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GUSTAVO RIART


  EL PARTIDO LIBERAL Y EL EJÉRCITO - Por GUSTAVO RIART


EL PARTIDO LIBERAL Y EL EJÉRCITO - Por GUSTAVO RIART

EL PARTIDO LIBERAL Y EL EJÉRCITO

Por GUSTAVO RIART

CUADERNOS HISTÓRICOS

Publicación Bimestral del

ARCHIVO DEL LIBERALISMO

Año III – N° 16

Julio - Agosto 1990

Revisión Técnica: MARÍA G. MONTE DE LÓPEZ MOREIRA

Impresión y Montaje: El Gráfico S.R.L.

Hecho el depósito indicado por la Ley 94/51 de derechos intelectuales

"Archivo del Liberalismo"

Asunción – Paraguay (151 páginas)


INTRODUCCIÓN

El Partido Liberal, continuidad histórica del “Centro Democrático”, en todas sus fracciones, desde su fundación fue y sigue siendo un partido constitucionalista, democrático, progresista y civilista.

Estos ideales son los que conformaron su estructura programática y los motores de su accionar político, al encarar y resolver el problema electoral cuando sustituyó el voto cantado por el secreto y adoptó el registro cívico permanente; cuando se ocupó del problema agrario, del educacional, o de la autonomía universitaria; cuando estableció y dio forma a la moderna legislación financiera; cuando impulsó el desarrollo económico; cuando implantó como conducta pública la honestidad administrativa; o solicitó la participación opositora admitiendo que ella establezca las reglas del juego. Valgan estas citas como ejemplo porque la acción del Partido Liberal no se agota en ellas.

Con estos mismos criterio actuó frente a las fuerzas armadas, para las que pretendió su jerarquización intelectual, ética, disciplinaria y organizativa, su sometimiento al poder civil, como corresponde a un ejército moderno, civilizado y democrático.

Desgraciadamente en el juego político, no siempre los caudillos y líderes adecuaron su acción a estos ideales.

En Latinoamérica, y por lo tanto en el Paraguay, el militar levantisco, golpista e indisciplinado, existió y existe por tres causas fundamentales: por los políticos inescrupulosos que golpean las puertas de los cuarteles y estimulan las apetencias de jefes militares buscando el apoyo militar para la satisfacción de sus ambiciones políticas personales; por las ambiciones desatadas de algunos jefes militares de alta jerarquía que se apoyan en la fuerza de sus unidades para satisfacer sus apetitos de mando olvidándose de la nación; y por el poco respeto, que gobernantes y opositores, tienen hacia las normas constitucionales.

Algunas veces, muy pocas, militares pundonorosos y disciplinados recurrieron al golpe de estado cuando constataron que los gobernantes no tenían afanes patrióticos y constructivos y sólo les interesaban el poder, la prepotencia y el enriquecimiento.

El liberalismo paraguayo en muchas ocasiones, sosteniendo los principios enunciados, debió enfrentar la prepotencia de una jerarquía militar levantada contra las instituciones y en la mayoría de las veces las venció, sin humillarlas, sin lesionar el pundonor militar, porque consideró que el ejército forma parte de la integridad de la nación, de la historia nacional y del pueblo, del destino de la patria, a la que brindaron gloria inmarcesibles desde los albores de su existencia. Cuando el partido fue vencido por la prepotencia castrense, una y otra vez se levantó enfrentando a la misma, sin doblegarse.

Gustavo Riart



I. FUNDACION DEL CENTRO DEMOCRATICO (Partido Liberal)

En el momento de la fundación del “Centro Democrático”, los antecedentes y actitudes que se concretaron ese día, venían de muy lejos.

La organización como partido, del liberalismo paraguayo, había sido frustrada en 1877 con el asesinato a mansalva de los presos políticos en la cárcel pública.

Durante la presidencia del Sr. Higinio Uriarte, un honorable señor, prisionero de su gabinete, o mejor, del grupo militar acaudillado por el General Bernardino Caballero, su Ministro del Interior y por el Jefe de Policía el General Ignacio Genes, fueron quienes planificaron la masacre de la cárcel pública para el 29 de octubre de 1877. Asesinato aleve del Dr. Facundo Machaín, paradigma del patriotismo, hombre ilustrado, defensor de los derechos del Paraguay ante las pretensiones argentinas sobre el Chaco; del Comandante José Dolores Molas, el héroe de los lanchones en el asalto a los acorazados brasileros; del médico      D. Juan Francisco Galeano, de gran prestigio popular; de D. José Franco, caudillo de las barriadas asuncenas; y de D. José Scotto, respetado ciudadano italiano. De esta matanza lograron escaparse D. Juan Regúnega, D. Manuel Gamarra, D. Nicolás Delgado, D. Justo León y otros.

Con este crimen y la persecución sangrienta, convertida en un verdadero reinado del terror, la organización del liberalismo paraguayo fue postergada y sus adeptos se llamaron a prudente silencio, sin que la llama libertaria fuera apagada.

Es recién en 1883 que el liberalismo comienza a manifestarse. Los diputados D. José María Fretes y D. Antonio Taboada comienzan una intensa campaña opositora al caballerismo, e inician en la Cámara de Diputados una interpelación al Ministro de Hacienda por deshonestidad en la administración pública. A estos diputados los acompañaron un grupo de fogosos oradores parlamentarios los diputados D. Felipe Torrens, D. Francisco Fernández. D. Juan Ascencio Aponte, D. Ildefonso Benegas e Ignacio Ibarra. Era el liberalismo que renacía y originaba una frontal oposición al régimen.

En 1884 se desencadenó un enfrentamiento entre un grupo de parlamentarios oficialistas y los periodistas de “El Heraldo”, propiedad de D. José Segundo Decoud, Senador de la Nación, entredicho que involucró al Senado y al Poder Judicial. La actitud valiente de los periodistas y sobre todo de D. José de la Cruz Ayala al asumir públicamente la responsabilidad de sus escritos periodísticos publicados bajo el pseudónimo de “Alón”, conmovió hondamente el espíritu popular y Ayala se transformó en el defensor de los derechos y de los intereses del pueblo, pero le costó la persecución sin tregua de los personeros del sistema.

Junto a “Alón” estaban en “El Heraldo”, D. Fabio Queirolo, D. Domingo Jiménez Martín, un republicano español, y Manuel Curutchet, radical argentino.

Para 1806 ya estaba bien definida, en el espectro político paraguayo, una corriente popular opositora al caballerismo, y en 1887 bajo la presidencia del General Patricio Escobar se llevaron a cabo los comicios para elegir un Diputado y un Senador en la ciudad de Villarrica, siendo candidatos por el oficialismo el General Caballero, para Senador y D. Claudio Gorostiaga para Diputado; por el opositor “Club Popular”, D. Esteban Gorostiaga para Senador, y D. Antonio Taboada para Diputado.

Los comicios debían celebrarse en el mes de febrero y ante la inminente derrota del oficialismo fueron postergados para el mes de junio de ese mismo año.

El 12 de junio se presentaron los oficialistas con grandes pañuelos rojos al cuello y los del “Club Popular” con cintas celestes en las solapas y lemas alusivos, obsequiados por las damas y señoritas de la sociedad guaireña. Los del club formaban una mayoría aplastante. Es en este momento que nacen las divisas partidarias.

Ante la indefectible derrota del oficialismo, la horda roja abrió fuego contra el pueblo liberal cayendo víctimas de las balas asesinas D. Segundo Bordón y D. Manuel Gorostiaga, otros muertos más y numerosos heridos. Los dirigentes del “Club Popular” fueron perseguidos, apresados y remitidos a pie hasta Paraguarí y de allí en tren hasta Asunción.

Ante estos hechos sangrientos cundió la indignación popular en la Capital y en toda la república.

En la Cámara de Diputados se promovió una enérgica interpelación al Poder Ejecutivo exigiendo una investigación, pero los culpables quedaron impunes. Era nuevamente el General Caballero el autor moral de estos hechos.

Con esa conmoción espiritual y la indignación popular, un grupo de hombres dispuestos a luchar unidos por los Ideales democráticos y libertarios, el 26 de junio realizaron una primera reunión a puertas cerradas en la casa de D. Antonio Taboada. Estos hombres cansados del autoritarismo, la prepotencia, la violencia y la actuación sanguinaria del oficialismo, todos ellos más bien idealistas que doctrinarios, acordaron constituir una asociación política y el 2 de julio se llevó a cabo la primera asamblea donde se decidió fundar un centro político con la denominación de “Centro Democrático”.

El 10 de julio se constituyó la Asamblea Constitutiva. En la primera parte del acto se dio lectura a los documentos respectivos: Acta del 26 de junio y la de la Asamblea del 2 de julio.

En su programa primitivo consignaron sus propósitos e ideales que podemos esquematizar de la siguiente manera:

I. Cumplimiento de la Constitución Nacional de 1870, y por sobre todo, de los derechos y garantías que ella establece.

II. Acatamiento de la voluntad popular manifestada en elecciones libres de toda coacción, para la integración de los poderes públicos.

III. Debate y consideración pública de los asuntos que interesen a la comunidad.

IV. Control en la administración de la cosa pública.

Este era un programa auténticamente democrático y liberal.

En la fundación del “Centro Democrático” confluyeron tres vertientes coincidentes en sus ideales y propósitos:

Una vertiente parlamentaria, con los congresistas disidentes del caballerismo: los Senadores D. Cirilo Solalinde, D. Mateo Collar, D. Francisco Soteras, D. Antonio Zayas, y D. Esteban Gorostiaga, entre los más connotados; y los Diputados: D. Antonio Taboada, D. José María Fretes, D. Felipe Torréns, D. Francisco Fernández, D. Juan Ascencio Aponte y otros.

Una vertiente intelectual de primera línea con D. José Zacarías Caminos, uno de los ciudadanos más ilustrados de su época; Dr. Cecilio Báez, joven intelectual de promisorio futuro; Víctor y Adolfo Soler, intelectuales de fuste; los periodista José de la Cruz Ayala, D. Ignacio Ibarra, D. Fabio Queirolo y con ellos la juventud del Colegio Nacional de la Capital.

Una vertiente popular, provenida de tres clubes:

El “Club Popular” de Villarrica fundado por D. Marcelino Rodas, D. Bernardino Bordón, D. Antonio y D. Evaristo Fernández. D. Patricio Echauri, y D. Antonio Peralta y en el que militaban la flor y nata de la sociedad, la juventud y el pueblo guaireño.

El “Club Comunal” de Asunción encabezado por el Diputado D. José María Fretes y con muchos activistas, que sostuvieron la candidatura de los primeros Concejales opositores, y

La “Sociedad de Artesanos Paraguayos” la primera organización gremial de la república con sus líderes: D. Manuel Paradeda, D. José Cirilo Mendoza, D. Simeón Irigoitia, D. Marcelino Fleitas y con ellos una pleyade de trabajadores y artesanos.

Las motivaciones que llevaron a ese grupo de denodados luchadores a fundar el “Centro Democrático” son las mismas que llevaron más tarde a la acción directa en el asalto a los cuarteles el 18 de octubre de 1891, a la revolución de 1904, a la de 1912 para restablecer el constitucionalismo, más tarde a la revolución de 1947 y finalmente a los intentos guerrilleros.

Esos hechos coincidentes que se repitieron una y otra vez fueron la prepotencia, las arbitrariedades, las injusticias, las discriminaciones, los fraudes electorales, la deshonestidad administrativa, el enriquecimiento ilícito, la instigación constante a la obsecuencia y al servilismo, el atropello a los derechos del individuo, todo para justificar los apetitos de la oligarquía política.

El Partido Liberal fue y es un partido de extracción netamente popular desde su nacimiento y en él militaron desde fervorosos caudillos populares hasta los más eminentes estadistas de la nación.

II.      DE LA FUNDACION A 1904

Las elecciones guaireñas del 12 de junio de 1887 habían conducido definitivamente a la fundación del Centro Democrático, primer partido político organizado en el Paraguay.

Veremos las alternativas políticas muchas veces trágicas por las que esta agrupación de hombres libres debió pasar en su inmediato devenir.

El domingo 23 de diciembre de 1888 los ciudadanos de la parroquia de La Encarnación estaban convocados para su inscripción en los padrones electorales. El liberalismo había lanzado la candidatura para Senadores de los Sres. Dr. Benjamín Aceval y Avelino Garcete, y para Diputados, D. Zacarías Caminos y D. Pedro P. Caballero. El oficialismo presintiendo su derrota, preparó una acción represora, distribuyendo armas, dineros y prebendas a forajidos traídos del campo para reforzar a las tropas de caballería dispuestas para la acción.

El día 23, 1.500 liberales aproximadamente, con fe en el triunfo y entusiasmo indescriptible, a las 8,30 horas de la mañana estaban concentrados en la calle El Paraguayo Independiente, listos para inscribirse. Iniciadas estas son rechazados numerosos colorados traídos de otras parroquias y del campo, que pretendían inscribirse. Ante el escaso número de colorados y la certeza de su derrota, estos inician la agresión, pero son enfrentados y rechazados, eran los matones contratados, quienes más tarde vuelven apoyados por las fuerzas policiales y un Escuadrón de caballería, capitaneados por el Jefe de Policía y el Cmte. Zacarías Jara, armados de fusiles

Winchester y Remington que descargan sobre la masa de civiles liberales, estos se desbandan y son perseguidos por los policías y soldados a caballo sable en mano. El resultado trágico fue de cuatro muertos y treinta y siete heridos, apresados los dirigentes del Centro Democrático, y encerrados en una mísera celda de la cárcel pública.

El candidato colorado Cnel. Manuel A. Maciel, en un rasgo inusual que le honraba, como protesta retiró su candidatura.

En el mes de febrero del siguiente año, nuevamente el Partido Liberal lanzó la candidatura de D. Antonio Taboada, D. Fabio Queirolo, D. Pedro P. Samaniego, D. Avelino Garcete y José de la C. Ayala para las elecciones parlamentarias, y nuevamente el coloradismo en el poder comete las mismas agresiones que en diciembre del año anterior, frustrándose de nuevo la participación liberal en dichos comicios. Pero es sobre todo en Ybycuí, donde se candidata D. José de la C. Ayala, que la represión fue más agresiva y brutal, donde las tropas volantes del ejército, con pañuelos rojos al cuello, reforzados con bandoleros de la región, asaltan un rancho con el objeto de asesinar a Ayala, pero son repelidos por los partidarios de Alón, capitaneados por Nicolás Vargas, alias Lampiño, Alón condenado a ser ultimado debió exiliarse en la República Argentina.

La doctrina y la praxis del partido colorado en el gobierno, fue y continúa siendo, más de cien años después, que el ejército constituye el brazo ejecutor de sus designios de dominación y opresión, más claramente, de los designios de una oligarquía. Para el efecto el ejército debe ser partidario, instrumento destinado a sostener al partido en el gobierno, y servir a la cúpula opresora. Nada tiene que ver el ejército con los clamores del pueblo, o los anhelos de democracia.

Teóricamente, en aquel tiempo el ejército seguía teniendo la misma estructura que el de tiempo anterior a 1870. La Infantería encuadrada en Batallones, con 800 a 1.000 hombres, con 6 Compañías de 130 a 160 plazas cada uno; la Caballería en Regimientos de 4 Escuadrones de 100 caballos cada uno; la Artillería en Baterías de 6 cañones, agrupados a veces en Regimientos de 4 o más Baterías.

La verdad era que en los primeros años que siguieron a 1870 solo existía el Escuadrón de la Legión con no más de 120 caballos.

Don Juan B. Gilí, Ministro de Hacienda durante la presidencia de D. Cirilo Antonio Rivarola organizó el famoso “Batallón Guarará”, conformado por matones y gente de baja ralea, que le respondía directamente y con el que desencadenó el terror asolando la Capital y sus alrededores durante varios años.

Algún tiempo después la dotación del ejército fue aumentada a 500 hombres en total. Sin embargo en las numerosas luchas intestinas libradas entre 1870 y 1877 los contendores solían movilizar hasta 4.000 hombres o más por bando, mal armados, peor equipados y sin mayor disciplina. Los oficiales eran surgidos de las filas, muchos de ellos de la pasada guerra, según sus méritos de servicio en los cuarteles, en los combates, o por la sumisión y obsecuencia a los jefes. Algunos llegaron a altas jerarquías castrenses, y al menos no a la Presidencia de la República. Posteriormente se estiló que algunos, con mayor formación intelectual, se incorporaran al cuerpo de oficiales como Alferes o Tenientes en Comisión, con lo que mejoró la formación profesional de la oficialidad. Este sistema se mantuvo hasta la creación de la Escuela Militar.

Los Reglamentos eran viejos, los usados por el ejército de López tomados de los reglamentos españoles y probablemente con algunas innovaciones francesas de la época de Napoleón III.

Luego de los acontecimientos de febrero del 89 el Partido Liberal comprendió que tan solo la revuelta armada era el camino que le quedaba seguir. Para los liberales de todo el mundo, el derecho a la rebelión ante la tiranía es un derecho legítimo, y en vista de que los caminos democráticos estaban cerrados para los opositores, el Partido Liberal resolvió recurrir a la revolución armada.

Una Convención designó al Mayor D. Eduardo Vera, heroico combatiente de la guerra contra la triple alianza, Presidente de la Comisión Central del Partido, y aun cuando el Sr. D. Antonio Taboada continuaba siendo el Jefe civil del movimiento, el Mayor Vera asumió la Jefatura militar.

En Asunción existían dos cuarteles, el de Caballería situado en la calle El Paraguayo Independiente y 14 de Mayo, donde está el edificio de la ex Escuela Militar, y en los fondos del mismo el cuartel de Infantería sobre la calle Comuneros.

El Mayor Vera organizó el ataque, a ambos cuarteles, y el domingo 18 de octubre a las 7,30 de la tarde se llevó a cabo el asalto a los mismos.

El cuartel de Caballería fue tomado en su guardia prevención, pero el Mayor Vera fue muerto en los primeros momentos, y el asalto, por falta de Jefe que lo reemplazara, fracasó luego de una lucha de casi cuatro horas.

En la acción fueron muertas y heridas muchas personas, entre ellas gente importante, de relevancia en ambos bandos.

Entre los defensores murieron los Coroneles Santos Miño y Ángel Ozuna,. el Tte. Sixto Molas y numerosos clases y soldados, y fueron heridos los Coroneles Luis Cristaldo y Facundo González, el Tte. Francisco Centurión y muchos individuos de tropa.

Entre los atacantes: fueron muertos el Mayor Eduardo Vera, el Diputado D. Juan B. Machaín y numerosos ciudadanos; heridos el joven Bartolomé Yegros y muchos más.

A raíz de este luctuoso episodio, la policía realizó numerosos allanamientos y fueron detenidos ciento cuarenta liberales, todos ellos dirigentes del Partido Liberal. Muchos lograron escapar.

Esta derrota opositora afianzó aún más al régimen.

Los revolucionarios del 18 de octubre lanzaron un manifiesto explicativo al pueblo. En él se exponía que el movimiento se hacía porque “los hijos de la patria esclavizada reclamaban que los derechos sean respetados, que no solo era un deber patriótico levantarse en armas contra el régimen, sino también un deber de humanidad porque si por una parte la patria corría el riesgo de ser vendida al extranjero, por la insaciable codicia y la venalidad de los gobernantes, por la otra, el pueblo sufría horriblemente la miseria y la ruina a que fue reducida por las persecuciones de todo género de que fuera objeto, sin que jamás tanto agravio fuera reparado”.

El manifiesto hablaba de las esperanzas frustradas de que del quinto período presidencial (Gral. Patricio Escobar) se esperaba.

Acusaba y denunciaba “las dilapidaciones, despojos, permutas y latrocinios del Gobierno del Gral. Caballero y las violaciones, crímenes y dilapidaciones del gobierno del Gral. Escobar, los atropellos del 12 de junio, la masacre ocasionada por el Pelotón de Caballería el 23 de diciembre del 88 y la impunidad de sus actores que como recompensa fueron ascendidos”. Mencionaba que “aun así el Partido Liberal intentó una conciliación con el gobierno a fin de cambiar el estado de cosas, que no pudo realizarse por la mala fe del gobierno”, que nuevamente atropellaron, e hirieron a los electores en la Capital en enero del 89, y en setiembre de ese año, nuevamente en Villarrica. Afirmaba que “existe una conspiración permanente contra la nación, en las alturas del poder” e invitaba al pueblo paraguayo y a los correligionarios a concurrir a los cuarteles.

Firmaban el manifiesto el Mayor D. Eduardo Vera, D. Antonio Taboada, D. Pedro P. Caballero y D. Juan B. Rivarola.

En este manifiesto se explicaba y se sostenía los motivos por los cuales se ejercitaba el derecho a la rebelión frente a gobiernos despóticos, en él se confirma que cuando el gobierno viola las libertades y los derechos garantizados por la Constitución, la resistencia en todas sus formas es el más sagrado de los derechos y el más imperioso de los deberes.

Luego del 18 de octubre el Partido Liberal se llamó a un largo silencio hasta que a comienzos de 1894 D. Manuel Fretes, D. Fabio Queirolo y D. Facundo Carreras constituyeron un nuevo Comité Central, todavía bajo la Presidencia de la República de D. Juan G. González.

Ese año el Partido Liberal comenzó a organizarse de nuevo en toda la república, y fundó el periódico “El Pueblo” bajo la dirección del Dr. Cecilio Báez, D. Alejandro Audibert, y D. Fabio Queirolo, y lanzó las candidaturas del Dr. Benjamín Aceval para la Presidencia de la República y de D. Juan B. Gaona para la Vice Presidencia para enfrentar las candidaturas del Gral. Juan B. Egusquiza y del Dr. Facundo Insfrán.

El Gral. Juan Bautista Egusquiza asumió la Presidencia de la República por el período presidencial del 25 de noviembre de 1894 a noviembre de 1898.

El Gral. Egusquiza era un hombre de vasta y sólida cultura y como Presidente de la República demostró ser un gobernante excepcional para su época, un estadista pacificador, contemporizador, que fomentó la convivencia política e hizo incapié en los aspectos éticos de la administración pública.

Durante su gobierno se produjo la división del Partido Liberal en cívicos y radicales.

El Gral. Egusquiza buscó la colaboración de los liberales en el Parlamento y en algunas funciones administrativas. Tras un pacto, son electos Senadores D. Emiliano González Navero y D. Ildefonso Benegas y Diputados D. Antonio Taboada, los Dres. Cecilio Báez, Alejandro Audivert y D. Avelino Garcete.

Surge la oposición interna dentro del Partido Liberal y se divide en Cívicos y Radicales.

Una Convención del Partido Liberal designa Presidente del Directorio al Gral. Benigno Ferreira, lo que trae resquemores y oposición de un grupo de liberales liderados por el Dr. Cecilio Báez, iniciándose una polémica interna sobre los empréstitos del 71 y 72, y sobre la cuestión ferrocarrilera que provoca la renuncia del Gral. Ferreira, desembocando estos acontecimientos en la formación de dos sectores, uno Radical con su órgano “El Pueblo”, y el otro partidario del Gral. Ferreira con su órgano “El Cívico”, de donde le viene el nombre.

Durante el gobierno del Gral. Egusquiza terminan las persecuciones, el país vive tranquilo, y en un ritmo de trabajo fecundo que se traduce en la valorización rápida de la moneda nacional respecto al oro, los debates parlamentarios adquirieron tan alto vuelo que repercutían en todos los rincones del país, agitando la opinión pública. El Dr. Báez, sobre todo, brilla por sus discursos opositores.

En 1897 el Presidente Egusquiza vuelve a pactar un acuerdo político y todos los sectores partidarios tienen nuevamente acceso al parlamento.

El gobierno intenta mejorar la calidad de los Oficiales del ejército y a fines de 1897 envía a Chile a jóvenes inteligentes a seguir la carrera militar en la Escuela Militar: Eugenio Garay, Manlio Schenone, Adolfo Chirife, Manuel Rojas A., Pedro Mendoza, Albino Jara, Carlos Goiburú, Juan Nardi y Bonifacio Martínez; a la Escuela Naval a Atilio Peña. Envía a la Escuela Naval Argentina a Manuel Zubizarreta. Anteriormente en 1892 fueron enviados a la Escuela Militar Argentina Desiderio Escobar, Patricio Alejandrino Escobar y Justo David Escobar; en 1894 a la misma Escuela Militar Argentina: Adolfo Irala, Pastor Cabañas Saguier, Martín R. Báez, Carlos L. Paoli, Guillermo Sosa y Antonio Almeida, y a la Escuela Naval a Arsenio López Decoud, Elías Ayala, Manuel J. Duarte e Hipólito Núñez.

A iniciativa de un núcleo de estudiantes, se organizó lo que se dio en llamar “Milicia de la República” durante el año 1897, los voluntarios fueron instruidos por los hermanos Escobar, Desiderio, Patricio Alejandrino y Justo, militares egresados de la Escuela Militar Argentina, este núcleo se transformó en 1898 en el Batallón de Aspirantes que sirvió de base a la organización de la Guardia Nacional de la Capital por Ley del Congreso.

El 25 de noviembre de 1898 asumió la Presidencia D. Emilio Aceval, hombre de confianza del Gral. Egusquiza. Aceval continuó la política de Egusquiza de pacificación y solicitó la colaboración de todos los sectores políticos. Su gobierno fue progresista, pero cometió un grave error político, designó para la cartera de Guerra y Marina al Cnel. Juan A. Escurra a quien Egusquiza para ganarlo a su causa lo había ascendido a Cnel., pero que siempre siguió siendo hombre de Caballero.

El 12 de setiembre de 1899 se organizó la 1º Región de la Guardia Nacional con seis Regimientos al mando de civiles que habían recibido grados militares: el 1er. Regimiento al mando de D. Carlos Adolfo Saguier, el 2° de D. Patricio Zelada, el 3º de D. Federico Bogarín, el 4º de D. Pascual Velilla, el 5º del Dr. Facundo Insfrán, y el 6º de D. Juan Miltos, siendo Comandante en Jefe de la Guardia Nacional el Gral. Egusquiza.

El Gral. Caballero no podía estar de acuerdo con la política de concordia y pacificación nacional que llevaba a cabo el egusquizismo y mucho menos con haber perdido la preeminencia en la dirección de los asuntos partidarios y nacionales. Las maquinaciones del Gral. Caballero con el Ministro de Guerra y Marina Cnel. Escurra, tras los sangrientos episodios ocurridos el 9 de enero de 1902 en el Congreso en el que fue muerto el Dr. Facundo Insfrán, candidato a la Presidencia de la República por el caballerismo, provocó la destitución violenta del Presidente Aceval, completando el periodo presidencial el Vice Presidente D. Héctor Carballo.

El 25 de noviembre de 1902 asumió la Presidencia de la República el Cnel. Juan A. Escurra, con lo que se produjo el retorno al poder del caballerismo con todos sus males, con todas sus lacras.

El Gral. D. Bernardino Caballero recuperó así su preeminencia en la política gubernativa y partidaria produciendo la dispersión del egusquizismo.

Escogido por Caballero, el Cnel. Escurra como Presidente de la República y para la Jefatura Militar, encomendó a D. Eduardo; Fleitas la Jefatura Civil. Ninguno de los dos fueron los hombres adecuados para esos momentos muy delicados, de profunda división del Partido Colorado, que se encontraba sumido en una crisis sin precedentes. Los mejores hombres del coloradismo fueron desplazados, sin un renovado cuadro directivo, y con la disminuida lucidez de sus viejos dirigentes, el partido, otrora poderoso, había perdido vigor, prestigio y atracción. Los caminos para la revolución quedaron abiertos.

Secretamente se había constituido un Comité Revolucionario integrado por el Gral. Dr. Benigno Ferreira, Dr. Cecilio Báez, D. Emiliano González Navero, D. Emilio Aceval, D. Guillermo de los Ríos y D. Francisco Campos. Ambos sectores liberales se unieron y acudieron al prestigio y a la solvencia castrense del Gral. Ferreira para la dirección militar de la revuelta.

En la noche del 4 de agosto de 1904 se inició en la ciudad de La Plata, República Argentina, el movimiento revolucionario a bordo del buque Sajonia, más tarde rebautizado Constitución, de propiedad del Estado Paraguayo, bajo el mando del Cap. D. Manuel J. Duarte y llevando a bordo a los Sres. D. Manuel Gondra, Cap. Ildefonso Benegas, D. Pastor Cabañas

Saguier, D. Rodolfo Rejala, D. Juan Francisco Recalde (h), D, Manuel Caballero, D. Luis Valde, D. José Martínez, D. Elías García, D. Elías Ayala, D. Alejandro Abreu, D. Manuel Ortigoza, D. Francisco Tapia y setenta hombre de tropa.

La revolución lanzó un manifiesto el 15 de agosto, explicando los motivos que le movían.

En el manifiesto recuerda “el profundo malestar que desorienta a todo el país, lo desmoraliza, lo humilla y arrastra por fin al pueblo a la reivindicación violenta de sus derechos”.

Entresacamos algunos párrafos más significativos:

“La fatalidad los conduce de error en error”.

“Los ciudadanos que componen el gobierno carecen de preparación necesaria, no tienen experiencia en los negocios del estado, no tienen ni buena voluntad, ni patriotismo, ni honradez pública ni privada, desconocidos absolutamente del país, han perdido la confianza del público”.

“El Paraguay ha dejado de tener un gobierno regular”, los motines del pasado hallaron las instituciones poniéndolas bajo el taco de una soldadezca ignorante y desenfrenada, pero ninguno ha llegado a la degradación de los actuales gobernantes”.

“Nunca ha habido tanta relajación en las esferas superiores del gobierno; jamás menos respeto a la ley y a la dignidad personal; nunca tanto desprecio al ciudadano honesto o de pensamiento; jamás tanto predicamento de cortesanos insignificantes; jamás mayor influencia de sicarios ensoberbecidos”.

“Literalmente su instrucción, son las más elementales aun para la vida ordinaria, el Coronel Juan Antonio Escurra no hace más que degradar la primera magistratura”.

El manifiesto sigue haciendo el análisis:

“En el orden político la completa subversión de las instituciones. La Constitución y las leyes esclavizadas al servicio del peculado más vergonzoso, del interés más, egoísta y bastardo”.

“Anulado de hecho el sufragio. El pueblo sin acceso a los comicios. El paraguayo sin más derecho que sufrir y resignarse”.

“Al Cnel. Escurra le cupo la triste suerte de llamar de los bajos fondos de la sociedad a muchos de sus colaboradores, los más incompetentes, oscuros, ignorantes, sin más que vergonzosa coyunturas, los más de malos antecedentes, envilecidos en la larga vida de abyecciones, residuos despreciados de gobiernos anteriores. Son los mejores agentes de la concupiscencia más desenfrenada que jamás ha azotado a la República”.

El manifiesto desmenuza, hace una autopsia del régimen y hacia el final dice:

“¿Es acaso necesario agregar que de estos elementos son reclutados hasta los candidatos a Senadores y Diputados”?

“¿Cuál es la solución de un presente de ignominia con problemas que llenan de sombra el porvenir”?

“Agotados todos los medios pacíficos se impone el recurso extremo de la violencia armada. El ciudadano tiene la obligación de poner su nombre, su tranquilidad, su vida, para expulsar al pequeño círculo que se ha adueñado del poder por el fraude y la traición, en día de negra memoria para las instituciones”.

Nuevamente el liberalismo expone el derecho y la obligación de resistir y levantarse contra la opresión.

Los revolucionarios organizaron finalmente dos grupos pomposamente llamados ejércitos: El Ejército del Sur a cuyo mando estaba el Jefe de la revolución el Gral. Dr. Benigno Ferreira, con base en Villeta; y el Ejército del Norte al mando del Comandante Elías Ayala con base en Villa Hayes. Para diciembre de ese año el Ejército del Sur contaba con 2.700 hombres y el del Norte con 2.500.

El Ejército del Norte para entonces había ocupado Concepción y todo el norte y el Ejército del Sur, que ya ocupaba Pilar y todo el Sur desde la iniciación de las operaciones, ocupó Misiones y Encarnación. Luego de algunas acciones secundarias el gobierno se encontró perdido y se avino en concertar la paz.

El 12 de diciembre se firmó el Pacto del Pilcomayo, un arreglo de paz que constituía una rendición decorosa, y condicionada del gobierno, y en el que los vencedores daban generosas concesiones a los vencidos.

Así surgió el gobierno provisorio de D. Juan B. Gaona el 19 de diciembre de 1904 en cuyo gabinete participaron revolucionarios y gubernistas. Era la caída del régimen colorado luego de treinta años de gobierno, desde el 25 de noviembre de 1874, con la iniciación del gobierno de D. Juan B. Gilí al 19 de diciembre de 1904.

Durante todo este período el Partido Liberal sostuvo algunos principios sobre los que es necesario insistir:

Constitucionalismo.

Respeto a la voluntad popular.

Debate de los asuntos públicos.

Control de la administración pública.

El derecho de rebelión ante la opresión.

Con respecto al ejército, la necesidad de su carácter nacional y subordinación al gobierno civil.

 

III.     LA ANARQUIA 1904-1912

En diciembre de 1904 adviene al poder el Partido Liberal. Un militar, el Gral. Dr. Benigno Ferreira, es el hombre del momento, el triunfador, el héroe de la revolución, pero sus muchos adversarios dentro y fuera del Partido Liberal, y las tramoyas políticas, no le permiten acceder a la Presidencia de la República.

El Presidente designado D. Juan B. Gaona, señor honorable, honesto, respetado y patriota, más no un caudillo, un político, un hombre de partido, es bien visto por todos, liberales y colorados, y se esperaba que pudiera ser el que trajera la paz a la nación. En él pensaron todos los sectores y lo designaron Presidente Provisorio de la República y el nuevo gobierno se instaló el 19 de diciembre de ese año.

El nuevo gabinete se integró con dos Ministros del Gabinete derrotado: D. Emilio Pérez como Ministro del Interior y D. Cayetano Carreras en el de Justicia, Culto e Instrucción Pública; y tres Ministros del sector revolucionario: de Guerra y Marina, el Gral. Ferreira; de Relaciones Exteriores, Dr. Cecilio Báez; y de Hacienda D. Emiliano González Navero.

El 29 de abril de 1905 el liberalismo concretó su unidad con la designación de un Comité Provisorio único, bajo la Presidencia de D. Antonio Taboada, viejo luchador, fundador del Centro Democrático y su primer presidente, e integrado por tres radicales, D. Adolfo Riquelme, Dr. Félix Paiva y Dr. Gualberto Cardús Huerta, y tres cívicos, D. Manuel Benítez, Dr. José Tomás Legal y D. Adolfo Soler. Ese mismo día lanzan un manifiesto a la república.

El manifiesto dirigido especialmente a la ciudadanía liberal explicaba que las Comisiones Directivas de las dos fracciones del Partido Liberal habían resuelto unirse y acordaron, en primer término disolver las dos Comisiones Directivas y constituir un Comité Provisorio para regir los destinos del partido, y en segundo término la organización y el estudio de la reforma de los estatutos que debía someterse a una Convención General. Mencionaba también la integración del Comité Provisorio y la designación del Sr. D. Adolfo Riquelme como Secretario y del Dr. Félix Paiva como Tesorero.

En este momento histórico cívicos y radicales se hacen dignos del mismo.

No obstante esto, el gobierno flotaba sobre un mar de aguas encrespadas, los viejos caudillos triunfantes, no podían desprenderse totalmente de sus viejas rencillas, que las mantenían ocultas en las reconditeces de sus espíritus, y esto les empañaba la visión de una promisoria era democrática de convivencia nacional.

Entre las primeras medidas de gobierno estuvo el otorgamiento de despachos de Teniente Coroneles a numerosos ciudadanos que sirvieron en la revolución con el grado de mayor y se confieren ascensos a otros de menor graduación; así fueron ascendidos a Ttes. Coroneles los mayores: Manuel J Duarte, Elías Ayala, Ildefonso Benegas, Atilio Peña Machain, Pastor Cabañas Saguier, Hipólito Núñez, Patricio Alejandrino Escobar, R. Báez, Elías Gamarra; a Mayor los Capitanes: Albino Jara, Manlio Schenone, Manuel Rojas A., Crisóstomo Machuca, Alfredo Aponte, Gervasio González y Pedro Mendoza.

En enero de 1905 disuelto el viejo ejército, el gobierno inició un proceso de reorganización sobre bases modernas, lo que estaba en el espíritu del Gral. Ferreira. Creó el Estado Mayor General del Ejército y para la ejecución de este plan fue nombrado el Capitán de Fragata D. Manuel J. Duarte, Jefe de Estado Mayor, este militar íntegro, pundonoroso, de sólida formación profesional era el más indicado; para el 15 de marzo se completó la institución designando como Secretario General al Mayor D. Manlio Schenone, Jefe de la Sección Guerra al Tte. Cnel. D. Patricio Alejandrino Escobar, Jefe de la Sección Personal al Mayor D. Albino Jara, Jefe de la Sección Técnica al Mayor D. Manuel Rojas A. y Jefe de la Sección Informaciones al Capitán D. Justo Escobar.

Se organizan de inmediato los cuadros de la Armada Nacional, se completan las Zonas Militares y sus cuadros y se crea la Sanidad Militar.

El 2 de diciembre de 1905 se autoriza la construcción de cuarteles, el edificio de la Escuela Militar que se piensa fundar y el Parque de Guerra.

El nuevo gobierno entra así de lleno a la realización de una estructura nueva del ejército, e indudablemente el Capitán Duarte era el más indicado para llevar adelante esta organización.

En diciembre de 1905 se conceden despachos de Ttes. Coroneles de la Guardia Nacional a D. Arsenio López Decoud, D. Guillermo Sosa, D. Eduardo Schaerer, D. Miguel D. Soler, D. Albino Jara y a D. Adolfo Soler.

En los primeros días de 1906 se produjo un resquebrajamiento en el gabinete a raíz de la consideración de una solicitud de un préstamo o crédito oficial para la fundación de un club social, solicitud apoyada por algunos ministros. El Presidente Gaona, una personalidad de fuertes convicciones éticas se opuso intransigentemente. En esos días el Gral. Ferreira realizó un viaje a la Ciudad de Concepción con un numeroso séquito y las cosas quedaron sin resolución.

El 7 de diciembre el Presidente Gaona, en un acto de impericia política, remueve a tres de sus ministros, precisamente a los representantes en el Gabinete del Partido Colorado y de la fracción radical, creando así una ruptura del Pacto del Pilcomayo, con ese motivo se subleva el Sr. Elías García, Jefe de Policía de la Capital y acuartela sus tropas. García era un elemento incondicional del Gral. Ferreira y le hace saber a este lo que estaba ocurriendo.

El Gral. Ferreira regresa de Concepción y ya por el camino resuelve la deposición del Presidente Gaona el 9 de diciembre.

La destitución se produce sin juicio político, con el apoyo de eminentes políticos como González Navero, Cardús Huerta, Báez, Schaerer y otros, y de la mayoría de los legisladores radicales. Se repite así la historia de un Jefe Militar que acaudillando eminentes hombres públicos protagoniza hechos reñidos con la Constitución.

Es nombrado el Dr. Cecilio Báez Presidente Provisorio de la República el mismo 9 de diciembre de 1906.

Ferreira prosigue la tarea de estructurar y modernizar el ejército y pone en funcionamiento un Curso Militar para la formación de oficiales del ejército, se construye el Hospital Militar y varios cuarteles.

En octubre de 1906 el Jefe de Estado Mayor fue enviado a Europa para adquirir material de guerra para un ejército de 10.000 hombres, buques para la marina y dragas fluviales.

La Presidencia de Báez, no cabe dudas, solo fue un interrugno para la Presidencia de Ferreira y éste es electo. El de noviembre de 1906 asume la Presidencia de la República por un período constitucional de cuatro años. Constituyó su gabinete exclusivamente con cívicos.

A fines de 1907 se clausura el Curso Militar por haberse completado los cuadros de Oficiales del Ejército, con la intensión de abrir posteriormente una Escuela Militar. Se construyeron también los cuarteles de Villa Hayes y Paraguarí.

Hacia fines de 1907 la conspiración de políticos y militares es generalizada; conspiran los radicales con Schaerer; los colorados con José Gilí; los militares “Chilenistas” con el Tte. Cnel. Albino Jara a la cabeza; y otros numerosos grupos menores. El motivo aparente inmediato era la persecución que el Jefe de Policía D. Elías García realizaba contra los opositores y además por la fractura del grupo político “ferreirista” provocado por la ambición personal del Sr. Adolfo Soler, confidente de Ferreira y de gran ascendiente sobre el mismo.

Son las primeras tramas de los acontecimientos políticos que estallarían en 1908 y que traerían el caos y la debacle nacional hasta la muerte del Cnel. Albino Jara en 1912. Se estaba entrando en el torbellino de una anarquía que sería por mucho tiempo incontrolable.

La anarquía es como un vendaval que arrasa todo, y en primer término los principios, las conductas y las voluntades, que como hojas muertas son juguetes del viento.

En esos momentos conspiraban los civiles por su lado, los militares por el suyo, frecuentemente civiles y militares juntos, con gran fluidez en el intercambio conspirativo, conspiraban todos con todos.

Para el 2 de julio de 1908 los conspiradores de “El Diario” con el Sr. Schaerer, del diario “Alón” con el Tte. Cnel. Jara, y los colorados con Gilí, se ponen de acuerdo y dan el golpe capitaneados por el Mayor Albino Jara. Luego de un combate que duró más de ocho horas en la Capital el Gral. Ferreira renuncia a la Presidencia de la República, el nuevo héroe es el Mayor Jara, quien tras el triunfo se embandera políticamente con el grupo de “El Radical”, con gran decepción de los colorados y de los cívicos disidentes metidos en la conspiración.

Asume la Presidencia Provisional el Vice Presidente D. Emiliano González Navero el 4 de julio de 1908 y completa el período Presidencial.

Nuevamente civiles prendidos a las casacas de un militar provocan la ruptura constitucional y una vez más un militar es elevado a altos niveles de prestigio, valorizando más el golpe de suerte militar, que la capacidad política o gubernativa.

Don Emiliano González Navero naturalmente integra su gabinete con el Tte. Cnel. Albino Jara como Ministro de Guerra y Marina, porque el Mayor Jara fue ascendido a Tte. Cnel. el mismo 4 de julio, y el 9 del mismo mes a Coronel en Comisión. Son las recompensas que recibe el héroe de la jornada del 2 de julio. También son ascendidos todos los actores militares y algunos de ellos en dos grados en el mismo día!!!

El héroe civil resultó ser el Sr. D. Manuel Gondra, quien inspiró la revuelta desde Rio de Janeiro donde se desempeñaba como Ministro Plenipotenciario ante Itamaratí y quien llegó a Asunción unos días después del golpe.

A inspiración del Ministro de Guerra y Marina, Cnel. Albino Jara se suprime el Estado Mayor. Jara no deseaba competencia ni obstáculos en el mando.

En setiembre se crea la Escuela Naval de Mecánicos.

Con la ascensión del nuevo gabinete se desata una ola de apresamiento, deportaciones, confinamientos, emigración en masa de dirigentes opositores, se decreta el estado de sitio, las embajadas se llenan de asilados, y se confina a un importante núcleo de dirigentes opositores, en su gran mayoría colorados, al fortín Galpón, se desacata reiteradamente al Poder Judicial, no se respeta el Habeas Corpus. Toda esta barbarie desatada no se explica, ni se justifica con un Presidente como D. Emiliano González Navero, con un Ministro del Interior como D. Manuel Gondra y un gabinete integrado por el Dr. Eusebio Ayala, Dr. Gualberto Cardús Huerta y Dr. Manuel Franco.

En política suelen ocurrir acontecimientos imposibles de explicarlos, la mente no puede comprender como intelectuales, juristas, hombres civilizados cometan tantos despropósitos, desatinos y arbitrariedades. D. Manuel Gondra intenta explicar lo inexplicable, sin explicar nada. Todo esto no puede ser responsabilidad exclusiva del Cnel. Jara. Es la dictadura.

En 1909 el Ministro de Guerra y Marina establece zonas Militares en Humaitá, Misiones y Encarnación hacia el Sur y en Concepción hacia el Norte, todas integradas con unidades de las tres armas. Se dictan Reglamentos sobre Tiro, Ejercicios de Infantería, Caballería y Artillería y un Reglamento de Servicio en Campaña tomados de los Reglamentos Chilenos.

El Coronel Jara se preparaba ante cualquier sorpresa y era el quien marcaba el ritmo del gabinete, como anteriormente fuera el Gral. Ferreira luego del 904.

Los colorados intentan un movimiento revolucionario en setiembre de 1909 por el Sur con el Sr. José Gilí a la cabeza y por el Norte, en el Alto Paraguay capitaneado por los Sres. Dr. Cayo Romero Pereira y Eduardo López Moreira, que fueron rápidamente sofocados por las fuerzas del gobierno.

El 25 de noviembre de 1910 se hace cargo de la Presidencia Constitucional por el período de 1910-1914 el Sr. D. Manuel Gondra y se ve obligado a integrar su gabinete con el Cnel. Albino Jara en el Ministerio de Guerra y Marina, pues Jara no había aceptado una misión en el exterior y exigía el Ministerio de Guerra. El gabinete se convirtió en el campo de batalla entre Jara y el Ministro del Interior D. Adolfo Riquelme, quienes estaban enfrentados desde hacía bastante tiempo. Ante este enfrentamiento de dos formidables luchadores el Presidente Gondra se sentía impotente.

El Presidente Gondra y su Ministro del Interior traman el apresamiento y destitución de Jara, pero este más hábil más decidido y hombre de acción, con la complicidad del Jefe de Policía D. Mario Usher, hombre de confianza de Jara, les gana de mano y el 17 de enero de 1911 da su golpe de estado y Gondra se ve obligado a renunciar.

El Coronel Albino Jara asume la Presidencia de la República, luego de presionar y someter al Congreso que lo designa para el cargo, dejando al margen al Vice Presidente D. Juan B. Gaona, cometiéndose nuevamente un grave atentado a la Constitución, donde brilla la falta de coraje cívico de los integrantes del parlamento, entrándose así en el vórtice del ciclón anárquico. El Cnel. Jara rompe con el radicalismo.

Nada esperanzador podría esperarse de este militar valiente a toda prueba, inteligente, excelente orador, de extraordinaria prestancia masculina, pero sin moral, mujeriego, dilapidador, prepotente, y arbitrario a quien gustaba la fruición del poder por el poder.

Deslumbra sin embargo que eminentes intelectuales como el Dr. Cecilio Báez, Dr. Manuel Domínguez, Dr. Sebastián Ibarra Legal. Dr. José A. Ortiz con quienes constituyó su gabinete y con ellos los cívicos como el Gral. Ferreira, D. Antonio Taboada, D. Adolfo Soler, D. Carlos Isasi, Dr. Manuel Benítez, D. Guillermo de los Ríos, D. Juan Miltos, D. José Antonio Pérez, D. Manuel Pérez, D. Pedro T. Rolón, D. Tomás Airaldi, D. Marcial Sosa Escalada, D. Juan J. Soler y D. Manuel Amarilla y otros muchos se plegaron a él y lo apoyaron. ¿Qué esperaban de Jara estos hombres?

Los radicales gondristas se organizan acaudillados por el Sr. Adolfo Riquelme y D. Eduardo Schaerer y a ellos se pliegan un grupo importante de Ttes. Coroneles: D. Adolfo Chirife, D. Pedro Mendoza, D. Manuel Rojas, D. Manlio Schenone, los egresados de Chile a quienes antes acaudillara Jara, además el Coronel D. Patricio Alejandrino Escobar, los Comandantes Justo Escobar y Alfredo Aponte, estos de la Escuela Argentina. Nuevamente las conspiraciones brotan como simiente en terreno fértil.

En febrero de 1911 se sublevan las Zonas Militares de Concepción en el Norte y de Humaitá y Misiones en el Sur.

Jara moviliza la Guardia Nacional, arma un poderoso ejército y envía una expedición al mando de su Ministro de Guerra el Coronel Carlos Goiburú, que derrota a los sublevados del sur, donde cometieron alevosos crímenes las tropas triunfantes; luego Jara con sus fuerzas reunidas marcha contra los sublevados del Norte, los derrota y su Jefe D. Adolfo Riquelme, tomado prisionero, es traidoramente asesinado y sus restos arrojados al estero de Cuarepoti.

Sofocada la rebelión se extreman los excesos de Jara. Cierra periódicos opositores, ordena apresamientos de dirigentes opositores, deporta periodistas, y sin embargo a medida que crece la represión también crece la oposición.

El Senado rechaza su ascenso a General, que tenía media sanción, sus amigos comienzan a abandonarlo, arremete contra la agitación estudiantil, apresa a sus dirigentes, los somete a vejámenes y los castiga a sablazos dentro de la prisión. Actúa con violencia contra Diputados y Senadores, los apresa y los obliga a renunciar sometiéndolos a vejámenes incalificables.

Sus propios amigos conspiran, inclusive su Ministro de Guerra y Marina D. Cipriano Ibáñez y sus Comandantes de los Cuarteles de la Capital, sus más fieles seguidores. Son estos los que lo detienen y lo destituyen el 5 de julio de 1911 y el Congreso designa para la Presidencia de la República al Sr. Liberato Rojas, quien gobierna con los cívicos.

El jarismo por su lado y el radicalismo gondrista por el suyo, siguen conspirando y es ahora D. Eduardo Schaerer quien tiene el mando de los conspiradores. En Buenos Aires se constituye un Comité Revolucionario con D. Manuel Gondra, el Dr. José P. Montero, y D. Eduardo Schaerer en el momento en que el gobierno inicia una vasta represalia contra los opositores e inicia la deportación de numerosos dirigentes.

En noviembre de ese año se inicia la revolución radical, con el buque Constitución y ocupa el pueblo de Humaitá.

El Presidente Rojas realiza una serie de maniobras políticas y finalmente el Partido Liberal Democrático (Cívico) lo abandona y el Presidente hace alianza con los colorados que finalmente lo envuelven y prácticamente lo mantienen secuestrado.

Contemporáneamente el Coronel Jara, apoyado por los cívicos y sus amigos militares los Mayores Sosa, Oliver y otros aparece por el Sur con una fuerza militar de 1.500 hombres de las tres armas, y derrota a los radicales sublevados de Humaitá; los colorados dan un golpe en Asunción, destituyen al Presidente Rojas y designan al Dr. Pedro Peña como Presidente Provisorio el 28 de febrero de 1912, estamos en el epicentro del terremoto.

El panorama nacional se parece a un pandemonio en el que todos luchan contra todos.

El 22 de marzo las fuerzas radicales derrotan a las del gobierno y ocupan la Capital dando término al gobierno del Dr. Peña y designan a D. Emiliano González Navero Presidente de facto, ocupando el Ministerio de Guerra y Marina el Sr. Gondra.

Las fuerzas militares comandadas por. el Tte. Cnel. Manlio Schenone se disponen a enfrentarse con las comandadas por el Cnel. Jara y el 10 de mayo se libra el combate de Paraguarí con la derrota de Jara, quien herido de gravedad en el abdomen cae prisionero, falleciendo el 15 de mayo de 1912.

La muerte de Jara a quien solo interesaba el poder y la fama, y no el dinero, ni la patria, ni el pueblo; militar valiente, inquieto, prepotente y mujeriego, trajo la paz en la república, agitada por este “varón meteórico” al decir de su biógrafo D. Alfredo Jaegli, que no dio tranquilidad, ni reposo a la nación desde 1905.

Sobre este período caótico debemos detenernos para meditar y analizar los acontecimientos que conmovieron a la nación por espacio de ocho años y sobre las responsabilidades que corresponden tanto a civiles como a militares.

En este luctuoso lapso unos y otros tienen gravísimas responsabilidades. Una hermosa Constitución como la de 1870 no tenía para ellos significación alguna, todos la alababan y cuanto más la alababan, más la violaban.

Los civiles dejaban de lado sus escrúpulos jurídicos y constitucionales para prenderse al carro del primer militar triunfante que tenían a mano; ellos acompañaban, justificaban y buscaban artificiosos fundamentos para explicar los excesos, las arbitrariedades, los desmanes. Los militares, héroes de tránsito, se apoyaban en la inteligencia de civiles que construían absurdo argumentos ideológico que justificaron los desafueros. En unos y en otros solo existían las ansias de mando, el deseo de llegar a la cumbre o acercarse a ella era lo que los movía. Sin embargo en unos y en otros nunca se vio el enriquecimiento ilícito, la deshonestidad desfachatada que en períodos recientes fue dable observar.

Consuela el espíritu ver que a pesar de todo ese intríngulis hubieron hombres que mantuvieron los principios, reaccionaron hacia los caminos de la verdad y se mantuvieron al margen o se retiraron oportunamente de la lucha, o se mantuvieron en ella para hacer respetar finalmente los auténticos valores constitucionales y democráticos.

¿A quiénes imputamos la responsabilidad de todo este proceso anárquico que duró ocho largos años de angustias para la nación? No cabe dudas, a la ambición e impaciencia de muchos políticos y militares, entre estos al más destacado el Coronel Albino Jara, pero no el único.

En esta vorágine todos los principios sustentados en 1904 por el liberalismo, fueron pisoteados, aplastados. Los acontecimientos que llenan el lapso que va de 1905 a mayo, de 1912 no tienen, justificación en la historia nacional.

No es verdad, no puede ser verdad que los paraguayos sólo vivamos en paz y constructivamente bajo gobierno dictatoriales, y que sin estos la anarquía o el discrecionalismo gubernamental son nuestras únicas normas de vida. Lo demuestra con creces el período siguiente de la historia nacional en que el liberalismo encuentra amplia justificación.

 

IV.    LA ORGANIZACION 1912-1924

Con la muerte del Coronel Albino Jara el radicalismo triunfa definitivamente y se hace cargo del poder.

El 9 de agosto de 1912 el Congreso de la Nación declaró electo para la Presidencia Constitucional de la República por el período de 1912 a 1916 a D. Eduardo Schaerer y como Vice Presidente al Dr. Pedro Bobadilla.

Desde este 12º período presidencial la fecha de asunción al mando se fijó el 15 de agosto en vez del 25 de noviembre como hasta entonces se estilaba.

Con el gobierno de Schaerer se inicia la era radical, de organización nacional y también del ejército.

Al Presidente Schaerer le acompañan en el gabinete: Dr. Eusebio Ayala en Relaciones Exteriores, Dr. José P. Montero en Interior, Dr. Gerónimo Zubizarreta en Hacienda, Dr. Félix Paiva en Justicia, Culto e Instrucción Pública, y D. Manuel Gondra en Guerra y Marina, un gabinete de primera línea.

Durante el gobierno del Sr. Schaerer se constató que las fuerzas militares de Bolivia habían sobrepasado la línea del statu quo correspondiente a la misma y fundado puestos militares, llamados fortines, a lo largo del Pilcomayo. Antes de la firma del Tratado Soler-Pinilla firmado el 12 de enero de 1907 y durante el gobierno del Gral. Ferreira habían fundado Guachalla (hoy Pedro Peña) y Ballivian (hoy Mayor Gardel) al O. del Meridiano 62º O. de Greenwich, fuera de la zona del statu quo, pero el mismo año de la firma del mencionado tratado habían fundado clandestinamente Linares (hoy Capitán Solano Escobar) y Magariños (hoy Tte. 1º Cabello) este último ya al Este del Meridiano 61º 30’0 es decir al Este de la línea paraguaya del statu quo y finalmente Esteros en el meridiano 61º O de Greenwich. La fundación de estos últimos fortines era totalmente desconocida para el Paraguay.

El gobierno paraguayo se sentía seguro detrás de la línea del statu quo, ratificado por ambos países reiteradamente en Protocolos Adicionales: Ayala-Mujica el 5 de abril de 1913, Moreno-Mujica el 19 de julio de 1915 durante la presidencia de D. Eduardo Schaerer; y los posteriores de Moreno-Mujica el 21 de noviembre de 1916; Moreno-Mujica el 15 de junio de 1917 y nuevamente Moreno-Mujica el 28 de junio de 1918. El Paraguay confiaba que el gobierno de Bolivia haría honor en el cumplimiento de los compromisos contraídos y se confiaba en la solución pacífica del pleito.

El Sr. Gondra desde el Ministerio de Guerra y Marina inició un programa de institucionalización y organización militar que desde 1904 estaba en el pensamiento de los Jefes liberales, con la integración de cinco Zonas Militares: Iº Concepción, IIº Paraguarí, IIIº Pilar, IVº Encarnación y Vº Asunción.

En 1911 los Capitanes Mario López Decoud, Fidel Ferreira, Aureliano Gómez, Manuel Urbieta y los Tenientes José Félix Estigarribia y Carlos Bogarín habían sido enviados a Chile a las Unidades de formación.

En 1912 fueron enviados a las Unidades de Aplicación de Chile, nuevamente, los Capitanes Miguel Rojas, Gregorio Villamayor, José Julián Sánchez, Francisco Barbosa, Elíseo Salinas, Julián Arias y el Teniente Félix Cabrera.

En 1913 fueron enviados a Alemania el Tte. Coronel Pedro Mendoza y el Mayor Rolando Ibarra quienes volvieron en 1914 al estallar la 1º Guerra Mundial.

Ese año se disolvió la Zona y se crearon dos Comandancias, una en Villa Hayes y otra en Bahía Negra. Se hizo efectivo, por vez primera el Servicio Militar Obligatorio y se terminó con el procedimiento de las levas indiscriminadas que recaían siempre sobre la clase humilde de trabajadores campesinos, obligadamente la primera carne de cañón de las frecuentes revueltas.

En octubre de 1915 el Sr. Gondra fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores y lo reemplazó en la cartera el Coronel Patricio Alejandrino Escobar, quien renunció en diciembre y lo reemplazó el Dr. Ernesto Velázquez.

El 1º de enero de 1914 se produjo un golpe militar instigado y organizado por el Sr. Gomes Freire Esteves en el que intervinieron el Capitán Fidel Ferreira y el Alferez Zorrilla, bajo la dirección del Coronel Manuel J. Duarte, sofocado el mismo día por la tarde luego de una encarnizada lucha en la que por ambas partes hubieron muchas vidas jóvenes perdidas.

El año 1915 fue señero para la organización militar pues se adoptó la Ley Orgánica Militar, una nueva Ley que mejoraba la del Servicio Militar Obligatorio y se fundó la Escuela Militar por Ley Nº 139 del 20 de julio de 1915. Por Decreto Nº 3.628 del 6 de agosto se reglamentó su funcionamiento, y una Ley Nº 152 del 8 de setiembre de ese año dispuso que los oficiales permanentes del Ejército y la Armada debían formarse en ese establecimiento militar.

El 8 de febrero de 1916 fue nombrado Director de la Escuela Militar el Coronel D. Manlio Schenone y por Decreto del P. Ejecutivo Nº 4.505 del 5 de abril de 1916 fueron nombrados los primeros cuarenta cadetes.

Los Directores de la Escuela Militar fueron sucesivamente: Tte. Cnel. Manlio Schenone del 8 de febrero de 1916 hasta el 3 de enero de 1923; el Mayor José Félix Estigarribia del 3 de enero de 1923 al 13 de setiembre de 1924; el Tte. Cnel. D. Manlio Schenone del 13 de setiembre de 1924 al 20 de junio de 1926; Mayor Camilo Recalde del 20 de junio de 1926 al 11 de enero de 1930; Mayor D. Arturo Bray del 11 de enero de 1930 al 20 de junio de 1933 cuando con Oficiales y Cadetes de la Escuela Militar se organizó el R. I. 6 Boquerón.

Durante los años 1922 y 1923 la Escuela Militar debió cerrar sus puertas, mientras duraba la revolución del “chirifismo” y reinició sus cursos en 1924 con más de sesenta alumnos y para 1930-31 llegó a tener 160 cadetes. Hasta 1926, y luego de la revolución, la Escuela Militar formó apenas a 14 Oficiales para el ejército y 4 para la marina.

Durante el gobierno del Sr. Schaerer se creó la Escuela de Radiotelegrafistas del Ejército en el asiento de la IIº Zona en Paraguarí, y el Ministerio de Defensa inició la publicación de una Revista Militar “El Nacional” para informaciones, ilustración y perfeccionamiento de Jefes y Oficiales.

En 1915 la IIº Zona constituida por un Batallón de Infantería de 200 hombres, una batería de artillería de 6 piezas y 6 ametralladoras, quedó bajo el mando del Tte. Coronel Adolfo Chirife y la IIIº Zona de Pilar fue trasladada a Villa Hayes.

En noviembre de 1915 ascendió a General de Brigada el Cnel. Patricio Alejandrino Escobar y a Coroneles los Ttes. Cneles. Adolfo Chirife, Pedro Mendoza, Manlio Schenone, Manuel Rojas, Alfredo Aponte y Crisóstomo Machuca.

Evidentemente el país, o mejor el gobierno, no estaba enterado de la penetración a hurtadillas del ejército boliviano en el territorio nacional al E. del Meridiano 61º 30’0. de Greenwich por lo que no existía ninguna alarma o inquietud. Ni el gobierno, ni civiles, ni militares, ni oficialistas, ni opositores, nadie percibía la penetración solapada de los bolivianos en los deshabitados y lejanos confines del Chaco.

Durante todo este cuadrienio la política opositora se circunscribió al arte de conspirar. Según la crítica intencionada del Dr. Cecilio Báez, en ese entonces enconado opositor, durante el gobierno del Sr. Schaerer de la anarquía se había pasado a la dictadura, lo afirmó en un documento público al enunciar como miembro del Superior Tribunal de Justicia. Baez en ese momento era integrante del opositor Partido Liberal Democrático (Cívico).

El 15 de agosto de 1912 se había iniciado un período de normalización institucional, pero luego de la larga anarquía el período de cuatro años era muy breve para el encausamiento nacional, las cosas fueron cambiando más aceleradamente durante el siguiente período constitucional.

El 15 de agosto de 1916 juraron los nuevos mandatarios, el Dr. D. Manuel Franco, Presidente de la República y el Dr. José P. Montero como Vice Presidente. El Dr. Franco integró su gabinete con el Sr. D. Manuel Gondra como Ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Luis A. Riart como Ministro del Interior, Dr. Eligió Ayala como Ministro de Hacienda, Dr. Félix Paiva como Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, y Dr. Ernesto Velázquez como Ministro de Guerra y Marina. En ausencia del Dr. Eligió Ayala el Dr. Riart interinó el Ministerio de Hacienda.

Tres Ministros, Paiva, Gondra y Velázquez continuaron en sus carteras y los nuevos integrantes eran los Dres. Ayala y Riart, lo que significaba que existía una continuidad en la política gubernativa.

Los radicales eran reacios a entregar el Ministerio de Guerra y Marina a un militar, ya que los ejemplos eran adversos, así el Gral. Ferreira Ministro de Guerra destituyó al Sr. Juan B. Gaona; el Cnel. Albino Jara Ministro de Guerra destituyó al Sr. Gondra y ocupó la Presidencia; Jara designó en dicha cartera al Cnel. Carlos Goiburú y lo reemplazó rápidamente por un civil D. Cipriano Ibáñez, porque, sabía que un militar en la cartera era una bomba de tiempo. No obstante este criterio cambió posteriormente, como ya veremos.

Durante el gobierno del Dr. Franco se inició la construcción de los cuarteles del Escuadrón de Seguridad en un predio de la calle Yegros en Tacumbú (más tarde 24 proyectadas).

En enero de 1917 renunció el Dr. Velázquez a la cartera de Guerra y Marina y fue nombrado el Sr. Emiliano González Navero quien volvió a renunciar en setiembre de 1918 por desacuerdo con la organización que se deseaba imprimir al ejército y lo reemplazó el Cnel. D. Adolfo Chirife. El encumbramiento del Cnel. Chirife produjo un desacuerdo en el ejército, con conato subversivo, de parte de los Jefes y Oficiales formados en la Argentina, Chirife era formado en Chile, y que fue aplacado por mediación del Gral. Patricio A. Escobar.

El 5 de junio del 1919 falleció el Pte. Franco y completó su período el Vice Presidente Dr. José P. Montero y el Cnel. Chirife continuó en la cartera de Guerra y Marina.

El Coronel Chirife desde ese momento tuvo las manos libres para poner en práctica sus ideas sobre organización del ejército.

Se organizaron cinco Zonas Militares: Iº Zona, Concepción; IIº Zona, Paraguarí; IIIº Zona, Villa Hayes; IVº Zona, Encarnación y Vº Zona, Fuerte Olimpo. Teóricamente cada Zona tenía un Comando, un Estado Mayor, y una Brigada con unidades de las tres armas, pero todo esto solo existía en el papel, pues en la realidad cada una de ellas apenas contaba con un Batallón de Infantería y la de Paraguarí con una Batería de Artillería.

Lo inexplicable es que los Jefes del Ejército que ocuparon la cartera de Guerra y Marina no se preocuparon de organizar un Estado Mayor General, salvo el Gral. Ferreira, que estableciera una doctrina de guerra y un programa orgánico para el ejército y la armada. Al parecer cada quien tenía su propia concepción sobre el asunto y deseaba desarrollarla, que es lo que aconteció con el Cnel. Chirife.

En 1919 se fundó en el Chaco sobre el Pilcomayo el fortín “El Dorado”, el primer fortín, más bien como un lugar de confinamiento disciplinario del ejército.

Durante el Ministerio del Cnel. Chirife se fundó el fortín Gral. Bruguez sobre el Pilcomayo a la altura del meridiano 50º 15’0 de Greenwich y el fortín Gral. Delgado también sobre el Pilcomayo a la altura del meridiano 59º 15’0 de Greenwich.

Ante inciertas informaciones sobre la penetración clandestina boliviana en el Chaco, el Cnel. Chirife dispuso en 1921 que los efectivos de las Zonas II y III se trasladaran al interior del Chaco, pero el 24 de mayo de 1922, se inició la rebelión armada encabezada precisamente por el Cnel. Chirife, que enlutó al país por largos meses y lo planeado para la ocupación militar quedó en la nada.

El ejército paraguayo estaba con escaso material bélico, los más modernos fueron los 10.000 fusiles adquiridos en 1905 por la misión del Comandante Duarte, que en su mayor parte fueron deteriorados y muchos perdidos en las continuas luchas armadas. Otras adquiridas para los sucesivos levantamientos armados ocasionaban una falta total de uniformidad en el armamento.

En 1920 se adquirió el edificio situado sobre la Avenida República casi 15 de Agosto, residencia del Ex Presidente Coronel Escurra, para sede del Ministerio de Guerra y Marina.

Luego de 1912, salvo los conatos subversivos mencionados que no tuvieron trascendencia política, el ejército se mantuvo tranquilo y en acatamiento a la autoridad civil, dentro de un programa de reorganización coordinado por el Cnel. Chirife, antes y durante el tiempo que ocupó la cartera de Guerra y Marina.

El 15 de agosto de 1920 asumió la Presidencia Constitucional por el 14º período, el Sr. D. Manuel Gondra quien designó al Coronel Chirife para que continuara en el Ministerio de Guerra y Marina y en el Ministerio del Interior al Dr. José P. Guggiari. El Dr. Guggiari era para entonces el líder de la Juventud Radical, la que en la renovación de autoridades locales del partido que se realizaban ese año iba desplazando a los viejos dirigentes partidarios o a sus seguidores, los que respondían al Sr. Schaerer, este y sus amigos suponían, con fundamentos o sin ellos, que el Ministro del Interior intervenía activamente, para obtener dichos resultados electorales, por lo que el Sr. Schaerer exigió del Presidente Gondra la salida del Dr. Guggiari del Ministerio, a lo que se opuso firmemente el Presidente.

El Sr. Schaerer aliado con el Sr. Usher, Jefe de Policía de la Capital, con unidades de la Guardia Cárcel se levantó en armas el 29 de octubre de 1921 ,y el Sr. Gondra renunció a la Presidencia de la República y también lo hizo el Vice Presidente Dr. Félix Paiva, ambos indeclinablemente.

El Senador Schaerer propuso a la Juventud Radical el nombre del Dr. Eusebio Ayala para interinar la Presidencia Provisional y el 7 de Noviembre el Dr. Ayala se hizo cargo de la Presidencia integrando su gabinete con el Dr. Alejandro Arce como Ministro de Relaciones Exteriores, el Dr. Rogelio Ibarra como Ministro del Interior, Dr. Eligió Ayala como Ministro de Hacienda, Elíseo Da Rosa como Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública; y el Cnel. Manuel Rojas A. en el de Guerra y Marina. El Cnel. Chirife fue designado Comandante de la IIº Zona, en Paraguarí.

En el mes de mayo de 1922 comenzó a agitarse la candidatura presidencial del Dr. Gualberto Cardús Huerta, la que fue muy resistida por la Juventud Radical y un amplio sector del radicalismo.

Schaerer maniobró con su sector y coaligado con el sector colorado de ambas cámaras, hizo sancionar una Ley llamando a elecciones presidenciales de acuerdo con el Art. 72 de la Constitución, la que fue vetada por el Presidente Ayala en consideración a que las circunstancias políticas muy agitadas no la hacían recomendable. Desde ese instante el schaerismo consideró al Presidente su enemigo.

El 27 de mayo los dirigentes del schaerismo, sin la anuencia del Sr. Schaerer, se dirigieron a Paraguarí, IIº Zona Comandada por el Cnel. Chirife, y cuya candidatura Presidencial estaban propiciando, y lo invitaron a levantarse en armas.

El Coronel Chirife, amigo del Sr. Schaerer, y candidato por el sector, se sublevó y lo acompañaron todos los Jefes de las otras Zonas, la Iº al mando del Cnel. D. Francisco Brizuela, la IIIº al mando del Cnel. D. Pedro Mendoza. Se inició así la revolución de 1922. La flor y nata de la oficialidad, inclusive Jefes y Oficiales retirados, acompañaron al Cnel. Chirife, Jefe de indudable gran prestigio.

Unos pocos Jefes y Oficiales se mantuvieron leales al gobierno: los Coroneles D. Manuel Rojas A. Ministro de Guerra y Marina, D. Alfredo Aponte, y D. Crisóstomo Machuca, la Escuela Militar con su Director el Cnel. D. Manlio Schenone y toda la Oficialidad de planta, el Mayor D. Julián Sánchez, los Capitanes, José Félix Estigarribia, Juan B. Ayala, Camilo Recalde, Arturo Bray, Juan Manuel Garay y otros más, y la Marina.

Los revolucionarios se llamaron a sí mismos “Ejército Constitucionalista” porque se levantaron para la defensa de la Constitución que había sido pisoteada por el veto presidencial.

La lucha armada duró del 27 de mayo de 1922 hasta el 10 de junio de 1923, ¡trece meses y medio!

El 7 de abril de 1923 renunció el Presidente Dr. Eusebio Ayala y el Congreso designó en su reemplazo al Dr. Eligió Ayala, su Ministro de Hacienda a quien le tocó dar fin al levantamiento armado. Renunció el 17 de marzo de 1924 para trabajar por su candidatura presidencial para el siguiente período. El Congreso nuevamente designó para reemplazarlo al Dr. Luis Alberto Riart, también Ministro de Hacienda, quien le entregó la presidencia el 15 de agosto de 1924.

El período de 1912 a 1922 fue eminentemente constructivo, durante el cual se adoptaron importantes leyes que paulatinamente iban tejiendo la estructura democrática del país.

El ejército fue organizado según el pensamiento del Cnel. Adolfo Chirife quien también fue el ejecutor.

Fueron promulgadas la Ley Electoral y la del Registro Cívico Permanente, que dieron término al sistema del voto cantado y permitió el acceso de la oposición a los escaños parlamentarios sin necesidad de pactos previos, y sólo por la fuerza del voto.

Se dio participación de todos los sectores políticos a los cargos administrativos y diplomáticos.

Se dio una ordenación administrativa sobre bases funcionales.

Se creó la Oficina de Cambios que más tarde se transformaría en Banco de la República y Banco Central.

En los aspectos culturales, se hizo la reforma de la educación primaria, que le permitió al Paraguay situarse en los mejores puestos en toda la América, detrás de los EE. UU. y Chile; la Escuela Normal de Maestros se transformó en Escuela Normal de Profesores que produjo destacados educacionistas; se dio apertura al Museo y Jardín Botánico; se crearon Escuelas de Artes y Oficios y de Agricultura; se reabrió la Facultad de Medicina que había dejado de funcionar por falta de alumnos, entre otras conquistas más.

En política internacional se sostuvo el principio del statu quo con la firma del Protocolo Ayala-Mujía y sus reiteradas ratificaciones con los Protocolos Moreno-Mujía.

Vayan estas especificaciones solo como muestra de lo mucho que se había hecho en pro de la institucionalización y democratización del país.

Desgraciadamente de nuevo un grupo de políticos superados, que no deseaban perder su predominio en los manejos partidarios y nacionales recurrieron al ejército para el levantamiento militar, que al final solo sirvió para destruir la brillante carrera de la mayoría de los Jefes y Oficiales, el sacrificio de numerosas vidas jóvenes, ensangrentando la patria en 13 meses de lucha, destruyendo todo el esfuerzo realizado durante diez años en la estructuración progresiva de un moderno ejército para la defensa de la soberanía y la integridad de la patria. Felizmente no todo fue destruido, no todo fue reducido a cenizas.

 

V.      LA PREPARACIÓN MILITAR. 1924-1932

El 17 de marzo de 1924 asumió la Presidencia Provisoria de la República el Dr. Luis Alberto Riart por designación del Congreso Nacional.

Terminada la revolución de 1922-23, desaparecidos de los cuadros del ejército los Jefes más connotados, y sobre todo con la muerte del de mayor predicamento el Coronel D. Adolfo Chirife, el radicalismo se vio libre de llevar a la práctica su pensamiento sobre la institucionalidad democrática de las fuerzas armadas nacionales, y aún dentro de la precariedad de medios, debió acelerar al máximo posible sus esfuerzos, frente a los acontecimientos internacionales que Bolivia provocaba en el Chaco.

Durante la presidencia del Dr. Riart se constataron dos hechos muy importantes que afectaban la integridad territorial del Paraguay.

La Argentina promovía nuevamente la cuestión de la determinación del brazo principal del río Pilcomayo, y además que los pobladores de la Colonia Clorinda, aprovechando la revolución del 22 habían realizado una excavación que comunicaba el Pilcomayo con el riacho Negro a unos kilómetros aguas arriba de Puerto Elsa, al que se denominó el “Reventón”, desviando las aguas del Pilcomayo hacia el norte, por el riacho Negro que desemboca frente al Puerto de Asunción, trasladando así la desembocadura del Pilcomayo de frente a Yukyry en el sur de Lambaré.

El primer asunto quedó pendiente y siguiendo las tramitaciones diplomáticas normales del litigio y la segunda con la creación de un destacamento de marina en Puerto Elsa, asegurando nuestra soberanía.

El otro mucho más grave, constituía la penetración profunda del ejército boliviano al Este de la línea del statu quo establecida por el Tratado Soler-Pinilla de 1907 y los sucesivos Protocolos de Ayala-Mujía del 5 de abril de 1913, Moreno-Mujía del 19 de julio de 1915, Moreno-Mujía del 15 de junio de 1917 y Moreno-Mujía, finalmente, del 28 de junio de 1918 que prolongaba la vigencia del statu quo hasta el día de la definición de algunas de las proposiciones de arreglo directo y en caso de que esto no fuera posible establecía que se debía declarar en un protocolo el último plazo dentro del cual tenía que convenirse el arbitraje.

Entre 1904 y 1909 los bolivianos habían fundado sobre el Pilcomayo tres fortines: Villa Montes, Guachalla y Ballivián todos al Oeste del Meridiano 62º O. de Greenwhich, la línea del statu quo correspondiente a Bolivia. Pero los bolivianos mientras firmaban los protocolos adicionales, subrepticiamente desarrollaron un meditado plan de penetración de su ejército y fundaron Linares (hoy Cap. Solano Escobar) a la altura del Meridiano 61º 45’ O. de Greenwhich, y entre 1907 y 1913 Magariños sobre el Meridiano 61° 25’ O. de Greenwhich y Esteros ya sobre el Meridiano 61° O. de Greenwhich justamente donde se inicia el Estero Patiño, de allí su nombre, al parecer abandonado en un primer intento y refundado en 1923.

El primero en dar estas informaciones ciertas fue D. Manuel Gondra, en 1924, Plenipotenciario en Buenos Aires, obtenidas por vinculaciones a fuentes argentinas y luego confirmadas por comisionados paraguayos enviados a través del territorio argentino de Formosa los que recogieron noticias de posibles otros fortines más al norte y en el interior del Chaco.

Era la confirmación de las intenciones de Bolivia de realizar una profunda penetración militar en el Chaco cubriéndolas con las reiteradas firmas de los protocolos confirmando el statu quo, que mantenía al gobierno paraguayo tranquilo respecto al litigio del Chaco.

El gobierno provisorio se convenció de que Bolivia tenía el propósito de crear una situación de penetración profunda y una situación de hecho, para posteriores negociaciones o la provocación de la Guerra.

En aquellos momentos el ejército nacional estaba desquiciado por la revolución reciente, obsoleto en materia de organización, armamentos y en su cuadro de oficiales, que ponía al Paraguay en situación de presa fácil.

El Presidente, preocupado por esta situación, se dispuso a hechar las bases, al menos teóricas de la organización militar para la defensa y en reunión del Consejo de Ministros realizados el 9 de abril y el 14 de julio, en las que se recogieron las opiniones de los integrantes del gabinete, y luego de reuniones con los más destacados Jefes Militares realizadas el 30 de junio y el 4 de agosto, se sentaron las bases para la organización, adquisición de armas y equipos con los que se pudiera enfrentar la situación.

Con estos elementos de juicio, antes de la transmisión del mando presidencial, el Presidente mantuvo una larga conversación con el candidato electo el Dr. Eligió Ayala a quien le proporcionó toda la información recogida, la impresión sobre las evidentes intenciones bolivianas, y de que sería inevitable más tarde o más temprano un conflicto armado salvo que el Paraguay se preparara, por aquello de que: si vis pacem, para bellum.

El Dr. Eligió Ayala estuvo plenamente de acuerdo con esta posición y en la necesidad de no alarmar a la población al respecto, y en acelerar, en lo posible la organización, el rearme y el equipamiento del ejército nacional, proceder a la ocupación militar paulatina y sistemática del Chaco y a la adquisición del material de guerra, dentro de la más absoluta reserva para no inquietar al adversario.

El 15 de agosto de 1924 se hizo cargo de la Presidencia Constitucional de la República el Dr. Eligió Ayala y nombró al Dr. Luis A. Riart como Ministro de Guerra y Marina.

Durante el gobierno del Dr. Ayala se desarrolló un programa racional y estrictamente confidencial de defensa dentro de las posibilidades económicas y financieras, humanas y técnicas del país.

Por un lado se estructuró el plan económico-financiero a fin de recuperar el crédito internacional que había llegado a un punto crítico negativo para el Paraguay, lo que indicaba la necesidad de una extrema austeridad en el presupuesto a fin de acumular fondos para la adquisición de armas y equipos militares, los que también más tarde sirvieron para financiar parte de los gastos de guerra, al mismo tiempo un programa de reactivación económica, todo bajo normas de absoluta honestidad de gobernantes y funcionarios de la administración pública.

En 1924 la población del Paraguay era de 828.968 habitantes y Asunción contaba con 103.750 habitantes. Era una aldea.

 

 

 

En 1930 llegó al Paraguay la crisis universal consecutiva a la primera guerra mundial.

Con la suma global ahorrada se compraron armas por valor de 211.325.843,00 $ c.l.

Por otra parte, se formuló un programa de reorganización del ejército y la armada, y más adelante de ocupación militar paulatina del Chaco, para asegurar el dominio del río y de su hiterland inmediato.

 

La Organización del Ejército

Llegó el momento en que el radicalismo podía poner en práctica su pensamiento sobre el papel que el ejército debía desempeñar en una democracia: la defensa de la integridad y el honor de la nación, su sometimiento al gobierno civil, su preparación eficiente para que pudiera cumplir con ese papel y su apartamiento de la política partidaria.

El estado de las fuerzas armadas a mediados de 1924 era realmente desastroso, contaba con los siguientes recursos humanos y armas: 1301 Jefes y Oficiales, de ellos 85 de guerra; 2.381 individuos de tropa, para todas las armas incluida la armada; 4.101 fusiles de los cuales 3.845 eran aceptablemente útiles; , 26 ametralladoras de todos los tipos, solo 18 en condiciones; 15 cañones de marina, de diversos calibres, todos caídos en desuso; 17 cañones para el ejército todos ellos inservibles salvo 4; 7 ametralladoras pasadas de marina de 37 mm., llamados pum-pum; y tres pequeños buques artillados.

La organización castrense incluía: Un Inspector General del Ejército; tres Zonas Militares, Concepción, Paraguarí y Encarnación. No se contaba con un Estado Mayor General. Esta era la organización impuesta por el Cnel. D. Adolfo Chirife.

Los Reglamentos Militares eran arcaicos para la época, tomados de los chilenos, de antes de la primera guerra mundial, como si ese gran cataclismo no hubiese desencadenado fundamentales cambios en la táctica y en la logística. El Reglamento de Ejercicios para la Infantería había sido editado en 1909. En el mismo la marcha al combate, la dirección del fuego, y los movimientos de las unidades en el campo de batalla se hacían por toques de corneta, y los ataques en líneas de tiradores densas. De esta época era también el Reglamento de Servicio en Campaña para el Ejército, y algo más moderna la Guía para la Instrucción de la Táctica para las Reales Escuela Militares de Prusia, traducida al castellano y tardíamente y mandada editar por el Ministerio de Guerra y Marina en los Talleres Gráficos del Estado en 1917, para el uso de nuestro ejército. Todos estos textos manifestaban la influencia y la formación prusiana de los Jefes de nuestro ejército en dicha época.

Por otra parte, salvo tres o cuatro, los oficiales de nuestras fuerzas armadas desconocían absolutamente el Chaco, territorio que era para los Jefes un gran enigma; y los que lo conocían no habían llegado más allá de las 20 o 30 leguas del río Paraguay.

Luego de la revolución del 1922-.23 existían tres Batallones de Infantería: 1er. Batallón en Asunción; 2º Batallón en Encarnación y 3er. Batallón en Concepción; 1 Batería de Artillería en Cangó; 1 Escuadrón de Caballería en Paraguarí y otro en Cerro Torín; y 1 Compañía de Ametralladoras en Asunción.

Por decreto del 16 de octubre de 1924 se organizaron las unidades militares en Regimientos, y el 17 también por Decreto, se reglamentó su organización de la siguiente manera:

Primer Regimiento: Comandante, Tte. Coronel José Julián Sánchez, con asiento en Concepción y Bahía Negra. En Concepción un Batallón con dos Compañías, de 122 hombres cada una; una Batería de Artillería con 45 hombres; y un Pelotón de Comunicaciones con 60 hombres; un Escuadrón de Caballería de 105 hombres, en San Estanislao. En Bahía Negra un Batallón de dos Compañías de 122 hombres cada una, y una Compañía de Ametralladoras con 50 hombres.

Segundo Regimiento: Comandante, Mayor D. Julián Arias, con asiento en Asunción y Villa Hayes. En Asunción: 1 Batallón con dos Compañías de 122 hombres cada una, y un Pelotón de Comunicaciones de 60 hombres. En Villa Hayes: Un Batallón de 2 Compañías de 122 hombres cada una.

Tercer Regimiento: Comandante, Mayor Elíseo Céspedes con asiento en Encarnación y Misiones. En Encarnación: 1 Batallón de 2 Compañías de 122 hombres cada una; un Pelotón de Comunicaciones de 60 hombres. En San Ignacio: un Batallón de 2 Compañías de 122 hombres cada una. En Cangó: Una Batería de Artillería con 45 hombres.

 

 

Agregando a estas cifras los hombres de los servicios: Sanidad, Intendencia, funciones administrativas y la Marina, se completaría probablemente 2.500 hombres en total.

Para 1927, antes de la movilización general de 1928 por lo tanto, el ejército paraguayo tenía la siguiente estructura:

 

Estado Mayor General

3 Regimientos de Infantería: en Bahía Negra, Concepción y Sector Casado.

1 Regimiento de Caballería en Paraguarí.

2 Escuadrones de Caballería, independientes: en Bahía Negra y en San Joaquín.

1 Batería de Artillería en Cangó.

1 Grupo de Artillería en formación en Tacumbú.

1 Compañía de Parque de Guerra.

1 Compañía de Intendencia.

1 Compañía de Sanidad.

Tres Avisos de Guerra.

1 Cuerpo de Marina equivalente a una Compañía.

Escuela Militar.

Escuela de Aviación Militar.

Escuela de Enfermeros Camilleros.

Escuela de Mecánicos de la Armada.

Arsenales de Guerra y Marina.

Luego de la desastrosa movilización de 1927-28, fruto de la inexperiencia de nuestros Jefes Militares en esta empresa de gran envergadura y la actuación de un Estado Mayor ineficiente, fueron creándose nuevas unidades militares a medida que iban llegando armas y equipos militares adquiridos en Europa.

La estructura del Ejército fue la siguiente:

Inspector General del Ejército: General Manuel Rojas A.

Jefe de Estado Mayor General: Tte. Cnel. José Félix Estigarribia.

Comandante del Grupo Norte: Tte. Cnel. José Julián Sánchez.

Regimiento de Infantería Nº 1 “2 de Mayo” en Concepción- Nanawa: Mayor Juan B. Ayala.

Regimiento Nº 2 “Ytororó”, en el Sector Casado, Comandante: Mayor Eduardo Torreani Viera.

Regimiento de Infantería Nº 4 “Curupayty”, en Puerto Casado, Comandante: Mayor Gaudioso Núñez.

Regimiento Nº 5 “General Díaz”, en Bahía Negra, Comandante: Mayor Carlos R. Fernández.

Regimiento de Caballería Nº 1 “Valois Rivarola” en Paraguarí, Comandante: Mayor Luis Irrazábal.

Grupo de Artillería Nº 1 “Gral. Bruguez” en Asunción, Comandante: Mayor José L. Vera.

Escuela Militar en Asunción, Director: Mayor Arturo Bray.

Escuela de Aviación Militar, en Ñú Guazú, Director: Mayor Rafael Franco.

Director de la Armada, en Asunción, Comandante: Tte. 1º de Marina Manuel T. Aponte.

Director General de Intendencia Militar: Mayor Fructuoso Valdez.

Para 1931 se organizó la 1º División de Infantería en el Sector Casado con los Regimientos de Infantería Nº 2 y 4 y el Regimiento de Caballería Nº 2 “Cnel. Toledo”, de reciente formación; el Grupo de Artillería Nº 2 “Gral. Roa”, también de reciente formación; y unidades de Sanidad, Intendencia y Transporte.

 

Inteligencia Militar

Esta unidad comenzó a actuar en 1924, pero efectivamente fue organizada en 1926, dependiente directamente del Ministerio de Guerra y Marina. Pasó a depender del Estado Mayor General cuando este fue organizado, constituyendo el S. 2.

Se obtuvieron datos muy correctos sobre la organización militar boliviana, su fuerza, su armamento, distribución de efectivos, medios de comunicación, inclusive los delineamientos generales del plan ofensivo elaborado por el General Kundt.

Se contaba con numerosos informantes distribuidos a lo largo del Pilcomayo, en las provincias argentinas de Formosa, Salta y Jujui, y en el Norte en Corumbá.

Dos misiones son dignas de mencionarlas, la cumplida por el Capitán Arturo Bray en abril de 1924 y la del Tte. Cnel. Eugenio A. Garay en mayo de 1927.

El Capitán Bray recibió la misión secreta de penetrar en territorio boliviano con documentación falsa, con el nombre de Mr. Artur Brayton, ciudadano inglés afincado en la Argentina y traficante de ganado, a fin de informarse del estado de las comunicaciones, las posibles concentraciones de tropas, el estado espiritual del pueblo boliviano, y sobre todo del peligro de un ataque inmediato.

Bray desde Tartagal penetró en territorio boliviano por Yacuiba, siguió a Villa Montes, de allí a Charagua, siguió a Santa Cruz a lomo de caballo, y de Santa Cruz se dirigió a Puerto Suárez siempre a lomo de caballo, para de allí volver a Asunción desde Corumbá. Su informe fue completo y tranquilizador.

El Tte. Cnel. Eugenio Garay luego del incidente en el que murió el Tte. Rojas Silva ante informes de que Bolivia preparaba una acción militar en el sector de Puerto Suárez, Bahía Negra y de que se realizaban fuertes concentraciones de tropa en dicho sector, recibió la misión reservada de investigar la veracidad de dichas informaciones. El Tte. Cnel. Garay se trasladó a Corumbá, y a su vuelta rindió un informe completo, que hicieron temer un enfrentamiento en ese sector. Con su Informe las unidades de ese sector fueron reforzadas y designado el Mayor Pablo Sanabria como Comandante Militar de Bahía Negra con instrucciones precisas. Recordemos que en agosto de ese año fue apresado el Jefe de Estado Mayor de la 4º División boliviana con otros oficiales muy cerca del fortín Galpón.

El Servicio de Inteligencia Militar desde su fundación fue muy efectivo y progresivamente fue mejorando su funcionamiento.

 

La Administración Militar

La Ley del 31 de diciembre de 1904 que creaba el Estado Mayor y organizaba el mando de las Fuerzas Armadas, creaba también el Departamento de Administración Militar que dependía directamente del Ministerio de Guerra y Marina y le asignaba tres Secciones: Contabilidad, Sección Vestuario y Sección Alimentación. Esta estructura continuó hasta comienzos de la guerra del Chaco, que creó inicialmente un conflicto de jurisdicción ya que en la estructura del Estado Mayor General la S. 4 correspondía al Cuartel Maestre y Servicios.

La Intendencia de Guerra funcionaba en el edificio que anteriormente fuera la fábrica de tejidos de algodón de Dell’Acqua y Cía. adquirido por el gobierno y adaptado a las necesidades de la Intendencia. Poco a poco fue dotado de maquinarias e implementos de taller para la fabricación de vestuarios y equipos para el ejército. El edificio es el mismo que actualmente ocupa, pero ahora muy ampliado y mejorado.

Durante la guerra gran parte de los equipos, vestuarios, zapatones, mosquiteros, talabarteros, sombrero y gorras y otros equipos eran fabricados por operarios, hombres y mujeres, que trabajaban en sus casas. Los alimentos eran proporcionados por la Junta de Aprovisionamiento. Era la Intendencia la que distribuía a las unidades. Antes de la Guerra, como no tenía medios de transporte propio, lo hacía por empresas que cumplían este servicio en la Capital y en el interior del país.

La Misión Militar Francesa tenía entre sus miembros un especialista en Administración Militar y en 1927, bajo su influencia, se abrieron cursos para Oficiales de Administración, en los que se formaron los primeros Oficiales de Intendencia y a los que concurrieron jóvenes recibidos en la Escuela Nacional de Comercio que daba excelentes profesionales.

 

La Sanidad Militar

Después de 1870 la Sanidad Militar fue recreada en 1905 bajo el gobierno de D. Juan B. Gaona y siendo Ministro de Guerra y Marina el Gral. Ferreira. Hasta 1908 la medicina militar fue absolutamente incipiente, diríamos que prácticamente nula. En esa época renunció el Director de la Sanidad Militar el Dr. Eduardo López Moreira y se hizo cargo el Dr. Cayetano Masi, médico recién egresado de la Facultad de Medicina de Buenos Aires y especializado en medicina militar.

En 1912 fueron enviados a Francia los Dres. José Marcos Ríos y Víctor Idoyaga a especializarse en medicina militar, quienes realizaron sus prácticas en el Hospital “Val de Grace” y sirvieron en la Sanidad Militar Francesa durante la primera guerra mundial. Estos médicos se reintegraron al país en 1918.

Hasta 1923 la Sanidad Militar siguió sin grandes variantes. El Dr. Masi renunció en 1923 y fue designado el Dr. Idoyaga como Director, fue él quien redactó el Reglamento para la Sanidad Militar del Ejército y la Armada adaptando a nuestro medio los reglamentos franceses, dio ordenación a tan importante servicio, e hizo aprobar el Reglamento de Exámenes Físicos de Conscriptos y Aviadores.

A partir de allí se introdujeron importantes adelantos en los servicios de Sanidad Militar. En 1924 se creó la Escuela de Enfermeros Camilleros en el Hospital Militar, que se inició con 20 alumnos.

Hasta 1926 no existían establecimientos asistenciales del ejército fuera del Hospital Militar y las unidades no contaban con médicos ni enfermeros.

En 1927 por Decreto del Poder Ejecutivo se dio nueva estructura a la Sanidad Militar del Ejército y la Marina, y con la ayuda de 1a Misión Militar Francesa se racionalizó el régimen de alimentación del soldado.

Es en esta época que la medicina en el Paraguay adquirió un gran impulso con la contratación de eminentes profesores europeos como docentes en la facultad de medicina. Con ellos se formaron numerosos profesionales paraguayos que luego dieron lustre a esta ciencia en nuestro país, como Carlos Gatti, Manuel Riveros, Juan Boggino, Ramón Jiménez Gaona, Manuel Giagni, Juan Manuel Morales y otros muchos.

En 1932 habían en el país 180 médicos, nacionales y extranjeros, ancianos y recién recibidos. En 1924 muchísimo menos.

 

Arsenales de Guerra y Marina

En 1917 se creó la Dirección del Material de Guerra y dentro de ella una Sección denominada Arsenales de Guerra y Marina que funcionó precariamente en el cobertizo del Arsenal Cué, de la época de López, donde hoy funciona la Imprenta Oficial y Talleres de Valores Oficiales.

En 1918 como consecuencia de la emigración germánica, llegaron al país los ingenieros Krauss y Neumann, este último ingeniero naval quien fue designado Jefe del Arsenal, que pasó a depender del Departamento de Marina. Ese año el Tte. de Marina José Bozzano fue enviado a los EE. UU. de América en misión de estudio y volvió en 1924 con el título de Ingeniero Naval y Aeronáutico. A su vuelta fue designado Director de los Arsenales y ese año se abrió la Escuela Naval de Mecánicos que funcionaba en el Arsenal.

En 1926 el Ministro de Guerra y Marina encomendó al Tte. Bozzano que buscara un sitio apropiado, y los Arsenales de Guerra y Marina fueron trasladados a su emplazamiento en la Avenida, ahora Carlos Antonio López y Playa donde anteriormente funcionaban los astilleros de Bazo y luego de Schoeling. Luego de este traslado los Arsenales pasaron a depender directamente del Ministerio de Guerra y Marina.

 

Construcciones Militares

En abril de 1925 en medio de la angustia presupuestaria, se creó el Departamento de Trabajos Técnicos encargado de construir pabellones en los cuarteles, ampliaciones, reparaciones, provisión de agua, corriente eléctrica y otras cosas más.

Prácticamente de 1925 a 1927 se hicieron reparaciones en todos los cuarteles, dependencias y oficinas del ejército y la armada, numerosas construcciones nuevas, y se dotaron de agua y luz eléctrica a todas las unidades. La lista de lo que se hizo es impresionante para tan corto lapso.

El Ministerio de Guerra y Marina, desde 1925 encargaba especialmente a los Comandantes de unidades en el Chaco, en sus instrucciones, la construcción de pabellones y comodidades para la tropa, con los materiales de la región. Con frecuencia, sin embargo, faltó ingenio y voluntad a los Comandantes de fortines y unidades. En la época el transporte de materiales de construcción desde la región oriental era costosísima y los recursos precarios.

 

 

 

En julio de 1925 fue aprobado el Plan presentado por el General Schenone que consistía en la formación de cuatro Grupos de Ejércitos, constituidos, cada uno de ellos, por cuatro Regimientos de 1.455 hombres, con 425 jinetes de caballería, 24 cañones de montaña de 75 mm, 8 obuses de 105 mm, y 8 lanza minas, con 5.820 hombres de infantería, 425 jinetes, más artillería y servicios, por cada grupo.

Fuera de este programa en los años 1924 y 1925 se hicieron algunas adquisiciones de urgencia.

El 22 de julio de 1924 se concretó con la fábrica Vickers de Londres la compra de municiones de artillería y repuestos para cañones y ametralladoras de 37 mm de esa marca por valor de 13.142 libras equivalente a 65.700 dólares (1 £ = 5 USA).

En setiembre de 1925 se contrató con los Arsenales Argentinos la fabricación de 3.500.000 proyectiles para fusil calibre 7,65 mm por 297.077,38 pesos m./arg. (1 $ m./arg. = 18,75 $c. 1.).

El proyecto final del Plan Schenone era el siguiente:

Armas: Fusiles 13.853; Carabinas 7.600; Ametralladoras pesada 12,8 (8 por Regimiento); Cañones de 75mm, 96 (24 por grupo); Obuses de 105, 32 (8 por grupo); 20.552 yataganes; 1.700 lanzas de caballería (425 por grupo); 1.227 pistolas, para Oficiales; 124 telémetros, (31 por grupo); 12 estaciones radio- eléctricas; 16 estaciones alámbricas; 32 estaciones telefónicas; 8 aviones de caza; 4 aviones de exploración; 4 aviones de bombardeo.

Equipos: elementos de zapa, carros para municiones, carros para víveres, cocinas de campaña, y otros.

El importe total calculado para estas adquisiciones era de: 7.500.000 $ o/s., equivalente a 319.575.000 $ c/1. El Presupuesto Nacional para 1924 era como hemos visto de 235.044.166,38 $ c. 1,, y el Presupuesto del Ministerio de Guerra era de 45.1863.376 $c. 1.

Nuestro Presupuesto Nacional de 1924 era inferior al costo calculado de los armamentos a comprar, que era 7 veces más del Presupuesto del Ministerio de Guerra y Marina. El Paraguay era un país pobre y nadie estaba dispuesto a prestarle un centavo para comprar armas ante la problemática de una posible guerra internacional, que la banca internacional, influenciada por los magnates mineros bolivianos, estaba convencida que en ella el Paraguay nada tenía que hacer.

Se consideró urgente adquirir el material de guerra que en el plan Schenone se llamaba “necesario para una primera movilización” que era el siguiente: 3.463 fusiles; 1900 carabinas; 32 ametralladoras pesadas; 176 ametralladoras livianas; 24 cañones de montaña de 75 mm; 8 obuses de 105 mm; 8 lanza minas livianas; 5.138 yataganes; 400 lanzas de caballería; 400 sables de caballería y 75 telémetros. Municiones: 10.000.000 cartuchos de fusil; 2.000.000 de fogueo; 3.000 shrapnels; 5.800 granadas de 75 mm; 1.200 granadas fumígenas; 2.000 granadas de obuses.

Equipos: 12 estaciones radiotelegráficas; 8 estaciones alámbricas; 16 estaciones telefónicas; 4 aviones de exploración; 8 aviones de caza; 4 aviones de bombardeo; elementos de campaña, carros, cocinas y otros.

El valor de estas compras alcanzaba a 2.000.000 $ o/s., equivalente a 89.063.128 $ c. 1., es decir cuatro veces más el presupuesto del Ministerio de Guerra.

El 14 de agosto de 1925 por resolución reservada del Ministerio de Guerra y Marina se encomendó al Ministro paraguayo en Washington, Dr. Eusebio Ayala la adquisición del material de guerra y el   18 de ese mes,      también por resolución reservada se lo designó representante especial para esa gestión y se le expidió las instrucciones del caso.

El 16 de octubre se remitió al Dr. Ayala la suma de 96.614.11,8 libras, (es decir noventa y seis mil seiscientos catorce libras, once chelines y ocho peniques) para el pago a la casa Barrig Brothers Co. de Londres, en cumplimiento de contratos suscriptos conforme a los Decretos reservados Nº 21.211 y 21.648.

El 16 de enero de 1926 el representante paraguayo comunicó que se había firmado contrato con la Masón Scheiber de Manchester, para compra de piezas de brin para uniformes sobre la base de entrega de 200 piezas para abril, 800 para mayo y 1.200 para julio, siendo imposible obtener entregas más temprano.

El 20 de enero se remitió al Ministro de Guerra de la República Argentina la suma de 54.030,42 pesos o/s. para el pago de 1.500.000 cartuchos para fusil Mauser, fabricados en los Arsenales de dicho país.

En marzo de 1926 el Dr. Ayala firmó contrato con el gobierno español para la fabricación de 8.463 fusiles calibre 7,65 mm y 1.900 carabinas, en la fábrica de Armas de Oviedo por valor de 300.756.00 U$A. Este contrato se firmó con el gobierno español en vista de que las fábricas europeas estaban abarrotadas de grandes pedidos de otros estados, que los hacían por grandes volúmenes, y por tal razón les daban preferencia, por lo que el nuestro quedaría postergado a largo plazo, lo que no era compatible con nuestra urgencia.

El 15 de abril se ordenó el pago de otra partida de 2.000.000 de cartuchos contratados con los Arsenales Argentinos por valor de 73.108 $ o/s., equivalente a 166.152,69 $ m/arg. o 3.115.136,81 $ c. 1. y se completaba así el pago de 3.500.000 proyectiles encargados.

El 18 de agosto el Dr. Venancio B. Galeano suscribió con la Sociedad Danskre Kyhiffel Syndicat de Copenhague contrato para la fabricación de 170 fusiles ametralladoras Madsen por valor de 238.875 USA y repuestos por 1.525 U$A.

En la necesidad de apurar la adquisición de armas y equipos, el gobierno decidió, el 22 de setiembre, enviar al Gral. de Brig. D. Manlio Schenone a Europa a seguir las gestiones.

El Gral. Schenone era   Ingeniero Militar.

En 1927 el Gral. Schenone suscribió los siguientes contratos:

El 25 de febrero con la Fábrica Nacional de Armas de Guerra Herstal de Lieja por 304 pistolas Browning y 25.000 cartuchos para las mismas por valor de 752,16,8 libras, equivalentes a USA 3.655,60.

En la misma fecha con la Maison Laúdense de Bruselas por 500 sables de caballería (!!!) por 612,03,07 libras.

Era evidente que nuestros grandes jefes militares, o por lo menos el Gral. Schenone, creían que en el Chaco la caballería combatiría con lanzas y sables.

El mismo 25 de febrero con la N. V. Nederlanchen Instrument Compagnie de La Haya por 56 telémetros y 11 reglas de rectificación y accesorios C./I./F. Buenos Aires a ser entregados en 10 meses, por 5.949,02,03 libras equivalentes a U$A 28.653.

En la misma fecha con la Colt’s Patente Fire Arms U.F.C. de Connecticut, Hartford, EE. UU., por 32 ametralladoras Colt con sus accesorios completos por 7.295,07,08 libras equivalente a USA 35.386.

El 21 de marzo se nombró al Capitán Arturo Bray como Secretario de la Inspección General del Ejército y fue enviado a Europa para colaborar con el Gral. Schenone. El Capitán Bray dominaba los idiomas inglés y francés.

Ese mismo día se autorizó la compra de dos barcos de guerra, a fin de mantener el dominio del río Paraguay, pues había información de que el gobierno de Bolivia deseaba adquirir barcos de guerra.

Por resolución ministerial de esa misma fecha se comunicó al Encargado de Negocios en Londres Dr. Venancio B. Galeano la misión de adquirir esas dos unidades con la intervención del Tte. de Marina Ingeniero José Bozzano, Director de los Arsenales de Guerra y Marina, a quien por otro Decreto se le fijaba pasaje y viático y se le impartía Instrucciones Especiales Reservadas.

El 22 de mayo se firmó contrato con la Hertal de Lieja para la entrega en 50 días de 2.500.000 cartuchos de Mauser en cargadores y 2.500.000 sin cargadores por 31.992,05,06 libras equivalente a 155.000 U$A, en el contrato se especificó el uso de pólvora Coulille (Belga), esta pólvora que no tenía estabilizante, fue la causante de las explosiones de algunos de los fusiles españoles llamados “mata paraguayos” y no los defectos que tenían dichos fusiles, como fue demostrado por pruebas realizadas en los Arsenales de Guerra y Marina. Los proyectiles con pólvora Coulille se compraron porque no fue posible adquirir pólvora de la Bofors de .Suecia porque esta tenía un gran pedido de proyectiles para Turquía.

El 25 de abril se autorizó la contratación de cañones en Francia con la casa Schneider hasta la suma de U$A 734,800, y el 20 de ese mismo mes se firmó contrato, de 24 cañones de montana de calibre 75 mm y 8 obuses de calibre 105 mm, más proyectiles por la suma de 435.862,,01,04 libras equivalentes a U$A 659.780, con plazo de entrega de dos años.

El 5 de julio se firmó contrato con la Casa Svenka Metallverken (Vasteras) de Suecia para entregar en tres meses 1.000.000 de proyectiles de fogueo por 4.493,07,08 libras equivalente a U$A 24.000.

 

 

Se habían adquirido 2 Cañoneras.

Para febrero de 1929 se compraron además 22 fusiles ametralladoras, 5.000.000 proyectiles de fusil, 16 motores para avión, 300 sables, 7 estaciones telegráficas, 5 ametralladoras fotográficas, 25 paracaídas, y diversos equipos como monturas, mantas, brin kaki, azul y blanco, lienzos, toallas, carpas, catres de campaña, cantimploras, atalajes para ametralladoras y telémetros.

A comienzos del año 1929 se formó una Comisión Pro Fusil que llegó a recolectar 5.726.823,93 $ c. 1.

El gobierno con esa ayuda hizo las siguientes adquisiciones: 7.000 fusiles de caño corto (mosquetones) con sus accesorios; 200 fusiles ametralladoras Madsen con tripode; y 10.000.000 de cartuchos por un valor de 730.000 U$A. equivalente a 32.682.100   $ c. 1. Tan sólo los fusiles costaron 8.696.975,40 $ c. 1. El Estado tuvo que aportar 26.955.276,07 $ c.l.

Es en 1927 que comienzan a fluir hacia nuestros arsenales constantemente las armas adquiridas en Europa y EE.UU. y para mediados de 1932 prácticamente se habían cumplido con todas las adquisiciones.

 

 

Terminada la revolución chirifista la Escuela Militar reanudó los cursos con 60 alumnos, y para 1930 llegó a tener 160 cadetes. Hasta 1932 con la 17º promoción había formado 289 oficiales para el ejército. Los primeros egresados en el curso de marina lo fueron en febrero de 1926 y para octubre de 1932 en la 10º promoción se habían recibido 65 guardiamarinas.

¿Cuáles eran las exigencias mínimas para el ejército proyectado por el Gral. Schenone?

Generales de Brigada 4, Coroneles 16, Tte. Coroneles 16, Mayores 48, Capitanes 208, Tenientes lºs. 392, y Tenientes 2ºs. 280; para la Sanidad 16 Cirujanos de Brigada, 16 Cirujanos de 1º, 24 Cirujanos de 2º, 24 Cirujanos de 3º, 24 Farmaceúticos de 3º; en la Administración 16 Sub Intendentes de 2º, 32. Oficiales de Administración de 1º, 64 Oficiales de Administración de 2º y 64 Oficiales de Administración de 3º; Armeros: 4 Armeros de 1$, 12 Armeros de 2º, 32 Telegrafistas.

Tropas: Soldados 16.748, Choferes, Carreros, Camilleros, 2.082, Sargentos Enfermeros de 1º: 224, Sargentos 1º de Tropa: 200, Vice Sargento 1º Tropa: 200, Sargento 2º: 600, Cabos Primero de Tropa: 1.000 y Cabos 2º: 1.000. Como podemos ver estábamos muy lejos de poder satisfacer estas cifras en Jefes y Oficiales.

Como la formación de Oficiales frente a las necesidades era insuficiente, el Poder Ejecutivo, a inspiración del Gral. Patricio A. Escobar, en noviembre de 1924 por Decreto Nº 19.583 creó la Escuela de Oficiales de Reserva donde recibirían instrucción militar durante tres años al final de los cuales se les otorgaría el grado de Teniente 2º de Reserva en las distintas armas.

La primera convocatoria se hizo a fines de 1924 para 200 aspirantes, sólo se presentaron 26 y la escuela no pudo funcionar. El fracaso se debió a que la juventud no veía la necesidad de su preparación militar, la reciente guerra civil los hacía reacios y además porque los militares de carrera lo veían con muy malos ojos.

A raíz del incidente militar del fortín Sorpresa y la muerte del Teniente Rojas Silva en febrero de 1927, los alumnos de la universidad y Colegio Nacional de la Capital comprendieron la necesidad de formarse militarmente frente al peligro boliviano, que antes no percibían, y solicitaron del Director de la Escuela Militar, Mayor Camilo Recalde, la reapertura de la Escuela de Oficiales de Reserva, que fue satisfactoriamente acogida por el Gobierno Nacional, el cual dio ejecución del Decreto 19.588 de noviembre de 1924.

En su 1º inscripción fueron aceptados por Decreto Nº 28.982 del 19 de enero de 1928, 146 aspirantes; en la 2º por Decreto Nº 30.659 del 10 de julio de 1928, 105 aspirantes; en la 3º por Decreto 31.291 del 14 de setiembre de 1928, otros 30 aspirantes; en la 4º por Decreto Nº 31.877 del 30 de noviembre de 1928, otros 16; y en la 5º por Decreto Nº 33.173 del 30 de abril de 1929, 39 aspirantes; se alistaron en total 336 aspirantes de los cuales recibieron sus despachos de Tenientes 2º de Reserva 136 estudiantes.

La Escuela de Oficiales de Reserva dejó de funcionar un largo tiempo, hasta que iniciadas las hostilidades en el Chaco a fines de julio de 1932 se la reabrió, bajo la dirección del Mayor Higinio Morínigo M. Egresaron de la primera promoción, en realidad la 6º, el 30 de noviembre de 1932 152 aspirantes, y el 31 de diciembre siguiente una nueva promoción de 135 aspirantes. En total en el curso de la guerra fueron 11 promociones y recibieron el grado de Teniente 2º de Reserva 1.200 aspirantes, la última fue el 19 de noviembre de 1934, ya en el Chaco.

La Escuela de Oficiales de Reserva se transformó en el Centro de Instrucción Militar para Estudiantes y Formación de Oficiales de Reserva (C.I.M.E.F.O.R.).

En 1924 ante la necesidad de imprimir una pronta evolución a nuestro ejército e implantar una unidad de doctrina, el Ministerio de Guerra y Marina seleccionó al Oficial, a su parecer el más capacitado para adquirir conocimientos en el extranjero, y designó al Mayor José Félix Estigarribia, en noviembre de 1924, para seguir estudios de perfeccionamiento en las fuerzas armadas de Francia. El Mayor Estigarribia se fue munido de un extenso pliego de instrucciones. Se le encomendó seguir un curso corto de perfeccionamiento en Escuelas Especiales de Aplicación. Posteriormente el Ministerio cambió de opinión, y habiendo mejorado la situación económico-financiera del país, los informes recibidos sobre Estigarribia y la influencia de la Misión Militar Francesa, le autorizó a seguir estudios en la Escuela Superior de Guerra de Francia, en la que ingresó el 3 de noviembre de 1925 y por Decreto 25.091 del 2 de octubre se prolongó su estadía en Francia hasta el 30 de setiembre de 1927. Estigarribia recibió su Brevet de Oficial de Estado Mayor el 5 de agosto de 1927 y regresó al país en setiembre de ese año.

En julio de 1925 el Tte. de Marina D. Manuel T. Aponte fue enviado a la República Argentina para estudios de perfeccionamiento en su Armada. Fue incorporado en la Escuela Naval de Pilotos para luego pasar a la Escuela Naval Militar.

En febrero de 1926 fueron enviados a Europa los Mayores Juan B. Ayala, Carlos Fernández, Gaudioso Núñez, Luis Irazábal y Camilo Recalde.

A comienzos de 1926 llegó a nuestro país la Misión Militar Francesa comandada por el Tte. Cnel. José Coulet, Jefe de Estado Mayor y héroe de Verdún, e integrada por el Tte. Cnel. Langlois, los Mayores Luis Fromont, Hernando Belin, Luis Melín, y el Cap. Camilo Roulin. Su presencia en nuestro país fue mérito del Gral. Patricio Alejandrino Escobar quien sugirió contratar una misión militar extranjera. Consultados los Generales Escobar, Schenone y Rojas, los dos primeros se decidieron por una misión francesa, mientras que el General Rojas votó por una misión alemana.

Las gestiones iniciales fueron encomendadas al Mayor Estigarribia, y el Dr. Eusebio Ayala firmó los contratos en nombre del Gobierno Paraguayo. Los integrantes de la misión eran de las armas de Infantería, Caballería, Artillería, Ingenieros, Aviación y Administración, y contratada por Decreto del 18 de noviembre de 1925 que autorizaba al Ministerio de Guerra y Marina a hacerlo. La misión quedó en el país por tres años, salvo el Tte. Cnel. Langlois que permaneció hasta agosto de 1932.

La Escuela de Aviación Militar organizada inicialmente como Escuela de Volación a cargo de Silvio Pettirossi y para cuyo efecto se adquirió el avión Duperssin en el que se estrelló, se inició en realidad en 1927 bajo la dirección del Mayor Luis Fromont, con los primeros aparatos de escuela que llegaron de Francia. Se inició con 10 alumnos para pilotos y cinco para mecánicos. Formó pilotos y mecánicos que dieron lustre al arma durante la guerra del Chaco.

 

Ocupación Militar del Chaco

En 1889 con la Ley de Ventas de Tierras Públicas del 16 de julio y el Decreto del 27 de octubre del mismo año, se procedió al loteamiento del Chaco desde el Río Paraguay hasta el meridiano 62º O. de Greenwich y desde el Pilcomayo hasta el paralelo 21º S. Las fracciones ofertadas a precios irrisorios fueron vendidas casi por completo, aunque no todas fueron ocupadas por sus compradores, sobre todo las alejadas del río, pues eran compradas como meras especulaciones. Se consiguió así, sin quererlo, una efectiva ocupación de gran parte de las tierras chaqueñas, si bien en su totalidad por grandes latifundistas.

En 1890 se estableció en el Chaco una Misión Evangélica Anglicana en un lugar llamado Riacho Fernández, sobre el paralelo de Concepción, y en 1907 se trasladó a otro sitio denominado Maka la Waya, en idioma lengua, donde se acento la Misión Central o Misión Grande. Hacia 1916, penetrando más hacia el interior, se fundó otra misión cerca del lugar denominado Nanawa, a la que se llamó Misión Chica.

En 1902 fue fundada Bahía Negra un poco al norte del punto donde el gobierno boliviano, arteramente, intentó establecer un puerto al que denominó Puerto Pacheco, del que fueron violentamente desalojados sus ocupantes bolivianos. Posteriormente se fundaron los fortines Patria y Galpón.

Entre 1870 y 1905 no se efectuó ninguna expedición militar al interior del Chaco, ni se fundó ningún fortín o puesto militar.

Desde 1905 a marzo de 1927 se cumplieron 52 misiones de exploración al interior del Chaco a cargo de oficiales del ejército y de técnicos, funcionarios del Ministerio de Guerra y Marina.

La lista de las mismas es extensa y los que las efectuaron son: Mayores Aponte y Machuca, Cap. Rodolfo Ayala, Tte. Brizuela y Casco, Mayor Schenone, Mayor Américo Benítez, Cap. Elíseo Salinas, Cap. Cristino Torres, Tte. Pedro López, Tte. Washington Segovia, Mayor José D. Sosa, Mayor José Bejarano, Tte. Solano Mendoza, Cap. Washington Segovia, Tte. Carlos Varela e Hipólito Radice, Cap. Enrique Jes, Ingeniero Albino Mernes, Cap. Juan B. Ayala, Cap. Hipólito Radice, Tte. Luis Santiviago, Tte. Federico Smith, Gral. Juan Belaieff, Ingeniero Eugenio Abramenko, Tte. 1º Federico Smith, Tte. Juan B. Jara, Ingeniero de Minas Alejandro Piatnitzky, Mayor Juan B. Ayala, Cap. Hipólito Radice, Tte. de Marina Juan Tumanoff, Ingeniero Abramenko, Tte. 1º de Marina Matildo Gómez, Tte. 2º Pedro Cazenave, Gral. Juan Belaieff y Tte. 2º Ángel M. Urbieta, Tte. 1º de Marina Rómulo Masi, Cap. Arturo Bray, Cap. Félix Cabrera, Cap. Rafael Franco, Cap. Cirilo Gilí, etc.

El fortín Gral. Bruguez fue fundado el 29 de junio de 1919 sobre el brazo S. del río Pilcomayo sobre el meridiano 58º 49º O. de Greenwich. El fortín Gral. Delgado sobre el Pilcomayo a 3 Kms. Al S. E. del anterior por los Ttes. Hipólito Radice y Carlos Varela.

El fortín Cabeza de Tigre el 8 de junio de 1923 por el Tte. Federico Smith.

El fortín Comandante Orihuela el 21 de octubre de 1924 por el Tte. Juan T. González Ferreira en la margen izquierda del Riacho Negro, a 30 leguas de Concepción.

Para octubre de 1924 se habían determinado cinco sectores de ocupación militar del Chaco:

Sector 1: Línea del Pilcomayo, a la que se accedía por el río Confuso y también por el Pilcomayo.

Sector 2: Línea de Concepción con acceso por vía terrestre desde Puerto Militar, hacia Nanawa.

Sector 3: Línea Puerto Casado, hacia las Colonias Mennonitas y Toledo, por el FF. CC. Casado hasta el Km. 145.

Sector 4: Línea de Fuerte Olimpo, que no contaba con caminos.

Sector 5: Línea de Bahía Negra hacia el N. hasta el fortín Galpón.

Estas líneas de penetración posteriormente debían comunicarse entre sí por vías transversales.

Más adelante, entre 1927 y 1928, se consideró establecer otras dos líneas de penetración: la línea de Pinasco hacia Rojas Silva, y la de Bahía Negra hacia el Oeste.

Las zonas consideradas críticas a comienzos de 1925 eran la lº, 2º, y 5º hacia las que se insinuaba la penetración boliviana.

El 15 de febrero de 1925 el Capitán Juan B. Ayala fundó el fortín Presidente Ayala (Nanawa) a medio km. de la Misión Chica y a 200 mts. al N. del brazo norte del riacho Monte

Lindo, a 230 kms. al O. de Concepción.

El 8 de febrero de 1926 se adoptó el verde olivo como color del uniforme del ejército que se prestaba más para el mimetismo y lo distinguía del kaki que también usaba el ejército de Bolivia.

El 5 de diciembre de 1926 el Capitán Arturo Bray fundó el fortín General Aquino en la margen izquierda del Confuso en el punto llamado Esperanza, para contener la penetración boliviana que se insinuaba desde el fortín Sorpresa.

El 17 de enero fue fundado el fortín Isla Poí en el sitio llamado Cacique Ramón por el Capitán Tranquilino Ortiz Cabral.

El 17 de enero se estableció el fortín Coronel Martínez a dos leguas al Sur del km. 135 del FF.CC. Casado como lugar de etapa para Isla Poí.

El 17 de enero de 1927 el Capitán Federico Smith fundo el fortín Coronel Toledo a 130 kms. al Oeste de Coronel Martínez y a 75 al N. O. de Isla Poí, al O. de las colonias Mennonitas, y a 325 kms. de Puerto Casado.

En 1927 comenzaron a llegar las armas, municiones y pertrechos. El ejército contaba con una pleyade de Oficiales de carrera, técnicamente bien preparados, ansiosos y fervientes patriotas y con ellos se dio cumplimiento al acelerado proceso de expansión en la fundación de fortines.

El 29 de mayo de 1927 el Capitán Rafael Franco fundó el fortín Mariscal López frente al boliviano llamado Tinfunqué a 25 kms. al S. O. de Presidente Ayala.

El 30 de noviembre fue fundado el fortín Coronel Hermosa a 30 kms. al O. de Isla Poí en el sitio denominado Carayá por el Capitán Valentín Morínigo.

El 5 de febrero de 1928 se fundó el fortín Teniente Herreros sobre el Confuso.

El 20 de marzo el fortín Sargento Candido Silva en Puerto Olguita sobre el Confuso por el Teniente Raimundo Rolón.

El fortín José Falcón el 25 de abril de 1928 por el Gral. H. C. Juan Belaieff a 14 leguas al N. O. de Presidente Ayala.

El fortín Gral. Caballero el 16 de mayo por el Tte. 1º Raimundo Rolón a 5 leguas al O. del fortín Gral. Aquino en Puerto Dolores.

En junio de 1928 fue fundado el fortín Corrales por el Tte. 1º Juan N. Barrios a 18 kms. al S. O. de Toledo.

El fortín Boquerón el 19 de julio de 1928 por el Mayor Félix Cabrera a 60 kms. al S. O. de Isla Poí.

El fortín Gral. Genes el 15 de agosto por el Capitán Eladio Pérez Garay, que luego fue denominado Valois Rivarola.

El 29 de octubre fue fundado el fortín Cap. Washington Segovia por el Tte. 1º Raimundo Rolón al O. del fortín Gral. Delgado a orillas del Pilcomayo en el sitio llamado Salto Palmar, hoy se llama Cabo Antoliano Cano.

El 25 de febrero de 1929 se estableció el fortín Gral. Díaz por el Capitán Cirilo Gilí y el Gral. H. C. Juan Belaieff a 60 kms. al O. de Fuerte Olimpo.

En los primeros días de mayo, el fortín Mayor Torres por el Capitán Hipólito Radice en la Laguna Pytá a 103 kms. al O.          de Olimpo.

El fortín Presidente Gondra el 15 de agosto, por el Tte. Juan G. González Ferreira.

El fortín Comandante Giménez el 23 de noviembre por el Capitán Francisco Caballero Alvarez en el sitio denominado Masamaklay a 12 kms. al O. de Presidente Ayala.

En 1930 fueron fundados los fortines Capitán Figari el 24 de febrero por el Capitán Federico Smith a cuatro leguas al N. de Cabeza de Tigre; y Pozo Azul el 24 de febrero al S. E. de Coronel Martínez.

Ya en 1931 se fundaron Cerro Corá al S. O. de Bahía Negra; Curupaity al N. O. de Bahía Negra; Coronel Bogado a 95 kms. al S. O. de Bahía Negra y finalmente Carlos Antonio López el 15 de junio a orillas de la laguna Pitiantuta, por el Capitán Rogelio Chenú Bordón a 20 leguas al N. O. del km. 145 del FF.CC. Casado. Fue en este fortín que comenzó la guerra del Chaco.

 

La penetración boliviana

La penetración boliviana del Chaco se inició hacia 1904 o 1907 con la fundación de puestos militares sobre el Pilcomayo; Villa Montes, Guachalla y Ballivian, como dijimos al O. del meridiano 62º O. de G., pero luego de la firma del Tratado Soler-Pinílla el 12 de enero de 1907 en el que se delimitaban las líneas del statu quo, continuaron su progresión aprovechando que aquella zona era habitada solamente por los indios salvajes de la región, y fundaron Linares, ya al E. de la línea boliviana del statu quo y entre 1907 y 1913 los fortines Magariños y Esteros al E. de la línea paraguaya del statu quo. El fortín Esteros en el sitio en él comienza el Estero Patiño.

La estrategia de la penetración boliviana que posteriormente se desarrolló fue la siguiente: inicialmente la penetración siguió la línea del Pilcomayo pero a partir de Esteros hubo que bordear este accidente por el N. fundando Muñoz y Tinfunqué que es enfrentado por nuestro fortín Valois Rivarola, y desviando hacia el S. E. es enfrentado por el fortín Rojas Silva apoyado por los fortines Gral. Genes y Gral. Caballero. A partir de Muñoz la penetración se dirige directamente al E. hacia Nanawa y Concepción y fundan Saavedra, Murcia y tardía mente Samaclay y se enfrentan a la cadena de fortines paraguayos de Nanawa, General Duarte y Mariscal López; desde Saavedra buscan expandirse hacia el N. fundando Aliguatá al

N. O. de Gondra, y Arce sobre el río Verde y más al N. Yujra, estos fortines se enfrentan a los nuestros, Falcón y Boquerón.

A partir de Ballivian establecen una cadena de fortines hacia el E. Campo Jurado, Cabezón, La China, Platanillos, Fernández y nuevamente empalman con Arce.

Otra línea de penetración partía de Carandayty, Loma Vistosa hacia el E. y luego hacia el S. E. Picuiba, La Faye, Siracuas, Garrapatal, Cañada Tarija Palmar Uztares, Camacho, Loa, Bolívar, ambas situadas al O de Corrales, Jayucubas, hasta el camino La China-Platanillos.

Una línea de penetración arrancaba de Roboré y se dirigía hacia el S. O. inicialmente con los fortines Suárez Arana Paredes, Ravelo Ingavi, que se comunicó posteriormente con Santa Fé pasando por 27 de Noviembre, luego torciendo hacia el S, E. en dirección a Olimpo con los fortines Aroma, Sucre, Madrejón, Florida hacia Bahía Negra, enfrentando a nuestro fortín Cnel. Bogado, siguiendo más hacia el S. E. Baptista frente a nuestro Mayor Torres.

A partir de Puerto Suárez los fortines Mutúm, San Juan, Vitriones, y Vanguardia apuntando hacia nuestro fortín Galpón.

La progresión boliviana para 1930 estaba detenida en todos los sectores.

Desde 1924 hasta 1930 las instrucciones precisas que tenían nuestros comandantes de sectores y fortines eran las siguientes:

— Mantener relaciones de buena vecindad con los indios e inculcarles el sentimiento de patria.

— En los fortines se izará el pabellón nacional y no se permitirá la llegada de ningún agente sospechoso, sin las mayores precauciones.

— No se comunicará directamente con las guarniciones bolivianas, y no se las visitará ni se las recibirá en el fortín.

— Evitará choques con patrullas o fuerzas bolivianas, si las hallase anotará su posición y dará aviso, pero si fuese atacada resistirá hasta que pueda, la orden es que izado el pabellón, en cualquier puesto militar permanente, deberá hacerse el máximo sacrificio para que no sea arriado.

— Hará exploraciones frecuentes en la comarca y comunicará el resultado de cada una, sin descuidar las condiciones naturales, aguadas y pasto en los parajes.

Estas disposiciones eran lógicas, el Paraguay se estaba armando en secreto en la medida de sus posibilidades financieras, cualquier situación de hecho podía desencadenar el conflicto armado, y el Paraguay deseaba posponerlo por el mayor plazo posible, hasta encontrarse en situación más favorable, conociendo detalladamente las adquisiciones bélicas que había realizado Bolivia.

El 22 de agosto de 1928 se produjo un grave incidente en el sector Bahía Negra, con el apresamiento del Cnel. Victoriano Gutiérrez, Comandante de la 5º División boliviana con base en Puerto Suárez y parte de su Estado Mayor, dos Ttes. Coroneles, un Teniente y un indio guía. Por mediación de países neutrales, fueron liberados.

El 5 de diciembre de 1928 un destacamento de Caballería paraguayo atacó y ocupó el fortín boliviano Vanguardia, al N. del fortín Galpón, al que siguieron como represalia los ataques bolivianos a nuestros fortines Boquerón y Mariscal López matando en este a 14 soldados, cuatro clases y al Tte. Aparicio Figari. Estos incidentes pusieron a ambos países al borde de la guerra, los que decretaron la movilización general, que fueron un desastre. Felizmente no se llegó a la acción.

Para el 5 de mayo de 1931 el Paraguay había recibido todo el material bélico adquirido, inclusive las dos cañoneras contratadas en los astilleros Odero Terni Orlando de Genova.

En este periodo de 1924 a 1932 el Gobierno Liberal institucionalizó el ejército, fue un ejército nacional en el que el partidismo había desaparecido. Para seguir la carrera militar solo se requería capacidad intelectual y condiciones físicas de aptitud. En sus miras estaba solo la patria, la jerarquización de la institución con la formación de jóvenes Oficiales y Jefes de elevada preparación técnica castrense; y proporcionó al ejército nacional armas modernas.

El gobierno liberal había sido atacado con violencia por opositores detractores, como entreguista y vende patria porque en esos ocho años no había tomado enérgicas medidas represivas ante las agresiones bolivianas y lo acusaban de mantener al ejército inerme, pero el gobierno no podía dar a publicidad cuanto hacía para preparar al país para enfrentar al enemigo.

El enorme esfuerzo económico y financiero que significaba para el país ese rearme, impidió que los gobiernos de Eligió Ayala y José P. Guggiari pudiesen realizar otros emprendimientos necesarios e impostergables para el país, como caminos, puentes, escuelas, distribución de tierras, etc. Todo esto era usado por la oposición para desprestigiar al gobierno y al Partido Liberal. Pero los gobernantes y los políticos liberales sabían que antes que el propio prestigio, o la permanencia en el gobierno estaba la supervivencia nacional, evitar la mutilación y la deshonra. Su acción fue silenciosa, permanente y efectiva.

Resumiendo. Los objetivos de los gobiernos liberales desde 1924 al 32 fueron: supeditar toda la acción gubernativa al único objetivo de estructurar un ejército capaz de asumir la defensa nacional, dentro de las máximas posibilidades que las condiciones financieras del país lo permitieran y en el más breve tiempo posible.

1. Adquirir todo el armamento moderno posible.

2. Preparar los Comandos para la conducción de la Guerra

3. Formar los Oficiales combatientes que fueran necesarios.

4. Dar al ejército una organización adecuada.

5. Preparar a la nación para el conflicto armado.

6. No provocar al enemigo. No crear conflictos que pudieran precipitar el conflicto armado hasta que el país estuviera en condiciones de enfrentarlo.

 

VI. LA GUERRA DEL CHACO. 1932-1935

A raíz del incidente del fortín Vanguardia el 5 de diciembre de 1928 y las represiones bolivianas que siguieron, el Gobierno paraguayo decretó la movilización general convocando a diez clases de la reserva.

El Gral. de Brigada Manuel Rojas A., ejercía el cargo de Comandante en Jefe del Ejército.

En setiembre de 1927 había llegado de Francia el Mayor José Félix Estigarribia con su Brevet de Estado Mayor, fue ascendido a Tte. Coronel y designado Jefe del Estado Mayor General.

El Comandante en Jefe con su Estado Mayor General debían elaborar un plan de guerra que comprendiera desde la organización del ejército, su movilización, concentración y conducción hacia la primera batalla. Desde un primer momento existió una gran discrepancia entre el Comandante en Jefe y el Jefe de su Estado Mayor. Sus concepciones eran no solamente distintas sino también contrapuestas. El Comandante en Jefe abogaba por una defensiva diluida e imprecisa y el Jefe de Estado Mayor por una acción ofensiva, con reunión previa de las fuerzas, las más considerables posibles, alistadas en una sola dirección, sosteniendo el principio que tanto en estrategia como en táctica se debe atacar. Elementales principios Napoleónicos aprendidos en Francia.

El Comandante en Jefe era partidario de distribuir las fuerzas en agrupaciones iguales en hombres y armas: En el sector norte, Bahía Negra; sector central, Concepción; y sector sur en Villa Hayes (Pilcomayo), lo que además significaba un absoluto desconocimiento del Chaco. Teóricamente se atribuía a cada sector 7 Regimientos de Infantería, 1 Batería de Artillería, 1 Escuadrón de Caballería, 1 Compañía de Comunicación, además se atribuida al Regimiento de Caballería Nº 1, Valois Rivarola las funciones de unidad de Caballería de Ejército.

El Estado Mayor General tenía conocimiento de un supuesto Plan de Guerra elaborado por el General Hans Kundt muchos años antes, que constituía, a no dudar, la obsesión del Comandante en Jefe y de todos los viejos Generales.

Cuando estalló la crisis de 1928-29, este era el Plan del Comandante en Jefe, pero el Estado Mayor no había elaborado ningún plan de movilización, ni había armado la estructura orgánica para la movilización. Recordemos que era el momento en que recién empezaban a llegar parte de las armas adquiridas. Estigarribia pocos días antes había sido destituido, justamente por las discrepancias, y designado Comandante del Sector Casado.

En 1928 ni el Comandante en Jefe, ni el Estado Mayor habían preparado un Plan de Guerra, que en síntesis consiste en preparar en la paz el ejército capaz de cumplir con su objetivo, y proveer a sus necesidades.

La movilización, el transporte, la concentración, alimentación vestuario, la organización y el armamento son los primeros pasos que un Estado Mayor General se debe plantear, resolver y ejecutar en el preciso momento, y que no se pueden improvisar.

La movilización de 1928-29 se produjo en el momento en que el Paraguay aún estaba casi inerme por las razones antedichas, pero lo peor fue que la movilización resultó un desastre. El Estado Mayor no había esforzado, tan siquiera, un plan de movilización, y convocadas diez clases de la reserva, provocó una afluencia de movilizados, que se presentaban en toda la República, que habían rebasado los cálculos más optimistas. Felizmente en Bolivia la movilización resultó en una cosa muy parecida a la nuestra.

En esta ocasión el conflicto no estalló merced a la intervención del Presidente de la República de Chile Gral. Ibáñez del Campo, quien amenazó con la intervención militar de Chile si Bolivia atacaba al Paraguay. El Paraguay volvió a respirar tranquilo.

El desastre de la movilización era responsabilidad de los Jefes del Ejército, pero la oposición, como siempre, aprovechó para atribuirla al gobierno del Dr. Guggiari.

La situación había cambiado radicalmente para el año 1932.

 

 

 

 

Las unidades organizadas del servicio permanente eran las siguientes: Regimientos de Infantería 5; Regimientos de Caballería 2; Grupos de Artillería 2; Compañía de Zapadores 2.

Se contaba con 365 Jefes y Oficiales; 3 Generales; 219 Jefes y Oficiales de Guerra; 146 Jefes y Oficiales de Servicios; 3.325 hombres de tropa; y 200 Cadetes. Fueron movilizados además 511 Oficiales de Guerra y Servicios y 14.000 individuos de tropa.

La composición de los Regimientos de Infantería era de 56 Jefes y Oficiales y 1.600 de tropa; los Regimientos de Caballería con 22 Jefes y Oficiales y 700 de tropa.

En enero de 1931 fue designado Jefe de Estado Mayor General, el Tte. Cnel. Juan B. Ayala, quien era un gran organizador y dentro de sus limitadas posibilidades comenzó a hacer lo que se debía hacer y lo mejor posible.

El cuadro de la organización militar era el siguiente:

Comandante en Jefe: Gral. de Brigada Manuel Rojas A.

Jefe de Estado Mayor General: Tte. Cnel. Juan B. Ayala.

Escuela Militar: Director Mayor Arturo Bray.

Escuela de Oficiales de Reserva: Director Mayor Higinio Morínigo.

Escuela de Sub Oficiales, Villa Hayes.

Intendencia General del Ejército y la Armada.

Director:

Sanidad Militar: Director Cnel. Dr. Carlos Díaz León.

Escuela de Grumetes de la Armada.

Escuela de Especialidades.

Arsenales de Guerra y Marina: Director Cap. Ing. José Bozzano.

Armada de Guerra: Director Cap. Manuel T. Aponte.

Desde abril de 1931 estaba en formación la 1º División de Infantería en el Sector Casado y tenía como Comandante al Tte. Cnel. José Félix Estigarribia y como Jefe de Estado Mayor el Mayor Carlos J. Fernández. Estaba constituida por el R. I. 2 Ytororó, el R. I. 4 Curupayty, el R. C. 2 Cnel. Toledo, el G.A. 2 Gral. Roa y los servicios: Intendencia, Sanidad y Transporte.

El gobierno tenía fijado un objetivo político militar, contrariamente a lo que afirma el Tte. Cnel. Antonio González, ese objetivo era la defensa nacional y del honor de la República, por consiguiente el desalojo del enemigo del territorio nacional, lo que debía llevar indefectiblemente al enfrentamiento armado. Cómo cumplir estos objetivos nacionales era cuestión del Comando en Jefe y de su Estado Mayor y no de los gobernantes, que si debían dentro de las posibilidades, poner a disposición del Ejército todos los recursos que la Nación podía disponer.

Fijado el objetivo se debía preparar la ejecución, lo que conduciría a la primera batalla, luego de la cual se fijarla una idea operativa central que llevaría a obtener el resultado deseado y fijado, que siempre debe ser destruir las fuerzas enemigas. Esta es la concepción del Mcal. Fosch.

En 1932 el Comando en Jefe del Ejército y su Estado Mayor no habían coordinado un Plan de Guerra, pero la primera parte, la que le correspondía primordialmente al Estado Mayor, concerniente a la movilización y organización de las unidades y medios, el Estado Mayor demostró que había trabajado satisfactoriamente y la movilización de 1932, si no fue perfecta, fue ampliamente satisfactoria.

En 1932 el Comandante en Jefe aún mantenía su vieja idea de 1927, la que le llevó a chocar con su Jefe de Estado Mayor, por entonces el Tte. Cnel. Estigarribia, quien sostenía puntos diametralmente opuestos. Todo era un problema del alto Comando, no un problema al que los políticos, o el gobierno, pudiera darle solución.

El Tte. Cnel. Antonio González habla de una idea operativa elaborada por el Jefe de Estado Mayor, Tte. Cnel. Juan B. Ayala, muy semejante a la sostenida por Estigarribia, lo que pudo haber sido así, ya que Estigarribia y Ayala tenían la misma formación, pero la idea de Ayala no tiene constancia documental, salvo lo que el Tte. Cnel. Antonio González afirma, y también el Tte. Cnel. Ayala, muchos años después.

Las ideas del Comandante en Jefe Gral. de Brigada Manuel Rojas A. y la de todos los viejos Generales, era la de una acción defensiva en las inmediaciones del río Paraguay, contra la opinión del Tte. Cnel. Estigarribia que sostenía la necesidad de emprender de inmediato una acción ofensiva para dislocar el dispositivo enemigo, en el punto más vulnerable elegido por él. Al presidente Guggiari, muy influenciado por la idea de los Generales, le incumbía desautorizar al Cnel. Estigarribia, pero no lo hizo. Felizmente este hizo oídos sordos a las opiniones y órdenes del Comando en Jefe, exponiéndose a ser juzgado por desacato e insubordinación. Pero las cosas cambiaron con la ascensión a la Presidencia del Dr. Eusebio Ayala.

Los efectivos destinados a las unidades por el Estado Mayor General eran los siguientes:

Regimiento de Infantería: 56 Oficiales y 1.600 de tropa, 2 M.S.B., 4 A.P. y 27 F.A.; Regimiento de Caballería: 22 Oficiales y 700 de tropa, 1 M.S.B., 4 A.P. y 12 F.A.; Grupo de Artillería: 22 Oficiales, 450 de tropa, 2 Baterías de 75 (8 piezas) y l Batería de 105 (4 piezas); Batallón de Zapadores: 15 Oficiales y 300 hombres.

En agosto de 1932 el dispositivo paraguayo era el siguiente:

En el norte, Bahía Negra y Olimpo la 3º División de Infantería con 1 Regimiento de Infantería (R.I. 5 Gral. Díaz) en Bahía Negra, 1 Batallón de Infantería, más una Batería de Cañones de Marina y un Escuadrón de Caballería en Puestos avanzados, en Olimpo.

En la zona central, Puerto Casado: la 1º División de Infantería con 2 Regimientos de Infantería (R.I. 2 y R.I. 4), un Regimiento de Caballería (R.C. 2), un Batallón de Zapadores, y un Grupo de Artillería (G.A. 2); en el fortín Rojas Silva cubriendo el flanco izquierdo el R. C. 1 Valois Rivarola.

En la zona sur: en Nanawa el Destacamento Caballero Alvarez con l Batallón de Infantería (del R.I. 1), un Escuadrón de Caballería, y una Batería de Cañones Krupp. Todas esta agrupaciones tenían servicios de Intendencia, Sanidad y Comunicaciones. La deficiencia grande estaba en el Transporte, pues ni el Comando en Jefe, ni el Estado Mayor General o los Comandos de las agrupaciones habían pensado en la necesidad de medios automotores y se manejaban con carros y carretas.

En la puja entre el Comando en Jefe y el Comandante de la lº División prevaleció la de este.

 

Relación entre el gobierno y el Comando de operaciones

Entre el Presidente Ayala y el Comandante Estigarribia existía una vieja amistad, que venía desde la revolución del año 22, pero sobre todo de los años 24 al 27, en Francia, cuando Ayala gestionaba la adquisición de armas y la contratación de la Misión Militar Francesa, y Estigarribia estaba estudiando en la Escuela de Estado Mayor. Fueron sobre todo los informes de Ayala sobre Estigarribia que movieron al Ministro de Guerra a autorizar el ingreso de este en el Colegio de Guerra.

Ayala conocía la capacidad militar de Estigarribia, su formación, su carácter, sus condiciones intelectuales, y aun cuando en determinado momento había insinuado la actitud militar que se podía adoptar en setiembre de 1922, ante la exposición razonada ,y la firmeza de las convicciones de Estigarribia, le dio todo su apoyo, y debemos decir aún más, ambos se entendieron perfectamente, se respetaban y el Presidente trataba de satisfacer todas las necesidades del ejército en campaña, dentro de las posibilidades del país.

En el marco de subordinación que correspondía Estigarribia ponía a consideración del Presidente sus planes y concepciones, debido a ello el Presidente debió realizar frecuentes y numerosos vuelos hasta la sede del Comando del Ejército en Campaña, y aún en los casos en que el Presidente tuviera reparos y dudas, le dio al Comandante en Jefe su apoyo y su confianza. Indudablemente este entendimiento mutuo fue uno de los factores ponderables de los triunfos paraguayos.

En el ejército, sus Estados Mayores, sus Comandos de unidades, los Comandos subordinados, los Comandantes de fortines en el período de preguerra cometieron algunas omisiones, casi diríamos imperdonables. No se levantaron planos, ni croquis de los fortines, de sus entornos, de la región, de los caminos y sendas, aguadas, etc., no se conocían en cifras exactas las distancias existentes entre unos puestos militares y otros. El ejército no pensó ni planteó seriamente la solución del problema del agua, hasta que el Director de los Arsenales organizó el Cuerpo de Captadores, que comenzó a perforar pozos de agua en el segundo semestre de 1934. No se pensó en la solución ni aun teniendo el ejemplo práctico de los Mennonitas. Indudablemente faltó ingenio. En Boquerón el Comandante de la División ordenó una maniobra a retaguardia enemiga a un Regimiento de Caballería montada que culminó en fracaso con la muerte por sed de todas las cabalgaduras. Ya comenzadas las operaciones, que constituían la iniciación de la guerra, el ejército pedía apresuradamente, y por primera vez, la provisión de camiones y tanques para agua, como si adquirir cincuenta, cien doscientos camiones en el mercado de automotores en el Río de la Plata, en esa época, fuera una sencilla operación de pocos días.

En 19127 los altos jefes del ejército insistían en la adquisición de sables y lanzas para la caballería, que servirían para soberbios desfiles militares, pero sin uso en el campo de batalla de una guerra moderna.

Estos eran graves errores de imprevisión, y de previsión, de los altos mandos, fruto probablemente de la inexperiencia, que no podían ser imputados a los gobernantes, como lo fueron.

Estigarribia en su concepción, muy bien explicadas en sus memorias, se ciñó a conceptos clásicos de la conducción de la guerra. Para la Batalla de Boquerón reunió la masa de sus fuerzas, lo más aumentadas posible, reuniéndola como pudo, y las alistó en una sola dirección, en ellas no hubo dispersión. Esta concentración ajustada al espacio, la hizo también en el tiempo, para atacar de inmediato, en un punto débil, a fin de que el enemigo no pudiera reparar su debilidad, su inferioridad numérica. Concepciones estas clásicas y fecundas de la escuela francesa. Produce el aferramiento del enemigo en el frente con sus tropas de vanguardia, y una vez aferradas actúa sobre las líneas de comunicación del adversario, con el grueso, envolviéndolo, en una típica maniobra Napoleónica, maniobra lenta porque la naturaleza no permitía mayor velocidad, como en los campos de batalla de Europa en la época de Bonaparte.

Estigarribia en el curso de toda la guerra siempre usó acertadamente los principios de guerra y raras veces improvisó. Era un científico de la guerra, cada movimiento era bien pensado, aún en los momentos de apremio e incertidumbre, pero también era un intuitivo. Supo usar racionalmente los valores espirituales del soldado paraguayo y las deficiencias sicológicas del boliviano.

 

La financiación de la guerra (L’argeant fait la guerre)

Para tener una idea hoy de los valores que se manejaban entonces haremos algunas previas consideraciones:

Un ministro ganaba 15.000 $ c/1.; el intendente de Asunción 4.500 y una familia vivía muy bien, aun pagando alquiler, con el sueldo de un Teniente segundo que era de 2.000 $ c/1.

 

 

Groseramente 1. $. c/1. de 1924-28 equivaldría a unos 152,25 guaraníes de hoy.

El sueldo de un Teniente 2º en 1932, igual al de 1928 permitía adquirir 500 kgs. de azúcar, o 333 kgs. de arroz, o 333 kgs. de pan.

Los datos sobre las gestiones financieras de la guerra están tomados, en su mayor parte, de un valioso libro sobre el tema, “El financiamiento de la Defensa del Chaco. 1924-1935” del economista Lorenzo Livieres Guggiari, y para mayores detalles nos remitimos al mismo.

La situación financiera del Paraguay al estallar la guerra era la siguiente:

El Presupuesto Nacional para 1932 era de 520.000.000 $ c/1. lo que según nuestros cálculos previos equivaldrían hoy a 79.170.000.000. Gs con un pago de la Deuda Pública de 21.000.000 $ c/1. (4%), y como presupuesto del Ministerio de Guerra y Marina de 102.000.000 $ c/1. (19.5 %). Además existían Leyes Especiales destinados a la adquisición de armamentos y equipos.

 

 

No se consignan aquí el préstamo de 20.000.000 de $ c/1. otorgado por la Oficina de Cambios, autorizado por Ley Nº 1.251 del 3 de mayo de 1932 y destinado a la defensa nacional.

Los recursos monetarios de 1932 constituían: 3.300.00 o/s., 303.000 Libras, 475.000 U$A., 1.600.000 m/arg. y 42.770 Francos; la circulación monetaria era de 240.000.000 $ c/1.

El 28 de julio de 1932 el Ministerio de Hacienda presentó un “Plan esquemático de una movilización financiera del Paraguay”: en él se establece que la financiación de la guerra del Chaco se podía obtener de tres fuentes distintas: a) Del propio patrimonio del Estado; b) Del crédito público; c) De la imposición a los habitantes. El extenso Plan, cuya lectura recordamos en el libro de Livieres ya citado, concluye en lo siguiente:

Cálculo del rendimiento posible de la nación indicados:

 

I.       Recursos de la Oficina de Cambios - 21.305.000 $ c/1.

II.      Empréstitos internos Ley 1.021        -  25.000.000 $ c/1.

III.     Bonos de guerra                                    - 30.000.000 $ c/1.

IV.    Impuestos a la propiedad                    -100.000.000 $ c/1.

Total                                                                  - 176.305.000 $ c/1.

 

 

El informe agregaba: “Puede ser que esa suma jamás se alcance, como puede ser que se la exceda. En todo caso esos desembolsos presentan un formidable sacrificio para la población y un profundo trastorno a toda la economía nacional”.

Recuérdese que justamente en el momento del estallido de la Guerra del Chaco el mundo sufría los terribles efectos de la crisis de la economía mundial. El Dr. Eusebio Ayala consideró que la población y la economía nacional no podía soportar el castigo agregado de una presión tributaria.

La financiación de la guerra se hizo con la emisión de papel que de una circulación de 240.000.000 $ c/1., en agosto de 1932 subió para diciembre de 1935 a 785.019.440 $ c/1., lo que significó un comportamiento de precios que sobre un índice de 100 para el año base de 1928 siguió el siguiente proceso:

1932.        74.

1933.        81.

1934.      107.

1935.       211.

 

 

Las obligaciones especiales se refieren a las siguientes deudas contraídas:

Fabrique Nacional D’ Armes de Guerre, D. Juan B. Gaona, Odero Terni Orlando, la Industrial Paraguaya, Imperial Chemical Industries y Decretos Nº 53.520 y 54.968.

 

El costo de la guerra

Es imposible realizar un balance exhaustivo de lo que significó la guerra como costo total y absoluto, pero es posible dar algunas cifras de carácter financiero.

Durante los tres años de guerra, con una población calculada en 922.000 habitantes se sustrajeron del esfuerzo civil, 97.500 hombres, más o menos el 10,5 % de la población, y según la experiencia de la primera guerra mundial, la capacidad de movilización para la época, en los países europeos, era del 10 % de la población. De este contingente hubieron 35.000 muertos, el 50 % por heridas en combate y 50 % por enfermedades, sobre todo por fiebre tifoidea, pulmonía, paludismo, disentería, tuberculosis y otras; aproximadamente 25.000 heridos; cayeron prisioneros 2.500 hombres y en los servicios de retaguardia fueron destinados 10.000 hombres.

Se requisaron 395.000 cabezas de ganado vacuno y 25.000 equinos y yeguarizos, con una población de 4.000.000 de cabezas en 1932; 3.200.000 en diciembre del 33; 2.900.000 en diciembre del 34; y 3.100.000 en diciembre de 1935; la exportación de carne y cuero soportó una expropiación de divisas del 50 % al tipo del 42,61; la deuda pública aumentó enormemente como ya demostramos; y la inflación aumentó en 285,13 %.

 

 

 

Hubieron 14 Leyes especiales para la adquisición de material de guerra, desde diciembre de 1932 a setiembre de 1935 con un total de 14.000.000 o/s. y 550.000.000 S c/1.

Los aviones adquiridos durante la guerra fueron: 7 aviones Potez 25, 5 Fiat de Caza, 2 Hidroaviones Mata, 1 avión Breda, 3 aviones Fleet, 1 Consolidated y 1 Cant. Total 20.

Se adquirieron 212.334 cajones de nafta, de 2 latas de 20 litros cada una, y 46.240 tambores de 400 litros. El precio promedio de la nafta era de 3,2 $ c/1. el litro puesto en Asunción. Los 31.001.360 litros significaron un costo global de 99.204.435 S c/1. aproximadamente.

 

 

Cálculo aproximado, cifras redondas, según un manuscrito de Don Benjamín Banks, Ministro de Hacienda, publicado por Livieres.

30.000.000 o/s. equivaldrían a 1.278.300.000 $ c/1., lo que según nuestros cálculos en la fecha de hoy serían a 194.621.170.000 $c/l.

Después de este recuento financiero y lo que el gobierno liberal hizo para que el ejército combatiente actuara en las mejores condiciones posibles para la salvación de la patria, muchos empecinados detractores seguirán afirmando que la guerra se ganó a pesar del Gobierno!!

 

Organización de la retaguardia

El gobierno liberal organizó también la retaguardia. Nos ocuparemos tan solo de dos aspectos fundamentales: los Arsenales de Guerra y Marina y la organización de la economía agraria.

Los Arsenales de Guerra y Marina en enero de 1927 inició su organización en el predio en que se encuentra al final de la Avenida Carlos Antonio López, sobre el río Paraguay y fue designado Director el Tte. de Navío Ingeniero Naval y Aeronáutico José Bozzano, quien le dio la estructura adecuada

¿Qué roles desempeñó tan importante institución en la que se desarrolló una moderna tecnología, para cuyo efecto se le dotó de maquinarias y materiales avanzados para nuestro alcance?

Se inició construyendo 10 lanchas de poco calado y gran capacidad llamados “Fortín” y destinados a la navegación de los ríos interiores del Chaco, como el Confuso y el Negro hasta los 150 Kms. aguas arriba de su desembocadura, 2 chatas de 2 pies de calado y 25 toneladas de porte, se repararon totalmente el tren de dragado de 7 unidades, inició el balizamiento del río Paraguay aguas arriba de Asunción, y se construyeron hangares para hidroaviones.

Iniciada la guerra se puso a fabricar carrocerías para los chassis de camiones adquiridos en el extranjero, que ya para la batalla de Strongest producía en serie 120 carrocerías montadas en sus chassis por el sistema de producción en serie, a un costo de 3.034 $c/l. lo que significaba una economía de millones de pesos. Fabricaron 3.308 carrocerías en tres años.

Formó más de 3.000 automovilistas (choferes), con conocimientos necesarios de mecánica y reparación.

Determinó los defectos de los fusiles de fabricación española, defectos no sustanciales de la recámara, en 9.872 en total, y determinó que el estallido de los fusiles se debía a la pólvora “Coulille” belga adquirida en 1928, con indicación de uso inmediato, adquirida por la urgencia de la movilización del año 28, en la imposibilidad de adquirir otra. Con el retiro de los proyectiles con dicha pólvora ningún fusil volvió a estallar: La pólvora “Coulille” hacía estallar no solo los fusiles de origen español, sino también los Mauser originales.

Diseñó y fabricó más de 300.000 granadas de mano, las llamadas “Carumbé-i”, de extraordinaria eficacia.

Diseñó y fabricó numerosas máquinas criptográficas, de cifrar y descifrar, y aparatos de radiocomunicaciones, así como las pilas y eléctricas “Guaraní” de 2,4 y 40 voltios.

Organizó la agrupación de Zapadores Captadores, que perforaron numerosos pozos de agua para satisfacer las necesidades del frente, entre ellas las de Yrendagué. En total perforaron 95 pozos, y se utilizaron 2.500 metros de caños de 4x6 pulgadas, y se construyeron 120 filtros de diseño original de los Arsenales.

Fabricaron 27.000 granadas simples de Mortero y 12 Mor teros Stokes Bradt de 81 mm. así como las espoletas y obleas. Sin considerar los Morteros la fabricación de granada, espoletas y obleas significaron una economía de 54.000.000 do $ c/1.

El gobierno liberal dotó a la institución de los medios capaces de hacerla cumplir con tan amplias y efectivas funciones vitales para la patria, supo formar las mentes capaces de hacerla poner en marcha con patriotismo y honestidad, y el pueblo puso los 10.000 técnicos que fueron la mano de obra de tal empeño, mano de obra calificada, que dio de sí todo, y que no fueron emboscados, porque su acción era más útil allí que en el frente de batalla. El Paraguay le debe un reconocimiento al Capitán José A. Bozzano y a sus eficientes colaboradores.

El 17 de diciembre de 1928, en ocasión de la movilización general, por Decreto Nº 32.267 del Poder Ejecutivo se creó la “Junta de Aprovisionamiento”, la que producida la desmovilización dejó de funcionar.

El 9 de setiembre de 1932 por Decreto N° 44.893 se organizó la “Dirección General de Economía y Abastecimiento”, dependiendo administrativamente del Ministerio de Hacienda, pero que su director se entendía directamente con el Presidente de la República. Contaba con tres Secciones: la 1º Sección: Economía Nacional, 2º Sección: Aprovisionamiento, 3º Sección: Junta de Campesinos. Su Director informaba y sometía los asuntos y planes directamente al Presidente de la República, por lo cual constituía una verdadera Secretaría de Estado. Tenía a su cargo “la coordinación de todas las actividades económicas del país y su fomento; la regulación del consumo; el desarrollo del intercambio; el mejoramiento de las comunicaciones; el examen del régimen impositivo y el abastecimiento del Ejército y la Marina”. El Decreto derogaba los anteriores.

Su organización se efectuó según la siguiente organización:

1) Dirección General de Economía y Abastecimiento.

2) Consejo General de Economía y Abastecimiento.

3) Secretaría.

4) Sección Económica con ocho comisiones.

5) Sección Abastecimiento, también con ocho comisiones.

6) Sección de Juntas Campesinas.

 

La Dirección de Economía y Abastecimiento fue transformada en Ministerio de Economía el 8 de setiembre de 1933 luego de la aprobación parlamentaria de la Ley Reglamentaria del Artículo 104 de la Constitución Nacional en la que se creaba el Ministerio de Economía.

En 1932 la población del Paraguay era de 829.929 habitantes, con una población rural de 588.324 personas, distribuidas en 111.120 familias, constituyendo la población rural el 70.9%; 25.193 familias estaban asentadas en propiedades privadas ajenas, y 15.000 en tierras propias, lo que significaba el 13,5 % de la población rural; 70.927 en propiedades fiscales, es decir el 86,5 %.

Con la guerra ya en 1933, fueron alistados en el ejército 45.000 brazos agricultores, con un grave riesgo para la producción agrícola por lo que hubo que buscarle solución a dicho problema.

Se crearon 155 Juntas Económicas en la campaña, agrupados en 20 zonas agrícolas supervisadas por agrónomos, que eran muy pocos en el país, con el objeto de enseñar, supervisar y vigilar los trabajos de estas Juntas Económicas.

Se implantó un sistema de trabajo organizado con el objeto de dar el máximo apoyo posible a los trabajadores agrarios.

El sistema consistía en organizar “brigadas rurales” de cooperación, sistema conocido por los paraguayos en muchos lugares, como trabajo cooperativo llamados la “minga”, el “yopoi” o “pómboyá”.

Los objetivos eran:

1) Duplicar la producción.

2) Mejorar la calidad de la producción.

3) Reducir el costo de producción.

4) Aumentar el rendimiento por unidad de superficie.

5) Adoptar nuevas técnicas más eficientes.

 

 

Esto fue fruto de que la estadística de 1928 y 29 revelaron que nuestros agricultores disponían de 9.569 arados de hierro, 15.866 arados de madera y 1.300 carros para más de 100.000 familias de agricultores!!!

 

 

En 1933 se repartieron 830.707 Kgs. de semilla de algodón y en 1934, 1.078.950 Kgs.

En 1933 se repartieron 25.000 Kgs. de semillas de trigo, en el sur del país, como experimentación, con buenos resultados, con un promedio de 700 a 1.500 Kgs. de semilla por Há. sembrada.

 

 

El algodón paraguayo era considerado de alta calidad, muy apreciado y muy bien cotizado en Inglaterra y Polonia. La exportación de pomelos se hacía exclusivamente para Inglaterra.

 

 

 

Aprovisionamiento

En setiembre de 1932. hubieron 32.080 movilizados a quienes racionar, cifra que aumentó a 50.620 para diciembre de ese año; fue de 60.613 para enero de 1933; la cifra mayor de ese año fue de 70.000 con algunas variaciones diarias hasta diciembre del 33; para los meses de julio, agosto, setiembre y octubre de 1934 fue de 105.000 hombres para ir disminuyendo a 77.432 para mayo de 1935.

La ración del soldado que inicialmente tuvo un costo de 1.68 $c/l. para el mes de agosto del 35 llegó a 5 $c/l. Esta ración consistía en: carne 700 grs., locro 70 grs., porotos 60 grs., fariña 50 grs., sal 30 grs., grasa 15 grs., azúcar 30 grs., yerba 30 grs., galleta 300 grs. y jabón 30 grs.

Para los equipos del soldado la Junta de Racionamiento adquirió:

3.839.832 metros de brín verde olivo,

2.566.122 metros de lienzo para camisa y calzoncillo,

735.670 metros de lienzo para mosquitero,

240.000 frazadas de lana.

328.970  metros de loneta para bolsa de víveres, pierneras, etc., y

30.000 unidades de camisetas y calzoncillos de friza en 1935.

En adquisiciones de chassis para camiones y repuestos invirtió la suma de 2.616.652,24 $ o/s. y 551.331,25 $c/l.

Para financiar todas estas adquisiciones para el aprovisionamiento del ejército en los tres años de guerra la Tesorería de la Junta recibió:

239.907.901,66  $ c/1.

51.605,56 o/s.

102.277,12  m/arg.

1.242  Libras

8.050,07 U$A

Detalles más precisos se pueden obtener del libro “Actuación de la Retaguardia en la Guerra del Chaco-Junta de Aprovisionamiento” del Dr. Manuel Bedoya.



Conclusión

Durante la guerra al ejército se le dio armas, municiones, aprovisionamiento suficiente, si se adoleció inicialmente de transportes automotores fue por la imprevisión de los Jefes militares. Dice el Capitán Bozzano en su libro “Reminiscencias”:

“Habíamos nosotros notado que los jóvenes Jefes del Ejército graduados en Escuelas de Guerra europeas y otros formados por la Misión Militar contratada, conocían el arte de la guerra”.

“Pero era impresionante que había, quizá, demasiados estrategas, pero ninguno de ellos demostró la capacidad, ni se preocupó mucho de organizar, desde sus bases fundamentales, al Ejército que debió hacerse cargo de los planes de defensa”.

“El conjunto de esos Jefes formaban un organismo macrocéfalo de contextura, anímica y materialmente inestable”.

Prever las necesidades correspondía a los Comandos y sus Estados Mayores, satisfacerlo, al Gobierno.

El Gobierno Nacional cumplió con la patria, cumplió con el ejército, y cumplió con el pueblo.

Los Jefes del ejército demostraron su desconocimiento de la logística aplicable en el Chaco.

 

VII. LA CAIDA DEL PARTIDO LIBERAL

Los problemas que afloraron el 17 de febrero de 1936 y produjeron la caída del Partido Liberal, venían de muy lejos.

A mediados del año 1926 se trató en la Cámara de Diputados un proyecto de Ley iniciado por los Diputados liberales Dr. Pablo Max Insfrán, Eusebio Lugo y Miguel Duarte, en el que se pedía la derogación del Decreto del 17 de agosto de 1869 del Gobierno Provisorio y aprobado por Ley el 13 de julio de 1871, que declaraban “fuera de la ley y para siempre arrojado del suelo paraguayo al desnaturalizado paraguayo Francisco Solano López, como asesino de su patria y enemigo del género humano”, ni en el desenso ni en la Ley se lo acuso de traidor, lo que sería desde luego una incongruencia. El proyecto luego de un debate en donde la oratoria alcanzó brillantes niveles, por ambos bandos, fue aprobado por 25 votos a favor y 6 en contra, y posteriormente también aprobado por la Camara de Senadores, por parecido margen de votos, fue sancionado y promulgado por el Poder Ejecutivo.

La reivindicación organizada por D. Juan E. O’Leary había dado sus frutos, pero el Sr. Natalicio González desató una campaña propagandista contra los liberales sindicando a todos cómo antilopiztaz legionarios y antinacionalistas é identificando al Partido Colorado con posiciones precisamente antagónicas a las que él atribuía al Partido Liberal. La verdad era que el Partido Liberal nunca inscribió en su programa posiciones e ideologías identificadas con la polémica histórica, y en él militaban tanto antilopiztas, como lopiztas más de estos que  de aquellos, y una prueba de esto era el resultado electoral en las Cámaras constituidas en su gran mayoría por liberales y sólo por unos pocos colorados. El más connotado antilopizta liberal era el Dr. Cecilio Báez, un tiempo mentor de la juventud liberal, pero su prédica no tuvo la trascendencia que se le atribuyó, y además él no era el Partido Liberal. Pero la oposición adoptó las consignias lanzadas por Natalicio González.

Desde 1924 el Gobierno paraguayo conocía ya con certidumbre la penetración boliviana en el Chaco paraguayo, la que fue mantenida en secreto para el público, porque el Paraguay desarmado y con el ejército prácticamente aniquilado luego de la revolución del 22-23, no estaba en condiciones de enfrentar al enemigo, y porque habiendo un plan de rearme y organización del ejército, que no se podía realizar a pasos acelerados por la deficiencia financiera del país, no era conveniente inquietar a la opinión pública. Lo que el gobierno deseaba no era precisamente ocultar el hecho de la penetración, sino mantener el secreto del rearme, ya que llegado al conocimiento público la actitud boliviana acarrearía una gran agitación pública, que sería imposible contener, y no podía explicar la posición aparentemente inoperante del gobierno sin dar a luz los planes del rearme.

A fines del año 1926 y comienzos del 27 informaciones sobre la penetración boliviana en el Chaco fueron tomando estado público transmitidas por Oficiales de las guarniciones chaqueñas que venían a Asunción con permiso o enfermos y también por correspondencia mantenida con sus familiares.

Las instrucciones dictadas por el Ministerio de Guerra y Marina a las unidades del Chaco, que ya las mencionamos en detalle, daban la sensación de que existía una verdadera política entreguista y los Oficiales del Chaco así la consideraban.

Dichas instrucciones que ordenaban no atacar a los bolivianos aun pillados infraganti en sus correrías, provocaban el disgusto razonable de las unidades de los puestos avanzados, que desconocían los motivos justificados de estas órdenes. Como dice el Cnel. Carlos Fernández en su libro “La Guerra del Chaco”: “En razón de estas instrucciones los defensores de nuestra soberanía observaban y sufrían en silencio la osadía del invasor”, que se hacían más atrevidas en vista de la pasividad paraguaya.

Otros de los motivos del descontento era el supuesto negociado de los fusiles “mata paraguayos” fabricados en España, que si tenían algún desperfecto de construcción en las recámaras, pero que los estallidos producidos en algunos de ellos no se debían estos defectos sino al uso de proyectiles cargados con pólvora Coudille, comprados de urgencia, proyectiles que hacían estallar inclusive los fusiles de otros orígenes.

En 1926 fue detenido por tropas bolivianas el Tte. Cazenave que fue liberado de inmediato y no causó incidente de trascendencia.

El 25 de febrero de 1927 el Tte. Rojas Silva fue muerto por el Cabo boliviano Tejerina en el fortín Sorpresa, a quien inicialmente se lo consideró prisionero, siendo conocido el asesinato veintiocho días después cuando dos de sus soldados lograron llegar a nuestras unidades de avanzada. En este caso no hubo reparación, ni justificación de parte del gobierno boliviano, que premió a Tejerina con un ascenso y lo declaró héroe nacional.

El 22 de agosto de 1928 fueron aprehendidos el Jefe del Estado Mayor de la 5º División boliviana con asiento en Puerto Suárez, dos Ttes. Coroneles y dos Tenientes, más un guía, al Norte del fortín Galpón mientras estudiaban las posibilidades de levantar en la zona un puesto militar. Tuvieron que ser liberados posteriormente por mediación de países neutrales.

Los bolivianos, ante el éxito, insistieron y fundaron el fortín Vanguardia en el mismo sitio de los acontecimientos anteriores. Tropas paraguayas al mando del Teniente Ortigoza, por orden del Comandante del Regimiento, Mayor Rafael Franco, el 5 de diciembre del mismo año atacaron el fortín, tomaron prisioneros a los dos Tenientes que anteriormente habían sido apresados, y veinte conscriptos, siendo muertos además 6 individuos de tropa. El Mayor Franco fue el héroe vindicador del honor nacional, allí comienza su prestigio de patriota indeclinable.

Los bolivianos tomaron sus represalias, atacaron y tomaron nuestro fortín Boquerón el día 14 de diciembre, el mismo día por sorpresa nuestro fortín Mariscal López, y un avión bombardeó Bahía Negra al día siguiente, hechos anunciados públicamente por el Presidente Siles.

En las acciones del sector del fortín Mcal. López se produjo la muerte del Tte. Iº Aparicio Figari y dos soldados más, cayeron prisioneros el Tte. 2º José Conigliaro y dos soldados.

A raíz de estos hechos ambos países decretaron la movilización general y se tenía la impresión de que la guerra se iniciaba, la que fue impedida mediante la intervención enérgica del Presidente chileno Gral. Ibáñez del Campo y de su Canciller el Dr. Conrado Ríos Gallardo.

El 3 de febrero de 1929 se constituyó una “Comisión de Investigación y Conciliación” que finalmente el 12 de octubre de 1929 declaró al Paraguay país agresor y este tuvo que reconstruir Vanguardia a cambio de la devolución de los fortines Boquerón y Mcal. López.

Estos hechos enardecieron a la opinión pública en el Paraguay, convenientemente acicateada por la oposición que atacó al gobierno tratándolo, ya reiteradamente, de vende patria y entreguista, sin que el gobierno pudiera defenderse.

La guerra no estalló para fortuna del Paraguay que había recibido solo una pequeña parte de todo el material bélico adquirido. Había que seguir agachando el lomo, y la gente que acusaba a nuestra diplomacia de inepta, no comprendía que nuestros diplomáticos nada podían hacer frente a la diplomacia internacional de la Liga de las Naciones manejada por los magnates mineros bolivianos emparentados con los Roschild y la nobleza europea.

La movilización fue un desastre en ambos países, y demostró que ninguno de ellos estaba preparado para tamaña empresa.

Quedó también claro y concluyente, que en algunos de nuestros fortines avanzados, frente a nuestros enemigos, sus Comandantes no disponían las medidas de seguridad adecuadas y por ello el fortín Mcal. López cayó en poder de los bolivianos sin combatir y con el desbande de sus tropas abandonadas por su Comandante.

El 16 de enero de 1930 una fracción boliviana de un Pelotón, de 30 hombres, atacó sorpresivamente el retén paraguayo de Zanja Pytá, ubicado entre Isla Poí y Pozo Valencia. Los atacantes fueron repelidos con muchas bajas.

El 27 de agosto de 1931 se produjo un fuerte encuentro de una patrulla en Samaklay, puesto avanzado paraguayo frente a Nanawa, que había sido abandonado transitoriamente por falta de agua y ocupado por los bolivianos, que produjo la dispersión de la tropa enemiga y la muerte de un oficial y cuatro soldados bolivianos. El Comando paraguayo ordenó el reconocimiento en fuerza de dicha posición boliviana. El período de agachada había concluido. El reconocimiento paraguayo cumplió satisfactoriamente su objetivo, constataron la muerte de 9 soldados bolivianos, recogieron gran cantidad de materiales y objetos abandonados por el enemigo. Las fuerzas paraguayas sufrieron la pérdida de 2 soldados desaparecidos, 8 muertos, y heridos el Tte. 1º Julián Núñez Colman y 8 soldados. El gobierno, como en todas las veces anteriores informó detalladamente lo ocurrido.

Al conocerse estos hechos la agitación popular, sobre todo estudiantil, alimentada por políticos de la oposición y por el diario “La Tribuna”, y algunos dirigentes sindicales, había aumentado enormemente. Se seguía insistiendo en que el Partido Liberal y el Gobierno eran entreguistas, vende patrias, traidores y legionarios, según slogans elaborados, sobre todo por Natalicio González.

Así se produjeron las manifestaciones estudiantiles, manipuladas por agitadores inescrupulosos, que el 22 de octubre a la noche intentaron asaltar el domicilio particular del residente de la República con evidente intensión de asesinarlo, y que el 23 de octubre por la mañana intentó invadir el Palacio de Gobierno con el mismo objetivo, en cuyo jardín se produjo una masacre de estudiantes.

Los estudiantes fueron usados y manipulados, explotando su exaltación patriótica. Los instigadores culpables escondieron la cara y a muy poco de ellos se los vio en los cañadones del Chaco.

Indudablemente la responsabilidad de los hechos del 23 de octubre, en gran medida correspondió al gobierno que no supo o no fue capaz de reprimir a tiempo, y sin mayores violencias, la manipulada eclosión estudiantil de fervor patriótico.

El gobierno liberal fue desde ese momento el “masacrador de estudiantes” y el Presidente Guggiari, que no había ordenado disparar un solo tiro, un asesino!!!

La agitación antiliberal continuó durante la guerra del Chaco, la gran masa de Oficiales de la Reserva, aproximadamente 1600 hacia el final del conflicto, casi toda era antiliberal.

Acusaban al Partido Liberal de la venta de tierras a los latifundistas extranjeros, de la venta del ferrocarril, de haber entregado la navegación fluvial a empresas extranjeras, sabemos muy bien hoy que los autores de estos negociados escandalosos fueron los gobiernos colorados y que estos juzgaron al Mcal. López y nada hicieron en treinta años de gobierno para levantar las acusaciones que sobre él pesaban, y que atribuían al Partido Liberal.

En el Chaco se protestaba por todo y era el gobierno liberal el Culpable de todo, nunca las circunstancias, las imprevisiones de Comandos y Servicios. Las batallas y la guerra se ganaba a pesar del gobierno.

El famoso armisticio luego de la Batalla de Zenteno-Gondra, los ascensos de Estigarribia, y el no ascenso de otros grandes Comandantes de grandes unidades, eran motivos de duras críticas al gobierno y a Estigarribia.  

Al finalizar la guerra la desmovilización de las tropas, con insignificantes haberes y un pequeño lote de provistas; la idea del ascenso de Estigarribia a Mariscal, trocado luego por un ascenso a General de Ejército; la pensión de      1.500 o/s., la remisión de la famosa tarjeta que significaba el paso a retiro de algunos Jefes y Oficiales del servicio activo; la murmuración de una probable reelección del Presidente Ayala, etc., eran motivo de agrias críticas al gobierno y al partido de gobierno.

Concluida la guerra, la fundación de la Asociación de Ex Combatientes, en manos de los Oficiales de Reserva, dio base a la continuidad de la campaña antiliberal; ya entonces la desmovilización de los Oficiales de Reserva en diciembre de 1935, muchos de los cuales no se habían readaptado a la nueva situación y exigían puestos públicos y trabajo remunerado; la no consideración de las propuestas de ascenso elevadas por los comandos de unidades al final de la guerra y el escaso número de condecorados, fueron otros tantos temas agregados a los anteriores. 

La verdad es que la conspiración antiliberal se inició en el Chaco y más concretamente, con inusitado vigor en el II Cuerpo de Ejército comandado por el Cnel.        Franco. Pudo haber eclosionado ya el 8 de agosto de 1935 cuando se realizaba la gran cena a la que asistieron los miembros del Gabinete, personalidades civiles, el Comandante del Ejército en el Chaco, su Estado Mayor, los Comandantes de Cuerpos de Ejército y sus Jefes de Estado Mayor, en la cubierta del Cañonero Humaitá atracado en Puerto Casado, donde hubo intención de apresar al presidente y su Gabinete, orden que el Cnel. Franco no se atrevió a dar.

En los últimos meses del año 35 el Cnel. Franco fue designado Director de la Escuela Militar con asiento en Campo Grande. Franco comenzó a conspirar con algunos integrantes de la Liga Nacional Independiente, constituida por un grupo de intelectuales sin ninguna trascendencia popular, cuyo exponente máximo, muerto el Dr. Adriano Irala por enfermedad contraída en el Chaco, era el Dr. Juan Stefanich. La conspiración llegó como información cierta hasta el gobierno, que conocía el nombre de todos los conspiradores, inclusive de todos los militares comprometidos. El gobierno resolvió la deportación del Cnel. Franco a Buenos Aires, con su pase a retiro y el goce íntegro de su sueldo. El Presidente Ayala no tomo otras medidas, porque tomadas contra un núcleo importante de Jefes y Oficiales, causaría un grave desmedro del prestigio internacional del Paraguay en momentos en que se negociaba el Tratado definitivo de Paz, la deportación del Cnel. Franco pasaría a circunscribir en el proceso conspirativo y no traduciría la imagen de una descompostura disciplinaria del ejército.

Sin que se tomaran otras medidas contra los conspiradores, estos, sin Franco, continuaron los trabajos conspirativos que incluía a los jóvenes Oficiales de los Regimientos de Campo Grande, el R. I. 3 “Corrales” y el R. I. 4 “Curupayty”, quienes a última hora, estando todo tramado, buscaron a dos Jefes de prestigio que los respaldaran en el Comando, los Tte. Coroneles Federico W. Smith y Camilo Recalde.

El 17 de febrero las unidades amanecieron en Asunción y luego de una corta lucha desigual con la policía de la Capital, pues la marina a última hora se había plegado al movimiento, el Presidente Ayala renunció a la Presidencia de la República, produciéndose así la caída del Partido Liberal.

Al finalizar la guerra, algunos Jefes y la gran mayoría de los Oficiales se consideraban los dueños de la república. Se había salvado la patria merced al valor y el sacrificio de los mismos, venciendo al enemigo boliviano a pesar de la ineficiencia y el escaso patriotismo del gobierno.

Los ex combatientes volvíamos siendo los héroes de muchas hazañas, no cabía dudas, y para nosotros, los integrantes del Comanchaco, y todos los de la retaguardia, los integrantes de las etapas; los tripulantes de los buques y barcos que llevaban de Asunción hacia el Chaco armas, municiones, bastimentos, vituallas, etc. y traían hacia Asunción heridos, enfermos, a los que gozaban de licencia y a los prisioneros; los obreros de las fábricas, los labriegos, los empleados, los funcionarios, los operarios de los Arsenales, los de la Sanidad, los de la Intendencia, todos eran “los emboscados”.

Dentro de este ambiente espiritual y sicológico, que no era solapado, sino abierto y franco y se lo proclamaba en voz alta, en todas partes, y que muchos políticos liberales no quisieron ver ni oír la caída del Partido Liberal, era un hecho que tarde o temprano debía producirse.

Los revolucionarios del 17 de febrero nombraron varias comisiones para investigar la deshonestidad, los latrocinios, y el entreguismo de los caídos, muchos meses después tuvieron que concluir que no era posible obtener indicios, tan siquiera de la deshonestidad de los gobernantes liberales.

El Presidente Ayala, el Gral. Estigarribia, algunos Ministros, y altas personalidades fueron enviados a prisión en condiciones indignas, muchos más debieron salir del país donde fueron perseguidos por gestiones diplomáticas del gobierno de Franco.

La revolución del 17 de febrero, cuyo líder nato era el Cnel. Rafael Franco, revolución que se hizo para el que era el único hombre revolucionario entre la oficialidad del ejército, y con carisma patriótico, formó gobierno con las siguientes personas: Interior, Dr. Gómes Freire Esteves (ex cívico); Relaciones Exteriores, Dr. Juan Stefanich (Liga Nacional Independiente); Hacienda, Dr. Luis Freire Esteves (ex cívico); Justicia, Culto e Instrucción Pública, Dr. Anselmo Jover Peralta (ex radical); Ministro de Guerra y Marina, Cnel. Aristides Rivas Ortellado; Agricultura, Dr. Bernardino Caballero (colorado y nazista); Salud Pública, Dr. Pedro Duarte Ortellado (Liga Nacional Independiente).

La revolución del 17 de febrero, llamada Libertadora, era un movimiento exclusivamente anti liberal y que enseguida se identificó como totalitario, en la Carta Plesbicitaria del Ejercito, hechura de Gomes Freire Esteves y luego con el Decreto Ley Nº 152 que identificaban la revolución con el Estado, así lo confirmaron. La realidad era que en ella se cobijaron

todos los antiliberales de todas las tendencias y banderías. Los colaboradores de Franco pronto entraron en pugna y se fueron eliminando unos a otros, triunfando finalmente el conspirador de la primera hora, el Dr. Stefanich con su teoría del Solidarismo.

El gabinete de Franco, en los 18 meses de supervivencia sufrió ocho cambios ministeriales y la gran crisis se produjo en mayo del 36 como fruto de la indefinición ideológica.

A partir del 17 de febrero se acentuó la supremacía del ejército en la política, sobre todo fueron los Comandos de las unidades de la Capital o su vecindad los que se erigieron en árbitros de la política, que como siempre encontraron civiles de prestigio que los acompañaron para medrar.

Los errores de conducción del franquismo, sobre todo en los asuntos diplomáticos referentes al Chaco, fueron los que provocaron el 12 de agosto la caída estrepitosa del régimen.

El 17 de febrero de 1936 nació lo que se da en llamar el partido limitar, es decir las fuerzas armadas actuando como un partido político, designando presidentes, ministros, altos

funcionarios y deponiéndolos cuando lo creían conveniente. Nuevamente fueron los militares los que el 12 de agosto de 1937 tomaron carta en la conducción política del país, destituyendo al Cnel. Franco e instalando un gobierno llamado, “universitario”, con la Presidencia del Dr. Félix Paiva un viejo liberal retirado de la política y dedicado exclusivamente, a sus actividades universitarias. El ejército desde ese momento se transformó, como dijimos, en un partido político, y más aún, en un verdadero poder del estado, pues inclusive la soberanía paso a sus manos.

El Dr. Paiva constituyó su gabinete de la manera siguiente: Interior, Tte. Cnel. Ramón Paredes (no liberal como se le atribuyó); Relaciones Exteriores, Dr. Cecilio Báez (otro liberal retirado); Hacienda, Dr. Luis A. Frescura (ex liberal); Justicia, Culto e Instrucción Pública, Dr. Luis A. Argaña (mentor del tiempism); Agricultura, Dr. Francisco Rolón (liberal retirado); Guerra y Marina, Cnel. Juan B. Ayala; Economía, Cap. de Navío José Bozzano; en el gobierno de Paiva el gabinete sufrió también nueve cambios en tres años de gobierno y terminó con el siguiente gabinete: Interior, Cnel. Higinio Morínigo; Relaciones Exteriores, Cap. de Navío Elías Ayala, Hacienda, Dr, Justo Pastor Benítez; Justicia, Culto e Instrucción Pública, Dr Juan Francisco Recalde; Agricultura, Dr. Francisco Rolón, Guerra y Marina, Gral. Nicolás Delgado; y Economía, Di Andrés Barbero; de los primeros ministros sólo restaba el Dr Rolon.

El 30 de mayo de 1938 la Convención del Partido Liberal nombro por aclamación como Presidente al Dr. Gerónimo Zubizarreta y como Vice Presidentes a los Dres. Gerónimo Riart y Justo Pastor Benítez. Como miembros fueron designados: Dr. Eusebio Ayala, Dr. José P. Guggiari, D. Eduardo Schaerer, D. Belisario Rivarola, Dr. Luis A. Riart, D. Manuel Burgos, D. Modesto Guggiari, D. Narciso Méndez Benítez, Dr. Juan Francisco Recalde, Dr. Justo P. Prieto, Dr. Alejandro Dávalos, Dr. Carlos Gatti, Dr. Francisco Sapena Pastor, Dr. Alejandro Marín Iglesias, Dr. Enrique Bordenave, Dr. Ernesto Gavilán, Dr. Efraím Cardozo, D. Arturo Bordón, D. Pastor Urbieta Rojas, D. Policarpo Artaza, Dr. Carlos R. Centurión, Dr. Lucio Mendonca, Dr. Julio César Chávez, Dr. Emilio Saguier Aceval, Dr. Luis Chase Sosa y Dr. Salvador Villagra Maffiodo.

El 21 de julio de 1938 se firmó en Buenos Aires el Tratado de Paz, Amistad y Límites entre la República del Paraguay y la de Bolivia, que previamente fue puesta a consideración de los Jefes de las Fuerzas Armadas de la Nación, públicamente defendida en una conferencia en el Teatro Municipal por el Canciller Interino Dr. Luis A. Argaña y aprobado por un plesbicito nacional por 135.385 votos, sobre 148.589 totales.

Hace poco tiempo apareció publicado el texto de un Protocolo Secreto, en el que ya antes de la firma del Tratado, se fijaban los límites definitivos, en el que de los 31.500 Kms. que debían someterse al arbitraje se daban al Paraguay 18.000 Kms.2 y a Bolivia 13.500, es decir, que no hubo tal arbitraje. La responsabilidad de este Protocolo secreto adicional, debe atribuirse exclusivamente a los firmantes del mismo, y creo que no fue responsabilidad, ni del gobierno, ni de las Fuerzas Armadas.

El 5 de julio de 1939 el gobierno firmó un acuerdo con la Argentina en el cual está reconocía como límites entre ambas repúblicas el brazo Sur del río Pilcomayo, que estaba en discusión desde 1878, acuerdo atribuido al prestigio del Gral. Estigarribia, y que posteriormente se concretó en un Tratado complementario el 1º de junio de 1945 para la determinación del límite definitivo en el Estero Patiño, en el sector comprendido entre Horqueta y Salto Palmar.

El 17 de febrero de 1938 el Partido Liberal había perdido la decisión política de la cosa pública, que venía haciendo hasta entonces con honestidad y solvencia. A raíz del golpe militar del 13 de agosto de 1937 el Partido Liberal volvió a actual en el terreno político muy precariamente, y se dedicó con ahínco en la organización de sus cuadros, y nada tenía que ver en las decisiones políticas, era el ejército el que había adquirido preponderancia, dejó de ser un instrumento del estado, como correspondía, para constituirse en una institución responsable de las decisiones del gobierno, lo que se consolida con la Constitución de 1940 que le da carácter y funciones constitucionales , en su Art. 18 que dice: “La custodia y defensa del orden, de la soberanía de la integridad territorial y del honor de la república, así como la defensa de esta Constitución quedan confiadas a las Fuerzas Armadas de la Nación”.

Es desde el 13 de agosto que se consolida el partido militar, que aprueba y desaprueba las gestiones del gobierno, de los ministros y funcionarios, y que consecuentemente quita y pone ministros y altos funcionarios, ya desde el gobierno del Dr. Paiva.

El Partido Liberal había cobrado una gran pujanza luego del 13 de agosto, y en las elecciones parlamentarias de 1938, en la que el Partido Colorado no se presentó porque sus cuadros estaban totalmente desorganizados, las bancas parlamentarias fueron cubiertas totalmente con representantes liberales. El Ministerio del Interior, la Junta Electoral, el Gobierno y las Fuerzas Armadas ofrecían plenas garantías al Partido Colorado, que buscó un pretexto baladí para no presentarse.

Al cumplirse los dos años la mitad de las bancas parlamentarías debían ser renovadas y el Partido Liberal solicitó del Partido Colorado su concurrencia y a exigencia de este los parlamentarios liberales pusieron a disposición su renuncia a fin de que la renovación fuese total. Se constituyó una comisión interpartidaria que llego a un acuerdo de cinco puntos para la concurrencia de ambos partidos, proyecto que quedó frustrado por el golpe de Estigarribia el 18 de febrero de 1940.

Para las elecciones Presidenciales y Parlamentarias de 1939 en el Partido Liberal había surgido la posibilidad de algunas candidaturas presidenciales, pero el ejército deseaba e imponía la del General Estigarribia, el partido con algunas oposiciones, accedió y lanzó el binomio General Estigarribia – Dr Luis A. Riart, el coloradismo nuevamente no se presentó, y los candidatos presidenciales fueron electos.

El 15 de agosto de 1939 asumió la Presidencia Constitucional el General de Ejército José Félix Estigarribia e íntegro su gabinete con el Gral. de Brigada D. Nicolás Delgado, Ministro del Interior; Dr Justo Prieto Benítez, Ministro de Relaciones Exteriores; Dr Cipriano Codas, Ministro de Hacienda; Dr Alejandro Martin Iglesias, Ministro de gobierno y trabajo

Dr. Efraím Cardozo, Ministro de Justicia y Trabajo e Instrucción Pública; Dr. Alejandro Dávalos, Ministro de Salud Pública; Dr. Pablo Max Insfrán, Ministro de Economía; Cnel. Eduardo Torreani Viera, Ministro de Guerra y Marina.

El ejército, descontento con el gabinete predominantemente, liberal y con tan solo dos ministros militares, se valió del Grupo “Tiempista”, de tendencia ideológica totalitaria con  matices católicos, que a travez del diario “El Tiempo” inició una campaña violenta contra algunos ministros del gabinete y hombres del Partido Liberal.

Una carta de contenido conspiratorio, real o ficticia, dirigida a sus amigos fue atribuida al Dr. Andrada, lo que determinó que el Consejo de Ministros el día 10 de febrero de 1940, ordenó la expulsión de todos los tiempistas y el cierre del diario “El Tiempo”, ese mismo día el Ministro del Interior ordenó al Jefe de Policía, Cnel. Melgarejo, el cumplimiento de la resolución, pero la medida fue paralizada por los Jefes del Ejército y no se dio su cumplimiento.

Ese misino día el Ministro del Interior hizo comunicar al Dr. José P Guggiari por intermedio del Dr. Enrique Jacquet la orden de abandonar el país, con total desconocimiento del Presidente dé la República. Indudablemente el Ministro del Interior Gral. Delgado estaba participando del movimiento militar

El mismo día sábado 10 de julio por la tarde se realizó una reunión de los Jefes Militares con mando de tropa en la Capital, en el domicilio particular del Presidente de la República, es decir el Presidente convocó a los Jefes del partido en el domicilio particular del Presidente de la república, es decir el Presidente convocó a los Jefes del Partido militar. En dicha reunión el Presidente se enteró de la pulsión de los tiempistas había sido detenida por orden de los Jefes militares, siendo el portavoz el Mayor Dámaso Sosa Valdez, en ausencia del Cnel. Paredes que se encontraba en el exterior. Estigarribia planteó entonces o su renuncia amplios poderes para gobernar y les dio tiempo para que trajeran la respuesta hasta el martes 13. El día 13 los militares que no tenían un programa concreto, o mejor dicho, no tenían programa, le concedieron los más amplios poderes extraordinarios

Observe bien que Estigarribia pide al ejército amplios poderes, estos deliberan y le conceden. No era Estigarribia el que decidía sino los militares quienes se reúnen y deciden, y obsérvese también que el Partido Liberal, que le dio su voto, no era sino un furgón de cola en todo el proceso.    

El Gral. Estigarribia quien conocía a los militares y sabía que estos se encontraban desorientados, y le darían amplios poderes, llamó ese mismo día 10 al Dr. Alejandro Marín Iglesias para comunicarle su propósito de organizar un gobierno ‘"'fuerte”, y el domingo 11 continuó hablando del proyecto, ahora ya también con el Dr. Efraím Cardozo.

El martes 13 en horas de la mañana, los Dres. Marín Iglesias y Cardozo conversaron con el Presidente del Partido Liberal para informarle del propósito del Gral. Estigarribia de realizar cambios en la estructura y organización del gobierno de la República y pidiendo a su nombre la colaboración del Partido Liberal para esta idea de organizar un “gobierno fuerte”. El programa era que el Gral. Estigarribia para “salvar crisis militar que se avecinaba” había resuelto hacer una modificación sustancial en la forma y constitución del gobierno, sin que se concretase a ciencia cierta en qué consistía dicha modificación sustancial, es decir pedía también al Partido Liberal una carta blanca.

Como ni Cardozo, ni Marín Iglesias se atrevían a liderar el movimiento en favor de Estigarribia en el Directorio del .Partido éste le ofreció al Dr. Justo Pastor Benítez dicho liderazgo y este aceptó. El 16 de febrero de 1940 en una Sesión Extraordinaria del Directorio del Partido Liberal es ampliamente derrotada la moción de no apoyar el pronunciamiento que planificaba el Presidente y se aprobó también por amplia mayoría las propuestas del Dr. Justo Pastor Benítez:

1º. “Que el Directorio del Partido Liberal declara llegada la oportunidad de reformar la Constitución Nacional, y que esta resolución se transmita a los señores parlamentarios”.

2º. “Que los señores representantes al Congreso cancelen sus respectivos mandatos por renuncia”.

3º. “Que los liberales tengan libertad de colaborar con el Gobierno bajo su responsabilidad personal y sin responsabilidad alguna para el partido”.

Los únicos que votaron contra estas mociones fueron el Dr. Juan Francisco Recalde, el Dr. Francisco Orué Saguier, el Dr. Francisco Sapena Pastor, que con el Presidente, el Dr. Gerónimo Riart eran cuatro.

Era la caída definitiva del Partido Liberal, por la inconsecuencia de sus dirigentes con los idearios y principios del liberalismo.

Los que se llamaban liberales nuevamente corrieron en tropel a engancharse al carro de los militares y haciendo un festivo adiós al liberalismo y a la democracia.

Como final deseo transcribir algo que mi padre desilusionado escribió:

“Más aquel filósofo pesimista tenía razón al afirmar que: El destino se ríe de nuestros éxitos y de nuestros reveses; deshace y desbarata nuestras mejores combinaciones y nos dispensa el bien y el mal en razón inversa a nuestra razón. Cuando se escucha esta carcajada perpetua del destino en la historia de cada hora y en la vida de cada hombre, es pueril e inocente fiarse en los cálculos humanos”.

“El 7 de setiembre de 1940, Dios, a cuyo amparo se había puesto Estigarribia, le restó su apoyo y se lo llevó de este mundo, en cambio quedó hasta el presente su obra: la Dictadura”.

El partido militar continuó empuñando el timón político, con diversas alternativas, hasta nuestros días, constituido en un verdadero poder del estado, y por encima de todos los otros poderes.

 

VIII. EL EJERCITO DEMOCRÁTICO

El Partido Liberal no tuvo, no tiene un plan o conceptos desarrollados de lo que un ejército debe ser bajo un régimen autoritario, dictatorial o totalitario, y se explica porque sería un grave contrasentido que los tuviera, en cambio sí los tiene para lo que debe ser un ejército en la democracia.

En la democracia los miembros de las fuerzas armadas son ciudadanos en uniforme y como tal tienen los mismos derechos y deberes que los ciudadanos sin uniforme.

El integrante de las fuerzas armadas, Jefe, Oficial o Soldado debe gozar de todos los derechos, los derechos humanos, y ser respetado como tal, ya que en el concepto democrático no es más pero tampoco es menos que los demás ciudadanos. Esto significa que no tiene por qué tener privilegios. Sus miembros deben respetarse mutuamente considerándose seres humanos iguales. Por ejemplo: el soldado no tiene porqué prestar servicios privados a sus jefes, fuera de la unidad, el soldado viene a servir a la patria y no al escalafón castrense.

El ciudadano que pasa a integrar las fuerzas armadas lo hace por su propia voluntad, solamente los que cumplen el servicio militar lo hacen por obligación, y voluntariamente .se somete a la disciplina y a la subordinación.

La subordinación no significa el sometimiento, el acatamiento de cualquier orden superior, ni es motivo para eludir la responsabilidad personal. El subordinado no tiene porqué cumplir una orden que afecte la institucionalidad, el sometimiento al poder civil, los derechos humanos, la moral; la orden superior debe ser acatada cuando ella está encuadrada en el derecho, en la ley, en la moral. Nadie está excento de la responsabilidad personal. No puede el subordinado invocar la orden superior cuando ejecutó, por ejemplo, una orden de asesinato, de saqueo, o de tortura.

Los delitos que cometen los miembros de las fuerzan armadas, deben ser juzgados por los tribunales civiles como los demás ciudadanos, que son sus pares, porque en una democracia no existen ciudadanos privilegiados.

Los tribunales militares deben tener jurisdicción sobre los delitos y faltas disciplinarias, los de subordinación y los de guerra.

Las fuerzas armadas de la nación, no pueden constituir una carga onerosa para la nación, y el tamaño del ejército debe ser lo razonable para la formación y preparación permanente del equipo (Jefes, Oficiales y Clases) necesarios para la condución en un caso de guerra, y salvo que exista riesgo de conflicto internacional el tamaño del ejército deberá ser aquel que proporcione seguridad a la nación.

El ejército en la democracia debe ser adecuado, más bien pequeño, con gran capacidad técnica, con Jefes y Oficiales bien preparados, eficientes en el sentido de la conducción de una guerra moderna en la que la tecnología está muy desarrollada. Sus Jefes, Oficiales y Sub Oficiales deben ser tecnólogos de la guerra y son quienes deben preparar a la ciudadanía para la defensa de la patria.

Las fuerzas armadas para garantir la seguridad de la nación ante ataques externos deberán contar con armamentos adecuados, modernos, hasta sofisticados si ello fuera posible, y debe ser renovado periódicamente, desechando las armas obsoletas o anticuadas. Sin embargo, ya lo dijimos, las fuerzas armadas no deben ser carga onerosa indebida si peligros externos no la justifican.

Los Jefes y Oficiales deben ser expertos tecnólogos de la guerra, pero deben tener una amplia cultura, los técnicos que se circunscriben a lo suyo no pueden tener la mente lúcida para resolver los problemas variados que la praxis, sobre todo en la guerra, plantea al ser humano y sobre todo al Jefe.

El ejército debe ser un ejército nacional, no partidario. Sus hombres tienen derecho a tener simpatías partidarias e ideológicas como cualquier otro ciudadano, pero no deben ser militantes partidarios, porque un hombre no puede tener dos amos, debe ser independiente de toda atadura que no sea el ejército. En él convivirá dentro de un marco de tolerancia y comprensión, con simpatizantes de otros partidos y de diversas ideologías y el ejército, las fuerzas armadas, en este sentido debe ser también democrática.

Dentro de las fuerzas armadas no se deberían debatir los problemas políticos e ideológicos, que llevarían a untarle cohesión.

Las fuerzas armadas no pueden ser usadas en la represión de los ciudadanos, salvo que estos se levanten en armas para subvertir el orden democrático constitucional establecido. La función es la defensa de la integridad del territorio y del honor de la nación, una función que está por encima de los conflictos internos de la república. Para la seguridad de los habitantes, la salvaguarda de los derechos y garantías de los derechos humanos, y del orden interno está la policía y el mantenimiento del orden constitucional compete a los representantes del pueblo reunidos en el parlamento nacional. Sin embargo el liberalismo reconoce que cuando un gobierno viola sistemáticamente y reiteradamente las libertades, los derechos y garantías que consagra la constitución para los habitantes de la nación, la resistencia en todas sus formas, incluyendo el levantamiento armado, es el más sagrado de los derechos y el más imperioso de los deberes de los ciudadanos. Los integrantes de las fuerzas armadas son ciudadanos, y estas causales son las únicas que justifican su levantamiento.



BIBLIOGRAFIA DE CONSULTA

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2. Albino Jara. Un varón meteórico. Alfredo Jaegli.

3.Árado, Pluma y Espada. Gualberto Cardús Huerta.

4.Relato de la Revolución de 1932. T. 1. y 2.

5. Partido Liberal. Programa de 1916.

6. Ideario político. Justo Pastor Benítez.

V. El 23 de Octubre. Efraím Cardozo.

8.Sucesos del 23 de Octubre. Sus causas y antecedentes. Justo P. Benítez.

9. El Dr. Luis Riart y la Defensa del Chaco. Gustavo A. Riart.

10., La Defensa del Chaco. Verdades y Mentiras de una Victoria. Ángel P. Ríos.

11. Financiamiento de la Guerra del Chaco. Lorenzo N. Livieres Guggiari.

12. La Guerra del Chaco hasta Campo Vía. Juan B. Ayala.

13. Reminiscencias. Cap. de Nav. Ing. Naval José A. Bozzano.

14, Actuación de la Retaguardia del Chaco. Junta de Aprovisionamiento. Manuel Bedoya.

15. La Sanidad Militar Paraguaya en la Guerra del Chaco. Carlos Díaz León.

16. Memoria de la Dirección General de Economía y Abastecimiento. Luis A. Riart.

17. La Defensa del Partido Liberal. Luís De Gásperi.

18. ¿Qué hizo el Partido Liberal en la Oposición y el Gobierno? Policarpo Artaza.

19. Ayala, Estigarribia y el Partido Liberal. Policarpo Artaza.

20. Verdades del Barquero. Arturo Bordón.

21. Panorama Político del Paraguay. (La post guerra del Chaco).

22. El gobierno del 17 de Febrero. Juan Stefanich.

23. Estigarribia. Alfredo Seiferheld.

25, Estado General de la Nación durante los gobiernos liberales. T, 1. 2. y 3. Arturo Bray.

 

 

 

 

 

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