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ROLANDO BADO


  EL FARAÓN - Cuento de ROLANDO BADO


EL FARAÓN - Cuento de ROLANDO BADO

EL FARAÓN

Cuento de ROLANDO BADO

 

Piedra sobre piedra, una tras otra, miles de piedras, una sobre otra, piedras grandes, piedras pesadas, más arriba el sol, más arriba el destello, los rayos del sol que ciegan la vista, cada rayo penetra en el cuerpo, pica como una aguja, calienta el cuerpo, transpira el cuerpo bajo el sol, el cuerpo de miles de esclavos que arrastran las piedras talladas a mano, la locura inhumana que se trasmite de generación en generación, para consagrar a un dios, la demencia faraónica.

Pirámides que parecen surgir de la arena, solo para albergar un cadáver, millones de piedras para albergar un cadáver, millones de hombres mueren en su construcción, de solo uno reposaran sus restos, un cadáver igual que los otros; un faraón muere, para ascender otro. Locura infinita de siglo tras siglo, perderse en el pasado, perderse en el futuro.

Desde lo alto el faraón mira la máquina humana, tantos hombres que se mueven como largos ríos, todos temen la obsesión insana, todos temen el mandato de la religión, el hombre que no puede defenderse contra las armas del hombre, el hombre que no puede defenderse contra aquel destino divino, aquel destino solo creado por el hombre, sus ojos se desvían mirando el horizonte, mas a su derecha ya otra pirámide descansa, el horizonte de arena y cielo.

Hay algo en los cielos que lo obsesiona, tal vez su grandiosidad, tal vez su belleza, tal vez porque de pronto el cielo se vuelve negro y una tormenta transforma la grandiosidad del hombre en una minúscula cáscara de nuez. El sabe que el misterio se esconde en cada grano de arena y en cada grano de arena existe tanta energía como para desatar esa tormenta.

¿Y quién es el faraón?, aquel que mira durante horas el horizonte casi sin respirar, su mirada es fija casi no parpadea, quiere tal vez conocer los secretos del cielo porque ya conoce los secretos de la tierra, quiere tal vez ser un espíritu y comunicarse con los dioses.

Él no es un dios, es casi un dios, es el dios de la tierra, de los hombres, un minúsculo cuerpo humano rodeado de poder. Un dios de la fantasía, de la estupidez humana, ironía del destino para lo cual vivimos y vinimos a este mundo.

Sus manos son delgadas, alargados sus dedos, su piel blanca, suave; los rayos del sol penetran en su cuerpo, atraviesa su piel pero no cambian su color, sus uñas largas bien cuidadas brillan como nácar, su cuerpo cubre un sayo blanco, los bordes son dorados, parecen de oro, llega su largo hasta más allá de la rodilla, sus piernas flacas, pálidas, sus pies calzan sandalias livianas con tiras que se atan a las pantorrillas.

Su mirada es dura, se concentra fija en un punto, tal como la mirada de un águila, nadie sabe si mira para fuera o para dentro, de todas maneras es lo mismo, jamás nadie sabrá, nadie se lo preguntaría, solo el sol se atreve a herir su piel, la tormenta del desierto entro en su corazón.


Del norte vendrán ejércitos, los hijos de la loba

Por tierra y mar vendrán, al frente vendrá un águila

No quedaran piedras, en tus ciudades

Solo lo oculto del hombre, permanecerá

Arrancaran hasta tus cimientos y mataran al último de tus vástagos

Solo lo inmenso y eterno permanecerá en el desierto


Dos días de fiebre, no tiene hambre, solo sed, su piel está seca, sus ojos enrojecidos supuran algo amarillo que pega sus pestañas, no reconoce a su padre ni a su madre, de su cabeza para abajo brotaron unas pequeñas manchas que pronto de convirtieron en granos, ya ni fuerza para rascarse tiene, sus músculos no pueden sostener a su cuerpo ni casi mover sus brazos, esta adelgazado, en la pequeña choza los padres ya no saben que hacer, con esfuerzo ha conseguido un cordero y lo mataron invocando su curación.

En la ciudad todo es tristeza un niño enfermo. Miles de niños enfermos, hace meses la enfermedad avanza como una serpiente que todo engulle a su paso, muchos han huido al campo y solo han diseminado la enfermedad por doquier. Todo hace parecer un castigo, un castigo divino, hasta algún adulto pereció.

Creman los cadáveres en calles y otros lugares públicos, tanta es la desolación que parece un holocausto, mujeres piadosas cuidan a los enfermos curan sus llagas, mojan sus labios resecos, parece una maldición, una maldición divina por tanta riqueza acumulada en el poder del imperio.

Ya los niños no corren felices jugando por las calles, todos cuidan por salvar una generación, incienso con hierbas se queman en las casas, la epidemia, luego el hambre, los sacerdotes culpan al pueblo por este castigo, el pueblo culpa al faraón por este castigo.

El faraón maldito, un niño sin padres, un poder que se debilita por designo de los dioses. Algo le arranca de las casas sus seres mas queridos, sus hijos, impotencia sin culpable, asesino invisible, asesino que no existe; solo los dioses son tan crueles, quieren sed de placer, sangre joven.

Tal vez el imperio este maldito, tal vez sus dioses se alejen, dejando al imperio desamparado, los sacerdotes ven arder una llama contra el faraón y sutilmente alimentan a esa llama con más leña.

Tebas es grande, una ciudad inmensa, riqueza para pocos pobreza para muchos, los esclavos no tienen nada salvo el dolor de estar lejos de su tierra, lejos de sus familiares, lejos de sus costumbres, lejos de sus dioses y tan cerca del dolor. Trabajar de sol a sol para una paga tan mala, conservar la vida, un poco de arroz para mantener la vida.

La enfermedad no perdona nada, ni condición social ni clase ni casta, ni muros, ni soldados solo el faraón parece inmune a ella por eso tal vez lo protege la magia de lo sobrenatural.


Hasta los ejércitos del cielo caerán sobre los hombres

La insana costumbre del poder maldito

Aquello trae dolor y locura, nadie se salva

Solo el hombre tiene miedo de otro hombre

Han sembrado destrucción sobre la tierra generosa


En una cima esta el faraón, tiene su antebrazo derecho cubierto de una manta de cuero que aprieta sus músculos, prendido a la manta están las garras de un halcón que tiene sus ojos cubiertos, a su lado está un maestro Asias, él lo acompañó desde muy pequeño, desde que

quedo huérfano, fue de tan niño, tan solo, su cama siempre estuvo vacía para ambos lados.

El maestro bien elegido, estuvo desde pequeño siempre a su lado, conocía tantas cosas que nada dejaba de conocer, su pensamiento brillante, su intelectualidad excelente, su rígida dirección rápidamente se impuso en la personalidad del faraón; su educación sistemática y exacta como un reloj, su calidez trato de suplir el frío de la corte.

El halcón ya ha aceptado comer de tus manos, te ha olfateado, te ha reconocido al sacarle la capucha y mírale fijo a los ojos - dijo Asias

El faraón hizo lo indicado y levantó el brazo hacia delante, al sentir este movimiento el halcón despego vuelo hacia el cielo infinito, prontamente se convirtió en un punto.

Desde lo alto el halcón verá su presa y caerá sobre esta como un rayo, así será el faraón - dijo Asias - gastara toda su energía en un intento y este intento no debe fracasar, solo una vez se expondrá la presa, debes sentirte como ese halcón mirando todo desde lo alto, nadie osará alcanzarte; ese animal es tu guía, míralo mil veces y el te enseñara mil veces.

¿También me enseñaría que ese halcón es libre? - pregunto el faraón - puede volar libremente, su mundo no tiene límites, puede jugar con el viento.

Ese halcón no es libre - contestó Asias - esta predeterminado al capricho de sus instintos, no conoce ni conocerá la libertad, así tampoco la felicidad.

El halcón depositó una serpiente muerta a los pies de ambos para luego volver a posarse en el brazo del faraón, una ofrenda de caza para quienes reconoce como amos, el joven sentía la fuerte presión de sus garras.

La suerte del halcón fue determinada por los dioses -Dijo Asias - la imaginación del faraón puede volar tan lejos como están los dioses, su pensamiento puede ser tan profundo como el mar, su inteligencia más amplia que el desierto, su suerte no tiene límites.

Podría creer en tus palabras, pero cuando siento tristeza solo soy un pequeño humano y envidio a los pájaros y a los niños que juegan con otros niños, envidio la libertad que quisiera conocer - respondió el faraón.

No te lamentes de la suerte que otros no tienen, si los dioses oyen tu infortunio desataran su crueldad, la suerte del faraón es magnánimo y solo es uno el elegido.


Miraran tus ojos el cielo, mas nunca podrás verlo

Quien no tiene paz en su corazón, vive al capricho de los vientos

La grandiosidad de tus obras solo muestra lo efímero de la vida

Y lo eterno de los hombres solo será curiosidad de los que vendrán

Solo busca la eternidad dentro tuyo


Quemó incienso en un cáliz de oro, su aroma y su humo inundan lentamente todo el amplio recinto, el olor es casi sofocante, el anciano sacerdote que estuvo ya en varios cortes eleva el cáliz con las manos y la lleva bajo una enorme estatua con cabeza de león, aquella cabeza se ilumina intensamente con la luz del sol que penetra por un orificio perfectamente centrado en el techo y desparrama esta luz del mediodía en sendos haces brillantes por el templo.

Que los dioses continúen siempre iluminando a nuestro faraón, el es el hijo de los dioses, es aquel que los dioses lo enviaron para dirigir nuestro imperio, así nuestro imperio continuará siendo magnifico desde siglos atrás y por siglos siempre, enviado para dirigir nuestros ejércitos y rendir gloria a nuestros dioses, enviado para dirigir nuestra conciencia con la sabiduría de sus padres, su poder es el poder de los dioses y sus palabras mandamientos divinos - exclamó el sacerdote con voz profunda, voz que repetían los ecos del salón.

El faraón se puso de pie y todos se inclinaron hasta el suelo, es sumo sacerdote solo agacho ligeramente la cabeza mientras Asias recostado a sus pies no se movía, el faraón elevo sus manos hacia arriba para luego descenderíais lentamente y cruzarlos sobre su pecho en símbolo de poder, los tambores sonaron y todos se pusieron de pie.

Cientos de sacerdotes cubrían el ala izquierda, atrás sacerdotisas y vírgenes vestían de blanco, a la izquierda los generales de sus ejércitos vestidos con atuendos de lujo, más atrás toda la corte de interminables parientes, de sabios, de ingenieros, de matemáticos, soldados con lanzas vigilaban todo el recinto.

El aspecto imponente de la grandiosidad, daba un marco impactante a la ceremonia, decenas de gradas para llegar al faraón y las estatuas de los dioses, un lugar solo reservado para los pontífices del misterio.

La grandiosidad y la sencillez se mezclan, dando realce a quien centra la atención, el faraón y los dioses.

Oremos y alabemos a nuestros dioses que nos llevan a la gloria, honremos a nuestros ejércitos que nos traen ofrendas de gloria para nuestro eterno imperio, honremos a los soldados caídos en combate que ofrendaron la vida para gloria de nuestro faraón - continuaba diciendo el sumo sacerdote en voz alta mientras vertía aceite perfumado en una pequeña llama que se convertía en una gran antorcha.

Los tambores nuevamente resonaban mientras ingresaban por el centro del salón las ofrendas traídas por los ejércitos que llegaban de lejanas campañas, cofres con objetos de oro, animales de indescriptible belleza, esclavos negros y blancos, colmillos de elefante, telas de delicado tejido y mujeres bellas, esclavas para una corte frívola.


Te impondrán una máscara, que costará sacarla

No veras tu rostro con la fuerza de tus manos

Tendrás que ser más fuerte que tus enemigos

Porque solo tu fuerza vendrá de dentro

y cuando retires esa máscara verás a ti mismo


Camina Asias con el faraón por los pasillos del palacio, todos indinan las cabezas a su paso solo los guardias permanecen rígidos y atentos, el faraón parece imbuido en sus pensamientos y poco caso parece hacer a los comentarios de su acompañante.

Es casi mediodía de primavera, el sol quiere llegar a lo alto en poco tiempo para luego descender al poniente, al llegar a un jardín interno con flores de vivos colores, helechos colgantes, pasto bien cortado. Ambos se sientan en las escalinatas, parecen dos amigos despreocupados por el tiempo.

Observa lo que quieras pero mira a tu interior - dijo Asias - concéntrate en tu conciencia para recorrer tu pensamiento, así con los ojos abiertos y siempre alerta, mira tu interior, no tengas miedo de ver dentro tuyo.

El faraón perdió su mirada en algún objeto para luego concentrarse en si mismo.

Le costaba concentrarse con los ojos abiertos, fugazmente paraba su imaginación para luego perderse en el mundo exterior, sintió que había dos mundos y aquella curiosidad por conocer algo nuevo lo excitaba, cada intento duraba segundos. Luego la conciencia permaneció con recuerdos más vivos durante más tiempo, Asias hizo chasquear los dedos y el faraón pareció salir de un pequeño letargo.

Cuando retengas tu conciencia veras los recuerdos vividos recientemente, retíralos de allí, ellos no te sirven busca los recuerdos más profundos, ten cuidado pues esos recuerdos tienen una carga de sentimientos aveces difíciles de elaborarlos, es necesario que te zambullas en tu interior para descubrir tu mundo íntimo, pero nunca dejes de estar alerta.

Asias al decir esto vertió unos granos de arroz en la mano izquierda del faraón y con sus dedos cerro los dedos de él -Siempre que hagas esto piensa que tienes este puño de arroz en esta mano- dijo lentamente.

Fijo nuevamente su mirada en una rama y con los ojos abiertos se concentró en su interior, pasaron algunas imágenes rápidamente y otras en forma mas lenta, aparto de su mente aquellos recuerdos recientes que consideró poco importante, algunas imágenes dispersas, imágenes indescifrables, personas conocidas, algunas situaciones poco claras y luego algo fijó su atención, niños muy pequeños jugando, gateaban se identificó con uno de ellos, una persona lo alzo, sintió el calor de su cuerpo, sin saberlo había regresado a etapas muy profundas de su niñez; sus ojos comenzaron a derramar lágrimas que el no sentía, todo su cuerpo comenzó a temblar.

Chasqueo los dedos repetidamente hasta que el faraón salió de su trance, Asias se sintió preocupado no sabía cómo tan velozmente llego a ese punto, el reverenciaba la gran capacidad intelectual del faraón.

No debes dejar de estar alerta - explicó Asias - el mundo está lleno de peligros, debes tener todos tus sentidos muy sensibles, cuanto más alto estés podrías tener mas enemigos y mas solo te encontraras, el respeto inspira envidia.


Crearon la locura en un día y una noche

y todos te envolvieron en su demencia

Serás cauto al caminar por la tierra

Ya que solo la ambición maneja el mundo

Si eres sano esconde tu cordura


Ha descendido el faraón con su séquito de soldados protectores, con sus serviles ayudantes, con su rostro que no demuestra sentimientos, con sus largos dedos, sin comunicar a nadie, sin el permiso de los dioses, con el poder que da su voluntad, ha descendido a los barrios humildes de Tebas.

Olor, hedor, calles con piras de ceniza y humo, calles de Tebas, todo es dolor sin calma, quien ha hecho tanto daño para tanto dolor.

Todo es asombro, el faraón por las calles humildes, ha bajado de sus ricos aposentos a las calles del pueblo, asombro que silencia los labios, asombro que paralízalos músculos, el que mira de cerca y parece estar tan lejos, hoy mira de bajo y parece estar tan alto, el solo de sayo blanco, conoce de cerca el dolor, porque es otra forma de dolor, conoce de cerca la miseria porque conoce también la miseria.

Entra en una casa, una casa cualquiera, sus puertas que chillan al abrirse, nadie detiene al faraón, ni animales, ni personas, ni dioses, ni dolor, ni pobreza, todos abren paso a quien es mitad hombre, mitad Dios; sus pisos de tierra, cántaros y vasijas de cerámica pobre. Una cuna de paja y un niño que llora, que sufre, con llagas en el cuerpo y la madre con llagas en el corazón, como tantas no tiene esperanzas.

El faraón se arrodilla y posa sus largos dedos sobre su frente, nunca a tocado un niño, siente la suavidad de su piel, siente el calor de su fiebre, siente el dolor de tan cerca, el, el faraón un niño junto a otro niño, junto a un niño que no juega, un niño enfermo por la peste que asola al imperio, el imperio enfermo por dentro.

Afuera llueve ceniza, lentamente el cielo se puso oscuro, la temperatura descendió, y cae una lluvia de ceniza, ceniza que ensucia todo, no es la ceniza de las piras funerarias. Es ceniza que cae del cielo, de un cielo ahora negro, asombro tras asombro, los dioses hablan pero nadie sabe que dicen.

Se puso de pie lentamente y se dirigió a la puerta, al abrirla entró ceniza por la puerta, ceniza que ensució su ropa, sus guardia esperaban afuera, nadie hablaba, nadie entendía que pasaba, nadie se movía antes que el, continuo caminando bajo el manto de tenue lluvia que todo ensucia.

Dos días llovió ceniza, de algún volcán cercano o lejano, las entrañas de la tierra arrojaron ceniza y lava como una herida profunda que no cura y aveces explota. Dos días que cubrió el imperio de ceniza y misterio, luego de dos días salió el sol, pareció que la vida surgí nuevamente cuando todo parecía perdido.

Dos días y el niño tocado por el faraón mejoraba, ya sin fiebre, ya sin dolor, con hambre, el niño tocado por el faraón mejoraba, otros niños mejoraban, se esparcía la esperanza y alejaba la tristeza, la peste que segó tantas vidas jóvenes parecía retirarse dejando una nueva semilla para sembrar, una nueva esperanza.

El pueblo se llegó lentamente a las gradas del palacio, agradecer y venerar a quien no es un semidiós sino un dios. Es su faraón, es su imperio, es el Dios de los dioses, el imperio reboza de confianza, por todos los rincones se comenta el milagro, los soldados honran a su faraón, solo los sacerdotes y la alta aristocracia tienen sus reservas.


Cuando tengas madurez desafiaras al mundo

De dentro tuyo surgirá una recta

Tu destino es el de pocos elegidos

Y se romperá lo transmitido de generación en generación

Transmitirás una luz que pocos verán


Asias sentado a lado del trono del faraón, a sus pies reposa una pantera con las garras cortadas, soldados, esclavos, el sumo sacerdote frente al trono modula su voz al hablar con quién está más alto que él. El faraón prontamente creció ya no necesito consejos de él, su distancia fue un abismo.

Los dioses te han asignado un lugar en el imperio y no deberías legar a donde has llegado, imprudencia que en un momento difícil puede costar a su excelencia, tus determinaciones deben ser cuidadosamente analizadas para gloria de todos, el imperio parece sólido pero puede ser frágil -decía el sacerdote.

Tus enseñanza han llegado a mi através de Asias, me han apartado del mundo, ningún animal vive lejos de su rebaño, Asias me ha enseñado todo pero no llegó a suplir todo lo que humanamente necesitamos, el imperio nos hizo inhumanos -respondió el faraón.

Es el destino de los dioses, todos los humanos crearon siempre estructura de gobiernos similares, la codicia es el estandarte de los hombres, han gozado mas con el poder que con el amor, matamos o nos matan - respondió el sacerdote.

El destino de este imperio no esta determinado por los dioses sino por mi persona, desde que has nacido hasta el año de tus años jamás creo que hayas tenido un revelación de tus dioses, ellos no existen mas que tu imaginación, existen en la cultura que han creado para todo este estado, existen solo en tus fantasías de grandeza, existe solo para justificar el poder de opresión para el ser humano - dijo el faraón al sumo sacerdote.

Ten cuidado con lo que dices - dijo Asias mientras se levantaba - tus palabras son flechas lanzadas al viento que pueden volver a tu cuerpo, desafías a muchas cosas para ser tan pequeño.

Los dioses están lejos pero viven dentro nuestro, lo que de niño has aprendido jamás se borrará de ti, tu eres quien fuiste, no puedes tener la grandeza de ser otro - dijo el sacerdote.

Las ramas de un árbol no pueden dar un fruto distinto a su origen, pero el ser humano puede cambiar de la enseñanza de los siglos si aprende a ver lo que observa, si puedes elaborar su propio destino, puedes luchar contra las tormentas de la vida - respondió el faraón.

Nadie desiste de su destino, pero siempre recibe el castigo de sus errores - dijo con horror el sacerdote mientras veía al faraón desenvainar una espada y apoyarla en la base de su cuello.

Te he visto en mi pasado con la máscara grotesca que siempre llevas, te he visto en mi pasado conspirar contra mis ancestros, te he visto como un vulgar ruin, te he visto sembrar dolor en nombre del cielo y otro mejor porvenir, te he visto en tus grandes sueños de poder, sin embargo eres solamente una rueda pequeña de esta máquina siniestra que es el imperio - mientras decía esto, los ojos del faraón se clavaban en los del sacerdote.

Debes morir para que yo mate la parte de mi pasado que me molesta por dentro - gritó el faraón mientras la espada se hundía en la garganta del sacerdote penetrando hacia su tórax.

El cadáver del sumo sacerdote cayó rodando por las gradas, su vestimenta blanca se tiñó de rojo, Asias miro atónito la escena jamás pensó en una acción tan violenta e inesperada.

As puesto a rodar algo que tu no podrás contener - dijo Asias al faraón - conoces muchas cosas pero no al espíritu humano.

Tu eres mi maestro Asias, dime algo que no comprenda del hombre, acaso su fin no es solamente la vida, acaso sus días no son un soñar con la felicidad - preguntó el faraón.

El hombre es manejado por el razonamiento ilógico y el fuego de su vida es el miedo, no des libertad al hombre porque no sabrá cómo vivir con ella, no le cambies sus costumbres porque se pondrá alerta - exclamó Asias.

Tu eres libre Asias, puedes ir donde quieras.

Siempre fui parte tuya, mi destino está ligado al tuyo, yo modelé tu pensamiento, tu eres la flecha que yo dispare hacia el futuro, soy solo el arquero que tensa la cuerda - respondió Asias.


Solo vendrás hacia tu futuro

Caminando por una delgada cornisa

Muchos trataran que caigas

Solamente cuando llegues a base sólida

Disfrutaras tu sacrificio


Oh.... destino de alguien quien llega a ser quien no quiere ser, Oh.... destino que le das el poder a quien no desea el poder, Oh.... destino que no das dicha a quien quiere dicha.

Oh .... Asias que me has enseñado todo menos la condición humana, Oh... Asias me has enseñado todo menos la lógica de lo ilógico, Oh.... Asias que me has dado todo menos el calor de una familia.

He visto hasta a las hienas protegen sus cachorros y solamente el hombre entrega sus hijos a la madre ambición para luego pedirles que cuiden mejor el futuro.

Solamente el hombre quiere ser eterno en sus hijos, solamente el hombre quiere ser esclavo de la vida, solamente el hombre cree que la felicidad es la alegría

Ni el desierto, ni el mar son eternos, el ser humano ve sus días contados desde el infinito, nada es eterno, hasta las estrellas cambian de rumbo, el hombre es solo la más efímera de las partículas que tiene el universo.

Nadie se motivó a saber quién soy, tal vez soy varios en uno solo, pero varios silencios que claman una sola cosa, la estima de otro, el cariño de otro, la compresión de otro o acaso somos todos esclavos de los mismos.

Unos esclavos a punta de lanza, otros esclavos con corona real, pero esclavos sin fin, ningún hombre puede salir del camino que trazó el hombre. Solo hay algo que nunca atrapó el hombre, ni siquiera con la religión de los tiempos, es el espíritu, ese insensato que vaga por el cuerpo, el espíritu es el amigo de la imaginación y además es el corazón de alma.

Si los dioses dan al hombre elegir entre el poder y la felicidad, ¿porqué el hombre tendría que elegir el poder ? ¿Acaso la felicidad no es el sentido de la vida? ¿Acaso el poder no es alejarse de otro hombre?. Entonces elegir el poder es alejarse de lo humano, tener como sentido de la vida el poder es tener un sentido inhumano en la vida.

El faraón mira el cielo sin nubes, azul intenso, al este el sol baja rápidamente, será un atardecer espléndido, al caer el sol desparramara millones de rayos dorados por el cielo trasformándolo, cada día, cada hora, cada instante en un cielo distinto, la calma del azul remplazado por la magnificencia del dorado para luego oscurecerla prontamente, el sol del poniente da cuenta de la maravilla de estar vivo, el faraón vive cada segundo de esa maravilla.

El faraón mira el cielo sin nubes, su mente vaga por cada partícula de su cerebro, su conciencia siempre alerta, sabe lo que desea, eso lo hace feliz, quiere descubrir la felicidad al mundo. Sabe que el hombre está atado a una condición indigna, por un orden que lo oprime, además el cerrojo de sus ataduras es el miedo, ese miedo que hace tan pequeño al hombre, a ese hombre que se cree la maravilla de la creación.

Lloraras junto al hombre que siempre temió ser hombre que siempre temió abrir su conciencia para que la luz penetre en su cuerpo para que la luz invada su alma

 

 

II PARTE

 

Los ejércitos hititas hostigaban sin cesar al imperio egipcio, hostigaban en fugaces contiendas, rápidas y sorpresivas, por la noche atacaban por varios flancos a los asentamientos obligando a los soldados a permanecer en vigilia toda la noche, durante el día desaparecían tragados por la arena, venenosos como los alacranes, nunca daban combate de frente, su picadura era mortal, los soldados del faraón estaban cansados.

Soldados aguerridos, duros en combate, nacieron para la guerra y viven de la guerra. Los hititas, enemigos perennes de los egipcios, es difícil controlar las fronteras, hacía falta un enorme ejército para evitar las invasiones y eso era sumamente costoso

El imperio egipcio había crecido demasiado, sus fronteras se multiplicaron, algunos flancos se volvían sumamente vulnerables, permanentemente el ejercito egipcio debía entrar profundamente en territorio hostil para a luchar con enemigos y firmar acuerdos de paz con los vencidos, casi todo el pueblo egipcio debía dedicarse permanentemente a las guerras, este sacrificio era inmenso.

En la ciudades vivían una casta imperial, presumida, caprichosa, ansiosa de acrecentar su poder, ambiciosa y sin escrúpulos, un nudo de serpientes peligrosas, vivían también las esposas de los soldados y oficiales, ellas engendraban más hijos para luchar y también vivían miles de esclavos con la infelicidad marcada en el rostro.

El faraón vigilaba todo, desde lo alto miraba durante horas el cielo, el crepúsculo y luego las estrellas conocían la posición de cada estrella, cada una de ellas tenía un nombre, cada una representaba a un dios y los humanos eran siervos de sus caprichos.

Asias le había enseñado la posición de cada estrella y como orientarse con ellas en la noche, las tres estrellas brillantes que apuntan al sur, la estrella que primero aparece en el firmamento, el camino por donde vagan los dioses, las guerras del cielo, los celos de los dioses, sus enojos, sus crueles venganzas.

El cielo con sus infinitos secretos, noche que esconde misterios, noches en que bajan los dioses a la tierra para devorarse a las doncellas y a otras llevarlas a su mundo de donde nunca regresan, el faraón ya no cree en los dioses, sabe que son fruto de la imaginación del hombre pero lo inculcaron tan profundamente que su ser tiene miedo a los misterios.

En el mar de estrellas rompen la armonía algunas estrellas fugaces que despiertan admiración y presumen incógnitas en el presente cercano, el cielo desafía la soledad del hombre y lo ata a su condición mediata.

El faraón clama por la paz, pero acaso para conseguir la paz debe sojuzgar al mundo, acaso nacimos para crecer o perecer, acaso debemos luchar para vivir; hacia donde apunta el destino del mundo, acaso a una guerra sin fin, acaso el drama existencial sea infinito.

El faraón busca entre la paz de las estrellas, la respuesta a la incógnita, nadie responde a su clamor, solo su soledad lo envuelve.

Los ejércitos de desplazan al este cruzan desiertos de nada y desiertos de arena, pasan por ciudades oprimidas y esclavizadas, qué importancia tiene si fuera un amo u otro. Los hititas atacan por la retaguardia tratando de aislar al ejército egipcio pero este hábilmente moviliza batallones veloces, utiliza nuevos método de comunicación rápida, logrando así destruir el permanente acoso de los enemigos. Ahora el enemigo está al frente, en terreno propio, es difícil afrontar aun animal herido, ya nada tiene que perder, se juegan al todo o nada.


Pensará s repetidamente una y otra vez

Buscaras la solución por dentro y fuera

Mil obstáculos te detendrán

Y al amanecer la solución estará allí

Tómalo con inteligencia y analízalo con el corazón.


Por segundo año cuando se esperaba crecer el Nilo, el río no desbordo, las plantaciones de arroz que necesitaban agua no dieron la cosecha esperada, las despensas de reservas de alimentos se agotaban rápidamente, el miedo al hambre despertaba inquietud en la población, años de seca en las cumbres y el alto Egipto hacían predecir una catástrofe, los ojos se posaban nuevamente en el faraón, ayer un dios, hoy culpable, pero todos lo temían, era el culpable a lo lejos.

El hombre tan pequeño e impotente ante la naturaleza, teme los designios del oráculo. El Faraón se ha rebelado a los dioses, los ignora, los minifica, los niega, ante su naturaleza solo considéralo real.

Y todo se mueve por premoniciones, la imagen del pequeño faraón había crecido tanto que no podía ser un hombre, solo estar con los dioses, solo los dioses desafían a los dioses, pero en esas batallas solo pierden los humanos.

El faraón entendía que nadie desafiaba a quien no existía, había estudiado las estrellas del cielo y sabía que el planeta había rotado en algunos grados, esto traía cambios en el clima, los astrónomos pronosticaban un eclipse de sol, algo curioso en el mundo celestial, algo predecesor en la mente de los temerosos seres, tener miedo al cielo en este mundo mágico.

Los sacerdotes menospreciaban la falta de fe en el faraón, todo lo desconocido pasaba por la fe, todo tenía una explicación en el designo de los dioses, todo el poder de los sacerdotes pasaba por el miedo del hombre ante el misterio.

Quien desconocía el poder de los dioses ponía en riesgo la vida misma de los religiosos y por ende del imperio.

Quienes estudiaron por cientos de años hasta la última estrella conocían bien la naturaleza del universo y su magnificencia, sabían que ningún imperio es eterno.

Dime Asias quien domina la mente del hombre, ¿El miedo o la ambición? - preguntó el faraón mientras acariciaba un gato.

El miedo y la ambición ciegan la conciencia del humano, el miedo y la ambición viajan juntas, son cadenas pesadas para el hombre, si no las domina lo acompañaran hasta el último de sus días - respondió Asias.

El miedo viene de adentro, la ambición llega de fuera - dijo el faraón - cuando el miedo desaparece llega la quietud interior y todo se transforma lentamente, el miedo vive en mi interior, el miedo aparece como burbujas que salen a la superficie.

Todos vivimos con el miedo a cuestas, soñando con la ambición porque la confundimos con la felicidad, confundimos el poder con la dicha, nadie tiene poder en este mundo, solo somos parte de un engranaje, eres solo actor en una obra, cuando queramos volar más cerca de la tierra estaremos, solo el corazón del hombre sabe lo que quiere, nadie puede llevar más agua de la que cabe en su cántaro - decía Asias.


Las aves migratorias conocen su destino

tu solo estas atado a la tierra

y en ella debes labrar tu destino

grande o pequeño somos todos iguales

solo tu conciencia te acompañara siempre


Pasan los meses sin muchos cambios solo el Nilo disminuye su caudal y los grandes cocodrilos se inquietan, sus grandes cuerpos causan admiración y miedo, se tejen historias de ataques fortuitos, se tejen historias de transformaciones fantásticas, es un animal sagrado su cuerpo está protegido por los dioses, ellos cuidan el río para que los dioses puedan disfrutar del agua, son los faraones del río, meditan en quietud pero son rápidos como el relámpago.

El sol lame con su lengua dorada el cauce del agua, grandes embarcaciones traen permanentemente las piedras para la construcción de las pirámides, aquello es una gloria de la arquitectura y la ingeniería cósmica, cada detalle de la pirámide es tomada del cielo, solo su fin es funesto, será un sepulcro gigante y su secreto será escondido por siglos.

El viento norte golpea con furia, ello pone tensos los cuerpos y agítalas emociones, los animales se sienten desconcertados, en el palacio el faraón camina acompañado de Asias siempre conversan, las ideas crecen con fuerza en sus pensamientos, solo sus sueños vagan incansablemente por cada rincón.

El faraón ansia la paz permanente, la paz duradera, la paz verdadera, aquella paz que no se consigue solo con la ausencia de contiendas, sino con una relación humana, con una vida digna de cada persona, vendrán dignatarios de todos los reinos para establecer un nuevo orden, para sembrar la nueva semilla.

Sabe que salvo Asias nadie lo apoya, todos temen algo nuevo, temen perder los que tienen, aun sabiendo que lo que poseen solo es efímero y que el poder no trae dicha, él, que es un dios sabe que solo es un humano, que siendo humano esta segregado de su mundo, capricho el que la vida te da, cuando más poder más lejos estas.

Deberá él descender a la conciencia de los hombres y encontrarse con el ser mismo, siendo humano deberá enfrentarse a la ambición y a la codicia, las llamas que destruyen lo humano del ser humano.

El viento norte sopla fuerte, levanta tierra que ciégalos ojos, cuando sopla el viento norte se cumplen las premoniciones, el faraón se siente mal esta súbitamente confundido retrocede, sus ojos se dan vuelta mostrando el blanco de su conjuntiva, trata de sostenerse con las manos pero no puede todo su cuerpo convulsiona cayendo estrepitosamente al piso, su conciencia se pierde y por la boca sale espuma teñida con sangre.

Todo es estupor, todo es desconcierto, gente que corre, soldados que no saben que hacer, Asias sostiene la cabeza del faraón y trata de abrir su boca, el cuerpo se estremece en movimientos rápidos y coordinados como si alguien descargara electricidad sobre ese ser, su columna esta rígida.

Alzan su cuerpo en un catre trasladándolo rápidamente a sus aposentos, el cuerpo a dejado de temblar, transpira profusamente y moviliza su cabeza lenta pero voluntariamente, sus ojos se abren, mirando desconcertado para todos lados, algo ha cambiado, no sabe que, ha perdido cierto tiempo de su vida, mucha gente lo rodea, un sacerdote acerca una vasija a su boca pero el rechaza, el sacerdote insiste y el faraón bebe un sorbo, todo da vueltas y se vuelve a sumergir en su inconsciencia.

Inconsciencia en la que se sumerge como sombras de espíritus, a veces retornan a la superficie para volver a hundirse tras la poción de los sacerdotes, gotas de conciencia y abismos de inconsciencia.

Asias se desespera sabe que algo anda mal, vuela el fantasma del poder religioso, juego de ambiciones sin razón, noche tras los días.


Cuando el sueño cierre lentamente tus párpados

y el frescor de la paz invada tu cuerpo

No te rebeles contra la naturaleza del tiempo

Busca los mensajes escritos en tu inconsciente

y observa aquel mundo que nadie podrá ver


Los sacerdotes consolidan el poder de los dioses, de dioses, de dioses como Ra, como Isis, el sol dios, el dios con cabeza de águila, con cabeza de serpiente, como todo lo que la fantasía del hombre crea, aquellos dioses que el faraón acertó que no existen, la locura del hombre en el escenario de la realidad.

La realeza esquiva a los cambios que no le convienen, complota el fin del gobernante, el imperio sin los cambios seguirá siendo el imperio de los siglos y la eternidad, de que sirve humanizar al hombre si unos pocos viven bien, que importan los miserables, si para ellos no existen.

Molesta un faraón que propone cambios, cambios de riesgo para la oligarquía eclesiástica y familiar, la locura de un ser que quiso pensar diferente a los demás, el magnánimo derrotado por una poción de hierbas.

Y en sus delirios vagan demonios vestidos de hombres, vagan carros grises sin auriga, tormentas y tempestades que giran locas transportándolo sin peso alguno, algo que nunca se aquieta, tormentas de arena que castigan sin piedad, algo en esa poción enloquece su mente, hierbas que corren por sus venas trayendo locura.

Y un pueblo que se agita y clama por comida, las cosechas son escasas, tienen hambre, el hambre debilita y agita la hoz de la parca, nadie es grande cuando manda la naturaleza, su designo es terminante y su destino se cumple.

El pueblo se agita y asaltan las despensas, más soldados contra el pueblo, pero el pueblo tiene hambre, es necesario un sacrificio para aplacar a los dioses, que sacrificio más grandioso que el sacrificio de un faraón.

Y el faraón delira, y el faraón balbucea con incoherencia, entregado a un destino, destino decidido por otros, cárcel sin rejas, la cárcel de su propio cuerpo.

Y Asias no sabe que hacer, su poder es limitado frente al poder del mal, presiente el próximo destino, la decisión de la ambición, ve pasar un presente injusto frente a sus ojos, un presente que solo puede observar.

Y el faraón ha muerto anuncian los sacerdotes y el reinado, el poder que no quiso perder el poder, complotado para el mal, la peor decisión es la mejor para ellos, buscan el cuerpo del faraón para ultimarlo y no encuentran al faraón, la muerte pre anunciada no se completa, falta la víctima, el faraón desapareció.

Y el faraón desapareció, Asias desapareció, nadie lo encuentra, con sigilo han buscado a ambos, ambos no están, los victimarios temen, que pasará, el pueblo tiene hambre, el pueblo clama, ha muerto su faraón, temen al hambre, temen a los dioses y el miedo hace perder el temor a las lanzas.

Y buscan a una víctima que remplace a la otra víctima, otro niño, casi un adolescente, lo ultiman para reemplazar al faraón desaparecido, matar a un hermano y matar a otro hermano, su misma sangre corre por la vena, con frialdad impía le ofrecen la corona póstuma, ropaje de oro, corona de oro, mascara de oro, oro póstumo que ingrato destino.

Así ofrecen al pueblo un cuerpo sin vida para apaciguar a los dioses, el pueblo se persigna pidiendo piedad, los culpables nunca olvidaran el martirio de un inocente y esconderán su cuerpo cubierto con oro y arena, y tras siglos alguien encontrará su tumba con una palabra escrita, Tutankamon.


No sufras ante la realidad

Busca tu propio mundo

Aunque nada te parezca coherente

Siempre encontraras un amigo

Alguien que te ayude a encontrar la belleza


Asias y el faraón caminan por el desierto, sus piernas son flacas y sus dedos alargados, calza sandalias con tiras que se atan a las pantorrillas, su mirada es firme como la mirada de un águila, el antebrazo derecho tiene una protección de cuero y en ella se prenden firmes las garras de un halcón, su cuerpo es ágil, se siente más liviano, atrás quedo otro mundo, hoy es él, solo él, para labrar el destino que más quisiera, su amigo Asias siempre le acompaña, por dentro y fuera, caminan juntos hacia otro horizonte.

Debo aprender la lógica de lo ilógico - pregunta el faraón.

Ya no es necesario - responde Asias - no debes fragmentar el pensamiento para alcanzar la verdad, la verdad se presenta de la manera más simple, solamente está allí, debes dejar que entre dentro tuyo.

Hasta los caminos en el desierto tienen un fin, solamente debes elegir con cuidado - respondió el faraón.

 

 

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