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JORGE BERNARDINO GOROSTIAGA


  LEALTAD QUE NO ES SUMISIÓN - ACATAMIENTO QUE NO ES SERVILISMO, 1959 (Discursos de BONIFACIO IRALA AMARILLA y J. BERNARDINO GOROSTIAGA)


LEALTAD QUE NO ES SUMISIÓN - ACATAMIENTO QUE NO ES SERVILISMO, 1959 (Discursos de BONIFACIO IRALA AMARILLA y J. BERNARDINO GOROSTIAGA)

LEALTAD QUE NO ES SUMISIÓN

ACATAMIENTO QUE NO ES SERVILISMO

Publicación de la JUNTA DE GOBIERNO de la

ASOCIACIÓN NACIONAL REPUBLICANA

PARTIDO COLORADO

Asunción, 8 de Noviembre de 1959

 

 

 

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PRESIDENTE DE LA SECCIONAL COLORADA N° 8, SEÑOR BONIFACIO IRALA AMARILLA, EN REPRESENTACION DE 30 SECCIONALES COLORADAS DE LA CAPITAL Y PUEBLOS CIRCUNVECINOS ORGANIZADORAS DE LA DEMOSTRACIÓN

 

 

Correligionario Presidente de la República y Presidente Honorario de la Junta de Gobierno;

Correligionario Presidente, de la Junta de Gobierno;

Correligionarios Miembros de la Junta de Gobierno;

Señores Ministros;

Correligionarias Presidenta y Miembros de la Comisión Central de Damas Coloradas;

Correligionarias Presidentas de Seccionales Femeninas;

Señores Jefes y Oficiales de las F. F. A. A. de la Nación;

Compañeros Presidentes de Seccionales;

Correligionarias - Correligionarios:

 

            Las autoridades de 30 Seccionales de la Capital y pueblos vecinos me han discernido el insigne honor de ser vocero en este magnífico acto de homenaje, adhesión y simpatía al nuevo Presidente y Miembros de la Junta de Gobierno del Partido Colorado surgida del seno de la Última Convención Partidaria realizada bajo los auspicios e inspiración de los ideales del glorioso soldado que se llamó el Gral. Bernardino Caballero.  Es importante destacar que esta es una demostración nacida en el núcleo de Presidentes de Seccionales que represento ahora, en forma espontanea, sin otros propósitos que el de agasajar a quienes, siendo nuestros Jefes, tienen todo el respaldo y el calor popular que le brinda el pueblo colorado, como se ve, por la comunidad de idénticos ideales e iguales propósitos. Así como en la misma constitución de la Junta de Gobierno puede palparse esa unidad, lo mismo puede hacerse al ver quienes han organizado esta demostración.

            La hora presente exige de todos nosotros los colorados, definiciones claras, conducta firme y una cabal noción de nuestra responsabilidad. Las crisis políticas que se suceden con vertiginosa secuencia en otros países de América y el mundo, se deben en gran parte, a las crisis que roen las entrañas de los partidos políticos, que no se avienen a encauzar su vida dentro de las normas surgidas de los nuevos tiempos que vivimos, caracterizados por el auge inusitado de la técnica y el prodigioso progreso de la Ciencia en todos los terrenos. El embate principal que recibe la sociedad moderna tiene su origen en los problemas económicos y en el juego siempre cambiante de las leyes que rigen la producción, circulación, distribución y consumo de las riquezas. La sociedad moderna requiere, por tanto, un análisis exhaustivo de los ingredientes que gravitan en su seno, para impedir que la corriente de las ideas la empujen hacia las garras del totalitarismo absorbente y exclusivista o la vuelquen hacia la corrientes de la izquierda, donde el comunismo internacional teje la maraña de su programa desconcertante, creado precisamente para anular la personalidad humana, exaltar la dictadura de una minoría y extender sus utopías por todo el mundo.

            El Partido Colorado, señores, no nació ni bajo el signo de la cruz gamada, ni bajo el simbolismo siniestro de la hoz y del martillo. Nació sí, bajo los auspicios de un patriotismo acerado. Nació en los pañales democráticos teñidos todavía con la sangre de los héroes y mártires del 70, que vieron en la cruzada martirológica, el emblema sacrosanto de la raza y en Cerro Corá la expresión de una Epopeya que dio al Paraguay el más alto sitial de privilegio moral en la historia del mundo.

            El Partido Colorado, desde entonces, terció             en las arenas siempre caldeadas de la vida    pública, para            luchar por el orden, por la paz y por la libertad. En los entreveros crueles  de las luchas fratricidas que ensangrentaron el suelo de la patria, el coloradismo, por la alta representación de sus líderes, impuso su pensamiento rector para acallar las pasiones, como para templar los odios y suavizar los enconos que dividieron en el pasado, con abismos insalvables, a la familia paraguaya.

            El Partido Colorado ha podido salvarse de esta crisis política universal, gracias, fundamentalmente, a que es un partido nacionalista cuya definición ideológica escapa a los escasos límites del dogma o de la fórmula y ha podido, merced a una poderosa aptitud evolutiva, marchar al compás de todas las grandes revoluciones que han conmovido a la humanidad, desde su existencia como entidad política. Las únicas características inflexibles del coloradismo han sido siempre su irrenunciable nacionalismo, su solidaridad acrisolada con los ideales de Francia y de los López y su protecfcion sin retaceos para las víctimas del egoísmo político o económico.

            Partido, por tanto, en permanente evolución pero con definida personalidad, el nuestro ha tenido sus crisis, indudablemente, pero esas crisis fueron exclusivamente de hombres que en algún momento desviaron el rumbo del auténtico coloradismo, equivocados sinceramente o deslumbrados por tentadores intereses que los cautivaron más que el coloradísimo interés de servir al pueblo por el pueblo mismo.

            Hoy, como ayer y como siempre, la ilustre Asociación política en que militamos, está presente en el escenario nacional para cumplirsu tarea programática, exaltando desde el Poder los principios que fueron norte y guía de hombres de regia estirpe en cuyos corazones arde siempre la llama votiva de una voluntad que jamás se rindió a la prepotencia de los enemigos de adentro y de afuera.

            Está con nosotros en este acto, y no podía faltar desde luego a esta cita de honor del coloradismo, el Presidente Honorario de nuestra Junta de Gobierno, correligionario Gral. de Ejercito Alfredo Stroessner, ilustre estadista cuya clara visión de gobernante es el símbolo del pródigo gubernamental del coloradismo y expresión, la más acabada, de una brillante generación de soldados colorados que, junto a los correligionarios civiles están plasmando en realidad el sueño de los fundadores del Partido Colorado, cual es el de construir un Paraguay grande, justo y próspero.

            Queremos aprovechar esta oportunidad para rendir nuestro más fervoroso homenaje de respeto y consideración a este esclarecido colorado y pundonoroso soldado que ocupa la primera magistratura de la Nación por la definitiva voluntad de la mayoría del pueblo paraguayo. En el General Presidente Don Alfredo Stroessner se resume un brillante capítulo de la historia paraguaya, y en su persona revierten las virtudes que en el pasado dieran impulso al brazo de nuestros próceres y prestigio a los pensamientos que acariciaron, en la hora primigenia, de sus luchas por la libertad.

            El Trinomio Gobierno - Partido- Fuerzas Armadas es la fórmula que hace fecundo este periodo constructivo que vivimos. Gobierno, Partido y Fuerzas Armadas son el secreto que explica la continuidad de nuestros esfuerzos, el acelerado progreso de nuestras instituciones, el auge material y moral que caracteriza nuestro desarrollo nacional. Gobierno, Partido y Fuerzas Armadas son la piedra de toque de una nueva era que contempla el Paraguay con realidades concretas. Son la razón de ser de nuestras fuerzas al servicio del derecho, de la paz y de la justicia.

            Desde el gobierno, el Excmo. Señor Presidente, ha sabido interpretar los nobles ideales del coloradismo con una clara visión de soberanía y de responsabilidad de estadista. Una y otra vez, las dificultades de todo orden pretendieron interferir su ascendrada labor nacionalista y colorada, pero una y otra vez su espíritu patricio, inspirado en los ejemplos del heroísmo del pueblo, salió triunfante apoyado siempre en este trinomio que constituye la garantía para una paz duradera y un progreso fecundo.

            Mientras este halagador panorama cubre el horizonte en lo referente al Gobierno de la Nación, en lo tocante al Gobierno del Partido presenta idénticas características. Es que en la última Convención Republicana, el pueblo colorado por medio de sus legítimos representantes, ha consagrado una prudente fórmula de continuidad en la Junta de Gobierno, eligiendo para integrarla a los más antiguos, más capaces y más entusiastas trabajadores partidarios que integraron posteriormente su mesa directiva, sin sombras de antiguas divisiones, sin vislumbres de personales ambiciones y sin más interés que el de servir como se debe al pueblo que la elegido.

            Desde entonces, ocupa la Presidencia del Partido el Dr. Jorge Bernardino Gorostiaga, un fiel ejecutor de nuestro programa, un abnegado e inteligente servidor de la causa partidaria, un esforzado paladín de los principios que caracterizan nuestra trayectoria. El Dr. Gorostiaga retiene la aureola de los grandes varones que fundaron nuestra gloriosa Asociación. Firme carácter, indeclinable voluntad y tesón a toda prueba, son los atributos que perfilan su personalidad de jefe, de amigo y de correligionario. Este distinguido luchador asume el ejercicio de su mando en momentos de prueba para la marcha de las instituciones. Las 30 Seccionales de la capital y pueblos vecinos vienen por mi intermedio a expresar al Dr. Gorostiaga y a los Miembros de la Junta de Gobierno, su total simpatía y su solidaridad, libre de condiciones y exenta de sombras.

            Es que la vigorosa personalidad del Dr. Gorostiaga ha ido imponiéndose paulatinamente en forma incontrastable y constituye ahora la figura señera en quién todos los colorados tenemos puestos los ojos y  las esperanzas como el continuador de la obra partidaria de alcances colosales que en casi 6 años realizara desde ese mismo cargo su ilustre antecesor, el Arq. Don Tomás Romero Pereira. En realidad, la labor del Arq. Romero Pereira, como Presidente del Partido fue tan larga, tan eficaz, tan llena de dificultades que fueron salvadas gracias a su poderosa personalidad y a su inteligente esfuerzo, que la obra que realice el Dr. Gorostiaga desde el mismo cargo tiene que, necesariamente, ser la continuación de tantos hechos fecundos para el afianzamiento republicano, la unidad partidaria y la paz de la República. Así ha sido y así debe ser, porque ambos son correligionarios de una larga actuación partidaria al través de la cual fueron escalando los peldaños que les han llevado a los más altos sitiales del Partido; en ellos no ha habido ninguna improvisación, ni atropellados ascensos, ni descomedidas ambiciones; son el resultado de un largo batallar en el quehacer partidario y constituyen junto a sus compañeros de la Junta de Gobierno, la garantía del cumplimiento de los eternos ideales republicanos.

            Señores: que esta hermosa fiesta perdure en vuestra memoria con los caracteres de los acontecimientos memorables de la historia partidaria. Que el pueblo paraguayo vea en nuestra actitud un motivo más de tranquilidad y el pueblo colorado una prueba más de la unidad de sus cuadros directivos.

            Correligionario Presidente Honorario, Correligionario Presidente, Correligionarios Miembros de la Junta de Gobierno: He aquí, junto a vosotros, a la representación auténtica del pueblo colorado; está a vuestro lado para refirmar sus protestas de una lealtad que no es sumisión y de un acatamiento que no es servilismo. Es, señores, el mismo pueblo que luchó en Laureles, que sufrió en Fortín Galpón y en todo el territorio de la República tantos años de persecuciones, que acudió presuroso a defender la integridad territorial de la Patria en el Chaco, que defendió heroicamente sus convicciones republicanas el año 47, que respaldó a Caballero en el nacimiento del Partido, que siguió, en todas las épocas, a sus líderes como Irala, Peña, Mallorquín, Brugada y otros; el mismo, en fin, que allí donde suene una clarinada de patriotismo ha dicho y dirá siempre PRESENTE.

            Excmo. Señor Dr. Bernardino Gorostiaga: os ruego recojáis en vuestro corazón este nuevo testimonio de admiración para vuestra persona y lo transmitáis a quienes os acompañan en vuestras pesadas tareas. Estamos seguros de que si sobrevienen horas de prueba para los destinos de la Nación y del Partido, ahí estaremos todos, firmes y decididos al pié de nuestros sagrados pendones para defender una vez más el sacrosanto patrimonio de la Nación y el glorioso destino de la Asociación Nacional Republicana.

 

 

 

 

 

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PRESIDENTE DE LA JUNTA DE GOBIERNO DE LA ASOCIACION NACIONAL REPUBLICANA PARTIDO COLORADO, DR. J. BERNARDINO GOROSTIAGA, EN OCASIÓN DE LA DEMOSTRACION OFRECIDA POR LAS TREINTA SECCIONALES DE LA CAPITAL Y PUEBLOS CIRCUNVECINOS.

 

 

 

Excmo. Señor Presidente la República y Presidente Honorario de la Asociación Nacional Republicana, General de Ejército Dn. Alfredo Stroessner;

Excmos. Señores Ministros;

Señores Miembros de la Junta de Gobierno;

Señores Presidentes y Miembros de Comisiones Seccionales Coloradas;

Señora Presidenta y Miembros de la Comisión Central y de las Comisiones Seccionales Femeninas del Partido Colorado;

Señores Jefes y Oficiales de las Fuerzas Armadas de la Nación;

 

CORRELIGIONARIAS Y CORRELIGIONARIOS:

 

            No sólo es motivo de honda satisfacción sino también de justificado orgullo esta brillante, fervorosa y extraordinaria demostración de adhesión y simpatía que las Seccionales Partidarias de la Capital y de los pueblos circunvecinos nos brindan a quienes tenemos el honroso privilegio de integrar la alta Dirección del Partido colorado.

            Si incalculable es el valor de la amistad y el compañerismo en la vida de relación, ha de convenirse igualmente en que no es posible señalar en cifras o en medidas la importancia y trascendencia de una entusiasta, espontanea y decidida adhesión de las masas populares a sus dirigentes. Nada más alentador para los jefes, que el calor de ese poderoso respaldo.

            En política nade puede luchar solo si desea que la lucha sea eficaz. La lucha en política, exenta de utopías, ha de empeñarse únicamente en compañía de los amigos, esto es, de los compañeros de verdad, aquella que hacen culto de la responsabilidad y la lealtad. La lealtad como bien ha señalado el orador Sr. Bonifacio Irala Amarilla, no es abyección ni sometimiento servil, sino solidaridad consciente y franca, que impele a acompañar al amigo en las buenas y en las malas, enalteciendo sus aciertos y señalando sus errores para que los enmiende. La lealtad nos impulsa muchas veces a acompañar al amigo equivocado, en tanto esa equivocación sea enmendable y el amigo se corrija.

            No es lealtad sino abyección o servilismo el procedes de quien sigue ciegamente al amigo, aun en sus grandes errores y calamidades, por el solo motivo o única razón de que el amigo le fue útil y, por tanto, le debe servicios o ventajas de orden personal.

            Por eso la protesta reiterada de lealtad que formuláis en este acto es significativa y alentadora, porque la conocemos sincera y espontanea, desde que nació exclusivamente de vuestros corazones, sin sugestiones interesadas ni propósitos de ventaja personal.

            De indudable acierto ha sido la mención que en primer término hizo vuestro portavoz, de la ilustre personalidad y de los acrisolados meritos de nuestro Presidente Honorario, el Excmo. Gral. de Ejercito Dn. Alfredo Stroessner, Presidente de la república, a quien la nación debe esta notable era de paz y prosperidad que vivimos y a quien el Partido Colorado debe el robustecimiento de sus filas y su afianzamiento en el Gobierno, desde cuyo estrado siguen cumpliendo sus hombres con no superado patriotismo los sabios dictados de su brillante ideario.

            El Excmo. Señor Gral. Stroessner hizo posible, gracias a sus sabias directivas, a su patriotismo indoblegable y a su fervoroso coloradismo, la conjunción sincera de las tres fuerzas poderosas: Gobierno, Partido y Fuerzas Armadas, en una labor mancomunada que permitió asegurar la paz, como factor fundamental de vida y de progreso.            

            Vale la pena hacer un justo aunque ligero comentario a las características y los merecimientos de los ciudadanos que componen uno de los tres sectores mencionados. Me refiero a las FF.AA. de la Nación, que en otra época eran campos fecundos de anarquía, de donde surgían los cuartelazos y revoluciones con los obligados y frecuentes cambios de gobierno y el luto, la inseguridad, la desolación y la miseria para los hogares.

            Las FF.AA. de la Nación son hoy, con su Comandante en Jefe a la cabeza y sus cuadros de Jefes, Oficiales, Clases y tropas, institución para el estudio de campo de constante experimentación y labor patriótica. Los ciudadanos que la componen ya no rivalizan como antes, en el afán de mando y suplantación, sino emulan noblemente en un legitimo deseo de robustecer su intelecto, estudiando y aplicando los conocimientos adquiridos en pacificas e intensas tareas que los conducen a la superación de deficiencias y omisiones personales o colectivas. Son además, ciudadanos que tienen, contrariamente a lo que ocurría en otra épocas, alto concepto de la disciplina y del respeto a las jerarquías. En balde han pretendido los anárquicos perforar el pecho acerado de esos leales compatriotas, en conocidas oportunidades, para resquebrajar su disciplina, subordinación y lealtad a los poderes legítimamente constituidos; el franco rechazo y la consiguiente denuncia a sus superiores de los valerosos soldados. Hoy el ciudadano armado es también un ciudadano completo; antes, en una fingida neutralidad de un pretendido institucionalismo, se le obligaba a mantenerse alejado de toda asociación política; hoy es un ciudadano completo, repito, porque, como tiene el derecho de votar y ser votado y ese derecho no puede tener eficacia en acción personal y aislada, se le reconoce la libertad de afiliarse a un partido político, que es un organismo coordinador y orientador de voluntades en toda democracia. Así, gracias a esa enmienda acertada el militar es también hoy un político sin careta.

            En cuanto a nuestro Partido, factor preponderante en la acción constructiva de la mencionada trilogía, justo es anotar que cumple a conciencia y con eficacia su misión histórica en bien de la colectividad paraguaya. Asociación de hombres libres, nació a la vida pública en 1887, por la determinación de un puñado de patriotas encabezados por un héroe inmaculado de la Guerra Grande, el Gral. Bernardino caballero, con ansias de paz y de progreso en un ambiente de anarquía y de esterilidad dominado por traidores a la patria. Su prestigiosa bandera fue enarbolada en el ámbito nacional por los robustos brazos de los gloriosos sobrevivientes de aquella guerra de exterminio y su hermoso programa fue expuesto en memorable manifiesto, con una condensación admirable de sus nobles propósitos. Amor a la patria y nacionalismo indoblegable, vale decir, celo y altivez por el mantenimiento y la defensa de nuestra soberanía, amor al terruño y a todo lo nuestro, respeto y admiración por nuestras glorias y nuestros héroes;  asegurar la libertad, el derecho y la justicia; defender el mantenimiento del sistema de gobierno democrático, republicano y representativo, con garantía de la libertad de sufragio para todos los ciudadanos; promover, en fin, el progreso y el bienestar nacionales mediante el trabajo honrado, con respeto a las leyes y a las autoridades; son los postulados magníficos de su programa fundamental.

            De todos los puntos de la República recibieron franca adhesión sus fundadores, haciéndose grande muy pronto la novel asociación y haciéndose incontrastable su gravitación en el escenario nacional, lo que llevó al gobierno a sus hombres e hizo posible la ardua tarea de reconstrucción y un notable progreso en todos los órdenes.

            Una traición, arma esencial y tradicional de sus adversarios, lo desalojó del Gobierno en 1904 y, el país sufrió desde entonces hasta 1940, las funestas consecuencias de tan desgraciado e injusto desplazamiento; frenando el franco progreso de aquella época de bonanzas con sucesivos cuartelazos y revoluciones, sometiendo los esenciales atributos de nuestra soberanía a la buena o mala voluntad de sus vecinos, haciéndola dócil presa de fabulosos latrocinios y de la explotación inicua de empresas negreras, famosas por sus desmanes y su poderosa influencia en los gobiernos liberales, manteniendo en criminal descuido la defensa del Chaco, para cuya recuperación tuvo que sacrificar la Nación treinta mil vidas paraguayas, con el agregado de más de quince mil lisiados y mutilados de guerra, cuyas deficiencias siguen hasta hoy exponiendo la muda condenación de un pueblo contra aquellos malos gobernantes, de muy triste memoria.

            Tuvieron que ser desalojados los liberales del poder en 1940 gracias a un hecho fortuito que permitió a un gobierno militar completar el desalojo con mano férrea.

            En 1947 volvió el Partido Colorado al poder para iniciar la segunda reconstrucción de la patria y la afrontó y sigue afrontando con verdadero patriotismo. Los progresos alcanzados por el Paraguay en estos doce años de Gobiernos Colorados son extraordinarios, pese ello a nuestros obsecados adversarios e injustos detractores. Y de esos doce años, justo es señalar la obra emprendida en este último lustro en lo material y en lo espiritual, que ha cambiado notablemente la fisonomía del país especialmente ate los ojos de espíritus desapasionados que nos visitan hoy y nos conocieron ayer. Baste decir en este respecto que el extenso territorio del Chaco, desierto, abandonado durante el predominio liberal, se halla incorporado hoy a la civilización y al progreso con nuevos pueblos y ciudades que cuentan con caminos y pistas para la aviación, escuelas y hospitales, telecomunicaciones, etc., que hacen posible la instalación de empresas de producción antes desconocidas; baste mencionar también que las ricas zonas de Itapuá, Alto Paraná, Misiones, Amambay y del Ñeembucú, ayer despobladas y abandonadas “a la de Dios que es grande”, son hoy florecientes y subyugantes regiones de explotación racional con algodonales, arrozales y trigales, con caminos y rutas que nos conducen a las fronteras y hasta al mar en pocas horas, aparte de las pistas de aviación, las escuelas y los colegios de segunda enseñanza y los hospitales; baste señalar al mismo tiempo que durante el Gobierno del Gral. Stroessner, patriota a toda prueba y colorado fervoroso cien por ciento, se ha construido y habilitado el aeropuerto que lleva   su ilustre nombre, que es en la actualidad uno de los tres o cuatro principales de América del Sur, adonde    aterrizan y de  donde decolan

diariamente las más poderosas maquinas aéreas de transporte; baste igualmente apuntar que durante estos cinco años            de gobierno constructivo se duplicaron los colegios y las escuelas, que el número de educadores fue elevado de cinco mil a once mil, que el presupuesto de gastos para la educación ocupa en el presente el segundo lugar por su importancia y volumen, que ese presupuesto es en 1959 cinco y media veces mayor que el de 1949, que a su vez fue muy superior a los de todas las épocas anteriores; que en estos últimos cinco años se crearon y funcionan tres nuevas facultades universitarias y que en el curso de este próspero quinquenio fue aprobado y aplicado regularmente el nuevo estatuto universitario, el más adelantado en Sudamérica, preparado en ambiente universitario con la colaboración de docentes y estudiantes, colorados y no colorados, antes de su aprobación legislativa. Agréguese a todo lo reseñado en grandes lineamientos en este casi improvisado discurso, redactado   a correr de máquina para responder a este magnífico e impresionante homenaje, el hecho transcendental de que en el curso del presente año, hace unos meses, fue dictado el cuerpo legal de elecciones, el Estatuto Electoral, que contiene en sabias           disposiciones que pueden resistir airosas a las más enconadas e interesadas criticas, todo lo concerniente a sistema electoral, derechos y garantías del elector desde el período de inscripciones, procedimiento electoral y constitución de las juntas electoras, con la participación de todos los partidos políticos registrados, un capítulo que vale por lo que en otros países es el Estatuto de los Partidos Políticos con disposiciones precisas relativas a los derechos y garantías para los actos pre eleccionarios y eleccionarios, sabia ley que haría posible la intervención decorosa de los partidos políticos democráticos y cristianos, en un ambiente de paz y de legalidad, para luego cumplir su importante misión de contralor de las funciones gubernativas, misión que en las democracias no se mide por el número de los representantes opositores sino por la calidad de los mismos.

            De consiguiente, si ahora los liberales y los febreristas se niegan a participar de las elecciones nacionales de febrero próximo, tal determinación no se funda realmente en la falta de garantía o en la ausencia de una buena ley electoral, sino porque quieren ahorrarse el bochorno de exhibir su escaso apoyo popular y solo fincan su esperanza de reaparecer en el escenario público del país haciéndolo directamente desde el Palacio de los López gracias a algún traicionero golpe subversivo. Pero en este terreno tambien los esperamos los colorados.

            Toda esta reseña de lo que fue el Partido Colorado desde su fundación, con sus propósitos fundamentales y la calidad de sus gloriosos fundadores, así como la actuación de sus hombres en función de Gobierno, de la que no debe restarse su brillante, patriótica y demoledora actuación como opositores en el Parlamento, la prensa y la plaza pública, en que descollaron como valientes adalides Pedro P. Peña, Antolín Irala, Juan Manuel Frutos, Juan León Mallorquín, Cayo Romero Pereira, Ricardito Bragada, Enrique Solano López, Ignacio A. Pane, Eduardo López Moreira, Salvador Fernández, Marcos Quaranta, Juan E. O'Leary, Francisco C. Chávez, Federico Chávez, Natalicio González, César López Moreira, Cesar A. Vasconsellos, Eulogio Estigarribia, Domingo Montanaro, Bonifacio Caballero, Hermenegildo Olmedo, Herib Pérez        Garay, y tantos otros de ayer y de hoy; todo esto, repito, es lo que fundamenta nuestro legítimo orgullo de ser colorados.

            Ser colorados nos proporciona el derecho de sentirnos orgullosos de lo que fue nuestro Partido ayer y de lo que es hoy.

            Somos orgullosos los colorados como paraguayos porque en el pasado tuvimos unos Mómpox y Antequera y Castro que proclamaron en época del coloniaje el derecho de los pueblos de elegir a sus gobernantes; porque fuimos con sangre y esfuerzo guaraníes los reconstructores de Buenos Aires; porque en 1.811 rechazamos victoriosos una invasión que se traía con propósito de anexarnos por la fuerza a la Confederación del Río de la Plata; porque tuvimos un Rodríguez de Francia que defendió con indomable tenacidad nuestra soberanía nuestra independencia; porque el Dr. Gaspar Rodríguez de Francia fue el primer gobernante de estas latitudes continentales que proclamó y ejecutó el derecho de asilo para un perseguido político, amparando a José Gervasio Artigas, perseguido de cerca por el caudillo Ramírez a quien se prometía un valioso premio por la cabeza del uruguayo que así fue amparado por Rodríguez de Francia enviándolo a Villa Curuguaty, localidad entonces de veinte y cinco mil habitantes, según Fulgencio R. Moreno, centro importante en la época de una base militar para defender a la República contra las invasiones portuguesas, haciéndole dar alojamiento, pensión y provisión importante de ropas y enseres personales; somos orgullosos los paraguayos porque tuvimos un Carlos Antonio López que organizó la República con sabias determinaciones de estadista, sin haber egresado de universidades y centros educacionales extraordinarios, dotando al país de todos los medios de progreso, incluyendo telégrafos, arsenales, ferrocarriles, fundiciones, flota mercante y un ejército respetable; los colorados somos orgullosos como paraguayos, porque en nuestros antecedentes contamos con la sabiduría y el valor patriótico de Francisco Solano López, que desde la edad de 18 años se comprometió en empresas y gestas gloriosas, como cuando condujo las tropas paraguayas en base a la alianza con Corrientes en 1.845 para combatir contra el tirano Rosas; en 1.859fue el mediador sagaz y afortunado que consiguió la unidad de la familia argentina en el famoso pacto de San José de Flores, que canceló la lucha de las Provincias de la Confederación contra Buenos Aires y consolidó la unión de todas ellas en lo que es hoy la Nación Argentina, aunque en el presente quieran seguir olvidando al mediador algunos espíritus apasionados en gesto de inexplicable ingratitud.

            Somosorgullosos los  colorados porque el    Paraguay cuenta con la figura ciclópea del  Mcal. Francisco Solano López, que al frente de la Nación en armas defendió hasta morir la soberanía y la integridad de la Patria y porque fue el Partido Colorado, con O'Leary a la cabeza, quien reivindico las glorias y la excelsa figura del mártir de Cerro Corá.

            Somos orgullosos los colorados porque fue fundado nuestro partido por un Gral. Bernardino Caballero, que defendió a la Patria desde el grado de Sargento, cubriéndola de glorias con innumerables hazañas y porque la Asociación por él fundada hizo posible la reconstrucción de la República después de la cruenta guerra.

            Somos orgullosos los colorados, por la acción opositora de nuestros adalides durante el Gobierno de los liberales, señalando y fustigando sus desaciertos y proponiendo enmiendas salvadoras.

            Somos orgullosos los colorados, en  fin, de tener hoy  un Gobierno constructivo ejercido por un militar pundonoroso y un ciudadano patriota que realiza obras reales en bien de la Nación entera.

            Señoras y Señores: os pido disculpa por la extensión inusitada de mi peroración y os agradezco en nombre propio y de mis compañeros de la Junta de Gobierno este significativo y extraordinario homenaje.

 



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