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MIRTA LAVIGNE ELIZECHE

  PROTOCOLO DE LA PAZ DEL CHACO (MIRTA LAVIGNE ELIZECHE)


PROTOCOLO DE LA PAZ DEL CHACO (MIRTA LAVIGNE ELIZECHE)

PROTOCOLO DE LA PAZ DEL CHACO

MIRTA LAVIGNE ELIZECHE

 

 

         15 de junio de 1932.

         Con el ataque al Fortín Carlos Antonio López, se desata la guerra entre el Paraguay y Bolivia. Se enfrentan en el campo de lucha dos pueblos hermanos, nacidos en pos de los ideales proclamados por Miranda, San Martín, Bolívar, Washington, Hidalgo, Yegros, Mora y otros muchos que en heroicas luchas forjaron la independencia con la dureza de los metales.

         El derrumbe del Imperio Español dio nacimiento a una serie de entidades políticas en el Hemisferio Occidental. Los pueblos americanos, emancipados política y económicamente de la Corona, actúan asociados ante los peligros externos. Posteriormente, las nacientes repúblicas encontraron en la coordinación de sus instituciones jurídicas campo propicio para una cooperación fraternal.

         La evolución general condujo a la formación del sistema "interamericano", iniciado en el año 1890, teniendo por base el "panamericanismo", fundado en la comunidad de principios, instituciones y propósitos.

         La guerra entre el Paraguay y Bolivia constituyó un tremendo golpe al sistema interamericano, el fracaso de las instituciones creadas tan laboriosamente, para preservar la paz, y, sobre todo, el naufragio del arbitraje jurídico para resolver los conflictos y los diferendos.

         Los gobiernos americanos, perplejos ante la marea de acontecimientos, no atinaron a una eficaz intervención para detener el conflicto, recién lograda después de numerosos tanteos y exploraciones.     La Sociedad de las Naciones había fracasado en todas sus tentativas de pacificación. Cundió por ello el desaliento.

         Sin embargo, Chile y la Argentina, deseosos de colaborar dentro del marco de la Sociedad de las Naciones para lograr el restablecimiento de la paz, efectuaron gestiones ante de las partes beligerantes, sugiriéndoles la aceptación de un plan cuyas bases eran las recomendaciones de la Sociedad de las Naciones del 24 de noviembre de 1934. Los gobiernos del Brasil y el Perú fueron puestos en conocimiento de estas negociaciones, y aceptaron proseguirlas conjuntamente.

         Pero surgieron algunas dificultades debidas a un mal entendido. Se acordó en principio constituir un Grupo Mediador, que oficialmente interviniera en las gestiones pacificadoras. Por un error de copia, en la lista de los países que debían ser invitados no figuraban los Estados Unidos de América y el Brasil. Tampoco estaba el Uruguay.

         El Brasil protestó airadamente, y manifestó que no colaboraría en ninguna gestión en favor de la paz, a pesar de sus deseos, de ver terminada cuanto antes la guerra que ensangrentaba a los dos países.       El gobierno del Paraguay declaró que la presencia del Brasil era considerada indispensable para el éxito de las gestiones, así como la de los Estados Unidos de Norteamérica y también la del Uruguay.

         Mientras se producían estos tejes y manejes, la guerra proseguía con su cosecha de vidas jóvenes truncadas. El Presidente del Paraguay, Dr. Eusebio Ayala, molesto porque las desinteligencias entre los países americanos prolongaban indebidamente la guerra que tantos sacrificios costaba a los beligerantes y preocupaciones y problemas a las demás repúblicas del Continente, en un discurso que pronunció en Itá el 14 de abril de 1935 dijo que si los posibles mediadores no se entendían, el Paraguay estaba dispuesto a entenderse directamente con Bolivia. Dijo: "Nuestro país está pronto a poner fin a la lucha. Un día menos de guerra pagara el esfuerzo que se haga en conseguirlo. Confiamos en que se acordará la formación de un Grupo Mediador capaz de afrontar el problema en toda su amplitud. Estamos dispuestos a tratar con el gobierno de Bolivia aún sin mediadores.  No encontrarán en nosotros un enemigo implacable".

         Bastó esa amenaza para que desaparecieran las desinteligencias. Fueron dadas al Brasil todas las explicaciones. Se extendió la invitación para integrar el Grupo Mediador a los Estados Unidos de Norteamérica y al Uruguay. Ya lo componían la Argentina, Chile, el Brasil y el Perú.

         Por fin, el 11 de mayo de 1935 quedó constituido en Buenos Aires, y ese mismo día se dirigió colectivamente a los Ministros de Relaciones Exteriores del Paraguay y Bolivia para que se trasladasen a la capital argentina. Las negociaciones iban a ser reiniciadas luego de diez y ocho intentos fallidos anteriores, entre los cuales se encontraba el realizado con los auspicios de la Sociedad de las Naciones.

         Iban a tomar parte en los trabajos los Cancilleres del Brasil y la Argentina, Dres. José Carlos de Macedó Soares y Carlos Saavedra Lamas, respectivamente; y los Embajadores Luis Carriola de Chile, Felipe Barredo Laos del Perú, Alex Wilburne Neddel de los Estados Unidos de Norteamérica; José Bonifacio de Andrada y Silva del Brasil y Eugenio Martínez Theddy del Uruguay.

         El 17 de mayo de 1935, Bolivia comunicó que su delegación había sido constituida de la siguiente forma: Presidente, Canciller Dr. Tomás Manuel Elío, Delegados Plenipotenciarios: Bautista Saavedra, Juan María Zalles, Carlos Calvo y Carlos Víctor Aramayo, y Asesor General, con rango de Ministro Plenipotenciario, Eduardo Díez de Medina.

         A su vez, el 18 de mayo se anunciaba que el día siguiente partiría el Dr. Luis Alberto Riart, Ministro de Relaciones Exteriores del Paraguay, acompañado por el

Coronel Manuel Garay como Asesor Militar, y como Secretario el Dr. Efraím Cardozo.

         El Canciller paraguayo y su comitiva llegaron el 21 de mayo, y fueron hospedados en el Alvear Palace Hotel.

         La delegación conocía que cada día de guerra que transcurría, eran vidas paraguayas sacrificadas. El imperativo de la paz debía ser el propósito manifiesto y declarado de la misma.

         El Canciller brasileño llegó a Buenos Aires el 22 de mayo y fue hospedado en la residencia de la Marquesa de Olmos, en cuyo palacete se desarrollaron las primeras reuniones del Grupo Mediador.

         El 26 de mayo el Dr. Riart hizo entrega al Dr. Saavedra Lamas del documento que contenía las bases de un posible entendimiento y que había sido redactado por el Dr. Eusebio Ayala.

         Extractamos sus puntos principales:

         1. "El gobierno paraguayo entiende que esta mediación no debe tener en cuenta ninguna de las negociaciones anteriores, y, por consiguiente, su punto de partida debe ser el examen de la situación general y de las opiniones de las partes expresadas, ante la Mediación".

         2.  " El gobierno paraguayo juzga que la mediación debe principiar, por buscar la cesación de las hostilidades, con medidas de seguridad destinadas a hacer imposible la reanudación de la guerra por un tiempo suficientemente prolongado".

         3. "Una vez convenida la cesación de las hostilidades bajo garantías adecuadas, la Mediación tendrá facultad de dictar una tregua cuya duración será de ocho días, con el objeto exclusivo de fijar en el terreno las posiciones ocupadas por las fuerzas beligerantes".

         4. "Con el fin precedente, la Mediación designará una Comisión Militar que deberá trasladarse al teatro de operaciones por la vía o vías, que se juzguen más convenientes".

         5. "El protocolo de tregua y cesación de hostilidades, hará especial mención de los Presidentes de la Argentina y del Brasil como auspiciadores de la paz"

         La tarea del Grupo Mediador coincidió con la visita del Presidente del Brasil, Dr. Getulio Vargas, a la Argentina, acompañado de su Canciller Macedo Soares, que tomó parte activa en las labores que estamos reseñando. En declaraciones efectuadas a la prensa el 5 de junio, Macedo Soares se mostró optimista y confiado en la obtención de una solución definitiva.

         La opinión pública argentina, como la americana toda, seguía con vivo interés el desarrollo, tanto de los trabajos de mediación como la fratricida lucha que ensangrentaba el suelo de dos naciones americanas.

         La confianza del Canciller brasileño, tan categóricamente expresada, reanimó a América que ya avizoraba un acuerdo de paz.

         El Presidente del Brasil fue objeto de múltiples agasajos por parte del Gobierno argentino, y en ellos participaba el pueblo porteño, estimulando con su entusiasta presencia a los Delegados a la Comisión de Embajadores para encontrar la fórmula que condujese a la cesación de las hostilidades.

         La primera reunión fue presidida por el Canciller argentino Saavedra Lamas. Este pidió a Macedo Soares que presentase un proyecto de protocolo que sirviera de base a las negociaciones entre los mediadores y los representantes de las naciones beligerantes. El brasileño, allí mismo, redactó las cláusulas que debían llevar a las partes a una decisión común, cuyos principios generales fueron los mismos que presidieron la firma del acuerdo final. Se basaba fundamentalmente en el memorándum del Canciller del Paraguay.

         Las reuniones fueron realizadas, ora bajo la presidencia de Saavedra Lamas, ora bajo la de Macedo Soares.

         Estaban las conversaciones en este estado, cuando pasaron a tomar parte de las gestiones los Ministros de Bolivia y el Paraguay, Dres. Tomás Manuel Elío y Luis Alberto Riart, el Estadista de la Paz, como acertadamente lo llamó el Dr. Efraím Cardozo.

         En los días siguientes, las reuniones de éstos con los Mediadores trajeron la convicción de la viabilidad de un acuerdo de paz.

         A esta altura de las negociaciones, 5 de junio, Saavedra Lamas hizo conocer al Ministro brasileño que sus ocupaciones en la Cancillería le impedían frecuentar con asiduidad las reuniones del Palacete de Olmos, por lo cual solicitaba que la Comisión Mediadora pasase a reunirse en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Así se hizo.

         La gestión pacifista, cuya base había sido una iniciativa chileno-argentina, se desarrollaba con todo éxito, y se vislumbraba que las negociaciones, conducidas con prudencia y energía, desembocarían en un acuerdo basado en las concesiones de uno y otro beligerante.

         Bolivia, financieramente exhausta, con un ejército de poca vibración cívica, aunque estoico y luchador, estaba formado en su inmensa mayoría por soldados de la población india, todavía no plenamente integrada al sentido nacional, lo cual hacía improbable la iniciativa personal, según la autorizada opinión del Cap. David Zook, distinguido militar norteamericano.

         Afirma el General Leitao de Carvalho que esta situación desfavorable del ejército boliviano se veía agravada por las condiciones en que tenían que combatir sus soldados, traídos desde las alturas del planalto andino a la planicie chaqueña.

         El Paraguay, también desgastado económicamente, afrontando un problema social de extrema gravedad: la presencia en su territorio de una considerable masa de prisioneros, absorbidos cada vez más íntimamente por la población del país. Al término de la guerra había, en efecto, en cifras redondas, 2.500 prisioneros paraguayos en Bolivia y más de 17.000 bolivianos en territorio paraguayo.

         En presencia de estos graves problemas y otros, no menos importantes, que absorbían la atención de los delegados del Paraguay y Bolivia, la Comisión Mediadora supo dirigir las negociaciones con solvencia, sabiendo cómo obtener de uno y otro lado, las concesiones necesarias para un completo entendimiento.

         Al término de la segunda reunión en el Ministerio de Relaciones Exteriores, propuso el Canciller brasileño que fueran introducidos en la Sala de Sesiones los Ministros de los países en lucha. Los Mediadores acordaron que debían ya tomar parte en los debates.

          Los Cancilleres Riart y Elio fueron introducidos en el recinto simultáneamente pero por puertas diferentes, y tomaron asiento en la cabecera de la gran mesa de trabajos.

         Estos prosiguieron en un ambiente promisorio, mas en la madrugada del 12 de junio, un pequeño incidente provocado por una frase infeliz de uno de los mediadores, llevó al Dr. Riart a declarar que daba por finalizadas las negociaciones. Estaba a punto de malograrse el décimo octavo intento de mediación!

         Macedo Soares, una vez más, salvó el escollo y el esfuerzo de los hombres de buena voluntad para conducir a las dos naciones al restablecimiento de la paz.

         Elio, hombre ecuánime, aceptó la proposición brasileña basada en las concesiones que previamente deberían hacer las partes.

         Riart, personalmente de acuerdo con ella, quiso comunicarse con el Pte. Ayala. Este, telefónicamente, aceptó la sugestión brasileña que no distaba mucho de su proyecto original.

         Fue un momento de verdadera emoción, en que todos los presentes expresaron su satisfacción por la feliz intervención brasileña.

         Abrazos, palabras emocionadas, envolvieron al negociador brasileño, victorioso en tan dura prueba.

         La buena nueva de que se había arribado a un acuerdo fue transmitida al Presidente Justo que solicitó fuese suscrito el protocolo el mediodía del 12 de junio en el Palacio de la Presidencia de la República.

         El Canciller Saavedra Lamas, por su parte, comunicó al Presidente de la Liga de las Naciones, con sede en Ginebra, "que los mediadores en el asunto Chaco habían obtenido la concordancia de los Cancilleres de Bolivia y el Paraguay para la suscripción de un Protocolo que soluciona el conflicto bélico".

         Pasarían en seguida los Mediadores a estudiar la situación de los ejércitos en el campo de batalla, después del acuerdo a que se había llegado.

         Concertaron, entre tanto, convocar a una reunión, a las 11 de la mañana, con asistencia de los Asesores Militares de las delegaciones mediadoras, que debían partir, en aviones argentinos, hacia los diferentes sectores del frente, y cuyo objetivo era el cese del fuego.

         Un episodio conmovedor ocurrió esa madrugada feliz; Macedo Soares, después de las arduas tareas de la noche, se dirigió en compañía de sus colaboradores, al Restaurant París. Al sentarse a la mesa, una joven, bella y gentil, reconociéndolo, se dirigió a él y le preguntó si las negociaciones de paz habían concluido. A su respuesta afirmativa, lanzóse a sus brazos besándolo con devoción. Luego, como avergonzada, confesó: "Soy paraguaya, y tengo en la guerra padre, novio y hermanos". Era el alma sufriente, un pueblo que, irrefrenable, se expandía en aquella manifestación de júbilo!

         Las últimas horas de la mañana del 12 de junio fueron empleadas en el estudio de las instrucciones que debía llevar la Comisión Militar Neutral para el cumplimiento de su misión en el teatro de la guerra. Esta Comisión estaba presidida por el General argentino Martínez Pita.

         El Presidente de la Argentina, Gral. Agustín P. Justo, organizó una solemne reunión para la rúbrica del Protocolo, a la que asistió numeroso y distinguido público.

         Al abrir la sesión, el mandatario argentino pronunció un vibrante discurso, alusivo a la victoria alcanzada, destacando especialmente la presencia del Presidente Vargas como factor preponderante en la formación del ambiente propicia a la paz.

         Se pasó en seguida a subscribir el Protocolo. Se eligió el orden alfabético. Cúpole hacerlo primero al Canciller de Bolivia y posteriormente al Dr. Riart, cuya rúbrica permanecerá por siempre al pie de este documento, uno de los más importantes de nuestra existencia soberana.

         Este histórico documento, formalmente subscripto el 12 de junio de 1935, contenía los siguientes artículos y un protocolo adicional:

         1.- "La reunión inmediata de la Conferencia de Paz para resolver los diferendos entre el Paraguay y Bolivia".

         2.- "La cesación definitiva de las hostilidades sobre la base de las posiciones ocupadas entonces por los ejércitos beligerantes".

         3.- "La adopción de medidas de seguridad, tales como: la desmovilización de los ejércitos, encargada a la Comisión Militar Neutral; la reducción de efectivos militares a la cifra de 5.000 hombres; la obligación de no hacer nuevas adquisiciones de material bélico, salvo lo indispensable para la reposición, hasta la concertación del Tratado de Paz".

         Terminada la ceremonia, luego de los discursos de Saavedra Lamas y Macedo Soares, el Pte. Justo comunicó la gran noticia al pueblo congregado en la Plaza de Mayo. La inmensa multitud aclamó al mandatario argentino.

         Los Cancilleres Riart y Elio pronunciaron breves alocuciones, y el pueblo exigió que se abrazasen los Cancilleres de la guerra. Cuando así lo hicieron, el delirio popular no tuvo límites.

         "El inmenso júbilo con que fue recibido el Protocolo, tanto en el ejército combatiente como en la retaguardia del Paraguay, donde todos sin excepción, sin una voz discordante, lo saludaron gozosos, demostró que se habían interpretado fielmente los sentimientos del pueblo paraguayo". (1)

         La Paz del Chaco fue una paz justa, en el momento preciso, que no dejó secuelas de odios ni gérmenes de resentimientos en los pueblos que la concertaron. De ella no surgieron graves conflictos para las futuras generaciones.

         Hoy, a 35 años de la firma de aquel histórico documento, tengo el alto honor de ser intérprete del homenaje que el Instituto Femenino de Investigaciones Históricas rinde a los defensores del Chaco en el campo de batalla, a los artífices de la Paz en la mesa de las negociaciones, y al valor y al heroísmo de dos pueblos hermanos que juntos deben luchar en el presente por edificar la paz en la mente y en el corazón de sus hijos.

 

 

(1)     Dr. Efraím Cardozo.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

ZOOK, David - "La conducción de la guerra del Chaco".

CARDOZO, Efraím - "Paraguay Independiente".

RIVAROLA, Vicente - "Memorias diplomáticas".

LEITAO DE CARVALHO, Estevaó - "A paz do Chaco - Como foi efetuada no campo de Batalha".

MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES Y CULTO - Repca. Argentina - Política Argentina en la Guerra del Chaco - Tomo II.

 

 

FUENTE - ENLACE INTERNO:

 

ANUARIO DEL

INSTITUTO FEMENINO DE INVESTIGACIONES HISTORICAS

VOLUMEN Nº 1

ASUNCIÓN – PARAGUAY

1970 – 1971 (175 páginas)

 

 

 

 



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