PortalGuarani.com
Inicio Nosotros Indice de Artes Visuales Indice de Literatura, Música y Ciencias TV Online Paraguay
Powered by
Idioma:
Seguinos:
Colores de fondo:
ÁNGEL ANTONIO GINI JARA


  SAMUEL AGUAYO - UNA GLORIA DEL FOLKLORE - Por ÁNGEL ANTONIO GINI JARA


SAMUEL AGUAYO - UNA GLORIA DEL FOLKLORE - Por ÁNGEL ANTONIO GINI JARA

SAMUEL AGUAYO - UNA GLORIA DEL FOLKLORE

Por ÁNGEL ANTONIO GINI JARA

Edición al cuidado del Compilador

Edición auspiciada por el FONDEC

Composición, armado e impresión: AKTUALL PRINT

Asunción – Paraguay

Agosto del 2005 (388 páginas)

 

 

PRÓLOGO

 

         En este libro se ponen de manifiesto aspectos fundamentales que hacen a la personalidad del investigador, consciente de una responsabilidad que le obliga a presentar un trabajo documentado, para que el lector tenga plena fe del contenido de sus páginas.

         Acucioso referente folklórico, Ángel Antonio Gini Jara nos tiene acostumbrados a trabajos de esta tesitura, tanto en sus tareas radiofónicas, en las aulas de la enseñanza y en su vida personal, en cuya ejecutoria campea la honradez de una conducta y porta la verdad como bandera.

         Conoció personalmente a Samuel Aguayo, quien le otorgó a plenitud su amistad y confianza, designándolo como depositario de un inmenso tesoro testimonial sobre la vida y obra de uno de los más connotados artistas paraguayos que pisó el Río de la Plata, convertido en adelantado de una importante legión de soñadores que transitaron el anchuroso camino de oportunidades abierto por él.

         Una innata simpatía y un notorio talento natural fueron el pasaporte que lo acreditaría ante el selecto público argentino, recibiendo con calidez a aquel joven y desconocido embajador, que fue desgranando sus canciones en propia lengua nativa, ese idioma vibrante que pronunciaron los acompañantes de Juan de Garay para la segunda fundación de Buenos Aires. Carisma, guitarra y canto, generó aceptación, aplauso y triunfo.

         Dignatarios, intelectuales, artistas, medios de difusión hablados y escritos, se rindieron ante aquel guaranítico monarca que hacia tremolar una folklórica batuta como representación de un reinado que se prolongaría por espacio de 60 años y más.

         Se codeó con lo más granado de la sociedad argentina. Compartió cartelera con santos de la devoción popular como un Carlos Gardel, por ejemplo. Los más notorios músicos, compositores y cantantes se disputaban su amistad y su arte, protagonizando una etapa en lucidas jornadas donde la música paraguaya -llevada de la mano de Aguayo- conoció el fulgor de las marquesinas de toda la nación amiga, ocupó merecido espacio en todas las publicaciones de la época, y a través de las radioemisoras deleitó con su voz al porteño y al provinciano, con los alegres compases de una polca cantarina que atrapó en su pentagrama a la gran ciudadanía sureña.

         Por su incansable dedicación para la divulgación de la música de esta parte del continente fue honrado con el denominativo de «Folklorista de América». Como premio a su vena creativa fue designado como el padre del «chamamé», el himno popular correntino, por cuya razón fue consagrado hijo dilecto de la vecina provincia argentina. Sus contactos personales y artísticos hicieron posible que se convirtiera en el nexo invalorable para que los artistas compatriotas, gracias a él, encontraran en Buenos Aires amparo y reparo para el desarrollo de sus actividades.

         Con criterio futurista rescató y editó añejas composiciones tradicionales paraguayas, que fueron incorporadas al registro fonográfico para preservarlas del olvido. Mediante su capacidad creativa de músico y poeta, dejó para honra del folklore composiciones que se convirtieron en piezas de antología, de notable valor histórico y patrimonial. Una fama ganada a fuerza de capacidad y dedicación era la condecoración que engalanaba su pecho.

         Ocupó importante cargo cultural en la representación diplomática nacional en Buenos Aires, lo que generó una virulenta campaña de diatribas de estamentos políticos con ideas contrarias al gobierno de entonces, atribuyéndosele misión de espionaje sobre las actividades que realizaba en el Río de la Plata.

         La envidia, la maledicencia de compatriotas y argentinos frustrados, crearon el mito del fanatismo político de Aguayo, delirio que solamente existía en mentes calenturientas que engendró el monstruo del desagradecimiento. Esa insidiosa campaña denigratoria la soportó con estoicismo. Cual redivivo Martín Fierro, se plantó en la senda de sus luchas y resultó airoso en la demanda ante la horda «que venía degollando».

         Y como cabal demostración de imparcialidad en la apreciación de la conducta de Aguayo, se consignan detalles procesales de conflictos sobre propiedad autoral que se generaron y que finalmente merecieron juzgamiento de árbitros naturales que expidieron su veredicto, dejando incólume su rectitud y honestidad irreprochable. Gran maestra de la vida, la verdad consagró a quien tenía razón.

         Con la humilde grandeza de los vencedores, tuvo palabras de perdón para sus detractores y siguió siendo lo que siempre fue: un lírico embajador de su tierra, hermano de sus compatriotas, generoso en la dación de todo su potencial humano, es decir, un triunfador carente de la soberbia que propicia la pedantería.

         Personalidades del mundo político, intelectual y artístico, nacionales y argentinos, asumieron la justa causa de Aguayo, por conocer profundamente la real actividad con fraternal y artística que realizaba, y el apoyo integral brindado a los compatriotas, sin discriminaciones de ninguna naturaleza, para proveer sus necesidades en tierras extrañas.

         Merced a su natural disposición organizativa, recopiló cuidadosamente todos y cada uno de los testimonios publicados en revistas, diarios, reportajes televisivos, afiches, volantes, fotografías, autógrafos y todo cuanto documento ha generado su actuación, como así el gran movimiento cultural propiciado por artistas compatriotas.

         Con cuidadosa diligencia grabó íntegramente el ciclo de audiciones radiales realizado en las más importantes emisoras argentinas.

         Ese tesoro vivencial fue entregado a la custodia del folklorólogo Ángel Antonio Gini Jara, quien lo condensó en este libro y en discos, para que las generaciones actuales y venideras conozcan y valoren la gran gesta nacionalista desarrollada por este insigne artista compatriota.

         Este libro contiene la transcripción fidedigna de todo cuanto expresaron grandes personalidades y publicaron los más importantes medios de América Latina. Estos conceptos de por sí están avalando los merecimientos de Samuel Aguayo. No se agrega ningún comentario adicional ni se formulan opiniones personales sobre la prolongada y fructífera vivencia del artista.

         Así como el tiempo mitigó el torbellino de insidias con que se pretendió mellar la gran labor por él desarrollada, especialmente en el Río de la Plata, así también, amainada la tormenta, surge con claridad el perfil de un gran hombre, a quien el creador de la Guarania, José Asunción Flores, consagró con admiración y aplausos, y le brindó sin retaceos su amistad.

         Ángel Antonio Gini Jara propició la publicación de este libro, convencido de que Samuel Aguayo no podía estar ausente por más tiempo en el corazón del pueblo, ya que a su servicio consagró la mayor parte de su vida.

         Rescate es renacimiento.

         Por eso, Samuel Aguayo vive y palpita en este recuento de su pródiga existencia.

 

         Elpidio Alcaraz Segovia.

         Asunción, Mayo de 2005.

 

 

A MODO DE ACLARACIÓN

 

         Este libro nace de la promesa que le hiciera a Don Samuel Aguayo de publicar una serie de documentos que él seleccionara, para dar a conocer su trabajo de difusión en pro de la música paraguaya y de nuestras costumbres.

         Aquí se compilan publicaciones de diferentes tipos que dan testimonio de ese trabajo y se respetan los usos idiomáticos y formas de escritura de la época, sobre todo la grafía del idioma guaraní. El criterio de selección del material publicado responde a lo que fuera seleccionado para tal efecto por Don Samuel.

         Los documentos originales heredados fueron celosamente custodiados en mi archivo y museo a la espera de encontrar la manera de cumplir la promesa hecha a Don Samuel.

         Y hoy, gracias al apoyo del Fondo Nacional de la Cultura y las Artes, se cristaliza en este ejemplar.

         Reitero mis agradecimientos a quienes hicieron posible la realización de este sueño.

 

         Ángel Antonio Gini Jara

         Compilador.

 

 

 

CAPÍTULO 1

 

LOS PRIMEROS PASOS DE UN ARTISTA GENUINO

 

         Trasladémonos por un momento a la Argentina del siglo pasado, hacia finales de la década del 20.

         Buenos Aires, Radio Belgrano. Un hombre joven canta ante el micrófono, dejando surgir una inusual melodía. Entre alegre y nostálgica, su texto entreteje palabras en la lengua de todos, el castellano, pero hilvanando aquí y allá algunos términos en guaraní.

         Primero en los pasillos, luego en los cafés, más tarde en las calles, empezó a oírse un nombre con resonancias propias de su tierra de origen: Samuel Aguayo.

         Su tierra de origen, donde nace también la polca paraguaya, que Samuel describe como «música que retrata el alma de mi pueblo. Y como toda expresión típica y genuina, no se sabe exactamente cómo, cuándo y dónde nació. Busquemos su origen -dice- en las selvas aromadas de mi tierra. Busquémoslo, también, sobre la tierra removida del agro nativo, en el descansar sedante del crepúsculo, cuando el agreste ambiente se impregna del aroma de la menta silvestre y el toro-ka’a. Lo encontraremos, tal vez, bajo la luminosidad lunar que platea la cima boscosa de los cerros de mi tierra...»

         Suele decirse que Samuel Aguayo nació en el puerto Naranjero de Villeta, el 26 de octubre de 1909. Otros afirman que vio la luz en Asunción el 25 de diciembre de 1909. Pero polémico desde el inicio, el propio Samuel Aguayo dice en una entrevista: «Nací el 26 de octubre de 1909 en el barrio de Tuyucuá, en Asunción, aunque muy pronto fui a Villeta, donde me crié hasta la edad en que empezaba a llevar serenata a las muchachas...»

         Sin embargo, obran en manos del compilador de este trabajo documentos en los cuales el registro del nacimiento de Samuel Aguayo Alfonso se halla fijado en la ciudad de Asunción en fecha 26 de diciembre de 1909.

         Hijo de Justiniana Alfonso y de Samuel Aguayo Yegros, quien en fecha 6 de enero de 1910 comparece ante el entonces Director del Registro de Estado Civil, Juez Carlos Rodolfo Saguier, y declara que el 26 de diciembre de 1909 «en su propio domicilio nació un niño a quien le puso por nombre Samuel, el cual es hijo natural del declarante».

         Del mismo modo, en ocasión de su enlace matrimonial con Berta Alfonso en 1988, en la Libreta de Familia correspondiente, expedida en Asunción (Paraguay), y cuyo facsímil presentamos seguidamente, la fecha de su nacimiento figura igualmente con fecha 26 de diciembre de 1909.

         Pero Samuel Aguayo debió nacer bajo el signo de una buena estrella, pues solamente una guitarra, una voz privilegiada y una inmensa fe en el corazón, fueron los factores del triunfo extraordinario que lo consagró en la populosa Buenos Aires.

         De Samuel Aguayo se dijeron muchas cosas, buenas y malas. Pero lo que nadie puede dejar de decir de él es que ha sido un intérprete fiel de la música paraguaya, y como tal, fue un verdadero triunfador en el Río de la Plata, ayudando con el prestigio ganado a conquistar una plaza propicia para la difusión y el desarrollo del canto de nuestra tierra. Porque aunque parezca extraño, en Buenos Aires nació y se afirmó la mejor producción musical del Paraguay de todos los tiempos.

         De Samuel Aguayo se sabía mucho acerca de su música y su talento, pero muy poco sobre su pasado. Un velo cubrió siempre la historia de su vida. No se sabía quién era el Samuel Aguayo anterior a su despliegue artístico en Buenos Aires. Mucho después se supo, por ejemplo, que el compositor desciende directamente de una de las figuras cumbres de la emancipación de nuestro país. En efecto, por vía paterna es biznieto del Brigadier General don Fulgencio Yegros, prócer de la Independencia del Paraguay.

         Sin embargo, Aguayo no acostumbraba a mostrar ese blasón, por mucho que se escribiera sobre su vida. Modesto, como artista genuinamente popular que era, no quiso relatar por sí mismo aspectos de su vida que podrían mostrarlo en forma distinta a la que le conocía el público rioplatense. Y cada vez que se veía acosado por los periodistas con relación a tales temas, esquivaba la pregunta con ingenio y a veces hasta con leyendas o relatos legendarios.

         Vamos a descorrer ese velo, entonces, mostrando otra faceta de Samuel Aguayo. Olvidada por un instante su guitarra y guardadas en un hueco profundo de su corazón las canciones que ha volcado ante el micrófono.

         Las revistas argentinas se ocuparon permanentemente de la historia de Samuel Aguayo. Son muchas las notas que incluyen una referencia a sus inicios en el arte. Señalan por ejemplo que desde muy niño se sintió con vocación hacia el canto, comenzando su carrera como aficionado. No se sabe a ciencia cierta cómo y cuándo llegó hasta la capital argentina ni el modo en que se inició allí como artista.

         Las versiones que siguen fueron publicadas en diferentes medios de comunicación escritos en Buenos Aires, en distintas épocas, y algunas son relatadas por el propio Samuel Aguayo.

 

 

         LA CARRERA MILITAR

 

         Una de las versiones parte de sus inicios en el ámbito militar. Con una definida vocación por la música, desde muchacho debió luchar contra los suyos, que deseaban hacer de él un militar más en la larga lista de nombres famosos del árbol familiar.

         Samuel Aguayo solía rememorar la radical oposición de su padre hacia sus inclinaciones artísticas: «Desciendo de una familia muy estricta. Mi padre era militar y no quiso que fuera artista. Se ponía furioso, me trataba de bandido y me predecía un destino de perdición por el solo hecho de que tocaba la guitarra y cantaba».

         Biznieto, nieto e hijo de militares, descendiente de guerreros gloriosos, pudo más la presión de los suyos que la propia decisión y fue alistado, durante su adolescencia, en la Escuela Militar de Aviación del Paraguay.

         Samuel Aguayo, obligado por la tradición, debía dedicarse a la carrera de las armas. Y siguiendo una costumbre corriente en el país, el padre lo «colocó» desde muy joven en el cuartel, para que se fuera amoldando al espíritu de la disciplina y el respeto. Allí obtuvo el brevet de aviador, y se convirtió al mismo tiempo en excelente mecánico.

         Fue así que a los diez y seis años Samuel Aguayo ya era aviador militar. Contaba las más absurdas y audaces locuras que milagrosamente no le costaron la vida, aunque sí le proporcionaron más de una amonestación y sucesivos arrestos. Hasta que un buen día, sin saberlo siquiera, se encontró con que había tomado parte en una rebelión militar contra el gobierno, en el cual su padre ocupaba una situación respetable.

         Un período angustioso se abría en la historia paraguaya desde 1922. Las revoluciones se sucedían y sacudieron sus cimientos. Una de ellas constituyó el bautismo bélico de Samuel, cuando en su espíritu recién florecían todas las emociones de un adolescente. Choque brutal de odios y de pasiones, que alejó definitivamente del muchachito guerrero su amor por los campos de Marte.

         «La consecuencia fue -contaba el propio don Samuel- mi detención y la deportación de casi todos los insurrectos». Y fue así como Aguayo, con algunos compañeros, traspuso la frontera. Y en ese momento comenzó para él la más pintoresca aventura, preñada de incidencias y detalles que han quedado indeleblemente grabadas en su recuerdo.

         Hay, sin embargo, un vínculo más entre el ejército y Samuel Aguayo: años después de estos acontecimientos, su padre, teniente coronel del ejército, cayó herido de muerte en los campos de batalla de la contienda chaqueña, mientras su compañía se cubría de gloria en una acción brillante.

         Samuel recordaba con nostalgia la última carta que le escribió su progenitor y que conservó siempre, y en la cual su padre le decía que lo había escuchado cantar por radio.

         «En su carta -recordaba Samuel Aguayo- escrita en 1928, mi padre me felicitaba y me decía que siguiera adelante. Eso fue lo último que supe de él. Murió en la guerra».

 

         EL CIRCO

 

         Ya en territorio argentino, llegó a Posadas. Allí, en virtud de sus conocimientos de motores a explosión y su práctica en el manejo de automóviles, logró ingresar como chofer del gobernador Dr. Héctor Barreyro*. El trato y la juventud de Samuel, su predilección por las canciones que ya entonces cultivaba con talento, le ganaron prestamente el cariño del gobernador, quien más que como a un chofer lo trató como a un hijo.

         El azar quiso que Aguayo pudiera pagar más tarde esa deuda, logrando ayudar eficazmente al ex-gobernador, en oportunidad de la detención que éste sufriera por razones políticas.

         Un circo que llegó hasta la ciudad torció nuevamente la orientación de su vida. Se enamoró de una «ecuyeré», y ello fue suficiente para que trocara su condición de chofer por la de cantor de circo y letrista -Samuel tuvo siempre inclinación y buen gusto para dibujar letreros-, funciones éstas en las que sólo duró hasta llegar a Paso de los Libres, donde no pudo continuar integrando la troupe del circo por ser menor de edad. Entonces comenzó la verdadera odisea.

         Y un poco a pie y otro poco caminando, llegó hasta una pequeña población, donde su audacia, «hija de su inconsciencia» -según sus propias palabras- hizo que se presentara en un cine, con un miedo y una vergüenza terribles.

         Pero no le fue tan mal, y como obtuvo algunos pesos, resolvió llevar a la práctica el sueño alimentado sin cesar durante el tiempo que duraba su escapatoria: ir a Buenos Aires. Allí, estaba seguro, su brevet de aviador y sus conocimientos en mecánica habrían de facilitarle la posibilidad de retomar la carrera interrumpida en su patria.

         Y llegó a Buenos Aires. Había oído decir que en el barrio de La Boca existía una gran colonia de paraguayos, y allí encaminó sus primeros pasos. En un bodegón, al cual entró con la esperanza de hallar a algún compatriota, se vio obligado a cantar, ante la insistencia de los parroquianos. Como Samuel viajaba siempre con su guitarra, la presencia del instrumento había delatado su afición.

         Cantó, y lo aplaudieron. Se hallaba presente entre los asistentes el comisario Echeverry, quien más tarde le sería de gran ayuda, y a quien la música de Samuel Aguayo conmovió gratamente. Y esa misma noche salió de parranda con unos amigos improvisados, a dar serenatas. Los amigos resultaron ser unos vulgares chorros que lo asaltaron, le quitaron la guitarra, los pocos pesos que tenía y le obsequiaron como broche final con un magnífico cachiporrazo. Los denunció, detuvieron a uno, aunque posteriormente tuvo que retractarse en su denuncia para salvar al pobre infeliz que por su delito iba a ser condenado a cinco años.

         Pasó privaciones, fue pensionista dilecto de un vigilante correntino y finalmente, el destino lo hizo debutar -ya que no pudo reiniciar su carrera de aviador- como cantor de la broadcasting La Razón, con el extraordinario emolumento de... treinta pesos mensuales!

         Era el año 1929. La radiotelefonía recién comenzaba a perfilarse. Samuel Aguayo trabajaba mucho y ganaba poco. Pero la perseverancia, y sobre todo su original estilo, no tardaron en destacarlo, iniciándose así rápidamente su ascensión hacia el éxito, que se materializó con la grabación del primer disco para la Víctor, y por el cual le pagaron -para él en ese entonces una fabulosa fortuna- la magnífica suma de trescientos pesos.

         Y así, después de haber intervenido a los diez y seis años en una revolución sin saberlo, tras pasar por las alternativas de los más dispares oficios, la casualidad en forma de un cachiporrazo -que lo llevó a la presencia del comisario Echeverry, quien influyó para que ingresara en Radio La Razón- convirtió a Samuel Aguayo en el delicado y fino intérprete que el público bonaerense tuvo oportunidad de aplaudir tantas veces.

 

(*) Gobernador de la Provincia de Misiones (R.A.) desde 1917 hasta 1920 y desde 1922 hasta 1930.

 

 

         EN UN TREN PRESIDENCIAL

 

         Otra versión de la salida de Samuel Aguayo de su tierra natal y su viaje hasta Buenos Aires surge en una entrevista, cuando el periodista le pregunta cómo se produjo su ida a la Argentina, a lo cual responde textualmente:

         «Fue allá por 1926 cuando «me colé» en un tren presidencial en el cual víajaba el Dr. Luis A. Riart y llegué hasta Posadas (R.A.). Allí trabajé como chofer y de vez en cuando cantaba en algún lugar. Luego hice algunos viajes por diversos pueblos en compañía de Agustín Barrios, con quien organizamos una rifa que dio como resultado unos 300 pesos. Con esta suma pudimos seguir viaje hacia otros lugares para buscarnos nuevos horizontes».

 

         EN UN BARCO NARANJERO

 

         Una tercera versión cuenta que había escapado de su casa para eludir la tradición familiar por la cual debía dedicarse a la carrera de las armas. Como todo villetano, cómplice del río, a él acudió y escapó aguas abajo en un barco naranjero.

         Buenos Aires era la Meca, y consagrarse en la ciudad porteña era ser reconocido como uno de los grandes. Pero tuvo que abandonar el navío en la ciudad de Posadas.

         Y casi a fines de la década del ‘20 llegó hasta esa ciudad el circo de los Hermanos Pensante, cuyo director tenía una hermosa hija. Para poder acercarse a ella, Samuel trabajó colaborando con el pintado de carteles, repartiendo programas e incluso haciendo la limpieza. Cierto día uno de los payasos enfermó, y tuvo que reemplazarlo.

         «Yo conocía el repertorio del payaso -aseguraba Samuel- pero cuando me puse el traje y salí al ruedo a contar los chistes, recuerdo que más me reía yo mismo de lo que contaba que el propio público». De modo que sus veleidades de payaso duraron muy poco, pues para «salvar las papas» no le quedó más remedio que ponerse a tocar la guitarra y cantar.

         Y así, contando algunos chistes -chistes absolutamente ineficaces, según su propia calificación- y entonando algunas canciones, surgió un cantor de cuya larga trayectoria hablan once Discos de Oro, cuatrocientos carretes de cintas magnetofónicas que registran sus actuaciones en radioemisoras rioplatenses, cuarenta álbumes de fotografías y múltiples recortes de periódicos y revistas.

 

 

 

CAPÍTULO 2

 

SUS INICIOS EN BUENOS AIRES

 

         Cuando el público bonaerense admiraba a Carlos Gardel, Ángel Vargas, Mercedes Simone y a otros grandes, un joven paraguayo le hizo escuchar polcas y guaranias. A pesar de la dificultad que significaba el idioma guaraní, la música era tan dulce y melodiosa que su intérprete, Samuel Aguayo, se convirtió en uno de los más mimados del público porteño. Fue el pionero y reinó por años en radios y fiestas.

         El nombre de Samuel Aguayo está vinculado a las primeras expediciones de conquista cumplida por la música nativa en un escenario tan exigente como lo era ya entonces Buenos Aires. Abriéndose paso en el imperio indiscutido del tango, aquella juvenil y lozana voz puso su carta de triunfo entre el cemento con Floripami y Caminante Triste. Desde entonces, millones de discos han girado en ortofónicas y «victrolitas», en rumbosos tocadiscos y en modernísimos «stereos».

         Sin embargo, Samuel rememoraba a menudo sus duros comienzos como artista, cuando cruzó la frontera de su país natal con la guitarra como única compañía. Entonces no presentía en absoluto el éxito que lo esperaba.

         «A los 17 años me fui a la Argentina -relataba en una de las múltiples versiones- Me fui porque a mi padre, que era militar, no le gustaba que yo cantara; tomé un tren de carga y salí del país».

         Y con una sonrisa agregaba: «En Posadas conocí a una circense de quien me enamoré, me ofrecí a trabajar con ellos y como yo tenía linda letra, podía escribir los carteles que se pegaban de ciudad en ciudad. Pero ya en Corrientes me separé del circo».

         De ahí en más fue bajando por las ciudades, tocando en casa de amigos y conocidos, y sin rumbo fijo. Su único equipaje era su guitarra y lo que llevaba puesto. Dormía en la casa de los amigos que lo albergaban.

         Llegó a Buenos Aires cantando de pueblo en pueblo, allá por 1927 o principios de 1928. Le habían comentado que en el barrio de La Boca había muchos paraguayos. Es por eso que apenas llegado, decidió ir hacia allí.

         «Al llegar a Buenos Aires hacía un frío bárbaro» -solía decir frotándose significativamente las manos.

         Entró a uno de los locales a tomar un café y pronto unos artistas que cantaban en el lugar le pidieron que tocara la guitarra. Y cantó música paraguaya, que era la única que sabía...

         «Yo solía andar con otros músicos -relataba nostálgico- también de recursos muy limitados. Una noche fui asaltado en La Boca: unos tipos me invitaron a llevar una serenata y por el camino me golpearon y me dejaron malherido. Un vigilante me recogió y me fui a vivir a su casa».

         A partir de entonces fue conociendo a otra gente que accidentalmente lo llevaba a trabajar, aunque con muy poca remuneración: «en esa época 30 pesos era una bicoca» protestaba Samuel.

         Un payador de nombre Antonio Cayano fue su primer contacto. Fue él quien lo llevó hasta la MOT, una emisora del diario La Razón, donde Samuel cantaba a la mañana, a la tarde y a la noche. Era una época en la cual la música emitida en las radios era interpretada directamente en vivo por los artistas.

 

 

         Cada emisora tenía su propio plantel de músicos, e incluso sus propias orquestas y conjuntos estables. Y fue a través de esas audiciones que unos empresarios del sello discográfico Max Glucksman (posteriormente Odeon) le ofrecieron un contrato para grabar 20 composiciones, es decir, 10 discos, por 200 pesos.

         El destino o la suerte -como decía el mismo Aguayo- hizo que también otra gente lo conociera a través de esas actuaciones en la radio. Es así como empresarios del sello discográfico Víctor (en esa época no era aún RCA) le ofrecieron 300 pesos por disco, cuando que la oferta anterior consistía en 200 pesos, pero por 10 discos. Y entonces, habiendo firmado el contrato, «empecé a grabar con la Víctor».

 

 

         Sobre sus primeros discos grabados Samuel solía comentar una simpática anécdota: «... resulta que por una equivocación mía empecé a ganar mucho dinero sin proponérmelo. Cuando grabé el primer disco me pagaron los 300 pesos por adelantado. Debido al éxito obtenido en la venta, me llamaron a grabar otro disco y nuevamente me pagaron 300 pesos. Como yo pensaba que era una equivocación a mi favor por parte de la Víctor, no volví al lugar e incluso cambié de domicilio. Pero un día me encuentra en la calle el director de la Víctor y me dice que tiene como 1000 pesos que pagarme por derechos de autor... Como en esa época eso no existía en Paraguay, yo no lo sabía y todas las músicas las registraron a mi nombre».

         La sucesiva oferta de contratos no fue sin embargo gratuita. Una carta recibida por Samuel Aguayo en 1934, cuando actuaba en Radio Stentor, atestigua el éxito cosechado entre el público bonaerense.

         La transcribimos a continuación:

 

         REVISTA LA NOVELA SEMANAL

        

         Buenos Aires, Noviembre 9 de 1934

 

         Señor Samuel Aguayo

         Radio Stentor

 

         De mi consideración:

         Me complazco en hacerle saber que en la votación realizada por «La Novela Semanal», para elegir los mejores números de la radio, el conjunto de su digna dirección ha resultado vencedor en su especialidad, obteniendo 13.714 sufragios del público.

         Con tal motivo ruégole se sirva enviarme una breve reseña y una fotografía del conjunto, a fin de publicarlas en la revista.

         Quedo a la espera de las informaciones que sobre sus actividades radiotelefónicas usted considere de interés para los lectores; esas noticias aparecerían en la sección «Con guante blanco», la cual desde el lunes 26 de este mes aumentará considerablemente su material.

         Felicitándolo por el buen éxito alcanzado, saludo a usted muy atentamente.

 

         Carlos Ocampos

 

 

         SAMUEL AGUAYO LLEVA SUS POLCAS

         AL INTERIOR DEL PAÍS

 

         Samuel Aguayo ha sido un gran divulgador del folklore guaraní en Buenos Aires, y uno de sus verdaderos introductores. Por lo menos el primero que valorizó este repertorio grabando innumerables discos.

         Su nombre era ya popular para los aficionados a la música fonográfica cuando hizo su debut en radio. Dio algunas audiciones en La Voz del Aire y en Radio Excelsior, aunque sin llegar a integrar regularmente sus programas.

         Cuando se inauguró Radio Stentor, Aguayo se incorporó a la casa por gravitación natural: los doctores Pérez y Odena, directores de LR8, eran correntinos de pura cepa, y el cantor guaraní traía en sus canciones precisamente la remembranza del solar nativo. Y allí estaba Samuel Aguayo, inconmovible en Radio Stentor, como en su propia casa.

         Y de común acuerdo con la dirección de la emisora, pudo incluso emprender una larga gira por el litoral argentino. Visitó Rosario, Santa Fe, Paraná, Concordia, Monte Caseros, Paso de los Libres, Corrientes, Curuzú-Cuatiá, Resistencia, Posadas y otras muchas localidades. Dada la gran popularidad que en su calidad de compositor e intérprete tenía ganada en toda esa zona, y teniendo en cuenta que era la primera gira que realizaba, fue fácil descontar que el éxito coronaría su tentativa, tal como efectivamente ocurrió.

         Esta primera incursión de Aguayo en las comarcas argentinas no tuvo una duración muy prolongada, y a su regreso retomó su trabajo donde lo había dejado volviendo a hacerse escuchar desde los programas de Radio Sténtor.

 

 

 

CAPITULO 3

 

ABRIENDO CAMINOS A LA MÚSICA PARAGUAYA

 

         Entonces Samuel Aguayo se dedicó a cantar. Y se cumplió el mejor de sus sueños infantiles. Luchas cruentas en los primeros tiempos para imponer una música que sentía profundamente.

         Pero después, el éxito rotundo, pleno, de su gran popularidad.

         Contratado por RCA Víctor para grabar exclusivamente sus discos, Aguayo fue una voz que llegó hasta el último rincón del país con sus apreciadas interpretaciones.

         Cuatro años consecutivos entregado de lleno a esa labor, y en ellos la consagración como compositor de motivos difundidos ampliamente, mientras como intérprete de la canción guaraní desplazaba vigorosamente, por sobre la emoción criolla, la perspectiva rotunda de su personalidad.

         En radio, con su debut auspicioso ante el micrófono de Radio Stentor, ha cumplido una trayectoria brillante. Luego, al incorporarse al elenco artístico de Radio Belgrano -ya al frente de su famoso conjunto- percibía uno de los sueldos más altos que se pagaban dentro del broadcasting nacional.

         Y al renovar en sus aspectos fundamentales su gran orquesta guaraní, Aguayo ha definido su éxito de una manera realmente notable. Triunfo de su fe en el folklore de su tierra nativa, de sus esfuerzos por dignificarlo, de sus sacrificios reiterados por ofrecer, ininterrumpidamente, la manifestación magnífica de su calidad.

 

 

         SAMUEL AGUAYO, INVITADO DEL PRESIDENTE JUSTO

 

         Miércoles 23, a las 22.45, diálogo en Radio Stentor.

         - Señor Aguayo: habla Ud. con el Edecán del Presidente de la República. Hay un banquete en el Jockey Club y el General Justo desea que Vd. venga con su orquesta.

         Al principio, Aguayo no atinó a responder nada; quedó atónito. No podía comprender que se tratara de una invitación presidencial auténtica. Pero luego, cuando llegó el vehículo a buscarlo, pudo finalmente salir de su sorpresa.

         Subió con los muchachos al auto, que condujo al grupo al aristocrático club, en cuyo salón principal se había tendido una suntuosa mesa presidida por el General Justo, el Dr. Riart, y altas personalidades del gobierno y de la diplomacia.

         Se trataba de una sorpresa que el Presidente quería brindarle al Ministro Riart, ofreciéndole música genuina de su país.

         La orquesta de Aguayo fue ubicada en un salón contiguo, donde ejecutó para empezar, y ante el grato estupor del magistrado paraguayo, la polka triunfal Campamento Cerro León, la polka paraguaya Noches del Paraguay, que nuestro primer magistrado dedicó al Dr. Riart, quien no podía ocultar la emoción que la delicada sorpresa le había producido.

         Seguidamente, Aguayo ofreció al general Justo la canción Volvé, volvé. Sin dejar pasar que el conjunto ejecutó, al comienzo y al final de la comida, los himnos paraguayo y argentino.

         Posteriormente se bailó, aprovechando el ofrecimiento que hizo Aguayo con su orquesta.

         Un gesto simpático del popular cantor fue el de renunciar al pago que se le ofreció, manifestando que se complacía en brindar su canto como humilde expresión de su gratitud por todo lo que el general Justo había hecho por la paz de su patria.

         Aguayo se llevó del acto un recuerdo de la simpatía con que se le había escuchado. El presidente Justo, el ministro Riart, el Dr. Saavedra Lamas y otras personalidades le autografiaron un menú con el cual salió muy contento junto con sus muchachos.

 

         UN CONTRATO CON RADIO TUPI

 

         En 1935, Samuel Aguayo firmaba un ventajoso contrato para actuar en Río de Janeiro.

         En una revista argentina aparecía el siguiente comentario:

         «Confirmando lo que nosotros mismos adelantáramos hace ya mucho tiempo, el excelente cantor Samuel Aguayo acaba de firmar un ventajoso contrato para actuar en Radio Tupi y el Casino Da Urca de Rio de Janeiro. Aguayo abandonará esta capital para mediados del mes en curso y permanecerá 30 días en el país hermano. Percibirá 450$ m.n. diarios, aparte de los gastos de viaje y estadía. No puede dudarse del éxito que ha de lograr este destacado cultor de la canción paraguaya, cuyas condiciones hemos podido apreciar en muchas ocasiones y que habrá de provocar enorme entusiasmo entre el público brasileño. Aguayo estará de regreso en Buenos Aires para fines de septiembre, para reincorporarse inmediatamente a Radio Stentor».

 

         Genuino intérprete de nuestra música y canciones nativas, las olas embravecidas del ritmo foráneo jamás llegaron a perturbar su ruta pionera, compartiendo consagración y honores con las figuras artísticas más representativas de nuestro continente y de Europa.

         Con justificada razón, Samuel Aguayo recibió el sobrenombre de «Folklorista de América». Folklorista porque su guitarra no supo sino de canciones en guaraní, folklorista porque para representar al Paraguay no tuvo sino polkas, canciones y guaranias a flor de labios, ratificando una y otra vez su representación auténticamente paraguaya.

         Su archivo musical llegó a unas 400 cintas, así como unas 200 partituras de otras tantas obras, instrumentadas para orquesta de 40 músicos. Estas partituras fueron las que utilizó en el curso de 25 años de actuaciones en las radioemisoras bonaerenses Splendid, Belgrano y El Mundo.

         Paralelamente desarrolló una amplia actuación en teatros, formando su propia Compañía. En el Maipo actuó junto a Félix Pérez Cardozo, Ampelio Villalba, Diosnel Chase y otros destacados músicos paraguayos. También cantó en «En uno de los teatros importantes -recordaba Aguayo- cuando en la cartelera figuraban Carlos Gardel, Libertad Lamarque y otros, faltó un número, y yo estaba ahí a la espera de salir a escena, llevado por un payador uruguayo, quien me dijo:

         - «Bueno, paraguayito, entrá a cantar, o triunfás o reventás».

         «Y cuál no sería mi desilusión cuando cantando la primera canción ya toda la platea me silbó. Iba a retirarme del escenario cuando una persona se levantó y aplaudió. Me dirigí al tipo que aplaudía y le dije:

         - Muchas gracias, amigo, se ve que usted es el único que entiende de mi música.

         Y él me contestó:

         - Cállese tonto, yo no lo aplaudo a usted sino a los que le silbaron...

         Y así empezó mi carrera entre los famosos...».

 

 

         En otra entrevista, Samuel Aguayo brinda sin embargo una versión distinta de estos hechos:

         «Tuve muy buenos amigos, entre ellos Carlos Gardel, que siempre me decía: «Tenés que cantar, pibe, cantás muy bien». En una ocasión me llevó a un festival en el que actuaban los más conocidos cantantes de esa época, como Libertad Lamarque, Mercedes Simone, Charlo, Ignacio Corsini y Carlos Gardel. Recuerdo que hacía mucho frío y yo estaba con un pantalón de brin blanco. Uno de los números faltó y Carlitos me empujó al escenario con estas palabras: «Bueno, paraguayito, entrá y cantá... o triunfás o reventás».

         Fue muy difícil, pero Samuel Aguayo logró que el público, que no comprendía el idioma ni estaba familiarizado con el ritmo, lo consagrara.

 

 

 

CAPITULO 5

 

SAMUEL AGUAYO, SUS ACTUACIONES EN RADIO Y TELEVISIÓN

 

         En su brillante carrera, a Samuel Aguayo le cupo ser contratado durante 25 años por una empresa que auspiciaba programas en las emisoras más conocidas de Buenos Aires: Splendid, Belgrano y El Mundo. El dueño de dicha empresa era un paraguayo, Carlos Barciela.

         Félix Pérez Cardozo, Ampelio Villalba, Diosnel Chase, Juan Escobar y Julio Escobeiro formaron parte del conjunto orquestal. «Félix Pérez Cardozo era un ídolo para los argentinos -solía comentar don Samuel- y en su homenaje dos calles de Buenos Aires llevan su nombre».

         La verdad, la honrosa y clarísima verdad es que Samuel Aguayo, con más de 50 años de dedicación al canto, no estuvo jamás en decadencia, como ocurre con otros, y en cambio conservaba en lozano florecimiento cautivante el dulce tesoro de su voz inconfundible, la que para mérito nativista, sin perder jamás su jerarquía, dedicó y consagró siempre, exclusivamente, al cancionero paraguayo.

         Con estos merecimientos podríamos afirmar que Samuel Aguayo se ha convertido, por su esfuerzo y sus méritos personales, en verdadera honra de la música nativa en el Río de la Plata.

         Destacados intelectuales y relevantes personalidades políticas de nuestra historia contemporánea reconocieron la contribución de Samuel Aguayo en la divulgación de la música paraguaya.

         Y fue Carlos Barciela el renombrado empresario paraguayo que apoyaba el arte nacional en la ciudad de Buenos Aires. En cuanto a las actuaciones de Samuel Aguayo en Uruguay, en Montevideo fue artista exclusivo de Radio Westinghouse. Darío Gómez Serrato, Basilides Brítez Fariña y Juan José de Souza Reilli destacaron su perfil como artista que sin extranjerizarse dijo a su pueblo «Arriba, corazón paraguayo!».

         Félix Pérez Cardozo debutaba con Samuel Aguayo en 1931 en el Teatro San Martín. Hilario Cuadros, poeta argentino, escribía la presentación.

         Con relación a las presentaciones de Samuel Aguayo en radio bajo los auspicios de la empresa «Alcázar», del paraguayo Carlos Barciela, hay entre los recuerdos atesorados por don Samuel una gran cantidad de cartas, contratos y documentos diversos que permiten seguir la trayectoria del artista paraguayo desde sus inicios.          

 

 

 

CAPÍTULO 6

 

LAS GRABACIONES DE SAMUEL AGUAYO

 

         SU PRIMER DISCO

 

         Samuel Aguayo solía recordar con nostalgia que su primer disco lo grabó el 16 de abril de 1929, en el sello Víctor de Buenos Aires. Tenía tan sólo 19 años cuando Floripa mí y Che ñominte se (Caminante triste), las dos canciones impresas en esa vieja placa de pasta, comenzaron a ganar el difícil mercado bonaerense.

         A lo largo de su carrera artística grabó más de 1.200 discos en la RCA Víctor y posee 11 Discos de Oro, lo que representa una venta de más de 1.000.000 discos de cada tema musical.

         Preguntado en cierta ocasión sobre los Discos de Oro que había obtenido, don Samuel respondió: - «Sí, tengo varios Discos de Oro. Cada uno de ellos lo recibí como premio por haber superado la venta de un millón y medio de discos. El primer Disco de Oro lo gané gracias a la venta y difusión de Noches del Paraguay. Hasta ahora sólo Luis Alberto del Paraná y yo, entre los músicos paraguayos, hemos recibido varios Discos de Oro. También recibí una Condecoración especial de las Naciones Unidas, en una gran fiesta realizada en el Hotel Ambassador de Nueva York».

         Consciente de la importancia de su arte para los anales de la historia de nuestra música, llegó a poseer el más grande archivo musical paraguayo, con 400 rollos de cintas grabadas de sus audiciones y 200 partituras instrumentales para 40 profesores. Samuel Aguayo es autor de muchas composiciones paraguayas, tales como Noches del Paraguay, Oroite, Che jazmin poty, entre otras.

         En un rincón de su cuarto guardaba la tapa de algunos de sus discos como Mi lejano amor, Canto al Paraguay y Paisaje musical paraguayo, así como algunas de las condecoraciones recibidas. Sobre sus primeros discos lo que más recordaba era que se vendían mucho, porque se trataba de una música nueva y a la gente le gustaba. Eso lo llevó a participar en varios festivales, en los cuales participaban grandes artistas como Carlos Gardel y Libertad Lamarque, que también grababan con la Víctor. En esa época, el sello discográfico que conocimos como RCA Víctor de Argentina, correspondía aún a la Compañía Víctor Talking Machine de Camden, Nueva Jersey, EE.UU., Sucursal Argentina, que fuera la primera en contratar a Samuel Aguayo para la grabación de sus discos.

         Presentamos seguidamente la transcripción de un Contrato Tipo entre la Compañía Víctor de grabaciones fonográficas y don Samuel Aguayo, y cuyos términos eran los mismos para cada uno de los temas que fueran grabados en esa época. En este caso particular se trata de la composición «Che añominte se» (Caminante triste):

 

         Convenio de Licencia formulado el día... 16 de Abril de... 1929 entre... Samuel Aguayo conocido en adelante por el "Autor", por una parte, y la Sucursal Argentina de la VICTOR TALKING MACHINE COMPANY, de Camden, Nueva Jersey, Estados Unidos de América, conocida en adelante por la "Compañía", por otra parte, a saber:

         CONSIDERANDO QUE el Autor es el propietario legal de los Derechos Reservados de la composición musical titulada... Che ñominte se (Caminante triste) y en adelante designada como la "Composición", debidamente inscrita en... la República Argentina, N° 40981 yen adelante designado como el "país de registro":

         CONSIDERANDO QUE la Compañía desea obtener el derecho, privilegio y autorización para usar la letra o la música, o ambas cosas a la vez, de la expresada composición, en la fabricación de sus discos para máquinas parlantes, y el Autor está dispuesto a conceder este derecho, privilegio y autorización con arreglo a los términos y condiciones que se indican a continuación:

         QUEDA CONVENIDO QUE:

         (a) El Autor, en virtud de la regalía reservada y cuya forma de pago se expresa más adelante, concede a la Compañía, sus sucesores, representantes legales y o cesionarios, durante la vigencia del citado "copyright" exclusivo, el derecho, licencia, privilegio y autorización para usar de la mencionada composición, sea la letra y o la música o ambas cosas, en la instrumentación y forma a que se adapte la repetida composición para su empleo en los referidos discos, en la fabricación y venta o expendio de los mismos en el "país de registro" y otros países del mundo, extendiendo por medio de este documento los privilegios que corresponden al "copyright" original de la citada composición con respecto a los instrumentos y discos que sirven para reproducir mecánicamente la repetida composición. Sin embargo, queda entendido por ambas partes contratantes que esta licencia no cede a la Compañía derecho de imprimir la letra y o la música de la precitada composición.

         (b) La Compañía, en virtud del privilegio o licencia antes citado, se compromete por medio de este documento a pagar al Autor una regalía de... 0,06 m/n centavos por cada disco que sirva para reproducir mecánicamente la citada composición, vendido por la Compañía o por sus sucesores, representantes legales o cesionarios en el "país de registro" o en cualquier otro país en el cual el Autor tenga derechos reservados que protejan la referida composición de toda reproducción mecánica, y quedando bien entendido que en ningún caso se deben pagar derechos o regalías dobles a causa de que los discos sean llevados a países extranjeros.

         (c) La Compañía conviene por el presente documento en presentar al Autor, cada tres meses, relaciones o notas de liquidación de todos los discos de fabricación perfecta que contengan y sirvan para reproducir mecánicamente la citada composición, vendidos o expendidos por ella según manifestado más arriba, en la forma siguiente: un mes después de los trimestres que terminan; el Treinta y Uno de Diciembre, el Treinta y Uno de Marzo, el Treinta de Junio y el Treinta de Septiembre. Cada una de las citadas relaciones o notas de liquidación irá acompañada de un cheque en pago de la misma, teniéndose en cuenta que el Autor se compromete por este convenio a aceptar como pago total el 90% (Noventa por Ciento) del importe correspondiente a las regalías convenidas conforme lo demuestran las relaciones o notas de liquidación suministradas por la Compañía, y el restante 10% (Diez por Ciento) quedará en poder de la Compañía como compensación por los discos de la precitada composición que resulten averiados, rotos o sean devueltos. Todas las relaciones o notas de liquidación referentes a regalías serán examinadas y certificadas por contadores públicos, quienes revisan con regularidad los libros de la Compañía.

         (d) En virtud del Convenio de la Compañía para pagar la regalía antes citada, el Autor hace constar que tiene derecho legal al "copyright" referido antes y a la citada composición, en lo que se refiere a la letra y o música de la misma, así como el derecho legal de dar y conceder la licencia de que se hace mención en el presente documento. Y por este convenio el Autor se compromete a compensar y eximir y de hecho exime a la Compañía de toda pérdida o perjuicio que pueda sufrir a causa de cualquier reclamación o demanda adversa que puedan entablar terceras personas sobre la composición de que es objeto este convenio, o a causa de cualquier adjudicación que invalide los expresados privilegios de "copyright" exclusivo, en virtud de los cuales se concede esta licencia.

         (e) El Autor conviene en que no autorizará a ninguna otra persona, sociedad o compañía para reproducir la obra arriba mencionada en discos para gramófonos o máquinas parlantes y acepta también dar todos los pasos necesarios para evitar el uso sin autorización a cualquier persona, sociedad o compañía.

         (f) Queda también mutuamente convenido que este contrato será considerado como si hubiera sido hecho en la ciudad arriba mencionada, o en la ciudad de Camden, Estado de Nueva Jersey, Estados Unidos de América.

         (g) Queda además convenido que este convenio puede ser protocolizado o elevado a documento público en cualquier ocasión que se desee o por la acción de cualquiera de las partes contratantes mencionadas que intervienen en el presente documento.

         (h) Este convenio obligará también a los herederos, sucesores, representantes legales y cesionarios de ambas partes contratantes.

         EN FE DE LO CUAL, ambas partes contratantes han firmado y rubricado este documento en la fecha que se indica ut supra.

 

Testigos para el Autor:         El Autor:

J. Linderman                      Samuel Aguayo

Juan Carlos Casas

 

VICTOR TALKING MACHINE COMPANY

p.p. por... Frank S. Strough

 

 

 

CAPITULO 7

 

DISTINCIONES Y CONDECORACIONES PARA SAMUEL AGUAYO

 

         Samuel Aguayo, luchador incansable del arte folklórico, fue un devoto de la música de su tierra natal, el Paraguay.

         En las radios donde actuaba, a los locutores no les gustaban las guaranias y solían pedirle que cantara algo más alegre. Se dedicó entonces a las polcas, y hay algo muy importante que destacar: que en toda su trayectoria artística sólo ha interpretado música paraguaya. «Nunca canté tangos ni zambas*...».

         Esta autenticidad le valió varias condecoraciones nacionales y del extranjero.

         Y Buenos Aires, la exigente, una de las más altas cumbres del arte y la crítica, le otorgó a Samuel Aguayo hace ya muchos años la consagración definitiva. Sin embargo, instituciones culturales y artísticas de nuestro país y otros de América y Europa, rubricaron ese triunfo con galardones que podrían sintetizarse en un breve cuadro recordatorio.

         El reconocimiento a su labor se testimonia ampliamente con:

         - la Medalla de Oro del Ministerio de Defensa Nacional,

         - Medalla de Oro Honor al Mérito del Ministerio de Educación y Culto,

         - una condecoración de la Federación Internacional de Artes, Letras y Ciencias de Francia,

         - una Condecoración de las Naciones Unidas (ONU), otorgada tan sólo a unos pocos como Orson Welles, Maurice Chevalier y Samuel Aguayo.

         - En su curriculum figuran también otras distinciones como la del Instituto de Cultura Hispánica.

         - Fue Miembro Honorario Vitalicio del Instituto de Historia y Museo Militar.

         - Pergamino Mención de Socio Honorario de Autores Paraguayos Asociados (APA), entregado por su Presidente, don Ángel Peralta Arellano, en el Salón de las Banderas del Ministerio de Defensa, con la presencia de Su Excelencia General Marcial Samaniego, Ministro de Defensa.

         - Fue Socio Honorario y Medalla de Oro de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC) por sus cuarenta años de aportes a la entidad de la que es socio fundador.

         - Diploma de Miembro Protector de la Cruz Roja Paraguaya, y más de cincuenta pergaminos de reconocimiento a su tarea otorgadas por entidades sociales y culturales.

         - Pergamino Homenaje de la Orquesta Sinfónica (OSCA) de la Ciudad de Asunción.

         - 11 Discos de Oro de la RCA Víctor por Récord de Venta de Discos de su repertorio paraguayo.

         - Fue Invitado especialmente por el sabio ingeniero Guillermo Marconi para la inauguración de Radio Tupí de Rio de Janeiro y San Pablo (Brasil).

         - Diploma de Honor e Hijo Dilecto de la ciudad de Villeta otorgado por la Municipalidad de Villeta.

 

 

(*) Nota del Compilador: A pesar de las declaraciones de Don Samuel, existen registros fonográficos que incluyen tangos y valses.

 

 

 

CAPÍTULO 8

 

LO QUE DIJERON DE SAMUEL AGUAYO SUS CONTEMPORÁNEOS

 

         EPIFANIO MÉNDEZ FLEITAS

 

         Samuel Aguayo es más bien un hombre alegre, pero de una alegría plácida, que contempla la vida con optimismo contagioso y tiene un suave concepto de las personas que se suceden a su alrededor. Prestigioso folclorista e intérprete de la música y el canto de la selva paraguaya, es el más fiel intérprete de las hermosas guaranias. Y efectivamente, Samuel Aguayo representa un valor artístico muy destacado que sabe cautivar al público con su magnífica voz.

        

         Firmado: Epifanio Méndez Fleitas

 

         DARÍO GÓMEZ SERRATO

         Nuestros líricos cantores: Samuel Aguayo,

 

         El más discutido y discutible de nuestros cantores. Se lo combate y se lo admira al mismo tiempo. Se le arrojan guijarros y rosas a diestra y siniestra. Y este privilegiado ruiseñor con altiveces de león, camina sobre las rosas sin que le hieran los guijarros. Sabe lo que vale. Y vale lo que quiere. Por eso muchas veces recrea su orgullo provocando insultos. Para cantar mejor. Para mirar más alto.

         Así es Samuel Aguayo. El Corochiré de la garganta de cristal y oro. De él nos decía el Tte. Víctor M. Brizuela: «Hay que verlo en Buenos Aires. La colonia paraguaya crispa el puño contra Aguayo, al saberlo tan consentido y engreído. Pero apenas sube al escenario y esa colonia se destroza las manos en frenéticos aplausos».

         Qué bello elogio del arte macho! El arte que sacude el espíritu con ímpetus de remanso y tormenta de aromas. El arte que engendra el odio para matarlo a besos. El arte que se impone y que triunfa.

         Este es el mejor mérito de Samuel Aguayo.

         Llegó a Buenos Aires -a la caprichosa y jactanciosa Buenos Aires- la canción de nuestros valles, para imponerse. No para humillarse. Al triste canto arriero con sabor a caña y naco, le imprimió el gusto del rubio champán y del habano aristocrático. Perdió el ritmo cadencioso y triste. Pero no perdió el sentimiento. Al filón de oro rústico que es nuestro cantar, le puso la lima. Para brillar mejor. Y presentarlo a la feria del arte con más subido precio.

         No sabemos que Aguayo haya recibido académicas enseñanzas de canto. Pero sabemos que puede cantar en cualquier teatro. Ante cualquier auditorio.

         Cuando fue por primera vez a Buenos Aires, Aguayo cantaba peor que un rematador. No contaba con un miserable níquel león. Y se fue nomás. Porque llevaba algo más: talento y audacia. Se tiró en un barco naranjero y dejó que el río musicante lo arrastrara al encuentro de su destino. Entre un montón de auríferas naranjas ynubes de ensueños.

         Y ahora recordamos una anécdota que tuvo lugar en vísperas de su partida. Andábamos de serenata un grupo de muchachos con pretensiones de músicos. No podíamos ejecutar de memoria. De manera que uno debía de atajar las partituras y otro la vela de sebo. Y a Samuel le tocó aguantar la vela. Estábamos en Punta Carapá, el proscenio de la celebérrima Chacarita, ejecutando el tango La Racha, muy de moda entonces. Cuando una racha inoportuna apaga la vela y se arma la confusión. El lío filarmónico. Algo había que hacer. Y Aguayo canta. Acaso por primera vez.

         Aparece la dama y pide que «ejecutemos» -con doble intención, seguro- «La muerte de Milonguita».

         Optamos por tomar las de Villadiego. Y rompimos a correr como alma de lleva el diablo.

         Poco después nos contaban que Samuel Aguayo, ya en Buenos Aires, cantaba Flor sobre el verde tapete de la suerte.

 

         Darío Gómez Serrato.

         Campo Grande, abril de 1935.

 

 

         DR. JUSTO PASTOR BENÍTEZ

         Ministro

         (manuscrito)

 

         El arte nativo, el alma del pueblo guaraní ha encontrado un leal intérprete en Samuel Aguayo Yegros. Aeda moderno, como el antiguo, acompaña el verso armonioso con la música quejumbrosa que viene de las profundidades ancestrales. Buena voz, sentimiento delicado, honda emoción comunicativa y contagiosa, ¿qué más se puede pedir al artista paraguayo?

         En su acento hay algo que viene de las florestas vírgenes y del alma de un pueblo que ama el heroísmo y cultiva románticos amores.

 

         Firma: Justo Pastor Benítez

         Asunción, Noviembre 18, 1931

 

 

         DON JUAN JOSÉ DE SOUZA REILLY,

         Homenaje a Samuel Aguayo - 22 de Setiembre de 1952

        

         Así habló el periodista y escritor argentino Don Juan José de Souza Reilly por las 58 estaciones de la Red Privada de Emisoras Argentinas.

         «Asómese a la vida, amor al arte. También el arte tiene sus apóstoles, uno de ellos es el popular y admirado músico y cantor Samuel Aguayo. No se crea que la carrera estelar de éste ilustre artista, gloria del Paraguay y de la Argentina, haya sido producto de la suerte...

         No. Su enorme prestigio lo conquistó a fuerza de talento. Desde hace 25 años vive consagrado a difundir las bellezas armoniosas del alma de su patria. Al principio tropezó con las dificultades propias de toda cosa nueva.

         En Buenos Aires, cantar en guaraní pareció algo tan exótico entonces, que la gente se asombraba de la audacia de aquel muchachito que se empeñaba en mostrar las bellezas del idioma encantador de la tierra del glorioso Mariscal Francisco Solano López, idioma tan dulce que parece música de pájaros, pero incomprensible entonces para muchos.

         Ramón Lobarro había puesto de moda la famosa canción En un pueblito español. Samuel Aguayo la cantó en guaraní, ocurrencia de él, traduciéndola en Mi. Un caballero se le acercó y le dijo después de cantar en guaraní: «Qué bien ha cantado usted en inglés, amigo Aguayo!». Esto prueba que no le fue nada fácil imponer las canciones guaraníes.

         Samuel Aguayo se inició en la época pobre de la radiofonía. Los artistas más prestigiosos debían conformarse con estipendios miserables. A Aguayo le pagaban 30 pesos por mes, pero con derecho a tomarse dos cafés y a veces tres (los domingos), lo cual era una excepción.

         Pero la canción que le hizo célebre fue Noches del Paraguay, letra y música suya, a través de cuyas melodías, que él entona, vibra toda su tierra.

         Cuando Guillermo Marconi lo oyó cantar Noches del Paraguay, exclamó: «Caramba, yo no conocía el Paraguay. Ahora sí lo conozco».

         Samuel Aguayo, a través de su guitarra mágica y de sus composiciones soñadoras, no sólo ha hecho arte, ha hecho diplomacia, ha conseguido, por la divina gracia de la música, que los argentinos amen el Paraguay y se quiten el sombrero ante todos los paraguayos.

         El gran Presidente que hoy tiene aquel gran país, el doctor Federico Chávez, ha hecho bien en confirmarlo en su cargo de Agregado Cultural de la Embajada Paraguaya en la Argentina.

         Samuel Aguayo, que es descendiente de Fulgencio Yegros, prócer mayúsculo de su patria, ha logrado que su nombre traspase todas las fronteras. La prueba acaba de llegar de Francia: el reputado médico Dr. Miguel Horn Num, Delegado General de la Federación Internacional de Arte, Letras y Ciencias de París, trayéndole a Aguayo el Diploma de Miembro de aquella institución. Dignidad que sólo han logrado dos grandes artistas: Orson Welles y Maurice Chevallier. El acto tuvo lugar en la Embajada Paraguaya.

         Y bien se merece Aguayo todos estos honores. Los argentinos lo queremos mucho, mucho, y por eso le decimos: Adelante, Samuel Aguayo, sigue como siempre sin extranjerizarte, conservando tu magnífica alma paraguayamente paraguaya. Con tus canciones te has conquistado el derecho de decirle a tu pueblo: Arriba, corazón paraguayo..!.

 

 

 

         JUAN E. O’LEARY

 

         En los cantos de Samuel Aguayo Yegros vibra el alma de la Patria, eso es el Paraguay hecho música, y nadie es intérprete mejor que él, del sentimiento nacional.

         Yegros es, lleva en las venas sangre de próceres y de héroes. Su paraguayismo está acuñado por nuestra historia.

 

         Firma: Juan E. O'Leary

 

 

         CORONEL ARTURO BRAY

 

         Samuel Aguayo, nombre familiar a los paraguayos, cuya voz privilegiada ha derramado los tesoros de la música nativa sobre los corazones de los tristes y de los felices. Voz hecha canción y música armoniosa, que tuvo la virtud de hacer titilar las lágrimas en los ojos del paraguayo errante por tierras extrañas, al recuerdo de la Patria ausente, y voz que ha llevado la alegría sencilla al hogar escondido en la campiña, refugio de las más excelsas virtudes de la raza, el valor, la franqueza humilde y enamorada de la música que eleva y dignifica.

 

 

         JOSÉ P. GUGGIARI

         Presidente del Paraguay

 

         Divulgar el folklore de un pueblo es hacerlo conocer en lo que tiene de más íntimo, hermoso y característico. Es obra de belleza y de patriotismo. Por eso, Samuel Aguayo, inteligente artista paraguayo, que ha hecho un verdadero apostolado de la difusión de la música nativa en el extranjero, demuestra que sabe querer de verdad a su Patria y merece nuestra simpatía y nuestro aplauso.

 

         Asunción, 14 de noviembre, 1931

 

 

         PROFESOR BASILIDES BRÍTEZ FARIÑA

         19 de Mayo de 1961.

 

         Semblanza escrita en ocasión de la 134a. Audición radial de la Asociación de Escritores Guaraníes por Radio Nacional.

 

 

         SAMUEL AGUAYO, PRIMER ASTRONAUTA DEL

         FOLKLORE GUARANÍ.

 

         El siglo XX es el siglo de las maravillas atómicas y de los grandes récords. Es el siglo de la superación en cadena. Es el siglo de la ascensión. Es la era de la dispersión atómica, del traspaso de la barrera del sonido y de los satélites artificiales. Es el siglo de los astronautas y de las incógnitas. Los aviones a propulsión han roto la barrera del sonido. Dicen que al pasar los límites se siente una sensación inusitada, fenómenos maravillosos. El avión parece querer destartalarse, pero pronto restablece su estabilidad.

         Pero no hemos venido aquí para hablar de los fenómenos de nuestra era, sino de un gran valor paraguayo, del valor de un gran paraguayo, del paraguayismo de un gran valor que ha tenido la osadía de presentarse en un medio hostil, desconocido y exigente como el gran Buenos Aires.

         Samuel Aguayo soñó un día traspasar la frontera, tomó una guitarra, cruzó a Clorinda, tuvo éxito, bajó a Formosa, y así recorriendo llegó a la capital porteña. Allí luchó contra el hambre, la envidia, la incomprensión, el egoísmo, para hacer conocer la música de su solar. Armado de una voz melodiosa, clara, potente, sentimental, sin afecciones y sobre todo, de su profundo sentimiento artístico y nacionalista, dio vida a cuanto tocara, y al poner su corazón en las cuerdas vocales y en los oídos porteños, penetró en los corazones extranjeros como en su propia casa, porque esa es la ley fundamental del arte y de la convicción, la naturalidad y el sentimiento surgido del corazón y no fruto de un cerebro con su secuela de mímicas teatrales que no conducen a ninguna parte.

         Aguayo creó un estilo. No copió a nadie, no hizo teatro y tampoco renegó de la música paraguaya para asegurarse el puchero, cuando esa hubiera sido la actitud de un artista barato. La sencillez de su arte, la dulzura de su voz, el sentimiento natural puesto en su garganta, y el aferrarse con hombría y osadía a la música nacional sin claudicaciones, ha sido suficiente para granjearse la simpatía y abrir las puertas de los corazones argentinos, sensibles ante el arte y las demostraciones del nacionalismo tanto en la oratoria política como en las canciones.

         Así traspasó la barrera del sonido, y el sonido traspasó la barrera del legionarismo y la indiferencia de los paraguayos residentes en Buenos Aires, y de los mismos porteños, como una paradoja, al revés de la bomba atómica, en vez de disgregar los átomos, reunió en un sólo haz los átomos dispersos del paraguayismo en el exterior y en la propia patria a través de las grabaciones y las presentaciones artísticas en los diversos escenarios del continente y del mundo.

         Aguayo surgió con la música paraguaya porque supo respetar su contenido, su sentimiento, su forma. Fue el mensajero musical del Paraguay pujante, de la tierra guaraní inmortal ante los compatriotas dispersos en el exterior por las persecuciones políticas, el ansia de tranquilidad o el espíritu de superación, ya que nadie es profeta en su tierra, y son expresiones del mismo Dios. Samuel Aguayo mantuvo latente y caliente el ansia y espíritu de unidad en el exterior; mantuvo candente el ansia de regreso y de justicia social; mantuvo inmutable e inconmovible el orgullo racial que llamamos paraguayidad. Consecuente con ese patriotismo que le ha caracterizado, hoy retorna a nuestra patria para ofrecer la reliquia de su garganta incontaminada a la patria en su sesquicentenario de la emancipación nacional.

         Samuel Aguayo no trae ofrendas materiales, sino su garganta, su persona, su mismo Yo a los pies de la patria, su sencillez, sus méritos, su devoción al pueblo y su admiración al arte nacional. Ha sido el primer paraguayo que se lanzara al espacio, al éter, allende las fronteras, con la incógnita sobre el futuro pero con la esperanza en el corazón, y así conquistó el mundo e hizo conocer el Paraguay a través de la música, allanando el camino a los futuros seguidores y difusores del folklore guaraní. Ha sido tan grande el mérito de Samuel Aguayo, que arriesgándome a la risilla irónica de más de un oyente, me he atrevido a llamarlo el primer astronauta del folklore guaraní, nombre que cuadraría con el kilaje de sus alforjas en el siglo de las grandes conquistas, del revisionismo, de la constante superación.

         La Asociación de Escritores Guaraníes, por mi modesto intermedio, le rinde su respeto y homenaje de admiración como un testimonio de merecida justicia cultural.

 

         Firma: Basilides Brítez Fariña.

 

 

 

         DE SAMUEL AGUAYO DECÍA TAMBIÉN EL POETA

         DARÍO GÓMEZ SERRATO:

 

         Samuel Aguayo, como cantor genuinamente paraguayo, nativista, fiel intérprete de nuestros aires típicos, consubstanciado con nuestra tierra carmesí, nadie hasta ahora ha llegado a superarlo. Sin amaneramientos, sin poses estudiadas, sin equipos exóticos, impuso nuestra música en la multitudinaria Buenos Aires, reacia a reconocer méritos y a otorgar privilegios. Y este triunfo se debe a su garganta de oro y de cristal. A su voz llena de sonoridades preciosas, sin afectaciones o inflexiones ridículas. No degeneró en ningún momento su modo de ser, su estilo propio natural. A la vez que un saber darse su lugar de cantor paraguayo, consecuente con tal dignidad. Y todo esto desde hace más de 50 años. Sin degenerar hasta el presente.

         El arte venciendo a la incomprensión. El arte que se impone y que triunfa entre remansos hostiles y tormentas de aroma.

         No sabemos si Samuel Aguayo recibió académicas enseñanzas de canto. Más sí sabemos que ha podido y puede cantar en cualquier teatro del mundo. Dirán que Samuel Aguayo no recorrió Europa. Pero esas correrías no entran en cuenta con su voz, ya que al fin y al cabo el timbre de su voz, de su garganta privilegiada, prisionero en el Disco de Oro que le otorgaran, recorrió el mundo.

 

 

         Transcripción del libro ESTAMPAS DE MI TERRUÑO del poeta paraguayo Rolón Medina

 

         «Hasta hace poco la canción paraguaya, la popular y vernácula que cada día va enriqueciendo el acervo de nuestro folklore, era para muchos algo despreciable, vergonzoso, que nadie se atrevía a cultivar. Solamente nuestros cantores de los suburbios y villorrios la ensayaban ante las rejas de sus morenas en las noches de plenilunio.

         Si alguien hablaba entre nosotros del propósito de buscar en Buenos Aires un impresor de discos para nuestras canciones populares, nos reíamos de él con todas las ganas. Sin embargo, ahora no hay ya rincón de América y Europa que no nos conozca a través, de nuestra música, adaptada al instrumento edisoniano.

         Y todo este magnífico triunfo se debe a aquel tímido muchacho que ambulaba entre nosotros, desapercibido y modesto, con el nombre de Samuel Aguayo, hoy conocido y aclamado en los grandes centros artísticos bonaerenses... Samuel Aguayo actualmente está radicado definitivamente en Asunción y se ha jubilado en la Argentina con 100.000.000 de pesos mensuales, además de otra jubilación de la Sociedad Argentina de Autores (SADAIC) con 70.000 pesos mensuales. Percibe además Derechos de Autor de todas partes del mundo, en dólares americanos.

 

 

 

         ARNALDO RAMÍREZ

         Semanario USTED, Posadas, Misiones

         Diciembre de 1991.

 

         Una guitarra, una voz y una inmensa fe en el corazón. Tal podría ser la síntesis o los factores de este extraordinario triunfador en el arte nativo de América. Samuel Aguayo Yegros proviene de una familia patricia, ya que es tataranieto del prócer paraguayo Fulgencio Yegros. Genuino intérprete de la música paraguaya, recorrió los escenarios de América y de Europa llevando las más tradicionales creaciones del cancionero guaraní.

         Con justificada razón fue llamado el Folklorista de América. Buenos Aires, la meca del arte latinoamericano, hace muchos años lo consagró su artista dilecto. Allí en esa exigente urbe, aprobó los exámenes de Gran Artista y digno representante de su tierra.

         Samuel Aguayo, incansable luchador del arte folklórico, es un devoto de su tierra natal, el Paraguay. Ama profundamente a Posadas y a su gente. Así se expresó en una entrevista en su domicilio de Asunción. Allá en el barrio Sajonia, camino al cerro de Tacumbú. Allí pudimos recoger estas impresiones que ponemos a consideración de nuestros caros lectores.

         Haciendo gala de un admirable buen humor, que en nada refleja sus 82 años de edad, Samuel Aguayo inició sus evocaciones a modo de monólogo, como conversando consigo mismo. A medida que se acentuaba la copiosa lluvia en la noche asuncena, sus recuerdos iban fluyendo como torrentes en que alternaban anécdotas, hechos, acontecimientos y vivencias de su prolongada y exitosa carrera artística.

         «Y fue allá por 1927 que llegué a Buenos Aires –dijo- después de haber recorrido ciudad por ciudad la provincia de Corrientes, aquellas que dan sobre la costa del Río Uruguay. Mis inicios fueron muy sencillos, pero debo reconocer que fui un afortunado. En 1930 ya frecuentaba la amistad de destacados artistas porteños y me cupo la oportunidad de actuar en algunos locales donde la música paraguaya era poco conocida y cantar en idioma guaraní era más novedoso aún. Así fue que alternando con Francisco Pracánico, Novillo Quiroga y otros, cultivábamos la música guaraní. Por aquel entonces los temas más conocidos e interpretados por mí eran Floripamí, Noches del Paraguay, Caminante Triste y Tupasy Memby».

         «Tuve la suerte de conocer al productor de la compañía de grabaciones Víctor, que posteriormente llevó el título de RCA Víctor. Este señor, de nombre Juan Carlos Casas, una vez me interrogó sobre por qué sólo cantaba música del Paraguay y no música de Corrientes. Fue entonces que le dije que de mi parte no había inconveniente. Se concretó la oferta y comenté con mis amigos ya nombrados, Francisco Pracánico y Novillo Quíroga, y nos pusimos a buscar la forma de componer algunas canciones».

 

 

 

 

 

         MAURICIO CARDOZO OCAMPO

         EN LA VOZ DE SAMUEL AGUAYO VIBRA EL ALMA DEL GRAN  PUEBLO PARAGUAYO

 

         Porque siente el drama del pueblo español, actuará desinteresadamente en el pic-nic de la FOARE.

         Continuando con la grata tarea de hacer conocer a los lectores de LA DEFENSA los músicos y artistas paraguayos residentes en ésta y que son colaboradores de nuestra Comisión Pro Repatriación de Paraguayos, diremos hoy algo sobre la conocida figura de Samuel Aguayo. Este artista oriundo de Tuyucuá, un barrio vecino de la capital paraguaya, llegó a Buenos Aires en 1927 después de una prolongada peregrinación. Sí, la cuestión era llegar a la soñada ciudad del Sur. Aguayo sabía que iba a gustar y se tenía mucha fe... Pero había un obstáculo grave que franquear, y éste era la falta de medios materiales.

         Así, un buen día, a pesar de todo emprendió la ansiada ruta rumbo al Sur con la guitarra a cuestas y un corazón de 20 años dispuesto a vencer, y así venía Aguayo con la vista fija en la Cruz del Sur, de pueblo en pueblo, con su voluntad de hierro y una decisión a toda prueba, alternando el arte con la profesión, ya que ninguno de los dos aportaba los medios suficientes para el sustento y pasaje de aquella época.

         Aguayo, en su niñez llena de inquietudes, aprendió a manejar el volante y fue su vieja abuela quien le enseñó a pulsar la guitarra, pero ante todo cantaba y así empezó a cultivar el arte, a ganarse el pan y a abrirse paso en la vida. Con esto queda dicho el origen humilde pero honroso de este prestigioso cantor guaraní, lo cual lo enaltece sobremanera y hace que se capte aún más nuestra simpatía y admiración, porque ha surgido por mérito propio para llegar a ser el astro indiscutible del cancionero paraguayo.

         Antes de abandonar su patria estuvo radicado en Asunción, donde empezó a destacarse como cantor. Cantaba en noches plateadas salpicadas de jazmines y azahares, en la ventana de la novia pálida con fiebre de luna. Actuaba en reuniones familiares, en fiestas escolares y a pesar de su condición humilde, la «gente de arriba» lo recibía en los salones alborozada. También llevaba un poco de ternura a la penitenciaría y al Buen Pastor y en todas partes gustaba, pues interpretaba el sentir popular.

         Ninguno como él supo hacer llegar al pueblo sus propias manifestaciones en una forma tan sentida. Es que Aguayo es producto del dolor de un pueblo que ha sido castigado bárbaramente, pero que no ha sido vencido. Por eso el pueblo se agrupa alrededor del arte de Aguayo y lo corea soñando en un porvenir más halagüeño. Es por esta razón que al escuchar a este cantor se recuerda El dolor Paraguayo, de Rafael Barrett, con la diferencia de que Aguayo ríe y los niños que vio Barrett no sabían reír, pero yo sé que su risa es sólo exterior, pues a pesar de sus momentos de niño travieso como parece su carácter, es triste en el fondo.

         Ya en Buenos Aires empezó a actuar en radios, luego en grabaciones y teatros, realizó giras artísticas por varias provincias argentinas, visitó también su patria en el mismo carácter, además de Brasil y Uruguay, siempre coronado por el éxito más rotundo.

         Hoy día decir Aguayo en Buenos Aires es nombrar al embajador de la canción popular paraguaya. Su nombre conocidísimo y su prestigio de intérprete folklórico llegan ya a varios continentes a través de la radio y de los discos.

         Pero a Samuel Aguayo hay que escucharlo en rueda de amigos o en reuniones familiares para gustar mejor del arte exquisito de este muchacho grande que tiene aprisionado en la garganta el canto suave y arrullador del pycazu, que es la paloma originaria de América, y que en cada interpretación vuelca diluida la miel silvestre de nuestro ka'aguy, la selva, que nos endulza los oídos para aprisionar nuestro corazón y sentirnos más buenos, más hermanados bajo el influjo de su maravilloso y divino arte. Este es Samuel Aguayo, tataranieto de Fulgencio Yegros, héroe de nuestra independencia, y a quien tendremos oportunidad de escuchar en el Gran Pic-nic que realizará la Comisión Pro Repatriación de Paraguayos conjuntamente con la FOARE y demás filiales en la quinta Los Mellizos, en Olivos, y el que por su grandeza de alma no pudo estar alejado ni permanecer indiferente a la obra que estamos realizando.

 

         Firma: Mauricio Cardozo Ocampo

 

 

 

         VÍCTOR A. MORÍNIGO

         SAMUEL AGUAYO,

         El trovero de la canción Guaraní

 

         Hace siete años, cuando el fox y el shimmy constituían las únicas expresiones de la música popular extranjera en Buenos Aires, la música paraguaya era totalmente desconocida. Por aquella época apareció un trovero guaraní, como embajador de la canción popular paraguaya. Samuel Aguayo era ese trovero. Entró a la Argentina por la puerta acogedora de Posadas y por todo bagaje traía una guitarra y un puñado de canciones. ¿Credenciales...? Su arte innato e insuperable, su sano optimismo y su inmenso e inagotable don de simpatía. Con esas tres cualidades, nada más, y en dos pares de años, el embajador de la canción popular paraguaya dominó a la fiera, esa fiera del público porteño, exigente y ávida, para cuya apetencia no basta la cantidad sino la calidad.

         He entrevistado a Samuel Aguayo. El cantor guaraní continúa siendo el muchacho sencillo y simpático de hace siete años. «La polka paraguaya, -me ha dicho- es una música típica que retrata el alma de mi pueblo. Como toda expresión típica y genuina, no se sabe exactamente cómo, cuándo y dónde nació. Busquemos su origen en las selvas aromadas de mi tierra. Busquémosla, también, sobre la tierra removida del agro nativo, en el descansar sedante del crepúsculo, cuando el agreste ambiente se impregna del aroma de la menta silvestre y el toro-ka’á. Lo encontramos, tal vez -terminaba Aguayo con una expresión de lejanía en su mirada vaga- allá... bajo la luminosidad lunar que platea la sima boscosa de los cerros de mi tierra...»

         Y es que la polka nació así. En el alma, del agricultor, expandida al rasguear de la guitarra; en los labios del carretero, acompañada del chirriar de los bujes de la carreta agraria; en el silbido hecho canto del arriero, o en el restallar airoso del arreador del tropero, o en los bravíos entreveros donde la polka adquiere la bizarría heroica del fulgurar de los machetes.

         «Existe una errónea tendencia -nos decía Aguayo- que quiere atribuir tristeza y melancolía a la canción paraguaya. Y nada se encuentra más alejado de la verdad. Desde luego, es necesario tener presente que mi pueblo no es triste ni melancólico. Todo lo contrario. Si en algo se distingue la canción nativa del Paraguay, es por su espíritu festivo y rozagante. En los últimos tiempos, un buen músico paraguayo, José Asunción Flores, en un loable esfuerzo hizo un hallazgo artístico encontrando nuevos matices y variaciones en la música popular paraguaya, cuya existencia, con tal motivo, algunos entusiastas panegiristas pretenden negar o desconocer. Las mejores guaranias de Flores, algunas de las cuales he interpretado con verdadero placer artístico, son aquellas que tienen como motivos centrales, remembranzas de viejas canciones paraguayas. Las guaranias, a mi parecer, son expresiones singulares del arte personal de José Asunción Flores, cuyo hallazgo se concreta en una novísima cadencia, dulce y melancólica, de la música paraguaya, genuina y nativa que, hecha canción, nació en la masa anónima, sin cultura académica y que es precisamente el lugar donde germina y florece el sentimiento musical de mi raza».

         Las últimas palabras de Aguayo se desgranan con las notas de Colorado, bizarras y pujantes. En su mirada franca se refleja el optimismo del triunfador, como corresponde a este muchacho, que nada más que con una guitarra y un puñado de canciones, vino a la conquista de Buenos Aires, donde se adueñó de nuestra simpatía y anudó con su arte los lazos de cariño que nos unen a su hermosa tierra.

 

 

         De una de las tantas entrevistas que le hiciera la prensa:

         UNA VOZ, UNA GUITARRA, UN TRIUNFADOR: SAMUEL AGUAYO, UN PIONERO DEL FOLKLORE PARAGUAYO EN EL RÍO DE LA PLATA

 

         Una guitarra, una voz y una inmensa fe en el corazón: tales los factores del triunfo extraordinario de Samuel Aguayo en la populosa Buenos Aires. Sin duda alguna, su perseverancia le hizo conocer triunfos casi impensados desde mitaí, cuando anidando en su alma sus deseos de aventura y su vocación innata de cantor, emprendió el viaje en pos de la conquista de la gran urbe, capital en ese entonces de las manifestaciones artísticas de América del Sur.

         Y su triunfo además no fue un soplo pasajero que pasara con las modas impuestas tras una voz. No. Su gloria recorrió el tiempo y la estampa de Samuel Aguayo se fue agigantando conforme pasaban los años. Pionero de la música paraguaya en el Plata, se ganó el corazón de los porteños, generalmente cerrado para las expresiones foráneas.

         Y su vigencia continúa dentro del espectro de la música paraguaya. Sus composiciones más conocidas siguen resonando en ese ámbito, trayéndonos las noches de luna y jazmines de la Asunción de antaño y cantándonos las nostalgias del terruño sentidas en tierras extrañas.

 

 

 

         NARCISO R. COLMAN

 

         Samuel Aguayo Yegros, Paraguay jheracuaitéva,

         Jheracua cu mombyryva, ñaimo'oi ca'á pora;

         Jha jha'é jheta raijhú gui, purajhéi i poraitéva

         Omuasáiva co yvy ári, ñaimo’a ysyry pora.

         Torypaitépe.

 

         (Rosicrán)

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO 13

 

COMPOSICIONES, VERSOS Y DOCUMENTOS ANEXOS DEL

ARCHIVO DE SAMUEL AGUAYO

 

         Co revista mi ANTENA rupí,

         astimaitaité entero che rendúva pe radio re

         jha che mbuetia-éva icuatia ñe'éme.

         Arajhacá peéme che saludo mi.

 

         Samuel Aguayo

 

         «Lector amigo: Has de asomarte ahora al rincón en que se forja el cantar del pueblo. Es un ángulo amable del mundo maravilloso de la emoción y la farándula. Fisonomías, individualidades, obras, episodios, gestos, todo ello verás iluminarse continuamente, para ti, bajo el haz de luz.

 

         EL MARCO

 

         Estamos en el amplio salón auditorio de Radio Sténtor. Luces, luces. Finas siluetas que cruzan de uno a otro lado de los grandes ventanales, tras cuyo doble cristal puede verse a conocidos ases de la melodía popular. Frente a nosotros está Edgardo Donato dirigiendo su popular orquesta típica, de cierto una de las mejores en su género. En estos momentos termina su audición con las alegres y ruidosas notas de un tango cómico que firma el mismo Donato, «La caída de la estantería».

         Ahora una pausa, que aprovecha el «speaker». Transición. Y lléganos desde otro salón una triste melodía que surge a nuestras espaldas como un eco milagrosamente sobreviviente de épocas lejanas. Conocemos aquello:

 

         Nda recói la culpa

         rojhacjhú yepé

         la morena yunta

         che peté peté...

 

         Nos volvemos. Es Samuel Aguayo y su conjunto típico, del Paraguay quienes transmiten. Hay como un renunciamiento indefinible, un enlazarse y desenlazarse penas y añoranzas; un gemir en el trémolo de los violines, un suspirar de los mimbíes*, un desgarrarse las guitarras y las arpas en un acento de angustia milenaria que nos ancla, de pronto, pensativos.

         Diríase que aquella melodía dolorosa rezuma toda una tradición, toda una historia de razas mansas y bravías resignadas al inevitable irse y volver de los malos vientos de la tierra. Hasta la sonrisa del amor en flor es dulcemente triste en esos cantos, como si la nublara un contrafondo de tragedia.

 

         Nda recói la culpa

         rojhacjhú trepé

         la morena yunta

         che peté peté...

 

 

         EL HOMBRE

 

         Samuel Aguayo es un muchacho romántico y bohemio. Dejó hace ya casi diez años el Paraguay, en cuya escuela de aviación seguía sus estudios este hijo de militar. No le atraía, sin embargo, el retumbar monótono de los motores. La vida tenía para él otras facetas luminosas. En los lances de amor, rasgueaba la guitarra o preludiaba sus triunfos con el encanto de su voz de plata.

         En las fiestas o bailes -galopas, como allí le llaman- destacóse bien pronto su figura juncal y aquel su don extraordinario para la melodía.

         Quiso más horizontes. Otras tierras. Buenos Aires! se escapó hasta aquí. ¿Bagaje? Ah!.. No sólo su guitarra traía también ilusiones, juventud y el tácito compromiso de evitar a toda costa la derrota.

         Es uno de los más cotizados directores de orquesta popular y su figura de cantor se ha adueñado definitivamente de la simpatía de la gente.

         - ¿Interpreta usted solamente música del Paraguay, señor Aguayo?

         - Casi absolutamente, sí. Música antigua y moderna, pero siempre típica.

         - Las polcas paraguayas, ¿no es así?

         Aquí se las llama de ese modo, pero en el Paraguay las llaman «galopas».

         - ¿Cuál es la más tradicional?

         - «Campamento Cerro León». Tiene más de ochenta años y una significación en mi país análoga a la de la marcha «San Lorenzo» aquí.

         - ¿Producciones suyas?

         - Tengo unas cuantas. Pero la que más ha gustado, indudablemente, es «Noches del Paraguay». Nostalgia del ambiente lejano. Emoción de los años y las leguas...

 

         FINAL

 

         La hora reclama al difundido director para recomenzar sus transmisiones. Lo dejamos partir, preparándonos a gustar una vez más del encanto de sus interpretaciones.

         Y está bien dicho: unos instantes más, y el encanto se produce... Vibran de nuevo los violines, vibran las notas en los mimbíes, vibran también las guitarras y las arpas.

         Y luego Aguayo canta. De pie, frente al micrófono, tendida la vista como para llegar muy lejos. Notas adoloridas, notas cálidas. Este muchacho bohemio entorna ahora los ojos y canta, canta, como transfigurado por la emoción a la vez dulce y amarga. Sentimos, por un momento, que el alma de su tierra llora en la sala».

 

         De la revista «Caras y Caretas», 1935:

         Bajo el haz de luz,

         por Ernesto Laúr

 

 

(*) Mimby: flauta típica del Paraguay.

 

 

 

INDICE

 

PRÓLOGO

Capítulo 1

Los primeros pasos de un artista genuino

Capítulo 2

Sus inicios en Buenos Aires

Capítulo 3

Abriendo caminos a la música paraguaya

Capítulo 4

Fragmentos extraídos del Álbum Personal de Samuel Aguayo

Capítulo 5

Samuel Aguayo, sus actuaciones en Radio y Televisión

Capítulo 6

Las Grabaciones de Samuel Aguayo

Capítulo 7      

Distinciones y Condecoraciones para Samuel Aguayo

Capítulo 8

Lo que dijeron de Samuel Aguayo sus contemporáneos

Capítulo 9

Encendidas polémicas en torno a autoría, derechos y opiniones

Capítulo 10

Samuel Aguayo vuelve a Asunción

Capítulo 11

Actuaciones de Samuel Aguayo: Participantes y Lugares

Capítulo 12

La historia del chamamé

Capítulo 13

Composiciones, versos y documentos anexos del archivo de Samuel Aguayo

Capítulo 14

Cartas

Capítulo 15

Donaciones de Samuel Aguayo a I.F.A.P.

 

 

 


ESCUCHE EN VIVO / LISTEN ONLINE:

 

MATERIALES DE AUDIO SOBRE SAMUEL AGUAYO

 

 

 

 

 

 

 

ENLACE INTERNO RECOMENDADO AL ESPACIO DE

 

SAMUEL AGUAYO en PORTALGUARANI.COM

 

(Hacer click sobre la imagen)

 

 




Bibliotecas Virtuales donde fue incluido el Documento:
FONDO
FONDO NACIONAL DE LA CULTURA Y LAS ARTES (FONDEC)
MÚSICA
MÚSICA PARAGUAYA - POLKAS y GUARANIAS (PARA ESCUCHAR EN VIVO)
MÚSICA
MÚSICA PARAGUAYA (LIBROS, ENSAYOS, LETRAS DE CANCIONES)

Compartir FB

 

Leyenda:
Solo en exposición en museos y galerías
Solo en exposición en la web
Colección privada o del Artista
Catalogado en libros en artes visuales o exposiciones realizadas
Venta directa
Obra Robada

Ver Perfil y otras Obras del Autor...


Sol de Oro S.A. - www.soldeorosa.com

Buscador PortalGuarani.com de Artistas y Autores Paraguayos
 
MUSEO DEL HUMOR PARAGUAYOMISIONES JESUÍTICAS EN PARAGUAYREPUBLICA DEL PARAGUAYLA GUERRA DEL CHACOMITOS Y LEYENDAS DEL PARAGUAYMONEDAS DEL PARAGUAY 1790 - 2011LITERATURA PARAGUAYABILLETES DEL PARAGUAY
MUSEO VIRTUAL DE LA MUSICA PARAGUAYAIDIOMA GUARANIBIBLIOTECA DEL PORTALGUARANIACADEMIA PARAGUAYA DE LA HISTORIA CASA DEL LA INDEPENDENCIAFILATELIA DEL PARAGUAYMÚSICA PARAGUAYAHISTORIA DEL PARAGUAY

Portal Guarani © 2015
Oficina: Asunción Super Centro - Gral. Diaz entre 14 de Mayo y 15 de Agosto - Local 372, 2do. Piso
TeleFax.: 451-486 - Contacto: info@portalguarani.com
PortalGuarani.com en fuente oficial de informaciones e imágenes del Paraguay para Wikipedia.org
Asunción - Paraguay - Proyecto Desarollado por Apunto

Algunos Logros y Reconocimientos
- Portal Guarani, Es declarado de Interés Cultural Nacional
- Portal Guarani, Es declarado de Interés Cultural Municipal
- Portal Guarani, Doble Ganador del WSA