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MARTÍN VENIALGO


  CUENTOS DE AQUÍ Y DE ALLÁ, 2014 - Cuentos de MARTÍN VENIALGO


CUENTOS DE AQUÍ Y DE ALLÁ, 2014 - Cuentos de MARTÍN VENIALGO

CUENTOS DE AQUÍ Y DE ALLÁ, 2014

Cuentos de MARTÍN VENIALGO

Arandurã Editorial.

Ilustración de tapa: RAQUE ROJAS PEÑA y GUSTAVO ANDINO.

Asunción – Paraguay.

Noviembre 2013 (356 páginas)



MBARETÉ

Dedicado al Taragui


El agua corría con fuerza llevando todo a su paso. La lluvia más grande de la historia había desbordado el río Corrientes y roto todas las represas de la zona. Paso Tala estaba siendo socorrido por aire y tierra; los helicópteros del ejército sobrevolaban el lugar rescatando lugareños y los tractores con sus acoplados iban cargando todo lo que se pudiese salvar. En el medio de esa catástrofe, Ornar Elgul, el carroñero, con su ayudante Atanasio Mendieta, iban subiendo al cachapé todo lo que pasaba a su lado. Su negocio de venta de pieles y cueros se iba a incrementar con la desgracia generalizada; de pronto Atanasio vio algo chocar contra las ruedas del tractor:

-Patrón, parece que hay un animal allí.

-A ver, parece un caballo, tira de la cola y vamos a subirlo.

Atanasio tomó de la cola y el cuerpo del animal giró hacia el cachapé, tomando de las patas traseras lo levantó. Elgul lo sostenía de las crines, y con mucho esfuerzo lo subieron; lo pusieron junto a un chancho y a un carpincho muerto.

-Está muerto. Fíjate la marca, Atanasio.

Atanasio buscó alguna marca o carimbo, no había nada. El potrillo rosillo era orejano.

-No tiene marcas ni carimbos, patrón, nadie va a reclamarlo.

Una lluvia torrencial comenzó a caer. Elgul dio la orden al tractorista para volver, si seguían un rato más, lo podía arrastrar la corriente. El tractor dio vuelta y se encaminó hacia la ruta 12; había que llegar antes del oscurecer a Perugorria. Los relámpagos cubrían la tarde, el frío invierno de 1998 calaba hasta los huesos. Los hombres se taparon con su chambergo cubriéndose de la tormenta. Atanasio se recostó contra los animales muertos, de pronto, sintió algo; le pareció ver un movimiento de oreja del potrillo.

-Patrón, parece que no está muerto.

-¿Qué?

-Digo que parece que se mueve el potrillo; me pareció ver un movimiento de su oreja.

-Está bien muerto. ¡Recostate que la tormenta viene con todo!

Atanasio quedó atento. El relampagueo era terrible. Tenía los ojos puestos en el potrillo, el tractor se abría paso en la correntada. Llegaron a la parte más alta del camino, el ejército estaba instalado allí. Un teniente le preguntó a Elgul:

-¿Qué van a hacer?

-Vamos a seguir para Perugorria.

-¡Métanle porque les agarra la noche!

El tractor equipado con ruedas palas iba dejando un surco en la greda negra. Los barquinazos eran terribles. Atanasio vio un movimiento de la cabeza del potrillo.

-¡Está vivo, se movió!

-No puede ser, ¡es por los barquinazos!

Atanasio se acercó al potrillo, pese a la lluvia cerrada, vio un parpadeo del animal.

-Sí, ¡está vivo!, voy a apretarle la panza para sacarle el agua.

Apretó con fuerza la panza del animal, chorros de agua salían por la boca y la nariz; pegó un cabezazo como queriéndose parar, pero estaba muy debilitado. Siguió en posición horizontal, de cualquier forma ya estaban llegando. Tal vez tuviese suerte y sobreviviera.

Al llegar al galpón de Elgul, lindero con su casa, lo bajaron. Seguía tirado, no había forma de pararlo.

-Voy a ponerle una vacuna, tal vez reviva.

Elgul preparó un cóctel demoníaco que ni él mismo sabía qué efectos podía producir. La dosis fue doble, ya para vivir o morir, a todo o nada.

-Bueno, vamos a ver qué ocurre, pero no creo que pase de esta noche, está muy debilitado.

-Lo voy a vigilar, patrón, tal vez reaccione.

Atanasio tenía su casa de barro al lado del galpón de Elgul; acomodó las patas delanteras del potrillo, con la esperanza que la inyección surta efecto y se levante durante la noche. Ya cansado se fue a dormir.

Todavía era de noche cuando Atanasio se levantó para ordeñar las lecheras. En el medio de ellas, descubrió al rosillo que lo estaba mirando. Se acercó lentamente, le palmeó la cabeza; cosa rara, era manso para ser un potrillo. Trajo un bozal y lo llevó al comedero donde le puso maíz y avena. A duras penas iba tragando algo, pero ya la señal era inequívoca. Iba a vivir.

Llegó la primavera y el estado del rosillo se recompuso. Con los primeros calores lo maniataron y se le puso la marca E; por Elgul, claro. Cuando Ornar Elgul fue a la Municipalidad de Perugorria a inscribirlo en el boleto de marca, le atendió doña Mirta Segovia, quien le preguntó:

-¿Cuál es el nombre, don Omar?

-Mbareté, lo eligió Atanasio.

-¿Qué valor le ponemos?

-Póngale treinta pesos, doña Mirta.

Treinta pesos. No estaba mal, sobre todo para alguien que había vuelto de la muerte. A partir de ahora el rosillo no sólo estaba identificado sino también valorizado de acuerdo a las normas de la provincia de Corrientes, e ingresaba al acervo de Omar Elgul como semoviente. A decir verdad, era el sexto semoviente. Lo precedían dos lecheras pampas con sus respectivos terneros y un toro media sangre que fungía ser de raza Bradford.

El mes de noviembre del año 2001 fue caótico. El gobierno nacional se estaba derrumbando y el provincial ya estaba derrumbado. Argentina entraba en la crisis económica más grande de su historia. La provincia pagaba con bonos porque no tenía dinero, llevaba más de tres meses sin pagar los sueldos y Elgul y Atanasio sobrevivían a duras penas. Mientras tanto Mbareté era usado para cualquier tipo de mandado. Sobre todo cuando había que ir a revisar pieles y cueros a los lugares más inhóspitos.

Aquel jueves vino a visitarlo a Atanasio el peón Florencio Villalba, que hacia changas como jockey de cuadreras.

-Atanasio, vamos mañana a la pista. Tengo que entrenarlo a Piculino, porque el domingo tenemos el desafío con Payubre.

Payubre era el parejero mercedeño que estaba invicto y venía a Perugorria a revalidar sus títulos. Era fija nacional.

-Pasa que Piculino entrena mejor si está acompañado. Pedile a don Omar que te preste a Mbareté para eso.

-Bueno, voy a hablar con él, pero tiene que ser a la siesta, es el único momento libre que tenemos.

Al otro día se encaminaron a la pista, que quedaba sobre la ruta 12. Florencio marcó la distancia; a los 400 metros puso un trapo blanco y le dijo a Atanasio:

-Cuando yo dé la orden de largada, seguime. Tratá de acercarte todo lo que puedas. No importa que Mbareté sea un principiante, quiero ver cuánto de distancia te saco al llegar a los 400 metros.

-¡Ahora! -gritó Florencio; en ese momento, Mbareté salió como un rayo. A los 150 metros ya le llevaba dos cuerpos de ventaja a Piculino. Al llegar a los 400 metros, la distancia era sideral.

-¿Qué le pasó a Piculino, se mancó? -preguntó Atanasio.

-No le pasó nada, Atanasio, no puede ser, Mbareté parecía una liebre.

-Seguramente largaste mal. Vamos de nuevo.

La segunda vez la distancia que le sacó Mbareté fue mayor. Florencio Villalba descabalgó y le dijo a Atanasio:

-Mirá, todo esto me sorprende, nunca vi un parejero que salga tan rápido. Créemelo, ¡Mbareté es un tapado!

-Pero si nunca corrió, lo usamos para los mandados.

-Seguramente, pero esto no es normal, además, entre los burreros hay una leyenda que dice que nunca un parejero rosillo ganó una carrera, esto escapa a todo lo que vi.

Al atardecer llegó por la casa de Elgul el arrocero Juan Bonetti, el dueño de Piculino.

-Omar, me contó mi peón que Mbareté es un tapado, hoy en la pista lo dejó lejos a Piculino.

-Así me comentó Atanasio, pero supongo que fue casualidad, nunca corrió una cuadrera.

-Te propongo lo siguiente, vamos a probarlo de nuevo mañana, para sacarnos la duda.

Al otro día, Mbareté volvió a romper todos los relojes.

-Omar, tenés que inscribirlo para la carrera de mañana, nadie lo conoce, es un tapado, hasta yo voy a jugarle todo el dinero que tengo -dijo Bonetti.

-Pero dicen que nunca un rosillo ganó una carrera.

-Es la única contra, pero si Mbareté vuelve a repetir lo de hoy, es imposible que pierda.

Finalmente, Mbareté fue inscripto para la carrera del domingo. Ese día a la mañana, Atanasio le hizo el tuse de las crines. La parte de la cabeza fue tusada al estilo mohicano, desapareciendo el jopo y también las crines del cuello, solamente al final quedó un pequeño jopo en la grupa. La cola fue recortada; sin duda, ahora parecía un parejero.

Cuando Atanasio lo llevaba a darle agua, estacionó la camioneta de la policía. De allí bajó con sumo esfuerzo la figura del comisario Celestino Almirón, jadeando con su prominente vientre a cuestas, producto del vino y los asados; se dirigió a Atanasio:

-Por favor, Atanasio, decime que lo que dicen de Mbareté es cierto, que es un tapado.

-Así es, comisario, es un tapado.

-Mirá que me juego mis últimos pesos. Hace tres meses que no cobramos, si pierdo, mi mujer me echa y tengo que ir a vivir a la comisaría con los presos.

-Vaya tranquilo, comisario, hoy Mbareté rompe la mala racha de los rosillos.

A las 4 de la tarde se alinearon los pingos. Atanasio montaba a Mbareté, Florencio se alineó a la derecha y Payubre a la izquierda. El comisario fue el elegido para dar la orden de largada de la cuadrera de 400 metros. Eustaquio Brizuela, el preso más antiguo de Perugorria, lo apantallaba. Al costado de la pista, los mercedeños ya festejaban a cuenta.

El comisario sacó su pistola y el tiro al aire dio la señal de largada. Mbareté dio un salto y marcó el camino. A los 200 metros la suerte ya estaba echada, le había sacado tres cuerpos a Payubre, al final de los 400 metros, ya era una paliza memorable.

La paisanada se abalanzó sobre Mbareté. Atanasio fue llevado en andas, los mercedeños no podían creer lo que estaban viviendo. El comisario Almirón elevó sus brazos al cielo dando gracias al Señor, con lo que había ganado, cubría la vacancia de tres meses sin sueldos.

Santiago Goyeneche era el turfista más respetado de Corrientes. Era el encargado de organizar las carreras y el de hacer los pagos de las apuestas. Se metió entre la algarabía de la paisanada y logró rescatar a Elgul, quien todavía aturdido se sentó bajo un espinillo.

-Omar, esto que pasó es memorable.

-Sí, don Santiago, nunca creí que podía ganar.

-Nunca vi un parejero que salga tan rápido. El último fue Chiquilín y ya murió hace 20 años y aparte era descendiente de Brandy. ¡Creeme Omar, Mbareté es una revelación!

-Seguramente, don Santiago, pero también puede ser casualidad que hoy haya corrido tan bien.

-Creo que es un crack; mira Omar, el domingo que viene están los 600 metros en Curuzú Cuatiá, viene el campeón entrerriano Tagüe, va a haber tres mil pesos en premio. Si Mbareté corre como hoy, va a ganar y como es un tapado, nadie va a jugar a favor de él, se puede ganar mucha plata.

-Dígame don Santiago, ¿alguna vez vio ganar a un rosillo?

-Nunca hasta hoy, creí que iba a morir sin verlo, pero todo llega en esta vida.

El domingo bien temprano, Mbareté subió al tráiler prestado por Bonetti. Elgul lo enganchó a su camioneta Ford modelo 82 y partió con una pequeña comitiva a Curuzú Cuatiá que encabezaba el comisario Almirón; al lado suyo, Eustaquio Brizuela, el preso más antiguo de Perugorria, iba cebándole mates.

Se podría decir que más que una carrera fue un paseo. Mbareté largó como una flecha, cuatro cuerpos de ventaja fue la diferencia al llegar a los 600 metros. Los lugareños se sacaban fotos junto al rosillo que había terminado la leyenda. La noticia corrió como reguero de pólvora, Mbareté, el rosillo de Perugorria, había roto todas las marcas y todos los preconceptos.

Todo el año 2002 fue de triunfos. Mbareté recorrió las principales pistas de la Mesopotamia, en todas iba siendo coronado ganador; ya no quedaban rivales, las circunstancias de ser siempre ganador lo iban a obligar a un retiro involuntario.

La suerte de Elgul y Atanasio iba a contramano del país. Mientras Elgul había hecho dinero y le había construido una casita decente a Atanasio, el país y la provincia se hundían en una crisis sin precedentes. En medio de una quiebra generalizada, los extranjeros arrasaban con las propiedades más importantes.

William James Richardson III era el heredero de la Kentucky American Tobacco, un imperio más grande que la Coca Cola. El día 12 de abril del 2003, su hijo dilecto, Red Hero, llegaba a la provincia de Corrientes. El diario La Nación de Buenos Aires comentaba el acontecimiento en un escrito digno de Vanity Fair:

“Siendo las 14 horas desembarcó en el aeropuerto de Cambá Punta, Red Hero, “el caballo de los sueños”, dos veces ganador del Derby de Kentucky. Pese a la multitud de periodistas y amantes del turf que lo acosaban, el alazán se mostró distendido. Según nos comentó mister John Fuster, representante en Argentina de la Kentucky American Tobacco, Red Hero será trasladado a la Estancia Aguay, situada en la localidad de Mariano I. Loza, recientemente adquirida al King Ranch, para la cría de caballos de carrera, que sin dudas, será la más prestigiosa del país”.

No había especulación posible, Red Hero era la celebridad de mayor envergadura que haya pisado tierra guaraní.

Serían las 7 de la tarde de aquel último día de mayo, cuando Santiago Goyeneche y el eterno intendente de Perugorria, Fabián Vázquez, se arrimaron a la casa de Elgul.

-Omar -dijo Goyeneche-, me llamó mister Fuster desde Buenos Aires para concretar una carrera con Mbareté.

-¿Para cuándo?

-Sería el tercer domingo de junio. Quieren hacer una gran concentración en la Estancia Aguay, pues va a estar de visita el dueño, Mister Richardson. Van a poner de premio al ganador, 50.000 pesos, un récord nacional.

La cifra era espeluznante, Elgul no se reponía de la sorpresa.

-¡Qué bárbaro! Nunca vi tanto dinero.

-Hay algún condicionamiento. La carrera será con las medidas del Derby de Kentucky, dos kilómetros, y el rival será Red Hero.

La sola mención del nombre asustó a Elgul.

-Es imposible que ganemos, nunca Mbareté corrió una distancia tan larga y encima frente a uno de los mejores caballos de la historia.

-Tenés que presentarte -terció el intendente-. Mister Fuster me llamó diciendo que al final de la carrera, Mister Richardson va a anunciar una donación, consistente en la construcción del hospital para Perugorria.

La sola mención de la construcción del hospital para el pueblo, una promesa incumplida por todos los gobiernos, convenció a Elgul. Finalmente, bien valía la pena perder el invicto si a Perugorria le construían el centro asistencial.

La noticia se expandió por toda la provincia. Elgul recibía llamados de todos lados con el apoyo de la gente, desde la última pulpería hasta los cafés de la calle Junín en la capital correntina, solamente se hablaba del choque de cracks en la Estancia Aguay; pero un temor invadía a Elgul y su séquito más íntimo. ¿Qué pasaría si Mbareté vencía a Red Hero?. Si bien era temerario pensar que Mbareté podía vencer a uno de los mejores pura sangre de la historia, era también certero admitir que Mister Richardson no cumpliría su promesa frente a una derrota de su hijo dilecto, justo él, acostumbrado a ganar en todas partes del mundo.

Omar Elgul tomó la decisión más drástica de su vida, bajaría de la monta a Atanasio Mendieta y lo pondría a Florencio Villalba. Por un lado le sacaría la responsabilidad de la derrota a Atanasio y por otro lado no le complicaría la victoria a Red Hero, si bien no iría al bombo, no pondría obstáculos para la construcción del hospital.

Cuando se lo comunicó a Atanasio, éste se puso a llorar.

-Pero, patrón, Mbareté está acostumbrado a mi monta, se va a sentir desamparado.

-Ya está tomada la decisión, Atanasio, es mejor así.

-Yo confío que Mbareté va a ganar, está invicto, corre de acuerdo a la exigencia del rival.

-Va a tener enfrente al mejor caballo que haya pisado pistas argentinas, es imposible.

-Eso no tiene importancia. Mbareté va a ganar, no se da cuenta, patrón, es como un mensaje del Tata Dios, nos está diciendo que Él existe, que Él todo lo puede, un potrillo que lo rescatamos muerto, está ganando contra el que se ponga enfrente, ¡es la única explicación!

-Pero vos estás loco, Atanasio, eso te lo meten en la cabeza esas viejas chupacirios que te llevan a la misa para que después limpies la iglesia. Dios tiene cosas más importantes que hacer, no puede perder el tiempo en este pueblo que no figura en ningún mapa, en este pueblo donde nos sindican como carroñeros, porque eso es lo que somos, ¡carroñeros!, ¡ya bastante hizo Dios ayudándonos a que no desapareciéramos con esta crisis!

Terrible dilema el de la Fe. Dios no podía faltar en esta historia. El día anterior a la carrera, Atanasio fue a la iglesia a pedirle el milagro de que Mbareté venciera a Red Hero. Depositó un ramo de calas y dejó sobre ellas una estampa del Gauchito Gil, que hacia las veces de mandatario de sus súplicas frente al Supremo.

El domingo 22 de junio del 2003 amaneció soleado, con mucho frío. Atanasio enganchó el tráiler a la Toyota nueva de Elgul. Una multitud de personas iba a acompañar la marcha de sesenta kilómetros que separaba Perugorria de la Estancia Aguay. El comisario Celestino Almirón encabezaba la comitiva, al lado suyo, Eustaquio Brizuela, el preso más antiguo de Perugorria, era el encargado de verificar los facones y chairas para el asado que se serviría antes de la carrera.

Al llegar a Mariano I. Loza, el pueblo aledaño a la Estancia Aguay, el intendente Romerio Sandoval, conspicuo burrero, timbero y bebedor, les hizo una improvisada bienvenida en medio de la ruta.

Los últimos 5 kilómetros sobre la ruta 14 fueron a paso de hombre. Una multitud llegada de todos los puntos del país hacía dificultosa la marcha; a los bocinazos, el comisario Almirón iba despejando la ruta, consiguiendo entrar a la avenida que conducía al casco de la estancia.

Cuando llegaron al final de la avenida, miss Giselle Elizabeth Richardson en representación de su padre, les indicó los boxes. Cuando Atanasio abrió las compuertas del tráiler y bajó a Mbareté, un mar de ponchos y pañuelos celestes y colorados saludó al crédito local, los más entusiastas descargaron sus revólveres al aire; Mbareté respondió con un relincho, el espectáculo era dantesco, Red Hero era el favorito en las apuestas, pero Mbareté estaba en el corazón de la paisanada.

El doctor Rigoberto Manuel Vázquez Azcuénaga, en su calidad de presidente de la Asociación Hípica Argentina, fue el encargado de dirigir las palabras de bienvenida a la concurrencia.

-Estimados amigos, estamos aquí para presenciar la carrera más importante que se haya realizado en la provincia de Corrientes. Se enfrentarán el campeón de Kentucky, Red Hero, con el representante de Perugorria, Mbareté. La carrera se hará en este hipódromo construido con las medidas que se utiliza en el Derby de Kentucky, esto es una obra de nuestro anfitrión, Mister Richardson, ¡para quien pido un aplauso!

William James Richardson III se levantó respondiendo al aplauso de la concurrencia, lucía un bronceado perfecto, producto de alguna playa caribeña.

Cuando se abrieron las compuertas que daban acceso a la pista, Atanasio guió a Mbareté a las gateras. La multitud deliraba, al lado suyo iba Red Hero, el caballo de los sueños, el alazán brillaba bajo el sol correntino.

Atanasio cerró la gatera de Mbareté, a Florencio Villalba se lo notaba nervioso.

-Tenés que salir en punta, Florencio, Mbareté nunca corrió de atrás; si sale primero, no hay forma de perder.

-Voy a hacer todo lo posible, Atanasio.

A Mbareté no lo notaba del todo bien, evidentemente estaba sintiendo el cambio de monta, estaba evidenciando esa extraña metamorfosis que existe entre el jockey y el pingo. Atanasio corrió a ubicarse entre el público. Había un timbó a 100 metros de la llegada. Subió a una de sus ramas, de allí iba a ver mejor que nadie la carrera.

-¡Largaron! -fue el grito de la gente. Red Hero tomó la delantera, por primera vez Mbareté corría de atrás. La polvareda señalaba el recorrido de los caballos, al cumplirse medio kilómetro, la distancia era de un cuerpo. Evidentemente Florencio no conseguía conducir a Mbareté.

-¡Aflójale las riendas! -gritó Atanasio. Como si Florencio pudiese oírlo a la distancia.

Al pasar la marca del kilómetro la distancia se extendió a cuerpo y medio, solamente una atropellada final podía cambiar la historia, pero en la forma en que estaba conduciendo Florencio, eso iba a ser imposible.

Al pasar la marca de los 800 metros finales, Atanasio comprendió que la carrera estaba perdida. Cubrió su cara con las manos para no ver la llegada. En ese instante, una ovación generalizada lo asustó y volvió a mirar la carrera, había sucedido algo increíble. Mbareté había corcoveado y tirado a Florencio contra el público, ahora sin jinete y con las riendas a la deriva, Mbareté iniciaba una atropellada. Al pasar frente a Atanasio, en los últimos 100 metros, Red Hero solamente le llevaba medio cuerpo de ventaja. Atanasio se tiró del timbó y se corrió a la pista junto con toda la gente para ver el resultado, con final de bandera verde.

La foto del final fue entregada al doctor Vázquez Azcuénaga. No había duda alguna, se veía claramente, Mbareté le había ganado a Red Hero por una cabeza.

Atanasio corrió a buscarlo a Mbareté. Ya la peonada de la zona lo traía a tiro para su coronación entre medio de sapucais. La toma de la CNN, mostrando a Atanasio abrazado al cuello de Mbareté, dio la vuelta al mundo.

Mister Richardson se retiró ofuscado antes de la entrega de premios. Dio orden de preparar su avión para volver a Estados Unidos ese mismo día e instruyó a mister Fuster para que cancelara la donación.

Perugorria seguiría sin figurar en ningún mapa y también sin hospital.

A mediados del mes de julio, una correspondencia llegó a la Municipalidad de Perugorria. El intendente llamó a Elgul y a Atanasio a su despacho.

-Omar y Atanasio, quiero que escuchen lo que dice esta correspondencia. Está escrita en inglés, por eso está aquí la señora Julia Miranda, que es la única que conoce ese idioma en este pueblo.

Doña Julia comenzó la lectura:

“Estimados amigos de Perugorria, mi nombre es Ashley Turner. Tengo 17 años y soy estudiante de la Universidad de Kentucky y pudimos ver por CNN la hazaña que consumó Mbareté frente a nuestro crack Red Hero, por ese motivo con mis compañeros de estudios hemos elegido el nombre de Mbareté para denominar a nuestra fraternidad universitaria.

Esa distinción obedece al hecho que nuestros padres siempre nos comentan que nuestro país, los Estados Unidos de Norteamérica, fue forjado por personas que muchas veces vencieron dificultades que parecían insuperables; personas de cualquier estrato social que con su accionar, dieron el ejemplo a seguir; ejemplos como el que da Mbareté cada vez que enfrenta un desafío.

También nos enteramos que Mister Richardson suspendió la donación de un hospital al municipio. Rogamos sepan disculpar este error; Mister Richardson es un benefactor de Kentucky, seguramente el dolor de la derrota hizo que tomara ese camino, pero nuestra fraternidad, en decisión unánime, ha tomado ese compromiso como propio y hemos iniciado una colecta en Kentucky para la construcción del hospital.

En breve, iremos en delegación a Perugorria para entregar nuestro estandarte al crack Mbareté y poder estar con todos ustedes

La portada del Kentucky Mirror del 30 de octubre del 2003 mostraba a una sonriente y pecosa Ashley Turner junto a una veintena de sus compañeros de la Universidad de Kentucky haciendo entrega de un cheque al Intendente Fabián Vázquez para la construcción del hospital. Junto a ellos, estaban Omar Elgul y Atanasio Mendieta, y en el costado, se podía divisar al comisario Celestino Almirón con su prominente vientre y su ladero, Eustaquio Brizuela, el preso más antiguo del lugar; por supuesto, en el centro de la instantánea tomada por la agencia Reuters el día anterior en Perugorria, emergía la figura del crack Mbareté; envuelto en la insignia de la fraternidad que lleva su nombre, terminando una vez más con una tradición, era la primera vez en la historia que una fraternidad universitaria norteamericana no utilizaba símbolos y palabras griegas.

Cualquier persona que visite la provincia de Corrientes, podrá escuchar con lujo de detalles la carrera que Mbareté le ganó a Red Hero. Todos los interrogados dicen que estuvieron presentes ese día en la Estancia Aguay. Cualquier ecuación que se haga da por tierra con esas afirmaciones; ni juntando los departamentos de Mercedes y Curuzú Cuatiá podrían albergar la cantidad de personas que dicen haber presenciado el evento, pero tal vez la gente tenga razón, tal vez todos los correntinos estaban ese día alentando a Mbareté, aunque sea con el corazón, aunque sea con la voluntad de estar allí, atraídos por ese inexplicable misterio que tienen los cracks.


 

 

UN DÍA DE SUERTE

Julio Aguirre miró el calendario; estaba a justamente a treinta días de su casamiento. Mientras preparaba el desayuno, se contorneaba al ritmo de la música de los Rolling Stones. La guitarra de Mick Taylor hacía el contrapunto a la voz de Mick Jagger; una tostada que voló por el aire fue capturada por Julio como si fuese el micrófono del cantante británico, al sentarse a desayunar, sonó el timbre. Extrañado por lo temprano, fue a abrir la puerta; al hacerlo se encontró frente a dos personas. Estaban vestidos de traje cruzado y sombrero de pana, parecían haber salido de un cuento de Philip Dick.

-Buenos días, ¿qué se les ofrece, señores?

-Yo soy el Señor Mario y él es el Señor Jorge, somos las voces de tu conciencia y vinimos a verte porque hoy es tu día de suerte.

-¿Qué, cómo?, ¡no entiendo nada!

-Si nos permite pasar, le daremos explicaciones.

Ambos caballeros pasaron al amplio living de la casa, Julio notó que ambos llevaban zapatos bicolores. El Señor Mario se sentó en el cómodo sofá, encendió un fósforo por la suela de su zapato y prendió un Camel. El Señor Jorge, quien cruzó sus piernas al recostarse sobre una mesa etrusca, dijo:

-El Señor Mario le dirá las ventajas que va a obtener en este día de suerte y yo le iré diciendo los peligros que lo acechan.

-Sigo sin entender nada -dijo azorado Julio Aguirre.

-Ya va a entender, porque en un instante va a sonar su celular para el rally de su día de suerte.

El celular temblaba en la mano de Julio. La que llamaba era Ingrid Muller, la superbomba del Banco Alemán de Inversiones.

-Buenos días, señor Aguirre. Y tengo que decirle muy buenos días porque el Directorio ha aprobado su línea de crédito con notables ventajas.

-Qué buena noticia, señora Muller.

-Lo invito a un desayuno de trabajo en mi despacho para ultimar detalles.

Cuando Julio cortó la comunicación ya no estaban los Señores Mario y Jorge. El que sí estaba era Fido, el boxer atigrado que ladridos mediante, reclamaba su desayuno desde el patio. Julio le llenó su plato con balanceado canino y luego se duchó para ir al desayuno de trabajo.

Mientras se encaminaba a la reunión, iba pensando en Ingrid Muller. La presidenta del banco era una de las mujeres más lindas y sensuales del país. También eran conocida sus desavenencias con el Presidente del Banco, el octogenario austríaco que era su tercer marido. Al llegar al banco recorrió el amplio pasillo recubierto en pino de Innsbruck que conducía al despacho de Ingrid Muller.

-Buen día, señor Aguirre, dichosos los ojos que lo ven.

El saludo inicial presagia tormentas libidinosas. Ella tenía treinta y ocho años y una figura que destilaba deseos; estaba entrando en lo que los especialistas caratulaban como el inicio de la segunda edad de fogosidad sexual.

-Debo decirle, señor Aguirre, que es muy afortunado en obtener este crédito en una época tan difícil, ¿es tan afortunado en el amor como en los negocios?

La consulta llamaba al descalabro, sintió la punta del pie de ella acariciar su tobillo; miró de reojo para descubrir si había alguna cámara de seguridad. Pudo haber comentado su inminente casamiento, pero como los viejos tahúres, guardó esa carta en su manga.

-En verdad, Ingrid, debo comentarle que estoy pasando por un insoportable momento de soledad.

La situación iba encaminada en la dirección correcta; vio las pupilas de ella agrandarse, señal inequívoca del placer. Ahora había que pegar el tiro de gracia, cuando inesperadamente, con un movimiento acomodando su sombrero como lo hacía Broderick Crawford en Highway Patrol, apareció en escena el Señor Jorge haciéndole la siguiente advertencia:

-No es buena idea montar a la esposa del Presidente de este banco; sobre todo si ese Presidente tiene en su comedor el cuadro de Reinhard Heydrich. Lo que tiene que hacer, es tomar el dinero manchado de sangre que le ofrece este banco de genocidas y darle un buen destino.

En ese instante, acomodando un pañuelo al tono con la misma pulcritud que lo hacía Humphrey Bogart en The Big Sleep, hizo su intromisión el Señor Mario.

-No hay fruta más rica que la que crece en el patio del vecino, porque la sensación de robarla y no ser descubierto supera al sabor de la misma fruta. Así que entre en acción, este es el momento que los Dioses le brindaron para iniciar su día de suerte.

Sin embargo, el Señor Jorge no se dio por vencido.

-Esta fruta es la fruta prohibida, su ingestión será de lamentable consecuencias.

La señora Muller desabrochó un botón de su blusa para darle más tensión al momento; en ese instante sonó el celular de Julio. Era su abogada, la superbomba Macarena Ferreira.

-¡Albricias gallo!, les hicimos un boquete al Estado, vení para mi oficina a enterarte de los detalles.

Julio Aguirre se disculpó frente a la señora Muller por la salida intempestiva; un dejo de insatisfacción se dibujó en el rostro de ella.

Al entrar a la oficina de Macarena fue sorteando un ejército de abogados y pasantes; la secretaria de ella le indicó que entre directamente al despacho; éste parecía más grande y lujoso que el Kremlin. Atractiva. Divina. Deseable. Distinguida. Inconformista. Ella le saludó con un piquito de amigos.

-Ahora a brindar, nene, no todos los días ganás un juicio como este.

El Pommery sonó como un obús al destaparse; el corcho pegó en el pene de una escultura de Vladimir Cora castrándola. Ella se sacó los zapatos Ferragamo y apoyó sus pies en una mesa de caoba. Julio siguió con la vista el hilado de sus medias; la estrecha pollera era el límite entre la realidad y el paraíso.

-¿Cómo van los preparativos para tu boda?

Él sintió en ese instante los influjos de aquellos filibusteros que venden autos usados.

-Y allí van. Sinceramente ando con muchas dudas. Tal vez fue una decisión precipitada.

Ella puso su mano sobre su muslo, él sintió como si lo arrollara el Pelham 123.

-¿Ah, sí?, contame tus dudas.

En ese instante hizo su aparición el Señor Mario. Con una sonrisa sarcástica, similar a la de Albert Finney en Gumshoe, comentó:

-No hay duda que es su día de suerte. Fíjese el bomboncito que está por comerse. Ya está para el cachetazo, sólo tiene que darle el último toque y la manda a la lona.

Julio posó su mirada en el rostro de ella. Vio que sus labios se iban dilatando; de allí a partirle la boca de un beso, había solamente un segundo de tiempo. En ese instante hizo su aparición el Señor Jorge. Con la misma serenidad y atino que mostraba David Suchet en Murder on the Orient Express dijo:

-No, Julio, está por cometer un disparate. Esto tuvo que haberlo hecho tiempo atrás, no hoy. Para cada situación hay un tiempo. Y este es el tiempo equivocado.

Aun así, Julio Aguirre se encaminaba al precipicio. En ese instante sonó su celular. En la pantalla apareció la imagen de Fido.

-Un momento, ¡me llama Fido!

-¿Fido?, ¿tu perro?

-Sí. Es que está pasando por una depresión canina debido a un tropiezo sentimental. Tiene un dispositivo en su collar que acciona cada vez que se siente muy bajoneado.

-¿Una especie de batiseñal como la del Comisionado Gordon a Batman?

-Así es, tengo que salir disparando para consolarlo. Después seguimos la charla. ¡See you!

Julio salió raudamente del despacho. Macarena mordió sus labios en signo de disgusto. Como dicen los jueces, el caso se resolvería oportunamente.

Al llegar al barrio cerrado, Julio observó a Fido. Tenía la expresión tonta de los enamorados. Le dio unas galletitas para distraerlo; en ese instante le llamaron de la portería.

-Señor Aguirre, de la empresa Pamplinas le traen un obsequio.

Pamplinas era la empresa que contrató para su casamiento. Autorizó al portero para que entraran. Llevó a Fido al patio por un instante mientras atendía. Abrió la puerta y se encontró con las esculturales gemelas Halstein.

-¡Sorpresa nene!, ¡somos tu obsequio por haber contratado el servicio Premium!

Estaban vestidas de conejitas; eran las modelos más codiciadas de Paraguay. Julio vio que todo el barrio cerrado estaba mirando embobado. La mujer del pastor anglicano tapaba los ojos de su hijo en señal de recato. Sin pedir permiso se introdujeron en la vivienda.

-¿Ustedes son el obsequio?

-¡Claro nene!; por eso Pamplinas es la mejor del mercado. Si hubieses contratado con la competencia, de seguro te hubiesen mandado unas bandas del Mercado Cuatro.

Mientras tanto, una de las gemelas hizo una rápida inspección al refrigerador.

-¡Qué bien!, hay champagne y guindas. Vamos a poder hacer la escena de Nueve Semanas y Media.

La otra gemela la tomó de la solapa y lo hizo sentar en un sofá.

-Preparate, querido; te vamos a hacer de goma; después de la paliza que te vamos a dar en esta partuza, no te va a reconocer ni tu madre.

Si, como en Nueve Semanas y Media. No hay sexo más seguro que el sexo pago. Una de las gemelas puso un CD. La voz blusera de Joe Cocker cantaba You Cant Leave Your Hat On. Las gemelas comenzaron el contorneo mientras se desvestían al compás de la música. Tras los ventanales, en el patio, Fido observaba con las orejitas paradas. Al lado suyo estaban el Señor Mario y el Señor Jorge. En la boca de los tres se dibujaba una sonrisa.

 

 

 

 


 

LA VENGANZA DE LA MALINCHE

¿Qué oscuro designio se yergue sobre este Imperio? Y las dudas. La brisa suave del atardecer golpeaba su rostro. El alarido del joven a quien le abrían el pecho lo volvió a la realidad. El sacerdote mostró el corazón sangrante a la multitud que deliraba. Pero parecía imperturbable. Volvió a sus pensamientos. La profecía parecía hacerse realidad. Sólo había que tener la inteligencia para cambiar el destino. No iba a enfrentar a los semidioses que venían en dirección a su ciudad. Los iba a recibir. Escucharía de sus bocas sus pretensiones. Miró a su alrededor. Era el gobernante de un Imperio que parecía no tener límites. Sus palacios estaban en la ciudad más moderna del mundo. Se levantó de su cetro y los sacerdotes interrumpieron sus ritos. Todos se arrodillaron ante su paso. Sintió por un instante un temor infundado. Moctezuma se trasladó a sus dependencias.

Aquel bárbaro castellano no se liberó de su armadura para la cópula. Ella sintió más hastío que placer. Él la agarró de su cuello haciéndole dificultosa la respiración. Ella gimió simulando un orgasmo pero él no se detuvo. Sintió el fluido dentro de su cuerpo. Sólo ahí Cortés se desplomó en el lecho. Ella trató de recomponer su respiración. Dentro de su armónico cuerpo sobresalía su astucia nahua. Y la venganza. Era la única que se percató que aquellos aventureros que aparecieron frente a las costas no eran los semidioses de las profecías aborígenes. Eran embusteros que montaban sobre bestias desconocidas por estas tierras. Y codiciosos. También inescrupulosos. Con su don de poliglota, les transmitió en castellano las historias que aquellos bárbaros querían oír. Una ciudad donde abundaba el oro. Sólo había que someterla. Y destruirla. Eso haría realidad su venganza. Vengaría la muerte de los componentes de su tribu. Aquellos que eran capturados en las guerras floridas por los aztecas para sus sacrificios humanos. Miró a su alrededor. Hernán Cortés dormitaba. Recogió su túnica y salió de la dependencia. Una brisa suave golpeó su rostro. En el rostro de La Malinche se dibujó una sonrisa.

8 de noviembre de 1519. Tenochtitlán abrió sus puertas a los supuestos semidioses. Las armaduras destellaban fuego. Las tribus aliadas seguían a pie el cortejo castellano. Los mexicas arrojaban petunias al paso de los caballeros. Y los caballos. Un grupo de vírgenes aztecas ataviadas de blanco acariciaron a los equinos. Sintieron la tersura del pelaje. Sintieron lo agreste de sus crines. Los cascos de las bestias sacaban sonidos al empedrado. El contingente se topó con la escalinata que conducía a Moctezuma. Hernán Cortés escaló seguido por La Malinche. Los crujidos de su armadura contaban los escalones. Al tener frente a si a Moctezuma simplemente lo miró a los ojos. La Malinche se arrodilló en una señal de respeto hipócrita. Luego, ante el gesto de Moctezuma, se irguió. Tradujo las palabras de bienvenida del mexica. Lo miró a los ojos, violando las costumbres ancestrales. Fue una señal inequívoca para todos. Unos nuevos semidioses hacían gala de sus privilegios. Moctezuma les cedió el palacio de su padre en gesto de buena voluntad. Aquellos bárbaros castellanos le retribuyeron tomándolo prisionero. Unos nuevos amos gobernaban Tenochtitlán. Aquellos genocidas trajeron enfermedades desconocidas. La sífilis y la viruela causaron miles de muertos. Los cadáveres se apilaban en las calles. Los castellanos rapiñaron todo lo que estaba a su alcance. La población se levantó en armas contra aquellos semidioses que habían traído todas las penurias de las profecías. Moctezuma murió apedreado por su propia gente. Los castellanos se abrieron paso entre la multitud enardecida a hierro y fuego.

Las alforjas iban repletas de oro y plata. La Malinche tomó un caballo desbocado y atropelló junto a los jinetes asesinos. Las viviendas ardían. Los indios aliados a Cortés iban degollando a su paso. La sangre corría por las cunetas. Al llegar al portón principal los castellanos lo derribaron y cruzaron el canal de agua. Los más ambiciosos murieron ahogados por el peso de lo robado. La Malinche se aferró a las crines del corcel y dejó que éste cruce el canal nadando. Al llegar a la orilla quedó mirando aquella ciudad ardiente. En su rostro se reflejaban las llamaradas. Y su venganza.

 

 

 

ÍNDICE

El hechizo de las Diosas de La Americana - 5

El tirador de la Plaza Dealy - 14

NASDAQ - 32

Mbareté - 42

El viajero - 56

Zapatos de gamuza azul - 65

Café “La Pasionaria”  - 78

El hijo del viento - 96

El inescrutable señor Manfredi - 111

El rebote del gato muerto - 129

La Doctora Afrodita y yo - 142

La espuma de la cerveza - 153

Tierra Guaraní - 166

Traición en Coyoacán - 190

El As de Barrio Obrero - 205

El bosque de rosas amarillas - 221

Muñeca de trapo - 246

Nacido para ser un Ángel - 259

Súper González - 271

Un padre ejemplar - 283

El Día del Arquero - 291

Alto Paraná - 300

Gardel y yo - 306

La chica más linda del mundo - 310

La Dama de Fuego - 317

La sombra - 321

Un día de suerte - 329

La venganza de La Malinche - 335

El Cuentista - 338

Vendedores de humo - 343

 

 

 

 

 

 

 

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