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ERASMO GONZÁLEZ


  CERRO CORÁ (GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA), 2013 - Por ERASMO GONZÁLEZ


CERRO CORÁ (GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA), 2013 - Por ERASMO GONZÁLEZ

CERRO CORÁ (GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA)

Por ERASMO GONZÁLEZ

Colección 150 AÑOS DE LA GUERRA GRANDE - N° 15

© El Lector (de esta edición)

Director Editorial: Pablo León Burián

Coordinador Editorial: Bernardo Neri Farina

Director de la Colección: Herib Caballero Campos

Diseño y Diagramación: Denis Condoretty

Corrección: Milciades Gamarra

I.S.B.N.: 978-99953-1-438-5

Asunción – Paraguay

Esta edición consta de 15 mil ejemplares

Diciembre, 2013

(108 páginas)




CONTENIDO

Prologo    

Introducción

Capítulo I

La resistencia paraguaya       

Las obligadas deserciones

Los verdugos de López

Las recriminaciones por la guerra   

Capítulo II

Obstáculos en el trayecto final

La alimentación  

Las armas  

La sombra de la conjuración     

Marcha de horrores

Capítulo III

En el Amambay  

La llegada al Amambay 

El espacio del Amambay       

El suplicio entre cerros

Capítulo IV

Entre penurias y fatigas

La persecución enemiga         

La Medalla del Amambay     

La oficialidad paraguaya       

Entre macacos y desertores   

Capítulo V

Patria, la última palabra        

La muerte de López, según Aveiro y el Vizconde de Taunay

El cuerpo de López      

Sánchez, Caminos y Panchito

Las últimas víctimas del genocidio

Aquellos macacos

Los sobrevivientes       

Capítulo VI

El martirio de la derrota

Conclusión

 

Anexo 1

Transcripción del Decreto de la Medalla de la Campaña del Amambay

Anexo 2

Primer parte oficial del general Cámara

Anexo 3

Informe de las heridas del Mariscal

Anexo 4    

Lista Mayor Final en Cerro Corá    

Bibliografía         

El autor     



Si la guerra moderna es hecha contra el gobierno del país y no contra el pueblo de ese país, ¿por qué no admitir también que la guerra es hecha por el gobierno y no por el pueblo del país en cuyo nombre se lleva la guerra a otro país?

Juan Bautista Alberdi



PRÓLOGO

Cerro Corá es un libro que al igual que los demás que han analizado algunas de las muchas batallas que se libraron durante la Guerra contra la Triple Alianza (1867-1870) en colección, permite acercar al gran público un interesante testimonio de aquellas jomadas que en muchos casos fueron trágicas para el ejército paraguayo.

Cerro Corá es realmente un nombre que desde la historia nacionalista fue el sinónimo del sacrificio máximo del líder paraguayo Francisco Solano López junto al resto del ejército paraguayo, que lo siguió incuestionablemente.

En esta obra escrita por el doctor Erasmo González se puede apreciar que no todos los oficiales y soldados siguieron a López hasta el Amambay, el autor describe y cita como algunos oficiales optaron por no presentarse en Cerro Corá, pues consideraban que luchar en aquel punto ya era un sacrificio para cambiar el devenir de la Guerra.

La obra del doctor González también nos demuestra la otra faceta de los Aliados que se decidieron cazar a un hombre y sus huestes a cualquier precio, al igual que una jauría detrás de su presa. Es en ese sentido que una lectura desapasionada de nuestro pasado, los historiadores contribuyen con elementos que permiten comprender con mayor cabalidad los acontecimientos en un determinado proceso, pues la función de la Historia como ciencia es la de ayudar a las generaciones presentes a comprender los hechos acaecidos y no justificarlos o juzgarlos.

El libro comienza explicando los elementos tanto materiales como humanos con los que contaban los paraguayos en aquel último tramo de la guerra, para luego proceder a describir en base a diferentes fuentes las durísimas condiciones en las que el ejército paraguayo realizó la marcha hacia el Amambay. Además el autor va aportando datos sobre los movimientos de los Aliados que no cejaron un momento en su empeño de capturar al mariscal Francisco Solano López a cualquier precio.

Posteriormente la obra describe las condiciones de vida en el campamento a orillas del Aquidabán Nigüi, para luego entrar en los detalles del desarrollo de la batalla, la muerte del mariscal Francisco Solano López a orillas de dicho cauce de agua como la de otros importantes referentes civiles y militares del gobierno paraguayo que en muchos casos fueron ejecutados en forma inmisericorde por los soldados brasileños.

Cerro Corá seguirá simbolizando en la conciencia colectiva paraguaya un hito que no puede ser obviado al revisar nuestro pasado y seguirá generando polémicas porque para muchos en dicha batalla se produjo la apoteosis de López, mientras que para otros fue la ratificación de su fracaso como líder militar.

Asunción, diciembre de 20131

Herib Caballero Campos



INTRODUCCIÓN

El 1 de enero de 1869, las tropas brasileñas tomaron definitivamente Asunción. Con ese hecho la guerra estuvo sentenciada, la derrota sería invariable para el presidente paraguayo Francisco Solano López. La contienda se circunscribiría con más ahínco a la persecución del ejército del mariscal paraguayo. Los distintos combates que seguirían desde 1869 no hicieron más que demostrar la vulnerabilidad de las tropas paraguayas, que iban aumentando en necesidades, manifestándose con el incremento de enfermos y mutilados, el hambre era la constante y ello producía más estragos en aquellos infortunados combatientes.

Con todo ello, las convulsiones síquicas que una guerra es capaz de generar pudieron manifestarse con distintas reacciones que van desde ciertos sentimientos de ira y ganas de insurrección hacia el Presidente, hasta el despecho por la vida, la rabia mezclada con el coraje de varios soldados en medio de tantas penurias.

Obviamente con el correr de los acontecimientos la tragedia se ensañaba con las tropas de López, mermaba la cantidad de soldados, escaseaban las armas, y las fuerzas físicas se agotaban con las insuficiencias acarreadas. Fue tal el calvario de ese puñado de paraguayos que pagaron detrás de su gobernante un elevado precio por ser vencido; una derrota que los enemigos no dudaron en cobrarla.

En aquella contienda, mujeres y niños se convirtieron en baluarte inamovible de entrega y un ciego patriotismo que lo expresaban con la lealtad hacia el mariscal López. La cantidad de desleales al Presidente paraguayo fue menor en comparación a sus leales, situación que genera discusiones polémicas en torno a la figura de Francisco Solano López. La bibliografía sobre el tema puede resultar innumerable, varias obras historiográficas se encargan de enarbolar los caracteres de líder carismático, al punto tal que muchos estudiosos admiran la personalidad cautivante de Solano López, capaz de persuadir a centenares de hombres para defender sus ideas y sus voluntades, y perecer con él en el último punto de resistencia: Cerro Corá; lugar de la "cumbre del calvario" de López y su ejército.

A casi 150 años del inicio de la Guerra contra la Triple Alianza, la historia de ese acontecimiento ha ganado distintas opiniones. Intelectuales nacionales y extranjeros se han abocado al estudio de los hechos que propiciaron la guerra y sus consecuencias.

En el presente material se enfocan las desdichas vividas en la etapa final de la guerra, principalmente de las tropas paraguayas comandadas por el mariscal López, que con sus hombres fue dirigiéndose por el norte del país, tal vez en la búsqueda de un espacio que consideró propicio para acabar con cinco años de pesadillas.

Con respecto a la investigación, debemos reconocer la colaboración de los funcionarios de las bibliotecas Nacional y Municipal de Asunción y del Ministerio de Defensa Nacional; así como a los del Archivo Nacional, pues sus asistencias fueron importantes para desarrollar este tomo de la colección; por lo que expresamos nuestra gratitud por la generosidad y profesionalismo en facilitamos los materiales necesarios.

Al presentar este trabajo, manifestamos nuestra intención de recapitular los pormenores de esa aciaga batalla, cuyos sufrimientos vividos exaltan la sensibilidad; por ello creemos puntual rescatar del olvido a esos combatientes, demostrando nuestra consideración a los que se empeñaron por aquella causa, sea considerada justa o no.


 


 

 

 

CAPÍTULO III

EN EL AMAMBAY

 

La llegada al Amambay

Para 1869, la contienda entre aliados y paraguayos estaba cobrando las últimas víctimas, lógicamente, paraguayas en su gran mayoría. La guerra que se había iniciado a fines de 1864 tuvo como espacio diferentes teatros de operaciones, desde llanuras, cerros, bosques y ríos. Si bien mayormente fueron operaciones terrestres, las operaciones fluviales también fueron significativas para el balance del conflicto; pues en ambos procedimientos los aliados fueron superiores.

Desde el 28 de diciembre, cuando abandonaron Zanja Hũ la lluvia acompañó el peregrinaje de las tropas lopistas, situación que determinó abandonar a los enfermos moribundos en ese lugar. Sumado al cansancio de los soldados, el movimiento de aquellos hombres se hizo lento por las constantes precipitaciones. Fue un 22 de enero, cuando el ejército del mariscal López llegó a la margen derecha del río Amambay con una parte de las divisiones y doce piezas de artillería ligera. Las incesantes lluvias que se repetían cada cuatro o cinco días no permitieron que el calor se hiciese sentir en aquel verano de 1870. La única manera de cruzar el mencionado río fue mediante la construcción de un puente; tarea a la cual se dedicaron los oficiales y jefes, motivo por el cual fue conocido como puente Galón.

El coronel Patricio Escobar recibió la orden de hacerse cargo de la construcción del puente en medio de las altas barrancas del río. La construcción ordenada por el Mariscal exigía sacrificios físicos duros a los debilitados soldados; sin embargo el proyecto fue ejecutado. La ejecución del trabajo es descripta por Centurión:

“Eran sorprendentes la actividad y el entusiasmo que desplegaban todos en la ejecución de aquel enorme y penoso trabajo. Merced a esta circunstancia, a las 24 horas quedaron allanadas las dificultades que ofrecían tan elevados barrancos, y el puente listo para dar principio al pasaje. Lo que más trabajo costó fue la colocación de los pilotes por la mucha corriente del río, y también porque los hombres destinados a esta operación entraban en el agua hasta el pecho, perdiendo así la mitad de su fuerza..."

Solano López acompañó de cerca los trabajos del puente, según Centurión: "El Mariscal presenciaba aquello animando a todos con sus palabras, chistes y bromas que contribuían al buen humor de ellos".

El 8 de febrero López abandona Chirigüelo y llegó a la margen izquierda del río Amambay, en Cerro Corá.

La travesía de los soldados paraguayos en el Amambay fue magnánima, según describe O'Leary: "...Después de cruzar las caudalosas aguas del Ygatymí, Corrientes y Amambay, quedaba todavía por abrir un sendero de leguas, para que fuese posible el arrastre de nuestra artillería y la conducción de nuestros bagajes...".

 

El espacio del Amambay

El último combate de la Guerra contra la Triple Alianza fue en Cerro Corá, una meseta rodeada de cerros, en las cercanías de la orilla izquierda del arroyo Aquidabán. Fue este el espacio geográfico en el cual varios de los combatientes llegaron el 8 de febrero de 1870 agotando sus limitaciones humanas, y donde 17 días después muchos de ellos perecieron en una desigual lucha. Los combatientes paraguayos cayeron en defensa de su país, una patria cuyo paisaje desolador ni remotamente se asemejaba a 5 años atrás de bienandanza.

La campaña del Amambay fue tan siniestra como los anteriores sucesos más patéticos de la contienda, el paisaje que pintaba la columna paraguaya era verdaderamente macabro, heridos que agonizaban en tal condición, esperando tal vez que la muerte apresure su llegada para no seguir padeciendo; el hambre y la extenuación acechaban y agregaban más condimentos trágicos al desarrollo de una lucha disímil y miserable.

Cerro Corá hubiese sido un lugar estratégicamente apto para librar una batalla desigual en cuanto a la mayor cantidad de hombres del ejército aliado, pues el relieve del mismo era accidentado, con caminos dificultosos, situación que pudo ser concebido como una ventaja para obtener mejores resultados para los paraguayos. Pero se requería de gran movilidad para operar en esas circunstancias, y el ejército paraguayo se encontraba tan desgastado con niños y mujeres que formaron parte de él, por lo que la posibilidad de revertir la difícil situación paraguaya fue delirante e inadmisible.

El campamento establecido por Solano López estaba ubicado en un extremo de una isla de arbustos, distante a 60 metros aproximadamente del Aquidabán. Asombrado en medio de los árboles se instaló López con las carretas, coches y carretones que cargaban el equipaje. El resto del ejército se asentó a 3 cuadras del cuartel general, al costado de una isleta. Del lado izquierdo, a pocos metros del campamento general se ubicaron el batallón riflero y el batallón escolta. A 100 metros de la tienda del Mariscal, Madame Lynch y sus hijos se asentaron en un coche.

En el informe de Correa da Cámara, después de los resultados de la última batalla; el general describe el campamento de López: "...una extensa colina la encerraba entre el Aquidabán y el Aquidaba Nigüi tributario este con suave declive hacia estos y teniendo su naciente en las alturas de sierras escarpadas que abrigan a los Caynguaes y al occidente selvas impenetrables que rodean el Aquidabán”.

En la situación apremiante en que se encontraban debido a la persecución enemiga, el Mariscal formó su línea defensiva disponiendo que los coroneles Juan de la Cruz Avalos y Ángel Moreno vigilen el paso del arroyo Tacuara, distante a poco más de una legua del Aquidabán. El ala derecha estar: defendida por el coronel Ávalos quien estaba al mando de 80 lanceros; mientras el coronel Moreno se ubicó en el centro con cien efectivos de tropa y cuatro cañones. Los tenientes coroneles Santos y Gómez defenderían el ala izquierda con cien hombres de infantería.

 

General Francisco Solano López y su hijo Juan Francisco

 

El suplicio entre cerros

Es obvio que los que llegaron hasta Cerro Corá estaban sometidos más a una muerte segura, que a un acto de compasión de la propia divinidad. La descripción desgarradora del poeta argentino Martín de Goycochea Menéndez a inicios del siglo XX invita a pintar retratos en nuestra imaginación y adentrarnos en el pensamiento de Solano López:

"Por caminos tristes y polvorientos veía marchar, como en los pasados días, aquella larga columna de desolación y de miseria, moviéndose lentamente bajo la caricia de fuego de los soles estivales, marchando en pos de la desesperación, de la derrota y de la muerte.

Era un largo y doliente desfile de siluetas blancas; blancuras de guiñapos sobre palideces de carnes corroídas por el hambre; blancuras de muerte sobre rostros en los cuales agonizaban las más dulces y rojas rosas de la juventud; albas livideces impresas en frentes impúberes por los más hondos sufrimientos; blancuras de niños muertos sobre el pecho exhausto y flácido, que se negaba a derramar una gota de la generosa leche de la madre; nieves tempranas sobre cabezas que ayer mismo ostentaban esa aureola primaveral formada sobre las sienes por la comba del rizo negro o la voluta del bucle rubio.

Hombres veía, tambaleantes sobre el camino, como borrachos por el hambre. Tenían grandes ojos dilatados mirando hacia los cielos, ojos sonámbulos, percibidores al acaso de quién sabe qué visiones de paz, de hondo descanso más allá del horizonte y aún más allá de la existencia misma.

Miraba caer ancianas con la frente sobre el polvo, entregándose a la eternidad sin un solo gesto, sin un solo estremecimiento; mientras que pequeños agonizantes llenaban los aires con sus vagidos desesperados, última protesta de la vida contra la infecundidad del latino y la esterilidad nauseabunda de la tumba.

Entre compactos grupos de mujeres, veía llegar a los heridos, a los moribundos, a aquellos a quienes la suprema insondable roía con su único e implacable diente. Algunos, tirados sobre carros desvencijados, clamoreaban sin término y sin consuelo; otros, con sus carnes carcomidas por el abandono, exhibían al aire libre las más asquerosas muecas de la infelicidad humana; varios, agitaban lentamente sus manos, cual si persiguieran la forma de una visión desvanecida entre sus dedos".

Esta descripción nos permite comprender cómo ese puñado de paraguayos agudizó su desdicha después de los distintos embates de cinco años de estado de guerra, y los consecuentes infortunios que las batallas acarreaban. Por lo que fue natural que en tanto tiempo de horror, de desgracias, de amargura, esos seres humanos desconocieran los límites de la sensatez, perdiendo su sentido de auto conservación; al punto que pudo ser igual seguir viviendo o convincentemente, morir.

Al respecto, el historiador nacional Juan E. O'Leary expresó: “Lo seguro era morir. Pero la muerte no era, por cierto, la peor de las probabilidades en aquellas horas terribles, de cruento sacrificio. Hacía rato que los paraguayos miraban la muerte como una liberación..."

Por su parte, una descripción no menos desgarradora realiza el coronel Arturo Bray en su análisis, cuando construye la realidad de la población que acompañó a López hasta la batalla final:

"Aquel 1° de marzo ocurrió lo que aconteciendo venía todos los días desde hacía muchos meses: soldados, mujeres, niños, que amanecían muertos de inanición. Se había perdido ya la piadosa costumbre de dar sepultura a los cadáveres, ni falta que hacía pues de ellos no quedaban carnes ni para tentar a las aves de rapiña, y los huesos eran pronto blanqueados por la voracidad de las hormigas o calcinados por el terrible sol".


 


CAPÍTULO IV

ENTRE PENURIAS Y FATIGAS

 

La persecución enemiga

Después de los sucesos de agosto de 1869, con los combates de Piribebuy y Acosta Ñu, desde la zona de Barrero Grande el Mariscal ordenó la marcha hacia el Amambay. Abandonó Curuguaty, que fue designada como la cuarta capital de la República, el 18 de agosto de 1869. En ese mismo día las naves Ypora, Paraná, Río Apa, Salto del Guairá, Pirabebé y Amambay; apostadas en el río Yhaguy, fueron incendiadas por los marinos paraguayos para evitar que los imperiales saquen provecho de las mismas. Posteriormente, los soldados paraguayos del Yhaguy se dirigieron a San Estanislao para unirse a las tropas de López.

Los parajes veían pasar a las tropas lopistas que despoblaban sus pueblos. Refiere al respecto José María Rosa:

"...Lo que queda atrás ya ha dejado de ser patria porque lo ocupan los cambas (los negros brasileños); la patria está bajo sus pies llagados por el incesante caminar, y está delante, en las selvas que todavía son suyas. La patria no está en Asunción ocupada por el enemigo y gobernada por los traidores: la patria está en el suelo donde reside el Mariscal: la patria es la residenta con el ejército".

Las tropas brasileñas al mando del mariscal de campo José Carneiro Monteiro atacó la guarnición de Curuguaty comandada por el coronel Hermosa; en ese ataque fueron tomados prisioneros y luego degollados los coroneles para guayos Bernal y Escobar, además de los mayores Coronel Cárdenas.

Al anochecer del 21 de agosto López llega a Unión, al día siguiente se dirige a San Estanislao, llegando a fines del citado mes. Desde ese lugar el Mariscal ordenó a su ejército posicionarse en los puntos del norte y las cercanías del Tapiracui con 5 divisiones de 2500 hombres de las tres armas.

Ese mismo día, el coronel José Ignacio Genes fue atacado por las tropas argentinas en la zona conocida como Potrero Recalde. El oficial paraguayo logró escapar, produciendo algunas bajas en las tropas aliadas, entre ellas se encontraba la del coronel argentino Ayala, que según se cuenta fue el último argentino muerto en la Guerra contra la Triple Alianza.

En ese sentido, cabe acotar que a partir de ese combate, el ejército argentino culminó su participación bélica en la guerra. Una carta del entonces nuevo presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento al ministro de Washington Manuel García demuestra la decisión del Gobierno argentino de declarar la culminación de la guerra al Paraguay:

"La guerra está concluida, aunque aquel bruto (López) tiene todavía 20 piezas de artillería y dos mil perros que habrán de morir bajo las patas de nuestros caballos. Ni la compasión mueve a ese pueblo, rebaño de lobos...

Las fuerzas brasileñas se encargaron de la atroz persecución de las tropas de López hasta dar término a la contienda mediante la destrucción total de los paraguayos. El 30 de agosto, las tropas brasileñas desembarcaron en Puerto Rosario y llegaron a Concepción.

Específicamente, desde setiembre de 1869 los paraguayos realizaron operaciones de sobrevivencia, buscando alimentos por el camino hasta unirse al grueso del ejército de López; las fuerzas brasileñas con ayuda de los paraguayos contrarios a López (Legión Paraguaya) se arrimarían más a sus adversarios, por lo que las tropas del Mariscal ya no podrían ni siquiera sacar ventaja del conocimiento del terreno, recurso necesario para la guerra. Contrariamente, el ejército imperial se sentía cada vez más consolidado en el territorio paraguayo, al punto que varios paraguayos se escondían con temor y desconfianza ante la presencia amenazante de los brasileños.

De hecho el dominio aliado no se concretó solamente en el aspecto militar, también desde lo legal, pues el Gobierno Provisorio constituido en agosto de 1869 había acordado con los aliados que sus acciones:

“..quedaran libre e independientemente del Gobierno Provisorio en lo que respecta al ejercicio de su jurisdicción militar y a las operaciones contra el enemigo común. Ellos podrán ocupar los puntos que juzguen necesario y aprovecharse de todos los recursos del país, salvo la propiedad particular, neutra o amiga, cuyo uso dará lugar a indemnización”.

El 13 de setiembre de 1869, el general brasileño José Antonio Correia da Cámara recibió la orden superior del conde d'Eu de dirigirse hacia el norte del país para destruir definitivamente a las tropas paraguayas. Con ese objetivo Correia da Cámara preparó 1500 hombres que pertenecían a la infantería, 900 hombres a caballo.

Los brasileños, comandados por el general José Antonio Correia da Cámara y el coronel Joao Nunes da Silva Tavares atacaron la zona de Naranjay, venciendo en un duro combate a las fuerzas paraguayas del coronel Anselmo Cañete. El triunfo aliado fue de vital importancia, pues con ello consiguieron más de mil cabezas de ganado, además de piezas de artillería. Por ende las fuerzas paraguayas seguían agotándose más en armamentos, alimentos y soldados.

A la vez, en la zona de Urucuty, las fuerzas de los capitanes paraguayos Antonio Duarte y José Benito Ocampos fueron derrotadas por los soldados brasileños comandados por el coronel Hermes da Fonseca. La infantería y caballería de los brasileños dominaron la guarnición paraguaya de Tacuatí, que estaba defendida por el capitán Roa y 200 hombres.

Con estos antecedentes, las fuerzas brasileñas acabarían con la guerra contra el Paraguay, sumando alrededor de 15.000 hombres munidos de armas apropiadas para afrontar el resto de la campaña. Así, el 17 de febrero, el general Correia da Cámara se enteró que López hizo frente en Cerro Corá.

El Mariscal paraguayo fue alertado de que las tropas del general Correia da Cámara había desembarcado en Concepción. Por su parte Carneiro Monteiro desembarcó en Villa del Rosario con 2600 hombres de las tres armas del segundo cuerpo de ejército.

 

La Medalla del Amambay

Con la hambruna reinante, con las heridas en los cuerpos y con el estado de ánimo deteriorado, el Mariscal trató de paliar esa situación buscando alentar a sus soldados leales y no encontró mejor idea que condecorarles con una medalla que sea rapaz de reflejar el esfuerzo de esos hombres, cuyas figuras eran capaces de generar dos tipos de emociones, la primera de admiración y la segunda de compasión.

El coronel Félix Best, sobre la continuación de una guerra cuya derrota fue palpable, expresa. ".. .Al empeño inquebrantable del Mariscal López de continuar la lid, no obstante, ser evidente desde fines de 1865 que el resultado sería fatalmente desfavorable y ruinoso para Paraguay, a despecho de la adhesión del pueblo a su causa y del heroísmo del que daba pruebas, especialmente desde que su suelo fue invadido...".

Las limitaciones del Paraguay, continúa Best, no frenaron su decisión de seguir enfrentando a un enemigo superior:

“...El tesón demostrado por el presidente paraguayo al prolongar la guerra, militarmente hubiera sido de elogiar, como prueba de valor moral digno de imitar, en una situación política y estratégica con probabilidades de triunfo, o de un equilibrio que ninguno de los adversarios pudiera romper, mas no lo que puede ser cuando faltaban hasta posibilidades, pues no podía contar con ayuda exterior ni con un mejoramiento de medios propios; así es como ese mismo tesón conduciría -como condujo-al aniquilamiento de la población masculina y a la ruina económica y financiera de la nación, y, por ende, a su postración por años".

Recuerda Centurión, que fue el 25 de febrero cuando el Mariscal reposando en una silla conversó con los jefes y oficiales del ejército sentados sobre la gramilla en frente del

cuartel general, sobre el estado de cosas, afirmando que perturbaba saber que corrían versiones de su posible huida Bolivia, comentario que rechazó enérgicamente al punto de volver a reafirmar su juramento hecho a Dios y al mundo, de defender a la patria hasta su muerte, y su firmeza en no romper ese juramento.

Luego, como todo líder, Solano López extendió su conversación describiendo los sacrificios que implicaba el patriotismo, y recordaba a los que habían derramado su sangre en los combates anteriores en defensa del suelo de la patria y legado para la posteridad. Al terminar de elogiar a sus soldados, el Mariscal prosiguió su discurso criticando los intereses tradicionales de los aliados, en especial del Brasil, para lo cual recurrió a los chistes como medio para producir diversión en su auditorio.

Posteriormente, el mariscal Solano López leyó un decreto para homenajear a sus soldados, con el propósito de infundir ánimos en su milicia. Fue ese día de febrero de 1870 cuando se hicieron los preparativos necesarios para otorgar una medalla por la Campaña de Amambay; sería el último reconocimiento a sus soldados. Juan Crisóstomo Centurión comprendió la intención de López con ese decreto:

"Sin duda, López, buscando medios de reanimarlos algún tanto, aunque era cuestión difícil cuando la causa principal del mal era el hambre, concibió la idea de distribuirles medallas en premio de la lealtad y constancia de que dieron una prueba tan relevante en aquella penosa campaña".

La nota de declaración de la medalla del Amambay, del 26 de febrero de 1870; fue encontrada en la cartera de Panchito López, por la caballería brasileña al mando del coronel Machado; y firmada por el ministro de Guerra y Marina, coronel Luis Caminos; establecía:

“El Excmo. Sr. Mariscal Presidente de la República ha tenido la dignación de acordar una medalla de honra a los defensores de la Patria, que han hecho la campaña de Amambay, por el Decreto Supremo que tengo el honor de acompañar a V.S. S.E. el señor Mariscal Presidente, siempre celoso apreciador de todos los servicios de sus compatriotas, ha querido tomar en nosotros aquello que no hicimos, sino en fuerza de nuestro deber, sino que ha querido llevar su magnanimidad hasta realzar la medalla de Amambay por los términos altamente obligatorios para nosotros con que está concebido el Decreto de creación que acompaño para sus fines".

En las condiciones de privaciones en que se encontraban las tropas paraguayas, puede resultar hasta raro que el Mariscal haya decidido homenajear a sus maltrechos soldados. "Se trazaron los cuños, se eligió una faja y se dispusieron los oficiales tal como si se hubiera encontrado en su propio palacio de Asunción", afirma Cunnighame y sostiene: "En toda la historia militar del mundo no existe otro caso de una condecoración instituida en circunstancias tan extrañas...".

Lo cierto es que a falta de medallas, se tuvo que improvisar con trozos de metales cuyas grabaciones fueran hechas a cuchillos, la falta de cintas de colores patrios obligó a que las cintas utilizadas fueran de color rojo y amarillo.

Recuerda en sus memorias Alfredo d'Escragnolle, vizconde de Taunay, sobre los niños que sobrevivieron en la última batalla:

"Todos los pequeños estaban descalzos, con la blusa roja, y sobre el pecho una cinta amarilla color de naranja con orlas escarlata. Era el distintivo de la campaña de Amambay, concedido por un decreto de 25 de febrero a todos los que habían salido de Panadero. ..La medalla debía ser de oro y plata, ornada con brillantes, para los oficiales superiores, de rubís, para los subalternos, con las inscripciones siguientes: "Venció penurias y fatigas", y "El mariscal López a los bravos de Amambay".

 

La oficialidad paraguaya

Solano López agració a sus oficiales con ascensos en el trayecto al Amambay; los coroneles Francisco Isidoro Resquín y Bernardino Caballero ascendieron a general de división; Francisco Delgado y Francisco Roa recibieron el grado de general de brigada, y a coronel ascendió José Vicente Mongelós.

Los escasos oficiales que llegaron hasta Cerro Corá, menciona Jorge Rubiani, fueron los soldados del general de división Francisco Isidoro Resquín, entre quienes se encontraron los capitanes Francisco Rodríguez, Martín Rojas y José Solabarrieta, acompañados por el teniente Vicente Núñez, y Martín Rivas como alférez 1° y como 2° alférez Bartolomé Páez.

Entre la comitiva del general Bernardino Caballero estaban los sargentos mayores Blas Fleitas, Gregorio Medina y Francisco Borja; los capitanes Miguel González y Basilio Villalba; los tenientes 1º Ignacio Núñez, Agustín Estigarribia y Mariano Cáceres, entre ellos también, el alférez Francisco Servín.

El brigadier Francisco Roa tenía en su comitiva al teniente 1º Cosme Benítez, el teniente 2º Agustín Robledo y el alférez Ángel Mongelós. Peor suerte tuvo José María Delgado quien se encontraba solo, ya sin tropas.

Por su parte, el ministro de Guerra y Marina, el coronel Luis Caminos solo tenía al alférez 1º Victoriano Silva.

Los datos oficiales fueron rescatados del bolsillo del joven coronel paraguayo Panchito López, hijo del Mariscal, quien había preparado una lista a su padre cuando se confirió la medalla del Amambay.

Según la crónica recogida, fue el 20 de febrero la fecha en la que el Mariscal pasó la última revista a sus tropas, conformadas por 268 infantes y 148 de caballería, totalizando 416 hombres; aunque solo 351 estaban medianamente aptos para el combate.

Uno de los más notorios ausentes de la batalla final fue el general Bernardino Caballero, quien fue comisionado por Solano López para recolectar ganado en la región de Villa Miranda, al mando de 40 hombres, mayormente jefes y oficiales.

Las 5 divisiones que quedaban de todo el ejército se habían reconstituido en San Estanislao, apenas disponían de 8 batallones de infantería que hacían un total de 48 oficiales, 63 suboficiales o cabos y 75 soldados, es decir 168 hombres y 6 regimientos de caballería a más de 16 cañones.

De estas armas, el general Correia da Cámara dio cuenta que tras la batalla de Cerro Corá, el ejército brasileño capturó 16 cañones, dos banderas, armamentos y municiones que mandó inutilizar. A pesar de que Cámara en dicho informe habla de mucha cantidad de armas requisadas, es muy poco probable que su afirmación sea cierta, teniendo en cuenta el estado de las tropas paraguayas.

 

Entre macacos y desertores

Como ya se mencionó, el desplazamiento paraguayo hacia el interior del país ciertamente agravó el desánimo en los jefes brasileños, especialmente en el conde d'Eu, quien desde entonces fue uno de los pioneros militares en clamar por la paz. Más desaliento habrá causado en el Conde la continuidad la guerra, cuando supo que López había cruzado con su milicia la cordillera del Mbaracayú, pues el comandante brasileño manejó la información de la supuesta huida de Francisco Solano hacia Bolivia cruzando el río Apa.

Gran inquietud causaron al gobierno del emperador brasileño Pedro II los deseos del conde d'Eu de volver a su país y abandonar decididamente el escenario de la guerra. El decaimiento moral del comandante brasileño determinó que el general José Antonio Correia da Cámara tomase las decisiones más precisas de la campaña. Sumido en su cuartel de Villa del Rosario, el Conde no demostró signos de querer dirigir el final del conflicto, hecho que demuestra el complejo contexto anímico del ejército brasileño en los días previos al 1 de marzo de 1870.

El movimiento envolvente fue la táctica pensada por las tropas del general Cámara, quien dividió sus tropas en dos columnas. Enterado del destino del mariscal paraguayo, Benito Martins se ubicó en posición frontal para atacar al enemigo, hacia la región de Dourados. Por su parte el coronel Paranhos siguió el paso Barreto por el Aquidabán para llegar a Chingüelo y arremeter contra los paraguayos por la retaguardia.

El paradero del Mariscal fue conocido por los brasileros gracias a los informes presentados por el médico desertor de Cerro Corá, Cirilo Solalinde, quien se presentó a los aliados y luego guio a las tropas enemigas para acabar con López y su gente. El general Cámara, una vez informado sobre la angustiosa situación del ejército paraguayo, tomó las providencias necesarias para acabar definitivamente con el enemigo.

A medida que se aproximaba el combate final, más bajas presentaba el ejército de López, aumentando también las deserciones del campo de batalla, según Héctor Decoud:

“.,. .durante la huida del Mariscal López a Cerro Corá y aún después de llegar, desertaron de sus filas muchos jefes, oficiales y soldados: entre ellos los coroneles Juan B. del Valle, Gabriel Sosa; tenientes coroneles Cirilo Solalinde, Manuel Bernal, José Remero y Silvestre Carmona; Sargento Mayor M. Céspedes; tenientes Villamayor y Quevedo y el de marina Ángel Benítez y muchos otros, Incorporándose algunos al Ejército Brasilero".

Una de las últimas deserciones que sufrió el ejército paraguayo fue el 25 de febrero de 1870, en el Campamento del Amambay, cuando las tropas del coronel Juan Delvalle se dirigían a incorporarse al ejército de López en Cerro Corá. Por medio de una atenta nota al Mariscal, firmada por Juan Delvalle, Gabriel Sosa, José Romero, los mismos decidieron desertar con su toda su gente, argumentaron su decisión de no continuar con la guerra. Los fundamentos de tal decisión indicaban:

"...V.E. nos ha hallado siempre a sus órdenes con lealtad y pronta obediencia. Pero ahora que somos instruidos de que V.E. sigue aun adelantando su marcha y que sobre todo vemos que la continuación del presente estado de cosas servirá más bien para el duro aniquilamiento de nuestra Nación, bajo el yugo de una Voluntad arbitraria y caprichosa sin esperanzas de ningún otro resultado más que un prolongado padecimiento de aquellos que aún se encuentran bajo los pies de V.E. nosotros convencidos de que nuestro deber de patriotismo ya no nos obliga a más sacrificios renunciamos formalmente seguir causando víctimas en la huella de V.E....".

 



ANEXO 2

PRIMER PARTE OFICIAL DEL GENERAL CÁMARA

 

Campamento en la izquierda del Aquidabán, 1º de marzo de 1870,

Ilustrísimo y Excelentísimo Señor:

Escribo a Vuestra Excelencia desde el campamento de López en medio de la sierra. El tirano fue derrotado, y no queriendo rendirse fue muerto al instante. Le intimé la orden de rendirse cuando ya estaba completamente derrotado y gravemente herido y, no queriendo, fue muerto. Doy los parabienes a Vuestra Excelencia por la terminación de la guerra, por el completo desagravio que ha tomado el Brasil del tirano del Paraguay. El general Resquín y otros jefes están presos.

Dios guarde a Vuestra Excelencia.

José A. Correia da Cámara.



ANEXO 3

INFORME DE LAS HERIDAS DEL MARISCAL

 

"Nos, los abajos firmados, certificamos, a pedido del llmo. Sr. Coronel Joao Nunes da Silva Tavares, que examinando las heridas que produjeron la muerte del ex dictador y tirano de la República del Paraguay, Francisco Solano López, encontramos lo siguiente:

Una solución de continuidad en la región frontal con tres pulgadas de extensión, interesando la piel y tejido celular; u otro producido por instrumento perforo-cortante en el hipocondrio izquierdo, con una pulgada y media de extensión, dirigida oblicuamente de abajo para arriba, interesando la piel, el peritoneo, los intestinos y la vejiga; y otro en el hipocondrio derecho de arriba para abajo, teniendo dos pulgadas de extensión, interesando en la piel, el peritoneo y probablemente el intestino.

Finalmente una herida producida por bala de fusil en la región dorsal, teniendo una sola abertura, quedando conservada en la caja torácica la bala. Y para constancia pasamos el presente

Villa Concepción, 25 de Marzo de 1870

Firmado: Dr. Manuel Cardoso de Costa Lobo

"        :        Dr.    Militao Barbosa Lisboa


 

 

ANEXO 4

LISTA MAYOR FINAL EN CERRO CORÁ

 

Coronel José María Aguiar

Coronel Vicente Ávalos

Coronel Silvestre Aveiro

Teniente Coronel Fermín Aponte

Mayor Francisco Adorno

Capitán Francisco Argüello, Regimiento Escolta

Capitán Santiago Avalos, Comandante Regimiento Nº 32

Capitán Nicolás Aquino, Comandante Batallón Nº 42

Capitán Pascual Aranda, Comandante Batallón Nº 40

Capitán de la Cruz Amarilla, Batallón Nº 24

Capitán Ramón Álvarez, Comandante Batallón Nº 19

Alférez Pablo Aquino, Regimiento Nº 32

Alférez 1º Gabriel Avalos, Regimiento Nº 46

Alférez 1º José Amarilla, Regimiento N° 46

Alférez Lino Aquino, Regimiento Nº 1

Alférez Francisco Arepocó, Batallón Nº 42

Alférez Bautista Acosta, Batallón Nº 39

Alférez Carlos Araná, Batallón Nº 19

Alférez Emeterio Aranda, Batallón Nº 19

Teniente Coronel Antonio Barrios

Teniente Coronel Mauricio Benítez

Capitán de Fragata Francisco Bareyro, Regimiento Escolta

Mayor Francisco Barboza

Mayor Silvestre Benítez, Batallón Nº 25

Mayor Francisco Borja

Capitán Bernardo Benítez

Capitán Juan Balmaceda

Capitán José Barrios

Comandante Batallón Nº 46

Teniente 1º Cosme Benítez

Teniente 2º Nolasco Borja

Teniente 2º Domingo Barrios

Alférez 1º Agustín Brizuela

Alférez Lucio Brítez, Regimiento Nº 46

Alférez Inocencio Benítez, Regimiento Nº 1

Alférez Francisco Barrios, Batallón Nº 42

Alférez De la Cruz Borja, Batallón Nº 42

Alférez Bernardino Berdoy, Batallón Nº 39

General de División Bernardino Caballero

Coronel Luis Caminos

Coronel Juan Crisóstomo Centurión

Coronel Silvestre Carmona

Teniente Coronel Francisco Lino Cabriza

Mayor Ángel Céspedes

Mayor Zacarías Cardozo

Mayor Juan Chaparro, Comandante Regimiento Nº 1

Capitán José Centurión

Capitán Abdón Céspedes, Regimiento Nº 25

Teniente 1º Mariano Cáceres

Capitán León Cáceres

Teniente 1° Cleto Cuevas

Teniente 2° Nicolás Cáceres, Batallón Nº 40

Subteniente 2º Ignacio Cañete

Alférez 1º Benito Castillo, Comandante Batallón Nº 24

Alférez 2º Felipe Contreras, Regimiento Nº 46

Alférez 2° Frutos Centurión, Batallón Nº 40

Alférez 2º Jacinto Cáceres, Batallón Nº 25

Alférez Pedro Colunga, Regimiento Nº 25

Alférez Adriano Cabral, Regimiento Nº 6

Alférez Graduado Manuel Cubas

General de Brigada José María Delgado

Teniente 1º Florencio Domínguez, Regimiento Nº 25

Alférez Ezequiel Duarte, Batallón Nº 46

Coronel Patricio Escobar, Comandante Batallón Maestranza

Cirujano Mayor Gaspar Estigarribia, Regimiento Escolta

Mayor Juan Escurra

Teniente 1° Agustín Estigarribia

Teniente 2° Juan Espínola, Batallón N° 18

Alférez 2° Carlos Escalante

Subteniente 2° de Marina Tomás Espora

Mayor Blas Fleytas

Mayor Lorenzo Fretes

Mayor Matías Flecha

Capitán José Falcón

Capitán José Ferreira

Teniente 2° Rudecindo Fariña, Regimiento N° 46

Alférez 2º Benito Franco, Batallón N° 19

Alférez Fabián Fariña, Regimiento N° 30

Alférez Vicente Frutos, Regimiento N° 46

Alférez Manuel Franco, Batallón N° 46

Alférez Fermín Flores, Batallón N° 25

Teniente Coronel Ciríaco Gómez, Comandante Batallón N° 18

Mayor José María Gauto

Capitán Marcos González, Batallón N° 18

Capitán De la Cruz Giménez, Regimiento N° 46

Capitán Ignacio Gauto, Regimiento N° 46

Capitán Francisco González

Capitán Miguel González

Teniente 1° de marina Toribio González

Teniente 2° Simón Gill

Teniente 2° Luis Giménez, Batallón Suelto

Teniente 2° Regalado González, Batallón N° 42

Alférez 1° José Galeano, Batallón N° 18

Alférez 2º José Guanes, Batallón Suelto

Alférez 2° Ramón Giménez, Batallón Suelto

Alférez 2° De la Cruz González, Batallón Maestranza

Alférez 2° De la Cruz Godoy, Batallón N° 39

Alférez Juan Gaona, Regimiento N° 30

Alférez Juan González, Batallón N° 46

Alférez Gregorio Gómez, Batallón N° 42

Alférez José Giménez, Batallón N° 39

Alférez Gaspar García, Batallón N° 18

Capitán Julián Herreras

Teniente 2° Pedro Ibáñez, Regimiento N° 1

Teniente 2º Ramón Jara, Regimiento N° 1

Coronel Juan Francisco López

Mayor Ascencio López, Batallón Maestranza

Capitán Juan Lacunza

Capitán De la Cruz López, Batallón Suelto

Teniente 1º Gregorio Lovera

Subteniente 2° Enrique López

Subteniente 2° Elías Luján

Alférez Pedro Lamas, Regimiento N° 1

Alférez Eleuterio Llanes, Regimiento N° 46

Teniente Coronel Manuel A. Maciel

Mayor Gregorio Medina

Mayor Juan Meza

Capellán de 1º clase Fidel Maíz

Capellán Mayor de 3º clase José del Rosario Medina

Capitán Francisco Martínez, Batallón N° 18

Capitán Javier Molas

Teniente 1º Manuel Mereles, Batallón N° 40

Teniente 2° Rafael Mongelós

Subteniente 1° Alejandro Martínez

Alférez 1° De Jesús Morel, Batallón N° 42

Alférez 2° Elíseo Maíz

Alférez 2° Mauricio Morán

Alférez 2° Manuel Meza, Regimiento N° 25

Alférez 2° Silvano Moreno, Regimiento N° 46

Alférez 2° Antonio Molinas, Batallón Suelto

Alférez 2° Narciso Moreno, Batallón Maestranza

Alférez José Medina, Batallón N° 46

Alférez Manuel Mendieta, Regimiento N° 46

Alférez Ángel Moreno, Regimiento N° 46

Alférez Ángel Mongelós

Capitán de Fragata Romualdo Núñez

Capitán Francisco Núñez

Teniente 1° Ignacio Núñez

Teniente 2° Vicente Núñez

Alférez 1º Zenón Notario

Alférez Del Rosario Noguera

Teniente Coronel Rufino Ocampo, Comandante Regimiento N° 6

Mayor De la Cruz Olmedo, Comandante Batallón N° 25

Mayor Pedro Ovelar

Capitán Benito Ocampo, Comandante Regimiento N° 25

Teniente 2° Atanasio Ortiz, Batallón Maestranza

Teniente 2° José Ortiz

Alférez Juan Olmedo, Regimiento N° 25

Alférez José Ortigoza, Regimiento N° 46

Teniente Coronel Juan Palacios

Teniente 1° Pablo Pires

Teniente 2° José María Pesoa

Alférez 1° Tomás Pires, Batallón N° 40

Alférez 2° Ramón Pérez, Batallón N° 39

Alférez 2° Bartolomé Páez

Cirujano de 2º Lázaro Quevedo

Alférez Felipe Quiñónez, Batallón N° 18

General de División Francisco Isidoro Resquín

General de Brigada Francisco A. Roa

Teniente Coronel Ángel Riveros

Capitán Antonio Rodríguez

Capitán Bartolomé Rolón

Capitán Bonifacio Rodríguez

Capitán Luis Rolón

Capitán Antonio Ramírez, Comandante Regimiento N°30

Capitán Ramón Ruiz, Batallón Maestranza

Capitán Carlos Rolón, Batallón N° 40

Capitán Martín Rojas

Capitán Francisco Rodríguez

Teniente 1º Francisco Ríos, Batallón N° 40

Teniente 1° Justiniano Rodas

Teniente 2° Sabas Riquelme, Regimiento Escolta

Teniente 2° Martín Rivas

Teniente 2° Gregorio Rodas

Teniente 2° Pascual Romero

Teniente 2° Agustín Robledo

Alférez 1° Del Rosario Ramírez, Regimiento N° 32

Alférez 2° Rafael Rotela, Regimiento N° 32

Alférez 2° Florentín Rotela, Regimiento N° 46

Alférez 2° Toribio Rojas, Batallón Maestranza

Vicepresidente Domingo Francisco Sánchez, Regimiento Escolta

Teniente Coronel Víctor Silvero

Mayor Cándido Solís, Comandante Regimiento N° 46

Mayor Gabino Salinas

Cirujano de 2º Cirilo Solalinde

Cirujano Charles Skinner

Capitán José Solabarrieta

Teniente 2° De la Cruz Saracho, Batallón N° 25

Teniente 2° Pedro Sosa, Regimiento N° 6

Subteniente 2º Augusto Serrato

Alférez 1° Francisco Servián

Alférez 1° Victoriano Silva

Alférez Pastor Sosa, Regimiento N° 1

Alférez Rufino Servín, Batallón N° 39

Alférez Melitón Sugasti, Batallón N° 24

Teniente 2º Juan Torales, Regimiento N° 1

Alférez Francisco Torres, Batallón Suelto

Alférez Donato Torres, Batallón N° 42

Mayor Antonio Vera

Mayor Bernardino Villamayor

Capitán Basilio Villalba

Capitán Carlos Vázquez

Capitán Antonio Vargas

Capitán Simón Vargas

Capitán Pascual Valiente, Comandante Batallón Suelto

Teniente 2° Narciso Villalba, Batallón Maestranza

Teniente 1º Hilario Vega

Teniente 2º Miguel Vera

Mayor Ramón Ynsfrán, Regimiento N° 46

Mayor Modesto Zárate, Comandante Batallón N° 39

Alférez 2° Julián Zárate

Alférez 2º Casimiro Zuluaga, Batallón Maestranza

Alférez Manuel Zarza, Batallón N° 42



BIBLIOGRAFÍA

Alberdi, Juan Bautista. El Crimen de la Guerra. Editorial Tor, Buenos Aires.

Bareiro Saguier Rubén y Carlos Villagra Marsal. Testimonios de la Guerra Grande. Colección Imaginación y Memorias del Paraguay Tomo I. Servilibro, Asunción, 2007.

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Resquín, Francisco Isidoro. Datos Históricos de la Guerra Contra la Triple Alianza, Imprenta Militar, Asunción, 1984.

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Viola, Alfredo. La Ocupación Militar del Paraguay de la Posguerra. En Historia del Paraguay. ABC Color Fascículo Nº 20 - Capítulo Nº 12 Asunción. 2012

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El Autor:

Erasmo González González, egresado de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción, donde obtuvo los títulos de Licenciado y Doctor en Historia.

En el Ateneo de Lengua y Cultura Guaraní obtuvo el Profesorado y la Licenciatura en Lengua Guaraní.

Ejerce la docencia en instituciones secundarias de Asunción y del departamento Central, desempeñándose como catedrático de Historia y Geografía, Sociología, Economía Formación Ética, Antropología Social.

Así mismo realiza actividades docentes en la Universidad Nacional, tanto en Asunción, como en el interior del país.

Ha participado de Congresos internacionales, desarrollando ponencias como: El guaraní en el año del Centenario; y la Fundación de la Primera República en la consideración de los Novecentistas.

Entre sus publicaciones figuran: La REVOLUCIÓN DE 1936 Y su PROYECTO DE IDENTIDAD NACIONAL, HISTORIA DE LAS INDUSTRIAS en coautoría; así también escribió artículos en revistas especializadas.

En la colección de El Lector y el diario ABC Color ha publicado: BERNARDINO CABALLERO, EL CAUDILLO PROMINENTE; LAS GUERRAS CIVILES ENTRE 1870 Y 188O; Y JULIO CORREA.


 

 

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN EL DIARIO ABC COLOR SOBRE EL LIBRO




ESTREMECEDOR RELATO DE LA MUERTE DEL MARISCAL LÓPEZ EN CERRO CORÁ

“Cerro Corá” es el título del libro del historiador compatriota Erasmo González, que aparece hoy con el ejemplar de nuestro diario, para presentarnos el relato de la muerte del mariscal Francisco Solano López a orillas del arroyo Aquidabán Nigüi. Es el volumen 15 de la colección “A 150 años de la Guerra Grande”, de El Lector y ABC Color.

 

El actor Roberto de Felice en el papel del Mcal. Francisco Solano López,

en la película “Cerro Corá”, de Guillermo Vera. / ABC Color

 

El doctor Erasmo González habla de su obra y el contenido de la misma.

–¿López podía enfrentar al enemigo con posibilidad de triunfo en Amambay?

–No, pues para 1869 el ejército de López estaba en constante retirada. Carecía de elementos humanos aptos para afrontar la batalla. Los soldados se encontraban agotados y carentes no solo de armas, también de alimentos y salud.

–¿Por qué muchos desertaron en el trayecto del Amambay?

–Porque ya no podían seguir la marcha, pues el cansancio era tal que muchos llegaron a perecer por ello. Otros querían saber algo de sus familias. Además, López tomó drásticas medidas que a más de uno le habrá hecho recapacitar si valía la pena tanto sacrificio.

–Pero hubo otros que pese a la inminente derrota acompañaron a López hasta el final.

–Se debe entender el liderazgo que tenía López, capaz de atraer hasta el final a varios de sus soldados, que creían defender a su patria con el Mariscal; sin dejar de reconocer que también existían castigos para los desertores.

–¿Cuál era el ánimo de los jefes aliados en la fase final de la guerra?

–Las críticas de la opinión pública volvieron tan impopular la guerra que los gobiernos se sintieron presionados para terminar la lucha con el Paraguay. Los propios comandantes se encontraban desanimados y eso se comprueba con el testimonio, rescatado por Efraím Cardozo, del Conde D’Eu, que a toda costa quería abandonar el campo de batalla.

–¿Qué pasó con Bernardino Caballero en Cerro Corá?

–Solano López lo salvó de una muerte segura, pues unas semanas antes fue enviado a buscar ganado para las tropas. No estuvo en la última batalla. El general Francisco Roa, Panchito López, Aguiar, Ávalos, entre otros, fueron asesinados en Cerro Corá.

–¿Quiénes de los que formaron parte del gobierno de López murieron en Cerro Corá?

–Además del propio Presidente, fallecieron el anciano vicepresidente Francisco Domingo Sánchez y el ministro de Relaciones Exteriores, Luis Caminos.

–¿Reconoció el Mariscal el esfuerzo de sus soldados en la etapa final de la guerra?

–Sí, otorgándoles una condecoración conocida como la Medalla del Amambay al vencer penurias y fatigas, según expresa ese reconocimiento.

–Sobre Cerro Corá existen varias memorias. ¿Qué testimonios rescata usted en el libro?

–Hay varios testimonios de soldados que estuvieron en Cerro Corá. Rescatamos las versiones del coronel Juan Crisóstomo Centurión, el general Francisco Isidoro Resquín, el coronel Silvestre Aveiro, entre otros. Sus vivencias sirven para comprender aquella terrible lucha.

Publicado en fecha: 15 de diciembre del 2013

Fuente en Internet: www.abc.com.py


 

MAÑANA APARECE EL LIBRO SOBRE MUERTE DE LÓPEZ

El 1 de marzo de 1870 es una fecha emblemática en la historia del Paraguay. Fue el fin de la contienda contra la tríplice invasora constituida por Brasil, Argentina y Uruguay tras el asesinato de Francisco Solano López a orillas del arroyo Aquidabán Nigüi.

Los pormenores de este acontecimiento histórico, y lo que fue ocurriendo en el transcurso de ese día hasta el magnicidio, están narrados en el libro “Cerro Corá”, del doctor Erasmo González, que aparecerá mañana con el ejemplar de nuestro diario, como volumen número 15 de la Colección “A 150 años de la Guerra Grande”, de ABC Color y la editorial El Lector.

Juan Silvano Godoi, en su obra sobre la muerte del Mariscal, afirma que en la mañana del 1 de marzo, Solano López recibió la inesperada visita del cacique de las sierras de Amambay, que venía a rendirle homenaje y a ponerse a sus órdenes. El cacique Caainguá le ofreció hospitalidad segura en sus dominios; pero le pidió que licenciara su ejército, reservándose simplemente como escolta nueve o diez hombres de su confianza. En esas condiciones se comprometía a guiarle con su familia a lugares tan impenetrables, en que jamás le alcanzaría la saña de la Alianza.

Mientras López conversaba con el indígena, le trajeron la grave noticia del avance hacia el Aquidabán de varios destacamentos brasileros. El Mariscal preguntó a qué hora llegaría a su campamento el enemigo; y el cacique levantando la diestra señaló con el dedo al cielo, diciéndole: “Cuando el sol esté allí.” Quería significar que aproximadamente a las once del día, y que por consiguiente había tiempo suficiente para que levantara el campamento y lo siguiera.

López no aceptó el ofrecimiento y convocó un consejo de jefes y oficiales generales para resolver sobre su comprometida posición. Todos decidieron esperar y afrontar al enemigo, peleando hasta morir.

Eran las once de la mañana cuando el Mariscal montó su caballo y se dirigió con su hijo Panchito hacia el Aquidabán, seguidos por un pelotón de lanceros y una docena de personas, donde finalmente murió.

Publicado en fecha: 14 de diciembre del 2013

Fuente en Internet: www.abc.com.py

 


Complejo escultórico de Gustavo Beckalmann en CERRO CORÁ / ABC Color

 

EL HAMBRE FUE UNO DE LOS PEORES ENEMIGOS AL FINAL

La tragedia se aposentó en el Paraguay apenas iniciada la Guerra de la Triple Alianza, conflicto que tuvo su epílogo en Cerro Corá. Pero llegar a ese acontecimiento final significó un sacrificio extremo para la ciudadanía. El hambre fue uno de los factores de desesperación. Todo esto está relatado en el libro “Cerro Corá”, de Erasmo González, que se lanza el domingo.

El libro es el decimoquinto volumen de la Colección “A 150 años de la Guerra Grande”, de ABC Color y la editorial El Lector.

De acuerdo con lo señalado por el doctor González, los años de guerra terminaron con la producción agrícola paraguaya. Para fines de 1869 los campos estaban carentes e improductivos para generar una alimentación sustentable, lo que consecuentemente afectó a la producción ganadera.

El 18 de mayo de 1869, el vicepresidente de la República, Francisco Domingo Sánchez, emitió una nota circular en la que reprochó a las autoridades de la campaña por el poco empeño en trabajar la tierra: “Siendo intolerable la omisión de algunos empleados públicos en hacer cumplir las órdenes que repetidas veces se han librado para que se fomenten los trabajos de agricultura; cuando no debieran necesitar de semejantes órdenes, desde que cada uno y todos en general conocen nuestra actualidad y la urgente conveniencia de redoblar el esfuerzo en esos trabajos para proporcionarnos generalmente la abundancia”.

Los desastres causados por la falta de alimentos contribuyeron a limitar más las fuerzas físicas de los paraguayos. Uno de los sobrevivientes de la guerra fue el alférez Ignacio Ibarra, quien describió la batalla de Cerro Corá en su periódico La Democracia, recordando el desolador estado del ejército de López: “Allí había instalado López su campamento, donde ya no reinaba más que un profundo desaliento por la falta absoluta de víveres para la subsistencia. El hambre ofrecía entonces los cuadros más siniestros y desoladores: aquí se veía a un hombre que parecía lleno de vida flaqueársele las rodillas y caer ya para siempre, allí otro y á otros acercárseles la muerte tras una lenta y desgarradora agonía; más allá en fin, á mujeres y niños convertidos en verdaderos esqueletos luchar aún exánimes y en vano por alcanzar alguna especie de alimentación que les prolongase por más tiempo la vida que se les escapaba…”.

Héctor F. Decoud testimonia que las destinadas de Espadín recurrieron a la arena, cuando ya los burros y perros habían terminado. Tanta privación existió que, sostiene Decoud: “…bien pronto se vieron obligados a recurrir a los sapos, serpientes, lagartos, y las reinas del ysaú, etc., para sostenerse. Al sapo y al lagarto les cortaban la cabeza, los asaban y los comían. Lo propio hacían con las serpientes: después de cortarlas del lado de la cabeza, en una extensión de ocho dedos. A estos manjares los llamaron el plato de la desgracia. A las hormigas les sacaban las alas y después de tostarlas las comían. Este plato fue conocido como chicharô espadín…”.

Recuerda Decoud que su madre fue una de las Destinadas que estuvieron en el trayecto a Cerro Corá.

Ella llegó a pagar una onza de oro a “una distinguida dama asuncena” por un trozo de la carne de burro.

Publicado en fecha: 13 de diciembre del 2013

Fuente en Internet: www.abc.com.py

 



LIBRO SOBRE LOS SUCESOS DE CERRO CORÁ

“Cerro Corá” es el título del libro del historiador compatriota doctor Erasmo González, que aparecerá el domingo 15 con el ejemplar de nuestro diario, como decimoquinto título de la Colección “A 150 años de la Guerra Grande”.

La obra de González describe las condiciones de vida en el último campamento paraguayo a orillas del Aquidabán Nigüi, para luego entrar en los detalles del desarrollo de la batalla, la muerte del mariscal Francisco Solano López a orillas de dicho cauce de agua, como la de otros importantes referentes civiles y militares del gobierno nacional que en muchos casos fueron ejecutados por los soldados brasileños.

Cerro Corá seguirá simbolizando en la conciencia colectiva paraguaya un hito que no puede ser obviado al revisar nuestro pasado y seguirá generando polémicas, aunque hay que mencionar que en la historia paraguaya, el 1 de marzo de 1870 establece un antes y un después bien definido.

El libro del doctor Erasmo González detalla lo que ocurrió en Paraguay desde agosto de 1869 hasta el 1 de marzo del año siguiente.

El doctor Erasmo González señala en su libro que ese mes el mariscal Francisco Solano López Carrillo debió afrontar otra contrariedad en su lucha contra los enemigos. El diplomático brasileño José María Paranhos y el comisionado argentino José Roque Pérez organizaron una reunión en Asunción, donde 130 ciudadanos deliberaron para la organización de un nuevo gobierno temporal. Así, el 15 de agosto de 1869, se constituyó el gobierno provisional encabezado por tres triunviros: Cirilo Antonio Rivarola, Carlos Loizaga y José Díaz de Bedoya.

Uno de los primeros decretos de dicho triunvirato fue declarar “desnaturalizado paraguayo a Francisco Solano López”; mientras se libraba la batalla de Acosta Ñu. Al mismo tiempo se exhortó a los ciudadanos a contribuir para vencer definitivamente “al tirano López”.

La situación de acefalía con dos autoridades en un país derrotado, fue prácticamente el síntoma exacto  de los días contados que tenían las tropas leales del derrotado Mariscal.

Por su parte, el comandante brasileño de las fuerzas aliadas, el marqués de Caxias, aquejado de una enfermedad y harto de las críticas en su país contra la guerra, se mostró ya incapaz de controlar la situación del ejército en Asunción y de los soldados que iban detrás de López.

El marqués de Caxias dejó el escenario de la guerra, el 18 de enero de 1869, enfermo y cansado; mientras que el emperador Pedro II se oponía a cualquier intento de paz. Después de tres meses, el conde D’Eu, yerno del referido emperador, se posicionó al mando del ejército aliado en Luque.

Publicado en fecha: 12 de diciembre del 2013

Fuente en Internet: www.abc.com.py

 

 

 

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GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA (BRASIL - ARGENTINA - URUGUAY contra PARAGUAY) 1865 - 1870
HISTORIA
HISTORIA DEL PARAGUAY (LIBROS, COMPILACIONES, ENSAYOS)

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