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LEONARDO GONZÁLEZ


  BONANZA ESPIRITUAL, 2009 - Obras de LEONARDO GONZÁLEZ


BONANZA ESPIRITUAL, 2009 - Obras de LEONARDO GONZÁLEZ

BONANZA ESPIRITUAL

Obras de LEONARDO GONZÁLEZ

Impresión Editora LITOCOLOR S.R.L.

Asunción – Paraguay

2009 (130 páginas)


 

 

Nadie en el universo, jamás, de ninguna manera, y en ningún caso, puede impedir una buena acción.


La valentía es necesaria para los aspirantes espirituales.


¿Cuál es el mejor alimento? La virtud. Por más de que se intente purificar el cuerpo exteriormente, éste no florecerá; y sus potencialidades serán desperdiciadas. Creer que la calidad de la vida mejorará alimentándose bien solamente, es creer que un papiro va a verdecer si se le riega. EL MEJOR ALIMENTO ES UN CORAZÓN PURO.


La virtud no necesita ser superabundante, la bondad no requiere ser excesiva. Se cava el pozo hasta que se encuentra el agua, no más. Luego se disfruta de su frescura y se comparte con los demás. Pero, si es abundante, no daña a nadie; y si es excesiva, beneficia a todos.


Quien hace una excavación muy profunda, puede que no tenga suficientes materiales para construir una morada acorde; quien parte sin saber cuál es su destino, se perderá por el camino. No inicies el sendero espiritual si no darás todo de ti, porque serás pulverizado sin compasión; a diferencia de quien voluntariamente ofrece su vida a Dios, que es pulverizado con-pasión.


El deseo egoísta es energía destructiva.


¿Cuál es la fuerza más poderosa del universo? El perdón


 

EL PERDÓN ES LA ESENCIA DEL AMOR.


La única armadura irrompible es la integridad moral.


La persona hipócrita, puede ser fácilmente doblegada, puesto que lleva una vida doble: solamente hay que encontrar el punto en donde se dobla. No así el discípulo, cuya consistencia, brillo y transparencia se equiparan al diamante.


Uno puede discernir las vibraciones inherentes a cada cosa por uno mismo, a través de la sublimación de la consciencia .


Las sensaciones provocadas por los objetos sensuales son la más burda clase de placer, como la cáscara del caramelo. Las vibraciones provenientes de los objetos ideales se encuentran en el medio, como el caramelo mismo. Pero las causadas por el éxtasis espiritual espontáneo son las de más alta categoría, absolutas, como el sabor mismo del caramelo.


Quien conoce el camino, puede ir por el centro o por el margen. Poco importa qué rumbo tome. Aunque, generalmente, se toma el camino del centro, que es el más evidente, para que los demás no se pierdan.


Una vez lograda, la sabiduría no puede ser abandonada. Por ningún medio jamás se puede negar la verdad, una vez cumplida. ¿Puedes acaso negar tu propia existencia…? Tampoco un maestro puede ocultar la verdad, puesto que su misma vida lo demuestra.


No todos están destinados a ser maestros, pero todos están obligados a seguir la verdad.


Comprender la verdad es como haber encontrado un jardín secreto: no hace falta conocer el aspecto y la fragancia de cada una de las flores: basta con saber en dónde se encuentran. Así también, un santo no necesariamente necesita demostrar su omnisciencia todo el tiempo, basta con utilizar la sabiduría necesaria en el momento requerido.


 

QUIEN CONOCE A DIOS, ES DIOS.


El iluminado se vuelve tan espiritual y lleno de luz, que automáticamente trasciende toda espiritualidad.


El pretender la verdad es también una forma de ilusión; y LA VERDAD ES TODA REAL, PLENA, COMPLETA, PERFECTA: carente de toda ilusoriedad, de todo engaño.


El verdadero sufrimiento es no comprender el sufrimiento.


¿Por qué llorar cuando se puede reír?


El deseo es como la carreta que va arrastrando el buey. Las opiniones son como los barrotes de la jaula del pájaro, que le impiden ser libre. Los pensamientos son como las nubes que impiden ver el sol.


Cuando puedas entrar en éxtasis a voluntad, ya no necesitas buscar a Dios en otro lugar.


Discernimiento y ecuanimidad: las dos manos con las que el sabio trabaja.


Las realizaciones de los maestros del pasado son verdaderamente contundentes, pero de nada te servirán si no sabes quién eres. Por tanto, aspira primero a eso, y comprenderás que ellos son tú, y que tú eres ellos.


“¿Qué hacer con tanto dinero?”, se pregunta quien gana la lotería. “¿Qué hacer con la omnipotencia?”, se pregunta quien ha sido bendecido por Dios.


Un adulto puede jugar con niños si así lo desea, pero un niño no puede tomar parte en el mundo adulto. Así también, los maestros pueden jugar con la existencia como les plazca, pero los demás no pueden comprender la verdad.


El santo se asemeja a alguien que ha encontrado una cantidad inmensa de oro en un país en el cual el oro es desconocido, y en el que carece completamente de valor. Podría ir anunciando por las calles lo valioso de su descubrimiento y compartirlo con todo el mundo, pero nadie entenderá; otros incluso lo considerarán un loco. Con el tiempo, evidentemente muchos aprenderán el verdadero valor del oro, y lo atesorarán; pero no serán ricos es sí mismos, puesto que, al fin y al cabo, es el oro de otra persona. Pero incluso más allá de todo esto se encuentra quien, al ver todo el espectáculo, y aun sabiendo el verdadero valor del oro, no siente necesidad de obtenerlo.


Querer ser santo es también un sutil engaño. Todos son santos: esa es la verdad.


Una persona que dice la verdad siempre, difícilmente puede ser engañada por mucho tiempo. Dios mismo intercederá para que esa persona acceda a la verdad de una u otra manera. EL JUSTO TRIUNFARÁ SIEMPRE.


Por eso no conviene herir a una persona buena, ni dejar que sea herida.


Es mejor sufrir uno mismo el golpe, si se sabe que se ha sido la causa del mal.


Un sabio intenta no herir a nadie, ni siquiera en pensamiento.


El universo no es sino vibración, y quien ve la verdad, está permanentemente consciente de esta realidad. Las personas no son sino ecos de esta vibración, que aunque aparentemente sean cosas distintas, son lo mismo. Esta realidad básica no se escapa en momento alguno de la vista del iluminado.


El uno y los muchos nunca son contradicción: es la experiencia del maestro.


De modo que todo vibra, en una frecuencia particular, que siente todo aquel que tiene la mente purificada. Pero llega un momento en el cual, la pureza de la mente y del corazón son tan abrumadoras, que todo el universo, en sí, rebosa de pureza prístina y perfecta; así como el brillo del sol, cuando amanece, opaca a las estrellas de la noche. Solamente a partir de ese momento, la discriminación entre lo bueno y lo malo, entre lo puro y lo impuro, entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo justo y lo injusto, se hace automáticamente, y sin equivocaciones.


Si la mente está en desorden, el ego o identidad se esparce caóticamente en el río fenoménico y todo parece distinto, separado, conflictivo: son vibraciones heterogéneas. Pero si la mente está en orden, todas las vibraciones son una, en el lago de consciencia en perfecta quietud, homogénea.


La práctica espiritual debe ser llevada a cabo las veinticuatro horas al día. Quien sigue este precepto, comerá divinamente, dormirá divinamente, trabajará divinamente; en fin: su vida y sus pensamientos estarán en una armonía deliciosa; como una bella flor y su correspondiente fragancia exquisita.


La armonía y la desarmonía son las fuerzas básicas del universo. Siendo la última contenida en la primera.


Primero hay que optar entre el bien y el mal. Una vez aprendido que el bien es lo mejor, hay que hacer el bien cuantas veces sea posible, hasta que se hace por sí sólo, automáticamente. Finalmente se puede prescindir tanto del bien como del mal, y dejar todo en manos del omnisciente.


No es necesario estar constantemente consciente del propio corazón que late en el pecho, para que éste siga latiendo. Así también, los aspirantes espirituales quedarán frustrados si intentan beber la oceánica omnisciencia divina, en la limitada tacita de la mente. Aunque evidentemente, lo mejor es recordarle constantemente a Dios… sólo que, luego de aprehender su esencia, se vuelve tan inútil como quien dice: “Me late el corazón, me late el corazón”.


El sabio no desdeña el mundo, pero sí comprende la futilidad de las cosas meramente humanas. Pero ni aun así negará la ayuda requerida, ni el auxilio pedido, ni el consejo demandado con sincera humildad. Él ve, como por rayos X, el corazón mismo de las cosas: no puede ser engañado. El tremendo universo no puede engatusar ni confundir a un hombre así, puesto que su visión carente de deseos, ve detrás de y más allá de las vibraciones que conforman la creación. Toda la danza de materia y energía aparece clara y sencilla ante los ojos de su consciencia : nada. Considerándose a sí mismo el más pequeño, obtiene así, la grandeza máxima, comprendiendo todas las cosas.


Aunque un maestro espiritual no abra la boca, sus enseñanzas fluirán por el sólo brillo de su corazón.


El santo no solamente es el pináculo de la evolución humana: es la humanidad misma.


Lo que los aspirantes deben comprender, es que no es particularmente necesario ni conveniente experimentar los dulces frutos de la comunión divina muy de seguido, puesto que intoxicarían a una mente muy débil; así como el exceso de azúcar enfermaría a quien, con una constitución débil, abusa de tan rico condimento. En general, los maestros no se interesan en cuestiones fenoménicas, ni se impresionan, ni las buscan; puesto que han bebido de los misterios de la creación; así como el dueño del circo no se asombra de los trucos y piruetas de las que son capaces sus empleados, y que tanto embelesan al público.


¿Para qué confiar en Dios cuando puedes confiar en ti mismo? Y, ¿para qué confiar en ti mismo cuando puedes confiar en Dios? Finalmente: CONFÍA, SIMPLEMENTE CONFÍA.


Primero el mundo “de afuera” es tomado como real. Pero a medida que el aspirante va ingresando al reino de Dios, el mundo se vuelve cada vez más ilusorio, irreal, como burbujas a punto de deshacerse; mientras que el mundo espiritual se vuelve fascinantemente tangible, como llenando el universo entero. Finalmente, se ve la naturaleza real de las cosas, el cuerpo de la realidad, en donde no hay distinción alguna entre mundo material y espiritual. Para el verdadero maestro, todo forma parte de sí mismo, y todas las cosas son funciones de su persona.


Aunque el iluminado parezca contradecirse a sí mismo, esto, en realidad, nunca jamás puede acontecer.


Pensamiento, palabra y acción son uno sólo para el que sabe.


No te creas separado de nada ni de nadie. Hay una sola cosa en el universo, ¿sabes “cuál…”? TÚ, YO Y LA ETERNIDAD SOMOS LO MISMO. ¿Qué separación pudo haber desde el principio?


Debes purificar tus ojos hasta el punto en que solamente seas capaz de ver pureza.


Mentir es un suicidio espiritual. ¿Cómo serás capaz de acceder a la verdad si ni siquiera puedes pronunciarla?


Si tu intención es buena, tu corazón está en el lugar correcto. Y si en esta situación, cometes algún error, es de buena fe. Por tanto, si no puedes reparar la situación, no te preocupes. Pero presta mayor atención para la próxima.


Tú mismo eres la escalera al cielo. ¿Te atreves a escalarte a ti mismo?


Aprende la ciencia de mantener tu mente siempre purificada. Por eso, hasta que no detectes tus propias impurezas, escondidas en los rincones oscuros de tu subconsciente, tienes mucho trabajo por hacer. Deja que tu consciencia sea como un farol que ilumine tu vida y tus intenciones. Con el tiempo, no te desviarás ni un centímetro del camino.


Dios ve directamente el corazón, lo exterior sólo sirve para los hombres.


En el mundo interior se encuentran maestro y discípulo.


El hombre común se parece a un sordo que va a un concierto. Ve a la orquesta moviendo sus manos y cuerpos; al director, gesticulando; a la gente, prestando atención; pero no entiende nada de nada. El maestro se parece a la persona que se sienta en primera línea y disfruta plenamente del espectáculo. Así también, la sincronía del mundo es solamente caos para la mente que no entiende; pero es una sinfonía deliciosa que tiene perfecto sentido para el sabio, capaz de distinguir las sutiles variaciones armónicas y melódicas.


Conocerte a ti mismo, llegar a tu propio corazón, entrar en el reino de Dios: todos son sinónimos. Quien pretende monopolizar a Dios, generalmente no lo conoce; quien se erige en autoridad, generalmente no la tiene. Sepan diferenciar entre lo falso y lo auténtico. Si van a la casa de un amigo, y éste les llama desde la puerta, ¡ciertamente que no harán caso de un extraño que se pare en el portón!


El verdadero aspirante sabe que el supremo maestro es Dios mismo.


Por regla general, no conviene alabar al hombre. Al menos, hasta que se desarrolle la intuición verdadera; que prioriza a Dios sobre todas las cosas, y que delega la confianza desde ahí.


Hacer felices a los demás es felicidad. Pero eso no es posible sin ser uno mismo feliz. Por tanto, encuentra la felicidad y enseña a los otros cómo es.


 

QUIEN ES DE LA VERDAD, ES LA VERDAD MISMA.


Claro que existen profetas falsos; pero el verdadero discípulo no es confundido por ellos. Por ejemplo, en la música hay individuos que tienen la capacidad inherente de reconocer las notas musicales. O sea que “perciben y conocen” automáticamente la esencia vibratoria de los sonidos y los identifica, independientemente de que otro venga y le diga lo contrario, o de que una nota no es tal, así como él mismo sabe y comprueba que es. Así también, el verdadero discípulo tiene un “oído absoluto” para comprender y separar la melodía dulcísima, armoniosa y sincera de los maestro de verdad, del canturreo “falsete” de los impostores.


Fuerte no es quien usa violencia para doblegar a los demás; fuerte es quien enfrenta la vida. Valentía no es lanzarse al peligro, es mantener una perfecta sonrisa ante las más graves amenazas.


No es que yo comprenda la verdad, sino que la verdad me comprende a mí.


Ahí donde otros no pueden entender, yo debo comprender. Ahí donde otros no pueden olvidar, yo debo perdonar. Ahí donde otros no pueden continuar, yo debo proseguir.


 

SIEMPRE AHORA.


En el viaje de la vida, nadie sabe a dónde nos dirigimos. Había tres personas en el tren: la primera miraba por la ventana, reconociendo los lugares por los que pasaba por las características del paisaje; la segunda, se ocupaba de que el viaje fuera lo más placentero para todos, sirviéndolos y siendo atento con ellos; y la tercera, simplemente estaba feliz de estar viajando. La primera es un sabio, la segunda un emprendedor y la tercera un devoto.


Si una persona iletrada escucha hablar a un doctor o un abogado, o a un ingeniero, de sus materias, ciertamente que se sentirá muy impresionada, sin entender casi ni una palabra de lo que se dice. Pero a un colega que pase por ahí, le parecerá una cháchara insignificante. Así también, pocas palabritas rimbombantes proferidas por aprovechadores engatusan a muchos insulsos impresionados; pero para el sabio, que conoce los corazones, no es sino cháchara insignificante.


No te dejes impresionar por unas pocas frasecillas coloreadas: ve al hombre detrás de las palabras.


Una persona puede vivir sucia, y otra bañarse muy de seguido: el lavarse a cada rato o el apestar no van a hacer que tenga un nombre distinto del que tiene. Así también, un maestro puede cumplir con los convencionalismos o no: pero eso jamás podrá afectar su verdadera identidad, que conoce en plenitud.


Nada hay más parecido a un espejo que un ser humano.


La bondad; o más bien: el impulso benevolente, es siempre espontáneo.


Debes vencer la ilusión de que eres otra persona. Tú eres todas las personas. En realidad, ni siquiera eres una persona; entonces, ¿cómo podrías ser muchas o todas las personas…? Siendo lo que realmente eres, ¡siendo lo que realmente eres!


Por ahora quizás no puedas controlar tus pensamientos: pero debes controlar más lo que dices.


 

LA CONSCIENCIA ES TODA UNA, TODA PLENA. INDIVISIBLE, SIEMPRE SURGENTE, EXPANSIVA, BRILLANTE.


La religión en sentido último es la perfección en el conocer, en el saber. Y en este contexto, la ciencia verdadera, es un riguroso y sistemático acto de fe.


El mero placer mundano es como el grano de azúcar. El vasto éxtasis cósmico es como un pastel del tamaño de una montaña. No es que los santos desprecien, siquiera, dejen de “desear” los pequeños placeres de la vida; es que la inmensa y fulgente masa de gozo divino es infinitamente más deseable que las migajas insignificantes de placer que el mundo tiene para ofrecer.


El sabio no quiere enseñar, por eso la gente le escucha. El necio quiere hablar a toda costa, por eso nadie le hace caso.


Primero se pretende cambiar el mundo. Luego uno mismo procura cambiar. Finalmente se descubre que todo es perfecto.


¡Cuidado! ¡Cuando veas los cielos abrirse sobre tu cabeza, la tierra bajo tus pies empezará a partirse!


Quien nada teme: ése es el maestro.


El amor hace que todos tengan razón.

 


EL AMOR ES MISTERIOSO. TOTALMENTE MISTERIOSO.


Generalmente, eres menos maduro de lo que piensas.


El nombre de Dios y del diablo es el mismo: “Yo”.


No puedo cambiar a nadie: sólo puedo amarles.


Las creencias deben ser como los autos en las carreteras. Bien encaminadas, estables, compactas, sólidas, en suficiente buen estado como para llevarnos a nuestro destino. Deben ser flexibles, movibles, en la medida en que den paso a los demás “autos”; y no ser excesivamente anchas, para no acaparar todo el camino, para no convertirse en superstición o fanatismo.


Verdaderamente no hay creencias ciertas o equivocadas, solamente creencias de buena fe o de mala fe.


Quien vive en una ciudad importante, no necesita moverse un sólo centímetro para ver gentes de todo el mundo mover sus pies hacia sí mismo. Así también, toda persona que conozca la verdad se vuelve cosmopolita, y destino de peregrinaje de los aspirantes.



Hay que soltar el yo para conocer al yo.


Logra primero una independencia total del mundo. Luego, sin una gota de miedo, entra en el mundo.


¿Cuántas clases de alimento hay? Tres: para el cuerpo, para la mente y para el espíritu. Las comidas, la compañía, y la disciplina espiritual.


Supongamos que Dios se propone construir una represa de eternidad. Entonces llama al sabio, que confecciona los planes, hasta el mínimo y último detalle, habiendo crecido en infinita sabiduría, mientras asimilaba la tarea hasta la perfección. Luego llama al devoto, que con el tremendo esfuerzo de su voluntad, desvía el imponente río fenoménico hacia el canal de amor desinteresado y eterno. Finalmente llama al emprendedor, que con paciencia y perseverancia, levanta hasta los mismos cielos, ladrillo por ladrillo, la represa, que perdurará por eones en la memoria del universo.


Mientras menos cosas quieras de una persona, más pura y armoniosa será tu relación con ella.


Eres como una aspiradora, que aspiras primero lo que te dan tus padres, luego lo que te dan en la escuela, luego en la universidad, y en la sociedad. Entonces, lleno de polvo y suciedad, ¡explotas de tanto aspirar! Si tan sólo hubieses “aspirado” la felicidad, ¡no tendrías necesidad de aspirar a otra cosa más!


El deseo justo te mantendrá protegido.


 

TODA LA ENSEÑANZA DE LOS MAESTROS SE RESUME EN TRES PALABRAS: “HAZ EL BIEN”.


Sé puro, sé inteligente. Nadie come una comida si tiene buenas razones para pensar que está envenenada. Sigue a tu buena conciencia: la consejera infalible. No seas tan necio como para ir en su contra, ¡como el que prende fuego a su propia casa! Es cierto que el discípulo avanzado se va liberando del bien y del mal, pero, a menos que tengas bien afilada la espada del discernimiento, opta siempre por lo seguro; o sea, lo que intuitivamente percibes como la opción correcta. Y por supuesto, vela siempre para que el ladrón del autoengaño no te sorprenda durmiendo.


Haz lo correcto. Siempre, todo el tiempo, sin dudas, automáticamente. Hazlo inmediatamente, con rapidez, sin mirar atrás. Hazlo hasta que se vuelva tan natural como cepillarte los dientes. Luego, haz un poco más. Y desarrolla el discernimiento en los demás casos.


La inocencia del maestro es como la de ochenta mil niños. Y compensa con una sabiduría más profunda que cien mil océanos.


Si tienes pocos pedacitos de pan, pocas palomas aprovecharán. Si esperas un poco, no importa cuántas vengan: tendrás suficiente para todas. Debes estar MUY BIEN PREPARADO para enseñar a los demás.


El sabio es como una planta ubicada en una plantera un poco elevada. Al ser regada lo suficiente, echa un poco de su agua hacia todos lados, y naturalmente se desborda. El sabio es incontenible. El devoto es como el clima, que fluctúa momentos de intensa paz y fresco brillo con tormentas de emociones huracanadas imparables. El devoto es irresistible. Y el emprendedor es como el hormiguero, siempre creciendo, mejorando, sin importar que le vengan a pisar: cada día se viste de perseverancia creativa y constructiva. El emprendedor es irrefrenable.


Respeta todos los niveles de la verdad.


 

EL AMOR ES SU PROPIA RESPUESTA.


El cielo siempre se alza sobre tu cabeza, mayestático, aunque no lo notes. Así también, la sabiduría se almacena en Dios: tu ser más íntimo. Úsalo cuando lo necesites.


La única meta es la felicidad. Y la felicidad es universal. Todo esfuerzo no guiado hacia ella es un desperdicio.


 

¡TÚ ERES LA META!


Fuera de la felicidad, nada existe.


Un buen discípulo, si alguien le señala, admite sus faltas. Un mejor discípulo, ve rápidamente, por sí mismo, estas faltas. Y un discípulo excelente las corrige en un instante.


El deseo tiene tres impulsos. El primero es buscar cumplirse a sí mismo. El segundo, resistirse si el primero falla. Y cuando estos fallan, el tercer impulso es abandonar. El discípulo debe recordar siempre la ilusoriedad del deseo, y manejarlo como quien va cortando rosas en el jardín.


Para que hombre y mujer puedan unirse, deben haber tres pilares o “condiciones”: honestidad, fidelidad y valentía. La valentía es el coraje que tienen en enfrentar, incluso al mundo entero para estar juntos. La fidelidad es la absoluta entrega que se hacen entre sí, sin una pizca de duda. Y la honestidad es el compromiso con la verdad, de vivir juntos en armonía transparente, y morir antes de decirse una mentira el uno al otro. Si estas señales no se manifiestan en los novios, el matrimonio será un infierno. Y si por gracia de Dios poseen estas mayestáticas cualidades, el casamiento será como la armonía entre la tierra y el cielo; porque la mujer será como la madre divina y el hombre como el padre celestial, y su unión será indestructible.


Todo lo innecesario te abandona.


Sea por la vía de las emociones o del razonamiento, la conclusión es la misma: el amor.


Quien soporta la saturación de egos halla un poco más fácil el relacionarse con los demás.


Supón que alguien vive su vida en la oscuridad, normalmente, sin siquiera saber que está en la oscuridad. Y de repente: ¡Pas!, un flash de luz le golpea con la tremenda fuerza de lo desconocido. Naturalmente, el primer impulso es negar, descreer, desconocer un evento que no cuadra con la cosmovisión aceptada. Pero, de nuevo (una vez satisfecha la conmoción con bálsamos tranquilizantes de autoconvencimiento), ¡pas!, otro flash lumínico. Esta vez ya es imposible negar la evidencia: hay algo que no encaja en el mundo. Pero es tan diametralmente opuesto a lo que se está acostumbrado, que parece inconcebible, imposible, simplemente fantasioso: la posibilidad de que haya algo más allá de la oscuridad. Entonces, cuando se va aceptando la idea, surge algo hermoso: que en realidad, no son flashes lumínicos los que alumbran la oscuridad del mundo: sino que eran los PROPIOS OJOS los que estaban cerrados. No había un mundo oscuro en el que penetraba de repente la luz: sino que el verdadero mundo es completamente brillante y esplendoroso: tan sólo los párpados creaban una “oscuridad imaginaria”. Y quien tiene los ojos abiertos, no los cierra nunca más. ¿Cómo hacerlo? Es imposible. Evidentemente, los ojos podrán cerrarse de vez en cuando, pero la experiencia general es VER TODO EL TIEMPO. Quien vive en la oscuridad no puede hacer nada, pero quien es luz, podrá alumbrar al mundo entero.


Ver es destruir-se en la visión. Quien vive consciente es incapaz de pecar. Instantáneamente al darse cuenta, se suelta el carbón ardiente: nadie dejaría que una araña se pasee por su cuerpo. No se negocia con la maldad, simplemente se la deja de hacer. Es como una casa en llamas de la que naturalmente se sale: ¿quién sería tan tonto como para quedarse y repararla?


La liberación del sufrimiento es la aceptación del sufrimiento.


 

ACEPTACIÓN TOTAL ES PERFECCIÓN.


Para todas las preguntas que puedan surgir en este mundo la respuesta es: “Más amor”.


DONDE HAY HUMILDAD, LA SABIDURÍA FLUYE ESPONTÁNEAMENTE. En realidad, siempre fluye espontáneamente, pero se estanca algunas veces por culpa del ego.


Todo lo que hago es beneficioso. Porque aunque yerre, he de admitirlo y reparar el error cueste lo que cueste. Entonces hago el bien; y si me equivoco sin querer, y haga el mal a veces, voy a seguir haciendo el bien.


Que alguien diga que está enamorado, es como que alguien diga que está iluminado: solamente ellos mismos pueden saberlo con certeza absoluta… ¡o solamente ellos se pueden engañar con total estupidez!


El iluminado es un continente. Y la gente le conoce paso a paso. Pero él se explora a sí mismo en un flash instantáneo.


El sabio no puede ser conmovido por el placer o la ganancia; sus acciones sólo son guiadas por el amor.


El deseo se va purificando, volviéndose impersonal y no dañino. Hasta que se convierte en el categórico: “FELICIDAD PARA TODOS, SUFRIMIENTO PARA NADIE”.

 

La santidad es el altruismo es su sentido más pleno, y en su manifestación más concreta.


Más importante que decir: “Voy a obrar sin violencia”, es VER el proceso de la violencia, si se presenta. O si no es como decir: “Si viene un auto a toda velocidad, voy a salir de su camino…”.


Lo que quieres no es importante: compréndelo. Sólo comprendiéndolo puedes aspirar a tenerlo de verdad. Y si lo comprendes totalmente, te darás cuenta de que ni siquiera lo necesitas. COMPRENDER ES TENER.


 

SI SABES QUÉ ES EL AMOR, LA CREACIÓN PUEDE CUIDARSE POR SÍ MISMA.


Tu identidad es como una nube pasajera. Pero tu VERDADERA identidad, brilla como el sol sobre todas las cosas.


La duda es como la muerte en el mundo espiritual.


No pierdas tu tiempo alabando a los hombres: alaba solamente a Dios.


El universo es una sola cosa: energía. La energía es una sola cosa: espíritu. El espíritu es una sola cosa: tú mismo.


 

¿QUIERES CAMBIAR A ALGUIEN? ÁMALE CON MAYOR PROFUNDIDAD.


El sabio ve el mundo a través del la transparencia de su discernimiento. Por eso él nada toca y nada le toca a él.


Lo bueno tiende a perdurar.


Dios es el incesante impulso de hacer el bien.


La felicidad es una lucha. ¡Que la verdad sea tu escudo y el amor tu espada!


El maestro nunca sufre por ignorancia. De hecho: no le es concebible una cosa como el sufrimiento. Sin embargo, si así lo desea, alegremente puede disponer de su cuerpo o su mente para ayudar a alguien a sobrellevar ciertos dolores. También puede disipar instantáneamente las consecuencias negativas (dolorosas) con su sola voluntad. ¡El maestro es verdaderamente benigno!


No de que el maestro sea “perfecto”, en un sentido estricto, sino que a veces cuesta sentir y conocer esta perfección en el universo. Pero si es dable decir de una persona que es perfecta, ciertamente que se trata del maestro.


Ahí donde surja un maestro, los discípulos irán. Ahí donde surja un verdadero propósito, honesto y sincero, el discípulo es bendecido con la aceptación: la sanción interna de que puede lograr sus objetivos.


Dios y el diablo, para el sabio, son dos hermanitos peleándose. Y, claro, él sabe que el bueno siempre tiene la razón. Él sabe.


Una idea errada común es que “somos SOLAMENTE el cuerpo”. El discípulo sabe que su cuerpo verdadero es el universo entero, aunque no lo “sienta” todo el tiempo. ¿O es que tú dejas de “ser” tu brazo si te dormiste sobre él y amanece dormido?


Cuando entro en éxtasis hablando de cosas espirituales, es como si dijera, mirándome desde lejos: “¿Quién está hablando de mí?”.


Si cuestionas al maestro, cuestionas a la vida misma.


Cuando llegues al estado en que las cosas sean completamente inefables, no te digo que verás las puertas del paraíso, sino que tú mismo serás esas puertas; a través de las cuales otras personas podrán acceder a ese estado. Entonces, es el estado el que cuenta, no la persona. EL ILUMINADO ES COMO LA CIGARRA, QUE DEJA TIRADO SU PELLEJO POR AHÍ, PARA NAVEGAR EN LA INMENSIDAD DEL ESPÍRITU.


El verdadero maestro es omnipotente, como el mismísimo Dios. De hecho: es Dios encarnado. Pero no usa sus poderes tan fácilmente: y menos aun en beneficio propio. O si no, ¿qué diferencia habría entre él y un político cualquiera que se aprovecha del poder de su cargo?


Si te tratas a ti mismo como un pedazo de carne, es natural que sufras como tal. ¡Despierta! Conócete a ti mismo como el creador de este universo, el infinitamente compasivo y omnisciente Dios más allá de todo.


Amor es vivir completa y eternamente el instante presente.


¡Perdona, repara, intenta de nuevo!


La verdadera pureza es una sinfonía de alegría.


El perfecto equilibrio entre alegría y compasión: la mirada del sabio.


Así como la mariposa sobre la flor, todos los poderes del universo se depositan en el santo, de la manera más natural y espontánea. Para otros puede parecer muy significativo, ¡pero él mismo ni se inmuta! La omnipotencia descansa plácidamente en los corazones inocentes.


 

NO HACER DAÑO A NADIE ES LA LEY MORAL SUPREMA.


Una persona puede andar desnuda en su casa si así lo desea, porque nadie le ve. El maestro también disfruta de la manifestación absoluta, indescriptible, silenciosa, supremamente real del Dios desnudo de atributos en la casa de la inmensidad de su espíritu; pero cuando las otras personas lo ven, se pone el ropaje de maestro por amor a los que buscan la verdad.


El sabio no busca en la experiencia nada sino el beneficio de los demás. Él vive tangiblemente el estado de no deseo, dando siempre: y nunca se queda vacío. El recipiente de bendiciones espirituales está constantemente lleno, rebosante, esperando a todo aquel que tenga sed. A través de la experiencia, ha trascendido toda experiencia: porque todo lo hace por amor. Se parece a un padre que reparte su herencia: otros necesitarían o querrían lo que tiene mucho más que él, entonces decide dar con alegría y desapego.


El sabio, el santo y el omnisciente se comprenden a sí mismos como iguales y distintos a la vez. Sus características se mezclan armoniosamente, fulgurantemente, como una cascada de luz. Es como el niño que comprende que luego será adulto, y finalmente anciano: en las tres etapas se conocen las demás, y no existe el apuro de ir de aquí a allá, ni siquiera de definir el estado en el que se está.


Quien desea ver su reflejo en el agua debe esperar a que esta se asiente, para que en la líquida lámina pueda ver su rostro pintado. El propósito del camino es ver el rostro de Dios reflejado en el universo, en toda su esplendorosa belleza. Nadie puede construir una casa mientras haya un terremoto. Así también, al aquietar las tormentas de pensamientos y sentimientos, el sol de absolutidad es fácilmente discernible.


Así como el perro persigue a los autos, así va la persona ordinaria, torturada por sus deseos, corriendo tras ellos en lamentable e interminable despliegue de sufrimiento. ¡Qué contraste con el discípulo que meramente observa el tráfico mental de pensamientos sin sentirse emocionalmente ligado a ellos! Esperemos que se convierta en un maestro, y que simplemente se siente, como el rey que es, en el trono de la no deseación, esperando que cada cosa venga frente a él, totalmente cumplida, perfectamente acabada, sin ningún esfuerzo y concluida de una manera mucho mejor de la que él se imaginaba.


A medida que vayas entrando en el reino de los cielos, el bien y el mal se irán diluyendo.


No importa el verbo; agrégale “con amor”, y se convierte en disciplina espiritual.


No necesitas tener metas para ser ambicioso, no necesitas tomar para emborracharte, no necesitas tener sexo para entrar en éxtasis. Ambiciona su amor, emborráchate en su amor, y piérdete en el infinito éxtasis de su amor.


No renuncies a las cosas, renuncia a tu deseo de tenerlas.


Como una majestuosa águila surcando el cielo entero: así es el maestro; perfectamente calmo y dueño de sí mismo en toda situación. Pleno en su soledad, rebosante en compañía, completo siempre, dando más y más constantemente, floreciendo en el amor continuamente.


¿Qué son la avaricia, la lujuria, la ira, el odio para el maestro? Son como un viejo enemigo por el que ya no se siente rencor; se le ve peleando en contra de otras personas inútilmente, esparciendo zozobra que ya no puede afectar la contundente paz lograda. El maestro sonríe ante estos insectos mientras la suave melodía de la bienaventuranza les va llevando hacia parajes oscuros en los que se pierden para siempre.


Las personas están perdidas dentro de sus propios laberintos de pensamientos y emociones, ¿cómo ayudarles? Encontrando tú mismo la salida, y haciendo brillar la estrella polar de la realización.


La cesación definitiva de la duda es la marca distintiva del discípulo. Y la fe absoluta es la respiración del maestro. Ellos dos son uno.


El amor es su propia recompensa. Y quien vive amando se recompensa constantemente a sí mismo sin necesitar nada más.


¿No está un poco mal de la cabeza quien habla solo, quien se habla a sí mismo? Así también, el maestro no tiene ninguna necesidad de rezar, ya que sería como hablarse a sí mismo. Lo que Él desea acontece, ESA es la suprema ley. Porque en este caso, Dios y el maestro son lo mismo.


Dios no nos da lo que queremos, sino lo que necesitamos. Sin embargo, el discípulo va comprendiendo poco a poco lo que necesita, y lo quiere, puesto que es para su propio bienestar. Entonces, en ese caso, Dios sí nos da lo que queremos.


 

CONFÍA EN ALGUIEN, Y SERÁ DIGNO DE CONFIANZA.


Quien es completamente honesto, perfecto en no posesividad y sin una sola pizca de codicia, ya no necesita trabajar. Dios se tomará a pecho la manutención de una persona así.


El espacio entero son los ojos del maestro, la suma total del tiempo son sus oídos, y el Dios que rellena ambos es su corazón.


El diablo está en la anticipación.


Ser atemporal significa fluir sin forma en el presente perpetuo. La eternidad surge de las palmas del maestro, y las bate al ritmo de la creación entera. La danza sin fin del cosmos sigue. Nunca en realidad empezó…


Reconoce a Dios y todos te reconocerán, ayuda a Dios y todos te ayudarán, admira a Dios y todos te admirarán, colabora con Dios y todos colaborarán contigo.


Confía infinitamente en Dios, así como Él confía en ti. Luego reparte la confianza que sobra entre los hombres, para hacerles a todos dignos de confianza.


¿Quién es el verdadero discípulo? El que aprende de sí mismo ¿Quién es el verdadero maestro? El que se enseña a sí mismo.


Dadas las circunstancias, en las personas, se libera una tremenda cantidad de energía. Cual turbinas de trasbordador espacial explotando con todo: es el “espíritu que se derrama sobre toda carne”. Si la persona está preparada, será liberada de la atracción gravitatoria de la ilusión. Pero si no se encuentra preparada, ¡el trasbordador apuntará hacia abajo!, lo cual será catastrófico para todos. Dios castiga con una mano y bendice con la otra, ¡y pocos hombres saben distinguir con cuál mano son tocados!


Los esfuerzos del ser humano en la vida se asemejan a un avión que quiere despegar. Si las energías se encauzan hacia fines materialistas solamente, el avión nunca se elevará, y hacia el final de la vida, se encontrará solamente frustración e insatisfacción. Pero si las energías se invierten priorizando lo espiritual, el avión despegará, incluso al final mismo, ¡aunque la pista termine en un acantilado!


El maestro sólo sirve hasta que seas capaz de descubrir la verdad por ti mismo. Una vez logrado esto: tú mismo eres el maestro. Y al saber esto, naturalmente tu cabeza se inclina ante el único verdadero maestro: Dios.


Ir de aquí para allá haciendo alboroto no te servirá de nada. La semilla germina en el lugar en donde fue plantada.


Los maestros nunca se enorgullecen de su sabiduría, porque saben que no es de ellos.


Hay un hombre, atrapado por las aguas, pidiendo auxilio en altamar. Y había tres individuos en un bote. El primero de ellos, simplemente espera a que el náufrago nade y se suba por sí mismo junto a él. El segundo le arroja un salvavidas. Pero el tercero salta al agua y le rescata con sus propias manos. Esas son las tres clases de maestros.


Quien ha despertado, está más allá de todo juicio, crítica o impugnación a su persona; pero, ocasionalmente presta atención a las imaginarias quejas de los que le rodean para beneficio de ellos mismos.


Las palabras son solamente herramientas. Sirven para reparar o para construir algo. Una vez hecho el trabajo, se dejan de lado. Sólo los tontos se aferran a sus propias palabras u opiniones, como quien pone sus herramientas bajo su almohada.


El fin máximo de la vida es la felicidad, y quien ha logrado esto, ya cumplió con su misión en la vida.


Somos como frutas. Si somos buenos, tendremos un sabor dulce, fresco y agradable. Y si no nos esforzamos por ser buenos, seremos agrios y mustios.


El maestro puede enseñar múltiples doctrinas o filosofías, si así lo desea; pero su actitud al hacerlo, es como la madre que cuenta historias ficticias al niño, para que duerma tranquilo.


No tener opiniones es bueno. No tener deseos es mejor. No tener pensamientos, es aun mejor.


Quien sabe lo que la vida es, nada más necesita saber.


Dios concede hasta los deseos extravagantes. Por eso hay que tener mucho cuidado al pedir.


Orar y rezar son actividades refrescantes para el espíritu. Pero una muestra de mayor predisposición espiritual es SINTONIZARSE con la divina voluntad, sabiendo que ella proveerá mejor que cualquiera de nuestras más altas expectativas.


Para el santo, lo más natural del mundo es comunicarse constantemente con la divinidad.


Ser omnisciente es: “No saber nada”. Ser omnipresente es: “No estar en ningún lugar”. Ser omnipotente es: “No hacer nada”.


Para aquel que ha conocido a Dios, la palabra “Dios”, no tiene ningún significado.


La verdad fluye plácidamente, como un río de miel, de un corazón compasivo.


Quien tiene fe, tiene discernimiento también. Solamente los sabios pueden alcanzar esa clase de fe. No pueden haber sabios carentes de fe, ni personas con fe que no sean sabias. Pero sí hay crédulos a montones, y necios al por mayor.


La fe es como el oro, la credulidad como el cristal. La primera se guarda, se esconde, por su precioso valor. La segunda se rompe en pedazos cada vez más pequeños.


Los necios están muy ocupados tratando de “mover montañas”; los sabios, admirando su belleza.


¿Cómo puede ser real lo que no es eterno?


Quien se identifica a sí mismo con su cuerpo, debe sufrir las dolencias del cuerpo. Quien se identifica a sí mismo con su mente, debe sufrir las dolencias de la mente. Quien no se identifica a sí mismo con cosa alguna, no sufre ninguna dolencia.


Alegría es flujo y reflujo. Generalmente, solamente se disfruta de la alegría “recibida” de las circunstancias o de los demás; por eso es inevitable caer en el opuesto correspondiente: la tristeza. El truco consiste en ser capaces de disfrutar de la alegría “otorgada” a las circunstancias o a los demás: convertir el dar y el recibir en un único acto de entrega, o de “alegrentrega”.


Para el maestro, que ya ha cumplido con el propósito de su nacimiento, lo que le queda por “resolver”, son meros detalles.


Es natural que el maestro sea malentendido. Ya que, al estar en contacto con las verdades eternas, le resulta algo impropio el tener que enunciarlas en el lenguaje tosco de los seres humanos. Es como envolver oro en papel higiénico.


Si el iluminado hablase así como se comunica con Dios, solamente los ángeles le entenderían. Por tanto, requiere un consciente esfuerzo el transmitir la enseñanza para que todos la comprendan.


El lenguaje del Absoluto es instantáneo. Antes de haberlo pensado, ya se dijo; y antes de haberse dicho, ya se hizo. Y aun antes: ya se ES.


Para Dios y para los hombres, hay un sí mismo, que es absolutidad. ESTO es lo Absoluto.


La belleza del sí mismo es que no está separado de nada.


Ningún mal acontece a quien tiene en su mente el bien.


Es importante no esparcir vibraciones negativas. Por eso, rodéate primero de sabios y virtuosos, y, una vez aprehendido su aroma, comprende que el medio no puede afectarte. Tal cual una isla, en el medio de un río, en la cual está enterrado un tesoro: al fin y al cabo, la limpieza o contaminación del río no puede afectar el brillo de las joyas.


Para el necio, el mundo es como un lobo feroz y hambriento que se alimenta de carne humana. Para el maestro, el mundo es como un cariñoso cachorrito que necesita cariño humano.


¿Quién tiene más mérito? ¿El alcohólico que se abstiene de beber, el drogadicto que se abstiene de su dosis, el lascivo que se abstiene de actividades sexuales? ¿O quizá el meditador que conscientemente “se prohíbe” entrar en éxtasis, para ayudar exteriormente a los demás?


Todo en el iluminado es natural. Es más: la iluminación es lo más natural del mundo.


Educación es canalizar las energías. El ser humano tiene en sí mismo, todo lo que necesita.


La humildad del maestro es completamente inocente, aun más inocente que la de los niños. Él se dobla espontáneamente, cual bambú, cuando los vientos de egos son muy tempestuosos. Pero cuando cesan, y sin que nadie lo perciba, vuelve a su normal estado de elevación.


La mente sujeta a irritación sensorial es como una tormenta en un día gris. La mente purificada por la meditación es como el aroma dulce de una brisa primaveral.


Primero Dios está afuera. Segundo: Dios está adentro. Tercero: Dios y tú son uno.


Quien ve la verdad es devorado por ella.


Quien llega a la iluminación, se da cuenta que no llegó a ningún lugar.


Con ojos perfectamente sanos, insisten en correr teniéndolos cerrados, tropezando, cayendo, sufriendo. ¿Por qué así? ¿Por qué no abrir los ojos y ver directamente la verdad para siempre? El sabio camina con los ojos abiertos, por tanto, no tropieza. Nadie vuelve a la oscuridad una vez que ha visto la luz.


¡Tremendo es el esfuerzo que debe hacer el maestro para permanecer en el mundo! ¿Puede acaso un águila vivir en charcos y lodazales? Aun cuando podría devorar en un santiamén a las criaturas que viven en el suelo, esta clase de águila decide voluntariamente convivir con los bichitos para evidenciarles que existe otra clase de vida. Y por supuesto que la nostalgia le lleva al cielo de vez en cuando, que es de donde procede, y en donde pertenece. ¡Ojalá que lleve consigo nuevas compañeras transmutadas!


El santo cae en éxtasis a voluntad.


Así conoceréis al maestro: todo lo que dice, se cumple.


Esfuérzate; o si no, te forzarán.


Algunos “culpan” a Dios del “lamentable” estado del mundo. Pero esto es tan tonto como culpar al arquitecto del estado en que se encuentre una casa, después de que los inquilinos la hubiesen maltratado.


Dios no es bueno ni malo; pero, siendo bueno, está más allá de la bondad.


Quien está abajo, no puede ver lo de arriba; pero quien está arriba, puede ver todo lo de abajo. Así también el malo ni su propia maldad puede comprender; pero el bueno, además de comprender su propia bondad, comprende y perdona la maldad de los demás.


Un viajero cruzaba el desierto, y, tras quedarse sin agua y esperar lo peor, finalmente encuentra un oasis. Sacia su sed, pero no necesariamente se queda a vivir en el oasis, sino que sigue su camino. Por eso el santo o buda es y será siempre un nómada navegando el infinito, teniendo en el eterno viaje su morada.


Un hombre llevaba viviendo muchos años en una habitación lleno de cosas, en la oscuridad, cuando de repente se abren puertas y ventanas y todo se llena de luz. Las cosas siguen en su mismo lugar, que el hombre conoce bien: ¡pero cuán distintas se ven! La iluminación no cambia nada, sólo da el verdadero sentido a lo que ya había: sin mover nada, pone todo en su lugar.


Quien nace del espíritu ya no puede morir. Porque ya ha “muerto”.


Los iluminados prácticamente nunca se involucran en cuestiones de poder humano. ¿De qué le serviría a un rey de verdad, hacer el papel de rey en una obra de teatro?


Primero uno pide, pide, pide. Después empieza a dar, dar, dar. Luego se vuelve inconmensurable.


Un poder abrumador reside en tu propio corazón.


Si eres bueno, no necesariamente estarás exento de sufrimiento; pero al menos COMPRENDERÁS tu sufrimiento, lo cual ya es mucho. Es como dos hombres en un laberinto; el primero cayendo en desesperación y angustia al saberse completamente perdido y abandonado; no así el segundo, que no cejará esfuerzos hasta llegar a la salida.


Realizar el infinito en carne propia. Eso es a lo que debes aspirar.


El máximo conocimiento es: “Nadie sabe nada”. Un conocimiento de menor envergadura es: “Yo soy”. Y aun si ese estadio no es posible alcanzar, debes decirte: “Yo soy Dios”. Pero si ni eso eres capaz de entender, puedes decir: “Debo ser santo, bueno, virtuoso”. Así llegarás a saber todo.


Si ya has conseguido “la perla de gran valor”, no necesitas seguir buceando... pero puedes volver a tales profundidades cada vez que quieras.


 

EL UNIVERSO NO NECESITA DEJAR DE SER UN MISTERIO, AUNQUE SÍ DEBE CONVERTIRSE EN UN MISTERIO GOZOSO.


Enfréntate a ti mismo, véncete a ti mismo, mejórate a ti mismo.


Una estrella no puede eclipsar a otra estrella: solamente la luna puede eclipsar a una estrella, momentáneamente. Así también, un maestro no puede ser eclipsado por otro maestro, antes bien: se alumbran mutuamente. Sin embargo, la irrealidad a veces crea la ilusión de que el maestro es “menos”; aunque en verdad esto nunca puede ser así. Sería como que la luz esparza oscuridad. Todos los maestros son iguales: son luz eterna.


Debes seguir una línea de comportamiento coherente con tu propio corazón, no afectada por las circunstancias. Si cambias cada rato de ideales, ¿qué progreso espiritual podrás lograr? Serás como el hombre que reconstruía su casa dependiendo del clima que hiciese.


Un verdadero ser humano con principios es una fortaleza inexpugnable.


¿Por qué mentir si se puede decir la verdad? ¿Por qué ser deshonesto si se puede ser honesto? ¿Por qué ser infiel cuando se puede ser fiel? ¿Por qué ser tosco cuando se puede ser amable?


Supón que tienes una fortuna considerable. Sueles compartirla con los demás y te aprecian por ello. Pero también sucede conoces al hombre más rico del mundo, cuyas riquezas son vastas, inmensas, inconmensurables; y que, incluso, él es tu amigo, y te aprecia. Ahora: ¿no irías a ufanarte de tu dinero sabiendo que tu posición es insignificante delante de tu amigo, aunque sea considerable frente a los demás, verdad? Así también, un sabio, nunca se ensalza a sí mismo, porque sabe que “su” sabiduría viene directamente de Dios, que es el verdadero dueño de toda riqueza. Dios es omnisapiente, omnisciente, todo sabiduría, inabarcable, inconcebible. Y aunque el sabio considere oportuno revelar su condición, lo hace sabiendo que aunque enseñare sabiduría divina desde el nacimiento hasta la muerte, todos los días de su vida, todo el día, no alcanzaría siquiera una pizca de la sabiduría de DIOS: EL VERDADERO SABIO.


Nadie tiene secretos para Dios, pero, ¿quién es lo suficientemente íntegro como para no tener secretos con los hombres?


Seguir los PRINCIPIOS lleva a la PUREZA. Seguir la pureza lleva al PODER. Y abandonar finalmente el poder lleva a la PERFECCIÓN.


El mundano tiene que trabajar por las cosas que quiere. El principiante debe pedir lo que necesita. El discípulo solamente tiene que pensar y se cumple. Y el maestro no hace absolutamente nada y Dios se ocupa de darle todo lo que necesita antes de que lo necesite.


Un muchacho deja su ciudad natal y viaja por el mundo. Luego de muchos años, regresa como hombre, más maduro, más comprensivo; y aunque su ciudad no ha variado un ápice, le parece un lugar completamente distinto. Es lo mismo con la verdad. Aunque no haya ningún cambio: todo es diferente.


Hay más poder espiritual en un gramo de carne del cuerpo del maestro que en todo el universo entero. De hecho, la totalidad del universo, es sólo un gramo del cuerpo verdadero del maestro.


Saber qué es lo correcto y no hacerlo inmediatamente, es pereza espiritual.


Exploración, meditación, práctica. ¡Gloria!


“Bienaventuranza” es el apellido de todos los maestros.


Una roca es más blanda que la resolución del discípulo.


¿Qué es el ser humano? ENERGÍA CONSCIENTE. Energía consciente de sí misma.


Al darte cuenta que Dios es tu padre (infinitamente poderoso, infinitamente amoroso, infinitamente millonario, infinitamente sabio), puedes hacer “lo que te plazca”. Por ejemplo, puedes estudiar y convertirte en un maestro, para poder enseñar a otros; o simplemente puedes hacer lo que te gusta. En realidad, no importa lo que hagas: siempre serás ejemplo para los demás


No es que el maestro no sienta dolor, sino que su dolor, ya no es un obstáculo para llevar una vida plena. Y aunque lo fuera, es momentáneo y él lo sabe. Es como contemplar la luz: los fugaces parpadeos nunca puede ofuscar su majestuoso brillo.


Transforma tus pensamientos en palabras. Transforma tus palabras en acciones.


“Nadie sabe nada” es igual a “yo sé todo”. Es una espada de doble filo y sin mango con la que el sabio hace malabares maravillosos sin herirse jamás.


¿Por qué simplemente no aceptas tu felicidad? Al fin y al cabo, es tu verdadera naturaleza.


Eterna dicha, perpetua bienaventuranza, perenne amor. Son tus cualidades básicas.


El átomo demuestra (al equilibrar en sí fuerzas contrarias) que el bloque primordial no es “el átomo”, sino la “paradoja”. Y así es con cada uno de tus átomos mentales. Cada pensamiento es una partícula doble.


Tu ego es tan real como un espejismo. Si te acercas mucho; o incluso, si meramente lo analizas con buen discernimiento, verás lo pronto que se esfuma. Y aunque no desaparezca, conocerás lo irreal que es.


Busco y busco y no encuentro mi persona. Al encontrarme a mí mismo mi ego se destruyó. Sólo que su cadáver se mueve chistosamente para entretener a los demás; que son yo también. E incluso, cuando el ego “resucita” momentáneamente, yo no estoy ahí. “Yo soy” es la “idea” que flota generalmente en la consciencia universal; pero la nube que se pasea por este paquete consciente particular es “No sé”.


Aparentemente, los demás están vivos y yo muerto; ellos son sabios y yo ignorante. Aunque me es difícil entender el porqué persisten y persisten en sus sufrimientos...


¿Qué es ilusión? Todo lo que no sea amor.


La sabiduría es el conocimiento divinamente inspirado. Es el regalo a quienes deponen su ego, al menos momentáneamente, mientras ejecutan funciones mentales. El discernimiento es meditar con amor, desapego y ecuanimidad sobre una cuestión, para desentrañar la verdad. La sabiduría es intuitiva, y por lo tanto, instantánea; accesible en cualquier circunstancia con la condición de estar sintonizados con Dios. Mas el discernimiento es la armoniosa fusión de las naturalezas masculina y femenina del ser humano; o sea, la integración de la razón y el sentimiento en un proceso consciente. La intuición es conocimiento asertivo, certero, irrefutable, instantáneo y efectivo de una cosa independientemente del tiempo y del espacio u otra condición cognoscitiva. El discernimiento tiene chispas de sabiduría e intuición, es la manera de conocer del sabio. La sabiduría impersonal, carente de toda coacción individual, la ejercen los santos. Y la intuición constante es la diaria dieta de los omniscientes.


 

TRATA A LOS DEMÁS COMO A ÁNGELES, Y SE CONVERTIRÁN EN ÁNGELES.


El mundo espiritual es como un hombre sordo que entra a una discoteca. Ve a todos bailando animadamente, algunos están borrachos, otros se mueven de manera grotesca, otros hacen muecas y otros se quedan quietos: pero todos de alguna manera oyen la estruendosa música. La mayoría está intentando seguir el ritmo a su propia manera, unos lo hacen bien, otros se pisan, e incluso hay quien se resbala y cae. Y el sordo simplemente los observa sin sentirse particularmente atraído o identificado con lo que hagan los demás. Así también, el discípulo, está “sordo” al caótico ruido del mundo, mientras que la persona meramente mundana, se ahoga, lo sepa o no, en la turbulencia del mar de egos.


 

EL AMOR VENCE LA ILUSIÓN


No seas tan tonto como para esperar que el maestro sea “perfecto”. ¡Mientras no vislumbres el infinito panorama de las posibilidades de la verdad, el único escudo que te protege es tu fe; o mejor dicho: tu propia convicción! SOLAMENTE OJOS PUROS PODRÁN VER PUREZA VERDADERA. Acepta su visión como trastocada por la comprensión omnipenetrante, por la consciencia unificadora que comprende la realidad y la ha asimilado, trascendiendo el sufrimiento. Sin embargo: debes perfeccionarte. ¡Y nunca caigas en el error de creerte lo suficientemente perfeccionado! Solamente Dios es perfección pura, acabada, terminante. Tú sigue luchando.


La vida te enseña ciertas cosas. Si ya las estas estudiando por tu propia cuenta, no necesitas ni libros, ni profesores, ni diplomas que te desvíen de ese estudio, puesto que enseñan otro tipo de cosas. Y si puedes sobrellevar ambas cosas, ¡entonces te digo que eres verdaderamente grande!


En última instancia, la palabra de los maestros es el último bastión al cual el discípulo debe asirse, adherirse, aferrarse, y hasta si se quiere, apegarse. Al menos, hasta que no sea capaz de contender mano a mano con la muerte.



PERSEVERA EN EL AMOR. POR FAVOR.


Hay que correr mucho del camino para empezar a caminar en él. En realidad: todo es el camino.


¿Qué es la salud física? Dejar que el cuerpo funcione normalmente sin interferir en su sabiduría intrínseca. ¿Qué es la salud mental? La dedicación constante, firme y automática a lo que es real, y el abandono de lo ilusorio.


 

LA PERFECCIÓN ES LA VIRTUOSA INCONSCIENCIA TOTAL.


En realidad, conocer la verdad es imposible. Baste con conocer lo irreal. En lo que concierne a lo relativo, sólo hay manifestaciones de la verdad, no un “conocimiento” de ella. Y en lo que concierne a la verdad misma, sólo hay ser. Por tanto, CONOCER LA VERDAD ES SER LA VERDAD.


Nunca hay otra cosa que “ser”. Nada hay aparte del ser. El ser es lo único que hay. Fuera del ser no hay nada.


Hay tres tipos de ignorancia: la ignorancia ignorante (la del analfabeto, la del tosco); la ignorancia instruida (la del universitario, la del técnico) y la ignorancia omnisciente (la de los santos y sabios). Nadie está exento de cierta ignorancia, salvo Dios, que es todo-sabiduría, todo el tiempo; y aun, más allá de la sabiduría y del tiempo.


Aceptación total de uno mismo es perfección de sabiduría, misericordioso y misterioso amor.


Las plantitas de seres humanos no pueden crecer sin el agua de la virtud.


La iluminación es cincuenta por ciento afirmación, veinticinco por ciento realización y veinticinco por ciento la “gracia de Dios”, o lo “incognoscible”, o lo “absoluto”. Luego se vuelve veinticinco afirmación, cincuenta realización y veinticinco lo absoluto. Finalmente es cien por ciento lo absoluto y nada más.


No te preocupes de que alguien interrumpa tus prácticas espirituales. Tarde o temprano te dejarán en paz. ¡Aunque sea por lástima!


Hablar negativamente es un vicio muy dañino. Y aunque no se diga nada negativo, es un desperdicio de energía. E incluso, callar teniendo algo sabio que decir es beneficioso; puesto que la energía positiva se generó automáticamente al haberlo pensado. Energía que ciertamente no se perderá.


Pocos conocen el gozo del sabio: disfrutar de la absorción silenciosa en Dios.


El necio piensa: “¿Cómo me puedo beneficiar?”. El discípulo piensa: “¿Cómo puedo no hacer daño a nadie?”. Y el maestro, actúa directamente, siempre dando felicidad a los demás.


Quien reza para conseguir algo es un adorador de ídolos, un pagano despreciable. Dios no quiere nada, y quien lo conoce y adora apropiadamente, tampoco. ¿Qué tiene que ver Dios con los regateos en el mercado de egos?


“Servir Padre y Madre” significa fusionar nuestras naturalezas racional y emocional en el amalgamado de consciencia intuitiva-equitativa. Pero si eso no es posible, hay que procurar no dar preocupaciones a la madre y buscar siempre la aprobación del padre, en lo posible. Y si los progenitores ya no viven, proveer bienestar a los hijos. Y si no hay hijos, ayudar a los necesitados y a los santos. Y si eso es difícil, esparcir vibraciones positivas y beneficiosas hacia las plantas, animales y seres inanimados.


La inteligencia, en términos espirituales, consiste en tres facultades: primero, saber lo que es el bien; segundo, vislumbrar el camino a él; y tercero, elegir el esfuerzo más eficiente. Cuando se sabe lo que es el bien, es horroroso no optar por él. Cuando nos percatamos del sendero que conduce a él y no lo tomamos, es vergonzoso no hacerlo. Y cuando se nos revela que con el mínimo esfuerzo de nuestra parte podemos impartir el máximo bienestar a los demás, no ponerse en campaña es execrable. En otras palabras: NO HAY EXCUSAS.


No conviene hablar de lo que va en contra del sentido común, si es que no se lo puede representar o demostrar personalmente. Por ejemplo, ¿para qué hablar de caminar sobre el agua si es que no lo puedes hacer? Y si puedes hacerlo, ¿para qué hablar de ello de todos modos?


El maestro es, astronómicamente hablando, un agujero negro: un punto de densidad infinita en el amor. Todo lo que esté alrededor será naturalmente atraído; y mientras más cerca se encuentre del centro, más poderosa y destructiva será la fuerza gravitatoria de la verdad. Hasta que, finalmente, el objeto es enteramente absorbido luego de pasar por la necesaria transformación que le posibilita penetrar en esa dimensión inconcebible. Pero tampoco es obligatorio “entrar” en un agujero negro para transformarse en pura energía; ya que, si el cuerpo llega a cierta “masa crítica” de comprensión, es natural que colapse en sí mismo, convirtiéndose por derecho propio, en una “singularidad”; o sea, en un punto en donde convergen todas las pluralidades. El maestro se metamorfosea en el UNO.


Cuando alguien dice “agua”, el necio piensa en un vaso de agua, el discípulo en el océano, y el maestro en el absoluto. El maestro siempre piensa en lo absoluto. Él es lo absoluto.


Como una ciudad entera sostenida por un pequeño alfiler: así es la psique del maestro. Esclarecimiento abrumador, sabiduría interminable, ciencia eterna, doctrina permanente, discernimiento perpetuo, prudencia inconmensurable y madurez infinita; que solamente se pueden manifestar gotita a gotita, debido limitaciones que le son impropias. Es que las demás mentes arrastran, como el buey su carreta, el tiempo y el espacio, ¡carga pesada de la que no se pueden desprender! Mientras que el maestro, cual roca en el arrecife, es acariciado por las olas de la eternidad, ¡siempre suaves, siempre frescas!


Haz el bien hasta que no haya nada más que hacer.


Maya (la relatividad o ilusión) es una de las cortesanas del Rey Brahman (lo absoluto o real). El rey la envía a su siervo predilecto para probarle. Ella, la más hermosa de todas las mujeres del mundo, primero intenta seducirlo con artimañas y estratagemas; luego con sofismas y argumentos, porque es la más instruida y docta en las ciencias y artes; y finalmente con amenazas e improperios, ya que es la favorita del rey, y sus caprichos están respaldados por poder real. El siervo consigue la victoria y el honor al no ceder, al no caer, al no poseer a la mujer del rey; y éste lo eleva al más alto rango: al de heredero. Finalmente el rey deja en herencia todo su reino y potestad, que incluye, por supuesto a Maya, la de divinal hermosura.


Odio es amor “en movimiento”. Amor es odio “en quietud”. Es simplemente energía indiferenciada que se utiliza de la mejor manera posible siempre, y en cada caso.


El necio toma su ego como el único universo. El sabio se reconoce a sí mismo en la infinita totalidad del universo.


En la guerra convencional, el tiempo es un factor primordial. Mas, en la “guerra espiritual”, el tiempo es el enemigo; puesto que lo que se pretende es conquistar la eternidad. “Aquí y ahora” se llama el general que ganará todas las batallas, y “omnisciencia” es la condición principal para el armisticio. Las fuerzas restantes, descentralizadas y sin coordinación, son mera guerrilla de “pensamientos rebeldes”, que lentamente serán borrados por la “consciencia unificadora” del nuevo gobierno establecido.


No descubrí la verdad. Nadie descubre la verdad. Ni siquiera ella te descubre a ti. Sino que hay un continuo, incesante y permanente descubrimiento, que alguien hace de sí mismo: la verdad se descubre a sí misma eternamente.


Las cosas humanas (pensamientos, sentimientos, etc.) son harto precarias para que el santo pueda expresar la infinitud del espíritu adecuadamente.


Para que el perdón sea posible, deben haber tres “condiciones”. Primera: la persona debe entender el porqué y el cómo ha llegado a equivocarse, conocer y comprender el daño hecho y a las personas injuriadas. Segunda: debe reparar el error y sus consecuencias negativas en la medida posible. Tercero: una vez cumplidas las anteriores tareas, debe hacer un férreo propósito de no volver a incurrir en la falta; no desear hacerlo nunca más. No hay ser humano perfecto, pero quien siga los pasos citados, prontamente se ganará el cariño de sus congéneres, aun cuando algunas veces les hiera sin querer. El perdón es un arte, y quien se sabe perdonar a sí mismo, fácilmente puede perdonar a los demás. Incluso llega un punto del camino espiritual en que, nuestro perdón puede disipar las consecuencias nocivas de las acciones de los demás (“...el Hijo del hombre tiene potestad de perdonar los pecados”). EL AMOR PERDONA TODO, ENMIENDA TODO, RECTIFICA TODO; y su bálsamo es justicia que no deja resquicio de inquinas, resentimientos o dudas. Quien es verdaderamente sabio usa la misericordia y la justicia en partes perfectamente sincronizadas e iguales, sin perder de vista la equidad jamás.


Amigo: admite claramente que eres Dios, no lo niegues. YO SÉ perentoriamente que eso es un hecho, ¿a quién pretendes engañar?


¿Cómo hace un sólo hombre para vencer a un ejército entero? Simple: deja que el ejército se rinda por sí solo. La iluminación disipa la falsedad así como un sólo rayo de luz penetra en la oscuridad y la desplaza sin remedio. No importa cuántas mentiras conformen el ejército del mundo, un solo hombre justo brilla inmaculado delante de ellas como el sol, y su victoria es tan inevitable como los rayos de luz expandiéndose en el espacio infinito.


Honestidad, madurez y humildad: el sello de todos los relacionamientos del discípulo. Honestidad puesto que se entrega a sí mismo sin distorsiones, sin fingimiento, sin crear ni creer en falsas expectativas, sin negar jamás la verdad absoluta o relativa. Madurez porque es lo suficientemente valiente y comprensivo como para comulgar completamente en el nivel de la persona, ser vivo o ente con quien se relaciona; entendiendo a cabalidad sus impulsos y necesidades, sus deseos legítimos; y luchando lado a lado, codo a codo por resolverlas con el mismo ahínco y pasión (de ahí la compasión: CUM PASSIO). Y humildad porque hace todo esto sin reclamar nada, sin esperar recompensas, reconocimiento, méritos o que se le devuelva el favor. Y aunque sea retribuido (porque no todas las cosas existentes pueden corresponder), no cambia su constante amor y dedicación, no lo tiñe de favoritismo, no lo mancha como si de una coima se tratase. Libre de coacciones y chantajes, el discípulo está emancipado para beneficiar a todos con su trabajo espiritual. Y gana en cada ocasión, una y otra vez, y cada vez mejor y de manera más eficiente. El verdadero discípulo da primero, recibe después; escucha primero, habla después; ama primero, es amado más tarde; ayuda al principio, recibe ayuda al final; y alaba solamente a Dios, aunque todos le alaben

 


¿CÓMO SABER SI LO QUE SIENTO ES AMOR? CUANDO SÉ QUE ALEGREMENTE OFRENDARÍA MI VIDA POR ELLO.


EL AMOR NUNCA FALLA.


Esparcir alegría es una elevadísima práctica espiritual. Alegría inocente, espontánea, desbordante; alegría que no espera nada a cambio, que no busca ganancias, que no se constriñe ni discrimina; alegría que refresca el alma y eleva los pensamientos, que repara el espíritu y compone el ánimo. Alegría sabia y discernidora, alegría en constante contacto con la verdad, ALEGRÍA PLENAMENTE CONSCIENTE DE LA DIVINIDAD. Alegría que no necesariamente sonríe todo el tiempo sino que sopesa las acciones y los efectos y que los soporta con estoica aceptación, alegría que no permite abusos, alegría incompatible con injusticias: alegría que mira perpetuamente el rostro de Dios. En fin: alegría, alegría, ¡alegría!


Creer significa crear.


Tus circunstancias maduran junto contigo.


Es difícil comprender las cosas malas que otros nos hacen, hasta que uno mismo se ve capaz de hacer eso a los demás; y al ver, uno entiende y perdona. El malo siempre “razona”: “Me hicieron a mí primero”, “Hay que pagar con la misma moneda”, “Ojo por ojo”, etc. ¡Parece tan “justificado” en su obrar cuando lo único que quiere es acallar la voz interna que dice suavemente: “No lo hagas”! El bueno, sin embargo, esparce alegría a todo el mundo, sin prejuzgar, sin siquiera mirar a quién hace el bien, o si “se lo merece o no”. Por cuanto que el mal requiere un constante esfuerzo de autoengaño y suplemento de energía negativa, es un verdadero esfuerzo descomunal el mantenerlo por años y años. El bien es indudablemente el camino más corto a la paz porque no hace consideraciones descabelladas, ni pone nada en la balanza, ni reclama nada. HACER EL MAL ES SER UN ESCLAVO PERPETUO, HACER EL BIEN, LIBERAR A LOS DEMÁS.


El omnisciente “no sabe nada, absolutamente nada”. La clave está en saber absolutamente, que es ser en perfecta puridad. Al devolver todo conocimiento a la infinita matriz en la cual está contenido (o sea a Dios), el vacío creado en el maestro le posibilita acceder a cualquier información existente en la eternidad. Somos como puertas, sólo que la mayoría tenemos objetos, porquerías de diversa índole que tapan el camino. Si quitamos todo eso, Dios es libre de manifestarse a través de nosotros en cualquier forma que le plazca, puede “entrar y salir” a voluntad, utilizarnos como le parezca mejor.


La persona no iluminada puede tener inconmensurables logros en su vida, incontables, innumerables, uno tras otro, cada vez más. Pero son meramente ceros que se colocan en fila: no importa cuántos sean, el valor total siempre va a ser cero. El iluminado, sin embargo, aunque “no haya logrado nada en la vida”, agrega solamente un uno en su cuenta, lo que vale más que infinitos ceros apilonados. El discípulo solamente debe pensar en el uno (en la unidad con Dios), y los ceros que vengan después, ¡solamente han de hacer aumentar el valor del uno!


Para el maestro despierto, este mundo no es nada más que un juego de niños. Y ellos son quienes mejor saben jugarlo. Por ejemplo, ¿por qué Jesús le mandó a Pedro a ir a pagar el impuesto con una moneda sacada de dentro de un pez? Es simplemente una de las posibilidades. Jesús podría haber materializado la moneda ahí mismo, o hacer que se borre la deuda, o que se olvide el cobrador, o requerirla de alguno de sus discípulos ricos; en fin: infinitas posibilidades... Pero al ver que podía usar la situación para enseñar, eligió la alternativa más efectiva para el efecto. Pedro pensaba que Jesús podía hacer todas las cosas mencionadas, pero también le costaba aceptar el hecho de que se puede cumplir con las obligaciones mundanas sin “trabajar”; entonces Jesús, con un guiño, le mandó “a pescar”, y al mismo tiempo, a ser testigo de su total dominio de la realidad, sin que necesariamente se tenga que desprender de sus prejuicios tan abruptamente. Dos pájaros de un tiro. Desde esta perspectiva, los maestros son niños que se deleitan jugando bajo la amorosa supervisión del Padre. Finalmente, todo es su lila, su juego.


Simplemente admite que todos y cada uno de tus pensamientos son falsos. Son partículas de maya que desenergizan tu verdadera naturaleza omnisciente.


“Milagro” se llama cada huella que deja el maestro.


La imaginación y los recuerdos son uno para el santo. Pasado y futuro se amalgaman en un presente de perpetuo resplandor.


No pensar tanto en el mundo es un claro signo de progreso.


A medida que Dios vaya entrando en tu ser, querrás cada vez menos. La ecuación es ésta: En la medida en que disminuyan los deseos, se cumplirán. Esta paradoja destruye al ser humano para que solamente quede su divinidad plenamente manifestada. Dios ciertamente no quiere nada excepto sí mismo: perfección. El ser humano entonces puede operar en ambos mundos, cumpliendo lo que quiere (perfeccionando lo imperfecto), y siendo ya mismo perfecto (admirando la perfección divina).


Mientras más rápido se cumplan tus deseos, más cerca estarás de ÉL. Y cuando tus divinos caprichos se cumplan instantáneamente, serás ciertamente ÉL.


El Dios que no cumple instantáneamente tus deseos no es un dios de verdad. No adores nada menos que la perfección misma, manifiesta aquí y ahora.


El discípulo verdadero debe simplemente sentarse, y todos los dioses del universo deben esforzarse por cumplir sus deseos. Como un rey, debe ser servido en su trono y no hacer nada. Y, aunque se vea obligado a hacer tareas como carnear a un chancho, debe reírse al saber: “¡Oh, soy un rey que carnea chanchos!”.


En los altos estados de consciencia, el pensamiento es visto como una erupción urticante, un sarpullido molestoso, una roncha pestilente, una pus desagradable y nauseabunda que nunca tendría que haber existido. Es tal la bienaventuranza extática que quema a la persona como alcanfor: sin dejar rastro alguno en ninguna parte. Entonces se dirige esta energía hacia cauces cristalinos, para que beneficie a otros que todavía se entretienen con todo ello.


El deseo es una enfermedad diabólica que los discípulos evitan como a serpientes venenosas.


Solamente un desquiciado puede tener miedo de sí mismo. Así también, el discípulo que se identifica con el universo entero se ríe de los peligros, puesto que ha dominado a la muerte. ¡El necio que piensa que es meramente el cuerpo es una bolsa de excrementos y nada más!


Los mundanos son como piñatas: se rellenan de porquerías hasta que revientan, y sólo para que se recojan sus restos para ponerse en nuevas piñatas. ¿De qué sirve acumular ciegamente, perseguir frenéticamente, trabajar alocadamente, luchar incesantemente, sólo para convertirse en polvo? ¡Cada cual vive completamente hipnotizado en su propia fantasía que crece y crece como una burbuja a punto de estallar! ¡Inflan el globo contentos hasta que les explota en la cara! La muerte es una muy buena amiga para personas así, porque quizás constituya una pausa a tanto sufrimiento. O quizás no. ¡Termina ahora mismo, discípulo mío, esta adicción vergonzosa al sufrimiento!


Sufrimos porque queremos. Es difícil admitirlo, pero es así. La felicidad, es solamente una decisión consciente y contundente de no sufrir más. De afirmar y ejercer, sin una sola pizca de duda, nuestra divina voluntad para ayudar a otros a hacer este descubrimiento. Finalmente, la constatación es la danza gozosa de un universo que creamos para nuestro propio entretenimiento.


QUERER ES SUFRIR. Quitando el “querer” y el “sufrir”, queda solamente el “es”, la esencia misma del Dios perfectamente dulcificado.


Solamente un necio dice: “No puedo”. ¿Quién no puede? Cascadas de omnipotencia caen sobre su cabeza y él corre buscando un hoyo para imitar al avestruz. Los maestros ríen ante esta palabra: “imposible”. ¡Todos los poderes del universo están en la punta de sus dedos!


Reprende al necio severamente si es necesario. Pero nunca le dejes partir sin una enseñanza.


Para el mundano, su ego es como una gigantesca roca atada al cuello. Para el discípulo, su ego es como un fuego que le quema y le ilumina a la vez. Para el maestro, su ego es como una estrella fugaz que aparece un sólo segundo en el espacio infinito de su ser.


En lo que concierne al ego, utiliza las cuatro técnicas siguientes: la extracción del ego, el ego camaleón, el malabar de egos y el equilibrio de egos. Al principio se diferencia entre el ego propio y el de los demás, después ya no cabe tal distinción. La extracción del ego significa poder evaporar el ego para bloquearlo en una situación en donde podría reaccionar. El ego camaleón es la capacidad de mimetizarlo o adecuarlo a toda circunstancia para no salir nunca de la armonía. El malabar de egos consiste en maniobrar con los egos para conducirlos hacia un escenario más integrado. Y el equilibrio de egos es inyectar energía espiritual que automáticamente congela los egos, para que empiecen a funcionar en equilibrio dinámico.


La modalidad de tu ser funciona en “pedir”. Cámbiala a la modalidad de “dar”.


Cuando ya no se tienen deseos, Dios se vuelve completamente innecesario. De hecho, ¡la mayoría de las personas piensan que Dios es meramente alguien a quien pedirle cosas! ¡Un mero ordenanza, un zángano!


Cuando se tiene todo, no se quiere nada. O sea, cuando no se quiere nada, se tiene todo.


Lidia solamente con hechos, no con opiniones o juicios.


SÉ DIRECTAMENTE DIOS. Deja de hacerme perder tiempo.


“Yo soy” significa que Dios se reconoce a sí mismo. Úsalo.


Es natural que no sepas qué hacer con la omnipotencia. A todos los maestros le sucede.


Sigue el ejemplo, no el entusiasmo.


Aquello que desea, va a ser destruido… junto con lo deseado.


Un hombre contrató a un obrero para que le cave un pozo. No satisfecho con su trabajo, lo despidió y contrató a otro. Pero tampoco le gustó el segundo. Finalmente, él mismo se remangó y terminó el trabajo. ¿Quién cavó el pozo? Poco importa que tengas un maestro físico, varios o ninguno; lo importante es seguir cavando hasta llegar a las frescas y dulcísimas aguas del alma.


Como un leño flotando en el río: así hay que ver al cuerpo. No es sino un objeto entre objetos en el mar de consciencia: una pequeñísima gota en el océano de luz.


Practica asiduamente la ciencia de la paz: la paciencia.


El discípulo entrenado ve el mundo como un baile de máscaras, tratando a cada invitado de acuerdo a su status, posición, situación; admirando las múltiples máscaras, sus detalles, colores y muecas. Sin embargo, íntimamente sabe que si le quita la máscara a cualquier persona, verá el rostro de Dios. Incluso si se quita a sí mismo le verá a Él. Tal es su gozo secreto.


El no-pensamiento también significa que ellos son prístinos, puros, transparentes; que no son partículas molestosas, apestosas, conflictivas. VER LA VERDAD A PESAR DE LOS PENSAMIENTOS ES LO PRIMORDIAL. El discípulo debe dirigir la energía pensativa por caminos positivos, altruistas, empáticos, amorosos; así va convirtiendo el ruido mental en deliciosa melodía que se une a la armonía universal. Finalmente trasciende el pensamiento, porque todos ellos tienen un resultado neto positivo, elevándose hacia el Infinito, tal cual agua hirviendo en un recipiente, cuyas moléculas más afortunadas ascienden en forma de vapor. La mente individual se mezcla, se amalgama y fusiona con la Mente Universal; y puede residir en cualquiera de las dos. Claro, el decir “dos” es sólo para mantener las apariencias, hasta que se ve que todo o todos son nada más que Uno, el Único.


Tener miedo o no querer “morir” es tan absurdo como pretender que una gota de agua sea siempre la misma gota y nada más. El constante flujo de materia, energía, espacio y tiempo (colores de la consciencia) hace que la “vida” sufra continuos cambios y transformaciones. El cuerpo humano no es sino una armoniosa y momentánea configuración de elementos que antes se encontraban en otro lugar. ¿Y qué si esos elementos se esparcen de nuevo? La gota de agua puede evaporarse, volverse lluvia, y finalmente fundirse, perderse; ¡ser una sola cosa con el océano! ¿Qué hay de malo en ello?


Hay que practicar el arte de buscar buenas razones para los acontecimientos. BUENAS RAZONES QUE NO SEAN JUSTIFICACIONES de obras dudosas pasadas, EXCUSAS para no obrar con valentía en el presente, NI FANTASÍAS absurdas que nada tienen que ver con la realidad serenamente discernida.


¿Debería un padre abstenerse de decirle a su hijo que le ama cuando lo siente, o un hijo a su padre? ¡Claro que no! ¡Jamás! Así también el discípulo avanzado, que tiene el gozo dulcísimo del misterio bañando su corazón, ¿se abstendrá acaso de hablar de ello? ¡Muchas veces sí, increíblemente! ¡La dulzura del despertar! Como una mujer recién embarazada, que quiere asegurarse antes de contarle a alguien… ¡Quién como ella! Finalmente el gozo crece en fruición y se expande en manifestaciones irrefutables, ¡nueva vida y nueva delicia!


 

TODO EL UNIVERSO ES SOLAMENTE PRESENCIACIÓN.


Dentro del tiempo: Maya. Fuera del tiempo: Brahman.


Una vida simple, de placeres frugales e inocentes, es una vida dichosa.


Lo más hermoso suele ser simple también, y bueno. Pero lo complicado casi siempre termina derrumbándose por su propio peso, redundante e innecesario. Así que, si es complicado, quizás no sea verdad; pero si es simple, su belleza es apreciable por todos.


La mente debe ser doblegada. Un perro puede ser muy bravo con todo el mundo, pero siempre será obediente con el amo. Sin importar la naturaleza o cualidades de nuestra mente, hay que someterla lo más pronto posible, ¿acaso un guerrero retrocede al saber que su enemigo tiene tal o cual atributo? Primero vence, luego lidia con detalles. Los grandes conquistadores mundanos no rechazaron territorios por ser yermos, al contrario, los conquistaron para que pudiesen prosperar junto con el imperio. Una mente rebelde es como una ciudad en llamas, pero una mente controlada es como firmar un tratado de paz. Quien conquista a la mente es más fuerte que todos los ejércitos y armas del mundo, es el guerrero por excelencia, y el más devoto pacifista; porque triunfa sin luchar, y su victoria es su paz.


Decir que un iluminado siga necesitando la mente es como decir que un pez necesita estar en su pecera una vez que ésta ha sido lanzada al océano. El pececito recorre las planicies oceánicas de la omnisciencia para finalmente diluirse completamente en Dios: el que siempre fue, siempre es, y siempre será.


La emoción es un taladro estridente, fuerza bruta estrepitosa y retumbante. El sentimiento es martillo y cincel, causante de repiqueteos o golpeteos molestosos, de efectividad limitada, generador de polvo irritante. El pensamiento es bisturí, silencioso, filoso, concentrado, peligroso, eficaz.


Nadie se perfuma si va a bajar a las cloacas. Si te ves obligado a lidiar con circunstancias muy mundanas, mantén tu fe y sabiduría en el corazón, no sea que estirando tu lengua la tengas que usar como alfombra. Si te paseas con un collar de perlas por cualquier lugar, de seguro de lo robarán. La fe es un tesoro cuya segura bóveda es el corazón, la sabiduría vino que añeja perfectamente en barriles de discreción.


No seas un robot de la etiqueta, pero tampoco pierdas los escrúpulos. Lidia con las gentes de acuerdo a sus circunstancias, pero no pierdas de vista sus inmortales almas. Si ves con los ojos del corazón, todas las personas que tratan contigo se sentirán reverenciadas, queridas y privilegiadas.


Un hombre ignorante no aprecia la sabiduría, pero sí entiende la amonestación. Un pobre no necesita ser despreciado sino educado. Un enfermo no comprende sus faltas, sino que ansía la medicina. La integridad es la amonestación, la educación y la medicina adecuada para ellos. Puedes recomendarla con palabras, o promoverla directamente con el ejemplo.


Nadie rechaza algo bueno por no creer en ello. Quien gana la lotería dice: “¡No puedo creerlo!”, pero sería un insulso si no aceptase el dinero. Así también, el hecho de creer o no en Dios es irrelevante, pero recibir-Lo es fundamental.


Depender excesivamente de los sentidos es un disparate: hay que desarrollar la intuición. Una madre dice a sus dos hijos: “Voy a preparar la comida”. Uno grita de alegría y sale a jugar, el otro se queda en la sala dudando. Dice: “No estoy seguro de que sea cierto. Una vez mamá no nos cocinó porque tenía que salir…”. Entonces oye el sonido de las cacerolas y cubiertos: “Quizá solamente los va a lavar”. Después huele el aroma que viene de la cocina: “Aunque haga la comida, puede ser que se la lleve a papá en el trabajo…”. Permanece dudando incluso cuando ve a su mamá trayendo la comida y toca el plato frente a él. Sólo cuando su lengua degusta él asevera el hecho, y disfruta a medias el manjar. ¡Qué diferencia del otro hermano que, antes siquiera que la mamá dijera “cocino”, ya intuía que le iba a preparar su comida favorita!


No busques simplemente mejores palabras; busca la verdad con mayor intensidad.


 

UNA VIDA SIMPLE ES UNA VIDA SUPREMA.


LA BELLEZA DE UNA PERSONA ES SU VIRTUD.


Todos conocen el bien y el mal, pero no todos son lo suficientemente valientes como para hacer siempre el bien.


Si te vistes con ropas demasiado lindas, quizás tengas un “alma fea” que ocultar… Pero si tienes un alma linda, ¡hagas lo que hagas no la podrás ocultar!


Dos cosas hay que ser cada vez más: mejor y nada.


No enaltezcas fanáticamente al maestro, porque lo estarás ofendiendo. Míralo como a un prisma, que manifiesta la perfecta luz de Dios en multicolores virtudes humanas. Mira hacia donde él mira, y serás como él; y no un mero idólatra que entra y sale del fuego junto con sus “deidades” de cerámica y ceniza. Y a Dios, por supuesto, hay que adorarlo con sabiduría, porque si insistes en tu necedad, serás tan pagano como un perro ladrando: “¡Dios, dios, dios!”, y se va a oler el traste de cualquiera.


Desde el punto de vista de la gota, hay innumerables formas y apariencias extendiéndose por todas partes. Desde el punto de vista del océano, ¡ni siquiera existe la gota!


Si se toca algo muy, muy caliente, no se siente su temperatura por un segundo. Es porque el sistema nervioso no puede discernir la increíble velocidad de vibración del objeto, hasta un momento después, luego de haber sido irritado y dañado. Así también vibran los deseos a una velocidad por encima de la percepción de una mente inmadura, que no nota cómo se va quemando hasta que es muy tarde. El necio devora sus deseos como tragando lava ardiente, el sabio se sanea a sí mismo como quitando cenizas de la chimenea.


El necio es solamente una convulsión disparada desde el útero, directo a la tumba.


El entrenador de un equipo, puede orientar y corregir a los jugadores, pero no puede participar con ellos. El maestro capacitado también, está restringido de participar en el juego del bien y del mal. En realidad, el maestro es maestro justamente por eso: por haber salido de la cancha del mundo al haber visto la futilidad de competir y rivalizar.


Al cavar, se tiene que apartar la tierra quitada hacia los costados, para llegar al fondo. Así también, al profundizar en el amor, hay que ir apartando las tentadoras montañas de poder que están a nuestra disposición.


Es posible hablar muchos idiomas de este mundo y del siguiente, si el Maestro nos bendice, pero hay que dar preeminencia solamente a dos de ellos: el idioma de los niños, y el idioma del corazón.


Los iluminados son de dos clases: disciplinados, e indisciplinados. Los primeros siguen una línea coherente de comportamiento, los segundos no. En los budas, esta distinción es trivial, como decirle a otro que se afeite teniendo uno barba. Pero no para la muchedumbre, cuyo horror y escándalo es comparable a escuchar a un sanguinario asesino predicar en contra de toda matanza. ¿Puede la idiosincrasia de un maestro incluir orgías, o debiera ser un modelo absoluto de comportamiento, no respirar fuerte siquiera…? Es deber del discípulo “separar la cizaña del trigo”. Baste decir que, iluminado o no, a mayor pureza, mayor poder y gloria verdaderas.


Anhelar tener experiencias extáticas o místicas todo el tiempo, es como desear comer solamente papas fritas.


 

¿QUÉ ES LO MÁS IMPORTANTE EN LA VIDA ESPIRITUAL? LA PRÁCTICA.


El poder es la cáscara de la fruta espiritual, el amor la pulpa.


Un perro puede morder a veces hasta a su dueño. Así reacciona Maya (o el Diablo, o la Ilusión) si no se le tiene bajo control.


La energía deseativa, cuando es inconsciente y para futilidad, se llama capricho, como un pequeño infante revoltoso e inquieto. Cuando es mejor direccionada y manifestada, se llama deseo, como una persona cumpliendo sus objetivos a corto, mediano y largo plazo, con las necesarias cuotas de ansiedad, duda, apuro, etc. Finalmente, cuando es omnidireccional y completamente sosegada, se llama voluntad, como las incontables gotas de lluvia que caen en el exacto lugar en el que tienen que caer y no en otro.


¿Qué es el ego? Hacer círculos en el río.


Un sabio apegado a su sabiduría, no es sino un ladrón despreciable.


No tienes derecho a interrumpir el silencio, a no ser que sepas su valor.


¿Por qué es mejor callar en vez de hablar? Porque al hacer silencio, siempre hemos de disfrutar las sutiles vibraciones del Ser, cuanto tiempo queramos, sin una pizca de disminución. Pero al hablar, si lo hacemos sin atención, perdemos el control unívoco de la situación contemplativa, y el autocontrol de nuestra mente; generando una reacción en cadena en los demás que ya no está en nuestras manos. ¡No conviene hablar si no se siente la dulzura del espíritu revoloteando en nuestros labios como juguetona mariposa!


Carencia de verdad y sobrada amabilidad: hipocresía. Sobrada verdad y carencia de amabilidad: descortesía. Medidas justas de verdad y amabilidad: recta palabra.


Una persona educada es quien se esfuerza en ser cortés. Una persona cortés es quien no le cuesta nada ser educada. Pero la mejor es la persona amable: la que disfruta tratando bien a los demás.


¿Te sientes abrumado por responsabilidades, deudas, conflictos y otras porquerías mundanas? ¡Pues báñate en el Vacío lleno de Plenitud que es tu divinal esencia!


Si tu mente se llega a purificar verdaderamente, ¡incluso la sabiduría te parecerá basura mental!


Sin amor no hay poder.


Sumergiéndote en el Mar de Espíritu, tu “identidad” será un vago recuerdo naufragado.


Una sombra indica que hay “algo arriba” que se está proyectando “hacia abajo”. El mundo no es sino una sombra para el iluminado, un mero y trivial indicador sin valor intrínseco. No importa lo que hagan las sombras, siempre serán sombras y nada más, cosas carentes de significado y sustancia. La Luz es lo que importa: verla y destruirse gloriosamente en ella.


El maestro no necesita ingerir sustancias embriagantes: el ya está borracho antes de probar la primera gota.


Los doctos y eruditos se parecen a una persona que baila con un cadáver: pueden hacer miles de acrobacias con la mente, pero ésta es, al fin y al cabo, una cosa muerta.


Las cuestiones meramente intelectuales o cerebrales se encuentran muy por debajo de la sabiduría siempre fresca del iluminado, que aunque parezca un ignorante según estándares humanos, tiene una consciencia omnipenetrante.


Mientras más sé, menos sé. Mientras menos sé, más sé.


Palabras complicadas, y en grandes cantidades, ahuyentan a la verdad. Palabras simples, y en pocas dosis, la atraen.


La pregunta no es si todo esto va a colapsar o no. La pregunta es dónde vas a estar cuando eso suceda.


Los emprendedores deben comprender que sus acciones son como construir una torre de babel, ¿hasta cuándo se llega verdaderamente al cielo? Los devotos deben comprender que su adoración es como una montaña rusa, ¿cuántas veces querrán hacer el recorrido? Y los sabios deben comprender que su sabiduría se acaba como las vías de un tren que no llegan hasta la otra orilla, ¿cuántas veces repararán el puente? No hay que confundir al actor con la persona real. Dios es nuestra persona real, el ego es el actor en el escenario; es la palabra de los maestros. Sabiendo esto, verdaderamente se puede cumplir con las obligaciones humanas con entera alegría y total naturalidad.

 

Quien cree, podrá o no derivar beneficios de su creencia. Quien no cree, se queda con su no creencia.


Dios primero; todo lo demás después.


Toda regla o ley tiene su excepción, excepto la ley del amor.


Si los niños no comprenden lo que digo, mi enseñanza puede ser tirada a la basura.


Olvidar lo malo, repetir lo bueno.


La clave es hacer obras perfectas en el amor, siendo imperfectos; aceptando alegremente el esfuerzo, regalando desapegadamente el mérito a Dios.


Los novicios escépticos dudan de la palabra del maestro, como quien sospecha cuando se le da un billete completamente legal. Los novicios crédulos toman todo al pie de la letra como quien recibe un billete de juguete y lo agradece. Tanto los unos como los otros no pondrán “a prueba” al maestro, sino que meramente se zarandearán en un mar de dudas y decepciones completamente innecesarias. La manera de conocer al sabio es efectivizando sus palabras; y aunque un necio fuese el que hablase de cosas buenas, ¿no resultará beneficiosa su práctica de todas formas? El ignorante siempre anda buscando pruebas y beneficios; el iluminado, sin embargo, se caracteriza por no buscar: él mismo es la prueba, él mismo es el beneficio.


El maestro no hace distinciones, él opera siempre desde el centro discernidor, absolutamente comprensivo y compasivo. Sus “divisiones” no son de acuerdo a estándares humanos, sino divinos, y siempre en beneficio del mundo entero. Por ejemplo, si a alguno llama “espiritual” y a otro “mundano”, es porque efectivamente ve lo mundano y espiritual en cada átomo del cosmos, al mismo tiempo; y de hecho, él mismo ES intrínseco e inherente a todo ello. Pero algunos discípulos no comprenden, ni ven, entonces se entregan a la malicia y la segregación, traicionando al maestro y a todo lo que representa.


Trascender lo mundano primero, lo espiritual después, y poder desenvolverse de manera suprema en ambas, es haber logrado la maestría.


Las palabras del maestro son oro puro.


Es normal y natural, justo y necesario que el pecador sufra. Mientras sea ignorante de sus intenciones y culpable de sus acciones, el proceso purificador debe continuar. El fuego debe seguir ardiendo mientras haya combustible. Sólo la gracia del maestro puede parar toda esa locura. Entonces el horno permanece encendido mientras el pastel esté crudo. Una vez listo y cocinado, se apaga el fuego y se disfruta la comida.


Estate tranquilo mirando como las semillas de tus deseos legítimos se van convirtiendo en frondosos árboles de realización universal.


La vida del iluminado es una constante plegaria. Pero él mismo no necesita rezar; más bien, contesta las oraciones de los devotos con cada uno de sus actos. Puesto que vive en agradecimiento constante, su vida misma se transforma en gracia, que se esparce como suave bonanza sobre los corazones receptivos.


El maestro no acepta nada que no venga directamente de Dios. Come de la mano de ángeles y su vida misma es un contundente milagro.


Ni ochenta legiones de demonios armados hasta los dientes pueden hacer disminuir ni una milésima la paz del discípulo. Pues en su paz está su progreso, su determinación, su fructificación.


Crecer significa desaparecer. A medida que la sabiduría aumenta, el ego disminuye. Finalmente la sabiduría satura todo, sin la mínima traza de ego. Eso es omnisciencia, o sea, todo-saber.


En la quietud de la meditación constante, el discípulo se va convirtiendo en un roble de oro macizo, indestructible ante los embates kármicos, ante los vientos de causas y tormentas de efectos. Escalando día a día la interior montaña espiritual, se ve a sí mismo, de repente, volando en planicies de creciente realización. En lo que a él respecta, nunca dejó de ser un discípulo, mas, otros se dirigen respetuosamente a él como “maestro”. ¿Cómo sucedió esto? Todo es Su voluntad. Puesto que nada anteriormente conocido por él le prepara para la maestría, es posible que dude por cierto tiempo si la ha logrado o no. Es una prueba de humildad. Porque sólo hay un maestro: el Supremo. Y todos somos Sus discípulos.


Sabrás que tu voluntad es suprema cuando veas este mundo como arcilla en tus manos, lista para ser moldeada a tu antojo. Mas esto es ciertamente baladí en comparación a la verdadera realidad siempre brillante y contundente de Su amor. ¿Para qué ensuciarse las manos con carbón si podemos embelesarnos con el diamante?


 

CONTENTARSE ES SATISFACCIÓN CONSTANTE.


Quien trabaja para el mundo siempre acabará cansado, quien trabaja para Dios siempre terminará satisfecho.


Para el discípulo, las alabanzas son más molestosas que perros aullando, chanchos chillando y cuervos chirriando al mismo tiempo. Él corre de las loas como el ladrón corre de la policía.


El necio desesperadamente intenta comprender, el sabio disfruta del misterio en silencio.


Dios en su papel de diablo querrá probar que eres un fraude. Por eso debes ser cien por ciento sincero, honestidad traslúcida y maciza, sustancial, irrompible. Aun cuando el mundo entero caiga, permanece en pie desafiante. ¡Solamente así Dios te reconocerá como igual!


Mientras no tengas autoridad, trabaja en la humildad. En vano es pretender enseñar a otros cuando sigues teniendo dudas. Luego, cuando la autoridad mane de ti como exquisita fragancia, nadie podrá rebatir tu experiencia. ¡Qué grande es el maestro consagrado, rebosando de autoridad y perfectamente humilde, como un amable rey que no se considera a sí mismo rey!


Todos los maestros naturalmente agachan la cabeza ante Dios. ¡Y el necio empieza a buscar cosas en el piso!


La rectitud es una regla que sirve para dibujar líneas rectas. Una vez aprendido el truco, se desecha la regla. Pero la mayoría de los iluminados la conservan para que discípulos puedan alinear sus conductas a la rectitud, ¡y para romperle en la cabeza al necio retobado!


Pocos quieren ver cara a cara a Dios. La mayoría se conforma con sus pelos o uñas.


Quien busca explicaciones tiene todavía mucho que dudar.


El maestro tampoco puede resistirse, ni rebelarse, ni negarse a enseñar. Su presencia sola es emanación espiritual que activa la sed de los buscadores. ¿Puede el pozo negarse a dar agua a los viajeros? ¡Una flor no puede correr de las abejas! Aunque su lengua sea arrancada de raíz, y sus manos cortadas y echadas al fuego; ¡las enseñanzas y los milagros fluirán de todo su ser como un panal de miel bendita!


¿Dónde encontrar a alguien perfecto en amor, perfecto en virtudes, perfecto en moral? En ningún lugar. TÚ debes convertirte en esa persona.


El amor es infinito. El amor es eterno. El amor es omnipotente.


A medida que el discípulo vaya avanzando, se verá en el siguiente aprieto: el de conseguir las cosas por su propio esfuerzo, o el esperar que Dios provea por sí solo. La diferencia es la misma entre la persona que trepa a un árbol para arrancar la fruta, y la que se coloca simplemente debajo de ella para que caiga directamente en sus manos. En el primer caso, el deseo debe ser justo, y se requiere mucho esfuerzo y perseverancia; en el segundo, el no deseo debe ser sostenido con tremenda paciencia y fe (mientras más grande la fe, menos tiempo de espera; finalmente: absoluta fe, instantáneo cumplimiento de deseos). ¡Alabado sea el maestro que tiene a disposición toneladas de fruta sin jamás haber pedido nada!


¿Por qué el necio se equivoca constantemente? Porque vive apresurado. ¿Por qué el sabio siempre tiene la razón? Porque esperó un poco más.


No trabajar significa: hacer siempre lo que nos agrada. Finalmente: beneficiamos a toda la humanidad simplemente haciendo lo que nos gusta. Y aunque haraganeemos, esto redunda inevitablemente en provecho de alguien. La flor “no hace nada”, y todos disfrutamos de su fragancia.


¿Quieres ver el Reino de los Cielos? Primero debes construirlo con ladrillos de pensamiento recto.


Hay que ser como el alfarero; que discierne barro del polvo, y vasijas del barro. El pensamiento es como polvo esparcido en el espacio de la consciencia, que luego se transforma en palabras barrosas, luego en la realidad objetificada de las acciones; pero, polvo, barro o vasija, pensamientos, palabras o acciones, debemos ver nuestro ser real increado, inmanifestado, verdaderamente real.


Hay ángeles entre nosotros. ¿Qué significa esto? Que hay hombres y mujeres que trascendieron completamente el “condicionamiento” sexual, o sea, que no se consideran a sí mismos hombres ni mujeres. El celibato, tal como su nombre lo indica, es un previo sabor del cielo, un don celestial, rarísimamente otorgado a los discípulos verdaderos. Es un premio, una corona, un laurel de oro que muy pocos conocerán. El que sabe, comprende mis palabras, y recibe mis alabanzas. Y los que no lo saben, que sepan esto: una vez pasadas las pruebas necesarias y recibido el galardón, no dormir en nuestros laureles: aun los ángeles siguen trabajando en el perfeccionamiento del amor.


El celibato es pureza perfecta y alegría exultante. Los ojos del célibe siempre brillan incontaminados, porque solamente ven entes espirituales. Nunca surge la cuestión de la “abstinencia”, porque no hay necesidad. ¿Acaso quien tiene la barriga llena se preocupa de qué va a almorzar? CUANDO EL CORAZÓN ESTÁ REPLETO DE DIOS, LAS PREOCUPACIONES CESAN AUTOMÁTICAMENTE. Así también, la alegría espontánea surge por sí sola, habiendo dejado de lado el desagradable contraste placer-hastío. ¡Benditos sean los célibes!


Placer significa: estimulación del sistema nervioso. Dolor significa: irritación del sistema nervioso. Son irremediablemente inseparables, excepto para el discípulo muy avanzado, que sabe convertir el dolor en hastío insensible, y el placer en gozo divino. Finalmente, sólo queda bienaventuranza.


El iluminado no es afectado por ningún tipo de negatividad. No es tocado por tristeza, dolor o sufrimiento. Su consciencia está entrenada de tal manera que cataliza la negatividad en positividad o neutralidad. En tanto que él desecha lo malo, solamente lo bueno queda.


“Quiero algo” es una sentencia mortal.


La omnisciencia es la ciencia de saber todo sin pasar por el engorroso proceso cognitivo. Solamente Dios conoce a Dios, solamente Dios comprende a Dios, solamente Dios abarca a Dios, solamente Dios es Dios.


SÉ FELIZ AHORA MISMO.


Ser es vivir. Cualquier cosa fuera de eso es muerte.


La realidad es. Todo lo demás, o aparece, o permanece un rato, o desaparece.


¿Cómo se comunica el espacio…? Personas con alto grado de santidad no necesitan hablarse las unas a las otras: con la infinita riqueza de sus silencios, conversan bienaventuradamente. Es un silencio sublimemente exquisito, furiosamente expansivo continuamente creativo.


Un gran nadador puede nadar incluso donde no hay agua. Una gran mente puede pensar tranquilamente sin pensamientos. Y el verdadero amante, aun estando solo, satura el universo entero con su energía amativa.


Certeza absoluta, paz constante, alegría contagiosa, voluntad férrea, disciplina estricta, principios consolidados, sabiduría exuberante, caridad duradera, compasión estable, devoción maciza, entusiasmo persistente, veracidad impoluta y amor paciente. Si tienes todo esto, te alabaré; y Dios mismo se convertirá en tu sirviente.


Trascender lo humano, trascender lo divino, trascender la trascendencia.


La rectitud es suprema. Si eres una persona correcta, hasta tus enemigos te admirarán. Tu sola vida será una inspiración para quien sea, en donde sea, para siempre.


Los maestros espirituales del futuro harán milagros cada vez más asombrosos, a medida que la humanidad vaya evolucionando hacia una consciencia más espiritual. Evidentemente, consideran muy poca cosa los milagros: porque ya son omnipotentes. Una persona que intenta impresionar con milagros se parece a alguien que quiere aparentar ser rico adornándose con joyas, ropas, etc. El maestro, que tiene billones y billones en el banco, simplemente esboza una sonrisa ante tal despliegue.


Sin embargo, el verdadero iluminado no puede esconder su omnipotencia por mucho tiempo. Las personas que están a su lado, le dirán, cual si fuere una celebridad: “Te conozco de algún lado”, o “Sé lo que hiciste”. Es el juego de Dios, que se reconoce a sí mismo.


Amar es entender. Amar la vida es sabiduría. Finalmente, olvida la vida y consubstánciate en el amor.


La enseñanza es simple: HAZ EL BIEN. “¿Y por qué debo hacer el bien, cuál es el sentido?”. Haz el bien y lo sabrás.


La alabanza al maestro es también un medio de ganar la gracia divina. Por ejemplo, un padre regala a su hijo un soldado de juguete, y el niño hace del soldadito un guerrero poderoso que conquista el mundo entero. Así la fe en el maestro verdadero conquista todo. Pero cuando se comprende la Verdad, toda imaginación cesa. Queda, no obstante, el perfecto gozo de Su juego.


El truco consiste en SER Dios, y en no decírselo a nadie; en permanecer abrazado a la perfección sin que nadie lo sepa.


Cuando te dé igual hablar o callar, todo lo que digas será una enseñanza.


¡No quiero discípulos, quiero MAESTROS!


Para el discípulo el éxito es una cuestión de esfuerzo, para el maestro, una cuestión de tiempo.


 

CUANDO NO HAGAS DAÑO A NADIE, NADIE PODRÁ DAÑARTE.


Para retirar plata del banco, primero debes depositarla. Si quieres, por ejemplo, que confíen en ti, confía en las personas. LUEGO recibirás confianza. Y así con todo lo demás. El discípulo siempre va haciendo grandes depósitos y extracciones, hasta estabilizarse. ¡El maestro ya vive exclusivamente de los intereses!


El maestro siente que comprende todo y sin embargo, raras veces lo dice.


La enseñanza fructifica sí o sí, sin importar quién diga qué. ¿Acaso la comida ingerida no va a ser digerida y aportar los nutrientes y energía necesarias? El necio come diciendo: “Esto no me beneficiará”, o “Esta comida sabe horrible”. ¡Sin embargo los maestros nunca se cansarán de cocinar!


Te bendigo para que sigas la rectitud y algún día comprendas la verdad. Si eres correcto, conseguirás inevitablemente todo lo que quieres; si no, todo lo que tengas se hará trizas en tus manos. Y aunque sé que todo está en Sus manos, no puedo evitar el recordarte que debes esforzarte. Ponte en Sus manos, y así tú serás indestructible.


No se puede saber lo que es el amor hasta que uno mismo empiece a amar. Incluso una persona puede ser amada por un maestro verdadero sin saber lo que es el amor; así como un ciego puede ser visto por otros sin que él mismo pueda ver. SE SABE LO QUE ES EL AMOR CUANDO SE AMA. Entonces se comprende. Y el amor solamente es, porque todo lo demás desaparece. Por eso el discípulo no recibe amor sino que lo da; y el maestro es la encarnación misma del amor verdadero.


El maestro “sufre” conjuntamente con el discípulo en el proceso de aprendizaje. Para hacer fuego se frotan y friccionan dos piedras, ardua y esforzadamente. Una de ellas sufre inenarrablemente, la otra sin embargo, sabe que el fuego va a surgir tarde o temprano.


¡La bondad del maestro! Es como un padre que aguanta y soporta los berrinches del hijo malcriado a quien no se le pudo consentir, y que dice enrabietado: “¡Sos un papá malo, malo, malo!”.


Es normal que el discípulo no solamente imagine defectos en el maestro, sino que le increpe inconscientemente sus propios defectos. En lo que concierne a defectos, el maestro sonríe humildemente y agacha la cabeza en humildad. Él sabe.


Solamente Dios es perfecto. En los seres humanos, perfección significa: “Si se cometen errores, éstos no me afectan en lo más mínimo, ni a mí ni a los demás”. La suma de virtudes es inmensa, y los beneficios rebasan ampliamente cualquier desliz en la que pueda “incurrir” el perfecto. Para los demás, el iluminado tiene defectos. Para el iluminado, solamente existe Dios, luz por todos lados.


No hay justificación válida para ningún error, pero una moral perfeccionada lleva siempre a resultados ulteriores beneficiosos. Por eso el maestro es inexpugnable. Por ejemplo, una suma puede tener cifras negativas, pero el resultado final resulta positivo. Así obran los sabios.


El buen humor y el mal humor juegan ping pong con mi ego, pero no me preocupo: Dios es el árbitro.


 

LA SABIDURÍA CURA TODO.


El ego del discípulo puede sentirse extremadamente afligido y perseguido ante la mirada obliterante y omnipenetrante del maestro que todo lo encuentra, todo lo repara, todo lo perdona, todo lo destruye. Entonces, desesperado, el catecúmeno se ve impelido a “esconder” su ego, en un baile paradojal en donde se mezclan fe, duda, admiración, desprecio, hipocresía y simulación junto con autenticidad y franqueza. Evidentemente, el maestro sabe, pero no dice nada; y condesciende amorosamente, en administración justa de recompensa y castigo; demostrando con el ejemplo, probando con hechos, actuando él mismo antes que todos y ante todos, con la máxima rectitud concebible en todos los casos. Finalmente el discípulo, creyendo que se volvió un “maestro” en el arte de camuflar u ocultar su ego, “pilla” el sentido de todo, y viendo su verdadera naturaleza, ya no necesita esconder ningún ego; al contrario, lo utiliza cuando necesario, y lo desecha cuando no tiene uso de él. ¿Y cuando se vuelve un maestro de verdad? Cuando se halla naturalmente y sin esfuerzo en perfecta sintonía con Dios y los otros maestros.


¿Hasta qué punto los verdaderos santos son correctos? Hasta el infinito. En todos los campos de sus vidas, en todas las situaciones y con todas las personas: hasta en los más mínimos detalles. En el hablar, en el comer, en el dormir; ¡hasta en limpiarse el culo despliegan cadencia y concordancia! ¡Y cómo no van a demostrar armoniosa disposición al tratar de cosas divinas y santas, que es lo que más les incumbe y atañe!


Placeres inocentes, alegrías inadvertidas; cuerpo ignoto, espíritu insondable.


Si tu conducta no es impecable, cualquiera podrá decir que es execrable.


Quien quiera dinero debe invertir en los demás. Obras de caridad, proyectos sociales, culturales y el dar directo a la persona son buenas opciones. La pureza neta del gasto debe ser tenida en cuenta también; por ejemplo, si se da a un tercero para contribuir con un enfermo, que se use para las medicinas y el tratamiento en lo posible, en vez de en golosinas, cigarrillos o extravagancias similares que podría querer el intermediario. Pureza implica además un motivo que beneficie a toda la humanidad. “Sé que esto es bueno”, ese es el pensamiento, el aval, el requisito para soltar la billetera. A medida que devengamos menos desapegados al dinero, ahí recién, este empezará a fluir en torrentes. Mientras más semillas se esparzan por más lugares, más fruto habrá para todos.


Tres simples reglas para obtener metafísicamente, el cumplimiento de un deseo justo: 1) Quererlo apropiadamente. 2) Pedirlo adecuadamente. 3) Merecerlo dignamente.


 

UNA SOLA COSA HACE FALTA EN LA VIDA: SABER SER BUENO.


¿Cómo reaccionan las personas cuando escuchan acerca del Camino? La enseñanza primero se recibe con burlas, con risotadas y hasta con insultos. Luego se la discute y refuta. Después se la acepta gradualmente. Finalmente uno guarda silencio. Y cuando la maduración se haya completado, uno empieza a enseñar espontáneamente.


El maestro no puede ser maestro por sí solo: el universo debe coadyuvar. Una planta tiene tremendos deseos de florecer, pero no sabe si logrará hacerlo sola... entonces la espera, la ansiedad y el temor hacen presa de ella hasta que ya no aguanta más: y florece en todo su esplendor. La magia consiste en que, coincidentemente, todo el bosque ha florecido.


El dolor tiene dos importantes lecciones. Uno: No infringir las leyes de la naturaleza inconscientemente. Dos: ser solidarios con el sufrimiento ajeno. Cuando se obra sabiendo esto, el sufrimiento disminuye en un noventa por ciento.


Las percepciones espirituales de quien tiene la mente purificada son tan sutiles, que en ese sublime flujo un átomo puede pesar tanto como un planeta.


El universo no es sino una partícula de polvo en los pies del maestro. Todo es de Él.


El proceso cognitivo ordinario es como la bacteria que va escalando las olas del océano de conocimiento. Los chispazos de omnisciencia son como un avión que sobrevuela el mismo océano. Tomemos el ejemplo de una casa: todo lo que en ella hay le pertenece al dueño. Sería absurdo decir que solamente es de él lo que tiene en la mano en un momento dado. El pequeño trocito de información que se procesa en el presente jamás puede ser un conocimiento infalible, si es que no surge directamente de la verdad. Mientras que el docto procesa datos en la precariedad de su mente, el santo maneja grandes cantidades, torrentes, flujos inmensos de verdades irrefutables. El primero está rascando la superficie de acero del casco de un portaaviones; el segundo, aprehende y dirige gigantescas flotas interestelares.


 

ESTE JUEGO ES SIMPLE: QUIEN AMA MÁS, GANA.


Primero nos comunicamos con Dios con los rituales y liturgias, luego le hablamos directamente, y finalmente ahogamos nuestro corazón en una silenciosa contemplación directa del rostro divino. El marido simplemente mira a la esposa, la esposa no dice nada: ambos se entienden perfectamente. Años y años de intimidad posibilitan una comunicación más allá de las palabras. Por eso el devoto verdadero conoce completamente a Dios, y vive en su presencia real, comulgando con Él de manera incluso más efectiva que con otros seres humanos. Dios entiende absolutamente todo: es nuestro lado de la línea la que debemos restaurar.


¿Cómo puede un mendigo convertirse en emperador? Con el contentamiento.


¿Cómo acorralar a Dios, cómo tenerlo del cuello, “de las bolas”? Así: “Padre: tú y yo sabemos que este proyecto es bueno. Yo ya hice mi parte, ahora es tu turno. Si no haces prosperar esto, será TU CULPA que una buena acción no sea llevada a cabo”.


Si yo me apego al bien, Dios se apega a mí.


Dios no solamente me da todo lo que quiero, sino que me lo entrega en bandeja de oro.


Si no sabes qué hacer, no hagas nada.


Hay que competir con Dios en quién hace más bien al mundo.


Debes esparcirte por todo el universo como una infinita cascada de luz. Nunca bajes de la tarima mental “yo soy ubicuamente, yo estoy por todas partes”.


No conviene que uses el poder espiritual para tu propio beneficio.


El agua puede mezclarse con leche, jugo o sopa, cualquier cosa. Así también, en el amor, que es ser más allá de la consciencia, puedes mezclarte fácilmente con cualquier cosa del cosmos; SER cualquier cosa en el cosmos. Practícalo, y ve como hasta la última estrella en el límite del universo obedece a tu recto pensamiento.


Si vieses las cosas como yo, el espacio entero sería como un sólo gran ojo que ve todas las cosas pero que no puede ser visto.


Lo único real es el amor. El no-amor es la energía separativa, conflictiva, destructiva. “Todo es uno” es la canción que suena siempre en la mente del iluminado. Su amor es reparador, armonizador, restaurador; revelando al fin que nunca hubo alteridad, jamás existió otro sino Él mismo.


Purifica tu corazón, aclara tu mente, lava tu boca, limpia tus manos.


Solamente después de la iluminación se comprende la ilusoriedad de este universo. Mientras tanto, debes ser diligente, fiel, totalmente honesto. Si trabajas en una gran corporación, es probable que nunca siquiera veas al dueño. Pero si quieres conocerlo no puedes ser un mero zángano: tendrás que esforzarte más que todos los demás. ¿Así que por qué no sobresalir brillantemente en la vida y conocer al Creador del mundo? Él te puede dar un puesto importante, ¡incluso hacerte dueño de todo el cosmos!


Si un buen ajedrecista jugase contra un necio, al inicio de la partida ambos tendrán la misma configuración, la misma posición y situación. Solamente a medida que progrese el juego se podrá apreciar la diferencia de nivel, la calidad del juego. En la vida también es así, todos tenemos las mismas piezas y oportunidades, y aun un jugador mediocre puede aprender de sus errores y terminar la partida victoriosamente. ¡Ojalá despliegue hermosas constelaciones de moral, virtud y bondad!


En el juego de ajedrez de la vida, el maestro es el supremo jugador. Nadie puede vivir en la manera en que él lo hace porque no pueden tener tal comprensión. Ni Dios mismo comprende como él, ¡porque está ocupado jugando del otro lado del tablero!


Los hombres son meros peones, que pueden convertirse en piezas de mayor poder, o esfumarse, cambiarse, reciclarse: no tienen tanta importancia. El maestro, sin embargo, es el rey invencible, que aunque de “pasitos” solamente, todo gira a su alrededor, y nunca se le puede “comer”. El hombre empieza jugando en contra de la naturaleza, de las inexorables leyes del mundo (Maya). Después la partida se vuelve interesante porque el oponente se transforma en un espejo de sabiduría, que se vuelve cada vez más hermoso a medida que el jugador crece en discernimiento (Sofía). Y el juego se vuelve cada vez más interesante a pesar de lo intrincado, porque se entiende todo. Finalmente, ambos jugadores se vuelven Uno, y el juego continúa por mero placer, ya no para ganar o perder, sino para manifestar gloria e infinitud (Lila).


El maestro de ajedrez, aun cuando sea un consumado genio en su ciencia, sabe que son meramente piezas y un tablero, y aunque alguien venga y los patee, y se eche todo a perder, esto no disminuye ni una sola pizca su mérito. Él, por amoroso desapego, ve el juego en toda su complejidad, y en toda su sublime hermosura vedada a ojos menos cultivados, pero también tiene la capacidad de ver como un niño lo vería por primera vez: unas figuritas que se pueden tirar o dejar en cualquier lugar. El maestro de la vida también está plenamente capacitado para ver las complejas reglas, situaciones y circunstancias de la vida, sin estar obsesionado, ni condicionado, ni subordinado a ellas; aunque sus jugadas no carecen de excelsa y sobrehumana habilidad.


No se puede abordar el Misterio Primigenio desde ningún ángulo: es perpetuamente inefable. Aun los más grandes maestros comprenden esto, y siguen creciendo dentro del misterio, aceptándolo, gozándolo, siendo uno con Él. Ya que a fin de cuentas, “¿qué hay del otro lado?”. Dios mismo, evidentemente, en toda su esplendorosa plenitud. Así que creciendo en misterio gozoso (que es penetrar en nuestra naturaleza verdadera), vivimos en plenitud. La pared sucumbe cuando nosotros mismos vemos que no hay otra pared que nosotros mismos.


¿Por qué a algunas personas las cosas siempre les salen mal? ¿Y por qué otras, con poco esfuerzo logran grandes hazañas? La armonía es una ley natural del universo que hay que seguir. Las semillas de deseos deben ser plantadas en las fértiles tierras de los tiempos y circunstancias propicias, para que germinen por sí solas. Sin embargo, la mente no entrenada obstaculiza el cumplimiento natural de los deseos de dos maneras: por medio de una reacción adversa que daña el entorno inmediatamente (enojarse, insultar), y generando una mala onda que en el futuro se materializará en circunstancias problemáticas o desagradables (inquina, resentimiento). Vivir en un estado de no-deseación significa “no pensar” más en nuestros deseos, sino admirarnos ante su maravilloso y automático cumplimiento. El subconsciente, que generalmente es el basurero de la mente; se limpia completamente, para volverse el depósito de los deseos que van a ser cumplidos. En los discípulos avanzados, ya no quedan pensamientos propiamente dichos, sino amagos de pensamientos, como huellas en la playa, que siguen el curso de la divina voluntad. Es un “pensar inconsciente” delicioso, que hace surgir multitud de deseos perfectamente florecidos.


La “energía deseativa” se divide en tres cauces principales: pensamiento, palabra y acción. Si se concentra en el primero, es como un majestuoso sol sentado en su trono radiante, alumbrando todas las cosas. Si en el segundo, como el farol plateado de la luna en la noche fría. Si en el tercero, como las luciérnagas de estrellas salpicando un espacio infinito.


¡Cuánto bien puede hacer el meditador simplemente deleitándose en pensamientos positivos! La divina fragancia impregna cada gota de energía mental del discípulo, que hace una alegre ofrenda a la oceánica consciencia del Dios perfectamente dulcificado.


Más perfumadas que las flores silvestres, más dulces que la miel en el panal, más deliciosas que las frutas del campo, más preciosas que montañas de alhajas, más exquisitas que postres refinados, más fulgurantes que luces boreales, más valiosas que oro y diamantes, más frescas que el agua del puro manantial: así son las palabras de mi maestro, ¡a quien presento mi homenaje inmortal!


Humildad constante, sabiduría exuberante.


Así como el padre aprende a ser padre al mismo tiempo que el hijo aprende a ser hijo, el maestro y el discípulo aprenden juntos.


Al chancho y al pecador les gusta revolcarse en el lodo.


No se puede explicar o describir la iluminación o Dios: solamente se puede SER eso. Esa es la mejor explicación, la mejor descripción.


La pureza perfecta no puede ser alcanzada, sólo puede ser ejercitada. Únicamente Dios es perfección en todo.


Si te equivocas, acepta la sanción en silencio. Si te acusan falsamente, sonríe en perfecta humildad.


Si ahogas definitivamente la mente y el corazón en la verdad, disfrutarás de Su pensión de por vida.


Si tú cuidas de tus hijos, ¿no cuidará Dios de los Suyos? ¡Pónte bajo sus alas y que el mundo se vaya al infierno!


Un oído educado siente muchas molestias si se ve forzado a escuchar música desafinada; así también los discípulos avanzados sienten dolor físico al apartarse momentáneamente de la voluntad de Dios. Sus almas evolucionadas han refinado la percepción a tal punto que casi siempre están sintonizadas con Su voluntad suprema, tocando bien afinados en la tonalidad adecuada.


Unas cuantas ranitas en el estanque gritan: “¡Libertad!”. ¿Libertad para qué? ¿Para sufrir? ¿Por qué no entregar esa libertad al Único, que puede ubicarla cómodamente en la armonía universal?


¿Quién es mayor, el peón o el rey? Cualquiera de los dos, con tal de que acepte su papel en el juego.


La comodidad del maestro es equilibrio dinámico. No hace nada, y todo lo manifiesta. No quiere nada, y todo se cumple bajo sus pies.


El “esfuerzo” es desperdicio de energía cuando se conoce la divina voluntad. ¿Dónde hay lugar para intentar o procurar, si lo que se sabe va a acontecer sin escapatoria posible? ¡Los profetas no pueden hacer nada para cambiar el futuro que ven! Esforzarse es señal clara de que hay un deseo inarmónico, una pequeña fruta podrida de la cual podemos deshacernos... si queremos. El esfuerzo apropiado es como balancearse en un columpio, uno se mueve hacia donde ya hay movimiento: el deseo sigue el curso general del universo. Pero si deseamos lo que no es justo, es como caminar en sentido contrario a una estampida... resulta siempre desastroso. A medida que alineemos nuestros deseos con la voluntad de Dios, conseguiremos lo que queremos casi sin ningún esfuerzo. ¿Acaso se rema cuando el viento hincha las velas al máximo?


Por el estudio se observa a la célula a través del microscopio; por la meditación, se la palpa directamente.


La consciencia es el “espacio” que contiene todo el espacio.


Toda teoría, conocimiento o concepto prueba finalmente ser una futilidad. En uno mismo está la evidencia, la experiencia, la verdad.


El verdadero poder es instantáneo, la verdadera sabiduría es inherente.


Así como es el átomo, así es el universo; así como es el corazón, así es la persona.


Primero luchamos en contra de Su ilusión. Luego absorbemos Su sabiduría. Finalmente disfrutamos de Su juego.


Yo sin yo es mi verdadero yo.


El “sí” y el “no” solamente dan vueltas, van al mismo lugar. Pero el “no sé” te centra automáticamente, te pone en el medio.


Mientras mejor elijas, mayor libertad tendrás. Y cuando tu libertad sea total, ya no tendrás que elegir nada.


Seriedad y alegría: la combinación perfecta


El amor da todas las cosas, su verdadero color.


Si no es positivo, no lo hagas.


Es inútil gritar frente a una flor, pretendiendo percibir su fragancia. Hay que estarse quieto frente al maestro: esa es la manera de acercarse al sabio


¿Puede tu sombra hacerte daño? El cosmos entero se doblega a la voluntad del maestro, se amolda a sus sabios caprichos, lo sigue en el juego divino. Comprender que este universo no es siquiera nuestra forma, sino una minúscula partícula de nuestra sombra es aprehender la mitad del misterio. La otra mitad consiste en disfrutar de la eternidad.


Un niño puede negar rotundamente ciertas cosas, que luego irá aceptando por propia experiencia y conveniencia, cuando su comprensión madure. Así también los infantes espirituales pueden negar la existencia del Amor, la Verdad o la Justicia, hasta que beban ellos mismos de la Fuente. ¡Qué rápido se olvida la sed cuando se tiene el agua fresca!


Para el despierto, el sufrimiento no tiene ningún significado, excepto en un contexto metafórico.


Donde termina la memoria, empieza la imaginación. Donde termina la imaginación, empieza la omnisciencia. Y la omnisciencia no es sino una pizquita del Infinito.


Quien quiera ver las luces cosmogónicas deberá invertir muchísimo tiempo en meditación.


El camino no termina en la iluminación. En realidad, al “llegar” a la iluminación, empieza recién la cosa. Iluminación es liberarse irreversiblemente de la consciencia ególatra, del engaño de creer ser el cuerpo-ego solamente.


¿Cuál es la diferencia entre la persona liberada y la persona ordinaria...? Es la misma entre tener los ojos abiertos o cerrados, o entre un cadáver y una persona vida. Nada... y todo.


Aquello por lo que te esfuerzas es irreal.

El sabio habla desde el corazón, el necio hace discurso de loro.


La emoción es como la hormiguita remontando montañas; el sentimiento como un ciervo atravesando bosques; el pensamiento como un águila surcando los cielos.


Hay que usar el pensamiento para ir más allá del pensamiento, como un trampolín que nos catapulte a lo incognoscible. Quien emplea su energía mental de manera común y corriente, se parece a unos pececillos insignificantes atrapados por la red del tiempo; y quien despliega su mente de manera aprehensiva contempla el mar mental desde un despejado cielo de desapego.


El trabajo solamente lleva a más trabajo, las palabras a más palabras, los pensamientos a más pensamientos: toda actividad siempre acarrea una interminable repetición de sí misma. Pero el ser, no lleva a ningún otro lugar, ni acarrea nada. El ser destruye todo, es todo. Es lo único.


En la carrera hacia el infinito, el emprendedor cuenta: una casa, dos iglesias, cinco monjes, treinta feligreses... El devoto suma: tres rezos más cinco penitencias, es igual a un don; treinta ayunos más sesenta meditaciones, es igual a una visión. El sabio multiplica: seis estudios por tres meditaciones, es igual a dos sueños reveladores; siete investigaciones por dos exploraciones, es igual a una verdad mística, etc.


La cantidad no varía la calidad; el quantum no varía la unidad. Tomemos una pequeña gota del mar. Sigue siendo “agua de mar” aunque sea una gota, un vaso o todo el mar; la manera de aumentar la calidad está tanto en la gota como en el mar: entonces la calidad es lo importante, no la cantidad. La saturación de calidad es el quantum: poner más sal a cierta cantidad de agua de mar, que no afecta el hecho de que toda agua de mar (esté presente, al lado, o en otro lugar del aumento cuántico), es, en efecto, agua de mar: entonces la unidad es lo importante, no el quantum.


En lo que concierne al ser (que es Dios o Uno mismo), primero se ve que la “suma de seres” no importa; por ejemplo: todos los seres en un hormiguero, colmena o ciudad: son todos el mismo ser. Luego se desecha también la calidad: como el nivel de consciencia de un ser humano en comparación al de una hormiga, por ejemplo: uno y otro nivel experimentan el mismo ser. Después se trasciende el quantum: o sea el grado de evolución espiritual de una persona en relación a otra: ambos ven al Único. Llegando así a la unidad, que es todo uno y lo mismo: Uno sólo.


La evolución, no es “evolución” propiamente dicha, es sólo un juego de apariencias. En los animales y microorganismos o microvita, se manifiesta de manera rotunda e innegable la CONSCIENCIA, entendida como la “guía” o el “motor” que les impele a actuar de cierta manera. ¿Cómo y por qué una bacteria o una célula “decide” una cosa y no otra? En el ser humano común y corriente se manifiesta la AUTOCONSCIENCIA: la misma capacidad anterior con el agregado de poder “presenciarla”; o sea poder ver claramente el motor o guía, e incluso dirigirlo bajo determinadas condiciones. Finalmente, en los maestros se manifiesta la CONSCIENCIA CÓSMICA, que es todo lo anterior, con el corolario de que ya no existe ninguna diferenciación entre el motor o guía y “él” mismo, excepto como juego de apariencias.


Los átomos, moléculas, virus y bacterias son entes perfectamente desarrollados para el rol que cumplen. No son ciegos en ningún sentido, sino todo lo contrario: siguen armónicamente la “ley inteligente” que los impele a funcionar. De hecho, desde “su” perspectiva, carecen de ley, a no ser que “conscientemente decidan” seguirla; así como los seres humanos pueden vivir armónicamente en una sociedad sin estar obsesionados por las leyes que la rigen. De hecho, la “ley” no es sino una abstracción de las repeticiones exitosas; finalmente el ente se consubstancia con la ley que lo rige, trascendiéndola completamente. Esto es desde el punto de vista del ente; pero para Dios no hay ninguna ley.


Mientras la ciencia convencional separe al observador de lo observado siempre será efímera, y solamente girará en torno a trivialidades y baladíes. A medida que vaya lentamente desechando su proceso separativo, diferencial; su sistematización “objetiva”, se convertirá cada vez más en verdadero y directo SABER, en SCIENS o SCIENTIA, acorde a su acepción originaria. Asimismo, al ver que las fronteras entre las ciencias son sólo aparentes, la unitiva aprehensión del conocimiento tenderá cada vez más a la OMNISCIENCIA: la única y verdadera manera de conocer infaliblemente y para siempre.


La ciencia es meramente descriptiva, la omnisciencia es creativa. Los “descubrimientos” o invenciones de la ciencia convencional, no son sino nuevas combinaciones de elementos ya conocidos, arreglados de tal manera que “surge” una cosa nueva. Tiene un funcionamiento enteramente mecánico, predecible, incluso las grandes inspiraciones que impulsan el cambio de paradigma. Pero la “visión” aceptada por la mayoría, o el sentido común, o la misma ciencia debidamente documentada y probada, ¿no son meramente un mar de opiniones fluctuantes y relativas tomadas por “lo real” en un momento dado, reemplazadas subsecuentemente por otro paradigma, y luego por otro y así…? La omnisciencia, sin embargo crea y recrea constantemente realidades y cosas instantáneamente, sin las vergonzosas limitaciones del espacio y del tempo o de la entropía, en un todo coherente más allá de la contradicción. Es la única manera infalible de conocer verdaderamente, porque sus científicos nunca la desechan como conocimiento obsoleto o inadecuado, o compiten por hacer prevalecer cierto punto de vista, ¡siquiera buscar una descripción más exacta!, sino que todos la refuerzan, prueban y comprueban eternamente. Por eso en la omnisciencia hay uno sólo, que estudia y es estudiado, que conoce y es conocido, que no es meramente distintas combinaciones de información, sino lo que a todo da formación.


¿Cómo saber si se está progresando en el Camino? UNO MISMO ES LA PRUEBA. El gozo siempre creciente que se siente, cada vez más y más, como pilares irrompibles que conforman la base de nuestro ser, es una de las claves para adentrarse valerosamente hacia el decisivo y definitivo éxito. Alguien que nunca se ha enamorado solamente puede saberlo al hacerlo, independientemente de todas las dudas que tenga, o de que haya sido engañado y confundido por otros sentimientos o conceptos. Entonces, cuando sucede, sabe: “Esto es”. Luego puede relacionar y decir: “¡Ahh!, esto significan todas las canciones, poemas, etc.”. Lo mismo sucede en el corazón del discípulo: la inequívoca sensación de certeza, la infalible seguridad y convicción, la indestructible verdad que florece en su ser... Nadie duda del azúcar teniendo su sabor en la lengua, y así también, los caudalosos ríos de miel esplendorosa que fluyen en el sereno corazón del discípulo entrenado le dicen: “Estás bien encaminado. ¡No desanimes!”.


Quien avanza en el Camino espiritual, automáticamente avanza en el camino mundano. Es como viajar en avión, ¿acaso desde el cielo no se recorren todas las carreteras del suelo en un instante?


El amor pocas veces tiene que ver con las relaciones humanas, generalmente enfermizas o traumáticas. Aunque a veces desciende, y repara todo daño y dolor de manera mágica y maravillosa. En lo que concierne a las relaciones humanas, debiéramos poner más cordialidad en ellas (gestos pequeños y gratos, un beso demás, un abrazo sorpresa), así como ponemos condimentos a la comida para que sea más sabrosa. Además, nunca hay una sola razón en una relación, siempre habrán tantas razones como personas: hay que darle dignidad a las opiniones de los demás, según su contexto. Y, en lo que concierne al amor, investigar y profundizar lo más posible para poder llevarlo prontamente a la práctica.


No hay pureza perfecta excepto como abstracción. ¡La cagada de los maestros no tiene por qué tener olor a jazmines! Sin embargo, aun lo más bajo y vil proveniente de Dios (su ira, por ejemplo), tiene el sabor de mil manjares. Hay que bregar a capa y espada por la pureza, siempre con la cabeza levemente inclinada hacia el verdadero Héroe Invencible y Absolutamente Puro.


Su Voluntad crea y destruye mundos en danza embriagante. Su soplo quema los deseos y los reemplaza por mejores ya cumplidos. Su Amor convierte todo en oro eterno.


Sé i(g)nocente, pero cognoscente a la vez.


 

El SILENCIO CONSTRUCTIVO es hablar solamente si lo que se va a decir es positivo.


La recta palabra consiste en tres habilidades: uno, decir la verdad; dos, decirla bien; tres, decirla apropiadamente. Por ejemplo, si es nuestro deber informar a alguien que falleció una persona cara sus afectos, no soltaremos insensiblemente las malas nuevas en cualquier momento y circunstancia, llegando tranquilo y despreocupado diciendo: “Fulanito murió”; sino que, en primer lugar, diremos: “Falleció”, en vez de “murió”; eso es decirlo bien. Luego buscaremos la situación y circunstancia adecuada para comunicar la noticia apropiadamente, estando la persona sentada, tranquila, para perturbarla lo menos posible. Así funciona. A medida que crezcamos en la práctica de la recta palabra, nuestras palabras tendrán una autoridad natural sobre todas las cosas, serán respetadas y cumplidas como así también resistidas y vilipendiadas… pero nada de eso importará ya.


Si lo que digo es solamente mentiras e hipocresía, ¡que sufra el castigo pertinente! Pero si lo que digo es verdad, que sea debidamente glorificado.


Hay dos clases de imperfecciones, de carácter u obstructiva, y de personalidad o no obstructiva. El carácter es la suma de cualidades con la que nos movemos en la vida, y lidiamos con nuestro destino; y la personalidad la máscara que usa nuestro ego para relacionarse con los demás, y con nuestro entorno. La falla de carácter es obstructiva porque impide el progreso de la persona en un sentido general, por ejemplo: drogadicción, ira descontrolada, pereza extrema, etc. Estos defectos pueden incluso llegar a ser destructivos, tanto de la persona como de su entorno. La falla de personalidad no es obstructiva porque son imperfecciones anexadas a un carácter sano, que como mucho pueden retrasar el avance de la persona, pero no truncarlo, cual un camino en mal estado, que aunque tenga muchos baches y pozos se puede sortear al fin de cuentas; por ejemplo: cobardía, inconstancia, chismorreo, etc. En los maestros consagrados, no hay “defectos” propiamente dichos, pero en cierto contexto cabría hablar de “imperfecciones de idiosincracia o ejemplificativos”, porque surgen del choque de los egos de los demás para con él, y que en realidad sirven como lecciones de aliento a los discípulos, cual un auto deportivo que pasa dejando una leve estela de contaminación sonora; por ejemplo: bromear en exceso, excentricidad, impredecibilidad, etc.


Las alabanzas son como los insultos: si puedes escucharlas sin identificarte con ellas, bien; pero si te van a afectar, es mejor evitarlas. Y si te ves forzado a hacerlo, cierra interiormente los oídos y sonríe.


El ego no tiene nada de malo… excepto que se lo tome en serio.


¿Quién es más “grande”, el pez o la ballena...? Todo depende de la perspectiva. Desde cierto punto de vista, el pececillo podría aparecer más grande que la ballena; y así también, nadie se plantea el hecho de meter una ballena en la pecera. Es una cuestión de circunstancias y contextos. Una persona con pocos logros puede parecer un gigante, debido a la pequeñez de su entorno; ¡y un verdadero maestro puede pasar desapercibido debido a la vasta e inconmensurable realidad en la que se mueve!


El Infinito toma la apariencia de indeterminado o confuso, según la pureza de la mente que lo perciba. ¡El exquisito manjar que se saborea con el corazón es insípido para la lengua que se contenta con carnaza de tercera!


Uno puede quemar todo el incienso que quiera: sus gases no olerán a sándalo. Uno puede comer toda la comida purificada, hasta hartarse: su materia fecal no va a resplandecer. Obsesionarse por la comida es ser un animal, querer oler aromas es actuar como las bestias. ¿Para qué lavarle la ropa a una persona que no se baña? LA PUREZA ESTÁ EN EL CORAZÓN. Uno bien podría comer tripas de chancho todo el tiempo, pero si la mente genera pensamientos puros, es mejor que un millón de inciensos; o dormir en el barro y usar excremento como almohada, pero si el corazón se deleita en Sus palabras, es mejor que un billón de manjares.


Dos cosas para recordar: nuestros defectos, y las virtudes de los demás.


¿Qué es una virtud “adquirida”, o una “acción buena absoluta”? Es una virtud o una acción que la persona tiene o hizo, como un bien inmutable e irreversible, según todos, amigos o enemigos. Por ejemplo, donar un órgano, enterrar a un muerto, consolar a un afligido. Son gestos de amor puro que destruyen la relatividad de opiniones o juicios que se puedan emitir. Son acciones inmunes a las críticas, como expresiones perfectas de un corazón (al menos por un instante) puro. Lo mismo a la inversa: acciones malas de maldad innegable; como incendiar un hospital, matar a una embarazada, ridiculizar adrede lo que alguien considera sagrado, etc. Luego están las acciones con mayor grado de relatividad e interpretación: las acciones buenas o malas convencionales o “egodefinidas”; que son prácticamente toda la gama de acciones que casi todas las personas hacen cotidianamente. Por eso se espera del discípulo que se ubique y estabilice en la Unidad, que le regalará y regulará una pose de no-violencia más allá de la dualidad, de rivalidades vergonzosas, mezquinas y malsanas.


Una pantalla blanca puede mostrar infinitas formas si es que se proyectan en ella los colores adecuados, así también los colores de la consciencia (espacio, tiempo, energía y materia) muestran espectáculos fantásticos para nuestro deleite, proyectados en, por y para nosotros


Un astronauta o un embajador, no se ponen a chismorrear cuando toca cumplir con su deber. O sea que hay ciertos momentos en que termina la cháchara y sólo se lidia con lo importante. ¿No va a ser así también en el Camino? Mientras menos se hable y piense acerca de lo trivial y prosaico, se aprehende cada vez más lo universal, lo trascendental.


No basta con no hablar. Hay que experimentar el silencio como un infinito río de luz lleno de flores exquisitas.


Cuando aprendemos a saborear el espíritu, todas las demás actividades se vuelven triviales.


Dos cosas espero de los demás: respeto y cariño. Y si no los obtengo, los amo con mayor intensidad.


El camino transitado no hace falta pavimentarlo. Sendero por el que no has de volver, otros lo han de mantener.


Una radio rota no puede sintonizar ninguna emisora; pero esto no significa que no hayan ondas por todos lados. Así también, un corazón impuro no puede percibir las exquisitas sutilezas del Reino, razón insuficiente para renegar su existencia.


No importa qué operación matemática se haga con relación al infinito, el resultado siempre será infinito. En nuestra relación con Dios, es la misma cosa: Dios es siempre el resultado neto de toda configuración humana posible; a no ser que actuemos como brutos, entonces Dios será el resultado “bruto” de nuestras acciones.


Quizás uno en un millón comprenda esto. Pero ese uno que comprende, vale tanto como el millón que no lo hace. Porque ese uno es en todos y en cada uno de los millones y millones.


Cuando la situación es clara, la explicación es innecesaria. Cuando las razones son personales, la explicación es un privilegio.


Carácter suave, modales sencillos, palabras simples, sonrisa serena.


Haz grandes cosas sin esfuerzo.


El sabio quiere aprender, el santo tiene que confortar, el omnipotente debe ayudar.


Pensamientos clarificados, corazón purificado.


Es mejor purificar el ego suavemente que duramente.


HAY QUE SER EL MEJOR. Viviendo una constante mejoría que no implique competencia, rivalidad, o resentimiento. Si nos toca lidiar con vibraciones mundanas, hagámoslo de tal manera que hasta los chanchos embarrados nos miren asombrados desde sus chiqueros. Si nos toca pelar patatas, ¡pues seamos el mejor pelador patatas del mundo! Y si nos tocan las cosas santas, ¡que los ángeles se mueran de envidia! CUANDO SE ES VERDADERAMENTE EL MEJOR, SE ES EL MÁS PEQUEÑO, Y SE PASA DESAPERCIBIDO, dejando toda la gloria a Dios.


Ser pequeño, pero hacer cosas grandes, colosales, sublimes; y emprender las pequeñas cosas como si fuesen grandiosas y titánicas empresas.


Los misterios se superponen y ocultan entre sí, como las muñequitas rusas, que contienen una a la otra, hasta la más pequeña. Pero en el caso de la sabiduría, es de tal envergadura, que aparece como invisible, inconcebible, omnisciente, el centro de todo.



Cuando alguien habla, hay que concentrarse en el corazón, no en los oídos; EN EL CORAZÓN, no en el aparato cardiaco.


Hay que hablar a las personas como si estuviésemos sosteniendo sus corazones en nuestras manos.


Lo que sea que pienses que “tienes que hacer”, hazlo hasta hartarte. Luego examina correctamente lo que “debes hacer”, y hazlo con entusiasmo y alegría. Finalmente no te dejes absorber por lo que “quieres hacer”, para que otros no envidien tu libertad; mas bien, enséñales a ejercerla con ecuanimidad ejemplificándolo en tu misma vida.


¿Cómo surgió “todo esto”? Antes de que hubiera cosa alguna, surgió una afirmación: “¡Eso es!”. Entonces se formó la IDENTIDAD; “eso” que es en forma de “entidad” (ID eso, ello; ENTIDAD, ser que está en ti, estar en tu verdad). Luego, esas identidades, originalmente fusionadas en el amor (expansión primigenia de Aum o Amén, del AMOR) empezaron a obrar con in-dependencia, esto es, reconociendo su dependencia interna del Supremo, pero con iniciativa propia. Lo que se llama LIBERTAD. O sea amor y vida (cognados germánicos liebe, leben, etc.), desplegándose en la verdad (Verdad. Tattva y Satya en sáncrito, verdad suprema o absoluta o “eso”, y verdad benevolente o ascendiente. Aletheia en griego, “lo que no puede esconderse”, lo que es evidente. Veritas en latin, Truth, Werheit, etc.). En esa tarea las identidades adquirieron movimiento propio, a través de la VOLUNTAD, que son infinitos deseos perfectamente dirigidos hacia el origen, antes de que hubiera cosa alguna.


El deseo de creación se divide en dos momentos. Primero, INTENCIÓN-CIENCIA: la “tensión interna” que hubo antes del tiempo, hasta que se formó el “huevo cósmico”, de donde todo hubo de emerger. Y es hasta ahí donde llega la ciencia convencional. Segundo, PRETENSIÓN-CONSCIENCIA: la concreción de la voluntad (volo-entidad) o el querer que existan entidades, que hizo que ocurra la explosión o expansión del universo. Luego de la creación, sigue la estabilización, y el despliegue de los potenciales, que es la etapa actual de nuestro universo, que como un joven-adolescente, se va afianzando y equilibrando hacia una adultez y madurez, hasta que decaiga y fenezca. En esta etapa, la ATENCIÓN-ESENCIA, es en donde las manifestaciones del universo son más hermosas y perfectas, debido al óptimo ratio de armonización de los “colores de la consciencia” (espacio, tiempo, materia y energía); así como el ser humano, en la adultez se consagra o logra la obra por la cual será recordado. Finalmente la DISTENSIÓN-PRESENCIA, o el repliegue de los potenciales ya cumplidos, y la vuelta al estado primordial, que antecedió todo.


Trata con delicadeza a las cosas animadas y a las inanimadas.


¿Cómo describir el quantum vital? Como un estanque de agua, en el cual cae una piedra. Siendo las gotas de agua que componen el estaque, entes sensitivos, humanos, animales, plantas, seres inanimados; y la piedra una embestida energética “ajena” al sistema, como por ejemplo una explosión. Dominando poco a poco el quantum, adquirimos consciencia unitiva del “estanque”, siendo uno con el estatus quo de la situación, hasta que ocurre el evento desequilibrante, en donde sentimos el temporal caos, que inevitablemente vuelve a la natural calma. Dependiendo del desarrollo de la consciencia (por ejemplo una “gota”, “cucharita” o “cúmulo”), se recibe el impacto con mayor o menor intensidad. Un ente debidamente cuantificado puede “eludir” sensitivamente el golpe recibido por todos, aún estando cerca o en la zona de colisión. Y a la inversa, si es una explosión amorosa, la persona sintonizada con la consciencia colectiva puede “acercarse” y maximizar los beneficios de la bendición.

 

¡Maya ataca en forma esplendorosa!


El ego bienaventurado devora a los egos menos desarrollados y alienados, así como los leucocitos devoran los virus y bacterias extrañas al cuerpo en la corriente sanguínea. Entonces el bien derrota siempre al mal, y aunque se pierdan batallas y hayan muchas bajas, la realidad fluye imperceptiblemente hacia la victoria del amor.


Si el juez quiere seguir juzgando, debe cumplir con las leyes que aplica. Si la ley quiere permanecer, debe dejar obrar en libertad a los individuos a quienes protege. Y aquí hay dos caminos: que para ser libres hay que ser jueces de nosotros mismos; y que el individuo que desea ser protegido debe ejercer la intuición (IN: dentro, TUICIO: protección). (Intuición también quiere decir “conocimiento de sí mismo intrínseco” (IN: dentro, TUI: tuyo, SCIO: saber).


Cuando diriges palabras necias al maestro, él sonríe en perfecta AQUIESCENCIA, o sea, en el perfeccionado saber de que: AQUÍ está Su ESENCIA. ¡Tú le insultas mientras él te alaba!


Examinando la CONSCIENCIA (cum sciens, saber conjuntamente), se va “más allá de la mente”, observando la realidad en ráfagas intermitentes, como a través del parabrisas de un auto en medio de una lluvia. Al conocer la ESENCIA (esse sciens, conocer el ser, conocerse a sí mismo como el ser) se ve el continuo espaciotemporal “desde afuera”. Como si fuese agua en un vaso. Luego es manifiesta toda indistinción en la forma de PRESENCIA (pre esencia, lo que está “antes” del ser y su esencia) cual burbujas de realidades danzando sin porqué ni paraqué.


En el juego de la vida, para asegurar la victoria, hay que jugar limpio. Quien hace trampas y toma “atajos”, parece ser que va ganando, hasta que descubre con tristeza que perdió de lejos. Y quien sigue las reglas, lento y seguro, aprieta los dientes porque le parece que no avanzó un ápice y la partida va a terminar en la nada, justo cuando empieza, mágicamente a cambiar su “suerte”.


No importa el resultado: el amor siempre triunfa.


Enseñar indirectamente al corazón significa: reaccionar inmediatamente ante una obra mala con una obra buena, al instante y con valentía, como desafiando mansamente al malhechor, dejando perfectamente claro la superioridad de la bondad, sin necesariamente acusar o reprender a nadie.


Justicia no es venganza.


Meditación es incrementar la atención hacia Dios.


¿Para qué relacionarse con otros seres humanos si no se tiene algo positivo, productivo y constructivo que aportar? Porque los resultados siempre van a ser emotivos, sentimentales o pensativos… Pero relacionarse con Dios, trasciende la realidad, y, en última instancia, beneficia a toda la humanidad.


¿Quieres curarte de tu enfermedad? Conoce tu verdadero ser, con todo ardor e intensidad, al menos por un momento, como pureza perfecta y sin mácula, y sánate en Su gloria!


Intuición iluminativa, percepción luminiscente, expresión iluminadora.


En un tren no todos los vagones están conectados al primero, pero todos le siguen como si así fuese. Así también para que nuestros trenes de pensamientos sean rectos y justos tienen que estar conectados, al menos indirectamente, al primer vagón: “Dios es lo único real”. De esa manera todos los pensamientos siguen armoniosamente y ninguno se descarrile


Seamos niños tontos respecto del mal, y científicos consagrados en el bien


El mejor pasatiempo de una persona honesta es el trabajo.


Siempre sugerir, nunca imponer.


Me hace un gran favor quien no me alaba, pero me hace mayor favor quien me indica en qué puedo mejorar.


El mal humor envenena, el enojo golpea, la ira quema, la violencia evapora y la ignorancia asesina.


Si no podemos amarnos los unos a los otros, ¡al menos vivamos de tal manera que no nos molestemos los unos a los otros!


Debemos ayudar de acuerdo a nuestras capacidades y posibilidades.


Al prender fuego, primero salen chispas, luego humo, y finalmente se estabiliza la llama. Así también, en la mente del principiante, las chispas de deseos son cuantiosas, superabundantes, diversas, múltiples, fascinantes, efímeras, ruidosas, fugaces. Una mente un poquito más estable exuda “menos” deseos, o al menos, deseos que apuntan hacia un rumbo o curso menos caótico, como el humo que va ascendiendo, seco, gris, apestoso, contaminante, pero que luego se disipa y emulsiona con el aire. Pero la energía deseativa de la mente entrenada es como el fuego del hogar en invierno: una llama estable que da luz, calor, protección, cobijo y placer.


Si Dios justo, no te quejes de tu suerte; si Dios es misericordioso, no albergues resentimientos hacia nadie; si Dios es bueno, no dañes a los demás.


El emprendedor debe moverse ágilmente en la ruidosa fábrica del mundo, soportando valientemente el barullo. El devoto debe lidiar con los sentimientos del Dios incognoscible, nivelando pacientemente sus estados de ánimo. El sabio debe adivinar las sutiles variaciones del Misterio, descifrando virtuosamente el néctar sagrado.


Las palabras del maestro son pepitas de oro que regala al discípulo. Algunas veces las coloca suavemente en sus manos, otras veces las deposita humildemente a sus pies, ¡y a veces las debe arrojar en su cabeza!


El necio construye su vida sobre lo visible, efímero y temporal; el sabio sobre lo invisible, permanente, eterno. Verdaderamente el sabio “ve” lo invisible, que es verdad, por eso su vida es VER-DAD: ver de verdad.


La realidad es la materialización de la verdad, RES-ALIZACIÓN-VERDAD: la manifestación o “cosificación” de la verdad.


Devoción es conocimiento de la divinidad, DEVO-CIÓN.


Tres son los cascarones que hay que romper para obtener la yema de la infinitud. Primero el cascarón de la ignorancia, con sabiduría, que en el contexto es el discernimiento entre lo eterno y lo no eterno. Se revela así, la verdadera naturaleza de las cosas, del universo. Pero esto no es suficiente. Un sabio así, puede no sentir ninguna necesidad de beneficiar a “otros” con su conocimiento, incluso obrar de manera que no sea particularmente “beneficiosa” en todos los casos. Deberá romper el cascarón de la amoralidad, con la virtud, que aquí es el actuar beneficioso maximizado en toda situación y circunstancia. Pero no es suficiente. El santo dechado en virtudes e impecable en moral, puede no necesariamente “amar” a todos los seres o modalidades del ser con los que se relaciona, aunque todas sus relaciones sean armónicas y crecientemente benéficas y provechosas. Por eso la inconsciencia, debe ser rota con el amor, aquí obrando como energía unitiva y conscienciativa de “creciente perfección”. Y cuando el omnipotente vislumbra esta perfección, es evidente que no existen límites para su expansión en el infinito.


En las etapas altas del misticismo, las paradojas no abandonan al buscador: sentido-sinsentido, temporal-intemporal, conocimiento-misterio. Pero, en lo práctico, es el simple juego del amor-no amor, el eterno misterio.


Ni el más mundano puede negar que hay que trabajar en esta vida, ¡aunque su “trabajo” sea robar a otros! Entonces todos están ligados por la ley del trabajo: son hacedores o emprendedores. Si se esfuerzan al máximo podrán tener reconocimientos de otras personas de acuerdo al beneficio que hayan traído a la humanidad, por servicio desinteresado o altruista (o meramente por haber acumulado mucha plata). Cuando la realización: “No importa si trabaje por mil años, mis energías son limitadas... debe haber algo más” viene, el emprendedor se convierte en un creyente o devoto. Éste ayuda al mundo pidiendo o insistiendo al “Hacedor que no se cansa”, siguiendo sus emprendimientos con el plus de bendición que recibe por sus oraciones. Si se esfuerza al máximo, el devoto obtiene un status reconocido igual al clero de su cultura, y la gente acude a ellos para tales fines (que puede usarlos egoístamente también...). Pero si profundiza en sus oraciones, el devoto se da cuenta: “Este pedir y pedir no se acaba... Aunque el Dador es generoso, siento que falta algo más...”, se convierte en un sabio. La sabiduría es una “etapa doble”, porque se bifurca en filosofía y mística. El filósofo, tratando principalmente asuntos materiales, beneficia al mundo con su conocimiento analítico-sintético; por otro lado, el sabio, tratando cuestiones espirituales, profundiza en la aprehensión unitiva. El fruto del esfuerzo máximo cae en manos del filósofo, a través de premios, reconocimientos, homenajes, galardones; el sabio, se retira silenciosamente en humildad. Se convierte en santo al superar su apego a la sabiduría, y en omnisciente al desechar el poder. CIERTAMENTE EL OBJETIVO DE TODO ES EL AMOR Y NADA MÁS. ASÍ QUE, ¿PARA QUÉ PERDER EL TIEMPO EN OTRA COSA?


El criminal hace bien al mundo solamente a punta de pistola. El sabio también, solamente a punta de “pistola espiritual” (o sea, cuando Dios le obliga) interfiere en el mundo.


Dos formas de hacer lo correcto: con amor o con humildad. Con amor cuando tenemos la autoridad de estar en lo cierto, y con humildad cuando tenemos solamente la “burocracia” humana, que, lo quiera o no, a veces se equivoca.


 

NO HAY MEJOR CURRÍCULUM QUE LA VIRTUD, no hay mejor carta de presentación que cualidades sobrehumanas.


Sabiduría grande, boca pequeña. Y aunque a veces “corazón pequeño”, sonrisa grande siempre.


Para el pasado un verbo: perdón. Para el futuro un adjetivo: humildad. Y para el presente un presente, ¡amor!


Esta “realidad” es un holograma-fractal cuya coherencia y consistencia depende del observador. La “vida” entendida convencionalmente o en sentido común, carece de relevancia quánticamente, en donde solamente existe consciencia manifestándose a sí misma. La misma agua que fue primero hielo, se derrite en agua, luego se evapora en agua: esencialmente no hubo un cambio. Así la realidad y la vida aparecen a los ojos primero, como pesados objetos delimitados interactuando separadamente, mecánicamente, azarosamente. Luego como una interrelación de energías de toda índole, interconexiones y vínculos maleables, redes armoniosas y perfectamente sincronizadas. Finalmente… ¡no hay palabras en lenguaje humano capaz de cruzar al “más allá”! Es correcto que el misterio permanezca… ¡perpetuamente inefable!


Lo malo que hacemos solamente nos afecta a nosotros mismos, lo bueno que hacemos siempre afecta a los demás.


Si no puedes crear, crees. Cuando puedes crear, termina el creer… ¡y empieza el crecer!


No solamente hay que hacer lo correcto, si no que hay que hacerlo apropiadamente.


Dios puede ser configurado también como un sirviente. Primero le hacemos trabajar en el patio, luego le dejamos entrar en la casa. Al ver lo honesto y dedicado que es, le damos las llaves y los secretos. Finalmente le entregamos todos nuestros bienes y nuestra vida. ¡Bienaventurado quien deja todo en Sus manos!


Afianza la confianza.


Eternamente inefable. Eternamente inescrutable. Eternamente misterioso.


No es suficiente con hacer el bien. Nuestro bien debe ser un bien mejorado, luego maximizado, y finalmente perfeccionado. La absoluta perfección de nuestro obrar debe perderse para siempre en el amoroso misterio.


Dios, siendo perfecto, acepta las críticas constructivas. Pero solamente porque ayuda al criticador a construirse a “Su Imagen y Semejanza”, o sea, a encaminarse un poco más hacia la Perfección.


Cuanto más conozco a Dios, más me avergüenzo de mí mismo. Tanto me avergüenzo, que quiero desaparecer completamente, y que sólo Él sea. De hecho, sé que eso es así, pero voy a demostrarlo con poder y gloria espirituales; si es que esa es Su Voluntad.


Hay muchísimas otras cosas de las que se puede hablar, pero ya están “del otro lado”; así que haremos silencio respecto de ellas, porque la mayoría no las entenderán, y los pocos que pueden hacerlo, no necesitan que se les diga.


El amor es lo único.


La vida de un buda es demasiado grande como para ser escrita o descrita solamente: debe ser vivida.


¿Cómo conocer el Misterio? Siendo uno mismo misterioso, siendo uno con Él.



EL ARTE DE LA ILUMINACIÓN


La vida


¿Qué es la vida? Esta pregunta no puede ser contestada. LA VIDA ES, y nada más. ¿Y por qué no puede ser contestada? Porque la pregunta misma es innecesaria, y también porque no tiene respuesta. Como mucho puede servir como una pregunta retórica, LA VIDA ES LO QUE ES, y punto. En tanto que lenguaje, esto no significa nada; en tanto que VERDAD, esto significa todo. El hecho de que esta pregunta no tenga respuesta, no significa, sin embargo, que no exista un SENTIDO a la pregunta. Sentido plenamente válido QUE PUEDE CONVERTIRSE EN UNA CONTUNDENTE CONTESTACIÓN A LA PREGUNTA.


Existe una confusión que la ciencia convencional ha divulgado de que la vida se refiere a la materia orgánica, o a ciertos procesos determinados (biomasa, homeostasis, autopoiesis, etc.) solamente. Esto no es mentira, pero no es la verdad toda. La verdad acerca de la vida, y acerca de todo, es más simple de lo que parece. EL PROBLEMA PRINCIPAL ES QUE TRATAMOS DE ENTENDER LA VIDA, EN VEZ DE SIMPLEMENTE VIVIR. Evidentemente no existe absolutamente nada errado en tratar de entender las cosas, pero, en cierta manera, desvía por completo el propósito de la cuestión. Analizar solamente lleva a seguir analizando, cuando lo que se debería hacer es examinar el análisis mismo.


Dar una definición de la vida no significa absolutamente nada. No CONVIERTE a la vida en eso, no la circunscribe a unas cuantas palabras rejuntadas, no la limita a unos pocos datos o mediciones. Ninguna ciencia puede comprender la vida, ni ahora ni nunca, porque LA VIDA MISMA NO PUEDE SER COMPRENDIDA. Los científicos, filósofos, religiosos del futuro solamente seguirán asombrándose de los interminables descubrimientos que seguirán haciendo, generación tras generación.


Ilustremos la absurdidad de tratar de comprender la vida con un ejemplo. Digamos que un hombre quisiese averiguar lo que significa ser él mismo. ¿Cómo lo hará? No puede hacerse. El planteamiento mismo no surge. Él es él mismo. Otro ejemplo. Una persona dice: “Quiero saber qué es qué”. ¡Qué alguien intente explicarle si puede!


El hecho de no comprender lo que es la vida, no implica sin embargo que no se pueda ENTENDERLA. ¿Cómo es esto posible? Supongamos que exista un gran intelectual, admirado y reconocido. Quizás pocos puedan llegar a las alturas de sus razonamientos y vean las cosas igual que él; pero, aun el más ignorante de los hombres puede reconocerlo de igual manera sin siquiera saber lo que el hombre hace. De la misma forma, NUNCA SE LLEGARÁ A SABER LO QUE ES LA VIDA, PORQUE ES UN MISTERIO, aunque se puede entender perfectamente el sentido de este misterio, y vivirlo de manera plena.


Esta plenitud ciertamente no se encuentra en el mero conocimiento, sea del tipo que fuere. En tanto que se asuma este misterio, se lo tome en las manos y se viva de acuerdo a él, se obra con SABIDURÍA; en tanto que no se considere la vida de esa manera, se procederá a acumular información sobre ella, creando CONOCIMIENTO. La diferencia entre la sabiduría y el conocimiento es la misma que entre un ser humano y un robot. Por un lado se juntan muchas gotas de agua, por otro se tiene el océano: así es como el conocimiento no es sino palabras rejuntadas, y la sabiduría es plenitud omniabarcante.


Entonces LA VIDA NO NECESITA DEJAR DE SER UN MISTERIO, SINO QUE SIMPLEMENTE DEBE CONVERTIRSE EN UN MISTERIO GOZOSO. Así es como el niño puede no comprender completamente a sus padres; los ama, sin embargo. AMAR LA VIDA SIGNIFICA SABIDURÍA; no comprenderla meramente implica que esa información se encuentra en algún otro lado. Y eso está perfectamente bien. ¿Para qué juntar gotas de agua si se sabe que existe el océano?


Pero si acaso uno desea no solamente entender la vida, sino comprenderla, entonces la aventura empieza. Y es, por supuesto perfectamente natural que se quiera emprender esta travesía, puesto que formamos parte de ella. El niño primero se asombra de que hayan cosas que puedan volar, luego se hace fanático de los aviones, finalmente deviene piloto. ¡Que recuerde siempre y que experimente perpetuamente el asombro inicial que le impulsó a emprender la misión de su vida!


Se dijo que podría haber un sentido a la pregunta de qué es la vida. Ahora se dice que “LA VIDA NO TIENE SENTIDO”. ¿Y qué significa esto? Significa: NADIE PUEDE DARLE SENTIDO A LA VIDA EXCEPTO UNO MISMO. Si se quiere amoblar una habitación, primero se saca todo lo que hay dentro; luego se limpia completamente, finalmente se acomodan los nuevos muebles en sus respectivos lugares. Toda persona tiene al menos, vagas ideas acerca de lo que es la vida, su sentido, su propósito, etc. Esto es perfectamente natural y hermoso. Estas ideas, surgidas en el normal trascurso de la vida de toda persona, tienen su valor, pero hay que ponerlas a prueba de igual manera, revisarlas en la práctica. Porque las ideas no revisadas, son como el mueble viejo: estamos acostumbrados a ellos, aunque hayan acumulado un poquito de polvo. Lo que ahora haremos es quitarlos afuera y limpiarlos. Y ver la habitación vacía y limpia… para luego poner los muebles que queramos, nuevos y frescos; o los de siempre, pero limpiados y arreglados.


La posibilidad es la siguiente: la de que TODO LO QUE PENSAMOS, CREEMOS O DAMOS POR SENTADO, NO SEA ASÍ. ¿Qué pasaría si descubriésemos que debajo de nuestro sofá favorito las cucarachas tenían su discoteca? El propósito del examen, es que el alumno DEMUESTRE su conocimiento, que ha aprehendido la enseñanza; no cuestionarle sin ton ni son. Finalmente, el alumno deviene un profesor y debe examinar a sus propios alumnos.


SI DESCUBRIMOS QUE NUESTRA IDEA GENERAL ACERCA DE LA VIDA NO ES PLENAMENTE SATISFACTORIA, o no explica muchas cosas importantes, o simplemente no nos gusta, entonces ES HORA DE CAMBIARLA. El cambio es útil, pero podría ser innecesario. Si la ropa está sucia no hace falta tirarla, baste con lavarla. Entonces, el cambio de idea puede ayudar a poner las cosas en perspectiva, pero no es el fin; ya que, así como una persona no cambia al cambiar de ropa, sino que sigue siendo la misma persona, nuestra vida no puede cambiar mágica y automáticamente por el simple hecho de cambiar las palabras. No obstante, LA ALTERNATIVA DEL CAMBIO ES UNA PROPOSICIÓN ABIERTA A CUALQUIERA LO SUFICIENTEMENTE INTELIGENTE COMO PARA VER TAL NECESIDAD, SI ES QUE LA HAY, incluso para quien la ve y no quiere hacerlo. El cambio “de palabras” es el inicio de la aventura, del viaje, el primer paso nada más.


Por todo esto, no daremos ninguna “definición” de la vida, ningún concepto, ninguna idea, ni siquiera ninguna “palabra” acerca de ella. La dejaremos tal cual. La vida es eso. Uno mismo decide lo que es. UNO DEBE SABER, COMPRENDER. DEBEMOS SER UNO CON EL MISTERIO DE LA VIDA. Esa es la idea.




El propósito


El propósito de la vida humana es amar. Es convertirse en verdaderos seres, realmente conscientes, profundamente gozosos y definitivamente felices. El ser humano ha nacido para experimentar la bienaventuranza irreversible, irrevocable, innegable, indiscutible, incuestionable, y, ¿por qué no?, “eterna”.


La verdadera naturaleza del hombre (y usaré este término refiriéndome a LA MUJER y el hombre) es la alegría. Una alegría más espontánea que la de los niños, una alegría sin fronteras, desbordante, profunda y misteriosamente compleja, pero simple en su manifestación. Por tanto, el propósito de la vida humana es muy simple: amar, lo cual se hace posible a través de diversos caminos, siendo el principal y más evidente la felicidad, la cual queda patentada en su manifestación más común y corriente: la alegría.


Empero, siendo seres que nacemos llorando y nos vamos llorando (un “hecho” constatable por cualquiera), hemos de escudriñar el porqué de este llanto, y de si es posible evitarlo, al menos momentáneamente, y de una manera legítima, veraz y asequible para cualquier persona, sin importar su condición o circunstancias.


LA CAUSA “DEL LLANTO” HUMANO ES EL SUFRIMIENTO, el dolor, la desesperación, el miedo, etc. Todo lo cual puede ser resumido en una sola palabra: el “mal”. Nadie en su sano juicio negará que la maldad es indeseable, ni rechazará jamás la “bondad”, si le es posible experimentarla de alguna manera. Sólo quien está confundido momentáneamente o quien tiene la mente torcida podría desear el mal, (sea para sí mismo o para otra persona): TODOS DESEAMOS EL BIEN. Es justo y necesario por eso, admitir que este deseo se vuelve perfecto al quererlo no solamente para nosotros mismos, sino para todos los demás.


Entonces el mal atenta directamente contra el propósito de la vida: amor-felicidad-alegría, y es urgente investigar el mecanismo de esta situación, buscando prontamente la manera de desbaratar tan indeseable estado. MIENTRAS SE SEA PARTÍCIPE DEL MAL, de la manera que sea, consciente o inconscientemente, con o sin intención, libertad o discernimiento, NO SE SERÁ FELIZ JAMÁS. Es un hecho que debe ser comprobado en la vida de cada uno. ¡Quien sea lo suficientemente inteligente como para tomar esta palabra de manera honesta y de buena fe, no necesita hacer tan dolorosa comprobación…!


Se colige fácilmente entonces, que HACER EL MAL NO FORMA PARTE DEL PROPÓSITO DE LA VIDA HUMANA, de ninguna manera, bajo ninguna circunstancia, y en ningún nivel. Es muy simple. Puesto que quien es “malvado”, no verá el sol de la alegría amanecer sobre sí (salvo de manera torcida y momentánea, falsa e ilusoria), ni antes, ni ahora, ni después. Esta diferenciación es el inicio de la sabiduría, y quien es capaz de entenderla, debe ponerla en práctica: ESTÁ OBLIGADO a vivirla y experimentarla. Quedan exceptuados (en cada caso particular), quienes por ignorancia o fuerza mayor, se ven impedidos de ejercer tal discernimiento, no así librados, de las consecuencias de sus actos, que se verán, es cierto, atenuadas, en la medida y en la forma en que sean necesarias y justas.


Ahora bien, “¿Qué es el bien?”, “¿Qué es el mal?”, “¿Cómo distinguir ambos?”, se preguntaría una mente curiosa. Y evidentemente, se llenará la copa de su curiosidad al tope, dejando sólo el espacio necesario para los labios, que deberán posarse y llevar la respuesta a la lengua, para ver si disfruta el sabor.


¿Quién se atrevería a negar que un feto en el útero, un recién nacido, un demente, un loco, o cualquier persona “indispuesta”, es incapaz de hacer la distinción entre el bien y el mal? Así también, nadie puede dar fe, de manera categórica e innegable, de cuándo empieza a manifestarse esta capacidad de diferenciación en el ser humano; al menos, no como medida general e irrefutable. UNO MISMO DEBE COMPROBAR SU PROPIA CAPACIDAD DE DISCERNIMIENTO, lo cual le habilita a hacer la distinción y alcanzar el propósito de la vida, que, podría decirse, es el propósito de toda vida.


Y aun, logrado y comprobado el discernimiento en uno, no es lícito ir desembuchando a diestra y siniestra, con bombos y platillos, a los cuatro vientos (a no ser que se reciba una sanción interna para hacerlo), el conocimiento del bien del mal, creyéndonos autoridades infalibles, sabios predestinados o profetas sin mácula, que impunemente pueden dar cátedra a los demás. Hacer eso es completamente condenable desde muchos puntos de vista, y aun más si es causa de dolor en nuestros semejantes.


Lo que nos lleva a otra máxima, otro pequeño pilar en el que construir nuestras vidas: el EVITAR, EN TODO LO POSIBLE, OCASIONAR DAÑO a los demás. Nótese que “los demás”, no está en mayúsculas. Esto es así porque, algunas veces es inevitable el dolor, pero, si se ha de elegir en que éste caiga sobre nosotros o sobre otro, es evidente que hemos de poner valientemente el pecho y gritar: “¡Yo!”. Es una manera de obrar que hemos de ir comprendiendo poco a poco.


Lo principal es EVITAR LA MALDAD A TODA COSTA; lo que nos permitirá dejar de causar daño, tanto a los demás como a nosotros mismos. Hay, por supuesto, UNA EXCEPCIÓN que confirma la regla, y que es que: ES LÍCITO SER LA CAUSA DEL DOLOR, PERO SÓLO CUANDO NO HAY OTRA ALTERNATIVA, CUANDO NO VAYA EN CONTRA DE LA LIBERTAD HUMANA Y CUANDO SEA PROPICIATORIO PARA EL PROGRESO Y PERFECCIONAMIENTO “DEL QUE SUFRE”.


Pocas veces nos es dado comprender todas las variables e implicancias de una situación dada: tener un verdadero panorama de las circunstancias. La mayoría de las ocasiones, nos vemos, como un vicioso, con unas pocas monedas con la cuales compramos nuestra indiferencia, pereza, miedo o simple indolencia, como quien se encoje de hombros diciendo: “¿Qué me importa a mí?”. ¡Y esa es una manera funesta de pensar! Tampoco es cuestión de ir metiendo las narices en cuanto asunto nos enteremos, pretendiendo ser un mediador en todos los problemas del mundo. Como en todo lo demás, el justo medio es la medida perfecta.


La actitud correcta es siempre “no meterse” donde no nos llaman, a no ser que esté dentro del rango de nuestros deberes y obligaciones (de pariente, amigo, colega, etc.), o que la persona explícitamente nos requiera, o por la situación misma. Esto no es sólo porque LAS PERSONAS, en realidad, DEBEN IR APRENDIENDO A SOLUCIONAR SUS PROBLEMAS POR ELLAS MISMAS; sino porque con esta actitud, nuestro propio juicio y discernimiento, han de ser tenidos en buena estima, lo cual probará útil en el futuro.


Así es como vemos que EL AMOR, o mejor dicho: EL CONVERTIRSE EN SERES AMANTES, es el principal propósito de la vida humana; lo cual incluye los obstáculos mencionados, así como también, las maneras de ir venciéndolos. Hay que comprender este propósito, ponderar en ello, realmente experimentarlo y llegar a vivirlo. NADIE QUE LO SIENTA PUEDE NEGARLO: es un hecho. Ahora: las refutaciones pueden llover de innumerables bocas, pero , ¿saben y sienten ellas este amor? EL AMOR NUNCA SE NIEGA A SÍ MISMO.


Es importante no olvidar nunca el propósito de nuestras vidas, y bregar incesantemente por lograrlo: es la única alternativa razonable que existe. Lo demás es solamente dolor; quien no lo crea, que lo intente, ¡y buena suerte! Poco a poco la aurora revela toda su gloria, así también, paso a paso, el ser humano avanza hacia su propósito, ¡aunque no lo quiera, aunque se resista ferozmente! Es inevitable. Por tanto, lo mejor es simplemente recostarse, ¡y disfrutar del viaje!


Siempre recordemos, por eso, NUESTRA VERDADERA NATURALEZA, y obremos en consonancia con ella. Somos VERDADEROS AMANTES, ¡así que nunca pensemos, digamos u obremos de manera que desdiga nuestro verdadero ser!


 

Dios


Es el término o la palabra que designa algo realmente incognoscible. Es como una energía, infinita, toda una, y en infinitas partes cada cual infinita a su vez, omnipresente, omnipenetrante, saturada de paz y gozo verdaderos e inconmensurables, como así también de dudas y dolor transitorios; fuera del tiempo, o eterna, imposible de experimentar, pero fácil de sentir, más allá de todo y más cerca que cualquier cosa, fuera de toda medida y dentro de cada átomo, siempre cambiante pero perfectamente quieta e invariable, que crea y destruye realidades con la voluntad, jugando con el pasado o el futuro, plena en el presente, llena de alegría y luz… todo y nada… Pero resumiendo: Dios es simplemente OMNISCIENCIA, OMNIPOTENCIA Y OMNIPRESENCIA.


En realidad, es completamente fútil describirlo. Por eso hemos de llegar a un “pacto de caballeros” con el lector, y denominarlo con el nombre genérico de “Dios”, a eso que todos intuyen pero que nadie conoce realmente, y que es el misterio de misterios. Además, es más divertido jugar con la imaginación, así como necesario respetar la opinión, que cualquiera pueda tener con respecto a “esto”. Lo cual es importantísimo tanto para el discernimiento como para la libertad de cualquiera, puesto que Dios (mismo su “existencia o inexistencia”) es lo que el ser humano quiere que sea. Y la historia y diversidad de culturas y religiones lo demuestran.


Por tanto, más importante, inmediato y práctico que “demostrar” a Dios, sería proveernos de una definición o configuración válida, que nos sirva para ir encaminándonos hacia la felicidad, hacia nuestro propósito. Evidentemente, un “ateo” feliz vale dos veces más que un “teísta” infeliz, por tanto, en lo fundamental, carece de importancia el “otorgarle existencia” o no a Dios; ¡conformémonos por ahora en otorgarnos existencia a nosotros mismos! Pero he de advertir al ateo que de ahora en más, encauzaré mis argumentos, dando por sentado la “existencia” de “este Dios”, no por preferencia personal o gusto particular; sino por el simple hecho de que, al menos en nuestra experiencia, existen más “teístas felices” que “ateos felices”; y porque resulta más conveniente desde el punto de vista racional, y más cómodo desde el punto de vista emocional.


Entonces, podemos argüir que, así como “sabemos que existimos”, sabemos (o intuimos), que existe algo que denominamos Dios, pero que no conocemos “de verdad”, en el sentido de que “no sabemos cómo es”, si tiene forma o no, etc. Hay que decir que eso carece totalmente de relevancia, o sea que, el hecho de que ignoremos lo que Dios es, no es ningún impedimento para “relacionarse con ello”. Y es que es un hecho que todo ser humano, al menos alguna vez (en un momento de desesperación quizás), ha “hablado” con “alguien”, aunque sólo sea “consigo mismo”. Quien niegue esto sólo puede ser considerado como un tonto; ¡y además uno muy “solitario”!


Lo interesante es que la mayoría de los seres humanos “reza”, “conversa” o hace “oraciones” a Dios, cada cual a su manera, o siguiendo ciertos ritos o fórmulas preestablecidas, con la intención principal de “relacionarse” con “él” (hemos de usar este pronombre de ahora en más; pero no por discriminación o distinción de ninguna clase, sino por simple eufonía y comodidad). Este relacionamiento, como todo relacionamiento, se da en función a muchísimas cosas, que abarcan todo el espectro humano, toda la vida. En suma: LA RELACIÓN DEL SER HUMANO CON DIOS ABARCA TODO, más que cualquier relación común que se pueda tener con quien sea, puesto que Dios es en verdad infinito en toda forma. Y permite y legitimiza toda forma de adoración o nombre, sin desvalorizar ninguno jamás. Es importante no olvidar esto, puesto que hasta un niño tiene derecho de relacionarse y configurar a Dios como mejor le parezca y le plazca, de acuerdo a su discernimiento y libertad. Lo que se quiere decir es que ES UNA MALDAD TERRIBLE EL DESDEÑAR O DESMERECER LAS CREENCIAS SACRAS O CONFIGURACIÓN DE DIVINIDAD DE UNA PERSONA, siquiera el impugnarlas o criticarlas, sin motivo ni razón valedera.


Pero, ¿qué o quién es Dios? ¡Interrogante insoluble! Dios es como un rey que nunca sale del palacio, que hace grandes obras productivas en su reino para el disfrute de los que pagan sus impuestos, y lidia con mano de hierro con los maleantes que quieren malograr el progreso de la tierra; todo para el bien común del ciudadano. ¡Lo triste es que el ciudadano corriente jamás conocerá al rey! Son muy pocos, lastimosamente, quienes lo conocen personalmente y pueden dar testimonio cierto y veraz, de que él mismo es quien hace las obras. ¡Muchos descontentos ni siquiera aceptan la existencia del rey y acusan a los ministros de ladrones y usurpadores! Lo cual podrá o no ser cierto, ¡de igual manera existe este “poder” que ostentan los meros ministros!


Algunas veces se hace muy difícil hablar en términos claros, y especialmente cuando la cuestión es profunda e invade la neblina del “misterio”. Por eso se requieren las parábolas, o ejemplos ilustrativos que puedan guiar el barco del intelecto a las costas del entendimiento.


En fin, lo importante, ¡es encontrar a estas pocas personas que “conocen” a Dios y nunca dejarlas en paz hasta que nos revelen lo que “tienen escondido”! Y aunque fuesen farsantes, o se sea muy escéptico con respecto al asunto, ¡descubrir la mentira lo antes posible e ir a la cama con la conciencia tranquila, sin sentimiento de culpa ni ningún tipo de duda; con la verdadera certeza de haber solucionado el enigma con verdad, y caso cerrado! Evidentemente, pocos sienten esta pasión, ¡el mundo seguirá girando y mañana será otro día…! Pero será un día como muchos, un día en que no se vive la vida como debe ser vivida, un día sin haber logrado el verdadero propósito de nuestra existencia. ¿Para qué esperar el inevitable momento de desgracia o dolor para “buscar” “ese algo más” que palie el sufrimiento? ¡Si tan sólo fuésemos hoy mismo más conscientes…!


Así que carece de importancia los “conocimientos” que se puedan tener acerca de este misterio, puesto que se irán resolviendo en la medida en que nos relacionemos con el mismo, así como una persona que va conociendo a otra, no se siente cómoda compartiendo sus sentimientos al principio, pero que luego de cierto tiempo, comparte mucho más; y si logra verdadera amistad, ¡revelará hasta sus más íntimos secretos! Así también, el enfoque adecuado en nuestro relacionamiento con Dios, es el de IR ACERCÁNDONOS CADA VEZ MÁS, BUSCAR LA INTIMIDAD Y LA PROXIMIDAD con él, para que pueda ir revelándose cada vez más.


Esto no debe ser tomado como un teísmo barato, como una vacua adoración a lo desconocido. Por ejemplo, es un hecho que todo ser humano se quiere a sí mismo. Se limpia, se cuida, se mima, se alimenta a sí mismo, demostrando un gran amor por su persona, llegando incluso a extremos si es que se ve amenazado. La razón de esto es que CADA UNO ES DIOS MISMO. CADA PERSONA ES DIOS, Y DEBE DEMOSTRARSE A SÍ MISMA ESTE HECHO. Es un conocimiento que los necios de seguro utilizarán para mal, pero que los demás necesitan saber. Cada cual puede decir, haciendo las salvedades del caso: “YO SOY DIOS”, y no estará mintiendo. En última instancia, esa es la única verdad existente.


Pero ese estado es extremadamente difícil de lograr, ¡y cuánto más de mantener! Por tanto se recomienda cautela para quien quiera hacer el experimento. En realidad, sicológicamente hablando, cada cual se cree un dios (o un mini-dios), puesto que “es su propio mundo”, por decir, y tampoco puede experimentar algo fuera de sí mismo. Y es este sí mismo el que quiere expandirse y experimentar más. Lo cual llega a la inevitable conclusión de que debe ser expandido hasta el sí mismo infinitamente expandido que experimenta todo eternamente. O sea que el hombre se debe convertir en Dios. Pero de manera apropiada…


Siendo entonces, Dios quien “creó” al hombre, es justo y necesario que el segundo siga las reglas establecidas por su creador, para lograr el propósito “inverso” (creer y crear en y a Dios). O sea lograr la divinidad, el conocimiento de sí mismo como creador pleno y absoluto, no separado de Dios. Ahora, cuando es imposible conocer estas reglas, o entenderlas, o llevarlas a la práctica, es imperativo tomar las medidas necesarias para desentrañar este misterio a toda costa.


Hemos visto entonces, que Dios es lo que la humanidad proyecta, o que la humanidad es una proyección de Dios, depende del punto de vista que mejor nos ajuste; y que establecer una relación y seguir las reglas preestablecidas por los sabios (hasta que uno por sí mismo “despliegue las alas”) es el camino hacia lograr el propósito de la vida.


 

El juego de la vida


La vida es un enigma desde el primer segundo hasta el postrer instante. ¿Quién comprende lo que la vida es en plenitud? “Nadie”, podríamos contestar sin pensar mucho… pero no es tan sencilla la cuestión. Pocos, en verdad, saben lo que es la vida, y generalmente, ni siquiera lo pueden expresar; o al menos, no en función a una “utilidad” o “provecho” que terceras personas puedan “emplear”. Generalmente, quienes “conocen” la vida, tienen una misión específica que cumplir en ella, puesto que así lo han entendido, y saben que es así. Esta convicción es “innata”, y, por supuesto, intransferible: sólo la siente quien la tiene.


Indudablemente, muchos “están convencidos”, de que sus vidas, cómo la han vivido, y lo que “han logrado” en ella, es lo válido, lo auténtico, y hasta si se quiere: lo único. Cualquier ser humano puede proponerse un objetivo en la vida, llevarlo a cabo, y sentirse muy satisfecho de sí mismo: no es cosa muy rara. E incluso podrá alentar a otros a vivir, de acuerdo y en función, a lo que él mismo ha aprendido; lo cual es perfectamente válido. Y ciertamente sería provechoso escuchar y “beneficiarse” de la experiencia de otro, especialmente si “ha logrado mucho”. Todo esto está bien.


Ahora, hemos dicho que la finalidad de la vida es ser felices, lo cual es fundamental, independientemente de otros miles de “logros” que se puedan haber completado. La pregunta sería entonces: “¿Valdrá la pena escuchar a alguien con innumerables “éxitos” en la vida, pero que no ha logrado la felicidad?”. Obviamente, en lo esencial, no. Haciendo las salvedades correspondientes, y con la condición de que estemos segurísimos de nuestro objetivo en la vida, ¡deberíamos ser nosotros quienes tendríamos que “enseñar” a esas personas “exitosas” cómo vivir!


Pero en la mar de la vida, con sus mareas altas y bajas de dicha y pesar, es muy difícil mantener fijo el objetivo primordial; ¡y cuánto más sería aconsejar a otros! He ahí la convicción intuitiva, o la buena fe de una persona que la tiene, de que hemos de cumplir con la misión que nos ha sido encomendada. Y esto es muy importante porque cada persona tiene una muy específica, excepcional, única tarea que realizar; la cual es de ella sola, de nadie más, y que debe descubrir lo más pronto posible para poder llevarla a cabo.


Musicalmente hablando, en la vida hay un sólo tema o motivo: el amor-felicidad-alegría, el cual puede ser repetido infinitas veces, en variaciones que compone cada ser humano individual. Pero hay que seguir las reglas de la composición, ya que no todas las notas están permitidas en un instante dado: hay que mantener la armonía. Las disonancias y desafinaciones persisten en partituras inexpertas, o tercas, y causan ingente dolor al oído y al corazón: deben ser evitadas a toda costa. Y para eso es necesario componer o vivir de una manera adecuada.


Hay infinitos factores en el juego de la vida, los cuales podemos inferir en tres preponderantes: el deseo, la libertad humana, y la voluntad de Dios; en orden creciente de importancia. Siendo nuestra intención final, la de trascender completamente todo factor relativo, para poder VIVIR REALMENTE.


El deseo es el más burdo y concreto de los factores, el más inteligible, simple, sensual, contundente, bajo y primordial: el primer escalón. Todo ser vivo siente deseos, de diversas naturalezas, tanto latentes como manifiestos, legítimos como ilícitos, inherentes como adquiridos: es una realidad innegable. Si bien el deseo puede ser clasificado en distintos órdenes conceptualmente, no es nuestra intención la de hacer malabares teóricos, sino dar una simple comprensión de la naturaleza de tal fenómeno, para poder, como mínimo, comprender el porqué de su existencia. Entonces, EL DESEO ES UNA FUERZA QUE NOS IMPELE HACIA UNA COSA, hacia la concreción de algo, el cumplimiento de cierta condición; la cual podrá o no ser satisfecha. CUANDO EL DESEO SE MANIFIESTA DE MANERA GENERAL, PARA EL LOGRO O MANTENIMIENTO DE UN ESCENARIO O SITUACIÓN, ES LLAMADO IMPULSO. Y los tres impulsos más poderosos en el ser humano son: el de conservación (vivir), el de permanencia (comer) y el de procreación (sexo). Hay algo “fuera de uno” que “exige” vivir antes que morir, comer antes que ayunar, y copular antes que abstenerse. Es importante comprender a cabalidad estos instintos si alguna vez se quiere tener una chance al “luchar” contra las miríadas de deseos que se presentan ante nosotros. Se debe analizar concienzudamente estos impulsos, estrujar sus motivos, paladear sus efectos, combatir sus consecuencias nocivas.


Más que un obstáculo en el camino, el deseo debe ser pensado como una herramienta que nos propulsa hacia nuestra meta, siempre que sea ordenadamente examinado, cabalmente comprendido, correctamente descifrado. Siendo el deseo de lograr nuestro propósito (el deseo de ser felices), el más adecuado en cualquier escenario dado. Ya que es un deseo inherente, legítimo y manifiesto en todos los organismos vivos, aunque no manifiesten una clara “consciencia ” de ello.


Pero, una persona llena de deseos que no comprende, o que no puede cumplirlos, o que son en su mayoría adquiridos, ilícitos y latentes, jamás podrá salir de la miseria, cual avecilla que ha quedado atrapada en un lodazal; puesto que el MOVIMIENTO DEL DESEO NO TIENE FIN. Eso no ocurre con la persona que ha entendido la naturaleza y el propósito, tanto de los deseos como de los impulsos humanos, que ya está lista para acceder al siguiente “nivel” en el juego de la vida: el de la libertad.


Quien piensa sólo en sí mismo, es un mero ególatra; quien piensa en otros antes que en su persona, es verdaderamente humano, digno representante de la especie. Lo que nos lleva a otro axioma importantísimo: el CONSIDERAR A LOS OTROS, ANTES QUE A UNO MISMO, posponiendo, o incluso rechazando los propios deseos si es que atentan contra las legítimas expectativas de los demás. En esto es conocido quien ha “superado” el deseo. También que generalmente, y en más casos, esa persona elige el bien, antes que el mal.


Por eso, LA LIBERTAD HUMANA CONSISTE EN LA MEDIDA DE TIEMPO QUE SE TARDA EN ELEGIR EL BIEN. ¡La libertad es muy paradójica!, puesto que la gente piensa que es “hacer lo que yo quiero”; ¡qué lejos de la verdad! Eso es justamente lo opuesto a la realidad, ¡es “elegir el mal”!, lo cual es sinónimo de esclavitud, sometimiento, limitación; ¡la verdadera libertad es (en ese nivel), la mayoría de las veces “hacer lo que no da gusto”! Puesto que esto es lo que confiere un atisbo de felicidad, y nos acerca un poco a poco hacia nuestro objetivo.


Entonces, quien “no hace lo que quiere, sino lo que debe” por mucho tiempo (lo cual es ejercer la libertad), sí pude llegar a un estadio evolutivo en que pueda realmente “hacer lo que quiera”, manteniendo las salvedades correspondientes; ¿pero quién será capaz de experimentar esto? QUIEN HAYA APRENDIDO A COLOCAR A LOS DEMÁS POR ENCIMA DE SÍ MISMO, luchando por ellos y preocupándose por servirles, ése. Y aunque no se haga una misión salvífica de ello, si el perro viene a menear la cola, ¿no se le debe tirar un hueso? ¡Pobre del que prefiera arrojarle un palo sin siquiera mirar al cachorro! Por tanto, es lícito cumplir los deseos de los demás, si es que surgen de la rectitud, si se enmarcan dentro de lo justo, y si ha de ayudar a expandir el bien.


Lo que nos lleva a “la más alta esfera” del juego de la vida: LA VOLUNTAD DE DIOS; la cual es, de manera general, justamente eso: la de HACER EL BIEN, EXPANDIRLO, PRACTICARLO, VIVIRLO. Evidentemente, alguien que quiera deponer sus propios deseos y libertad para hacer la voluntad divina, necesitará más que una regla general. Pero esto ya depende de cada persona y de la relación que mantenga con Dios; pero, ha de saber, que es perfectamente posible conocer su voluntad directamente, cual si hablásemos y le viésemos cara a cara. ¡Luego de lograr eso es ya muy difícil “equivocarse”!


Incluso se podría agregar que la voluntad de Dios debe ser “trascendida”, en cierto sentido. Quien la cumple todo el tiempo, lo sabe. Pero por ahora, baste saber que intentar cumplirla, es lo más meritorio y laudable que un ser humano puede hacer en la vida; puesto que SIENDO DIOS UNO MISMO, NUESTRA VOLUNTAD DEBE SER HECHA, y nuestro propósito cumplido.


Simplificando: EN EL JUEGO DE LA VIDA HAY UNA SOLA REGLA: GANA EL QUE AMA MÁS.


 

La evolución


EVOLUCIÓN ES PASAR DE UN ESTADO SIMPLE, A UNO COMPLEJO, PERO MANTENIENDO LO ESENCIAL DE LA SIMPLICIDAD PRIMPRDIAL. Es innegable que en varios aspectos de la vida existe la evolución, sea en la historia, en las personas, en el pensamiento, etc. La vida misma es sinónimo de evolución, de movimiento. En lo concerniente al hombre, la ciencia ha determinado que, según la escala fijada, éste es un HOMO SAPIENS SAPIENS: el pináculo, la cumbre, la cúspide, la corona de la vida. Y es cierto que, entre los organismos vivos de este planeta, es el más desarrollado, el más avanzado; una obra acabada en todo sentido, el “fin” de la evolución.


Esto significa que hasta ahora, las “leyes naturales” han determinado el curso de la evolución, colocando satisfactoriamente al organismo vivo en su suma expresión (el ser humano), pero que, aparentemente, han desembocado en un aparente “status quo”, en una especie de “suspensión”, en un aparente “paro”. Lo cierto es que la evolución ha dejado de darse meramente en el nivel biológico, mutacional; es decir, que las características físicas del hombre han dejado de ser el factor predominante en la “carrera evolutiva”. Es innegable que el ser humano actual se ha “levantado” y ha “dominado” la naturaleza y el mundo, como especie, debido a su capacidad craneana, sus miembros superiores liberados, su facultad de abstracción o “inteligencia”, etc; pero no es desatinado afirmar que la evolución continúa en “otros” niveles, ya más sutiles y menos expuestos al escrutinio “científico”.


El HOMO SAPIENS SAPIENS es al mismo tiempo, el pináculo de la evolución biológica, pero sólo el primer escalón en la evolución “espiritual” (voy a utilizar esta palabra de manera genérica, cuando me refiero a concepciones y conclusiones universales y verificadas por investigación propia y experiencia directa, las que pueden ser corroboradas por cualquier persona con la suficiente buena voluntad para llevar a cabo el experimento por sí misma. La verificación es la ineludible ratificación y constatación personal de lo que se dice aquí; y la universalidad no significa la absolutidad completa de lo enunciado, al contrario, el descubrimiento de verdades análogas, equivalentes y afines a lo que aquí se explica). Esta especie ha superpoblado este planeta, que, desde muchos puntos de vista podría o no considerarse como una “plaga”, debido al mal que le “ocasiona”; no obstante, tenemos a buen suponer que, el hecho de que todavía se mantenga un “equilibrio” mínimo, es porque “hay una razón” por la cual el hombre debe permanecer aún en este estado. Todo hombre nace biológicamente un hombre, plenamente evolucionado en rasgos físicos o carnales, pero “incompleto” espiritualmente. Y justamente la manera de “continuar” la evolución, es percatarse de estas verdades, ocultas al ojo común.


Entonces, el HOMO SAPIENS, es el HOMBRE SABIO, si al menos ha vislumbrado un poco de “sabiduría”. Cabe decir que LA SABIDURÍA ES EL CONOCIMIENTO DIVINAMENTE INSPIRADO, el poder conocer LAS VERDADES ESPIRITUALES EMANADAS DE DIOS, o de uno mismo; y su investigación y práctica hace que el hombre común, devenga sabio. Por tanto, un HOMO SAPIENS SAPIENS, puede serlo sólo en el nombre, en el título; pero verdaderamente lo encarna si es que “tiene” un poco de sabiduría. Evidentemente, la sabiduría no es aditiva, acumulativa, sino que brota espontáneamente, en cada caso y todo el tiempo. Hay una gran diferencia con el CONOCIMIENTO, erudito, libresco, que surge de un aprendizaje previo, y meramente ES LA EXPOSICIÓN DE LO ANTERIORMENTE ESTUDIADO. La sabiduría es completamente distinta, puesto que viene directamente de Dios, sin una “volición consciente”, y es rica en imágenes, metáforas, parábolas, puesto que funciona en un nivel intuitivo y libre, no de manera formal, lineal, racional, esquemática, como el conocimiento.


Un hombre sabio es muy apreciado puesto que habla de manera adecuada y correcta. Sus palabras, llenas de bondad, pocas veces son desperdiciadas, puesto que no carecen de instrucción, sentido común y ecuanimidad. LA ECUANIMIDAD ES LA CAPACIDAD DE SENTIRSE SOSEGADO TANTO EN LA ALABANZA COMO EN LA CENSURA, de dar o recibir ambas con similar actitud y rectitud. Es particularmente interesante que el sabio no busca congraciarse con nadie, puesto que considera su sabiduría como un tesoro precioso. Le da igual escuchar que le censuren o censurar él mismo, puesto que considera siempre su aprendizaje, con toda buena predisposición y humildad. LA HUMILDAD ES CONOCER EL VERDADERO VALOR DE LAS COSAS, y no pretender hacer valerla frente a los demás, y en no pocas ocasiones: “despreciarse” a uno mismo. Entonces, las principales cualidades del sabio son la ecuanimidad y la humildad.


Cuando un HOMO SAPIENS SAPIENS, sigue por cierto tiempo el sendero de la sabiduría, deviene un HOMO SAPIENS SANCTUS: un hombre sabio-santo. El sabio, siendo el “primer nivel” de evolución espiritual, luego de mucho estudio, ponderación y reflexión, finalmente está preparado para experimentar la santidad. Hay que destacar que la persona sabia funciona primordialmente en el “nivel” de la mente, pero cuando “ingresa” a la etapa de la santidad, empieza a manifestarse en el nivel de “la palabra” (esto lo explicaré luego). Entonces el sabio, empieza a descubrir misterios profundos, secretos, leyes ocultas, todo de primera mano; sus ojos y corazón se sensibilizan, mientras se topeta con cuestiones, asuntos y experiencias “sobrenaturales”, “imposibles”, a los cuales no estaba acostumbrado.


El HOMO SAPIENS SANCTUS, es la persona santa propiamente dicha, el ser humano que, rebosante de sabiduría, ingresa a una biblioteca llena de los “secretos de la creación”. Ciertamente que el santo es un sabio avanzado y que el sabio es un santo “verde”, puesto que no se puede, de manera muy simple y descuidada, trazar arbitrariamente una línea y decir: “Este hombre es un sabio”, o “esta mujer es una santa”. Estas palabras son meramente una guía y no un “manual infalible”: EL CORAZÓN ES EL ÚNICO QUE SABE QUÉ ES QUÉ, Y QUIÉN ES QUIÉN.


La persona santa es ampliamente reconocida y hasta venerada, por muchísima gente, como así también odiada y atacada por un número de personas también ingente. Porque su propia evolución es una cosa muy rara, y las condiciones y circunstancias en que el santo ha surgido, son ciertamente excepcionales. Es redundante decir que el hecho de conocer a un santo es una ocasión verdaderamente única en la vida. La persona santa se destaca por muchos atributos, como su carencia de miedo, su sed de justicia, su contagioso empeño y esfuerzo, etc. Pero sus dos cualidades más importantes son: su INFLEXIBLE INCLINACION AL BIEN, y su CAPACIDAD DE OBRAR “MILAGROS”. La disposición del santo hacia todo lo bueno, todo lo correcto, todo lo virtuoso, es patente en cada acto que realice; y su imperativa y hasta furiosa negativa a obrar el mal, es más que evidente ante la más leve mención del tema. El santo siempre elige lo mejor, antes que lo peor; o sea que el bien, antes que el mal: esto es un hecho; aunque sea difícilmente discernible para otras personas que no comprenden los infinitos matices de la bondad y la maldad. En lo que concierne a los “milagros”, hay que decir que el HOMO SANCTUS, comprende las leyes naturales de la vida, así como ciertas leyes “sobrenaturales”, y las ejerce, pero siempre para hacer el bien. Demás está decir que, hasta el fin de los tiempos, la “ciencia”, aunque descubra infinitas leyes naturales, jamás descubrirá una sola de estas leyes sobrenaturales (o sea que lo “descubierto” convencionalmente se vuelve natural, y lo oculto es lo sobrenatural). Es como un patrimonio exclusivo, “monopolizado”, por los santos. Excepcionalmente, uno que “no es de Dios”, puede “acceder” a estos misterios, e incluso utilizarlos sin el debido cuidado. Tanto quien otorga ilícitamente este bien (la facultad de obrar “milagros”) como quien lo recibe han de atenerse a las consecuencias, como ladrones que reparten bienes que no son suyos.


Un santo es una persona que, en líneas generales, ha comprendido a cabalidad el propósito de su propia vida, que lleva a cabo una misión y que ha cumplido con el objetivo del ser nacido o venido a la existencia. Incluso un mero sabio ya ha trascendido las fangosas regiones del sufrimiento humano, aunque todavía experimente el dolor. Ya que EL SUFRIMIENTO ES EL DAÑO AUTO-OCASIONADO, IGNORANTE, INCONSCIENTE Y MERECIDO, el “castigo”, por así decirlo, por la maldad ocasionada. Mas no así EL DOLOR, que generalmente ES EL PADECIMIENTO INHERENTE AL CUERPO, el “impuesto” mínimo que se debe abonar por hacer usufructo de las estructuras que constituyen el andamiaje de la persona (el cuerpo humano). El dolor es automático, mecánico aunque consciente; el sufrimiento es auto-generado, innecesario y pasible de ser descartado.


Entonces, tanto el sabio como el santo, han comprendido profundamente la naturaleza del dolor y del sufrimiento, pudiendo desechar, si así lo desean, el segundo, para continuar con su “purificación” y seguir evolucionando, dependiendo de cada individuo y su misión en la vida. Luego de seguir el sendero de la santidad, y de bregar incesantemente en la identificación con Dios, la persona “se convierte” en un omnisciente: un HOMO SAPIENS OMNIPOTENS.


Es verdaderamente un evento cósmico que tal cosa suceda, que “un ser humano” llegue a evolucionar a tal punto; puesto que es el “máximo grado” al cual se puede aspirar en esta “dimensión espacio-temporal”. Quizás uno en un millón de hombres sabios llegue a ser un santo, y quizás un santo entre ese millón llegue a la omnisciencia. Realmente los omniscientes son como soles luminosos caminando sobre la tierra, seres “perfectos”, plenamente identificados con Dios, supremamente evolucionados en cualquier aspecto, excelentes en todo. El HOMO SAPIENS OMNIPOTENS tiene dos características que lo delatan, y son: su TOTAL DOMINIO DE LA REALIDAD, y su INCAPACIDAD DE COMETER ERRORES. Dependiendo del punto de vista filosófico del lector, la palabra “realidad”, pudiera tener varios significados, como “tiempo-espacio”, “consciencia ”, etc. Baste decir que el omnisciente tiene un control total sobre “todo”, un dominio completo y absoluto de todas las cosas, una especie de autocracia sobre el universo; o sea que es verdaderamente, simple y llanamente, omnipotente. Así también, todo lo que un omnisciente piense, haga o diga, es beneficioso para la humanidad, y puede ser tenido como ejemplo, puesto que le es imposible “caer” de su estado, bajo ninguna circunstancia o condición. Verdaderamente el HOMO OMNIPOTENS puede decir con toda naturalidad: YO SOY DIOS; y no solamente afirmará una verdad, sino que simplemente confirmará un hecho.


Antes vimos que el sabio funciona en el nivel del pensamiento, puesto que sus dilucidaciones y ponderaciones acontecen, en su mayoría, en el fuero interno. El santo, opera en el nivel de la palabra, y el universo mismo coadyuva para que todo lo que él pronuncie se materialice, se haga verdad. El omnisciente es todo divinidad, todo en todo, plenamente en contacto con la realidad. Se puede decir que el mismo cuerpo del omnisciente es el cosmos en su totalidad, y que opera en el nivel de la acción.


Por tanto, mejor que escuchar a un sabio, es seguir a un santo, y mejor aun, es buscar la gracia de un omnisciente; pero más beneficioso que todo eso, es evolucionar uno mismo. Así que, más que desanimarse ante tan impresionante perspectiva, ¡animarse a seguir el camino y llegar a donde ellos efectivamente llegaron, sabiendo que ES POSIBLE PARA QUIEN SE LO PROPONGA CON VERDADERO AHÍNCO!


 

Quantum vital


Todo ser que aparece y es manifestado, se despliega en la matriz espaciotemporal, afectándolo de manera distintiva en cuanto sí mismo: EL QUANTUM VITAL ES LA MEDIDA DE esa MANIFESTACIÓN. El ser no necesariamente es un ente, pero generalmente se individualiza como uno. Su conscienciación como tal significa su aparición, que puede darse sin autonomía. La manifestación se refiere a la afectación con la que permea la matriz. La matriz, que puede no ser espaciotemporal, se refiere al receptáculo de las manifestaciones del ser.


Todo ser humano tiene un quantum vital específico, dinámico, proporcional, exacto, inmanente e indestructible. Por ejemplo, cada persona tiene una expectativa de vida determinada, que puede variar de acuerdo a muchos factores. O si no tomemos el ejemplo del oxígeno: todo ser vivo necesita de cierta cuota cada día para sobrevivir. Otro ejemplo, existe la consideración de que las personas tienen cierto destino o karma, con el cual deben lidiar, o enfrentarse, o trabajar a través de él. El quantum vital es el “alma” que puede ser moldeada a voluntad. Es la “cédula de identidad” espiritual.


Si se quiere remodelar una casa, puede hacerse directamente, sin mayores verificaciones. O si no, pueden analizarse los planos originales, y proceder de una manera más efectiva. El quantum vital son los planos originales de toda persona.


A diferencia del concepto convencional de alma, el quantum vital es extremadamente tangible, perceptible, en pleno contacto con la realidad física. Vincula estrechamente pensamiento, palabra y acción en un solo haz perfectamente maleable para quien emprenda la ciencia de moldearlo. De hecho, las personas realizadas o con la sensibilidad sublimada pueden percibir que hasta los átomos tienen quantum vital y consciencia.


Entonces, para abordar la aventura espiritual es necesario conocer el quantum vital propio, el alma de uno mismo. Esto se hace por diferentes métodos o técnicas; pero sin importar cuál se elija o practique, lo importante es ser disciplinado. LA DISCIPLINA ES LA HABILIDAD DE INTEGRAS CIERTAS PAUTAS AL ESTILO DE VIDA. Una persona disciplinada con toda seguridad va a ser exitosa en cualquier campo de la vida, si es que lo emprende con interés. Evidentemente, en la tarea Suprema, la clave del éxito se encuentra en la perseverancia; una perseverancia constante, férrea e indeclinable.


Cuando el quantum vital está disciplinado, es sumamente manejable: como un potro salvaje que ha sido domado. Ahí es cuando tenemos disponible capacidades, que pueden ser denominadas “sobrenaturales” o “milagrosas”; de hecho, son totalmente normales y cotidianas: es meramente el potencial dormido que empieza a manifestarse. Por ejemplo, se puede llegar a tener un gran control sobre el sueño, las enfermedades, la alimentación, etc. La maestría se da cuando uno no necesita dormir, enfermarse, “alimentarse”, etc. Pero no es nuestro propósito desviar la atención hacia temas que solamente unos pocos podrán corroborar.


La idea general de tener un quantum vital “sano”, es vivir una vida simple. O sea, un ESTILO DE VIDA no complicado, no contaminante, no dañino. Es decir practicar una vida moral, simple, sana y buena. LA MORAL ES LA CIENCIA DE HACER LO CORRECTO. ES EXTREMADAMENTE PRÁCTICA Y CIENTÍFICA: SU PRÁCTICA CONSISTE EN CONOCERLA CIENTÍFICAMENTE, Y SU CIENCIA CONSISTE EN PRACTICARLA. Realmente quien vive moralmente es un agraciado, un bendito, ¡y un buen empresario!, porque invierte todos sus bienes (quanta vital) en el mayor bien o empresa (la vida). Un espectador puede ser conmovido hasta las lágrimas por una orquesta, y luego olvidarse del asunto; no así el maestro, cuya profesión es la música; así también, uno puede asombrarse momentáneamente al ver y constatar demostraciones de una vida moral, pero las sutiles y exquisitas variaciones de tal estilo de vida, están reservadas a unos pocos elegidos. ¡Los pocos que tienen el valor suficiente como para elegirse a sí mismos!


UNA MORAL PERFECCIONADA ES DELICIA PARA EL ALMA, agua para moldear la arcilla de quantum vital. Si se paga puntualmente las cuotas al banco, éste extenderá y ampliará los créditos para uso futuro; y en el banco de la vida es lo mismo, al pagar crecientes cuotas de bien, se nos regalan créditos de libertad para invertir como nos plazca. El quantum vital “crece” a medida que la persona va evolucionando, “incluyendo” a otras personas en ella, como líquido de distintos vasos que se derraman en una jarra mayor. Esto es bastante conveniente porque todos salen beneficiados: las “almas” evolucionan junto con el quantum vital.


La ciencia del quantum vital es extremadamente sutil, se requiere una mente esclarecida, prístina y purificada para analizarla, porque los pensamientos son de una naturaleza sublime, prácticamente inefables. Entonces la ciencia del quantum vital es unitiva, no hace distinciones arbitrarias sino que tiende a moldear todos los quanta en unidad, como se dijo. O sea que un alma evolucionada absorbe gloriosamente a otras menos afortunadas sin que ninguna identidad sea perturbada, como en una coreografía en la que los bailarines parecen entremezclarse y unirse en una sola cosa sin perder cada uno su individualidad. El alma mejor evolucionada puede estar consciente de la sinergia, como también ser molestada por vibraciones inarmónicas emanadas del quantum total.


El problema fundamental de los quanta vitales es que la cantidad es indistinta, da igual que sean uno o muchos, es lo mismo; de hecho, ¡pueden serlo al mismo tiempo también! ¡Pueden también ser todos completamente diferentes permaneciendo, no obstante iguales! Es verdaderamente enigmático.


Pero si cabe hablar de etapas, hay que decir que cierto quantum o alma determinada, primero es consciente de la cantidad, luego de la calidad, luego del quantum, y finalmente de la unidad. Al principio el quantum suma otros quanta y a sí mismo, aquí el número cuenta, la cantidad. Contando y contando, empieza a discriminar las cualidades individuales de las almas o quanta vitales, la calidad. Clasificando las distintas formas y modos de quanta llega a vislumbrar el quantum, como burbujas que surgen del agua. Unidad significa ya no hacer distinción entre las burbujas y el agua. En el nivel quántico, se trabaja los quanta de infinitas maneras; en el nivel de la unidad, todo eso carece de importancia o relevancia.


En síntesis: sumar cantidades de almas morales, perfeccionar las de mejor calidad, combinarlas en quanta brillantes y sumergir todo en la unidad.


 

La mente


LA MENTE ES LA CAPACIDAD DE GENERAR PENSAMIENTOS, y la aparente persona que se colige de ellos (el paquete de pensamientos acumulados) es la psique. La psique tiene tres partes: memoria, imaginación y consciencia; la primera se refiere a la actividad mental dirigida hacia el pasado, la segunda, hacia el futuro; y la tercera hacia el presente, respectivamente. También puede dividirse en otras tres partes análogas: el sub o inconsciente, el consciente y el supraconsciente. Valga decir que con EL TRABAJO DE INVESTIGACIÓN Y ANÁLISIS DE LA MENTE, que SE LLAMA MEDITACIÓN, es posible “juntar” las partes de la mente en una sola cosa homogénea y perfectamente controlable y comprensible. O sea que toda división de la mente (la mente misma), es vista finalmente como algo superfluo, ficticio, desdeñable. Un niño tiene un autito de juguete, aprende a desarmarlo y armarlo con maestría, entonces puede elegir tirar el juguete o seguir disfrutando de él: de todas maneras conoce el chirimbolo a la perfección. Eso es tener la supremacía absoluta sobre la mente y los pensamientos.


En lo que concierne a materia, el átomo es la partícula “más pequeña”, el bloque básico y último; en lo que concierne a energía, es el pensamiento (en realidad es trivial la distinción entre materia y energía). Entonces, EL PENSAMIENTO ES LA FORMA DE ENERGÍA MÁS SUTIL perceptible en este universo.


Se tiende a ubicar el aparato mental en el cerebro, pero eso no es completamente cierto. El cerebro es un mero catalizador de los procesos energéticos que se traducen en la creación de la psique. Esta creación implica una identificación; por ejemplo: la mente con un cerebro, la persona con un cuerpo humano. Pero el cerebro no es la fuente única y exclusiva de energía pensativa o conscienciativa, así como un fisicoculturista no es la única fuente de energía física o motriz, aunque sí es una determinada especialización o particularización de la energía.


Es un hecho que el universo no es sino energía. Desde ese punto de vista, es posible afirmar que, en última instancia, LA REALIDAD ES SOLAMENTE PENSAMIENTO. Pero debido a las inherentes complejidades del proceso de pensar, es difícil demostrar esta afirmación. No deja de ser cierta, sin embargo, para quien se aventura a hacer el experimento: el “átomo” se escinde en partículas elementales, y éstas a su vez en pura energía; ésta energía partida en niveles infinitesimales, no prueba ser otra cosa sino pensamiento. El pensamiento, desde esa óptica, es el velo final de la manifestación; o sea que sin el pensamiento, sólo habría “vacío”.


Cuesta comprender todo esto porque pareciera ser extremadamente subjetivo: no lo es. El pensamiento, siendo energía, está patente en todo el universo, operando todo el tiempo. Sólo que funciona en un nivel inconsciente o imperceptible; lo mismo que las ondas de radio impregnan todo el espacio sin que nos percatemos, hasta que encendemos el aparato y la antena los sintoniza. Así también, el proceso de manifestación de este universo, es claramente visible y constatable para quien tenga las “antenas” requeridas.


Se plantea la cuestión de que, por ejemplo, una roca no sea otra cosa sino pensamiento. Y el hecho es el siguiente: la roca es materia, la materia es energía, y la energía es pensamiento. La roca, sin embargo, es materia organizada de manera demasiado burda como para manifestar una consciencia como la del ser humano, pero sin duda tiene una forma rudimentaria de consciencia. EL PENSAMIENTO ESTRATIFICADO ES LA CONSCIENCIA, en este contexto. Las plantas tienen una forma de consciencia un poco más desarrollada, y los animales aun más: finalmente el ser humano se lleva la corona de la autoconsciencia. Esto no significa que otras formas de vida no posean autoconsciencia: solamente que su autoconsciencia se restringe a niveles elementales, instintivos y básicos. Finalmente, EL UNIVERSO ENTERO ES UNA GRAN MASA DE CONSCIENCIA INDIFERENCIADA. Por eso si se conoce el pensamiento, se conoce la consciencia, y si se conoce la consciencia se conoce todo el universo.


Del pensamiento se derivan otras facultades del ser humano: palabra y acción. Y las tres deben estar coordinadas, así como un triciclo, con el pensamiento como rueda guía. De esta manera, la energía es apropiadamente canalizada y utilizada. Cuando el pensamiento no va en contra de la naturaleza de las cosas, se llama pensamiento recto. Entonces, EL PENSAMIENTO RECTO ES SINTONIZARSE CON LA REALIDAD. Por eso si el pensamiento es justo, las palabras y acciones son acordes, y la autenticidad es patente. Primero se prepara la carnada, luego se tira al río y se espera; así también, el pensamiento recto debe ser practicado asiduamente, hasta que quede bien fijo, después simplemente se espera. Las palabras y acciones justas fluirán ineludiblemente.


Surge la cuestión de los PROCESOS COGNITIVOS. Ellos son meramente EL PROCESAMIENTO DE INFORMACIÓN en un momento dado, acumulados después. Dependiendo de la manera o sistema de almacenamiento, esta información es llamada “ciencia”, “filosofía”, “religión”, etc. Todo ello tiene un valor contextual, práctico, objetivo; pero es básicamente incongruente con la verdad. Por ejemplo: primero acontece algo, al día siguiente está en los periódicos: el evento real está separado de la información acerca de él. O sea que hay un lapso, una laguna insoslayable entre la Verdad y las verdades científicas o teóricas. Esto significa que los procesos cognitivos, el fluir de los pensamientos, no son la realidad absoluta, final, aun cuando el universo entero no sea otra cosa sino un gran pensamiento. La mente es la llave para entender todo, pero la llave sirve hasta que se abre la puerta; una vez abierta, se la puede dejar, tirar, o guardar: lo importante en entrar en el misterio. Y uno mismo es el mayor misterio.


En conclusión: descifrando los pensamientos en la meditación es posible conocer la mente, lo que posibilita la comunión conscienciativa con el universo. Finalmente SE COMPRENDE TODO COMO UNA SOLA COSA: EL UNIVERSO, DIOS, UNO MISMO: UN ÚNICO GRAN MISTERIO GOZOSO.


Documento facilitado por el Autor

Registro en el PORTALGUARANI.COM : Julio 2012

 



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