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MELISSA BALLASCH MORENO


  CUENTOS CON GALLETITAS, 2012 - M.M. BALLASCH / PATRICIA CAMP


CUENTOS CON GALLETITAS, 2012 - M.M. BALLASCH / PATRICIA CAMP

CUENTOS CON GALLETITAS

M.M. BALLASCH / PATRICIA CAMP

Ilustración de tapa y contratapa: ESTEBAN RIVEROS

Editorial Arandurã

Diseño: CECILIA RIVAROLA

Asunción – Paraguay

Noviembre 2012 (200 páginas)



PRÓLOGO

Hace diez años comencé una hermosa amistad con aquel pequeño grupo de jóvenes inquietos, decididos a poner sus ideas en el papel y que confiaron en mí para orientarlos en el difícil arte de dominar la palabra: Patricia y Melissa ya estaban allí.

Eran ellas jóvenes estudiantes de Derecho y compañeras en sus aspiraciones literarias. Perseveraron con talento y dedicación, hurtaban horas al sueño para alcanzar la meta... y triunfaron.

Hoy son ya abogadas y también reconocidas como escritoras de talento en el ámbito literario... y después de tanto tiempo, aún nos seguimos reuniendo.

Un solo ideal y dos personalidades diferentes. Si bien tenemos en este volumen veinticuatro cuentos de excelente factura no podemos juzgarlos en conjunto: el "tono", algo esencial en el cuento y en cualquier obra literaria, trasluce en qué región o profundidad del alma toma forma el relato. En el proceso de creación el temperamento del autor se hace palabra, nada está hecho, hay que crear, comprometerse sin desmayos con el propio Yo. Ese yo personal, intenso, irrepetible.

 

PATRICIA CAMP

Su lenguaje revelador busca más que la imagen conocida el profundo significado del bien y del mal, deambulando entre lo real y lo oculto, entre los límites de la cordura y el desvarío. Estas características hacen de su narrativa un implacable espejo de la condición humana.

Lúcida y objetiva, desnuda con fino acierto y elevada pluma personajes y caracteres en extrañas circunstancias, volviéndolos inquietantes sin dejar de ser reales, pero sublimándolos, muchas veces, en situaciones que rayan lo onírico.

El "tono" medido y justo de su prosa, la capacidad semántica y el acertado uso de los calificativos hacen que su destreza literaria nos ofrezca estos magníficos cuentos. Su versatilidad temática es atrapante.

En "Los fantasmas de los gatos" juega con los antojos de una anciana y su amor a los gatos. Huyendo de lo convencional y con hábil solvencia literaria su personaje escudriña con delirante fantasía el mundo de las mascotas felinas, lega un testamento que resume cariño a sus amigos peludos y un tufillo de venganza ante el abandono de sus parientes.

En "La naranja dejada" hábilmente nos acerca a un mundo en ruinas. Su angustioso enfoque de tinte surrealista, es una cruda reflexión con un toque de esperanza.

Y en "Ojos color caramelo" nos regala dos personajes magistralmente definidos; íntimos, dolorosos, humanos, tratados con sutil delicadeza de narradora y sabio análisis de la conducta y sus tabúes.

 

MELISSA BALLASCH

El "tono" en la obra de Melissa se desliza solapadamente hacia la búsqueda de ese "algo" oculto, bagaje de todo ser humano. Con filoso escalpelo desmenuza la intimidad de sus protagonistas, sus delirios, sus obsesiones, sin temer deslindarse de la realidad al crear perturbadores mundos paralelos, frutos de su fecunda imaginación y soltura expresiva. Ella revela con maestría el lado oscuro del ser en un lenguaje sugerente que, sin embargo, rezuma poesía.

En "La profecía" encontramos un mundo escalofriante. El relato fluye con admirable manejo de la prosa. Sin altibajos nos hunde en la angustiosa espera del protagonista, y remata el cuento con una frase lapidaria.

En "Batalla a la sombra" luego de un accidente, desde el fondo de ese ser desorientado sumido en las tinieblas, sin disipar la incógnita planteada, la autora, con habilidad literaria, mantiene el suspenso hasta el final.

"La vieja mansión". El misterio y lo paranormal son una constante en la cuentística de Melissa. La protagonista, en primera persona, relata su extraña experiencia con curiosa tranquilidad ante esa sensación de "deja vu", sola rota al descubrir la evidencia en el texto de la conocida hoja de papel.

"Cuentos con galletitas" es el primer libro editado por Patricia Camp y Melissa Ballasch. Creo que muchos de ustedes ya conocen sus nombres pues se han destacado en el mundo literario por la excelencia de sus cuentos, premiados repetidamente en concursos de jerarquía nacional. Así, no dudo del éxito de este volumen que enaltece la literatura y el genio de las escritoras paraguayas.

No hagamos de la incomunicación un muro amenazador, que nuestra palabra despierte ecos y haga llegar su mensaje desde más allá del silencio.

Debo confesar que, como nunca antes, en mi ya largo diálogo con la literatura, prologar este libro me hace especialmente feliz. ¡Gracias Patricia y Melissa!

Las quiero. ¡Éxito y felicidades!

Maybell Lebrón

Octubre de 2012



BIENVENIDOS

Podemos creer en el destino, o no. Pero estamos obligados a creer en nuestros sueños y trabajar duro para dar cada uno de los pasos que nos lleven a ellos. Este libro es para nosotras uno de esos pasos, uno de los más llamativos quizás en la vida de un escritor: el de entregarle al público su primer libro.

Han sido para nosotras largos años de aprendizaje, en esta nuestra primera etapa de consolidar el oficio que llevamos grabado en el alma desde tiempos que no podemos precisar. Porque así fue, sin saber muy bien en qué nos estábamos metiendo, cuando cada una por su lado y en un instante ya lejano, quizás entre juguetes o libros infantiles, dejó salir la primera historia que abriría las puertas a todas las que vendrían -y vendrán- después, firmando un contrato indisoluble de por vida. Éramos ya entonces escritoras, solo que tardaríamos un poco para darnos cuenta.

Y con ayuda de ese destino, de la suerte o de la vida (como cada uno prefiera llamarle), llegaríamos hasta personas que marcarían un antes y un después en ese sendero de aprendizaje. La más importante de ellas, a la que con especial cariño dedicamos este libro, es Maybell Lebrón, una eximia escritora que, con enorme generosidad, ha consagrado su tiempo al desafío de hacer que unos jóvenes principiantes asumieran el compromiso de convertirse en escritores de verdad.

Esta es la principal razón que nos ha llevado a editar este libro juntas, como homenaje a ese Salón de Lectura donde hemos crecido como escritoras y como personas. Y es en honor a todas las meriendas compartidas en ese grupo de amigos, entre charlas y libros, que escogimos el título que agrupa los veinticuatro cuentos que hoy les ofrecemos. Meli y yo somos, con todas nuestras diferencias, frutos del mismo árbol. Un árbol de sólidas raíces, un hito marcado para siempre en nuestros corazones, un recuerdo al que volveremos siempre con orgullo y cariño.

Este libro es para nosotras la consolidación de largas horas de trabajo, muchos debates para ponernos de acuerdo y hasta un toque de azar (como cuando sorteamos algunos detalles tales como la ubicación o quien escribiría la bienvenida y quién la despedida). Con todos los matices y colores que nos distinguen, esta es una obra que nos llena de satisfacción a las dos y la realización de un objetivo largamente anhelado.

Ha llegado para nosotras el momento de dar el gran paso de entregar a los ojos del público nuestro trabajo, nuestras dudas, nuestras verdades, nuestros lugares y personajes. En fin, todo aquello que llena las horas que pasamos delante de un cuaderno o una computadora. Gracias a todas las personas -familiares, amigos, colegas- que de una forma u otra nos han alentado y ayudado a recorrer este camino.

Meli cree en el destino. Yo, algunas veces. Lo cierto es que ambas hemos creído en esa llamada que resuena en nuestra alma, ese impulso de crear las historias que queremos dejar como obsequio a un mundo que necesita soñar despierto un poco más.

Ojalá con estos cuentos podamos contribuir a ello. Les damos la bienvenida a nuestros mundos de ficción. Siéntanse en casa y sírvanse todas las galletitas que quieran...

Patricia Camp

Octubre de 2012



CUENTOS DE MELISSA BALLASCH MORENO


 

BATALLA A LA SOMBRA*

 

La luz menguó, pero la oscuridad que sobrevino

no fue tan sólo pérdida de luz.

Fue una oscuridad que no parecía tan sólo una ausencia,

sino una cosa con sustancia:

Había sido hecha maliciosamente con la sustancia de la luz.

El Silmarillion

J. R. R. Tolkien


Hierro y dolor. Nada más quedaba del vehículo luego de que hubo volcado, pero ella no lo recordaba. Los minutos seguían a los segundos, las horas a los minutos, y a éstas los días. Esperaban, pero ella no despertaba.

*

No podía pensar en otra cosa. Correr y esconderse. Huir de aquella Sombra que se escondía entre las sombras. No se engañaba, podía sentir la oscuridad en las entrañas, como una fiera agazapada y expectante: dispuesta a atacar, camuflada detrás de la luz. Siempre lista, siempre esperando.

A su alrededor, todo era luz y sombra: ni arriba, ni abajo; ni este, ni oeste; no había piso, paredes, ni techo. No había sol, no había viento. Era simple, estaba encerrada en un espacio infinito, tan vacío como interminable. No confiaba en sus instintos, pero los necesitaba para mantenerse con vida.

Escuchaba sonidos, pero no sabía de dónde provenían, por qué, o qué eran... eran como un eco que surgía de todas partes, y al mismo tiempo, de dentro de sí misma. Una voz de hielo que hacía temblar su piel, la hacía vacilar, le llamaba a rendirse. Era un peligro. Era un sueño. Era una pesadilla. Era su conciencia. Era el principio. Era el fin.

La sombra se abalanzó sobre ella y le clavó las fauces en la garganta para cortar su aliento, pero la víctima se aferró a la vida sin dudar, respirando cada partícula de luz. Aquello podía salvarle. Dio resultado. La Sombra se vio forzada a retroceder. Furiosa, y llena de sangre.

Giró sobre sí misma, tratando de ver algo que pudiera ayudarla, pero todo era luz y vacío. Sabía que la Sombra no se había retirado aún, sentía latir su presencia con tanta fuerza como su corazón. Rendirse no era una opción. Pero no estaba lo suficientemente cerca. Oía sus pasos y su respiración, sentía la ira que manaba con cada aliento de la bestia, su condena. Buscaba sin resultado, sin poder salvarse, sin poder encontrarla.

La luz perdía su brillo, aquello no era posible. Poco a poco, no quedaba más que un resplandor. Parecía un sueño que se alejaba asustado, diluyéndose, desapareciendo, mientras la oscuridad aumentaba sin descanso, engullía, esparciendo a su alrededor esa incertidumbre tan propia de su esencia. Era como el pozo y el péndulo: cada vez más cerca.

Le costaba moverse, le dolía. La Sombra estaba tragándose todo, incluso el aire. Caminaba sobre un suelo que no existía, flotaba en un espacio lleno de nada. Sabía que su aliento podía producir más luz, pero ya no le quedaba. Estaba exhausta. Rendirse no era una opción.

Se miró las manos, negras y arrugadas. La oscuridad se la estaba comiendo. Estaba muriendo de a poco. Se las lavó en la tenue luz que aún quedaba, y recuperaron su luminosa blancura con la fugacidad de la brisa, la que era al principio. Fue una ilusión, un mero espejo. La pureza volvió a desaparecer, se rompió descascarándose, y el negro renació con la intensidad del rencor. Las frotó contra su cuerpo y retrocedió un paso. La fuerza de la Sombra la quemaba desde dentro. Gritó de dolor. Se retorció. Se extinguió la luz.

Dobló las rodillas y escondió entre ellas la expresión derrotada de su rostro, abrazándolas. La Sombra la rodeó por completo, devorándola con placer y hambre. No pudo volver a gritar.

Hierro y dolor. Despertó sin saber dónde ni cuándo. Instintivamente se llevó las manos a los ojos, encontró con ellas la venda helada e impenetrable. No se la pudo quitar. No pudo abrirlos.

Rendirse no era una opción.

Nadie quiso decirle que, definitivamente, había quedado ciega...

2005


NOTA

* Primera Mención en el Concurso de Cuentos de la Cooperativa Universitaria (2007).

 

 

 

 

Y ELLOS DIRÁN QUE LA MAGIA NO EXISTE… *

 

Corría el año 1525. Tras un largo y productivo periodo de gobierno, el Inca Huayna Cápac se encontraba en su lecho de muerte. Padecía una de aquellas enfermedades para las cuales los talismanes y hechiceros todavía no habían encontrado cura; estaba muy débil.

-¿Jamu-wa-rka-nki-chu? -preguntó Atahualpa.

-Sí, sí, te buscaba -contestó Huáscar.

-¿Cómo está nuestro padre?

-Empeorando. No concibo la idea de que exista algo que la magia no puede curar. Me preocupa. Aún así quiere ir a Tumibamba -informó Atahualpa.

-No podemos permitirlo. Ponemos en peligro al ayllu y al pueblo. Es tanto Inca como curaca hanan. Debe quedarse.

-Trata de convencerlo.

Los hermanos entraron en la vivienda, donde encontraron al anciano que yacía tendido en la cama, sufriendo un ataque de tos seca, a punto de desfallecer. Se acercaron al soberano, y en señal de respeto, esperaron a que él hablara primero. Antes de decir nada, temblando, extendió el puño, y al abrirlo aparecieron en su mano un par de medallas representando las dos mitades de un rostro humano sobre un disco brillante: el símbolo de Inti, de la familia real. Un valioso objeto tallado en oro. Luego, agregó entre pausas causadas por la asfixia:

-Quiero que conserven esto... como símbolo de... unión y poder. El comienzo... y el fin.

Ellos alargaron las manos para tomarlos; se colocaron los amuletos alrededor del cuello. Él continuó:

-Y ahora, es el momento... de anunciar mi sucesión. Estoy seguro... de que ambos... respetarán lo que he decidido... y lo acatarán sin ninguna réplica. Yo elijo como mi auqui a...

En ese momento, con un profundo suspiro, calló para siempre.

Los hermanos se miraron recelosa y detenidamente. Guardaron silencio, no demostraron gesto alguno de amistad o de tregua. Se dieron la espalda. Se marcharon, cada uno por su lado. Eran enemigos. Su destino, había sido marcado. No lloraban, pero quizás, su alma se desangraba por dentro...

Poco después de salir, Atahualpa se encontró con Náhuatl Tollanalla, una joven perteneciente a una de las más distinguidas panacas, y su prometida. Caminaron algún tiempo y se sentaron a orillas del mar. Él se arrancó el collar que llevaba y lo lanzó bruscamente al agua.

-Está mal que actúes así. Podrías haber perturbado el descanso de tus antepasados, o hasta molestar a Mamacocha y a Illapa, y causarnos meses de sequía -reprochó ella, mientras deshojaba lentamente una flor que había hecho aparecer entre sus manos, hasta que finalmente sopló sus restos.

Era una bella indígena, morena, de cabellos largos y grandes ojos café, que usaba los amuletos áureos y adornos acostumbrados por las mujeres de la tribu.

Una pugna encarnizada por el poder se estableció entre los herederos, que estaba debilitando al Imperio. Cada uno se había hecho de partidarios entre las panacas y ayllus más importantes. Huáscar por ser el mayor y el más justo; Atahualpa por su mano de hierro y su dureza.

Atahualpa, ayudacio por quienes lo apoyaban, se había apoderado de Cuzco, la capital del Imperio. En algún momento tenía que producirse la batalla, y una tarde, en Huacavelica, cerca del pico Chimborazo, se encontraron. El cielo se oscureció, los vientos rugían. La colorida y alegre vegetación se tornó sombría, las mamas dejaron de nutrir las flores.

-Llevamos enfrentándonos demasiadas lunas -dijo Huáscar.

-Pues el creador, Ilya-ticsy, lo ha dispuesto así.

Una mítica lucha se llevó a cabo entre esos seres humanos que compartían el derecho real. Finalmente, Atahualpa extendió las manos y, con un rayo, atacó por última vez a su hermano, que cayó debilitado. Entonces, mandó que lo apresaran. El encuentro había terminado. Con una rapidez sorprendente, el cielo se despejó, pero aún así, las flores no recuperaron sus matices irisados...

Atahualpa se encontraba sentado en su solio áureo. Había mandado llamar a Túpac Hualpa, su valiente y sabio amigo. Hizo un gesto con las manos para que las puertas se abrieran.

-¿Me llamó, señor?

-Sí, Túpac Hualpa, he requerido tu presencia. Necesito pedirte un pequeño... favor.

-¿Qué desea?

-Toda la vida has sido para mí como otro hermano. Ahora quiero pedirte que acabes con él.

-Pero señor, ¿qué sentido tiene? Sabe usted que va ganando, ya hasta lo ha encarcelado.

-Eso no importa, aún así encuentra la forma de comunicarse con sus seguidores. El Imperio se está derrumbando, se ha debilitado demasiado, al igual que el ejército. Los hombres blancos se están dando cuenta y van acercándose. No debemos claudicar. No podemos. Su muerte... es necesaria.

-¿No sería más fácil que usted... renunciara?

-Ya te lo dije, no podemos ceder. Es mi derecho, y nadie puede, ni debe, desobedecer mis órdenes. ¿No lo harás, verdad?

-No, señor, por supuesto que no.

-Es lo que esperaba escuchar.

Atahualpa extendió los puños. Al abrirlos, se encontró sujetando una saeta.

-Puedes usar esta flecha. Su punta es muy ponzoñosa, sólo con clavársela bastará.

Túpac Hualpa repitió el gesto de estirar las manos para atraer el arma hacia sí. Las contrajo alrededor de ella, al mismo tiempo que bajaba la cabeza y cerraba los ojos con un profundo suspiro. Permaneció callado. Estaba buscando su punto de equilibrio, en el silencio.

-El bien y el mal deben ser equilibrados -murmuró-. Taguacipa siempre invierte las acciones de nuestro dios creador Ilya-ticsy.

-Me conviertes en asesino -le dijo a Atahualpa-, pero hay veces en las que un hombre debe ser sacrificado para el beneficio de otros muchos.

Sin esperar respuesta, se retiró. No le correspondía a él decidir ese cuándo.

Huáscar se encontraba en su celda, en un oscuro rincón. La idea de su derrota lo torturaba, y no era eso lo único que lo hacía sufrir, sino también...

Alguien abrió la puerta, interrumpiendo el flujo de sus pensamientos. Una sombra se acercó y pronto pudo distinguir a Túpac Hualpa en aquella silueta.

-Ven, Huáscar.

-¿Me está permitido salir?

Él asintió con la cabeza, apesadumbrado e inexpresivo. Salieron de allí, y enseguida se encontraron frente a un extenso lago.

-Siento mucho lo que voy a hacer, Huáscar, pero no es por mi propia voluntad. Espero que alguna vez puedas perdonarme.

Túpac Hualpa empuñó la flecha que había recibido para tal cometido, consiguiendo herir a su víctima. Huáscar, sólo se arrancó el amuleto que llevaba al cuello y se lo lanzó, diciendo:

-Dáselo a mi hermano.

Entonces, se tambaleó hacia atrás y cayó al lago... hundiéndose... quedando sepultado para siempre.

Túpac Hualpa estaba intranquilo, no sólo por lo que había hecho, sino porque había comprobado sus temores: cuando fue a buscar a Huáscar, la había visto salir del lugar...

-¡Señor! ¡Un par de chasquis han llegado diciendo que se acerca un ejército enorme de hombres blancos!

-¡Ojalá tuviéramos a los pururaucas otorgados a Yupanqui para que nos defendieran! Prepárame una llama y avisa a los guerreros, debemos partir en nuestra defensa cuanto antes. Ordena que suspendan la fiesta en honor a Illapa esta noche.

-Bien, señor.

-Y manda llamar a Náhuatl Tollanalla.

-Siento decirlo, señor, pero uno de los chasquis anunció también que ella fue raptada por los blancos.

En ese momento, enfurecido y veloz como un rayo, Atahualpa salió en busca de su amada. Sus enemigos habían llegado ya hasta el límite, ¡No les bastaba con apoderarse de sus tierras!

*

El anciano llevaba un vestido oscuro y largo.

-¡No te acerques! ¿Cómo puedes hablar conmigo, si eres un hombre blanco? Ustedes no pueden entendernos -la voz temblaba de desesperación.

-Yo sí, he aprendido su idioma.

-¿Y qué quieres? ¿Por qué me tienen aquí?

-Mi querida niña, yo no tengo nada que ver con eso. Estoy aquí para enseñarte, pero sé que lo que ellos quieren es atrapar a Atahualpa, por eso te han traído.

-¿Por qué? ¿Qué les ha hecho mi Atahualpa? - preguntó con la angustia en el rostro.

-Es dueño de éstas tierras, es su único pecado. ¿Cómo te llamas?

-Náhuatl Tollanalla. Ellos no vendrán -dijo, abrazando sus piernas.

-Si no vienen, no saldrás viva de aquí, probablemente, a menos que me escuches. Soy un monje jesuita, he venido para enseñarte catecismo.

-¿Monje jesuita? ¿Catecismo? ¿Qué es eso?

-Es parte de nuestra religión. Así como ustedes...

De esa manera estuvieron un largo rato hablando sobre ambas creencias, ambos mundos, ambas vidas...

-Ah, ya entiendo, la Virgen María es como Pachamama -sonrió ella.

-No, no, no. No debes mezclar las dos cosas, las dos doctrinas.

-Estoy muy preocupada, ¿vendrán? ¡No quiero que les suceda nada!

-No sabes cómo me gustaría dejarte ir, pequeña, pero eso me costaría la vida, y más.

-Alguien viene.

La puerta se abrió con brusquedad.

-¡Traigan a la prisionera! Pizarro quiere verla -vociferó un guardia agresivamente.

A la fuerza, Náhuatl Tollanalla fue atada y amordazada. La llevaron frente a otro hombre de cara muy pálida, que parecía ser el jefe de todos. Entonces, sorprendida, se dio cuenta de que Atahualpa también estaba allí. Los veía discutir, pero estaba demasiado lejos para poder escuchar. Trató de usar sus manos para liberarse, aunque esto no funcionaba si le estaba impedido moverlas libremente.

Luego, tuvo que observar cómo apresaban violentamente a Atahualpa. Fue amarrado al igual que ella, por todos lados. Los llevaron de vuelta hasta los sombríos calabozos y allí los dejaron, abandonados, en la oscuridad y el frío.

Atahualpa se sentía culpable por haber condenado a muerte a su hermano Huáscar, sobre todo porque éste había conservado el amuleto del que él se deshizo, y se lo había enviado como recuerdo de su traición. Había hecho todo lo posible para salvar a Náhuatl Tollanalla, había entregado su vida por ella. Esperaba que realmente la pusieran a salvo.

A la mañana siguiente, temprano, Atahualpa fue sacado de la prisión. Ellos sabían que era la última vez que se verían. Náhuatl Tollanalla lloraba silenciosamente, y extendió su puño. Al abrirlo apareció en su mano una bella mariposa amarilla. Ella se la mandó con un soplido y la vio juguetear con sus cabellos. Sólo pudo derrumbarse y hundir la cabeza entre las piernas.

Cuando levantó la mirada, entrevio al pasar una sombra que cubrió momentáneamente la poca luz que ingresaba, y escuchó un grito ahogado. Volvió a bajar la cabeza. Supo que todo había terminado.

Esa noche, reunió la fuerza y el valor suficientes. No iba a permanecer allí. De alguna forma tendría que salir. Juntó las manos e hizo cintilar una luz breve, escondiéndose detrás de la puerta. Cuando el guardia la abrió, ella se escabulló silenciosamente y se escapó. Él sólo alcanzó a ver un ramo de brillantes flores amarillas que fueron dejadas en la celda.

Una vez muerto Atahualpa, el Imperio Inca necesitaba un nuevo gobernante. Túpac Hualpa se había encontrado con los españoles. Como sabía que Atahualpa lo consideraba su hermano, se hizo pasar por hijo de Huayna Cápac. Consiguió que lo nombraran como el siguiente Inca, estaba dispuesto a vengar a su amigo.

-¡Náhuatl Tollanalla! ¡Estás viva! -le dijo Túpac Hualpa, recibiéndola con un abrazo, sorprendido de verla.

-Sí, yo escapé, pero... -se detuvo para contener un sollozo.

-Lo sé -el hombre frunció el ceño-. Hay algo que quería preguntarte.

-¿Qué es?

-¿Por qué lo hiciste?

-¿Qué cosa?

¿Por qué engañabas a Atahualpa, yaciendo con Huáscar? ¿Por qué lo comunicabas con sus seguidores?

Ella enrojeció antes de responder. -¿Cómo lo supiste?

-Es fácil ver las cosas cuando quieres...

-Es que... yo sólo... no sé... no sé.

-A veces la naturaleza es más fuerte, si el amor se apodera de nosotros no podemos luchar contra él.

-¿Crees que los hombres blancos tengan nuestros mismos poderes?

-He comprobado que no, y no voy a mostrarles los míos, porque de cualquier manera son hombres sin fe, retrasados. Ellos siempre dirán que la magia no existe...

2004


NOTAS

* Mención en el Concurso de Cuentos "Jorge Ritter" de Coomecipar (2007).

 

 

 

HASTA LUEGO.

Todo viaje empieza con un paso, termina con otro paso igual de repentino, y, entre estos dos pasos hay una miríada de escalones. Todo termina, pero a la vez, todo lo que comienza nace del fin de algo que también empezó alguna vez. En este sentido esta obra marca el fin de un largo sendero para nosotras, pero también el comienzo de algo mucho más largo. Porque a partir de ahora solo nos queda ir hacia adelante.

Este libro es solo un hito en el camino que emprendimos el día en que decidimos llamarnos escritoras. A partir de entonces hemos aprendido, muchísimo, hemos debatido todavía más. Pero el camino para convertirnos en lo mejor que podemos ser, cada una dentro de sus propias perspectivas, todavía continúa. Un viaje en el que les agradecemos que nos hayan acompañado.

Para llegar hasta aquí recorrimos un camino rocoso, pero podemos estar orgullosas de decir que llegamos a este destino. Aprendimos que a los acuerdos no se llega por tener el mismo punto de vista, sino aprendiendo a ceder y a respetar las diferencias. No fue fácil, pero nos dejo la satisfacción del deber cumplido.

Esta selección de cuentos pretende reflejar la evolución y el cambio, el florecer de las ilusiones de dos niñas que hoy ya no son tan niñas, que hoy están ya lejos de donde empezaron, pero siguen andando. Personalmente, yo aprendí que ser un escritor no es lo que creemos en un principio, es un aprender que no termina. No consiste en acumular hechos en un personaje, ni en aprender a dibujar con palabras bonitas. Ser escritor es un viaje de empatia, es un aprender a ponerme en tus zapatos. Ser escritor consiste en aprender a escuchar a la vida. Las dos sabemos que mucha gente no lo sabe. Consiste en aprender a defender ideologías en que no creemos, a tejer y destejer personajes con sus puntos de vista. Un escritor aprende a pintar, a esculpir y a pulir, y lo hace todo con palabras. Aprende a reflejar, con palabras. Y aprende a entender, con palabras.

Un escritor aprende a reír, a llorar y a suspirar al mismo tiempo. Aprende a hacer magia para que broten sonrisas y lágrimas. Aprende como hacer que un corazón se acelere y se detenga.

Un escritor siempre aprende.

Los que me conocen, conocen mi memoria, y hoy no quiero olvidarme de nadie. A mí, hay personas que me inspiraron cada día de mi vida, algunas son reales, otras a medias y otras no tanto. Saben quiénes son y a todas ellas les digo gracias por haber estado siempre a la vera del camino, por haberme dado fuerzas cuando yo ya no podía. Por haber creído cuando yo no creía. Gracias a nuestras familias, porque simplemente son una parte de quienes somos, a Maybell, por los incontables consejos y las palabras de nuestro prólogo, y a cada uno de los amigos, a aquellos que con tanta paciencia nos han escuchado divagar sobre nuestras historias... y también a los que no.

Gracias a esas personas, fuertes y sólidas como la roca, que nos enseñaron a ser las mujeres que somos hoy.

Esperamos que estén contentos de escuchar que esto no termina acá, que van a volver a vernos. Hasta entonces, les dejamos las galletitas...

M. M. Ballasch

Octubre de 2012

 

 

 

 

 

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