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ALBERTO CANDIA


  LA LLEGADA DE LOS BARRIOS AL PARAGUAY (02/05/2007) - Por ALBERTO CANDIA


LA LLEGADA DE LOS BARRIOS AL PARAGUAY (02/05/2007) - Por ALBERTO CANDIA

LA LLEGADA DE LOS BARRIOS AL PARAGUAY

AGUSTIN PIO BARRIOS, A 122 AÑOS DE SU NACIMIENTO (I)

Por ALBERTO CANDIA

 

Largas y peculiares historias encierran los avatares de los inmigrantes limítrofes, regionales, continentales y extracontinentales como los europeos que masivamente llegaron hasta América, la “tierra prometida”. Después de la guerra de exterminio librada contra el Paraguay (64-70), la “invasión foránea” fue una constante, pues las tierras y los montes eran un vergel apetecido para el progreso económico inmediato e ilimitado. En ese contexto se afincaron en el país, ávidos de riquezas y con muchos privilegios, ciudadanos argentinos, brasileños, uruguayos, españoles, italianos y de otras latitudes, en detrimento de los propios paraguayos sobrevivientes de la hecatombe.

 

Una de esas historias se hubiese perdido en el anonimato, como tantas otras, de no haber sido porque uno de sus descendientes con el tiempo pasaría (hasta con cierta ingenuidad) a ser uno de los más grandes compositores de guitarra clásica del mundo, adquiriendo a través de los años vasta fama mundial. Esta es la síntesis rescatada y escasamente difundida de un icono artístico del Paraguay.

 


LOS CORRENTINOS EN LA TIERRA GUARANI

Mucho antes de la guerra, a lo largo de los gobiernos de Francia y los López, ya los correntinos incursionaron y ocuparon disimuladamente gran parte de los territorios del Ñeembucú, riberas del Paraná y las islas del mismo río como Jasyretã y Apipe, entre otras islillas y regiones. La familiaridad que poseían sobre estos territorios debido al pasado guaraní-jesuítico y a las múltiples fundaciones protagonizadas por los paraguayos desde Asunción hicieron que se sintieran parte de ellos y con derecho de habitarlos y explotarlos para su beneficio y crecimiento. Los recursos eran frondosos y muy codiciados, la isla Jasyretã contaba con especies de maderas inigualables y muy requeridas. Era además una base estratégica para los pescadores. Toda la ribera del Paraná y gran parte de las tierras aledañas con dirección hacia las Misiones eran campos fértiles para la siembra y aptos para el pastoreo de la ganadería, actividad principal de los correntinos. Muchas veces fueron arreados por el Dr. Francia y expulsados de los territorios paraguayos, pero volvían en el menor descuido. Lo mismo aconteció en la época de los López, quienes procedieron de la misma forma y con idénticos resultados.



DE LAS SUCESIVAS MIGRACIONES

Las migraciones eran constantes y sobre todo muy remunerativas gracias a la explotación y el comercio que abundaba a causa del escaso control de las autoridades regionales y del Gobierno central, por la casi nula infraestructura existente para el efecto. Fue así como una vez ocupada Asunción por los aliados, poco tiempo después el gobierno provisorio y legionario autorizó y legalizó la masiva entrada de los correntinos en territorio paraguayo, sin discriminación. Mientras unos venían con su manada, la mayoría aprovechó las franquicias para rapiñar lo poco que quedaba del ganado paraguayo y de no haber tenido absolutamente nada, formaron sus propias y florecientes haciendas. El “gobierno legionario” había sancionado el decreto del día 24 de setiembre de 1869 con los siguientes articulados:

Artículo 1: Se habilita toda la costa del Paraná para la introducción de ganado del exterior.

Artículo 2: Se conceden a los introductores los campos de propiedad pública para invernada por el término de un año, sin interés alguno y siendo para cría de dos años.

Artículo 3: Los interesados solicitarán permiso del Gobierno designando el lugar y las leguas de campo que quieran ocupar con expresión el número de cada especie que tengan que introducir.

Artículo 4: Comuníquese y dése al registro oficial.

Firmado: Cirilo Antonio Rivarola, Carlos Loizaga, José Díaz de Bedoya

Así se produjo la masiva entrada de los correntinos, y cuando los paraguayos volvieron de la guerra tras el holocausto del 1° de marzo, casi todos encontraron ocupadas sus tierras y una nueva lucha se iniciaba: el desalojo, interminable y sufrido. Muchos de los correntinos se pasaron de listos y dilataron los casos judiciales en donde sus “permisos precarios” se transformaron con el tiempo en títulos definitivos por derecho treintenario (30 años ininterrumpidos de ocupación) y los menos compraron directamente del Estado, dando lugar a sempiternos pleitos porque los paraguayos tenían los títulos reales sobre esas mismas tierras en litigio, perdiendo estos últimos casi todos los casos después del día 19 de diciembre de 1904, bajo el nuevo gobierno liberal.




OTRA INMIGRACIÓN IMPORTANTE

De los tres movimientos revolucionarios del General Bernardino Caballero, el último del 73-74 obtuvo el éxito. En colaboración de los coroneles Patricio Escobar y Germán Serrano y los mayores Santos Miño, Eduardo Ramírez y Rosendo Céspedes, y teniendo como base de operación a los pueblos de Corrientes y Empedrado, obtuvieron innumerables adherentes y simpatizantes, saliendo triunfantes en la lucha armada. Allí es donde los paraguayos adoptaron la famosa frase: “La tercera la vencida”. Muchos correntinos colaboraron con el héroe de la guerra Gral. Caballero, aportando tropas, armamentos y vituallas. Una vez listos, los combatientes desembarcaron en la mítica Humaitá y otro numeroso contingente se introdujo por aguas del río Tebicuary, uniéndose a los campamentos que esperaban en San Miguel y Paso Santa María (hoy Villa Florida) para llegar por el río Pirapó a Villarrica, circunstancia aprovechada por muchos correntinos para protagonizar una nueva emigración hacia el Paraguay. En Villarrica se les unieron muchos excombatientes y formaron un gran ejército de 10.000 hombres que avanzaron rumbo a la capital, derrotando definitivamente a las fuerzas gubernistas en Campo Grande, victoria que los llevó a firmar el pacto del 12 de febrero de 1874, donde los revoltosos pasaron a integrar el gabinete del presidente Salvador Jovellanos, salvado gracias a la intervención de los ocupantes brasileños que mediaron para el caso.

Muchos correntinos que integraban las fuerzas vencedoras recogieron sus frutos, ya que el “Centauro de Yvycuí”, con el aumento de su poder político, fue gratificando a cada uno por su colaboración leal en la lucha personal por el poder. Casi todos los “amigos correntinos” se afincaron y formaron sus hogares como los González, Llano, Del Puerto, Barrios, Corrales, Salazar, entre otros, que hasta hoy se hallan vigentes en la región y cuyos descendientes son florecientes comerciantes del agro y la ganadería.

 




EMIGRACIÓN DE LOS BARRIOS

En oportunidad de la ocupación paraguaya de Bella Vista (Corrientes), los Barrios (ver infografía), antigua familia “bellavisteña”, ya habían entablado buenas relaciones con algunos paraguayos, lo que luego en la posguerra facilitó su ingreso al Paraguay. Originalmente los Barrios eran ganaderos sin necesidades apremiantes. En ese orden, después de la revolución triunfante del general Bernardino Caballero, uno de los hermanos, Cornelio Barrios, colaboracionista del militar paraguayo, fue designado sargento ayudante de confianza del comandante mayor Santos Miño, nombrado por decreto del día 30 de noviembre de 1875 comandante militar, jefe de policía, juez de paz y jefe político de San Ignacio de las Misiones. Al poco tiempo el cuartel se trasladó a la localidad de San Juan. Comenzaba una relación formal y sólida, lo que facilitó la venida de un hermano suyo, Pedro, quien terminó radicándose con Cornelio, en el mismo pueblo donde ejercía este sus funciones. Solo faltaba el último hermano de la familia, Doroteo, imposibilitado de venir, ya que estaba casado y con tres hijos: Rómulo Clodomiro (1874), Héctor Leocadio (1875) y Virgilio (1876). Pero cuando se suscitaron en la Argentina diferentes convulsiones políticas con la consabida inseguridad para los ciudadanos, Doroteo decidió venir hasta San Juan, persuadido por sus hermanos “residentes y paraguayistas”. El mismo ex presidente Domingo Sarmiento venía al exilio en Asunción y muchos otros correntinos emigraron por la misma causa. A la mayoría se les facilitó la tarea por el hecho de que algunos de sus compatriotas ya estaban radicados en los diferentes departamentos del país. Más tarde, uno de los hijos de Doroteo, ya establecido en el Paraguay, explicaría el paulatino traslado de esta rama de los Barrios a la República guaraní. Al respecto decía: los sucesos políticos de la Argentina de aquellos años ‘80 obligaron al jefe de familia (Doroteo) a trasladarse al Paraguay, a esta tierra generosa en donde jamás se niega a los contrariados por la suerte el pan de la hospitalidad.

Una vez instalado en Misiones, Doroteo Barrios acompañó a sus hermanos en las actividades periódicas, buscando adaptarse, lo que logró muy rápidamente. Al mismo tiempo se produjo la creación del pueblo de Villa Florida el 24 de febrero de 1880 por acuerdo del Congreso y el 30 de diciembre de 1881 el general presidente Bernardino Caballero firmó un decreto que creaba la “Oficina del Resguardo en Villa Florida”, reconociéndosele como puerto de carga y descarga donde se llevaban adelante negocios de importación y exportación, despachándose troncos, cueros, cerdas, lana, tasajos (cecina), algodón y otros productos, todo monopolizado por el poderoso comerciante español-correntino Gerónimo Kiar , quien colaboró con el Gral. Caballero poniendo a disposición de este los barcos de su propiedad para el traslado de las vituallas a los campamentos de reclutamiento durante las diferentes revoluciones.

Por tal motivo surgió la necesidad de nombrarse un cónsul y vicecónsul para cubrir la legalización de todo el comercio generado en el novel puerto. La solicitud del Gobierno argentino, fechada el 29 de agosto de 1885, expresaba que Saturnino Muniagurria y Doroteo Barrios, padre de Agustín Pío Barrios, eran nombrados cónsul y vicecónsul, respectivamente. El primero en el departamento de Encarnación (con jurisdicción en los pueblos de Santiago, San Cosme, del Carmen, San Pedro del Paraná, Jesús y Trinidad) y el segundo en el departamento de Caapucú. El decreto fue firmado por Bernardino Caballero y Agustín Cañete.

 

Edición impresa del diario ABC COLOR

Miércoles, 02 de Mayo de 2007

Fuente digital: ABC COLOR DIGITAL / PARAGUAY

 

 

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