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CAYO ROBERTO CÁCERES SILVA


  EL CAMBIO ESPERADO ... DE LA POLITIQUERÍA A LA POLÍTICA - Por CAYO ROBERTO CÁCERES - Año 2009


EL CAMBIO ESPERADO ... DE LA POLITIQUERÍA A LA POLÍTICA - Por CAYO ROBERTO CÁCERES - Año 2009

EL CAMBIO ESPERADO

... DE LA POLITIQUERÍA A LA POLÍTICA

Por CAYO ROBERTO CÁCERES

Editorial ARANDURÃ

Asunción – Paraguay

Junio 2009 (197 páginas)

 

 



PRÓLOGO:

CAMBIO O GATOPARDISMO


         El libro El Cambio Esperado aborda con estilo desapasionado, desprovisto de ideologías o partidismo, las dificultades que tiene un gobierno en el Paraguay, para desempeñarse en forma eficiente para la sociedad.

         Con expresiones sencillas y descriptivas se explaya en las circunstancias que rodean los proyectos de Estado, en una configuración de trampas y circunstancias de la politiquería que surgen habitualmente como consecuencia del apego a una tradición nefasta, en el que la acción de gobierno, cualquiera sea su ideología, aún no puede desprenderse. Como decía Eligio Ayala -siendo Presidente-, que la política del caudillismo no era recomendable, pero era imposible convivir sin ella.

         Es que los programas generales de los candidatos y partidos políticos tienen un margen razonable de excelentes planteamientos, pero en la hora de la ejecución o transformación en proyectos de gobierno, surgen barreras fácticas que disminuyen, anulan o impiden su realización, quedando de esa forma sin concretarse sueños y esperanzas del hombre paraguayo.

         Es de considerar, que conforme surge del planteamiento del libro presentado, que el Estado es una máquina de impedir. Es probable que todo se haga en forma irregular, violando las leyes o dejándolas que se transgredan alegremente, que al final lo que se persigue es un "progresismo" maquillado, que más aporte imagen para las próximas elecciones que un beneficio permanente para las futuras generaciones.

         Es decir, que la política de Estado es una permanente improvisación. Improvisación que no se inmuta ni ante la posibilidad de una guerra, como pasó en el siglo pasado, que si no hubiese sido por los presidentes Riart y Ayala, no hubiésemos contado con buques ni armas y municiones para la guerra que se veía venir.

         En pocas palabras. El Estado, en el Paraguay, fue y es una entidad ausente. Ausente para la salud, ausente para la educación, ausente para la seguridad, ausente para armarse para la defensa.

         ¿Por qué en muchos países se produce con toda normalidad la soja, sin daño del medio ambiente y de la salud de la población, mientras aquí genera enfrentamientos, amenazas, ocupaciones, etc.?

         ¿Por qué hemos dejado desmantelar los bosques, por qué hemos vaciado nuestros ríos, etc.? La respuesta es simple, ha habido una suerte de agencias estatales combinadas en corruptelas con el espurio gerenciamiento privado, y el resultado está a la vista.

         El libro describe las "prácticas políticas" nefastas, no disimula en señalar que el ser gubernamental existe en contradicción al deber ser programático o verbalizado en el lenguaje y en los discursos. Al punto que en la política paraguaya todos saben más o menos -salvo pequeñas diferencias ideológicas- lo que no queremos, pero somos parcos en ejecutar lo que queremos. Y si aparecen estadistas como Gondra o Natalicio González, apenas tienen tiempo de iniciar su mandato y dejar el poder en forma intempestiva.

         En el libro se aborda, bajo el título "No se puede hacer", la actitud diluyente de quienes son incapaces de enfrentar los grandes desafíos culturales, sociales y económicos, como un subproducto de la clase política mediocre y perezosa. Esa clase que ha ocupado la dirección de la política nacional, se ha escudado en el marasmo con la frase "no se puede", "no se puede hacer", y el autor del libro lo expresa claramente, que esa mentalidad conservadora ha dado el resultado: "Para nada, hacia nada y para nadie".

         En la obra -aunque no se dice- se refiere a la experiencia de los 20 años de la transición. Tiempo de democracia aceptable en términos electorales, aunque deficitaria en la proyección de políticas sociales. Es probable que la emergencia del nuevo actor político, en detrimento de los partidos tradicionales, se deba a la mediocre actuación en el gobierno y la oposición de republicanos y liberales, por haberse involucrado únicamente en el electoralismo, en la organización de sus cuadros y en la visión de las próximas elecciones municipales y nacionales, en desmedro de la discusión y el enfrentamiento programático serio de los problemas que fundamenta la pobreza creciente de la población rural especialmente.

         Nadie quiere percatarse de la poca atracción que tiene hoy el campo, estando allí la mayor cultura productiva del hombre paraguayo. Porque si algo el paraguayo hace bien es la siembra y la cosecha, pero sin embargo ya nadie ama la agricultura. La ciudad ejerce un atractivo; todos aspiran en la ciudad o en el extranjero un conchabo. Probablemente la actitud desbordada de la clase rural, que cierra rutas o puentes, es un reflejo de la política estatal, que sólo mira con displicencia el desarrollo de la ruralidad. El electorado campesino ha sido mirado, más que en su aspecto social, como una fuente de aprovechamiento electoral, como una clientela cautiva.

         La obra que se presenta al lector debe ser de necesaria lectura de la clase política. Sugiere diversos ejes para la discusión; en mi opinión, la conclusión de que el Estado es una máquina de impedir, es su principal aporte.

         La evidencia que eso está ocurriendo en el Paraguay es la recurrencia a la pueblada, al cierre de rutas, etc., es decir a la resistencia ciudadana exacerbada, enfrentada y a veces lamentablemente violenta. Violencia que impide el fortalecimiento del aparato productivo nacional, del funcionamiento regular de las instituciones de gobierno, y daña la incorporación masiva del interés de la inversión externa para dinamizar las fuentes de la producción, la industria y los servicios.

         Quizá lo más grave de la repitente "pueblada" como sistema de oposición, es la lenta construcción de un sistema de política de Estado que aspira a una gobernabilidad mínima. Hasta ahora no existe evidencia o resultado de que con más pueblada se obtiene más desarrollo.

         Lo que sí es evidente, que da lugar a una negación del sistema de la representatividad legislativa, es decir a la institucionalidad democrática y a la copia de modelos del populismo del exterior. Una adscripción a un teórico socialismo del siglo XXI, cuya eficacia está en dudas o en su etapa de experimentación. Nadie se imagina que el regresismo a la democracia directa, en un tiempo que se ha establecido trabajosamente la institucionalidad democrática en toda América latina y en el Paraguay, será el signo de la ingobernabilidad, y en consecuencia habrá más intrusión del Estado, con las secuelas que ello implica. ¿Qué sentido tendrán las elecciones libres y la democracia, si las puebladas, el cierre de rutas y el desconocimiento de la propiedad rural trabajada racionalmente será la norma habitual y consentida?

         Consecuentemente, si anulamos de hecho la función legislativa, se puede erigir el sistema del unicato en la conducción de la República, que sería de realización riesgosa, porque estaría sembrándose la semilla del autoritarismo fundada en normas y costumbres democráticas. Es decir, que el sistema democrático paraguayo, que otorga legitimidad a sus representantes, lo que tiene que lograr es un fortalecimiento de la democracia en su forma y en el fondo, pero no la negación de sus principios. Es casi una verdad de Perogrullo.

         La novedad del libro que se comenta, es que no son las cuestiones ideológicas ni partidarias las que determinan la inacción del gobierno, sino su falta de ciencia y tecnología en su gerenciamiento. El hacer las cosas desorganizadamente, sin sentido organizacional, sin diagnósticos precisos y muchas veces con el pecado corruptivo, son las determinantes del fracaso de la gestión de una administración en concreto. El cambio vendrá en el Paraguay con nuevos esfuerzos en superar las tradiciones y las prácticas, que todos saben minan la buena política. En la obra existe una lista de 26 acciones que se recomiendan tener en cuenta, en la hora de qué hacer y cómo hacer para mejorar la política activa.

         Es decir, repitamos una vez más, el cambio verdadero que se necesita, que conlleva el abandono de procedimientos y prácticas heredadas del pasado, y entre estas dispara contra el neoliberalismo, que como se sabe es herencia del pasado que afirmaba que el liberalismo era el modelo paradigmático del buen gobierno. "El neoliberalismo ha causado más caos en Latinoamérica que las guerras", dice el autor. "Nuestras sociedades están al borde del colapso. Hemos destruido algunas empresas del Estado que funcionaban".

         Le preocupa al autor la destrucción del principio y la práctica de la solidaridad, con los cuales se ha salido históricamente de situaciones difíciles. La participación o la socialización es un fenómeno que debe ser recuperado, un pasado que debe integrar el presente, es la única forma de lograr el consenso en programas de los más ambiciosos. Aunque el autor en toda la obra se manifiesta innovador, en algunos casos apela a la conservación de la tradición solidarista del hombre paraguayo, que es capaz de ver los problemas del otro como los suyos propios. Afirma sin ambages que las propuestas de Estado tienen que contar con la participación de la gente. Justamente la ineficacia de la clase dirigente es pretender realizar proyectos y programas "descolgados de la participación y el interés popular".

         En la obra se percibe claramente que el autor apuesta a un "pacto/concertación social" para encarar las acciones desde el gobierno. En un ambiente de confrontaciones, será inocua la verbalización de planes desde una solitaria corporación que, mal orientada, también actúa como una máquina de impedir la producción o la industria.

         Las propuestas de soluciones corporativas han demostrado su ineficacia en todos los países, cuando lo que surge como aspiración es un ambiente de diálogo social, y muchos países han incorporado instituciones tripartitas (sindicatos, empresa y Estado) que han dado buen resultado para todos. En ese sentido, España es un modelo.

         La sugerencia del autor, de la concertación como modelo de comportamiento, es una excelente idea proactiva. Sugiere ese planteamiento la creación urgente de un mecanismo permanente para su canalización y debate. De esa conjunción surgirá la evidencia que, en una sociedad como la paraguaya, aún se puede consensuar y pactar acuerdos sociales honorables. Naturalmente, ni las ideologías preconcebidas ni el egoísmo será la fuente que alimente el diálogo social.

         En la obra se refieren cuestiones que hacen a la vida de los partidos políticos y al mecanismo de selección de sus liderazgos, especialmente en el partido republicano. Se queja con razón como sólo la dirigencia alineada -al oficialismo y a los recursos mediante ella obtenida- contaba con los recursos para vertebrar una política interna, en que el factor dinero es fundamental. Mientras el gran dinero sea la fórmula para elegir las directivas partidarias, y la virtud moral deje de ser un componente de la clase política, el mismo quehacer de los partidos sin capacidad de blanquearse será un lastre, en la hora de reconstruir la democracia social y política.

         El hecho que el partido republicano haya perdido terreno por la inconducta y desborde corruptivo de cien pillastres, no significa que no tenga la posibilidad de la recuperación ética de su clase dirigente, que le dará derecho a gozar de la simpatía popular, cuando en su seno surjan hombres probos, honestos y capaces que quieran dedicar su inteligencia y su tiempo a la buena política. Hombres y mujeres que conviven en la sociedad como personas normales, sin privilegios, y que la gente vea en ellos personas modélicas en su trabajo, en su profesión y en su patriotismo.

         El propósito general del Estado, afirma el autor, es extender la "seguridad/igual dad" como un "conjunto de situaciones presentes y futuras que hagan posible que los individuos vivan armónicamente dentro del país...".

         Y tiene razón; la sociedad paraguaya no puede plantear la reconstrucción con ocupaciones, asaltos a la propiedad privada que buscan justificarse con razones ideológicas. La propiedad es un derecho natural, y su conculcación debe ser fruto de medidas judiciales y no de presiones populistas. Es claro que, siendo la agricultura el principal medio de sustento, el Estado debe facilitar la adquisición de la tierra y los apoyos crediticios y de las demás obras que faciliten la vida. El Estado debe prioritariamente destinar los recursos a ese efecto, aunque deba disminuirse en otras áreas; pero nunca deberá alentarse la injusticia que conlleva el atropello a la ley en apoyo de otro derecho.

         Finalmente, se debe decir que la obra del doctor Cayo Cáceres es un excelente manual de repaso del comportamiento o costumbre de las personas involucradas en el quehacer del Gobierno. La obra es crítica, pero en su entrelínea surge la buena intención, y se sugieren oportunas medidas para la recomposición necesaria. Es evidente que la politiquería debe ser sustituida por la política; lo que no sabemos, cuántos hombres y mujeres están dispuestos a jugarse por ella. De allí que es un manual de atención para los partidos políticos tradicionales, llamados a cambiar actitudes y asumir un comportamiento distinto a todo lo que constituía su funcionamiento habitual. Se trata de un libro de ética política, que en el Paraguay estaba haciendo mucha falta. Será además un libro polémico, pero fructífero.


         Julio César Frutos

         27 abril/09




INTRODUCCIÓN


         La idea de escribir sobre estos temas y asumir el riesgo de publicarlos, se fundamenta en el siguiente razonamiento: tener una idea y no escribirla es una pena; una vez escrita, no publicarla, una cobardía.

         Por otro lado, nos mueve el interés de dejar algunas reflexiones que puedan servir, especialmente a la nueva generación de paraguayos que incursionan en la política, y que motivados por la vocación de servicio, puedan hacer realidad los sueños, largamente postergados, de los paraguayos y paraguayas.

         Creemos sinceramente que el lector se identificará con cada uno de los temas que abordamos con mucha sencillez y brevedad en este trabajo. Situaciones por las que hemos pasado, estamos pasando y posiblemente seguiremos pasando, si no atinamos a introducir cambios profundos en nuestra mentalidad y en nuestra operativa.

         El cambio de guardia en la conducción de los destinos nacionales -democráticamente decidido- del 20 de abril del 2008, motiva y genera expectativas, para una gran mayoría de compatriotas. Así se ha demostrado en las urnas; pero de no experimentarse los cambios profundos que hace rato necesita el Paraguay, y por los cuales se ha votado, puede decepcionar rápidamente y demostrar con ello una realidad generalizada en nuestro ambiente político desde hace mucho tiempo: carencia de líderes capaces de entender lo que realmente se necesita hacer, y mucho menos plantear la forma de encarar los grandes temas postergados por mucho tiempo, lo que nos lleva a pensar que esta etapa de transición democrática -que verdaderamente es un gran logro-pareciera interminable.

         La mayoría de los temas planteados en la primera parte de este trabajo se han constituido en verdaderos obstáculos para nuestro desarrollo, que por su urgencia esperamos se reviertan en la brevedad. Los mismos han impedido que aprovechemos mínimamente las innumerables oportunidades que se nos han presentado y que, debido a nuestra estrechez mental, a nuestra incapacidad de tener una visión más amplia sobre las cosas, sencillamente no las hemos sabido aprovechar.

         Estamos muy acostumbrados a ver solamente lo que nos conviene personalmente y nos importa muy poco nuestro entorno o la propia sociedad. Dejamos que otros se encarguen de estos aspectos, o -preferentemente- esperamos que todas las soluciones nos vengan de afuera.

         En la segunda y tercera partes planteamos aspectos que -de ser aplicados convenientemente- podrían ayudarnos a vencer las situaciones que impiden nuestro desarrollo, y que de no atenderlos adecuadamente, irían agravándose cada vez más, creando un verdadero caos social.

         En la cuarta parte, expresamos nuestra opinión con respecto al triunfo de la Alianza Patriótica para el Cambio y con ella concretar la alternancia. Por primera vez se realiza un traspaso de poder de un partido político a otro de manera democrática, y merece ser considerado como un hecho histórico. Lo que ocurra después del 20 de abril de 2008 será observado de manera diferente.

         La selección del gabinete, el anuncio de planes y la gestión propiamente del gobierno, serán valorados muy puntillosamente por los partidos políticos integrantes de la Alianza, la oposición y fundamentalmente por la sociedad, principal generadora del cambio.

         La sociedad espera cambios en el diseño y gestión de los planes; en el perfil de los administradores; en el rediseño de las instituciones y fundamentalmente que los gobernantes no separen lo personal de lo político. La gente votó por gobernantes dignos, que sirvan de modelo a una sociedad que ha perdido sus esperanzas y con ellas sus valores. Una sociedad con muchas deficiencias y debilidades.

         Por otro lado, debemos reconocer que las deficiencias y debilidades de las que padecemos están incubadas en el sector público y privado: en las escuelas, colegios y universidades, en las fábricas y organizaciones empresariales, en la Policía, la milicia y hasta en la propia Iglesia.

         Es un grave error endosar todos los males al Gobierno. Esa actitud demuestra de manera relevante una de las características más nocivas de las que padecemos: "el error es del otro". Los males que nos aquejan son culpa de todos. Con esta reflexión no estamos diciendo que todos nuestros gobiernos fueron ejemplares, pero sí afirmamos que nuestra lamentable situación no es de su exclusiva responsabilidad.

         La debilidad es de carácter nacional, pero aparentemente a nadie le quita el sueño, atendiendo que los mismos problemas son cada vez más notorios y a que el perjuicio que se genera a toda la sociedad es cada vez mayor, y por lo tanto se vuelve cada vez más incontrolable.

         Compartimos la idea de que ninguna sociedad es perfecta, ni debe serlo. Pero en otras latitudes, los problemas son encarados permanentemente a través de planes, programas y proyectos que buscan terminar con ellos, disminuirlos o cuanto menos mitigarlos. Ninguna sociedad con cierto predicamento en el contexto internacional esconde sus problemas, ni mucho menos los disminuye artificialmente. Se preocupa por conocerlos en su real dimensión y efectos y los enfrenta con todas las armas posibles, involucrando en el combate a la sociedad, receptora final de todas las consecuencias negativas, como conjunto.

         Las necesidades sociales no pueden ser enfrentadas ni con la totalidad de la estructura estatal, ni con la de las organizaciones privadas, como tampoco con las de los partidos políticos. Es necesario plantear un trabajo coordinado, solidario, en un ambiente de tolerancia entre todos, de manera a acordar la forma de abordar los grandes temas nacionales y resolver los problemas que a todos nos afectan y que, como tales, impiden nuestro desarrollo como individuos o como sociedad.

         Creernos incapaces de plantear soluciones a nuestros problemas es desconocer nuestra verdadera condición. Nuestra experiencia personal nos enseña que los compatriotas de más bajo nivel intelectual tienen capacidad de entender perfectamente sus problemas y plantear soluciones. Falta la mano solidaria de los líderes para encauzarlos y volver realidad sus sueños, que no son otros que los de llevar una vida digna, en un ambiente de trabajo y seguridad.

         Debemos -básicamente- iniciar un proceso, a través del cual privilegiemos a los patriotas y no a los patrioteros, a los verdaderos políticos y no a los politiqueros; con ello volverá a priorizarse el interés social, y la política a reencauzarse por el camino del que nunca debió haberse desviado.

         Si con estos pequeños escritos logramos que, aun cuando sea apenas un puñado de compatriotas, cambie de mentalidad y comprenda que la solución de nuestros problemas está en el esfuerzo colectivo y responsable, habremos entonces logrado nuestro objetivo al escribirlos.


         Cayo Roberto Cáceres




NUESTRO ENFOQUE


         El presente material tiene por intención expresar ideas, fruto de nuestras experiencias profesionales y personales. La pretensión es abordar los problemas que nos aquejan con términos sencillos, entendibles por todos (en algunos casos, hasta vulgares) y, de la misma forma, encarar las posibles soluciones con esquemas prácticos y fáciles de interpretar y entender, característica que debe reunir cualquier emprendimiento que pretenda cierto grado de éxito. Cuando pretendemos solucionar los problemas tomando los caminos más difíciles o intentando aplicar recetas exóticas, el esfuerzo es estéril y los resultados difícilmente serán positivos. Experiencias en este tipo de frustraciones hay más que suficientes.

         Por otro lado, es necesario hablar con claridad de algunos de nuestros males. En este trabajo los mencionamos, por considerarlos los más importantes. Con una mínima corrección de los mismos, mucho se podría hacer para mejorar nuestra situación. Depende de cada uno de nosotros. De nadie más.

         Hablar de problemas en nuestro país es un verdadero pecado. Nosotros los abordaremos, asumiendo el riesgo de perder amistades y afrontando las posibles consecuencias, pues creemos que es hora que los tratemos tal cual los percibimos. Somos igualmente conscientes que en la mayoría de los casos planteados en este trabajo formamos parte del problema en sí, aun cuando reconozcamos mantener día tras día una dura lucha por mejorar nuestra actitud, y que por todos los medios tratemos de constituirnos en elementos positivos en la búsqueda de soluciones.

         Desde que tenemos uso de razón hemos visto, y en algunos casos sufrido, la consecuencia de expresar nuestras verdades, en el sentido de criticar algo o manifestar algún punto de vista diferente. Eso nos convierte en "contreras" para toda la vida. Igualmente expresar a alguien una crítica es pasar a ser considerado como enemigo de éste (o de ésta) per secula seculorum. La opinión general es que esto no debería ser así. De todas maneras, nunca se lo practica. Somos renuentes a aceptar las críticas de la forma que vienen, y si no adoptamos postura diferente, seguiremos siendo lo que somos, sin ninguna posibilidad de mejora. En contrapartida, si demostramos un espíritu dócil, en el sentido de aceptar todo lo que nos dicen de la manera que quieren que entendamos, no como verdaderamente lo son, eso nos convierte en seres apreciables, dignos de la más absoluta consideración.

         Tuvimos la oportunidad de participar de grandes talleres, donde se presentaban esquemas para dar soluciones a acuciantes problemas nacionales. No obstante, si bien todos ellos eran muy interesantes académicamente, en su momento no mostraron los resultados esperados, no porque las técnicas hayan sido malas, sino porque eran de difícil aplicación tal cual fueran concebidas en los países de origen. Nos habíamos olvidado de adaptarlas a nuestra realidad, y ese era un motivo suficientemente aceptable, desde la perspectiva académica, para que no funcionaran.

         Somos un país "importador" de soluciones; todas ellas nos sirvieron muy poco, o casi nada. Seguimos siendo una fábrica de pobres, y lo seguiremos siendo, hasta tanto no nos decidamos a debatir seria y responsablemente sobre nuestros problemas y nos decidamos a plantear soluciones aplicables, medibles y cuyos resultados podamos observar en la medida en que vayan siendo aplicadas. Somos conscientes de que las soluciones mágicas no existen, pero sería importante empezar a vislumbrar la luz que nos oriente hacia un mejor futuro.




PRIMERA PARTE


NUESTROS MALES, VICIOS QUE IMPIDEN EL DESARROLLO



         1. POLÍTICA Y POLITIQUERÍA


         LA POLÍTICA


         Nuestra intención no es precisamente plantear una discusión de carácter meramente académico, pero con la finalidad de comparar la política de la politiquería, empezaremos enumerando, primeramente, algunas de las muchas definiciones de la política.

         En ese sentido, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, en su vigésima segunda edición, define a la política como "Arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado. / Orientaciones o directrices que rigen la actuación de una persona o entidad en un asunto o campo determinado".

         Por otro lado, según el Diccionario Consultor Político1, "...el término política deriva del griego "polis"; que se refiere a la comunidad organizada, autosuficiente y autárquica en el sentido de la época, y a la que en la actualidad la conocemos como el Estado. De allí que los diccionarios definan a la política como el arte de gobernar los estados o vulgarmente se diga el arte de gobernar". Más adelante expresa que "Todo este conjunto que parte de la sociedad, de lo social; el Estado, los partidos, los grupos de presión, etc., se mueven en una relación interactuante que configura el quehacer político del que derivan múltiples situaciones: coincidencias, conflictos, logros, frustraciones, etc. Y todas estas situaciones tienen como destinatario el hombre, sujeto y objeto de la política".

         Kart W. Deutsch2 en su libro Política y Gobierno reflexiona "...dado que la política es la toma de decisiones por medios públicos, se ocupa primordialmente del gobierno, es decir, de la dirección y autodirección de las grandes comunidades humanas. La palabra política pone de relieve los resultados de este proceso en términos de control y autocontrol de la comunidad, ya sea ésta la ciudad, el Estado o el país". Más adelante expresa "...a menudo la acción política no puede esperar el lento crecimiento del conocimiento. Cuando así ocurre, las decisiones deben tomarse con base en cualesquiera conocimientos incompletos o dudosos que se tenga a mano; y estas decisiones pueden resultar a la postre erradas, en ocasiones con costos enormes en términos de derramamiento de sangre, pérdida de riqueza y sufrimiento humano. Pero la demora de una acción o decisión necesarias puede resultar no menos costosa. En consecuencia, en todo momento los líderes políticos y los ciudadanos comunes deben comparar los costos del error con los de la demora".

         De las definiciones y comentarios precedentes, podemos extraer algunos componentes que, articulados de manera coherente, podrían ayudarnos a una reflexión sobre la política y sus alcances:

         • Conducción con empleo de medios hacia un fin determinado.

         • Los medios públicos, recursos, provenientes del Estado.

         • Tomando al hombre como sujeto y objeto de la política.

         • Las acciones deben ser encaradas de forma a hacer frente a las necesidades de la sociedad.

         Estos aspectos nos indican que la política debe ser encarada para hacer frente a las necesidades de la sociedad, y a este fin los partidos y movimientos políticos presentan sus respectivas ofertas electorales.

         El elector optará por la mejor oferta, y ésta, una vez instalada en el gobierno, deberá cumplir con el electorado, a través de planes, programas o proyectos que busquen hacer frente a las reales necesidades de la sociedad.

         Ningún gobierno, cuyo accionar no responda a las necesidades de la gente, logrará el acompañamiento necesario; de la misma forma, ningún gobierno sin el apoyo mayoritario de la sociedad podrá mantenerse en el poder.

         A este respecto, Jesús Ignacio Pérez3 en su estudio denominado "La crisis política del Estado como quiebra de la legitimidad democrática en América Latina: la descentralización educativa entre la eficacia democrática, la retórica, la imitación y la legitimación. Algunas categorías y tipologías para la comparación y la discusión", reflexiona sobre lo expuesto por Alain Touraine, quien "cree que el debilitamiento general de la democracia tiene como causa última la creciente disociación entre gestión pública y demanda de los consumidores" (Touraine,1992). "Afirma, en definitiva, que entre el Estado estratega y los electores consumidores, el espacio de la ciudadanía se ha vaciado y sólo ha sido ocupado por las empresas de comunicación política, por la producción y, a veces, la venta de votos, produciéndose en consecuencia un distanciamiento cada vez mayor entre ciudadano y Estado".

         En base a este razonamiento, vemos que la situación se repite en nuestro país, así vemos que muchas de las tensiones sociales son producto de la incapacidad del gobierno en dar respuesta a reivindicaciones sociales legítimas, históricamente postergadas. Las gestiones encaradas para dar respuesta a estos problemas -en la mayoría de los casos- siempre estuvieron salpicadas con hechos de corrupción, y como consecuencia un mayor deterioro de las condiciones de los sectores afectados.


         LA POLITIQUERÍA


         La politiquería es -básicamente- la degradación de la política, motivada por una deficiente educación, que -en los últimos tiempos- es incapaz de tener un enfoque que permita, mínimamente, una salida laboral; baja inversión social, escaso ambiente para la radicación del capital privado nacional e internacional y, consecuentemente, un bajo porcentaje de oferta laboral en el ámbito nacional. Todos estos aspectos -en su conjunto- generan un ambiente de mediocridad, empobrecimiento sostenido de la población, pérdida de valores y de principios morales y éticos, y lo más lamentable, una huida generalizada de compatriotas del país hacia cualquier lugar del mundo, destrozando lazos familiares, lo que en el mediano plazo puede agudizar la crisis social interna.

         En este ambiente, la gente desesperada, sin esperanza y con muchas frustraciones, cae fácilmente en las garras de los "políticos", que ofrecen recetas mágicas a los problemas estructurales. Las medidas ofrecidas son "asistencialistas" y generan adherencias inmediatas, porque solucionan las dificultades del día a día de manera fácil y rápida. A nadie importa de dónde provienen los recursos, la cuestión es que solucionan los problemas de corto plazo, sin importar la falta de políticas de mediano y largo plazo para hacer frente a los problemas estructurales.

         Esta situación se ha vuelto crónica, por la ausencia -por parte de los organismos del Estado- de planes, programas o proyectos serios que busquen mitigar la situación. Aparentemente no existe interés -por parte de la ciudadanía- en esperar soluciones en el mediano o largo plazo. La población se ha vuelto muy "exigente", y además ya se está acostumbrando a soluciones "parche" o al "asistencialismo", ejercido por los organismos del Estado o por los partidos o movimientos políticos, generalmente en épocas electorales, que últimamente saturan la agenda nacional.

         Hoy día resulta muy difícil convencer al electorado con propuestas que se orienten a mejorar las condiciones generales en el mediano o largo plazo, y que den soluciones estructurales a las necesidades de una sociedad cada vez más pauperizada. Los discursos populistas generan adhesión y no es necesario hablar de propuestas de medidas estructurales, la sociedad "mediocrizada" y sin valores; con una incapacidad de interpretar que sus problemas deben ser atendidos con políticas de Estado, que marquen un camino para salir de la crítica situación, donde, necesariamente, se ve comprometido el esfuerzo individual de todos.

         Esta situación genera una dirigencia que permanentemente "anestesia" la situación, y posibilita la instalación en los cargos electivos de personas que con el solo hecho de tener recursos financieros abundantes, acceden a los espacios de poder. Así se generan liderazgos -en todos los partidos políticos, gremios y movimientos sociales- de dudoso origen, en su gran mayoría mediocres, oportunistas y corruptos.

         Es triste asumir la realidad de que la politiquería ha vencido a la política. Hoy día ya nadie piensa en elaborar propuestas o generar debates sobre los problemas estructurales de la nación. Pareciera ser que ya no es importante, es algo pasado de moda, algo que se ha ido descartando, fundamentalmente porque no genera adhesión en el momento del sufragio. Todos descabalgan de la política sana, seria, coherente, aglutinante, nacional. Todos caen en lo bajo, en lo inmediato, se degradan, se ensucian y cada vez se escucha con mayor fuerza aquello de que "en la política vale todo"; que es lo mismo a decir que en la política todo se puede degradar, se puede mentir, robar y hasta matar; eso es politiquería en su máxima expresión.

         La politiquería no solamente ha vencido a la política, sino la ha denigrado y degradado al máximo nivel. Esta realidad en nada favorece a la educación. Así, vemos con mucha naturalidad centros educativos en pésimas condiciones de infraestructura, docentes mal capacitados y, en un alto porcentaje, sin salarios. Por otro lado, es común ver centros de salud, puestos de salud u hospitales sin personal médico o paramédico de manera permanente, y en su gran mayoría sin medicamentos. Nos es común ver a niños paraguayos recibiendo educación en escuelas de países limítrofes; así como a madres paraguayas y miles de enfermos recurrir a centros hospitalarios en el extranjero, especialmente en las regiones fronterizas.

         Por otro lado, el apoyo a los pequeños productores rurales, artesanos, indígenas, discapacitados, jubilados, es casi imperceptible; se debaten dentro de su propia miseria y van desapareciendo de a uno. Caen en la marginalidad, deambulan por las calles sin encontrar respuestas a sus necesidades.

         Se ha instalado en el subconsciente colectivo que es más fácil hacer mal, que intentar cumplir con las normas que rigen cualquier actividad. Hoy día intentar realizar alguna gestión por los canales correspondientes se torna difícil, es más "efectivo" tomar alternativas "paralelas" que generalmente son más conducentes. Estamos mejor preparados para caminar torcido que para transitar por las amplias avenidas de la legalidad.



         2. RAÍCES Y CONSECUENCIAS DE UNA SITUACIÓN CAÓTICA


         La situación política, económica y social padeció de índices muy bajos desde mediados de la década de los 80. El esfuerzo inicial realizado por mantener algunos indicadores por encima de lo que se ha registrado en décadas pasadas - como ser la esperanza de vida a 72 años, el desarrollo rural, cobertura sanitaria y el mejoramiento de la educación- han decaído notablemente. De esta forma las políticas sociales - resultado de la mediocridad dirigencial y la corrupción e impunidad imperante- se presentaban de manera maquillada, para demostrar una realidad que no existía. La realidad nos demuestra que las buenas intenciones, plasmadas en papeles, han ido sucumbiendo en el momento de llevarlas a la práctica, dejando en incómoda posición a los intelectuales de prestigio que colaboraron en el diseño.

         Los datos oficiales hablaban de repuntes en los indicadores, pero cada vez más compatriotas caían en un nivel creciente de pobreza, y las condiciones reales de empleo y reactivación económica no pasaban de promesas. Además, la aplicación de medidas coyunturales, que en la mayoría de los casos, aparte de no servir para nada, empeoraban la situación hasta llegar a esta paupérrima realidad, que sólo es superada en América del Sur por Haití. La situación puede seguir empeorando, de no introducirse medidas estructurales que permitan una posibilidad de mejora cierta, basada en planes en el futuro.

         Algunas de las situaciones que, a nuestro criterio, han impulsado llegar a este estado de cosas, son las siguientes:


         OLVIDO AL PEQUEÑO PRODUCTOR


         El apoyo a las 250.000 familias de pequeños productores es ineficiente, por no decir inexistente. Los pequeños productores carecen de una adecuada asistencia técnica y crediticia. Son olvidados en sus necesidades, y hoy día, por sus propias ineficiencias y por la falta de una adecuada ayuda por parte del Estado, son desplazados de sus fincas ante el avance de la agricultura intensiva. Estos campesinos con sus familias, forman parte hoy día del contingente de compatriotas que viven en las calles.

         Si bien existen algunos indicios de apoyo, pareciera ser que los mismos son más bien programas "parches", sin un sustento técnico programático, incompleto y generalmente retrasado.


         ABANDONO DE UNA POLÍTICA DE FOMENTO AGROINDUSTRIAL


         En la década de los 60, inclusive de los 70, el Paraguay tenía un Plan de Desarrollo Económico y Social, orientado sobre tres pilares: fomento de las actividades agroindustriales, sustitución gradual de las importaciones y crecimiento hacia fuera vía exportaciones. Un importante trabajo rural ha realizado el Servicio de Extensión Agropecuaria del Ministerio de Agricultura y Ganadería. La labor de los "extensionistas" -denominación que se les daba a los técnicos agropecuarios que trabajaban en el campo- fue muy provechosa. El factor preponderante que posibilitó el éxito de estos trabajos fue la gran capacidad técnica-profesional de los "extensionistas", además de la gran pasión, mística y sensibilidad social con que desarrollaban sus trabajos.

         Esta experiencia generó un gran movimiento productivo en las pequeñas fincas, posibilitando un buen pasar a las familias campesinas. Los hijos de los agricultores, gracias a los recursos que generaban sus familias en la agricultura, accedían a estudios superiores en la capital. Hoy día, gran parte de nuestros profesionales universitarios son hijos de aquellos pequeños productores rurales. La pequeña agricultura era un gran negocio. En el Paraguay se hablaba del mboriahu ryguata4.

         Si bien se reconocen acciones en el sector agropecuario por parte del gobierno, se puede decir que son débiles y no cuentan con un direccionamiento que permita potenciar la capacidad generadora de los pequeños productores, quienes -en la mayoría de los casos- han perdido la motivación por trabajar la tierra, desinterés motivado por sucesivas frustraciones económicas y por el constante empobrecimiento del campo.

         El gobierno nacional debe tomar conciencia y generar planes con asistencia técnica y financiamiento a bajo interés, para que los productores rurales, especialmente los pequeños, vuelvan a tener interés en las actividades agropecuarias. Es imposible pensar en el desarrollo de este sector sin el concurso de una adecuada asistencia técnica y financiera, sobre todo teniendo en cuenta a aquellos agricultores presos de intereses usurarios.

         Dar un giro en la orientación de la política, y brindar el respaldo necesario a este sector, podría significar abrir la puerta para visualizar la solución de muchos de los problemas que actualmente tiene nuestra sociedad.




         ESCASO APOYO E INADECUADO FINANCIAMIENTO

         A MICROEMPRESAS


         Casi en la misma situación que los pequeños productores rurales se encuentran los microempresarios, quienes en la actualidad cuentan con muy poco apoyo por parte del Estado. La subsistencia de este sector se debe a un gran empeño de sus emprendedores. No cuentan con recursos financieros en condiciones ventajosas, que posibiliten acceder a lo que necesitan para sus materias primas o capital de trabajo. En los casos que existieren los fondos, los requisitos para acceder a ellos son de imposible cumplimiento para los microempresarios. Los negociadores de los fondos por parte del Estado con los organismos financieros internacionales, no tienen en cuenta la verdadera realidad del sector en el momento de firmar los acuerdos, especialmente el listado de exigencias para los desembolsos. No se pueden tener las mismas exigencias para microempresas italianas, francesas o taiwanesas, y aplicarlas directamente con las del Paraguay.


         ETERNAS DISPUTAS POLÍTICAS, TODAS ELLAS INTRASCENDENTES


         Nuestra clase política, en los últimos tiempos, se ha debatido dentro de parámetros de mediocridad e intolerancia increíbles. Las interminables disputas intestinas dentro de las estructuras de los partidos políticos se han trasladado a nivel nacional, generando un marcado hastío en la población que, a estas alturas, siente un rechazo hacia la política y los políticos en nuestro país.

         Las estériles luchas se orientan hacia la ubicación de "leales" en los niveles de decisión del gobierno, sin parámetro técnico alguno a través del cual se imponen liderazgos, y dejando la gestión de importantes organizaciones estatales en manos de funcionarios improvisados y corruptos.

         En estas condiciones, las organizaciones que debieran cumplir con sus funciones establecidas, se debaten dentro de un esquema con altos niveles de ineficiencia y corrupción.


         AUMENTO DE LA ECONOMÍA INFORMAL


         El proceso de estancamiento crónico de nuestra economía, motivado por la escasa atención a los sectores productivos, especialmente a los pequeños agricultores y microempresarios, es un incentivo para que se desarrolle una economía paralela. La gente que ya no tiene espacio en la "mesa formal", se ve obligada a buscar otras salidas y se refugia en la vía alternativa, que en nuestro país es cada vez más creciente. La gente es desplazada de la economía formal y para subsistir debe caer en la informalidad, lo que en la mayoría de los casos la lleva a la delincuencia, entendida como la venta de productos falsificados o de contrabando. Este fenómeno es un motor importante para el constante aumento de los niveles de inseguridad.


         DETERIORO PERMANENTE DE LA CAPACIDAD DE

         CONSUMO DE LA POBLACIÓN


         En los últimos tiempos, el gobierno se ha abocado a una campaña de abaratamiento de la canasta familiar y combustibles. El hecho puede considerarse válido, reconociéndolo como una medida coyuntural, de emergencia. El nivel de precios es importante, pero más importante aún es reconocer que la población desempleada tiene una incapacidad crónica de consumo. Esa es una cuestión estructural, y requiere la adopción de medidas de ese orden. El que no puede pagar 4.000 guaraníes por un kilo de carne, tampoco está en condiciones de pagar 3.000 o 2.000 guaraníes. El problema no es bajar los precios; el problema es dar empleo a una porción muy grande de la población, que necesita generar recursos y -consecuentemente- capacidad de consumo.


         GASTO SOCIAL INSUFICIENTE


         Nuestro país, con sus graves problemas sociales, realiza muy poco gasto social. Según datos oficiales, gasta en temas sociales 140 dólares americanos por habitante; tomando en cuenta que la media latinoamericana es de 696, puede decirse que es muy bajo.

         La pobreza crónica exige un gran apoyo estatal, con políticas claras orientadas a la salud, educación, seguridad, generación de empleo y vivienda. Es imposible emprender un programa serio de desarrollo, mientras casi la mitad de la población se encuentre en estado de hambre, enferma y analfabeta. La cuestión es clara y debiera ocurrir en el Estado algo muy sencillo, que ocurre en el interior de una familia mínimamente organizada:

         • Se suman los ingresos, y se priorizan los gastos conforme a la importancia que tienen los mismos.

         Evidentemente la alimentación, la salud y la educación deben ir en primer lugar y, si algo de recursos queda, se atenderán los otros aspectos. Algunos definitivamente pasarán para otro momento, porque razonablemente la realidad exige eso. No se puede gastar en lo superfluo y desatender lo básico.

         El Estado debe hacer lo mismo, debería mantener una política social en donde se priorice la atención a los temas sociales urgentes en los próximos 5 años.

         Hoy día tenemos nuestro futuro tirado en las calles, en razón del gran contingente de niños/niñas y jóvenes que en ellas viven, con altos índices de riesgo, sin ningún horizonte en el futuro. Igualmente, y a falta de una política seria, nuestros abuelos, indígenas y discapacitados claman una atención digna por parte del Estado.

         Estas situaciones demuestran a las claras la falta de una política social responsable, bien orientada y eficientemente gerenciada. Es una lucha contra reloj. Hay que iniciarla ya.


         ÍNDICE DE INSEGURIDAD ALARMANTE


         La sumatoria de los aspectos mencionados anteriormente tiene un resultado previsible; los mismos sirven de condimento para el incentivo de la suba en los índices de inseguridad hasta llegar a los niveles actuales, con grandes posibilidades de seguir incrementándose. La seguridad, justamente, representa un conjunto de factores que abarcan la salud, la educación y el empleo. Entender a la seguridad como la "cantidad de policías en las calles" es tomar el camino erróneo. Es luchar contra las consecuencias, y no combatir la raíz. De esta forma, podemos decir que la inseguridad es el resultado de una deficiente política en el campo económico y social, situación ésta que debe ser revertida de manera urgente.


         EL LUCRO INDECENTE/INDECOROSO


         No hace mucho, nuestras empresas, organizaciones y profesionales independientes, se empeñaban por ofrecer sus servicios con el máximo empeño, de manera a satisfacer las necesidades de la sociedad y más que nada para cumplir con su rol, con altura, manteniendo principios y valores éticos. A consecuencia de esto venía el lucro, como resultado del esfuerzo, la dedicación y amor al trabajo. Era común ver a médicos visitando a sus pacientes en sus domicilios, tomando su trabajo con una actitud humanista, con un interés supremo en aliviar la dolencia del paciente, o al "despensero" que trataba a su clientela de manera familiar, ofreciendo productos frescos y con márgenes de honestidad y pulcritud envidiables, o a trabajadores de empresas públicas o privadas que tomaban sus labores con dedicación y patriotismo. Seguimos teniendo ejemplos de este tipo hoy día, pero cada vez en cantidades menores.

         Hoy día todo el mundo habla del lucro, como principal motivador de las actividades, nadie se acuerda que eso debe ser el resultado de una gestión. Se habla sólo del lucro, nadie habla de valores, principios, pareciera que no sirven. Sólo se empeñan en lograr el máximo de beneficios económicos, en el menor tiempo posible, sin importar otra cosa. Cualquiera falsifica, se conduce por los atajos de la delincuencia, roba o mata, todo por dinero, y pareciera hasta normal ver hoy día a la delincuencia que ha ganado todos los espacios: la familia, las escuelas y las universidades, casi todo está contaminado con los anti valores y se ha instalado, como una moda, vivir de manera marginal. Esto se generaliza en el campo político, destruyendo la política y a los políticos. Se iguala a todos los políticos en los niveles de máxima degradación a consecuencia de la politiquería, que se ha instalado en todos los partidos políticos y movimientos sociales. En este terreno las excepciones son casi imperceptibles, y eso es lamentable en un país que necesita creer en sus políticos, y más que nada necesita revalorizar la política.

         Deberíamos empezar a despreciar y castigar lo que está mal, y no seguir esta carrera, que si no hacemos algo, terminaremos todos contaminados.



         6. "NO SE PUEDE HACER"


         En varias ocasiones y en varios círculos, inclusive políticos, escuchamos esta patética expresión. Todas las veces nos pareció, además de sincera por parte de quienes la pronunciaban, que ponía de relieve la triste respuesta a nuestras necesidades desde la perspectiva de los incapaces. Aún de boca de quienes deberían ofrecernos alternativas o - cuando menos- esperanzas.

         Creo que si de algo podemos "enorgullecernos", durante todo este tiempo de proceso democrático, es que hemos llegado a demostrar una gran capacidad de dar cabida a mediocres en la "dirección" de organismos pertenecientes a los sectores público y privado. Esta situación ha llevado a la generalización de discursos vacíos y una desidia absoluta a lo largo y a lo ancho del país. De todo ello, para muchos que añoran otras épocas, se tiene a un solo responsable: la democracia.

         Hemos errado el camino, y algunas de nuestras instituciones democráticas no funcionan como deberían funcionar. Al sector privado tampoco le ha sido posible avanzar y aprovechar las ventajas de un mundo globalizado, y ni tan siquiera iniciar un proceso de mejora de la capacidad instalada, o de algún proyecto serio para invertir en el desarrollo de los recursos humanos. Debemos reconocer que tenemos ejemplos positivos, pero en una escala muy reducida, casi imperceptible.

         Haciendo un primer análisis, nos encontramos con una situación que explica en gran medida lo que nos ocurre. Podemos afirmar que todas nuestras instituciones democráticas fueron "pensadas, desarrolladas y aprobadas" por la misma clase de dirigentes que hoy día nos dice "no se puede hacer". Dicho de otro modo, elaboraron estas instituciones a su medida, lo que es lo mismo que decir: sin medida. Para nada, hacia nada y para nadie.

         La técnica nos dice que para desarrollar una idea, debemos trazar un objetivo -entendido burdamente como lo que queremos alcanzar en un periodo de tiempo- e ir planteando situaciones y hechos que queremos que ocurran y a partir de ello elaborar cursos de acción para, medianamente, acertar el camino que nos conduzca hacia ese estado de cosas a que queremos llegar. Esto significa que la mera enunciación de los objetivos no implica su logro. Se necesita trabajar sobre la base de esfuerzos coordinados y programados en los que los afectados deberían tener activa participación. No se debe pretender encarar programas que afecten a las poblaciones sin un protagonismo determinante de éstas. Es un gran error pretender llevar adelante programas descolgados de la participación y el interés popular.

         Cuando no se tiene la capacidad de entender eso, se da esto que nos ocurre, que se podría expresar en la siguiente frase: "vamos hacia cualquier lado, haciendo cualquier cosa". El resultado es absolutamente previsible: nada.

         El alto nivel de ineficiencia de algunas instituciones hace que sus acciones sean imperceptibles. A esta altura podemos decir que algunas sólo existen de nombre. Las razones pueden deberse a situaciones difusas en su propio origen o a cuestiones de dirección, que es lo mismo que decir mala selección de sus directores o responsables principales. Los graves problemas sociales, que llevan décadas sin ser resueltos, no fueron, ni son tratados convenientemente. Lo mismo pasa con los temas medioambientales.

         Cada vez es más notorio el deterioro de los cauces de agua en los departamentos Central y Cordillera y, aparentemente, no existen planes para su recuperación o tan siquiera proyectos orientados a aliviarlos. Por otro lado, a diario la sociedad y la prensa claman por planes concretos, sin que ninguna organización se preocupe por elaborarlos y, si existieren, difundirlos. Estos tres aspectos los mencionamos sólo como ejemplos.

         Tenemos un optimismo casi irrespetuoso para este país. Seguimos creyendo que todo se puede hacer y, más que nada, se debe hacer. Nos falta construir pilares de confianza dentro de la ciudadanía. Invertir decididamente en la educación, aun sabiendo perfectamente que es una apuesta a largo plazo. Lo que no podemos es seguir este esquema educativo que genera cada vez más mediocres con certificado. Apostar al futuro es apostar a la educación. Con ello, podremos revertir esta situación de incredulidad e incertidumbre. Con personas formadas, dentro de los parámetros que les permitan interpretar al mundo actual, redefiniremos nuestras instituciones democráticas, proceso que deberá basarse en lo que queremos y hacia dónde queremos ir. Ese camino nos falta recorrer, y tendremos de esta forma mayores posibilidades de ser lo que queremos ser.



         12. AMIGOS SON LOS AMIGOS


         El concepto de amigo es de uso bastante irresponsable por parte de todas aquellas personas que, justificando o intentando ampararse de cualquier despropósito por ellas mismas cometido, se ufanan de serlo del dueño del poder. El status de amigo habilita a los que lo detentan a realizar cualquier tipo de actividad, discrecionalmente y sin necesidad de ajustarse a ley, reglamento, resolución o norma alguna que no sean los de su propio interés y voluntad.

         Ambos, detentadores y conferentes de esta habilitación, operan al margen no solamente de las leyes sino -más que nada- al margen de cualquier parámetro de norma elemental del sentido común. Al mismo tiempo, pareciera que no existe necesidad de mantenerla en secreto: es divulgada a los cuatro vientos, de manera a demostrar la autoridad y la posesión de poder para ejercerlo a su antojo. Se la considera un mérito, privativo de las personas que "mandan" y hacen lo que quieren de la forma que quieren. Al final, estas personas llegan a la conclusión de que para eso existe el poder: para ejercerlo discrecionalmente, sin más límites que la propia imaginación de quienes lo ostentan.

         Se produce en este caso un fenómeno de encadenamiento: si ante las arbitrariedades así cometidas, llegase a aparecer algún "quijote" que las denunciara ante las autoridades, nunca faltaría la mano de otro amigo para defender lo que según las leyes y el sentido común pareciera indefendible. Por eso, siguiendo este esquema de razonamiento y de accionar, es importante contar con "amigos" en todas las instancias, ya que ellos son quienes se encargarán de demostrar que las denuncias realizadas no son otra cosa que "persecuciones políticas" o, si se llegara a instancias judiciales, realizar "maniobras" para dilatar el caso hasta que finalmente éste finiquite por "falta de pruebas", o por expiración del tiempo para arrimar documentos al expediente, cerrándose el juicio con el sobreseimiento del afectado, del delincuente. Éste recibirá las debidas disculpas del caso por las molestias ocasionadas. Esto es lo que, a nivel nacional y en términos folclóricos, se conoce como opa rei.11

         Esto motivará que el "liberado de culpa y pena" inicie automáticamente una contrademanda, exigiendo a los denunciantes a pagar las multas "que correspondan" por daños y perjuicios al denunciado.

         Para que todo el stress producido por el caso no afecte la salud del encauzado, los amigos harán lo imposible para ubicarlo en alguna embajada o en algún consulado, hasta que la memoria de la población -que normalmente es frágil- olvide el caso o -en su defecto- hasta que el tiempo se encargue de enfriar la situación.

         Es que siempre será necesario cumplir con la sentencia amigos son los amigos.



         16. MBARETE13


         Este término es muy usual, especialmente para demostrar poder, pero con un tinte irresponsable y sin ceñirse a los aspectos legales. Significa, en términos criollos, atropellar y hacer lo que se quiere hacer sin observar ninguna norma o, por lo menos mínimamente, tipo de escrúpulo alguno.

         En otras épocas, actuar de forma mbarete no era prepotencia, sino era más bien un orgullo, pues con ese tipo de actitud se ganaba prestigio y hasta el respeto por parte de cierto sector de la ciudadanía. Era demostrar la posesión del poder y el correspondiente apoyo por parte de los poderosos. Era una licencia para hacer lo que a uno le plazca.

         Debemos entender que ser mbarete es bueno, si lo interpretamos como la fortaleza para hacer lo que se debe hacer. Pero debemos ajustar esa virtud a las normas de convivencia que nos exige la sociedad. De hecho, hacer lo que se debe hacer jamás puede ser un pecado, pero debemos aprender a hacerlo en el marco de las leyes y - fundamentalmente- dando respuestas a las necesidades de la sociedad. Sería bueno tener muchos ciudadanos comprometidos con nuestra suerte y que hagan las cosas que necesita la sociedad con fuerza y convicción.

         La sociedad necesita de forma urgente de "hacedores" y cada vez menos de "habladores"; estos segundos han crecido increíblemente desde la apertura democrática iniciada en 1989, y siguen creciendo de manera incontrolable. Todos aprendieron a hablar sin ningún complejo de cualquier cosa. Inclusive tienen espacios por todos lados y estamos llenos de personas que hablan y hablan, pero tenemos a muy pocos que hacen. Necesitamos de gente que haga y que nos hable de lo que hace. Debería disminuir el número de gente que habla y no hace nada.

         Si bien la sociedad paraguaya ha demostrado en los últimos tiempos -pacíficamente- un desprecio hacia este tipo de actitud, a través de memorables gestas como las de febrero de 1989 o la de marzo de 1999, pareciera que existen comportamientos que muestran que cada vez existen mayores indicios que el mbarete sigue vivo y que su presencia en la sociedad se nota cada vez con mayor fuerza. Sobre el particular creemos oportuno compartir un escrito que nos ha sido remitido desde el Río de la Plata por el Dr. Mario Rosen con el título de Insolente, muy similar al mbarete, que malentendemos los paraguayos.


         INSOLENTE


         En mi casa me enseñaron bien, pero todo estaba mal.

         Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:

         - Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.

         - Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá.

         Y esta regla se cumplía en ese estricto orden. Una exigencia de mamá, que nadie discutía... Ni siquiera papá. Astuta la vieja, porque así nos mantenía a raya; con la simple amenaza: "Ya van a ver cuando llegue papá". Porque las mamás estaban en su casa. Porque todos los papás salían a trabajar... Porque había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa.

         No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue. El respeto por la autoridad de papá (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi mamá) era razón suficiente para cumplir las reglas.

         Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar. Las reglas me contenían, me ordenaban y me protegían. Me contenían al darme un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas. Y me ordenaban porque es bueno saber a qué atenerse. De lo contrario, uno tiene la sensación de abismo, abandono y ausencia.

         Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y consistentes como eran "lavarse las manos antes de sentarse a la mesa" o "escuchar cuando los mayores hablan".

         Había otro detalle: las mismas personas que me imponían las reglas eran las mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la casa las cumplieran. No había diferencias. Éramos todos iguales ante la Sagrada Ley Casera. Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié "las reglas" mediante el sano y excitante proceso de la "travesura" que me permitía acercarme al borde del universo familiar y conocer exactamente los límites. Siempre era descubierto, denunciado y castigado apropiadamente. La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me permitía mantener intacta mi salud mental. No había culpables sin castigo y no había castigo sin culpables. No me diga, uno así vive en un mundo predecible.

         El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos, pues alejaba el rencor y trasquilaba a los privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran acumulativas.

         Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo. Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a cumplir.

         Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi casa. Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal. Lenta y dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había "travesuras" sin "castigo", y una enorme cantidad de "reglas" que no se cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido (o un boludo, si me lo permite).

         El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas arriba. Conocí algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: la impunidad. ¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad. En mi casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero también había piedad. Le explicaré: Justicia, porque "el que las hace las paga". Piedad, porque uno cumplía la condena estipulada y era dispensado, y su dignidad quedaba intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y listo... Y ni un minuto más, y ni un minuto menos. Por otra parte, uno tenía la convicción de que sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato.

         Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa. Y así creí que sería en la vida. Pero me equivoqué.

         Hoy debo reconocer que en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que todo funcionara. En mi casa había una "Tercera Regla" no escrita y, como todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado. Esta fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa:

         - Regla N° 3: No sea insolente. Si rompió la regla, acéptelo, hágase responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su lugar. Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo. Eso es lo que nos arruinó.

        

         La insolencia. Usted puede romper una regla; es su riesgo. Pero si alguien le llama la atención, o es atrapado, no sea arrogante e insolente: tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable. Pisar el césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se pueden enmendar..., a no ser que uno viva en una sociedad plagada de insolentes. La insolencia de romper la regla, sentirse un vivo e insultar, ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla respetar. Así no hay remedio.

         El mal nuestro es la insolencia. La insolencia está compuesta de petulancia, descaro y desvergüenza. La insolencia hace un culto de cuatro principios:

         - Pretender saberlo todo.

         - Tener razón hasta morir.

         - No escuchar.

         - Tú me importas, sólo si me sirves.

         La insolencia admite que la gente se muera de hambre y que los niños no tengan salud ni educación. La insolencia logra que los que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que pagan los que sí pueden trabajar (muy justo). Pero los que no pueden trabajar, al mismo tiempo, cierran los caminos y no dejan trabajar a los que sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquéllos que, insolentemente, les impiden trabajar. Léalo otra vez, porque parece mentira. Así nos vamos a quedar sin trabajo todos. Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.

         Bueno, y así están las cosas. Ah, me olvidaba, ¿las reglas sagradas de mi casa serían las mismas que en la suya? Qué interesante. ¿Usted sabe que demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas?

         Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa mayoría. Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿por qué nos acostumbramos tan fácilmente a los atropellos de los insolentes? Yo se lo voy a contestar, porque es más cómodo, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener que hacerse responsable. Porque hacerse responsable es tomar un compromiso y comprometerse es aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado. Además, aunque somos una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero muy bien organizados.

         Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que estamos dispuestos a respetar estas reglas. Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros.

         No tire papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levántelo y tírelo en un tacho de basura.

         • Si no hay un tacho de basura, llévelo con usted hasta que lo encuentre. Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente levántelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que seamos varios para levantar un mismo papel.

         • Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no pase ningún vehículo ¡¡quédese parado y respete la regla!!

         • Si es un automovilista respete los semáforos, y respete los derechos del peatón. Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.

         Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar a desprendernos de nuestra proverbial insolencia. Yo creo que la insolencia colectiva tiene un solo antídoto: la responsabilidad individual. Creo que la grandeza de una nación comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada.

         Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier cosa. Porque hay que aprender a hacerlo todos los días. Ése es el desafío.

         Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el tiempo. Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o cargará siempre con el arrepentimiento.



         19. TRAICIÓN AL MANDATO DE LA GENTE


         Tenemos al ser humano, con sus características específicas. De hecho, debemos reconocer antes que nada su condición de individuo, único, diferente e irrepetible. Técnicamente, el individuo está reconocido como el único elemento "dinámico" dentro de una estructura organizativa, definida ésta como empresa o sociedad o como nación o como la misma humanidad en su conjunto.

         El ser humano fabrica armas, las usa y entierra a los muertos que las mismas ocasionan; fabrica máquinas, las repara o las destruye; forma empresas y termina fundiéndolas; forma una familia y también la destruye, y así sucesivamente. A lo largo del desarrollo de la humanidad hay suficientes pruebas de ello. Siempre el Hombre. Haciendo y deshaciendo.

         Este individuo tiene incorporadas en su interior cuestiones heredadas y otras que va "recogiendo" a lo largo de su vida: alegrías, penas, frustraciones, ganancias, pérdidas, amigos, enemigos, creencias, vanidad, soberbia, amores, desamores, etc. Caminando por grandes avenidas, a veces fáciles, otras empinadas y polvorientas. Todo eso está en su "mochila", y eso es él.

         Este conjunto de cosas y situaciones forma parte de suyo verdadero. En el Paraguay hay 6.000.000 de este yo verdadero; en el mundo, algo así como 7.000 millones.

         Con las cosas heredadas y aquellas incorporadas se nos presenta este yo y participa de -y convive con- los otros "yoes".

         Siendo una gran cantidad, estos "yoes", a su vez, crean otros grupos y los denominan vos; son los "voes". Se generan, entonces, vínculos entre los "yoes" y los "voes". Raras veces "voes" y "yoes" se ponen de acuerdo para hacer algo juntos.

         Si todo sale bien, "voes" y "yoes" seguirán siendo un equipo. En caso contrario, los "yoes" estarán en una esquina del cuadrilátero enfrentando a los "voes". Ahí terminará la cuestión. Lo que no se puede predecir es cómo va a terminar.

         Y ahí estarán los "yoes": buenos y malos, los que construyen y los que destruyen, los que orientan y los que desorientan, los ilustrados y los mediocres, los que hacen y los que critican -incluso, habrá los que critican y hacen-. Los que toleran y los intolerantes, los sanos y los enfermos, los creyentes y los ateos, los conservadores y los revolucionarios, los pasivos y los soberbios, los pacifistas y los que buscan guerra por todos lados, los honestos y los corruptos, los amos y los siervos, los hombres y las mujeres, los lindos y los feos, los altos y los bajos, los negros, los blancos y los mulatos. Los imperfectos, sabiéndose seres humanos, y los perfectos, que se presentan como dioses. Hablan como dioses, actúan como dioses y -por supuesto- se creen dueños de la verdad absoluta.

         En este juego, los "voes" asumen la función que le dan los "yoes"; no tienen cómo salir de eso. De hecho, fueron creados por los "yoes" y éstos los usan según su criterio y agrado.

         En muchas partes, los "yoes" y los "voes" viven permanentemente enfrentados. Los "yoes" normalmente culpan a los "voes" de todos los males y viven enfrentándoseles por toda la vida. Los "yoes" nunca serán culpables de ningún mal; por el contrario, los "voes" serán culpados de todos los males existentes. Aquí vale una aclaración: las cosas buenas serán patrimonio exclusivo de los "yoes", por lo cual irán a parar al inventario de los "yoes". Éstos se sentirán orgullosos y harán permanentemente alarde de ello. Jamás permitirán que algún crédito se presente a favor de los "voes".

         Esta disputa polarizada entre "yoes" y "voes" será permanente y siempre habrá motivos para algún enfrentamiento. Si por alguna razón desaparecieran los motivos, la disputa tendrá -igualmente- la continuidad requerida.

         En esta lucha interminable aparecerá otro actor: los "nosotros". Pero no un nosotros aglutinante -en guaraní al nosotros inclusivo decimos ñande-, sólido, flexible y tolerante sino un nosotros "exclusivo" -en guaraní, a este tipo de nosotros decimos oré -, de claque, que se arrogará la representación "genuina" de nosotros y hablará a nombre de nosotros y actuará en nombre de nosotros. Paralelo a ello, aparecerán otros "nosotros" que actuarán de la misma forma, pero esta vez enfrentados a los otros "nosotros", que irán apareciendo como hongos. Ahora la disputa será entre "nosotros" y "nosotros". En esta lucha, todos harán el máximo esfuerzo por ser el verdadero "nosotros" y para ello empezarán a disputar la hegemonía con todos los demás "nosotros".

         Debemos reconocer que en este marco se desarrollan la mayor parte de nuestras familias, nuestras empresas, nuestras instituciones y, por consiguiente, nuestros destinos. Creer que este mal es sólo de un determinado sector, es partir de una premisa falsa y resulta contraproducente. La situación está generalizada y los principales culpables somos nosotros, los seres humanos; concretamente, los que formamos parte de una familia, trabajamos en determinadas empresas, instituciones públicas o ejercemos directamente funciones de liderazgo en la conducción del país.

         Esta lamentable situación debería revertirse en algún momento, en el sentido de que nos dediquemos a aportar algunas ideas de qué y cómo ir mejorando nuestro ambiente familiar, laboral y nacional. Esta tarea no se la podemos transferir a nadie; nosotros somos los que debemos ir construyéndola día a día, con un compromiso asumido conjunta y responsablemente.

         Hay datos reveladores que promueven el ambiente que tenemos. En ese sentido, creemos fundamentalmente que debemos basar nuestras esperanzas en el ser humano, pero en un ser humano con habilidades, con conocimientos, con capacidad negociadora, con criterio, abierto al mundo y con la suficiente profundidad de visión como para entender y asumir su compromiso de actor principal en el proceso de cambio que tenernos que experimentar necesariamente.

         Debemos reconocer que en otras sociedades también existen "yoes", "voes" y "nosotros", con la diferencia de que en algún momento se convierten en un NOSOTROS VERDADERO y cohesionado. Siempre tienen algo en común que los une automáticamente, se consolidan, aúnan esfuerzos y avanzan de manera coordinada y con mucha fuerza. Ese algo que los une es un OBJETIVO COMÚN, algo que les interesa a todos y por el que todos creen que vale la pena luchar y realizar el mayor de los esfuerzos.

         En países como el nuestro, tanto las familias como las empresas e instituciones públicas y, a veces, hasta el propio gobierno, carecen de un objetivo común, que a todos les interese y que ayude a una verdadera unión.

         Es necesario, entonces, pensar en nuestra obligación y compromiso como personas, empresas o instituciones, en el sentido de indagar acerca de lo que somos, cuál es nuestra finalidad. Realizar en nosotros una profunda autocrítica, con el fin de determinar si estamos haciendo lo que tenemos que hacer.

         Pongámonos en el papel de un gerente: ¿para qué está?, ¿sabe lo que tiene que hacer?, ¿sabe cómo hacerlo? O en el de un Intendente: ¿sabe lo que tiene que hacer?, ¿sabe lo que la gente espera de él?, ¿sabe cómo hacerlo?, ¿sabe cómo hacerse de los medios que necesita para cumplir con su cometido?, ¿administra correctamente los recursos de su comunidad? En este sentido, las preguntas que podamos hacernos son inagotables.

         Pero, ¿qué vamos a cambiar?..., si todo está bien.

         Para que se dé una necesidad de iniciar procesos de cambios, es absolutamente necesario reconocer las limitaciones o necesidades de las que padecen nuestras familias, empresas, instituciones o el país; de lo contrario, será difícil hacer algo que merezca la pena hacerlo. Dicho de otra manera, antes que nada debemos reconocer las dificultades que estamos padeciendo.

         Tanto en nuestra condición individual como colectiva, como nación, nos cuesta mucho reconocer nuestras limitaciones o dificultades en este punto.

         A modo de ejemplo, se puede decir que en los últimos tiempos jamás se ha escuchado un debate serio sobre el problema de los niños de la calle, la tercera edad, los jubilados, los indígenas, los 250.000 pequeños productores rurales, el desempleo juvenil, la educación, la salud pública, el déficit habitacional, los discapacitados o sobre el problema de la huida masiva de compatriotas hacia cualquier lugar del mundo. Consideramos que estos problemas son los más puntuales y de más larga data, aun cuando jamás merecieran una atención seria y coordinada por parte de las autoridades competentes o de las universidades.

         La universidad no promueve el debate; sólo otorga diplomas. No existe el profesor investigador de tiempo completo. Se enseña para lograr cierto status. Vivimos en la época de los resúmenes, no se leen textos actualizados, ni se promueve la lectura, y cuando no se lee, se hace muy difícil razonar.

         Ante la ausencia de ese algo común que nos una, no nos queda otra, que seguir -no sabemos hasta cuándo- padeciendo el estéril enfrentamiento entre "yoes", "voes", "nosotros" y "nosotros".





SEGUNDA PARTE


QUÉ HACER PARA MEJORAR



         1. SABER LO QUE QUEREMOS


         El punto de partida para iniciar un proceso de cambios con cierta posibilidad de éxito, consiste en saber perfectamente lo que queremos, sin necesidad de que alguien nos diga lo que queremos, o debemos querer. Coincidiremos en que es "argel"15 que alguien nos diga lo que debemos querer o hacia dónde debemos ir. Independientemente de que resulte una "barbaridad", es una demostración fiel de nuestra absoluta ignorancia de saber lo que queremos y nuestra incapacidad de algo básico: definir nuestros problemas y plantear las soluciones.

         Algo básico en el ser humano, en las empresas y en un país debería ser saber perfectamente lo que se quiere y en base a ello construir el camino que lo lleve a su concreción. Mientras no se tenga en claro lo que se quiere -objetivo-, no se podrá tener la mínima posibilidad de alcanzar nada. Permanentemente se transitará por caminos oscuros, empinados y, al final, de nada servirán los sacrificios ni los esfuerzos.


         CREERNOS CAPACES DE SOLUCIONAR NUESTROS PROBLEMAS


         El punto de partida, en el camino de lograr los objetivos trazados, es creer que somos capaces de hacerlo. Ningún objetivo será logrado, mientras no tengamos confianza en nuestras propias capacidades para lograrlo. Cualquier objetivo se logra, si existe la voluntad de hacerlo y si el esfuerzo de los comprometidos (o afectados) se vuelca hacia él permanente y coordinadamente.

         El esfuerzo para el logro de los objetivos debe ser un compromiso de todos los afectados. Debemos aprender a construir juntos; nadie debe privarse del derecho a constituirse en protagonista de primer nivel del desarrollo de las actividades que finalmente reportarán un mayor bienestar a su comunidad, y que al mismo tiempo posibilitarán a su entorno observar con mayor optimismo el futuro. Debemos hacer que nuestro bienestar actual sea responsable, en el sentido de no afectar nuestro futuro y el futuro de las generaciones que vendrán.


         QUERER HACER Y HACERLO BIEN


         Tener la voluntad de hacer las cosas, y no solamente decirlo o expresarlo. Demostrar que se está haciendo, no solamente que se va a hacer. Vocación hacia el trabajo, querer trabajar y querer trabajar bien siempre. Nueva cultura del "hacer".

         Hoy día la gente espera resultados: quiere ver calles en buen estado; espacios públicos limpios e iluminados; escuelas con instalaciones buenas y maestros bien entrenados; jueces que impartan justicia; instituciones que funcionen, cumpliendo con los fines para los cuales fueron creadas; inversiones que generen empleos y salarios justos, que permitan llevar una vida digna.

         A la gente no le importa la pelea entre clanes, jefes o caciques. La gente quiere trabajar en paz, educar a sus hijos convenientemente para que puedan tener posibilidades de luchar en el futuro, digna y responsablemente.


         PENSAR EN EL FUTURO


         Creer que el futuro no existe y hacer las cosas como si el mañana no existiese, es un acto absolutamente irracional, es pensar que todo termina hoy. Con nuestros actos debemos asumir el compromiso con las próximas generaciones, responsablemente. El egoísmo de pensar solamente en nosotros (en acumular la mayor fortuna, sin importarnos nada) es nocivo y demuestra irresponsabilidad e ignorancia.


         HACER CADA VEZ MEJOR


         La experiencia recogida por los países desarrollados se basa fundamentalmente en realizar esfuerzos en hacer mejor lo que ya saben hacer. Esa situación -en una primera etapa- hace que los individuos se sientan identificados con lo que se hace, y se vean motivados porque se les está enseñando a hacer mejor lo que ya sabían hacer. Este nuevo enfoque de hacer mejor lo que ya se sabe hacer se lleva a un plan, el cual se lleva a la práctica (acción), para que una vez puesto en marcha sea controlado permanentemente, de manera a verificar que se cumpla con lo planificado y, de existir variaciones, puedan ser atendidas en tiempo y forma y se realicen los ajustes, de manera que los desvíos no sean por mucho tiempo y que no se desvirtúe lo planificado (control).

         Finalmente, y una vez introducidas las reformas al plan original para que éste se ajuste a la nueva realidad, se introduce con ellas modificaciones a dicho plan y así se vuelve a ejecutar, controlar y modificar permanentemente (Ciclo PDCA). A este proceso se lo denomina Mejora Continua y es la base de la calidad total. Los países desarrollados lo aplican en todas sus actividades, por lo cual la diferencia con respecto a nosotros es que modifican permanentemente para mejorar las cosas que hacen; situación que los vuelve competitivos y dueños de una buena parte del mercado de productos y servicios.


         SOLIDARIDAD


         La sociedad ha crecido y se ha desarrollado, tomando como base la solidaridad. Con ella, se ha estructurado una sociedad en donde el apoyo mutuo se ha ido perfeccionando a través del tiempo, hasta llegar al estado en el que lo conocemos hoy día. En el Paraguay se ha convertido en una de las características principales de nuestra sociedad.

         La solidaridad es un estado emocional en el que el individuo genera empatía con el otro, y gracias a ello se constituye en un soporte para apoyarlo en todo; es un estado de generosidad en el que existe satisfacción por parte del que recibe la ayuda y del que ofrece la misma.

         En nuestra sociedad -paraguaya- ha sido común este hecho, situación que se ha ido modificando en los últimos tiempos; a raíz fundamentalmente del resurgimiento del individualismo, esquema en el que prevalecen los intereses individuales por encima del general. Este nuevo enfoque (el del individualismo) ha fulminado nuestras bases sociales, y es uno de los principales culpables de esta condición paupérrima en que vivimos. La gente común ha dejado de ser solidaria, los jefes políticos han dejado de ser solidarios, el Estado ha dejado de ser solidario. Es común hoy día ver a personas que, encargadas de atender problemas sociales, se desentienden de los mismos, llegando inclusive a hacer oídos sordos a los reclamos y a despreocuparse sencillamente de los mismos, o a considerarlos inexistentes.

         Sólo existe una reacción o atención por parte de las autoridades encargadas, cuando el problema explota y ya se realizan manifestaciones de protesta. Aún así, las acciones encaradas sirven tan sólo para disminuir la tensión creada; pues no son más que parches y nunca responden a planes que ataquen los problemas en sus orígenes.


         HONESTIDAD


         La honestidad es una característica del ser humano en su relacionamiento con sus semejantes, en el sentido de un accionar enmarcado dentro de la decencia, justicia y probidad. En términos más sencillos, es actuar de manera que se tome como suyo lo justo, lo que en realidad a uno le corresponde y hacer que los demás reciban de igual forma.

         Esta característica debe ser practicada normalmente en nuestra vida cotidiana, pero últimamente existe un desvío casi generalizado de este esquema, en razón que nadie es culpable, ni mucho menos es castigado cuando toma por demás o da menos de lo que debe ser. Existe casi un desprecio por este tipo de actitud, inclusive a aquellos que quieren practicarla hoy día se los ve como raros o directamente como personas prescindibles y sin valor. Creemos que esta práctica va directamente relacionada con la aplicación de la justicia, pues de nada vale ser honesto cuando se vive en un entorno de impunidad, donde los deshonestos son exactamente iguales o mejor considerados que aquellos que llevan una vida decorosa y justa.


         PATRIOTISMO


         Las acciones deben ser encaradas con patriotismo. Debemos identificarnos y querer lo nuestro a pesar de nuestras desgracias. Somos conscientes que a lo largo de nuestra historia hemos demostrado capacidad de levantar el país en los momentos más difíciles. "Cuando más oscura es la noche, es cuando más se ven brillar a las estrellas", decía un pensador. Nuestro país es un ejemplo de ello. El esfuerzo por demostrar nuestro patriotismo debe ser permanente y debe ser percibido por la sociedad. No debemos solamente hablar de patriotismo, debemos actuar con patriotismo; lo contrario es patriotero, se habla pero no se actúa.

         Cuando los líderes actúan con patriotismo la gente lo percibe y apoya. Un plan patriótico puede representar la puesta en marcha, desde el gobierno, de grandes esfuerzos de un plan tendiente a mejorar la seguridad. La sociedad estará dispuesta a apoyarlo cuando ese esfuerzo sea general. Ello será suficiente para cambiar definitivamente nuestra situación. La gente precisa del concurso de dirigentes que demuestren patriotismo en su accionar. Hoy día ya muy poco importan los colores. La gente busca dirigentes creíbles, líderes capaces de encabezar proyectos que aseguren un mayor bienestar. La sociedad está dispuesta a realizar los esfuerzos que sean necesarios. Faltan dirigentes y proyectos creíbles.




         OTRAS CUESTIONES A SER TENIDAS EN CUENTA


         Algo fundamental dentro de una organización que pretenda mantener cierto nivel de eficiencia y presencia en el mercado: incrementar la capacidad que sus trabajadores de diversos niveles tengan para detectar problemas y plantear soluciones.

         El programa a seguir para lograr dicho incremento consiste en un sencillo esquema de detección de problemas, y que consta de cuatro partes a ser seguidas ordenadamente para llegar a los resultados esperados. Es tan sencillo que las personas lo entienden rápidamente, y les sirve de especial motivación para que incluso se refieran a problemas que presienten que existen en otras áreas, o en otros niveles superiores a los de ellas mismas. Este procedimiento favorece la interacción entre los niveles gerenciales y los inferiores, haciendo que todos se sientan partícipes del desarrollo de su organización y, con ello, se acreciente el sentido de pertenencia.

         El interés central es el conocimiento detallado de los problemas puntuales (con miras a elaborar un diagnóstico) de cada una de las áreas, desde la perspectiva de los afectados directos.


         QUÉ ESTAMOS QUERIENDO DECIR


         A lo que apuntamos es a que se trate de estructurar procesos de diagnóstico similares a nivel nacional (ya sea por departamentos, regiones o municipios), involucrando a las propias personas en la detección y solución de sus problemas.


         QUÉ ESTÁ PASANDO


         Por un lado, pareciera que las organizaciones, o las personas que las dirigen, no están haciendo las cosas que deben hacer, en el momento o forma en que deben hacerlas. Por otro, falta comunicación de los líderes con las bases. Aquéllos viven alejados de los problemas de éstas, gobiernan a espaldas de ellas y les urge más solucionar sus propios problemas que los de la gente o de la sociedad.

         De esta manera, el escenario se enrarece cada vez más, se carga de desconfianza, de desmotivación y de falta de respeto hacia orden existente alguno. Al mismo tiempo, este orden se va desjerarquizando, el ambiente se hace caótico y la gente ya no llega a percibir acción alguna que la favorezca. Con el tiempo, desaparecen las esperanzas.

         El éxodo masivo (de jóvenes, adultos o familias enteras) hacia cualquier parte, sin importar lo que encuentren en sus destinos, es un síntoma inequívoco de esta situación.


         CÓMO AFECTA


         En primer lugar, el desorden resultante lleva a una gran y acelerada desorientación en todos los estamentos (estudiantil, campesino, social, cultural y político). En segundo lugar, y un aspecto también muy importante, es el descrédito cada vez mayor en el que va cayendo la clase política o dirigencial, la que, al no responder adecuadamente a las necesidades sociales, es vista como un elemento negativo dentro de la sociedad, generando un desinterés cada vez más alto por participar en las actividades políticas. En pocas palabras, está mal visto activar en política.




         PERO TODO SE PUEDE CAMBIAR


         Es posible un cambio en positivo en un país que, como el Paraguay, se muestra verdaderamente generoso. Basta nada más con que la clase dirigencial o política brinde un verdadero interés hacia los problemas de la gente, aportando a ésta un genuino espacio de participación en la resolución de dichos problemas, para que inmediatamente encuentre una resonancia constructiva a todos los niveles.





CUARTA PARTE


DE LOS ERRORES SE APRENDE



         1. LA ALTERNANCIA


         A nadie escapa que la alternancia en el gobierno, ocurrida el 20 de abril de 2008, en gran medida fue a consecuencia de los innumerables errores políticos cometidos por los gobiernos colorados que se sucedieron en esta etapa de transición iniciada en 1989. Vicios que fueron heredados de la dictadura, pero que, a consecuencia de la enorme dificultad en poner en marcha políticas de Estado, siguieron vigentes en los sucesivos gobiernos, inclusive en algunos casos, de manera mejorada.

         La dictadura alejó del entorno de gobierno a los capaces, dejando de esta forma la conducción del Estado en manos de los obsecuentes y serviles al régimen.

         El debate sobre los temas nacionales quedó prohibido, y de esa forma se mató el interés por encarar políticas serias y oportunas desde el gobierno. Sólo tenían acceso a los privilegios los que callaban o los que directamente apoyaban las acciones del régimen. Eso era provechoso social y económicamente; y una gran mayoría de políticos, militares, empresarios, periodistas e intelectuales sucumbieron ante esta tentación.

         La miseria se enseñoreó en el campo y a falta de políticas de Estado se instaló el "Estado prebendario", disfrazado como programas de asistencia social, hábilmente manejados por personeros de la cúpula gobernante.

         Los procedimientos establecidos rápidamente fueron ganando "adeptos"; así rápidamente, fueron contaminados líderes políticos, dirigentes sindicales, dirigentes de gremios empresariales, periodistas. La bajeza llegó a tal nivel que la gran mayoría -salvo honrosas excepciones- de los que pretendían o accedían a espacios de liderazgos en cualquiera de estas instancias, lo hacían con el interés de ser partícipe y recibir parte de las prebendas. La dirigencia que no comulgaba con estos procedimientos fue, en principio, marginada, hasta que finalmente fue radiada totalmente.

         En el interior del Partido Colorado, la dirigencia "alineada" tenía todo el aparato del Estado a su favor, y aquellos que pretendían hacer frente a esa estructura, eran tomados como "traidores de la causa" y con ese mote recibían el desprecio de sus propios correligionarios. Esa verdad triste y lacerante terminó por destruir la verdadera política -en el interior de ese centenario partido- y dio inicio al reinado de la politiquería en su máxima expresión.

         La politiquería instalada, basada en la improvisación, la corrupción, la obsecuencia y el oportunismo, en un principio gozó de buena salud; pero lentamente fue perdiendo adherencia a la hora de captar votos. Las sucesivas trampas en las internas fueron socavando las bases partidarias y la lealtad a la causa, cada vez sonaba más bajo.

         Así el Partido Colorado, en cada elección, fue perdiendo electores, y la dirigencia empotrada en el poder seguía el mismo camino, haciendo oídos sordos a los reclamos que surgían dentro del propio partido. La célebre frase "el mejor amigo de un colorado es otro colorado" empezó a perder vigencia, y en los últimos tiempos llegó a ser sustituida por "el peor enemigo de un colorado es otro colorado".

         Si bien debemos reconocer que hubo algunos intentos de cohesionar las fuerzas políticas en el ámbito nacional, y con ello articular esfuerzos y compromisos en la instalación de un gobierno de Unidad Nacional -especialmente a raíz del marzo paraguayo-, fueron sucumbiendo ante las tentaciones de la corruptela que imperaba en todos los ámbitos.



         2. ¿Y AHORA, CÓMO ESTAMOS?


         A nadie escapa que es una decisión personal, el hecho de hacer o no hacer. Eso es categórico, irrefutable. Pero tomando en cuenta la posición que cada uno ocupamos dentro de la sociedad, el hecho de hacer o no hacer influye no sólo en nosotros; puede afectar a otros, y tomando en cuenta la posición de los que tienen responsabilidades en la conducción nacional la cuestión es mucho más seria.

         Hacemos este comentario, a raíz del fenómeno que se está presentando en la región. En la mayoría de los casos, estamos siendo conducidos por individuos cuyos liderazgos surgieron en otras instancias y no justamente del sector político partidario tradicional. Sin mucha trayectoria, sin estructura política, ni técnica, pero -debemos reconocer- con amplio respaldo popular.

         ¿Qué está pasando? La gente quiere el cambio por el cambio, o da un voto castigo al estilo de liderazgo político tradicional, salpicado en los últimos años por altos índices de ineficiencia y marcado por la corrupción.

         Aquí vale la pena expresar lo siguiente: a raíz de lo que se percibe en la sociedad y el rumbo que toman las diversas instituciones bajo la nueva conducción de la Alianza -para el caso paraguayo- que logró la tan ansiada alternancia, absolutamente todas siguen con los mismos esquemas "heredados". Los problemas que pensábamos eran estructurales, siguen gozando de buena salud, como así mismo todas las medidas -tipo parche- y vicios -nepotismo y corrupción- anteriores. La imagen presidencial ha decaído notablemente a raíz de la paternidad no reconocida - solicitada en los estrados judiciales- de varios hijos. La reacción no fue solamente nacional. El hecho ha trascendido el ámbito nacional para constituirse en un escándalo de carácter internacional. Ahora vale la pena preguntarse: ¿Será esto una frustración más que debe padecer nuestra sociedad?

         Hasta cuándo seguiremos aguardando los planes, programas o proyectos para hacer frente a los problemas de los 250.000 pequeños productores rurales, la atención a los niños de la calle, las medidas contra el desempleo, la falta de competitividad, el problema de los jubilados y la tercera edad, la inseguridad, el mejoramiento del sistema educativo, o lo que es peor aún, un plan de desarrollo económico. Hasta ahora sólo hemos escuchado denuncias y ningún anuncio que genere esperanza en la sociedad. Seguimos, lamentablemente, escuchando disputas por espacios de poder y peleas estériles entre personajes del propio entorno presidencial.

         Fernando Lugo accedió al poder con un gran respaldo popular, capital que está gastando a causa de una inercia que genera conflictos entre parlamentarios, productores rurales, docentes y demás estamentos de la sociedad.

         Sería oportuno que en la brevedad podamos sentir los cambios estructurales que hace rato necesita el Paraguay, y de esa forma generar expectativas positivas que promuevan la inversión y el desarrollo.

         Los cambios que exige el momento deben centrarse en dar un rumbo a la nación; en reencauzar las instituciones para ganar institucionalidad y con ella dar sentido a las acciones que se generen desde el gobierno. Concentrar los esfuerzos a través de instituciones sólidas y no dispersar esfuerzos humanos y recursos financieros utilizando los debilitados y corrompidos esquemas heredados. Las instituciones con objetivos similares deben unificarse, para lo cual deben ser creadas organizaciones con sólidas estructuras que puedan dar la imagen de eficiencia a la gestión del gobierno.

         Al Partido Colorado, que gobernó el país durante los últimos 60 años, se le atribuyen todos los vicios que llevaron al Paraguay a una situación caótica. La gente olvida que el Estado tiene tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), y que cada uno tiene su ámbito de responsabilidad en la conducción nacional. Pero aquí vale aquello de que la culpa es de otro, nadie asume su responsabilidad cuando aparecen los problemas. El Ejecutivo culpará al Legislativo o al Judicial, y éstos a su vez a los demás. Nadie asumirá mínimamente su culpa. La gente, con su voto, cambió el rumbo de la historia y despojó del poder al Partido Colorado. ¿Será el fin de las sucesivas frustraciones paraguayas?

         No puede quedar en lo anecdótico, la demanda por filiación iniciada al Presidente; que ante el asedio de los abogados, la prensa y la justicia, no tuvo otra salida que reconocer una relación amorosa y consecuentemente el fruto de la misma. Las circunstancias en que se desarrollaron los acontecimientos, las dudas, el entorno y la aparición de Fernando Lugo reconociendo la relación y la paternidad, generó por un lado satisfacción, aún teniendo en cuenta las circunstancias en que se desarrolló el acto. Por otro lado generó dudas sobre la integridad del mandatario, quien en definitiva mantuvo en secreto este hecho.

         Cuando un mandatario oculta algo tan importante como la paternidad, puede originar otras incógnitas, en el sentido de: ¿qué más estará escondiendo el Presidente?; ¿será sólo esta paternidad?; ¿qué más tiene escondido debajo de la sotana? Las respuestas pueden ir apareciendo, y puede llegar a la situación en que las nuevas denuncias lo acogoten, hasta peligrar su continuidad en el cargo de Presidente.

         A la luz de los acontecimientos, a partir de la instalación de las nuevas autoridades del Ejecutivo, se puede apreciar que siguen con los mismos males y vicios. Aquí vale la pena enumerar algunos aspectos que históricamente marcaron la ineficiencia, la inmadurez y la irresponsabilidad de nuestros gobernantes.

         1. Disputa irracional entre el Presidente y el Vicepresidente.

         2. Inseguridad jurídica.

         3. Carencia de Planes, Programas y Proyectos para hacer frente a los graves problemas estructurales.

         4. Amplia variedad de programas "parches", con marcado acento electoralista.

         5. Impunidad.

         6. Asaltos y robos domiciliarios.

         7. Niños, jóvenes y adultos mayores en las calles (mendigos).

         8. Contrabando y narcotráfico.

         9. Disputa entre los tres poderes.

         10. Ineficiencia de la labor policial.

         11. Deficiencia en la educación.

         12. Baja cobertura de la salud.

         13. Problema de los indígenas.

         14. Deficiente gestión de los ministerios y demás dependencias del Ejecutivo.

         15. Deficiente apoyo a la tercera edad y los jubilados.

         16. Poca presencia del Estado en la asistencia a personas con capacidades especiales.

         17. Nepotismo.

         18. Corrupción.

         19. Prebendas.

         20. Desempleo crónico.

         21. Deficiente apoyo a los productores rurales.

         22. Cierre de rutas.

         23. Falta de créditos oportunos y de bajo costo a los productores rurales y demás sectores productivos.

         24. Mal manejo de los fondos previsionales y deficiente cobertura de salud a los asegurados.

         25. Permanentes invasiones de propiedades privadas.

         26. Incapacidad de negociar o lograr un manejo justo en las binacionales.


         Tomando como ejemplo estos 26 temas, podemos analizarlos y concluir cómo estamos ahora en esos puntos.

         Sin analizarlos con un rigor científico, podemos concluir que muy poco o nada se ha hecho para revertir las diferentes situaciones, que es lo mismo decir que pueden estar empeorando.

         La atención de los temas centrales con medidas y personas improvisadas, puede empeorar la situación y afectar negativamente otros aspectos y volver más turbia la condición interna y consecuentemente la imagen internacional, creando condiciones sumamente desfavorables para la inversión.

         El Paraguay cuenta con profesionales de alto nivel y prestigio internacional para tratar con eficiencia los diferentes temas que marcan desfavorablemente nuestro destino como nación. Pero ahí están olvidados, por una dirigencia mediocre que sólo se rodea de "leales", sin importar su capacidad profesional ni personal. Sólo se privilegia al correligionario obsecuente, a los que demuestran absoluta incapacidad de hacer notar deficiencias, ni mucho menos proponer planes o proyectos razonables. Romper un esquema debe ser algo más que cambio de hombres. No se puede romper algo con el solo objeto de mantenerlo roto. Exige más que nada en analizar las diferentes partes; buscar las piezas que pueden servir, eliminar las inservibles y reemplazarlas; y finalmente recomponerla sin perder su identidad.

         Si seguimos manteniendo los mismos errores; si no nos disponemos a hacer los cambios estructurales que pedimos a gritos los paraguayos, el cambio experimentado del 20 de abril del 2008 puede convertirse en otra gran frustración que nos puede ubicar en la antesala de un futuro mucho más negro. Ojalá eso nunca ocurra.



NOTAS


1Julio César de la Vega, Editorial Librex.

2Política y Gobierno - Cómo el pueblo decide su destino, Fondo de Cultura Económica, 1976.

3Profesor de Sociología de la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales "Ezequiel Zamora" (UNELLEZ), Venezuela, y becario de la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho.

4Frase en guaraní que en idioma español significa pobre pero satisfecho.

11Expresión guaraní que, en español, significa que una acción ha quedado inconclusa o en la nada, fundamentalmente por desidia, o por motivaciones al margen de la Ley.

13Término guaraní que, en español, significa fuerte.

15Término generalmente utilizado en Paraguay, para expresar que algo o alguien es antipático.






INDICE


DEDICATORIA

AGRADECIMIENTO

PRÓLOGO: CAMBIO O GATOPARDISMO

INTRODUCCIÓN

NUESTROENFOQUE


PRIMERA PARTE

NUESTROS MALES, VICIOS QUE IMPIDEN EL DESARROLLO

1. POLÍTICA Y POLITIQUERÍA

La política

La politiquería

2. RAÍCES Y CONSECUENCIAS DE UNA SITUACIÓN CAÓTICA

Olvido al pequeño productor

Abandono de una política de fomento agroindustrial

Escaso apoyo e inadecuado financiamiento a microempresas

Eternas disputas políticas, todas ellas intrascendentes

Aumento de la economía informal

Deterioro permanente de la capacidad de consumo de la población

Gasto social insuficiente

Índice de inseguridad alarmante

El lucro indecente/indecoroso

3. IMPROVISACIÓN Y CORRUPCIÓN, DOS CONSTANTES NEGATIVAS

La corrupción: la otra punta del ovillo del estancamiento y del atraso

¿Hay alguna salida?

4. DISPUTA ENTRE PODERES

5. QUE LA GLOBALIZACIÓN NOS LLEVE AL DESARROLLO

6. "NO SE PUEDE HACER"

7. COMPATRIOTAS QUE SE VAN, INVERSIONES QUE NO VIENEN

8. EMPEZAR SIEMPRE

Conflicto en la zona de obra y conflicto con la comunidad afectada por la obra

Conflicto con las autoridades y líderes

Problemas en las altas esferas y/o indicaciones acerca de subcontratos Retrasos y demoras

9. PROHIBIDO PENSAR

10. INCAPACIDAD DE GESTIÓN

11. OCULTAR LOS PROBLEMAS

12. AMIGOS SON LOS AMIGOS

13. LAS SOLUCIONES VIENEN DE AFUERA

14. ANDAR BIEN AFUERA Y OLVIDAR A LOS DE ADENTRO

15. DESCOORDINACIÓN

16. MBARETE

Insolente

17. INFORMALIDAD

18. LAS PYMES: ELLAS TAMBIÉN EXISTEN

19. TRAICIÓN AL MANDATO DE LA GENTE




SEGUNDA PARTE     

QUÉ HACER PARA MEJORAR

1. SABER LO QUE QUEREMOS

Creernos capaces de solucionar nuestros problemas

Querer hacer y hacerlo bien

Pensar en el futuro

Hacer cada vez mejor

Solidaridad

Honestidad

Patriotismo

Otras cuestiones a ser tenidas en cuenta

Qué estamos queriendo decir

Qué está pasando

Cómo afecta

Pero todo se puede cambiar

2. LA EDUCACIÓN, PLATAFORMA DE LA ESPERANZA

La instrucción como factor de contención

Responsabilidad ante la educación

3. LOS PLANES MARCAN LA DIFERENCIA

4. DOS CAMINOS PARA AVANZAR

Elaborar un plan sin desatender el "día a día"

Trabajar con gente capaz y de máxima confianza

Aceptar críticas, incluso del propio entorno

5. ANUNCIOS, NO DENUNCIAS

Acciones de impacto inmediato

Política social

6. VÍAS DEL DESARROLLO

Desarrollo con potencial interno vs. potencial externo

Las vías alternativas del desarrollo

Vía A - Proyecto de desarrollo con capacidad externa

Vía B - Proyecto de desarrollo con potencial y capacidad internas

Vía C - Combinación de vías A y B


TERCERA PARTE

CÓMO HACER PARA MEJORAR

1. DISEÑAR UN PLAN DE DESARROLLO ECONÓMICO Y SOCIAL INTEGRAL

Hacia un nuevo modelo de desarrollo

Paraguay para el mundo

Paraguay competitivo

Capacitación de recursos humanos con fuerte énfasis en temas medioambientales

Diseño de un plan

2. AGENDA DE GOBIERNO

3. AGRUPANDO POR ÁREAS TEMÁTICAS

Sostenibilidad

Competitividad

GRUPO 1. CONDICIOAMIENTO INTERNO BÁSICO (PRIORIDAD)

Pacto/ concertación social

Medio ambiente

Lucha contra la corrupción

Seguridad/igualdad

Estado de derecho

Educación

Salud y sistema previsional

GRUPO 2. INVERSIONES PÚBLICAS Y PRIVADAS.

Oportunidades

Infraestructura e inversión social

Vivienda

GRUPO 3. REFORMA DEL ESTADO

Descentralización

Innovación y competitividad

4. DEBEMOS ENTENDER Y VALORAR

El hecho de tener en abundancia no es suficiente

Que funcionen las instituciones, conforme a los objetivos que las crearon

Cómo encarar las acciones

5. EL GOBIERNO ANTE EL MUNDO, CONOCIDO Y RESPETADO POR UNA IMAGEN POSITIVA

Devolvernos el honor y el orgullo de la ciudadanía nacional


CUARTA PARTE

DE LOS ERRORES SE APRENDE

1. LA ALTERNANCIA

2. ¿Y AHORA, CÓMO ESTAMOS?

 

 

 

 

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