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PAULA SUSANA AGUILERA ODDONE


  LUISÓN - Cuento de PAULA SUSANA AGUILERA


LUISÓN - Cuento de PAULA SUSANA AGUILERA

LUISÓN

Cuento de PAULA SUSANA AGUILERA

 

 

         Observaron la tierra removida de la tumba. Ninguno de los tres lograba encontrar palabras para expresar lo que sentían, viendo los restos de la que fuera la querida Ángela, esparcidos fuera del ataúd. 

         Gabriel se volvió hacia Ariel, que lloraba a su lado en silencio. La abrazó con fuerza. Rafael se mantenía en su sitio, con la mirada ausente. Ángela fue la mejor amiga de Ariel y la  hermana de Gabriel ¿Quién fue capaz de realizar aquel acto y por qué? No imaginaron que se trataría de Ángela, cuando les llamaron para investigar la misteriosa exhumación ocurrida esa noche.

-Detective Black – el encargado tocó su brazo. Rafael dio un respingo.

-Lo siento. No creo que podamos encargarnos de este caso – dijo, con pesar.

-Sí, lo vamos a hacer – dijo Gabriel, detrás de él.

-¿Estás seguro?

-Es por Angie, Rafa. No podemos no investigarlo.

         Su amigo asintió, despacio. Era cierto, habían mancillado la memoria de Ángela. No era justo que se quedaran de brazos cruzados, aunque pensó que Ariel y Gabriel no iban a involucrarse por lo doloroso de la situación.

         Regresaron a la oficina, donde hallaron a un hombre joven bien vestido aguardándolos.

-¿Detectives Black, Fox y White?

-Sï – respondió Rafael.

-Soy Ivo Vega. Quisiera contratarlos…

-Disculpe, pero  ya estamos ocupados.

-Por favor, detective Black, sólo ustedes pueden encargarse de un hecho como éste. No podría pedir ayuda a nadie más, porque me considerarían loco.

         Ariel indicó con un gesto a Rafael que lo escuchara. No podían dejar desamparada a una persona que precisaba su ayuda. Black movió afirmativamente la cabeza, accediendo.  Invitaron a Ivo a tomar asiento y se ubicaron en el sofá, frente a él.

-Bien, señor Vega – empezó Rafael - ¿Qué pasa?

-¿Escucharon hablar de Luisón?

-¿De quién? – Gabriel se mostró perplejo. Rafael hizo un vago gesto de asentimiento. Fue Ariel quien admitió haberlo oído.

-El perro negro, el séptimo hijo de Tau y Kerana.  Se dice que si una familia tiene siete hijos varones, la maldición cae sobre el último, que al anochecer de los días martes y viernes se transforma en un horrible perro negro, muy peludo, dientes muy afilados, que ronda los cementerios alimentándose de carroña y de carne de… - dio un respingo. Ivo la miró con atención.-… muertos.

         Rafael comprendió entonces el motivo de la turbación reciente de su amiga.

-¿Acaso desaparecieron los restos de algún pariente suyo, señor Vega?

         Gabriel palideció. El rostro de Ivo se ensombreció.

-Por desgracia, sí. Alguien desenterró el cuerpo de mi esposa, que falleció hace casi una semana…- se interrumpió. Era muy penoso hablar de ello, mas debía hacerlo.

-Sentimos su pérdida – se condolió Ariel

-Gracias. Sepan disculparme, no es fácil hablar…

-Lo entiendo, señor, a mi hermana le hicieron lo mismo – dijo Gabriel, compungido. Ivo posó sus ojos en él y durante unos segundos se estableció una conexión entre ambos, a causa de la pena que les aquejaba. 

-¿Van a investigar mi caso, entonces? – preguntó Ivo, despacio. Gabriel respondió que sí.  Rafael fue a preparar unos cafés.

-¿Entonces piensa que ese perro negro podría ser el causante de lo que le ocurrió a su esposa? – en su interior, Gabriel empezaba a pensar que aquel ser también estaba involucrado en lo sucedido a Ángela.

-Peor que eso. Estoy seguro de que él mató a mi esposa y que ella es sólo la primera de sus víctimas.

-¿Cómo dice?

-¿Intentó salvarlo? – inquirió Ariel – Si se intenta salvarlo y se falla, porque la maldición continúa, Luison puede matar a su salvador y a su familia. Es por eso que nadie se anima a enfrentarlo.

-En realidad, descubrimos su secreto – confesó Ivo – Me refiero a  que develamos  identidad del hombre que se transforma en el perro.

-Eso es muy malo – gimió ella.

-Sí, lo es. El  viernes 24, a la noche, mi esposa sintió una mano fría sobre su rostro, cuando se quedó dormida en la galería de la quinta en la que vivimos. Esa es la señal de la criatura para indicarle a uno que su vida está llegando a su fin. Y ese martes 28, estaba muerta, asesinada por ese monstruo espantoso.

         Rafael regresó, sosteniendo una bandeja en la traía tres tazas de café, un azucarero y una gaseosa de dieta.

-¿Si conoce su identidad, por qué no lo mató?- quiso saber.

-¿Estás loco?- saltó Ariel – No se le puede matar con un arma de fuego, sólo con un arma blanca, pero si su sangre llegara a salpicarlo, se convertiría en el siguiente Luisón, liberando al otro. Es muy arriesgado matarlo.

-¿En dónde está ese hombre, el Luisón?

-No tengo idea. – Ivo se encogió de hombros - Después de la muerte de mi esposa, desapareció. Luisón es mi cuñado, lamento decirlo, quien tuvo el infortunio de toparse hace dos semanas con esta bestia, que lo convirtió en otro Luisón al pasar entre sus piernas.

-¿No tiene idea de dónde pudo haber ido?- inquirió Gabriel.

-Si fue al cementerio, puede estar en los alrededores de la ciudad – replicó Ariel – Quizá lo está, señor Vega, teniendo en cuenta que usted sería su próxima víctima.

-Es muy posible – admitió Ivo, desalentado.

         La joven se puso de pie y se acercó a un enorme armario, ubicado frente al sofá en el que estaban sentados. Lo abrió, descubriendo varios estantes llenos de armas de todo calibre. De las puertas, pendían espadas y hachas de doble filo.

-¿Tiene balas de plata? – preguntó a Ivo.

-No ¿Por qué?- inquirió, ligeramente nervioso. Rafael lo estudiaba con atención.

-Las balas de plata lo pueden matar.  Balas de plata bendecidas por tres iglesias.

-¿Y esas balas  están…?

-No, todavía. Lo estarán para el viernes. Usted dénos la descripción de su Luisón y nosotros lo vamos a encontrar.

-De acuerdo. Es alto, delgado, mucho pelo, piel amarilla y despide un olor fétido, debido a su dieta.

         Rafael se puso de pie.

-Bueno, señor Vega. Nosotros le vamos a avisar cualquier novedad.

         Ivo le tendió la tarjeta: - Esta es mi dirección.

-¿Vive solo?

-No y no me preocuparía hasta mañana, martes. Espero que podamos solucionar pronto este asunto y logremos acabar a ese demonio.

         Rafael lo acompañó a la puerta.  Ariel colocó de nuevo la bala en la caja.

-¿Es posible que esa cosa le haya hecho eso a Angie? – preguntó Gabriel. Ariel tomó asiento en  el brazo del sofá.

-Todavía no sabemos.

-¿Por qué no le dijiste que las balas estaban bendecidas?

-¿Hoy es luna llena? – inquirió Rafael, impidiendo que la joven respondiera. Gabriel se fijó en el calendario.

-Sí.

-Vayamos a echar un vistazo a esa quinta.

-Pero hoy no es martes.

         Rafael chasqueó la lengua.

-Muchacho, aquel fue el hábitat del perrito y si tiene intenciones de acabar con esa familia, no creo que esté demasiado lejos de esa casa. A lo mejor viene a la ciudad para alimentarse, mas no creo que se aleje mucho del hogar de Ivo.

         Al llegar a la quinta de los Vega, una sensación de sobrecogimiento los embargó. No se veía ser vivo alguno, ni en el edificio, ni en los alrededores. Intercambiaron miradas.

-¿Trajiste la pistola? – preguntó Ariel a Rafael en un murmullo. Él asintió. Por el rabillo del ojo, Gabriel distinguió movimiento entre los matorrales. Indicó a sus amigos  que callaran y observaran los arbustos que se agitaban levemente. Gabriel dio un paso. Ariel lo detuvo.

-Si es quien sospecho, humano también puede ser peligroso.

-Un momento, Ari – frunció el ceño – Si mal no recuerdo, dijiste que según el mito, el hombre se convierte en perro o sólo los viernes, o los martes y viernes y ayer fue domingo ¿Cómo pudo desenterrar a Angie?

-Es cierto – dijo Rafael.  Ariel elevó la vista al cielo. Comenzaba a oscurecer.

-Aw, por Dios – gimió – Rafa, es mejor que tengas lista esa arma – se descalzó, se agachó y tomó un poco de tierra del suelo que estaba pisando.

-¿Qué estás haciendo? – quiso saber Gabriel.

-Es mejor que saques el cuchillo en forma de cruz que trajiste – dijo agitadamente – Me olvidé  de que en algunas versiones del mito, se transforma lunes y viernes.

-¿Estás sugiriendo que caímos en una trampa?  - Rafael se fijó en los alrededores.

-¿Qué vas a hacer? – preguntó Gabriel.

-Algo arriesgado. – replicó Ariel - Lo voy a llamar. Es la única forma de encontrarlo y de probar  una teoría que tengo desde  más temprano – colocó un poco de tierra bajo su lengua y pronunció tres veces el nombre de la criatura. En ese momento, un enorme perro negro salió de entre los arbustos y corrió hacia Ariel.  Rafael y Gabriel soltaron un grito.  Rafael desenfundó su arma. El perro apoyó las patas delanteras en los hombros de la joven y empezó a lamerle la cara.

-¡Esperen, es solo un perro! – exclamó ella - ¡No es Luisón!

-¿Cómo?

-El monstruo que buscan está en esa casa – un hombre, cuya descripción correspondía a la que Ivo les había proporcionado, apareció entre los árboles que circundaban la quinta. El perro, del tamaño de un poni, siguió de pie junto a Ariel. Aparentemente parecía tranquilo, mas la joven notó que estaba atento a cualquier movimiento del recién llegado.

-¿Cómo sabemos que este hombre no es ese monstruo? – Gabriel desconfiaba.  Ariel y Rafael cruzaron miradas.

-Porque es oscuro… – replicó el hombre –…y sigo siendo humano y porque su perro no parece temerme. En cambio ¿No se percataron de que Ivo tenía un aroma distinto al de un humano?

-Tiene razón – dijo Ariel con voz neutra. Gabriel se fijó en ella.- Llevamos mucho tiempo trabajando en esto, como para no distinguir a un ser de otra raza, por más de que intentara ocultar su verdadera naturaleza.

-Estoy resfriado como para contar con mi olfato – gruñó Gabriel.

-¿Usted es? – interrogó Rafael al desconocido.

-Edgar Sverkersson, cuñado de Ivo.

-¿Cuñado? Ivo nos dijo que usted era el perro maldito.

         Los labios de Edgar se curvaron en una amarga sonrisa. Continuaba manteniéndose a distancia de ellos.

-Por supuesto que va a decir eso. Yo descubrí que es…

-… un hombre lobo – Rafael terminó la frase por él – Y si usted no es Luisón, entonces no pudo haber matado a su hermana.

-Fue Ivo – murmuró Gabriel – Mató a su propia esposa…

-Sí, la mató. – dijo Edgar - A Ivo sólo le interesa nuestra fortuna. Nunca amó a  mi hermana. Después de convencerla de que cambara el testamento, la asesinó. Como yo conozco la verdad y sé lo que es realmente, trata de culparme, alegando que soy esa criatura y para convencer a los investigadores, desenterró esos cadáveres, que corresponden a los de nuestras hermanas - posó los ojos en Gabriel, quien apretó los puños.

-¿Cómo supo eso?

-Porque yo lo seguí. Yo lo vi extrayendo el cuerpo  de su hermana.

         Rafael lo miró con aprensión. Un rugido brotó del interior de la casa. La puerta principal salió despedida hacia delante y el atemorizador hombre lobo apareció en el umbral. El perro comenzó a gruñir, enseñando unos afilados dientes.  Gabriel se volvió hacia Edgar, sorbiendo.

-¡Ahí está! – exclamó Sverkersson -¡Ahí tienen la prueba de que digo la verdad!  ¡Deben darse prisa y matarlo, antes de que sea tarde!

         El licántropo no se movió, sino que sus ojos los estudiaban con cautela.

-¿Qué le pasa? – preguntó Gabriel, en un murmullo – Su comportamiento no es normal. Se supone que debería atacarnos.

-Este es un licántropo auténtico, o sea un hombre  que nació con la capacidad de transformarse en hombre lobo, independientemente de si hay luna llena o no. – musitó Ariel – Puede convertirse cuando lo desea, por lo que es consciente en este momento de que no es humano. No va a atacarnos a menos que le demostremos que somos una amenaza para él.

         El perro se arrojó sobre Edgar, al ver que éste sacaba una pistola de su bolsillo. Rafael disparó. 

         El can se apartó del cuerpo ensangrentado de Edgar.

-¿Qué hiciste? – Gabriel estaba pasmado.

-Tu resfriado te impedía oler el fétido aroma de ese hombre. Además, nadie mencionó que uno de los cuerpos desenterrados haya sido el de Angie.

         Ariel miró la casa, donde ya no había nadie.

-Edgar lo hizo a propósito. Sabía que nosotros tendríamos balas de plata bendecidas: vitales para matar también a un hombre lobo.  Ivo y su esposa sí descubrieron a Edgar y trataron de salvarlo en vano, porque la maldición siguió. Por eso empezó matando a su propia hermana. Como era consciente de que le resultaría difícil matar a Ivo, por ser éste un licántropo, necesitó idear un plan para deshacerse de él.  Edgar desenterró a Angie, sabiendo que era tu hermana, Gabriel. Debió haberse informado muy bien sobre nosotros, ya que somos de los pocos investigadores que trabajamos en este tipo de casos. Tenía que forzarnos a involucrarnos y Ángela fue su excusa perfecta. Desenterró también a su propia hermana, esperando a que Ivo viniera a nosotros.

-Si no era porque lo que le sucedió se relacionaba con lo de Angie, no nos hubiéramos involucrado – dijo Rafael. Ariel asintió.

-Quería usar la naturaleza de licántropo de Ivo en su contra, de modo a  hacernos creer que era el verdadero asesino.

-¿Cómo supo que vendríamos hoy? – inquirió Gabriel.  Ariel sonrió.

-Pequeño inocente. Al momento de pisar Ivo nuestra oficina, íbamos a descubrir que era un hombre lobo. Era lógico que sospecháramos de él. Después de todo, el mito de Luisón  fue cambiando con el transcurso del tiempo, compartiendo similitudes con la historia del licántropo. A lo mejor consideró  que por ese motivo pensaríamos que el Luisón era un invento de Ivo, para desviar de él  la atención del crimen de su esposa.

-Ya veo – dijo Gabriel - ¿Y ese perro?

-Un black dog – le palmeó la cabeza – Contrario a lo que la gente piensa, estos perros son muy protectores. Nuestro amiguito debe estar cuidando a Ivo y debe ser otro motivo por el que Edgar tampoco podía acercársele. También aportó otra prueba de vital importancia. Los animales no quieren al Luisón. Si hubiera venido con Edgar, hubiera regresado junto a éste en cuanto apareció y no se hubiera quedado a mi lado, enseñándole los dientes.

-También te cuidaba, Ari – dijo Rafael – Después de todo invocaste a la criatura.

         Ella asintió. Gabriel se volvió hacia su amigo.

-¿Por qué preguntaste si era luna llena? Las transformaciones de Ivo no dependen de ese detalle.

-Ah, me olvidé de avisarles. – Rafael sonrió - Pues sí tenemos que ir a cazar un hombre lobo que sí depende de la luna llena para transformarse. Con lo que pasó con Angie, no se los dije.

-¿Cómo se te pudo pasar? – Ariel se mostró enojada. Rafael dio media vuelta, encaminándose al coche.

-Bien, es hora de irnos. En el camino les hablo del caso.

-¡Pero debiste habernos dicho! – ella lo siguió, berreando. Había contado con tener una noche tranquila.

-¿Vamos a dejar esto así? – Gabriel señaló el cuerpo sin vida del cuñado de Ivo.

-Ya, muchacho, no tenemos tiempo. Ivo se va a encargar.- aseguró Rafael -  Además, la gente de estos lugares  debió haber sabido que Edgar era Luisón y no van a lamentar que hubiera desaparecido – echó una mirada por encima de su hombro. El perro negro había desaparecido. – Y sí se transformaba nomás los martes y viernes.

 

 

Documento facilitado por la Autora (Inédito)

Registro al Portalguarani.com: Enero 2013

 



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