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VICTOR ENRIQUÉZ


  EL HUERFANITO, 2012 - Novela de VICTOR ENRIQUÉZ


EL HUERFANITO, 2012 - Novela de VICTOR ENRIQUÉZ

EL HUERFANITO

Novela de VICTOR ENRIQUÉZ

 

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Por favor contacte con:

PALIBRIO

1663 Liberty Drive, Suite 200

Contacto: ventas@palibrio.com

Printed in the USA

2012 (266 páginas)

 

 

 

PROLOGO

En esta Narración puse todo mi empeño en contar las fantasías y costumbres de la población, y con muchas verdades que vislumbra en los estratos más sensibles de la localidad. La historia del maléfico y terrible: "Pombero", que es un verdadero espíritu, aunque a veces se presenta como fantasía. Como verán lo que sucedió a una joven de 14 año de edad, de la se puede palpar minuciosamente lo sucedido a ella, y además con un niño recién nacido de madre desconocida, que lleva como único nombre conocido, como "El Huerfanito" en un populoso y nutrido pueblo llamado "San Jaimito de la Misión"

El Huerfanito es una de las tanta historia verdadera que con mucho dolor llego a ser parte de una historia del abuso familiar y Social del lugar, y como novela dramática se presenta para el relato los ingredientes literarios, además ni corta ni extensa se presenta, en la que volcado todo mi entusiasmo de lo palpado y visto. Para caracterizar una serie de personajes, que a veces parecen escapados del paraíso, y otras veces del mismo infierno, aunque siempre tienen algo que decir, y enseñar desde el principio hasta el fin los mucho que sucedió en ese lugar.

Además están escritas con la intención real de provocar el suspenso y mantener la atención del lector en todo el desarrollo de la trama, que es a la vez fascinante y evocadora, para llevar un buen recuerdo del contenido literario.

El Autor


CAPITULO 1

 

Una joven de catorce años de edad, solía salir al parque de diversiones de nombre Sarai, hija de una familia pudiente del pueblo de San Jaimito.

Un día paseando por el parque entre los asientos, se le acercó una mujer con un niño en brazos y le ofrece darle sin ninguna condición. Esto le pareció una broma pesada, porque siendo ella una niña todavía, le contesto:

¿Que lo qué está diciendo señora? ¡Dame un niño a mí! ¡Dios mío! Como puede ser. -preguntó Sarai sorprendida, pues nunca había cruzado por su mente la posibilidad de tener un bebé en sus brazos.

-¡Sí, no tengo otra cosa que puedo hacer con él bebe que darte! Antes que verlo sufrir en manos de gente maligna de San Jaimito. -pero la inocente muchacha nada de esta vida conoce aún, aunque su corazón late como el de cualquier buena madre en tal circunstancia.

-¿Cómo, Dios mío? ¡Usted me va a dar el niño, para que sea mi hijo!¿Eso me está diciendo? -y la extraña mujer contestó de: -¡Que sí! -entonces el interior de Sarai su espíritu se conmovió, y llorisqueando con los ojos llenos de lágrimas, y de compasión le responde:

-¡Así tan fácil me entregará el niño a mí! Que solo tengo catorce años, y también soy pura todavía. Y además, ¿qué dirá la gente de San Jaimito de mi persona también? -de pronto Sarai toma una drástica decisión, y agarra un billete que tenía ahorrado para el dulce y lo entrega a la mujer diciéndole:

-¡Señora! Tome este dinero para comprar las necesidades del niño, mientras que yo me voy a preparar un lugar para el varoncito mío. -entusiasmada se despidieron las dos. Aunque Sarai no pudo darle la espalda, y la miró hasta ocultarse en el follaje de la plaza, y después se fue ella también de vuelta a casa.

Pero cuando llegó su madre le estaba esperando con una amonestación. Que no es otra cosa que el rezo del santo rosario de "cada día", cuando les dijo:

-¿Qué has hecho hoy indígena? Ya es casi el medio día y nada en absoluto haz limpiado. -pero Sarai estaba muy ilusionada como cualquier madre que tiene a su niño, y suspira profundamente ante esta reprimenda de la madre.

Pero él desvive causa una gran ira en su madre, y luego la escucha gritar con más fuerza que antes:

-¡Esto sí que! ¡Remolona del diablo! ¡Anda rápido, estúpida y empieza a limpiar el baño! -Sarai como siempre se traga los insultos de su progenitora a quien nunca le pudo dar el gusto.

Aunque esta vez siente gana defenderse de las injurias y le contesta de mala gana, he indignada por el odio de su protectora: -¡Vos también sois antipática! ¿Acaso no estás viendo lo que hice hoy, antes de irme en la plaza? -la madre nunca pensó ver una Sarai agresiva, que se defendiera de acusaciones y atropello.

Y se llena de cólera y le ordena vociferando con más fuerza, diciéndole a voces:

-¡Vete al diablo estúpida, y ponte a limpiar el baño! Ante que me aburras de ti, y no me pueda contener y tendré que matarte de una buena vez. -Sarai quedó convencida de que esa vida está terminando con su juventud, sumiéndola en una gran angustia, y desesperación cada día más.

Luego toma fuerza y valor, y le contesta a su progenitora, nuevamente con más energía que antes:

¡Vos también sois agria como el limón! ¿Por qué nunca pude hacer algo bueno, ante tu ojo? -su progenitora siempre le trató con dureza, lo tenía con duro reproche e insultos cada día, porque además desconfiaban siempre de que había algo de oculto entre ella y su padre y por esa razón las dejaba en la soledad a sufrir. Y seguía con la palabra ofensiva y sin razón en contra de su propia hija:

-¡Que demonio tiene, basta de pantomima! Tu más que nadie sabe,que a mí no me gustan las contradicciones de parte de nadie, ni tampoco las puedo tolerar ni soportar. Ahora ponte a limpiar ¡mil veces retardada! -pero en la mente de Sarai acuden pensamientos del pasado, porque todos sus recuerdo son de burlas e insultos de parte de quien tendría que ayudarla, además ahora con un niño "regalado" que cuidar.

Aunque ella se sintió protegida por ese inocente que le estuvo acariciando. Además se sintió más poderosa y llena de ansias de vivir, libre con su hijo en el futuro a como sea dijo entre diente, de legal oh legal en algún país lejano de este mundo cruel, que le tiene en continuo tormento y en su temprana edad.

Y vuelve arremetiendo en su defensa:

-¡Por favor no sea así madre mía! Porque yo soy madre como tú, de un niño y se cómo cuidar a mi hijo con respeto y cariño. Además de hoy en adelante te exijo que me respete como lo merezco, ya que soy una procreadora. ¡Ya no seré la Sarai, que escucha y se tragas los insultos, desde ahora soy la madre que merece respeto! -luego dio la media vuelta caminando a su dormitorio y se encierra allí.

Mientras tanto la madre asombrada, porque vio a su sumisa hija convertida en una fiera respondona. Y por un buen rato, ella se sintió confundida ante la actitud asumida por su hija, ya que no era usual en Sarai ese comportamiento.

También le había oído decir que tenía un hijo.

-¿Qué carajo fue eso que dijo esa estúpida? ¡Que tiene un hijo! Pensó doña Juana, porque estaba muy aturdida y atónita ante este drama y esa rebeldía, pues allí la que habla e impone había sido siempre ella, y nadie más que ella. Más tarde hizo llamar a su marido que vino, apresurado.

Le contó lo sucedido con algunos detalles y agregados, con tal de dejar mal visto a la Sarai ante su padre. Aunque ya tuvo una mala impresión el padre de la situación, porque el también vio la injusticia que ella le hacía, conociendo el trauma que podría causar ese maltrato continuo en la mente de la joven y le tuvo mucha compasión, y tenía poca gana de seguir con los problemas y violencias.

Después llama a Sarai y ella reconoce la vos y el cariño de su progenitor, abriendo la puerta se echa a llorar en sus brazos, luego le cuenta lo que venía sucediendo allí con ella y su madre.

Pero la mamá desde afuera no dejaba de acusarla, diciendo lo peor de la jovencita Sarai:

-¡No te decía yo, que ella venía saliendo mucho, como la perra caldeada, y vengo notando en ella una agresividad y mala conducta! -Sarai se mantiene callada ante las acusaciones de su creadora, porque ella conoce que son mentiras. Además ella es "pura y virgen".

Perplejo el hombre de casa no sabe qué hacer o decir, por temor de herir a alguna de las dos. Y más luego continúa la acusación de parte de la madre; Entonces Sarai mirando a ambos les conto diciendo:

-¡Es verdad que soy madre de un niño! Y estoy decidida que no sea Huérfano, y le tendré conmigo como todos niños que se merecen respeto y amor. -luego lloro ella, después le faltó fuerzas al autor de su vida, y se sentó en un banquillo:

-¡Hija mía! ¿Qué estás diciendo? ¿Entonces, por qué no está contigo si tienes un hijo? -Sarai estaba muy segura en su mente de que sí tiene un hijo: Además ya nada podrá separar a ella de la idea, de que tiene un niño, porque lo siente en su alma y su corazón henchido de espera, y llora como una verdadera madre en las presencias de sus padres.

Entonces el padre ante esta situación difícil, y el temor a su mujer, sale del cuarto sin pronunciar palabra, porque para él era un sueño pesado, como un capricho de la joven con el que está azotando a su madre en venganza por el maltrato sufrido a diario.

Muy pensativo mira a su amada hija y lagrimea, porque recuerda los malos momentos que vivió y está viviendo allí por las injusticias, Diego siente dolor de lo que está sucediéndole. Después llama a su mujer para tener una charla en privado, pero la terquedad de ella siempre está sobre todas las cosas, y esta le contesta:

-¡De qué hablaremos! Si la perra caldeada de tu consentida no entiende nada, además no ves que acaba de confesar que tiene un ¡hijo! -conocía muy bien Pablo a su mujer, por eso trató de alejarla de Sarai, antes que salte y le tome a picazo, como siempre lo hizo.

La atmósfera estaba lista y por falta de comunicación entre ellos, terminó en una dura pelea descontrolada y salvaje. Porque la doña se sintió frustrada por su hija, y repentinamente toma acción gritando y saltando, coge del cabello a Sarai tirándolo al piso a patadas y a mordiscones.

Pero la joven no pudo soportar más tal humillación, y asida también del cabello de su madre lucha con ella. Ambas perdieron el control. Y rodaron al suelo de la calzada, luchando a puño y patada y mordiscones.

Y como pudo Sarai se defendió, seguido grita y la amenazó con matarla si se atrevía a acosándole más. Don Pablo reprendió a su mujer por agredir y empezar la pelea con su propia hija salvajemente.

No quiso calmarse la doña por nada del mundo y exigió ver al niño, luego insulta a Sarai de una manera denigrante y cruel.

Al no poder escuchar ni soportar más los gritos e insultos de su madre, la joven sale y gana la calle huyendo, pero a la vez histérica y gritando se iba ganando la calle, rumbo hacia donde sea, con tal de escapar de esa amarga vida:

-Vos sois el demonio aquí y más perra serás también tu hija del diablo. -luego sale llorando, y le sigue la agresora con un balde lleno orín y de agua sucia. Destrozada por su impulso pasional, olvida todo principio de respeto y avienta él liquido a la espalda de su hija y el resto a los que estaban pasando por la vereda en ese momento. Pero cuando nadie le dio la menor importancia. Ella se sintió más burlada y pierde nuevamente la cordura y comienza a decir barbaridades y palabras obscenas a toda persona que encontraba en sus alrededor.

Hasta caer desmayada al suelo de la vereda. Mas luego despierta y dice:

-¿Adónde se fue la perra de tu hija? Y nadie de los que se iban pasando por el lugar se ocupo de ella, por ver su miseria de golpes y moretones en la cara.

Pero al rato llegaron las vecinas de las altas sociedad para consolarla por lo sucedido en su casa, más otras que gustan de la desgracia ajena, llenan la copa con el ingrediente que faltaba, diciéndole haber visto siempre a su hija Sarai, besándose escandalosamente en la plaza, con el peón del cementerio de San Jaimito, además de esto dijo:

-¡Que pensó querida Juana! Que no le mató a la depravada a golpe y porque también dejó ir con un bebé Huerfanito que no tiene ningún amparo, a mendigar el pan pie cada día por las esquinas. ¡No ve que ese niño y su madre solo vivirán de la caridad pública! -cuando, llegaron estos a oídos del jefe de policía, y hizo llamar a ambos a la Comisaria, para estar informado de lo sucedido, pero ella niega que hubo violencia en su casa.

Aunque don Pablo contó algo del mal carácter de su mujer y quien fue la que inició la agria discusión y pelea. Pero la arpía mujer se defendió y dijo:

-¡Cómo creer de eso señor Comisario, que mi propia hija y yo pelearemos! -El aburrido jefe de policía desde el principio no quiso dar mucho crédito al asunto, porque había muchos chismes en el barrioy confiaba en doña Juana que decía la verdad, y amigablemente le contesta, diciendo:

-¡Muy cierto! Nunca pensé, que ustedes se mezclarían en una pelea con su propia hija. ¡Aunque también los vecinos me confirmaron ver a Sarai irse de la casa con un niño desnutrido y enfermizo, además muy sucias! -al escuchar estas palabras, don Pablo cambió el semblante, y con un fuerte chucho de frío, trató de contar lo sucedido.

Pero le faltó valor para asentir desde el principio y tartamudeando dijo:

-¡Pobre de mi Sarai, que siempre pasó mal entre nosotros! Al escuchar eso se sintió muy dolido el Comisario por lo acontecido en casa de la vecindad, después mirando a los dos les increpa duramente diciéndole:

-¡En mis veinte años de cargo que vengo ejerciendo aquí en San Jaimito! ¡Nunca jamás estos echo infame fueron oídos entre la vecindad! ¡Tengo adolorido el corazón y el alma entera, por este suceso infame! Pero doña Juana le contesta:

-¿Entonces señor Comisario, qué diría usted a su hija, cuando esa joven le está diciendo que es una madre soltera y con hijo en brazo que mantener? -pero el adolorido jefe siente una fuerte comezón en la cabeza, luego rascándose, sufre la gran pasión de ser abuelo, porque él sabe que no tiene ningún hijo por su esterilidad y le responde maravillado:

-¡Y bueno, creo en ese caso, que cuando el amor está concebido! Ya no hay motivo de odio ni rencor. Sino pura felicidad. ¿Además también, quién me darías un nietito a mí, que me haga feliz? -y de pronto lloro con gran aflicción.

Viendo la escena don Pablo respira profundamente, y mirando a su mujer se siente más consolidado por la contestación y el sufrimiento del jefe Policial.

Luego explica lo sucedido:

-¡Desde el principio yo noté en mi hija Sarai, que fue abusada en la casa por su madre, además nunca le dimos su más mínimo derecho! -después lloro también con amargura.

Pero nerviosamente observa doña Juana, el lamento de su esposo y del jefe de policía, y airadamente reprocha el acto de ambos llorones:

-¡Esto sí que es! Y de los buenos payaso que son los dos! ¿Y ahora que sabe los pormenores, Señor policía de lo que sucedió en casa, y contado por el alcahuete de mi marido borrachón? ¿Qué ha resuelto, señor Comisario? Y no pudo el judicial aceptar la maldad de unos padres torturadores de sus propios hijos, y se siente avergonzado de que tal hecho haya acontecido, en la vecindad.

Y se levanta de su asiento muy disgustado, diciéndole con vos enérgica a los dos:

-¡Quiera Dios! Que la pobre madre con su niño nada les haya pasado; porque de lo contrario le estaré formulando cargos de abuso al menor y asesinato de primer grado, y los llevaré a la cárcel de la capital, por el resto de su vida. -al escuchar eso don Pablo quedo aturdido y no pudo soportar que le este juzgando de mal padre, además de asesino, ni con la amenaza de ser encarcelado en la peor cárcel del país. Enseguida después se llenó de amargura su corazón y repentinamente lloró en presencia de la autoridad otra vez.

Pero al contrario la doña Juana, endurecida su frente como un pedernal, se defendió diciendo:

-¡Que bárbaro! Sepa señor Comisario que yo no soy una persona confesa, sino una víctima del chantaje. ¿Además porque con la mala amenaza con mandarme a la cárcel entonces? -las contradicciones cayeron como un balde de agua fría en la cara del policía, y tuvo piedad de don Pablo.

Pero reprochando la conducta de la mujer le dijo:

-Doña Juana, por favor mire un poco el semblante arrepentido y muy político-religioso de su marido, llorando con amargura como unaMagdalena. Pero la doña Juana muy distraída se arregla el cuello de susaco, y después con afabilidad le contesta:

-Claro que si, así son. ¡Está bien señor Comisario! ¡Cómo verá, nosotras las del sexo débil, a veces somos más cuerdas y fuerte quemuchos hombres también! -y por esa causa se disgusto mucho el jefe con ella, además de las risas burlonas, y pone punto final a la entrevista y después le advierte a ambos antes que se retiren del lugar, diciéndole:

-Tienen cuarenta y ocho horas, para que me informen de la suerte de Sarai y el niño flacucho, que se va en brazo de una madre soltera. -Después se retiraron ambos.


CAPÍTULO 2

 

Después fueron convocados varios voluntarios, que se fueron hasta los límites reales de San Ramón de las misiones. Ese mismo día también otros asistieron con más voluntarios que se unieron de los pueblos más cercano de Ñeembucu, mientras el Comisario acompañado de don Pablo, buscaron por los caminos a San Lázaro.

Pero como fue un día de mucho calor, las mujeres llevaron cántaros de agua sobre sus cabezas, porque ellas decían entre sí: -¡No sea que la pobre madre tenga mucha sed, y abandone su hijo en el campo y muera ella con el niño! -por eso al llegar la noche, todos volvieron por el camino real.

Aunque doña Juana nunca se movió de su casa ese día. Entonces el pueblo reunido con las mujeres, le juzgaron en su ausencia en medio de la Plaza Mayor de San Jaimito, diciendo de ella con enojo y dolor:

-¡Quiera que el Señor San Jaimito quebrantar el corazón de piedra, de esta madre contumaz, en este mismo instante! -y por resolución de la vecindad reunida allí.

Le condenaron a soportar por tres noches el brillo de las luces del "toro candil" en los postes, y el mal olor de la grasa de vaca. Y más tarde se vio por doquier un espectáculo como nunca visto en el pueblo antes, ni nadie recordaba otro igual.

Cuando volvió el Comisario, tuvo que sostenerse para no caer de su montura al ver tantas lumbreras brillando en el pueblo. El muy asustado policía pregunta, si la locura de quien fue, prender fuego alrededor de la Plaza: -y las mujeres reunidas y encargadas de alimentar con aceite los candiles contestaron a coro, para que asimilara bien el jefe:

-Esto no es un festejo patronal del "Negrito Pastoreo". Si no una protesta al Señor San Jaimito, para que tenga a bien y quebrante el corazón de la doña Juana, por sus malas acciones. ¡Para eso nada más fue hecho! -el Comisario no tenía otra alternativa que callarse y seguir su camino.

Y cuando llega la madrugada, las mujeres del pueblo reunidas en la Plaza Mayor, gritaron como señal de dar por finalizada la primera acción de la noche, y se santiguaron delante de la casa de doña Juana, luego se retiraron hasta la noche que viene, para volver a hacer lo mismo, como se iban diciendo entres las multitudes.

Ese mismo día en horas de la mañana llegaron más voluntarios de Santa Inés. Estos gestos de los vecinos llenaron de alegría los corazones afligidos de la gente de San Jaimito.

Y más luego se veían poco a poco que llegaba gente de otros lados, atraídos por la noticia. Entre ellos venía una familia de Payador de un pueblo lejano, para payar a la desdichada Sarai y su hijo el Huerfanito.

Aunque más tarde se extendió la noticia de la desaparición y la práctica del maltrato de los padres a una joven madre, por todos los pueblos vecinos. Hasta se llego a creer que llegó la noticia a la capital del país. Por eso mismo el Comisario, muy preocupado desde ese día, y por la multitud atraída por los cuentos y chisme farandulero, pregunta a su ayudante por el gran bullicio en la plaza.

Una vez que fue informado el jefe se sentó en una silla en la parte de atrás de la casona, buscando tranquilidad y paz para olvidarse de todo. Pero un buen rato vuelve a preguntar por segunda vez.

Entonces el ayudante 1e cuenta lo acontecido, pero esta vez agregando algo más:

-¡Señor Comisario, esta vez los payadores de Santa Inés, uno canta y otro se lamenta la muerte de Sarai y el niño, frente a la casa de doña Juana, y con mis propio ojos le estuve observando bailar a la mujer de don Pablo, detrás de la ventana al son de la música. Y en eso segundo, el Comisario que tenía en manos una barra de jabón y del sobresalto de la noticia se atragantó, y tose desesperadamente queriendo librarse de la barra de jabón, y luego se desmayó por falta de aire. Pero por suerte un practicante veterinario de segundo grado que estaba por allí de pura casualidad, metió el dedo índice en su garganta y le hizo tragar la barra de jabón.

Una vez normalizado y superada la exasperación de la garganta, sonriente de nuevo el jefe de policía de volver a la vida, pide al agente que busque algo:

-¡Mi hijo! Ve a la parroquia y dile al padre Seraclio de mi parte, que me mande una vela que éste bendecida con agua bendita siete veces, y que sea así. Apúrate también mi hijo en volver. -a la vista de todo el mundo entra el Cabo en la parroquia a cumplir la orden de su jefe.

Al rato vuelve con una vela encendida, y camina cruzando por el medio de la plaza mayor, donde está congregada tanta gente de todas partes del mundo. Más una consorte flaca y bizca de las más atrevidas que estaba allí, le pregunta al agente:

-¿Vos Cabo tonto? ¡Pata qué lleva esa vela encendida de las ánimas benditas! ¡Sí Sarai está viva con su hijito en alguna parte! -después se hacían preguntas entre ellas, para estar más segura de lo que dijeron:

-¿Verdad, que Sarai vive y el niño también en alguna parte? inmediatamente después, en coro ellas tapan las voces de los los payadores cantando:

¡Sííí, Saraiii viveee! -así repetían mil veces. Porque sentían compasión y un profundo amor por el desdichado bebé y su madre. Pero el disgustado Cabo aligera el paso y sale a su encuentro otras mujeres con agua bendita echándole a los pies.

Muy irritado el agente del orden por estas acciones les reprendió duramente, diciéndole:

-¡De donde salieron vieja cotorras! Parecen que no se les escapa un solo chisme aquí. -nada les importó a ellas, porque siguieron derramando agua bendita en las pisadas del cabo hasta llegar a la comisaria.

Cuando el Comisario vio llegar a su ayudante con la velocidad de un rayo, salió a su encuentro y le preguntó si pasó de bajo de algún avispero africano; pero al desdichado le faltó aire y estuvo jaqueado.

Después conto molesto lo que está sucediendo en la Plaza Mayor con una centena de mujeres chusmas que casi le roban el alma con sus preguntas; que también le impregnaron con el agua bendita hasta la coronilla.

Luego el Comisario se siente impotente, escuchando semejante despropósito, y una situación de mal gusto, pero sale a las calles acomodándose el sombrero de paja y después les ordena al personal Policíal:

-¡Sígame hasta donde se encuentran reunidas esas cotorra de boca grande y chusmas! Al rato después llego un inocente jovencito al lugar, y dijo que encontró una vela encendida en el nicho de su tía Candelaria de un metro de largo, y viendo que al Cabo se le derritió, le trajo este más colosal y la entregó a un agente que se disponía a salir para la Plaza, pero el agente rápidamente preguntó al superior inmediato y dijo:

-¡Señor Comisario! ¿Qué haremos de la vela encendida que Ud. pidió que traiga, a donde o para donde pongo o lo dejo? -pero él jefe olvidó su encargo a la Curia por la tensa presión de la tensa situación, y no podía ya prestar más atención al asunto.

Dando por terminado su participación con ella, levanta el brazo en señal de que y además dice:

-¡Hagan lo que quieran con ella, y déjeme tranquilo vivir antes que me muera! -luego siguió su camino en dirección a la Plaza Mayor con sus ayudantes.

Y al no tener una repuesta valida, el agente coloca la vela en un candelabro, como es corriente, después lo deja en la puerta de la Comisaría, y sigue su camino el también detrás de los demás superiores.

Muy pronto la gente del lugar vio aquella vela prendida a la puerta de la Comisaria, además que resplandeció como una pequeña antorcha, porque no cualquiera tenía el privilegio de lucir en su puerta, algo tan costoso y muy especial en ese momento de pobreza en el pueblo.

También jamás en la historia de San Jaimito se registró una igual. Los transeúntes no podían superarse. Por eso llamaron al párroco para que viera hasta donde llegó la corrupción Policíal en el país. Nada menos que una vela encendida en su propia puerta principal, y una vez visto por el Cura, corrió el párroco a la Curia para traer el botellón de agua bendita; cuando notaron las mujeres correr tan velozmente al Cura se pusieron en fila detrás de él para ver quien llegaba primero y saber lo que estaba sucediendo allá y esta vez con el enloquecido Cura local.

Después como una centella de larga cola vuelve el Párroco con su botellón de agua bendita y la fila de cientos de mujeres, niños y perros, y todos ellos mordidos por la curiosidad, corrieron velozmente, hasta llegar al edificio de la vieja Comisaría.

Una vez que fue reunido todo el pueblo con el señor Cura, aguardaron que volviera el Comisario para increparlo por su conducta y práctica al ocultismo y magia negra. Como estaban contando algunas mujeres allí.

Pero curiosamente los presentes se miraron entre sí y cuando vieron volver al jefe de Policía con su gente aterrorizados, seguidamente fue el Cura quien le formula la pregunta, indicándole conel dedo pulgar la vela encendida:

-¡Comisario! ¿Qué significa eso? ¡Me podría decir que quiere decir con esa vela en la puerta central de la Comisaría de San Jaimito! -también quién podría contestarle al Cura de eso, ni siquiera el jefe de policía, sabia a ciencia cierta lo que estaba pasando allí.

Pero aun así el pobre policía saco fuerza y dijo al Sacerdote: -¡Loco y tonto que eres! ¡Qué diablo yo puedo saber de esto! ¿Por qué no se perturban más bien por la desaparición de Sarai y de su niño, y después me traen noticias a mí antes que me vuelvan loco como todos ustedes? -como repuesta una estruendosa carcajada , se oyó de parte de los presentes, que enseguida formaron una fila interminable, para dar un apretón de manos al Comisario, mientras que le decían alegremente:

-¡Así da gusto tener un Comisario! Por qué nunca le vimos tan filosófico como en este momento. -mientras tanto seguía llegando gente de todas partes.

Lo mismo en largas caravanas que a pie o a caballo, todos ellos mordidos por la culebra de la curiosidad nacional. Para saber sobre la suerte de Sarai y su hijo.

Preguntaron al primero que vieron donde sería el velorio de Sarai y su niño; pero unos que vinieron de Potrero Cué, que eran como cinco de familia, con niños colgados a la espalda y mujeres embarazadas entre ellos, se adelantó uno de ellos, que se afirmaba ser más sabio de todos y les preguntó:

-¡Saludo para todos! ¿Y quién es el caudillo aquí, en esta reservación india de San Jaimito? -un profundo silencio reino, porque nadie pudo contestar esa estupidez y de mal gusto.

Aunque una maestra rural que se encontraba ahí por casualidad, le contestó indignada por lo que dijo:

-¡Tonto que son! ¿Cómo mi hijo querido puede haber una reservación india en una civilización tan grande? ¡Y aquí en San Jaimito nada menos! -además una gordeta con cigarro a medio quemar de Laureles, que estaba ahí, tira de la manga de la ropa a la comadre Clementina, diciéndole muy despacito al oído, para que nadie escuche nada:

-¡Esta gente es los indígenas de Takuara Alta! -aun sin querer igual se escuchó lo que dijo la mujer, y se ofendieron por este dicho los humildes visitantes.

Y a voces se quejaron de los recibimientos, cuando dijeron en alta voz:

¡Qué gente loca que son aquí! ¡Qué bárbaro! ¿Por qué no se identifican con nosotros que somos gente pacífica, amantes de la paz?, no ven el polvo sobre nuestra cabeza de tanto caminar. Y de entre la gente había una secretaria municipal, aunque jubilada tres meses atrás, le contesto de ésta manera poco cortés:

-¡Que diablo y tonto que son también! Oiga, como podrá entender que no somos tarados aquí como para no saber de donde están viniendo todos ustedes. ¡Si vienen de dos leguas a lo sumo y tienen polvo en su cabeza, es por sucios y no por haber caminado tantos! ¡Y ahora chala para el buey! ¡Caminen todos! -se extendió por el pueblo el disgusto y le pareció a la gente muy divertido el asunto.

Después los vecinos se atropellaron en el lugar para escuchar hablar a los indígenas visitantes, como afirmaban las mujeres de la lomada, aunque no se podía hablar ni escuchar nada por los ladridos de perros.

De igual manera fue informado de esta nueva turba de curiosos el Comisario que apresuradamente se vino a donde ellos, y tratando de poner punto final antes que todo aquello desencadenará a mayores calamidad para los pobres campesinos excursionista.

Pero salido de entre la gente un envejecido varón, que ya no podia soportar tal calamidad, que se subió a un banco improvisado y  alzando la voz reprendió a aquellas que se habían mofado de los visitantes llamándole indígena.

Después lentamente, uno a uno, se fueron retirando de la plaza, y notenía necesidad el Comisario de hacer nada por ellos. Luego el jefe de policía recuerda muy decepcionados que antes de acontecer todas éstas cosas, tenía en mente tomarse una o dos semanas de descanso, pero cuando empezó el tumulto se olvidó de ello, aunque lo tenía en pensamiento, irse a la estancia de don Humberto su amigo a descansar.

Aún estaba pensando cuando viene el Cabo para informarle sobre los "nuevos sucesos" en la Plaza; y no pudo saborear la ilusión de estar aunque fuese una hora de tranquilidad con su familia, porque el agente le notifica que un grueso de la gente congregada frente de la Comisaría y todos ellos con muchas ansias de conocer la verdad; porque están diciendo que el Comisario había asesinado a Sarai y a su hijo unos días atrás y que los había enterrado detrás de la Alcandía para que nadie lo sepa jamás y además se pueda jubilar y largarse lejos de allí.

Y rápidamente acude el policía al lugar, y de entre de la turba sale una mujer regordeta y petizona, como un turbión y se para frente al jefe de policía diciéndole y vociferándole, para que todos escucharan:

-¡Saludo! Sostenemos todas las gente de San Jaimito, que ustedes las mataron al niño con su madre, y los tienen enterrados detrás de la Comisaría -como por arte de hechicería se calló la multitud, esperando oír del jefe Policíal alguna respuesta satisfactoria.

Pero sin embargo destruyó el alma del jefe el gran silencio del público y el atropello a su autoridad. Aunque por la prudencia adquirida de su abuelo Evaristo, él se retira de ahí moviendo la cabeza, muy desencantado de la gente bruta de San Jaimito, mientras que le gritaba la multitud:

-¡Ah, tonto viejo que eres! ¡El que calla otorga la cuestión, asesino como los demás que eres! -así repetían hasta verlo desaparecer en una curva en dirección a su casa, donde le estaba esperando su amada mujer con un palo de amasar detrás de la puerta principal. Y la gente del pueblo después del encontronazo con él Comisario, se quedó sin respuesta aún, y la multitud enfurecida insistía en obtener una respuesta a su pregunta y abucheaban al superior inmediato; y las mujeres que vinieron de Pindapoy, tomaron del brazo al Cabo y lo sacuden como un trapo sucio al viento para que diga la verdad.

Pero una de las más flacas y de muy abultado seno, advierte al cabo que su paciencia tiene un límite y se le estaba acabando, pues el pueblo quería saber el fin que tuvieron la joven y su hijo el Huerfanito.

Al mismo tiempo al otro extremo de la Plaza, los llamados indígenas que vinieron de Takuara Alta, recibieron una comitiva de la sociedad de mujeres de primera clase social. Ellas fueron allí junto a ellos para excusarse de haberlos llamado de esa manera tan ignominiosa.

Una vez alijada la diferencia de ignorantes y pobres, una de ellas y maestra de la escuela rural, pidió a sus compañeras que la levantaran por ser de muy baja de estatura en un torniquete giratorio, desde allí podría dirigir la palabra al inmenso público congregado.

Y una vez encumbrada la señora maestra eleva la voz y les habló censurando y dijo:

¡Gente de aquí y de por allá! Estamos reunidos hoy en esta plazapara saber la verdad de boca de la autoridad y no fue así, porque hasta hoy nada se sabe sobre la suerte que corrieron la joven madre y suniño. Esta gran confusión que reina hoy aquí, es producto de  la injusticia largamente practicada y al fin engendrado por la sociedad de San Jaimito. Cuna de los hombres ilustres de la Historia de Muestro pasado; como lo sucedido desde entonces hasta la fecha de hoy, no fue en vano la muerte de Sarai ni la de su niño, porque aquí está el enigma del secreto celosamente guardado por algunos. Pero hoy en este momento juraremos al Señor San Jaimito, que no dejaremos impune la barbaridad cometida por los siglos, como una de éstas que acaba de verse aquí y entre nosotros. -luego rubricaron con estruendoso aplauso.

Y como una exigencia al minuto de aplausos y vitoreo fue detenido el discurso de la maestra, por el fuerte rebuznar de un Burro callejero que se encontraba entre la gente; imprevistamente después reinó un silencio absoluto, pero más luego toda la concurrencia miró hacia una misma dirección.

Y de pronto se oyó una voz que acusaba al perturbador Burro, entonces dijeron:

-¡Este Burro habló blasfemia en contra de la autoridad educativa del país, y merece ser sancionado con un castigo ejemplar por su grosería inoportuna! -como repuesta después todos gritaron a una voz y levantando los brazos al cielo juraron castigarlo con más dureza al mal intencionado animal.

Después llovió las palabras, y con tal crueldad fue el animal insultado y disciplinado por doces personas de cada sexo, aunque había algunas mujeres más débil que le golpearon con sus pañuelos de colores rojo blanco y azul de la bandera Nacional en recuerdo y agradecimiento de su labor al desdichado burro en la guerra y las contiendas diarias.

Enseguida después el Comisario fue informado de lo ocurrido: "Que la gente de su jurisdicción Policíal estaba castigando a un ser inocente y desafortunado". Muy disgustado el superior Policíal da la orden de arrestarlos a todos y hasta el Burro inoportuno que fuera también llevado al calabozo de máxima seguridad.

Al rato el Cabo vuelve para informar al Comisario sobre la hacinación de los presos y la mala conducta de algunos, en especial los llamados indígenas, por atreverse a meter la mano en el bolsillo ajeno, aduciendo tener mucho frío.

Pero al día siguiente el jefe de policía soltó a los detenidos y dándoles una disculpa y les comentó de esta manera a todos ellos, diciéndole fuertemente:

-Señores, aquí hay un solo culpable y ese tiene nombre y apellido, que es el gran tonto de don Pablo y su mujer doña Juana. -pero en el fondo del calabozo había uno que no anheló salir de ahí y se atoró como un atado a la mazmorra, hasta que el mandatario tuvo que convencerlos de su inocencia, después salió a paso lento y torpe, luego se puso a rebuznar en la vereda de la comisaría en la presencia de todos el mundo.

Y seguidamente salió de allí una turba de hombres y mujeres viudas y solteronas que se encolerizaron por haber permanecido detenidos y hacinados en el calabozo tarde una noche fría. Gritando enloquecido se fueron a la Plaza Mayor maldiciendo al policía y demás culpable:

¡Hijo del diablo que es! ¡Si a este policía y don Pablo con su loca mujer no los linchamos hoy, lo haremos con mucho gusto el día de mañana! -luego siguieron todo el dia gritando lo mismo.


CAPITULO 3

 

Ese día nada pudo satisfacer al Comisario, por achacar los dichos por los "dolosos vecinos", y de los visitantes del vecino país, los mal llamados turistas, que siempre trataron de aumentar la calumnia y cuentos para provocar entre la gente una revuelta, así tendrían con que divertirse un poco más y pasar el tiempo feliz mientras duraba su vacación al lugar.

Mientras que en boca de todos estaba la frase que decía: "Alguna de las bestias política estarán devorando a Sarai y su niño en alguna parte del país". Por eso y otras cosas más ya no pudieron el policía vivir y soportar la desgracia de esta clase de gente, y como un desgraciado en pena marcha a su casa masticando hojas de naranjo.

Cuando llega el sufrido agente de la Ley a su casa, encontró a la mujer esperándole con un palo de amasar, en la puerta que cerrando el paso le increpa:

-¡Santa, señor todo poderoso! ¡Tu mente tu corazón y todo lo que eres, es un farsante, porque no cuentas la verdad! ¿A dónde tienes enterrados a la Sarai con su niño? -el desdichado Comisario ya no puede admitir tal cruel reproche y llantos de parte de su propia mujer que se hace eco de aquella infame calumnia y les contradice muy airado.

-¡Cruz diablos! ¿Ah, mi hija querida ya estás loca tu también? ¡Lo único que me faltaba era ser acusado de asesinato por mi propia mujer! -muy disgustado y desorientado se fue a la caballeriza para ensillar a su caballo el Matungo, después se marcha lentamente sin decir ni adiós rumbo a la estancia de Humberto.

Tomando el camino del atajo y en la primera curva una multitud de gente le cierra el paso, y el Cura Seraclio que estaba al frente de la manifestación le pregunta con suma malicia:

-¡Señor Comisario! ¿Si no cuenta la verdad no saldremos del camino y no tendrá más remedio que volver a su casa con su amada mujer? -y por doquier se ve gente con vela encendidas en las manos, a la espera de lo que el "policía" pueda responder, pero el Comisario compungido en lo más hondo de su corazón, observaba al Cura y al pueblo con su vela encendidas y temió a la condenación eterna.

Entonces desmontó de su caballo y antes que alguien dijera nada les hizo un juramento allí a todos:

-¡Por la difunta madre, que en una misa pagada con un mes de sueldo que acaba de salir del purgatorio, y por esa almas bendita de mi madre, les juro que así como todos ustedes, no sé absolutamente nada sobre la desaparición de Sarai y el niño! ¡Y lo peor es que no entiendo cómo empezó el problema, ni cómo va a terminar esto también! ¡Amén y amén! -cuando escucharon las sinceras palabras del jefe, aquella multitud sintió mucha vergüenza de sí mismo y un fuerte dolor en sus corazones, por eso no encontraban el camino para regresar a sus casas.

Entonces uno de ellos pregunto:

-¡Señor Cura!, ¿Acaso la iglesia no condena el falso testimonio? "No levantara falsos testimonio en contra de su prójimo" dice la Sagrada Escritura -al momento después se agrando y creció una nueva disputa, porque uno decía que: -"Si damos nuestra vaquita al señor Cura para expiar nuestro pecado, igualmente perderá la santas ofrenda jugando a los naipes con el tramposo, Mujame. En este caso sería mejor arrear la tropita y entregarla al tramposo Mujame de una vez por todas; y el señor Cura por su parte que haga el oficio de la expiación delante del Señor, si quizás seremos perdonados por su santa gracia". Luego se pusieron de acuerdo para consultar con el Cura, en que era más prudente llegar a un arreglo con los fieles que perder las bendiciones.

Después uno a uno se fueron marchando y el Cura y el Comisario , quedaron solos, "cara a cara". Entonces se adelantó el Comisario paso firme diciéndole:

-¡Señor Cura! ¡Sabe que tengo un gran deseo de machucar a algunos, con estas manos en este mismo momento y aquí! -haciendo gesto con los puños cerrados, mientras su voz manifestaba su gran enojo y gana de romper algo:

-¡Oh, y no creo que está del todo malo su idea Señor Comisario! -con la cabeza agachada el Cura, y a dura a pena le contestó, y se quiso retirar sin decir nada más.

Pero de pronto llega don Eranio, un arrocero del lugar y muy amigo personal de ambos y le pregunta a los dos irónicamente, para ver si que pasaba allí:

-¡Vengan a ver esto! ¿Qué está sucediendo aquí entre ustedes dos solito en el campo? ¿Están tratando de algún complot político en contra del gobierno? ¿Oh de pura falda no más es la conversación? -estaba muy aburrido el policía de estar escuchando malas intenciones y rebalsado de locura de mal gusto, como este, pasa de largo las palabras del señor Eranio y le contesta buscando otro tema mejor:

-¿Cómo andan los negocios, señor Eranio, y para dónde vas tú camino? -porque también sabia el Policía de donde venia él; además todos en San Jaimito conocían que don Eranio es un hombre mujeriego.

-¿Por qué, ya que andamos por aquí, los tres no empezamos a buscar entre los matorrales, a ver si hallamos los cadáveres de la joven y su hijo? -pidió el Cura. Y a don Eranio nunca le gustó que nadie le insinúe ni le ordene nada que hacer y le contesta jocosamente y dijo:

-¡Vea señor! Ayer mis peones me contaron, que vieron a Sarai sentada en un elevado de tierra con el muchacho, también me contaron ver al niño corriendo detrás de los caballos. -en estos casos nunca el Comisario se quedó atrás, y narró algo para matizar el habiente hostil en el lugar:

-¡Cierto que fue eso! Sí, creo que puede ser cierto, porque el niño se olvidó de los pañales y se agrandó como un adulto y echó a andar detrás de los caballos. -luego se ríen los dos a carcajada del chiste y del Cura. El Párroco permaneció callado, luego se retiraron cada unos por sus caminos con la cabeza inclinada.

Pero aun en la mente del Policía no se podía borrar lo que le dijo su mujer y maldiciendo se dirige a la estancia de Humberto. Cuando llegó a la hacienda de su amigo, le dieron un cuarto de huéspedes para que se instalara, pero luego se fue al galpón y se tiró a descansar en una hamaca, desde donde veía el campo a lo lejos.

Mientras que la estación del año hacía que cayeran aguaceros a cada rato, relampagueaba y tronaba, fue una noche incomoda para conciliar el sueño, no podía dormir, de pronto a la luz del relámpago, vio a lo lejos una persona entrando entre los montículos, y movido por el deseo de ver corrió hacia allá; cuando vio claramente a una persona sentada en el fondo de la cueva y en plena oscuridad.

Asimismo llegaron los perros de la estancia y nada anormal descubrieron los canes. Sintió miedo él policía cuando descubrió que allí, en el fondo como de una gruta, había una persona sentada que quizás se guarecía de la tormenta, pero como los perros hacían fiesta al intruso se animó él Comisario también y entró en el espacio a investigar aquella persona acurrucada en una esquina.

Cada relámpago era un paso más para él, y cuando vio que se trataba de una mujer se acercó más confiado, luego sus ojos se abrieron desmesuradamente ante la gran sorpresa: ¡era Sarai! La que estaba ahí escondida. Comenzó a sollozar el Policía y después cae de rodillas ante la muchacha y con sonido aflictivo le habla: -¡Sarai, no temas de mí, no sabes cuánto hemos sufrido todos en el pueblo por tu desaparición y también nuestros vecinos que han venido a ofrecerse! -después se quita su chaqueta y cubre los hombros de ella, y luego la deja apoyar en su brazo y caminan hacia la estancia apresuradamente, pues la tempestad no había cesado.

Con gran asombro la gente de la hacienda ven las dos figuras avanzar por el sendero entre relámpago y acuden en su ayuda y conducen a la muchacha a una habitación. Sarai tiene el rostro muydemacrado por lo que no se le podían formular pregunta de ninguna clase.

Aunque más tarde cuando probo alimento la joven recobra aliento y reconoce al policía. Le quiso decir algo, pero le faltaron las fuerzasporque había en su cuerpo huellas que sangraban y sufría inmensamente.

Por esas razones el jefe no quiso nombrar nada más, y se limitó a brindarle cariño como a una hija propia. Porque fue tan grande la alegría de encontrarla viva y haberla salvado y ante esas memorias le hizo las preguntas que le palpitaba en su corazón, como un verdadero padre que ama a su hijo:

-¡Sarai! ¿Dónde dejaste a tu bebé? ¡Dime por favor! -la crueldad de un recuerdo vivido refleja en el rostro de la joven.

Y los presentes parecían aturdidos pues notaban que la muchacha no podía hablar y ni siquiera se podía comunicarse por señas. El maltrato de las noches desoladas y los días sin comer, ni beber agua había perturbado el carácter jovial y alegre de la joven Sarai.

Por eso llamó el Comisario a uno de los peones y le pidió que fuera a su casa y diera las buenas nuevas a su mujer y sin que nadie más se enterara.

Al amanecer del día siguiente los cansados ayudantes que habían cuidado de ella no habían dormido por lo que cabeceaban sentados. Cuando se aumentó la curiosidad del Comisario por saber el paradero del niño antes que fuera demasiado tarde, y de rodillas ante el lecho nuevamente implora que hable:

-¡Sarai! ¿Dónde dejaste a tu niño? ¡Dímelo por favor y yo me encargaré de buscarlo, porque me estoy muriendo de pena! -la joven permanecía callada, ausente, como si no entendiera nada de lo que estaba ocurriendo y solo le miraba. Un profundo silencio, y la vaga mirada de ella no era una respuesta para la ley, aunque Sarai deseaba en su alma poner todo esclarecido pero no podía hablar.

Esa mañana cuando el sol resplandecía por momentos y luego se ocultaba tras nubarrones grises, esto hacia más tenebroso el ánimo de la gente que trataba de ayudar a aclarar el misterio en la vida de la muchacha. El Policía desanimado por aquella situación que le tocaba vivir, salió al exterior decepcionado.

Luego llamó a su ayudante más cercano y le preguntó por su mujer, si, por que no llegaba todavía. Pero al rato viene arribando su mujer con platillos y bombos, porque ni aún vio a la Sarai y las preguntas ya venían ametrallando el ambiente.

Esto decía porque Sarai era muy querida por ella, muchas veces decía que se le parecía en sus lindos ojos verdes y su esbelta figura a la hermana menor, que había fallecido.

Por esos recuerdos amaba mucho a la muchacha y esperaba verla saludable muy pronto. En ese momento también uno de los peones presentes comentó algo macabro al oído del jefe de Policía:

-¡Óigame, patrón!, ¡Se dice por estos lugares que algunas personas vienen del pueblo de Curuñaí, para arrebatar a las madres desamparadas los hijos y llevarlos para su tierra, para venderla al extranjero! -el Comisario se encontraba muy vidrioso para escuchar sandeces y malhumorado le responde:

-¡Esto sí que es buena noticias! ¿Y quiénes serán las madres desamparadas en San Jaimito, que tu conoce que son como tal? -siempre aquél pobre peón pensó denunciar esta calamidad a la autoridad local, pero nunca lo pudo hacer, porque la oportunidad también no tuvo nunca para irse al pueblo y hacerlo.

Porque no tenía calzado y sus ropas estaban muy raídas, y por eso callaba, entonces dijo.

-¡Señor patrón! ¿Acaso no sabe quiénes son las sirvientas del pueblo de San Jaimito? Si una de ellas es mi propia hermana Nora, que le preñaron los hijos del patrón, violándola. -el Policía nunca espero ni pensó escuchar esa barbaridad en su vida, por eso temblando de miedo le pregunto, con más cautela:

-¡Que bárbaro! ¿Cómo es eso mi hijo, y para que también se acarreen los niños de las sirvientas la gente de Curuñai? -con lágrimasmas en los ojos, narra lo sucedido a su hermana Nora, cuando le arrebataron con amenazas de sus brazos a su hijo.

El afirmó también que fue detrás de estos ultimadores y con sus propios ojos vio que la bruja ofrecer a su sobrino al dios de la cosecha del tabaco y la perversión de la farra, y también vio cuando murio el niñito pataleando en la hoguera, y además entre muchos espectadoras.

-¿Qué estás contando? ¿Cómo puede suceder eso en nuestro país? -se apretaba la cabeza, muy consternado, por el relato, pero primero tenía en mente esclarecer el caso de Sarai y después se encargaría de lo demás con todo la rigurosidad de la ley. Luego se acerca más al lecho de Sarai queriendo averiguar algo, esta vez más preocupado que antes:

-¡Sarai!,¿Dónde dejaste al niño, dímelo por favor antes que me vuelva loco? -¿Además quién podría adivinar lo que ocultaba el silencio de la joven? ¡O será que le arrebataron el niño los depravados teúrgia de Curuñaí! Ojala que hubiera algún ser prodigo que pudiera sentir y saber lo que está sucediendo a la joven Sarai en ese momento. Luego se levantaron decepcionados del lecho.

Después una gran discreción cubría todas las mentes, por eso el Comisario ordenó que fueran al lugar donde hallo a la joven y que buscaran algún rastro del niño o algún objeto que pertenecía a la muchacha.

Más tarde cuando volvieron trayendo algunas prendas sucias y rotas que eran de Sarai, aunque del niño nada se encontraron. La desesperación de la mujer del policía llegó a su límite. Increpó a la joven para saber donde dejó su niño, y como repuesta solo una, mirada silenciosa.  

Desilusionado y cansado el jefe se sentó nuevamente junto al lecho tratando de sacar alguna senda para poder investigar el misterio. Porque el mutismo sobre donde se encontraba el bebé no tenía especificación alguna. Luego ordenó rastrear la zona, centímetro por centímetro, hasta hallar alguna pista.

Un calmo completo a donde se puede escuchar todo, aunque fue interrumpida por un lejano galope de caballos, y entre ese trote se escucha el cantar y la melodía de una guitarra; después llega un solitario cantor y saluda a todos identificándose como "el Chupetín".

Entonces la mujer de uno de los peones cuenta:

-¡Desde hace cinco años, después que se le murió la mujer al señor Chupetín, él viene los sábados cantando por el camino hasta llegar aquí a la estancia de Humberto! ¡Los perros ya le conocen y se alegran con su llegada, él sabe muchas canciones hermosas! Y cuando pisa en el portal desmonta cantando para demostrar así su picardía a una de las muchachas solteronas. -después de monta de su caballo.

Al rato pasa Chupetín al tálamo de la joven Sarai, porque le conoce a la muchacha y pidió permiso para cantarle algunas canciones que a ella le gustaba escuchar cuando el músico iba a cantar a la Plaza de San Jaimito.

Luego le cantó el preferido de la joven repitiéndolo varias veces con la esperanza de que le hiciera recordar aquellos tiempos vividos en la plaza.

Estaban ansiosos por escuchar decir alguna palabra a Sarai, sin embargo fue inútil el esfuerzo de Chupetín, porque ella se durmió.

Pero el Policía estaba muy molesto por la situación y trato todas clases de ardides y decía:

Cómo se puede saber que sucedió en realidad a su niño? ¡Con esa cara de sapo que tiene ella! -de repente le surgió una idea al parecer brillante, ordenó que trajeran agua y jabón en la latona para bañarlo.

Quizás después eso la animaría a ella y entraría en razón y podría hablar. Su mujer hizo los preparativos y luego trata de bajarlo de la camapara darle un baño de re convalecencias. Sarai reaccionó aterrorizada cuando la mujer intentó desnudarla y comenzó a llorar a gritos.

Después con afabilidad logró calmarla un poco. Aunque al pasar sus manos por la espalda notó que Sarai se doblaba como experimentando un fuerte dolor en ese lugar: -¿Qué guardara la muchacha en su espalda que no quiere que le toquen? Pensó la mujer del Comisario.

Pero al fin la convenció y la muchacha accedió a que le revisara la atormentada espalda. Y ante que la revisara el Chupetín tuvo una mejor idea, y pidió cantarle a la joven nuevamente. Luego canto como un pájaro cantor que se iba alejando del árbol, hasta quedar en un completo silencio, porque el cantor rendido quedó dormido. Después del canto se cerraron los ojos de todos y durmieron hasta el amanecer del día siguiente.

Cuando el alba llegó, el retozo y el juego de los animales despertó al Comisario quien a su vez levantó a todo el mundo. En una plena obsecuencia, la gente de la estancia y la mujer del policía mirando estuvieron esperando que se produjera un milagro en el cuarto de Sarai.

Pasaron los minutos y una mudez alargaba; luego repentinamente la muchacha, por su propia voluntad se incorpora en el lecho y trata de levantarse con la ayuda de los brazos de los presentes.

Todos miraban pero ninguno se atrevió a decir palabra con tal de no dañar más la delicada situación. Cuando trató de contar algo pero no podía hablar claro, sus cuerdas vocales habían sido dañadas en un trance que solo ella conoce.

Los presentes notaron la afonía de la joven y trataron de buscarle la forma que contara donde se encontraba el niño. Aún con la seña de los dedos de las manos no podía hacerse entender. Ellos recuerdan los meses pasados, a una radiante joven, alegre y bella, caminando por la plaza de San Jaimito.

Por eso no se pudo convencer la mujer del Comisario de ver a una Sarai arruinada, que no puede hablar, para contarles lo que había sucedido. -¿Cómo podrían ellos entender algo si ella permanecía muda? Suspirando de incompetencia el Policía y rascándose la cabeza dijo:

-¿Sarai no puede hablar, es cierto que no puede conversar con nadie? -se preguntaba y se contesta el mismo.

Después salió al exterior decepcionado y consumido a pensar cómo encarar una tragedia de esta magnitud. Contrariado vuelve el personal de la estancia de andar buscando algún rastro del niño sin novedad.

Como entendió el Comisario la problemática del caso, llamó a su mujer para decirle que mejor sería volver al pueblo y llevarse a Sarai con ellos en secreto hasta que puedan descubrir lo que había sucedido con ella y su bebé.

Pero como un faro que dirige el camino, su mujer le aconseja lo que debe hacer primero antes nada.

-¡Cómo representante de la ley tienes él deber de levantar un acta, de la condición y situación de la joven primero, antes de moverla del lugar, tienes que hacer constar como y donde la encontraste! -cansado de aquella tragedia el Comisario desea cerrar el caso y dar

por terminada las averiguaciones, así podría tomar sus merecidas

Pero la mujer insiste que investigue hasta su última consecuencia, para eso el pueblo le está pagando, era necesario saber donde ella perdió al niño y en que circunstancia, y además el motivo por qué se puedehablar.

Pasada la hora el Comisario desalojó el cuarto de la joven pidiendo a todos que salieran, quedando él y su mujer a solas con ella. Trataron por todos los medios a su alcance que les contara quienes o quienésfueron los causantes de su desgracia, pero sin ninguna suerte porque la joven permaneció muda sin poder comunicarse.

De repente recuerda Sarai algo y se levanta de la cama, después indica a la mujer que miraba su espalda. Ansiosa la mujer examina y consternada le vuelve a poner los trapos sucios de su vestidura en su lugar rápidamente y dijo:

-¡Que demonio fue esto! -con lágrimas en los ojos llama a su marido y trata de contarle lo que vio en la espalda de Sarai tartamudeando dijo:

-¡Lo que la pobre muchacha tiene en la espalda es una marca hecha con herraje al rojo vivo! ¡Cómo un animal le marcaron! espantado el Policía se apresta a mirar la espalda de la muchacha,

Pero la intervención inoportuna de su mujer, no le deja ver, por pudor. Además no puede descubrir la espalda de una menor por ley, solamente lo puede hacer una autoridad femenina.

Quedando de esa manera la cuestión en un misterio, ya que Sarai no puede hablar, luego el Comisario se hace mil preguntas: -¿Qué entonces puedo hacer? ¡Porque hasta la coronilla me tiene esta cuestión! Y contagiado de miedo y de curiosidad, el Comisario espera que su mujer le diga algo, porque ella volvió a estar con la joven y esta vez, viendo mejor la llaga de la marca de su espalda.

Porque era un infierno de dolor que viene soportando la pobre desde hace muchos días; ya no podía llevar encima esa angustia de estar sufriendo sin remedio ni atención alguna. Fregándose los dedos entre sí, el Comisario se decidió a conocer la verdad, porque se plantó frente a su mujer y con autoridad le pide explicación de lo que vio en el cuerpo.

Sin titubear su esposa contesta al oído de él, para que nadie se escandalice lo antes posible.

-¡Es la marca del Pombero, mi hijo lo que vi en la espalda de la muchacha! Es eso lo que le estaba doliendo. -se quedo mudo y sorprendido, pero cuando abre los ojos el Comisario pareciera que un escalofrío le recorre la columna vertebral, pues apretando la cabeza entre las manos, tiritando de miedo ve a su mujer en un profundo éxtasis y luego espera que despierte de una especie de ensueño.

Y trata el de disimular la ignorancia de su mujer, pero cuando quiso salir afuera sintió una garra de hierro apoderarse de su antebrazo derecho, entonces se para tétrico, como una columna de mampostería vieja que soportara un gran peso, y espera ver al que se adueño del brazo con frialdad.

Además cuando escuchó la voz ronca matizada de terror y miedo de su mujer, cuando les dijo:

-¡Mil veces cobardes eres tú, Señor Comisario! -estas palabras y las risas burlonas, con la presión en su brazo le hicieron voltear el rostro horrorizado a mirar quien le estuvo aguantando con unos dedos de hierro.

No pudo creer lo que veía, era su propia mujer de una apariencia transformada por el pánico. Se conmovió a tal punto que su mente se atrofió y ya no podía pensar, pasaban ante sus ojos abiertos exageradas escenas que quizás nunca había experimentado en carne propia y se olvidó de todo por completo. Y comenzó a hablar incoherencias, y dijo además tener "trescientos años de edad" y que nunca vio ni escuchó esto en toda su larga vida.

Cuando la mujer oyó a su marido decir así, dijo despavorida que esa palabra salida de labios de su propio marido, lo que afirmaba en cuantoa su edad, luego cruzando los dedos toco cuantas maderas encontraba en su camino y gritando:

¡Cruz diablo! ¿Miren que me vine a enterar en este embrollo? ¡Mi marido no es un hombre normal, sino demonio de trescientos años!-después como un pedazo de plomo fundido cayó al piso desmayada y las demás mujeres la cubrieron con una sábana.

Luego esperaron que ambos volvieran en sí. Aunque fue el Comisarioquien reaccionó primero y sacudiendo la cabeza como un Árbol de frutas en ciernes, les preguntó a todos ellos:

-¿Qué hace mi mujer tirada en el piso, como si fuera una bolsa de papa podrida? Después a los minutos ella se incorpora, y sale corriendo como perturbada por el camino a San Jaimito, vociferandoa gritos.

Y no podía ser más grandes el espanto para el Policía, porque el igualmente corre detrás de ella, seguida por la confusión se anexa Sarai que corre detrás de los dos.

Entonces el personal de la estancia dijo unánime:

-¡Vengan a ver esto! ¿Qué fue lo que les picó a todos ellos? -los tres corrieron un largo trayecto entre las malezas espinoza y arbustos; llegando rendidos y aturdidos a la casa del viejo boticario del pueblo. Primero llega la vieja mujer que se tira en el corredor con la boca abierta pidiendo auxilio.

Al rato llega el Comisario con la ropa raída, pidiendo también auxilio, porque no podía ya dar un paso más. Alunice segundo también Sarai entra tambaleándose tratando de no caer al piso duro de ladrillo. Estaba observando El boticario desde la ventana el extraño cuadro en su casa y con la ayuda de su mujer, acomodó a cada uno en una cama y luego les presta los primeros auxilios.

Aunque Sarai fue quien quedó en cama. Una vez apaciguados, relatan lo sucedido allá en la estancia y como también lo hallaron en aquel lugar a la joven, después acordaron dejarla a Sarai bajo los cuidados del boticario, hasta tratar de resolver la incógnita del caso.


CAPITULO 4

 

Ya en casa del farmacéutico los tres, el boticario se atreve a hacer pregunta repentinamente a todos y dice:

-¡Señor Comisario! Aquí nadie se conoce por su verdadero nombre, y ya es tiempo de que nos demos a conocer. -luego espera ansioso de saber qué opinaba el Policía.

Sin pensar dos veces el Alcalde ordeno que todos contaran sus hombres verdaderos y estableció como ley para el mundo en San Jaimito:

-Por qué los cuatro no damos el primer paso en cumplimiento de esa ordenanza entonces. -pregunto la mujer del boticario.

Mas el droguero recuerda que el dio su nombre el día de su casamiento al juez de paz, pero su mujer después de una fatal caída de un potro, olvidó como se llamaba él esposo:

-¿Y para que quisieren saber los nombres de las personas? Será para aumentar la pena en las cárceles públicas y del país. -pregunto la mujer del Policía, aunque fue interrumpida por el boticario, porque este se dio a conocer por su nombre verdadero, cuando dijo:

-¡Mi nombre es Güero! -al instante como una explosión se escuchó una estruendosa carcajada de parte de las dos mujeres y se apretaban el estómago tratando de contenerse, para no caer al piso, más luego se tiran y se revuelcan en el pastizal.

Entonces don Güero se ofendió por el proceder de ellas y con enojo dijo de las dos alocadas mujeres:

-¿Qué es esto? Que la vieja clueca que se ríen hasta de su figura deteriorada del siglo. -luego trato el Comisario de hallar paz, para poder hablar ante que empiece otra discusión en la gran familia y dijo:

-¡Por favor terminen esa risa callejera! Aunque me parece cómico también. Pero el nombre que me dieron a mí en la pila del bautismo fue, Ramiro. -continuo las carcajadas de nuevos, y se le sale la mandíbula y cae al piso a la mujer del boticario, descontrolada y además atorada.

Porque se fue de bruces sobre el barro y no puede respirar, entonces su marido la toma entre sus brazos y le da un tratamiento de primeros auxilios, colocándole la mandíbula en su lugar de un puñetazo, enseguida le da una palmaditas en la espalda y después eructa, luego ella muy avergonzada inclina la cabeza y se dirige al dormitorio.

Aunque la mujer del Policía le pasó inadvertida la situación de su amiga y seguía revolcándose en el pastizal, riéndose a carcajadas, hasta quedar desmayada como un muerto en el suelo.

Pero desde adentro del cuarto de Sarai, la joven trató de comunicar algo, corren ambos hombres a socorrer a la chica, y se ponen en cuclillas para escucharla. Pero no obstante Sarai no podía hacerse entender de ellos, porque el llanto le ahogaba las palabras en su boca.

Solo podía mover los dedos de las manos y deseaba decir algo con ellos; y nadie podía interpretar su deseo en ese momento, el dolor horrible desfiguraba el bello rostro de la joven Sarai. Y entre conversaciones, después de curarla y aliviarle los dolores llevaron a Sarai a su cuarto de recuperación al fondo de la casa.

No obstante alguien venía siguiéndoles las pisadas e informaba los hechos a la doña: Era el mismísimo Cabo de Policía que venía haciendo esto, por unos favores recibidos de parte de doña Juana, un favor de amor enfermizo, con tal de saber algo referente a su hija Sarai y tenerla ubicada todo el tiempo, hasta que llegue el momento y pueda liquidarla de una buena vez, antes que prolifere a mayor y no tenga más remedio decía después:

-¡Hija de perra es esta diabla! Si se escapó de mi mano en el Cementerio, cuando le arremetí con el fierro caliente marcándole en laespalda, pero esta vez sí que juro que no se me escapa más. -conherejía la doña Juana decía así, y como culebra se movía desde lejos mirando hacia el lugar donde estaba su víctima, esperando la ocasiónpara consumar.

Y en la tercera noche, cuando el boticario atendió a Sarai daba mejoras de ánimo, por eso decide cambiarla de lugar y la lleva con ellos a su dormitorio, porque también se encariñaron de ella y la sentían como a su propia hija. Pero esa noche fue, muy sombría y oscuro por el mal tiempo de la temporada que prevalecía, lloviendo cada segundo.

Después como a la media noche, se conmovió la vecindad de San Jaimito por una fuerte explosión de dinamita, en el cuarto donde horas antes estuvo Sarai recuperándose, aunque ella se salvó por un milagro de ser destrozada.

Pronto se alertaron todos en el pueblo por el estallido, y el Comisario llega al lugar para investigar lo ocurrido. Se dieron a la tarea; nunca en sus vidas ellos tuvieron una experiencia igual. Por eso el jefe Policíal, como funcionario del Gobierno, trató de calmar a la gente antes que cundiera el pánico.

Luego como una resonancia magnética la mala noticia precede, una tras otra, de pronto un pueblo bello y tranquilo se había convertido en una pesadilla, ya nadie podía mirarse a la cara sin pensar mal de su prójimo.

Había una confusión y un desorden total en la Plaza Mayor, porque la payada de los músicos no paraba. La gente no sabía exactamente lo que deseaba, por el pánico de volar en cualquier momento por alguna explosión. Además todos discutían y no se ponían de acuerdo. Por eso muchos se dieron prisa en salir del pueblo antes que sacudiera otro bombazo el lugar del poblado.

Aunque sin más novedad pasó ese día, pero con el titubeo en las mentes de los pobladores, que tuvieron terror a la oscuridad y sobre todo al "Pombero", porque se dijo en la plaza que el maléfico se militarizó usando dinamita para tener en vilo a los habitantes, por la culpa de Sarai y su hijo El Huerfanito.

Además contaban la marca que puso el pombero en la espalda de su mujer Sarai. -"Le marcó a la pobre como se marca a los animales, por el celo y para que ella no intente jamás abandonarlo='. La palabra vertidas por la gente no era más que la expresión de la madre de Sarai. El Cabo de Policía llegó a realizar esta barbaridad por unos favores sexuales que le daba la señora Juana en sus horas libres.

Esos días se ingenió la doña e ideó toda clase de trampas macabras con tal de terminar lo más pronto posible con las vidas de su única hija y el niño. Nadie en absoluto conocía estos secretos, solamente ella y él perverso Cabo de Policía, quien no solamente tenía el favor del dinero de don Pablo, sino también el privilegio de pasar una noche completa con ella en la cama matrimonial, cuando don Pablo no estaba en casa. Aunque fuera un insulto a las buenas costumbres, nadie sabía nada del caso.

Pero cuando llegó el día señalado por doña Juana, donde el marido estaba de viaje por casa de su hermana en Santa Rosa Misiones, ella deseaba pasar una noche de placer con el joven, y este entre los matorrales esperó la noche para entrar por la ventana. A la madrugada el enamorado Policía vuelve con la orden letal a esconderse para volver a la Sociedad como si nada pasó.

Solo Dios puede descubrir a estos mansos servidores públicos, que viven piamente entre los demás y sirviéndose del sudor de su prójimo como sustento.

Cuando él efebo Cabo llegó a la Comisaría hizo su preparativo, despuésse despide de los demás. Porque esta vez ¡según él¿ se iría a casa desu madre en Ayola. Al segundo después llega don Ramiro a su oficina y pregunta por el Cabo pero le informaron que había ido visitar a su madre en Ayola y que volvería a la mañana del día siguiente,porque dijo también tener permiso para salir de franco.

Nada pudo el Comisario objetar, pues recordó que sí le había dado licencia para irse, por lo tanto musitó unas palabras que nadie entendió y pidió que le trajeran agua. Apenas pudo probar un sorbo de agua por la preocupación de que algo podría pasar nuevamente, le quitaba los deseos de todo, sentía sobre sus hombros una gran responsabilidad con todo aquel delirio de la explosión en casa del boticario.

Esa noche cuando el viejo campanario de la iglesia, anunciaban la media noche, una fuerte explosión nuevamente sacude el vecindario, mucho mayor que la ocurrida anteriormente. Como la humarada rapida la gente se amontonaron en el lugar, en un antiguo edificio de la mampostería con techo de tejas del siglo pasado.

Cuando vieron salir de entre los escombros sacudiéndose los cabellos del polvo y cascote a una persona desabocado de sentido y alejada de la realidad, venía casi gateando, imposibilitado de caminar derecho, el jefe fue quien le reconoció primero:

-¿Eres tú mi hijo Chupetín? ¿Cómo te trató la explosión, o que fue lo que se explotó allí contigo? -demando el Policía ante la inquietud de cundir el pánico en la población:

Porqué ese día fue sacudido por las ondas expansivas su misma casa y quedando con grandes rajaduras en las paredes. Por eso su mujer sale secándose el pelo con una toalla y viene gritando:

-¡Chupen esto! ¿Qué fue lo exploto y no creo que fue una botella de caña ni la vejiga de una vaca? ¡Señor Ramiro! ¿Dime si fue el Pombero otra vez? -maldiciendo, porque la explosión rompió la única ventana de vidrio que tenía la casa, y fue su padre quien le había traído de la capital, por el día de su cumpleaños, despué dijo al marido:

-¡No es esto lo que te vengo advirtiendo, que en cualesquier momentos te van a volar los sesos! Por ser un gran trastornados y estúpido a la misma vez. ¿Entonces, porque no renuncias y nos vamos de luna de miel? ¡Vamos pronto a practicar el amor lejos de aquí! -al rato llega el boticario llorando y gritando, maldiciendo al promotor de tal calamidad, diciéndole a todo los presente:

-¡Rata inmunda y mil demonio junto! ¡Me han puesto un yugo latoso en mi cuello sin motivo algúno! ¡Miren mi negocio y los remedios desparramados, y todo el sacrificio de mi vida lo han destrozado! ¡Dios mío! ¿Quién es el enfermo mental y terrorista que viene atentando en contra de nuestros intereses, y la destrucción de nuestro amado pueblo de San Jaimito? -se lamentaba don Güero, y la pena llegó también al corazón de doña Lucrecia su mujer, porque ella se ofreció a levantar de nuevo la farmacia con su ayuda, aunque tuviera que cambiar la droguería tradicional por un herbolario.

Para que no se multiplicara el pánico y además levantar la moral del pueblo amonesto el Comisario, diciendo:

-No se preocupen, mi hijo, lo que hizo hoy nuevamente el Pombero entre nosotros, ya terminará, porque además "no hay mal que dure cien años". -al rato se vio la aparición de una muy limitada doña Juana, que camina entre la gente curioseando como los demás, luego ella misma desaprueba la obra destructiva del Pombero. Nadie podía saber a ciencia cierta quién es el culpable, o los culpables, mientras haya Pombero rondando en San Jaimito.

Pero para el cantor y músico "Chupetín" que fue víctima de la explosión, la cosa era mucho más seria, pues se encontraba destrozado en medio de aquellos escombros. Con gran tristeza buscaron alguna medicina para la dolencia del músico y no hallaron ninguna, solamente le pudieron poner arcilla como terapia paliativo de emergencia y le cubrieron el cuerpo con ese material traído del esteral.

Unavez calmados todos se fueron a sus casas por temor a que el Pombero aprovechara la oscuridad, para hacer de las suyas nuevamente. Pasaban las horas y el Chupetín no se recuperaba de los golpes recibidos y la borrachera, además se secó la arcilla, quedando el pobre músico y cantor momificado, como las momias del siglo pasdado.

Al día siguiente muy temprano vino el lechero de Santa Rita a repartirla leche puerta por puerta. Este era una persona: "Analfabeta total que no se ocupaba de lo desconocido y mucho menos de la lectura de algunos libros", su oficio era solamente traer la leche en Jaimito cada mañana.

Cuando paso al frente de las ruinas y de la farmacia, escuchó a Chupetín delirando de fiebre. Miró aquel trozo de barro del que salían gemidos y aterrorizado pensó que era algún muerto, y que según el rito raro de la gente sabia, que el no conocía, ya recibió su santa sepultura.

Por eso mirando aquél fardaje que gemía, le dijo: Que no tenía derecho a estar molestando entre los seres vivos, y con un garrote terminó con la existencia del cantor. Después de propinarle varios golpes en la cabeza continua normalmente con su reparto de leche, pasa por casa y una vez terminados se fue por donde vino.

Cuando aclareció el día como un célebre hombre, don Ramiro el Jefe Policial viene llegando al lugar donde habían dejado al Chupetín embalsamado para su completa sanidad. Además venía él pensando encontrarle sano y salvo a esta hora. Pero cuando halló al músico solitario con la cabeza destrozada, gritó arrebatado llamando a toda la vecindad para que vieran lo sucedido al cantor:

-¿El Pombero también ataco al genio cantor? -se preguntaban la gente el otro día. -luego atraído por los gritos uno a uno llegaban al lugar y horrorizados se tapaban la boca por temor de decir algo y ofender a alguien.

Pero más tarde llegó entre ellos un Antropólogo Alemán, quien preguntó por el hallazgo:

-¿Cómo esta momia del siglo pasado se descubrió aquí? ¿Por favor dime? -y un Tilingo, hijo de uno de los payadores de Santa Inés, que estaba atento ahí, se adelanta y le contesta con suma picardía al versado Científico Alemán:

-Y este fue el cadáver, de algún antiguo Obispo del Monasterio que vivió aquí antes, y donde hoy sacudió la explosión del terrorismo. -la curiosidad Científica hizo presa del Antropólogo, inmediatamente llama aparte al Tilingo y le dice muy despacito al oído para que nadie se entere:

-¡Mirar bien, y sacar el cadáver del Obispo, al camino real, y yo pagarte muy bien por ello! -mordido por el interés de ganancia fácil, el hijo del payador se fue y pide por el cadáver al Comisario, mintiéndole amar mucho al finado y lagrimeando "porque se había frotado una cebolla pelada en los ojos" y así logró engañar al Policía y otros presentes, además todos le dieron una ayuda monetaria, para sufragar los gastos del entierro.

Al instante después el Tilingo como un representante oficial del gobierno llevó el cadáver del músico Chupetín al hombro hasta el camino real, donde el Antropólogo Alemán le estaba esperando debajo de un naranjo con el dinero ofertados, como recompensa por el gran hallazgo de los siglos.

Después corriendo el Científico interesado, monto el sarcófago de arcilla en su bicicleta y se fue por el camino hacia Santa Rosa Misiones.

También esa misma tarde vieron pasar al hijo del payador con el abultados bolsillo de la colecta, más los miles de pesos que le dio el Alemán, silbando por el camino rumbo a su casa para festejar.

También en San Jaimito nunca se logro aguantar un secreto, porque como un estallido llega al oído de la mujer del Comisario, la noticia de que el Chupetín había sido muerto a garrotazo por el pombero la noche anterior: y también quien se hizo cargo del cadáver.

Ella se conmovió por la noticia piadosa que realizó el Tilingo llevándolo un movido recuerdo de una amistad perenne, el cuerpo de su granamigo para darle cristiana sepultura, y esta acción tocó las fibras más intimas de su corazón y dedicó ese día al reconocimiento de las buenas obras y los ejemplos, otorgando luego un premio de mil pesos al Tilingo que le hizo llegar por medio del Intendente Municipal de San Jaimito.

Después trataron muchos ese día de concordar en algo, porque nadiesabía nada. Y todos se preguntaban quien podría ser el indignado y enloquecido que puso la dinamita para hacer volar todo un vecindario.

Con mucha deliberación llegaron a la conclusión de que podía ser obra del "Pombero" que por celos de perder su mujer Sarai y su hijo el Huerfanito, estaba atemorizando al pueblo, para que abandonaran la búsquedade ellos dos.

Pero una mujer de la asamblea que no podía soportar más de ver caminar a la doña Juana entre la gente con mucha elegancia, dándoselas de gran dama de la alta clase, dijo en alta voz para que nadie se quedara sin oír entre el gentío del lugar: ¿Por qué será así, que una de las musarañas se encuentra entre nosotros hoy aquí? -como tocado todos ellos se miraron a la cara, pero quien no le prestó el más mínimo interés fue la doña Juana, que ignorando a todos siguió su camino.

Como nadie se atrevió a zaherirle cara a cara, cuando la vieron alejarse el bullicio empezó a silbar y gritarle: bichofeo. Luego se suma, hurras y vivas, de la gente feliz y contenta de San Jaimito.

Entonces doña Juana no tenía otra alternativa que retirarse en silencio y magullando palabras de amenaza entre dientes, se alejo del lugar hacia su casa. Pero a Sarai la cambiaron en una habitación al fondo de la casa del Comisario donde era custodiada por el mismo Cabo amante.

Aunque la mujer del Policía no confiaba en nadie, puso también un perro Pastor Alemán a vigilar el sitio con el agente. Porque nada le fue difícil en conocer el paradero de la joven a la maligna madre.

Por eso decía la mujer, que si fallaba el Cabo no sería así con el Pastor Alemán en la puerta.


CAPÍTULO 5

 

Después pasado los días felices en casa de don Pablo, llego una cartafalsa dirigida a él, y citándolo para un cumpleaños en casa de su hermana en Santa Rosa Misiones. Sumido por la noticia muy pronto viajo al lugar.

Mas con picardía el Cabo y su amante doña Juana, de ante mano Ya se habían puesto de acuerdo para hacer una estaca y conseguir un mazo de hierro fundido, y con ese elemento matar a Sarai y luego hacercorrer los rumores de que ella fue muerta por su marido el Pombero.

Aunque la idea a seguir era convencer a la Sarai, para que fuera a cazar a la tumba de su abuela Eloísa en el Cementerio, para que la abuela bendijera desde el cielo y cesaran las persecuciones y pudiera ser feliz al fin, como los demás seres de este mundo.

Y con gran simpleza el Cabo de Policía y con la ayuda de muchas mujeres, convenció a la joven Sarai con la idea de llegar a ser próspera can sus Padres, movida por este sentimiento se comprometió para hacerlo el viernes a la media noche sin falta en la tumba de su amada ,abuela.

Y llegó esa noticia como un halago a oídos de su progenitora de doña Juana, después se bendijo en el nombre del Patrono del Pueblo de su suerte, porque además no era solo eso el pensamiento de ella, de asesinar a su propia hija y luego también en sus planes estaban deshacerse del Cabo a machetazos; luego vendría la libertad genuina. Como decía.

Para continuar su vida como si nada paso en su pasado, con la excusa ante la sociedad de que todo había sido obra del Pombero, y con esa idea fija en su mente se metió en el taller de su marido, para sacarle filo al machete.

Y luego se pasó la tarde cantando la canción del arriero, que un día le dejó su mujer con una docena de hijos y después el pobre arriero se pasaba en la tranquera cantando, Aunque esta vez no se trataba del pobre arriero, sino de una arpía madre, que decía:

-¿Dónde está chalala... chalala? ¿Dónde fue chalala, chalala?. así repetía hasta llegar la noche, después mirando hacia fuera recordó que llego la ansiada noche del día viernes y luego se vistió de negro y se camufló para que nadie la viera, se fue, armada con el machete, la estaca y el mazo, camino al Cementerio.

Pero le fue difícil caminar lejos por el peso y la incomodidad del machete y el mazo. Entonces volvió para ensillar el burro "Celedoño" que estaba pastando detrás de la casa. Una vez lista como a la media hora se marcha a pasito de su bestia, sin producir ruido las pisadas del animal, por especial encargo de su dueña, a la cacería de su propia hija. Y como una exótica viajera pasó frente al bar de Mujame, donde había muchos hombres jugando a los naipes y algunas mujeres encaramadas en el tronco del árbol de Paraíso, laborando en la más vieja profesión, por algún dinerito para darle de comer a sus hijos.

Y cuando vio el burro Celedoño tal espectáculo se distrajo un poco, después se empecinó en medio de la calle antes de llegar a su destino, entonces la dama de la muerte le habla al oído diciéndole:

-¡Camina tonto burro! ¡Porque la inercia de un burro es común en el pueblo de San Jaimito, además cuando volvamos, te daré maíz duro y un mes de venia, para que visites a tus parientes en San Patricio Misioes! Pero en ese instante frente al panteón de su abuela, Sarai oraba,pero como avanzaban las horas se marchó al amparo de la oscuridad, por temor a encontrarse con su madre.

Mientras tanto el burro Celedoño por la gran cerrazón de la madrugada no podía caminar, porque a cada paso resbalaba. Pero cuandoaclaraba el alba se escuchó el canto del gallo, entonces llega doña Juana a su casa de vuelta manchada de barro y estiércol de callejera, muy disgustada de su fracaso. Le deja a Celedoño atado a un poste donde no podrá comer ni beber agua en todo el día como castigo.

Después pasa a la casa, se asea un poco y recuerda la odisea de la noche y siente una rabia inmensa por su gran frustro, pero siempre ellaconvierte en risa burlona los fracasos y se ríe a carcajadas, hasta quedar dormida sobre su lecho. Al minuto llega su apasionado amante, el Cabo y sin ningún reproche se puso a gozar de la juventud del joven y con toda su experiencia de dama de primera clase.

Mientras tanto Sarai convalecías de su enfermedad recibiendo el cariño y la atención de todos. Aunque don Ramiro, obstinado en conocer el paradero de su hijo y poner fin a todos los atropellos a la gente de San Jaimito. Por eso llamó al Cabo amante, pidiéndole algún informe del día, después le encomendó cuidar de los preparativos de la fiesta Patronal que ya se aproximaba el 25 de julio.

Esa misma tarde fueron convocadas las principales autoridades para una santa reunión. Una vez reunido los invitados, fue llamado el primer orador que trató de hablar de la importancia del evento, pero no pudo ser escuchado por los presentes, porque Celedoño rebuznaba de alegría por la proximidad de la fiesta Patronal, y no obedeció a los que le mandaban a callar, entonces el Cabo lo llevó a la Loma del Pingo y allí lo abandonó por bruto y grosero.

Aunque en esa convocatoria no se logró constituir una Comisión, porque tenían diferencias de ideas en cuando los recaudados al finalizar las fiestas, ya que desaparecía los fondos recaudados y todos tenían la sospecha de que siempre fue don Casildo el tesorero permanente, entonces pidió hablar don Mujame y dijo:

-Yo creo que no hay nada mejor, que formar una comisión nueva y rotativa. Para que pueda rendir anualmente la cuenta al pueblo que lo sustenta. -pero el Comisario se disgustó por esta opción de cambiar la personalidad por otro, y llamar a votos a la nueva Comitiva.

Por causa del desacuerdo se dividió la gente y más de la mitad se fueron con Mujame y los demás quedaron con la Comisión del Policía y don Casildo.

Entonces los partidarios de Mujame gritaban y decían estar muy cansados de los corruptos de la Comitiva encabezada por don Casildo y el Comisario. Aunque trato también el Policía de dejar bien al preclaro al pueblo, que siga con la tesorería don Casildo por un año más.

Pero los partidarios políticos del musulmán se pararon y abuchearon y silbaron, pero la que más gritaba entre todos los que protestaban y sé hacia invisible era doña Juana.

Además de alabar a Mujame se alborotaba a su favor: "Pero Mujame, un hombre bueno y bonachón, catando escuchaba a alguien alabarle así, se conmueve en lo más profundo de su corazón, porque también recuerda los tiempos vivido allá en su tierra natal y llora como un recién nacido".

Luego con tanta bondad cuenta sus historias:

-¡Bendito sea el Dios de los árabes! Ala, y bendiga a los conterráneos y alejen de su presencia las aflicciones, ponga en las jergas de sus enemigos el castigo y nos libre a nosotros y a la mujer de mi buen amigo Pablo. -una vez terminada la plegaria del musulmán, la gente se miraba como queriendo preguntarse algo, porque siempre escucharon decir a la doña Juana de sus familias que eran: -¡Hombre! mi finado padre es de la Santa Galicia y mi madre del mismísimo Santiago de Compostela. Y ahora, ¿Cómo puede ser que Mujame la reclamecomo una conterránea y que este defendiendo, conociendo la culpabilidaddel mal que hizo? Además está pidiendo bendición de Ala para ella, en nuestras propias narices. -rápidamente se formó una explosión de insultos y conversaciones en el Salón Municipal.

pero el señor Intendente como un matacandelas se metió entre la multitud tratando de apaciguarlos y dijo:

-¡Correlies! ¡Desde que llegó la democracia en el país, ya nadie más piensa en trabajar, y ocuparse de sus responsabilidades, todos se van en puro hablar y hablar, porque tienen tediosa mentes todos -cuando escucharon la gente se indignaron más.

Porque nunca se pudo allí decir nada con libertad, aunque imperara la democracia en el territorio, por eso muchos encolerizados queestaban ahí presente, a unos que no les gustaba el trabajo y otros quehuían de pagar sus deudas, aunque por eso los llamaban a unos, o morosos y tramposo, más a otros haraganes y metiche. Porque estos individuos eran los primeros detractores de la ley y perturbadores de las buenas costumbres en San Jaimito.

Después se vio con tanta saña la maldad de los hijos de José Maleta, hombre que nunca aprendió ni deseó trabajar en su vida, que airadamente aventaban chorizos y tortillas de los canastos ajenos. Lo mismo los hijos de don Francisco Deuda, que chorreaban por doquier bebidas gaseosas que no les pertenecían, porque también son gente que huye de pagar sus cuentas atrasadas.

Pero cuando vio el Comisario tal tumulto, intervino gritando que pararan esos bochornosos episodios, pero nadie le prestó la menor atención, al contrario, le aventaron a la cara un pastel de carne picada con ají molido.

Una vez más tuvo que el jefe desenfundar su revólver calibre 38 de caño largo y disparar varios tiros al aire para calmar los ánimos, aunque esta vez lo hizo debajo del techo del edificio antiguo de los Conquistadores, y rompió varias tejuelas y tejas que cayeron pesadamente sobre los presentes, hiriendo algunas cabezas, entre ellos de Mujame y Celedoño.

Cuando observaron la gravedad de las heridas de Mujame les ofrecieron la cura de medicina naturista, pero el no quiso que le untara la arcilla, por el temor al Pombero que decían que rondaban por ahí.

-~Y quién se ocupara de las heridas del burro Celedoño? -dijeron muchos, entonces la mujer del boticario sube a un asiento más alto y desde allí dirige la palabra al irrespetuoso congregado y dijo:

-¡Fuera con el burro de aquí! ¡Que lleven a Celedoño por castigo a La Loma del Pingo, como se encuentra con sus heridas abiertas, para que aprenda a no pedir dirigir el destino de la gente rica y noble de San Jaimito, con sus burradas! -en eso preciso instantes, se encontraba allí masticando la punta de su puntilla doña Juana, lamentando prontamente y protesta ante todos y dijo:

-¡Tengan piedad de mi amigo Celedoño! No le condenen a la ligera, recuerden que él fue quien me dio la vida cuando no tenía nada que comer, él sufrió con un sueldo miserable para darnos el sustento de cada día. -cuando escucharon estas plegarias y se conmovieron la multitud, luego rechazaron a la mujer del boticario y le tildaron de bestia antihumana y la echaron de allí con: su marido.

Después de estos un médico naturista, se ofrece para curar a Celedoño, y pronto le lava todo el cuerpo con agua salada y estiércol de vaca; y el burro se ve humillado con el olor apestoso y se levantó muy enojado y se fue por su propia cuenta a la Loma del Pingo, antes que le ultrajen más su libertad civil y violen sus derechos humanos también.

Ese día como siempre terminó en discusión la reunión en el Salón Municipal, unos a otros se culpaban, aunque todos se condolieron de la herida del burro Celedoño. Pero los campesinos carbonero de Santa Rita, se ofendieron con la gente por haber reconocido la labor de unburro, y se olvidaron de Sarai y su hijo; gritando se fueron a la Plaza Mayor de San Jaimito a plaguear y cantar a la joven por malograrse su vida tan temprana.

Llorando el cabecilla recordaba los tiempos vividos por Sarai y su niño en la Plaza Mayor, hasta que llegó aquel día fatídico en que la arrancaron de cuajo del seno familiar. Y para balancear un poco el tonomusical, las mujeres de Ayola y Corateí se pusieron a cantar a , giro, aunque muy desafinada, como una protesta funeral rendida a lapobre Sarai y su niño.

Por eso se disgusto el Cura Seraclio y no pudo soportar un acto póstumo de la muchedumbre en la Plaza Mayor y además frente a la misma Iglesia; entonces ordenó al tuerto sacristán, tocar la campana redoblada por un minuto y el minuto siguiente con repiqueteos.

Y una de las mujeres presente le preguntó al sacerdote: -¿Qué es eso señor Cura? ¿Porque dos sonidos de campana en el eco de San Jaimito? ¿Qué está pasando Cura Seraclio? Molesto el Cura trata de contestar así:

-Porque así lo ordené para quedar bien con todos el mundo. De una forma para las ánimas del purgatorio, y la otra para el niño en la Gloria del Señor! -el repique y redoble de campanas mezclado en el cántico fúnebre de las mujeres y el plaguero del carbonero de Santa Rita, fueron aquel día un sobresalto apocalíptico en los corazones de la población.

Luego se veían Salir de sus casas a ver qué sucedía allí, porque era una demencia imprevista. Y el Comisario dijo:

-¡Que bárbaro ustedes los Sapo pantanero! ¡Y todo por el capricho de uno y la soberbia del otro, este contrapunto que pasa ,aquí! -además fue tanto el disgusto del Intendente, porque tenía su discurso preparado de antemano, y volvió pidiendo calma a todos los presentes, luego rogando que lo cargaran algúno a sus hombros con el fin de terminar su discurso de la mañana en el Salón Municipal.

Pues por piedad cuatro hombres lo aguantaron en hombros se dispuso a hablar, pero como a nadie le interesaban sus palabra entonces comenzó a gritar con aquella voz que lo caracterizaban siempre y que le valió el apodo de "el Ganso". Pero al fin logró que se callaran y prestaran atención a su alocución, y en plena paz de cuerpo alma y espíritu, dijo:

-¡Desde esta improvisada y sucia tarima humana, me dirijo a esta asamblea callejera! -hasta ahí llegó el deseado llamamiento del Ganso, porque la concurrencia se desordenó al oír que este le llamaba a todos "callejeros", pues ninguno se consideraba como tal, y le pidieron al Intendente que midiera sus palabras y no cayera en insultos, porque ellos eran personas tan decentes como de la primera clases de San Jaimito, además quizás eran mejor que ellos.

Además, algunas mujeres visitantes dijeron que más les gustaría que el señor Intendente fuera "novelista" y no un Político-Religioso estúpido y alocados. No se pudieron parar las acostumbrada protestas, para que pudiera seguir el "Ganso" con sus palabras y apenas después le permitieron seguir su sermón, aunque los que le estaban aguantando le pidieron que metiera sus pies en una bolsa primero, por el mal olor que deprendían su media rota, pues ya no aguantaban más aquel nauseabundo hedor y se estaba a punto de desmayarse,

Y un Changuito amigo fiel del Ganso :Solucionó lo desagradable, después continuó con el discurso, cuando dijo en vos alta otra vez: -¡Lo que deseo contar señores, nobles de la sociedad de San Jaimito, es que a la señora Juana que desatendió sus obligaciones familiares se le nota más gordita que antes! ¡Y nada más que eso y muchas gracias! -un cotorreo general dominó de nuevo la plaza, y una hacinada multitud le pidió a la Emelinda la quesera de la estancia de don Humberto, que hablara también.

Porque ella siempre solía ser muy tímida y de pocas palabras, pero esta vez que fue retada por la curiosidad de los demás; levantó el brazo derecho pidiendo absoluto silencio, y seguidamente empezó a glosar sus razones antes el nutrido público, cuando dijo:

-¡Ya nadie más puede negar la arrogante figura de la mujer de don Pablo! Pero a mí me parece que pasando ya los cuarenta, en vez de crecerle la papada le está creciendo la panza a doña Juana. –sin que nadie notara nada, escapó de entre la gente la doña Juana y se fue a su casa mirando su abultado vientre en el espejo que Pablo le regaló el día del aniversario de su casamiento.

Luego pensó que era natural que tuviera un poco de estómago una mujer casada y que vive en paz, pero como tropezón de mal agüera vino a su mente el amorío con el Cabo de Policía. Al instante cambió de color como un Camaleón.

Después maldijo mil veces la desdichada situación, producto del amor prohibido, y probablemente de aquella relación sexual traicionera que si bien en algún momento la llenó de placer, ahora le traía un duro camino que recorrer en el pueblo de San Jaimito.

Por vergüenza se inventó una faja como las que usan los vaqueros y desde ese día salía a sus quehaceres tempranos en la mañana, antes que la gente pudiera fijarse demasiado en ella y notara su bochornoso embarazo.

Pero inusitadamente llega a la casa el ingenuo don Pablo de Santa Rosa Misione, fuera del tiempo convenido, cuando doña Juana vio llegar a su marido cae de rodillas ante él y con gran humildad empieza a relatar su odisea y su enfermedad.

Se conmovió en su corazón don Pablo, porque desde la entrada cargó con ella y la llevó en brazos hasta el lecho nupcial. Entonces ahí la mujer demostró una gran tristeza en su alma cuando le dijo:

-¡Pablo! Júrame por tu madre, que nunca más en tu vida me abandonaras como lo has hecho esta vez. -acto seguido se puso a llorar en sus brazos. Así, la mujer conmovió a su marido con palabras bien delicadas y sutileza, contándole que fue Sometida su alma por el maldito Pombero y dijo:

-¡Mientras tú te va a un viaje de placer, yo aquí he estado combatiendo cuerpo a cuerpo con el maldito Pombero! -el hombre fuerte de la casa, al escuchar estas palabras miró a su mujer con una mezcla de asombro y culpabilidad, pues ahora se sentía muy avergonzado de haberse ausentado y dejado a expensas de esa inseguridad.

Pero ella insiste para no dejar ni una sombra de duda en su maravilloso marido:

-¡Hace tres semanas que te fuiste, y desde el primer día tuve que soportar el mal olor del Pombero en mi cama! -el cónyuge se sintió culpable de la tragedia de su mujer, y se comprometió a defenderla a muerte, mientras ella repetía y llorisqueando como un disco rayado la misma cosa:

Luego se entristeció don Pablo por las palabras de su mujer, y fue a preparar su escopeta de dos caños y esta vez en lugar de balines de plomo, la cargó con unos picados de alambre de púa de acero, traído de Europa.

Con la agilidad mental y las caricias perfumadas de su mujer, don Pablo quedó convencido de la veracidad del incidente, porque el con sus propios ojos vio que atrás de la casa el alambrado había sido cortado, formando un hueco en la cerca de un tamaño suficiente, como para que el maldito Pombero pudiera entrar por ahí.

Y después de tener lista una jarra de agua y un pedazo de queso y un poco de miel de caña, se instaló detrás de la ventana por donde estaba supuesto entrar él malignó.

El incausto don Pablo ahí se sentó esperando pacientemente a que llegara, y pensó muchas cosas, hasta cruzó por su mente ser el héroe de San Jaimito, y porque no, del País entero, si nadie había tenido la brillante idea de esperar al mal deseado espíritu inmundo en su casa con una escopeta de dos cañones, cargada con picaditos de alambrede púa acerado. Pensó que el éxito estaría de su lado y en el pueblo lo llamarían después, como. "El héroe que luchó por defender a las mujeres casadas, que son víctimas inocentes del maldito Pombero” .

Pasó varias horas y suspiraba escondido detrás del sofá esperando muy confiado en que ganaría aquella batalla con el desgraciado promiscuo.

Al rato escuchó un ruido detrás de la casa, como si alguien se acercara sigilosamente a la ventana, pero había olvidado traer sus anteojos y ya no tenía tiempo de buscarlos, y mucho menos de llamar a su mujer.

Porque el maldito Pombero avanzaba, después de volver de casade su madre en Ayola, adonde fue alimentado con alimento balanceado de gallos y buey, por dos semanas.

Se desliza entre los obstáculos y logra al fin entrar por la ventana. Don Pablo desvirado vio la figura y al abrirse la cortina observó el pie derecho como de un hombre, pero había un desagradable olor a estiércol que traías.

Entonces el alma del inocentón Pablo se abrumó al percibir al nauseabundo ser pasar lentamente a su cuarto, le hizo temblar los tendones de miedo al prior de la casa.

Luego se sentía desfallecer y perder aliento por lo que tuvo que apuntar y tirar del gatillo, saliendo dos tiros a la misma vez. "El Pombero" cayó de espaldas hacia afuera y don Pablo cayó hacia dentro por el empujón de la culata.

Atraídos los vecinos al oír aquellos cañonazos, corrieron a socorrer al valiente exterminador de aquel indeseable visitante nocturno. Una vez que los vecinos entraron, junto al chumbeador de primera clases, tirado en el piso, pero ileso les gritaba a sus amigo justificándose:

-¡Ni en la guerra de la Triple Alianza, largué un tiro tan potente como lo acabo de hacer ahora, haciendo blanco perfecto en la humanidad del Pombero! -luego vinieron los apretones de manos, después recibió felicitaciones de todos y se alegraron con él por haber eliminado al enemigo de la sociedad de San Jaimito.

Y muy entusiasmado todos dijeron de él a voces.

-¡Quién como el señor Pablo en San Jaimito y en todo el país! -el día siguiente vino de Ayola la tía del Cabo a solicitar licencia para su sobrino enfermo. Y don Ramiro siempre fue un hombre observador y curioso, cuando dijo:

-¿Y qué dolencia tiene el Cabo señora? -esta pregunta hizo, porque en la Comisaria vio algunos agentes con "salpullido de gallina" en la cintura y los veía rascarse a cada rato a escondidas, entonces ella dijo:

-Es como un salpullido con ampolletas gris y duro en todo el cuerpo, como una erupción que le ha salido al pobre de la noche a la mañana. Según mi ciencia de madre, creo que mi sobrino el Cabo tiene el llamado "Sarampión Africano". -no tuvo otra cortada que decir así, la tía del Cabo amante:

-¡Que bárbaro! ¡Bueno, dígale al Cabo que vuelva a prestar servicio en la Comisaria, cuando se sienta mejor, no sea que vaya a contagiarnos aquí a todos de esa peste purulenta del demonio que tiene! -después se despidió de allí.


CAPÍTULO 6

 

Aún no terminaba de despedirse la mujer del Comisario, cuando vienen llegando unos turistas extranjeros preguntando por las Ruinas del Monje. Al instante se ofreció Calixto, el cuentero para guiarlos al lugar y presentándose les tiende la mano. Y muy complacido los turistasles tendieron sus manos, también ante aquella bienvenida tan gentildando a conocer sus nombres, pero uno del turista permanecía callado en la cola de la fila. Calixto como curioso que es, pregunta al callado turista que estaba sentado en la vereda, pero esta vez estaba interesado y muy activo en tener amigos, por eso le pregunta á1 turista y les dice:

-¿Y usted, señor, cómo se llama? Así podremos romper el récord en la zona conociéndonos el nombre. -el supuesto turista se frotaba las manos, para limpiarse la nariz y la barbilla, luego alza la voz y dijo:

-¡Pues! No, simplemente me llamo "el buey" nada más. ¡Así tire conocen todos en mi pueblo de San Ignacio Misiones! -pero una o briosa mujer, hija de uno de los músicos serenateros que estaban ahí escuchando, pregunto antes que nadie dijera nada algo de los visitantes:

-¿Acaso hay algún Científico en el pueblo de San Ignacio, que digamos, que puedan conocer las Ciencias y además entender algo de las Ruinas del Monje? -pero el supuesto viajero permaneció en silencio por prudente, y temor a perder las bendiciones que el turista siempre traían en dinero efectivo, para la economía local.

Entonces uno de los turistas que parecía ser el principal de grupo se acerca al cuentero Calixto y a la mujer hija del músico para aclararlos la situación antes que pase a mayores:

-¡El señor buey, es un amigo muy simpático que hallamos en el camino junto a un arroyo, pescando Bagre amarillo! Desde allí él nos acompaña. -una vez que fue clarificado, se marcharon los visitantes al café de Mujame a esperar por el guía.

Seguido llega el Comisario acompañado de los guías. Pero uno del turista que le observó se presenta agradeciendo el gesto del Policía:

-Señor Comisario, en nombre de la Ciencia le está muy agradecido por la colaboración que nos va a contribuir. ¿Ahora que tenemos nuestro guía podemos proseguir ya con nuestras investigaciones? -cuando oyó la palabra "investigaciones" todos se miraron entre sí, temblando, después se iban retirándose disimuladamente.

El primero que se retiró fue don Pablo, por temor de ser hallado culpable de la desaparición de su hija Sarai y su nieto el Huerfanito, allí quedó solo el jefe Policial, porque era su obligación nada más.

El policía muy extrañado de ver a su gente retirarse sin decir nada y sin ninguna explicación se sintió muy espantado, no podía aceptar ese tipo de conducta en sus conterráneos, entonces se fue junto a Calixto y tomándole del brazo le dice al oído muy despacito, para que nadie escuchara:

-¿Qué pasó Calixto, porque se marcharon sin decir nada? -entonces el cuentero para disimular, le contesta también casi raspando el oído:

-¡Acaso no está entendiendo usted, señor Comisario a que vino esa gente de la Capital! -el jefe de Policía muy sorprendido le contesta:

-¡No sé nada! No sé que huyó la gente también. ¿Dime si tú lo sabes? -entonces Calixto le explica lo que significa todos estos:

¡Señor Comisario, a la "investigación" que se refirieron! Yo piensoque lo que están investigando, es lo que pasó en casa de donPablo con Sarai y su hijo. ¿No ves que todos ellos son policía Capitalina, haciéndose pasar por uno turista? -molesto uno del turista se acercó llamando aparte al señor Comisario para preguntarle: -¿Por qué está desconfianza de la gente, señor? ¡Nosotros no hemos venido a profanar nada de los antepasados de ustedes aquí! Luego con más tranquilidad el jefe de Policía, siguió con las conversaciones:

-¿Quiere decir entonces que ninguno de Uds. reside en la Capital del País y si es así, que quieren? -pregunto más holgado el Policía, pero el turista le contesta:

-¡No, señor Comisario, nuestro único interés, hasta el momento! Sera investigar las Ruina del Monje nada más. -al ver más claro el jefe, llama a Calixto, y le toma del hombro y no le deja use con la duda entupida, mientras que los cansados visitantes se ,sientan en el tronco de madera, y por los corredores de la casona del siglo pasados.

Luego fueron llamados los uniformados y el guía, después les encomienda un buen comportamiento con los "Señores Científico".

Después el guía más capacitado del lugar, llamado la "pata de gallina", hizo su entrada. El Científico cuando vio a "pata de gallina" todos se levantaron, formándose en fila india, esperando ser conducido, pero cuando hablo la "pata de gallina" y dijo:

-¡Señores, las Ruinas del Monje siguen sin mutación alguna, así como fue en el principio todo allí sigue igual, salvo la gente! ¡Claro!, y ya los antiguos pobladores no existen, aunque también pudieran visitarlo en el Cementerio aquí en San Jaimito, que es donde descansan sus restos. Ahora los pobladores de esta región son de distintas razas e idiomas, aquí hay gente de todas partes del mundo. -esas eran las palabras exactas que deseaba escuchar uno de los maestros de la Ciencia, quien gritó aplaudiendo y decía a grito:

-¡Bravoooo! Así se habla, mi amigo, porque yo he estudiado varios tratados sobre esta Cultura y la vida espiritual de San Jaimito, su encanto y la alegría de su gente con su increíble historia. -con mucha alegría después el jefe de la expedición Científica le da un fuerte apretón de mano al guía, mientras que le da la bienvenida en el grupo, cuando dijo:

-¡Sea bienvenida, señor "pata de gallina", como guía de este pequeño núcleo de Científico Alemanes y Italiano! -comedido el guía no deseaba que lo siguieran llamando por su apodo y luego le aclaro al Científico, diciéndole:

-¡Y bueno! Pero deseo aclararle que mi nombre es Cirilo, aunque en caso de crisis en el invierno, mi mujer me llama "pata de gallina". -a todos les pareció muy graciosa la respuesta de Cirilo, luego le estamparon un beso en el cachete y un fuerte apretón de manos les dieron.

Y Cirilo había nacido y crecido en las Ruinas, siempre había oído hablar a sus antepasados de aquel lugar, antes de que comenzaran sus investigaciones, por eso dijo así ese día al Científico visitantes:

-Señores Científico, desde que nací y crecí en estas Ruinas, no he visto nada nuevo aquí, todo lo que mis antepasados contaron es lo mismo que se puede constatar hoy. ¡No hay nada nuevo en San Jaimito, todo esto fue obra de los Monje, hasta los árboles tienen olor

y recuerdos de ellos todavía! Todo lo que ven a su alrededor es obra de los Monje, y no hay nada nuevo debajo del sol. ,-la explicación sonaba maravillosos a los oídos de los Científico que pronto se dividieron en pequeño grupos, marchando cada uno a su conveniencia ya sin la ayuda de Cirilo.

Pero a prudente distancia el desconfiado Comisario y Calixto, escucharon lo que Cirilo había dicho a los hombres de Ciencia, y el Policía disimuladamente camina junto a Calixto y le dice al oído:

-¡Nunca en mi perra vida imaginé, que fuera usted un perfecto idiota, además de un objeto de estúpido que era! ¿Cómo se atrevió a decir, que todo esto es obra de los Monje? Aunque sea verdad, siempre fue conocido como Ruina de los Monje y tanto la Iglesia y todos estos, sobre lo demás nadie se atrevió a tocar ese tema al daruna información general. Por muchos años ha sido un secreto y del Patrimonio Nacional del País. -se notaba muy enojado el Policía, quien exclamó al oído de todos después:

-Como viene este loco indecente de Cirilo a revelar cosas que sonde interés Nacional, y Político-Religioso del País, algo pueblerino, porque debajo de esas tejas Nacieron y vivieron grandes hombres ilustre, y aun el Padre de la Patria, también el Monje Rogelio, y su primo Aníbal y muchos otros que brillaron en la Capital en el pasados de Muestra Patria. Muy disgustado camino el Jefe Policíal, y con la cabeza inclinada, mientras se dirigía a la Comisaría murmurando como para sí solo y decía:

-¡Y bueno, será así, al decir la verdad, todos aquí somos unos "Huerfanito", porque tenemos solo lo que nos dejaron ellos y nada más!

 

 

 



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