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MARIO RUBÉN ALVAREZ BENITEZ


  LAS VOCES DE LA MEMORIA - TOMO VIII - HISTORIAS DE CANCIONES POPULARES PARAGUAYAS (Autor: MARIO RUBÉN ÁLVAREZ)


LAS VOCES DE LA MEMORIA - TOMO VIII - HISTORIAS DE CANCIONES POPULARES PARAGUAYAS (Autor: MARIO RUBÉN ÁLVAREZ)

LAS VOCES DE LA MEMORIA

HISTORIAS DE CANCIONES POPULARES PARAGUAYAS 

TOMO VIII
Autor y ©: MARIO RUBÉN ÁLVAREZ

Edición del autor y Julián Navarro Vera

Dibujo de tapa: ENZO PERTILE

Armado y diseño: Isaac Duré Giménez

Editora Litocolor S.R.L.

Asunción-Paraguay 2008

 


 
PRÓLOGO
EMILIANO, UNA PASIÓN POR EL CAMINO


Una de las vidas más apasionantes de la poesía popular paraguaya es la de EMILIANO R. FERNÁNDEZ. La letra mayúscula puntuada entre su nombre y el apellido paterno para rendirle un homenaje a su madre Bernarda Rivarola-constituye un rasgo de originalidad y, al mismo tiempo, de atrevimiento. Ese gesto retrata buena parte de lo que fue la existencia de uno de los poetas más significativos de la historia de la literatura de nuestro país.


En el mundo de la oralidad donde no quedan rastros escritos del itinerario de una persona-, resulta difícil establecer una cronología precisa de los pasos del que eligió el destino de ser andariego. Por encima de cualquier rasgo peculiar que le pudiera caracterizar con trazos bien definidos, era un hombre libre, sin ataduras. Su pasión más verdadera fue el camino.


Esa voluntad de recorrer la geografía de su patria era inherente a su condición de creador. Atado a un lugar, su inspiración se hubiera asfixiado. No tenía, por lo tanto, otra salida más que responder a ese instinto de no detenerse nunca. Ni siquiera el acecho de la muerte -en la guerra contra Bolivia y luego de recibir una herida de bala que, finalmente produjo su deceso el 15 de setiembre de 1949 en Asunción-, lo retuvo. Era fatalista “el destino irremediable oñecumpli cherehe- dice en ADIÓS CHE PARAJEKUE, pero aun así no rehuía de lo que sus andanzas podrían depararle. Coraje era lo que le sobraba.


Sus musas eran viajeras como él. Lo aguardaban en los quebrachales de la taninera Carlos Casado, en los cañadones chaqueños donde la metralla buscaba víctimas para saciar su sed de sangre, en las bifurcaciones de las carreteras, en las casas de los amigos que le abrían sus puertas, en los aromas que le iba dictando la naturaleza al verlo transitar, en los ojos de las mujeres de su trayecto y en la memoria colectiva de la que era portador.


Un Emiliano sentado en una oficina, inmerso en la rutina diaria de un hogar con una sola mujer e hijos a los que acompañara a la escuela, puntual, disciplinado y sosegado es inimaginable. De haber estado ceñido al código de lo que la sociedad ve como normal, sin transgresiones, la literatura nacional no hubiera contado con una voz que expresara a un pueblo de un modo tan vigorosamente testimonial y encendido.


Venido al "valle de lágrimas" el 8 de agosto de 1894, continúa la polémica sobre su lugar de nacimiento. Yvy Sunú (Guarambaré) y, en los últimos años, Concepción disputan ese eslabón inicial de su historia personal. A falta de un documento categórico, con argumentos que se inclinan a uno y otro lado, el peso de la balanza parece inclinarse hacia los más cercanos a la capital.

La intención de este libro no es contar la vida de Emiliano. Ya otros lo han hecho dentro de las limitaciones que supone partir de testimonios no siempre verificables. La intención de este volumen de "LAS VOCES DE LA MEMORIA" es relatar las historias de algunas de las letras -casi todas musicalizadas- incluidas en sus páginas. Hay que reconocer que la tarea no ha sido fácil sobre todo porque se tropieza con las mismas barreras que encuentra quien pretende hacer una biografía de R. Fernández. En la oralidad es imposible constatar la certeza de lo que los informantes mencionan. Por eso, son versiones que pueden tener aún otras expresiones.


Como se sabe, cada uno de los textos apareció antes en el Correo Semanal del diario Última Hora. Independientes unos de otros, hacía falta -en muchos casos- incluir antecedentes que ya habían sido consignados en otras publicaciones de la serie en el periódico. Al darle un cuerpo unitario ahora, puede que algunos datos o consideraciones estén repetidos. Ya se sabe, entonces, por qué.


El autor es consciente de que aún hace falta investigar mucho para esclarecer algunos aspectos de la vasta obra del mayor poeta popular del Paraguay. Lo que aquí se ofrece es apenas una gota en un río ancho y caudaloso que todavía necesita una minuciosa exploración. La publicación pretende abrir una puerta por donde otros puedan entrar a buscar un tesoro que aún tiene filones insospechados.


Emiliano es un patrimonio cultural. Su poesía sigue vigente porque expresa sentimientos universales. En lo fundamental, lo que nombra sus versos sigue retratando el alma de los paraguayos. Ya no hay guerras contra la Triple Alianza o Bolivia que pelear en el presente, pero es indudable que hay otras trincheras que la soberanía humillada necesita ocupar portando las armas propias de la paz. En el amor, el calvario de la ausencia permanece como una montaña sobre el corazón. La era de Internet no elimina la herida que abre un desengaño. En fin, su verbo está de pie, encendido por lo que todavía nos quema, interroga y desafía.

MARIO RUBÉN ÁLVAREZ

Casi primavera, 2008
 

 

ASUNCIÓN DEL PARAGUAY

UNA AÑORANZA INCONTENIBLE

 

SANTIAGO CORTESI -nacido en Isla Sakâ, Yegros, departamento de Caazapá el 7 de junio de 1913 y fallecido el 4 de junio de 1992 en Asunción-, es uno de los grandes arpistas paraguayos. Primo de los Larramendia -Agustín, Rubito; Generoso, Chirole; Luciano, Chulo-, su vida estuvo íntimamente ligada a esa fraterna y solidaria relación familiar.
** «De niños, vivíamos todos juntos en un korapy guasu. No había alambrada ni nada que nos distanciara. Eran dos familias Cortesi y la nuestra. Mi mamá era también Cortesi. Los primos crecimos juntos, más apegados a los de nuestra propia edad. Jugábamos y trabajábamos. Y también aprendíamos música. Creo que esa inclinación nos vino de la ascendencia italiana de la rama de mi madre», explica GENEROSO LARRAMENDIA, lúcida memoria de su entorno familiar y de un segmento relevante de la música paraguaya en la Argentina.
Rubito muy pronto supo que su vocación era la música. A los 16 años ya tenía un conjunto del que formaban parte sus hermanos más grandes y Santiago -que había aprendido a pulsar las cuerdas del arpa con un maestro que había venido de otro lugar- así como su hermano Guillermo, al que apodaban Pilé.
Cuando sonaron los tambores de la Guerra del Chaco, en 1932, Agustín y Santiago bajaron hasta Kangó -hoy General Artigas, en el departamento de Itapúa- para alistarse en el Ejército. Fueron remitidos al Acantonamiento Militar N° 1 que estaba en el barrio Sajonia, Asunción. Su calidad de músicos pronto los distinguió entre los futuros combatientes. Fueron seleccionados para integrar el elenco artístico dirigido por ROQUE CENTURIÓN MIRANDA, hombre de teatro respetado y admirado en la época.
Después de algunas actuaciones benéficas para la Cruz Roja, remontaron el río Paraguay, bajaron en Puerto Casado y se internaron en la espesura chaqueña.
Sus instrumentos -Rubito, guitarra y Santiago, arpa- fueron sus armas. Libraban acaso las batallas más difíciles y permanentes de la contienda bélica: mantener alta la moral de los soldados, incrementar su patriotismo y conservar viva la llama del coraje. Formaban parte de la orquesta del COMANCHACO dirigida por HERMINIO GIMÉNEZ.
Cuando las metrallas callaron, los primos volvieron a Asunción. Agustín cumplió la promesa que le había hecho a JULIÁN REJALA -también músico e integrante de la agrupación musical del frente- tomando parte de su conjunto. Santiago volvió a su tierra, sin dejar nunca las cuerdas de su arpa.
En la segunda mitad de 1930, con sus hermanos Generoso y Luciano, así como con los guitarristas FIDELINO CASTRO CHAMORRO y TEÓFILO NOGUERA -ex integrantes también del conjunto del Chaco-, Agustín emprendió el vuelo hacia sus sueños: llegar a Buenos Aires, actuar, grabar y, en fin, hacerse famoso.
En 1940 Santiago -convocado por sus primos- viajó por primera vez a Buenos Aires. Volvió poco después. Como Generoso y Luciano vinieron al Paraguay a hacer su servicio militar en la Marina, cuando salían de franco, iban a la casa de Santiago.
«Él se mudó de donde vivía al barrio Pinozâ. Construyó su casa allí. En ese tiempo compuso la música de ASUNCIÓN DEL PARAGUAY. Fue en el año 1942. EMILIANO R. FERNÁNDEZ le andaba buscando. Le habían dado su dirección antigua y, finalmente, lo encontró. “Atapia jave la che róga ou la Emiliano che rendápe. Hoooopaaaa, ndaikatu mo’âi rejapo la arúva ndéve (cuando estaba haciendo la pared de mi casa, Emiliano vino junto a mí. No vas a poder hacer lo que te estoy trayendo”), contaba Santiago que le dijo el poeta. “Aru ndéve peteî verso, pero tuju meme la nde po (te traigo un verso, pero tu mano está llena de barro)”, le dijo Emiliano. Era una casa de tipo campesino, para no pagar alquiler», relate don Generoso.
«Pronto le hizo la música. Los DEMETRIO -AGUILAR Y ORTIZ-, que eran parte de su conjunto entonces, la estrenaron», termina de contar Chirole Larramendia.
La letra tuvo otro itinerario. Otros itinerarios tal vez, en el tiempo y en el espacio.
Cuando EMILIANO R. FERNÁNDEZ quería partir del lugar donde estaba, no había razones que lo pudieran atajar. Ni siquiera el amor, que parece ser el argumento más convincente para frenar a cualquier ser humano. El camino -ya fuese de polvo o de agua- ejercía sobre él una fascinación a la que no se resistía.
El poeta trabajaba en los obrajes de Carlos Casado en el Chaco. Y una noche cualquiera, como un jaguarete voraz del monte con olor a quebracho, la nostalgia se abalanza sobre él. En ese techaga'u superlativo hay que buscar el origen de los versos de ASUNCIÓN DEL PARAGUAY.
«Un día Emiliano resuelve bajar a la capital. Y se viene con su hijo GUAHO POTY y su poema ASUNCIÓN DEL PARAGUAY, que era algo así como la llave para la conquista de Asunción», contaba el poeta DARÍO GÓMEZ SERRATO en un texto escrito para la publicación «EMILIANO REKOVE» que dirigía MARINO BARRIENTOS (1).
A pesar de que Darío afirma que ya trae desde el norte la poesía, su contenido permite sostener que lo escribió ya después de llegar a destino. O al menos cuando estaba muy cerca de él y sentía fragancias que le eran familiares desde antaño. La Asunción a la que canta es muy inmediata a él, no lejana.
«Lo aguardamos con FÉLIX F. TRUJILLO, HÉRIB CUENCA RIVEROS, JOSÉ V ROGNONI y otros amigos», relataba Gómez Serrato. La espera fue infinita, «desde las primeras horas hasta el amanecer». Lo que ocurrió -según él mismo cuenta- es que Emiliano ya quedó “varado” por las playas del barrio Varadero». Unos amigos lo bajaron del barco allí. Fiel a su tradición, olvidó que lo estaban esperando.
El investigador de los pasos del escritor, EUGENIO HERMOSA SELLITI ubica la creación de ASUNCIÓN DEL PARAGUAY antes de la primera movilización, tras la muerte del teniente Adolfo Rojas Silva en el Chaco en manos de tropas bolivianas. ELPIDIO ALCARAZ SEGOVIA, también profundo conocedor del itinerario vital de Emiliano, cree que tuvo que haber escrito por esa época.
El igualmente versado rastreador de sus huellas ÁNGEL ANTONIO GINI JARA recuerda que entrevistó al autor de la Música, el arpista y compositor SANTIAGO CORTESI. «El me dijo que Emiliano le entregó la letra ya después de la Guerra del Chaco, en 1936», asevera y luego precisa que Emiliano fechó su creación en agosto de 1928, de acuerdo a KA’A JARÝI, una publicación que recogía las obras del vate de múltiple voz. «El primero en grabarlo fue el conjunto de Santiago Cortesi en Buenos Aires con las voces del dúo ALONSO (RAÚL)-CHULO (LUCIANO) LARRAMENDIA», añade Gini Jara.
(1) Barrientos, Marino. Emiliano R. Fernández, a 100 años de su natalicio y 45 de su muerte. Asunción, 1994.
 


ASUNCIÓN DEL PARAGUAY
 

Ndaikuaái ojehúva chéve, che ko’ênte sapy'a
che ygue ygue rei, imposible ndavy'ái
ama’ê y Paraguaýre, che resa anga ko ikâ
ajuségui rohecha Asunción del Paraguay.

Ymaitéma ku guyráicha aikove iñapytîmby
iñañáva tekove che pepo anga oikytî
noguahêiva cherendápe peteî ára tory
che pejuva'erâ po'ápe che reru rohechami.

Âgâ péina Ñandejára «iporâmante» he'i
ha peteî guyrami che rendápema ojokuái
che rupívo ipepo ári chereru rohechami
amano mboyve jaíre, Asunción del Paraguay.

Nendivéma che ko’êvo, che pytu arumi jevy
chepeju yvytu ambue noguâhêivami amoite
omymýi che korasô, oikovéma che ruguy
oje'omive chugui tukumbo rapykuere.

Aheja che rembiayhu jepevérô ambyasy
añandúva che jopy tekoasy chemonguerái
aheja avei che symíme tapere ha pore’ỹ
ajuségui rohechávo, Asunción del Paraguay.

Che rasy techaga’úgui iñypytû che rekove
ha amoite javorái guýpe nahi’âi chéve amano
ha aru che korasôme ojehýiva ku pere
ha kyvômante ikatúne yvotýpe aipohano.

Rehendúva apurahéirô, rehendúva che ñe’ê
rehundúva che pyambúrô, che rova nderehechái
kóina upévare aru mbykymi ajapova’ekue
purahéi ndéve guarâ Asunción del Paraguay.

Ahetûma ku jazmín ahetûma reseda
ahetûma ku cedrón che py’a rupi rupi
hyakuâvu Paraguaý ku yvága ja'eha
iporâ ndaijojahái Juan de Ayolas tapyîmi.

Tomimbi mbyja ko’ê, tahyapu laurel rakâ
toveve pindo rogue, leonmi tosapukái
ñande sy topukavy, tomboveve iñakâhoja
imembýpe tohovasa, Asunción del Paraguay.

Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

Música: SANTIAGO CORTESI

 

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ASUNCIÓN DEL PARAGUAY de EMILIANO R. FERNÁNDEZ

 

Intérprete:  JUAN CARLOS OVIEDO

 

 

 

Intérprete:  ÑAMANDU

 

 

 

Intérprete:  TITO OLMEDO

 

 

 

LA PÁGINA ROTA

DESDE LA AUSENCIA

 

Los amores de EMILIANO R. FERNÁNDEZ fueron intensos y numerosos. Sus versos estaban encendidos de pasión. Cantaba sobre todo a lo que fue y quedó para siempre hacia atrás aunque, a ratos, desandaba el camino, se reconciliaba con su amada y su verbo alimentaba de nuevo la ternura.
MARÍA BELÉN LUGO, Belencita, sin duda fue el gran amor de su vida. Y, como tal, fue también el mayor dolor de su existencia. Las obras dedicadas a su esposa van desde el cariño más excelso al odio más exacerbado.
Junto a otras -CATALINA GADEA, MARCIANA DE LA VEGA, DOMINGA LUGO, DOMINGA JARA Y MATILDE CAÑETE, entre tantas-, el nombre de FERNANDA (AGUILERA) aparece como destinataria de sus obras. Una de ellas es LA PÁGINA ROTA, escrita en 1928 y musicalizada por GABINO ESPÍNOLA- nacido él 19 de febrero, pero anotado con fecha 1º de marzo de 1930 en el barrio Pinozâ de Asunción, integrante del recordado dúo ESPÍNOLA-MARÍN- en 1960.
«Entre 1926 y 1948 fue su musa inspiradora. De niño, papá me llevó a su casa. Vivía en Trinidad», cuenta Laureano Fernández, hijo de Emiliano, al hacer alusión a Fernanda Aguilera.
«Era de Pirayú Yurú, que estaba hacia Itauguá Guazú, según me contó LUCAS MEZA, amigo y dúo de Emiliano. La mujer era, no sé de qué lado, pariente de ellos. En la época en que vivía por ahí le conoció porque ella iba y venía y se enamoró de ella», relata, en tanto, el músico y compositor NÉSTOR DAMIÁN GIRETT.
«A ella le dedicó también EL DÍA DE MI ROSA en la Estancia Guahó, Alto Paraguay, en 1928. Horas de ausencia también la tiene como protagonista», afirma a su vez el investigador de la música paraguaya ELPIDIO ALCARAZ SEGOVIA.
«A Emiliano lo conocí personalmente de niño. Pasaba por el patio de mi casa para ir a visitar a la familia de ÁNGEL RAMÓN OSORIO que tenía el conjunto OKÁRA POTY. Venía descalzo, con su chaqueta verde'o y su mbaraka perô, además de su náko y su sombrero», rememora Gabino Espínola.
«Estaba muy enfermo un día, en 1960 en mi casa de Pinozâ. Tenía “fuego de San Antonio”. Mba'eve naiporâi chéve (nada me consolaba). Cuando estuve mejor, reponiéndome, tomé la guitarra y me salió una melodía. Lo primero que se me ocurrió fue ponerle como título Fuego de San Antonio», sigue narrando.
En esos días cayó en sus manos la Revista «Reminiscencia» que traía letras de autores diversos. «Allí encontré LA PÁGINA ROTA. Probé con mi música y le calzaba perfectamente. Fui junto a Laureano Fernández, que trabajaba en el Ministerio de Hacienda entonces y él me dio la autorización. Lo grabé con el Conjunto Tricolor y el dúo Espínola-Marín entre 1961 y 62. Como para el disco cada composición debía durar solo 3 minutos; únicamente grabamos las primeras cinco estrofas y la última, completando seis de las 16», concluye Gabino Espínola.



LA PÁGINA ROTA (*)

El sol arrebolado se hunde en el Poniente
y acecha sigiloso el triste anochecer
sus cárdenos reflejos desmayan lentamente
en ritmo con mi inmenso, profundo padecer.

Conmigo va la noche envuelto en su ancho velo
como un fantasma loco mi pobre corazón.
Las noctívagas aves del mal y del desvelo
sobre mi alma cruzan en larga procesión.

Llena un frío de ausencia mi lóbrego aposento
y a Dios solo confieso mi tétrico sufrir.
Y tú, lejos, amada, ignoras mi tormento
ignoras el martirio de mi intenso vivir.

Mi senda entenebrida está llena de espinas
agudas y punzantes espinas del dolor.
Los jilgueros huyeron de la selva vecina
ya no sueltan al viento su música de amor.

Las flores que en otoño brindó la primavera
hoy pálidas y mustias están en la orfandad
todas tiemblan y gimen en la angustiosa espera
aguardando que vuelvas mi voluble beldad.

Así también yo vivo herido con tu ausencia
distante de tu gracia, sin escuchar tu voz.
Las alas del destino arrastran sin clemencia
mi barca de esperanza que a ti fuera veloz.

Aquel dichoso nauta hoy náufrago y sin tino
zozobra entre las olas del mar de la aflicción.
Amada, tú lo sabes: perdido está el marino
porque apagó el destino su faro de ilusión.

Perdí ya tu cariño, perdí ya tus amores
lo que perder pudiera perdido todo está.
Mi estrella favorita me niega sus fulgores,
sus besos de esperanza ya no son para mí ya.

Errante en la intemperie, mas siempre decidido
iré buscando sombra mejor que la de ayer
soñando con tu cariño y en tu encanto florido
y en la rosada gloria de nuevo amanecer.

Desde el remoto instante de aquella vez primera
tu nombre es como un himno que idealizó mi amor.
Y florece en mis versos como una primavera
en la que eres reina, mi resedá en flor.

Comprendo que es humano sufrir las decepciones
comprendo lo voluble que fue tu corazón
comprendo tu inocencia, por esos estos renglones
Fernanda, amada mía, te llevan mi perdón.

Qué vivas tú contenta mientras malignos labios
diabólicos se empeñan en malograr mi bien.
Aquí yo estoy de pie para afrontar agravios
el odio, las traiciones y el sable del desdén.

Mañana si te vieras por rutas indecisas
llorando desengaños cargados de dolor ven
Fernanda a mis brazos que sobre las cenizas
perennemente tuyo encontrarás mi amor.

No importa que tu gracia florezca en mano ajena
no importa que se burlen de mi fe y mi ilusión
y aunque mi senda encuentre de lodo y zarzas llena
rencor no guardará mi pobre corazón.

Tal vez el egoísmo falaz y traicionero
que loco destruyera mi nido de placer
mañana se transforme y sea en mi sendero
como una flor que arome mi triste atardecer.

Adiós dulce Fernanda, soñada novia mía,
me voy con paso incierto buscando otro vergel.
Adiós aquellos ojos que fueron mi alegría
adiós aquellos besos que fueron todo miel.

Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
Música: GABINO ESPÍNOLA
(*) Versión completa

 

 

 

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LA PÁGINA ROTA de EMILIANO R.FERNÁNDEZ

 

Intérprete:  DÚO MÉNDEZ LÓPEZ
 
 
 

Intérprete:  LOS GUAYAKIES
 
 
 

Intérprete:  NÉSTOR DAMIÁN GIRETT

 

 

 

 

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OJOPE KANGY

EMILIANO R. FERNÁNDEZ

UN VIERNES PARA LA MUERTE

 

         Al abordarse las obras de Emiliano R. Fernández se suele caer en la trampa -muy bien tendida por cierto, hay que reconocerlo-, de encasillarlo como poeta de lo amoroso y de lo épico, sobre todo. Las otras vertientes de su creación literaria son dejadas de lado.

         La veta religiosa de Emiliano es amplia y tiene un registro bien definido. Salvo la compilación hecha por Rudi Torga para la Antología poética de Emiliano -Volumen I- de la Editorial El Lector, no hay otro libro en el que se reúnan los poemas de esta temática.

         Emiliano expresaba casi todas las aristas de la cultura popular. Sus vivencias no eran ajenas a las de sus demás compatriotas. Él estaba dentro de ese mundo que tenía determinada percepción de la realidad y su propia escala de valores. Al escribir torrencialmente  -su producción es asombrosa-, manifestaba el sentimiento del pueblo en relación a lo que debe ser inscripto en la categoría del relacionamiento humano con las diversas manifestaciones del cristianismo.

         María Belén Lugo le conoció al que luego le haría vivir un tormentoso romance -que con los años se cortaría por insostenible-, en un ñembo'e paha en las proximidades de Ysaty. Al término del rosario, ella preguntó si quién había sido el ñembo'e ýva que tan bien había dirigido el final de la novena. "Ha péa teína el famoso Emiliano R. Fernández", le contestaron.

         El de ñembo'e ýva era uno de los oficios del poeta al menos hasta sus 35 años. Donde le requerían estaba presto para cumplir con esa especie de carga pública que su idoneidad para este menester le había otorgado.

         Otra muestra de su conocimiento de la percepción popular de lo religioso es Che képe guaye. Allí despliega su sabiduría con respecto a los "atributos" que el ciudadano común le endilga -con fundamento razonable o no-, a los santos que tienen un rol bien determinado.

         La Virgen María -en particular la de Caacupé-, y el Niño Jesús son también motivadores de su inspiración.

         Hay, sin embargo, una poesía que casi se perdió en medio de las canciones de los estacioneros (los que cantan en la Semana Santa los diversos pasajes de la vida de Jesús, sobre todo los más dramáticos que atañen a su muerte). Más larga o más corta, con estrofas ubicadas de modos diferentes según sean los intérpretes, con palabras cambiadas o con versos más reducidos, circulando como de autor anónimo, Ojope kangy es una obra de Emiliano R. Fernández. Comparada con las otras canciones del repertorio de los protagonistas del ñembo'e purahéi -así se llama a estas canciones en el Guairá y Caazapá-, resalta nítidamente.

         Los estacioneros o pasioneros cantan la poesía con una música que es casi idéntica a las de las demás obras -éstas sí de autores anónimos-, de su repertorio. Pudo haberla puesto el mismo Emiliano o, simplemente, los cantores populares la adaptaron a una tonada llena de tristeza, propia de la Semana Santa.

 

OJOPE KANGY

 

Ojope kangy kuarahy osêvo

maymáva guyra okirîrîmba

ñaimo'â oikuaáva viernes-pe iko'êvo

Tupâ Ñandejára omanotaha.

Hetaite rire oiko kañyhápe

ñande rayhupápe oiko ojejukauka

Tupâsy Dolores oja anga hendápe

imanto apýpe hesay omokâ.

Umi judiokuéra oity anga yvýpe

oinupâ haguâ opívo omboi

ha osê Ñandejára ojahu huguýpe

idefendehára ndaipóri voi.

Ha jahapamína icalvariohápe

ñesûhapete ñañembo'émi

ha ha'e avei ñande rayhupápe

lanza ikorasôre hetaite osufri.

Ha jahapamíma Tupâ manohápe

kurusu pukúre péinama itindy

jahecha haguâ ojeclavahápe

ipy ha ipógui osyry huguy.

Ipúma campana mbohapy jevy

las tres oguahêvo viernes ka'aru

ipy ha ipógui osyry tuguy

los judíos ohekyivo pe clavo puku.

Ko'ágâ oiméma altar renondépe

upépe ijaty chupe nikelmi

ha ha'e anga agâitepeve

lanza ikorasôme hetaite osufri.

 

EMILIANO R. FERNÁNDEZ

 

 

 

ESCUCHE EN VIVO / LISTEN ONLINE:

OJOPE KANGY

 

 

 

Material:  RECOPILACIONES 3 - JOSÉ ANTONIO PERASSO

 

 

 

 

 

 

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PENERA'ÂRÔVO

Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

Música: JUAN A. TORALES

 

 

INVITACIÓN A RECONSTRUIR LA PATRIA

 

 

         Cuando el músico y compositor Juan A. Torales -nacido el 23 de junio de 1917 en Caballero, departamento de Paraguarí-, supo que había llegado a su tierra el poeta Emiliano R. Fernández se llenó de emoción. «Aikuaava'erâ chupe (tengo que conocerle)», se prometió a sí mismo. En 1935 -año en el que se desarrolla este relato- tenía 18 años.

         El poeta estaba en la casa de Fidelina Valdez trabajando en una obra dedicada a ella (Nde keguýpe, conocida también como Entre tu sueño). El visitante saludó con timidez a quien consideraba el mayor poeta popular paraguayo de la época.

         - Eguahêke Juancito (Pase adelante, le invitó doña Felicidad Valdez, la madre de la mujer a la que en ese momento Emiliano dedicaba sus versos y su atención.

         «Che niko akyhyje nunga voi la Emiliano-gui», recuerda don Juan en su casa-almacén de Morquio y Cerro Corá, en Asunción. Acota que el poeta tenía los ojos rojos y una capota boliviana. «Ha'e de militárnte voi oñemondémiva», agrega su esposa Inocencia, artista de la guitarra y la composición como su marido.

         - Eguahê kátuna mi hijo (llegue no más mi hijo) - intervino Emiliano. –

         Amo música ningo Penera'arôvo nde rejapova'ekue ha ajuhúva Ocara poty cue mi-me. Apurahéi pe kokuére, lo mitâ apytéipi (Le puse música a su obra, que encontré en un cancionero popular. La canto en la chacra, andando con mis amigos le contó sobre la marcha Juan.

         - Ñahendumína che ra'y (vamos a escucharla)-, le pidió Emiliano.

         Al terminar la melodía, el poeta lo felicitó. Le contó luego que había escrito la obra pensando en los ex-combatientes que volverían con vida del frente de batalla, invitándolos a reconstruir la patria desangrada.

         Don Juan relató después que cuando encontró la letra le entusiasmó tanto que la aprendió de memoria. «Amo música kavaju ári, ahakuévo guéi reru. Ha aguahê jevývo ógape, a'arregla che mbarakápe (Montado a caballo, cuando iba a buscar los bueyes, le ponía la música. Al retornar a casa, la completaba, ya con la guitarra)», rememora el compositor que a muy temprana edad había aprendido a amar la música. Sus hermanos -entre ellos Máximo Torales, el autor de Tuku karu- eran también músicos. De ellos aprendió los primeros secretos de la guitarra y luego remontó vuelo con la sola ayuda de su intuición y su talento.

         Años después, don Juan dejaría su tierra para trabajar en una compañía constructora de rutas norteamericana. Su primer trabajo fue la pavimentación asfáltica de la ruta 2, en el tramo final. Después, en su calidad de responsable de la obra, trabajó en la construcción del desvío a Areguá de la ruta 2.

         Con el tiempo, don Juan se encontraría de nuevo con Emiliano. «Entre tu sueño mi Fidelina ko che tormentona ehendumi... apurahéiva'erâ chupe atopahápe, umi Gral. Higinio Morínigo acto háipi (Le cantaba el primer verso de la canción que le había dedicado a Fidelina)». Inmediatamente, entonces, Emiliano reconocía a aquel tímido muchacho al que había visto por primera vez en Caballero.

 

PENERA'ÂRÔVO

 

Péina ko la guerra opa

py'a guapy oî jeyta

ko'águi ñañembyatyta

ñambovíva ko tetâ.

Cañón, mortero, mboka

umíva ñañongatúta

rosádoma jaiguyrúta

ñañemitỹma haguâ.

 

 

Machete ke tahaimbe

tahi'ýva porâke asáda

ñamyengoviami espada

Chácope ipurupyre.

Ha buey yunta karape

ñamyakâsâ jugoguýpe

amarayvimi kangýpe

surcore ñamoma'ê.

 

Jaikohaguéicha kuehe

jajapo campo de tiro

estaca, tala ha nido

umíva ñande kokue.

Ñacumplipáma rire

la pátriape jadevéva

hi'âma arado, mancera

japokomívo hese.

 

Ápé kóinava jareko

yvy fisco ipukukuévo

ha don Genaro Romero

tuicha penera'ârô.

Ichupe ko oipytyvô

diario chu'i maymárô

ko'êramo pejupárô

jaikéta ñamba'apo.

 

Anínteke ñahendu

omoingéva oñoakâme

ohóvo ambue tetâme

ohekávo pytu'u.

Ko'ápe avei ikatu

jajuhu ohechakuaáva

karai imba'e porâva

oñohêva'erá pe iviru.

 

Ñaimembárô oñondive

guerrakue ñamyengoviáta

anínte ñande juráta

político tujukue.

Umíva korasôme oime

mbói chini ojapakuáva

ñane retânte oikuaáva

umi vícho raîvore.

 

Ñañotynteke avati,

petỹ, mandyju, naranja,

umíva hína esperanza,

oro sellado voi.

Kumanda ha manduvi

kurâpêpê ijapytépe

topukavy nde kokuépe

heta piña vakachi.

 

Pakova ha takuare'ê, c

afé, mango, mandarina

mamóne, aguacate, lima

nde rógare tojere.

Jaju pe asaje pyte

vokói ñamba'apohágui

âvâ guype javy'águi

jaguapy jaterere.

 

Oguapyvo ka'a rykue

sakarô, locro oguejýma

péichape jaguapýva

jakarumi oñondive.

Toúke avati maimbe

tembi'u týra hevéva

Paraguay rembi'uetéva

roráre kamby jygue.

Ipisárrare tomoi

 

Kyha chipa ñañotî

piro'yva yvyra guýpe

ñande ra'y ñande ypýpe

toguapymi toscrivi.

ideber-râmi ko'êrô

te'i lección ome'êvo

Patria moriré por ti.

 

Péicharôpa kuimba'e

mba'ére ñaikotevêne

mba'e apóvo jahaséne

jaheka tetâ ambue.

Ñane retâ porâite

jaiko rire hayhuhápe

ha ñamoî hendaguâme

ñañemyrôta ichupe.

 

Chéko ajúma tenonde

tenonde ahahaguéicha

avy'áne kuimba'éicha

pejupárô pende ave.

Kóinama pomberokue

pende relévope ohota

hasýpe haposoróta

sandia yvyguy pahague.

Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

Música: JUAN A. TORALES

 

 

ESCUCHE EN VIVO / LISTEN ONLINE:

PENERA'ÂRÔVO

 

 

Intérprete:  ÑAMANDU

 

 

 

 

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PRIMAVERAS I, II, III Y IV

UNA ESTACIÓN, CUATRO VERSIONES

 

         La aproximación a Emiliano R. Fernández suele detenerse en dos de sus temas recurrentes: las mujeres y las dos guerras. No hay que olvidar, sin embargo, que fue también un reiterado cantor de la naturaleza, sin dejar de lado su creación en las vertientes de lo social y lo religioso.

         Los versos dedicados a la primavera reflejan su gran conocimiento de la flora y la fauna de nuestro país. Las cuatro letras que se conocen como Primavera I, Primavera II, Primavera III y Primavera IV son variaciones que parten de la admiración del entorno florecido tras el invierno, invadido por el canto de los pájaros. Los números romanos pretenden indicar un orden cronológico de producción, pero puede que no necesariamente responda a la realidad de los hechos.

         La música de Primavera I es de Néstor Damián Girett. Tañatóî che mbaraka/ las seis cuerdas tambopu..., dice al comenzar. Está dedicada a su amigo, el poeta Rafael Ríos. «Recogí la letra del cuaderno de Lucas Meza, de Itauguá Guasú, Itauguá. La comparé con la que salió en Ocara poty cue mi. Entre 1977 y 1980 yo trabajaba para ponerle melodía a otra obra de Emiliano, pero me di cuenta que calzaba perfectamente con Primavera I. En el 2000 lo grabé», recuerda Girett.

         La más conocida y divulgada es Primavera II - Ohasa tiempo ro’y/ primavera oguahê...-, que tiene música de Félix Pérez Cardozo. «Primavera I y Primavera II fueron escritos entre 1926 y 1929.

         Por esa época, Emiliano trabajaba en el obraje del kilómetro 61 de los Sastre, en el Chaco. Era carrero a las órdenes de Mario Acevedo, padre del político Euclides Acevedo. El ambiente que describe es el de la zona, pero también de otras partes porque él era un andariego impenitente», cuenta Eugenio Hermosa Selliti, ex-empleado de la firma Carlos Casado y rastreador de las huellas chaqueñas del mayor poeta popular paraguayo.

         «La letra de Primavera II llegó a manos de Félix Pérez Cardozo en la década de 1930 en Buenos Aires a través de Diosnel Chase, quien también fue portador de Che la Reina y otras poesías enviadas por el autor para ser musicalizadas», según Ángel Antonio Gini Jara, uno de los más profundos conocedores de la vida y las obras de Emiliano.

         «Primavera III se salvó del olvido gracias a que el músico y compositor carapegüeño Mauricio Medina -nacido el 22 de setiembre de 1927 en Caapucumí, compañía Franco Isla, de Carapeguá y fallecido en el mismo lugar en 1990- encontró la letra en alguna revista y le puso música. Yo cantaba con el que también era mi padrino y mi tío. Cada tarde me iba a su casa con un cuaderno y él me dictaba los Emiliano-re. Con el conjunto Los compuesteros de Carapeguá yo grabé un disco totalmente dedicado a Emiliano con música de Medina», relata, en tanto, José Calasán Centurión Vega, músico y compositor de Carapeguá.

         Primavera IV -así como la anterior- es la menos conocida. Péina oguahê primavera/ ko tiémpomi pôrâite... son sus dos primeros versos. Otro indagador insomne de la trayectoria del autor de Asunción del Paraguay y Rojas Silva rekávo, el Dr. Stilver Cardozo, es el que desempolvó esta antigua polka.

         «La diferencia con las otras tres es que se ubica en la Guerra del Chaco, donde Emiliano fue combatiente. Su tono es de nostalgia y ausencia. Recuerda a su madre y al amor de su vida que fue Belencita. La música es de un tal Félix Rodríguez y la grabación que yo tengo es del dúo luqueño Miranda-Cantero», dice Cardozo.

         En una mirada de conjunto se constata que Emiliano escribió un solo poema en cuatro versiones. Las tres primeras son lo mismo, con palabras diferentes. La tercera varía por el énfasis autobiográfico, la atmósfera bélica y las alusiones muy concretas a lugares chaqueños de la guerra contra Bolivia de 1932 a 1935. Aun así, su unidad permanece inalterable.

 

PRIMAVERA I

 

Tañatóî che mbaraka

las seis cuerdas tambopu

peñemboja lo mitâ

enteroite pehendu.

Péina hasýpe oguahê

ku tiempomi iporâitéva

yvypórape guive

omombáy, ombyetia'éva.

 

Setiembre oguahê vove

ipotypa ka'aguy

guyrami opa lajaite

opurahéi, ojeroky.

Yvytumi oipeju

ne korasô ombovy'a

jaimimígui ogueru

umi mba'e ryakuâ pôrâ.

 

La divina creación

kuarahy ohesape

oñadorna en perfección

primavera oikevove.

Ipôrâ ku ko'êju

rehecha pytângymi

hakykuéri nde peju

ho'ysâva yvytumi.

 

Péva pe óra ogueru

ilája'ỹva vy'a

ogosa la juventud

el edén oje'eha.

Omimbi pe kuarahy

sus rayos en la inmensidad

ojajaipa, ojeroky

ogueru felicidad.

 

Asaje katu reho

umi ysyry resêgui

ojuhu ne korasô

contenta vida feliz.

Upe rupi rehendu

los conciertos estremecidos

ne memóriape ogueru

los otros tiempos floridos.

 

Upe ramo el sufrimiento

ne korasôgui ojei

rehendu los dulces acentos

oentona guyramimi.

Resê ku ka'aru ládo

ísla kósta rerrekorre

rehendu desconsolado

hasê asy korochire.

 

Sapy'a py'a ombohovái

mba'e mbyasýpe ichupe

ha'eñomi ndovy'ái

ojekeha el kogoe.

Resêgui ñu rembe'ýpe

asuséna ipotypa

de tres colores ipoty

primavera ombojegua.

 

Ochifla ku tataupa

ochochômba aka'ê

charáta ijayvu joa

ku sýi ha chiripepe.

Oguahê ku pytûmby

un tranquilo pyhare

oñembo'e che sy hasy

bendito Dios ha oke.

 

Upevovénte osê

ipôrâitéva jasy

rema'êmívo hese

nde py'a ombopiro'y.

La esperanza he'iha

upérô reha'arô

yvágare remaña

ha'e vaicha oguereko.

 

Un seguro pensamiento

pe ne âkâme reheja

reha'arô todo el tiempo

umíva lája vy'a.

Adiós tiempo juvenil

que los futuros espera

adiós fragante pensil

de la hermosa primavera.

 

Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

Música: NÉSTOR DAMIÁN GIRETT

 

 

PRIMAVERA II

 

Ohasa tiempo ro'y

primavera oguahê

ñu, ka'aguy oflorese

hokypa ivérde asy

palo blanco ha tajy

mombyrýgui jahecha

ka'aguy oñuâmba

hechapyrâ yvoty.

 

Yerbas, arbustos y flores

entéro ipoty jera

yvotyty jahecha

con exquisitos primores

bellos aspectos encantadores

kóva ko tiempo ogueru

ko'ê jave ñahendu

himno de aves cantores.

 

Campichuelo-pe resê

hovyûmba rejuhu

ka'aysáre ñahendu

umi pykasu rasê

churiri ha pitogue

la novia pepo asa

ñande ári ohasa

bandada pyku'ipe.

 

Kokuerépe ñahendu

sariâ oñe'ê joa

ñandu guasu omburea

ha orronka ñakurutû

pe javoráire jaku

ayvumiéma ojapo

al alba oñe'ê chiriko

tataupa ha'e mytû.

 

Kokuerépe ñahendu

mbokaja ipotypa

oadorna kokue rape

pindo rakâre opepe

tu'î ha marakana

opurahéi ñakyrâ

oanuncia sandia aju

yvapovô ha guaviju

tape yképe okukúipa.

 

Kuarahy oñapymi

okalma pe yvytu

jahecha jasy pyahu

ikarâpâ po'imi

estrellakuéra omimbi

jepiguágui ipôrâve

siete cabrilla ojere

oguahêvo ko'êtî.

 

Rosáda ha morôtî

hesa'yju, pytangy

orraja pe kuarahy

osêmbotávo omimbi

ojeroky panambi

mainumby ha mbyju'i

la creación ombohory

Níño ára hi'âguî.

 

Ko'êmbavove ñasê

jakrusa umi vecindad

ñahetû umi reseda

ha umi rosa pytâite

jahechaseveseve

umi huerta florecida

rosa, jazmín morotîva

ndaho'i pe hyakuângue.

 

Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

Música: FÉLIX PÉREZ CARDOZO

 

 

PRIMAVERA III

 

Oguahê mes de setiembre

primavérama oike

todo el mundo iñambue

alegría ko atopa

guyrakuéra ovy'apa

oveve, ojeroky

plantakuéra ko hoky

ipyahupa vaicha pe mundo

iporâva sin segundo

jaikovéva jahecha.

 

Ku ko'êmbotárô hína

orrajávo kuarahy

oipeju norte kangy

ha umi cerro hi'âmbu

karaja ijayvu

primavera ombyaje

ha oiko mokóî kogoe

pokâ pokâ osapukái

tortóla ombohovái

tataupa ha kavure.

 

Pe jaíre rehendu

opaite lája guyra

hory, oñe'ê joa

nahi'âi vaicha omano

piririta ha ano

churiri ha'e viudita

saijuvy ha tortolita

havia korochire

hatâ hatâve oñe'ê

calandria pepo asa.

 

Upéinte osê jasy

ojupi mbegue katu

hendy morôtî, sa'yju

oñuâ pe mundopy

oñelamenta mombyry

ityre'yva karaû

ha ombohovái urutáu

mokôive cautivopy

oñelamenta mombyry

ku ityre'ỹva karaû

ombohovái urutáu

mokôive cautivopy (*).

 

Asajekue reñenórô

naranjaty rembe'ýpe

tahasê asy nde ypýpe

eíra rua mimi

naranja topiriri

ho'akuévo ipoty

ñahetû hyakuâ asy

tristésa ko orrepunta

ko primavera ryakuâ

pejána pehetûmi.

 

Aje niko ipôrâ

entero ko'â mba'e

jaha ramo chendive

entéro ne mba'epa

porque chéngo nderehe

che korasô opalpitáva

ha nde nde aveva'erâ

en mi vida rohayhu

pejumína pehendu

primavera rehegua.

 

Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

Música: MAURICIO MEDINA

 

(*) Con esta repetición canta el dúo Miranda-Cantero.

Al parecer, desaparecieron dos versos por lo cual la estrofa

es irregular con relación a las demás.

 

 

PRIMAVERA IV

 

Péina oguahê primavera

ko tiempo porâite

ha che mombyry asyete

ahecha en la frontera

aokupávo la trinchera

Bolivia oúrô guarâ

porque ahayhu che retâ

ha che tricolor bandera.

 

Primavera pyhare

che symíre che mandu'a

che képe avei ahecha

atupânóiró ichupe

apáy upe javete

mombyry ajejuhu

Boquerón tomombe'u

upe che képe guare.

 

Ohasapáma ro'y

primavera oguahê

ha che mombyry asyete

Belencítare apensa

la guerra opárô guarâ

che py'águi ndojeivéi

porque péicha ndahejaséi

ahayhúgui che retâ.

 

Ipórâ la pyhare

pe isómbra hû vera

opa rupi amaña

ha ndahechái mba'eve

ku ka'aguy ambojere

patrulla chéve otoka

voli rehe apeska

hasta cruce Mbutuy.

Pero bueno primavera

sapy'ánte aju jeýne

ne guahê arohorýne

che valle, che gentekuéra

yvoty ipôrâvéva

aipo'óne ne ra'arôvo

torypápe ajapóvo

ambovíva che bandera.

 

Letra: EMILIANO R: FERNÁNDEZ

Música: FÉLIX RODRÍGUEZ

 

  

 

TRAYECTO DE LA CAMPAÑA

ITINERARIO DE UN COMBATIENTE

 

         La trompeta y el redoblar de los tambores -instrumentos musicales de guerra por excelencia-, atraían a Emiliano R. Fernández como el néctar de las flores a las abejas. Fue por eso que ya orillando los 30 años -había nacido en 1894- fue uno de los primeros en presentarse a las filas gubernistas cuando en 1922 estalló la revolución entre los saco mbyky (partidarios de Eduardo Schaerer) y los saco puku (adherentes de Manuel Gondra y José P. Guggiari), facciones liberales que medían su distancia con el pueblo por la extensión de sus vestimentas.

         Desde que subió al poder -defenestrando al Partido Colorado-, en 1904, el Partido Liberal se debatía en dos alas en permanente insurrección. Salvo el gobierno de Eduardo Schaerer -después de un periodo de turbulencias de nunca acabar-, entre 1912 y 1916, los demás presidentes no pudieron concluir sus periodos. Las asonadas estaban a la orden del día.

         La revolución de 1922-1923 estalló cuando el presidente provisional -le había sustituido a Manuel Gondra en su segunda presidencia, tan efímera como la primera por lo que el ñe'enga decía «Taguapy sapy'ami he'i Gondra»-, Eusebio Ayala el 22 de mayo de 1922 «vetó de acuerdo con sus atribuciones una ley emanada del Parlamento convocando a la constitución de un Colegio Electoral a fin de designar presidente y vicepresidente de la República», según Tomás de los Santos. El historiador Alfredo Seiferheld, en el prólogo del primer tomo del libro de este autor sostiene que aquel «veto provoca la reacción militar de la zona de Paraguarí al mando del coronel Adolfo Chirife al que se pliega de inmediato la fracción schaerista del Partido Liberal (que abandona Asunción para unirse a la revolución) así como la zona militar de Concepción al mando del teniente coronel Francisco Brizuela, la de Villarrica a cargo del coronel Pedro Mendoza y un destacamento militar de Encarnación». Menciona luego: «El 29 de mayo de 1922 Eusebio Ayala retira apresuradamente el veto, pero ya es tarde. Las fuerzas armadas rebeldes se concentran en Campo Grande y entran en contacto con las gubernistas dirigidas por el coronel Manlio Schenoni».

         Ese es el origen del conflicto y la composición de las fuerzas. Emiliano se presentó a filas leales al gobierno y se puso a las órdenes de quien ya fuera su jefe en la Primera Zona emplazada en Concepción, el mayor José Félix Estigarribia. Con él emprendió, por tren, la marcha para librar la decisiva batalla de Ka'i Puente, lugar que hoy se conoce como Coronel Bogado, al sur, en el departamento de Itapúa.

         Trayecto de la campaña -que algunos nombran también como Trayecto de mi campaña o Trayectoria de mi campaña- es un típico compuesto no solo porque en la primera estrofa usa una terminología propia de este género –“señores pido atención/un momento ajerure” sino porque va relatando cronológicamente los lugares por donde el Primer Destacamento del que formaba parte pasó.

         Emiliano tuvo que haber escrito la poesía a fines de 1923 ya de regreso a Asunción, luego de la victoria de Ka'i Puente. Del viaje de ida, menciona minuciosamente las estaciones. El retorno, a pie, sin embargo, se difumina en Paraguarí. Hasta allí nombra punto por punto los lugares que pisaron. Después, se pierde el rastro, abruptamente.

         La música -que tuvo que haber sido un rasguido doble, muy propio del estilo de Emiliano- es del propio autor de la letra.

 

TRAYECTO DE LA CAMPAÑA

 

Señores pido atención

un momento ajerure

en mi referida canción

tamombe'u che rapykuere

heta oiméne oikuaáva

ko'âvâ ko â tape

hapykuere imandu'áva

soldado upérô guare.

 

Alistado en comisión

Paraguaýgui rosê

hacia el frente de acción

ñane retâ rorrekorre

tasitami los lugares

desde la propia Asunción

rocrusava'ekue campaña

durante la subversión.

 

Ani añeconfundi

tañepyrû aguiete

ta'e peteî peteî

Ka'ípe aguâhêmeve

Trinidad, Luque, Areguá,

Patiñokue, Tacuaral,

Pirayú, Cerro León,

Paraguarí y Escobar.

 

Sapucai ha Caballero,

Yvytymi, Tebicuary,

corta distancia después

Itapé ha Hy'aty,

pueblo Villarrica, Borja,

Iturbe rohupity,

Maciel, Sosa ha Yegros,

Pirapó ha' e Yuty.

 

Salitrekue, Costa Vera,

Mboka, Piray rohasa

próximo a esos lugares

San Pedro del Paraná

Kangó y sus departamentos

Isla Alta ypajere,

Kavaju Retâ el campamento

cañón guasu oîhague.

 

Tellezkue, Curupayty,

hovái San Miguel, Potrero,

heroico capitán López

ho'ahague prisionero

Ka'i Puente así se llama

campo de sombra fatal

tumba de cuántos hermanos

pueblo Coronel Bogado.

 

Ka'i Puente inolvidable

aquel rincón enlutado

mina de la sedición

que allí fueron a luchar

apevénte aikuaa

parajes y estaciones

kóva rire rocrusa

la extendida Misiones.

 

Ñañepyrû San Luis,

San Rafael, Postakue,

histórico Kuruñái

mayor Torres omanôhague,

Ñakûti'y, San Patricio,

Tahyity ha Santa Rosa,

estancia Aquino y Corrales,

Santa María silenciosa.

 

Casuarina y Casa Blanca,

Corvalankue, Ita Juru,

Florida-pe roguahê,

un diami ropytu'u

mboypýri rohupyty

ku kapi'iveve ñu

la extensa serranía

frente de Caapucú.

 

Favorable umi arroyo

upe rupi rotopa

mokoîve herakuâitéva

Jaguary ha Apichápa,

Valle Apu'a, Paso Torres,

Costa Irala, Quiindy,

jajukuévo jatopa

Paso Porâ ha Tavapy.

Jahasa dicho pueblito

jahupyty Carapeguá,

Caañave, Mba'ey,

Duarte estancia ipaha

en catorce días de marcha

escaso rohupyty

Paraguay ypyetépe

el notable Yukyry.

 

Pehendúma sandia yvyguy

ko'â che rekohague

ahejami che rataypy

lo que es el kuimba'e

mediante esta contienda

hetaite ajedistrae

ni che képe ahecha'ỹva

ápe ahechapaite.

 

Pehendúma amados oyentes

la campaña akorrehague

de Ka'i Puente a Asunción

a los seis meses después.

Adiós, despedirme quiero

al compás del instrumento,

sargentos, cabos y soldados

del Primer Destacamento.

 

Letra y música: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

 

 

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TRISTE TAPERA

EL DOLOR DE LA AUSENCIA

 

         Emiliano R. Fernández (1894-1949), era un andariego impenitente. Eugenio Hermosa Selliti, quien fuera durante muchos años administrador general estancias de la firma Carlos Casado, en el Alto Paraguay, documentado investigador del itinerario vital y creador del poeta en esas tierras, cuenta que la esencia del mayor vate popular paraguayo era no quedarse nunca en ninguna parte durante una larga temporada.

         «Era un hombre trabajador. Desempeñó diversos oficios en la empresa Carlos Casado: fue labrador de tejas de palma, hachero, carrero, empleado de cuadrilla ferroviaria, carpintero y cargador de madera en vagones. No detestaba el trabajo. Eso sí: mamove ndopytái. Era nómada. Iba de un obraje a otro. Era el típico bohemio que hacía su camino según se le ocurría», acota.

         En el Chaco se había acuñado una expresión para relatar lo que sucedía con aquellos que no amanecían en sus lugares de trabajo: Oho paraguái. Era el modo de irse del paraguayo: desaparecía sin dejar rastros, sin avisar a nadie, incluso dejando sus escasas pertenencias. A Emiliano le cuadraba a la perfección esa manera de referirse al que se marchaba al amparo de la noche quién sabe hacia qué desamparos.

         La estancia Guaho -esta palabra sirve para denominar a cierta variedad de junco existente en lugares bajos y húmedos-, era uno de los lugares predilectos del escritor popular. De vez en cuando volvía siempre a este lugar caro a sus afectos.

         «En ese lugar, según mis registros, escribió Purahéi ñepyrû, El día de mi Rosa, Ne pore'yme, Pytumby jave, Chaco roky, Hi'âva chéve y Triste tapera», afirma Eugenio Hermosa Selliti, oriundo de Caapucú.

         La poesía -que no tiene música, conocida al menos-, Triste tapera pinta de cuerpo entero el alma de Emiliano R. Fernández. En Guahó se había «rancheado» un tiempo con una mujer cuyo nombre no se registra en parte alguna. Después, fiel a su condición de caminante, se había marchado. Tiempo después retornó, pero obviamente de su «china» ya no quedaba ni la sombra.

         Conmovido por la tapera -vocablo que, ligeramente transfonetizado pasó al guaraní como tapere-, que encontró a su regreso, con la ausencia de su amada, Emiliano escribe en 1928 su Triste tapera. El rancho sin habitantes le causa nostalgia y desasosiego. No es, sin embargo, el paisaje lúgubre el motivo de su mayor congoja: es el vacío dejado por la mujer que un tiempo compartió su vida en el alto paraje en el que estaba ubicada la estancia. El Paraíso de antaño era un infierno del presente del poeta que encuentra en la palabra un escape a su dolor no callado. Su «flor de un día», como llama a la que ya se había marchado, solo le dejó -en esa evidencia de construcción ruinosa-, una llama de nostalgia.

         «El poeta de los quebrachales», de Guahó, partió a otros obrajes. En su memoria llevaba el recuerdo de aquella compañera que le dio una estación de dicha fugaz y se había perdido para siempre en los montes casadeños de aquel entonces.

 

TRISTE TAPERA

 

A ti que un tiempo mi choza eras

muy de pasada apuraheise

oye mis versos, triste tapera

andando el mundo ajapova'ekue.

 

Oh rancho hermoso que ayer de flores

yo te llamaba «vy'a raity»:

¿te presta siempre sus esplendores

la misteriosa blanca jasy?.

 

Aquí cantaban los ruiseñores

dulces gorgeos ko'ê jave

y preludiaban llenos de amores

llenando de trinos che rekove.

 

Aquí Natura puso sus hojas

hospitalaria chéve guarâ

en los momentos de mi congoja

tierno susurro ahendu haguâ.

 

Pero un tiempo anduve inquieto

a todas horas rohechase

mi pobre alma guarda discreto

aquella ingrata y su tapere.

 

Hoy que ya lejos fue mi alegría

estos mis versos hekávo oho

pues bien comprendo hasta ese día

su bella imagen quedó en Guaho.

 

Hoy rememoro aquel collado

y de nostalgias che myenyhê

solo un suspiro de aquel pasado

de este mi pecho toho ichupe.

 

Ha sido ingrata mi bella moza

alma voluble mamópa oime

Guaho tan solo guarda la choza

junto con ella roiko hague.

 

Guaho florido tú me recuerdas

la primavera de aquel vy'a

con toda el ansia pulso las cuerdas

triste tapera ha'e haguâ.

 

Mis ojos tienen su imagen propia

cuando contemplo su tapere

y en mi novela leo una copia

mentira frase hembiapokue.

 

Ya destruida triste tapera

en el retorno aju ahecha

llamando en vano la primavera

su inmarcesible mburukuja.

 

La nueva cuna de mis canciones

viene afinando mi mbaraka

mientras esparzo cual borbotones

versos nativos ndéve guarâ.

 

A ti, oh triste tapera mía,

todo el pasado ahejase

dulce recuerdo, mi flor de un día

fresco pimpollo chemba'ekue.

 

Diosa escondida en esta pradera

aquí termina che versomi

adiós pretérita primavera

más ya no puedo, takirîrî.

 

Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

 

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TU AUSENCIA

AMOR DE MARINERO

 

         En la poesía culta no se admite -salvo excepciones-, la creación por encargo. Se parte de la idea de que el autor expresa lo que le brota de adentro y no de lo que otros le solicitan. En la poesía popular, en cambio, no existe ese dogmatismo. El creador, si bien le da preeminencia a su manantial de inspiraciones, no se cierra a lo que fluye de otros cauces.

         Nadie podrá poner en tela de juicio el muy personal universo que transmite Emiliano R. Fernández. Sus vivencias o sus ideas son las que cobran alas en sus versos. Sea que se sumergiera en las aguas de lo amoroso o lo épico -sus caminos más recurridos, aunque no únicos-, los itinerarios de su espíritu exhiben trazos regulares inconfundibles.

         Aun así, el poeta de pasos inquietos, tenía conciencia de que su voz era también la de los otros. Por eso; en algunas circunstancias, asumía los sentimientos de su semejante y lo volcaba en palabras. Tal es el caso de un embarcadizo que le contó a Emiliano su trunca historia de amor con la intención de que el escritor lo trasladara al papel.

         El profesor Eduardo Ramírez Bordón -ya fallecido-, en su libro «Villa Florida, portal de las históricas tierras misioneras», presentado de manera póstuma en su patria chica, relata lo ocurrido. Al hombre de río lo llama Antonio Cardozo, pero es obvio que aquí hay una confusión entre el que le puso la música a la letra de Emiliano y el enamorado, cuya identidad se perdió en las espumas del tiempo. Lo que aquí se cuenta se ciñe a la versión del escritor que sirve de referencia.

         Es imposible comprender en su real dimensión lo sucedido si no se tiene el contexto de lo que era Villa Florida. Sobre el río Tebicuary, era un ajetreado y concurrido puerto de carga y descarga de mercaderías. La vida bullía en esa comunidad conformada por lugareños pero también por arribeños -argentinos de Corrientes, sobre todo; uruguayos; españoles y de otras nacionalidades- que habían echado sus anclas en ese paraje de trabajo y abundancia.

         El Paso Santa María se convirtió, en 1880, en Villa Florida. El nombre propuesto por un uruguayo de La Florida y la generosidad de la naturaleza concordaron para rebautizar el pueblo, ya con rango de distrito.

         Hasta poco después de la mitad del siglo XX, el puerto era el pulmón florideño. En 1967, al inaugurarse el puente, perdieron aire un modo de vivir y de concebir la vida.

         Alrededor de 1940 tuvo que haber sucedido lo que el autor del libro relata. Antonio Cardozo era un marinero. Como tal, haciendo honor a los que atracan en un muelle, se enamoró de la «trigueñita misionera» Narcisa Torrasca, hija de «Ña Julia», una renombrada chipera con un puesto de venta sobre el Tebicuary.

         «Un largo periodo de bajante del río separó a la pareja. La comunicación enfrentaba obstáculos insalvables. De modo que Antonio recibía informaciones verbales a través de personas conocidas acerca de la infidelidad de su novia», relata el autor del libro.

         «La vivienda de Narcisa tenía un jardín frente a la casa, contigua al patio de Ña Estefana (Peralta), a unos pasos del puerto y en él sobresalía una mata de “rosa té”, muy apreciada por el perfume de sus flores», complementa el narrador.

         Lo cierto es que Antonio le dio los detalles a Emiliano y éste recreó el paraíso perdido del relator dando origen a la polka Tu ausencia, conocida también como Trigueñita misionera.

         «La canción fue estrenada en Villa Florida en una gira del elenco del dúo Melga-Chase, Dora del Cerro y el autor de la letra y la música, don Emiliano R. Fernández», afirma.

         La memoria colectiva que perdura registra que la polka no obró el milagro de la reconciliación. Los dos navegaron hacia puertos en cuyos muelles nunca les esperó el reencuentro.

         Ante esta versión, Gilberto Candia López (GICALO), un investigador de la música paraguaya que aunque oriundo de Eusebio Ayala vive en Encarnación, aportó otros rastros para iluminar el tema.

         «Laureano Gaspar Fernández, hijo de Emiliano, menciona que fue dedicada a Teodora Gavilán, de San Juan Bautista de las Misiones, a pedido de Francisco Espinoza, un hombre del barrio Pinozâ de Asunción. Ella era maestra; murió el 14 de enero de 2001. Para corroborar los datos entrevisté a Lorenza Gavilán, su sobrina. Me dijo que su tía nunca estuvo en Villa Florida, como menciona la poesía, por lo que estimaba que ella no podría ser la destinataria de Tu ausencia», indicó el informante.

         Lo más rico de su aporte viene ahora. Él conversó personalmente en Villa Florida con Juana Ramona Pérez de Quiroga (doña Chocha), hija de Narcisa Ramona Torales Torrasca, destinataria de la composición.

         «Cuando hablé con doña Chocha ya estaba muy anciana, enferma y en cama. Falleció en el 2004. Su abuela era Julia de Jesús Torrasca y estaba casada con Valentín Quiroga», siguió relatando.

         «Según me comentó, en los primeros días de 1941, Emiliano R. Fernández llegaba a Florida posiblemente para el cumpleaños de Vicente Vargas, estanciero del lugar. Allí estaba como empleada doméstica doña Julia de Jesús Torrasca. Como la concurrencia iba a ser grande, el dueño de casa le pidió a la señora que le trajera a su hija para ayudar en los quehaceres de la fiesta. Fue así como Narcisa -que en ese tiempo tenía como pareja a Regino Pérez, dueño de la estancia “La Blanca”-, estuvo presente en aquel establecimiento ganadero de la zona».

         «Narcisa -prosigue- estaba embarazada de Regino. La que tenía en su vientre sería Juana Ramona Pérez de Quiroga. Su padre le reconoció. Cuando la joven -trigueña, pire sa'i, muy hermosa- servía las mesas, Emiliano la vio. Preguntó quién era. Al rato ya estaban conversando. Luego se los vio ir río -el Tebicuary- arriba y volver algunas horas después».

         «Ahí terminó el romance, me decía doña Chocha. Emiliano volvió a Asunción. Algún tiempo después regresó a Villa Florida. Se fue a la casa de su madre, doña Julia, a preguntar por Narcisa. Ella estaba en la casa, escondida detrás de la puerta, pero le mandó decir que no estaba. Emiliano se sentó en un banco y estuvo allí triste y acongojado. Después se marchó. Luego de dos o tres meses ya se conocían los versos de Tu ausencia, terminó de contar Gilberto.

 

TU AUSENCIA

 

Trigueñita misionera,

la de perfume de rosa,

alma pura y candorosa

nemombyry chehegui

ha che areko gueteri

en mi interior dolorido

como un fuego encendido

ne kunu'û ypykuemi.

 

Siempre acaricio las horas

de los bellos atardeceres

cuando lleno de placeres

ñaño'añuârô guare

âgâ mamópane oime

aquella dicha sin nombre

ajena de todo hombre

nendive ahasava'ekue.

 

Hoy cual niño solitario

un pordiosero sin rumbo

voy andando por el mundo

ahekáva nde pypore

ha upéicha amanomeve

cruz al hombro iré vagando

entre sollozos aspirando

nde potymi ryakuângue.

 

Ya sé que vives dichosa

allí en Villa Florida

con nuevo amor, nueva vida,

mba'ére che myengovia

peichántepa opava'erâ

aquel amor sacrosanto

que todo era mi encanto

che korasô rerekua.

 

Al consagrar nuestro tiempo

de florecida existencia

canto la reminiscencia

nde rehe che mandu'a

ndajuhuvéi vy'arâ

soy como aquel hijo yerto

en el calvario desierto

ha upéicha ko che apyta.

 

Letra y música: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

 

 

 

 

ESCUCHE EN VIVO / LISTEN ONLINE:

 

TU AUSENCIA de EMILIANO R. FERNÁNDEZ

 

Intérprete:  GRUPO GENERACIÓN

 

 

Intérprete:  ÑAMANDU

 

 

 

 

ÍNDICE

 

•.   ADIÓS CHE PARAJEKUE/SALUD CHE PARAJEKUE

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: NÉSTOR DAMIÁN GIRETT

 

•.   AHÁTARE PENDEHEGUI

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: NÉSTOR DAMIÁN GIRETT

 

•.   AL REGRESAR

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: FÉLIX PÉREZ CARDOZO

 

•.   ASUNCIÓN DEL PARAGUAY

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: SANTIAGO CORTESI

 

BARCINO KOLI

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: ANDRÉS CUENCA SALDÍVAR

 

BEBA, FLOR DE ARROYOS Y ESTEROS

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

        

BELENCITA-PE GUARÂ

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: VÍCTOR CÁCERES

 

CHE KÉPE GUARE

         LETRA Y MÚSICA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

        

•.   CHE LA REINA

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: FÉLIX PÉREZ CARDOZO

 

•.   CHE POCHÝMA NENDIVE / NDACHEPOCHÝI NENDIVE 

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: FÉLIX PÉREZ CARDOZO

 

•.   CELINA GAONA

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: ALEJANDRO VILLAMAYOR

 

•.   CONCEPCIÓN JERÉRE

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: GUILLERMO JARA

 

GUAVIRA POTY

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: MAURICIO CARDOZO OCAMPO

 

•.   KO'ÁPE CHE AVY'AVE

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: ANDRÉS CUENCA SALDIVAR

 

LA MODA

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

        

LA PÁGINA ROTA

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: GABINO ESPÍNOLA

 

•.   LA ÚLTIMA LETRA

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: EMILIO BOBADILLA CÁCERES

 

MARISCAL KURUSÚPE

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

        

MBORIAHU MEMBY

         LETRA Y MÚSICA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

        

•    MI NOVIA AUSENTE

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: DEMETRIO AGUILAR

 

•.   NDE JURU MBYTE

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: MAURICIO CARDOZO OCAMPO

 

•.   ODA PASIONAL

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: FÉLIX PÉREZ CARDOZO

 

* OJOPE KANGY

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

        

* PENERA'ÂRÔVO

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: JUAN A. TORALES

 

** PRIMAVERAS I

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: NÉSTOR DAMIÁN GIRETT

 

** PRIMAVERAS II

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: FÉLIX PÉREZ CARDOZO

 

** PRIMAVERA III

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: MAURICIO MEDINA

 

** PRIMAVERA IV

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: FÉLIX RODRÍGUEZ

 

•.   PYHARE AMANGÝPE

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: FÉLIX PÉREZ CARDOZO

 

- REGIMIENTO «13 TUYUTλ

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

        

- RETÉNPE PYHARE

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: DIONISIO VALIENTE

 

- ROJAS SILVA REKÁVO

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: MAURICIO CARDOZO OCAMPO

 

- SEMANA SANTA

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

        

•.   SIETE NOTAS MUSICALES

         LETRA Y MÚSICA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

        

- TRAYECTO DE LA CAMPAÑA

         LETRA Y MÚSICA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

        

- TRISTE TAPERA

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

        

** TU AUSENCIA

         LETRA Y MÚSICA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

 

•.   TUJAMI

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         MÚSICA: ANDRÉS CUENCA SALDÍVAR

 

 

 

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Edición del autor y Julián Navarro Vera

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