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DERLIS BENÍTEZ ALVARENGA


  EL TERERE, ALGO MÁS QUE UNA BEBIDA EN PARAGUAY - Por DERLIS BENÍTEZ ALVARENGA


EL TERERE, ALGO MÁS QUE UNA BEBIDA EN PARAGUAY - Por DERLIS BENÍTEZ ALVARENGA

EL TERERE, ALGO MÁS QUE UNA BEBIDA EN PARAGUAY.

Por DERLIS BENÍTEZ ALVARENGA.

Editorial EL LECTOR,

www.ellector.com.py

Colección FOLKLORE.

Tapa ROBERTO GOIRIZ.

Asunción – Paraguay

1998 (100 páginas)

 

 

PRÓLOGO

 

         En torno a EL TERERÉ - ALGO MÁS QUE UNA BEBIDA EN PARAGUAY.

         Cuando el Padre Derlis Benítez me trajo su trabajo sobre el tereré pensé para mis adentros que me encontraría con otra de esas aburridas fraseologías de un folklore resobado, en que uno no sabe qué pesa más, si la sarta de lugares comunes en torno a "la tradición" o la pedantesca fanfarria de argumentos seudotécnícos para dar el tono doctoral al autor de sus cuartillas.

         Pronto me percaté de cuán lejos estaba en este caso de lo que adelantaba erróneamente en mis prejuicios. EL TERERÉ -ALGO MÁS QUE UNA BEBIDA... -no iba por este sendero de galimatías sino que se construye como un discurso altamente persuasivo sobre un tópico aparentemente trillado -y, cuantas veces menospreciado o puesto como chivo expiatorio de nuestra (por demostrar) consabida pereza, para desde ahí orientar la reflexión sobre la idiosincrasia más raigal de nuestro pueblo, las pocas veces abordada como "prójimo", desde una proximidad que sólo se logra por empatía y sincero compromiso.

         El Padre Derlis la tiene a carta cabal, y no precisa mucho para develar su identidad campesina sin cosméticos. Un campesino más, en este caso, un sacerdote campesino, mirando con compasión cristiana a sus próximos con juicio crítico y bien ilustrado.

         Ya de inicio, nos sorprende apreciaciones tales como que "la ronda del tereré es el único espacio en donde el paraguayo rompe su esquema de poco hablar, para convertirse en un asiduo conversador; el tereré es la puerta de entrada (el subrayado nuestro) para conocer al paraguayo inmerso en su mundo cultural". Por ahí, uno de los ejes semánticos que nos abre el universo iluminado con certero estilo por la monografía. No es pues del tereré de que se habla, como primer intento, sino del hombre, o mejor, de la rueda de hombres -y ahora reciente, de mujeres- que en el Paraguay, se enzarzan en conversación espontánea y sin remilgos a la hora de compartir unos tragos de tereré. Y aquí nuevamente otra pista: en esa ronda de "próximos" se alimenta uno de los perfiles más nítidos de nuestra identidad: el oréva de que habla B. Susnik cierra su anillo comunitario en el orekuete, el nosotros tribal se concretiza en formas de participación grupal en que nadie escoge a sus contertulios, sino el pretexto accidental congrega a quienes acceden a compartir en una liturgia que difícilmente podría descartar lo sacral de lo meramente societario, por aquel sentido integrador que tiene el pueblo en todas las latitudes, y el paraguayo como ninguno ha sabido alimentar y proteger.

         Después de un breve recuento etnográfico que procura indicar los procesos de asimilación y cambio de la bebida popular, trasciende el autor las consideraciones de lo meramente folklórico apuntando su objetivo profundamente antropológico y cultural. El "tono" del discurso constantemente nos remonta al plano de la comprensión etnológica: "el equipo es simple y objetivo pero en el uso cultural paraguayo, su significación y contenido trascienden ampliamente el mundo de lo objetivo para perderse en el mundo de lo vivencia o espiritual".

         Sacerdote de alma, busca los rastros de humanidad en un pueblo frecuentemente puesto a nivel de mercancía y objeto de especulación. Tal sus certeras frases en torno al TERERÉ y EL TRABAJO: "Qué es el trabajo? ¿Para qué uno trabaja? ¿Tiene relación o no el trabajo y la cultura?... "Y su acotación: "Cada pueblo trabaja, camina y va desarrollándose en armonía y si su caminar va en sintonía con las pautas culturales propias del pueblo. Esto posibilita el proceso humanizador al cual están llamados todos los pueblos".

         De paso, me he dado cuenta de que estoy robando al lector lo más sustancioso de lo que por su cuenta pueda descubrir en tan rico documento. Sólo cabe anotar, por fin, mi admiración y grata sorpresa ante un testimonio cabal de un sacerdote joven que evangeliza -y se deja evangelizar- por un medio ambiente cultural que le es a fin, y al cual él ha consagrado lo mejor de sus afanes.

 

         Ramiro Domínguez

         Asunción, diciembre 20, 1997

 

 

ÍNDICE GENERAL

 

INTRODUCCIÓN

 

CAPÍTULO PRIMERO

DESCRIPCIÓN GENERAL DEL TERERÉ

ELEMENTOS INTERVINIENTES EN EL TERERÉ

LA JARRA O TERMO

EL AGUA FRÍA

LA GUAMPA

LA YERBA MATE (ILEX PARAGUARIENSIS)

LA BOMBILLA

EL POHÄ ÑANA

EL HIELO

LA RONDA DE AMIGOS

 

CAPÍTULO SEGUNDO

HISTORIA DEL TERERÉ

LA CONQUISTA Y COLONIZACION (1492 AL 1811)

LA INDEPENDENCIA (1811 AL 1932)

DATOS SOBRE EL MATE CALIENTE

DATOS GENERALES SOBRE EL TERERÉ

TESTIMONIOS SOBRE EL USO DEL TERERÉ ANTES DE LA GUERRA DEL CHACO

APORTE DE MOISÉS S. BERTONI

A MODO DE RESUMEN

LA GUERRA DEL CHACO Y POST-GUERRA (1932...

LA CATASTRÓFICA FALTA DEL AGUA

DE LA CONTIENDA CHAQUEÑA A NUESTROS DIAS

 

CAPITULO TERCERO

DIMENSIÓN SOCIO-CULTURAL DEL TERERÉ

EL TERERÉ COMO BÚSQUEDA DEL ENCUENTRO

EL TERERÉ COMO BÚSQUEDA DE VOLVER A LA RAÍZ

JATEREREPY LO MITÄ

 

CAPÍTULO CUARTO

EL TERERÉ Y EL TRABAJO

EL SER HUMANO MÁQUINA PARA EL TRABAJO- HACIA UN

DESARROLLISMO DESPERSONALIZANTE

SÍ AL DESARROLLO, NO AL MÉTODO DEL SISTEMA

TRABAJO Y TERERÉ EN NUESTRA REALIDAD

TERERÉ Y TRABAJO INFORMAL

TERERÉ Y TRABAJO FORMAL

DESARROLLO Y CULTURÁ

 

CAPÍTULO QUINTO

EL TERERÉ UN COMPROMISO CON LA PARAGUAYIDAD

ESPÍRITU DE SOLIDARIDAD Y TERERÉ

EL TERERÉ SE TOMA EN ARMONÍA

VERSÓS FINALES AL INSPIRADOR

 

BIBLIOGRAFÍA

ANEXO

FOTO-LENGUAJE

 

 

INTRODUCCIÓN

 

         El tereré puede resultar ser una bebida sencilla y compleja a la vez, fácil de describir pero difícil de captar en plenitud por todo el mundo cultural que lo rodea y empapa. Sin necesidad de un arduo trabajo de campo se puede captar a leguas que el tereré es, sin más, el uso más extendido en nuestra sociedad paraguaya, y no conoce barreras sociales ni límites jurisdiccionales en todo el territorio nacional. Llamativamente, siendo tan difundido como uso y costumbre en nuestro mundo cultural, difícilmente se encuentran textos que hayan abordado el tema en profundidad. Esto puede explicarse por la aparente sencillez del tema, que supuestamente es conocido a cabalidad y no se presta a mucho hablar, pero en la realidad la implicancia cultural del tereré se extiende más allá de lo que pueda percibirse con los ojos o de lo que externamente pueda aparentar.

         Este texto pretende el esfuerzo de ir en busca de una recuperación histórica y etimológica del tereré, a la vez, partiendo de un intento descriptivo, adentrarnos en las profundidades de sus implicancias culturales en nuestro medio. Dicho texto no pretende el agotamiento del tema, sino más bien ser como una picada abierta que otros puedan transitar y mejorar. Quiere ser también como una palanca comprometida en el afianzamiento de la identidad cultural de nuestro pueblo, tan avasallado por las influencias nocivas de los fenómenos externos. Por ello, el hilo conductor de nuestra temática no se sustrae de las matizaciones populares de los ñe'enga, los casos y ejemplos, que dan un tono especial al texto, conjugando el lenguaje "del tereré" con el de investigación.

         En un mundo donde se ha implantado un ritmo de vida a imagen y semejanza del ritmo de las máquinas que no se cansan ni tienen el deseo de trascender, meditar y reposar, los seres humanos que paulatinamente van entrando en este ritmo, viven apurados y agitados con un alto riesgo de robotización. El tereré tiene mucho que ofrecer al ser humano en este campo, para que no se convierta en una especie de robot a las órdenes de sus propias obras. El tereré regala al ser humano, a más de su sabor especial y del líquido vital, ese espacio tan necesario para que el ser humano vuelva a recuperar la quietud reflexiva, ayuda necesaria para trascender lo puramente material, y así llegar a ser lo que en realidad es. Para aquellos que llegaron a una robotización avanzada, el tereré suele ser considerado como una pérdida de tiempo, pero para aquellos que sueñan con un mundo mejor en donde el ser humano sea realmente el dueño del tiempo y de las máquinas, el tereré puede ser un valor y una alternativa válida que posibilita los espacios necesarios para vivir según la razón y el corazón.

         En el marco de la cultura paraguaya, en torno al tereré se fueron polarizando varios rasgos culturales. A lo largo de nuestra historia como país, el tereré se fue constituyendo paulatinamente en el depósito donde se acumuló y resguardó nuestra forma de ser. Constituye el espacio físico-temporal en donde el paraguayo podía reflexionar sobre sí mismo y sobre su realidad, en donde podía compartir con otros las expectativas y los desafíos de los nuevos tiempos; era el semillero y el campo de cultivo de nuestra hermosa lengua guaraní, que en definitiva es el idioma oficial del tereré. Así también se constituyó en la cátedra desde donde se impartía a las nuevas generaciones el profundo saber popular y tradicional de los antepasados, es el centro de producciones de los ñe'enga, los apodos, las paráfrasis y los proverbios en guaraní.

         La ronda de tereré es el único espacio en donde el paraguayo rompe su esquema de poco hablar, para convertirse en un asiduo conversador; el tereré es la puerta de entrada para conocer en profundidad al paraguayo inmerso en su mundo cultural. Es por ello que el tereré, a pesar de su simpleza y sencillez externas, puede resultar sumamente complejo y profundo a la hora de intentar penetrar más allá de lo que aparenta externamente. Por ello, a paso lento y perseverante, trataremos de ir penetrando los misterios y la magia del tereré, conscientes de que dejarnos jirones en el camino, pero contentos de emprender la marcha.

 

 

 

CAPÍTULO TERCERO

 

DIMENSIÓN SOCIO-CULTURAL DEL TERERÉ

 

         Al abordar el tema de la dimensión socio-cultural del tereré, debemos aclarar que la expresión "socio-cultural" encierra dos conceptos distintos, aunque estrechamente relacionados. El concepto "socio", evidentemente hace relación a lo social, a la sociedad; la cual hace referencia al conjunto organizado de personas, familias, naciones o pueblos, tendiente a alcanzar mediante la mutua cooperación, los fines propios de la vida. Mientras que la expresión "cultural" está directamente relacionada con el concepto de cultura; y el concepto de cultura es tan amplio y complejo que se presta a centenares de conceptualizaciones. De ahí que se suele decir que existen tantos conceptos sobre cultura, como conceptualizadores hay. Por esta abarcabilidad de dicho concepto, se hace difícil llegar a un consenso único respecto de la definición conceptual. A groso modo podemos decir que la cultura hace referencia a la forma de vivir, de pensar, de sentir, de actuar, de relacionarse entre sí, con la trascendencia y con el medio ambiente en general, de un pueblo en particular.

         Para ir diferenciando mejor ambos conceptos podemos señalar que en una misma sociedad puede haber diversas culturas. Existen sociedades pluriculturales y pluriétnicas. Se puede hablar de la sociedad paraguaya en singular, pero no se puede hablar de una sola cultura paraguaya en singular; lo más preciso sería hablar de culturas en el Paraguay. En nuestro país, aproximadamente, podemos hablar de más de 20 culturas distintas, teniendo en cuenta las 17 etnias indígenas y las distintas colonias de los inmigrantes extranjeros que mantienen su forma de ser de origen (menonitas, chinos, coreanos, brasileros, japoneses, etc.).

         El tereré en el Paraguay, en gran medida ha penetrado todas las culturas existentes en su interior, en mayor profundidad las culturas indígenas, paulatinamente va penetrando con fuerza en las culturas llegadas de fuera, e incluso va traspasando los límites de nuestras fronteras.

         Al abordar el tema de la dimensión socio-cultural del tereré, es bueno aclarar que nos limitaremos al contexto de nuestra propia cultura que es producto del encuentro y/o enfrentamiento, de la cultura indígena guaraní con la cultura de los españoles, de cuyo resultado emerge la identidad de paraguayo. En gran medida todo lo que iremos abordando en este capítulo es aplicable a las culturas indígenas, pues nosotros hemos bebido mucho más de la cultura milenaria guaraní que de la cultura llegada de fuera. Nos hemos empapado hasta la coronilla con la forma de ser y de pensar de los dueños de casa, a pesar de que nos bombardearon por todos los medios para hacernos creer que eso era negativo y que deberíamos empaparnos más con la forma de ser de los arribeños.

         Otro punto que debemos aclarar, antes de avanzar, es que muchos confunden la cultura con las manifestaciones culturales. Esto nos lleva a hablar fácil y equivocadamente de cultura campesina y/o cultura urbana en nuestro país. En realidad no son dos culturas distintas, pues tanto el que vive en el campo, como el que vive en la ciudad manejan claramente todas las pautas culturales, los valores, los símbolos, el idioma y el manejo en general del otro compatriota; esto se da porque bebieron de la misma cultura y tienen la misma cultura. Ahora, sí se pueden dar varias distinciones en cuanto a las manifestaciones culturales, como son la manera de vestir, de bailar, de cantar, etc. Estos factores no alteran la idiosincrasia, la mentalidad, la forma de ser y de pensar del paraguayo. Por ello no se puede hablar tan fácilmente de otra cultura por el simple hecho de vivir en la ciudad o el campo. La misma identidad personal y colectiva, la forma de ser, de pensar y de exteriorizar el pensamiento, la forma de concebir el mundo y desenvolverse en él; en una palabra, toda la cosmovisión del ser humano está enmarcada por su cultura, la cual se fue "cultivando" en su mente y espíritu a lo largo de toda la vida. Tampoco se puede decir fácilmente que uno haya perdido su cultura por el simple hecho de no vestirse más como antes, o por preferir músicas y bailes ajenos a su mundo cultural, pues todo esto son apenas manifestaciones o rasgos sujetos a los procesos normales de los cambios culturales, acordes a los cambios históricos. Así por ejemplo, si un paraguayo va a la India, y por "A" o "B" motivos debe vestirse con las mismas vestimentas típicas de los hindúes, y además debe ajustarse al ritmo de la cultura hindú, no por ello dejará de ser paraguayo en su mentalidad. Tendrá que pasar décadas y décadas con el expreso deseo de su voluntad, para cambiar su mentalidad de paraguayo, aunque ya nunca definitivamente; pero si su voluntad se resiste a dejar su identidad cultural, morirá con mentalidad de paraguayo, aunque enropado de hindú.

         Este proceso es lo que se vivió en América en lo que respecta a la supuesta occidentalización y cristianización del continente. Después de 500 años se pensó que el resto de los indígenas sobrevivientes ya pensaban como los conquistadores, pero en realidad, a pesar de que el indígena se vista y escuche música como los occidentales, de que obtenga títulos universitarios y maneje las modernas computadoras; sigue siendo y pensando como indígena y orgulloso de ello. Dejaron de ser meros espectadores de los destinos de sus pueblos exigiendo sus derechos y luchando por la libertad de vivir como pueblo culturalmente distinto a la sociedad envolvente. A pesar de todo no se ha logrado conquistar y doblegar su orgullo e identidad cultural de pueblo milenario.

         Así pues, no se puede hablar, como algunos lo hacen, de cultura urbana o cultura campesina dentro del Paraguay, pues existe una sola cultura del ser paraguayo, aunque con diversas manifestaciones culturales. De ahí que el paraguayo, sea rico o pobre, se vista de gala o de harapos, viva en el campo o en la ciudad, en la profundidad de su identidad cultural, es el mismo. Todos "mamaron" la misma cosmovisión. Un ejemplo de ello se puede observar en que todos los paraguayos (sean de la clase social que sean, del campo o la ciudad, o vivan en el exterior), toman el mismo tereré, unos con bombillas de oro y otros con bombillas de lata, pero en el fondo se trata del mismo tereré, el mismo espíritu, la misma cultura.

 

 

EL TERERÉ COMO BÚSQUEDA DEL ENCUENTRO

 

         Un día sábado, a eso del medio día, estaba caminando por una de las calles periféricas de la ciudad de Asunción, frente a mí iba un joven, a unos 10 metros de distancia con un pequeño bolso de mano; parecía volver de su trabajo. De una de las casas de los alrededores se escuchó una fuerte voz que se dirigía al joven que iba frente a mí; la voz decía: "Ha upéi, mba'e piko rejapóta ko ka'arúpe -respondió el joven- Mba'eve"59. Nuevamente la voz desde la casa le decía: "Ejúpy aga ko ka'arúpe jaterere hagua -respondió otra vez- O'ima"60. Prácticamente esta pequeña conversación se produjo sobre la marcha del joven, que no tuvo la necesidad; siquiera de detenerse. El joven como si nada siguió su camino, y las palabras intercambiadas eran tan comunes en nuestro medio que a nadie le llamarían la atención; sin embargo, empecé a reflexionar espontáneamente sobre lo que en definitiva se planteaba en torno a aquellas palabras, especialmente en torno al tereré. Como toda cultura está cimentada y resguardada por la lengua, y dentro del lenguaje una misma palabra puede tener distintas connotaciones significativas comprensibles sólo dentro del contexto cultural, me di cuenta de que en ese contexto la palabra "terere" sustituía a palabras como: "Ñemongeta o Jejuhu (jetopa)"61. En forma muy consciente, el que hablaba desde la casa, en la segunda frase, estaba diciendo a su amigo: "Ejúpy aga ko ka'arúpe ñañemongeta hagua "62. El día era sábado y por la tarde prácticamente ya no se trabaja, los dos jóvenes seguramente planificarían su "farra" de fin de semana, y evidentemente que esta actividad se realiza con un buen tereré de por medio.

         El tereré ya ha penetrado profundamente en nuestra manera de ser, no porque el tereré sea el que nos haga ser como somos, sino porque nosotros somos como cuando se toma tereré. El tereré ha llegado a ser como un símbolo, como un mito en torno al cual se desarrolla con originalidad la esencia de nuestra identidad cultural. Lamentablemente en este mundo, donde los poderosos tienden a unificar todo, para influenciar sobre todos, el tereré es un estorbo; de ahí vendrán algunas acusaciones en su contra. Estos uniformadores o masificadores, no respetan el ritmo ajeno, lo que otros tienen o producen no es bueno, sólo los que son o viven como ellos son "buenos", "desarrollados", "civilizados", etc. Una realidad poco feliz es que muchos de nuestros políticos, intelectuales o empresarios, creen y siguen las orientaciones de los uniformadores, aunque éstas van en detrimento de nuestra identidad cultural. Es imposible que nosotros queramos ser como los "no nosotros", es decir, como ellos; esto sería violentar nuestro proceso cultural y la identidad de nuestro pueblo. Hay que "plantarse" y buscar recuperar el espacio perdido en el camino hacia el afianzamiento de la diversidad, de lo contrario el planeta camina hacia una masificación despersonalizante de pueblos informes y masificados. Así como una persona que ha perdido su identidad, ha perdido la felicidad; así también los pueblos corren el riesgo de sufrir.

         El paraguayo no tiene por qué querer ser como un no paraguayo, imitando los supuestos "prototipos" de seres humanos que nos presentan los masificadores en sus películas o propagandas extranjeras. El paraguayo no debe dejar "su tereré", no debe perder ese espacio informal en donde pueda expresarse y compartir su mundo, su realidad, sus expectativas. El tereré viene a ser para el paraguayo, como el "ocio" para el filósofo, que le permite reflexionar, aclarar ideas, buscar soluciones, etc. Hoy más que nunca, en este mundo súper tecnificado, con un ritmo de vida marcado por el ritmo de las máquinas que no se cansan ni tienen deseos de dialogar, compartir, amar, llorar, reír, etc.; el ser humano necesita alejarse un poco del ruido, replantear este ritmo metálico y salvarse de la esclavitud de su propia obra. El ser humano debe ser el señor de las máquinas, del espacio, del tiempo, del progreso, de las ciencias; y no viceversa.

         El paraguayo y todo latinoamericano que no ha perdido del todo la herencia de la cultura indígena, es de por sí de un temperamento contemplativo que sabe vivir en armonía con su medio ambiente y que busca intensamente las relaciones primarias, entre amigos o familiares. Posee una capacidad extraordinaria para el encuentro y la conversación amena e informal; es contrario al activismo por el activismo, a las demasiadas palabras o al palabrerío, al ruido, al protocolo desmedido y a las puras apariencias. Por ello el paraguayo, casi de forma inconsciente, busca detrás del tereré ese espacio para el encuentro ameno, cordial e informal, donde no existen superioridades, pautas artificiosas de comportamiento, protocolos u otros factores que le quitan la autenticidad y originalidad a las relaciones humanas. Ejemplos de esto lo constatamos a diario en los distintos rincones de nuestra patria, sea en el campo o en la ciudad.

         Una anécdota bastante ilustrativa a este respecto, ya la hemos abordado anteriormente dentro del apartado de "la ronda de amigos", en donde se pudo notar con claridad, que por encima de una necesidad biológica de la bebida del tereré, la necesidad radicaba más bien en la dimensión sociocultural del paraguayo. Llegada cierta hora del día, el grupo de los formandos acudían religiosamente al punto del encuentro, no precisamente para tomar el tereré, sino para pasar un momento agradable de encuentro de encuentro entre compañeros, alejados de los formalismos y la rutina de los horarios de estudios u otros quehaceres. Para el llegado de fuera, cargado con su equipaje cultural distinto al nuestro, es evidente que no entenderá de entrada lo que está pasando, y cuando juzga el hecho, lo estará haciendo desde sus parámetros de valores culturales ajenos al nuestro. De ahí que para él pueda ser pérdida de tiempo o tontería el tereré; o quizás, lo asocie con el no querer trabajar o estudiar como comúnmente lo hacen los ya masificados compatriotas.

         El paraguayo entiende muy bien lo que está pasando, aunque no lo pueda explicar con claridad a la hora en que se le exija una explicación sobre dicha costumbre. Él sabe que no es haraganería ni falta de iniciativa, el sentarse a compartir dicha bebida, aunque no negamos que pueda haber exageraciones y desviaciones con respecto a la misma; pero dentro del marco de la normalidad, el tereré no tiene nada que ver con el huir de las obligaciones básicas de la persona en su contexto propio. Lo drástico es que algunos paraguayos piensan como los que se manejan con otros esquemas de valores culturales, demostrando así que están influenciados excesivamente por otros esquemas de pensamiento, especialmente por la cultura envolvente, materialista y desarrollista. Las costumbres paraguayas deben ser analizadas y juzgadas desde la propia cultura paraguaya, y los protagonistas de este hecho deben haber bebido los valores culturales desde la infancia para poder tener el peso moral e intelectual de ser analistas de nuestros valores culturales.

         El tema de la cultura ha sido manipulado a lo largo y ancho de la historia, se lo ha abordado con fines de dominación y sometimiento. Existen textos con hermosos títulos que hablan de cómo ciertas instituciones, de origen externo, están inmersas en la cultura paraguaya; pero en realidad lo que se hace es buscar acomodar y someter la cultura paraguaya a la mentalidad y la estructura de dichas instituciones. En el campo de la cultura no se puede improvisar y si se tiene un poco de tacto, se debe tener mucho cuidado con querer emitir juicios de valor sobre la forma de ser de un pueblo que se maneja con otros esquemas de valores culturales que el nuestro. Esto se debe a que cuando hablamos de cultura, estamos hablando de personas humanas y a la persona humana se le debe respeto y dignidad, y no se la puede convertir en un simple objeto de estudio. Al paraguayo hay que dejarlo con su tereré, así como al inglés con su té; y que el inglés no le quiera decir al paraguayo cómo debe ser su tereré y viceversa.

 

 

EL TERERÉ COMO BÚSQUEDA DE VOLVER A LA RAÍZ

 

         El tereré parece más rico cuando va hilvanando su camino al compás de las dulces palabras en guaraní, nuestro idioma materno en el más pleno sentido de la palabra; idioma que en vez de debilitarse se va afianzando paulatinamente a nivel de las instituciones educativas y de la consciencia nacional. Hasta hace poco, algunos paraguayos no querían hablar el guaraní porque pensaban que al hacerlo se rebajaban; esto encajaba perfectamente en el objetivo de los masificadores o conquistadores, quienes trabajaban y luchaban para ello. Pero los que a pesar de todo seguíamos hablando el guaraní, sin complejos y con altura, fuimos los que queríamos reivindicar "el idioma de nuestra madre"; sin que por ello rechazáramos "el idioma de nuestro padre". No hemos renegado de nuestra madre, como tristemente lo hacen algunos, al contrario la reivindicamos, la amamos y le hablamos en su propia y dulce lengua guaraní.

         No será casualidad que el tereré pueda ser más "rico" cuando se lo tome en un grupo que sin acomplejarse, converse viva y armoniosamente en guaraní. Se suele escuchar, de tanto en tanto, la siguiente expresión: "La guaraníme ñañe'évo ningo ha'ete voi la ñandeve mba'éva"64. Esto es muy cierto, pues el guaraní es el idioma hogareño, del cariño, de la relación primaria sea dentro de la familia, del grupo de la infancia o de la "farra". Todos los dichos populares, las jergas, los "ñe'enga", los sobrenombres, están en guaraní. "Lo mita oterere ha otalla vove ningo la karai ñe'e ndosyryryi ni nahe'éi, si lo mita apytépe ningo guaranímante la ijáva"65. Todo esto se debe a que, en torno al tereré, se destapa la originalidad y el modo de ser típico del paraguayo, que se siente libre de hablar como quiere y de ser como quiere ser; sin las censuras propias de las esferas calcadas de otras realidades o sociedades ajenas a la nuestra. El tereré se convierte así en el espacio para volver a las fuentes de nuestra identidad cultural, como un volver a nuestras raíces. Esto es como el volver después de largo tiempo al "valle" querido, el de los recuerdos gratos, y encontrarse con los antiguos amigos y familiares añorados; con los paisajes nostálgicos y los más gratos recuerdos de la infancia. El tereré es como el camino que revive lo andado y lo afianza; es como si potenciara la identidad sembrada desde antaño, regándola y fortaleciéndole para enfrentar el gran desafío del futuro incierto. Es como un abono fecundo que revitaliza la raíz para seguir creciendo lozano y frondoso, asegurando de este modo buen fruto y sombra abundante, para las generaciones venideras que se cobijarán y nutrirán del mismo tronco y raíz.

 

 

JATEREREPY LO MITÄ

 

         En dicha expresión existen dos palabras que expresan en gran medida la forma de ser y la mentalidad del paraguayo: "lo mitä" y "tereré". Detrás de estas dos palabras, se esconde un sistema de pensamiento y comportamiento, que habla elocuentemente de la paraguayidad. "Lo mitä" puede variar su significado de acuerdo a las circunstancias en que se exprese. Por ejemplo, puede ser usado como singular o como plural; en sentido de humildad al no querer nombrar o autonombrarse por un bien realizado; en sentido de clandestinidad al no querer descubrir al otro o a sí mismo por un mal realizado; o sencillamente al desconocer el protagonista de tal o cual acción, se lo denomina "lo mitä". En este sentido, si alguien pregunta quién ha realizado... este hecho o gesto tan lindo... y no se desea nombrar al protagonista, la respuesta será "lo mitä". Del mismo modo, si se pregunta quién es el protagonista del hecho negativo, y aunque se sepa quién es y no se desea nombrar, la respuesta será siempre "lo mitä". Esto puede extenderse a un sinnúmero de situaciones que pueden ir de las bromas más inofensivas hasta las situaciones más dramáticas. Ante las preguntas como: ¿Quién lo dijo... quién lo ha hecho... qué pasó...? La respuesta puede seguir siendo siempre la misma: "lo mitä".

         Es hora que nos preguntemos ¿quién es "lo mitä»? El paraguayo conoce muy bien a "lo mitä", pero para el extranjero, así como para el "Pombero"66, todo puede resultar muy confuso. Cuenta un relato popular que cierto día, el Pombero se puso muy curioso y quería descubrir con precisión quién era "lo mitä". Como él solía salir de noche a recorrer, se propuso espiar a un grupo de jóvenes que iban a una fiesta bailable nocturna, en una de las campiñas del interior; esto para ver si en ese grupo no estaba "lo mitä". Por el camino, entre los comentarios de los jóvenes escuchó la siguiente frase: "Mba'eichaitéiko ojerokytahina lo mitä"67. Esto le confirmó que "lo mitä" se iba en el grupo, así que no se perdió ningún detalle en su pesquisa por descubrir quién era el famoso "lo mitä". Ya en la fiesta no perdía de vista ni un momento al grupo de jóvenes. A lo largo de la fiesta escuchó varias veces el nombre de "lo mitä", pero no pudo descubrir quién era. Ya hacia el final de la fiesta, un integrante del grupo con varias copas de más, tirado en el suelo a un costado del lugar del baile, se puso a dormir tranquilamente. Acabada la fiesta, cuando el grupo se disponía a regresar, algunos en vano intentaron despertar al dormido, así que alguien dijo: "Okemahína lo mitä, jahá katu ñande avei jakepa mboyve"68; al escuchar esto se puso muy contento el Pombero porque al fin descubrió quién era "lo mitä", efectivamente se trataba del que se quedó dormido, según el Pombero. El grupo se fue y el Pombero se quedó a vigilar a "lo mitä" para conocerlo mejor y saber dónde vivía una vez que despierte y regrese a su casa. Ya con el despertar del alba, despertó el joven, y al percatarse de que todos ya se habían marchado exclamó: "¡E! ohopáma ra'e lo mitá"69; al escuchar esto el Pombero se quedó tan confundido y decepcionado porque al final se dio cuenta de que "lo mitä" ya se había marchado con los otros jóvenes, y así no pudo llegar a descubrirlo.

         No se debe olvidar que el que inventó este caso para expresar la dificultad de captar el sentido o significado de la palabra "lo mitä", es el paraguayo, que por lo general se suele considerar como muy listo o "vivo". Detrás de "lo mitä" está el paraguayo, el paraguayo es "lo mitä"; porque éste no se deja fácilmente descubrir en lo que respecta a su mundo interior, a no ser que él lo quiera revelar. "Lo mitä" es como el espejo donde se refleja la forma de ser del paraguayo que no se deja atrapar fácilmente, que es esquivadizo, que en lo posible trata de no equivocarse, por ello no se ofrece así por así (ñekuä), observa todo detenidamente, no se deja embromar fácilmente, actúa con prudencia y conocimiento de causa, es un observador y calculador nato. "Lo mitä" es el paraguayo que siempre gana en los innumerables casos de los tres personajes (paraguayo, brasilero y argentino; o paraguayo, estadounidense y japonés...) que compiten en las más variadas competencias internacionales. "Lo mitä ningo hovatavyhína -es lo mismo que decir- la paraguayo ningo hovatavyhína"70. Estas expresiones nos hablan de la autoconciencia que posee el paraguayo de su forma de ser, de su identidad cultural que lo diferencia de los demás pueblos. Dichas expresiones revelan la capacidad innata que el paraguayo tiene de superar barreras o dificultades que le pueden ocasionar la vida o la naturaleza; habla de lo bueno o bravo que puede ser, de lo altruista que es y de las "jugadas sucias" que es capaz de hacer.

         Todo el mundo interior de "lo mitä=paraguayo" aflora, revive, se actualiza elocuentemente en la ronda de tereré, que posibilita que esté mundo cultural perviva y florezca sobremanera. El tereré posibilita el espacio necesario para el compartir espontáneo e informal, eliminando toda barrera de protocolos y formalismos; en donde el idioma oficial es justamente el idioma de "lo mitä": el guaraní. La lengua de "lo mitä" se constituye en la lengua oficial de las rondas de tereré. Todo el valor, la importancia y la utilidad del tereré hay que buscarlo en este contexto.

         Con respecto á la expresión del "jatererépy", no es otra cosa que una simple invitación a compartir la bebida del tereré; ella habla de la dimensión comunitaria de dicha bebida, del compartir.... etc. Esto no es ajeno a nuestro terna central, que ya lo estuvimos abordando desde el inicio. Debemos constatar que el tereré, visto desde otras culturas, no pasará de ser una bebida exótica. Pero para nosotros que lo vemos y sentimos dentro, aunque no sepamos explicar con palabras su real alcance y significado, sabemos que es algo más que una simple bebida. A la hora de emitir opinión, sea negativa o positiva sobre el tereré, deberá tenerse en cuenta todo el sistema cultural subyacente, para que dicha opinión sea coherente. No se lo debe valorizar descontextualizándolo de su mundo envolvente, es decir, no se lo debe reducir simplemente a sus manifestaciones exteriores; pues en todo mundo cultural, las manifestaciones externas reproducen en forma ínfima las significaciones o vivencias espirituales interiores profundas. Una imagen o un símbolo cultural puede ocupar un espacio físico pequeño y fácilmente medible, pero lo simbolizado puede abarcar esferas cósmicas y escapar a toda técnica moderna de medición. Así también ocurre con el tereré, el equipo es simple y objetivo, pero en el uso cultural paraguayo, su significación y contenido trascienden ampliamente el mundo de lo objetivo para perderse en el mundo de lo vivencial o espiritual.

 

 

 

NOTAS

 

59"Y después, ¿qué vas a hacer esta tarde? -respondió el joven- Nada".

60"Vení esta tarde para tomar tereré -respondió otra vez- Listo".

61"Diálogo (conversación) o encuentro".

62"Vení esta tarde para hablar (conversar)".

64"Cuando hablamos en guaraní, parece que somos más nosotros mismos".

65"Cuando los muchachos están tomando tereré y bromeando a la vez, el castellano no prospera ni es agradable, porque en esa esfera, es el guaraní el que se impone".

66El "Pombero" es uno de los personajes importantes dentro del mundo de la mitología guaraní.

67"Qué mucho bailarán los muchachos"

68"El tipo ya se durmió, vamos nosotros antes de que nos durmamos todos".

69"¡Oh! ya se han marchado 'lo mitä' (los muchachos)".      

70"Lo mitá es jodido -es lo mismo que decir- el paraguayo es jodido"

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

-        ASTRAIN, Antonio S.J., "Jesuitas, Guaraníes y Encomenderos", CEPAG, Asunción, 1995.

-        BERTONI, Moisés S., "La Civilización Guaraní. Descripción Física, Económica y Social del Paraguay. La Higiene Guaraní. La Medicina Guaraní" III, Ex Sylis, Puerto Bertoni, 1927 (reimpreso en 1982).

-        CARDIEL, José., "Compendio de la Historia del Paraguay" (1870), FECIC, Buenos Aires, 1984.

-        CARDOZO OCAMPO, Mauricio., "Mundo Folklórico Paraguayo" III, Cuadernos Republicanos, Asunción, 1989.

-        CHIAVENATO, Julio José., "La Guerra del Chaco. Petróleo", 1º ed. en Castellano, Carlos Schauman editor, Asunción, 1989.

-        GONZÁLEZ, Natalicio., "Proceso y Formación de la Cultura Paraguaya" I, Guarania, Asunción, 1948.

-        GONZÁLEZ TORRES, Dionicio., "Catálogo de Plantas Medicinales (Alimenticias y útiles) Usadas en el Paraguay", Asunción, 1992.

-        Ídem. "Cultura Guaraní", Litocolor, Asunción, 1991.

-        JIMÉNEZ, Horacio Ramón., "Reminiscencias", Asunción, 1985.

-        JOY, Juan Carlos., "Los Fortines de la Guerra", Asunción, 1992.

-        MELÍA, Bartomeu S .J., "Curiosidades Históricas", en Revista Acción (nn. 153-159), CEPAG, Asunción, 1995.

-        SCUTELLA, Francisco N., "El Mate. Bebida Nacional Argentina", Plus Ultra, 20 ed., Buenos Aires, 1993.

-        VENTRE, Manuel M., "La Yerba Mate", en Suplemento Rural del Diario ABC, Asunción, 22 de junio de 1994.

 

 

 

 

 

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