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CARLOS A. ROBBIANI


  PIALANDO MEMORIAS - CRÓNICAS DE LA NOSTALGIA, TOMO I - Por CARLOS A ROBBIANI


PIALANDO MEMORIAS - CRÓNICAS DE LA NOSTALGIA, TOMO I - Por CARLOS A ROBBIANI

PIALANDO MEMORIAS

CRÓNICAS DE LA NOSTALGIA

TOMO I

Por CARLOS A ROBBIANI

© ESTUDIO TROCHE, ABOGADOS

Impreso en ARTE NUEVO S.R.L.

Asunción – Paraguay

Marzo 2011 (131 páginas)

 

 

INDICE

Prólogo a la Segunda edición

Prólogo a la Primera edición

Nota del Editor Dedicatorias

El autor con 2 presidentes argentinos Crónica

I                 Tito Livio Foppa

II                Una Representación Inolvidable

III               La Muerte de la Rata Blanca

IV              La Clave en la Billetera

V                El Caballo de Bastos

VI              Puerto Belvedere

VII             La Corte del Faraón en Trinidad

VIII            La Moda de la Nostalgia

IX              La Niña que se llamó Charagua

X                El Frustrado Monumento del Padre Pucheu

XI              Las Palmeadas de Antaño

XII             Inolvidables Servicios Tranviarios

XIII            Aquella Industria del Pantano

XIV            El Rapto de Sabina

XV             El Milagro de la llama que se enfría

XVI            Hay que apretarse el cinturón

XVII          Murió como un pajarito

XVIII         La Fiesta de la Coronación

XIX           La Casa de Lúculo

XX            Todo el año es carnaval

XXI           La parábola de los dientes del perro

XXII         Sin Toques de Campana ni bandera roja

XXIII         La Prótesis por la ventanilla

XXIV         Los eternos colados

XXV         Chupín a la marinera

XXVI         La dama del París Soir

XXVII        Las misteriosas piedras del ICA

XXVIII       De Timadores y Vivos

XXIX         Un Espíritu burlón

XXX         Los Pobladores

XXXI         Los duelos de antaño y las solicitadas de Ogaño

XXXII        El Patrono o no es Patrono?

XXXIII       Del Yvyturuzú a Babilonia

XXXIV      Mater Admirabilis

XXXV       La Muy Noble y Real Orden del Juego del Truco.

XXXVI      De Duelos y Quebrantos

XXXVII     Bomberos Voluntarios

XXXVIII    El Macaneo Libre

XXXIX      La Colonia Atkinson

XL             Dialogando con Domínguez

XLI            La Sombra Grandiosa

XLII           La Invención de la del Paraguas

XLIII         Nunca vio Ud. un O.VN.I.?

XLIV         Cuando florezcan los lapachos

XLV           De diálogos y soliloquios

XLVI         La noche de los platos voladores

XLVII         Lejana Conscripción

XLVIII       El Puchero Milagroso

XLIX         Los Tiempos Gloriosos

L               Cuando el tiempo se detuvo

 

MISCELÁNEAS, Tango OLIMPIA

 

 

 

PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN

 

TRAVESÍA POR LOS AFECTOS DE OTROS TIEMPOS

 

         Faltaban pocos minutos para las ocho de la mañana del domingo 13 de septiembre. Al entrar a la cabina de Radio Cardinal Romance para conducir Domingos Contigo, lo vi a mi operador Alberto Suceso Báez más que entretenido leyendo un libro. Al acercarme a Alberto observé incluso que tenía señaladas varias páginas. Se notaba su entusiasmo por la lectura. Me dijo que ese libro le había entregado unos días antes uno de nuestros oyentes, el Sr. Víctor Martínez, funcionario que lleva décadas en la Casa Argentina. Así descubrí Pialando Memorias de Carlos Robbiani. Todavía recordamos con Alberto que ese domingo, al ir comentando distintos pasajes de este entrañable recorrido por los paisajes de la memoria, se sucedían sin pausas llamadas telefónicas de la audiencia aportando sus propias vivencias en torno a los lugares, historias y anécdotas que hilvanan este retrato de la Asunción de otras épocas.

         Una de las primeras huellas que me dejó el tránsito por este magnífico conjunto de artículos periodísticos que fueron publicados entre 1976 y 1979 es sentir a Asunción con las vibraciones que desaparecieron de sus contornos pero que persisten en los afectos.

         Así, Carlos Robbiani describe que "El primer hotel que conocí en la ciudad fue el antiguo HISPANO de Palma y 14 de Mayo, cuyos propietarios eran los hermanos Grau. En las noches cálidas del verano era habitual que los dueños y sus clientes salieran a sentarse en sillas de mimbre puestas sobre la calzada que estaba pavimentada con tacos de madera. Enfrente se encontraba la confitería Felsina". Uno no puede sino trasladarse con una mezcla agridulce de melancolías y sonrisas a la calle Palma de la década del treinta.

         A partir de la lectura de este libro, cada vez que paso por esa zona aminoro la marcha del auto para mirar, y gracias a la magia del relato de Carlos Robbiani, me parece vivir esa época. Es como si por instantes, reapareciera esa Asunción que se fue para siempre pero sigue en las fibras íntimas aún de los que no la conocimos en esos años.

         Este tono de brisas del pasado que permanecen en lo más hondo de los afectos marca este maravilloso libro, publicado en 1979, de autoría de Carlos Robbiani, nacido en Buenos Aires en 1901 y fallecido en Asunción en 1986. Para quienes, como el que escribe estas líneas, los tranvías forman parte de momentos inolvidables de nuestra niñez, estas expresiones de Carlos Robbiani son de una hermosa fuerza evocadora.

         Recuerda 11 las líneas 5 (Colón y Estrella hasta las Mercedes), 2, del Puerto a los Tribunales; 10 a Villa Morra; otra a Puerto Sajonia y la que se extendía a San Lorenzo por Villa Aurelia." Con respecto a los tranvías, para los más jóvenes puede ser extraño pero Carlos Robbiani cuenta que prestaban servicios fúnebres: "Un tranvía llevaba la carroza a remolque y se daba el caso insólito que el cortejo era encabezado por los dolientes y el finado atrás."

         En esta incursión en momentos que jalonaron las historias cotidianas del siglo pasado el texto nos cuenta que las primeras transmisiones de fútbol se hicieron desde la cancha del club Olimpia en 1938 a través de Z.P. Radio Nacional de Don Américo Isern, Olimpista de corazón, un capítulo aparte es el que Carlos Robbiani, con extraordinario sentido del humor titula La noche de los platos voladores. Ocurre que el autor fue durante muchos años funcionario de la Casa Argentina. Un 24 de mayo, víspera de la fiesta del 25 de mayo, Carlos Robbiani con Néstor Loizaga Caballero (Loizaguita) sacaron el armonio que estaba preparado para el día siguiente y salieron a dar serenatas a algunos amigos argentinos. Acompañados de dos amiguitas recorrieron la noche asuncena. Pero en cierta escala de la aventura nocturna se llegaron hasta una cervecería que estaba en la calle José Berges. A Loizaguita se le ocurrió ejecutar el tango Olimpia, aquel de inolvidables recuerdos de tardes de gloria: "...Olimpia, campeón de campeones, de los once leones cansados de ganar..." Allí se armó la grande. Resultó que la mayoría de los parroquianos en la cervecería esa noche eran de la hinchada de Cerro Porteño. Volaron platos de loza en dirección a los músicos que huyeron precipitadamente, dejando el armonio en la desesperada retirada. A la mañana siguiente, la misa en la Casa Argentina tuvo como ausente al armonio, recién recuperado a la tarde.

         Pialando Memorias es un maravilloso conjunto de artículos de Carlos Robbiani que aparecieron en su mayoría en el inolvidable diario La Tribuna. Algunos fueron publicados en el también desaparecido diario Hoy. Este libro, publicado en 1979, es una cálida invitación a recorrer calles, vivencias, anécdotas y nostalgias cotidianas de la Asunción de los años que van desde la década del treinta hasta los setenta del siglo pasado. Cuenta nada menos que con el prólogo magistral de uno de los grandes maestros de la poesía paraguaya, José Luís Appleyard. Pialar equivale a enlazar y el autor consigue enlazar con elegancia esos tiempos idos. El ferrocarril internacional ya no llega dos veces por semana, ya no nos encontraremos con el antiguo hipódromo en Villa Morra. Tampoco podremos darnos una vuelta por el Bar Vila, en Palma y Montevideo. Pero los misterios de una escritura que surge de los rincones más intensos de Carlos Robbiani nos ilusionan con poder revivir en la emoción aquel tiempo que se fue. En Retrato en Sepia, novela de la chilena Isabel Allende publicada en el año 2000, la protagonista Aurora del Valle al mirar su vida hacia atrás dice que a través de la memoria "bordamos el ancho tapiz de nuestra vida". Agrega que con "estas fotografías y estas páginas mantengo vivos los recuerdos; ellas son mi asidero a una verdad fugitiva, pero verdad de todos modos, ellas prueban que estos eventos sucedieron y estos personajes pasaron por mi destino... al final lo único que tenemos a plenitud es la memoria que hemos tejido."

         Así es este conmovedor libro de Carlos Robbiani. Con el sabor nostálgico de tonos en sepia nos dice que aquello que amamos permanece para siempre. Estas notas sobre una Asunción que ya forma parte de las brumas del ayer son una caricia para el espíritu.

 

         CARLOS MARTINI

         Asunción, noviembre de 2009

 

 

 

PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN

 

EL TIEMPO RECUPERADO DE ROBBIANI

 

         El tiempo. Esa noción que tenemos los hombres de algo tan intangible, pero siempre presente, con constancia sin par, que está en nosotros y dentro de la cual nacemos, vivimos y morimos, es la tónica que da vida a este libro que reúne los artículos aparecidos en el suplemento cultural de "La Tribuna", bajo el nombre genérico de "Pialando Memorias".

         Su autor, Carlos A. Robbiani, tan conocido en nuestro medio, quiere rescatar de la fugacidad de un periódico esas crónicas que son, a su vez, un rescate de momentos idos, de personajes que estuvieron con él, muchos, en el Paraguay, otros en su entrañable Argentina. Rescate que es un homenaje sentido a un tiempo que se fue, a ese tiempo que vuelve en las líneas de Robbiani no con un sabor pleno de nostalgia, sino con una auténtica recuperación de algo que íntimamente y con motivo quedó en la memoria del autor y que fue "pialado" por él, con el estilo conciso y elegante que lo caracteriza.

         El hombre-memoria, presente y esperanza, siempre ha sido propenso a dejarse llevar por los recuerdos. Incontables son las obras que jalonan el quehacer humano desde los tiempos más antiguos, impregnadas de recuerdos.

         Es que la, memoria al concretarse en la palabra escrita, asume una suerte de desafío al tiempo y desea convertirlo en perennidad. Gracias a esos textos que son, en el decir de Proust, "una búsqueda del tiempo perdido", la humanidad ha podido recuperar momentos cuya fugacidad: ha sido vencida de tal manera

         En nuestro caso, la labor de Robbiani es encomiable, porque su intención escapa de los límites de lo estrictamente personal, para recrear una época del pasado que a él le tocó vivir y que vuelve a ser realidad mediante la feliz memoria del autor, quien generosamente capta un tiempo y nos lo da límpido, fresco, sin la amarilla platina de los papeles viejos.

         Y no falta el sentido, fino sentido, del humor en su páginas. La lectura de "Pialando Memorias" trae, casi siempre, a los labios del lector, una sonrisa, una sonrisa que en algunos es reminiscencia y en otros, fácil reconstrucción de un tiempo que no fue vivido por ellos.

         Pero no son todos recuerdos. Hay comentarios de actualidad, crónicas de viaje, contestaciones a lectores o lectoras curiosos. En fin, toda una gama que puede resumirse en amena lectura, variada y, sobre todo llena de honda humanidad.

         Sea pues bienvenido el libro, tanto por el mismo, por su valor intrínseco, como por la generosidad que entraña el gesto del autor al donar todo lo recaudado por su venta a una benéfica institución. Gesto que es si lo suficientemente definitorio de la personalidad de quien lo ha hecho.

         Esperemos que Carlos A. Robbiani, con "pialar" incansable, siga rescatando esas memorias para llevarlas, ya bien mansas, al corral que espera semanalmente en el recuadro del Suplemento Cultural de "La Tribuna".

         De esa manera, los lectores del libro, podrán tener continuidad del mismo en  dicha entrega semanal.

         Y, como colofón, nuestras sentidas felicitaciones a este argentino-paraguayo, que hace cincuenta años descubrió el Paraguay y tanto lo amó, que se quedó para siempre y se hizo jefe de una distinguida familia, arraigada a esta tierra.

         Felicitaciones por su obra y por todo lo que ella significa.

 

         JOSE LUIS APPLEYARD

         Junio de 1979

 

 

 

NOTA A LA PRIMERA EDICIÓN

 

         El autor de dato relatos es argentino. Nació en Buenos Aires Capital Federal, el año 1901, Cumplió en su país distintas actividades ejerciendo funciones en la Cámara de Diputados de la Nación desde 1926 a 1930. Ejerció el periodismo en los diarios "La Época", "Crítica" y "El Centro", y en varias revistas porteñas, fue miembro del Consejo Directivo de la Asociación Argentina de Football, es socio vitalicio del Club "Almagro" y socio vitalicio de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.

         Contrajo matrimonio en Asunción con Doña Isabel Grillón Salas.

         Tres hijos, Mabel Robbiani de Troche, Carlos María y Materé Robbiani de Wood. Once nietos: ocho paraguayos y tres norteamericanos.

         Radicado definitivamente en el Paraguay desde 1932, ejerció distintas actividades, especialmente vinculadas al comercio importador, como Director de las firmas ALBERTO GRILLON E HIJOS S.A., HIJOS DE ALBERTO GRILLON S.A., AUTOMOTORES COMERCIAL INDUSTRIAL S.A., DISTRIBUIDORES LEYLAND S.A. Fue Director Gerente de LA INDOPECUARIA S. A. desde 1939 a 1942. Accionista fundador y Director de GUARANI S.A. de Seguros. Presidió el Centro de Importadores desde 1952 a 1954.

         Durante la guerra del Chaco colaboró con la Legión Civil Extranjera y presidió la Federación de Asociaciones Extranjeras para la recepción del Mariscal Estigarribia, Presidió, la Casa Argentina, de esta capital, desde 1938 a 1954. Siendo de signado Socio Honorario de la misma. Socio fundador y Director de la Ex-Cámara de Comercio Paraguayo-Argentina presidida por el Dr. Raúl Sapena Pastor. Socio fundador y vitalicio del Club Centenario; Socio fundador y vitalicio del Jockey Club del Paraguay; socio vitalicio del Unión Club; socio fundador y vitalicio de la Asociación Paraguaya de Caminos, habiendo recibido la alta distinción de medalla de honor al mérito del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones en 1968.

         Socio vitalicio del club OLIMPIA, del cual fue Secretario varios años; socio vitalicio del Club Deportivo de Puerto Sajonia y del club Náutico San Bernardino.   Desde su radicación en nuestro país ha colaborado en diarios y revistas de Asunción y actuado en distintas radio-emisoras; auspiciando en sus comienzos las transmisiones de partidos de football, iniciadas en 1938 en la antigua ex-Z.P. 4 Radio Nacional, en una audición llamada "Horizontes", que se sostenía sin publicidad comercial. Es miembro correspondiente del Instituto Sarmiento de Sociología é Historia de Buenos Aires y membership de la National Geographic de Washington D.C. Tiene en preparación los libros "Carreteras del Mundo" y "MEMORIAS DE CINCO DECADAS" historial de la Casa Argentina.

 

         José O. Capello

Editor

 

 

 

PIALANDO MEMORIAS

CRÓNICA III

Publicada en La Tribuna el 14 de diciembre de 1975

 

LA MUERTE DE LA RATA BLANCA

 

 

         Fue en la primera quincena del mes de diciembre del año 1937, como a eso de la Oración...  

         El ventanillero del Telégrafo Nacional leyó con asombro el texto de un telegrama URGENTE RECOMENDADO, que le acababa de pasar un señor de apariencia extranjera a quien acompañaba el que esto relata. El mensaje decía: NEUMATICOS GOOD YEAR -BUENOS AIRES - NO ME IMPORTA LO QUE DIGA EL DEPARTAMENTO NACIONAL DE HIGIENE STOP NO PODRE SALIR DEL PARAGUAY HASTA QUE MUERA UNA RATA BLANCA.

         Y firmaba: ESTRUCH.

         El remitente era representante de una importante fábrica de neumáticos de Buenos Aires, que se encontraba en Asunción en una campaña de promoción de ventas en conexión con la firma concesionaria local.

         En esos días nuestro país se encontró sumido en una gran incertidumbre ante el amago de un sospechoso brote de fiebre amarilla. El gobierno, las autoridades sanitarias y la población en general se sintieron alarmados, y se adoptaron severas medidas, entre ellas la vacunación masiva de la población, con la colaboración de la Fundación Rockefeller, instalándose numerosos puestos sanitarios para la inoculación de la vacuna preventiva. Los trastornos a que dio lugar afectaron a todas las actividades, especialmente al tráfico con los países vecinos, que clausuraron sus fronteras como medida precaucional. Es así, que para poder salir del Paraguay era indispensable un certificado especial de vacunación extendido por las autoridades sanitarias.

         El proceso de vacunación era como sigue: se inoculaba el contenido de una ampolla repartido entre ocho personas y el resto era inyectado en una rata blanca, que oficiaba como testigo. Si a los pocos días ésta moría, la vacunación era positiva y entonces se extendía el correspondiente certificado a cada sujeto. Quien estas líneas escribe tiene en su poder varios pertenecientes a sus familiares, firmados por un doctor Caio de Souza Gouvea, y con el sello del "Servicio de Fiebre Amarilla - Ministerio de Salud Pública". La obtención de este certificado dio lugar a situaciones muy pintorescas y una de ellas es la que relatamos.

         La reacción violenta del señor Estruch al remitir el el telegrama citado al principio de esta crónica, fue activada por la insistencia de su compañía para que regresara urgentemente a Buenos Aires. Y a tal efecto le enviaron un telegrama que decía: DEPARTAMENTO NACIONAL DE HIGIENE DE BUENOS AIRES INFORMA ''QUE USTED PODRA REINGRESAR A LA ARGENTINA POR PUERTO CORRIENTES.

         La errónea información de la autoridad sanitaria del país vecino, dio lugar a la insólita respuesta de Estruch a los directivos de su compañía. Alarmado éstos por lo raro del texto telegráfico recibido, llamaron reservadamente por teléfono a los con cesionarios locales, pidiendo información sobre el estado mental de su empleado. Pudo así aclararse que lo expresado por Estruch era cierto. Como él también había sido vacunado, no podría salir del país hasta obtener el certificado, es decir, hasta que muriese la correspondiente rata blanca.

         Esta evocación, a casi cuarenta años de distancia, rememora las jornadas de ansiedad vividas en ese lejano ayer y señala con admiración la labor cumplida por nuestro abnegado cuerpo médico y la invalorable colaboración prestada por la humanitaria Fundación Rockefeller.

 

 

PIALANDO MEMORIAS

CRONICA VI

Publicada en La Tribuna el 15 de Febrero 1976

 

PUERTO BELVEDERE

 

         Mi vecino don Filemón, amigo de añares, es un culto y pulcro ciudadano paraguayo, oriundo de Villarrica, con quién mantenemos una relación que se inició antaño, cuando en las horas sombrías de la guerra del Chaco compartimos, sumados al pueblo capitalino, los infortunios de la injusta contienda, trocados después en el Júbilo de la victoria final.

         Con él y otros amigos, muchos de ellos ya partidos para el viaje sin retorno, vivimos entonces las alternativas de la lucha y tratamos de contribuir al esfuerzo de la Nación en armas en todas las formas que podíamos. Muchas veces, con ellos, fuimos espontáneamente a hacer donación de sangre, lo que en cierto modo constituía una forma de heroísmo... Con la precaria técnica de la época los donantes corríamos tanto peligro como los receptores...

         Con éste don Filemón tuve una agradable charla las otras noches. Pasando por su vivienda lo vi sentado en su jardinillo, tomando el fresco del anochecer. Me invitó a pasar y entablamos un ameno coloquio tocando diversos tópicos de actualidad, hasta que surgió el trillado tema del transporte.

         Fue una amalgama de pasado y presente y mi amigo recordó como era el servicio público en aquellos años. Los tranvías de la C.A.L.T., los ómnibus que ostentaban los tableros "Puerto - Belvedere", "Puerto - Villa Morra", etc., vehículos sumarios con carrocerías de madera montada en clásicos Chevrolet, Ford e International, que dentro de su relativo confort llenaban completamente su misión, sin apretujones y con limpieza. Aquellos mismos camiones que al iniciarse la contienda, fueron movilizados en masa para el transporte de las tropas en el Chaco.

         Recordando los viajes urbanos de entonces, don Filemón me dijo con melancólica añoranza: ¡Qué diferente es ahora! Imagínese, yo salgo de mi casa temprano para ir al centro, a mi oficina. Lo hago vestido con pulcritud y me paro en la esquina en espera de un micro o colectivo al que pueda ascender.

         Pasan muchos pero todos repletos, algunos con más pasajeros parados que sentados, apretujados y prendidos como reses de carnicería a los pasamanos del techo. Cuando consigo subir a uno que se ha detenido, debo antes esperar que el guarda baje 20 sillas que trae en el techo, propiedad de una abnegada mujer que las lleva a vender al mercado.

         Esquivando las sillas que pasan rozando sobre nuestra cabeza, logro introducirme en el pasillo. Leche, cajones y bolsones con carne ocupan el piso del vehículo y es cuestión de tener habilidad circense para sortear tantos obstáculos.

         A ello se agrega el carpintero que sube con sus herramientas y nos pasa despreocupadamente el serrucho por la carótida o el vidriero que porta una peligrosa placa de cristal. Al término del viaje, cuando me apresto a descender en la parada céntrica noto que uno de los botones de mi saco está prendido en la sotana de un sacerdote que viaja a mi lado, también él parado. Con todo respeto le digo: Padre, por favor se desabrocha la sotana que estoy prendido a ella?... Cuando me siento liberado noto que mi pierna derecha está enredada con la de una señorita muy mona, de esas que usan mucho azul "para tu belleza sin par" en los párpados... No tengo más remedio que decirle, ruborizado: Por favor niña, quiere desenganchar su pierna ¡...Por fin desciendo, las manos pringosas y el infaltable estirón del guarda con el consabido: Pronto Señor! ...

         Como puede apreciarse, esto de don Filemón no es solo historia pasada. Es también presente que proclama su certitud en la experiencia cotidiana de miles de sufridos usuarios de los medios de movilidad que en el curso de los años no han seguido el ritmo de progreso alcanzado por nuestra ciudad alegre y confiada en otros aspectos urbanísticos.

         Terminó la amable plática con el viejo amigo y éste me dice a modo de despedida: Cuántas ilusiones me había hecho yo con: el TRANVIA BELGA... pero paciencia, que le vamos a hacer...

 

 

PIALANDO MEMORIAS

CRÓNICA XI

Publicada en La Tribuna el 15 de Agosto de 1976

 

LAS PALMEADAS DE ANTAÑO

 

         Al cumplirse en la fecha la celebración del 439° aniversario de la fundación de Asunción, vuelve a nuestra mente el recuerdo de las infinitas jornadas en las que en el curso de casi medio siglo cumplimos el ritual de transitar la calle Palma, foro obligado de la actividad capitalina, cuyas aceras recorrimos por primera vez allá por los años treinta, cuando vinimos a conocer el Paraguay.

         La placentera ciudad de entonces no era la urbe superpoblada, agitada, nerviosa y plagada de "smogs" y ruidos molestos de la que hoy nos enorgullecemos, pregonando su adelanto edilicio.

         El tráfico en sus calles se circunscribía a la circulación sin atropellos de un parque automotor incipiente, los clásicos tranvías de la C.A.L.T., muchas carretas y las folklóricas burreritas que ponían su nota colorida en sus correrías domiciliarias.

         No había estridencias de motores y bocinas y menos aún la contaminación ambiental asfixiante del transporte automotor que ahora soportamos.

         Eran "altri tempi" como dice el amigo Don Filemón. La vida transcurría plácidamente y los problemas - que siempre los hubo en éste mundo - se resolvían sin la angustiosa incertidumbre de hoy que expone a la sorpresa del infarto acelerado.

         Evocando la calle Palma de antaño, mi más remoto recuerdo es del día que por primera vez fui peatón en ella.

         Venía de Buenos Aires con atuendo muy porteño y cubría mi cabeza una galera inglesa de las que se usaban en esa época. Cada tantos pasos que daba sentía unos golpecitos en la bombeada copa de la prenda. Después de caminar dos cuadras pude saber la causa. Era una pandilla de mitaí lustrabotas que me seguía haciendo puntería con piedrecitas en el sombrero...

         Con el correr de los años me familiaricé tanto con la diaria "palmeada" que no hubo, negocio en la misma donde indefectiblemente no me hiciera habitué. El primer hotel que conocí en la ciudad fue el antiguo HISPANO de Palma y 14 de Mayo, cuyos propietarios eran los hermanos Grau. En las noches, cálidas del verano era habitual que los dueños y sus clientes salieran a sentarse en sillas de mimbre puestas sobre la calzada que estaba pavimentada con tacos de madera. Enfrente se encontraba la confitería Felsina, la Oficina de Cambios que dirigía el Dr. Jacquet; la casa Rius & Jorba que abría sus puertas en el antiguo edificio con una súper tienda múltiple anticipándose así a los "súper-mercados" de la actualidad.

         En las cuadras siguientes la farmacia Catedral - más del tipo de la botica antigua con sus clásicos recipientes de drogas de fina cerámica, era la casa importadora de olvidados productos farmacéuticos europeos o americanos que han pasado a ser un melancólico recuerdo: la Hiperbiotina Malesci, el Wampolev, la emulsión de Scott, la Seneguina ("Toma Seneguina y déjate de toser") era el slogan publicitario; la Solución Patauberge; la Antica Pastiglia dil Re Sale; el Tricófero de Barry; el Girólamo Pagliano; el Agua Florida, etc. Allí se iba a buscar todos los años el Almanaque de Bristol, especie de oráculo anunciador del tiempo, las crecientes y las lluvias.

         Otro lugar de frecuentación lo constituía la Librería de Puigbonet, al lado de la Joyería de los Hermanos Carrón, frente a la plaza del actual Panteón. En la trastienda de Puigbonet se reunían diariamente muchos intelectuales de la época y era frecuente la presencia de Don Viriato Díaz Pérez derramando sus eruditas charlas.

         No puede olvidarse al hablar de Palma la casa el "DERBY" con su similar La Gran Galera, proveían a los elegantes asuncenos la rigurosa moda europea. Panzano, uno de los propietarios de "El Derby" fue un inolvidable animador de las reuniones del legendario Centro Español y promotor de sendas excursiones suburbanas que terminaban bajo el dosel de las estrellas.

         En Alberdi casi Palma, la Casa Regojo (hoy asentada en el antiguo local de "El Derby") su propietario Don Ricardo Gayol recibía en su trastienda una crecida concurrencia de "palmeantes" y allí, contagiados por su espíritu generoso se forjaron sólidas amistades entre paraguayos y argentinos.

         Muchos habrán olvidado ya que en la calle Palma estaba instalado el Tribunal de Jurados que presidía el probo magistrado Dr. Sisa. Muchas veces fuimos atrapados por la citación para integrar el jurado en alguna causa criminal. Era carga pública, pero finalmente, después de haber pasado la agotadora experiencia en varias oportunidades aprendimos el secreto de eludir el compromiso: dar parte de enfermo "al ujier notificador" con los consabidos viáticos compensativos...

         Continuando nuestra reseña retrospectiva recordamos de paso otras firmas comerciales que han desaparecido o han evolucionado en la actualidad: la casa Segura Latorre y Cía., tienda popular que anualmente, al realizarse la zafra del azúcar obsequiaba a sus clientes con un kilo del producto edulcorante.

         La Gran Casa Francesa, la Casa Alegre, donde ahora tiene su sede el Ministerio de Hacienda; Etchegaray & Díaz de Espada; Artaza Hermanos, Alberto Grillón e Hijos S. A., Vicente Scavone; José Berges, la farmacia Charpentier (al lado del Unión Club); la I.P.A.S.A. y muchas otras que sería largo enumerar.

         Llegados así a los comienzos de Palma, en la esquina de Montevideo surge la melancólica evocación de un local frecuentado por infinitud de representantes de las más diversas actividades: cálido y acogedor oasis en el diario trajinar.

         Fue como un club informal, sin estatutos, sin cuota mensual. Allí llegaban frecuentemente muchos "palmeantes" en busca de un momento de solaz. Congregábanse allí los comerciantes, industriales, y empresarios de la zona portuaria y se trababan sólidas amistades que perduraron en el andar del tiempo.

         Su recuerdo, hoy, en ésta reseña "palmera" me obliga a mencionar con gratitud los nombres de muchos de ellos, con los que compartimos horas muy felices; el Cnel. León Fragnaud; el Ing. Talia; el Ing. Amodei y el señor Franchi (de la C.A.L.T.), Don Víctor Ocampos; Don Julián Etchegaray; Don Raúl Díaz de Espada; los hermanos Artaza; Don Segundo Bosio (de la Cervecería Nacional); don Héctor Izáguirre (de la fábrica de fósforos); los hermanos Lebrón; los hermanos Campaya; los hermanos Venzano; Don Alfredo Toja; Don Ernesto Malaspina; los hermanos Canessa; don Atilio Galfré; don Manuel Acevedo; don Enrique Zavala; don Antenor Soloaga; el Dr. J. Bernardino Gorostiaga; Don José Cortéz Juárez y muchos más que irán cobrando vida en futuras crónicas de la nostalgia.

         Si alguien pregunta el por qué de la mención de tantos nombres, yo le diría: Porqué como lo dijo Saint Exupery en el prólogo de su maravilloso poema "EL PRINCIPITO", NADA MAS TRISTE QUE OLVIDAR A UN AMIGO! Y yo no olvido a los que me brindaron el lujo supremo de la amistad. Con ello me pongo a cubierto de esa tristeza del olvido evocando a los que se fueron y deseando ventura y bonanza a los que aún quedan, hasta que la gran computadora universal nos marque la tarjeta con la perforación final.

 

 

 

PIALANDO MEMORIAS

CRÓNICA XII

Publicada en La Tribuna el 19 de Setiembre de 1976

 

INOLVIDABLES SERVICIOS TRANVIARIOS

 

         Los servicios tranviarios de Asunción, que aún se mantienen como una tradición capitalina pese al obsoleto material rodante y las gastadas vías, eran allá por los años treinta administrados por la Compañía Americana de Luz y Tracción (C.A.L.T.), la cual proveía también el alumbrado público y domiciliario con eficiencia; de acuerdo a los medios técnicos de esa época.

         El servicio tranviario, reducido ahora a unos pocos coches en la línea 5 (Colón y Estrella hasta Las Mercedes) a los que se agrega algunos días el pintoresco tranvía belga, circulaban entonces por las líneas 5, y 2, del Puerto a los Tribunales; 10, a Villa Morra; otra a Puerto Sajonia y la que se extendía hasta San Lorenzo, pasando por Villa Aurelia. Hacía el transporte de pasajeros con regularidad y sin hacinamientos". También había tranvías mixtos que circulaban con acoplados, en los que se ubicaban las clásicas vendedoras con su carga de canastos, atados, etc.

         Otro aspecto de la C.A.L.T. como empresa de transporte lo constituía el servicio funerario, meritoria función social muy necesaria para conducir los sepelios a la Recoleta. Un tranvía llevaba la carroza a remolque y se daba el caso insólito que el cortejo era encabezado por los dolientes y el finado atrás. Ocurría muchas veces que el acoplado descarrilaba en alguna curva, debiendo entonces el cortejo bajar para ayudar a colocarlo en las vías. Con el correr de los años éste servicio desapareció siendo reemplazado por empresas especializadas que hoy conducen a la última morada con toda la pompa que se pueda ambicionar...

         En muchas oportunidades, vimos en horas nocturnas circulando tranvías "nupciales"; habilitados especialmente por la servicial empresa para conducir a novios y acompañantes de un extremo a otro de la ciudad. Era una época apacible en la que todos los problemas tenían solución. La palabra imposible solo se la podía leer en el diccionario.

         La notoria eficiencia y el afán de servir de esa empresa era proverbial y está presente en la memoria de los deportistas de entonces el recuerdo de la primera instalación lumínica que el club Olimpia inauguró allá por 1939, para la práctica de partidos nocturnos. El club decano, presidido por don Juan Pablo Gorostiaga acompañado por los señores Odón Frutos; Dr. Cantalicio Franco Torres; Carlos A. Robbiani; Dr. Juan Wasmosy; Oscar S. Netto; Dr. Diego Amarilla; Manuel Angulo, A. Rojas González; Higinio Ortiz; Buenaventura Medina; Roque Battilana; M. Ruiz Gómez; Dr. T. Sánchez Zorrilla; V. Caldarera; Herminio Arietti; Dr. Domingo lnchausti y G. Vidal, había obtenido un triple campeonato y con un loable propósito de expansión adquirió el actual predio de Para 1, dejando su antigua cancha del Parque Caballero. Surgió entonces la iniciativa de dotar de iluminación al naciente estadio y, consultados los ejecutivos de la C.A.L.T., señores Amodeí y Franchi; éstos dispusieron la inmediata instalación de columnas de alumbrado público en torno de la cancha. Fue un ensayo que no prosperó, pues la luz resultó insuficiente y los pocos partidos disputados en horas nocturnas, se desarrollaban en una semipenumbra que dificultaba las jugadas. No obstante, se mantuvo latente el propósito perseguido, hasta lograrse años después la moderna instalación lumínica con que hoy cuenta el estadio, donación del señor Manuel Ferreira, siendo Presidente de la entidad.

         Como puede apreciarse la C.A.L.T. estaba siempre dispuesta para colaborar con iniciativas que comportaran aperturas hacia el progreso, en una ciudad que aspiraba a alcanzar la importancia urbana que hoy nos enorgullece, a pesar del aluvión multitudinario que soportamos.

         Otra empresa que no se olvida fue la primitiva Telefónica, que instaló los primeros teléfonos en Asunción. Ella facilitó la irradiación de las primeras transmisiones deportivas desde la cancha de Olimpia, en el año 1938, estableciendo la conexión de sus líneas con la radio-emisora Z. P. 4 Radio Nacional, de don Américo Isern. Estas transmisiones fueron posibles con la colaboración económica prestada a los deportistas que tomaron la iniciativa, por las firmas comerciales Farmacia La Catedral de Scavone Hermanos; Alberto Grillón e Hijos S.A.; Segura Latorre y Cía.; Casa Regojo; Bar Vila; Vicente Scavone; Campos e Hijos; y otras.

         Las primeras transmisiones fueron muy accidentadas pues el cable de conexión con la línea telefónica pasaba entre los pies de los espectadores, produciéndose frecuentes cortes.

         El equipo técnico que integraban los hermanos Noriega, el Ñato Rodríguez y Campaya, se esforzaban Domingo tras Domingo -como voluntarios precursores, para perifonear el desarrollo de los partidos. Posteriormente apareció en el éter la voz de Pedrito García -con justicia llamado hoy el padre de nuestra radiofonía deportiva, quién perfeccionó las transmisiones con vocación de verdadero maestro.

         Las puras emociones deportivas que resurgen en ésta evocación de días felices, nos retrotraen al domingo aquél en que se propaló la primera transmisión, hace 38 años, y la hinchada adversaria -decimos adversaria porque en el fútbol no existen enemigos -descargó una copiosa lluvia de naranjas a quienes rodeaban el micrófono, tan copiosa que parecía llover el maná bíblico.

 

 

PIALANDO MEMORIAS

CRÓNICA XVII

Publicada en La Tribuna el 28 de Noviembre de 1976

 

MURIÓ COMO UN PAJARITO

 

         En la observación atenta de los "modus vivendi" que explota mucha gente en la comunidad, captamos tipos singulares que ganan el pan cotidiano en el ejercicio de raras actividades.

         El culto de la muerte que ancestralmente practica la humanidad, tiene su expresión más perfeccionada en la floreciente industria funeraria, de las denominadas "sin chimeneas", que en las grandes ciudades y en todo el mundo, se disputan tenazmente el mercado.

         Factor fundamental para el éxito de la empresa es el denominado en la jerga del oficio, "el lechuza". Cada compañía tiene regularmente instalados en los barrios más importantes de la ciudad un "lechuza", personaje que se especializa en llevar un censo de las familias de la zona, indagar su capacidad económica y enterarse de su estado sanitario y seguir paso a paso las alternativas de enfermedad, del o los vecinos, que puedan ser candidatos a utilizar los servicios de la empresa. Es un experto dotado de grandes virtudes psicológicas, gran fisonomista, hábil conversador y de innata simpatía que prodiga en el café o bar esquinero, donde establece su cuartel general y en las recorridas constantes que realiza por las calles aledañas y conversando con porteros, empleadas domésticas y proveedores en general. Así obtiene su cotidiana información y así se entera, por ejemplo, que el señor del 4, piso "A" de la propiedad horizontal lindera, ya ha recibido los auxilios espirituales. Ello le indica la proximidad del desenlace y, desde su mirador del café esquinero atisba ese momento de nerviosas idas y venidas de los parientes, seguro indicio de que el óbito ha ocurrido. Entra entonces a actuar y se hace presente en el 4° A dando pésames a los atribulados deudos pronunciando adjetivos laudatorios para el finado. Ante la confusión reinante se convierte en consejero y se ofrece gentilmente para allanar todas las dificultades inherentes, obtener certificados, autorización para el sepelio, etc. y finalmente les da por resuelto la contratación del servicio, para lo cual él les conseguirá las mejores condiciones de una empresa de la que es muy amigo... Introducida la cuña no le resulta difícil conseguir la autorización de los deudos, con quienes arregla el servicio requerido más los adicionales que va haciendo agregar, aprovechando la tribulación reinante y también la vanidosa condición humana. Ha cumplido así exitosamente su misión y seguro de que la empresa no sufrirá ningún quebranto, pues sabe de antemano por el fichaje que lleva de los vecinos del barrio que éstos nuevos clientes son gente de solvencia reconocida.

         Suele darse el caso de que dos de estos profesionales coincidan en un mismo caso, pero ello no crea problemas pues las reglas éticas del oficio son estrictas y uno de ellos se aviene a ceder, considerando que el competidor le ha ganado de mano... Vale la pena decirlo: aquí en Asunción también los hay y son muy competentes y serviciales...

         Inmersos en estas pretensas observaciones de psicología ciudadana nos viene a la mente otro tipo infaltable en los velatorios. Este no es profesional y nada tiene que ver con el negocio. Es sólo un "pasatiempista". Únicamente busca pasar la noche en agradable plática con los concurrentes, beber sendos cafés o bebidas que siempre circulan y en muchas oportunidades participar en los "piscolabis" que son habituales y necesarios para reponer energías en la larga noche del velatorio.

         Este "pasatiempista" elige siempre para asistir un velatorio de categoría. Llega correctamente vestido, pone cara de circunstancias y pregunta al primero con quien tropieza: ¿DONDE ESTA EL FINADO? El interpelado generalmente responde ES EL QUE ESTA EN EL CAJÓN ENTRE LAS CUATRO VELAS... Da las gracias y se acerca pausadamente hasta el féretro. Allí, contemplando al finado, dice: ERA TAN BUENO, ¿DE QUE HABRÁ MUERTO?...

         Una mujer enlutada, la viuda, que se encuentra al lado, le dice: MURIÓ COMO UN PAJARITO! y estalla en sollozos. Él repite: ¿COMO UN PAJARITO? SI, dice la señora. Tenía el "hobby" de la fotografía y ayer se subió al mango que en el fondo para sacar poses de las hijas del vecino, que se broncean en la terraza. El padre que lo descubrió oculto entre las ramas del árbol, lo bajó de un tiro de escopeta. IGUAL QUE UN PAJARITO...

         Con las condolencias de circunstancias, nuestro personaje sale hacia el jardín de la casa ya muy concurrido por amigos de la familia. Allí toma asiento, dialoga con los circunstantes y pasa la noche en abundante compañía. Al llegar la aurora, sale pausadamente, murmura sotto-voce un HASTA LUEGO y se va, caminando lentamente por las calles solitarias que van cobrando vida y color con las primeras luces del alba inquieta. Es un noctívago, de esos que no pueden dormir de noche y ha descubierto la forma de pasarlas muy entretenido y hay muchos de estos...

 

 

PIALANDO MEMORIAS

CRÓNICA XXII

Publicada en La Tribuna el 10 de Abril de 1977

 

SIN TOQUES DE CAMPANA NI BANDERA ROJA

 

         El 18 de setiembre de 1955, se realizó la reunión inaugural del hipódromo de Tembetary, con un programa de 5 carreras con distancias de 300 a 500 metros, que era todo lo que posibilitaba la pista inicial. Los premios instituidos a los ganadores oscilaban entre G. 15.000.- y G. 5.000.- Y el precio de la entrada a la tribuna oficial (paddock), era de G. 50.- La primera reunión fue prestigiada con la presencia del Excmo. Señor Presidente de la República Gral. de Ejército Don Alfredo Stroessner y las instalaciones fueron bendecidas por el Excmo. Arzobispo de Asunción, Monseñor Aníbal Mena Porta.

         Integraban la Comisión de Carreras los señores Don Antenor Soloaga como Presidente, el Gral. Quintín L. Parini; Don Julio Cálcena; Don Segundo Gorostiaga; Don Antonio Saccarello; Don Adolfo Brusquetti y Don Juan Bibolini. Los jueces de llegada eran el Dr. Mario Balmelli; el Mayor Virgilio Candia y el Dr. Víctor Abente Saguier. Las funciones de largador fueron confiadas a un veterano del antiguo hipódromo de Villa Morra, el señor Enrique López D. Como lo expresó elocuentemente en el discurso inaugural el Presidente del Jockey Club, Dr. Gorostiaga, se cumplió con esa inauguración el anhelo de un gran número de aficionados, de dotar a la ciudad de Asunción un circo de carreras que a más de permitir la práctica del "deporte de los reyes" fuera factor primordial para el incremento y mejoramiento de la raza caballar.

         Fue el principal gestor y animador de la empresa el Dr. J. Bernardino Gorostiaga (ya citado), siendo a la sazón Ministro de Educación y Culto y presidente del Unión Club. El luchó tenazmente por dar sólidos fundamentos a la naciente entidad, consiguiendo la aprobación de los Estatutos por Decreto N° 11.770 del 16 de Junio de 1952; la Ley N° 324 que aprueba el Decreto Ley N° 35, del 31 de Mayo de 1954, por la cual se concede al Jockey Club del Paraguay "el derecho a establecer uno o más hipódromos de carreras en la Capital y sus alrededores".

         La primera Comisión Directiva fue integrada por los señores Dr. J. Bernardino Gorostiaga, como Presidente; Don Adolfo P. Monges, vice-presidente 1°; Mayor Don Aníbal Clavell, vice-presidente 2°; Don Pablo Giménez Núñez, como Tesorero; Don Carlos A. Robbiani como Secretario; miembros titulares el Dr. Víctor Abente Saguier; Tte. Coronel Enrique García de Zúñiga; Don Tomás Esteche Fanego; Don Nicolás Bó (h); Mayor Néstor Ferreira; Don Oscar S. Netto y Don Eugenio Vaesken; actuando como miembros suplentes los señores Don Julio Cálcena; Don Marcos Ortiz; Don Adolfo Brusquetti y como Síndico el señor Don Miguel Angel Gatti.

         Cabe agregar que en renovaciones sucesivas integraron la C. D. el Gral. Don Herminio Morínigo; Don Alfredo Toja y el Ing. Carlos Díaz de Bedoya y Don Enrique Mojoli y otros quienes también prestaron entusiasta colaboración.

         En la evocación de la jornada inicial, no podemos eludir el punzante recuerdo de las alternativas preliminares en las que hubo que sumar voluntades y vencer la incertidumbre que ensombrecía al panorama. La construcción de la pista inicial de 500 metros fue una hazaña. Felizmente, el apoyo brindado al proyecto por el Excmo. Señor Presidente de la República Gral. Stroessner, permitió salvar todos los obstáculos y las maquinarias movedoras cedidas por el Comando de Ingeniería, a cargo del General Juan A. Cáceres, hicieron el resto. Hubo que improvisar en muchos aspectos, pero finalmente todo estuvo planeado para comenzar la actividad turfística el 18 de Setiembre de 1955, con una concurrencia extraordinaria.

         Fue una soleada tarde primaveral y se dio comienzo al programa con la recepción del Primer Magistrado y altas autoridades; la bendición de las instalaciones y el discurso del Presidente del Jockey Club.

         De inmediato se abrieron las boleterías del sport, para la cotización de la primera carrera. Era el premio "CRIOLLITOS", distancia de 300 metros, con cinco caballos anotados: YURU-ACUA, ROSITA, CARIBE, FRUTERA Y CHIQUITO.

         El largador, señor Enrique López D., se dirigió hacia el starting y allí hizo alinear a los competidores. Con las alternativas de nerviosismo dominante en todo debut, este funcionario, en forma inexplicable daba su experiencia del oficio, dio la suelta sin esperar los tres toques de campana y el izamiento de la bandera roja.

         Con estupor de toda la asistencia se vio venir el pelotón equino, cuando aún estaban abiertas las boleterías y sin darse la cotización final. Necesariamente, hubo que anular la carrera y devolver a los apostadores el importe de los boletos. Paulatinamente se reanudó la fiesta hípica y las siguientes carreras se desarrollaron con toda normalidad.

         Así, a casi 22 años de su inauguración, vemos con legítima satisfacción el crecimiento de una institución que por la acción progresista de los continuadores, se proyecta a un futuro promisor con obras de indudable valor turfístico y social.

         Con el recuerdo de aquella jornada inicial nos sentimos aprisionados por la red emocional y vemos desfilar por la mente las caras imágenes de tantos amigos que ya no están y que contribuyeron con entusiasmo a la realidad de un proyecto utópico ante el descreimiento de los más, que lo consideraban irrealizable.

         De los que quedamos y que tuvimos la suerte de vencer el embate del tiempo, nos sentimos felices de poder darnos un fraterno abrazo evocador, en los esporádicos momentos de algún encuentro fortuito, que hace acelerar el palpitar del corazón.

         Sea ésta crónica como un homenaje a los que se fueron, como un aplauso a quienes ahora asumen el compromiso institucional y como un cordial tributo de amistad a la memoria del tenaz realizador que fue el Dr. J. Bernardino Gorostiaga, (Naino, como lo llamábamos familiarmente).

 

 

 

PIALANDO MEMORIAS

CRÓNICA XXV

Publicada en La Tribuna el 29 de Mayo de 1977

 

“CHUPÍN” A LA MARINERA

 

         En años pretéritos, "altri tempi" como dice nuestro amigo Don Filemón el guaireño, cuando aún no había infarto porque aun no lo habían inventado y por ello a nadie le daba, pasábamos las jornadas laboriosas sin los sobresaltos, las angustias y los problemas que hoy ensombrecen el vivir contemporáneo, donde ya no se conocen los amaneceres que se inician cantando. En la sucesión de los días, hoy vivimos procurando salvar las vallas que se nos presentan en la senda que hacen que el mañana inmediato esté precedido de nebulosas incertidumbres.

         Los hombres de trabajo, los empresarios, los profesionales no gozan ya, pese al desarrollo y el crecimiento, de la independencia de aquellos días de antaño, en que nos era posible liberarnos de obligaciones y ataduras propias de las actividades y que, finalizada la semana nos permitían un puente saludable y reparador, buscando en el contacto con los espacios libres el goce de la gloria de vivir.

         Conocimos y frecuentamos entonces a muchas personas vinculadas a las actividades empresarias más diversas y todas, sin excepción, encaraban la existencia con el concepto de que si ella impone trabajo, lucha y esfuerzo está también regida por el ejemplo Divino de la Creación: Dios hizo el mundo en seis jornadas pero en la séptima descansó!

         Así, recordando a aquellos amigos, ya casi todos desaparecidos, evocamos hoy la figura de un gran empresario de nuestro medio, dotado de un espíritu emprendedor y creador que supo transitar por las sendas que llevan a la meta del triunfo. Era Don Manuel Ferreira, importador prominente, industrial y ganadero, que anticipó en varias décadas la imagen de lo que ahora se denomina "ejecutivo".

         Fue cultor del precepto d'anunziano: "Navigare necesse" y de su complemento poético "Arma la prora e zalpa vesil mon do", siendo él de los primeros que buscó los contactos directos con países lejanos para la promoción de los intercambios fructíferos. Posiblemente, el primero que intuyó en el Lejano Oriente estaba la realidad de algo grande que surgía y, creemos que su viaje al Japón fue precursor de corriente que hoy fluye del país del Sol Naciente hacia nuestra tierra, en aporte de laborioso elemento humano migratorio y en la comercialización de los productos de su técnica avanzada. De aquel viaje trajo Don Manuel sendas representaciones importantes y entre ellas, un variado stock de productos alimenticios enlatados (conservas de una rica fauna marítima) que hicieron las delicias del paladar de los "gourmets".

         En cierta oportunidad un grupo de amigos fuimos invitados por el citado empresario para hacer un paseo fluvial por el Río Paraguay, embarcados en el yatch de su propiedad, apostado en la bahía, para disfrutar la jornada dominical en la confortable embarcación. Los invitados además del que esto relata eran Don Silvio Ferrario, Don Raúl Díaz de Espada, Don Ernesto Malaspina, Don Ricardo Gayol y Don Guillermo Gatti.

         Se programó anclar en Remanso Castillo, en la correntada, en espera que un pescador profesional llevado a remolque del buque con su canoa, proveyera con su redada pescado destinado al almuerzo a bordo, que sería con la base de un plato fuerte, "chupín" a la marinera, cuya preparación estaba a cargo del suscrito con la colaboración del cocinero del barco.

         Sucedió que en esa mañana las aguas de Remanso no estaban pródigas en peces y así, a las 11:30 horas, el pescador profesional después de echar sus redes con empeño, sólo trajo unos pocos pescados insuficientes para preparar un "chupín" de categoría. Por lo tarde de la hora, consultamos con el cocinero su opinión y éste nos dijo: "Dele patrón. Hay un armado chancho, varias corvinas y bagres. Creo que con eso y las latas que hay en la despensa se puede intentar".

         MANOS A LA OBRA, le dijimos. LIMPIA LOS PESCADOS y ADELANTE!          Debemos aclarar al lector, que el cronista es un amante de la culinaria que practicó como aficionado desde su juventud. Un "chupín" marinero requiere ingredientes básicos esenciales: aceite noble, pescados, aditivos varios y galleta marinera. Esta última la llevamos al embarcarnos, preparada especialmente por la famosa panadería portuaria de los Ligier.

         Mientras se preparaba el almuerzo, los demás excursionistas iniciaron una partida de pócker en el salón comedor y entretanto, con la ayuda del cocinero iniciamos la obra culinaria con los elementos disponibles. Al agotarse el escaso pescado se comenzó a abrir latas de mariscos japoneses con lo que la olla quedó colmada. No se mezquinaron ingredientes y aquello resultó de antología. Un poema tentador de aromas y sabores insólitos. Posiblemente por exceso de los aditivos agregados y los mariscos...

         Basta decir que los comensales se excedieron todos en repetir y repetir el manjar, con el complemento obligado de libaciones que se multiplicaron durante toda la tarde hasta agotar totalmente la abundante provisión de bebidas heladas de la bodega del yatch.

         De retorno a Asunción, al anochecer, al desembarcar en puerto rumbeamos apresurados hasta el refugio del Bar Vila, donde todos comenzaron a ingerir helados para aplacar la sed, y el fuego del plato marinero, consumado en aguas del Río Paraguay, que en ese día, por un raro desplazamiento de cardúmenes y ausencia de pesca, nos obligó a lograrlo con enlatados japoneses...

         Por largo tiempo, al encontrarnos en la frecuencia diaria, los participantes de aquella inolvidable jornada náutica no dejaron de aludir al episodio, en el que experimentaron el tormento de la sed, como beduinos perdidos en el desierto.

 

 

 

PIALANDO MEMORIAS

CRÓNICA XXVIII

 

Publicada en La Tribuna el 10 de Abril de 1977

 

DE TIMADORES Y DE VIVOS

 

         El mes pasado se publicó en los diarios de Buenos Aires como noticia policial, el hecho insólito de que a un incauto ciudadano lo hicieron objeto de una cuantiosa estafa, vendiéndole nada menos que el buque "RIO TUNUYAN" de la flota mercante nacional. Cuando el flamante propietario naviero fue a tomar posesión del barco, anclado en el puerto bonaerense, se descubrió el timo de que había sido víctima la policía, en un rápido operativo logró dar con los delincuentes y rescatar gran parte de lo oblado por el candidato.

         El episodio nos trae a la memoria famosas operaciones de timadores realizadas en Buenos Aires en los años pretéritos, tales como la venta de un tranvía Lacroze; buzones postales; lotes en Bariloche (que al ir a ocuparlos los compradores encontraban que los mismos estaban dentro del Lago); en fin, infinitos procedimientos de inteligentes delincuentes, estructurados para cazar incautos, vendiéndoles ilusiones, émulos de aquellos famosos que en el París de la "Belle époque" encontraron un comprador para la Torre Eiffel...

         En el museo policial de la capital argentina existe una colección de elementos utilizados por los timadores para el despojo de sus víctimas; hay una máquina denominada en el argot, "filomisho", fabricadora de billetes auténticos de Cien pesos (de los antiguos). El procedimiento era el siguiente: seleccionado el "cliente" le ofrecían a prueba el artefacto y en el propio domicilio de éste lo ponían en funcionamiento conectándolo a la corriente eléctrica. Se encendían lámparas y sonaba una chicharra alternativamente y cada cinco minutos movían una palanquita y la máquina daba un flamante billete de Cien (canario, como lo llamaban por su color amarillo). Según los vendedores la operación le arrojaba 20 billetes consecutivos cada doce horas. Reunidos los primeros 20 de la primera tanda, para demostrar al comprador que eran circulables lo enviaban a él mismo a cambiarlos en la próxima sucursal bancaria. Los billetes eran cambiados sin inconvenientes (porque eran auténticos) y el sujeto lleno de euforia y convencido que la máquina era fenomenal, se quedaba con ella pagando a los timadores el importe que le pedían por la misma. Antes retirarse los "inventores" le daban las últimas instrucciones: esperar doce horas para repetir la operación y retirar veinte billetes flamantes y calentitos... Cuando anhelante por la espera, cumplidas las doce horas trataba de hacer producir la nueva tanda forzando la palanquita, empezaba a darse cuenta de que lo habían estafado pues el aparato, solo expedía rectángulos de papel del tamaño de los billetes, color amarillo. La desesperación hacía presa de la víctima que terminaba siempre presentando la denuncia en la Comisaría seccional, ante la hilaridad del oficial que le tomaba los datos para iniciar el sumario...

         Otros de los medios utilizados por los cuenteros se denominaban: el cuento del billete premiado y el cuento del legado. Los practicaban en las inmediaciones de las estaciones ferroviarias, adoptando la apariencia de ingenuos provincianos y, dotados de una extraordinaria captación psicológica, raramente se equivocaban en la elección del sujeto. En el caso del "billete premiado" le preguntaban tímidamente al elegido donde podría ver un extracto de lotería pues tenía un entero del sorteo del día anterior y quería comprobar si había algún premio. Acompañábalo aquél hasta, una próxima agencia y con gran asombro se percataba que el billete que exhibía el "campesino" era el número correspondiente a un premio mayor. Allí comenzaba el desenlace: para cobrar el premio tendría que esperarse hasta el día siguiente pues la Administración del juego funcionaba solo en horas matinales y el agraciado, según se lamentaba, tenía que salir esa misma tarde para su provincia en el tren, de las 18 horas, no pudiendo postergar su viaje por motivos familiares. Sí encontrara alguno que me diera dos tercios del premio le dejaría el billete para que lo cobre mañana y se quede con el resto!... El anzuelo con la tentadora carnada era tragado infaliblemente por la víctima, que, apresuradamente iba a traer el fruto de sus ahorros para ponerlo en manos del cuentero quién le expresaba su agradecimiento por el gran favor, con ojos lacrimosos... Hay que aclarar que el billete correspondía rigurosamente a la extracción de la fecha pero con la numeración hábilmente alterada.

         El cuento del legado era algo similar. El "campesino" venido a la ciudad para entregar un legado de un estanciero rico a una institución caritativa, estaba apurado por retornar su pueblo y buscaba a alguien que dando una suma en garantía se encargara de hacer llegar el legado a la institución beneficiaria. Con gran sigilo invitaba al elegido a entrar en un bar, ocupando una mesa en un rincón del salón, le mostraba el paquete con el dinero, lo abría hacía palpar sendos fajos de billetes bien ordenados: CIEN mil pesos en total! Volvía a liar el "fajo" y exclamaba: si pudiera encontrar una persona que quisiera colaborar, yo le dejaría el paquete para entregar, siempre que me diera garantía ...¿Cuánto sería? preguntaba el candidato y el "campesino" le decía: Con diez mil pesos me conformaría porque Ud. me parece buena persona... La víctima se dirigía al Banco a retirar sus ahorros para ponerlos en manos del timador, que se retiraba presuroso y muy agradecido, dejándole el paquete fabuloso y que luego, al abrirlo para verificar a solas el contenido, comprobada con desesperación que eran sólo fajos de papel de recorte de diarios con tapas de auténticos billetes.

         Centenares de sumarios policiales fueron y son motivados por delitos similares, y todos llevan a la triste conclusión que si el timador es un delincuente lo es también el imbécil que se prestó al engaño, pues este nunca tuvo en su mente la idea de ir a entregar el legado...

         Aún siendo estos delitos propios de las ciudades populosas, hay referencias de casos similares ocurridos en nuestra Capital en años pretéritos: la máquina de fabricar billetes le fue vendida en Asunción a un comerciante extranjero y aquí también ocurrió la venta del plano de ubicación un fabuloso tesoro (enterrado durante la guerra del 70 contra la TRIPLE ALIANZA).

         Esta venta del plano, según lo aseveran contemporáneos del suceso fue hecha por correspondencia remitida por un preso en una cárcel de España, en carta dirigida a extranjeros residentes aquí. Eran laboriosos súbditos italianos, y de otras nacionalidades europeas e inclusive algún paraguayo. El "consorcio" (precursor probablemente de lo que hoy se llaman empresas multinacionales) después de largas tratativas en carteo con el preso, enviaron a España un emisario para finiquitar la compra del plano, - pagándose la suma que aquél pretendía. Era un documento detallado de terrenos ubicados en aledaños de Areguá, cerca de la vía férrea, con datos que denotaban pleno conocimiento regional, y abonados con referencias de lugares y personas que el preso según decía, conocía por haber vivido en el Paraguay mucho tiempo. El terreno fue adquirido prontamente por los ávidos buscadores y allí, instalados como agricultores comenzaron a removerlo todo, trabajando durante la noche para no despertar la curiosidad del vecindario. Si habrán cavado los ilusos e ingenuos asociados antes de llegar a la postrera decepción!... Nada de plata ybyguy. Nada de oro... Sólo el desolador saldo de lamentos, sudor y lágrimas por la esperanza fallida...

         Otro timo de gran envergadura que tuvo escenario nuestra ciudad fue el que realizó un personaje de nacionalidad argentina, quién llegó a ésta acompañado de una explosiva secretaria rubia. Ofrecía terrenos en Córdoba (R.A.) con plantaciones de olivares, negocio que aseguraba una gran rentabilidad a pocos años de plazo, por la producción de los olivos. Muchos comerciantes de plaza, impresionados por empaque señorial del ofertante pero mucho más por la opulencia anatómica de la rubia, adquirieron los tentadores lotes, los que al pretenderse ubicarlos se verificó que los mismos formaban parte de las laderas de los cerros de Ascochinga.

         Es proverbial que todos los días nace un tonto. Sin embargo, ya no abundan tanto. Con las academias de estudios por correspondencia la mayoría se han avivado y convertido en dirigentes, desarrollistas y otros lucrativos menesteres...

         Como siempre, en todas las épocas, habrá timadores y cuenteros y no nos sorprendamos si aquí, en Asunción, la afluencia turística que atrae el Paraguay, lleguen entreverados algunos mercaderes de ilusiones que encuentren al sujeto predispuesto para venderle el hotel Guaraní o el puesto de peaje del Puente Remanso Castillo, por ejemplo.

 

 

PIALANDO MEMORIAS

CRÓNICA XXXI

Publicada en La Tribuna el 28 de Agosto de 1977

 

LOS DUELOS DE ANTAÑO Y LAS SOLICITADAS DE OGAÑO

 

         En horas del atardecer, recorriendo las instalaciones de la "Casa Argentina", vamos observando las obras pictóricas panoplias de armas que adornan los salones y nos detenemos ante la vitrina donde se guarda celosamente un juego de espadas duelísticas, que fuera donado en la época de la fundación de la entidad, allá por 1930, por el Ejército argentino.

         Contemplamos esas armas caballerescas y nuestra mente se abstrae en la evocación de episodios pretéritos, cuando en varias oportunidades memorables fueron usadas para dirimir diferendos en el terreno del honor.

         Eran épocas en las que la pasión política enfrentaba a los hombres "cuando el rencor clavaba el diente en sus pechos de varón" al decir del poeta uruguayo Elías Regules.

         Los duelos, tramitados con todos los preceptos del código caballeresco terminaban muchas veces en fallos dictados por árbitros, donde se asentaba un "no ha lugar" que dejaba a salvo la honorabilidad y caballerosidad de los adversarios reconciliándose éstos o no, pero que surgían del diferendo con una aureola de valor y denuedo del haber afrontado el duro trance. En otras ocasiones, después de agotadas todas las instancias para evitar el lance, se llegaba finalmente al terreno, cumpliéndose todos los requisitos del código, con la asistencia de los respectivos padrinos, director del duelo, médicos y algunos pocos oficiosos "colados" ávidos de presenciar el encuentro.

         Los duelos de antaño tuvimos experiencia testimonial en nuestra patria en horas juveniles y también después al radicarnos en Paraguay en 1932, siendo testigos presenciales de muchos de ellos. De la bruma del tiempo surge y adquiere relieve el recuerdo de un famoso duelo habido en Buenos Aires en la "belle époque" entre dos maestros esgrimistas profesionales: Hermenegildo Pini y Lancia di Brolo, ambos italianos. El encuentro se realizó en la residencia del Dr. Delcasse, en Belgrano, escenario obligado para dirimir cuestiones de honor. Este combate fue impresionante, con derramamiento de sangre de ambos contendores y con un final de empate, pues ambos duelistas se dieron íntegramente, en forma magistral.

         Con sumo cuidado seguimos inspeccionando el juego armas, 8 en total y tomando al azar una de ellas observamos que tiene en la taza una profunda rayadura, causada seguramente en un violento contraataque.

         De nuestra experiencia testimonial en Paraguay, no olvidaremos el lance que tuvo lugar en Asunción en el que actuó como Director el Agregado Militar Argentino Coronel Juan E. Vacca, gran amigo de éste país, estudioso de la Guerra del Chaco, sobre cuyo desarrollo escribió una obra muy documentada y que falleció posteriormente en la Capital porteña, con el grado de General, a raíz de un infarto que le atacó durante los apretujones del velatorio de Eva Perón.

         Este duelo asunceno fue concertado para lavar ofensas entre dos políticos adversarios de la época (cuyos nombres omitimos mencionar por haber fallecido hace años uno de los contendores y el otro ahora retirado, viviendo las horas de la existencia humana).

         El encuentro fue concertado con espada de combate, contrafilo y punta, varios asaltos y a primera sangre. Todos los esfuerzos previos hechos por el Director. Coronel Vacca que se desistiera fueron vanos y, finalmente, pidió en préstamo a la "Casa Argentina" las armas mencionadas, no había otras. Como responsables de la entidad condicionamos que debíamos ser testigos presenciales para asegurarnos del cumplimiento de todos los requisitos duelísticos. Accedió el Coronel, designándonos su ayudante, con el consentimiento de los padrinos.

         En un amanecer brumoso nos trasladamos a los Arsenales de Puerto Sajonia, cuyo Director el Cap. Osnaghi autorizó la realización del lance en los terrenos del Arsenal.

         Cuando los contendientes se ubicaron en el terreno demarcado, el Director los exhortó una vez más para la reconciliación, poniendo de relieve que el hecho de haber llegado hasta allí implicaba un alto sentido del honor en ambos. No fue aceptada la exhortación y se inició el lance, sorteo de armas y desinfección de las mismas. Al terminarse, el primer asalto se hizo evidente que ambos duelistas eran bisoños en el arte de la esgrima por la vehemencia de sus ataques y contra-ataques, con enorme preocupación del Director y padrinos por la peligrosidad de las armas empleadas. Se inició, ante el temor de los presentes el segundo asalto y, felizmente, un ligero corte en el antebrazo de uno de los adversarios, con efusión de sangre, puso fin la lucha, que los adversarios a todo trance querían proseguir. No hubo reconciliación y después de labrarse el acta respectiva en el despacho del Cap. Osnaghi, se dio fin al ritual. Cuando regresábamos con el Coronel Vacca a devolver las armas a la "Casa Argentina", éste nos manifestó su admiración por el valor de los contendientes y confidencialmente nos dijo: De qué peligro nos hemos salvado. ¡Si los dejo proseguir se "achuran"... Nosotros también nos liberamos de la preocupación que nos embargaba por haber cedido las armas, con plena conciencia de estar involucrados en los artículos del Código Penal que reprimen el duelo... Cuando vemos transitar por las calles ciudadanas al único protagonista que aún vive, miramos con admiración su rostro curtido por los años y lo saludamos emocionados, evocando aquella brumosa mañana en Sajonia en la que tanto él como su contendor fijaron la imagen del coraje, enfrentados en la hora de la verdad, defendiendo sus ideales.

         Otro duelo que no pudo realizarse y que causo enorme revuelo por la personalidad de los contendores, fue el que debieron protagonizar un joven y valeroso excombatiente, Cap. de Reserva de la guerra del Chaco, y figura social nuestro medio y un mexicano, que representaba a su país como Ministro Plenipotenciario. El desafío surgió a raíz de expresiones del diplomático -no ofensivas personalmente - pero que impulsaron al desafiante a constituirse paladín de sus convicciones espirituales. Hubo de tener lugar el lance en la quinta de los Soljancic, en la ruta a Lambaré y Arroyo Ferreyra, pero fue impedido por resolución policial que rodeó de efectivos el lugar, no permitiendo acceso al terreno. El episodio originó al poco tiempo el cese de misión del representante extranjero. El duelo, antaño tan frecuente, ha caído en desuso como una antigualla. Su práctica reiterada hasta mediar el siglo se ha abandonado como una expresión de barbarie. Lo reemplazan en nuestra época otras formas más masivas y refinadas de destrucción donde aflora la violencia ancestral del ser humano. Las actas duelísticas del pasado son reemplazadas hoy por las "solicitadas" que se publican en los periódicos y en las cuales se intercambian ofensas y agravios con gran satisfacción de las editoriales, que ven aumentar su tiraje con la inserción en espacios muy bien pagados de las folletinescas "solicitadas", seguidas con avidez por los regocijados lectores, extasiados con la exhibición de tantos "trapitos colgados al sol"... Es evidente que vamos progresando y que el mundo se renueva...

 

 

PIALANDO MEMORIAS

CRÓNICA XXXV

Publicada en La Tribuna el 27 de Noviembre de 1977

 

LA MUY NOBLE Y REAL ORDEN DEL JUEGO DEL TRUCO

 

         Al finalizar la guerra del Chaco hubo en Asunción un despertar entusiasta para restablecer la actividad deportiva en sus múltiples expresiones, que se había paralizado casi totalmente como consecuencia de la movilización de nuestra juventud llamada para la defensa de la soberanía de la Patria.

         Un entusiasta del básquet ball, Don Daniel Albert, argentino, residente en el Paraguay, tomó la iniciativa de reanudar la práctica de ese deporte, a cuyo efecto y con el apoyo de los dirigentes de la Casa Argentina construyó en la sede social de esa entidad una cancha moderna con iluminación nocturna y rodeada de amplias graderías, donde los equipos capitalinos reestructurados disputaron sendos y entusiastas campeonatos.

         Fue en esa época de la inmediata post-guerra que se reactivó la vida social y en todos los clubs asuncenos se reanudaron las tertulias amistosas, estrechándose vínculos afectivos en la práctica de sanos esparcimientos, como puente obligado para el relajamiento de intensas jornadas laboriosas.

         Los tradicionales clubs capitalinos de entonces, el Unión, el Centro Español, la Casa Argentina, el Centenario, el Círculo Italiano, y la Societé La France, congregaban diariamente una nutrida asistencia de socios, como remansos apacibles para olvidar momentáneamente los problemas personales. Entre los entretenimientos más en boga se destacó la práctica del juego del truco, pasatiempo inofensivo y apasionante que daba lugar a intensas partidas en las que chispeaba el humor, la habilidad y la viveza de los contendores.

         Son memorables los campeonatos que se disputaron en la sede de la Casa Argentina, con la participación entusiasta de socios argentinos, paraguayos y de otras nacionalidades y de muchos miembros de la misión diplomática, consular y militar de la Argentina, que desprendiéndose gustosamente de sus respectivos rangos protocolares, asistían y alternaban con sencillez con los asociados, disputando reñidos partidos intercambiando envidos, falta envidos, flores y contra-flores entre el regocijo de los mirones. Hubo encuentros sensacionales, cuyo recuerdo aún perdura entre quienes sobreviven de esa época lejana. Cierta vez, el actor teatral César Ratti que con su hermano Pepe formaban compañía en el teatro APOLO de la calle Corrientes (hoy desaparecido), vino a visitar el Paraguay acompañado por su secretario, ambos se preciaban de maestros en el truco y se concertó un desafío enfrentándolos don Silvio Ferrario y don Manuel Acevedo. Los forasteros quedaron apabullados ante la destreza y picardía de la pareja local. Amargado por la derrota sin atenuantes, decía Ratti: Si otra vez jugamos con estos, el desafío tendrá que ser con la presencia de veedores.

         De la legión de amigos de aquél tiempo (muchos ya han desaparecido) vamos recordando sus nombres: Manuel Acevedo, Daniel y Fernando Artaza; Carlos Ávalos Billinghurst; Ricardo Báez, Luis J. Báez; Ciro Bolo; Víctor Abente Saguier, Felipe Aghemo; Carlos Ardissone, Daniel Albert; José Horacio Amarilla; Alberto Bonavia; Segundo Bosio; Nicolás Breuer; Enrique Cazenave, José Cortez Juarez; Carlos M. Calvo; Juan O. Cenoz; José Canale; Adolfo Canale; Carlos O. Canessa, Helios Canessa; I. Marcelino Duarte; Raúl Díaz de Espada; Julián Etchegaray; Silvio Ferrario, Eladio Feliciangeli; César Galasso; Atilio Galfré; Miguel Grau; Tomás Grassi; Ricardo Gayol, Juan Pablo Gorostiaga; José González Postigo; Enrique Hasselmann; Héctor R. Izaguirre; Alfredo Jaeggly; Blas Jara Troche; Eduardo Kehoe; Miguel Larreinegabe; Rafael Lebrón; Néstor Loizaga Caballero; Julio Rodríguez Leguizamón; Ernesto Malaspina; Carlos Merzán; Pedro Marés; Severo Mella; Andrés Nogués; Rafael Nieto; Nicolás Renna; Segundo Reyes; Oscar Pérez Uribe; A. Perrupatto; Vicente Svcavone; Claudelino Silva; Federico Silva; Alfredo Toja; Antonio Uriarte; Edgardo Varetto; Luis Varetto; Herminio Sanabria; Juan Venzano; Rogelio Venzano y Pedro Zuccolillo.

         Entre los recordados de las misiones diplomáticas, consular y militar argentinas que alternaron con los asociados en la época que evocamos, vienen a la mente los nombres de los Embajadores Valenzuela; Arriola; Blas Benjamín de Vega; Cáceres Monié; los cónsules Tito Livio Foppa; Manuel Margenat Fernández; Ángel Mango; Daniel Antokoletz; los miembros de la misión militar Coronel Abraham Sweizzer; General Armando Verpaguer; Coronel Gregorio Tauber: Coronel Juan E. Vacca; Coronel. Heraclio R. R. Ferrazzano; Coronel Pedro Avalia.

         Tanto se difundió la práctica del truco que un día surgió la idea de fundar en la sede de la Casa Argentina, a título de humorada "La MUY NOBLE y REAL ORDEN DEL JUEGO DEL TRUCO", llevándose a la práctica con redacción de reglamentos, designación de autoridades y otorgamiento de diplomas a los miembros incorporados, que daban al beneficiario el privilegio ad-vitam sobre el 33 de mano.

         Este Diploma era entregado con gran ceremonial por el Gran Maestre de la orden y el Macero. En el espacio de esta crónica nostálgica incorporamos una reproducción del Diploma del que conservamos un ejemplar en nuestro Archivo. Creemos que muchos se encontrarán en poder de los descendientes de miembros de la Orden y de los que aún perduran transitando las altas horas de la existencia humana.

         La institución de la Orden trajo aparejado el compromiso que cada miembro que era admitido debía pagar una comida para todos los antecesores. Al principio la cosa marchó bien, pues los comensales no eran tantos, pero al aumentar el número llegó el momento en que ser admitido, obligaba a retribuir el honor con un ágape dispendioso y soportar además las chispeantes "cargadas", de los alegres comensales.

         El inexorable rodar del tiempo, el cambio total de formas de vida, y los abrumadores problemas contemporáneos fueron restando concurrencia a las entusiastas tenidas de antaño, hasta que se las dio por finalizadas.

         Solo quedan ahora en los salones desiertos el recuerdo melancólico y el eco lejano de aquellas Jornadas brillantes y a veces, nos parece escuchar el murmullo de voces varoniles "cantando" flores en ingeniosas tiradas verseadoras. El embajador Arriola las "cantaba" en guaraní, Don Manuel Acevedo, auténtico ganadero y a la vez entrerriano, las decía con el leiv-motif del oficio:

         ALAMBRADO DE CINCO HILOS... CAMPO FLOR, BUENA AGUADA!...

 

 

 

 

PIALANDO MEMORIAS

CRÓNICA XL

 

Publicada en La Tribuna el 18 de Febrero de 1978

 

DIALOGANDO CON DOMÍNGUEZ

 

         Conocimos al ilustre Dr. Manuel Domínguez en el año 1934. Vivíamos en el barrio de la Encarnación, en la calle Convención (hoy Juan E. O'Leary) entre Cnel. Martínez y General Díaz, y recordamos con nostalgia cuan apacibles transcurrían los días en ese lugar ciudadano de empedradas calles, por las que circulaban los tranvías de la línea 2 de la C.A.L.T. y los vehículos del escaso parque automotor, marchando magistralmente conducidos sobre los rieles tranviarios.

         Era una barriada familiar donde todos se conocían. Estaban allí entre los que podemos recordar, los Bordenave; Ruíz; Weyer; Grillón; Ayala; Urbieta Peña; Angulo; Gubetich; Garay; Fiandro; Díaz; Resquín; Bosio; Casabianca; Sheall; Benza; Marín Iglesias; Chaves; Cabo de Vila; Cattáneo; Codas Thompson; Cuaranta; Argaña; Pérez Ferraro; Sementé Canals; Lofruscio; Gasparini; Fratta; Jacquet; Schenoni; Della Védova; Velilla; Fragnaud; Del Conte; Varetto; Casaccia Bibolini; Fleitas Solich; los Rev. Padres Colmán, párroco de la Encarnación y el inefable Paí Pezzini que oficiaba en la capilla del Perpetuo Socorro. También "La Tribuna" de Don Eduardo Schaerer, que alborozaba al vecindario con bombas de estruendo para anunciar las victorias del glorioso ejército en la guerra del Chaco.

         En las bochornosas noches del verano las familias allí afincadas salían a las veredas para captar las brisas, que muy escasas, soplaban desde la bahía. Nos complacía en esas noches transitar por sus aceras, repartiendo saludos e intercambiando opiniones sobre lo que entonces era actualidad. En una de estas salidas, después de la cena, pasamos por Convención y Oliva, en cuya esquina vivía el Dr. Manuel Domínguez. Estaba sentado en una mecedora en la vereda, la cabeza envuelta en un tul. Lo saludamos respetuosamente. Nos miró y nos preguntó quiénes éramos. Se lo dijimos y le explicamos nuestro parentesco con una de las familias vecinas. Con gesto señorial nos dio la mano y nos invitó a tomar una silla de la sala que daba a la calle, para ubicarnos a su lado en la acera. Y allí comenzó lo que titulamos "diálogo" pero que en realidad fue un monólogo cautivante en el que me reveló las multifacetas de su espíritu y la solidez de los pilares en que se asentaba su cultura. Domínguez estaba en vena esa velada y preguntándonos lo que sabíamos de él, le dijimos que habíamos leído "El Alma de la Raza" y que conocíamos su actuación docente universitaria y su labor parlamentaria. A medida que pasaba el tiempo sus palabras se hacían más fluidas y de sus labios surgían elocuentes sus conceptuales afirmaciones... Esa noche experimentamos la sensación de estar frente a un pensador, "auscultador del alma de su pueblo, al que supo inculcar la religión del patriotismo con elocuencia emocionada" al decir de Carlos R. Centurión. En el curso del encendido monólogo, que seguíamos con arrobamiento, nos recordó sus conferencias pronunciadas en la Universidad de la Plata y en Buenos Aires, en el Instituto Popular de Conferencias del diario "La Prensa", que presidía el ilustre internacionalista Estanislao S. Zeballos, el año 1920 y que versó sobre "El Paraguay". Proseguíamos escuchándolo sin perder palabra cuando un mamboretá viajero de la noche se prendió por el tul que le cubría la cabeza. Aprisionándolo con los dedos nos lo mostró y nos dijo: Mamboretá, un bello ortóptero, la mántis religiosa, el "fajou prega deu" de la Provenza, el tigre de la entomología según el ilustre Fabre, el "Homero" del mundo de los insectos... y nos describió con lujo de detalles sus luchas, sus amores y el inevitable fin post nupcial en que el macho termina devorado por la hembra... Mamboretá, terminó diciendo, CUANTOS COMO TU ENTRE LOS HUMANOS SE MIMETIZAN PARA OCULTAR SU FEROCIDAD INSTINTIVA...

         Los primeros rosicleres del amanecer comenzaban a pintar las nubes y nos levantamos para despedimos. Nos invitó a seguir visitándolo y al regresar al hogar nos costó mucho convencer a la patrona que habíamos pasado la noche "dialogando" con Domínguez... Felizmente, a las pocas horas las sospechas conyugales se disiparon, al comprobar por comentos vecinales que era cierto el coloquio habido con el "abogado de la Patria". Repetidas noches similares tuvimos el goce espiritual de estar con él y de sentir el calor humano que emanaba de su singular talento.

         Hasta la hora de su muerte, que llegó el 29 de octubre de 1935, nos sentimos ricos con el título de AMIGO que nos brindó el ilustre paraguayo!

         Se cumplen en estos días de febrero de 1978 cuarenta y cuatro años de la noche estival en que lo conocimos en la esquina de Convención y Oliva y nos sentimos impulsados a evocar su personalidad y expresar nuestra gratitud por todo lo que él influyó en nuestro ser, para que conociéramos y amáramos al Paraguay y quedarnos aquí para siempre, confraternizando con los hijos de esta tierra generosa, compartiendo infortunios y gozando de sus triunfos y sus sanas alegrías...

 

 

 

PIALANDO MEMORIAS

CRÓNICA XLVIII

Publicada en La Tribuna el 11 de Febrero de 1979

 

EL PUCHERO MILAGROSO

 

         Un amigo paraguayo, de regreso de su veraneo en Punta del Este, nos ha comentado ayer la gran afluencia turística en la ciudad balnearia uruguaya y la gran cantidad de paraguayos que allá pululan, causando admiración por los últimos modelos automovilísticos con que circulan con chapas de nuestro país.

         En otro aspecto de la actividad turística que allí se desarrolla, nos comenta nuestro; amigo el costo excesivo de hoteles, albergues y restaurantes y como ejemplo, nos relata que en una cena en un restaurant especializado en frutos del mar, una comida para seis personas, consistente en un plato de entrada de mariscos, un plato de pescado (brótola) no muy abundante; un postre y dos botellas de vino (de la casa), se pagó una adición de 24.000 guaraníes (unos 1.200 pesos uruguayos). Este fantástico disloque de los precios, sólo soportable para quienes llevan el dinero en carretilla (¡y que son muchos!), también lo estamos sufriendo aquí en Asunción, donde hay lugares para cuya frecuentación es menester llevar la billetera reforzada!...

         Lo que está ocurriendo en el mundo de hoy nos lleva a reflexionar cómo han cambiado las cosas y añorar los tiempos pretéritos, en los que no se hablaba en millones pero en los cuales los modestos sueldos o ingresos económicos, permitían gozar de una abundancia alimenticia y bebestible, cuyo recuerdo entra hoy en los lindes de la mitología...

         Allá por la época del veinte, vivíamos en Buenos Aires una bohemia juvenil que transcurría en la alternación de redacciones de diarios y revistas y de las imprentas respectivas, conviviendo fraternalmente con muchas figuras periodísticas que se consagraron posteriormente como grandes valores literarios rioplatenses y continentales. Eran esos diarios LA EPOCA, ULTIMA HORA, LA CALLE, EL CENTRO, LA ARGENTINA Y CRITICA, y las revistas Caras y Caretas, Fray Mocho, El Hogar y Nosotros.

         Los exiguos sueldos que se percibían en la tarea periodística, agotados antes de finalizar el mes por la frecuencia de los vales a las administraciones, obligaban a los escribas a buscar en las horas nocturnas, después de terminar la preparación de la edición matinal, lugares gastronómicos donde reponer energías con un costo prudencial. Había varios famosos en distintos puntos de la urbe porteña y, uno en particular, situado en la calle Alsina y Defensa, un almacén y restaurante bautizado por la clientela como "El Puchero Milagroso". Era inexplicable lo que allí daban los propietarios españoles por la módica suma de veinticinco centavos: un abundante puchero con pan y profusión de legumbres, que podía repetirse de la fuente colocada en el centro de la mesa colectiva; siempre superando la apetencia de los clientes.

         Otro lugar famoso por su copiosa lista y sus módicos precios era el "CHANTA CUATRO" en las calles Anchorena y Humahuaca (ahora Carlos Gardel), junto al Mercado de Abasto, donde por las noches se reunían profesionales, médicos, abogados, periodistas, jueces, comerciantes e industriales que se sentaban en las mesas colectivas, prolongándose las veladas hasta altas horas. Se cenaba allí abundantemente y con vino de la casa por un costo que no superaba los dos pesos. Era en los tiempos en que Carlos Gardel, con sus acompañantes, Razzano y Le Pera, comenzaba su escalada al mito. Venían a cantar en la fonda del PELADO, al lado del Chanta Cuatro y muchas noches fuimos a extasiarnos con el canto varonil del naciente zorzal...

         Hubo también otro lugar famoso, al que denominábamos "la biblioteca", y cuyo propietario era don Dante Robino. Un bodegón con las bordalezas de vinos italianos que rodeaban el interior del local de las calles Montevideo y Sarmiento. Cada vino estaba identificado por su nombre: Chianti, Polcévera, Asti, Grignolino, Barbera, Moscato, Gancia, etc. Costaba a razón de 40 centavos el jarro de 1/4 litro, y para estimular la sed se consumían la clásica buseca, la anguila marinatta, el atún, los quesos straquín de Gorgonzola y Provolone, los fungi o funguetto, servidos en porciones sobre las mesas con manteles de blanco papel. La copiosa libación acompañada de tales exquisiteces no costaba nunca más de tres pesos.

         Pero no sólo queremos evocar los lugares baratos. Hablando de los más refinados, nos viene a la mente lo que costaba una cena en un restaurante de lujo en aquellos tiempos gloriosos!...

         Tenemos a la vista el menú de banquete que se ofreció a las delegaciones extranjeras al Campeonato Sudamericano de Fútbol realizado en Buenos Aires en el año 1929. Se realizó en el Hotel Jousten, de la Avenida Corrientes y Leandro N. Alem, hotel considerado entonces como un 5 estrellas.

         El costo de la adición pagado por la Asociación Argentina de Football fue (no hay que asombrarse), de $ 20 por cubierto!....

         Para que este relato no sea exclusivo de ocurrencias bonaerenses, debemos decir que aquí en Asunción tuvimos también nuestra "belle époque" y gozamos de las delicias culinarias del restaurant "El Comercio" de Don Nicolás Renna; la excelenteo-cocina del Gran Hotel del Paraguay; las habilidades culinarias de doña Teodota, la esposa de Pancho Gorrías, concesionario del restaurant de la Casa Argentina; y en un orden más popular los suculentos bifes a caballo de El Rubio, saboreados en la transnoche bajo la luminaria de las constelaciones, compartiendo las vigilias con caros amigos, muchos que ya no son... Mientras tanto, ahora, resignados, seguimos aguantando la escalada de los precios y, QUE LE VAMOS A HACER!... HAY QUE APRETARSE EL CINTURON! ...

 

 

 

PIALANDO MEMORIAS

CRÓNICA XLIX

 

Publicada en la Tribuna el 18 de febrero de 1979

 

LOS TIEMPOS GLORIOSOS

 

         Un lector de "La Tribuna" y en especial del Suplemento Cultural de los días Domingo 4 y 11 del cte., nos ha preguntado telefónica y anónimamente, aludiendo a nuestras modestas crónicas de la nostalgia de la serie "Pialando Memorias", por qué llamamos "tiempos gloriosos" a los años que evocamos de la lejana juventud y también cual fue la deuda que la A. A. de Football condonó en 1930 a la Liga Paraguaya de Football.

         Le hemos prometido a ese lector anónimo una respuesta que gustosamente consignamos en la crónica de hoy, refriéndonos con citas y cifras documentadas que confirman nuestras aseveraciones...

         Para comenzar diremos que tuvimos la suerte de conocer a los paraguayos en el año 1929, cuando se realizó el Campeonato sudamericano de foot-ball en la ciudad de Buenos Aires, en el cual participaron delegaciones de Perú, Uruguay y Paraguay. Ecuador, Bolivia y Chile estuvieron ausentes por diversas y deplorables circunstancias. Fuimos entonces designados con otros miembros de la Asociación Argentina, para atender a la delegación paraguaya presidida por Don Juan Pablo Gorostiaga y como delegados el Escribano Mayor de Gobierno Don Daniel Galeano y Don Lorenzo Ventre.

         Esta delegación se hospedó en el Hotel Frascatti, de la Avenida de Mayo, donde los inquietos jugadores protagonizaron pintorescos episodios.

         En la disputa del campeonato los mitá tuvieron una destacada actuación y en el partido contra los charrúas, tras un accidentado encuentro, se hicieron con el triunfo por la cifra de 3 goles contra cero.

         Integraban ese equipo paraguayo los siguientes: A. Bruneti; S. Flores y Q. Olmedo; Rogelio Etcheverry; E. Díaz y R. Vicini; L. Nessi, D. Domínguez; Aurelio González, D. Benítez Cáceres y P. Sosa. Referee: José Galli (argentino).

         Prosiguiendo con las alternativas del mismo campeonato, hacemos énfasis en destacar como se vivía en aquellos tiempos y el por qué los calificamos como "gloriosos". Se viajaba internacionalmente sin problemas, sin declaraciones firmadas, sin aduanas donde nos hurgaran los equipajes, sin recargos y reajustes cambiarios, sin indexaciones, libres de la contaminación ambiental y de los trastornos ecológicos que padecemos en el mundo contemporáneo. El calificativo que les damos es el que corresponde, porque entonces se podía experimentar "la joie de vivre ", tan cara a los franceses.

         Examinando la documentada rendición de cuentas del resultado económico de ese Campeonato, quedamos asombrados del valor adquisitivo que tenía el peso argentino, y más asombrados aún cuando recordamos las inacabables recepciones en agasajo de las delegaciones extranjeras. Fue algo fabuloso!... Pero dejemos que sean las cifras las que hablen por nosotros...

         Son datos tomados de la Memoria y Balance General de la Asociación Argentina de Football del año 1929.

         Recaudación total de los partidos jugados: $ 234.606.

         Pasajes y viáticos a las delegaciones extranjeras: $ 25.315.55.

         Viáticos a las delegaciones: $ 38.541.20.

         Gastos de agasajos a las delegaciones: $ 16.590.55 (esto incluye espectáculos teatrales; banquetes en el Hotel París y en el Hotel Jousten; confección de medallas y hasta compra de relojes en la "Casa Escasany", para obsequiar a jugadores, referees y entrenadores. También la factura del Sanatorio Lavalle, por la atención traumatológica del jugador paraguayo Vicini, fracturado en el match contra los uruguayos: $ 930.

         Como las cifras "cantan" pensamos que el curioso lector quedará satisfecho con nuestra explicación del por qué decimos con añoranza: GLORIOSOS TIEMPOS...

         Y pasando ahora a la citada condonación de la deuda de la Liga Paraguaya diremos que era de antigua data. No recordamos ahora su monto exacto. Como la delegación paraguaya dejara allá tan grato recuerdo, el C. D. de la A. Argentina de Foot-ball resolvió a principios de Enero de 1930 hacer condonación del débito, a cuyo efecto se nos comisionó para venir a Asunción portadores de la nota correspondiente. Fuimos aquí muy agasajados por los dirigentes ligueños con sendas y efusivas demostraciones, realizándose una sesión de honor del C. D. la que se nos invitó a presidir, seguida de un gran banquete en los salones de un céntrico hotel.

         De entre los recortes periodísticos que guardamos, entresacamos un telegrama publicado en la sección deportes del diario "LA CALLE" de Buenos Aires, del 14 de Enero de 1930, que dice: "ASUNCION, Enero 13. Se realizó anoche en la Liga de Foot-ball una sesión de honor del delegado de la A. Argentina de Foot-ball. Con la presencia de los delegados de los clubs, el presidente abrió el acto presentando al deportista argentino y haciendo el elogio del mismo. Tuvo palabras de agradecimiento por la actitud de la entidad argentina condonando la deuda que tenía pendiente el foot-ball paraguayo. Seguidamente se dio lectura a la nota oficial e inmediatamente el señor Robbiani fue invitado a presidir la sesión, lo que hizo pronunciando un discurso para destacar la tradicional amistad de los deportistas de ambos países".

         Ejercía la Presidencia de la Liga Paraguaya el Dr. Manuel Bedoya, representante del club Libertad; e integraban el Consejo Directivo el Dr. Crispín Insaurralde, de Sol de América; Don Juan Pablo Gorostiaga del Olimpia; Don Carlos Casabianca y Atilio Gaudino de Guaraní; Don Lorenzo Ventre de Nacional; Don Alfredo Toja de River Plate y Don José Horacio Amarilla de Atlántida. Las divisiones inferiores estaban representadas por los señores Caballero Álvarez y Silva.

         Esas emotivas jornadas vividas en ésta Capital y evocadas ahora, nos traen en el ocaso, el recuerdo de tantos caros amigos que aquí granjeamos y muchos de ellos ya desaparecidos. Nos vamos sintiendo un poco solos y es por ello que para aventar la abrumadora soledad nos dedicamos a Pialar Memorias... Las sombras imprecisas que nos circundan se van corporizando y entonces les vamos echando el lazo corto, como pial de "payanca" que las atrape suavemente, sin desvanecerlas, que es nuestro modo de pialar... de PIALAR MEMORIAS... pa! no yorar...

 

 

 

 

 

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PIALANDO MEMORIAS

CRÓNICAS DE LA NOSTALGIA

Por CARLOS A. ROBBIANI

TOMO II

Por CARLOS A ROBBIANI

© ESTUDIO TROCHE, ABOGADOS

Impreso en ARTE NUEVO S.R.L.

Asunción – Paraguay

Marzo 2011 (204 páginas)

 




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