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ROBERTO QUEVEDO


  PARAGUAY - AÑOS 1671 A 1681 - Por ROBERTO QUEVEDO


PARAGUAY - AÑOS 1671 A 1681 - Por ROBERTO QUEVEDO

PARAGUAY - AÑOS 1671 A 1681

Por ROBERTO QUEVEDO

Editorial EL LECTOR

Tapa: Xilopintura de la Serie Reflexiones s/Durero

Obra de CARLOS COLOMBINO

Asunción – Paraguay

1983 (205 páginas)

 

 

 

 

 

PRÓLOGO

Para comprender la historia del Paraguay independiente y constitucional, no podemos prescindir de las tres centurias del período hispano o monárquico paraguayo (1526-1811). Período que se inicia con el descubrimiento y conquista de los europeos, seguido del ciclo de expansión territorial ya con la participación de mestizos y criollos nacidos en la tierra: Asunción, fundando ciudades en los cuatro vientos.

En 1621 termina el ciclo heroico de la conquista, y mutilada la “provincia gigante de las Indias”, queda marginada en la ruta comercial americana. La provincia paraguaya debió llevar a su costa pesadas cargas: la vital de autoabastecimiento en medio de una permanente crisis económica siempre en déficit, la guarda y defensa de la frontera del Este en constante movimiento por la presión portuguesa, sin ayuda metropolitana, y defendiéndose de permanentes asaltos y guerras indígenas, que desde el Chaco y el Alto Paraguay acosaron a Asunción.

El ser paraguayo se forja en este periodo (1621-1811), que para la general historia transcurren casi en blanco. Esa historia solo cuenta con larga lista de gobernadores peninsulares, que en general poca idea tenían de la tierra y hombres que venían a gobernar; y hace alguna ocasional referencia a desórdenes o revoluciones que conmovieron la vida provinciana por rivalidades entre paraguayos y jesuitas. Encontramos que los siglos XVII y XVIII son ricos en acontecimientos dignos de mejor memoria.

Están por estudiarse las dos grandes revoluciones “comuneras” que surgieron impetuosas durante estas dos centurias, sin duda herederas de las “comunidades” castellanas, y que harán denotar la personalidad de asuncenos y guaireños que actuaron en ella defendiendo sus libertades y derechos, cuestionando a gobernadores de acuerdo con las leyes de Indias.

En el presente trabajo esbozamos una historia de diez años del Paraguay, de 1670 a 1680. Gira en torno a un memorial e informe del estado de la provincia en uno de sus momentos de crisis mds honda. El informe fue firmado por capitulares del cabildo, justicia y regimiento de la ciudad de Asunción, ejerciéndo plenos poderes como “cabildo-gobernador”. Levanta su voz y se dirige al rey Carlos II, lejano en su corte de Madrid, aconsejado por apoltronados señores de su real consejo de Indias, para quienes estaba muy lejos su interés sobre el Paraguay.

La bibliografía de este período hasta hace pocos años estuvo basada generalmente sobre historias de los cronistas jesuitas: Nicolás del Techo (1611-1687), Pedro Francisco Xavier de Charle vois (1686-1761), Pedro Lozano (1697-1752), y José Guevara (1719-1806), quienes escribieron la historia de los dos primeros siglos del Paraguay colonial, prescindiendo de toda documentación no favorable a la Compañia de Jesús como es lógico. Luego los demarcadores de límites españoles: Félix de Azara (1742-1821) y Juan Francisco Aguirre (1758-1811) aportaron datos con documentación original de archivos asuncenos, facilitados por el paraguayo José Antonio de Zavala y Delgadillo (1749-1815). Los historiadores nacionales Blas Garay (1873-1899) y Fulgencio R. Moreno (1872-1933), apoyan sus historias en los autores citados, y con algún aporte de documentación inédita, elaboran sus interpretaciones históricas dentro de una posición más crítica. Por los años cuarenta aparece la obra del español Julián María Rubio, que es una buena historia cronológica basada en los autores citados. Recién desde la década del sesenta, Rafael Eladio Velázquez hace aportes importantes en varias monografías y trabajos con documentación inédita de los siglos XVII y XVIII, del Archivo Nacional de Asunción y del General de Indias de Sevilla.

Para ubicarnos dentro de la época, presentamos una síntesis histórica de la década de 1670, y unas semblanzas de ciudadanos asuncenos, que intervienen en los acontecimientos narrados. El expediente que reproducimos in extenso y en su grafía original, forma parte de las actas capitulares del cabildo de Asunción. Su original se halla en el volúmen Nº. 26 de la Sección Historia del Archivo Nacional de Asunción. Consultamos una copia moderna del mismo, fichada como carpeta Nº. 21, para completar párrafos rotos y desaparecidos en los últimos años en el expediente original. Aclaramos que dicha copia contiene algunos errores de traslado.

Consideramos de importancia publicar en forma completa, juntamente con la fotografía del original, de este informe sobre la situación social, política y económica de la provincia paraguaya, que el “cabildo-gobernador” elevó al rey Carlos II el 3 de julio de 1675. Al día siguiente otorgaron un poder general al capitán don Juan Gonzdlez Alonso de Guzmdn y a otras personas para que gestionen en Madrid, ayuda militar, pecuniaria y nombramientos de funcionarios competentes, encareciéndoles hagan valer los derechos de los vecinos de la provincia del Paraguay, sobre la explotación y comercialización de la yerba-mate, único producto exportable que contaba la olvidada y lejana provincia.

 

I

ESPAÑA E INDIAS

 

Algunos historiadores afirman que el siglo XVII americano, fue una centuria sin historia. Otros dicen que por carecer de historia fue un siglo feliz. El siglo XVII abarca los reinados de Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Con relación a América es la centuria de la `paz hispánica". Los indianos se sienten orgullosos de pertenecer, a opinión de ellos, a la monarquía más poderosa de la tierra. En verdad existía una unidad casi perfecta entre los reinos americanos y España.

¿Puede ser sin historia un siglo donde en todo un continente, surge una impetuosa corriente cultural que es el barroco? Barroco que se da en la literatura, en el arte y las costumbres. El marqués de Lozoya afirma que fue una reinterpretación desarrollada en América, surgiendo un barroco diversificado del español. En el nuevo mundo continúa la penetración territorial y sojuzgamiento de los indígenas, con la tarea de desbrozar sierras y llanuras, iniciándose la roturación en la desmesurada geografía.

América estaba en pleno auge creativo, se multiplican las ciudades en los ricos virreinatos. Se intensifica la minería extractiva agotando mano de obra indígena. En las llanuras se fundan las ganaderías poblando sus praderas con millares de vacunos, y se desarrolla la agricultura.

Cada región se expresa de acuerdo a sus posibilidades económicas, culturales y anímicas. En el Paraguay el hombre con su carácter e imaginación suplanta el déficit económico y cultural, elaborando su modo de vida sobrio dentro de la corriente de la época.

La provincia paraguaya de hecho un “finis terrae”, situada en la región de los grandes ríos de la cuenca platense, sola debe guardar la extensa frontera del este, y tratar de contener la constante presión portuguesa, además defenderse de los indómitos indios guaicurús, payaguás y mbayás. Casi sin ayuda de la metrópoli, y en medio de una paupérrima economía de subsistencia cuya fuente principal fue la explotación de la yerba-mate debiendo compartir con las “reducciones” del Paraná la mano de obra indígena.

Las “reducciones” de guaranfes dirigidas por los padres de la Compañía de Jesús, constituyen uno de los ensayos más curiosos en la historia social del imperio colonial. Los religiosos procuraron mantener a los indios reducidos en el mayor aislamiento, evitando todo contacto con las autoridades y vecinos de la provincia del Paraguay. En los pueblos de indios la vida cotidiana estaba reglamentada con precisión monástica—, diferente y en contraposición a la vida y costumbres de cualquier ciudad o villa americana. Ignoraban el idioma oficial castellano. Fue una república independiente, dentro de la provincia del Paraguay, que entonces formaba parte del virreinato de Perú.

El último soberano español de la casa de Austria, el rey Carlos II (1661-1700) inicia en el año 1665 un largo y angustioso reinado, período que para algunos historia dores, es uno de los más bochornosos de su historia. Lo imperante fue el quietismo y la pesada burocracia. América ya no fue dominio exclusivo de los reyes españoles. Después de veintiocho años de guerra se firmó un tratado de paz con Portugal. En Europa las plazas militares que defendían las fronteras de los Países Bajos y sobre todo el Rosellón, apenas pudo contener a las armas y a la política agresiva de Luis XIV de Francia. Surgen descontentos y levantamientos en los reinos italianos y en la península.

El reinado prometía ser corto por la precaria salud del rey-niño de cuatro años regido por la reina-gobernadora, su absorbente madre doña Mariana de Austria. Mujer de estricta moral cristiana pero sin inteligencia ni preparación, que además careció de sentido y tacto para el gobierno. El primer consejero de la infausta reina-gobernadora, que tantas cédulas reales firmó para el Paraguay, fue su confesor el jesuita alemán Everardo Nithard (1666 a 1669), recto religioso e inepto hombre de estado para el manejo del complejo imperio español, pretendió moralizar las costumbres e impulsó a su orden en Europa y América. El segundo hombre fuerte y valido fue Fernando de Valenzuela (1671 a 1676), quien carecía de condiciones para el manejo público, hombre salido de la picaresca, y depuesto por el joven rey y su hermano bastardo don Juan José de Austria, a quien se impone como primer ministro (1677 a 1679). Inteligente y capacitado para el gobierno, pero intrigante y enemigo de la reina-madre, contó con el apoyo de la grandeza y de la iglesia, y falleció a los tres años.

Son años de una penuria general, con descontentos y un pueblo desesperanzado. Como dijimos en febrero de 1668 se había firmado el tratado de paz con Portugal, y se iniciaron levantamientos en Italia, y dentro de España en Cataluña y Andalucía. En los Países Bajos fuerzas francesas ocupan varias ciudades, y el rey “Sol” pretende la herencia del imperio español, especulando con la incapacidad y falta de herederos del monarca.

Mientras en Asunción del Paraguay, a mediados de 1675 quedaba cesante del gobierno Felipe Rege Corvalán. En Madrid por diciembre de ese año se desarrollaba la peor crisis palaciega para deponer al arribista y valido Valenzuela protegido de la insensata reina-madre, y con mucha voluntad asume el gobierno el enfermo y enclenque Carlos II, que contaba solo catorce años. Todos los pronósticos de un corto reinado salieron fallidos. El esforzado Carlos II dos veces contraerá matrimonio sin conseguir sucesión y regirá España hasta octubre de 1700.

Sobre el rey “Hechizado”, afirma Claudio Sánchez-Albornoz: “triste imagen de la España al garete, sin místicos, sin pensadores, sin artistas, sin hombres de ciencia, sin políticos, y hasta sin capitanes. Debilidad, infantilismo y estulticia en el principe; la nación en lo más hondo de su crisis, derrotas y humillaciones más allá de las fronteras, y dentro de ellas, arribistas, pronunciamientos, intrigas, Europa repartiéndose con fruición nuestros despojos anticipadamente...-. (1)

 

 

 

II

FINIS TERRAE PARAQUAIENSE

 

A mediados de enero de 1671 se tuvo noticias en Asunción que venía viajando por Santiago del Estero en el Tucumán, Felipe Rege Corvalán, nombrado gobernador del Paraguay. De familia chilena había militado en el ejército en España y volvía a América, vía Lima por el istmo panameño. Tuvo nombramiento por real cédula dada en Madrid el 24 de abril de 1669. Como era costumbre, el cabildo de la ciudad dispuso que varios capitulares viajaran hasta Santa Fe para recibir al nuevo mandatario. La comitiva partió a fines de enero, y estaba compuesta por el alcalde mayor Lázaro Vallexo Villasanti, el alférez real Roxas Aranda, los capitanes Juan Cavallero Bazán, Salvador Marecos y Pedro de Asurza, y el alférez Juan de Encinas y Mendoza. Aquél fue un verano de muchas lluvias que continuaron durante todo el invierno. Con recibimientos popularés desde el puerto de la Frontera, y caminando la comitiva oficial bajo “ramadas” dispuestas por el camino, Rege Corvalán y Castilla llegó a Asunción el día 13 de abril. El cabildo y regimiento de la ciudad previo juramento de fidelidad, le recibió como gobernador y capitán general. Su antecesor Juan Diez de Andino le puso en posesión entregándole la insignia y el bastón. (2)

La provincia del Paraguay gozaba de relativa paz, ya que durante el anterior gobierno habían escarmentado a los guaicurús. Los payaguás y mbayás estaban constante mente vigilados a través de las riberas de los ríos Paraguay y Jejuí. Casi olvidados estaban los terribles días de persecuciones y destierros que soportaron la mayor parte de los vecinos de la ciudad en la revolución de 1649. Pero ahora vivían angustiados por las crecientes rebeliones y ataques de los indómitos indígenas, que soportaban desde el gran alzamiento de los indios de Arecayá, ocurrido en 1660. Asunción y sus valles comarcanos vivían en pie de guerra, y no en balde en los documentos de época, mencionan a la capital como "ciudad y plaza de armas, cabeza y metrópolis de estas fronteras... “Quedó en el olvido y solo es historia el ampuloso título de otrora: “Asunción cabeza de las provincias...” (3).

En la última noche del año 1671, indios de diferentes parcialidades atacaron simultáneamente Tapuá-guasú, Tacumbú y Lambaré. Unos meses antes, el castellano del presidio de Tacumbú, capitán Antonio Cañete previendo un asalto, solicitó armas para su defensa. A pesar del ataque general, al día siguiente el primero de enero de 1672, sesionó el cabildo para elección de autoridades, y por permanecer sitiada la ciudad, el ayuntamiento no volvió a reunirse hasta los primeros días de marzo. Fueron dos largos meses en que Asunción quedó aislada del resto de la provincia.

A partir de este acontecimiento en que fracasaron las defensas, se iniciaron constantes ataques que soportaron los vecinos durante varios años. En junio fue sitiado y asolado el pueblo de Tobatí, a pesar de estar amurallado y defendido por su castellano el capitán Domingo Verdejo de Rojas. A los pocos días fue liquidada una patrulla de veinte soldados en el cercano valle de Tapuá. El 17 de julio fue recibido y aceptado por el cabildo el capitán Diego de Yegros como oficial de la real hacienda. Al mes siguiente el gobernador Rege inicia un viaje a Villa Rica, para visitar los yerbales y pueblos de indios Je la provincia del Mbaracayú. Durante el mes de setiembre penetrando por el río Jejuí, los payaguás atacaron el pueblo de Atyrá matando a más de cien personas entre ellos a su capellán. Incendiaron el pueblo y robaron una custodia y vasos sagrados de la liturgia. Con ayuda y socorros del teniente de gobernador de Villa Rica pudieron escapar seiscientos naturales, y se refugiaron en montes y en los pueblos de Guarambaré e Ipané. Posteriormente, los tres pueblos de indios cambiaron de asiento, Atyrá se estableció en la cordillera y los otros dos al sur de Asunción. (4)

Los nuevos capitulares electos para el año 1673 fueron Martín de Orue de Zárate y Juan de Encinas y Mendoza para alcaldes ordinarios, Esteban Benítez y Pedro de Cáceres y Vera alcaldes de la hermandad. El gobernador permaneció ausente de Asunción durante nueve meses, regresando recién el 20 de marzo. A pesar de las amenazas y asechanzas de los indios, el cabildo dispuso que continuasen las obras públicas, la reconstrucción de la capilla de Santa Lucía, muy popular en la provincia por la cantidad de enfermos de los ojos, y la construcción  del hospital. También aprobaron reedificar la iglesia de San Roque en sitio vecino a donde estaba, asignándole el solar reservado para la órden de los gerónimos, ya que los frailes no se establecieron. El 12 de julio el gobernador Rege viajó a las “reducciones” de guaraníes al sur de Tebicuary y el Paraná. Luego informó al rey “haciendo elogios a la administración temporal y espiritual de los padres de la Compañía de Jesús”., recomendando enviasen de España veinte nuevos religiosos. (5)

La intranquilidad fue cundiendo en los espíritus de los vecinos de Asunción, pues se hacían más cotidianos los ataques de guaicurús y mbayás, y no se tomaban medidas para la defensa y protección de los pobladores de los valles circunvecinos, quienes debían abandonar sus chacras trasladándose a la ciudad. En la elección para capitulares del año 1674, por ruego del gobernador fue designado alcalde del primer voto el anciano don Fernando de Avalos y Mendoza, y los señores veinticuatro eligieron al capitán José de León y Zárate para alcalde del segundo voto, y como procurador general a don Pedro de Orrego y Mendoza. El gobernador designó teniente de gobernador de la provincia a Pedro Sánchez De Loria vecino de la ciudad de Córdoba del Tucumán.

Los indios revelados continuaron atacando los alrededores de la ciudad de Asunción. En abril dieron muerte a ocho vecinos en sus chacras del valle de la Frontera. El 20 de agosto el alcalde León y Zárate se despidió y emprendió viaje a Charcas, reemplazándole el alférez real Roxas Aranda. Luego de la partida de León y enterado el gobernador de su cometido, “injurió a los capitulares y otros individuos... “En el Chaco hubieron movimientos sospechosos de guaicurúes y mbayás, durante el mes de septiembre. El gobernador movilizó la mayor parte de las fuerzas disponibles y con mil quinientos indios auxiliares efectuaron una entrada al Chaco, recorriendo más de sesenta leguas sin resultados positivos, ya que no se toparon con ninguna parcialidad indígena que les hiciera frente. El cabildo del 19 de diciembre había pedido al gobernador facilitara cincuenta indios segadores, porque en el valle de Tapud ha quedado desiertas muchas chacras y en ellas muchos trigales, porque sus dueños fueron muertos a mano de los indios.” (6)

El primer acuerdo del cabildo de 1675 presidió el gobernador  y   fueron electos para alcalde del primer voto el general don Pedro de Orregoy Mendoza, del segundo voto el capitán Juan Cavallero Bazán, ayudantes de alcalde de la hermandad Juan Santos de Almada y el capitán Juan de Fleitas, y procurador general el maestre de campo don Pedro de Valdivia y Brizuela, “el     viejo”.         El      teniente       de      gobernadorSánchez      de Loria, a fines de abril viajó a Santa Fe, y por encargo del cabildo llevó una partida de quinientas arrobas de yerba para comprar caballos y reponer la caballada robada por los indios rebeldes. El 12 de junio estando “enfermo” el gobernador, se presentó al ayuntamiento Juan Arias de Saavedra, teniente de gobernador de Corrientes y nombrado juez pesquisidor por la audiencia de Charcas, para seguirle causa por los capítulos puestos por José de León y Zárate. Inmediatamente inició las averiguaciones con declaraciones de testigos, dejando cesante al gobernador Rege Corvalán y decretando su prisión.

 

 

III

EL CABILDO – GOBERNADOR INFORMA AL REY

 

El informe del cabildo-gobernador, se inicia dando cuenta de la prisión del gobernador Rege Corvalán, por los capítulos puesto por León y Zárate ante la audiencia de la Plata. Afirman que a pesar de la denuncia y de un informe del ayuntamiento efectuado en 1674, “no ha resultado socorro ninguno de los Tribunales de este reino”, y solo se removió interinamente al inepto y contemplativo gobernador. En vista de ello el cabildo-gobernador presidido por don Pedro de Orrego y Mendoza, decide dirigir su queja y pedidos directamente al rey Carlos II.

La primera parte del largo documento, narra los ataques de los indios guaicurús, payaguás y mbayás, y la negligencia de Rege en la administración y defensa de la provincia. De los indios que siempre están al asecho de la ciudad, hacen un detallado informe, dicen que no tienen pueblo asentado, ni “lavores ni asistencia conocida sino vagueando con sus esteras ranchos portátiles de unas partes a otras, desnudos sin otro embargo que el manejo de las armas que usan a pie y a caballo, siendo en la agilidad incontrastables en tierra y agua, sufridos en la sed y hambre, y todas inclemencias, pasan cuantos ríos caudalosos se le oponen...” . En sus asaltos salen por diferentes partes a nuestras tierras sin ser sentidos por tener estas costas cuarenta leguas abiertas...” . Es una descripción veraz del valor de los indios enemigos. Los asuncenos debían guardar a su costa, toda la ribera de esas cuarenta leguas mencionada sobre el río Paraguay, que tenía doce precarios fuertes o castillos como les llamaban en lenguaje militar, además de hacer continuas rondas por los valles comarcanos. Al norte estaba el de Tapuá-guasú, al este Capiatá y Pirayú, y al sur Tacumbú, Lambaré, la Frontera y el valle y campo de Guarnipitán. Hoy parece increíble el escaso territorio que dispusieron los paraguayos en el último cuarto del siglo XVII.

Plena conciencia de la gravedad de la situación y de una posible destrucción de Asunción tenían los vecinos del Paraguay. Amargados se quejan de la “negligencia e ignavia” del imprudente gobernador. Los capitulares no ocultan su indignación por el descrédito en que habían caído las armas provinciales, preocupados por “la conservación desta provincia tan principal de los Reynos de su Magestad, freno de tantas naciones infieles que la cercan, y que se han defendido y conservado con tanta gloria crédito y reputación ele las armas catolicas, poblada conquistada y pasificada de tantos caballeros mayorazgos y personas calificadas...”

Todos los individuos del ayuntamiento son paraguayos de cuarta y quinta generación, a excepción de don Francisco Martínez del Monge, se sentían orgullosos de ello y estimaban como glorioso el comportamiento de sus mayores. Recuerdan que aquellos “derramando su sangre y perdiendo sus haciendas y vida, en que con el mismo celo continuando sus hijos y descendientes, teniendo en grande veneración y reputación el crédito de las armas de su Magestad, no solo por la conveniencia particular de esta Provincia, sino para la conservación de las provincias del Rió de la Plata y Tucumán, y aun el resto de las del Perú y Santa Cruz de la Sierra, porque mediante el afán y trabajo incesante de los vasallos de esta Plaza, que a su costa la sustentan sin ningún premio, sueldo ni ayuda de costa, haciendo frente y oposición a tan innumerables naciones belicosas que la cercan, en defensa común de los catolicos de este Reino, padeciendo trabajo insuperable, calamidad, hambre y desmanes, de tal manera que si esta Provincia se perdiera es cierto padeceraán la misma ruina las Referidas...”.

Dentro de ese aislamiento no se quebraron ni entregaron, y fueron conscientes del papel que desempeñaban. No solo debían guardarse de alzamientos y rebe liones indígenas en el Chaco y en el norte, fueron los únicos custodios de la marca hispánica en el este. Estaban perdidas para siempre las extensas provincias del Guairá, Ñuarás, y el Itatín. Por su tenacidad en la guarda de la frontera con los portugueses paulistas, se pudo contenerlos en el Mbaracayú, y se convirtieron en los campeones de la marca española en el centro de América, y fueron los eternos olvidados por la corona a quien dieron todos sus afanes.

En el informe al monarca, concretamente solicitan ser socorridos con “trescientos soldados pagados de los reinos de Castilla”, con suficientes piezas de artillería y to da clase de armas. Piden que se pague la dotación militar en las cajas de la “real hacienda” de la ciudad de Asunción, “con orden expresa de que para este efecto entren en ellas los tributos de las provincias del Paraná, Uruguay y los pueblos de Caaguasú y Aguaranambí”, por ser parcialidades sometidas por sus antepasados. Como socorro solicitan cincuenta mil pesos para realizar las primeras jornadas militares y los vecinos paraguayos ayudarán “con sus personas y los que tuvieren caudal con la mayor cantidad posible”, como siempre lo hicieron. Suplican al rey nombre gobernador experto en disciplina militar y conocimientos en la defensa y usos del país.

Afirman que sojuzgada la rebelión de los indios, y puesta en orden la administración de gobierno, “volviendo en sí las fuerzas y haciendas de esta plaza”, podrán los paraguayos dedicarse a nuevos emprendimientos, y “se unirán las fuerzas esparcidas de los españoles abriéndose camino por ellas al Perú, Tucumdn y Santa Cruz de la Sierra”. Sin duda estaban vigentes las ideas de Irala, del adelantado Torres de Vera y Aragón, y nuestro Ruy Díaz de Guzmán, que se mantendrá hasta finales del siglo XVIII, con el juicioso y realista Agustín Fernando de Pinedo. La idea se mantuvo flotante en la mente de los paraguayos desde el siglo XVI, como lo prueba el documento que comentamos.

Insiste el cabildo-gobernador de 1675, que de no concretarse la pacificación podrán perderse las provincias del Paraguay y del Río de la Plata, “por ser estala llave princi pal y freno del mayor número de los enemigos de este reino y frontera de los mamelucos de el Brasil”... Efectivamente a pocos meses de hacer esta afirmación, la andariega Villa Rica recibirá otro rudo ataque de destrucción y dispersión en la región del Mbaracayú y Curuguaty en febrero de 1676, por parte de los portugueses, y la frontera con el Brasil reculará aún más.

La segunda parte del documento analiza detalladamente la competencia comercial entre la provincia del Paraguay y las “reducciones” de guaraníes que dirigían los padres de la Compañía de Jesús y otras órdenes religiosas. Que es donde surgen descontentos de los vecinos paraguayos, y que fueron causa y efecto determinante de la revolución de los “comuneros” de mediados del siglo XVII, y la próxima guerra “comunera” que dislocará al Paraguay entre los años 1721 y 1735, además de otros levantamientos posteriores aun no estudiados.

Por la unión de las coronas de España y Portugal (1580-1640), la política española con respecto a América, fue abandonar y dejar al garete a los vecinos de las extensas provincias del Paraguay y Guairá. Encomiendan la “reducción” de los indios guaraníes de la región paranaense a los misioneros jesuitas, que en pocos años crearon varios pueblos en tierras de Ciudad Real, Villa Rica y Santiago de Jerez. Tácitamente surgen dos provincias paralelas, que son dos Paraguay. Y se inicia la rivalidad entre el Paraguay civil cada vez más contreñido en sus fronteras, población y desarrollo y el “Paraguay Catholico”, regido por los padres de la Compañía de Jesús, que obtienen de audiencias, virreyes, consejo de Indias, y del mismo soberano, gracias y concesiones a costa de territorios y parcialidades indígenas conquistadas y ganadas por vecinos del Paraguay. Los portugueses de San Pablo realizan contínuas “bandeiras”, que culminan en 1632 con la destrucción definitiva y dispersión de la rica provincia guaireña, por la que tanto lucharon Irala, Melgarejo, Riquelme, Ruy Díaz de Guzmán y cientos de anónimos vecinos de sus ciudades.

En el detallado informe se expresa: “Y porque una de las causas principales de la corta fuerza de esta plaza y la general pobreza de los vasallos de ella, es la usurpación del patrimonio del beneficio y comercio de la yerba llamada del Paraguay que pertenece a los españoles de esta provincia destinada y situada para su permanencia por los antiguos pobladores y conquistadores de ella en virtud de sus privilegios, así por no haber sido comercio de los naturales ni tener minerales ni otros efectos, como porque los frutos de esta Provincia demas de ser muy tenues y accidentales no tienen saca alguna para otras partes, y la que tiene de azucar y tabaco es tan corta por lo accidental de sus cosechas que se puede reputar por ninguna, demas de ser generos que abundan en otras partes”...

Afirma el cabildo-gobernador: ... “en cuyo dominio y señorío legitimo se hallan los españoles de esta Provincia, con posesión continuada de mas de ciento y cuarenta años”, siendo propiedad irrevocable confirmada no solo por los privilegios de las dichas conquistas sino por las reales ordenanzas de esta dicha Probincia, y una real cédula de veinte y seis de febrero de mil quinientos cincuenta y siete, de que le impusieron derechos de estancos en los beneficios de la dicha yerba que pertenecen a los propios de esta ciudad, en que ha sido amparada por la dha real Audiencia de La Plata por provision librada a su favor en cinco de julio de mil seiscientos veinte y siete; y diferentes autos de este gobierno y la visita general del señor licenciado don Andres Garavito de León del orden de Santiago, oidor que fué de la dha real Audiencia siendo gobernador y visitador de esta Provincia "...

Los capitulares dejan constancia: “sin que otra Probincia, ciudad, ni lugar de este reino, la haya beneficiado ni comerciado desde el dicho tiempo, ni antes de el, sino los españoles de esta Provincia por la carrera y comercio de este río Paraguay, precediendo como para sus beneficios, licencia de este gobierno segun las reales ordenanzas y la costumbre perpetuada, en que nos hallamos no solo en razon de los dichos beneficios y comercio sino en los dichos estancos que se pagan sin exceptuación ninguna, asi por los mercaderes, tratantes y contratantes como por los vecinos y moradores de esta ciudad y la dicha villa”, (Villa Rica), “sin que los naturales de ninguno de los pueblos, partidos y provincias de este gobiero la hayan beneficiado y comerciado jamas por razon de trato y contrato, antes ni despues de las dichas conquistas”...

El informe hace expresa alusión a la Compañía de Jesús: “Y constandole como les consta a los religiosos doctrinantes jesuitas de las provincias del Paraná y Uruguay, del uno y otro derecho, propiedad y señorío que nos toca y pertenece, así por el tenor de las reales ordenanzas, cédulas, provisión y autos reféridos, y de la posesión quieta y pacifica en que hemos estado y estamos sin contradicción alguna de los dichos naturales, ni los religioso, ni otra persona  alguna eclesiastica ni secular, juez ni prelado”

Expresan los capitulares, que los doctrineros jesuitas, “se introdujeron a beneficiarla y comerciarla de su privada autoridad por la carrera y río del Parana, con los indios de las dichas provincias del Paraná y Uruguay, so color del real de a ocho de tributo que pagan a su Magestad los dichos indios, en contravención de todas las prohibiciones referidas y despojo violento de nuestro derecho en perjuicio común y daño irreparable de esta republica, de que ha resultado el menoscado del comercio de losseculares y mercaderes, que ya no suben a esta Provincia con la frecuencia que solían, por la baja tan grande que ha dado el dicho genero de la yerba que los dichos doctrineros jesuitas benefician y comercian, que habiendo empezado a bajar alguna de ella antes de los dichos tributos con nombre de caaminí que quiere decir yerbesita, porque la acomodan en sestillos pequeños la conducen ya hoy en tercios que se venden en la ciudad de Santa Fe”...

Recuerdan que “por diciembre del año setenta y principios del setenta y uno, informó por duplicado a la dicha real audiencia de Buenos Aires, pidiendo se nos amparase en el derecho y posesión del dicho nuestro patrimonio, y de dichos estancos, y como no tuvimos dineros para paga de letrado y procurador que solicitase este negocio en aquella corte, causa porque siempre ha padecido esta república tremendos daños, no fuimos oidos”.

Alarmados los capitulares asuncenos, ante la noticia de que los doctrineros de la Compañía de Jesús ganaron una provisión permitiéndoles beneficiar y comerciar anualmente doce mil arrobas de yerba, “para paga de tributos de sus feligreses”, apelan ante el rey Carlos II y su consejo de Indias, si es que se expidió dicha provisión, “sin citación nuestra y sin habersenos oido ni dado expediente”, careciendo los naturales paranás y uruguayos de privilegios para pagar estancos, diezmos y alcabalas, como pagan los vecinos del Paraguay e indios originarios. Sostienen que no pueden dejar de usar la carrera del río Paraguay, para efectuar pagos de tributos y contribuir como les corresponden a la “obras públicas de esta República”. Destacan que los indios misioneros tampoco contribuyen en la defensa provincial, y cuando lo hicieron una vez, demostraron tener “corta disciplina militar", molestando y perturbando a los indios comarcanos. Exigen los capitulare que dentro de las “reducciones” se habiliten tesorero de la real hacienda que sea vecino de Asunción, para control y percepción de los impuestos.

Afirma el cabildo-gobernador que con el ejemplo de los padres jesuitas, los religiosos doctrinantes franciscanos de los pueblos de Yuty y Caazapá empezaron a beneficiar yerba y bajan por el río Tebicuary en balsas cargadas de yerba y azúcar, cometiendo irreparables perjuicios a la provincia del Paraguay. Denuncian que religiosos y eclesiásticos llegan a la provincia con ropas y mercaderías, y “venden por terceras manos y como pueden, a trueque de yerba, azúcar y tabaco”, evitando de esta forma impuestos en, perjuicio de la real hacienda y comerciantes del Paraguay. Expresan que en el último año de 1674, de éste modo lo hicieron: el provincial de Santo de Domingo con 5 balsas que ocuparon 86 indios, el de San Francisco con 3 balsas con 38 indios, el de la Merced con 3 balsas con 32 indios, el visitador del obispado del Río de la Plata, clérigo de Buenos Aires “que sin tener mas negocio que el de sus mercaderías está para llevar con su compañero”, 4 balsas con 40 indios. Todos ellos además de no pagar impuestos, infligen una bula papal y una real cédula que prohibe la salida de los indios de sus pueblos, quienes generalmente no vuelven, quedándose en el Río de la Plata, Tucumán y otras partes. Por ello acuerdan “se informe para que se abstengan los dichos eclesiásticos y dejen el comercio libre que les toca a los seculares, y para su remedio se ordene expresamente no puedan bajar ni bajen arriba de una balsa ninguno de los provinciales y visitadores de las religiones y conventos de esta provincia, ni otro ningún eclesiástico.”...

Los capitulares ponen especial atención sobre la educación para los jóvenes provincianos, solicitando ayuda y promoción. Dicen que hay gran falta de clérigos “capaces y de letras”, con gran perjuicio en la educación y formación de la juventud. Afirman que “los religiosos de la Compañía de Jesús demas de que a título de colegio poseen haciendas muy pingues y considerables de ganados, lavores, esclavos, posesiones y tierras, gozan de renta consignada para sustentar seminario, lean en las escuelas que tienen en esta ciudad, tres facultades de gramatica, artes y teología”... Solicitan que los religiosos mejoren la enseñanza de leer y escribir medianamente a algunos niños, por “con leer una corta gramatica con tanto descuido, que rara vez sale sujeto capas a poderse ordenar de sacerdotes, porque los demas de los que se ordenan siempre necesitan de acabar sus estudios, con algunos religiosos en los conventos de esta ciudad”...

Ruegan que los religiosos hagan “este beneficio y caridad a los vasallos de esta república donde hay y se hallan ingenios y habilidades capacisimas para todo genero de artes liberales y general aplicación e ingenio... “Recuerdan que todas las órdenes religiosas que tienen conventos en Asunción, incluyendo a la Compañía de Jesús cuentan entre sus religiosos” con muchos sugetos naturales de esta ciudad, que dan lustre, honra y reputación, acreditando a su patria en pulpitos y concursos de cátedras. Considerando que la universidad de Córdoba del Tucumán, se hallaba tan lejana solicitan se otorgue “facultad real para que se den grados en las escuelas de esta ciudad en las dos facultades de artes y teologiá, a que ayudarán los vecinos de esta república con lo que pudieren para que los dichos religiosos tengan todo lo necesario, y quedará reconocida a este beneficio con sumo agradecimiento”.

El día 4 de julio de 1675 el cabildo-gobernador, nombra como su procurador general al capitán don Juan González Alonso de Guzmán, quien fue teniente de gobernador de Villa Rica, para que viaje a la villa y corte de Madrid. Se agregan como apoderados a don José González de Guzmán, don Diego Ignacio de Córdoba y Bernardo de Aparicio vecinos de Madrid. Y en el acto hacen entrega del informe y poder a don Juan González Alonso de Guzmán. Especialmente le recomiendan “que nos ampare en la propiedad y poseción del segundo punto de ella”. El principal asunto es el grave problema sobre la explotación de la yerba-mate y sus impuestos, Por último solicitan al gobernador del Río de la Plata, don Andrés de Robles licencia y permisión para que pueda embarcarse el apoderado general de la ciudad de Asunción, en los navíos que se harán a la vela el próximo mes de octubre con destino a España.

Por falta de escribano, el de gobernación y cabildo estaba inhabilitado por juicio de residencia, los capitulares firmaron ante don Pedro de Orrego y Mendoza, quien presidía el cabildo-gobernador. Lo hicieron el alcalde del segundo voto Juan Caballero Bazan, y los regidores o señores veinticuatro Rodrigo de Roxas Aranda, don Francisco Martínez del Monge, Juan Cabrera de Ovalle, don Gabriel Riquelme de Guzmán y Antonio González Freire. Actuaron como testigos el maestre de campo Lázaro Vallexo Villasanti, don Francisco de Ledesma Valderrama y Francisco Ortíz de Vergara. Para el traslado de copias firmaron como testigos Juan de Herrera y Abreu y Francisco Ortíz de Vergara.

La primera parte del informe que se refiere a la situación de la provincia y al gobierno de Rege Corvalán, fue redactada en base a lo capítulos que puso León y Zárate al gobernador Rege. Confirma nuestra impresión, Juan Francisco Aguirre quien trae un extracto en su Diario, tomados de apuntes del P. Baptista, quien a su vez trasladó de la “capitulación original que vió en los libros de la ciudad”.

En la redacción de la segunda parte, juntamente con la de Orrego y Mendoza y demás capitulares, participó y siguióse la opinión de León y Zárate, como las de los influyentes vecinos Lázaro Vallexo Villasanti y Pedro de Valdivia y Brizuela. La escritura del manuscrito original y sus copias corrió por cuenta de Francisco Ortíz de Vergara, quien en años posteriores actuará de escribano público, y en esta oportunidad rubrica el documento como testigo, juntamente con don Francisco de Ledesma Valderrama y Juan de Herrera y Abreu

 

 

IV

PORTUGAL INVADE EL PARAGUAY

 

Después de tres desafortunados años de gobierno, Rege Corvalán quedó cesante el primero de julio de 1675, por disposición del juez pesquisidor Arias de Saavedra. El día 3 de julio se hizo cargo del gobierno el cabildo de la ciudad, tomando “las mas eficaces providencias”. Los alcaldes ordinarios Orrego y Mendoza, y Cavallero Bazán quedaron a cargo del gobierno civil, encomendando los asuntos militares al experimentado maestre de campo Lázaro Vallexo Villasanti. El día 15, el anciano general don Pedro de Valdivia y Brizuela como procurador general intimó al padre Chavarría rector del colegio de la Compañía de Jesús, la prohibición de sacar indios guaraníes de sus pueblos. El deán de la catedral de Asunción Dr. don José Bernardino Servín, el 2 de julio elevó al rey un informe contrario a la administración del gobernador Rege. Durante el mes de agosto el cabildo-gobernador comunicó al ayuntamiento de Villa Rica, que por pertenecerle los derechos del estanco de la yerba-mate, todo beneficio en los yerbales debía ser autorizado desde Asunción.

El gobierno remitió copias del informe del 4 de julio al virrey del Perú y al presidente de Charcas. El 15 de septiembre el cabildo-gobernador informó el rechazo de dos nombramientos de teniente de gobernador que había designado Rege, a don Fernando de Avalos y Mendoza por ser asunceno, y a Francisco de Avalos y Mendoza natural de Buenos Aires, por parcial del depuesto gobernador. Dejan constancia de los agravios que hizo Rege a “los capitulares de este cabildo, caballeros y vecinos de esta ciudad, por escrito y de palabras, judicial y extrajudicialmente, con palabras y clausulas de escarnio y vilipendio”...

Durante el mes de septiembre los guaicurús y mbayás acamparon frente a la ciudad, pretextando “asentar paz y dar rescates”, averiguada sus intenciones no era otra que atacar y asaltar la capital; inmediatamente se aprestaron todas las armas disponiéndo hacer una entrada al Chaco por el paso de "poitagüe". Ademas se limpiaron montes y matorrales en los arrabales y en los corrales de la ciudad, desde donde asechaban y espiaban guaicurús. (7)

El juez pesquisidor Arias de Saavedra, el 12 de junio había iniciado juicio al gobernador Felipe Rege Corvalán guardando prisión en la ciudad, posteriormente fue despachado a Santa Fe. Desde allí Rege escribió al rey, acusando al pesquisidor de excesos y violencias, y que con los señores del cabildo armaron una conjuración cuya consecuencia fue su prisión. Decía Rege que su acusador José de León y Zárate era hijo de Sebastián de León, que tantos daños había ocasionado al Paraguay cuando los disturbios entre el obispo Cárdenas y los jesuitas, que había entrado a saco a la ciudad Asunción cometiendo graves delitos que aún se debatían en la audiencia de la La Plata. (8)

El primero de enero de 1676 el cabildo presidido por el general Orrego y Mendoza eligió a los capitulares anuales, siendo electos alcaldes ordinarios Rodrigo de Roxas Aranda y Alonso Fernández Montiel natural de Santa Fe y avecindado en la ciudad. (9) Por carta del presbítero Juan de Zárate, el 20 de febrero tuvieron noticias del ataque de los "mamelucos" paulistas a Villa Rica y los pueblos de la zona del Mbaracayú. Por la gravedad del suceso al día siguiente el cabildo-gobernador y militares celebraron junta de guerra, disponiendo el inmediato envío de una expedición compuesta de cuatrocientos soldados y setescientos indios auxiliares, al mando del ex-gobernador Diez de Andino. El ataque se había realizado el 14 de febrero y dirigía la “bandeira” Francisco Pedroso Xavier. Asolaron los pueblos de Terecañy, Ybirápariyara, Candelaria y el puerto de Mbaracayú en la naciente del Jejuí. La mayoría de los vecinos de la villa se encontraban en los yerbales, y los portugueses exigieron al teniente gobernador la entrega de todas las armas que disponían. El resto de vecinos que estaban en la villa tuvo que abandonar la población. Repartidos los “bandeirantes” en columnas, realizaron la caza y recoluta de los indios de los pueblos. El licenciado don Alonso Riquelme de Guzmán presbítero y cura de pueblo de Ibirápariyara, pudo rescatar setenta indios de ese pueblo y trasladarlos a Asunción.

La expedición de Diez de Andino se encontró con los portugueses en el Mbaracayú el 19 de marzo, y tras una breve refriega exigió la retirada a los “bandeirantes”. Quienes llevaron como botín cuatro mil indios al Brasil, dejando destruida Villa Rica y asolados sus cuatro pueblos. Sobre el ataque portugués, anota Rafael Eladio Velazquez: “Tan completo desastre constituye a no dudarlo, la culminación de la crisis”... “todo el Norte y el Nordeste quedaban abandonados y el area poblada, restringida al mínimo jamás conocido”... Mientras en Asunción la escasa fuerza militar disponible tuvo que enfrentar varios ataques de los guaicurús y payaguás, donde participaron eclesiásticos, estudiantes, esclavos, negros y mulatos, ayudados por pocos ancianos e indios encomendados que se encontraron. (10)

El fiscal de la audiencia de Buenos Aires, Ibañez de Farias estuvo en Asunción para informarse sobre la crisis de aislamiento y la situación militar y sus medios de de fensas, recorrió fuertes y presidios sobre la ribera del río Paraguay, tomó pareceres de varios militares e informó al consejo de Indias. Rege Corvalán desde Santa Fe volvió a escribir al rey el 13 de marzo, comentando el ataque portugués al Paraguay y afirmaba que los doscientos vecinos de Villa Rica “nada hicieron para defender” a los pueblos de indios, y anunció su próximo viaje a Asunción vía las misiones jesuitas del Paraná. Al mismo tiempo el cabildo-gobernador dio cuenta al consejo de Indias, sobre el ataque de los “bandeirantes” y el envío de la expedición auxiliadora, vuelven a solicitar ayuda de armas, soldados y goberndor competente. En mayo de aquel año Rege, ya se encontraba en San Ignacio-guasú con los padres de la Compañía de Jesús. Diez de Andino con parte de su ejército volvió a Asunción y el 24 de mayo informaba al rey y al consejo de Indias sobre su actuación contra los portugueses. (11)

 

V

CAPITULARES VERSUS GOBERNADOR

 

En junio de 1676 estaba de regreso en Asunción el gobernador Rege, y por disposición del fiscal de la audiencia bonaerense Ibañez de Faria se trasladó al pueblo de Itá donde prosiguió su causa, quien le sobreseyó de los cargos imputados por los vecinos de Asunción y dictaminados anteriormente por el juez pesquisidor Arias de Saavedra. La mayoría de los cargos se referían a su deficiente actuación militar, pero el nuevo juez los habría hallado disculpables. Ya en posesión del gobierno, desde el 19 de octubre, Rege volvió a presidir los acuerdos del cabildo de Asunción. A fines de noviembre informa a la corona de su restitución, lamentando la pérdida del comercio de la yerba-mate por el ataque paulista que destruyó los pueblos de indios. Acusó de “pusilanimidad” a la gente de la tierra, agregando que la defensa fue infructuosa por la dilación del socorro enviado desde Asunción. Opinión que contrasta con la inmediata desición del cabildo-gobernador, aprestando la expedición de Diez de Andino. (12)

El virrey del Perú, conde Castellar se dirige al monarca desde Lima el 23 de octubre de ese año sobre el juicio contra Rege, y aconsejaba sea relevado del cargo de gobernador. Con todos los antecedentes del ataque e invasión portuguesa contra el Paraguay, el consejo de Indias celebró en Madrid en agosto de 1678 una junta de guerra, que resolvió pedir explicaciones al príncipe don Pedro de Portugal, y al mismo tiempo dar gracias a Diez de Andino por su campaña contra los paulistas. También se aprobó la guerra contra la confederación de indios rebeldes guaicurús, payaguás y mbayás. Una real cédula fue despachada desde San Lorenzo del Escorial el 20 de octubre de 1678 para don Juan Diez de Andino, “aprovando lo que obró en el socorro de gente conque salió a impedir la invasión que dieron los portugueses en la provincia del Paraguay, dándole las gracias por el cuidado y la brevedad co lo dispuso” ... (13)

El obispo fray Faustino de Casas llegó a Asunción en noviembre de 1676, tomando posesión de su sede el día 3 de diciembre. Informó sobre el estado de la diócesis, afirmando que encontró una catedral muy pobre y casi en ruinas, un clero en su mayor parte ignorante, y que algunos eclesiásticos abandonaron la provincia. Velázquez en su estudio sobre la iglesia y educación en el Paraguay colonial, cita a varios religiosos paraguayos que mantuvieron el prestigio de la iglesia paraguaya.

El año 1677 se inició con la elección de autoridades del cabildo secular, saliendo electos por alcaldes ordinarios el maestre de campo don Pedro de Valdivia y Brizuela y el capitán Juan Ortíz de Zárate. El gobernador Rege en carta del 28 de enero informó, “que cada día están los de la ciudad de peor calidad” ... quejándose que los del ayuntamiento se oponen a sus dictámenes. Afirma que los motores son los alcaldes ordinarios Valdivia y Brizuela y Ortíz de Zárate, el alférez real Rodrigo de Roxas Aranda, el alcalde provincial de la hermandad don Pedro de Valdivia y Brizuela “hijo del primer alcalde”, el fiel ejecutor y regidor Juan de Vargas Machuca a quien en su ausencia el cabildo le nombró por sargento mayor de provincia, Pedo Vallexo Villasanti regidor y nombrado maestre de campo, el que oficiaba de alguacil mayor don Francisco Martínez del Monge, los regidores don Gabriel Riquelme de Guzmán, Antonio González Freire, Juan de Encinas y Mendoza y Juan de Brizuela, “y un Patiño de Haro que reeligieron este año por procurador, perniciosísimo a esta república”... Además de Lázaro Vallexo Villasanti “á quien levantaron por capitán a guerra” y Juan Cavallero Bazán alcalde del año anterior. Don Pedro de Orrego y Mendoza se hallaba en Villa Rica. Dice Rege: “estos son los que tienen perdida la república y si no los castigan o no los sacan de ella, no tiene su Magestad que enviar gobernador” ... (14)

En la festividad de la patrona de la ciudad, el 15 de agosto y en misa mayor ante la presencia del gobernador, el cabildo en pleno, vecinos, militares, y gran concurso de eclesiásticos y pueblo, fray Miguel de Espinoza predicó el sermón atacando violentamente a los vecinos feudatarios y su trato a los indios encomendados. A los dos días en sesión del cabildo, se exigió al gobernador no volviera a permitir que se repitan las expresiones del fraile franciscano, pues no se tolerará “incitar con semejantes calumnias, tumultos que puedan redundar de agravios y quejas a los subditos”... Afirmaron los capitulares que el fraile lo hizo amparado de su inmunidad eclesiástica, sintiéndose sorprendidos que haya sido un franciscano, quienes conocen las costumbres y tratos de los vecinos paraguayos con los indios. El gobernador respondió que estaba “presto a usar en el caso de los medios que mas convengan”... El ayuntamiento ordenó a su procurador que inicie causa legal ante el obispado “en todos grados e instancias” ... (15)

A mediados de septiembre había llegado al puerto de Buenos Aires una buena partida de armas de fuego, plomo, pólvora y herramientas enviadas por la corona como ayuda al Paraguay. Se comisionó al maestre de campo Antonio Cavañas Ampuero, para que con varias balsas viajara hasta Santa Fe y de allí a Buenos Aires y trajera la partida de armamentos con las precauciones del caso. El gobernador Rege escribió el 2 de octubre de 1677 un detallado informe al rey, afirmando que los vecinos ya no pueden beneficiar yerba-mate, por la desaparición de los pueblos de indios del Mbaracayú. Decía que los padres de la Compañía de Jesús estaban autorizados a beneficiar y exportar doce mil arrobas de yerba anuales, para pagos de tributos. Doce mil arrobas equivalen a 136.200 kilos. Terminaba el informe expresando: “habiendo quedado los Padres dueños absolutos de este comercio”.... y proponía al rey el desestanco de la yerba. Como sabemos ese privilegio gozaba la ciudad de Asunción. El consejo de Indias nada determinó sobre la propuesta. (16)

El 2 de noviembre el gobernador Rege solicitó opinión a los capitulares para fundar dos villas o poblaciones; una cercana al castillo de San Ildefonso arriba del Peñón,

y otra al sur de la ciudad en el valle de Guarnipitán en el lugar conocido como Tobatí, donde 37 años después se fundó Villeta. Proyecto aprobado y no realizado. En sesión del 24 de diciembre el cabildo hizo un balance de las obras públicas realizadas durante el año, habiendo sido el principal objetivo la defensa y guerra contra los indios rebeldes, por ello fueron escasos los fondos destinados a obras públicas. Sin embargo, se inició la reparación de la   sacristía de la iglesia catedral que amenazaba ruina, se contruyeron dos puentes sobre la plaza mayor, se reedificaron los cubos del castillo de San Yldefonso de Tapuá y me mudó al presidio de San Miguel. Solicitaron ayuda a los vecinos para reconstruir la casa del cabildo, ya hacía dos meses la planta alta amenazaba ruina. Recordaron al gobernador la necesidad de efectivizar el beneficio de yerba robado a principios de año, destinado para cubrir fondos de “propios” de la ciudad.

Las autoridades capitulares elegidas para el año 1678, fueron el capitán Domingo Verdejo de Rojas y el sargento mayor Antonio Cañete, y para alcaldes de la santa hermandad agregados al propietario, salieron electos los capitanes Isidro de Roxas Aranda y Esteban Benítez. Con aprobación del cabildo y previa consulta al obispo Casas y teólogos, sin efectuar el previo requerimiento como exigían las leyes de Indias, el gobernador Rege preparó una celada contra los guaicurús: el 20 de enero el maestre de campo Francisco de Avalos y Mendoza dió el golpe, fingiendo una ceremonia amistosa, provocó una matanza donde perecieron 600 indios. En las actas del cabildo, consta que todos los miembros estuvieron con las armas en la mano, y suponían que fueron muertos “todos o los mas de los agresores” guaicurús. (17)

En el acuerdo del cabildo del 16 de mayo de 1678, Rege Corvalán presentó carta del virrey del Perú, referente a la no aceptación por los capitulares a Francisco de Ava los y Mendoza, nombrado teniente de gobernador en 1675. El gobernador exigió la aceptación, siendo Avalos recibido al día siguiente. Los indios payaguás bajaron del alto Paraguay, y amenazantes acamparon frente a la ciudad, se redoblaron las rondas, se alistaron canoas, y custodiaron portones “que se hicieron para la defensa de la ciudad, pues los enemigos infectaban costas y tierras aledañas”.

En la elección del primero de enero de 1679 presidida por Rege, solo asistieron dos alcaldes y cuatro regidores. extrañado el gobernador por la inasistencia de los demás miembros, se le comunicó que no habían recibido confirmación real. Es notorio que a pesar de los buenos términos en el trato oficial, los capitulares resistían al gobernador. Los payaguás que dominaban los ríos, con guaicurús y mbayás, durante la noche del 16 de enero asaltaron el presidio de Guiray, invadieron chacras y cautivaron a seis cristianos. El día 21 se recibió pedido de socorro de Tobatí, que a pesar de estar fortificado con empalizadas, fue atacado y cercado por los indios.

El cabildo dispuso el 15 de mayo, que en Villa Rica ya asentada en el paraje de Espinillo, antiguo puesto sobre el río Curuguaty, se perciba el cobro del estanco de la yerba por cuenta del ayuntamiento de Asunción, pues se había dejado de cobrar desde la invasión portuguesa de 1676. A la entrada de la primavera de 1679, los vecinos de Asunción aún soportaban una terrible creciente del río Paraguay, las sementeras estaban perdidas y se quejaban de miseria. Luego apareció una peste de calenturas con mortandad de vecinos. Por carecer de fondos el cabildo mandó hacer sacas extraordinarias en los yerbales, y se repararon los fuertes de Santa Rosa de Tobatí y San Antonio de la Frontera, además de fortalecer el de San lldefonso de Tapuá. A los pobres de la ciudad se les repartió carne y yerba.

Por sugerencias del obispo Casas del Paraguay, el consejo de Indias solicitó pareceres al virrey, a los arzobispos del Perú y Charcas, y al presidente de la Plata, sobre la conveniencia de suprimir la sede paraguaya, y agregarla al obispado de Buenos Aires. Al unísono informaron oponiéndose al proyecto, y aconsejaron ayudarla y fortalecerla. Mientras en el Paraguay continuaba la guerra indígena, al finalizar 1680 guaicurúes y payaguás asaltaron el valle Tapuá, “quedando desierta las tierras más fértiles de la comarca...” , con el eminente peligro de la pérdida del cercano valle de Capiatá. A una consulta del gobernador Rege, el ayuntamiento aconsejó poblar inmediatamente con doscientas familias de españoles el paraje de Caapucú sobre la ribera del Paraguay, con ello se podría controlar y defender el paso y campos de Arecutacuá. Para ayuda de la nueva población sugirieron trasladar a los indios amigos del pueblo de Atyrá y poblar junto a los españoles, y quedarían “dándose la mano el uno al otro”... En el mes de noviembre los guaicurúes volvieron a incursionar en las chacras de la Frontera. En junio de 1681 la audiencia de Charcas informó al rey sobre la necesidad que tenían los vecinos de Asunción y Villa Rica de la explotación de la yerba-mate, opinaban que los pueblos del Paraná y Uruguay a cargo de los jesuítas, solo deberían exportarlo necesario y dejar a los paraguayos la explotación de los yerbales, “pues es el principal fruto del Paraguay, que si les falta no tienen a que apelar"(18)

El presidente de la Plata como el virrey peruano, fueron partidarios de ayudar y fortalecer a la provincia paraguaya y no abandonarla como algunos funcionarios pretendían. Fueron conscientes que los vecinos del Paraguay eran constantes sostenedores y defensores de la marca hispánica en el este. Al ataque portugués contra Villa Rica en 1676, le sucedió la ocupación de la isla de San Gabriel en el estuario platense, con el fortalecimiento de la Colonia del Sacramento. Era necesario preservar al Paraguay y el Río de la Plata de la contínua expansión portuguesa, pues habían perdido para siempre el litoral atlántico y las provincias de Guairá en tierras paranaenses, y la de Itatín en el Alto-Paraguay.

A fines de juniode 1681 se recibió una real cédula dada en Madrid el año anterior. Se imponía a la provincia del Paraguay un nuevo impuesto de medio peso de plata por cada arroba de yerba que se enviara a vender para el consumo en Santa Fe y Buenos Aires, y un peso de plata por arroba de yerba destinada al Perú y Tucumán. Los capitulares del cabildo obedecieron la real cédula, y en cuanto a su cumplimiento, expresaron que “su Magestad no está informado del tiempo presente en que corre en la ciudad de Santa Fe la moneda de la yerba, que baja de esta provincia a ella, donde no halla quien la compre a dos pesos de plata por la arroba, y solo se permuta por ropa algunas veces a veinte reales y otras a diez y ocho”... En el año 1664 la yerba valía en Santa Fe seis o siete pesos de plata la arroba, pero por el masivo envío efectuado por los jesuitas de las “reducciones” del Paraná, se cotizaba en 1681 solo a dos pesos por arroba. Los impuestos que desde 1664 pagaban son los siguientes: primero la alcabala de la ropa, segundo el derecho a la romana al embarcar la yerba, tercero cuatro reales de flete por cada arroba, cuarto en Santa Fe vuelven a pagar las alcabalas y romanas; sin contar las pérdidas por averías de la navegación y destara natural. El ayuntamiento expresó, que aplicando los nuevos impuestos, comercialmente “quedaraán fallidas y sesará totalmente el trato con esta provincia” ... Al paralizarse el comercio de la yerba-mate, la real hacienda dejará de percibir, y tampoco habría con que pagar las rentas eclesiásticas. El cabildo resolvió estudiar detenidamente, y luego contestar su aceptación o apelar al rey. (19).

El verano de 1681 transcurrió bajo constantes amenazas de ataques de los indios enemigos. Desde hacía más de diez años los vecinos vivían con las armas a cuesta y listos los caballos. Desde los mangrullos situados en las barrancas, la guardia de la ciudad oteaba hacia el Chaco. Observaba los movimientos y asenchazas del terrible guaicurú y a los veloces marineros payaguás. Se fortalecieron las defensas y redoblaron las rondas. En general 1681 fue un año más depresivo que los anteriores. A la pobreza se sumó el hambre, pues prácticamente quedaron abandonadas chacras y sementeras. En varios acuerdos del cabildo del mes de setiembre, dejaron constancia que la ciudad estaba “infestada de peste de que muere mucha gente”... culpaban a la “suma pobreza” y miseria de la población. Primero dispusieron el faenamiento de diez vacunos semanales para repartir carne a los más menesterosos, a los pocos días se agregaron ochenta arrobas de yerba. Como la gran pestilancia no aflojaba apelaron a abogados celestiales, con rogativas públicas y novenarios, que culminó con una “procesión de sangre” a la virgen de la Soledad, para la que se anotaron cantidad de “disciplinantes”. Terminada la ceremonia religiosa, a los flagelados les sirvieron una “refección de vino” y refrescos (20).

El 9 de octubre de 1681 fue recibido por el “cabildo justicia y regimiento” de la ciudad, el nuevo gobernador Juan Diez de Andino. Siempre un cambio de gobierno fue grato para los paraguayos. Andino tuvo nombramiento dado en Buen Retiro el 23 de abril de 1679, en reemplazo del expedido anteriormente a Juan de Morales Betancur quien no ejerció. Entregado su título y nombramiento, y previo juramento de fidelidad, pasó a ejercer por segunda vez el gobierno de la provincia del Paraguay. Su primer gobierno fue feliz (1664-1671), demostrando valor, templanza y justicia. El primero de enero de 1682, luego de la elección de los alcaldes anuales y con asistencia del gobernador, los capitulares resolvieron apelar ante el rey Carlos II su real cédula del 26 de febrero de 1680, relacionada con los nuevos impuestos sobre la yerba-mate. Otorgaron poder al procurador general Pedro Domínguez de Ovelar, Pedro del Casal y Sanabria, Pedro de Lencinas, y Juan Dominguez Pereiro, los cuatro naturales y vecinos de Santa Fe, relacionados al Paraguay por casamientos, y en el caso de los hermanos Domínguez por estrechos lazos de sangre de abuelos paraguayos. La redacción del texto defendiendo los intereses de la provincia, estuvo a cargo de José de León y Zárate, uno de los hombres de más predicamento del Paraguay del último tercio del siglo XVII.

 

 

 

EPÍLOGO

 

Nada concreto sabemos de la suerte del informe y defensa de los derechos de la provincia paraguaya. Habría ido a parar entre los abarrotados expedientes que espera ban su estudio y alguna resolución en el consejo indiano. Los últimos gobernadores de aquel siglo fueron más cuidadosos y dedicados en la administración de la cosa pública, pero la terrible crisis fue superada gracias al esfuerzo de nuestros paraguayos.

El mecanismo de la administración española nos deja ver que pese a la enorme autoridad que tuvieron los gobernadores en las provincias americanas, el poder real y consejo de Indias contó con un control de peso que fueron sus cabildos. Esa enorme autoridad de gobernadores en provincias alejadas de audiencias y cortes virreinales en que la distancia hacía casi absoluta su autoridad, tenía su contrapartida en el “juicio de residencia”, en que el sesante gobernador debía responder al final de su mandato, a las acusaciones de sus gobernados.

Esta forma de ejercicio en la defensa de sus derechos, prevaleció durante el reinado de los reyes hispano-austríacos. En el siguiente siglo con el advenimiento de ladinas tía francesa, se impondrá la peluca, y el poder real será aún más centralista. Al final de la revolución de los “comuneros”, en el cabildo asunceno perderán su predominio los patricios paraguayos. Pero el concepto de sus derechos y apetencias de libertad perdurará en su sangre que transmitirán a sus hijos.

El patriciado paraguayo tuvo carácter abierto e igualitario, por herencia y talante castellano. No fue un grupo de familias estrictamente neofeudal, como se dieron en estas latitudes americanas. Existió un régimen señorial asentado sobre encomiendas de muy corto números de naturales, rodeado de una masa campesina y mestiza plenamente libre, que respondió y se identificó con la clase dirigente o de ciudadanos. Los señores y campesinos libres fueron celosos de sus tradicionales libertades. Libertades heredadas de las viejas “comunidades” castellanas que durante la baja edad media controlaron políticamente a la realeza. En el caso paraguayo los mayores enfrentamientos serán con la Compañía de Jesús, también celosos defensores de sus “reducciones” de guaraníes en sus utópicas misiones.

Manorá, octubre 1983.

 

 

BIBLIOGRAFÍA PRINCIPAL Y FUENTES DOCUMENTALES

 

1       Juan Francisco Aguirre: Diario, T II segunda parte. Bs. Aires 1950.

2       Colección general de documentos tocantes al Ilmo. Sr. Dn. Fr. Bernardino de Cárdenas. T I y II Madrid 1768.

3       Colección general de documentos tocantes al Dr. Dn. Joseph de Antequera y Castro. T III Madrid 1768

4       Ruy Díaz de Guzmán: Anales del descubrimiento, población y conquista del Río de la Plata. Asunción 1980.

5       Lope García de Salazar: La bienandanzas e fortunas. T IV Bilbao 1967.

6       Juan Carlos Garcete: Cuadros genealógicos, inédito.

7       Francisco Henríquez de Jorquera: Anales de Granada. Granada 1934.

8       Jesuitas e bandeirantes no Guairá. Siglo XVI. Documentos de la colección de Angelis. Sao Paulo.

9       Ricardo de Lafuente Machain: Conquistadores del      Río de la Plata, Bs. Aires 1937 y 1943; Los Machain. Bs. Aires 1926. 10 Pedro Lozano S.J.: Historia de la conquista del Paraguay. Bs. Aires 1873; Historia de las revoluciones de la provincia del Paraguay. Bs. Aires 1905.

11 Marques de Lozoya: Historia de España. T V Barcelona 1977

12     Pablo Pastells S.J.: Historia de la Compañía de Jesús en la provincia del Paraguay. Madrid 1918.

13     Roberto Quevedo: La Asunción del 1600 en dos padrones inéditos As. 1966; Antequera historia de un silencio As. 1970, Francisco Ortíz de Vergara gobernador del Río de la Plata y su linaje en el Paraguay. As. 1982.

14 J.P. y W.P.Robertson: Letters from Paraguay. Londres 1838

15 Dionisio Rodruejo: Castilla la Vieja, T.I. Barcelona 1973.

16     Claudio Sánchez - Albornoz: España un enigma histórico. Bs. As. 1956.

17     Jorge Serrano Rdonnet: Escrituras santiagueñas de 1643 en el archivo de Buenos Aires: los Valdivias y Brizuela. Córdoba 1976.

18     Rafael Eladio Velázquez: Un antecedente próximo de la revolucíón comunera del Paraguay; La población del Paraguay en 1682. As. 1972; La sociedad paraguaya en la época de la Inde pendencia As. 1976; La revelión de los indios de Arecayá en 1660. As. 1965; Formas especiales de sustitución de gobernador en el Paraguay. As. 1973; Elección de fray Bernardino de Cárdenas en 1649. As. 1973; Iglesia y educación en el Paraguay colonial. As. 1976; Alonso Fernández Montiel un santafecin en el Paraguay. As. 1976; Los Yegros en la historia del Paraguay. As. 1981.

19     Actas capitulares del cabildo de Asunción, inéditas. Diversos expedientes de la Sección Historia, Sección Propiedades y Testamentos y Sección Nueva Encuadernación, citados en las notas. Archivo Nacional de Asunción.

20     Archivo de la iglesia de San José: libros de bautismos y matrimonios.

 

 

 

 

INDICE GENERAL

 

Prólogo

I        España e Indias

II       "Finis terrae paraquanyense

III      El Cabildo-gobernador informa al rey

IV     Portugal invade al Paraguay

V       Capitulares versus gobernador

VI     Semblanzas de ciudadanos asuncenos

1. Don Pedro de Orrego y Mendoza

2. Juan Cavallero Bazán

3. Rodrigo de Roxas Aranda

4. Juan Cabrera de Ovalle

5. Don Gabriel Riquelme de Guzmán

6. Antonio González Freire

7. Lázaro Vallexo Villasanti

S. Don Pedro de Valdivia y Brizuela “el Viejo”

9. Don Pedro de Valdivia y Brizuela “el Joven”

10. Juan de Encinas y Mendoza

11. José de León y Zárate

Epílogo

Informe y poder del cabildo de Asunción.

Bibliografía principal y fuentes documentales

Indice onomástico

Indice topográfico

Indice general

 

 

 

ROBERTO QUEVEDO

nació en Asunción el 11 de junio de 1931. Realizó sus estudios primarios en el colegio San José de Asunción, y los superiores en la ciudad de Buenos Aires. Su vocación por los estudios históricos truncó sus estudios universitarios de arquitectura. Realizó varios años investigaciones en diferentes archivos de Asunción, Santa Fe, Corrientes, Buenos Aires, Córdoba, en Bolivia, y varios archivos de España. Su especialidad es el período hispánico de la historia paraguaya.

Lleva publicado varios trabajos, monografías y libros en Asunción y el extranjero. Entre otros: Villa Real de la Concepción y su fundador, Villa Real en los días de la Independencia; La Asunción del 1600 en dos padrones inéditos; Antequera, historia de un silencio. (biografía); Los saltos del Guairá, 1524 -1632; y Francisco Ortíz de Vergara, conquistador y gobernador del Río de la Plata. Inició la publicación de obras de historiadores primitivos del Paraguay colonial, con; Anales de descubrimiento, población y conquista del Río de la Plata del primer historiador y escritor paraguayo Ruy Díaz de Guzmán, edición crítica hecha en base al códice de Asunción, con tres estudios sobre la personalidad del autor. Continuando con la serie, dirigió y publicó el Derrotero y viaje al Río de la Plata, del germano Ulrico Schmidl, conquistador y primer cronista platense.

Actualmente preside la Academia Paraguaya de la Historia. Es miembro de numerosas academias americanas y correspondiente de la Real Academia de la Historia de Madrid. Es director del Instituto Paraguayo de Estudios Genealógicos y Sociales “Ruy Díaz de Guzmán”.


 

NOTAS

(1) C. Sánchez Albornoz: España: un enigna histórico. T. II.

(2) Actas capitulares de Asunción A.N.A.; Los hermanos Robertson 142 años después, en 1813, recorrieron el mismo trayecto entre la Frontera y Asunción, haciendo una deliciosa descripción en sus "Letters fron Paraguay ".

(3) Actas capitulares de Asunción A.N.A. 20

(4) Actas capitulares de Asunción A.N.A.; y R.E. Velázquez: La población del Paraguay en 1682

(5) Actas capitulares citadas; y P. Pastells: Historia de la Compañía de Jesús en la provincia del Paraguay. T. III.

(6)    Actas capitulares citadas A.N.A.; 1. F. Aguirre: Diario T. 11; y R. 1.. Velázquez: La población del Paraguay en 1682.

(7)     Actas capitulares citadas A.N.A.

(8)     P. Pastells: Historia de la Cía. de Jesús en la Pcia. del Paraguay, T. II.

(9)     R. E. Velázquez: Alonso Fernández Montiel un santafecino en el Paraguay,

(10) Actas capitulares citadas A.N.A.; R. E. Velázquez: La población del Paraguay en 1682.

(11) P. Pastells: Historia de la Cía. de Jesús en la Pcia. del Paraguay, T. III; y Actas capitulares citadas.

(12) Idem nota anterior

(13) P. Pastells: Historia de la Cía. de Jesús en la Pcia. del Paraguay, T. III.

(14) P. Pastells: Historia de la Cía. de Jesús en la Pcia. del Paraguay, T. III

(15) Actas capitulares citadas A.N.A.

(16) Actas capitulares citadas A.N.A.; P. Pastells: Hlstoria de la Cía. de Jesús en la Pcia. del Paraguay, T. III.

(17) J. F. Aguirre: Diario, T. II, 2da. parte; P. Lozano: Hist. del Paraguay, T. III; R. E. Velázquez: La población del Paraguay en 1682; y Actas capitulares de Asunción. A.N.A.

(18) P. Pastell: Historia de la Cía. de Jesús en la Pcia. del Paraguay; Actas capitulares citada A.N.A.

(19) Actas capitulares del cabildo de Asunción A.N.A.

(20) Actas capitulares de Asunción A.N.A.

 

 

 

 

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