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MARIO RUBÉN ALVAREZ BENITEZ


  A FLOR DE AUSENCIA, 2007 - Poemario de MARIO RUBÉN ÁLVAREZ


A FLOR DE AUSENCIA, 2007 - Poemario de MARIO RUBÉN ÁLVAREZ

A FLOR DE AUSENCIA

ÑE’Ẽ APYTERE

Por MARIO RUBÉN ALVAREZ

(BILINGÜE – Castellano-Guaraní)

Editorial Servilibro,

www.servilibro.com.py

Tel.: 595 21 444770

Asunción-Paraguay 2007

 

 

**/**

 

ÍNDICE

I

Destino /  Razones de la palabra / A quemarropa / Recuento / Mis zapatos / Sombra de sombras / Vía crucis / Tarde adentro / Creciente / Pablo de América  / Anuncio de primavera / La voz /  Rastros apagados /  Estación final      

II

Autobiografía / Preguntas a mi madre / Declaración de amor a Potrero Yvaté / A flor de ausencia / Eternidad de nostalgia / Intención de vuelo / Barro y estrella / Niño de olvido / Compañeros / Íntimo llamado

III

Tenaz compañera / El alba futura / Amo de las lenguas / Padre Miedo / Elegía de otoño

IV

Soledad / Mujer para un tiempo esperado / Ciclo vital / Esperando un canto / Petición / Instante mayor / Canto Popular / Júbilo mojado / Noche perpetua

 

**/**

 

 

DESTINO

 

Toma un pedazo de lumbre,

canto, y camina, libre

a orillas de cuanto nombre la vida.

 

Gira, corre,

atraviesa el silencio

de tu mis íntima mudez;

ocupa, sin que te vean,

el aliento de las campanas,

el vientre de los niños de abril,

la eterna fantasía de las sombras.

 

Nadie sabe que vas montando

un ciego caballo de auroras,

que llevas la herencia

de los hijos del norte,

un abecedario de rosas,

un beso partido en dos

y un verso mitad madera,

mitad estrella.

 

Recobra en el agua

la silueta perdida

y no permitas jamás

que una nota se te ahogue

en el corazón de una madrugada.

 

Está escrito en los borradores

de la bruma de otoño

que eres errante,

siempre arribeño,

huérfano perpetuo del beso

cotidiano de tu madre.

 

Cuando se acerque tu voz a su tarde

toma un hálito de hogueras pequeñas,

blande tu puñal de clavel y resedá,

desafía al lucero mayor,

ponte sobre tres cumbres,

hiere al brillo en su mano

y, en un vaso encendido,

bebe su fuego sin respirar.

 

No te detengas al pie

de ninguna nostalgia;

que ninguna alegría

atrape tu afán de caminos:

sé siempre un paso alerta,

un itinerario de regreso

condenado a la partida.

Canto, jamás claudiques

por el aroma de ninguna primavera,

ni por el sabor oscuro

de un invierno sin pájaros despiertos.

 

 

RAZONES DE LA PALABRA

 

Para tocar la herida sangrante de mi pueblo

para beber de un solo sorbo la nostalgia

para sentir en mi carne el filo ardiente del puñal

para cantar guaranias en la noche sin estrellas

 

para besar la escondida sonrisa del invierno

para gozar en la hora de la siembra de aguaceros

para tocar con mis manos el pulso de la lluvia

para ser feliz en el instante del regreso

para nombrar al amor incluso por sus apodos

para ser contagiado por la inocencia de la madrugada

para saberme hombre en el nombre de una mujer

 

para no morirme de un síncope de silencio

 

para eso elegí caer en la emboscada de la palabra

 

 

A QUEMARROPA

 

Hecho de ceniza,

gris hasta su médula inquieta,

agosto trepa la tarde,

acorta el suspiro,

alarga el bostezo,

es humo de tiempo

que pregunta

por el secreto de la ausencia.

 

Mientras

el silencio se adueña del dial,

la rutina, puntual, está en el aire

ya gira el disco del tedio libretado.

 

De pronto,

desde quién sabe qué monotonía

me asedia una hoja en blanco,

me dispara un verbo a quemarropa

un adjetivo despavorido

y entonces,

libre de lo repetido,

me entrego

a la poesía.

 

 

RASTROS APAGADOS

 

Sin saber por qué la última orilla de cada tarde

lleva a los altos montes el vuelo de los pájaros

 

mirando los ojos perdidos de mis mayores

transitando sobre los huesos de años idos

oyendo el ayer en amarillas páginas de libros

conversando con guerreros que todavía combaten

recorriendo los esterales de la historia

 

pregunto por mis raíces

 

de compañía en compañía

de cedro en cedro

de arpa en arpa

de llaga en llaga

de mudez en mudez

 

pregunto por mis raíces

 

quiero saber dónde nacen las voces de los míos

por qué el coraje solo aparece en los discursos

quien robó la última esperanza despierta

de dónde vienen los hijos de la sumisión

para qué sirve la palabra debajo de la almohada

pregunto por mis raíces

 

encuentro sólo rastros apagados por la noche

heridas que prefieren el dolor del silencio

inminencia de golpes en la madrugada

cobardías que se leen al costado de los gestos

 

pregunto por mis raíces

 

sólo hay sombras que llevan a otras sombras

pistas que acaban en un precipicio

claves que sólo descifran los muertos

 

igual, tenaz e impaciente,

 

pregunto, pregunto por mis raíces.

 

 

II

 

 

AUTOBIOGRAFÍA

 

Vistiendo seis caldeados veranos,

apenas niño descalzo,

con la inocencia todavía intacta,

me arrancaron del aire de los míos.

 

En vez de picadas y carreteras

vi anchos caminos bañados en polvo;

solo en el mapa de un verde paisaje

quedaron Potrero Yvaté y Santaní.

Navegando entre camalotes

las blancas casas de Rosario

me mostraron el primer puerto de mi vida

sin confesarme aún que sería marinero sin agua.

 

Ya cada vez más lejanos quedaban

los nombres de la brisa antes de la lluvia,

la gradación de la luces en el alba,

las travesuras del Palo Blanco inolvidable,

los infinitos campos de mi única tierra,

el arisco alazán de mi padre Manuel,

el aroma herido del incienso,

el corral del rito cotidiano,

la ovenia de músculos siempre visibles,

el coraje de María, mi madre.

 

Ya en el Anaa Barthe

vi jinetes cabalgando sobre madera,

el brinco espumoso del río Paraguay,

muelles, planchadas y barrancos

eran solo fugitivas imágenes de febrero

de aquel año sesenta que me volvió caminante.

 

De pronto, en una bahía,

supe que todas las piedras aguardaban mis pasos,

los muros levantaron en mi asombro de campesino

su dato canto de piedra y ladrillos.

 

Asunción ya estaba entre mis huesos

con sus baldíos, pandorgas y bocinazos.

Empezaba a ser otro aunque nunca

sería otro del todo en el ardor del cemento.

 

Fue entonces cuando perdí

la novena maravilla del cuarto menguante,

el saludo de los troperos arroyenses,

el olor a quemado de las siestas de agosto,

el sueño varonil de un arma en la cintura,

el afán de ser jinete montado en un malacara,

los rozados marcados a punta de filo y sudor,

la ronca voz del poniente,

la oración a unta Bárbara en la tormenta,

el tiempo eterno contado desde un mangrullo.

 

Me atraparon en calzados, camisas con olor a pacholí,

anteojos para no ver la silueta de la nostalgia,

horarios aun para el suspiro más secreto,

cortesías de cartón para cada ceremonia.

En mi boca enmudeció el guarani,

mi lengua sintió la mordedura de extrañas palabras.

 

Ya, exiliado en la capital

aprendí la añoranza,

me cobijé debajo de nuevas memorias

y poco a poco entendí

que solo el regreso era el muelle de mi dicha.

 

 Con medias a toda hora,

tomando la urbana sopa diaria,

educado en mucho gusto, perdón y padrenuestros,

sin embargo, nunca, nunca,

borraron de mis manos

el tibio cuerpo de la tórtola en el ñuhâ,

las semillas en el útero de setiembre,

el olor a cedrón kapi'i,

los vocablos de mis primeros asombros,

la rebelión de las hierbas antes del amarayvi,

las pezuñas en tropel corriendo hacia la aguada,

los estaqueos de los ranchos,

las bateas de almidón y jolgorio,

la tarea de caña dulce, guitarra y ñemboki,

las correrías de Perú y Pychãichĩ,

el misterio que llaman pombéro.

 

Desde aquellos remotos cercanos días

el techaga’u es mi sombra más verdadera.

 

 

PREGUNTAS A MI MADRE

 

 ¿Con qué canto de cigarra veraniega

le anunciaste a mi padre

que ya mi corazón inquieto

latía en tu ombligo de madre?

 

¿Cuántos gallos de la aurora,

olvidaron su rutinario oficio

de anoticiar la cercanía del alba

celebrando tu júbilo más nuevo?

 

¿Con qué colores de monte y azucena,

aguada, clavel y jeguaka

volaba la mariposa de la dicha

cazando vieron ustedes mi risa inaugurada?

 

¿Qué armas de hombre y memoria.

tenía en la cintura caliente

Jaguarete Careaga, dura madera de monte,

cuando derramó aquella risa que me ojeó?

 

¿Recuerdas todavía la miel de ni boca

en aquella tarde única por siempre

en que, por primera vez,

te di el mundo llamándote "mamá"?

 

De niño, cara de barro y sol,

en la pausa de mis juegos de lazo y hondita,

¿qué me gustaba más:

el eíra kesu o el kamby roca?

 

Alguna vez, de repente,

en algún mediodía de fuego y kurupi,

con Silvio, mi compañero de correrías,

¿huirnos sin permiso al Palo Blanco?

 

¿Qué vaticinaba el Bristol

en aquel día en que dijeron:

Bernardo y Eufrocina, de Costa Puku,

serán los padrinos de este niño de setiembre?

 

¿En qué mes de la primavera,

con un mameluco azul,

emocionado y feliz,

subí al lomo de aquel esbelto caballo alazán?

 

¿Será que del almacén de Salomón, Sakuapé

salió aquel solidario cajón

en que al final de un liño de maíz,

ansioso, esperaba tu, regreso?

 

¿Tal vez doña Simeona

y la ovenia del Karanda'yty,

en la fiesta del aroma de las guayabas,

sabían ya mi destino de caminante?

 

¿Amaba más, de pequeño,

los cortos aguaceros de noviembre

o las lluvias perpetuas de octubre,

en el tiempo de las sernillas en el surco?

 

¿Te acuerdas aún, mamá,

en qué solemne ocasión,

mis oídos oyeron por primera vez

el son de la guitarra de mi, tío Catalo?

 

¿Cuál de mis alegrías estaba conmigo

cuando mis abuelos Adolfo y Juan José

me ponían en la palma de la mano

la inmensa maravilla de un caramelo?

 

¿Qué me hacía dormir más rápido:

el torore que me cantabas en el kyha

o la promesa de un beso tuyo

en el ysapy de la siguiente alborada?

 

¿Qué limpia. y humilde camisa tenía

cuando, uno a uno,

mis hermanas y hermanos

sumaron sus algarabías al okára de la casa?

 

¿Algún arribeño acaso te dijo,

en la quietud de una siesta,

que la palabra, el silencio y la semilla

serían mis armas para las batallas de la vida?

 

¿Imaginaban ya ustedes, entonces,

rnirando la dirección de mis huellas,

adivinando mi afán de luceros,

que yo sería un hijo para la ausencia?

 

 

A FLOR DE AUSENCIA

 

Yo que soy hijo del avatiky

las aguadas

el, truco de caña, flores y envidos

la karrerape de la siesta del Palo Blanco

los tordillos con lazos en la grupa

la calesita jubilosa del quince de diciembre

el kiveve de amarilla sonrisa,

la sangre urgente de la pista de baile

el tereré fraterno de la llegada

la fuga de la moza acaso virgen todavía

los troperos de Arroyos y Caraguatay

la carreta con guampa y resedá

el amangy meciendo el sueño de abril

las noches de estrellas en la tierra

la doma del viento de agosto

los relatos de Perú y Gallo Vi' o

la ovenia

el ceibo

la rosa morotĩ

el jazmín del okupe

la inocencia que se llama jeheka

prisionero de esta hoja

¿qué hago atado a las paredes

asfixiado por el humo de las siete

acodado entre tantos modales urbanos

atrapado entre noticias, agendas y teléfonos?

 

Soy un havia korochire sin cielo

un tajy de pétalos sin sol

un sueño de regreso

a flor de ausencia.

 

Alguna vez, sin embargo,

será polvo la espera,

oiré de nuevo al rocío llamando mis nombres,

 

Entonces, junto al tataypy de lo mío,

recuperaré, de golpe, todo el sabor de la vida.

 

 

ÍNTIMO LLAMADO

 

En una tarde sin copias todavía

dejando besos a medio camino

sin más equipaje que mis sueños

 

a pesar de las noches que amo

la costumbre de encender maravillas

con aires de victoria en cada gesto

 

sabiendo la clave oculta de un lunes

el color de la nostalgia sin adornos

cómo se ahuyenta el polvo de la rutina

 

para que las piedras sean diamelas

los silencios inapagables voces

la ausencia un racimo de llegadas

 

con la añoranza herida de muerte

respondiendo a la voz que me reclama

amasando un júbilo más entero que nunca

 

así, desde el límite de la espera

sobre cenizas, coraje y dicha

me llama sin tregua Potrero Yvaté.

 

 

III

 

AMO DE LAS LENGUAS

 

Día a noche, sin fatiga,

golpeando en su fuego los vocablos,

desarticulando sus vínculos con el sueño,

quedó el silencio

como único dueño de las lenguas.

 

Su poder creció y se multiplicó

desde las orillas del agua

hasta las cuerdas de la guitarra.

Hirió al grito en la garganta,

no dejó que ningún verbo se rebelara

ni que echaran raíces en la mañana.

 

Ahora bosteza en los discursos

merienda con los niños sin padres,

busca nombres en la guía telefónica,

descalzo, derrama semillas en el surco,

elige el color del próximo vestido,

corrige las partituras de un concierto,

enciende homenajes a un solo amo

y cuida muy bien de que a su rebaño

no le atraigan los aromas

de lo que llama, falsa primavera.

En un peldaño clandestino,

sin embargo, a contraviento,

crece una inatajable voz de luceros

que enciende un tropel de palabras

nombrando la libertad.

  

 

PADRE MIEDO

 

Padre Miedo que

estás en la tierra,

en el cocido sin leche,

o orillas de cada gesto,

en el noticiero de las siete

en el verbo en tiempo futuro,

santificado

es tu nombre,

tu apodo

tu sombra

tu milésima copia

ya tu reino

habita la lengua

el párpado

la mirada

el cuarto menguante

tu voluntad se hace

a sol abierto

a luna cerrada

danos hoy

más llanto en el río

una dosis de fuego

setecientas lágrimas sin uso

perdona

los guiños de rabia

la página rebelde

y déjanos caer

en la tentación

de amor a contramano

la libertad.

 

 

ELEGÍA DE OTOÑO

 

Era un hombre cabal,

amaba el secreto de las hojas amarillas;

vistió siempre de canto

su corazón de madera y guitarra.

 

El dolor compañero

conoció el nombre de cada una de sus huellas,

pero la risa en su boca

fue un hábito perenne de primavera.

 

Amasó el diario pan

con la viva sal de su frente limpia y morena;

como todo mortal,

callado, guardó en su cuerpo esperanzas heridas.

 

Su mano transparente

secó el llanto de ojos acosados por lágrimas;

hospedó en su costado

los frágiles límites del amor y la ausencia.

 

Ya no habrá golondrinas

pintando de celeste mariposas en vuelo;

firme, amarrado a los años,

a su memoria no le crecerán raíces de olvido.

 

 

IV

 

MUJER PARA UN TIEMPO ESPERADO

 

Mujer remota

mujer cuya silueta

aún no pude acariciar

mujer mía

humilde

noble

sencilla

hecha de aromas

hospitalaria

adolescente

madura

mujer

para el invierno

y el verano

la ausencia

el regreso

el perdón

la gloria

y el abismo

la siesta

el amarillo

la trasnochada

la semilla

y los frutos

mujer

para la flor

y la espina

el amor

el odio

la desnudez

mujer

sin saber

tu nombre

te nombro

en versos

adoro

tu pelo claro

visto tus besos

como hechos

solo para mí

mujer

dónde reposas

cuál es el signo

de tus bostezos

cuál es la clave

para conocer

tus alegrías

recién estrenadas

mujer mía

única

gozosa

y sufriente

de todos los climas

horarios

angustias

mujer

callada

serena

con milagros

olvidados

por la primavera

mujer

atesoro

sin tiempo quizás

cada tiempo futuro

que has de traer

ya me inquietan

tus pupilas

me acosan tus abrazos

me circundan

tus caderas

no te conozco

mujer mía

sólo sé que vives

en un rumor

quieto cercano a la tarde

en alguna playa

en algún llamado

telefónico

en alguna pregunta

en alguna cortesía

en alguna cuna

de la vida

te espero

mujer.

 

 

CANTO POPULAR

 

Quiero un canto popular para tu boca,

una melodía fresca y dura desde tu garganta.

 

Un canto popular para tu boca.

Que resbale del sur hacia el poniente.

 

Hecho de guitarras con memoria de jazmín

con añoranzas prendidas al sabor de la cosecha.

 

Con todas las angustias hermanas de la espera.

Con el molde atribulado del llanto vespertino.

 

Llevando a cuestas, en huellas de cicatrices,

todas las alegrías y esperanzas de los hombres.

 

Un canto popular para tu boca siempre alerta.

Como rocío, como luz, como tormenta sin tregua.

 

Borrando silencios y germinando rebeldías,

quiero el rayo de un canto popular en tu boca.

 

 

JÚBILO MOJADO

 

 Descalzo,

sintiendo que la tierra

se conecta a mi sangre,

camino bajo la lluvia

(Si pudiese elegir, mi destino

sería sin duda tu corazón).

 

Recobro, en cada paso mojado,

una perdida memoria de la infancia.

 

Casi libre, dejo que mis pies

borren la huella del tiempo,

esa terca atadura sin rumbo.

 

Y cierro los ojos

para que solo el júbilo

de tu recuerdo

me empape a solas.

 

 

NOCHE PERPETUA

 

Quiero que esta noche sea perpetua.

 

Que se detenga justo en el ojo de, la sombra,

detrás de las voces apagadas,

en el sueño quieto de la gente,

 

Que se detenga, sí,

que no se rija por su destino ciego

de caminar segura hacia el puerto del alba.

 

Que se detenga en una guitarra,

en un canto que nombre toda la dicha

en el momento preciso del retorno de una cigarra.

 

Que se detenga exactamente

allí donde tu fuego esté en su punto más alto,

donde mi ardor sea más completo.

 

Que se detenga, sencillamente,

sobre un minuto sin cédula

que nunca jamás llame a sus otros hermanos.

 

 

 ENLACE AL POEMARIO EN CASTELLANO

DE MARIO RUBÉN ÁLVAREZ

" ÑE’Ẽ APYTERE"

 

 

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ÍNDICE

I: Iha’arõmby / Kĩrĩrĩ / Guyra saite / Ñe’ẽ apytere / Tatapu

II: Yvy’ỹ Cielito / Ko’ẽ rekávo / Chokokue ruguy / Jatevu / Ko’ẽrõ / Mboriahu mano / Tetã rapo pyahu / Tupã mitãmi

III: Techaga’u rata / Yvága Potrero Yvaté / Che sy rovetãme / Ñasaindy pore’ỹme / Ahátamante che sy

IV: Yvága yvypegua / Cielito mborayhu / Hoky jeýva / Mbaraka ysapy / Vy’a reruha

V: Y memby

 

 

 

 

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