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VÍCTOR DESTÉFANO
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VÍCTOR DESTÉFANO


Datos biográficos

VÍCTOR DESTÉFANO : Periodista, investigador, escritor y músico (autor de San Bernardino, entre muchas otras canciones) articulista del suplemento cultural dominical del diario ABC color (Yo Soy la Música, El Arte y la Patria, la Música y la Primavera, Agustín Pio Barrios bien vale 50 mil, El Arte y el Amor y otros.)

Creador de proyectos culturales para el mismo medio, entre ellos: SONIDOS DE MI TIERRA, investigación y redacción sobre las vidas y obras de 63 autores compositores paraguayos, en 36 fascículos de 8 páginas, coleccionables, distribuidos semanalmente por el mencionado medio de prensa escrito, al igual que PARANA INMORTAL, investigación y redacción sobre la vida y     obra de LUIS ALBERTO DEL PA RANA, en 36 fascículos de 8 páginas, coleccionables, distribuidos semanalmente por dicho diario.

ALAS DE MARIPOSA es su primera obra publicada, EL UNIVERSO DE UNO, LOS BIENHECHORES DE ALMAS EN LLAMAS y MAU-MAU, son otras obras terminadas a ser publicadas en el futuro.

Fuente: ALAS DE MARIPOSA - EL AMOR DE UN PADRE HUÉRFANO DE HIJA. Novela de VÍCTOR DESTÉFANO. Editorial SERVILIBRO. Dirección editorial: VIDALIA SÁNCHEZ. Diseño de tapa y diagramación: MIRTA ROA. Corrección: AUGUSTO GONZÁLEZ. Asunción – Paraguay, Setiembre, 2011 (135 páginas)

 

 


VICTOR DESTEFANO

Baterista

V: La carrera musical que abracé fue lo más trascendente que aconteció en mi vida, fue para mi una especie de bastón que uno busca para utilizar como apoyo, tener como soporte firme y seguro mientras se atraviesa los umbrales de la adolescencia, llenos de peligros, acechando para desviarlo a uno hacia caminos equivocados. La música fue un aliado emocional incomparable para mi crecimiento personal. Más tarde aprendí de mis maestros de la vida algo realmente valioso: Elige hacer como trabajo lo que realmente te gusta y no vas a trabajar un solo día en tu vida. Más tarde comprobé que era una bella verdad.

Cuando arranqué con la carrera y al juntarme con otros amantes de la música, no sólo para escucharla sino para ser protagonista de ella, recibíamos consejos que nos aseguraban que de la música no se podía vivir, pero luego comprobamos que uno puede vivir de la carrera que elija, siempre que se le ponga absoluta dedicación y pasión, no pensando en los ingresos como fin, sino poniendo total dedicación a la tarea y entonces, sin que uno se dé cuenta, la recompensa llega. Todo esto lo comprobamos tiempo después. Cuando me hice profesional, solo tenía dieciséis años, le había seguido sin titubear a mis instintos, a mi vocación y no me he equivocado. Los sueños hay que perseguirlos y cuanto antes se empieza a hacerlo, mejor.

E: ¿Cómo empezó su carrera como músico?

V: Nací en Belén, Departamento de Concepción, tenía quince años cuando un grupo, Los Chester Boys, fue a hacer un show en un club social de la capital departamental, fue la primera vez que estuve en contacto con un grupo que ejecutaba música con instrumentos electrónicos, las guitarras eléctricas, el bajo, etc., pero lo que más llamó mi atención fue la batería, me pareció el centro de la banda y en ese instante decidí que sería baterista. Tiempo después cuando ya era profesional, me cruzaba constantemente con la banda inspiradora de mi carrera, los Chester Boys y llegué a darme abrazos con sus integrantes, Carlos Viveros, Adolfo Marín y otros, ellos no sabían lo mucho que los admiraba.

Pero mi carrera dio inicio una siesta, camino a mi colegio, el liceo Cervantes, en cuyas cercanías ensayaba una banda que se denominaba Los Zombis, yo hacía una escala obligada en la ventana del garaje donde ensayaban, antes de ir a clases, así durante meses, hasta que un día, ante la tardanza del baterista quien se había retrasado para el ensayo, uno de los integrantes, probablemente el director, asomó la cabeza a la ventana y preguntó al grupo de adolescentes que nos estábamos deleitando con el ensayo, si había alguien que supiera tocar la batería, para ejecutarla en tanto llegara el baterista. Yo levanté la mano y con ello sugerí que sabía hacerlo, jamás me había sentado en la butaca de una batería, pero como ya había abollado todas las ollas de mi casa siguiendo el ritmo de algunas canciones de moda, supuse que lo podría hacer, más aun teniendo en cuenta que el repertorio de Los Zombis ya me lo sabía de memoria. Me senté en el instrumento y fue el día que se inició mi carrera de músico, suplantaron al baterista titular, me convocaron y de ahí en más, pasé a ser el nuevo integrante, mi desempeño les había encantado. Era la época de la revolución de la música, era la época de la nueva música de Los Beatles, 1967 y yo había pasado a ser parte de ella! Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que era zurdo en el pie, tenía cierta dificultad al tocar el bombo con el pie derecho, que era lo que todos los bateristas del mundo hacían, pero sentí que algo me faltaba, entonces un día de ensayo di la vuelta los tambores, moví todas las piezas y puse el bombo a la izquierda, hacia mi pie hábil y de ahí en más me fue todo mucho más fácil.

E: ¿Una anécdota?

V: Muchas, pero una grabada con fuego en mi alma. Un día, luego de terminar de rendir el último examen final, mediados de noviembre de 1967, esperando en Eusebio Ayala y Kubischek cruzar la avenida para ir a mi casa, se detuvo una furgoneta llena de instrumentos y de músicos, el bajista Justy Velázquez, con quien luego compartiría largos años de escenario, estaba con ellos y me pidió como un favor especial acompañarlos, me explicó que tenían una actuación esa noche en Clorinda, Argentina y que el baterista no había aparecido, que retornaríamos esa misma noche. Solo evalué algunos segundos y abordé el transporte, con lo puesto y le pedí a un conocido que comunicara en casa que me iba de viaje. La aventura duró cuarenta días, de Clorinda fueron saliendo otros contratos, algunos cobrábamos, otros nos estafaron, así llegamos a Rosario, muy lejos de casa, ahí pasamos navidad en medio de tremendas privaciones, luego se tuvieron que vender algunos equipos para poder tomar un tren de carga que venía hasta Resistencia y de ahí como pudimos, llegamos hasta puerto Pilcomayo y el 31 de diciembre de 1967, último día del año, cruzamos el rio Paraguay y retornamos a casa. Fue una enorme experiencia que sirvió para curtir mi espíritu y aprender que el camino de la carrera de músico estaba llena de obstáculos, como pruebas casi infranqueables y que sólo el convencido de su amor a ella como para abrazarla como profesión, se atreve a desafiarlos.

Luego formamos un grupo al cual le pusimos el nombre VIPs, very important people, un nombre muy presuntuoso, con Alex Arce, de quince años, Justy Velázquez, mi compañero de la aventura argentina, de dieciséis, Freddy Pérez de diecisiete y yo ya con dieciocho años.

 

 

E: ¿Qué tipo de música tocaban?

V: Tocábamos música pop, música popular con mucha electrónica. Estaba a punto de abrir sus puertas una discoteca, un boliche que se llamaba Mau Mau, sobre la avenida Mariscal López y Pitiantuta, era 1969 y convocaron a un concurso para contratar un grupo de música que animara todas sus noches. Ganamos ese concurso y formamos parte del Mau Mau casi dos años y durante ese tiempo tocábamos todas las noches y cobrábamos un dinero que jamás pensábamos ganar, pero era la recompensa por nuestra dedicación. Nosotros no decidimos ser músicos para ganar dinero, solo nos apasionaba la música, éramos músicos porque la música era nuestra gran pasión.

Luego a principios de los setenta, creo que en mayo, se hizo el primer festival de música Beat y fue organizado por Arturo Rubín, en el estadio Comuneros, se presentaron muchísimos grupos, con los VIPs, concursamos con una canción que me pertenece en letra y música, Date Prisa y ¡ganamos la competencia!, fue un trofeo importante que me demostró que tenía cierta habilidad para escribir canciones. Disolvimos un año después Los VIPs y cada quién siguió su camino. Al poco, formamos con Lobito Martínez un dúo de instrumentistas y tocábamos en un cabaret, una experiencia fabulosa y rara, él en el teclado y yo en la batería, para que las mujeres del local realizaran sus rituales de baile. El local se llamaba El Dado Rojo. Esa vivencia la conservo intacta, mi querido y gran amigo Jorge Lobito Martínez, quien un tiempo después se convertiría en un genio de la música, orgullo para nuestro país, había compartido conmigo una etapa de su vida de músico. Hasta hoy no podemos resignarnos que una absurda muerte lo haya llevado para siempre de nuestro lado.

E: ¿Y luego de eso?

V: Luego de la experiencia con Lobito, me convocaron los hermanos Orrego, entonces ellos formaban parte de la gran orquesta típica Los Príncipes del Compás Gran Típica Orrego, un verdadero icono en la historia de la música en nuestro país, fundada en 1936 por don Ladislao Orrego, padre de los hermanos Orrego, de profesión músico, contrabajista y sastre. Ellos querían implementar, sin perder la esencia de típica, música moderna, más electrónica, incluyendo una batería y ahí fui a poner mi grano de arena y desde entonces, los Orrego no solo fueron mis compañeros de orquesta sino parte de mi familia. Mi desempeño en El Nuevo Sonido de Orrego llamó la atención del director de Los Hobbies, Werner Forster, quien un día me convocó para invitarme a formar parte de Los Hobbies, entonces el mejor grupo de música moderna que haya existido en nuestro país, con un éxito arrollador. Obviamente acepté, tenía 22 años y empezaba a tocar el cielo con las manos.

Ya en plena carrera de músico, terminé el bachillerato e intenté ingresar a la facultad de Arquitectura, no lo logré, entonces me dediqué a las letras, a estudiar periodismo en la universidad y unos años después, trabajé en el diario ABC color como periodista en el área de arte y espectáculos donde tuve como compañeros a Jesús Ruiz Nestosa y Alcibíades González Delvalle, dos seres humanos extraordinarios quienes también fueron grandes maestros para mi formación profesional.

En Los Hobbies, coroné con creces mi sueño de ser músico, con unos compañeros fantásticos que formaron parte vital de mi existencia durante casi veinte años, Emilio, Tommy, Emi, Juanca, Freddy, Luis, Nene, capitaneados por Forster, un verdadero padre de quien aprendimos el arte de amar el trabajo, con quienes llevamos adelante proyectos fabulosos, muchos salidos de mi imaginación que ellos aprobaban al instante, confiados en mis instintos. Así, en 1977, llevamos adelante la maratón musical A Ritmo de Corazón, tocamos 24 horas en el parque Carlos Antonio López y juntamos cincuenta mil juguetes para repartir en navidad a los niños y niñas carenciados. Recuerdo que el canal 9 trasmitió por primera vez 24 horas, siguiendo la maratón y el diario Hoy lanzó a la medianoche de esa fecha, una edición extra que se agotó al instante. Fue algo memorable, dos años después, por el año internacional del niño, 1979, batimos nuestro propio record y permanecimos en el escenario, 26 horas tocando, reprisando el mismo éxito y objetivos obtenidos dos años atrás.

Luego siguieron Jamboree Musical, dos ediciones en el Jardín Botánico, eventos que duraban todo el día donde se daban cita miles de familias que iban a disfrutar del espectáculo y del concierto de Los Hobbies.

Como olvidar Cantata Rock, le pedí a mi compañero de ABC color, Jesús Ruiz Nestosa, quien intercambiaba epístolas con un estudiante de música, paraguayo, cursando sus estudios en el Conservatorio Santa Cecilia, en Italia, que creara los poemas para que su amigo estudiante los musicalizara en estilo sinfónico. Jesús aceptó y al terminar sus estudios el joven músico, quien en Italia había compuesto las canciones para las letras enviadas por su amigo, llegado a Asunción, encaramos los ensayos con sesenta y cuatro músicos de la OSCA y la estrenamos con suceso en el teatro Quinta Avenida, en 1981. Nuestro joven compositor y director musical resultó ser quien años después lograría un sitial de privilegio en la historia de la música de nuestro país, el Maestreo Luis Szaran, con quien construimos una amistad para siempre, un compatriota exitoso, reconocido en el mundo entero por su fantástico proyecto Sonidos de la Tierra.

En el 81 fuimos a Santiago de Chile, contratados por un programa ómnibus de la televisión de la Universidad Católica, un programa que duraba ocho horas que se llamaba La Tarde Grande, ahí tocamos cuarenta y cinco minutos con un éxito memorable. Aprovechamos ese viaje y nos quedamos diez días para grabar nuestro primer LP, primer material de temas inéditos de Los Hobbies, temas propios, temas nuestros salidos de nuestra creatividad. Grabamos en el mejor estudio de grabación de Santiago, solventado por nuestro querido amigo Juan Ángel Napout, quien nos dijo que esa oportunidad no la podíamos desaprovechar, que Red Caracol nos apoyaría con diez mil dólares, suficientes para sacar aquel material. Él fue ese día nuestro mecenas, que desde la época inmemorial existen para sostener a los artistas, reiteramos nuestro agradecimiento a Juan Ángel por aquel gesto enorme y generoso de su espíritu sensible, para Los Hobbies.

Con ese dinero grabamos nuestro primer LP donde incluimos una canción que era una más y que no pensábamos iba a tener el éxito que tiene hasta hoy: “Navegando Hacia el Sol, San Bernardino”, con letra mía y música de Luis Alvarez.

 

 

E: ¿Y luego?

V: Luego del fantástico éxito de nuestro primer disco, seguimos grabamos nuestras canciones inéditas como “Una Estúpida Idea”, letra y música mía, igual que “Recuérdame”, “Que se hizo de ti”, “Así te vi partir” y “Réquiem para este siglo” y con mi coautor, Luis Alvarez. Grabamos “Paren Ese Tren”, “La Chica del canario amarillo”, “Adiós Asunción”, “Helio Nueva York”, “Tengo deseos de ti”, “Gaviota”, “Todavía podemos”, “Como hacer”, con música de Nene Salerno y el súper éxito en letra y música de Emilio García, “Mi Paraguay” y tantas otras que pasaron a integrar ese océano desde donde emergen las canciones para alegrar a la humanidad.

Con Los Hobbies disfrutamos de muchísimos viajes, fuimos a Estados Unidos, a ciudades como Nueva York, Washington, Detroit, a tocar para colectividades paraguayas, conocimos Long Island, Atlantic City, New Jersey y tantos otros puntos del globo, gracias a nuestra carrera de músicos.

Lo único que no podemos cambiar en esta vida es el principio y el fin de nuestras existencias, lo que ocurre en ese paréntesis, depende exclusivamente de nosotros, persigamos nuestros sueños poniendo el máximo esfuerzo en dicha tarea, o dejemos transcurrir el tiempo como si fuéramos eternos. Depende de cada uno honrar la vida o tirarla por la borda, hay que actuar teniendo siempre en cuenta que los plazos vencen ¡y de manera vertiginosa!


Fuente: Músicos de Orquestas Bailables Asuncenas 1950 - 1980: Relatos y Anécdotas © Rodolfo Elias Acosta. Rodolfo Elías: Coordinador. Oscar Gaona: Investigador. Vicente Morales: Investigador y responsable de registro fotográfico. Editado con los auspicios del FONDEC. Asunción - Paraguay, 2013 (131 páginas)




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