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JORGE AGUADÉ (AIGUADÉ)


  EL OCASO DEL JINETE - CRÓNICA DE UN INTENTO DE GOLPE DE ESTADO EN EL PARAGUAY - Editor: JORGE AIGUADÉ


EL OCASO DEL JINETE - CRÓNICA DE UN INTENTO DE GOLPE DE ESTADO EN EL PARAGUAY - Editor: JORGE AIGUADÉ

EL OCASO DEL JINETE

CRÓNICA DE UN INTENTO DE GOLPE DE ESTADO EN EL PARAGUAY

EDWIN BRÍTEZ, IGNACIO MARTÍNEZ,

NÉSTOR ESCOBAR FRANCO, CARLOS PERALTA

Editor: JORGE AIGUADÉ

 

Documentación: LENY ESPÍNOLA / OSVALDO CAZENAVE

Dirección de arte de tapa: EDGAR AMADO

Diseño de tapa: SANTIAGO ROJAS

Edición de fotos: JUAN CARLOS MEZA

Diseño y procesamiento digital: JUAN GONZÁLEZ LOBOS /

JUAN MANUEL TEIXÍDO

Corrección: FRANCISCO ESTECHE / OSCAR OBANDO /

AUGUSTO ESTIGARRIBIA

Coordinación técnica e informática:

JUAN CARLOS GÓMEZ / MARCIAL SÁNCHEZ / ROLANDO ROSSI

ABC COLOR

Asunción – Paraguay

1996 (240 páginas)

 

 

 

 

 

PROLOGO

 

            La debilidad de nuestra incipiente democracia -o de nuestro camino de transición hacia ella- se hizo evidente en la reciente crisis provocada por la negativa del general Lino César Oviedo Silva a entregar su cargo de comandante del Ejército, cuando el Presidente de la República decidió relevarlo no tanto por la dificultad material que encontró el Gobierno en hacerle deponer su actitud y cumplir la orden, sino porque el hecho puso al descubierto el endeble andamiaje de nuestra estructura institucional y política, como sociedad y como nación.

            En efecto, solo una estructura muy cercana al feudalismo es la que permite que existan caudillos militares que manejen "su territorio" y su poder autocráticamente, como un bien propio del que disfrutan y sacan ganancias, y al que deben defender con la fuerza de las armas, tal como en la Edad Media los señores feudales explotaban sus territorios en su beneficio y los defendían contra otros señores feudales en las interminables guerras de la Europa de ese tiempo.

            Únicamente proyectando la figura de Oviedo sobre ese modelo de señor feudal se puede entender su reacción en defensa de "su" cargo y puesto de mando. Únicamente en un país en que, por debajo de las estructuras aparentemente formales, subyace el entretejido real de esas relaciones de poder semifeudales entre militares dueños de territorios y poderes y empresarios que se apoyan en ellos para llevar adelante sus negocios, puede entenderse que un jefe militar no pueda ser detenido en el propio palacio presidencial cuando se niega a cumplir una orden porque ha venido acompañado de una guardia armada más poderosa que la de la propia presidencia. Esto, para dar solo un ejemplo.

            Es la herencia que nos dejó la dictadura recientemente derrocada, todavía viva en la realidad, en la conciencia y la voluntad de la gente, sobre todo de la que de ella saca provecho. Militarismo prebendarista que se niega a entender su nuevo rol, el que deben tercer las Fuerzas Armadas en una democracia. Pero la debilidad de nuestras estructuras democráticas, o en camino a serlo, no se debió solo a esto. Atañe también a la propia legitimidad del actual gobierno en función.

            Para todos fue siempre evidente que una de las mayores dificultades del presidente Wasmosy para imponer su autoridad sobre este siempre polémico militar era la enorme deuda que tenía con él en los dos momentos claves del proceso que lo llevó a la Presidencia de la República; las elecciones internas del Partido Colorado, en diciembre de 1992, y las elecciones generales de mayo de 1993. En ambas oportunidades, la intervención directa de los militares, liderados por el general Lino Oviedo, fue la que determinó las discutibles victorias del actual Presidente de la República. Tanto es así que el general fue reconocido como artífice de la segunda victoria por los propios correligionarios colorados.

            Entonces, para la lógica de Oviedo, no era comprensible que tuviera que obedecer y someterse a un gobierno que él erigió y puso en el poder.

            Un hecho digno de destacarse; fue la sorprendente reacción de la ciudadanía ante los hechos que estaban sucediendo desde el lunes 22 de abril pasado hasta el jueves 25 a la mañana. Nunca hubiera sido pensable en el Paraguay de apenas unos años atrás esta manera de manifestarse y expresar la voluntad popular, con tanto vigor y dignidad. Se expresó, sobre todo, el deseo -más que el deseo, la decisión- de no aceptar que por la fuerza se quiebre la institucionalidad democrática, el deseo de vivir en una democracia real, de que las apariencias institucionales y formales de nuestra democracia de fachada -como lo es toda democracia tutelada- coincidan con la realidad, no sean mera apariencia.

            Desde luego, el factor de más peso en la derrota de Oviedo y el triunfo de una institucionalidad reclamada por las masas fue la rápida y eficaz reacción internacional, principalmente de los países del Mercosur, los Estados Unidos de América y la Organización de los Estados Americanos (O.E.A.). Ellos demostraron también el deseo -la decisión- de la comunidad internacional de no aceptar la quiebra de la institucionalidad democrática en nuestro país, otro signo de los cambios que trae el tiempo. Otra señal que no pudo ser leída a tiempo por Oviedo.

            Los sucesos que este libro describe no solo revelan los aspectos endebles de nuestra transición democrática. En realidad, forman en su conjunto un acontecimiento histórico complejo y rico, que marca un hito en nuestra vida como país y como sociedad. Todos los que, de cerca o de lejos, vivimos esos hechos, sentimos que ellos dieron nacimiento a una nueva realidad, que cerraron una etapa para abrir otra. Desde luego, en la historia no caben los cortes abruptos, y las ramas y raíces del pasado se extienden muchas veces hacia el presente y el futuro. Pero a partir del 25 de abril la relación de fuerza entre la sociedad civil y la militar puede haber cambiado definitivamente.

            "El ocaso del jinete" presenta una detallada crónica de esos cuatro días que sacudieron a nuestro país y al mundo, no solamente en base al material publicado, sino a una investigación llevada a cabo con el chequeo de informaciones de otras fuentes. Se han realizado entrevistas y conversaciones, en muchas de las cuales los informantes pidieron permanecer en el anonimato. De manera que se tiene finalmente un relato con más profundidad y mayores detalles de lo que se supo en su momento a través de la prensa.

            Pero este libro no se limita a una narración de los hechos del 22 al 25 de abril. Va más allá al presentar capítulos dedicados a los antecedentes del intento de golpe de Estado (el militarismo durante la dictadura de Stroessner, la coloradización gradual de las Fuerzas Armadas paraguayas, la intervención de dichas fuerzas durante la transición); también sigue la trayectoria del principal protagonista, el general Lino Oviedo, desde el "putsch" que derrocó a Stroessner hasta su intervención en la política; pasando por la explicación de la relación de fuerzas de la Caballería con el resto del Ejército y las Fuerzas Armadas de nuestro país; reflexiona acerca de las causas de la ruptura entre los dos socios políticos (Wasmosy y Oviedo); y termina señalando el papel de los nuevos protagonistas que surgen en la realidad nacional: el anillo internacional de solidaridad efectiva y activa, y la juventud paraguaya, con su capacidad de movilización y resistencia sorprendente después de una larga ausencia en el panorama político nacional.

            Esperamos que el libro sea no solo de interés sino de utilidad al lector; y deseamos agradecer aquí el total apoyo prestado por el diario ABC Color, en la persona de su director, el señor Aldo Zucolillo; el director administrativo, señor Ángel Arias; el jefe de redacción, doctor Juan Luis Cauto, y el asistente de la dirección, licenciado Rubén Céspedes, así como a todos los compañeros que han colaborado con este trabajo.

 

            Jorge Aiguadé

 

 

NOTA DE LOS AUTORES

 

            Para la elaboración de este trabajo se constituyó un equipo conformado básicamente por los periodistas de ABC Color que tuvieron una relación más directa con los acontecimientos. Colaboraron además con este grupo miembros de las distintas dependencias del diario.

            Las frentes primarias de los datos consignados en esta obra son las informaciones de los medios de comunicación social, entre ellos el Diario ABC Color y los diarios NOTICIAS, ULTIMA HORA, EL DIA y LA NACION, así como las grabaciones de las radios ÑANDUTI, PRIMERO DE MARZO y CARDINAL.

            Las informaciones no trascendidas hasta el momento fueron obtenidas en las numerosas entrevistas que realizamos con los protagonistas principales, a pesar de que tanto el Presidente de la República, Ing. Juan Carlos Wasmosy como el general (SR) Lino César Oviedo se negaron a hablar sobre el tema.

            No obstante, muchos otros protagonistas y testigos presenciales dialogaron con nosotros sobre los más diversos detalles de la crisis, y aunque ayunos de ellos no autorizaron la inclusión de sus nombres en este libro, los datos que nos proporcionaron son válidos para escribir esta historia.

            Muchos de los datos y situaciones del intento de golpe de Estado que hasta ahora permanecían poco claros y hasta ocultos están revelados aquí en base a los relatos de personas que nos merecen fe. Tal vez en el futuro aparezcan nuevos documentos o informaciones que no se registran en este trabajo, pero estamos seguros de que la esencia de lo ocurrido se encuentra condensado en estas páginas.

            Este libro es de responsabilidad absoluta de los autores y los conceptos emitidos en él no comprometen al Diario ABC Color.

 

            Mayo de 1996.

 

 

 

CAPÍTULO I

 

ANTECEDENTES DEL INTENTO DE GOLPE DE ESTADO

 

            EL MILITARISMO DURANTE LA DICTADURA DE STROESSNER

 

            Durante mucho tiempo, intrigaba a los investigadores sociales las características peculiares del régimen de Alfredo Stroessner. Es que existe una diferencia entre las dictaduras militares del Cono Sur de América que predominaban durante las décadas pasadas y la dictadura de Stroessner en Paraguay, a pesar de la similitud que existe o debe existir entre todas las dictaduras.

            Mientras en las dictaduras de los otros países las Fuerzas Armadas nombraban una junta para gobernar, aquí los militares no se instalaron directa y abiertamente en el Gobierno, y de esa forma no estuvieron expuestos a los desgastes políticos del ejercicio del poder. (Riquelme, Paraguay en Transición).

            Alan Rouquié hace una distinción entre los regímenes militares y los regímenes autoritarios personalistas. Al mismo tiempo distingue las dictaduras militares de las dictaduras personalistas. Las dictaduras militares serían aquellas en donde, el poder es ejercido por la institución Fuerzas Armadas.

            Sería el caso de la dictadura brasileña que rigió desde 1964 hasta 1984; la dictadura argentina, desde 1976 hasta 1984, y la dictadura uruguaya, desde 1973 hasta 1985.

            Como ejemplo de las dictaduras personalistas se pueden mencionar aquellas en las que el poder se concentra en un hombre fuerte que emerge del seno de las Fuerzas Armadas, pero que ejerce dicho poder sin estar plenamente comprometido con la institución militar ni tampoco comprometer totalmente a la entidad.

            Aquí la persona del dictador tiene mayor ascendencia que su origen institucional. Es el caso de las dictaduras de Batista en Cuba, Trujillo en la República Dominicana, Somoza en Nicaragua y del propio Stroessner en el Paraguay.

            Respecto a este tipo de dictadura, Rouquié escribe lo siguiente.

            "La institución Ejército no delega su poder en un líder militar, sino que es despojado de el por un dictador que monta una red paralela a la jerarquía disciplinaria, fundada en la lealtad no a la institución sino a su persona, a veces realzada por una colaboración partidista".

            Lo que ocurrió en nuestro país fue lo siguiente: Al asumir el general Stroessner la presidencia de la República, una de sus primeras medidas fue hacer una purga en las filas del Ejército y en las otras armas de las Fuerzas Armadas de los elementos que pudiesen convertirse en factores de resistencia a su voluntad de poder y dominio.

            Dentro de ese proceso de depuración no solamente pasaron a retiro muchos oficiales, sino que fueron perseguidos hasta el exilio o el calabozo, pero al mismo tiempo se tuvo que ganar la confianza de muchos otros para integrar la nueva casta militar.

            Esto fue posible mediante una negociación en la cual los oficiales comprometían su lealtad y obediencia absolutas al mando del general-presidente a cambio de los tentadores privilegios y prebendas palaciegas y cuarteleras.

            Los privilegios y las prebendas del régimen dictatorial significaban en la práctica, para los altos mandos castrenses, las cuotas de poder en los campos militar, económico y político. Estos "beneficios" debían ser usufructuados de una manera tal que no representen peligro ni competencia directa al poder soberano del dictador. El dictador tenía la habilidad de no concentrar todo el poder en sus manos, pero siempre se quedaba con la cuota mayor.

            No hubo, por consiguiente, en el caso paraguayo, el "despojo" de poder a los militares. Se puede decir, sin embargo, que el poder militar nació, creció y fue distribuido bajo la égida del dictador, quien tenía la sagrada misión de velar y cuidar siempre la buena marcha del sistema de prebendas y privilegios.

            El sistema de prebendas y privilegios se mantenía de acuerdo con el diseño elaborado por el dictador y este se encargaba de chequearlo periódicamente a fin de conservar la capacidad de decir la última palabra.

            Si, por el contrario, el sistema llegaba a un punto en que el dictador podría perder el control del mismo, eran los momentos en que podían surgir nuevos líderes militares en condiciones de disputarle su calidad de jefe supremo.

            Al general Andrés Rodríguez, su sucesor, Stroessner permitía recaudar y redistribuir pero en menor escala, y cuando se dio cuenta del verdadero volumen de su capacidad de distribución fue cuando Stroessner se percató del peligro que representaba para él su consuegro, el general Rodríguez.

            Demás está decir que Stroessner se ocupaba personalmente de verificar el buen funcionamiento de este sistema porque mantener un esquema de prebendas manejable ha sido uno de los ejes fundamentales de la política stronista.

            Lo importante era comprender que el intercambio que existía entre el estamento militar y el dictador no le permitía a este último olvidar o menospreciar los intereses de los militares, de manera que la distinción entre el poder del dictador y el poder de los militares puede llegar a ser meramente nominal. (Riquelme, Paraguay en Transición).

            En este sistema, el dictador es el que concede y distribuye poder, pero lo hace sobre la base de los intereses militares y además debe ajustar una serie de otras estrategias políticas para poder satisfacer esos intereses, sin herir naturalmente la susceptibilidad del otro hombre fuerte de las Fuerzas Armadas, que finalmente reaccionó con un golpe ante el intento de la nueva alianza político-militar de poner freno a su ascendente capacidad recaudadora.           

            Es por eso que los entendidos en la materia consideran que la voluntad del dictador en otros planos de la política siempre tuvo que ser leída como la voluntad de los militares.

            Otra indicación de la participación de los militares en el poder fue la presencia de sus miembros en el gobierno de Stroessner. Existió en todo aquel tiempo una permeabilidad en las instituciones del Gobierno en cuanto a la incorporación de personal proveniente de las Fuerzas Armadas en puestos claves de la función pública.

            Las instituciones más importantes, como los ministerios de Hacienda y Obras Públicas, inclusive la Municipalidad de Asunción, estaban siempre en manos de jefes militares, algunos de ellos en situación de retiro, pero sin perder el estado militar.

            Con el golpe de Estado de 1989, la situación cambió sustancialmente en algunos aspectos.

            ¿Cuánto tiempo hacía que los militares no veían cumplirse sus intereses en el campo político?

            ¿Cuánto hacía que no podían hacer libremente contrabando, atropellar comisarías para sacar amigos presos, o circular tranquilamente en autos "mau" sin ser molestados?

            ¿Cuánto tiempo hacía que no podían ocupar puestos en el Gobierno ni estar sentados en la junta de Gobierno? ¿Cuánto hacía que no podían vender sus víveres porque no los necesitaban?

            Ya estaba durando mucho este juego. El general Lino César Oviedo comprendió perfectamente esta ansiedad de su casta y supo construir para sí la imagen de un jefe militar ambicioso políticamente, pero con la apariencia de ser el único preocupado por los intereses de los militares y sus familias.

            Lo que el régimen paraguayo de la época de Stroessner mantenía confundida a la opinión pública internacional fue que su base de poder no se limitaba a lo meramente militar. La incorporación del Partido Colorado como componente del régimen elimina la posibilidad de clasificarlo como una dictadura exclusivamente militar.

            Mediante la articulación del poder partidario el dictador logró proyectar su autoridad en la sociedad política, que generalmente está vedada a las dictaduras militares. Aquí radica fundamentalmente la diferencia con las dictaduras militares de Argentina, Uruguay, Brasil y Chile en su momento, que nunca pudieron articular lo partidario.

            La incorporación del partido al sistema de poder durante la dictadura se realiza de la misma forma en que lo hicieron las Fuerzas Armadas. Ambos se alinearon al nuevo sistema.

            Stroessner aplicó la estrategia de las tres "P". Premio al amigo, palo al enemigo y patada al indiferente. Los colorados antistronistas fueron eliminados y los posibles amigos fueron conquistados mediante el régimen de privilegios y prebendas.

            El Partido Colorado fue vaciado ideológica y doctrinariamente durante el stronismo. Una prueba de ello es que ninguna de las asambleas o convención del partido, realizada durante la dictadura, se caracterizó por algún debate ideológico o el tratamiento de alguna cuestión relativa a la formulación de política nacional para el Gobierno, o sencillamente para canalizar las inquietudes populares en materia de bienestar.

            Todo se reducía al montaje de un acto cuyo libreto era ampliamente conocido por la población. Unanimidad y aplausos de aprobación eran los hábitos de las convenciones y asambleas coloradas. Los convencionales y asambleístas asistían solamente para disfrutar de los agasajos de algunos poderosos "líderes partidarios". El principio de la "unidad granítica" era una orden cumplida puntillosamente en las elecciones para la Junta de Gobierno como en las asambleas de seccionales. Todo el partido estaba al servicio del dictador para cumplir el rol legitimador del régimen, función a la cual después se adhirieron algunos opositores.

            Las seccionales coloradas eran utilizadas por los servicios de seguridad para hacer el trabajo sucio, a través de un sistema de control de la sociedad civil basado generalmente en la delación y la vigilancia así como también con la actuación de grupos de choque para ejercer o facilitarla represión.

            La disciplina del partido era absoluta y sus miembros actuaban en base a órdenes, cómo si se trataran de otros cuarteles más. Las Fuerzas Armadas eran consideradas como la gloria y los militares como héroes.

            ¿Cuánto hace que los militares no ven esa férrea disciplina en el Partido Colorado?

            ¿De dónde salieron aquellos civiles colorados que hoy se alzan contra la autoridad de los jefes militares?

            ¿De dónde sacaron que las Fuerzas Armadas deben estar sometidas al poder civil?

            La dictadura militar personalista con apoyo partidario terminó en 1989 con la caída de Stroessner y su camarilla de generales corruptos, pero el sistema de prebendas y privilegios que dio sustento a ese régimen no ha muerto y, aunque maltrecho, continúa.

            El general, hoy en S.R., Lino César Oviedo, ex comandante del Ejército, interpretó ese vacío, comprendió que los "intereses militares" estaban debilitados y la transferencia del eje del poder desde el campo militar al campo civil estaba saliendo muy barata a los políticos.

            La filosofía que lo llevó a golpear a Stroessner y al stronismo era: terminar con la dictadura militar personalista con apoyo partidario, pero continuar con el régimen de privilegios y prebendas manteniendo la estructura de poder bajo el control asociado del Partido Colorado y las Fuerzas Armadas como institución.

 

            COLORADIZACIÓN GRADUAL DE LAS FUERZAS ARMADAS PARAGUAYAS

 

            La coloradización de las Fuerzas Armadas paraguayas no comienza con Stroessner. El proceso de partidización comenzó al final de la guerra civil de 1947, cuando el entonces presidente, general Higinio Morínigo, dio de baja a representantes de la oficialidad que tuvieron una brillante actuación en la Guerra del Chaco, pero que cometieron el pecado de sublevarse contra su régimen.

            La purga continuó durante los siguientes gobiernos colorados que se sucedieron entre 1947 y 1954. Este año accede al poder el general Alfredo Stroessner, a través de un golpe de Estado, y el mismo encuentra ya unas Fuerzas Armadas con muy pocos oficiales no colorados.

            Carlos Romero Pereira, en su "Una propuesta ética" (1987), recuerda la constante prédica del dictador Alfredo Stroessner sobre la "unidad granítica" de la tríada Gobierno-Fuerzas Armadas-Partido Colorado.

            Además puntualiza que la propia Junta de Gobierno del Partido Colorado fue la que en 1955 solicitó al dictador Stroessner la afiliación compulsiva de los oficiales de las Fuerzas Armadas al partido de gobierno.

            Demás está decir que Stroessner respondió encantado a semejante solicitud y, a través de la circular que lleva el número 24 de fecha 22 de julio de 1955, resolvió que el censo partidario se realizara también en los cuarteles, "asumiendo así la responsabilidad histórica de formalizar la alianza de corte totalitario entre el estamento militar y el Partido Colorado". (Riquelme, Paraguay en Transición).

            Como anexo de la medida anterior, el general Alfredo Stroessner dispuso la exigencia de que los cadetes que ingresaban al Colegio Militar estén dotados también de la afiliación partidaria. ¿Qué pretendían con esta medida los jefes militares y en particular el dictador Stroessner y los líderes políticos que lo apoyaban? Podría pensarse que era una forma de ensanchar la base social del Partido Colorado. Tener mayor cantidad de adeptos y garantizar la disciplina de los afiliados.

            A decir verdad, el interés estaba centrado en ejercer un control sobre las Fuerzas Armadas para evitar en el futuro las revueltas que condujeron a la revolución o guerra civil de 1947, precisamente porque dentro de la institución militar cohabitaban oficiales de todas las tendencias partidarias.

            "No previeron, sin embargo, los efectos secundarios de dicha medida, concretamente el control militar del Partido Colorado, que resultó ser más efectivo que el del Partido Colorado sobre el estamento militar". (Riquelme, Paraguay en Transición).

            Por ahí deben buscarse las explicaciones de tanta resistencia de la cúpula militar a la reciente ley que suspende la afiliación de militares y policías en servicio activo, a pesar de los reiterados discursos en favor de la democracia y de la profesionalización de las Fuerzas Armadas de casi todos sus principales exponentes.

            ¿Volvería el Gobierno a perder el control de las Fuerzas Armadas sin la afiliación obligatoria al Partido Colorado?

            Este temor puede tener su respuesta en la propia experiencia de la coloradización de las Fuerzas Armadas.

            Los vaivenes de la interna del partido de Gobierno se han introducido a los cuarteles, y el general Lino César Oviedo, hasta ahora el último caudillo militar carapintada, fue el principal exponente de partidización de las Fuerzas Armadas durante la transición.

            Principal propulsor de la candidatura del general (SR) Andrés Rodríguez a la presidencia de la República en las primeras elecciones después del golpe de Estado, activo militante por la candidatura presidencial del Ing. Juan Carlos Wasmosy en las internas del Partido Colorado y estratega de relieve en las elecciones generales de 1993 en favor de dicha candidatura, se hizo postular prematuramente a la presidencia de la República para 1998 a través de un movimiento colorado encabezado por el senador Blas N. Riquelme.

            El mismo día en que se concretó su retiro de las Fuerzas firmadas organizó un mitin político para hacer su lanzamiento formal en la carrera política, con lo que confirmó su doble discurso mientras lucía el uniforme verde olivo.

 

            INTERVENCIÓN DE LAS FUERZAS ARMADAS EN LA TRANSICIÓN

 

            No es ningún secreto que las Fuerzas Armadas se atribuyeron el rol de árbitro de la transición no solo por la abierta incursión política de sus principales jefes, sino por el peso propio que sigue teniendo la institución castrense en la mentalidad del paraguayo medio.

            Los jefes militares del golpe de 1989 hicieron creer a sus socios civiles de la operación que, una vez producida la caída del dictador se pondría en marcha un proceso de normalización institucional y por primera vez en muchos años un civil podría volver a ocupar el sillón presidencial del Palacio de López.

            El Dr. Luis María Argaña fue uno de los primeros en probar la amarga realidad al descubrir que no podía ser candidato presidencial para las elecciones de mayo de 1989 porque el actor militar decidió cambiar de táctica y postuló a su entonces líder, el general Andrés Rodríguez.

            El general Rodríguez se hizo elegir fácilmente presidente constitucional de la República del Paraguay, sin abandonar el uniforme. Es más, ascendió a general de ejército y, por supuesto, fue el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

            Todos los ministros de Defensa Nacional del gobierno de Rodríguez fueron militares y la Policía continuó sometida a los mandatos de un militar, tal como venía ocurriendo durante la dictadura de Stroessner.

            Su embajador en la República de Bolivia fue el general (SR.) Ramón Duarte Vera, ex jefe de la Policía de la Capital, temible por la dura represión que desarrolló en contra de los opositores al régimen. Duarte Vera es un militar con formación en la Caballería y como responsable de la represión política soporta varias denuncias de maltratos y torturas de algunas de sus víctimas.

            En vista de la inacción de la justicia ordinaria, un tribunal alternativo de nivel internacional lo juzgó y lo encontró culpable de los delitos que se le atribuyen. Rodríguez no lo cambió a pesar de la presión interna y externa, ni siquiera con el pedido expreso de las autoridades de la Cámara de Senadores y solo lo relevó del cargo cuando se cumplió la jubilación del militar retirado.

            Al mismo tiempo, el Ministerio del Interior fue ejercido por un militar al igual que el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones.

            Al ministro del Interior, general Orlando Machuca Vargas, concedió el retiro al solo efecto de incursionar en la política partidaria en forma directa. Efectivamente, Machuca Vargas se lanzó al frente de un movimiento del Partido Colorado bautizado por la prensa con el poco elegante nombre de "machuquismo", pero al poco tiempo esta corriente se diluyó.

            Este es el precedente más cercano de la fórmula militar-retiro-jefe partidario que ahora está implementando el general (SR.) Lino Oviedo, luego de producirse su caída.

            De Machuca Vargas los militares y algunos civiles, entre ellos políticos colorados y empresarios oficialistas, pensaron que era la figura ideal para el futuro Paraguay "moderno y democrático". La realidad pronto se encargó de demostrarles lo contrario.

            El único ministerio que se ha "civilizado" fue el de Hacienda, que en la época de la dictadura también estaba en manos de militares. Las Fuerzas Armadas elaboraron una inteligente estrategia de vinculación con la sociedad civil y sobre todo de relacionamiento con la clase política del país.

            Así organizó el famoso diálogo cívico-militar por el que desfilaron todos los representantes de la sociedad. Como era de esperar, no había una agenda consensuada y los resultados eran desastrosos. Solo sirvió para demostrar que los militares también tienen habilidades para las relaciones públicas.

            Abrieron los cuarteles y permitieron que los opositores considerados en la época de Stroessner como enemigos de la democracia, subversivos y comunistas, subieran a los tanques y manipularan las armas.

            Al mismo tiempo, hicieron que los cursos de la Escuela de Guerra de las Fuerzas Armadas ya no fueran exclusivos para militares y civiles oficialistas. Algunos opositores se sintieron muy honrados de participar de los mismos y de tener como "compañeros de pupitre" a coroneles y generales.

            En cuanto a la intervención de las Fuerzas Armadas en la estructura del Estado, no hubo prácticamente novedades en dirección al cambio.

            Militares retirados coparon importantes puestos en las empresas públicas y muchos militares en servicio activo cobraron doble sueldo de las Fuerzas Armadas y de la desaparecida Líneas Aéreas Paraguayas, Líneas Aéreas Paraguayas Sociedad Anónima (privatizada).

            El Presupuesto General de la Nación siguió favoreciendo a los militares hasta 1992, cuando se promulga la nueva Constitución Nacional por la que se asignan porcentajes estables para la educación y para la justicia.

            De esa forma, por primera vez, el presupuesto militar es superado por los presupuestos de ministerios que atienden necesidades básicas de la población, como Salud Pública, Agricultura y Ganadería, entre otros.

            Lo que Rodríguez no pudo lograr, y tampoco Wasmosy es la separación del Partido Colorado de las Fuerzas Armadas, a pesar de la ley que establece la suspensión de las afiliaciones de los militares y policías en servicio activo y de la ley que sanciona a los uniformados que realicen actividad político-partidaria.

            "Han aparecido militares en actos partidarios y justificaciones de dirigentes colorados de que no se debía aislar a los militares, pues estos siempre fueron colorados. Argumentación un tanto reiterativa porque todos los dirigentes políticos entienden perfectamente el sentido de la interdicción a la actividad partidaria de los militares activos, la que tiene su origen en el principio de la igualdad entre las fuerzas políticas como fuente de legalidad del poder. También saben perfectamente que los jefes militares importantes están transmitiendo un mensaje corporativo al pueblo como a los demás dirigentes políticos; con su presencia están diciendo: "Nosotros apoyamos a tal o cual", y esto significa diferencias, sobre todo en un país como Paraguay, donde el culto al poderoso, al jefe, está todavía muy arraigado en la cultura política local". (Carlos María Lezcano-Carlos Martini. Intervención política de las FF.AA. después del golpe. Editorial Nueva Sociedad).

            Luego del intento de Machuca Vargas de liderar un movimiento propio dentro de la ANR, el general Lino Oviedo fundó el Movimiento Nacional del Coloradismo (MONADECO), integrado casi exclusivamente por militares y policías retirados. También tuvo corta vida.

            No debe olvidarse tampoco que durante la Convención Nacional Constituyente sectores políticos del Partido Colorado y representantes de las Fuerzas Armadas hicieron todo lo posible para que la nueva Constitución permitiera la reelección del general Andrés Rodríguez.

            La idea fue acompañada de todo tipo de presiones, pero no prosperó mediante la decidida intervención de miembros del propio Partido Colorado en alianza tácita con la oposición.

            Las Fuerzas Armadas no estuvieron ausentes tampoco en la represión y la corrupción. Dos obreros de la represa hidroeléctrica de Itaipú fallecieron a raíz de disparos efectuados por soldados que intervinieron para dispersar una huelga.

            Asimismo, varios altos jefes militares fueron cayendo durante la transición por haberse involucrado seriamente con hechos de corrupción. Uno de ellos, el más sonado, es el caso del general Humberto Garcete, comandante del Ejército, a quien se acusó de propiciar el contrabando a Bolivia de autos robados aquí y en el Brasil.

            El general de división Francisco Sánchez tuvo que abandonar su cargo de jefe de la Policía al encontrarse involucrado en la gigantesca corrupción que imperaba en la institución policial desde hace tiempo.

           

 

CAPÍTULO II

 

EL HEREDERO DEL PODER COMIENZA A PROYECTARSE

 

 

            EL PAPEL DEL GENERAL LINO OVIEDO EN EL GOLPE DE ESTADO Y SU METEÓRICO ASCENSO.

 

            EL GOLPE DE 1989

 

            Desde varios días atrás corrían rumores, conjeturas y especulaciones de distintos matices que presagiaban el golpe contra Stroessner. El único con reales posibilidades de llevar adelante una acción de esa envergadura era el entonces comandante del Primer Cuerpo del Ejército y hombre fuerte dentro de las Fuerza Armadas, general Andrés Rodríguez. Su condición de consuegro del dictador - para los incrédulos- hacía descartar dicha hipótesis, pese a ello, encabezó el movimiento castrense, que se inició en la noche del 2 de febrero y concluyó el 3 de febrero de 1989. El saldo fue la huida de Stroessner a Brasil y la recuperación de las libertades públicas, pero también quedó un tendal de heridos y muertos, cuya cantidad nunca ha sido aclarada.

            Se hablaba entre otras conjeturas de que el general Stroessner quería pasar a retiro a Rodríguez, por presión de los integrantes del movimiento militante que en ese momento tenía el control partidario de la Junta de Gobierno. Lo cierto es que ese día 2 de febrero, los vecinos de la Primera División de Caballería, Campo Grande, iban despoblando el sector como si algo iba a ocurrir, aunque no se vislumbraban tampoco acciones concretas que justificaran dicho abandono.

            Un vecino que vivía en ese tiempo cerca de la villa militar, Pedro de Jesús Romero, nos recordó esos dramáticos momentos del ‘89:

            "Cuando vimos que comenzaran a moverse algunos tanques y que equipos de artillería eran quitados de sus lugares comunes, con otros amigos relacionamos esos hechos con las extrañas versiones que corrían sobre el presunto malestar entre Stroessner y Rodríguez, además se sabía esa tarde de una "cena de unidad" que preparaba el general Rodríguez para todos los componentes del Primer Cuerpo del Ejército. Al concluir, por lo visto, esa cena -prosigue nuestro entrevistado-, se escucharon las hurras y los vítores dentro del gran cuartel, seguidos de tiros al aire, que fue posiblemente la señal del inicio de las hostilidades, según comentó.

            Por ese tiempo la duda y el desconocimiento eran factores comunes. Incluso se habló de que tropas leales a Stroessner habían tomado la Caballería. Pero pasadas las 20:00 de la noche del 2 de febrero, tanques de guerra de distintos tamaños y calibres, acompañados de vehículos cargados de soldados, se dirigieron presurosamente hacia el centro asunceno. Algunas unidades de guerra fueron a proteger la residencia de Rodríguez, en las Carmelitas, otros tomaron por sorpresa la Fuerza Aérea, cuyas máquinas no pudieron despegar para defender al anciano dictador.

            La primera escaramuza con saldo fatal se registró en el domicilio de María Estela Legal de Yegros, en el barrio Herrera, amante de Stroessner, y donde los leales de Rodríguez debían tomar por detenido al dictador, que no fue posible. El Cuartel Central de Policía fue atacado, donde fallecieron varios soldaditos, que obligaron a la rendición de la mayoría de ellos que estaban en ese lugar.

            Buques de la Marina e infantes de la Armada Nacional, por ese entonces, se unieron a la idea de alzamiento de Rodríguez. Dichas unidades bombardearon el Palacio de Gobierno y el cuartel de Policía, teniendo rápidamente el control de la situación.

            Una parte de la población asuncena estaba esa noche en la tradicional fiesta de San Blas en la localidad de Itá, donde actuaban el cantante mexicano Luis Miguel y el artista argentino Sergio Denis. El levantamiento militar sorprendió a varios en la calle, en bares, restaurantes, sitios de bailes y espectáculos públicos en general, sin embargo, la tarea acertada de algunas emisoras -radio Cáritas, radio Primero de Marzo y radio Paraguay- trataba de ayudar para evitar mayor caos y confusión. Tanto Cáritas y Emisoras Paraguay pasaron toda la noche y madrugada detalles de lo que ocurría. Primero de Marzo fue utilizada por las fuerzas sublevadas para transmitir exclusivamente las proclamas militares, con pausas musicales. La primera proclama fue pasada exactamente a las 12:30 por Rodríguez y decía:

            "Queridos compatriotas, apreciados camaradas de las Fuerzas Armadas. Hemos salido de nuestros cuarteles en defensa de la dignidad y del honor de las Fuerzas Armadas, por la unificación plena y total del coloradismo en el gobierno, por la iniciación de la democratización del Paraguay, por el respeto a los derechos humanos, por la defensa de nuestra religión cristiana, católica, apostólica, romana".

            "Esos son los que yo les estoy ofreciendo con el sacrificio del soldado paraguayo a nuestro querido y valiente y noble pueblo paraguayo, y espero que los camaradas de las Fuerzas Armadas me acompañen en esta circunstancia, porque estamos defendiendo una causa noble y justa que redundará en beneficio de nuestro heroico y noble pueblo paraguayo. Gracias".

            Un segundo pronunciamiento fue dirigido a los miembros del cuerpo diplomático, a la 00:45, y fue leído por una persona que ofició de anunciador:

            "Señores miembros del cuerpo diplomático acreditado en la República del Paraguay. Apreciados señores representantes de países amigos: Fue necesario que el soldado paraguayo estuviera presente de nuevo para defender los derechos inalienables del hombre, que en nuestra querida patria estaban siendo vilmente pisoteados".

            "Con el sacrificio de los hombres de armas hemos salido a las calles buscando mantener la dignidad de las Fuerzas Armadas en una total unidad, en respuesta al llamado y al honor".

            "Es nuestro deseo buscar y restablecer la unificación total del coloradismo en el gobierno, defender en más los preceptos de una real democracia en el Paraguay y, de hecho, hacer respetar los derechos humanos, sin ambages o falsas interpretaciones. Finalmente, defender los mandamientos de nuestra religión cristiana, católica, apostólica y romana".

            "Es nuestro ferviente deseo e intención poder servir y defender tal como manda la máxima del soldado paraguayo, y para ello solicitamos vuestra colaboración en el sentido de poder levantar con vuestra comprensión y apoyo... que nuestro país amerita en el contexto de las demás naciones. Atentamente, general de división Andrés Rodríguez".

            Por entonces, los dos canales de televisión (9 y 13) dejaron de transmitir casi simultáneamente. En algunos sectores de Asunción se producían cortes de energía eléctrica, además, por la situación misma, gran parte de la ciudad estaba a oscuras.

            Las acciones principales comenzaron a generarse en el Regimiento Escolta Presidencial, cerca del Ministerio de Defensa Nacional, en el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y en el Comando en Jefe. Estas unidades empezaron a sentir las pesadas cargas lanzadas por los leales rodriguistas. La población civil de la zona estaba encerrada en sus casas, y con luces apagadas seguía el tableteo de las ametralladoras y disparos de fusiles y carros blindados. La tierra temblaba a cada disparo.

            El violento enfrentamiento duró cerca de ocho horas. Alrededor de las 08:00, el general Rodríguez se dirigió a la nación por medio de la Cadena Oficial de Emisoras informando la rendición de Stroessner:

            "Atención pueblo paraguayo, camaradas de las Fuerzas Armadas y habitantes de la toda la República: El momento de la toma de decisiones ha llegado, y las Fuerzas Armadas de la República del Paraguay nuevamente han cumplido con su deber a entera cabalidad".

            "Ha sido restablecido el orden. Justamente con ello se hará respetar los valores humanos, así como en un todo nuestra Constitución. A toda la República, a los naturales de este querido Paraguay, así como a todas aquellas personas de bien que han decidido afincarse en este hermoso país, les comunico que la situación ha sido totalmente controlada. El respaldo unánime de las Fuerzas Armadas y del pueblo en general ha hecho posible el restablecimiento de la tranquilidad, para el bien de este nuestro querido Paraguay".

            "A la opinión pública en general y a los aguerridos camaradas, a todos los medios que nos han acompañado de una u otra forma en esta gesta heroica, les informo que el general Stroessner se ha rendido, encontrándose en perfecto estado de salud, privado de su libertad, gozando de todos los derechos humanos en una residencia dentro del Primer Cuerpo de Ejército. General de división Andrés Rodríguez, comandante del Primer Cuerpo de Ejército, les habla".

 

            GENERALES QUE PASARON A CUARTELES DE INVIERNO

 

            El vicealmirante Eduardo González Petit fue el último oficial general de la era de Stroessner que pasó a retiro desde el inicio de la transición política. Desde el 3 de febrero de 1989 un promedio de 11 generales (y su equivalente en la Armada Nacional) dejan el cuadro activo cada año. Un hecho positivo que resultaba imposible en la dictadura.

            Con la apertura política hubo una renovación en el cuadro de la cúpula castrense, muy diferente al trato vitaliciado que tenían los generales durante el mandato de Stroessner. La lista de algunos de los generales y vicealmirantes que pasaron a retiro luego del 3 de febrero de 1989 es: Alfredo Stroessner; Marcial Samaniego, Andrés Rodríguez, Orlando Machuca Vargas, Otello Carpinelli Yegros, Abrahan Abed, Eduardo González Petit, Ricardo Bogado Silva, Pánfilo Mora Escobar; Eumelio Bernal Giménez, Ramón Humberto Garcete, Eduardo Antonio Allende y Juan de Dios Garbet, Germán Martínez, Francisco Sánchez.

            Igualmente están Ramón Rosa Rodríguez (+), Crispiniano López Giménez, Evelio Fabio Benítez Santacruz, Aladino Manuel Enciso, Lorenzo Carrillo Melo, Irán Antonio Centurión, Daniel Idoyaga Mendoza, Hugo Escobar Anzoategui, Pedro Concepción Ocampos, Francisco Talavera Mosqueda, Dionisio Cabello Amarilla, Rodolfo Dávalos Chenú, Adalberto Fleitas Martínez, Osvaldo Acevedo Gamón, José Félix Pavón González y César Arcadio Saucedo Rojas.

            También dejaron el cuadro activo Juan Manuel Ocampos Guillén, Francisco Sánchez González, Solano Ignacio Gamarra, Flavio Alcibíades Abadíe, Carlos Egisto Maggi, Emilio Osvaldo Balbuena, Luis Valiente Flor, Darío González Duarte, Ricardo Rojas Ortiz, Luis Alberto Laguardia Roa, José Miguel Giménez Cáceres, Enrique Landaida, Marcial David Samaniego, Darío Antonio Franco Flores, Pablo Feschenko, Víctor Aguilera Torres, Galo Longino Escobar, Rubén Adolfo Suárez y Mario Escobar Anzoategui.

            Además pasaron a retiro José Céspedes Zarza, Francisco Luis Rodríguez, Marino González Cáceres, Regis Aníbal Romero, Herminio Piñánez Balmori, Eduardo Ramón Sosa, Mauricio Díaz Delmas, Ramón Antonio Garcete y Roosevelt César Benítez. A esa lista se deben sumar los oficiales generales que pasaron a retiro el pasado fin de año, a propuesta del Tribunal de Calificaciones. Son ellos José Tomás Centurión, Corsino Allende Serviano, Federico Magno Candia, Jorge Mendoza Gaete y Carlos Alberto Ayala, general Lino Oviedo. Los últimos conocidos son los generales Abelardo Vera Alarcón y Juan Simón Paredes

 

            DATOS PERSONALES DEL GRAL. DE DIV. (SR) LINO CÉSAR OVIEDO SILVA

 

            Nació el 23 de setiembre de 1943 en Juan de Mena, departamento de La Cordillera. Está casado con Rosalía Raquel Marín. Tiene seis hijos (Carolina, César Ariel, Fabiola, Lino César, Raquel, Lino Manuel). Su dirección particular en el momento de su pase a retiro era la Primera División de Caballería, en la Villa Militar, ubicada en Campo Grande, a 9 kilómetros del centro asunceno. Sin embargo, hacía oficina como jefe militar en el Comando del Ejército, que está sobre la ruta Transchaco, a 14,5 kilómetros del micro centro.

            El 13 de diciembre de 1962 egresó como subteniente de caballería. El 31 de diciembre de 1964 ascendió a teniente. El 31 de diciembre de 1967 llega al rango de teniente 1° y el 31 de diciembre de 1971 se convierte en capitán. A mayor de caballería llega el 31 de diciembre de 1976. Asciende a teniente coronel el 31 de diciembre 1981. Luego el 31 de diciembre de 1985 es coronel. Posteriormente al golpe militar del 2 y 3 de febrero, el 12 de mayo de 1989, se convierte en general de brigada. Ese mismo año es nombrado por el general Andrés Rodríguez, cabeza de la revuelta castrense, comandante de la Primera División de Caballería. En 1991 es designado por el mismo Rodríguez, de quien fue secretario siete años seguidos, comandante del Primer Cuerpo del Ejército. El 14 de mayo de 1992 asciende a general de división y al año siguiente llega a la comandancia del Ejército, de donde es relevado por el presidente Wasmosy este 24 de abril.

            Buena parte de su formación lo hizo en Alemania (1969-1970). Allí estudió idioma alemán, terminolía militar y comandancia de compañía en el arma de Tiradores Blindados. Instructor de tiro en los calibres 20 y 106 mm., conductor de rodados y carros de combate "MS-10", funcionamiento, mantenimiento y conservación del blindado "Leopard". También realizó un curso en la Escuela de Aplicación de las Fuerzas Armadas (1974), de Inteligencia Militar (1977), Comando y Estado Mayor de las Fuerzas Armadas (1978) y Colegio Nacional de Guerra (1990).

            Instructor de equitación (1967), perfeccionamiento para capitanes (1974), oficial del Estado Mayor (1979), medalla de la Caballería de la República del Paraguay (1989), medalla del Colegio Nacional de Guerra (1990), medalla del Ejército paraguayo (1992), condecoración "Gratitud del Pueblo Paraguayo", por su participación en la gesta del 2 y 3 de febrero de 1989 (1993), medalla del Comando Logístico (1994), medalla de las Fuerzas Militares (1995).

            "Medalla del Pacificador" de la República Federativa del Brasil (1990), condecoración "Orden de la Bandera Resplandeciente de la República de China (1991), condecoración Orden al Mérito de la Seguridad Nacional en el grado Cheonsu Medal" de la República de Corca (1991), "Orden al Mérito Militar" en el Grado de Comendador, de la República Federativa del Brasil (1992), condecoración de la "Orden de Mayo al Mérito Militar" en el grado de Gran Oficial de la República Argentina (1993), condecoración Orden al Mérito de las Fuerzas Armadas en el grado de Gran Oficial, de la República Federativa del Brasil (1994), condecoración "Gral. de Div. José Miguel Lanza" del Ejército de Bolivia (1994), "Honor al Mérito Militar en el grado de la Gran Cruz (1996), también del Brasil.

 

            SU RELACIÓN CON RODRÍGUEZ Y SU PARTICIPACIÓN EN EL GOLPE

 

            De un desconocido oficial, Oviedo, luego del golpe castrense, se convirtió en protagonista y quebranto de la transición política. Algunos testigos sostienen que con dos granadas colgadas al pecho intimó a Stroessner a rendirse. El formaba parte de un montón de coroneles que irían a retiro para permitir el ascenso a general de brigada del entonces coronel de la Fuerza Aérea Gustavo Stroessner Mora, hijo del dictador.

            Por ello, tal vez, difícilmente dos años seguidos, como en 1988 y 1989, hayan existido tanto movimiento horizontal y ascenso dentro de las Fuerzas Armadas. En 1988, los cambios fueron para permitir el ascenso de Gustavo Stroessner Mora a general de brigada. La idea de su padre era que en corto tiempo sea el nuevo general de la cúpula castrense; sin embargo, el golpe acabó con ese proyecto y también con el vitaliciado de Stroessner. Este hecho proyectó una camada de oficiales generales liderada por el general de división Andrés Rodríguez hasta los dos primeros años de la década del '90, pero ya ganando notoriedad ese recién ascendido a general de brigada llamado Lino César Oviedo.

            Como coronel de Caballería, Oviedo estaba al mando del RC 3, "Coronel Vicente Mongelós". Esta es una unidad ''élite" de la Primera División de Caballería, la más importante del Primer Cuerpo de Ejército, con asiento en Campo Grande. Fue uno de los regimientos que llegaron hasta el Regimiento Guardia Presidencial y participó de la detención de Stroessner y su posterior traslado a la Caballería, donde el anciano fue privado por unas horas de su libertad antes de ser deportado exiliado a Brasil.

            Cada tanto, Oviedo se jactaba de su activa participación de la caída del dictador, con lo que intentaba convencer de que era en verdad un "demócrata", con lo cual quería ganar impunidad ante sus abiertas intromisiones en política partidaria. Evidentemente su estrategia era atacar supuestamente el "pasado" para proyectar un plan hegemónico que eleve su figura a nivel nacional.

            Oviedo, en varias entrevistas a medios de prensa, destacó que conoce al general Rodríguez desde que era niño. Incluso, le concede el mérito de ser su formador como oficial de carrera; de hecho, siete años corridos fue secretario del comandante del Primer Cuerpo de Ejército. Cercanos a Oviedo y Rodríguez dicen que el primero de los nombrados incidió en Rodríguez para que se candidata para la presidencia de la República, con lo cual se rompió el acuerdo que había para que Argaña sea el postulante a la titularidad del Poder Ejecutivo.

            Igualmente varias personas indicaron que Oviedo fue uno de los propulsores de la disposición transitoria establecida en la Constitución Nacional que prohibió taxativamente la reelección del general Rodríguez. En ese entonces, había una cierta disputa en los proyectos comunes que tenían Oviedo y Luis María Argaña por presidir en el futuro el gobierno en Paraguay. Lo cierto fue que a Rodríguez le imposibilitaron legalmente continuar su mandato, que contó con el apoyo de los convencionales argañistas.

            Oviedo rápidamente ganó preponderancia en la organización castrense. Siendo menos antiguo llegó a tener bajo su mando a jefes militares en la comandancia de las tres armas (caso Oscar Rodrigo Díaz Delmás, actual comandante del Ejército; Evelio Fabio Benítez Santacruz, Irán Centurión, por citar algunos), descontando que para llegar a ser comandante del Ejército tuvieron que ir a retiro varios generales (por ejemplo, los generales Emilio Osvaldo Balbuena, Mario Rodolfo Escobar Anzoategui, Marino González, Regis Romero, Pedro Concepción Ocampos).

 

            HEGEMONÍA DE LA CABALLERÍA DENTRO DEL EJÉRCITO

 

            PEQUEÑA HISTORIA DE LA CABALLERÍA

 

            En cada rumor de golpe o de desavenencias entre componentes de las Fuerzas Armadas estaba siempre la Caballería. Fue noticia en la caída de Stroessner. Fue noticia en la sublevación de Oviedo. La Primera División de Caballería cuenta con unidades blindadas, mecanizadas, motorizadas e hipomóviles. Está dotada de los medios de combate más modernos; para nuestro medio es la más importante.

            La Primera División de Caballería fue creada el 24 de noviembre de 1932, en plena campaña del Chaco, y estaba compuesta por el RC 1, "Coronel Valois Rivarola", y el RC 7, "General San Martín", este último conformado en parte por voluntarios argentinos.

            La misma es reorganizada tras la contienda chaqueña, el 23 de marzo de 1935, quedando compuesta por el RC 1, "Coronel Valois Rivarola", y el RC 2, "Coronel Felipe Toledo", en aquel entonces con asiento en Paraguarí. Luego, en 1938, es trasladada a Asunción, sumándose al año siguiente el RC 3, "Coronel Vicente Mongelós". En 1948 se agregó el RC 4, "Acá Carayá", antiguo regimiento escolta del gobierno de López.

            - El RC 1, "Coronel Valois Rivarola" , tiene su asiento en Pozo Colorado. Cubre el nudo de rutas vitales de la Región Occidental, porque en ella convergen las rutas principales de la región, con posibilidades, a corto y mediano plazo, de constituirse en el punto de unión con los países limítrofes. Así, con Brasil a través de la ruta Ponta Porá-Pedro Juan Caballero-Concepción-Pozo Colorado, la Ruta Transchaco hasta Bolivia; y con la Argentina a través de Pozo Hondo.

            El regimiento está distribuido en los siguientes destacamentos y fortines: Destacamento "Esteban Martínez", Fortín "General B. Caballero", Fortín "Teniente 1° Adolfo Rojas Silva", Fortín "Teniente Coronel Miguel Ángel Ramos Alfaro" y el destacamento "Teniente 1° Manuel Irala Fernández".

            - El RC 2, "Coronel Felipe Toledo", con asiento en Cerrito. Fue la primera unidad blindada de nuestro país. Ocupa un área de responsabilidad muy importante en la región, ya que abarca la zona de mayor densidad poblacional de Villa Hayes y Benjamín Aceval. Ocupa su área de responsabilidad con un fortín en el Km. 160 de la Ruta Transchaco con la denominación de "Teniente 1° Moisés Galeano Bueno".

           

 

            CRECIMIENTO DE LA CABALLERÍA LUEGO DEL GOLPE

 

            El levantamiento militar terminó con la expulsión de Stroessner del poder, con lo que se dio pasó a una generación de altos jefes llamados por algunos "los generales de la transición". Aquí se inicia una disminución del número de oficiales generales que integran la cúpula castrense y comienza el crecimiento de la Caballería muy por encima de la Infantería. La Marina y la Fuerza Aérea empiezan a ganar importancia sobre la Artillería, protegida por ser el arma del dictador.

            Lo real es que la Caballería ganó preeminencia luego del 3 de febrero de 1989. Los territorios que estaban bajo su control fueron notablemente extendidos, quedando en su jurisdicción algunos de los principales puntos fronterizos, tales como Pedro Juan Caballero y Ciudad del Este. El trazado de los nuevos límites militares se debió al liderazgo que tuvo la Caballería en el levantamiento contra Stroessner. Sin embargo, analistas del tema indicaron que ese cambio respondió a la necesidad del Gral. Andrés Rodríguez de contar con un sustento político militar sólido para iniciar su gobierno. Dicha realidad dividió a la Infantería, que quedó arrinconada en los límites Norte y Sur.

            Inmediatamente al golpe militar se procedió a introducir varias reformas al mapa de las jurisdicciones territoriales de los tres cuerpos del Ejército, con el claro objetivo de beneficiar a los hombres leales a Rodríguez, quienes en su mayoría eran oficiales de la Caballería. La región del Primer Cuerpo, como primera medida, fue dada al recién ascendido general de brigada Lino César Oviedo. Este cuerpo del Ejército, territorialmente, fue extendido notablemente por decreto del Poder Ejecutivo del 12 de abril de 1989, dos meses después del golpe que derrocara a Stroessner.

            El argumento utilizado para justificar tal decisión era la necesidad de ocupar físicamente los espacios geográficos del territorio nacional, para dar mejor cumplimiento a la misión que le confiere la Constitución Nacional a las Fuerzas Armadas. Tal explicación fue considerada "pereri" (frágil) por los infantes, quienes no guardaron su desagrado con la medida administrativa, que evidentemente los dejaba por debajo de la Caballería.

            Existe una declaración que en el día 27 de junio de 1993 realizó en ABC Color el Gral. Div. Pedro Concepción Ocampos, entonces comandante del Ejército, quien señaló que la extensión territorial de la Caballería tiene directa relación con la activa participación del arma en el golpe del 2 y 3 de febrero. Es decir que, como consecuencia de su participación en la revuelta contra Stroessner, extendió sus dominios unilateralmente y sin ningún mayor estudio sociopolítico sobre importantes zonas del país, con lo que la Infantería fue alejada de los puestos de control de ciudades que manejan un buen caudal económico, como en verdad son Ciudad del Este y Pedro Juan Caballero.

            Aunque, luego, algunos oficiales de la Caballería, incluso Oviedo, fueron sindicados como protectores de los mayores capo mafiosos de las zonas fronterizas, que se convirtieron en los principales puentes por donde pasan los mayores contrabandos y tráfico de drogas, sin embargo, no existe una versión real de la justicia paraguaya sobre tales presunciones.

            Por el mismo decreto del Ejecutivo, las Divisiones de Infantería de Concepción y Curuguaty fueron transferidas directamente a la Caballería. Esta decisión administrativa concedió al arma de la Caballería un notable poder militar en una gran franja de la Región Oriental, pero la influencia igualmente se extendió a una vasta región del Chaco, con lo que terminó aislándose por completo el predominio que puedan tener los infantes.

            El Primer Cuerpo de Ejército, constituido por tres divisiones de Caballería, pasó de esa forma a ejercer efectivo control sobre el mayor porcentaje de territorio paraguayo. El nuevo diseño también implicó que los otros dos cuerpos del Ejército, constituidos por divisiones de Infantería, quedaban separados entre sí, pues a uno de ellos le correspondió el control del Norte del país (que limita con Bolivia), y al otro el del Sur (que limita con la Argentina).

            La Caballería pasó a controlar la región central del país, considerada la más importante, por el crecimiento económico, su desarrollo poblacional, y las zonas fronterizas de mayor comercialización de productos de importación y exportación (Pedro Juan Caballero y Ciudad del Este). En cambio, la Infantería quedó con competencia sobre los extremos norte y sur, limítrofes con Bolivia y Argentina, respectivamente.

            Si bien se aportaron argumentos de estrategia militar que justifican la nueva división castrense, no es menos cierto que la extensión del área de influencia de la Caballería es analizada también desde una perspectiva política y económica. Para algunos, la ampliación del área de cobertura del Primer Cuerpo de Ejército tenía que ver con la necesidad del Gral. Andrés Rodríguez de contar con un sustento político-militar sólido al iniciar su gobierno. Además, el objeto era contrarrestar la preeminencia que había tenido la Infantería durante la dictadura, la otra arma básica del Ejército. Debe recordarse que Stroessner también era oficial de carrera y en su mandato concedió un trato preferencial a su arma, la Artillería.

            El domingo 27 de junio de 1993, el diario ABC Color publicó la entrevista realizada al general de división Pedro Concepción Ocampos, entonces comandante del Ejército, sobre el nuevo mapa militar. Este dijo:

            "Todo el territorio estaba ocupado por la Infantería. La Caballería era apenas una división, contra ocho de la Infantería". Para él, con el rediseño castrense se pretendió "hacer un poco de justicia también" dentro de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, tal situación hizo crecer un malestar entre los componentes de la Infantería, por la evidente pérdida de fuerza dentro de la estructura castrense.

            Ese desequilibrio entre la Caballería y la Infantería se intentó luego corregir, de alguna forma, en 1991 con el ascenso de nuevos generales de otras armas. Pese a todo, los conatos de indiferencia entre la Caballería y la Infantería eran fáciles de percibir, lo que agregaba una innecesaria tensión que llegaba a parte de la ciudadanía. Para más, luego aparece la Orden Especial N° 74 impartida por el comandante de las Fuerzas Militares, vicealmirante Eduardo González Petit, a las distintas unidades del Ejército para controlar la documentación de los vehículos que transitan por su jurisdicción hace referencia a la existencia de un mapa militar en el país que no era conocida por la mayoría de la población.

            Una apreciación objetiva a dicha orden general devela que el Primer Cuerpo de Ejército -integrado en su totalidad por divisiones de Caballería- ejerce el control de zonas estratégicas del país económica y políticamente hablando. También el documento establece los lugares donde el Segundo y el Tercer Cuerpo deberán ejercer el control vehicular. Una función que no corresponde a las Fuerzas Armadas.

            La mencionada orden fue criticada por varios legisladores, quienes alegaron la confusión de roles que tienen las Fuerzas Armadas. Es más, algunos oficiales también criticaron la medida administrativa, aunque prefirieron el anonimato para evitar alguna represalia que pueda afectar su carrera militar.

            Los vicios de esta orden especial hasta ahora son sentidos y mueven a la corrupción dentro de las Fuerzas Armadas. En la actual transición hubo oficiales de la Caballería denunciados e involucrados en el llamado auto tráfico; incluso, obligó el retiro del entonces comandante del Primer Cuerpo de Ejército, general Humberto Garcete.

 

            PODER DE FUEGO CON QUE CONTABA

 

            El general Oviedo centraba su fortaleza y poder de fuego en las unidades que responden al Comando del Ejército. Principalmente la Caballería era la institución castrense que ganó notoriedad luego del derrocamiento de Stroessner, cuyos oficiales tuvieron preponderancia en el golpe, por encima de militares de otras armas. El militar, hasta el 24 de abril pasado, hacía oficina en el Comando del Ejército, ubicado en Mariano Roque Alonso, pero evidentemente el poder real estaba en el Primer Cuerpo de Ejército, cuyo cuartel general está en Campo Grande, donde igualmente se halla la Primera División de Caballería. El Primer Cuerpo de Ejército tiene controlada, de punta a punta, toda la Región Oriental del país, el sector más poblado en Paraguay. Como ejemplo podemos citar que la Segunda División de Caballería se encuentra en Concepción y la Tercera División está en Ciudad del Este.

            En cambio, la Primera División de Caballería, en la semana de la crisis cívico-militar, tenía cerca de dos mil hombres. Este cálculo se basa en que existen cuatro regimientos con 500 hombres cada uno, en promedio. Oviedo, tal vez, presumiendo la intención del Presidente de la República, aprovechó bien la fiesta de San Jorge, patrono de la Caballería, que se recuerda cada 23 de abril, para concentrar en el Primer Cuerpo de Ejército la mayoría de las unidades pesadas a su mando. Se cree que casi todos los "Cascabel" y "Urutú" estaban en el momento de la crisis en el Primer Cuerpo de Ejército.

 

            CONFORMACIÓN DE LOS CUATRO REGIMIENTOS

 

            El RC 1, "Valois Rivarola", tiene su base en Pozo Colorado, en el Chaco paraguayo. No hay datos oficiales sobre su potencial armado, pero se desdienta que posee una cantidad de tanquetas "Urutú" y carros de asalto "Cascabel".

            El RC 2, "Felipe Toledo", tiene su centro de operación en Cerrito, también en el Chaco, pero a solo 30 minutos de Asunción por Puente Remanso. Se cree que tiene 15 "Cascabel" y 12 "Urutú".

            El RC 3, - "Vicente Mongelós", está en la sede del Primer Cuerpo de Ejército; es decir, en Campo Grande. Además de carros "Cascabel" y tanques "Urutú", tiene tanques "Sherman" y "M3-Al Stuart".

            El RC 4, "Acá Carayá", está ubicado en Loma Pytá, a menos de dos kilómetros del Primer Cuerpo de Ejército y del mismo Comando del Ejército. Se caracteriza mayormente por tener armamentos ligeros.

            Aunque no tuvieron participación notoria, es bueno hacer una aproximación de lo que tienen la Segunda División y la Tercera División de Caballería. La primera posee un regimiento que opera en el mismo cuartel general de Concepción. Es el RC 5, "Acá Verá", que tiene red de distribución por Pedro Juan Caballero, Bella Vista Norte, Capitán Bado, Itacurubí del Rosario y San Carlos.

            En tanto que la Tercera División de Caballería tiene su base en Ciudad del Este (ex ciudad Presidente Stroessner), capital de Alto Paraná, urbe de un enorme flujo económico comparado incluso con Miami y Hong Kong. El regimiento respectivo es el RC 8, "Gral. Pedro Duarte", con asiento en Curuguaty y destacamentos en Salto del Guairá, Ypejhú, Corpus Christi y Jejuí.

            Uno de los objetivos de Oviedo fue llegar a la máxima jerarquía castrense, es decir, lograr su ascenso a la comandancia de las Fuerzas Militares, ocupada por el general de ejército Silvio Rafael Noguera, como también lograr la presilla de la polémica "cuatro estrellas". La discusión sobre las "cuatro estrellas" se originó cuando el presidente Wasmosy pidió la creación de grados equivalentes al de general de ejército tanto para la Armada Nacional como para la Fuerza Aérea. Para ello había remitido, al Senado el proyecto que ampliaba el anexo 2 de la Ley 847/80, modificado por la Ley 916/81, del Estatuto de Personal Militar.

            En las anteriores leyes de Organización de las Fuerzas Armadas (Nos. 370/72, 832/80, 74/91 y 51/92, que derogaron algunas y modificaron otras, consecuentemente) no figuró el cargo de las Fuerzas Militares. Sin embargo, la Constitución del 20 de junio de 1992 habla de la composición de la Fuerza Pública "y establece que la Fuerza Pública está integrada en forma exclusiva por las fuerzas militares y policiales".

            El referido texto constitucional posibilitó la Ley N° 216/93, en base al proyecto de ley que remitió el entonces presidente Rodríguez. El mismo fue aprobado unos días antes de fenecer el mandato del anterior Congreso y promulgado enseguida por Rodríguez. En julio de 1993, el nuevo Parlamento sancionó la Ley 244/93, que derogó la Ley N° 216 y restableció la vigencia, con modificaciones, de la Ley N° 74/91 de Organización de las Fuerzas Armadas que, como se sabe, no estableció la figura del comandante de las Fuerzas Militares.

            El artículo 14 de la Ley N° 216 dice que "el presidente de la República por sí nombra y remueve al comandante de las Fuerzas Militares, según está previsto en los artículos 172 y 238, inciso 9, de la Constitución Nacional. Este cargo será ejercido, en dependencia jerárquica del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación, por un general de división o vicealmirante en servicio activo, que podrá ascender, con acuerdo del Senado, al grado superior de general de ejército o su equivalente, según corresponda".

            La creación de las Fuerzas Militares generó mucha polémica entre el Congreso y el Ejecutivo. Los parlamentarios insistieron en que la Ley de Organización de las Fuerzas Armadas que regía es la 244/93 y el Ejecutivo reivindicaba la N° 216/93. Sin embargo, luego, la Corte Suprema de Justicia declaró inaplicable la Ley 244/93, que no contemplaba la figura de las Fuerzas Militares.

            A ese hecho debe sumarse que políticos y congresistas acordaron el 15 de mayo de 1995 ampliar el cuadro de categorías, grados y equivalencias de las FF.AA., con lo que se reconoció tácitamente la creación de las "cuatro estrellas" o el grado de general de ejército, que luego fue dado al general Noguera y no precisamente a Oviedo. Anteriormente, solo el Mcal. Estigarribia, luego Stroessner y Rodríguez llegaron a ser general de Ejército, aunque, en honor a la verdad, en muy distintas circunstancias.

 

            SUS DECLARACIONES Y ACTUACIONES POLÍTICAS

 

            - 19 de noviembre de 1992. "Cuando me invitan a un lugar, no pregunto la afiliación de las personas que me cursan la invitación. Además, soy amigo de dirigentes de todos los grupos políticos, y eso no significa que esté apoyando a sus respectivos movimientos. Los militares somos respetuosos de la Constitución y ella dice que no debemos actuar en política partidaria. En consecuencia, eso es lo que hacemos", fue lo que contestó cuando se le "pilló" en una reunión en apoyo al binomio Wasmosy-Seifart.

            - 28 de diciembre de 1992. - Si el pueblo no ha aprendido la lección y quiere retornar al sistema autoritario, prebendario, estatista, sectario, discriminados, pues bien, "que se las aguante", dijo refiriéndose a la dupla Argaña-Ibáñez y admitiendo que votó por Wasmosy-Seifart.

            - 28 de diciembre de 1992. - Por eso yo voté por la Lista 2 (Wasmosy-Seifart), porque yo confío en esos señores y los voy a hacer respetar como un derecho justo a todos los campesinos paraguayos".

            - "Les parece que yo voy a estar apoyando y respaldando a los que ayer avalaron la dictadura desde el Poder judicial cuando ocupaban esos cargos durante ese régimen", manifestó para demostrar su contrariedad a la candidatura de Argaña.

            - 22 de enero de 1992. "Si el pueblo elige a un ciego, sordo y mudo para presidente, pues será el presidente", dijo cuando se le preguntó si las FF.AA. acatarán el resultado del 27 de diciembre de 1992 (internas coloradas).

            - "Lo único que hicimos fue acompañar al Presidente para cumplir con su deber cívico de ejercer su derecho al voto. Nosotros somos respetuosos de las normas legales", subrayó cuando se le recordó sobre la injerencia militar en las internas partidarias.

            - 13 de febrero de 1993. - Lo único que dije fue que estoy en contra de la dictadura y por eso lo voy a sostener hasta la muerte, porque contra eso yo he peleado y han muerto mis comandados. Gane quien gane me interesa poco o nada, pero en vista de la gente que ha estado en la cúpula de la dictadura, esa gente no puede seguir gobernando", fue su opinión cuando los argañistas lo acusaron de tener injerencia en política.

            - "Ellos (los argañistas) van a terminar por el camino", señaló respecto al futuro de los argañistas.

            - 28 de abril de 1993. - Nuestra decisión es cogobernar con el glorioso e inmortal Partido Colorado per secula seculorum, hasta que el país realmente conquiste el bienestar y el bien común, le guste a quien le guste, moleste a quien moleste, duela a quien duela, pique a quien pique, chille quien chille", afirmó en el Ministerio del Interior ante el entonces presidente de la Junta de Gobierno, Blas N. Riquelme, y el candidato presidencial, Juan Carlos Wasmosy

            - "Nosotros no somos pomberos que andan a escondidas, sino somos los que trajimos la libertad y la democracia, en la noche del 2 y 3 de febrero, a todo el pueblo paraguayo. Ahora vamos a hacer el rekutu y vamos a rubricar por un período más y después vamos a calcular lo que viene. Más vale malo conocido que algo bueno por conocer. No quiero probar yo ni todas las Fuerzas Armadas con otro partido político que desconocemos y que todavía no mandan y ya empiezan a ponerse en contra nuestra y hablar mal de nosotros y tratan de denigrarnos".

            - 16 de abril de 1993. - Nunca dije que estaba en contra de la persona. Estoy en contra de la ideología. Queda en la conciencia del pueblo determinar quiénes predican los odios, rencores, las calumnias, las cizañas, el autoritarismo, el prebendarismo, la corrupción, los auges de dictadura. Eso queda en manos de la ciudadanía determinar. Lo que nosotros queremos es un gobierno civil y gente democrática que conjugue con la economía de mercado. Pero si la gente elige a lo contrario, pues no podemos hacer nada y respetaremos su voluntad", fue su respuesta con relación a la vuelta de los militantes stronistas en política.

            - 5 de febrero de 1994. - "Hola, mi presidente", fue el saludo del general Oviedo a Blas N. Riquelme, varias semanas después de que renunciara a la presidencia de la Junta de Gobierno.

            - 30 de abril de 1994. - "Yo les vuelvo a responder: Ustedes olvidaron quiénes trajeron la democracia al Paraguay. No tengan la mente frágil. Somos lo uniformados los abanderados de esta democracia".

            - 19 de mayo de 1994. - "Soy colorado y ni con diez artículos de la Constitución me van a sacar mi coloradismo".

            - 4 de diciembre de 1994. - "Hetama pecribi che lómore, pero heta gueteri peneraséta hína". (Mucho ya se escribió sobre mí, pero mucho seguirán llorando todavía).

            - 22 de diciembre de 1994. - "No sabemos si nació quien pueda coser la boca a los militares. Algunos dicen que soy antidemocrático, y les pregunto a esos: ¿Dónde estuvieron el 2 y 3 de febrero de 1989? En Buenos Aires, cafeteríape, cruzando los pies, sin tener encima el peligro si el resultado del golpe sea bueno o malo".

            - 11 de julio de 1995. - "Nosotros, los oficiales en servicio activo, jamás nos prestaremos y jamás aceptaremos cualquier propuesta que vaya en desmedro de nuestras Fuerzas Armadas y mucho menos a una división entre los retirados y los activos. Es por eso que no hemos aceptado que el sueldo sea aumentado solamente a los activos. Cualquier propuesta que se haga y cualquier beneficio que se reciba lo aceptaremos única y exclusivamente cuando va a ser en conjunto para todos los componentes de las Fuerzas Armadas".

            - 22 de agosto de 1995. El mayor (SR) Abdón Zarza reconoció que mantuvo una reunión con dirigentes colorados de Itapúa y el general Oviedo, en la que este había señalado que todavía no se tenía al candidato oficial para la junta de Gobierno, donde inició su oposición a la postulación de Ángel Roberto Seifart.

 

            DOBLE DISCURSO E INTENTO DE CONTROLAR LA DEMOCRACIA

 

            El cambio político en el Paraguay, para muchos el inicio de la transición democrática, fue por medio de un golpe militar que lideró el general Andrés Rodríguez. Las Fuerzas Armadas, y en especial el general Oviedo, aprovecharon muy bien tal situación para mantener y pretender seguir controlando las "reglas de juego" en la arena política. Así lo hicieron, utilizando a la Asociación Nacional Republicana con el único objetivo de tener injerencia en el proceso electoral, como ocurrió en la elección de convencionales para la Asamblea Nacional Constituyente (diciembre de 1991), en las internas partidarias de la ANR (diciembre de 1992) y las elecciones nacionales (9 de mayo de 1993).

            Oviedo hizo todo lo que estaba a su alcance y fuera incluso de lo que la ley le permite para mantener el maridaje entre el Partido Colorado y las Fuerzas Armadas, que de algún modo estaba patentizado en la misma proclama del 2 de febrero de 1989, donde se prometió la unidad partidaria. Vale decir que la intención de mantener un estilo de "democracia tutelar" era clara por parte de los militares que se volvieron contra Stroessner.

            El mayor exponente de esa forma de pensar y actuar fue ese oficial que acababa de ascender a general de brigada: Lino César Oviedo. Este aprovechó su activa participación en el golpe para tratar de vender la imagen de que fue él quien tomó prisionero a Stroessner, amenazándolo con granadas de mano, para después trasladarlo a la Caballería, donde se preparó el exilio del anciano dictadora Brasil. Aprovechó, por momentos, esa coyuntura para arrastrar a la corporación militar lejos de la subordinación de las instituciones, con lo cual quiso mantener la autonomía castrense y ejercer luego un rol dominante en sus relaciones con las autoridades civiles.

            Oviedo, en un principio, se presentó como un oficial institucionalista, apartidario, llegando a coquetear con la oposición. Algunos oficiales hoy en día recuerdan aquella situación y hablan de que permitió de buena gana que los opositores visiten los cuarteles. Abrió las puertas de las unidades militares como forma de demostrar supuestamente su espíritu institucionalista y de estar conforme con ajustarse a la ley. Fue así que permitió que los políticos suban incluso a los tanques y aviones de guerra, como queriendo decir que las Fuerzas Armadas estaban plenamente sujetas y subordinadas al mando civil. Sin embargo, muy pronto demostró que era una persona con doble discurso, muy pronto empezó a actuar tal cual como pensaba: como un militar colorado y prepotente, que a la postre le costó su alejamiento de la carrera activa, según veremos más adelante.

            Actuó como operador político en las elecciones internas del Partido Colorado y en los comicios nacionales. Estos hechos motivaron sendas denuncias contra su persona. Forzó a muchos oficiales defender la idea de que la afiliación de los militares es un derecho adquirido, desconociendo que Stroessner la creó mediante una simple circular en que se obligaba a realizar la inscripción partidaria hasta el seno de las Fuerzas Armadas. Encabezó el grupo de oficiales generales que reclamó a la Corte Suprema de Justicia la inconstitucionalidad de la suspensión de las afiliaciones de los militares y policías en servicio activo.

            Hay demasiadas evidencias de su injerencia en política, la cual, para muchos, se inició en la época electoral de la misma Convención Nacional Constituyente que, como ya mencionamos en otro párrafo, había incidido para evitar la reelección de Rodríguez. Igualmente fue el principal responsable de trabar la candidatura de Luis María Argaña para las elecciones presidenciales, al tener participación directa en las elecciones del 27 de diciembre de 1992, instando a los colorados a votar por la dupla Wasmosy-Seifart:

            "Si el pueblo no ha aprendido la lección y quiere retornar al sistema autoritario, prebendario, estatista, sectario, discriminador, pues bien, que se las aguante", señaló el 27 de diciembre de 1992, expresando su contrariedad a la candidatura de Argaña. Su presencia en el golpe y su supuesto malestar con los argañistas utilizaba como estrategia para aparecer cada tanto con alguna expresión de neto contenido político.

            "Nuestra decisión es cogobernar con el glorioso Partido Colorado per secula seculorum, hasta que el país conquiste el bienestar y el bien común, le guste a quien le guste, moleste a quien moleste, duela a quien duela, pique a quien pique, chille quien chille". Esta expresión hizo frente al mismo candidato colorado en ese entonces, el Ing. Juan Carlos Wasmosy, el 27 de abril de 1992, en el mismo Ministerio del Interior, y en presencia igualmente del titular de la Junta de Gobierno, Blas N. Riquelme.

            Pese a su esfuerzo e influencia, no pudo evitar que durante el mandato de Rodríguez se pusieran trabas taxativas a la militancia partidaria de los militares. Es más, la Constitución del 20 de junio de 1992 establece que los uniformados en servicio activo no podrán estar afiliados a grupos políticos "i ni realizar ningún tipo de actividad partidaria". Pese a todo, Oviedo fue acusado de hacer declaraciones y tener actuaciones de tinte político, que embarraban el esfuerzo de la mayoría de los oficiales que briscaban la "institucionalización de las FF.AA.", también proclamada en el golpe del 2 y 3 de febrero.

            "Soy colorado y ni con diez artículos de la Constitución me van a sacar mi coloradismo", dijo el 19 de mayo de 1994 en respuesta a las normas establecidas en la Carta Magna sancionada el 20 de junio de 1992.

            El artículo 173 de la Constitución Nacional sostiene que "los militares en servicio activo ajustarán su desempeño a las leyes y reglamentos, y no podrán afiliarse a partido o a movimiento político alguno, ni realizar ningún tipo de actividad política". El Código Electoral tampoco deja espacio legal para que los componentes de la Fuerza Pública (policías y militares) lleven adelante tarea partidaria.

            Inclusive, se promulgó la Ley 679, que penaliza con el pase a retiro la actuación de los militares-políticos. Dicha norma, en su artículo 4° dispone: ''Los integrantes de la Fuerza Pública en servicio activo que realizaren actividades político-partidarias, serán sancionados con el pase a retiro, sin perjuicio de ser pasibles de las penalidades previstas en otras leyes".

            Las reiteradas violaciones del Gral. Oviedo obligaron a algunas instituciones a reconocer que el mismo incurría en delito político. Así, el ex fiscal general del Estado, Luis Escobar Faella, llegó a admitir que aquel violó la ley al señalar en el Ministerio del Interior que el Partido Colorado gobernará "per secula seculorum". También el fiscal electoral, Miguel Ángel Aranda, había afirmado "que el general Oviedo incurrió en un delito electoral al hacer propaganda política...., que constituye una violación al artículo 354, inciso c, del Código Electoral". (ABC Color, 15-IV 94).

            Sin embargo, las posturas de las autoridades mencionadas, como también el esfuerzo que llevaron en cada momento las autoridades de la Comisión Bicameral de Investigación (CBI), no trascendieron más allá de las declaraciones dadas a conocer por los medios de prensa. Al final, Oviedo, de alguna manera, siguió "activando" en política. De hecho dijo:

            "No sabemos si nació quien pueda coser la boca a los militares", en abierto desafío a los parlamentarios y al propio Ejecutivo, que acordaron la sanción y promulgación de la Ley 679, que penaliza a los militares activos que hacen declaraciones y actúan en política.

            El ex comandante del Ejército tenía la manía de meterse en todo. Se embanderó de la causa -de hecho la propició- de los oficiales retirados que reclamaban al Congreso el mismo salario y beneficio que los oficiales activos. Con la adhesión del Círculo de Oficiales Retirados de las Fuerzas Armadas, varias veces, amenazó al proceso democrático, especialmente, al Parlamento nacional. Hay una solicitada pagada por los oficiales retirados, en la que decían que, antes que defender la democracia, defenderán el estómago de sus familiares. En uno de sus discursos reivindicativos a favor de los militares retirados, Oviedo llegó a decir:

            "Nosotros, los oficiales en servicio activo, jamás nos prestaremos y jamás aceptaremos cualquier propuesta que vaya en desmedro de nuestras Fuerzas Armadas y mucho menos a una división entre los retirados y activos. Es por eso que no hemos aceptado que el sueldo sea aumentado solamente a los activos. Cualquier propuesta que se haga y cualquier beneficio que se reciba lo aceptaremos única y exclusivamente cuando va a ser en conjunto, para todos los componentes de las Fuerzas Armadas, en masa y unidos". Así era Oviedo, esto lo dijo el 11 de julio de 1995.

            Dentro de esa ansia que tenía de figurar se involucró hasta con sectas religiosas. Estuvo en el redil del Pueblo de Dios, donde se presentó como un "iluminado". Dijo que todas las obras realizadas por él estaban inspiradas en una profunda sensibilidad social que cuenta con la bendición de Dios. Afirmó que está cumpliendo con el mandato del "ser superior" y que luchará por la causa "cristiana y campesina hasta que Dios diga basta". A través de citas bíblicas, advirtió el peligro de un "castigo espiritual" para quienes, en una instancia como la que vive la sociedad, eligen el camino equivocado. Esto fue el 10 de febrero de 1996.

            El 21 de agosto de 1995 mantuvo una reunión con dirigentes colorados de Itapúa, en la que les comunicó que todavía no se tenía el candidato oficial para la Junta de Gobierno. Por entonces, Seifart ya contaba con el rótulo oficial, pero evidentemente Oviedo también tenía su propio proyecto político, lo que a la postre hizo que se suspendieran las internas coloradas cinco veces seguidas y que conllevó finalmente su ida a retiro. Según uno de los presentes, el militar, en dicha ocasión, criticó al presidente Wasmosy y al vicepresidente, por ser flojos y conceder ventajas a la oposición.

            Trató por todos los medios de desacreditar la candidatura de Seifart y anular a Argaña. Estos dos hechos lo llevaron a un extremo en que por varios momentos cundió la intranquilidad en la población paraguaya, aunque finalmente no logró su propósito y sí fue la víctima de dichas pugnas al dejar la carrera activa dentro de las Fuerzas Armadas, al volverse insostenible su presión para el titular del Ejecutivo, ejercido por el Comando en Jefe de las FF.AA.

           

            DECISIVO PAPEL DE OVIEDO EN LAS ELECCIONES DE MAYO DE 1993

 

            El decisivo papel que cumplió el general Lino César Oviedo en las elecciones internas del Partido Colorado de diciembre de 1992 y, posteriormente, en los comicios nacionales de mayo de 1993 fue la carta de presentación del militar en la actividad político partidaria. Su apoyo a la candidatura del Ing. Juan Carlos Wasmosy fue firme recién en los últimos tramos de la interna colorada, porque antes de diciembre del '92 la posición del general fue ambigua, como la de muchos operadores políticos de la ANR.

            Al igual que Blas N. Riquelme y otros importantes líderes colorados, Oviedo pensaba que Wasmosy no era el candidato ideal para representar a la ANR en los comicios presidenciales del '93.

            Incluso es público que "su candidato" para la presidencia de la República era el Dr. Horacio Galeano Perrone y que tuvo que aceptar la candidatura de Wasmosy tras la reunión cumbre que se realizó en la residencia del general Andrés Rodríguez, en Las Carmelitas, cuando la cúpula militar y económica que sostenía el gobierno desde 1989 votó en mayoría por la figura del empresario para candidato del Partido Colorado.

            Pese a la decisión adoptada, el general Oviedo no cejó en su empeño de encontrar otro candidato, el ideal, para afrontar los comicios internos de la ANR y posteriormente las nacionales del '93.

            Uno de los principales motivos de la ruptura entre el general Andrés Rodríguez, presidente de la República, y su subordinado, el influyente general Oviedo, fue precisamente el acercamiento que este último tuvo con el sector liderado por el Dr. Luis María Argaña, en los últimos meses de 1990 y los primeros de 1991, cuando el político colorado fue defenestrado por Rodríguez de su cargo de canciller nacional en junio de 1990.

            Oviedo y Argaña intentaron elaborar un proyecto político con vistas a las internas del '92 y con proyección al periodo 93-98.

            Para el efecto, algunos operadores políticos del argañismo iniciaron conversaciones con la intención de acercar a ambos. Resultaba irresistible la posibilidad de unir a uno de los líderes más importantes del Partido Colorado con el militar con mayor proyección dentro de las Fuerzas Armadas y que, en esa época, resultaba ya influyente en las decisiones del Estado, Fuerzas Armadas y la propia ANR.

            Con ese objetivo, se fijaron algunas reuniones siendo la más llamativa de todas la que debió realizarse en la casa del empresario argañista Díaz de Espada, en Fernando de la Mora.

            Este encuentro no pudo concretarse debido a que el general Rodríguez, enterado de las andanzas de su subordinado, ordenó al entonces jefe de la Policía, rodear la propiedad y evitarla reunión.

            Pese a que el asunto se manejó con mucho hermetismo, corrieron versiones de que en la residencia se encontraba Oviedo y que, avisado por algunos elementos leales en la Policía, se retiró antes de la llegada de los efectivos de la fuerza del orden.

            Otra reunión similar debió realizarse unas semanas después en la quinta de Atilio R. Fernández, en Mariano Roque Alonso, pero también fue suspendida por orden policial.

            Allegados al militar indicaron que por una cuestión de estrategia   se dejó en "stand by" la intención de acercamiento con Argaña, máxime teniendo en cuenta que dentro del propio Partido Colorado iba teniendo mayor influencia una fuerza contraria al argañismo.

            Un enfrentamiento directo en ese entonces con Rodríguez no era conveniente, le explicaron a Oviedo sus estrategas.

            El general Oviedo, como muchos otros líderes colorados, en un primer momento tampoco tuvo confianza en la candidatura de Juan Carlos Wasmosy, y, por ese motivo, hasta el final intentó imponer otro nombre para los comicios internos de la ANR de diciembre del '92.

            Durante los meses anteriores a las elecciones fue evidente la persistencia de Oviedo de acordar otro nombre para la chapa presidencial, instigado casi siempre por su amigo, socio y compadre Blas N. Riquelme, por entonces presidente de la ANR.

            El titular de los colorados, desde un inicio, descalificó a Wasmosy como candidato ideal del partido y manifestó algunas frases que se volvieron célebres como "peor es nada", o "es preferible, este candidato a no tener ninguno", para expresar su desagrado con el elegido para la presidencia de la República.

            Oviedo intentó convencer a Gustavo Díaz de Vivar para encabezar la lista con Seifart como vicepresidente, y estuvo a punto de concretar esta fórmula, pero no contó con la negativa del actual vicepresidente de la República a dicho plan.

            Es que también Seifart aspiraba obtener apoyo económico y militar para encabezar la lista oficial y no perdía las esperanzas en ese sentido.

            Ante la imposibilidad de modificar el proyecto "Wasmosy Presidente", el general buscó variantes como la de conformar una nueva dupla con el acuerdo de todos los sectores colorados para lograr la unidad colorada.

            En ese aspecto, intentó convencer a Luis María Argaña para establecer una dupla con Díaz de Vivar o con Seifart hasta último momento.

            Durante una cena realizada en el domicilio del ahora embajador paraguayo en Buenos Aires realizó un último intento con Argaña.

            Según cuentan algunos de los participantes del encuentro, Oviedo llamó por teléfono a Díaz de Vivar para manifestarle su intención de dialogar con Argaña y llegar a un acuerdo sobre la chapa presidencial colorada. Agregó que, para el efecto, se trasladaría hasta el lugar de la cena y esperaría a Argaña para dialogar sobre el tema.       Díaz de Vivar: - Dr. Argaña, el general Oviedo tiene intenciones de conversar con usted para intentar llegar a un acuerdo, de tal manera a evitar la caída del Partido Colorado en las próximas elecciones nacionales. Creo que debería escucharse propuesta.

            Argaña: - Dígale al general Oviedo que no tengo intenciones ni ganas de conversar con un militar sobre ninguna candidatura. No voy a hablar con un militar que apoya la candidatura de un mbatara.

            Díaz de Vivar: - Creo que sería conveniente que lo escuchara porque pidió que salga a la calle para hablar.

            Argaña: - Dígale que no tengo interés. Yo no recibo órdenes de ningún general.

 

            Con estas breves palabras quedaron truncas las posibilidades de un cambio de la fórmula presidencial y las líneas quedaron finalmente tendidas para enfrentar a Wasmosy-Seifart con Argaña-Ibáñez en las internas coloradas.           

            También quedaron sepultadas, con la actitud de Argaña, las intenciones de Oviedo de modificar la dupla oficial, al mismo tiempo que acababan las esperanzas para Díaz de Vivar de ser ungido, por medio de un acuerdo, candidato oficial de la ANR.

            Pero Oviedo no olvidó la afrenta e inició una fuerte campaña en favor de Wasmosy en los últimos días anteriores a las internas coloradas de diciembre de 1992.

            Fundamentalmente, fustigó la aparición de importantes elementos del stronismo en el grupo argañista y resaltó la identificación del líder de Reconciliación Colorada con el depuesto dictador.

            El 27 de diciembre de 1992, el general Oviedo acompañó al general Andrés Rodríguez a depositar su voto en la escuela República Federal de Alemania y, desde ese lugar, en forma sorpresiva pronunció una fuerte arenga frente a las cámaras de televisión y los micrófonos de las emisoras de radio para apoyar al candidato que, a su criterio, consolidaría el proceso democrático iniciado en febrero de 1989.

            En su mensaje, Oviedo manifestó que el argañismo es un movimiento que significa el retorno del stronismo, de la corrupción estatal, de la preeminencia de figuras que fueron causantes de los mayores desmanes desde el gobierno.

            Indicó que en el argañismo militaba "gente amante del autoritarismo, del prebendarismo, de un sistema de gobierno autocrático, amante del estatismo que genera corrupción, degeneración, odios, rencores y descontentó".

            Agregó que los argañistas son personas enemigas de la democracia, de la economía social de mercado, la libre empresa. "Son gentes que han desvalijado al país, que correspondían a una cúpula corrupta, prepotente y rapaz, que tienen mucho dinero y están queriendo manipular la conciencia ciudadana", manifestó en forma vehemente el general de Caballería.

            Nunca antes un jefe militar se había despachado tan fuertemente contra el líder de un movimiento político colorado. Para los allegados de Argaña, la arenga de Oviedo tuvo como objetivo volcar las preferencias del electorado de su partido hacia los candidatos oficiales que, a esa altura de los acontecimientos, ya tenían una tendencia en contra.

            Dos horas después del cierre de las elecciones internas de la ANR y ante los resultados de las "bocas de urnas" de las diferentes emisoras de radio de la capital, que anticipaban la victoria de la lista de Reconciliación Colorada y con los primeros resultados extraoficiales que confirmaban dicha tendencia, el Ing. Wasmosy se dispuso a reconocer su derrota y felicitar a Argaña como ganador de las internas.

            Sin embargo, los poderes fácticos que impulsaron su candidatura prefirieron seguir aguardando mayores datos del conteo de votos.

            En el puesto de comando del wasmosismo cundió la desesperación ante la inminencia de la derrota. Solo unos pocos allegados a Wasmosy compartieron su vigilia en las oficinas que este tiene en la empresa constructora ECOMIPA, sobre la avenida Artigas, esperando mayores datos de las internas.

            Cuando decidió felicitar a Argaña como ganador de los comicios se interpusieron en su camino el general Oviedo y Ángel Roberto Seifart.

            Oviedo: - No podés ir a felicitar a Argaña hasta tener mayores datos de los resultados. Hubo trampas en muchos lugares. Juan Carlos, te quedas acá.

            Seifart: - Dejá todo esto en manos de los políticos y quedate en tu oficina. No podés echar a perder todo el esfuerzo que realizamos por los datos extra oficiales que están llegando.

            La decisiva intervención de Oviedo y Seifart evitó que Wasmosy reconociera públicamente su derrota. Posteriormente, el Tribunal Electoral Colorado interrumpe el conteo de votos por una serie de irregularidades denunciadas por el movimiento oficialista. En marzo del año siguiente, se confirma el triunfo de la dupla Wasmosy-Seifart y se inicia otra decisiva campaña de Oviedo en favor del candidato de la ANR.

 

            LA TAREA DE OVIEDO EN LAS ELECCIONES

 

            Si la actuación de Oviedo en apoyo a la fórmula Wasmosy-Seifart fue abierta y desembozada en las internas de la ANR, para las nacionales ya nadie dudaba de que la participación del influyente militar iba a ser decisiva.

            El general trató de contrarrestar desde un primer momento la prédica argañista contra el candidato colorado y, para el efecto, no dudó en recorrer todas las bases republicanas del país para rever dicha situación.   

            Argaña instó a no votar por el candidato colorado a presidente de la República, pero reclamó el apoyo de sus correligionarios para las listas de senadores y diputados del partido.

            Apelando al resentimiento creado por la forma como se decidió la candidatura a la presidencia de la República, el político se puso en papel de opositor recalcitrante y trató de restar votos a la dupla Wasmosy-Seifart.

            Sin embargo, Oviedo y otros generales -entre quienes se encontraban Aníbal Regis Romero, Pedro Concepción Ocampos, José Céspedes Zarza, Fernando Talavera Mosqueda, el vicealmirante Eduardo González Petit- empezaron a trabajar en pro de la candidatura oficial dentro de los cuarteles y en las seccionales del país.

            El 13 de febrero de 1993, en una entrevista publicada en el diario ABC Color (Pág. 2), el general Oviedo criticó duramente a los argañistas resaltando que los mismos constituían una regresión al pasado.

            "Yo voté el 27 de diciembre pasado por la democracia. No puedo ser incoherente. Luché contra la dictadura y no voy apoyar el regreso de la dictadura", dijo a los periodistas.

            A renglón seguido preguntó:

            - "Bader Rachid Lichi, para quién trabaja; el Chiola, ministro de quién era ese; de Stroessner. Icho Planás y Quique Nogués, ¿qué eran en el país?; prestanombres de Stroessner. ¿Qué prerrogativas tenían?; pues el monopolio de las tortas del país. Ellos dijeron que el candidato de Stroessner era Argaña y, este, por qué no objetó eso. Argaña nunca negó que fuera el candidato de Stroessner", dijo ofuscado el militar.

            Al cuestionar la actuación de Argaña, fue aún más lejos al referirse a los hijos del líder colorado.

            "¿Qué usurpan los hijos de Argaña cuando se les da el poder? Vean todos los despachos aduaneros. Agarran todos los despachos!!!", refirió al cuestionar la actitud de los argañistas que hacían campaña en favor de los candidatos a diputados y senadores de su movimiento, pero, a la vez, pedían el voto castigo contra Wasmosy.

            El apoyo de Oviedo a la candidatura presidencial de Wasmosy se evidenció con mayor fuerza un mes y medio antes de los comicios de mayo del '93.

            La mayoría de los cuarteles de todo el país fueron utilizados para reuniones con los subordinados y los seccionaleros de los distintos departamentos.

            En el Primer Cuerpo de Ejército, el militar reunió, el miércoles 27 de abril de 1993, a los dirigentes de base del departamento Central, de La Cordillera y de Paraguarí para manifestarles la firme decisión de las Fuerzas Armadas y del oficialismo colorado de apoyar la candidatura oficial.

            Anteriormente, se había reunido con oficiales y dirigentes colorados del departamento del Guaira; en la unidad militar con asiento en Villarrica.

            El 29 de abril realizó proselitismo en favor de Wasmosy en Ciudad del Este, utilizando para el efecto un sistema de seguridad que impidió a los periodistas llegar al lugar del encuentro. Sin embargo, trascendió que Oviedo destacó la necesidad de ganar las elecciones nacionales "para que las Fuerzas Armadas y el Partido Colorado sigan gobernando el país".

            El 27 de abril de 1993 se produjo quizás el hecho más significativo del apoyo que el general Oviedo brindó a la fórmula Wasmosy-Seifart durante toda la campaña electoral para las nacionales del 9 de mayo de 1993.

            Ese mediodía, el militar pronunció el discurso más claro y directo de las intenciones de las Fuerzas Armadas de seguir gobernando el país con el apoyo del Partido Colorado, durante una reunión celebrada en el Ministerio del Interior ante los candidatos a gobernadores de la ANR, los intendentes colorados y la cúpula militar.

            Estuvieron presentes en esa oportunidad los candidatos del Partido Colorado Juan Carlos Wasmosy y Ángel Roberto Seifart, los ministros del gobierno de Andrés Rodríguez, los generales Pedro Concepción Ocampos, comandante del Ejército; José Céspedes Zarza, comandante de la Fuerza Aérea; el vicealmirante Eduardo González Petit, comandante de la Armada Nacional, entre otros.

            Oviedo, por entonces comandante del Primer Cuerpo de Ejército, pronunció un discurso de neto corte político, señalando que "el poder legal y el poder real constituyen un matrimonio que juntos deben ir unidos".

            Durante su mensaje destacó: "Nuestra intención es cogobernar con el glorioso e inmortal Partido Colorado per recula seculorum (por los siglos de los siglos) hasta que el país realmente conquiste el bienestar y el bien común, le guste a quien le guste, moleste a quien moleste, chille quien chille, pique a quien le pique".

            En un inusual tono de advertencia agregó: "Nosotros (los militares) tenemos tan igual coraje, decisión y huevos entre las piernas y no vamos a estar cruzándonos de brazos", al salir al paso de críticas vertidas por dirigentes de la oposición que desafiaron a los militares a no involucrarse en la lucha electoral.

            El apoyo del general Oviedo a la dupla colorada Wasmosy-Seifart fue amplia y abarcante. En todos los niveles, el apoyo del militar se manifestó en forma decidida.

            Es así como en el comando del Primer Cuerpo de Ejército funcionaba una "junta electoral" paralela que controlaba también la elaboración del padrón nacional.

            Por orden de Oviedo, oficiales expertos en informática y computación ejercieron un estricto control del proceso electoral. La misión de los mismos consistía en facilitar información a los colorados para ubicar las mesas electorales donde debían depositar sus votos.

            El listado completo del padrón nacional también era manejado por oficiales a cargo de Oviedo.

            Para el día de las elecciones nacionales se elaboró una estrategia que tenía como objetivo boicotear la labor de SAKA, organismo no gubernamental que debía llevar el control paralelo de los comicios y preparar datos y tendencias del desarrollo de los mismos.

            Informes del servicio de inteligencia del Ejército que llegaron a manos de Oviedo daban cuenta de que la oposición elaboró un plan en complicidad con el centro de datos de SAKA, para que, de acuerdo a las tendencias de votos de los electores, al mediodía del 9 de mayo de 1993, uno de los candidatos de la oposición debía pronunciar un        mensaje público para instar a su gente a votar por el candidato con mayores posibilidades de vencer a los colorados.

            Sin embargo, el plan no pudo llevarse a cabo a raíz de las dificultades en las líneas telefónicas de SAKA que debían recibir las llamadas de los miles de jóvenes encargados de informar al centro de datos sobre las tendencias de votos en favor de los candidatos, según versiones que manejaban los militares.

            El plan de sabotaje fue ideado por el Estado Mayor de Oviedo y ejecutado en complicidad con el presidente del consejo directivo de la ANTELCO, Cnel. Eduardo Kishi. Las líneas telefónicas de SAKA no funcionaron durante la mayor parte del día como consecuencia del boicot que llevaron adelante los operadores de ANTELCO. El plan funcionó a la perfección porque la oposición nunca pudo determinar con exactitud las tendencias de los electores. Ni los enojos del ex presidente norteamericano Jimmy Carter, quien estuvo en el país en calidad de observador pudieron contra la decisión de Oviedo.

            Una vez conocidas las tendencias y con el triunfo asegurado, el general Oviedo nuevamente hizo una aparición en público antes de la medianoche, a través de uno de los canales de TV con un mensaje de apoyo a las autoridades recientemente electas para gobernar el país durante el periodo 1993-1998.

            El 11 de mayo de 1993, dos días después de los comicios nacionales, la Junta de Gobierno de la ANR dio a conocer un pronunciamiento a favor del militar de caballería.

            Los miembros de la directiva colorada desagraviaron a Oviedo "por su indiscutible coloradismo y su amor a la patria".

            El 14 del mismo mes, en el domicilio del entonces presidente de la ANR, Blas N. Riquelme, se celebró una cena en homenaje al comandante del Primer Cuerpo de Ejército.

            El diario oficial del Partido Colorado en su primera plana del 12 de mayo publicó fotos del acontecimiento celebrado para agasajar al "dilecto correligionario".

            "Este acto fue fundamentalmente de confraternidad para ratificar la postura de colorado que asumió completamente de frente el Oral. Lino Oviedo, para contrarrestar la grotesca conspiración que, desde los medios de dominio de pensamiento colectivo, se estaba realizando con apoyo externo para derrotar al coloradismo", destacó Patria.

 

 

 

CAPÍTULO III

 

EL INTENTO DE GOLPE DE ESTADO

 

            LOS ANTECEDENTES MEDIATOS E INMEDIATOS

 

            El acceso de Juan Carlos Wasmosy, a la presidencia de la República estuvo precedido de un intento de golpe de Estado, y está lo había confirmado el embajador norteamericano en el Paraguay, Jon Glassman. La asonada iba a venir a raíz de las elecciones del Partido Colorado del 27 de diciembre de 1992, cuando surgió como virtual ganador el Dr. Luis María Argaña.

            A Lino Oviedo se le atribuye haber jugado aquella vez en el "equipo" oficialista y, según versiones coincidentes, tuvo decisiva participación para que Wasmosy fuera el candidato victorioso tras las internas. Aquel fin de año se definió la candidatura colorada para la presidencia de la República. La victoria fue adjudicada a Wasmosy y, consiguientemente, fue postulado para la primera magistratura de la nación.

            Casi un mes antes de los comicios generales -realizados el 9 de mayo de 1993-, el embajador Glassman confirmó lo que se venía comentando en diversos círculos. El 5 de abril de 1993, durante la visita de despedida al Parlamento, el diplomático confirmó que a comienzo del citado año "hubo peligro de golpe de Estado". Recordó que fue por ello que la representación a su cargo emitió un comunicado el sábado 2 de enero. "A mí me costa que hubo un peligro, por eso hicimos las visitas y dimos a conocer el comunicado", ratificó Glassman.

            En aquel comunicado del 2 de enero, el embajador señaló tajantemente que tenía confianza en que el proceso democrático continuara su afianzamiento. "Dentro de este contexto esperemos que las cuestiones políticas puedan ser resueltas por medio del diálogo y los medios judiciales previstos en la Constitución y las leyes", consignó en evidente alusión al conflicto generado luego de las internas coloradas para definir la candidatura presidencial.

            Él escrito señaló: "Los Estados Unidos reafirman que la interrupción del proceso democrático provocaría una fuerte reacción de los Estados Unidos, como así también de la comunidad internacional".

            El embajador declaró que a más de emitir el comunicado, personalmente entregó aquella fecha un mensaje a un alto jefe militar al que no identificó. Tampoco precisó el contenido del mensaje. Recordó que similar documento había entregado al entonces presidente de la República, Gral. Andrés Rodríguez. "Felizmente no pasó nada y estamos viviendo en democracia", sentenció Glassman durante su visita al Congreso.

            Preguntado si la nota de su Embajada fue la que impidió que se consumara el golpe, Glassman respondió no estar en condiciones de afirmar que fue así, pero ratificó que tenía informaciones suficientes que "ameritaron" dicho comunicado. O sea, que 1993 íbamos a comenzar con un golpe militar a causa de las internas coloradas; es decir, cuando surgió Argaña como eventual ganador.

            El 6 de enero del '93, con la volanta "Dios no lo quiso", el periódico "La Corbata" tituló una información relativa al caso de la siguiente manera: "Nos salvamos de un Año Nuevo con brindis de sangre. La asonada cívico-militar se gestó en Campo Grande", dijo también "La Corbata", sindicando como cabeza visible del movimiento al entonces Gral. de división Lino Oviedo. ¿Qué quiere Lino Oviedo? ¿Contra quién pretende levantarse?, se preguntaba "La Corbata".

            A partir de las internas de diciembre del '92, comenzó la serie de rumores de golpe, la que caracterizó prácticamente a la era Wasmosy. Las versiones no cesaron y periódicamente aparecieron en el "tablero" del proceso, aunque todas felizmente sin concretarse. El 28 de mayo del mismo año, a raíz del autogolpe en Guatemala, el senador del PLRA Dr. Carlos Alberto González, advirtió que nuestro país no estaba exento de semejante posibilidad. Instó a la unidad de todas las fuerzas democráticas para rechazar terminantemente cualquier intento.

            En agosto, algunos congresistas denunciaron la campaña golpista del diario Patria, basándose en publicaciones lanzadas desde su columna editorial en la que cuestionaba la actividad parlamentaria. El 22 de octubre, Hermes Rafael Saguier, Luis Alberto Mauro, Walter Bower, Francisco José de Vargas y Carlos Romero Pereira denunciaron un supuesto plan para disolver el Parlamento. También fue denunciada una supuesta amenaza contra el senador Basilio Nikiphoroff.

            Al comenzar 1994, específicamente el 3 de enero, algunos parlamentarios acusaron al Poder Ejecutivo de preparar el terreno para un "fujimorazo", a raíz de las declaraciones del ministro de Defensa Dr. Hugo Estigarribia y del presidente Wasmosy de que las agresiones provienen del Congreso y no del Ejecutivo.

 

 

            RUMORES DE AUTOGOLPE SE ACRECENTARON TRAS LA VISITA OFICIAL DE WASMOSY A FUJIMORI

 

            A partir de la visita oficial realizada por el presidente Wasmosy a su colega peruano Alberto Fujimori, el 1 de febrero de 1994, surgió el temor de autogolpe en nuestro país. Fue porque precisamente el gobernante incaico, el 5 de abril de 1992, ordenó, con el apoyo de los militares, disolver el Congreso y desmantelar el Poder Judicial, asumiendo todos los poderes.

            Aquella visita del mandatario compatriota fue muy criticada por la oposición peruana que acusó a Wasmosy de haber aplaudido "entusiastamente" el golpe de Estado que dio Fujimori. La ida del gobernante guaraní a Lima no tuvo motivos valederos, por lo que incluso en nuestro medio fue cuestionado por distintos sectores.

            El congresista peruano Fernando Olivera, del Frente Independiente Movilizados dijo entonces que el Presidente de Paraguay afirmó estar dispuesto a hacer lo mismo que Fujimori, responsabilizando además a Wasmosy de haber tratado "con mano blanda al dictador Stroessner". Durante aquella estada en la capital peruana, Wasmosy y Fujimori se intercambiaron las máximas condecoraciones otorgadas por sus respectivos gobiernos. El primero recibió la "Orden del Sol", mientras Fujimori el collar "Mariscal Francisco Solano López". Firmaron varios documentos de cooperación mutua.

            A fines de febrero del '94, De Vargas y Saguier advirtieron nuevamente sobre un posible golpe de Estado para derrocar exclusivamente al presidente Wasmosy. Inmediatamente Oviedo desmintió aquella versión, asegurando que no estaba con ninguna intención golpista.

            En marzo del mismo año, seguidores de Argaña fueron sindicados como potenciales peligros para el proceso democrático. Se atribuyó a su entorno la planificación de una maniobra política para desalojar del poder tanto a Wasmosy como al vicepresidente Ángel Roberto Seifart, previo juicio político. Replicó el Movimiento de Reconciliación Colorada argumentando que no era sino un invento para desprestigiar su imagen.

            Quince días después, reaparecieron los rumores de disolución del Congreso, y al mes siguiente, Julio César Vasconsellos protestó contra la intención de los parlamentarios de iniciar un juicio político contra los miembros de la Corte que votaron a favor de la suspensión de algunos artículos de la Ley 296, que prohíbe hacer política a los militares. Sostuvo que estaban dadas las condiciones para la disolución del Congreso.

            Una nueva advertencia sobre un posible "fujimorazo" fue hecha en julio de 1994 por el senador del PLRA César Benítez, a raíz de la amenaza de retiro de la Cámara de Diputados de los legisladores colorados.

            En noviembre, Argaña afirmó que el gobierno de Wasmosy podía caer en cualquier momento. Fue durante un acto político partidario en Cerrito, Chaco paraguayo.

 

            FUERZA AÉREA Y LA CABALLERÍA FRENTE A FRENTE

 

            El 17 de diciembre de 1994, fue frustrado el intento de Oviedo de trasladar al general de brigada Carlos Alberto Ayala, comandante de la Primera División de Infantería. Su propósito fue llevarlo al Chaco, pero no lo logró. Quería reemplazarlo por el Gral. Pedro Hugo Cañete -que estaba como comandante en la Sexta División de Infantería, Chaco-, quien más tarde interinó el cargo. Aun cuando Wasmosy firmó inicialmente la orden general que disponía este traslado, luego revió su decisión manteniendo a Ayala en Tacumbú.

            Esto hizo que el entonces comandante del Ejército moviera toda su influencia para posibilitar el alzamiento del Ejército. Aquel sábado la situación fue tensa y grave.

            Cuándo la crisis comenzó, Wasmosy ya estaba en la cumbre de presidentes del Mercosur en Ouro Preto, Brasil. En aquella ocasión, los aviones de la Fuerza Aérea ya estaban dispuestos a sobrevolar la Caballería, que, según denuncias, incluso lo hizo, para enfrentar las intenciones de Oviedo de hacer el cambio aprovechando la ausencia del Comando en jefe.

            Cuando ese sábado la luz del día empezaba a decaer, los blindados de la Caballería estaban preparados.

            Oviedo ordenó que se apagaran todas las luces del Primer Cuerpo del Ejército, incluyendo el tradicional arbolito de Navidad, que podía servir de guía a los aviones de la Fuerza Aérea.

            Para ese momento, los aviones Xavantes y Tucanos estaban lejos del poder de fuego de la Caballería, pues el general de división César Crámer los envió a Ayolas. Esto se hizo para evitarla experiencia del 2 y 3 de febrero de 1989, cuando los aviones militares fueron encañonados por la Caballería habiendo impedido su despegue.

            Aun así, las cosas evidentemente no se presentaban buenas para Oviedo, pues el regimiento Guardia Presidencial ya recibió órdenes de interceptar los tanques de la Caballería, en caso de que se movieran con dirección a Tacumbú, sede de la Primera División de Infantería.

            Llegó la mañana del domingo 18 de diciembre, y Wasmosy ya estaba en Asunción. Se iniciaron prolongadas negociaciones para solucionar el conflicto. Uno de los principales mediadores fue el Dr. Conrado Pappalardo, quien tiene buena relación con los polos en discordia. La solución llegó tras 18 horas de conversaciones en Mburuvicha Róga, incluyendo las reuniones mantenidas por el Presidente tanto con el ministro de Defensa, Dr. Estigarribia y del Interior, Carlos Podestá, y el encuentro sostenido también con Oviedo.

            Tiempo después, Ayala fue trasladado efectivamente al Chaco, pero luego fue traído nuevamente a Asunción, pero sin cargo. A fines de 1995, pasó a retiro.

 

            OTROS ROCES POR PRESUNTA IDA DE OVIEDO A RETIRO

 

            El 29 de agosto de 1995 hubo un roce entre el general Oviedo y el general Crámer. Por entonces se barajaba la posibilidad, se habló de negociaciones, sobre el pase a retiro de Oviedo a cambio de algunas movidas en ciertos ministerios y el paso al costado de Seifart en su deseo de comandar la Junta de Gobierno de la Asociación Nacional Republicana.

            Por entonces Oviedo estaba recibiendo una andanada de críticas por la construcción del "linódrono" o "desfilódromo" que llevó adelante bajo la oposición del Congreso, dejando malparado al Comando en Jefe, quien había firmado el 15 de mayo un acuerdo con la oposición para una reforma general de las Fuerzas Armadas.

            El otro enfrentamiento reciente de Oviedo con comandantes de las otras armas (vicealmirante Carlos Guillermo López Moreira, de la Armada, y Gral. Cramer de la Fuerza Aérea) ocurrió en los primeros meses de 1996. Fue porque Oviedo intentó distribuir con las otras armas el recorte de 9.000.000.000 de guaraníes que sufrió el Ejército de parte del Congreso. La Fuerza Aérea se opuso a dicha idea, incluso, algunos hablan de que Crámer llegó a admitir a sus amigos que estaba dispuesto a darle una "trompada" a Oviedo y correr el riesgo de ir a retiro ante el intento del comandante del Ejército de influir en el presupuesto ajeno.

            En 1995, si bien mermaron un tanto los rumores de golpe, persistieron las amenazas, incluyendo las versiones de autogolpe, pero sin relevancia alguna.

 

            "EL ÚNICO QUE PUEDE HACER UN GOLPE SOY YO Y NADIE MÁS"

 

            Mientras tanto, la actividad político-partidaria de Oviedo se intensificó cada vez más hasta que, en una oportunidad, el presidente Wasmosy aseguró que en su momento lo pasará a retiro. Tanto fue así que el 9 de abril de 1996, casi una semana antes del alzamiento de Oviedo, el propio Wasmosy declaró ante los periodistas en su despacho del Palacio de López: "El único que puede hacer un golpe soy yo y nadie más". Aseguró al mismo tiempo que estaba "fuerte y firme" en el gobierno. Prometió a su vez avanzar con el proceso de democratización del país, "pese a quien pese" y "tropiece quien tropiece".

            El jueves 18 de abril, el embajador brasileño Mario D'Oliveira Días impuso a Oviedo la condecoración "Honor al Mérito Militar" en el grado de "Gran Cruz" conferida por el Ejército del Brasil. Esta ceremonia se cumplió en la Embajada del vecino país, en Asunción.

            A este acto concurrió Oviedo con su uniforme de general de división y en carácter de comandante del Ejército. Al agradecer la condecoración, significó que era una "distinción" para el Ejército paraguayo "que tengo la honra de comandar". Pidió luego al embajador D'Oliveira Días transmitir su reconocimiento al presidente Fernando Henrique Cardoso. Inmediatamente después, Oviedo y el embajador participaron de un brindis, formulándose recíprocas expresiones de felicidad y acierto.

 

            ALTO JEFE MILITAR ANUNCIO CONFIDENCIALMENTE EL RETIRO DE OVIEDO

 

            El domingo 21 de abril, una alta fuente castrense de nuestro país nos aseguró confidencialmente: "Lino Oviedo pasará a retiro". Comentó que "todo está listo" y que "en cualquier momento" podía haber novedades. Como fue en una reunión social, inicialmente nadie le dio mucha importancia, pero minutos después algunos presentes pararon la oreja, pero el militar -vestido de civil- disimuló bastante y pasó a hablar de cualquier cosa. Quienes llegaron a escuchar algo del tema tal vez no creyeron; la cuestión no fue a mayores. Nadie tocó más el asunto, mucho menos el militar.

            Prosiguió el encuentro en un ambiente realmente agradable. Iban y venían los mozos y cada vez con más picaditos y refrescantes bebidas. Más de uno quiso avivarse y quedó a merodear, pero como no prosperó su intención, continuó sirviendo. El jefe militar agradeció cada ofrecimiento y nada de alcohol se probó. Solamente agua sin gas porque estaba con medicamento, según argumentó.

            Nuestra curiosidad fue cada vez mayor y al parecer el "amigo" quería comentarnos algo. En un aparte, y mientras se escuchaban desde uno de los salones los acordes de una conocida guarania, le preguntamos si era cierto lo que estaba diciendo... Se rió y respondió que sí.

            Al retomar el tema, le preguntamos bajó qué argumento iba a tomar Wasmosy esta decisión, teniendo en cuenta las versiones de que el mandatario le "debe" su presidencia. Previo compromiso de no difundir la información ni entre "hermanos" y mucho menos publicarla en la prensa, el jefe castrense miró ligeramente a sus costados y en voz baja nos comentó: "Wasmosy ya tomó la decisión, de común acuerdo" con los comandantes de las Fuerzas Militares, general de división Silvio Rafael Noguera; de la Armada vicealmirante López Moreira y de la Fuerza Aérea, general Crámer. Entonces, López Moreira estaba recuperándose tras una intervención. A propósito, se supo que en esos días fue visitado en su lecho de enfermo por el Jefe de Estado, en su domicilio particular sobre la calle República de Colombia e Iturbe. Esa vez fue con Wasmosy el entonces secretario privado de la Presidencia, Dr. Rubén Melgarejo Lanzoni. El que coordinó la visita fue el edecán naval Cap. de Frag. Miguel Ángel Caballero.

            Nuestro informante aclaró que su oposición a la publicación no obedecía a otro objetivo más que evitar un eventual "paso atrás" de Wasmosy, pues señaló que el Comandante en jefe "a veces es muy cambiante" o "podría asustarse el mismo del anuncio en la prensa del pase a retiro de Oviedo", señaló al respecto.

            "Requerido si la Armada y la Fuerza Aérea están en condiciones de responder a un eventual levantamiento del Ejército, la fuente aseguró que "Lino no tiene nada que hacer". Explicó, siempre en voz baja, qué el plan era comunicar tal "decisión" a Oviedo durante la reunión semanal de los miércoles en el Comando en Jefe. La estrategia fue que tanto López Moreira como Crámer y Noguera estuvieran presentes; es decir, junto a Wasmosy, para apoyarlo. De acuerdo con la versión, ni los propios comandantes creyeron que Wasmosy iba a hacer dicha comunicación a Oviedo en forma personal, "frente a frente".

            Insistió la fuente en no difundir su comentario, "sobre todo para no levantar la perdiz" a fin de que "todo salga bien, de acuerdo a lo planificado". Solo sugirió -riéndose nuevamente- destacar un reportero gráfico aquella mañana del miércoles 24 frente al Comando en Jefe, a fin de registrar las secuencias de los "últimos pasos de Oviedo como general uniformado". Instó, sin embargo, "estar atento desde este mismo momento por si se adelante la cosa".

 

            "ES INSOPORTABLE ESTE ENANO"

 

            Al reiterársele por qué la determinación de pasar a retiro a Oviedo, el informante respondió que "llegó la hora. Es insoportable este enano y hasta quiere meter la mano por todos lados", confió. Dio a entender que últimamente el entonces comandante del Ejército estaba queriendo "meter la mano" en los rubros presupuestarios de otras armas. "Este ciudadano es insaciable", enfatizó el informante en alusión a Lino. Evidentemente Oviedo no era santo de su devoción. Comentó que "suele resultar bastante pesado" Oviedo cuando llegaba los miércoles al Comando en jefe. Mientras los otros comandantes sacaban algunos papelitos para dar sus novedades al mandatario, el entonces comandante del Ejército suele "pelar" enormes carpetas, queriendo impresionar de que tiene muchos y muy importantes novedades.

            Cuando algunos de los presentes entendieron que se retomó el tema, trataron de acercarse lentamente, pero el discreto oficial pidió no hablar más del tema. "Lo único que quiero decirte es que Oviedo ya no estará en el desfile del 15 de mayo con el uniforme militar. Podrá ir como público o de curioso, pero uniformado ya no va a estar", reafirmó.

 

EL DÍA LUNES 22

 

            A las 7:10 de la soleada y un tanto fresca mañana (20°) del lunes 22 de abril de 1996, fue convocado al Palacio de López el general de división Lino César Oviedo, comandante del Ejército. A las 8:05 llegó a bordo de un automóvil Toyota, color crema, con placa del municipio de Mariano Roque Alonso, jurisdicción en la que se encuentra la sede del Comando del Ejército. Vestido con él uniforme verde olivo de verano y fuertemente custodiado, arribó frente a la entrada a la casa de gobierno que da sobre la calle Juan E. O'Leary, hacia el Almacén Viola. Normalmente, los visitantes al Palacio, y más todavía tratándose de jefes militares u otras autoridades nacionales o personalidades importantes, ingresan directamente con su automóvil hasta el hall principal de la sede gubernativa. Cuando alguien entra por el acceso lateral es porque algo se está tramando.

            Sin pérdida de tiempo, el automóvil de Oviedo subió a la explanada lateral del Palacio, ubicándose muy cerca de la puerta. Ni bien paró, y un corpulento guardia de civil (con chaleco) sosteniendo una metralleta en la mano izquierda abrió la portezuela trasera y descendió Oviedo. No miró a los costados. Un tanto apurado ingresó hacia el sótano de la casa de gobierno. Subió la escalera y accedió al nivel principal, hasta la antesala del Gabinete Militar. Allí fue recibido con los honores de reglamento por el jefe de dicho organismo, Gral. de división Juan Evaristo González.

            Oviedo se dirigió hacia el despacho presidencial en compañía del Gral. González. Le estaba aguardando Wasmosy. Tras el saludo de los colaboradores del mandatario, el militar ingresó junto al gobernante. Eran las 8:10 aproximadamente. Con toda ceremoniosidad, como suele aparentar, se presentó con un toque de talón y mano a la visera. Wasmosy le pasó la mano y le invitó a tomar asiento. Tras un largo suspiro, el Presidente le exteriorizó su reconocimiento al general y consignó sus méritos profesionales. Oviedo miró fijamente al Comandante en Jefe escuchando con atención todas sus manifestaciones. De tanto en tanto, Oviedo intervenía con algunas expresiones como "sí, señor", "así es", etc. Pero siempre dando a entender que estaba aceptando todos y cada uno de los conceptos vertidos por el Presidente. Permaneció sentado y con las manos apoyadas, a veces con suaves movimientos, sobre las rodillas. Wasmosy, con voz pausada, siguió con su exposición hasta decirle finalmente: "General, debo comunicarle que he decidido relevarlo del cargo de comandante del Ejército para reemplazarlo por el general Díaz Delmás (Oscar Rodrigo).

            Oviedo reaccionó enérgicamente y se levantó. Dijo que aún tenía mucho que dar a las Fuerzas Armadas, manifestando su extrañeza por la decisión del Comandante en Jefe. Ínterin, llegó el comandante de las Fuerzas Militares, general Noguera. Wasmosy también lo había convocado. Solo que se atrasó un poco. Noguera igualmente ingresó por el acceso lateral de la calle O'Leary, un tanto pensativo.

            Una vez en el despacho presidencial, Noguera terció para respaldar la decisión del jefe de Estado. En todo momento el aún comandante del Ejército aclaró y se reafirmó una y otra vez que no iba a entregar su comandancia. En medio de un tire y afloje, finalmente levantaron el encuentro con la apariencia de que nada especial ocurrió. La reunión se prolongó hasta las 10:30 más o menos.

            Al parecer, Oviedo estaba en conocimiento de lo que iba a suceder con él, porque a medida que tardaba en el despacho sus guardias estaban cada vez más nerviosos, afuera, y hasta llegó más gente de civil fuertemente armada a las inmediaciones de la casa de gobierno. Esta fue por lo menos la argumentación brindada en el Palacio para justificar por qué Oviedo no fue apresado en el mismo recinto palaciego. Los informantes aseguraron que, de haberse procedido así, con seguridad, el militar no se iba a entregar, lo que podría haber producido enfrentamientos innecesarios entre los mismos guardias. Además, en la casa de gobierno están decenas de civiles que trabajan diariamente, en las distintas dependencias.

            Al concluir la reunión en el gabinete presidencial, el militar intentó en más de una oportunidad salir por el mismo lugar por donde entró, pero, debido a la presencia de los periodistas, quienes a esa hora ya montaron guardia en ese sector y algunos ya reportando a las radioemisoras sobre la reunión, Oviedo no pudo llegar hasta su automóvil. Pretendió evitar a toda costa ser requerido por los hombres de prensa. En un momento, sus guardias pidieron a los comunicadores retirarse del lugar.

            Cuando el jefe castrense no consiguió salir hacia la calle O'Leary por culpa de los periodistas, lo hizo en compañía de Noguera hacia el ala oeste del Palacio. Salieron caminando como si nada por los pasillos del Palacio, sobre la alfombra roja. Pero a Oviedo se le notaba preocupado.

            "General, general, ¿podemos saber el motivo de su presencia? ¿De qué hablaron con el Presidente?; general, ¿qué trató con Wasmosy?" Estas fueron algunas de las preguntas formuladas a Oviedo.

            No dijo una palabra... Apenas respondió con una leve sonrisa a las preguntas de los hombres de prensa. Siempre en medio de los representantes de distintos medios y prácticamente aturdido por los flashes de los reporteros gráficos, bajaron la escalera que da hacia la calle Ayolas. Allí se encontraba estacionado y con el motor en marcha el automóvil Toyota, color blanco, con placa de las Fuerzas Armadas, perteneciente a Noguera.

            El oficial de Caballería no quiso definitivamente formular declaraciones y sin pérdida de tiempo ingreso al automóvil, asegurando la portezuela que estaba con el vidrio polarizado levantado. Noguera (oficial de ingeniería) no tuvo más remedio y se detuvo. Tal vez porque de esta manera estaba liberando a Oviedo de la avalancha de los periodistas.

            - ¿Qué temas trataron general , se le preguntó.

            Noguera contestó: - Temas presupuestarios para las Fuerzas Armadas.

            - ¿Algún oficial pasará a retiro en este mes de mayo?

            - No sé.

            - ¿Por qué la prolongada reunión con el Presidente?

            - Solamente hablamos de temas presupuestarios.

            - ¿Alguna novedad en las Fuerzas Armadas?

            - No hay nada.

            - ¿Usted no pasará a retiro?

            - Si el señor Comandante en jefe dispone, yo no tengo problemas. Puedo pasar a retiro hoy mismo.

            Evidentemente, Noguera no quiso revelar que Wasmosy acababa de disponer el relevo de Oviedo de la comandancia del Ejército. Noguera se mostró muy parco y apenas respondió a los periodistas.

            Siendo las 11:00 abordó su automóvil donde lo estaba esperando Oviedo. Inmediatamente se alejaron del lugar con destino desconocido. A esa hora nadie pensó que acababa de comenzar la cuenta regresiva para Oviedo.

            Wasmosy quedó en su despacho. Recibió al ministro del Interior Diógenes Martínez, quien estaba aguardando en la antesala. Conversó con el ministro hasta el mediodía. Al salir de la audiencia, el secretario de Estado dijo que dialogaron sobre temas administrativos, de rutina. Inmediatamente se retiró. En un principio se presumió que fue al ministerio, pero no fue así, sino que se dirigió a Mburuvicha Róga, por indicación de Wasmosy.

            El Jefe de Estado se retiró a las 12:10, un tanto pensativo. Llamó la atención que Wasmosy saliera a esa hora del Palacio, pues normalmente se retira pasadas las 14:00. Acomodándose una y otra vez la hombrera de su bien entallado saco gris, miró a sus colaboradores y luego a sus edecanes quienes siempre lo despiden en el hall principal. Abordó el automóvil presidencial blindado, color negro, y, sin pérdida de tiempo, salió raudamente en medio de una fuerte custodia y se dirigió también a Mburuvicha Róga.

 

            OVIEDO SE HIZO SENTIR POR PRIMERA VEZ

 

            Aparentemente, no hubo mayores novedades. Pero el jefe de Estado convocó luego a una urgente reunión en su residencia al ministro Martínez, Noguera, López Moreira y Crámer. Almorzaron en Mburuvicha Róga para tratar el delicado tema del pase a retiro de Oviedo.

            Casi simultáneamente, Oviedo llamó por teléfono al Ing. Enzo Debernardi para comentarle su caso. Le anticipó que no iba a entregar la comandancia del Ejército tal como le ordenó el Presidente. Esta llamada la hizo el militar ya desde la Caballería, tal vez con la intención de que Debernardi comunicara a su vez a Wasmosy.             Efectivamente, sin pérdida de tiempo, Debernardi se puso en contacto telefónico con el jefe de Estado y le comentó lo ocurrido. A esa hora nadie sabía nada en las calles.

            Radioemisoras capitalinas comenzaron aproximadamente a las 13:30 a propalar la versión de que el comandante del Ejército Lino Oviedo pasó a retiro. Otras ya hablaron de que el militar estaba acuartelado en la Caballería con algunos generales leales.

            Se intensificaron los rumores de todo tipo, pero todos coincidentes en que Oviedo se había sublevado. Algunos comercios comenzaron a cerrar sus puertas, aunque, en general, las actividades en Asunción continuaron sin mayores problemas, hasta que la ciudadanía comenzó a inquietarse ante la eventualidad de un golpe de Estado. Mientras tanto, las agencias noticiosas internacionales con corresponsalías en Asunción iniciaron el envío de sus despachos sobre lo que estaba aconteciendo.

            Ni Wasmosy ni sus colaboradores, civiles y militares, aparecieron en ese momento, hecho que agudizó aun más la incertidumbre. Los conductores de programas radiales a cada momento clamaban porque "alguien" del Gobierno saliera a aclarar la situación. Sin embargo, en este ambiente llegó la noche.

            Más estaciones de radio, incluso del exterior, se sumaron a la difusión de los rumores de alzamiento de Oviedo, mientras en la redacción de los diarios se sucedieron y eran cada vez más intensas las llamadas telefónicas desde el extranjero. La comunidad internacional centró su interés en nuestro país. Para entonces, Wasmosy ya envió un emisario personal junto al embajador argentino Néstor Enrique Ahuad, en la Embajada, haciendo lo mismo con el embajador norteamericano Robert Service y el representante diplomático del Brasil, Marcio D'Oliveira Días. Fue para comunicar la gravedad de la situación a partir de la insurrección de Oviedo. Nadie quiso individualizar a ese emisario. Las fuentes consultadas aseguraron que se trató de un funcionario civil, muy cercano al Presidente en el Palacio de López.

            Inmediatamente, los representantes de los países del MERCOSUR y de los Estados Unidos de América se reunieron en un lugar también desconocido. Urgentemente informaron de lo acontecido a sus respetivos gobiernos. Se sumaron otros representantes diplomáticos, entre ellos el nuncio apostólico de Su Santidad, Mons. Lorenzo Baldisseri. Aparecieron en el escenario de las negociaciones más embajadores, esta vez de la Comunidad Europea.

            Aquella tarde, el presidente Carlos Saúl Menem fue el primero en llamar telefónicamente a su colega paraguayo para interiorizarse de la situación al tiempo de ofrecerle su ayuda en caso necesario. Luego llamó también a Mburuvicha Róga el mandatario del Brasil, Fernando Henrique Cardoso, con el mismo objetivo.

 

            COMANDANTES DUDARON PARA APOYAR AL JEFE DE ESTADO

 

            La actuación de algunos comandantes durante el acto de insubordinación de Lino Oviedo no fue clara y mucho menos contundente. En ciertos casos, los comandantes de importantes unidades militares dudaron en plegarse a las fuerzas leales al Gobierno y tuvieron que ser conminados por sus camaradas a definirse hacia una u otra posición.

            Un caso sorprendente fue el del general de brigada Cirilo Velázquez, comandante de la Primera División de Infantería, quien se definió recién tras tres llamadas telefónicas realizadas desde Mburuvicha Róga en favor de Wasmosy.

            Sin embargo, sus dudas respecto de la lealtad hacia el Presidente de la República agitaron a los comandantes de las fuerzas leales a Wasmosy, que se encontraban planeando las operaciones de ataque y resistencia en la Guardia Presidencial, por su falta de decisión.

            El Cnel. Domingo Gaona, comandante del Regimiento Guardia Presidencial, tomó la radio que operaba en la residencia presidencial y contactó con el Gral. Velázquez, quien se encontraba en su unidad siguiendo atentamente los acontecimientos.

            Los efectivos de la Guardia Presidencial tuvieron que emplear nuevos equipos de comunicaciones debido a la certeza de que el general Oviedo controlaba los que estaban siendo operados en esos momentos. Luego de instalar los equipos, el Cnel. Gaona empieza la serie de contactos con los comandantes de las unidades militares cercanas a la capital.

            La importancia de contar con la adhesión de la Primera División de Infantería radicaba en que esta unidad podía cumplir un papel efectivo e importante para operar contra la Caballería, debido al armamento y personal disponible para casos de necesidades.

            En la primera oportunidad que el comandante de la Guardia Presidencial contactó con Velázquez, este le manifestó que todo estaba tranquilo, pero no le dijo absolutamente nada en relación al apoyo que podría prestar a las fuerzas leales a Wasmosy.

            Alrededor de las 15:00 del lunes 22 de abril se produjo el primer contacto. Posteriormente, a las 17:30 aproximadamente, el Cnel. Gaona volvió a llamar al Gral. Velázquez y este otra vez se mostró remiso y hasta si se quiere esquivo para manifestar su lealtad a Wasmosy.

            Cuando la situación se estaba volviendo peligrosa y el Presidente de la República comunicaba oficialmente el alzamiento del general Oviedo contra el orden legalmente constituido, el comandante de la Guardia Presidencial volvió a insistir ante Velázquez.

            En esta tercera oportunidad, el Cnel. Gaona dejó de lado las sutilezas y en forma directa encaró al general y le manifestó la necesidad de que expresara o no su lealtad en favor de la legalidad. Recién en ese momento, el comandante de la Primera División de infantería expreso su apoyo en favor de Wasmosy.

            Para convencerlo, Gaona no dudó en utilizar la amenaza y la presión e informó que sus hombres se encontraban apostados en los alrededores del Comando de Infantería con morteros 4.2 y que barcos de la Marina se apostarían en la retaguardia de la unidad militar. Estos datos revelaron a Velázquez que las fuerzas leales a Wasmosy estaban dispuestas a mantener un enfrentamiento con Oviedo con los riesgos de pérdidas de vida que ello supone.

            Lo llamativo del caso Velázquez es que el presidente Wasmosy insistió ante el Congreso nacional para obtener su ascenso al grado inmediato superior. El ascenso del comandante de infantería tuvo reparos en el Parlamento, principalmente, porque los legisladores no olvidaron que el militar inició una querella contra el Cnel. Luis Catalino González Rojas cuando este denunció la participación de importantes jefes en el tráfico de vehículos hacia Bolivia.

            Entre los oficiales leales al Comandante en jefe circuló la versión de que el comandante de la Primera División de Infantería fue "apalabrado" previamente por el general Oviedo para apoyarlo en su posición.

            El insurrecto general habría encomendado a Velázquez rodear con sus efectivos los cuarteles de la Armada Nacional con el objetivo de impedir la salida de los hombres de la Marina.

            Sin embargo, la decidida intervención de los hombres de la Guardia Presidencial cambiaron el curso de los acontecimientos en la Primera División de Infantería.

 

            "NO VAMOS A QUEDARNOS EN NUESTRAS MADRIGUERAS, GENERAL"

 

            Las indecisiones y dudas afectaron también a algunos altos jefes castrenses durante el alzamiento militar protagonizado por el general Oviedo. Se cuestiona la falta de decisión del comandante de las Fuerzas Militares, Gral. Silvio Rafael Noguera, para convocar a todos los comandantes de las FF.AA. en el Gran Cuartel General y determinar en ese lugar quiénes son o no leales al Comandante en Jefe.

            Los ministros del Poder Ejecutivo fueron convocados a Mburuvicha Róga.

            Algunos amigos personales y socios comerciales de Wasmosy ya estaban en el tema, como el Arq. Hugo Aranda y el Ing. Ramón Giménez Gaona. También intervino el consejero de la Entidad Binacional Yacyretá y amigo personal de Oviedo, el abogado Víctor Galeano Perrone. (Con posterioridad a la crisis, este fue separado de su cargo en la entidad binacional por un decreto firmado por Wasmosy. Lo reemplazó Eduardo Rodríguez).

            Al caer la noche del 22 de abril, la insurrección de Oviedo quedó plenamente confirmada a través de la Embajada de los Estados Unidos, que informó de lo ocurrido mediante un comunicado oficial. En el ámbito gubernamental, sin embargo, nadie aún dijo nada al pueblo. Siguió el inexplicable hermetismo, a pesar de que la crisis ya estalló.

 

            EMBAJADA DE EE.UU. FUE LA QUE DIO LA VOZ DE ALERTA

 

            "La negativa del general Oviedo de acatar la decisión del Presidente representa un desafío directo al orden constitucional en el Paraguay y va en contra de las normas democráticas aceptadas por las naciones del hemisferio". Esta fue la frase del comunicado emitido por la Embajada norteamericana y leído alrededor de las 18:00 por Mark Jacobs, del Servicio Informativo y Cultural de los Estados Unidos de América. De esta manera fue dada la voz de alerta que develó la sublevación de Oviedo.

            El documento aseguró: "El Gobierno de los EE.UU. está siguiendo de cerca los acontecimientos en el Paraguay y ve la situación actual, con suma preocupación. Nosotros apoyamos plenamente al presidente Juan Carlos Wasmosy -el primer líder democráticamente elegido en más de 40 años- y a su gobierno. Además, reconocemos el derecho constitucional del presidente Wasmosy de pasar a retiro al comandante del Ejército, general Lino César Oviedo", señalaba el informe.

            El comunicado consignó: "El Gobierno de los EE.UU. ve con grave preocupación esta amenaza a la democracia en el Paraguay. El general Oviedo debería dimitir tal como se le ordenara, y el control civil sobre todas las unidades del Ejército paraguayo debe establecerse de inmediato. Cualquier otra acción sería totalmente inaceptable y se encontrará con la respuesta adecuada de parte de la comunidad internacional. Seguiremos monitoreando la situación del Paraguay y consultando con los países amigos de la OEA; revisaremos la gama completa de acciones necesarias", advirtió la Embajada estadounidense.

            A partir de la difusión de este comunicado, nadie habló de otro tema que no sea el inminente golpe encabezado por Oviedo. Este, por su parte, se atrincheró en la Caballería en compañía de otros jefes militares leales y el enfrentamiento ya estaba declarado.

            El presidente del Congreso, escribano Milciades Rafael Casabianca, ya estaba activando, tras recibir a través de su cuñado Ramón Jiménez Gaona la propuesta de Oviedo de que podía suceder a Wasmosy en la Presidencia de la República.

            Casabianca conversó con el aún comandante del Ejército y este le ratificó que no entregará el mando del Ejército. Exigió que el Presidente deje sin efecto la orden de relevarlo del cargo de comandante del Ejército. Argumentó Oviedo que estaba luchando contra la corrupción, y aseveró a Casabianca que el país no podía seguir así.

            Ya a la noche, arribó a la sede de la Caballería el ex presidente de la República Gral. (SR) Andrés Rodríguez, a pedido de Wasmosy. El ex mandatario se encontraba en Buenos Aires y desde allí fue traído en un avión especial que le envió el jefe de Estado, gracias a Gustavo Saba. Inmediatamente Rodríguez fue llevado a la Caballería. Su consigna fue convencer a Oviedo para deponer su actitud. Rodríguez le pidió que acate la decisión del Comandante en jefe, pero el militar reclamó una vez más que Wasmosy deje sin efecto su relevo del Ejército.

            A esta altura de los hechos, la Organización de los Estados Americanos se movilizó para interesarse en los sucesos y comenzó a barajar algunas posibles alternativas en el caso de que prospere el golpe y sea derrocado el presidente Wasmosy. Incluyó en su agenda medidas como, una eventual sanción, embargo o bloqueo internacional para nuestro país.

            Mientras tanto, gobiernos de países amigos repudiaron la actitud de Oviedo, al tiempo de que entidades y organizaciones de todos los sectores del país se pronunciaron en igual sentido. En contraste, un grupo no mayor de 90 personas se reunió en el "Linódromo", en Ñu Guazú, entre ellos el legislador Julio Rolando Elizeche y otros parlamentarios oviedistas, secundados por los indios maka, traídos por los simpatizantes del militar, que luego se dispersaron.

            Llegaron a Mburuvicha Róga ministros del Poder Ejecutivo, embajadores y amigos personales del Mandatario. El conflicto ya estaba en su apogeo.

 

            MISIÓN DIPLOMÁTICA FRACASA AL NO SER RECIBIDA POR OVIEDO

 

            En un intento por convencer a Oviedo de la gravedad de su comportamiento, los embajadores Service, Ahuad y D'Oliveira (el embajador uruguayo, Federico Bouzá, estaba en Ciudad del Este) llegaron hasta la Caballería para conversar con el general e ilustrarle acerca de las consecuencias que podría acarrear para él y para el país un alzamiento contra el orden constitucional. Los diplomáticos fueron en representación y a pedido de sus respectivos gobiernos. Sin embargo, Oviedo no se hizo encontrar. Los tres embajadores llegaron en sus respectivos automóviles y tras identificarse en la guardia de la Caballería dijeron a los custodios que tenían la intención de entrevistarse con Oviedo. Previa consulta con los superiores, los guardias les permitieron que ingresen. Sin embargo, no pudieron llegar hasta Oviedo. Recibieron la respuesta de que el militar no se encontraba allí. Según comentó uno de los diplomáticos que integraron dicha misión, durante su estada en la unidad no observó mayores movimientos de tropas ni de unidades blindadas.

            Los leales a Oviedo aseguraron que el comandante del Ejército no estaba en el cuartel, pero este mensaje no convenció a los embajadores. Ellos sabían perfectamente que el jefe castrense se encontraba allí. "Solo que no quiso dar la cara", dijo uno de los diplomáticos. Regresaron con las manos vacías a Mburuvicha Róga, mientras llegaban más personalidades junto al gobernante.

            Tras largas horas de silencio oficial y cuando efectivamente el entonces comandante del Ejército ya estaba posicionado para enfrentar a toda fuerza de apoyo a Wasmosy, desde su residencia de Mburuvicha Róga, un poco antes de las 20:00, el Presidente apareció e hizo escuchar su voz a través de las radios. Fue para lanzar un mensaje a la ciudadanía. Decenas de reporteros de radioemisoras locales y periodistas de medios escritos se tapujaron por captar mejor las expresiones del gobernante en un momento crucial, ya que todo el andamiaje democrático paraguayo estaba amenazado de muerte. Las estaciones televisivas, sin embargo, seguían campantemente con sus acostumbradas novelas vespertinas.

 

            WASMOSY CONFIRMÓ QUE OVIEDO SE SUBLEVÓ

 

            El gobernante reveló que el jefe militar se negó a obedecer su orden de relevarlo de la comandancia del Ejército y reemplazarlo por Díaz Delmás. El texto leído por el jefe de Estado fue el siguiente:

            "Compatriotas: El día de hoy, 22 de abril de 1996, en uso de las atribuciones que me confieren el artículo 238, numeral 9, de la Constitución Nacional, y la Ley de Organización de las Fuerzas Armadas, comuniqué al general de división Lino César Oviedo Silva mi decisión de relevarlo del cargo de comandante del Ejército y de reemplazarlo por el general de división Oscar Rodrigo Díaz Delmás.

            Esta decisión fue tomada en el marco del proceso de Institucionalización y profesionalización de las Fuerzas Armadas de la Nación, que se viene cumpliendo regularmente desde que asumí la Presidencia de la República y el cargo de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación.

            Desde el 18 de agosto de 1993 he venido tomando medidas que afectaron a numerosos oficiales generales y superiores de las Fuerzas Armadas, sin que mis decisiones hayan encontrado oposición ni resistencia alguna.

            Para el cumplimiento de la correspondiente orden general, dispuse al general de ejército Silvio Rafael Noguera que, en su carácter de comandante de las Fuerzas Militares y superior inmediato del general Oviedo, presida la ceremonia de entrega y recepción de la Comandancia del Ejército, con las formalidades de práctica el día de mañana".

 

            "OVIEDO SE NEGÓ A ACATAR MI ORDEN"

 

            "Sin embargo, el general Oviedo se negó a acatar mi orden. Ante este grave comportamiento del general Oviedo, debo comunicar a la ciudadanía que mi gobierno se mantiene firme en su decisión y que no tolerará ninguna fisura ni debilitamiento en el proceso de normalización institucional y de democratización del país.

            El general Oviedo debe deponer su actitud de inmediato, asumir la plenitud de sus responsabilidades por estos actos que agravian a República y a la comunidad internacional, y saber que las consecuencias que deriven de estos hechos serán de su exclusiva responsabilidad y quienes de una u otra forma lo acompañen en esta aventura insensata.

            Mi gobierno espera que los señores oficiales evalúen con serenidad delicada situación en que ubica a la nación la actitud de Oviedo, quien ha decidido alzarse contra la autoridad del Comandante en jefe y en contra de las instituciones republicanas y democráticas, que funcionan con absoluta regularidad desde el 15 de agosto de 1993.

            La rebeldía del general Oviedo es extremadamente grave y compromete muy seriamente su carrera militar, así como compromete la carrera y hasta el futuro de todo otro militar que a él se una en esta absurda agresión al orden establecido. La ciudadanía sabe que la democratización de la República fue el postulado fundamental en la proclama del 2 de febrero de 1989, y que la democracia exige el acatamiento a las instituciones y a las autoridades legítimamente constituidas.

            A ese respecto, es oportuno recordar que la Constitución Nacional expresa categóricamente en su artículo 236 que: "Los jefes militares o los caudillos civiles de un golpe de Estado, revolución armada o movimientos similares que atenten contra el orden establecido por esta Constitución y que, en consecuencia, asuman el poder como Presidente de la República, Vicepresidente, Ministro del Poder Ejecutivo o mando militar propio de oficiales generales, quedan inhabilitados para el ejercicio de cualquier cargo público por dos periodos constitucionales consecutivos, sin perjuicio de sus respectivas responsabilidades civiles y penales".

            Mi gobierno está decidido a evitar inútiles derramamientos de sangre entre compatriotas, pero se opondrá con firmeza a cualquier intento de desestabilización del orden jurídico.

            En mi calidad de Presidente de la República y Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación, he ordenado a todas las unidades militares que continúen respetando la estructura jerárquica castrense y la subordinación al poder civil, conforme a las prescripciones constitucionales. Muchas gracias", concluyó el mensaje presidencial.

 

            SE MOVILIZARON LA GUARDIA PRESIDENCIAL, LA MARINA Y LA FUERZA AÉREA

 

            Si bien en la Caballería no se registraron mayores movimientos sobre todo de equipos blindados, la Guardia Presidencial comenzó a tomar posición en Mburuvicha Róga y alrededores. Soldados fuertemente armados reforzaron todos los puestos, mientras en la Marina y en la Fuerza Aérea se iniciaron los primeros aprestos ante un eventual alzamiento de la Caballería.

            A medida que trascurría el tiempo, Wasmosy comenzó a preocuparse y la incertidumbre creció en la población.

            Alrededor de las 20:00 del lunes 22 de abril, después del mensaje del presidente Wasmosy donde informa a la población de la actitud de rebeldía del general Oviedo, el Cnel. Gaona dispone el traslado de sus hombres a puestos claves en los alrededores de la Caballería.

            El comandante de la Guardia Presidencial tomó la determinación de establecer "anillos" con sus hombres para impedir el posible avance de los efectivos leales a Oviedo.

            Otro coronel, José González, comandante de la Brigada Aerotransportada, pide también al general Noguera tomar determinaciones concretas y movilizar a las tropas leales a Wasmosy.

            El comandante de las Fuerzas Militares consulta con el Cnel. Gaona dónde están sus hombres.

            - Mis hombres ya fueron desplegados en los alrededores de la Caballería y en puntos claves de la ciudad para evitar la posible salida de los efectivos del general Oviedo- responde Gaona.

            - ¿Por qué tomó esa determinación sin consultarme? - preguntó Noguera.

            - Porque no voy a quedarme en mi madriguera sin hacer nada, general. Mis hombres formarán un anillo a 60 metros de la Caballería y cuentan con morteros 4.2, antitanques LAW y están vestidos de civil. Por suerte, cuentan con la colaboración de muchos civiles que prestaron sus casas para instalar los equipos - dijo Gaona.

            El general Noguera aprueba las medidas adoptadas por el comandante de la Guardia Presidencial y resalta que todos los efectivos en disposición de combatir no son soldados, sino oficiales y suboficiales encargados de la custodia y seguridad del presidente Wasmosy.

 

            LOS CARTEROS DE WASMOSY

 

            Los amigos del titular del Ejecutivo, Arq. Hugo Aranda e Ing. Ramón Jiménez Gaona, ya estaban en acción, como también el ministro del Interior, Diógenes Martínez. Este actuó desde esa misma mañana del 22, mientras los otros dos, desde las 13:00 aproximadamente.

            Los mismos fueron destacados como mensajeros de las propuestas que se intercambiaron Wasmosy y Oviedo. Los dos primeros fueron elegidos para cumplir con esa misión por ser amigos y hombres de confianza del presidente, y Martínez, por ser el ministro político del gabinete presidencial.

            Desde el mismo momento en que se conoció la decisión del general Oviedo de no acatar la orden de relevo impartida por Wasmosy, los amigos del Presidente estuvieron en Mburuvicha Róga acompañándolo.

            Tras la información proporcionada por el titular del Congreso Nacional, Milciades Rafael Casabianca, de que Oviedo no iba a ceder en sus pretensiones de seguir en el Ejército por considerar injusta e ilegal la orden de relevo ordenada por el Comandante en Jefe, Wasmosy buscó entre sus allegados más íntimos a los que podrían servir como mensajeros ante Oviedo.

           

            OVIEDO AMENAZÓ TRES VECES ATACAR MBURUVICHA RÓGA

 

            Eugenio Sanabria Cantero, aún presidente de la ANR, confirmó que aquella noche Oviedo amenazó en tres oportunidades con atacar la residencia presidencial de Mburuvicha Róga. Relató que la primera llamada telefónica se produjo alrededor de las 20:00, cuando dijo que sus tanques se iban a dirigir hacia el centro de la ciudad para atacar la residencia de Wasmosy.

            Comentó que la segunda amenaza se cumplió alrededor de las 23:30, cuando a través de un contacto telefónico aseguró a Wasmosy que si no variaba su posición, en unos 45 minutos iniciaría un ataque contra la residencia.

            La tercera amenaza se produjo a la 1:00 de la madrugada, más o menos, del martes 23, cuando nuevamente llamó por teléfono a la residencia para ratificar al Jefe de Estado que si no renunciaba a su cargo juntamente con Seifart, iba a actuar.

            Momento antes de registrarse la segunda llamada, es decir a las 23:00, Wasmosy citó en uno de los salones de la residencia presidencial a Ramón Jiménez Gaona y a Hugo Aranda. Fue para encomendarles la misión de entregar un sobre con una propuesta de solución a Oviedo.

            "Ustedes son las personas en quienes más confió por ser mis amigos desde hace muchos años atrás. Quiero utilizarlos para una misión de mensajeros, pero les aclaro que no tienen ninguna potestad para negociar nada en mi nombre o del Gobierno. Les necesito, porque sé que ustedes entregarán el mensaje tal como se les da y no cambiarán ni una coma o un punto del mismo. Deben entregar el mensaje y esperar la respuesta. Eso es todo. ¿Están de acuerdo?, dijo Wasmosy a sus amigos.

            "Por supuesto, Juan Carlos. Podés contar con nosotros como siempre, respondió Jiménez Gaona.

 

            "PERDIMOS CONTACTO CON LOS XAVANTES, SEÑOR PRESIDENTE"

 

            Ínterin, el Dr. Antonio Vasconsellos pegó un grito entre la concurrencia de Mburuvicha Róga diciendo: "Perdimos comunicación con los Xavantes que se encuentran en Santa Teresa". La alarma lanzada por el hermano del ex ministro de Agricultura y Ganadería impactó a todos los que permanecían en el lugar, debido a los rumores que circulaban sobre un inminente ataque a Mburuvicha Róga de parte de las fuerzas leales al sublevado general Oviedo: Vasconsellos, encargado de la estancia que posee el Presidente de la República en la zona norte del país, informó que, debido a un sabotaje perpetrado contra columnas de la ANDE en la zona norte del país, se perdió contacto con los aviones que se encontraban apostados en la estancia que posee Wasmosy en Bella Vista Norte. Sus histéricos gritos generaron una enorme preocupación entre los amigos y ministros de Wasmosy, sobre todo porque se consideraba al general como un hombre capaz de todo por alcanzar sus objetivos.

            Cinco aviones de la Fuerza Aérea fueron desplegados hasta la estancia del Presidente en los últimos días de la semana previa a la crisis. Los mismos estaban cargados con bombas de gran poder de destrucción y se encontraban en constante comunicación con la residencia presidencial.

            El anuncio de Vasconsellos sorprendió a todos y generó una gran tensión entre los presentes. Las versiones que se manejaban en Mburuvicha Róga hablaban de que Oviedo, enterado de la presencia de los aviones en la estancia, ordenó la destrucción de una torre de ANDE para mantenerlos incomunicados mientras atacaba la residencia presidencial.

 

            "VÁYANSE TODOS A SUS CASAS"

 

            Ante la amenaza de un ataque de las fuerzas leales a Oviedo, el Presidente de la República se dirigió a los presentes pidiéndoles que se marcharan a sus respectivos domicilios.

            "Acá puede ocurrir cualquier cosa y no quiero ser responsable de algún daño que pudieran sufrir. Les pido que se vayan de la residencia; así me quedaré más tranquilo", dijo Wasmosy a sus amigos, ministros y diplomáticos presentes.

            "No, señor Presidente. Si usted no se va, tampoco nosotros nos marcharemos de acá", respondió el vicepresidente Seifart, siendo su propuesta compartida por todos.

            "Si no se van inmediatamente, voy a renunciar. No pienso ser responsable de algún daño contra ustedes. Váyanse", dijo en tono imperativo el Mandatario.

            Después de darse a publicidad dicha situación, la ANDE aclaró que una torre cayó en la zona de Concepción, pero inmediatamente fue reparado, sin causar mayores inconvenientes en la zona.

            En la capital, el Dr. Enrique Riera (h) fue el encargado de dar a conocer a la opinión pública esta situación, y pidió a la población manifestarse frente a Mburuvicha Róga como apoyo a las gestiones que en ese momento realizaba Wasmosy para solucionar la crisis sin derramamiento de sangre.

            Durante su informe a los medios de comunicación aclaró que no se tenían noticias muy claras sobre el presunto sabotaje a las líneas de la ANDE. Pero reiteró que se había perdido contacto con los Xavantes que se encontraban en la estancia de Wasmosy.

            Señaló, sin embargo, que en esos momentos se podría esperar cualquier cosa del militar sublevado y no descartó que la caída de una torre de la ANDE fuese un sabotaje realizado por orden del mismo Oviedo.

            En el mismo instante en que Riera explicaba la situación a radio Ñandutí, hacía lo propio a radio Primero de Marzo el señor Ángel Arias, quien se refirió al tema casi en los mismos términos.

            Estuvieron presentes en ese instante los embajadores de Estados Unidos, Argentina, Brasil, Chile y España, el Nuncio, representantes diplomáticos de otros países de América y Europa.

            Los ministros que acompañaron a Wasmosy en Mburuvicha Róga fueron: Ubaldo Scavone, de Industria y Comercio; Hugo Estigarribia, de Defensa Nacional; Luis Ramírez Boettner, de Relaciones Exteriores; Nicanor Duarte Frutos, de Educación y Culto; Carlos Facetti, de Obras Públicas y Comunicaciones; Diógenes Martínez, del Interior; Juan Manuel Morales, de Justicia y Trabajo; Antonio Vidovich Morales, de Salud Pública; Alfonso Borgognon, de Agricultura y Ganadería, entre otros.

            También estuvieron presentes Ángel Roberto Seifart, Juan Carlos Galaverna, Juan Ernesto Villamayor, Cristina Muñoz, Miguel Ángel Ramírez, Miguel Ángel Maidana Zayas, Rubén Melgarejo Lanzoni, Eugenio Sanabria Cantero, Miguel Fulgencio Rodríguez; Juan Manuel Cano Fleitas, Hugo Ruiz, Gustavo Pedrozo, José A. Alderete, Artemio Castillo, Hugo Aranda, Ramón Jiménez Gaona, Enrique Riera (h), Ángel Arias, Carlos Mersán Galli, Paúl Sarubbi, Enrique Riera, padre e hijo; Hugo Estigarribia Gutiérrez; Eduardo Rodríguez.

            Se encontraban además en Mburuvicha Róga los hermanos del presidente, Juan Bautista, Oscar y Ernesto; Carlos Filizzola, Richard Kent, Arturo Jara Avelli, Miguel Ángel Gini; Luciano Giménez, Joaquín Rodríguez, Claudio Pires, Ernesto dos Santos, padre e hijo; Fernando Arce, Raúl dos Santos y señora, Lourdes dos Santos, Aurora Carrasco de Pires, Dra. Olga Franco, Alfredo Luis Jaegli, Armando Espínola, Tito Saguier; Basilio Nikiphoroff, entre otros.

 

            INTENTO DE SUBLEVACIÓN DEL COLEGIO MILITAR

 

            La Academia Militar "Mcal. Francisco Solano López", ubicada en la ciudad de Capiatá, también tuvo sus momentos de tensión. Alrededor de las 23:30 del lunes 22 de abril, el Cnel. de Caballería José Manuel Bóveda, comandante de cuerpo de la institución, se dispuso a alistar a sus tropas para apoyar la insurrección del general de división Lino César Oviedo.

            La información es proporcionada por el entonces ministro de Justicia y Trabajo, Dr. Juan Manuel Morales, a los jefes militares en Mburuvicha Róga.

            Desde ese lugar se intenta dialogar con el comandante de la unidad, Gral. Brig. Sindulfo Ruiz, quien manifiesta que todo está tranquilo.

            Sin embargo, su comandante de cuerpo se apresta a llegar hasta la Caballería para plegarse a las tropas de Oviedo.

            Ante esta posibilidad, los estrategas militares de Wasmosy deciden hacer intervenir a la Fuerza Aérea para que ejerza un control sobre la unidad de enseñanza militar.

            El Cnel. Gaona se pone en contacto con el comandante de la Brigada Aerotransportada, Cnel. José González, quien dispone el envío de dos helicópteros para sobrevolar y controlar los caminos de acceso desde Capiatá hasta Asunción.

            Esta información es comunicada al Gral. Sindulfo Ruiz, quien, a su vez, traslada el mensaje al Cnel. Bóveda. De esta manera se abortó el intento de sublevación de algunos efectivos de la Academia Militar.

            Días después el Comandante en Jefe decide el relevo del Gral. Ruiz, y en su reemplazo, para sorpresa de muchos, nombra al Gral. Díaz Cano como nuevo comandante de la Academia Militar.

            El Cnel. Bóveda también es reemplazado. Este tenía la costumbre de auto nombrarse el "yaguareté" de la unidad, debido a su ferocidad. Después del frustrado intento de sublevación es llamado el "michi" de las Fuerzas Armadas, en clara alusión al felino que es utilizado como mascota por las personas.

 

            COMANDO ESPECIAL PARA OVIEDO

 

            Las fuerzas leales al Presidente de la República tenían elaborada una estrategia que contemplaba diversas alternativas de ataque y resistencia contra la Caballería.

            La Fuerza Aérea tenía sus aviones dispuestos a atacar el Primer Cuerpo de Ejército. Nueve Xavantes estaban en constante comunicación con la residencia presidencial desde Bella Vista Norte, en la estancia "Santa Teresa", propiedad del titular del Ejecutivo. Estaban con el motor en marcha para despegar en cualquier momento. En cuestión de minutos iban a dominar el espacio aéreo asunceno. Incluso algunos llegaron a sobrevolar Concepción.

            Comandos especiales vestidos de civil fueron ubicados estratégicamente en diversos puntos de la ciudad con el objetivo de evitar el avance de las fuerzas oviedistas si este se producía.

            Dos anillos fueron dispuestos en los alrededores de la Caballería con hombres perfectamente equipados con armas antitanques y morteros. La Armada Nacional también tenía sus elementos dispuestos a proteger la institucionalidad del país.

            El Comando de Artillería, alrededor de las. 23:30, se comunicó igualmente con el cuartel de la Guardia Presidencial, y su comandante informó su lealtad al Comandante en Jefe. Esta información levantó la moral de los hombres que defendían la casa presidencial.

            En Concepción, el constante paso de los aviones de la Fuerza Aérea disuadió al comandante de ese cuartel de cualquier intento de sublevación y apoyo al general Oviedo.

            Un equipo comando compuesto por 8 hombres, altamente adiestrados y pertenecientes a la Guardia Presidencial, tuvo como misión avanzar hacia la Caballería en caso de que Oviedo movilizara sus tanques.

            Este comando tenía precisas instrucciones de ingresar de cualquier forma al Primer Cuerpo de Ejército con la misión de tomar prisionero a Oviedo. Teniendo en cuenta la preparación de los guardias del entonces comandante del Ejército, iba a registrarse una batalla campal "aparte" entre los corpulentos custodios.

            "No solo estaba en nuestros planes defendernos. Sabíamos la ubicación exacta del general Oviedo y con la Fuerza Aérea y el comando especial podríamos haber dado muestra de nuestro poder de fuego. Pero el Presidente de la República optó por evitar derramamiento de sangre", dijo uno de los generales leales a Wasmosy.

            Para entonces Jiménez Gaona y Hugo Aranda estaban en la Caballería y, al llegar al domicilio de Oviedo, divisaron en la vereda al doctor José Francisco Appleyard a quien saludaron.

            - Hola, José, ¿qué haces acá?, preguntó Aranda.

            - Hola, estoy acompañando como amigo al general en esta situación, respondió Appleyard.

            Posteriormente, entregaron el documento al jefe militar. La nota de referencia expresaba la firme negativa del Presidente de modificar la orden de relevo de la comandancia del Ejército y destacaba que preferiría renunciar antes que retroceder en su determinación.

            Oviedo manifestó que consultaría la propuesta con su "estado mayor" para dar posteriormente una respuesta. Se reunió en otra oficina con 12 a 15 generales a quienes informó de la situación y analizaron el curso de acción a tomar. Entre los oficiales se encontraba el general de división Santiago Zaracho, comandante del poderoso Primer Cuerpo de Ejército. Se comentó que también estaba con Oviedo el Gral. de división Díaz Delmás.

            Los generales leales a Oviedo le indicaron que se mantuviera firme en su posición de no entregar la comandancia del Ejército, porque la orden de relevo la consideraban injusta e ilegal.

            - El Presidente debe modificar su orden o presentarla de acuerdo a las formalidades de la ley. Un comandante del Ejército no puede ser destituido de su cargo como un soldado cualquiera. Debe exigir respetó, general - expresó un oficial de caballería a Oviedo.

            - Si no nos hacemos respetar, cualquier "civilucho" podrá destituirnos en forma humillante. No debe entregar la comandancia del Ejército en estas condiciones- manifestó otro alto jefe militar en tono enérgico.

            Oviedo comunicó a Aranda la respuesta y le ordenó transmitirla al Presidente cuanto antes. Antes de partir de vuelta a Mburuvicha Róga, Wasmosy ordenó (por celular) a Jiménez Gaona que permaneciera en la Caballería porque se dirigían hacia ese lugar el titular del Congreso y los líderes del Partido Liberal Radical Auténtico, Domingo Laíno, Rodrigo Campos Cervera, Ramírez Montalbetti y Luis Guanes Gondra.

Le pidió que escuchara el diálogo para transmitirle personalmente lo tratado en la reunión.

 

            SUS HIJOS ACOMPAÑARON A WASMOSY

 

            Continuaban firmes al lado del presidente Wasmosy tres de sus cuatro hijos varones: Diego (24 años), Álvaro, más conocido como "Lalo" (22) y Bruno, el menor (14).

            Edgardo (18) se encontraba con su madre, Teresa Carrasco, en Miami, Florida, Estados Unidos. Paradójicamente, la esposa de Wasmosy estaba cuidando también en ese lugar al hijo del general Oviedo, Ariel, de 17 años.

            Wasmosy lo envió de nuevo a la Caballería a Aranda juntamente con Diógenes Martínez y Milciades Casabianca. Fueron con otro mensaje claro para Oviedo: no dar marcha atrás y debía deponer su actitud, pues, de lo contrario, sería pasado a retiro en forma inmediata.

            Cuando Aranda arribó de nuevo a la Caballería con el sobre de Wasmosy ya no estaban presentes los opositores que intentaron mediar en la cuestión.

            Al ingresar a la casa de Oviedo, encontró en el salón a Jiménez Gaona, Víctor Galeano Perrone y al militar manteniendo una conversación bastante animada.

            - Huguito, volviste. Los liberales ya se marcharon todos y están cagados hasta las patas. Estos no saben que nunca negociaré con un liberal -dijo Oviedo a Aranda cuando este irrumpió en la oficina.

            A continuación Oviedo recibió el mensaje del Presidente y reaccionó airadamente exigiendo de nuevo la renuncia de Wasmosy y Seifart en caso de que no se modificara la orden de relevo de la comandancia del Ejército.

            - No es justo lo que me hace Juan Carlos. Hace más de treinta años que sirvo al país desde las Fuerzas Armadas y me quiere sacar así de manera humillante. Eso no es posible -expresó ante los mensajeros.

            - Cuento con el respaldo de mis hombres y ellos como yo no aceptamos la propuesta. Díganle a Juan Carlos que busque otros mecanismos para solucionar este tema. Si quiere mi pase a retiro, que también renuncien él y Seifart - reiteró.

            Destacó que ya se había cumplido el plazo establecido inicialmente para las negociaciones, pero que estaba dispuesto a otorgar otro plazo más antes de tomar las determinaciones que consideraba necesarias en esa oportunidad.

            En forma imperativa, dijo a los mensajeros que transmitieran inmediatamente las alternativas a Wasmosy para que fueran consideradas.

 

EL DÍA MARTES 23

 

            "TRAIGAN A SEIFART A LA CABALLERÍA"

 

            Ya en la madrugada del martes 23 de abril, más o menos a la 01:30, sonó el teléfono en el despacho del comandante de la Policía Nacional, Crio. Gral. Mario Agustín Sapriza Nunes. El jefe de la Policía levantó el tubo y escuchó una voz familiar. Identificó, entonces, al general de división Lino César Oviedo.

            - Hola, Sapriza, ¿está todo tranquilo?

            - Hola general. ¿Cómo se encuentra usted?

            - Mire, tengo en mi poder la renuncia del Presidente de la República y todo se encuentra bajo mi control. Está todo controlado. Le pido que saque a sus guardias de la casa de Seifart para evitar enfrentamientos inútiles. Luego enviare a mis hombres y lo traerán hasta aquí en la Caballería.

            - No puedo hacer eso general. La Policía Nacional no tiene en su poder la renuncia del Presidente y mientras no tenga ese documento en mano, seguiremos esperando y obedeciendo órdenes del Comandante en jefe.

            - Le repito que el Presidente ha renunciado y tengo en mi poder su nota de renuncia. Solo falta que haga lo mismo el vicepresidente para que asuma oficialmente la presidencia del gobierno el presidente del Congreso el escribano Casabianca. Como presidente del Congreso nacional se encuentra en la cadena de sucesión del presidente de la República.

            - Por qué no hacemos algo, general: envíeme por fax una copia de la renuncia del presidente Wasmosy para que sepa en forma oficial la actitud que ha tomado ante esta situación. Esperaré que llegue ese fax y posteriormente actuaremos en consecuencia.

            - Hágame caso, Sapriza, y saque a sus policías del domicilio de Seifart para evitar enfrentamientos inútiles y desagradables. Luego lo traeré hasta aquí.

            - Insisto, general, mientras no tenga en mi poder la copia de la renuncia del presidente Wasmosy, nosotros seguiremos apoyándolo. Defenderemos las instituciones del país; eso le aseguro.

           

            Este fue el diálogo que sostuvieron el general Oviedo y el comandante de la Policía Nacional en la madrugada del martes 23 de abril.

            Como podrá apreciarse, el comandante del Ejército se "jugó" a conseguir el apoyo de la Policía para aislar al Presidente y al vicepresidente de la República.

            Intentó convencer a Sapriza de que en forma efectiva el presidente Wasmosy había presentado renuncia a su cargo luego de las presiones recibidas.

            Sin embargo, el jefe de la Policía Nacional solicitó al militar ahora retirado que enviara las pruebas de la renuncia de Wasmosy a su oficina. Condicionó cualquier apoyo a la sublevación militar con la recepción del documento respectivo.

            La copia de la "famosa" renuncia de Wasmosy nunca llegó al fax de la comandancia de la Policía Nacional.

            La misma "jugada" quiso hacer Oviedo con el comandante de la Armada en la madrugada del 23. También le dijo que tenía en manos la renuncia de Wasmosy. Sin embargo, el vicealmirante Carlos Guillermo López Moreira le exigió que le enviara por fax la copia de tal renuncia. Tampoco llegó este fax a la Armada.

            Mientras tanto, los parlamentarios volvieron a Mburuvicha Róga, pero Wasmosy ya no estaba. Fue llevado por Robert Service a la Embajada norteamericana. El vicepresidente Ángel Roberto Seifart, por su parte, se refugió en el Comando de Infantería de Marina con algunos ministros del Poder Ejecutivo. Esta unidad estaba al mando del Cap. de navío Miguel Ángel Candia.

            La posición de Oviedo de reclamar también la renuncia de Seifart obligó a desarrollar dicha estrategia, pues corrieron versiones de que el militar tendría intenciones de mandar a asesinar al vicepresidente y tomar prisionero al titular del Ejecutivo.

 

            "VOY A RENUNCIAR", DIJO WASMOSY, EL EMBAJADOR NORTEAMERICANO SE OPUSO A LA DECISIÓN Y EL EMBAJADOR BRASILEÑO DIJO ESTAR DE ACUERDO COMO ESTRATEGIA

 

            Los mensajeros enviados por el presidente de la República, Juan Carlos Wasmosy, a la Caballería, Aranda, Jiménez Gaona y el presidente del Congreso, Milciades Rafael Casabianca, fueron avisados luego de la reunión que mantuvo el militar con los líderes del Partido Liberal Radical Auténtico que el mandatario ya no se encontraba en Mburuvicha Róga.

            A través del teléfono celular de Aranda, la comitiva fue notificada de que el Presidente fue refugiado por el embajador norteamericano en nuestro país, Robert Service, en la sede diplomática que posee EE.UU. en Asunción.

            Aproximadamente a la 01:30 del martes 23 de abril, los mensajeros ingresaron a la sede de la Embajada portando las exigencias del militar sublevado.

            Fueron conducidos por los guardias de la Embajada al lugar donde se encontraba presente el presidente Wasmosy y cuando arribaron a un salón, lujosamente amoblado, observaron al mandatario en compañía del diplomático norteamericano y el embajador brasilero en el Paraguay.

            Aranda, Jiménez Gaona y Casabianca explicaron a Wasmosy que la exigencia de Oviedo para poner fin a la crisis sin derramamiento de sangre era la renuncia conjunta del presidente y del vicepresidente de la República, Ángel Roberto Seifart.

            En ese instante, informaron al titular del Ejecutivo que el proyecto de Oviedo era respetar la sucesión constitucional que establece la asunción al cargo de presidente de la República, en caso de ausencia, muerte o renuncia de Wasmosy, del presidente del Congreso nacional.

            Agregaron que Oviedo se comprometió a respetar el procedimiento legal porque en él se establece el plazo para un llamado a elecciones generales para elegir a las nuevas autoridades del país. Asimismo, le informaron que Oviedo está dispuesto a pasar a retiro luego de formalizarse las renuncias de Wasmosy y Seifart.

            Tras escuchar a sus mensajeros, el presidente de la República quedó por breves minutos en silencio, sopesando lo que acababa de escuchar.

            Ya conocía de antemano la negativa de Seifart de aceptar la propuesta de Oviedo.

            Mientras permanecía en silencio, sus amigos le señalaron que, al parecer, el militar estaba dispuesto a todo por alcanzar sus objetivos y le pasaron el dato de que los tanques fueron puestos en marcha cuando llegó la delegación de la oposición a la Caballería.

            Sin decirlo directamente, todos sus amigos le insinuaron que lo mejor era firmar la renuncia para evitar males mayores.

            Sin embargo, cuando el silencio se hizo más espeso y cuando daba la impresión de que la voluntad del Presidente finalmente cedería ante el chantaje de Oviedo, se escuchó la voz del embajador Service, quien le dijo a Wasmosy que no debería ceder ni entregarse a las exigencias de un militar sedicioso.

            El diplomático le aseguró que contaba con todo el apoyo de los países del MERCOSUR, de su Gobierno y de los países que integran la Unión Europea. Además le señaló que contaba también con el apoyo interno de las diversas organizaciones políticas, sociales, sindicales y empresariales del país.

            - No debe ceder, señor Presidente, ni debe pensar en renunciar, fue el consejo de Service.

            Agregó el diplomático que es imperativo pensar en otro tipo de solución y que lo fundamental es llegar al amanecer sin ningún enfrentamiento armado entre las fuerzas leales al Gobierno y al militar de caballería.

            Wasmosy le agradeció su postura, pero al mismo tiempo reiteró que de ninguna manera será el responsable de la muerte de algún soldado y que por ello sería preferible renunciar y entregar el poder a Oviedo.

            - "Debemos buscar otras opciones" - insistió Service.

 

            LA POSICIÓN DEL EMBAJADOR DEL BRASIL

 

            En ese momento, intervino el embajador brasileño Mario D'Oliveira Días, quien se había mantenido en un prudente silencio escuchando la conversación entre los presentes. Manifestó que no es mala idea darle a Oviedo la nota de renuncia de Wasmosy. A esa altura ya nadie pensaba en pedir la renuncia de Seifart, por obvias razones.

            Señaló el diplomático del Brasil que lo importante era evitar enfrentamientos y derramamiento de sangre. De manera desordenada, expuso una idea absolutamente fuera de toda lógica, pero que por la tensión que vivían los protagonistas hasta pareció comprensible.

            - Entréguele su renuncia, señor Presidente. Así evitamos muertes innecesarias. Después asumirá el presidente del Congreso como desea el general Oviedo y este pasará a retiro, como se comprometió. De esa manera, se obtiene el alejamiento de Oviedo de las Fuerzas Armadas y dejará de constituir un peligro para la democracia paraguaya" - dijo el diplomático.

            Para sorpresa de todos, siguió exponiendo su plan y destacó que también debe existir un compromiso del titular del Congreso de entregar luego de un tiempo prudencial el mando otra vez a Wasmosy.

            - Para ese efecto podemos establecer una fuerte presión internacional para conseguir del senador Casabianca que entregue el poder y usted asumirá de nuevo la presidencia de la República. No se me ocurre otra salida por el momento- dijo D'Oliveira Días.

            Luego de esa serie de análisis, el presidente Wasmosy enmudeció nuevamente. Dio la impresión de que estaba vencido y que cedería a las presiones del general Oviedo. Service insistió en que se debe buscar otra solución sin firmar la renuncia. Casabianca y los amigos de Wasmosy guardaron un discreto silencio.

            Cuando, al parecer, el Presidente tomó una decisión, sonó el teléfono en el salón de la Embajada norteamericana. Una voz preguntó por Wasmosy. Pasaron el teléfono al mandatario. Tomó el tubo y atendió la llamada. Nadie pensó en ese instante que por un llamado telefónico casual y fortuito se iba a desechar la idea de entregar el gobierno a Oviedo.

 

            ERA CÉSAR GAVIRIA

 

            Luego de los saludos de rigor, el presidente Wasmosy hizo escuchar a los presentes en el salón de la Embajada norteamericana que al otro lado del tubo se encontraba el secretario general de la Organización de Estados Americanos, el Dr. César Gaviria, que, enterado de la situación, le informaba al mandatario que contaba con el total respaldo de los países miembros de la OEA.

            Wasmosy hizo un rápido informe del caso y de las exigencias del general Oviedo a Gaviria.

            Este le instó a no ceder al chantaje ni a las presiones de Oviedo y le manifestó claramente que no debería presentar renuncia. Wasmosy reiteró que no deseaba ser responsable de la muerte de ningún soldado por un enfrentamiento con el militar. Agregó que su conciencia no le dejarla dormir de por vida, si por su decisión falleciera una persona en el país.

            El secretario general de la OEA le recalcó que no debería renunciar al cargo y que desarrollara una estrategia que le permitiera llegar al amanecer sin enfrentamientos.

            - Mañana antes del mediodía estaré en Asunción para expresarle mi apoyo, de la Organización y de todos los países que la integran. Ya allí trataremos de intervenir para encontrar una solución conjunta. Pero no renuncie - insistió Gaviria a Wasmosy.

            Esta conversación cambió el curso de los acontecimientos y dio nuevos ánimos a Wasmosy para mantenerse firme en su decisión, de relevar del cargo a Oviedo y rechazar la propuesta de renunciar al cargo de presidente del Paraguay.

 

            LA NOTA DE PERMISO

 

            La estrategia que empezó a caminar con el objetivo de evitar enfrentamientos hasta el amanecer del 23 de abril fue perfeccionándose a medida que transcurría el tiempo. Ganar tiempo era la consigna de Wasmosy para vencer a Oviedo.

            En la Embajada, Wasmosy redactó una nota de permiso como presidente de la República, por cierto mal elaborada y poco clara, que nuevamente sus amigos mensajeros tuvieron la misión de llevar a la Caballería.

            Estos, siempre acompañados del presidente del Congreso, volvieron nuevamente alrededor de las 03:00 a la Caballería donde fueron recibidos por un oficial que rápidamente los condujo hasta la oficina del general que los estaba esperando.

            Nuevamente, Hugo Aranda entregó el sobre a Oviedo. Este lo abrió y, al leer el contenido de la nota, expresó en voz alta: "¡Esta no es la renuncia. Es apenas un pedido de permiso!" En ese instante, Aranda, Jiménez Gaona y Milciades Casabianca entendieron que la llamada de Gaviria a Wasmosy había cambiado el curso de los acontecimientos.

            Oviedo exigió la renuncia de Wasmosy y también de Seifart.

 

            LA CONFUSIÓN

 

            En el momento en que Aranda entregó el documento al sublevado militar sonó el teléfono celular del arquitecto en la oficina de Oviedo. El aparato fue tomado por Jiménez Gaona, quien permaneció en la Caballería por orden de Wasmosy luego de terminar el encuentro del militar con los opositores.

            Del otro lado del tubo se escuchó la voz de Hugo Aranda (h).

            - Hola, quién habla- fue la consulta que realizó el hijo del empresario al no reconocer la voz que atendió el celular de su padre.

            - Soy Rubio. Tu papá no puede atenderte en estos momentos. Quedate tranquilo que todo está en orden- respondió Jiménez Gaona y con un gesto indicó a su amigo que es su hijo.

            - Estamos preocupados por lo que le pueda pasar, pues desde hace algunas horas que no tenemos comunicación con él - acotó el hijo de Aranda.

            - Quedate tranquilo. Acá no pasa nada. Tu padre no puede atender el tubo porque en estos precisos instantes está entregando un sobre al general que envió Juan Carlos - reiteró Jiménez Gaona.

            - ¿Un sobre? Acaso es la renuncia de Wasmosy y Seifart? - consultó, sobresaltado, el joven empresario.

            -No sé. A estas alturas todo es posible, pero quedate tranquilo que luego te llama tu papá - dice Jiménez Gaona antes de cortar la comunicación. El escueto comentario de Jiménez Gaona produjo un raro efecto en Aranda (h) y en Humberto Rubín, pues el llamado se produjo desde la emisora de radio Ñandutí.

 

            "RENUNCIÓ WASMOSY"

 

            Sin pérdida de tiempo y basándose en la versión de Hugo Aranda (h), el director de Ñandutí comenzó a decir: "Renunció Wasmosy, renunció Wasmosy". Sostuvo Rubín que tenía una fuente segura.

            Los cálculos fueron errados, pues el sobre entregado a Oviedo no contenía la copia de la renuncia de Wasmosy. Sin embargo, la versión corrió como reguero de pólvora y produjo una reacción de desconcierto y decepción en la ciudadanía que esperaba que el Presidente no cediera a las presiones ni al chantaje del militar sublevado.

           

 

            LOS PINCHAZOS DE LA CRISIS

 

            La conversación telefónica entre el hijo del Arq. Aranda y Jiménez Gaona fue captada por grupos que se encontraban, en esos momentos, atentos a los acontecimientos. Estos grupos, sin relación entre sí, "pincharon" los teléfonos de los diferentes medios de comunicación y de las principales autoridades del Gobierno y de la oposición, por lo que estaban al tanto de las negociaciones que se estaban llevando adelante en varios frentes.

            Ex funcionarios de organismos de seguridad del Estado se enteraron de que desde el diario ABC Color un periodista intentó comunicarse con el senador Rodrigo Campos Cervera en las primeras horas de la madrugada del 23 de abril para conocer detalles de la conversación que el grupo de dirigentes del PLRA mantuvo con el militar sublevado.

            El ex agente, al otro día, consultó con el periodista si finalmente pudo establecer contacto con el parlamentario, dejando entrever con su comentario que captó el intento de diálogo con el legislador.

            Sin embargo, el hecho más elocuente que reveló que grupos de diversos sectores "pincharon" los teléfonos de los diarios y de los involucrados en la crisis se produjo cuando el diputado argañista Walter Bower confió a otro periodista de ese diario que escuchó la conversación que este mantuvo con la esposa del general Oviedo en las primeras horas de la madrugada del 23 de abril.

            - Escuché la conversación que tuviste con la señora - dijo Bower al periodista el miércoles 24 de abril, al mediodía, frente al Congreso nacional.

            - ¿Cómo?- preguntó el comunicador.

            - A través de un aparatito que trajo un amigo de Miami que sintoniza la frecuencia de las llamadas. Así pude reconocer tu voz en esa conversación- respondió el legislador.

            - ¿A qué conversación te referís?- inquirió, sorprendido, el periodista.

            - A la que sostuviste con la esposa del general Oviedo. En realidad, parecía estar muy tranquila la señora con todo lo que estaba ocurriendo en esos momentos.

            - Así pareció. Pero dónde se consigue el aparatito ese que permite escuchar las conversaciones, Walter- consultó el reportero.

            - Un amigó trajo de Miami y sirve para captar la frecuencia de los celulares. Así pudimos escuchar la conversación- reiteró Bower.

            En días posteriores, el diputado argañista negó que haya participado del "pinchazo" telefónico, pero reconoció que escuchó el diálogo a través de una grabación proporcionada por un amigo.

            Los mensajeros retornaron a la Embajada norteamericana alrededor de las 4:00 del martes 23 y permanecieron en la sede diplomática hasta casi las 6:00 de la mañana, cuando decidieron retornar a sus respectivos domicilios.

 

            FIRME RESPALDO DE LA ARMADA, AERONÁUTICA Y POLICÍA NACIONAL

 

            Al clarear la mañana del día martes 23 de abril, el Presidente regresó a su residencia siempre en compañía del embajador Service. Los comandantes de la Armada, vicealmirante Carlos Guillermo López Moreira; de la Aviación, general de división César Crámer, y de la Policía Nacional, comisario Mario Agustín Saprisa, emitieron comunicados asegurando absoluta lealtad al presidente Wasmosy. El ministro Hugo Estigarribia, quien esa mañana llegó temprano al Palacio de López, declaró un tanto aliviado: "Ya no hay problemas. El asunto era amanecer, porque de noche pudo haber ocurrido cualquier cosa".

 

            LLEGARON PERIODISTAS EXTRANJEROS

 

            Periodistas nacionales como extranjeros que comenzaron a llegar desde diferentes países amanecieron prácticamente en frente y a los costados de Mburuvicha Róga. Solo el helicóptero presidencial, color blanco, se encontraba estacionado en el predio de la residencia bajo fuerte custodia de efectivos de la guardia presidencial. Todos los puestos de vigilancia de la residencia permanecieron reforzados.

            Las radioemisoras siguieron paso a paso todas las alternativas del suceso, mientras creció la incertidumbre. Oviedo siguió en su cuartel.

 

            EE.UU. APLAUDIÓ A WASMOSY

 

            Ese día, la Embajada de los Estados Unidos dio un segundo comunicado. El documento consignó: "El Gobierno de los Estados Unidos de América aplaude las valientes acciones del presidente Wasmosy para mantener en orden democrático y constitucional de la nación. Entendernos que el Gral. Oviedo hará efectiva su salida del servicio militar próximamente. El Gobierno de los Estados Unidos cree en enfáticamente que las normas y reglas de la práctica democrática no permiten la participación en política de ningún personal militar en servicio activo".

            "A través de esta crisis el compromiso del pueblo paraguayo con la democracia fue claro y notorio. Su fuerte e inequívoca convicción de las virtudes y valores de las instituciones democráticas fue demostrada repetidamente. Los Estados Unidos congratulan al Paraguay", concluyó el documento leído nuevamente por Mark Jacobs.

 

            EL PRESIDENTE VA AL PALACIO

 

            De repente, apareció la Policía motorizada desde el interior de Mburuvicha Róga, sobre la avenida Kubitschet. Arrancaron los motores del helicóptero cuando raudamente salieron cuatro automóviles negros, uno de ellos el blindado, que habitualmente emplea el mandatario para su desplazamiento. La caravana fue seguida por el automóvil blanco perteneciente al embajador norteamericano Robert Service, y más atrás los representantes diplomáticos de la Argentina, Néstor Enrique Ahuad, y del Brasil, Marcio D'Oliveira, y de la República Oriental del Uruguay, Federico Bouza, quien ya estaba en Asunción.

            En medio de un gran despliegue de seguridad, los automóviles presidenciales se dirigieron hacia el Palacio de López, pero resultó que Wasmosy y Service abordaron el helicóptero para ir a la casa de gobierno. El aparatoso movimiento terrestre fue nada más que para despistar

            Minutos después de que partieran los automóviles, el helicóptero empezó a elevarse y tomó rumbo hacia el centro de la ciudad. Aterrizó en el estacionamiento con que cuenta el Palacio, al costado del Almacén Viola, a orillas del río. Desde allí, Wasmosy y el representante norteamericano llegaron a la sede gubernativa en automóvil, en medio de una estricta medida de seguridad. Wasmosy, muy ojeroso y visiblemente cansado, aunque elegantemente vestido de traje oscuro, bajó de su automóvil. Service acompañó al Presidente, llegó con él a su despacho y desde entonces no dejó un rato al jefe de Estado. Los otros embajadores del MERCOSUR llegaron también al Palacio para estar al lado de Wasmosy. Mientras tanto, helicópteros de la Fuerza Aérea comenzaron a sobrevolar la capital y sobre todo el área aledaña a la casa de gobierno.

 

            WASMOSY RECIBIÓ PLENO RESPALDO DE LA COMUNIDAD NACIONAL E INTERNACIONAL

 

            Desde que se instaló en su despacho, el gobernante recibió la visita de representantes de todos los sectores del quehacer nacional. Una de las primeras delegaciones correspondió al Congreso Nacional. Los legisladores en pleno presentaron su respaldo y alentaron al Presidente en su determinación de pasar a retiro al general sedicioso. Hicieron lo mismo empresarios nucleados en la Federación de la Producción, la Industria y el Comercio (FEPRINCO), por citar algunas delegaciones.

            Un poco más tarde, arribaron al Palacio con el mismo objetivo Domingo Laíno, del PLRA; Guillermo Caballero Vargas, del Partido Encuentro Nacional, y dirigentes de otras nucleaciones políticas del país. Llegaron además junto al jefe de Estado los miembros de la Corte Suprema de Justicia encabezados por su presidente Dr. Raúl Sapena Brugada, también Federico Callizo y los demás componentes del Consejo de la Magistratura, y el fiscal general del Estado, Aníbal Cabrera Verón. A todos Wasmosy aseguró que se mantendrá en su decisión de pasar a retiro a Oviedo.

 

            CLINTON LLAMÓ Y OFRECIÓ TODO TIPO DE AYUDA A WASMOSY

 

            El presidente estadounidense Bill Clinton llamó telefónicamente a Wasmosy y le ofreció su respaldo. Bastaba con que el gobernante paraguayo se lo solicitara para que Norteamérica se hiciera sentir inmediatamente. El mandatario guaraní agradeció el gesto y prometió mantener a su colega norteamericano al tanto de la situación. Mientras tanto, gobiernos de países amigos hicieron llegar similares mensajes al gobernante.

 

            ¿EMBAJADOR DEL BRASIL SUGIRIÓ MINISTERIO PARA LINO OVIEDO?

 

            En un momento dado, algunos de los presentes en el Palacio habrían escuchado razonar al embajador brasileño Marcio D'Oliveira Días -quien estaba con Wasmosy y demás embajadores en el despacho presidencial- que se debería encontrar una salida honorable para Oviedo y que no resultaba justo acorralar a nadie contra su voluntad.

            El diplomático brasileño habría propuesto entonces otorgar el Ministerio de Defensa Nacional al sublevado militar como una forma de darle cierto matiz de honorabilidad a las negociaciones.

            Sin embargo, un mes después de aquel susto de la ciudadanía, en una declaración a ABC Color, argumentó: "No me acuerdo precisamente de quién fue la idea de ofrecer el Ministerio de Defensa al general Oviedo, pero estoy cierto de que no partió de ningún diplomático extranjero".

            Luego de decidir los pasos a seguir, los mensajeros Jiménez Gaona y Aranda fueron de nuevo convocados al Palacio por Wasmosy. Les ordenó trasladarse hasta la sede de la Caballería donde en esos momentos se realizaba el desfile militar para conmemorar el día de San Jorge, patrono de dicha arma de las FF.AA.

            Llevaban consigo la propuesta del pase a retiro del general Oviedo y como compensación el cargo de ministro de Defensa Nacional.

            Arribaron al Primer Cuerpo de Ejército aproximadamente a las 11:00 y entregaron el sobre con la propuesta 15 minutos más tarde.

            Mientras esperaban la reacción del militar observaron parte del desfile militar y contemplaban los tanques que circulaban por la pista de la unidad. Entre los invitados al acto se divisaba a conocidos adherentes del general y simpatizantes del Coloradismo Democrático liderado por Blas N. Riquelme.

            Un ambiente tenso se percibía en el lugar como consecuencia del enfrentamiento que sostuvieron Oviedo y Wasmosy.

            Apenas abrió el sobre, Oviedo manifestó que Wasmosy acababa de ofrecerle el cargo de ministro de Defensa Nacional y que aceptaría la propuesta para terminar con el conflicto.

            Sin embargo, cometió la imprudencia de comentar el ofrecimiento, que fue inmediatamente informada la ciudadanía por algunos oviedistas presentes en el Primer Cuerpo de Ejército.

            Mientras la información causaba una gran decepción entre los sectores que apoyaban a Wasmosy, los seguidores de Oviedo festejaban la noticia con especial algarabía. Después de todo, dicen, el general negoció bien la crisis, pues no perdería influencia dentro de las FF.AA.

            Los mensajeros terminaron su misión con la aceptación de Oviedo de la propuesta de su pase a retiro a cambio de ocupar el Ministerio de Defensa Nacional. Pero mantuvieron en absoluta reserva.

 

            EL JEFE DE ESTADO FUE ACLAMADO AL APARECER EN EL BALCÓN DEL PALACIO

 

            Mientras tanto, a medida que el Presidente permanecía en el Palacio de López, llegó más y más gente frente a la casa de gobierno. Incluso, en un momento, la muchedumbre -estimada en unas 5.000 personas- ingresó a los jardines de la sede gubernativa para exteriorizar su apoyo al gobernante. Cerca de las 11 de la mañana, Wasmosy salió de su despacho en compañía de Sapena Brugada y otras autoridades nacionales. Subió a la planta alta de la casa de gobierno y, al aparecer, en el balcón fue ovacionado por la multitud que, portando banderas del Partido Colorado, del Partido Liberal Radical Auténtico, del Partido Encuentro Nacional y del Partido Revolucionario Febrerista, aclamó al gobernante. Pudieron notarse entre la concurrencia exponentes de los más diversos sectores de la ciudadanía, hombres, mujeres y niños que no retacearon su respaldo a Wasmosy

            A través de altoparlantes, el Presidente de la República improvisó un discurso y, al pronunciar la frase "Mis queridos compatriotas", nuevamente recibió la ovación de los presentes, aunque durante el transcurso resultó medio desconcertante por la ambivalencia de sus conceptos.

            Comenzó su alocución diciendo: "Les agradezco esta muestra de afecto. En un mundo convulsionado, en un mundo en que todavía hay insatisfacciones sociales. Les agradezco de corazón esta muestra de afecto que no lo tomo como un triunfo sobre una derrota. Al contrario, que nos aproveche esta oportunidad para decirles a todos ustedes, de diferentes banderías políticas, respetémonos a pesar de nuestras discrepancias. Hay algo mucho más grande y superior, que es el objetivo de esta patria.

            Les pido que pacíficamente vuelvan a sus hogares. Déjenme, que yo tengo la suficiente responsabilidad de hacer frente a mis obligaciones. Pero quiero decirles, mis queridos compatriotas, les pido calma, tranquilidad y tolerancia. Estamos trabajando todos, porque el Gobierno es de todos, para construir un país mejor. Estamos transitando por una democracia haciendo reformas. Es difícil, pero con tolerancia, con patriotismo; respetémonos unos a otros y así podremos llegar a ese objetivo.

            Les repito, saquemos experiencia de la inexperiencia y seamos tolerantes con aquellos que a veces, en el fervor de hacer bien las cosas, las hacemos mal y me incluyo yo mismo.

            Compatriotas, trabajemos por este Paraguay querido que se merece mejores días, aprovechemos este ambiente de libertad plena. Pocas veces este Palacio, y hoy esta multitudinaria concurrencia y en armonía.

            Mantengámonos así, con prudencia, con decencia y dejemos que las cosas busquen su nivel. Todo va a estar solucionado para bien de todos, sin vencedores ni vencidos", finalizó Wasmosy.

 

            LLEGÓ CÉSAR GAVIRIA

 

            Cerca del mediodía, aterrizó en el aeropuerto internacional Silvio Pettirossi el avión privado que condujo al secretario general de la OEA. César Gaviria vino desde La Paz, donde estaba de visita. Fue recibido en nuestra principal estación aérea por el canciller Luis María Ramírez Boettner y desde allí se dirigió al Palacio de López para reunirse con Wasmosy. Previamente Gaviria sostuvo un encuentro con los embajadores representantes de las naciones componentes de dicho organismo, quienes se presentaron más tarde a la casa de gobierno para testimoniar el apoyo de sus respetivos gobiernos a Wasmosy.

            Gaviria presentó al gobernante la solidaridad de los 34 países integrantes del organismo continental, tras anunciar haberse puesto previamente en comunicación telefónica con varios presidentes a fin de exponer su preocupación a la comunidad internacional a raíz de la acción del general Oviedo.

            El secretario general conversó largamente con Wasmosy en el gabinete presidencial y con posterioridad declaró a los periodistas nacionales y extranjeros apostados en el Palacio que el Presidente tiene que completar su periodo constitucional "cueste lo que cueste". En directa alusión a Oviedo, recordó lo ocurrido hace algunos años en Haití cuando fue derrocado el presidente constitucional Bertrand Aristide por el jefe militar Cedras. Advirtió, sin embargo, que si bien asumió en aquella ocasión el militar sublevado como presidente de Haití, no duró mucho tiempo para que finalmente saliera del país asilado, y Aristide regresó y retomó el poder.

            De esta manera Gaviria envió un claro mensaje al entonces comandante del Ejército quien siguió con su postura de no obediencia al Comandante en jefe.

 

            FIESTA POR EL DÍA DEL JINETE EN LA CABALLERÍA

 

            Aun cuando la comunidad nacional e internacional estaba expectante de la inminente quiebra institucional en nuestro país, el todavía comandante del Ejército participó de una misa y luego festejó con sus leales el Día del jinete en la misma sede de la Caballería. Rodeado de adulones y aprovechadores empresarios y sus subordinados del arma, Oviedo hizo oído sordo al reclamo del mundo que exigía su obediencia al Comandante en jefe. Vestido con su uniforme de general de división y con el bastón de mando respectivo, lejos de preocuparse de la vida de sus compatriotas y mucho menos de la imagen internacional de Paraguay, continuó dando rienda suelta a su afán de lucimiento personal, y en medio de estridente música y abundantes bocaditos, prosiguió con su fiesta, alentado por sus adherentes. Es que ya había recibido la oferta de Wasmosy de ser ministro del Poder Ejecutivo. Se comentó que incluso el jefe castrense llegó a exhibir en algún momento copia del decreto, aunque sin firma del Presidente ni la fecha de suscripción.

            Aquel mediodía, Wasmosy ofreció un almuerzo en su residencia oficial a los embajadores acreditados ante el Gobierno nacional.

            Al almuerzo de Wasmosy fueron invitados y participaron además dirigentes de partidos políticos, ministros, entre otros. El Presidente oficializó entonces a sus huéspedes haber ofrecido la cartera de Defensa Nacional al general sublevado.

            El anuncio no cayó muy bien para algunos comensales, aunque de alguna manera tuvieron que disimular sus disgustos. Caballero Vargas dijo al salir del almuerzo que inmediatamente iba a someter el anuncio a consideración de la cúpula del Encuentro Nacional. Laíno, por su parte, se mostró bastante dubitativo e indicó a los periodistas que no se podía pedir mucho de la noche a la mañana a nuestra incipiente democracia. No estuvo de acuerdo, pero tampoco se opuso al nombramiento de Oviedo. Lorenzo Baldissieri, nuncio apostólico de Su Santidad, prácticamente coincidió con el presidente del PLRA y expresó que de alguna manera se tenía que solucionar la crisis.

            Mientras tanto, la proposición de Wasmosy de otorgar un ministerio a Oviedo causó indignación y vergüenza al pueblo. La comunidad internacional observó impotente lo que iba a ocurrir.

            Cuando recibió el ofrecimiento para ser ministro, Oviedo calificó al Presidente como su "gran amigo". Sin embargo, horas antes nada más amenazó con liquidarlo.

 

            TRAS LA GLORIA WASMOSY FUE CONDENADO POR EL PUEBLO

 

            La propuesta hecha al general para ocupar el Ministerio de Defensa fue confirmada más tarde por el mismo Wasmosy en un mensaje leído a la ciudadanía desde Mburuvicha Róga. Este hecho no hizo sino llenar de amargura al pueblo que comenzó a movilizarse nuevamente, esta vez en repudio de la actitud del gobernante. Los jóvenes se convocaron para una manifestación ante el Congreso, mientras el Parlamento se pronunció en contra del premio que sería otorgado a Oviedo.

            "Quiero manifestarle con viva satisfacción que, superados los acontecimientos que nos tocó vivir durante las últimas horas, resultó fortalecido el orden institucional y robustecido el proceso democrático", comenzó diciendo el jefe de Estado en su mensaje.

            "Nuestra firme determinación -prosiguió-, la invalorable cooperación de los otros dos poderes del Estado, el estimulante apoyo de la ciudadanía y la decidida y formidable solidaridad internacional, así como el diligente protagonismo de la prensa, lograron que la solución del conflicto se ajustara estrictamente a la Constitución y a las leyes.

            En efecto, mañana a las 8:00 horas, el general de división Oscar Rodrigo Díaz Delmás asumirá la comandancia del Ejército, en reemplazo del general de división Lino César Oviedo Silva, quien pasará a situación de retiro.

            El acatamiento por parte del general Oviedo de la orden impartida por su Comandante en jefe demuestra que en nuestro proceso político hemos logrado mantener a las Fuerzas Armadas de la Nación subordinadas al poder civil legítimamente constituido.

            Si hemos podido evitar los desbordes que hubieran alterado el orden y producido derramamiento de sangre y hasta pérdida de inocentes vidas compatriotas, fue porque el Gobierno supo concitar el apoyo de los partidos políticos, de las organizaciones sociales y gremiales, de los presidentes, cancilleres, parlamentarios de Argentina y Uruguay y embajadores de todos los países con los que mantenemos cordiales relaciones.

            La presencia del secretario general de la Organización de los Estados Americanos, Dr. César Gaviria, y la permanente compañía del Nuncio Apostólico y de los señores embajadores, respaldando nuestra gestión en estas difíciles circunstancias, revitalizaron nuestra confianza en el triunfo de la democracia.

            El MERCOSUR demostró la vigencia y validez del principio de solidaridad internacional, con la presencia entre nosotros de los cancilleres Guido di Tella, de Argentina, y Álvaro Ramos, de Uruguay; del viceministro Sebastiao do Rego Barros, del Brasil, quienes ratificaron su confianza en el Presidente de la República del Paraguay, elegido por la voluntad popular y a la solución arbitrada para esta ocasión.

            Cabe destacar que también llegaron hasta nosotros los coordinadores del Grupo de Río y del Encuentro Iberoamericano.

            Las decisiones adoptadas son de mi única y absoluta responsabilidad, y mantengo el pleno dominio de las facultades que la Constitución otorga al Presidente de la República

            La propuesta de designar al general Lino César Oviedo una vez en situación de retiro como ministro de Defensa sin participación en la cadena de mandos militares es fruto de la solución pacífica de esta crisis.

            No cejaremos en nuestros afanes ni en nuestros esfuerzos por consolidar la democracia, mantener la institucionalidad de la República y buscar por todos los medios posibles el progreso y el desarrollo de nuestro país para que el pueblo paraguayo acceda a mejores niveles de bienestar", finalizó el mensaje de Wasmosy.

 

EL DÍA MIÉRCOLES 24

 

            Aun cuando en la noche del martes 23 hubo una aparente calma, pero con un pueblo avergonzado, efectivamente, a las 8 del día siguiente, Oviedo entregó su cargo en la sede del Ejército en Mariano Roque Alonso. Asistieron el presidente Wasmosy, Gaviria, embajadores, jefes militares y simpatizantes del aún activo militar. Ningún ministro del Poder Ejecutivo, a excepción del canciller Ramírez Boettner -quien tenía que acompañar a Gaviria- asistió al acto.

 

            "FIRME CON ESTA LAPICERA, GENERAL"

 

            "Firme con esta lapicera, general", fue la orden impartida por Wasmosy al Gral. de división Oscar Rodrigo Díaz Delmás cuando el jefe militar citado se dispuso a firmar el acta de entrega y recepción de la comandancia del Ejército durante la ceremonia celebrada en la mañana del 24 de abril, en Mariano Roque Alonso.

            El jefe de Estado entregó su lapicera, que acababa de sacar de su bolsillo izquierdo interior de su saco, al nuevo comandante del Ejército. Esta actitud del gobernante fue interpretada -aunque para muchos pasó inadvertida- el rechazo y desagrado que le produjo la conducta de Oviedo durante los dos días anteriores.

            El saliente comandante del Ejército previamente estampó su firma en el libro de actas con una lapicera que se encontraba sobre dicho documento que debía suscribir también Díaz Delmás, a más de los testigos.

            Luego de firmar el acta, Oviedo levantó la mirada y con la mano en alto, sosteniendo la lapicera, indicó a Díaz Delmás que le correspondía suscribir.

            En ese preciso instante el mandatario decidió que Díaz Delmás no firmara con dicha lapicera que acababa de usar Oviedo. También los testigos firmaron con la lapicera de Wasmosy.

 

 

            SE PONÍA EN DUDA ASUNCIÓN DE OVIEDO COMO MINISTRO

           

            Durante el transcurso de la ceremonia, se escuchó la versión de que el militar no iba a ser nombrado ministro de Defensa. El comandante de la Armada, vicealmirante López Moreira, fue, uno de los primeros en insinuar que tal juramento no iba a ocurrir. Incluso llegó a decir en alusión al "arreglo" con Oviedo que "matemáticamente esta solución no es la más justa".

            Concluido el acto de posesión de Díaz Delmás como nuevo comandante del Ejército, inmediatamente Wasmosy y Gaviria salieron del lugar en automóvil. Fuertemente custodiados, se dirigieron al Comando en Jefe. López Moreira tampoco participó del brindis que finalmente fue ofrecido en el Ejército.

            El enojo de la ciudadanía se agudizó y cada vez más sectores se sumaron a los jóvenes acampados frente al Congreso en repudio del premio a Oviedo.

            Wasmosy y Gaviria llegaron al Gran Cuartel General y se reunieron con los comandantes de la Armada, vicealmirante López Moreira, y de la Fuerza Aérea, Gral. Cramer. También participó de la reunión el Gral. Noguera. Analizaron la situación tras el relevo de Oviedo.

 

            OVIEDO PIDIÓ SU RENUNCIA PARA ACCEDER AL MINISTERIO

 

            El Presidente exhibió a los presentes la nota firmada por Oviedo en donde pidió su pase a retiro de las Fuerzas Armadas. La nota tenía el membrete de la comandancia del Ejército. Expresa el documento dirigido al Comandante en jefe cuanto sigue: "Tengo el honor de dirigirme al Excelentísimo Señor Presidente de la República y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación con el objeto de exponerle lo siguiente:

            En mi larga vida militar he tenido oportunidad de ejercer innúmeras funciones, coronando mi carrera con el actual honroso cargo de comandante del Ejército paraguayo, resaltando mi participación en la gesta libertadora del 2 y 3 de febrero de 1989, como soldado de la democracia.

            Como ciudadano, en esta magnífica oportunidad reitero mi invariable lealtad y apoyo a las instituciones democráticas y acatamiento absoluto al ordenamiento jurídico y constitucional de la República, especialmente a las autoridades legítimamente constituidas.

            Habiendo cumplido con todos los requisitos exigidos para el efecto, solicito respetuosamente su autorización para acogerme a los beneficios del retiro de las Fuerzas Armadas.

            Agradezco al Señor Comandante en jefe en forma muy especial todas las deferentes atenciones y amistad con que me ha honrado, lo que me permitió comandar con suma satisfacción y acierto, resaltando la feliz experiencia de haber sido usted mi primer Comandante en Jefe civil, función que desempeña en forma ejemplar, con su extraordinario dinamismo y alta moral, haciendo que todos sus subordinados le sirvamos con lealtad y admiración", finaliza la nota firmada por Oviedo. Al mismo tiempo fue dado a conocer el Decreto 13.098 por el cual fue nombrado comandante del Ejército el Gral. Díaz Delmás, en reemplazo de Oviedo.

            Al concluir la reunión con Wasmosy y los más altos mandos castrenses, el secretario general de la OEA, César Gaviria, declaró al salir del Comando en jefe que estaba con mucha confianza en que la situación sería resuelta en forma definitiva. Exteriorizó su optimismo en que Wasmosy actuaría con buen criterio. Alentó al mandatario a seguir firme como presidente constitucional del Paraguay.

 

            EE.UU. RATIFICÓ RESPALDO AL PROCESO DEMOCRÁTICO

 

            Ese día, miércoles, 24 de abril, la Casa Blanca emitió una declaración. El texto es como sigue: "Todos los amigos de la democracia deben sentirse alentados por la respuesta a la reciente amenaza al orden constitucional del Paraguay. Como lo dijera nuestro Presidente (Clinton) al presidente Wasmosy ayer, los Estados Unidos de América apoyan plenamente al Presidente y al pueblo paraguayo en su posición valiente hacia la democracia. Con el apoyo de los EE.UU. y de otras naciones de la región, se ha enviado otro mensaje firme repudiando a aquellos que retrasarían el progreso de la democracia en nuestro hemisferio.

            Para alcanzar este fin, los EE.UU. de América trabajó muy de cerca con la Organización de los Estados Americanos y fuertemente apoyó los esfuerzos de los países integrantes del MERCOSUR con el fin de dejar en claro que los vecinos y socios en el comercio más cercanos al Paraguay no aceptarían ninguna violación a un gobierno democrático. El Presidente felicita los esfuerzos del secretario general de la OEA César Gaviria y los de cancilleres extranjeros de Argentina, Brasil y Uruguay que viajaron al Paraguay para demostrar el apoyo regional hacia los principios que rigen la democracia y la autoridad civil sobre la militar.

            Esto marca la cuarta vez, desde 1991, en que las naciones democráticas de este hemisferio se han unido en apoyo a la democracia en contra de aquellos que desean destruirla. El compromiso para con los principios democráticos que abriga la carta de la Organización de Estados Americanos y reafirmados en la Cumbre de las Américas que mantienen como la piedra angular de nuestra asociación regional. Continuaremos trabajando con el Gobierno y el pueblo paraguayos para asegurar la integridad y el desarrollo ininterrumpido de la democracia en este país" concluye la declaración del Gobierno norteamericano.

 

            LA JUVENTUD PERMANECÍA FRENTE AL CONGRESO NACIONAL

 

            La posibilidad de designación y posterior toma de posesión de Oviedo como ministro de Defensa siguió latente, lo que enervó aun más el ánimo de los jóvenes congregados frente al Parlamento. Ni la torrencial lluvia de aquella noche aminoró la voluntad juvenil por defender la democracia.

 

 

EL DÍA JUEVES 25

 

            Albergados bajó carpas, sombrillas y hasta algunos añosos árboles, con guitarras, cánticos y una decencia admirable, los pendex amanecieron el jueves 25 firmes en sus puestos. Estudiantes secundarios, universitarios y todo amante de la libertad, estoicamente, aguantaron la inclemencia del tiempo. La probabilidad de que Oviedo accediera a la citada cartera continuaba invariable.

            Seccionaleros adherentes a Oviedo, militares retirados que sustentaron el régimen dictatorial de Stroessner, serviles ex directores de entes públicos y hasta parientes de conocidos ladrones de la época anterior convocaron a sus adeptos para ir al Palacio de Gobierno y presenciar el juramento de Oviedo. Mientras tanto, los jóvenes se desplazaron también hasta frente a la casa de gobierno en reclamo de que el militar revoltoso no asumiera.

            A las 10:45 salió Wasmosy de Mburuvicha Róga, en helicóptero y se dirigió al Palacio. Los adulones de Oviedo con pañuelo colorado al cuello y banderas del partido de gobierno atropellaron prácticamente la sede gubernativa con anuencia de los policías que más bien se preocuparon de contener a los jóvenes que a los seguidores del militar. Estos llegaron a ingresar en tropel y hasta subieron a la segunda planta para presenciar supuestamente la ceremonia de juramento.

            Oviedo arribó también al lugar fuertemente custodiado. Con traje oscuro y en medio de aplausos de sus secuaces, ingresó, pero no se le permitió llegar ni siquiera a la antesala del despacho presidencial. Wasmosy se negó a recibirlo.

            Frente al Palacio se intensificaron los forcejeos entre la Policía y los estudiantes. Los colorados festejaron el inminente juramento con petardos y hurras. Los legisladores Marcelo Duarte y Fernando Kurt fueron golpeados, al tiempo de que dirigentes sindicales se sumaron a los jóvenes.

 

            INVOCANDO EL CLAMOR POPULAR, WASMOSY REVIÓ DESIGNACIÓN DE OVIEDO

 

            Cerca del mediodía, el jefe de Estado lanzó un mensaje televisivo. Fue para anunciar que dejo sin efecto la designación de Lino cómo ministro de Defensa. Estalló la algarabía de los jóvenes quienes protagonizaron de esta manera una brillante página en defensa de la democracia. Ínterin, César Gaviria llamó telefónicamente desde Colombia al Palacio de López para interiorizarse de la situación actual. Lo atendió el entonces secretario privado de la casa de gobierno, Dr. Rubén Melgarejo Lanzoni.

            El mensaje pronunciado por el Presidente fue el siguiente: "Los acontecimientos que a los paraguayos nos tocó vivir en estos días son una dura prueba para todos nosotros, con nuestra decisión de vivir en libertad y en democracia para la solidez de las instituciones que hemos creado. A Cristo, a su entrada en Jerusalén, todo el mundo lo aclamó, mas luego lo vilipendió. Hoy algunos paraguayos no saben valorar las actitudes que he tomado en favor de la vida y no de la muerte de tantos inocentes. Pero estén seguros de que la historia con el paso del tiempo sabrá valorar esta actitud en un momento crítico de mi país, en su tránsito hacia la consolidación de la democracia.

            Afortunadamente podemos decir que salimos airosos merced al equilibrio y a la tolerancia. Como Presidente de la República y Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación, tenía la obligación de hacer cumplir mis decisiones, para preservar el principio de autoridad. Pero esta salida, acaso la más indicada para aquéllos que se dejaron dominar por lo pasión, hubiera tenido un indeseado costo en sangre y vidas humanas que desechamos desde el principio.

            Asumimos entonces compromisos que, aun cuando pudiera pensarse que no respondían a la expectativa popular, nos permitieron descartar definitivamente el riesgo de perder inútiles vidas de inocentes compatriotas. Los compromisos que asumimos en la hora más difícil nos enfrentaron con otro dilema, que tenemos que resolver despojados de sentimientos subalternos. La cuestión es esa, debe el Presidente de la República mantener su palabra, desoyendo la voz del pueblo, y sobre todo la de esos jóvenes que soportaron la vigilia y la lluvia para mantener sus anhelos e inquietudes.

            Pero el conflicto que los paraguayos estamos logrando superar tiene tan amplia gama de matices, que no es posible abarcar con una sola y simple respuesta. Porque también debemos preguntarnos si podemos admitir interferencias en las decisiones del Poder Ejecutivo, al que la Constitución faculta a nombrar y a remover ministros, bajo su única y exclusiva responsabilidad.

            El Presidente de la República no es, finalmente, sino un mandatario a quien el pueblo le encomienda funciones que están expresamente establecidas en la Constitucion y en las leyes. El pueblo, por su parte, no se expresa sino por los canales que la misma Constitución y las leyes tienen prevista. El mandato que recibe el Presidente de la República no puede ser alterado sino por las vías señaladas. Pero el Presidente de la República también tiene la obligación de escuchar permanentemente la voz de su mandante, que es el pueblo, de escrutar su pensamiento y hurgar sus deseos.

            Esta tarea es la más delicada, porque nunca se oye una sola voz, porque siempre existen las discrepancias, y es bueno y saludable que eso ocurra. Como Presidente de la República me enfrenté, compatriotas, a este dilema. Debo confesar que en esta difícil encrucijada hubo una voz que nunca me abandonó, se me achacaba insistentemente en mi espíritu, la voz del pueblo que me eligió como su mandatario, y en especial a esos jóvenes que supieron expresar sin violencia y sin otro interés que el creer que así estaban defendiendo a la democracia.

            Decidí escuchar esa voz que me ayudó a superar mi propio orgullo y a mantener que por encima del compromiso, que podía haber asumido, está la voluntad popular, y que es a ella la que debo acatamiento. Es por eso que he resuelto sacrificar mi compromiso personal, con todas las consecuencias que ello implica, y, asumiendo mi responsabilidad de estadista y mandatario del pueblo, no designar al general Oviedo como ministro de Defensa.

            Compatriotas, recuerden que las tribulaciones son el camino que el ser humano transita para perfeccionarse y madurar. El conflicto ha sido definitivamente superado; volvamos a trabajar por la grandeza de la patria, con fe en las instituciones republicanas y democráticas y confianza en las autoridades de la nación.

            Acá solo se admite un solo vencedor, el pueblo paraguayo. El Paraguay va a cambiar, el Paraguay está cambiando, el Paraguay ya cambió. Viva la patria y que haya paz entre todos los paraguayos", terminó el mensaje.

 

            EE.UU. CONGRATULÓ A WASMOSY POR NO DAR MINISTERIO A OVIEDO

 

            Casi simultáneamente, el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América dio a publicidad su último mensaje. El documento emitido el 25 de abril señaló: "El Gobierno de los EE.UU. de América apoya plena y enfáticamente la decisión del presidente Wasmosy de no ofrecer la posición de Ministerio de Defensa al general retirado Lino Oviedo. Esa decisión está claramente dentro de la autoridad del Presidente. En su mensaje, el presidente Wasmosy dijo que había escuchado la voz del pueblo. Esta es una demostración más de la fuerza de la democracia paraguaya. Los EE.UU. de América se une a todos los pueblos y gobiernos democráticos para felicitar al presidente Wasmosy por la valentía que ha demostrado en la protección y defensa de la democracia y el orden constitucional del Paraguay".

 

            SE RETIRÓ WASMOSY Y OVIEDO QUEDÓ EN LA SEDE DEL GOBIERNO

 

            Ni bien concluyó el mensaje, el Presidente se retiró de la casa de gobierno en helicóptero. Fue nuevamente a su residencia. Inmediatamente, Mburuvicha Róga reforzó otra vez sus puestos de control. El mandatario recibió la visita del Dr. Sebastián González Insfrán, el entonces ministro de Obras Públicas y Comunicaciones, Carlos Facetti, directores de entes públicos como Miguel Fulgencio Rodríguez, de la ANDE; Juan Manuel Cano, de CONATEL; Miguel Horacio Gini, de la ANTELCO; Gustavo Pedrozo, de CONAVI, entre otros. También estuvo aquella siesta con Wasmosy el candidato a intendente municipal de Asunción, Ing. Paul Sarubbi. Oviedo, por su parte, permaneció por casi una hora más en el Palacio de Gobierno en compañía de sus adherentes. Incluso estuvo a punto de subir al balcón para dirigirse a sus adeptos.

            Cuando todo estaba listo para que el militar retirado pronunciara su discurso, se le acercó el jefe del gabinete militar de la casa de gobierno, Gral. Juan Evaristo González, le tomó del brazo derecho y le dijo: "General, le pido que me acompañe. Le está esperando un helicóptero que le va a llevar a su casa". También se presentó el comandante de las Fuerzas Militares, Gral. Noguera, para respaldar a González.

            Oviedo no ofreció resistencia, pero pidió ingresar a una de las oficinas. Entró al interior de una de las dependencias y curiosamente, el ex comandante del Ejército salió luciendo una impecable remera de color rojo. Al parecer, tenía en su bolsillo bien guardadita. Previamente, por Radio Asunción, el ex hombre fuerte de las Fuerzas Armadas convocó a sus adherentes a un encuentro, a las 14, en la Plaza de la República, el "linódromo".

            Simulando estar tranquilo, sonriente, apareció otra vez Oviedo entre sus adherentes quienes, en medio de una evidente confusión, no entendieron lo que estaba pasando, pues fueron al Palacio con la seguridad de que asumiría su líder.

            Oviedo, finalmente, obedeció al Gral. González y salió por la puerta lateral de la calle O'Leary. Acompañado de custodios de la sede gubernativa vestidos con "para para’i", fue conducido hasta el helicóptero de la Fuerza Aérea que lo estaba esperando con el motor en marcha en el estacionamiento. Desde allí, el militar retirado fue con destino desconocido. Inmediatamente, efectivos de la Infantería de Marina, con armas de guerra, coparon los alrededores del Palacio, especialmente hacia la Bahía. Se instalaron en posición de combate, mientras la Policía comenzó a despejar el área. Los jóvenes quisieron mantenerse sobre la calle El Paraguayo Independiente entre O'Leary y Ayolas, frente a la Manzana de la Rivera, pero finalmente, "por razones de seguridad", se trasladaron nuevamente a la plaza Juan de Salazar, donde prosiguieron sus festejos.

            Para entonces se conoció que el juez Alcides Corbeta ya había instruido sumario en averiguación de los delitos contra la autoridad pública atribuidos a Oviedo. Fue ante la inacción de la Fiscalía General del Estado. El fiscal del crimen de turno, Eladio Valiente, pidió el procesamiento del militar por el supuesto delito de sedición.

 

            DISCURSO INCOHERENTE DEL MILITAR RETIRADO

 

            Aproximadamente a las 15, apareció en el "linódromo" el jefe castrense defenestrado siempre con su remera colorada. Los mismos personajes que lo acompañaron esa mañana al Palacio estuvieron con él. Se sumó el entonces líder del Coloradismo Democrático, Blas N. Riquelme. Nuevamente fueron traídos los indios maka. No faltaron otros personajes acostumbrados a hacernos pasar vergüenza internacional como el veterano cantante Rolando Perci, quien, otra vez fuera de sí -como aquella noche en el anfiteatro José Asunción Flores de San Bernardino- a gritos, dijo que él también fue golpeado en la OTI. Tras un cansador e incoherente discurso, terminó el ciclo militar de Lino Oviedo.

            Aquella tarde, el director de Informaciones de la Presidencia Edward Bogado anunció que a la noche se realizaría una rueda de prensa en la Caballería. Fue ante el persistente rumor de que habría malestar en dicha unidad. Desde las 17 aproximadamente, periodistas nacionales y extranjeros montaron guardia en el acceso a dicho establecimiento castrense. Aproximadamente a las 20, llegó Noguera. Ante la consulta de los periodistas aseguró que volvería junto a ellos.

            El comandante de las Fuerzas Militares asistió a una misa de acción de gracias por las bodas de plata de Zaracho, en la capilla San Jorge. Con posterioridad volvió junto a los hombres de prensa. Regresó después acompañado de los Grales. Díaz Delmás y Zaracho. Aseguró que estaban en dicha unidad solamente para compartir la fiesta del comandante del Primer Cuerpo de Ejército. Pidieron los jefes militares que la ciudadanía fuera tranquila, asegurando que no habría golpe de Estado mientras ellos permanecieran dentro de las Fuerzas Armadas. Finalmente ingresaron de nuevo. Se dirigieron hasta el quincho de la Caballería, donde participaron de la fiesta. Oviedo, si bien estaba invitado, no asistió a aquel encuentro social.

 

            NADIE REVELÓ EL MOTIVO REAL DEL PASE A RETIRO DE OVIEDO

 

            El 25 de abril, el diario ABC Color, en su Editorial, consignó que la causa original del enfrentamiento entre Wasmosy y Oviedo "no es conocida hasta ahora; lo que se sabe es apenas lo que ha ocurrido después, su desenvolvimiento. Y aun de esto, no se sabe todo y lo que se conoce esa medias".

            "Esta manera de discutir y decidir la suerte política del país -decía ABC Color- que desde hace dos días han adoptado los protagonistas, a espaldas de la ciudadanía, la ha puesto a ella alerta y en vigilia, con elocuentes manifestaciones de repudio contra ambos y poco dispuesta a admitir que el conflicto que dirimen continúe siendo negociado a puertas cerradas, como si se tratara de un asunto privado".

 

            "PARA MÍ, QUE LA ORDEN VINO DE LOS EE.UU."

 

            "El hermano mayor del norte (Estados Unidos) fue el que exigió a Wasmosy el retiro de Oviedo. La orden vino de la Casa Blanca", comentó en esos días una fuente diplomática que pidió el anonimato. Fue al ser consultado sobre la verdadera causa de la separación de Oviedo de los cuadros permanentes de las Fuerza Armadas. El informante sostuvo que desde tiempo atrás, los Estados Unidos estuvieron "marcando" a Oviedo. "En algún momento tenía que saltar", dijo durante una conversación informal en la semana siguiente a la crisis.

            La fuente descartó que el motivo del diferendo entre Wasmosy y Oviedo haya sido la construcción del segundo puente sobre el río Paraná, cómo se indicó en algunos sectores. "Es probable que sea un complemento, pero la causa real, el pedido, vino de Norteamérica", remarcó.

 

            LA VERSIÓN DE WASMOSY

 

            El presidente Wasmosy aseguró en Buenos Aires, el 17 de mayo de 1996, que no es cierto que el retiro de Oviedo de las Fuerzas Armadas haya obedecido a cuestiones de "negocios", como el segundo puente sobre el Paraná, entre ciudad Presidente Franco y Foz de Yguazú. El Presidente paraguayo estuvo en la capital argentina para agradecer personalmente a Carlos Menem el apoyo recibido durante la crisis militar. Fue dentro de una gira realizada con el mismo objetivo por Brasilia y Montevideo en donde Wasmosy igualmente se entrevistó con Fernando Henrique Cardoso y Julio María Sanguinetti, respectivamente.

            Cabe recordar que una de las empresas constructoras vinculadas al Jefe de Estado estuvo precalificada para concurrir a la licitación del puente, pero el Senado -con el apoyo de los senadores conocidos como oviedorriquelmistas-votaron en contra de la realización de las obras. Sectores identificados con el militar retirado señalaron luego que este fue el motivo por el cual Wasmosy pasó a retiro a Oviedo, dando a entender que el entonces comandante del Ejército estaba en contra de que la empresa del mandatario se encargara de los trabajos.

            A propósito, el jefe de Estado afirmó que el pase a retiro de Oviedo decidió en uso de sus atribuciones como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación "y nada más".

 

 

CAPÍTULO IV

 

LAS CAUSAS DE LA VIOLENTA RÚPTURA ENTRE DOS SOCIOS

 

 

            PELEAS ANTERIORES ENTRE PROTAGONISTAS DE LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA

 

            La constante en los años del proceso democrático que se inició en febrero de 1989 en nuestro país fue la ruptura sistemática de las alianzas establecidas entre los grupos y factores de poder que derrocaron la dictadura del anciano general Alfredo Stroessner.

            Desde 1989 a la fecha se produjeron divisiones y separaciones, en la mayoría de los casos de manera traumática, entre las cabezas visibles de los grupos de poder económico, político y militar que tuvieron implicancia directa en el golpe del 2 y 3 de febrero.

            En la mayoría de los casos, el factor político fue decisivo a la hora de deshacer las alianzas, pero también tuvo notable implicancia la economía cuando, llegado el momento, los diferentes grupos económicos se repartieron los grandes negocios del país.

 

            RUPTURA RODRÍGUEZ-ARGAÑA

 

            El primer afectado por la puja en las altas esferas del poder político fue el doctor Luis María Argaña. El dirigente colorado fue uno de los líderes civiles del movimiento golpista que derrocó a Stroessner. Incluso, en un primer momento, la estrategia fue instalar a Argaña en el sillón de los López.

            Sin embargo, los coroneles de Rodríguez, victoriosos en el golpe y encabezados por el ya influyente Lino César Oviedo Silva, le indicaron, en la sede del Primer Cuerpo de Ejército, que solo respetarían sus órdenes.

            Algunos allegados al general Rodríguez relataron aspectos de una conversación que este sostuvo con Oviedo.

            Oviedo: - Gral. Rodríguez, los coroneles victoriosos del golpe contra Stroessner consideramos justo y necesario que usted asuma el gobierno del país. Solo seremos leales a sus órdenes y nos comprometemos a apoyarle en el proceso democrático del país. Si vienen los políticos, se atribuirán la victoria y realizarán acuerdos por encima de las Fuerzas Armadas. Debemos ser tutores de este proceso.

            Rodríguez: - Existe un acuerdo previo que debe ser respetado, coronel. Ese acuerdo establece que el Dr. Argaña debe conducir los destinos del Gobierno.

            Oviedo: - Nosotros fuimos los que peleamos y nos enfrentamos a las balas de los stronistas. No es justo que asuma Argaña. Además, si usted se presenta como candidato del Partido Colorado, ganaremos de punta a punta las elecciones y se legitimará su gobierno, general.

            Rodríguez: - Veremos qué hacer y les agradezco la posición que tomaron.

            La actitud de Oviedo fue compartida por el entorno de Rodríguez, y la junta de Gobierno encabezada por Juan Ramón Chaves apoyó, posteriormente, la decisión de los militares.

            Luego de regularizar la situación interna de la ANR, los colorados nominaron candidato para presidente de la República al general de ejército Andrés Rodríguez.

            El militar ganó las elecciones nacionales por amplio margen al Dr. Domingo Laíno, líder del PLRA.

            Argaña fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores en el gabinete de Rodríguez, pero al mismo tiempo se convirtió en líder de un ala del tradicionalismo colorado.

            Desde la junta de Gobierno enfrentó a los ex contestatarios que ingresaban al partido luego de 30 años de exilio.

            El espacio de poder que Rodríguez dio a los mopoquistas, a los dirigentes de la ANRER y de otros sectores no-tradicionalistas fue, otra de las causantes de las diferencias entre el canciller y el Presidente de la República.

            Voceros de los movimientos contestatarios, principalmente Mario Mallorquín; Enrique Riera, Waldino Ramón Lovera; Miguel Ángel González Casabianca, Juan Carlos Galaverna, entre otros, utilizaron duros términos para referirse a los tradicionalistas colorados a quienes cuestionaban la entrega que hicieron de la ANR a los militares y a los militantes stronistas.

            Desde el otro frente, Luis María Argaña, Edgar L. Ynsfran y Ángel Roberto Seifart eran las cabezas visibles del tradicionalismo que no cedía un milímetro de espacio a los contestatarios.

            La intransigencia en algunos casos y la falta de voluntad política para negociar esos espacios de poder fueron dividiendo a ambos grupos. Por otro lado, los propios intereses personales y las aspiraciones políticas de cada uno de los líderes colorados fueron causantes de la división del tradicionalismo.

 

            SIEMPRE HABRÁ UN 13 DE ENERO

 

            Las diferencias entre Argaña y Rodríguez, fueron profundizándose por diferentes motivos. Los allegados al presidente de la República apuntaban que el líder colorado no cumplía a cabalidad sus funciones como canciller y que anteponía los intereses partidarios a los del país.

            Algunas decisiones de Rodríguez también fueron cuestionadas por Argaña, como los nombramientos de ciertos elementos del grupo ex contestatario en la función pública.

            Los rodriguistas también cuestionaban algunos negocios de los hijos de Argaña quienes, valiéndose de las influencias del padre, se acaparaban los despachos aduaneros que correspondían anteriormente a allegados del stronismo. Esta versión fue confirmada años después por el general de división Lino Oviedo.

            Todos estos elementos sumados pintaban un panorama poco alentador en las relaciones Rodríguez-Argaña, que se deterioró definitivamente cuando en la segunda quincena del mes de junio de 1990 el dirigente colorado manifestó, durante una reunión con líderes de seccionales de la capital, que estaba dispuesto a hacer otra revolución si fuera necesario y recordó que siempre habrá un 13 de enero en la vida del Partido Colorado.

            El encuentro que se realizó en el Centro de Economistas Colorados despertó notables comentarios por las declaraciones de Argaña y por la forma como trató a un periodista del diario ABC Color.

            El lunes 23 de abril de 1990 el presidente Rodríguez dio a conocer el Decreto N° 6.409 por el cual destituyó del cargo de canciller nacional a Luis María Argaña y nombró en su reemplazo a un hombre de su entorno, el ahora extinto Dr. Alexis Frutos Vaesken. Esta decisión de Rodríguez fue considerada por los tradicionalistas como una medida persecutoria contra el Partido Colorado.

            Desde ese mismo momento, Argaña hizo campaña en contra del gobierno de Rodríguez y se alineó en el sector más duro y radicalizado de la ANR, atrayendo consigo las simpatías de los seguidores del ex dictador Stroessner.

 

            RODRÍGUEZ-GRAL. BERNAL

 

            Los militares victoriosos el 2 y 3 de febrero de 1989, conocidos con el nombre de "Carlos" fueron rápidamente ascendidos a puestos de importancia en la estructura militar.

            Los "Carlos" fueron los coroneles Pedro Concepción Ocampos, Lino César Oviedo, Aníbal Regis Romero, Víctor Aguilera, Oscar Díaz Delmas, el general Eumelio Bernal y el vicealmirante Eduardo González Petit.

            Romero fue designado jefe del Gabinete Militar de la Presidencia de la República; Oviedo y Ocampos fueron designados comandantes de divisiones de la Caballería; Bernal ocupó la jefatura del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, mientras González Petit fue confirmado como comandante de la Armada Nacional.

            De todos los "Carlos", el de más rápido ascenso dentro de la estructura castrense, sin ninguna duda, fue Lino César Oviedo, quien no dudó en recurrir a la intriga para aumentar su influencia en el estamento militar y tener una meteórica trayectoria hacia los niveles más altos de la jerarquía castrense.

            Para deshacerse del comandante del Ejército, Gral. Humberto Ramón Garcete, alentó al Cnel. Luis Catalino Rojas para denunciar el auto trafico que normalmente se realizaba por destacamentos militares del Chaco.

            El plan concebido e ideado en conexión con la Embajada norteamericana en el Paraguay sirvió para despejar el camino de Oviedo hacia las máximas jerarquías de las Fuerzas Armadas, pues el escándalo fue determinante para pasar a retiro a Garcete, así como a otros generales como Carrillo Melo, Balbuena, implicados en el tema.

 

            EN CINCO MINUTOS, RODRÍGUEZ DECIDIÓ PASE A RETIRO DE BERNAL

 

            Los problemas entre Rodríguez y el general Bernal comenzaron cuando este se negó a modificar la historia de una reunión que se celebró en el Estado Mayor y que por las implicancias comprometían seriamente a varios generales de las FF.AA. en el tráfico de vehículos hacia Bolivia.

            De acuerdo a declaraciones del propio Bernal, el origen del problema fue su firme determinación de contar con exactitud los pormenores de una reunión celebrada en el Comando en Jefe cuando Juan de Dios Martínez comentó la conexión existente entre altos jefes militares y el tráfico de vehículos por destacamentos del Chaco.

            Se supo que Bernal sufrió fuertes presiones del entorno rodriguista y del mismo Presidente de la República para no contar ante la justicia la verdad de lo que había escuchado respecto de las coimas que se pagaban en los cuarteles y destacamentos militares del Chaco.

            El traficante dijo que los comandantes de las distintas unidades formaban parte del enjuague y recibían periódicamente los pagos por los favores de permitir el paso de los vehículos robados hacia Bolivia.

            Por ratificarse en su declaración ante el juez, Rodríguez manifestó su enojo con Bernal separándolo de su grupo de confianza y saludándolo muy secamente en los actos militares.

            Para pasarlo a retiro reunió al Tribunal de Calificación de Servicios de las FF. AA., y en menos de cinco minutos decretaron su desafectación del servicio activo. Quedaban así truncados más de 35 años de labor dentro de la milicia.

            Algunos de los miembros del Tribunal de Calificación comentaron que el comandante en jefe manifestó que Bernal estaba de acuerdo con su pase a retiro. Nadie atinó a salir en apoyo del militar, ni siquiera el general Oviedo, quien se comprometió a votar contra el deseo de Rodríguez.

            Antes de reemplazar a Bernal, el Presidente de la República le ofreció el cargo de ministro de Defensa Nacional, el cual asumió un mes después de pasar a retiro.

            En su reemplazo, Rodríguez nombró al general Francisco Sánchez, ex jefe de policía, como jefe de Estado Mayor de las FF.AA. Este duró poco en el cargo, acosado por las sospechas de haber hecho figurar a "fantasmas" dentro de la lista de funcionarios de la institución policial.

            Las relaciones entre Rodríguez y Bernal desde entonces nunca fueron cordiales, pero el Presidente de la República se mostró cauteloso a la hora de tomar una determinación más seria contra el ministro de Defensa porque conocía el apoyo que le brindaba el embajador norteamericano Jon Glassman.

            Durante el ejercicio de su cargo como secretario de Estado mantuvo diferencias con el presidente Rodríguez sobre la creación del cargo de comandante de las Fuerzas Militares.

            Para Bernal, dicha figura dentro del ''organigrama militar" no tenía sentido, pues entendía que el objetivo del mismo era evitar que el Presidente de la República tuviera, como comandante en jefe de las FF.AA., control sobre el estamento castrense.

            "Es una delegación del cargo de comandante en jefe de las FF.AA., que está prohibida por la propia Constitución", alego en diversas ocasiones el militar retirado.

            El 30 de julio de 1993, Rodríguez increpó duramente a Bernal por sus opiniones sobre el tema durante una reunión celebrada en el asiento de la Primera División de Infantería.

            Esta opinión le costó más de una llamada de atención de parte de Rodríguez y finalmente el cargo de ministro de Defensa Nacional. De esta manera, uno de los "Carlos" del golpe de febrero de 1989 pagaba con el puesto su discrepancia con Rodríguez.

 

            RODRÍGUEZ-RIQUELME

 

            La relación entre el general Andrés Rodríguez y el senador colorado Blas N. Riquelme se sustentó siempre en el interés y no en la amistad. Para el empresario, estar ligado a uno de los hombres más fuertes de las Fuerzas Armadas durante la dictadura le aseguraban protección e impunidad para realizar sus negocios e incrementar sus activos.

            Para el militar, en tanto, resultaba sumamente atractivo recibir dividendos en su cuenta corriente sin mayores esfuerzos. La recomendación de Rodríguez en tiempos de la dictadura y durante su gobierno, después del 2 y 3 de febrero de 1989, fue sumamente importante para conformar el imperio de Riquelme, quien no dudaba en pagar bien los favores que recibía.

            Mientras la política no tuvo influencias en la relación entre ambos, la misma fue próspera y positiva.

            Pero la misma fue deteriorándose a medida que transcurría el gobierno de Rodríguez. En un principio, Riquelme estuvo del mismo lado de Argaña, Seifart e Insfrán en el Partido Colorado para enfrentar a los ex contestatarios.

            Sin embargo, rápidamente se alineó del lado del Presidente de la República cuando este destituyó de su cargo de canciller a Argaña y también se apeó del seifarismo para acordar una unión sorprendente con los disidentes cuando percibió señales de Rodríguez en ese sentido.

            Con los ex contestatarios conformó el movimiento denominado Alianza Democrática.

            La falta de definición de Rodríguez en algunas cuestiones fundamentales dentro del Partido Colorado fue minando la confianza que Riquelme tenía en el Mandatario, pero siempre se cuidó para no cuestionar públicamente la política gubernamental.

            En voz baja sí expresaba su descontento por la falta de señales claras de Rodríguez para corregir la conducción partidaria.

            Ganador de las internas coloradas para convencionales con el lema "Trabajo en primer lugar", no pudo evitar, sin embargo, que con la mayoría de los convencionales colorados se decidiera en la Convención Nacional Constituyente impedir la reelección de Rodríguez y se incluyera un artículo que también evitaba que un pariente del militar pudiese ser nominado como candidata a la presidencia de la República.

            Riquelme era presidente del Partido Colorado cuando en la residencia del general Andrés Rodríguez, en "Las Carmelitas", se decidió nominar a Juan Carlos Wasmosy como candidato del oficialismo colorado a la presidencia de la República en las internas de la ANR.

            Esta decisión fue fundamental para la ruptura definitiva entre Rodríguez y Riquelme, pues el titular de los colorados nunca aceptó a Wasmosy como candidato ideal del partido.

            Públicamente manifestó su desacuerdo con el candidato elegido por los círculos de poder y cuestionó los antecedentes liberales del mismo. Sus frases como "peor es nada", "es preferible este a no tener candidato" se hicieron célebres al referirse a Wasmosy.

 

            LA DEMANDA DE RODRÍGUEZ

 

            La finalización del mandato de Rodríguez también significó el término de las "buenas" relaciones que Riquelme mantuvo con el militar.

            Sin las mismas influencias del pasado, poco, o nada era lo que podía aportar Rodríguez a la sociedad, por lo que rápidamente Riquelme se alejó de su socio y buscó otros protectores en los círculos de poder.

            Esta situación hizo que olvidara algunos "compromisos" que debía cumplir regularmente con el ex presidente, por lo que este, el lunes 4 de setiembre de 1995, le inició una demanda en los estrados judiciales reclamando el pago de documentos vencidos de su sociedad en la Cervecería Asunción por 1.900 millones de guaraníes.

            Sin embargo, se supo que, a inicios de 1994, Rodríguez ya había planteado ante la justicia otra demanda reclamando la restitución de 500 acciones de 50 millones de guaraníes cada una y otras 250 acciones de 25 millones cada una de Cervecería Asunción.

            Riquelme acusó a Rodríguez de mal agradecido por reclamarle el cobro de las acciones mencionadas que le fueron regaladas en su oportunidad.

            El 21 de abril del citado año, en la ciudad de Pilar, el empresario se despachó duramente contra Rodríguez calificándolo de narcotraficante y anticolorado por poner en el gobierno a un candidato que "no quiere a los colorados", como Wasmosy.

 

            SABA-DOMÍNGUEZ

 

            La lucha por manejar el país también se trasladó a los grupos económicos que durante el gobierno del dictador Stroessner acumularon y acrecentaron sus fortunas con las ventajas que otorgaba a sus amigos el depuesto gobernante.

            Los sectores económicos allegados al ex presidente Andrés Rodríguez intentaron dividirse el país compartiendo los negocios de los cigarrillos y las bebidas alcohólicas.

            Pero muy rápidamente las intrigas, la obsesión por seguir acumulando riquezas a cualquier costo y utilizando todo tipo de recursos fueron dividiendo también a los que apoyaron económicamente a Rodríguez.

            El grupo más cercano al anterior presidente, encabezado por los empresarios Gustavo Saba, Antonio Saccarello y otros, mantuvo constantes enfrentamientos con representantes de otros sectores de poder económico.

            El control del mercado del cigarrillo importado desde los Estados Unidos, Brasil y Argentina fue la excusa para el enfrentamiento entre Saba (yerno de Rodríguez) y Osvaldo Domínguez Dibb, propietario de Tabacalera Boquerón.

            Domínguez Dibb, identificado con el sector argañista del Partido Colorado, denunció a Saba ante la Fiscalía General del Estado por usurpación de bienes del Estado. El empresario-dirigente de futbol aseguró en su denuncia que Manufactura Gloria, propiedad de Saba y Juan Ángel Napout, se apropiaba de funciones que corresponden al Estado al erigirse en estampillador de cigarrillos.

            El caso fue ventilado en esferas judiciales donde las primeras medidas favorecieron al grupo cercano a Rodríguez.

            En otro ámbito, los productos elaborados por Tabacalera Boquerón fueron perseguidos sistemáticamente por inspectores del Ministerio de Hacienda ante denuncias formuladas por la empresa Souza Cruz, de que la empresa de Domínguez Dibb elaboraba cigarrillos cuyas marcas se encontraban registradas a favor de la multinacional.

            Desde el inicio de los pleitos judiciales el empresario-deportista fue perdiendo uno a uno los juicios, pero pese a ello sigue produciendo en la tabacalera de su propiedad cigarrillos cuyas marcas no le corresponden.

            El control de los negocios y del mercado fue causante de las peleas entre grupos allegados al poder, como puede apreciarse en este caso.

            La lucha entre el poder político y el económico alcanzó también, en agosto de 1989, al entonces canciller nacional de nuestro país, Luis María Argaña. El político colorado se sintió acosado por las críticas vertidas en su contra a través del diario Noticias y el Canal 13, propiedad del empresario Nicolás Bó, más conocido como "Nino" en los círculos sociales de la República.

            Debido a esta situación, el Dr. Argaña separó a Bó del cargo de consejero económico que supuestamente ocupaba en la Embajada paraguaya de Buenos Aires y lo acusó de ser el "primer planillero diplomático destituido por la gesta revolucionaria del 3 de febrero".

            Argaña se sintió molesto por las constantes críticas a su gestión como dirigente del Partido Colorado y como canciller de la nación y culpó de lo que consideraba una campaña periodística en su contra al propietario de los medios mencionados.

            En su virulencia, el ministro de Relaciones Exteriores calificó a "Nino" Bó como el "planillero más antiguo de la Embajada en Buenos Aires".

            Argaña dijo también que las críticas a su gestión no se justificaban y que "este señor (por Nicolás Bó) está respirando por la herida, y entonces organiza una campaña en mi contra para desprestigiarme".

            Alegó que tal campaña no estaba inspirada en el bien común, sino en el "hecho bochornoso de haber sido el primer diplomático planillero destituido por la gesta revolucionaria".

            El canciller no se quedó solo en esas expresiones, sino que también comentó aspectos de las supuestas operaciones que realizaba "Nino" Bó como consejero económico de la Embajada del Paraguay en Argentina.

            En ese sentido, dijo: "Bó no cobraba un peso, pero ganaba millones a través de liberaciones totalmente ilícitas que no le correspondían".

            "El señor Bó jamás fue a Buenos Aires sino para obtener liberaciones de automóviles, enseres domésticos y una serie de ventajas por el estilo. En materia de autos, él liberó por un valor superior a los 300 millones de dólares, los cuales volvió a vender con grandes beneficios y grandes ganancias", destacó a los medios periodísticos el entonces canciller de nuestro país.

            El problema entre Argaña y Bó terminó abruptamente luego de una reunión que supuestamente habrían mantenido en un yate, propiedad del empresario.

            Si bien nunca pudo probarse que se realizó dicho encuentro, la campaña contra Argaña se atenuó y durante las internas coloradas celebradas en diciembre de 1992, para elegir al candidato de la ANR para la presidencia de la República, fue obvio y manifiesto el apoyo de los medios de comunicación de la RPC a la candidatura del ex canciller nacional.

 

            EL PUENTE, LA POLÍTICA Y EL NARCOTRÁFICO 

 

            Diversas conjeturas se tejieron sobre los reales motivos de la destitución del general de división Lino César Oviedo de su cargo de comandante del Ejército, decidida por el presidente Juan Carlos Wasmosy. Sin embargo, ninguno de los principales protagonistas del problema pudo aclarar el tema hasta el momento.

            Los allegados al titular del Ejecutivo manejaban algunas informaciones que de alguna manera podrían servir para establecer ciertas hipótesis sobre las razones del relevo del polémico jefe militar.

            Una versión indicaba que el comandante del Ejército resultaba ya insoportable para Wasmosy por sus cada vez más exigentes reclamos en cuestiones de Estado. Oviedo criticaba públicamente la falta de resolución del Gobierno en cuestiones relacionadas con los asentamientos campesinos y la falta de decisión para combatir la corrupción estatal.

            Sus operadores políticos, desde el Congreso o la Junta de Gobierno, se encargaron de dar a conocer la posición del general en dichas cuestiones.

            Igualmente, Oviedo era partidario de ejercer mayor presión sobre el Congreso por la manifiesta mala predisposición -según afirmaba entre sus íntimos- para tratar temas relacionados con la reforma del Estado y los proyectos de leyes de las Fuerzas Armadas.

            La posibilidad de disolver el Congreso para reencauzar la República también tuvo buen parecer del militar. Sin embargo, debido a su doble discurso, dicha pretensión siempre estuvo bien guardada, pese a que sus seguidores lanzaron la propuesta en diversas ocasiones.

            El último ejemplo lo brindó el senador Julio Rolando Elizeche, quien dijo que era partidario de una interrupción del proceso para cambiar el actual estado de cosas en el país.

            Por otro lado, su injerencia en los asuntos partidarios y su alianza con el Coloradismo Democrático, encabezado por Blas N. Riquelme, fueron factores que resquebrajaron la relación con Wasmosy.

            El empecinamiento del militar de suspender indefinidamente la realización de las internas coloradas pese a la decisión del oficialismo partidario de llevarla a cabo fue otro motivo de enfrentamiento entre el Comandante en jefe y su comandante de Ejército.

            Otra versión indicaba que el Comandante en jefe relevó a Oviedo de su cargo por no cumplir con la orden de terminar con las acciones judiciales que impedían la realización de las internas coloradas pese a los acuerdos establecidos entre los líderes de los distintos movimientos internos en ese aspecto.

            Finalmente, corrió la versión de que el relevo de Oviedo fue producto de la presión ejercida por el Gobierno norteamericano y los países del MERCOSUR debido a los fuertes indicios existentes de que el comandante del Ejército era el protector del narcotráfico en el Paraguay.

            Pese a que se admitió la falta de pruebas en ese sentido, resultaba sumamente sugestivo para los norteamericanos que los narcotraficantes siguieran utilizando nuestro país como puente para el tráfico de marihuana y cocaína hacia Estados Unidos y Europa, a pesar del aumento de control de los organismos especializados en el combate contra las drogas.

            Sin embargo, la mayoría coincidió en que la gota que colmó el vaso y resultó fundamental para decidir el relevo del polémico militar fue el apoyo que la bancada colorada oviedista brindó a la propuesta de la oposición de rechazar el acuerdo con Brasil para construir el segundo puente sobre el río Paraná en Presidente Franco y refaccionar el Puente de la Amistad en Ciudad del Este.

            Además, los oviedistas en todo momento significaron que la causa real del alejamiento de Oviedo del servicio de las FF.AA. fue la lucha que desde el interior del estamento castrense realizaba para combatir la corrupción administrativa de los entes del Estado, según aseguró el Dr. José Francisco Appleyard.

            El apoderado legal del militar sostuvo públicamente que Wasmosy relevó a Oviedo por intereses comerciales y por descubrir que el mandatario estaba realizando manejos dolosos de los fondos del IPS en bancos de plaza. Involucró al cuñado del Presidente y a algunos connotados banqueros sospechosos de estafas en nuestro país en el tema.

 

            RELACIÓN DE MUTUO INTERÉS

 

            Las relaciones entre Wasmosy y Oviedo nunca fueron del todo satisfactorias debido, principalmente, a las veleidades políticas del militar que complicaban la imagen del Comandante en Jefe.

            Pero justamente ese tipo de intereses comunes en materia política fue factor determinante del apoyo que en numerosas ocasiones brindó el Presidente hacia el militar.

            Para el Mandatario, Oviedo era un elemento útil para tener controlada la situación dentro de las Fuerzas Armadas. Además, era consciente del favor que le debía al general de Caballería por el papel trascendente que tuvo durante la campaña electoral que lo ubicó como candidato colorado para las nacionales del '93.

            En las internas coloradas de diciembre del '92, Oviedo y otros generales de gran prestigio recorrieron no solo los cuarteles de todo el país, sino también las seccionales coloradas, trabajando en apoyo de la candidatura de Wasmosy.

            Fue así que lograron atraer de nuevo para mayo del '93 a la mayoría de los dirigentes de base del argañismo que estaban haciendo campaña en contra del candidato colorado, a instancias de su líder Luis María Argaña.

            Este hecho permitió a Oviedo tener gran influencia en las decisiones de Wasmosy, principalmente en lo concerniente a las FF.AA. Cuando esa influencia intentó mantener en la esfera política, tuvo gran resistencia y empezó el distanciamiento con el Mandatario.

 

            LOS DESENCUENTROS

 

            Sin embargo, no deben olvidarse los desencuentros entre el Comandante en Jefe y el comandante del Ejército, por las presiones que este ejerció para realizar cambios en la estructura armada. Algunos de los oficiales leales a Wasmosy, como el general Carlos Ayala, fueron perseguidos por el oficial de Caballería hasta lograr su retiro de las FF.AA.

            En lo interno partidario, la negativa a aceptar al Dr. Ángel Roberto Seifart como candidato del oficialismo para enfrentar a Argaña fue otro motivo de desencuentro.

            El apoyo manifiesto de Wasmosy hacia la candidatura de su vicepresidente llevó a Oviedo a negociar con Blas N. Riquelme, un hombre marcado a fuego por Wasmosy desde el nacimiento mismo de su candidatura para la presidencia de la República en 1992 y lo alejó del bloque oficialista.

            Esta división causó un gran disgusto a Wasmosy porque otorgaba chances a Argaña por la falta de renunciamiento de los líderes del oficialismo y culpó de la situación directamente a Oviedo.

            Por otro lado, para profundizar aún más las diferencias, el militar se mantuvo firme en su postura de plantear recursos judiciales para evitar la realización de las elecciones internas coloradas.

            Wasmosy, a último momento, también optó por apoyar la realización de los comicios de la ANR, por las dificultades que las continuas postergaciones ocasionaban al país.

            El candidato oficialista, Ángel Roberto Seifart, en los últimos días del mes de marzo del cte., acordó con Argaña llevar adelante las internas de renovación de autoridades del Partido Colorado, dejando sin apoyo al movimiento oviedista que continuaba buscando posponer los comicios de la ANR con acciones judiciales.

            El militar siempre puso como excusa para evitar las elecciones que con Seifart como candidato oficial se abrían las puertas para el triunfo argañista y como consecuencia de ello, la vuelta de los stronistas al primer plano de la política nacional.

            Las internas partidarias fueron efectivamente una de las causas del enfrentamiento entre Oviedo y Wasmosy, pero no fue la única pues, como consecuencia de ello, también proyectos del Ejecutivo en el Parlamento nacional fueron postergados por la falta de apoyo de los legisladores oviedistas a ciertas propuestas provenientes del propio Mandatario.

            El caso de la construcción del puente en Presidente Franco, en el Alto Paraná, es una muestra de las consecuencias que tuvo el enfrentamiento Oviedo Wasmosy en todos los niveles.

 

 

            LA NEGATIVA OVIEDISTA DE CONSTRUIR EL PUENTE

 

            El 26 de setiembre de 1992, los gobiernos de Paraguay y Brasil firmaron el acuerdo relativo a la construcción de un segundo puente internacional sobre el río Paraná, teniendo en cuenta el significativo incremento del flujo de pasajeros y cargas por el Puente de la Amistad, que une las ciudades fronterizas de Ciudad del Este y Foz de Yguazu.

            El documento establecía que las obras debían ser concedidas con preferencia a consorcios constituidos entre empresas paraguayas y brasileñas, de acuerdo a sus respectivas legislaciones y que tuvieran sus sedes en el Paraguay y/o en el Brasil.

            En junio de 1994, vía Cancillería, ambos países agregaban un anexo al acuerdo firmado, por el que establecieron la realización de obras de recuperación-modernización de la manutención, de la operación y de la exploración del Puente de la Amistad y de sus obras complementarias.

            Es decir, se decidió construir un nuevo puente y arreglar el de Ciudad del Este.

            El gobierno de Wasmosy tomó como una de sus prioridades el cumplimiento del acuerdo con Brasil y utilizó todos sus recursos a fin de convencer a los legisladores sobre las ventajas y conveniencias que tendría para nuestro país y su economía la construcción de un nuevo puente.

            Para el efecto, convocó en varias oportunidades a los parlamentarios para analizar el tema en Mburuvicha Róga y obtuvo el compromiso de los mismos para llevar adelante el proyecto.

 

            PIDIÓ A OVIEDO EL VOTO DE SENADORES DE SU MOVIMIENTO

 

            Para asegurar el apoyo del Congreso, el presidente Wasmosy convocó al general Lino Oviedo a Mburuvicha Róga para pedirle el voto de sus legisladores. Al parece; en un primer momento, el militar comprometió el apoyo de los senadores riquelmistas a la construcción del puente.

            Sin embargo, fuentes militares cercanas al general retirado indicaron que los problemas internos partidarios fueron decisivos para el cambio de actitud del general en torno al proyecto.

            Oviedo consideró una traición de Wasmosy su decisión de apoyar la realización de las internas partidarias a sabiendas del inminente triunfo de Argaña frente al candidato oficialista.

            El militar se manifestó a través de José Francisco Appleyard y las innúmeras acciones judiciales planteadas para suspender la realización de los comicios.

            El enfrentamiento se profundizó cuando en las semanas previas a las internas del 28 de abril el presidente Wasmosy ordenó a Oviedo poner fin a los recursos judiciales.

            El militar no hizo nada por suspender las acciones judiciales y, antes bien, sus operadores continuaron amenazando que seguirían presentando incidentes para suspender la asamblea de los colorados.

            La venganza de Oviedo se materializó en el Congreso cuando los senadores oviedistas, siguiendo instrucciones del militar, votaron en contra de la aprobación del acuerdo suscripto con Brasil para la construcción del segundo puente sobre el río Paraná y el arreglo del Puente de la Amistad.

            Los opositores iniciaron una campaña a través de los medios de comunicación, alertando sobre la posibilidad de un gran negociado que se estaría gestando en dichas obras. Del mismo, según las denuncias presentadas, se verían beneficiadas las empresas allegadas al presidente Wasmosy.

            Esta campaña tuvo eco favorable, pues con el voto de los oviedorriquelmistas el Senado rechazó la aprobación del acuerdo para la construcción del segundo puente.

 

            EL NEGOCIO PERDIDO

 

            En realidad, el costo de las obras para la construcción del puente sería prohibitivo para cualquier empresa paraguaya, máxime teniendo en cuenta que la recuperación del capital invertido se tendría recién después de 20 años y las ganancias, en los subsiguientes 10.

            La empresa ganadora dula licitación, la firma brasileña Andrada-Gutiérrez, obtuvo la concesión por 30 años del puesto de peaje en Presidente Franco y, según las estimaciones; el costo total de las obras ronda los 100 millones de dólares.

            Esta empresa propuso a CONEMPA tener participación en las obras, pero, según explicaron directivos de esta entidad, no tenían los recursos suficientes para afrontar un compromiso semejante.

            Indicaron que con un índice de participación bajo no se justificaba entrar en la operación porque no tendrían el control de la misma.

            Admitieron sí que obtuvieron de Andrada-Gutiérrez la concesión de obras complementarías como ser la construcción de obras de acceso a la cabecera del puente y el permiso correspondiente para que aparezca el nombre de CONEMPA junto al de la empresa brasileña en los letreros de la obra.

            Al parecer, la inclusión del anexo para el arreglo del Puente de la Amistad despertó sospechas entre los detractores de Wasmosy, por la posibilidad de que las empresas del Presidente formaran parte de un gran negociado en estas obras.

 

            LOS ARGUMENTOS PARA RECHAZAR EL ACUERDO

 

            La mayoría de los senadores cuestionó las supuestas irregularidades que se habrían cometido en el proceso de licitación de la obra, pues se hizo el llamado sin que existiera una ley que aprobara la construcción.

            Los legisladores encontraron sumamente sospechosa la inclusión en el pliego de bases y condiciones de la reparación del Puente de la Amistad y el establecimiento del peaje para ambos puentes.

            El plazo de 30 años de concesión del peaje para la empresa ganadora también fue considerado exagerado por los integrantes de la Cámara Alta.

            El senador argañista Víctor Hugo Sánchez manifestó que la construcción del nuevo puente que unirá Presidente Franco con Foz de Yguazú y la reparación del Puente de la Amistad costarán unos 50.400.000 dólares, mientras que las posibilidades de recaudación en 30 años superan los 2.000 millones de la moneda norteamericana para la empresa ganadora de la licitación.

            La presunción de que las empresas constructoras ECOMIPA y CONEMPA, la primera, propiedad del presidente Wasmosy, y la segunda, en sociedad con otros, serían beneficiadas durante la licitación fue factor determinante para que el Senado rechazara el, acuerdo para construir otro puente en el Este del país.

            Luego de casi tres horas de debate, el proyecto del Ejecutivo fue rechazado por 23 votos contra 18.

            La pérdida de un gran negocio que se controlaría por 30 años molestó a Wasmosy, debido a que los senadores oviedistas traicionaron en el Congreso el proyecto de ley del Ejecutivo. La conjunción de intereses contrapuestos en lo político y lo económico fue finalmente la causa principal que apresuró el pase a retiro de Oviedo de las Fuerzas Armadas.

 

            LO QUE HABRÍA PERDIDO WASMOSY

 

            Cálculos estimativos publicados en la revista Nexo indican que la inversión total para construir el segundo puente sobre el río Paraná no supera los 45 millones de dólares. La obra se puede construir en tres años mediante los ingresos que generará para la empresa ganadora de la obra, el control y cobro de los peajes en el nuevo puente y en el de la Amistad.

            Técnicos indicaron que sí se tiene en cuenta la estimación de los vehículos, que cruzan la frontera hacía el Paraguay cada día, unos 22.000 según los estudios, a una tarifa de dos dólares por cada transporte, la recaudación anual sería de unos 16 millones de dólares. Como se estima que la inversión total para construir el puente no superaría los 45 millones de dólares, en tres años, con él ingreso calculado, se estará pagando con creces la inversión a realizarse.

            Pero el negocio no termina en esos números, pues quien controle físicamente la frontera, al administrar la totalidad de los puentes, controlará el tráfico fronterizo, que mueve cada año unos 12.000 millones de dólares.

 

 

            LA SUTIL PRESIÓN NORTEAMERICANA PARA ASEGURAR LA ESTABILIDAD DEMOCRÁTICA Y COMBATIR EL NARCOTRÁFICO

 

            Periódicamente, para no decir con frecuencia, fuerzas militares norteamericanas vienen al país con miras -según dicen- a realizar ejercicios combinados con unidades militares, sean de la Armada, la Fuerza Aérea o el Ejército. Las "visitas" están enmarcadas dentro de los programas con diversas denominaciones como ser "Ejercicios UNITAS", "Fuertes Caminos del Sur", por citar algunos casos.

            Los entrenamientos incluyen maniobras para combatir el narcotráfico, entre otros propósitos, tal como afirmó en marzo de 1994 el entonces comandante de la Armada, vicealmirante (SR) Flavio Abadíe. Normalmente, acompañando estas operaciones vienen gigantescos aviones como los C-141, aunque en más de una ocasión fue aclarado por la representación diplomática norteamericana que dichos aparatos solo llegan para traer elementos para la misión militar que los Estados Unidos tienen en nuestro país, y no para transportar armamentos.

            Según versiones, estas maniobras suelen ser aprovechadas también para controlar el área fronteriza ante los frecuentes hechos ilícitos relacionados con el contrabando en las jurisdicciones limítrofes. Las unidades militares estadounidenses, sobre todo aéreas, están dotadas de potentes radares capaces de captar cualquier tráfico ilegal. Y, a propósito de narcotráfico, durante la visita realizada al Paraguay en la segunda quincena de marzo del 96, el subsecretario norteamericano Timothy Wirth declaró: "La pregunta sería que Paraguay se enfrenta con toda esta serie de informaciones y lo que tendría que hacer es convencer a las autoridades sobre lo que deberían hacer y no ser los mejores amigos de los narcotraficantes".

            Las actividades desarrolladas por militares de naciones amigas dentro de nuestro territorio nunca fueron del agrado de Lino Oviedo, a tal punto que se le atribuye haber impulsado la idea del retiro de las misiones militares extranjeras de nuestro país en 1994. Las misiones afectadas fueron las de Argentina, Brasil y de los Estados Unidos. Sin embargo, el embajador norteamericano Robert Service aplaudió -a mediados de mayo del 96- la autorización del Senado para el regreso al Paraguay de las misiones militares extranjeras.

            El Congreso había suspendido dicha cooperación en 1994 a pedido del presidente Wasmosy, inducido por Lino Oviedo con el argumento de que era muy costoso el mantenimiento de dichas misiones. "Es una cooperación importante no solamente en la parte estrictamente militar, sino también en las relaciones cívico-militares. Un país puede aprender de otro las maneras de trabajo para un mejor desempeño. Es importante que existan esas relaciones de cooperación", aseguró el diplomático.

            En más de una ocasión, surgieron versiones de que el extremado celo de Oviedo radicó en el hecho de que el Ejército tenía bajo su dominio gran extensión territorial. Según dichas versiones, el militar no quería que sus jurisdicciones fronterizas con Brasil y Bolivia sean controladas. Tras el golpe de 1989, el predominio físico de la Caballería se extendió aun más en comparación con las otras armas.

 

 

CAPÍTULO V

 

LOS NUEVOS PROTAGONISTAS

 

            EL ANILLO INTERNACIONAL DE SOLIDARIDAD EFECTIVA Y ACTIVA

 

            El fallido golpe del 22 de abril de 1996 en nuestro país no solo demostró que estaban equivocados quienes pensaban que Lino Oviedo era un hombre inteligente, sino también reveló que el Paraguay existe para las grandes potencias y organismos internacionales. Por sobre todas las cosas, afloró un nuevo estilo en el relacionamiento entre las naciones.

            Quedó patente que tanto la comunidad nacional como la internacional ya no están en condiciones de tolerar el rebrote del pasado autoritario que tanto daño causó. Surgió el espíritu de solidaridad entre los pueblos, capaz de enfrentar cualquier embate en defensa de las instituciones democráticas.

            Ni bien se conoció la amenaza de rompimiento de la institucionalidad en nuestro país, los demás gobiernos, bloques regionales y otras organizaciones internacionales se unieron para defender al "amigo en desgracia" y salvarlo de las garras de un golpe militar.

 

            EL PAPEL DECISIVO DE LOS EMBAJADORES

 

             Cuando el gobierno de Wasmosy comenzó a temblar ante la aparición de las primeras y aún aisladas nubes en el firmamento democrático, los embajadores acreditados, con precisas instrucciones de sus gobiernos, la Organización de los Estados Americanos, la Unión Europea, etc., salieron a enfrentar con todas sus fuerzas a la turbulencia que amenazaba con obligar a un brusco cambio de rumbo. Fue cuando aparecieron el embajador de los Estados Unidos de América, Robert Service; de la Argentina, Néstor Enrique Ahuad; de Brasil Marcio D'Oliveira Dias; del Uruguay Federico Bouzá; el nuncio apostólico de Su Santidad, Mons. Lorenzo Baldisseri, quienes desde ese momento prácticamente comandaron la tripulación hasta calmar la tempestad. Wasmosy, hasta si se quiere perdido en el espacio, encontró la fórmula salvadora que lo libró de una inminente caída.

            El papel de las demás naciones, a través de sus representantes diplomáticos, fue decisivo también para superar la crisis, pues sin pérdida de tiempo acudieron al auxilio de nuestro país. Fue muy claro y contundente el mensaje. Ninguna intención golpista iba a prosperar, por lo menos por mucho tiempo. Paraguay, de nuevo, iba a quedar aislado del resto del mundo.

            Evidentemente, Lino Oviedo erró en su cálculo, tal vez traicionado por su desmesurada ambición de poder. Sus asesores (que nunca faltan) cometieron la torpeza de alentarlo en su proyecto, o tal vez, cuando se dieron cuenta de lo que estaba pasando, ya fue muy tarde.

            La intervención del secretario general de la Organización de los Estados Americanos, César Gaviria, fue gravitante y hasta se dijo que fue el que, con su llamada telefónica a Wasmosy en la madrugada del 23 de abril en la Embajada de Estados Unidos, reanimó y fortaleció al Mandatario para continuar dirigiendo los destinos de nuestro país. Localmente, el pueblo paraguayo en general, a excepción del militar y sus leales, respaldó también sin retaceos la gestión del jefe de Estado.

            La dura prueba a la que sometió al país el entonces comandante del Ejército sacó a luz que ninguna nación democrática está sola en la actualidad. Es decir, cualquier intento de quebrar la vida democrática encontrará una valla infranqueable y, lo que es peor, sus propiciadores tendrán los días contados en el caso de que logren eventualmente sus propósitos.

            No sin fundamento, el canciller argentino Guido di Tella dijo que "hace 20 años, opinar sobre la democracia de otro país era considerado interferencia en los asuntos internos. Ahora, los países no solo creemos que tenemos el derecho, sino que tenemos la obligación de intervenir cuando están en peligro la democracia o los derechos humanos". Esta reflexión formuló en Washington, Estados Unidos, durante una visita a principios de mayo del 96.

            Así entendieron los demás gobiernos que, presurosos, respaldaron al Presidente paraguayo. Jefes de Estado y de gobierno, cancilleres y organismos internacionales demostraron que el autoritarismo ya pasó a la historia y que ahora se impone la solidaria defensa de la democracia, porque es entendida como la mejor forma de convivencia entre los pueblos civilizados.

            Fue así que el MERCOSUR lanzó un definido mensaje al mundo de que no solo es una asociación comercial, sino que sus proyecciones van, mucho más allá del marco económico que inspiró su creación. Tanto es así que, a raíz de los sucesos acaecidos, los presidentes Carlos Menem y Fernando Henrique Cardoso, de Argentina y Brasil, respectivamente, coincidieron, ni bien pasó el alzamiento de Oviedo, en la necesidad imperiosa de incluir una nueva cláusula en el Tratado de Asunción, instrumento que precisamente dio vigencia a dicho organismo subregional integrado inicialmente, además, por Paraguay y Uruguay.

            Es así que los presidentes del MERCOSUR se propusieron la incorporación de dicha cláusula que, en adelante, exigirá que los socios sean países con gobiernos democráticos. Es decir, no se permitirá la presencia en el bloque de una nación antidemocrática, y en el caso de que aparecieran serán "extirpadas", sin contemplación, de su seno. En otras palabras, los gobiernos no democráticos no tendrán cabida en la organización.

            Precisamente, este será uno de los puntos fundamentales a ser tratados durante el próximo encuentro que sostendrán, a mediados de año, en Buenos Aires, los mandatarios de los cuatro países.

            La comunidad nacional e internacional sigue y seguirá manteniendo viva en su memoria el duro golpe asestado por Oviedo al pueblo paraguayo; y les será muy difícil olvidarlo. Evidentemente, se trata de una oscura página en nuestra historia. Es por ello que la comunidad nacional exige que sus autores, cómplices y encubridores sean juzgados. Tarde o temprano tendrán que rendir cuentas porque, con seguridad, vendrá el inapelable veredicto de la conciencia ciudadana.

 

            EL "INJERENCISMO DEMOCRÁTICO"

 

            El Dr. José Luis Simón, analista político, sostuvo que con la desobediencia de Lino Oviedo al presidente Wasmosy quedó demostrado que los autoritarios, los totalitarios, ya no tienen futuro. Dijo que pueden incluso derrocar eventualmente a un presidente democrático para instalar "un gobierno títere", pero deben tener la seguridad de que estarán condenados al fracaso en el corto o mediano plazo. Resaltó que con la experiencia paraguaya se develó una nueva manera de relacionamiento internacional, a la que definió como el "injerencismo democrático".

            "A lo mejor pueden llegar a derrocar a un presidente democrático, pueden tomar el poder, pero van a durar muy poco tiempo", aseguró Simón al referirse a los que por medios violentos quieran desalojar a un gobierno constitucional. Sobre el caso específico de Oviedo, afirmó que su alzamiento y eventual éxito podría haber significado mucho daño para el Paraguay porque, lógicamente, una situación de inestabilidad política afecta a todas las relaciones internacionales, a la política, a la economía, y a un montón de aspectos.

            Comentó que hoy día tenemos en América Latina una nueva modalidad en donde todas las democracias tienen que preocuparse precisamente por la defensa de sus instituciones. Aclaro que actualmente existe todo un basamento jurídico dentro de la Organización de los Estados Americanos (OEA), a través de la resolución 1.080 de la Asamblea General que se reunió en Santiago de Chile en 1991. Aclaró que, en virtud de esta disposición, ningún país no democrático puede formar parte de la organización continental. "No se puede estar dentro de la OEA si no hay legitimidad, ni legalidad democrática".

            Recordó que durante la época de las dictaduras, los regímenes autoritarios, totalitarios, utilizaban el famoso argumento de la "autodeterminación, de la soberanía" para someter a los ciudadanos a modelos políticos opresivos.

            Al aludir nuevamente a Oviedo, comentó que, en dicha ocasión, los gobiernos amigos intervinieron no para decirnos lo que teníamos que hacer, ya que no vinieron a imponernos la democracia, sino que intervinieron para neutralizar la fuerza de la prepotencia, del autoritarismo. "Vinieron a neutralizar todo vestigio del pasado porque ya los propios ciudadanos paraguayos estábamos defendiendo nuestras instituciones democráticas".

            Indicó que un supuesto éxito de Oviedo hubiera sido nada más que momentánea. Al tomar el poder tras un golpe de Estado, la sociedad internacional no le iba a reconocer jamás. Afirmó que esto "es muy positivo" y significa "un cambio profundo en las relaciones, en el derecho internacional".

            Al mencionar al MERCOSUR recordó que es un proceso de integración. Acotó que este organismo subregional no tiene aún lo que se llama una Cláusula Democrática, pues el Tratado de Asunción no previó, a pesar de que la democracia está en los antecedentes directos del ente.

            Precisó que, a través de dicha cláusula democrática, ningún gobierno antidemocrático podrá formar parte del MERCOSUR, por lo que esta entidad representará un reaseguro para la democracia.

 

            CRISIS PARAGUAYA MOTIVÓ A GOBIERNOS VECINOS

 

            A propósito, a partir de la crisis militar registrada el 22 de abril, gobiernos vecinos como los de Argentina y Brasil comenzaron a coordinar sus acciones a fin de acordar la inclusión de dicha Cláusula Democrática en el Tratado de Asunción. Esta posibilidad se volvio a exteriorizar durante la visita de agradecimiento que Wasmosy realizó a mediados de mayo a sus colegas Fernando Henrique Cardoso, Carlos Menem y Julio María Sanguinetti. Fue durante una gira relámpago del gobernante compatriota para expresar su reconocimiento a sus demás colegas por el apoyo recibido durante la crisis militar.

            Durante la estada del Mandatario paraguayo en Brasilia se supo que en más de una ocasión el Gobierno brasileño envió misiones militares junto a Oviedo para advertirle acerca de lo riesgoso de su conducta. Según informaciones recogidas en Itamaraty, Brasil estuvo, desde un tiempo atrás, muy preocupado por las permanentes actitudes amenazantes de Oviedo a las instituciones democráticas. Las versiones indican que vinieron hasta misiones militares, a través del Ministerio del Ejército, a fin de sosegar el afán hegemónico del ahora retirado general de Caballería. Brasil protagonizó, junto a los demás gobiernos del MERCOSUR, una efectiva actuación. A más de la participación de su embajador, Marcio D'Oliveira, estuvo en Asunción el viceministro de Relaciones Exteriores, Sebastián Do Rego Barros, quien arribó el martes 23 a la tarde, coincidentemente con los cancilleres de la Argentina, Guido Di Tella, y de la República Oriental del Uruguay, Álvaro Ramos.

            Informaciones difundidas desde la capital norteamericana indicaron que el propio Bill Clinton hizo llegar sus expresiones de complacencia al Gobierno del Brasil por su cooperación para superar el intento golpista en Paraguay. Representantes de los demás gobiernos latinoamericanos y de la Unión Europea respaldaron también plenamente a Wasmosy ante la amenaza del general Oviedo.

 

            AGRADECIMIENTO DE WASMOSY A LA OEA

 

            En agradecimiento por la intervención de la OEA en favor del Gobierno paraguayo durante la crisis, el presidente Wasmosy envió una misiva a dicho organismo continental en la persona de su secretario general, César Gaviria. Remarcó el Mandatario la importancia de la solidaridad demostrada cuando Oviedo se alzó contra el Comandante en Jefe. En su carta, el Presidente puntualizó que la fuerza moral es de mayor poderío incluso que la de las armas.

            El documento fue enviado al Consejo Permanente -cuyo presidente es el embajador de Panamá Lawrence Chewning Fabrega- por "la tan acertada y decisiva actuación" que le correspondió.

 

            PAÍS NO DEMOCRÁTICO ES UN ENFERMO QUE PUEDE CONTAGIAR SU MAL

 

            Para el ex canciller paraguayo Alberto Nogués cambiaron los tiempos y, en la actualidad, ya no se puede hablar de "asuntos internos" de un Estado en forma absoluta, como se invocaba antes.

            Ahora hay una interrelación muy fluida entre las naciones y tanto es así que la democracia "es una filosofía política que interesa a todos los gobiernos". "A la fecha, un país con gobierno no democrático es considerado un país enfermó y, por lo tanto, hay que aislarlo para no contagiar a los demás".

            Al resaltar la solidaridad expresada por los gobiernos amigos y organismos internacionales hacia nuestro país, Nogués explicó que el desarrollo de los pueblos debe ponerse a tono con el mundo y que en este orden debe ubicarse a la democracia.

            Según el ex ministro de Relaciones Exteriores, la democracia ya no es un asunto interno de un Estado, sino una forma de vida que interesa a todos los gobiernos. Refiriéndose al respaldo de la comunidad internacional, agregó que "dé ninguna manera fue una intervención, sino una expresión de voluntad y, por supuesto, una firme manifestación de apoyo a un gobierno surgido de la voluntad popular. Los tiempos modernos exigen superar ese antiguo concepto de asuntos internos de otros estados" concluyó.

 

 

            LA JUVENTUD PARAGUAYA

 

            Posiblemente si los jóvenes no tuvieran la energía suficiente para resistir el mal tiempo de la noche del martes y toda la madrugada del miércoles, el desenlace de la crisis hubiera sido otro.

            La figura de Oviedo generó tanta resistencia de la ciudadanía que podría decirse que desde el golpe de Estado de 1989, la sociedad paraguaya no ha encontrado un "enemigo común" como este. Oviedo produjo el milagro de la casi unanimidad en su contra de una ciudadanía políticamente heterogénea, que no encontró aún la forma de implementar un proyecto alternativo al autoritarismo.

            Con la crisis militar de abril de 1996 emergió en Paraguay un protagonista que estaba ausente en las lides políticas: la juventud.

            A pesar de ser un país con población eminentemente joven, Paraguay tiene un bajo nivel de participación de la juventud. El único caso de éxito electoral que se puede atribuir al electorado juvenil es el triunfo del candidato independiente para la Intendencia Municipal de Asunción, en el año 1991.

            Desde entonces, los jóvenes volvieron a los asuntos triviales. Ni siquiera los centros estudiantiles tuvieron el protagonismo de otras épocas en la transición y, en la práctica, la universidad y el colegio secundario se limitaron a fabricar títulos y diplomas en vez de producir líderes.

            La resistencia ciudadana fue uno de los factores decisivos para que el levantamiento de Lino Oviedo contra la institucionalidad de la República se derrumbara.

            Resistencia ciudadana y anillo efectivo de solidaridad internacional fueron la clave del fracaso de una aventura golpista y los factores de triunfo del ordenamiento constitucional del Paraguay.

            No se puede atribuir a nadie en particular la organización de las manifestaciones de resistencia y protesta, que por momentos se convirtieron en jornadas de apoyo al Presidente de la República, a la civilidad y a la continuidad del proceso democrático.

            Las manifestaciones populares tuvieron las siguientes etapas:

            1. Manifestación, frente al Parlamento, de repudio al levantamiento de Oviedo en contra de la orden del Comandante en Jefe, luego de conocerse el comunicado de la Embajada de los Estados Unidos de América.

            2. Manifestación frente a Mburuvicha Róga en horas de la noche, luego de conocerse la decisión del presidente Juan Carlos Wasmosy de relevar del cargo al comandante del Ejército y del nombramiento en su reemplazo del general Díaz Delmás.

            3. La manifestación frente al Parlamento fue creciendo luego de trascender la intención de Oviedo de atacar la residencia presidencial y de que pensaba permanecer en el cuartel hasta tanto el Presidente no reviera su decisión.

            4. Manifestación, frente al Palacio de Gobierno, de apoyo al Presidente de la República por haber tomado la decisión de relevar del cargo al comandante del Ejército y de mantenerse en su postura.

            5. Manifestación, frente al Congreso, en señal de protesta por el anuncio del Presidente de la República de que Oviedo se avino a entregar el cargo de comandante del Ejército y de aceptar su pase a retiro a cambio de ser nombrado ministro de Defensa Nacional.

            6. Manifestación, frente al Palacio de Gobierno, de protesta por la inminente asunción del general Oviedo al cargo de ministro de Defensa Nacional.

            7. Manifestación y marcha, desde el Palacio de Gobierno hasta el Congreso, de aprobación por la decisión del Presidente de la República de no designar al general Oviedo como ministro de Defensa Nacional.

            Este permanente activismo ciudadano sirvió al propio Presidente de la República como argumento para cambiar de actitud con respecto al titular del Ministerio de Defensa Nacional. "He decidido escuchar la voz del pueblo...", dijo Wasmosy y de esa forma se parapetó en una valla infranqueable, aunque aclaró que no siempre es posible ceder a la presión en cumplimiento de sus atribuciones.

            Lo valioso de la concentración ciudadana durante los cuatro días de la crisis es, sin duda alguna, el rescate de un protagonista que estaba apagado y confundido en el complejo teje y maneje de la transición: la juventud.

            Los jóvenes encontraron un nuevo espacio y empuñaron la herramienta de la participación para acoplarse a la compleja tarea política de construir el bien común.

 

 

CAPÍTULO VI

 

SECUELAS DE LA CAÍDA

 

            CONSECUENCIAS

 

            El pase a retiro de Oviedo tuvo sus consecuencias inmediatas que fueron sentidas por la población en general, y el malestar que dejó él hecho en un sector de las FF.AA. no pudo ser despejado rápidamente por Wasmosy, porque el ex comandante del Ejército se esmeró en hacer creer que las determinaciones tomadas por el presidente Wasmosy, más la presión nacional e internacional, tenían la intención de perjudicar a la misma Caballería, cuidándose muy bien de dejar sentada la idea de que no abandonaba la carrera activa por causa de su conducta personal como oficial del Ejército paraguayo.

            El clima de presión que persistía todavía dejaba al Presidente en la disyuntiva de convivir con aquellos militares que con su apoyo a Oviedo le eran desleales o correr el riesgo y realizar la purga requerida en las Fuerzas Armadas. Finalmente, Wasmosy, a últimas horas de la noche del 6 de mayo, ordenó el relevo en 27 comandancias, jefaturas, prefecturas y direcciones militares, información que el diario ABC Color trajo en su portada al día siguiente como primicia, que tomó de sorpresa a los mismos oficiales que dejaban o asumían cargos.

            Las novedades que se notaron en la Orden General 102 del Comando en Jefe fueron la confirmación del general de división Oscar Rodrigo Díaz Delmás como nuevo comandante del Ejército y el ascenso del general de brigada Pablo Manuel Idoyaga Viera como jefe del Estado Mayor Conjunto. Estos dos oficiales generales estuvieron en la Caballería el 23 de abril, ocasión en que se recordó el Día del Jinete.

            Sin embargo, algunos generales oviedistas debieron dejar sus respectivos cargos y quedar a disposición del Comando en Jefe. Entre ellos estaban los generales de división José Felicísimo Segovia Boltes y Héctor Adriano Ocampos Díaz (este, un oficial de la Fuerza Aérea que no compartió la actitud institucionalista de su arma), y los generales de brigada Pedro Fernando Torres Martínez, Adolfo Segovia Ríos, Antonio Dejesús Martínez, Sindulfo Fernando Ruiz Ramírez y Abilio Giménez Acosta.

            Entre los que lograron permanecer en el cuadro activo y con cargo, además de Díaz Delmas e Idoyaga Vera, están los generales de división Santiago Zaracho Frúcadez y Augusto Núñez González, así como los generales de brigada César Concepción Ferreira Sánchez, Jorge Caballero Silvero, Luis Salomón, Julián Riejo, Cirilo Velázquez Steger; Hernán Oscar Ortiz Núñez, Eulogio Rodríguez y el vicealmirante Andrés Legal Basualdo (oficial de la Armada Nacional que estuvo contra la posición institucional de la Marina).

            "Es que no se puede tomar una determinación muy drástica, las heridas siguen latentes", comentó días después un ministro del Poder Ejecutivo, defendiendo el proceder del Presidente. Sin embargo, el mismo ministro de Defensa Nacional, Dr. Hugo Estigarribia Elizeche, comentó que podrían producirse más cambios y que el objetivo final es la institucionalización de las Fuerzas Armadas, dejando la sensación de que antes de concluir el período '96 habrá más modificaciones dentro de la institución armada.

            Con el correr de los días, las heridas descritas por el secretario de Estado seguían sin ser curadas. En su ánimo de recomponer la relación entre los oficiales de la Caballería y el Comandante en jefe, Wasmosy participó el 9 de mayo de un desayuno con la mayoría de los oficiales generales de la Caballería en el Primer Cuerpo del Ejército. Los medios de comunicación no ingresaron en la unidad militar, sin embargo, la Dirección de Informaciones de la Presidencia de la República proporcionó a los medios escritos las fotos de la reunión, dónde Wasmosy aparecía rodeado de los generales de la Caballería, y presentándose oficialmente la visita como un acto normal, casi protocolar.

            Unos días después la prensa tuvo acceso a una grabación que contenía parte de la arenga de Wasmosy a los oficiales. El Presidente, según dicha grabación, prometió impunidad a los militares, diciendo que nadie de ellos será juzgado mientras él esté como Comandante en Jefe. Para más, se lanzó con graves epítetos contra los legisladores, a quienes calificó de irresponsables e ineficaces y de estar obstaculizando la sanción de leyes en el Congreso Nacional. Así, Wasmosy pasaba nuevamente a convertirse de héroe a villano, para muchos por el deseo inmenso que tiene de quedar bien con él grueso de los militares, en este caso, quienes justamente apoyaban la idea de Oviedo de que el Presidente fuera removido del cargo.

            El simple hecho de la entrega, de parte de los mismos militares, de la grabación de las expresiones del Presidente a la prensa muestra que todavía hay un foco o grupo desleal al Comandante en Jefe. En otras palabras, el peligro o una eventualidad de posibles nuevos quebrantos del proceso institucional no ha sido del todo aplacado. Es más, algunos oficiales interrogados por los autores de este libro dijeron que los oviedistas muy bien pudieron haber cambiado de táctica sobre la marcha para evitar que todos pasaran a retiro. Es decir, que como vieron que la aventura mesiánica de Oviedo no tendría éxito, por la presión nacional e internacional, optaron por decidir entre ellos quiénes serían sindicados como los malos de la película, manteniendo su lealtad a Oviedo, y quiénes supuestamente se arrepentirían por el camino, para ganar la indulgencia del Comandante en Jefe.

            Recién el 22 de mayo, el coronel DEM Carlos Alberto Ovando, titular de la Dirección de Comunicación Social de las Fuerzas Militares, comunicó oficialmente que el Comandante en Jefe decidió remover al general de división Santiago Zaracho Frúcadez de la comandancia del Primer Cuerpo de Ejército. Asumió el cargo el general de división Evaristo González, hombre de confianza del presidente Wasmosy, quien se desempeñaba como jefe del Gabinete presidencial. Zaracho, el día 23 de abril, en el Día del jinete, hizo un discurso alabando a la Caballería, cuidándose muy bien de no insistir en la figura de Oviedo como tampoco insinuar algún comentario a favor o en contra del Comandante en Jefe. Lo cierto es que hasta el momento de la impresión de este libro continuaban en el cargo otros oviedistas, como Díaz Delmás e Idoyaga Viera. El primero, en la comandancia del Ejército, y el segundo en la jefatura del Estado Mayor Conjunto. Otros fueron mantenidos en el cargo o solo relevados, hechos que invitan a pensar sobre la táctica de última hora decidida por los oviedistas para no perder definitivamente el espacio dentro de la organización militar. Es una hipótesis que solo el tiempo podrá aclarar.

            La otra consecuencia directa del retiro de Oviedo fue que este general (SR), sin otra alternativa en la mano, optó por crear su propio movimiento partidario, UNACE (Unidad Nacional de Colorados Éticos), con lo cual se desprendió de su eterno brazo político, Blas N. Riquelme, quien se ha quedado con el grupo denominado Coloradismo Democrático (CODEM).

           

            EMBAJADOR BRASILEÑO CONFIRMA PRESIONES DE OVIEDO

            PARA OBTENER RENUNCIA DE WASMOSY Y SEIFART

 

            Un mes después de los acontecimientos que conmovieron a la ciudadanía, el embajador brasileño en el Paraguay, Marcio D'Oliveira Días, concedió una entrevista al diario ABC Color, en la que aclaraba no recordar si la propuesta de ofrecer el Ministerio de Defensa Nacional al general Lino Oviedo partió de alguno de los embajadores que acompañaron al presidente Wasmosy en la vigilia de los días 22 y 23 de abril del año en curso. Sin embargo, por primera vez, en forma oficial, el diplomático confirmaba que el rebelde militar presionó al Mandatario para presentar su renuncia juntamente con la del vicepresidente de la República, Ángel Roberto Seifart.

            El embajador destacó que no recordaba de quién fue la idea de ofrecer el Ministerio de Defensa a Oviedo, pero indicó que la misma no partió de ningún diplomático extranjero.

            Resaltó que el ofrecimiento planteado fue del agrado de los embajadores que acompañaron permanentemente al presidente Wasmosy durante los días de crisis.

            Tanto para el titular del Ejecutivo como para los embajadores era esencial y preciso ganar tiempo y lograr que no se produjeran enfrentamientos entre las fuerzas leales al militar y al Comandante en jefe.

            Marcio D'Oliveira Dias remarcó que la oferta de un ministerio era importante porque, en los términos de la Constitución, la aceptación de la propuesta implicaba el pase a retiro del militar.

            Significó que dicha medida sí era vital, "pues al dejar Oviedo el Comando del Ejército, enseguida desaparecería el apoyo militar con que podría contar".

            "En resumen -dijo-, fue como una traqueotomía en alguien que se está sofocando. Era esencial en ese momento abrirle la tráquea, sea como sea, para permitirle respirar".

            Seguidamente, el diplomático comentó que, después del pase a retiro, "se cuida de completar la cirugía de forma más prolija", con lo que confirmaba las versiones de que la suerte del militar rebelde estaba echada de antemano y que su destino era el relevo de su cargo y el pase a retiro en forma definitiva de las FF.AA.

 

            APOYO DE PAÍSES DEL MERCOSUR Y ESTADOS UNIDOS FUE DECISIVO

 

            El diplomático también confirmó que para la solución del impasse fue importante la acción de la clase política y, más que todo, de la sociedad paraguaya.

            "Sin duda, el apoyo objetivo e inmediato de los países amigos, notadamente los de MERCOSUR y los Estados Unidos, cuyos representantes prestaron en todo momento al Gobierno constitucional su irrestricta solidaridad, fue decisivo", agregó al destacar la participación que tuvieron los representantes diplomáticos de Argentina, Brasil, Uruguay y EE.UU.

            Marcio D’Oliveira Días reconoció que acompañó a Wasmosy "un buen número de horas", pero aclaró que no durante toda la crisis. Refirió que en esos momentos quedó impresionado por la serenidad del Presidente y su infaltable determinación de no permitir el derramamiento de sangre.

            Alabó la gestión del Dr. Domingo Laíno, la que calificó de discreta y objetiva. Indicó que la misión del político opositor fue intentar ganar tiempo para permitir la movilización de las fuerzas democráticas de la ciudadanía y la ampliación del apoyo de los países amigos de Paraguay.

 

            INTENTO DE "GOLPE BLANCO" DE OVIEDO

 

            El embajador del Brasil comentó también que Laíno se mostró preocupado por el desarrollo de los acontecimientos y que en la mañana del 23 de abril, alrededor de las 06:30, le buscó para conocer la evolución de los hechos.

            "Al saber del intento de golpe blanco (renuncia del presidente Wasmosy y del vicepresidente Seifart), tomo la iniciativa de proponer al Congreso la aprobación de un documento oficial por el cual se disponía a no examinar ningún pedido de renuncia en aquel momento, ya que sería claramente forzada", reveló el diplomático confirmando de este modo que Oviedo presionó para obtener la renuncia del titular del Ejecutivo y su compañero de gabinete.

            Casi un mes después del intento de golpe del general de Caballería, el embajador brasileño ratificó oficialmente las verdaderas intenciones del caudillo militar que puso en jaque por tres días al proceso democrático del país.

            Marcio D'Oliveira Días terminó la entrevista resaltando la labor de la clase política, de los militares institucionalistas que cumplieron su rol, de la juventud del país y del espíritu demostrado por toda la ciudadanía para defender la democracia en el Paraguay.

 

            INTERESES COMERCIALES

 

            Otra secuela del retiro de Oviedo fue la declaración del doctor Francisco Appleyard ante la Comisión Bicameral de Investigación (CBI). Fue en la tarde del 21 de mayo, cuando el asesor legal del ex comandante del Ejército afirmó que Lino Oviedo fue relevado de su cargo por "intereses comerciales del presidente Wasmosy", la lucha interna colorada y sus reiteradas denuncias de corrupción en la administración púdica, como IPS, INC, Puertos, entre otras entidades. Reveló algunos aspectos de la crisis militar, como la destrucción de un avión T33 de la Fuerza Aérea en la estancia particular del titular del Ejecutivo.

            Appleyard es un ex juez y hombre de entera confianza de Oviedo. Fue el primero en presentarse ante la Comisión Bicameral de Investigación para dar su versión respecto a la intentona golpista del ex comandad del ejército en la última semana de abril pasado. El mismo, en un relato de casi cuatro horas (3:50 horas), aseguró que el anuncio de un posible golpe de Estado, que puso en zozobra a la población en la noche del 22 y 23 de abril pasado, fue producto de una "sicosis" del titular del Ejecutivo.

            Compareció en compañía de varios abogados y senadores oviedistas e intentó presentar al ex comandante del Ejército como víctima de los intereses comerciales de Wasmosy, y que la principal causa de su alejamiento de la carrera activa fue su lucha contra la corrupción. Aseguró con insistencia que Oviedo no estaba amotinado y que el ambiente de tranquilidad que se vivía en la Caballería, como calificó ante la CBI, era como de Navidad".

            Appleyard volvió a relatar lo que había dicho a la prensa respecto de una grabación de la reunión del jueves 25 de abril en el salón auditorio del Comando en jefe, oportunidad en que el Primer Mandatario, ante la presencia de toda la cúpula militar, explicó los motivos por los que resolvió pasar a retiro a Oviedo.

            Según la versión del ex magistrado judicial, Wasmosy dijo que lo relevó a Oviedo porque este le traicionó al influenciar en unos senadores para no apoyar la aprobación del proyecto de la construcción de un nuevo puente internacional sobre el río Paraná a la altura de Pdte. Franco y el cobro de peaje sobre el Puente de la Amistad.

            Appleyard aclaró que él no tiene la grabación de esa reunión, pero que Oviedo la tendría y que la daría a conocer a la Bicameral.

            El ex juez luego hizo una larga exposición en que relató los casos de corrupción de los que Oviedo se había enterado e investigado, y de los cuales informó a Wasmosy, solicitando al Mandatario que tomara las medidas adecuadas para que su gobierno no cayera por las escandalosas ilegalidades. Appleyard habló de recaudaciones irregulares con depósitos de dinero del IPS en que aparecen involucrados el cuñado del Presidente de la República, Ricardo Carrasco; el banquero procesado Miguel Kemper, Fermín de Alarcón, entre otros.

            Relató también casos de corrupción en Puertos, que consisten, según la versión, en construcciones innecesarias y la utilización de empresas dragadoras de José Espínola Manzoni, director de Privatizaciones, pese a que la entidad portuaria cuenta con suficiente equipamiento. Manzoni, en este caso, se defendió en una reunión de la alta cúpula política, diciendo que las diferencias en dinero las daba al titular de Puertos y ex presidente de la Junta de Gobierno del Partido Colorado, Eugenio Sanabria Cantero, y al mismo vicepresidente de la República, doctor Ángel Roberto Seifart, de acuerdo con la exposición que brindó a la CBI.

            En el tema de las internas coloradas, que es otra de las supuestas causas que motivaron el retiro de Oviedo, Appleyard comentó pormenorizadamente cómo el presidente Wasmosy, con el argumento de que con el triunfo de Argaña iba a volver el stronismo, intentó manipular personalmente a los miembros colorados del Tribunal Electoral de la Capital Eduardo Giménez Rabito y Andrés Bogado Romero.

            Appleyard habló, por otra parte, del pedido de "licencia temporal" a su cargo de Presidente de la República y de Comandante del Ejército que Wasmosy envió a Oviedo en la Caballería en la noche del 22 y 23 de abril último. Reveló que los portadores de dicho pedido fueron el titular del Congreso, Rafael M. Casabianca y Hugo Aranda, y que el ex comandante del Ejército lo buscó a Seifart para que él asumiera la conducción del país.

            Appleyard, en todo su relato, se cuidó en hacer entender que Oviedo no estaba insurrecto, y puntualizó que la mejor prueba de ello es que entregó su cargo durante un acto solemne el 24 de abril, presidido por Wasmosy y avalado por el secretario general de la OEA, César Gaviria, y varios embajadores. Finalmente, dijo que cualquier militar insurrecto termina en la cárcel, o se escapa, y no como su líder, que pasó a retiro con todas los requisitos formales.

            Fue evidente que la declaración de Appleyard buscó justificar y defender a su "líder" y "patrón", en este caso Lino Oviedo, y, por el contenido de la misma, ha sido incluida en este trabajo minutos antes de su impresión.

            Ahora, Oviedo está en la arena política, dentro del marco de la ley, pero tiene encima un juicio en la justicia ordínaria y otro dentro del estamento castrense que impulsa la Suprema Corte de Justicia Militar. Ambos deberán dictar sentencia sobre su posible acto de sedición por su insubordinación contra el Comandante en Jefe. Un desafío que le espera a las dos instancias, cuyas resoluciones podrían servir para embretar el rumbo de la República del Paraguay hacia un verdadero estado de derecho.

            Lo categórica es que el 22 de abril se gestó el ocaso del Jinete, en este caso del ahora retirado general de división Lino César Oviedo, oficial de la Caballería.

 

CONCLUSIÓN

 

            Por las reacciones populares de apoyo a la institucionalidad, se puede concluir que el relevo y el posterior pase a retiro del general Oviedo constituían un deseo largamente acariciado por la ciudadanía. Sin embargo, no puede decirse que con este hecho se haya consolidado la naciente democracia y menos aun que se tenga por decretada la defunción del militarismo en el Paraguay.

            La estructura de las Fuerzas Armadas permite el surgimiento de otros Oviedos en el futuro, ya que lo ocurrido fue sencillamente el marginamiento de un caudillo más en la larga historia del Paraguay.

            Si los líderes civiles y los jefes militares con formación democrática no encaran con urgencia el rediseñamiento de una organización militar acorde a las necesidades reales de la nación y al nuevo orden internacional, Paraguay seguirá soportando por años y décadas los sobresaltos de un poder de facto en constante competencia con el poder civil surgido de las contiendas electorales, que, aunque bien o mal llevadas, son el producto del consenso y de la observancia del ordenamiento jurídico del país.

            De cualquier manera, el ocaso de Oviedo significa, sin duda alguna, un duro revés a la mentalidad golpista que aún existe en las instituciones castrenses de América Latina; un retroceso para los retardatarios y un suspiro de tranquilidad, por lo menos momentáneo, para quienes están convencidos de que los votos deciden y las botas acatan.

 

 

 

CAPÍTULO VII

 

ANEXOS

 

            ENTREVISTA CON EL EMBAJADOR DE LA REPÚBLICA ARGENTINA SR. NÉSTOR ENRIQUE AHUAD

 

            "Si el Gral. Oviedo llega a ser presidente de la República del Paraguay en 1998, será porque los paraguayos quieren. Escuché decir a algunos oviedistas que perdieron un general, pero ganaron un demócrata... Ojalá. El régimen democrático permite que muchos antidemocráticos se vuelvan democráticos por obra del voto popular". Estas reflexiones pertenecen al embajador argentino Néstor Enrique Ahuad, quien durante una conversación reveló pormenores de la crisis militar encabezada por Lino Oviedo. Dijo que el citado militar se propuso una misión suicida al querer interrumpir el proceso democrático porque sabía perfectamente lo que le esperaba, en caso de consumar su objetivo.

            -Usted fue uno de los embajadores que acompañaron muy de cerca a Wasmosy durante la reciente crisis militar. ¿Fue una iniciativa suya, un pedido del Presidente, o recibió una misión de su gobierno?

            - Mi actuación fue en nombre de la República Argentina y obedeció a una orden del presidente Carlos Menem, quien pidió defender a toda costa el proceso democrático y constitucional del Paraguay. Y creo que lo mismo ocurrió con los otros embajadores. Sin interferir ni entorpecer la tarea del Gobierno ni del pueblo paraguayo en la resolución de su propia crisis, y sin intervenir en los asuntos internos, le hicimos saber a Wasmosy que en esta situación Paraguay no estaba solo.

            - ¿Cuándo y cómo se enteró de la crisis militar?

            - Yo recibí un informe del Gobierno paraguayo y comuniqué inmediatamente al mío. Eran las 14:00, más o menos, del lunes 22. Recibí instrucciones de Menem, para contribuir de alguna manera en la defensa del proceso. Mi presidente se puso luego en contacto telefónico con Wasmosy y desde allí ya estuvieron en permanente comunicación.

            - ¿Una vez enterado, se comunicó directamente con Wasmosy?

            - Previamente vino a la Embajada un emisario de Wasmosy para relatarme lo que estaba ocurriendo. Después me reuní con el embajador estadounidense, Robert Service, y el del Brasil, Marcio D'Oliveira. No pude hablar con el de Uruguay, Federico Bouzá, porque estaba esa tarde en Ciudad del Este.

            - ¿Fueron luego a Mburuvicha Roga?

            - Sí. Estuvimos allí con Wasmosy. Nos informó lo que estaba sucediendo y, desde nuestra responsabilidad, estuvimos a su lado tratando de buscar una solución.

            - Fueron también a la Caballería esa tarde. ¿Lo hicieron a pedido de Wasmosy o de sus gobiernos respectivos?

            - Fuimos con los embajadores Service y D'Oliveira, pero nos informaron en la Caballería que Oviedo no estaba allí. Fuimos por instrucción de nuestros gobiernos. Wasmosy no nos pidió absolutamente nada.

            - Qué iban a decir a Oviedo si le encontraban?

            - Hacerle conocer el pensamiento de los gobiernos de Argentina, del Brasil, de los EE.UU. y el de la OEA con respecto a lo que sería una posibilidad de que hubiere en el Paraguay alguna salida no democrática a la crisis interna. Oviedo fue incluso un amigo de las FF.AA. de la Argentina, del Brasil. Tenga en cuenta que el sábado anterior a la crisis fue condecorado por las FF.AA. del Brasil y unos tres meses antes por el Ejército argentino. En base a esto quisimos hablar con él para explicarle que cualquier situación que soslaye los mecanismos institucionales no iba a tener buen resultado desde el punto de vista internacional. Cualquier ruptura del orden institucional iba a generar un aislamiento, una censura de la OEA, un rechazo de la comunidad internacional, con lo cual se haría inviable cualquier proyecto que no tenga como base la expresión popular.

            - ¿Usted creyó que Oviedo no estaba o simplemente no los quiso recibir?

            - Yo estaba seguro de que él se encontraba en su cuartel y que no nos quiso recibir.

            - ¿Esa actitud qué representa para un diplomático?

            - Nosotros analizamos y dijimos que fue una táctica de Oviedo, dictada por la circunstancia. No tenía mayores argumentos valederos y él estaba consciente de eso. No fue un desprecio, ni falta de consideración hacia nuestros países. El estaba seguramente un poco aturdido también por la derivación que estaban teniendo las cosas, desfavorables lógicamente para sus pretensiones. A lo mejor pensó que iba a tener apoyo en la ciudadanía.

            - ¿Luego volvieron Mburuvicha Roga?

            - Exacto. Estuvimos allí reunidos. Le comentamos a Wasmosy que fuimos y lo infructuosa de nuestra misión.

            - ¿Cómo recibieron los embajadores la propuesta de Wasmosy de nombrar ministro, de Defensa a un militar sedicioso?

            - Yo escuché esa versión en el despacho presidencial del Palacio, al día siguiente, el martes a la mañana, cuando se estaba negociando una salida a la crisis.

            - ¿Tal ofrecimiento fue una idea de Wasmosy o una sugerencia de algún embajador?

            - Supongo que surgió del equipo que trabajaba con el Presidente en su círculo más íntimo. Yo no participé en nada. Fueron algunos amigos suyos cuyos nombres no tengo presentes.

            - ¿Quién fue el emisario de Wasmosy que el lunes a la siesta llegó junto a usted para informarle de la situación?       

            - Yo no quiero decir el nombre, pero es una persona muy allegada al Presidente, que está todos los días con él. Estuvo acá donde estamos nosotros, en mi despacho.

            - ¿Es un civil?

            - Por favor. No quiero decir el nombre. (Se ríe). No es que sea un secreto de Estado, sino me parece que corresponde al Presidente individualizarlo, en todo caso.

            - ¿Usted, personalmente, cómo recibió el ofrecimiento de una cartera a Oviedo tras su alzamiento?

            - Mire, yo puedo opinar muy poco debido a mi condición de extranjero, pero mi razonamiento fue que Paraguay buscaba la salida a su crisis como los paraguayos creen que mejor deben resolverla, sin abrir juicio de si estaba bien o mal. Sin embargo, en mi país, por ejemplo, en el caso de que haya un general sedicioso hoy por hoy, a esta altura de nuestra democracia, esto sería visto muy mal como en cualquier otro país que se precie de democrática

            - ¿Oviedo incurrió o no en un acto de sedición?

            - Eso tiene que decidir la justicia paraguaya. Yo no puedo abrir juicio, pero, normalmente, en una democracia ya bien fundada, con todos los mecanismos funcionando, con un Poder judicial independiente, solucionar una crisis dándole un ministerio a quien se resistió de alguna manera a una decisión presidencial sería bastante anómala. Para la comunidad internacional sería una cosa exótica que, un rebelde sea ministro. Sería por lo menos no común, no corriente. Por otro lado, habría que tener en cuenta que Paraguay es un país que empieza con una democracia todavía endeble, primaria, que recién está dando sus primeros pasos. Por lo tanto, tambaleante, bamboleante, en cierto aspecto casi sonámbula. Pero premiar a un rebelde no es justo.

            - ¿Estaba usted en Mburuvicha Róga cuando Wasmosy recibió la amenaza de Oviedo de bombardear la residencia? ¿Usted creyó en aquella amenaza?

            - Había gente que estaba convencida de que iba a ocurrir esto. Yo no creí tanto, pero no tenía tampoco elementos suficientes como para decir que iba a ocurrir o no. Simplemente tuve una sensación interior de que no pasaría nada de eso y felizmente así fue.

            - ¿Qué dijo Wasmosy cuando recibió ese mensaje? ¿Por qué vía recibió?

            - No sé si fue a través de una llamada telefónica o no, pero me enteré de tal amenaza. Wasmosy estaba necesitando apoyo. Nuestra presencia, desde el punto de vista personal y humano, la recibió con mucha emoción. Eso lo reconfortó y lo ayudó porque en algún momento él manifestó que nuestra compañía lo ayudaba como persona para sacar a flote la situación. Ciertamente él estaba muy preocupado porque ningún gobernante tiene experiencias para resolver este tipo de problemas en que estaba en peligro la vida de muchos paraguayos.

            - ¿Estaba nervioso el Presidente?

            - Todos los estados de ánimo pasaron por su cabeza. Imagínese que esté pensando que puedan morir inocentes, que pueda interrumpirse el proceso constitucional de su patria. Por momentos estaba muy preocupado, nervioso y, por ahí también, decaído por las diferentes noticias que llegaban.

            - ¿Fumaba mucho su habano?

            - No lo vi fumando mucho esa noche.

            - ¿Se dijo que, en algún momento, Wasmosy pidió a sus acompañantes salir de Mburuvicha Róga, para evitar la muerte de inocentes? ¿Fue así?

            - Cuando yo estaba allí no escuché nada de eso. Son detalles. Lo importante es que el Presidente paraguayo es un presidente constitucional y que así lo entendemos en el MERCOSUR y la comunidad internacional. El es el representante de la democracia en el Paraguay y la democracia se corporiza en su persona en este país.

            - ¿De cualquier manera, y ahora que todo pasó, la crisis dejó algún mensaje para los militares?

            - Sin ser el primer antecedente, este fue muy buen antecedente para la reafirmación de la democracia. En Haití pasó algo similar, como también en otros lugares, pero acá en el Paraguay, que es el corazón del MERCOSUR, la democracia no se interrumpió por diversos factores. ¿Qué significa esto? Que el MERCOSUR no es solo una cuestión económica entre cuatro países para ver quién gana más, sino que también conlleva una solidaridad. Y a partir de este bloque, aparecieron los EE.UU., la Comunidad Europea, la OEA y todo el globo apoyó el proceso democrático.

            - ¿Usted cree que Oviedo desconocía todos estos factores?

            - Yo creo que una persona que tuvo una trayectoria fundamental en un país, y que tiene una historia personal, no puede desconocer esta situación. Oviedo tuvo una charla con Guido Di Tella y le dijo a mi canciller que le transmita a Menem que no iba a desconocer todo lo que significa el MERCOSUR. Oviedo sabía perfectamente cuál era la situación y las consecuencias que podrían aparejar.

            - ¿Es un suicida?

            - Acá ni en ningún lugar del MERCOSUR durará más de 90 días ningún gobierno no democrático. Vendrá de nuevo el aislamiento internacional y verdaderamente fue una misión suicida la que se propuso. MERCOSUR va a incorporar una cláusula que hará indispensable que los integrantes tengan gobierno democrático. De hecho existe, pero ahora se convertirá en una norma escrita.

            - ¿Cuál fue la causa real que motivó la decisión de Wasmosy de pasar a retiro a Oviedo? ¿El Presidente no le comentó en algún momento?

            - Yo desconozco. Lo único que nos comentó el Presidente fue que él necesitaba hacer este cambio para poder gobernar con más tranquilidad y con más soltura porque tenía una especie de contrapeso entre las actitudes de Oviedo y su tranquilidad para manejar el gobierno. Por lo tanto, el comandante en jefe decidió separar a un subalterno y me parece que, desde el punto de vista de los mecanismos de la democracia, fue una decisión impecable porque para eso es el comandante en jefe de las FF.AA. Es el presidente elegido por los paraguayos.

            - Ahora que el militar sublevado se lanzó a la política partidaria, ¿cómo vería la comunidad internacional su eventual acceso a la presidencia de la República en 1998?

            - El pueblo es soberano. Lógicamente, para ser presidente, Oviedo tendrá que, previamente, obtener el respaldo popular, en cuyo caso la comunidad internacional no podrá decir absolutamente nada. Estamos hablando de elecciones libres y limpias. Sea Oviedo o quien fuese el candidato, si gana en las urnas, no habrá reparos. Son los paraguayos los que van a elegir para su presidente y lo tendrán que elegir por el voto. Nosotros no tenemos nada que ver. Ahora, si accede a la presidencia por medios violentos, bueno, allí tendremos protagonismo porque Paraguay será aislado internacionalmente, en el caso de un golpe de Estado por ejemplo, pero si ustedes lo eligen, ¿qué podemos hacer? En democracia hay que aceptar lo que nos gusta y lo que no nos gusta. El régimen democrático permite que muchos antidemocráticos por obra del voto popular se vuelvan democráticos. A propósito, escuché en estos días que los oviedistas perdieron un general, pero ganaron un demócrata. Ojalá, ojalá..., concluyó el embajador Ahuad.

 

 

            ENTREVISTA AL SENADOR MILCIADES RAFAEL CASABIANCA, PRESIDENTE DEL CONGRESO NACIONAL

 

            - ¿Cómo se involucra personalmente en el tema del levantamiento del general Oviedo?

            - Aproximadamente a las 16:00 del lunes 22 de abril mis colegas del Parlamento me informan que existen versiones de un levantamiento del general Oviedo contra un orden de su comandante en jefe y que estaba decidido a resistir en la Caballería. Me pongo en contacto con el presidente Wasmosy quien me confirma la versión y me dice que el general Oviedo no acata una decisión del Comando en jefe y que está atrincherado en su cuartel. También me dice que esperaba que depusiera su actitud. "He dado una orden para que entregue su comando al general Díaz Delmás y esa es la situación", me dijo el Presidente.

            - ¿Qué hizo entonces?

            - Hablé con unos colegas a quienes manifesté mi deseo de mediar en la cuestión. Dialogué de nuevo con el presidente Wasmosy y le pregunté si podía interceder ante el general Oviedo para tratar de encontrar una salida a la crisis. Wasmosy, me dijo que cualquier cosa que se pudiera hacer para evitar un derramamiento de sangre estaba bien. En ese instante creí que era mi deber y mi responsabilidad realizar gestiones para evitar la profundización de la crisis pese a que numerosos amigos me dijeron que no era conveniente mi participacion y me aconsejaron abstenerme de mediar en el caso.

Alrededor de las 18:00 resolví visitar a Oviedo en su cuartel para lo cual hablé telefónicamente con su ayudante y le expresé mis deseos. Me dijeron que el general estaba dispuesto a recibirme y me dieron instrucciones para llegar hasta la Caballería por una entrada lateral.

 

            LA PRIMERA REUNIÓN CON OVIEDO

 

            - ¿A qué hora se produjo ese primer encuentro?

            - Fue alrededor de las 18:30 cuando me trasladé personalmente hasta el cuartel de la Caballería.

            - ¿Cómo encontró la unidad militar? ¿Con guardias reforzadas y militares en estado de guerra?

            - Si, efectivamente, la guardia estaba reforzada y estaban los tanques que me dijeron que trajeron de Cerrito.

            - ¿Dónde se realizó ese primer encuentro?

            - En su domicilio particular de la Caballería. En lo que vendría a ser su oficina. Estaba el solo en ese lugar.

            - ¿Cómo encontró a Oviedo? ¿Estaba tenso?

            - No. Al contrario, me llamó la atención su tranquilidad. Le expliqué los motivos de mi presencia y la preocupación existente por la situación que se originó por su resistencia a acatar su relevo del Comando del Ejercito.

            -¿Cuál fue la explicación a su actitud de rebeldía?

            - Me detalló su posición desde el mismo momento que participó del golpe del '89. Me dijo que hizo la revolución para traer la democracia en el país, y para desterrar la corrupción. "Aquí no se combatió la corrupción, cada vez hay más corrupción y, aparentemente, se va a permitir la vuelta del stronismo con el triunfo del argañismo. Ese grupo tiene mucha gente del stronismo y corremos el riesgo de volver al sistema anterior. No es justo que mis camaradas y yo hayamos desterrado el stronismo para que ahora el presidente tome una determinación ilegal e injusta de relevarme del cargó", me dijo Oviedo.

            - ¿Por qué consideraba injusto e ilegal su relevo de la comandancia del Ejército?

            - Según me explicó era ilegal porque no se hizo un sumario, no había una orden general escrita y no se llenaron las formalidades para relevarlo del cargo. Dijo que las órdenes no tenían valor y recalcaba que eran injustas. Aclaró que no acataría esa orden por los motivos señalados y que permanecería en el cuartel hasta que se modificara la situación.

            - ¿Puso alguna condición para superar la crisis en ese momento?

            - Si. La modificación de esa orden de relevo por injusta e ilegal. El insistió en que no se consideraba destituido y que por lo tanto iba a permanecer en su cuartel hasta tanto se modificara la situación.

            - ¿Hubo otros factores que determinaron su posición de rebeldía?

            - El general Oviedo hizo mucha mención a la corrupción existente y la falta de respuesta de parte del gobierno para superarla y combatirla con efectividad. Concretamente, citó la corrupción existente en la administración de Puertos, donde mencionó que se realizan grandes negociados con la arena para las construcciones por sumas millonarias en dólares. También citó el contrabando en el Este pero no hizo cargos personales.

            - ¿Hizo alguna mención a la construcción del Puente en Presidente Franco, que según se dijo fue el detonante de la crisis entre Oviedo y Wasmosy?

            - No. Sé que se menciona ese tema como un antecedente inmediato de las medidas tomadas por el presidente, pero él no dijo nada al respecto. Se comentó que los legisladores oviedistas recibieron instrucciones del general para rechazar el tratado para construir el puente y votar en contra en el Parlamento, pero no dijo nada sobre el tema.

            - ¿Que le respondió a Oviedo luego de escuchar las razones de la actitud de rebeldía que adoptó?.

            - Le dije que la gente interpretaba su posición como una actitud de alzamiento y subversión contra el orden establecido. Le agregué que transmitiría sus condiciones al presidente de la República para ver qué actitud se tomaría respectivamente.

            - ¿Cuánto tiempo duró esa primera reunión?

            - Aproximadamente una hora y media o dos.

            - ¿Oviedo señaló en esa oportunidad que estaba dispuesto a utilizara las FF.AA. en caso de no cumplirse con sus condiciones?

            - No. En ningún momento pronunció esa amenaza pero insistía en que se mantendría dentro de su cuartel hasta que se modificara la orden general de su relevo.

            - ¿Tampoco le dijo que acciones tomaría en caso de que el presidente Wasmosy se mantuviera firme y en su posición?

            - Le dije que transmitiría sus condiciones al presidente, pero tampoco le dije nada respecto de la actitud beligerante que iba adoptando porque si así lo hacía ya era una acusación que estaba lanzando en su contra.

            - ¿Luego se trasladó a Mburuvicha Roga?

            - Sí. Inmediatamente me trasladé hasta la residencia presidencial donde encontré a Wasmosy con una serie de colaboradores. Note al presidente muy preocupado, diría que hasta nervioso. Le comenté lo que me dijo Oviedo y fue allí que me expresó: "Prefiero renunciar a tener que revocar la orden que di porque voy quedar en una situación de total falta de autoridad si modifico esa resolución". Eso me expresó alrededor de las 20:30 del lunes.

            - ¿El Presidente hizo algún comentario cuando usted le manifestó que Oviedo consideraba ilegal o injusto su relevo?

            - No. Me dijo simplemente que era una orden que el general debía acatar y punto.

            - ¿Le explicó cuáles fueron las razones de su determinación para ordenar el relevo de Oviedo?

            - No. En ningún momento me dio esa explicación.

 

            LA SEGUNDA REUNIÓN CON OVIEDO:

            SURGE POSIBILIDAD DE RENUNCIA DE WASMOSY Y SEIFART

 

            - ¿Qué hizo luego de salir de Mburuvicha Róga?

            - Fui a visitar a mi suegra, que es la madre del Ing. Jiménez Gaona, para felicitarla por su cumpleaños, y posteriormente me trasladé de nuevo hasta la Caballería, porque prometí al general Oviedo volver con una respuesta del presidente Wasmosy. Eso se produjo alrededor de las 21:30.

            - ¿Seguía el general Oviedo solo en su domicilio?

            - No. En ese segundo encuentro ya se encontraba presente el doctor José Francisco Appleyard.

            - ¿En esa ocasión pudo conversar con alguno de los generales leales a Oviedo?

            - En realidad a los que encontré hablando con el general Oviedo fueron los generales Santiago Zaracho (comandante del Primer Cuerpo de Ejército) y Oscar Díaz Delmás (hasta ese momento jefe de Estado Mayor Conjunto de las FF.AA.). El general Oviedo me los presentó. Creo que estaba otro general, pero no me acuerdo del nombre. Aclaro que en ningún momento estos generales participaron de la reunión.

            - ¿Qué le expresó a Oviedo?

            - Le dije que el Presidente se mantenía en su posición, y me dijo que entonces él también se mantenía en la suya. Eso ya lo expresó en un tono más claro. Me repitió que no encontraba ninguna ilegalidad en su proceder y que mientras no se aclarara esa situación y se explicara la razón verdadera de su relevo, permanecería en el cuartel. Agregó que mientras no se llenaran todas las formalidades legales para el relevo, él no lo iba a aceptar. Dijo, además, que no se consideraba en subversión porque la orden de su relevo no era legal.

            - ¿Estaban o no acuarteladas las tropas de Oviedo?

            - Sí. La Caballería estaba acuartelada, porque existía gran despliegue militar.

            - ¿A qué se refiere cuando dice que había gran despliegue militar?

            - Me refiero a los tanques que vi estacionados en el lugar y que normalmente no deberían estar allí. Me dijeron que vinieron de Cerrito. También las guardias fueron reforzadas y no se entraba por el frente, sino por entradas laterales. Todo eso daba la sensación de un acuartelamiento serio.

            -Luego de que expresara a Oviedo que Wasmosy se mantenía en su posición, ¿analizaron otras posibilidades para solucionar la crisis?

            - En principio, la alternativa principal manejada por Oviedo siempre fue la revocación de la orden general de relevo de la comandancia del Ejército. Pero con lo que expresó Wasmosy de que preferiría renunciar a modificar su decisión, se empezó a manejar esa alternativa. Se planteó en ese segundo encuentro qué pasa si renuncia el presidente.

            - ¿Quién planteó el tema de la renuncia? ¿Oviedo o usted?

            - Eso surgió en la conversación cuando se analizó la posibilidad de la renuncia de Wasmosy si se mantenía en su determinación de no revocar la orden de relevo del comandante del Ejército. Le explicamos con Appleyard que entonces asumía el Vicepresidente. Preguntó qué pasa si renuncia también el Vicepresidente, y le explicamos que asume el Gobierno el presidente del Congreso Nacional. Le aclaré que para que ello ocurriera, las renuncias debían ser voluntarias y aceptadas por el Congreso. Recién entonces asume en forma interina el Gobierno el titular del Congreso. Le dije también que para que ello ocurra debe existir una razón o fuerza poderosa que induzca al Presidente a renunciar.

            - ¿Qué le contestó Oviedo?

            - Que no se iba a mover de la Caballería hasta que se revoque la medida o renuncien el Presidente y el Vicepresidente. Desde ese momento empezó a manejar dos variantes para solucionar el problema: la revocación de la orden de relevo o la renuncia de Wasmosy y Seifart.

            - Oviedo siempre intentó negociar desde una posición de fuerza....

            - Claro, eso era evidente y ni se necesitaba hablar de ello. Nunca me dijo que estaba sublevado, pero era evidente esa situación.

            - ¿Durante los diálogos que mantuvo con Oviedo, en algún momento manifestó que aceptaba el relevo de la comandancia?

            - No. El siempre sostuvo que la orden de relevo era ilegal e injusta.

 

            VUELTA A MBURUVICHA RÓGA

 

            - Usted volvió a la residencia presidencial con dos alternativas de solución. Frente a ambas propuestas, ¿qué dijo Wasmosy?

            - Me respondió que no iba a revocar la orden general de relevo. Si hace falta renunciar para que no se derrame sangre, yo renuncio, dijo frente a todos.

            - ¿Frente a quiénes realizó esa manifestación?

            - Frente a los diplomáticos de Estados Unidos, de Chile, de Brasil, de España, el nuncio Baldisseri, el Dr. Melgarejo Lanzoni. Le expresé que era una decisión suya exclusivamente.

            - ¿Cuál fue la reacción de los embajadores ante la posibilidad de la renuncia de Wasmosy?

            - Claramente expensaron su negativa a dicha posibilidad. El embajador Service y el Nuncio manifestaron a Wasmosy que de ninguna manera debía renunciar y que, por el contrario, debía mantener la institucionalidad.

            - ¿Qué contestó Wasmosy?

            - Dijo que no podía permitir derramamiento de sangre. Por una actitud mía no permitiré derramamiento de sangre, señaló, reiterando que si hacía falta, renunciaría.

            - ¿Qué hizo usted entonces?

            - Le dije que volvería a comunicar esa decisión a Oviedo. Fue ahí que el Presidente me planteó que también fuera el Dr. Domingo Laíno a dialogar con el general. Habló en mi presencia con Laíno; también habló el embajador Service con el presidente del PLRA y acordamos ir juntos a la Caballería. Laíno me dijo que también irían Campos Cervera y Ramírez Montalbetti. Fui a buscarlos y se agregó Guanes Gondra al grupo.

 

            EL TERCER ENCUENTRO CON OVIEDO

 

            - ¿Qué pasó cuando llegó el grupo a la Caballería?

            - Entramos todos juntos y encontramos al general Oviedo con el Ing. Ramón Jiménez Gaona. También estaban presentes en su oficina el Arq. Hugo Aranda, el Dr. Appleyard, Víctor Galeano Perrone. También vimos en la unidad al senador Amado Yambay. En realidad me sorprendió la presencia de los mismos, pero creo que también trataban de encontrar una salida a la crisis.

            - ¿Qué participación tuvieron ellos en la conversación?

            - Ninguna. Cuando se inició el encuentro, solo permaneció el Ing. Jiménez Gaona. El general Oviedo explicó su posición y las alternativas que se manejaban. El Dr. Laíno dijo que el PLRA ya se había pronunciado en defensa de la institucionalidad de la República y que no aceptaría ninguna solución alejada de estas razones. Intentó leer el comunicado de su partido, pero el general Oviedo dijo que ya estaba al tanto del mismo. Insistió en la ilegalidad de la orden de relevo y que se mantendría en su posición. Comentó también que la otra alternativa era la renuncia del Presidente y del Vicepresidente de la República.

            - ¿Cuánto tiempo duró ese diálogo?

            - Fue breve, creo que media hora, o menos tal vez.

            - ¿Sirvió para algo?

            - Creo que sirvió para que se conozcan cuáles eran las respectivas posiciones. Laíno y yo fuimos claros en señalarle que no aceptaríamos una quiebra institucional y que debería solucionarse el caso dentro del respeto y acatamiento a las leyes.

            - Sin embargo, la gente piensa que fueron a negociar la sucesión presidencial.

            - Sí, así es, pero están equivocados los que piensan de esa manera. Intenté ayudar en la solución de la crisis y estoy seguro de que el general Oviedo pensará que me faltó firmeza para tomar determinaciones en este tema. También estoy casi seguro de que el Presidente de la República desconfía de mi mediación, pero jamás estuvo en mi mente aceptar la posibilidad de gobernar mediante la renuncia de Wasmosy y Seifart.

            - Personalmente, ¿cree que Oviedo se sublevó?

            - Sí. Evidentemente fue un acto de sublevación, por la actitud de no acatar la orden del Comandante en Jefe. Por lo menos, su desacato constituye un acto de indisciplina. Pero aclaro que nunca Oviedo dijo que iba a sacar los tanques ni que atacaría la residencia presidencial. Solo que la orden de relevo era ilegal e injusta y que no saldría de su cuartel hasta tanto se revocara esa resolución. Después pensó en la renuncia de Wasmosy y Seifart como otra posibilidad de solución de la crisis,

            - En estos momentos, ¿cuales, cree usted, fueron las causas de la crisis?

            - Desde hace algún tiempo se comentaba que la relación entre Oviedo y Wasmosy no era buena. El general no compartía la realización de las internas coloradas, porque con un triunfo de Argaña regresarían los stronistas. Además, al parecer estaba bastante molesto por la poca lucha contra la corrupción generalizada en el país. Insistió siempre sobre la corrupción en la ANNP y afirmó que conocía el negociado que se llevaba a cabo con la provisión de arena, que se inventaba una provisión de arena para la ampliación de los puertos, que a su criterio constituía una estafa inaudita de millones de dólares al fisco.

 

            LA CUARTA REUNIÓN

 

            - ¿Pudieron informar de las exigencias de Oviedo al Presidente?

            - Sí. Cuando volvimos a Mburuvicha Róga con Aranda y Jiménez Gaona, nos dijeron que el Presidente se había marchado ya a la Embajada norteamericana. Fuimos hasta allí y encontramos a Wasmosy con el embajador Service, el embajador del Brasil. Le comunicamos que Oviedo continuaba exigiendo la renuncia del Presidente y del vicepresidente de la República, y que en un momento dado señaló que ya se había cumplido el plazo otorgado para tomar decisiones.

            - ¿Qué hizo Wasmosy?

            - Pensó detenidamente qué hacer. En un primer momento tuvo intenciones de presentar su renuncia, pero el embajador Service le dijo que no podía llevar adelante esa idea. Wasmosy insistió en que no quería un derramamiento de sangre y que no deseaba ser responsable de la muerte de ninguna persona. En ese instante, el embajador brasilero comentó que debía darse una salida honorable a Oviedo y planteó que se le ofreciera un cargo a cambio de su pase a retiro. La cuestión era llegar al amanecer sin enfrentamientos. No le pareció mala idea enviar a Oviedo la renuncia de Wasmosy. Pero el tema no pudo concretarse debido a una llamada del exterior que recibió el Presidente, creo que era de Gaviria, el secretario general de la OEA.

            - ¿Qué pasó después de ese llamado?

            - Wasmosy entregó un sobre a Aranda y fuimos nuevamente a la Caballería donde el general, al abrir el sobre, comentó que no era la renuncia de Wasmosy, sino un simple pedido de permiso al cargo. Eso fue creo que alrededor de las 3:00 de la madrugada. Allí repitió que tomaría las decisiones que correspondían. Nos retiramos y ya no volvimos.

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

 

1. "Desde el Stronismo Hacia la Transición a la Democracia. El Papel del Actor Militar". Paraguay en Transición: Riquelme, Marcial Antonio. Editorial Nueva Sociedad.

2. "Caracterización del Régimen Político Paraguayo". Anales del Cerpa 1985. Aproximación a un Proyecto Nacional.

3. "Intervención de las Fuerzas Armadas después del golpe". Paraguay en Transición: Carlos María Lezcano y Carlos Martini. Editorial Nueva Sociedad.

4. Revista Ejercito Guaraní. Órgano de Divulgación del Ejército Paraguayo. Año II, julio de 1995.

5. Colección de los diarios ABC Color, Noticias, Ultima Hora, La Nación y El Día.

6. Revista Análisis del Mes. Base Ecta.

7. Revista Militara Dirección de Comunicación Social de las Fuerzas Militares.

 

 

 

 

INDICE

 

Prólogo

Nota de los autores

 

CAPITULO I: Antecedentes del intento de golpe de Estado

* El militarismo durante la dictadura de Stroessner

* Coloradización gradual de las Fuerzas Armadas paraguayas

* Intervención de las Fuerzas Armadas en la transición

 

CAPITULO II: El heredero del poder comienza a proyectarse

* El papel del general Lino Oviedo en el golpe de Estado y su meteórico ascenso

* Hegemonía de la Caballería dentro del Ejército

 

CAPITULO III: Él intentó de golpe de Estado

*Los antecedentes mediatos e inmediatos

* El día lunes 22

* El día martes 23

* El día miércoles 24

* El día jueves 25

 

CAPITULO IV: Las causas de la violenta ruptura entre dos socios

* Peleas anteriores entre protagonistas de la transición democrática

* El puente, la política y el narcotráfico

 

CAPITULO V: Los nuevos protagonistas

* El anillo internacional de la solidaridad efectiva y activa

* La juventud paraguaya

 

CAPITULO VI: Secuelas de la caída

 

 

CAPITULO VII: Anexos

* Entrevista con el embajador de la República Argentina Sr. Néstor Enrique Ahuad

* Entrevista al senador Milciades Rafael Casabianca, presidente del Congreso Nacional

 

Bibliografía 

 

 

 

 

 

 

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