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RAÚL AMARAL


  EL NOVECENTISMO PARAGUAYO - HOMBRES E IDEAS DE UNA GENERACIÓN FUNDAMENTAL DEL PARAGUAY, 2006 - Por RAÚL AMARAL


EL NOVECENTISMO PARAGUAYO - HOMBRES E IDEAS DE UNA GENERACIÓN FUNDAMENTAL DEL PARAGUAY, 2006 - Por RAÚL AMARAL

 EL NOVECENTISMO PARAGUAYO

HOMBRES E IDEAS DE UNA GENERACIÓN FUNDAMENTAL DEL PARAGUAY

Por RAÚL AMARAL

Editorial Servilibro,

Asunción-Paraguay

2006 (563 páginas)

Dirección editorial: Vidalia Sánchez
 

 

PALABRAS DEL AUTOR

La primera visión de conjunto sobre el novecentismo paraguayo apareció en la revista COMENTARIO de Buenos Aires, gracias a la generosa solicitud de su secretario de redacción, el eminente poeta y pensador argentino don José Isaacson.

En la actualidad se hace preciso ofrecer una nueva visión, sin abstraerse de los fundamentos iniciales, que abarque la corrección de algunos errores y ciertas erratas, así como la puesta al día de su texto con el propósito de que pueda ser comprendida, en su totalidad, la trayectoria de aquel agrupamiento juvenil, único en la historia del proceso cultural del país.

Los aportes previos a este trabajo, que llevan la firma del autor, pueden enumerarse cronológicamente:

· 1956: "FULGENCIO R. MORENO Y LAS IDEAS DE LA GENERACIÓN DEL NOVECIENTOS" (Dirección General de Archivos, Bibliotecas y Museos de la Nación);

· 1957: "UN TRADUCTOR PARAGUAYO DE OSCAR WILDE: ÉTICA Y ESTÉTICA DE LÓPEZ DECOUD" (Escuela Municipal de Arte Escénico); 1958: "Modernidad cultural del Paraguay" (Academia Universitaria del Colegio San José);

· 1960: "FORMACIÓN FILOSÓFICA DE FULGENCIO R. MORENO"(Radio Nacional);

· 1961: "MANUEL GONDRA, EL HUMANISTA" (Escuela Normal de Profesores de Villa Rica del Espíritu Santo);

· 1962: "FORMACIÓN FILOSÓFICA DE MANUEL DOMÍNGUEZ" (Radio Nacional);

· 1963: "EXPRESIÓN LITERARIA DE JUAN E. O'LEARY" (Idem);

-----. "BLAS GARAY Y EL SENTIDO NACIONAL DE LA HISTORIA" (Idem).

Todos estos temas fueron desarrollados en poco más de un lustro, mediante disertaciones y estudios de pública notoriedad. La problemática del novecentismo está igualmente incorporada a distintos planes y programas trazados por el autor, entre los cuales pueden figurar, como los más difundidos, el "CURSO DE INTRODUCCIÓN A LA CULTURA PARAGUAYA", dictado en la Casa Paraguaya de Posadas (Misiones, Argentina), desde el 12 de diciembre de 1969 al 21 de abril de 1970, y el ensayo de investigación bibliográfica: "LAS GENERACIONES EN LA CULTURA PARAGUAYA" (Asunción, Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos, 1976).

Otras contribuciones relacionadas con el mismo asunto han quedado voluntariamente inéditas, mereciendo citarse dos de las que fueron preparadas como ciclos completos: "EVOLUCIÓN DEL PENSAMIENTO PARAGUAYO" (1981) y "EL PENSAMIENTO PARAGUAYO A TRAVÉS DE LA GENERACIÓN DEL 900" (1986).

Las aclaraciones que se ha creído oportuno formular, son las siguientes:

1) Lo que se intenta brindar aquí, además de un esquema del itinerario cumplido por los más significativos novecentistas paraguayos (o sea aquellos reconocidos como tales por su actuación), es un panorama que incluye, dentro de lo posible, tanto a nuestro país como al continente;

2) Quedan adoptadas, en definitiva, las denominaciones de novecientos, novecentismo y novecentistas, cuando se trate de dicha etapa, del movimiento en sí o de sus componentes, habiéndose elegido para mayor precisión dos elementos de incontrovertible fidelidad:

a) El segmento temporal que congrega a los nacidos entre 1870 y 1880, indicado por Gualberto Cardús Huerta, en 1922, y

b) El nombre con que se la debe reconocer y que le fuera dado por Juan E. O'Leary en 1950;

3) Algunas denominaciones acogidas sin explicación por historiadores vernáculos, en exceso sujetos a las limitadas orillas del “Color local”, han dado en llamarla generación o promoción (a pesar de no ser igual cosa) provenientes del Colegio Nacional de la Capital o del Instituto Paraguayo. En tal sentido, debe señalarse que el primero sólo los contuvo esporádicamente, en distintas remesas según su graduación. En cuanto al segundo, se impone recordar que fue fundado en 1895 por los representantes de la continuidad romántica; y cuando la personalidad de los novecentistas no estaba, ni con mucho, afianzada. Habrá que citar en ese orden a los que recién comenzaban su marcha: Domínguez, en 1884; Gondra, Moreno y Garay, en 1891 y López Decoud, en 1892;

4) Además de la intención de desenclaustrar dicho proceso cultural, extrayéndolo de su tenaz mediterraneidad mental (más peligrosa que la geográfica) ha existido (o subsistido) otra de alcances más definidos, como lo es la del novecentismo local apareado al de otros países de nuestra América, como Bolivia, México o Uruguay, entre los más evidentes;

5) Por consiguiente, no se deben desestimar las líneas tangenciales (y aún las aproximativas) que es dado observar en agrupamientos de diversa orientación temporal, como es el caso de las generaciones argentina del 80 y española del 98, cuyas respectivas analogías han de buscarse en el plano ideológico, a la vez que en el estético;

6) Con relación a las versiones precedentes se ha dispuesto extender la vigencia cronológica del novecentismo paraguayo (ubicado en números redondos y en sus extremos entre 1900 y 1935), adelantándose también estas advertencias:

a) Tómase como factor introductorio (aunque integrando el corpus total) la fecha de la muerte del doctor Blas Garay (18 de diciembre de 1899), ocurrida trece días antes de la inauguración del nuevo siglo. El Dr. Garay era un novecentista raigal, tanto por su edad y su formación como por el signo distintivo de sus ideas (mentores suyos fueron los krausistas españoles Ramón de Olascoaga y Joaquín Costa);

b) Se ha incluido en calidad de adelantados, no de "precursores", a dos de los nacidos antes del 70: Arsenio López Decoud (1867) y Manuel Domínguez (1868), quienes por su caudal intelectual, estilo literario, "espíritu de cuerpo" (en lo relativo a su generación), orientación magisterial y de lecturas, pueden ser considerados a la par de los más jóvenes, según lo ocurrido en la España del 98 con Unamuno (1864), Ganivet (1865) y Valle Inclán (1866);

c) La clausura del ciclo que se puntualiza en 1935 está vinculada con la finalización de la Guerra del Chaco, aún cuando la parábola vital había quedado prácticamente cerrada con la trágica muerte de Eligio Ayala (24 de octubre de 1930), no obstante su prolongación por un lustro más y la sobrevivencia de algunos de sus líderes. El más longevo fue O'Leary, que vivió hasta los 90 años (1969).

7) Como este novecentismo no agota su función en los andariveles de la mera cronología y sus estrictas fronteras, se ha estimado conveniente sumar, en un más amplio horizonte, a quienes nacieran con posterioridad a 1880, en una extensión no mayor a un lustro, teniendo en cuenta que la mayoría de dichos adalides (varios de ellos en plena adolescencia) se habían iniciado inmediatamente después del movimiento armado de 1904, en el cual participaron, entre los más notables: Ramón V. Mernes (1883), Modesto Guggiari (1885) y Gomes Freire Esteves (1886);

8) Para la delimitación de este breve subcapítulo queda fijado el tramo que va de 1881 a 1883, como tope máximo, considerándose en calidad de posnovecentistas (lo anterior vendría a configurar una categoría intermedia) a los que vieron la luz entre 1885 y 1889;

9) Asimismo, son incorporados a la selección de los novecentistas natos los denominados residentes, es decir: a los que habiendo procedido de otras latitudes unieron su obra a la del novecentismo - nativo, en auténtica concordancia e identidad de ideales. Se lo exceptúa de esta nómina y se lo suma al final del intermedio a José Rodríguez Alcalá (1883), llegado muy joven al país (no traspuestos los veinte años), que cumplió aquí todo su quehacer y a quien no obstante su origen argentino sería una verdadera herejía no aceptarlo como escritor paraguayo, que en realidad lo fue, a pesar de ciertas efusiones patriótico-sentimentales manifestadas a nivel personal;

10) Tanto la lista de temas como la alusión a maestros adoptados y autores leídos no han tenido variantes y se las reitera en esta ocasión por entender que sin su conocimiento sería difícil justificar o valorar las actitudes de los novecentistas dentro de las características que les fueron propias;

11) Debe aclararse, en lo que se refiere al tema generacional, que él ha sido expuesto no sólo con cautela sino con sumo cuidado, pues resulta temerario delinear, sin el respaldo de fuentes éditas confiables, divisiones estrictas proclives a la formación de compartimentos estancos anexados a sospechosos florecimientos generacionales, a verificarse en los ajustados y obligatorios contornos del calendario gregoriano. Se trata de un procedimiento caprichoso que en nuestro ámbito está destinado a inventar con el sello de generaciones los que no son más que simples promociones poéticas, de inexorable aparición a cada década. Demás está agregar que esta alquimia asentada en el aparcerismo carece del más leve rigor metodológico;

12) Es de creer que alguien, alguna vez, con mayores posibilidades, una perspectiva menos confusa (culturalmente hablando) y más seguro acopio documental, logrará acrecentar la información relativa a los imponderables doctrinarios del novecentismo y en igual medida los rasgos biográficos de sus representantes, quienes, con sus luces y sus sombras, cubren el derrotero de casi una centuria.

Culmina así la consagración de una labor iniciada hace más de cuatro décadas, cuando nada hacía predecir que una apasionada junta de papeles pudiera convertirse en descubrimiento, primero, y en certeza, después, de lo que ahora se anuncia como fragmento de más extensas páginas, todas ellas dedicadas a poner de resalto la influencia cultural e histórica de una generación excepcional. (Isla Valle de Areguá, 1995).

 

ÍNDICE

PRÓLOGO (Efraín Enríquez Gamón)

· El autor / La obra y su contenido / Primer momento histórico / Segundo momento histórico / Tercer momento histórico / Los personajes principales del Novecentismo / La temática del Novecentismo / Final

PALABRAS DEL AUTOR

MÁS PALABRAS DEL AUTOR

· I. Línea biográfica / II. Imagen de época / III. Tiempo e ideas

ESTA EDICIÓN

CAPÍTULO I: PENSAMIENTO Y DOCTRINA

· I. Concepto generacional /.II. Qué es el Novecentismo / III. Influencia cultural / IV. Modernidad / V. Formación histórica / VI. Formación educacional / VII. Formación literaria / VIII. Formación sociológica / IX. Formación filosófica / X. Características de una nucleación / XI. Resumen

· Novecentismo, arielismo y aprismo: 1. Novecentismo / 2. Arielismo / 3. Aprismo

CAPÍTULO II: LOS PROTAGONISTAS

· ARSENIO LÓPEZ DECOUD (1867-1945): Nota biográfica / Su generación

· MANUEL DOMÍNGUEZ (1868-1935): Vigía y maestro / El hombre / El estudiante / El guía intelectual / Periodista y escritor / La obra viviente / La estética literaria

· MANUEL GONDRA (1871-1927): Notas biográficas / La vocación humanista

· FULGENCIO RICARDO MORENO (1872-1933): Tiempo, vida y obra / El primer ausente / Los comienzos de una generación / Alberdi, maestro de modernidad / Economía y materialismo / Personajes del teatro histórico / Concepción moral / La teoría del hombre nacional (I) / Otros aportes bibliográficos / Los días finales / La teoría del hombre nacional (II) / Expresión literaria. Iniciación / Formación del prosista / Variedades del estilo / El mundo de la metáfora / Ironía y humorismo / Sus ideas históricas

· BLAS GARAY (1873-1899): Legado novecentista / I. Rasgos biográficos / II. El sentido nacional de la historia / III. Trayectoria generacional / Síntesis bibliográfica del autor

· ELIGIO AYALA (1879-1930): Ayala y la cultura paraguaya / I. Cronología de su vida / II. En la cultura paraguaya / Bibliografía de Eligio Ayala

· JUAN EMILIANO O'LEARY (1879-1969): Semblanza biográfica / 1. Primeros pasos / 2. Primeros estudios. Iniciación literaria / 3. El joven maestro y el escritor / 4. El abanderado de la esperanza / 5. Periodismo. Actuación pública / 6. Tarea intelectual / 7. Poesía y prosa. Lecturas / 8. La causa del pueblo paraguayo / 9. La polémica de 1902 / Los ideales de su generación / Presencia del pueblo / Idea y origen de la historia / Los países de nuestra América / En la bibliografía del Novecentismo

· IGNACIO ALBERTO PANE (1880-1920): Notas biográficas / La moral política

CAPÍTULO III: OTROS TEMAS NOVECENTISTAS - OTROS PROTAGONISTAS

· Viriato Díaz Pérez (1875-1958): Viriato Díaz Pérez y la generación paraguaya del novecientos (Recuendo de época 1904-1911)

· 1. Época de Don Carlos / 2. Actuación de Bermejo / 3. Literatura nacional / 4. Segundo romanticismo / 5. Otros maestros españoles / 6. El ciclo hispánico / 7. Novecentistas y Novetayochistas / 8. Los jóvenes de América / 9. Ámbito del 900 / 10. Polémica histórica / 11. Viajeros y contorno cultural / 12. Vísperas y llegada / 13. El modernismo y sus adelantos / 14. La colmena literaria / 15. Los amigos / 16. El periodista en su letra / 17. Un artículo precursor / 18. El cambio de los años / 19. Ciudadano paraguayo / 20. La posteridad Paraguayos del 900 y españoles del 98 / Los novecentistas y España / Paraguayos del 900 y argentinos del 80 / Juan Manuel Frutos (padre) en la generación paraguaya del 900

1. Justificación de época / 2. Experiencia de vida / 3. La sombra de "Alón" / 4. El cauce constitucional / 5. Las ideas y los hechos / 6. El testimonio de una nucleación / 7. Los tramos finales

Guido Boggiani y la generación paraguaya del 900

Edgar Allan Poe y el novecentismo paraguayo: Explicación

· I. Edgar Allan Poe: 1. Cronología novecentismo-modernismo / 2. La influencia francesa / 3. El auge de Poe / 4. Introducción a "El Cuervo" / 5. El sortilegio poeiano / 6. Una versión de Ulalume / 7. Lejano y desconocido poema / 8. Novecentismo paraguayo y cultura extraña

· II. Tabla comparativa de traducciones al español de la primera estrofa de "Ulalume" hechas por Poe

· III. Apéndice: 1. Traductores de Poe en el Paraguay / 2. Poemas de autores paraguayos donde se nombra a Poe

Las letras francesas del novecentismo paraguayo....

· I. El influjo romántico / II. El advenimiento de una generación / III. El impacto de los autores franceses / IV. Los hijos del siglo / V. Aportaciones

Rufino Blanco Fombona y el Paraguay

Fariña Núñez y la estética post-novecentista

Los novecentistas y el guaraní

 

 

 

 

 

PENSAMIENTO Y DOCTRINA

 

         I. CONCEPTO GENERACIONAL

 

         No al margen sino dentro de la historia se han movido las generaciones en el Río de la Plata. Alrededor de 1880 estalla la polémica en la Argentina con el advenimiento de los hijos de los antiguos emigrados a la vida pública: literatura romántica abatida por el naturalismo, por la poesía subjetiva y sentimental, reemplazada por el decadentismo y el modernismo.

         En otro orden: filosofía espiritualista o simplemente ecléctica en lucha con el positivismo importado (y su adecuación nativa), agregando a esto una expresión de origen krausista español, no por discreta menos perceptible.

         Este fenómeno toma características análogas en el Uruguay, Brasil y Chile y con mayor intensidad en México, luego de la reforma educacional implantada por Gabino Barreda, a partir de 1867.

         En la primera década del 900, de acuerdo a particularidades culturales, las versiones comtiana, spenceriana y darwinista, sufren los embates del novecentismo, que ha adquirido un marcado tono generacional, aunque cada país haya logrado circunscribirlo a su propia cronología.

         Puede inferirse que por causas derivadas del curso de su existencia institucional, el Paraguay haya tenido que seguir un rumbo distinto.

         La Era Constitucional siguiente a 1870 no absorberá por separado al racionalismo y al liberalismo individualista -como se ha afirmado- sino todos a una, desde que su signo representativo será esa Constitución sancionada con inocultables influencias (no podía ser de otro modo), trabajadas a su turno, tres lustros antes, por otras más lejanas de estirpe romántica y saintsimoniana.

         Es el viejo proceso que se agudiza: en el Paraguay una generación, cuando quiere serlo, tiene que llevar dentro suyo, y en lucha, las constantes formativas de grupos que solo han alcanzado la categoría de promoción. Romanticismo, naturalismo, actitud positivista, aprestos nietzscheanos, son olas desencadenadas de sorpresa por el turbión de la guerra.

         Así nace la generación del 900, que no es parte sino suma y que responde a un "novecentismo" estrictamente paraguayo, con diferencias notorias del que surgió, primero en el Uruguay y después en la Argentina.

         Dicha generación tenía que resumir todo lo andado por los grupos promocionales anteriores, recibiendo, en cambio, un ideario fragmentado y disperso. Ella habrá de recoger, también las últimas luces del siglo XIX, el "gran siglo", según lo consideraron sus integrantes. La cátedra, el periodismo, la polémica y la militancia política serán caminos trazados, a veces, para el desencuentro. Pero en la mayoría de quienes a él pertenecieron, el novecentismo se manifiesta con rasgos comunes que lo destacan y singularizan. La influencia de los profesores vascos y españoles actuantes en Asunción, el brillo seductor de la cultura francesa, y el aprendizaje hecho en las aulas del Colegio Nacional, son los precedentes que unirán a los jóvenes novecentistas por encima de sus individualidades y de su no parejo destino.

 

         Notas Concepto generacional:

 

BÁEZ, CECILIO: "Resumen de la historia del Paraguay hasta 1880", Asunción, 1910

BENÍTEZ, JUSTO PASTOR: "Bajo el alero asunceno", Rio de Janeiro, 1955; `Páginas libres", Asunción, 1956; ..."El solar guaraní", 1º ed., Buenos Aires, 1947; 2º ed., Buenos Aires, 1959.

BRUGADA (h), RICARDO: "Brasil-Paraguay', Rio de Janeiro, 1903.

MOSQUEIRA, SILVANO: "Semblanzas paraguayas", Asunción, 1908; "Nuevas semblanzas", Asunción, 1937,

PANE, IGNACIO A.: "El Paraguai intelectual". Santiago de Chile, 1902; "La intelectualidad paraguaya" (En: "Álbum Gráfico de la República del Paraguay", dirigido por Arsenio López Decoud, Buenos Aires, 1912).

RITTER, RODOLFO: "El movimiento intelectual en el Paraguay" (En: "El Economista Paraguayo", Asunción, Año VIII, N° 2, 22 de enero de 1916).

 

 

         II. QUÉ ES EL NOVECENTISMO

 

         No sería posible trazar un panorama del fin de siglo paraguayo, sin antes ponerse de acuerdo sobre qué cosa es el novecentismo y de qué manera se inicia la gravitación de su pensamiento en la vida nacional.

         El novecentismo ha querido ser o significar, en el Paraguay, la renovación de modos de vida, de sistemas de orientación intelectual y, por sobre todo, un método distinto para enfocar los desencuentros de la historia, latentes aún a treinta años de terminada la Guerra de la Triple Alianza.

         Por lo demás, un ansia de cultura lo invadía todo, y, como a las del resto de América, a esta generación no le preocupaba la inextensión de las fronteras ni el alejamiento de los centros de información, principalmente bibliográfica y artística. El medio más propicio a su actuación será -ya se ha indicado- el Colegio Nacional de la Asunción, fundado en 1877, habilitado un año después y en el que estudiaron y profesaron, sin excepción, los representantes de aquel núcleo.

         Un ámbito interno pequeño, pero movilizado; una sociedad orgullosa de sus tradiciones; un pueblo sin mezcla inmigratoria; costumbres patriarcales y viviendas y calles que traían el recuerdo de un ayer dramático formaban el escenario en el que a partir del 900 se advertirá una acentuación de la modernidad que, impulsada por el gobierno de Don Carlos Antonio López (1842-1862) y truncada por la guerra, retomarán los estudiantes con natural entusiasmo y no menor ímpetu verbal.

 

         Notas Qué es el Novecentismo

 

CARDUS HUERTA, GUALBERTO: "Contra la anarquía", Asunción, 1922. O'LEARY, JUAN E.: "Recuerdos e impresiones de Francia" (En: Revista del Comité France-Amérique, N° 2, Asunción, noviembre de 1950, pp. 4-16).

 

 

         III. INFLUENCIA CULTURAL

 

         Aquella generación tuvo que hacerlo todo, o mejor, que inventarlo, en un medio prácticamente agotado por la desolación y la metralla.

         Historia y literatura resumen el ideario y la acción del novecentismo. España y Francia dejan huellas profundas en la estructuración cultural de esa época. En su integración, perduran los resabios de un incompleto romanticismo (post-romanticismo en el plano local) en rara conexión con los temas positivistas, que se habían insinuado a través del magisterio de Cecilio Báez. Víctor Hugo en el verso y Mariano José Larra en la prosa, serán los dioses mayores, coincidiendo con Taine, Renán, el propio Comte, y en intensidad más acusada con Spencer; que los deslumbró a todos, aún a aquellos que no alcanzaron a leerlo con dedicación.

         Y como una generación -caso de aceptarse la conocida premisa de Petersen- se anuda por un proceso de índole educativa, que es la que condiciona su actitud primordial, esta del 900, o dicho con más precisión: esta que logra su poder comunicativo en el 900 (porque las ideas de Blas Garay, muerto un año antes, le son consustanciales) comenzó su aglutinamiento en el Colegio Nacional. Allí insistimos, recibió lecciones de los viejos maestros españoles que prestigiaron aquel instituto (Olascoaga, Zubizarreta, Jordán, Bienes y Girón, Valdivia, Fernández y Sánchez), y de los nuevos maestros paraguayos (Báez, Cancio Flecha, Emeterio González, Manuel Amarilla), más lo que, como Gondra y Domínguez, pudieron ser guías de sus mismos compañeros.

         La información bibliográfica coincidente, los autores predilectos, las lecturas que luego no se abandonarían, vienen de esa conmoción estudiantil que dará lugar, con el transcurrir de los días, a un intento renovador -no contra el positivismo como sin discernimiento se ha afirmado- sino para depurarlo de su aleación europea y humanizarlo con el signo de la tierra y el hombre.

         Fue Gualberto Cardús Huerta quien señaló que su generación estaba formada por nacidos entre 1870 y 1880, en tanto que O'Leary le dio el calificativo de "generación del Novecientos", a la que reivindicó como suya.

 

         Notas Influencia cultural

 

BERINO, IGNACIO A.: "El Dr. Ramón Fermín Zubizarreta, jurisconsulto y educador", Asunción, 1963.

LÓPEZ DECOUD, ARSENIO: "Un hombre relevante: El Dr. Emeterio González", Asunción, 1934.

PÉREZ, JOSE ANTONIO: "El Dr. Cecilio Báez", Asunción, 1907.

 

 

         IV. MODERNIDAD

 

         Este novecentismo paraguayo -muy otro que el del resto de nuestra América, en su nivel temporal- continúa la modernidad de cultura del país. En 1870 queda cortado el quehacer de la primera promoción romántica salida del "Aula de Filosofía" y crecida bajo la tutela de Don Carlos Antonio López. Treinta años de coexistencia romántica y post-romántica (segunda promoción), entre 1870 y 1900, en voces poco perceptibles, no favorecen una superación total a la llegada de la etapa novecentista, cuyos representantes procuraron para sí la luz de orientaciones que les fueran memorables: Zola, Balzac, Anatole France, Juan Valera, Paul de Saint-Victor, en la literatura; Renán, Taine, Guyau, Spencer y circunstancialmente Nietzche, en las ideas; Oscar Wilde, en la estética, al mismo tiempo que seguían siendo temperamentalmente románticos con Hugo y Espronceda.

         Modernidad en la vida y en las ideas; presencia de la cultura europea, con su bibliografía actualizada; asimilación del krausismo de Ramón Zubizarreta, Olascoaga, López Sánchez, difusión del racionalismo que al mundo krausista podría denominarse "armónico", en Emeterio González desde su cátedra de Ética en el Colegio Nacional.

         Posteriormente, tanto en el etnógrafo italiano Guido Boggiani (1861-1901) como en Cecilio Báez (1862-1941), un típico darwinista social. ¿Contra qué reaccionaba esta modernidad no siempre modernista en el terreno literario? ¿Acaso influenciada por el tono post-romántico implícito en los trabajos juveniles de Pane y O'Leary, en las prevenciones estilísticas de Gondra, en la prosa artística de López Decoud o en el costumbrismo más bien regional de Moreno y Garay? ¿Reaccionaba así, confundiendo los términos, contra la modernidad (...) polémica con el citado maestro, y Domínguez enseguida ("Causas del heroísmo paraguayo", 1903), hacen suyo el "culto de los héroes" atraídos por Carlyle y en una necesaria contraposición dialéctica.

         A la generación del 900 no se le escapó el riesgo de los opuestos. La lógica de hierro que encerraba la prosa de Domínguez era consecuencia del racionalismo, no de la efusión temperamental. Producto racionalista fueron, asimismo, sus estudios de temas religiosos contenidos en los violentos ataques a Menéndez y Pelayo, siguiendo en ese sentido la línea inaugurada por Báez.

         Defensores de su época, racionalistas tocados de evidente espiritualismo, modernos por absorción de cultura, románticos por presión ambiental y determinantes generacionales, cada uno de aquellos jóvenes se consideraba "hijo de su siglo", como O'Leary calificó a Domínguez. Y para que la formación que les venía de sus mentores europeos no los hiciera aparecer como olvidando sus deberes nacionales, dieron en meditar y esclarecer el pasado: Gondra y Domínguez investigaron en la filología guaraní; Moreno y Pane en la etnografía; igualmente este último y O'Leary escribieron, con molde extraño, poemas en idioma vernáculo.

 

         Notas Modernidad

 

BÁEZ, CECILIO: "Discurso pronunciado en la Masonería Nacional" (En: "Revista del Instituto Paraguayo", Asunción, Año 1, Nº 10, 1897, pp. 270-280); "Los elementos de la civilización cristiana", Asunción, 1903; "Estudios sobre la historia de España", Asunción, 1903.

DOMÍNGUEZ, MANUEL: "Cartas al Dr. Cecilio Báez sobre Marcelino Menéndez y Pelayo", Asunción, 1º ed., 1899, y 2º ed., 1902; "Discusión sobre filología etnográfica y geografía histórica"; Asunción, 1899; "Raíces guaraníes", Asunción, 1913.

GONDRA, MANUEL: "Hombres y letrados de América", Buenos Aires, 1942. MORENO, FULGENCIO R.: "Geografía etnográfica del Chaco" (En: "La cuestión de límites con Bolivia", t. III, Asunción, 1929).

PANE, IGNACIO A.: "El indio guaraní", Asunción, 1919 (también: "Ensayos paraguayos", Buenos Aires, 1945, Colección Panamericana, t. 24).

ROA, MONS. HERMENEGILDO: "El siglo XIX" (Discurso pronunciado el 1 de enero de 1901 con ocasión del siglo XIX y principios del XX), Asunción, 1900 (sic).

 

 

         V. FORMACIÓN HISTÓRICA

 

         A través de algunos de sus maestros krausistas (Zubizarreta, Fernández Sánchez, Olascoaga) recibieron los novecentistas incipientes nociones de metodología histórica. En el "Compendio de geografía e historia del Paraguay" de Terán y Gamba (1º ed. 1897), la historiografía paraguaya figuraba como parte del capítulo americano.

         En los estudios superiores, el panorama no se presentaba más alentador. No sólo eran conocidos parcial e interesadamente los períodos correspondientes al Dr. Francia y ambos López, sino que el propio pasado hispánico permanecía envuelto en injusta penumbra. Un ejemplo de ello es que recién con el siglo y gracias a las infatigables investigaciones de Manuel Domínguez, se llegó a la conclusión de que el fundador de la Asunción (o la "Casa-fuerte" que le diera origen) había sido el capitán D. Juan de Salazar de Espinosa y no Domingo Martínez de Irala (como era la versión del Dr. Báez), a quien se le ha dado el título de "fundador de la nacionalidad paraguaya".

         No debe extrañar que los hombres de la primera promoción romántica (Gregorio Benítes, Juan Crisóstomo Centurión, José Segundo Decoud) mantuvieron una actitud emocional, que también fue propia de Juan Silvano Godoi en sus libros. Pero para los novecentistas la visión tenía que ser otra.

         Dos elementos ayudarán a completar una información cierta sobre el pasado: la "Colección de documentos relativos a la historia de América y particularmente a la historia del Paraguay" (1899), de Blas Garay, y las compilaciones de "El Archivo de Asunción" editadas por Manuel Domínguez, en 1901. También han sido de utilidad los "Antecedentes históricos de la Universidad Nacional de Asunción" por "Falucho" (seudónimo del argentino Julio Bambill), en 1903; la recomendación del "Plan Franco" para el Colegio Nacional (1904), en el sentido de particularizar el conocimiento de la historia paraguaya, y finalmente el ensayo renaniano de Domínguez: "La Nación" (1908).

         La tradición oral ejercía inocultable importancia, no sólo en la interpretación de los hechos, sino de la historia misma. A la conocida teoría de Comte de que los muertos gobiernan a los vivos, podría agregarse la de Le Dantec, cuya influencia parece haber sido más drástica aún. Lo cierto es a que una simbología de lo nacional (la historia tenía un marcado tinte bélico), en torno a los sobrevivientes de la Guerra de la Triple Alianza -algunos de ellos figuras populares como el Tte. Fariña, el sargento Coatí, Real Peró, llevadas al libro por O'Leary- que los románticos y post-románticos redujeron a la reivindicación del Gral. Díaz, surge el impacto telúrico al renacer de sus lejanas cenizas y combatir después de muerto por su resurrección histórica, el Mariscal Francisco Solano López, prócer hasta entonces, más que discutido, interdicto.

         Es de creer que esa reaparición producida por la pluma de O'Leary y a cuya seducción mítica tampoco pudieron escapar sus adversarios, contribuyó a dotar al Paraguay de un héroe paradigmático del que había carecido, con todos los atributos de luces y sombras humanamente explicables. Cualesquiera fueran los motivos contradictorios de quienes atacaban o defendían su memoria y actuación, lo indudable en que el Mariscal había defendido espada en mano la independencia de su tierra y más que nada su derecho a seguir existiendo.

         Pocos habrán pensado, en aquel mentado 17 de octubre de 1902, que la llama encendida alrededor de su nombre (con el antecedente de una incidencia entre don Enrique Solano López, hijo del Mariscal, y el educador argentino Francisco Tapia, en 1898) modificaría no sólo la interpretación de la historia paraguaya y los lineamientos de su enseñanza (Gondra alcanzó a decir algo después, el 15 de agosto de 1908: "Aceptemos el pasado íntegro de la patria"), sino la orientación de toda una época.

         De la polémica suscitada entre el Dr. Báez y su ex discípulo Juan E. O'Leary -ruptura presidida más tarde por el perfil guerrero del Mariscal López que inicialmente no estuvo- surgirán otros cauces derivados hacia la literatura, la sociología y la filosofía, aunque la lentitud de una evolución cumplida en treinta años no haya permitido indagarlo en profundidad. Además, desde entonces, la enseñanza de la historia adquiriría otros matices, recogidos en términos de renovación por el sector post-novecentista que confunde su actuación con los representantes del modernismo y el post-modernismo literarios (1901-1931).

 

         Notas Formación histórica

 

BÁEZ, CECILIO: "La tiranía en el Paraguay, sus causas, caracteres y resultados"; Asunción, 1903; "Cuadros históricos y descriptivos", Asunción, 1906; "Ensayo sobre el Dr. Francia y la dictadura en Sud América", Asunción, 1910.

GARAY, BLAS: "Tres ensayos sobre historia del Paraguay", Buenos Aires, 1942. GONDRA, MANUEL: Ob. cit.

MORENO, FULGENCIO R.: "Estudio sobre la independencia del Paraguay"; Asunción, 1912; "La ciudadanía de la Asunción", Buenos Aires, 1926.

O'LEARY, JUAN E.: "Apostolado patriótico", Asunción, 1930.

PARAGUAY: "Incidente López-Tapia", Asunción, 1898; "O’Leary en el bronce", Asunción, 1955.

 

 

         VI. FORMACIÓN EDUCACIONAL

 

         Nuevas orientaciones pedagógicas necesitaba el Paraguay moderno desde la ya referida actividad de las hermanas Adela y Celsa Speratti, egresadas de la Escuela Normal de Concepción del Uruguay, en la provincia argentina de Entre Ríos. Gastado estaba el ideario de los viejos preceptores.

         Había que partir de la enseñanza primaria y secundaria, mientras crecía el grupo nativo encargado de trazar rumbos más progresistas. Fue así que se contrató, en etapas sucesivas, a un núcleo de educadores argentinos. Ese mérito corresponde a don Atanasio C. Riera y don Enrique Solano López, quienes desde la Superintendencia General de Escuelas habían aconsejado a los respectivos gobiernos de los Grales. Escobar y Egusquiza sobre la necesidad de proceder a la introducción de nuevas experiencias en la materia.

         En 1890, año del regreso al Paraguay de las hermanas Speratti, actuaban en Villa Rica del Espíritu Santo, las educacionistas argentinas Honoria y Lorenza Torrá; en Asunción lo hicieron los profesores de la misma nacionalidad: Francisco Tapia -ya citado, autor de "Algunas leyes biológicas"; Clodomiro Rodríguez y Antenor Jerez, quien escribió un ensayo: "Bases para un plan de educación". Posteriormente, fueron contratados Amalia Iraola de San Marina, Corina Echenique y José María Monzón, de importante trayectoria en la docencia paraguaya.

         El tétrico panorama expuesto por el Dr. Domínguez en "Las escuelas en el Paraguay" (1897) debía dar lugar a un distinto concepto de la tarea educacional en los comienzos del 900. Con indudable acierto las autoridades decidieron el envío de maestros normales, en calidad de becarios, para especializarse en la Escuela Normal de Profesores de Paraná, que gozaba de justa fama. Este procedimiento se adoptó desde 1900 y hasta 1910. Allí se graduaron Juan José Soler, Juan R. Dahlquist, María Felicidad González, Estanislao Pereira, Manuel Riquelme, Máximo Arellano, Gaspar N. Cabrera, entre otros.

         La escasez de textos llevó a la edición de manuales, como el mencionado de Terán y Gamba. En su solitaria residencia rural, el P. Fidel Maíz había escrito una "Pequeña geografía para los niños de la Escuela de Arroyos y Esteros" (1886). Tres libros de lectura circularon más tarde: "El lector paraguayo", de Manuel de Mendoza (1895), "El buen alumno", con traducción del francés por Juan E. O'Leary (1902) y "El nene paraguayo"; de Manuel W. Chaves (1901).

         En 1903 se efectúa el Primer Congreso Pedagógico Nacional, bajo el influjo del positivismo comtiano, introducido por los normalistas paraguayos desde el Paraná (Juan R. Dahlquist, "Páginas de un maestro", 1912). A ello concurrió la difusión contemporánea de la "Revista de Instrucción Primaria", cuya importancia puede ser parangonada con una anterior, la "Revista de la Universidad" (1893).

         El Colegio Nacional de la Asunción -de vida más efectiva que los fundados en Villa Rica, Pilar, Concepción y Encarnación-, que concedía diploma de bachiller en ciencias y letras, funcionó desde 1878 con la inicial dirección del mexicano Juan Agustín de Escudero, reuniendo en sus aulas a post-románticos y novecentistas. Entre éstos, fueron directores del establecimiento: Domínguez, Moreno, López Decoud y O'Leary.

         Hombres alejados de la estricta función pedagógica como los Dres. Cecilio Báez e Ignacio A. Pane, estudiaron los métodos de enseñanza y teorizaron sobre ellos. Especialmente el segundo aludió a su conferencia de Santiago de Chile ("El Paraguay intelectual", 1902) a la introducción del "método del positivismo", al que repuntaba como una conquista de modernidad, aún cuando podrían no ser aceptados sus fundamentos sociológicos y filosóficos. Por ese tiempo tuvieron marcada influencia los textos educacionales de Valentín Letelier y el español Adolfo Posada, positivista aquel y krausista éste.

         Pero ya desde 1923 se insinúa una corriente modificatoria de los programas en vigencia. A esa labor concurrió el educador paraguayo Ramón Indalecio Cardozo, quien no sólo funda la revista "La Nueva Enseñanza"; sino que origina el Segundo Congreso Pedagógico Nacional, celebrado en 1931. Ya por entonces el asedio del positivismo, a nivel educativo, había finalizado.

 

         Notas Formación educacional

 

CÁRDOZO, RAMÓN I.: "Por la educación común", Asunción, 1928; "Pedagogía de la Escuela Activa", 3 vs., Asunción, 1938.

SOLER, JUAN JOSÉ: "Hacia la unidad nacional", Asunción, 1939.

 

 

         VII. FORMACIÓN LITERARIA

 

         Una tarea ponderable correspondió a los novecentistas: dar entonación nacional a dispares corrientes de cultura y diversificarlas en disciplinas del más variado orden, puesto que el país, luego de una guerra catastrófica, no podía detenerse a escoger o decantar la pura alquimia de aquellas influencias. De ahí que el escritor paraguayo tuviera, entre muchos, la ventaja de no poder abstraerse a la vecindad de su medio, y sintiera, por el contrario, la urgencia de interpretarlo, de proyectarlo en una mira continental o por lo menos rioplatense. Ese fue el gran mérito de los novecentistas, mezclados temporalmente a otros grupos que no alcanzaron o no pudieron ser generación (en especial el romanticismo y el post-romanticismo), fatalidad ineludible que habría de llevarlos, en muchos casos, a expresar las ideas de su siglo con instrumento literario superado o ajeno a él.

         Para aquellos jóvenes, la prosa era un instrumento; el poema, una manera de poner cauce a las expansiones de insoslayable subjetivismo.

         A la dicción castiza se añadía el gusto francés; al giro solemne del grupo anterior, especie de literatura de mural con ornamentos barrocos, sucede una prosa hablada, por momentos conversacional, sin eludir por ello los temas nacidos de la meditación. En ciertas páginas, en las que se hacen prodigios de gracia y frescura, no es difícil descubrir la sal criolla ("yuky") venida de la ascendencia hispánica, o la intención de la fina ironía gala; en otras, el tono medido, reposado, tendrá -valga la licencia- un colorido parnasiano, que los románticos no alcanzaron a concretar, dueños, como eran, de un romanticismo temperamental llevado a las letras.

         Se ve en la enunciación de este esquema que la actividad llevada a cabo por el novecentismo fue, en cierto aspecto, de creación, pues se trataba de introducir y absorber métodos, sistemas, procedimientos, en muchos casos de épocas diferentes; fundirlos en la mentalidad nativa y dar sitio a una expresión de cultura propia.   Corrientes sumergidas y lejanas habían socavado las bases de esa literatura, ofreciéndole, en cambio, el impulso que habría de ubicarla en el nivel acorde con el siglo que nacía.

         Para la generación del 900 en el principio fue la literatura. No otra será la manifestación inicial de la mayoría de sus representantes, aún cuando la actividad intelectual de sus maestros corresponda a más profundas y sostenidas tareas de pensamiento. Una disparidad evidente se advierte entre la orientación de aquellos y sus discípulos; este es el motivo por el cual la continuidad que necesariamente debe establecerse con el proceso de cultura truncado por la Guerra de la Triple Alianza, se cumplirá a través de las ciencias jurídicas y sociales, único basamento posible, por entonces, de otras disciplinas: incipiente la una, como la filosofía, y en sus demoradas vísperas la otra, como la sociología.

         La literatura se gestó merced a una influencia decantada a lo largo de treinta años -desde 1870-, siendo su modelo más eficaz (ambos a una) el romanticismo español y el naturalismo francés, en conjunción destinada a quemar etapas no cumplidas o realizadas a medias. Los jóvenes leían a Bécquer y Núñez de Arce y también a Valera. En un plano continental, al modernista Gutiérrez Nájera. No por casualidad la conocida librería de Uribe anunciaba en su catálogo estos títulos tan sugestivos: Víctor Hugo: "Los trabajadores del mar"; Manzoni, "Los novios"; Barbey d'Aurevilly, "El Caballero Destouches"; Carlota Brontë: "Jean Eyre"; Chateaubriand: "El genio del cristianismo"; Hawthorne, "La letra escarlata"; Ibsen, "Casa de muñecas"; Flaubert, "Un corazón sencillo"; además de volúmenes de Dumas y Daudet (padre), las "Obras completas" de Larra y varias novelas de Zola. Este fenómeno de aparente confusión bibliográfica resulta perfectamente explicable si se atiende a las circunstancias anotadas: la carencia de una continuada sucesión generacional.

         Exponente de la inicial actitud post-romántica de los novecentistas será "Poesías paraguayas" (1904) de Ignacio A. Pane, con prólogo de Cipriano Ibáñez, antología que incluye el aporte juvenil, además del nombrado Pane, el de O'Leary, y Ricardo Marrero Marengo. Pero dentro de ese sector -tomado de frente por la posición crítica de Gondra respecto de Rubén Darío y sus "Prosas Profanas" (1898)- habría de efectuarse la síntesis pre modernista, anunciada en 1897 y 1898 con los versos de F.L. Bareiro, y asentado en 1907, con la formación del grupo literario "La Colmena" y definida más tarde en la "Antolojía paraguaya" de José Rodríguez Alcalá (1911). Dicho recuento se abre -como en el de Pane- con el romántico Natalicio Talavera, da a conocer "Las leyendas" de Alejandro Guanes y se clausura con un soneto de Fariña Núñez: "Pata de gallo". Sus páginas dieron cabida asimismo a dos jóvenes que no insistieron en su producción poética: Gómez Freire Estéves (1886), tibiamente parnasiano a su regreso de Europa; Fortunato Toranzos Bardel (1883) y Roberto A. Velázquez (1884), definidamente modernistas, aunque esta nómina corresponda más bien a la cronología del post novecentismo.

         Podría señalarse que la "actitud romántica continúa: sólo ha cambiado el signo sicológico". Y cambia, no sin esfuerzo, a la aparición de O'Leary.

         La poesía adquiere, entonces, condición épica porque tales son los temas del tiempo, aunque siempre ha de mantenerse subyacente una expresión lírica de tono menor. Una ronca elegía suele elevarse, a veces, por sobre el clarín de las reivindicaciones históricas. No había pasado en vano el español Victorino Abente, cantor de la resurrección nacional del Paraguay, como no pasarían para la conformación muy posterior del modernismo, los españoles J. Viriato Díaz Pérez (1875-1958), Rafael Barrett (1876-1910) y el argentino Martín de Goycoechea Menéndez (1877-1906), ejemplo de lo que el novecentismo habría de captar aún más allá de los estrictos límites de época.

 

         Notas Formación literaria

 

DÍAZ-PÉREZ, VIRIATO: "La literatura del Paraguay" (En: "Historia Universal de la Literatura", compilada por Santiago Prampolini, 2a ed., Buenos Aires, 1957, t. XII).

GONDRA, MANUEL: "En torno a Rubén Darío" (En: "Revista del Instituto Paraguayo", Asunción, Año II, N° 17, junio de 1899, pp.167-201).

GONZÁLEZ, NATALICIO: "Solano López y otros ensayos", París, 1926.

LÓPEZ DECOUD, ARSENIO: "Sobre feminismo", Buenos Aires, 1901; "Musset, Verlaine y Baudelaire" (En: "Anales del Gimnasio Paraguayo", Asunción, Año 1, N° 2, agosto de 1917).

MORENO, FULGENCIO R.: "Juan Zorrilla de San Martín", Asunción, 1915.

PANE, IGNACIO A.: "Lecciones de preceptiva literaria", Asunción, 1909. RODRÍGUEZ-ALCALÁ, JOSÉ: "El Paraguay en marcha", Asunción, 1907.

 

 

         VIII. FORMACIÓN SOCIOLÓGICA

 

         Durante el decanato del Dr. Venancio V. López, en 1896, se propuso la renovación de los planes y programas de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, que venían rigiendo desde dieciséis años atrás. El conocimiento de las teorías de Comte figuraba en "Introducción General al Estudio del Derecho", cátedra que desempeñaba el Dr. Cecilio Báez, adepto al positivismo después de 1893. El mismo Báez señaló, años más tarde, la influencia del sistema educacional spenceriano, manifestada en la "Primera memoria que sobre educación común aparece en la Nación, presentada al Consejo Superior de Educación por el Superintendente interino de Instrucción Pública" (Asunción, 1890); seguidamente en su "Introducción a la sociología" (1903) brindará Báez más amplias perspectivas de estudio, afirmadas desde la asignatura creada en 1900, pero que comenzó a dictar en la fecha ya señalada.

         La enseñanza de la sociología, aunque no estrictamente Comte y Spencer, se prolongará por medio del referido maestro, cuya formación intelectual posterior fue la de un típico darwinista social, y a la vez la de un librepensador. (La alusión más directa a Comte la hizo Juan R. Dahlquist, en 1904, en su discurso de graduación a nombre de los becarios paraguayos en la Escuela Normal de Profesores de Paraná).

         La enseñanza iniciada por Cecilio Báez en 1903 se prolongó hasta su tratado escrito en 1921, con sólo algunas diferencias respecto del anterior. Los vaivenes de la política le impidieron ejercer durante mucho tiempo ese magisterio, pero el tema fue retomado en 1935.

         En 1913, se hace cargo de la cátedra el Dr. Ignacio A. Pane, quien desarrolla intensa actividad informativa. Produce "El método y las ciencias sociológicas", ese año; luego un interesante "Índice sociológico" (1916) y sus "Apuntes de sociología" (1ª. ed. Paraguaya y 2ª. ed. Española, 1917), además de una previa ubicación de Spencer en "Un sabio según otros" (1914), entre varios ensayos que contribuyeron a cimentar y difundir los principios de la sociología en aquel comienzo de siglo y tal lo había anunciado en Santiago de Chile, en 1902. Los textos de Giddins y de Squillace, eran la base de aquella enseñanza y un complemento los del peruano Mariano H. Cornejo.

         Los sociólogos argentinos que mayor influencia ejercieron, en un nivel más informativo que doctrinario, fueron José Ingenieros y Ernesto Quesada.

         Igualmente, dictaron la cátedra en la Facultad de Derecho los Dres. Eusebio Ayala y Tomás Airaldi, sin introducir mayores variantes. Sólo en 1928, al asumirla el Dr. Justo Prieto, aún dentro de la corriente positivista -que persistió aunque muy disminuida hasta los comienzos de la Guerra del Chaco (1932)-, se producen modificaciones de índole pedagógica y en cuanto al sistema de difusión de las nuevas escuelas. Pero la discriminación de esa etapa ya no corresponde al novecentismo estrictamente considerado.

 

         Notas Formación sociológica

 

AYALA, ELIGIO: "Memoria del Ministerio de Hacienda", Asunción, 1921; "Mensajes del Presidente de la República", 4 vs., Asunción, 1924-1928; "Migraciones", Santiago de Chile, 1941.

AYALA, EUSEBIO: "Patria y libertad", Buenos Aires, 1952.

BÁEZ, CECILIO: "Disertaciones de filosofía y sociología", Asunción, 1924; "La sociología" (En: Revista "Humanidades"; La Plata, 1935).

CARDÚS HUERTA, GUALBERTO: "Arado, pluma y espada", Barcelona, 1911. GONZÁLEZ, TEODOSIO: "Infortunios del Paraguay", Buenos Aires, 1931.

PANE, IGNACIO A.: "Ensayos paraguayos", ob. cit.; "La mujer ante la causa obrera", Asunción, 1910; "Un sabio según otros", Asunción, 1914; "Índice sociológico", Asunción, 1916; "Geografía social", Asunción, 1916; "Apuntes de sociología", 1º ed., Asunción, 1917; 2º ed., Madrid, 1917.

 

 

         IX.    FORMACIÓN FILOSÓFICA

 

         En disonancia con la gravitación ejercida por la filosofía positivista en la Argentina y el Uruguay, desde los decenios finales del siglo XIX, en el Paraguay el proceso difiere, pues esta doctrina tendrá un signo de marcada entonación novecentista. Esto quiere decir que mientras en aquellos dos países se iniciaba el movimiento que habría de trascenderla, en el Paraguay recién comenzaba su acción.

         A pesar de las particularidades del proceso argentino y oriental -que más los acercaría al positivismo de Varona, en Cuba; de Letelier, en Chile-, el del Paraguay marca una distinción tajante: enseñanza, especulación científica (muy limitada), quehacer histórico, se anudan desde otros ángulos.

         La filosofía, como respuesta a las interrogantes del mundo y de la propia conciencia, desvelaba a aquellos jóvenes con el resplandor de un antiguo prestigio que venía desde el Real Colegio y Seminario de San Carlos (1783), pasando por la Academia Literaria (1841), la Escuela de Derecho (1850) y el Aula de Filosofía (1856), hasta la fundación del Colegio Nacional (1877), oportunidad en que es creada la cátedra, que desempeñó ininterrumpidamente por tres lustros el jurisconsulto y profesor español Dr. Ramón Zubizarreta.

         (En el estudio de la evolución de la filosofía y su gravitación en la mentalidad del Dr. Francia, debe aclararse que durante el tiempo de su permanencia en Córdoba, la filosofía imperante no era la de los jesuitas -o mejor dicho: la de Francisco Suárez-, ni menos la de los interdictos "enciclopedistas", sino la de Duns Scoto, que habían logrado imponer los franciscanos al ser expulsada la comunidad ignaciana).

         El acto de graduación de los primeros doctores en Derecho y Ciencias Sociales: Cecilio Báez, Emeterio González y Gaspar Villamayor, ocurrido el 16 de julio de 1893, tiene el valor de un símbolo. Puede expresarse que el primero recoge del viejo maestro Zubizarreta la misión de superar -con otro ideario- la no larga aunque sí fructuosa jornada. Así lo hará tres años después al proponer el estudio de la sociología, que él mismo derivará hacia planos positivistas luego de haber sentido en sus mocedades el influjo del krausismo importado por sus profesores españoles, unido a la concepción kantiana del deber moral como imperativo categórico. El segundo de aquellos graduados será, a la vez, sucesor del doctor Zubizarreta en la enseñanza de la filosofía, hasta su reemplazo por el doctor Eusebio Ayala.

         Debe reconocerse que la fugaz reacción metafísica insinuada en el "Plan Franco" (1904) para la renovación de los estudios en el Colegio Nacional, no halló eco por falta de ambiente.

         Entre 1895 y 1900 -prólogo formativo del novecentismo paraguayo- empieza a insinuarse el dominio del positivismo, si bien nutrido de solicitaciones éticas y estéticas, como una especie de lento desglose interno -en el quehacer de la cultura del país- de las etapas previas que contemplaron el advenimiento del krausismo y del kantismo, entre 1878 y 1893, extremos en que se fija el programa de Filosofía para el Colegio Nacional. Como no se trata, en verdad, de un positivismo estricto, lleva en sus entrañas los elementos de negación que ayudarán más tarde a procurar esa síntesis ya indicada.

         En el Paraguay, aquellos movimientos, con relación a la doctrina positivista, no le son antagónicos, antes bien y en algún sentido, son complementarios, oficiando también y no pocas veces de precursores. Uno de ellos será el utilitarismo -"el de Bentham y Hobbes", según calificación del Dr. Alejandro Audibert (1859-1920) que "ha debilitado el alma de la Nación", hecho reconocido por Domínguez, aunque el influjo de esa doctrina, más los nombres de los economistas Juan Bautista Say y Adam Smith, había sido confesado tiempo antes por Gregorio Benítes, integrante de la primera promoción romántica.

         Una latente inquietud científica, reducida al plano del conocimiento, presidía las cátedras, los pronunciamientos de la justicia, las deliberaciones del Congreso y hasta las reuniones de sociedad. No se pretendía, con ello, extremar el rigor analítico -"el análisis, dirá Domínguez, exacto como la química, evapora bellas mentiras"-, sino originar en la mentalidad nacional modalidades de elevación cultural acordes con la época y a manera de continuidad de los truncados afanes de Don Carlos Antonio López.

         Resultaba lógico, pues, que no hallaran cauce en aquel ámbito urgido de modernidad, las derivaciones religiosas o simplemente espiritualistas, dicho esto en un sentido militante. Se asistía a la captación del transformismo, por vía de las ciencias naturales; del llamado "materialismo vulgar mecanicista" la calificó con propiedad R.V. Mernes, de Büchner, Vögt y Moleschott; de núcleos menores inclinados a lo sensorial; del organicismo y biologismo en sociología; de la antropogeografía en las incipientes investigaciones históricas.

         Nietzsche y Schopenhauer -dos formas diferentes del pesimismo voluntarista- sólo ingresarán bien entrado el siglo, no en forma de complemento o solución, sí como freno a la euforia de progreso que se había apoderado de casi todos los estratos sociales. El otro freno fue, como lo hemos señalado, el tradicionalismo. Bergson entrará en las bibliotecas privadas, más que en las aulas, algo después, lo mismo que Barrett (reacciones a partir de 1911-1917).

         Por último, cabe deslizar una breve digresión. Al contrario de lo ocurrido en otros países de América, en el Paraguay -salvo una que otra excepción- el auge del positivismo no implicó la fagocitación de lo nacional, de la lealtad de los adeptos a su tierra. Tampoco exageró la nota racial, ni aceptó la responsabilidad de imponer al país ideales o sentimientos contrarios a su índole.

 

         Notas Formación filosófica

 

AYALA, EUSEBIO: "La enseñanza de la filosofía", Programa del Colegio Nacional. Carta al Director Dr. Manuel Franco. Partes I-II (En: "Anales de la Universidad Nacional", Asunción, Año VII, t. VII, No. 1-2,1906, pp. 44,46; Ibíd., Asunción, Año VIII, t. VII, N° 3-4, 1907, pp. 177-189).

BÁEZ, CECILIO: "Ensayo sobre la libertad civil", Asunción, 1893.

DOMÍNGUEZ, MANUEL: "Acciones reservadas a Dios y a la conciencia" (En: "Anales de la Universidad Nacional", Año VII, t. VII, N°s 1-2,1906, p. 43); "El alma de la raza", Asunción, 1918; "El milagro de lo eterno y otros ensayos", Buenos Aires, 1946; "Estudios históricos y literarios", Asunción, 1957.

GONZÁLEZ, EMETERIO: "Programa de filosofía moral e instrucción cívica" (En: "Revista de la Universidad", Asunción, Año I, Nº 2, diciembre de 1893, pp. 92-93); "Programa de elementos de Psicología" (En: `Revista de la Universidad", Asunción, Año II, N° 2, enero de 1894, pp. 147-148, 284-286); "Programa de elementos de Ética" (En: "Revista de la Universidad", Asunción, entrega 9a., 1895, pp. 181-188).

GONZÁLEZ, TEODOSIO: `Lecciones de Derecho Penal", t. I, Asunción, 1913.

PANE, IGNACIO A.: "Concepto de la Filosofía", Asunción, 1915.

PARAGUAY: "El primer bautismo de siempre de la religión de Augusto Comte", Asunción, 1914.

ZUBIZARRETA, RAMÓN: "Programa de filosofía", Asunción, 1886; "Elementos de Derecho Natural" (En: "Revista de la Universidad", ts. I-II, Asunción, 1893).

 

 

 

         X. CARACTERÍSTICAS DE UNA NUCLEACIÓN

 

         La división del novecentismo paraguayo en sectores, no indica, en modo alguno, una fragmentación. Se trata solamente de fijar las correspondientes zonas de influencia y de establecer que, en el primero de los casos, se ha producido un proceso de unidad generacional que no se advierte en los subsiguientes. En efecto: los integrantes del segundo grupo no adoptaron la actitud juvenil, iconoclasta y rebelde del primero, sino que, en cuanto a formas de vida y de pensamiento, se hallaron más cerca de los precursores y maestros (Báez, Emeterio González, Chamorro), entregándose casi todos ellos a una actividad pública de cátedra o de periodismo, sin el carácter que individualizó a los novecentistas natos, excepto Ricardo Brugada (h), el más próximo a ellos.

         En el primer grupo se observa también el impacto de los profesores españoles que fueron sus guías intelectuales en el Colegio Nacional de Asunción, cómo así los elementos constitutivos de su orientación nativa por parte de algunos que, nada más que en el orden cronológico, se les adelantaron, según el caso de López Decoud y Domínguez, iníciales mentores criollos de aquella generación.

         El segundo grupo estuvo entregado con mayor intensidad a la educación y a la difusión de las ideas históricas. Fueron, casi todos, juristas de nota dedicados a temas penales, económicos e internacionales, pero vivieron y actuaron separados entre sí. Cardús Huerta, Brugada (h), Soler y Eusebio Ayala indicarían una excepción al acercarse al primer grupo, el más unido en orientaciones estéticas, literarias, sociales y culturales.

         Por su lado, el tercer grupo no marcará una división concreta con relación a los anteriores, sino que aludirá al rebasamiento de esa línea temporal establecida por Cardús Huerta y que debe incluir, aunque no muy ortodoxamente, a los nacidos entre 1881 y 1890. En este aspecto, las variantes son más expresivas desde que Marcelino Pérez Martínez (1881-1912) está poéticamente más cerca del post-romanticismo, como Eloy Fariña Núñez (1885-1929) lo estará del modernismo rioplatense. Manuel Riquelme (1885-1961) recibió enseñanza "bajo el método del positivismo" en la Escuela Normal de Profesores de Paraná, mientras que Ramón V. Mernes (1883-1920) estudió en Alemania precisamente en la época del auge de Dilthey, cuya influencia, por cierto, no alcanzó a detectar.

         A los maestros extranjeros ya se ha aludido suficientemente. En "El romanticismo paraguayo" figuran el Dr. Ramón Zubizarreta como iniciador de la ciencia jurídica y de la filosofía y don Victorino Abente, en la poesía. Los estudios etno-antropológicos, en que recalaron, aunque esporádicamente algunos novecentistas, se deben a la influencia del sabio suizo Moisés S. Bertoni (1857-1929), amigo y discípulo de Elíseo Reclus, y del italiano Guido Boggiani (1861-1902).

         Párrafo especial merecería el extenso magisterio del polígrafo ruso Dr. Rodolfo Ritter (1863-1946), verdadero precursor, con el español Dr. Ramón de Olascoaga, de los estudios económicos. Fundó "El Economista Paraguayo" (1908-1922), publicación notoriamente valiosa que no se redujo únicamente a considerar problemas de la especialidad. El Dr. Ritter fue, asimismo, el introductor de novedades foráneas en sus comentarios a Bergson, al pragmatismo de William James y de la literatura de Proust, aparte de sus críticas a Spencer en un tiempo en que el positivismo tenía el dominio de la sociología y la filosofía.

         De los coetáneos residentes (los españoles Díaz Pérez y Barrett, y los argentinos Rodríguez Alcalá y Goycoechea Menéndez) se ha tratado en el texto, como así de los precursores nativos. Sólo correspondería agregar al Dr. Alejandro Audibert (1858-1920), quien actuó no únicamente en la magistratura y el periodismo, sino que publicó un libro de indispensable consulta: "Los límites de la Antigua Provincia del Paraguay" (1892), en el que a la vez que considera el problema de fronteras introduce temas de exégesis histórica.

 

         Notas Característica de una nucleación

 

AMARAL, RAÚL: "Curso de Introducción a la cultura paraguaya III. El Novecentismo". Posadas, Argentina, Casa Sa., 1970; "Las generaciones en la cultura paraguaya". Ensayo de investigación bibliográfica. Asunción, CPES, 1976, pp. 10,13-15.

 

 

 

         XI. RESUMEN

 

         1) Diferenciación rioplatense:

         a) El novecentismo argentino corresponde a una etapa relacionada literariamente con el post-modernismo (revistas: "Ideas", 1903 y "Nosotros", 1907), habiéndose fundado recién en 1917, bajo el patrocinio de la filosofía de Eugenio D'Ors, un "Colegio Novecentista" en acción contra el positivismo todavía imperante en las cátedras y sistemas de enseñanza;

         b) En cuanto al Uruguay, el proceso es más agudo pues los coetáneos del novecentismo paraguayo: Julio Herrera y Reissig (1857-1910), Florencio Sánchez (1875-1910), Carlos Vaz Ferreira (1872-1958), José Enrique Rodó (1871-1917) y aún Carlos Reyles (1868-1938), marcan claras diferencias (simbolismo, teatro social, anti- positivismo, literatura estética), que en el Paraguay se darán veinte años después. La mayor vinculación de los novecentistas paraguayos se nota con los representantes de la promoción post-romántica oriental: Agustín de Vedia (1845-1910), José Sienra Carranza (1843-1921) y Juan Zorrilla de San Martín (1855-1931).

         2) Características propias: Esto no quiere significar que el Paraguay pudiera aparecer cómo desgajado de las circunstancias de orden rioplatense, puesto que aquella diferenciación no se observó en el plano de la investigación histórica. Pero siendo un país mediterráneo, con inmediatas tareas de reconstrucción cultural, lógico resultaba que la influencia ejercida fuera a través de la bibliografía europea, privativamente francesa y española.

         Nadie podría negar que se trata de un proceso nacido o creado a destiempo, más la Guerra de la Triple Alianza tuvo un significado distinto del que pudieron ser destinatarias otras naciones de nuestra América, ya que las consecuencias de aquella guerra abarcaron a toda la población y a todos los planos de la sociedad.

         3) Quiebra generacional: El mérito mayor de los novecentistas consistió en no haberse conformado con las características post-románticas imperantes hasta entonces. Aceptaron del positivismo sus "métodos", en el aspecto educacional, aunque no en todos los casos su doctrina en materia literaria o histórica, si bien algunos alcanzaron a aplicarlo y difundirlo. Esa ruptura generacional -válida de una polémica sin aparentes consecuencias iníciales- estaba latente y sólo esperaba el momento de expresarse. Ocurrió el 17 de octubre de 1902 entre el Dr. Cecilio Báez -indiscutido maestro y propulsor de modernidad- y Juan E. O'Leary, hasta entonces su discípulo, estudiante de derecho de apenas 23 años. Lo cierto es que a partir de aquel tiempo la división entre dos épocas se hizo más evidente con esta explicación: Báez daba por supuesto que podía realizarse un proceso histórico con abstracción del pueblo y sus inevitables mitos; O'Leary, por su parte, intuye lo contrario. He ahí el nudo de la cuestión, derivada más tarde a otros campos e interpretaciones, alejados de sus verdaderos orígenes.

         Demás está decir que ambos contendientes se desenvolvieron en un clima de modernidad del que nunca habrían de renegar.

         4) Proyección interna: La presencia de López Decoud (1867) y de Domínguez (1868) más la muerte de Blas Garay, ocurrida el 18 de diciembre de 1899, no despojan al novecentismo de su condición de tal, ya que sabido es que toda generación lleva en sí, con sentido formativo y a modo de continuidad, los elementos últimos de la anterior. El disentimiento en materia cronológica, nunca suele ser total. Los principios e ideas del novecentismo y la influencia de sus propios componentes se proyectó durante 30 años en la vida intelectual paraguaya. Los grupos iniciadores del modernismo (1901-1931) y del post-modernismo (1923-1937) no alcanzaron a expresar una actitud definidamente iconoclasta respecto de los novecentistas, quienes por el contrario (caso evidente de O'Leary entre 1924 y 1929), se sumaron a la naciente inquietud juvenil y colaboraron en las páginas de sus principales publicaciones posteriores: "Crónica" (1913-1915) y "Juventud" (1923-1926).

         5) Ocaso y final: Las vísperas de la Guerra del Chaco, prácticamente desde 1928, produjeron movimientos estudiantiles por la renovación de los sistemas de enseñanza y reclamaciones de índole patriótica en tono emotivo. Por esa época, la acción de los novecentistas -cuyas edades oscilaban entre los 42 y 52 años- se reducía al ejercicio de la cátedra y del periodismo, en medio de la consideración pública que por su actividad habían adquirido Moreno y Domínguez, estaban reducidos a sus investigaciones chaqueñas; López Decoud defendía su esteticismo personal y literario en limitados cenáculos; Gondra, Garay y Pane habían muerto, lo mismo que Ricardo Brugada (h); Eligio Ayala procuraba, una vez más, desde el Ministerio de Hacienda, ordenar las finanzas; sólo O'Leary seguía machacando en caliente, de palabra y por escrito, más por influjo de su temperamento batallador que por prolongar los temas de su generación.

         El final de la Guerra del Chaco (1935), con sus consecuencias políticas, económicas y sociales, abriría otro panorama. Una nueva promoción, aún sin perfiles generacionales, comenzaba a insinuar se y poco faltaba para que con el apagamiento del novecentismo también permanecieran en decoroso retiro los aprestos modernistas y post-modernistas, que veinte años atrás habían sentido el impacto de aquella generación.

         6) Análisis temporal: El proceso cultural que se ha analizado pudo mantenerse a lo largo de las primeras tres décadas del siglo XX, como queda dicho. La Guerra del Chaco -preciso es insistir en esto- ha de modificar raigalmente aquel escenario, dando lugar a nuevas corrientes, de cuya sustancia se nutre el Paraguay actual. Otras gentes, otros temas, permitirán en el futuro una valoración más certera y por ello más intensa, que la que podría pretenderse hoy sobre la marcha. Eso sí: para honra de aquel grupo generador del novecentismo cabe afirmar que el signo de mediterraneidad mental no se manifestó en sus integrantes con índices graves o elocuentes. Esa mediterraneidad pudo alguna vez frustrar el destino continental del Paraguay, pero los jóvenes novecentistas procuraron trascenderla acudiendo a las fuentes culturales de procedencia europea, sin dejar por ello de ser fieles a su tierra y a su tiempo.

        

 

*        Se ha mantenido la bibliografía incorporada a la versión original (1968), salvo la correspondiente al parágrafo X, que es posterior. En algunos aspectos, la misma ha sido corregida y complementada.

 

 

 

 

NOVECENTISMO, ARIELISMO Y APRISMO

 

         1. NOVECENTISMO

 

         Toca ahora referirse a la tercera modernidad (1900-1935), simbolizada en toda su extensión por la generación del 900, la que le dio lugar a la época novecentista, conteniendo a su vez en un cuerpo de doctrina denominado, condicionalmente, novecentismo. El segmento temporal fue establecido en 1922 por Cardús Huerta (1878-1949). Por su parte, el nombre que la identifica se lo dio en 1950, Juan E. O'Leary (1879-1969). Y en particular comprende a los nacidos entre 1870 y 1880, aunque con dos anticipos de ese aspecto: Arsenio López Decoud (1867-1945) y Manuel Domínguez (1868-1935). La muerte trágica de Blas Garay (1873-1899), ocurrida once días antes de la llegada del nuevo siglo, iniciará la andanza a ratos esplendentes y a ratos truncos de esa generación orientada en sus tramos iníciales por Zubizarreta primero, por Báez y Emeterio González más tarde, hasta la ruptura generacional (la única habida en el país) estallada el 17 de octubre de 1902 entre el maestro Báez y su discípulo O'Leary, dando lugar a una seria polémica, la que por su parte produjo el tercer revisionismo histórico en torno al resultado y consecuencias de la Guerra de la Triple Alianza (ver: Raúl Amaral: "La historia como redención nacional", 1986).

         En esa oportunidad Báez, embarcado ya en los lineamientos del darwinismo social (algo más que un positivismo sociológico y meramente expositivo) había motejado de "cretino" al pueblo que tuviera participación en la guerra, cargando después (mucho más tarde) las tintas sobre el mariscal López, exhumado por él en el fragor del entredicho.

         La posición del viejo polígrafo respondía a sus ideas de entonces y estaba vinculada con la de otros pensadores de nuestro continente como Arguedas en Bolivia, Ingenieros y Carlos Octavio Bunge en Argentina, Francisco A. Encina en Chile, César Zumeta y Laureano Vallenilla Lanz en Venezuela, por citar sólo a los que vienen de inmediato a la memoria.

         La posición de O'Leary guarda vinculación con la de Franz Tamayo en Bolivia ("Creación de la pedagogía nacional"); Herrera en el Uruguay, Blanco Fombona en Venezuela, Pereyra en México y lo que es más sintomático, con los positivistas brasileños cultores de la "Religión de la Humanidad", encabezados por Teixeira Mendes y Miguel Lemos.

         Habrá que sumar las influencias de maestros europeos como Carlyle y Michelet ("El pueblo"), pero no más. Desde esa trinchera y con indudable espíritu de reivindicación ejercerá la defensa del pueblo paraguayo, habiendo tenido en calidad de precursor al poeta argentino Martín de Goycoechea Menéndez (1877-1906), quien residió en el Paraguay entre 1901 y 1905.

         Antes de pasar a otras enunciaciones habrá que aclarar, que ese novecentismo (indicado esto con las reservas de sus no pocas particularidades, que singularizan, incluso su presencia cultural) puede ser cotejado con la generación española del 98 (también heredera de un desastre bélico), la argentina del 80 (por su espíritu de universalidad) y con las respectivas del 900 en Bolivia y Uruguay, por no aludir sino al vecindario.

         Al novecentismo paraguayo se le debe en buena medida el auge del modernismo literario (1898-1928), la extensión de los estudios sociológicos desde 1906 a 1924, las investigaciones etnográficas, acentuadas en 1899, la aplicación de nuevos métodos de enseñanza (1903-1927), los primeros indicios de superación del positivismo brindados por Fulgencio R. Moreno (1872-1933) y Ramón V. Mernes (1883-1920) en 1911 y la insinuación de un "krauso positivismo" por Cardús Huerta en ese año.

         A esto debe añadirse el proyecto de independizar la metafísica como asignatura según el plan realizado en 1904 por Eusebio Ayala (1877-1942), en "La enseñanza de la filosofía". En la formulación de una estética literaria, se destacan Manuel Gondra (1871-1927), Cipriano Ibáñez (1878-1944) y los recordados Domínguez, López Decoud, Pane y O'Leary. A su vez, Ramón I. Cardozo (1876-1943) prepara los fundamentos de la Pedagogía de la Escuela Activa, bajo el padrinazgo del educador suizo Adolfo Ferriere, y Fulgencio R. Moreno enuncia en 1907, los lineamientos iníciales de una antropología social, a través de su breve ensayo: El hombre nacional (un verdadero descubrimiento).

         El mismo Moreno asume una actitud proclive al "proteccionismo económico" durante su actuación en el Ministerio de Hacienda y concretado en su libro: La cuestión monetaria en el Paraguay (1902). Súmase a esto el recuerdo trazado por Pane en Santiago de Chile: El Paraguay intelectual (1902), donde aclara que aquí, más que la doctrina, se ha aplicado en la enseñanza la "metodología del positivismo".

         No podía cerrarse esta corta digresión sobre el cometido de la generación novecentista, sin aludir a sus "marcas de fábrica" más elocuentes y que se enumeran a continuación.

         a) El ensayo crítico de Gondra titulado: En torno a Rubén Darío, publicado en enero de 1898 y considerablemente ampliado al año siguiente. Es la suya una aportación relacionada con el incipiente modernismo, previa al estudio de Rodó (1899) y la segunda entre las conocidas en el Río de la Plata.

         b) El cultivo del idioma guaraní, en prosa y verso, al que se dedicaron de preferencia: Domínguez, dentro de la filología e igualmente Moreno en la etnografía, además de Pane y O'Leary. La expresión poética a nivel antológico estuvo a cargo de Silvano Mosqueira (1875-1954) y Narciso R. Colmán, que firma Rosicrán (1876-1954).

         c) La explicación doctrinaria en materia de nacionalismo; tan difícil de entender y de interpretar (en razón de la abundancia de versiones falaces) fue extensa y minuciosamente aclarada por O'Leary en agosto de 1919 ("El libro de los héroes", 1922) y en octubre de 1930 ("Apostolado patriótico").

         Allí confirma su carácter democrático y popular, su repudio a la violencia ideológica y a las acometidas imperiales (aún no habían aparecido en escena Mussolini e Hitler), al igual que a cualquier experimento foráneo.

         En contrario de presunciones antojadizas debe indicarse que O'Leary no leyó a ninguno de los reaccionarios franceses, monárquicos y orleanistas en su mayoría, empezando por Maurras, con quien no mantiene ningún tipo de aproximación. Será preciso recordar que el maestro paraguayo se envaneció de haber sido un ferviente republicano.

         En sus escritos ha insistido en su coincidencia con el nacionalismo defensivo, pregonado por el peruano Francisco García Calderón y aún con el expuesto por el argentino Ricardo Rojas. Por lo demás, sus grandes maestros se llamaron: Juan Montalvo, Manuel González Prada y Rufino Blanco Fombona, próceres de la democracia de Nuestra América. Entre los chilenos admiro a Valentín Letelier (maestro de Pane y Moreno) y José Toribio Medina.

         Junto a sus compañeros generacionales estuvo con las grandes "causas del género humano" la defensa del capitán Dreyfus (vituperado por Maurras), la solidaridad con los boers frente al imperialismo británico (1902) y la independencia de Cuba (1903)

 

 

         2. ARIELISMO

 

         El cometido específico del novecentismo paraguayo se cumple entre la fecha augural y la Guerra del Chaco (1932-1935), pero las promociones de reemplazo comienzan a insinuarse poco después de 1911 hasta su culminación en 1920. Es así como aparece la corriente posnovecentista representada por los nacidos en términos globales, entre 1885 y 1900. Son los que recogen el legado novecentista.

         Integran parcialmente esta lista: Juan Vicente Ramírez (1887-1977), Juan Stefanich (1889-1976), Pedro P. Samaniego (1892-1942), Juan Bautista Rivarola (1892-1957), Pablo Max Ynsfrán (1894-1972), Justo Pastor Benítez (1895-1963), Anselmo Jover Peralta (1895-1970), Natalicio González (1897-1966), Justo Prieto (1897-1982), Víctor Morínigo (1898-1981). De todos ellos fueron discípulos directos y dilectos de O'Leary, en el plano intelectual y de coincidencia histórica: Stefanich, Ynsfrán, Benítez, Jover Peralta y Natalicio González. Aunque en un orden estricto debe agregarse a la primera nómina a Adriano Irala (1894-1933) y a Juan Boggino (1900-1982).

         No todos los incluidos pueden aparecer "como respondiendo a una alineación arielista pura, pero sí trazar aproximaciones a la obra y prédica del pensador oriental. De esa lista podrían extraerse algunos nombres: Ramírez, Stefanich, Samaniego, Rivarola, Irala y Boggino. Esto no significa olvidar a algunos novecentistas que leyeron atentamente a Rodó, trazando una condicionada cercanía ideológica a través de Renán, especialmente, como es el ejemplo de Domínguez y Juan León Mallorquín (1880-1947). Otros, como Silvano Mosqueira, tuvieron trato epistolar, lo mismo que O'Leary, cuyas iníciales, puestas al pie de la nota necrológica, señalan su respeto por el pensador a quien había conocido personalmente en 1915.

         La primera noticia sobre el impacto de Rodó (y particularmente del Ariel) está contenida en el comentario bibliográfico que a dicho libro dedicó Pane en agosto de 1901, casi a la aparición de la edición príncipe. Tal escrito figura inserto en la "Revista del Instituto Paraguayo" (30), pp. 197-210.

         En 1913, por medio de una delegación oriental, Rodó envía un importante mensaje a la juventud paraguaya. Y es ahí donde estampa el pensamiento inolvidable de rigurosa doctrina histórica al señalar que "el Uruguay es el Paraguay atlántico y el Paraguay el Uruguay de los trópicos". ¡Qué honda verdad desvanecida con los años!

         Asimismo, y a la muerte de Rodó, la editorial "Biblioteca Paraguaya del Centro de Estudiantes de Derecho", que dirigía Stefanich publicó en 1919 un opúsculo recordatorio del homenaje rendido a su memoria en el hoy Teatro Municipal. Lucen en esas páginas, entre otras, las prosas de Natalicio González y P. Samaniego.

         ¿Puede hablarse de una influencia doctrinaria "arielista" en el Paraguay? La respuesta debe estar contenida en el "espíritu de la época", no sin dejar de razonar que las prevenciones difundidas por Rodó, no sólo en Ariel, tuvieron aquí larga vigencia, trascendiendo lo meramente estilístico o literario.

         Ese pequeño libro fue leído, especialmente en los tiempos previos a la Reforma Universitaria (1920-1929), como si se tratara de un evangelio laico, en pareja con "Las fuerzas morales", de José Ingenieros, y "Nuestra América" de José Martí. Aunque pudiera dudarse, su actualidad no ha decrecido.

         Para una justipreciación honrada habrá que convenir que no todo en Rodó es serenidad olímpica y palabra marmórea. Amaba él a la Grecia de las ideas, la misma que en 1906 encendiera aquí el elogio de Manuel Domínguez (que fue su lector) y más tarde en la contenida y modelada en prosa de Natalicio González, su silencioso y confeso admirador. Rodó fue para los jóvenes de estas latitudes una especie de adalid moral, que no se privaba de señalar cuál era la vertiente (y a la vez la raíz, que animaba y justificaba nuestro común origen continental). Así lo entendieron los paraguayos del 900 y sus continuadores, más allá de la profunda simpatía que provocaba su conducta hacia nuestro país. Además de la "comunidad de destino", que dicen algunos.

         En tal sentido, puede hablarse de un arielismo subsistente en el Paraguay. Las características propias de nuestro proceso cultural mandan adecuar ese mensaje rodoiano tanto a la realidad de ayer como a la de hoy, y mucho más ahora en que sigue circulando por estas patrias aquella "ansiedad discipular sin respuesta" que hace años denunciara un gran maestro de este continente.

         El profesor peruano Luis Alberto Sánchez (quien por ese entonces convertía en político todo cuanto tocaba) dedicó un volumen entero titulado: Balance y liquidación del 900 (Santiago de Chile, Ercilla, 1940)... a no dejar títere con cabeza entre los integrantes de dicha generación, que asimismo era la de los nacidos entre 1870 y 1880.

         Se trata de un muestrario anti Rodó, en el que se cargan a la cuenta del arielismo y los arielistas (y por descontado al maestro) cuantiosos desvíos ideológicos, pasibles de las más enérgicas censuras. ¿Cuál era el pecado de ese abigarrado conjunto de "arielistas" representativos del 900? Dígase la verdad, eran dos:

         a) El olvido o soslayamiento de la realidad "indoamericana" y     

         b) El apoyo casi masivo (a su juicio) que epígonos de ese "arielismo" habían prestado a no pocos "tiranos" de nuestra América, callando que Rodó nunca había transado su repulsa a los gobernantes tenidos por "autoritarios" y aunque no creyó, como Renán, en la democracia vernácula de corte caudillesco y electoralista.

         No supo recordar el distinguido polígrafo limeño, quizá porque no entraban en el tobogán "arielista", que grandes figuras de este continente habían caído (de buena fe, desde luego) en la trampa de los tiranos locales, como fue el caso del ilustre don Justo Sierra, en México, con Porfirio Díaz y del bien amado Rubén Darío, en Guatemala, con Estrada Cabrera. Claro que no todos podían presentar ante los sátrapas la implacable irreductibilidad de un Blanco Fombona o un Vargas Vila. Y ya se sabe, "débil es la carne" o la imperiosa necesidad.

         El citado libro fue andando en el tiempo, reeditado con otra denominación: ¿Tuvimos maestros en Nuestra América? (Buenos Aires, Raigal, 1956). La interrogación no salva ni modifica el contenido. Es más, sin haberlo releído ni siquiera medianamente, repite su opinión sobre Manuel Domínguez, adjudicándole un "blanquismo" (racial) extemporáneo, que no se detecta en la obra del gran pensador novecentista.

         Evita decir también que fue Domínguez (tras del brevísimo lapsus de 1894, cuando tenía 26 años) un constante defensor del indigenismo guaraní y que se mostraba orgulloso de ser un "mancebo de la tierra".

 

 

         3. APRISMO

 

         Con alusión a este asunto se imponen algunas precisiones fuera de los andariveles, no siempre confiables, del "color local". Ahí va la nómina:

         a) El tema está anudado a los comienzos y evolución de la Reforma Universitaria de la cual el aprismo, sin mayor fortuna, intentó, aún desde 1924, ser su "brazo político". Fracasó en su incrustación en los partidos tradicionales, logrando, en el caso argentino, arrimarse a un movimiento interno del radicalismo llamado FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, 29 de junio de 1935-12 de noviembre de 1945), que recogía la tradición doctrinaria del Dr. Hipólito Yrigoyen (1852-1933). Por eso, en sus inicios, pasó desapercibido aquí.

         b) Algunas noticias sobre su existencia, más por su movilización que por sus lineamientos principistas, empiezan a filtrarse en el Paraguay a través de estudiantes o profesores residentes en Buenos Aires. Uno de aquellos fue el Dr. Juan Bautista Rivarola, quien a su regreso en 1928, dictó una interesante conferencia sobre "la nueva generación", con reminiscencias reformistas y alguna aproximación aprista.

         c) Debe entenderse que, a partir de 1926 (o sea con ocho años de retraso), comienzan a filtrarse algunos temas como el del antiimperialismo y la renovación de las casas de estudios, evidenciándose a través del grupo "Minerva", cuya revista era vocera de los estudiantes del Colegio Nacional de la Capital. El incipiente movimiento fue lúcidamente respaldado por el ilustre presidente de la República Dr. Eligio Ayala (1878-1930), un novecentista nato.

         d) Como en el Perú, un año antes de la creación del aprismo (mayo de 1923), oportunidad en que fuera reprimida una manifestación encabezada por estudiantes, ocurrió aquí lo mismo el 23 de octubre de 1931, dejando un tendal de muertos y heridos. Un "bautismo de sangre" igual al peruano.

         Líder de la agitación profesoral y estudiantil, una especie de Haya de la Torre, que planteaba la creación de una fuerza doctrinaria, alejada del electoralismo de los partidos tradicionales, que cada vez captaban menor cantidad de jóvenes, fue el Dr. Irala.

         e) La inquietud de los claustros universitarios, evidente entre 1927 y 1929 (más la ya incontenible agitación de los secundarios), motivó la sanción de la Ley de Reforma en ese último año, aunque con drásticas condicionantes.

         f) El ambiente estaba preparado y tanto fue así que con un selecto grupo de amigos, el Dr. Irala dispone el 14 de mayo de 1928, la fundación de la Liga Nacional Independiente, cuyos fundamentos, no obstante su base socialdemócrata, eran muy similares a los del aprismo (ver: Declaración de Principios publicada en "La Nación" de Asunción, el 30 de mayo de 1928 y repetida el 30 de octubre del mismo año. Se impone su lectura y cotejo correspondiente).

         g) Tras el paréntesis de la Guerra del Chaco triunfa la revolución del 17 de febrero de 1936, portadora de una profusa mezcla teórica.

         Fallecido el Dr. Irala, en 1933 (en plena guerra), los integrantes de la Liga permanecieron en su posición socialdemócrata, en tanto la derecha estaba sostenida por el sector militar, la izquierda captaba a numerosos contingentes estudiantiles bajo el liderazgo del Dr. Anselmo Jover Peralta, de tendencia socialista.

         h) Uno de los rasgos similares al aprismo que distinguió a este movimiento fue la creación de Universidades Populares y la instalación de un Frente de Trabajadores Manuales e Intelectuales, que no provenía de la Liga y que no se pudo concretar.

 

 

 

 

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