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Cándido López

  NATURALEZA MUERTA, 1899 (Óleo de CÁNDIDO LÓPEZ)


NATURALEZA MUERTA, 1899 (Óleo de CÁNDIDO LÓPEZ)

Naturaleza muerta, 1899

(Detalle)

 

 

CÁNDIDO LÓPEZ

"EL MANCO DE CURUPAYTÍ"

PINTOR DE LA GUERRA DEL PARAGUAY

 

Cándido López es una de las figuras más singulares de la pintura argentina y su obra hoy goza de una gran atracción que se extiende cada vez más. El suyo es un caso curioso ya que él mismo nunca se consideró un artista y murió convencido de que había logrado documentar con sus escenas de la guerra del Paraguay ese episodio de nuestra historia que lo tuvo como protagonista y testigo, dándose por satisfecho con ese logro.

 

 

Campamento argentino en el Empedrado, diciembre 11 de 1865,

Provincia de Corrientes(detalle)

 

A pesar de haber ocupado un lugar marginal y secundario en la historia del arte pictórico en nuestro país, hoy se yergue como la figura más original de la pintura argentina del siglo XIX, con un lenguaje expresivo que mantiene gran vigencia, al punto de que podemos verlo como un contemporáneo nuestro y sus imágenes nos atraen y emocionan por su gran pureza narrativa y la visión del mundo que nos proporcionan.

En los meses de enero y febrero de 1995 el Museo Nacional de Bellas Artes ofreció una completa exposición de su obra pictórica complementada con algunos dibujos y documentos que dieron cuenta de su genio tan particular.

Cándido López nació en Buenos Aires el 29 de agosto de 1840. Aunque sobre su vida no abundan datos precisos, se sabe que estudió pintura con varios maestros de la época. Así los italianos Baldessarre Verazzi (1819-1896) de origen piamontés y el lombardo Ignazio Manzoni (1797-1888), ambos venidos a hacer carrera en el Río de la Plata como tantos pintores europeos que viajaron a nuestras tierras por el afán de novedad y la posibilidad de realizar obras. Casi todos tuvieron discípulos y se volcaron a la enseñanza como medio de vida.

Sin embargo, entre los maestros de Cándido López el que parece haber ejercido mayor influencia es el argentino Carlos Descalzo (1813-1879), quien también lo instruyó en los rudimentos de la fotografía.

Hay que tener presente que la fotografía era un descubrimiento reciente y causa de atracción de los jóvenes. Los anuncios en los diarios de la época dan cuenta del interés suscitado y de la presencia en el país de numerosos fotógrafos extranjeros —especialmente franceses— ofreciendo como una novedad sus servicios. Precisamente Cándido López se asoció con uno de ellos —Juan M. Soulá— para realizar retratos al daguerrotipo. Esta primera actividad del joven López como fotógrafo debe ser tenida en cuenta en vista a su obra pictórica posterior, muy deudora —en más de un aspecto— de la fotografía, de su sentido documental y de su vocación de captar un instante determinado.

Las primeras pinturas de Cándido López que se conservan lo muestran muy deudor de sus maestros y no ponen de relieve grandes dotes como artista. Son de expresión dura, con una pintura muy lineal y un dibujo más bien vacilante. Su interés es escaso. Responden a una enseñanza académica, bastante convencional y escasamente original. De esa época tal vez lo más logrado sea su autorretrato realizado alrededor de 1858.

En 1862 lo encontramos en Mercedes (Provincia de Buenos Aires). Allí pinta el retrato del general Bartolomé Mitre y un San Jerónimo. Por lo que se sabe, también realiza retratos y pinturas de temática religiosa.

Más tarde, en 1865, se va a vivir a San Nicolás de los Arroyos donde se instala como fotógrafo al daguerrotipo. Por su libro de gastos sabemos algo de sus continuos viajes por la provincia de Buenos Aires (Bragado, Lujan, Chivilcoy, Carmen de Areco, Mercedes) hasta afincarse en San Nicolás.

Cuando en 1865 estalla la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay —que tiene razones aparentes, por una parte, y más complejas, por la otra (como ser las luchas intestinas por el proyecto político del país)— Cándido López se enrola en el Batallón de Guardias Nacionales comandado por Juan Carlos Boerr. Tiene el grado de Teniente Segundo y pasa luego al Batallón del Cuerpo Primero del Ejército que estaba al mando del General Wenceslao Paunero.

El 2 de junio de 1865 se embarca con su batallón aguas arriba. Su diario personal registra los distintos campamentos en los que se instalan los Guardias Nacionales de San Nicolás, en Uru-guayana, Paso de los Libres, San Bento, Ensenadita, etcétera. Participa de las batallas de Yataí-ti Tuyutí y Curupaytí. En esta última, el 22 de septiembre de 1866, al cruzar una zanja, un casco de granada le despedaza la mano derecha.

Momentos después, mientras le vendaba la herida, su asistente González es alcanzado por otra granada que lo mata. Al día siguiente lo evacúan junto a otros heridos a Corrientes. Allí le efectúan una amputación hasta el antebrazo para detener la gangrena que lo amenazaba. Pasa a integrar el Cuerpo de Inválidos. En febrero de 1867 es enviado a Buenos Aires, donde un año después el Dr. Lucio del Castillo le efectúa una nueva amputación en el brazo derecho por arriba del codo.

Se ve obligado a educar su mano izquierda para seguir pintando y el primer cuadro que realiza con ella, titulado por él "Rancho en que vivía el Dr. Lucio del Castillo en el campamento de Tuyutí", se lo regala a su médico. Hoy se encuentra en el Museo de Lujan.

El 22 de septiembre de 1872 se casa (casualmente aniversario de Curupaytí) con Emilia Magallanes en Carmen de Areco. Ella era viuda con un hijo, pero él ya la había conocido cuando era una niña. Tuvieron doce hijos y ella lo sobrevivió hasta 1934.

En los años siguientes Cándido López trabaja como puestero en distintas estancias de la familia de su mujer, en San Antonio de Areco y Baradero. En 1881, en Baradero, lo encuentra el Dr. Norberto Quirno Costa y le parece haber hecho un verdadero descubrimiento.

En esos años Cándido López no había dejado de pintar y basándose en los dibujos y bocetos que había realizado durante la campaña de la guerra del Paraguay mientras presenciaba los hechos, sus pinturas se referían con exclusividad a ese acontecimiento que tan vivamente marcó su vida. Había realizado veintinueve óleos y el Dr. Quirno Costa lo instó a que los expusiera en Buenos Aires. Con ese motivo Cándido López se traslada a vivir a Morón y comienza las gestiones para poder hacer la muestra.
Finalmente el 18 de marzo de 1885 en los salones del Club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires se inaugura la exposición de los veintinueve óleos de las escenas de la guerra del Paraguay. Una comisión presidida por Rufino Várela fue la encargada de dictaminar sobre la conveniencia de la muestra y la importancia de sus obras. Su informe es significativo. "La Comisión no pretende presentar los cuadros del Sr. López como una sobresaliente obra de arte, pero la opinión de todos los que la componen es que, además de sus buenas condiciones artísticas tienen un elevado e indisputable valor histórico."

La exposición no tuvo mayor repercusión pública, aunque la prensa elogia la muestra. De allí en más Cándido López iniciará una larga y fatigosa gestión para que el Estado argentino le compre sus obras. En el diario La Nación del 13 de junio de 1886 aparece una nota diciendo: "La intención del General Roca es adquirir esos cuadros históricos, dando en compensación al autor una suma de dinero que le indemnice los ocho años de trabajo que ha invertido en su obra, a cuyo efecto se expedirá un decreto en acuerdo general de ministros".

Para buscar su aval, en cuanto a la veracidad histórica, el 2 de mayo, en carta al Gral. Bartolomé Mitre, Cándido López le solicita: "quiera con su autorizada palabra declarar la verdad de mis asertos". Mitre le contesta el mismo día diciéndole que "sus cuadros son verdaderos documentos históricos por su fidelidad gráfica y contribuirán a conservar el glorioso recuerdo de los hechos que representan".

El 22 de septiembre de 1887 (fecha de otro aniversario de la batalla de Curupaytí) por Ley 2038 sancionada por ambas Cámaras, se autoriza al Poder Ejecutivo a pagar la suma de once mil pesos moneda nacional por la compra de los veintinueve cuadros expuestos en 1885 en el Club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires. Cándido López había ganado su última batalla. Años más tarde, en 1898, el Gobierno nacional le compra dos cuadros más adquiridos para el Museo Histórico Nacional.

En 1888 se establece en Merlo y en 1892 se instala en Buenos Aires y trabaja en una habitación interna de la sede del Cuerpo de Inválidos del Ejército situada en Azcuénaga y Meló donde pone su taller, muy visitado por colegas de armas y amigos.

El 31 de diciembre de 1902 muere Cándido López en Buenos Aires. Muchos lo llamarán, desde entonces, "el manco de Curupaytí".
En los años posteriores a la exposición de 1885 Cándido López siguió pintando; más escenas de la guerra del Paraguay y algunas naturalezas muertas notables, varias de las cuales se conservan actualmente en el Museo Nacional de Bellas Artes y en colecciones particulares.

Sobre la base de sus dibujos y croquis, el artista realizó sus pinturas. Como lo han señalado en su trabajo Marta Gil Sola y Marta Dujovne, "el pintor hace distintos usos de sus croquis. En algunos casos hay una exacta correspondencia entre óleo y dibujo; en otros hay variaciones en la altura de la línea de horizonte, en el terreno abarcado o en algunas de las escenas representadas. En ocasiones el boceto se limita al paisaje y los personajes recién aparecen en la pintura". Estas observaciones son muy interesantes para comprender mejor la obra pictórica de este artista. ¿Desde dónde pinta Cándido López? Sin duda, desde la memoria y la imaginación. A partir de sus bocetos recrea algo que ha penetrado muy profundamente en él y que forma parte de sus vivencias más preciadas. Por eso no puede quedarse en la pura fidelidad documental y su imaginación es la que recrea los momentos vividos con tanta intensidad emotiva. Esto se advierte, particularmente, en el empleo del color y de las proporciones.

 

 

 

En total pinta 58 cuadros referidos a la guerra del Paraguay. Ellos constituyen el núcleo de su obra y la razón de ser de su ganada fama. Al pintarlos, el artista dejó a un lado su formación académica para desarrollar una pintura propia tal cual se lo exigían los temas que deseaba abordar. Se tienen referencias de que tuvo el propósito de pintar casi un centenar de cuadros de la guerra de la Triple Alianza.

Su afán documental es tal que las pinturas están identificadas en todos los casos, al referirse a hechos y momentos particulares de esa guerra. Por eso sus títulos tienen lugar, día —sólo les falta indicar la hora— y tratan de dar con la mayor precisión y rigor la oportunidad de lo que narran. Utiliza generalmente la forma rectangular, apaisada —casi siempre en relación de dos y tres por uno— a fin de que en su pintura ingrese una amplia escena. Predomina también la visión aérea a fin de obtener una mayor profundidad de la perspectiva. Como dice Samuel  Oliver: "Tenia la maravillosa facultad de ver numerosas escenas al mismo tiempo, como si fuera un ángel custodio poseedor de una visión de gran angular, en vez de la pobre y limitada visión humana de treinta grados".

Ese particular punto de vista de las cosas —¿tal vez desde Dios?— y el encuadre fotográfico de las escenas le da a esta pintura características muy particulares. Tampoco López se atuvo a las relaciones proporcionales habituales. Así aparece una desproporción entre la naturaleza, hombres y objetos. Hay un cierto gigantismo en la visión de la naturaleza que ha hecho decir a algunos que este artista tenía una visión nostálgica e idealizada de ella. Por otra parte, también existe una relación entre los planos que no respeta el orden proporcional.

Según el crítico Romualdo Brughetti, el artista actúa como "un miniaturista iluminado por la pasión de los hechos a los que ha asistido". Por eso abunda en detalles, incluye todo lo que puede en la escena. Con el color también se permite algunas arbitrariedades. Es el color que siente él, no el que responde a una realidad objetiva. Quiere ser realista, documental, impersonal en las descripciones y termina haciendo una pintura con elementos imaginativos que la sacan de la estricta función documental. Ahí está el valor del artista, su sentido creador, por más que en su caso no responda a un propósito deliberado. Cándido López no quiso ser un artista, pero lo fue, a pesar de sí mismo.

Si nos guiamos por las fechas, Cándido López perteneció a la generación del Ochenta o, al menos, estuvo a caballo entre las dos primeras generaciones de pintores nacidos en el país.

En la primera se ubican Carlos Morel, Prilidiano Pueyrre-dón, Martín Boneo, entre los más destacados; en la segunda generación Ángel Della Valle, Graciano Mendilaharzu, Eduardo Sí-vori, Eduardo Schiaffino, entre otros. Éstos representaron a la generación del Ochenta, sumándose a los escritores y artistas que encarnaron a dicha generación en ese gran momento de la construcción de nuestro país, cuando aparecen las primeras asociaciones e instituciones culturales. Cándido López estuvo al margen de todo ello. No fue un hombre de club ni participó de la vida social de Buenos Aires. Fue, más bien, un solitario que vivió casi siempre en lugares del interior del país, en puestos de estancia o en pueblos alejados de los centros urbanos importantes. Puede decirse que fue un hombre del interior del país.

Su pintura nada tiene que ver con los más cercanos contemporáneos suyos en materia artística. En sus obras sobre la guerra del Paraguay abandona el academicismo y no toma en cuenta las modas de entonces, como el naturalismo francés o el verismo italiano. Pinta lo suyo desde y como lo siente y con los recursos que le permiten hacerlo,


Trinchera de Curupaytí (detalle)

 

En las naturalezas muertas, donde también hace gala de su interés pictórico por el detalle, no deja de ser académico y tradicional, pero en el conjunto de su obra éstas son sólo un referente. Lo importante está en Las escenas de la guerra del Paraguay. El tema es, en su caso, determinante y su pintura gira sobre él.

Nació diez años después que el uruguayo Juan Manuel Blanes (1830-1901), el pintor de Urquiza, autor de ocho célebres cuadros sobre temas de guerra para el palacio San José en Entre Ríos, y una década antes que la mayor parte de los integrantes de la generación del Ochenta. Prácticamente murió con el siglo, al igual que Blanes y Della Valle.

Su figura tiene un cierto paralelismo con la de José Hernández (1834-1886). La primera parte del "Martín Fierro" es de 1872; la segunda de 1879. Es una obra contemporánea a la de López. Como él, Hernández fue un hombre del interior del país, donde pasó la mayor parte de su vida. También lo fue Sarmiento, que recién conoció Buenos Aires en 1852, un día después de Caseros.

Ambos desarrollaron su obra creadora a espaldas de su generación, sin atender a sus condicionamientos sociales y culturales; casi en rebeldía frente a los bienpensantes de la época. Hernández fue la figura máxima de la poesía gauchesca, un género singular de la literatura argentina. Cándido López fue el creador de una pintura que no tuvo antecesores ni seguidores, de una originalidad notable. Ambos aportaron modalidades creadoras nuevas y propias, necesarias a la naturaleza de sus temas. Quedaron al margen de las modas y de las formas expresivas de su generación. Ambos están en la cima de la creación artística y literaria de la Argentina del siglo XIX. Son, sin duda, sus figuras máximas.

Fuente: www.taringa.net (Internet)

 

 

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ASALTO DE LA 4ta. COLUMNA ARGENTINA A CURUPAYTÍ, 1866 (DETALLE)

Óleo sobre tela de CANDIDO LÓPEZ

50.3x 148 cm. (Año 1898)

Colección Museo Nacional de Bellas Artes- República Argentina

CANDIDO LÓPEZ - VIDA Y OBRAS - Editado por Grupo VELOX

 

 

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