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ROBERTO QUEVEDO

  ALEJO GARCIA: DESCUBRIDOR DE NUESTRA TIERRA - Por ROBERTO QUEVEDO


ALEJO GARCIA: DESCUBRIDOR DE NUESTRA TIERRA - Por ROBERTO QUEVEDO

LA INCORPORACIÓN DE ROBERTO QUEVEDO

AL INSTITUTO HISTÓRICO Y GEOGRAFICO DEL BRASIL

 

WASHINGTON ASHWELL

 

ALEJO GARCIA: DESCUBRIDOR DE NUESTRA TIERRA

 

ROBERTO QUEVEDO

 

 

SEPARATA DE

HISTORIA PARAGUAYA

ANUARIO DE LA

ACADEMIA PARAGUAYA DE LA HISTORIA

Volumen XLV - 2005

 

 

 

 

 

LA INCORPORACIÓN DE ROBERTO QUEVEDO

AL INSTITUTO HISTÓRICO Y GEOGRAFICO DEL BRASIL

 

POR WASHINGTON ASHWELL (*)

 

(*) Presidente de la Academia Paraguaya de la Historia.

 

            Con una emocionante y significativa ceremonia, celebrada con la observancia de un ritual protocolar que contribuyó a hacer aun más viva su imponente solemnidad, don Roberto Quevedo fue incorporado al Instituto Histórico y Geográfico del Brasil. Era la reafirmación de una laudable y arraigada tradición que el Instituto viene observando desde los tiempos remotos de su fundación en los actos de incorporación de sus nuevos miembros, nacionales y extranjeros. Me tocó participar en su celebración respondiendo a una gentil invitación del Presidente del Instituto, el Dr. Arno Wehling. Representa en este caso el reconocimiento a una fecunda labor consagrada al estudio y a la divulgación del acervo histórico de nuestros pueblos, así como al mejor relacionamiento de dos entidades dedicadas al estudio de la historia de dos naciones que tienen un pasado y un destino común.

            El primer laureado con este homenaje en nuestro país fue don Carlos Antonio López, el más grande estadista de nuestra patria, quien el 23 de enero de 1845 fue designado Socio Honorario del Instituto mientras ejercía la presidencia de la República. Igual homenaje le fue dispensado más recientemente a compatriotas que han brillado en el estudio y la divulgación de nuestro pasado histórico, como Justo Pastor Benítez, Julio César Chaves y Antonio Ramos entre otros. Esta vez el galardonado fue el Vicepresidente de nuestra Academia Paraguaya de la Historia don Roberto Quevedo, quien en sesión solemne del Instituto, llevada a cabo el 21 de Setiembre pasado en Río de Janeiro, recibió la presea que lo acredita como Miembro Correspondiente de esa prestigiosa agrupación.

            El Instituto es la más antigua entidad cultural del Brasil. Fue fundado en 1838, en Río de Janeiro, por un grupo de prominentes intelectuales y de personalidades civiles y militares que habían tenido una relevante participación en la vida pública y cultural del país. Contó la iniciativa con el apoyo y patrocinio del Emperador don Pedro II. La misma tenía por objeto preservar y enriquecer la cultura nacional estimulando los estudios históricos, geográficos y de otras ciencias sociales sobre el pasado del Brasil, así como reunir y divulgar documentos relativos a su formación y su identidad, con vistas a conservar y vigorizar la memoria nacional. Con la intensa y fecunda labor desplegada para el cumplimiento de estos fines, el Instituto se convirtió pronto en el centro cultural más prestigioso del país, reputación que hasta hoy merecidamente goza.

            Desde el año 1839, el Instituto publica regularmente la Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Brasil, que con su intensa y fecunda labor se convirtió en uno de los más valiosos órganos dedicados al estudio y divulgación de la formación histórica del país y de su identidad nacional. Con ese propósito ha publicado ininterrumpidamente artículos, conferencias, ensayos y documentos inéditos, que por su rigor intelectual y la prolijidad con que han sido editados, han hecho de su colección una de las fuentes documentales más ricas que se dispone para el estudio y conocimiento del pasado histórico del Brasil. Es la publicación más antigua de su género en toda América.

            Establecido como entidad privada de utilidad pública y sin fines de lucro, el Instituto desenvuelve sus actividades con total independencia intelectual y con una vigorosa autonomía económica. Sus miembros son designados por la Asamblea General de sus miembros titulares. Su local original, una elegante mansión construida durante el periodo imperial en la vecindad de la Bahía de Guanabara, fue transformado hace tres décadas en un moderno edificio de catorce pisos, que fue inaugurado el 5 de Setiembre de 1972. Los ocho primeros pisos son dedicados al arrendamiento, con cuyo rédito el Instituto sustenta su sólida autonomía financiera. En los cuatro andares superiores opera la administración del Instituto. Sus instalaciones incluyen la amplia biblioteca, una cómoda sala de lectura, el archivo de documentos históricos, el suntuoso y rico museo histórico, las oficinas de su administración y su dirección, y tres amplios salones de actos. Desde su terraza se puede observar en su rededor una de las más hermosas vistas de la colorida y fascinante ciudad y hacia el frente, la Bahía de Guanabara y el Pan de Azúcar, que son los tradicionales símbolos de la belleza panorámica de Río de Janeiro.

            La biblioteca del Instituto es una de las más ricas e informativas del pasado histórico del Brasil. Su colección rebasa hoy más de 300.000 volúmenes. Fue formada principalmente con donaciones, entre las que se destaca la del propio Emperador D. Pedro II. Su archivo histórico incluye más de 150.000 documentos que incluyen papeles y documentos oficiales referentes a la política ultramarina de Portugal y el archivo personal del Emperador Pedro II y de gobernantes y conductores civiles y militares que fueron donados por los mismos o por sus descendientes. Entre ellos figura la rica colección de documentos del Barón de Cotegipe, que es una de las más completas respecto a la guerra con el Paraguay y al periodo siguiente de la reconstrucción del país, en el cual el Barón tuvo una importante intervención. Tanto la biblioteca como el archivo están abiertos al público y son activamente frecuentados por estudiantes universitarios de todo el país y por investigadores nacionales y extranjeros que tienen acceso irrestricto a los mismos.

            Las ceremonias y conferencias del Instituto se llevan a cabo en sus tres grandes salones. El primero es el gran Salón de Honor que tiene una capacidad para 120 invitados y 84 socios. Como parte de su engalanado entorno, el fondo de su estrado está decorado con un amplio mural del pintor Manuel de Araujo Porto Alegre que muestra la ceremonia de la coronación del Emperador Pedro II. En el mismo piso están la Sala de Sesiones de la Comisión de Estudios e Investigaciones Históricas, que promueve y coordina la labor de los Institutos estaduales y que está destinada a las reuniones de sus miembros y a actos conmemorativos convocados por la misma, y la Sala Pedro Calmón que cuenta con 50 lugares para invitados y 28 asientos para socios. Está destinada principalmente para actos solemnes, conferencias, asambleas y cursos patrocinados por el Instituto. En este último salón se llevó a cabo el acto de incorporación de don Roberto Quevedo al Instituto.

            Abierta la sesión y luego de explicar el motivo principal de la misma, el Presidente del Instituto, el doctor Amo Wehling destacó la presencia del Presidente de la Academia Paraguaya de la Historia a quien le dio su bienvenida y procedió a invitarme a compartir a su lado la mesa que presidiría la reunión. Acompañaban en la misma al doctor Wheling la Secretaria del Instituto la profesora Cybelle Moreira de Ipanema, el Presidente del Colegio Genealógico D. Ramiro da Mota Buys de Barro y el Monseñor Murillo Zarza de Lima.

            Prosiguiendo con el ritual de la ceremonia, el Presidente del Instituto designó luego a tres distinguidos miembros titulares, el Embajador Vasco Mariz, Dn. Guillermo de Andrea Fratta y el Almirante Armando de Sena Bittancourt para que fueran a buscar y a escoltar al homenajeado don Roberto Quevedo, que fue recibido de pie y con aplausos por la concurrencia que llenaba la sala. Estaban allí, otros calificados miembros del Instituto, del Colegio Genealógico del Brasil y la Sra. Gilda de Azevedo Becker de Van Sothen, viuda del que fuera Embajador de Alemania en Asunción y que durante su estadía en nuestra capital investigó y escribió varios ensayos sobre la colonización del Paraguay y sobre las Misiones Jesuíticas.

            Leída el acta de la Asamblea del Instituto por la que se nombró a don Roberto Quevedo Miembro Correspondiente del mismo, el doctor Wehling le invitó a la señora Marta Zubizarreta de Quevedo que se acercara al estrado para ayudarle a colocar a su marido el collar dorado con que se le investía como miembro del Instituto. Cumplido ese significativo ritual, le encomendó al Vicepresidente de la corporación, don Victorino Coutinho Chermont de Miranda para que pronunciara en nombre del Instituto el discurso de bienvenida al nuevo miembro que transcribimos seguidamente. El mismo decía así:

            "El Instituto Histórico y Geográfico del Brasil recibe hoy, en su cuadro de Correspondientes, al historiador Roberto Quevedo.

            "Para una institución cultural, el ingreso de un nuevo miembro es siempre un motivo de júbilo y de afirmación, por lo que agrega de representatividad a su cuadro social. Para este Instituto, que es, por excelencia, la Casa de la Memoria Brasilera, el ingreso de un historiador paraguayo es algo más. Es una celebración de la amistad de dos pueblos, hace mucho reconciliados en la comunidad de sus destinos, y, ahora también, hermanados por los lazos de solidaridad política y económica de MERCOSUR, en la construcción de un destino común.

            "El cofrade a quien recibimos hoy es un estudioso del periodo colonial de su tierra, que se inicia con el descubrimiento y la conquista por los españoles, prosigue con el siglo de la expansión territorial y la participación de los nativos, para finalmente proyectarse como afirmación nacional -el ser paraguayo se forja en este periodo, él mismo nos lo dice, en el periodo de 1621-1811.

            "De sus investigaciones sobre ese largo periodo de la historia de su patria, resultarán algunas de sus obras principales: Villa Real de la Concepción; Villa Real en los días de la Independencia; La Asunción en dos padrones inéditos, 1615 - 1622; El Paraguay de los arcos 1671 y 1681.

            "En estos trabajos, cabe anotar, estudió, con base en la documentación exhumada en el Archivo Nacional de Asunción, eventos de la historia económica de su tierra, hasta entonces soslayados por la historiografía tradicional, ligados a la explotación de la yerba mate y a las rivalidades con la Compañía de Jesús por el sistema de administración de las reducciones de los indios guaraníes.

            "No se limitó a dar a luz sus producciones propias. Al contrario, se empeñó en la divulgación de las obras de dos pioneros de la historiografía paraguaya, haciendo publicar "Los Anales del descubrimiento, población y conquista del Río de la Plata" de Ruy Díaz de Guzmán y el "Derrotero y viaje al Río de la Plata" del alemán Ulrico Schmidl, el primer cronista platense.

            "Los brotes iniciales de la arquitectura de su tierra tampoco se le han escapado. Su inclinación por la arquitectura, que mostró en el inicio de su vida universitaria le llevó a perfilar, en otro estudio, los lineamientos salientes del ingenio de sus compatriotas en los siglos XVII y XVIII. De la misma forma, la sensibilidad de investigador atento al lenguaje de las cosas del pasado lo condujo a la esfera de la Xilografía, en busca del fascinante universo de los sellos y heráldicas de gobernadores, obispos y personalidades de la historia paraguaya en los siglos XVII a XIX, tema de otro de sus libros.

            "Su bibliografía incluye, además, contribuciones en el campo de la Biografía y la Genealogía, del que es respetado cultor y director del Instituto Paraguayo de Estudios Genealógicos y Sociales.

            "Información de filiación de los hijos de Vicente de Goes y doña María de Mendoza" y "Relaciones e integración entre el Paraguay y el Brasil. Siglos XVI y XVII", este último presentado en esta casa en ocasión del VII Congreso de la Asociación Interamericana de Academias de Historia, son dos de sus trabajos en ese campo. En ambos, apoyado en los flujos migratorios que se desplazaran desde la capitanía de San Vicente hacia el territorio paraguayo, Quevedo reveló, usando la expresión de Nathan Watchel, aquella "América subterránea" que, más allá de las diferencias históricas, se constituyó una inmensa trama genealógica.

            "Bien sabemos que la Genealogía, no conoce frontera: es un permanente entrelazamiento de raíces, que aproximan pueblos y razas, y les da a todos la dimensión de una unidad fundamental del género humano. O como escribió en Francia uno de sus más celebrados cultores, Pierre Valery d'Archasal, "un vray sens á la nation de peuple de la terre".

            "Apasionado por el tema, él dedicaría en la edición de 2003 de la revista "Brasil Genealógico" del Colegio Brasilero de Genealogía, un estudio titulado "Genealogía del Gobernador Ruy Días de Guzmán. 1560-1629,            señalando la vinculación por la rama femenina de los Riquelme de Guzmán con los Prado y Castaño que en la planicie vicentina de los siglos XVI y XVII llenan las páginas de la monumental obra de Pedro Taques.

            "Esta gran labor intelectual fue la de un intérprete autorizado del pasado de su tierra, una clase de testimonio de que está hecha la historia de los hombres.

            "Miembro de Número de la Academia Paraguaya de la Historia y dos veces su presidente, correspondiente de la Real Academia de la Historia de España, y de instituciones congéneres de América Hispana, miembro correspondiente del Colegio Brasilero de Genealogía, Roberto Quevedo no podía faltar en los cuadros de este Instituto.

            "Lo recibimos pues, con alegría, saludando no sólo a un auténtico cultor de la ciencia histórica, sino también a un continuador de la tradición de don Carlos Antonio López, el primer correspondiente paraguayo de esta casa, y un benemérito cultor de los lazos de fraternidad entre nuestros pueblos.

            "Sea pues bienvenido, Señor Roberto Quevedo!"

            Seguidamente el homenajeado fue invitado a pronunciar su discurso inaugural que versó sobre "Alejo García; descubridor de nuestra tierra". Su texto lo publicamos in extenso en las páginas siguientes de este anuario. Como en todos sus trabajos sobre ese periodo de nuestra historia, el Sr. Quevedo vuelca en él su sólido conocimiento de su desarrollo y el galano y ameno estilo que ha caracterizado siempre sus ensayos y sus exposiciones. Terminada su lectura fue saludado con aplausos por la concurrencia.

            Concluida la ceremonia, el presidente de la mesa, después de reiterar sus felicitaciones y su bienvenida al señor Quevedo, formuló votos por que esa emotiva ceremonia fuese un eslabón más que vigorice e intensifique las cordiales y fructíferas relaciones que unen a nuestras dos instituciones y a nuestras dos naciones. Dio seguidamente por terminada la sesión e invitó a los presentes a una celebración que en honor del homenajeado se llevó a cabo en la iluminada terraza del edificio.

            Recogemos en esta apretada crónica los detalles de este significativo evento, que no sólo honra la labor de un eminente y consagrado historiador paraguayo que es don Roberto Quevedo, sino que también constituye un motivo de honda satisfacción y orgullo para la Academia Paraguaya de la Historia a la que meritoriamente él pertenece.

 

 

 

 

ALEJO GARCIA:

DESCUBRIDOR DE NUESTRA TIERRA

 

            Palabras pronunciadas el 21 de setiembre de 2005

en el Instituto Histórico y Geográfico Brasileiro de Río de Janeiro.

 

            por ROBERTO QUEVEDO

 

            De acuerdo a los documentos que presentamos, a pesar de lo escaso que llegó a nosotros, son fundamentales sobre la existencia de nuestro Alejo García. Dicen que desde muy joven fue un nauta natural de Algarve portugués, tierra que mira al poniente. De la leyenda y el mito entra con pie firme a nuestra común historia de brasileños y paraguayos.

            En los anales, relacionado con el viaje en la expedición descubridora de Alejo García y compañeros, no quedaron ninguna relación ni cartas detallando la contingencia de la misma. Por ello los historiadores posteriores han procurado obtener de los indios que lo acompañaron los detalles e informaciones que referiremos más adelante.

            Tratamos de ser breves, con tantas citas de lo afirmado por los historiadores Manuel Domínguez y Ruy Díaz de Guzmán; y sobre todo lo que contaron a Domingo de Irala los indígenas que conocieron a García habiendo sido sus guías y compañeros, como de otros indios que oyeron y hablaron de Alejo García, nuestro primer argonauta europeo, de esta América meridional.

            Pasaron más de cincuenta años que leímos por vez primera el opúsculo de Manuel Domínguez: La Sierra de la Plata, escrita por 1904, producto de su perseverante labor de investigador, buscando la ruta de los primeros pasos de la conquista rioplatense. Afirma en el Paraguay la causa que orienta las expediciones, la deriva, las sostiene y explica sus milagros de energía, fue una luz que brotó del Occidente y fue enseguida estampa indeleble en la rutina del godo, e idea pertinaz en su cerebro - el espectro de la Sierra de la Plata.

            En su prólogo comenta que la geografía lo explica todo y empiezo diciendo lo que es el Chaco, Dragón que ha devorado al argonauta... Seguimos al maestro Domínguez, por el nos adentramos en los orígenes y afirma: sorprendo el momento en que la noticia de la Sierra hiere la imaginación de unos pobres náufragos en Santa Catalina, y que uno de ellos, Alejo García abriendo ruta memorable, va a Charcas, retornando al Paraguay, y espaciando desde aquí la historia del viaje fabuloso. La idea de la Sierra, coloreada por la imaginación, empieza entonces a flotar como un ensueño en la vaguedad azul del Occidente. Nosotros quedamos atrapados por el siglo diez y seis, su descubrimiento y conquista, por eso nos ocupamos hoy, leyendo estas breves notas ante auditorio tan ilustre.

            Someramente transcribiremos como actuaron y qué dijeron los compañeros contemporáneos de García; los navegantes, náufragos y capitanes en aquellos primeros años del siglo XVI. El expedicionario Luis Ramírez venido con Diego García de Moguer, en su conocida carta del 10 de julio de 1528, cuenta su encuentro con náufragos de Solís y de Loaysa, en la costa del Brasil. Enrique Montes y Melchor Ramírez informaron que navegando al norte del río de la Plata y subiendo por los ríos Paraná y Paraguay hallarían oro y plata. Varios de los quince compañeros náufragos, habían partido cinco de ellos hacia la Sierra donde había un Rey blanco que traya barba y vestidos como nosotros. Durante la jornada embiándoles cartas pues, aun no habían llegado a las minas más ya había tenido plática con unos yndios comarcanos a la Sierra e que trayan en las cabezas unas coronas de plata e unas planchas de oro colgada de los pesquezos e orejas y zeñidas por cintos, y le enviaron doce esclavos y las muestras de metal...

            Hicienrónles saber cómo en aquella tierra, había muchas riquezas y tenían mucho metal recogido, invitándoles a que fueran, quienes se negaron pues, los otros abían pasado por mucho peligro a causa de las muchas jeneraciones que por los caminos abían de pasar... e que después avian avido nuebas que estos sus compañeros bolbiendose a do ellos estaban una generación de yndios que se dicen Guarenis los avian muerto...

            Las noticias que ofrece Luis Ramírez en su mencionada carta, confirman que las comunicaciones entre la costa atlántica de los Carijos con los llamados Caracarás dueños de Porco y Potosí, existían desde tiempos remotos. Afirma Domínguez: Caracaraés se llamaban los peruanos en el armonioso idioma Guaraní, dato filológico en que esta de las primeras expediciones del Paraguay. Para confirmar este aserto, repite: No exagero con decir que en este dato filológico está la clave de las primeras expediciones; y pasa aportando y enumerando doce citas de afirmaciones documentales de personajes de la conquista del Paraguay y del Perú: Caracaraes fueron los indios Charcas de Chuquisaca. Domínguez vuelve a analizar otros nombres indígenas guaranis como aymara y quechua.

 

            BUSCANDO EN CAMINO DE GARCÍA

 

            Por instrucciones del adelantado, Domingo de Irala realizó una entrada al norte del río Paraguay, para descubrir la ruta de los Mbayaes y llegar a la región de los metales. Arribando al puerto de las Piedras, el 18 de diciembre de 1542, arrimóse una canoa con tres indios, dos eran Guaxarapos y uno Carió que dijo llamarse Magoary. Por medio de las lenguas Pedro de Brasil y de Antonio Corral, te preguntó Irala, cuánto tiempo estaba com los Guaxarapos, dijo que hacía años le prendieron siendo muchacho, siendo su tierra Guaratatyb- río arriba, nombrando a varias generaciones de indios chaqueños de hacia el oeste. Preguntó si tienen metales amarillos o blanco, mostrándole un plato de estaño y una sortija de oro: dixo que no sabya. Otra pregunta, si había oído decir que hayan llegado a las fuentes del río Paraguay, dijo que nada sabe. Preguntaron si qué indios poseen el metal, dijo que lo tienen los Payçunos, de los Turubones poseen algunas planchas, y los primeros estaban muy lejos pasando varias generaciones de otros indios muy peligrosos. Preguntado que comen estas generaciones, dixo que todos siembran mayz y mandioca y mandubi y otras maneras de comida, además de la caza, pero entonces no tienen cogido y lo sembrado se les quemó. Para llegar a los Payçunos podrían llegar en una luna. Preguntado sy saqbe o ha oydo decir de algún cristiano que aya venido por esta tierra en tiempo pasado, dixo que no...

            La flotilla del capitán Irala continuó navegando al norte y en una parada realizó un segundo interrogatorio a un indio carió, quien estaba con siete guaxarapos en dos canoas. El guaraní Curubay hera un mancebo que por su aspecto parecía ser de hasta vente e cinco años. Dijo que los guaxarapos le prendieron como esclavo. Le hicieron las mismas preguntas hechas que al anterior, interrogado por medio de los lenguas. Preguntado quien heran estos Chanes, dixo quien heran como ellos y que hablavan carió; preguntado sy antes de agora han visto o oydo decir de xrisptianos, dixo que sy, que mucho tiempo ha que por entre las syerras que están entre las dichas generaciones, paso un xrisptiano que se llama Maratyá, con munchços yndios, pero que no volvió por allí y que este dicho guaraní que hablava, avia venido con él y estos guaxarapos le permitieron a él y a otros en el dicho tiempo y que ansymismo tubieron noticia que munchos xrisptianos avian entrado por la tierra adentro a los Payçunos y que trayendo muncho, los avian muertos los Payagoas los quales traiendo todo el metal...

            Preguntado si sabe o ha oydo decir de algun Xrisptiano que quedase con ellos dixo que no; preguntado si sabe o ha oydo decir que en este rryo ay algunos yndios Carios Tupis, dixo que de Tupis que no ha oydo nada pero que Carios ay arriba de la una vanda del rrio y de la otra, e que lo sabe esto por que a ydo a la guerra algunas vezes a ellos... Finalmente Domingo de Irala finalizó al interrogatorio a Curubay: preguntado sy sabe o a oydo decir de algún gran señor que ay a la tierra adentro, dixo que no; preguntado sy detrás destas syerras donde ellos byben es tierra seca y firme syn qué se anegue, dixo que detrás destas syerras ay otras muchas syerras y que entre ellas ay anegados, pero que después es toda tierra firme...

            En el documento aparece una tercera declaración de otro indio guaraní, que estaba en la sierras "que llaman de Santiesteban donde dicen que están las postreras casas de la generación que llaman Guaxarapos estando al pie de ellas". El día dos de enero de 1543, el capitán Domingo Martínez de Irala, hizo parecer a un indio guaraní, y por interpretación de Pedro del Brasil lengoa: dijo llamarse Huramó, es de río arriba y su tierra llaman Guarabatyb-, y es hijo de un indio llamado Aguararamy, fue prendido muchacho y señalo de hasta diez años... Le hicieron las preguntas avituales al interrogatorio. Dijo no tener noticias de cristianos, y agregó que los señores del metal blanco son los Chanes, Payçunos, Carcaras, entre otros, le enseñaron un plato de peltre, y dixo que era como aquello y señalo planchas grandes y en los braços y muslos y cuerpo y dedos de la mano y estando hablando vio al bachiller Martín de Armeçe que estaba presente a la suso dicho, una sortija que tenía en la mano, y sin decir nada dixo que los Toyogonos son los señores verdaderos del metal amaryllo como aquello... Le preguntaron si ha oido decir del rrey blanco, dixo que no. Sobre los Tupís y su generación, dijo heber escuchado que están en la vanda del este...

            Al siguiente día, trajeron un indio, que hera pequeño de cuerpo, quien dijo llamarse Xagoaní y los guaraní le llamavan Maraaná y sin le preguntar nada dixo que el avia vivido y avia sydo esclavo de García, que los yndios le llamaban Maratya y le nombro por los dos nombres y quellos heran las que se nonbraman Chanes... Preguntado como hablaban guarany y donde conoció al dicho García, dixo que la causa que hablaba guarany hera que en tiempos pasados, antes que García viniese del Brasil a los dichos Guaranís, se hizo una gran junta de los dichos guaranys en el puerto que llaman de Ytatyn, para ir a buscar el metal, y que pasando por su tierra dellos de noche, dieron en sus casas y mataron mucho de los suyos e prendieron a sus mugeres e hijos y a ellos truxeron al puerto Ytaytyn por esclavos de los dichos guaranys, paso por allí el dicho García, con el qual el y otros dos hermanos fueron en busca del dicho metal con los dichos guaranys... Preguntando sy fue y anduvo con el dicho García hasta que volvió, dixo que sy.

            Le insistieron con preguntas al guaraní Maraaná, hasta donde llegó el dicho García y de donde ubo el metal que traxo, dixo que llegó hasta la generación que llaman Payçunos, y que los Chanes y los dichos Payçunos le dieron el dicho metal, y que desde ally se bolvyo por que supo que una generación que se llama Corocotoquis hazian gran junta contra el dicho García y los que con él fueron... y se bolvian por traer más xcrisptianos para volber con ellos por el dicho metal...

            Preguntaron por donde entró el dicho García, dixo que por más arriba del puerto de Ytatym, más debajo de los Guaxarapos; preguntando si sabe de dos xcrisptianos, que los Guaxarapos avian dicho questavan con ellos, dixo que a ellos llaman xcrisptianos para aver sydo esclavos del dicho García... Preguntado que como vino de la dicha tierra de los Guaranys y como escapo, dixo que después supieron de la muerte de García, los Guaranys comieron algunos compañeros suyos y algunas mugeres, y como estuvieron se determinaron de huyr e asi vinieron huyendo a los Guaxarapos, e de allí pasaron a estos yndios... Le preguntaron si sabe qel dicho Garcia subiese más arriba por la tierra adentro de donde estamos... Nombró a los Caracaras, señores del metal, pero los verdaderos que sacan el metal son los Canires, preguntado si el dicho García llegó a estos, dixo que no porque son muy lexos.

            Luego agregó: después del dicho García... muchos xcrisptlamos avian entrado la tierra adentro e se avian buelto con mucho metal e que después los Payaguaes los avian muerto... Estos fueron la gente de Juan de Ayolas.

            El 25 de enero de 1543, en un buys, (sic: será por bohió, voz antillana, cabaña de madera y ramas o paja), de ciertos yndios guaranys, a quien el dicho capitán Domingo de Irala avia ydo a buscar para se informar dellos, a obra de las dos después de medio día... hablaron con el principal guaraní y presentó a un indio llamado Paybicoará, dijo que nunca ni vio a los cristianos, que le contaron, que haremos buena gente y thenian deseos de conoscernos. Luego hablaron de las posibles rutas y que tardarían en llegar al metal a la Sierra donde lo sacan... Dixo que en tiempo pasado vinieron del Paraguay muchos principales e yndios del puerto que llaman de Ytatyn, y siguieron hacia el poniente, oyendo decir que tardan cinco lunas...

            Luego apareció un chanés llamado Cheroçé se ofreció a ir a los metales para llegar a los Characará, quienes son los señores del metal e junto con ellos están los Camires que ansimismo son señores del metal. Le preguntaron si hay principales grandes, dijo haberlo oido pero que no los han visto, si le nombraron al Rey blanco, dijo que no.

            Certifica que escribió estas declaraciones el escribano de su majestad Diego de Olaverrieta a pedido del capitán Domingo de Irala, en tres pliegos de papel. (Documento del Archivo General de Indias. Colección García Viñas N° 1093).

            El gobernador Domingo de Irala en una carta dirigida al Emperador don Carlos, escrita en Asunción el primero de marzo de 1545, vuelve a recordar a Alejo García. Recuerda que estando en el puerto de la Candelaria, que está sobre el río Paraguay a los 19 grados y 2/3 minutos dónde halló una generación de yndios que se llaman Payagoas y con ellos un esclavo que abia sido de un García xptiano, que llevó a la ysla de Santa Catalina cierta cantidad de metal, el qual se ofreció de guiarle donde el dicho García hubo el dicho metal... Dijo que del mismo puerto de Candelaria partió Juan de Ayolas el 12 de febrero de 1537, con 130 hombres, el esclavo guaraní Maraana o Xagoami y 30 indios Payaguas que le entregó el mayoral de esa tribu. Agrega Irala en su carta dejándome a mí con los dos bergantines y treinta y tres hombres en su lugar... y que le esperase todo el tiempo que me pudiese sustentar en los bergantines.

            En su detallada carta, Irala menciona al Emperador los acontecimientos ocurridos en el Paraguay, las búsquedas del camino de la Sierra de la Plata, hasta la deposición del gobernador y adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca, ocurrida el 25 de abril de 1544, en Asunción.

            Volvemos con Manuel Domínguez en su Sierra de la Plata, quien afirma: los indios guaraníes cuentan a once compañeros de Solís, náufragos desde 1516 en la Isla de Yuru - minrin en Santa Catalina. Nuestro autor se apoya en Toribio Medina, en su Juan Díaz de Solís y en Madero. Afirma que la Isla de Santa Catalina en lengua de indios es Yurú - minrin, desde Gaboto así se nombró. Harrise en su Sebastián Gaboto escribe: Según Varnhagen y Ayres de Cazal, citados por Denis, Alejo García debió entrar con Solís en 1515 y se quedó en el país, exploró grandes corrientes... y se metió más allá del Paraguay. Para Domínguez, Vanhagen da a entender que Alejo García fue compañero de Solís y agrega que todo el mundo indígena hablaron a Alvar Núñez de un García explorador antiguo...

            Copiamos a Domínguez, que describe al hombre Alejo García. Hombre de una audacia a toda prueba, se propuso con cuatro aventureros como él... llegar nada menos que al imperio de oro de los Incas. Y los cinco partieron de Santa Catalina hacia 1524, cruzaron la hoy provincia de Santa Catalina, enseguida el Paraná y se metieron en el Paraguay... Cruzaron por la altura del Monday dice el maestro Domínguez, aquí disentimos con él. Para nosotros cruzaron por arriba de los grandes Saltos del Guayrá, o Sete Quedas, y bajaron hacia el oeste por el río Jejuy desembocando en el río Paraguay, y navegaron en canoas hacia el norte hasta los 19° y 2/3 al puerto de Candelaria, donde penetraron en tiempo de sequía, siempre al poniente. Aquí escucharemos a Ruy Díaz de Guzmán: Recibidos y agasajados de los moradores, convocaron toda la comarca para que fuesen junto con ellos y reconocer aquellas tierras... Agrega Domínguez: penetraron en pos de la Tierra de los Mbayaes en lo profundo de la llanura infinita, sembrada de peligros, y, empujado por su demente arrojo, siguió adelante por el rumbo que seguirá Ayolas, hacia el Occidente siempre fijos los ojos en los Caracaraes, clavado el pensamiento en las minas prodigiosas. Llega al dominio de los Chaneses, que vivían muy al interior, los gana con dádivas, y con el auxilio de estos nuevos aliados, enemigos de los Caracaraes... "y al cabo de muchas jornadas llegó a reconocer las cordilleras y serranías del Perú". Al decir de Guzmán: se internan robando y matando, pasan adelante más de 40 leguas hasta cerca de los pueblos de Presto y Tarabuco". Dice Domínguez: los indios Charcas alborotados con aquella invasión inaudita se ponen en armas y les salen al encuentro... García y sus compañeros con sus indios aliados emprenden el viaje de retorno, salieron de los Charcas, dejándola en armas. "Vuelven al Paraguay, sanos y salvos cumplido el propósito de exploración, pero cargados de despojos de ropa, vestidos y coronas de plata, al decir de Guzmán... Había caminado García cosa de mil leguas... Cierto era que había un Rey Blanco, cierto que existía la Sierra con cavernas de plata, cierta la riqueza imponderable de los Charcas. García resuelve quedarse en el Paraguay, y despacha a algunos indios Chaneses a la isla de Yurú - minrin con dos o tres arrobas de plata y cartas para sus compañeros... Alejo García cayó en celada alevosa "los guaraníes les acometieron a él y a sus compañeros los mataron para tomarles los esclavos que traían cargados de metal en la orilla izquierda del río Paraguay, a 50 leguas (arriba) del lugar en que se levantó doce años después la ciudad de Asunción... (casi en la desembocadura del río Jejuy, por donde había entrado y donde nacería su hijo). "Sus salvajes asesinos le devorarían, siguiendo su rito religioso abominable. Dejó un hijo llamado también Alejo García, a quién conoció Ruy Díaz de Guzmán.

            Y así en 1525 el descubridor del Paraguay y de Charcas, el primero que se internó en la Tierra de Mbayaes, llegó a los Andes peruanos y penetró en los dominios del Inca, terminando su carrera cuando Pizarro no empezaba todavía la suya en el Perú... Descubrió el Paraguay 4 años antes que Gaboto, exploró el Chaco 13 años antes que Ayolas, entró en Charcas 13 años antes que las huestes de Pizarro. La historia le da este lauro a aquel gentil aventurero...

            En varios diccionarios enciclopédicos dice Domínguez que afirman que, Alejo García fue natural del Alentejo, y nacido por el año 1485, sus amigos indios le llamaba MARATICA. Sus compañeros de la hazaña descubridora fueron Francisco Chaves, Alejo de Ledesma y el fiel negro Francisco Pacheco y seguramente otro náufrago aun no identificado.

            Repetimos con Manuel Domínguez, no perecerá la memoria de aquel héroe sin segundo. Agregamos, que lleno de un sobre humano valor, caminando siempre a su objetivo y allanando todas las dificultades...

            Hace algunos años hallamos un documento inédito e incompleto, en el Archivo Nacional de Asunción, volumen 307 de la sección Nueva Encuadernación. Ante el alcalde ordinario, Hernando Díaz de Adorno, presentó el testamento que otorgara Alejo García vecino de Ciudad Real del Guayrá, designándole su albacea, habiendo fallecido a principio de 1573. Declara que de su primera mujer, hermana del vecino Álvaro de Chaves, tuvo dos hijos llamados Domingo García y Gracia García, al parecer su primera mujer falleció de sobre -parto, pues fue casado por segunda vez con Felipa de la Torre, hija de Diego de la Torre, teniendo una sola hija de este matrimonio llamada María García. Declara que tuvo una hija natural a quien no nombran. Habrá dejado ciertos indios que le fueron encomendados, que le heredará su hijo mayor Domingo García, y otros bienes en algodón y lienzos.

            Alejo García hijo, seguramente habría nacido, en el poblado y rico valle agrícola del Jejuy, y ya mayor se avecindó en Ciudad Real, cabeza de la provincia del Guayrá. El río Jejuy afluente del Paraguay fue la antigua ruta que comunicaba a los vecinos de Asunción con la provincia del Guayrá, y en su naciente estaban los montes de yerba mate, que explotaban hasta finales del siglo XVIII. Nuestro Ruy Díaz de Guzmán se crió y pasó su juventud en Ciudad Real, pues su padre Alonso Riquelme de Guzmán fue gobernador del Guayrá, por ello menciona varias veces, que conoció y tuvo comunicación con Alejo García hijo de nuestro personaje.

            Con curiosidad tenemos fichados varios vecinos de la provincia del Guayrá. En los padrones para las permisiones de exportar cueros en el año 1622, son mencionados los vecinos de Ciudad Real, Lucas García y Simón García, y en la cercana Villa Rica, aparecen Domingo García y Alonso García de Mendoza quienes dejaron sucesión y son descendientes de nuestro primer argonauta.

 

            Setiembre de 2005

 

 

 

 

 

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