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ANA MONTSERRAT BARRETO VALINOTTI


  VOCES DE MUJER EN LA HISTORIA PARAGUAYA - Por ANA MONTSERRAT BARRETO VALINOTTI - Año 2012


VOCES DE MUJER EN LA HISTORIA PARAGUAYA - Por ANA MONTSERRAT BARRETO VALINOTTI - Año 2012

VOCES DE MUJER EN LA HISTORIA PARAGUAYA

 

Por ANA MONTSERRAT BARRETO VALINOTTI

 

Asociación Trinidad: Ciudadanía, Cultura y Desarrollo.

Asociación de Investigación y Especialización en

Temas Iberoamericanos (AIETI)

Proyecto Voces de mujer en la historia paraguaya,

200 años después.

Coordinación General: Mirian Candia y Angélica Roa

Diseño de tapa: Angelo Bareiro

Foto de tapa: De la Colección Milda Rivarola

Impresión: Gráfica AGR

Asunción – Paraguay

Abril 2012 (210 páginas)

 

 

 

INDICE

 

Presentación

CAPÍTULO I

Una Guerra sostenida en las armas... y por mujeres

CAPÍTULO II

Reclamos, posturas y actitudes femeninas entre siglos

CAPÍTULO III

El Magisterio: algo más que educar a la patria.

CAPÍTULO IV

La exigencia de derechos. Los inicios del feminismo

CAPÍTULO V

En torno a la Guerra del Chaco más que madrinas y enfermeras.

 

 

 

PRESENTACIÓN

 

         Este material se elabora como parte del "Proyecto Voces de mujer en la historia paraguaya, 200 años después", ejecutado por la Asociación Trinidad: Ciudadanía, Cultura y Desarrollo; y la Asociación de Investigación y Especialización en Temas Iberoamericanos (Aieti), con el cofinanciamiento de la Unión Europea.

         El desarrollo de la investigación historiográfica es el primer componente básico para el logro de los demás objetivos del proyecto, y para el conocimiento de las condiciones sociales de la mujer paraguaya a lo largo de 200 años de vida independiente. Se exponen las bases metodológicas de la investigación; los archivos consultados; los principales hallazgos, así como las dificultades encontradas en el proceso investigativo.

 

         OBJETIVO DE LA INVESTIGACIÓN

 

         Este trabajo pretende contribuir a la comprensión del aporte de la mujer en el tiempo de vida republicana del Paraguay. Esta identificación de aportes, mecanismos, hechos en todos los ámbitos que corresponden a la sociedad: la vida privada, la economía, la vida pública y las prácticas propias de la cultura, permitirá desvelar las formas en que las mujeres han sido domesticadas e invisibilizadas en las páginas de la historia, o la forma en que se ha venido enseñando el pasado común.

 

         METODOLOGÍA, LIMITACIONES Y ALCANCES DE LA INVESTIGACIÓN

 

         "En el espacio público, en la ciudad, hombres y mujeres están situados en dos extremos de la escala de valores. Se oponen como el día y la noche. Investido de una función oficial, el hombre público desempeña un papel importante y reconocido. Con mayor o menor fama, participa del poder. Es posible que se le rinda un homenaje póstumo nacional. Es candidato potencial al Panteón de los Grandes Hombres que la Patria, agradecida, honra.

         Depravada, perdida, lúbrica, venal, la mujer pública es una "criatura", una mujer común que pertenece a todos.

         El hombre público, sujeto eminentemente de la ciudad, debe encarnar el honor y la virtud. La mujer pública constituye su vergüenza, la parte oculta, disimulada, nocturna, objeto vil, territorio de paso, disponible, sin individualidad propia" (Michelle Perrot 1997)

         La metodología se basa en la revisión exhaustiva de todas las publicaciones con respecto a temas de género en forma de teoría y en forma de estudios de casos sobre Paraguay, nacional e internacionalmente.

         Se han estudiado fuentes primarias para todo el siglo XIX hasta 1870, que es el límite de documentación en el Archivo Nacional de Asunción. Se han realizado entrevistas a profesionales y a personas que sintieron el pasado estudiado.

         Las limitaciones han tenido qué ver con:

         a) Un sistema de archivos no existente para uso investigativo histórico en muchas dependencias estatales, como hospitales, fuerzas policiales, ministerios y Poder Judicial.

         b) La comprensión desde fuente oral de pueblos indígenas con anterioridad a la época de Stroessner, que no ha sido tratada y publicada por antropólogos, debido a las propias características de la ciencia y el idioma como barrera.

         c) La notoria ausencia de trabajos especializados sobre temas de mujer. En la última gran publicación coordinada por Isabel Morant, Historia de las Mujeres en España y América Latina (2006), en cuatro tomos, con trabajos de más de un centenar de investigadores, Paraguay está, más que notoria, dolorosamente ausente.

 

         ARCHIVOS CONSULTADOS

 

1. Archivo Nacional de Asunción

1.1 Colección Historia

1.2 Colección Nueva Encuadernación

1.3 Colección Civil y Judicial

1.4 Carpetas sueltas

1.5 Copias de documentos

1.6 Testamentos y propiedades

 

2. Archivo del Ministerio de Defensa

 

3. Biblioteca Nacional de Asunción

3.1 Catálogo de periódicos

3.2 Catálogo de revistas

3.3 Biblioteca

 

4. Biblioteca del Museo Andrés Barbero

4.1 Colección de revistas escolares

4.2 Catálogo de revistas

4.3 Biblioteca

 

5. Fuentes orales recogidas de entrevistas

 

         EJES DE TRABAJO

 

         Entre todos los posibles beneficiarios de este proyecto, el mayor de todos es la escuela, y teniendo en cuenta el considerable público hemos analizado como posibilidad más conveniente y pedagógica, presentar los resultados de "Voces de Mujer" de manera cronológica, desde 1811 hasta el 2011, no sin antes dedicar una breve introducción sobre el ser mujer en la época colonial.

         Esta sucesión de años será presentada, no siguiendo la cronología historiográfica tradicional paraguaya -la marcada por hechos políticos y económicos-, sino teniendo como parámetro los cambios que se van produciendo en la ciudadanía de las mujeres paraguayas, desde aquella época donde sus derechos estaban equiparados a los de un niño; marcados por las Leyes de las Siete Partidas; pasando por los intentos de acceso a tierras y el trabajo en los mercados de aprovisionamiento de frutos del país; la participación en la guerra; la abolición de la esclavitud; el acceso a una vida pública mediante el magisterio; las clases en las universidades y el ejercicio de ciertas profesiones "permitidas"; la lucha por los derechos civiles y el principio del movimiento feminista; de seudónimos a versos con nombre y apellido; de roles ideales a participaciones reales; de exigencias políticas, huelgas y detenciones arbitrarias, la violación sexual como forma usual de control indígena, hasta la conquista de espacios de poder y participación en decisiones de políticas públicas.

         Este encadenamiento de hechos que tendrá a la mujer como su sujeto histórico y que estará pautado por las complejidades y contradicciones entre la vida pública y la vida privada (esfera política/esfera doméstica) con respecto a su ser ciudadano, irá separado en capítulos históricos que tendrán como denominador común generalmente los mismos ejes de análisis y ellos son:

 

 

 

         1. LA EDUCACIÓN

 

         Siempre son celebrados el interés y la decisión que pusieron los primeros gobiernos independientes en la educación. Pese a la declaración de "universal" u "obligatorio", las mujeres no estaban contempladas en ella. No lo estaban en la época del doctor Francia, tampoco figuran en las listas de alumnos levantadas por orden del presidente Carlos A. López con motivo de abrir aulas de Literatura, no fueron mujeres las que gozaron de ser enviadas a Europa a proseguir sus estudios. Se contemplaban becas y ayudas para estudiantes varones, pero si la mujer se instruía, ello solo dependía de las posibilidades económicas de sus padres. Un ejemplo lo constituyen las primeras maestras francesas contratadas en el periodo de los López, que vinieron al país a dar clases de urbanidad, piano, pintura e idioma francés. Pese a que se abrió en 1869 la primera Escuela Municipal de Niñas, ello no garantizó el acceso sin pago de un estudiantado femenino. La educación gratuita del Estado hacia las niñas vería la luz recién en la primera década del siglo XX.

         Ello supuso muy interesantes aspectos. En 1812, Facunda Josefa Speratti firma una carta que habla en términos de Patria con motivo de la invasión de los portugueses al Fuerte Borbón: "La defensa de la Patria es tan natural a la Criatura como el deseo de su existencia: el hombre libre no nació para sí solo, sino para su Patria; el buen Patriota desea momentos para desplegar la energía que abriga su corazón: estos obligantes preceptos, que la naturaleza ha sellado en los verdaderos amantes de la patria, es de primera necesidad significarlos en los apuros de esta dulce Madre". ¿Qué tan usual es la escritura, en mujeres paraguayas de inicios del siglo XIX? ¿Podríamos inferir algún tipo de lectura en Josefa?

         El otro aspecto también interesante supone el hecho de que, en un momento dado, es importante que la mujer se eduque. ¿Con qué fin? Con el fin de ser madre, quien cría no puede ser ignorante pues lo está haciendo con un ciudadano: las reglas son claras, clases de cívica para los niños, economía doméstica para las niñas.

         Sin embargo, tenemos a una Luisa Ríos (fines del siglo XIX) que es la primera mujer que logra completar el bachillerato en el Colegio Nacional, no sin ser blanco de críticas. O a una Serafina Dávalos (inicios del siglo XX) quien es la primera abogada paraguaya.

 

 

 

         2. EL TRABAJO

 

         Cuando hablamos de trabajo, nos referimos a mujeres de capas medias y bajas, pues eran las únicas a las que le estaba permitido socialmente el trabajo fuera de la casa. Agricultoras en la chacra, mercaderas, lavanderas, tejedoras, planchadoras, amas de leche, liadoras de cigarros, cocineras, a todas ellas las veremos durante gran parte del siglo XIX y entenderemos la forma, mecanismos y estrategias, con la que muchas de ellas mantenían solas una familia con su trabajo. Este eje es fundamental a la hora de entender la independencia económica que poseían la mayoría de las paraguayas y que influía de manera decisiva sobre conformaciones familiares, sociabilidades y percepciones corporales. Las Kyguá Verá serán el ejemplo de idealización de éste tipo de mujer.

         Será en gran parte la explicación de este eje, la que servirá para entender la forma en que un pequeño país le hizo frente a una guerra en desiguales proporciones, en especial a dos grandes naciones y cómo fue para que ella se extienda por cinco años. Se volverá a ver una situación parecida en la Guerra del Chaco, cuando las mujeres deban suplir los brazos de trabajo en el campo.

         Aún con la entrada del Liberalismo a finales del siglo XIX, veremos cómo estas formas y maneras tradicionales de trabajo femenino siguen presentes.

 

Las parteras de la UNA y el doctor Montero, 1911

 

         3. MATERNIDAD, MATRIMONIO Y SEXUALIDAD

 

         La imagen que pervive en el imaginario colectivo histórico sobre la maternidad de las mujeres, les asigna a estas el portentoso rol de ser las "madres de la patria". La mujer es responsable de criar al futuro ciudadano, honesto, trabajador, patriota, obediente y disciplinado. Las mujeres, como amas de casa, esposas y madres, son las encargadas de guardar el honor familiar. La familia, por lo tanto, es el componente base de una sociedad.

         Aunque esta tesis es defendida en torno al análisis de la historia de mujeres hispanoamericanas del siglo XIX, e incluso han sido modelos de mujer en el Paraguay en 1950 y años siguientes, hemos visto que la realidad paraguaya, sobre todo durante el siglo XIX, ha sido bien diferente.

         Una sexualidad "relajada" en torno al honor femenino, y estadísticas que hablan de hasta un 70% de nacimientos ilegítimos para mediados del siglo XIX, nos ilustrarán sobre la forma peculiar de concebir y dirigir una estructura familiar.

         Quizás las mayores explicaciones sobre un alto número de hogares con mujeres cabezas de hogar se encuentren cincuenta años antes de la Independencia, cuando los hombres eran obligados a servir en lejanos destacamentos militares de frontera por períodos que se extendían entre dos y más años, y las mujeres, solas, debían llevar adelante la manutención propia, de su casa y de sus hijos. De cualquier manera, creemos que el acuerdo consular del año 1814 entre Rodríguez de Francia y Fulgencio Yegros, en su carácter de cónsules, que prohibía el casamiento entre paraguayas y extranjeros, no solo tuvo un fuerte impacto político sino que alteró la composición de la familia, al hacer que los nacimientos ilegítimos se extiendan también a capas sociales altas.

         Este tiempo será también propio para analizar algunos pedidos de divorcio, como por ejemplo, el de María Manuela Aponte en 1823: "Mi marido es un cruel, señor Provisor, y para probar esta su aborrecida condición provoqué y provoco el juicio ordinario así como para librarme de su venganza próxima (...) Por otro lado también es falso y aun ridículo suponer que la mujer sea pies del matrimonio sólo porque el marido sea su cabeza, porque aquella no es sino compañera, y éste administrador de sus bienes. De la costilla de Adán se sabe, se formó un Consorte, y no de la parte inferior ínfima del cuerpo. Y si se dice que debe estar sujeta al marido, es únicamente en aquello que convenga a la felicidad espiritual y temporal de ambos, porque tampoco ella es esclava sino muy ingenua e igual en todo con su esposo, pues de los contrario sería sierva sino compañera: lo cual es falso."

         Más adelante, hacia 1842, veremos cómo los intentos "moralizantes" de matrimonio se vuelven importantes en la práctica del presidente Carlos Antonio López, cuando intenta aplicar apercibimientos y castigos a quienes viven en concubinato, más si existen hijos de por medio. Los índices demostrarán que el matrimonio no era precisamente el primer requisito con que los paraguayos concebían la familia.

         La Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870) producirá un daño importante en torno a la población paraguaya, numéricamente hablando. A lo largo de 5 años de lucha, el porcentaje de sobrevivientes será de solo entre el 40 y el 30%, de los cuales 2/3 serán mujeres. En los cincuenta años posteriores, el Paraguay será conocido como "El país de las mujeres", debido a la marcada diferencia numérica.

         Los aires modernos de la domesticación liberal conservadora se moverán también alrededor de temas de "moralidad" familiar. Las contradicciones que se verán de ahora en adelante serán el machismo y en particular el inicio de la prostitución como profesión a finales del siglo XIX.

 

         4. LA LUCHA Y LA RESISTENCIA

 

         Entendemos que las luchas y las resistencias al poder no necesariamente deben ser políticas. Solapados enfrentamientos también se suceden dentro de ámbitos domésticos o en aspectos que atañen a las costumbres y a la cultura.

         Pese a que las Leyes de las Siete Partidas eran claras con respecto a la situación de las mujeres casadas (grupo femenino más desprotegido, junto a las esclavas y a las indígenas), encontramos en 1816 a una viuda, Gregoria Micaela Centurión, oponiéndose a perder la patria potestad del hijo menor por contraer un nuevo matrimonio: "Suplico a la piedad de VE, se digne revocar dicho mandato y ampararme con la tenencia del hijo de mis entrañas que no corre peligro alguno, respecto a ser constante nuestra cristiana y política comportación".

         Dentro de luchas y resistencias se encuentran gran parte de las mujeres afro-paraguayas, sea solicitando comprar su libertad o la de miembros de su familia, escapando y denunciando castigos y estrategias con respecto a la ley de libertad de Vientres del año 1842. La abolición de la esclavitud es promulgada en el Paraguay en 1870.

         También hemos utilizado este eje para analizar las primeras manifestaciones femeninas utilizando espacios públicos luego de la Guerra contra la Triple Alianza. La mujer que osaba dar su opinión convocando a reuniones era llamada sin distinción "ridícula", y de ellas tenemos desde 1870 hasta los inicios del siglo XX, desde madres que protestan por métodos o formas de enseñanza en las escuelas, mujeres de mercado y señoras de la élite por cuestiones políticas.

         El inicio del siglo XX y el surgimiento de movimientos gremiales serán los escenarios ideales de estas visibilidades. Y con maestras, obreras y estudiantes de protagonistas, sea exigiendo, sea reclamando, sea en huelgas, sea en manifestaciones escritas.

         Grupos de mujeres indígenas son también, por excelencia, el ideal para estudiar en estos términos. El período stronísta ofrece un interesante caso de estudio: la política de la "civilización", de indias a campesinas, junto con una exclusión, marginación y desprotección del entorno natural de sus clanes familiares y tierras.

         Los resultados de la investigación fueron agrupados en 5 capítulos. El primero sobre una guerra sostenida en las armas y por mujeres, que por el tiempo que duró, por el desenlace que tuvo, hemos decidido hacer de la Guerra contra la Triple Alianza un capítulo aparte. El segundo está dedicado a los reclamos, las posturas y actitudes femeninas entre siglos; y en el siguiente a la educación y el magisterio: algo más que educar a la patria. En el capítulo 4 se incorporan aquellas acciones sobre la exigencia de derechos: el inicio del feminismo, y posteriormente en torno a la Guerra del Chaco: más que madrinas y enfermeras, que se desarrolla en el capítulo 5.

 

 

CAPÍTULO I

UNA GUERRA SOSTENIDA EN LAS ARMAS Y POR MUJERES

 

         El rol de las mujeres está muy mitificado, es más probable que se sepa de la heroína de Ytá Ybaté, como lo señala un escrito de la época: "Pero lo más grande de esta jornada fue un episodio inaudito solo comparable con las hazañas más gloriosas de la historia universal, donde su principal protagonista fue una doncella de quince años, la Juana de Arco americana, la humilde niña campesina Ramona Martínez, que defendió su heredad y su honor con valor inmarcesible.

         En el fragor de la lucha, rodeada totalmente del ejército aliado, realizó en un instante actos de sublimidad y heroísmo. Trató de encontrarse con el mariscal, infructuosos fueron sus esfuerzos para alcanzarlo; decidida, tomó la espada, y arengó al resto de nuestro ejército, ya diezmado y en retirada, infundiendo valor en la lucha, diciendo que era preferible morir en la lucha que entregarse al enemigo y así acompañó al doloroso contingente de la resistencia", que en cambio, las miles de mujeres que trabajan los campos de labranza de 14 a 16 horas, incluso en noches de luna llena. Menos conocidas son las mujeres deportadas a un campo de detención conocido como Espadín -al este del Paraguay, hoy en territorio brasilero-. ¿Todas las mujeres estaban a favor de la guerra, tal como relatan los periódicos oficiales? Si ello era cierto, por qué hacia 1869, ciudades, principalmente de "residentas", tenían encarceladas a mujeres por "causas políticas", que mayormente se referían a manifestaciones públicas de descontento.

         Este capítulo incluye el trabajo de las mujeres con respecto a la agricultura, Las Residentas, las imágenes que se transmitieron en forma de ideales desde la prensa de guerra, Las Mujeres en las páginas de guerra.

         La forma en que las mujeres se organizaron para donar efectos, sean joyas, ganado, cigarros o esclavos: "Señor D. Escolástico Garcete, juez de Paz 1ro de la Encarnación. Estimado señor: Tengo a bien remitirle unos cinco mil cigarros que doña Asunción Marecos de Benítez, vecina de Villa Rica, dedica a favor de los Hospitales de Sangre y cuya entrega a la comisión encargada me ha encomendado. De V. atenta SS. Simeona. Asunción, Agosto 24 de 1867." Oro por honor, cigarros y dulces por deber.

         Se incorpora, por otra parte, la vida organizada de las mujeres en torno a los campamentos de soldados: Vida en los campamentos y hospitales.

         Incluye también los procesos y sentencias de muerte por traición. Traidoras y Destinadas.

 

         MÁS ALLÁ DE LAS JOYAS,

         LAS OTRAS MUJERES DE LA GUERRA GRANDE

 

         En 1866, las mujeres controlaban el 70% del comercio de comestibles.

         En nuestro país, existe una percepción generalizada que las mujeres, solamente acompañando al ejército tuvieron una participación directa en la guerra. Normalmente las heroínas se destacaban por el arrojo que demostraron en los campos de batalla dando su vida empuñando una espada. Nada más lejos de la verdad. Gran parte de esta apreciación fue construida a lo largo de cien años por la historia oficial y quedó grabada en la memoria colectiva de todos los paraguayos como si fuera que sucedió en la realidad. De todos modos, como bien señalan muchos historiadores, una mujer curando heridas, entregando joyas y dispuesta a morir con sus hijos en nombre de la patria es la perspectiva menos conflictiva para una unidad o una concepción nacionalista que podría rescatar un pueblo para sus recuerdos en torno al más sangriento de los conflictos sudamericanos de mediados del siglo XIX.

         Esto significa que esa memoria de mujer sufrida, que está dispuesta a morir, es la imagen que se instaló de las personas que sobrevivieron a la guerra, que está en la memoria de la población.

 

         1. LAS MUJERES DE LAS QUE NUNCA SE HABLA

 

         1.1. LAS PROVEEDORAS DEL ESTADO

 

         Cuando el Mariscal López decretó la movilización total de la población masculina en 1866, esto es cuando el ejército paraguayo ya se retrae totalmente al territorio y empieza la guerra de defensa, un año más tarde empieza a descender la edad para lograr nuevos enrolamientos. En el 65 era 18 años como mínimo y se terminó en el 69 con 10 años como mínimo. La economía paraguaya a partir del año 66 se transformó automáticamente en una economía total de guerra.

         Las mujeres paraguayas que tradicionalmente -y esto desde tiempos de Irala- se ocupaban del cultivo de la chacra, la venta posterior de los productos de granja y agrícola y cocían normalmente vestuarios pagos para el ejército, pasaron a convertirse en las principales proveedoras que tenía el Estado de todos estos productos y por supuesto esto significó labrar con más intensidad luego de planificada y supervisada la tierra. La yerba mate y la carne que provenían de las estancias estatales eran las únicas provisiones alimentarias que tenían las mujeres, sin necesidad de comprar, aunque racionalizadas. Para el resto de los productos comestibles, las mujeres no solo se convirtieron en las principales vendedoras del ejército y de los particulares, sino que las mujeres para el año 66 tenían controlado el 70 % del comercio de los productos comestibles.

         Atrás quedaron los días en que las mujeres vendían solo artículos de hierro, losa o género (tela) llevados desde asunción hacia el interior. Con la Guerra, el flujo se hace al revés, ya nadie necesita artículos de losa ni tejidos lindos, los productos de granja eran los que más se negociaban en los campamentos y en la capital. De esta forma, los precios para el 66 se duplican y en el 67 se cuadruplican.

         La producción de sal tradicionalmente realizada por hombres en la ciudad de Lambaré funcionó solo al mínimo y las mujeres volvieron, como en épocas anteriores, a suplantar la sal con el uso de las hierbas.

         Los sembradíos de algodón también se vieron afectados por la orden de plantar solamente productos comestibles, lo que sumado al bloqueo de la importación de telas hizo que se diera la posibilidad de generar con urgencia ropas, ya que por decreto del 14 de febrero de 1866, se impuso desde el Estado paraguayo la contribución obligatoria de vestuario para toda la población civil. Así volvió a relucir en estas mujeres paraguayas el antiguo hilado de fibras de caraguatá.

         A principios del año 1866, la ausencia de hombres significó que muchas mujeres volvieran a ser las principales proveedoras del Estado en ciertos productos. Cierto, las listas encontradas en el Archivo Nacional indican que una mujer podía ser proveedora por excelencia, por ejemplo, del aguardiente. El alcohol se necesitaba mucho en los campamentos por el tema de higiene. Se halló, por ejemplo, factura de una sola mujer vendiendo de una sola vez 800 botellas de un litro. Pero así también, listas de más de cien vendedoras de dulces, chipas, cigarros o de sandías. La sandía se usaba como antiséptica en la época de la Guerra.

         El hecho de que las mujeres hayan pasado a administrar pequeños negocios no era raro para la tradición. El mercado, como sabemos, era un lugar femenino. Pero si en algún momento esto fue lucrativo y próspero, con el tiempo las mujeres sintieron cada vez más la ausencia de los hombres, ya que además del trabajo, debía quedar tiempo para las contribuciones voluntarias y los trabajos de orden público.

 

         1.2. LAS ESCLAVAS LAVANDERAS

 

         Otro tipo de mujer de la que muy poco se habla en la historia del Paraguay, son las esclavas lavanderas. El Estado paraguayo era el principal dueño de los esclavos. Para los hombres esclavos, el enrolamiento a la Guerra contra la Triple Alianza fue obligatorio, mientras que las mujeres debían servir en los hospitales lavando las telas que usaban los heridos, como ropa personal y ropa de cama.

         Esto sucedió hasta el final de la Guerra. También fueron incorporadas libertas del Estado y pardas libres. En 1811, la población de esclavos y pardos libres en Asunción era del 60 %. Existen listas de asignación de 4 pesos en billete que cobraban en los hospitales de sangre en el 66 y el 77. Al principio solo había 50 mujeres empleadas, pero la lista final da cuenta de 100. Algunos nombres: Felipa Samaniego, Margarita y Marcela Plaza, Francisca Rodríguez, Juliana Arza, Asunción Ferreira, Carlota Rodríguez; Bonifacia Meza, esclavas para la historia.

         Las mujeres contratadas servían a los heridos que no tenían quienes los cuiden. Las jornadas de trabajo se alternaban en horarios nocturnos y diurnos. Las 300 o 400 camas de los hospitales nunca estaban vacías. No pocas de estas mujeres desconfiaban de los métodos de medicina moderna de los cirujanos ingleses y a escondidas ponían en práctica antiguas recetas de remedios naturales. Muchas veces, los observadores que estuvieron en el Paraguay en el tiempo de la Guerra decían que las enfermeras solamente estaban para flirtear con los practicantes o que mostraban predilección hacia algunos heridos. Esto no es cierto, porque hay otros que decían que ellas eran imprescindibles en las atiborradas salas de heridos de guerra, golpeados por las heridas como por las enfermedades. Casi todas las mujeres esclavas de la lista tenían entre 15 y 20 años.

 

         1.3. LAS MUJERES QUE HACÍAN DONACIONES

 

         En los primeros años de la guerra se hicieron diversas clases de donaciones por parte de las mujeres en todos los pueblos. La historiografía tradicional paraguaya y sus historiadores, siempre recuerdan a aquellas mujeres que donaron sus joyas durante el año 67 para contribuir a la defensa de la patria y ese hecho es el resaltado como el de mayor entrega.

         Sin embargo, en el archivo nacional obran una cantidad importante, miles de nombres de mujeres que aparecen haciendo donaciones de esclavos, de sus esclavos para el servicio de las armas así como muchas otras tareas. Algunas de las donaciones hechas durante mucho más tiempo y más valor que una alhaja. Como ser dinero en efectivo, cigarros, cabezas de ganado, género de todo tipo, ropas usadas y nuevas, dulces, cosechas enteras de siembra de diversos productos de granja tales como gallina, quesos, huevos, cebollas, tomates, miel y chipas.

         También nos hicieron creer que estas donaciones han sido espontáneas, no dudamos de eso, pero hay que tener en cuenta que cada comunidad estaba obligada en la tarea de contribuir con algo para la causa nacional, sea esta un bien personal o un bien material.

         Todas las donaciones tienen nombre y apellido y se hacen ante presencia del jefe militar o del juez de Paz de la comunidad. Por eso, la duda del carácter espontáneo de las donaciones, cuando se estuvo ante la necesidad de decir 'yo doy tal cosa y mi hija dona tal cosa'.

         "Lista nominal, el infrascripto jefe de milicia informa que las vecinas de este partido que han contribuido cada una con una camiseta de lana a beneficio de los hospitales de sangre de la capital para poner a conocimiento de la comisión recaudadora de los hospitales referidos, y son Doña Bárbara Delvalle, Doña Petrona Vera, Gregoria Estigarribia, Marcelina Rolón, Candelaria Roa, Juana de Dios Rolón, Basilicia Galeano, Del Rosario Rolón, Gabina Rolón, Dolores González, Isabel Zorrílla.

         San Miguel, julio 1 de 1867".

         Viva la República del Paraguay

 

         Señor encargado de los hospitales de sangre,

         Tenga la bondad de admitir este corto donativo, que los dignos defensores de nuestra santa causa y que la que abajo suscribe con sus tres hijas, tengo el honor de admitir 50 pesos en billetes y 50 chipas de almidón abizcochadas por mi hija Dolores; 400 cigarros por mi hija Feliciana; y por mi hija Encarnación 400 cigarros. Todos ellos lo presento muy gustosa para que se transmitan a los dignos hijos de la patria.

         Dios guarde a usted muchos años.

         Claudia Cabriza.

 

         Señor Don Escolástico Garcete

         Juez de Paz Primero de la Encarnación

         Estimado señor,

         Tengo a bien remitirle unos 5.000 cigarros que Doña Asunción Marecos de Benítez de Villarrica dedica a favor de los hospitales de sangre y cuya entrega a la comisión encargada me ha encomendado.

         De usted atenta,

         Simona.

         Asunción, 24 de 1867.

         Viva la República del Paraguay.

 

         Digo, la infrascripta, Gregoria Larrosa, natural de la República y vecina de Villarrica que otorgo entera libertad al liberto de la República, Celestino, de 15 años de edad, que lo hube por comprar de Doña Higinia Leiva y lo presento a este señor comandante de esta villa para que sea enrolado como hombre libre y destinado al servicio de las armas en la presente guerra con los enemigos de la libertad e independencia nacional, sin exigir precio alguno por el valor de dicho liberto. No obstante, que el señor comandante me ha prevenido que me abonaría el valor de dicho liberto en el tesoro nacional, yo renuncio espontáneamente por mí y por mis herederos, para siempre. Y para perpetua constancia de esta manumisión firmo la presente en Villarrica el 4 de noviembre de 1866.

         A ruego de Gregoria Larrosa que no sabe firmar,

         Gregoria Vázquez.

 

         Todo esto se sucede en el año 66. A partir del año 67 se inicia el problema más grande de la Guerra. El 68 va a ser desastroso y el 69 ya no tiene nombre.

 

Residentas saliendo de la Iglesia de Villarrica

 

 

         1.4. LAS RESIDENTAS

 

         Normalmente hablamos de Las Residencias, pero ¿quiénes eran? ¿Las que acompañaban al ejército? Eran el ejército de retaguardia del Mariscal López conforme a su plan de guerra. Donde los hombres eran soldados efectivos en la batalla y las mujeres eran solados en los campos de labranza agrícola.

         En 1867, con la retirada del ejército paraguayo de sus posiciones en el sur, la evacuación de los pueblos de las Misiones y Ñeembucú hizo que las pobladoras deban ser reubicadas en pueblos donde debía continuar obligatoriamente la labranza. Los lugares de referencia eran normalmente los pueblos de Cordillera. La historiadora Beatriz Rodríguez Alcalá intentó dar una explicación al término de la designación de estas mujeres como Las Residentas y ella atribuye a un vicio gramatical originado cuando las mujeres debían llenar los formularios cuando eran trasladadas de un pueblo a otro. Es decir, Las Residentas nunca acompañaron al ejército de López. Por ejemplo, María Gómez, vecina de San Miguel residente en Valenzuela. Probablemente la forma análoga de vecina quedó en residenta.

         Estas mujeres debían ser evacuadas de sus pueblos normalmente en número de 800 o 500, más sus hijos. La despoblación de los pueblos del sur era obligatoria. Por lo tanto, lo que pasaba en los reacomodos en los pueblos a Las Residentas, los vecinos se disgregaban porque decidían enviar 50 en un lado, 80 en otros y 100 para otros lugares. Cuando llegaban al pueblo de destino, la tarea comenzaba enseguida. Eran concentradas en pequeños grupos al mando de una sargenta, una mujer que vigilaba la tarea y ejercía el orden entre esas mujeres que integraban su grupo. La orden de trabajo se cumplía cabalmente y era de 12 a 14 horas diarias y se labraban los campos en las noches de luna llena.

         También el hilado del algodón era obligatorio. Esta condición hizo que existan no pocos conflictos entre las partes por abuso de poder. La pesada carga del trabajo en ausencia de los hombres y el enrolamiento de los hijos cada vez más niños, sumados al hambre, hicieron que después de la caída de Piribebuy, en agosto de 1869, los pueblos de las cordilleras se vacíen de personas, pero que no siguieron a López, sino que decidieron volver a la Asunción tomada por los aliados. Fue particularmente difícil ese año. Las mujeres, si podían, se escapaban y se internaban en las selvas, sea para huir con sus hijos por el enrolamiento o hacerlo con otras mujeres y hombres huyendo del hambre.

         Existe una interesante comunicación del vicepresidente Sánchez a los jueces de los pueblos, donde los pone en alerta sobre la proliferación de traidores y el modo en que se debía proceder con ellos. Estos son los desertores sobre los que jamás la historia cuenta. Esto nos lleva a pensar sobre el aumento de la deserción del ejército y el abandono de los campos de labranza por parte de las mujeres.

 

Residentas, el vagón de los pobres, acuarela

 

         Dice el vicepresidente Sánchez: "Por lo tanto, repito que conviene redoblar la vigilancia para pillar a todos esos malvados, que bastara cualquier acto de desobediencia al primer requerimiento para perseguirlo y prenderlo muerto. Se tendrá mucho cuidado de no mirar con indiferencia a mujeres. (...) huyendo de la vista de las autoridades para vivir en la holganza, han adoptado más bien a pretexto de que son emigradas y de no tener alojamiento, para guarecerse en las selvas. Con este propósito informo que una caravana de 400 mujeres de esta clase, que caminaron de San Joaquín a San Estanislao, en la primera jornada cuando llegaron a Campo Grande, desaparecieron 100. Teniendo por desgracia esta gente, el estímulo de los varones amontonados, que no se dispensa de causar perjuicio de carnear las lecheras y lo que encuentra a mano y robar los sembrados de los vecinos, cuando no asaltan las casas mismas".

         En marzo de este mismo año, el presidente escribe un oficio al juez de paz de Valenzuela en relación con un caso donde se descubre a unas Residentas. Como había mucha hambre y lo que se plantaba se debía entregar por número controlado por el vicepresidente Sánchez, estas mujeres por las madrugadas, cuando terminaba la labranza, se escabullían buscando cosas silvestres que comer y volvían normalmente a las 6 de la mañana a sus puestos. Una vez las descubrieron. El vicepresidente Sánchez ordenó que todas las que vuelvan a hacer eso recibirían 16 azotes públicos.

 

Francisca Cabrera

 

         A diferencia de Las Destinadas, encontrar memoria de Las Residentas es muy difícil. Pero en cambio los informes de jueces de Paz del Estado de los sembradíos, la cantidad de personas presas en los pueblos por delito de traición a la patria, dan cuenta de muchos nombres y citaciones con las cuales se puede recomponer, como si fuera un rompecabezas, la situación civil de estas mujeres soldados agrícolas.

 

         2. PERIODISMO DE GUERRA

 

         En el año 1867, empieza a ser más fuerte el periodismo de guerra. En este periodismo de guerra aparecen las mujeres heroínas que normalmente las tomamos como tales. Sin embargo, existe la sospecha que estas heroínas han sido inventadas en el contexto de infundir más patriotismo o más entrega por parte de la población civil.

         Una de ellas es Francisca Cabrera. El lunes 12 de agosto del 67 fue publicado en el Cabichuí Número 28 una historia particular que incluía a una madre con sus hijos. La columna dice que Francisca Cabrera era vecina de Villa del Pilar y que es la única que había quedado, acompañada de sus cuatro hijos. Francisca se internó en la selva con sus hijos llevando un puñal en el pecho, el cual al sacarse enseñó al hijo mayor diciendo: "Hijos míos, esos negros vienen a querer llevarlos. Yo con este cuchillo voy a luchar con ellos hasta que me muera. Y les digo hijos míos que después de que me muera agarren este cuchillo y peleen también contra ellos, y en el estómago mismo clávenle hasta que se caigan. Les ordeno una cosa, mueran antes que ser esclavos de los negros".

         El remate de esta historia se da en la línea final del párrafo que cuenta la anécdota: "He ahí un testimonio elocuente del espíritu dominante de toda la nación paraguaya con respecto a su patria y al bárbaro enemigo de su honor y su vida. Diremos con el señor Mcal. López, ante la patriota Francisca Cabrera ¿podrá vencernos el enemigo a quien tantas veces hemos vencido? y responderemos con la nación y el ejército, jamás, jamás".

         Ramona Martínez es otra heroína de prensa. Es conocida como heroína de Ita Ybaté. Salió su caso en la publicación del 21 de diciembre de 1968 en El Semanario. Se inició la batalla de Ita Ybaté en la campaña de Pykysyry en el que el ejército paraguayo después de llevar la lucha durante horas, donde murieron varios soldados. Decía que lo más resaltante del día fue un episodio inaudito, solo comparable con las hazañas más gloriosas de la historia universal, donde su principal protagonista fue una doncella de 15 años, la Juana de Arco americana. La humilde niña campesina Ramona Martínez que defendió su heredad y honor con valor inmarcesible. En el fragor de la lucha rodeada totalmente del ejército aliado, realizó en un instante acto de sublimidad y heroísmo, trató de encontrarse con el Mariscal. Infructuosos fueron sus esfuerzos para alcanzarlo, y decidida tomó la espada y arengó al resto ya diezmado y en retirada infundiendo valor en la lucha, diciendo que era preferible morir que entregarse al enemigo y así acompañó al doloroso contingente de la resistencia.

         Es muy llamativo que un caso así sea publicado, puesto que el Mcal. López no permitía que las mujeres participen en batalla. Las mujeres que le seguían al ejército eran las esposas o las madres de los soldados, pero dicen muchos observadores que nunca vieron a una mujer en el campo de batalla. Solo en casos excepcionales como el de Piribebuy.

         Bárbara Alen y Dolores Caballero. "Cobardes y afeminadas hordas de la Triple Alianza que pretendéis borrar del número de naciones soberanas la República paraguaya, contemplad el cuadro que va al frente de esta columna y temblad". Publicaba el 22 de junio de 1861 cuando el ejército se encontraba en San Fernando, haciendo los tribunales de sangre.

 

Bárbara Allen y Dolores Caballero luchando contra el feroz yaguarete

 

         La historia cuenta la vida de dos mujeres que estaban cuidando ganado en Concepción y que de pronto se vieron amenazadas por un tigre. Dos mujeres que sin más armas que un cuchillo, un palo y una argolla de cincha no solamente se libran de la agresión de un monstruoso tigre, sino que lo matan y lo desuellan saliendo ilesas de una lucha al parecer tan desigual.

         "Si las mujeres paraguayas con armas de tan poca monta se libran de los tigres, pensáis vosotros macacos y amacaos que les costará trabajo librarse de vosotros, monos de baja y contaminada ralea". Es en la parte final de la historia donde se interpreta mejor, dice el párrafo: "Qué quieren decirle las mujeres al Mcal. López dedicándole una piel de tigre. Quieren decirle al Mcal. López que si no las espantan los tigres, cómo les causarán miedo los cobardes soldados de la Triple Alianza. Quieren decirle que son las hijas, las esposas, las madres, y las hermanas de esos valientes que en mil combates han aniquilado a los enemigos de su patria que de todos los vientos se conjuraron a exterminarla. Quieren probarle al Mcal. López que si han pedido las armas para medirse brazo a brazo con los prostitutos satélites de esa alianza infernal, son capaces y dignas de luchar contra esos vándalos que pretenden esclavizarla".

         El ejemplo era totalmente contrario a la situación en la que vivían Las Residentas de los campos de labranza.

         Otra cosa que llama la atención del año 1867 son los batallones de mujeres. Los ofrecimientos espontáneos de mujeres que querían las armas para ir a defender la sangre de los hijos eran normales cuando se leían los informes con los jueces de Paz. Entonces podemos imaginarnos, llegaban y todas decían "vamos a luchar". Pero estos batallones de mujeres empezaron a aparecer en la prensa como que si fueran reales. Esta prensa de la guerra paraguaya tenía dos finalidades: una, leerse en todos los pueblos del interior y en el ejército; y otra, salir al exterior.

         Decía George Thompson en 1867: Unas 20 muchachas pertenecientes a la aldea de Areguá, obtuvieron lanzas, unos trajes blancos con fajas tricolores, y una gorra escocesa inventada por Madame Lynch, y salían a recorrer la Asunción, cantando himnos patrióticos. Estas conformaciones femeninas dispuestas a ocupar supuestamente lugares en la trinchera junto con los hombres, fue una imagen divulgada a través de la prensa de guerra Cabichuí y El Centinela de esa época con el fin de demostrar en el exterior que el Paraguay utilizaría hasta el último recurso posible.

         Como también estas gacetas debían leerse ante un público congregado en los pueblos, es más difícil saber la intención que se tenía en difundir entre Las Residentas paraguayas la posibilidad de cambiar el arado que estaban usando en ese momento por el fusil.

         El cónsul italiano Lorenzo Chapperon expresaba con respecto al mismo tema: "Todo regimiento femenino, con a la cabeza los jueces de los distritos y funcionarios, estaban en formación de batallas delante de las casa gritando: ¡Viva la República, viva el Mcal. López, viva el cónsul de Italia!. Todas las calles adyacentes estaban llenas de gente y las tiendas ambulantes servían a las bailarinas de galope. Hice pasar a los señores y al Estado mayor de estas damas, les hice una arenga, que es la gran moda aquí, no hay fiesta sin que al menos se hagan 50 arengas, en las que las felicitadas por su patriotismo agregando que un batallón como este siempre estaría plenamente formado porque las nuevas reclutas surgirían cada año en su propio pecho. Quede cortado, nadie me entendió lo que quise decir. Es cierto que las mujeres que hablan el español son muy pocas y que los funcionarios conocen el idioma justo lo necesario para leer el seminario y hacer un brindis".

         El Centinela presentaba la noticia sobre las mujeres y las armas especialmente durante los meses de noviembre y diciembre de 1867. Una de las ediciones, la 31ª. decía: "Las hijas del Yvytymi acaban de poner una joya más en la espléndida corona de la patria: se ofrecieron para tomar las armas en defensa de la independencia y libertad nacional. Este sublime rasgo de patriotismo, de abnegación y de valor, ha dado nueva luz al hermoso cuadro que el Paraguay ofrece al mundo de la grandeza y heroicidad de sus hijos. Felicitamos a las heroínas de Yvytymi, de Lambaré, que también acaban de pedir se las instruya en el manejo del fusil".

         ¿Qué hacían las mujeres?, iban acompañando al ejército, eran esposas y familiares de los soldados, atendían las necesidades del campamento, les proporcionaban víveres y se ocupaban de las tareas que las mujeres cumplen en un ejército, hasta hacían guardias en su propio campamento de mujeres. Luego de estas mujeres que aparecen con profusión en la prensa de guerra del 67, otro tipo de actos se suceden también en el 67 y es en enero de ese año cuando empieza una reunión de mujeres de la alta clase social, en casa y por idea de Escolástica Barrios de Gil con el fin de donar joyas para el costo que tenía que enfrentar el ejército paraguayo en guerra.

         El periódico oficial El Semanario dijo que de la reunión "habían querido participar cientos mujeres, pero que esa noche no pudieron entrar de tantas que eran, a tal efecto se volvieron a hacer reuniones parecidas los días 24, 25, 26 y 27 de febrero, conocidas como las Asambleas del Bello Sexo Nacional. Donde al mismo tenor participaron mujeres de todos los estratos sociales, pronunciando discursos de tinte patriótico, exaltando la figura de López y mostrando predisposición para ocupar el lugar de los hombres en las trincheras. El resultado inmediato fue que estas mujeres decidieron entregar sus joyas en prueba de lealtad patriótica, para que el Mariscal dispusiese de ellas, de la mejor manera, al sostenimiento de la sagrada causa. Asimismo, dijeron que iban a llevar los colores patrios como adorno en vez de sus joyas".

         Para llevar a cabo con eficiencia la colecta, se determinó formar una Comisión de Damas en Asunción y a su vez en todos los pueblos. Estas debían dirigir las instrucciones a todos los jueces de Paz para la conformación de estas damas, así como la responsabilidad de organizar actos de manifestación patriótica y discursos. Los jueces tenían el encargo de anotar y expedir recibos por las joyas.

         Sabemos que hubo contribuciones de joyas porque en el Archivo Nacional hay miles de pequeñas hojitas a modo de recibo que los jueves expedían a las mujeres que traían una donación. Este grupo de donaciones se enviaban a Asunción y eran anotadas en grandes libros a modo de borradores, que también están en el Archivo Nacional. Cuando las listas quedaron limpias y ordenadas, se procedió a estampar los nombres en el final Libro de Oro que fue un obsequio hecho al Mariscal en diciembre de ese año. Una nota decía:

        

         Viva la República del Paraguay

         Villa Occidental, mayo 26 de 1867

         Alhajas pertenecientes a la que suscribe, Inocencia Morínigo, y su hija Ramona Vega, que manifiesta a la comisión encargada de la toma de razón de dichos objetos para la ofrenda de las hijas de la patria al jefe supremo de la República para aumentar los elementos de la heroica defensa de la causa nacional. Dos anillos de oro con dos piedras ordinarias con peso de tres o cuatro darnes, 28 gramos de oro con peso de un darne.

         Firma Inocencia Morínigo.

 

         Siempre nos hacen creer que las mujeres entregaron todas sus joyas. Sin embargo, en el Archivo Nacional, están las joyas que entregaban las mujeres de élite a los cónsules europeos, y cuando estas listas se hacen comparativamente a lo que esas mujeres donaron, no representan ni el 5 % de sus joyas.

         El pueblo de Yaguarón era un pueblo de indias todavía para 1867. Hay 15 páginas de indias donando medio peso de billetes. Decía una de las memorias de Las Destinadas: "Así fue cuando el tirano López quiso que las familias entreguen sus alhajas para el sostén de guerra, y para él nomás era todo el oro que juntaba y las joyas que pedía doña fulana (Lynch). Nadie le dio, sino los anillos de ramales y pendientes antiguos que teníamos y ya no usábamos. Cuando esta, doña fulana, iba a presentar el pedido de las joyas y las alhajas dijo que este pensamiento era el que le acompañaba desde siempre, pero ninguna de nosotras nos engañamos, todas supimos que era para él y para ella nomás que pedían esas joyas, que nadie dio de nosotras, sino lo que teníamos de más y no usábamos".

         Al principio, cuando empiezan las donaciones de joyas, las listas estaban encabezadas diciendo: Donaciones de joyas para la sagrada causa nacional. El Paraguay estaba bloqueado económicamente en 1866, es decir, no se podía comprar nada desde afuera. Este encabezado cambia tres meses después cuando dice: Donaciones para el gorro y la faja de oro al Mariscal López y vuelve a cambiar de encabezado para agosto cuando dice: Donaciones para la espada de brillantes y la bandeja de plata al Mariscal López. Quiere decir que la comisión encargada de joyas, de lo que se colectó hizo: Primero, se acuñaron monedas con la cara de López para entregarles a todas las mujeres de las comisiones; se confeccionó el gorro y la faja completamente bordados en oro; y se labró una espada en oro con piedras preciosas y bandejas de plata que Madame Lynch llevó a Europa después de la Guerra.

 

 

         EL TRÁFICO DE JOYAS

 

         Sin embargo, conforme venían las joyas del interior a la capital, se inició un tráfico de las mismas. Se empezaron a vender las joyas que queda de manifiesto en la siguiente carta confidencial dirigida al cura párroco de Pirayú: "Habiéndose tenido noticias de que a consecuencia de haberse difundido por la campaña el pensamiento de las mujeres de ofrecer voluntariamente alhajas al supremo gobierno para gastos de guerra, se han empezado a vender escandalosamente algunas alhajas, dándose con esto una prueba de la mala voluntad de todas estas personas para los sacrificios que se hacen por la patria, sin reserva alguna de muchos intereses particulares y sabiéndose también que de la capital misma, se ha mandado afuera alhajas para venderse ocultamente. Esto, lo prevengo a usted para que tenga el mayor de los cuidados y vigilancia sobre estos abusos y procure saber quiénes son las personas en su pueblo que venden las alhajas o mandan a la capital y participarme en sus comunicaciones, y procure por otro lado poner remedio a este mal de manera que las vecinas de este partido no se sumen a ese tráfico ilícito. Pero debe entenderse y tener siempre muy presente que su manejo en estos negocios ha de ser con la estricta y severa prudencia de modo que nadie le pueda comprender a usted porque, a no ser así en vez de hacer un bien, terminará usted haciendo un perjuicio a la causa nacional, evitando de ese mismo modo mezclar en su plática de la Iglesia estos asuntos de la alhaja. Usted puede inculcar e ilustrar al pueblo sobre la importancia de la abnegación que deben hacerlas mujeres y mucho más cuando habla con ellas. Y en todo lo demás, fíjese usted en las publicaciones del semanario para no hacer alguna cosa sin tiempo".

 

Mujer Caduveo

 

         Resulta que cuando se entregaban las alhajas todas las mujeres se preocupaban de que su nombre aparezca en el diario, lo que nos lleva a pensar que las donaciones no eran tan voluntarias. Las mujeres tenían necesidad de que su nombre figure en la publicación.

         La mujer que lleva adelante esta comisión era Escolástica Barrios de Gil, una mujer de la élite que estaba casada con Andrés Gil, quien era un hombre de la administración de Carlos Antonio López y muy respetado por él. Cuando ella fallece en 1868, López las encuentra traidoras y solamente a dos les perdona la vida, porque José Falcón pide para que dos de las hijas de Escolástica Barrios de Gil, actúen como niñeras de sus hijos.

         Falcón había perdido a su esposa. Las otras fueron destinadas a un campo de detención que López había hecho, se cree durante el año 1966, para que sean destinadas todas estas mujeres que sus maridos fueron encontrados culpables en los tribunales de sangre de San Fernando.

         El discurso de Escolástica Barrios de Gil dice: "Conciudadanas, es increíble la satisfacción que tengo al tornar la palabra..." que es reproducido por la historiadora Idalia Flores de Zarza. El original de este discurso, está en el Archivo Nacional. Lo que con este trabajo encontramos fue también este mismo archivo, pero en varias hojas corregidas a mano por un administrador de López de nombre Santiago Ocariz, que era un hombre que escribía muy bien y normalmente el encargado de hacer discursos. Todavía queda la duda de que no haya sido el verdaderamente quien haya escrito el discurso que decían era de ella

 

         LAS MUJERES ANTIPATRIOTAS

 

         Se habla mucho de abnegación, joyas, etc., pero lo que no sabemos es que había mujeres detenidas por alta traición a la patria. Es decir, eran presas políticas de todos los pueblos de la República. No estamos hablando de las 3 mil mujeres detenidas en Espadín. Rosa Amarilla y su hija Josefa Gavilán estaban detenidas desde el año 1866 porque cuando fueron a visitar a sus hijos a Cerro León, a la vuelta a su pueblo Acahay le dijeron a todas las demás Residentas que la situación de los soldados no era buena. Mauricia Ortellado estaba presa en Villarrica por la misma causa.

         Cayetano Alfonso y su esposa Trifona tenían puestos los grillos hacía tres años, porque a la muerte del último de sus cuatro hijos dijeron que todos ellos murieron por falta de comida y atenciones en los campamentos militares. Paulina Villalba, estaba presa en Caazapá por decir en público que preferiría tener consigo a su esposo aunque sea inválido, antes que este se halle en los campos de batalla. Francisca Ignacia Mongelós e Hilaria Fariña estaban presas en Villarrica por quejarse de los excesos de trabajo, Elisa Rodríguez estaba presa en Acahay porque que dijo que las noticias en los diarios eran todas mentirosas. Por este mismo motivo, estaba presa en San Pedro, Juana Bautista Fernández; en Valenzuela, Ramona Urdapilleta; en Arroyos y Esteros, Pastora Decoud. María Felicia Palacios estaba presa en Quyquyho y Gregoria Cantero estaba presa en Santa María porque acusaron a López, durante una de las tareas de labranza, de enviar a los soldados a la batalla bajo efectos del alcohol. María de la Gracia Martínez y su hija Brígida estaban presas en Ajos, porque se mostraron en desacuerdo con seguir las horas de labranzas impuesta por el gobierno. Eulogia Pereira, Saturnina Vargas y Bárbara Valdez estaban acusadas porque dijeron que Elisa Lynch pretendía adueñarse del Paraguay. La lista es extensa, son 197 mujeres presas en todos los pueblos de la República por realizar este tipo de declaraciones.

         El año 1869 es el año desastroso, es la continuación de los crímenes y los ajusticiamientos de San Fernando donde uno de los más famosos fue el de las hermanas Barrios y Pancha Garmendia, que mueren lanceadas en el 69. Los campos de concentraciones de Espadín y la masacre de Concepción donde muere Felicia Irigoyen de Pedrezuela, lanceada estando embarazada. Felicia Irigoyen es muerta en el año 1869; Juliana Insfrán de Martínez es degollada en el año 68; y Carmen Gil de Cordal es obligada a seguir en Espadín en el 69.

 

Elisa Lynch

 

         Al hablar de la historia contemporánea, una vez terminada la guerra es preciso indagar quiénes contaron esta historia. Para conformar la historia que hoy tenemos, no se trata de que alguien se levantó un día y dijo: 'las Residentas son todas heroínas'. Posteriormente se sucedieron luchas encarnizadas por el control de esa memoria. Los años posteriores a las guerras, las mujeres que se resaltaron eran siempre las destinadas porque eran mujeres de élite, quienes tenían posibilidades de escribir sus memorias. Por ello, figuraban una y otra vez durante las décadas del 70, 80, 90 y Cecilio Báez lo hizo en 1900 y se repite constantemente en los crímenes de López. Teresa Lamas Carísimo toma la posta hasta 1926. En 1902, lideradas por Celsa Speratti, se conforman comisiones de mujeres en contra de que Francisco Solano López sea declarado héroe. Todas estas mujeres estaban de acuerdo en que la mujer había sido la reconstructora de un país en ruinas.

         En el año 1975, ¡dalia Flores de Zarza presidió la delegación paraguaya para la recuperación del Libro de Oro de la Mujer Paraguaya y de los 50 mil volúmenes de documentos de la biblioteca nacional de Río de Janeiro.

         Las gestiones de este libro comenzaron en el año 64 cuando ella, supuestamente, encontró el mismo en Río de Janeiro. Empieza una tratativa con el gobierno de Brasil para la obtención de estas reliquias. Lo que da para pensar es si la historia no se trata finalmente de un discurso político, considerando que la doctora Idalia Flores de Zarza es una conocedora del Archivo Nacional -aunque no tenía en ese momento la colección Río Branco donde está gran parte de las detenidas y la orden de muerte que daban los jefes administrativos de la época de López- pero por algún motivo decidió pasar por alto esta parte y recordar solamente el momento de la entrega de joyas tal y como fue contada por los diarios de guerra de López.

         Nos queda una tarea como historiadores, como población civil, como maestros. La lectura, relectura y las discusiones. Nuestra historia debe seguir creciendo. A nuestra historia debemos seguir siempre haciéndole preguntas, porque de lo contrario no tendríamos más historia y aquella no necesitaría más nuevas interrogantes.

 

Juliana Insfrán de Martínez 

 

 

 

 

Una reunión en el interior

 

 

 

Inmigrantes 1900. Colección Javier Yubi

 

María Felicidad González. Profesora Normal; luego y sucesivamente,

regente, vicedirectora y directora de la Escuela Normal.

 

 

EL MAGISTERIO: ALGO MÁS QUE EDUCAR A LA PATRIA

(IMÁGENES)

 

 

Señora Concepción Silva de Airaldi. Maestra Normal

 

 

Ermelinda Ortiz

 

 

 

 

CAPÍTULO IV

LA EXIGENCIA DE DERECHOS LOS INICIOS DEL FEMINISMO

 

         1. MANIFESTACIONES DE MUJERES EN TORNO A CUESTIONES

         PÚBLICAS: EL DESEO DE SENTIRSE OÍDAS.

 

         Sin dudas, la figura femenina y feminista más destacada del siglo XX en el Paraguay fue Serafina Dávalos. Su biografía puede ser pensada como una suerte de síntesis de los caminos que las mujeres intentaron para hacerse ver, escuchar, sentir. De origen humilde, logró ascender como egresada del Colegio Nacional, como egresada de la Escuela Normal; abogada y doctora en Derecho (la primera en el Paraguay), magistrada y ocasional integrante del Supremo Tribunal de Justicia, pacifista en 1904, integrante del selecto núcleo cultural congregado en torno a La Colmena, representante internacional del feminismo paraguayo. Nunca pudo, sin embargo, elegir ni ser elegida para algún cargo. Ejemplo ella misma de movilidad social ascendente por méritos propios, fundó en 1904 la Escuela Mercantil de Niñas, de la que egresaron contadoras y peritas mercantiles, para que más mujeres pudieran lograr la autonomía a través de la educación para el trabajo productivo.

         Una frase publicada en un elogio para Serafina, en 1925, da cuenta de cuán bien representaba el ideal social de la época: "Fundó la Escuela Mercantil de Mujeres y la dirigió con singular acierto, alimentando y armando a toda una generación femenina para la lucha por la vida. Con sus títulos de contadoras, recibidas como un espaldarazo, salían de las aulas niñas y más niñas que engrosaban las filas libertarias de las mujeres que bregan por la independencia de su sexo, a conquistarse, no por el antiestético asalto a las urnas y a los puestos de ellas derivados, sino por la mayor capacidad, por la superior actitud para enfrentarse con la vida (el resaltado es nuestro)".

         Sacrificio, inteligencia, dedicación, trabajo, pero sin derechos civiles ni políticos. Tal el perfil de la mujer de éxito en las primeras décadas del siglo XX.

 

Serafina Dávalos

 

         1.1 EL NO A LOS DERECHOS.

 

         Cuando se escribe la historia de las reivindicaciones de derechos de las mujeres en distintas latitudes del mundo, tiende a mencionarse como un factor limitante del acceso de las mismas a los derechos políticos durante todo el siglo XIX, y buena parte del XX, el llamado "impuesto de sangre". Se denomina metafóricamente "impuesto de sangre" a la "contribución" masculina con sus vidas, por sus patrias, en las guerras. Es una contribución que las mujeres que no participan del frente de guerra, no realizan. Esta incapacidad para "pagar" semejante "impuesto" era pensada como una incapacidad "natural", derivada de la biología y la fisiología femeninas.

         Sin embargo, el Paraguay de fines del siglo XIX y principios del XX, signado por el proyecto "regenerador" de sociedad, conservador y liberal, era un escenario radicalmente distinto. La Guerra contra la Triple Alianza había convertido a cada paraguayo y paraguaya en un soldado. Si bien es cierto que las mujeres de los batallones probablemente no intervinieron como tales en los combates, sí es cierto que al ser todo el Paraguay un único teatro de operaciones, hubo momentos en que tomaron las armas, pero además formaron parte de la vanguardia, acompañando a esposos e/o hijos; o bien de la retaguardia cultivando los campos bajo un régimen de trabajo militarizado. De modo que las mujeres habían pagado también el "impuesto de sangre".

         Esta situación, glorificada posteriormente por el discurso nacionalista, constituía una anomalía para el discurso conservador. No era ignorada; la participación de las mujeres en la Guerra era admitida, pero lo que para unos era un tinte de orgullo, para otros -los regeneracionistas- había sido uno más de los tantos desatinos de López. Es que en el contexto de la Guerra, y como ya hemos indicado en otros lugares, hubo referencias a la ciudadanía de las mujeres. Inclusive el periódico El Centinela publicó: "El hombre, en su inexplicable orgullo, olvidando los favores de su ángel tutelar, de su dulce y fiel compañera, le ha trazado una línea funesta para que no pueda pasar allá de las relaciones de la familia, encadenando su precoz inteligencia y cegándole todas las fuentes afectivas, para mantenerla como objeto de sus fruiciones. Pero ella, que presiente su futura grandeza, pugna incesantemente por romper los eslabones de esa cadena que la mantiene en su estrecho círculo de la familia, y busca con ansiedad un asiento en la barra donde se ventilan los negocios públicos. Injusto el hombre, le señala la poltrona doméstica y le pone en sus manos el libro de la familia. Esta es la mujer en las relaciones civiles, que aún sufre las consecuencias de ese fruto amargo que le ofreció a Adán en el Paraíso"

         Probablemente, los regeneracionistas sobredimensionaron estas expresiones de presencia femenina en la vida pública. Lejos estaba el Paraguay de los tiempos lopistas de conceder derechos a las mujeres y dado que se trataba de un régimen autoritario, los derechos políticos estaban severamente limitados.1 El caso es que sirvió de argumentación para llevar nuevamente a las mujeres a su espacio "natural", el doméstico.

         Carente de sustento el discurso sobre el "impuesto de sangre" y sus consecuencias sobre los derechos de la mujer, estos son privados por la fuerza. Los diarios de época trazan el perfil femenino, del que la política y los derechos políticos quedan excluidos. Como en otras latitudes del mundo, a las expresiones de las mujeres sobre temas públicos acompaña el adjetivo de "ridículas", que llaman a la risa.

 

         2. LAS "RIDÍCULAS" DE 1874.

 

         En 1874, un grupo de mujeres decide expresar su disconformidad con nombramientos del Poder Ejecutivo ante el general Guimaraens, de las tropas brasileñas de ocupación. La reacción no se hizo esperar, y el 27 de abril de 1874 el periódico La Libertad expresaba:

         En la mañana de ayer, un grupo de mujeres se presentó ante el general Guimaraens primero, después ante el ministro brasilero y se nos afirma que hasta aun al cónsul de Italia, peticionando nada menos que un cambio radical en el personal del P. E.

         ¿Quien inspiró semejante disparate a esas infelices mujeres?

         ¿Por qué hacer poner en ridículo a esas personas abusando de su ignorancia?

         Cuántas de ellas, aconsejadas por el cariño de madres, esposos, a hijas, a cuyos hijos, esposos o padres se les presentarían como víctimas, han creído cumplir con un doble deber de patriotismo y amor a la familia, y dado tan importuno paso.

         Eso es criminal, abusar así de sentimientos tan nobles, exaltándolas para satisfacer una idea política irrealizable por el medio propuesto.

         ¿Ignoran acaso, quienes mandaron esas mujeres, que la cuestión propuesta era un sarcasmo?

         ¿O creyeron hacer una gracia practicando una burla en la ignorancia?

         ¿No saben que por nuestras leyes y costumbres la mujer no tiene derechos civiles? (...)

         A nuestras mujeres les corresponde el cuidado interno del hogar, la dirección de los tiernos hijos, elevar preces al Señor por el bien de la humanidad, el coser, el planchar y el labor, espumar el puchero, condimentar el queso, barrer la casa, cuidar de la ropa del marido etc., etc.; y no en entrometerse en quién es mejor para presidente o juez de Paz. (...)

         La mujer, si se aparta de los deberes que la sociedad cristiana le ha impuesto, desciende de la dignidad de suceso, y la sociedad misma la mira como un ser extraño que no le pertenece (...)

         No va a ser la única manifestación de las mujeres sobre asuntos públicos a fines del siglo XIX.

 

         3. "LAS QUE SE METEN DONDE NO DEBEN" (1898).

 

         En el capítulo anterior narramos la crisis que se produjo en el campo educativo hacia fines del siglo XIX entre las docentes Adela y Celsa Speratti, responsables de la Escuela Normal; y Enrique Solano López, superintendente de Instrucción Pública.

         La crisis -que desembocó en las renuncias de las tres partes, todas rechazadas por el presidente Eguzquiza- tuvo varios elementos catalizadores e hizo visible la presencia de la mujer.

         Entre las causas inmediatas del conflicto debe citarse que el superintendente llamó a concurso de cargos para las vacancias en el Colegio Nacional y propuso reorganizar las escuelas primarias, cerrando cuatro escuelas para abrir otras dos de educación primaria superior. En el capítulo respectivo se puede ver cuál fue la posición de las hermanas Speratti, de las alumnas de la Escuela Normal y de las mujeres de élite de la época.

         Sin embargo, tuvo otro componente político que para la época era clave en la discusión sobre los rumbos de la nación paraguaya: su pasado inmediato. En efecto, un librero catalán residente en Asunción, de apellido Trasfi, había ordenado la impresión de unos cuadernos, algunos con la efigie del general José Eduvigis Díaz (entonces, el héroe nacional incuestionable), y otros con la del por entonces cuestionado y polémico Francisco Solano López. La discusión subió de tono cuando el entonces director del Colegio Nacional, el educador argentino Francisco Tapia, se rehusó a recibir los cuadernos que portaban la imagen de López. Su posición se difundió en todos los diarios y tuvo partidarios y detractores, los mismos que se expresaron aplaudiéndolo y abucheándolo en una conferencia que dictó en el Instituto Paraguayo en el mes de abril del mismo año.

         Entonces, en el calor de un conflicto que precedería a las grandes polémicas sobre el nacionalismo del siglo XX, las mujeres de la élite liberal-conservadora decidieron tomar partido por Tapia, y tuvieron la pretensión de entregar al presidente Eguzquiza un memorial contra el superintendente Enrique Solano López (hijo de Francisco Solano López) a quien sindicaban como el instigador de la impresión de los cuadernos, además de propulsor de las medidas más arriba señaladas. El Memorial también contendría las opiniones sobre la figura de Francisco Solano.

         Ante esta posibilidad, el diario La Opinión, dirigido por Blas Garay, descalificó la eventual acción de las mujeres, insistiendo en que estas debían relegarse al ámbito doméstico, y que no "debían meterse" en temas de política.

 

         4. LAS CONCEPCIONERAS DE 1901.

 

         La escena política del Paraguay de fines del siglo XIX y principios del XX era tumultuosa. El nacimiento de los partidos políticos en 1887 con la fundación del Centro Democrático -luego Partido Liberal- y la Asociación Nacional Republicana -Partido Colorado- no significó que los valores republicanos estuvieran presentes en la vida política. Así, Juan G. González, que había gobernado el país desde 1890, renuncia al cargo por la presión de Juan G. Eguzquiza y Bernardino Caballero en 1894. Eguzquiza se convierte en el hombre fuerte de la política paraguaya y tras completar él su mandato presidencial en 1898, influye en la Asamblea Electoral para la elección presidencial de Emilio Aceval. Sin embargo, Bernardino Caballero, ya enfrentado a Eguzquiza, apoya al coronel Juan A. Escurra y tras un golpe de Estado, este es llevado al poder en 1902.

         En 1901 tienen lugar las elecciones parlamentarias, que no coincidían con las presidenciales. José Segundo Decoud, prestigioso político e intelectual, resulta electo senador en las llamadas "Elecciones del Norte".

         Ese año, compitió por la banca senatorial con Cecilio Báez (del Partido Liberal, nombre que en 1890 adoptó el Centro Democrático), en representación de Concepción y San Pedro. Tras una serie de eventos que incluyeron la anulación de elecciones, nuevas elecciones, fraude electoral y hechos violentos de enfrentamiento, el Congreso declaró la victoria de José Segundo Decoud. La violencia del clima electoral no dejó indiferente a nadie, la opinión pública estaba ofendida ante lo que consideró un escándalo político. Ya en los primeros conteos se declaró la victoria de Báez por 212 votos contra 115.

         Indignadas, un grupo de mujeres concepcioneras se dirige al Senado el 25 de mayo de 1901, mediante un telegrama que dice: "Damas paraguayas que suscriben envían sentido pésame por incorporación senador traidor José Segundo Decoud. Dios proteja destino Patria".

         El telegrama fue reproducido por los principales periódicos de época: La Democracia, La Patria, La Prensa, El Cívico y La Tribuna. Los tres últimos expresaron su disgusto con las concepcioneras, no por el desacuerdo con su posición política, sino porque entendían que les faltaba a ellas capacidad para opinar en cuestiones de política. En La Democracia y en La Patria, sin embargo, Cecilio Báez y Arsenio López Decoud tomaron partido por las mujeres.

         Algunos argumentos contra el posicionamiento de las concepcioneras fueron: "La mujer, pasando por encima de la autoridad y prestigio del padre, del esposo, del jefe legal, en fin de la familia, asumía la representación que en ningún caso le corresponde, que las costumbres sociales y la misma legislación le niegan, y agregaba que "en bien de nuestra cultura social y política (esperamos que) el hecho no se repita".2

         "El telegrama dirigido (...) al Senado (...) ultraja groseramente a uno de sus miembros ".3

         "La misión de la mujer no es de extender al terreno de la política, en el que deben actuar sus hijos, hermanos o esposos, en una palabra solo el hombre (resaltado nuestro), y la invasión de dominios extraños, no es un timbre de gloria para las damas, antes por el contrario hiere profundamente la misión que le está reservada. El imperio de la mujer solo está constituido por su hogar, del que no puede apartarse sin el manifiesto perjuicio de sus más caros intereses. A este (...) le está reservada una acción pacífica educando a sus hijos y velando por el bienestar de la casa y la familia".4

         "En nombre de nuestra cultura social y de los sentimientos afectuosos que deben ser el instintivo peculiar de la mujer, protestamos del texto del telegrama que unas damas de Villa Concepción dirigieron el sábado último al Senado Nacional".5

         Al salir en defensa de las mujeres, Cecilio Báez argumentó que "el Gobierno ha arrancado de sus hogares a sus esposos, a sus hijos y a sus hermanos, y los ha metido en la cárcel (...) Se ha maltratado a los compañeros de su suerte, se ha llevado la intranquilidad y el desasosiego a sus hogares, se ha conmovido sus corazones, se ha agitado sus entrañas, todas con la idea de la muerte, con el terror esparcido por la Villa por el aparato de la fuerza allí desplegado, por las prisiones y las violencias perpetradas en aquellos".6

         En La Patria, por su parte, Arsenio López Decoud justificó a las mujeres diciendo: "Y aquí termino enviando a aquellas damas de Concepción que protestaron de un acto de nuestro vivir político, mi humilde y respetuosa adhesión. Y no se crea que este proceder mío obedece a que la protesta fuera dirigida contra los escombros de un personaje político que me lanzó un cascotillo desde el Senado. No, ni con cien leguas, mi adhesión está inspirada por sentimiento que nada tiene que hacer con rencorcillos de mala ley que no tengo la desventura de alentar (...) Siendo, como soy, el descendiente de víctimas de una era infausta que puso a dura prueba el valor y la entereza de las mujeres de mi familia y de mi raza, de más está decir que he mamado el odio a la opresión como y donde quiera que se manifieste. Detesto a los tiranos, pero sin odios inútiles que no pueden perseguirles más allá de la tumba. Y creo que nosotros, los que con orgullo nos proclamamos hijos de esa mujer paraguaya que arrastró su duelo y su miseria por los cien senderos de su calvario; (...) no tenemos derecho a protestar de las acciones de nuestras hermanas en cuyas almas fuertes parecen haber anidado todas nuestras legendarias valentías. Yo no tengo ese derecho. Ni lo quiero".7

 

         5. EXPRESIONES DE PACIFISMO EN 1904.

 

         El proceso revolucionario que condujo al derrocamiento del presidente Escurra en 1904 (y marcó el inicio de la "era liberal" en la historia política del Paraguay) motivó también la intervención de las mujeres, esta vez con un comunicado de carácter pacifista. Durante el conflicto, una Comisión Pro-Paz integrada por 22 mujeres y 4 varones se presentó ante el general Benigno Ferreyra, comandante revolucionario, en el buque "Carioca" en Villeta. En aquella oportunidad, Serafina Dávalos dio lectura de un manifiesto, cuyo texto íntegro reprodujimos en Mujeres que Hicieron Historia en el Paraguay, y del que extraemos párrafos que tienen que ver con la mirada de mujer sobre la violencia y sobre sí mismas:

         "¡La guerra! - Fatídico acento que despierta la historia aún viva de lágrimas y miserias; de la nacionalidad destrozada; el hogar destruido; la madre cual aquella sublime mujer del cristianismo, recostado en el seno el cuerpo sangriento del hijo, muerto en aras del más puro patriotismo; la esposa, inconsolable por la pérdida del muy amado, con la triste realidad que tiernos infantes que sin padres ni hogar quedaron solos con la madre atribulada y en su inconsciencia, asfixiados por la atmósfera de dolor" (...)

         "Y esas madres, esposas e hijas penetradas del testamento sublime que les dejaron sus héroes venerados, cual la reconstrucción nacional mil veces bendita empresa, disponiendo su inmenso dolor; con una voluntad firme, de temple de acero, procedieron a consagrar todas las savias de su existencia a levantar la nueva casa, y en esa noble tarea continuaron sin desmayar jamás a la vista y admiración del mundo entero" (...)

         "Y esa misma mujer paraguaya, no ha desperdiciado un momento; para inculcar en el corazón de sus tiernos hijos la augusta misión que les correspondiera como sucesores de los héroes que se batieron desde el Uruguayana hasta Cerro Corá, dicha augusta misión es, que la República del Paraguay sea grande y ejemplar por la libertad que en ella se respira, como es grande y ejemplar por el heroísmo legendario de sus hijos"

         "Hoy día en esta circunstancia luctuosa, la misma mujer paraguaya que en otrora acompañaba al soldado en la batalla cuando se trataba de disputar nuestra tierra de huestes extranjeras, cuando había un honor nacional que defender y una bandera que arrancar de manos enemigas, se presenta a recordaros que vuestro movimiento patriótico ha de elevarse muchísimo más, poniendo todos los medios necesarios a fin de que arriben a un acuerdo honroso con el Superior Gobierno y se ahorre a nuestra querida patria días de luto, de desolación y ruina" (...)

         (...) "otra vez el hogar sin luz y sin esperanza, la madre, que después de dar toda su sangre para la vida del hijo, criado penosamente por causa de la miseria cruda en que quedó el Paraguay a consecuencia de la horrible guerra, otra vez residenta, que acude detrás del hijo en los cuarteles, en los lugares de peligro, en los campamentos con todo lo que tiene, su abnegación sublime y su inmenso amor. Y quedarán nuevamente las esposas desconsoladas, las hijas huérfanas, los niños todos sin padre, ni hogar" (...)

         "Aquí, las mujeres paraguayas que vienen y todos los cerebros que conocen nuestra historia, saben muy bien que, como valientes, los ciudadanos que militan en ambas filas, jamás han de cejar por razón de la fuerza; pero conociendo como conocen la nobleza de vuestros corazones y el temple superior de vuestras almas, vienen a suplicar, en nombre de la patria y los sentimientos de humanidad, que propiciéis la paz por la fuerza de la razón".

         El documento refleja una mujer consciente del papel que cumplió en los días de la Guerra; consciente también del papel que cumplía en la tarea de reconstrucción del país -promoviendo el patriotismo y los valores de libertad y heroísmo- era también consciente de que sus posibilidades de pacificar espíritus solo podrían tener éxito por el camino del ruego, de la súplica. No desde el ejercicio de la ciudadanía, ni haciendo referencia a las instituciones.

         El comunicado mereció la adhesión de damas de San Lorenzo de Campo Grande, que se expresaron días después, con los mismos valores:

         (...)"vosotras distinguidas damas y señoritas os tomáis la misión de interceder entre los que se preparan a la guerra a favor de la paz, que devolverá la calma a todos los espíritus, la seguridad personal y la garantía de la propiedad a todos los que pueblan este prodigioso suelo" (..)

         "Queréis la paz como todos la quieren: la queréis para vuestros padres, esposos, hijos, hermanos y extraños, porque bajo la ancha bandera de la paz todos somos hermanos, todos iguales, todos nos abrazamos, para obrar de consuno en la consecución de nuestra prosperidad individual y por ende de la República".

         "Queréis la paz para que la esposa, madre, hija, hermana, vuelva con el espíritu tranquilo a ayudar a sus queridos deudos en sus tareas por la vida y por el engrandecimiento".

         "Sublime misión la vuestra, llevadla a cabo, no desmayéis ante los obstáculos que al principio se os opongan, convenced, suplicad, rogad a fin de conseguir la paz. Enterneced los corazones de los hombres con vuestras lágrimas. Haced todo lo que podáis, porque todo lo que hagáis será santo, será sublime cuando se trata de la paz, cuando se trata de librar de la muerte a tantos seres queridos que enlutarán millones de hogares y serán una inmensa pérdida para el país".

 

 

 

         6. LOS ORÍGENES DEL PENSAMIENTO FEMINISTA:

         SERAFINA DÁVALOS, VIRGINIA CORVALÁN.

 

         Los primeros atisbos de pensamiento feminista del Paraguay no provinieron de mujeres, sino de varones. En efecto, como consecuencia de la defensa que realizaron de la posición de las mujeres concepcioneras a las que nos referimos antes, Arsenio López Decoud y Cecilio Báez desarrollaron una serie de ideas respecto de la condición femenina y la necesidad de igualdad entre los sexos, en publicaciones realizadas en La Patria y La Democracia respectivamente.

         Habrá que esperar a 1907 para que una mujer desarrolle una exposición sistemática, mucho más amplia y más profunda que la expuesta por Báez y López Decoud. Se trata de la tesis doctoral de Serafina Dávalos, en el campo del Derecho, publicada con el título de Humanismo.

         En esta tesis, Serafina rebate todos los supuestos de la inferioridad femenina, los biológicos y sus derivados, los sociológicos, jurídicos y políticos. También realiza una suerte de ensayo sociológico sobre la condición de la mujer paraguaya en su tiempo, un análisis quizás algo moralizante respecto de temas como la prostitución; y, finalmente, a partir de este diagnóstico -y rebatidos ya los supuestos de la desigualdad- propone unas reformas "indispensables" en la educación para mejorar la condición social de la mujer en el país. Venía, desde luego, ya respaldada por su experiencia al frente de su propio proyecto educativo: la Escuela Mercantil de Niñas que había fundado en 1904. Refiere también elogios sobre las acciones de caridad que realizan las mujeres.

         Algunas ideas contenidas en Humanismo son:

         1. Contra la supuesta inferioridad biológica: Serafina parte del cuestionamiento de la idea de que "la única misión de la mujer es la de ser madre", ya que este dato biológico fue, en su tiempo, la base de la supuesta inferioridad "natural" de la mujer. Serafina, desde luego, no cuestiona la maternidad en sí, sino la idea de que es la única misión que la mujer puede cumplir. Para sostener su argumentación recurre a Bebel, a Stuart Mill, Posada, Del Arenal. Deriva de ello que "La esclavitud de la mujer no es natural", sino que tiene "su razón de ser en la aplicación brutal de la ley del más fuerte, así como la esclavitud masculina se debía a la misma causa". El hombre, dice Serafina, "solo ve y quiere ver en la mujer un instrumento de placer, por cuya razón atrofia todas las facultades superiores de su alma por la falta de cultivo; la instrucción que hace dar a las niñas es estudiadamente superficial, casi todo se reduce a una prédica rabiosa de la legitimidad de la servidumbre femenina y una mayor exageración de sus tendencias voluptuosas"

         2. Contra la inferioridad jurídica: Desmontado el mito biologista, Serafina critica la legitimación de la desigualdad que se hace en el derecho positivo, que "coloca la personalidad y la libertad de una parte de los habitantes en manos de los otros (...) la libertad privilegio de la fuerza; la mujer esclava como siempre, semipersona en quien los hechos reflexivos se festejan como chistosas ocurrencias de un chiquillo".

         3. Contra la inferioridad política: Serafina reconoce el carácter educador de la familia, por lo cual critica que el derecho consagre la desigualdad civil. La familia, estructurada sobre esta desigualdad, mal podrá educar para la democracia: "El aspecto más perjudicial del predominio del principio romano en la constitución de la familia, es para el carácter democrático de nuestra organización nacional" (...) "Es una verdad inconcusa que una sociedad es libre cuando sus elementos lo son: la familia, que es la base de la sociedad, por tanto, debe ser libre y a su vez la base de la familia que es el matrimonio, debe tener en su esencia la libertad". El fin último de esta reestructuración de la legislación civil es político: "Así, si queremos un país verdaderamente democrático en que la libertad, la justicia y la igualdad, sean hermosas realidades, debemos empezar por organizar el hogar sobre la base de una perfecta igualdad, como será indudablemente el hogar del porvenir en que ambos cónyuges serán personas del género humano (...)".

         4. Los derechos políticos: Nuestra autora exalta el valor que tiene el goce de los plenos derechos por parte de la mujer como base para un orden moral social superior. Republicana, Serafina participa de la idea de que los derechos no son un fin en sí mismo -estamos lejos todavía del giro de los Derechos Humanos-, sino un medio para mejorar el orden social como un todo: "Antes de todo, importa a la mujer defender sus múltiples intereses, para cuyo efecto aparece como requisito previo, como conditio sine qua non, la defensa de su libertad. Esta es la primera y única conquista que debe constituir el ideal supremo de la mujer; todos los demás bienes vendrán como consecuencia natural (...) el motivo capital para tener en cuenta la personalidad política de la mujer en los países democráticos reside en la esencia misma de la democracia (...) porque habiendo exclusión de las mujeres, de hecho se convierte en una oligarquía de hombres en menoscabo de la justicia, de la igualdad y de la libertad".

         5. El valor de la educación: Serafina, positivista y normalista, atribuye a la educación una función de primer orden en el cambio social. Propone el estímulo a la educación agropecuaria; la aplicación de las penas previstas en la Ley de 1902 contra quienes incumplan la obligatoriedad de la educación primaria; la creación de un Colegio de niñas. Cree que la educación superior profesional permitirá a la mujer ganarse "honradamente la vida" y agrega que "nadie desconocerá que la independencia económica es la base de la emancipación y autonomía del individuo, y obteniendo todas las mujeres (...) una preparación profesional (...) estarán en condiciones de mantener con altura su integridad profesional".

         Varios años después de la tesis de Serafina Dávalos, encontramos otra exposición sistemática de ideas feministas en la tesis doctoral de Virginia Corvalán, titulada Feminismo, de 1925. Entre ambas tesis, había ocurrido el rechazo al proyecto de ley de igualdad de derechos civiles y políticos, presentado en 1921 por Telémaco Silvera y Antonio Sosa; pero en términos sociales, existía una mayor visibilidad de la mujer especialmente a través del magisterio y las obras de caridad. Ese mismo año, una mujer, Élida Ugarriza, lideraría la renuncia colectiva de maestros contra el gobierno de Eligio Ayala.

         Virginia Corvalán también rechaza la inferioridad jurídica de la mujer, destacando que "la ley consagra una situación de inferioridad para la mujer, haciéndola depender para muchos actos de la vida de la voluntad del hombre, su instrucción más descuidada no le proporciona las mismas aptitudes que al hombre para su lucha diaria y la arraigada costumbre de alejarla de los asuntos que no sean del hogar, le priva del ejercicio de muchos derechos".

         Tampoco se justifica la inferioridad política, ya que "si la Constitución hubiese querido negar a la mujer el uso y el goce de ciertos derechos ha debido consignarlo. No existiendo prohibición para que se conceda un derecho y siendo este derecho conforme con el principio de soberanía del pueblo y con la forma republicana democrática representativa, se impone su reconocimiento con arreglo a lo que determina el Art. 34 de la Constitución". Se refiere, obviamente, a la Constitución de 1870. La realidad, además de lo jurídico, muestra que "un ignorante que no sabe leer ni escribir es elector, el ebrio consuetudinario, que ha perdido su dignidad y su razón, es elector; es también elector el holgazán que se hace mantener por la mujer (...) pero la mujer aunque sea inteligente, honrada, virtuosa, patriota, trabajadora, humanitaria, es relegada a una situación de inferioridad".

         Virginia rechaza también el argumento del Impuesto de Sangre, al que nos referimos más arriba, apelando a nuestra historia: "La Historia Nacional contiene tantos y tan bellos ejemplos de mujeres que supieron sacrificarse y morir por la patria al lado de los hombres (...)". Y con filosa y punzante ironía, recuerda que "la ley de los nueve meses, renovable, es más dura para las mujeres (...) que la ley de los dos años para los hombres. Muchas más mujeres sucumben en el lecho del dolor, por obra de la creación, que hombres en los campos de batalla, por obra de la destrucción".

         Nuestra autora también cuestiona otros argumentos contra el voto femenino, como la falta de independencia, las costumbres y la educación, la falta de reclamo del derecho por parte de las mismas mujeres; el lugar "natural" doméstico, etc. Su conclusión es que "La Equidad o el sentimiento natural de lo justo, impone que se otorgue a la mujer todos los derechos políticos de que el hombre goza".

 

         7. LAS PRIMERAS ORGANIZACIONES FEMINISTAS RECLAMOS Y MOTIVACIONES.

 

         La primera organización de género en el país es el Centro Feminista Paraguayo, que nació en 1920 a sugerencia del diputado republicano Telémaco Silvera. Este, que mantenía contactos con la feminista uruguaya Paulina Luisi (fundadora de del Consejo Nacional de Mujeres del Uruguay), estimuló a varias mujeres a organizarse. La convocatoria fundacional se realizó el 25 de abril de 1920, en el Colegio Nacional y encontró amplio eco en la prensa de la época. 25 mujeres participaron de aquel acto, muchas harían historia posterior en el Paraguay. El Centro tenía como motivación inmediata contribuir y alentar al Congreso Internacional de la Alianza para el Sufragio Femenino que se realizaría en Madrid, en mayo del mismo año. Y como motivación fundamental, la lucha por los derechos de la mujer tal como lo expresara Ermelinda Ortiz en el discurso de apertura.

         En 1929 se creó la Asociación Feminista, el mismo año en que el Dr. Antonio Sosa presentó el segundo proyecto conocido de igualdad de derechos civiles y políticos de la mujer (el primero fue presentado por Telémaco Silvera) y para respaldarlo, según mencionó Dora Vargas de Coscia: "Otras exponentes de la cultura femenina como Isabel Llamosas de Alvarenga, profesora normal de gran capacidad, juntamente con la profesora normal señorita María Felicidad González, auspiciaron el movimiento de opinión a favor del proyecto del Dr. Antonio Sosa en 1929, para el reconocimiento de los derechos civiles y políticos de la mujer".

         Luego, las organizaciones de mujeres se estructuraron en torno a la defensa nacional, cercana ya la Guerra con Bolivia. La causa de los derechos políticos quedó de lado hasta que en 1936 se creó la Unión Femenina del Paraguay, "al conjuro de la revolución del 17 de febrero", dice el manifiesto fundacional. Esta organización tuvo un perfil "feminista y pacifista militante", al decir de Line Bareiro, Mary Monte y Clyde Soto. Según estas mismas autoras, fue la primera organización de género que contó con Estatutos y un programa de 27 puntos. Contó con un órgano de difusión, el periódico Por la Mujer, y llegó a ser proscrito por el gobierno de Rafael Franco. En 1936, quizás hacia octubre, fue proscrito, y en 1937 se autorizó nuevamente su funcionamiento.

         En aquellos mismos años se registra el intento de fundación de un "comité provisional pro derechos de la mujer", estimulado por Dora Gómez Bueno de Acuña y Rosario Gómez de Candia. Desconocemos el destino final de la iniciativa.

         El 5 de octubre de 1940 fue fundado el Consejo de Mujeres del Paraguay, en Asunción, vinculado al Consejo de Mujeres que existía en los Estados Unidos desde 1888. Su misión era unir esfuerzos por la dignificación de la mujer, bajo el lema: "Todo por la mujer y el bien de la mujer". En 1943 se organiza la Asociación Feminista del Paraguay, de la que no existen mayores referencias.

 

Clotilde Pinho Cabral

 

         8. LAS MUJERES EN LOS PARTIDOS POLÍTICOS

 

         Desde el tratamiento de "ridículas" a las mujeres que opinaban sobre temas políticos, hasta mediados de los años 20 (siglo XX), ocurre un cambio importante en términos de que la presencia femenina en los partidos políticos comienza a hacerse visible. Si bien es cierto que existía la costumbre de que las mujeres realizaran discursos en ocasiones públicas especiales, este hábito se trasladó a los partidos políticos y sus actos en el interior del país. A partir de los años 20 es frecuente que en las reuniones partidarias realizadas en domicilios particulares las mujeres (esposas del dueño de casa y anfitrión) expresen posiciones políticas de respaldo a sus respectivos partidos.

         Rescatamos, como ejemplo, el discurso pronunciado por Oilda Pedrozzo en Itauguá, ante la presencia de Eduardo Schaerer:

         "En medio de la opresión y el rudo trabajo, vuestros correligionarios gozan de una satisfacción intensa en las populosas concentraciones que se van llevando a cabo en toda la extensión de la campaña.

         Llega también el momento feliz a los liberales de este pueblo, formando círculo alrededor vuestro, atraídos por el imán magnético de vuestra alta personalidad.

         Ostentan la bandera del orgullo en la llanura al llevaros en la agrupación política como Jefe directriz.

         Ellos ven con claridad solar la senda que van recorriendo mediante un foco situado en vuestro científico cerebro que proyecta luz de enseñanza para todos ellos.

         En el campo de la llanura, con abnegación heroica, trabajan con tesón, partiendo siempre el ideal liberal, producto del sentimiento democrático que arde en cada uno de los corazones de esta imponente agrupación. Enlazados por una misma cadena, miran más allá, hasta divisar en lontananza el cielo del gran Partido Liberal. Sin ninguna ambición mezquina, desinteresadamente, sostienen el amor sin mácula al gran círculo al que pertenecen con orgullo.

         En prueba de intenso cariño, recibid este sencillo bouquet, cuyo perfume va impregnado del sentimiento que palpita en el corazón del Partido Liberal de Itauguá. "

         Luego, como tras la revolución de 1947, nacen ya los comités partidarios de mujeres con una identidad propia como espacio de protagonismo femenino.

 

 

         CONCLUSIONES

 

         Hasta 1962 las mujeres estarán privadas del derecho político fundamental: el derecho a elegir y ser elegidas. A lo largo del tiempo que va desde 1870 a 1962 hacerse oír, organizarse, reivindicar derechos, son eventos que no forman parte de un proceso único, progresivo, de logro de reivindicaciones. Conspiran contra las mujeres, en distintas épocas, diferentes elementos:

         1. La ausencia de antecedentes históricos organizativos, o, si se quiere definirlo de otra manera, el carácter incipiente del asociacionismo político femenino en torno a las cuestiones políticas;

         2. La exclusión jurídica y política de las posibilidades de participación de la mujer en instancias, foros, partidos políticos.

         3. La imagen, culturalmente legitimada, de que la mujer es exitosa por sus logros en distintos campos, fundamentalmente domésticos, excepto el político. Es más: el campo político es adversario de la femineidad.

         4. La reducción de los logros femeninos a la continuidad o aplicación de valores masculinos: así, de las damas de caridad o de las mujeres sacrificadas, se dice "viriles".

         5. La inestabilidad político-institucional del país, que hace difícil lograr reformas legales de fondo e impiden consolidar procesos asociativos civiles, no políticos.

         Por lo tanto, aun cuando las mujeres se manifestaran en torno a temas políticos, su ausencia misma fue una cuestión decididamente política, arropada por una falsa visión de la mujer como "naturalmente" menos capaz que el varón.

 

 

 

NOTAS

 

1. El régimen de López, extremadamente sensible a los cambios políticos en la región del Plata, reprimía con dureza todo atisbo de disenso. Si la correspondencia del cónsul francés en Paraguay, M. Laurent-Cochelet, resulta correcta en sus datos, en marzo de 1864 cuando comenzaba a gestarse la crisis política en Uruguay (cuyo desenlace final sería el inicio de la Guerra contra la Triple Alianza en octubre del mismo año), algunas mujeres fueron condenadas a exilio perpetuo en el interior del país: doña Juana Maíz, tía del padre Fidel Maíz; Magdalena García, ambas a Rosario; Rosa y Tourasa Fornel, a Tacuatí, y las hermanas Figueredo (no se menciona el nombre). Estas detenciones tenían un fuerte carácter político.

2. El Cívico, 27 de mayo de 1901.

3. La Prensa, 27 de mayo de 1901.

4. La Prensa, 27 de mayo de 1901. 

5. La Tribuna, 27 de mayo de 1901.

6. La Democracia, 29 de mayo de 1901.

7. La Patria, 5, 8, 10, 11 y 13 de junio de 1901.

 

 

LA MUJER PARAGUAYA Y LA GUERRA DEL CHACO

(IMÁGENES)

 

Georgina Dávalos rodeada por un equipo de enfremeras

 

María Victoria Candia

 

 

"La señorita Arminda Veia Franco de la Cruz Roja Paraguaya, fotografiada en Isla Poí momentos después del bombardeo por los aviones bolivianos. No teniendo donde refugiarse tuvo que quedarse sola con los heridos. En el fondo se ve un grupo de soldados que rodean el boquete que ha producido una de las bombas al estallar”

 

 

 

 

 

Beatriz Mernes De Prieto

 

 

 

 


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