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Josefina (Abel de la Cruz) Plá


  EL GRABADO DE OLGA BLINDER - Texto de JOSEFINA PLÁ


EL GRABADO DE OLGA BLINDER - Texto de JOSEFINA PLÁ

 EL GRABADO DE OLGA BLINDER

Comentario: JOSEFINA PLÁ

 

 

 

PRIMERA ETAPA

La primera etapa del grabado en Olga se define con la que ha de ser prácticamente su obsesión, durante mucho tiempo: una temática femenina. La mujer paraguaya del pueblo, como pieza clave del ambiente, en cuanto éste para ella configura un logotipo secular; trabajo, voto cotidiano de resignación; vuelco ciego en un esfuerzo repetido; agotamiento en la dación. Y, lógicamente, los moldes típicos que adoptan su ser y su hacer. Un desfile de alfareras, tejedoras, lavanderas, chiperas, vendedoras de frutas o de artesanía. Y madres. Sobre todo madres. Ya antes la madre y su logaritmo, el hijo, han sido tema capital en su pintura. Lo serán en el grabado.

En su obra, desde esta primera etapa, se introduce, rasgo plástico inalienable, un sentido decorativo. Este sería uno de los elementos en el grabado de Olga. Rasgo evidente en cada taco suyo de esa primera etapa. Y aunque en proporción variable, a veces mínima, apresable siempre tras el impacto de los elementos dramáticos dominantes de etapas siguientes del grabado. Incluso también bajo formas sutiles o medidas distintas, más o menos aparente o disimulado, en su pintura.

Y sin embargo, lo decorativo, que en esta etapa en la que son ejemplos patentes "CHIPERAS" (1960) y "LAVANDERAS" (1962-1963) se impone visualmente en ritmos, coberturas de espacios, simetrías; en la paciente elaboración de los fondos, se somete con certero y fino tacto a un rumbo subjetivo -intencional- que nos conduce hacia algo más importante, más abarcante: señalización primaria de lo que pudiera llamarse "oficio doloroso del vivir femenino".

En el grabado de esta época predomina sin restar por ello vitalidad a las composiciones, ese aliento decorativo. En algún momento podría pensarse en un alarde de técnicas: un desafío visual, sostenido por una pródiga fantasía; un derroche lírico, en fin. Pero este lirismo coexiste con las sutiles insinuaciones dramáticas ya señaladas, que en la siguiente etapa constituirán la dominante global.

Podría decirse que en Olga esos dos contenidos propensos a la saturación - lo lírico y lo dramático- coexisten siempre, singularmente armonizados; aunque las etapas queden definidas suficientemente por el predominio de una u otra de estas impregnaciones.

A lo lírico y lo dramático en proporción diversa se añaden, andando el tiempo, otros elementos, que, en forma larvada al principio, pueden alcanzar presencia efectiva en ocasiones: el hábito simbólico, por ejemplo (un aletazo cósmico, que realza lo dramático). En todos los casos, la subordinación exacta de cada uno de los elementos a lo expresivo es característica, aún en los casos de predominio de uno de esos elementos. Esta etapa se prolonga más o menos hasta 1962.

 

SEGUNDA ETAPA

La fusión del logro objetivo o plástico con la secreta vibración vital dramática, supera la marca anterior en los grabados de la segunda época, que de pronto, y corroborando lo dicho sobre la coexistencia armónica de elementos varios, se despliegan en serie impresionante de planchas abiertas en composiciones preferentemente verticales o de irregular inclusión en el papel sin otro punto referencial en éste que ellas mismas: monolitos fuera del tiempo y el espacio. Auténticos bloques, que "borran" en su concentración el espacio que contiene la figura, identificándolo con la figura misma.

Son grabados en los cuales la mujer aparece, no ya en el oficio que la hace vivir, sino en la vida que la consumió en ese oficio. Esos grabados incorporan a veces un nuevo elemento: el simbólico. Las figuras ilustran la vida sin horizonte de los desposeídos. Casi siempre es la madre vieja, trabajada, no ya trabajadora; desdibujada por el roce constante del trafagueo y el dolor; reducida a la existencia -lugar sin destino- de viejo tocón; o quizá ya petrificada en la desesperanza. Perdida la fe en el movimiento; o mejor, movimiento regresando a lo mineral. Mujeres parecidas a estelas prehispánicas en su mole incambiable; de pie o dobladas al suelo, como regresando a él.

Al comienzo de esta nueva etapa, la figura aislada, pues, es preferentemente el centro exclusivo visual. Está aislada como puede estarlo en el sueño o en el recuerdo. Ella misma ámbito y figura, a la vez espacio y movimiento renunciado en bloque único. Ella los acapara visualmente. El fondo desaparece como punto de referencia con sus signos coincidentes o contrastantes; esas figuras aisladas en el vacío, colgadas intemporalmente de su propia dimensión o surgiendo apenas de la materia madre, cobran por contraste una virtual tridimensionalidad. Todo el "trabajo" de gubia en suma, recae en la figura misma, convertida así a los efectos visuales en "figura-fondo" a la vez. Y el "trabajo" de gubia al construir esa figura-fondo evoca, inevitablemente, la textura del bloque sólido, madera o piedra.

Otro grabado representativo de esta época, aunque realizado más tarde, homenaje a Picasso, alucinante, en el año de su muerte. Aunque alejado un tanto cronológicamente de la época, recae sígnicamente en ella, denunciando la profundidad de la plataforma dramática sobre la cual se apoyan las más raigales elaboraciones de esta grabadora. Esta etapa se prolonga, más o menos hasta 1973.

 

TERCERA ETAPA

Una característica de la obra que nos ocupa, en lo que se refiere a las mencionadas primeras etapas, es la "naturalidad" con lo cual una etapa de "desliza" y aparece, surgiendo de la anterior en un desarrollo que hace pensar en las fases naturales de una gestación lógica en espíritu y recursos en busca de su natural plenitud.

La tercera etapa del grabado en Olga se liga a la anterior en cuanto a la concepción de la figura humana en su diseño. Algunas de estas figuras son "regresos" o, si se quiere, continuación, en los rasgos plásticos, a las figuras-bloque de las aisladas "estelas" de la etapa anterior. Pero ahora, ya no aisladas, en su terrible soledad de tronco seco o piedra, sino asociadas en una organización diferente que les asigna un valor semiático totalmente nuevo. La figura -¿diríamos "personaje"?- renuncia en efecto, ahora, a esa soledad: se ofrece en grupos animados de un propósito o pasión solidaria - lo decorativo aquí refuerza su cupo, y, singularmente, no para debilitar el impacto dramático, sino, paradójicamente, para reforzarlo. Esa pasión es el terror, o el sueño preapocalíptico, el vuelco unánime de un despertar al día final, o la espera en una vigilia de extraviados sin salvación en un desierto sin término. Las figuras, antes desprendidas del espacio, aparecen ahora, "subjetivamente", como amenazadas de succión por él; tal es el nauseoso vacío creado por el espacio dentro de límites concretos, circulares, inflexibles, que comportan una sugestión cósmica, inescapable, cuya única salida es la disolución.

En estas composiciones el espacio adquiere en su delimitación de doble filo -límite e infinito- importancia expresiva considerable. Círculos geoméricamente rígidos circunscriben ese espacio que, dramáticamente, se proyecta escapando "desde adentro" a ese infinito, por una profundidad perspectiva a cargo subjetivo del color. (SER, MUJERES, LAS VIEJAS, HOMBRES, ETC.).

Encerrados los que insisto en llamar "personajes" en ese espacio circular, definidos y sin embargo "acumulados", como nubarrones que en su indefinición llevan la tormenta o como residuos ya de esa misma tormenta, en estas composiciones alcanza el grabado de Olga el ápice de su potencial dramático, apoyado paradójicamente, como se ha dicho, en lo decorativo y rítmico. Son composiciones organizadas en simetrías que rompen con lo atributivo estático para adquirir una carga de inminente estallido.

Este paisaje humano, donde sólo permanece el hombre en inminencia del fin, contra un cielo que puede ser también infinito, de desierto quemado, es el de un instante que puede a su vez ser uno antes del aniquilamiento o el mismo instante en el cual se reconocen los "sobrevivientes"; los sueños de este tiempo de profecías. Los recursos se condensan y la elección de los motivos se restringe a medida que se amplía su carga semiótica. Correspondería esta etapa a la de sus pinturas de "Cómo los miramos", etapa que tampoco ha sido, creemos, objeto de la merecida consideración. Sin embargo, en el grabado la carga sígnica es más agobiante y decisiva.

La preocupación se empina a estratos que rebasan lo individual o lo arquetípico; se remonta a propuestas prospectivas de nivel cósmico. El protagonista es ahora el Hombre, con mayúscula. El Hombre, fuera de todo calificativo que lo circunscriba a límites en su representatividad impenetrable. El Hombre que no precisa rostro ni sexo; el Hombre-signo; el Hombre como propósito en un plan desconocido que él mismo ha desviado inconscientemente hacia otro plan cuya magnitud ya no abarca; que tiene en sus manos en un momento dado -en también inconcebible designio- la posibilidad de la autodestrucción. Que ha sido creado y como todo lo creado, debe perecer pero que por amarga paradoja, es él mismo el encargado de ejecutar su sentencia. Es la etapa que cronológicamente corresponde con la inauguración de la era espacial y la bomba de neutrones.

 

CUARTA ETAPA

Tal vez la tensión tremenda de los signos coaligados en las composiciones de esta cuarta etapa haya producido -sucede a veces- un efecto de "exhaustion", de vaciado espiritual en Olga; el artista se siente a veces incapaz de proseguir, de momento; en un sendero que ha puesto a prueba, al máximo, sus potencias.

Esta nueva etapa representa esa atenuación y sobre todo un descanso de la tensión interna. Es la etapa de "los papeles". Más lírica que dramática en sus recursos, más racional que sensitiva en su contenido, cumple este rol: la artista se recupera del esfuerzo.

La serie de ANTONIN ARTAUD, así, aparta el grabado de Olga Blinder de las actitudes y disposiciones espirituales anteriores. Deseo evidente de aproximarse más a lo objetivo cotidiano y de inmediato hacer "significado" del objeto considerado "insignificante"; tendencias que, innecesario sugerirlo, se identifica con amplias corrientes contemporáneas (Serie "ARTAUD"; serie "LAS PUERTAS" sobre un poema de Josefina Plá; serie "LOS ROLLOS DEL MAR MUERTO", etc.).

Olga niega su adhesión a los ismos más recientes; es decir, que su obra haya sido influenciada por ellos. No tenemos por qué dudar de su palabra. Pero el hecho de la existencia y vigencia mundial de esas corrientes no permite desvincularse cronológicamente de la obra de Olga, o viceversa. Ellas entran en un capítulo de la semiótica cuyas coincidencias no es posible soslayar. Lo cual no equivale a suponer discipulados o imitaciones. Olga es hija de su tiempo, sensible y permeable a las corrientes que sutiles impregnan la atmósfera -ésta ya universal, no más ya de país o de grupo- que lanza sus alertas al hombre, penetrando sus poros. Y se adentra en esta nueva etapa con la seguridad de poseer los recursos necesarios para hacerlo. Lo hace combinando, con certera visión, forma y función.

Los de la primera época en la nueva etapa son grabados que incluyen una parte gráfica significativa - fragmentos en prosa o en verso. Acercamiento del grabado al estampado de textos literarios tomados a la imprenta, su utilitaria hermana gemela y universal, en viaje inverso al maridaje original. Una modalidad en la cual el poema depende del grabado, preside a la composición, y no viceversa. Quizá haya que buscar a esta vertiente -por distinta vía- un precedente: el de las xilopinturas geniales de Carlos Colombino, en donde el estampado no existe; las matrices asumen plenamente el rol en el ritual sígnico. Son éstas, por supuesto, meras aproximaciones inspiradas en la curiosidad crítica acerca de los hechos que tan de cerca nos tocan por constituir auténticos logros de nuestra plástica.

Más bien que una nueva época de esta nueva etapa, los grabados de los últimos tiempos: los "papeles rotos"; "papeles manchados", "papeles sucios", "transparentes"; "papeles blancos", pueden considerarse como prolongación exhaustiva de la primera. En esos "papeles", continuando una progresión ostensible que va desde lo decorativo - juego con la línea -al juego con las texturas, tan en ejercicio en los últimos tiempos, Olga continúa así con lo figurativo, en cuanto éste encierra de realidad concreta- el papel en este caso -transpuesta y reconocible: alzada, en cuanto figuración, a rol protagonista; trasladada no obstante en su "intención", como ensayo comunicativo, a ámbito más simples, más asequibles, al parecer, en realidad, más "racionalizados".

Quedan por anotar la maestría compositiva, el colorido, la variedad en las propuestas objetivas. Sin embargo, los resultados de este juego en el cual el sostén en el papel o cartulina se vuelve metabolista del relieve o del "trompe I'oeil" de las pinturas clásicas, no creemos sean, en la obra de Olga, los más destinados a perdurar. Lógicamente, la última palabra sólo el tiempo puede darla. En su significado testimonial de arte que corresponde al hombre de hoy, ha de estar sin duda su justificación.

El objeto eterno del arte es el hombre y las cosas que por un instante siquiera apoyan la reiterada afluencia de su existir: el objeto de arte interesa por lo que nos dice, no de sí mismo, sino de la realidad que lo compone como parte de la experiencia. Quiérase lo que se quiera, el arte no podrá jamás desligarse de ese cordón umbilical que lo hace "del hombre, para el hombre y por el hombre", dentro, claro está, de las limitaciones individuales de creación por un lado, de la capacidad receptiva del espectador, por otro.

Creemos, sin embargo, conveniente transcribir unas palabras de Olga en las cuales se refiere al nacimiento de esta etapa, la de los "papeles".

"El papel es muy importante para los que hacemos obra gráfica. Sin él no tenemos "sostén" para nuestro trabajo, aunque muchas veces ni siquiera lo nombramos. En cualquier taller hay papeles que usamos con mucho cuidado para imprimir "sobre" ellos; pero hay otros que nunca miramos, y que cuando limpiamos el taller los tiramos a la basura".

"Un día 'vi' estos papeles, y eran bellos. Me pregunté si no podrían ser esos papeles -los papeles sucios-'el tema' y no sólo el material que sostiene la obra".

"Pienso que esa idea no es casual ya que antes, en 1981, hice una exposición en la que el tema estaba, también, relacionado con los papeles: transparentes, doblados o rotos. En aquella ocasión decía que mi tema era el papel 'objeto temático reconocible, menos convencional, quizás'. Y más adelante planteaba que lo más importante para el artista no es imitar o representar la realidad sino elaborar formas adecuadas para transmitir los contenidos que uno necesita expresar".

"Las imágenes reconocibles -rostros, palabras- son signos que pueden transmitir o expresar las emociones y que al ser ubicadas en contextos diferentes cambian de significado. Uniendo entonces la idea de los papeles sucios con las imágenes ya usadas surgió esta muestra en la que aparecen viejos grabados, que antes expresaban unos contenidos, y ahora al 'ensuciar' el papel, simbolizan otra realidad cargada a su vez de contenidos".

A través del grabado de Olga y algunos artistas más en nuestra plástica, el grabado, nacido prácticamente a su etapa moderna, en 1956, se ha colocado, por derecho propio, a la cabeza de las modalidades del arte local, superando a la pintura, no en valores individuales, ciertamente, pero sí en el volumen y en la coherencia creativa.

Ciertamente no creemos haya sido apreciado en su verdadero valor este aspecto en la obra de esta estupenda grabadora, uno de los cuatro que consideramos representativos por excelencia en esta plástica. (Los tres que completan el grupo son: Edith Jiménez, Jacinto Riveros y Miguela Vera, a los que siguen de cerca los de la generación más joven). Carlos Colombino que podría integrar con los anteriores un quinteto, ofrece no obstante en su labor de grabador-pintor características flagrantemente personales, que lo colocan en lugar propio, fuera del grupo, único y señero.

Los cuatro mencionados antes son grabadores dedicados a esta modalidad en no esporádicas y bien caracterizadas etapas de su labor. Olga por su parte es la única cuya obra hasta ahora nace, se obstina y sigue llevando esa raíz humanística, trágica, más que dramática (atendiendo por la calificación a las etimologías: drama = movimiento, tragedia = destino consumado = comprendido = antes que "perfeccionado").

Este compendio de su ser y su hacer quiere ser el de una labor excepcional en la fidelidad y la perseverancia al "llamado interior" cuyo testimonio aportan treinta años de ejercicio, aureolados de autenticidad y humana dación.

Fuente: PASIÓN DOCENTE Y VOCACIÓN PLÁSTICA: OLGA BLINDER por JOSEFINA PLÁ - Hicieron posible la edición la EMBAJADA DE ESPAÑA EN PARAGUAYy el CENTRO CULTURAL DE ESPAÑA JUAN DE SALAZAR. Con la colaboración de la: UNIVERSIDAD CATÓLICA “NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN”. Asunción-Paraguay 2003. 71 pp.

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