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ISAAC KOSTIANOVSKY


  COMENTARIOS LIGEROS Y DESPROLIJOS - Por ISAAC KOSTIANOVSKY


COMENTARIOS LIGEROS Y DESPROLIJOS - Por ISAAC KOSTIANOVSKY

COMENTARIOS “LIGEROS Y DESPROLIJOS”

ISAAC KOSTIANOVSKY

Editorial HISTÓRICA

Tapa: caricatura de BOTTI

Revisión técnica: ALFREDO SEIFERHELD

Asunción – Paraguay

1985 (189 páginas)

 

 

Reconocimiento:

Editorial Histórica agradece

al Director del diario "Ultima Hora'",

Lic. Demetrio Rojas,

y a la señora Pepa Kostianovsky,

por su generosa ayuda

para la edición de este libro.

 

Composición: Diario "Ultima Hora"

Impresión: El Gráfico S. R. L., Asunción

Hecho el depósito indicado por la Ley 94/51

de derechos intelectuales

Derechos reservados.

Editorial Histórica

Asunción - Paraguay

 

 

 

A MANERA DE PRÓLOGO

 

         Conocí a don Isaac Kostianovsky en los que serían sus últimos años. Pero mi primer contacto con él se produjo gracias a un viejo diario asunceno que traía su nombre -obviamente mal escrito-junto a los de algunos políticos y estudiantes detenidos en una de las tantas redadas policiales de nuestra historia. Figuraba, en aquella confusa lista de 1929, como "ácrata", sinónimo de perturbador, por oficio.

         Nadie habría imaginado que el "rusito" Kostianovsky; por entonces de dieciocho años, ocuparía, con el irás audible apócope de Kostia, un lugar especial en el periodismo paraguayo. ¿Cuánto peso podía tener, en medió de nombres como los de Juan León Mallorquín, Ángel Florentín Peña, Ramón Méndez Paiva, J. Eulogio Estigarribia, Fabio Da Silva y otros, en mayoría del perseguido coloradismo abstencionista, el de un gringo sin prosapia ni linaje destacados, que vivía con sus padres, judíos ucranianos, entre Villarrica y Asunción?

         Pero de ahí en más su nombre aparecería, desaparecería y reaparecería en las páginas de diarios, semanarios y revistas locales, ora dirigiendo periódicos estudiantiles, ora haciendo teatro, ora viajando al exilio. A partir del quincenario "Claridad", nacido en 1931 en la capital del Guairá mediante su ingenio y el de Luis Brizuela, la vida de Kostia quedó atada a múltiples quehaceres, donde el afán cultural alternaba con el comercio y las más diversas labores, recursos todos para un pasar digno. Vendrá luego "Creolina", revista de efímera existencia como el gobierno de febrero de 1936, en cuya época vio la luz; le seguirán en suelo propio "El Día" y "Ñandé", para desembocar, finalmente, en el vespertino "Ultima Hora", al que en 1973 Kostia insuflara vida junto al entonces coronel Pablo Rojas.

         Su largo peregrinar había encontrado, a la postre, la quietud. Y alentado por ella, su "vieja y pecadora pluma", como él la definiera, trazó los perfiles de su propia existencia, arrinconada en el presente. Desde marzo de 1980 Kostia se impuso rememorar, en las páginas de ese diario, lo que fue su pasado, a través de una columna ligera y desprolija, según su propia óptica. No sería lo mejor de su producción, pero sí lo más próximo a su carácter, en una suerte de despedida que intuía cercana. Lo hacía "en el sencillo estilo de la charla de café", que ejercía aún con algunos amigos, para que tales episodios, afirmaba, "no me los lleve inéditos al otro mundo".

         Kostia, que se consideraba un anarquista impenitente, pudo haber dejado obras de mayor aliento y vuelo literarios. Tenía una ancha formación, asimilada en lectura de clásicos desde su juventud; poseía, como pocos aquí, el español, y añadía a todo ello un valor cívico y una inteligencia vital. Pero prefirió el periodismo, que es ausencia de trascendencia en términos históricos; optó por darle a su creación un inconfundible sabor local, donde su alma errante se mezclaba con la impronta del Guairá y las oscilaciones de la política de primera mitad del siglo. Sus "verso-mí" eran el espejo que daba vida al otro ser, oculto tras una imagen de andar pausado y actuar sereno, que proyectaba para quienes no lo conocían bien. El "poeta de pequeños y grandes temas", como definió a Kostia una vez Ana Iris Chaves de Ferreiro, le dedicó a ella unos versos en 1975, los que eran su autorretrato escrito, resumido en estas frases: "Que no se culpe a nadie de mi vida; la hice a mi capricho y mi medida".

         Poco después, en septiembre de 1976, su conducta honrada lo llevó de nuevo, ya sexagenario, al encierro, al que siguió el destierro a la Argentina, una vez más. Tal como se había iniciado con " Creolina" en los años treinta, el ahora director de "Ultima Hora" poco había cambiado. Cuatro décadas después, en circunstancias diferentes, la historia se repetía. Pero reincidente al fin, Kostia no demoró en rumbear hacia sus playas de adopción. Por las veredas de Asunción, en sus bares y en la redacción de "Ultima Hora", se lo volvió a ver, erguido y atildado, restándole importancia al episodio.

         Años más tarde inauguró la columna que sería la de su despedida. "Buenos Aires" se tituló la primera entrega, quizá para ponerle el acento a algo que tanto significaba para él y para otros arrojados a sus calles. Casi un centenar de notas evocativas, las más de la Asunción de antes, fueron el epílogo. La muerte se lo llevó con el último artículo inconcluso. Para José-Luis Appleyard, su amigo, aquéllas habían sido "un ensayo delicado de reverencia antes del mutis final del escenario del periodismo paraguayo, donde desempeñó con jerarquía el papel de primer actor".

         Sintetizar lo que Kostia representó para el periodismo de este país no es propósito de estas líneas introductorias. Pero nos atreveríamos a afirmar que en el Paraguay existió un periodismo antes de él y otro diferente después de él. Dispersa en cuartillas, revistas y diarios, queda una parte de su talento. Y aunque los comentarios aquí reunidos no representan lo más valioso de su producción son, en cambio, los más significativos.

         Por medio de ellos, Kostia delató su permanente buen humor, a la vez que dejaba la huella de un carácter recto, de aquél que se rompe antes de doblarse. Escritor por vocación, recorrió por igual redacciones, e imprentas, bares y tertulias, prisiones y exilios. Su vida ha sido una lección de sensatez, porque comprendió, cómo pocos, el papel del periodista, sin exclusión de contradicciones, propias de un espíritu franco como fue el suyo.

 

         ALFREDO M. SEIFERHELD

 

 

 

COMENTARIOS

 

 

BUENOS AIRES

 

         Oí decir, hace mucho tiempo, a un guaireño muy viajador ("viajado", según él) que las dos ciudades paraguayas más hermosas eran Villarrica, obviamente, y Buenos Aires, ésta porque en su opinión y la de cuantos hemos compartido sus experiencias viajeras, fue y sigue siendo el mejor y cercano reparo de la paraguayidad humillada, perseguida y desocupada, así como de la que puede y gusta disfrutar de la vida nocturna y milonguera, del buen vestir, del bien comer y de otros halagos de la fortuna.

         En efecto, a Buenos Aires bajaban los paraguayos aporreados por los mandamases de turno, los perseguidos por la injusticia y la justicia, los que deseaban sacar mayor provecho a su dinero en las compras, los que requerían serios retoques en la salud, quienes deseaban ocultar algún amor, etc. etc.

         Buenos Aires era una ciudad paraguaya; ubicada en nuestra geografía espiritual. Además, como sabíamos que históricamente era un retoño de nuestra Asunción, no nos sentíamos intrusos en su calle Florida, en su Marabú, en su Bombonera, en cuantos lugares frecuentábamos para gozar de los variados encantos de la reina del Plata.

         Casi todos los porteños ignoraban lo que casi todos los paraguayos sabíamos, que unas decenas de criollos asuncenos habían bajado con Juan de Garay por ese "río de sueñera y de barro" a fundarles su tan querida Buenos Aires. Pero esto ocurría antes, porque ahora, que se aproxima el cuarto centenario de aquella hazaña, los porteños se informan diariamente, por la prensa y la televisión, de cómo ocurrió y quiénes la protagonizaron, en tanto que nosotros pareciera que pretendiéramos olvidarlo.

         Cuando el tercer centenario en 1880, según leemos en diarios de entonces, no faltaron asuncenos entusiastas que pretendieron repetir la proeza, bajando el Paraguay y el Paraná con balsas y canoas, para tributar a sus antepasados un esforzado homenaje en el escenario que ya se insinuaba como una ciudad pujante con los primeros flujos masivos de inmigrantes. No sabemos si este intento se cumplió; pero, de lo que estamos ciertos es que revelaba una orgullosa disposición a celebrar el prodigio de los "mancebos de la tierra", la primera promoción de paraguayos.

         La fecha de la fundación de Buenos se aproxima y no nos damos por enterado de ello. A ninguno de nuestros innúmeros historiadores se les ha ocurrido aún que el 11 de junio es una fecha nuestra, evocativa de una empresa paraguaya que cumple cuatro siglos.

         ¿Puede explicarse este silencio?

 

 

LOS GONZALEZ

 

         Natalicio gustaba relatar, más o menos de este modo, el origen de su tan difundido patronímico: "Cuando Dios hizo a los paraguayos, luego de dotarlos de sus atributos más característicos, les proveyó los nombres. Para esto, los puso en fila y con vista al frente, procediendo a bautizarlos:

         - Tú te llamarás López; tú, Fernández; tú, Pérez; tú, Caballero; tú, Benítez; tú, Domínguez; tú, Gómez; tú, Díaz... y así hasta llegar a la mitad, cuando el buen Creador evidenció cierta fatiga, por lo que, dirigiéndose a los numerosos restantes, les dijo: -... y, todos ustedes, González.

         A éste atribuía el ilustre escritor y controvertido político la singular proliferación de los González que, desde entonces, son los paraguayos más numerosos, en todas partes, entre los ricos y los pobres, los colorados y los liberales, en la alta sociedad y en la cárcel... Hasta en la guía telefónica.

         Para corroborar esto último, de puros tecoreíes, nos hemos tomado el trabajo de contar a los abonados que recibieron el pasado mes el impacto de la nueva tarifa, tan abrupta e intempestiva como la del gas licuado. Y, como lo presagiábamos, los González siguen siendo mayoría. Son nada menos que 575, contra solamente 352 Martínez y otros tantos Benítez, que los siguen en número.

         Los Irala, descendientes del más ilustre y prolífico semental de la Conquista, son apenas 32, los Cáceres 159, los García 103, los Pérez 145, los Gómez 220, los Rodríguez 190, los Díaz 107 y los Domínguez nada más que 55.

         Desde la primera guía telefónica, editada allá por 1928, los González son mayoría, porque predominan en todos los gremios; en el comercio, las profesiones liberales y la afición al diálogo. Y seguirán siendo los más numerosos por un largo tiempo más.

         Decimos esto último, porque hemos advertido, recorriendo la flamante guía de Antelco, que hay un nuevo apellido, que en la próxima generación será paraguayo, que comienza a escalar como cifra. Se trata de los Kim, que en la anterior fueron apenas 4 y en ésta ya son 19.

         Y los coreanos son prolíficos; trabajan mucho, pero se acuestan temprano. No gustan criar perros, ni loros; crían hijos, robustos, ágiles, estudiosos e igualitos.

         No podemos creer categóricamente que los Kim (que estimamos que serán los González de Corea) lleguen a predominar en la guía telefónica y en nuestra sociedad; pero, es muy probable que lleguen a un amistoso y amoroso acuerdo con la mayoría tradicional. Y, como a los paraguayos nos gusta alardear con dobles apellidos, predominarán entonces por igual los González Kim y los Kim González.

 

 

 

PRENSA LIBRE

 

         "Graznan todos o ladra uno solo", decía de nuestra combativa prensa un español que nos visitó a comienzos de la segunda década del siglo. Entonces, todos los diarios eran políticos, azules o colorados de los más variados tonos, y se los distinguía como el de Fulano, Mengano, etc., que eran sus directores, jefes partidarios o al servicio incondicional de éstos.

         Muchos años transcurrieron hasta que predominara en número y en él favor del público la prensa independiente o empresarial, como gusta denominarla la otra, la "dependiente", la que entiende por tal aquella que se redacta en pupitres que semejan mostradores y no trampolines, como los del periodismo político, donde desde el más modesto reportero pretende proyectarse a las altas funciones administrativas.

         La empresa periodística debe estar asociada al éxito económico para mejor servir a la gran masa de lectores, lo que no se requiere en la prensa política, en la que, muy comúnmente, hacen fortuna solamente algunos administradores aprovechados. Y se da el caso en que, donde la dirección es "permanente", no lo es la administración.

         Para servir a esta prensa política entrará a funcionar un nuevo instituto de enseñanza periodística, que obviaría la ineficiencia de los universitarios según nos anuncia como primicia absoluta el diario oficialista en una amplia nota en que no se desperdicia párrafo para denostar contra los "incrustados mercenarios de la prensa que perciben jugosas recompensas por cada línea de intriga, de sutiles entrelíneas, que redactan para sus respectivos periódicos con verdadera pasión satánica" (sic).

         Quienes aplican este lenguaje, quienes no hacen más que urgar "entrelíneas", no admiten qué existan periodistas al servicio de la prensa libre, "la que vigila, siempre en vela, cada uno de los derechos que los hombres libres atesoran", al decir de uno de los más ilustres estadistas de nuestro tiempo.

         Fue éste, quien también nos legó la más exacta y sencilla definición de la democracia: "Que golpeen a tu puerta en la madrugada y que sea el lechero".

         Hacemos memoria de ambas definiciones del viejo Churchill, por si les fuera de algún provecho a maestros y alumnos del flamante instituto de enseñanza periodística.

 

 

LATIGOS

 

         Entre las pertenencias del Mariscal López restituidas por el presidente del Brasil al patrimonio nacional, durante su reciente visita, se incluía un rebenque con mango de plata, con virolas de oro, al uso de los tiempos en que el nuestro era un pueblo de gentes de a caballo. Los vi en las fotos publicadas oportunamente en la prensa, y me trajo a la memoria otros dos látigos, que también pertenecieron a López, mentados por todos los historiadores, los de la entrevista de Yatayty-Corá.

         Ambos se encuentran en un museo, que podríamos llamar privado, de Buenos Aires. El que López entregó a Mitre y el que éste a aquél. Son de idénticas características, al punto que parecieran elaborados por el mismo orfebre; de plata, con profusión de adornos e iniciales de oro. No se asemejan al rebenque devuelto por Figueiredo; son más pequeños y manuables, tal vez a la moda del tiempo o a alguna norma de etiqueta, ya que dieron el último toque protocolar al memorable diálogo.

         Pocos paraguayos, de los muchos que viven, vivieron y visitaron Buenos Aires los conocerán, por cuanto a la gran mayoría les sería difícil superar escrúpulos para ingresar a la "casa parduzca" de la calle San Martín, donde vivió Mitre y funciona el museo y biblioteca de su nombre.

         Yo lo hice más de una vez; la primera en compañía de un amigo entrañable, cuyo nombre es uno de los de mi hijo varón en su recuerdo. Era Carlos Solano López, uno de los cinco nietos, fallecidos todos ya, del Mariscal, con quien compartí un largo año de ostracismo en la capital argentina.

         Carlitos, que elaboraba su tesis doctoral visitando los numerosos institutos de consulta porteños, también tenía cierta curiosidad por la cultura guaraní y conocía, como yo, la labor de Mitre sobre la imprenta de las misiones jesuíticas, impresa en un pequeño volumen que habíamos adquirido por cuarenta centavos en una librería trasnochadora de la calle Corrientes. Por esto, nos aguijoneó el deseo de conocer los libros sobre dicho tema, que conformaban entonces la más abundante bibliografía por nosotros conocida.

         Así fue que ingresamos una tarde en el Museo, y en una de sus vitrinas me sorprendieron los latiguillos de Yatayty-Corá, al verlos juntos.

         Para Carlitos, la sorpresa no fue tal, por cuanto sabía que el que recibiera López en la entrevista siguió perteneciendo a sus descendientes, hasta que la madre, viuda de don Enrique Solano López, tuvo que desprenderse de él, como de tantos otros valiosos objetos y testimonios para solventar la manutención de sus pequeños hijos.

         Doña Adela vendió el látigo con las iniciales de Mitre a un paraguayo opulento, quien se "lució" restituyéndolo a la familia de aquél en la persona de Bartolito, director entonces de "La Nación".

         No es que lo ignoren, no me pregunten el nombre del restituidor.

 

 

 

ACLAREMOS

 

         Hubo un tiempo, bastante largo, en que cuanto epigrama, sátira u ocurrencia ganaba la rumorosa calle Palma, me era atribuido. Así ocurrió recientemente con una respuesta de don Alberto Gerchunof, de lo-que fui testigo en agosto de 1928 y fuera honrado con su paternidad en la amena columna de un matutino en la pasada semana. Como no leo esta columna con la frecuencia que se merece, no me apresuré a formular la salvedad, de la que se ocupó un anónimo lector, quien supondrá que tengo el hábito de la abutarda con que el viejo maestro Lezcano alentara nuestra incipiente (e insípiente) vocación lírica.

         Digo haber asistido al breve diálogo que reproduce el columnista. Fue en el salón del Archivo, en los días que Gerchunof nos visitó y gratificó con una charla que, si mal no recuerdo, auspició el flamante ministro doctor Prieto.

         No fue don Modesto Guggiari el interrogador (mal podría serlo cuando no asistió al acto, ya que por aquellos días se había planteado y enervado la disidencia liberal que comandaba), sino que alguien que no conocía suficientemente al muy celebrado autor de "Los Gauchos Judíos".

         Por aquellos días, lo de "...judío, pero no ejerzo", se constituyó en un lugar común y cuantos amigos tenía, que eran numerosos, lo vinculaban a mi conducta indiferente a los afanes que indebidamente se imputan a mis corraciales.

         Verdad es que alguna vez apliqué aquella expresión, complementándola entre las gentes que no lo conocían, con la referencia a su origen.

         Se me ocurre que esto puede semejarse a otra experiencia mía, la de una de esas noches hermosas del Paraguay (expresión que tampoco me pertenece), en que señoreaba la prepotente "guardia urbana": Regresaba, ni tarde ni temprano, a mi casa, cuando me salió al paso un desconocido:

         - Filiación !! - me dijo increpante.

         - ¿Cómo dice?

         - Maa nico nde? !!!

         A lo que le respondí con el estridente acento que escuchara Moisés en su retiro del Sinaí:

         - Yo soy quien soy!

         Y el "urbanista", con encomiable urbanidad, me dio el paso. Evidentemente, desconocía el Éxodo.

         Algo parecido me ocurrió ayer, discutiendo con mi mujer. En el calor del debate, le dije:

         - No tienes cabeza.

         A lo que ella me respondió.

         - Esa frase no te pertenece. Ya la dijo el descuartizador de Palma Loma...

 

 

 

LOS PRECIOS

 

         Un cronista madrileño da cuenta de la original ocurrencia de los propietarios de un restaurante, quienes el día en que éste cumplía diez años decidieron aplicar, por esa única vez, se comprende, la lista de precios vigente cuando la inauguración. Así, los parroquianos, a la hora de "la dolorosa", advirtieron gratamente sorprendidos que ésta no era tal, ya que el chuletón de ternera con patatas y pimientos, que en la víspera costara 540 pesetas, ese día no valía más de 100; el lenguado descendía de 440 a 95, el mero de 580 a 90 y el "entrecot" de vaca de 600 a 110 pesetas.

         Agrega la crónica de tan insólita celebración que, "si tal experiencia la hicieran los restaurantes alguna vez, no solamente "a diez años vista", sino que a veinte, a treinta, a cuarenta y a cincuenta, nos llevaríamos verdaderas sorpresas y tendríamos ocasión de comprobar que los "saltos", de los precios han sido verdaderamente circenses por lo "espectaculares". Y a tal efecto, consultó con el "maitre" de Botín, tradicional mesón de la madrileña Puerta de Cuchilleros, sobre el precio del famoso cochinillo en el año 1934. En aquellos azarosos tiempos de la segunda república, este manjar de glotones costaba solamente cinco duros, veinticinco pesetas, y hoy se cotiza a 3.900; ¡Ciento cincuenta y seis veces más! Verdad que de entonces a hoy, en España ocurrieron atrocidades y aún mayores en el resto de Europa, que han desprestigiado a las monedas y alentado la inflación en todo el mundo, la que se desbocó en el 73, cuando los magnates del petróleo se propusieron ser más magnates aún.

         El episodio que nos ocupa sugerirá, suponemos, a más de un dueño de restaurante o "parrillada" asuncenos, a festejar de idéntico modo su fecha inaugural. ¡En tal caso, los "habitués" de La Preferida podrían saborear el tradicional pato con salsa de hongos, al remoto precio de 20 guaraníes; en el popular Carioca, el no menos popular bife a lo pobre a sólo 15,y las sabrosas milanesas del Lido nada más que a 4!.

         Esos eran los precios de hace poco más de veinte años. Pero, a decir verdad, también eran muy inferiores las cifras de los que concurrían a La Preferida, el Carioca y el Lido, y a las innúmeras "parrilladas" donde los asuncenos toleramos la cara y mala carne y saboreamos la buena y barata cerveza nacional, hasta, la hora del edicto.

         Claro es que sería más que milagro que un buen día se reabrieran el Bar Joaquín o El Triunfo, ambos en la misma calle Estrella, donde acudían los choferes de "chapa blanca", los poetas y los cajetillos trasnochadores a recuperar energía con el suculento "a caballo"; al increíble precio de cinco pesos; ¡cinco céntimos de hoy!!

         Esto costaba allá en los perdidos tiempos de mi infancia, en que el cine Granados, por tres peí nos brindaba una matinée de 24 actos con William S. Hart, Eddie Polo, Tom Mix y Perla Güite, la novia de todos. Y, si sobraban cinco reales, a la salida nos esperaba "León Rembyré", de quien algunas vez diré algo, con la cremosa y azucarada "bola", o "bollo", como preferían denominarla los compañeros que estudiaban en el Salesiano o en el San José.

 

 

 

LE CORBUSIER

 

         Me preocupa el destino que se dará a los balcones del Círcolo Italiano, reparo en que transcurre placenteramente buena parte de mi abundante tiempo baldío y que pronto será demolido. Dónde irán a parar sus hermosos balaustres de mármol, que podrán recuperarse, no así los bellos artesones de las amplias salas que anónimos pintores peninsulares dejaran como un testimonio de su cultivado amor a la patria, que alguien llamó "el país del arte".

         La balaustrada del Círcolo es de mármol, de fino mármol de la costa toscana, con labrados relieves como proponía Palladio. Seguro estoy de que ante esos balcones se detuvo Le Corbusier cuando nos visitó, allá por 1929. Lo imagino comentándoselos a su comedido cicerone, mi inolvidable amigo Manolo González Ligier, y responder a las "sonrisas del cielo", como llamó en sus relatos a nuestros viejos antepechos de balaustres en balcones y azoteas.

         Seguro estoy de que en el reparto de los escombros, algún viejo constructor italiano, sobreviviente de aquellos que le dieron a nuestra Asunción su ligero aire burgués, rescatará esos balcones para la vivienda de algún paisano nostálgico, aún no tentado por las audacias geométricas de nuestros jóvenes y numerosos arquitectos.

         Y, a propósito de éstos y de su precursor Le Corbusier; recuerdo ahora que hace unos meses compartí una mesa con tres arquitectos amigos, y ninguno de ellos tenía noticia de este genial creador en el Paraguay. Yo lo sabía por Ligier, que representaba a la empresa aeronaval que lo invitó a un viaje inaugural desde Buenos Aires, donde conmoviera el ambiente artístico y profesional.

         Luego, cuando me tocó vivir en la capital argentina, mi curiosidad de arquitecto frustrado me llevó a hurgar en bibliotecas hasta encontrar los testimonios del artista sobre aquella visita. Ahora, mi hija Pepa me trae fotocopiadas las correspondientes páginas del "prólogo americano" a sus "Precisiones", que no han sido traducidas a nuestro idioma, páginas en las que me reencuentro con la Asunción de mi infancia, "pequeña ciudad sumergida en una vegetación admirable, mitad entre hierbas y mitad sobre una tierra bermeja que cubren árboles inmensos con matices malva, azafrán y rosa".

         Y dice más adelante: "Toda la ciudad es alegre gracias a los italianos que; por una tradición implantada por los jesuitas españoles (?), coronaban las fincas con balaustradas. Oh, balaustres sudamericanos! Macarrones italianos! ¡Qué profusión! ¡Qué exageración!".

         "Estuve tentado -agrega- de anatematizar al balaustre! Pero, entiendo que en él se apoyaba la latinidad, la sonrisa latina".

         Sonrisa que perderemos muy pronto los frecuentadores del Círcolo, cuando lo derriben y se lleven sus viejos y elegantes balcones italianos, ante los que hace casi exactamente cincuenta años se habrá detenido Le Corbusier, que pasó entre nosotros inadvertido para los entonces pocos arquitectos asuncenos, acaso probablemente porque los diarios de entonces lo dieran en la "lista de pasajeros" con el nombre de su pasaporte, Edouard Jeanneret-Gris.

         De allí que ni siquiera lo mencionara nuestra indiscreta "Agenda de la Nostalgia".

 

 

 

ANARQUISTAS

 

         Tardíamente, ya a punto de percibir el jugoso Premio Cervantes, confesó Borges a los acuciosos periodistas madrileños que, en política, era un anarquista spenceriano, como alguna vez definiera a su padre, amigo y correlí de Evaristo Carriego.

         Borges, hace unos años, inauguró su ancianidad con dos desafortunadas ocurrencias, se casó y se afilió al Partido Conservador, que es en su país, como en cualquier otro, el partido de los ricos, dando con esto último una prueba de su escepticismo, como lo aclaró más tarde. Ahora, saliendo de pobre con los diez millones de pesetas (unos 25.000 millones de pesos argentinos, de los de antes, se entiende) pasa, al evolucionismo de Spencer, tan grato a Eliseo Reclús, Rafael Barret y Moisés Bertoni, que tanto amaron al Paraguay.

         Solamente a hombres de esa talla intelectual, leídos en todos los idiomas y galardonados por casi todas las academias, les está permitido regresar a los ideales de casi toda la juventud de las primeras décadas de este siglo (y las últimas del pasado) que muy pocos alentamos toda la vida.

         Un viejo profesor, que no nombraré para esquivar la susceptibilidad de su bien enchufada progenie, recomendaba a los jóvenes de nuestro viejo Colegio Nacional la

lectura de Spencer, comentado entusiastamente por Unamuno, confiado en que en esta antigua "tierra de los iguales", como la llamara Aguirre, el gran filósofo inglés encontraría suelo abonado por una larga tradición de solidaria pobreza, porque no se creía entonces que alguna vez dejaríamos de ser insolventes, que ingresaríamos alguna vez a esta vertiginosa economía de consumo, a la era de los supermercados, de los semáforos y del crédito familiar.

         Sin embargo, si nos proyectamos hacia el porvenir incierto al que nos guían los proyectiles atómicos, los comunistas y los ayatolases, una débil esperanza nos alienta a creer con Wells, que nuestra humanidad; en unos tres mil años más, logrará decantar sus bazofias, para aflorar a un mundo ideal que solamente esperan los hombres de mucha fe religiosa, pero más allá de la vida.

         Mientras tanto, para seguir alentando estos románticos ideales, sin hesitaciones ni impaciencias bárbaras, debemos buscar fortuna en la política, como muchos, en la literatura como Borges, otros pocos, y en el lotobingo que es otro de los tantos impuestos que tantos pagamos a nuestra inocencia.

         Y seguir leyendo la Sociología y los Ensayos Morales de Spencer, como también lo hace Borges, entre recompensa y recompensa a su indudable talento, que alguna vez logrará para los argentinos, que lo han consagrado unánimemente como el Maradona de las letras, otro gratificante Premio Nóbel.

         Será, tengo entendido, el primer anarquista que lo logre, después de Gracia Deledda.

 

 

 

FOTOGRAFIA YMA

 

         Cuando por el año 60 emprendimos la edición de una revista popular, cuyo éxito apuntaba a la gente nostálgica, memoriosa y sentimental que aún nos es fiel, acudimos a don Enrique Maás, que vivía en Humaitá y Montevideo, rodeado de sus viejos testimonios iconográficos, por cuanto fue, además de excelente fotógrafo de galería en su estudio de la calle Colón, el reportero obligado de nuestra prensa y de la revista porteña "Caras y Caretas" a la que enviaba, según la frecuencia de los acontecimientos, notas gráficas de nuestras revoluciones, de los nuevos gobernantes, de los primeros partidos internacionales de fútbol (que entonces se escribía "foot-ball" y se pronunciaba "fóbal"), y alguno que otro suceso muy especial, como los fusilamientos de la época de Schaerer, de los que nos facilitó los negativos en placas de vidrio cuidadosamente conservadas durante unas cuatro décadas. Así pudimos publicar en "Ñandé", que era el nombre de la revista, los macabros crímenes de Gadín, León y el teniente Godoy y sus condignas sanciones.

         En el primer número de la publicación y a toda tapa, dimos uno de los más curiosos testimonios gráficos del periodismo paraguayo, publicado oportunamente en "El Diario", cual era la escena previa a la ejecución del parricida y su cómplice, ambos atados a rústicas sillas ante el pelotón, tras el que se agrupaban numerosos magistrados, periodistas y curiosos infiltrados de quienes se provee nuestra rica protohistoria.

         Don Enrique era, más que un profesional de la fotografía, un periodista inquieto, atento al acontecer nacional, que podía renunciar a un sarao rumboso para registrar en su vieja Kodak entre relámpagos de magnesio, algún accidente grave, un banquete político o la secuela de una riña sangrienta a la salida del "Lozana Juventud".

         Esta entusiasta afición de don Enrique, a esa auténtica vocación periodística, favorecía a sus competidores, Albons, Pérez, Gould y finalmente Brudner, que servían a la actividad mundana que redituaba mucho más, tales aquellas bodas copetudas en las que la engolada voz del tenor De Font convocaba a todos los melómanos a la Catedral.

         Otro fotógrafo tan altruista como don Enrique y entendemos que precursor de éste, fue el viejito Recalde, padre de los doctores Sergio y Manuel (nuestro viejo amigo Voltaire), cuyo valioso archivo valdría la pena rescatar.

         Recordamos, asimismo otro Recalde, hijo o sobrino de aquél, cuyo nombre de pila también tenemos olvidado, que tuvo una casa de fotografía en la calle Presidente Franco, donde alguna vez nos sacamos las "tres por diez pesos" para la cédula. Esta, como la de Pérez, con domicilio definitivo en Nuestra Señora y Humaitá, servía comúnmente a gente del interior, aunque también a artistas. Así, en la vidriera de Pérez vimos durante años palidecer las fotos de Roque Centurión Miranda y el Negro González, el perfil de Ortiz Méndez y la sonrisa de Amadito Vega Zayas, notario, entrañable amigo y caricaturista. Recordamos aún la de éste último de frente, con breve bigote, peinado al medio y cuello alto con moñito mariposa, como siguió luciendo en los años que precedieron a su prematura muerte y que le valiera entre los muchos amigos el marcante de "Retrato Ymá", nada original, ya que Zoilo Trevero, en Villarrica, ya había aplicado el "Taangá Ymá" a un personaje guaí que se resistía a renunciar al cuello Mey, el bigote "Chirife" y el traje negro.

         Pronto, en unos años más, cuando también la Polaroid sea obsoleta y los fotógrafos se provean de la ya anunciada cámara sin películas que lanzarán (¡cuándo no!), los japoneses, todas nuestras fotos actuales, incluso las de "Click!", serán "fotografías ymá", porque este arte aparentemente mecánico y simple buscará otras temáticas, acaso la de los héroes de la ciencia ficción de las tiras y películas infantiles de hoy. ¿Y quién nos niega que la de Flash Gordon se asemeje para nuestros nietos a esos conscriptos domingueros que posan para la posterioridad ante los fotógrafos de la Plaza Uruguaya?

 

 

 

PALABRAS CRUZADAS

 

         La palabra "crucigrama" incursionó en el Diccionario de la Lengua en su última edición, que ya lleva algo más de una década. Es que dicho juego, acertijo, enigma o como quieran llamarlo es relativamente nuevo. Los diarios que hoy no pueden prescindir de las "palabras cruzadas", no las traían a comienzos del siglo, en que empezaron a causar furor en la prensa norteamericana y, es de suponer que, también en Europa. Quienes inventaron esta distracción, cuyos nombres han sido injustamente olvidados, han prestado un singular servicio a la prensa y mayor aún a sus lectores quienes, en vez de amargarse con las noticias y sus comentarios en los clubs y los cafés, podían ahora aburrirse en casa. El nuevo entretenimiento llegó a cubrir una buena cuota del ocio de nuestros abuelos, en tanto que los obligaban a adquirir nuevos conocimientos, como los nombres de las islas polinesias, los nietos de Jacob y las aldeas de la provincia de Badajoz, es decir, la sabiduría indispensable para dar pronta solución al problemita cotidiano.

         Los diarios asuncenos, como debe suponerse, incluyeron las "palabras cruzadas" tardíamente. Su principal amenidad constituyó hasta muy avanzado nuestro siglo en los folletones, especialmente los de Xavier de Montepín, en innúmeras entregas. Es que los clisés de los problemas y sus resultados eran muy caros, por lo que los diarios, de

editores pobres o amarretes, recién ofrecieron dicha amenidad cuando los servicios extranjeros los ofrecieron a muy bajo precio y con los cartones de estereotipía, como también ocurrió con las tiras de historietas.

         Creemos que correspondió a "El Diario" de Da Rosa, nuestro primer gran empresario periodístico, la convocatoria al primer concurso de "palabras cruzadas", nada menos que con un problema confeccionado ex-profeso, de elaboración casera. Fue por el año 1925 y apasionó a toda la niñez asuncena, a la que iba dirigida. Tenía el auspicio de los famosos dulces y galletitas de Dubrez, que en la esquina de 25 de Noviembre y Coronel Martínez los elaboraba juntamente con el pan de canoa y la galleta-guazú, preferidos de la gente del mercado cercano.

         El cuestionario del certamen era sencillísimo, al alcance de nuestras simples entendederas. Así, por ejemplo, la primera palabra de las horizontales correspondía al "nombre de la madre de Dios y de unas famosas galletitas", en tanto que la primera vertical se definía como "tratamiento cariñoso que los niños dan a las madres".

         A pesar de esto, no se crea que el enigma era muy fácil de resolver. Tenía su intríngulis, como estos concursos de tapitas de gaseosas que tanto apasionan a los chicos y cuestan a los abuelos. Una de las verticales, de sólo cuatro palabras, debía responder a "sierva de Abraham".

         En los tiempos actuales, cualquier aficionado que resuelve cuantos crucigramas traen los diarios, el "Jocker" y otras numerosas publicaciones especializadas en acertijos, conoce mejor los ríos de Suiza y los hijos de Príamo (que según Homero fueron noventa) que los ríos del Paraguay y los hijos de su hermana. Pero entonces, la pobre Agar (que se embarazó del adúltero Abraham) no figuraba ni en el Campano Ilustrado, que era el Pequeño Larousse de nuestra niñez.

         Hubo que averiguarlo. Algunos más astutos recurrieron a sacerdotes y predicadores evangelistas que entonces se congregaban en la Plaza Uruguaya, pero los chicos de nuestro barrio, vecinos de "El Diario", fuimos "a lo seguro", al propio autor del crucigrama que, según nos lo reveló un periodista, resultó ser un aventajado estudiante de medicina de apellido Giardina, también de la vecindad. Varios días lo acechamos y rodeamos suplicantes hasta que soltó prenda.

         Pero no se supo guardar el secreto. No faltaron los yurupipíes que lo divulgaron. Fue así como llegaron a las casas auspiciadoras más de tres mil soluciones, todas ellas exactas, cuyos remitentes llenaron dos páginas del diario. Fue, dicho sea de paso, que con emoción vimos por primera vez nuestro nombre en letras de molde.

         El pobre señor Dubrez, que había prometido nada menos que "una lata de galletitass María por cada solución acertada", debió encargar más de tres mil latas, pero de mucha, muchísima menos capacidad, para cumplir con los ganadores del concurso.

         El joven Giardina, que pronto fue doctor, adquirió nuevamente popularidad diez o doce años después, cuando el comisario de la Primera, Juancito Zanardi, lo apresó por pasear por la vereda de su casa, que era la del escrupuloso comisario, en pijama, atuendo que para el doctor no era prenda exclusiva de cama, como la definía la autoridad.

         Después de esta sanción, a la que la prensa hizo comentarios en los más diversos tonos, el doctor Giardina no volvió a lucir su pijama en la calle, como jamás volvió a formular problemas de "palabras cruzadas".

 

 

 

LA ÚLTIMA COLUMNA DE KOSTIA

 

         Este diario, simultáneamente con un manual de historia, ha auspiciado un certamen de preguntas que estimamos sin ánimo de despertar controversias o urticarias, más propias de eruditos que de estudiantes.

         En las dos oportunidades en que encontramos a nuestros nietos los escolares, televiendo el concurso, nos asombramos por lo intrincado y casi capcioso del cuestionario que al propio Blas Garay causaría tanta o mayor ofuscación que a los examinandos.

         Fácil es para quien se lo propone formular preguntas enigmáticas... como éstas que se nos ocurren ahora, que respondan a la curiosidad que algunas veces motivan algunas lecturas de libros casi olvidados.

         Por ejemplo, ¿cómo se llamaba un oriundo de las Malvinas que vivió en el Paraguay allá por los tiempos del doctor Francia, y que viajando a Inglaterra murió de hambre en alta mar?

         O esta otra: El coronel Bray, luego de ser jefe de Policía y ministro viajó a Europa en misión diplomática. Durante su escala en Buenos Aires, en la puerta del Hotel Ritz, recibió un puntapié en la región por donde, según versiones que nos merecen fe, más pecó. ¿Quién se lo aplicó?

         Ambas preguntas son historia; una corresponde a la convencional y otra de la que aún no ha superado la tradición oral, por ser el autor del "foul" un tipo muy modesto.

         Para responder la primera hasta los profesionales de la historia deberán recurrir en consulta a viejos testimonios. Y para la otra hacerse espiritistas e invocar al chismoso coronel.

 

         KOSTIA

 

 

 

 

INDICE

 

BUENOS AIRES

LOS GONZÁLEZ

PRENSA LIBRE

LÁTIGOS

ACLAREMOS

LOS PRECIOS

LE CORBUSIER

ANARQUISTAS

ARENGA FLORENTINA

512

MONSEÑOR

PILOTO

PRECOCIDAD

GARDEL

LUCONI

EL TRIUNFO

DON NICANOR

EL MOSTO

LA PEÑA

EL SOYO

CINE GRATIS

VIEJOS REMEDIOS

LA CAMPANA

JEAN PIERRE

EL POLO NORTE

DEMOLICIONES

TARDE MEMORABLE

EL SIN NOMBRE

EL SPORTMAN

DON BENIGNO

EL CAFECITO

PEDRITO

ELIGIO AYALA

BAR ORIENTAL

TEMERIDAD

AQUELLAS EMPANADAS

EN EL SOROCABANA

MANOLO

UN PRECURSOR

PATINADORES

CONDISCIPULO ILUSTRE

DE GALLOS

BAR "VILA"

"BAR Y BAÑOS"

PLAYA CASOLA

DEL VINO

EL BUEN CHOPP

LA COLMENA

UN PRECURSOR (II)

AJEDREZ VIVIENTE

LA ESTUDIANTINA

LA MUNDIAL

LA PICHINCHA

DON CÁNDIDO

PUIGBONET

LA ESFERA

CLORINDA

RESISTENCIA

FELICISMO

"EL NOTICIERO GALANTE"

THE DERBY

UN JUGLAR

ESCUELITA PORTELA

LOS BURRITOS

LOS BOTINES DE RIVAS

CORILOPSIS

MBOPI PUCU

AL BOTÁNICO

GUAVIRA-MI

BARRILETES

FANTASMAGORIAS

EL BAJO

HELADOS

VITROLAS

DE LA VEJEZ

LA CAÑA

DEL DILUVIO

IDIOMAS

ADIOS AL AMIGO

CARTEO

UN MOQUETERO

NACIMIENTOS

AQUELLA PRIMAVERA

EL SILLON

DIÁLOGOS

LEY SECA

PIANISTAS

FOTOGRAFIA YMA

PALABRAS CRUZADAS

(LA ULTIMA COLUMNA)

 

 




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