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ROBERTO QUEVEDO

  ANTEQUERA - HISTORIA DE UN SILENCIO (ROBERTO QUEVEDO)


ANTEQUERA - HISTORIA DE UN SILENCIO (ROBERTO QUEVEDO)

ANTEQUERA

HISTORIA DE UN SILENCIO

ROBERTO QUEVEDO

Asunción del Paraguay

1970

 

IMPRESO EN ASUNCIÓN, REPÚBLICA DEL PARAGUAY

QUEDA HECHO EL DEPOSITO QUE PREVIENE LA LEY

COPYRIGHT BY EDITORIAL "LA VOZ"

 

 

EDICIÓN DIGITAL ( IR AL INDICE )

 

 

 

 

José de Antequera y Castro.

Retrato Chuquisaqueño.

 

 

A Marta, mi mujer, quien me ayudó y alentó en este trabajo. A ella, que legó a mis hijos la ilustre sangre de su lejano antepasado el caudillo José de Antequera.

Guarnipitán, marzo de 1970

 

 

PROEMIO

 

El autor integra la promoción de historiógrafos que nos sucede. La nuestra afectó sus afanes al siglo decimonono y trató de exponerlo. La de él, faustamente, ha ido más lejos: a las remotas raíces de la rasa. En ésas, entronca y se reencuentra con Domínguez, el genial e insuperable maestro.

Investigador que ajusta sus tareas a una metodología estricta, ya ha entregado al conocimiento público obtenciones logradísimas, que alto hablan de sus dotes y probidad intelectuales.

A esos estudios, sucintos y meritorios por lo novedosos y esclarecedores, adita ahora el dedicado al Dr. José de Antequera y Castro, panameño ilustre a quien tanto debe la conciencia política libertaria de Amerindia.

La brevedad no le resta valor especifico. Aquí cabe recordar que Gondra, Migone, Rebaudi y Rojas no necesitaron abrumo de cuartillas para dar ubicación privilegiada, en los anales científicos, a la cultura paraguaya.

Su especialidad – la genealogía –, es ciencia de alcurnia y abolengo. No de la que deriva de vacuas enunciaciones de ascendencias, meramente fisiológicas, sino de las que dicen y guardan relación con la gran crónica.

Diestro es el colega en moverse en su intrincado acontecer. Definitivos y caracterizantes sus hallazgos. Las fuentes citadas del Archivo Nacional de Asunción, innumerables, casi agobiante, totalmente inéditas, convierten al volumen, de suyo, de hoy en más, en guía imprescindible de indagaciones posteriores sobre un tema aún incoherentemente estudiado.

Le bibliografía de la materia, americana y española, ha sido enriquecida con un aporte contencioso, original, de estructura científica, auténtico alarde de investigación.

Su trascendencia ha de manifestarse, fehacientemente, cuando ella se prolongue en lo que sugiere y ofrece, con espléndida cuan inusitada generosidad.

Quevedo – enraizado, de tradicional cuño telúrico provenido –, suculenta cuenta ha saldado con su ancestro: el de todos. Satisfacción nos promueve el consignarlo en esta justa portadilla.

BENIGNO RIQUELME GARCIA

 

 

PRÓLOGO

 

En forma parcial y fragmentaria, leímos éste trabajo en la Academia Paraguaya de la Historia, en julio del año pasado. Ahora lo publicamos completo, para dar a conocer el retrato original de Antequera, que se encuentra en la ciudad de Sucre. Así mismo hacemos conocer antecedentes familiares del célebre caudillo.

El retrato de referencia – desconocido hasta la fecha en nuestro medio –, teatro de la revolución y actuación del juez pesquisidor y gobernador, en algo viene a llenar nuestra escasa iconografía de personajes y próceres del período hispánico.

Hasta la fecha las principales fuentes sobre la revolución de los comuneros paraguayos, son los cronistas jesuitas del siglo XVIII: Charlevois se ocupa extensamente sobre el tema, publicando en Historia del Paraguay, numerosos documentos relacionados a esta época. Pero más importante para adentrarnos en materia es Historia de las Revoluciones, del padre Lozano tan llena en detalles y pormenores.

Poco fue lo aportado durante el siglo XIX. El deán Funes en su Ensayo sobre la Historia Civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán, dedica cuatro capítulos para comentar los disturbios de la provincia paraguaya, siempre fiel a los cronistas de la Compañía en su posición frente a Antequera y la revolución. A fines de siglo José Manuel Estrada publica: Ensayo histórico de La Revolución de los Comuneros del Paraguay, elocuente y ardorosa defensa de la gesta comunera.

Ya en nuestro siglo, el primero que da el campanazo sobre la importancia del tema, vinculándolo con las comunidades castellanas, es Viriato Díaz Pérez. En 1947, el peruano Guillermo Lohmann Villena, en su medulosa obra sobre los americanos en las órdenes nobiliarias, es el primero en publicar con precisión, datos biográficos del Fiscal Protector de Charcas. Su nacimiento, estudios y actuaciones, hasta su viaje a España en 1713. Aporta nombres completos, con fechas sobre sus progenitores y abuelos por ambas líneas.

Raúl de Labougle en Historia de los Comuneros, con documentación inédita historia los sucesos correntinos de 1764, no olvidando a los comuneros paraguayos tan ligados a la provincia de Corrientes. En El Paraguay Colonial, Efraím Cardozo pasa revista a la gesta comunera y analiza la doctrina y el ideal de sus caudillos. El partido "comunero", dice Cardozo, tan viejo como el mismo Paraguay, no estaba muerto sino que era la sustancia de un país que había tenido necesidad de un diario plebiscito de voluntades para seguir subsistiendo y superar las adversidades.

Con nueva documentación, provenida de archivos americanos y españoles, Julio César Chaves, dio varias conferencias sobre el tema. En el Segundo Congreso de Historia de América, presentó Caudillos e Ideología de la Revolución Comunera del Paraguay. Fue éste un importante aporte a la historiografía nacional.

Dos desconocidos expedientes del Archivo General de Indias, de más de 350 folios, sobre el proceso incoado en Lima a raíz de la muerte de Antequera, nos facilitó el maestro Chaves, antes de publicar él su estudio sobre el tema. Con estos documentos del expediente sevillano, reconstruimos el martirio del caudillo Antequera y su alguacil mayor.

Para el estudio de los Antequera y Enríquez, trabajamos primero con el expediente de ingreso a la orden de Santiago del padre de nuestro personaje, del año 1677, y con otro expediente del Consejo de Ordenes, levantado en l716 para el ingreso a la orden de Alcántara de José de Antequera y Castro.

Hacemos notar que de la existencia de Micaela Cañete Sánchez de Vera, el primero en ocuparse de ella y publicar su nombre, fue el genealogista José Colnago Valdovinos en un trabajo sobre los mercedarios paraguayos, publicado en 1960.

Sobre dos expedientes del Archivo Histórico de la Provincia de Córdoba, relacionados a Antequera, se ocupó en un articulo Pastor Urbieta Rojas, quién en un próximo libro ampliará detalles. Uno de ellos es sobre la captura del caudillo en Córdoba. El otro expediente trata el embargo y remate en l728, con intervención de Matías de Anglés y Gortari, de los bienes del Dr. Antequera y sus compañeros.

Agradecemos al padre Jesús Novella, de la parroquia de Fuentelahiguera de Albatajes, en Guadalajara de España, quién nos comunicó referencias sobre el solar de la que fuera casa solariega de los Antequera Enríquez; y de la existencia del Cristo de la Salud, propiedad de aquella parroquia, cuyo donante fue un Antequera que vivió en Indias.

Ya en vías de publicarse el presente trabajo, Benigno Riquelme García, nos entregó fichas de la hasta hoy inédita y desconocida documentación sobre los comuneros, existente en el Archivo Nacional de Asunción: 13 volúmenes de la Sección Historia y 58 de la sección Nueva Encuadernación.

Con los testimonios que damos a la luz, incluimos las mismas, por considerar que son imprescindibles para cualquier futuro estudio sobre el tema.

R. Q.


RETRATO CHUQUISAQUEÑO


En la ciudad de los Cuatro Nombres estuvimos en septiembre de 1966. Desde lo alto del aeropuerto contemplamos a la ciudad blanca, asentada en la vega verde, bajo un cielo eternamente azul y muy profundo. Fueron destacándose sus tejados bermejos, cúpulas, bóvedas y blancas espadañas, y abrazándola, una vegetación verde pálido. Solitarias palmeras se asomaban entre la blanca arquitectura. Mucho blanco contrastando con su límpido cielo azul. Ya dentro de ella, quedamos sorprendidos de su ingente riqueza arquitectónica del periodo hispánico y de las peculiaridades de sus habitantes.

Contemplamos templos y conventos que atesoran pinturas, tallas, retablos y platerías que sorprenden al visitante provenido de las tierras bajas de la cuenca del Plata, acostumbrado al paisaje llano, a una arquitectura simple, donde su mayor riqueza radica en el artesonado de vigas, zapatas, puertas y ventanas enrejadas de madera, como fue la tradicional arquitectura paraguaya.

Las riquezas de la Catedral y la capilla de Guadalupe, con su opulenta Virgen de oro y pedrerías, probablemente la más rica de la América meridional, donde fuimos guiados por monseñor García Quintanilla, historiador de la iglesia platense, quien nos enseñó el tesoro y museo catedralicio, la sala capitular del Cabildo Eclesiástico, donde se reunieron varios concilios provinciales, con asistencia de prelados y obispos paraguayos.

Luego los templos de San Francisco, San Miguel, de los jesuitas, con su admirable capilla de los oidores, Santo Domingo, la Merced, con su estupenda colección de pinturas del célebre Pérez de Holguín, y tantas capillas, beatorios y claustros recoletos.

Nos franquearon sus puertas chuquisaqueños que conservan toda clase de testimonios de su grandeza pasada. La colección de Luis Urriolagoitia, la evocadora casona de doña Manuela Frías de Santa Cruz, con su magnifico retablo hispano y un extraordinario mueble taraceado, proveniente de Mojos. Joaquín Gantier Valda, con su parla amena y alegre, llena de citas y recuerdos, nos hizo pasar una inolvidable tarde llena de luz.

Dentro de la arquitectura civil se destaca la casa llamada del "Gran Poder", nombre que le quedó por un Cristo de opulenta talla que guardaba en su capilla, y que hoy se encuentra en la vecina iglesia de Santo Domingo. Construcción de fines del siglo XVII, afirman que fue sede de la Inquisición. Prototipo de rica y austera residencia chuquisaqueña, sus últimos dueños fueron los Fernández de Córdoba. Allí está instalado el Museo Charcas, feliz idea la de su actual destino, marco digno para guardar tantas pinturas y objetos del arte altoperuano.

Todo ello nos enseñó su director, el Sr. Giménez Carrazana quien, al final de la visita, nos preguntó si habíamos visto ya el retrato de José de Antequera, que se encuentra en el museo de la Casa de la Libertad.

Ante nuestra negativa, allá nos dirigimos inmediatamente. Sobre la plaza mayor, hoy llamada 25 de mayo, se encuentra el antiguo edificio que perteneció a la universidad de San Francisco Xavier. Atravesamos el magnífico portal de piedra y penetramos en un atrio con galerías en planta baja, donde se levanta el célebre paraninfo llamado la Mayor General. Allí la Asamblea Constituyente proclamó la independencia de las provincias del Alto Perú.

Símbolo de dos épocas brillantes: el esplendor de lo hispano y el nacimiento y forja de la nueva nacionalidad en el mismo recinto. El argentino Martín S. Noel afirma: "Bajo su alfarje y desde la tribuna dorada, floración de lo más hermoso y brillante de la carpintería platense, en talla y esplendor decorativo, escuchóse la resonancia de los debates del dogma, del caso jurídico, y de las controversias políticas". Allí el fundador de Bolivia, mariscal Antonio José de Sucre, dictó sus más importantes decretos.

En el mismo edificio, sobre una de las galerías del patio de honor, se encuentra el salón "Chuquisaca", recinto del antiguo senado, que la Sociedad Geográfica e Histórica "Sucre", convirtió en galería de retratos, y donde guardan los restos de la heroína Juana Azurduy de Padilla. Ahí encontramos el retrato de José de Antequera y Castro, rodeado de personajes virreinales y de la independencia.

El mismo representa a un hombre joven, de facciones finas y rasgos netamente peninsulares. Lleva peluca blanca, a la moda borbónica, barba cerrada y afeitada, nariz larga y recta, arqueadas y negras cejas acentúan y dan marco a unos ojos, más bien pequeños, pero penetrantes. Labios regularmente finos.

Sobre fondo azul, el pintor lo retrató vistiendo toga, traje de ceremonia de magistrado, ropón de seda negra y mucho vuelo. Al cuello, golilla blanca bordada y acartonada, igual que las mangas. Debajo de la misma, pende una gruesa y rica cadena de oro que termina en el pecho con un medallón, con la cruz de Alcántara, que sostiene con la mano derecha. En la izquierda lleva unos guantes marrones, y en el dedo meñique, un anillo con un rubí.

En el ángulo inferior izquierdo está pintado un escudete, cuya parte símil se halla en regular estado, siendo casi ilegible sus últimos renglones, y lleva la siguiente inscripción:


El Señor Dr. Dn. -

José Miguel de Anteque –

ra y Calvo del Orden de Alcan -

tara Fiscal de la Real Audiencia –

de Charcas Govr. del Para -

guay Ministro fidelísimo -

de S. Magd. Calificado por –

tal por el Sr. D. Carlos II- (Deteriorado,

léase III)

Que Dios Guarde después –

de recobrados sus restos –

(Hay una fecha ilegible)


No lleva firma alguna el retrato, pero es de indudable mano americana del siglo XVIII, de igual y semejante factura a varios de otros personajes que se encuentran en el mismo repositorio. Sobre su origen cabrían dos posibilidades: Que hubiese sido hecho en vida de Antequera, y el medallón con la leyenda agregado con posterioridad, ya que en él se menciona la Real Cédula de Carlos III, o que el retrato fue pintado por encargo de la familia Calvo y Antequera, sobrinos del prócer y uno de ellos, oidor de la Audiencia antes de la independencia, con posterioridad a la reivindicación.

No dudamos de la participación de la familia Calvo para la redacción de la leyenda, dado que el pintor por error involuntario escribió: "José Miguel de Antequera y Calvo", y no Castro, tal fue el segundo apellido del caudillo, y siempre así firmó.

Es indudable el valor de la obra, aparte de su valor artístico, como pintura primitiva y simplista americana del siglo XVIII. Su autenticidad y valor iconográfico de primer orden, retratado el personaje con su vestidura de magistrado, llevando en el pecho su cruz de Alcántara, y atestiguada su autenticidad con la leyenda de su nombre y cargos, con un sólo yerro, el de su segundo apellido que apuntamos más arriba.

En un diario de Asunción apareció en el segundo domingo del año 1968 un artículo de José R. Zubizarreta Peris sobre nuestro personaje, con un retrato del mismo, indicando ser una litografía proveniente de la Biblioteca Nacional de Lima. Representa a un hombre no tan joven, de nariz aguileña y noble rostro. Lleva traje oscuro, cuello de golilla y la boca está enmarcada con unos bigotes finos Estamos investigando el origen de esta litografía que enriquece la hasta hoy desconocida iconografía del precursor Antequera.

Jaime Bestard, en 1961, pintó dos cuadros de temas históricos relacionados con Antequera. "Procesión de la virgen de la Merced, del año 1723", con el fondo de la antigua y hoy desaparecida iglesia y convento mercedario. Encabezando la ceremonia, se destaca el gobernador Antequera, con su capa blanca y la verde cruz de Alcántara. Le acompañan el prior fray Miguel de Vargas Machuca y el capitán Diego de Yegros, partidarios ambos del caudillo.

Es una evocadora pintura de las sencillas ceremonias que hasta hoy día vemos en nuestra ciudad y pertenece al Sr. José W. Colnago. El otro cuadro de Bestard es la "Ejecución de Antequera", trabajo que quedó inconcluso, y el artista lo terminó sin trabajarlo. Hoy es propiedad de la Casa de la Independencia.

En oportunidad de publicar por primera vez su retrato, evocaremos la figura del precursor. Rastreamos papeles y expedientes de archivos de Asunción y Madrid, y en rápida síntesis presentaremos algunos datos biográficos, unos inéditos y otros poco conocidos. Pensamos que ello ayudará a reconstruir su retrato de hombre, gobernante y adalid de la libertad y dignidad americana.


SU PROGENIE


Los Antequeras fueron naturales de Guadalajara, en Castilla la Nueva. A fines del siglo XVII eran tenidos por "nobles hijosdalgos de sangre, según fuero y costumbre de España, y no de privilegio". Se afirma que en Guadalajara gozaron de tiempo inmemorial de las franquicias, libertades y demás preeminencias que tenían las personas de su calidad.

En la cercana villa le Alcalá de Henares hubo otra familia Antequera. Pertenecieron a ella los hermanos Marcos y Luis de Antequera y Palero, ambos caballeros "santiaguistas, constando documentalmente que"siempre sean tratado de parientes", con la rama alcarrena. (1)

Al obispo Palos, en carta dirigida desde la cárcel de Lima, Antequera y Castro le contesta sobre su origen antiguo y "cristiano viejo", ya que el obispo del Paraguay pone en tela de juicio su fe cristiana, y le dice: "no lo repito a V. S. Ilustrísima por otro motivo que el de desvanecer una tan grave y horrorosa calumnia, como la que tantas veces a repetido V. S. Ilustrísima en esta carta, en materia tan sensible como es la de la Religión, con lo cual mancha, tanto y tan limpia sangre, corno anda esparcida en las venas de mi dilatada estirpe".

Sobre su origen castellano afirma: "Si V. S. Ilustrísima lo ignora y quiere que se lo diga, registre la excelsa Casa de los Excelentísimos Señores Duques del Infantado, mis Señores, y hallará el mío entre sus Reales Escudos: A pocas foxas del Nobiliario de Guadalajara, dará V. S. Ilustrísima con mi apellido Enríquez, desgajada rama (como dice Núñez de Castro en el Nobiliario de dicha ciudad), del Preexcelso tronco de los Excelentísimos Señores, mis Señores Almirantes de Castilla: Vea V. S. Ilustrísima la Crónica y fundación de la Esclarecida y Nobilísima Orden de mi gran Padre y Señor San Gerónimo, y conocerá ser legitimo sucesor por línea recta de sus dos Gloriosísimos Padres y Venerables Fundadores Don Pedro Fernández Pechi y el Ilustrísimo Don Alonso Fernández Pechi". (2)

Más adelante agrega: "trayendo su origen el apellido Antequera del Infante de Castilla Don Fernando de este apellido, eslabonado en más cercanos tiempos con el Eminentísimo Señor Cisneros, como se ve en los derechos que mantiene mi casa a las Vecas en el Colegio Mayor de San Ildefonso de Alcalá de Henares".

Enseguida dice: "queriendo ser mucho más por mis procederes honrados, por ser mejor y más segura nobleza, la que como se adquiere por sus hechos, que la que heredó de sus Padres, cuanto va de ser la mía propia, y la otra obtenida, por La casualidad del nacimiento..." (3)

Vecino de Guadalajara fue Alvaro de Antequera, que en un padrón del año 1548 del archivo de los duques del Infantado, figura como hijodalgo. (4) Fue casado con Isabel de Cuevas, natural y vecina de la misma ciudad.

Hijo legítimo de ambos fue Alvaro de Antequera, bautizado en la iglesia de San Gil, el 13 de mayo de 1579. Sus primeros estudios los hizo en su ciudad y los superiores en Alcalá de Henares, donde se licenció en derecho.

El licenciado Antequera casó el 3 de octubre de 1610 con doña Ana Enríquez, en la iglesia de San Andrés, de la villa de Fuente la Higuera, lugar cercano a Guadalajara. Había nacido ella en dicho lugar, y fue bautizada el 30 de julio de 1589, siendo hija legítima del licenciado Melchor Enríquez de Montalvo y de doña Catalina Micasco.

Antequera pasó a residir a Fuente la Higuera, donde construyó su casa, y fue dueño de viñas y hacienda. Tuvo una provisión del Consejo de Castilla, dada en Madrid el 22 de octubre de 1613, que ordenaba al cabildo de aquella villa, le reciba como vecino hijodalgo, no perdiendo por esto su vecindad en Guadalajara. (5)

En el año 1625 la sexta duquesa del Infantado, doña Ana de Mendoza, nombró al licenciado Alvaro de Antequera corregidor de la villa de Potes y provincia de Liévana, en las montañas de Santander. La misma duquesa le nombra en 1633, corregidor de la villa y castillo de Jadraque, señorío de los Mendoza cercano a Guadalajara, donde otorgó en testamento el 22 de agosto de ese año.

Falleció en Buitrago, y posteriormente sus restos fueron trasladados a Fuente la Higuera y sepultado en su iglesia. Hijos legítimos del licenciado Alvaro de Antequera y doña Ana Enríquez fueron: Alvaro, Antonia, María, Catalina, Gerónimo y don Juan de Antequera Enríquez.

Nació don Alvaro de Antequera Enríquez (le llamaremos III), en Fuente la Higuera el 10 de septiembre de 1611. Cursó sus estudios superiores en la universidad de Alcalá. Contrajo matrimonio en Madrid, en julio de 1642, con doña Felipa de Salinas, natural de Málaga de Guadalajara, hija de Andrés de Salinas y doña Marquesa Calderón y Cisneros, de ilustre familia alcarreña, descendiente de los Pecha.

El cardenal Moscoso, arzobispo de Toledo, nombró a don Alvaro, alguacil mayor de la villa de Alcalá de Henares, habiendo sido recibido por su cabildo. Como su padre, continuó en el servicio de la casa del Infantado, a quienes estaban ligados por parentesco. Fue corregidor de Buitrago, alcalde de los palacios de Heras, alcalde mayor del Fresno de Torote, alcalde del castillo y fortaleza de Hita, donde se le rindió pleito homenaje el 31 de diciembre de 1657.

En Guadalajara, el cabildo le nombró para el año 1664, procurador general por el estado noble. De su matrimonio con Felipa Salinas y Calderón, tuvieron por hijos a: Antonia, José, Francisca y Ana.

Siendo su padre alguacil mayor de Alcalá de Henares, nació el 27 de febrero de 1647, José Francisco de Antequera Enríquez, y fue bautizado en la iglesia de San Justo y Pastor de aquella villa. Se licenció en derecho en la universidad del Henares y, posteriormente, pasó a la ciudad de Granada, donde fue alcalde mayor del crimen y teniente en lo civil de la real chancillería granadina.

Luego pasó a ejercer en las Alpujarras. Alegando que sus padres y abuelos fueron vecinos de Guadalajara, solicitó al ayuntamiento, en 1676, le otorgue vecindad. Lo hacía para estar cerca de la hacienda, viñas y casa que había heredado en Fuente la Higuera. En junio de ese año, el cabildo de Guadalajara le nombró alcalde de la hermandad por el estado de hijodalgo.

A fines del año citado solicitó su ingreso a una orden militar, y por decreto del 13 de enero de 1677 el Consejo de Ordenes le despachó título de caballero del hábito de Santiago. (6)

En Madrid contrajo matrimonio José Francisco de Antequera Enríquez con doña Juana María de Castro, el 17 de julio de 1678, en casa de los duques de Medinasidonia, en la calle de Alcalá, bendiciendo la ceremonia el Dr. José Martínez de Casas, capellán de honor y predicador del Rey. (7)

Doña Juana había nacido en Soignies, estado de Flandes, en 1649, y fue hija del sargento mayor Gregorio de Castro y de doña Catalina de Castro Medinilla.

El licenciado Antequera obtuvo el empleo de oidor en la audiencia de Panamá, y pasó a establecerse a las Indias con toda su familia, donde residió desde el año 1680 hasta 1689, en que fuera trasladado a la fiscalía de la audiencia de Charcas, función en la que se mantuvo hasta 1703, año en que fue ascendido a oidor de esa institución.

Dada su avanzada edad, le jubilaron en 1708. Todos los historiadores que se ocuparon de su actuación afirman que ejerció su ministerio con celo y desinterés, y nos hablan de sus "dilatados méritos" y conocimientos del derecho indiano. Algunos meses después de jubilarse, falleció en Charcas. (8).

El oidor José Francisco de Antequera Enríquez y doña Juana de Castro tuvieron cuatro hijos varones: el mayor fue el Dr. Alvaro de Antequera Enríquez, cura propio de la parroquia de San Benito en la villa imperial de Potosí; nuestro personaje, José Miguel; el Dr. Jacobo de Antequera Enríquez, clérigo de menores órdenes, estante en Potosí en 1712, y don Fernando de Antequera Enríquez, que fue casado con doña Luisa de Seleorigo y Zúniga, que dejaron numerosa sucesión, entre ella, doña María Rosa de Antequera, mujer del gobernador Juan Valdes Loaysa, de los condes de Casa Palma, el oidor de Charcas Juan de Dios Calvo de la Banda y Antequera, que falleciera en esa ciudad en 1801. (9). Su descendencia conserva papeles y documentos de la familia Antequera.

Nació José Miguel Jesús en la ciudad de Panamá, el 1º de enero de 1689. Fue bautizado en la Catedral a los quince días, por el reverendo padre lector fray Antonio de Baldelomar, guardián del convento de San Francisco, siendo apadrinado por el maestre de campo don Juan Bautista de la Rigada, caballero de Santiago y general del Callao, (10).

¿Cómo era aquella ciudad de la Plata en la provincia de los Charcas, en que transcurrió la niñez y juventud de José Miguel? Hállase en un valle apacible, rodeada de montañas al descender la gran altiplanicie de los Andes, y sirve de natural escala entre el Alto Perú y el Río de la Plata.

Chuquisaca, en quechua, significa "puente de oro" o "zuncho de oro" Llamábase ya así el primitivo caserío de los indios charcas, al fundar en 1538 el conquistador Pedro de Anzúres la ciudad de la Plata, y Charcas titulóse siempre su Real Audiencia, con vastísima jurisdicción, incluía el Paraguay y toda la provincia rioplatense.

No fue minera, pero en ella volcaron los ricos azogueros de Potosí, Chayanta, Porco y Chichas, sus caudales para vivir placenteramente sus últimos años en la ciudad de la audiencia y el arzobispado.

Afirma Gabriel René Moreno: "acaso no hubo tres ciudades en América donde hubieran ingresado tantas riquezas colosales... las guerras de la conquista, la administración pública y la dulzura del clima se empeñaron en hacer de la Plata una cuádruple corte eclesiástica, forense, literaria y social... A las antiguas familias de conquistadores y fundadores se juntaban siempre, para formar el estrado aristocrático, la del presidente, la de los oidores, la de cuatro o cinco títulos de Castilla y unas diez o doce de mineros titulados...". (11).

Para introducirnos en aquel ambiente del periodo hispano que duró casi tres siglos, juzgamos imprescindible seguir copiando a Moreno, que tan bien describió y pintó, en páginas no superadas, la rica y ajetreada historia boliviana.

El nos dice que todos "estaban suspensos del ceño de S. E. el presidente de Charcas a la ves gobernador ..." que "posaba con firmeza un pié en el mundo eclesiástico, por el hecho de ejercer las atribuciones y preeminencias del real vicepatronato... Tal vez no era tan peligroso desagradar al soberano que residía en Madrid, como a algunos de los empleados que se sentaban en su nombre a administrar justicia".

Prosigue el ilustre cronista: "Mundo de disputas (nos habla Moreno de los universitarios), de desvelos por la letra muerta, de empeños pera el examinador, de antesalazos hasta por bedeles y porteros, de emociones al sonar el ánfora de los votos, de ramilletes después de haber obtenido el grado, de férula implacable en cambio de un acendrado titulo de doctor o licenciado..." (12).

Este era el ambiente que imperaba en aquella ciudad donde vivió desde muy niño José de Antequera. Allí crióse y recibió las enseñanzas de las primeras letras. Luego ingresó en el colegio de San Juan Bautista, de la Compañía de Jesús, establecimiento que tenia privilegios de "colegios reales". Lo dirigía un rector y vicerector. Tenía nueve maestros, diez doctores y nueve pasantes, y se le conocía por el "colegio azul", dado el color de las becas que usaban los alumnos, y sobre ella, en lado izquierdo, llevaban como escudo una corona de plata.

Con loe jesuitas estudió desde 1702 hasta 1711. Recibióse de maestro y licenciado en artes y se doctoró en cánones, en la universidad de Charcas. Fue beneficiado de la Iglesia matriz de Cochabamba, matriculándose como abogado de la Audiencia de Charcas, el 6 de junio de 1712. (13).

¿Cómo era su carácter y cuáles sus aspiraciones? José Manuel Estrada, con la información que de él dejaron los jesuitas Charlevoix y Lozano, y con gran intuición lo retrata así: "fue extraordinariamente favorecido por la naturaleza con las dotes de la inteligencia, que supo enriquecer a fuerza de estudios abundantes, fortificándose por medio de la meditación y del recogimiento. Audaz y emprendedor, tenía en si mismo la energía de las tareas arduas y altaneras y recursos poco comunes para lograr el éxito en lo que acometía. Naturaleza ambiciosa de suyo..." (14)

Retrato que coincide y confirma los rasgos de la efigie se conserva del prócer en el salón Chuquisaca de la Casa de la Libertad.



POR TIERRAS DE CASTILLA


Cumplidos los veinticuatro años, viajó a España en 1713. En la corte fue introducido por parientes y relaciones, y pudo observar que con la nueva dinastía borbónica, durante el reinado de Felipe V, se introdujeron nuevas formas e ideas en la administración y gobierno metropolitano y las Indias, para sacar de la gran declinación que se encontraba el otrora poderoso estado español.

Comentando este período apunta Sánchez Albornoz: "Aceptamos las novedades foráneas, renovamos nuestro acervo cultural, y nuestra superestructura política, pero no cambió nuestra contextura vital. Mudamos de atuendo pero no de talante..." (15)

Nuestro personaje, ya en Madrid, consagróse al estudio del derecho y la literatura, frecuentando a los miembros del Consejo de Indias, al que tan relacionado estuvo su padre.

Visitó Guadalajara y la vecina comarca alcarreña, llegando hasta León, tierra de sus parientes maternos. Pasó temporadas en la casa de Fuente la Higuera "cassas desta villa zerca de la iglesia propias de Dn. Joseph de Antequera..." (16) En ella había nacido su abuelo, en el año 1611, y perteneció a sus bisabuelos Alvaro de Antequera y Ana Enríquez.

Una descripción del escudo de armas que tenía la casa, figura en las pruebas de ingreso a la orden de Santiago, de su padre, José Francisco de Antequera, del año 1676: "en la puerta y enzima del arco de ella hay dho escudo que tiene el cuartel del lado derecho un castillo y encima un hombre con espada y rodela, y el cuartel izquierdo una división que encima tiene un león y sobre él a los lados dos castillos, y en el cuartel de abajo una cruz que parece de inquisición ..." (17)

Las del primer cuartel son de Antequera, y la de los castillos y el león, pertenecen a los Enríquez, de los almirantes de Castilla. Este escudo en piedra aún existía en el año 1717, pues hacen una descripción parcial de él, cuando los comisarios de la orden de Alcántara visitaron la casa.

Esta casa de los Antequera Enríquez, construida a principios del mil seiscientos, estaba situada a unos setenta metros de la Iglesia, en la calle que hoy llaman asimismo de la Iglesia. Hoy no existe más que el solar, no quedando de la antigua casa armera rastro alguno, en él han edificado unos cobertizos para guardar el ganado y forrajes, los vecinos del pueblo la llaman simplemente "casa del tío Antequera".

En la cercana iglesia de San Andrés se venera un Cristo de la Salud. Se trata de una excelente talla en marfil, y es según algunos obra del siglo XVI, nosotros diríamos del XVII. Sus medidas son setenta centímetros de altura, cada brazo mide veintiocho, y el contorno de la cadera tiene treinta centímetros de circunferencia. Está sobre una cruz de madera también antigua de más de un metro de altura.

El padre Jesús Novella, cura de Usanos en Guadalajara, nos informa que en la parroquia de San Andrés, existe un folleto impreso en Madrid en 1847, y en el opúsculo de la novena dice lo siguiente del Cristo:

"Haciendo una breve reseña del modo y medio, por el cual posee dicha iglesia tan milagrosa imagen, según que de generación en generación se va transmitiendo. Un oriundo de Fuente la Higuera llamado Antequera, habiendo pasado a las Américas, llegó a adquirir en ella tan precioso tesoro, disponiendo a su fallecimiento que se trasladase a la península y villa enunciada; verificado aquél y trasladada a Madrid la milagrosa imagen, la persona encargada de su remisión a la expresada de Fuente la Higuera, aprovechándose de la ignorancia en que se hallaban los habitantes de ella de pertenecerles tan inestimable legado, trató de conservarla en su poder, eludiendo así la piadosa voluntad del donante; mas este divino señor que quería ser honrado en el pueblo para el que se donara, permitió que el devoto ladrón enfermase gravemente, no sanando de su dolencia hasta que recordando su omisión, se ofreció a cumplir el encargo que tenía. Recobrada su salud se olvido dé lo prometido, pero habiendo vuelto a enfermar no sanó, hasta que depositó en la iglesia donde se venera, la imagen de Jesús crucificado, y que pusieron el glorioso titulo de la Salud"...

¿Habría sido el donante de esta valiosa talla el oidor de Charcas, José de Antequera Enríquez, padre de nuestro personaje, en recuerdo de su tierra natal? ¿O no habría sido el futuro juez pesquisidor y gobernador del Paraguay, quién enviara desde América, con posterioridad de su viaje? Esperamos la documentación necesaria para confirmarlo.

Alonso de Castro muerto valerosamente en la batalla de Marzalla en el Piamonte, había tenido merced de un hábito de Alcántara, y no habiéndose cruzado dejó como heredero suyo, a su sobrino indiano José Miguel de Antequera. Éste tuvo real decreto del 21 de diciembre de 1714, para presentar al Consejo de Ordenes la documentación requerida. Y por despacho del 20 de julio de 1717 fue incorporado entre los caballeros de Alcántara. (18).

Observamos que el Dr. Antequera, en toda la documentación conocida, inalterablemente figura con los apellidos Antequera Enríquez, igual que todos sus hermanos, y desde su estancia en España firma y figura en la mayoría de los documentos con el apellido Castro. La audiencia de Charcas, ciudad en que residió él y su familia desde sus tiernos años, al otorgarle el nombramiento como juez pesquisidor en el año 1721, lo hace el Dr. José de Antequera Enríquez.

Interpretamos nosotros, que al ser heredero él de su tío Alonso de Castro, reemplaza definitivamente su segundo apellido Enríquez, que estaba ligado a la familia desde el año 1610 y lo usaron durante tres generaciones sucesivas, por el de Castro.

Cuatro años permaneció en España, y volvió a Indias con un nombramiento como fiscal protector de indios de la audiencia de Charcas. Inmediatamente se instala en Chuquisaca, dónde se adentró en el mundillo papelero y ceremonioso de aquella audiencia, poniendo en práctica sus conocimientos del derecho. Allí trabajó durante tres años adquiriendo experiencia y acreditando su persona ante el presidente de Charcas y el virrey que residía en la ciudad de los Reyes.



SUCESOS EN EL PARAGUAY


Por fallecimiento del gobernador titular, en febrero de l717, le sucedió en el gobierno el alcalde provincial Diego de los Reyes Balmaceda, por compra que había hecho del cargo para sucederle en el quinquenio al difunto gobernador.

Reyes era un andaluz establecido desde hacía años en la provincia, dedicado al comercio y casado con una vecina de la ciudad de Asunción. No fue bien recibido entre los regidores y miembros del cabildo, ni por los militares, quienes alegaban el impedimento de vecindad y la falta de dispensa necesaria.

Inmiscuyóse en los bienes de su antecesor, en complicidad con un yerno de éste, y fueron tan enconados los encuentros entre Reyes y el juez de residencia, Domingo de Irasusta, que este tuvo que ampararse en el convento de Santo Domingo.

Le faltó moderación en sus primeros actos de gobierno, y afirma el jesuita Lozano "que se portaba con sobrada presunción...". (19). Enfrentóse abiertamente con el cabildo, querellando y persiguiendo al regidor decano José de Avalos y Mendoza, quien gozaba de mucho prestigio en la provincia y a quien envió preso al castillo de Arecutacuá, y al regidor José de Urrunaga le tuvo detenido en su domicilio, embargándole sus bienes.

El cabildo envió un procurador ante la Audiencia de Charcas, Tomás de Cárdenas, pariente de Avalos, quien presentó la denuncia ante el tribunal.

Éste designó como investigador de la causa a José García de Miranda, con instrucciones de pasar a Asunción a libertar a los regidores y enviar a Charcas los antecedentes, pero Reyes no acató al comisionado y mantuvo presos a los regidores. Noticiada la audiencia, declaró nulos los autos de Reyes, ordenando la libertad y restitución de ambos regidores, condenando al gobernador con una multa de cuatro mil pesos.

Estos acontecimientos afloraron el viejo malestar que existía entre los vecinos paraguayos, y la Compañía de Jesús. Los encomenderos formaron cabeza del descontento y se refugiaron en el cabildo. Afirma Estrada: "Callado, manso y por ventura ignorante de sí mismo, este partido, la entidad menos caracterizada en el derecho colonial, venía engrosando a cada hora, adquiriendo mayores proporciones, fermentando en silencio, y estaba llamado a ser el refugio de todos los recelos, de todos los descontentos, por lo mismo que podía levantar una bandera simpática para la mayoría...". (20).

Los vecinos no tenían un caudillo, y hasta principio de aquel siglo, no era más que un pensamiento. Este partido enfrentóse con los jesuitas, que en estas partes de la América meridional, su principal objetivo fue la civilización del guaraní, empeño en que pusieron todas sus energías. Su acción fue eficaz y constante, obteniendo prerrogativas y regalías para explotar el inmenso territorio y sus pobladores indígenas, que sucesivamente la Corona les fue adjudicando, con menoscabo de la exhausta economía paraguaya.

Viejo mal era éste en la provincia que asfixiaba su industria y comercio, llevándola a la ruina, por las desventajas que los vecinos de Asunción dado que debían pagar onerosos derechos de los que estaban exentos los padres de la Compañía. Injusticia que arrancaba del año 1611, provenidas de las Ordenanzas del oidor Alfaro.

La explosión estalló por los desaciertos de Reyes Balmaceda, al enfrentarse con los integrantes del ayuntamiento. La real audiencia de Charcas nombró el 15 de enero de 1721 al Dr. José de Antequera, juez pesquisidor en los capítulos puestos por Tomás de Cárdenas al gobernador Reyes. El virrey del Perú, arzobispo Morcillo, nombró gobernador a Antequera para suceder a Reyes, por decreto dado en Lima del 24 de abril de ese año. (21).

Antequera partió inmediatamente hacia el Paraguay, pasando por Potosí, desde donde comunicó, el 31 de enero, su nombramiento como juez al cabildo asunceno. Los capitulares contestaron su comunicación en abril, y dispusieron el arreglo de las "casas de su magestad" para hospedar al ministro de Charcas. (22).

Llegó a Asunción el 23 le julio, en compañía del licenciado Francisco de Matillana y Velasco, que venía como alguacil mayor de la pesquisa. Al día siguiente, Matillana presentó al cabildo los despachos y nombramientos del Dr. Antequera, no para intimar a los capitulares, sino para que la reconocieran, leyéndose solamente "la cabeza decisión y auto inserto de la Rl Provisión, quedando lo demás para su tiempo...". (23).

El gobernador no se encontraba en la ciudad, hallándose de visita en los pueblos misioneros. Vuelto, se inició la sumaria y averiguación de los cargos en su contra. El 20 de agosto se dio comienzo a la declaración de testigos, quedando probadas las acusaciones. De acuerdo a las instrucciones, Reyes fue destituido, guardando prisión en su casa, de la que pronto pudo escapar, huyendo a Corrientes.

El domingo 24 de septiembre Antequera concurre, por vez primera al cabildo, convocado por él para ese día, y allí abrióse un pliego de la real audiencia que contenía su nombramiento como gobernador interino. El alférez real la obedeció y acató en nombre de los demás regidores, y tomó el juramento al Dr. José de Antequera, quien lo hizo poniendo su mano derecha sobre un misal y los evangelios, y "la otra sobre la cruz que trae al pecho haciendo pleito homenaje a su Magestad...". (24).

No entraremos en detalles de aquellos agitados tiempos que se vivieron en el Paraguay. La fuerza de aquel partido sordo que no tenía voz, halló a su caudillo. Sólo recordaremos lo cruenta que fue la lucha entablada por comuneros y jesuitas.

Difícil se tornó la defensa de los derechos de la provincia paraguaya para Antequera. Ardua defensa, pues los padres de la Compañía de Jesús movilizaron la totalidad de sus fuerzas para reponer al arbitrario Reyes llegando, inclusive, al estrado del virrey, en Lima, e informando a sus personeros de la corte y del Consejo.

Apoyado por el pueblo, el caudillo Antequera estaba seguro del triunfo de la razón y la justicia de su derechos. "Si es cierto – dice Estrada – que Antequera dio tono a la revolución, también es verdad que el caudillo fue la hechura del pueblo paraguayo – que el pueblo le amó, porque él se puso en la corriente de sus instintos ...". (25). "fue amado del pueblo, y los pueblos no aman a los que comprometen insensatamente su vida y explotan su sangre y riqueza..." (26).

Cerca de cuatro años Antequera permaneció en el Paraguay, lapso que bastó para que su nombre ocupe hoy un lugar prominente en nuestra historia. Poso sabemos de su vida privada. El padre Lozano nos dice que le sobraba tiempo para divertirse. Que, en cuanto "festines se celebraban era su asistencia la primera, especialmente en las casas de cumpo ...". Contaban que en los bailes a la muchacha que más gustaba le ponía su sombrero para que nadie la pretendiese. (27).

Por lo visto, fue muy alegre y galán el joven fiscal de Charcas. "Amancebóse públicamente con una mujer casada" afirma Lozano en su historia (28). ¿Quién era esta mujer casada y amancebada públicamente con el principal personaje de la provincia? Ella era doña Micaela Cañete Sánchez de Vera y Aragón. (29).

¿Quién era esta señora con apellidos de tanto lustre en la Provincia? Fue natural de Asunción e hija legitima del capitán Bartolomé Sánchez de Vera y Aragón, descendiente del último adelantado, Juan Tórres de Vera y Aragón, y de doña Rosa Cañete.

A principios de 1723, Rosa Cañete otorga su testamento y declara que a los pocos años de casada, separóse de su marido, habiendo ella criado y educado a sus hijas Josefa y Micaela.

Copiamos a la letra la siguiente cláusula: "yttem declaro que di estado de matrimonio con la ayuda de Dios nuestro Señor a la dicha mi hija doña Micaela con Ventura Benítez y para el paso en que estoy en el articulo de la muerte declaro en descargo de mi conciencia que para dicho matrimonio forzé y violenté la voluntad pía de ésta mi hija con amenazas de castigos, y haber cogido contra su voluntad, ha vivido separada hasta introducir la demanda de nulidad, en éste estado se halla para que conste así lo declaro" (30). Termina su testamento dejando a sus hijas al 'amparo y abrigo" de su hermano, el padre José Cañete.

El gobernador Antequera residió en Asunción desde julio de 1721 hasta l725, y ya vimos qué sucedía en el hogar de Micaela a principios de 1723 en que, muerta su madre, queda al amparo de su tío, el fraile José Cañete.

Era esta la mujer casada que "amancebóse públicamente" con el ministro Antequera. Mas, el padre Lozano no relató la segunda parte, lo que declaró in articulo mortis su madre, en procura de descargo de su conciencia.

Una de las acusaciones graves que le hacen sus dos biógrafos, los padres Charlevoix y Lozano, era que su avaricia corría pareja a su ambición, fuera de dudas, información interesada que proviene de los jesuitas.

El mismo Antequera se explaya sobre el tema al obispo Palos, en su segunda carta: "gasté en ella – la provincia paraguaya – en sus obras públicas y otras Eclesiásticas parte de mi caudal, de que son fieles testigos los Botes que a mi costa se fabricaron, como de los Autos de esta materia y de la corta cantidad que asignó esa Provincia para la fábrica de ellos, y en los pasos al enemigo; para lo cual todos los gobernadores de esa Provincia han pedido a sus moradores, y no se dará el caso en que yo siguiese esta costumbre. Lo mismo hallará V. S. Ilustrísima en Los gastos que de mi caudal hice con los indios Payaguás, fundiendo mis platillos para hacer las planchas y redimir Cautivos: felicidad, que desde esa Provincia es Provincia no ha merecido otro ningún gobernador. También me desapropié de alguna plata labrada mía para las Andas de plata del Señor San Blás. En la Catedral de V.S. Ilustrísima se encuentra el retablo de mi Señora Santa Ana, que puse en ella. En el Señor San Francisco, mi Padre, un Ornamento entero muy costoso, donde todo cuesta tanto. En el Señor Santo Domingo consta a V.S. Ilustrísima la función del Rosario, festividad de nuestra Señora, lo costoso que me fue, dexándola un Velo en su Trono, que si no fue como yo quise, es lo mejor que hubo en esa tierra. En nuestra Señora de Itatí encontrará V. S. Ilustrísima la mejor Venera que tuve. Casi dos años mantuve el vino (que es tan costoso en esos parages) para todos los sacrificios del Altar, repartiéndole en proporción a todas las Iglesias, no solo de la Ciudad, sino en las de los Curatos de toda la Provincia. Así propio los gastos hechos en la Festividad de Iglesia, y regocijos públicos a la celebridad de los años del Rey nuestro Señor (que Dios guarde), sin que pueda pobre alguno decir, que llegase a mi casa a pedir alguna limosna, que saliese desconsolado de ella, y sin remedio de su enfermedad... No solo se manifestó mi desinterés en esa Provincia, sino que también fuera de ella, socorriendo en sus necesidades a la angustiada Ciudad de las Corrientes en que la tenia el Indio Payaguá: y en la Remesa que hice a la de Buenos Aires contra los Portugueses que intentaron poblar en Montevideo, en que gasté de mi peculio cerca de 7 mil pesos; lo que no ha llegado a mi noticia haya executado otro alguno de tos gobernadores de esas Provincias...". (31).


 

Ilustración de la cubierta por Daniel Gugliotta

basada en el retrato original de Antequera.




EN POS DE JUSTICIA


El 5 de marzo de 1725 Antequera deja el Paraguay para presentarse a la Audiencia. "Acompañóle mucho pueblo..." y "llegando a la playa les hizo un largo razonamiento...". (32) Le despidieron en el puerto el obispo Palos, la clerecía, el ayuntamiento, militares y el pueblo, que siempre le siguió, le dio su adiós desde la barranca.

En tres canoas embarcóse con el maestre de campo Sebastián Fernández Montiel, Juan de Mena, alguacil mayor, los capitanes Alonso González de Guzmán, Diego de Yegros y Prudencio Posadas. Su secretario Antonio López Carvallo también iba. En total, como cuarenta personas, no contando los remeros.

Pasaron directamente a Santa Fé sin tocar Corrientes, y por indicación de amigos santafecinos, desembarcaron en una estancia, sobre el río Coronda. De allí se encaminaron a Córdoba, y entregó parte de sus papeles a fray Pedro Casco, franciscano que viajaba en su compañía, por la persecución y bandos que habían puesto en su contra en las ciudades de Santa Fé y Córdoba. En la madrugada del 7 de abril llegaron a esta ciudad y los frailes franciscanos le franquearon su convento.

Fue hospedado en la celda destinada a los padres visitadores, y recibió la visita de muchas personas principales del lugar. Lo vieron los vecinos cordobeses, un domingo en la iglesia de San Francisco, "vestida la garnacha, y con vara alta en la mano, y acompañado de la comunidad". Le habían dispuesto en el presbiterio sitial y cojín de terciopelo carmesí, con silla y alfombra en el lugar del preste. Allí recibió la comunión, ante la admiración de vecinos y escándalo de los jesuitas, por el tratamiento de ministro fuera de su jurisdicción que le daban los seráficos padres.

Otro domingo repitieron todo el aparato de la ceremonia, con el mismo acompañamiento, esta vez vestido de militar, con capa de grana y bastón, haciéndose guardar las preeminencias de capitán general y gobernador.

Su fin era llegar con libertad a Charcas, y para esto, contó con el apoyo de los franciscanos y la simpatía de los vecinos. El gobernador del Tucumán Isidro Ortíz de Haro, ordenó desde Salta, que nadie molestara su persona y le franquearan el camino a la Plata. Con su amigo el marqués de Haro juntos habían estado en Madrid, y fue testigo suyo en 1717, cuando su ingreso a la orden de Alcántara.

Quiso dar un golpe político más, pero ya era tarde. El nuevo virrey Castelfuerte lo declara proscrito y ordena su captura, vivo o muerto. Sus amigos paraguayos comienzan a abandonarle. Inician la deserción Diego de Yegros y López Carvallo.

El provisor del obispado cordobés fue intimado para que ordene la entrega de Antequera, pero una madrugada de fines de octubre, Leandro Ponce de León, hermano del deán de la Catedral, le saca de la ciudad, acompañándolo hasta jurisdicción da La Rioja. Todas las providencias estaban tomadas cuando llegó a Chuquisaca. La Audiencia nada pudo hacer ya por él. Las estrictas disposiciones del virrey estaban dadas.

Inmediatamente fue trasladado a Potosí donde aún quisieron darle tratamiento preferencial. El corregidor lo puso preso en una casa particular, pero la orden fue engrillarlo como reo ordinario y ponerlo en la cárcel pública, junto con sus cuatro compañeros que le fueron fieles hasta el fin: Juan de Mena, Alonso González de Guzmán, Miguel Duarte y Cárdenas. Fernández Montiel ya se había separado en tierras salteñas y se volvió al Paraguay.

En los primeros días de febrero de 1726, ante dos mil personas, sacaron a los presos de la cárcel, situada sobre la plaza mayor de la villa imperial, con admiración de todo el vecindario, de ver al Señor Antequera, engrillado y montado sobre una mula, él, que tanto había frecuentado esa ciudad donde tenia parientes y amigos.

A mediados de abril llegaron a Lima. Antequera fue destinado a la cárcel de corte, y los cuatro comuneros, a la cárcel pública. Cinco años duró su proceso ante la audiencia limeña. Él solo dirigió su defensa, habiendo salvado gran parte de sus papeles que trajo desde Asunción.

Refiriéndose a ellos dice: "en la persecución que es notoria se me hizo en la Provincia del Tucumán y la de Buenos Aires, por quitármelos, ofreciendo en Vandos públicos en las ciudades de Santa Fe y Córdoba un premio de quinientos pesos, dando seguridad al delator de guardar en secreto su nombre..." Para salvarla entregó su documentación a diferentes personas, y "así anduvo de una a otra mano..." (33)

En enero de 1728 le expresa al obispo Palos: "Acaso por discurrirme preso quiere que lleve los azotes, sin tener siquiera el alivio de quexarme? o me concibe V. S. Ilustrísima como acobardado y abatido, viéndome en el medio de mis trabajos? Pues no señor, no es así, sino que cada día me hallo mas alentado en ellos..." (34).

En la misma carta le contesta al obispo del Paraguay: "que quien instruyó a la ignorante Provincia para las súplicas? Y antes de responder quisiera que V. S. Ilustrísima me dixese, qué entiende por ignorante Provincia? porque yo tengo hecho concepto de que el menor de los de ella sabe más que muchos que corren plaza de advertidos... O dígame V. S. Ilustrísima: Quién ha instruido después que yo falté de esa Provincia a sus vecinos en la causa que han seguido, o están siguiendo en su Juzgado? Quién es el que ha instruido a esos ignorantes para formar los Escritos y defender su derecho en los Autos contra V. S. ilustrísima... digo que quién les instruyó a lo que V. S. Ilustrísima pregunta, fue el Derecho Natural, que a todos enseña e instruye, aun sus Maestros a hacer de los que es contra él, como la servidumbre tiránica, y se vicia de un injusto gobernador". (35)

El marqués de Casa-Concha dirigió su caso, y ante las noticias del nuevo levantamiento del Paraguay, aceleróse la causa, siendo condenado a muerte.

El caudillo Antequera tuvo el señoril derecho de morir decapitado, y no el infamante descuartizamiento que algunos ministros pretendieron. Juan de Mena fue sentenciado a la infamia del garrote, decreto que no pudo cumplirse por el tumulto, y el hidalgo gaditano fue degollado.



EL MARTIRIO


Desde el 27 de mayo de 1731 Antequera fue puesto en un calabozo. Los testigos de la sumaria hecha después de su muerte a raíz del tumulto, unánimes afirman que estaba en la cárcel de corte. Los decretos de la audiencia y el Virrey no aclaran, solamente dicen: "la prisión y cárcel donde esta..." Lo cierto es que dicha prisión estaba en la calle de la Pescadería. La tradición limeña afirma que fue en el palacio de la Inquisición, allí existe aún este calabozo, donde habría escrito su famoso y escéptico soneto. La sentencia de muerte fue firmada el día 3 de julio, por el virrey Catelfuerte, el presidente y los oidores de la audiencia.

Inmediatamente cundió la noticia, y por toda la ciudad circularon rumores contradictorios de las más diversas especies. En la víspera de la ejecución, el virrey hizo publicar "un bando terrorífico, imponiendo pena de muerte a los que intentasen detener en su camino a la justicia humana. Los mas notables personajes de Lima y las comunidades religiosas habían estérilmente intercedido por Antequera". (36) Los cabos militares tuvieron "orden de su Excelencia para que el primer movimiento o vos que se oyese en la Plaza, matasen a cualquiera, aunque fuese sacerdote, obispo o arzobispo de Lima..." (37) Algo flotaba en el ambiente para que se tomaran tan rígidas medidas.

En los cinco años que duró la prisión del caudillo, la orden franciscana le apoyó y ayudó abiertamente. Así para su defensa pudo disponer de la rica biblioteca del convento. "Muchos días antes de dar la sentencia, y después de hora se tocó plegaria pública con la campana grande del convento..." (38) No sólo de día, también por la noche y a deshora, pidieron oración para los dos comuneros sentenciados.

El venerable deán y cabildo eclesiástico, insinuaron a los sacerdotes, que no asistieran a la plaza en el día de la ejecución. Pero hubo una conspiración para salvar al reo. Con intervención de algunos legos franciscanos se provocaría un tumulto, para "quitar de la esquina de la Pescadería, de mano de los Ministros a Don Joseph de Antequera..." (39) Estando prevenidos para esperar en esa esquina de la plaza "más de setenta frayles..." (40)

El día cuatro, ante la eminencia de la ejecución, fijada para el día siguiente, los franciscanos pretendieron otro ardid para salvar al gobernador comunero. El vicario del coro, estando ya Antequera en la capilla preparándose a bien morir, en secreto fue a proponer al padre misionero que asistía al caudillo, "que se llamase a un secretario del Tribunal de la Inquisición, a quien el dicho Reo expresase tenía negocios pertenecientes al dicho Santo Oficio, para que por este medio le pidiese aquel Tribunal y se librase de la pena que estaba sentenciado..." (41). Propuesta que fue rechazada por el Dr. Antequera.

Llegó el día fatal. A las ocho de la mañana de aquel 5 de julio de 1731, el comisario general y el padre guardián de San Francisco se dirigieron a palacio. Antes de salir convocaron a la comunidad para que les acompañase, pero se retrasaron. El seráfico comisario, ya estaba junto a su excelencia el virrey, y "muy trémulo", pidió clemencia por última vez. En su testimonio afirma Castelfuerte: "le reprové reprehendiéndole..." (42).

En la plaza mayor de la ciudad y frente al palacio virreinal se armaron dos cadalsos cubiertos de bayeta negra, uno para Antequera a la derecha de la pila y hacia la esquina del cabildo, y otro más pequeño hacia la izquierda mirando hacia la esquina llamada del Arzobispo, para el alguacil mayor Mena. Pasadas las ocho el virrey se dirigió a la sala de los acuerdos, donde estaban los oidores para esperar la ejecución.

El caudillo de los comuneros fue vestido con chía y capúz, manto negro y corto de bayeta, puesto sobre el capúz o capucha que le cubría la cabeza, antiguamente era esta vestimenta insignia de nobleza y autoridad. Se cumplió todo el aparato del macabro ceremonial. Montado sobre una mula enjaezada de negro, le ataron las manos y los pies. Su confesor le puso un crucifijo en las manos entrelazadas.

El acompañamiento se armó en la puerta de la prisión. Encabezaba el sacristán de la catedral, portando el Cristo de la Caridad de la iglesia del Sagrario, con dos ciriales a los lados. Le seguían los hermanos veinticuatro de esa cofradía. Rodeando al caudillo le acompañaron cuatro frailes franciscanos, cuatro dominicos, algunos jesuitas, un religioso del Carmen, uno de San Benito y otros sacerdotes. El verdugo iba tirándole de la mula. El apretado grupo estaba protegido por la infantería armada con bayonetas caladas, y lentamente avanzó por la estrecha calle. Cerraba el acompañamiento la caballería y en triste y solemne precesión se dirigieron a la plaza.

Varios metros adelante iba el pregonero, leyendo a grandes voces: "Esta es la Justicia que manda hacer el Rey Nro. Señor y en su Real nombre por particular comisión el Excmo. Sr. Virrey destos Reynos con el Acuerdo de esta Audiencia en la persona de Don Joseph de Antequera, por auer combocado todos los hombres de tomar armas de la Provincia del Paraguay, y varias veces con sedición y rebelión a fin de no obedecer las órdenes de este gobierno Superior, ni admitir sucesor al gobierno de aquella Provincia hasta juntar exercito con artillería, que mandó y dio batalla al de la Provincia de Buenos Ayres que iba a prenderles de orden de este Gobierno Superior, en cuya batalla quedaron muertos más de seiscientos hombres, por lo qual y demás que resulta de los Autos se ha mandado degollar y confiscar sus bienes, quien tal hace que tal pague". (43)

Desde lo alto del cabildo, situado en la esquina derecha del palacio, Francisco Aguero de los Santos, regidor perpetuo, chanciller y su actual alcalde, desde una ventana que miraba hacia el tablado, pudo ver la plaza toda despejada de gente, "la cual estaba en los portales, balcones y techos..." y observó que venía el señor Antequera "con demostraciones de mucha compunción y guarnecido por todas partes de la infantería y caballería dispuesta en muy orden militar..." (44). Los religiosos que le acompañaban rezaban "alternando los versos del salmo Miserere en cuyo piadoso exercicio vinieron todos muy devotamente..."

Llegado el sacristán al cadalso, subió y se colocó en el sitio señalado. Estando ya el reo al pie de la escalerilla, cuando el verdugo empezaba a desatarle de la mula, un religioso franciscano, a quién no pudo verse la cara pues tenía la capilla puesta, levantó la vos diciendo: "Perdón..." y luego de una pausa: "perdón, perdón ..." Un griterío salió del portal de la catedral, volvió a repetir "perdón...". Al instante se escuchó una orden que decía: "matarlo..."

Al oír estas voces, afirma un testigo que Antequera juntando las manos dijo: "no, no perdón de Dios..." (45). Otro testigo declaró que dijo: "no, no, el de este Señor es el que quiero...", mirando el crucifijo que llevaba en la mano. Un tercer testigo agrega que sus últimas palabras fueron: "no quiero que me perdonen sino morir..." (46). El sargento Domingo Sevilla que estaba al lado del caudillo ordenó a los soldados "matar a dicho Reo..."

Desde el tablado el sacristán vio "que empezó la infantería a disparar los fusiles y a mover las bayonetas que tenían caladas, con que atravesaron por varias partes a dicho Reo..." (47). El padre Azpilicueta de los predicadores, al oír la voz de "matarlo", ya "lo vio sin el santo Crucifijo en la mano, y discurriendo herido de las balas, volvió los ojos hacia el cadalso y se halló con un soldado que traía un fusil con su bayoneta calada, encajándola al Reo, y diciéndole este testigo, hombre no le mates que a morir viene..." (48).

En ese momento el franciscano fray Agustín de Arenas, en voz alta le decía: "Jesús sea conmigo...", llegó a el, capitán Coiquegüi diciéndole: "Quítese allá Padre...", respondiéndole el fraile: "Como me he de quitar si le estoy ayudendo...". El militar dio la orden de fuego sucediéndose una descarga, y cayó muerto el franciscano a los pies de la mula. "Al estruendo de los tiros y sumbidos de las balas se postraron en tierra los más de los religiosos...", y en medio del tiroteo huyeron buscando refugio (49). Fray Juan Pablo Pacheco también franciscano, cayó muerto junto a la fuente, en el centro de la plaza. Se repitieron gritos que salían del lado del portal del sagrario y de las gradas de la catedral.

El alguacil de corte estaba parado en el cadalso, junto al verdugo llamado Francisco Reyes. Ironía y coincidencia, de un Reyes fue juez pesquisidor, principal motivo y causa de su desgracia, y otro así llamado fue su verdugo. Viendo el capitán Gómez que había muerto. "y que pendía todavía de la mula por las ligaduras de los pies, le mandó al verdugo, que fuese a cortarlas...", e "hizo subir al cadalzo el cadáver...", ordenando "se le cortase la cabeza según la sentencia..." (50).

El receptor de la audiencia Julián de Cazares, en el testimonio sobre la ejecución certifica: "después de muerto Francisco Reyes ministro ejecutor, subió el cuerpo a dicho cadalzo y sentado en la silla que estaba en él, le cortó le cabeza y mostró al pueblo, y fecha esta diligencia la puso delante del cuerpo en una palangana de plata..." (51). En aquel momento retumbó en toda la plaza, voces y gritos que decían: "Temblor, temblor...", era el pueblo, "la canalla y gente de la pleve", gentalla de indios y mestizos, negros y mulatos, que en las gradas y portada de la iglesia, vibraban al morir el protector de indios de la audiencia chuquisaqueña.

A las diez de la mañana estaba cumplida la primera sentencia. En la iglesia de San Francisco, el comisario general con la mayor parte de la comunidad y gran número de vecinos espectables rezaban ante el santísimo expuesto, por el "tránsito y feliz muerte de dicho don Joseph...". Al oír los disparos y truenos de la artillería, afirman, que el comisario, salió desolado para la plaza seguido de algunos religiosos.

Los soldados impidieron al padre guardián, entrar en la plaza, para recoger los cadáveres de los frailes muertos. Se refugiaron en el portal de la catedral, "junto a alguna gente menuda pleveya de negros y mulatos", quiénes tiraban piedras contra los soldados. Estos respondieron con tiros que dieron contra la portada de la iglesia, y allí fue herido un negro que estaba junto al padre guardián.

Ante el tumulto y el desorden que se produjo frente a la catedral y el sagrario, y en la esquina llamada del Arzobispo, donde el pueblo apedreó a la caballería, había bajado el mismo virrey a ponerse frente a las tropas. Varios testigos afirman que allí escucharon: "mata, mata frayles...". Luego se dirigió con la infantería a traer a Juan de Mena. Con veinte hombree y dos sacerdotes fue llevado al patíbulo. En el alboroto del tumulto el verdugo perdió los cordeles, y el alguacil mayor fue degollado como ya dijimos.

Ese mismo día los franciscanos iniciaron, ante el cabildo eclesiástico una sumaria información a raíz de la muerte de los dos religiosos. Solicitaron la excomunión para los culpables. Ante el mismo tribunal, paralelamente fue levantada otra sumaria, a pedido del fiscal de la audiencia. Más de setenta testigos declararon, en su mayoría sacerdotes y militares, que participaron en las ejecuciones.

Posteriormente una real cédula dada en San Ildefonso, por septiembre de 1733, ordenaba al arzobispo de Lima: "recojáis de poder de ese cabildo así los autos hechos por la Sedevacante en orden a la declaración en la censura del canon que pidió el procurador de San Francisco contra mi virrey de ese reino...", como la sumaria hecha a pedido del fiscal. Ordenó el rey imponer silencio sobre los acontecimientos pasados, y que fueran archivados ambos expedientes, "para que no quede en el público un ejemplar tan poco recomendable de la conducta de ese Cabildo..." (52).

En ambos autos no aparece ningún jesuita declarando como testigo, a pesar de constar por varios documentos, que cuatro religiosos de la Compañía, acompañaron a Antequera hasta el cadalso. El padre Lozano al comentar estas sumarias dice: "de que resultó no pequeña molestia a los jesuítas..." (53).

Comentando la ejecución del adalid de los comuneros, afirma Julio César Chaves: "Esta fue la única manifestación de rebeldía de la capital limeña desde su fundación por Pizarro hasta la entrada de San Martín en 1821. Ni la revolución de mayo ni el grito de la independencia resonaron dentro de sus torres, murallas y fuertes. Tal era la reciedumbre de su estructura colonial. A una idea paraguaya, a un ideal comunero correspondió hacer vibrar el alma de aquél bastión almenado". (54).

Seguramente en su última noche habrá discurrido sobre toda su vida, sus fracasos, sus triunfos, sus amores. Hacia Asunción habría volado su pensamiento, memorando sus acciones en aquel gobierno azaroso, difícil, pero que contó con todo el apoyo del pueblo y la gente principal.

¿Cómo habrá sido el recuerdo y el último adiós a Micaela, que no quedaba sola en el Paraguay? ¿Cómo habría de ignorar a la semilla de su sangre, único retoño suyo que quedaba en el lejano Paraguay de sus amores?

En la pared del calabozo donde estuvo en capilla dejó escrito este soneto, seguramente en su última noche, en su noche triste:


"El tiempo está vengado, o suerte mía.

El tiempo, que en el tiempo no he mirado

Yo me vide en un tiempo en tal estado,

Que al tiempo en ningún tiempo le temía.


Bien me castiga el tiempo la porfía

De haberme con el tiempo descuidado

Que el tiempo tan sin tiempo, me ha dejado,

Que ya no espero tiempo de alegría.


Pasaron tiempo, horas y momentos

Que del tiempo pude aprovecharme

Para escusar con el tiempo mis tormentos.


Mas del tiempo quise confiarme,

Teniendo el tiempo varios movimientos,

De mi, que no del tiempo, es bien quejarme".


Luego de la muerte del caudillo, corrieron por la ciudad de los Reyes del Perú, toda clase de comentarios y rumores. Afirmaban que el virrey "estaba declarado por descomulgado", a raíz de los capítulos puestos por los franciscanos ante el cabildo eclesiástico. Lozano recoge en su historia, todos los díceres y malevolencias que los limeños dijeron contra los jesuitas, a quienes hacían autores y causa de la muerte de Antequera. Una mujer muy anciana, nos cuenta Lozano, le dijo a un procurador de la Compañía: "Ya estarán contentos los teatinos, pues ya han muerto al grande de Antequera". (55)

"Desvergonzados papelones, sátiras y pasquines que se forjaron en el Perú", dice Lozano, corrieron por el Paraguay y todas las ciudades de la provincia del Tucumán. Legiones de anónimos circularon en Chuquisaca contra la Compañía.



SU HERENCIA


A los cuarenta y dos años murió este americano que luchó por la libertad, casi cien años antes de la independencia. Treinta y dos años tenía cuando llegó a la Asunción como juez pesquisidor.

Sus últimos diez años, los más intensos de su vida, cuatro los pasó gobernando y defendiendo derechos y fueros de la provincia paraguaya, y seis terribles años, para justificar su actuación y defender su vida.

Afirman los historiadores que estudiaron su "Memorial Ajustado", y las cartas al obispo Palos, que su defensa es perfecta dentro del derecho. En su actuación, en ningún momento se apartó de las leyes. Recordemos que sus adversarios, los jesuitas, le reconocieron varias veces como "muy entendido en derecho".

Su relevancia tubo ámbito continental, si bien es cierto que la revolución de los comuneros se redujo al Paraguay, parte de los pueblos misioneros y la provincia de Corrientes. Su caudillo fue un hombre americano, nacido en Panamá. Transcurrió su niñez, educación y formación en Chuquisaca. Pule sus conocimientos en Madrid y en el Paraguay, actúa y vive intensamente.

Preso en la ciudad de los Reyes, dedicó todo su tiempo a su defensa, afirma la tradición que contó con la riquísima biblioteca de la orden seráfica, hasta su suplicio, en la plaza mayor. Esa plaza mayor de Lima, una de las más bellas de nuestra América española, fue escenario de su muerte, con toda la ciudad por testigo.

Cuentan los anales que las campanas de las iglesia y conventos tocaron a muerto. Homenaje de la ciudad virreinal al ilustre caudillo de los paraguayos. Sus restos fueron sepultados, a pedido suyo, en la iglesia de San Francisco. La noche antes del martirio, el prior de ese convento había solicitado su cuerpo al marqués de Castelfuerte. (56).

*  *  *

En 1735 en Tabapy, Bruno Mauricio de Zavala aplasta definitivamente a los comuneros, e impone perpetuo silencio a toda la provincia. Se suceden terribles sentencias, varias muertes en la horca, descuartizamientos, destierros perpetuos y varios solares sembrados de sal, en la capital de los comuneros.

Prolongado silencio tuvo que guardar, en aquella desolada Asunción, Micaela Cañete Sánchez de Vera. Cuarenta largos años de silencio. Precisamente, en 1767, año del extrañamiento de la Compañía de Jesús, esta señora otorga su testamento, y aún no declara quien es el padre de su único hijo, sin aclaro de que sea legítimo o natural, el regidor perpetuo don José Cañete, que se llamó José como su padre, y Cañete por el silencio.

Numerosa e importante descendencia dejaron el regidor José Cañete de Antequera y su mujer Juana Catalina Domínguez de Ovelar. Esta, de rancia cepa paraguaya, descendiente de los Riquelme de Guzmán, por la línea del primogénito, Ruy Díaz de Guzmán.

Tuvieron cuatro hijos: el célebre Dr. Pedro Vicente Cañete y Domínguez; el Dr. José Ignacio Cañete, sin sucesión, y dos mujeres. Una, casada con un Qüin de Valdovinos, y otra, María Rosa Cañete y Domínguez, casada con Francisco Máximo de Brito, troncos de una larga y numerosa descendencia.

Linaje estudiado y documentado por el investigador Colnago, historiando a los Brito y Cañete; Oscaris y Brito; Pereira Oscaris; Gondra Pereira; Saguier Pereira y Saguier Gondra, cuya figura más prominente constituyó el ilustre Manuel Gondra, dos veces presidente de la República y preclaro hombre de letras, al igual de sus antecesores que aquí memoramos.

De ida, recordaremos al Dr. Pedro Vicente Cañete (1750-1816), erudito paraguayo que actuó en forma destacada en los borrascosos días de la independencia, en el Alto Perú. El boliviano Armando Alba nos dice de él: "Que a más de escritor y humanista, teólogo y abogado, poseyó innegables condiciones de político vivaz y de hombre de Estado, superior en mucho a otros de su época".

Su desgracia constituyó haber estado de parte del rey, cuando la independencia, y es por esto que hoy su figura está empequeñecida. Numerosas son sus obras. Escribió sobre temas administrativos, jurídicos, políticos e históricos. Hasta hoy día siguen apareciendo obras manuscritas e inéditas del notable asesor.

Fue ministro honorario de la real audiencia de Charcas, fiscal interino de ella, actuando así en la misma audiencia que su abuelo Antequera. En la ciudad de Charcas, fungió de rector de la universidad Carolina. Sus últimos años los pasó en deprimente decadencia, falleciendo en Potosí, en 1816.

Había contraído dos veces matrimonio, ambos con damas altoperuanas, dejando descendencia entroncada con numerosas familias del altiplano: los Ibarnegaray, Urriolagoitia, Bonel, Ballivián, Quintanilla, Mujia, y otras de Sucre, Potosí y La Paz.

*  *  *

Nuevos rumbos marca, desde la segunda mitad del siglo XVIII, el tercer Borbón de España, en la política y administración de la península y América, implantando el despotismo ilustrado, que algo renovó el espíritu en la pesada y burocrática administración española.

Pensamos que la extinción de la Compañía de Jesús, no solucionó problemas capitales radicados en el gobierno de la provincia paraguaya, tan ligada a ella, como en otras regiones de las Indias.

El arequipeño marqués de Valdelirios, a mediados de 1774, solicitó al Consejo Supremo una satisfacción para los vecinos del Paraguay, pareciéndole justa y necesaria, en premio a su lucha por defender, sin ayuda alguna y en medio de su pobreza, el avance de los portugueses a territorios de la marca hispánica que estaban ocupando, y las continuadas invasiones de los indios infieles en el Chaco y en el norte "que por sus particulares intereses les suscitaron los Jesuitas en los tiempos del obispo Dn. Fr. Bernardino de Cárdenas y de Dn. Joseph de Antequera, y habiéndoseles calumniado de infieles al Rey, los juzgo digno de ella...". (57). ¡Otros vientos soplaban!...

Los señores del Consejo Supremo pidieron al rey, en julio de 1776, rever la causa del difunto don José de Antequera, por encontrar que ésta "fue injusta y calumniosa ...", movida, según los mismos, por los regulares de la extinguida Compañía.

Hallaron que la sentencia de muerte, "padeció de insanables vicios de nulidad, por no tener estado la causa para definitiva; por la notoria indefensión del Reo, denegación del término competente y entrega de todos los Autos para instruir sus defensas y responder a los llamados sin que se hubiese tomado, ni podido tomar la confesión, sino una mera declaración indagatoria en vista de una sumaria defectuosa, y por hallarse propuesta por dicho Antequera una formal recusación con expresión de causas al Ohidor Marques de Casaconcha que pasó, sin embargo de este impedimento legal, a dar sentencia con los demás Ministros del Real Acuerdo a que asistió y votó el Virrey...".

Opinaron que el Sr. Antequera debía ser "declarado inocente de todo quanto con sobrada malicia se le quiso atribuir de Alzado y Perturbador de la paz, sociego y tranquilidad pública...", "habiendo procedido con toda integridad y celo en el Rl. servicio...". (58).

Solicitaron los del Consejo al Rey expida cédula rehabilitando su honor y buena memoria, entregándose ejemplares de la misma, a sus parientes "para que les sirva de satisfacción y desagravio del deshonor con que se halla manchada su ilustre familia...". (59), debiéndose publicar por bandos en los lugares de su actuación.

Atento a este informe, el rey Carlos III le declaró "recto, fiel y leal Ministro...". La pertinente cédula real se firmó después de cuarenta y cinco años del martirio y ejecución del caudillo.

El mismo monarca, a fines de 1779, otorgó carta de legitimación real a "Dn. Joseph Cañete de Antequera, Rexidor perpétuo del Paraguay", como hijo de "Dn. Joseph Antequera y Castro y de Da. Michaela Sánchez de Vera y Aragón...". (60).

¡Y el silencio fue roto!... Pero tanto pesó la infamia del decreto, que por sedición y rebelión, fue declarado traidor don José de Antequera que ni sus descendientes con posterioridad a su reivindicación y legitimación real, osaron llevar el ilustre apellido que perpetuó, el fiscal de Charcas, gobernador del Paraguay y precursor de la libertad en América.



Genealogía de los Ascendientes de

José de Antequera. Por Roberto Quevedo.





NOTAS


1- Ordenes Militares. Santiago, Caja Nº 82, expediente 459, año 1677. Folios 16 y 4. Archivo Histórico Nacional, Madrid.

2- Error de imprenta, el apellido correcto es Fernández Pecha. F. Layna Serrano: Hist. de Guadalajara..., tomo IV, pág. 141, Los Conventos Antiguos..., pág. 36. Fernán Rodríguez Pecha, de "noble y prestigiosa familia de antiguo abolengo", oriunda de Siena, Italia, camarero mayor de Alfonso XI, y su mujer Da. Elvira Martínez, camarera de la reina María de Portugal; padres de: Pedro y Alonso Fernández Pecha que luego entroncaron con los Calderón y Cisneros.

3- Carta al obispo Palos, Lima enero 30, 1728. Colección Gral. de Documentos, tomo III, pág. 317.

4- Ord. Militares, Santiago. Exp. 459, folio 41 vta. A.H.N.M.

5- Idem, folio 80 vta.

6-. Idem, folio 2.

7- Ordenes Militares. Alcántara, año 1717. Expediente Nº 78. folio 22, A.H.N.M.

8- Mendiburu, Diccionario. Exped. Nº 78, A.H.N.M.

9- Archivo Nacional de Sucre, dato obtenido por gentileza de D. Adolfo de Morales, de Cochabamba.

10- Ord. Militares, Alcántara, exped. Nº 78 folio 39. A.H.N.M.

11- Gabriel René Moreno: Ultimos Días Coloniales..., pág. 7, La Paz 1940.

12- Idem pág. 10.

13- Ord. Militares, Alcántara, exp. Nº 78, folio 18. A.H.N.M.

14- José Manuel Estrada: Ensayo Histórico..., pág. 57.

15- C. Sánchez Albornoz: España un Enigma Histórico, tomo II.

16- Ord. Militares, Alcántara, Exped. Nº 78, folio 61 vta. A.H.N.M.

17- Ord. Militares, Santiago, Exped. Nº 459, folio 81 vta. A.H.N.M.

18- Idem, Alcántara, Exped. Nº 78, folio l A.H.N.M.

19- Pedro Lozano, Historia de las Revoluciones..., tomo I, pág. 8.

20- José Manuel Estrada; Ensayo Histórico, pág. 10.

21- Protocolos de los Oficiales Reales, títulos de Gobernadores, Vol. 389 Sección Nueva Encuadernación folio 105, A.N.A.

22- Actas Capitulares. Copias, carpeta Nº 16, A.N.A.

23- Idem carp. Nº 16.

24- Idem carp. Nº 16.

25- José Manuel Estrada, Ensayo Histórico, pág. 56.

26- Idem pág. 59.

27- Pedro Lozano, Historia de las Revoluciones, tomo I, pág. 67.

28- Idem tomo I, pág. 67.

29- José W. Colnago, El Templo de la Merced...

30- Testamento de Rosa Cañete, Vol. 525, exp. 6, año 1723, Sección Civil, protocolos A.N.A.

31- Colección Gral. de Documentos, tomo III, pág. 85.

32- Pedro Lozano, Historia de las Revoluciones, tomo I, pág. 312 y 313.

33- Colección Gral. de Documentos, tomo III, pág. 219.

34- Idem tomo III, pág. 169.

35- Idem tomo III, pág. 212.

36- Ricardo Palma, Tradiciones Peruanas, pag. 533.

37- Información y Sumaria de los franciscanos ante el Cabildo Eclesiástico, de Lima, año 1731. Sección Charcas, leg. 324, A.G.I. Declaración de fray Pedro Ramiro, folio 7.

38- Información y Autos del Cabildo Eclesiástico a pedido del Fiscal de la Audiencia. Lima año 1731. Sección Charcas leg. 324, A.G.I. folio 13, petición del Fiscal.

39- Idem folio 18 vta. Declar. de fr. Alfonso Loases.

40- Idem folio 18 vta.

41- Idem. folio 19; declar. de Juan de Borda.

42- Idem folio 13 vta. Testimonio del virrey.

43- Idem folio 14. Pregón.

44- Idem folio 6 vta. declar. regidor Agüero.

45- Información y Sum. de los franciscanos..., folio 24 vta. declar. del Lic. D. Juan Quadrado.

46- Idem folio 33, declarac. de fr. Rosendo de Estrada.

47- Idem folio 30 vta. declarac. de Ignacio de Balderrama.

48- Idem folio 15 vta. declarac. de fr. Francisco Azpilicueta.

49- Idem folio 41 vta. declarac. de fr. Gregorio Montejo.

50- Información y Autos de Cabildo..., folio 4 vta. declarac. del capitán Juan Gómez.

51- Idem folio 14, Testimonio de la Ejecución por el receptor Julián de Cazares y Salas.

52- Pedro Lozano, Historia de las Revoluciones..., tomo I, pág. 437.

53- Idem pág. 437.

54- Julio César Chaves, Caudillos e Ideología..., pág. 14.

55- Pedro Lozano, Historia de las Revoluciones, tomo I, pág. 441.

56- Información y Autos del Cabildo..., folio 13 vta. Testimonio del virrey.

57- El marqués de Valdelirios al Consejo, Sección Hist. vol. 63, folio 165, año 1774, A.N.A.

58- Colección Gondra, University of Texas, M.G. 616. Sala segunda del Consejo. Madrid julio 23, 1776.

59- Idem.

60- Colección Gondra, University of Texas, M.G. 871. Carta sobre reconocimiento de José Cañete de Antequera, como hijo legítimo. San Ildefonso, septiembre 22, 1779.



 


Genealogía de la descendencia de

José de Antequera. Por Roberto Quevedo.



APENDICE DOCUMENTAL


PARTIDAS DE DESPOSORIOS Y VELACIONES

DE JOSE DE ANTEQUERA ENRIQUEZ

Y JUANA MARIA DE CASTRO


"Ordenes Militares – Alcántara"

Exp. Nº 78 – Folios 21 y 22

Archivo Histórico Nacional - Madrid


En la Villa de Md. a nuebe días del mes de Abril de mill seiscientos y setenta y ocho yo el Doctor D. Joseph Mz. de Casas Capan. de onor y Predicador de S. M. cura (ilegible) de la Yglesia Parroquial de Sn. Gines y San Luis su ayuda, sin aber presedido más qe. dos amonestaciones por aber dispensado en la tercera el Sr. D. Alonso de las Ribas Canonigo de la Yglesia de Toledo y Vicario desta dha. Villa y su partido como consta por su mandamiento despachado en ocho de dicho mes y año por Juan Albarez de Llanas qe. firmó por D. Lucas de Cabañas Notario, despose por palabra de presente qe. hiciera verdadero y lejítimo matrimonio a D. Joseph de Antequera Enriquez Cavro. de la orden de Sn. tiago. con Da. Juana Ma. de Castro, en la calle de Alcala en casas de la Duqsa. de Medinacidonia, fueron testigos D. Gaspar de Bera, D. Luis de Argueda y D. Pedro Carabajal lo firme fechaspra. Doctor D. Joseph Mrz. de Casas, y lo juro Ynberbum Zacerdotis.

***

En la Villa de Md. a diez y siete de Julio de mill y seiscientos y ochenta años, fr. Millan de Arellano Theniente cura de Sn. Martín de Dha. Villa, bele y di las bendiciones nunciales, a D. Joseph de Antequera Enríquez Cavro del orden de Sn. tiag. hijo de D. Albaro de Antequera y de Da. Phelipa de Salinas vecinos de la villa de Fuente la Higuera y Da. Juan Ma. de Castro natural de Seni en los estados de Flandes, hija del Sargento Mr. D. Gregorio de Castro natural de la ciudad de Leon y de Da. Catalina de Castro su mujer, natural de los estados de Flandes, habiéndome constado por certificación del Licenciado Dn. Pedro de la Corra, Cura Theniente de la Yglesia de Sn. Luis aneja de Sn. Gines de esta Corte estar desposados en nuebe de Abril de mill seiscientos y setenta y ocho, fueron padrinos de dha. velación D. Eusebio Galaez y Da. Mariana Pardo de Antequera y lo firme – fr. Millan de Arellano; y lo juro Yn berbum sacerdotis –



CERTIFICADO DE BAUTISMO

DE JOSÉ MIGUEL JESUS DE ANTEQUERA


"Ordenes Militares – Alcántara"

Exp. Nº 78 – A.H.N.-M.


Yo Diego de Benavídes Cura dela Sta. Yglesia Catedral de esta Ciudad de Panamá, Certifico que en el Libro Corriente donde se escrive las partidas delos qe. se Bautizan en dha. Sta. Yglesia en la foxa ciento y ochenta y ocho buelta esta un Capítulo cuyo tenor ala letra es como se sigue; –

En la Ciudad de Panamá en quince de henero de mill seiscientos yochenta y nuebe años yo Juan de Taxonar Cura desta Sta. Yglesia Catedral Digo qe. el Rdo. Padre Lector Jubilado fr. Antto. de Baldelomar Guardián del Combto. de Sn. Franco. de licencia superior Bautizo, puso oleo y crisma a Joseph Migl. Jesús de quince días nacido hijo lexitimo del Señor Licenciado D. Joseph de Antequera Enríquez, Cavo. del Abito de Sntiago. del Consso. de S. M. y su oídor en la Rl. audiencia desta ciudad, y de la Sra. Da. Juana Ma. de Castro fue su padrino el Mro. de Campo D. Juan Baupta. de la Rrigada Cavo. del Abito de Sntiago. y Gl. del Callao y lo firme – jun. de Taxonar –

Concuerda con su original de donde la saque y ba bien fielmente copiada y para qe. conste donde combenga doy la presente enla muy noble y leal Ciudad de Panamá en diez y ocho de henero de mill seiscientos y ochenta y nuebe as. – Diego de Benavídes –



RELACION DE MÉRITOS, GRADOS Y LITERATURA

DEL DOCTOR DN. JOSEPH ANTEQUERA

 

"Ordenes Militares – Alcántara"

Exp. Nº 78 – f. 18 A.H.N.-M.


Relación de los méritos grados y literatura del Doctor D. Joseph Antequera Abogado dela Audiencia delas Charcas – por tres certificaciones originales dadas en la Ciudad dela Plata en treze, catorce de Abril y diez de Spbre. del año pasado de mil setecientos y doce, por el Doctor D. Pablo Joseph Salgado Secretario de la Unibersidad de ella y por el rector del Colegio de Sn. Jun. Bauta. de dha. ciudad, consta qe. el Doctor D. Jospeh Antequera Enríquez fue recibido por colegial de dho. Colegio por el mes de Stpre. del año de mil setecientos y dos, donde se mantuvo asta el mes de octubre del de setecientos y onze, en cuyo tpo., se aplico a los estudios desde los primeros rudimentos, cursando las facultades de Artes y Sagrados Canones, consiguiendo en la primera los grados de Licenciado y Mro., y en la segunda el de Licenciado y Doctor, habiendo precedido todos los actos, exámenes y demás requisitos, qe. se acostumbran, portándose en ellos, con todo lucimto. – Por un titulo original, qe. a presentado asimismo consta qe. la audiencia de las Charcas le recibió de Abogado della, haviendo precedido el examen qe. se requiere y satisfho., la media annatta, de qe. le dió el despacho necesario en seis de Junio de mil setecientos y doce, en el qe. se expresa. es Beneficiado dela Yglesia Matriz d la Villa de CochaBamba, en aquel Arzobispado – Consta asimismo nació en la Ciudad de Panamá en las Probincias de Tierrafierme en quince de Henero de mil seiscientos y ochenta y nuebe, y qe. es uno de los quatro hijos lejítimos que dejo D. Joseph Antequera Enríquez, Cavro. del Orden de la Sn. tiago (y de Da. Juana Ma. de Castro) aquien después de haber servido en estos Reynos diferentes empleos Políticos y de Justicia, se le confirió Plaza de oydor dela Audiencia de Panamá, por el año mill seiscientos y ochenta la qe. obtuvo, asta el de seiscientos y ochenta y nueve qe. se le promobió a la fiscalía de las Charcas, y el de setecientos y tres a la de oydor de esta misma audiencia, haviendo ejercido dhos. empleos con entera aprobación, celo y desinterés, y en consideración a sus dilatados méritos y abanzada edad se le concedió jubilación por el año de setecientos y ocho con la mitad de sueldo, y qe. si este ministro como todos los demás sus ascendientes sean empleado en el Rl Servicio desde el tpo. qe. Reino el Sr. D. Phelipe el Segundo (qe. esta en Gloria) y por la línea materna nieto del Sargento mor. D. Gerónimo de Castro quien sirvió en los estados de Flandes más de treinta y un años desde soldado razo asta el empleo de tal sargento mor., mereciendo cada uno de por si .Gl. aprobación de sus superiores – Es copia dela Relación original qe. para en esta secretaria del Consejo y Junta de Guerra de Indias dela negociación del Perú de donde se sacó en Md. a quinze de marzo de mil setecientos y diez y seis – D. Juan Ramírez – Concuerda con dha. relación trasladada en todo y para que conste lo firmamos – D. Diego Rodrigo de Arce – frey Dn. Franco. de Torres y Cabrera –



TÍTULOS DE GOBERNADOR

DE LA PROVINCIA DEL PARAGUAY


Protocolos de los Oficiales Reales,

Títulos de Gobernadores.

Vol 389, sec. N.E. folio 105

Archivo Nacional de Asunción


Dn. Phelipe. Por la gracia de Dios Rey de Castilla de León de Aragón de Las dos Sicilias de Jerusalén de Navarra de Granada de Tholedo de Velencia de Galicia de Mallorca de Serdeña de Córdoba de Córcega de Murcia de Jaen de los Alfargues de Algecira de Gibraltar de las dos Islas de Canarias de las Indias orientales y occidentales islas y tierra firme de la mar océano archiduque de Austria Duque de borgoña de bravante y Milan conde de Absburg de Flandes tirol y Barcelona Señor de Viscaya y de Molina, etc. A bos El Cabildo Justicia y regimiento de La Ziud. de la Asumpon. Prova. del Paraguai A quien toca la ejecución y cumplimiento de esta nra. Carta y Provisión Real Salud y grazia Saved que por el nro. Presidente y oidores en la nra. audiencia y chanzillería Real que reside en la Ziud. de la Plata Prova. de los Charcas del Perú se proveyó El auto del thenor siguiente. Líbrese Real Provisión para que el Cavdo. Justicia y rrejimto. de la Ziud. de la Asumpon. Prova. del Paraguai Reziva al uso y ejerzicio de Justizia Mayor ejerziendo los cargos de Govor. y capn. Genl. de ella al señor Dr. Don Joseph de Antequera enrríquez del orden de Alcántara Protector fiscal de esta Rl. audienzia y Juez nombramo Para la averiguación de los capítulos puestos a Dn. Diego de los Reyes Balmazeda Govor. actual de dha. Prova. Y lo ejecuatrá Luego que se Presente en el con este despacho haciendo El juramto. acostumbrado y sin dilación Alguna Pena de Privazión de sus oficios y de quatro mil Pesos a cada particular y todas Las Justizias de su mgd. y demás Residentes en aquella Prova. le Acataran Respetaran y obedezeran como Actual Govor. todo el tiempo que se mantuviere en este empleo con aperzivimto. que de lo contrario Pasara esta real audienzia almas Severo castigo y tomar La mas caval satisfazion que combenga Para el cumplimiento de sus hordenes. Proveyeron y rubricaron El Auto de suso los señores Persidentes y oidores desta Rl. Audienzia y fueron Juezes los Señores Licenciado Dn. brabo de Ribera Dr. Dn. Franco. de Sagardia y Palencia y Licenciado Dn. Balthazar Joseph de lerma y salamanca oidores en la Plata en quinze de enero de mil settecientos y beinte y un años. Dn. Matteo de Suero. en cuya conformidad fue acordado que deviamos mandar Dar esta nra. carta y Provision Real en la dha. Razon y ttubimoslo por bien por la qual os mandamos a bos elCavdo. Justicia y rrejimto. de la Ziud. de la Assumon. Prova. del Paraguai que siendo con esta rrequerido por el Dr. Dn. Joseph de Antequera enrríquez del orden de Alcántara Protector fiscal de la nra. Rl. Audienzia que rreside en la ziud. de la Platta Prova. de los Charcas del Perú Y Juez nombrado Para la Averiguacion de los capitulos Puestos a Dn. Diego de los Reyes balmazeda Govor. Acttual de dha. Prova., o quedello conste en cualquier manera quesea bean el autto Proveido por la dha. nra. Rl. audienzia que de suso la Ynsertto y lo guarden Cumplan y ejecutten en ttodo y por ttodo segun y en la forma que en el se conttiene y declara Y que en su cumplimto. rrezibais a dho. Dr. Dn. Joseph de Antequera enrríquez al uso Y ejerzizio de Justicia Mayor de esa Prova. Cuyo cargo ejercera con el de Govor. y Capn. general de ella haziendo El juramento acostumbrado Antes de tomar Posecion la qual se la dareis Luego y sin dilazion alguna Pena de Privazion de Vros. ofizios y de quatro mil Pesos acadauno de los Capitulares de dho. Cavdo. Y mandamos a ttodas las nras. Justicia Y las demás Parsonas rresidentes en dha. Prova. le acattaren Respeten Y obedescan al dho. Dr. Dn. Joseph de Antequera enrríquez como Acttual Govor. ttodo el tiempo que se mantuviere en este empleo con apercibimto. que de los contrario pasara esta dha. nra. Rl. Audienzia al mas Severo Castigo Y a tomar la mas Caval Satisfazion que Conbenga Para el cumplimiento de nros. ordenes. todo lo qual ejecutara asi dho. Cavdo. Justicia y rrejimto. bajo de las penas arriba Ympuesta y mas la de nra. mrd. Y de otros quinientos pesos enfriados Para la nra. Real Camara Y devajo de la misma Pena mandamos a cualquiera nro. escrivano publico o rreal y a su falta qualquiera persona que sepa leer y escribir os la lea yntime y notifique sentando la que haziere al Pie de esta nra. carta y Provizion Real Para que conste y Sepamos como se cumple nro. mandado dada En la Ciud. de la Plata En quinze dias del mes de henero de mil setecientos y beinte y un as. Yo Dn. Mattheo de Suero escrivano de Camara del Cattolico Rey nro. señor la hize escribir por su mandado con acuerdo de su Presidente y oidores Refrendada Por el gran chanziller – Dn. Joseph Cavañas Mallarias y A la Buelta de dha. Real Provision estan tres firmas – Licenciado Dn. Juan bravo de Ribera – Dr. Dn. Franco. Sagardía y Palencia – Licenciado Dn. Balthazar de lerma y Salamanca –

Concuerda este traslado con Real Provision orijinal como en ella se espresa de donde la hize copiar en conformidad de lo dispuesto en esta razon el qual esta zierto Y verdadero correjido y concertado a que En lo necesario me rrefiero Y para su balidazion fee y prueba Ynterpongo en el asi decreto Judizial El Sargento Mayor Esthevan de Salas Martinez tessorero ofizial de la Real Asienda de esta Ziud. de la Assumpon. del Paraguai en quinze Dias de mes Sethiemhre de mil settecientos Y beinte y un años Y lo firme Para que conste – (firmado) Estevan de Salas Martinez.

* * *

En atension a estar Para cumplirse el tiempo porque fue Proveido Don Diego de los reies Valmaseda por Govdor. de la Provinsia del Paraguay y Conbenir al Servicio de su Magd. se nombre persona de Yntegridad y selo que administre Justicia en ella y recaude cosas Reales tributos: Nombro al señor Doctor Don Joseph de Antequera y Castro del horden de Alcantara fiscal Protector General de naturales en la Real audiencia de la Plata para que luego que aia cumplido dho. Don Diego de los reies Valmaceda el tiempo por que fue proveido Pase a exerser el Cargo de tal Govdor. de Paraguay y sus Provincias por tiempo de dos años a cuio exersisio sera Rezibido constando aver enterado lo que debiere al dro. de media anata en virtud de este decreto que le sirva a vastante despacho y titulo en forma; Lima veinte y cuatro de Abril de mil setecientos y veinte y un años – fray Diego Arpo. de la Plata – Juan de Liendo y ocampo –

Concuerda este traslado con la Prosision orijinal del Ylustrisimo y Exmo. Señor arsobispo Virrey de estos reinos qe. ante mi se exivió a que en lo necesario me refiero y Para que conste en este libro de copias de titulos de los señores Govdres. de esta Prova. mande sacar Y saque en el qual Ynterpongo mi autoridad Y decreto Judicial en quanto puedo Y alugar en dro. Para su balidacion entera fe Y credito y es fecho en esta ciudad de la Assumpon. del Paraguay en seis dias del mes de Junio de mil setecientos y veinte y dos años y lo firme – (firmado) Estevan de Salas Martinez –



TESTAMENTO DE DA. MICAELA CAÑETE

DE SANCHEZ VERA Y ARAGÓN.


Sección Propiedades Vol. 527

Exp. Nº 10, año 1767

Protocolos Civiles

Archivo Nacional de Asunción


En el Nombre de Dios todo poderoso Amen. Sepan quantos esta carta de mi testamento viene como Yo. da. Micaela Cañete de Sanchez Vera y Aragon, hija legma. de dn. Bartolomé Sánchez de Vera y Aragon y da. Rosa Cañete, Difuntos vecinos que fueron de esta Ciudd. dela Assuncion de el Paraguay: hallandome gravemente enferma de la enfermedad de Dios nro. Sr. se ha servido darme, pero en mi entero juicio y entendimiento natural creiendo como firmmte. creo en el Misetrio de la SSma. Trinidad, Padre, Hijo y Espiritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en el de la Encarnacion de el Verbo Divino en las virginales entrañas de la Maria SSma. Sra. nra. y todos los demas Misterios, que cree, predica y enseña nra. Sta. Madre Yglessia Catolica Apostolica Romana debajo de cuia fe y creencia he vivido y protexto vivir y morir como catolica y fiel cristiana invocando pr. mis abogados e intercessores a la sereníssima Reina de los Angeles Ma. SSma. nra, al Glorioso. Miguel Arcangel de mi nombre, y santo Angel mi guarda, y demas de mi devocion para que intercedan con Dios. nro. Sor. se digne perdonar mis graves culpas y pecados. Y temerosa (ilegible) muerte como natural a todo viviente, hago, ordeno este mi Testamento. en la forma siguiente.

la. Primte. Mando a mi Alma a Dios nro. Sor. qe. la crio redimio con el infinito precio de la Sangre de su Hijo JessuCristo nro. Sor. y el Cuerpo a la tierra de qe. fue formado –

2a. Yt. es mi voluntad que cumplida la de Dios nro. Sor. en llevarme de esta presste. vida a la otra. Mi cuerpo sea amortajado con el Sagrado Avito de mi Sra. de la Merced y enterrado en su Santa Yga. en la sepultura que eligieren mis Albazeas que iran nombrados y le acompañen el Ca. y Sacn. de la Cadl.

3a. Yt. Si el dia de mi entierro fuere hora competente celebrarse el Santo Sacrificio de la Missa o sino el siguiente dia se me diga una Missa Cantada de cuerpo presente se diga el Novenario u otra al fin de ella por cabo de Año todas cantadas y la Limosna de todo se pague de mis bienes –

4a. Yt. Declaro qe. tengo comunicado con mis Ilbazeas las Missas rezadas qe. me hande mandar decir por mi alma y se han de pagar de mis bienes a pesso de este Pais pr. cada una de ellas, les haiga de obligar a que haian de ser mas ni menos que las queellos digeren pr. que assi es mi voluntad y tengo satisfaccion de ellos –

5a. Yt. Mando a las mandas forzosas de redemon. de Cautivos y Lugares Santos de Jerusalen un pesso de este Pais, qe, desde luego los aparto de mis vienes –

6a. Yt. Declaro tengo comunicado a mis Albazeas que soi tercera professa de la orn. de Nro. Pe. Sr. Franco. y de las demas Cofradias en que estoi assentada, y he dado cumplimto. a todas ellas con los recudimientos annuales para qe. den parte de mi fallecimto. a los Hermanos maiores parz qe. acudan por mi Alma con los sufragios acostumbrados.

7a. Yt. Declaro qe. devo a dn. Joseeph Echeverría un tercio de siete a. de yerba, a dn. Antonio Moreno un tercio de siete a. A dn. Baltazar Patiño otro tercio de siete a. y a dn. Josseph Coene veinte ps. en tabaco, mando se le pague de mis vienes; y si fuera de los sobre dhos. me demandare alguno valor de dos pes. avajo, sea creido y se le pague de mis vienes, y de ai arriba con justificacion bastante –

8a. Yt. Declaro Que el Comissionario dn. Pedro de Peralta me es deudor de cuarenta y siete a. de yerba que conta de su obligazion mando se cobre, y se tenga por mis vienes –

9a. Yt. Declaro pr. mis vienes un lanze de Cassa de teja en la traza de esta ciudd. donde al presente vivo con su quarto interior,, su fondo correspondiente con sus entradas y salidas – una negra esclava nombrada Feliciana – y aunque tengo otros bienes muebles y casseros, como son la ropa de mi uso, cajas, sillas, messa, Alfombras, Mate con su potaguai de plata, tembladera de plata, cama, Amacas y otros ajuares de mi dessencia que escusso nombrarlos pr. no tener mas dependencias qe. satisfacer, y ser unico mi heredero quien se ha de hazer cargo de todos ellos sin beneficio de Ynbentario, por que no hay necesidad –

10a. Yt. Declaro que a dos criadas libres que he tenido llamadas Simona y Ysdora, pr. la boluntad con qe. me han servido, sin embargo de que las he atentido. pra. maior descargo de mi conciencia mando qe. mis Alabazeas les den de mis vienes a la Ysidora veinte vs. de lienzo ocho vs. de Baieta de la tierra y una Fressada, a la nombrada Simona veinte vs. de lienzo ocho vs. de Baieta y una sobre Cama y Cordoncillo –

Y pra. Cumplir y pagar este mi testamento sus mandas y legados, elijo y nombro pr. mis Albazeas testamentarios en primer lugar a mi Hijo el Regor. dn. Josseph Gañete y en segundo a su esposa da. Juana Catalina Dominguez y en tercero a da. Lorenza Delgadillo, pra. qe. cada uno pr. si in solidum en casso necessario cumplan y ejecuten lo que tengo dispuesto y ordenado en este mi testamento. Y cumplido y pagado sea en todo el remaniente de mis bienes, elijo y nombro pr. mi unico y universal Heredero a dho. mi Hijo el Regor. dn. Josseph Cañete pra. que los goze con la vendicion de Dios y la mia. Y por este reboco, anulo qualesquier testamentos, codicilos o Poderes que antes de este haia hecho o otorgado qeu no quiero valgan. no hagan fe en juicio ni fuera de el, salbo estz qe. al presente otorgo en esta Ciudd. dela Assumpon. del Paraguai en catorze dias del mes de Febrero de mil setesientos sessenta y siete as., por ante mi dn. Lucas Dias Cantero Essno. publico de Govno. y Cavildo Y yo el citado Esscmo. doy fe conosco a la otorgante, assi lo otorgó estando al parecer en su entero juicio y acuerdo natural. Y por no saver firmar lo hizo a su ruego uno de los testigos. qe. fueron presentes llamadas y rogados qe. lo fueron dn. Luis Javier de Cortazar Alguacil mayor, y el Regor. dn. Joseph Antonio Carrillo y el Mre. de campo dn. Lorenzo Recalde vecinos de esta dha. Ciudad, y ba en este papel pr. no correr el sellado – Per la otorgte. y testigo: Luis Xavr. de Cortazar – Ante mi Lucas Diaz Cantero essno. ppuco. de govor y Cavdo. –



DOCUMENTOS RELACIONADOS AL DR. ANTEQUERA Y LA REVOLUCIÓN DE LOS

COMUNEROS, EXPEDIENTES FICHADOS POR D. BENIGNO RIQUELME GARCÍA EN EL

ARCHIVO NACIONAL DE ASUNCIÓN.

 

Sección "Historia"


Vol.

Año

Materia

98

1721

Bandos y órdenes administrativas del Gobernador Dr. José de Antequera.

100

1722

Petición de recursos presentada por Diego de los Reyes Balmaceda.

103-4

1722/23

Expedientes sobre los disturbios ocurridos en la Provincia en los años que se indican.

109

1723/24

Orden de que Diego de los Reyes Balmaceda vuelva a ser admitido como Gobernador. Petición a su favor.

105/7

1722

Correspondencia del Cabildo de Asunción

84

1718/23

Libro de acuerdos del Cabildo de Asunción.

108

1723

Libro de acuerdos del Cabildo de Asunción que contiene pesquisas acerca de las turbulencias causadas por Baltazar García Ros y el combate de Tebicuary.

110

1727/8

Libro de acuerdos del Cabildo de Asunción.

111

1729/33

Libro de acuerdos del Cabildo de Asunción.

112

1724/5

Bandos del Gobernador. Prisión de Diego de los Reyes Balmaceda.



Sección "Nueva Encuadernación"


Vol.

Año

Materia

21

1741

Actuaciones sumarias contra Carlos de los Reyes Balmaceda, a cargo del capitán de Dragones, José Martín de Echauri.

26

1733

Actuaciones del nombramiento de Fray Juan de Arregui como Gobernador general interino.

28

1724

Visita al pueblo de indios de San Lorenzo de Altos efectuada por el Gobernador Dr. José de Antequera.

46

1722

Autos sobre edictos de encomiendas de indios.

48

1723

Visita la provincia del Obispo José Cayetano Paravesino.

53

1707

Información de servicios y pedimento de homologación de prerrogativas de Diego de los Reyes Balmaceda.

82

1717

Reseña general de efectivos militares mandada efectuar por Diego de los Reyes Balmaceda.

93/5

1722

Juicio de residencia a Juan Gregorio Bazán de Pedraza. Fs. 130, 158 y l40.

107/11

1698

Juicio de residencia a Sebastián Félix de Mendiola.

129

1732

Autos referentes a la preparación militar de la provincia.

143

1723

Expediente substanciado por Domingo de Irazusta, por comisión real, contra el Gobernador Juan Gregorio Bazán de Pedraza.

145

1723

Exhortos del capitán Juan de los Ríos, a los oficiales reales de Curuguaty, pidiendo ampliación de un informe presentado por el Dr. José de Antequera, Gobernador y Capitán General.

197

1702

Juicio de residencia a Juan Avalos de Mendoza del tiempo que fuera Gobernador.

198

1739/44

Indice de autos y expedientes obrados en el Juzgado de Primer Voto, desde la época que ejerciera Carlos de los Reyes Balmaceda y luego Francisco Manuel Benítez.

206

1699

Autos sobre el nombramiento de Juan de Mena como Teniente Alcalde.

250

1738

Autos obrados con motivo del fallecimiento del Obispo diocesano fray José de Palos.

277

1724

Visita y padrón del pueblo de indios de Tobatí efectuada por el Gobernador Dr. José de Antequera.

315

1727

Visita de cárceles efectuada por el Gobernador Dr. José de Antequera.

324/34

1691

Juicio de residencia a Sebastián Félix de Mendiola, ex-gobernador de la Provincia.

335/37

1702

Juicio de residencia a Juan Rodríguez Cota, ex-gobernador de la Provincia.

344

1720

Juicio de residencia a Juan Gregorio Bazán de Pedraza, ex-gobernador de la Provincia.

346

1721

Visita a embarcaciones efectuada por el Gobernador Dr. José de Antequera.

374

1686

Juicio de residencia a Felipe Rege Corvalán, ex-gobernador de la Provincia.

393

1682

Juicio de residencia a Felipe Rege Corvalán, ex-gobernador de la Provincia, entabládole por fray Faustino de las Casas.

397/99

1722

Juicio de residencia a Diego de los Reyes Balmaceda, ex-gobernador de la Provincia.

493

1724

Visita al pueblo de Yuty efectuada por el Gobernador Dr. José de Antequera.

493

1724

Idem, ídem al pueblo de Ypané.

507

1702

Reseña general del gobierno de Antonio de Escobar.

400

1686

Juicio de residencia a Juan Diez de Andino y Antonio Vera y Mojica.

402/9

1721

Juicio de residencia a Diego de los Reyes Balmaceda, ex-gobernador de la Provincia.

512

1715

Provisión Real contra Diego de los Reyes Balmaceda.

566

1717

Juicio de residencia a Diego de los Reyes Balmaceda, ex-gobernador de la Provincia.

568

1717

Juicio de residencia a Diego de los Reyes Balmaceda, ex-gobernador de la Provincia.




BIBLIOGRAFÍA


ABECIA, Valentín. Historia de Chuquisaca. Sucre 1939.

ARCINIEGAS, Germán. Los Comuneros. Méjico 1961.

BAEZ, Cecilio. Historia Colonial del Paraguay y Río de la Plata. Asunción,1926.

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CAÑETE Y DOMINGUEZ, Pedro Vicente. Guía de la Provincia de Potosí, año 1787. La Paz, 1952.

CARDOZO, Efraím. El Paraguay Colonial. Bs. Aires, 1959.

COLECCIÓN GENERAL DE DOCUMENTOS: Que contiene los sucesos tocantes a la segunda época de las conmociones de los Regulares de la Compañía en el Paraguay, y señaladamente la persecución que hicieron a Don José de Antequera y Castro. Tomo III. Imprenta Real de la Gazeta. Madrid. Año MDCCLXIX.

COLNAGO VALDOVINOS, José W. El Templo de la Merced y Nuestra Historia. Hist. Paraguaya: vol. 4-5. año 1960.

CHARLEVOIS, Francisco Javier de. Historia del Paraguay. Madrid, 1916.

CHAVES, Julio César. Caudillos e Ideología de la Revolución Comunera del Paraguay. III Congreso de Historia de América. Bs. Aires, 1962.

CHAVES, Julio César. Antequera caballero de la orden de Alcántara. Bs. Aires 1962.

FUNES, Gregorio. Ensayo de la Historia Civil del Paraguay. Buenos Aires y Tucumán. Bs. Aires. 1910.

DIAZ PEREZ, Viriato. Las Comunidades Peninsulares en su Relación con los levantamientos "Comuneros" Americanos, y en especial con la Revolución Comunera del Paraguay. Asunción, 1930.

DOMINGUEZ, Manuel. La Ejecución de Antequera. Asunción, s/f.

ESTRADA, José Manuel. Ensayo Histórico sobre la Revolución de los Comuneros del Paraguay, en el siglo XVIII. Bs. As.

GARAY, Blas. El Comunismo en las Misiones. Asunción s/f.

GARCIA QUINTANILLA, Julio. Historia de la Iglesia en la Plata. Sucre, 1964.

LABOUGLE, Raúl de. Historia de los Comuneros. Bs. Aires, 1953.

LAYNA SERRANO, Francisco. Historia de Guadalajara y sus Mendozas. Madrid, 1942.

LAYNA SERRANO, Francisco. Los Conventos Antiguos de Guadalajara. Madrid, 1947.

LOHMANN VILLENA, Guillermo. Los Americanos en las Ordenes Nobiliarias. Madrid, 1947.

LOZANO, Pedro. Historia de las Revoluciones de la Provincia del Paraguay 1721-1735. Bs. Aires, 1905.

MORENO, Gabriel Rene. Ultimos Días Coloniales en el Alto Perú. La Paz, 1940.

PALMA, Ricardo. Tradiciones Peruanas Completas. Madrid, 1952.

SANCHEZ ALBORNOZ, Claudio. España. Un enigma Histórico. Buenos Aires, 1956.

VELAZQUEZ, Rafael Eladio. El General de los Comuneros: Sebastián Fernández Montiel. Asunción s/f.


INDICE

Proemio

PróIogo

Retrato Chuquisaqueño

Su Progenie

Par Tierras de Castilla

Sucesos en el Paraguay

En pos de justicia

El Martirio

Su Herencia

Notas

Cuerpo Documental

Bibliografía


Solapa:


¿Quién fué don José de Antequera, el caudillo de los comuneros del Paraguay? ¿,Quiénes fueron sus antepasados, de los que tanto presumía él? En alguna manera contesta a éstas preguntas la obra de Roberto Quevedo.

Después de haber realizado por varios años investigaciones en distintos archivos de Asunción, Santa Fe, Corrientes y Buenos Aires, se adentró en el período hispano de la historia paraguaya. Publicó varios trabajos y monografías. Están publicados: Villa Real de la Concepción y su fundador; Villa Real en los días de la Independencia; Pilar y su histórico Cabildo; El mosaico de la Casa de la Independencia; Carlos V en Asunción; La Asunción del 1600 en dos padrones inéditos; Paraguay año 1808, juras al deseado Fernando VII.

En Antequera, historia de un silencio, presenta por vez primera su retrato original, investiga sus orígenes y evoca el martirio del adalid de la revolución de los Comuneros paraguayos.

La ilustración de la cubierta es de Daniel Gugliota basada en el retrato original de Antequera.

 

 

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BIBLIOTECA
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HISTORIA
HISTORIA DEL PARAGUAY (LIBROS, COMPILACIONES, ENSAYOS)
REVOLUCIÓN
REVOLUCIÓN DE LA INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY 14 y 15 DE MAYO DE 1811 - GOBIERNO DEL DOCTOR JOSÉ GASPAR RODRÍGUEZ DE FRANCIA

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