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TOMAS DE LOS SANTOS


  LA REVOLUCIÓN DE 1922 – TOMO I (TOMAS DE LOS SANTOS)


LA REVOLUCIÓN DE 1922 – TOMO I (TOMAS DE LOS SANTOS)

LA REVOLUCIÓN DE 1922 – TOMO I.

Autor: TOMAS DE LOS SANTOS.

Editorial EL LECTOR,

Tapa LUIS ALBERTO BOH,

Colección Histórica Nº 12

Asunción – Paraguay

1984 (208 páginas)

 

PRÓLOGO

A sesenta y un años del término de la revolución que se iniciara en mayo de 1922, sobreviven muy pocos protagonistas de ese trágico paréntesis de dolor y sangre abierto en el pueblo paraguayo. Fuera de los apellidos que la historia ha recogido, así como de algunas acciones que la tradición oral registra de aquella lucha entre hermanos, la revolución de Chirife - como da en llamarse en mérito al jefe militar sublevado - ha quedado convertida apenas en relatos inconexos, como un hecho lejano e ignorado, al que nadie, con razón, querría regresar.

Muchas razones explican el desconocimiento presente respecto de la más prolongada guerra intestina que se desarrolló en suelo paraguayo desde que el país adviniera a la vida independiente. Y acaso el argumento de mayor peso haya sido la escasa bibliografía editada entonces y después sobre este fenómeno social que en su momento alcanzó un grado de brutalidad sin paralelo, a pesar de que luchaban entre sí dos sectores identificados con la misma divisa política del Partido Liberal.

La insubordinación militar que con apoyo civil se declarara en mayo de 1922 y epilogara en julio de 1923 tras un segundo e infructuoso asalto revolucionario a la capital, fue la culminación de un viejo proceso de rivalidades que arrancó cuando en diciembre de 1904 el Partido Liberal desplazó del gobierno a la dividida cúpula del Partido Colorado, que ejerciera la hegemonía política de la República ya desde antes de la fundación de la Asociación Nacional Republicana en 1887. Con el primer día de instalación del gobierno liberal, de resultas del Pacto del Pilcomayo suscripto a finales de 1904, cívicos y radicales se enfrentaron con la misma vehemencia con la que juntos habían luchado contra su rival común, el Partido Colorado.

La nucleación marginada del gobierno de la República, la A.N.R, que no se mantuvo al margen de los entreveros políticos, participaría también de la mayoría de las asonadas militares y de las sublevaciones que signaron los años de 1905 hasta 1912, el período más inestable de cuantos ha conocido la República. A su término, el 15 de agosto de 1912, una figura caudilla aparecía en el escenario: Eduardo Schaerer. Hombre de arrastre cívico, de convicciones enérgicas, y siempre dispuesto a aceptar el auxilio de quien fuere para lograr sus propósitos, Schaerer inauguró un mandato de estabilidad y se convirtió pronto en la figura clave en torno de la cual giraría la política gubernista.

Sin haber podido evitar las conspiraciones durante su gobierno de cuatro años - como la que condujo al levantamiento del 1° de enero de 1915 - no sorprendió que fuera el primer ciudadano civil en concluir su período constitucional y entregar, en agosto de 1916, la banda presidencial a su sucesor Manuel Franco, ciudadano austero como pocos. Pero Schaerer, por la dinámica propia de su presencia, seguiría gravitando en el escenario y no vería con buenos ojos la creciente popularidad de figuras jóvenes del partido, que escapaban a su control, una de las cuales brillaba con luz propia: José Patricio Guggiari.

Esta circunstancia explica en parte los sucesos posteriores. Desaparecido Franco en 1919, el doctor José P. Montero completa el mandato en su carácter de Vice Presidente. En 1920 los radicales llevan por segunda vez a la primera magistratura a Manuel Gondra, secundado por el doctor Félix Paiva en el cargo de Vice Presidente. Dubitativo y poco dispuesto a hacer valer con energía su cargo, Gondra no puede ante la manipulación de fuerzas políticas que no controla. El sábado 21 de octubre de 1921 el entonces Senador Eduardo Schaerer subleva con apoyo de sus partidarios el Batallón de Guardia Cárceles y el Departamento de Policía, forzando la dimisión de Gondra y su ocaso político definitivo.

Eran los prolegómenos de la que sería la rebelión de mayo de 1922. Renunciante Manuel Gondra y haciendo causa común con éste su Vice Presidente, las Cámaras Legislativas con mayoría schaerista designan como nuevo Presidente al doctor Eusebio Ayala, quien pronto se desentiende de Schaerer e impone su autoridad como no lo había hecho Gondra, escogiendo entre sus colaboradores a varios ciudadanos no identificados con Schaerer. Marginado el viejo luchador y birlándosele la preeminencia política liberal, la situación le dictaba, la toma de medidas de fuerza. Contando con amplio apoyo en el Parlamento, mueve los hilos de una sutil trama, poniendo en aprietos al gobierno que no podía consolidarse falto de apoyo político ante la mirada expectante del Ejército, al que Schaerer había sabido cortejar con éxito.

"El 12 de mayo de 1922 -señalábamos en un anterior estudio presentan sus renuncias al presidente Eusebio Ayala los doctores Alejandro Arce, Eligio Ayala, Eliseo Da Rosa y Rogelio Ibarra, que ocupaban respectivamente las carteras de Relaciones Exteriores, Hacienda, Justicia, Culto e Instrucción Pública e Interior. Por su parte, J. Gualberto Cardús Huerta y el doctor Félix Paiva rehusan aceptar dos nuevos ministerios. Por decreto del mismo día el Batallón de Guardia Cárceles (que había sublevado Schaerer en 1921) pasó a depender del Ministerio de Guerra, perdiendo el del Interior autoridad sobre el mismo En Asunción, por esa fecha, se realizaba una convención del Partido Liberal en su fracción schaerista o “saco mbyky”, abiertamente opositora al gobierno, El día 22 de mayo el presidente Eusebio Ayala veta, de acuerdo con sus atribuciones constitucionales, una ley legislativa llamado a elección de electores para designar Presidente y Vice Presidente de la República. El veto provoca la reacción militar de la zona de Paraguarí al mando del Coronel Adolfo Chirife, al que se pliega de inmediato la fracción schaerista del Partido Liberal (que abandona la capital para unirse a la revolución), así como la zona militar de Concepción al mando del Teniente coronel Francisco Brizuela, la de Villarrica a cargo del coronel Pedro Mendoza y un destacamento militar de Encarnación. El 29 de mayo de 1922 Eusebio Ayala retira apresuradamente el veto, pero ya es tarde. Las fuerzas rebeldes se concentran en Campo Grande y entran en contacto con las gubernistas dirigidas por el coronel Manlio Schenoni. El 9 de junio de 1922 llevan un violento ataque sobre la capital; para entonces, ya los barrios considerados vulnerables por el "Ejército Constitucional" (revolucionario) se hallaban atrincherados y custodiados tenazmente. Tras varias horas de lucha, los atacantes se retiran a Paraguarí a fin de reorganizarse. Así fracasa el primer intento de tomar Asunción, el que se repetiría, ya en condiciones muy desfavorables para los sublevados, un año después".

La revolución había estallado con toda crudeza y el andamiaje montado por el coronel Schenoni desde la creación de la Escuela Militar en 1916 para la formación de un Ejército profesional, se desmoronaba como nunca antes. La lucha, planteada en términos del caudillismo personalista de Schaerer por un lado y de un creciente cuestionamiento hacia su persona de parte del ala radical del Partido Liberal conformado por la juventud por el otro, condujo, con visible injerencia militar y también de militantes colorados, a una insensata guerra civil, que definió posiciones y subordinó a su término por vez primera desde 1870 el elemento militar al civil en el Paraguay, período que con altibajos habría de durar hasta febrero de 1936, para no volver después sino esporádicamente.

Tomás de los Santos, que se había iniciado en el periodismo a finales de siglo escribiendo en "La Pluma Joven", era por entonces ya un redactor experimentado y a su vez ferviente partidario del gobierno de Gondra y Ayala. Consecuentemente había tomado partido en favor de éstos y profesaba escasa simpatía hacia Schaerer. Cuando de los Santos escribió el primer volumen de su obra sobre la revolución de 1922, con el título de "Relato de los principales acontecimientos de la revolución 1922", no se había definido aún el futuro político de la República. Contagiado con la realidad que se vivía, de los Santos puso en las páginas de su trabajo la vehemencia y la pasión propias de aquellas circunstancias. Como epílogo, el autor insertó algunas consideraciones que los años han desvirtuado, señalando que "somos los primeros en reconocer la ninguna importancia de esta pretensa obrita, carente en absoluto del más mínimo valor literario, sin la pretensión, menos aún, de la más humilde contribución histórica. No lleva pretensión a nada, confesión que quizás huelga, pero que no está demás manifestar a los que nos lean". Con parecida modestia, de los Santos afirma al final del segundo tomo de la misma obra, ahora titulada "Efemérides de la rebelión de los coroneles Chirife y Mendoza", que "seremos los primeros en reconocer las muchas deficiencias de que adolece esta obrita, que no aspira ciertamente a la pretensión de ser un libro... Tiende, diremos, al reconocimiento de las acciones y de los actos bélicos o militares de quienes se sacrificaron y expusieron sus vidas en defensa de la libertad y de los principios que informan nuestro régimen democrático".

A pesar de estas, auto consideraciones poco favorables, su obra ha sido en extremo descuidada en nuestra bibliografía. Carente, es cierto, de una relación muy conexa de los acontecimientos, tiene el mérito de la rigurosa cronología y la contrapartida de la falta de la perspectiva de los años, que con seguridad habrían hecho variar a su autor más de un enfoque, explicación o análisis elaborados en caliente, cuando los hechos apenas venían de darse y se carecía de todos los elementos para un juicio más ecuánime. No conocemos empero trabajos adicionales del autor, que hayan podido completar esta presumible omisión.

Con el paso de los años, la revolución de 1922 y 1923 quedó parcialmente en el olvido y muy pocos quisieron volver a revivirla en páginas de historia. Acaso sea ésta la explicación de la escasez de material escrito sobre ella, edito una vez sosegadas las pasiones. El presidente Eligio Ayala, que reemplazó al Dr. Eusebio Ayala poco antes del término de la lucha, contribuyó ya desde su presidencia constitucional (1924-1928) a echar un manto de olvido sobre aquella infeliz aventura. Dictó una oportuna ley de amnistía y 'la rebelión fue pronto olvidada. Los militares participantes en el bando derrotado no recuperaron su escalafón sino cuando en 1932 la Patria convocó a todos sin distingos para la guerra. El sector civil, en cambio, se reintegró sin mayores dificultades y Schaerer volvió a gravitar en la llanura. Prueba de ello, la fundación del diario "La Tribuna", el última día de 1925, apenas dos años y medio del final de la trágica guerra civil.

Transcurridas seis décadas desde que Tomás de los Santos diera a conocer su relación sobre la revolución de 1922/23, a través de "El Lector" se publica por vez primera una segunda edición de ella. Excepción hecha de las ilustraciones, que en su mayoría no conservan buena nitidez, los dos tomos llegan al presente con el mismo sabor y parecida dosis de emotividad con que fueron escritos. Los muchos documentos reproducidos, perdidos casi todos en los diarios de la época, añaden un elemento objetivo a dos volúmenes que, como muy pocos, han desaparecido casi íntegramente de los anaqueles. Impresos en precariedad de medios en la vieja Imprenta Trujillo, aún existente en Asunción, sólo algunos ejemplares de la edición original han llegado a nuestros días.

La versión de Tomás de los Santos, por encima de la posición pro gubernista asumida por él, tiene el valor de las obras duraderas. Es un relato escrito con sencillez y conocimiento vivencial, aunque con escaso rigor gramatical. Es el aporte más valioso a la bibliografía paraguaya respecto de los largos meses de la revolución de 1922/23. Su reedición rescata del olvido páginas a la vez tan próximas y tan desconocidas de nuestra historia política: Este es, a nuestro criterio, su gran mérito.

ALFREDO M. SEIFERHELD

 

 

 

 

BREVE RELATO DE LOS PRINCIPALES ACONTECIMIENTOS DE LA REVOLUCIÓN DE 1922

LIGERA EXPOSICIÓN DE ANTECEDENTES

 

La anarquía de 1911-12 y el triunfo de la revolución radical, hizo creer a todos que el período de las luchas intestinas, en el que tanta sangre se vertiera, se había cerrado en definitiva.

El período anárquico y sus consecuencias reparables e irreparables habían de ser aleccionadores. En efecto, la abundante sangre que se derramara, el aniquilamiento económico del país y el estancamiento de su progreso, debían considerarse cosas demasiado graves para reincidir en tales hechos, si aún animaba un átomo de patriotismo a los hombres de gobierno, a los directores de los partidos políticos y al ejército.

Pero, no. A los hombres poseídos de insanas ambiciones, de inextinguible sed de predominio y lucro personal, no hay consideraciones que les detengan en la desatentada carrera de dar satisfacciones a sus instintos primarios y bárbaros.

La Constitución, los principios sagrados e imperativos que la informan y que regulan el orden institucional, nada han respetado, respetan ni respetarán. La suerte, el porvenir moral y económico de la República, los mandatos irrevocables del patriotismo, la moral política son para los schaeristas y sus secuaces; nada más que mitos: para los llamados sarcásticamente MAYORIA RADICAL y CONSTITUCIONALISTAS...

¡Lo han probado! ¿Qué mayor testimonio que la última criminal y antipatriótica sedición chirifista?

Aunque existe, sin duda, una correlación de hechos entre las varias convulsiones políticas pronunciadas en nuestro país desde la revolución de 1904, no cabe en nuestro propósito determinarla, pues reconocemos no poder alimentar la pretensión de hacer historia, vanidad muy superior a nuestras débiles fuerzas, sino un brevísimo relato de cada acción militar librada durante los 3 y pico de meses que se sostuvo la sedición que acaba de ser, por fin, completamente aniquilada por las esforzadas fuerzas legales.

Pero, por más pobre y humilde que, naturalmente, reconozcamos ha de resultar este relato, en no menor grado podemos saber que es de rigor ineludible un exordio: de ahí estas líneas que la preceden y palabras que van a moda de una ligera e ilativa exposición de antecedentes, si así se nos permite llamarla.

La raíz o el germen de la venenosa planta de la sedición, fenómeno vulgar de nuestra incipiente democracia que en 12 años hizo crisis, habría que ir a buscarlo en el triunfo de la revolución radical de 1912 y su primer transcendental resultado: la culminación política de don Eduardo Schaerer y su elevación a la presidencia de la República.

Schaerer fue, según todas las probabilidades, el factotum de aquella gran rebeldía armada. Su iniciador, el hombre que financió los medios de llevarla a cabo.

No queremos ahora juzgar desde el punto de vista de la moral política, la forma y el fondo de aquella gestión financiera, en su letra descontada a muy subido interés sobre el triunfo revolucionario. Ella pudo haber empalidecido algo el brillo de la causa, en su bandera reivindicatoria enarbolada con el lema de regeneración... desde que el país hubo de cargar con el perro muerto del costo de la patriada.

Como quiera que sea, la paz y el orden prometidos, a cuya sombra benéfica resurgirían todas las fuentes vivas de la prosperidad nacional, moral y económica, valían muchísimo más que aquella y no era cosa de hacer hincapié en escrúpulos más o menos.

Pero las esperanzas fundadas en tan patrióticos augurios, fueron defraudadas en menos tiempo de lo que razonablemente se podía esperar, desde la ascensión de Schaerer al solio presidencial.

No vamos a analizar sus actos ni a juzgar los procedimientos de su pésimo gobierno, cosas que nos llevaría muy lejos y que no caben además en nuestro plan tan diminuto.

Baste decir, supuesto que nadie lo ignora, que todo lo empeoró en grado máximo su funesto gobierno. La economía nacional, el cambio monetario que, hasta durante la revolución se sostuvo al 1550 % subió al 4000 % y pico; la moral administrativa, etc., etc., todo se derrumbaron con un estrépito sin nombre... Si algo hubo más intolerable que la propia anarquía fue el supuesto GOBIERNO DE ORDEN de Schaerer, surgido del caos, pero vuelto a la sima de todas las inmoralidades. El no tuvo ni tendrá precedentes, pues hasta la perversión de los hombres tiene sus límites...

La elección del doctor Franco, como sucesor, fue impuesta por el Partido, por más que Schaerer fingiera hipócritamente aceptarlo con... complacencia.

Ella significaba una reacción, una muda protesta contra las inmoralidades, los despilfarros y las arbitrariedades del anterior desgobierno, pues los hombres sanos y honrados del Partido, veían inminente su descomposición, de continuar tal estado de cosas intolerables.

Luego recordaréis, el gobierno ejemplar y progresista del doctor Franco y aquel mal entendido que estuvo a pique de derrocarlo.

El fue simplemente una intentona subversiva planeada por Schaerer, por más que últimamente él y sus adláteres hayan querido traspasar el fardo, precisamente a los que impidieron la ejecución de aquel complot imprudente y nonato.

La inesperada muerte del doctor Franco, dio origen a variadas versiones respecto a su causa, como el de envenenamiento, etc., aunque, naturalmente, nada hubo de sacarse en limpio... pero con el reemplazo del doctor Montero que se hizo cargo del P. E., Schaerer volvía a tomar la sartén del poder por el mango, como árbitro de la situación entonces imperante.

Luego vino la cuestión suscitada por la candidatura de don Manuel Gondra, unánimemente prestigiada no sólo por el Partido Radical sino por todo el país.

Schaerer maniobró en la sombra y bajo cuerda pretendió una oposición imposible. Varias vanas tentativas en algunas comisiones de la campaña, comprueban esta aseveración.

Impotente ante el gran prestigio del ilustre estadista, honra y columna granítica del Partido Liberal y la aclamación universal con que fue recibida la proclamación de su nombre, no tuvo otro remedio que doblegar entonces, por segunda vez la cerviz y aceptar tácitamente la imposición de los hechos.

Gondra en la Presidencia de la República, representaba la regeneración efectiva, moral y económica, del país. Su gobierno honesto se orientaba hacia el progreso, la implantación de la moral administrativa, el imperio de la justicia y el respeto por el derecho.

Tan laudable régimen constituía un obstáculo a las ambiciones inconfesables de Schaerer y su círculo y no tardaron en mostrar sus pretensiones de crearle dificultades en varios sentidos.

En tales emergencias, la juventud radical, siguiendo el compás incontenible de la reacción definitiva, enarboló la bandera de la democratización partidaria, para dar más fuerza y el ascendiente necesario dentro del Partido a tan honesto como ejemplar gobierno surgido de su seno y que, por otra parte gozaba del beneplácito de la inmensa mayoría de la República.

Y vinieron las asambleas partidarias de Setiembre de 1921 para la renovación de las comisiones parroquiales y departamentales. El triunfo de la juventud radical fue sonado e incuestionable.

Schaerer sintió entonces crujir bajo sus pies el armazón de su absoluto predominio, elaborado en diez años de usurpación de la dirección partidaria. No se resolvió en su soberbia y ambición a perder el terreno no muy legítimamente conquistado y concibió por segunda vez dar un golpe de Estado que le devolviera el ascendiente perdido.

Urdió, pues, él con la complicidad y traición de los jefes militares el criminal motín cuartelero del 29 de Octubre que derribó el gobierno de Gondra, sin un motivo, sin causa alguna que lo justificara.

El vacío que se hizo a los motineros los desconcertaron y se avinieron mal de su grado a una transacción política, del que surgió la elección por el Parlamento del doctor Ayala como Presidente provisorio.

Con este golpe Schaerer no ganó nada y perdió mucho y de ahí la actitud de él y sus partidarios de desplazar otra vez al doctor Ayala de la presidencia, donde fue llevado por tácito acuerdo de ellos mismos. El poder y solo el poder, era lo que pretendían.

Aliado con la representación colorada los parlamentarios de su bando apoyaron esa famosa Ley de elecciones, presentada por aquella y que fue la manzana de discordia que originó en apariencia la subversión chirifista. El verdadero pretexto fue otro: la conquista del poder a toda trance, con la colocación de Chirife en la presidencia de la República.

Tales son diseñados a grandes rasgos los orígenes de la criminal sedición que ensangrentó el país, causando inmensos daños materiales y económicos.

Pero, pensad también sobre la suerte del país, si tales gentes se hubieran apoderado del gobierno: le depararía la ruina más completa, hasta convertirle quizá en una factoría, lo que prueba que la providencia, si olvidada a veces, vela aún sobre el pobre Paraguay.

El 27 de Mayo

Este es el día de la manifestación de hecho de la rebelión de Adolfo Chirife y Pedro Mendoza, contra el gobierno legalmente constituido del doctor Eusebio Ayala, surgido a consecuencia del anticonstitucional golpe de Estado que derribó el honesto y progresista gobierno del ilustre estadista don Manuel Gondra el 29 de Octubre.

Obran como 8 notas del Administrador de la Empresa del Ferro Carril, señor E. Thomas, al Ministro del Interior, documentos oficiales que constatan la forma de la iniciación de los procedimientos de la subversión: retención de trenes, entre éstos un convoy del internacional, incomunicación telegráfica, por el corte de los alambres y la intervención de las estaciones por parciales de Chirife, el embargo indebido de mercaderías, etc., etc.

Este día se hizo también notable por la emigración de chirifistas, cívico-jaristas y colorados de la capital a la Meca de Paraguarí: allí se anunciaba y aparecía el nuevo profeta de la futura redención dictatorial-mercantilista a la prusiana...

Tan extraño como nauseabundo conglomerado, se amalgamaba con una pasta híbrida de apetito único: el saqueo de las arcas fiscales, la explotación en comandita del gobierno, el monopolio de las posiciones lucrativas y para lucrar y por remate, por ser un estorbo peligroso, la ejecución de la libertad...

Como veis, el programa no podía ser más patriótico ni constitucional Y todos juntos iban a salvar a la patria...

28 - Decreto de movilización del P. E. llamando a las armas a las clases de 20 a 35 años, con cuyo contingente se organizó cabal y rápidamente, batallones de infantería y escuadrones de caballería.

-El teniente Smith del escuadrón de caballería del Capitán García de Zúñiga, llega hasta Yaguarón, sin que notara novedad por allí. Aún no se habían ubicado en dicho pueblo, las bandas de José Gill.

-Se anuncia la incorporación a las tropas de Chirife de casi todos los oficiales juristas, de José Gill y del Mayor Eugenio Garay, colorados.

29- La Liga Marítima, en masa se presenta a ofrecer sus servicios al presidente Ayala, para tomar las armas en defensa de la legalidad.

Cerca de mil hombres de esta fuerte entidad social obrera, concurrieron como voluntarios y se puede afirmar que su valioso concurso fue el que dio el primer rotundo golpe de gracia a la subversión encabezada por Chirife y Mendoza. Fue pues, el pueblo genuino, improvisado de soldados, el que hizo morder el polvo de la derrota a las ensoberbecidas huestes militaristas. Honor y recordación eterna a todos los liguistas marítimos encabezados por su presidente señor Antonio Figueira y sus coadyuvadores José Gamarra, Francisco Carrani, Gervasio Servín, Miguel Mellone, Macario Núñez y Añasco.

29- Mensaje del P. E. al H. Congreso retirando el veto a la ley de elecciones, quitando así hasta el último pretexto a la subversión.

Por tanto quedó ésta flotante en el vacío, agarrado al clavo ardiente de la traición...

30- Las Comisiones parroquiales, lanzan la siguiente invitación: "Al Pueblo Liberal: Se invita a los liberales de la capital y a los que simpaticen con el pensamiento a presentarse a la Policía a formar cuerpo de voluntarios civiles a las órdenes del Coronel Machuca para cooperar las defensas de las poblaciones. Las Comisiones Parroquiales".

-La caballería del capitán Irrazábal sostiene un tiroteo con una avanzada sediciosa en los alrededores de Luque. Terminó con el desbande de los facciosos.

-El Partido Liberal Radical lanza un manifiesto al pueblo, explicando los verdaderos motivos de la subversión y llamando a sus afiliados a la defensa del gobierno y de las instituciones.

-Se establecen 40 cantones en los puntos estratégicos de la Capital previendo cualquier intentona de los schaeristas.

-250 hombres, procedentes de Puerto Sajonia y barrio de la Encarnación, marchan a engrosar el frente de la defensa, entre vítores al presidente Ayala, a Gondra y al Partido Radical.

31-E1 Presidente de la República acompañado del Ministro de Guerra, Coronel Rojas, el del interior don Rogelio Ibarra, del jefe de Policía doctor Rivarola y del comandante de la plaza Coronel Schenoni, recorren la línea de defensa.

A su paso fueron aclamados por las tropas.

 

Manifiesto del Partido Liberal Radical

 

Se halla a las puertas de la capital el alzamiento armado de los coroneles Chirife y Mendoza, de la II y IV Zona Militar al frente de sus tropas, en abierto desacato a la autoridad y soberanía de que se halla investido el ciudadano Presidente de la República doctor don Eusebio Ayala.

La Nación entera se halla impuesta de los motivos aparentes que a justificar este nuevo y vergonzoso delito invocan los ciudadanos que, a engrosar las filas de la sedición, han marchado con destino a Paraguarí y desde donde han vuelto para desafiar a las fuerzas que, fieles a su honor y a su juramento, se aprestan a sostener el orden constituido y la paz legal de la República.

Ejercitado por el Poder Ejecutivo el derecho de voto, que la Constitución le acuerda, acerca de la ley de elecciones para Presidente y Vice de la República, sancionada por las Cámaras Legislativas, y no obstante haberse ya retirado, la facción schaerista que, desde tiempo atrás, viene, en convivencia con el Partido Colorado, propiciando la candidatura presidencial del coronel Chirife, a despecho de la voluntad popular no satisfecha con haber desgarrado y hecho jirones de la Constitución, en aras de sus apetitos de poder, se ha lanzado a promover la guerra civil, llevando consigo y en su auxilio a indefensos soldados custodiadores del orden en las poblaciones circunvecinas a la capital.

La causa verdadera de la sedición no radica en ninguna cuestión constitucional promovida y explotada al efecto de cohonestar la rebelión, sino en la mal disimulada ambición de mando de la facción schaerista, que, a toda costa y aún a precio de la inocente sangre de nuestros conciudadanos, aspira a consumar su obra de devastación, de servirse del gobierno para secar las fuentes de la economía y de la riqueza nacionales.

Todo hombre honrado es un enemigo natural del schaerismo. El doctor Eusebio Ayala y sus colaboradores en la obra de reparación financiera, administrativa y política en que se hallan empeñados, no escapan a la regla.

Para aquellos facciosos no hay otra "desiderata" que desplazar a aquel eminente ciudadano por cualquiera que, aunque provisionalmente, asuma la misión de colmar sus insaciables apetitos. El coronel Chirife, militar destituido de preparación para el gobierno, es hoy el elegido, acaso sea el sujeto que mejor que nadie encarna la representación moral del grupo que ocasionalmente le rodea.

El Partido Liberal Radical, cuyas tradiciones de honradez y de absoluto acatamiento a las leyes de la Nación, son un obstáculo permanente al lucro inmediato que el gobierno puede reportar a la gente sin escrúpulo que en todos los partidos pugna por romper en su provecho las normas de conducta invariable de justicia traducidas por la Carta Magna y las leyes que reglamentan su ejercicio, se ha levantado a condenar en masa a aquellos facciosos que en el pasado mes de Setiembre osaron convertirlo en máquina montada para el logro de sus subalternas ambiciones y que en Octubre, perdida ya su causa en las justas democráticas, se guarecieron en el Cuerpo de Guardia de Cárceles para derribar el gobierno de don Manuel Gondra.

Seis meses han bastado a colmar las impaciencias de aquellos funestos enemigos de la ley. Moralmente derrotados en el Parlamento, en ocasión de tratarse el Veto con que el Poder Ejecutivo significó a las Cámaras su resistencia a compartir la solidaridad de una medida a todas luces inconstitucional, como lo es la última ley de elecciones para Presidente y Vice de la República, han vuelto a correr a los cuarteles de Paraguarí a comprometer en una nueva acentura y criminal empresa a todos los conscriptos embanderados bajo el pabellón nacional para la defensa de la libertad y de las instituciones, y a arrojar sobre el país, la proyección de nuevos días de luto y de dolor colectivos, como si a sofrenar su incontenible ambición no bastase la experiencia del reciente pasado en que todos en común hemos visto y palpado la esterilidad de la violencia para la consecución de fines que deben alcanzarse por medios exclusivamente legales.

La sedición se halla en las puertas de la ciudad. Hoy se han librado las primeras escaramuzas entre las fuerzas legales y las sediciosas, dando ellas el alcance del extravío de los autores materiales y morales del delito.

Las filas del ejército han sido engrosadas de inmediato por Los liberales radicales de la capital y de sus alrededores, y es tan vehemente el entusiasmo animador de su patriótica decisión que el Poder Ejecutivo sólo espera el correr de breves horas para dar a sus trincheras con el crimen alzado contra las instituciones y el imperio del derecho.

Buena parte de la responsabilidad de la inocente sangre que llegue a derramarse para batir a la insurrección, corresponderá al Partido Colorado, que, anheloso de anarquizar al liberalismo, auspició la ley de elecciones presidenciales a título de panacea de nuestros presentes males, conducta tanto más reprochable cuanto que entraba en sus cálculos la propia abstención en la lucha electoral que provocaba. Era, pues, un arma innoble que afilaba en Las sombras para arrojarla en las filas de sus adversarios, con la mira de que ella pudiera permitirle escalar el poder perdido por su incapacidad, y cuya reconquista considera imposible por los procedimientos democráticos que la ley facilita a los partidos de arraigo y de prestigio en la masa popular.

Hoy, que todos los buenos ciudadanos deben aprestarse a la defensa del orden constituido, el Partido Liberal Radical cumple en hacer un llamado al patriotismo de sus afiliados de toda la República, para que, a la par que los correligionarios del departamento de la capital, acudan en ayuda del gobierno presidido por el ilustrado ciudadano doctor don Eusebio Ayala, como un tributo impuesto por la fatalidad de las circunstancias a este pueblo infortunado, tantas veces castigado por la desatada ambición de sus propios hijos.

Asunción, Mayo 30 de 1922.

Belisario Rivarola, José P. Guggiari, E. González Navero, Manuel Burgos, Luis A. Riart, Manuel Peña, Lisandro Díaz León, Venancio B. Galeano, Raúl Casal Ribeiro, Francisco Campos, Eladio Velázquez, Luis Be Gásperi, Federico García, Rodolfo González, Justo P. Benítez, Luis Escobar.

 

 

A MODO DE EPÍLOGO

 

Este folleto debió titularse Efemérides de la rebelión de los coroneles Chirife y Mendoza; por razones editoriales lleva el título con que aparece.

El contenido de este folleto, como claro se ve, no es sino una recopilación, más o menos ordenada, de noticias y datos referentes a los sucesos de la subversión chirifista-bélicos en su inmensa mayoría: datos y noticias que fueron dados a la publicidad, muy pocos inéditos.

Encuadra los de la primera etapa, que se cierra con el término de la retirada consiguiente a la derrota de Caí-puente. Esta relación, incorrecta, deshilvanada, es dedicada exclusivamente al pueblo -al pueblo genuino- el que más sufrió en carne propia, soportando con estoica resignación y el valor habitual, la racha demoledora y sangrienta, desencadenada por una subversión militar sin precedentes.

Entendido que somos los primeros en reconocer la ninguna importancia de esta pretensa obrita, carente en absoluto del más mínimo valor literario, sin la pretención, menos aún, de la más humilde contribución histórica. No lleva pretención a nada, confesión que quizás huelga, pero que no está demás manifestar a los que nos lean.

Si algún interés contiene este folleto, lo atribuimos a la galería que forma los retratos de los héroes y los mártires muchos de los cuales han desaparecido, en horas trágicas, pero no sin dejarnos un ejemplo edificante con la exteriorización de un gesto de valor heroico, ante la cierta visión de la muerte, y algunos, además, la afirmación de haber alimentado en su espíritu un noble ideal ciudadano y una sincera devoción por la libertad,..

Debemos, finalmente, cumplir con un deber de gratitud. Algunas distinguidas personas de ponderación intelectual dándonos muestras de su gentil condescendencia, se interesaron  en la publicación de este conato de monografía, de alguna manera hay  que llamarlo. Sin dar sus nombres, por no estar autorizados a publicarlos, cumplimos, por medio de estas líneas, en rogarles acepten la expresión de nuestro más profundo reconocimiento

Esta es la razón poderosa que nos obliga a hacer aquella mención honrosa y no otra.

TOMÁS DE LOS SANTOS

 

 

 

 

 

ESCUCHE EN VIVO / LISTEN ONLINE:

 

Polca 18 de Octubre o Polca Liberal

 

Intérprete:  ALEJANDRO CUBILLA

 

 

 

 

 

Intérprete:   OSCAR PÉREZ

 

 

 

 

 

 

 

 

ENLACE INTERNO RECOMENDADO

 

LA REVOLUCIÓN DE 1922 – TOMO I.

Autor: TOMAS DE LOS SANTOS.

Editorial EL LECTOR,

Tapa LUIS ALBERTO BOH,

Colección Histórica Nº 15

Asunción – Paraguay

1984 (208 páginas)

 

 

 




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EDITORIAL EL LECTOR

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