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MANFREDO RAMÍREZ RUSSO


  EL CORONEL CENTURIÓN - HISTORIADOR Y DIPLOMATICO - Por MANFREDO RAMÍREZ RUSSO


EL CORONEL CENTURIÓN - HISTORIADOR Y DIPLOMATICO - Por MANFREDO RAMÍREZ RUSSO

EL CORONEL CENTURIÓN - HISTORIADOR Y DIPLOMÁTICO

Por MANFREDO RAMÍREZ RUSSO

PARTIDO COLORADO

INSTITUTO COLARADA DE CULTURA

CICLO DE CONFERENCIAS “HOMBRES E IDEAS”

VOLUMEN Nº 2

Casa AMERICA S.A.

Editorial Gráfica – VII-72

ASUNCION, PARAGUAY

1972

 

 

 

 

 

EL CORONEL CENTURIÓN

HISTORIADOR Y DIPLOMATICO

 

         por MANFREDO RAMIREZ RUSSO

 

         La Historia es una ciencia que reserva en sus páginas las luces y sombras del acontecer social y humano. De sus lecciones surgen muchos de los elementos principales que componen la cultura de los pueblos y le dan su personalidad propia.

         La Historia de Atenas, Esparta o Roma demuestra la formación de culturas nacionales propias forjadas en los valores, las tradiciones, los sufrimientos y las alegrías de cada pueblo adecuados a su tiempo.

         Los grandes hombres, cuando representaron valores universales como héroes, filósofos, legisladores, políticos, artistas o científicos, adquirieron la dimensión del prototipo, fueron la síntesis expresiva de su propia comunidad nacional, y merecieron el respeto de toda la humanidad.

         La magnitud de un pueblo se expresa en la dimensión de su historia y en la perennidad de su cultura.

         Nuestra nación ha podido conmover la conciencia de la humanidad y nuestro pueblo ha tenido un sentido especial para apreciar la sublime virtud de sus grandes hombres.

         Por eso, cuando el Instituto Colorado de Cultura nos distinguió con el honor de participar en este ciclo de «Hombres e Ideas», evaluamos con profunda gratitud la oportunidad de ofrecer nuestro testimonio.

         Más aún, puesto que debíamos abrir las páginas de nuestra historia para recoger las lecciones de nacionalismo insertas en el «tiempo-dimensión » más heroico de nuestro pasado.

         Resultaba muy honrosa también la circunstancia que permitía presentar este trabajo en la muy culta capital guaireña de Villa Rica del Espíritu Santo. Ciudad firmemente enclavada en el Ybytyruzú eterno con la misma fuerza con que la idea de Patria perseveró en ella por sobre la dinámica andariega que su vida pasada le impuso.

         No cabe duda, también, que este importante compromiso partidario podrá ayudar a la permanente renovación y la puesta al día en la fe nacionalista.

         En efecto, junto a los valores de la paraguayidad que vamos a examinar, estará presente la vocación de patria del modo como han vivido y seguirán viviendo los hombres que, como el Coronel Centurión al militar en el Coloradismo, tienen la perspectiva que nace de lo profundo de nuestra historia. Una perspectiva que respeta los modos de ser del hombre paraguayo, sin temores, vergüenzas ni disimulos.

         Nos resulta particularmente grata la tarea porque vamos a reflexionar junto a la figura, al pensamiento y a la obra del valeroso Coronel Juan Crisóstomo Centurión, que como soldado, historiador, diplomático y político supo vivir con una sola filosofía que es la del nacionalismo y con una sola bandera que es la del coloradismo.

         La revisión de la etapa histórica vivida por el Cnel. Centurión promueve el estudio de todo un proceso global de nuestro pasado y permite concluir que las señales de nuestro nacionalismo transitan por muchas sendas. Su figura ha sido muy combatida y su estatura dimensionada con el fuego de la polémica pudo resultar en algunos casos afectada por el juego de las pasiones. Por eso, el Coronel Centurión entiende que la vida de los hombres públicos resulta necesario escribirla, «por el provecho que pueda ofrecer su experiencia a las generaciones futuras, para imitar su ejemplo en lo que se ajuste a las reglas del deber, de la moral y de la virtud, y para evitar de incurrir en los defectos de que haya adolecido».

         Al escribir sobre su propia historia, considera el Coronel Centurión que no puede emprender el relato de su vida en forma aislada y separada de toda relación con el medio de que hizo parte, porque «desgraciado de aquel que volviendo la vista hacia atrás no encuentra entre los suyos nada que aprender o imitar, y sí mucho que evitar... ».   El historiador Centurión se revela plenamente en su voluminosa obra de 4 tomos titulada «Memorias», o «Reminiscencias históricas sobre la Guerra del Paraguay». Relata allí su vida muy integrada y referida sobre todo a la Guerra de la Triple Alianza y concluye poco después de Cerro Corá.

         Juan Crisóstomo Centurión nació en Itauguá el 27 de enero de 1842, cuatro meses después del fallecimiento de su padre, don Francisco Antonio Pérez de Centurión. En sus «Memorias» figura la fecha de su nacimiento en el año 1840, pero la del 42 la obtuvimos mediante sus familiares, en los «Apuntes Biográficos» que, inéditos y manuscritos por él en quince fojas, lo tuvimos en nuestro poder junto con otra importante documentación y relatos de los que iremos haciendo referencia. Séanos por ello permitido expresar, en la persona de su distinguida nieta doña Carmen Centurión de Croskey, la ponderada valoración que ha merecido su gesto que, por sobre todo, sirve para conocer mejor a una figura ilustre de nuestro pasado.

         El padre del Coronel Centurión adquirió posición y conocimientos jurídicos junto al Dr. Joaquín Zamalloa, que fuera asesor de los Gobernadores desde la época de Alós, Ribera y hasta los primeros tiempos de Velasco. No obstante, en la etapa previa a la Independencia formó fila en el partido nacional. Así fue -dice su hijo- porque de los tres partidos en que estaba dividida la sociedad paraguaya, ni el realista, ni el porteñista brindaban la «consistencia», la «popularidad» y el eco que tenía el partido nacional. Esta afirmación es muy importante desde el punto de vista político.

         Antes de nacer a la vida independiente estábamos, pues, divididos en tres partidos. Dos de ellos, el realista y el porteñista, significaban la postergación o la negación de la idea de patria o, en última instancia, la copia o la búsqueda de otros modelos ajenos a nuestra manera de ser. En cambio el tercero, el partido nacional, era ya entonces, como sigue siendo hoy, la afirmación de nuestro ser como realidad, como nación, como existencia. El ha sido y es capaz de sostener nuestro propio dinamismo en esa permanente creación que es la obra de toda corriente nacionalista.

         Centurión situó el hito inicial de nuestra expresión nacional en el momento de la invasión de Belgrano porque percibió la razón de ser de la defensa paraguaya. Dijo: «La verdadera idea que tuvieron los paraguayos para no haberse prestado entonces y aún después a cooperar con los argentinos en su revolución directamente, eludiendo todo compromiso con la manifestación de esperar la decisión de la Corte de España, no fue porque dejaran de simpatizar con el movimiento de sus hermanos, SINO PORQUE QUERIAN HACERSE REAL Y VERDADERAMENTE INDEPENDIENTES, TENIAN EL GRANDIOSO PENSAMIENTO DE PERTENECERSE A SI MISMOS, en una palabra, no querían romper la cadena de la metrópoli española para luego someterse a la de Buenos Aires, PORQUE SI OMINOSA ERA LA PRIMERA, FATAL HUBIERA SIDO LA SEGUNDA!»

         Como historiador, encontró el lugar correcto de las piezas maestras de nuestra nación en los momentos augurales de su independencia.

         Penetró en la significación que tuvo la figura del Dr. José Gaspar de Francia. Sobre su estilo de gobierno, dijo: «la concentración del poder era indudablemente necesaria para vigorizar la acción del gobierno, y puede considerarse como un paso más dado a favor de la independencia...».

         Le reconoció significación continental cuando éste se opuso a las ideas monárquicas de Posadas, el Director de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Dijo: «El Dr. Francia tenía los ojos fijos en la marcha de los acontecimientos revolucionarios en el Rio de la Plata y en el giro que tomaban los movimientos políticos, llegó a columbrar el proyecto iluso y liberticida que el Director Posadas y sus satélites intentaban realizar, y denunció enseguida a los demás pueblos la existencia de aquel proyecto antiamericano que conspiraba directamente contra el triunfo de las ideas de libertad y progreso. El Dr. Francia en esta ocasión DIO UNA ESPLENDIDA PRUEBA DE SU AMERICANISMO».

         La infancia de Juan Crisóstomo Centurión transcurrió en Itauguá al cuidado de su madre. Se inició en las primeras letras junto al joven estudiante Silvestre Yegros. Luego ingresó en la escuela del maestro Quintana, considerada como una de las mejores del país. Concurrió a la escuela de aritmética, que bajo la dirección de don Miguel Rojas funcionó en Zeballos-Cué, como un curso preparatorio para ingresar a la Escuela de Matemáticas.

         En 1853 formó parte del primer grupo de alumnos que cursó estudios en dicha Escuela de Matemáticas creada por el Gobierno de don Carlos Antonio López y dirigida por el maestro francés Dupuy.

         Fue aventajado alumno del español Ildefonso Bermejo. En la Escuela Normal dirigida por éste fue galardonado entre los alumnos sobresalientes, de conformidad a la constancia que se le expidió en fecha 3 de enero de 1856.

         Centurión figuró entre los alumnos del Aula de Filosofía fundada por Bermejo. Se destacó en oportunidad de dar examen público en el local del antiguo Teatro Municipal en presencia del Presidente de la República y de otras personalidades.

         De entre los alumnos de Bermejo ha recordado muy especialmente a su apreciado amigo Natalicio Talavera, ilustre hijo del Guairá. Le rindió homenaje diciendo de él que «era poeta y, como tal, dotado de una imaginación brillante y fecunda. Su estilo como prosista era elegante y florido. Ideas generosas, pureza de sentimientos, nobleza de propósitos y maneras cultas y agradables, constituían las condiciones distintivas y salientes del carácter de aquel distinguido e inteligente joven. Murió en Paso-pucú en 1866, a la edad de 28 a 30 años».

         Centurión fue becado por don Carlos Antonio López para proseguir sus estudios en Europa, juntamente con Gerónimo Pérez, Cándido Bareiro, Andrés Maciel y Gaspar López.         Partieron en junio de 1858 en viaje directo de Asunción a Londres en el vapor nacional «Río Blanco›.

         Los cinco becarios quedaron en Inglaterra para hacer sus estudios. Algo de inglés aprendieron durante el viaje mediante las lecciones dictadas por el marino M. Rockell. En el curso de un año estudiaron inglés y durante los últimos seis meses también francés. Centurión llegó a hablar perfectamente ambos idiomas.

         Para especializarse en Derecho Internacional nuestros compatriotas se acercaron al abogado y publicista Dr. Leone Levi. El prestigioso catedrático de Derecho Internacional Público y Privado y Derecho Mercantil les dictaba diariamente lecciones jurídicas.

         En 1861 se matricularon en el King's College de la Universidad de Londres. Los exámenes escritos fueron a fines del mismo año. En enero de 1862 fue laureado con un premio y un certificado de mérito.

         En 1862 sólo quedaron en Londres Centurión y Cándido Bareiro. Centurión frecuentó en esa época tertulias familiares, sociedades científicas y literarias, sesiones del Parlamento, museos de ciencias y artes y los teatros para asistir a las representaciones, especialmente de las populares obras de Shakespeare. En el curso del mismo año se inscribió y asistió como miembro al «Congreso Internacional para la difusión de conocimientos útiles». En el mes de marzo de 1863 recibió la orden de trasladarse a París para luego regresar a la Patria. Vivió, pues, cinco años en Inglaterra. Se embarcó para Sudamérica en Burdeos y llegó a Asunción el 10 de mayo del mismo año, concurriendo de inmediato al despacho del Presidente de la República, a quien presentó sus saludos.

         Luego de realizar una visita a su madre en Itauguá, regresó para asumir el cargo que el Presidente de la República le había asignado en la biblioteca particular del mismo, en carácter de Oficial de su Gabinete Privado. En la biblioteca leyó intensamente obras en inglés y francés y escribió colaboraciones para el «Semanario».

         Cuando los sucesos políticos de la Banda Oriental entre los años de 1863-64, señaló que tanto la Argentina como el Brasil no eran extraños a los mismos. Consideró que nuestro Gobierno no tuvo otra alternativa que prepararse para hacer frente a cualquier eventualidad que pudiera sobrevenir.

         Le resultó justificada la fundación del Campamento de Reserva en Cerro León en 1864. Centurión estuvo en Cerro León todo el tiempo que duró la presencia del entonces General López, desde Febrero hasta Abril de 1864.

         Dejó sentado que la intervención argentino-brasileña en favor de Flores apuntaba en última instancia a nuestro país. Al respecto ha hecho alarde de gran conocimiento sobre la tradición y los propósitos de conquista que abrigaba el Imperio del Brasil.

         No menos terminante ha sido al juzgar lo que consideró como traición de Mitre a la vocación histórica de su propio pueblo y la triste instrumentación a que se vio sometido Venancio Flores.

         Consideró que nuestro país fue empujado a una guerra injusta, «porque ella era una consecuencia natural de la historia de la emancipación e independencia del Paraguay, que se ha visto, desde los primeros días de su existencia política, obligado a vivir hasta entonces con el fusil al hombro, para rechazar y contener las pretensiones que se oponían a ello directamente y desbaratar las intrigas con que, por otro lado, se procuraba debilitarle a costa de sus más caros intereses».

         Desatada la guerra y producida la ocupación de Corrientes por el General Robles, el Mariscal dispuso que el Canciller don José Berges se traslade a dicha ciudad presidiendo una delegación especial. Centurión la integró como Secretario del Ministro. Ambos regresaron en el mes de Octubre.

         En mayo de 1866 vivió activamente las alternativas de la batalla de Tuyutí. Llevaba al Mariscal los partes del Coronel Alén. Fue herido ligeramente en la cabeza con el pedazo de casco de una bomba. A raíz de la eficaz labor cumplida en la batalla de Tuyutí fue condecorado con la Estrella de Caballero de la Orden Nacional del Mérito. Unos meses después obtuvo el grado de Capitán honorario.

         En sus «Memorias» ponderó la nota protesta del Perú que llegó a conocimiento del Mariscal en julio de 1866. Dijo que ella «ha contribuido poderosamente a impedir que los aliados llevasen a cabo su inicuo propósito de borrar al Paraguay del mapa de las naciones independientes de América».

         Acompañó al Mariscal en Yatayty Corá el 12 de setiembre de 1866. Nos ha hecho vibrar con las reflexiones formuladas ante el gesto de nuestro héroe en busca de la paz y nos ha conmovido con las pinceladas con que describió la grandiosidad del lugar de la conferencia.

         Poco después le encomendó el Mariscal el establecimiento de una Escuela o Academia para enseñanza de gramática castellana, geografía y los idiomas francés e inglés. Los beneficiarios eran todos guerreros. Dijo: «La idea no podría ser más feliz. Con ella dio a comprender el Mariscal que poseía un elevado espíritu progresista, penetrado sin duda de que contra la ignorancia no existe otro antídoto que la ciencia y que finalmente las preocupaciones del momento no obstaban del todo para ejercitar la inteligencia en algo útil y provechoso».

         Destacó el arrojo y el valor del General José Eduvigis Díaz, sobre cuya trayectoria y conducta emitió juicios definitivos. Con motivo de la muerte del héroe de Curupayty reflexionó Centurión y dijo: «El tiempo podrá secar los caudalosos ríos que fertilizan el suelo patrio con su riego, pero será impotente para borrar de la memoria del pueblo paraguayo el nombre de este modesto hijo de Pirayú que llegó a ser el terror de los aliados por su incontrastable valor y bravura. Su nombre sintetizaba el ardor y el entusiasmo del ejército por la causa que defendía...

EL UNICO OFICIAL A QUIEN DIAZ EN SU LECHO DE MUERTE RECOMENDO AL MARISCAL FUE AL ENTONCES CAPITAN BERNARDINO CABALLERO, HOY GENERAL DE DIVISION. SU RECOMENDACION NO FUE DESATENDIDA POR EL MARISCAL EN EL CURSO DE LA CAMPAÑA. TUVO OCASION PARA CONSTATAR LA RAZON QUE LE HABIA ASISTIDO PARA ELLO AL INCLITO EXTINTO».

         Junto con el Capitán Andrés Maciel y otros formó un grupo de estudiosos que adoptó una ortografía guaraní.

         Cuando por orden del Mariscal se estableció la imprenta en Paso Pucú, Centurión sugirió que se fundase un periódico satírico y tuvo la idea de que se le diese el nombre de «Cabichuí». Propuso el dibujo de un negro acosado por un enjambre de avispas. El periódico, redactado en guaraní y en español, salió a luz el 13 de mayo.

         Como soldado, Juan Crisóstomo Centurión tomó parte activa en la contienda durante los últimos años. El 22 de diciembre de 1868 le encomendó el Mariscal la misión de recorrer toda nuestra línea de la derecha y parte del centro con el fin específico de tratar de levantar el espíritu de la tropa. Nos relata Centurión que cumplió la tarea a caballo y en medio de las balas. De regreso se le encomendó que, al mando de cuatro soldados, saliera fuera de la trinchera a recoger pertrechos de los muertos enemigos, y esta misión también fue cumplida eficaz y valerosamente. El 23 de diciembre de 1868, recibió Centurión su despacho de Sargento Mayor efectivo de Infantería de Línea por acción de guerra.

         En la madrugada del 23 de diciembre de 1868 actuó como testigo y firmó el testamento del Mariscal. En enero de 1869 fue condecorado con la Estrella de Gran Oficial de la Orden Nacional del Mérito.

         El comentario que formuló a la contestación dada por el Mariscal a la nota que le remitieran los jefes de la Triple Alianza intimando la rendición incondicional de su ejército en un plazo de 12 horas, mantuvo, como siempre la visualización nacionalista de la problemática. Según Centurión, la respuesta del Mariscal constituyó la digna expresión de la voluntad nacional que encarnaba y dijo; «es una página brillante y gloriosa que ha de triunfar de los estragos del tiempo y pasará esculpida en letras de oro hasta las más remotas generaciones. Es un impulso heroico de patriotismo que no admite en su contra ninguna interpretación desdorosa, porque quien lo produjo SUPO SELLAR SUS PALABRAS CON SU PROPIA SANGRE EN CERRO CORA. El heroísmo que desplegaron los soldados de la patria en les campos de batalla, prefiriendo caer muertos a rendirse, es debido a esa educación militar que constituye una de las glorias más positivas del Mariscal».

         No podernos resistir al deseo de transcribir algunos párrafos de la nota que tanta ponderación mereciera de parte del Coronel Centurión. En efecto, dijo el Mariscal a los Generales aliados: «Vuestras Excelencias tienen a bien anoticiarme el conocimiento que tienen de los recursos de que actualmente pueda disponer, creyendo que yo también puedo tenerlo de la fuerza numérica del Ejército Aliado y de sus recursos cada día crecientes. Yo no tengo ese conocimiento, pero tengo la experiencia de más de cuatro años de que la fuerza numérica, y esos recursos, nunca se han impuesto a la abnegación y bravura del soldado paraguayo, que se hace con la resolución del ciudadano honrado y del hombre cristiano que abre una ancha tumba en su Patria antes que verla ni siquiera humillada. Vuestras Excelencias olvidarán sin duda que esas mismas acciones pudieran de antemano demostrarles cuán cierto es todo lo que pondero con admiración de mis compatriotas y que cada gota de sangre que cae en la tierra es una nueva obligación para los que sobreviven. Vuestras Excelencias no tienen el derecho de acusarme para ante la República del Paraguay, mi Patria, porque la he defendido como la defiendo y la defenderé todavía. Ella me impuso ese deber y yo me glorifico de cumplirlo hasta la última extremidad, que en lo demás, legando a la historia mis hechos, sólo a mi Dios debo cuenta. Y si sangre ha de correr todavía, El tomará cuenta a aquél sobre quien haya pesado la responsabilidad».

         El 24 de Julio de 1869 Centurión ascendió a Teniente Coronel. En octubre del mismo año recibió del Mariscal, en presencia de la señora Alicia Lynch, la comunicación de su ascenso a Coronel.

         En Diciembre de 1869 fue designado Jefe de la Mayoría en reemplazo del Coronel Hilario Marcó.

         Toda la última parte del cuarto tomo de sus «Memorias» queda reservada a la etapa del gran sacrificio final. Pareciera que el historiador, el patriota, el diplomático y el artista conjugaran el mismo verbo ante el altar de la Patria.

         Cerro Corá constituye para él, «el triunfo moral que alcanzo el Paraguay sobre sus enemigos. Basta leer la historia de la defensa, basta seguir paso a paso al Ejército Nacional, para convencerse de que éste no fue derrotado sino totalmente exterminado. Aquellos, en realidad, no conquistaron sino una tumba. Por eso Cerro Corá vivirá eternamente, porque su recuerdo, ligado como está a una de las páginas más brillantes de la historia americana, se ha de conservar a través de los tiempos, sirviendo a las generaciones futuras para inspirarse en los momentos supremos, un libro abierto donde están consignadas las más sublimes virtudes de sus antepasados».

         La intervención que le cupo al Coronel Centurión así como, los aspectos salientes del 1º de Marzo de 1870, están detenidamente expuestos en su obra. Al conocerse la aproximación de las tropas brasileñas, recibió órdenes del Mariscal para dirigirse al Paso Tacuaras, acompañado del Comandante Riveros. De regreso, con la información de que las tropas enemigas habían rebasado las defensas, se puso de inmediato al frente de las tropas de la Mayoría. Ha dejado constancia de haber librado una lucha desigual. «Una bala le atravesó la cara, llevándole toda la dentadura de la mandíbula inferior de la derecha y la superior de la izquierda, quedando la lengua partida por el medio con la punta pendiente de una membrana».

         Desfigurado, bañado en sangre y con la espada en mano, anduvo el Coronel Centurión sin rumbo fijo. Fue atendido por una generosa mujer. Cerca de las 3 de la tarde del 1º de Marzo cayó prisionero en manos de un batallón brasileño, fue despojado de todas las pequeñas prendas de valor y llevado ante oficiales del Ejército Aliado.

         Centurión no fue testigo presencial del momento del supremo sacrificio del Mariscal. Pero lo relata en base, dice, «a la información reunida en el mismo lugar del hecho y luego con personas que estuvieron presentes».

         En sus «Apuntes Biográficos», que obran en nuestro poder, relata la forma de la ofrenda del Mariscal: «el enemigo se formó en guerrilla y empezó a hacer fuego sobre él. En estas circunstancias vino el General en Jefe del Ejército Brasileño y le ordenó rendición, ofreciéndole salvar su vida, pero él, haciendo uso de su espada, contestó: «muero con mi Patria!» y cayó muerto al golpe de un sargento brasileño que le dio con la guarnición de su espada por la cabeza, según referencias de personas que presenciaron el acto» .

         El relato de sus «Memorias» tiene todavía aliento para describir el valor del adolescente Coronel Panchito López, que émulo de su padre eligió la muerte en lugar de aceptar la rendición. Se ha consumado el proceso. Enterrados los cadáveres del Mariscal y del Coronel López, queda el dolor, la soledad y la tierra de sangre ardiente. Comienzan también a salvarse los restos de la nacionalidad, como anuncio del renacer futuro.

         Los prisioneros fueron llevados a Villa Concepción, en tanto que el Padre Fidel Maíz y él fueron detenidos. Un piquete de soldados los condujo hasta la altura del antiguo Cuartel General. En ese lugar fueron enfrentados por los soldados en amenazadora actitud de fusilamiento. Relatando ese momento, el Coronel Centurión dice: «El Padre Maíz, sin perder su habitual serenidad, me dijo: «Estos nos van a fusilar, rece un Padrenuestro y el Credo para absolverle antes de morir». Le contesté afirmativamente, con un movimiento de cabeza de arriba a abajo».

         El Coronel Centurión volvió a enfrentarse con dicha prueba en dos oportunidades más. Una vez en el Chaco, frente a Villa Concepción, cuando se negara a firmar un documento execrable que los brasileños querían imponerle por la fuerza, y otra vez, cuando estaba prisionero, enjaulado y con una barra de grillos remachada, a bordo del cañonero brasileño «Iguatemí».

         Nos ha contado el Coronel Centurión que su herida cicatrizó y recuperó el habla para mediados de Marzo, mientras hacía a pie el trayecto a Villa Concepción como prisionero. A principios de Abril fue llevado de Asunción a Humaitá y luego trasladado a Río de Janeiro, siempre en calidad de prisionero de guerra. Sus «Memorias» concluyen con el fin de la guerra.

         En Río pidió se le permitiese viajar a Europa. Presencia la caída de Napoleón III en París y, obligado por las circunstancias de la Guerra Franco-Prusiana, pasó a Londres. Allí casó en matrimonio con una joven cubana, Concepción de Zayas y Hechavarría, quien estudiaba en el Colegio Sacré-Coeur de París y ejecutaba deliciosamente el piano. Era hija de don José María de Zayas y Hechavarria, hombre de fortuna en Santiago de Cuba.

         El Coronel Centurión no contaba con el favor de sus futuros suegros para su matrimonio. Pero éstos fallecieron poco después y pudo él casarse con doña Concepción. Se trasladaron a Santiago de Cuba, donde se dedicó al cuidado de los intereses de su familia y aprovechó para seguir sus estudios de Derecho iniciados en Londres.

         Fue en Santiago de Cuba que escribió una novela titulada «Viaje nocturno» o «Reflexiones de un ausente», editada en Nueva York en 1877. Llegó a ejercer la abogacía, conquistándose en el foro cubano reputación de sabio y probo. Según dijo don Oscar M. Valiente, participó también en las controversias que se suscitaron con motivo del hallazgo de las cenizas de Cristóbal Colón en la Catedral de Santo Domingo. «Sus artículos le valieron las felicitaciones de los dominicos y de las personas más doctas del país».

         Produjo también una obra inédita titulada «A los jóvenes que van a entrar en el mundo», cuyos originales se encuentran en poder de su nieta, la señora de Croskey.

         De los tres hijos del Coronel Centurión, Fernando dejó familia constituida y fue laureado en Bélgica como el mejor concertista de violín de la Academia de Licia. Fernando Centurión brilló en el arte en una época en que nuestro país sufría una larga anarquía política.

         Además de la música, cultivó la pintura. Conocemos cuadros de paisajes y rostros paraguayos muy bien logrados. La obra musical de Fernando Centurión ha sido ampliamente estudiada y sólo quisiera mencionar su «Serenata Guaraní», que forma parte del repertorio de la Banda de la Marina de Estados Unidos de América. Fernando casó con una dama de la sociedad belga, y uno de sus descendientes es doña Carmen Centurión de Croskey, que con sentido de paraguayidad conserva documentos valiosos para la historia patria.

         En 1877 Juan Crisóstomo Centurión visitó Estados Unidos de América, y luego de estar un tiempo en Buenos Aires, regresó a la patria en 1878, después de ocho años de ausencia. Comenzó enseguida a trabajar en la abogacía, cuya profesión cuadraba bien a su modo de ser, a su gusto y preparación. Al año siguiente se hizo cargo de la dirección del periódico «La Reforma». En 1882 fue designado Fiscal General del Estado.

         En 1885 fue nombrado miembro de la Comisión encargada de la revisión del Código de Procedimientos Penales, de la Ley de Jurados y del Código Penal. Fue electo dos veces miembro de la comisión del Colegio Nacional.

         Como nacionalista que era, militó en política en las filas del Partido Colorado. Fue uno de sus fundadores, el 11 de Septiembre de 1887, habiendo sido electo para integrar la primera Junta Directiva.

         El estudiante londinense de Derecho Internacional y abogado en Santiago de Cuba y en Asunción, fue designado el 28 de Septiembre de 1888 Ministro de Relaciones Exteriores durante el Gobierno del General Patricio Escobar. Ejerció dicha función hasta el 10 de noviembre de 1890.

         Veamos cuál fue la actuación del Coronel Centurión como Canciller de la República.

         En la Cancillería le cupo hacer la defensa de nuestros derechos sobre el Chaco con ocasión del incidente producido con algunos ciudadanos bolivianos que estaban en Bahía Negra y que fueron detenidos por orden del Presidente Escobar por haber atentado contra la soberanía nacional y haber cometido delitos comunes.

         El 15 de octubre de 1888, el señor Claudio Pinilla, Encargado de Negocios de Bolivia, formuló protesta por nota ante los hechos arriba mencionados, alegando que el denominado Puerto Pacheco (Bahía Negra) pertenecía a la jurisdicción de Bolivia. Planteó los términos de su protesta en el ámbito jurídico considerando que Bolivia tenía legítimas aspiraciones sobre la margen occidental del río Paraguay. Apoyó sus argumentos en el supuesto hecho de que Bolivia se había constituido como Estado independiente dentro de la Audiencia de Charcas, y el nuestro dentro de la Provincia del Paraguay.

         La respuesta de nuestra Cancillería fue elaborada por el Coronel Centurión, tuvo fecha 3 de noviembre de 1888 y no admitió discusión alguna respecto a los derechos territoriales de nuestro país sobre la margen occidental del río Paraguay.

         Dice el Profesor H. Sánchez Quell en su libro «Proyección del General Caballero en la Ruta de la Patria»: «El brillante alegato del Canciller Centurión sostenía la misma tesis. «Todo litigio o contienda -decía- presupone necesariamente una demanda o una reclamación. Aquí no la ha habido de parte de Bolivia, ni podía haber habido tampoco, sobre el río Paraguay, por manera que lo que V. S. llama «cuestión territorial» se refería allá al fondo o confín del Chaco adonde se confunden los límites de ambos Estados, y no podía significar otra cosa que la determinación de la línea divisoria de la respectiva soberanía de las dos repúblicas en aquel vasto territorio. La negativa del Paraguay a admitir o reconocer ninguna pretensión posesoria o de dominio a la banda derecha del río, se funda precisamente en la verdad incontestable de que ha mantenido la posesión de ese territorio desde los primeros tiempos de la conquista, ejerciendo constantemente sobre él actos de verdadera soberanía». Centurión no aceptaba que Bolivia hubiese nacido a la vida independiente dentro de los límites de la Audiencia de Charcas. Expresaba que ella se había organizado bajo los linderos de las Provincias de Potosí, La Paz, La Plata y Cochabamba, hallándose en litigio el valor de la unión a ella de las Provincias de Tarija, Mojos y Chiquitos.

         En su citado libro, dice el Profesor H. Sánchez Quell: «Carlos Antonio López escribía en «El Paraguayo Independiente» el 11 de septiembre de 1852: «No sabemos adónde irá Bolivia por las pruebas para hacerse ribereña del Paraguay a centenares de leguas de distancia, desde el otro lado de las cordilleras. La República del Paraguay ha poseído siempre el Chaco». Y agregaba: «En el interior del Chaco no se han demarcado límites entre las repúblicas del Paraguay y Bolivia». Al negar a Bolivia todo derecho a discutir la propiedad del territorio del Chaco, reconociendo sin embargo que en los confines del mismo estaban indivisos los límites, el Presidente López sentaba ya el tradicional criterio sostenido por el Paraguay, esto es, que el litigio chaqueño

NO ES DE REIVINDICACION, SINO DE DESLINDE,

NO ES DE TERRITORIO, SINO DE LIMITES,

Y QUE POR TANTO NO HAY ZONA ALGUNA QUE ESTABLECER, SINO LINEAS».

 

         Como vemos, es notable la forma que tienen de coincidir las posturas nacionalistas en la visión y en la defensa de los derechos de la patria. Don Carlos Antonio López en 1852 y el Coronel Juan Crisóstomo Centurión en 1888 nos demuestran que ello es posible. Esa ha sido la tesis del Partido Colorado para la defensa del Chaco. A partir de esos fundamentos jurídicos se elaboró toda la estrategia.

         En 1894 comenzó Centurión a publicar sus «Memorias». A su muerte, no había salido aún a luz el IV tomo. En 1895 fue electo Senador de la Nación y miembro del Consejo Superior de Educación.

         En 1896 fue designado, con el Dr. Cecilio Báez, miembro de una comisión encargada de practicar el estudio y exploración de las fronteras con Bolivia. Con el Dr. Báez publicó en Nueva York, en 1904, el trabajo titulado «The Paraguayan Chaco».

         En 1900 fue nuevamente electo Senador de la Nación. En el ejercicio del cargo murió el 12 de marzo de 1902. A la muerte del Coronel Centurión le rindió honores toda la República. Un piquete militar hizo guardia de honor en la casa mortuoria y la bandera nacional permaneció a media asta el día del entierro. En el cementerio habló en nombre del Ejército el Capitán Justo A. Pane. Los periódicos de la época se hicieron eco del acontecimiento con respeto y consideración. En el archivo de la familia Centurión se conservan recortes de los artículos periodísticos publicados en «El País», «El Paraguay», «El Cívico», «La Patria», «La Democracia», «El Estudiante», «El Porvenir», «Municipio de Concepción,» «La Independencia» de Santiago de Cuba y «O Pais» de Río de Janeiro.

         Luego de haber analizado las ideas, las obras, los sufrimientos y las esperanzas del ilustre ciudadano, Coronel Juan Crisóstomo Centurión, es necesario que intentemos ahora una síntesis final.

         La vida y el pensamiento del Coronel Juan Crisóstomo Centurión tienen una riqueza que no puede verse reducida dentro de los límites de este trabajo. Obligadamente, se imponen otros que traigan a luz sus ideas y permitan así valorarlo en la totalidad integradora del tiempo-dimensión a que pertenece.

         Su figura ha sido combatida por la pasión que siempre ha encendido en nuestros ánimos los hechos de su tiempo. Su lenguaje ha sido crudo y directo en ocasión que abordara una empresa descriptiva.

         Pero, en el esfuerzo de síntesis que su personalidad, su obra y su pensamiento imponen, debemos coincidir con el Coronel Centurión en dos condiciones previas:

         1º) Que la vida del hombre público resulta necesaria escribirla por el provecho que se obtiene de las lecciones que de ella surgen; y

         2°) De «que así como los grandes hombres de que nos habla la historia, Aníbal, César, Alejandro y Napoleón, no han sido juzgados por las faltas que hayan cometido, sino por el genio y las virtudes que los han distinguido», vamos a abocarnos a apreciar su aporte en el quehacer de construir diariamente a la patria poniéndola a salvo de sus enemigos.

         El Coronel Centurión supo sobreponerse a las fuerzas de presión que actuaron en su tiempo para producir la obra más completa que se escribiera por un testigo de la gran epopeya. Su obra y su vida reflejan un profundo conocimiento de los valores de nuestra nacionalidad; demuestran cómo actúa el patriotismo cuando vibra en las entrañas del hombre; y expresan la convicción nacionalista como fuerza unificadora del ayer, del hoy y del mañana en ese concepto de PARAGUAY ETERNO que constituye toda una afirmación integradora en lo social y en lo cultural.

         POR TODO ELLO, AFIRMAMOS QUE:

         l.- Centurión demuestra gran claridad de ideas al destacar las líneas maestras que en lo socio-político conformaran nuestra nación en la hora augural de la Independencia. Ellas han sido:

         a) La voluntad de los compatriotas que se defendieron de la dominación porteñista que representaba Belgrano, de modo a hacerse independientes.

         b) Distinguió claramente los tres partidos en que se dividía nuestra sociedad antes y durante la Independencia, a saber: el realista, el porteñista y el nacional, correspondiendo los dos primeros a la idea del no-Paraguay, y el tercero, el nacional, popular y profundo, a la imagen del Paraguay eterno.

         c) Consideró que el Dr. Francia consolidó la independencia nacional mediante la concentración de poder que tuvo y la fidelidad que supo tener hacia nuestros propios valores.

         2. - Una vez estructurada la nación, señaló en su propia vida los matices del esfuerzo por hacer la patria nueva. Dignificó la obra de don Carlos Antonio López como de construcción y permanente progreso, que continuada por su hijo, el entonces General Francisco Solano López, sólo se vio trunca cuando otras fuerzas se opusieron a nuestra grandeza.

         3. - Sobre la epopeya reflexionó así:

         a) Entendió que el Mariscal Francisco Solano López fue una expresión heroica del nacionalismo porque supo asumir «su rol importante de paladín de una gran causa, exponiendo o defendiendo los principios del ideal que le impulsara a aceptar una lucha preparada desde mucho tiempo atrás contra el Paraguay, cuyo progreso inquietaba a sus vecinos. Su figura se agiganta, su actitud impone respeto y hasta se ven brillar en torno suyo LOS DESTELLOS DEL GENIO». Y como el Coronel Centurión ha estimado que a los grandes hombres se los juzga por sus virtudes, ante la infamia con que se quiso mancillar a nuestro héroe, ha dicho: «RESPONDA POR EL MARISCAL SU TUMBA DE CERRO CORA».

         b) Se conmovió ante el valor de nuestro pueblo, del que dijo que «prefirió, cuando ya no le fue posible contrarrestar la avalancha de la alianza, abrir un ancho cementerio en su seno y enterrarse todo allí antes de permitir su encadenamiento, por aquello de que UN PUEBLO LIBRE MUERE, PERO NO SE ENCADENA».

         c) Prendió luces propias para la heroicidad del General José Eduvigis Díaz, y le dio verdadera relevancia al gesto del vencedor de Curupayty, cuando ya moribundo recomendó a la atención del Mariscal al entonces Capitán Bernardino Caballero. El hombre que en la guerra llegó al grado de General, con la misma dignidad con que alcanzó igual grado en la civilidad de la paz.

         4.- La gran empresa de reconstrucción de la patria después de la epopeya se formuló según el pensamiento del Coronel Centurión:

         a) Sobre la personalidad del General Bernardino Caballero, heredero del Mariscal, resumen de nuestro deseo de vivir como nación independiente y, por tanto, fundador del Partido Colorado, dentro de las líneas históricas del antiguo partido nacional de 1810-11. Por consiguiente, abanderado de la causa de la paraguayidad eterna.

         b) El Coronel Centurión participó de esa empresa porque estuvo en la fundación del Partido Colorado, estuvo en el trazado luminoso del Manifiesto de 1887, FUE VICE-PRESIDENTE y DIRECTOR PARTIDARIO y marcó con sus «Memorias» las pantos del nacionalismo siempre vencedor.

         5. - El Coronel Juan Crisóstomo Centurión, como Canciller de la República, enriqueció los antecedentes elaborados por don Carlos Antonio López, y formuló las bases de la estrategia jurídica que triunfó en la defensa del Chaco, Ya en 1888 un Gobierno Colorado ataba los hilos de la historia para asegurar el futuro de nuestra nación.

         El Coronel Juan Crisóstomo Centurión ha sido, pues, un nacionalista auténtico en su condición de hombre, de soldado, de historiador, de diplomático y de político.

         Creemos que un solo y profundo, contenido se destaca de todo cuanto se ha dicho. Ese contenido es su cultura, eminentemente paraguaya y combativamente nacionalista. Es la paraguayidad convertida en alma vital de un pueblo que, llevado de la mano por el antiguo partido nacional, concurrió a Cerro Corá, para resucitar con gloria y fuerza incontenibles el partido del General Caballero, el Partido Colorado.

         Habíamos dicho al comienzo que el pasado debe conocerse con visión de futuro. La historia debe entenderse en un sentido global con proyección al porvenir, porque patria es vida y nacionalismo es dinámica permanente para mejor realizarse en la propia comunidad, la que fue de sus mayores, la que será de sus hijos.

         El nacionalismo constituye una fuerza generadora del desarrollo de los pueblos. Es la gran respuesta que ha triunfado siempre a lo largo de los siglos.

         Los pueblos más adelantados del mundo están convencidos que solamente afirmando su personalidad nacional pueden tener historia, realidad, riqueza, manera de ser, dinámica y expectativa propias. El nacionalismo otorga fuerza creadora al grupo humano y le facilita modelos culturales expresivos, capaces de mantener el deseo de vivir y la seguridad de vivir con honor.

         La llama de nuestro nacionalismo se mantuvo viva a lo largo de un proceso histórico vibrante. Sus ejecutores están en las entrañas del pueblo, porque éste los reconoce por encima del tiempo.

         Por eso, cuando al comienzo decíamos que este reflexionar en común era una forma de renovación, lo decíamos convencidos de las conclusiones que llevaron al Coronel Centurión a describir nuestra realidad nacional. Hemos encontrado elementos demasiado valiosos para dejarlos pasar sin saber que ellos han impactado y solidificado nuestra fe.

         Como colorados, esa renovación es una obligación diaria, que producida mediante la mística del nacionalismo, nos permite encontrar en la paraguayidad un estilo de vida, una fuerza de cohesión social y una dinámica creadora.

         El Coloradismo dinamiza el ayer con proyección al futuro, así como integra el presente con la solidez de las realizaciones del Gobierno actual. Porque es un Gobierno que tiene un pilar excepcional en la figura que es también arquetipo porque ha sabido incrementar la herencia nacionalista de nuestros mayores.

         Creemos que es justo señalar su nombre porque con espontánea unanimidad fijamos nuestra mente en él. Le reconocemos su calidad de intérprete de nuestra vocación de patria y de paladín de la reconstrucción nacional. Tenemos esa seguridad porque sabemos que la tricolor bandera nacional, junto a la insignia colorada de paz y progreso, están sostenidas por el nacionalismo fervoroso de nuestro líder, el Presidente de la República General Alfredo Stroessner.

 

         Villarrica, Abril 15 de 1972

 



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