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GLADYS MEILINGER DE SANNEMANN


  PARAGUAY EN EL OPERATIVO CONDOR - REPRESIÓN E INTERCAMBIO CLANDESTINO DE PRISIONEROS POLÍTICOS EN EL CONO SUR, 1989 - Por GLADYS MEILINGER DE SANNEMANN


PARAGUAY EN EL OPERATIVO CONDOR - REPRESIÓN E INTERCAMBIO CLANDESTINO DE PRISIONEROS POLÍTICOS EN EL CONO SUR, 1989 - Por GLADYS MEILINGER DE SANNEMANN

PARAGUAY EN EL OPERATIVO CONDOR

REPRESIÓN E INTERCAMBIO CLANDESTINO DE PRISIONEROS POLÍTICOS EN EL CONO SUR

GLADYS MEILINGER DE SANNEMANN

RP ediciones

Asunción – Paraguay

Agosto, 1989 (200 páginas)

 

        

         Al lector:

 

         No es fácil presentar un testimonia como el de la Dra. Gladys Meilinger de Sannemann, que por sí solo expresa todo el hondo drama de un pueblo, a través del sufrimiento de esta escritora - que aunque dice no tener estilo literario- es capaz de conmover profundamente al lector, hasta a los que nunca pasaron por las llamas del infierno que describe.

         Tampoco es fácil de creerse cuanto en las páginas de éste relato se describe, y que es historia, novela o cuento, de acuerdo a la sensibilidad humana con que las lea. Pero, después de haber pasado por la fragua de tales crueldades, inconcebibles en una mente civilizada, es posible testificar que son ciertas y más aún. La mente humana difícilmente pueda describir con exactitud las angustias, la desesperación de morirse gota a gota sin terminar de morirse nunca         -de un torturado- o casi nunca.

         De las torturas no se vuelve como se ha ido, y, a veces, no se vuelve nunca. Gladys, la médica de los torturados, quien nos describe en páginas más adelante sus vivencias como alguien más que pasó por esas inauditas experiencias y tuvo la suerte de regresar para narrarlas, les informará además a los lectores, de quienes fueron y en donde, tanto las víctimas como los victimarios que ella conoció o acumuló anotaciones que fueron siendo enviados a organismos internacionales a hurtadillas, para que fueran conocidos o juzgados aunque no sea sino por las generaciones venideras.

         Y, aunque parezca imposible en nuestro siglo, a ésta altura de la civilización humana, Gladys Meilinger de Sannemann fue protagonista de las crueldades asociadas de los regímenes de dos países (el de la Argentina de aquellos días de su narrativa y el del Paraguay de la era trágica de Alfredo Stroessner), que ella señala como la "Operación Cóndor", cuyas características podrán conocerse á través de los relatos, a veces lineales y crudos, y otras, matizadas de un profundo análisis psicológicos de los protagonistas.

         En estos momentos, en que el Paraguay vive una experiencia nueva de transición hacia la democracia, después de los oscuros años de la dictadura stroessnista, el escrito de Gladys Meilinger de Sannemann viene a llenar un vacío, que servirá seguramente para juzgar a los victimarios de un vasto sector de la sociedad, si no en los estrados judiciales al menos en la conciencia de los ciudadanos con vocación humanitaria.

         Nadie debería dejar de leer los testimonios narrados por una víctima (que muchos de los lectores seguramente conocen) de una de las tragedias más crudas de la historia paraguaya. Los hechos -pueden estar seguros- son reales, y también los son los protagonistas, algunos de los cuales, entre las victimas todavía se encuentran entre nosotros, y también, la mayor parte de los victimarios, sobre quienes al menos caerá el índice candente de una acusación que difícilmente podrán levantar, a través de los siglos, en los que la humanidad reclamará a Alfredo Stroessner: ¡¡Caín, qué has hecho con tus hermanos!!

 

         Abelardo Cárdenas

 

 

INTRODUCCIÓN

 

         Me considero partícipe activa y sincera de la larga lucha contra la tiranía que vivió nuestro pueblo. Mi lucha comienza allá por el año '46; desde el mismo instante en que me afilié a la Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado), cuando era aún estudiante, proseguí esa lucha después como profesional, y pienso continuar ahora que he "regresado a la vida"... hasta ver libre de toda opresión a mi querido Paraguay. El partido al que yo me afilié es una "asociación de hombres libres, contraria a toda dictadura personal o de grupos, que busca una sociedad sin privilegios ni clases explotadas". Me afilié a esa asociación y no a la corriente neo-fascista que prohijó al General Alfredo Stroessner. Se me acusó injustamente de desviaciones doctrinarias y de ultra-izquierdismo, por el solo hecho de inclinarme hacia los más débiles y los más desheredados de mis conciudadanos y por pregonar lo imprescindible de la libertad política y el respeto civilizado a toda la familia paraguaya, cualquiera sea su credo.

         Nací en Encarnación, en el extremo sur del Paraguay, sobre el río Paraná turbulento, a cuyo cauce me abracé desesperadamente en estos interminables años de exilio, aún cuando había sido tirada a la otra orilla, "al otro lado del Tiber" como dirían los antiguos romanos, para quienes el ostracismo significaba igual que a nosotros hoy en día la negación de los derechos de la ciudadanía. Tuve la oportunidad de cursar los estudios superiores en la Universidad de Asunción y recibirme como profesional médico, por lo que puedo considerarme integrarte de la pequeña clase media de mi país, a la que pertenece sólo una minoría, por qué no decirlo, privilegiada.

         Los gobiernos que se sucedieron en nuestro país se caracterizaron por el empleo sistemático de la represión contra toda manifestación política contraria a sus designios, a toda manifestación cultural y, más aún, contra todo movimiento genuinamente popular. En ello incluyo a los dos partidos mayoritarios el Colorado y el Liberal, que se alternan en el poder cada 30 años más o menos, a través de corrientes o facciones no siempre representativas. En efecto, el partido Liberal gobernó durante 32 años, lapso en el que se sucedieron 21 presidentes y la mayoría de ellos llegó a la casa de Gobierno mediante un golpe de estado o un cuartelazo. Durante 17 años acalló a la ciudadanía con la imposición del estado de sitio en todo el país. Pero, como diría Augusto Ocampos Caballero en su libro "Testimonios de un Presidente", eso es tiempo pasado. Durante la

era stroessnista a nombre del Partido Colorado transcurrió más de tres décadas y fue el gobierno autocrático más prolongado de la América contemporánea y se mantuvo bajo el constante estado de sitio, aunque posteriormente lo levantó, siguió gobernando mediante rígidas leyes represivas, que no hacen siquiera necesario de aquél, máxime cuando ha sistematizado un estado policíaco implacable.

         Contra ese sistema me rebelé muy pronto, cuando todavía era joven y con muchas energías y seguiré luchando, si necesario fuera, hasta el final de mis días.

         Este trabajo es parte de esa lucha, resultado de varios años de esfuerzo en la recolección de documentos, en la observación de los comportamientos del ser humano, tanto en lo personal, como en lo familiar y en grupos. Está basado en hechos reales, documentos, testimonios, cartas, relatos, mención de algunos acontecimientos pasados, pero vigentes todavía, y, sobre todo, en experiencias persónales.

         En el primer capítulo trato del "Operativo Cóndor" muy poco conocido por todos.

         La perfección y el poseedor absoluto de la verdad no existen, y es por eso que demostraré, objetivamente, la vigencia de lo tratado. Verdaderamente ¿Existió el "Operativo Cóndor"?.

         Estoy convencida que existió este pacto o convenio político-militar, doctrina de la Seguridad Nacional Occidental y Cristiana (política denominada "Democracia sin comunismo"), que comenzó e imperó en la década del 70 entre los regímenes militares del Cono Sur en especial, y Latinoamérica toda: y podrá aparecer nuevamente en la medida en que los gobiernos democráticos fueran reemplazados otra vez por los militares.

         Por esta forma de represión castrense y policial, un ciudadano exiliado de cualquier país podría ser muerto, desaparecido, preso, estar bajo vigilancia de la policía del lugar o de su país (residencia, teléfono, correspondencias, visitas, etc.), obligado a renunciar a sus actividades políticas, ser secuestrado y enviado a su país de origen a pedido de las fuerzas represivas requirentes. Esta represión terrorista gubernamental, "antisubversiva", tuvo como víctimas a todos los luchadores por la vigencia del estado de derecho en su país, a los opositores políticos, a destacadas personalidades progresistas sociales, a estudiantes, profesionales, obreros, sindicalistas, sacerdotes, laicos, universitarios, investigadores e incluso algunos no activistas.

         Este pacto, a pesar de ser súper secreto -como tantos otros- siempre fue conocido por uno u otro motivo. En especial es la prensa internacional la que se hace eco de estos acontecimientos, aunque sea tardíamente.

         ¿Fui víctima de la "Operación Cóndor"?. También, a esta pregunta puedo contestar afirmativamente que sí, fui dañada por el citado convenio, estoy segura de ello, porque mi caso es uno de los conocidos y documentados, entre los tantos otros desconocidos y no documentados.   

         Las pruebas que tuve la suerte de recolectar, el lector los encontrará en la parte de "Los documentos", son testimonios fehacientes, fidedignos que demuestran la implicancia o el trabajo conjunto, coordinado y sistemático de las dictaduras militares, con el traslado de los presos políticos, secuestros, muertes, desapariciones y demás. Estas colecciones de correspondencias documentales pueden ser difundidas, gracias a la paciencia e interés sin límites, en aclarar caso por caso, de una persona, Edmundo Vargas Carreño, Secretario Ejecutivo de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (C.I.D.H) de la Organización de los Estados Americanos (O.E.A.), quien con reiteradas preguntas al gobierno paraguayo del General Alfredo Stroessner en el caso 2.100, y, al gobierno argentino del General Rafael Videla en el caso 2.116, da testimonios certeros.   Los errores, las fallas,   las mentiras y  las contradicciones son muy evidentes en las contestaciones o respuestas de dichos gobiernos a la C.I.D.H., y, por consiguiente, demuestran con meridiana claridad: que ambos gobiernos han violado todas las legislaciones y derechos internacionales firmados por ellos mismos; como en las Naciones Unidas por ejemplo.

         ¿Es legal que pueda ocurrir esto? ¿Por qué y cómo lo permiten los demás firmantes la violación a la DECLARACION UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS proclamada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948?.

         ¿Me asiste el derecho a defenderme de mis acusadores sin ser agredida por las fuerzas represivas de mi país o de sus vecinos, vestidos de civil o uniformados, después de relatarles mi vivencia como detenida política en la Unidad Regional Policial de Posadas, Misiones (Argentina), y enviada por estas fuerzas represivas a mi país de origen?. En el Paraguay conocí el Departamento de Investigaciones de la Policía de la Capital (D.I.P.C.), el Campo de Concentración de Emboscada (C.C.E.), Un avión de la Fuerza Aérea Argentina me trasladó a la Escuela de Mecánica (E.S.M.A), nuevamente en Buenos Aires (Argentina), para posteriormente ser expulsada desde esta ciudad a Alemania, sin documentación, sin dinero y sin vestimenta. El tiempo y los hechos lo demostrarán mejor.

         Este trabajo es una pequeña contribución escrita a la "memoria histórica" de nuestro pueblo, y, tiene por finalidad contrarrestar la propaganda stroessnista (1), que a través del poder y del manejo de los medios masivos de comunicación, se presentaba en todos los rincones de nuestro país con sus mentiras, infamias, injurias y calumnias.

         Pido a los lectores que analicen desapasionadamente éstas páginas de lucha y de sacrificios, que extraigan sus propias conclusiones y para que conserven en la memoria los acontecimientos que no deben ser ignorados, nunca olvidados, jamás imitados y para siempre repudiados. Y, especialmente, a los jóvenes de hoy, ciudadanos del mañana, futuros políticos, policías o militares. Es necesario que estos jóvenes conozcan y sepan que existen paraguayos -dentro y fuera del país- con decoro, dignidad, honestos, decentes, capaces, idóneos, con principios éticos, sobre todo respetuosos a los derechos humanos y dispuestos a seguir luchando para que impere el estado de derecho en nuestro país.

         Los sentimientos de ilimitados sufrimientos personales y de inmenso amor al semejantes son suficientemente capaces para inducirme a comentarios subjetivos. Espero que el lector pueda comprender este tipo de desaciertos, si existiere en estas líneas. También, pido tolerancia por los posibles errores literarios, ya que la literatura nunca ha sido mi especialidad y en cuyo campo trato de incurrir, descubrir, por deber que tengo para con las generaciones del futuro.

 

 

 

CAPITULO II

COMIENZO DE UNA LARGA HISTORIA

 

         El doctor Leandro Velázquez, un abogado exiliado paraguayo, fue asesinado alrededor del 20 de enero del '76, en circunstancias confusas, que la policía de Misiones (Argentina) nunca pudo cabalmente esclarecer. Velázquez había sido compañero de estudios de un hermano de mi marido y también conocido de éste. En base a tales antecedentes había solicitado fijar domicilio en nuestra casa, a los efectos de cumplir con las disposiciones legales tendientes a obtener la radicación en el país.

         También, algunos de los directamente implicados por la policía misionera en la muerte de Velázquez habían concurrido mi casa, visitando, al parecer como amigos, a quien después caería víctima de una violencia incomprensible. Ante tales antecedentes, también fui apresada, en presunción de que podría estar involucrada en el crimen. Además, el hecho estaba al parecer ligado a actividades tanto de Velázquez como de sus victimarios a una organización, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

         Los implicados, en su afán de aliviarse de toda responsabilidad, descargaron incoherentemente sobre mis espaldas hechos y actividades inexistentes, como después pudo demostrarse en autos judiciales. A mi vuelta de Venezuela en 1983, luego de un largo exilio vine a enterarme de que había quedado demostrada mi total desvinculación del crimen que costó la vida a Velázquez, fui sobreseída, según testimonió obrante en mi poder, expedido por el juez Ricardo Alfredo Donicelli Álvarez, magistrado del Juzgado de Primera Instancia en el fuero penal, y la doctora Graciela Esther Aguirre, secretaria del juzgado.        

         Mi casa, por lo demás, siempre fue concurrida por conciudadanos y colegas médicos, fue el refugio de todos los paraguayos, sin distinción de partidos o sectores políticos, luchadores antidictatoriales que salían del país enfermos por las torturas sufridas en el D.I.P.C, siempre sin medios económicos, en inferioridad de condiciones, y sobre todo, de correligionarios (los colorados disidentes, del Movimiento Popular Colorado - MOPOCO), a quienes, me unen antiguos lazos de solidaridad política, desde los días en que militaba en las filas de la juventud del partido, hasta que yo, al igual que ellos, debí buscar refugio en el Brasil primero y trasladarme después a la Argentina por cuestiones profesionales. Ese antecedente iba a ser después la semilla de mi tragedia.    Creo conveniente dar algunos detalles con relación a mi primer apresamiento para "averiguaciones" el día 18 de febrero de 1976 en la unidad Regional Policial de Posadas. Me pasaron a una habitación totalmente colmada de personas vestidas de civil, una de ellas es la que hacía las preguntas, y que posteriormente me informé que se trataba del Coronel Flores, Jefe del área 232 y ya funcionando antes del golpe militar del 24 de marzo de 1976. A ninguna de las personas presentes en el lugar las conocía.

         El Coronel Flores me mostró una fotografía con la siguiente pregunta ¿conoce Ud. Dra. a esta persona?      

         Respuesta: Claro que la conozco, es el Dr. Leandro Velázquez.

         C.F.: ¿dónde lo conoció?:      

         Respuesta: en Candelaria, vivió en casa muchos años, pero hace un tiempo largo que no lo veo, pues, actualmente reside en Buenos Aires. Llegó a este país desde Venezuela. En el Paraguay, se asiló en la Embajada Venezolana, posterior a su libertad de las dependencias policiales conseguida por una larga huelga de hambre realizada en protesta por su ilegal apresamiento. Es un luchador contra la dictadura paraguaya. Se encontraba enfermo. Según, mi marido, muy desmejorado de su salud, como todos los prisioneros políticos del Paraguay.

         C.F.: El Dr. Leandro Velázquez está muerto.

         Tuve la impresión de que estaba bromeando. Lo miré en silencio. No entendí lo que pasaba.

         C. F.: me mostró otras fotografías, muchas fotografías. ¿conoce Ud. a alguna de ellas? Tomé cada unía de las fotografías. Las miré detenidamente. Las volví a mirar. No las conozco a ninguna de ellas le aseguré.

         C.F.: Si Ud. conoce a algunas de esas personas y me da detalles o informes al respecto, saldrá en libertad al instante, de lo contrario se quedará detenida.

         Respuesta: Entonces, creo que me quedaré eternamente en este lugar. Le repito que no conozco a ninguna de ellas.

         C.F.: Sin embargo, hay personas que la acusan de haber intervenido intelectual y económicamente en el ajusticiamiento o asesinato del Dr. Leandro Velázquez.

         Pregunté: ¿quiénes son esas personas y cuándo lo mataron?.

         El C.F. no me contestó a la pregunta y ordenó que entre una persona. ¿lo conoce a este hombre?, me preguntó.

         A decir verdad no lo conocía, no era conocido de la familia ni allegado a nuestro hogar.

         El recién llegado daba muestras de un ilimitado nerviosismo, quién sabe por qué motivos… y gritando dice: "si, sí, ella es la que nos dirigió, ella, ella, ella, repetía". ¿Alguna vez he conversado contigo, mi hijo? le pregunté.     

         Respuesta: No, no, nunca he conversado con Ud., pero he ido a su casa con otros amigos, muy de paso.

         Y entonces, ¿cómo dices que soy tu dirigente? le pregunté. No contestó. Se quedó en silencio. Terminó el primer careo, pues lo sacaron inmediatamente. (5)

         Tan pronto como fue llevado del lugar apareció otro joven, cuyo nombre desconozco y quien sin pregunta alguna afirmó que yo le había entregado la suma de 500.000.- pesos argentinos, suma ésta bastante elevada para el segundo mes de 1976. Pregunté: ¿dónde? ¿cuándo? o sea el lugar, la fecha y en qué forma le entregué, si era en efectivo o en cheque. Me pareció muy difícil tener a cuestas o en los bolsillos esa suma de dinero. Además, hacía unos días que llegué de vacaciones con toda la familia.

         Me contestó: que fue en él mes de enero, en casa y en cheque. No podía ser. (6)

         Pregunté: ¿el cheque es mío o de otra persona?

         Respondió: es suyo.

         Les aseguré que sería muy fácil determinar o comprobar esto, ya que solamente en el Banco de la Nación Argentina de Posadas tenía cuenta corriente.

         Con un llamado telefónico a la citada institución tuvieron la información correcta, de la no existencia del cheque con la citada suma de dinero.

         Continuó el interrogatorio, más preguntas del C.F. sobre el Dr. Agustín Goiburú, la Represa de Itaipú y la opinión de los opositores al general Stroessner residentes en la Argentina, sobre todo de los integrantes del M.O.P O.C.O. acerca de Itaipú porque en ese año se hizo una campaña intensa de información sobre las ventajas y desventajas de la citada represa, en la Argentina. (7)

         Seguidamente me llevaron a un lugar hacia Garupá, pueblo cercano a Posadas y camino a Candelaria. Nos internamos hacia un lugar conocido para mí. Llegamos a una casa amueblada con un escritorio y unas sillas de madera. Una de las personas que me llevaron al lugar me presentó una valija, un cuchillo y una carta con la siguiente pregunta ¿conoce Ud. éstas cosas?.       

         A decir la verdad, jamás las había visto. Tampoco conocía la letra. Fue todo el interrogatorio.

         Mientras, en Candelaria todo el pueblo protestaba y se movilizaba por mi detención y el cierre del consultorio. Se hacían misas por mi liberación. Piccardo y Cía. empresa Exportadora de Tabacos a la que prestaba mis servicios profesionales pidió a su propio abogado el Dr. Victor Marchessíni que se encargara de mi defensa. Recuperé mi libertad al día siguiente.

 

 

II

 

         En el año 1956 tendría que egresar como médico, pero a causa de una huelga estudiantil perdí un año, al igual que todos mis compañeros de curso. Pero a pesar de este gran inconveniente me dediqué integralmente en el aprendizaje de mi futura profesión en los Primeros Auxilios y en el Policlínico "Rigoberto Caballero". En ésta última institución asistía diariamente a las prácticas de cirugía, obstetricia, ginecología, traumatología y medicina interna.

         En el Policlínico arriba citado, en el año 1956, traumatizante y trágico para mí, ocurrieron tantas cosas y casos, que me aclararon algunas dudas referentes a las torturas y muertes ocurridas, en el D.I.P.C. y otras dependencias policiales, que relataban algunos compañeros de curso en la Facultad, y que siempre me parecieron historias creadas… y que seguirán siéndolas, para algunos incrédulos…

         PRIMER CASO: Transcurrían las horas en uno de mis días de guardia en el Hospital cuando llegó la Ambulancia que fue solicitada por la Guardia de Seguridad. Dos improvisados camilleros transportaban desde la ambulancia al consultorio externo un paciente totalmente cubierto con una sábana. Me llamó la atención la posición adoptada por el mismo, se encontraba boca abajo. Era un conscripto de la Guardia de Seguridad. Al descubrirlo se observó una gran herida localizada en toda la región posterior del tórax, ambas regiones lumbares, ambos glúteos y ambas extremidades inferiores. Nítidamente lucían las lesiones producidas por la extremidad inferior del sable. La herida se encontraba infectada, con miasis y un olor nauseabundo. El mal estado del paciente y el interrogatorio o anamnesis acusaban y responsabilizaban a gritos al Jefe de la Guardia de Seguridad. El castigo que le correspondería, según el paciente sería de 400 sablazos, de los que recibió solamente 200 o por lo menos llegó a contar los 200. Pedí audiencia con el Director del Policlínico, le informé todo lo relacionado con el paciente y le comuniqué que me iría a la Guardia de Seguridad para denunciar lo ocurrido en esa unidad. El Director no me recibió. Con el fracaso de esta entrevista me fui al Palacio de Gobierno, pensando que ahí se encontraría la solución al problema. En la antesala del gabinete presidencial me preguntaron el motivo de mi visita. Les expliqué detalladamente lo ocurrido. Tampoco me recibió. Convencida estoy de que la audiencia me hubiera sido concedida si el motivo fuera un saludo o simplemente para felicitarlo por sus tareas como el "Supremo Hacedor"...

         Íntimamente me quedé muy afectada por mí impotencia. Pensé que era un hecho aislado y me dediqué enteramente a la recuperación del paciente.

         SEGUNDO CASO: En otras de mis noches de guardia, en el mismo Policlínico "Rigoberto Caballero", y con otros compañeros escuchamos unos gritos desesperados de algún hombre, por el tono de la voz. Corrimos hacia la sala de hombres del primer piso, luego al segundo, pensando que alguno de los pacientes internados se encontraba en dificultades. Todos estaban tranquilos. Nos acercamos a la ventana del 2° piso que da al patio de la comisaría 6° policial, ya que los gemidos se escuchaban en esa dirección. Ascendimos al 3er. piso y desde ese lugar observamos a una persona encapuchada de negro torturándole a otra persona. Llamé por teléfono a la comisaría pidiendo hablar con el comisario Paoli. Me contestaron de que no se encontraba en el lugar. Entonces, pregunté ¿quién y por qué le castigaban al ciudadano?. Me cortaron la comunicación telefónica. Se terminó el castigo. Nunca supe quien fue el torturado, a pesar de las investigaciones practicadas con el objetivo de aclarar este hecho.

         TERCER CASO: Ocurrido en la misma institución a fines de mayo del 58, y que se sucedieron uno tras otro con intervalos de corto tiempo. Esta vez es Milciades Alcides Bareiro, de 29 años de edad, padre de numerosos hijos, quien pasaba frente a la olería policial haciendo vítores al Partido Colorado. Ocupaba la jefatura de la Olería el inspector Carlos Screiber, el ex Jefe del Orden público (fallecido por asfixia de inmersión). Según referencias de los familiares el delito de Alcides M. fue su vitoreo que molestó y fue motivo de su apresamiento, tortura y muerte posterior. Internado en la guardia del Dr. Valerio Fernández, "en conmoción cerebral por traumatismo múltiple" y falleció en mi guardia. Los familiares necesitaron el certificado de defunción para sepultar el cadáver. Pero, mientras el paciente se encontraba hospitalizado pero ya fallecido, hubo una gran reacción popular en Campo Grande, lugar de residencia de Alcides M. Bareiro y coincidentemente del Dr. Valerio Fernández, éste último candidato a Presidente de la Seccional N° 3 del Partido Colorado, y aquel, también, afiliado al mismo partido. La efervescencia reinante en el lugar por el acercamiento de las elecciones o mejor de las votaciones en las seccionales partidarias, el apresamiento de Alcides M., la tortura, la pérdida del conocimiento y la lucha del médico de guardia por no firmar el certificado de defunción generó una gran confusión... en Campo Grande. La verdad es que nadie en la seccional partidaria y los familiares allegados conocían la orden recibida del jefe de la Policía de la Capital Cnel. Ramón Duarte Vera, para que se emitiera el diagnóstico de "infarto del miocardio". El Dr. Valerio Fernández y yo nos opusimos a firmar el certificado falso. En cuestión de minutos y como única autoridad por ser Jefe de Guardia llevé el cadáver a la sala de Anatomía Patológica para realizar la autopsia, la que estuvo a cargo del Profesor Dr. Juan Boggino y cómo testigos numerosos estudiantes de medicina presentes en el lugar. El resultado MACROSCOPICO de la autopsia decía: "no se observan lesiones externas de traumatismo. Dentro de unos días entregaremos el resultado del examen MICROSCOPICO."(8)

         El resultado macroscópico de la autopsia le entusiasmó y alegró al jefe de Policía, quien a pesar del uso y abuso de la cachiporra vieja, no tenía conocimiento de la característica principal de este elemento de tortura, que es la de no dejar lesiones traumáticas externas visibles sino lesiones internas graves como estallidos de órganos, lesiones vasculares importantes dependiendo siempre del lugar golpeado.

         El Cnel. Duarte Vera convocó a una reunión urgente en el Policlínico a toda la plana mayor de la Policía, a todo el personal médico, odontológico, farmacéutico y paramédico. El que no acudía a la reunión debía rendir cuentas o justificar su ausencia directamente al convocante. El Director del Policlínico era un número más entre los convocados. Nunca he visto tanta gente reunida en el hospital, ese día de mi guardia.

         Puntualmente, a la hora indicada comenzó la reunión. El Jefe de la Policía leyó un "memorándum" dando órdenes profesionales a los médicos, estudiantes de medicina, odontólogos y enfermeras, haciendo críticas a los trabajos que el personal realizaba en la Institución. Algunos ejemplos bastarían: "Aquí se sacan las muelas sin éter. Aquí, se le hacen curaciones a los enfermos heridos sin el remedio colorado. Aquí, todos los funcionarios deben afiliarse al Partido Colorado. Aquí, hay mediquillos sin moral y sin conducta, que por querer erigirse en presidente de seccionales hacen estas cosas, pues. Estas cosas significaba el no querer firmar un certificado de defunción falso. Cambiamos o entrecruzamos las miradas con otros compañeros de tareas. Esperamos que el Dr. Pacián Andrada, Director del Policlínico contestara el "memorándum" de la Policía o defendiera a sus subordinados ó asumiera la responsabilidad. Nada. Silencio. Solicité la palabra, estaba en uso de ella deseando responder por puntos al memorándum. Tuve la oportunidad de responder solamente algunos puntos, los más importantes, ya que no me dejó terminar. Salió de la reunión con una rapidez asombrosa, más veloz que un rayo. La plana mayor lo seguía. La mayor del personal de la Institución estaba de acuerdo con mi posición, más no el Director de la misma, quien textualmente dijo: "qué problema echaron leña al fuego, y nosotros estábamos haciendo lo posible para  apagarlo…". La única alternativa, mi renuncia indeclinable, dejando bien claro el motivo de la misma. Cumplí el horario de mi guardia - no me quedaba otra alternativa-. Pensé y repensé lo ocurrido, los hechos. Escribí lo analizado: A la mañana siguiente al entregar mi guardia le comuniqué a mis compañeros de tareas presentes, la actitud tomada en esa emergencia. Les leí el "contra-memorándum" dirigido al "Doctor" Ramón Duarte Vera en el que contesté punto por punto todos los disparates que el citado jefe había dicho, la noche antes en su "memorándum", conseguido gracias a un paciente presente y componente de la plana mayor policial. Además, les leí mi renuncia indeclinable y me retiré del lugar. Se solidarizaron conmigo en el acto el Dr. Agustín Goiburú (desaparecido luego en la Argentina) y el Dr. Raúl Latorre, el otorrinolaringólogo.

         Lamentablemente el "contra-memorándum" no pude entregarle al Jefe de la Policía en propias manos, como era mi deseo. Su secretario privado lo recibió, con la formal promesa de entregarle en sus manos.

         Los tres casos citados fueron él inicio de un descontento de los jóvenes colorados. Luego siguió la lucha de los estudiantes y obreros en el año 1957-58, continuó con la disolución de la Cámara de Representantes, de Diputados en el mes de mayo de 1959, el apresamiento, tortura, confinamiento, exilio, etc. de los luchadores  antidictatoriales y la expulsión del Partido Colorado.  

         Los expulsados del Partido fueron los Dres. José Zacarías Arza, Luis O. Boettner, Waldino R. Lovera, Osvaldo Chaves, Enrique Riera, Miguel A. González Casabianca, Hugo César Recalde, Rubén Duarte, Raimundo Domínguez, Evaristo Méndez Paiva, Diosnel Bécker Gutiérrez, Pedro A. Caballero, Julio César Kolberg: y los señores Bernardo García, Martin Valiente Gómez, Epifanio Mendez Fleitas, Fulgencio Aldana y otros.

         ''En, cuanto a mí, resolvieron trasladarme a San Juan Nepomuceno. A mi cargo quedaría el Centro de salud. Era un confinamiento sin ser llamado confinamiento. Este traslado fue ordenado por la Junta de Gobierno del Partido, a cargo del Arquitecto Tomás Romero Pereira y tendría que ser cumplida por el Ministerio de salud, ya que en esa fecha estaba cumpliendo mis servicios profesionales en el Hospital del Barrio Obrero, dependiente de éste Ministerio. El informe lo obtuve gracias a un alto funcionario de la citada Institución ministerial. Acto seguido presenté mi indeclinable renuncia al Dr. Cazal, Director del Hospital del Barrio Obrero, explicando claramente el motivo de la misma.

         El 25 de noviembre de 1959 contraje enlace matrimonial con Rodolfo Jorge Sannemann, también afiliado al Partido Colorado en el año 1947, compañero de ideales, luchador antidictatorial, quien en compañía de su padre, al comienzo de la revolución de 1947 estuvo preso en el Km. 180. En este km 180 estuvieron concentrados cerca de 1.000 personas. Todos dirigentes de base del Partido Colorado y de la zona de Concepción, Horqueta y Puerto Casado, es decir la zona norte del país.

         Este campo de concentración de detenidos políticos colorados estuvo a cargo del poeta Darío Gómez Serrato. Posteriormente fueron trasladados en tren al Km. 160. Más tarde, fueron llevados en chata a Bahía Negra, en dónde permanecieron hasta el término de la revolución, en agosto de 1947, y fueron liberados en esa fecha.

         Migdonio Fatecha es otro de los adolescentes detenidos en ese campo de concentración. Es justicia, hacer mención de que en todo el tiempo de la concentración fueron tratados como detenidos políticos, jamás fueron torturados.

         Rodolfo J. Sannemann a fines del mes de agosto de 1959, salió en libertad, después de haber permanecido preso en el Ministerio del Interior y la seccional policial 3a. acusado por haber facilitado la fuga de su confinamiento de la zona norte a los Dres. Waldino R. Lovera, Osvaldo Chaves, Enrique Riera y al Mayor (S. R.) Nelson Rolón.

         No quisimos salir del país, ya que la lucha se encontraba dentro del mismo. Nos mantuvimos en la clandestinidad y luego resolvimos viajar a Coronel Oviedo.

         En Coronel Oviedo nacieron nuestros hijos Martín Federico el 29 de agosto de 1960 y Ruth María el 26 de febrero de 1962.

         En el año 1963 comenzaron los allanamientos (9) de nuestro domicilio y consultorio ordenados por el Delegado de Gobierno de Coronel Oviedo, Sr. Francisco Feliciano Insaurralde y ejecutado y dirigido personalmente por el policía Manuel Montanaro, hijo de un ilustre médico que lleva su mismo nombre. Siendo Ministro del Interior Edgar L. Insfrán.

         En esa oportunidad, mi cuñado Rafael Núñez Fernández fue apresado nuevamente. Mi marido se encontraba en Asunción, ya que su padre se encontraba enfermo. Existía la orden de su detención. Tanto F. F. Insaurralde como Edgar L. Insfrán recordarán algunos hechos relacionados al apresamiento de mi cuñado Rafael.    

         La represión de parte de la delegación de gobierno siguió su curso, la búsqueda de mí marido continuaba, por lo que decidió salir del país hacia el Brasil. Ese mismo año con mis hijos, aún pequeños viajamos hacia el Brasil para reunirnos la familia toda. Este es el "auto exilio" típico del Paraguay, el salir del país en el menor tiempo posible para evitar apresamientos, etc.etc.

         De esa manera seguimos, el camino de los descontentos en el seno del Partido Colorado que desde 1959, y a causa de las arbitrariedades cometidas por el Cnel. Ramón Duarte Vera, Cnel. Patricio Colman, Erasmo Candia y otros militares, iban sumando miles.

         ¿Cuáles fueron las arbitrariedades cometidas?.

         Atropellos, saqueos, torturas, muertes, violaciones a mujeres artistas o no, extranjeras o no, apresamientos, contrabando de pieles, tráfico de drogas, contrabando de whisky, cigarrillos, electrodomésticos, artículos de primera necesidad, oro, etc.   ¿Cuales nuestras reivindicaciones?.

         1. Destitución del Jefe de la Policía e Investigaciones por los abusos cometidos en el poder.

         2. Levantamiento del Estado de Sitio.

         3. Libertad de los presos políticos. 

         4. Amnistía general Amplia.

         5.  Asamblea Nacional Constituyente.

 

         ¿Como fuimos catalogados?

         De "indisciplina partidaria", de "deslealtad partidaria", de "irregulares", de  "traidores partidarios", de "no éticos", de "desertores partidarios", de "subversivos", de "terroristas", de "comunistas"... y para ser expulsados del partido.

         Considerando qué existe un vacío, por un lado, y una visión parcial, por otro, de los acontecimientos, de los entretelones del golpe de Estado del 4 de Mayo de 1954, he solicitado el concurso del Dr. Ángel Florentín Peña para que nos explique en apretada síntesis lo ocurrido dentro de la Junta de Gobierno, del Partido Colorado ese día y los subsiguientes, ya que ocupaba la vice-presidencia 1ª. de la misma. El Dr. Florentín Peña tiene 91 años de edad, es una personalidad política, de una acrisolada honestidad, uno de los Jefes partidarios más preclaros, que aún vive, fue Ministro de Agricultura y Ganadería de los años 1951 al 54, condecorado con la Gran Cruz do Cruceiro do Sul del Brasil y Gran Cruz de la Argentina y Chile, Embajador ante el gobierno chileno, muchísimas veces detenido, incomunicado y exiliado por no estar de acuerdo con todos los desmanes ocurridos durante el gobierno Militar del General Alfredo Stroessner y realizados a nombre del Partido Colorado.

         Atentó al amable pedido de la distinguida señora amiga y correligionaria, Dra. Gladys Meilinger de Sannemann he escrito las líneas que siguen, acerca del nefasto régimen stronista y sobre todo lo ocurrido el 4 de mayo y los subsiguientes días.

         "Este fatídico y alevoso golpe de estado, dio por tierra con el pacifico y constructivo gobierno de don Federico Chaves. Digo fatídico porqué desde esa fecha hasta el 3 de febrero de 1989 el Paraguay vivió bajo un régimen despótico, deshonesto, corrupto y aleve porque el autor del mismo Alfredo Stroessner Matiauda "adictó y amigo" del Presidente de la República hasta tal punto que frecuentemente concurría a su domicilio para compartir su mesa. Ese 4 de mayo, como de costumbre Stroessner a horas tempranas le anunció su visita. Según su hija doña María Elena Chaves de De Felice, a las 20:00 hs. llamó Stroessner por teléfono para comunicarle que llegaría más tarde a la cita, por tener tareas a realizar. Pero ya a las 21:30 hs. comenzaron a sonar los disparos de armas de fuego sobre la central de policía y la telefónica. Ya era el golpe en el que resultó muerto el Jefe de aquella Institución el Dr. Roberto L. Petit, uno de los más brillantes jóvenes de su generación.    

         Al tener conocimiento del hecho el Presidente Chaves se dirigió al Colegio Militar desde donde intentó comunicarse con Stroessner. En ese instante se enteró que éste era el autor del golpe ya qué él Director del Colegio, General Marcial Samaniego le comunicó lo siguiente: "Ud. se encuentra detenido".

         En esa emergencia, al amanecer del día 5 se reunió la Junta de Gobierno del Partido Colorado para tratar sobre el caso. Ya en la sesión mocione para que el Presidente Chaves, miembro de la misma se presentara. La moción no tuvo éxito pues, en ese instante llegaban los generales Ceferino Vega Gaona y Quintín L. Párini de la IV y I región militar quienes manifestaron que el alto mandatario no podía concurrir al lugar sino renunciante a su cargo. Consideré como un avasallamiento a la autoridad partidaria semejante imposición. En forma enérgica presenté otra ante tal circunstancia, la que el partido colorado pase a la llanura, que esto era lo ideal. Pero con solo un voto en contra la Junta de Gobierno del Partido decidió pedir la renuncia de Federico Chaves. Sé le encargó a don Tomás Romero Pereira esa misión, quien la cumplió cabalmente. Acto seguido Stroessner pretendió hacerse cargo de la Presidencia de la República. La Junta consiguió por mayoría de votos que se postule el nombre del General Alfredo Stroessner como candidato a la presidencia de la República en una Convención Extraordinaria y que asuma recién el 15 de agosto de 1954. Mientras, también por mayoría de votos fue nombrado Romero Pereira como presidente provisional.

         Me correspondía la Presidencia de la Junta por ser el Vice Presidente 1°. Asumí el cargo y redacté un manifiesto cuyos términos no agradó a los demás miembros ni a Stroessner posiblemente. Esta circunstancia motivó que Romero Pereira reasumiera la dirección del partido nuevamente.

         En la primera reunión se discutió, se consideró y se votó sobre la compatibilidad o no de ocupar tanto el cargo de Pdte. Provisional de la República como la dirección del Partido a la vez. 13 miembros votaron a favor y 7 en contra.  A don José Zacarías Arza e lo llamó urgentemente quien viajó desde España donde se desempeñó como Embajador, también votó en contra.

         No me agradó la resolución aceptada, pues veía la instauración de una dictadura, pese a que Stroessner había prometido gobernar democráticamente y en estrecha colaboración con el Partido. Desde ésa fecha dejé de asistir a las sesiones de la Junta y me dediqué a la profesión de abogado.

         En junio del '54 se llamó a una Convención Extraordinaria. Fui electo presidente de la misma. Al término de ese evento me alejé nuevamente de las actividades partidarias convencido de que los directores cometieron un grave error al apoyar la candidatura del citado militar.

         A pesar de mi inactividad, en enero del 55 recibí una orden del gobierno por intermedio de un policía de mi confinamiento a Ytakyry (Alto Paraná). Permanecí en el lugar varios meses. Ya de vuelta a la Capital por orden del Ministerio del Interior estuve bajo rigurosa vigilancia policial. También numerosos correligionarios, que no estaban de acuerdo con el uso y abuso que se hacía en nombre del Partido se alejaron de la actividad partidaria. Esto preocupó a Stroessner y para simular la granítica unidad se provocó el famoso "reencuentro" partidario en octubre del '55.

         La unificación era un verdadero mito, y ya se comenzaba a exaltar el liderazgo de Stroessner. Al que no estaba de acuerdo con el egolatrismo del "Único líder" se lo dejaba de lado. Formé parte del Comité político de la Junta de Gobierno y propuse que se llamara a la oposición (los liberales) para participar (con amplias garantías de organización) en la democratización del país mediante el control de los actos del gobierno y que con ello se sellaría la verdadera unificación partidaria. No agradó la proposición y afines del '57 para "no crear más problemas al partido" tuve que aceptar la Embajada en Chile.

         Al inicio de 1959, 17 miembros de la Junta de Gobierno presentaron una nota en la que reiteraron mi propuesta al Comité Político es decir la participación de los liberales en las actividades políticas del país. Ya habían comenzado los desbordes, las persecuciones políticas, la inmoralidad de muchos funcionarios en el manejo de la cosa pública, los maltratos, las torturas policiales, la represión violenta de una pacífica manifestación de la Plaza Italia, disolución del Parlamento, los confinamientos, los apresamientos, el exilio de los correligionarios.

         En varias oportunidades, cuando Stroessner me interrogó sobre las posibilidades de reintegrarme y participar en el gobierno le he contestado que prefería retirarme de toda actividad política partidaria, que el partido colorado se estaba cayendo a pedazos. Pero la última vez que le contesté en esa forma me llevaron los del Ministerio del Interior al aeropuerto donde abordé un avión que me llevó hasta Pedro Juan Caballero. Me abandonaron en el límite internacional (una calle) entre Brasil y Paraguay.

         Regresé al país con el M.O.P.O.C.O. en 1977 con toda clase de garantías... pero custodiado por policías de investigaciones".

         Ángel Florentín Peña.

 

 

 

CAPITULO III

 

LA LARGA NOCHE

 

I

 

         Acosada permanentemente mi familia por las huestes de Insfrán, al no poder ya ejercer libremente mi profesión de medicó, mi esposo y yo decidimos emigrar la familia toda al Brasil. Allí tropecé con imposibilidades legales para ejercer la medicina, por lo que, a instancias del médico compatriota y amigo Agustín Goiburú (quien también vivía en el exilio, en Misiones Argentina), hacia allá emigramos nuevamente.

         Así comencé a ejercer en el Sanatorio Misiones, y con un consultorio particular en Candelaria, a unos 25 kilómetros de la ciudad de Posadas, capital misionera. Mi vida estaba dedicada casi por entero al trabajo propio de la profesión, si bien tenía siempre momentos para las tertulias de amigos paraguayos, casi todos exiliados, con quienes analizábamos, soñábamos y tejíamos proyectos para un futuro incierto. Mi esposo, quien trabajaba de contador y despachante de aduana en Asunción, para ayudar a la familia constantemente viajaba a Clorinda, en la provincia argentina de Formosa, para desarrollar actividades comerciales en compañía también de otros conciudadanos exiliados.

         No recuerdo haber tenido ni gozado de la tranquilidad de los domingos o feriados, ni de la tranquilidad de una prolongada reunión familiar, o del sueño continuado en las horas de la noche. Para qué hablar de las vacaciones programadas, pero jamás cumplidas... ya que nunca faltaba algún paciente en estado grave.

         Candelaria, nuestro lugar de residencia desde el año '65, era una población pequeña, con sus apenas 5000 almas, situada sobre la ruta 12, cuyas curvas sinuosas formadas por numerosos cerros constituían un peligro constante para el conductor desaprensivo. Candelaria dista unos veinte y cinco kilómetros de Posadas, capital de la provincia de Misiones, y 1200 kilómetros de Buenos Aires, capital de la República Argentina.

         Las curvas sinuosas de las carreteras, la afluencia de turistas para conocer las imponentes cataratas del Iguazú, la preferencia de los viajes nocturnos, fresquitos, a los sofocantes del día, la prisa por llegar a destino, la escasa señalización de los vehículos pesados que transportan maderas u otras cargas, conducidos a baja velocidad, o detenidos, o estacionados a la vera del camino, son motivos suficientes para que los accidentes de tránsito ocurran a diario, especialmente en horas de la noche.

         La falta de vehículos policial-municipales para trasladar los accidentados a Posadas, la no atención nocturna y gratuita de los otros médicos del lugar, y la seguridad de encontrar siempre atención profesional desinteresada, obligaba a la policía provincial con asiento en Candelaria a pedirnos socorro permanentemente y me desempeñaba hasta de médico forense. Por este mismísimo hecho; la mayoría de los jefes y subalternos policiales me conocían muy bien, eran pacientes míos, al igual que sus familiares, y siempre que podían me demostraban su gratitud, a excepción de dos de los jefes que jamás se acercaron a mi consultorio o a mi casa. Al menos hasta, aquel día funesto

 

II

 

         Las "Fuerzas Combinadas" del ejército, la gendarmería y la policía federal invadieron nuestra casa-sanatorio, llena de pacientes en ese momento, aquella mañana del 24 de marzo de 1976.

         Juan Carlos Ríos, a quien hasta ese instante tenía por visitador médico y asiduo visitante de la zona para la promoción de productos farmacéutico-medicinales, dirigía personalmente el operativo. Ese dual personaje conocía muy bien él lugar, mi comportamiento dentro del sanatorio, inclusive que no cerraba nunca las puertas de las salas de internación, consultorio y otras dependencias, con llaves. Tal hecho, que había llamado su atención, en una oportunidad le hizo preguntar: "Usted, doctora, ¿no cierra con llaves sus puertas?" Y relacionó su pregunta con la proliferación de robos, a lo que contesté entonces: "Jamás nadie nos ha robado y no creo que lo hagan... esta es la casa de todos".

         La policía provincial fue informada recién después del allanamiento u operativo. Solicitaron su presencia tardíamente, sabedoras las "Fuerzas Combinadas" de la gratitud que gran parte de los miembros de la policía provincial me debían por los servicios profesionales prestados gratuitamente durante años.

         El comisario de Candelaria no salía de su asombro, al igual que todos los habitantes del lugar y de los poblados circunvecinos.

         Las "Fuerzas Combinadas", para justificar dicho procedimiento brutal e ilegal, dijeron que yo "traficaba con drogas", y que en mi consultorio "había sido asesinado un paciente". Pensaban quizás que todos los presentes y los pacientes que esperaban su turno sufrían de un cretinismo irreversible.

         En verdad, los hechos de aquella mañana quedaron estampados en mi retina y en mi memoria. En aquél momento, un niñito de tres años de edad, sentado al lado derecho de la mesa de inspección ginecológica, junto a la cabeza de la madre y tomado de la mano de ésta, asistía al examen. Repentinamente, un hombre trigueño, alto, robusto y armado con una metralleta y una pistola 45, abrió bruscamente la puerta, era Juan Carlos Ríos, el hasta entonces visitador médico.

         El cuadro tranquilo de minutos antes se tornó indescriptiblemente aterrador: el niño gritaba y saltaba asustado; la paciente que no podía incorporarse a causa del instrumental médico que le impedía moverse libremente, trató de cubrirse el cuerpo semidesnudo, al tiempo que también gritaba y pedía socorro. La negra boca de una metralleta se apoyó en mi costado izquierdo, al tiempo que una voz de ultratumba me informaba: "Esto es un allanamiento".

         Los pacientes que esperaban turno, residentes de Santa Ana, Cerro Corá, San Ignacio, Garupa y Posadas: mujeres amantando a sus bebés, algunas adolescentes, ancianos otros, eran sacados de sus asientos con bestialidad por otros hombres, que al igual que sus cabecillas, estaban armados con metralletas, pistolas y otros elementos convincentes. Fueran instantes de terror, confusión, gritos, llantos, desesperación...

         Delante de la casa-sanatorio el movimiento de vehículos era grande. La casa estaba totalmente rodeada. Pasado el primer momento de susto-sorpresa, pedí la orden de allanamiento. No la tenían, ni la necesitaban, ya que me informaron que pertenecían a las "Fuerzas Combinadas". Recién entonces hicieron llamar al comisario de la seccional policial local. Frente a la casa pasaba en esos instantes un vecino y aproveché la oportunidad para llamarlo y pedirle que haga de testigo. Era Macho Cabrera, hijo de un diputado radical, muy caro a nuestros sentimientos.

         Entonces, comenzó el control. No dejaron un solo espacio sin revisar: pisos, paredes, techo, patios, consultorio, sala de curaciones, sala de operación, salas de internación, biblioteca, cocina, baños, comedores. Algunos hombres portaban detectores de metales, en funcionamiento. Les exigí que labraran un acta en la que quedase registrada todo lo que estaban haciendo, y los efectos que se llevarían y que iban cargando en una bolsa de plástico. Pura formalidad mía, en el intento por responsabilizarlos por lo que estaban haciendo pues, en la práctica, desde ese instantes ellos eran los dueños absolutos de la casa y mis pertenencias. En el acta, redactada por duplicado, copia de la qué jamás me entregaron, figuraban hasta los documentos de identidad, mios y los de mi marido: registro profesional, libreta de conductor, a más de máquinas fotográficas, reel de pesca, escopeta de aire comprimido, anteojos de larga vista y todo el dinero de pesos argentinos y unos dólares americanos que estaba acumulando para asistir a un congreso de mi especialidad, y muchas cosas más.

         Mi esposo no se encontraba en Candelaria. Nuestra hija, Ruth María, se hallaba en la vivienda, en compañía de otra adolescente amiga. Ruth María apenas tenía 13 años. Martín Federico, de 14 años, estaba jugando al fútbol en una cancha de la cercanía. Un grupo de mis captores fueron en busca de Martín Federico, quien escapó con ayuda de sus compañeros de juego y la complicidad de todo el vecindario.

         (Ríos, por todos los servicios prestados a las "Fuerzas Combinadas", fue posteriormente ascendido y ocupaba un importante cargo, años después, en la sección Drogas, en la policía de Posadas).

 

III

 

         Ya detenida, y al despedirme de mi hija, le recomendé que tratara de comunicarse con su padre y le informara lo ocurrido, de que no se preocupara, ya que "enseguida estaría de regreso". Ruth María también fue acosada por preguntas, cuya contestación coincidió con la mía o se bloqueó con un inocente "no lo sé, señor"!.  

         Fui llevada directamente a la unidad regional de la Policía de Posadas. Allí, estuve incomunicada, esposada y engrillada, los guardianes, armados con metralletas, apuntaban sus armas a mi persona. La celda era pequeñísima, con barrotes de hierro, por cuyas paredes filtraba agua, que anegaba el piso. Una lámpara potente alumbraba el cuartucho, día y noche. La celda no se encontraría muy distante de algún centro de torturas: por las noches se escuchaban los gritos de desesperación de los torturados. ¡Qué horror por las noches!

         A medida que transcurrían los días se sumaban nuevas detenidas políticas: educacionistas, sociólogas, estudiantes y esposas de los políticos detenidos o buscados, que ocupaban el pequeño espacio que es correspondía en tiempos normales a las detenidas comunes. Era la cárcel de mujeres, a donde me habían transferido.        

         No podía conciliar el sueño, porque me faltaba la oscuridad, el silencio y la tranquilidad, indispensables para mí. Era imposible conseguir esas condiciones entre esas paredes húmedas y grises, que formaban mi espacio rectangular. Recuerdo con gratitud, la felicidad momentánea que me brindó el doctor Zarza Machuca, quien, por intermedio de una de las guardianas, me envió unas tabletas, las que me sumieron en un sueño cargado de pesadillas por cuatro noches, después de cuatro meses de insomnio.

         Unos inolvidables amigos, Luisa Ayala, Sara Montes y Pedro Ignacio González, diariamente me hacían llegar comida, muy variada por cierto, que compartía con mis compañeras de infortunio. También Helen de Centurión, Graciela de Pérez, Roberto Rodríguez y algunas de mis antiguas pacientes me hacían llegar dulces y frutas. Hay que recordar que las detenidas, si dependían de la administración carcelaria, debían contentarse con mate cocido, a veces, especialmente en los feriados y días patrios, con agregado de leche, y con dos galletas, por la mañana. Al mediodía y por la noche, un puchero de huesos, con ingredientes de sal y un poco de harina de maíz y abundante porción de gorgojos. A veces, por suerte, alguien conseguía pescar un pedazo de carne en la turbia laguna que semejaba aquella sopa. Pero, el envío de víveres de los amigos no siempre llegaba a nuestras manos. Dependía de la guardia de turno, que a veces lo requisaba, o simplemente lo devolvía. Desconozco, por ejemplo, la suerte de una suma de dinero entregada a la dirección de la cárcel por Luisa Ayala, apoderada de mis haberes en el Círculo Medico de Posadas. La suma fue depositada para su utilización en el momento de mi expulsión del país, hecho que se murmuraba ya. Quizás la directora de la cárcel en esos días, Carmen Aurora de Brestolli pudiera dar fin de ella.

        

IV

 

         Cuatro o cinco días después de mi detención, mi esposo avisado de lo ocurrido, regresó a Candelaria, en donde fue detenido al día siguiente. Desde entonces, conoció las peripecias carcelarias de esos años: horas de interrogatorios sobre temas apenas marginalmente conocidos o simplemente ignorados, sobre responsabilidades o complicidades imaginarias. Rudy nunca quiso detallar sus negros días y noches de pesadillas en las prisiones de Posadas, de Candelaria, y finalmente en la Policía Federal, en Buenos Aires. Su cautiverio duró diez meses, hasta que fue desterrado a la tierra de sus mayores, ya que también él es descendiente de alemanes. Este hecho lo narro casi tangencialmente apenas, por cuanto merecería páginas enteras, a las que solamente el propio protagonista tiene relativo acceso. Deseamos, sí adelantar que Rudy, como todo torturado no salió indemne de la prisión: muestra rastros de fracturas óseas y desde aquellos días, sufre disminución auditiva por lesiones en los tímpanos. Y, si hay algo que se gravó en su mente es el instante en que le arrancaron las uñas de los pies, en un afán por hacerle reconocer hechos y circunstancias a los que estaba totalmente ajeno. Tampoco pudo olvidar las horas interminables e inenarrables días, cerca de un mes, que pasó en dependencias de la Federal capitalina: allí una veintena de prisioneros esperaba el fin de sus penurias. Algunos eran llevados en horas de la noche, sin que jamás regresaran siquiera para recoger sus escasas pertenencias. Otros, como en el caso de él, la solidaridad internacional, la de los familiares y amigos, o la intervención decidida de algunos gobiernos pudo arrancarles de tan trágica situación. Rudy, al igual que yo, somos supérstites de una tragedia sin cuento.

         Mientras, habían pasado dos meses de mi detención, cuando, en aquel mayo de 1976, pedí ser atendida por un médico, a causa de una gran hemorragia genital. Cuál no fue mi sorpresa cuando me vi llevada al consultorio de la clínica San Miguel, ante el doctor Miguel E. Alvarez Pons, especialista en afecciones o enfermedades psiquiátricas, colaborador incondicional de la "Fuerzas Combinadas" de Misiones. Como era lógico, no le solicité un examen ginecológico y, para justificar mi presencia, le pedí un control de la tensión arterial. Durante mi paso por la clínica escuché lo que jamás hubiera imaginado escuchar de labios de un médico: palabras soeces y repugnantes, y algo que me llenó de inquietud. "Hay que matarlos a todos de una vez", repetía como enajenado.

         Regresé a mi celda sin ser atendida y, por supuesto, continuó la hemorragia, que posteriormente resultó ser un cáncer uterino, del que fui intervenida quirúrgicamente en Alemania, practicándoseme una histerectomía total el 26 de febrero de 1978. El 26 de enero de aquel año 78, me intervinieron de una tumoración localizada en el intestino grueso (colon descendente). Fueron dos grandes intervenciones en el lapso de un mes.

         Con el correr de los días, se había filtrado la noticia de que existía la intención de pasarme al Paraguay. Que se sabía de esa idea también llegó a oídos de mis custodios. Como castigo, se suspendieron las visitas y la medida alcanzó hasta a las detenidas comunes, y, al no tener provisiones extras, debimos soportar la comida de la cárcel, cuya sola visión me ocasionaba náuseas, probablemente porque ya estaba en juego entonces la colecistectomía que me habían practicado en el año 64. Desde entonces, estaba imposibilitada de ingerir alimentos muy grasientos y condimentados. El castigo duró dos semanas. Con él mi estado físico empeoró visiblemente, porque por lo general sólo ingería agua. Mi peso normal al ser detenida era de 65 kilogramos; en prisión y con mi deteriorado estado de salud, bajé a 42 kilogramos.

         Aquel 8 de julio del 76 se realizó una gran fiesta, en conmemoración del aniversario de la Independencia argentina, que se festejaba al día siguiente. Algunas de las detenidas por delitos comunes fueron llamadas a colaborar en la preparación de empanadas, sandwiches, canapés y para limpiar el local. Una de ellas, que estaba acusada del tráfico de drogas, escucho una conversación en un corrillo de algunos jefes. Estaban preocupados por mi estado de salud… y, al mismo tiempo y lo más importante, pudo enterarse de que me entregarían a las autoridades paraguayas tan pronto mejorase mi estado de salud. Y, desde el día siguiente, volvieron a permitir que recibiésemos alimentos desde el exterior del penal, al mismo tiempo que se readmitieron las visitas. La colaboración de las detenidas comunes y la de sus familiares fueron de inmensa utilidad, ya que gracias a ellos los nuestros se enteraban si ocurrían traslados o cualquier otra novedad, por cuanto nosotras, las del sector político, estábamos totalmente incomunicadas con el exterior.

         El 28 de julio del 76, casi a medianoche, encapuchada y esposada me llevaron en una camioneta policial, escoltada por otros vehículos con hombres armados, en un operativo para mí indescriptiblemente aterrador... Al poco tiempo, observé que me encontraba frente al río Paraná, en el puerto de Posadas. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. El río, desde tiempo inmemorial, esconde el secreto de miles de desaparecidos en uno u otro margen.

         Una lancha de la Prefectura Naval Argentina me esperaba, con una decena de personas a bordo, con uniforme naval, a diferencia del personal de civil que me había trasladado hasta allí desde la penitenciaría regional. Me quitaron la capucha que hasta poco antes me impedía seguir el itinerario recorrido. Con las esposas puestas y bien ajustadas, tanto que me producían un tremendo dolor, bajé las escalerillas. A bordo de la embarcación me esperaba un hombre con traje militar, con un papel en manó. Me leyó la orden de expulsión, cuyo comentario figura en una de las respuestas a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la Organización de Estados Americanos (OEA), del 10 de abril del 78, que el lector encontrará más adelante. Y así, a oscuras, a medianoche, como en una operación de criminales, crucé el río que divide ambos países, y regresé al Paraguay, mi país de origen.

        

 

 

V

 

         En la otra orilla, ya en territorio paraguayo, fui transferida al inspector principal policial Rigoberto Fernández.

         Este me quitó las esposas, al tiempo que me recomendaba "buen comportamiento", que no creara problemas, ni intentara escaparme. ¡Imagínense!. Una mujer sola, de 48 años de edad desarmada, debilitada por los malos tratos y enferma, iba a intentar enfrentar a una decena de custodios, que aunque vestidos de civil estaban fuertemente armados.

         A bordo de un vehículo, precedido y escoltado por otros automóviles cargados de hombres sin rostro, recorrimos esa noche los trescientos y algo más de kilómetros que nos separaban de Asunción. Entre penumbras, como en una pesadilla, vi desfilar ante mí campiñas, poblaciones y serranías grisáceas, que en la semioscuridad cobraban formas fantasmagóricas. Quedé adormilada, hasta que me encontré en dependencias de la policía de Investigaciones de la capital paraguaya, un edificio de tres pisos, escenario de las mayores monstruosidades, en cuanto a torturas se refiere.

         Cuatrocientos presos políticos, los mártires de la represión del 76, estaban hacinados en el primer piso, sentados o recostados unos contra otros: hombres, mujeres, adolescentes y niños pequeños.

         Me "hospedaron" en el tercer piso. Una persiana rota de la ventana, me dejaba observar el interior de dos de las celdas del segundo piso, que estaban frente casi a la mía. En la de la Izquierda pude saber por la lista que pasaban diariamente y las averiguaciones posteriores, que se encontraban Rodolfo y Benjamín Ramírez Villalba, dos hermanos de 30 y 26 años en aquel entonces, de la compañía de Villalbin, de Pilar. Se encontraban detenidos desde el 9 de diciembre del 74. Carlos José Mancuello, casado, de 24 años de edad, compartía con ellos la misma celda. Este fue detenido el 25 de noviembre del 74. Era estudiante de ingeniería electrónica en la Argentina. Su esposa Esther Gladys Ríos de Mancuello y su bebé recién nacido sé encontraban en el primer piso. El cuarto detenido en la misma celda era Amílcar María Oviedo Duarte, de 23 años de edad. Se los veía con la piel color cetrino, delgados y con visibles cicatrices, a raíz de las bestiales torturas sufridas. Eran llamados por el resto de los detenidos "los intocables", porque sufrían rigurosa incomunicación entre los incomunicados. Carecían de camisas y lucían el torso desnudo. Todos los días, aún en los de intenso frío, iban en fila india al baño, en horas de la madrugada. Iban cargando cada uno de ellos una lata, de esas que se usan para envasar leche en polvo, la de un kilogramo, llena de orín y heces, que cada cual recolectaba durante el día y parte de la noche, y, a esa hora, les era permitido vaciarlas. Una toallita y un pedazo de jabón eran parte de los elementos de la higiene. Durante los dos meses que estuve en el departamento de Investigaciones, los vi con el mismo shorcito seco a la ida y mojado al regreso del baño.

         Mi celda era tan pequeña que apenas cabía el camastro de cemento que me servía de silla y lugar de descanso, debía circular por ella de costado. Daba a una pieza más grande, contigua, donde pude observar que había tres sillones de madera y cuero repujado y una mesa ratona, con tres vasos vacíos. A la izquierda de la puerta de entrada, un colchón sin sábanas en el suelo, un reflector y otros aparatos raros que jamás había visto antes. También se veía un camastro de hierro, con un dispositivo para alzar y bajar la cabeza y las piernas, como los usados en los hospitales. Colgados, en la pared, había arreadores de cuero trenzado con alambres finos, que terminaban en bolitas de metal o municiones. Pude contar cuatro de esos elementos. Esta habitación habitualmente era ocupada por el doctor Ramón Esteche, (10) abogado y torturador. Evidentemente, esa habitación se utilizaba como lugar de torturas "menores" en el Departamento de Investigaciones, a cuyo frente se encontraba en esos días Pastor Coronel. No sería el único lugar de torturas, porque, durante mi estadía en Investigaciones, de día y de noche se escuchaban los desesperados y desgarradores gritos de los torturados, sin distinción de sexo ni de edad.

         Podía pasar a ésta habitación más amplia porque mi celda carecía de barrotes. Además tenía que transitar por ella obligatoriamente al salir hacia el baño -ubicado en el patio y frente a mi pieza- una vez por día, en el momento que me traían el desayuno y a la vez para descargar la lata con residuos de orina y heces de las 24 hs. anteriores. La pieza mayor, además de la puerta de salida tiene un gran ventanal, herméticamente cerrado con vidrios, a los que le cubría desde afuera una persiana verde confeccionada con tiras de plástico de 4-5 cms. de ancho cada una, a la que le faltaba una tira, justito a la altura de mis ojos y gracias a ella pude divisar lo que ocurría en parte del segundo piso, sobre todo con los habitantes de los dos calabozos ubicados frente al mío, como también a los policías de guardia que cumplían su misión. Esa persiana no podía ser accionada desde adentro y aunque pudiera hacerlo no lo haría de ningún modo, por razones obvias.

         Desde el 29 de julio hasta el 21 de setiembre, tiempo de mi estadía en el D.I.P.C. acudieron a ese lugar en 3-4 oportunidades las personas que tenían que interrogarme y los que me llevaban regularmente el desayuno de 06:00 a. 07:00 hs. y el almuerzo de 12:00 a 13:00 hs. Por lo tanto, los primeros días no salí de mi celda sino solamente para irme al baño como me habían ordenado. Días más tarde, comencé a salir y el ruido de los pasos de los oficiales al elevarse por las escaleras hacia mi celda me alertaban a abandonar la ventana. Nadie desde afuera podía observarme y con la habitación que se mantenía llaveada los policías demoraban unos segundos, suficiente tiempo para mi ubicación en la celda nuevamente.

         En la celda contigua, se encontraban Amílcar Santucho, según me enteré después, argentino de 56 años de edad, y Alberto Alegre Portillo, de 34 años, preso este último desde el 13 de mayo del 75 y brutalmente torturados ambos.

         Las dos celdas estaban aseguradas con varios candados cada una. La comida la pasaban por un pequeño espacio, entre el borde inferior de la puerta y el piso. Observé a los habitantes de esas dos celdas haciendo, a veces, ejercicios, caminaban de pared a pared, en el estrecho espacio que correspondía a cada uno, y, limpiar las celdas. El pantaloncito, la toalla, los fragmentos de diarios viejos, que habían servido para envolver generalmente alimentos, el peinecito, las cucharas y las latas que poseían, eran obsequio de los otros presos, que con cariño y solidariamente compartían con ellos lo poco que tenían, o les era permitido poseer.

         Aquí, creo necesario señalar que el ser humano como detenido político se comporta de diferentes maneras cuando se encuentra solo, aislado, en compañía o en grupos; en lugares de torturas o no; cuando existe un grado de politización en los mismos o no; cuando el prisionero tiene conocimiento de que existe un silencio cómplice de los países vecinos y de las Organizaciones Internacionales o nó; y cuando la prensa Internacional se hace eco de las arbitrariedades cometidas hacia el ser humano. Pienso que a todos los detenidos se les agudizan los sentidos, escuchan o ven el doble de lo que normalmente les permiten esos sentidos, se descifran las señales y los gestos con una facilidad asombrosa, el tono bajísimo de la voz pareciera sonar elevadísima, los pasos de los policías se escuchan retumbar, no importa la distancia que los separe. Y cuando los detenidos están ubicados en celdas contiguas se ingenian para interpretar los golpes realizados con los dedos de la mano, de los píes, de los utensilios o de cualquier elemento que tengan a mano, a través de las paredes. He visto comunicase de ese modo a los pobladores de las dos celdas que se encontraban frente a la mía. Cuando los detenidos son numerosos y se encuentran hacinados como en la represión del 76 en un espacio tan pequeño, en número de 400 tal vez la "distracción" será mayor…

         En mi caso particular, aislada, incomunicada totalmente con el exterior y desaparecida para los del exterior, si me encontraba sola en la habitación, pero no me sentía sola de ninguna manera por varios motivos que a continuación señalo: mi mente se encontraba en continuo movimiento e incansable, mi curiosidad por conocer y grabar los nombres de los detenidos cuya lista leían en voz alta diariamente por la mañana muy temprano a los que cada uno debía responder PRESENTÉ, lo mismo quería conocer los nombres de los policías que transitaban por el 2° piso (cuando alguien los llamaba en voz alta) y grabar sus rostros, tampoco me cansaba en pensar en torno a la situación creada con relación a mis seres queridos, a ratos pensaba en mi pronta liberación. Además, me ocupaba algún tiempo de la noche una idea fija, la de escaparme de algún modo y la consideré como una obligación y no solamente como un deber. El salir, con vida o no ya era otro problema. Mucho influenciaron en mí éste deseo, la escapada espectacular del Dr. Agustín Goiburú, de la 7a. policial, la de Abelardo Cárdenas del Dpto. de Investigaciones, la presencia en la pared, muy cerca del camastro de cemento, de un orificio del tamaño de un ladrillo que dejaba ver un espacio claro como el de un patio, que probablemente lo había practicado algún detenido que me precedió en ese lugar, que aumentó de tamaño con mi estadía en esa, gracias a una cuchara que me acompañó desde la Argentina. Cada día estaba más segura y convencida que mis ideales de lucha eran legítimas, verdaderas y valederas y por lo mismo los deseos de agresión o cordial bronca -tal vez por la impotencia- hacia los represores del pueblo paraguayo todo, se acentuaban cada vez más. Por eso es que hago un esfuerzo sobre humano por comprender a los políticos cuando dicen "borrón y cuenta nueva"...

         Fui interrogada 3-4 veces desde mi llegada, pero sobre todo aquel 29 de julio del 76, unas horas después de mi arribo al tétrico edificio. Estuvo a cargo de numerosas personas, jóvenes en su mayoría, torturadores diplomados, varios de ellos hasta en la universidad porque eran abogados, según supe después. No me eran conocidos sus rostros, pero, por el tono de la voz, las advertencias atemorizantes y el vocabulario grueso a veces usado era fácil saber su verdadera profesión: torturadores de la peor calaña. El régimen de Stroessner me dio la "bienvenida" en esa sesión, después de 17 años de ausencia forzosa del país. Las preguntas, que iban y venían de uno a otro de los presentes, giraban en torno a la política general, con relación a los componentes del Movimiento Popular Colorado (MOPOCO), y sobre mis andanzas, desde el año 1959, hasta esos días.

         Cansados al parecer de mí y ante la posibilidad de una visita de miembros de la Cruz Roja Internacional, los de investigaciones me enviaron al campo de concentración de Emboscada, adonde llegué el 21 de setiembre del 76. El "campo" es, en verdad, una antiquísima construcción, que más se asemeja a una fortaleza de avanzada contra invisibles enemigos, levantada a pasos del desembarcadero de Arecutacuá, sobre el río Paraguay, y también a pocos kilómetros de la población de Emboscada, de donde le viene la denominación más usada.

         Comandaba a los guardianes del "campo" el coronel Félix Grau, de triste memoria bien ganada en represiones campesinas, como las recordadas de Jejuí, y de diversas poblaciones del Alto Paraná. El "campo" contenía en esos días más de 370 prisioneros políticos: 279 varones, 79 mujeres, 14 adolescentes de ambos sexos y 18 niños, casi todos lactantes y algunos nacidos en cautiverio. Las cifras responden a una estadística que levanté, y cuya, nómina también fue enviada al Comité de Iglesias, a fin de rendir cuentas de los medicamentos, alimentos y ropas recibidas. En cuanto a su composición social: la mayoría era campesina, a más de cuatro abogados, algunos educacionistas, un odontólogo, estudiantes, sindicalistas, políticos y hasta unos seminaristas, a más de un médico.

         Estas recomposiciones las efectué después de salir de prisión, con la ayuda de mi memoria y de algunos apuntes que llegaron a entidades internacionales europeas, ya que los trabajos más o menos racionales que pudimos efectuar en el "campo", fueron arrancados de nuestras manos durante las periódicas requisas, cuyo alcance y significado no es el mismo que enuncia un diccionario. La "requisa", en el campo o en cualquier lugar de detención o prisión stroessnista significa sacar, arrebatar o robar, todo lo que un preso tiene en ese momento, sean relojes, radios, libros, papeles escritos o cualquier material de su interés, y objetos recibidos de otros presos en su momento de liberación. ¿El método? Es siempre denigrante: bajar los pantalones –si los tiene - hasta las rodillas o más; controlar a las mujeres hasta las toallas higiénicas, si el operativo se realiza en días del período menstrual. De paso, los requisadores destrozan los alimentos traídos por los familiares, con el pretexto de buscar armas o papeles escondidos, o simplemente los retiran para su propio provecho. La piratería en ese sentido no se hacía esperar a los días de "requisa", ya que la guardia seleccionaba las cosas y alimentos que podían llegar hasta el preso y el resto ingresaban a la canasta familiar de los guardianes de turno. Si el procedimiento se cumplía durante los días de invierno, los presos, cualquiera sea su sexo o edad, eran obligados a mantenerse desnudos como vinieron al mundo, durante horas, que pueden ser nocturnas, ya que una de las finalidades es causar a los prisioneros el mayor cúmulo de incomodidades posible. Generalmente el operativo es realizado por personal no habitual al "lugar" estos comienzan su labor, y menudean las agresiones físicas a los rezagados, los alaridos histéricos de los guardianes para apurar a los lerdos, aún a los ancianos o niños. La "requisa" siempre deja una secuela de días de amargura en los detenidos, con lo que los cancerberos parecen solazarse.

         Había, por lo demás, otra forma de expoliar a los presos o a sus familiares. Un día, mes antes de que me devolvieran a las autoridades argentinas para mi transferencia al exilio, en Alemania, se me acercó un hombre trigueño, delgado y casi encorvado, de unos 70 años de edad, qué supe después que era el chofer del coronel Grau, su ojo y oído en el "campo", de nombre Abraham Samudio. Este, con voz queda, como si desease mantener el secreto de nuestra conversación, me informó que si quería obtener mi libertad, una abogada amiga del general Stroessner, con adelantarle 500 mil guaraníes (unos 4 mil dólares en ése momento), podía comenzar las gestiones. A pesar de mi gran sorpresa, mi respuesta no sé hizo esperar: "Jamás le entregaré un sólo guaraní para obtener mi libertad, ni permitiré que mis familiares lo hagan, es cuestión de principios, y es más, los denunciaré tan pronto esté en libertad". La sorpresa que me causó ese incidente subió de tono cuando, días después, mis familiares me hicieron conocer que habían conseguido el dinero solicitado para mi liberación. Les expliqué entonces el porqué no era aconsejable llevar a cabo la transacción, que no dejaba de ser un simple robo. Sabía, además, que viva o muerta iba a ser devuelta a la Argentina.

         ¿Cómo lo sabía? Una amiga, quien tenía a su vez otra muy allegada al dictador, se alió a ésta y el sacerdote Ramón Mayans, colaborador y perdonador de todos los pecados del Supremo General, para solicitarle mi libertad. Stroessner había contestado, sin ocultar su contrariedad y enojo, que me iban a devolver a mi casa, en la Argentina. A ello se sumó la información, dada por una empleada de la embajada Argentina en Asunción, a un familiar también preso en Emboscada, de que continuamente se recibía llamadas telefónicas de Buenos Aires, en las que el gobierno argentino pedía al del Paraguay me devolvieran a la Argentina.

         Además, en una oportunidad, el coronel Grau nos llamó a los detenidos Martín Almada, Ananías Maidana, José María Olmedo Montanía y a mí, para informarnos lo siguiente: "Olmedo Montanía saldrá en libertad y podrá residir en el país; Marín Almada será juzgado por "traición a la Patria", por un libro escrito contra el régimen, y yo iría a mi casa, en la Argentina"… Protesté porque nuevamente iba a ser desterrada, pero no fui siquiera escuchada. Mis íntimos deseos eran quedarme en el Paraguay para continuar la lucha hasta la conquista de un estado de derecho en éste país tan caro a mis sentimientos. Tenía la certeza de que tanto Rudy como nuestros hijos compartirían esos anhelos tan largamente acariciados por toda la familia.

         Volvamos, por un instante, a la extorsión-robo, viejo método, adoptado por Pastor Coronel y los torturadores, en el Departamento de Investigaciones. La práctica era ya conocida en los días del coronel Ramón Duarte Vera y de Erasmo Candia, jefe de policía y de Investigaciones, respectivamente, antes del general Brítez y Pastor Coronel en esos cargos. Muchos de los despojados no eran tan siquiera activistas políticos y algunos ni siquiera paraguayos. Como ejemplo recordaré el caso de Mónica King y su esposo, un matrimonio oriental, que no hablaba una palabra en español y que terminó en Emboscada entre los presos políticos. La buena señora, con gestos y expresiones que para los demás sonaban a meros ruidos guturales, supo hacerse comprender de que ella y su esposo habían traído al Paraguay una importante suma de dólares, con la intención de radicarse, pero habían sido detenidos acusados de no se sabe qué "complicidad" con los "subversivos" infaltables en los registros policiales y despojados de todas sus pertenencias. Posteriormente, se supo que fueron expulsados hacia el Brasil, con la ropa puesta, sin documentos ni dinero, abandonados a su destino.

        

VI

 

         Pero, un capítulo aparte me merece la familia López-Maidana, que sumaba 29 personas, tres generaciones juntas que formaban parte de la población del campo de concentración de Emboscada. Es posiblemente la expresión más genuina de la familia campesina, sencilla, trabajadora, que fue despojada de sus pertenencias, atropellada y reducida a prisión.

         Los 29 miembros de la familia fueron detenidos en el D.I.P.C. en el mes de abril de 1976. Pasaron a Emboscada en setiembre de 1976. La familia estaba formada alrededor de doña Ascensión Maidana de López, de 73 años de edad, cuyos cuatro hijos mayores Adolfo, Policarpo, Elicto y Francisco López- "desaparecieron" durante la represión policial. Doña Ascensión estaba aterrorizada, porque entre sus compañeras de cautiverio había aprendido el significado del vocablo "desaparecido" en el Paraguay: era sinónimo de asesinato, después de largas y crueles horas de torturas, en alguna comisaría, delegación de Gobierno o en el temido departamento de Investigaciones. Ella misma sabía muy bien lo que significaba ser detenida en algunos de esos centros de torturas, porque la mayoría de sus compañeras de cautiverio habían sido golpeadas brutalmente con barras de hierro, cachiporras y látigos. Había comprobado que algunas de sus compañeras no tenían uñas, que otras habían sufrido la amputación de los dedos. Y, pensaba con desesperación en la suerte corrida por sus hijos… Veía en sus pesadillas nocturnas constantes a sus propios nietos y sobrinos deformados por las horrendas torturas sufridas. Se angustiaba pensando en sus nietas adolescentes, que podían ser violadas por los torturadores... Pero, la anciana no tenía tiempo ni se creía con derecho a llorar, cuando pensaba en sus nueras, las esposas de sus 4 hijos "desaparecidos" -Madona, Ignacia, Felipa y Vicenta- que estaban encerradas en otras celdas, sin comunicación libre con ellas al comienzo. Una de éstas estaba embarazada de ocho meses y un nuevo nieto de doña Ascensión nació en prisión. Nietos y sobrinos: Andrés de 13 años, Juan de 14, Cirila de 15, Laurentina, Jacinto, Pastor, Juan Carlos y Teodora, compartían con ella la prisión. La familia toda, menos el abuelito, de 80 años, quien había sido abandonado entre las ruinas de lo que fuera la vivienda familiar, por hallarse ciego y los esbirros no querían cargar con él. Sólo la solidaridad de los lugareños hizo posible que superviviera. Entonces, casi toda la familia en el campo de concentración de Emboscada! ¡Tres generaciones juntas y perseguidas!

         La vida de doña Ascensión y la de su familia giró en un tiempo alrededor del mandiocal, el maizal, las gallinas, los cerdos... cuidar de los niños, admirar la salida del sol y el ocaso esplendoroso, esperar la lluvia con ansiedad, por cuanto de ella dependía la vida de las plantas, y la esperanza en la cosecha futura. Aunque, a pesar de trabajar tenazmente la tierra, la subalimentación les había marcado con sus dedos descarriados. Un porcentaje de carencia y otro de falta de conocimientos llevaba a la familia a una ración diaria precaria de alimentos. Estos consistían en mate, mate-cocido, tereré, el borí-borí, arroz, harina de trigo, poroto, grasa, mandioca y sus derivados, frutas y algunas verduras que producía la chacra. La carne vacuna y la de aves se consumían una o dos veces al mes. La leche y el queso, muy de vez en cuando.

         La vivienda consistía en un rancho humilde y sencillo, con techo de paja o de zinc como en algunos vecinos. La luz eléctrica aún no había llegado hasta ellos.

         Doña Ascensión en sus interminables cavilaciones sobre los motivos de su cautiverio y su tragedia pensaba y se decía: que tal vez sería un delito grave reunirse con sus familiares y vecinos a fines de semana, para analizar los problemas comunes, o a aprender a leer, escribir, seuma y restar, o simplemente a cantar. Recordaba aquel dicho de que la unión hace la fuerza y había tratado de ponerlo en práctica con sus familiares y vecinos. Se acostumbraron a evitar a los intermediarios: buscaban juntar sus cosechasen en un solo lugar y la comercialización encargaban  al que estaba en mejores condiciones de sumar y restar, al que pudiera manejar los números y leer las condiciones de transacción.

         Ña Ascensión – como la llamaban más sencillamente sus allegados- recordaba el pasado reciente con tristeza y se preguntaba, a la vez, si tanta tragedia no era al solo efecto de arrebatarles la cosecha, de "requisarles" sus pertenencias y hasta sus tierras y el rancho, fruto de generaciones de sacrificio. Sabía por otra parte que todas las actividades comunitarias o de simple autodefensa colectiva eran sospechosas y estrictamente controladas por el gobierno. Pese a todo, le era inconcebible imaginarse lo que estaba viviendo y sufriendo.        

         La apacible vida familiar de los López-Maidana fue tronchada una mañana por ese acto de saqueo – detención - torturas – desapariciones - muertes y toda suerte de vejámenes realizado por las fuerzas represivas del gobierno de Alfredo Stroessner. Las casas fueron quemadas, los pocos muebles, adquiridos con el sudoroso trabajo, robados. Y todo porque la familia, con otros vecinos, se reunían para la formación de un almacén de consumó y venta de sus productos, para eludir así a los voraces intermediarios, ya que cooperativa de producción era casi imposible de organizar por los requisitos exigidos: personería jurídica, contabilidad registrada y, sobre todo, un capital mínimo. La mayoría de los miembros de la familia no sabía leer, ni escribir. No sabía, además, que el cooperativismo, al estilo europeo estaba íntimamente ligado a los movimientos sindicales, que buscan el mejoramiento económico de sus integrantes, casi siempre de trabajadores campesinos. Tampoco sabía que tales organizaciones en el Paraguay no estaban permitidas, si la iniciativa no surgía del propio gobierno y de sus seguidores. Recordaba muy confusamente lo ocurrido, por ejemplo a la Comunidad de Campesinos de San Isidro-Jejuy, ideada por un sacerdote con la colaboración de 24 familias campesinas: sus miembros fueron detenidos, las viviendas quemadas y saqueadas. El padre Maciel, su inspirador fue apresado y algunos colonos perecieron en su porfía por defender lo poco que tenian. El personaje que terminó con aquella colonia campesina de floreciente comienzo fue precisamente el coronel Félix Grau, que ahora comandaba a los custodios del "campo"… (11)

         Ña Ascensión no leía diarios ni revistas, y no estaba enterada de que muchísimos campesinos sufrían su misma tragedia. Se mostró sorprendida cuando escuchó a una de sus ex compañeras de cautiverio narrar  lo ocurrido en el departamento de Itapúa, en un lugar denominado Adelina (kilómetro 41).

         El hecho había sido descripto en el diario "ABC-Color", en su edición del 12 de diciembre de 1983, cuya hoja amarillenta le fue mostrada. Allí, en Adelina, 43 familias campesinas habían pagado de 10.000 a 50.000 guaraníes por familia para ocupar 1.300 hectáreas de tierra fiscal, allá por el año 1968. Las tierras no tenían dueño privado, según el registro de la propiedad. La autorización para la ocupación fue dada por la "Colonización Litoral", con la participación de un inspector policial de apellido Ibáñez. Cuando los colonos levantaron sus viviendas, limpiaron de malezas los terrenos y comenzaron los cultivos, entonces el lugar fue reclamado como propiedad suya por el secretario privado de la presidencia y primo de Stroessner, Mario Abdo Benítez, quien ordenó el inmediato desalojo. Antonio Montiel y Pastor Benítez y otros, intentaron oponerse al atropello, pero sus ranchos fueron quemados y sus bienes y cosechas "requisados".

         Ña Ascensión no podía dar crédito a lo que escuchaba leer sobre lo acaecido también en el departamento de Caaguazú, a Marcelino Brizuela, Daniel González, Martín Enciso y otros 200 campesinos agricultores, quienes, después de pagar totalmente los créditos obtenidos en "Crédito Agrícola de Habilitación", fueron exigidos y enjuiciados nuevamente por cobro... Juan González Man, quien en nombre del Crédito Agrícola, acostumbraba ir a cobrar las cuotas a los labriegos, como supervisor de la entidad, había alterado talonarios y falsificado firmas y cantidades.

         La abuela de la familia López-Maidana escuchó historias tras historias, que se referían a la tragedia campesina, desde el avance de las multinacionales con sus maquinarias que desalojaban áreas enteras de campesinos con documentos de propiedad precaria, quienes, de la noche a la mañana, se encontraban de que las tierras que labraron sus abuelos y sus padres, ahora pertenecían a terceros totalmente desconocidos, quienes venían casi siempre con sus títulos apoyados por policías y soldados, listos para la "requisa".

         También se narraron hechos menores de despojo, al amparo de la ingenuidad o de la ignorancia de los agricultores. Uno de tales hechos fue el de Eusebio Fernández, de San Pedro de Ycuá Mandiyu, Fernández efectuó tres siembras consecutivas con semillas "seleccionadas", que le vendió Germán Sosa, el distribuidor regional oficial en la zona. Las bolsas de las semillas venían "certificadas" y también "fiscalizadas" con absoluta "seguridad de germinación", según indicaba un escrito adjunto. Parte de las semillas germinaron excelentemente, no así el restó que "se apagó" sin echar siquiera un bruto. Era una de las muchas formas de estafar al campesino, que Ña Ascensión recién ahora iba sabiendo.

         En la mente de Ña Ascensión no cabía tanta mezquindad, gente que estuviera dispuesta a arruinar a sus conciudadanos pobres. Tampoco, podía comprender por qué la distribución de la riqueza era tan dispar, tan injusta. ¿.Será que el Dios Todopoderoso, al que ella oraba al levantarse y al acostarse, y aún durante el día, nunca le hubiera escuchado, y la había abandonado ahora a su suerte...? Ese pensamiento era aún más cruel de cuantos la torturaban. Y los niños, ¡esos inocentes! De existir algún crimen, alguna culpabilidad en su ejecución, ellos ¿qué parte de responsabilidad tenían? ¿Y el nieto más pequeño, el que había nacido en la prisión?

         Pienso que los relatos ya citados, que doña Ascensión me hacía todas las noches, durante los siete meses seguidos que compartimos juntas la celda en el Campo de Concentración de los detenidos políticos en Emboscada, eran los motivos de lucha, la detención, torturas y desapariciones ocurridas en la gran represión del 76, entre los que se encontraban, sus hijos Adolfo, Policarpo, Elicto y Francisco. Esta represión se dirigió también contra los jóvenes estudiantes y profesores de la Universidad Católica, que pudieron haber organizado o no la O.P.M. (Organización Política Militar u Organización Primero de Marzo) acusada por el gobierno de estar asesorados secretamente por los sacerdotes jesuitas, quienes fueron expulsados del país, y contra las Ligas Agrarias Cristianas que actuaban en el campo formando Comunidades. Tanto entre los Universitarios como entre Las Ligas Cristianas campesinas las fuerzas represivas del gobierno con el lema "de muerte a los comunistas cristianos" torturaron, asesinaron y desaparecieron a algunos de los mejores hijos de este país.

         Necesito dejar constancia qué durante esa represión del 76 la detención y torturas se realizaron a las familias completas de los asesinados o desaparecidos.

 

 

VII

 

         Ña Ascensión y yo, quienes compartíamos la misma celda en el campo de concentración de Emboscada, apenas constituíamos dos capítulos quizá minúsculos, de la tremenda historia de presos políticos, "desaparecidos" y torturados en aquellos años '70. No conocemos detalles de cada uno de esos capítulos, que tienen nombre propio o en algunos casos los conocemos apenas superficialmente, por lo que su narración quedará en labios de cada uno de ellos, o en la historia que alguna vez nos narren.

         A falta de detalles ciertos de cada historia, al menos, como en una tabla de sangre, o en una larga lista de títulos, daremos los nombres de los presos políticos, que en aquellos meses del '76-77, que pasé en Emboscada, pude acumular con la colaboración de toda la población de detenidos del "campo". Tales nombres, de detenidos en aquellos días, sin ser completos, estoy segura de ello, enrostra a quienes, una y otra vez, ante el mundo y especialmente en los foros internacionales, trataron de desmentir la existencia de campos de concentración, de cárceles o de lugares de tortura en el Paraguay de Stroessner, quien con todo descaro negaba la violación de los derechos humanos por parte de su régimen.

         La lista, sin duda alguna, no podía ser completa, ni con relación a los años que dura ya la dictadura stroessnista en cuyo transcurso millares de conciudadanos, y, hasta extranjeros murieron, fueron torturados, vejados en las prisiones injustas, "requisados" o expoliados de sus bienes, ni en relación a la extensión territorial, ya que prácticamente ningún área del país dejó de ser prisión política: el extremo del Chaco Paraguayo, en sus límites con Bolivia, y en diversos lugares de su desierto; y, las ciudades y campiñas de la parte oriental, en donde, en cada recodo del camino una cruz recuerda al viandante desaprensivo que allí alguna vez se escribió una historia trágica.

         Si pudiéramos acumular la nómina de quienes fueron inscriptos en la extensa tabla de sangre de la dictadura, año por año, a lo largo de más de tres décadas, a un promedio de 500 por año, tendríamos unos 15.000 ciudadanos, presos políticos, algunos de cuyos nombres se encontrarían reiterados a través de los años, como en el caso de Napoleón Ortigoza, quien ocupaba un lugar en cada una de las listas, convirtiéndose en el preso político más antiguo de América, como lo calificó Amnistía Internacional y la opinión pública nacional e internacional, acusado de un crimen que no cometió.

        

 

PRESOS POLÍTICOS (LISTA DEL AÑO '76)

 

Los nombres que figuran en bastardilla, pertenecen a los calificados como "desaparecidos", la mayoría de los cuales, con casi seguridad, perecieron en manos de sus torturadores.

Publicarnos la nómina en orden alfabético, sin consideración a títulos académicos posibles, clases sociales o pasados rangos administrativos. La mayoría de ellos era sencillos agricultores campesinos, que, como en el caso de la familia López-Maidana, fueron convertidos en víctimas de una represión innecesaria, al solo efecto de "requisarles" sus tierras y sus, generalmente, escasos bienes.

He aquí la nómina, acompañada de mi recuerdo afectuoso y respetuosa solidaridad:

Niños en prisión. Represión 1976. Menores de 7 años todos. Departamento de Investigaciones de la Policía de la Capital y Campo de Concentración de detenidos políticos de Emboscada.

 

Gladys Mercedes González

Luis Enrique Rodríguez y hermanito recién nacido 28.08.76

Julieta Fernández

Luis Ernesto Casco

Derliz Miguel Villagra

Aníbal Franco Olivetti

Ernesto Daniel Funes

Juan Salinas y hermanito recién nacido el 08.02.76

Carlos Marcelo Mancuello

Enrique O. Valiente

Manuel Schaerer Kanonikoff

Reina Silva

Máximo Flores

Enmanuel Fariña

Gerardo Paredes

María Isabel Galeano

Carola Clariza

Carrillo María Matilde Bobadilla

Niño Cabrera Benítez

Niña Coronel

(2) niñas Franco Cabrera, Miriam y Victoria

Niña González

María Isabel Gómez

Celeste Almada

Ernesto Daniel Funes

Abente Brun, Diego y Sra. Estela Rojas de;

Acevedo, Euclides;

Acosta, Petrona de González e hijo Octavio Rubén González A.;

Acosta Aranda, Severo;

Acosta, Idalina Gaona de;

Acosta Dimas, Prisciliano;

Alegre Portillo, Alberto;

Almada, Martín;

Almada, Miguel;

Almada, María Saturnina;

Almada, Valentín;

Alén Espinola, José;

Alvarez, Feliciano;

Alvarez, Zacarías;

Alonso, Melquiades y Sra. Victoria Kanonikoff de;

Alonso, Mariano;

Alcorta, Alfredo;

Alfonso, Bonifacio;

Amarilla, Justo Eduardo;

Amarilla, Raúl;

Areco Brítez, Angel;

Arguello, Silverio;

Arguello, Isidro;

Arguello, Bienvenido;

Arriola, Merardo;

Arestivo Bellasai, Carlos Alberto;

Arce, Migdonio;

Arce Schaerer, Eduardo;

Ayala González, René;

Ayala Giménez, Victor Manuel;

Aquino, Inocencio;

Alvitos de Zavala, Maria Angelica;

Arzamendia, Mario;

Báez Romero, Margarita María;

Báez, Ignacio;

Báez Brítez, Pablo;

Báez Luciano;

Balbuena, Juan;

Balbuena, Ascensión;

Bazán, Eulalio;

Bazán, Leonor;

Bazán, Daniel;

Bareiro R, Virgilio;

Bareiro Rodas, Fulgencio;

Bernal, Arturo;

Barreto Dávalos, Emilio;

Barreto, Aníbal;

Barros, Martín;

Benítez Galeano, Crescencio; y Sra.

Benítez, Máxima Melgarejo de,

Benítez Galeano, Pedro de 13 años de edad;

Benítez, Silvino de 14 años de edad;

Benítez, Ceferino;

Benítez, Esperanza de 16 años de edad;

Benítez Páez, Cristina;

Benítez, Praxida;

Benítez, Eulogio;

Benítez, Miguel;

Benítez González, Eladio;

Benítez, Rafael;

Benítez de Cabrera, Martina con su pequeño hijo;

Benítez, María Leona;

Benítez, Lázaro;

Benítez, Derliz;

Benítez, Silverio;

Bernal Font, Angel Cantalicio;

Berni, José Luis;

Berni, Angel;

Bobadilla, José y Sra.

Bobadilla C., Elizardo;

Blanco, Juvencio;

Bogado T. Eduardo;

Bogado G. Juan Félix;

Bogado G., Basilio;

Bogado Romero, Andrés;

Bonzi, Román Antonio;

Bogarín, Prudencio Vidal;

Bordón, Paulino;

Bordón, Ambrosio;

Bordón, Hipólito;

Boy Jara, Marcos;

Brítez, Rafael;

Brítez, Gumersindo;

Britos, Marcial;

Bordón José del Pilar;

Brañas, Carlos y Sra. Ana María Ibañez de

Burgos, Celso;

Bustos, Julio;

Benítez Armoa, Gervasio;

Caballero, Justino;

Cabezudo, Yolanda;

Casco, Carlos Ernesto y Sra. Teresa de Jesús Aguilera

Casco, Luis Ernesto (hijo) - lactante;

Cabrera, Crescencio;

Cabrera Maíz, Esteban;

Cabral, Pablo A.;

Caballero, Ignacia de González con su hija Gladys Mercedes nacida el 24.08.76

Cardozo, Arsenio

Cardozo, María Sixta;

Cardozo, Carlos Amado;

Cardozo, Macario;

Cardozo J., Bernardo;

Cardozo, Antolín Antoniano;

Cardozo, Oscar;

Canesse, Jorge Humberto;

Céspedes, Silverio;

Colmán, Raimundo;

Castillo, Bonifacio;

Castillo, Rafael;

Canellas, Fabián;

Carrillo, Fausto; y Sra. María Felicita Giménez e hija

Carrillo, Clarisa Carolina -lactante;

Cárdenas Acosta, Enrique;

Carreras, Edelira;

Centurión, Victoriano;

Centurión, Andrés;

Centurión, Catalino;

Centurión, Antonio;

Centurión, Luciano;

Coronel, Constantino y Sra. Pablina Cano e hijos

Coronel, Hilarión de 16 años de edad y hermana de 8 años.

Coronel, Corcino;

Coronel, Eliodoro

Coronel, Sindulfo;

Colmán Núñez, Emigdio;

Colmán, Julio César;

Corres R., Antonio;

Cubilla, Antonio;

Cubas, Julián;

Chamorro, Ignacio;

Cabral, Juan Manuel;

Campos, Daniel

Delgado, Teodoro Victoriano;

Delgado, Francisco Humberlino;

Delgado, Arnaldo Salvador;

Delgado, Rodríguez Severo;

Doldán, Evangelista;

Denjeans, Gertrudis vda. de

Díaz, Domingo;

Duarte, Hipólito;

Duarte, Vicente;

Da Costa, Juan Carlos;

Espinoza, Zacarías;

Espinoza, Eleuterio;

Espinoza, Sergio Pedro;

Espinoza, Francisco;

Espínola, Rafael;

Espínola, Basilíca;

Escobar, Zacarías;

Estragó, Gloria;

Falcón, Vicente ; y sus hermanas adolescentes,

Falcón, Eulogia;

Falcón, Blásida;

Fariña, Gladys y su hijo Enmanuel;

Fernández, Rita Rodríguez de

Fernández, Juan Manuel y Sra. Julia Jacquet e hija;

Fernández, Julieta nacida el 09.07.76;

Fernández, Emigdio

Fernández, Juana;

Fernández, Juan A.

Fernández, Silvio Ramón;

Fernández, Bernardo;

Fernández Lucila;

Ferreira, Serapio;

Ferreira, Dora;

Ferreira, Pedro;

Ferreira, Luis Fermín;

Flecha, Mariano;

Fleitas Ríos, Sixto;

Flor Lugo, Julián;

Flor, Fermín;

Flores Siluano;

Flores, Leona;

Florentín, Sabino;

Florentín Duarte, Andrés;

Fontclara, Carlos;

Franco López, y Sra. Blanca Olivetti e hijo Aníbal

Franco, Feliciano;

Franco, Salomón;

Franco, Miguel;

Franco, Hernán;

Franco Sotero, Eduardo y Sra. Lidia Cabrera Maíz e hijas;

Franco Maíz, Mirian;

Franco Maíz, Victoria;

Francou, Rufino;

Francou, Melanio;

Francou, Silvanos

Francou, Juan;

Filártiga Speratti, Joel;

Flores, Bonifacio;

Flores, Serafín;

Fretes, Pedro (ciego, sordo y casi mudo);

Fretes, Ricardo;

Fretes, Sabino;

Fretes, Bernardo;

Fretes, Doroteo;

Funes, Mariano;

Funes, Erasmo y Sra. Zulema López e hijo.

Funes, Ernesto Daniel nacido el 30.06.76

Grandel Doroteo;

Galeano, Gumersindo

Galeano Rotela, María Magdalena;

Galeano; Silvia;

García. José A.;

Gauto, Esteban

Guerrero, Alsacio;

Guerrero, Teodoro;

Guerrero, Porfiria;

Guerrero, Juana;

Guerrero, Martina;

Guerrero, Carina de Ruíz;

Guerrero, Diego;

Guerrero, José Miguel;

Gil Ojeda, José;

Giménez, Angel;

Giménez, Ramón;

Giménez, Sergio;

González, Ambrosio;

González, Agustín;

González, de los Santos;

González, José Tomás;

González, Cristino;

González V., Fidel;

González, Teodoro;

González de Rotela, Máxima;

González, Arcadio con su Sra. e hija lactante.

González, Bernardo;

González O., Eulogio;

Gómez, Victoriana con su hija María Isabel, nacida en el Policlínico "Rigoberto Caballero";

Gómez, Carlos Porfirio de 15 años;

Gómez, G. Felipe;

Grau Vera, Roberto;

Guggiari, José Luis;

Heisecke, Jorge;

Heisecke, Carlos;

Hermosa Valdez, Quirino;

Jiménez, Ramón;

Jiménez, Vidal A.;

Jara, Dionisio Abel;

Ibarra, Regino;

Insaurralde, Manuel;

Inchausti, Porfiria;

Irala, Próspero;

López, Ascensión Maidana de;

López, Adolfo,

López, Policarpo;

López, Elicto;

López, Francisco,

López, Madona de;

López, Ignacia Almada de;

López, Felipa Melgarejo de;

López, Vicenta Cabrera de;

López, V., Andrés;

López Maidana, Juan de 14 años de edad;

López, Cirila de 16 años de edad;

López, Laurentina;

López, Jacinto; López, Pastor; López Estigarribia, Juan Carlos; López Estigarribia y su Sra. Teo-dora Vera de;

López, Ortiz, Teodoro; López, Angel;

López Perito, Miguel Angel; López, Marcelino;

López, Lorenzo;

López Zacarías, Porfirio;

López, Pedro;

López, Néstor;

López Irala, Sindulfo

López Irala, Víctor

López Irala, Adolfo

López de Fontclara; Teresa

López Sandoval, Leoncio;

Lovera, Guillermo;

Llorens Arnaldo;

Lugo Rodríguez, Ricardo;

Leguizamón, José,

Leguizamón, Juan;

Lezcano, Juan de la Cruz;

Mancuello Carlos José y Sra. Gladys Ríos de, e hijo;

Mancuello, Carlos Marcelo nacido en la prisión,

Melgarejo, Sixto ; y padre;

Melgarejo, Víctor en insuficiencia cardíaca congestiva grado III;

Melgarejo, Eugenia Alegre de;

Mancuello, Hugo Alberto;

Melgarejo Herminio;

Melgarejo, Bonifacio;

Mancuello, Onofre T.;

Maidana, Antonio;

Maidana, Ananías;

Maidana Sosa, Santiago;

Martínez, Facundo;

Martínez, José

Martínez, Juan Félix;

Martínez, Anastasio;

Martínez Cantero, Roberto;

Martínez Mórel, Víctor;

Martínez de Velazco, Claudelina;

Martíns, Juan;

Martínez, José del Carmen;

Massi Faddala, Fernando;

Medina, Enrique;

Mendieta, Juliana;

Mendoza Fernández;

Meilínger de Sannemann, Gladys;

Mendieta, Constancia;

Mendoza, Amelia;

Mingo, José y Sra. Agueda de Jesús V. de;

Monte Domeq, Raúl;

Mora, Rogelio;

Morel, María;

Morel, Salomón;

Morínigo, Bernardo;

Morínigo, Leopoldo;

Morínigo, Manuel;

Morínigo Alcaráz, José;

Morínigo, Rubén;

Montiel, Domingo;

Montiel, Ramón;

Molinas J.

Núñez, Basilicia;

Núñez, Eduwigis;

Ortigoza, Napoleón;

Ocampos, Mario;

Ovelar, Juan León;

Osorio, Francisca;

Osorio, Bemabé;

Osorio, Epifanio;

Osorio. Máxima;

Osorio, María;

Osorio, Eugenio;

Ovando, Escolástico;

Oviedo Duarte; Amilcar María;

Oviedo, Odón;

Oviedo, Clara de,

Oviedo, Pablo;

Orué, José,

Orué Carrera, Rubén;

Ortíz, Crispín;

Ortíz, Cristóbal;

Ortíz, Milciades;

Otazo, Adriano;

Olmedo Montanía, José María;

Oteiza, Carlos Alberto;

Paniagua, José Antonio con trastornos;

Paredes; Edmundo;

Paredes; Presentación;

Paredes; Claudio R.

Parra, José;

Pavón, Bienvenido;

Pedrozo, Brigida;

Peña, Eligió,

Peña, Angel;

Peña, Casco, Ramón;

Penayo, Bernabé;

Pérez, Julián;

Peralta, María de Jesús;

Pérez, Leoncia con sus tres hijos;

Pérez, Daniel;

Pérez, Máximo;

Pietrafesa, Pablo;

Pintos, Ramón;

Pintos, Meza, Alvino;

Pintos, Eugenio;

Portillo Servín, Jerónimo;

Portillo, Francisco Taurín;

Portillo Penayo, Mario Jacinto;

Portillo A. Agapito;

Portillo, José Rosa;

Portillo, Agripina;

Portnschlg, Gunter;

Quiñónez, Limpia Concepción;

Ramírez Villalba, Rodolfo;

Ramírez Villalba, Benjamín y Sra.;

Ramírez Blanco, Carlos;

Ramírez, Celsa y su hijo Derliz Miguel Villagra nacido el 21.04.75.

Ramírez, Calixto;

Ramírez, Gladys;

Ramírez Llerandi, Segundo;

Recalde, Felipe F.;

Riveros, Lucia;

Riveros, Antonio;

Riveros. Abrahan;

Riveros, Máximo;

Riveros, Florencio;

Riveros Vázquez, Florencio;

Riveros Duarte, Juan Alberto;

Recalde de Rivarola, Oilda;

Rivarola, Rumilda Britez de;

Rivarola, Victorino,

Rivarola Rodas, Carmelo

Rivarola, Carlos;

Riquelme, Oscar T.;

Riquelme, Esteban;

Rivas, Andrés;

Rivas, Balbino;

Rivas, Alcides;

Ríos, Domingo;

Ríos, Andrés;

Rybak, Juan Mariano;

Roa B. Catalino;

Robles, Fernando;

Robledo, N.,

Rolón Centurión, Martino;

Rolón, Martina Centurión de;

Rolón, Juan;

Rolón Centurión, Librada de 13 años de edad;

Rolón Centurión, Albino de 15 años de edad;

Rolón Centurión, Melchor;

Rolón Centurión, Domingo;

Rolón Centurión, Santiago;

Rodríguez, Simón;

Rodríguez, Mario Simón;

Rodríguez G., Humberto y Sra. María Esther Cerdan de;

Rodríguez, Petrona con sus dos hijos pequeños, Luis Enrique nacido el 28.08.76;

Rodríguez Campuzano, Oscar;

Rodríguez, Olegario;

Rodríguez, Fidencio;

Rodríguez, Lucila;

Rodríguez, César;

Rodríguez, Bernardo;

Romero, Sebastián;

Romero Garcete, Rodolfo Efrén,

Rojas, Oscar Luis;

Rojas Da Costa, Bernardo;

Rojas, Julio;

Rojas, Arnaldo y Sra. Constancia Mendieta;

Rojas C., Aurelio;

Rodas, Dionisio;

Rodas, Diego;

Rodas, María Lina;

Rotela, Pedro Juan;

Rotela, Máxima de;

Ruíz Balbuena, Julián;

Ruíz Díaz, Rodrigo S.;

Ruíz, Oscar;

Reinoso, J.;

Salinas, Juan de Dios; y su Sra. Rosa Joaquina Bobadilla de, y sus dos hijos pequeños, uno nació el 08.02.76;

Schaerer Prono, Mario Raúl; y su Sra. Guillermina Kanonikoff de, y su hijo Manuel Schaerer Kanonikoff, recién nacido;

Salinas, Andronico;

Salinas, Víctor;

Salinas, Prudencio;

Salinas, Fortuosa;

Samaniego, Luis;

Samaniego, Martín;

Sánchez García, Juan Miguel;

Sánchez, Nicasio;

Sánchez, Enrique;

Santucho de González, Graciela;

Santucho, Amilcar;

Sagas Sanabria, Guillermo;

Sanabria, Miguel Angel;

Salvini, Carlos;

Salaberri, Carlos;

Santacruz, Lucio;

Santacruz, Teodora;

Seken, Otto;

Segovia, Serafina;

Silva Quintana, Alfonso;

Silva, Clotilde Reina Isabel;

Silva; Hermenegildo;

Silva, Eusebio;

Schmalko, Luis Ricardo;

Spiridonnoff, Nicolás;

Spiridonnoff de Ramos, Olga;

Soler, Miguel Angel;

Soler, Juana;

Suárez V., Victorio;

Schwartzman, Mauricio;

Stumpfs, Herminio;

Stumpfs, Nercio,

Soto, Waldina;

Talavera; Serviliana;

Toledo, Rogelio;

Toledo, Luis Geránimo;

Torres Martínez, Angel;

Torales, Carmelo;

Troche, Carlos;

Zavala, Jorge Agustín;

Zacarías, Melanio;

Zalazar Villagra, Manuel;

Zalazar Villagra, Juan;

Zarza, Pedro;

Zarza, Marcelino;

Zaldivar Cardozo, Juliana;

Villagra, Derliz,

Villagra, Américo,

Valenzuela Candia, Antonio;

Valenzuela, Juan;

Valdéz, José;

Vallejos, Pedro;

Valenti Natah, Emilio Patricio;

Vargas Aranda, Susana;

Vargas, Pedro;

Vargas Ferreira, Aquilino;

Velilla, Fernando;

Velázquez, Eliodoro;

Velazco Flor, Rosalino;

Velazco, Claudelina;

Velazco, Ramón;

Vera, Albino,

Vera, Sotero;

Vera Morínigo, Ignacia;

Vera, Aurelio;

Vera Báez, Felipe;

Vera Báez, Cástulo,

Vera Vargas, Víctor;

Vera, Antonio;

Verdún Gilberta Vda. de Talavera;

Verdún, Feliciano;

Villalba, Antolina;

 Villalba, Angelina;

Villalba, Hilario;

Villasanti, Gregoria;

Villasanti, Pedro Manuel;

Villalba, Feliciano;

Villan, Ladislao;

Villasboa, Lorenzo;

Villasboa, Romualda;

Villasboa, Petronila;

Villasboa, Cesareo;

Villasboa, Cayetano;

Uliambre, Saturnino;

Wagner, Luis Alberto;

Kong Gu King, Mónica;

    

GRÁFICOS SOBRE MÉTODOS DE TORTURAS   

 

 

 

 

IX

ACUSADOS DE ENCUBRIR, ASISTIR O PRACTICAR, TORTURAS.

 

         Los nombres que se dan a continuación, son los responsables y torturadores del régimen militar del General Alfredo Stroessner Matiauda, y que, se dice, actúan impunemente en el país, en distintos establecimientos policiales y de los servicios de inteligencia del Paraguay. Una parte de la lista ha sido preparada por una comisión de exiliados paraguayos con motivo de cumplirse los 25 años de la dictadura stroessnista. Esta lista fue ampliada y testimoniada por ex-presos, torturados y otros compañeros luchadores contra el régimen dictatorial al cumplirse los 32 años de la dictadura. Los nombres pueden ser verdaderos, falsos, homónimos o encontrarse incompletos. Rogamos a los lectores nos informen sobre algún involuntario error, para su corrección inmediata o completarlos. Agradecemos la, colaboración.

         El responsable principal es, desde luego, el Sr. 

         ALFREDO STROESSNER MATIAUDA, General. Desde que asumió el gobierno con un golpe de estado el 4 de mayo de 1954 se constituyó la "orden superior" que es la ley nacional. Presenció y dirigió las torturas de numerosos luchadores como la de Vicente Maydana Arias, quien grabó en su testimonio escrito sus sufrimientos. "En las rejas del Terror".

         EDGAR LINEO INSFRAN, Doctor.

         SABINO AUGUSTO MONTANARO, Abogado. Le sucedió a Insfrán en el Mrio. del Interior.

         RAMON DUARTE VERA, General. Jefe de la Policía de la Capital.

         ERASMO CANDIA, Jefe de Investigaciones.

         PATRICIO COLMAN, General, Comandante del RI. 14.

         FRANCISCO ALCIBIADES BRITEZ BORGES, General, Jefe de Policía.

         BENITO GUANES SERRANO, General.

         FELIX GRAU. Coronel, Jefe de la guardia de seguridad de la policía capitalina y ayudante del coronel Ramón Escobar.

         JUAN RAMON ESCOBAR, Coronel, Jefe de la guardia de seguridad de Tacumbú.

         ALBERTO PLANAS Y PASTOR CORONEL, Jefes del D.I.P.C.

         ERNESTO GIMENEZ CABALLERO, Doctor, Ex-embajador español en el Paraguay

         ANTONIO CAMPOS ALUM, Doctor, Jefe de la dirección técnica de la represión al Comunismo y Actividades Antidemocráticas (La Técnica)

         BUENAVENTURA ALBERTO CANTERO, Comisario inspector. Director de la sección política del D.I.P.C.

         CAMILO ALMADA MOREL (Sapriza), Sub Comisario.

         JOSE IGNACIO IRRAZABAL, Asistente del general Patricio Colman.

         JUAN HELLMANN.

         RAMON SALDIVAR:

         JULIAN CORONEL, Encargado del archivo y fichas de los presos políticos.

         JUAN BOGADO. Oficial 1° del D.I.P.C.

         RAUL RIVEROS TAPONIER, Comisario Inspector.

         NICOLÁS LUCILO BENITEZ o. "cururú-piré", Asistente en D.I.P.C. de Pastor Coronel y también según datos de Ramón Duarte Vera.

         PANCHO FERNÁNDEZ, Comisario del D.I.P.C.

         LINSTRON, Ex-seminarista llamado también "el ángel 'de la muerte"

        AREVALO, Subcomisario del D.I.P.C.

         CANO, del D.I.P.C

         ROQUE LOPEZ Oficial 2° del D.I.P.C.   

         GUSTAVO GIMENEZ, Inspector mayor, jefe de la dirección de vigilancia y delitos del D.I.P.C.     

         WILSON OJEDA, Oficial 2°.

         OSCAR GOMEZ, Médico, Director del Policlínico "Rigoberto Caballero"

        EGIDIO CALDERINI, Delegado de gobierno del departamento de la Cordillera.

         INOCENCIO DOMINGUEZ, De la alcaldía de Valenzuela.

         HIPOLITO SANTACRUZ, Comisario del D.I.P.C.

         BELOTO. Comisario del D.I.P.C.

         FRUTOS. Oficial 1º del D.I.P.C.

         PEREIRA SILVA, Oficial 1° del D.I.P.C.

         VICENTE BARRIOS, Oficial del D.I.P.C.        

         DOMINGO LASPINA Oficial Inspector.

         ATILIO GONZALEZ, Oficial Inspector; administrador del D.I.P.C.

         MANUEL ALCARAZ.

         MENDOZA, Comisario inspector, ex jefe de la dirección política del D.I.P.C.

         RUBÉN GONZALEZ, Subcomisario, de la sección robos y hurtos del D.I.P.C.

         RAMIREZ, Apodado "Ramírez tátá"

         COLMAN, Ex-jefe de la comisaría de San Ignacio de las Misiones.

         EUSEBIO TORRES, Subcomisario, encargado de indagatorias del D.I.P.C.

         AYALA Oficial 1°, jefe de la comisaría de San Ignacio de las Misiones.

         LUIS DI STEFANO.    

         AURELIO CÁCERES SPELT, Jefe de Inteligencia de la Policía de la Capital.

         PEDRO SOSA, Oficial inspector o comisario en el D.I.P.C.

         FALCON, Del D.I.P.C.

         TEIZA U OTEIZA, "Médico" falso o psiquiatra... ¿chileno?...del D.I.P.C.

        FLECHA Del D.I.P.C.

         PORTILLO, Del D.I.P.C.

         ALBERTO BÁEZ RÁIMUNDI, Del D.I.P.C.

         FRANCISCO, ANDRADA Comisario.

         VICTOR MARTINEZ Ex jefe de la dirección política del D.I.P.C.

         DENIS. Sub-oficial, del destacamento militar de Frontera N° 3, con asiento en Bella Vista.

         JULIO DUARTE OVIEDO, Titular de la comisaría seccional 3ra. policial de Cnel. Oviedo.

         AGUSTIN GIMENEZ, Alcalde policial de la jurisdicción del Dpto. de Paraguarí.

         MIGUEL ÁNGEL BESTARD, Doctor, ex-subsecretario de Mrio. del Interior.

         NICOLÁS MÉNDEZ LARA MÉRELES, De "La Técnica".

         PAPI ALMADA, Del D.I.P.C.

         CARDOZO, Del D.I.P.C.

         CARDOZO, Oficial 1° del D.I.P.C.

         ROMERO CUENCA, Comisario de la sección robos y hurtos.

         LUIS MARTINEZ A., Jefe de la policía de encarnación.

         RAMON RUIZ CABRFRA Coronel, Ex-seminarista, guardia de seguridad.

         AUGUSTO MORENO, Comisario de la 3ra.

         IBARRA, Comisario.

         IBARROLA, Comisario del D.I.P.C.

         ROJAS ARELLANO, Del D.I.P.C.

         DANIEL APOLONIO LARROZA, "Asistente" de Patricio Colman en Caaguazú, Ñumí y San Juan Nepomuceno.

         FRANCO, Ex-jefe de la policía de Encarnación.

         PISTILLI.

         PAREDES, Comisaría 8a., Hospital de Clínicas, en la 15 "Roberto L. Petit", y en la comisaría 3a.

         OSCAR PATIÑO. Comisaría 15 "Roberto L. Petit":

         LADISLAO MARTINEZ, Capitán, Guardia de seguridad presidencial.

         PUCHO SALINAS, Del D.I.P.C.

         HIPOLITO VIVEROS, General, Director del Colegio Militar.

         JUAN ANTONIO CACERES, General

         LEOBEGAR CABELLO, General.

         MARCIAL ALBORNO, General.

         BERNARDINO GOROSTIAGA. Doctor, Ministro de Educación.

         RAÚL PEÑA, Doctor, Ministro de Educación.

         INOCENCIO DOMINGUEZ, Alcalde de Valenzuela.

         SIMON NUÑEZ, Alcaide de Valenzuela.

         DELGADO, Sub-comisario.

         JAMIL CHAMAS, Del D.I.P.C.

         ALEJANDRO PAREDES, De la comisaría 20.

         MARCIAL GOMEZ, Tte. de Infantería.

         LEONCIO TEODULO CABALLERO.

         SANABRIA, Oficial 1°, ex-seminarista.

         JESUS OSORIO GIL, Cnel. de Intendencia.        

         FELIPE NERY SALDIVAR, De "La Técnica".

         FRANCISCO BOGADO, Dirección de asuntos políticos del D.I.P.C.

         CAYO VERA, Inspector principal de la 10a. seccional policial.

         GAUTO, Del D.I.P.C.

         DOMINGO GALEANO, Comisario de la 1a.

         DIONISIO NORDIN, Del D.I.P.C.

         RAIMUNDI. Del D.I.P.C.

         PAULINO OSORIO O SORIO, Comisario Principal, comisaría 54 de San Antonio.

         JULIAN AYALA, Comisario, ex jefe de investigaciones de la delegación de gobierno del Alto Paraná.

         ENRIQUE ESTIGARRIBIA, Sargento.

         JUAN PABLO OLMEDO.

         NORBERTO GONZÁLEZ, Sub-alcalde.

         MIGUEL MARTINEZ, Sub-alcalde.

         PABLO ISMAEL BRITOS, Sub-alcalde.

         ISACIO AGUILAR, Oficial Inspector.

         LUIS BARBOZA, Sub Comisario.

         ANIBAL NUÑEZ, Sub-alcalde.

         ODDONE SARUBBI, Tte. Cnel.    

         ALFONSO LOVERA CAÑETE, Inspector Principal. Oficial del D.I.P.C., comisario de la 3a.

         HECTOR RIQUELME, Oficial inspector del D.I.P.C.

         JULIAN RUIZ PAREDES, Jefe de la sección vigilancia y delitos del D.I.P.C. JUAN MARTINEZ, Oficial 1º, es personal de D.I.P.C.

         TOMAS SALINAS, Apodado " mandió-o-roró", Comisaría de Santa Rosa de las Misiones.

         ANTONIO CABRAL, Comisario de Sta. Rosa Misiones.

         RAMON ESTECHE, Abogado, encargado de indagatorias en el D.I.P.C.

         AMERICO PEÑA IRALA.

         JUAN ÁNGEL VIANA. Comisario.

         LUCIO OTILIO GONZÁLEZ. Oficial.

         FRANCISCO SOLANO LOPEZ VALDEZ, Sargento. 

         AMARILLA, Oficial.

         MALDONADO, Oficial.

         ARIAS, Sub Comisario.

         MILCIADES BENITEZ ESTIGARRIBIA, Licenciado

         MARTINEZ CHAVEZ.

         TELLEZ.

         FRANCISCO BLANCO, Comisario Inspector.

         ROLON, Sub Oficial.

         BENITEZ BLANCO. Oficial.

         FRANCO.

         BENITEZ.

         RAMON AQUINO, Seccional Colorada de la Chacarita.

         ELVIO REYES.

         RUBEN FERNANDEZ

         SALUSTIANO GIMENEZ.

         MARECOS, Delegado de Gobierno de Paraguarí.

         CARLOS POSSI O POZZI, Comisario, Delegado de Gobierno de Paraguarí.

         MAURO GIMENEZ, Alcalde de Yby-yaú, Concepción.

         FLOR, Capitán.

         GONZÁLEZ, Alcalde, Delegación de Gobierno de Caacupé.

         HUGO MELGAREJO, Tte. 1° de la Caballería.

         BENJAMIN GONZÁLEZ o BENITEZ GONZÁLEZ.

         PEDRO GOMEZ DE LA FUENTE, Doctor.

         ÁNGEL MARIO ALI.

         CAYO NUÑEZ, Oficial Inspector.

         ANTONIO TORRES, Oficial 2°.    

         RAMON GARAY, Oficial Ayudante.

 

         Alcaldes Policiales:

         JUAN ESTEBAN GUTIÉRREZ.

         ADILIO GOMEZ.

         MIGUEL ECHEVERRIA.

 

         Sub Alcaldes:

         MARIANO TORRES.

         TEODORO MORINIGO.

         GREGORIO NUÑEZ y RAFAEL CHAMORRO.

 

         Sargentos:

         JUSTO ALONSO:

         BLAS CHAMORRO, Sub Comisario.

 

         Alcaldes:

         ELEUTERIO DAVALOS, RAMON INSFRAN BRITOS.

         BASILIO VELÁZQUEZ, Sub Comisario

        

         y muchos más "ángeles", "arcángeles", "querubines", "serafines" y todo el coro celestial.

 

 

X

 

         Mi exilio en la Argentina en donde pasé años de sosiego y de esperanza, así como también en donde comencé las angustias de la increíble historia que les he narrado, mal hilvanada en la horas que me dejan libres mis quehaceres hogareños y la atención de mi consultorio médico, que he reabierto. Vivo con la esperanza de que el sistema democrático imperante en la Argentina, que me permitió regresar a este país que, con el correr de los años, se va convirtiendo en mi segunda patria, me dé las posibilidades de retomar el rumbo de mi vida. Y, alguna vez, pueda volver a cruzar el río Paraná que sirve de límite común a ambos países, sin capuchas, sin "cóndores" que me custodien, sin infundadas acusaciones a cuesta. Confío, en que pronto volveré a mi país de origen, libre del exilio exterior y sin tener que soportar ese exilio interior que hoy el régimen stroessnista impone a quienes discuten sus designios.

         Tengo la fe de que alguna vez habrá paz en mi país. Y, yo volveré a ser una ciudadana común, una profesional medica dedicada a curar los males físicos de los seres humanos. Y, en mi ancianidad, miraré el pasado como una mera pesadilla, que no permitiré en lo posible vuelva a repetirse en mis nietos. Confío haberle demostrado con coherencia de que alguna vez existió una conjura internacional codificada bajo el nombre de "Operación Cóndor" y que mi sencilla narrativa sirva de ejemplo a las generaciones venideras para que lo que yo y mi generación sufrimos no vuelva a repetirse, jamás.

         Así lo espero.

        

 

 

NOTAS

 

(1) Este libro fue escrito antes del golpe militar del 2-3-II-89.

(5) Recién el 14.09.86 un amigo asistente en la Jornada de Solidaridad con el pueblo paraguayo, realizada en Posadas por el Premio Nobel de la Paz, el Arq. Pérez Esquivel me dijo al oído: "aquel hombre de barba que se encuentra sentado a la derecha, en la tercera fila es Canicio González Bogarín. Era quien me había acusado"… Me acerqué a él para conocer mejor su rostro.

(6) Siempre salí de vacaciones en el mes de enero o febrero porque es la temporada en que menos pacientes llegan al consultorio.

(7) En Posadas y en el Salón auditorio de un céntrico Sanatorio, en el mes de febrero de 1976, se realizó una de las Jornadas de información sobre la represa de Itaipú, a cargo de un correligionario con muchos conocimientos sobre el tema y llegado del exterior. Me acusaran de haber organizado ese evento -que dicho sea de paso- fue todo un éxito el cual le correspondía legalmente a otras personas.

(8) Pero nosotros retiramos sin indicación el resultado del estudió microscópico de los órganos y tejidos practicados por el Prof. Boggino y que aún se encuentra registrados en los libros del Instituto de Anatomía Patológica de la Facultad de Medicina de Asunción (U.N.A.) del siguiente modo: protocolo Nº 26.138, 2-VI-58, Alcides Milciades Bareiro, 29 años, masculino, autopsia, forense.

Polo central del cerebro: Hemorragia intersticial no explicable por tumor, granuloma u otra causa patológica: traumatismo craneal.

¿Cuál fue el diagnóstico de defunción y quién lo ha firmado?, escapa a mi control por obvias razones.     

(9) Allanamiento: significa rodear con policías vestidos de civil o no toda la residencia, negocios, consultorios profesionales u otro lugar. Desordenar toda la casa o el lugar buscando dinero, armas, libros u otros elementos que sean de utilidad o del agrado de los actuantes: La búsqueda de armas y libros "subversivos" son excusas para arrebatar o robar el dinero, ropas, artículos electrodomésticos para luego venderlas. Digo robar, ya que robo es tomar para sí y con violencia lo ajeno, que luego lo venden sin sentimiento de culpa de ninguna clase.      

(10) Durante las dos primeras semanas de mi permanencia en el lugar, dos o más veces al día llamaban a la puerta y en la ventana "Dr. Esteche".

(11) El coronel Félix Grau, arrastraba un largo historial represivo. Fue jefe de la guardia

de seguridad de la policía capitalina y ayudante del coronel Ramón Escobar, apodado el carnicero, porque dicen que acostumbraba romper la espina dorsal de sus víctimas con un hacha. Fue uno de los principales y más crueles represores de los grupos guerrilleros del '59 al '61 y con grado de teniente por entonces, reprimió sin piedad a los campesinos de San Estanislao, departamento de San Pedro, en el '66. Adquirió especial faena por torturar a los campesinos en los trapiches, en donde les trituraba los dedos, las manos o el brazo, según su grado de resistencia. Grau, en 1974, dirigió el operativo combinado por aire y tierra contra los colonos de la Comunidad Cristiana de Jejuí, donde sus huestes quemaron las viviendas, robaron 1.000.000 Gs., hirieron a muchos de ellos, entre los cuales se encontraba el sacerdote Braulio Maciel y detuvo al obispo norteamericano monseñor Bordelón, así como a su ayudante Kevin Cahallan, ambos de la Catholic Relief Service. En 1976, pasó a desempeñarse como jefe del "campo" de Emboscada, donde puso en práctica los más refinados métodos de sometimiento contra los presos políticos allí alojados.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

PARAGUAY - Documentó de Amnistía Internacional, Inglaterra. 02.84.

REVISTA PAZ Y JUSTICIA. Argentina.

NOSSO TEMPO. Foz do Iguacú. Brasil. 01.84.

ACUERDO PARAGUAYO EN EL EXILIO. Suiza 1983.

PARAGUAY - Colectivo Paraguayo Francia-América Latina. 07.08. 1983.

O.E.A. - Informes de numerosas organizaciones internacionales dirigidas a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. 1977-1979-1980 y 1983.

AMNISTIA INTERNACIONAL. Informe a la Corte Suprema de Justicia del Paraguay. Testimonios sobre presos "Desaparecidos" como resultado de las torturas.

A.B.C. color, artículos 1982-1983-1984.

"El Pueblo" semanario, artículos 1983-1986.

FEDERACION DEMOCRATICA INTERNACIONAL DE MUJERES sobre Derechos Humanos en Chile-Argentina- Uruguay-Paraguay y Brasil. 1977.

EN LA CAMARA DE TORTURAS DE STROESSNER, Testimonio de un torturado. Abelardo Cárdenas. 1962.

ESTADOS DE EXCEPCION Y SALUD: El caso argentino. José Carlos Escudero. Venezuela. 1979.

EXILIO. Estudio Médico-político. Katia Reszczynski - Paz Rojas y Patricia, Barceló. 1979.

ALGUNOS PROBLEMAS PSICOLOGICOS DEL EXILIO. Ana Vázquez. Exiliada argentina en Francia. 1979.

REFLEXIONES SOBRE LA PSICOLOGIA DEL EXILIO. Ignacio Maldonado M. Venezuela. 1979.

ATENCION MEDICA-PSICOLOGICA DEL EXILIO. Dra. Silvia Bernan. Venezuela. 1979

EL EXILIO. Gregorio Baremblif. Venezuela. 1979.

EXILIO DE LA CONCIENCIA Y CONCIENCIA DEL EXILIO. José Echeverría. Ginebra 1979. Suiza.

PROYECTOS Y FANTASIAS DE RETORNO DEL EXILIADO POLITICO. Enrique Guinsberg. 1979.

VENEZUELA, "UN PAIS PARA QUERER": María del Pilar Quintero. Venezuela. 1979.

EL MUNDO DEL EXILIADO POLITICO LATINOAMERICANO. Jorge Barudi. Bélgica. 1979. (Colectivo Latinoamericano de Trabajo Psico-social).

OPORTUNISMO REFORMISTA Y VANGUARDISTA EN LA REVOLUCION VENEZOLANA. R. Núñez. Tenorio. Venezuela. 1979.

LA NUEVA ETAPA DE LA LUCHA DE CLASES Y LAS NUEVAS TAREAS DE SOLIDARIDAD EN AMERICA LATINA. Luis Vitale, Universidad Central de Venezuela. 1.979.

TESTIMONIO. Reflexión colectiva de un grupo de prisioneros militantes. Gladys Díaz. 1.979. (Roles y contradicciones de la mujer militante en la resistencia y exilio).

LA MUJER EN EL EXILIO: DUELO, CONCIENCIA Y POLITICA. Ynes Reca. Nora Farré y Beatriz Pedrana. Conferencia Internacional sobre el exilio y solidaridad en la América Latina de los años 70. Venezuela 1979.

EXILIADOS LATINOAMERICANOS EN SUECIA. ¿Infierno o Paraíso?. Enrique M. Ganuza. 1.979.

LA TORTURA COMO ENFERMEDAD ENDÉMICA EN AMÉRICA LATINA Y SUS CARACTERISTICAS EN EL URUGUAY. Luis Irrazábal. Ex-profesor asistente de Clínica Médica de la Universidad de Montevideo. Venezuela. 1979 Universidad de los Andes.

LOS EFECTOS TRAUMÁTICOS DE LA REPRESION POLITICA EN LOS NIÑOS ARGENTINOS. Beatriz Agund. Alicia Stolkiner. Venezuela 1979.

LOS PROBLEMAS PSIQUICOS PROVOCADOS POR LA TORTURA EN LOS REFUGIADOS POLITICOS CHILENOS y LÁTINOAMERICANOS. Jorge Barudi. Bélgica. 1979. Colectivo de trabajó psicosocial.

DEBILITAMIENTO Y RECONSTRUCCION DEL SI MISMO: UNA APROXIMACION PSICO-SOCIAL DE NUESTRA EXPERIENCIA TERAPÉUTICA CON EXPRESOS POLITICOS LATINOAMERICANOS. J. Barudy Neuro-siquiatra del Servicio del Prof. F. BARD de la Universidad Católica de Lovaina. Bélgica. D.A.P.R. (Psicólogo social del Colat. J. Martens. y Grupo Terapia COLÁT).

LA MUJER PROLETARIA EN AMÉRICA LATINA, Suecia. 1980.

REVISTA "SINTESIS Nº 9".Año II pág. 31 al 34, 04.79.

O.E.A. cartas enviadas a la C.I.D.H. 1977. 1980.

DOCUMENTOS de la Liga Argentina de los Derechos del Hombre. 09.-1980.  ASESINATO EN EL BARRIO DE LAS EMBAJADAS. John Dinges - Saul Landau. 1980.

OPERACION CONDOR. Valentín Mahskin. 1985.

ASOCIACION POUR LE PARAGUAY LIBRE. Ginebra. Suiza. 06.83.

CASO PARAGUAY: Testimonio del Dr. Martín Almada, educador paraguayo presentado al Grupo N° 46 de Amnistía Internacional sobre sus torturas, las torturas de otros compañeros, los nombres y sobre-nombres de los torturadores, la muerte de su esposa por las torturas psíquicas.

ÑEENGATU. Información y análisis sobre Paraguay. Testimonios sobre torturas. 01-02-84.        

ENTRE REJAS DEL TERROR. Testimonio de un torturado. Vicente A. Maydana Arias.

REVISTA "SINTESIS". Suecia y México. 1978-1984.

SENDERO artículos 1985.

ULTIMA HORA artículos 1984-1985.

HOY artículos 1986.    

DOCUMENTOS DE LAS NACIONES UNIDAS.

TESTIMONIOS DE UN PRESIDENTE. Augusto Ocampos Caballero. 1983. PARAGUAY BAJO STROESSNER. Paul M. Lewis. 1986.

ARGENTINA, E.E. U.U., e INSURRECCION EN PARAGUAY. Aníbal Miranda. 1988.

1989 - "Paraguay, la cárcel olvidada, el país exiliado", Dr. Martín Almada.

1989 - "Prisionero en el Paraguay", Dr. Aníbal Miranda.

1987 - Documentos de fuentes americanas, EE.UU.? y El Régimen Militar Paraguayo, Dr. Aníbal Miranda.

 

 

 

 

ÍNDICE

 

Agradecimiento

Dedicatoria

Gladys Meilinger de Sannemann

Al lector

Capítulo I - El Operativo Cóndor

1.- Paraguayos desaparecidos en Argentina

2.- Extranjeros desaparecidos en el Paraguay

3.- Casos en que el Operativo Cóndor produjo reacciones de magnitud en la Prensa Internacional

4.- Algunas acciones en los países limítrofes

Lista de personas que no pueden comprar pasajes para viajar al Paraguay (Ordenado por el Ministerio de Interior)  

Capítulo II - Comienzo de una larga historia

Capítulo III - La larga Noche

Presos políticos (Lista del año 1976)

Capítulo IV - Tortura, torturados y desaparecidos

Acusados de encubrir, asistir o practicar torturas

Capítulo V - Recuerdos

1.- La familia

2.- Los amigos, compañeros de infortunio

Los documentos

Documentos I

Documentos II

Bibliografía

 

 

 

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