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JUAN ANÍBAL ROMERO RAMOS


  EL KARAMEĜÜÃ DE DON ANÍBAL - VIVENCIAS DE J. ANÍBAL ROMERO R.


EL KARAMEĜÜÃ DE DON ANÍBAL - VIVENCIAS DE J. ANÍBAL ROMERO R.

EL KARAMEĜÜÃ DE DON ANÍBAL

De DON ANÍBAL (J.A.R.R.)

VERSITOS Y POEMAS ,

SEMBLANZAS , IMÁGENES ,

CARICATURAS y ANÉCDOTAS

VIVENCIAS DE J. ANÍBAL ROMERO R.

Corrección : JULIO CÁCERES

Editora LITOCOLOR S.R.L.

Asunción – Paraguay

2003 (159 páginas)

 

 

 

A MODO DE PRESENTACIÓN

Como sobreviviente de todo un periodo heroico y muy feliz de la labor artística nacional, principalmente la interpretativa teatral, quiero acercar a los amantes de la biografía y muy especialmente a los jóvenes que hacen al movimiento alentador del teatro en nuestro país, para dejarles como jirones de toda una historia que ya está por escribirse, quiero dejarles, repito, en este karameĝuã abierto interesantes datos de hechos y personas, de sem­blanzas y perfiles que hacen el cúmulo de gratos recuer­dos cosechados en más de 50 años de labor como intér­prete artístico en el teatro, la radio, el cine e incluso la televisión.

Aquí está muy cerca de los lectores el resumen de mis experiencias en todo cuanto pude ofrecer de mi apasio­nado amor al arte en este tan heroico periodo y de mo­desta capacidad de fanático apasionado.

Que estas líneas con imágenes, datos, fechas y nom­bres sirvan para acercarlos más y mejor a las figuras señeras de toda una época alumbrada por la sensibili­dad y el desinterés en el no muy fácil quehacer artístico.

Esta es una contribución para que en la memoria co­lectiva no palidezcan los luchadores y forjadores de una herencia cultural muy rica en testimonios y aconteci­mientos. Dignos ellos de una admiración permanente y de un reconocimiento como compañeros y amigazos.


EL KARAMEĜÜÃ DE DON ANÍBAL

Me contaron este cuento que ahora yo les cuento. Di­cen que en el pueblo había un señor que oficiaba de juez, de fiscal, de orador y presidente del club social. Este pe­queño gran genio oficiaba además de médico y tenía, aten­diendo a lo que de él se expresa, éxito en todas sus inter­venciones. Según cuentan, cierta vez fue a visitar a una persona muy cercana a su afecto, circunstancia en que este se hallaba un tanto averiado en su salud. Al llegar junto a él, luego de los saludos, atendiendo a que lo no­taba un tanto pálido, delgado, tenso y preocupado, le preguntó sobre lo que le pasaba, lo que sucedió y el con­valeciente le contestó: "No sé lo que me pasa, perdí tran­quilidad, perdí un poco de mi equilibrio, en la carrera del sábado perdí todos mis ahorros... No sé lo que me pasa, siento fuertes dolores en la nuca y en las sienes, en el pecho y en las espaldas, me temo que sea un mal irrepa­rable".

El sabiondo del pueblo lo miró detenidamente, le tomó el pulso y con la mano buscó la solución tocándole la frente y luego sobre la cabeza, sonriendo le dijo: "Usted no tiene nada, en su cabeza no hay nada, está vacía. ¿Qué piensa hacer?".

El enfermo en apuros replicó: "Yo sé que no hay nada en mi cabeza, que está vacía. Pero estoy pensando ir a ver a un especialista". El sabiondo le cortó la frase y le dijo: "No, mi estimado, no haga eso. Antes de llamar a un médico, llama a un amigo", como aduciendo que an­tes de la ciencia, la presencia de una amistad le traerá cura a sus males.

Qué definición sobre lo que es un amigo; pero a mí que no me vengan a filosofar sobre el amigo, que no me cuenten cuento para manejar al amigo como un títere de la pluma. Bastante experiencia tengo con centenares de seudoamigos y de los auténticos, creo en primer lugar que así como hablan del león como rey de la selva, del reino animal, así también el amigo, a mi juicio, es el rey del reino humano. ¿Por qué solamente los animales van a formar un reino y no los humanos?, pues tal como en el animal, en el humano hay grupos y especies. El amigo está en el primer grupo como majestad de su reino.

AMIGO: El vocablo expresa tanto, que es dable escri­birlo con mayúsculas y también subrayarlo. ¿Y saben por qué?. Pues porque no todos los que se presentan como AMIGOS pueden ser tales. Por eso creo que cabe hacer y asumir las diferencias más resaltantes entre uno y otro integrante activo de esta fauna humana. Fauna que me honro en integrarla en estas líneas.

A mi entender, amigo es aquel que se nos presenta como es, sin afeites, sin ademanes de petulante. El ami­go debe impactar a primera vista, por eso decimos que es aquel quien es ubicado dentro del marco que hacen la modestia, la humildad, la consideración y el respeto; re­pito, sin afeites, tal cual es. Es el que sueña con un mundo mejor, hermanados en los propósitos nobles y altruistas; es aquel que no escribió ni un solo libro pero no deja de ser todo un libro de aciertos y de virtudes, de anhelos y sueños. Son varias las especies de amigo, y también de

aquellas (como en el reino animal) en vías de extinción, víctimas de los crímenes alevosos perpetrados por el de­predador, quien también es otra especie del grupo, como el amigote y el amiguillo, pero aquí vamos a detenernos para conocer mejor a estas dos especies que abundan en demasía.

Amiguillo es como el monaguillo que por el solo hecho de oficiar una misa con atuendo clerical se siente ya dueño único de la verdad, sin pecados y con la suerte de creerse poseedor de la llave que abre las puertas del cie­lo. Es el que nos miente, tratando de engañarnos y lo consigue.

Amigote. Qué ejemplares magníficos tenemos en esta especie. El amigo-amigote no merece figurar como ami­go ni merece el regalo de nuestra consideración. Supues­tamente este es amigo, pero lo es solamente en los bue­nos momentos para extraer provechos, beneficios o lo que él quiera como finalidad de sus propósitos de seudoamigo. ¡Pero vamos al grano!, he'i ndaje peteĩ jati'i omongueraséva.

Como ejemplo muy personal de lo que debe ser un amigo-amigo, vaya este a quien por haber sido tal dedico un poema.

¡Jacinto!

En "la noche de la congoja", entre cortado y silencioso llanto, como si fuera una oración, musité estos versos frente a los restos de quien fuera un amigo-amigazo.


AMIGAZO

Despierta hermano: Despierta
Y ahora que ya estás con ella,
¡Aférrate a sus manos y recítale
La poesía más bella!

Sí... es esta tu noche morena,
la misma noche estrellada
que por las tardes buscabas
recitándole poemas

bajo su capa enjoyada
con jazmines, con estrellas
y un lucero.

La que fue tu sueño, tu obsesión,
amiga, amante y hembra,
esquiva novia distante

de tu requiebro de amor.
Húndete en el abismo

de su vientre y de sus senos.
¡Deténla!... que no huya.
¡Poséela!... es toda tuya.
Tal como
la querías;

quieta, desnuda y fría,
bajo la luna sin nubes,
bajo el ardiente lucero
que fue tu fiel compañero
en tantos amaneceres.
Titilan cual candilejas
las estrellitas lejanas.
Alguien aquí te reclama
aplaudiéndote de pie
y como un grito exclama
que suene tu recia voz...
que tu estampa se ilumine
con el candil de la luna
y los fulgores del sol.
Despierta hermano...
despierta.


JACINTO HERRERA.
UN AMIGO-AMIGAZO

Noble, leal y solidario amigo. Amigo en duplicado, sen­sible y extremadamente solidario con las personas que le rodean.

De este apuesto y sobrio galán de la radio, del cine y la televisión, fuera del escenario no se conoció un enamo­ramiento o un noviazgo al margen de las relaciones que mantuviera con la primerísima actriz Emigdia Reisofer. A mi particularmente me llamó la atención que su más predilecta amiga no fuera una mujer... sino la noche. Esto me inspiró para dedicarle los versos precedentes cuando falleció, dejando en verdad una herida sangran­te en los repartos de obras teatrales presentadas en el país.

Pero... ¿quién fue Jacinto Herrera?.

Fue un paraguayo que hizo vibrar a nuestro público y al más exigente del Río de la Plata, con sus impecables creaciones, personificando a diversos tipos en obras tea­trales y en más de 39 películas de largometrajes. Entre los filmes que contó con su aporte interpretativo recor­demos uno que como muestra basta y sobra: "La última escuadrilla, donde ofició de coprotagonista al lado de los consagrados artistas argentinos Minguito Altavista y Tito Alonso.


A CARLOS GÓMEZ

Este también y gracias a Dios fue y es mi amigo, ami­go-amigazo; lo conocí en 1936, cuando él integraba el elenco "Destellos Juveniles" y yo era integrante del elen­co sostenido por la parroquia del Cristo Rey. Este elenco contó con la dirección de Carlos Pussineri Scala.

El nombre completo de este amigazo cariñosamente hoy llamado Carlitos es Carlos Victoriano Gómez Casti­llo, actor por donde se lo mire, amigo leal y desinteresa­do. Con él estuvimos en la década del 40 en la Compañía del Ateneo Paraguayo, bajo la dirección de don Fernan­do Oca del Valle y en la Compañía de Teatro Guaraní dirigida por don Julio Correa, el auténtico creador del teatro guaraní. Hizo televisión, radio y cine en la Argen­tina, es el único actor paraguayo, junto con Jacinto Herrera, que figura en el Libro de Historia de la Cinema­tografía Rioplatense.

Sin dudas, estamos frente a un valor que merece nues­tro reconocimiento por todo cuanto hizo y hace en bien y a favor de nuestra cultura, principalmente en el ámbito teatral. Con él y Mirna Veneroso somos los únicos sobre­vivientes de aquel entusiasta grupo que conquistó aplau­sos en la década del 40. En la obra fílmica "Alto Paraná" cumplió una labor muy destacada por la prensa argenti­na en 1970. La película fue protagonizada por el exce­lente actor argentino Ubaldo Martínez y contó como se­gunda figura con Carlos Gómez.

Para este amigo-amigazo vaya mi fuerte abrazo con este poema:

 

PARA CARLOS GÓMEZ.... UN AMIGAZO

 

Ya no tenemos el vigor

de aquellos "Destellos Juveniles",

pero gracias a Dios

quedó nuestra amistad.

 

Este Carlos no integró

aquel grupo de entorchados

que el 2 y 3 de febrero

con tanques y metralletas,

con granadas y escopetas,

a un sistema derrumbó.

El no es un Carlos más.

Mucho menos un Carlos menos.

No es ni décimo ni octavo.

El teatro es su conchabo

y su razón de vivir.

El pueblo así lo entendió

y no deja de aplaudir.

Si bueno es como actor

también lo es como amigo.

Su mano abierta es abrigo

y es su presencia alivio

que anula la soledad.

Un compañero ideal,

honesto, digno y cordial.

Capaz de quemar sus naves

si apeligra su lealtad.

Este Carlos o Carlitos

no es ni Marx ni es Chaplín,

no es un Carlos del montón,

ni en el circo aserrín.

Sencillamente se trata

de un intérprete genial

que honra y que dignifica

al teatro nacional.

El supo arrancar aplausos

con su labor magistral.


A ERNESTO BÁEZ

Este amigo-amigazo cumplió en vida la santa misión de hacernos reír. Llegó hasta los rincones más aparta­dos del país para entregar su chispa convertida en hu­mor auténticamente paraguayo, uno de los ejemplos es la muy aplaudida pieza firmada por Mario Halley Mora cuyo título ya es un invitación a la alegría: "El comisario de Valle Lorito" y esta autoridad llevaba como nombre nada menos y nada más que el de Napoleón, que apocopado en dos sílabas quedó en las plateas y en el pueblo. Se lo conoció como Napo. A este Napo, comisario de Valle Lorito y a su intérprete Ernesto Báez, mi modes­to homenaje de admiración.


NAPO

 

(Una autoridad legalmente prostituida)

Atado a un "Teju ruguái"

este "tirer" valentón

es un capo de cartón

"Made in Paraguayain".

 

Es el torpe “mbarete"

"La autoridad competente"

con dedo y medio de frente

y estampa de bravucón.

 

Con nadie quiere joder

este fiero gran "Comí"

que exhibe negro poder

con un moquetón "bolí".

El "manda" en aquel pueblito

que siempre anduvo al revés,

donde abundan los loritos

y es "valle" de la “Clandé".

 

Sorprendido y embobado

así en escena irrumpió

gracias a Ernesto y la gracia

que el padre - pueblo le dio.

 

Ernesto, hermano-amigo:

toma tu lanza y embiste

contra la mueca-castigo del

labriego, quieto y triste,

 

que esperanzado te espera

abrazado a su "capuera"

para que en los surcos arrojes

tu sal, tu lluvia y tu sol.

 

Ernesto:

Nuestra tierra se merece
un tiempo nuevo y mejor:
los chispazos de tu ingenio
con sus cosechas de humor.

Roger Vernalve es el fundador y director de "Real", Grupo Teatral Itinerante, que en ocasión de la puesta en escena de una obra contó con el concurso de don Carlos Gómez, quien a más de actuar ofició de asesor de la pues­ta en escena del espectáculo teatral "Veladas Paraguayas", cuyo estreno fue en 1997 y que tuvo reposiciones en la capital e interior del país. El director Vernalve (conjun­ción de sus apellidos Vernal Vega), me solicitó la redac­ción de algunas palabras alusivas a Ernesto Báez, a fin de ser leídas antes de cada presentación y distribuidas al público con el programa.


SE NOS FUE UN SEMBRADOR: DON ERNESTO BÁEZ

Con esa llamita interior que, gracias al Teatro nos moviliza y sostiene, hoy llegamos hasta este escenario para avivarla y así suplir la ausencia de ese poderoso y cálido reflector apagado, dejando a oscuras al escenario del auténtico Teatro Popular Paraguayo.

Estamos aquí para intentar exteriorizar nuestro pesar por la desaparición física del señor Ernesto Báez.

Más que un buen actor, más que un exitoso autor, mucho más que un obrero de la escena nacional, Ernes­to Báez fue un verdadero sembrador en los surcos de la cultura nacional.

Sembrador de una idea santa.

Sembrador de una sencilla de oro.

Aquella que germina y crece gracias a la generosidad de la tierra nuestra: la semilla del "Teatro Popular Para­guayo".

En nosotros germinó esa semilla.

Somos un torrente de vocaciones.

 

Somos producto de esa idea, de esa filosofía, de esa semilla.

Para muchos tal vez no seamos "algo" o "alguien". Para otros más descreídos, somos "nada"...

...Pero lo que cuenta y lo que vale es que somos, que existimos; que estamos de pie sobre el tablado y que esta noche volveremos a levantar el telón, esta vez en home­naje a un artista del pueblo: el señor don Ernesto Báez.

Que los aplausos sean para él.
Muchas Gracias.
"Real"
Grupo Teatral Itinerante.


UN POEMA PARA UNA VOZ

 

Para una voz que llegó al corazón, para " la voz del viejo río": Agustín Barboza. Lo escribí en 1997, al cum­plir Barboza su cumpleaños número ochenta, se lo en­tregué exteriorizando de esa manera mi amistad y admi­ración al noble cantor y compositor. Barboza musicalizó el poema que, como guarania, ya cuenta con cinco gra­baciones incluyendo los LPs y discos compactos.

Voz del viejo río (Guarania)

Mi voz antigua viene de lejos,
viene del río que acunó,

sigue tan limpia como las aguas
del viejo río que la llevó.

Traigo con ella y en mi guitarra
los tiernos versos del gran Manú,
y en mi garganta aprieta un nudo de
cinta roja, blanca y azul.

Canción hurtada en altas noches
del pecho inquieto de la orfandad
para encenderla en serenatas
en mil ventanas del Paraguay.

Canción antigua, rumor de río,
del viejo río que me acunó,
canción morena, canción serena,
canción del verso que se perdió.

Con ella traigo indiano acento
que me enseñara José Asunción
y
al entonarla vibrante siento
un eco extraño: ¡mi antigua voz!

 

EN LOS 80 AÑOS DEL JOVEN AGUSTÍN KARAÍ "TAJA-RUSÚPE" GUARÁ

 

Por mantener la amistad

De este "señor" adefesio,

Aquí diré mi verdad

A quien admiro y aprecio.

Mi estimado don Agüi:

Komundo apére anichéne,

Ivaivéva ndehegul

Por los siglos jatopa...

 

Ndeuaíramo jepe

Rehayhúgui nereta

Hetami mba'e porá

Rejapóma kuimba'e

 

Akói ndeally'o porá

Ha "ochenta" ma remboty

Ajéniko neresái

Nde "karai tujarusu"!!!

 

Bendita mil veces sea

esa tu linda fealdad,

que atesora el alma blanca

de un señor de la Amistad!!

 

As. 05-05-1993

 


Caricatura de AGUSTÍN BARBOZA

 

 

A MAURICIO CARDOZO OCAMPO

 

Así como lo es, amigo del folklore, también lo es con las personas, por ello también su nombre está escrito con mayúsculas y comillas en el listado de la gratitud, de los amigos-amigazos.

Me tocó ilustrar su libro "Mis Bodas de Oro con el Folklor Paraguayo. Memorias de un Py sai", en ocasión de cumplirse cincuenta años de su incansable labor por el folklore.

En el año 1971 dediqué estas palabras a este amigo­amigazo, que a más de testimoniar mi sentir, evidencian la gran calidad humana de este maestro consagrado:

El folklore es para don Mauricio,

un cántaro, una galopa,

un pucho y... un "mimby".

Bendito el cincuentenario vicio

que desvela a este raro "aña ra'y".

Con mis sinceras congratulaciones al cumplir nada más y nada menos que 50 años al servicio de nuestro folklore, al que, por su pureza y por la dignidad de sus auténticos cultores, ha logrado ya el sitial que se merece.

Felicidades.

Asunción, lunes 4 - X - 1971

 


Caricatura de MAURICIO CARDOZO OCAMPO

 

 

A UNA AMIGA-AMIGAZA

 

...que supo ser novia, madre y abuela y bisabuela

 

¡Kuñaitéko hína che!

Para mi "mujer maravilla" Nidia Sanabria

 

¡Maiteípa!... ha iporãite katu niko.
Ani anga mantérei py'a tarovápe jaiko
Amo hapópe niko, mboriahu rekoverã.
¡Ñandejárako yvy'apére ikurusumi oheja!
¡...Ani pechembopuka!
¡Anive pendejapu!
Nahenduséi vyrorei
...cheporá ndajeko
che.

¡Ja!, ja!, ¡jai! Ani pechembopuka
"Panambi",
"rosa poty", "tupãsy" ndajeko che.
Ojehai kuatia... mbaraka sãre aiko.
¡Hetaitéma ko ahendu mba'e porãvopyre!
¡Ha péina pecherecháma amueñói mitã rasé!
...Kapavoi chemandu'órõ aguapy ajahe'o!
Aikuaa'yre mba'eve,
ni aipo "tuka'ẽ ra'ã"
kokue árima ajeity ysapy
che aho'ipa,
ñuatĩtyre adispara,
"rosado"-re che asaje.

¡Hetamíma ko che aiko aikarãi yvy ape!

...Kapauoi chemandu'árõ aguapy ajahe'o!
Peteĩcha arambotype "maína"
Juana chembo ao
tafetín averapávape... namicháĩ
ha sapatu.
Upéro ndaje oikóma chehegui "kuñataĩ"
ha "bailanta"-pe ahakuévo aguata koni koni
…Kapauoi chemandu'árõ aguapy ajahe'o.

Oiko ndaje chehegui "luceromí kypy'y".
Arpapu chembo
aguara... Añembokíma katu.
Ykua rapére,
Cristóbal py'yĩnte cherupyty...
Chembo porã...
che picháĩ, che ñañuá... che retũ... ...
Chepy'ahórõ umi mba'ére, kapavoi chepukapo
ha anga pecherecháma chemoguáiguí tembiapo.

Chekuã rehe mitã... cherouáre kuarahy
... chepo mokõime ajaka... cheresápe topehýi...
ha pe che'áme katuJuan Cristóbal kurusu!
...Nde mitã rovaky'a! Eju jaha chememby
ani'anga
peche ñe'ã péícha hágui osororo!
Ehupi katu pevosa...iE'a! ¡Jesu
che Dio!
ha ojupímako añete...
...Kapavoi péicha ahechárõ aguapy ajahe'o.


 

LECCIÓN APRENDIDA

 

¡Gracias Pepe!. Hace unos meses volví a esa ciudad del sur recostada sobre las aguas del rumoroso Paraná. Recorrí sus calles, saludé de paso a muchos buenos ami­gos y luego entré en la casa que había habitado con mi familia durante más de 9 años. Pedí a la dueña que me permitiera recorrer el interior, dormitorio matrimonial, de mis hijos, la sala, el comedor, el patio, la cocina y hasta el patio.

En ese emotivo itinerario desbordante de recuerdos se me presentaron como fantasmas gratos los recuerdos que quería volver a vivirlos, de pronto en la pieza con piso de madera, tropecé con un objeto de hojalata pintada, me detuve, alcé el material y lo ubiqué en memoria, era el resto de desecho del único juguete que llegó de la mano de Llollo que apenas contaba con 4 años.

Era el cadáver exhumado de un juguete que le enseñó n mi hijo todo aquello que yo no podía enseñarle; la tena­cidad, la persistencia, la decisión inquebrantable de lle­gar al destino, de lograr el objetivo anhelado.

Pepe, el "loco", era conductor de un jeep que funcio­naba todavía con cuerda, llevaba casco y permanecía ;herrado fuertemente al volante. No hablaba, no necesita hablar. Su dueño (mi hijo Llollo), lo lanzaba hacia el in­terior de la pieza, Pepe, el "loco" y su jeep se lanzaba con fuerza, se tenía frente a la pata de la silla, de una cómo­da, del pie de alguien que estaba sentado.

Volví a intentar sortear el obstáculo, así una y varias veces, hasta llegar allí donde quería llegar. Esto era sólo una gran lección y la aprendió muy bien su propietario, mi hijo. Qué bien se portó conmigo aquel entonces insó­lito y deslumbrante fabricado de hojalata y movido aún dándole cuerda.

Creo que de él mi hijo aprendió que en todo emprendi­miento hay que fijar objetivos sobre lo planificado o so­bre lo deseado. Aprendió el valor que tiene la tenacidad, la persistencia, la inquebrantable decisión de vencer obs­táculos, sorteando todo tipo de vallas, como si el propó­sito para impedir que llegue ahí donde pudiera molestar a otros.


OTRO AMIGO-AMIGAZO;
FERNÁN ELIZARDO BENÍTEZ

Este amigo "Benitín",
campeón del banderín,
se convirtió en "Benitón"
porque al trabajo le pone:
¡alma, vida y corazón!.
Sin dudas artista es
pero es posible también
que algo estará faltando
para que sea un "artistón".
Todo, todo puede ser
pero a mi modesto entender
hay virtudes que ya le sobran
a este íntegro cultor
como amor a sus trabajos
modestia y humildad
que hacen la argamasa
de esta auténtica amistad.


CRISTI Y QUITO


Dedicatoria: para Nidia Sanabria

 

-¡Anga che rey!...

¡Mba'ére ndepochy!
Mba'ére, eremi chéve...
-¿Mba'e?

Ha nde piko reimo'ã ndorohayhúi rire
aiméta ko'ápe nde ykére,

cheño ha mombyry che rógagui,
che s_gui, nde argel katu.
-¿Mba'e?

¡Pero nde niko ndetarováma!
¿Mba'éichagua "prueba" piko reipota chehegui?
Eremína chéve, mba'éichagua "prueba" reipota
ame'ẽ ndéve...

-"¿Prueba de Amor?"... ¡Aikuaa "prueba de amor'!
Tereho eporandu Isabel-pe mba'éichapa ogueraha
la "Prueba de Amor" ome'ẽ va'ekue lo mitãme...
¡Séisma imemby, "seis prueba de amor" ome'é rire!


EL MAR Y UN POETA

 

Cuando a mediados de la década del noventa tuve la oportunidad de estar en Brasil, en una de sus tan con­curridas como hermosas playas, me tocó pasar por una situación que me llenó de sorpresa y emoción. Caminan­do por la playa me intercepta un individuo, joven este, y me entrega en lo repentino de su aparición un papel es­crito, que era lo único que llevaba en la mano; era un poema. Me dijo, en su portugués natal, que él se ganaba la vida vendiéndolos. No pasó mucho para que escribie­ra unos versos recordando este episodio en el que el mar y este poeta ambulante fueran protagonistas...

El mar y un poeta

Llegaste hasta mí
sin haberte esperado,
sin haberte llamado.
Llegaste así, de golpe,
de improviso

casi, casi insólitamente.
Como una brisa tibia
que intenta apagar

el fuego con que incendiaba
el sol la ondulante playa

a los cercanos "morros"
y hasta las aguas

verdes de ese mar inmenso
que oraba y lloraba

por sus oleajes salados

blancos y espumosos...

Llegaste hasta mí

como una gaviota perdida,
como una avecilla asustada.
En el extremo

de tu extendida mano,
un poema.

¡Nada más que un poema!
Entonces me dijiste:

Yo los escribo.
Es el pasaje de un punto a otro.
La gente me entiende y me ayuda

para hacer más caminos
¡Por eso yo estoy seguro
que siempre llegaré a destino!
-Claro que llegarás

joven poeta amigo.
Tu siembra de bondad y amor
te hará feliz hermano mío.
¡Anda! sigue en esa lucha
desigual y eterna

entre la mezquindad y el arte.
Que este sea

por siempre tu camino
y ten la seguridad

que llegarás a destino.


OTRO AMIGO-AMIGAZO MÁS: LUIS ALBERTO DEL PARANÁ

Como representante, promotor y publicista oficial de por vida en el país de este hombre de gran valía no me siento tan orgulloso como lo soy de corresponder a su amistad a toda prueba; este amigo-amigazo, que reco­rrió el mundo con su inimitable voz, no sólo llevó a es­parcir sones por el orbe, sino el calor humano y esa ener­gía resplandeciente en su carisma, propia de personas auténticas, que supo sembrar y cosechar amistades ver­daderas...


AL TROVADOR

Con polcas y con guaranías,

con el nombre de su tierra

y una cinta tricolor,

al globo-tierra brindó

sus serenatas más gratas

como homenaje de amor.

De pronto llegó ese día

sin estrellas, sin melodías,

sin luna y sin sol.

El día de la añoranza,

del agridulce techaga'u,

entonces, el trovador

a su terruño volvió

con un globo de oro,

premio justo a sus triunfos

que en el arte conquistara

con su guitarra y su voz.

 


OSCAR FERREIRO Y ANA IRIS CHÁVEZ DE FERREIRO

... AMIGOS-AMIGAZOS

 

Una amistad de las auténticas es la que compartimos, hoy, doña Ana Iris ya está ausente, pero sólo físicamen­te, y los lazos que hacen los sentimientos verdaderos a más de atemporales son eternos, sin fecha de vencimien­to. Recuerdo que ella me había manifestado su deseo de contar con una caricatura suya, a lo que yo prometí cum­plir. En una ocasión en que se realizó una exposición de mis trabajos en el Salón Primavera de la empresa publi­citaria Turú, asistieron ambos; sin embargo, aún no ha­bía conseguido hacer la caricatura para ese momento. Esto lo sentí mucho, y más aún el hecho de que cuando el trabajo estuvo terminado, Ana Iris ya había emprendi­do el viaje sin retorno a la eterna ausencia...

Acaso yo olvidar podría
por un instante siquiera
el pedido que me hiciera
esta gran señora dama

a quien por sus inquietudes
y por sus tantas virtudes
para mi honra
adopté como amiga
y como hermana.
Oscar: poeta, hermano.
Aquí te entrego
en propias manos
esta audaz caricatura
de la que hoy
ausente está.
Soy inconsciente.
Lo sé.
Mba'éiko che ajapóta
che promesa a-cumplicé.

Ñemboki mondoho
Otro accidente amoroso entre Cristi y quito.
Dedicatoria para...

-Na'ápe nera'anga

ndaipotavéi chendive
Ysabel-pente eme'ẽ...
Ha'e oiméne oipota
omoíne virdioguype
ha upéi katu nde-encuardá,
santo patrónoicha ndeguerekóta,
níchope nderekóta...

yvoty de fantasía
ha tataindy nerenondépe.
¡Ndéve
ko añe'ẽ hína!
Na'ãpe nde ra'anga
ha'éma niko ndéve...

No quiero más por mí
el foto que dio usted.

-Aní che rey rejembo lomo
eju katu ko'ápe rehechaséramo
Ñande Jára gracia... ko'ã panambi
mba'éichapa ojoayhu...

ndaha'ét ndéicha
reñembo lomo-va
emañamína Quito
ojeroky haícha niko
ojupi, oguejy,
i
saraki,
peteĩ oho ohetũ la otrope
upéi ohetũ yuoty

ha entero yvoty ohetũ va'ekue
opyta ikangypa...

¡E'a! anive chekuare epoko
ani rejapo cherehe
pepanambi yvotýre ojapo va'ekue
¡aníke
che retũse!...

oikóne yvotýre ojehu va'ekue
...che mbokang
ýne mba'e.

 


Caricatura de ELADIO MARTÍNEZ

 

A ELADIO MARTÍNEZ OTRO AUTÉNTICO AMIGO­-AMIGAZO

 

En cierta ocasión, cuando me desempeñaba como su­pervisor de los departamentos de Publicidad y Relacio­nes Públicas de una reconocida empresa representante en el país de vehículos automotores, recibo la grata visi­ta de don Eladio Martínez„ quien venía con la intención de que le asesore sobre alguna propuesta ventajosa para la compra de un automóvil. Yo, ajeno al departamento encargado de dichos asuntos, sólo pude indicarle dónde y con quién asesorarse.

Eladio Martínez se retiró, según lo noté, cabizbajo, como desilusionado, como consecuencia de que ningu­no de los planes de venta era acorde a sus posibilidades.

Eso también me afectó, por la enorme estima que siento por él y por esa amistad que cultivamos. Ese tiempo es­taba próximo a su cumpleaños número setenta, y como manera de alentarlo, de levantar nuevamente su estado de ánimo, no tuve otra idea sino la de homenajearlo en ocasión de tan próximo e importante acontecimiento.

El día domingo 23 de mayo de 1982 lo celebramos en mi residencia familiar sobre la calle Piribebuy entre Co­lón y Hernandarias de la capital, donde a más del anfi­trión, don Eladio, y señora, estuvieron presentes Ernesto Báez, Alberto de Luque, Agustín Barboza, Miguel An­gel Rodríguez, Augusto Gallegos, todos ellos acompaña­dos de sus respectivas esposas. También estuvieron An­tonio Achón Bau y señora, Luis Mozart Fleytas, Néstor Romero Valdovinos, entre otros. Y por supuesto, los oferentes Aníbal Romero, Nidia Sanabria de Romero, Sanie, Irma de Romero, Graciela Candia, Mario Aníbal Romero Lévera y Eladia Sosa.

En ese grato acontecimiento, hicimos entrega al aga­sajado de un pergamino ilustrado en cuyo anverso escri­tas estaban unas líneas a su homenaje, los versos y las caricaturas de mi autoría, que fueron firmados por to­dos los presentes en el acto. La felicidad que experimen­tó este amigo-amigazo es indescriptible, como también lo es el sentimiento de quienes compartimos con él esa alegría.

Los siguientes versos son los que en aquel pergamino testimoniaran nuestro homenaje a Eladio Martínez...

 

Sorprendido y sin razón

este "gua'i" guitarrero

se nos muestra muy arriero,

orgulloso y brabucón.

 

Cuentan que al ver la luz
le puso ritmo a su llanto
entonando un nuevo canto
para anunciar su debut.

 

Con su jopo engominado

y su guitarra guaireña

cantó en veladas y peñas

en palacios y condados.

 

Todo un siglo pasó
sobre el gran serenatero
que ató su voz a un lucero
para implorarle un adiós.

 

Ese "adiós" al Lucerito

titilante en su esplendor

se hace "adiós" a los añitos

que hoy cumple este señor.

 

 

ATENCION PIDO SEÑORES:

 

Atenciónte ajerure

amombe'umíta ápe

el tiempo rembiapokue.

 

Guãguĩ teko saraki
lekaja "kechẽ", “kechẽ"
opa lájagui rei
ko-mundo apére ñaime...

 

Oi avei cristiano

Lope tiempo-pe guare
hosãvéva con los años
mitã'i ja'e hese

"El tiempo-pe arrepuntá"
don Martínez osẽ he'i,
ha akóinte ha'e oikove
ha oikovéta gueteri.

Ñaimemíkena ijykére,
javy'áke hendive.
(...Ani hi'árambotype
ivyro ha opadecé).

 

 

AMIGOS-AMIGAZOS

Porque muy solidarios son

de alma y de corazón

muy generosos ofrecen

el fuego de sus abrazos

para convertir en cenizas

las puertas dobles,

sus candados y cerrojos,

sus trancas y los barrotes,

que adornan ese espacio torturante

que se llama soledad!

Porque muy solidarios son

frenan ya con sus abrazos

los terribles coletazos

de la envidia y la maldad!

Coletazos de secuelas

de una antigua enfermedad!

Por todo esto y aun por más

aquí ya los recuerdo

y con un grande y fuerte abrazo

me doy el espaldarazo

de citarlos como Amigos!

Como Amigos-Amigazos de verdad!!!

A... don Augusto Roa Bastos, don Raúl Amaral,

Carlos Gómez, Elvio Romero, Carlos Garcete,

Oscar Ferreiro, Alcibiades González Delvalle,

Aníbal Antonio Romero Sanabria, Oscar Mazó Marín,

César Alvarez Blanco, Fernán Elizardo Benítez,

José Magno Soler, Rafael Rojas Doria, Cayo Sila Godoy,

José César Sanabria, Aníbal Fadlala, Alberto de Luque,

Mario Halley Mora, Luis Mozart Fleitas, Fiorello Botti,

José Dionisio Ibarrola, José Luis De Tone, Francisco Marín.

 

¡Sí Señor!

Ya se fueron,

es cierto, pero...

cómo no recordarlos,

si ellos fueron y son

mis primeros Amigos -Amigazos!

Genaro Romero (¡mi padre!), Agustín Barboza,

José Asunción Flores, Ernesto Báez,

Jacinto Herrera, Julio Correa,

Roque Centurión Miranda, Fernando Oca del Valle,

Remberto Giménez, Herminio Giménez,

Mario Prono, Leandro S. Cacavelos,

Hérib Campos Cervera, Mauricio Cardozo Ocampo,

Oscar Cardozo Ocampo, Arsenio Erico,

Delfin Benítez Cúceres, Carlos A. Pussineri Scala,

Rudy Torga, Teodoro Salvador Mongelós,

Félix Fernández, Jaime Bestard,

Enrique Marsal, Pablo Alborno,

Humberto Garcete, Luis Alberto del Paraná,

Reinaldo Meza, César de Brix, Delfin Fleitas,

Gerardo Servín, Angel Sanabria,

Félix Pérez Cardozo, Emilio Biggi,

Antonio Hipolitto, Juan Carlos Moreno González.


"PARAGUAY KO' Ẽ" PRIMER POEMA CORAL COREOGRÁFICO

A invitación de mi señora Nidia Sanabria, entonces Directora General de los Institutos Artísticos Municipa­les, hice el diseño básico argumental y la poesía primera el primer poema coral coreográfico del Paraguay.

Aporté todos los textos para la música creada por el maestro Juan Carlos Moreno González.

El estreno se verificó en el Teatro Municipal Ignacio A. Pane, el 15 de agosto de 1970. El gran elenco estuvo integrado por la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asun­ción (OSCA) bajo la dirección de la Profesora Tala Erfe de Retivoff, actuó como primera bailarina Maka Reativoff Gelf. La dirección teatral fue responsabilidad de la Es­cuela Municipal de Arte Escénico. Ofició de Director Ar­tístico el doctor Manuel E. B. Arguello ("Meba").

La obra fue ofrecida gratuitamente en catorce sesio­nes y en el Teatro Municipal. Era imposible realizarla en otro escenario por el crecido número de integrantes del elenco, por la decoración y el espacio el tablado.

Desde 1970 ya nadie se atrevió a poner en escena una obra con tantas exigencias, hasta la fecha no se conoce reposición de la misma, sin embargo, yo aún no pierdo las esperanzas de volver a verla.

 

FICHA TÉCNICA

Versos originales de Aníbal Romero para el Poema - Sinfónico -Coral- Coreográfico original del profesor don Juan Carlos Moreno González. La Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA), bajo la dirección del maestro Remberto Giménez; la profesora Sofía Mendoza en la dirección del Gran Coro de la Escuela Municipal de Canto; y la coreografía y conducción del Ballet a cargo de la profesora Tala Ern de Retivoff.

Esta es parte integrante del especial programa elabo­rado por la Municipalidad de la Capital por conducto de la Dirección de Instituciones Artísticas Municipales a cargo del profesor Juan Carlos Moreno González para memorar, en el Teatro Municipal "Ignacio A. Pane", otro aniversario más de la ciudad de Asunción, el 15 de agos­to de 1970.


INVOCACIÓN A JASY

SOLISTA (Soprano):

Jasy,
tienes el calor,
la luz que yo reclamo
para abrigar mi soledad.

Jasy,

sin tu calor
ya sin luz
me muero yo.

 

Jasy

ven hasta mí
con el manto de tu amorío.

 

CORO FEMENINO:

 

Jasy,

baja y danos tu esplendor,

escucha y ven a mí,

aquí el amor te espera ya!

 

DUO FEMENINO:

Jasy,
lejos estás
del dolor
y del amor!

 

Jasy,

desciende ya
y danos tu protección.

 

BARITONO:

Y danos ya tu protección...


CANTO A KUARAHY

PRIMER TENOR:

Kuarahy,
nendive ha'énte
voi oikóne.
Kuarahy,
nderata otpota
che retã!!!

DUO:

Kuarahy
eme'ẽna ichupe
mborayhu.
Ha topa pepytũ!!!

CORO:

Kuarahy,

mbyja rend_pe
neapysẽva.
Eguejy

ha vy'a, tory, ta heñói.
Che yvy ári!!!

Eju!!!... Eguej_na...
Ha upéi... tereho neañomi...
Neañomi

Kuarahy.

CORO TRIUNFAL (Nacimiento de Asunción)

Asunción,

Asunción,
Polca y guarania
Beldad de una tribu.
Jasy generosa:

Tu día ha llegado...
Asunción

Paraguay
Tupã te ha dado
El Sol y la Luna
Como una fortuna
De esta gran nación...
Asunción... Asunción.


PARAGUAY KO' Ẽ

En el inmenso y dilatado ka'aguy, sobre círculo de api­sonada tierra y extendida a las altas palmeras, ondulan­tes, espesos y perfumados, al alto cielo se elevan el humo, el cántico y la oración de una raza vieja.

Morena es la raza.
Morena es la noche.
La selva y la tierra morenas también.

El círculo de apasionada y sedienta tierra es como un cuero de un tambor gigante sobre el cual las plantas curtidas y duras del bravo cacique extraen sonidos que parecen truenos...

La raza brava está en el oficio clamando a los cielos que bajen el Sol y la Luna distantes, distantes... "Tacumbú", el noble y anciano cacique, y el gran "Lambaré" inician la danza y toda la selva se puebla de ritmo mientras a lo lejos se repite hondo el rugido hirien­te del “jaguarete".

"Ká aru pytũ", la vieja hechicera; "Tuguy Pytã", el jo­ven y recio guerrero; y la bella "Yva", beldad de la tribu, encienden las piras, reavivan el fuego y siguen danzan­do, danzando y danzando.

Lejos. Muy alto... más allá de las palmas altas. De las nubes bajas. De las mil estrellas...

La Luna, hembra o macho desciende impasible.

Cerca. Muy cerca... al lado del blanco "Mbyja", Jasy se deja ver lentamente... con su vientre cargado de fuego, con sus brazos preñados de luz.

Aquí sobre el cuero de una tierra virgen, la danza pro­sigue;

“Oikéma Jasy
Osẽ Kuarahy...
Oike Kuarahy
Osẽma Jasy”

La raza antigua, con esa su espera de ritmo  y de can­to, anhela que un día la Luna y el Sol se fundan amantes en la fragua ardiente de una gran pasión.

Pero las noches sólo siguen trayendo a la Luna y el día se viene prendido del brazo del Sol.

La noche y el día tendrán que fundirse en rojo crisol. Jasy, la distante, la muda y esquiva tendrá un desposo­rio con la diosa blanca, monarca, princesa o reina, para que el milagro de la epifanía descienda ese día, allí junto al río que ondulante besa los rojos barrancos de ese pue­blo heroico que quiere nacer.

"Osẽma Jasy...
Oike Kuarahy
Osẽ Kuarahy
Oikéma Jasy”


LAMENTO. GRITO. CLAMOR Y ORACIÓN

Cien años. Mil. Frio. Inexorable el tiempo pasa. Todo está sin lumbres y la vieja raza se aferra en la espera danzando, danzando y danzando.

Y en la danza añeja, que es mezcla de ensueño y pa­sión, afloran sencillas virtudes muy puras: altivez, orgu­llo y resignación, nobleza de un pueblo que quiere cre­cer.

"Yva" desespera. Reclama la luz de la Luna celosa del Sol.

"Yva" siente que en su pecho virginal y en su vientre breve hay un hueco grande que espera impaciente lle­narlo, algún día, con la eucaristía del gran Kuarahy.

"Yva" deja su cuerpo virgen, allí junto al río, para que Kuarahy lo queme con el fuego ardiente de su gran amor. Mientras en la selva la danza prosigue sobre el gran tam­bor.

"Yva" espera que la Luna muda descienda impasible y muestre a la selva poblada de tantos fantasmas, sus plan­tas desnudas, su vientre y sus senos, sufriendo la an­gustia de la espera larga que por fin le traiga el milagro que toda la tribu impaciente espera, orando y danzando en noches enteras...

Y un día de agosto, el Sol y la Luna se unieron por fin. En el pesebre, entre camalotes del brillante río y la oscu­ra selva, subió hacia los cielos la gris avecilla "Guyra pon", arisco tañer de campanas echadas al viento, anun­ciando al mundo que, por fin, la tribu logró que la Luna y el ardiente Sol fundieran sus almas, sus vírgenes cuer­pos, para que naciera la dulce Asunción.

Nota: Se deja expresa constancia que los versos y la base argumental son creaciones para la obra musical del notable maestro Juan Carlos Moreno González, a cuyo pedido hago entrega de este trabajo como un modesto aporte a la noble y patriótica tarea que desarrolla la Co­muna de Asunción por conducto de la Dirección de las Instituciones Artísticas Municipales.

Asunción, 20 de julio de 1970.


CORREA EN EL "FELSINA"

El Bar Felsina era el punto de referencia en la década del cuarenta para los encuentros coloquiales, los tragos, el café o las minutas que eran promocionados a través de los carteles dentro del local, ubicado en lo que hoy sería la esquina de las calles Palma y 14 de Mayo; podía leerse entre otras propuestas gastronómicas bife de lomito, sandwich de queso, fiambre y lomito, milanesa, empanadas de pollo o carne.

En un veraniego día laboral los parroquianos estaban sentados en sus mesas, discutían como de costumbre sobre política y deportes. En una de las mesas, Julio Correa comenzaba su tarea de quinielero, anotando en su libretita apuntes relativos. Terminaba su segundo café cuando apareció un individuo como buscando a alguien...

-Hola don Julio, hetaitéma roheka, quería saludarte y felicitarte. He'i la diario, se presentará "Cuando los ár­boles mueren de pie"

-Noo!!!, péa che ndajapói, Ateneo mba'e- contestó. Habló tanto y de pie que Correa, molesto, lo invitó a sentarse para no llamar tanto la atención. Una vez sen­tado, Correa lo invitó a que pidiera algo para servirse mientras compartiera la mesa. El sujeto comenzó a vaci­lar en voz alta las opciones que ofrecía el bar leyendo los carteles de menú. Esto molestó sobremanera al creador del teatro guaraní, interpretando esa situación como un acto de viveza oportunista de su interlocutor por lo que le paró diciendo enfáticamente: -No, café re'úta, neañamembyre.


BAUTISMO DE ESCENARIO

 

Para nosotros, los actores de aquella época de pos­guerra, estaban todavía frescos los recuerdos de las tra­gedias del Chaco. Y así como se hablaba de la "prueba de fuego" cuando el soldado entraba por primera vez en batalla, también nosotros los aficionados al teatro tenía­mos un Consejo de Fiscalía, encargado de someter a prueba a los nuevos integrantes del elenco en la Compañía del Ateneo Paraguayo. Este Consejo estaba integrado por ,Jacinto Herrera, Ernesto Báez, Carlos Gómez y Aníbal Romero.

Antonio Achón Bau era el postulante, un buen mozo con cierto aire exquisito a quien nuestro director, Fer­nando Oca del Valle, da un papel en la obra "La frescura de la fuente", del autor Carlos Arniche.

El Consejo había resuelto encargarme darle al nuevo elemento el bautismo de escenario que sería su prueba de fuego.

En el Teatro Municipal "Ignacio A. Pane" se estrenó la obra, ante un lleno total y cuando el postulante a miem­bro del Ateneo se dispuso a ingresar poniendo el primer Pie en el escenario, y al levantar el otro para entrar de lleno, oyó una voz que de atrás le decía Tu bragueta, Antonio, tu bragueta...". Era la voz de Romero, y Antonio con la urgencia que suponía dicha situación se cubrió rápidamente con las manos la bragueta, provocando la hilaridad de la platea y por supuesto del resto del elenco.

Ya en los camerinos, después del primer acto, no es­peraba más que un enfado furibundo que incluyera al­guna golpiza, una bofetada. Pero se acercó el “báutiza­do" tomándome del hombro para decirme con serenidad profunda... "Sólo una vez me vas a hacer esto, en una próxima, te rompo la cara", amenaza que nunca se cum­plió para suerte mía.


PRUEBA CONTUNDENTE

En cierta ocasión, cuando la compañía del Ateneo Pa­raguayo llevó sobre las tablas del Teatro Municipal de Asunción la obra de corte policial en tres actos "El proceso de Marie Dugan", de Bayard Veiller, en junio de 1945, ante un lleno como era característico de las presentacio­nes de la compañía del Ateneo, los integrantes de Conse­jo de Fiscalía, en improvisada sesión y como resulta de lo espontáneo en el transcurso de la obra, decidimos darle un susto a quien en la misma oficiaba de juez, el actor Raúl Duarte.

Tal es así que teniendo como material una cartulina "reciclada", ya que se trataba de una tarjeta de invita­ción a una boda, en cuyo dorso dibujé con mucha preci­sión y detalle un pene, incluidos los testículos, colorea­dos convenientemente con los elementos de maquillaje del compañero Carlos Gómez.

Como se trataba de una singular travesura perpetra­da intelectual y materialmente de manera espontánea por el Consejo de Fiscalía, el resto de la Compañía y el público en general desconocía lo que sucedería y en el tercer acto, el último y resolutivo, cuando toda la platea se encontraba atenta y expectante al desenlace, al vere­dicto del juez, quien daría a conocer quién fue el asesino de Mary Duggan; en ese instante irrumpo en el escenarío con un sobre conteniendo la cartulina ilustrada a modo de picaresco homenaje al intérprete magistrado, el compañero Raúl Duarte, y refiero;

"Permiso, señor Juez, vengo a presentarle una prueba contundente acerca del asesino. Si usted me licencia, quiero entregárselo en manos propias...­

A lo que el juez, con una aparente inquebrantable se­riedad, que le imponía su investidura, favorece la peti­ción, aún extrañado por la sorpresiva irrupción. Acto seguido se lo entrego y procedo a retirarme rápidamente a fin de evitar estallar en carcajadas y ser yo quien quie­bre esa seriedad del jurado.

Cuando el juez abre el sobre y se encuentra con el dibujo, inconteniblemente echa a emitir sonoras carca­jadas a las que el resto de los actores se sumaron. El destino inmediato de la tarjeta: ipso facto hecho pedazos en el papelero del juez...


CUANDO LO JUSTO LLEGA

Sin dudas, la obra "Karai Eulogio" se constituyó en el mayor éxito teatral de la compañía de Julio Correa, Tanto que le valió numerosas reposiciones no sólo en  Asunción sino en ciudades circunvecinas. Cuando en 1943 se la llevó a escena en el Teatro Marconi de Luque, a beneficio del templo parroquial, estábamos durante cl desarrollo de la obra en un aparte comentando lo escaso que estábamos de dinero, quejas en un "ñe'ẽmbegue" surgidas porque alguien propuso ir luego a cenar algo, cuando ni siquiera monedas teníamos para algún bocado. En ese grupo estábamos Teodoro S. Mongelós, Ernesto Báez, Carlos Gómez, Francisco Marín y yo. Como casi siempre, consecuencia de ser el menor del grupo, recaía sobre mí los mandatos y la materialización de ciertas ideas que surgían en el gru­po, y en este contexto convenimos que sería yo quien haga llegar al director (Julio Correa) la inquietud de que los muchachos querían percibir sus haberes por las representaciones anteriores a esa obra. Así las co­sas, ingreso al escenario armado de valor por el propó­sito de la causa, y dirigiéndome a Correa, de espaldas a mí, le digo;

-Atopami lo mitãme karai Felipe boliche-pe. Ho'use hikuái sardina galleta guasúre, ha enterovéa ndoguerekói un céntimo, he’i Cherecha hikuái ha don Francisco he'i chéve:

“Nde, mitá'i, tereho ere ndepaínope jahecha araka'épa o arreglata orendive pe'itujáva. Enterovéa he'i chéve... araka 'e oarreglata orendive pe'itujáva".

Don Correa, levantándose de su sillón de mimbre, re­plicó molesto:

"Nde mitã'i rova ky'a, tereho ere ndesocio kuérape ko funsión kóa oparire tapehomi Mirna Veneroso rendápe. Ha'e ojapóta la pende liquidación...

Luego de la obra fuimos al camerín donde Mirna Veneroso se encontraba y comprobamos que efectivamen­te la liquidación de haberes estaba preparada, hecho que nos alegró y entusiasmó sobremanera. Sin embargo, gran­de fue nuestra sorpresa cuando el primero de los llama­dos, Francisco Marín, recibió igual que el resto de los presentes la siguiente liquidación:

Total a percibir    G 35

Descuentos:

Derechos autorales por tres funciones

Protagonista de la obra

Dirección escénica

Multa por desacato

Total a percibir    G 10,5

Un mes después de este episodio, cuando ya lo dába­mos por definitivo, al recibir la próxima liquidación por posteriores obras, encontramos un plus con el siguiente concepto: "Haberes retenido por la dirección", con lo que se nos retribuía todos los descuentos de aquella ocasión anterior, como sanción a lo que Correa interpretó como una falta de respeto.

Siendo el ser justo una de las virtudes más notables de Correa, esta anécdota retrata un episodio que lo de­muestra.


CORREA RECONOCIENDO EL MÉRITO AJENO

En la década del 40 integré el elenco de la Compañía de Julio Correa, él al comprobar mi profunda admira­ción y respeto por su obra, además de tener conocimien­to de mis limitaciones económicas, quizá para compro­meterme más con él y con la compañía dispuso ayudar­me. Ya entonces me dedicaba a algunos trabajos publici­tarios.

Don Julio me convocó a una conversación en el altillo del Teatro Municipal de Asunción, en la que me consultó si estaba en mi ánimo el ganarme unos guaraníes más, la respuesta ya estaba dada con un gesto afirmativo. "Desde hoy en adelante -dijo- nde rejapóta chéve la pu­blicidad de la Compañía, pya'ékena eñepyrũ porque ja aguerekóma el primer pedido".

"El 13 de setiembre, en función noche, 21.30 horas, en este mismo Teatro, la Compañía reprisará mi obra Ñande mba'era'y", continuó diciendo. "Será una noche de gala con los mismos precios de localidades que los habituales -acotó- será un homenaje al maestro creador don José Asunción Flores, ñaikotevéta un mínimo de 2.500 volantes en la brevedad".

Después de semejante propuesta, no esperé más, pues ya me acosaba la responsabilidad de cumplir con tan delicada misión, me despedí y fui directamente a mi casa para elaborar el programa y ponerme en contacto con la imprenta (Emasa).

El resultado: un material que contenía los siguientes datos:

Teatro, día, hora, precio de localidades...

"Será un espectáculo teatral de reconocimiento y de admiración y homenaje de la Gran Compañía de Come­dias de don Julio Correa con la reposición de la obra del mismo Correa (auténtico creador del teatro guaraní) ro­tulada `Ñande mba'era'y', homenaje a don José Asun­ción Flores".

Así fue ordenado a la imprenta, cinco días antes del espectáculo fui visitado por Correa para hablar sobre el programa. Estuve frente a él por un tiempo menor a una hora y me requirió con urgencia los volantes, en este contexto retiré de la imprenta los ejemplares y los llevé rápidamente al Teatro donde estaban ensayando, al lle­gar, coloqué sobre la mesa de Correa los 2.500 ejempla­res y quedé aguardando expectante sus comentarios.

El tomó uno de los volantes, lo leyó -con inicial gesto de agrado- hasta que llegado a un momento de su lectu­ra cambió la expresión de su rostro, eso me preocupó bastante, tanto que pensaba y repensaba dónde pudo estar mi error, volví a revisar uno de los volantes por si la imprenta haya deslizado alguna falla de impresión, pero no, todo estaba tal como yo lo consideraba correcto y como lo había solicitado Correa, y así yo a la imprenta...

"Pero no pues -dijo con enfado lastimero el director­- ¿mba'e piko la rejapóva?”

"Oĩ vaipaite kóa" -sentenció.

 

Quedé helado, pero al señalarme la falla, comprobé hasta qué punto la grandeza de este hombre revestía humildad y reconocimiento al mérito ajeno. Correa se percató de que en los volantes su nombre llevaba negri­tas y el del homenajeado Flores no. "Ha'e la gran maes­tro, ndaha'éi che", sentenció.


UN HISTÓRICO ELENCO

La Compañía de Teatro en Guaraní de don Julio Co­rrea presentó el siguiente elenco para el estreno y las reposiciones de la obra "Karai Eulogio" o "Karai Ulogio", o para su versión en español, "Señor Eulogio", saine­te, en tres actos, original de don Julio Correa, estrena­da el día miércoles 5 de julio de 1944, en el Teatro Municipal "Ignacio A. Pane": Itsmio Veneroso, apunta­dor; Ernesto Báez, "Ramírez", el quinielero; Mirna Veneroso, "Epifanía"; Harmodio Soler Méndez, auxi­liar de la compañía, hijo del notable pintor don Ignacio Núñez Soler; Hugo Espartaco Martínez, "Juan"; Car­los Gómez, "Planta"; Teodoro S. Mongelós, "Changador", traspunte del elenco; Juan Aníbal Romero, Jose'i; Georgina Martínez de Correa, "Ña Sotera"; don Julio Correa, Karai Eulogio", director general de la Compa­ñía, autor de la obra y protagonista de la misma; Elizarda Cazal de Rodas, "Doña Lalí de Elizarda", esta noble primera actriz cubría dos plazas en el reparto de la obra, encarnando los personajes de "Ña Luisa" y "Ña Mercé". Dos creaciones interpretativas dignas de figu­rar en el historial del Teatro Paraguayo y el de sus más representativos intérpretes.


LAS AGALLAS DE CORREA

En pleno Gobierno de dictadura del general Morínigo (1945) llevábamos a escena la obra "Arévalo", llegada la escena en que debían aparecer el Capitán Sopapo y los cuatro soldados, se presentaron solamente dos.

Correa, nervioso y aturdido por el acontecimiento in­grato, sale del escenario y pregunta qué se hizo de Teodoro S. Mongelós y Espartaco Martínez, le dijeron que ellos cayeron en poder de la Policía acusados de conspiración y ser enemigos de las autoridades legalmente constitui­das. Ante la imposibilidad de seguir con la obra, vuelve a entrar al escenario y dirigiéndose al público que llenaba la sala, les comunica que la representación no podrá continuar "por obra y gracia del sargento que es nuestro gobernante...".


LAS MEDIAS DE UN SOLDADO

 

Durante una reposición de la obra "Arévalo", versión en guaraní que se desarrolló en el Teatro Municipal de Asunción en 1945, específicamente en el tercer acto, plena línea de fuego en el curso de la Guerra del Chaco, los cuatro compañeros de Arévalo y este tranquilamente to­maban tereré.

Como soldado estaba Teodoro S. Mongelós, que para sentarse en el suelo levantaba mucho la botamanga, haciéndose muy visible unas medias de nylon brillante adornada con figuras de rombos.

Correa, que personificaba al capitán Sopapo, dirigién­dose al soldado (Mongelós) le dijo:

-Tereho enfermera Georgina rendápe ha ere ichupe toipuruka ndéve peteĩ che media.

Por respeto al público, le hizo cambiar las medias, es­peró que Mongelós retornara para continuar la obra.


JUAN DE LA CRUZ EVANCELISTA SIGEREDO, UN PASO AL FRENTE

Una tarde, horas antes nada más de la Nochebuena, en un rincón del jardín, asentado en la plaza Italia, allí estaba como a su hábitat dueño y señor del espacio, Juan de la Cruz Evancelista Sigeredo, ex combatiente mutila­do en la contienda chaqueña. Afuera, transitando em­pleados, obreros y vecinos de la plaza, presurosos ellos portando un bolsón de pan dulce y sidra tradicionales. Hay un bullicio expectante como preanuncio de la No­chebuena y allí nomás, a unos metros de tan optimista caravana, estaba Juan de la Cruz enfrentando lamenta­ble e insólitamente a un inspector de Parques y Jardi­nes, quien decididamente lo toma del brazo e intenta sa­carlo del lugar.

-Mba'éiko reikotevẽ kuimba'e, ro-molesta pio?
-Mba'ére piko ejopy la che jyva hatãiterei?

-No valei ningo péicha. Cheko paraguayo ndéicha avei...
-Mba'éiko compatriótico.... mba'e? Nooo!!!

-Amalisia repo'ẽ hína, che pingo excombatiente de la Guerra del Chaco. Tres años ambota escopeta, ambo dispará haguã adversario-pe. Amalisia tuicha rejavy hína.

(Es un homenaje que como ex discípulo le rinde a Ju­lio Correa, Juan Aníbal Romero Ramos, quien ya lo in­terpretó en distintas ocasiones anteriores).


CASI, CASI...

En el verano de 1943 se inauguró el Cine Teatro Espa­ña, propiedad entonces del señor Esteban Estragó, con la reposición de la obra de Julio Correa "Honorio Cau­sa", en la sección noche y con un lleno total de público.

En esta obra tuve el papel de Jose'i, con pantalones de tres cuarto sostenidos por hilos de ferretería, cual ban­derola. En el escenario, junto a Correa, el resto del elen­co de esa obra, todos prestos para la actuación; uno de los compañeros estaba ubicado en la escotilla de apun­tador, un sitio muy reducido para moverse, en el que estaba como aprisionado por los bordes del escenario.

En un momento importante, cuando irrumpo en esce­na, casi como corriendo con tan poca fortuna, que se me suelta el hilo que sostenía el pantalón, imaginable con­secuencia de esa situación, la actriz y compañera que estaba en escena quedó sorprendida y de todas formas trató de no reírse para dar continuidad a la obra. Tanto esfuerzo hizo para mantenerse con la boca cerrada y to­lerar las tremendas ganas de miccionar que de golpe ce­dió a sus necesidades fisiológicas y comenzó a correr pis por el tablado del escenario con rumbo a la escotilla, donde se encontraba el apuntador, quien preocupado por lo que le venía improvisó un cauce con sus dedos para desviar el itinerario que le tenía por parada final.


UN CREADOR AUTÉNTICO Y RECIO DEFENSOR DE LA CAUSA DE SU GENTE

Su deceso me sorprendió lejos e imposibilitado en lle­gar a la capital para desparramar sobre su yerto cuerpo un poco de esta tierra nuestra a la que él, como ninguno, tanto quiso. Ese día el títere que llevaba adentro se aquie­tó de pronto como si le extrajeran sus milagrosos hilos... Los hilos sueltos se hicieron un nudo de llanto conteni­do y... recuerdo... que hasta entonces nunca había llora­do tan desconsoladamente.

Es don Julio, el "karai guasu" de nuestro Teatro, no fue solamente un auténtico creador o un creador más para ser recreado. Su presencia física y su apellido poco o nada tenían de autenticidad paraguaya, pero nadie como él desde el escenario logró con tanta naturalidad plasmar con pinceladas recias las profundas expresio­nes del tremendo drama social de la miseria y de la in­justicia y nadie como él supo captar el humor y la picar­día del hombre paraguayo.

A la manera de don Florencio Sánchez, don Julio te­nía un notable y prodigioso poder de captación. Era como una cámara fotográfica capaz de reproducir con los mí­nimos detalles realistas todo tipo de acción humana. Autor, intérprete, protagonista, director escénico, apuntador, traspunte y... hasta exigente espectador de sus propias obras, don Julio Correa fue en la labor teatral paraguaya un torrente de condiciones y cualidades. En el trabajo, un verdadero volcán en permanente erupción. Y fue para nosotros, como lo fueron don Fernando Oca del Valle y don Roque Centurión Miranda, un padre más siempre listo para la observación oportuna y respetuo­sa, aunque a veces al extralimitarnos nos ponía en evi­dencia con tono áspero, irónico y punzante. Cuando los "humos" nos convertían en vanidosos personajes etéreos, sabía cómo hacernos bajar de esos planos endebles para que volviéramos a poner los pies en la tierra.

En la escena nacional su presencia se hace bien visi­ble y definida en el año 1933. Fue el arranque de una "carreta" que debía llegar a destino sorteando miles de obstáculos sobre sinuosos senderos. Su carga: la precio­sa y pesada del teatro. Su mensaje: la palabra limpia de su pueblo.

"Sandía Yvyguy", "Guerra aja", "Tereho jevy frente-pe", "Péicha Guãránte", "Pleito riré", "Karu poka", y su ver­sión en español "Los malcomidos", "Honorio Causa", "Sombrero ka'a", "Juayhúguire”, "Pea ndajajokói', "Yvy jára", "Arévalo", versión en guaraní de la obra original del notable paisajista don Jaime Bestard, y, entre otras, "Toribio"; la última obra representada con su gran elen­co y cuyo estreno se verificó en el Teatro Municipal el martes 28 de marzo de 1950, fueron los maduros frutos logrados por este empesinado sembrador de ideas y men­sajes.

Fui su intérprete y cercano admirador de todas sus obras durante más de 10 años. Pude llegar hasta él im­pulsado por una febril vocación y gracias a la generosi­dad del notable artista y buen amigo Ernesto Báez. De inicio tuve en suerte ubicarme como titular de la compañia para el estreno de su consagrada obra “Karu pokã” Posteriormente y hasta el año 1950 llegué a compartir responsabilidades en todos los estrenos y reposiciones de las obras de don Julio con figuras que ya son consu­lares en el trajín de nuestra "farándula paraguaya"; así, doña Georgina M. de Correa, Elizarda Cazal de Rodas, Mirna Veneroso Cazal, Ernesto Báez, Carlos Gómez, Mirna Veneroso Cazal, Julián Rejala, Teodoro S. Mongelós, Jacinto Herrera, "El Negro" González, Hugo Espartaco Martínez, Herminio Franco, Enrique Correa, Leopoldo Franco y otros que supieron aferrarse a una mística y a un ideal.

Al lado de don Julio Correa creció también en mí otra vocación: la del comunicador, la del publicista. Contaba con apenas 16 años y supe ya de satisfacciones para mi inolvidables. Fui "publicista" de la Compañía de Don Julio y además logré la titularidad con Ernesto Báez y Carlos Gómez en aquel grupo que hizo su última aparición en escena en el curso del año 1950 estrenando y reprisando la pieza cómica en 3 actos de Julio Correa titulada "Toribio". La obra de este creador no debe quedar en la historia. El cumplió lo suyo. Es rico y precioso su lega­do. No desperdiciemos tanta suerte, tanta fortuna. Si aesta tierra queremos y para ella anhelamos un Teatro que exprese sus sentimientos y sus verdades, aferrémo­nos a aquella mística y al ideal que hicieron de Don Julio Correa, un recio defensor de la causa de un pueblo.


DE ACTOR A BOMBERO IMPROVISADO

Durante la década del 50 subió a las tablas del Teatro Municipal de Asunción la recordada Revista Folclórica Alma de Tradición, compuesta de seis teatralizaciones de conocidas y consagradas melodías populares tales como "Tetãgua Sapukái” (grito del pueblo) con letra de Víctor Montórfano, quien para darle mayor realismo a la obra, al final de la misma dispuso que la rebelión arma­da tenga como fondo estampidos e imitaciones de metrallas y tiro de fusil.

Montórfano por cuenta propia había procurado ad­quirir sonidos de ametralladoras pesadas y livianas, morteros y fusilería (petardos adquiridos de Luque). La mayoría de los intérpretes estaban ajenos a este aconte­cimiento tan importante.

Llegado el momento, este le dio fuego a los explosivos y uno de ellos hizo llamas tomando parte del decorado, aún así, Víctor Montórfano insistió con la tira de ame­tralladoras, el fuego se propagó rápidamente hasta tor­narse insostenible dando prácticamente inicio a un vo­raz incendio.

Cacavelos, el viejo actor, vio la tira encendida cerca suyo y no tuvo otra reacción que apagarla con el pie de­recho, bajo el cual explotaron dos petardos. Este, decidido y valiente hombre, pegó un grito desaforado y vio cómo su hermoso calzado de charol era lentamente consumi­do por el fuego ante el susto, la sorpresa, la risa y la carcajada de sus compañeros de escena.

Como era ese tiempo el de los cuartelazos, momentos de anarquía e inestabilidad política, el público abando­nó apresuradamente la sala. Cuando volvió la calma en el escenario y los intérpretes se disponían a continuar la obra se dieron cuenta que habían quedado solos, se per­dió al público y Cacavelos, el bombero improvisado, per­dió su calzado.


EL IMPARCIAL PARCIALISTA

 

En la ciudad de Encarnación, durante el año 1953, como parte de los festejos conmemorativos a la Indepen­dencia Nacional, se enfrentaban en el estadio de la Liga Encarnacena de Fútbol el club Guaraní A. Franco Football Club de Posadas y el club 22 de Setiembre de Encarna­ción.

El árbitro, posadeño, visiblemente con sus pitadas fuera de lugar, venía favoreciendo al equipo visitante. Tantos fueron sus desaciertos que de pronto un aficio­nado rebasó la valla de seguridad y parecía decidido a cualquier cosa.

Se dirigió directamente al árbitro, seguido por la Poli­cía, se enfrentó al juez de fútbol y desconociendo total­mente el real sentido de la palabra le imputa:

-Usted es un árbitro imparcial, un vendido -a lo que el referí respondió inmediatamente­

-¿Yo, imparcial? Usted está loco o borracho...

-Usted solamente favorece al equipo de Posadas, es un imparcial -le retrucó el aficionado­

-Está equivocado -contestó el arbitro- hace veinte años que yo actúo y nunca fui imparcial, para que usted sepa, desde entonces actúe con mucha parcialidad.

Evidentemente, la parcialidad o imparcialidad era para los protagonistas de esta situación una cuestión a dirimirse a instancias léxicas, con un diccionario, ya que ambos tenían conceptos ajenos a lo establecido por la lengua castellana.


DE OFICINA A SALA DE ENSAYOS MUSICALES

Corría el año 1942 cuando en la esquina de las calles Colon y Estrella de nuestra capital funcionaba la oficina del Departamento de Tierra y Colonia, que se establecía entonces en las instalaciones del actual Hotel Asunción.

Por ese tiempo me desempeñaba como copista de pla­nos, sobre papel ozalid y amoniaco. En el proceso ejecu­taba melodías en la armónica, gustaba del canto y me entusiasmaban las notas humorísticas.

Una mañana llega hasta esta dependencia el maestro músico Julián Santacruz, director de la Banda de la Marina. Mi jefe directo era el notable creador Emilio Biggi. El maestro Santacruz, conociendo mis inclinaciones ar­tísticas, me pidió que le hiciera los versos a una marcha por él creada en homenaje al Parque Infantil de Concep­ción. Muy asustado ante el pedido acepté el desafío y así empezamos al día siguiente a tararear la melodía y yo buscaba la métrica apropiada, así estuvimos durante más de 15 días sin poder avanzar en nuestro cometido, para no sentirnos derrotados buscamos una salida, el maes­tro Santacruz la encontró; vendría al siguiente día con un músico con instrumento de percusión y él con un clarinete. Ese primer día la Sección Archivos y Estadísti­cas ya no atendió al público y la oficina a puerta y ventana cerradas se convirtió en una sesión de ensayos. El Director General era un hombre exigente y muy recono­cido por su respeto a la función pública. Los empleados de las secciones vecinas le hicieron llegar sus quejas y sobre todo sus denuncias, puesto que era tanto el ruido que producían estos ensayos que ya nadie cumplía con sus obligaciones.


UNA ANÉCDOTA DE AUGUSTO ROA BASTOS

No hace mucho tiempo, en una de las charlas que man­teníamos Augusto Roa Bastos y yo, ocupando un espa­cio del tiempo, me relató esta anécdota, así como él me la contó, de esa manera la transmito. Me decía Roa Bas­tos, que después de mi retorno yo me sentía un extraño en mi propio pueblo, había perdido el calor afectivo del mismo. Entonces opté por visitar el Mercado 4 de la calle Pettirossi, una vez por semana. Siempre había algo que comprar para la casa. Los sábados por la mañana reli­giosamente me llegaba hasta el mercado. Después de haber conquistado el Premio Cervantes (1989), en una de mis incursiones en esa torre de Babel, manantial de costumbres paraguayas, en la callejuela de Tte. Fariña y Perú me detuve ante una vendedora de verduras y fru­tas, ella no me miró pero yo la noté un tanto nerviosa o confundida, de pronto, mirándome de frente me dijo:

-Nde, Karai... Che niko roikuaa hína. Usted niko es el señor Roa Bastos.

A lo que yo le respondí.

-Peichaite che sy...

-A la pinta, ¡Jesú Che Dio! Nde piko la resẽva mantérei la diario ha télepe.

-Sí señora. Che hína.

Se dio vuelta la señora y le dirigió la palabra a su veci­na más próxima...

-Comadre, pero kóa ningo peteĩ milagro, nde piko reikuaa mávapa ko karai kóa, el señor don Augusto Roa Bastos.

Dirigiéndose a mí me dijo:

-Eréna chéve don Augusto, oje portá porá piko nendive umi gringo. Añetéiko karai Rey ha señora Reina ndepopyhyi ha ndeañuã.

-Peichaite señora...

-Pero eréna chéve peteĩ mba'e, ha la réfere piko oje porta porã... (refiriéndose al jurado).

-Oje porta porã hikuái, le dije.

-Ma'ẽna kóa don Roa Bastos. Nde oiméne heta ndetrabajo, ani repenave che rehe. Avy'aiterei repyta haguére che puesto-pe, pero eréta chéve mba'éichagua copa-pa la reganáva'ekue, oiméne tuicha... (refiriéndose al trofeo y el pergamino del Premio Cervantes).

-Tuicha la copa, señora, le conteste.

-Karai... ko'ãgã katu ikatúma amano, aikuaáma peteĩ paraguayo de ley-pe. Don Roa Bastos rofelicitá la nde actuación-re ha la copa Cervantes-re. Péa ko petei rega­lo el pueblo-pe guarã, ha che ningo pueblo hína.

Me bendijo, me dio de obsequio una naranja y con lágrimas en los ojos me dijo:

-Ñande Jára tande rovasa...


TEATRALIZACIÓN SINGULAR

 

El reverendo padre Carlos Winckel, alemán, de aproxi­madamente 55 años, llegó al Paraguay como integrante de la Congregación del Verbo Divino en la década del 50. La autoridades eclesiásticas le encomendaron misiones a cumplir en la ciudad de Encarnación y hasta allí llegó para realizar en corto tiempo una obra extraordinaria. Se afincó y empezó a recorrer las distintas zonas margi­nales para estudiar la posibilidad de cumplir con el man­dato del Arzobispado. En la recorrida subió a una empi­nada loma habitada por gente de muy escasos recursos, la mayoría de ellas trabajadoras en lo que se dio a llamar el contrabando hormiga (de Posadas a Encarnación y viceversa). Gente sin profesión, con una cantidad de menores sin escuela y sin recursos. Ahí mismo resolvió llegar hasta la cima de la loma y ver el lugar preciso para ubicar su fortín de evangelización y de cuidado a la po­blación.

Apeló a todos los recursos para reunir fondos, su crea­tividad y su suerte eran muchas, pronto allí estaría fun­cionando una escuela-taller de arte y oficio y un colegio. No tardó mucho en cumplir parte de su cometido y toda Encarnación volcó su generosidad a esa Loma Clavel que así se llamaba el oscuro y sólido sector habitado por des­amparados, enfermos sin medicamentos, jóvenes sin porvenir y niños sin alimento, sin escuela. Ofició su pri­mera misa al aire libre y la construcción de la escuela­ taller empezó a tomar forma, pero aún faltaba mucho dinero para las paredes y el techo, además de los pupi­tres y pizarrones. Se avecinó la Semana Santa, algo te­nía que hacer para cumplir con Dios y con quienes te­nían esperanzas en él.

Después de mucho cabildeo y consultas con otro sa­cerdote de la catedral de Encarnación, se propuso reali­zar una teatralización de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo. Eligió a los personajes, el Cristo, el mal ladrón y el ladrón bueno, la Magdalena y los esbi­rros del emperador. Al mediodía del Viernes Santo em­pezó la teatralización, se cobraban 50 guaraníes la en­trada; y por la pendiente llevando la cruz iba el Cristo cansado, golpeado, sudoroso y casi moribundo. Los es­pectadores lloraban desconsoladamente, en un momen­to, ya muy cerca de la cima, apareca una mujer, con un pedazo de tela en la mano y para identificarla bien, en una banda que le cubría el pecho le pusieron el nombre: Magdalena.

Era ella la mujer de vida liviana que iba a consolar y secar el rostro del Cristo cuando se estaba acercando a caballo uno de los intérpretes que personificaba a un Centurión para detener el avance de Magdalena, "Más atrás!, más atrás!...", gritaba el Centurión, y le dijo;

-Y usted qué quiere mujer de mala vida, es usted una prostituta, ¡salga de acá!

-Máva piko nde che mosé haguá; enfrentó la Magdale­na.

-Nda che kuaái gueteri, yo soy la autoridad competen­te, soy Centurión.

La mujer pega una carcajada...

-Mba'e Centurionta piko nde, nde niko don Felipe Medina ra'y...


Caricatura de ANA IRIS CHAVEZ DE FERREIRO

 

"CAAZAPÁ" O DONDE VAN LOS MUERTOS...

En Encarnación, a mediados de la década del cincuen­ta, vivía un personaje que era parte de la vivencia ciuda­dana y que se destacaba por su pintoresca cotidianidad, se trataba de un hombre de entre 55 a 60 años, mutila­do de la pierna izquierda, su nombre era el de su pueblo: Caazapá, porque luego de los primeros tres tragos, como desafío exclamaba a gritos: "Soy Caazapá, y nadie puede negar que soy un héroe de la lucha contra los malones del oro ruso de Moscú".

Con esta cantinela engañaba a los turistas que por piedad le daban unos pesos. Este “Caazapá", una noche se dirigió del Puerto hacia la Villa Alta, tambaleando con su muleta, de pronto vio en la otra acera las luces en­cendidas del Cine Teatro San Martín y un grupo de gen­te apretujada a la puerta. Se estaba realizando una vela­da artística. Se acercó y con su muleta se abrió paso hasta ingresar a la sala repleta de espectadores, de pronto en el escenario anunciaron la presencia de una destaca­da intérprete del verso, para declamar el clásico poema "Los Muertos", cuyo estribillo repetía con ascendente emotividad la frase ¡Señor, adónde van los muertos!... Señor, adónde van".

En la sala reinaba un expectante silencio, mientras se repetía la frase cada vez con mayor dramatismo. Caazapá, ante el silencio general, se sintió molesto, pero aún más por la repetición de la dramática pregunta, que ya por quinta vez se lamentaba: "Señor, adónde van los muer­tos!, adónde van, señor?". Allí explotó Caazapá y con todo lo que le daba sus pulmones le dijo: "¡Al cementerio nde guãiguí tilinga!". Demás está decir que la declamadora salió corriendo del escenario y las carcajadas del público retumbaron en el salón.


FÉLIX PÉREZ CARDOZO, EN LA CÁRCEL...

Este condenatorio título no es sino para relatarles una jornada humanitaria en la década del 40 junto a los reclusos de la cárcel. Eran momentos difíciles de la polí­tica nacional, todos los intérpretes vestíamos de gala y decidimos hacer un espectáculo como en el Municipal, Pérez Cardozo ofreció las mejores interpretaciones eje­cutando el arpa con acompañamiento de tres guitarras las melodías más consagradas. Así, se oyeron "Angelita", "Piririta", "Chaco Boreal" y "Pájaro Campana". Con esta última página dio por terminada la función, el público siguió sentado aguardando más melodías. Pérez Cardozo agradeció los aplausos, nosotros nos inclinamos reve­rentes ante los compatriotas en desgracia, privados de su libertad. Don Félix, dirigiéndose a la concurrencia entre los que estaban presos comunes con años en la cárcel, los denominados "Antigui", y los nuevos reclusos que llevaban meses, días u horas; les dijo: "Señores, he cumplido con otro deseo, el de visitarlos. Ahora puedo irme tranquilo, pero yo les prometo, si mi salud lo per­mite, una próxima oportunidad... (aplausos cortaron sus palabras); les prometo -retomó don Félix- que yo voy a volver, calculo que más o menos dos a tres años... y es­pero encontrarlos otra vez a todos aquí reunidos...".


COSAS DE TEATREROS

En 1945, la Compañía de Don Julio Correa llevó sobre las tablas la obra "Honorio Causa", original del mismo y en la cual actuó encarnando a un personaje que tenía bigote postizo. En un momento del tercer acto, Ernesto Báez se encontró con Honorio, lo notó extraño en su ros­tro, pues el bigote postizo se le estaba cayendo porque no fue adherido convenientemente. Se acercó Báez y, en voz baja, para que el público no se percate, le dijo;

-Julio, nde bigote...

Julio no se dio por enterado. Insistió Báez y Correa, se llevó la mano sobre el bigote para adherirlo en forma correcta. Lo mismo se le caía, no tuvo otra alternativa que seguir apretando el bigote con las manos. Esto ya no le permitió hablar más. Báez quiso encausar la obra por donde le correspondía pero Correa no podía dejar caer el bigote. Ambos no tuvieron otra solución que sa­lir del escenario, quedando un vacío que el público no entendió.


ENTRE LO EMOTIVO Y LO JOCOSO

Durante la década del 40 nuestro noble arpista Félix Pérez Cardozo cumplió uno de sus mayores anhelos, vol­ver a su tierra y depositar a los pies de su pueblo los laureles conquistados en el arte, pulsando las cuerdas del arpa paraguaya. Llega y cumple una exitosa tempo­rada en el Teatro Municipal, a su pedido y previo com­promiso, Ernesto Báez, Carlos Gómez y Aníbal Romero se hacen cargo de todas sus presentaciones para condu­cir los espectáculos a tres voces. Visitó don Félix el inte­rior del país y ya de retorno a la capital se hizo de tiempo para cumplir otro deseo; homenajear al periodismo na­cional compuesto por los diarios La Tribuna, El País y El Paraguayo; y presentó un espectáculo exclusivo para pe­riodistas y canillitas de las ya mencionadas publicacio­nes. Resolvió además hacer una gran serenata a los en­fermos recluidos en el leprocomio Santa Isabel de Sapucai; para el efecto se pone en contacto con el Direc­tor General del mencionado nosocomio, un doctor de apellido Cubilla. Nos reunió a todos y nos comunicó que el espectáculo sería con todas las exigencias que tiene un gran teatro y que el trabajo sería ad honorem, nos pidió que expresemos nuestras ideas, y que aceptemos totalmente lo planeado. Todos dimos un paso al frente para decir sí. Así llegamos a Sapucai conducidos por el doctor Cubilla.

En la pequeña plaza estaba preparado el tablado, dos bailes, el micrófono y una platea de tablones, ya con al­gunos espectadores aguardando nuestro trabajo. Fami­lias enteras. Jóvenes y algunos de avanzada edad iban ocupando sus lugares sobre los tablones. Todo parecía normal, menos la nota emotiva de ver a rostros y extre­midades afectados por el mal de Hansen. El espectáculo se inició al mediodía y duró dos horas y media, como en las grandes salas.

Los aplausos recibidos podrían ser considerados como únicos viniendo de quienes venían. Como era tradicio­nal, Félix Pérez Cardozo con todo el elenco integrado por Eulogio Cardozo, Roberto Cuello y Adolfo Navarro (estos dos últimos argentinos), como despedida interpretó la obra musical "Pájaro Campana", que al cierre recibió una verdadera ovación con gritos y aplausos. En los rostros de los enfermos corrían las lágrimas pero se mantenía la sonrisa de alegría y de satisfacción. Nos retiramos del escenario mientras el público abandonaba el lugar, to­dos se retiraron menos un señor que estaba en la prime­ra fila, cuando Pérez Cardozo lo ubicó, le dijo;

-Mba'éichapa Taita, opáma niko la función...

-Aikuaa don Pérez, desgraciadamente opáma añete, respondió.

-Ha upéi, nde gustápio la velada -le interrogó don Félix­

-Che gustaiterei don Pérez, emañána che póre, ajepopetehaguére peẽme che kuã chotopa -le dijo el en­fermo y enseñó sonriendo las manos con los dedos car­comidos por el mal de Hansen. Pérez Cardozo quiso de­cir unas palabras más pero ya no pudo, se desató el nudo que tenía en la garganta y el llanto se hizo insostenible. Hasta aquí lo emotivo y lo jocoso con Félix Pérez Cardozo.


ALFA INSÓLITA DE LA COMPAÑÍA DE COMEDIAS DEL ATENEO PARAGUAYO

La Compañía de Comedias del Ateneo Paraguayo hizo su debut en el Teatro Municipal "Ignacio A. Pane" el día miércoles 28 de mayo de 1941, con la obra del laureado escritor español Premio Nobel Jacinto Benavente. Un acto y dos cuadros con el rótulo de "La Fuerza Bruta", una comedia ligera y breve, tanto que su representación ape­nas cubrió las dos horas y media, tradicional duración de las obras, esta no llegaba sino a la mitad, tal es así que su estreno fue promocionado como Gran Velada mezclándose ejecuciones al piano, danza y recitado. Con esto se cubría la primera parte a fin de que la obra era el corolario de la noche.

El Elenco Teatral en Español, dirigido por don Fer­nando Oca del Valle, ensayó durante tres meses para salir a flote sin dudas ni titubeos en el escenario. La pri­mera voz con el primer parlamento en el debut estuvo a cargo mío, el personaje que yo encaraba era un groom auxiliar de un circo y toda la obra se realizaba bajo las carpas de un viejo circo, pero he aquí que el Ateneo Pa­raguayo no tenía medios como para contratar los servi­cios de un decorador y cumplir con ese requerimiento para una buena presentación. Un día antes del estreno, aún no se contaba con un decorado. El director general se dirigió a los depósitos del Teatro donde estaban alma­cenados algunos viejos decorados que habían olvidado compañías extranjeras de visita a Asunción. Entre estos encontró uno que podía ser la solución y con ese decora­do debutó el Elenco Teatral en Español, luego denomi­nado Compañía de Comedias del Ateneo Paraguayo. El decorado era del Conventillo de la Paloma, vale decir, algo realmente insólito para darle un ambiente circense a la obra.


DOÑA LIGA Y SUS PRETENDIENTES

En 1941 estrenamos la reidera comedia de Néstor Romero Valdovinos y Julio César Maldonado "La pen­sión de Doña Liga", tema deportivo musical en el que me tocó interpretar el papel de Don Nicola, personaje que identificaba al club Libertad; Carlos Gómez a Sportivo Luqueño, Jacinto Herrera a Sol de América, Ernesto Báez a Cerro Porteño, Emilio Araújo a Presidente Hayes, Fran­cisco Marín a Nacional, y César de Brix representaba al Decano Olimpia, entre otros; Doña Liga estuvo encarna­da por Nelly Prono, inicialmente, y ya para las últimas funciones, Emigdia Reisofer.

Estos son los versos que decía César de Brix al ini­ciarse la obra, teniendo de fondo la canción del club que representaba, el Olimpia;

"Soy de Olímpia, campeón de campeones,

con una mano en lo alto

y la otra en el mismo pecho

diré aquí de un solo salto

que yo soy el gran Decano,

el de la pasta de Aurelio,

el de Cirbent, Mena,

Silva y Porta.

El de la cancha arbolada

donde pasan muy callados

las cortes de los sepelios"

Mi personaje, don Nicola, tomó la palabra:

"E io seno del Club Libertad, el popular repollero, que si non te sale premiero, te sale por la mitad. lo seno el verdolero, el club pie velo del barrio gumarelo. Que se asienta entre las huertas del barro de Tuyucuá".


FUERA DE LIBRETO

En el año 1942 la Compañía de Comedias de don Fernando llevó a escena en el Teatro Municipal de Asunción la reidera comedia "La frescura de la Fuen­te", de Pedro Muñoz Seca. Obra en cuyo segundo acto finaliza cuando uno de los personajes entra buscando a su adversario para vengarse, llevando en la mano derecha un garrote visualmente parecido al as de bas­tos de los naipes; este personaje estaba interpretado por el actor Emilio Araújo (actualmente radicado en Buenos Aires). El que iba a recibir el golpe era el per­sonaje interpretado por Carlos Gómez. Días antes el Consejo de Fiscalía del elenco, con la ausencia de Car­los Gómez se dispuso hacerle un chiste de mal gusto. Me encomendaron la idea y la forma. No encontré otra sino usar el mismo garrote hecho de cartón y papel con un gran hueco adentro, llenándolo conveniente­mente con algo más contundente y pesado del patio trasero del Teatro, de donde trajimos tierra mojada y algunos restos de madera también mojada para ha­cerlo más pesado.

Llegado el minuto final del segundo acto ingresa en busca de su adversario, garrote en mano, el actor referi­do y le dice;

-Es usted el señor Sacateca?
-Sí señor, para servirle -le responde.

Y al oír eso, Araújo levanta el garrote y le da con fuer­za en la cabeza a Carlos Gómez, este, dolorido, reacciona aplicando a su agresor una tremenda trompada, salida totalmente del libreto, ante la atónita mirada de los es­pectadores que llenaron la sala para ver la obra. El telón cayó lentamente sobre el segundo acto.

 

Caricatura de OSCAR FERREIRO


OMEGA TRISTE DE LA COMPAÑÍA DE COMEDIAS DEL ATENEO PARAGUAYO

El 27 de abril de 1947, con un hecho lamentable se cerraba la primera etapa de la tarea que se propuso cum­plir la Compañía del Ateneo Paraguayo. Esa fecha en el Teatro Municipal "Ignacio A. Pane" se estrenaba la sátira en tres actos, original de Ernesto Báez con el rótulo de "La Señora del Ministro", obra en la cual se ridiculizaba a los personajes políticos del partido en función de Go­bierno, principalmente al entonces Ministro de Hacien­da y Jefe de la corriente denominada "Guión Rojo", J. Natalicio González.

La obra en cuestión llamó poderosamente la atención por el sugestivo título. La sala del Municipal, una hora antes de iniciarse la representación, ya tenía bastante público, ubicado estratégicamente en distintos lugares desde las líneas de preferencia hasta los llamados "alti­llos del paraíso", lugar más alto del teatro. Esto llamó la atención de los directores y empleados de la sala. Era ya la presencia de gente manejada políticamente por coman­dos de choque y represión.

A los minutos de iniciada la obra empezamos a sentir un abucheo en el coro, luego movimientos de sillas y pisadas sobre los tablones. El "Guión Rojo" estaba dispuesto decididamente a boicotear la obra impidiendo que el diálogo y los movimientos escénicos lleguen hasta la platea.

En el escenario anidó la valentía y se prosiguió con la obra hasta que los maleantes hicieron funcionar ruido­samente los ventiladores, echando sobre sus aletas paquetitos de pimienta molida y esparciendo agua gasificada, resultado de agitar las botellas desde arriba para que llueva sobre los espectadores. Nosotros nos empecinamos en continuar la obra, pero ya el público de platea, obligado por el ataque, se sintió molesto y se iba retirando. Empecinados, repito, por amor propio a en­tregar la obra completa, continuamos en el escenario, de pronto comenzamos a sentir un impacto en el telón y otros más en el forro del decorado. Se trataban de pro­yectiles para hondas, uno de ellos hizo añicos de un ve­lador de cristal puesto en el escenario. El público reac­cionó ante este feroz ataque, se escuchó la voz de un espectador que manifestaba su disgusto ante tamaña ofensa a la cultura nacional. La madre de Azucena Zelaya, también muy molesta, se dirigió a los asaltantes dicien­do: "Guárdense la pimienta para su abuela". Un capitán de apellido Kallsen desafió a los jóvenes diciéndoles: "Sal­gan afuera de a uno y allí veremos quién es el que man­da". La horda en respuesta pegó una silbatina ensorde­cedora, de pronto, en el escenario, que ya había sido des­pejado por temor a los honditazos, quedamos la actriz Zulema Benítez, el apuntador y yo. Zulema emitió en ese mismo instante un grito de dolor llevando la mano dere­cha a la oreja. Yo me di cuenta de la situación y le pre­gunté qué le sucedía, lo único que ella atinó fue mos­trarme su oreja ensangrentada. Ya ningún intérprete quedaba con Zulema y yo, ya no teníamos nada que ha­cer. Ella fue cobardemente agredida por los boicoteadores.

La obra no pudo llegar al final del segundo acto. As¡ cerraba un capítulo el teatro paraguayo, con este van­dálico hecho. Era el 27 de abril de 1947, poco tieempo antes de explotar la trágica revolución del 47. Esa misma noche la Marina se alzó en armas y de nuevo la ciudadanía empezó a vivir momentos de angustia e in certidumbre.


OTRA DE CORREA

En un momento crítico de la política paraguaya du­rante la década del 40 se registró un cambio de jefe en el seno de la entonces llamada Policía de la Capital. Julio Correa, recalcitrante opositor al régimen político impe­rante, desde su "oficina" del Bar Felsina escribía versitos al dorso del programa de cine, eran cuartetos contra el Gobierno, que el propio Correa los repartía en el bar. Uno de esos escritos ridiculizaba la figura del entonces Jefe de la Policía, más o menos decía así:

"Al ilustre coronel,
flamante Jefe de Plaza,
dice que mujeres en la oficina no quiere
y mucho menos en la casa.

El prefiere tener en casa
un fiel y leal conscripto,
que cumpla con sus pedidos,
y en todo momento fuera
para prestar todo servicio".

Estos versos llegaron a oídos del Coronel, también el escrito original después de correr por la ciudad. Estando Julio Correa ensayando en el Teatro Munici­pal de Asunción, una siesta llegó hasta él un muy cono­cido detective y matón de la Policía, al verlo, el actor ya se imaginó lo que le esperaba.

-No se preocupe, yo vengo a invitarlo, a pedido del Jefe de Policía, que se presente mañana a primera hora en su despacho -esgrimió el emisario del mandamás policiaco. Al día siguiente, Correa se presentó, lo hicieron pasar por un pasillo, frente al despacho del Jefe, y ahí lo dejan, en una silla, esperando unos minutos, unas horas. Can­sado y nervioso, él preguntó a cada momento si el Jefe lo atendería o no, el ordenanza le respondía a cada reque­rimiento que su jefe lo recibiría en media hora. Así llegó la noche en la "amansadora" espera. Después de seis o siete horas le abrieron las puertas y el mismo Jefe de Plaza lo invita a pasar, a tomar asiento.

-Y usted, ¿quién es? -interrogó la autoridad policial, con ánimo de humillar a su interlocutor.

-Yo soy Correa, Julio -le respondió el autor y actor.
-Bueno, eso a mí no me interesa, lo que sea usted no es de mi importancia. ¿Y qué viene a buscar acá? -conti­nuó interrogando el Jefe de Plaza.

-Usted me invitó para presentarme -le dijo Correa, en ese instante el coronel abre una de las gavetas de su escritorio y extrae un ejemplar del libro "Cuerpo y Alma", de autoría de Correa, y teniéndolo en una mano y en la otra, oculta, el original de los versos escritos en el Felsina, le preguntó:

-¿Es usted el autor de este libro?

-Sí, es de mi autoría -respondió Correa.
-¿Está seguro? -cuestionó el Coronel.
-Sí, ¿por qué? -reclamó el actor.

-Porque el autor de este libro no puede ser el autor de esta porquería -respondió la autoridad, enseñando en su otra mano el papel verseado.


UNA TRAVESURA DE ERNESTO BÁEZ

Corría el año 1952, yo residía entonces en la ciudad de Encarnación, allí recibí de Hérib Campos Cervera una invitación para el estreno de la obra "Juan Hachero", que se realizaría en Buenos Aires. Hasta allí llegué y poco después mi señora. Ya se encontraban desde hace algu­nas semanas Ernesto Báez y otros paraguayos en la ca­pital bonaerense, ellos ya conocían bastante de la her­mosa y acogedora ciudad.

Báez tenía un programa para conocer los sitios másatractivos de Buenos Aires, así llegó el día de visitar el "subte", como lo denominan al subterráneo, me hablo muy bien y con claridad me preguntó:

-Aníbal, ¿ustedes tienen todos sus documentos?

Mi respuesta fue afirmativa. Me previno de portar la cédula de identidad, libreta de conscripción vial, la libre­ta del Servicio Militar Obligatorio, Certificado de Buena Conducta (Antecedentes policiales) y Libreta de Salud. Mi expectativa por conocer este lugar, sitio de visita obli­gado para los turistas, era muy grande. Ernesto Báez me advirtió que al presentarme a la ventanilla muestre todos los documentos al cajero, para que este pueda dar­me la ficha para pasar el molinete. Yo me sentí preocu­pado por tener todo preparado, y cuando me aseguré de tener todo en orden nos acercamos mi señora y yo a la ventanilla, pedí al cajero los dos pasajes y le pasé un billete de un peso. Luego le fui pasando todos los docu­mentos y se los puse en la ventanilla. El cajero vendedor de los pasajes quedó extrañado, y me dijo:

-Y esto... ¿Qué es?

-Nuestros documentos personales -le respondí.

-¿Y para qué es esto? -me interrogó.

-Y para poder viajar -le dije.

-Cabecita negra!, no me venga a tomar del pelo, badu­laque! -me retó ante la atónita mirada de los demás turistas de la fila y no contento con eso continuó gritando:

-Muerto de frío y hambre, retírese de acá y llévese sus papeles de porquería.

Mientras esta vergonzosa escena se registraba, Ernes­to, quien me había señalado que dichos documentos eran requisito obligatorio, reía a carcajadas por mi ingenui­dad.


OTRA DE ERNESTO BÁEZ

En 1953, estando en Buenos Aires, en una de las me­sitas del Bar Berna aguardábamos al maestro José Asun­ción Flores, quien nos había prometido visitarnos en ese fortín de exiliados paraguayos. Conmigo estaban Ernes­to Báez y César de Brix. Antes del arribo de Flores, Báez nos dijo: "Atiendan muchachos, le voy a contar algo al maestro y una de dos; o se pone nervioso y deja de ha­blar o se ríe a carcajadas".

Báez se jactaba de ser el único cómico paraguayo que hacía reír a Flores. Cuándo terminábamos el primer ca­fecito de la noche llega el maestro Flores y se dirige don­de estábamos. Báez nos dijo: "Atiendan y cumplan con lo que les voy a pedir... no hablen ustedes, sólo observen y manténganse serios".

Flores se acomodó en la silla y Báez le dijo:

-Maestro, mucho ya te busqué y mucho te esperé. Ten­go algo importante que decirte.

-¿Qué es, Ernesto?, ¿de qué se trata? -Le preguntó el maestro.

-De una creación mía -le respondió el picarón.

-¡A la pinta!, Eñe'épy, emombe'úpy chéve...

-Añepyruta maestro... Che ningo, maestro, añandu la añandúva che akãme. Alguna cosa hay adentro, oĩ la oĩva hyepype...

-¡Pero mba’e piko la ndecreación! -Insistió Flores.

-Una poesía y una guarania -contestó Báez.

-Ha mba'e he'i la ndepoesía -le preguntó paciente el maestro, a lo que Sáez empezó a declamar...

-Mombyry asyetégui / aju nerendápe / romoporãségui / ymaiteguivéma reiko chepy'ápe / che esperanzami...

José Asunción Flores no atinó a decirle nada, mien­tras nuestro personaje seguía recitando sin leer el popu­lar poema de Manuel Ortiz Guerrero "Nerendápe aju". Por momentos, parecía que Flores explotaría en carcaja­das pero se contuvo.

-Mba'épa ere ichupe maestro. Nde gustápa, péa peteĩ che creación...

-Pero amalisia rejapi otro lado, péa Guerrero mba'e.

-Ha che piko chejapáta ndéve... Esta es mi creación, ha arekóma la música.

-Mba'éicha la nde música...

Y Báez le tarareó la melodía de "Nerendápe aju", origi­nal de Flores. Este ya no aguantaba más. Lo único que atinó a hacer es mirarle fijamente a los ojos de Ernesto para decirle:

-Ernesto, nde piko reaperitárna, ha upéi nde semblante vai chéve guarã, parece que tenés fiebre, erumi ndepo jahecha la nde pulso. La ndesituación iformal.

Le tocó la frente para ver si tenía fiebre. "Nde akánundu Báez, nde piko rekaru este día, re'u piko la kambymi", y Flores insistió en que su amigo Báez deliraba o realmen­te estaba muy enfermo. Nosotros permanecíamos tal cual nos pidiera Báez, serios y en silencio. Pero también con muchas ganas de reír a carcajadas.

Ernesto realmente parecía enfermo, todo por la insis­tencia de Flores, quien fue tajante en sus aseveraciones. Flores le dijo:

-Eje alimentákena che ra'y, ivai la ndeporte.

Báez, poco a poco se fue convenciendo de que estaba muy enfermo. El maestro se levantó y nos dijo:

-Aháta ensayo hápe, ekarúkena che ra'y (dirigiéndose a Báez), miel de abeja, kamby ha locro re'u va'erã. Péicha mante ekueráta.

Se despidió y se retiró. Después de un rato, Báez lla­mó al mozo y le pidió un vaso grande de leche para cum­plir con los consejos del maestro. Luego nos pidió que le tocáramos la frente para convencerse aun más de que estaba enfermo y con fiebre. Así fue cómo el bromista terminó embromado.


UN ESCUDO DE ARMAS CON SÍMBOLOS DE PAZ

El diseño del Escudo, creado, dibujado y descripto por Juan Aníbal Romero Ramos, fue adoptado como Escudo de la Municipalidad de Encarnación (Itapúa) por Orde­nanza N° 26 del 22 de abril de 1960. En el documento "se recomienda a los señores concejales la aprobación del mismo sobre la base de fundamentaciones históricas y descripción de los motivos que componen el emblema". Todo esto bajo la titularidad ejecutiva municipal encarnacena del señor don Domingo Robledo.

El doctor Rubén Parodi presidía la Junta comunal. Una acertada réplica del Escudo, fundido en bronce en los Talleres de Fundición de Juan E. Venzano, adorna el pórtico de la Catedral de Encarnación. El relieve en yeso que sirviera de matriz es obra del escultor compatriota Francisco Javier Báez Rolón. Otra réplica se deja ver en relieve de cemento sobre un blanco y amplio mural que integra la parte decorativa de la Terminal de Omnibus de la ciudad capital de Itapúa.

 


Para Encarnación

En una década preñada de continuas emociones, viví con intensidad y febril impaciencia la diaria y laboriosa existencia de la ciudad vigorosa que atesoraba sus sue­ños y sus más caros anhelos de madre y de novia, desde los altos barrancos del río viejo hasta los montes azules y verdes, donde el grito del hachero sonaba a rugidos para luego convertirse en alegres trinos de pájaros cam­pana...

Me acerqué a ella. Con cierto temor pero con respeto. Frente a su presente me puse de pie. Hurgué en su his­toria y paulatinamente me fui adentrando en su impo­nente y voluptuoso cuerpo. Mis primeros pasos vacilan­tes se hicieron firmes. Con las plantas desnudas empecé a pisar fuerte y decididamente su blanda, húmeda y roja tierra.

Desde su Villa Baja inquieta y bullanguera, atestada de iluminadas vitrinas y movida por una cordialidad con­quistadora, como escándalo hacia su cúspide, una y otra vez, mil veces llegué a la "otra"... hasta su altiva, risueña y cosmopolita Villa Alta, y luego por sus serpenteantes caminos me empapé de humus y de savia. Sentí en la piel el apresurado paso de su frío viento sur. El fino pol-

vo de sus senderos me llenaron los poros con el mágico poder que latía en sus interminables sementeras.

Sin darme cuenta fui sintiéndome parte de sus desve­los, de sus alegrías y de sus momentos de angustias y dolor. No esperé que la atareada "madre" dedicara un minuto en su trajín para que me diera la generosa bien­venida y adoptarme como un hijo más...

Fui yo quien la adopté como Madre y hasta, en un momento de sensaciones raras, como Novia esquiva y distante a mis balbuceantes requiebros juveniles. Ya entonces se incubó en mí la idea fija, seguidora y que­mante, de rendirle el modesto homenaje del hijo agrade­cido para testimoniar respeto y admiración hacia esa Madre que pura, tierna y generosa mantiene siempre su pecho descubierto para dejar que en él, todos los seres atados al trabajo que dignifica, encuentren la inagotable fuente del elixir de la vida... Y la idea fue madurando apresuradamente, creció mientras ella crecía. Se hizo cuerpo de dos hijos míos, surgidos de sus entrarías, cir­culaba ya su propia sangre. Dos raíces profundas me ataban definitivamente a ese gran jirón de fecunda tierra paraguaya. La ubiqué en el tiempo, con sus montes y sus selvas, como comarca del indómito, noble y moreno Señor de ríos y barrancos.

La volví a ver como reducción, como "posta" y como "pueblo viajero", y luego como ciudad plácidamente adormecida en las riberas rojiverdes del rumoroso río. De cada una de estas estampas fui extrayendo símbo­los que pudieran expresar con elocuencia su mítico y heroico ayer, su presente de grandezas y esperanzas, su futuro impaciente por entregarle trabajo, paz y so­siego para todos sus hijos. Con esos símbolos, la idea de darle un escudo de armas a la ciudad de Encarna­ción, ya era un hecho. Luego del primer diseño, surgie­ron otros más, casi una veintena, hasta llegar al que creí era realmente el definitivo. Hoy, Encarnación, "La Matrona del Sur", luce sobre su pecho ese Escudo de Armas con símbolos de Paz. Así se hicieron realidad los sueños de un hijo adoptivo a quien le inquietaba la idea de testimoniar su gratitud. La gran deuda comenzó a ser amortizada. Por esos dos retoños, de entonces, que orgullosamente llevan su sangre, le di al escudo el valor de una modesta cuota... En su atalaya de la Villa Alta, sobre la cal que habla de pureza y sobre el duro bronce que eterniza sentimientos, se deja ver aquel escudo con sus siete símbolos que aquí, de nuevo, me permito des­cribirlos: las piedras que le dan forma al escudo, ubica­das con simetría, significan: el origen del nombre "ltapúa" (ltá = piedra, roca; pu'ã = levantada, levantar­se, ponerse en pie o "piedra sonora", en la acepción tam­bién probable, o corazón de piedra, en las que concuer­dan los siguientes autores: Guasch, Anselmo Jover Peralta y Ortiz Mayans. Es la presencia de su vigoroso pasado, sillares rectangulares, perfectos empalmados a cal y canto. En su parte inferior, las líneas laterales se unen en una saliente puntiaguda señalando el Sur de la Rosa de los Vientos.

En la parte superior, dos pilares con sencillos capi­teles hacen de pétreos mástiles a derecha e izquierda de un arco, cuya perfecta construcción mucho nos dice de la sensibilidad artística de aquellos antepasados nuestros aquietados por la fe en las reducciones del sur.

Un sólido y compacto fondo de piedra, como base. Por­que la piedra fue el elemento vital del cual se sirvieron los clérigos y capitanes venidos de Castilla para elevar con ella, hacia la cumbre selvática, la majestad de una oración de fe y esperanza. Acervo espiritual de todo un pueblo impregnado en las solemnes ruinas de Jesús, Trinidad y Santos Cosme y Damián, con la dulce carga de un sueño civilizador y la otra, dura y pesada, que el indio lo ayudó a enclavar sobre el Paraná, el 25 de marzo de 1615 (o 1614), cuando el padre-santo Roque González de Santacruz fundara la reducción sobre un cúmulo de piedras, con el primigenio nombre de "Nuestra Señora de Encarnación de Itapúa".

Visto de frente, a izquierda del escudo, en ángulo su­perior lateral, se eleva un imponente “lapacho" en flor, cargado de amarillos pétalos y de un verdor de suave tonalidad. Es la madera de mayor valor que abunda en la zona y es fuente de imponderables recursos. Al pie del enhiesto lapacho y ya por obra del hombre, del hacha y del machete, se superponen con sus duras cortezas y sus vetas, aún plenas de ricas savias, tres troncos; el cedro, el peterevy y el guaika, como una ofrenda del hom­bre y de la selva en bien y favor del progreso y de la civilización. Es el prodigio de natura que, en esta parte de la tierra nuestra, se desborda en toda su plenitud. Es el santo sudor del hombre, su grito de redención y su profundo amor al trabajo.

Arriba y a la derecha del observador, ángulo late­ral, aparece un gajo de yerba mate, es el té de los jesuitas, también conocido como el té de las Misio­nes, el "Ilex Paraguaiensis", cuyas plantaciones na­turales datan de cientos de años, desde los alrededo­res de Encarnación hasta el límite noreste del Alto Paraná. El gajo foliado lleva cinco hojas que se abren, como un ramillete hacia arriba. Son los dedos de una mano abierta por la amistad, y como sostenidos deli­cada y suavemente por las verdes hojas, aparecen un mate y una típica bombilla de plata, ahí están la proverbia hospitalidad y la cordialidad espontánea de los hijos de Itapúa.

En la parte inferior del lateral izquierdo se destaca un indio, visto de medio busto, de frente, luce vincha y plu­ma de cacicazgo. Es el primitivo que presidiera la mar­cha de todo un pueblo, el que con sus dedos de guerrero y de artista prendió en su flecha y en el rústico cincel la luz que trajeran en andas los intrépidos hombres de la Conquista, el que con sus músculos levantara piedra sobre piedra, columnas y paredones, aceptando el desa­fío de un tiempo nuevo.,

En el ángulo inferior del lateral derecho; el mártir­fundador, en medio busto y de frente, es el padre-santo Roque González de Santacruz, con aureola de segundo plano. Es el que apuntaló, con capítulos heroicos, el pilar hasta hoy aún enhiesto de su cultura, el que abrió en las penumbras selváticas un amplio y profundo sur­co para desparramar sobre él las semillas de un men­saje divino.

En su rostro están presentes la valentía, la ternura y la resignación. Es el rostro de un auténtico misionero, de un varón en cuerpo y alma, es el que con la verdad y una cruz como únicas armas logró entrar en los domi­nios del Cacique " Ita-pya" para fundar otro reducto de la fe; la reducción "Nuestra Señora de la Encarnación de Itapúa".

La cruz: sobre el escudo, como surgiendo de entre las piedras de un paredón, aparece una rústica cruz de abier­tos brazos, símbolo de la fe cristiana, formada por made­ros desnudos. Ayer, un instrumento de tortura para los romanos, hoy, una imagen de Redención y de Amor. Este símbolo divide al escudo en cuatro sectores simétrica­mente logrados para dar ubicaciones justas y precisas a los cuatro descriptos.

La campana: sobre la cruz y en primer plano se ob­serva una campana de bronce con el badajo quieto. Es aquella cuyas notas quedaron truncas al expirar el santo varón Roque González de Santacruz en las manos cri­minales del esclavo Maragua, quien, alevosamente y cumpliendo una orden de Ñesu, atestara un certero y mortífero golpe sobre la aureolada cabeza del misione­ro mártir. La que con sus sones perforó los aires, las serranías y los espesos bosques convocando a los in­dios para enseñarles a escribir la página más vibrante de nuestra historia.

La inclinación de la campana hacia la izquierda ubica el lugar del corazón. El padre Boroa, luego de la muerte del fundador de Encarnación, halló entre las cenizas, el corazón intacto atravesado por una flecha. El corazón fue llevado a Roma en el año 1633, luego custodiado y venerado en la Iglesia de El Salvador, de Buenos Aires (República Argentina). Felizmente ahora ya está con no­sotros y en peregrinación constante por todos los largores de este lugar americano.

Este séptimo y último símbolo ocupa un primer Plano. Es el trino y canto que se llamó a silencio en aquel Caaró maldito y asesino. Pero también el bronce que por

siempre repicará a lo largo y ancho de esta bendita tierra paraguaya, para llamar a todos los hombres de bien y oficiar con ellos la "Misa Grande". La misa esperada en este templo donde sólo se recibe la eucaristía santa del trabajo que purifica.

Esta es mi ofrenda. Para ti, Encarnación.

¡Un Escudo de Armas con símbolos de Paz!

Con mi eterna gratitud.

 

 



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