mismo tiempo que la Cancillería del país vecino daba seguridades de que su ocupación "no significaba ejercicio de soberanía" y que la frontera sería definida “de acuerdo con los pactos existentes".

Creóse de esta manera un "statu – quo”, que sólo sirvió para que la penetración argentina cobrase mayor amplitud con el pronto desvío del cauce del río Pilcomayo hacia el Norte. Los tres fortines entregados por los bolivianos procrearon con rapidez : hoy suman a más de diez y ocho los fundados posteriormente por los argentinos. Sus nombres van en seguida: Soledad, La China, Laguna Verde, Güemes, Lavalle, Brandzen, La Isleta, La Fuente, Yacacé, Campamento, Descanso, 14 de Diciembre, Salazar, Nuevo Salazar, Caracoles, Leyes, etc. Actualmente abarca más de cuatro mil kilómetros cuadrados. Fueron construidas allí importantes obras militares, cuarteles, líneas telegráficas y telefónicas, caminos, que no revelan ciertamente el ánimo de una ocupación accidental.

Afines del año 1937 trascendieron rumores de un serio incidente ocurrido en el fortín Tinfunké, que habría sido ocupado por tropas argentinas. No es posible saber a ciencia cierta en poder de quién está esta posición, por la estricta censura establecida al respecto.

Sin embargo de las seguridades dadas en el sentido de que la ocupación no implicaría el ejercicio de soberanía, el Gobierno argentino dio el 11 de Junio de 1935 (la víspera del Protocolo que puso fin a las hostilidades en el Chaco) un Decreto de loteamientos de tierras fiscales entre las que se incluía la zona de los fortines que hemos enumerado, así como la comprendida entre los dos brazos del río Pilcomayo.

A fines del año 1935, el Gobierno paraguayo presentó al argentino una nota-protesta contra este Decreto y la ocupación militar de referencia. Contestación a dicha comunicación debe ser, seguramente, una contraprotesta argentina de Diciembre último, en la que se reclama como territorio argentino hasta la zona del fortín Ballivián (Ver "La Tribuna", de Asunción, edic. del 19 de Diciembre de 1938), Ballivián, el baluarte de larga fama reconquistado a sangre y fuego por los soldados paraguayos!

Según las versiones más autorizadas, la Cancillería argentina, plantearía en su nota como nueva frontera el curso del río Confuso, por donde se deslizan ahora las aguas del río Pilcomayo, después de la desviación practicada en el cauce de este último en el fortín Horqueta. Tales pretensiones se apartan considerablemente de “los pactos vigentes" que deben regular la solución del asunto, y solo se apoyan en la fuerza.

Hemos dado una sucinta relación de los hechos, que no estaría mal completar con una pequeña incursión al mundo de las frases. Don Ramón J. Cárcano, en su discurso de bienvenida al Canciller Cantilo en la dársena: "América es refractaria a la guerra y sus naciones están educadas y engrandecidas en la paz" ("La Nación", Abril 17 de 1938). El Canciller Cantilo, contestando al Dr. Cárcano : "Creo como vos, que la violencia no cabe en nuestra América libre", etc.

El mismo Canciller Cantilo, en discurso lanzado al éter el día de la firma del Tratado de paz paraguayo - boliviano : "El gran problema de los países de la América del Sud es tener vastos espacios despoblados y pocos hombres para ocuparlos. El mayor error, por consiguiente, que sus gobiernos pudiesen cometer, consistiría en sacrificar hombres para obtener más tierras" ( “La Nación", Julio 22 de 1938).

No parece, pues, que sea un acierto afortunado el apropiarse de tierras evidentemente extrañas, para agregar otros desiertos a los vastos espacios despoblados que la Argentina posee. Es verdad que el procedimiento empleado en este caso elimina el sacrificio de hombres. En realidad, existe todavía un error mayor que el señalado por el Canciller argentino: sacrificar hombres para obtener tierras... en provecho de otros.

Infundadamente se ha querido ver en la defensa que en este asunto hemos hecho, hacemos y seguiremos haciendo de los derechos de nuestro país, una supuesta animosidad contra la Argentina; pero es un error creer que se sirve a la Democracia americana y a la confraternidad internacional extendiendo el manto de la hipocresía sobre los actos de gobierno que no condicen con los amistosos sentimientos de los pueblos.

(“El País”, de Montevideo. Abril 10 de 1939).

 

III

LA OCUPACION MILITAR, EXPLICADA POR LA CANCILLERIA ARGENTINA

El 23 de Noviembre de 1933 la Cancillería argentina dirigió a la Legación del Paraguay en Buenos Aires el siguiente Memorándum:

"La Cancillería argentina pone en conocimiento del Sr. Ministro del Paraguay, Dr. Rivarola, a efectos de que pueda así hacerlo saber a su Gobierno, que debido al cambio de cauce del río Pilcomayo han quedado en territorio argentino los fortines Horqueta, Sorpresa y Chañar, abandonados por tropas de Bolivia, los que han sido ocupados por tropas argentinas en virtud de la circunstancia antes apuntada”.

Anotemos el dato: frontera que varía con la variación del cauce de un río divisorio; modo ultramoderno de adquirir territorios...

El 21 de Diciembre del mismo año, una patrulla paraguaya ocupó uno de esos fortines, el llamado "Sorpresa'', con legítimo derecho. El 4 de Enero de 1934 el Ministerio de Guerra argentino lo hizo saber a la Cancillería y ésta, al día siguiente, vuelta a dirigirse a la Legación del Paraguay, expresándole "que el Gobierno argentino no dudaba que al respecto existía error o confusión por parte del regimiento o gendarmería destacado”.

El 23 de Enero la Legación del Paraguay contestó diciendo "que en ocasión de recuperar el ejército paraguayo el territorio que fuerzas de Bolivia habían ocupado en la región del Pilcomayo, se encontró con que ciertos fortines abandonados por los bolivianos habían sido ocupados por tropas de la Argentina... Dadas las relaciones cordiales entre nuestros dos países, atribuimos a nuestra vez a un error de información o a un celo excesivo, un hecho de todo punto lamentable".

Quien estaba en error y falto de razón muy bien se sabía; pero un país en guerra mal podía enredarse en incidentes de esta clase con el vecino neutral. “Mi gobierno -decía la respuesta paraguaya,- expone su conformidad con la permanencia de las tropas argentinas, dejando expresamente reservados los derechos del Paraguay sobre dicho territorio”.

En consecuencia, el fortín fue devuelto. Al poco tiempo, las tropas argentinas consideraron conveniente pedir algo más. . .

El 27 de Mayo de 1934 el representante diplomático argentino en Asunción informó telegráficamente a su Cancillería “que una patrulla argentina quería fundar un fortín a dos kilómetros del fortín paraguayo Caballero, exigiendo que el mismo fuera trasladado al Norte del cauce seco del río y alegando que debido a haber cambiado el curso las aguas quedaba aquél (el fortín Caballero) en territorio argentino”.

El 1º de Junio la Cancillería argentina contestó a su representante en Asunción que se había resuelto mantener el "statu –quo”, para evitar discusiones, disponiéndose “la no recuperación del fortín". La no recuperación... de lo que nunca se tuvo; pero, sin perjuicio de eso y del "statu – quo”, el fortín que se quería fundar fue fundado, ensanchándose la zona de ocupación hasta unos 45 kilómetros al interior del Chaco paraguayo, inmediaciones del fortín "Tinfunké", donde el Instituto Geográfico Militar Argentino instaló un gran mojón o hito, sobre el nuevo cauce del río, que comenzó a llamarse "río del Instituto".

Los documentos cuyas partes más convincentes arriba quedan transcriptas fueron publicados por la misma Cancillería argentina, como antecedentes demostrativos de que la actitud de su país en este asunto, "estuvo como siempre ajustada a derecho y a su tradición de resolver por arbitraje sus cuestiones de límites". Así anda el derecho, también por estos mundos!

La explicación de derecho de la ocupación argentina se fundaba, pues, en que la desviación del cauce de un río es frontera internacional implica igualmente una desviación del límite divisorio. Insostenible tesis, salvo que se admita la existencia de un Derecho Internacional que se tuerce, en materia de límites, donde a uno más le conviene. De haberse desviado el cauce del río hacia el Sud, en vez de desviarse hacia el Norte, la Cancillería argentina gastara otra opinión, precisamente la contraria o sea la verdadera.

Se ha llegado a llamar al río Pilcomayo "el río Vagabundo", a fuerza de repetirse aquello de la versatilidad de su curso. En realidad, le ayudaron a ganar esta fama quienes le desviaron de su lecho natural para "ajustarse, como siempre, a derecho”.

Corre, en folletito impreso en Asunción ( 1938) la declaración jurada de un ciudadano argentino revelando que la desviación del río Pilcomayo "se debe a los trabajos efectuados por los zapadores pontoneros del 4 de Ingenieros comandado por el Capitán Aníbal Montes, hermano del Mayor Carlos A. Montes, y cuyo hecho se justifica en la existencia de un paredón construido que sirve de represa para el desvío del brazo principal del río Pilcomayo; que este trabajo motivó el cambio de curso hacia el territorio recuperado por los paraguayos a los bolivianos". (“Extraña e inexplicable conducta de la Rep. Argentina en nuestra frontera del Chaco", siete páginas y un mapa en colores).

Dan tentaciones de recordar aquí a la viuda de un cuento de Voltaire, aquella que había prometido tan larga viudez como todo el tiempo que corriese por su cauce el arroyo que pasaba cerca de la tumba del difunto esposo. Muy pronto ayudó al arroyo a desviarse inteligentemente de su antiguo lecho y contrajo nuevas nupcias... sin faltar a la palabra empeñada, completamente "ajustada a derecho". Picardía que tampoco convenció a nadie, pues parece que, como en el otro cuento, había paredones y represas...

Pero la desviación del cauce del río Pilcomayo es solamente la explicación "de derecho" de la ocupación argentina; hay otra explicación, la de hecho, que corre pareja con la anterior, en notas oficiales. Fue esa ocupación determinada además "para salvaguardar la región ante las incursiones de los indígenas". (Nota del 17 de Setiembre de ,1934 de la Cancillería argentina a las embajadas en Río y Washington ).

Explicación todavía menos aceptable que la "de derecho” y mucho más grave, como precedente de métodos que sólo hallan su amparo en la fuerza: la ocupación militar de territorios antes no poseídos, bajo promesa de discutir después la posesión hasta entonces no controvertida. Terminada la guerra del Chaco -Junio de 1935- emprendimos en Asunción una campaña periodística, particularmente enérgica, con miras a obtener la desocupación de la zona invadida. Por supuesto, poníamos en peligro la paz del continente... En esas circunstancias, el representante diplomático de nuestro país en la Argentina tenía a bien tranquilizar los espíritus declarando que, en su concepto, trataríase de "tierras que no tienen ningún valor, ni por su extensión, ni por sus características naturales" (Ver "La Razón" de Buenos Aires -- Reportaje, Octubre 31 de 1935).

Como si los agravios a la soberanía de una Nación se midiese por la extensión y valor de los territorios usurpados.

 

IV

EL TRATADO COMPLEMENTARIO DE LÍMITES DEL 5 DE JULIO DE 1939

"Tierras que no tienen ningún valor", etc.... Seguramente por eso el gobierno argentino se apresuraba a ocuparlas militarmente, sin detenerse a considerar las circunstancias tan poco honorables en que esa ocupación se efectuaba. Seguramente por eso, porque se trataba de tierras inútiles, el pueblo paraguayo derramaba por ellas su sangre y sus tesoros!

La única solución que el Paraguay podía aceptar, como una justa satisfacción de sus intereses, consistía en la inmediata evacuación de las tropas argentinas y la restitución, sin demoras, de las aguas del río Pilcomayo a su anterior cauce. Sin embargo, a medida que el tiempo transcurría, esta solución de estricta justicia parecía alejarse más y más, convirtiéndose el conflicto limítrofe en un permanente escándalo internacional.

Estando de paso por Buenos Aires el Presidente "electo" del Paraguay, General Estigarribia, abordóse a fondo la solución de la controversia, que en ese momento había alcanzado alto grado de nerviosidad, debido a las exageradas pretensiones argentinas.

El futuro mandatario demoró dos días su partida de la Capital argentina, para que un acuerdo pudiese ser concluido, el cual lo firmaron el día 5 de Julio de 1939 el Canciller Cantilo y el Ministro Higinio Arbo. La rapidez con que fue liquidada la cuestión causó sorpresa, no obstante la intensa actividad desplegada para lograrlo.

Algunos días después la impresión de sorpresa subió de tono con la divulgación de un incidente surgido, a último momento, entre la Cancillería paraguaya y el Ministro Arbo, del cual resultaba que el citado diplomático había firmado ese y otros ajustes sin esperar las últimas observaciones de su gobierno. Ocupándose de la incidencia, un diario oficialista de Asunción indicó que la situación personal del Dr. Arbo "pudo y puede resolverse en cualquier momento con una actitud de firmeza del Gobierno o con un acto espontáneo del signatario (de los ajustes)". (Ver “El Diario" del 12 de Junio).

Sin mucha metáfora esto quería decir: destitución o renuncia. El Dr. Arbo optó por este último temperamento, siéndole aceptada la dimisión el 27 de Julio. Este inesperado desenlace hizo creer que el ajuste complementario de límites quedaba malogrado, pero esos temores se desvirtuaron casi de inmediato.

Sin duda alguna, el Canciller Elías Ayala deseaba salvar, con toda razón, su responsabilidad en un asunto tan ligado a sus actuaciones anteriores; pero, a todas luces, el ruidoso incidente en nada remediaba los comprometidos intereses del país. Como lo hacía notar "La Prensa" bonaerense, en comentarios acerca de la validez de los actos cumplidos por el desautorizado plenipotenciario, "dentro de poco tiempo entrará en funciones un nuevo mandatario en la Nación hermana y como los pactos de Buenos Aires fueron firmados en su presencia, es posible pensar en que las observaciones llegadas con retardo no sean compartidas por las autoridades bajo cuyo mandato deberá procederse a los trámites para su ratificación".

"El Diario", antes tan categórico respecto del Dr. Arbo, adelantaba ya el 4 de Agosto que los reparos del Poder Ejecutivo correrían "como nubes de verano, no durando más allá del 15 de Agosto, fecha en que se producirá el cambio de Gobierno, si el Congreso no las disipa antes". Como se descontaba, el Tratado complementario de Límites fue aprobado en ambas cámaras a tambor batiente y a todo escape. Con más retardo lo hicieron las cámaras argentinas, con abundante lluvia de frases relativas al derecho, la confraternidad americana, etc., etc. El 10 del corriente mes de Noviembre fueron canjeados en el Palacio de la Cancillería argentina los respectivos instrumentos de ratificación.

Examinemos ahora qué solución consagra el Tratado y cómo quedaron en él los puntos de vista del Paraguay. Ni devolución de la zona "salvaguardada" ni restablecimiento del antiguo curso del Pilcomayo.

La frontera del Pilcomayo queda dividida en tres secciones, del modo siguiente:

Primera sección. - Desde la desembocadura del río hasta Salto Palmar. Se acepta como principal el brazo Sud, de acuerdo con el informe de los peritos Ayala y Krause., El replanteo intentado por el Canciller Puyrredón en 1921 queda cancelado.

Segunda sección. - Desde Salto Palmar hasta el fortín Horqueta, es decir la zona donde la frontera ha sido alterada por la desviación del cauce del río. Es la sección que interesa a nuestro estudio.

Tercera sección. - Desde el fortín Horqueta hasta Esmeralda, último punto paraguayo sobre el Pilcomayo. En este tramo la línea divisoria seguirá el curso actual del río. Las pretensiones argentinas de discutir puntos como Ballivián desaparecen.

De acuerdo con el art. 2° del Tratado complementario, una comisión mixta, compuesta de técnicos paraguayos y argentinos, estudiará la zona de la segunda sección, comprendida entre los siguientes puntos : por el Norte, desde Horqueta, siguiendo por los esteros formados por el brazo Norte del río Pilcomayo, hasta el fortín argentino Caracoles; por el Sud desde el mismo punto, Horqueta, continuando el cauce seco del Pilcomayo hasta el Fortín Zalazar, y de este punto a Salto Palmar, y por el Este, la línea comprendida entre fortín Caracoles y Salto Palmar. Esta es justamente la zona que se salvaguardaba "ante las incursiones de los indígenas'".

Sobre la base del informe que deberá presentar la Comisión Mixta en el plazo de dos años, ambos gobiernos se comprometen a pronunciarse sobre la línea de frontera en esta zona. Según el Mensaje del Poder Ejecutivo del Paraguay, remitiendo al Legislativo el texto del Tratado para su consideración, "'acompaña al Tratado un croquis sin firma, donde se marca la zona que debe estudiar (la Comisión) con un trazo rojo'". Respecto de este mapa el P. E. formulaba la siguiente observación: "El tramo sud -este del trazo rojo, que, según el croquis, delinea la zona que debe estudiar la Comisión Mixta, cercena de la zona en litigio la mitad del Estero Patiño, lo que no es justo”.

¿Esta mitad se apartaba, por adelantado, a favor de la Argentina? Vuelta a repetir, por los negociadores de este convenio, lo de la zona petrolífera del Chaco, cedida previamente al arbitraje '"ex - aequo et bono"? ( 1 ).

Lo que está claro es que no se restablecerá la antigua corriente del río. Se admite de hecho la tesis falsa: la variabilidad de la frontera internacional por efecto de la variación del cauce de un río divisorio.

Parece advertirse en el conjunto de las disposiciones del Tratado este trueque de concesiones : la Argentina accede a reconocer como brazo principal del Pilcomayo el brazo Sud, retirando sus pretensiones hasta el Confuso, en la primera sección; retira también sus reclamos sobre Ballivián, en la tercera sección. En cambio, el Paraguay admite en la segunda sección la fijación de una frontera diferente del cauce seco. La táctica de pedir lo que no corresponde, para renunciarlo en trueque de ventajas que tampoco corresponden; lo que no es a cambio de lo que es, lo discutible y ridículo a cambio de lo indiscutible, lo falso por lo verdadero.

Por lo demás, la repartija de la zona está de antemano consumada. Por el art. 6°, otra Comisión Mixta de técnicos "estudiará y formulará el plan de obras necesarias para permitir la distribución proporcional del caudal del río Pilcomayo en sus dos brazos al Norte y al Sur de la línea de frontera”. Tanto vale como decir que la línea divisoria unirá Horqueta con Salto Palmar, pasando entre el cauce seco y el mojado y dividiendo la zona en dos partes. Menos trabajo costara retornar las aguas del río a su antiguo lecho, sin tantos estudios y planes de obras para su distribución proporcional; pero en este Tratado se impuso - según el diputado Julio César Chaves- "el noble ideal americanista ".

Una vez designada la Comisión Mixta que deberá estudiar la zona en cuestión, y hasta que se determine y fije definitivamente la línea divisoria en esta parte, los dos gobiernos "acuerdan retirar todo el personal militar que guarnece los fortines establecidos por ambos países en esa zona".

Desocupación militar argentina .y desocupación militar paraguaya. El que estuvo siempre en su casa se va lo mismo que el otro, metido de rondón. Una línea tirada de Norte a Sud divide la zona desocupada en dos partes; la del Oeste, vigilada por una policía civil argentina y la del Este, vigilada por una policía civil paraguaya. (Art. 5º).

Como se ha visto, de entrada el Paraguay tiene perdido por lo menos la mitad de la zona desmilitarizada. A la salida podría perder la otra mitad, en consideración a que el nuevo cauce del río, el río del Instituto, sería un buen límite arcifinio, más ventajoso que una línea amojonada tirada entre Horqueta y Salto Palmar. Después de cuanto hemos visto, nada tendría ello de sorprendente.

El criterio del régimen legionarista para la solución de las cuestiones limítrofes de la República se refleja en aquel su espejo : "tierras que no tienen ningún valor, ni por su extensión ni por sus características naturales". No obstante criterio tan autorizado, como inteligente y patriótico, en estos últimos tiempos se ha venido diciendo que en esas tierras "sin ningún valor" se siente algún olor a petróleo... Eso se verá después, pero lo que ahora se ve es que ni los esteros se salvan del "noble ideal americanista", que decía el otro.

Por lo que a nosotros toca, no hemos descanzado la pluma, desde el principio hasta el fin, para hacer conocer la posición del Paraguay en este conflicto, que se finiquita como último y digno saldo de la desmembración territorial pactada en el Tratado de la Triple Alianza, de triste recordación.

 

NOTA

( 1 )     Ver "La Paz del Chaco -- Un pueblo traicionado", del autor.


EPILOGO

HISTORIA QUE SE REPITE

 

A fines de Marzo de 1870 llegaron a Asunción, prisioneros del General Correa da Cámara, los sobrevivientes de la batalla de Cerro -Corá. Venía entre ellos el ex-Jefe del Estado Mayor del Ejército Paraguayo, General Don Francisco Isidoro Resquín, autor de unas Memorias impregnadas de sencilla pero conmovedora grandeza ( 1 ).

"Al llegar al puerto de Asunción a bordo de los navíos de la escuadra imperial" -dicen esas Memorias- “los generales, jefes y oficiales que fueron tomados prisioneros en Cerro -Corá, éstos esperaron, como es natural, la protección del gobierno de su patria, tanto más cuando no les faltaban méritos para abrigar tales esperanzas". Llegaban aspirando tan sólo a que se les diera un rincón de la Patria amada, "donde descansar las fatigas y penalidades que habían arrastrado por más de cinco años de lucha tan continuada y sangrienta".

Desengaño sin ejemplo en el mundo! "En ese momento" -cuenta el General, con profunda amargura- "que podía darles siquiera una mirada de compasión, el gobierno de una patria desgraciada a sus fieles y leales hijos, que tantas pruebas les había dado de su cariño, los aleja y desprecia". Los legionarios inauguraban su reinado...

Hay delitos que no pueden quedar impunes en la historia. No tiene nombre el que cometieron los hombres del gobierno provisional, al solicitar del Ministro del Imperio en Asunción, Silva Paranhos, la entrega de los prisioneros de Cerro - Corá, "con el fin de juzgarlos en consejo de guerra y en seguida fusilarlos, por el crimen de haber defendido a su patria de los avances de la Triple Alianza y haber militado bajo las inmediatas órdenes del Mariscal López". (Pág. 186 de los Datos Históricos).

La razón humana apenas puede concebir el drama vivido por el pueblo paraguayo! El Ministro Paranhos contestó la infame nota "negándose abiertamente a las pretensiones del gobierno provisorio, manifestándole que el Gobierno Imperial nunca consentiría que sus prisioneros de guerra fuesen entregados para asesinarlos".

Amparados por adversarios más leales, la mayoría de los gloriosos cautivos fueron conducidos al Brasil, a pedido del gobierno legionario. Se les negaba hasta el derecho de vivir en su Patria, a ellos, que la habían inmortalizado con sus sacrificios sin fortuna! Y ese derecho se lo negaban los que habían venido a combatir contra la Patria, en las filas de la Alianza...

"Pero todo sucede al revés en nuestra Patria querida" -asienta en sus apuntes el soldado del Mariscal- "el gobierno formado por traidores a su nación y conciudadanos, no podía esperarse de él más que ingratitudes e infamias".

Con sus pensamientos fijos en la justicia del Destino, escribió estas palabras que ya nadie podrá arrancar de la conciencia del pueblo paraguayo : "La Historia del Paraguay no olvidará de aquellos infames traidores que vendieron las vidas de sus conciudadanos y la existencia de su Patria a los enemigos de ella por el mezquino interés de lucrar sobre los restos de la Nación paraguaya".

Ciertas coincidencias, a veces extraordinarias, fuerzan a pensar que verdaderamente la Historia se repite y que todo sigue sucediendo al revés en nuestra querida Patria. Soldados de otra guerra, que repitieron las hazañas de sus mayores, son hoy poco menos que parias en el solar nativo o comen el duro pan del ostracismo, en tanto los herederos de la Legión infame, organizados en régimen político, siguen lucrando...

Prolongación histórica de los legionarios que intentaron beber la sangre de los prisioneros de Cerro - Corá, en una misa roja de caníbales, qué mucho que el régimen vende-patria que sigue oprimiendo al Paraguay derroche los dineros del pueblo en financiar oscuros chantajes periodísticos para perseguir, más allá de las fronteras nacionales, a honestos ciudadanos que lucharon con denuedo por la Patria.

Cuánto no hubiera sido mejor emplear esos fondos en pagar a los mutilados de guerra sus míseras pensiones, impagas desde hace dos años, en vez alquilar plumas mercenarias encargadas de urdir cuentos truculentos y estúpidos, como el publicado recientemente en una revista de Buenos Aires.

 

Montevideo, Noviembre 30 de 1939.

 

NOTA

( 1 )     "Datos Históricos de la Guerra del Paraguay con la Triple Alianza". 1875. Editado en Buenos Aires, 1895.


 

 

 




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