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JOSÉ LUIS SALAS LIZAUR


  LA EVANGELIZACIÓN FRANCISCANA DE LOS GUARANÍES - Por FRAY JOSÉ LUIS SALAS


LA EVANGELIZACIÓN FRANCISCANA DE LOS GUARANÍES - Por FRAY JOSÉ LUIS SALAS

LA EVANGELIZACIÓN FRANCISCANA DE LOS GUARANÍES

(SU APÓSTOL FRAY LUIS BOLAÑOS)

Por FRAY JOSÉ LUIS SALAS.

Composición y armado: GILBERTO RIVEROS.

Impreso en Ediciones y Arte S.R.L.,

Asunción – Paraguay. Noviembre 2000 (314 páginas)

 

INDICE

Prólogo

CAPÍTULO 1

BIOGRAFÍA BREVE

1. 1550-1575. Nacimiento y vocación franciscana. Rumbo a

las misiones del Paraguay Río de la Plata

En la misión guaraní (1575-1584)

a) Primeros ensayos en las cercanías de Asunción.

Incursiones hacia "Río Arriba"

b) La primera reducción: San Lorenzo de los Altos

c) Apóstoles del Guairá

3. Ordenación Sacerdotal. El Catecismo Guaraní.

Nuevas reducciones (1585-1600)

a) Un año rico en acontecimientos: 1585. Ordenación sacerdotal. El catecismo Guaraní. Maestro de novicios. Guardián del Convento de Asunción. Reducciones de Itá y Yaguarón

b) Protagonismo misionero de Bolaños. Profesión religiosa Gabriel y Juan Bernardo. Viaje de Alonso a España.

Martirio de fray Juan Bernardo. Cinco nuevos refuerzos

4. En el Ápice de la etapa paraguaya. 1600-1615

a) Aprobación del Catecismo y primer Sínodo de Asunción.

Custodia del Paraguay con fray Martín Ignacio de Loyola. Vocación de fray Gregorio de Osuna. Episcopado de Loyola

b) Nuevas reducciones entre los Paranáes: Caazapá y Yuty

5.  últimos años. Bajando el Río de la Plata (1616-1629) Fundaciones de la Limpia Concepción de Itatí y Santiago de Baradero

6. Muerte y fama de santidad. 11 de octubre de 1629!

CAPÍTULO 2

EL FRANCISCANO FRAY LUIS BOLAÑOS

1.      La oración y vida de piedad

a)      En las crónicas y en los escritos

b)      Los vestigios de esa espiritualidad

2.      El carácter fraterno de fray Luis Bolaños

a)      Fraterno con sus hermanos frailes

b)      Con los indígenas y otros religiosos

3.      La itinerancia y la pobreza

a)      Sin casa conventual. En la itinerancia

b)      Una pobreza heroica

c)       No recibían estipendios

d)      Trabajo manual

4       Hombre e instrumento de paz

a)      Modelo franciscano conciliador

b)      Actuaciones enfrentando conflictos

c)       Pacifista creador de alternativas

CAPÍTULO 3

EL MISIONERO

3.1.   Iluminado y emprendedor

3.1.1. Extensa geografía misionada

3.1.2. Áreas de su andariega evangelización

- Comarca de Asunción y sus aledaños

- Área denominada de "Río Arriba"

- Zona del Guairá

- Comarca de los Paranáes

- Descenso hacia el Sur y Buenos Aires

3.2.   Creador de soluciones para la evangelización guaraní

CAPÍTULO 4

APORTES AL GUARANÍ

4.1.   La grafía y el Catecismo

4.2.   Competencia y trabajo guaraní de Bolaños

4.3.   Nuevos escritos de Bolaños publicados por Gerónimo Oré: Los Sacramentos

4.4.   Maestro guaraní de misioneros

4.5.   La evangelización en guaraní

4.6.   Primer Catecismo y rezos en guarní

4.7.   Bolaños, "padre" de la grafía guaraní

4.8.   Cuestión de ortodoxia en torno al Catecismo.

CAPÍTULO 5

CREADOR DE LAS REDUCCIONES

5.1.   Líneas introductorias

5.2.   Importancia de esta creación de Bolaños

5.3.   Reducciones con características franciscanas

5.4.   Qué le impulsó a su erección

5.5.   Preocupación evangelizadora en las reducciones

5.6.   Estilo liberal de adaptación según circunstancias

5.7.   Cesión de reducciones al clero y a los jesuitas

5.8.   Enclaves reduccionales del tiempo de Bolaños y los de post-Bolaños

a) Reducciones de larga presencia franciscana

b) Reducciones de breve presencia franciscana

c) Reducciones que se consideran doctrinas

d) Reducciones franciscanas del tiempo post-Bolaños

e) Reducciones heredadas de los jesuitas a partir de su expulsión

f) Residencias o conventos franciscanos

5.9.   A modo de conclusión

CAPÍTULO 6

ESCRITOS DE FRAY LUIS BOLAÑOS

Presentación

A)     Temas doctrinales-pastorales

1.      Doctrina cristiana y Catecismo breve en lengua guaraní

2.      Escrito de fray Luis Bolaños sobre la validez de los matrimonios indígenas

3.      Testimonio de Fray Luis Bolaños ante las ordenanzas de Francisco Alfaro

B)      Cartas y recibos

1.      Cuatro cartas de fray Luis Bolaños en referencia a los frailes Francisco Romano y Francisco Merino

2.      Respuesta de fray Luis Bolaños a una carta de Juan Cantero

3.      Recibos del P. Bolaños a Francisco de Escobar (03-08-1595)

4.      Fragmento de una carta de fray Luis Bolaños al jesuita P. Marcial de Lorenzana (2 de mayo de 1612)    

5.      Carta de fray Luis Bolaños al gobernador Hernandarias de Saavedra

C)      Testimonios

Carta de Bolaños a Gregorio de Osuna sobre el martirio de fray Juan Bernardo. Buenos Aires, 20 de mayo de 1624

2.      Declaración de Bolaños en el proceso de Roque

González de Santa Cruz..

CAPÍTULO 7

PRIMERAS VOCACIONES FRANCISCANAS DE LA "ERA DE BOLAÑOS"

1.      Reconocimiento a las vocaciones nativas

2.      Reducido número de misioneros españoles

• Los pioneros Bernardo de Armenta y Alonso Lebrón

• Los apostólicos Alonso de San

Buenaventura y Luis Bolaños

• Otros españoles que arribarían a Paraguay

3.      Despertar de las vocaciones nativas

4.      Perfil de seis pioneros nativos

1. Fray Hernando de Trejo y Sanabria

. Las dos primicias del Guairá: Fray Juan Bernardo y fray Gabriel de la Anunciación Guzmán

4. El santafesino fray Gregorio de Osuna..

5. Fray Juan de Gamarra: Insigne propulsor de Itatí

6. Fray Pedro de Villasanti, notable perito guaraní

A modo de conclusión

ANEXO -   Itinerario Cronológico

-        Fama de santidad y otras noticias

Bibliografía


PRÓLOGO

No es fácil acceder a la historia real de fray Luis Bolaños, al menos a mí no me ha resultado simple. Uno no sabe de dónde proviene la complejidad. La identidad de su persona está rodeada por una parte de extraordinarias realidades, pero también de fantasía, mito, leyenda, san­tidad, un halo misterioso... ¿Hasta dónde ese ropaje en que está envuelto es ficción o fue realidad? Tampoco se hace accesible discernir, a primera vista, si se trata solamente del lenguaje de los tiempos, de expresiones hiperbólicas, o si éstas le son merecidas y exteriorizan actuaciones verídi­cas, manifiestan su singular personalidad. De todas formas, resulta francamente arduo desentrañar, y el historiador se ve precisado a realizar un proceso de aproximación. A las cansadas, a medida que se le va co­nociendo, sacando el envoltorio y rejuntando fragmento a fragmento la memoria de sus acciones, uno logra por fin recomponer el "puzzle" de la persona de Luis Bolaños y se topa: con un hombre cabal, un fraile de gran autenticidad, un apóstol iluminado, un misionero creativo…, uno se con­vence de su real grandeza.

Un factor que ha podido incidir en esa imagen mítica al par que real, es el hecho de que casi hasta este siglo, ha carecido de una biografía completa, más bien se han dado retazos, escritos desarticulados, flashes sueltos. Pero, en general, a pesar de ello nunca estuvieron ausentes elo­giosas alabanzas. Tampoco se han presentado sus valores personales en forma coordinada, sus actuaciones de apóstol, ni sus aportes de genio misionero conjuntados con algún hilo conductor que les de hilación, o les ofrezca una visión panorámica. Los archivos, por su parte, han sido avaros en soltar sus documentos y los escritores parcos en saberlos descubrir, si es que existieron. El propio Bolaños en su humildad tampoco se refirió a sus acciones misioneras más que accidentalmente y es muy poco lo que dejó escrito.

No obstante, durante siglos se ha mantenido viva la imagen de Bo­laños y, al decir de Efraím Cardozo, en Paraguay esa memoria está fresca como si hubiera muerto en la víspera. Los pueblos por él fundados así lo recuerdan, o quizás más que lo recuerdan, lo reviven. Los escritores, re­firiéndose a él, se expresan con innumerables calificativos, siempre lau­datorios, diciendo que es "el apóstol", "el venerable" Luis Bolaños, "el beato", "Pa'í tukú", el "hechicero" de Dios.

El biógrafo que roturó el camino y escribió la primera vida convincen­te, por ser la más documentada, e hizo la presentación de las acciones apostólicas situándolas "como piedras milenarias" y dio otros rasgos como los de la santidad e, incluso, transcribió la mayoría de los escritos de fray Luis Bolaños, fue el franciscano argentino fray Buenaventura Oro, pero tan sólo después de tres siglos, en el año 1934. Esta obra, que lleva por título "Fray Luis Bolaños, Apóstol del Paraguay y Río de la Plata", puede ser considerada como la pionera y la más completa. El mérito de haber hurgado en variedad de archivos y reunido tanta documentación, hace de la obra verdadera historia, muy valedera, aunque él mismo la considere "modesto ensayo". Es una biografía que se merece atención y respeto por más que escrita, como hemos dicho, en el primer cuarto del siglo pasado. Como él expresa veladamente, pudo haberlo escrito con la intención de que sirviera para iniciar el proceso de su beatificación (1). Parece ser lo cierto.

Dos biografías posteriores, uno de Contardo Miglioranza y otro de Margarita Durán Estragó, aprovechando esa fuente del Padre Oro y algunas más, han servido para modernizar el lenguaje y acercar a Bolaños más hacia nuestros tiempos y ofrecer varios rasgos adicionales más precisos (2).

Pero aún faltaba, a mi humilde entender, dar algunas ampliaciones a varios temas. Era preciso resaltar el perfil de Bolaños con rasgos más definidos, donde aparezca el hombre con su personalidad, en el que el franciscano esté más caracterizado, en el que la obra misionera con sus dos contribuciones de la grafía guaraní y el catecismo, además de las reduccio­nes, esté más destacado, enfatizando lo que suponen sus métodos pioneros en la misión guaraní entre el Río de la Plata y Paraguay. En fin, estuviera todo más articulado.

Este trabajo no pretende ser una biografía y, menos, la última pa­labra, pero ambiciona llenar algunos de esos vacíos, que todavía se hacían sentir, hilvanar piezas sueltas, dar forma y nuevos contornos a la persona y a la obra evangelizadora del genial apóstol de los guaraníes. Digamos que la idea es, que teniendo como telón de fondo la persona paradigmática de fray Luis Bolaños, se sitúe en su entorno toda la obra misionera franciscana con los aportes de esa evangelización, por cuanto no es exclusiva de él, pero que parte de su inspiración y genialidad, y él fue el creador de las "matrices".

Dejando otros posibles perfiles, he seleccionado siete contenidos: a) una semblanza abreviada para presentar el personaje y dar una mini noticia de sus hechos más resaltantes en etapas de su vida; b) destacar rasgos de la espiritualidad franciscana que se manifiestan en su actuación y en la primera evangelización; c) visualizar la casi inverosímil geografía de sus andanzas misioneras abarcando extensas áreas del Paraguay y Río de la Plata; d) hacer conocer el fruto de sus estudios guaraníticos materia­lizados en la creación de la grafía, la traducción de los rezos y el Catecismo del Concilio de Lima; e) ofrecer rasgos de las primeras reducciones erigidas fundamentalmente por Bolaños con un peculiar estilo franciscano; eldar un perfil de las seis primeras vocaciones paraguayas franciscanas de "la era" de Bolaños con la doble finalidad de admirar la magnitud del apostolado realizado por los pocos españoles que estuvieron junto a él y mostrar la verdad poco conocida del aporte de los "hijos de la tierra"; g) presentar sus escritos que, si bien no son muchos, son los que vienen a complementar su personalidad y han estado poco resaltados, y no se conocen.

Sin hacer presente la figura y la obra de fray Luis Bolaños en la evangelización del Paraguay, queda un notable vacío para entender de dónde proceden muchas de las características de la religiosidad de nuestro pueblo, sus devociones, sus templos. Muchos pueblos no conocerían sus orígenes franciscanos y la razón de ser de sus peculiaridades. Es bastante manifiesta, pues, la importancia de ese incógnito y emblemático apóstol.

El lector se llevará la impresión, y en parte es verdad, de que los contenidos de cada capítulo son como estudios separados o compartimien­tos estancos. Es cierto, pero también se verá que están emparentados y tienen su ligazón. El hilo conductor y el apóstol que ha diseñado estas obras de evangelización es Bolaños, que no lo ha hecho sobre diseño en papel, sino en base a praxis existencial y le ha ido dando una caracterización que enfatiza el carisma franciscano. Fray Luis Bolaños se perfila como una encarnación de las características franciscanas más auténticas, por esa razón lo elogió Efraím Cardozo como "figura evangélica y auténtica en­carnación del espíritu de San Francisco", como quien ha acercado al po­verello de Asís, en el tiempo y en el espacio, con un perfil más americano.

Por lo mismo que se presentan como trabajos separados, hay ideas que se reiteran, expresiones y datos sobre Bolaños y su evangelización que se repiten. Espero que, en lugar de cansar su lectura, beneficie a grabar más en la mente, pues bastante olvido y desconocimiento ha sufrido la historia franciscana y sus notables personajes.

Los dos caminos que Bolaños ilumina preferentemente y en los que se constituye en paradigma, son: en la vida de una ejemplar radicalidad cristiana, y en la genialidad de un emblemático apóstol misionero.

El Papa Juan Pablo II, consciente de eso, además de señalar a fray Luis Bolaños como "hombre de vanguardia", junto a San Roque González de Santa Cruz y otros, "ejemplo" de inculturación con la traducción del Catecismo, también le propuso como "preclaro modelo de la nueva evange­1ización".

En esta entrada del tercer milenio es urgente y perentorio hacernos con instrumentos mediadores para inspirar una marcha renovada. Acaso la persona de fray Luis Bolaños, tantas veces considerada en los escritos como "beato", "venerable" y hasta "santo", pueda también, junto a San Roque González de Santa Cruz, a fray Juan Bernardo y otros, darnos auxilio a la hora de promover vida, cultura, religiosidad, catequización, y nos sirvan de inspiración de esa tan mentada y urgente "nueva evangeli­zación".

Villarrica, 8 de febrero de 2000.

Fray José Luis Salas o.f.m.

 

NOTAS

(1)     ORO, Buenaventura. "Fray Luis Bolaños, Apóstol del Paraguay y Río de la Plata". Córdoba. Imprenta de la Universidad, 1934, págs. XI-XII.

(2)     MIGLIORANZA, Contardo. Fray Luis Bolaños, Apóstol del Paraguay y Río de la Plata, Buenos Aires, 1993.

DURAN ESTRAGÓ, Margarita. El Hechicero de Dios, Fray Luis Bolaños, Editorial Don Bosco, 1995.


Capitulo 1

BIOGRAFÍA BREVE

NACIMIENTO Y VOCACIÓN FRANCISCANA. RUMBO A LAS MISIONES DEL PARAGUAY Y RÍO DE LA PLATA

Con San Francisco Solano, fray Luis Bolaños es la figura más eminente de los misioneros andaluces en Indias (1). Pero donde descuella Bolaños con excepcional luminosidad es en la todavía "Provincia gigante de las Indias", conformada por Paraguay y el Río de la Plata. Parece importan­te, pues, descubrirlo y darlo a conocer al menos en los rasgos más fun­damentales antes de exponer su apostolado. Ese será nuestro objetivo inmediato. Hacemos aquí una memoria breve, sin llegar a detalles y sin pretender una obra exhaustiva.

Aunque se han dado diversas opiniones sobre el pueblo natal de fray Luis Bolaños, hoy nadie duda de que el nacimiento ocurrió en Marchena por el año 1550. Es un andaluz nacido en esa población, apenas a 59 kilómetros distante de Sevilla. Lamentablemente no poseemos referencias de sus progenitores, ni tampoco se han podido obtener otros datos como la fecha de su nacimiento, el de su bautismo, por más que se pueda colegir que éste también se celebró en ese mismo lugar, en la parroquia de San Juan Bautista. Mirando los archivos parroquiales, no se ha dado con la anota­ción, al menos con ese nombre de Luis, por lo que queda la sospecha de que el nombre del nacimiento pudo haber sido otro y no precisamente el de Luis, y que éste sería el de su profesión religiosa, por más que tampoco poseamos el acta de su profesión (2).

Como se ve, no existen muchas referencias, por no decir ninguna, sobre la infancia y primeros años de Bolaños. Hacia los catorce años de edad se presume que tocó las puertas del llamado eremitorio de Santa Eulalia de los Recolectos de Marchena de la Provincia Bética, y pidió ser admitido a la vida franciscana (3). Tanto este convento de ingreso como el posterior de su formación, Loreto, eran de la reforma Recolecta, con características de una intensa vivencia franciscana.

Parte de los años de su formación y estudios pudo realizar en el Convento de Nuestra Señora de Loreto, contando como compañero privile­giado a San Francisco Solano. En el frontis del Convento se conservan dos láminas de mármol que rememoran el paso de estos dos eximios misioneros por ese prestigioso centro de estudios y de espiritualidad minorítica.

La inscripción referente a Luis Bolaños reza así: "En este Convento de Loreto, vivió y forjó su espíritu misionero el Vble. Padre Fray Luis Bo­laños, gran Ministro del Evangelio, Gloria de Andalucía, Fundador de las Reducciones del Paraguay, Padre de su Fe y su Cultura, Gigante de las Provincias Indias. En el IV Centenario de su nacimiento, el Consejo Superior de Indias. MCML".

Las primeras noticias sobre Bolaños tienen su inicio por los años de 1572, es decir, cuando fray Luis ya era un religioso hecho y derecho y con sus veintidós años. Es sabido que la mayor parte de las expediciones para Paraguay, Río de la Plata y Tucumán partieron de Andalucía y con frailes andaluces, por recomendación de la Reina. Se cuentan hasta ocho expedi­ciones (4). Haciendo, pues, fray Alonso de San Buenaventura una de esas provisiones misioneras para América y concretamente para el Río de la Plata y Paraguay, cuenta el cronista Córdova y Salinas, que encontró al joven Bolaños y sin titubeos le dijo: "Permanezca hermano en su intención, que le tiene Dios destinado para la conversión del Paraguay". A su vez Bolaños manifestó emocionado: "Cúmplase, Padre, la voluntad del Señor". Es el inicio de la vocación misionera más encumbrada de esa región americana (5).

La expedición salió de Sanlucar de Barrameda el 17 de octubre de 1572 capitaneada por Juan Ortiz de Zárate, iban veinte franciscanos, entre ellos descuellan fray Alonso y fray Luis, quien sólo estaba ordenado de diá­cono. Tan sólo ellos dos llegaron, después de una azarosa y larga travesía, a Asunción, el 8 de febrero de 1575. El resto, parte se quedaron en el camino, algunos fallecieron, otros pasaron a Tucumán. Paraguay, considerada tierra pobre y marginal, estaba reservada a los arriesgados o bien a los generosos. En ese número se contarían, a no dudar, Alonso y Luis Bolaños.

De Bolaños se puede decir que se hizo misionero de los guaraníes por antonomasia, su auténtico evangelizador. Bolaños, que no conoció otro lugar más que éste durante el resto de su vida, al Paraguay y a las extensas áreas guaraníes consagró su generosidad, sus talentos, un prolongado diaconado, su sacerdocio y apostolado durante más de cincuenta años. Por ello el calificativo que mejor le identifica es el de Apóstol del Paraguay. Sin olvidar que el Paraguay de aquellos tiempos se dilataba por toda la "Provincia Gigante de las Indias", abarcando áreas de Brasil y el Río de la Plata.

 

2. EN LA MISIÓN GUARANI (1575-1585)

A)     PRIMEROS ENSAYOS EN LAS CERCANÍAS DE ASUNCIÓN. INCURSIONES DE "RÍO ARRIBA"

Habían pasado más de treinta años desde la fundación del fuerte de Asunción (1537), no obstante eso, el Paraguay de los años 1575, era como tierra virgen en lo religioso, apenas hollada por los pies de alguno que otro evangelizador y, en todo caso, en misiones esporádicas, casi siempre de mera sacramentalización. Con el arribo de Alonso y Bolaños, se dio un vuel­co y nuevo giro, iniciándose la auténtica misión evangelizadora de los guaraníes.

Luis Bolaños llegó a Asunción el 8 de febrero de 1575, era joven de veinticinco años, ordenado sólo de diácono, "de evangelio", dicen los textos. A partir de ahí, los diez primeros años, que conforman la etapa introductoria, son de una exuberante riqueza y dinamismo, conformada por una figura andariega y de discípulo al lado de su Superior y maestro en la misión, fray Alonso de San Buenaventura. Al inicio se dedicaron ambos sobre todo a observar y aprender de los naturales guaraníes, hoy diríamos, a inculturarse dejándose evangelizar. Ambos se fueron fraguando en el apostolado en condiciones de gran precariedad de vida, sin casa ni lugar donde residir, sin convento, abiertos a cuantas urgencias se les presentaran.

A su arribo no existía un convento franciscano en Asunción, pero no se preocuparon mucho nuestros apostólicos Alonso y Bolaños en construir­lo, sino que tomando en cuenta el modelo de Jesús y de San Francisco, de andar de dos en dos, iniciaron una vida evangélica de desinstalación e iti­nerancia, predicando en las aldeas, descansando allí donde la noche los sorprendiera, metiéndose en cualquiera de las ermitas de los aledaños de Asunción, u otro lugar por más que fuera a la intemperie o a la luz de la luna. Así se les recuerda y más de un testigo habla de ello con justificada ad­miración.

Estos rasgos de pobreza y de total despreocupación por lo material e incluso de sus propias personas, les fueron abriendo los corazones de los indígenas y las puertas en las tavas, pues los veían sencillos y pobres, muy semejantes a ellos. Por otra parte, ante tan patente autenticidad los colonizadores también los respetaron y aprovecharon su presencia y sus raíces hispanas para recibir los sacramentos. No obstante, no eran tiempos fáciles para adoctrinar y sembrar el Evangelio. Los obstáculos provenían tanto de los naturales como de los conquistadores. Sólo era posible sortear las barreras con una gran generosidad sostenida en una intensa vida espiritual y un probado testimonio. Bolaños y Alonso, forjados en las reformas de radicalidad de la Orden Franciscana, que privilegiaban en ese tiempo la oración y la extrema pobreza, no perdieron de vista ese perfil del verdadero apostolado y se mantuvieron fieles a estas fuentes. Lo que les hizo respetables para ambos lados.

Acaso alguna vez cayó en manos de Bolaños y Alonso la carta de su predecesor en la misión guaraní, el franciscano fray Bernardo de Armenta, que reclamaba viniesen al Paraguay labradores y obreros y no hombres armados y conquistadores, y advertía que "la mala vida y el mal ejemplo de los que acá viniesen por conquistadores, les harían menospreciar nuestra fe. Porque viendo que yo les hago guardar la ley de Dios a la letra... si viesen lo contrario en los que acá viniesen, dirían que éramos embusteros... y por esta causa... no está convertido todo el mundo, por la mala vida de los cristianos" (6). Por ello, sin duda, como seguidores del pacifista San Francis­co y de este primer Custodio que vino a establecer la Orden en el Paraguay, tuvieron muy presentes ideales como éste en las actuaciones, haciéndose tolerantes y creadores de armonía. Ese modelo se convirtió en norma de su proceder.

Los hitos de las primeras experiencias apostólicas de aquellos frailes están recogidos en las informaciones que dan testigos como Don Pedro de Sierra Ron o el licenciado Pedro Zaldívar y algunos más. Todos coinciden en afirmar que "lo primero que tomaron a su cargo fue el predicar a los indios comarcanos de la ciudad(7). Sin que dejaran de lado a las parroquias de los españoles, que tampoco estaban sobrantes en atenciones, como confiesa Francisco Zaldívar, cuando dice que "había falta de Curas en tiempos de necesidad" (8).

Aunque el protagonismo en la evangelización estuviera en Alonso, que era sacerdote y Superior, sin embargo, junto a él se iba forjando el discípulo, recogiendo experiencias, observando realidades, conociendo la idiosincrasia y la geografía guaraní. Pronto percibieron ambos la problemá­tica de la incompatibilidad de los indios con los conquistadores y enco­menderos, pero no les pareció menor dificultad, pues lo sufrían en carne propia, la del impedimento del idioma y la incomunicación. Esas dos duras realidades despertaron en Bolaños las semillas aún en ciernes de "apóstol", pero que pronto saldrían a la luz haciéndolo creador de iniciativas, "el arquitecto" indiscutible de la misión paraguaya con el aporte de la grafía guaraní y las reducciones.

Una de las inquietudes prioritarias de la que adquirieron conciencia, digamos que desde la misma entrada y en la que se empeñarán seriamente los dos, será la urgencia de hacerse con el idioma de los naturales, el ava ñe’e de los guaraníes. Es ilustrativa la información que proporciona Don Pedro Sierra Ron a este respecto hablando todavía de los tiempos iniciales: "A todos los visitaban los dichos frailes predicándolos y doctrinándolos y catequizándolos y bautizándolos y administrándoles los sacramentos nece­sarios para el bien de las almas de ellos, lo cual hacían con mucho tra­bajo aprendiendo la lengua de los naturales"(9). Al menos Bolaños no debió tardar mucho en aprender el idioma de los guaraníes y en hablarlo con fluidez. Fue instrumento fundamental para la evangelización, la gran conquista para el adoctrinamiento y la comunicación, lograda a la perfec­ción por Bolaños. Toda una novedad para la evangelización: ahora se tra­taba de dar a entender la doctrina y no sólo sacramentar, como se había acostumbrado.

La permanencia en los alrededores de Asunción no fue duradera, la aceptación de parte de los indígenas y la fama que despertaron se extendió pronto a otras regiones y los pedidos de su presencia no se hicieron esperar. Hablando de los poblados de "río arriba" asentados entre los ríos Jejuí e Ypané, se dice que estaban tensionados, "en rebeldía en sus ritos y cere­monias, cuarenta leguas de la ciudad, y los dichos dos Padres, solos y sin compañía ni escolta, fueron y se metieron entre los dichos indios" (10). Y mediante la persuasión, predicación y la ejemplar vida, muchos de aquellos pueblos vinieron al conocimiento de nuestra santa fe.

No se pueden silenciar los nombres de aquellos pueblos en los que arraigó profundamente, tanto la misma religión cristiana, como las carac­terísticas de la vivencia franciscana: Guarambaré, Atyrá, Ypané, Tobatí, Pitum, Perico Guazú, Terecañy, Ybyrapariyara... Son pueblos que siempre rememoran a su apóstol Bolaños y, a pesar de haberse mudado de lugar, mantienen hasta hoy rasgos de su espiritualidad.

Momentos y acciones importantes de este período vendrán a ser las correrías en las cercanías asuncenas, "predicándolos y catequizándolos y bautizándolos", "lo cual hacían con mucho trabajo aprendiendo la lengua de los naturales”; pero no menos meritorios son los desplazamientos sin escolta ni compañía de españoles a las regiones de "río arriba" a pacificar y adoctrinar unos diez poblados, que hemos citado, situados entre los ríos Jejuí e Ypané. Las andanzas evangelizadoras de estos predicadores del Evangelio llegaron hasta los confines más lejanos de Asunción.

 

B)      LA PRIMERA REDUCCIÓN: SAN LORENZO DE LOS ALTOS

Un objetivo claro, fruto de las experiencias de esos cinco años de praxis itinerante, será el de iniciar la formación de reducciones. Esta sería una de las intuiciones claves de su apostolado a la que les condujeron las varias tentativas anteriores, pero sobre todo la dispersión y las costumbres silvícolas de los indios que hacían difícil la evangelización. En Los Altos, seis leguas distante de Asunción, se les dio la ocasión propicia y no la quisieron desaprovechar. "Por huir de la inquietud que podían tener, como por la comodidad para predicarlos mejor" (11), expresa un escrito; pusieron manos a la obra a la primera experiencia reduccional. En el espacio de poco tiempo tenían organizada la población con unos cuatrocientos indios, aplicándole el nombre de San Lorenzo de los Altos. Era el año 1580.

En la ejecución de esta novedad reduccional tuvieron en cuenta la necesidad del adoctrinamiento y la siembra de la vida cristiana, pero también la de ofrecer protección al indio ante al avasallamiento y la ambición desmedida de los conquistadores. Los testimonios escritos en 1618 son expresivos y aportan significativos detalles. "Los dichos Padres (Alonso y Bolaños) -dice uno de los testigos- volvieron a esta ciudad a proseguir con la obra que habían dejado de buena doctrina, y visto que los españoles se iban acercando a los indios a hacer estancias y que ellos estaban divididos por parcialidades, para acudir a las necesidades que se ofrecía, hicieron de un partido de ellos una reducción que llaman de Los Altos"(12). A la reducción se le asignó como patrono al diácono mártir San Lorenzo. Es posible que en esta designación influyera el largo período de diaconado vivido por fray Luis Bolaños, pues no sería raro que tuviera a ese Santo como modelo inspiracional y protector del diaconado. No se debe pensar que Bolaños y Alonso impusieran a las reducciones nombres simplemente por coincidencia de fecha del santoral, sino que expresaban algo singular para ellos y los pueblos adoctrinados. Es lo que más tarde se nota en la fundación de Caazapá.

Destacamos esta primera reducción por ser la pionera entre las muchas reducciones posteriores del Paraguay y Río de la Plata y que tanto renombre adquirieron después, tanto las fundadas por los franciscanos como por los jesuitas. Altos, con el tiempo llegaría a ser un pueblo im­portante de la nación paraguaya en la que sobrevive hasta hoy, cuidando celosamente su acervo cultural y franciscano en variados rasgos.

 

C)     APÓSTOLES DEL GUAIRÁ

La región de "río arriba" era permanentemente conflictiva. Ni los indígenas ni los conquistadores gozaban de paz. Eran siete u ocho poblados, que antes hemos nombrado, que padecían presiones de varios flancos y se mantenían rebelados y sin la paz requerida, por lo que los dos apóstoles, que no habían nacido para sedentarios de un lugar, luego de formar a los indios de Los Altos y dejarlos adoctrinados y en buena "policía", se arriesgaron a visitarlos nuevamente para afirmarlos en la armonía y en la vida cristiana. Y lo consiguen. Aunque no será la última vez que deberán intervenir lle­vando la paz a la región.

Sin menoscabo de todas estas tareas apostólicas de tanta trascen­dencia, por el año 1582 tuvieron de pronto la noticia "de la gran necesidad que tenían los españoles e indios de las Provincias del Guairá..., movidos de caridad se fueron a Ciudad Real... a tiempo que andaba entre ellos una gran peste... y después subió a la Villa Rica del Espíritu Santo e hizo lo mismo porque estaban en la misma necesidad y con el mal referido"(13). En esta escueta noticia se dan los rasgos fundamentales de esta nueva em­presa apostólica en la que Alonso y Bolaños, superando todos los temores de contagio y muerte, se involucran generosamente, pues se había decla­rado, como hemos dicho, una mortífera peste, por lo que llenos de un celo evangelizador ejemplar, emprenden esa nueva misión en favor de indios y españoles (14).

En estas dos ciudades, separadas por unas sesenta leguas una de otra, estuvieron por espacio de largo tiempo atendiendo apestados, evan­gelizando, dando sacramentos. Se introdujeron incluso en las espesuras de la selva "hasta el riñón de los indios", con el afán de convertir a las nume­rosas tribus guaraníes. Se iban sin temor, sin protección de españoles, a pecho descubierto, llenos solamente de amor misionero, siendo bien acogi­dos por los naturales. Existen algunos recuerdos e indicios de haber formado en la región, por aquel mismo entonces, los pueblos de Pacuyú y Curumiai, que tuvieron una vida más bien efímera hasta que los ban­deirantes los asolaron en 1632.

La misión del Guairá se prolongó por espacio de más de dos años a partir de 1582, que es cuando tuvieron la notificación de una peste que había asolado esa región. Se conoce que para entonces habían fallecido los dos ancianos sacerdotes que anteriormente los atendían. Las poblaciones de Ciudad Real y Villarrica, ésta fundada por Ruy Díaz de Melgarejo en 1570, gracias a ello pudieron contemplar las atrayentes figuras evangélicas de estos dos frailes. La crónica de Daza resalta esta actuación refiriendo: "Se fueron a la de Guairá, en la cual y en ochenta leguas de su distrito, edificaron más de veinticinco iglesias, donde doctrinaban, predicaban y bautizaban los indios con notable ejemplo y edificación"(15)        .

En esta misión del Guairá, donde vivieron verdaderos gestos de heroísmo y caridad. Dios les deparó una gracia impensada, pero, a no du­dar, fruto del impacto de su apostólica vida, y es que en la población de Ciudad Real se les acercaron dos jóvenes nativos del lugar, Juan Bernardo y Gabriel Guzmán, primero para acompañarlos como ayudantes y acólitos y, posteriormente, para pedir adherirse a la Orden Franciscana. Natural­mente que fray Alonso, como Superior, los aceptó y no sería pequeña la alegría de Luis Bolaños.

Entre tanto, a comienzos de 1585, había llegado a Asunción el Custodio de Tucumán, que también lo era de Paraguay, fray Alonso de la Torre. Este había dado el acabado necesario al Convento iniciado por fray Pascual de Rivadeneira en 1580 y, no contando con otros frailes el Paraguay más que ellos, les llamó de urgencia y los hizo responsables de la casa conventual. Al reclamo de esa llamada hubieron de abandonar la misión del Guairá y juntamente con los dos nuevos frutos ingresados en la Orden, vinieron obedientes a Asunción. Así comienza la historia de las vocaciones religiosas nativas en Paraguay. Gabriel y Juan Bernardo deben ser considerados como los dos pioneros, no sólo como franciscanos, sino como religiosos en general.

Los diez primeros años del diácono Luis Bolaños y el maestro misionero Alonso de San Buenaventura, son de una envergadura y riqueza que supera todo elogio e imaginación. Es evidente que ambos llegaron a la misión guaraní con un espíritu caldeado de caridad, por lo que pudieron desarrollar semejante labor. Nadie puede explicar sin recurrir a la admi­ración y al elogio más justiciero, la inigualable labor llevada a cabo por sólo dos frailes, abarcando tanta extensión geográfica y dándole profundidad. Sólo una intervención extraordinaria de Dios y una entrega asombrosa desplegada por estos intrépidos y austeros misioneros de los guaraníes pueden ser la razón de tanto éxito. Estaban sustentados, evidentemente, por el espíritu de Cristo y su Evangelio. Nos gusta señalar estos diez primeros años de la evangelización de fray Alonso de San Buenaventura y de fray Luis Bolaños como francamente indescriptibles y paradigmáticos.

 

Fray Alonso de la Torre

 

 

3.      ORDENACIÓN SACERDOTAL, CATECISMO GUARANÍ, NUEVAS REDUCCIONES (1585-1600)

a)      Un año rico en acontecimientos: 1585.Ordenación Sacerdotal. ­El Catecismo Guaraní.- Maestro de Novicios. Guardián del Con­vento de Asunción.- Reducciones de Itá y Yaguarón.

Aunque no se sepa cuál de las etapas preferir, pues todas son igual­mente singulares, otra de las épocas densas y representativas en la vida ascendente de fray Luis Bolaños es la que se inicia en el año 1585. Digamos que es la de su mayoría de edad misionera. El broche de oro del prolongado y fecundo apostolado, del hasta entonces diácono fray Luis, culmina con la ordenación sacerdotal. Bolaños tenía entonces treinta y cinco años. A poco de llegar a Asunción, el Obispo Mons. Alonso Guerra, que según Udaondo y Carbia, llegó en setiembre de 1585 (16), presumiblemente en las témporas de ese mismo mes, le confirió el sacerdocio, quedando "ordenado de misa fray Luis Bolaños, pues antes no era más que de Evangelio"(17). Este suceso debe figurar como un acontecimiento inusitado para el Paraguay, pues ésta ordenación conferida al sobresaliente franciscano fue la primera realizada en la diócesis desde su fundación. En adelante, al insigne misionero se le recordará con el añadido de Padre, también Pa'í fray Luis Bolaños, o Pa'í Tuku.

Era fama pública que para entonces Bolaños tenía realizados estu­dios sobre la grafía y la gramática guaraní. Había hecho trabajos en ese idioma. En vista de ello, el mismo Obispo Guerra, que recién llegaba del Concilio de Lima en el que participó como Obispo de Paraguay, asumió el compromiso de traducir a los idiomas de los indios el catecismo allí apro­bado, le otorgó a Bolaños el cometido de verterlo al guaraní. Para acompa­ñarlo en la traducción designó a otros lenguaraces, como el capitán Escobar, pero además contaba, dentro de la Orden, con el valioso y cercano aporte de los dos novicios guaireños, de quienes consta que le ayudaron no poco en hacerlo a cabalidad.

Ese mismo año 1585, no habiendo otras alternativas, pues faltaban religiosos, Bolaños fue nombrado Superior de la casa conventual de Asunción y se le dio además el cargo de maestro de novicios, para que formara en la vida franciscana a Juan Bernardo y Gabriel Guzmán.

El noviciado debieron hacerlo con las características de privilegio peculiares para las zonas de misión, pues consta que, sin descuidar la for­mación ya se ejercitaban en el apostolado, de tal manera que con el aporte de los dos novicios se inició la erección de la reducción de Itá primero y luego, un par de años más tarde, la de Yaguarón. Ya en ese tiempo Juan Bernardo incursionaba en las selvas del Caraiba en compañía de fray Alonso o bien de Gabriel, con el fin de atraer indios para la reducción de Itá. Como maestro, Bolaños fue infundiendo en ellos la calidad de su propia vivencia, uniendo piedad, sencillez y pobreza, junto con la vida fraterna y el celo apostólico.

En resumen, se puede concluir que en este período se pusieron en marcha los rasgos más fundamentales de la misión guaraní franciscana. De aquí en más sólo sería cuestión de ampliar y profundizar esos perfiles, especialmente el del idioma con el catecismo, para adoctrinar y llevar a la fe a los naturales, el de las reducciones para protegerlos y darles "vida civilizada"; y el de las vocaciones de hijos de la tierra formándolos en la misión.

b)      Protagonismo misionero de Bolaños.Profesión religiosa de Gabriel y Juan Bernardo.-Viaje de Alonso a España.-Martirio de fray Juan Bernardo.- Cinco nuevos refuerzos.

Los finales del año 1585 o bien, el año 1586, pueden ser el de la pro­fesión de estos dos primeros franciscanos nativos, Gabriel y Juan Bernardo, formados con gran precariedad de medios, en clima de misión, pero en la escuela privilegiada de Alonso y de Bolaños. Gabriel, en una carta que escribiera en 1605 al Rey ofrece una referencia aproximativa del suceso: "De veinte años a esta parte... después que hice profesión en la sacra Religión de nuestro Padre San Francisco". Con las matemáticas en la mano podemos concluir que profesarían el año 1585.

Por lo que llegaron a ser estos dos frailes en el futuro, se colige que, a pesar de la falta de medios, su formación no desmereció de la realizada en los mejores conventos y fue de muy excelente calidad. Hagámonos cuen­ta que Juan Bernardo vendrá a ser, además de virtuoso fraile, el primer mártir paraguayo y Gabriel uno de los frailes más sobresalientes de la Provincia franciscana, accediendo incluso a cargos tan importantes como los de Guardián en varias ocasiones y, por fin, al de Definidor.

Entre los años 1585 y 1587, con este nuevo refuerzo guaraní, y bajo la guía de Bolaños, se levantaron dos nuevas reducciones, la de Itá, a seis leguas más o menos de Asunción, y la de Yaguarón, una legua más ade­lante. La novedad que ofrecen éstas respecto a Los Altos, es que los reli­giosos convivirían acompañando permanentemente a los indios reducidos. Los jóvenes franciscanos fray Gabriel y fray Juan Bernardo serán los que compartirán con los indios en las dos reducciones. Hoy hablaríamos de una vida religiosa de verdadera inserción en medio de los más pobres. Eso era en realidad. Mientras tanto, Bolaños, reconocido arquitecto de las reduccio­nes, distribuye el tiempo entre el convento de Asunción en el que era superior Guardián, y la vigilante atención a las tres reducciones en marcha. Además se dice que "con ellos, es decir con Juan Bernardo y Gabriel, volvió a reformar las dichas doctrinas y reducciones (de Río Arriba) que habían formado en Pitum y Guarambaré" (18). Incluso se presume, no sin razón, que volvió al Guairá.

Fray Alonso, superior hasta el año 1587, viendo por una parte la marcha segura de la misión bajo el liderazgo de Bolaños y por otra la escasez de frailes para responder a las necesidades, emprendió un viaje a España ávido por traer nuevos operarios; también, se dice que iba para informar al Rey. La despedida fue dolorosa, sin duda. Nadie sospechaba entonces que sería el adiós definitivo. Por más que Alonso llegó hasta Chile portando un notable lote de más de veinte misioneros, allí le esperaba la muerte en Capilla del Monte, murió el 8 de diciembre de 1596. El martirologio fran­ciscano, llamado Rotomagense, lo recuerda juntamente con Bolaños, como Siervo de Dios y consumado apóstol. A Alonso hay que rememorarle como consumado maestro y roturador de las misiones guaraníes en plan de igualdad con Luis Bolaños.

Entre los sucesos más sobresalientes de los años 1590 conviene señalar la ordenación sacerdotal de fray Gabriel, que hubo de ser entre el año 1591 y 1592. Lo expresa él mismo sin precisar, en su renombrada carta al Rey de 1605: "... después de que me hice sacerdote que serán de catorce o quince años acá" (19). Pero el acontecimiento que descuella, entre todos, en este período es el del martirio de Juan Bernardo a manos de los paranáes en 1594.

Era reconocido el ascendiente y la experiencia misionera única de Bolaños, tanto entre los religiosos como entre los civiles. En circunstancias en que los paranáes apresaron a un hermano dominico portador de papeles, recurrieron a él Cabildo y jesuitas con esperanza de su valimiento para rescatarlo. Bolaños, conociendo las cualidades del joven hermano Juan Bernardo y los deseos que tenía de ir a predicar a los Paranáes y con­vertirlos, se animó a darle obediencia para tan difícil compromiso, no sin antes prevenirle de los riesgos dándole también oportunas recomendacio­nes de prudencia de cómo debía actuar(20).

 

Fray Alonso de San Buenaventura

 

Juan Bernardo salió de la reducción después de prepararse con los sacramentos de la confesión y comunión, que recibió de su compañero Gabriel y tomando por acompañantes a cuatro indios experimentados de las reducciones de Yaguarón e Itá. Al llegar a las inmediaciones de Caazapá fue interceptado y apresado por los exaltados paranáes. Luego de diversas torturas y una reunión de caciques bajo el principal Guarepa, a pesar de sus expresiones de no estar comprometido con los españoles, no ser su espía y de ir únicamente a salvar a "su hermano Dominico" y a predicarles a Cristo, lo mandaron ahorcar. Fue un suceso que impresionó profundamente a Bolaños, por más que lo consideró y lo "envidió" como mártir y santo (21).

Desde 1588 ya se encontraban en el Paraguay los jesuitas y habían llegado otros religiosos. Bolaños sirvió de introductor de la misión a más de uno con su experiencia personal y la enseñanza del guaraní, que él dominaba con maestría y lo tenía articulado en un manuscrito de gramática y léxico. Este manuscrito ayudó a cuantos misioneros llegaron al Paraguay, constituyéndose él en guía y maestro, como lo expresa el Padre jesuita Alonso de la Torre: "A Bolaños deben otros muchos misioneros venidos posteriormente, porque se han servido de sus primeros ensayos de gramá­tica y vocabulario" (22).

Cuando la misión paraguaya se debatía por subsistir, sostenida apenas por dos o tres frailes, arribó a Chile el refuerzo esperado bajo la guía de fray Alonso. Por más que, como hemos dicho, él mismo fallecería una vez arribado a Santiago, enviando un postrer recuerdo a "su ángel" y compañe­ro Bolaños, una parte considerable de ellos vinieron a reforzar el Río de la Plata. Tras una dificultosa travesía cruzando la Cordillera de los Andes y las vastas pampas argentinas, llegaron a la región paraguayo-rioplatense cinco valerosos refuerzos que dieron un respiro a la misión guaraní y, más que a nadie, a Luis Bolaños. Los que arribaron fueron: fray Martín Ignacio de Loyola, quien sería primeramente Custodio del Paraguay y luego Obispo del Paraguay y Río de la Plata, fray Alonso Velázquez, apóstol de Caazapá y Yuty, fray Juan de Córdoba, cura doctrinero de Itá, fray Francisco de la Cruz, quien quedó de conventual en Asunción, y fray Luis Gámez, fundador de Itatí.

Entre tanto, también se iban preparando las vocaciones del clero; el mismo Bolaños, se presume con fundamento, estuvo involucrado en su formación. El año 1598, gracias a una inesperada visita que el obispo fran­ciscano de Tucumán, Mons. fray Hernando de Trejo y Sanabria, hizo al Paraguay invitado por su hermano de madre Hernandarias de Saavedra, se tuvo en Asunción, además de la confirmación de varios miles, una ordenación numerosa de veintidós sacerdotes del clero nativo. Este suceso influyó bastante para subsanar la necesidad de sacerdotes que sufría la diócesis en casi todos los poblados. Con ello el clero tomó un protagonismo importante en el Paraguay.

Luis Bolaños no tuvo dificultades para ceder gustoso al clero recién ordenado varios de los enclaves franciscanos, incluso dos de las reducciones que él y su compañero Gabriel adoctrinaban y regían. Esta distribución de pueblos, comprendió, como hemos dicho, a San Lorenzo de Los Altos y San Buenaventura de Yaguarón, que pasaron desde entonces a ser atendidas por seculares. Aunque Yaguarón, una y otra vez a lo largo de los sucesivos años, volverá a ser atendida por los franciscanos.

 

 

4.     EN EL ÁPICE DE LA ETAPA PARAGUAYA. 1600-1615.

 

a)      Aprobación del Catecismo y primer Sínodo de Asunción. Custodia del Paraguay con fray Martín Ignacio de Loyola- Voca­ción de fray Gregorio de Osuna.- Episcopado de Loyola.

Con el arribo de los cinco frailes procedentes de Chile se da una notable transformación en las condiciones de la misión franciscana. Era evidente que no podía continuar Paraguay y el Río de la Plata bajo la de­pendencia de la Custodia de Tucumán, por más que hubiera estado de Custodio el mismo fray Francisco Solano el año 1592, de quien se comenta realizó una visita esporádica a Santa Fe y a Asunción. Pero las distancias y la misma precariedad de frailes no lo hacía viable. Así es que, en uno de los Capítulos celebrados esos años, volvió a recuperar autonomía la Cus­todia del Paraguay y Río de la Plata y se le nombró Custodio a fray Martín Ignacio de Loyola, aunque no por mucho tiempo.

Otro suceso del año 1600, que llenó de satisfacción a Bolaños, fue el ingreso en la vida franciscana del joven santafesino Gregorio de Osuna. Parece, y es lo más probable, que fray Luis tuvo que asumir nuevamente la difícil tarea de ser maestro para formar esta nueva vocación. Al final vendría a ser su heredero en las reducciones de Caazapá y Yuty.

Este nuevo período de la vida de Bolaños encierra un suceso trascen­dente para la Iglesia del Paraguay y Río de la Plata, y de no poco prestigio para la custodia del Paraguay. En la nueva vacancia de Obispo que padecía la diócesis fue nombrado a ocupar la sede de Asunción precisamente el Custodio franciscano fray Martín Ignacio de Loyola. Con ello la Custodia paraguaya perdía un fraile, pero la feligresía ganaba un pastor y padre. La noticia trajo gran júbilo al clero y a los cristianos. Hacía mucho tiempo que la diócesis carecía de obispo, además Loyola contaba con experiencia en la misión paraguaya y sus excepcionales cualidades eran reconocidas. De facto sería el de él uno de los episcopados más sobresalientes y más influ­yentes.

La actuación más notable del gobierno pastoral de fray Martín Ignacio de Loyola fue la convocatoria que hizo para celebrar el PRIMER SÍNODO DEL PARAGUAYYRÍO DE LA PLATA(23). En esa magna asam­blea, celebrada en 1603, a la que asistieron los sacerdotes más representa­tivos de la diócesis y el Gobernador Hernandarias, tuvieron gran pro­tagonismo los franciscanos fray Juan de Escobar, Custodio sucesor de Loyola y, sobre todo, fray Luis Bolaños. En medio de ella se aprobó y se ordenó la enseñanza del CATECISMO GUARANÍ, traducida por Bolaños. En el contexto de la tercera Constitución Sinodal se ordena: "que todos los que se nombren por curas de indios sepan por lo menos la lengua guaraní con suficiencia y tengan la doctrina y Catecismo que hizo el Padre fray Luis Bolados" (24). Bolaños vino a constituirse en ese evento en el autor de LA CARTA MAGNA GUARANÍ, es decir, el primer escrito en ese idioma. Un acontecimiento que exige más relevancia. También se halló en el evento Roque González de Santa Cruz,

 

Fray Juan de Escobar

 

Pintura dedicada a Fray Luis Bolaños

 

b)      Nuevas reducciones entre los Paranáes: Caazapá y Yuty

Uno de los anhelos que desde hacía tiempo alimentaba fray Bolaños, era el de la conversión de uno de los grupos guaraníes más reacios y con más de cuarenta años de resistencia e insubordinación a la conquista: los Pa­ranáes. El año 1607 se le ofreció la coyuntura de platicar y hacer el plan de una nueva reducción con unos cuarenta caciques. Después de tantas ba­tallas, incursiones y muertes estaban en son de paz, ya resignados a estar sometidos. Bolaños fue el instrumento que medió y logró convencerlos. Por otra parte, Caazapá y los Paranáes eran un referente de resonancias importantes para él, pues anteriormente, en el año 1594, a poca distancia de allí, había sido martirizado su discípulo y hermano fray Juan Bernardo. Pues bien, en esa ubicación cercana al del martirio, con el nombre de reducción de San José de Caazapá, y dándole como patrono la Conversión de San Pablo, en memoria de su costosa y sacrificada conversión. Sin duda tuvo Bolaños en mente ofrecer un homenaje póstumo al mártir Juan Bernardo, erigiendo la más importante de sus reducciones en Caazapá (25).

Caazapá se constituiría en adelante en centro importante de las actuaciones de Bolaños en esta etapa. Cuatro años más tarde, en 1611, se completó la conversión y adoctrinamiento de los Paranáes con la fundación de una nueva reducción, la de San Francisco de Yuty. En estas dos re­ducciones de Caazapá y Yuty pasará Bolaños varios años y pondrá como doctrinero heredero a fray Gregorio de Osuna.

Por esa misma época y por el testimonio del escribano Juan López de Gamarra, fechada el 16 de agosto de 1611, consta la entrega oficial de su Catecismo guaraní, que hizo personalmente el Custodio fray Luis Bolaños, en la Curia de Asunción. En la ocasión estampó su firma agregando el cargo de Custodio que ostentaba (26).

Este período de su vida está adornado, dado su prestigio misionero y ascendiente en la Orden, por los nombramientos de Custodio del Para­guay y Río de la Plata entre los años de 1609 y 1612, y de Definidor Provincial entre los años de 1612 al 1615, al hacerse, con la unificación de las Custodias de Tucumán y Río de la Plata, la erección de la Provincia franciscana de Nuestra Señora de la Asunción en julio de ese año, teniendo como sede Buenos Aires.

Con esto concluye el tiempo paraguayo de fray Luis Bolaños. Han sido cuarenta largos e intensos años dedicados a la siembra del Evangelio, llenos de creatividad y de pasión misionera en amor a los guaraníes. Nunca estuvo en su mente volver a España, se naturalizó paraguayo, como hoy diríamos.

 

5.      ÚLTIMOS AÑOS. BAJANDO EL RÍO DE LA PLATA (1616-1629).

Fundaciones de la Limpia Concepción de Itatí y Santiago de Baradero.

Los catorce o quince últimos años de su vida, Bolaños los pasó en Buenos Aires. Aunque se piense que con sesenta y cinco o más años encima, el apostólico misionero de los guaraníes vendría a gozar de un merecido descanso en el convento de San Francisco de Buenos Aires, su pasión evan­gelizadora no se lo permitió, encontró nuevos campos y nuevos indígenas para su apostolado. Estaba hecho para ser apóstol émulo de San Pablo, formando comunidades aquí o allá.

De paso hacia el sur, se encontró con el también andaluz fray Luis Gámez, y con él y con naturales adoctrinados por él mismo en las in­mediaciones, emprendió la formación de la reducción de Itatí, bajo la tutela de la efigie de la Pura y Limpia Concepción. Desde entonces ese santuario quedó convertido en luminoso centro de irradiación mariana para toda la extensa región del litoral argentino. El nombre de Bolaños quedó indeleblemente marcado en la mente de los correntinos.

Bolaños continuará vinculado a Itatí hasta el final de su vida. La última carta conocida, escrita por él en 1628, está dirigida a su querido hermano oriundo de Paraguay y doctrinero de Itatí, fray Juan de Gamarra, con quien sin duda mantenía estrecha relación. También Itatí quedará como fundida al recuerdo de Bolaños y aún hoy perdura esa gratitud in­quebrantable, considerándolo su fundador. En el templo, en la plaza e incluso hasta hace pocos años en la ruta de acceso, figura su nombre.

No conforme con lo hasta entonces realizado, Bolaños se aventura en su ancianidad, con más de 65 años, a crear un nuevo enclave reduccional en Baradero, a escasos ciento cuarenta kilómetros de Buenos Aires. El itinerario lo recorría siempre a pie, hasta despertar una culpable disputa en el Cabildo de Buenos Aires por la desatención y tener que remediarlo los cabildantes poniendo cabalgadura o carreta.

Hablando de Baradero, el informe jurídico que hace Felipe Franco en 1618 certifica: “... que partió un fraile hará tres años a hacer otra reducción de indios en el distrito de Buenos Aires, donde he oído decir que está en aquella obra trabajando solo y sin compañero, siendo ya viejo de más de setenta años" (27). El relatorio está hablando, como hemos dicho, de Santiago de Baradero y de fray Luis Bolaños. Una placa de mármol que se conserva en el templo parroquial registra la memoria de esta postrera obra del septuagenario anciano en estos términos: "Fray Luis Bolaños, Apóstol, Evangelizador y propulsor de la Reducción de Santiago de Baradero desde 1616 a 1622"(28).

El prestigio y la autoridad misionera alcanzada por Bolaños era formidable y aunque ya se encontraba anciano y con no pocos achaques en la salud, sin embargo, incluso en esas circunstancias, los jesuitas recurrían al convento franciscano para solicitar de él un testimonio sobre la santidad y martirio de San Roque González de Santa Cruz. Apenas ocho días antes de su muerte, a pedido de los jesuitas, ofreció el valioso testimonio sobre Roque González de Santa Cruz, pero que lo honra también a él mismo (29).

Pertenecen también a esos años finales el informe que escribe sobre el martirio de fray Juan Bernardo a pedido de fray Gregorio de Osuna. Esta carta del año 1624 figura juntamente con los varios testimonios de los indígenas de Caazapá y Yuty recogidas el año 1627. Gracias a ella cono­cemos varios rasgos de la corta y humilde vida del mártir Juan Bernardo, a quien siempre nombra con la fraterna expresión de "nuestro hermano".

El escrito más valioso que poseemos de Bolaños, no obstante, es el que hizo sobre la validez de los matrimonios indígenas. Puede servir para conocer, en parte, la reflexión teológica que utilizó en su quehacer de evan­gelizador. Ese escrito, todavía poco descubierto, por desgracia, está redac­tado, al menos en su última versión, en esa etapa final de su vida. Se trata, sin duda, de un escrito iluminador, basado en la larga experiencia de más de cincuenta años de misionero con los indígenas guaraníes. Algo así como el canto del cisne de Bolaños antes de morir (30).

 

6.      MUERTE Y FAMA DE SANTIDAD.

11 de octubre de 1629.

El Padre Juan de Ampuero, en calidad de presidente del convento del Seráfico Padre San Francisco, daba la siguiente conmovedora comunica­ción: "Que ayer jueves, que se contaron once de este presente mes de octu­bre, falleció y pasó de esta presente vida, en el dicho nuestro con­vento, el muy reverendo Padre Fray Luis Bolaños, sacerdote" (31). El año era 1629, por lo que había cumplido 79 de vida y 54 años en la misión.

Esta noticia simple y escueta tiene una prolongada y persistente continuidad de elogios y referencias a su ejemplar vida que se inicia ese mismo día, llamándole varón apostólico y observantísimo y dando pruebas testimoniales de que en verdad lo fue.

Entre los días doce y quince inmediatos al fallecimiento se hizo una información en la que el prior del convento de Santo Domingo refería como uno de los testigos: "Sabe, por ser público en estas provincias, cómo el dicho P. fray Luis Bolaños fue persona casta y de mucha virtud y que siempre se ocupaba en la enseñanza de los naturales con mucha caridad y fervor de espíritu, e hizo mucho fruto en honra y gloria de Dios Nuestro Señor y bien de sus almas, y usó de caridad con todos los prójimos que de él se quisieron valer, y dándoles documentos sanos y píos para aprovechamiento de sus almas; y conjuntamente con esto lo edificaba con su virtud y vida ejemplar de penitencia y otras obras buenas y cumplimiento de su religión y Or­den" (32).

Luego se suceden otros informes, escritos de la Orden, como el del Capítulo general de 1631, que nombra a Bolaños entre los frailes que han vivido con fama de santidad, o la inclusión en el Martirologio Rothomagense... Este catálogo franciscano de los siervos de Dios del año 1648, en fecha 6 de diciembre, dice: "... In India Occidentali, Beatorum Alfonsi a Sancto Bonaventura et Ludovici de Bolagnos Confessorum, qui divini igni amoris succensi, et salute animarum zelo armati latíssimas regiones Paraguay et Guayri circa Fluvium de Plata christianis legibus imbuerunt, gentes innúmeras ad Deum vivum et verum converterunt, et multis exantlatis laboribus et a.erumnis sancto fine quieverunt" (33)

Por todas partes y en todas las épocas posteriores se le ha recordado a Luis Bolaños con calificativos como: venerable, beato, el santo viejo, y otros similares. El Obispo Melchor Maldonado, refiriéndose a él y al Catecismo guaraní, el 22 de enero de 1648 expresaba: "... el que la tradujo fue fray Luis de Bolaños, de la Orden de San Francisco, varón venerabilísimo, santísimo y ejemplarísimo, que su religión trata de canonizarlo" (34).

Mucho nos alargaríamos si fuéramos a expresar todos los testimo­nios y elogios que se han escrito sobre Bolaños, desde que el jesuita Juan Romero testimoniara el año 1610: "Que el P. Fray Luis Bolaños trabajó en todas aquellas provincias con gran estima de santidad, que todos tienen de él".

Fray Buenaventura Oro dedica su obra "Fray Luis Bolaños" a relatar críticamente el grandioso apostolado misionero realizado por este eximio, que él llama "Apóstol del Paraguay y Río de la Plata". Su último ca­pítulo, que lleva el título de "Apoteosis", recoge en síntesis todo cuanto se relaciona con la muerte y posterior fama de santidad.

Para una adecuada culminación y ofrecer a este benemérito y ejem­plar franciscano los honores largamente merecidos, resta tan solamente iniciar su proceso de canonización y elevarlo a los altares.

 

NOTAS

(1)     GARCÍA, Sebastián. Acción Misionera de la Provincia Bética en América. A.I.A., 1986. n. 181-184, pág. 620.

(2)     CALZADA MACHO, Isidoro. Pai Tuku, Biografía de Fray Luis Bolaños. Ediciones Franciscanas, Asunción, 1975. Nota 1, pág. 25.

(3)     ORTEGA, Ángel. La Rábida Historia documentada crítica, en el tomo IV, cap. Il, pág. 55, Sevilla, 1926. Entre los conventos andaluces de la reforma Recolecta, se citan entre otros Loreto, Santa Eulalia, cerca de Marchena.

(5)    CÓRDOVA Y SALINAS, fray Diego. Crónica franciscana de las Provincias del Perú. Nueva edición, Washington, 1957, pág. 644.

(6)     DURAN ESTRAGÓ, Margarita. testimonio Indígena 1592-1627. Biblioteca Paraguaya de Antropología, Vol. XXI. Asunción, 1994, pág. 30.

(7)     MILLE, Andrés. Crónica de la Orden Franciscana en la Conquista del Perú, Paraguay y el Tucumán... EMECE Editores, Buenos Aires, 1961, pág. 412.

(15)   DAZA, Antonio Crónica general de Nuestro Padre San Francisco y su apostólica Orden Valladolid, 1611. Cuarta Parte, pag 131.

(19)   Carta de Gabriel al Rey. Archivo Franciscano de Buenos Aires.

(20)   Carta de Bolaños a Fr. Gregorio. Año 1624. Buenaventura Oro. El Apóstol..., op. cit., págs. 153-156.

(21)   DURÁN ESTRAGÓ, Margarita. Testimonio Indígena, 1594-1627. Martirio del herma­no Juan Bernardo en ritual antropofágico guaraní. Asunción, 1994.

(23)  DURAN ESTRAGO, Margarita. Aporte franciscano a la primera Evangelización del Paraguay y Río de la Plata. Editorial Don Bosco, Asunción, 1992- Págs. 67-98.

(25)   DURÁN ESTRAGO, Margarita. Presencia Franciscana... Op. cit., págs. 133-153.

(26)   Catecismos en Guaraní, Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires. 1882. Págs. 25-31.

(28)   Placa del Templo de Baradero.

(33)   Pothomagense, Arturo de Monasterio. "Martirologium Franciscanum". París 1653, pág. 595.

(34)   Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, pág. 33. Buenos Aires, 1882.

 

 


Capítulo 4

APORTES AL GUARANÍ

4.1. LA GRAFÍA Y EL CATECISMO

Un tema de preocupación preponderante en el inicio de las misiones americanas fue el del Catecismo. Era éste un instrumento imprescindible para presentar la doctrina y dar oportunidad a los indios para acceder a la fe. De ello se percataron muy tempranamente los misioneros. Eso conlle­vaba lógicamente la urgencia de posesionarse de los idiomas de los naturales. Y a esa "aventura del conocimiento de las lenguas -dirá Luis Resines- se lanzaron los religiosos decididamente para proceder a la evangelización de los nuevos pueblos en sus respectivos idiomas" (1).

Así surgieron variados catecismos en casi todas las regiones ameri­canas. Se suelen citar bastantes que se escribieron en los últimos setenta y cinco años del siglo XVI. Los autores, Juan Guillermo Durán y Luis Resines, han dedicado sendos volúmenes a su estudio y a resarcir en parte su desconocimiento. Especialmente reconocidos son los catecismos apare­cidos en México y Centroamérica. No son pocos los de procedencia fran­ciscana.

Los catecismos de la irradiación del Virreinato de Lima, entre ellos el guaraní, han sido algo menos promocionados. El estudio realizado por Juan Guillermo Durán vino a subsanar este vacío y trata en profundidad el tema de estos catecismos, dando un realce particular a los que salieron a luz a partir de la finalización del III Concilio de Lima, es decir, desde 1583 en adelante. De todos modos, los más renombrados, entre éstos, fueron los traducidos a los idiomas quéchua y aymará, quedando el Catecismo Guaraní menos resaltado.

En la amplia región de los Tupí-guaraní, en el Paraguay, el primero en posesionarse del idioma y traducir el catecismo fue el franciscano fray Luis Bolaños. En la obra de Juan Guillermo Durán apenas ocupa varios renglones. Luis Resines, que menciona no menos de setenta catecismos en su libro de "Catecismos Americanos del siglo XVI" y manifiesta que "trata de hacer justicia a tanto silencio injustificado, a tanta ignorancia y olvido", se le quedó casi desapercibido el escrito en guaraní por fray Luis Bola­ños (2).

En su descargo y en descargo de todos los que se pasan de largo el guaraní, se puede alegar la disculpa real y cierta de que Paraguay, si bien en un tiempo ejerció papel de eje espiritual y político de la región con Asunción como centro, muy pronto, desde el 16 de diciembre de 1617, en que por real provisión se dispuso la separación en dos gobiernos, Asunción pasó a ser marginal y mediterráneo, tomando Buenos Aires la nueva hegemonía (3).

Por otra parte, el Catecismo de Bolaños no tuvo la suerte de ser impreso. Hasta tal punto fue negativo eso, que casi llegó a perderse a consecuencia de ello, debiendo realizarse más de una autentificación para recuperar y conservarlo. Se sabe, por ejemplo, que el año 1655 el manus­crito original del padre Luis Bolaños, que se conservaba en el archivo de la Catedral, se había perdido y sólo se conservaba por tradición oral o por copias testimoniales. En consecuencia, fueron llamados seis testigos para declarar que el manuscrito que se les presentaba era literalmente el mismo del padre Bolaños. Todos los testigos reconocieron la autenticidad del texto primitivo y afirmaron ser el aprobado por los Sínodos de 1603 y 1631 (4).

Todas estas circunstancias hicieron dificultoso el acceso al Catecis­mo guaraní y obligaron a tenerlo más en cuenta. Llevó una vida casi subterránea y escondida en unos pocos impresos. Uno de ellos es el que fue dado a estampa en una obra del franciscano Luis Jerónimo Oré en 1607, que se imprimió en Nápoles. Sobre él expresa Lino Gómez Canedo que "sus ejemplares son rarísimos, aunque un ejemplar se halla en la Biblioteca Nacional de Madrid(5). Éstas y otras circunstancias explican lo que de­cimos.

Por todo ello nos parece fundamental poner de resalto este Catecis­mo guaraní, dándole un relieve preeminente, rescatándolo de la posterga­ción que ha sufrido. La razón de esta su singularidad se puede cimentar además en otras dos circunstancias: una que hace al idioma guaraní mismo y otra que tiene que ver con la extensión geográfica.

Hablando de la extensión, el guaraní alcanzó áreas de Bolivia, partes de Brasil, extensas regiones de Argentina y, desde luego, el Paraguay, y fue el catecismo de las famosas reducciones. La franciscana Crónica de Daza, hablando de Bolaños, expresa: "Tradujo la Doctrina y el Catecismo que se canta en aquellas tierras cuatrocientas leguas" (6). Aunque las etnias tupí guaraníes eran variadas, con todo había entre ellas como un hilo conductor idiomático y a la lengua guaraní se le denominaba "lengua general", por ser la más común. Fue en esta "lengua general" en la que se escribió el Catecismo.

El Sínodo de 1603, al adoptar un Catecismo y un idioma, determinó: "Ordenamos y mandamos que la Doctrina y Catecismo que se ha de enseñar a los indios sea en la lengua guaraní, por ser más clara y hablarse generalmente en estas provincias"(7). La doctrina era la aprobada por el Concilio de Lima de 1583. Será arduo topar otro Catecismo que abarque una región tan extensa y con tantos pueblos.

A su vez el idioma guaraní es considerado, por avezados lingüistas, como uno de los idiomas más notables. De hecho causa asombro la plasticidad que ofrece para la creación de nuevos vocablos o para la es­tructuración de una simple palabra en verdadera oración completa con la sola juxtaposición de elementos (8). El diccionario Espasa expresa: "Por la exactitud de su formación sintáxica y por sus demás cualidades ha encontrado el guaraní numerosos admiradores entre los filólogos" (9).

Al arribar los conquistadores a la región denominada "Provincia Gigante de las Indias", este idioma era solamente oral. Para el guaraní la palabra, la oralidad es todo, es lo vital. De suerte que la transmisión de la palabra de padres a hijos viene a ser el gesto trascendente de darle el alma, de infundir la personalidad al hijo.

Difícilmente se encuentre un pueblo que tanto culto confiera a la palabra, a su ava ñe'e (su idioma). La importancia del bien decir, de la oratoria, el arte de hablar entre los paraguayos, es algo que asombra. Los cultores del idioma, los antiguos lenguaraces, eran personas que adquirían prestigio y renombre entre los guaraníes.

Sin duda, es por varias de estas razones que el guaraní pervive, y es además de uso común entre la mayoría del pueblo todavía hoy. Fenómeno extraño y único entre los pueblos americanos. Ni el transcurso de los años, ni los obstáculos del camino, ni el roce con idiomas supuestamente más cultos, han logrado suplantarlo, ni relegarlo a segundo plano. Más del 80% de la población del Paraguay actual lo utiliza como vehículo corriente de su conversación (10).

Todo esto le confiere valor y prestigio a este idioma indio guaraní. Por ello mismo la transición primera de ser idioma oral a ser idioma escrito adquiere una relevancia grande. Esa gloria, por más que haya quienes se los atribuyan a jesuitas como Ruiz Montoya, esa gloria, lo reiteramos, perteneció a los franciscanos. Su creación e inventiva se le debe con toda justicia al ilustre andaluz, hijo de Marchena, fray Luis Bolaños. Por todo eso, creemos importante resaltar el Catecismo y la figura de su autor, porque se trata del primer escrito en ese idioma, es su "Carta Magna".

Este aporte adquiere un mérito adicional, que también queremos destacar, por su incidencia en la evangelización. Sabido es que el idioma ha sido, y sigue siendo, como el vehículo privilegiado de toda inculturación en un pueblo. El alma de un pueblo se capta, sobre todo, por la expresión del lenguaje hablado y por el lenguaje se llega más que nada a las fibras más sensibles de un pueblo, a su ser e identidad.

El paso iniciado por los frailes andaluces fray Alonso de San Buena­ventura y fray Luis Bolaños en la evangelización fue de una particular trascendencia, por cuanto fueron ellos los primeros en abordar esa dificul­tad y su puesta en acción. Bolaños, lo reiteramos, fue el creador del primer instrumento guaraní para adoctrinar y conducir a los indios guaraníes a la fe.

Son dignas de recordación las palabras de exaltación hacia el Cate­cismo y su autor Bolaños, que pronunció el Papa Juan Pablo II en su visita al Paraguay (1988): "La Iglesia ha puesto siempre particular cuida­do en expresar el mensaje cristiano con los conceptos y el lenguaje de cada pueblo. En el Paraguay tenéis el ejemplo de fray Luis Bolaños, que tradujo al guaraní el Catecismo del Concilio de Lima de 1583(11).

 

4.2. COMPETENCIA Y TRABAJO GUARANÍ DE BOLAÑOS

En el estrecho ámbito de los que conocen a Bolaños como el traductor del Catecismo guaraní es un tópico bastante común hablar de la proverbial competencia en ese idioma de fray Luis Bolaños y que, se reconoce, alcanzó cotas de excepcional. Los escritos atestiguan a este respecto lo singular del caso y, en general, se hacen lenguas hablando de la talla relevante alcan­zada por él. El jesuita Lozano dice que fue eminentísimo en la comprensión de ese idioma (12).

La crónica de fray Diego de Córdoba y Salinas refiere: "Supo la lengua guaraní -siendo muy dificultosa- con tanta propiedad, que sólo él supo dar propiedad a los vocablos y manifestar la significación de los términos que hoy se observa y guarda la inteligencia que les dio, como genuina y cierta" (13).

En la misma tónica está el testimonio jesuítico, en el Acta Sanctorum, llamado de los Bolandistas: "Fray Luis Bolaños, entonces todavía diácono, quien puesto que había aprendido perfectamente los idiomas de aquellos indios, tradujo a los mismos la Doctrina Cristiana y el Catecismo de Li­ma(14).

Fuentes de la época, como la Crónica de fray Antonio de Daza, son contestes y reiterativos en admitir esta pericia lingüística de este eximio cultor del idioma guaraní. "Supo muchas lenguas y en la general de aquella tierra, que es la guaraní, tradujo la Doctrina y Catecismo" (15).

El estudioso y competente antropólogo Bartomeu Meliá S.J., aseve­ra, haciéndose eco de otros jesuitas como del provincial Diego de Torres: "Se habla de él como de un gran lengua a quien deben otros muchos misioneros venidos posteriormente, porque se han servido de sus primeros ensayos de gramática y vocabulario" (16).

El trabajo guaranítico realizado por Luis Bolaños abarca, por lo que se conoce dado a la prensa: el Catecismo Guaraní, la Doctrina y Rezos, algu­nos Sacramentos (17). También se habla de "diversas piezas catequísticas".

La dificultad de dar con esta fuente, como ya lo hemos dicho, ha podido ser una de las causas del desconocimiento de este aporte franciscano en el idioma guaraní.

Pero hablando de los posibles escritos realizados por Bolaños, ade­más de lo que acabamos de referir, tenemos la afirmación del Provincial jesuita padre Diego de Torres, que dice: "Fue el primero que ha reducido a arte y vocabulario y traducido en ella la Doctrina, Confesionario y. Sermones" (18).

Merece un comentario aparte lo que llaman "un arte guaraní", que vendría a ser sencillamente "una gramática". No son pocos los que afirman categóricamente que Bolaños escribió un arte en guaraní y añaden que "por humildad no lo dio a estampa". Esta aseveración la encontramos en el Diccionario General de las Indias Occidentales, del coronel Antonio de Alcedo; el padre Apolonio de la Concepción lo reitera en su "Primazia Serafica" y lo ratifican Ángel Justiniano Carranza (19) y sobre todo fray Diego de Córdoba y Salinas, quien además agrega que ese arte en guaraní, en cuestión, fue impreso por el padre Diego de Torres, Provincial jesuita de los años de 1610. Desde luego, como lo hemos ya dicho anteriormente, es él quien afirma que "muchos misioneros se han servido de sus primeros ensayos de gramática y vocabulario" (20).

Viene a ser también altamente expresivo y categórico cuanto afirma el historiador Félix de Azara en su libro "Descripción e historia del Paraguay y Río de la Plata": "El padre franciscano fray Luis Bolaños in­ventó acentos sencillos para expresar escribiendo lo que tiene de nasal y gutural, tradujo al guaraní nuestro Catecismo y compuso el diccionario y gramática que los jesuitas imprimieron" (21),

En referencia a eso, lo constatable, relatado por los mismos jesuitas es el dato de la existencia y de la utilización por parte de los mismos de unos apuntes de gramática de Bolaños. El hecho lo reseñan tanto el padre Lozano como el padre Astrain, jesuitas ambos, y lo hacen en sus respectivas "Historia de la Compañía, etc." (22).

Se habla allí de cómo fueron los padres Marcial Lorenzana y San Martín a visitar a Bolaños a la reducción de Caazapá. La cosa es, transcribo su escrito, que "les hizo un acto insigne de caridad, que fue que les mostró varios apuntes que él había redactado sobre la lengua guaraní, ya la sabían, bien o mal nuestros misioneros, pero necesitaban mucho perfeccio­narse en ella. El padre San Martín copió de prisa todos aquellos apuntes y, como él mismo dice, gracias a ellos pudo entender primero la conjugación de los verbos en guaraní y después otras menudencias en la estructura de aquel idioma" (23).

Pocos renglones después agrega: "Los dos misioneros estudian con fervor en los apuntes de fray Luis Bolaños y se van soltando en el idioma guaraní" (24). Como ellos, también otros religiosos aprendieron de los apuntes y vocabulario del maestro Bolaños.

Sin género de dudas, nos queda el vislumbre de la pericia guaraní de Luis Bolaños, por más que haya quedado oculto bajo el sayal de la minoridad y humildad del propio Bolaños y el olvido, si no descuido, de los historiadores y lingüistas del guaraní. También queda de manifiesto, por más que desconozcamos su extensión y magnitud, que Bolaños redactó y elaboró un "Arte o Gramática Guaraní"

 

4.3. NUEVOS ESCRITOS DE BOLAÑOS PUBLICADOS POR JERÓNIMO ORÉ: LOS SACRAMENTOS

Antes de dar a conocer el significado de la obra de fray Jerónimo Oré, el "rituale, seu Manuale Peruanum...", en la que se imprimen por primera vez el catecismo y otros varios escritos guaraníticos de Bolaños en relación con los sacramentos, queremos ofrecer unas pinceladas biográficas sobre su autor, Luis Jerónimo Oré. Nació en Guamanga de Perú, hacia 1554. Se presume que habría iniciado sus estudios franciscanos en el monasterio franciscano de Cuzco y que los culminó luego en Lima por los años de 1568. Fue ordenado sacerdote por el arzobispo Santo Toribio de Mogrovejo el 23 de setiembre de 1581. Fue llamado, por su dominio del quéchua, a par­ticipar en el III Concilio de Lima. Trabajó en varias doctrinas franciscanas y fue guardián de las misiones del valle de Jauja. El obispo franciscano Hernando de Trejo -nacido en Paraguay- recomendó al Rey que autori­zara la impresión de varios escritos suyos. Por entonces los más célebres eran: el Símbolo Catholico Indiano, Arte y vocabulario en romance y en las lenguas generales deste reyno quechua y aimara. El Rituale, seu manuale peruanum..., que es el que contiene el Rezo, el Catecismo guaraní y algu­nos escritos más, que son los que ahora nos interesan, la obra fue impresa en Nápoles en 1607. Posteriormente escribió La Relación de la vida y milagros del venerable padre fray Francisco Solano. En 1620, Oré fue nombrado Obispo de La Imperial, con asiento en Concepción, Chile.

Hasta ahora no se ha resaltado la importancia de la obra en la que fray Luis Jerónimo Oré publica, entre otras riquezas rituales, los escritos en guaraní de fray Luis Bolaños. Sin embargo, es hora de que se le dé el destaque merecido a esta obra, sobre todo en orden al guaraní, por dos peculiaridades notables que supuso su impresión: pues, además de ser el primero en llevar a estampa el Catecismo y los Rezos en guaraní, apenas cuatro años después de haberse aprobado el Sínodo de Asunción (1603) y de presentarlo autentificado por la firma de Bolaños, en ese mismo libro saca a luz otros varios escritos -de los sacramentos-que, según él mismo y otros indicios le pertenecen a Bolaños. Con ello se ampliaría su obra guaranítica, haciendo conocer que, además de los Rezos y el Catecis­mo, también escribió la celebración de varios sacramentos en guaraní y una exposición doctrinal en forma de preguntas y respuestas del sacramento de la Eucaristía.

Por eso mismo, repetimos, resulta un libro fundamental el escrito por el franciscano Luis Jerónimo Oré con el título de: "Rituale, seu Manuale Peruanum, et forma brevas administrandi apud indos sacrosanta Baptismi, Poenitentiae, Eucharistiae, Matrimonii et Extremaunctionis Sacramen­ta"(25). En un volumen de cuatrocientas dieciocho páginas contiene un gran tesoro de normas litúrgicas, sacramentos en diversos idiomas, rezos, catecismos. De esta obra dice Noble David Cook, al presentar una reciente reedición facsimilar del "Symbolo Catholico Indiano" del mismo autor: "Su obra más ambiciosa, el Rituale (1607) puede considerarse un completo manual para el doctrinero, con textos en cinco de los más importantes idiomas sudamericanos: quéchua, aymará, mochica, puquina, guaraní y «brasílica»" (26),

El acceso a este libro ha sido muy dificultoso hasta los últimos años en que, sobre todo en ocasión del quinto centenario de la conquista, se ha hecho más conocido y alcanzable. Sus originales estaban en bibliotecas como la de Londres (27) o Madrid (28). Mediante una copia de la Biblioteca del Convento franciscano de Lima, o más bien de la Biblioteca Nacional de Lima (por cuanto lleva su sello) hemos podido tenerlo a mano gracias a los franciscanos. Si no se ha hecho una reedición facsimilar tal como ha ocu­rrido con el "Símbolo Cathólico Indiano" ha sido por las páginas borrosas de su impresión.

En lo que respecta al Guaraní, esta obra es toda una novedad digna de estudio. Sin duda se trata del libro que ha hecho más patente la labor guaranítica de fray Luis Bolaños, mostrándonos algo nuevo que hasta hoy no era considerado bolañiano o no era conocido. Guiándonos por los dichos y las referencias de que Bolaños escribió, "doctrina, confesonario, sermo­nes" del P. Torres, se podía presumir anduvieran por alguna recóndita biblioteca otros escritos, en este libro encontramos algunos más que el Catecismo y Rezos, nos referimos concretamente a los Sacramentos.

La razón de más peso para afirmar la realidad de la autoría de Bolaños es que el mismo obispo Torres, nada más llegar del Concilio de Lima, portando el encargo y los originales de ese Sínodo, le encomendó a Bolaños su traducción y sabido es que entre los contenidos estaba el Ca­tecismo y los Rezos y además la forma de celebrar los Sacramentos. Y son éstos los que Oré trae con muchos detalles litúrgicos en esta obra y los presenta en los cinco idiomas antes nombrados.

Haciendo una síntesis del contenido del "Manuale", Noble David Cook, en la introducción a "Symbolo Cathólico Indiano" (1958), expresa que: "Este grueso volumen de unas 418 páginas, era un manual para los clérigos que administraban los sacramentos en las parroquias indias de un vasto sector de América del Sur. Las secciones en quéchua y aymará fueron preparadas en su mayor parte por Oré. El texto en puquina fue escrito por el lingüista jesuita Alonso de Barzana; el mochica por religiosos seculares de la costa norte del Perú; el guaraní por fray Luis de Bolaños; y el "brasílica" fue un esfuerzo mancomunado de los monjes de San Benito, los franciscanos y los jesuitas" (29).

Jerónimo Oré es un conocedor del tema, es un gran lenguaraz del quéchua y aymará y autor del Catecismo en esos dos idiomas, por lo que se trata de un especialista, por lo mismo digno de ser tomado en serio cuanto escribe en relación al Guaraní. Refiriéndose al mismo, expresa que "la Guaraní es toda de fray Luis de Bolaños". Vale recalcar ese "es toda de fray Luis Bolaños", pues lo avala en diversas páginas (30). A modo de ejemplo, constatamos que, luego de transcribir el catecismo breve en guaraní, expresa: "Este traslado está conforme con el original y lo autentifica estampando la firma de "Fr. Luis Bolaños" (31).

Hablando de lo escrito por Bolaños, existen dichos que manifiestan que, además de la doctrina, también tradujo "Confesonario y Sermones"; se habla de "diversas piezas catequísticas"; y hay afirmaciones de haber

reducido el guaraní a "Arte y vocabulario". A ello hemos hecho alusión en páginas que preceden. Después de todas las loas que ensalzan el conoci­miento excepcional de Bolaños en Guaraní, ninguno se animó, acaso nadie lo supo hasta el presente, que estos apartados referentes a los Sacramentos en guaraní del "Manuale", fueran escritos emanados de Bolaños y algunos han querido ponerlos en tela de juicio por parecerles excesivo, o dudando de su capacidad.

Pues bien, lo que hemos venido a conocer a través de Oré es que, además de los Rezos y el Catecismo, que poseemos en varias impresiones, y en otras fuentes como el manuscrito del Dr. Enrique Peña (32), o bien los Rezos en la obra de Nicolás Yapuguay (33), y también de Marcos Augusto Morínigo (34), Luis Bolaños tradujo el texto en guaraní para administrar los sacramentos del Bautismo (35), el Matrimonio (36); la Eucaristía, incluyendo una "instrucción por la cual deben ser enseñados y examinados los Indios que fueren admitidos a la Sagrada Comunión"(37), así mismo la manera de administrarlo después de rezar "la confesión"(38), y a los enfermos, una vez recitado el Credo (39).

Para no quedarnos en conjeturas, damos como ejemplo la referencia que se hace a los rezos de Bolaños a la hora de administración la comunión: "En lugar de esta protestación en la lengua guaraní, diga el enfermo el Credo que ya está traducido con autoridad del Reverendísimo Obispo del Río de la Plata" (40). Incuestionable referencia al Rezo de fray Luis Bolaños, pues fueron sus rezos y su catecismo los aprobados por Mons. fray Martín Ignacio de Loyola en el transcurso de ese evento. Pero el argumento más válido e incontrovertible es que el obispo Torres a nadie otro, sino al fran­ciscano Luis Bolaños, encargó la traducción de lo ordenado en el Concilio limense.

Este es un capítulo que ha venido a dar realce a la obra guaranítica de fray Luis Bolaños, añadiendo escritos nuevos que hasta ahora no se consideraban fuera de él. Es por ello que nos hemos detenido haciendo conocer esta obra de fray Jerónimo Oré, quien ha puesto al descubierto una ampliación notable a los escritos de Bolaños, que en adelante no podrán dejar de reconocerse y ser presentados.

 

4.4. MAESTRO GUARANÍ DE MISIONEROS

Enlazado con la destreza para el idioma indio, esos escritos de Luis Bolaños, su "arte" en guaraní, publicado o no, pero manuscrito y estudiado por los misioneros, está la faceta de un reconocimiento general de que se transformó en prestigioso maestro guaraní tanto de misioneros francisca­nos como de jesuitas y otros.

Resulta raro y es poco frecuente oír que los franciscanos fueran "len­guas", diestros en guaraní. Si exceptuamos a fray Alonso de San Buenaven­tura, a quien siempre se nombra al par de Bolaños como evangelizador en guaraní, y a los varios nacidos en la tierra, los frailes Juan Bernardo, Gabriel de la Anunciación Guzmán, Gregorio de Osuna, y algo más tarde, pero también en la era de Bolaños, Juan Gamarra, Pedro de Villasanti, quien fuera nombrado como perito en el idioma en el litigio del Catecismo, no se hace referencia a otros guaraní parlantes. De los nombrados en primer lugar se recalca además que "ambos ayudaron al dicho fray Luis por saber bien la lengua" (41).

Por los años de 1585, atraídos por el estilo evangélico impactante de los frailes Alonso y Luis, pidieron ingresar en la Orden Seráfica dos jóvenes nativos, Gabriel y Juan Bernardo. Ambos eran oriundos del Guairá. Fueron posiblemente primero acólitos y traductores al lado de los misione­ros de los diversos idiomas que corrían en la extensa Guairá. Pero estaban llamados a ejercer un papel preponderante tanto en la evangelización, como también al interior de la misma vida franciscana en Paraguay una vez profesos.

Luis Bolaños, por más que iniciado en el estudio del guaraní, aprovechó este implante de sangre nativa para nuevos progresos en el idioma. Dice a este respecto Marcos Augusto Morínigo en su libro "Raíz y Destino del Guaraní': "En este emprendimiento lingüístico fray Luis Bolaños fue ayudado, sobre todo en su período de 1582 al 1585 por dos misioneros, fray Juan y fray Gabriel, quienes tenían al guaraní como su lengua materna" (42). Ambos, podemos decir son hijos de la tierra, Juan Bernardo, mestizo. Gabriel, que es nieto de Irala, es a su vez nieto de la criada india Leonor, con la que se casó aquél.

Entre las varias referencias que hablan de las aptitudes guaraníticas de Juan Bernardo hay una que expresa el virtuosismo tan particular que poseía en guaraní. Al respecto dice Bolaños: "Eran muy gran lengua, y sin preparación, en comenzando a hablar, se le ofrecía tanta copia de cosas que antes se cansaba que le faltase que decir, y todomuy bien dicho y muy congruo, elegantemente" (43).

Aunque fray Gabriel resaltara más por sus acciones apostólicas e intervenciones pacificadoras entre los indios rebelados, abundan las refe­rencias a su dominio del idioma guaraní. El presbítero Francisco Caballero de Bazán, no sólo lo hace continuador de la obra misionera de Alonso y Bolaños, sino que también añade: "Sabe es hijo de la tierra y de la misma provincia... y es uno de los más experimentados y antiguos de ella y conocidamente la mejory más aventajada lengua" (44).

La prolongada vida en fraternidad entre el convento de Asunción y las reducciones de Itá y Yaguarón por más de nueve años con fray Juan Bernardo, es decir hasta su martirio en 1594 en Caazapá, y algunos más con el padre fray Gabriel, le permitieron a Bolaños confrontar los trabajos guaraníticos y corregirlos. Con ellos pudo perfeccionarse él mismo, pues, lo reiteramos, "ambos ayudaron al dicho fray Luis por saber bien la len­gua” (45).

De esta manera el aprendiz Bolaños llegó a ser maestro de otros misioneros, incluidos los jesuitas. "Maestro de todos en la lengua ge­neral guaraní" (46), así le describe el padre Juan Romero. En esta escuela se formaron, a no dudar, el fundador de Itatí, el andaluz fray Luis Gámez, como también fray Juan de Córdoba, que heredó, a la salida de Gabriel hacia Buenos Aires, la reducción de Itá. Asimismo, fray Alonso Velázquez, doctrinero de Caazapá. Los tres, llegados a América con fray Alonso de San Buenaventura, fueron coetáneos de Bolaños y españoles, de quienes dirá Lorenzana, nombrándolos a cada uno: "Todos tres son buenos lenguas y grandes siervos de Dios(47).

Bolaños fue maestro que toda aquella época misionera, formando discípulos del idioma indio guaraní. Ya lo hemos dicho antes, hablando de los jesuitas Lorenzana y San Martín, pero volvemos a repetir: "Los dos estudian con fervor en los apuntes de fray Luis Bolaños y se van soltando en el idioma guaraní" (48).

El texto más remanido y concluyente en este reconocimiento es el del padre Diego de Torres: "A Bolaños deben otros muchos misioneros venidos posteriormente, porque se han servido de sus primeros ensayos de gramá­tica y vocabulario" (49).

Que lo reconozca este renombrado provincial y lo diga en términos tan taxativos y precisos, es porque el caso de Bolaños fue del todo notable y ejemplar que hizo impacto en cuantos lo conocieron y trataron.

 

4.5. LA EVANGELIZACIÓN EN GUARANÍ

Aunque habían pasado unos cuarenta años desde el arribo de los primeros religiosos al Paraguay, aún no se había roto con el óbice de la incomunicación debido al desconocimiento del idioma. El anuncio del Evangelio en la lengua de los naturales se hacía, en todo caso, por inter­mediarios. Fueron fray Alonso y Bolaños los que se percataron de lo fun­damental que era hacerse con el guaraní para una relación fluida con el indio y, sobre todo, para evangelizar dando doctrina asequible a su men­talidad y en su lengua.

Así pues, una vez aprendido el idioma, fueron los primeros en dar el paso trascendente de estrategia misionera evangelizando en guaraní. Así se los recuerda como los primeros en hacerse comprender por los naturales. Don Pedro de Sierra y Ron habla en estos términos haciendo alusión a esa época inicial: ". . . fray Alonso y fray Luis se ocuparon en la conversión de los indios naturales de esta provincia y lo primero que tomaron a su cargo fue el predicar a los indios comarcanos de esta ciudad, a los cuales predicaron, adoctrinaron y catequizaron, bautizando a sus hijos y a los adultos y ad­ministrándoles los sacramentos" (50). Además se expresa: "Lo cual hacían con mucho trabajo aprendiendo la lengua de los naturales"(51). Parecen bastante ilustrativas las palabras: predicar, doctrinar, catequizar, apren­diendo la lengua. Sobre todo por cuanto son expresiones vertidas por uno del clero y conocedor del real significado de las expresiones.

A su vez Bolaños emprenderá el trabajo de traducir el Catecismo aprobado en el Concilio de Lima en 1583, creando de este modo un idóneo instrumento para adoctrinar. Un fruto primordial de los estudios y apren­dizaje guaraní de Bolaños será el de componer una grafía adecuada, léxico y el de traducir el Catecismo.

Este Catecismo de Bolaños viene a ser cronológicamente el primer monumento escrito de la lengua guaraní.

Hablando de su importancia, señala el general argentino Bartolomé Mitre: "La historia del Catecismo del Padre Bolaños forma un capítulo interesante del Paraguay y se liga con la de la lingüística y la bibliografía americana" (52).

Emeldo Schallemberger, en un escrito que entitula: "Franciscanos y Jesuitas en el proceso misionero del Plata", refiriéndose a este tema del Catecismo, manifiesta: "La traducción del Catecismo por Bolaños en 1585 al guaraní revela esta preocupación de establecer un puente entre el mundo cultural cristiano y el mundo tribal indígena", y afirma seguida­mente: "El trabajo catequístico de fray Luis Bolaños y fray Buenaventura puso las bases estructurales para una efectiva evangelización de los guaraníes".

Este conocimiento del guaraní permitió dar un salto de relevancia gravitante en la evangelización del Paraguay. En etapas anteriores, la labor misionera de sacerdotes y religiosos, a la hora de predicar, era llevada a cabo mediante intérpretes. De esta manera trabajaron y cristianizaron fray Bernardo de Armenta y Alonso Lebrón. Tampoco Alonso de San Buenaventura se libró de esta meditación en su primera fase de aprendi­zaje del idioma.

No faltan referencias que nos hablan de este procedimiento por terceros. Se cuenta, por ejemplo, que Roque González de Santa Cruz, en una oportunidad que quiso entrar en zonas del Paraná, fue interceptado por varios caciques y uno de ellos le espectó desafiante: "Calla, no pases adelante, que estoy cansado de oír esas cosas que dices, porque soy cristiano de los de Alonso de San Buenaventura, aquel franciscano que predicara con Bolaños. Yo era el que llevaba su habla a los indios y predicaba las cosas de los cristianos" (54). Había sido la voz guaraní de fray Alonso en la predicación.

Algo similar se encuentra en la carta escrita por fray Bernardo de Armenta el 1 de mayo de 1538: "... dio con la nao cerca del puerto de Don Rodrigo, que agora se llama el puerto de San Francisco, a donde parece que Nuestro Señor milagrosamente nos trajo, porque hallé luego lenguas con que pudiese hablar a los indios, y éstos fueron tres cristianos que ha tiempo que están entre ellos y saben hablar su lengua como los mismos indios" (55).

Es voz común que se debió a estos franciscanos, Alonso y Bolaños, el inicio de la evangelización directa en guaraní. "Este es su mérito -dirá el jesuita Meliá-, el haber tomado en serio la necesidad de hablar para que la palabra fuera anunciada. Saben que deben ser comprendidos, sus trabajos lingüísticos no tienen otro objetivo. Los indios llegaban así a comprender lo que recitaban en sus oraciones y podían confesarse en su propia lengua" (56).

El anteriormente citado Emeldo Schallemberger, en ese escrito que lleva como uno de los subtítulos "Pedagogía franciscana de la conquista", atribuye tres avances o repercusiones obtenidas por la introducción del guaraní por los frailes Alonso y Bolaños: el paso de la sacramentalización a la evangelización, una identificación mayor entre la mística cristiana y la guaraní, y algo así como la criollización de la religión cristiana. Tres aportes atribuidos con acierto a estos pioneros (57).

 

4.6. PRIMER CATECISMO Y REZOS EN GUARANÍ

Las dos realizaciones que materializaron y culminan la obra gua­ranítica de fray Luis Bolaños serán: la creación de la grafía guaraní y la posterior traducción del Catecismo limense y los Rezos. Tanto su importan­cia como su proyección pueden sintetizarse en esta reflexión de Bartomeu Meliá: "El Catecismo puede ser considerado el acta fundacional del guaraní paraguayo, lengua de una nueva realidad social y política, una nueva lengua al fin". Y completa diciendo: "La importancia de este texto... deriva del hecho de que su proceso de producción, el tema de su discurso, la técnica de traducción y su finalidad, se constituyen en paradigma de casi toda la producción colonial en lengua guaraní catequética y parenética, en térmi­nos generales" (56).

Aunque no se conoce el tiempo que le pudo llevar la tarea de ir creando y ensamblando la grafía guaraní con los términos del Catecismo y sus correspondientes contenidos de fe, inferimos que debió ser de varios años.

Luis Resines, refiriéndose a estos catecismos indígenas, como el de Bolaños, dice: "Para transmitir la religión que traían y vaciar en los nuevos moldes lingüísticos era tarea ardua. Expresar en esas lenguas y hacerlo con precisión los contenidos de la fe cristiana, obligó a muchos desvelos para conseguir dar con la fórmula válida desde el rigor de la fe y hacerlo comprensible para los destinatarios" (59). Sin duda, así de difícil debió ser la tarea. Tampoco perdamos de vista que estaba al acecho la aguda vigilancia de la Inquisición y que ni el Catecismo de Bolaños se libró del todo de tener que sufrir una controversia sobre la ortodoxia de cuatro de sus expresiones.

Desde luego que los inicios del trabajo no pudieron ser anteriores a 1583, año en que concluyó el Concilio de Lima. En el mismo tomó también parte el recién nombrado Obispo del Paraguay y Río de la Plata, fray Alonso Guerra. Todavía no había llegado a la diócesis, pues apenas tres días antes de iniciarse el Sínodo, que fue abierto solemnemente el día de la Asunción de 1582, fue consagrado Obispo por el mismo Toribio de Mogrovejo (60). Al término del Sínodo, en enero de 1584, inició su viaje al Paraguay y, después de una parada en Santa Fe, hizo su entrada en Asunción en setiembre de 1585.

Apenas pasados unos días conferiría Mons. Guerra el orden de sa­cerdocio a fray Luis Bolaños, seguramente en las témporas de setiembre. El mismo, poco después, le encomendó la traducción del Catecismo límense al Guaraní proporcionándole algunos lenguaraces que lo acompañaran (61).

Con aquellos lenguaraces y el aporte particular de dos franciscanos nativos, Gabriel y Juan Bernardo, pudo Bolaños concretar y dar un aca­bado preciso al Catecismo Guaraní, que desde entonces vendrá en llamarse "el Catecismo Guaraní de fray Luis Bolaños".

El veredicto de conformidad, el espaldarazo de estar de acuerdo con los cánones de la fe y los dogmas, lo recibirá en el primer Sínodo del Pa­raguay y Río de la Plata celebrado en Asunción el año 1603 bajo la con­vocatoria y presidencia del insigne obispo franciscano fray Martín Ignacio de Loyola.

Esa magna asamblea, celebrada con la asistencia de lo más selecto del clero y de la vida religiosa del Río de la Plata, entre los que se cuentan Roque González de Santa Cruz, el Custodio franciscano del Paraguay, fray Juan Escobar y el propio Bolaños, en su segunda Constitución Sinodal prescribía: "Que la doctrina y catecismo que se ha de enseñar a los indios sea en lengua Guaraní... encargándoseles a los curas que vayan aprendiendo las lenguas de sus feligreses" (62). Y más tarde, en la tercera, se precisaba:

"Que todos los que nombren por curas de indios sepan por lo menos la lengua guaraní con suficiencia y tengan la doctrina y catecismo que hizo el padre fray Luis Bolaños" (63).

El franciscano peruano fray Jerónimo Oré fue, como ya hemos dicho, el que llevó a la prensa en Nápoles, apenas cuatro años más tarde, con la acotación significativa de que "toda ella es hecha por fray Luis Bo­laños”(64)

Cuando el propio Bolaños hizo la entrega de los originales manuscri­tos en la Catedral el 16 de agosto de 1611, el notario suscribió al pie: "Sumario de la doctrina traducida en guaraní, corregida y concertada, que concuerda con su original que queda en mi poder, corrigióse con asistencia del Padre fray Luis Bolaños, Custodio de la Orden del Seráfico Padre San Francisco, que en él firmó su nombre de mandamiento de la Señoría del Deán y Capítulo, sede vacante, en cuya fe y testimonio lo signé en la Asunción el 16 de agosto de 1611 años. Firmado Fray Luis Bolaños Cus­todio. En testimonio de verdad Juan López de Gamarra. Notario"(65). Hagámonos cuenta que el catecismo no estaba impreso y que corría su enseñanza en manuscrito, con riesgo permanente de ser alterado su contenido.

El año 1631, Mons. Fr. Cristóbal de Aresti congregó un nuevo Sínodo, el segundo de Asunción, y en el contexto del mismo, concediéndose una relevancia particular a la enseñanza de la doctrina cristiana, se disponía: "Para que con toda inteligencia cumplan este mandato, les encarga que para enseñar a los indios, se aproveche de la traducción del mismo dicho catecismo, el cual está traducido en lengua guaraní por el padre fray Luis Bolaños y aprobado por el santo Sínodo que mandó congregar el Sr. Loyola" (66).

 

 

4.7. BOLAÑOS, "PADRE" DE LA GRAFÍA GUARANÍ

 

Aun cuando con lo dicho bastaría, no acertamos a concluir sin una referencia más a la grafía guaraní, creación de este lingüista habilidoso llamado fray Luis Bolaños.

El hecho del paso del guaraní oral al guaraní escrito recibe el carácter de algo trascendente. "Es punto de partida de la literatura guaraní", dirá la acreditada historiadora Margarita Durán, justificando con otros muchos historiadores, que su "creador" e "inventor" es Bolaños. A este hecho y a su primer escrito se le suele denominar Carta Magna de un idioma (67).

En una circunstancia similar, al dar a luz al primer escrito en vasco, Bernardo Echepare, consciente de la proeza, exclamó: "Sal a la plaza como las demás lenguas". Pues bien, el Catecismo de fray Luis Bolaños viene a ser esa carta magna del guaraní, el primer escrito guaraní, que viene a codearse con las otras lenguas, aunque a veces se lo quiera ignorar. Bolaños será, lo reiteramos, su padre y creador.

Este primer escrito guaraní, sin previas referencias, suponía crear grafía, acomodar sonidos guturales y nasales, adecuar signos, seleccionar palabras... Asimismo incluía, por tratarse de un catecismo cristiano, la tarea compleja de acertar con las fórmulas y las expresiones que coincidie­ran con los enunciados de la fe y que, a su vez, se hicieran comprensibles para los naturales guaraníes.

Sólo una honda sensibilidad con la cultura guaraní, ligada a la enorme pasión misionera por la conversión y transmisión del Evangelio en la lengua de los nativos, como la que embargaba al apóstol del Paraguay y Río de la Plata, pudo hacerlo realidad.

Fray Pedro de Villasanti, franciscano paraguayo que años después actuó de juez perito en el litigio de la ortodoxia de las famosas "cuatro palabras" entre jesuitas y fray Bernardino de Cárdenas, destaca: "Vílo por mis ojos; halléme presente a su muerte, sé de su solicitud, trabajo, oración, meditación y disciplina que se impuso para traducirlo en la lengua de los dichos guaraníes" (68).

Muchas de las palabras empleadas en los rezos de la religiosidad y en la evangelización, como nandejára, tupá, tupasy, orerú, angaipá, kurusú, teko marangatú, yvaga..., como también los nombres de los sacramentos, ñembogaraí, ñemombeú, mendá... y otras muchas, que tienen en la actua­lidad resonancias entrañables para la espiritualidad cristiana guaraní, transmitidas por este legado de la evangelización franciscana, son el fruto de la elaboración escrita de fray Luis Bolaños en su Catecismo y Rezos (69).

Como un epílogo de cuanto llevamos dicho, transcribo la síntesis que emite el jesuita padre Diego Ortiz en su escrito "Los Catecismos y la Evangelización": "El texto de Bolaños fue el texto más empleado, el más conocido Catecismo cotidiano que ha modelado la creencia cristiana en las reducciones, tanto las jesuíticas como las fran­ciscanas" (70).

 

4.8. CUESTIÓN DE ORTODOXIA EN TORNO AL CATECISMO

Parece oportuno agregar un anexo sobre la controversia llamada de "las cuatro palabras" y que se suscitó por los años de 1650 entre Mons. fray Bernardino de Cárdenas y los jesuitas.

El problema emergió, entendemos, no precisamente por el Catecis­mo mismo, sino más bien por la animaversión surgida entre el obispo franciscano Mons. fray Bernardino de Cárdenas y los jesuitas del Para­guay. Digamos que el Catecismo sirvió más de excusa y de telón de fondo, que de cuestión verdadera. Pero estuvo en medio de los dos fuegos, siendo discutida su ortodoxia en cuatro de sus expresiones.

Hasta esos años de 1650 el Catecismo estuvo en legítimo y pacífico reconocimiento y uso, tanto en los pueblos como en las reducciones, fueron franciscanas o jesuitas. Gozaba con el sustento y el aval tanto del primer Sínodo de Asunción de 1603, celebrado bajo los auspicios de Mons. fray Martín Ignacio de Loyola, como con la ratificación posterior del segundo Sínodo que celebrara Mons. fray Cristóbal de Aresti en 1631, en el cual se "volvió a encomendar el uso de este dicho Catecismo" (71). Hasta esos años, como digo, nadie objetó, nadie puso en tela de juicio la ortodoxia del Ca­tecismo. Al decir del propio Antonio Ruiz de Montoya, corrió "limpio de achaques" (72).

Pero ya para ese tiempo habían ocurrido graves desavenencias entre los dos bandos en confrontación: Cárdenas y jesuitas. De forma que ya los ánimos estaban caldeados, y tanto del lado de los partidarios del Obispo como del lado de los jesuitas. La "enemiga", que se le atribuye al Obispo, estaba del mismo modo anidada en los de la Compañía, con una evidente ausencia de caridad evangélica y no poco escándalo y daño.

En el inicio del "problema o guerra de las palabras", que de las dos maneras se le denomina, quizás, como su verdadero desencadenarte, aparte de las pasiones expresadas, estaría una defectuosa, acaso simulada, así lo ve más de uno, publicación del libro "Catecismo de la Lengua Guaraní", en Madrid el año 1640, por parte del P. Antonio Ruiz de Montoya. En el texto no se decía explícitamente que el Catecismo fuera del franciscano Luis Bolaños, acotando simplemente en su presentación que era "el de uso común en que se rezaba". Decía textualmente: "La traducción de todo este libro es nueva, en el Padrenuestro, Ave María,

Credo y los Mandamientos he seguido el uso común en que se rezan, muy pocas cosas he mudado" (73). Todos los que tratan el tema, a excepción, claro está, de los jesuitas, lo perciben de este modo.

En el fragor de la contienda, los defensores jesuitas más enardecidos, como el P. Francisco Díaz Taño y Antonio Ruiz de Montoya, a fin de aquietar las encrespadas olas y los ánimos, harán un panegírico particular sobre su autor, fray Luis Bolaños, brindándole calificativos altamente elogiosos.

Montoya escribe una "Apología en defensa de la doctrina cristiana que en la lengua guaraní tradujo el Venerable padre fray Luis Bolaños de la familia franciscana..." (74). De idéntica forma, el padre Taño, en una exhaustiva y magistral defensa, expresa: "Por los cuales consta que dicho Catecismo, oraciones y doctrina que se ha enseñado y enseñan así los religiosos de la dicha Compañía de Jesús... no lo hicieron los religiosos de la Compañía, sino el santo padre fray Luis Bolaños, religioso de la Seráfica religión de San Francisco" (75).

El período álgido de la cuestión fue por los años de 1649 y 1650, es decir, después que el obispo Cárdenas, actuando como Gobernador del Paraguay por muerte del titular don Diego de Escobar Osorio, decretó la expulsión de los jesuitas del Colegio de Asunción en marzo de 1649. Como, a su vez, los jesuitas repuestos en su Colegio meses después y contando con la amistad y el poder del nuevo Gobernador impuesto por la audiencia de Charcas, encerraron en una prisión al Obispo y, días después, lo conduje­ron en una balsa a Santa Fe para nunca más volver a su diócesis de Asunción.

En medio de esta vorágine, uno de los leales a Cárdenas, Agustín Carmona, lanzó un anónimo de varias cuartillas, alguien habla de seis cuadernos, atacando al Catecismo Guaraní por contener palabras no

ajustadas al dogma, heréticas en su significación, culpando, naturalmente, a los jesuitas.

Los vocablos cuestionados eran: tupá, túva, membyytayra. Palabras que Bolaños tomó de la religión guaraní y que, de acuerdo a los varios lenguaraces consultados y el parecer de dos Sínodos se adecuaban al dogma cristiano.

Se puede dudar seriamente que se hubiera dado esta confrontación, de haberse conocido a su tiempo, que el Catecismo "en uso" era del res­petado por todos fray Luis Bolaños, y no de Montoya. Con ello se hubiera evitado el equívoco, como también el que corriera tanta tinta ensangrenta­da por la pasión. De otra manera no se explica cuál fuese la razón de la inculpación a los jesuitas por parte de Carmona, o bien, por Cárdenas. En todo caso el culpable hubiera sido Bolaños, y nadie más.

Esos cuatro vocablos se trocaron en el núcleo de la controversia, dando lugar, por una parte, a una enardecida defensa de la ortodoxia de las palabras en discordia y, por otra, como hemos expresado, unas magistrales exposiciones de lingüística guaraní, especialmente por parte de los dos más involucrados, padres Taño y Montoya.

El asunto tomó tanta trascendencia que llegó a instancias superio­res, de forma que dio lugar a una particular intervención del Rey, quien ordenó, por cédula real del 1 de junio de 1654, al Arzobispo de la Plata, Mons. Juan Alonso de Ocón, que gestionara una solución definitoria al problema.

El obispo Ocón tomó cartas en el asunto disponiendo que el Gober­nador del Paraguay formara una junta de teólogos y peritos en la lengua guaraní, con el mandato expreso de "examinar y averiguar las propiedades de algunos vocablos que se hallan en el Catecismo y oraciones de la doctrina cristiana que se enseña a los indios de esta nación" (76).

Los primeros en dar una justificación, de forma que aplacara los ánimos y permitiera continuar la labor del adoctrinamiento en las reduc­ciones, fueron los propios jesuitas. El Procurador General en Paraguay, padre Juan Bautista de Mexía, el 15 de noviembre de 1655, presentó un pedido de exculpación en estos términos: ". .. que se reciba información de cómo los religiosos de mi sagrada religión que tienen a su cargo las doctrinas del Paraná han enseñado la doctrina cristiana y oraciones a los indios naturales de estas provincias por el Catecismo que el Venerable Padre Fray Luis Bolaños del Orden del Señor San Francisco tradujo de la lengua de los dichos indios, que es éste que presentó". Y hacía la entrega del Catecismo aprobado por los Sínodos de 1603 y 1631 (77).

De acuerdo con la satisfacción jesuita y, comprobada la autenticidad del Catecismo, el Gobernador eclesiástico, licenciado don Pedro de la Cábex, emitió la siguiente resolución:

1°) Que el Catecismo presentado era del padre Bolaños.

2°) Que ese mismo Catecismo era el que se había enseñado siempre a los indios en las otras reducciones.

3°) Que las cuatro palabras observadas como heréticas por el señor obispo Cárdenas, "según como están en dicho catecismo están libres de censura" (78).

Por otra parte, recién el 31 de octubre de 1656 pudo constituirse la junta de los teólogos y peritos en la lengua guaraní, compuesta por nueve miembros, entre los que sobresalía, junto al Deán de la Cátedral, el Go­bernador eclesiástico y dos lenguaraces, el franciscano padre Definidor Pretérito y Guardián del Convento de la Asunción, Fr. Pedro de Villasanti. Todos ellos, escuchados los pareceres, manifestaron estar plena y coincidentemente conformes con la declaración emitida por el Gobernador Eclesiástico don Pedro de la Cábex.

De esta manera concluyó satisfactoriamente para todos este proble­ma. Pero el que salió, en el pleito revalidado, limpio de error y más prestigiado fue el Catecismo mismo, y el autor de su traducción al guaraní, Bolaños.

En la defensa, además de los argumentos de carácter lingüístico esgrimidos, la razón más traída será la de la fama de varón santo y recto que siempre mereció y se le reconoció a fray Luis Bolaños.

El franciscano Pedro de Villasanti, en su alegato como miembro de la junta y perito en guaraní, luego de las referencias idiomáticas correspon­dientes en pro de los cuatro vocablos, como lo más convincente y definitivo, argüirá apelando a la santa vida de Bolaños. En su alegato refiere cómo se halló presente en la muerte de fray Luis, y que éste no se retractó de esos errores, y que lo hubiera hecho, como varón perfecto que era, de sentirse culpable de ello. Antes bien, en su muerte Dios hizo maravillas por su siervo (79).

Buen conocedor, por otra parte, de su hermano en la Orden, refirió la solicitud, trabajo, oración, meditación y disciplina que se impuso para traducir el Catecismo en la lengua de los guaraníes. Y concluye: "Con que se echará de ver que asistió Dios al venerable Bolaños con particulares auxilios y le dio aqueste don para que no errase en cosa de tanta importan­cia como es la salvación de las almas" (80).

Estoy en lo cierto que, gracias a este episodio, salió esclarecida la verdadera autoría del Catecismo Guaraní y que, de lo contrario, podría haberse transferido también este honor a otras manos, como ha ocurrido con varias de las acciones franciscanas en el Paraguay.

A fray Luis Bolaños se le debe el mérito de ser el "padre" tanto de la grafía como del Catecismo Guaraní. Él es el primer escritor guaraní.

 

NOTAS

(1)     RESINES, Luis. Catecismos Americanos del siglo XVI. Valladolid, 1992, pág. 15.

(3)     CÁRDOZO, Efraím El Paraguay de la Conquista. El Lector, Asunción, 1996, pág. 192.

(4)     "El Plata Seráfico", 1913. Noticia póstuma referente al catecismo del P. Bolaños, pág. 104. Para entonces, el jesuita Montoya ya había editado en Madrid el llamado "Catecismo de Bolaños", aunque sin decir que el Catecismo era de Bolaños.

(5)     CANEDO, Lino Gómez. Evangelización y Conquista. Experiencia Franciscana en Hispanoamérica. Editorial Perrúa. México, 1988. Pág. 172, nota 44.

(6)     DAZA, Antonio OFM. Crónica general de Ntro. P. S. Francisco y de su Apostólica Orden. Valladolid, 1611. 4°parte, Cap. 24, págs. 130-132.

(7)     DURAN ESTRAGÓ, Margarita. Aporte franciscano a la Primera Evangelización del Paraguay y Río de la Plata. Editorial Don Bosco. Asunción, 1992, pág. 83.

(8)    CHAVES, Osvaldo. La formación del pueblo paraguayo. Ediciones Amerindia. Buenos Aires. 1976. Pág. 26.

(9)    Diccionario ESPASA CALPE. Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Madrid. 1958. Locución: Guaraní.

(10)   ACCIÓN. Revista. N° 168. octubre de 1996. Asunción. Censo de población d 1992. Págs. 20-21.

(16)   MELIÁ, Bartomeu. La creation de un langage chretien dans les Reductions des Guaraní au Paraguay. Tesis mimeografiada. Universidad de Strasburgo, año 1969. Págs. 8-15.

(17)   ORÉ, Jerónimo. rituale seu Manuale Peruanum. Nápoli, 1607. Diversas páginas. De Sacramento Eucharistiae, en la lengua guaraní. Págs. 110-113; 128. Matrimonio 215­-216. Doctrina Christiana.

(18)   MILLE, Andrés. Crónica de la Orden Franciscana en la conquista del Perú, Paraguay y el Tucumán. EMECE. Buenos Aires. Sección Documentos. Pág. 371-372. Testificación del 15 de junio de 1610.

(19)   Revista Homenaje a Fr. Luis Bolaños, Buenos Aires, 1913, pág. 101, Nota (2).

(20)   MILLE, op. cit., págs. 371-373.

(21)   AZARA, Félix. Descripción e Historia del Paraguay y Río de la Plata. Tomo I, pág. 182.

(22)   ASTRAIN, Antonio, S.H. Historia de la Compañía de Jesús en el Paraguay. CEPÁJ. Asunción, 1995. Pág. 76.

(25)   ORÉ, Luis Gerónimo, fray. rituale, seu Manuale Peruanuni, et forma brevas adminis­trando apud Indos Sacrosacta Baptismi, Poenitentiae, Eucharistiae, Matrimonia et Extremaunctionis Sacramenta. Nápoli, lacobum Carlinum et Constantinum Vitalem, 1607

(26)   ORÉ, fray Luis Jerónimo de. Symbolo Cathólico Indiano (1958). Edición facsimilar dirigida por Antonine Tibesar, OFM, 1997. Una aproximación, por Noble David Cook, pág. 60.

(27)   MELIÁ, Bartomeu. La creátion d'un langage chrétien dans les reductions des Guarani du Paraguay, Tesis no publicada, Estrasburgo, 1969.

(32) Revista Homenaje a Fray Luis Bolaños, op cit. Págs. 105-109

(34) MORÍNIGO, Marcos Augusto. El Catecismo del P. Fray Luis Bolaños, Azul, Buenos Aires, 1931, IX, págs. 53-69

(42)   MORÍNIGO, Marcos Augusto. Raíz y destino del Guaraní. Asunción, 1990, pág. 48

(43)   Archivo del Convento Franciscano de Buenos Aires. Carta de Bolaños a fray Gregorio de Osuna. Vide también Testimonio Indígena. pág. 125.

(47)   Archivo del Convento Franciscano de Buenos Aires. Carta al Rey de Lorenzana. Rev. Eclesiástica del Arzobispado. 1906.

(53)   Revista de Estudios Iberoamericanos. XV. Año 1989. Franciscanos y Jesuitas en el proceso misionero del Plata. Schallemberger Eneldo, págs. 96-101.

(54)   GÁLVEZ, Lucía. Guaraníes y Jesuitas. Industria Gráfica del Libro, Buenos Aires, 1995, pág. 141.

(55)   DURAN ESTRAGÓ, Margarita. San José de Caazapá. Un modelo de Reducción franciscana.. Edit. Don Bosco. Asunción, 1992. Apéndices. Págs. 155-157.

(60)   DURÁN, Juan Guillermo. Monumenta Catechética Hispanoamericana. Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina. Buenos Aires. 1984. Pág. 358.

(65) Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires. Vol IV, año 1882. Pág 31.

(68)   ORO, Buenaventura. Fray Luis Bolaños. Apóstol del Paraguay y Río de la Plata. Córdoba, 1934. Pág. 81.

(70)   ORTIZ, Diego, S.J. La Evangelización en Paraguay. Cuatro siglos de Historia. Los Catecismos y la Evangelización. Ediciones Loyola. Asunción, 1979. Pág. 73.


Capítulo 6

ESCRITOS DE FRAY LUIS BOLAÑOS

PRESENTACIÓN. Fray Luis Bolaños, por más que vayamos tran­sitando por el cuarto centenario de su nacimiento, tiene todavía actualidad e interés, dada su enorme talla humana y religiosa y la incidencia de su acción misionera en la evangelización de los pueblos guaraníes del Para­guay y Río de la Plata, quedando marcadas sus huellas en la religiosidad popular todavía vigente. Avalan su singular talla y prodigiosa proyección social los títulos que se le confieren de "padre" del idioma guaraní escrito, de fundador de pueblos, traductor del Catecismo Limense al guaraní, apóstol eximio del Paraguay y Río de al Plata..., y por último, como si fuera poco, el Papa Juan Pablo II, luego de calificarlo de "hombre de frontera" y de "gran misionero" le propuso como "preclaro modelo de la nueva evange­lización" junto a San Roque González de Santa Cruz (1).

Los rasgos fundamentales y los episodios externos más significativos referentes a la persona y la actividad apostólica de Bolaños han sido abordados por varios de sus biógrafos, como Buenaventura Oro (2), Contardo Migilioranza (3), o Margarita Durán (4), por no citar más que algunos. En este mismo libro va a encontrar el lector bastantes noticias de su vida y actuación. Pero lo que atañe a sus aspectos humanos, personalidad en general, talante franciscano, se les ha escapado a estos estudios que tan sólo los han contemplado accidentalmente. Ello se hace bastante compren­sible, pues los materiales de los extraños e incluso, los de sus hermanos en religión, poco han descubierto de la interioridad y las cualidades persona­les de Bolaños, dejándonos escrito únicamente hechos misioneros escuetos. acciones desencarnadas. Hay que reconocer que la historia ha sido bastan­te avara con nuestro apóstol de los guaraníes y se cuenta con muy escasas fuentes. El propio Bolaños no es que haya ayudado mucho dejándonos escritos sobre sus experiencias misioneras, ofreciéndonos datos de su vida, relatándonos sus andanzas. Bien sobrios y poco comunicativos han sido los misioneros franciscanos en general y Bolaños no se distingue mucho en eso de los demás. Pero algo sí y es lo que pretendemos hacer conocer.

Sin embargo, nos ha parecido importante hacer una recopilación de ese "algo" de los pocos escritos provenientes de él, por cuanto creemos que con su aporte es posible perfilar algo mejor su figura y dar nuevos datos aproximativos de su vida y personalidad. Abrigo esta esperanza. Por más que su número es exiguo, no cabe duda de que, al ser legado de su propio puño y letra, constituirán una primerísima fuente para conocer algo mejor el mundo de sus relaciones e intervenciones.

El objetivo propuesto en este trabajo es el de presentar una recopi­lación lo más completa de los escritos que hoy poseemos de Bolaños, haciendo preceder a cada uno de ellos de una breve introducción que le sirva de marco. Entendemos que es la primera vez que se realiza esta tarea, habida cuenta de que hasta ahora no se tenía a mano una colección com­pleta de los mismos escritos, sobre todo de los guaraníes. Todavía no sabemos si será la última palabra en este campo, pero que hemos agotado las pesquisas es cierto. Tengo el convencimiento de que estos textos ocuparán un espacio más preponderante en estudios posteriores y que llevarán a un conocimiento y estima mayor del gran apóstol del Paraguay y Río de la Plata.

El catálogo de escritos personales de fray Luis Bolaños que se ha podido reunir está conformado de este modo:

1.      Doctrina Cristiana y Catecismo breve del Concilio de Lima en guaraní. Los Sacramentos de Bautismo, Comunión y Matri­monio

2.      Tres cartas de Bolaños en referencia a los frailes Francisco Romano y Francisco Merino.

3.      Dos recibos de Bolaños a Francisco Escobar.

4.      Respuesta de Bolaños a una carta solicitud de Juan Cantero.

5.      Carta de fray Luis Bolaños a don Hernandarias de Saavedra a pedido de informe sobre una india.

6.      Fragmento de una carta de Bolaños al jesuita padre Marcial Lorenzana.

7.      Testimonio escrito de fray Luis Bolaños objetando las Orde­nanzas de Alfaro.

S.      Fragmento de una carta de Bolaños a fray Gregorio de Osuna sobre el Martirio de fray Juan Bernardo.

9.      Escrito de fray Luis Bolaños sobre la validez de los matrimo­nios de los indígenas.

10.    Declaración de fray Luis Bolaños en el proceso de San Roque González de Santa Cruz.

11.    Carta de fray Luis bolaños a fray Juan de Gamarra, que va vinculada al escrito sobre la validez de los matrimonios indígenas.

Estos once escritos podrían, a su vez, ser divididos en tres secciones:

A)     Temas doctrinales-pastorales.

B)      Cartas y Recibos.

C)      Testimonios.

Con toda seguridad cabe afirmar que existieron otros varios escritos de fray Luis Bolaños que no nos han llegado, o por el transcurso del tiempo o incuria de las personas o los condicionamientos de los archivos con­ventuales. Lo cierto es que se hallan perdidos varios. Incluso entre los escritos que tenemos hay algunos que muestran desperfectos y deterioros, por suerte no demasiado influyentes, por alguna de esas causas.

En el conjunto de los Escritos que se saben perdidos, figuran:

-        Varias cartas, como la escrita en Asunción y remitida a Itá a fray Juan Bernardo dándole la obediencia para ir a predicar a los Pa­ranáes y salvar al hermano dominico preso y en riesgo de muerte. Bolaños habla también de un posterior escrito que contenía la información del martirio de fray Juan Bernardo. En relación a eso escribe él: "Tuve yo en el arca o archivo de papeles del convento de la Asunción, ya todo perdieron" (5).

-        Por una carta de fray Baltasar Navarro se conoce fueron escritas otras Cartas por Bolaños. Referente a eso dice Navarro: "En estos días he tenido cartas de un religioso de los nuestros de gran virtud y aprobación que ha más de treinta años que se ocupa en la conversión de los naturales de aquella provincia"(6). Está hablando de cartas de Bolaños relacionados, seguramente, con la fundación de Caazapá y el martirio de Juan Bernardo, pero que tampoco nos han llegado.

-        Otra referencia de cartas de Luis Bolaños la tenemos del maestre de campo García Moreno, quien expresa "que se hallaba presente mu­chas veces, cuando Bolaños escribía varias cartas al Capitán Esco­barm famosísimo lenguaraz, consultándole sobre la propiedad de al­gunas palabras que ponía en el Catecismo, y el capitán respondía afirmando y confirmando esas palabras" (7).

-        No nos han llegado más que algunos retazos de la correspondencia mantenida con el padre Lorenzana, S.J., y debemos dar por perdido el Himno a San Miguel que compusiera Bolaños a pedido del mismo Lorenzana y que se lo remitiera por carta (8).

-        Por último, se habla de otros varios escritos salidos de la pluma de fray Luis y cuyo paradero se desconoce. Entre ellos estarían los apuntes de gramática guaraní, vocabulario, sermones, etc. (9).

A la vista de los escritos que se conservan cabe deducir que Bolaños era amigo de escribir, gustaba documentarse, daba respuestas sin dilación a correspondencias y encargos. Son una muestra más de su puntillosa rectitud. Los mismos perfilan rasgos de la personalidad del misionero, por ejemplo, su delicadeza y responsabilidad en el deber, un gran sentido de justicia, de amistad, el amplio conocimiento del nativo, su celo misionero, su alma franciscana...

El escrito que más indicadores ofrece para descubrir el proceder y mentalidad misionera de Bolaños es el llamado "opinión" sobre "la validez de los matrimonios de los indígenas"; el mismo escrito, poco o apenas analizado todavía, presenta distintos contornos del alma apostólica de Bolaños y nos aproxima a los principios teológicos de su praxis en la misión. Un capítulo aparte ocupan dentro de la producción de fray Luis Bolaños los escritos en guaraní: la llamada Doctrina Cristiana, que vienen a ser: los Rezos, los Mandamientos de Dios y de la Iglesia, y el Ca­tecismo breve del Concilio de Lima. Es, sin duda, en esta labor guaranítica, juntamente con la obra de las Reducciones, donde más se destacó Bolaños y donde él ha adquirido mayor renombre por constituirse en el forjador del idioma escrito y en el primer ejecutor de la inculturación de los dogmas cristianos al guaraní. Los méritos particulares de Bolaños en el dominio del lenguaje indio son bastante resaltados y, sin género de duda, fueron excepcionales, por más que los escritos que nos han llegado no sean tantos. Reiterando lo anteriormente dicho, en este opúsculo deseo presentar la colección de los escritos de fray Luis bolaños precedidos de algunas anotaciones orientadoras.

Para más de uno resultará un feliz descubrimiento. Mi mayor anhelo es que este modesto trabajo dé su fruto en un interés creciente por descubrir nuevos aspectos y vetas poco conocidas de la vida y personalidad de nuestro estimado Bolaños.

 

Reducciones franciscanas del Paraguay y Río de la Plata

 

A)     TEMAS DOCTRINALES-PASTORALES

1.      DOCTRINA CRISTIANA Y CATECISMO BREVE EN LENGUA GUARANI

Lo más normal y obvio es que pongamos en primer lugar, en un sitial destacado, la producción guaranítica de fray Luis Bolaños, pues estamos hablando nada menos que de la Carta Magna del guaraní escrito, es decir el primer escrito, o los primeros escritos en este idioma. Estos escritos en lengua vernácula son los que más prestigio y fama le han dado no sólo en el ámbito paraguayo, sino hasta a nivel internacional. Ellos fueron además cronológicamente los primeros que inició Bolaños antes de ser sacerdote y cuando todavía no había alcanzado la notoriedad de gran apóstol.

Hasta no hace mucho tiempo era difícil tener acceso a estos escritos y tan sólo los estudiosos contaban con copias garantizadas extraídas de algún importante archivo. Hoy, gracias a Dios, poseemos varias transcrip­ciones de fuentes que nos han conservado tanto los Rezos como el Catecis­mo Guaraní; además, algunas de ellas están con la autentificación de su autor, como ésta que presentamos aquí y que pertenece a la fuente franciscana más antigua, con fecha de 1607. Es probablemente la primera publicación en letras de imprenta que se hizo a sólo cuatro años de haber sido aprobado el Catecismo en el Sínodo de Asunción el año 1603.

El franciscano peruano fray Jerónimo Oré, en el libro que se publicó en Nápoles (10), trasladó el Catecismo y Rezos en Guaraní junto con otros catecismos indígenas, así como la forma de administrar varios sacramen­tos: Bautismo, Viático y Comunión, Matrimonio. En una de sus páginas interiores se lee: "La guaraní es toda del Padre Luis Bolaños de los Menores Observantes con aprobación del Reverendísimo del Río de la Plata". Como si esto fuera poco, luego de la transcripción del Catecismo, agrega: "Este traslado está conforme con el original" (11). Y endosa la firma de fray Luis Bolaños.

De lo dicho se puede colegir que se trata de dos escritos que co­múnmente se presentan juntos:

1) El que lleva como encabezamiento DOCTRINA CRISTIANA, "Rezo" le denomina Nicolás Yapuguay (12), contiene las oraciones elemen­tales más el Credo y los Mandamientos.

2) EL CATECISMO BREVE, aprobado por el Concilio de Lima en 1583. En la presente publicación se ha optado por añadir también los otros sacramentos, que son parte del libro que fray Jerónimo Oré publicó en Nápoles. Algunos han dudado de que Bolaños hubiese escrito tanto, como queriendo negar su capacidad. Sin embargo, hay varios argumentos a favor de la autoría de Bolaños, por cuanto en el libro mismo se declara: "que la guaraní es toda de fray Luis Bolaños" (13), y en la administración del sacramento de la Eucaristía, cuando transcribe "La confesión general" o el "Credo" que han de rezar los enfermos, se trata del traducido por el padre Bolaños y se dice que es la versión aprobada por el sínodo realizado por Loyola. Hasta ahora nadie se ha animado a resaltar esta novedad de los sacramentos y una explicación doctrinal publicados por Oré, como escritos de Bolaños. Es, por tanto, una primicia.

El Catecismo original, que fue entregado por fray Luis Bolaños en la Curia de Asunción el 16 de agosto de 1611, se extravió debido no se sabe a qué circunstancias, por lo que tuvo que hacerse una nueva autentificación. Hay constancia de este hecho en catecismos posteriores, por ejemplo, en el facsímil del Dr. Enrique Peña (14), así como también en el publicado por la revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires en la defensa que se hace del Catecismo ante el cuestionamiento hecho por Mons. Bernardino de Cárdenas de que el Catecismo contenía cuatro términos heréticos "(15).

Todo este material, Rezos y Catecismo, fue traducido al guaraní por fray Luis Bolaños, previa la creación de la grafía apropiada y en colabora­ción de los jóvenes franciscanos fray Gabriel y fray Juan Bernardo, quienes siendo nativos del Guairá poseían profundo conocimiento del idioma. El obispo Mons. Alonso Guerra, al término del Sínodo limense y pisar tierra paraguaya, le encomendó realizar la traducción al guaraní del Catecismo allí aprobado.

Es reconocida la pericia en el idioma guaraní de Bolaños. Como botón de muestra, valga este testimonio jesuítico: "Fray Luis Bolaños, entonces todavía diácono, quien puesto que había aprendido perfectamente los idiomas de aquellos indios, tradujo a los mismos la Doctrina Cristiana y el Catecismo de Lima" (16).

El notable franciscano Mons. fray Martín Ignacio de Loyola, sobrino de San Ignacio y vasco como él, una vez nombrado Obispo del Río de la Plata convocó el primer Sínodo de la extensa diócesis guaraní que se celebró en Asunción el año 1603. En la tercera Constitución del mismo Sínodo se aprobó el Catecismo y se determinó: "Todos los que se nombraren curas de indios sepan por lo menos la lengua guaraní con suficiencia... y tengan la Doctrina y Catecismo que hizo el Padre fray Luis Bolaños" (17).

Dicho Catecismo, del que se afirma ser "uno de los documentos más elocuentes de la profunda acción apostólica del célebre padre Luis Bolaños", se fue enseñando en pueblos y reducciones, tanto franciscanas como jesuitas, por más de doscientos años.

En torno al mismo Catecismo se suscitó, como hemos dicho, una discusión cuestionando la ortodoxia de las palabras "Tupá" "Tuba" "Memby" "Ta'yra'; "que Bolaños adoptó del original indio guaraní", al decir del Dr. Efraím Cardozo (18). Este proceso que fue seguido con varios escritos y ardorosas defensas, quedó zanjado aceptándose al cabo la terminología usada por Bolaños y declarándosele libre de toda herejía.

Por encima de todo juicio de valor, es incuestionable que la publica­ción del Catecismo fue un notable enriquecimiento del idioma guaraní haciéndolo vehículo de comunicación escrita como cualquier lengua moder­na y poniéndolo a su nivel. En cuanto a su valor religioso, se puede decir que Bolaños creó el puente entre la mera sacramentalización y la evangeliza­ción, más aún, hizo la adecuación entre los dogmas y expresiones de la doctrina cristiana y el guaraní, introduciendo palabras que hasta hoy están en vigencia en la religiosidad popular del Paraguay.

El hecho de aproximar, ofrecer estos textos que -como queda dicho- se transcriben, proviene en parte, del libro de fray Jerónimo Oré. Los "Rezos y el Catecismo breve" hemos preferido copiar algunos de la Revista Pública de Buenos Aires por la facilidad de su lectura. Me parece una importante contribución a la cultura idiomática y religiosa guaraní. El estudioso lector sabrá calibrar por su cuenta esta apreciación.

Concluyo este "aperitivo" a los mismos textos de fray Luis con las siguientes expresiones del P. Diego Ortiz, S.J.: "El texto de Bolaños fue el texto más empleado, el más conocido, el Catecismo cotidiano que ha modelado la creencia cristiana en las reducciones, tanto jesuíticas como franciscanas (19).

Doctrina Cristiana

1. Santa cruz raangaba rehé, ore amotare ymbaragui, orepiziro epé tupá ore yara. Tuba, Tayra, Spiritu Santo rera pipé. Amen Jesus.

El Padre Nuestro

2.Oré rúba ybápe ereybae ymboyerobiari piramo nderéra marangatú toyco; tou ndereco marangatú orébe; tiyaye ndere mimbotara quié ybipé, ybápe y yaye yabe; ore rembiú ará ñabó guára eméé curi orébe; ndeñiró ore iñangaipabae upé ore recomeguá hara upé ore ñiró nunga; hae eypotareme angaypaba pipe ore a; orepiziro epé catu mbae pochi gui. Amen Jesus.

El Ave María

3. Tupá tanderaáro María, nderenihé Tupá gracia rehe, tupá yande yára, nde yrúnamo oycó ymombeu catupiramo ereyco cuña pabe gui; ymómbeu catupíramo abe oycó nde membirá Jesús, Santa María Tupazí maraneymbae eñemboe nde membirá upé ore yñangaipabae rehe, ang ore manó mbotaramo abe. Amen Jesus.

El Credo

4. Arobiá niche tupá Túba, opacatumbae guemimbotara rupi oyapobae; ndiyabaybi mbae ychupé; ybá moñangará ybí moñangará abé, arobia abe Jesu Cristo Tayra moñépebae yande yara Spíritu Santo rembiapó rehé ñanderámo oñemoñabae puera, Señora Santa María maraneymbae gui oarabaé puera. Poncio Pilato y biray yara ruzu ramo recorámo, herecoméguembí ramo; hae curuzu pípe ymoy nimbí ramo, hae y yuca píramo, hae ytimimbi ramo oycobae puera, hae ogueyí añaretame, ara mbohepí habapipé oycobé yebí omañe bae cueragui, hae oyeupí y bapé hae oguipí oyna. Tupá tuba acatuá cotí, hae aegui oúne ymarangatu bae puera upé bae yñangay pabae cuera upe abe heco haguera rehe oyerubo: arobia abe Spíritu Santo arobia abe Santa Madre Iglesia Católica oycó Santa Comunión abe; arobia abé teonguera opacatú recobé yebi heguema. Hae arobia teco marangatú pabeima ybape oyme. Amen Jesus.

Los mandamientos de la Ley de Dios

Tupá ñande puay tába diez nánga. Mbohapí y yipi cuera tupá mboyero bíacatu reheguara, hae amboae siete yande rapichará rereco catu reheguará.

1. Y yipí nánga erehayhú Tupá ne mbae pábe azoze.

2. Hae ymomocoyndaba nde reyure téy che Tupá rera rehere.

3. Hae ymómbo hapí haba ndereporabí qui yche areté pipene Tupá mboyerobiabo.

4. Hae ymo y rundí haba nderuba, ndecí abe eremboyero bia catune.

5. Ymo cinco haba ndereporapití y chene.

6. Hae ymo seis haba nderebí gi chene nde menda haguerey ma rehene.

7. Hae ymo siete haba na nde mondaychene.

8. Hae ymbó ocho haba nderemopuay che y apurá nderapichara rehene.

9. Hae ymo nueve haba ndereñe mombó tariche ndemenda haguerey rehene.

10. Hae ymo diez hába na nde mondapotariche nde rapichara mbae rehene.

Hae ang diez Tupá ñande puaytaba mocoy nangá ymbo ayecatu haba; cone yipí erehayhú catú Tupá ne mbae pábe azoze. Hae y momocoy ndaba nde rapichara orehayhu nende ye ay hununga. Amen Jesus.

Los mandamientos de la Santa Madre Iglesia

Santa Madre Iglesia ñande puaytaba cinco nanga:

1. Cone y yipí, pehendu pa misa amo areté ñabo.

2. Hae ymo mocoy ndaba yecoacu pabuzu nabo peñe mombeú abaré upé, pe manó moaramo abehae pe comulga renondé abe.

3. Hae ymombohapí ye coacupa bucú paberé, areté guazu pipé coterá hobaque pe comulgá.

4. Hae ymoyrundí haba peyecoacu Santa Madre Iglesia peyecoacú eramo peeme.

5. Hae ymo cinco haba diezmo primicias abe pehepibeé Tupá upe. Amen Jesus.

La confesión general

Che angaipá catubae añemombeú cheangaipa paguera rehé Tupá upé Señora Santa María maraney mbae upé, San Miguel upé, San Juan Bautista upé, Santos Apóstoles San Pedro hae San Pablo upé abé, santos opacatu upé abé; ndebe Pay abe añemombeu cheangaipá paguera rehe, cheangaipá catu niache chepia pochi pipe, cheñee pochi pipe, cherembiapo pochi pipe abe cheangaipabari, cheangaipabari, cheangaipacatu habaré, hae emoñaramo ayerure Señora Santa María maraney mbae upé, San Miguel upé, San Juan Bautista upé, Santos Apóstoles San Pedro hae San Pablo upé abé, ndehé Pay ahe tapomoñiró pahe Tupá chebe. Amen Jesus (20).

 

 

CATECISMO BREVE DEL CONCILIO DE LIMA

 

P.- Cherayra ere chebe, oyco pe Túpá?

R.-Ta Pay, oycó ñánga.

P.-Mbobipé Túpá oycó?

R.-Moñepeñote Túpá oyco.

P.-Mamo tepé Túpá reconi?

R.-Ybapé hecóni, ybipe heconi, mamo pabe ahé heconi.

P.-Abápe Túpá?

R.-Tuba, Tayra, Espiritu Santo mbohapí personas Túpá moñe­peramo ñote oycó.

P.-Mara tepé mbohapí personas oycóramo, Túpá moñeporamo ñote oycó?

R.-Ang mbohapí personas oycoé oyo huguí; Tuba nia ndoycoy Tayramo, ndoycoy Espiritu Santo ramo: Tayra abé doycoy Tubamo, ndoycoy abé Espiritu Santo ramo. Hae emoña abé Espiritu Santo ndoycoy Tubamo, ndoycoy abé Tayramo, Mbohapibe aeté personas moñépeñote hecó: hae emoñaramo mbohapí moñeperamo ño Tuparamo heconí.

P.-Hae ngui quarací, yací, yací tatá guazu, eichú amaberá, amatirí, ybitíruzu abé nguí paye yába, tuichuari yara yaba, buraheytara yába abó: oñemo Túpá aubaé, tupápe egui?

R.-Ani, na Túpá ruay, Túpá remi mo ñanguera ñóte egui, ae catu y

baga oyapo aracaé y porama abe, ybi abe oyapó yporáma obé andebe pábe guarama, nanderecócatu rámá.

P.- Mbaepe ñandereco catu rámá?

R.-Tupá quaába, Túpá gracia, Túpá upé ñande remo catuíri haba húpa. Hae ñande manó ré ybapé Túpá rehe ñande pí tuengatu, eguí ñanga mandereco catu rámá.

P.-Hae co ñande recobé pabiré oycópe tecobé amboe ñandebe guaráma?

R.-Ta oyco ñanga: ñande angá nia nomanoy, ñande rete manoramo, mbae mimbaba angá rapicha, no manobae ráma ruay, ndiyá píríche heco bore.

P.- Mara ñanderecoramo pe Túpá gracia ya yo hune, co ñande recobe pípe, hae ñande recobe pabiré y hape abe tecobe pucu pobey ma yarecone?

R.-Jesu Cristo rerobiabo, y ñeenga mboaye hape.

P.-Abapé Jesu Cristo?

R.-Jesu Cristo nanga, Túpá eteramo oycó, ñanderamo abe oyco no, ae nia Túpá rayramo oycobo, oycó ñanga, ñandéramo oñémoñá aracae Señora Santa María maraney rigepe, hae oa ychí Señora Santa María gueco maraney rereco y rámo yepe, hae ománo curuzu pípe ñande angaipabagui ñandepiciro haguama rehe.

P.-Mará tepé ománo Túpá namo guecoramo?

R.-Omano nangá ñanderamo guecoramo, hae rirí ara mbohapí haba pípe oycobe yebí, hae riré oyeupi ybapé, hae á épé heconi tecobé pucupabéima rerecoharamo.

P.-Eré ang chebeno Jesu Cristo ñande pábe rehe mamó haguera rehe yaha pabé tepé y bapore?

R.-Jesu Cristo rerobia hareyma, hae herobia hara yepé herobiatay ñote ramo, y ñe énga mboayé ey mano ndo hoyche y hapone, aña retamengatu ohone, teco aci catu apíreyma porabo.

P.-Hae Jesu Cristo rerobiacatu hara yñeenga mboaye catu hape, ohope ybapere?

R.-Ta, ohó nangane, hae abapó guori pape gueté rehebé, ó anga rehebé tecobé catupiri apí reyma oguerecone: hae emona haguama rehe Jesu Cristo ara cañíramo ouñe ñande pae recó cuera rehe oyerurebo ñandebe: hae egui rama rehe teonguará opacatú oycobé yebine, haeramone.

P.-Hae gui ynangaipabae cuera mera pe heconi ne aña retame ohó hagua mey ma rehere?

R.-Ycaray bey mbaé oñé mongaray recabo ño, Túpá ray ramo, hae Santa Madre Iglesia membíramo, ocaray haba rehe oñe moñangaba egui ño añanga gui oyepíciró habeté.

P.-Mara eyabé pe Santa María Iglesia ara rae?

R.-Caray pábe Túpá upe y ñemooongaba, hae pabe rubicharamo Jesu Cristo reconi, hae Pay Papa abe y bipe hecobiareté: cobae upé Santa Madre Iglesia yae.

P.-Hae gui ycaray bae cuera ocaraybiré iñangay paramo marape heconine añaretame oho haguamey me rehene?

R.-Oñemombeú mangané abaré upé ó angaipa paguera mboaci catuhape.

P.-Hae emoña hecoramo, oho ybapene?

R.-Ta oho nangane Tupá nadepuay taba Santa Madre Iglesia ñande puai taba abé omboaye catu mbae pabe azoce, hae ñandepábe ñande ye ay hu nunga, yande yo ay hu catu. Amén Jesús.

Comprobación del Catecismo

El testimonio del escribano es como sigue: "Sumario de la doctrina traducida en guaraní, corregida y concertada, que concuerda con su original que queda en mi poder; corrigióse con asistencia del P. fray Luis de Bolaños, custodio de la Orden del seráfico padre San Francisco, que en él firmó su nombre, de mandamiento de la señoría del Deán y Capítulo sede vacante; en cuya fe y testimonio lo firmé y signé, en la Asunción, en diez y seis de agosto de mil seiscientos y once años. Fray Luis Bolaños, custodio.

En testimonio de verdad, Juan López de Gamarra, notario" (21).

DE SACRAMENTO BAPTISMI

Bautismo de aquellos cuya vida está en peligro

"Esta dicha forma de bautismo, se pone no solamente en latín para el sacerdote, sino también en Romance para el español, y el cada una de las cuatro lenguas para que pueda ser instruido (el laico) en esta forma".

Che nde baptizo, Túba, Tai, ra, Spiritu Santo rera pupe. Amén(22)

Si fuerit mulier, pro una

P.- Mbaepe ereruquie, cununi, coetera cuñatai?

R.- Cuñatai.

P.- Mbaepe ereypota hae mbaepe ereyerure ñande ci, Santa Iglesia upe?

R.- Fe.

P.- Mbaepe Fe, omeé ndebene?

R.-Tecobe pucu, api, ri, be¡, ma.

Che nde baptizo, Túba, Tai, ra, Spiritu Sancto rera pupe. Amen.

Pro pluribus, tan viris, quam pro mulieribus

P.-Mbaepe ereruquie, Cununi, cotera cuñatai?

R.-Cununi, cuñatai.

P.-Mbaépe ereypota hae mbaepe ereyerure ñande ci, Santa Iglesia upe?

R.- Fe.

P.- Mbaepe Fe, omeé ndebene?

R.-Tecobe pucu, api, ri, bey, ma.

Che nde baptizo, Túba, Tai, ra Spiritu Sancto rera pupe. Amen (23).

DE SACRAMENTO EUCHARISTIAE

En la lengua guaraní

P.-Mbaepe Sacramento Comunion?

R.-Aoy Sacramento marangatu, altarpi peguára, conága Hostia pay abare, o consagrabae cuera, hae Caliz pi, pe guara abe, hemi consagracuera.

P.- Mbape oyme acoy Hostia pi, pe? Y consagrarire? Hae mbae pe yaypi, hi, y pi, pe?

R.-Rupa ray, ra Jesu Cristo.

P.-Abápe Jesu Cristo?

R.-Jesu Cristo ñágá oyco Túpá eteramo, hae nandéramo abene.

P.-Abape oguerecó Túpá Jesu Cristo ñeega, cobae Santa Hostia consagra haguama?

R.-Pay abare ñote nagá, nda abá ambuae amo ruguay, ychupe ñote, opi, tá cobae marangatú, moña haguama oyeupé, heya hi guéra rupicatu, o consagra Hostia, hae Caliz, hae Caliz, Missa oyapo ramobeyepí.

P.-Hae pay abaré, Misa moña ey, mbobe, coterá yyi, pi, ru rupibé, oycóy, mandipe, Jesu Cristo Hostia pi, pe?

R.- Ani acóyramo mbuyape ramó ñote oyco raguie, hae rire catu, cone cherete, hae cone cherugui, ri, ru Caliz Jesu Cristo ñande yára yaguera, acoy pi, túna pí,pe guemimboe yrúnamo ocenahape, omano ñe nondey, pay abaré angabae ñe éga, coa cherete, cone Caliz cherugui, ri,ru, haápa ramobe, curime eupepe acoybae mbuyape, hae calizpi, peguara abe: oye ecobiaró Jesu Christo tecatu etei reteramo, hae huqui, tecatú eteyramo, hae y, bape gueco ya bebe, cobae Hostia pi, pebe oyco, emonáramo moñe petey tupá ñote, ñande rembiaporá haé ñande remimboyerobiá, y, bápe haé cóbae Hostia pi, pe, ndoy coe ruguay.

P.-Mara oyabopé, Jesu Christo ñande tupá, cobae Sacramento marangatu, oyapó aracaé ñandebe heyabo?

R.-Mbo hapi, mbaé rehé naga, oheyá ñandebe aracaé, y yi,pi, nanga, sacrificio marangatueté pay tupá eterno upé, ñande remi mé e ráma, ñande angaipapa guérepi, capé, haé ñande poria huba rehe abé, equine pay abare rembiapó, Missa moña ñabó, tupaáupe oyerurebo, ñan­debe ymoñíro ucabo, ñande angaypapaguéra rehé, hae tome é ñoranga, heco tebe haba mbaeychupe oyapape, co sacrificio marangatu rehé.

Ymo mocoyndaba nangá, oheya ñandebe aracaé, ñande anga caru haguama, cobae tembiu guábo, toguereco gra retobe oyabe, ñande recoreté viña nuy, ñande rembiu rehé é, tecobe oguereco emoñote nangá, túpá gracia pi, pé oicobo, ñande anga, tahay, bápe oyabo, hau, haé ooypi hi, opi, ape, Jesu Christo retene, oangapi, hi, pábamo, haé guecobé habamo here cobo.

Ymo mbohapi, haba nanga, oheya ñandebe aracaé, tabecaray emé, timaendua tapiá catú, cherembiapó marangatu cuera rehe, oyabo, hae co nanga, ñande ray, hupápe teo ací ctó porara haguerarehe.

P.-Maranungape, abañabó, o comulgabae, Jesu Christo peteingatú, oipi,hi, ndoyemboya óy págá? Maranunga catu pe hecó?

R.-Jesu Christo, ñande yára marangatu nomboya óy gueté, haé gugui, yme enga, opacatú yguara upe, moñepey, hae guereboyopi,ta, gueto marangatu pi, pe, nda pehechay puy, ñande ñe enga, heta yepe hendu hára nabó upé. Emona abéno ndape hechay pacu aba, heta ñeangechacé pi, pe, oye echabae, petei guoba ñote ohecha ñe anguecha cata eta pi, pe:Emona abéno ndape hechay pacu aba, heta neangechasé pi, pe, oye echabae, petey, guoba ñote ohechá, ñe anguechacata eta pi, pe: Emona ñote Jesu Chrsito peteyngatu, oyco Hostia ñabó, ayeté catú, pay abaré remi consagra cuera pi, pe: haé cobaé Jesu Christo peteyngatu, oy, pi, hi, hae hoú, aba nabó ocomulgabae gueté ycatú, ypi, taramo yepé, guecó tapiá pi, pé.

P.-Haé añe yngatueté Jesu Christo ñande yara, Hostia consagrada pi, pé hecoramó, marápe, ndo yehúy, haé ndo yecuaabi, cupépe?

R.-Ndo yecuaábi yepé viñá, ayeté tecatú, Tupa ñandeyara Jesu Christo, Hostia consagrada pi, pé hini, haé ñande anga ñanderete moingobe hara, ñande rete pi,pe ñande hecha gey, mayabe ñóte, Jesu Christo nda yahechagui, Hostia pi, pe hinamo, hae hecha pi, rey ramo yepé, ñane angarecóni, yaycuaa catú, etenangá ñande rete pi, pe hina, emona ñote Jesu Christo ñandeyara, ndaya hechagui yepe: angñande rete resa pi, pe heté, ñande yerobia hápe erenangá yarob¡a catú Hostia consagrada pa pé hina, hae oyme cupépe yaé Herobia catu há pe.

P.-Abape cobae santo Sacramento, oy pi, hi, cara¡, cobae Sacramentone?

R.-Cara¡ Pabengatú yyaracuaá catúbae haé acóy cununi ó aracuaá catuhápei, ma, oycobae, hoú haé oypi, hi, ne?

P.-Haé mbaé arápi, pé Tepangá, oy pi, pe cotera herobi, tabimi, coterá ycuabireme, sancta madre Iglesia ñande cuaytaba rupi, hae emona abenó, Teo api, ñanderecóramo, yaypi,hi, ne, ñande anga pi, ata, haguama, co ñande reco angaúgui oyopabóramo.

P.-Maránamo Tepiá, ndoypi, hi, pabei aba, cobae Sacramento.

R.- Abá nui amo amonguera, ycaray angaú yepé, oguenbia bi tare guamoy, ami, ri recoy, mandéra, ouerobia pavé, subandara oquiepe guaréra, gui, rá, hae añanga, ndo poy potári acaray ey, mbobeé, gueco cuera angaypabagui, emona abeno, nde cuaa potari ñemboainde nombo aye potári: Tupa ñande cuaaytaba, yepi, oñembo cabay, po oporo amotarei, hae oporoabi bi, te ocuapa oy pi, hi, róti, tei oyombae, yyara porandubei me nombo yebibey ychupe, Emonáramo ang, heco angaipa teriruay rehé ni me engabi, Sacramento comunión ychupé.

P.-Maranunga Tepé abá, o comulga ñenonde, oyembsa coyne.

R.-Oñemombeu ranguie nanga ne, opaatu, o angaypapagui rehe, oñembaaci, catúhape, che paco á mo ñe, moy, rotey Tupá cheyara, oyapápe, hae ocomulga ñe nonde ndoúyché, mba amone, pi, haye haguerabé catu, oyecoacune, hae emona abe no aya hucatu, hae oyequi, tingo catúne, hae guembi poru acoba abé, oyqui, tingo catú herúbone, anungáne aba ou o comulgaboné, o anga hae guere catui, ri, yoya catu, pi,p, haé epi a marangatú pi, pé: pñezu hae oye eni; pi, á ey, y cupépe.

Altar robaquiene hae ñemboe, che angaypa catu yába, toha áro guie hae santísimo Sacramento, pi hie, mbobé, naboy tupapéne; opi, a aquí, catú pi, pe, o putiá nupábo, mboapí yebi.

Cheyara Jesu Christo, tupá eterayra che nanga mbae, maraga rí. hae nambae agui, yei ruguay cherete pi, pe: hae chey,... i pi, pe, ndereiquie haguama:

Nde ñe enga marangatu, rehé etenangá che angaypapaguá upe, ndeñi, rone, hae che anga, y pi, hi, rombi, ramo oycose hae ocuera ndebe guaráma ñotene" (24).

Domine non sum dignus

"Cheyara Jesu Christo, Túpá ite raira, che nanga mbae maraguari haé nambaé agui, yeí, ruguáy, cheretepi, pe: ha é chey, bi, ípi, pe, ndere -­quie hguáma: nde ñe enga marangatu, rehé, etenangá che angay papaguera upé, ndeñironé, ha e chenaga, y pí, hí, rombi, ramo oycone, hae coera ndebe guaáma ñotene"(25).

DE SACRAMENTO MATRIMONII

En la lengua guaraní

Cheha endebe he hecha ererecopamga de anama cotera de quibi cotera, derubanga de mongaray aracae cotera ereinenda abanduaerehe, cotera heremenda coña abunaerehe.

Pregunta el Sacerdote a la muger

Sac.-Maria, vel N. Ereipotape cóbae Pedro, vel N. nde mendateramo Tupa ñe engarupi, ñande ci, Santa Católica, Apostolica Yglesia Romana, ñe enga rupi abé?

R.- Aypotá, vel, heé.

Sac.- Ereycopotápe hembirecóramo?

R.- Aycopota, vel heé.

Sac.- Ereypí, hi, pe ndeménaramo?

R.- Aypi, hi, vel heé.

Pregunta al varón

Sac.- Pedro, vel N. ereypotape cobae María, vel N. Nderembireco terámo, Tupa ñe engarupi ñande ci, Santa Católica, Apostólica Yglesia Romana, ñe engarupi abé?

R.- Aypotá, vel Ta.

Sac.- Ereycopotape ymenaramó?

R.- Aycopotá, vel Ta.

Sac.- Ereypi, hi, pe nderembirecóramo?

R.- Ay, pi, hi, vel Ta.

Diga luego el Sacerdote

Et ego ex parte Dei Omnipotentis, et beatorum Petri, et Pauli Apostolorum eius, et Sanctae Romanae Ecclesiae, vos matrimonio coniungo, et istud Sacramentum inter vos firmo. In nómine Patris, et Filii, et Spiritui Sancti. Amén.

Entrega de los anillos

Túba, Tai, ra, Espiritu Santo rerapupe. Amén.

Cherembirecó cóbae, quai,ru, hae cóbae arras ame abe, ñande mendá hahué raangábamo.

Responde ella: Haé che abé aypi, hi, ñandemenda hagué raangábamo. Heremendaymañaga Tupaope Yglesia Ehayhu, Tupa emona hene nemena; emomara eme derembirecó, che a endecuña andebe aba aei e cuacu ebigeme de mena herehe aereco catu, Tupa Dios de pia pi, pe.

Sponsam tibi trado

Ehechá che amehe conderembirecó ete, haní nderembiahuramo, ehayhu, Christo ruparami ohayhu y Yglesia (26)

 

2.      ESCRITO DE FRAY LUIS BOLAÑOS SOBRE LA VALIDEZ DE LOS MATRIMONIOS INDÍGENAS

Por encima de cualquier otra consideración, creo que nos encontra­mos con el escrito más importante para calibrar el ideario misionero del apóstol de los guaraníes fray Luis Bolaños.

Desde este apunte -llámese "apología" o "parecer", términos con los que es denominado sobre la validez de los matrimonios de los indígenas, se puede deducir no sólo "la agudeza discursiva del anciano misionero", en expresión de fray Buenaventura Oro (27), sino también la reflexión, el modo de pensar y actuar de fray Luis en el bautismo y matrimonio de los nativos. bien se le puede considerar como la teología de la misión que manejaba este excepcional apóstol de los guaraníes.

Es patente la forma realista y práctica con que Bolaños aplicaba las normas canónicas, fruto de su profundo conocimiento de los indígenas, conocimiento que sabía compartir con otros misioneros, fueran francisca­nos o jesuitas, comprometidos en la misma tarea y en el mismo campo de la evangelización.

Más de cincuenta años de experiencia con los nativos paraguayos y rioplatenses le dieron a Bolaños un prestigio reconocido. A ello contribuía el hecho de que, sobre la base de la praxis unía el estudio y la prudencia, como se desprende del texto del presente escrito.

Se aprecian en éste, llamado también "parecer" de Bolaños, una gran apertura y un humanismo muy de sabor franciscano. Una muestra de esa sensibilidad pidiendo respeto por los indios expresa: "Cuanto a los matri­monios de estos infieles, algunos han querido tratarlos como bestias pudiendo tratarlos como a hombres, y más dejándose ellos convencer, como lo hacen".

Por los datos que hemos podido recabar, parece que este escrito, o sus similares, se propagaron bastante y hay constancia de que hubo varias redacciones y en distintas épocas de la vida de Bolaños. Teniendo en cuenta las varias referencias que da Buenaventura Oro (28), podemos saber que una redacción debió ser escrita desde Yuty a un padre jesuita por el año 1615. Dos redacciones más sobre el tema pertenecen a marzo y junio de 1628.

Que el interés por el tema trascendió y que tomaron parte cuantos misioneros evangelizaban las áreas guaraníes está fuera de duda. Cuando ya Bolaños se había alejado del campo paraguayo y se encontraba en Buenos Aires los jesuitas hacían todavía consultas al discípulo heredero de Caazapá y Yuty fray Gregorio de Osuna. Una de las veces responde de este modo: "En cuanto a lo que me preguntan acerca de los casamientos de estos indios y que es lo que nuestro viejo fray Luis Bolaños siente, digo, mi Padre, que acá tuvimos también plática sobre eso casi al mismo tiempo que escribió V.R. desde Itapúa al P. fray Luis y el santo viejo me respondió que eran verdaderos matrimonios y que debían ser forzados a tomar su primera mujer repudiada y me exhibió el borrador de la carta, que escribió a V.R. en respuesta de la suya al Paraná, y aun creo que el dicho borrador es vivo y siempre ha platicado entre nosotros así, y eso seguimos y seguiremos usque in finem. Esto es lo que hay y no creo que habrá otra cosa" (29).

Por citar una fuente jesuítica en referencia también al tema me parece oportuno recordar cuanto dice el padre Pedro Lozano: "Pues aún viviendo aquel santo varón, tuvieron algunos osadía, para atribuirle opinión, que nunca jamás tuvo, atreviéndose a firmar su nombre entre los demás, que sentían no haber matrimonios verdaderos entre los Guaraníes Gentiles, y presentarle en un escrito al Ilustrísimo Señor Don fray Pedro Carranza, Obispo de Buenos Aires, donde a la sazón vivía el padre Bolaños, porque como su autoridad era grande, cada uno quería escudarse en ella; y fue necesario, que sabiéndolo tiempo después, sacase la cara a favor de la que juzgaba su verdad, en una carta escrita en aquel punto a dos de junio de 1628, un año antes de su muerte. y se guarda original en nuestro Archivo de Córdoba" (30).

La redacción que transcribimos es la enviada por Bolaños el 31 de marzo de 1628 a su discípulo paraguayo residente en Itatí, fray Juan de Gamarra, precedida de una carta. En la misma expresa: "Por haber sido ésta larga, la he escrito por mano ajena, porque he estado enfermo mes y medio ha, y ya con mucha mejoría gracias al Señor". Hagamos cuenta que contaba con 78 años y que padecía de la vista.

Esperemos que no se dilate mucho tiempo en que los estudiosos descubran este conocido pero insinuante escrito de Bolaños y se anime alguno a hacer una presentación entresacando los valores misioneros que encierra y que, en algunos casos, parecen próximos a la reflexión del Vaticano II.

Carta del Vble. Santo Bolaños. Y escrito sobre la validez de los matrimonios de los indígenas. Jesús María (Escrita a fray Pedro de Gamarra a Itatí)

Recibí de V.R. y me pesa de su poca salud y deseo que V.R. la tenga muy cumplida para servir a Ntro. Señor. Me he holgado mucho de que V.R. con sus achaques y poca salud haya sido tan valiente y tan para mucho, que ha concluido bien tantas dificultades, que se han ofrecido, que a otros muchos que gozan de salud entera y de nombre de teólogos y letrados, quitan el ánimo y por no darse maña a componerse, buscan rodeos im­pertinentes para librarse de ellos.

(A partir de aquí el texto sobre la validez de los matrimonios de los indígenas)

Cuanto a la opinión que los padres jesuitas han tomado de que los indios guaraníes en su infidelidad no tienen en sus casamientos verdaderos contratos matrimoniales, sino que se casan ad tempus, sin intención de no repudiar la mujer primera. Con esta misma novedad acuden también por acá los Padres, que andan por el río Uruguay arriba, con el P. Roque González y uno que ahora bajó acá para llevar caballos hasta las Corrientes, y de allí por tierra hasta donde los demás padres están, trajo en un papel escrito los nombres de los padres que tienen esta opinión y mi nombre también con ellos sin haber yo dicho tal cosa, ni la digo ni la diré jamás.

En Guairá se comenzó esto y parece que ya la van siguiendo otros muchos. El P. Diego Boroa, Rector del Colegio de la Asunción y el P. Lo­renzana y los demás que allí están se han admirado y escandalizado mucho de esta novedad. Lo que el P. Mateo de Espinosa, Provisor, había aprobado sin que tenga poder para ello, hicieron que lo tornase a deshacer, y el dicho P. Diego de Boroa escribió muy largo y con cólera a los que por acá están de su religión y a mí también me escribió largo diciendo que él no podía creer que yo hubiese dicho tal cosa y yo le respondí y envié una carta al P. Juan de Salas, Rector del Colegio de Santa Fe, al cual también escribí suplicán­dole procurase despachar a la Asunción mi respuesta para el P. Diego de Boroa, y esto ha ya tres meses, y como el P. Juan de Salas no me ha res­pondido, temo que no le dieron mis cartas y así habré de tornarle a escribir con el Definidor fray Gabriel de la Anunciación.

El P. Provincial de los P.P. de la Compañía, que ha visitado todas las Reducciones del Paraná y del Guairá y del Uruguay está agora  quí; yo le visité, y él ha hecho merced de visitarme, y hemos tratado largo a contra de esta nueva opinión, de lo cual he colegido que los Padres se han engañado en dos cosas: la una en pensar que los guaraníes son gente simple, sencilla y que no saben engañar; y la experiencia dice lo contrario; pues vemos que para salir con su intento saben buscar testigos mentirosos, y dar trazas y modos con que puedan convencer a que los crean, más que si hubieran estudiado para ser procuradores o abogados. Lo otro en que se engañan es darse prisa a bautizarlos, pareciéndoles que bautizados los caciques, los tendrán más obedientes y sujetos, y podrán ayudarse mejor de ellos para pasar adelante y hacer otras Reducciones. En esto me parece se engañan grandemente. Conociendo la blandura de los sacerdotes y que han creído sus mentiras, lo mismo harán después de bautizados. Además de ser cierto que habrán recibido indignamente el bautismo se quedarán amancebados; y dado el caso que fuese verdad lo que a los P.P. dicen, lo cual con cer­tidumbre no se puede saber, el obligarlos a que tomen sus primeras mujeres, si quieren ser bautizados y salvar sus ánimas, en esto no habrá culpa alguna, pues es, el orden y camino derecho que Ntra. Santa Madre Iglesia tiene ordenado y mandado, y de creer los hacer lo que ellos quieren, se seguirán inconvenientes y errores intolerables; porque aprobarán por buenos los amancebamientos y desharán los contratos primeros, buenos y

válidos sin tener facultad ni poder para ello. En comenzando para unos, ha de ser general para todos; porque los que estaban ya puestos, con poca ocasión o sin ella, han de querer mudar de mujer, diciendo que ellos también son como los otros, que se casaron ad tempus; y si esto fuera verdad, siendo los indios, como son tan inconstantes y mudables, juntamente con esto tuvieron costumbre de casarse ad tempus y tomar otras mujeres, hubiera entre ellos indios viejos, que desde la mocedad hasta su vejez hubiesen repudiado muy gran número de mujeres. Finalmente, el P. Provincial dice que aunque es lo cierto y verdadero no dejar la primera mujer, que esta otra opinión es la probable y así se podría seguir en algunos casos dificultosos, y los casos que pone para esto, no tienen fuerza. El uno es cuando un indio que tiene dos mujeres, se está muriendo, y dice que si le han de dar la primera mujer no se ha de bautizar, sino morirse infiel. Este tal, es claro que no cree lo que se le ha predicado, pues hace tan poco aprecio del bautismo; pues, si creyera que sin él se habrá de ir al infierno para siempre, de todo corazón y con lágrimas lo pidiera, y su primera mujer también, pues sin eso no hay salvación. Váyase sin Dios, de su voluntad al infierno. El otro caso, semejante al de antes. Si los caciques de una Reducción, dicen: si nos han de obligar a tomar las primeras mujeres, no nos querernos bautizar, y los demás indios aguardan, que los caciques se bauticen, diciendo: si ellos se bauticen, nos bautizaremos, y si no no. Lo cual declara su poca fe, pues no desean el bautismo para salvarse, ni lo quieren sino sólo por imitar a los caciques, y así son indignos de él, y no se les debe dar, ni a los caciques tampoco, sino dejarlos, enseñándoles en la fe y eficacia del bautismo, y aguardar que Dios los convierta. Si en su muerte fuesen tan pertinaces, como el que arriba dije, váyanse por su voluntad al infierno.

Cuanto a lo que el P. Provincial "que esta nueva opinión es probable", no dice qué Doctor lo dice, ni las causas, ni razones conque lo prueba, porque los Padres de la Compañía suelen en estos casos matrimoniales seguir la doctrina y opinión del P. Tomás Sánchez, Padre muy docto de su religión, procuré saber lo que en este caso dice: y es esto: que así como el Papa puede dispensar en los matrimonios ratos, non consumatos de los fieles, así también puede dispensaren los contratos matrimoniales de los infieles; esto se entiende: si lo quisiere hacer. Y pues en lo primero lo hace muy raras veces, y con personas de mucha calidad, por causas de mucha importancia. Lo segundo, si le hacen verdadera relación estando esto en tan grande duda, si es verdad o no lo es lo que los indios dicen, es cierto que al primer contrato se ha de favorecer mucho más que a los demás. A lo segundo que V.R. me pregunta acerca de las indias, que esa Reducción están ya bautizadas y casadas in facie Eclesiae, cuyos maridos están en San Ignacio también bautizados y casados con otras indias, habiendo ya V.R. hecho las diligen­cias necesarias, si los P.P. que están en San Ignacio, no quieren acudir a ello, diciendo, que los indios están quedos, y bien casados, no inquieté V.R. a las indias, sus primeras mujeres, que ya están casadas en esa Reducción, estense así con su buena fe. Un caso casi semejante a éste se me ofreció a mí en Caazapá, y antes que yo allá fuese, había ido allá el P. Hernando de la Cueba con algunos indios caciques de Yaguarón, que fueron a visitar a sus parientes, y uno de ellos halló allá una india pariente suya, que tenía por marido a un indio de otra, en compañía, y se la quitó y la trajo a Yaguarón. Y el P. Hernando de la Cueba la bautizó y la casó con un indio de los de Yaguarón. Fui yo después a Caazapá y sabiendo que a aquel indio le habían traído su mujer a Yaguarón y que ya estaba bautizada y casada in facie Eclesiae, comuniqué este caso con el P. Marciel de Lorenzana y me respondió que el casamiento que hizo el P. Hernando de la Cueba no fue válido y que la india había de volver a su primer marido, y viendo la mucha dificultad que había en que la india ya bautizada y casada in facie Eclesiae, y puesta con su cacique y parientes, quisiese ni pudiese volver a su primer marido, porque el cacique y parientes lo impedían, y el P. Hernando de la Cueba por no disgustar a los indios y a su encomendero no quería acceder a ello, sino que así se estuviese. Lo comuniqué yo con el Sr. Obispo Reginaldo, que esté en el cielo, y me respondió que aunque el P. Hernando de la Cueba, había hecho muy mal en no inquirir si tenía la india otro marido y hacer las diligencias necesarias, que ya que estaba bautizada y casada in facie Eclesiae, que se quedase con el segundo marido y que el primero se casase con otra. Y esta determinación del Señor Obispo torné a comunicar con el P. Marciel de Lorenzana y aunque había tenido la contraria opinión me respondió, que pues el Sr. Obispo, que era el pastor mayor, determinaba así, que sin escrúpulo se podía hacer lo que él mandaba.

Tratando con el P. Pcial. dela Compañía sobre esta su nueva opinión, me dijo dos cosas que a mi ruin parecer son contrarias a ella. La una es, que en la reducción que han hecho en el Acaray, al cacique principal, que hicieron capitán de aquella Reducción y le dieron vara, por no acudir bien a sus obligaciones, su Paternidad le asombró con una rigurosa reprensión con mucha cólera, diciéndole que le había de quitar la Vara de Capitán, y con esto se humilló tanto, que estando todo el pueblo junto, dijo: yo no soy bautizado, yo creo la doctrina que los Padres nos enseñan y tres mujeres que tengo quiero dejar las dos postreras, y que me bauticen y casen con la primera. A donde se ve claro, que unos por bien, otros por temor al castigo se sujetan a la razón. El segundo es que en una de las Reducciones de Guairá, hubo un indio que tenía dos mujeres, la una vieja y la otra moza, y él quería dejarla vieja y que la casen con la moza y que ya los P.P. estaban en hacerlo, pero que la moza, cuando lo supo, dijo: yo no quiero casarme con él, porque la vieja sentirá mucho este agravio y me matará, cásenle con la vieja. Y así se hizo y quedaron contentos todos tres. (Hasta aquí la reflexión sobre la validez y sigue la carta a Gamarra).

Cuando al indio cacique, que V.r. dice no vino acá y aunque viniera no llevara su indio, porque los que se quedan y se conciertan a tiempo con los vecinos de esta ciudad, ellos los esconden y no parecen, y la justicia, al presente, tiene tantos pleitos y ocupaciones, que aunque quiera no puede acudir a esto, de lo cual dará entera relación a V.R. el P. Def. Fr. Gabriel de la Anunciación, que irá presto por allá, al cual me remito.

Por haber sido esta algo larga, que por haberlo sido la he escrito por mano ajena, porque he estado enfermo mes y medio ha, y ya con mucha mejoría, gracias al Señor. Una buena nueva quiero dar a V.R.; en la Congregación que aquí se ha tenido, ha hecho Guardián del Convento de las Corrientes al P. Fray Antonio Mejía, religioso muy virtuoso y de buen ejemplo: y el P. Fr. Juan de Ilaraza ha de ser compañero de V.R. como V.R. y él también han deseado. Dios guarde a V.R. con entera salud en su gracia.

De este Convento del Puerto, y marzo 31 de 1628. De V.R. Siervo - Fr. Luis Bolaños (31).

 

3.      TESTIMONIO DE FRAY LUIS BOLAÑOS ANTE LAS ORDE­NANZAS DE FRANCISCO ALFARO

Un escrito bastante largo y sustancioso es el que introducimos con estas líneas. En él se perfilan las ideas y la reflexión realista de fray Luis Bolaños sobre un tema de actualidad palpitante en las misiones como fueran las relaciones confrontadas de los indios y los españoles en las así llamadas "Ordenanzas de Alfaro".

La implantación de estas Ordenanzas suponía un cambio funda­mental en las misiones, pues suprimiendo la encomienda, o bien el "servicio personal" de los indios encomendados sería sustituido por el pago de un tributo en moneda.

Se sabe que los jesuitas fueron favorables a dichas Ordenanzas. Así lo confirma el P. Antonio Astrain con expresiones del propio Alfaro: "antes de publicarse las envié al Obispo y después a los Gobernadores y a los religiosos de la Compañía y de San Francisco, que a todos pareció bien, según me dijeron" (32).

No obstante eso, y la conformidad generalizada con esas Ordenan­zas, luego de la experiencia de varios años, fray Luis Bolaños disiente al menos en parte y fundamenta su disconformidad en este escrito. Rodean de un interés peculiar a estas reflexiones por ser el pensamiento y las razones de orden práctico dimanadas de Bolaños, considerado por todos como hombre conocedor y experimentado en la materia, con más de cuarenta años de vivencia entre los guaraníes.

El escrito -como se ve- está firmado en Asunción con fecha 4 de abril de 1614. Lo engorroso de la expresión redaccional, propia del escriba­no, dificulta, no poco, captar el hondo sentido del pensamiento bolañiano.

Se pueden señalar dos observaciones al texto. La una con relación a que a Bolaños se le designa como Custodio; sin embargo, ya en esa fecha habían desaparecido tanto la Custodia del Paraguay como la de Tucumán dando paso con la fusión de ambas a la conformación de la Provincia de la Asunción el 9 de julio de 1612. Lo más apropiado sería decir Definidor, que fue el cargo que le fuera conferido en esa asamblea capitular. La otra observación es referente a la edad de Bolaños, que en el texto se le considera de 75 años. Se trata, posiblemente de un equívoco redaccional de los copistas, debiendo decir que era de 65 años. Pues se conoce con toda certeza que Bolaños falleció en Buenos Aires el 11 de octubre de 1629, y que a la sazón tenía 79 años, por lo que en 1614 contaría, ni más ni menos, la edad de 65 años.

Francisco de Alfaro

A fin de situar el tema de las Ordenanzas nos parece conveniente una referencia breve a su personalidad, a la de Alfaro me refiero.

El año 1610 el oidor Francisco de Alfaro fue nombrado visitador civil de Tucumán y Paraguay. Era reconocido como hombre recto y cristiano en la Audiencia de Charcas. A fin de interiorizarse de los problemas partiendo de Chuquisaca -la ahora Sucre- el 19 de diciembre de 1610 visitó Tucumán, el gobierno de Paraguay, y Buenos Aires.

"Consulté, dice él, a cuantos entendí podían darme parecer". Fruto de esa visita y consulta fueron las 119 Ordenanzas que publicó en Asunción el año 1611. El inspirador más ferviente para extirpar al cuestionado "servicio personal" y dar paso a estas nuevas Ordenanzas fue el franciscano paragua­yo Obispo de Tucumán fray Hernando de Trejo y Sanabria.

A pesar del aparente carácter positivo de estas Ordenanzas de Alfaro, no faltaron abusos y cuestionamientos. El propio Bolaños no las tuvo todas consigo y decidió hacer este escrito, que viene a ser una crítica.

 

TESTIMONIO DE FRAY LUIS BOLAÑOS SOBRE LAS DIFICULTADES QUE SUPONE PARA LOS INDIOS LA APLICACIÓN DE LAS ORDENANZAS DE FRANCISCO ALFARO. AÑO 1614

En la ciudad de la Asunción cabeza destas provincias del Río de la Plata, en quatro días del mes de abril de mil y seiscientos y catorce años ante el Capitán Francisco González de Santa Cruz teniente general y Justicia mayor por su magestad el Capitán Juan Bautista Corona Procu­rador general desta dicha ciudad para la información que se le manda dar en razón de lo que tiene pedido por su petición presento por testigo al Reverendo Padre Fray Luis de Bolaños de la Orden del señor San Francisco Custodio de la Custodia desta provincia el cual habiendo jurado in verbo sacedotis poniendo la mano en el pecho como es costumbre prometió decir la verdad y siéndole preguntado por el tenor de la dicha petición, dijo: que conoce al dicho procurador que presenta por testigos de más veinte años a esta parte y que lo que sabe de la petición que es como persona que ha más de treinta cuatro años que asiste en esta provincia y en particular en esta ciudad gastando lo más de dicho tiempo en la conversión de los naturales de su comarca y esto en los principios por ser sólo para este efecto en compañía del Padre fray Alonso de Buenaventura corriendo la tierra predicándoles la Ley Evangélica persuadiéndoles se redujesen para ser más bien enseñados en las cosas de la salvación lo cual vino a efecto sacándoles de los montes mediante la solicitud y diligencia deste testigo y mediante el favor que para ello dio el Gobernador Hernando Arias de Saavedra y los demás españoles, y todo este tiempo que este testigo ha dicho los ha tratado y comunicado a los dichos naturales conociendo su capacidad y proceder y dice que como esta ciudad está fundada a la orilla del Río del Paraguay y toda la tierra de la otra banda está abatida de indios enemigos como son las naciones guaycurúes y payaguas las cuales han andado y andan ordinariamente ocupados guerreando destruyendo y robando otras naciones sus comarcas, cautivando y matando muchos indios de paz y nunca han sido castigados reducidos ni conquistados porque aunque se ha pretendido no ha habido efecto por los aparatos de guerra y caballos que poseen y esta ciudad sin posible ni fuerzas para poder resis­tirlos por donde los dichos indios la han pretendido despoblar poniéndolo en execución matando al servicio personal de las chacras y estancias vecinas al río de donde llevaron una mujer principal con una hija doncella dejando muerta a otra, y otra ocasión se hallaron dentro de esta ciudad muchos de ellos que con traición quisieron pegar fuego a esta ciudad una noche y matar los moradores de ella con sus prevenciones para llevar a todas las mujeres como servicio y como se vio después y si Dios Nuestro Señor no lo remediara salieran con su intento como ellos lo declararon y mediante esto y ser enemigos declarados ha estado y está al presente esta ciudad con la prevención y guarda necesaria con tres compañías de soldados con tres capitanes que para ello están nombrados. Y de esta banda está poblada de la nación guaraní en diferentes reducciones encomendadas a los vecinos y que han acudido al reparo y sustento de esta República y agora últimamente ha oído decir este testigo públicamente que las Reduc­ciones que están Río Arriba que muchos años antes que este testigo llegase a esta ciudad de los reinos de España, eran cristianos porque los sacerdotes antiguos y vinieron a esta dicha ciudad los visitaron y bautizaron y al presente andan inquietos y no han querido recibir españoles en sus tierras ni darles de comer por sus dineros ni al doctrinante que se le despachó perdiéndole la obediencia y que de esto ha sido la causa haberles el visitador don Francisco de Alfaro mandado por sus ordenanzas que de más de treinta leguas de esta ciudad no acudan con el jornal ni a ser alquilados y que el tributo que hubieren de dar vayan allá por él como lo dirá la ordenanza a que se remite, por lo cual esta ciudad ha venido en gran ruina y se espera mayor en lo de adelante por no acudir los dichos indios al servicio de los españoles por ser los de más cantidad y más esenciales por donde no hay quien sustente las chacras ni levante las casas que están por el suelo y queriendo gozar estos tales indios de la libertad que se les da por estar más de treinta leguas, sabiendo los de las Reducciones nuevas que están hacia el río grande del Paraná querrán gozar de la misma preminencia, o sobre el mismo caso habrá alguna rebelión que sea irremediable y dice este testigo que no será justo que tres Reducciones que son las primeras que este testigo ha hecho que están cerca de esta ciudad sean apremiados ellos solos que son pocos y no son suficientes para sustentar esta república por haberse consumido sirviendo con mucha fidelidad a los españoles así en la paz como en la guerra y dándoles a entender el dicho Visitador la tasa y losjornales a que debían acudir por haber entendido el proceder que hay en esto en los reinos del Perú y algunos de ellos haberlos visto, declararon ser mejor y querer seguir el estado y orden que hasta aquí han tenido y entienden los dichos indios que la nueva orden e imposición de tasa y jornal puesta para su mayor libertad y provecho serles a ellos de mayor dificultad y trabajo por muchas causas que los dichos indios han dado y declarado a las personas que con claridad y verdad les han dado a entender las obligaciones de la tasa y jornal porque si acuden a la de jornaleros es poco el jornal de cada día que es un tomin y esto en cosas que les son de poco provecho para ellos ni para pagar el tributo y con ser poca la cantidad y hay pocos vecinos que la puedan dar por la necesidad y poco posible de la tierra y sienten por muy grande agravio ser forzados a servir a muchos amos teniendo también el poco regalo y demasiado trabajo que los que los han de alquilar les darán y el desampararlos en sus enfermedades por la falta de capital, y conocer en sí la poca firmeza y perseverancia para acudir enteramente a servir el tiempo que se les obligare y la causa de esto es no ser los indios codiciosos que muchos dejan la paga por no cumplir dos o tres días más de trabajo y como no tienen el temor y obediencia a sus caciques como en otras partes hacen lo que quieren y si como son pocos fueran en cantidad para acudir con ordena sus jornales era necesario poner correjidores en sus pueblos que los obligase y estos no los puede haber por la pobreza y necesidad de la tierra y no haber salario que poderles dar y a ellos fuera agravio intolerable y también por la noticia que tienen que en el Perú se alquilan las indias de los pueblos sería para ellos gran escándalo por verse ya tan acabados y acordarse de que antes de ser encomendados les quitaban sus mujeres e hijas en toda esta provincia en muchos años y en muy excesivo e increíble número y después de encomendados también aunque no con tanto exceso y aunque conociendo ya los españoles el yerro que en esto cometían se ha remediado y no por eso dejarán los dichos de entender sino que de nuevo vuelven los agravios pasados y dice este testigo que para que estos dichos indios se puedan conservar y no se consuman por su obediencia es necesario que todos los indios en la doctrina que al presente tienen y que los que quisieren recibir la tasa sean obligados a ser jornaleros aunque sean de pueblos de más de cincuenta leguas porque demás de ser muy necesario para el sustento de esta República el acudir losvecinos por el tributo a los pueblos de los dichos indios es más el costo de traerlo que el provecho; y alquilándose a la persona que se lo pagare con ello pagarán el tributo, porque dejándoles en ociosidad con la demasiada libertad que han tomado por la ocasión sobredicha se teme perderán la obediencia a sus doctrinantes con la falta del temor que deben tener a la Real Justicia que es causa que pueden venir a un levantamiento general irremediable desamparando sus Reducciones que con tanto trabajo están fundadas y esta ciudad no tiene resistencia suficiente ni posible para volverlo al estado presente y son los dichos indios de tal condición que para el sustento de las chacras es necesario andar con ellos los encomenderos por poder hacer alguna hacienda y haciendo ausencia habiendo pocos indios los lleva consigo el dicho encomendero dejando su hacienda desierta y cuando algunos quedan en ellas faltando la persona del español se huyen desamparando la hacienda o es poco o nada lo que hacen que son las causas por donde esta ciudad carece de todo lo necesario para su conserbación y las demás ciudades padecen el mismo detrimento y dice más este testigo que aunque los dichos indios generalmente recibiesen la tasa y jornal con voluntad era imposible poderse sustentar esta ciudad si no es con mucha dificultad para poder acudir bien a las obligaciones de sus vecindades porque la tasa de la ordenanza aunque por la pobreza y poca codicia de los naturales es justa para sustentarse las vecindades es poca por ser las encomiendas de muy poco número de indios por las muchas que de ellos se hicieron en la fundación de esta ciudad y todas de poca cantidad que es la causa de estar dichos vecinos con la necesidad sobredicha y también porque de esta dicha ciudad se han fundado todas las de esta dicha provincia y socorrídolas en las ocasiones que se han ofrecido en las dichas sus fun­daciones y después en otras que los naturales las han pretendido despo­blar, como es el Puerto de Buenos Aires, San Juan de Vera, la ciudad de Concibción (sic) y la de Xerez que han sido las causas suficientes de carecer de la fuerza necesaria para resistir algún suceso que en lo de adelante se puede ofrecer y que esto no se puede remediar sino como tiene dicho con el conservicio de los dichos indios en general con que se conservará la paz entre ellos y se sustentará esta ciudad para que mediante ella se sustenten las Repúblicas de los dichos indios en su doctrina y losunos y los otros se defenderán de los enemigos guaycurús y payaguás y de los demás de la otrabanda y que esto es la verdad y lo quesabe para el juramento y que tiene hecho en el cual se afirmó y ratificó y siendo necesario lo dice de nuevo y que es de edad de setenta y cinco años, no le tocan las generales de la ley y lo firma juntamente con el dicho General Francisco González de Santa Cruz, Fray Luis Bolaños Custodio, anti mi Francisco de Vega Escribano Público y del Cabildo (33).

 

NOTAS

(1)     Discursos y mensajes de Su Santidad Juan Pablo II en su visita al Paraguay, 16, 17 y 18 de mayo de 1988.

(2)     ORO, Buenaventura. Fray Luis Bolaños, Apóstol del Paraguay y Río de la Plata, Córdoba, 1934.

(3)     MIGLIORANZA, Contardo. Fray Luis Bolaños, Apóstol del Paraguay y Río de la Plata, Misiones Franciscanas Conventuales. Argentina, 1933.

(4)     DURAN ESTRAGO, Margarita. El Hechicero de Dios, fray Luis Bolaños. Editorial Don Bosco, Asunción, 1995.

(6)     DURAN.ESTRAGO, Margarita. San José de Caazapá: Un modelo de reducción franciscana. Editorial Don Bosco, Asunción, 1992, pág. 163.

(7)     Homenaje a Fray Luis Bolaños. 11 de octubre de 1913. Revista El Plata Seráfico. Número único. pág. 102.

(10)   ORE, Luis Jerónimo. Rituale seu Manuale Peruanum et forma brevis administrandi sacrosanta Batismi, Poenitentiae, Eucharistiae, Matrimonii, et Extremae Unctionis Sacramenta. Nápoles, 1607. De los textos en guaraní: De Sacramento Baptismi, pág. 77; De Sacramento Eucharistiae, págs. 110-112; Comunio pro infirmis, pág. 118; Credo y Dominus non sum dignus, pág. 128; Sacramento Matrimonii, págs. 215 y 225; Rezos y Catecismo breve, págs. 308-312.

(15)   Revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires. 1882. Catecismos en Guaraní, págs. 25-31.

(16)   ORTIZ, Diego. Los Catecismos y la Evangelización. La Evangelización en Paraguay, cuatro siglos de historia. Asunción, 1979. Pág. bolandistas Acta Sanctorum, tomo V, pág. 865.

(17)  DURAN ESTRAGÓ, Margarita. Aporte franciscano a la primera evangelización. Constituciones Sinodales de 1603. Asunción, 1992, págs. 74-98.

(18)  CARDOZO, Efraím. Apuntes de Historia Cultural del Paraguay. Asunción, 1995, pág. 105.

(24)   ORE, op. cit., págs. 110-112. No es fácil garantizar la perfección del escrito en guaraní y existen varias palabras que en el original están borrosas para transcribirlas. En las páginas 118 y 128 introduce Oré la preparación para la comunión con el Yo pecador del Rezo de Bolaños, y para la comunión de los enfermos da esta recomendación: Diga el enfermo en vez de esta protestación el Credo que ya está traducido con autoridad del Reverendísimo Obispo del Río de la Plata. Y copia a continuación el Credo y Domine non sun dignus, que transcribimos. Es un argumento más a favor de que el traductor de la totalidad guaranítica es de fray Luis Bolaños.


Fray Fernando de Tejo y Sanabria

 

Frai Juan de San Bernando

 

 

 

A MODO DE CONCLUSIÓN

Aunque cada personalidad, cuyos rasgos hemos diseñado brevemen­te, muestra las peculiaridades de su vida y acción franciscana y pastoral, con todo se pueden resaltar algunos elementos comunes que afloran, al menos en los cinco formados en la región.

•        Una vinculación, se puede hablar, de verdadera admiración y amistad con el "apóstol" de los guaraníes, "el santo viejo" fray Luis Bolaños.

•        Descuellan como lenguaraces en el idioma guaraní. Del mismo Trejo y Sanabria se habla de que conocía los idiomas de los naturales y como nacido en el extenso Paraguay de las Indias Gigantes se puede presumir que, entre esos idiomas de natu­rales, estaba el guaraní. Varios de esos seis: Gabriel, Juan Bernardo, Pedro de Villasanti, se los nombra con un destaque sobresaliente en el dominio del idioma.

•        A todos se los ve actuando cerca de los indígenas en las re­ducciones. De forma que los pueblos de San Buenaventura de Yaguarón, San Blas de Itá, San José de Caazapá, San Francisco de Yuty, y la Limpia Concepción de Itatí, llamadas reduccio­nes de Fray Luis Bolaños, bien se puede decir que son, en gran parte, obra de estos frailes nativos, algunos incluso desde el inicio mismo, y otras en su inmediata prosecución y desarrollo.

•        Por más que todavía falta el total esclarecimiento de estos "hijos de la tierra" por ausencia de datos más pormenorizados, podemos decir que, si no todos, en su mayoría son de ascenden­cia mestiza.

Esta apretada y aunque no exhaustiva memoria de los seis paragua­yos pioneros en la vida seráfica, honra por igual al Paraguay y a la Orden Franciscana por la excelencia de sus vidas, por el enraizamiento en la propia cultura, por las actuaciones sobresalientes, por su innegable lucidez al servicio de la misión con un perfil franciscano indiscutible y con ese talante nos alientan y desafían a tomar con sentido de profecía el relevo de hoy a las puertas del tercer milenio y a proyectar horizontes de nueva esperanza al mañana.

 


ANEXO

ITINERARIO CRONOLÓGICO DE FRAY LUIS BOLAÑOS

1550-1629

1549-50  - Nace Luis Bolaños en Marchena, Andalucía, España. Se desconoce fecha, nombres de los padres, bautismo.

1565-67 - Pide ingresar en la Orden Franciscana. Viste el hábito en el Convento de Santa Eulalia, a media legua de Marchena.

1572 - Fray Alonso de San Buenaventura recorre los Conventos en busca de vocaciones para el Río de la Plata. Nace la vocación misionera de fray Luis.

1572 - El 17 de octubre salen del puerto de San Lucar de barrameda con el Adelantado Juan Ortiz de Zárate. Bolaños sólo esaba ordenado de diácono.

1573 - Llegados a la isla de Santa Catalina -entonces territorio paraguayo- permanecen seis meses reponiéndose de la tra­vesía y calafateando los barcos. Parten el 9-11-73.

1574 - En la entrada del Río de la Plata, luego de varias dificultades, Juan Ortiz de Zárate funda San Salvador. Parten de allí el 14-­12-74.

1575 - Arriban al Paraguay el 8-02-1575.

1575-78 - Los primeros tiempos, por falta de convento, viven de la caridad y se cobijan en las ermitas de los alrededores de Asunción.

1578-79 - A raíz de la sublevación del cacique Tabobá y su hijo Guaziraró y las represalias y crueldades de los españoles, Bolaños y Alonso se internan solos "río arriba" entre los indios, asentán­dose a 30 leguas de Asunción a las riberas de los ríos Jejuí e Ypané.

1580 - Por los resultados obtenidos adoctrinando y bautizando, reúnen unos diez pueblos: Atyrá, Ypané, Guarambaré, Pitun, Jejuí. Tobatí, Ninguarás y otros.

1580 - Fr. Juan Rivadeneira echa los cimientos del Convento de Asunción. Pero antes de acabarlo, viaja a España en busca de más misioneros.

1580 - Alonso y Bolaños erigen a seis leguas de Asunción la primera Reducción con el nombre de San Lorenzo de los Altos.

1582 - Enterados de la peste que azota en el Guairá a la población de Ciudad Real, se aprestan a socorrerlo.

1583 - Por la misma razón de peste y abandono pasan después a Villarrica del Espíritu Santo. Permanecen en esta misión del guairá unos tres años.

1583 - En esta misma gira apostólica del Guairá se les unen dos jóvenes que piden ser admitidos a la vocación franciscana: Gabriel Guzmán y Juan Bernardo.

1583 - Se celebra el Concilio Limense donde se impone el Catecis­mo que luego será traducido al guaraní por fray Luis Bolaños. Alonso Guerra asiste como Obispo del Paraguay.

1584 - Bolaños funda el pueblo de indios llamado Pacuyú y Alonso el llamado Curumiai. Hay pocos recuerdos sobre estas funda­ciones.

1585 - Es ordenado sacerdote fray Luis Bolaños. Era sólo diáco­no. Su ordenante será el obispo dominico Alonso Guerra.

1585 - El obispo Guerra le encomienda el trabajo de traducir el Catecismo de Lima al guaraní.

1585 - Fray Gabriel y Juan Bernardo son recibidos en la Orden e inician el noviciado bajo el magisterio de fray Luis Bolaños.

1585 - Ese mismo año inician la Reducción de Itá.

1585-7 - A una legua de distancia de la anterior hacen otra Reducción con el nombre de San Buenaventura de Yaguarón.

1586Bolaños es nombrado presidente de la casa de Asunción. Atiende también las reducciones y la formación de Juan Bernardo y Gabriel de la Anunciación.

1587-8 - Este tiempo podría ser el del viaje de Fr. Alonso a España para informar y traer nuevos misioneros. Queda Bolaños al frente de la misión.

1591-2 - Ordenación sacerdotal de fray Gabriel.

1594 - Fray Juan Bernardo es enviado por Bolaños en rescate de un dominico apresado por los Paranáes, misión en la que es apresado y martirizado. Primer mártir paraguayo fran­ciscano.

1595 - Regreso de Fr. Alonso a América vía Chile con una veintena de frailes, varios llegarán al Paraguay, entre ellos fray Martín Ignacio de Loyola.

1596 - Existen varias cartas escritas por Bolaños este año.

1597 - El 6 de diciembre muere en S. Francisco del Monte de Chile fray Alonso de San Buenaventura. En su agonía se acuerda de Bolaños y con fray Juan de Córdoba le envía una estampa con estas afectuosas palabras: "Esta estampa déla a mi ángel el P. Luis Bolaños cuando llegue al Paraguay".

1598 - El 19 de julio llega fray Hernando de Trejo y Sanabria a Asunción en visita a su madre. Realiza una ordenación de 23 sacerdotes nativos, entre los que se encuentra Roque González de Santa Cruz. Existen indicios de que Bolaños participaba en la formación del clero nativo.

1599 - Bolaños cede varias reducciones a los sacerdotes seculares, entre ellas Yaguarón y Altos.

1603 - Se celebra el Primer Sínodo del Paraguay y Río de la Plata entre el 6 de octubre y el 2 de noviembre convocado por el obispo franciscano fray Martín Ignacio de Loyola. Al Sínodo asisten fray Juan de Escobar, que estaba en Itá, y fray Luis Bolaños. Se aprueba y obliga EN TODA LA DIÓCESIS LA ENSEÑANZA DEL CATECISMO GUARANÍ DE FRAY LUIS BOLAÑOS.

1606-7 - Bolaños funda la Reducción de San José de Caazapá.

1611 - Erige también la Reducción de la Natividad de Yuty, que la atiende personalmente por varios años.

1611 - Fray Antonio Daza publica una Crónica General de la Orden. En su Capítulo 34, pág. 130 de la tercera parte, hace memoria de Bolaños y su evangelización.

1611 - El 16 de agosto Bolaños entrega el original del Catecismo Guaraní en el Archivo de la Catedral. Era Custodio en esa sazón.

1612 - Se crea la Provincia de Nuestra Señora del Río de la Plata el 9 de julio de 1612 con la unión de las dos custodias de Tucumán y Paraguay. Bolaños es nombrado Definidor Pro­vincial.

1612 - Carta que escribe Bolaños a Lorenzana S.J. desde Yuty sobre la imposibilidad de atender él la reducción de Yaguaracamigtá y recomendándosela a los jesuitas. 2-5-1612. Se presume que luego sería S. Ignacio Guazú.

1612 - Al pedido de un himno en guaraní a San Miguel, que le solicita Lorenzana, responde pidiendo disculpas y remitiéndo­sela en carta.

1615 - Ayuda a fray Luis Gámez a formar la reducción de la Pura y Limpia Concepción de Itatí.

1616 - Una plaqueta de mármol existente en el templo parroquial de Baradero dice: "Fray Luis Bolaños, Apóstol Evangeliza­dor y propulsor de la Reducción de Santiago del Baradero desde 1616 a 1622.

1618 - Bolaños, ya anciano de 68 años, se recoge en el Convento de San Francisco de Buenos Aires. No obstante, continúa aten­diendo la doctrina de Baradero hasta 1622.

1624 - Con fecha 20 de mayo escribe una carta a fray Gregorio de Osuna en la que da un informe sobre el mártir fray Juan Bernardo.

1628 - Hace un escrito sobre la validez de los matrimonios indí­genas. Entre otras cosas proclama "que no había razón para tratar al indio como bestia, pudiendo tratarle como hombre".

1629 - A ocho días de su muerte, el 3 de octubre, hace una Declaración ante notario, respondiendo al pedido de los jesuitas, sobre la vida de Roque González de Santa Cruz.

1629 - El 11 de octubre fallece santamente el apóstol de los guaraníes fray Luis Bolaños en el Convento de San Francisco, donde se conservan sus restos.

FAMA DE SANTIDAD Y OTRAS NOTICIAS

1629 - Entre los días 12 .y 15, después del fallecimiento, se hace una relación jurídica sobre la vida ejemplar de fray Luis Bolaños.

1631El Segundo Sínodo de Asunción vuelve a ratificar la aprobación del Catecismo Guaraní de fray Luis Bolaños.

1633 - En el Capítulo General celebrado en Toledo en la pág. 53 de la "Tabula Celebérrimi..." se hace una mención particular de fray Luis Bolaños nombrándolo entre los varones santos.

1634 - Traslado de los restos mortales a un ataúd artístico.

1635 - Relación del Cardenal Barberini, Protector de la Orden, sobre fray Luis Bolaños.

1651 - La Crónica Franciscana de las Provincias del Perú de fray Diego de Córdoba y Salinas dedica varias páginas a la santa vida y virtudes heroicas del apostólico padre fray Luis Bolaños.

1753 - Bolaños es incluido en el Martirologium Franciscanum... del padre Arturo Monasterio Rothomagense.

1733 - Apolinario de la Concepción -Lisboa- escribe un apartado sobre Bolaños en su libro titulado "Primazía Seráfica de la América".

1749 - Fray Pedro José de Parras, que fue Visitador General, en su "Diario y Derrotero" hace bastantes referencias a Bolaños y sus reducciones que va visitando.

1800 - El 2 de enero se hace un auto referente a los restos de Bolaños.

1835 - Datos del Archivo de Loreto sobre fray Luis Bolaños.

1865 - Nuevo auto y reconocimiento de las venerables cenizas del padre fray Luis Bolaños. El 20 de julio.

1905 - Solicitud del EPISCOPADO ARGENTINO al Papa Pío X pidiendo la introducción de la causa de beatificación del padre fray Luis Bolaños.

1913 - 8 de octubre. Informe médico sobre los restos de Luis Bolaños. Buenos Aires.

1913 - Traslado de los restos de Bolaños al nuevo Mausoleo del Templo de San Francisco.

1913 - La revista "El Plata Seráfico" dedica todo un número monográfico a exaltar la figura y la vida de Bolaños y su apostolado.

1929 - III Centenario de la muerte de Bolaños. "El Plata Seráfi­co" publica un número especial en homenaje a San Francisco y fray Luis Bolaños.

1929 - Rómulo de Carbia hace un estudio y publica un folleto sobre Bolaños con el título de "Aporte de elementos históricos para servir al proyecto de su beatificación".

1934Fray Buenaventura Oro ofm escribe una biografía sobre Bolaños con el título de "Fray Luis Bolaños, Apóstol del Paraguay y Río de la Plata".

1937 - Fr. Antonio Santa Clara Córdoba publica el libro "Los Fran­ciscanos en el Paraguay". Resalta a Bolaños y su obra misionera.

1937 - En el primer Congreso Eucarístico Nacional de Paraguay el Arzobispo. _Mons. Juan Sinforiano Bogarín, habla sobre los primeros evangelizadores y nombra en primer lugar a Bolaños. "Regado por el copioso sudor de misioneros ilustres como el esclarecido e incomparable apóstol franciscano fray Luis Bolaños".

1937 - En el primer Congreso Eucarístico Nacional, Mons. Miguel de los Santos Gómara pide al Congreso se digne solicitar al Sumo Pontífice la elevación a los altares del siervo de Dios, fray Luis Bolaños.

1938 - Erección de la Custodia de Cantabria del Paraguay que más tarde se llamará Custodia Fray Luis Bolaños.

1948 - Publicación del librito de Raúl Molina: "Las primeras reduc­ciones franciscanas y jesuíticas".

1954 - La revista "Missionalia Hispánica" publica en las págs. 329-­522 el escrito de Raúl A. Molina. "Obra Franciscana en el Paraguay y Río de la Plata". Resalta la actuación de Bolaños.

1964 - Gustavo González escribe un librito: "Ciclo legendario de fray Luis Bolaños". Similar a la "Leyenda de fray Luis Bolaños", escrita por Jorge M. Furt en 1926.

1975 - Biografía de fray Luis Bolaños, "Pai Tuku", de Isidro Calzada Macho. Asunción.

1979 - Traslado de una parte de los huesos de Bolaños al templo de San Francisco de Asunción. 11 de octubre de 1979. Acta.

1986 - Tesis del suizo Louis Necker: "Indios guaraníes y chamanes franciscanos". Gran protagonismo de Bolaños.

1987 - Libro escrito por la historiadora Margarita Durán Estragó: "Presencia Franciscana en el Paraguay".

1988 - Visita del Papa Juan Pablo II al Paraguay. Seis referencias a Bolaños en sus homilías.

1992 - Tesis doctoral de Margarita Durán Estragó sobre la Reduc­ción de Caazapá, formada por Bolaños.

1992 - Libro sobre el Catecismo de Bolaños. Margarita Durán Estragó: "Aporte franciscano a la evangelización del Paraguay... “

1993 - Biografía sobre Bolaños: "Fray Luis Bolaños, Apóstol del Paraguay y Río de la Plata", de fray Contardo Miglioranza, ofm. Conv.

1994- Nueva biografía escrita por Margarita Durán Estragó: "Fray Luis Bolaños, «Hechicero de Dios»".


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